Debate filosófico en la época
contemporánea
Profesor: Mg. Patricio Schwaner Saldías.
[email protected]A lo largo de varias décadas en las que he dado conferencias sobre el
lenguaje, la mente y la naturaleza humana, me han hecho preguntas
sumamente extrañas. ¿Cuál es el mejor idioma? ¿Son conscientes
las almejas y las ostras? ¿Cuándo seré capaz de subir mi mente a
internet? ¿Es la obesidad una forma de violencia?
Del texto En defensa de la Ilustración, Steven Pinker.
«Entonces, ¿por qué debería vivir?».
La pregunta más llamativa que he respondido se me planteó al concluir
una charla en la que había explicado el lugar común entre los científicos
según el cual la vida mental consiste en patrones de actividad en los
tejidos cerebrales. Una estudiante del público levantó la mano y me
preguntó: «Entonces, ¿por qué debería vivir?».
En el acto mismo de hacer esa pregunta, estás buscando
«razones» para tus convicciones, de modo que estás
comprometida con la razón como medio para descubrir y
justificar lo que es importante para ti.
¡Y existen tantas razones para vivir!
Mundo inteligible
Luz del sol: Conocimiento
Oscuridad: Ignorancia
Fuego: Elemento “artificial”.
Mundo sensible
La alegoría de la caverna
La alegoría de la caverna pretende
poner de manifiesto el estado en
que, con respecto a la educación o
falta de ella, se halla nuestra
naturaleza, es decir, el estado en que
se halla la mayoría de los hombres con
relación al conocimiento de la verdad o
a la ignorancia.
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Así, los prisioneros representan a la mayoría de la humanidad, esclava y
prisionera de su ignorancia e inconsciente de ella, aferrada a las
costumbres, opiniones, prejuicios y falsas creencias de siempre.
Estos prisioneros, al igual que
la mayoría de los hombres,
creen que saben y se
sienten felices en su
ignorancia, pero viven en el
error, y toman por real y
verdadero lo que no son sino
simples sombras de objetos
fabricados y ecos de voces.
El mito da a entender que la
educación es un proceso
largo y costoso, plagado de
obstáculos y, por tanto, no
accesible a cualquiera.
Los ideales de la Ilustración.
Más que nunca, los ideales de la ciencia, la razón, el humanismo y el
progreso necesitan una defensa incondicional. Damos por sentados sus
dones: recién nacidos que vivirán más de ocho décadas, mercados rebosantes
de alimentos, agua limpia que aparece con un chasquido de dedos y residuos
que desaparecen con otro, píldoras que eliminan una infección dolorosa,
hijos que no son enviados a la guerra, hijas que pueden caminar por las
calles con seguridad, críticos de los poderosos que no son encarcelados ni
fusilados, los conocimientos y la cultura mundiales accesibles en el bolsillo
de una camisa.
¡Atrévete a saber!
¡Sapere Aude!
«Ten el valor de usar tu propia razón».
El prisionero liberado debe abandonar
poco a poco sus viejas y falsas creencias,
los prejuicios ligados a la costumbre; debe
romper con su anterior vida, cómoda y
confortable, pero basada en el engaño; ha de
superar miedos y dificultades para ser capaz de
comprender la nueva realidad que tiene ante
sus ojos, más verdadera y auténtica que la
anterior.
¿Qué es la Ilustración?
«La salida de la humanidad de su autoculpable inmadurez», su
«perezosa y cobarde» sumisión a los «dogmas y fórmulas» de las
autoridades religiosas o políticas.
El lema de la Ilustración, proclamaba Kant, es: «¡Atrévete a
saber!», y su demanda fundamental es la libertad de
pensamiento y de expresión.
¿Qué es la Ilustración?
No existe una respuesta oficial, porque la era designada por el ensayo
de Kant nunca fue demarcada mediante ceremonias inaugurales ni de
clausura como las Olimpíadas, ni se estipularon sus principios en un
juramento ni en un credo.
La razón es innegociable:
Tan pronto como se implique en la discusión de para qué
deberíamos vivir (o cualquier otra cuestión), tan pronto como
insista en que sus respuestas, cualesquiera que sean, son
razonables, están justificadas o son verdaderas y, por
consiguiente, otras personas también deberían creerlas, se ha
comprometido ya con la razón y con el intento de que sus
ideas respondan a estándares objetivos.
Si algo tenían en común los pensadores ilustrados era su insistencia en
que apliquemos enérgicamente el estándar de la razón a la
comprensión de nuestro mundo y no recurramos a generadores de
engaño como la fe, el dogma, la revelación, la autoridad, el carisma, el
misticismo, la adivinación, las visiones, las corazonadas o el análisis
hermenéutico de los textos sagrados.