Apuntes Final Clínica Psicoanalítica 2
Apuntes Final Clínica Psicoanalítica 2
Sin embargo el discurso psicoanalítico es opuesto al discurso capitalista. Lacan expone que los modos en que pensamos los
casos deben ser guiados por lo universal (castración), pero también por lo particular (síntomas). Como analistas debemos
ubicar la estructura del deseo, luego lo singular donde se encuentra el goce y los modos de gozar, por lo tanto, el
psicoanálisis es el único discurso que sabe que alguien puede ir en contra de sí mismo.
El discurso amo: el primer lazo social es instaurado por un amo, no es un maestro de la escuela, sino alguien que tiene
autoridad, es decir, que enuncia un significante amo en imperativo, a fin de que el otro se ponga en marcha. Es la primera
experiencia humana, puesto que nacemos niños no adultos. Mediante tal lenguaje, la madre, el padre y muchos otros en
posición de agentes instauran un lazo dominante-dominado. Así, ciertos significantes fundamentales constituyen el Icc del
otro. (se trata de un significante que te determina como sujeto). ESCLAVO-NIÑO/AMO-El Otro (la madre).
El discurso del Universitario: ese saber del dominado es robado por el discurso del universitario, se convierte en un puro
saber, separado del cuerpo. Ese es el lazo social docente-alumno. Se debe formar informado, así se prepara a los futuros
amos.
El discurso de la histérica: este discurso encarna y revela lo imposible de la posición del amo. La apuesta consiste en
producir un saber: el amo es un hombre castrado, y la histérica encarna por sus propios síntomas ese rechazo del cuerpo.
Esa es la razón por la cual, el sujeto se erigirá en el sostén del amo castrado: el hijo o la hija por ejemplo, encontrarán un
lugar de sostén del padre en cuanto amo de allí la afirmación de Lacan “el histérico quiere un amo sobre el cual pueda
reinar” (todo el discurso gira en torno al síntoma, por eso siempre se queja).
El discurso del Analista: este discurso es un lazo social entre un analista y un analizante, para el analizante ($) proviene de
los tres discursos procedentes, de modo que el analista modifica la relación de cada uno de ellos. (Explicación: Lleva a cabo
la relación del analizante entre estos tres discursos).
El psicoanálisis es ubicado de manera marginal respecto de la medicina, esta última lo admite como una ayuda externa,
comparable a la de los psicólogos y otros asistentes terapéuticos. En el paso de la medicina al plano de la ciencia, este
discurso de la ciencia se articula con el discurso capitalista, se introduce en el mercado.
Actualmente el lugar del psicoanálisis en la medicina continúa siendo marginal. Es marginal debido a la posición de la
medicina respecto al psicoanálisis, esta función del médico y en su personaje, han permanecido con gran constancia hasta
una época reciente. El medico tipo era un hombre de prestigio y de autoridad.
El mundo científico vuelca entre sus manos un número infinito de lo que puede producir como agentes terapéuticos que
coloca a disposición del público y le pide al médico que los ponga a prueba. El límite en que el médico debe actuar y a que
debe responder se llama demanda.
Es en el registro del modo de respuesta a la demanda del enfermo donde está la posibilidad de supervivencia de la posición
propiamente médica. Responder que el enfermo viene a pedirnos la cura no es responder, el enfermo coloca al médico ante
la prueba de sacarlo de su condición de enfermo. Viene a demandar que lo autentifiquen como enfermo, el paciente quiere
que el medico lo enferme.
Un cuerpo es algo que está hecho para gozar, gozar de sí mismo. La dimensión del goce está excluida completamente de lo
que se llamó espistemo-somática. Tenemos entonces dos puntos de referencia: primero la demanda del enfermo y segundo
el goce del cuerpo.
Acá interviene la teoría psicoanalítica, la diferencia entre la demanda y el deseo. Lo que el autor llama goce en el sentido en
que el cuerpo se experimenta, es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto. Hay goce en el nivel donde
comienza a aparecer el dolor. El deseo es el punto de compromiso que permite llevar más lejos el nivel de la barrera del
placer.
La posición que puede ocupar el psicoanalista actualmente es donde el medico puede responder a una demanda de saber,
aunque solo pueda hacerlo llevando al sujeto a dirigirse hacia el lado opuesto a las ideas que emite para presentar esa
demanda. Al final de esta demanda, la función de la relación con el SsS revela lo que llamamos la “transferencia”.
PSICOANÁLISIS PSICOTERAPIA
Sujeto. Persona/Individuo
Conducir al $ hacia aquello que le es propio, hacerse cargo Objetivos de la mano de la ética o modelos de adaptación.
de su deseo.
Ignorancia docta. Tiene el saber.
Escuchar el equívoco. Persona / Individuo.
Verdad singular. Contexto → adaptación.
Propicia el enigma. Objetivos, metas.
Puntúa los ste repetidos. Poner nombre al padecimiento.
Interpretación → sin sentido. Registro de pensamientos y emociones asociadas.
No SsS. Señalamientos.
Diferencia entre demanda y motivo de consulta. Rol directivo.
Deseo icc. Queja inicial tomada, demanda y motivo de consulta
construido.
Deseo de cambio.
Psicoterapia Psicoanálisis
Trabaja en conjunto con el paciente, teniendo en cuenta los Trabaja con el sujeto icc.
objetivos del paciente.
Apunta a resolver el síntoma de manera rápida, Las intervenciones, los objetivos y el trabajo en sí es muy
momentáneamente. diferente.
Trabaja más con la conciencia. La escucha es diferente, no escucha todo, sólo los stes. Se
busca llegar al origen de ese síntoma para que no vuelva a
aparecer.
Lacan postula que la psicoterapia especula sobre el sentido y en eso consiste su diferencia con el psicoanálisis. Cuando se
especula sobre el sentido, se hace creer que opera el psicoanálisis. Lacan rechaza el sentido como la vertiente del
psicoanálisis, desplazo la definición del sujeto hacia el significante, separo el significante del sentido. Por lo tanto, a través
de esto la práctica del psicoanálisis se diferencia de la psicoterapia.
Por el rechazo del sentido lo que hay es un psicoanálisis que se inscribe efectivamente en la serie sin fin. Lacan desmiente
esta noción de fin de análisis. El psicoanálisis como trayectoria, se rige por una lógica del más allá, más allá de la demanda y
de la identificación hacia el deseo. El analizante tiene que ir más allá del síntoma hacia el fantasma, donde yace lo que le
sitúa en su deseo. La transgresión del goce y el atravesamiento del fantasma se corresponden, ya que en análisis hay que ir
más allá del síntoma para tocar y atravesar el fantasma.
Psicoanálisis puro y aplicado:
Psicoanálisis puro: lleva al pase del sujeto, se concluye con el pase. Encuentra salida y lo intenta con honores. Tiene como
punto de partida la transferencia. Se basa en la confianza en el saber en lo real. El análisis consiste en que en las
construcciones algo de lo real se manifiesta a partir del saber.
Psicoanálisis aplicado: es el que concierne al síntoma, esta aplicado al síntoma. Curación como efecto en lo que podría ser
una salida de esta vertiente.
La división entre los dos psicoanálisis se basa en la diferencia entre el síntoma y el fantasma, en la noción de un más allá del
síntoma donde se halla el fantasma. Cuando se trata del fantasma, se trata del atravesamiento del fantasma. El síntoma es
lo que no funciona, lo que hace daño y el fantasma es en lo que se está bien, aquello de lo que se puede obtener goce.
Psicoanálisis aplicado a la terapéutica no es psicoterapia: las creencias en las que se basan las psicoterapias son que hablar
alivia el sufrimiento, mejora las relaciones y hace desaparecen los síntomas. En las psicoterapias todo puede y debe ser
dicho y legitima las búsquedas desesperadas por “estar bien”. Miller expone que el psicoterapeuta se vuelve garante de la
realidad colectiva, del buen sentido, por lo que su escucha está orientada por los significantes amos que marcan una época.
En cambio, el psicoanálisis apunta a las singularidades más allá de las creencias colectivas y eso dirige el tratamiento desde
el inicio al fin.
En psicoanálisis la experiencia analítica no se restringe al levantamiento sintomático, sino que hay un tratamiento particular
de la dimensión fantasmatica y del goce incluido en el síntoma propio del sujeto. La curación sobreviene por añadidura
como efecto indirecto, no como objetivo del tratamiento.
Sin embargo existe el psicoanálisis aplicado a la terapéutica y las psicoterapias: se trata de poder conservar la perspectiva
ética otorgada por el deseo del analista desde donde dirige la cura, sin caer en una posición eclética que dirige los principios
de la práctica analítica.
En cuanto a la sugestión en psicoanálisis, es un efecto solidario a la instauración misma de la transferencia y como tal debe
situarse una salida a la sugestión para que el análisis no se vuelva un ejercicio de poder como ocurre en las psicoterapias.
Paradoja de la transferencia: cuando opera y si es eficaz producen efecto de sugestión. A partir de la articulación
significante del discurso surge el Otro de la transferencia a quien se dirige el sujeto. Al hablar, un sujeto constituye su Otro y
desde ese Otro discurso que la transferencia, efecto de su propia palabra, escucha las intervenciones del analista. Por
tanto, la respuesta a la demanda del paciente reduce la transferencia a la sugestión, si falta esa respuesta del analista
posibilita el retorno de los significantes reprimidos.
La dirección de la cura no se orienta hacia el refuerzo de las identificaciones sino hacia la emergencia del objeto; para esto
el deseo del analista es el operador que permite que el análisis no se oriente por la demanda idealizante de amor. Es decir
que el analista no apunta al reforzamiento de las identificaciones y al afecto de sugestión productor de sentidos, sino a la
mutación subjetiva por el atravesamiento del fantasma que devela la pulsión.
Ambos tienen como punto de partida los efectos de la palabra sobre un sujeto que padece un síntoma. Parten de la realidad
psíquica pero se diferencian porque operan por sugestión y/o transferencia. Esta posición se observa en el quehacer con el
síntoma, como palabra que se dirige a alguien y espera solución.
El síntoma puede pensarse como una diferencia entre los principios de placer y realidad. El que demanda “felicidad” parte
del displacer con su realidad y se somete a una regla de decir lo que lo ha afectado (produce significantes). Por lo tanto, el
punto de partida es el extravio de sentido que pide ser restaurado por el sufriente (la psicoterapia detecta esa necesidad de
sentido y manipula con ella).
-Identificación: la “falta en ser” va producir un llamado a otra significación, es decir, a una nueva identificación.
-Realidad: lacan plantea que es el discurso el que va a crear una realidad y no a la inversa. La esfera sin conflicto de la
realidad a la cual apela la psicología del Yo, trata de suturar la división con una nueva identificación propuesta por el
terapeuta.
La sugestión: propia de esta dinámica del Yo que busca una identificación en la realidad del otro de la transferencia; siendo
la transferencia lo que se pasa del Icc como Otro al sujeto (S-A) en una doble intersubjetividad, es decir, no hay
transferencia en términos de una relación entre personas. A través de la sugestión se ubica el poder de la “verdad”, es
decir, aquella palabra verdadera que produce efecto de significante.
Por lo tanto, el síntoma y la realidad psíquica son los dos puntos de partida y la palabra también funcionan para ambos.
Pero en los fines propios del psicoanálisis lo que aparece o se produce es un nuevo sentido. El saber del analista seria el
deseo de una máxima diferencia con el Ideal, con el ideal de la época y de cada singularidad. Algo que no va a hacia el placer
ni el goce solamente, sino que pueda desplazarse.
Tema 2: Ética.
La salud mental responde o apela a establecer un orden público como un bienestar confundido con el bien común.
Medicina y Derecho se sustituyen organizando el Ideal que se propone como el bienestar de una sociedad. Una ley de salud
mental tiene efectos reales sobre los lazos sociales, por lo tanto, la salud mental es un derecho para todos que está
construido por un proceso histórico y social. Quien decide la verdad de un acontecimiento es el contexto pragmático de las
leyes sociales.
Este texto, escrito en 1958, está estructurado a partir de la doctrina del significante; el poder es el de la palabra y el
inconsciente está estructurado como un lenguaje. El texto está dividido en cinco capítulos; el primero pone al analista en el
banquillo de los acusados, el segundo y el tercero interrogan conceptos fundamentales de la práctica psicoanalítica, como la
interpretación y el estatuto de la transferencia, el cuarto trabaja la cuestión del ser del analista y el quinto se centra en la
cuestión del deseo.
I. ¿Quién analiza hoy?: Lacan empieza por señalar que bajo el nombre de psicoanálisis hay quienes se dedican a reeducar
emocionalmente al paciente, se estaría entonces ejerciendo un poder. La contratransferencia es parte de la transferencia,
mientras que la transferencia es un sentimiento producido por el paciente, la contratransferencia se trata de un
sentimiento que no produce el paciente. Cuando el analista reprime un significante, aparece la contratransferencia. Cuando
se levanta un síntoma producto de una identificación (ej. la tos de Dora) ¿qué ocurre con la identificación? ¿A dónde o con
quién va a identificarse luego? Esto siempre está presente en la adolescencia y es la cuestión de la identificación en la
dirección de la cura. El analista dirige a la cura, no al paciente. La dirección de la cura consiste en aplicar la regla analítica
fundamental, la asociación libre. No se trata de sugestionar, ni de reeducar, ni de acotar el goce, se trata de cuestionar al
sujeto y para ello se aplicará la asociación libre. Hay que apostar a sostener la asociación libre y se debe tener especial
cuidado con las resistencias que esto genere por parte del analista.
En el psicoanálisis se establece una relación donde tanto el paciente, como el analista, pagan. El analista paga de tres
formas: con palabras – las palabras que se dicen no son ya del analista, especialmente si una operación analítica las
transmuta en una interpretación. Con su persona – que debe prestar como soporte para los fenómenos singulares de la
transferencia. Con lo esencial en su juicio más íntimo – lo pone a disposición para mezclarse en una acción que va al corazón
del ser del analista. El icc es efecto del diálogo analítico ya que no existe previamente o en forma separada. Cuanto más
involucrado esté el ser del analista en su acción, menos seguro estará de ella.
Lacan habla en este texto repetidas veces de la carencia de ser. El sujeto barrado carece de ser. En el manejo de la
transferencia, la libertad del analista se encuentra enajenada por el desdoblamiento que sufre allí su persona; ese es el
secreto del análisis. La forma en que me presento ante el otro va variando según quién tengo enfrente. Cuando el sujeto
habla, va a moldear su decir en función de la vertiente del narcisismo. Pero también está el mensaje, lo que se quiere decir.
El sujeto, recibe su propio mensaje de manera invertida, en base a la respuesta que da el otro. Si nos quedamos solamente
en esto, nos perdemos y entonces ¿quién dirige la cura?
No podemos deducir todo, razonarlo a partir de lo que se nos hace llegar en transferencia. No se recomienda tratar de
razonar lo que se dice a partir de las fantasías del analizado. Si nos adjudicamos el lugar del muerto, podremos ayudar a que
surja el icc; que se vea en que fantasía se está metiendo, con qué cartas está jugando. La táctica tiene que ver con que soy
libre de decir lo que quiero. Por eso Lacan dice que el analista es menos libre en su estrategia que en su táctica. Y es aún
menos libre en lo que domina a ambas, que es la política, que irá orientada por la carencia de ser. Esto ha hecho que
algunos psicoanalistas hayan sentido la necesidad de introducir algo más estable; el ego autónomo, un conjunto
supuestamente organizado, que presta su apoyo al sentimiento de inactividad del sujeto y que está al abrigo de los
conflictos. El Yo es el lugar del desconocimiento, la defensa absoluta, mientras que el Icc es lo más cercano a la verdad. Por
ello, el analista haría mejor en ubicarse por su carencia de ser, antes que por su ser. ¿Quién es el analista entonces? ¿El que
interpreta aprovechando la transferencia? ¿El que analiza las resistencias? ¿El que impone su idea de la realidad?
II. ¿Cuál es el lugar de la Interpretación?: en la actualidad psicoanalítica del año ’58, la interpretación ocupaba poco lugar.
Lo que se les escapa a los autores, es algo del orden de la transmutación del sujeto. Para mostrar dónde actúa la
interpretación es necesario admitir la función del significante. La interpretación descifra la diacronía de las repeticiones
inconscientes, introduciendo en la sincronía de los significantes algo que posibilita su traducción. La interpretación produce
algo nuevo, porque el inconsciente tiene la estructura de un lenguaje, sus leyes. Es porque los significantes tienen efecto en
el advenimiento del significado, que la interpretación puede producir algo nuevo.
Una interpretación sólo podrá ser reconocida como buena, cuando se vea, o no, el material que surge a partir de ella. Lacan
señala que no hay otra resistencia al análisis que no sea la del propio analista. En los autores de la época, la interpretación
era una exigencia de la debilidad. Esto es efecto de las pasiones del analista; su temor ante la ignorancia, no el error; su
gusto por no decepcionar, no por satisfacer. Todo esto no es producto de la contratransferencia, sino del hecho de
considerar la relación entre analista y analizante como dual, desconociendo el elemento de la palabra. Así la transferencia
se transforma en la seguridad del analista. La interpretación se pospone hasta que la transferencia se consolide y una vez
consolidada, subordina la interpretación a la reducción de la transferencia. Eso sería lo que mismo que decir que hay que
trabajar con la transferencia, tal como lo señala Lacan.
Se le ha criticado a Freud que, en algunos de sus casos paradigmáticos, como el Hombre de las Ratas o Dora, comienza el
tratamiento introduciendo al paciente en su posición en lo Real. Esta inversión de las posiciones, señala Lacan, trata de
mostrar al paciente que está demasiado bien adaptado, que él mismo participa de la fabricación de sus síntomas. Freud
reconoció rápidamente que ese era el principio de su poder, no distinguible de la sugestión. Y también reconoció que la
única manera de resolver el problema, era no utilizar ese poder y así permitir que la transferencia tomara todo su
desarrollo.
III. ¿Cuál es la situación actual de la transferencia?: Lacan señala que la transferencia pasa por dos etapas: Al principio del
tratamiento hay un enamoramiento primario del paciente hacia el analista, lo cual genera satisfacciones que,
posteriormente, hacen difícil romper la relación cuando la neurosis de transferencia rebasa los medios propiamente
analíticos. En el segundo período del tratamiento, la relación con el analista debe sufrir una frustración fundamental. Esto
será lo que sostendrá la escansión frustración – agresión – regresión en la que se inscribirán los efectos más fecundos del
tratamiento.
IV. Cómo actuar con el propio ser: la cuestión del ser del analista aparece tempranamente en la historia del análisis, con el
artículo de Ferenczi, Introyección y transferencia. Ferenczi entiende la transferencia como la introyección o identificación
con la persona del analista, el analista no sería entonces el soporte de una compulsión repetitiva o de una figura de fantasía.
Ferenczi ve que el problema del neurótico es la carencia de ser y ofrece su ser, como analista, para solucionar esa falta.
Lacan señala que con haber reconocido la carencia de ser del sujeto hubiera sido suficiente. Es en la relación con el Otro
que el ser encuentra su estatuto.
En el Estadio del Espejo, es el Otro el que me confirma que soy Yo. Todo esto indica que algo del ser tiene que ver con
significante, porque uno se aliena en los significantes del Otro (si X es mi marido, entonces es que algo seré yo…). En la
medida que el sujeto se hace objeto, esto se enlaza con cierta mortificación y es así que aparece el sufrimiento, la patología.
El sujeto podría consistir en el ser de dos formas: como objeto – en este caso el deseo se reduce a necesidad. Y como
significante - suele imaginarse que el analista debe ser una persona feliz, pero aunque no nos negamos a prometer la
felicidad, reconocemos que es imposible encontrar a un hombre feliz.
Debe formularse una ética que ligue, el ser del analista, con el deseo del analista. No hay que pensar que comprender es un
fin en sí mismo y que ese fin no puede ser otra cosa que un final feliz. A menudo, es mejor no comprender tan rápidamente,
para así habilitar la posibilidad del pensamiento. La cura como dar o brindar cosas, no es más que una fantasía del obsesivo;
como el Otro me asusta, le doy todo, para mantenerlo lejos, ya que el deseo del Otro afecta al obsesivo.
La Asociación Libre no es tan libre, nada es más temible que la verdad. Si le digo todo al otro, me quedo sin nada que decir.
La dirección de la cura requiere preservar el lugar de lo indecible. La interpretación no debe aplastar lo indecible, pues esto
equivaldría a aplastar el deseo. Es por esto que no podemos nombrar toda la verdad. Escuchar no es comprender lo
indecible. Lo que se escucha no se debe comprender y si se comprende uno debe pensar que se equivocó. Lo que se debe
hacer al escuchar es callar. El silencio frustra al hablante, porque este está pidiendo que se le responda. Esta demanda
presente no tiene nada que ver con la demanda implícita de curarlo e, inclusive, dado que ha sido el analista el que le ha
ofrecido hablar, podríamos pensar que esa oferta es la que ha generado la demanda. Es por esta vía que se realiza la
regresión analítica, que no muestra otra cosa que el retorno a los puntos de fijación.
Esta situación explica la transferencia primaria y el amor que a veces la acompaña. El amor es dar lo que no se tiene, el
sujeto puede esperar que se le dé nada, pero esa nada no se le da. Y por esa nada que no se da, le pagan. Esta transferencia
primaria permanece generalmente en estado de sombra, reproduciendo la demanda cuando ya no hay nada que pedir; la
demanda vacía será más pura. El analista es el que apoya la demanda, para que así reaparezcan los significantes
relacionados con la frustración, no para frustrar al sujeto.
La demanda más antigua es aquella donde se produce la identificación primaria; el sujeto queda marcado, el objeto de
necesidad se pierde, el cuerpo queda fragmentado y así aparece la primera marca de identificación subjetiva. Las
identificaciones son formas de presencia del ser, suturan precariamente la carencia. La relación con la falta –carencia de
ser- se traduce como frustración (en la dualidad entre el niño y la madre) o castración (más relacionada con la figura del
padre). Se apoya la demanda para que surjan los significantes, enlazados con ella, en los que hubo frustración. El analista
sostiene la demanda, que se enlaza con lo que sostiene el síntoma. Responder, ya sea con un sí o un no, frena la demanda,
por eso hay que sostener la demanda, para que trabaje y se produzca la Asociación Libre.
V. Hay que tomar el deseo a la letra: se suele decir que un sueño no es más que un sueño, sin embargo, Freud reconoció en
el sueño al deseo. Para localizar algo del deseo, hay que considerar la escritura del deseo como letra enlazada con imagen.
Freud, en la bella carnicera, nos relata un sueño de una histérica, con la particularidad de que se satisface por
desplazamiento, hace alusión al deseo de otra mujer, una amiga. Este deseo se sostiene porque es de otro orden, es un
deseo de tener un deseo insatisfecho. Por ello es necesario distinguir entre dos dimensiones del deseo: un deseo de deseo,
significado por otro deseo – En el caso de la bella carnicera, el deseo insatisfecho está significado por su deseo de caviar,
que es su significante. Un deseo que sustituye a un deseo – En el caso de la bella carnicera, el deseo de salmón ahumado,
propio de su amiga, que sustituye al deseo de caviar. Aquí se inscribiría la identificación histérica.
El deseo se relaciona con la marca del lenguaje que especifica al inconsciente freudiano. Así decimos que el inconsciente
está organizado como un lenguaje y, por lo tanto, hay dos leyes que articulan la cadena significante: Metáfora – Cuando un
término sustituye a otro para generar un sentido nuevo. Sería el caso de la sustitución del caviar por el salmón ahumado.
Metonimia – Cuando un término sustituye a otro término que a su vez puede ser sustituido por otr.
El deseo se presenta como lo que implica su discurso, por lo que hay que ir más allá, para ver qué es lo que quiere decir en
el Icc. El sueño es la vía regia de acceso al Icc y procede por la metáfora. En el sueño de la bella carnicera, vemos como el
significante caviar significa al deseo como insatisfecho; el deslizamiento del deseo insatisfecho como deseo de caviar es una
metonimia, sostenida en la carencia de ser. Esta carencia de ser es el resto de la demanda, que no puede ser capturado por
el significante, el deseo. El deslizamiento metonímico sólo existe porque hay deseo, y lo que se desplaza entre los
significantes, es la carencia de ser.
Los objetos son identificaciones posibles del sujeto, que se aliena en ellos. El sueño está hecho para el reconocimiento del
deseo, que sólo se captará en la interpretación. El salmón ahumado nos muestra como el deseo es deseo del otro. Lo que
da es la falta. Cuando recibimos una demanda, cuanto más se la satisfaga, mayor será el deseo. Por ello, es necesario poner
a trabajar la demanda, vía la Asociación Libre. Si uno se sostiene en el lazo con el otro para sacar el síntoma, no hay cura. El
niño al que se alimenta con más amor, es el que rechaza el alimento y juega ese rechazo como un deseo, lo que Lacan llama
anorexia mental. Como no se le da espacio al más allá de la demanda, como no se acepta que algo de esa demanda quede
insatisfecho se produce la anorexia. El niño está exigiendo a la madre que tenga un deseo fuera de él, ya que para desplegar
su identificación necesita espacio en el Otro. Busca provocar la falta en el Otro, al que percibe como no barrado.
La falta siempre está en el Otro, ya que es un ser parlante. Como vemos en el Fort-Da, hay una demanda de presencia y
ausencia. Esto evoca la carencia del ser, bajo las tres formas del nada: Demanda de Amor – El amor pide nada, por ello nada
nos satisface, sólo podemos pedir. Odio – Aquí se trata de transformar en nada el ser del otro. Lo indecible de lo que se
ignora de la petición del otro – Aquí vemos a la nada, ligada con lo que no se puede expresar, lo que ignoramos. Esto
permite articular algo de la carencia del ser, de la falta.
La presencia de la pulsión de muerte es revelada por significantes que insisten en la repetición. El falo es la identificación
última con el significante del deseo y la función de este significante es clave en el fin de análisis. Hay que frustrar la
demanda, para que reaparezcan las marcas donde esa demanda quedó retenida; esto es lo que permitirá relanzar la
demanda de amor. Por ello hay que sostener la demanda, si se responde a ella, se reduce la transferencia a sugestión.
Trabajamos con las significaciones resto de las demandas frustradas de amor, no de necesidad. Trabajaremos con la última
identificación al falo; SER o NO SER el falo y habrá que lograr que el sujeto acepte que NO ES ninguna de ellas, para pasar a
TENER o NO TENER el falo. La dirección de la cura debe considerar lo siguiente: la palabra tiene todos los poderes especiales
de la cura, no dirigimos al sujeto hacia la palabra plena, ni al discurso coherente, aunque le damos la libertad de
intentarlo. A esa libertad cuesta mucho tolerarla, el analista no puede satisfacer ninguna de las demandas del analizado
porque hay que sostener la demanda. Se dirige al sujeto hacia la confesión del deseo, y la resistencia a la confesión del
deseo consiste en la incompatibilidad del deseo con la palabra.
Miller Seminario 7 – La ética del psicoanálisis: el analista tiene que pagar algo para sostener su función. Paga con palabra,
interpretaciones, paga con su persona, en la medida en que por la transferencia, queda desposeído de su persona. Es
necesario que pague con un juicio en lo concerniente a su acción.
Se nos demanda felicidad y el analista se ofrece a recibir la demanda, sin embargo no es culpa del análisis si la cuestión de la
felicidad no puede articularse de otro modo. No se le otorga aquello que demanda porque no es lo que desea. El deseo no
es más que la metonimia del discurso de la demanda, es un vacío, resto de una operación fundante del sujeto Icc.
Lo que el sujeto conquista en análisis es su propia ley cuyo escrutinio verifica el sujeto. Esa ley es en primer término algo
que comenzó a articularse antes que él. Lo que el analista tiene para dar no es más que su deseo, un deseo advertido, por lo
tanto si no habilita en él un deseo de analizar, no habrá psicoanálisis. El hombre hace siempre la experiencia de su deseo
por algún franqueamiento limite, benéfico, el deseo del hombre es el deseo del Otro (el deseo de desear). En un análisis el
sujeto se advierte a donde va su deseo, si el deseo no se puede desplazar, el sujeto está más cerca de lo mortífero.
El sujeto hace las cosas en nombre del bien del otro. Si el analista tiene un “sentido”, el deseo no es más que lo que lo
sostiene. El analista dirige la cura, por lo tanto el sujeto traiciona su vida, se traiciona a sí mismo y lo aprecia de este modo,
tolera que alguien con quien se consagró algo lo haya traicionado, algo se juega alrededor de traición, se cede al punto de
reducir sus propias pretensiones, ya que la única cosa de la que se puede ser culpable es de haber cedido en su deseo.
Rubinstein A. – El deseo del analista: para la orientación lacaniana cada sujeto ha respondido de un modo singular al
encuentro con el trauma, lo real del goce y la castración. Eso da lugar a modos sintomáticos de satisfacer la pulsión, para
esta clase de satisfacción se dan demasiado trabajo, hasta un cierto punto este demasiado trabajo es la única justificación
de nuestra intervención, es porque pensamos que hay otras vías más cortas, o se puede lograr un penar de menos.
Si un sujeto llega al analista es porque algo de esa satisfacción produce sufrimiento, eso empuja a la demanda y allí es
cuando el deseo del analista tiene un lugar posible (condición necesaria para producir un lazo entre este deseo y el del
paciente, estableciendo un nuevo discurso). Tiene como objetivo hacer posible un cambio en la economía libidinal, hacer
más soportable el encuentro con lo real del trauma.
En dirección de la cura Lacan deja en claro que el analista dirige la cura y no al paciente es decir que aquí no existe el lugar
para una guía moral. El analista se orienta por el deseo del analista, que toma como punto de partida la singularidad de las
soluciones subjetivas con las que cada sujeto ha respondido al encuentro con lo real del goce y de la castración, siguiendo
de cerca las posiciones subjetivas, operando desde el lugar de semblante de objeto a, articulando la falta en el Otro.
El deseo del analista no parte de ningún ideal a priori de salud, no tiene fines preestablecido de curación. El deseo del
analista sabe seguir el curso de lo real, el efecto será una consecuencia necesaria y no un fin prestablecido. Parte de los
dichos, localiza en ellos al sujeto apuntando al decir, ubica singularidad de los modos de goce desde allí. El deseo del
analista implica entonces una sumisión completa a las posiciones subjetivas del enfermo, por lo tanto, sería necesario que el
analista sepa operar convenientemente, es decir, que pueda darse cuenta de la pendiente de sus palabras para su
analizante. Y así la cura se produce por añadidura.
Lo que importa entonces es la posición que se ocupa, se vale de la posición que el analista toma en la transferencia
(haciéndose causa del deseo) como semblante del objeto a. Lacan insiste que el analista opera desde el lugar del analista
vacío. Tiene que preservar su imperfección, ofrece un hueco, una falta en el Otro, hace lugar al deseo, aloja el objeto. El
deseo del analista se manifiesta en la interpretación.
Primer principio: el psicoanálisis es una práctica de la palabra. El analizante habla de lo que le trae su sufrimiento, su
síntoma, articulado a la materialidad del inconsciente. La interpretación se manifiesta tanto del lado del analizante como
del psicoanalista. El analista enuncia la interpretación pero es el icc el que interpreta: causa efectos en el sujeto. El valor de
la palabra va a depender de la posición ante el hecho que se manifiesta. El análisis se trata de armar-articular el síntoma
manifiesto por el paciente.
Segundo principio: la sesión es un lugar donde pueden aflorarse las identificación más estables a las cuales el sujeto está
fijado; pero el psicoanalista no se identifica con ninguno de los roles que quiere hacerle jugar su interlocutor, ya que el
analista es aquel que no es asignable a ningún lugar que no sea el de la pregunta por el deseo. El análisis apunta a que el
sujeto, que viene hablado por Otro, se corra de esa posición. Se desestructura la identidad con la que llega el sujeto, se
apunta a que el sujeto pueda tomar otros significantes que vayan más de la mano de su deseo.
Tercer principio: el analizante se dirige al analista, colocando en él, a partir de la transferencia cuestiones que le competen
solamente a él. Se trata de recuperar junto a ese interlocutor algo perdido, este es el objetivo de aquel que habla. Esta
recuperación del objeto es la llave del mito freudiano de la pulsión. Fundada por la transferencia que anuda a los
participantes. La fórmula de Lacan, según la cual “el sujeto recibe del Otro su propio mensaje invertido” incluye tanto el
desciframiento como la voluntad de actuar sobre aquel a quien uno se dirige. Cuando el analizante habla, quiere encontrar
en el Otro, la pareja de sus expectativas, de sus creencias y deseos. Su objetivo es encontrar la pareja de su fantasma, pero
el analista, por la experiencia sobre la naturaleza de su propio fantasma, lo tiene en cuenta y se abstiene de actuar en
nombre del fantasma.
Cuarto principio: el lazo de la transferencia supone un lugar, el “lugar del Otro”, que no está regulado por ningún otro en
particular; donde el icc puede manifestarse con mayor libertad. La sesión analítica no soporta un tercero o la mirada de otro.
El tercero queda reducido a ese lugar del Otro. Este principio excluye la intervención de terceros autoritarios que quieran
asignar un lugar en cada uno y un objetivo previamente establecido del tratamiento psicoanalítico. Lo que está en juego es
el analista, analizante y el inconsciente.
Quinto principio: no existe un protocolo o cura estándar que regiría la cura psicoanalítica. Solo hay reglas para el inicio, pero
no para el final. La experiencia del psicoanálisis solo tiene una regularidad, la de la originalidad del escenario en el cual se
manifiesta la singularidad subjetiva. El psicoanálisis no es una técnica, sino un discurso que anima a cada uno a producir su
singularidad, su excepción.
Sexto principio: la duración de la cura y el desarrollo de las sesiones no pueden ser estandarizadas. Una cura se prolonga
hasta que el analizante este lo suficientemente satisfecho de la experiencia que ha hecho como para dejar al analista. Lo
que se persigue no es la aplicación de una norma, sino al acuerdo del sujeto consigo mismo.
Séptimo principio: el psicoanálisis no puede determinar su objetivo y su fin en términos de adaptación de la singularidad del
sujeto a normas, reglas, a determinaciones estandarizadas de la realidad. La importancia es la del sujeto para llegar a la
plena satisfacción sexual, designada con el termino de castración. Lacan deja en claro de que no hay una norma de relación
entre los sexos, entonces le queda a cada uno inventar una solución particular que se apoya en su síntoma. Marcada por el
sello de lo incurable, siempre se mostrara defectuosa. El sexo, en el ser hablante, remite al “no todo”.
Octavo principio: las formaciones del psicoanalista no pueden reducirse a las normas de formación de la universidad. La
formación reposa sobre un trípode:
a) formación teórica.
b) prosecución de un psicoanálisis hasta el final (propio análisis).
c) transmisión pragmática de la práctica en supervisiones (supervisión de casos).
La clínica psicoanalítica busca orientarse por el deseo del paciente, situándolo a partir de sus manifestaciones clínicas, el
síntoma, la demanda, los sueños, etc. Ya que el objetivo ético al que todo se subordina en psicoanálisis es la rectificación de
la posición del sujeto respecto de su deseo. Es a partir de la demanda que se constituye el deseo. Es imposible encontrar en
la clínica de las neurosis un deseo sin la apoyatura de la demanda, además porque el deseo es algo más difícil de atrapar,
mientras que la demanda es lo más manifiesto.
¿Qué es lo traumático? vivencias sexuales, infantiles y que tienen cierta relación con el Otro. No se trata de vivencias de las
que se llaman autoeróticas, son traumáticas por la intromisión del Otro, el deseo del Otro, un deseo que en principio no
concierne a ninguna necesidad que el conozca, su tinte sexual es inasimilable; polo traumático de la causa del síntoma.
La inadecuación del sexo al ste: ¿Qué quiere la mujer? Para Lacan, y a pesar de todo lo que investigó sobre la sexualidad
femenina, el deseo de la mujer sigue siendo un enigma. Es el punto ciego del discurso psicoanalítico. La mujer tiene cierta
relación con el falo, pero eso de ninguna manera agota la sexualidad de la mujer, ni del deseo femenino. Hay en la mujer un
deseo esencial de otra cosa. El conocimiento también tiene dos polos: el del sujeto que conoce y el de aquello que es el
objeto de conocimiento, aquello que se busca conocer. Lo que tiene de traumático la sexualidad tiene que ver con eso que
en la sexualidad hay de imposible de inscribir, de imposible de conocer, de imposible de incluir en una demanda.
La pregunta al comienzo del análisis: el deseo, dice Lacan, es aquella parte de la necesidad que no se expresa en la
demanda, pero que resurge más allá de la demanda, como un brote, como un retoño inarticulable en ninguna demanda en
particular, aun cuando este articulado con las distintas demandas que formula el sujeto desde el lugar del Otro . El sujeto es
efecto del icc, del juego ste, no hay sujeto que no sea sujeto de una frase, de un ste, de un enunciado, de algo que
esencialmente tiene que ver con el lenguaje.
El deseo toma una forma interrogativa, la primera forma que toma el deseo en el análisis: se manifiesta bajo la forma de
una pregunta de un ¿Qué quiero?, que se confunde con un “no sé qué quieren de mi”. Es función del analista en el
comienzo del análisis inducir en la formalización del síntoma, es decir en su inclusión, en su transformación en alguna
demanda, en alguna queja dirigida al Otro que el analista encarna.
El deseo en el intervalo: la estructura misma del lenguaje se muestra inadecuada al expresar lo que hay para expresar en la
necesidad. Así dicho, deducimos el deseo a partir de un déficit, de algo que la demanda no expresa. El deseo, tomado
solamente a nivel de la madre, presenta un carácter de capricho, de locura, de arbitrariedad por lo general no regulada. Se
necesita del padre como límite de ese funcionamiento de lo simbólico donde todo es posible, donde el niño puede verse
condenado a encarnar el falo de la madre. Se necesita del padre real que enuncia, o hace enunciar: “ imposible que un bebé
tome toda la sopa”. Si ese padre no está en el momento crucial de la sopa, o si no es escuchado por la madre, un síntoma
deberá reemplazarlo.
La demanda, en tanto es usada como expresión de una necesidad, es holofrástica (la frase como un Todo), no se
descompone en significantes. Si el niño grita “¡quiero comer!”, del lado del Otro esa frase puede transformarse, reforzando
la exigencia de satisfacción, su propio mensaje que le llega al sujeto en forma invertida: “¡ comé toda la comida!”. Eso da un
circuito infernal, como respuesta donde no hay ninguna pregunta.
Sin embargo, el niño puede pasar de “¡quiero comer!” a preguntas como “¿quiero? ¿comer?” “¿Qué quiere de mí cuando me
exige que coma todo?”. Estas preguntas, latentes en las neurosis, escondidas en los síntomas, son las que progresivamente
se desarrollan en el análisis.
Hay casos en que el deseo no toma esa forma interrogativa y su intencionalidad hace siempre una trayectoria lineal, allí el
sujeto oscila en un circuito de goce donde el deseo no encuentra lugar. En la psicosis el goce se cierra sobre sí mismo y no
deja espacio para el deseo del sujeto, queda entonces atrapado en una maquinaria de goce que le resulta intolerable.
La otra posibilidad es que el deseo encuentre un espacio, una falla donde expresarse. Si encuentra esa posibilidad de
expresión es solamente a partir de que el Otro se divide, de que además del Otro primordial, hay un Otro dividido. La
demanda se divide en un uso de demanda de satisfacción, de goce, y otro uso de demanda de amor, es decir demanda de
nada, no concierne a ninguna necesidad, demanda que se estabiliza solamente a partir de la existencia del padre. Ese uso
de demanda de amor es el que hace posible la existencia del espacio para alojar el deseo. El deseo surge en la medida en
que hay alguien que escucha y que interpreta que eso que el sujeto dice cuando pide en verdad pide otra cosa.
¿La interpretación del analista debería señalar esa “ otra cosa” que se pide en la demanda icc? Hay una fuerte tendencia de
los analistas en operar de esta manera, enunciar interpretaciones del tipo: Usted pide A, pero en realidad quiere B. ¿Qué
tipo de efectos producen estas interpretaciones? al usar ese otro nivel de la demanda (el icc o latente) como si fuere una
demanda de satisfacción de necesidad, lo que se obtiene es una sugestión, ya que propone un objeto adecuado para el
deseo, junta los dos usos de la demanda y suprime el espacio del deseo. Cuando hablamos del deseo, hablamos de un
enigma, que está presente en el margen de la demanda, hay ‘algo’ que la demanda parece que fuera a expresar pero que
no expresa, algo que no tiene que ver con la satisfacción, la insistencia de la demanda expresa algo del orden de la
insatisfacción esencial, que constituye un enigma insondable.
Lacan ubica a la pulsión concebida como lugar del goce icc, lo que implica la relación de desvanecimiento del $ ante la
demanda. Si el Otro contiene un vocabulario, ya que es el Otro como lugar de los significantes, hay otro lugar para el
vocabulario icc, el lugar donde en el icc están inscriptos los términos de un goce, con las que el sujeto sólo puede
relacionarse al precio de su propia desaparición (esto es el $).
El analista encarna esa incógnita que para el sujeto es ¿Qué quiere de mí?, NO da respuestas a esa pregunta, porque
sosteniendo abierta esa pregunta hasta el fin de análisis, mantiene abierto el espacio del deseo, aun cuando caiga el
fantasma. En el análisis se trata de que el sujeto se desprenda de las fantasías, pero sin que desaparezca el deseo. El
analista es ante todo un deseante; no es un sujeto, pero es deseante. Lacan termina hablando de “semblante de objeto”,
para definir la posición del analista, porque lo importante es que cause el deseo del analizante. No se trata de desear nada
en particular, sino de encarnar esa incógnita que para el sujeto es el deseo del Otro. El analizante por su parte, al asociar,
despliega su icc bajo la forma de una ordenada e infinita cantidad de demandas.
La idea de que el análisis tiene fin es uno de los pilares fundamentales de la ética del psicoanálisis, ya que de otra manera,
dejaría al analizante en una dependencia neurótica. En análisis la intervención debe diferenciarse de una sugestión, el
analista debe cuidarse del “usted le conviene”, “debe hacer tal cosa”; al mantener su intervención fuera del registro de la
demanda, al sostenerla dentro del enigma, preserva el doble uso de la demanda, sostiene el deseo a partir de
interpretaciones que no tienen estructura de demanda.
I - Introducción a un discurso del Método Analítico: en este apartado Miller comienza aclarando que no hay “modo”
lacaniano de hacer análisis. El rasgo propio del análisis es no tener patrones, más bien, se tienen principios. En el acto
analítico el que viene a consulta no es un sujeto, es alguien a quien le gustaría ser un paciente. Es decir, es la demanda de
ser admitido como paciente. Entonces, la primera avaluación es hecha por el paciente, es él quien primero avala su
síntoma (por eso llega a análisis…). Hace una demanda en relación a una auto-evaluación y pide un aval del analista sobre
ella.
Todo paciente tiene el derecho de ser paciente, siendo, de este modo, un candidato. La cuestión, dice Miller, radica en si se
va a autorizar el proceso analítico, si se va a aceptar o no la demanda, ya que en ambos casos, el rechazarlo o aceptarlo ya
implica un acto analítico. Para ello, se trabajará con lo que se denomina las entrevistas preliminares, ellas son un patrón
lacaniano, una consecuencia directa de cómo se da una estructura a las “bienvenidas”. El comienzo es aplazado, se demora
en iniciar el proceso analítico hasta que esté satisfecho, en el sentido de poder autorizar esa demanda de análisis. Estas
entrevistas no tienen un estándar de tiempo, dependerá de cada paciente. Sin embargo, esto se puede prolongar por
mucho tiempo, ya que no hay práctica standard. Aparece aquí la figura del “candidato-paciente”, el analista ni acepta ni
rechaza, hace hablar. E analista no sabe qué va a decir el candidato pero si sabe que hay “algo”. El acto analítico consiste
entonces en poner en suspenso la demanda.
Miller distinguirá tres niveles de la práctica, donde cada nivel entra en el siguiente, sin haber una separación completa, ya
que se superponen unas con otras.
3. Introducción al inconsciente:
1. La avaluación clínica implica que, con las entrevistas preliminares, se empleen como un medio para realizar un
diagnóstico preliminar, para que el analista pueda localizar algo de la estructura clínica de la persona que viene al
consultorio, ya que la precisión es un efecto de la dirección de la cura. Que se pregunte ¿se trata de una neurosis? ¿De una
psicosis? ¿O de una perversión? En algunos casos la diferenciación puede ser muy difícil. Es muy importante la avaluación
clínica cuando se puede pensar en la posibilidad de estar frente a una psicosis. No lo es tanto si ésta está desencadenada,
porque allí puede plantearse si el analista puede hacer algo, si puede “terapeutizar” o no al paciente.
En el caso de una psicosis ordinaria, tomar la precaución de no desencadenarla a través de una palabra cualquiera. Para
ello, es necesario que el analista posea un saber profundo y extenso de la estructura psicótica. Para certificar que no se
trata de un paciente psicótico, si existe sospechas, se debe buscar lo que Miller denomina como fenómenos elementales,
como ser: automatismo mental, fenómenos que conciernen al cuerpo y fenómenos que conciernen al sentido y la verdad.
Fenómenos elementales:
Automatismo mental: son la irrupción de voces, del discurso de otros, en la más íntima esfera psíquica. Son evidentes
cuando la psicosis ya se desencadenó, pero puede estar presente durante años con apenas una o dos irrupciones en la
infancia/adolescencia quedando luego encubierto.
Los que conciernen al cuerpo: fenómenos de descomposición, de despedazamiento, de separación, de extrañeza, con
relación al propio cuerpo. Y también, distorsión temporal, de la percepción del tiempo o de dislocamiento espacial.
Los que conciernen al sentido y a la verdad: se trata de la certeza absoluta, expresiones de sentido o significación personal,
es cuando el paciente dice que puede leer en el mundo signos que le están destinados exclusivamente.
En la avaluación clínica hay una encrucijada en la elección entre psicosis e histeria. Y esto se debe a que, en un momento
dado, ambas estructuras pueden expresarse más o menos de la misma manera, como por ejemplo, la posibilidad de que
una histérica pueda tomar prestados los síntomas psicóticos cuando hay un psicótico en la familia o entre los amigos.
Se puede confundir también una psicosis con perversión, aunque hay que tener en cuenta que la estructura perversa no es
la misma cosa que una conducta perversa, porque el goce sexual puede ser perverso y a pesar de ello, en el sujeto el deseo
sexual puede ser neurótico.
El verdadero perverso casi no recurre a análisis porque “ya sabe todo lo que hay que saber sobre el goce” (están
completos…) Aquél que sí va, es el neurótico con un goce perverso, donde se pregunta a sí mismo sobre el sentido de su
deseo. El perverso como estructura, si llega a análisis, pide formación analítica porque quiere satisfacer su pulsión
voyeurista de conocer y rectificar el goce de otros Demanda que hay que rechazar. Porque como sabemos, la perversión
tiene como objeto al goce del otro (son como aquellos que van a análisis a dar cátedra de psicoanálisis demostrando su
saber sobre el tema).
Para que se pueda diferenciar bien, el analista no debe satisfacerse sólo con la avaluación, debiendo pasar a la localización
subjetiva.
Lo que hace el analista es no avaluar la autoavaluación, ya que un analista no sabe lo que el otro realmente demanda. Hay
en esta demanda un voto, un deseo pero no hay garantía de que se transforme en demanda de análisis. Se hace así uso de
la ignorancia docta, del semblante para poder ubicarnos en un posible inicio de análisis.
2. Diagnóstico psicoanalítico y localización subjetiva: cuando se habla de diagnóstico en el campo analítico, se está del lado
del sujeto. Lo que se plantea es si hay o no un diagnóstico del sujeto, constituido no sólo en la pura objetividad, sino a nivel
del sujeto (sujeto del inconsciente). El sujeto es un sujeto de derecho, un sujeto que establece su posición con relación al
derecho, o sea, no se trata de un sujeto de hecho. Esto equivale a decir que no se puede separar la clínica analítica de la
ética. Es la ética del psicoanálisis la que constituye en la experiencia analítica al sujeto. La primera incidencia clínica de la
ética del psicoanálisis es el propio sujeto.
Localización Subjetiva: tomando la localización subjetiva hay que resaltar la importancia para el analista de la observación
de la conducta de una manera más baja. Lo esencial es lo que el paciente dice, separarse de la dimensión de lo hecho, y
entrar en la dimensión de lo dicho aproximándose a la dimensión de derecho, teniendo en cuenta que al derecho como una
ficción.
Como siguiente paso es preguntarse la posición que toma aquel que habla con relación a sus propios dichos.
En la atribución subjetiva el analista no puede saber lo que el otro realmente demanda (siempre hay malentendido), ya que
se puede hacer una demanda de análisis a través de una medicación, una demanda de supervisión, una invitación al analista
para hablar, una conferencia, y en todas ellas puede ocultarse una demanda de análisis. “En cada cadena significante se
sitúa la cuestión de la atribución subjetiva” lo que lleva a uno de los principios mencionados: “No hay una sola cadena
significante sin que se plantee la cuestión del sujeto, de quien habla, y desde qué posición habla”.
La localización subjetiva, según Miller, introduce al sujeto en el inconsciente, que consiste en cuestionar la posición del
paciente frente a lo que dice, es decir, poner a prueba los argumentos que el paciente comunica para descifrar si lo que
dice, es realmente lo que quiere decir. La modalización del dicho es otro factor importante en el análisis, en las entrevistas
preliminares hay una función del analista, la función del malentendido. A veces, el paciente busca un analista para saber si
alguien puede entender lo que dice. El analista debe correrse de la comprensión y apuntar al sin-sentido. La pregunta clave
que debe hacer el analista a su paciente es “pero, ¿qué quiere decir usted con eso?”. Solamente esta pregunta introduce a
la dimensión del Sujeto-supuesto-Saber, ya que se le da a entender al paciente que no se le entiende a causa de cualquier
simpatía.
El analista tiene que dejar baches, preguntas, por eso genera sorpresas. En la fuga del sentido, viene el analista como
semblante del objeto a: objeto causa del deseo de saber. Debe apuntar a que el analizante se interese por su causa, que se
cuestione. Así, se introduce al sujeto en el hecho de que él mismo no se entiende. “Nadie me entiende”.
En resumen, la localización subjetiva consiste en hacer aparecer la caja, esa caja vacía donde se inscriben las variaciones de
la posición subjetiva. El sujeto es esa caja vacía, el vacío encarna el lugar de su propia ignorancia . Es tomar entre paréntesis
lo que el sujeto dice y hacerle percibir que toma diferentes posiciones, modalizadas, con relación a su dicho. La modalidad
que se debe hacer surgir es la de “Yo (paciente) no sé lo que digo”. Y allí, el lugar de la enunciación es el propio lugar del
inconsciente.
Utilización de la ignorancia dota: ignorancia de alguien que sabe cosas pero voluntariamente ignora hasta cierto punto su
saber para dar lugar a algo nuevo a ocurrir.
Función del malentendido: a través de la introducción (x ej.) de la pregunta “¿qué quiere decir usted con esto?”, introduce
la dimensión del SsS, debido a que demostrando al paciente que no le entendemos, se introduce el hecho de que él mismo
no se entiende. A veces entonces el paciente busca a un analista para saber si alguien puede entenderlo, no todos pueden
cambiar una posición subjetiva.
3. Introducción al Inconsciente: Miller va a decir que en el análisis no se dan bendiciones, lo que se aprende, más bien, es
que lo que se habla se diga bien. Se puede aprender un bien-decir.
El analista a través de la reformulación de la demanda, de la introducción del malentendido, dirige al paciente al encuentro
con el icc, lo lleva al cuestionamiento de su deseo. El sujeto muchas veces espera la palabra que podría curarlo lo
importante es que el analista no tiene bendiciones que dar, pero puede contribuir a introducir al sujeto en un acuerdo entre
el dicho y el decir, aproximándose así a decir lo que desea. Esta concordancia, dice Miller, es un ideal.
Para Lacan, el bien-decir es la llave de la ética del psicoanálisis. Se trata de encontrar y practicar una manera de decir que
tenga en cuenta la diferencia entre lo que se dice y lo que se busca decir. Tiene en cuenta, también, la posibilidad de
modificación de una posición subjetiva con relación al dicho. Se trata entonces de que el sujeto encuentre y practique una
manera de decir que tenga en cuenta la diferencia entre el dicho y el decir, que tenga en cuenta la posibilidad de
modificación de una posición subjetiva con relación al dicho, una manera de decir que no confunda el dicho con la posición
subjetiva.
La localización subjetiva es un acto del analista, un acto ético. Dirige al paciente, lo lleva en dirección al cuestionamiento de
su deseo y de lo que quiere decir, y hacerle percibir que, en sí mismo, hay siempre una boca mal-entendida. Ese, será
entonces, un acto de dirección del analista.
¿Y usted qué tiene que ver en todo el mal que aqueja?
Lacan en 1958 habla de la “rectificación de las relaciones del sujeto con lo real”, tomando a lo real, en esta primera
enseñanza, como la realidad. En su enseñanza posterior explica que se trata de introducir al paciente en una primera
localización de su posición. Esto implica que acepte la asociación libre, dice Miller, a hablar sin saber de lo que dice, a hablar
buscando el sentido de lo que dice, o sea, a abandonar la posición de Amo.
En cuanto a la división del deseo, el deseo comporta un momento de no desear, al mismo tiempo que este paciente
demanda, lo que se ve es que no quiere lo que demanda, se le debe mostrar que NO quiere lo que demanda.
Lo esencial para abrir el espacio analítico es el sujeto, pero esto no es equivalente a la persona ni al individuo. Lo que se
quiere decir es que el sujeto no pertenece al registro de los datos, no es un dato, sino más bien, es una discontinuidad en
los datos. Él puede contar las cosas cuantas veces quiera, pero ahí, dice Miller, siempre hay algo que no encaja en las
cuentas, hay una pérdida, el sujeto es la propia pérdida. Es lo que jamás se puede contar en su propio lugar.
La introducción al inconsciente es, en realidad, una introducción a la falta en ser. El sujeto es una falta, no tiene sustancias.
El neurótico, por ejemplo, no está satisfecho con el hecho de existir como ser. Se une a esto el hecho de que vive su
existencia como falta en ser y quiere justificarla al Otro que lo escucha, al Otro de la justificación a quien habla. Para ello es
importante que el analista sea “ninguna ternura”, es decir, posicionarse en la de estatuto de derecho. No se esperan
respuestas a nivel de los hechos sino al nivel del derecho. De ahí que el perverso no entra en análisis: no quiere rendir
cuentas al Otro.
¿Cómo se advierte la introducción al Icc? se producen nuevas vías asociativas. El sujeto produce, se pregunta, se implica.
Intenta buscar la causa, supone que hay más allá, que hay una diferencia entre el dicho y el decir.
¿Qué es la rectificación subjetiva? Lacan lo teoriza como el pasar del hecho de quejarse de los otros para quejarse de sí
mismo. Siempre se tiene razones para quejarse de los otros. Es un punto en el que el sujeto dice “no es mi culpa”. Inverso a
esto, el acto analítico consiste en implicar al sujeto en aquello de lo que se queja, de lo que lleva como queja. No hay que
pensar, en el análisis, que el icc es el responsable de las cosas por las cuales alguien sufre. Si fuese así, no se hablaría de
responsabilidad en psicoanálisis.
Entonces, cuando en el análisis el sujeto aprende también su responsabilidad esencial en lo que ocurre, es que se habla de
rectificación subjetiva. La paradoja es que esa responsabilidad del sujeto es el mismo del inconsciente.
Así, introducir a aquel que llega en su posición de sujeto como la caja vacía, produce a veces un alivio, porque el simple
hecho de introducir a la persona en su estatuto de sujeto produce una disociación, un retroceso. El sujeto sufre, pero el
hablar al analista lo hace colocarse un poco aparte, tomar distancia en relación de su sufrimiento, y pudiendo implicarse en
su modalidad de goce, logrando también un alivio inmediato.
Enseñanzas posteriores de Lacan, lo que llamaba como rectificación lo llamará como histerización del sujeto, vale decir,
sujeto dividido con relación al significante Amo. Es la separación entre enunciado y enunciación, entre el sujeto y el
significante. El sujeto histérico toma distancia con relación a todo dicho, y es esta histerización del sujeto lo que produce
pánico histérico, la pérdida del punto de referencia.
El sujeto en tanto histérico pone en cuestión al significante Amo, a todo Amo. Él va a buscar al Amo para demostrarle que, a
partir de su propia falta, es más potente que el propio Amo. Busca para dividirlo (no es cierto lo que dijiste, yo no dije eso,
vos entendiste mal). Al mismo tiempo que se coloca en absoluta falta, espera algo del Otro, algo que en realidad no tiene,
pero tal vez lo tenga. Es un sujeto orientado hacia Otro, al otro como Amo que luego lo divide, le demuestra que él es
enteramente capaz de hacer cualquier cosa por ella (“no hay cosa alguna que puedas decir para sanarme”).
El sujeto obsesivo, por su parte, se confunde con el significante Amo, y llega a análisis solamente cuando se produce cierta
discrepancia con ese significante Amo.
MILLER, J.: “¿Cómo se inician los análisis?”: como terminan los análisis depende del modo en que se concibe como
comienzan. Los análisis comienzan de diferentes maneras, con risas, llantos, confianza, desconfianza, con urgencia. El
análisis comienza cuando el sujeto está en suerte de servicio por encargo, para forjar la propia vida como para obtener otra
perspectiva sobre ella. Desde la entrada ningún análisis se parece a otro, pero los comienzos del mismo siempre son del
mismo modo. Siempre comienzan por la transferencia. A tal punto que ella dio lugar a una regla que desde Freud se impone
al analista: la de esperar la transferencia para operar como analistas.
Hay síntomas muy particulares, síntomas que tomando en cuenta como pueden desaparecer, se curan por la revelación de
su causa, presente en el sujeto es ignorada por él. Admitimos a un sujeto cuando pensamos que su síntoma podrá curarse
por medio de un enunciado formulado en forma explícita. La causa en este enunciado es este enunciado mismo en la
medida en que subsiste en el sujeto sin poder ser formulado por él. Así podemos acercar el icc a alguien que no tenga idea
de él.
El icc es esta suposición de que hay síntomas cuya causa es un enunciado que no puede ser formulado. Freud lo elaboro
bajo el nombre de represión, denomino así al modo de subsistencia del enunciado indecible como causa del síntoma. Un
enunciado indecible es asimilable a un enunciado escrito que no sabemos leer como es debido. Los análisis comienzan pues
por el consentimiento de admitir a alguien para la operación analítica a condición de asegurarse de que los síntomas que
motivan la demanda de análisis son síntomas de tipo analítico y no de tipo médico.
El paciente candidato debe ser capaz de aportar un texto para leer e incluso leer de diversas maneras lo que él mismo
aporta. El texto a leer, el texto analizable, es la denominada “asociación libre”, son significantes en libertad que el sujeto es
capaz de producir sin retroceder ante la herencia. El sujeto debe ser capaz de producir significantes que él mismo no
domine, significantes sin amo. Esta capacidad de asociación libre es un criterio de analizabilidad. Significa que el sujeto debe
ser capaz de mantener con su propio decir una relación sin hacerse cargo del dicho. El analizante dice, sin decir: lo digo y lo
repito. Si está verdaderamente en asociación libre lo más usual es que le sea muy difícil repetir lo que dijo.
El término transferencia para Freud es un desplazamiento sobre la persona del analista, y su surgimiento traduce la
adopción del analista por parte del sujeto. El hecho de que el analista “entra en la familia” → autoridad del Otro primordial,
de ahí que se da más crédito a lo que el analista dice. El analizante condesciende a la interpretación del analista en razón de
la transferencia. En definitiva la transferencia es condición de la interpretación, no hay interpretación eficaz sin
transferencia, sin el poderío transferencial del analista.
Lacan partió de que la interpretación, el desciframiento y la lectura concernían a la vertiente simbólica del análisis, mientras
que la transferencia y el valor libidinal del objeto concernían a su vertiente imaginaria, de allí la noción de que los efectos
imaginarios de la transferencia, que son innegables, deben distinguirse del mecanismo simbólico de la misma. Según Lacan
el primer mecanismo simbólico de la transferencia es la demanda, y así vinculó de entrada la transferencia con el registro de
la interpretación. Lo que se enuncia en análisis es siempre una demanda, siempre está en el horizonte el Otro que puede
satisfacerla, y que el analista está en la posición de ese Otro de la demanda.
No es que haya regresión en un sentido estricto, sino que el paciente en el análisis se ve llevado a reformular todas sus
demandas más antiguas remitiéndolas al Otro de la demanda que es el analista, y así el analista resulta sostener en el curso
del análisis todas las figuras del Otro de la demanda. Los análisis comienzan por la demanda, que la transferencia es un
efecto de la demanda, que si hay demanda hay transferencia. Porque si hay demanda existe el Otro que puede satisfacerla,
y eso ya es una transferencia.
SsS: Lacan no dice que la transferencia sea el SsS, sino que el SsS es el pivote de todos los efectos de transferencia, fundarla
sobre la relación entre el sujeto y el significante. Desplazar la transferencia a un sitio allí donde el significante está separado
de su significación. A partir del algoritmo S/s, de un lado se acoplan las palabras, los matemas y la materia significante; y del
otro el significado. Lacan demostró que no siempre concuerdan naturalmente, que el efecto significado no se produce de
inmediato, sino que hay que esperar cierto desarrollo de la materia significante para verlo producirse en retorno.
El análisis comienza por un significante, S, el significante de la transferencia, es un significante distinguido, singular, opuesto
al significante cualquiera (un significante entre otros). Es aquel que deja perplejo al sujeto, que incita preguntas y que
suponen que les atañe. Un significante que constituye para ustedes un enigma de cierto tipo y que los precipita a lo de un
analista. El significante de la transferencia los motiva a buscar con un analista lo que quiere decir. El efecto de significación
es una significación icc, o sea que remite a lo reprimido, al enunciado indecible. Ese saber supuesto es supuesto ser sujeto
en la medida en que solo se expresa en lo que ustedes mismos dicen. La transferencia redefinida por Lacan es la
interpretación, en tanto que da significación de icc a cierto significante.
Miller j: “Tres para el Mohino: sobre el significante de la transferencia”: lo que persiste sobre el eje simbólico a pesar de
los mencionados efectos imaginarios se trata de una transferencia. La transferencia de trabajo podría ser la transferencia de
la transferencia, pero precisamente no hay transferencia de la transferencia. No hay transferencia de la transferencia es
tanto como decir que la transferencia nunca vuelve a cero con el final de análisis. Lo mejor que puede pasar es que se repita
la transferencia y en su repetición se transforme. La repetición no está vinculada con la identidad. No se trata de la
repetición como producida por lo mismo, la repetición está vinculada con la diferencia. Y la repetición de la transferencia es
otra transferencia → sublimación.
La diferencia entre el trabajo de transferencia y la transferencia de trabajo es que este último se hace bajo la suposición de
que lo que llamamos el Otro existe, por el contrario la transferencia de trabajo implica que ese Otro es Nada. El trabajo de
la transferencia se hace en la experiencia psicoanalítica.
El SsS permite ordenar con precisión las entradas en análisis, ese significante permite desarrollar un poder de ordenamiento
conceptual. La doctrina cree que basta con decir que transferencia es amor, si la transferencia es amor, y si el amor se dirige
a las personas entonces la transferencia es identificación. Es cierto que ese se verifica en la experiencia, y que el
psicoanálisis soporta varias identificaciones, ya que son fenómenos auténticos de transferencia. Pero al mismo tiempo
conduce a la idea de que la transferencia es repetición de los papeles antiguos del sujeto, implica que el psicoanálisis es un
sustituto, pero la cuestión es de qué es sustituto. El final del psicoanálisis es que el paciente llegue a ser el substituto del
psicoanálisis mismo, substituir al analista.
Como tal, al comienzo ni al final, la transferencia es identificación. Hay fenómenos de identificaciones y de imágenes en la
experiencia, pero son efectos y consecuencias de la relación con el saber, es el amor del saber por el saber. La diferencia
con el psicoanálisis es que no se trata de un saber, de un amor al saber fundado en un “yo sé”, sino sobre un “no sé”, “no sé
lo que digo, hay un saber que no sé y que habita en lo que yo digo”.
Por la transferencia hay como una duplicación de esa cadena de ste que implica que también todo eso significa otra cosa. La
misma cosa dicha dentro y fuera de la experiencia, no significa lo mismo. El psicoanalista en ese esquema es el significante
cualquiera, está ahí solamente para permitir que ese efecto de significación se produzca. Que cada palabra que uno dice,
que el sujeto dice, pueda ser entendida de otra manera. Si hay amor es precisamente en tanto que en el amor se da lo que
no se tiene, y se trata de eso en análisis, de dar, de producir un saber que el sujeto no tiene. Se trata de dar el ser que no se
tiene. Los efectos de significación son, como tales, ilusiones, efectos de pura resonancia.
Diferencia el significante de identificación del significante de interpretación: la interpretación como tal siempre es del Otro,
la interpretación es del Otro. El significante de la transferencia, al contrario del otro, no es cualquiera, no es un significante
más entre otros. El paciente puede decir que quiere saber e incluso que quiere el saber. Es amor, sí, pero sabemos que en
verdad no quiere saber. Es la definición de la represión como tal. Es por esa razón que hay que diferenciar el amor al saber
del deseo de saber. Un amor al saber implica al contrario que no hay un deseo de saber, que el amor al saber esconde el
horror de saber. La hipótesis de Lacan es que al final del análisis con la producción de la transferencia de trabajo, quizá se
produce un deseo de saber.
Miller – Recorrido de Lacan: Transferencia de Freud a Lacan: Miller establece que lo más importante en análisis es la
estructura de la situación analítica, puesto que la transferencia produce fenómenos, lo cuales dan diferentes rivalidades
imaginarias.
El SsS es un pivote, punto a poyo que atraviesa fenómenos (no es un fenómeno), producto mismo de la estructura analítica.
Lacan bien lo expone al decir: “El SsS es para nosotros el pivote con respecto al cual se articula todo lo que tiene que ver
con la transferencia (Pivote: sostén donde algo gira entorno a otra).
Tres formas distinguidas por Freud de transferencia: Repetición, Resistencia, Sugestión. Lacan a través del pivote dirá que
estos pertenecen a los fenómenos que se producen en la experiencia analítica.
El deseo se apodera de formas errantes que han sido despojadas de significación, de hecho el deseo le proporciona un
significado nuevo y diferente. La transferencia se produce cuando el deseo se aferra a un elemento muy particular que es la
persona de la terapeuta.
Posee un carácter bifaz: por un lado la emergencia de la cura es testimonio del icc y al mismo tiempo es obstáculo para la
cura. Tiene una función de tapón sobre las asociaciones inconscientes. Captamos entonces dos aspectos: un aspecto por el
cual se identifica con la repetición y el aspecto mediante el cual se identifica con la resistencia. El analista trata de atravesar
estas resistencias, “sacude” al paciente, el paciente huye del punto decisivo, habla de todo y nada.
El analista debe abstener a producir significación puesto que esto lo ubicaría como “amo de la verdad”. El SsS sitúa la
transferencia como consecuencia del discurso analítico, a saber, la estructura de la situación analítica. Dicha estructura
coloca al analista en posición de oyente. Para Lacan hay apertura a la transferencia por el hecho de que el paciente se
coloca en la posición de buscar la verdad sobre sí mismo, sobre su identidad, y la busca en su palabra.
El analista no da el sentido, sino que puntúa los efectos, cuando puntúa ocasiona que el sujeto deje de hablar. El analista
trata de empezar aquella significación que antes no estaba. Es icc, por tanto, el analista es un significante más.
Palomera, v.: “La entrada en análisis y el ser del analista”: comprobamos que el estado mórbido del analizante no puede
cesar con el comienzo del análisis y que debemos tratar su enfermedad como una forma actualmente actuante, es decir,
fragmento por fragmento va entrando en estado mórbido en el campo de acción de tratamiento y mientras el paciente lo
siente como algo real y actual, nuestra tarea consiste en relacionar lo que vemos con el pasado.
¿Qué significa neurosis de transferencia? El análisis que se propone como remedio a la neurosis, debería comenzar dando
lugar a una nueva neurosis. Freud insiste en el hecho de que sería un desatino pensar que la neurosis del paciente en
tratamiento ha dejado de ser un proceso activo: solo ha modificado su punto de impacto. Por eso vemos a menudo que el
paciente abandona los síntomas de su neurosis; esta se expresa con otra forma, gracias a la transferencia, que representa
una reedición enmascarada de su antigua neurosis. Podemos decir que entonces, se está ante una neurosis recién formada
que reemplaza a la primera. El fin de la cura y su éxito dependen de la posibilidad de instaurar y resolver la neurosis de
transferencia.
Lacan: “el análisis reproduce las neurosis haciendo converger su acción hacia un significante que es el mismo que ha
marcado un punto en el cuerpo”. Este es el punto traumático y se trata de reproducir el significante que le corresponde a
partir de sus florescencias posteriores. Lacan nombra ese significante, hacia el cual converge la neurosis reproducida en el
análisis, como S1, significante amo. Lacan sitúa como entrada al análisis la producción de ese S1, sobre el que recae la
acción de la neurosis.
El síntoma será sustituido por el síntoma analítico puesto en forma significante, incluyendo el analista en la transferencia
como sujeto supuesto saber.
Cuando una neurosis de transferencia se instala – sin la cual por otro lado no habría análisis – el analista está allí para algo.
El asunto es ni más ni menos saber cómo se encarna el mismo en la problemática proyectada sobre él. El analista presenta
una “oferta”, un ofrecimiento a la transferencia. Lacan sitúa esta oferta a la transferencia como posibilidad en tanto se lo
inscriba junto a otros dos términos: la demanda y el rechazo.
Es exigible que las entrevistas iniciales del tratamiento permitan al sujeto que va a buscar un analista una ruptura con la
cadena de su discurso habitual, para que advengan los significantes de su división. Para el analista el deseo del Otro es el
deseo del sujeto en análisis, y nosotros tenemos que guiarlo no hacia nosotros, sino hacia un otro.
Gracias a la transferencia, la neurosis representará entonces una reedición enmascarada de su antigua neurosis. Vale decir,
ante una neurosis recién formada que reemplaza a la primera.
¿Es el analista el centro en el caso de la neurosis de transferencia? ¿Posee el analista el objeto que focaliza la transferencia
del otro y que es, más allá de su tener, él mismo? El problema del ser del analista es saber cómo se encarna él mismo en la
problemática proyectada en él. Palomero dirá que el analista presenta una oferta, un ofrecimiento a la transferencia; ésta
no dejará de ser pura repetición si el analista ocupa el lugar del Otro, en vez de suscitar dicho lugar.
Lacan sitúa esta oferta a la transferencia como posibilidad en tanto se lo inscriba junto a otros dos términos: demanda y
rechazo. Te pido rechazar lo que te ofrezco. (“No me des lo que te pido porque no es eso”) El no es eso es lo que queda
más allá del destinador de la demanda: el deseo en tanto siempre es de “otra cosa”.
Es preferible que el sujeto no encuentre al analista en el lugar del gran Otro: el deseo del analista está en una situación
paradójica. Para el analista el deseo del Otro es el deseo del sujeto en análisis, y nosotros tenemos que, a ese deseo, guiarlo
hacia un otro. Maduramos el deseo del sujeto para otro distinto de nosotros.” Si el análisis tiene una salida posible es a
causa de que el analista dirige al analizante a la identificación al deseo, cualquiera sea su deseo. Esto implica la reducción
del analista a un significante cualquiera, suscitando el surgimiento del objeto causa del deseo en cuanto a tal.
Lacan j.: Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis: la transferencia es un fenómeno que incluye
al sujeto y al psicoanalista, y donde habrá el sujeto que supone saber hay transferencia. Cada vez que esta función pueda
ser encarnada para el sujeto por quien quiera que fuese, analista o no, la transferencia queda ya fundad. El analista ocupa
ese lugar en la medida en que es objeto de la transferencia porque es la interpretación lo que funda la transferencia. El
analista opera como un deseo, es el deseo del analista que permite un sujeto y un saber, produce entonces una división
(divide al $). La caída de los significantes amo permite una significación nueva que produce un saber.
Es falso que se pueda decir que la interpretación está abierta a todo sentido bajo el pretexto de que sólo se trata de la
ligazón de un significante a un significante, y por consiguiente, de una ligazón loca. La interpretación no está abierta a todo
sentido, decir que todas las interpretaciones son posibles es absurdo. La interpretación no es una significación cualquiera.
Llega aquí al lugar del (s), e invierte la relación que hace que el significante tenga por efecto en el lenguaje, el significado.
Tiene por efecto el hacer surgir un significante irreductible. Hay que interpretar al nivel del (s), que no está abierto a todos
los sentidos, que no puede ser cualquiera, que sin duda es una significación, tan sólo aproximada. Lo que allí hay es rico y
complejo, cuando se trata del inconsciente del sujeto, y está destinado, a hacer surgir elementos significantes irreductibles,
formados de sinsentido.
La interpretación no está abierta a todos los sentidos. No es en modo alguno cualquiera. Es una interpretación significativa,
y no debe ser fallida. Lo cual no impide que esta significación no sea, para el advenimiento del sujeto, esencial. Lo esencial
es que ve, más allá de esa significación, a qué significante está, como sujeto, sometido.
El sujeto entra en el juego a partir de ese soporte fundamental, el sujeto es supuesto saber, sólo por ser sujeto del deseo.
Ahora bien, ¿qué sucede? Sucede lo que en su aparición más común se llama efecto de transferencia. Este efecto es el
amor. Es evidente que, como todo amor, sólo es localizable en el campo del narcicismo. Amar es, esencialmente, querer ser
amado. Lo que surge en el efecto de transferencia se opone a la revelación. El amor interviene en su función aquí revelada
como esencial, en su función de engaño. El amor, sin duda, es un efecto de transferencia, pero esa es su cara de resistencia.
Estamos comprometidos a esperar este efecto de transferencia para poder interpretar y al mismo tiempo sabemos que
cierra al sujeto al efecto de nuestra interpretación. El efecto de alienación, donde se articula, en la relación del sujeto con el
Otro, el efecto que somos, está aquí absolutamente manifiesto. Lo que quiere decir que la transferencia no es, por
naturaleza, la sombra de algo que haya sido antes vivido. Por el contrario, el sujeto, en tanto que sometido al deseo del
analista, desea engañarle en ese sometimiento haciéndose amar por él, proponiéndole el mismo esa falsedad esencial que
es el amor. El efecto de transferencia es ese efecto de engaño en tanto que se repite en el presente aquí y ahora.
El sujeto mantiene una relación con su analista cuyo centro está al nivel de ese significante privilegiado que se llama ideal
del yo, por cuanto que de ahí se sentirá tan satisfactorio como amado. Pero hay otra función, que instituye una
identificación de una naturaleza singularmente diferente, y que es introducida por el proceso de separación. Se trata de ese
objeto privilegiado, descubrimiento del análisis de ese objeto cuya misma realidad es puramente topológica, de ese objeto
al que la pulsión da la vuelta, de ese objeto que produce un bulto: el objeto a. Y por la función del objeto a el sujeto se
separa, deja de estar ligado a la vacilación del ser, en el sentido que forma lo esencial de la alienación.
La interpretación significativa hacia el sin-sentido, es una interpretación significativa que no debe fallarse. No obstante esta
significación no es lo esencial para el advenimiento del sujeto. Lo esencial es que el sujeto vea, más allá de esta
significación, a que significante (sin-sentido, irreductible, traumático) está sujeto como sujeto.
En cuanto a la transferencia solo puede pensarse a partir del sujeto a quien se le supone un saber. Se supone que saber eso
de lo que nadie escapa una vez formulado: simple y llanamente la significación. Esta significación implica, por supuesto, el
que no pueda rehusarse a ella.
PLATÓN: “El banquete”: Se ama un cuerpo bello, sin embargo, al tiempo aparece la decepción, que posibilita un ascenso
hacia el amor por la belleza de los cuerpos, nuevamente se llega a un nuevo amor, esta vez por un alma bella, que
finalmente desemboca en el amor por las bellas ideas que el alma contempla, es decir que se aman las ideas en sí y éstas
son contempladas por el alma. Vemos como, siempre es necesaria la decepción para pasar a un estado superior de amor,
llegando finalmente al estado del amor virtuoso que se orienta hacia las bellas ideas.
SOLER, C.: “Lacan y el Banquete”: remarca que la tranferencia en términos de amor, y en términos de tener es el
paradigma de la posición del analista. Es a partir de allí que Lacan introduce el concepto de ágalma. E l efecto de la palabra
no es un efecto de tesis, es un efecto agalmático → efecto del deseo, la transferencia es una palabra que genera, moviliza
un deseo de saber → saber cómo deseo del Otro. En el Seminario, Lacan empieza a preguntarse qué es un analista y qué
debe ser un analista: cuál debe ser el ser del analista.
Lacan da una definición común a Freud y Sócrates: “Los dos sirven a Eros para servirse de él” → puede ser amor, deseo,
goce, libido, indica un punto de identidad entre ambos (Freud y Sócrates) → ambos hacen referencia a la muerte, Sócrates
acepta su propia muerte pudiendo haberla evitado fácilmente; Freud fue conducido a inventar la pulsión de muerte. Los dos
son conducidos a encontrar en la referencia a la muerte el tope de toda dialéctica.
El Banquete es una serie de elogios del amor→ ejercicio conceptual, es un intento por asir el concepto o la esencia de lo que
es el amor. ¿Qué significaría el elogio del analizante? El intento de hacer pasar a la formulación, lo que se puede agarrar del
ser de esa persona, lograr decir algo de su esencia → pase.
La metáfora del amor: es en la medida en que la función del amante viene en el lugar del objeto amado, en la medida en
que el amante se sustituye al objeto amado produciendo una significación del amor, no sin evocar aquella otra significación
del falo. El que ama – desea es aquel a quien le falta, ya que carecido puede desear, al nivel de tener dice, el amante no
tiene, es un sujeto que no existe sino renegado por una pérdida. El objeto amado es el que tiene el amante y desea lo que el
otro tiene. No sólo está en juego el tener o no tener, hay algo que se sitúa en el nivel del no saber. El amante no sabe lo que
le falta, el objeto de amor tampoco sabe lo que tiene→ cuando uno ama a alguien es posible preguntarse ¿Qué le
encuentra? Más no responderlo → el amor es habitado por un no saber.
¿Cuál es el efecto de la metáfora? Primer tiempo: la demanda de amor: el sujeto de la falta se dirige al amado al objeto. La
metáfora del amor se produce del lado del amado, no del lado del sujeto amante. En el segundo tiempo: el objeto se
trasforma en sujeto, el sujeto de la falta encuentra un sujeto también amante, deseante. El que se inscribe como sujeto de
la falta se transforma en objeto amado. “El amor es siempre recíproco”, algo del amado responde al amante → donde había
un amado, emerge un deseante. En el primer tiempo, en este amor no recíproco, de disparidad, da cuenta de la relación
analítica → uno tiene el otro no.
Colette Soler analiza el seminario de la transferencia desde dos puntos de vista. Primero, interroga lo que está en juego en
la palabra del seminario, así como también en la elaboración de saber, es decir, cual es la parte de saber que se deposita al
final. Interrogar que está en juego quiere decir intentar ver a qué pregunta fundamental Lacan intenta contestar en su
elaboración, es decir, ¿que problema se intenta resolver? que en este caso, estaría en juego el tema del analista mismo.
Lacan en el seminario empieza preguntándose qué es un analista y que debe ser un analista: cual debe ser el ser del
analista, la interrogación del analista, de lo que es, de lo debe ser. Aquí Lacan se empieza a interrogar acerca del deseo del
analista, para ello se basa en la lectura de El banquete de Platón, lo utiliza para situar la relacion analitica, la relación entre
analista y analizante. Asimismo, también le permite a Lacan introducir algo sobre la entrada en la transferencia.
¿Cual es el uso de la metáfora del amor para entender la transferencia? El amor no va en la dirección de una ascensión
hacia la belleza, en la dirección del ste de lo “bello”; al contrario, el amor apunta a lograr la caída del otro como objeto a su
merced. En la tesis de Lacan Sócrates se niega como objeto del amor y dirige a Alcibíades a su verdadero objeto que, en el
tiempo del diálogo, es Agatón. Sócrates dirige a Alcibíades en dirección al tercero en juego, puesto que en el amor siempre
hay un tercero. Ahí es cuando Sócrates no da la esencia de la interpretación analítica, apuntar al objeto.
Lacan todavía ubica a Sócrates como modelo del analista, diciendo que aún le faltaba algo para ser analista verdadero:
cobrar. También habla de Sócrates como histérico como aquel que se interesa en el síntoma del Otro. Se ubica, no en el
nivel del amor sino del deseo, pero lo que Sócrates no sabe, es su deseo como el deseo del Otro. Sócrates se hace él mismo
soporte del objeto del Otro, es decir, dejar al otro, a Alcibíades, la parte de deseo y de goce que se realiza en el nivel de la
encarnación, del encuentro de los cuerpos, y él mismo sostiene su deseo como puro sostén del deseo del Otro.
En el seminario de la transferencia Lacan no está lejos de pensar el analista como lo que llamaría epifanía del falo, es decir,
ubicar al analista en este lugar de vacío simbólico. Al final de este seminario Lacan dice que hay un duelo; que el analista se
determina por vía de un duelo, un duelo ligado a un saber. Dice que el analista sabe algo sobre el objeto, el analista sabe
que no hay un objeto que vale más que otro ¿Qué significa esto?: significa duelo del agalma porque se supone que el
agalma es algo único, contenido en la persona agalmática.
CAP 2: Clínica y política: Miller propone el término “la raza de los analistas” para dar cuenta de que para ser analista, debe
ser primero analizado. Esta es una de las reglas del banquete de los analistas. En relación a eso, es importante que haya un
deseo de hacer carrera en psicoanálisis, porque cuando una práctica es verdaderamente seria se hace carrera en ella.
Lacan ordena la cura analítica distinguiendo primero lo que depende de la estrategia y lo que se liga a la táctica. La
estrategia, que coordina las operaciones a largo plazo, se ubica en la cura analítica en la transferencia, y allí no se cambia de
posición a cada instante. Mientras que la interpretación es del registro de la táctica, depende del momento, del terreno, de
una coyuntura favorable. Aunque tenga leyes, es difícil, casi imposible, indicar de antemano el momento oportuno de una
interpretación. A todo esto, Lacan agrega una política del analista que invita al analista a ubicarse antes por su falta en ser
que por su ser, y esto concierne a las condiciones mismas de la acción analítica sobre el paciente, concierne a los fines
últimos del psicoanálisis, la cuestión del fin de análisis depende de dicha política. La cuestión fundamental de la política es la
acción, el acto analítico.
Clínica del analizante: ¿Qué produce el análisis? Produce el significante amo. La modificación que vivencia el sujeto, la
transmutación subjetiva que se da tiene que ver en la modificación de la relación con el superyó. Lacan afirma que de lo
único que se puede ser culpable en el psicoanálisis es de haber cedido en su deseo. Freud se refiere en este sentido al
efecto de la renuncia pulsional sobre la conciencia, al hecho de que el sujeto abandone la satisfacción que le proporciona la
pulsión agresiva. Cuando el sujeto abandona esta satisfacción, el superyó retoma cada fragmento y aumenta su agresividad
contra el yo. Paradójicamente, la renuncia pulsional misma nutre la culpabilidad. La liberación de la culpabilidad significa
“nunca culpable”, por tal motivo el analista tiene rasgos de inadaptado social, ya que como la tarea de los analistas es
levantar la represión, van contra la ronda del mundo y por lo tanto se encuentran separados, reprimidos del resto.
Tema 4: Interpretación.
Paulozky D: “¿Qué es la interpretación?”: Lacan va complejizando las definiciones de interpretación en relación a los
distintos momentos. En un esquema simple tenemos la interpretación alusiva en los años 50, la metafórica en los 60 y la
interpretación por equivoco en los 70.
Se trata de restituir a la palabra su pleno valor de evocación, habla de las resonancias que son el sonido producido por
repercusión de otro. Se trata de como resuena la palabra, que resonancia tiene la interpretación del sujeto. ¿Sobre qué
resuena la interpretación? Resuena sobre las palabras, como también sobre la pulsión. Es el intérprete quien le da
significación. El analizante se convierte en el intérprete de la interpretación oracular.
Lacan expone que No hay reglas de interpretación, sino efectos. El efecto de la interpretación es el surgimiento de un
significante nuevo. Pero existe una advertencia, de que la interpretación no está abierta a todos los sentidos porque no es
cualquier, es una significación que no es una significación cualquiera, es esencial que el sujeto vea más allá de esta
significación a que significante está sujeto como sujeto.
Es el efecto de la metáfora de la interpretación, hay un significante sustituto que viene al lugar del que falta, del significante
reprimido y se constituye así el efecto metafórico. La interpretación es siempre metafórica porque apunta el significante
último, apunta a lo que no se puede decir. La significación remite siempre al significante primordial. Toda interpretación
escribe una metáfora, esta metáfora produce más de una significación, porque al sustituirse un significante por otro se
produce un efecto de significación suplementaria.
Colette Soler: “lo importante no es la significación, sino que la importancia radica en hacer aparecer ese significante oculto.
Es al limitarlo, la manera de apresarlo”. La interpretación hace el camino inverso, mientras que la metáfora produce por
medio del significante un efecto de significación. La interpretación va desde la significación al significante, opera por el
significante, pero recae sobre el objeto, sobre lo real.
En los años 70 Lacan da una nueva vuelta, la interpretación por equivoco. El equívoco no es una equivocación o lapsus, es un
aprovechamiento de la lengua que puede ser totalmente calculado. La interpretación por el equívoco divide, produce
sorpresa, perplejidad. Los equívocos pueden ser infinitos pero no cualquiera sirve a la interpretación. Al operar por el
equívoco significante, se puede apresar el goce, el objeto “a”. Se puede obtener una resonancia sobre ese goce.
-HOMOFONICO: es el que depende de la ortografía, lo que la ortografía fija, la homofonía lo deriva. Ej: “Soy el hada en su
vida” –“Si, es helada”. Las dos frases difieren por un error ortográfico.
-GRAMATICAL: es aprovechar de la lengua para hacer aparecer un significante latente. Es un decir sin enunciado, que al ser
subrayado por Otro, produce una división subjetiva. Es la intervención interpretativa mínima porque debe hacerse cargo de
la ambigüedad del dicho. La interpretación frente al equívoco gramatical es siempre: “Usted lo ha dicho”. Ej: “Me miro en
los espejos de la vieja cómoda de mi madre”. La interpretación siempre viene del Otro, opera por el significante pero recae
sobre el objeto.
-LOGICA: Lacan nos dice que sin la lógica la interpretación sería imbécil. El equívoco lógico es el equívoco más radical. Es el
punto en que la pulsión se articula al significante, dejando enmarcado el vacío, lo que el significante bordea. Se trata del
agujero que el significante viene a cubrir, ese es el equívoco radical, porque es la lógica del no todo, es el indecible que
queda delimitado al final de un análisis.
Entonces la interpretación opera por el significante, viene del analista, se funda con la metáfora, resuena sobre el objeto,
apunta a la causa del deseo y divide al sujeto, sorprendiendo siempre.
Tendlarz S: “La interpretación entre significación y sentido”: Lacan produce un deslizamiento en su definición de la
interpretación. En el seminario XI la define como una significación destinada a hacer surgir significantes hechos de sin-
sentido.
La interpretación como significación: La práctica psicoanalítica en cierta manera consiste en “dar sentido”, sentido que la
demanda de análisis busca frente al enigma de los síntomas. En la asociación libre el sujeto percibe que dice algo diferente a
lo que quería decir (distancia entre el querer decir, la intención de la significación, y el hablar), que da lugar al
malentendido, arte del sin-sentido que acompaña al sentido.
La interpretación no está abierta a todos los sentidos porque existe una determinación icc. La interpretación como
significación apunta al sin sentido para cercar la determinación icc de las repeticiones del sujeto y constituye la vertiente
metafórica. Se trata de aprehender lo que no puede ser dicho, de la reemergencia de significantes reprimidos.
El icc es definido como el real que se aloja en el intervalo significante. La interpretación es un decir del analista que no
apunta ya a la verdad sino a lo real que emerge de los dichos del paciente. No se trata de reenviar al infinito la producción
de sentido, sino de que el sujeto alcance a descubrir el real, desde donde sus dichos cobran sentido y cuál es el goce.
Apunta a desarticular la producción del sentido que el sujeto arrastra con su historia, y recuperar los significantes elididos
por la acción de la represión: produce la división subjetiva.
La interpretación como sentido: Prevalece ahora la axiomática del goce del cual la palabra se convierte en el vehículo. El icc
se vuelve un saber cifrado que aloja al goce y debe ser descifrado en su lectura. La palabra ofrece sentido para ser
comprendidos, pero también que incluye al sin-sentido que remite al goce del sentido. El significante más que ser un
instrumento de comunicación se vuelve instrumento del goce ya que las cadenas de significantes no son sentido, sino goce
de sentido. Su instrumento es el equívoco, permite la emergencia de sentidos latentes producidos por el lenguaje más allá
de las significaciones y alcanza al goce que se desliza entre los significantes.
Colette Soler - Sobre la interpretación: La interpretación atañe a la causa del deseo dice Lacan. Y esto hay que situarlo en
relación a que la estructura de una interpretación es la del saber en el lugar de la verdad. ¿Qué tipo de enunciado responde
a este modelo? “Entre enigma y cita”, lo ubicaría el autor. El enigma es verdad sin saber o saber latente. La cita es lo
opuesto, más bien un enunciado de saber afirmado, una enunciación latente. Sin embargo, en ambos hay un medio-decir.
Cuando un enunciado es recogido en la trama del discurso del analizante, ese enunciado se vuelve enigma, es “puesto entre
comillas”.
¿Dónde y cuándo conviene servirse del equívoco significante? Es importante tener presente que intervenir en nombre del
saber supuesto no es intervenir en nombre del saber. La interpretación acentúa la separación, la distancia, la oposición,
entre la posición del sujeto y la del saber. Es decir, no lleva al sujeto a alcanzar el saber, provoca al sujeto a medir su
separación del saber. Esto le deja al sujeto la parte que le corresponde. Designa, moviliza, hace que se cuestione, que se
pregunte ¿qué me quiso decir? ¿Qué quiero decir con eso? ¿Yo dije eso?. No reasegura las identificaciones: la
interpretación divide. Es una respuesta cuyo efecto, dice Soler, es suspender la respuesta. Concierne al objeto, sí, pero en
tanto de vaciado de evidencia. Esto tiene un efecto de suspenso, y lo hace para el analizante elabore la respuesta última.
Por último, aclarar que la interpretación no se realiza en cualquier momento, sino que, como dice Lacan, es correlativa de
resistencia.
Che Vuoi?: La interpretación justamente hace mella en la identificación del saber, y más bien debe tener como efecto que
uno no se reconozca en él. Cuando el sujeto se reconoce en lo que ustedes le dicen estén seguros de que no se trata de una
interpretación → divide, aunque la reacción ante ella sea risa, estupor, indignación o alguna otra. Ella no reasegura las
identificaciones, hace surgir un ¿qué quiere decir eso?, hace presente el che vuoi? bajo su forma de x, su forma
desconocida. La interpretación es una respuesta cuyo efecto es más bien suspender la respuesta, concierne al objeto pero
lo concierne en tanto que vaciado de evidencia, hace mella en el fantasma.
La interpretación opera a través de un efecto de suspenso de la solución, hace que todo el tiempo sea necesario, y
repetitivamente, para que el analizante elabore la respuesta última. Ataca como falso todo lo que venga a ocupar el lugar
del objeto causa.
Freud: Para comenzar a hacer comunicaciones al analizado, hay que esperar, darle tiempo al paciente para que entre en
una relación diferente con el tratamiento y el analista. Freud aconseja cautela, prudencia y la espera del tiempo necesario
antes de comunicar una solución de síntoma y traducción de un deseo. No hacerlo nunca antes de que el paciente esté
próximo a ello.
Freud: Entre el analizante que asocia y trastabilla y el analista que interpreta surge algo: el amor de transferencia, la
interpretación tropieza con las resistencias. Allí sobreviene la transferencia que produce la detención de las asociaciones,
pensamientos dirigidos al analista, producto de la propia intervención del analista. Se plantea entonces que se debe esperar
a que se haya establecido la transferencia operativa, para concederle a ésta su carácter de necesaria y producto del mismo
automaton del análisis.
Para Freud, la explicación de la transferencia reside en la libido infantil movilizada a partir de la acción del analista. El
analista entonces, queda investido con la autoridad del Otro primordial, es decir que, la interpretación del analista va a ser
recibida como proveniente de la persona que la transferencia supone que es. El analista en tanto objeto de la transferencia,
en su estrategia, no es muy libre, ya que depende del lugar que le da el paciente. La interpretación se juega a nivel de la
táctica, se trata de poder reconocer la oportunidad de su formulación dependiendo de los dichos del paciente.
Miller ha puntualizado que las formaciones del icc van de la mano de la vertiente de lectura y desciframiento, mientras que
la libido es el motivo de la doctrina de la transferencia. La interpretación es la condición de la transferencia. No habría
transferencia sin interpretación. Lo cual señala por una parte que no hay transferencia sin demanda de interpretación,
como también que el momento de cierre del icc como la causa de la transferencia, el Otro está presente desde antes en la
revelación subjetiva. Lacan deduce que la interpretación del analista no hace más que encubrir el hecho de que el Icc ya
actuó en sus formaciones por interpretación.
Para interpretar hay que recorrer el camino inverso que hace la metáfora, ya que esta no está abierta a todo sentido porque
justamente invierte la relación que hace que el significante tenga por efecto, en el lenguaje, el significado. Tiene por efecto
hacer surgir un significante irreductible. No habrá que concebir que la interpretación sea un sinsentido. No debe ser fallida y
le plantea al sujeto a qué significante está sujetado como sujeto.
Entra en juego el deseo como pivote entre la interpretación y la transferencia. Si la interpretación es la causa lógica de la
transferencia, el amor será el efecto que se produce en lo actual. El amor deviene así una demanda al Otro que intenta
darle sentido a su ser que se demuestra como una falta.
Punto de la demanda:
¿Qué se busca en la Interpretación? ¿Qué se espera de la interpretación del lado del sujeto que viene al análisis desde el
discurso del amo, su reverso?
Que diga lo que eso quiere decir, que libere su sentido, que produzca un efecto de determinación de sentido que solucione
el enigma del sujeto y que esclarezca la opacidad del síntoma. Se pide a la interpretación funcionar como un metalenguaje
que taponaría el déficit estructural de lo simbólico respecto a lo real. Lacan enuncia “no hay metalenguaje”, sin embargo la
espera de una interpretación-metalenguaje se renueva en cada análisis y permanece insatisfecha.
Razón de la queja “usted no dice nada”. Esta queja es un reproche que soporta una demanda de participación sin duda, de
un signo de interés, de un indicio que testimoniaría que el silencio no es sinónimo de ausencia. Demanda de sentido
esperando así que la interpretación venga a suplir el “no sabía” del analizante. Interpelado como intérprete el analista
deviene entonces el lugar del recelo, del agalma del sentido en espera. La demanda de interpretación es en sí misma pasible
de interpretación. Denunciando un déficit de sentido para alcanzar un plus de sentido. La interpretación es portadora de
otro requerimiento y que lo que se busca en el sentido es una satisfacción.
Interpretación índice: que paradójicamente no dice nada, pero que muestra que designa por alusión lo que no se puede
decir que se ajusta por lo tanto a esta ética del silencio.
Interpretación del equívoco: no revela ni oculta, no dice nada pero produce efecto de sentido. Se esfuerza por atravesar la
pantalla de las significaciones que el icc mismo recorta.Al hacer aparecer el sentido del sentido ella hará creer en el icc
como un agujero imposible de colmar. No es la interpretación esperada y puede sostener el “usted no dice nada”. Se trata
de un discurso paradójico que tapona la fuga de sentido por una consistencia, la del objeto, pero que tiene por finalidad
reabrir en cada caso la fuga del tonel, hasta hacer aparecer lo que ella es: real.
La interpretación gozada: la interpretación produce un efecto de goce. La disforia del no sentido, la euforia histerizante del
efecto de sentido son índices seguros del goce del sentido. Sin ella, la demanda de interpretación sería inconcebible.
Por otro lado, la interpretación es también una satisfacción. Lacan decía que “allí donde eso habla, eso goza”. Interpretar
tanto como ser interpretado son goces y que hay también un goce del desciframiento. La interpretación del sentido es un
callejón sin salida, solo promete sumergirse en el goce sentido y esto tendrá consecuencias. Sin embargo, no es bueno
ningún extremo.
Punto de la demanda: la queja, ciertamente un reproche, soporta una demanda, ella misma edemanda de participación.
Esencialmente ella es demanda de interpretación, la transferencia es su causa puesto que la significación del SsS, hace
objeto de búsqueda del analizante. La insistencia de una demanda de sentido esperando así que la interpretación venga a
suplir al “no sabía” del analizante.
La interpretación de sitúa en un nivel de saber apropiable que parece significa un querer saber. Se entiende que la
interpretación es portadora de otro requerimiento y que lo que se busca en el sentido es una satisfacción. Se quisiera poder
cerrar que un significante último que haga de punto de capitón del discurso por una metáfora del sentido y de goce.
La significación es gramatical, tiene estructura de ficción y es tributaria de un discurso. El sentido no tiene estructura de
ficción, se evoca entre dos ficciones, dos discursos dice Lacan, el resultado es que sentido hay siempre pero el lenguaje no
es apto para alcanzarlo aun cuando lo aloja.
El icc no tiene gramática, no se trata de una cadena significante, lo que no podría decirse del icc como discurso del Otro. Se
trata más bien de definirlo como un léxico, un conjunto de signos que no tienen significación pero si un sentido, sentido de
goce. El signo del signo es de ser sustituible en serie, cualquier elemento puede tomar cualquier sentido, el resultado es que
el analista no tiene idea del valor que las palabras tienen para su analizante, esto le inspira prudencia y se esfuerza por
hablar en el léxico de su paciente, citando en lugar de improvisar.
La cuestión es de saber lo que puede la interpretación con respecto al sentido, ella no puede enunciarlo sin recubrirlo de
significación, como así tampoco desinteresarse. No puede expresar el sentido, no obstante a ella le concierne el mismo. “la
interpretación es de sentido” Lacan, hace emerger, surgir, lo hace aparecer pero no implica que diga el sentido.
Bassols, M.: “La interpretación como malentendido”: la interpretación analítica sigue los caminos del malentendido. Se
funda en la condición misma del inconsciente que es la de malentendido por excelencia. Lacan (1980), “el hombre nace
malentendido”, y ese es su traumatismo fundamental. Y la interpretación como la mejor forma de alimentarlo. Interpretar,
descifrar, siempre será producir más enigmas que deberán ser a su vez, interpretados y descifrados.
Lo propio de la interpretación analítica es hacer un uso especial del malentendido del icc, explotarlo utilizando los recursos
del significante para hacer aparecer algo de la verdad entretenida en él, sabiendo que esa verdad nunca podrá revelarse del
todo. La interpretación como puntuación, o como equívoco, será una de las consecuencias del icc que trabaja como
malentendido en la cadena de significante. Utiliza los recursos del significante para tratar sus propios efectos de
significación en el sujeto, utiliza el malentendido para tratar el malentendido.
“NO SE PUEDE INTERPRETAR EL MALENTENDIDO PORQUE EL MALENTENDIDO ES LA INTERPRETACION”: tal vez las mejores
interpretaciones son las que quedan mal entendidas, incomprendidas por el propio sujeto.
Miller J.: “La ponencia del ventrículo”: el sujeto se habla a sí mismo a través del otro. Entonces la interpretación es
imposible en tanto que supone el encuentro con el Otro. La lengua no sirve como tal para la comunicación con el otro, sino
que sirve al goce. Sin embargo, parece que una palabra hace surgir al Otro como tal.
Miller invita a pensar una interpretación de otra manera, interpretación como despertar:
-Al interés: cuando surge algo que se hace causa del deseo, movilizar la libido y enganchar al otro en la transferencia.
-A la pesadilla: cuando se encuentra algo que produce horror, algo de lo que no queremos saber nada, únicamente hacerlo
desaparecer para seguir soñando. Encuentro con el Otro, cuando no se puede continuar en el gozar soñando. La
interpretación eficiente del analista es una pesadilla.
La interpretación tiene dos vertientes, una por la relación con el objeto a, y otra en su relación con el significante: en esta
última se hace la distinción entre interpretación a nivel imaginario e interpretación a nivel simbólico. Para realizar la
interpretación del goce nada alcanza hasta que se reconoce que la relación con el objeto no se inscribe en la relación con el
Otro, sino que más bien el Otro se reduce, él mismo, al objeto a. El carácter primordial de la relación con el Otro, nunca
alcanza a incluir el nivel del goce, lo puede incluir solamente al precio de reducirlo al objeto a, aunque no es más que un
semblante.
El lugar propio de la interpretación es la hiancia entre significante y significado, fundada en el equívoco, testimoniando que
no hay un mecanismo formal para pasar del significante al significado. En el grafo del deseo se expresa un querer decir,
pero en el fenómeno de la lengua se da paso a un querer gozar. Cuando no se asegura la comunicación sino que se trabaja
para el goce, se responde a la fómula: En el lugar donde ello habla, goza, hay un goce de la palabra.
Cuando es el goce el que habla, uno se detiene antes de pensar en interpretarlo, ya que en la interpretación se asegura lo
real. Hace que la interpretación no tenga función de reactivar sino que haga de límite. La interpretación analítica tiene que
tener un valor de formalización, implicando un Eso no quiere decir nada. La extracción del “ello quiere gozar” pasa por un
“Ello no quiere decir nada”.
LEMOINE, E.: “Cuando decir, es hacer”: lejos de explotar el lenguaje, conviene que tanto el analista como el analizante lo
ratifiquen hasta el punto en el que decir, es hacer. Desde el vamos le significa al analizante que no tiene que decir todo,
tiene que detenerse. Interrumpir todavía puede ser interpretar y todavía decir, incluso callarse puede ser decir. En este caso
el silencio disfraza su incapacidad.
En cuanto al sujeto supuesto al saber es la noción más compleja, pues no es sino supuesto, y supuesto por un analizante que
no demanda sino ponerlo en duda → sabe bien que ese saber es él quien lo tiene, saber inconsciente. El análisis se hace con
dos, no hay autoanálisis. El hacer impone la ética, puesto que implica otro real, e incluso exige.
El $ es el sujeto separado de su enunciado por la escucha del analista. Así, aislado hace aparecer el fantasma, el cual una vez
deshecho por intervención del analista produce significante primero.
Freud en 1913 formula algunas “reglas de juego” para orientar al analista en la iniciación del tratamiento:
¿Cuándo comenzar a hacer comunicaciones al analizado? La respuesta era esperar, darle tiempo al paciente para que entre
en una relación diferente con el tratamiento y el analista. Pide al analista paciencia para no lanzarse a revelar a un extraño a
las premisas analíticas y con quien apenas se ha mantenido trato, que él siente un apego incestuoso por su madre, entre
otras cosas. Esto podría provocar un descrédito sobre el analista, un aumento de las resistencias y quizás una interrupción
prematura. Entonces, Freud aconseja cautela y espera del tiempo necesario antes de comunicar una solución de síntoma y
traducción de un deseo. No hacerlo nunca antes que el paciente esté próximo a ello.
Lacan hace una distinción del modo en el que aparece el fenómeno del icc: el tropiezo, el fallido. Algo se muestra pero
siempre está preparado para volver a esconderse. Está la presentificación de un vació, que es lo que Freud interpreta,
intentando que venga un pensamiento allí, donde hay una incógnita. Para lograrlo es necesario el desciframiento freudiano
que incluye un trabajo de pensamiento, un trabajo del icc que no es otro que el de la condensación y de la metonimia. Pero
Freud constata que entre el analizante y el analista surge algo inesperado, que es el amor de transferencia. Cuando la
operación del analista (la interpretación) tropieza con las resistencias del analizado sobreviene la transferencia, la que
produce la detención de asociaciones, y aparecen los pensamientos dirigidos al analista, producto de la propia
interpretación de este último.
La interpretación del analista va a ser recibida como proveniente de la persona que la transferencia supone que es. El
analista en tanto objeto de transferencia, en su estrategia no es muy libre: depende fundamentalmente del lugar que le da
el paciente. La interpretación en cambio se juega a nivel de la táctica, o sea que se trata de poder reconocer la oportunidad
de su formulación dependiendo de los dichos del paciente.
La interpretación es condición de la transferencia, no habría una sin interpretación, lo cual señala por una parte que no hay
transferencia sin demanda de interpretación. Para interpretar entonces, hay que recorrer el camino inverso que hace la
metáfora. Se entra en el terreno que marca al deseo como pivote entre la interpretación y la transferencia. Si la
interpretación es causa lógica de la transferencia, el amor será el efecto que se produce en lo actual, para hacer más
soportable al sujeto lo que ha sido el motor de la puesta en marcha de todo este proceso: su sujeción al deseo del analista.
Envoltura formal del síntoma: La fidelidad a la envoltura formal del síntoma es la verdadera huella clínica. Parecería que el
sujeto padece el síntoma, que en él, es pasivo y no creador.
Cierto día pueden observar a su paciente pálido, tenso o incluso febril, y decirse “hay algo que no marcha”, sin embargo, NO
hay síntoma para ustedes, pues es preciso que él mismo lo diga. Si cuenta que todo anda de maravilla hay que observar el
relieve del relato, ya que ése es el hablante-ser mismo del síntoma, ya que el síntoma satisface ahí donde se lo presenta
como doloroso. El síntoma no es una discordancia sino que satisface especialmente a la repetición. En este sentido, el
síntoma tal como se lo articula y se dirige al analista, formalizado en el campo del Otro, es una mentira; es decir que el
hablante-ser del síntoma pertenece a la dimensión de la verdad, por eso Lacan formula que el síntoma es verdad, y como
toda verdad, tiene estructura de ficción.
El síntoma no es todo significante, envuelve también goce. El síntoma es goce como sentido gozado del sujeto, por eso el
vaciamiento de la envoltura formal del síntoma es la condición de la creación.
-Como sentido: es una formación de compromiso entre la defensa y el deseo, rompe la armonía del organismo pero es
armonizado con la castración, taponando lo simbólico mediante materia gozante. Una solución de compromiso porque algo
se satisface, una nueva modalidad de satisfacción pulsional paradójico, si bien hay algo que no marcha en el $, en la mera
realización ya se satisface.
-Como goce: el síntoma es efecto del significado del Otro, un mensaje dirigido a este Otro, una verdad que está del lado del
Goce, un displacer. La verdad en el síntoma está del lado de la angustia. Se busca aquel Rasgo Unario, el cual, abrochado al
S2, forma un síntoma particular, por la propia resolución y transición de la castración. Deja de ser algo solamente
fenomenológico, pasa a tener un sentido a descifrar. Cuando el síntoma es elevado a este Otro que tiene que sancionar, lo
decodifica y formaliza, pero en esta queja ya hay algo que se satisface.
Sentido gozado: el vaciamiento de su envoltura para dar cuenta de la condición para su creación. “El síntoma no es todo
ste”, encubre materia gozante. El análisis apunta al sin – sentido, porque si seguimos alimentando significantes, dándole
sentido al síntoma, fijamos al $ a esa posición, se trata de hacer caer todos esos S2 que envuelven al síntoma para llegar al
núcleo de goce.
El síntoma analítico es un desplazamiento semántico ya que el $ viene con algo y toma una nueva significación que solo
tiene sentido dentro de análisis.
Miller - C.S.T :
¿Qué es la clínica psicoanalítica? Un saber determinado por las condiciones de su elaboración, es decir, por la estructura de
la experiencia analítica que se denomina discurso del analista. La clínica psicoanalítica solo puede ser el saber de la
transferencia, es decir, el saber supuesto que se vuelve transmisible por otras vías y con otros efectos que los de la
experiencia en que se constituye.
La entrada análisis en todos los casos en que hay entrada, hay encuentro con lo real. En ciertas ocasiones este reviste una
forma que resulta traumática: descubrimiento por el sujeto de un goce que le es desconocido. La entrada en análisis
connota el golpe sufrido por la seguridad que obtiene el sujeto de su fantasma. Los únicos efectos clónicos típicos que
caracterizan la entrada en análisis en los que le analista se guía, son aquellos que conciernen al síntoma, no al fantasma.
La pre-interpretación, que supone el surgimiento del sujeto supuesto al saber, queda indicada en el plano clínico por el
estilo de sinsentido que adquieren para el sujeto algunos de sus pensamientos, de sus comportamientos, incluso toda su
existencia. Este sin sentido que equivale a un encuentro con lo real, tiene como consecuencia un llamado al saber
supuesto.
El síntoma, en la definición que recibe en análisis, exige la implantación del significante de la transferencia. La formalización
metafórica del síntoma responde, al inicio del análisis, al atravesamiento del fantasma que escande su final. Se apoya en su
embrague sobre el discurso analítico, vía por la que se acopla al sujeto supuesto al saber, cuyo efecto le es ofrecido con más
fuerza por el analista. Solo entonces está el síntoma plenamente constituido. La paradoja reside en que éste no es un
momento de apertura, de ruptura o de dehiscencia; se trata entonces más bien, de un cierre del síntoma.
Tipo de Síntomas:
-1er Tiempo, en el que el síntoma (desconocido) se identifica a la realidad cotidiana. El síntoma tiene aquí estatuto
imaginario: se identifica para el sujeto, sin solución de continuidad, con su vida misma.
-2do tiempo, se ubica la emergencia del síntoma como solución de continuidad, donde se revelará posteriormente la
incidencia de la relación con el objeto a. Esta emergencia impone en todo caso dar al síntoma un estatuto de real.
-3er tiempo, la demanda que se hace al analista se inscribe en un tercer tiempo: momento de concluir, sostenido por el
síntoma, cuyo efecto consiste en restituirle su estatuto simbólico, es decir, su estatuto de mensaje articulado del Otro.
El síntoma, en tanto analítico, se constituye por su captura en el discurso del analista, gracias al cual transformado en
demanda queda enganchado al Otro. El cierre del síntoma por el analista lo complementa con el objetivo implícito de
restituirle su sentido, tiene su sentido, tiene como consecuencia la histerizacion del sujeto, lo que quiere decir su apertura
al deseo del Otro.
Acuña E. – Resonancia y Silencio: Lo real miente en el síntoma: el síntoma es una ficción verdadera pero en la que se
supone una verdad. Será tanto un conflicto como una solución, ya que representa una doble sustitución, la de la idea
reprimida y la de sus afectos. El efecto de esa transformación es una nueva satisfacción.
El síntoma condensa palabras que buscan decir algo para alguien, se dirige como mensaje cifrado al Otro, lugar del
inconsciente que lo descifra, pero pasando por otro, el que escucha encarnado en alguien. En este movimiento de palabras
algo se satisface, cuestión que justifica el hecho de por qué el quejoso puede no querer curarse: cuando el sujeto del
inconsciente ha de su síntoma un partenaire, se casa con él.
Freud subraya que la formación de síntomas sigue un camino que depende de la represión, que obliga a un refugiarse en la
fantasía. Destaca la fuerza de atracción causada por la fijación de la libido. Es decir que recurre a un esquema de
retroalimentación entre la fantasía, como algo estructurado en el engaño (Simbólico-imaginario) y la fijación al trauma que
no re recuerda (real). Lo real se capta por lo simbólico, lo que Freud llama aquí fantasía: una realidad que parece mentir y
que es, sin embargo, cercana a la verdad del neurótico.
Un análisis comienza en ese tiempo donde la angustia comienza a querer decir algo que se sospecha que se sabe, se localiza
en la culpa, se orienta hacia una causa. Es por entrar en el engaño propio del icc.
Para Lacan el síntoma no se interpreta sino en el orden del significante, que tiene sentido solo en relación con otro
significante. Es en esta articulación donde reside la verdad del síntoma. Lacan ubica al sujeto como efecto de una
articulación, por eso la entrada en análisis supone dejarse engañar por el icc en tanto vía regia a esa representación que
falta.
SINTOMA FANTASMA
Dinámico. Estático.
El ste es equívoco, dialéctico. Fijo-Axioma.
El sujeto habla de él. El sujeto no habla de su fantasma, es la propiedad más
íntima, un discurso perverso.
Se interpreta. Se atraviesa.
Entrada. Final
Asociación libre. No hay asociación libre, el sujeto no puede decir más.
Capítulo 1: Para Lacan el fin de análisis quedaba situado a partir del fantasma, cabría la pregunta de si la entrada en análisis
no atañe al síntoma. La oposición entre síntoma y fantasma es también una oposición entre significante y objeto, en la
medida en que lo que prevalece en el síntoma es la articulación significante.
Es el fantasma el que nos conduce a la dimensión ética del psicoanálisis, el síntoma nos introduce en una problemática
terapéutica, a la cuestión de su curación, por eso se habla de levantamiento del síntoma y de atravesamiento del fantasma.
Con el fantasma se trata de ir a ver lo que está detrás, es una nada que puede asumir diversos rostros y en la travesía del
fantasma se trata de ir a dar una vuelta por el lado de esas nadas.
¿Qué es un médico, un terapeuta? es alguien que, conforme a la definición de Amo, quiere que la cosa funcione, que la cosa
ande, a nivel del individuo que se le presenta. El hecho de que la cosa ande bien es contrario al fantasma. El síntoma como
formación del icc debe ubicarse en relación al discurso del Amo. La entrada en análisis esta modelada por la representación
del sujeto por un significante. Por el contrario, es la estructura del fantasma y el fin de análisis lo que está privilegiado en el
discurso analítico. Implica al analista poner el acento sobre su querer o sobre su deseo ¿Qué quieres?, pregunta misma del
deseo y como no hay clínica sin ética se le pregunta eso al analista mismo: ¿Qué quieres? La cuestión ética para el analista
está en decidir que ahora es cuando el análisis puede empezar y que no ha concluido. Cuando se podría considerar
terminado es cuando verdaderamente empieza. El discurso analítico responde a un carácter asocial, en tanto apunta a un
más allá del bienestar.
El paciente habla y habla mucho de su síntoma, y habla para lamentarse de él. Es la razón por la cual se analiza. En relación
al fantasma, en cambio, la situación es completamente diferente. Normalmente el paciente no viene a lamentarse de su
fantasma. Muy por el contrario, podemos decir que a través de él obtiene placer.
El analista debe poner al síntoma y al fantasma en dos vertientes muy diferentes: la del placer (fantasma) y el displacer (el
síntoma). El paciente encuentra en su fantasma un recurso contra su síntoma, un consuelo. El fantasma tiene una función
de consolación. Desde Freud se lo relaciona directamente a una producción imaginaria que el sujeto tiene a su disposición
para ciertas ocasiones más o menos frecuente como el sueño diurno. Existe también un vínculo entre fantasma y la
masturbación, esta satisfacción es un goce fálico, un goce distinto al goce del Otro, un goce sin otro.
Pareciera que el fantasma es el tesoro del sujeto, y su propiedad más íntima. Al neurótico por lo general su fantasma lo
avergüenza porque se lo presenta en contradicción con sus valores morales. Toma del discurso de la perversión el
contenido de sus fantasías, el elemento fantasmático no está en armonía con el resto de la neurosis. La hipótesis lacaniana
es que el fantasma es como una máquina de transformar el goce en placer. Más allá del principio de placer lo que hay es
una dimensión de goce, y el fantasma aparece como un medio para articularlo con el correspondiente principio.
El for-da funciona como maquinación para obtener placer. El fantasma sustituye la actividad lúdica infantil, a partir de una
situación tanto de goce como de angustia, puede producir placer. Tiene una función semejante a la del juego y que es a
partir de una situación de goce como de angustia, la de producir placer. El fantasma es una máquina que se pone en juego
cuando se manifiesta el deseo del Otro.
El fantasma fundamental nunca es interpretado, lo que Freud acentúa como segundo tiempo de análisis, se encuentra
ubicado en tal lugar que nunca aparece en la experiencia. La interpretación es fundamentalmente interpretación del
síntoma. El fantasma fundamental no es un objeto de la interpretación del análisis, sino un objeto de construcción.
¿Qué es lo que angustia? lo que angustia es el deseo del Otro, entonces el fantasma se puede ubicar como lo que cubre la
angustia suscitada por ese deseo del Otro. La angustia aparece cuando hay un desfallecimiento de la cobertura
fantasmática. También el síntoma tiene relación con el objeto en el goce propio del síntoma, goce paradojal, el cual no es
un placer sino un displacer.
Capítulo 2: deseo del Otro y una falta en el significante en el campo de significantes. Una de las vertientes del fantasma es
en respuesta al deseo del Otro y la otra es la vinculación con la falta en el campo del significante. Si no hay interpretación
del fantasma fundamental es porque justamente se ubica en esa falta de significante.
Definir fantasma es fundamental como lo que se presenta en la experiencia como no tocado, no alcanzado directamente
por el significante. No se trata de curar al paciente de su fantasma fundamental, y que sitúa la problemática del fin de
análisis del lado del fantasma y no del lado del síntoma. El fin de análisis tiene por objeto una modificación mucho más
profunda que la del nivel del síntoma, pues lo que persigue es una cierta modificación de la posición subjetiva en el
fantasma fundamental. El fantasma fundamental es como el residuo del desarrollo de un análisis, ubicado como el residuo
de la interpretación del síntoma.
Fantasma Imaginario: tiene relación con escenarios que el sujeto puede relatar de él mismo, de su historia, imágenes y
sueños diurnos, que podrían relacionarse con recuerdos encubridores. El fantasma tiene un aspecto imaginario,
correspondiente a todo lo que un sujeto puede producir como imágenes, tanto de aspectos de su mundo como de
personajes de su ambiente.
Fantasma Simbólico: construcción semántica, puede dar cuenta del enunciado, pero no asociarlo. La dimensión simbólica es
un aspecto mucho más escondido, se lo observa en el hecho de que el fantasma consiste cada vez en una pequeña historia
que obedece a ciertas reglas que son las leyes de la lengua. Sólo cuando la selva del fantasma se decanta completamente
obtenemos como frase algunas variaciones gramaticales. Poner el acento en su lógica, se presenta como un axioma, que
tiene que ver con esa falta en el campo del significante.
Fantasma Real: construcción del fantasma fundamental, no se modifica, se atraviesa en análisis, está por fuera de la
neurosis, del significante y de su lógica. Manifiesta que hay un real de lo simbólico. La dimensión fundamental del fantasma
es su dimensión real, es un residuo que no puede modificarse, es un axioma que lo real es lo imposible, imposible de
cambiar, por esa razón, el fin de análisis es el logro de una modificación de la relación del sujeto con otro real del fantasma.
Un axioma es lo que en un sistema lógico no se cambia, funda el sistema pero está aparte de él.
Hay una dinámica del síntoma mientras que hay una estática del fantasma. Es más difícil para el analista ubicarse en
relación a esa estática, y le es más fácil decir que son resistencias. El hecho de que el icc esté estructurado como lenguaje
no determina que todo en él se interprete, pero lo que no se interpreta también tiene su función, el fantasma fundamental
es un instrumento mismo de la interpretación analítica.
El síntoma aparece a los ojos del mismo sujeto como una opacidad subjetiva como un enigma. El paciente no sabe qué
hacer con esa irrupción y por eso demanda interpretación. Si Lacan ubica a la entrada del proceso analítico el sujeto
supuesto a saber, es porque en ese momento la demanda fundamental del paciente es relativa al enigma, a la interrogación
que le hace su propio síntoma. El fantasma se le presenta como transparente, como si su lectura fuera inmediata. El cambio
se encuentra dirigido a que se plantee lo que su fantasma oculte. Situar con precisión al fantasma fundamental puede hacer
instrumento de la interpretación.
El fantasma fundamental es una formulación completamente separada del resto de su discurso, como un monumento
aislado pero que es, al mismo tiempo, la matriz de su comportamiento. El sujeto del significante como tal no tiene lugar, se
mueve con el significante y puede aparecer aquí o allá, sin embargo su ubicación es siempre equivoca. En el fantasma, en
cambio, hay un lugar para el sujeto, un lugar fijo, escondido. Por eso la relación del sujeto con un objeto es algo especial, es
la escritura de la fijación del sujeto por un objeto especial.
Capítulo 3: cada estructura clínica tiene su propia estrategia ante la cuestión el deseo del Otro, esa respuesta concreta es su
fantasma, su manera de ser. Es la matriz de las formas de coherencia de una construcción neurótica.
El fantasma determina el síntoma, dado un síntoma uno puede encontrar el fantasma que lo determina. Si se toma al
fantasma como causa del síntoma y se lo concibe como una derivación de los sueños diurnos, el resultado es que sus
imágenes aparecen como el contenido mismo del icc.
Lacan desarrolla la primera fórmula de fantasma: a la cual define como una dimensión estrictamente imaginaria. Luego
señala la eventual prevalencia de una imagen en el sujeto que se corresponde a una falta en el sistema simbólico, momento
de falta en la cadena significante. La novedad fue la transformación que va de la consideración del objeto como imaginario
hacia la cuestión de estatuto real. Es implicar en el fantasma al sujeto como sujeto del significante. Para Freud se requieren
dos cosas para hacer un fantasma: un goce, un placer proveniente de una zona erógena y segundo, una representación del
deseo.
Capítulo 4: un significante no es nada sino por oposición a otro a un conjunto de otros significantes. Todos los significantes
son semblantes, un sistema de semblantes lógicos. Y cuando se encuentran esas imposibilidades producidas por un sistema
de semblantes, podemos decir que hemos encontrado lo real, lo imposible.
La figura más conocida de la verdad es que habla, debemos en la experiencia analítica, reducir la verdad al mismo estatuto
que en la lógica matemática.
El analista desea obtener una diferencia absoluta en el paciente. La única demanda que tiene, es que vuelva a sesión. Decir
que el fin de análisis sitúa a nivel del fantasma también es decir que se espera que el analista se corra un poco por detrás
del suyo propio. Que obtenga un punto de vista sobre su propio comportamiento en el mundo, sobre su propia manera de
responder al deseo del otro.
Hay dos momentos de la cura que son estándares: la entrada y la salida, se entra por la puerta del amor y se sale por la del
pase. Cada análisis es diferente, para Freud del lado del analista cada cura debe ser conducida como si fuera la primera. A
partir de lo que pasó no se puede saber de allí en más qué pasará, no solo cuál es la diferencia de lo que sucederá entre dos
curas, sino incluso en una misma cura, la apertura de la experiencia analítica.
Cada vez que se interrumpe una sesión se interrumpe en un momento en que quedaría algo por decir. La cuestión es que si
eso que queda por decir toma o no la forma llamada objeto a. la duración variable responde a la estructura del no-todo,
responde al Otro barrado: en cada final de sesión está en juego el objeto a, bajo la forma del etcétera. El objeto a es lo que
finalmente suplementa la cadena significante y su valor cambia según la trayectoria de la cura analítica, sesión tras sesión.
El Otro se trata de un término universal, vale para todos y que no hay otro sin él. En la estructura del lenguaje, como
estructura significante, hay un elemento descompletante, destotalizante, este elemento puede escribirse como $, como y
escribirse como a. En cada sesión se desbasta el a, adquiere consistencia, densidad. El a es el desbaste de la Cosa, de la Cosa
que es la base primaria, la materia primaria que no conocemos sino por medio del objeto a; desbaste de la Cosa por la
operación del significante. Este desbaste del objeto a es lo que se llama la construcción del fantasma, se traduce como
fantasma la relación del no-todo significante con su suplemento. El Otro es anónimo, es igual para todos porque no hay
nada que descubrir, sino el vació del Otro barrado.
-La fobia como un modo de instituir una muralla contra ese abismo del Otro barrado.
-La obsesión como un modo de negar el deseo del Otro, inventar un gran Otro no barrado
-La histeria como un modo de identificarse como sujeto con la falla del Otro, asumirse sujeto barrado.
-El fetichismo como el Otro barrado se interpreta como voluntad de goce del Otro y no solo como deseo del Otro, erigiendo
un objeto encubridor.
-La psicosis, en la paranoia, el sujeto está sin defensa, sin otra defensa más que su delirio, a merced de la voluntad de goce
del Otro.
Segunda conferencia:
En la anterior conferencia Miller abordó la temática del amor como repetición (Freud) y el amor como invención (Lacan). En
la segunda, Miller plantea que el tema podría incluir la compulsión a repetir, que tiene su lugar en, por ejemplo, la neurosis
obsesiva. El autor expresa que para ver qué pasa, se podría inventar la noción de compulsión a inventar. Inventar como
Lacan no significa borrar lo anterior.
En Lacan hay concepciones del final de análisis que presentan ese final como si se tratara de curarse del amor. Eso implica la
identificación con el padre muerto, identificarse con el padre muerto es una versión de “curarse del amor”. Pero hay otro
final de análisis que Lacan nos hace ver, se trata de una transformación de la transferencia, no de su desaparición. Es un
final de análisis donde el descubrimiento de que no hay Otro del Otro, da lugar a una invención. Quizás curarse del amor,
pero del amor en tanto repetición.
Tercera conferencia:
El ideal es una superposición entre ternura y sensualidad, que podría decirse que es el ideal de la cura analítica. Como dice
Freud: “para ser en la vida auténticamente libre y feliz, es preciso haber superado el respeto por la mujer y haberse
familiarizado con la representación del incesto con la madre o la hermana”. Con un ideal, que podría llamarse mítico, de
borra el destino sustitutivo de la vida amorosa y poder tener acceso a los objetos primarios, como haber superado la
barrera del incesto. En este sentido es que el pase freudiano sería el franqueamiento, la travesía de la condición de la
interdicción en las cosas amorosas.
Freud siempre describe el estado amoroso como un estado de dependencia hacia el objeto. No solo como una
reciprocación narcisista. La investidura del objeto se hace en detrimento del ego, que se empobrece cuando el otro se
enriquece de esa libido. Freud hace ver que el Otro está constituido como el lugar de la verdad. Es decir, como un lugar
crítico del cual depende la autoestima del sujeto. Freud mismo ha introducido al gran Otro en el amor, bajo la forma del
Ideal Yo.
La cuestión es si distinguimos en el Otro, en el amor mismo, ese lugar del Ideal del Yo como desimetrizado del ego. Cuando
Freud elabora la cuestión del Ideal del Yo, retomado en términos lacanianos, es que ese lugar es ocupado por un ste amo
que apacigua la siempre inestable y siempre agresiva relación imaginaria.
Cuarta conferencia:
Lacan distinguió dos tipos de demanda: una demanda en el nivel de la necesidad y otra en el nivel del amor. Hay una
dependencia a nivel de un Otro que tiene lo necesario para satisfacer la necesidad, y está el Otro de cuyo amor depende del
sujeto. Hay una estrecha conexión entre amor y pulsión. Esos conceptos son ficciones: la pulsión, el concepto de amor, la
necesidad, la demanda, el deseo, son todos artificios para tratar de captar algo de la experiencia.
En la experiencia analítica, tenemos la noción de algo que impulsa, y podemos tratar de ordenar diversos estadios de esa
impulsión en el sujeto. Se puede poner como base la necesidad natural, pero se constata que la necesidad no se conoce
como más a través de una demanda dirigida al Otro para satisfacer esa necesidad originaria. Así, como segundo concepto
escribimos demanda. Demanda, en relación con la necesidad, demanda a un Otro que tiene lo necesario para satisfacer esa
necesidad, un Otro que tiene. Más allá de esta demanda al Otro que tiene, está el don de lo que el Otro no tiene, que es
como define el amor. Aquí se distingue una segunda demanda de amor, dirigida al Otro en tanto no tiene.
Entre estas dos demandas, Lacan inscribe el deseo. La pulsión es una demanda: es una forma de demanda. La distinguimos
en tanto encontramos en la experiencia analítica una demanda que no podemos interpretar, donde no hay que interpretar.
Y hablamos de deseo cuando encontramos una demanda que podemos interpretar. “Demanda” no es otra cosa que
dirigirse al Otro. El solo hecho de que la demanda hable da lugar a la interpretación. Pero también se encuentra una
demanda paradójica: una demanda que no habla, una demanda silenciosa. La pulsión es la paradoja de una demanda que
no habla pero que supone el lenguaje. En el vector de la demanda, está la parte que se puede interpretar: el deseo, y la
parte que no se puede interpretar, la pulsión. Es más, hablamos de deseo cuando encontramos en la impulsión misma la
defensa contra ella, el deseo es también una defensa contra el deseo. La pulsión, en cambio, tiene certeza. LLa pulsión es
como una voluntad de goce, mientras que el deseo es, a la vez, voluntad y rechazo del goce.
El concepto de deseo nombra un estado de insatisfacción fundamental en el sujeto, por el contrario, en Freud la pulsión
siempre está satisfecha, siempre logra satisfacerse, aun cuando sea por satisfacciones sustitutivas. Así como podemos
definir el deseo como algo siempre insatisfecho, su concepto de pulsión es el de algo que siempre es satisfecho, pero será
necesario para la pulsión tener un objeto exterior para realizarse.
1º paradigma “La imaginarización del goce”: en el primer paradigma "El goce imaginario", es entendido como obstáculo,
como barrera a la elaboración simbólica. Este goce imaginario no procede del lenguaje, de la palabra, de la comunicación,
sino que está unido al yo como instancia imaginaria. Este Paradigma refiere al primer movimiento de la enseñanza de
Lacan, el cual se desarrolla con la introducción de lo simbólico. Lo que aquí ocupa la escena conceptual es la demostración
de la función de la palabra, en tanto dadora de sentido. En este primer momento las consecuencias respecto al goce quedan
veladas, y lo que domina es la comunicación concebida como intersubjetiva y dialéctica. Lo que llama aquí comunicación, al
principio refiere a la relación de sujeto a sujeto, luego esta intersubjetividad es corregida por Lacan cuando introduce la
disimetría en la relación de sujeto a sujeto en “Intervención sobre la transferencia”, los dos sujetos en función no son
equivalentes, puesto que el analista sujeto, escucha, puntúa, interpreta y así decide el sentido.
En estos primeros años de la enseñanza de Lacan, el inconsciente aparece unas veces como lenguaje y otras como palabra.
En la vertiente de la palabra Lacan desarrolla la intersubjetividad, en la vertiente del lenguaje, pone el acento en la
autonomía de lo simbólico (la cadena significante así como vuelve sobre el Otro tiene sus propias exigencias, una lógica).
Punto de vista económico, punto de vista de la satisfacción: Lacan concede el privilegio al desciframiento simbólico,
la satisfacción esencial debe ser encontrada en la comunicación misma, que tiene que ver con el otorgamiento de sentido.
Pero la satisfacción simbólica no lo es todo. Frente a la satisfacción simbólica que extiende su imperio sobre el conjunto del
psiquismo, permanece la satisfacción imaginaria, que llamará, el goce. En el primer paradigma, la libido tiene un estatuto
imaginario y el goce como imaginario no procede del lenguaje, de la palabra y de la comunicación, sino que se relaciona con
el yo como instancia imaginaria. Si tenemos que buscar el lugar del goce como distinto de la satisfacción simbólica, lo
encontramos en el eje imaginario. Lacan califica de imaginario todo lo que no es susceptible de ser ubicado en la categoría
de la satisfacción simbólica. El goce imaginario no es dialéctico, es descripto por Lacan como estancado e inerte.
Lacan considera que la transferencia no pertenece a la dialéctica de la experiencia analítica sino que surge de la dimensión
imaginaria, apareciendo en un momento de estancamiento de la dialéctica que reproduce los modos de constitución de los
objetos.
El primer paradigma acentúa la disyunción entre el significante y el goce. El significante tiene su lógica, tiene su recorrido,
liberado de las adherencias al goce. El goce imaginario es susceptible de cierto número de emergencias en la experiencia
analítica, cuando se manifiesta una falla, una ruptura en la cadena simbólica.
Lacan ha relacionado cierto número de fenómenos con rupturas de la cadena simbólica y sus emergencias de goce
imaginario:
-La lectura que hace del acting out tomado de la experiencia de Kris : lo relaciona con la emergencia de una relación oral
primordialmente suprimida, con un elemento de goce imaginario.
-En el seminario nº 4 cuando habla de las perversiones transitorias, las considera como emergencias de goce imaginario
cuando la elaboración simbólica falta o falla.
-Miller refiere también a este paradigma, la primera fórmula que da Lacan del superyó como figura obscena y feroz, donde
el superyó es lo que emerge de una falla simbólica y proporciona fisonomía al goce imaginario.
Cuando se rompe la cadena simbólica ascienden de lo imaginario los objetos, los productos, los efectos del goce. Todo lo
que en Freud es libidinal, se imputa al goce imaginario, como obstáculo, como barrera. Esto hace que Lacan presente el eje
del goce imaginario como de través del eje simbólico, como obstáculo o barrera a la elaboración simbólica.
Lacan siempre añade que este imaginario está, al mismo tiempo, dominado por lo simbólico y no deja de recordar que lo
imaginario sirve de material a lo simbólico, que lo simbólico opera sobre lo imaginario.
2º Paradigma “La significantización del goce”: en el segundo paradigma, "La significantización del goce", asistimos a una
transposición de lo imaginario en lo simbólico; una reescritura conceptual de los términos vertidos en la categoría de lo
imaginario que resultan términos fundamentalmente simbólicos. Este paradigma pertenece al segundo movimiento de la
enseñanza de Lacan, no prosigue solamente al primero sino que se incorpora al primer paradigma, lo completa logrando
prevalecer sobre el primero.
Lacan muestra la consistencia y articulación simbólica de lo que es imaginario. Las pulsiones, no solo se estructuran en
términos de lenguaje, sino que la pulsión se escribe a partir del sujeto simbólico, de la demanda, de un término
eminentemente simbólico.
En relación al fantasma, Lacan se dedica a mostrar que no hay fantasma que no sea asimilable a una cadena significante. La
imagen en función significante está articulada al sujeto simbólico. Esta escritura del fantasma permanecerá mucho tiempo
en la enseñanza de Lacan como el símbolo de la conexión entre lo simbólico y lo libidinal, además por mucho tiempo la cura
se centrará en el fantasma como siendo el punto nodal donde lo imaginario y lo simbólico se concentran, como punto de
capitón, esencial de estos registros.
El gran momento de este paradigma es el falo, su estatuto de imagen lo distingue ya del órgano, se desplaza para privilegiar
su estatuto simbólico. El borramiento del goce por el significante, es lo que aparece en este paradigma, que está
condicionado por el modelo de la tachadura y pone de relieve el efecto de sublimación. El significante anula el goce y lo
restituye con la forma del deseo significado.
3º Paradigma “El goce Imposible”: presentación de la masividad del goce, ubicado como fuera de alcance, el goce
conectado al horror. Este paradigma introduce "El goce imposible" que quiere decir el goce real. Quiere decir que la
satisfacción, la verdadera, la pulsional, no se encuentra ni en lo imaginario, ni en lo simbólico, está fuera de lo que está
simbolizado, es del orden de lo real. Esto implica que tanto el orden simbólico como la relación imaginaria están para
contener el goce real.
Este paradigma implica una sustitución de la represión por la defensa. Mientras que la represión es un concepto que
pertenece a lo simbólico, la defensa designa una orientación primera del ser. Se ilustra una profunda disyunción entre el
significante y el goce. En este paradigma tenemos una verdadera ruptura, el goce pasa a lo real, está descripto como fuera
del sistema y tiene como rasgo un carácter absoluto. Sólo se accede al goce por forzamiento, es estructuralmente
inaccesible, salvo por trasgresión.
Este paradigma pone al goce del lado de la cosa, (el goce masivo). La cosa es el Otro del Otro exactamente en tanto falta en
el Otro.
4º paradigma “El goce fragmentado”: Del goce fragmentado al goce normal: aquí ya no se habla de un goce masivo y
fuera del alcance, sino de un goce fragmentado en objetos a. No está situado en un abismo, sino en un pequeño hueco.
Lacan dice “El objeto a es simplemente la presencia de un hueco, de un vacío”. Tenemos acceso al goce por la pulsión vuelta
a pensar, a través de una pulsión que hace una ida y vuelta.
En este paradigma se forja una alianza entre el significante y el goce. La finalidad de los dos mecanismos de Alienación y
Separación, es la articulación estrecha entre lo simbólico y el goce.
-Alienación: es de orden simbólico. El resultado de esta operación implica una respuesta de goce. La operación de
alienación nos da un sujeto significante, reducido a una falta de significante, es decir, no tiene otra sustancia que el
conjunto vacío.
-Separación: conlleva el funcionamiento normal de la pulsión en tanto que responde al vacío que resulta de la identificación
y de la represión. Del mismo modo que el sujeto vale como falta-en-ser, la pulsión se define como incluyendo un hueco, una
hiancia.
Aquí el goce, en lugar de aparecer como irreductible a lo simbólico, en lugar de estar puramente reducido al significante, el
goce es, a la vez, distinguido como tal al mismo tiempo que inscripto en el funcionamiento de un sistema. Lacan abandona
la noción de significante del goce. Nos introduce el objeto a, éste es un elemento del goce.
5º Paradigma “El goce discursivo”: consiste en deducir esa falta, ese agujero de goce, a partir del significante. Dando
cuenta de la relación con el goce intrínseca al significante.
Corresponde a este paradigma, la elaboración de Lacan de los cuatro discursos. Lacan llamó discurso a la alienación y a la
separación unificada. Hay una relación primaria de los significantes con el goce, con la noción de discurso cambia la idea de
que la relación significante/goce es una relación primaria y originaria. Allí Lacan valoriza la repetición como repetición de
goce. El significante representa un sujeto para otro significante, es una relación que resume la alienación simbólica, pero los
discursos de Lacan introducen que el significante representa un goce para otro significante. Al representar al goce, el
significante falla tanto como el significante que representa el sujeto, ya que queda el conjunto vacío al lado.
Lacan introduce el objeto a como plus de goce, como suplemento de la pérdida de goce. Lacan opone al término
trasgresión, la repetición significante que vale como repetición de goce. Muestra que la repetición es necesaria para el goce.
Desde este momento el acceso al goce se alcanza por la pérdida producida por el significante.
-El goce como Das ding, es pensado como un lugar fuera de lo simbólico y también como una identidad.
-El goce como objeto a de la pulsión, el objeto oral, anal, escópico, vocal y eventualmente la nada.
-La noción de plus de goce, aporta algo nuevo sobre el goce. El goce, como plus de goce, como lo que colma, pero jamás
colma la pérdida de goce, lo que al mismo tiempo que da a gozar conserva la falta de goce, allí la lista de los objetos a se
extiende, se amplifica. Los objetos de la sublimación están incluidos en la lista de los objetos a. La noción de plus de goce en
Lacan, tiene por función extender el registro de los objetos a a todos los objetos de la industria, de la cultura, de la
sublimación. Esto es lo que llama Lacan los nimios objetos a, lo que abunda en la sociedad para causar nuestro deseo y
taponar la falta de goce.
6º Paradigma “La no relación”: se presenta una inversión de todo el recorrido de Lacan. Este paradigma se funda en la no
relación del significante y del significado, de goce y del Otro, del hombre y la mujer, bajo el modo de no hay relación
sexual. Los términos que aseguraban la conjunción – el Otro, el nombre del padre, el falo- son reducidos a ser conectores.
Lo que distingue este paradigma es tomar como punto de partida el goce. El punto de partida no es el No hay relación
sexual sino, al contrario, un Hay, hay goce. Lacan pone en evidencia que el goce es fundamentalmente Uno, es
decir, prescinde del Otro.
-El lugar del goce, es el propio cuerpo, es siempre el propio cuerpo que goza a través del medio que sea.
-Goce en tanto está concentrado en la parte fálica del cuerpo. Lacan pone el acento en el goce fálico, define este goce
fálico, como goce del idiota, del solitario, un goce que se establece en la no relación al Otro.
-Hay un goce de la palabra, la palabra es conexión al Otro en tanto palabra dirigida, el goce de la palabra no interviene en
Lacan más que como una figura del goce Uno, separado del Otro. La palabra es goce, no es comunicación al Otro, es lo que
quiere decir el blablabla. Desde la perspectiva del goce, la palabra no apunta al reconocimiento, a la comprensión, que no
es más que una modalidad del goce Uno.
-En cuarto lugar Lacan nos da una versión de la sublimación que no implica al Otro.
1) Modelo narcisista: hace referencia a la elección de la pareja como un yo ideal (ideal de perfección narcisista), es decir,
cuando se elige a Otro en función de uno mismo, hay algo del sujeto que ve en ese Otro. Registro imaginario, se elige a sí
mismo-espejo. Por ejemplo, una mujer que elige como pareja a un hombre tal como ella misma hubiera querido ser.
2) Modelo edípico: se pone en juego la relación imaginaria pero en relación a una función simbólica. Se elige el partenaire
tomando como referencia a la madre. Identificación a uno de los padres sosteniendo los elementos narcisistas.
3) Modelo fantasmático: la pareja responde a un fantasma del sujeto. El partenaire tiene un papel asignado y existe una
complementariedad de fantasmas. Algo de ese partenaire satisface en algún punto el fantasma del hombre por ejemplo,
parejas que perduran en el tiempo.
4) Modelo sintomático: pone en evidencia que el escenario implica un disfuncionamiento, el partenaire es equivalente a un
síntoma. Tiene que ver con el S’ que padece, sufre de sus síntomas, es un malestar para el S’. Se escucha mucho la queja.
5) Partenaire-síntoma: el amor es lo que diferencia al partenaire de un puro síntoma, el amor es la función que proyecta al
síntoma en el afuera. Se puede ubicar la cuestión del amor, aceptación de la ausencia de la relación sexual. Se puede
introducir a la vez la idea de que en cierta medida el partenaire es un semblante cuyo real es el síntoma.
Freud - Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa: Freud comienza el capítulo haciendo el análisis de un
síntoma por el que más a menudo se solicita asistencia: la impotencia psíquica y se exterioriza en el hecho de que los
órganos ejecutivos de la sexualidad rehúsan al cumplimiento del acto sexual, aunque estos sean capaces de operar y haya
excitación sexual. El paciente obtiene una primera orientación al comprobar que solo aparece esa impotencia cuando lo
hace con ciertas personas y que hay en su interior una voluntad contraria que consigue perturbar el propósito conciente,
pero no le es posible dilucidar en qué consiste ese impedimento interior.
Se trata del influjo inhibitorio de ciertos complejos psíquicos que se sustraen al conocimiento del individuo. El contenido de
este material patógeno sería la fijación incestuosa no superada a la madre y hermanas, junto con las impresiones penosas
accidentales de la actividad infantil. Y el otro factor tiene que ver con la medida de frustración que impida que su libido
pueda ser dirigida al objeto sexual femenino. Esto acarrearía una inhibición en la historia del desarrollo de la libido. En tal
caso confluyen dos corrientes que serían la tierna y la sensual, cuya reunión es lo único que asegura una conducta amorosa
plenamente normal. La corriente tierna proviene de la primera infancia, se constituye a partir de los intereses de la pulsión
de autoconservación y se dirige a las personas encargadas de su crianza. Corresponde a la elección infantil primaria de
objeto. De ella se infiere que las pulsiones sexuales hallan sus primeros objetos apuntalándose en las pulsiones yoicas. La
corriente sensual se añade en la pubertad, en donde los objetos de la elección infantil primaria son investidos con montos
libidinales más intensos, pero la barrera que ejerce la prohibición del incesto hará que el púber pase de esos objetos
incestuosos a otros objetos ajenos a su entorno familiar, aunque no dejan de escogerse según el arquetipo de los infantiles.
Aquí quedarán conjugadas la ternura y la sensualidad.
Dos factores contribuirán decisivamente al fracaso de este progreso en el desarrollo de la libido. Primero la medida de
frustración real que contrarían la nueva elección de objeto y separe al sujeto de él. Y en segundo lugar, la medida de
atracción que sean capaces de ejercer los objetos sexuales infantiles que es proporcional a la investidura erótica depositada
en ellos en la infancia. Si estos dos factores son lo bastante fuertes, entra en acción el mecanismo universal de la formación
de neurosis: en donde la libido se extraña de la realidad, reforzando las imágenes de los primeros objetos sexuales y
fijándose a ellos, pero sustituyéndolos por objetos sexuales ajenos a causa de la prohibición del incesto.
Habría impotencia absoluta si toda la sensualidad del sujeto está fijada a fantasías inconscientes incestuosas. Pero para que
se produzca la impotencia psíquica, es preciso que la corriente tierna se haya conservado intensa o desinhibida para
conseguir en parte su salida hacia la realidad y lo que se produce, entonces, es un goce escaso. Por lo tanto, lo que se
produce es una limitación en la elección de objeto. La corriente sensual, que ha permanecido activa, solo busca objetos que
no recuerden a las personas incestuosas prohibidas. Con lo cual la vida amorosa de estos sujetos permanece escindida, en
tanto que, cuando aman, no desean y cuando desean, no pueden amar. Debido a que, si un rasgo del objeto elegido
recuerda al objeto incestuoso que debía evitarse, sobreviene esa extraña denegación que es la impotencia psíquica . El
recurso del que se vale este sujeto para protegerse de tal perturbación es la degradación psíquica del objeto sexual y la
sobreestimación que normalmente recaería sobre el objeto sexual es reservada para el objeto incestuoso y sus objetos
sustitutivos. Tan pronto se cumple la condición de la degradación, la sensualidad puede exteriorizarse con libertad.
La conducta amorosa del hombre en el mundo cultural presenta universalmente el tipo de impotencia psíquica. Casi
siempre el hombre se siente limitado en su quehacer sexual por el respecto a la mujer, y solo desarrolla su potencia plena
cuando está frente a un objeto sexual degradado, en donde entran componentes perversos, ya que sólo le es deparado un
pleno goce sexual si puede entregarse a la satisfacción sin miramientos, cosa que no se atreve a hacer con su esposa. A ellos
se debe su necesidad de un objeto sexual degradado, de una mujer a quien no se vea precisado a atribuirle reparos (la
puta), que no lo conozca en sus otras relaciones de vida, ni pueda enjuiciarlo. Es preciso decir, entonces, que quien haya de
ser realmente feliz en su vida amorosa, tiene que haber superado el respeto a la mujer y admitido la representación del
incesto con su madre o hermana.
En cuanto a las mujeres, la prolongada coartación de lo sexual y la reclusión de la sensualidad a la fantasía tienen para ella
otra consecuencia de peso. A menudo le sucede que ya no puede desatar más el enlace del quehacer sensual con la
prohibición, y así se muestra psíquicamente impotente, es decir frígida, cuando por fin se le permite ese quehacer. A esto se
debe que en muchas mujeres se reestablece su capacidad de sentir normalmente, cuando se da la oportunidad de
establecer una relación de amor secreto supeditado a la condición de lo prohibido. Freud opina que esa condición de lo
prohibido, en la vida amorosa femenina, es equiparable a la necesidad de degradación del objeto sexual en el varón. Ambas
consecuencias tienen la misma motivación y ambas buscan cancelar la impotencia psíquica que resulta del desencuentro
entre mociones tiernas y sensuales. Pero, como vemos, el resultado de las mismas causas es diferente en la mujer y en el
varón. La mujer no suele transgredir la prohibición del quehacer sexual durante el lapso de espera y así adquiere el íntimo
enlace entre prohibición y sexualidad. El varón, en cambio, la infringe en la mayoría de los casos, bajo la condición de la
degradación de objeto.
La elección de objeto en dos tiempos separados por la barrera del incesto, nos conduce a afirmar que el objeto definitivo de
la pulsión ya no es el originario, sino sólo un subrogado de este. Esto es lo que nos ha enseñado el psicoanálisis. Toda vez
que el objeto originario de una moción de deseo se ha perdido por obra de una represión, suele ser subrogado por una
serie interminable de objetos sustitutivos, de los cuales ninguno satisface plenamente. Acaso esto nos explique la falta de
permanencia en la elección de objeto, lo que sería el “hambre de estímulo” que tan a menudo caracteriza la vida amorosa
de los adultos.
Freud - Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre: La elección masculina de objeto se singulariza por una
serie de condiciones de amor:
-Tercero perjudicado: nunca elige como objeto amoroso a una mujer que permanezca libre, sino siempre a una sobre quién
otro hombre pueda pretender derechos de propiedad en su condición de marido, prometido o amigo. La mujer pudo ser
primero ignorada, cuando no pertenecía a nadie, y cuando entra en una de las mencionadas relaciones con otro hombre, se
convierte en objeto de amor.
Conducta del amante hacia el objeto de su elección: en la vida amorosa normal, el valor de la mujer está regido por su
integridad sexual, y el rasgo de liviandad (fácil) lo rebaja. Los amantes de este tipo, parecen desviarse de la normalidad
considerando a este tipo de mujeres como objetos amorosos de supremo valor, siendo éstas, las únicas personas a quienes
pueden amar, y en todos los casos exaltan la autoexigencia de fidelidad. Durante la vida de este tipo de amantes, se repiten
varias veces pasiones de similares características, donde los objetos de amor pueden sustituirse entre sí, conformando una
larga serie.
-Amor por mujeres fáciles: la elección recae sobre mujeres cuya conducta sexual tenga mala fama, y se puede desconfiar de
su fidelidad, dejando de lado a la mujer casta e insospechable, por no presentar atractivo. En esta condición juega un papel
fundamental el tema de los celos, ya que a partir de ellos la mujer adquiere valor pleno, y al albergar este sentimiento, la
pasión logra alcanzar su cima.
Conducta del amante hacia el objeto de su elección: los amantes de este tipo presentan una tendencia a rescatar a la
amada. El hombre está convencido de que ella lo necesita, y su rescate consiste en el no abandono.
Esa elección de objeto brotan de la fijación infantil de la ternura a la madre y constituyen uno de los desenlaces de esa
fijación. El desasimiento de la libido se ha demorado tanto tiempo junto a la madre, aún después de sobrevenida la
pubertad, que los objetos de amor elegidos llevan el sello de los caracteres maternos y todos devienen unos subrogados de
la madre fácilmente reconocibles.
Esto puede observarse claramente en la primera condición, la del tercero perjudicado. En ella, se observa que la madre
pertenece al padre, y este es un hecho inseparable del ser de aquella. En este caso el tercero perjudicado es el padre. La
amada es única e insustituible, ya que nadie posee más de una madre. En nuestro tipo todos los objetos de amor están
destinados a ser principalmente unos subrogados de la madre, volviéndose comprensible la formación de series; porque en
cada subrogado se echa de menos la satisfacción ansiada.
En cambio, la segunda condición de amor, amor por mujeres fáciles, parece contrariar enérgicamente una derivación del
complejo materno. En el pensamiento consciente del adulto la madre aparece como una personalidad de pureza moral
inatacable. Pero, en el inconsciente a menudo coincide en una misma cosa lo que en la conciencia se presenta escindido en
dos polos opuestos. La indagación nos remite a los años de la pubertad del varoncito, cuando recibe por primera vez la
noticia más completa de las relaciones sexuales entre sus padres. Al revelarse este secreto, destruyen la autoridad de los
adultos, que resulta inconciliable con el descubrimiento de su quehacer sexual.
El muchacho toma conocimiento de que existen mujeres que ejercen el acto sexual a cambio de una paga, y por eso son
objeto de universal desprecio. Este muchacho, al descubrir la sexualidad entre sus padres sostiene que la diferencia entre la
madre y la prostituta no es tan grande, ya que ambas hacen lo mismo.
Esas comunicaciones de esclarecimiento le han despertado huellas mnémicas de sus impresiones y deseos de la primera
infancia y, a partir de ellas, han vuelto a poner en actividad ciertas mociones anímicas. Cae bajo el complejo de Edipo,
donde empieza a anhelar a su propia madre y a odiar al padre como un competidor que estorba ese desea. El joven no
perdona a su madre y considera como infidelidad que no le haya regalado a él, sino al padre, el comercio sexual. Estas
mociones, cuando no pasan rápido, no tienen otra salida que desfogarse en fantasías que giran alrededor de la actividad
sexual de la madre.
MILLER, J: “Seminario sobre las vías de formación de los síntomas” en Introducción a la clínica lacaniana: los caminos para
la formación del síntoma es el camino simbólico, un sentido reprimido, aparece como enigma; se manifiesta soportado por
un significante cuyo significado está reprimido, no ha sido comunicado al Otro o aceptado por éste. El material significante
del síntoma puede ser tomado en una parte del cuerpo o en el pensamiento.
Para articular el sentido y el goce, Lacan sitúa el fantasma incidiendo en la formación del síntoma, es el resultado de todo un
largo circuito libidinal en el que la pulsión aparece como cadena de significante y el deseo como significado de esta. En la
vinculación del goce a la castración, el circuito pulsional queda articulado al semántico. Esos círculos del Sujeto y del Otro,
son lo que lleva a deducir el goce a partir del sentido. Primero, significante y sentido (alienación) y en un segundo tiempo
hay plus de goce (separación). Luego se anuda, se da el fundamento de toda la perspectiva, se identifica sentido y goce,
pudiendo equipararlos u oponerlos.
Existe la posibilidad de no percibir el sufrimiento del síntoma, lo ha incorporado tan bien a su personalidad que es motivo
de placer. Hay algo desesperado, pues el sujeto tiene vivencia de su síntoma como la cosa más admirable de su
personalidad, es decir una identificación con el síntoma, reabsorbiendo el placer es un modo de gozar de su síntoma antes
que de su fantasma.
Freud: Para que el síntoma se forme es preciso que sea inconsciente, no puede producirse un síntoma mediante procesos
conscientes. A su vez, el síntoma desaparece cuando se hace consciente su sentido, aunque algo se opone a que este
sentido acceda a consciencia. La realidad no es la única que funciona como barrera, también lo es la frustración, donde la
libido regresa y busca una nueva modalidad de satisfacción, adquiriendo las propiedades del sistema inconsciente,
desplazamiento y condensación, metonimia y metáfora.
La problemática del final del análisis pasa por pensar precisamente el análisis como una nueva modalidad de satisfacción y
la manera de ir más allá de ésta. Cuando se dice algo de un síntoma, se miente necesariamente. Se puede decir que lo real
hace mentir al sujeto y, en definitiva que lo real miente.
El síntoma como real: lo simbólicamente real y lo realmente simbólico, de allí su angustia y de allí su mentira. Primero
porque es lo real en tanto que aparece en lo simbólico y lo segundo en tanto que siempre lo simbólico dentro de lo real será
mentira pues lo real está separado de cualquier sentido. Hay algo que miente, y algo que no puede engañar. El síntoma
miente, la angustia no.