¡Hola!
Aquí tienes un cuento largo sobre el fin del mundo:
El cielo, antes azul y lleno de promesas, ahora era un lienzo grisáceo
salpicado de nubes tóxicas. El sol, un recuerdo lejano, se había
ocultado tras una cortina de polvo y ceniza, dejando al mundo sumido
en una penumbra perpetua. Era el año 2077, y la Tierra, otrora un
paraíso exuberante, se había convertido en un páramo desolado.
La Gran Guerra, como la llamaron los pocos supervivientes, había
devastado el planeta. Las bombas atómicas habían reducido ciudades
enteras a escombros humeantes, y la radiación había contaminado la
tierra y el agua. La humanidad, en su afán por el poder y la
dominación, había cavado su propia tumba.
En medio de este caos, existían pequeños focos de resistencia.
Comunidades aisladas que luchaban por sobrevivir en un mundo
hostil. Una de estas comunidades se encontraba en lo que antes
había sido la ciudad de México. Un grupo de personas lideradas por
una anciana sabia llamada Elena, que recordaba los tiempos en que
el agua era cristalina y los árboles florecían.
Elena había reunido a un grupo diverso de personas: jóvenes
idealistas, ancianos sabios, ingenieros ingeniosos y guerreros
valientes. Juntos, habían construido un refugio subterráneo, un búnker
fortificado donde cultivaban alimentos, purificaban agua y mantenían
viva la esperanza.
Un día, un joven llamado Mateo, uno de los exploradores de la
comunidad, regresó con noticias alarmantes. Había descubierto un
grupo de saqueadores, una banda de criminales despiadados que se
dedicaban a robar y matar a los supervivientes. Los saqueadores se
dirigían hacia su refugio, y no tardarían en llegar.
Elena reunió a la comunidad y les explicó la situación. Sabían que no
podían enfrentarse a los saqueadores en una batalla campal. Estaban
superados en número y en armamento. Pero Elena tenía un plan.
Utilizarían su ingenio y su conocimiento del terreno para tender una
trampa a los saqueadores.
Durante días, trabajaron sin descanso. Cavaron fosos, construyeron
barricadas y prepararon trampas explosivas. Cuando los saqueadores
llegaron, se encontraron con un pueblo fantasma. No había señales
de vida, solo silencio y desolación.
Los saqueadores, confiados en su superioridad, se adentraron en el
pueblo. Fue entonces cuando la trampa se activó. Las barricadas se
derrumbaron, los fosos se abrieron y las trampas explosivas
detonaron. Los saqueadores, sorprendidos y desorientados, cayeron
en la trampa.
Se produjo una batalla feroz. Los supervivientes, armados con lo que
pudieron encontrar, lucharon con valentía. Elena, a pesar de su edad,
lideró la defensa con coraje y determinación. Mateo, con su habilidad
para el combate, se convirtió en un guerrero implacable.
Después de horas de lucha, los saqueadores fueron derrotados.
Algunos murieron, otros huyeron, y los pocos que quedaron fueron
capturados. La comunidad había sobrevivido. Pero la victoria tuvo un
precio. Muchos habían perdido la vida, y el refugio había sufrido
graves daños.
Elena, con el corazón apesadumbrado, reunió a los supervivientes.
Les recordó que la lucha no había terminado. Que debían seguir
adelante, reconstruir su comunidad y mantener viva la esperanza. Les
habló de un futuro mejor, un futuro en el que la Tierra volvería a
florecer y la humanidad aprendería de sus errores.
Y así, en medio de la desolación, la comunidad de Elena continuó
luchando por la supervivencia. Con cada día que pasaba, se hacían
más fuertes y más resilientes. Sabían que el camino sería largo y
difícil, pero estaban decididos a no rendirse. Porque sabían que,
mientras hubiera esperanza, siempre habría una posibilidad de un
nuevo comienzo.