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Discurso Ante El Congreso Constituyente de Bolivia

El ensayo examina los debates y conflictos en la Asamblea Constituyente de Bolivia, destacando la lucha por el poder y la falta de un enfoque normativo en la redacción de la nueva Constitución. A pesar de las expectativas de cambio y la representación de demandas indígenas, la Asamblea enfrentó desorganización y tensiones entre diferentes visiones de democracia, resultando en un proceso errático y divisivo. El fracaso de la Asamblea se manifiesta en su incapacidad para unir al país y abordar las diferencias, dejando un legado de soledad y desconfianza entre los bolivianos.

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Discurso Ante El Congreso Constituyente de Bolivia

El ensayo examina los debates y conflictos en la Asamblea Constituyente de Bolivia, destacando la lucha por el poder y la falta de un enfoque normativo en la redacción de la nueva Constitución. A pesar de las expectativas de cambio y la representación de demandas indígenas, la Asamblea enfrentó desorganización y tensiones entre diferentes visiones de democracia, resultando en un proceso errático y divisivo. El fracaso de la Asamblea se manifiesta en su incapacidad para unir al país y abordar las diferencias, dejando un legado de soledad y desconfianza entre los bolivianos.

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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCADION SUPERIOR

Discurso ante el congreso Constituyente de


Bolivia
INTRODUCCIÓN

Este ensayo analiza el desarrollo de los debates específicos para reformar el texto de la
Constitución, específicamente, el conjunto de pugnas en torno al reglamento de debates;
asimismo, presenta un mapeo sobre las esferas de influencia, el posicionamiento de los
principales actores y el surgimiento de diversas disputas y vacilaciones que caracterizaron
al escenario constituyente. La gran mayoría de los asambleístas bolivianos parece haber
entendido a la redacción del texto constitucional como un campo de definiciones políticas
y pugnas históricas con el propósito de hegemonizar espacios de poder y personalizar
ciertos cambios ante sus votantes; sin embargo, fueron muy pocos quienes trataron de
ordenar su actividad creyendo en una Constitución como conjunto normativo para
identificar las directrices nacionales de un país que lograra combinar un control
parlamentario efectivo con un gobierno eficiente y el respeto de derechos, ciudadanías y
libertades. La experiencia política de la Asamblea Constituyente en Bolivia muestra de
qué manera se puede fracasar, al mismo tiempo que se intenta el fortalecimiento de una
democracia participativa
El hecho de pensar en la Asamblea Constituyente boliviana despierta una serie de
sentimientos contradictorios: esperanza para ver las condiciones de un cambio profundo
en el conjunto de las instituciones del Estado y al mismo tiempo, desconfianza e
inseguridad sobre el futuro inmediato: ¿realmente apostamos y confiamos
razonablemente en un evento que prácticamente liberó todos los fantasmas del
subconsciente boliviano? Por lo tanto, evaluar el funcionamiento interno de la Asamblea
trae, inevitablemente, la posibilidad de ocultar los dramáticos errores e
irresponsabilidades que se cometieron, junto con los arranques trágicos para poner a
todos los constituyentes en el banquillo de los acusados, arrojándoles en el rostro la fría
exposición de hechos que los convirtió en un torbellino de mentiras e ignorancia

¿Puede el científico social colocarse como dios fuera de las voluntades y conciencias
humanas con el propósito de juzgar lo acontecido en la historia? ¿Qué significa el estudio
objetivo –si efectivamente existe la objetividad– en el análisis de una realidad política
efervescente y concentradora de tantas pasiones humanas como fue la Asamblea
Constituyente? Este ensayo pretende dar luces y reflexiones políticas desde la teoría de
la democracia, relativizando al mismo tiempo cualquier celebración anticipada o condena
ciega sobre lo que representó la Asamblea como un hecho histórico y como fenómeno
deleznable de intereses ocultos y proyectos de poder.

Las esperanzas colectivas depositadas en la Constituyente boliviana abrieron un


escenario de excesivas quimeras el domingo 6 de agosto de 2006 que, simultáneamente,
se convirtieron en la culminación de una larga búsqueda para responder a las continuas
crisis políticas desde la caída del régimen de Gonzalo Sánchez de Lozada el 17 de
octubre de 2003. La Asamblea significó un intento de respuesta por parte del nuevo
gobierno de Evo Morales a las demandas indígenas que parecían haber encontrado una
expresión política y representatividad sobre la base de un discurso radical que declaraba
el fin del colonialismo interno, así como el comienzo de visiones multiculturales del Estado
boliviano, abriendo oportunidades para encaminar la democracia hacia un conjunto de
aspiraciones que provenían desde las identidades étnicos.

Desencanto con el orden social y político, además de convertirse en materia prima para
postular la utopía política del Estado pluriétnico post-colonial.

En segundo lugar, hubo señales de desorganización operativa y logística porque no


fueron concluidos a tiempo los trabajos de albañilería en el Colegio Junín y el Teatro Gran
Mariscal Sucre, sede principal de la Asamblea, así como apareció una total incógnita
sobre cómo aprobar un reglamento de debates que rija el trabajo de los asambleístas.

En tercer lugar resaltó el posicionamiento tajante del Presidente de la República Evo


Morales, quien establecía que el poder de la Asamblea Constituyente sería absoluto,
incluso por encima de los tres poderes del Estado (3). Morales afirmó también que los
resultados esperados de antemano apuntaban hacia una Constitución fundacional,
originaria y comunitaria, lo cual definía claramente la intención de convertir a su partido, el
Movimiento Al Socialismo (MAS), en una organización de hegemonía única, cuyo principal
instrumento sea una Asamblea que fortalezca la legitimidad del partido de gobierno y
desactive un trabajo ya demasiado debilitado en la oposición política desde las elecciones
presidenciales del 18 de diciembre de 2005. Los postulados en defensa de una Asamblea
fundacional afirmaban también que la sociedad esperaba ansiosa el diseño de un nuevo
modelo estatal, aunque sus características institucionales y alcances democráticos no
tenían propuestas homogéneas.

En cuarto lugar, fue importante observar el surgimiento de expectativas sociales en


relación con la posibilidad de llevar a cabo nuevas experiencias democráticas que,
específicamente, trataban de construir diálogos y desatar nuevos conflictos entre el
modelo cuestionado de democracia representativa y otro tipo de democracia más
participativa. En este sentido fueron transmitidas ciertas esperanzas, ilusiones y temores
a través de los medios de comunicación

Los conflictos a lo largo de los 14 meses de la Asamblea Constituyente expresaron una


preocupante contradicción como resultado no deseado de la democracia rebelde e
inestable emergida desde octubre 2003: gobernabilidad y democracia directa
descansaban sobre la base de principios antagónicos y, por lo tanto, de irremediable
enfrentamiento permanente. En un lado de la medalla, la gobernabilidad requería la
efectiva representación de grupos en proporción a su poder para imponer una agenda y
demandas específicas que se transformen en acciones de gobierno, pues la
gobernabilidad, finalmente, obedece a cómo los grupos más poderosos son capaces de
definir un rumbo específico para el Estado, especialmente en lo que hace a la apropiación
del excedente económico como el gas natural y otros recursos valiosos. Empero, en el
otro lado de la medalla estaba la democracia directa que implica la representación del
máximo número posible de grupos sociales y étnicos, que se sustenta en la tolerancia
para respetar a las minorías políticas y compensar, con criterios de justicia real, a la
mayor parte de sectores marginales como los pobres.

Las disputas en la Asamblea Constituyente mostraron un endeble equilibrio entre la lógica


del poder de los grupos más fuertes, y el respeto a la lógica de igualdad política que exige
la democracia participativa, hoy día imposible de ser obviada . El choque de estas dos
lógicas se mantuvo hasta el final de la Asamblea en diciembre de 2007, momento en el
cual todos los actores constataron que por más esfuerzo realizado, los pactos y la
concertación terminaron siendo superfluos, aunque en las calles los movimientos sociales
indígenas marcaban la señal de un proyecto de poder bajo el liderazgo del MAS, mientras
que en las regiones del oriente, las demandas autonómicas terminaron convirtiendo a la
democracia participativa en la posibilidad de introducir al interior de los debates
constitucionales una descentralización política que colindaba con el federalismo. Las
tensiones entre igualdad, participación y conflictos de poder arrastraron a la Asamblea
hacia varios callejones sin salida.

La Asamblea Constituyente boliviana reveló que no fue del todo un órgano soberano con
la facultad para ejercer actos fundacionales, sino que estuvo limitada, ya sea por la Ley de
Convocatoria o por otros convenios políticos, fruto de las influencias provenientes del
propio Poder Ejecutivo y diversos intereses cívico-regionales. Como podrá verse más
adelante, los apelativos para posicionar los ensueños fundacionales con la Asamblea,
solamente constituyeron interpelaciones ideológicas y simbólicas para marcar la
diferencia entre el régimen de Evo Morales y la vieja estirpe de los demócratas
neoliberales. De cualquier manera, la idea planteada por el MAS desde la campaña
presidencial del año 2005 en términos de instaurar un Estado social comunitario,
confundió a la sociedad y en gran medida desató cierto recelo en relación con un tipo de
orden estatal que mezclaba aspectos socialistas con planteamientos para establecer
instituciones indígenas de organización política. A esto debe agregarse una gama de
imposiciones de carácter internacional, social, histórico y cultural que impedían, o por lo
menos dificultaban, la total remodelación constitucional.

La Asamblea Constituyente en Bolivia mostró los esfuerzos de un país para reencontrarse


consigo mismo. Su trabajo y funcionamiento interno fue errático, inconcluso en muchos
aspectos, plagado de desconfianzas y con un enorme desconocimiento de los problemas
fundamentales que aquejan al país; sin embargo, aún a pesar de haber logrado algunos
resultados frugales, instituyó un logro: el ejercicio de moverse en un péndulo que va
caminando entre la apertura democrática y los desacuerdos, combinación tolerante que
poco a poco cava los surcos para el establecimiento de un derecho a decidir libremente,
incluso a pesar de estar equivocados.

CONCLUSIÓN
El desborde en las aspiraciones constitucionales que inundaron y acosaron a la Asamblea
condujo a ocho problemáticas que causaron serios conflictos en las comisiones,
motivando en todos los casos la presentación de informes aprobados por mayoría y
minoría.

Primero, el Estado plurinacional comunitario de orientación indigenista adoptado por el


MAS y el Pacto de Unidad. Frente a este planteamiento se presentaba la idea de un
Estado constitucional y social de derecho que fomente la democracia liberal
representativa de identidad occidental o iluminista clásica. Sobre todo Podemos
consideraba que el Estado debía proseguir con la consolidación de la Nación boliviana,
reconociendo e incluyendo en la institucionalidad formal del sistema democrático la
interculturalidad como base fundamental de la bolivianidad.

Segundo, el derecho a la vida desde la concepción fue una proposición defendida por
creencias cristianas. En contraposición estaban aquellas asambleístas y grupos de
mujeres que respaldaban criterios más globales como “derecho a la vida simplemente”
tal como indicaba la Constitución de 2004; sin embargo, la discusión produjo el sentir
inevitable de prejuicios sobre el aborto y un conjunto de reivindicaciones feministas que
sugerían mantener muchos derechos ya existentes como en los textos constitucionales
del hemisferio occidental, alejados de los dogmas de fe. El texto final aprobado en Oruro
dejó de lado el postulado de derecho a la vida desde la concepción biológica para un ser
humano pero también reveló cuan conservadoras podían ser las posiciones religiosas,
pues los asambleístas del MAS radicalmente revolucionarios e izquierdistas fomentaron
asimismo diferentes credos tradicionales y demasiado convencionales.

Tercero, las autonomías provinciales, regionales e indígenas propuestas por el MAS,


frente a lo cual se presentaron las reivindicaciones de la media luna para aprobar
únicamente la autonomía departamental. Las negociaciones introdujeron de manera clara
la necesidad de combinar diferentes formas autonómicas; empero las confrontaciones
nacieron cuando políticamente se exigía que la autonomía departamental subordine a las
indígenas o viceversa.

Cuarto, las reformas en materia de seguridad y defensa del Estado. El eje de los
problemas radicaba en los privilegios institucionales que podían tener o perder las
Fuerzas Armadas y la Policía nacional, además, los asambleístas del MAS propugnaban
una descentralización de varios órganos policiales cuando la visión centralista de la
Policía rechazaba cualquier reingeniería organizacional.
Quinto, los órganos de control social. Aquí el Pacto de Unidad introdujo fuertemente la
posibilidad de instaurar un verdadero poder de control con capacidad política de veto y
fortaleza decisoria, integrado por representantes de organizaciones de la sociedad civil,
pueblos indígenas y movimientos sociales; sin embargo, Podemos y los partidos políticos
tradicionales estaban en desacuerdo porque planteaban que cualquier iniciativa de control
de la corrupción descanse en las instituciones vigentes como el Parlamento, la Contraloría
General de la República y los marcos normativos de la Ley SAFCO para el control
gubernamental.

Sexto, la reelección presidencial fue planteada por el Pacto de Unidad en dos periodos
constitucionales consecutivos, mientras que los asambleístas del MAS en la Comisión de
Poder Ejecutivo impulsaban la reelección indefinida. Esto fue totalmente impugnado por el
conjunto de la oposición.

Séptimo, la capitalidad para Sucre, demandada por un Comité Interinstitucional integrado


por el gobierno municipal, el Comité Cívico, la Universidad San Francisco Xavier, la
representación departamental de constituyentes por Chuquisaca y la Prefectura. La
oposición al cambio de sede de gobierno fue liderada por el mismo Presidente Evo
Morales y el Vicepresidente Álvaro García quienes afirmaron que los poderes Ejecutivo y
Legislativo jamás se moverían de La Paz.

Octavo, el proyecto de un parlamento unicameral presentado por el Pacto de Unidad y los


constituyentes del MAS en la Comisión de Poder Legislativo. Todas las fuerzas de
oposición se manifestaron en contra, buscando mantener la composición habitual del
Congreso con dos cámaras: diputados y senadores.

Los tristes resultados de la Asamblea nos recuerdan a un laberinto de la soledad, pues los
constituyentes lograron que como bolivianos nos encerráramos en nosotros mismos,
exacerbando nuestras diferencias y haciendo mucho más profunda la conciencia de todo
lo que nos separa, aísle o bloquee para reencontrarnos. La Asamblea construyó un
páramo que aumentó nuestra soledad donde no pudimos buscar a nuestros compatriotas,
ya sea por temor a contemplarnos en ellos, o por un penoso sentimiento defensivo de
nuestras cobardías (Paz, 1998: 21-32).

El dilema, por ejemplo, entre las concepciones indigenistas y aquellas que reivindicaban
la modernización occidental en el país, mostró que no era tan profundo el debate sobre
discriminación racial y sentimientos de inferioridad, sino nuestra soledad que congeló toda
capacidad de la Asamblea para llevar a cabo algunos cambios. El sentimiento de soledad
que la Constituyente transmitió a Bolivia fue la expresión de un hecho real: somos
distintos, nos sentimos distintos y exageramos en detallar qué nos hace diferentes y en
qué consisten nuestras diferencias sin lograr sanar heridas, avanzar y prometernos
oportunidades efectivas.

La Asamblea fracasó al mostrar que no pudo tender un puente para trasladarse de la


soledad hacia un Nosotros, siendo capaces de pactar en el largo plazo, pues
equivocadamente muchos constituyentes creyeron que todo contacto contaminaba. El
fracaso de la Asamblea, sin embargo, no fue el fracaso del país porque quienes aún
buscamos la esperanza no la olvidamos para seguir insistiendo en su conquista bajo
todos los cielos.

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