1.- El Desafío de la Golosina: Aprendiendo a Esperar.
-Este clásico experimento enseña la importancia de la paciencia
y el autocontrol.
-Los niños pueden comer una golosina ahora o esperar para
recibir dos.
-Fomenta la habilidad de posponer la gratificación, crucial para
la autodisciplina.
2. Mural de Virtudes: Construyendo la Autoestima.
-Crea un mural con fotos de los niños y tarjetas que destaquen
sus cualidades positivas.
-Refuerza el autoconcepto positivo y promueve un clima de
respeto y aprecio mutuo.
3. El Reto Diario: Cultivando la Perseverancia.
-Establece un desafío diario relacionado con áreas de mejora
observadas en el grupo.
-Puede ser desde resolver un rompecabezas hasta realizar una
tarea colaborativa.
-Incentiva el desarrollo de habilidades sociales y cognitivas,
además de la perseverancia.
4. Juegos de Convivencia: Celebrando la Diversidad
-Organiza juegos que permitan a los niños interactuar y
conocerse mejor.
-Ejemplo: “piedra, papel o tijeras” en parejas.
-Promueve la inclusión y el respeto por la diversidad.
5. Los Cómplices del Aprendizaje: Navegando por las Emociones
-Designa “cómplices” para crear situaciones que despierten
diversas reacciones.
-Discute en grupo las diferentes respuestas emocionales,
fomentando la empatía.
6. Narrativas que Nutren: El Poder de los Cuentos
-Selecciona cuentos que aborden emociones y situaciones
cotidianas.
-Permite que los niños se identifiquen y reflexionen sobre sus
propias experiencias.
-Discute las historias en grupo para profundizar su comprensión
emocional.
7. Tarjetas de Regulación Emocional: Herramientas para el
Bienestar
-Crea tarjetas con estrategias para manejar diferentes
emociones.
-Ejemplo: “Cuando me siento frustrado, puedo pedir ayuda”.
-Sirven como un recurso tangible para que los niños aprendan a
gestionar sus emociones.
8. Comunicación a Color: Expresando Emociones
-Utiliza paletas de colores para que los niños expresen cómo se
sienten.
-Les ayuda a reconocer y nombrar sus emociones, crucial para la
regulación emocional.
Transforma Tu Estilo Docente
9. El Refugio Tranquilo: Creando Espacios de Calma
-Ofrece una “sábana de la calma” donde los niños puedan
retirarse cuando se sientan abrumados.
-Permite experimentar y manejar sus emociones intensas en un
entorno protegido.
10. Reconocimiento Mutuo: Valorando a los Demás
-Realiza ejercicios donde los niños, con los ojos vendados, deben
identificar a sus compañeros.
-Fomenta la cohesión grupal y la valoración de l
Fábula sobre peleas de hermanos para niños
LOS HIJOS DEL LABRADOR -
Los dos hijos de un labrador vivían siempre discutiendo. Se peleaban por
cualquier motivo, como quién iba a manejar el arado, quién sembraría, y así
como todo. Cada vez que había una riña, ellos dejaban de hablarse. La
concordia parecía algo imposible entre los dos. Eran testarudos, orgullosos y
para su padre le suponía una dificultad gestionar esas emociones. Fue
entonces que decidió darles una lección.
Para poner un fin a esta situación, el labrador les llamó y les pidió que se
fueran al bosque y les trajeran un manojo de leña. Los chicos obedecieron a su
padre y una vez en el bosque empezaron a competir para ver quién recogía
más leños. Y otra pelea se armó. Cuando cumplieron la tarea, se fueron hacia
su padre que les dijo:
- Ahora, junten todos las varas, las amarren muy fuerte con una cuerda y
veamos quién es el más fuerte de los dos. Tendrán que romper todas las varas
al mismo tiempo.
Y así lo intentaron los dos chicos. Pero a pesar de todos sus esfuerzos, no lo
consiguieron. Entonces el padre deshizo el haz y les dio las varas una a una;
los hijos las rompieron fácilmente.
- ¡Se dan cuenta! les dijo el padre. Si vosotros permanecen unidos como el haz
de varas, serán invencibles ante la adversidad; pero si están divididos serán
vencidos uno a uno con facilidad. Cuando estamos unidos, somos más fuertes
y resistentes, y nadie podrá hacernos daño.
Y los tres se abrazaron.
Preguntas para la comprensión de texto para niños
1. ¿Cómo eran los hijos del labrador?
2. ¿Por qué crees que ellos se peleaban tanto?
3. ¿Qué hizo el labrador para poner un fin a las peleas de sus hijos?
4. ¿Qué enseñó el labrador a sus hijos?
5. ¿Cómo el labrador consiguió convencer a sus hijos que no deben pelearse
por cualquier cosa?
6. ¿Qué has aprendido con este cuento o fábula?
Más fábulas con moraleja para niños
Carola estaba tumbada en el sillón de casa muy aburrida.
- Mamá, no sé lo que hacer - dijo perezosa.
- Puedes pintar un dibujo y después colorearlo - contestó su madre mientras
planchaba la ropa.
- No quiero, pintar me aburre - dijo Carola.
- Ya sé - dijo su madre. Puedes jugar a las peluqueras y hacer una bonita
trenza a tu muñeca.
- No quiero, eso me aburre también - protestó de nuevo la niña.
- Llama a María, y jugáis a algo - dijo impacientándose de nuevo su madre.
- No quiero; ayer me enfadé con ella - contestó la niña haciendo una mueca.
Su madre la miró preocupada dejando de planchar. Carola se pasaba todo el
día aburrida, protestando y viendo en la televisión
dibujos animados.
- ¿Por qué no sales con la bicicleta al jardín? - dijo su madre intentando animar
a la niña reanudando su tarea.
- No quiero; me aburre montar en bicicleta - dijo estirándose perezosa en el
sofá sin mirarla siquiera.
Su madre estaba cada vez más preocupada por el comportamiento de Carola.
- Mañana iremos a pasar el día al campo y nos bañaremos en el río - dijo.
- No quiero ir al río, me pican los mosquitos y además no sé nadar. - ¡Qué
asco!
- ¡Iremos a pasar el día al campo! - dijo su padre por la noche. ¡Te guste o no!
Y Carola se fue protestando muy enfadada a la cama, sin querer cenar.
Al día siguiente llamaron a Carola que se levantó de la cama protestando de
nuevo.
- ¡Os odio! ¡Siempre me estáis fastidiando! - dijo lloriqueando. - ¡Quiero tener
otros padres! ¿Por qué no me dejáis vivir en paz? Y salió de la habitación
metiendo mucho ruido, sin desayunar.
Pero esta vez sus padres no estaban dispuestos a ceder a sus caprichos y
continuaron hablando entre ellos sin prestar atención a sus palabras.
Durante el trayecto en el coche apenas hablaron. Llegaron a un lugar precioso
donde había una verde pradera, un río de aguas transparentes y una zona de
arboleda. Era el sitio ideal para pasar el día.
Sus padres empezaron a jugar a la pelota y la llamaron:
- ¡Carola, ven a jugar!
Pero la niña se quedó de brazos cruzados mostrando su enfado y pensando
que eran unos padres horribles que no la querían y, con ese pensamiento se
sentó apoyada en el tronco de un árbol y se quedó dormida.
- ¡No quiero ir, me aburro! ¡Es un rollo teneros como padres! Siempre me estáis
obligando a hacer cosas que no quiero. ¡Me quiero ir de esta casa!
entonces ocurrió algo que Carola no esperaba. Su madre dijo:
- Muy bien, si es eso lo que quieres te ayudaré a preparar el equipaje.
Carola siguió a su madre. Extrañada vio cómo abría la puerta de su armario y
descolgó uno de sus vestidos. Lo dobló cuidadosamente y lo metió en una
pequeña maleta; luego metió una chaqueta, calcetines y unos zapatos. Por
último, eligió unas braguitas y una camiseta de interior y cerró la cremallera.
- Ya está - dijo. Y se volvió ofreciéndole con indiferencia la maleta.
- Te pondré un bocadillo por si te da hambre esta noche - habló sin volverse a
mirarla.
- ¡Luis! -llamó al padre - Ven a decir adiós a Carola que se va a buscar unos
padres mejores que nosotros.
Su padre entró en la habitación, la abrazó y acompañándola a la puerta dijo:
- ¡Qué te vaya muy bien cariño!
Entonces Carola empezó a llorar en silencio y, cuando quiso darse cuenta, oyó
un fuerte portazo y se vio en la calle.
- ¡No me quiero ir! - dijo sin disimular su llanto, aporreando la puerta.
- ¡No me quiero ir! - gritaba llorando. - ¡No quiero buscar otros padres!
- ¡Carola, Carola! - decían sus padres zarandeándola nerviosos.
Cuando despertó vio a sus padres que la abrazaban y miraban asustados.
Se dio cuenta que ellos siempre se habían preocupado por ella, que la querían
mucho y se estaba portando muy mal.
Abrazó a los dos todavía llorando y les dijo:
- ¡Os quiero! ¡Quiero jugar a la pelota con vosotros!
Sus padres se miraron contentos. No sabían qué había hecho cambiar a la niña
de comportamiento pero, desde ese día, Carola fue mucho más obediente y no
era caprichosa. Además daba muchos besos a sus padres.
Todo lo cambió una horrible pesadilla.
Ejercicios de comprensión lectora para niños sobre el cuento
Si te ha gustado el cuento, no podéis dejar de hacer los siguientes ejercicios
que te proponemos. Todos ellos te ayudarán a saber si tu hijo ha estado atento
a la lectura y si ha sido capaz de extraer el mensaje general que transmite.
Para ello, os proponemos algunas actividades divertidas que puedes plantearle
a modo de juego.
1. Preguntas y respuestas
En primer lugar, os sugerimos algunas preguntas de comprensión lectora que
tu hijo debe responder a partir de lo que habéis leído en el texto. En caso de
que tenga dudas sobre alguna de las contestaciones, no dudéis en volver al
cuento y releerlo.
¿Cómo se sentía Carola al principio del cuento?
¿Quería ir Carola a bañarse al río con sus padres?
¿Por qué se enfadó Carola con sus padres? ¿Qué les dijo?
¿Cómo termina el cuento?
2. Quién dijo esto
A continuación encontraréis algunos trozos de diálogo del cuento. ¿Seréis
capaces de recordar quién lo ha dicho en el cuento?
No quiero pintar, me aburre mucho.
¿Por qué no sales con la bicicleta al jardín?
¡Quiero tener otros padres!
Si eso es lo que quieres, te ayudaré a hacer el equipaje.
¡Os quiero!
Fábula Las dos cabras, de Esopo
Érase una vez dos cabras que, ansiosas por vivir en libertad, abandonaron sus
respectivos rebaños y bajaron las montañas, por diferentes lados, hasta la orilla
de un río.
Por una extraña coincidencia, las dos cabras se encontraron en lados distintos
del río, separadas por un tronco de árbol que hacía de puente sobre el ancho
del río.
El tronco era demasiado estrecho y solo se podía pasar un animal o persona a
la vez.
Las dos cabras, se miraron, y por lo testarudas y tercas que eran, decidieron
avanzar por el tronco a la vez.
Al cruzar por el tronco, las dos cabras se encontraron frente a frente a la mitad
del tronco. Pero ninguna de las dos quiso ceder el paso a la otra.
Y allí se quedaron horas y horas sin que ninguna retrocediera, hasta que en un
determinado momento, el tronco empezó a romperse debido al peso de las
cabras, y ellas acabaron cayéndose al río.
Moraleja 1: Es más sábio cooperar que ser obstinado.
Moraleja 2: La testarudez y la terquedad son malas compañeras.
Preguntas de comprensión de lectura para los niños:
Tras leer la fábula con tu hijo, ayúdale a comprender el mensaje del texto, con
las siguientes preguntas:
- ¿Por qué las dos cabras decidieron abandonar sus rebaños?
- Al llegaren a la orilla del río, ¿qué hicieron las dos cabras?
- ¿Por qué las dos cabras no pudieron pasar al mismo tiempo por el tronco
para cruzar el río?
- ¿Cómo se podría evitar que las dos cabras se cayesen al río?
- ¿Qué lección podemos aprender de esa historia?
4 Consejos para afrontar la terquedad de los niños
- ¡Mamááááá...! ¡Iván me ha pegado...! - gritó Rebeca entrando en el comedor.
- ¡Ha empezado ella! - gritó su hermano dos años más pequeño, que venía
detrás llorando.
Todos los días la misma historia y sus padres estaban muy cansados con esta
situación.
- ¡Nos vais a obligar a separaros! - les dijeron a los niños.
Cuando llegó el fin de semana, justo cuando salían por la puerta para ir a ver
a los abuelos, sucedió de nuevo:
- ¡Eres tonto, no me tires de las coletas! - gritó Rebeca.
- ¡Ella me ha dado una patada primero! - protestó Iván mirando a su madre;
y se enzarzaron otra vez en una gran pelea.
- ¡No se pega! ¡Os vais a hacer daño! - dijo su padre contundente separando a
los niños.
- ¡Es inaceptable vuestro comportamiento! - dijo esta vez su madre muy
disgustada.
- ¿Qué ha sido esta vez? - les preguntó.
- ¡Iván me ha quitado mi oso! - hipó la niña.
- ¡Nunca me la deja y la mía se rompió! - dijo Iván en su defensa.
- ¿Qué se te ocurre para que tu hermana te deje la peonza? - le dijo su padre.
- Podéis llegar a un acuerdo. Tú le dejas la peonza a Iván y tu hermano te deja
jugar con el cohete que tanto te gusta - prosiguió.
- ¡Pegarse no es la solución! ¿Acaso nosotros os pegamos? - continuó su
padre.
Al volver a casa, sus padres les dijeron que cada uno se metiera en su
habitación para poder recapacitar. A la hora de la cena no hubo patadas ni
tirones de pelo y sus padres los felicitaron. Antes de ir a la cama les recordaron
cómo esperaban que fuera su comportamiento a partir de ese día. Además, los
dos niños prometieron no pegarse más y se pidieron perdón.
Al otro día, a poco de llegar del colegio, cuando los dos se fueron a sentar en el
mismo lado del sillón para ver su programa favorito en la televisión, Rebeca
pegó un empujón a Iván. De repente, la niña se acordó de su promesa y dejó
hueco a su hermano pequeño. Su madre se puso tan contenta que pidió una
pizza para cenar.
La mañana del sábado, cuando Rebeca sacó la videoconsola, ofreció a Iván
jugar una partida cada uno, y ese momento tan conflictivo otros días, se
convirtió en un momento de diversión para los hermanos. Ese fin de semana
toda la familia disfrutó contenta de una tarde de cine.
Poco a poco, aunque de vez en cuando peleaban, aprendieron a controlarse y
a llegar a acuerdos entre ellos, y eso hizo muy felices a sus padres. Por fin
habían entendido que, cuando estaban en desacuerdo, había diferentes
maneras de encontrar soluciones y, ¡pegarse no era una de ellas!
Ejercicios de comprensión lectora y otros juegos a partir del
cuento
- ¿Qué hubieras hecho tú...?
Con la siguiente actividad queremos que los niños reflexionen para que
comprendan que pegarse no es la solución a los problemas que puedan
encontrarse. Para ello, te proponemos que charles con tu hijo siguiendo las
siguientes preguntas. Es un juego que, además, ayuda a que los pequeños
trabajen la empatía.
¿Por qué crees que Iván y Rebeca se pelean tanto?
¿Te peleas tú con tus hermanos? ¿Por qué?
¿Está bien pegarse? ¿Por qué?
¿Qué hubieras hecho tú si fueras los padres de estos niños?
¿Qué significa 'llegar a un acuerdo' para evitar las peleas?
cuento sobre los berrinches infantiles
Había un niño que tenía muy, pero que muy mal carácter. Un día, su padre le
dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que perdiera la calma, que él
clavase un clavo en la cerca de detrás de la casa.
El primer día, el niño clavó 37 clavos en la cerca. Al día siguiente, menos, y así
con los días posteriores. Él niño se iba dando cuenta que era más
fácil controlar su genio y su mal carácter, que clavar los clavos en la cerca.
Finalmente llegó el día en que el niño no perdió la calma ni una sola vez y se lo
dijo a su padre que no tenía que clavar ni un clavo en la cerca. Él había
conseguido, por fin, controlar su mal temperamento.
Su padre, muy contento y satisfecho, sugirió entonces a su hijo que por cada
día que controlase su carácter, sacase un clavo de la cerca.
Los días se pasaron y el niño pudo finalmente decir a su padre que ya había
sacado todos los clavos de la cerca. Entonces el padre llevó a su hijo, de la
mano, hasta la cerca de detrás de la casa y le dijo:
- Mira, hijo, has trabajo duro para clavar y quitar los clavos de esta cerca,
pero fíjate en todos los agujeros que quedaron en la cerca. ¡Jamás será la
misma!
Lo que quiero decir es que cuando dices o haces cosas con mal genio, enfado
y mal carácter, dejas una cicatriz, como estos agujeros en la cerca. Ya no
importa tanto que pidas perdón. La herida estará siempre allí. Y una herida
física es igual que una herida verbal.
Los amigos, así como los padres y toda la familia, son verdaderas joyas a
quienes hay que valorar. Ellos te sonríen y te animan a mejorar. Te escuchan,
comparten una palabra de aliento y siempre tienen su corazón abierto para
recibirte.
Las palabras de su padre, así como la experiencia vivida con los clavos,
hicieron que el niño reflexionase sobre las consecuencias de su carácter. Y
colorín colorado, este cuento se ha acabado.
1. Preguntas compresión lectora
- ¿Cómo era el niño del cuento? ¿Qué problema tenía?
- ¿Qué le pidió su pare que hiciera cada vez que estuviera enfadado?
- ¿Qué tuvo que hacer el niño cuando al fin consiguió controlar su carácter?
- ¿Cómo quedó la madera donde estaban los clavos?
Cuento sobre la paz para niños: Las flechas del guerrero
De todos los guerreros al servicio del malvado Morlán, Jero era el más fiero, y
el más cruel. Sus ojos descubrían hasta los enemigos más cautos, y su arco y
sus flechas se encargaban de ejecutarlos.
Cierto día, saqueando un gran palacio, el guerrero encontró unas flechas
rápidas y brillantes que habían pertenecido a la princesa del lugar, y no dudó
en guardarlas para alguna ocasión especial.
En cuanto aquellas flechas se unieron al resto de armas de Jero, y conocieron
su terrible crueldad, protestaron y se lamentaron amargamente. Ellas,
acostumbradas a los juegos de la princesa, no estaban dispuestas a matar a
nadie.
¡No hay nada que hacer! - dijeron las demás flechas -. Os tocará asesinar a
algún pobre viajero, herir de muerte a un caballo o cualquier otra cosa, pero ni
soñéis con volver a vuestra antigua vida...
Algo se nos ocurrirá- respondieron las recién llegadas.
Pero el arquero jamás se separaba de su arco y sus flechas, y éstas pudieron
conocer de cerca la terrorífica vida de Jero. Tanto viajaron a su lado, que
descubrieron la tristeza y la desgana en los ojos del guerrero, hasta
comprender que aquel despiadado luchador jamás había visto otra cosa.
Pasado el tiempo, el arquero recibió la misión de acabar con la hija del rey, y
Jero pensó que aquella ocasión bien merecía gastar una de sus flechas. Se
preparó como siempre: oculto entre las matas, sus ojos fijos en la víctima, el
arco tenso, la flecha a punto, esperar el momento justo y .. ¡soltar!
Pero la flecha no atravesó el corazón de la bella joven. En su lugar, hizo un
extraño, lento y majestuoso vuelo, y fue a clavarse junto a unos lirios de
increíble belleza. Jero, extrañado, se acercó y recogió la atontada flecha. Pero
al hacerlo, no pudo dejar de ver la delicadísima y bella flor, y sintió que nunca
antes había visto nada tan hermoso...
Unos minutos después, volvía a mirar a su víctima, a cargar una nueva flecha y
a tensar el arco. Pero nuevamente erró el tiro, y tras otro extraño vuelo, la
flecha brillante fue a parar a un árbol, justo en un punto desde el que Jero pudo
escuchar los más frescos y alegres cantos de un grupo de pajarillos...
Y así, una tras otra, las brillantes flechas fallaron sus tiros para ir mostrando al
guerrero los pequeños detalles que llenan de belleza el mundo. Flecha a
flecha, sus ojos y su mente de cazador se fueron transformando, hasta que la
última flecha fue a parar a sólo unos metros de distancia de la joven, desde
donde Jero pudo observar su belleza, la misma que él mismo estaba a punto
de destruir.
Entonces el guerrero despertó de su pesadilla de muerte y destrucción,
deseoso de cambiarla por un sueño de belleza y armonía. Y después de
acabar con las maldades de Morlán, abandonó para siempre su vida de
asesino y dedicó todo su esfuerzo a proteger la vida y todo cuanto merece la
pena.
Sólo conservó el arco y sus flechas brillantes, las que siempre sabían mostrarle
el mejor lugar al que dirigir la vista.
Fábulas de la Fontaine para niños. Los dos gallos
En
un
gallinero vivían dos gallos, que nunca tuvieron un conflicto, compartían el lugar
en paz y en armonía. Un cierto día el granjero, trajo al corral una gallina
hermosa y altanera, de la cual se enamoraron los gallos a primera vista. Así
que pasaron de ser amigos, a ser rivales, a competir por el amor de la bella
gallinita.
Decidieron enfrentarse en combate, y el vencedor se haría acreedor del amor
de la dama. Pelearon largo rato, hasta que el más fuerte, se fue del brazo de la
gallina y el otro se retiró a los fondos del corral a llorar su pena.
El vencedor, se subió al tejado para hacer alarde de su triunfo y comenzó a
gritar para que los vecinos se enteraran de ello. Con tan mala suerte que un
buitre lo escucho, y sin dudarlo se abalanzo sobre él, terminando con su vida y
su soberbia.
Moraleja: Es preciso ser modesto cuando se gana una acción.
Si conoces alguna otra fábula para niños y quieres compartirla con nosotros y
los demás padres, estaremos encantados de recibirla.