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Traumato 1

El documento aborda la fisiopatología de las fracturas óseas, clasificándolas en abiertas, cerradas, patológicas y por estrés, y describe el proceso de curación en tres fases: inflamatoria, reparadora y de remodelación. También se discuten las complicaciones agudas y a largo plazo asociadas a las fracturas, así como la importancia de una evaluación adecuada que incluya anamnesis, examen físico y estudios por imagen. Finalmente, se presenta una clasificación de las fracturas según su etiología, relación con el medio ambiente y mecanismo de producción.

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Traumato 1

El documento aborda la fisiopatología de las fracturas óseas, clasificándolas en abiertas, cerradas, patológicas y por estrés, y describe el proceso de curación en tres fases: inflamatoria, reparadora y de remodelación. También se discuten las complicaciones agudas y a largo plazo asociadas a las fracturas, así como la importancia de una evaluación adecuada que incluya anamnesis, examen físico y estudios por imagen. Finalmente, se presenta una clasificación de las fracturas según su etiología, relación con el medio ambiente y mecanismo de producción.

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UNIVERSIDAD LAICA ELOY ALFARO DE MANABÍ

CIENCIAS DE LA SALUD

CARRERA:

FISIOTERAPIA

MATERIA:

TRAUMATOLOGÍA

TEMA:

FISIOPATOLOGÍA DE LAS FRACTURAS

CURSO Y PARALELO:

5TO “A”

ESTUDIANTE:

ALVARADO RODRÍGUEZ KAINA ALEJANDRINA


BRAVO ZAMBRANO GEMA TAMARA
JARAMILLO ORTEGA EMILY DAMARIZ
MENDOZA ARTEAGA JOMAR GABRIEL
UGALDE MENDOZA SERGI SANTIAGO
VÉLEZ ROMERO DIEGO ANDRÉS
ZAMBRANO CHILAN ANGELLY LISETH

DOCENTE:

DR. HÍTALO MEJÍA S

PERIODO LECTIVO: 2025 – 1


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FISIOPATOLOGÍA DE LA FRACTURAS

Las fracturas óseas se definen como la pérdida de continuidad del hueso y

pueden clasificarse en abiertas o cerradas. En las fracturas abiertas, el hueso roto se

comunica con el exterior a través de una herida en la piel, lo que incrementa el riesgo de

infección, mientras que en las fracturas cerradas la piel permanece intacta. Además,

existen fracturas patológicas, que ocurren en huesos debilitados por enfermedades como

osteoporosis, cáncer, infecciones o quistes óseos; si la causa es la osteoporosis, se

denominan fracturas por fragilidad o insuficiencia. Por otro lado, las fracturas por estrés

resultan de la aplicación repetitiva de fuerzas moderadas, como ocurre en corredores de

larga distancia o soldados, superando la capacidad de reparación del hueso y

provocando microtraumatismos acumulativos.

El proceso de curación ósea se desarrolla en tres fases superpuestas y su

duración depende de factores como la edad y la presencia de enfermedades asociadas.

En la primera fase, denominada inflamatoria, se forma un hematoma en el sitio de la

fractura y se reabsorbe una pequeña cantidad de hueso; si la fractura no es visible

inicialmente en las radiografías, suele hacerse evidente a la semana. La segunda fase,

reparadora, se caracteriza por el desarrollo de un callo y la formación de nuevos vasos

sanguíneos, así como la aparición de cartílago a través de la línea de fractura. Durante

esta etapa, la inmovilización es fundamental para permitir la reparación vascular y ósea,

y concluye cuando la fractura está clínicamente unida, es decir, sin dolor ni movimiento

anormal. Finalmente, en la fase de remodelación, el callo cartilaginoso se osifica y el

hueso se remodela, por lo que se recomienda reanudar gradualmente el movimiento y la

carga sobre la extremidad lesionada.

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Las fracturas pueden presentar complicaciones tanto agudas como a largo plazo,

que varían en gravedad. Entre las complicaciones agudas se encuentran el sangrado, que

rara vez puede causar shock pero es más probable en fracturas de pelvis o fémur;

lesiones vasculares, que pueden interrumpir el flujo sanguíneo y causar isquemia;

lesiones nerviosas, que pueden ir desde déficits temporales hasta daños permanentes;

embolia pulmonar, especialmente en fracturas de cadera o pelvis; embolia grasa,

frecuente en fracturas de huesos largos; síndrome compartimental, que puede

comprometer la viabilidad de la extremidad y requiere intervención urgente; e

infecciones, más frecuentes en fracturas abiertas o tratadas quirúrgicamente, que pueden

evolucionar a osteomielitis. A largo plazo, pueden presentarse complicaciones como

inestabilidad articular, rigidez y disminución de la movilidad, falta de unión o retraso en

la consolidación, unión anómala con deformidad residual, osteonecrosis por daño

vascular, artrosis secundaria y discrepancia en la longitud del miembro, lo que puede

afectar la función y calidad de vida del paciente.

EVALUACIÓN DE FRACTURAS

Una fractura es la rotura de un hueso, generalmente causada por una fuerza

significativa aplicada sobre un hueso sano. La evaluación adecuada de una fractura es

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fundamental para garantizar un diagnóstico preciso y un tratamiento oportuno que evite

complicaciones graves.

• Evaluación de las lesiones graves

• Anamnesis y examen físico

• Radiografías para identificar fracturas

EXAMEN FÍSICO

El examen físico incluye la evaluación vascular y neurológica distal a la lesión,

inspección de heridas, deformidades, inflamación y movilidad, y palpación para detectar

sensibilidad, crepitación o defectos óseos. Se examinan también las articulaciones

adyacentes para identificar dolor o inestabilidad. El dolor y espasmos musculares

pueden dificultar el examen, que a veces se repite tras analgesia o inmovilización.

Resaltamos puntos claves que pueden ayudarnos a examinar con mayor facilidad

y agilidad al paciente.

• Deformidad

• Inflamación

• Hipersensibilidad

Si una herida está cerca de una fractura, la lesión se considera abierta o expuesta.

Se clasifican según el sistema Gustilo-Anderson:

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• Grado I: heridas menores de 1 cm, con mínima contaminación, trituración y

daño leve de tejidos blandos.

• Grado II: heridas mayores de 1 cm, con daño moderado de tejidos blandos

y mínima extracción de periostio.

• Grado IIIA: daños graves en tejidos blandos y contaminación significativa,

pero con cobertura adecuada de tejidos blandos.

• Grado IIIB: daños graves en tejidos blandos y contaminación significativa,

con cobertura inadecuada de tejidos blandos.

• Grado IIIC: fractura abierta que requiere reparación de lesión arterial.

ESTUDIOS POR IMAGEN

Si se requieren imágenes, primero se hacen radiografías simples con al menos

dos vistas en diferentes planos (anteroposterior y lateral). Vistas adicionales (oblicuas u

otras) se obtienen si hay sospecha clínica de fractura no visible, para ciertas

articulaciones o anomalías específicas.

La resonancia magnética (RM) o tomografía computarizada (TC) se indican

cuando la fractura no aparece en radiografías, pero la sospecha clínica es alta, o cuando

se necesita mayor detalle para planificar el tratamiento, especialmente en fracturas

complejas como escapulares, pélvicas o intraarticulares.

DESCRIPCIÓN DE LAS FRACTURAS

El aspecto de una fractura en radiografía se describe mediante:

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• Tipo de línea de fractura: puede ser transversal (perpendicular al eje del

hueso), oblicua (en ángulo), espiral (en espiral por torsión), conminuta

(varios fragmentos), por avulsión (arrancamiento por tendón), impactada

(fragmentos encajados) o fracturas infantiles como en tallo verde o torus.

• Localización: se especifica si está en la epífisis (extremos del hueso, a veces

con superficie articular), metáfisis (zona entre epífisis y diáfisis) o diáfisis

(eje del hueso, dividido en tercios proximal, medio o distal), y también la

orientación dorsal o palmar.

• Tipo de fractura según partes blandas: abierta (con comunicación con el

exterior) o cerrada (sin comunicación).

TIPOS MÁS FRECUENTES DE FRACTURAS

Fracturas transversales: línea perpendicular al eje largo del hueso.

• Fracturas oblicuas: línea en ángulo respecto al eje del hueso.

• Fracturas en espiral: causadas por rotación, con línea que gira alrededor

del hueso.

• Fracturas conminutas: hueso fragmentado en más de dos partes,

incluyendo fracturas segmentarias con fragmentos separados.

• Fracturas por avulsión: un tendón arranca un fragmento óseo.

• Fracturas impactadas: fragmentos óseos se encajan y acortan el hueso,

visibles como densidad anormal en la radiografía.

• Fracturas infantiles: incluyen fracturas de torus (doblez de la corteza) y en

tallo verde (rotura parcial de la corteza).

CLASIFICACIÓN SEGÚN SU ETIOLOGÍA


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Las fracturas se pueden clasificar según su etiología, es decir, según la causa que

las produce.

1. Fracturas Traumáticas:

Estas fracturas ocurren como resultado de una fuerza externa que supera la

resistencia del hueso. Pueden ser causadas por:

• Impactos directos: Un golpe fuerte en una zona específica del hueso.

Por ejemplo, un accidente automovilístico o un golpe con un objeto

contundente.

• Impactos indirectos: La fuerza se aplica en una zona del cuerpo, pero el

hueso se fractura en otro lugar. Por ejemplo, al caer sobre las manos,

puede producirse una fractura en la clavícula.

• Compresión: Fuerzas que comprimen el hueso, como en las fracturas

vertebrales por caída desde altura.

2. Patológicas (Enfermedad del Hueso)

Estas fracturas se producen en huesos previamente debilitados por

enfermedades, lo que los hace más susceptibles a fracturarse ante fuerzas

mínimas.

Ejemplos:

• Osteoporosis: Disminución de la densidad ósea, común en personas

mayores.

• Tumores óseos: Primarios (como osteosarcoma). Osteosarcoma, es el

tipo más común de cáncer de huesos, que afecta principalmente a

adolescentes y jóvenes adultos.

• Osteomielitis: Infección ósea que compromete la estructura del hueso,

que puede ser causada por bacterias u hongos.


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Una persona con osteoporosis puede sufrir una fractura de cadera simplemente

al caer al suelo desde su propia altura.

3. Por Fatiga (Esfuerzos Repetidos):

Las fracturas por fatiga, también conocidas como fracturas por estrés, se

producen por la acumulación de microtraumatismos repetitivos que superan

la capacidad de recuperación del hueso. No se deben a un único impacto,

sino a cargas repetidas y prolongadas. Estas ocurren en cualquier hueso, pero

son los metatarsos en los que esta lesión es más frecuente ya que son

altamente susceptibles a fracturas por estrés debido a su función de soporte y

absorción de impacto durante actividades físicas repetitivas, Ocurren con

mayor frecuencia en deportistas, militares y bailarines.

CLASIFICACIÓN SEGÚN SU RELACIÓN CON EL MEDIO AMBIENTE

Esta clasificación se centra en la exposición del hueso fracturado al ambiente

externo, lo que influye directamente en el riesgo de infección, el proceso de cicatrización

y el plan de tratamiento. Se dividen en dos grandes grupos:

1. Fracturas Cerradas (o Simples):

En este tipo de fracturas, el hueso se fractura, pero no hay comunicación

con el exterior; es decir, la piel y los tejidos blandos permanecen intactos.

La fractura cerrada ocurre cuando un hueso que está roto no penetra la piel y

no sobresale. Un individuo con una fractura cerrada tendrá hinchazón y dolor

inmediatos con dificultad para mover el área lesionada, pero no tendrá

ninguna herida abierta, que no es el caso con fracturas abiertas. La piel no

presenta laceraciones ni heridas abiertas, menor riesgo de infección

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comparado con las fracturas abiertas, se puede observar hematoma, edema,

deformidad y limitación funcional.

2. Fracturas abiertas (o Expuestas):

En estas fracturas, el hueso fracturado tiene comunicación con el exterior a

través de una herida en la piel. Son más graves debido al alto riesgo de

infección y complicaciones. Existe una herida que expone el hueso y/o los

tejidos profundos. Mayor riesgo de infección y osteomielitis (infección del

hueso). Se requiere un tratamiento urgente y agresivo, que incluye

antibióticos y cirugía. La gravedad depende del grado de contaminación,

extensión de la herida y daño a tejidos blandos.

Clasificación de Gustilo y Anderson:

Se utiliza para identificar fracturas abiertas en función del tamaño de la herida,

el daño a los tejidos blandos y el grado de contaminación.

3. Según el mecanismo de producción.

Fracturas causadas por mecanismos directos: Se producen en el lugar

del impacto de la fuerza responsable, por ejemplo, si una persona sufre un golpe

fuerte en la pierna, el hueso puede fracturarse justo en ese punto. Este tipo de

fracturas suele ser multifragmentario, es decir, el hueso se rompe en varios

pedazos debido a la intensidad del impacto, como ocurre en accidentes de tráfico

o caídas desde gran altura.


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Las fracturas producidas por un mecanismo indirecto: se producen

en un lugar distante del punto de lesión. Se pueden clasificar en varios tipos,

según cómo actúan las fuerzas sobre el hueso.

a) Fracturas resultantes de tensión o tracción: causadas por dos

fuerzas que actúan en la misma dirección, pero en sentidos opuestos,

divergentes del hueso Avulsión maleolar (cuando un tendón o

ligamento arranca un fragmento óseo), avulsión de la tuberosidad

tibial anterior (común en adolescentes deportistas).

b) Fracturas por compresión: causadas por dos fuerzas que actúan en

la misma dirección, pero en sentidos opuestos, convergiendo hacia el

hueso. Generalmente, estos eventos ocurren en el tejido óseo

esponjoso, como en el cuerpo vertebral, el colapso de la meseta tibial,

entre otros. Cuando ocurre en un hueso diafisario, la línea de fractura

tiende a ser oblicua.

c) Fracturas por torsión: Resultantes de una fuerza que provoca un

movimiento de rotación del hueso alrededor de su eje. La línea es

típicamente de naturaleza espiral. Ejemplo: Accidentes deportivos

donde el pie queda fijo y el cuerpo gira, como en el esquí o el fútbol.

d) Fracturas por flexión: Causadas por dos fuerzas con direcciones

paralelas que actúan en el mismo sentido, pero cada una en un

extremo del hueso. Ejemplo: Caídas sobre el antebrazo extendido, en

las que la línea es generalmente transversal o ligeramente diagonal,

pudiendo existir un tercer fragmento en forma de ala de mariposa.

e) Fracturas por cizallamiento: Se producen debido a dos fuerzas

paralelas que actúan en sentidos opuestos y convergen hacia el hueso.

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El trazo suele ser transversal. Ejemplo: Accidentes laborales donde

una parte del cuerpo queda atrapada y es empujada en direcciones

opuestas.

4. De acuerdo a la longitud del trazo

• Fractura completa: Se define como aquella en la que la línea de

fractura involucra la totalidad del grosor del hueso y el periostio.

Importancia clínica: Suelen requerir inmovilización estricta o

incluso cirugía para una correcta consolidación.

• Fractura incompleta: Se define como aquella en la cual la línea

de fractura no compromete el grosor completo del hueso.

a) Fisuras: afectan a una porción del grosor, como una grieta

superficial.

b) Fracturas en tallo verde: estas lesiones son frecuentes en la

infancia y se producen debido a la flexión de los huesos que tienen

mayor flexibilidad. Existe una discontinuidad en la superficie de tensión;

sin embargo, no se extiende a la superficie de compresión.

c) Fracturas en rodete: También común en la infancia,

especialmente en la unión entre la metáfisis y la diáfisis. El hueso

cortical se expande por compresión, generando un abultamiento sin

romperse del todo.

CLASIFICACIÓN DE FRACTURAS SEGÚN EL TRAZO

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Este criterio se basa en la extensión y dirección de la línea de fractura

respecto al hueso afectado.

Según la extensión del trazo

• Fractura Completa

El trazo atraviesa todo el grosor del hueso, separándolo en dos o más

fragmentos.

Se presenta mayoritariamente en adultos.

Puede ser desplazada (los fragmentos cambian de posición) o no desplazada.

• Fractura Incompleta

• El trazo no atraviesa completamente el hueso.

Es más frecuente en niños, debido a la mayor elasticidad de sus huesos.

Tipos de fractura incompleta:

• En tallo verde: El hueso se dobla y se rompe parcialmente, similar a una

rama verde que no se parte del todo.

• Fisura: Una simple grieta en la superficie del hueso, sin pérdida de

continuidad total.

• En torus (o rodete): Abombamiento de la cortical ósea sin ruptura

completa.

Según la Dirección del Trazo

Este subcriterio se basa en cómo se orienta la línea de fractura respecto al eje

mayor del hueso.

• Transversa: El trazo es perpendicular al eje del hueso.


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• Oblicua: El trazo tiene una inclinación respecto al eje.

• Espiral: El trazo gira alrededor del hueso, habitualmente por

mecanismos de torsión.

• Longitudinal: El trazo es paralelo al eje mayor del hueso.

• Conminuta: el hueso se rompe en tres o más fragmentos.

• Segmentaria: se produce más de un trazo de fractura a nivel de la misma

diáfisis, separando un segmento óseo.

Ejemplos Clínicos

• Un niño con fractura en tallo verde tras una caída.

• Un adulto con fractura transversa completa de radio por golpe directo.

• Lesión deportiva con fractura espiral de tibia por giro forzado.

Importancia Clínica

La clasificación según el trazo permite:

• Determinar el mecanismo de lesión.

• Prever complicaciones (desplazamientos, inestabilidad).

• Definir el tratamiento adecuado: conservador, ortopédico o quirúrgico.

Se refiere a la ubicación específica de la fractura dentro del hueso afectado o en

relación a regiones anatómicas concretas.

Según la Parte del Hueso Afectado

• Epifisarias: Afectan la epífisis (extremo articular del hueso).

Pueden comprometer la superficie articular, lo que aumenta el riesgo de

artrosis secundaria.

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En niños, cuando afecta el cartílago de crecimiento, puede generar

alteraciones en el desarrollo óseo (fracturas fisarias).

• Metafisarias: Afectan la metáfisis, zona transicional entre la epífisis y la

diáfisis.

Frecuente en niños por su hueso esponjoso más débil.

• Diafisarias: afectan la diáfisis, o parte media del hueso.

Suelen ser fracturas de alta energía, como accidentes de tránsito o caídas

de altura.

También se pueden clasificar de acuerdo a la localización en regiones

anatómicas específicas del cuerpo:

• Craneales: fracturas del cráneo.

• Faciales: fracturas de huesos del macizo facial (maxilar, mandíbula,

pómulo, etc.).

• Costales: fracturas de las costillas.

• Pélvicas: afectan el anillo pélvico, con alto riesgo de complicaciones

hemorrágicas.

• Vertebrales: fracturas de los cuerpos vertebrales, pueden asociarse a

compromiso neurológico.

• Extremidades superiores e inferiores:

o Fracturas de clavícula, húmero, radio, cúbito, mano.

o Fracturas de fémur, tibia, peroné, tobillo y pie.

• Fractura epifisaria distal de radio en una caída con apoyo en mano

extendida.

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• Fractura diafisaria de fémur por accidente vehicular.

• Fractura costal por traumatismo torácico directo.

La localización permite:

• Estimar el pronóstico funcional.

• Planificar el tipo de inmovilización o necesidad de cirugía.

• Prever complicaciones específicas según la zona (p. ej., daño vascular en

fracturas de pelvis, secuelas articulares en fracturas epifisarias).

CLASIFICACIÓN AO DE LAS FRACTURAS

La clasificación AO es un sistema muy detallado que se utiliza para describir las

fracturas en huesos largos. Su objetivo principal es ayudar a los profesionales de la

salud a comunicarse de manera clara y precisa sobre el tipo y la gravedad de una

fractura. Esto facilita la planificación del tratamiento y permite comparar resultados

entre diferentes casos y estudios.

Antes de esta clasificación existían muchas clasificaciones distintas para

muchos tipos de fracturas y aunque algunas eran y siguen siendo válidas, por ejemplo,

la clasificación de Schaztker para la meseta tibial, era difícil entenderse pues a la hora

de publicar resultados se requiere un lenguaje universal. Todos los expertos están de

acuerdo en la necesidad de una clasificación sistemática de las fracturas, que permita

utilizar una terminología unificada que sea útil para orientar las posibilidades

terapéuticas y el pronóstico de la fractura y permita la evaluación y comparación de los

resultados de dichos tratamientos. La clasificación más integral de las fracturas y más

extendida en la actualidad es la Clasificación AO iniciada por Müller en 1970 y fue

asumida y aceptada por la Orhopaedic Trauma Association (OTA).

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FUNDAMENTOS PARA LA CLASIFICACIÓN AO DE LAS

FRACTURAS

Cada hueso largo se numera y se divide en tres segmentos y con otro número se

identifica el segmento, el nº 1 para el segmento proximal, el 2 para el segmento medio y

el número 3 para el distal. Según las características de la fractura de cada segmento óseo

se dividen en tres tipos o letras ya su vez se subdividirán en tres grupos y subgrupos. A

veces, la definitiva subdivisión de cada grupo en subgrupos sólo es posible después del

acto quirúrgico, cuando hayan podido comprobarse los detalles más precisos de la

fractura. Estos grupos y subgrupos se ordenan de forma ascendente donde se tiene en

cuenta la complejidad morfológica de la fractura, la estabilidad tras la fijación interna,

las dificultades de su tratamiento y su pronóstico. Como cada grupo puede dividirse en

tres subgrupos, en cada segmento óseo habrá 27 subgrupos, y en cada hueso, 81

subgrupos. Las letras A, B y C que muestran el tipo de fractura, indican a su vez un

pronóstico de menos a más grave: A1 indica la fractura que tiene el mejor pronóstico y

C3, la que tiene el peor.

CODIFICACIÓN DEL DIAGNÓSTICO DE UNA FRACTURA

La clasificación de una fractura se expresa con 5 elementos de un código

alfanumérico, como sigue: Hueso y segmento – tipo y grupo. Subgrupo

Los números de los dos primeros recuadros indican la localización (hueso y

segmento), seguidos por otro recuadro con una letra que indica el tipo de la fractura, y

dos números más que definirán las características morfológicas de la fractura. Los

huesos largos se numeran de la siguiente forma:

• 1 = Húmero

• 2 = Cúbito y radio
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• 3 = Fémur

• 4 = Tibia y Peroné.

Cada hueso largo tiene tres segmentos:

• 1 = Segmento proximal

• 2 = Segmento medio (diafisario)

• 3 = Segmento distal

Tanto en el segmento proximal como en el distal, distinguiremos 3 tipos de

fracturas:

• Fractura extraarticular.

• Fractura articular parcial.

• Fractura articular completa.

En el segmento diafisario, podemos distinguir los siguientes tipos:

• Tipo A: Fracturas simples

• Tipo B: Fractura en cuña

• Tipo C: Fractura compleja

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Existen una serie de excepciones en esta clasificación:

• Húmero proximal (11-):

a) Tipo A: Fractura extraarticular unifocal

b) Tipo B: Fractura extraarticular bifocal

c) Tipo C: Fractura articular

• Fémur proximal (31-):

a) Tipo A: Fractura del área trocantérea

b) Tipo B: Fractura del cuello

c) Tipo C: Fractura de la cabeza

• Segmento maleolar (44-):

a) Tipo A: Fractura infrasindesmal

b) Tipo B: Fractura transindesmal

c) Tipo C: Fractura suprasindesmal

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