Adulto mayor
El adulto mayor se refiere a personas de 65 años o más. Esta etapa de la vida se caracteriza por diversos cambios
físicos, psicológicos y sociales que influyen en la calidad de vida y el bienestar general.
Según Erikson, el adulto mayor se encuentra en la última etapa del desarrollo humano, que denomina "integridad
del yo versus desesperación". En esta etapa, las personas reflexionan sobre su vida y buscan un sentido de
integridad y satisfacción, o enfrentan sentimientos de desesperación y arrepentimiento.
La adultez mayor abarca desde los 60-65 años en adelante y se caracteriza por cambios físicos significativos,
como la disminución de la capacidad sensorial y la movilidad, así como por una mayor prevalencia de
enfermedades crónicas.
Cambios biológicos
Pérdida de Masa Muscular: A medida que se envejece, es común la disminución de masa y fuerza muscular, lo
que puede afectar la movilidad y la independencia.
Disminución de la Función Cardiovascular: El corazón y los vasos sanguíneos pueden volverse menos
eficientes, lo que puede resultar en una menor capacidad para el ejercicio y una mayor susceptibilidad a
enfermedades cardíacas.
Cambios en el Sistema Nervioso: La velocidad de transmisión nerviosa puede disminuir, lo que afecta la
coordinación y los reflejos. También puede haber una disminución en la memoria y las funciones cognitivas.
Alteraciones Sensoriales: La vista y el oído suelen deteriorarse, lo que puede afectar la calidad de vida y la
capacidad de interactuar con el entorno.
Metabolismo y Digestión: El metabolismo se ralentiza, lo que puede llevar a problemas digestivos y cambios en
el peso corporal.
Reducción del volumen cerebral: Puede haber una disminución en el tamaño del cerebro, lo que puede afectar
la memoria y otras funciones cognitivas.
Alteraciones en la tolerancia a la glucosa: Puede haber una mayor resistencia a la insulina, aumentando el
riesgo de diabetes tipo 2.
Inmunosenescencia: El sistema inmunológico se debilita, lo que reduce la capacidad para combatir infecciones
y aumenta la susceptibilidad a enfermedades.
Menor producción de hormonas: La producción de hormonas como la testosterona en hombres y el estrógeno
en mujeres disminuye, lo que puede afectar la energía, el metabolismo y la libido.
Enfermedades crónico-degenerativas
El alzheimer se integra dentro de las patologías cognitivas. En definitiva, se trata de un deterioro cognitivo que
sufre la persona y que su máxima expresión es la pérdida de memoria progresiva. Al igual que el cuerpo, el
cerebro también envejece y las células nerviosas se van debilitando.
El ictus (enfermedad cerebro vascular) es, sin duda, una de las enfermedades más habituales en ancianos. Su
origen reside en la obstrucción o rotura de algún vaso sanguíneo encargado de llevar sangre al cerebro. Se reduce
así el flujo de sangre al cerebro y las células nerviosas dejan de funcionar.
Hipertensión Es habitual que las personas mayores tengan la tensión arterial alta. Para cuidar estos índices es
necesario llevar una dieta alimenticia y realizar actividad física.
El Parkinson es otra de esas enfermedades que más sufren las personas mayores. En parte porque afecta
directamente al sistema neurológico. Es una pérdida de neuronas progresivas. Al afectar al sistema nervioso
genera temblores en la persona, movilidad reducida, y alteración del equilibrio.
La diabetes trata de una enfermedad que se presenta cuando el nivel de glucosa (azúcar) en la sangre es
demasiado alto, debido a que el páncreas no produce o el organismo no utiliza de manera adecuada la insulina, la
hormona encargada de que la glucosa de los alimentos ingrese en las células para suministrarles energía.
Enfermedades Cardiovasculares: Incluyen afecciones como la hipertensión, la enfermedad coronaria y la
insuficiencia cardíaca. Pueden causar ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares y otros problemas serios.