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MCBalestrini Alexandre 1

El libro de Alexandre representa un cambio en la poesía clerical del siglo XIII, reflejando nuevas actitudes intelectuales y un enfoque racional que se alinea con las tendencias de modernidad en Europa. A través de su narrativa, el poema explora la relación entre el conocimiento y el poder, destacando la figura del poeta como un agente de historicidad que busca redefinir el pasado y el saber. Sin embargo, el discurso del autor se encuentra limitado por una ideología que no logra trascender completamente los postulados teológicos, lo que genera tensiones en la interpretación de la obra.

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MCBalestrini Alexandre 1

El libro de Alexandre representa un cambio en la poesía clerical del siglo XIII, reflejando nuevas actitudes intelectuales y un enfoque racional que se alinea con las tendencias de modernidad en Europa. A través de su narrativa, el poema explora la relación entre el conocimiento y el poder, destacando la figura del poeta como un agente de historicidad que busca redefinir el pasado y el saber. Sin embargo, el discurso del autor se encuentra limitado por una ideología que no logra trascender completamente los postulados teológicos, lo que genera tensiones en la interpretación de la obra.

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EL LIBRO DE ALEXANDRE Y LOS LÍMITES DE LA MODERNITAS

María Cristina Balestrini

Universidad de Buenos Aires

El corpus de poesía clerical de las primeras décadas del siglo XIII no representa

únicamente una práctica novedosa desde el punto de vista formal dentro del contexto

castellano, sino que introduce un cambio concepcional respecto de las funciones culturales de

la escritura. Más allá de la clara orientación moral y doctrinal de sus textos, el mester de

clerecía es un portavoz de nuevas actitudes intelectuales y de un nuevo tipo de racionalidad

acorde con las tendencias marcadas por los moderni que desde el siglo anterior vienen

modificando el campo del saber en el Occidente europeo. Dicho impulso se enmarca en un

proceso todavía en marcha que según Jacques Le Goff gradualmente “[…] forma un nuevo

humanismo cristiano de carácter positivo y viene a constituir un estrato en la larga

elaboración del humanismo europeo y occidental” (69) de acuerdo con el cual “junto con la

naturaleza, la razón, la mayor característica si cabe de la condición humana, se ve promovida

en el siglo XII” (73).1

La modernidad medieval, sin embargo, no constituye un bloque homogéneo desde el

punto de vista de las ideas, ni está exenta de contradicciones como para poder encuadrarla

unívocamente como un aspecto constitutivo del renacimiento de los siglos XII y XIII; se la

puede considerar un emergente de dicho proceso en tanto se privilegie su sentido de novedad

que, sin embargo, está sólidamente arraigado en una conciencia de continuidad histórica

respecto de los antiqui.2 La articulación entre la novedosa práctica poética castellana y la

1
Jorge García López (“La alegoría” y Alexandre, 58-61) propone que en este sentido el Libro de
Alexandre está conectado con la tradición del pensamiento de la Escuela de Chartres; frente a su análisis, Marta
Materni (cap. II) expone numerosos reparos y relativiza los alcances de la hipótesis chartrense.
2
Sobre la adecuación del término “renacimiento” para caracterizar el conjunto de cambios que
experimenta la cultura del Occidente europeo durante el siglo XII, Gerhart B. Ladner señala que la respuesta
debería ser “[…] „yes and no‟. „Yes‟ If we think of that awareness of „newness‟, even of a metaphorical and
modernitas, que se inscribe en modos matizados y complejos en la escritura clerical y que se

manifiesta en forma más ostensible en el Libro de Alexandre, está ligada en términos

generales a la “modernidad ambiente” y a la conciencia de cambio de una cultura que tiende

gradualmente a reformular en términos seculares la visión que tiene de sí misma desde finales

del siglo XII (visión que, por otra parte, no necesariamente remite a una tradición intelectual

específica o liga el mester con un centro de saber concreto). Como caracterización global de

la época es aplicable al caso castellano la que propone José Ángel García de Cortázar, quien

destaca como tendencias dominantes:

[…] el afianzamiento de la conciencia individual; la afirmación de la razón, o,

al menos, de una cierta racionalización; el despertar del interés por la medida;

el avance significativo en la fijación de los contornos físicos y mentales de

hombres, tiempos y espacios y en el control de la memoria social; la propia

toma de conciencia de la historia como progreso; y la creación de instituciones

que garantizaran la organización, transmisión e investigación de los saberes

(31).

Uno de los aspectos dinámicos de este contexto de cambios atañe a las funciones de la

escritura, que de manera pionera explora el territorio de la poesía narrativa vernácula y

contribuye a moldear una nueva imagen del pasado desde la perspectiva privilegiada de sus

agentes, los clérigos, devenidos portadores de la palabra autorizada. A principios de los años

90, Brian Stock llamó nuestra atención sobre lo importante que es tener en cuenta forma en

que una cultura comunica a las generaciones siguientes los mensajes que considera

secularized „new birth‟, which yet left a concomitant awareness of historical continuity untouched. „No‟, is we
were obliged –as we actually are not– to understand by „renaissance‟ the same kind of „rebirth‟ which in the
great Italian Renaissance linked the present to the past across a poignantly and nostalgically felt gap of distance”
(28; itálicas en el original). También Brian Stock destaca la duplicidad inherente a la modernitas medieval:
“Modernity may be a definitive break with the past, but it may be nothing more than the reassertion of a
neglected aspect of tradition. And at times it may be both” (168).
relevantes, pues considerar dicha forma (en el caso que nos ocupa, la escritura clerical)

permite discernir tanto su lugar en el entramado social como la fuente de su poder

legitimante:

[...] in a society that acknowledges the authority of written communication,

those who record and edit the past have a means of controlling the future that is

inaccessible to nonliterates. In these circumstances, the act of writing up a

society‟s past is tantamount to recreating its culture (162).

En este sentido, el poeta clerical puede ser considerado “un agente de historicidad”,

cuyo ejercicio literario “aparece como la reacción cultural de escritores nuevos para una

sociedad nueva, un nuevo espacio para la mediación del hombre de letras” (Varaschin 225y

228). Sin lugar a dudas, es el Libro de Alexandre la obra en la que más claramente se plasma

dicha tendencia al elaborar temáticamente a través de las andanzas de su protagonista el afán

de “descobrir”, “compasar”, “saber”, “mesurar”, “escribir”, todos ellos términos que se

aglutinan en torno de las incipientes actitudes de los moderni, y que constituyen una muestra

de hábitos de pensamiento y de herramientas conceptuales que están en pleno proceso de

imponerse como instrumentos idóneos del saber. Esta senda es retomada, con lógicas

diferencias de énfasis, por los poemas subsiguientes de esta tradición, que incorporan esta

problemática desde sus poéticas específicas.

La centralidad que el Libro asigna a las actividades intelectuales entraña, además de

una muestra del afán de saber que impulsa al clérigo, un nuevo trazado para las fronteras de lo

cognoscible. Es en este punto que el discurso del saber articula también un discurso del poder,

noción que se expresa en términos de conquista –de conquista conceptual–, de avance que

coloniza áreas consideradas vacantes o reinterpreta otras imponiéndoles nuevas

significaciones y que queda asociado inextricablemente con el ejercicio de formas de


violencia. El afán de poder que el Libro de Alexandre designa “potestat sin frontera” (2496 a)3

supone en la tradición alejandrina en su conjunto, y en el poema castellano en particular, un

problema que supera los meros desafíos de la conquista, del gobierno de territorios y de la

acumulación de poder por parte del príncipe en el plano secular; el núcleo del problema radica

en que el modelo heroico alejandrino personifica una voluntad de poder que amenaza barreras

conceptuales al punto de poner en entredicho un orden (natural, político e histórico) que se

considera establecido, eterno y diseñado de acuerdo con el mandato divino. Las

consecuencias de sus campañas impactan más en el plano ético que en el de las acciones

guerreras, cuyo desarrollo exitoso es conocido con anticipación; su escenario es histórico al

tiempo que epistemológico y su significación, como se verá más adelante, excede la

interpretación moralizante que transmite el poeta.

Es interesante, y al mismo tiempo revelador de las actitudes clericales frente a su

objeto, que estas cuestiones no se elaboren en el Libro como un discurso continuo y

sistemático, sino que se signifiquen a través de diversos elementos emblemáticos, de

recurrencias y de motivos literarios que van marcando un curso de sentido que se revela

gradualmente en la lectura.4 Sin apelar a interpretaciones alegóricas, el Alexandre es una obra

cuya significación no queda limitada a la comprensión de sus mensajes explícitos. Podría

afirmarse que la el poema llama a ejercitar un arte del develamiento que en gran parte

depende de la capacidad del lector de relacionar y decodificar elementos formales y

estructurales que permiten desapegarse del orden sintagmático del discurso. Este tipo de

lectura, que presupone una mirada crítica y una actitud atenta y cooperativa, se acerca (sin

constituir un equivalente exacto) al modelo desarrollado en áreas francófonas por los

3
Todas las citas del Libro de Alexandre remiten a la ed. de Juan Casas Rigall.
4
Este “arte de la significación” puede explicarse en los términos en que lo hace Paul Ricoeur: “Just as
language, by being actualised in discourse, surpasses itself as a system and realises itself as event, so too
discourse, by entering the process of understanding, surpasses itself as event and becomes meaning” (131).
escritores de romans, sin por ello excluir otros modos de apropiación concomitantes más

interesado por los aspectos referenciales y morales del texto.

En el Libro de Alexandre el discurso parece rozar el límite de lo que puede aprehender

y comunicar –limitación que considero de índole ideológica, no lingüística–; y es en esta zona

liminal donde queda constituida la función del poeta como romancier que dispone de los

elementos necesarios para que su receptor recupere significaciones no-explícitas

(homologables, quizá, al sen del cual hablaba Chrétien de Troyes en el prólogo de Le

chevalier de la Charrette) que ponen en juego de su capacidad de elaborar sentidos desde una

perspectiva metaliteraria. Se trata de un espacio reflexivo en el que la narración puede volver

la mirada sobre las condiciones de su propia producción y en el que, parafraseando las

palabras de Michel Butor, se inscribe la conciencia que revela al poeta como revelador.5

Hace pocos años Alain Varaschin invitaba a los estudiosos del mester a “hacer un

esfuerzo más que lexicográfico y semántico, semiológico” y proponía abrir las perspectivas

críticas:

Examinar las zonas incompletas, los claros y también las superposiciones, entre

campos lingüísticos o núcleos de significación como el secreto, la santidad, la

enfermedad o la muerte, podría conducir a subrayar lo que no transita por el

lenguaje del mester de clerecía (227; las itálicas me pertenecen).

Tal aproximación, según creo, se revelaría especialmente productiva en un texto como

el Libro de Alexandre, pues permitiría indagar en sus muchas áreas problemáticas, de

significación abierta, que traslucen a través de la sugerencia y de lo no-dicho sus límites en el

plano ideológico así como las tensiones que atraviesan la labor del autor. Básicamente, lo que

5
Es Cesare Segre quien remite a los dichos de Butor: “Identificandosi e distanziandosi dai suoi
personaggi, experimentando punti di vista diversi, l‟autore non partecipa solo alla ricerca dei suoi eroi, ma
compie la stessa ricerca, negli spazi dell‟invenzione. Como scrive un romanziere contemporáneo, „la prise de
conscience du travail romanesque va […] le dévoiler entant que dévoilant‟”(71).
el discurso clerical no llega a articular son las derivaciones, los puntos de llegada a que

llevaría el seguimiento de la racionalidad que despliega el texto, las consecuencias de la

actitud intelectualmente alerta y del despliegue del potencial constructivo del hombre frente a

la naturaleza; en definitiva, no puede codificar un orden del saber que no necesite de apoyos

en postulados teológicos para develar y dominar la realidad, y en este punto el Libro de

Alexandre no es ajeno a las tensiones irresueltas presentes en la modernidad medieval en un

plano más general:

Should we then look at the ideology of the twelfth-century renaissance as the

mere coexistence of naturalism with supranaturalism, or as an ambiguous

attitude toward “this worldly” and “other-worldly”, an attitude that could be

present in the same person […]? Such assumption would not be false (Ladner

15).

El poeta roza los límites sin llegar a transgredirlos, pues termina retrayendo la

significación de su discurso hacia los caminos seguros; para ello acude a estrategias tales

como la negativización de las situaciones que elabora, al poner en escena el fracaso de las

iniciativas puramente humanas desapegadas de las implicancias éticas de la historia, o bien a

la conocida estrategia, suficientemente atendida por la crítica, consistente en la moralización

pura y simple a través de la palabra autorizada del narrador, que encauza el sentido de la obra

por las sendas convencionalmente edificantes asignadas a la matière de Rome, “sage et de

sens aprendant”.6 Así, por ejemplo, la interpretación de las extraordinarias conquistas políticas

e intelectuales del héroe “de vida tan seglar” (2667c) 7 quedan reducidas a logros ilusorios en

6
Según la conocida partición de la producción literaria vernácula según distintas “materias” elaborada
por Jean Bodel en su Chanson des Saisnes: “N‟en sont que trois materes à nul home entendant: / De France et de
Bretaigne et de Romme la grant; / Ne de ces trois materes n‟i a nule samblant. / Li conte de Bretaigne s‟ils sont
vain et plaisant / Et cil de Romme sage et de sens aprendant. / Cil de France sont voir chascun jour aparant”
(citado en Cirlot 104).
la conclusión del poema, como señala Julian Weiss: “Alexander has been able to „veer‟ and

„acabecer‟ the entire world, but his overarching perspective and power are revealed to be

illusory” (129). El cierre está dominado por la invocación del tópico del contemptus mundi,

que proyecta retrospectivamente sobre el conjunto de los hechos narrados desde el punto de

vista del narrador no solo por la moralización explícita, sino también por el enlace formal que

en una especie de bucle conecta el final del Libro con su fórmula del exordio y subraya su

derivación en la recomendación sobre cómo “deve” vivir un buen cristiano:

Sennores, si quisieres mi servicio prender (1 a)

Señores, quien quisier‟ su alma bien salvar

deve en esti sieglo assaz poco fîar:

deve a Dios servir, dévelo bien pregar,

que en poder del mundo non lo quiera dexar. (2670)

No obstante el potencial semántico del Libro no queda constreñido por esos límites explícitos

impuestos por el autor clerical y su significación los desborda. Desde sus inicios, el itinerario

de Alexandre constituye un viaje hacia los fundamentos del poder y del conocimiento

jalonado por la presencia de situaciones emblemáticas que resignifican el conjunto; estas

situaciones, presentes ya en las hazañas juveniles del héroe, extienden a fuerza de similitudes

y de recurrencias una red que se va desplegando a medida que avanza el relato.

Desde su más tierna edad el personaje muestra una voluntad hegemónica que queda

inscripta en la compleja relación que establece con su genealogía múltiple, que lo entronca

con el modelo de héroes civilizadores: tal es el caso de su supuesto padre Netánamo,

7
Martin Aurell destaca la tendencia secularizante de las acciones de Alejandro, que queda manifiesta
desde el momento en que se arma caballero él mismo (c. 123), prescindiendo de los representantes del poder
teocrático: “En effet, c‟est Alexandre lui-même qui prend l‟épée de l‟autel, qui l‟embrasse et qui se la ceint.
Devenu ainsi chevalier sans aucune aide, il adoube aussitôt sur place cinq cents écuyers. Aucun prêtre ou prélat
n‟est intervenu dans une cérémonie dont le déroulement bannit toute velléité théocratique” (66).
legendariamente asociado con el dominio de Egipto y con el linaje de Amón, y también su

antepasado Alcides, natural de Tebas. 8 La relación de Alejandro con estas figuras, empero, no

es armónica, y su primer gesto es destructivo. Nectanebo, presunto progenitor, es

violentamente eliminado por Alexandre:

Por su sotil engeño que tanto aprodaba

a maestre Netánamo dizién que semejaba,

e que su fijo era grant roído andava.

¡Si lo era o non, todo‟l pueblo pecava!

El infant‟el roído no‟l pudo encobrir;

peso‟l de coraçón; non lo pudo sofrir:

despeñol‟ d‟una torre, onde ovo a morir.

“¡Fijo –dixo el padre–, Dios te dexe bevir!” (19-20)

En la misma línea de la eliminación del maestro/padre se inscribe el hecho de que más

adelante, a punto de destruir Tebas, Alexandre desoiga la elocuente imploración de Cleor y no

dé la menor importancia a la invocación de los vínculos dinásticos que lo unen con la ciudad

(“Alçides, tu abuelo, daquí fue natural, 238a) y decida arrasar la ciudad hasta sus cimientos:

Mas perdonar non quiso a Tebas el pecado:

¡mandó que le pusiesen fuego de todo cabo! (242cd)

Tebas fue destroída e fue toda cremada (243a)

8
El Libro no hace explícita la conexión de Netánamo (Nectanebo) con Amón o con Egipto. García
López señala que en algunas de las versiones de la historia Nectanebo “se refugia en Macedonia y, transmutado
en dios Amón, concibe a Alejandro en la reina Olimpia. La leyenda, tal como nos la cuenta el autor, reproduce el
origen espurio del héroe y explica la especial relación de Alejandro con Egipto, al tiempo que esboza parte de su
carácter” (145, n. 19). En sus notas sobre este pasaje Casas Rigall (135-36, n. 19-20) destaca que la actitud
estoica de Nectanebo al morir prefigura “las censuras hacia el héroe que sólo aflorarán mucho después (1862 y
ss)”.
Ambos episodios violentos pueden interpretarse como ejemplos de la tensión existente

entre una herencia que liga al personaje a una continuidad, a una tradición, y un ansia de

refundación. Julian Weiss, que trabaja el episodio tebano atendiendo principalmente sus

consecuencias desde la problemática del poder, propone que en él se representa una traición

del héroe a su propio linaje y que esto supone una maldición sobre su propio destino (125).

Pero el episodio también hace referencia a la restauración futura de la ciudad (“Un tebano ý

vino, por que fue restaurada”, 243c). Los actos violentos de Alexandre parecen implicar la

percepción de su potencial para construir un rol propio en la historia como inaugurador de

nuevas fases. El héroe es presentado como un refundador, y no se oculta el hecho de que toda

re-fundación presupone la destrucción o borramiento (siquiera parcial, selectivo) de la fase

anterior:9 matar a Netánamo habilita a Alexandre para asumir su lugar en la línea sucesoria de

los descendientes de Amón y así extender su dominio sobre Egipto (episodio que ocupa las

cc. 1166 a 1183) y, por carácter transitivo, sobre la India, que había sido sojuzgada por Baco;

más adelante la destrucción de Tebas, inmediatamente anterior al cruce hacia tierras asiáticas,

le permite internalizar como propios los modelos civilizadores de Baco y Alcides legitimando

sus pretensiones sobre el Oriente y el Occidente.10

El camino emprendido desde allí elabora los problemas inherentes a la noción de

conquista ligada al conocimiento, idea cifrada en el complejo emblema del Nudo Gordiano.

Corrado Bologna ha destacado la importancia alegórica del Nudo inextricable como

sinécdoque del Viaje hacia los confines naturales, y “más allá de ellos, que es la vida, y es el

9
Geraldine Hazbun propone una interpretación de estos episodios en términos de la alternancia entre
olvido y memoria que inherente a la dinámica de toda cultura. Para un tratamiento extenso de la cuestión,
enfocada desde el problema de la legitimidad del poder de la realeza, véase Weiss (113-115 y 125).
10
Justamente, en la narración de las andanzas de Alexandre por Egipto se da un lugar central al relato
de la visita al santuario de Amón situado en el oasis que Júpiter otorgó en don a Baco tras su conquista de la
India. Casas Rigall (412, n. 1166-83) señala que posiblemente el poeta elabore la secuencia del oasis a partir de
escolios de su fuente.
conocimiento” (153). El viaje subsiguiente, carente de centro y de puntos de llegada,11

constituye el equivalente semántico de un nudo sin cabos:

Ed è evidentissimo, dietro il recupero dell‟immagine cósmica trasmessa

dall‟Antiquità al Medio Evo, anche il letterale ricordo al mitologema del Nodo

gordiano […], puntuale nel ribadire che “sciogliere un nodo” significa

“conquistare mondi sconosciuti” (Bologna 161).

[…] Mi sembra evidente che nel complesso sistema mitografico-leggendario

“alessandrino” il Viaggio sia ormai il nuovo Nodo, inaugurato dal Taglio come

soluzione paradossale, che il destino del nodo adempie (Bologna 163).

Es interesante observar que el poeta del Alexandre adopta cierta distancia respecto del

tratamiento que su fuente da al episodio del corte del Nudo Gordiano: en la Alejandreida

Gautier de Châtillon expresa sus dudas sobre el alcance de este acto, con su actitud siempre

más propensa a evaluar críticamente al protagonista: “Así habló y, desenvainando la espada,

cortó los nudos, con que o eludió el vaticinio o le dio tal vez cumplimiento” (Alejandreida

140).12 En el Libro se omiten estas vacilaciones de la fuente; es más, como un recordatorio de

que la ligazón entre el viaje, el conocimiento y el poder nunca se deshace, la imagen

reaparece, aunque en este caso sin asociaciones proféticas explícitas, en la descripción de las

obras que ornamentan el palacio de Poro, llamativamente similares a un nudo:

eran tan sotilment‟ entre sí enlazados

que non entendrié omne dó eran empeçados” (2125cd).

11
Weiss realiza una aguda lectura de los problemas que plantea la imagen del nudo, “itself quite a
tangled symbol. […] the myth of cutting the Gordian knot severs the ties linking knowledge and power, and
establishes force as the main legitimizing instrument of sovereignity” (130-132, cita en 131). Más adelante
señala: “There is no sense that Alexander is travelling towards a putative centre” (126)
12
El pasaje se ubica en el Libro II del texto de Gautier; cito la traducción de Francisco Pejenaute Rubio.
Compárese con la descripción del Nudo Gordiano:

Assí eran los ramos entre sí embraçados:

Non podié saber omne do fueran ajuntados (832ab)

Estos ecos a distancia del emblemático Nudo pueden ser interpretados como un

indicio, inserto en el momento en que el héroe emprende las acciones decisivas que lo

llevarán al término de su campaña en la India y a la exploración de las regiones ignotas del

mundo, para que no pierda de vista la ligazón de “planos epistemológicos diversos” (Bologna

163) que sigue marcando el sentido del viaje de dominación imperial a la vez que conceptual.

La acción del protagonista sobre la realidad queda manifiesta en una serie de acciones

concretas que apuntan en una misma dirección:

por descobrir las cosas que yazen sofondidas;

cosas sabrán por nós que non serián sabidas,

serán las nuestras nuevas en crónicas metidas (2291bd),

Assaz podrié en esto saber e mesurar

e meter en escripto los secretos del mar (2309cd)

compassó todo‟l mundo (2459b)

Mesuró toda África cómo yaz‟asentada (2506a)

“Descobrir”, “compasar”, la serie “saber – mesurar – escribir” o “poner en crónicas”,

son todos términos que forman parte del bagaje intelectual de los moderni, y que constituyen

una expresión de tendencias que dominan los intereses de los intelectuales; es preciso señalar
que esta modalidad específica de saber, basado en la cuantificación, la medida y el registro

(Zumthor; Crosby), quedará más tarde integrada a las formas de racionalidad propias del

repertorio conceptual del imperialismo europeo, que paulatinamente irá colonizando tanto

pensamientos como territorios.

Hay numerosos ejemplos en el Libro de Alexandre que trazan la equivalencia entre el

acto de conocer y los de dominar o conquistar: recuérdese, por ejemplo, que el héroe

desciende al fondo del mar “por saber qué fazién los pescados” (2306a), y que al observarlos

de los pueblos del mar tóvose por pagado:

contaba que avié grant imperio ganado (2315c).

Natura, que considera que su dominio se encuentra amenazado por la curiosidad de

Alejandro,13 evalúa su intromisión como un acto de despojo (Uría “Soberbia”; Casas Rigall

65):

La Natura que cría todas las crïaturas,

las que son paladinas e las que son escuras,

tovo que Alexandre dixo palabras duras,

que querié conquerir las secretas naturas.

Tovo la rica dueña que era sobjudgada,

que le querié él toller la ley condonada:

de su poder non fuera nunca tan desheredada,

sinon que Alexandre la avié aontada (2325-26)

13
Hazbun destaca el hecho de que la curiositas alejandrina, lejos de representar una actitud positiva,
está ligada en la concepción medieval con la noción de exceso o desmesura, y es vista como una manifestación
de un desorden de la memoria (105-106).
El afán ilimitado de conocimiento humano se elabora en términos de

desempoderamiento de las fuerzas que sostienen el orden cósmico; así, el intento de develar

las reglas de la naturaleza es sinónimo de usurpación del gobierno y de sometimiento

ilegítimo de las fuerzas que sostienen el orden tradicional:

En las cosas secretas quiso él entender

que nunca omne vivo non las pudo saber;

quísolas Alexandre por fuerça conocer:

nunca mayor soberbia comidió Luçifer

Aviele Dïos dado los regnos en su poder,

non se le podié fuerça ninguna defender;

querié saber los mares, los infiernos veyer,

lo que non podié omne nunca acabeçer (2327-28)

Natura (llamada reïna en 2428a), advierte a Belcebú sobre el peligro que se cierne

sobre lo que ella designa “nuestro reino” (2429d), cuando Alexandre avanza con el propósito

de “destrañar” los infiernos (2433b), “despaladinar” los secretos del mundo natural (2433c), y

finalmente de apresar y sojuzgar a sus señores naturales (“a mí e a vós todos en cadenas

llevar, 2433d). En otras palabras, el impulso de saber está ligado estrechamente con la

imposición de un nuevo orden de pensamiento que permitiría aprehender la Creación desde la

perspectiva de la criatura (si se quiere, un acto de colonización de lo humano sobre lo divino),

que amenaza lo establecido a partir de la inscripción de categorías humanas sobre el orden

natural o cósmico. La airada reacción de Natura cuando Alejandro osa criticar la organización

jerárquica de sus dominios queda, entonces, más que justificada.


El poeta especula con otras derivaciones del ejercicio de este poder ligado al

conocimiento y refuerza la idea de que las acciones de Alexandre se proyectan sobre el plano

epistemológico. Una de ellas tiene que ver con la posibilidad de revertir la historia, volviendo

a poner en marcha ciclos que se consideran cerrados, como el de Troya. Los antepasados

griegos de Alexandre habían emprendido la guerra y habían destruido la ciudad de modo “que

nunca ý podiessen ningunos habitar” (502d), dejando sus muros derruidos como ejemplo para

la posteridad, evidencia material de la violencia recurrente, cíclica, según la cual los imperios

se elevan y más tarde caen. Sin embargo, en el poema se esboza la hipotética refundación de

Troya en caso de que el curso de las conquistas de Alexandre no sea interrumpido:

Si quisiesse el fado prestarle mayor vida,

poblara por ventura Troya la destroïda (2468ab)

El reingreso del reino troyano en el devenir histórico a partir de su refundación

significaría la neutralización de la carga simbólica y moral de las ruinas y sin dudas su

“reescritura” como testimonio de la voluntad humana de poblar, de dominar y construir

eliminaría su carácter de recordatorio eterno de las consecuencias trágicas de la desmesura de

los príncipes y, por otra parte, pondría en cuestión la total prevalencia de la voluntad divina

sobre los emprendimientos humanos –con lo cual también quedaría anulada la relación

tipológica que los hechos de Troya mantienen respecto de la trayectoria del propio

protagonista (Bly y Deyermond 153-65). El poeta, sin embargo, concluye la estrofa

destacando la subordinación de la historia humana a los designios divinos:

mas sabe Dios los omnes tener en tal medida

que non da a ninguno prosperidat complida (2468cd)


Estos pasajes permiten reflexionar sobre otro aspecto en que el Libro de Alexandre

explora límites conceptuales tradicionales: a la luz de lo expuesto, puede proponerse que el

itinerario del personaje constituye una expresión de una hipotética voluntad de refundación (o

reescritura) del camino típico de la traslatio, noción a través del cual los intelectuales

medievales comprendían y elaboraban su relación con los momentos constitutivos de la

cultura. De hecho, el movimiento de Alexandre hacia los confines del orden de lo cognoscible

traza una dirección inversa a la que convencionalmente se ha asignado a la traslatio (studii –

imperii), y la reacción de Natura no hace sino subrayar el peligro que supone dicho

movimiento: que el posible cumplimiento del ciclo heroico (con el retorno desde Oriente a

Occidente que queda truncado por la muerte) comportaría la amenaza de refundar la episteme

misma, redefinida ahora desde la perspectiva de la criatura (empoderada por el saber) y no del

Creador.

Verdadero ejemplo del arte del develamiento al cual hicimos referencia páginas atrás,

el Alexandre instala en lo que no transita por el lenguaje del mester de clerecía la paradoja

que no puede terminar de codificar la modernidad medieval: las consecuencias que derivarían

del ejercicio sistemático de la racionalidad propiciada por los moderni sobre la comprensión

de un orden humano que todavía no puede concebirse con independencia respecto de

fundamentos teológicos.

En dicho sentido, me parece de sumo interés recordar que para algunos estudiosos la

historia del mester de clerecía es, de alguna manera, la historia de un fracaso, o la historia de

un proyecto literario que no llega a desarrollar plenamente sus posibilidades, pero no debido

únicamente a la evolución que experimenta su modelo formal (razón que en algunas

aproximaciones críticas se propone como explicación fundamental del agotamiento del

mester)14 sino a cierta rigidez ideológica de los agentes que intervienen en su producción y

14
Un ejemplo de esta perspectiva es la que Isabel Uría expone en su Panorama (véanse esp. 153-58),
donde destaca que “las circunstancias en que se encuentra el romance castellano son, pues, muy distintas a las de
difusión que impide que su discurso articule nuevos mensajes y amplíe los horizontes de su

recepción:

En somme, le mester de clerecía constituerait un bon exemple d‟echec dans le

domaine de la médiation littéraire. Échec relatif et retardé pour la production

d‟inspiration moralisante; plus immédiat et plus flagrant pour les oeuvres

d‟inspiration plus précisémet littéraire. La tentative pour gagner un nouveau

public à une literature jusque-là reserve à l‟élite a avorté, mais elle méritait

d‟être enterprise (Garcia 53).

(…) la historia del mester de clerecía es la de un fracaso. (…) sus autores, pese

a presentarse como líderes de opinión, pudieron enfrentarse a una insuficiente

transformación del público (según una perspectiva externalista que requiere

una aproximación a todos los elementos que componen la historia general), o a

un déficit numérico de protagonistas con la indispensable capacitación y la

convicción de su necesidad (perspectiva internalista). En cualquier caso, en un

entorno inadecuado, se manifestó una fragilidad de los vínculos asociativos

entre las conexiones de la red: instrumentos expresivos específicos

(¿demasiado concentrados?), intercambios con los colegas de la corporación

(¿insuficiente?), diálogo con los aliados institucionales (¿eclesiásticos o no y

de apoyo variable?), participación de los usuarios (¿cada vez más reducida?)”

(Varaschin 237-38).

Es debido esas razones que en su desarrollo diacrónico el mester se nos muestra como

una práctica que queda cada vez más arrinconada en las áreas conservadoras del sistema

la época en que se escribe el Libro de Alexandre y demás poemas del siglo XIII. Tal vez por ello, en el siglo XIV
ya no son necesarias las apoyaturas de la dialefa y el silabeo que ésta impone” (156).
literario. A ellas añadiría la contradicción interna de la modernidad tal como se inscribe en el

los inicios del mester de clerecía, que más allá de su inicial impulso innovador no encontró

una vía para adecuar su mensaje a las circunstancias cambiantes de una sociedad cada vez

más dinámica y compleja.

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