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El documento presenta la vida y contribuciones de tres pedagogos latinoamericanos: Simón Rodríguez, Domingo Faustino Sarmiento y José Martí, destacando sus visiones sobre la educación como herramienta de transformación social. Rodríguez abogó por una educación inclusiva y equitativa, Sarmiento impulsó la educación pública pero con un enfoque elitista, y Martí promovió un aprendizaje práctico y autónomo. Cada uno, a su manera, dejó un legado significativo en la educación y la lucha por la independencia en América Latina.
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El documento presenta la vida y contribuciones de tres pedagogos latinoamericanos: Simón Rodríguez, Domingo Faustino Sarmiento y José Martí, destacando sus visiones sobre la educación como herramienta de transformación social. Rodríguez abogó por una educación inclusiva y equitativa, Sarmiento impulsó la educación pública pero con un enfoque elitista, y Martí promovió un aprendizaje práctico y autónomo. Cada uno, a su manera, dejó un legado significativo en la educación y la lucha por la independencia en América Latina.
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P E D A G O G OS

LATINOAMERICANOS
Un vistazo a la pedagogía

Hernandez Sandoval Cristal 2B LEAT


imón Rodríguez
S

Simón Narciso de Jesús Carreño Rodríguez nació el 28 de

octubre de 1771 en Caracas, en ese entonces parte del


Virreinato de la Nueva Granada. Fue hijo de Rosalía

Rodríguez. A los 22 años comenzó a trabajar como ayudante


del maestro de primeras letras en la primera escuela de la

ciudad, lo cual marcó el inicio de su compromiso con la

educación.

En 1794, con la experiencia acumulada en Caracas, presentó al Ayuntamiento un escrito titulado

"Reflexiones sobre los defectos que vician la escuela de primeras letras en Caracas". En este

documento expresó: “Los objetivos de la escuela son los más laudables, los más interesantes,
disponer del ánimo de los niños para recibir las mejores impresiones y hacerlos capaces para todas

las empresas, para las ciencias, artes, para el comercio, para todas las ocupaciones de la vida, es

indispensable”. Con esta reflexión, Rodríguez deja ver su idea de la educación como base de una

sociedad mejor. En su informe también propuso la creación de nuevas escuelas, cuestionó la falta

de formación de los maestros, exigió mejores condiciones laborales y defendió la inclusión de


todos los niños, sin importar el color de su piel. Esto último resulta especialmente importante para

su época, ya que proponía un modelo educativo profundamente igualitario.

En 1795, el cabildo (cuerpo colegiado que ejerce la autoridad local) aprobó sus propuestas y elevó
el informe a la Real Audiencia, lo que representa un reconocimiento oficial a sus ideas. En 1801 se

trasladó a Francia, donde abrió una escuela para enseñar español y profundizó en las ideas

ilustradas. Fue aquí donde consolidó su pensamiento sobre el progreso social a través de la

educación. Para él, “la independencia debía lograrse con las armas, pero la libertad verdadera

llegaba con la educación y la escritura”. Su pensamiento refería a que una nación podía ser
independiente políticamente, pero seguir siendo esclava si su pueblo no sabía leer, escribir ni

pensar por sí mismo.


Para Rodríguez es fundamental el tema de la palabra, la escritura y la lengua. Cree que “no hay

pedagogía, no hay educación si no hay un cuidado de la letra, de la escritura”.

En 1804, Rodríguez se reencontró con su antiguo alumno, Simón Bolívar, en Viena. Le regaló el

libro Emilio, de Rousseau, y un año después viajaron juntos a Italia, donde hicieron el famoso
juramento de liberar a América del dominio español. Su idea de un sujeto político no excluía a
nadie: mujeres, hombres, blancos, negros... Todos debían tener lugar en la nueva sociedad. Como

él decía: “No son las razas las que vuelven estúpidos o esclavos a los hombres, sino las
sociedades”.

En 1823, Rodríguez regresó a América y se reencontró con Bolívar en Perú. Al preguntarle

Bolívar qué cargo deseaba ocupar, él respondió: “Yo hubiese podido ser lo que quisiera, pero

quise construir escuelas y ser maestro”. Esta frase resume toda su filosofía de vida: servir a través

de la educación. Ya que pudo haber sido lo que el quisiera, tenia los ingresos, pero el deseaba una

educación libre e igualitaria.

Rodríguez creía que para lograr una libertad verdadera se necesitaba independencia, y esto lo

lograrían a través del trabajo. Por eso impulsó la idea de colonias agrícolas en las que los

ciudadanos trabajaran la tierra y aprendieran oficios, integrando la educación con el trabajo

productivo. Su propuesta incluía la creación de escuelas-fábrica, donde los estudiantes pudieran

aprender y producir al mismo tiempo. Considero que esta visión anticipa ideas pedagógicas

modernas, como la educación técnica y el aprendizaje basado en proyectos.

Su propuesta pedagógica era inclusiva: niños y niñas debían estudiar juntos para promover el

respeto mutuo y eliminar el miedo. También pensaba en brindar oficios a las mujeres para que no
tuvieran que casarse por necesidad ni recurrir a la prostitución como medio de subsistencia. En

1825 intentó instalar una escuela de este tipo en Cochabamba, con 700 niños, pero tuvo que

renunciar por conflictos con la Iglesia y desacuerdos con el presidente boliviano, Antonio José de

Sucre.
En 1834 publicó Luces y virtudes sociales, una obra que recoge sus ideas, enseñanzas y valores.

Ese mismo año publicó 11 artículos en el periódico El Mercurio, pero debido al contenido
político de sus escritos, se vio obligado a abandonar la ciudad.

En 1851 publicó su obra Consejos de amigos dados al Colegio de la Tacunga, donde proponía
enseñar castellano y quichua, así como física, química e historia natural, en lugar del latín o la

teología. También sugería construir dos pequeñas fábricas, una de loza y otra de vidrio, donde

los niños aprendieran albañilería, carpintería y herrería. Porque según él, con tierra, madera y

metales se pueden fabricar las cosas más necesarias para la vida.

En sus propias palabras: “Yo no deseo que los cholitos y las cholitas rueden en las calles, sino

que puedan ingresar a las escuelas”. Esta frase refleja su visión profundamente social, inclusiva

y transformadora, en la que todos recibieran una educación sin importar nada.

Simón Rodríguez murió el 28 de febrero de 1854 en Perú, en la miseria. Había invertido todos

sus recursos en proyectos educativos, en materiales y en escuelas, convencido de que eso era lo

necesario para el pueblo. Dijo alguna vez: “Yo quise hacer del mundo un lugar para que todos

puedan vivir, pero en ese intento lo convertí en un infierno para mí”. No fue ambicioso por
riquezas, sino por justicia e igualdad. Fue una persona que pudo haber vivido con

comodidades, pero eligió entregarse por completo a la educación, con la esperanza de que un
día su esfuerzo ayudara a construir un mundo mejor para todos los americanos.
Frases
1. "Enseñen, y tendrán quien sepa; eduquen, y tendrán quien haga."

Reflexión: Enseñar transmite conocimientos, pero educar forma ciudadanos capaces de

actuar con ética, responsabilidad y autonomía. La educación debe ir más allá del saber
teórico: debe formar personas capaces de transformar la realidad

2. "O inventamos o erramos."

Reflexión: La imitación de modelos ajenos puede fracasar si no responden a nuestras

realidades. La creatividad y la originalidad son esenciales para construir soluciones propias


en sociedades únicas como las latinoamericanas.

3. "La América no debe imitar servilmente, sino ser original."

Reflexión: América Latina necesita construir su propio camino, en vez de copiar modelos
europeos o estadounidenses. La autenticidad y el reconocimiento de nuestras propias

culturas y problemas son claves para el desarrollo real.

4. "El hombre no es ignorante porque es pobre; es pobre porque es ignorante."

Reflexión: La pobreza muchas veces es consecuencia de la falta de acceso a una educación de


calidad. Combatir la ignorancia es una herramienta poderosa para superar la exclusión y

transformar sociedades.

5. "La libertad política no vale nada si no está fundada en la libertad económica y en la justicia

social."

Reflexión: No hay verdadera libertad cuando existen desigualdades profundas. La justicia

social es la base para que los derechos políticos tengan sentido y sean accesibles a todos.
6. "El primer deber del hombre ilustrado es ser útil a sus semejantes."

Reflexión: El conocimiento debe tener un propósito social. No basta con ser sabio; es

necesario usar ese saber para el bien común y la mejora de la comunidad.

7. "No hay patria sin virtud ni virtud con impunidad."

Reflexión: Una nación no puede construirse sin valores éticos. La corrupción y la impunidad

destruyen la base moral de una patria justa y libre.


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Domingo Faustino Sarmiento nació el 15 de febrero de 1811 en


San Juan, Argentina. A lo largo de su vida ocupó muchos roles:
fue periodista, docente, escritor, militar, diplomático y también
presidente. Desde muy joven mostró interés por la educación: a
los 15 años ya daba clases. Siempre se lo presenta como un
defensor del progreso y del acceso a la educación, pero cuando
se analiza más en profundidad, aparecen muchas
contradicciones en su pensamiento.

Por un lado, Sarmiento creía en la educación como una herramienta fundamental para mejorar la
sociedad. Sin embargo, su idea de “educar al pueblo” no incluía realmente a todo el pueblo. Él
tenía una visión bastante elitista sobre quién merecía ser educado. Lo que entendía por “pueblo”
eran las personas que, según su criterio, podían llegar a civilizarse. Dejaba afuera a muchos
sectores, especialmente a los pueblos originarios, que ni siquiera consideraba parte del proyecto
nacional.

En 1840, se exilió en Chile, donde ayudó a crear la primera Escuela Normal de América del Sur.
Desde entonces empezó a pensar de manera más sistemática cómo debía ser la escuela: qué se
debía enseñar, cómo, con qué materiales y con qué reglas. En 1855 publica Civilización y barbarie,
uno de sus libros más conocidos, donde queda clara su forma de pensar: para él, la civilización
estaba en las ciudades, las escuelas, las leyes y la cultura escrita; mientras que la barbarie estaba en
el campo, la pobreza, el analfabetismo y la violencia. Esa forma de dividir al país mostraba
claramente su desprecio por los sectores populares, sobre todo por los gauchos y por lo que
representaban.
Viajó a Europa y a Estados Unidos para estudiar distintos sistemas educativos. Aunque le interesó
el modelo prusiano, lo que más lo impactó fue el sistema estadounidense, donde las escuelas eran
más autónomas y la comunidad participaba activamente. Allá conoció a Horace Mann, un
reformador que lo influenció mucho. Gracias a ese vínculo, se trajeron maestras y maestros de
Estados Unidos para formar docentes en Argentina. Este hecho es importante porque Sarmiento
permitió la participación de mujeres en espacios públicos, algo poco común en esa época.

A lo largo de su carrera política, y especialmente durante su presidencia (1868–1874), impulsó la


creación de escuelas, bibliotecas y otras instituciones educativas. Su idea era clara: si todos iban a
la escuela, se podía construir una nación más moderna. En 1884 se sanciona la Ley 1420, que
establecía la educación gratuita, obligatoria y laica para niñas y niños entre 8 y 14 años. El
objetivo no era solo preparar para el trabajo, sino formar ciudadanos.

Sin embargo, este proyecto que parecía tan inclusivo también tenía límites importantes. Sarmiento
no pensaba en la diversidad cultural del país. Algunos grupos directamente no eran considerados
parte del futuro de la nación. De hecho, llegó a decir que la única solución para algunos sectores
era el exterminio. Estas ideas muestran un lado muy violento y racista de su pensamiento, que
muchas veces se oculta cuando se lo presenta como “el padre de la educación”.

Sarmiento fue una figura para entender la educación en Argentina. Pero no se puede dejar de
señalar que su visión de progreso también estaba llena de exclusiones porque educó a muchos, sí,
pero decidió quiénes quedaban adentro y quiénes no.
Frases
1. "Educar al soberano."
Reflexión: En una democracia, el verdadero poder reside en el pueblo. Por eso, educar al
ciudadano es fortalecer la base misma del sistema: un pueblo instruido es menos manipulable
y más libre.
2. "Los enemigos de la libertad y de los pueblos no son los gobiernos, son los pueblos cuando están
ignorantes."
Reflexión: La ignorancia colectiva es un terreno fértil para la tiranía. La educación no solo
libera al individuo, sino que protege a la sociedad de la opresión.
3. "La educación es el alma de los pueblos, y sin ella no son más que cuerpos sin alma."
Reflexión: Un país sin educación carece de identidad, propósito y visión. La cultura, los
valores y la innovación nacen de una sociedad que cultiva el saber.
4. "Pueblo que no sabe leer está condenado a la esclavitud."
Reflexión: La alfabetización es más que saber leer: es la puerta de entrada a la libertad. Sin
acceso al conocimiento, el pueblo no puede defender sus derechos ni exigir justicia.
5. "La letra con sangre entra es el método de los que no saben enseñar."
Reflexión: La educación basada en el castigo y la represión es inútil y dañina. Enseñar con
respeto, comprensión y empatía es el verdadero camino hacia el aprendizaje significativo.
6. "Civilización y barbarie" (título de su obra más influyente)
Reflexión: Sarmiento planteaba una tensión entre el progreso (civilización) y la tradición
retrógrada (barbarie). Aunque su visión es criticada hoy por ser elitista, su mensaje central
sigue vigente: el desarrollo requiere conocimiento, organización y apertura al cambio.
7. "Hombre, pueblo, Nación, Estado, todo: todo está en los humildes bancos de la escuela."
Reflexión: La escuela es la raíz de toda construcción nacional. De sus aulas salen los futuros
líderes, trabajadores y ciudadanos que harán o desharán el destino de una nación.
José Martí

José Martí nació el 28 de enero de 1853 en La Habana, Cuba.


Desde muy joven se involucró en la lucha por la independencia
de su país, pero no lo hizo solo desde las armas, sino también
desde las ideas. A los 16 años ya editaba su primer periódico,
La Patria Libre, y comenzaba su participación activa en el
movimiento independentista. Un año más tarde fue arrestado y
condenado a muerte, aunque finalmente solo cumplió seis años
de prisión. Su paso por la cárcel, con grilletes incluidos, le dejó
no solo marcas físicas, sino también aprendizajes sobre lo que
implica realmente el compromiso político.

En 1871 fue deportado a España, donde estudió Filosofía y Letras, y también Derecho. Más
adelante vivió en México y Guatemala, y en 1878 volvió a Cuba para seguir luchando por la
independencia. Sin embargo, fue deportado nuevamente. A pesar de los constantes exilios, Martí
no se rindió nunca: volvía una y otra vez, porque sentía que liberar a Cuba era su verdadera
misión.

En 1880 se estableció en Nueva York, donde fundó la Liga de Nueva York, un espacio donde se
reunía con trabajadores cubanos y puertorriqueños para hablar sobre cultura, política y su país.
Ahí fue donde lo empezaron a llamar “maestro”, un título que no se ganó solo por enseñar, sino
por el respeto que generaba en quienes lo escuchaban.

Martí fue también poeta, cronista, dramaturgo y narrador. Pero una de sus obras más destacadas
fue La Edad de Oro, una revista infantil que publicó en 1889. En ella buscaba que los niños
aprendieran sobre la historia y los valores de América, porque creía que eran el futuro. Quería
formar niños libres, que pensaran por sí mismos, que dijeran lo que sentían y defendieran lo
que creían justo.
Domingo Faustino Sarmiento nació el 15 de febrero de 1811 en San Juan, Argentina. A lo largo
de su vida ocupó muchos roles: fue periodista, docente, escritor, militar, diplomático y también
presidente. Desde muy joven mostró interés por la educación: a los 15 años ya daba clases.
Siempre se lo presenta como un defensor del progreso y del acceso a la educación, pero cuando
se analiza más en profundidad, aparecen muchas contradicciones en su pensamiento.

Para Martí, educar no era solo transmitir conocimientos. En su texto Una escuela de artes y
oficios en Honduras, propone que la enseñanza no debe ser solo en aulas ni con pizarras, sino
directamente en el campo, con las manos en la tierra. Defiende la idea de que el aprendizaje se da
en la práctica, no solo en la teoría. Pensaba que no se trataba de formar mentes que memoricen,
sino personas que piensen y entiendan el mundo donde viven.

Al igual que Simón Rodríguez, Martí creía que la libertad solo era posible si los pueblos podían
ser autosuficientes, es decir, si tenían una base económica que no dependiera de otros. Por eso su
propuesta educativa también incluía talleres y espacios donde se aprendiera a trabajar, porque
para él el trabajo no era solo un medio para sobrevivir, sino una forma de organizar la sociedad.

Una idea muy importante que desarrolló fue la diferencia entre instrucción y educación: la
instrucción era para el individuo, y estaba relacionada con los conceptos; mientras que la
educación tenía un sentido colectivo y estaba basada en los valores, la convivencia y la
solidaridad.

En su texto Revolución en la enseñanza (1894), profundiza sobre el rol del maestro. Plantea que
no basta con enseñar teoría, sino que hay que formar docentes capaces de enseñar cómo
producir con la tierra, cómo vivir de ella, cómo organizar la vida en comunidad. En sus palabras:
“Al venir a la tierra todo hombre tiene derecho a que se le eduque, y en pago, debe contribuir a
la educación de los demás”.

Finalmente, en 1895 volvió a Cuba para participar directamente en la lucha armada por la
independencia. Sin embargo, murió en el campo de batalla, defendiendo sus ideales hasta el final.
Cuando se habla de Martí, se recuerda a un educador con ideas muy avanzadas para su época.
Creía en una educación práctica, popular y con sentido social. Su pensamiento es una
inspiración para creer que la escuela puede ser un espacio para construir una sociedad más justa.

Frases
1. "Ser culto es el único modo de ser libre."
Reflexión: Martí entendía la educación como camino hacia la libertad real. Solo
quien comprende el mundo que lo rodea puede decidir con autonomía y resistir la
manipulación.
2. "Los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan, y los que odian y deshacen."
Reflexión: Hay quienes construyen con amor y compromiso, y quienes destruyen
con egoísmo y rencor. Martí nos invita a formar parte activa del bando que
edifica.
3. "La patria es ara, no pedestal."
Reflexión: No se sirve a la patria para engrandecerse, sino para sacrificarse por
ella. Es un llamado al servicio desinteresado y a la entrega por el bien común.
4. "Con todos y para el bien de todos."
Reflexión: Martí soñaba con una sociedad inclusiva, sin exclusiones. El bienestar
colectivo no puede alcanzarse si se margina a algún sector del pueblo.
5. "La libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y
hablar sin hipocresía."
Reflexión: La libertad no es solo ausencia de cadenas físicas, sino la posibilidad
de vivir con autenticidad, expresar ideas y ser uno mismo sin temor.
6. "La ignorancia mata a los pueblos, y es preciso matar a la ignorancia."
Reflexión: La mayor amenaza para la justicia y el progreso es la ignorancia.
Combatirla con educación es un acto revolucionario y urgente.
7. "Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras."
Reflexión: Las ideas son la fuerza más poderosa en cualquier lucha. Martí
defendía la palabra, la razón y la justicia como armas superiores a la violencia.
osé Vasconcelos
J

José Vasconcelos nació el 28 de febrero de 1882. Pasó su


infancia en la frontera norte de México, lo que le permitió
entrar en contacto con la cultura y la religión de Estados
Unidos desde muy pequeño. Esta experiencia marcó su mirada
crítica frente a los modelos educativos extranjeros que se
intentaban aplicar en México, sobre todo durante el Porfiriato.

Estudió en la Escuela Nacional Preparatoria, que en ese


entonces estaba fuertemente influenciada por el positivismo.
Mientras caminaba por las calles de la ciudad, Vasconcelos

encontraba libros en los puestos ambulantes que lo fascinaban, pero que eran rechazados por la
escuela oficial. Para él, esto mostraba que el sistema educativo excluía otros saberes, negando el
acceso a pensamientos más humanistas o filosóficos.

Durante la dictadura de Porfirio Díaz, el ministro de Instrucción Pública, Justo Sierra, impulsó
una educación basada en modelos europeos y estadounidenses. Vasconcelos se opuso a esta
visión. Junto con un grupo de jóvenes intelectuales fundó el Ateneo de la Juventud Mexicana,
donde criticaban la imposición de una única manera de pensar. Ellos exigían libertad de
pensamiento y defendían una educación más cercana a la realidad y cultura de América Latina.

Uno de los textos que más lo inspiraron fue Ariel, del uruguayo José Enrique Rodó, que llamaba
a los jóvenes a construir una cultura propia, basada en los valores y la identidad latinoamericana.
Esta idea marcó profundamente el proyecto educativo de Vasconcelos, que siempre defendió la
necesidad de unir la educación con el alma del continente.

En 1908, se unió al movimiento revolucionario de Francisco I. Madero y ayudó a formar el


Partido Nacional Antirreeleccionista. Cuando Madero fue elegido presidente en 1911,
Vasconcelos vio una posibilidad real de transformación. Sin embargo, tras el asesinato de Madero
en 1913 por el golpe militar de Victoriano Huerta, se vio obligado a exiliarse. Esa salida del país
fue también una forma de proteger sus ideas, ya que quedarse en México era, para él, igual a
traicionar sus convicciones.

Durante los años siguientes, el país estuvo en constante conflicto. Vasconcelos apoyó a Álvaro
Obregón en su lucha contra Carranza, y en 1920 regresó a México con la esperanza de poder
aportar desde el campo educativo. Fue entonces cuando comenzó su etapa más influyente:
primero como rector de la Universidad Nacional y luego como el primer secretario de Educación
Pública.

Desde la Secretaría de Educación Pública (SEP), Vasconcelos impulsó una revolución educativa.
Su proyecto buscaba alfabetizar al país, difundir la cultura, y llegar a los sectores populares con
libros como La Odisea. También invitó a figuras importantes como Gabriela Mistral, con quien
organizó campañas de alfabetización en barrios y zonas rurales. Jóvenes estudiantes e intelectuales
se sumaron, creando brigadas que enseñaban a leer y escribir en comunidades marginadas.

Pero su propuesta no estuvo exenta de tensiones. Vasconcelos se oponía a la creación de escuelas


exclusivamente para indígenas, porque creía que eso los aislaba aún más. Prefería una escuela
campesina común para todos, lo que, aunque buscaba la integración, también invisibilizaba las
particularidades culturales de los pueblos originarios. Esta es una de las contradicciones más
importantes de su proyecto: mientras proponía una educación para todos, no siempre reconocía
las diferencias culturales y lingüísticas como valiosas en sí mismas.

En 1923, bajo el lema "Tierra, escuela, acción cívica y cultura", impulsó el programa de redención
indígena. Se crearon las "casas del pueblo", donde además de educar, se promovían prácticas de
higiene, salud y organización comunitaria. Para Vasconcelos, educar era transformar
integralmente a la persona y al entorno.

Otro aspecto clave de su pensamiento fue la idea de la raza cósmica. Según él, América Latina
debía generar una nueva identidad, nacida de la mezcla de pueblos, que representara lo mejor de
cada cultura. Esta visión puede parecer inclusiva, pero también fue muy criticada por su enfoque
eurocentrista y por suponer que las culturas indígenas solo tenían valor si se mezclaban o se
transformaban según criterios occidentales.

A pesar de su gran trabajo educativo, Vasconcelos renunció a la SEP antes de que terminara el
gobierno de Obregón. Luego, en 1924, fue derrotado en las elecciones a gobernador de Oaxaca y
decidió exiliarse nuevamente. Viajó por España, Italia, Grecia y el Oriente.

Murió el 30 de junio de 1959 en la Ciudad de México.

El legado de Vasconcelos genera tanto admiración como debate. Por un lado, fue un impulsor
decidido de una educación pública, masiva y humanista. Por otro, su pensamiento reflejaba
ciertos límites, especialmente en su forma de entender la diversidad cultural. Vasconcelos quiso
educar a todos, pero muchas veces desde una sola visión de lo que era “bueno”, “bello” y
“verdadero”.

Frases
1. "Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción."
Reflexión: La ignorancia colectiva no solo impide el progreso, sino que puede llevar a los
pueblos a tomar decisiones que los dañen a sí mismos. La educación es vital para la
autodefensa cívica.
2. "Educar es enseñar a dudar."
Reflexión: La verdadera educación no impone ideas, sino que despierta la capacidad crítica.
Enseñar a pensar es más poderoso que enseñar a repetir.
3. "La educación no es preparación para la vida; la educación es la vida misma."
Reflexión: Aprender no es una etapa: es una forma de vivir. Vasconcelos veía la educación
como un proceso constante y transformador, parte esencial del ser humano.
4. "Por mi raza hablará el espíritu." (Lema de la UNAM, creado por él)
Reflexión: Vasconcelos creía que los pueblos latinoamericanos, con su mezcla única de
culturas, tenían una misión espiritual y cultural que expresar al mundo. No se trata solo de
orgullo racial, sino de un llamado a la identidad activa y al aporte universa
5. "Sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe... La libertad que se conquista con la
ignorancia es una falsa libertad."
Reflexión: No hay verdadera libertad sin conocimiento. La ignorancia esclaviza, mientras que
el saber permite elegir y actuar con conciencia.
6. "Si no levantamos a los pueblos con la educación, caerán por la violencia."
Reflexión: La educación es el camino hacia la paz social. Cuando se descuida, el vacío lo llena
el conflicto. La cultura es una defensa contra la barbarie.
7. "La civilización consiste en hacer conscientes los valores que antes se vivieron inconscientemente."
Reflexión: El desarrollo humano implica tomar conciencia de nuestras creencias, valores y
costumbres. Solo así podemos evolucionar como individuos y sociedades
sé Carlos Mariáteg
Jo ui

“La revolución no es solo la lucha por el pan, sino también la


conquista por la belleza.” Esta frase del pensador peruano José
Carlos Mariátegui resume muy bien su manera de entender el
cambio social: no solo como una cuestión económica, sino
también como una transformación profunda del ser humano,
su dignidad y su cultura.

Mariátegui nació en 1894 en Moquegua, al sur de Perú, dentro


de una familia humilde. Su madre trabajaba como modista, y él
sufrió desde pequeño una lesión en la pierna izquierda que lo

obligó a dejar la escuela. Pero fue justo en ese tiempo de reposo cuando descubrió su amor por la
lectura. Ese momento marcó el inicio de una formación autodidacta que lo acompañaría durante
toda su vida.

Más adelante comenzó a trabajar en el taller de la editorial La Prensa como aprendiz, hasta llegar
a ser redactor. Allí, en medio de letras, política y actualidad, comenzó a desarrollar sus ideas sobre
el mundo. Su amistad con el hijo del pensador Manuel González Prada fue fundamental: a través
de él conoció una postura crítica hacia el poder y la injusticia, especialmente la explotación obrera
y la discriminación de los pueblos indígenas.

En 1919, por sus ideas políticas, fue expulsado por el gobierno peruano. Este hecho no lo detuvo,
sino que lo impulsó a viajar a Europa con una beca. En ese viaje, Mariátegui se encontró con el
marxismo y comenzó a formarse como un socialista revolucionario. Pero a diferencia de muchos
otros, él no quiso copiar los modelos europeos: se propuso repensar el marxismo desde la realidad
de América Latina y, especialmente, del Perú.

A su regreso en 1923, Mariátegui tenía claro su objetivo: difundir y adaptar la doctrina marxista a
a la situación concreta de su país. No creía en soluciones importadas, sino en un pensamiento
revolucionario que naciera del pueblo, de los trabajadores, de los campesinos y de los pueblos
originarios. Por eso fundó asociaciones estudiantiles y espacios de discusión política con obreros y
campesinos. También fue conferencista en la Universidad Popular González Prada, donde
compartía sus ideas con un público amplio, no solo académico.

Uno de los aspectos más interesantes de su pensamiento fue su cercanía con ideas feministas y de
igualdad sexual. En una época en la que muchos revolucionarios seguían manteniendo visiones
patriarcales, Mariátegui se atrevió a cuestionar la idea de que las mujeres debían limitarse al
hogar. Según él, los varones también debían ser educados para romper con esos estereotipos. Esta
postura lo hace aún más vigente hoy, en un mundo que sigue luchando contra las desigualdades
de género.

Mariátegui no solo pensaba en la clase trabajadora, también entendía que los pueblos indígenas
debían ser el corazón del proyecto socialista en América Latina. Por eso hablaba de construir un
“socialismo indoamericano”: un sistema que no solo busque justicia económica, sino también
respeto por la cultura, la historia y la espiritualidad de los pueblos originarios.

Uno de sus mayores logros fue la creación de Amauta, una revista que reunía a pensadores
marxistas, indigenistas, artistas e intelectuales comprometidos con una nueva América Latina. En
Amauta, Mariátegui dejó claro que educar no es solo enseñar a leer y escribir. Para él, alfabetizar
sin transformar las condiciones sociales del indígena era insuficiente. La escuela, si no forma en
valores y justicia social, no cumple su verdadero propósito.

Murió el 17 de abril de 1930 en Lima, Perú, dejando un legado enorme en muy poco tiempo. Su
obra Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana es todavía hoy una lectura
imprescindible para entender los problemas estructurales de América Latina.

Su forma de ver la educación, la revolución y la cultura sigue siendo una inspiración. Creía que la
verdadera transformación debía incluir a todos: campesinos, obreros, mujeres, indígenas y
jóvenes.
Frases
1. "No queremos que el socialismo en América sea calco ni copia, sino creación heroica."
Reflexión: Mariátegui insiste en que el pensamiento revolucionario latinoamericano no debe
copiar modelos europeos, sino responder a su realidad única. El cambio social debe surgir
desde dentro, con identidad propia.
2. "El problema del indio no es un problema de raza, es un problema social."
Reflexión: Rechaza las explicaciones racistas del atraso indígena. El verdadero problema no
es étnico, sino económico y estructural: la explotación, el latifundio y la exclusión.
3. "Toda revolución es un hecho cultural antes que un hecho político."
Reflexión: Las ideas y valores preceden a los cambios de poder. La transformación social
requiere primero una transformación de conciencia, cultura y visión del mundo.
4. "La historia del Perú, como la de toda América Latina, es la historia de sus frustraciones."
Reflexión: Mariátegui ve una historia de promesas rotas por el colonialismo, la dependencia y
las élites. Pero este diagnóstico es también un llamado a revertir ese destino.
5. "El socialismo no es sólo una solución para el problema económico, sino una concepción del
mundo."
Reflexión: Para Mariátegui, el socialismo no es solo redistribución de la riqueza. Es una
forma de entender la vida, la justicia, la cultura y la relación entre seres humanos.
6. "Sin calco ni copia... creadores." (variante corta y famosa de su lema)
Reflexión: La originalidad no es solo un estilo, es una necesidad política. Los pueblos
oprimidos deben forjar sus propias respuestas, no repetir fórmulas externas.
7. "El indígena no será redimido por la filantropía sino por la justicia."
Reflexión: Las buenas intenciones no bastan. Lo que el indígena necesita no es caridad, sino
un cambio estructural que le devuelva sus derechos y su dignidad.
briela Mistra
Ga l

Gabriela Mistral no solo fue una gran poeta, sino


también una educadora profundamente
comprometida con su tiempo. Nacida como Lucila
Godoy Alcayaga en Vicuña, Chile, en 1889, eligió el
seudónimo que la acompañaría toda su vida. Su
historia no es la de una mujer que siguió el camino
tradicional, sino la de una mujer que luchó por
enseñar, escribir y transformar la sociedad desde sus
márgenes: como mujer, como mestiza, como
latinoamericana.

Desde muy joven, Gabriela estuvo en contacto con la educación gracias a su hermana, quien era
maestra rural. A los 13 años ya escribía poemas, y a los 15 comenzó a estudiar y trabajar como
maestra. Colaboraba con periódicos regionales y se atrevía a expresar ideas feministas y socialistas
en una época donde eso era mal visto, sobre todo si venía de una mujer sin título oficial.

Uno de sus textos más provocadores fue “La instrucción de la mujer”, en el que defendía que las
mujeres dejaran de ser “fanáticas ridículas” encerradas en el hogar, y que en cambio tuvieran
acceso a la educación para poder ser dignas, libres y autónomas. Esto, por supuesto, no le gustó a
la Iglesia. Cuando quiso entrar a la escuela normal para titularse formalmente como maestra, fue
rechazada. La educación en ese momento era clasista, discriminatoria y profundamente racista.

Aun así, Gabriela no se detuvo. En 1910 comenzó a recorrer liceos de niñas por todo Chile.
Observó las desigualdades sociales, culturales y educativas, y entendió que el sistema necesitaba
una transformación profunda. Aunque fue maestra urbana por momentos, su vocación verdadera
estaba en las escuelas rurales, donde la pobreza y el abandono estatal eran evidentes.

Lo más interesante es que Gabriela defendía a los pueblos indígenas y a las mujeres del campo
No las veía como “pobrecitas” que debían ser salvadas, sino como seres humanos que merecían
educación, arte y dignidad. Esto la convirtió en una pedagoga distinta, en una época donde se
valoraba más a las maestras europeas que a una mestiza chilena como ella.

En 1921, con la llegada de Arturo Alessandri a la presidencia de Chile, se impulsa una ley de
educación primaria obligatoria. Gabriela Mistral fue una de las voces clave en este proceso,
mostrando su capacidad de incidir en las políticas públicas desde su rol de educadora.

Un año después, en 1922, viaja a México invitada por José Vasconcelos, ministro de educación.
En ese país despliega toda su energía como maestra transformadora. Observa con admiración el
talento de los pueblos indígenas para el arte, la lectura y la escritura, y se une con entusiasmo a la
campaña educativa vasconcelista. Publica ese mismo año su primer gran poemario: Desolación.
Uno de sus escritos más hermosos sobre América Latina tiene un tono profundamente
pedagógico y político. En él dice:

"Maestro enseña en tu clase el ensueño de bolívar, el vidente primero, clávalo en el alma de tus
discípulos con agudo garfio de entendimiento, divulga a la américa sus sarmientos, su bello, su
Lastarria, su Martí, no seas un ebrio de Europa, describe tu américa, haz amar la luminosa meseta
mexicana, le verde estepa de Venezuela, la selva negra austral, dilo todo de tu américa, di como se
canta la pampa argentina. Cómo se arranca la perla en el caribe, dirijamos toda nuestra actividad
con una flecha a este futuro ineludible, la américa española una, unificada por dos cosas
estupendas, la Lengua que le dió dios y el dolor que le da del norte”.

Este fragmento resume una idea clave de Mistral: la educación no debe copiar modelos europeos,
sino partir de la realidad latinoamericana. Esa era su visión pedagógica: enseñar desde lo que
somos, con nuestros propios recursos, paisajes, historias y dolores.

Gabriela viajó por todo México, ayudando a pedagogos, formando docentes, y escribiendo
poemas dedicados a las artesanías y culturas indígenas. A pesar de que más tarde se jubiló
formalmente, nunca abandonó la lucha por los maestros ni por una educación humana.
Para ella, enseñar no era llenar cabezas de información, sino formar personas críticas, autónomas
y sensibles. En una frase que aún resuena fuerte hoy, dijo:

“Jamás debe hacer el maestro lo que un niño puede hacer por su cuenta”.

En 1945, Gabriela Mistral se convirtió en la primera mujer latinoamericana en recibir el Premio


Nobel de Literatura, un reconocimiento que no solo celebraba su poesía, sino también su
compromiso con la educación, los derechos humanos y la justicia social.
Murió el 10 de enero de 1957 en Nueva York, pero su legado sigue vivo. En ella se unieron la
poeta, la maestra y la luchadora social. Fue una figura incómoda para los poderosos, pero una
guía luminosa para los pueblos.

Gabriela Mistral nos enseña que educar es mucho más que enseñar a leer o escribir: es formar
conciencia, abrir caminos y reconocer la dignidad de cada persona

Frases
1. "Enseñar es una bella tarea, es sembrar en el alma humana."
Reflexión: La enseñanza no se limita al conocimiento técnico. Es una labor profundamente
humana, que deja huellas en el corazón y la conciencia del otro.
2. "Muchas cosas pueden esperar; el niño no. Ahora es el momento. Sus huesos se están formando, su
sangre se está haciendo y sus sentidos se están desarrollando. A él no se le puede responder mañana.
Su nombre es hoy."
Reflexión: Mistral recalca la urgencia de atender a la infancia. El desarrollo de un niño no se
detiene; cada día cuenta en su formación física, emocional e intelectual.
3. "La educación es, tal vez, la forma más alta de buscar a Dios."
Reflexión: Para Mistral, educar es un acto sagrado. Enseñar es una forma de acercarse a lo
más noble del ser humano: su capacidad de crecer, amar y crear.
4. "Yo no tengo soledad." (del poema del mismo nombre)
Reflexión: Aun en medio del dolor o el aislamiento, el amor por otros (especialmente los
niños) le da sentido y compañía al alma. La conexión con la vida vence la soledad.
5. "Todo para los niños, nada para mí."
Reflexión: Esta frase refleja su vocación maternal, su entrega al servicio educativo y su visión
altruista. El bienestar de los niños es más importante que el reconocimiento personal.
6. "El futuro de los niños es siempre hoy. Mañana será tarde."
Reflexión: Similar a su frase anterior, nos recuerda que postergar la atención a la niñez es una
forma de abandono. Su tiempo vital no espera: cada acción cuenta ahora.
7. "Lo que el alma hace por su cuerpo es lo que el educador hace por su pueblo."
Reflexión: La educación es al pueblo lo que el alma al cuerpo: su guía, su energía y su sentido.
Un educador que inspira y forma es el verdadero constructor de la nación.
esualdo Sosa
J

Jesualdo Sosa no fue simplemente un maestro. Fue un


educador revolucionario que entendió que la escuela no podía
ser una burbuja desconectada del mundo, sino un espacio de
transformación real. Nació en Tacuarembó, Uruguay, en 1905,
en un país que vivía profundas desigualdades sociales, y desde
muy joven se comprometió con una pedagogía al servicio de los
sectores marginados.

Su pensamiento pedagógico giraba en torno a tres pilares


fundamentales: el interés del niño, el contexto social, político y
económico en el que vive, y la expresión creativa como motor del aprendizaje. Para Jesualdo, no
se podía educar desde la neutralidad. Él afirmaba con claridad:

“El maestro que no asume un compromiso con la lucha política huye de las responsabilidades
culturales de su tiempo”.

Esto lo posicionó como una figura incómoda para las estructuras tradicionales, pero
profundamente inspiradora para quienes creen en una educación con sentido social.

Jesualdo egresó como maestro en 1925, y desde sus primeros años como docente comenzó a
experimentar con formas distintas de enseñar. Su trabajo en la Escuela del Riachuelo, junto a su
compañera y directora María Cristina Cerpa, marcó un antes y un después. Allí, desarrollaron un
proyecto en el que la comunidad era parte de la escuela, y el aprendizaje se construía desde la vida
misma.

Sosa impulsó actividades como campamentos, jornadas artísticas, salidas y exposiciones, porque
entendía que aprender no se limita al aula. Implementó los “centros de interés”, donde los
alumnos elegían qué investigar, y el “curso de extensión cultural”, que conectaba la escuela con su
entorno social. Incluso se creó un periódico escolar llamado El Marrón, donde se reflejaban las
producciones y reflexiones de los estudiantes.

Como Simón Rodríguez, Jesualdo defendía que el trabajo debía ser parte de la experiencia escolar.
Por eso impulsó la creación de huertas, talleres y visitas a fábricas, como la que narra en su libro
Vida de un maestro (1935). En ese ensayo cuenta cómo los niños, al visitar una fábrica de lácteos,
hacían preguntas críticas sobre el proceso productivo. Esta mirada activa, cuestionadora y
reflexiva no agradó al poder, y por eso fue destituido.

Pero su vocación no se detuvo. En 1940 llega a México, invitado a colaborar con el proyecto
educativo del presidente Lázaro Cárdenas, donde su visión encuentra un terreno fértil. Luego
recorrió América, Europa, Asia y África, siempre cargando con él los trabajos de sus alumnos
como testimonio de que el aprendizaje creativo era real y transformador.

En 1950 publica La expresión creadora del niño, su obra más influyente. En ella afirma que todos
los seres humanos tienen una capacidad expresiva única que se manifiesta en formas diversas: la
palabra, el dibujo, la música, el ritmo, la imagen. Para Jesualdo, educar era permitir que esa
expresión se desarrollara sin ser reprimida, porque a través de ella se construye conocimiento
auténtico, duradero y profundo.

Su propuesta se alinea con la Escuela Nueva, una corriente que se oponía al autoritarismo de la
escuela tradicional y que ponía al alumno en el centro del proceso pedagógico. No se trataba de
transmitir contenidos de forma mecánica, sino de construir saberes significativos desde el hacer, el
preguntar, el crear.

Jesualdo también fue solidario a nivel continental. En los años 60 participó en la campaña de
alfabetización en Cuba, demostrando que su compromiso político y pedagógico no tenía
fronteras.
Falleció en Montevideo en 1982, pero su pensamiento sigue vivo en quienes entienden que la
escuela es, o debe ser, una herramienta para cambiar el mundo.
Frases
1. "El niño rural no es un niño menor, es un niño diferente."
Reflexión: Esta frase desafía prejuicios urbanos. Sosa pide reconocer y respetar las
particularidades del niño del campo sin considerarlo inferior. La educación debe adaptarse a
su entorno y cultura.
2. "No se puede educar sin amar."
Reflexión: Para Sosa, el vínculo afectivo es esencial en el acto educativo. El maestro no solo
transmite conocimientos, también acoge, comprende y guía con afecto.
3. "El maestro debe ser más que instructor: debe ser amigo, consejero y compañero del niño."
Reflexión: Educar va más allá de enseñar contenidos. Implica acompañar en el crecimiento
personal y emocional del estudiante, construyendo una relación de confianza y respeto
mutuo.
4. "Educar es comprender. Comprender al niño, comprender al hombre, comprender la vida."
Reflexión: La comprensión es la base de la pedagogía de Sosa. No se puede educar sin una
actitud empática y profunda hacia la realidad del otro y de su contexto.
5. "Lo que no se siente, no se enseña."
Reflexión: El maestro debe enseñar con pasión y convicción. Solo lo que se vive con
autenticidad puede ser transmitido con fuerza y dejar huella.
6. "La escuela rural no debe copiar a la urbana: debe crear su propio camino."
Reflexión: Sosa apuesta por una educación contextualizada. La escuela debe responder a su
realidad concreta, en este caso, la vida rural, con sus desafíos y riquezas.
7. "Los niños pobres no son problema: son esperanza."
Reflexión: Esta frase destaca la visión profundamente ética de Sosa. No veía en los niños
humildes una carga social, sino la posibilidad de un futuro mejor si se les brinda educación y
dignidad.

Jesualdo Sosa nos desafía a pensar qué


significa realmente educar. Nos recuerda
que no se puede ser maestro sin
comprometerse con el contexto, que no se
puede enseñar sin escuchar, y que no se
puede formar sin permitir que cada niño
se exprese, se descubra y transforme su
realidad.
aulo Freire
P

Paulo Freire, nacido en Brasil en 1921, no fue simplemente


un pedagogo. Fue un pensador radical que entendió la
educación como un acto profundamente político, capaz de
transformar la conciencia de los pueblos oprimidos y abrir
caminos hacia la libertad. Su propuesta no solo
revolucionó las aulas, sino también la forma en que
concebimos el vínculo entre educador y educando.

Desde joven, su formación cristiana y su experiencia como


docente de portugués lo conectaron con el dolor y la
injusticia social que vivía el pueblo brasileño. Esa sensibilidad fue el punto de partida de su
compromiso:

“Nadie educa a nadie, nadie se educa a sí mismo, los hombres se educan entre sí con la mediación
del mundo.”

Durante la década del 60, Freire impulsó movimientos de educación popular y alfabetización de
adultos que rompían con la lógica tradicional. En lugares como Angicos, logró alfabetizar a 300
campesinos en solo 45 días, no a través de la repetición mecánica, sino partiendo de sus palabras,
experiencias y problemáticas reales: su “universo vocabular”.

Freire no concebía al educador como un transmisor de contenidos, sino como un facilitador del
diálogo y de la reflexión crítica sobre el mundo. Para él, no se puede educar sin conocer el
contexto ni sin generar conciencia. Esa conciencia, o concientización, no es adoctrinar, es permitir
que las personas comprendan su realidad para transformarla.

Su crítica a la llamada “educación bancaria”, esa en la que el docente deposita conocimientos en


estudiantes pasivos, la cual es central en su obra. Frente a eso, propone una educación dialógica,
donde educador y educando aprenden juntos:

“Nadie lo sabe todo, nadie lo ignora todo”.

Pero su propuesta no agradó a las élites. En 1964, fue encarcelado por la dictadura brasileña y se
exilió en Bolivia, Chile y luego Estados Unidos. En Harvard, trabajó como profesor invitado,
pero nunca se desvinculó de los movimientos populares. En su libro Extensión o comunicación
(1970), denuncia cómo muchas veces la “extensión cultural” es una forma de imposición, y en
cambio, propone la comunicación cultural como camino hacia la emancipación.

En 1970 publica Pedagogía del oprimido, su obra más influyente. Allí, plantea que la educación
debe ser una práctica liberadora, donde los oprimidos no solo tomen conciencia de su situación,
sino que actúen para transformarla. La educación, según Freire, no es neutral: o contribuye a
mantener la opresión, o ayuda a superarla.

En 1980 regresa a Brasil, y en 1988 es designado Secretario de Educación en San Pablo. Su política
tenía objetivos ambiciosos: incluir a los sectores populares, democratizar las decisiones
pedagógicas, formar docentes permanentemente y erradicar el analfabetismo. Sin embargo, la
presión de los sectores conservadores y de los medios de comunicación impidieron que su proyecto
se desarrollara plenamente. Aun así, su legado quedó sembrado.

Freire entendió que no se puede enseñar desde arriba, que educar es un acto de amor, humildad y
compromiso. No se trataba de dar voz a los sin voz, sino de crear las condiciones para que cada
persona reconozca y ejerza su propia voz.

Falleció el 2 de mayo de 1997 en San Pablo, pero su pedagogía sigue viva en cada rincón donde se
enseña desde la empatía, el respeto y la esperanza de un mundo más justo.
Frases
1. "La educación no cambia el mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo."
Reflexión: La educación tiene un impacto profundo no porque transforme la realidad
directamente, sino porque despierta en los sujetos la conciencia y la acción necesarias para
hacerlo.
2. "Enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su producción o
construcción."
Reflexión: El maestro no es un transmisor pasivo de saber. Su rol es facilitar el pensamiento
crítico y acompañar el proceso de construcción del conocimiento en el estudiante.
3. "Nadie libera a nadie, ni nadie se libera solo. Los seres humanos se liberan en comunión."
Reflexión: La liberación es un proceso colectivo, no individual. Solo mediante el diálogo, la
solidaridad y la acción compartida se puede transformar la realidad.
4. "La educación es un acto de amor, por tanto, un acto de valor."
Reflexión: Amar al educando implica comprometerse con su dignidad y su crecimiento.
Educar requiere valentía porque es un acto de entrega y lucha contra las injusticias.
5. "Solo la educación bancaria sirve a la domesticación. La educación liberadora, en cambio,
despierta la conciencia crítica."
Reflexión: Freire critica la educación tradicional que “depósita” saberes en los estudiantes. En
cambio, propone una pedagogía crítica que los convierta en sujetos activos de su aprendizaje y
su mundo.
6. "Leer no es caminar los ojos por las palabras, es interpretar el mundo."
Reflexión: La alfabetización no es solo técnica, es política. Aprender a leer implica
comprender el contexto, cuestionarlo y tener herramientas para transformarlo.
7. "Cuando la educación no es liberadora, el sueño del oprimido es convertirse en opresor."
Reflexión: Si la educación no transforma la conciencia, puede perpetuar la opresión. Una
educación acrítica puede llevar a reproducir los mismos patrones de injusticia desde nuevas
posiciones de poder.
ntura de Sousa Sa
ave nto
Bo s

Nacido en Coimbra (Portugal) en 1940, Boaventura de


Sousa Santos se formó como jurista, filósofo y sociólogo.
Su trayectoria intelectual y política es inseparable de su
compromiso con los sectores históricamente excluidos:
pueblos indígenas, movimientos campesinos, feministas,
afrodescendientes, jóvenes precarizados, entre otros.
Desde una mirada profundamente crítica del
eurocentrismo, Sousa Santos ha dedicado su obra a
pensar los modos en que el conocimiento ha sido usado
como herramienta de dominación, y a construir
alternativas desde las “epistemologías del Sur”.

Entre sus libros más destacados se encuentran “Epistemologías del Sur” (2014), “La universidad
en el siglo XXI” (2005), “La cruel pedagogía del virus” (2020) y “Descolonizar el saber, reinventar
el poder” (2010). En todos ellos, Sousa Santos aborda una preocupación central: la colonialidad
del saber. Según él, la modernidad no solo trajo consigo progreso técnico y científico, sino
también una forma violenta de imponer qué conocimientos eran legítimos y cuáles no. Esto llevó a
lo que denomina epistemicidio: el exterminio sistemático de los saberes no occidentales.

Desde esta perspectiva, propone una pedagogía contrahegemónica basada en tres grandes pilares:

La ecología de saberes: no hay un único modo de conocer el mundo; todos los saberes
(científicos, populares, ancestrales, espirituales) tienen algo que aportar si se articulan en
condiciones de diálogo y respeto mutuo.

La descolonización del saber: implica desmontar la idea de que el conocimiento válido solo
puede generarse en laboratorios, universidades o revistas científicas del Norte Global. La
experiencia, la comunidad y la resistencia también producen conocimiento.

La pedagogía del Sur: una práctica educativa situada, contextualizada, que responde a los
problemas concretos de las comunidades oprimidas. Enseñar, entonces, no es solo transmitir
contenidos, sino intervenir éticamente en el mundo.

Al igual que Freire, Sousa Santos afirma que “enseñar es una forma de intervención política”, y
que todo acto educativo implica una elección ética sobre qué saberes visibilizar y cuáles silenciar.
Por eso, critica duramente a los sistemas educativos que funcionan como aparatos reproductores
de la desigualdad, y a las universidades que se han convertido en “fábricas de diplomas sin
pensamiento crítico”.

Además, denuncia que el neoliberalismo ha vaciado de contenido emancipador a la educación,


convirtiéndola en un negocio individualista. Frente a esto, plantea la necesidad de una educación
para la solidaridad, la justicia cognitiva y la construcción de otras formas de vida.
En su texto “La cruel pedagogía del virus”, publicado en plena pandemia del COVID-19, advierte
que el virus no trajo nuevos problemas, sino que desnudó brutalmente las injusticias estructurales
del mundo contemporáneo. Allí, pide que la educación no vuelva a la normalidad, porque “la
normalidad era el problema”.

Si bien sus aportes son fundamentales para pensar una educación descolonizadora y democrática,
Boaventura de Sousa Santos no está exento de críticas:

Lenguaje académico: Muchos de sus textos, aunque valiosos, están escritos en un estilo denso,
poco accesible para docentes, comunidades o movimientos que no forman parte del mundo
universitario.

Idealización del Sur: Algunos críticos señalan que, en su afán por reivindicar los saberes
populares, corre el riesgo de romantizar o esencializar culturas que también tienen sus
contradicciones internas.
Difícil aplicabilidad en sistemas escolares: Sus ideas transformadoras suelen encontrar fuertes
obstáculos cuando se intentan traducir en políticas educativas concretas, especialmente en
contextos neoliberales o autoritarios.

Frases
“No hay justicia social sin justicia cognitiva”.
“El conocimiento es una práctica social: o emancipa o reproduce la dominación”.
“El mundo no necesita alternativas, necesita un mundo alternativo”.
“Las universidades deben desaprender para poder reaprender con los pueblos”.

Boaventura de Sousa Santos nos desafía a repensar radicalmente el lugar del conocimiento, la
educación y la cultura en nuestras sociedades. Su obra se inscribe en una lucha más amplia por la
dignidad de los pueblos del Sur, por la visibilidad de los saberes silenciados, y por una pedagogía
que no domestique, sino que libere.

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