COMPRENCION LECTORA
General Motors (GM), que fue el fabricante de automóviles más grande
del mundo durante casi 80 años, se vio obligada a solicitar protección
por quiebra en 2009. Esta decisión fue el resultado de una serie de
factores críticos. La caída en las ventas de automóviles y el aumento de
costos fijos fueron los principales problemas que enfrentó la compañía. A
medida que las ventas disminuían, GM no pudo reducir sus costos, que
incluían elevadas prestaciones por pensiones y servicios médicos para
sus empleados.
En 2005, GM reportó pérdidas de $10,400 millones, lo que llevó a la
empresa a implementar un plan de reorganización. Este plan incluyó el
cierre de más de una docena de plantas y la reducción de decenas de
miles de empleos. A pesar de estos esfuerzos, la compañía no pudo
adaptarse a un mercado cambiante. La inclinación hacia camiones y SUV
de alto consumo se volvió problemática cuando los precios de la
gasolina superaron los $4 por galón, lo que resultó en una caída
significativa de las ventas de esos vehículos.
Para finales de 2008, GM había acumulado pérdidas que superaban los
$18,000 millones. En respuesta, la empresa anunció un plan para reducir
costos en $15,000 millones y obtener $5,000 millones mediante la venta
de activos, como la marca Hummer. Fritz Henderson, presidente de GM,
afirmó que, a pesar de realizar estas reducciones, la situación era
insostenible y necesitaba una reestructuración profunda.