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MONOGRAFIA

La monografía de Luz Maira Mallma Monge explora la filosofía presocrática, destacando su transición de explicaciones míticas a racionales sobre el cosmos. Se clasifica a los presocráticos en tradiciones como la científica jónica y la mística, mencionando figuras clave como Tales de Mileto y Anaximandro. El trabajo resalta la importancia de estos pensadores en la formación del pensamiento filosófico occidental y su búsqueda de un principio constitutivo del universo.
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La monografía de Luz Maira Mallma Monge explora la filosofía presocrática, destacando su transición de explicaciones míticas a racionales sobre el cosmos. Se clasifica a los presocráticos en tradiciones como la científica jónica y la mística, mencionando figuras clave como Tales de Mileto y Anaximandro. El trabajo resalta la importancia de estos pensadores en la formación del pensamiento filosófico occidental y su búsqueda de un principio constitutivo del universo.
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UNIVERSIDAD PARA EL DESARROLLO ANDINO

ESCUELA PROFESIONAL DE EDUCACIÓN INICIAL Y

BILINGÜE

MONOGRAFÍA

LOS PRESOCRATICOS

ALUMNA:
Luz Maira Mallma Monge

DOCENTE:

Jhony Bartolo Arche

LIRCAY -AGOSTO - 2020


II

Esta monografía fue un proceso de aprendizaje


y experimentación personal, que necesito de la
paciencia de mucha gente para llegar a buen
término. Por esto, agradezco mucho a Dios y a mi
familia por el tiempo y el apoyo. Gracias
III

INDICE

1. INTRODUCCIÓN ………………………………………………………………....4
2. LOS PRESOCRÁTICOS………………………………………………………..….5
3. CLASIFICACIÓN DE LOS PRESOCRATICOS………………………………….6
3.1.TRADICIÓN CIENTÍFICA JÓNICA………………………………………….6
3.1.1. TALES DE MILETO……………………..………………………...7

3.1.2. ANAXIMANDRO………………………………………..………...9
3.1.3. ANAXIMENES………………………………………………..…..11
3.1.4. HERÁCLITO……………………...……………………………….14
3.2.TRADICIÓN MÍSTICA DE ITALIA MERIDIONAL…………….………….15

3.2.1. PITÁGORAS………………………………………...…………….16

3.2.2. PARMÉNIDES………………………………………………...…..17

3.3. LOS ÚLTIMOS PRESOCRÁTICOS …………………………………………18

4. CONCLUCION……………………………...…………………………………………19

5. BIBLIOGRAFIA……………...………………………………………………………..20

6. ANEXOS……………………………………………………………………………….21
4

INTRODUCCION

La sociedad pre filosófica griega se caracteriza por ser una sociedad agrícola y guerrera,

con dos clases bien diferenciadas: la nobleza y el pueblo. Para el paso a la etapa filosófica

posterior cobrará una importancia definitiva el auge del comercio: aparece la moneda, y los

viajes traen consigo nuevos conocimientos técnicos y geográficos. Ello lleva a que la

interpretación del universo y de la convivencia humana se asienten sobre bases distintas

(racionales), con una crítica a la sabiduría “popular” y a las explicaciones míticas. El mito es

el conjunto de narraciones y doctrinas tradicionales de los poetas acerca del mundo, de los

hombres y de los dioses, ofreciendo una explicación “total”. Como a partir de esta explicación

los fenómenos naturales son imprevisibles y arbitrarios se hace imposible la ciencia. La

filosofía recogerá esta idea de “necesidad”, pero despojándola de su carácter ilógico e

inescrutable y afirmando la exigencia de la racionalidad de lo real. La explicación filosófica, a

partir del logos, se caracteriza por acabar con la idea de arbitrariedad, y relacionándola con la

idea de permanencia o constancia, a la que los griegos denominaron eidos (esencia): lo que

una cosa es a pesar de los cambios posibles de apariencia o estado. Con ello queda definida la

diferenciación entre lo permanente y lo cambiante de la naturaleza, la diferenciación entre

esencia y apariencia. Conocer las cosas será, pues, conocer lo que verdaderamente son, lo que

tienen de común y permanente: conocer la esencia. A esta diferenciación corresponde también

la dualidad en el campo del conocimiento entre la Razón y los Sentidos.


5

LOS PRESOCRÁTICOS

El nombre de presocráticos hace referencia a todos aquellos pensadores que ejercieron su

labor filosófica antes de Sócrates (desde el año 624 a. C. hasta el siglo V a. C.)

La denominación es convencional porque muchos de los presocráticos eminentes obraron

después de la vida de Sócrates. El elemento no convencional de la denominación consiste

únicamente en que los presocráticos aún no planteaban la cuestión de la finalidad y el destino

de cada hombre ni de la relación del pensamiento con el ser y sólo se limitaban a formular la

doctrina de la naturaleza, el Cosmos y la realidad sensorialmente palmaria y objetiva. Todas

estas cuestiones se resolvían precisamente desde el punto de vista del Cosmos sensorial,

consistente en la rotación eterna de los elementos. Los presocráticos

son Tales, Anaximandro, Anaxímenes, Heráclito, Diógenes de Apolonia (siglos 5-4

a.n.e.), Jenófanes, Pitágoras, Parménides y sus discípulos de

Elea, Empédocles, Anaxágoras, Leucipo y Demócrito. El objeto fundamental del filosofar de

los presocráticos –el Cosmos– se concebía como compuesto de elementos sensitivos

habituales: tierra, agua, aire, fuego y éter, los cuales se transforman mutuamente unos en otros

debido a la condensación y al enrarecimiento. Toda la filosofía de la naturaleza de los

presocráticos se caracteriza por la dialéctica de los elementos, expresada con particular realce

en las obras de Demócrito y Heráclito. Los elementos sensoriales estaban presididos por un

principio organizador pero puramente material (logos en Heráclito; amor y enemistad en

Empédocles; átomos eternamente movibles en los atomistas, &c.). Los clásicos del marxismo-

leninismo valoraron altamente el materialismo espontáneo de los presocráticos, basado en la

lucha contra la mitología.

Estos pensadores griegos, que no se denominaban a sí mismos filósofos (a excepción de

Pitágoras) y que eran considerados magos, sabios, médicos, físicos, etc. Con ellos se inaugura

la filosofía como paradigma racional autónomo y original, es decir ocupan ese punto de
6

bifurcación en el que se abrió paso a un nuevo camino, el logos, la razón, que termino

desalojando la religión, el rito, el mito.

CLASIFICACIÓN DE LOS PRESOCRATICOS

Mientras que los primeros filósofos pueden ser considerados monistas puesto que buscaron

el arjé un solo elemento (excepto los pitagóricos claramente dualistas), los que siguieron son

considerados pluralistas dado que ya no buscarían un solo elemento (que al transformarse da

lugar a todo) sino una multiplicidad de éstos que al combinarse entre sí dan origen a

un universo múltiple y móvil.

Otra forma de clasificación, sería la siguiente:

TRADICIÓN CIENTÍFICA JÓNICA (Tales, Anaximandro, Anaxímenes y Heráclito).

La tradición científica jónica fue generadora de los primeros físicos de la historia de la

ciencia. En efecto, el interés primordial de estos pensadores fue la naturaleza. Es probable que

el elemento inspirador sean los logros científicos de la ciencia egipcia y mesopotámica.

Por primera vez, se sustituyen las representaciones antropomórficas de los mitos por

elementos naturales y se elaboran cosmogonías de perfil científico-filosófico.

Es posible que el movimiento jónico haya encontrado oposición en los sectores

aristocráticos. En efecto, mientras que la tradición suponía conservar una visión mitológica

del mundo (la aristocracia ostentaba en sus árboles genealógicos descender de los mismísimos

dioses), la mirada de los pensadores jónicos, por el contrario, estaba más cerca de buscar

explicaciones mucho más mundanas, por lo que, podría incluso considerarse el renacimiento

jónico como un movimiento de cultura popular. Pruebas de esta interpretación pueden hallarse

en las consecuencias políticas de la difusión de ciertas ideas: por ejemplo, Anaxágoras sería

expulsado de Atenas.
7

TALES DE MILETO

(Mileto, actual Turquía, 624 a.C. - 548 a.C.) Filósofo y matemático griego. Iniciador de la

escuela de Mileto, la primera de las escuelas filosóficas de la antigua Grecia, es considerado

el primer filósofo por su aspiración a establecer una explicación racional de los fenómenos de

la naturaleza, trascendiendo el tradicional enfoque mitológico que había caracterizado la

cultura griega arcaica. Tales fue el primero que sostuvo la existencia de un arjé, es decir, de

un principio constitutivo y originario común a todas las cosas, que identificó con el agua;

inauguró con ello un tema recurrente en la filosofía presocrática y de vastas implicaciones en

la tradición filosófica occidental.

La rica y próspera ciudad griega de Mileto, en la costa de la actual Turquía, fue la cuna del

pensamiento occidental; en ella se desarrolló, a lo largo del siglo VI antes de Cristo, la

actividad de los filósofos milesios, es decir, originarios de Mileto: Tales, Anaximandro y

Anaxímenes. El paso del mito al logos, a la razón, señala el comienzo de la filosofía. Y los

filósofos milesios fueron, en efecto, los primeros en prescindir de las explicaciones

mitológicas y religiosas de los fenómenos (los rayos son producto de la cólera de Zeus, la

peste es un castigo de los dioses) y en dar respuestas racionales a las cuestiones. No por ello

debemos percibir a los milesios como filósofos en el sentido moderno del término, sino más

bien como sabios interdisciplinares, interesados en lo que actualmente serían campos diversos

de la filosofía, la ciencia o la técnica, como la astronomía, las matemáticas o la ingeniería.

La cuestión filosófica que más ocupó a los pensadores de Mileto fue la del arjé (o arché),

palabra que puede traducirse como «principio» en su doble sentido: como principio

constitutivo (aquello de que están hechas las cosas) y como principio originario (aquello de lo

que proceden todas las cosas). Es obvio que la fisis, la naturaleza o universo físico, es un

conjunto de seres de muy diversa índole; pese a ello, Tales y los filósofos milesios supusieron

que existía un principio constitutivo único, una sustancia común a toda esta multiplicidad de
8

seres. Pero a la hora de determinar cuál podía ser este primer principio, cada uno de los

pensadores de la escuela milesia dio una respuesta distinta: para Tales de Mileto el arjé es el

agua; para Anaximandro, el ápeiron, lo indefinido; para Anaxímenes, el aire.

La disparidad y lo que hoy nos parece escasa fundamentación de las respuestas no puede

socavar la trascendencia de estas aportaciones en la medida en que suponen el inicio de una

actitud racional, es decir, filosófica. En este sentido, Tales representa el primer intento de dar

una explicación razonada del universo, introduciendo una hipótesis que permitía explicar su

origen y su composición y dar cuenta de la múltiple variedad de seres y fenómenos. Es

imposible reconstruir su pensamiento con precisión, porque, aunque se le atribuyen algunas

obras, no nos han llegado ni siquiera fragmentos de ellas, ni tampoco es seguro que escribiera

alguna; sólo disponemos de los breves resúmenes y comentarios a su filosofía trazados por

autores posteriores.

El genio griego se inclinaba a la observación y a la especulación (no así a la

experimentación, base de la ciencia moderna que se inicia en Galileo), por lo que cabe la

posibilidad de que Tales partiera de la observación de las transformaciones que la materia

puede experimentar: el tronco arde y se convierte en cenizas, el mosto de uva fermenta y

deviene vino, de ciertas rocas extraemos metales, los seres vivos se descomponen al morir.

Tal observación pudo conducirle a suponer que cualquier sustancia puede transformarse en

otra, y que ello era posible porque todas las sustancias eran simplemente aspectos diversos de

una misma materia; es decir, todas procedían y estaban formadas por un principio común,

el arjé.

Quedaba entonces determinar cuál era entonces ese principio constitutivo. Para Tales de

Mileto, el arjé es el agua: todo nace del agua, la cual es el elemento básico del que están

hechas todas las cosas. Aunque tampoco conocemos con certeza las razones que le llevaron a

establecer el agua como arjé, sus comentaristas coinciden en aventurar algunas. El agua es la
9

materia que se encuentra en mayor cantidad, rodea la tierra y corre a través de los continentes;

impregna la atmósfera en forma de vapor, que es aire, nubes y éter, y del agua se forman los

cuerpos sólidos al condensarse; por carecer de determinaciones (estado, forma, color, olor), es

apta para determinarse. El agua, por otra parte, es condición necesaria de lo vivo: hace

germinar las semillas y es imprescindible para las plantas y los animales, hasta el punto de

que la vida no es posible sin ella. La Tierra, para Tales, era un disco plano que flota en un

océano infinito, cubierto por la semiesfera celeste.

ANAXIMANDRO

(Mileto, hoy desaparecida, actual Turquía, 610 a.C. - id., 545 a.C.) Filósofo, geómetra y

astrónomo griego. Como los restantes filósofos de Mileto, ciudad griega en que surgió la

primera escuela filosófica de la historia del pensamiento occidental, Anaximandro de Mileto

supuso la existencia de un arjé o principio constitutivo y originario común a todos los seres de

la naturaleza. Pero a diferencia de sus compañeros de escuela, que identificaron el arjé con

una sustancia física (el agua en Tales de Mileto, el aire en Anaxímenes), Anaximandro

estableció como primer principio el ápeiron, término que puede traducirse como «lo

indeterminado» o «lo indefinido».

Discípulo de Tales de Mileto, Anaximandro fue miembro de la escuela de Mileto, y

sucedió a Tales en la dirección de la misma. Según parece, también fue un activo ciudadano

de Mileto, y condujo una expedición a Apolonia (Mar Negro). Como político desempeñó

cargos importantes y le fue confiada la misión de limitar la natalidad en Apolonia, una de las

muchas colonias que debían resolver el problema de la superpoblación de las ciudades


10

jónicas. Sus conciudadanos le erigieron, en reconocimiento a sus méritos políticos, una

estatua que recientemente ha sido descubierta en las excavaciones de Mileto.

Anaximandro se dedicó a múltiples investigaciones. A su nombre ha quedado unida la

confección del primer mapa de la Tierra, elaborado a partir de los mapas y noticias de los

mercaderes griegos, que sería perfeccionado más tarde por Hecateo y del cual se

sirvió Herodoto. Anaximandro imaginaba la Tierra como un cilindro inmóvil, contra la

opinión general que la consideraba aplastada. También se le atribuyen otros trabajos, como la

fijación de los equinoccios y los solsticios y el cálculo de las distancias y los tamaños de las

estrellas, así como la elaboración de un reloj de sol y de una esfera celeste, entre otras

aportaciones.

No menos asombrosas son las elucubraciones de Anaximandro sobre el origen de los seres

vivos y del hombre. Todos proceden del fenómeno húmedo (la tierra en un principio era

líquida, y por el proceso de disociación, lo húmedo dio lugar a lo viviente). El hombre tuvo

como primeros antepasados a los peces y luego a otros animales primitivos. Con razón, por lo

tanto, podría ser considerado como el primer cosmólogo y como el antecesor (aunque sin

ningún apoyo en evidencias científicas) de la moderna teoría de la evolución.

La filosofía de Anaximandro

Anaximandro de Mileto fue también el primer pensador griego que puso en prosa sus

reflexiones filosóficas. Su tratado Sobre la naturaleza debió ser una de las más notables

tentativas de sistematización de lo real anterior a Aristóteles; sólo ha llegado hasta nosotros

un fragmento, pero algunas noticias de Aristóteles y de Simplicio permiten reconstruir, al

menos en parte, la doctrina del autor.


11

En su filosofía, Anaximandro coincide con Tales de Mileto en defender que existe un solo

principio básico (arjé o arché) como generador de todas las cosas, al que Anaximandro

llamó ápeiron (lo indefinido o indeterminado): una sustancia indeterminada, ilimitada e

infinita, que es a la par eterna. Sólo el ápeiron es incorruptible e imperecedero. Todos los

seres del universo se derivan de él y están sujetos a nacimiento y desaparición por la fuerza de

los contrarios presentes en ellos: caliente y frío, húmedo y seco, etc.

En su intento de determinar el principio primero, Anaximandro sigue la constante de los

demás filósofos milesios, pero es preciso subrayar que en lugar de hallar este principio en una

naturaleza finita (el agua, según Tales, o el aire, según Anaxímenes), Anaximandro lo ve en

algo (el ápeiron) que no es percibido por la experiencia, sino que ha de postularse como causa

permanente y trascendente del acontecer del mundo empírico; algo indefinible en el espacio y

en el tiempo que es causa y principio de las cosas perecederas y definidas, las cuales están

destinadas a disolverse de nuevo en el ápeiron. La novedad de Anaximandro, en cuya

doctrina quedan, sin embargo, muchos detalles oscuros, consiste en haber buscado el principio

infinito de las cosas finitas fuera de las materias que son objeto de nuestra experiencia.

Las investigaciones y reflexiones sobre el arjé o primer principio seguirían ocupando en

mayor o menor medida a las distintas escuelas y filósofos posteriores, desde la escuela

de Pitágoras hasta Parménides y Heráclito, y conducirían al eclecticismo pluralista

de Empédocles y Anaxágoras y al atomismo de Leucipo y Demócrito. De este modo, la

problemática inaugurada por la escuela de Mileto se convirtió en un tema recurrente de la

filosofía griega, especialmente a lo largo del llamado periodo cosmológico, es decir, del

anterior a Sócrates, en quien se sitúa el inicio del periodo antropológico.


12

ANAXIMENES

(Mileto, h. 588 a.C. - ?, h. 534 a.C.) Filósofo griego, último representante, después de

Tales y Anaximandro, de la escuela milesia. En Occidente, el surgimiento de la filosofía tuvo

lugar en la ciudad griega de Mileto, situada en la costa de la actual Turquía; de ahí la

denominación de filósofos milesios o de la escuela de Mileto que reciben los pensadores que,

a lo largo del siglo VI a.C., abandonaron los tradicionales enfoques religiosos y mitológicos e

intentaron dar respuestas racionales a las cuestiones, adoptando así por primera vez la actitud

que reconocemos como propia de la filosofía.

Discípulo de Anaximandro, se desconocen la mayor parte de los detalles de la biografía de

Anaxímenes de Mileto y de sus actividades. El historiador Apolodoro de Atenas afirma que

vivió hacia la época de la toma de Sardes y murió antes de que la ciudad de Mileto fuera

destruida. Al parecer, Anaxímenes llevó a cabo diversas investigaciones astronómicas y

meteorológicas y, según Diógenes Laercio, escribió una obra hoy perdida que se tituló Sobre

la naturaleza.

La cuestión filosófica que más interesó a los filósofos milesios (quienes, por otra parte,

emprendieron también variadas investigaciones y especulaciones científicas) fue la

determinación de un principio constitutivo y originario (el arjé o arché) común a todas las

cosas; los milesios supusieron que, tras la aparente variedad de seres que forman

la fisis (naturaleza o mundo físico), existía un substrato único que permitía dar cuenta de la

constitución y origen de todos los seres. Para Tales de Mileto, tal principio era el

agua. Anaximandro, discípulo de Tales, dio un paso hacia una mayor abstracción al postular

como arjé no una sustancia física, sino el ápeiron (lo indefinido o lo indeterminado).
13

Anaxímenes afirmó que el principio material y primero, el origen de todas las cosas

(arjé o arché) era el aire, sustancia sensible, pero que raya en lo incorpóreo. Es posible que

Anaxímenes pensara, con esta aportación, reunir las ventajas de cada una de las soluciones

anteriores, evitando sus inconvenientes. En efecto, el aire es tan necesario para la vida como

el agua, pero no tiene el inconveniente de necesitar un soporte físico, puesto que, según

Anaxímenes, flota en sí mismo. Por otra parte, tiene una extensión ilimitada como el ápeiron,

puesto que parece llenar los espacios inmensos, pero en cambio es una realidad observable

por todos y que permite explicar de modo sencillo la formación de los seres, mientras que

el ápeiron es solamente una entidad hipotética.

Anaxímenes explicó el origen de todas las cosas a partir de un doble proceso por el que el

aire se modifica: rarefacción, que da origen al fuego, y condensación, del que se derivan las

nubes, el agua, la tierra y las rocas. Con estas dos nociones, Anaxímenes describió los

cambios de la naturaleza, o lo que es lo mismo, dos modalidades de movimiento: la

cuantitativa y la cualitativa. Las cosas no son más que aire en distinto grado de condensación

o de dilatación. El fuego es aire en su punto máximo de dilatación o de calor; el viento no es

más que aire condensado que, al condensarse más, se convierte en nube, después en agua, y

luego en tierra y rocas.

De un fragmento conservado de su obra se desprende que Anaxímenes concibió el mundo

como un ser vivo, análogamente a como concebía el alma de los hombres: «De la misma

manera que nuestra alma, que es aire, nos sostiene, igualmente un soplo y el aire envuelven el

mundo entero.» El aire es también la fuerza vivificadora: el universo es una especie de ser

vivo que respira y se mantiene en ordenada unión, envuelto por el aire infinito; la misma alma

humana, fundida en el alma del mundo, es también aire. En su concepción cosmogónica, la

Tierra es plana y flota, pero no ya sobre el agua, como afirmaba Tales de Mileto, sino en el
14

aire; Anaxímenes sostuvo también que los astros no se mueven bajo la Tierra sino en torno a

ella.

Después de la escuela milesia, la cuestión del primer principio seguiría ocupando a la

mayor parte de los pensadores del periodo cosmológico de la filosofía griega (es decir, del

periodo anterior al antropológico, que se inició con Sócrates) y dio como resultado diversas

respuestas y doctrinas en las sucesivas escuelas filosóficas. La escuela de Pitágoras, la escuela

de Elea (Jenófanes, Parménides y Zenón de Elea), los pluralistas

como Empédocles y Anaxágoras, los atomistas Leucipo y Demócrito y otros destacados

pensadores como Heráclito retomaron el problema del arjé como motivo más o menos central

de sus reflexiones y de su concepción de la realidad.

HERÁCLITO

(Éfeso, hoy desaparecida, actual Turquía, h. 540 a.C. - h. 470 a.C.) Filósofo griego. Desde

sus orígenes y a lo largo del periodo cosmológico, anterior al periodo antropológico que

iniciaría Sócrates, el pensamiento griego se orientó hacia la búsqueda de un principio

constitutivo (arché o arjé) común a la pluralidad de seres de la naturaleza. Así, en la escuela

milesia se tendió a ver tal principio en una sustancia material (el agua en Tales de Mileto, el

aire en Anaxímenes); en la de Pitágoras, en un principio formal (el número o ley numérica).

Pero a caballo entre los siglos V y V a.C., las escuelas de Elea y de Éfeso trataron la

cuestión desde una perspectiva más amplia al plantear concepciones sobre la totalidad de lo

existente que resultaron antagónicas. Para Parménides de Elea, el ser o lo existente es uno e

inmutable; para Heráclito de Éfeso, en cambio, la realidad es puro cambio e incesante devenir

(«No te bañarás dos veces en el mismo río»). En esta antinomia clásica de la filosofía griega,

que se revelaría extremadamente fructífera, se ha visto el origen tanto de la metafísica como

de la dialéctica.
15

Muy poco se sabe de la biografía de Heráclito de Éfeso, apodado el Oscuro por el carácter

enigmático que revistió a menudo su estilo, como testimonia un buen número de los

fragmentos conservados de sus enseñanzas. El desprecio de Heráclito por el común de los

mortales concordaría con sus orígenes, pues parece cierto que procedía de una antigua familia

aristocrática, así como que sus ideas políticas fueron contrarias a la democracia de corte

ateniense y formó, quizá, parte del reducido grupo, integrado por nobles principalmente, que

simpatizaba con el rey persa Darío I el Grande, a cuyos dominios pertenecía Éfeso por

entonces, contra la voluntad de la mayoría de sus ciudadanos.

A estos últimos, en cualquier caso, no debió de apreciarlos en demasía, y Heráclito los

colmó de improperios cuando expulsaron de la ciudad a su amigo Hermodoro. Sea como

fuere, la oscuridad de Heráclito ha quedado caricaturizada en la leyenda acerca de su muerte:

enfermo de hidropesía, preguntaba enigmáticamente a los médicos si podrían de la lluvia

hacer sequía; como ellos no lo entendiesen, se enterró en estiércol en la suposición de que el

calor de éste absorbería las humedades, con el resultado de que aceleró el fatal desenlace. De

creer a Diógenes Laercio, la causa de la afección habría sido su retiro en el monte, donde se

alimentaba de hierbas, movido por su misantropía.

Las enseñanzas de Heráclito, según Diógenes Laercio, quedaron recogidas en una obra

titulada De la naturaleza, que trataba del universo, la política y la teología (aunque

probablemente esta subdivisión la introdujera una compilación alejandrina de los textos de

Heráclito), pero lo que ha llegado hasta nosotros de su doctrina se encuentra en forma

fragmentaria y sus fuentes son citas, referencias y comentarios de otros autores.

Algunos de estos fragmentos presentan, sin embargo, la apariencia de aforismos

completos, lo cual apoya la idea de que su estilo de pensamiento fue oracular. Ello ha dado

pie, incluso, a formular la hipótesis de que Heráclito no escribió, en realidad, ningún texto,

sino que sus enseñanzas fueron exclusivamente orales, y que fueron sus discípulos los
16

encargados de reunir lo esencial de ellas en forma de sentencias. Todo ello dificulta (e incluso

imposibilita en aspectos concretos) la interpretación de su pensamiento.

La filosofía de Heráclito

A tenor de lo que se desprende de los diversos fragmentos, Heráclito explicó la práctica

totalidad de los fenómenos naturales atribuyendo al fuego el papel de constituyente común a

todas las cosas y causa de todos los cambios que se producen en la naturaleza. La cosas nacen

del fuego por la vía descendente (fuego, aire, agua, tierra) y vuelven a él por la ascendente

(tierra, agua, aire, fuego). La importancia que concedió a la afirmación de que todo está

expuesto a un cambio y un flujo incesantes («Todo fluye y nada permanece») seguramente

fue exagerada por Platón, quien contribuyó de manera decisiva a forjar la imagen del filósofo

efesio.

Frente a la armonía del cosmos pitagórico y la inmutabilidad del ser de Parménides,

Heráclito concibió un universo en perpetuo devenir. El motor de esa eterna mutabilidad es la

oposición de los contrarios; tal oposición es causa del devenir de las cosas y, al mismo

tiempo, su ley y principio; pero los contrarios se ven conducidos a síntesis armónicas por

el logos, proporción o medida común a todo, principio normativo del universo y del hombre

que, en varios aspectos, resulta coextensivo con el elemento cósmico primordial, el fuego, por

lo que algunas interpretaciones los identifican.

TRADICIÓN MÍSTICA DE ITALIA MERIDIONAL -METAFÍSICA- (Pitágoras y

Parménides).

Desaparecida la filosofía de los jonios ante el dominio persa y la destrucción de Mileto, el

foco filosófico que aparece es constituido por los pitagóricos en la Magna Grecia. Con los

pitagóricos se cambia el objeto mismo de la investigación filosófica. Se intenta aún una


17

explicación de la naturaleza; pero no se trata ya de determinar el arjé, el elemento material

primitivo, sino, más bien, se busca la ley – esencia – que hace comprensible todo.

Hemos visto que los jonios reducían la filosofía a la física. Los pitagóricos abandonan el

punto de vista físico y descubren una nueva esfera de la realidad: la del ente ideal o

matemático. En función de la matemática pretenderán explicar la realidad entera. Constituyen

así a la primera filosofía de tipo matemático.

Los pitagóricos no tienen aún significación metafísica. El problema del ser en cuanto tal no

será planteado en Grecia hasta la especulación eleática. Parménides será el primer metafísico

griego en sentido estricto.

PITÁGORAS

Se le considera el fundador de esta escuela. Procedente de Samos, se estableció en

Crotona, en la Magna Grecia, donde fundó la Escuela Itálica, llamada también pitagórica, que

era al mismo tiempo una secta religiosa y política. Entendían la filosofía como una forma de

vida, como un ideal teorético de especulación pura.

De aquí que entre los pitagóricos se desarrollaran las ciencias, sobre todo las matemáticas,

la astronomía y la música. En lo religioso estaban inspirados en los misterios órficos y daban

culto a Dionysos. Practicaban métodos ascéticos de purificación, que no revelaban más que a

los iniciados.

Defendían los pitagóricos la doctrina de la transmigración de las almas. Pero ha de tenerse

en cuenta que la doctrina de la transmigración es muy antigua y, desde luego, anterior a

Pitágoras. Las almas preexisten y sobreviven al hombre, transmigrando a través de los

cuerpos de hombres y de animales.


18

En un orden más estrictamente filosófico, en conexión con las matemáticas y hasta con la

música, pero sin relación visible con la mítica, establecían los pitagóricos que los números

constituían la esencia de las cosas. Así por ejemplo, el número 3 representa el matrimonio; el

4 la justicia, etc. Los números tenían además, ciertas relaciones con las formas geométricas.

El 3, el 6, el 10… eran representados por puntos en forma de triángulo; el 4, el 7… en forma

de cuadrado. También ponían a los números en relación con los acordes musicales. Por otra

parte, ponen la aritmética en relación con la geometría, de tal manera que hacen una

geometría de los números: 1 es el punto; 2 la línea; 3 la superficie; 4 el cuerpo sólido. La

suma de los cuatro primeros números, es decir, el 10, era también un número triangular, la

tetractys, por la cual hacían juramento los iniciados en la secta.

No está clara la completa significación y el alcance de la doctrina pitagórica sobre los

números; pero lo cierto es que consideraban el número y la armonía como esencia del mundo,

y ello porque en los ciclos astronómicos, como en los trozos musicales, se revelan relaciones

numéricas susceptibles de ser enunciadas según leyes matemáticas.

PARMÉNIDES

(Elea, actual Italia, h. 540 a.C. - id., h. 470 a.C.) Filósofo griego, principal representante de

la escuela eleática o de Elea, de la que también formaron parte Jenófanes de Colofón, Zenón

de Elea y Meliso de Samos. Fundador de la ontología, Parménides concibió lo real como uno

e inmutable; desde la misma Antigüedad, su doctrina se contrapuso a la Heráclito de Éfeso,

para quien lo real es perpetuo devenir. Ambos son considerados los más profundos

pensadores de la filosofía presocrática.

Apenas se conocen datos fiables sobre la biografía de Parménides; inciertas son incluso las

fechas de su nacimiento y muerte. Sabemos que fue hijo de familia aristocrática y que nació y

vivió en Elea, antigua colonia griega situada en la península itálica de la que toma su nombre
19

la escuela eleática. Algunas fuentes afirman que fue discípulo de Aminias, seguidor

de Pitágoras, y otros testimonios (entre ellos el de Platón y Aristóteles) lo consideran

discípulo de Jenófanes de Colofón, fundador de la escuela eleática.

Preocupado por la política, parece ser que intervino directamente en el gobierno y que

escribió, además, las leyes de la ciudad. Según una controvertida tradición, en los últimos

años de su vida se trasladó con su discípulo Zenón de Elea a Atenas, donde el

joven Sócrates oyó sus enseñanzas. No cabe duda de que sus doctrinas tuvieron un fuerte

impacto en el ambiente ateniense; Plutarco refiere que Pericles asistía con interés a sus clases.

Desde su surgimiento en el siglo VI a.C. con la escuela de Mileto, el pensamiento griego

había intentado establecer un principio común (arjé) a todos los seres de la naturaleza. Cabe

la posibilidad de que, al querer tratar el asunto desde una perspectiva racional, Parménides

prescindiese de la observación naturalista que había llevado a postular tal o cual sustancia

como arjé (el agua en Tales, el aire en Anaxímenes) y se plantease más bien, por la vía del

intelecto, qué es lo que tienen en común todos los seres. Y lo que tienen todos en común,

innegablemente, es la cualidad de ser: los seres son, existen, hasta el punto de que los seres

que no son no pueden considerarse seres. El ruido o la luz son seres; el silencio o la oscuridad

no existen, son ausencia de ruido y de luz. De esta consideración podría haber surgido su

famoso principio: el ser es y el no-ser no es.

. LOS ÚLTIMOS PRESOCRÁTICOS

A principios del siglo V aparecen en Grecia tres filósofos – Empédocles, Anaxágoras y

Demócrito – que, si bien no guardan relación entre sí, vienen caracterizados por el empeño

común de conciliar a Parménides y Heráclito. Se preocupan, en efecto, de dar una explicación

del problema de la realidad, conciliándola con el cambio. Para ello han de sacrificar la unidad

de Parménides sobre el ser, viniendo a parar a la doctrina de la pluralidad de elementos


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constitutivos del cosmos. Sólo admitiendo una pluralidad, o dualidad al menos, de elementos

puede explicarse el movimiento. El cambio tendrá al menos dos momentos: el punto de

partida o principio y el punto de llegada o fin. Además, se realiza entre contrarios: de los frío

a lo caliente, de lo seco a lo húmedo, etc. Esta corrección de la concepción de Parménides se

ve compensada por otra no menor, que hace al sistema de Heráclito. Para estos filósofos

pluralistas la primacía del ser sobre el devenir es incuestionable. Sin el ser no se concibe el

devenir.

Introducen los pluralistas el concepto de fuerza cósmica para explicar el movimiento de los

seres, ya que ni la pluralidad de los elementos ni la preeminencia del ser sobre el devenir

serían suficientes a explicarlo. Este es, sin duda, uno de los caracteres fundamentales de este

grupo de filósofos.

Es preciso observar, sin embargo, que estos intentos de conciliar tuvieron mejor intención

que éxito. No lograron una síntesis superadora capaz de resolver el problema capital de la

filosofía presocrática. Tendrá que llegar Aristóteles para que, con un cambio esencial en la

formulación del problema, queden puestas las bases de su verdadera solución


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CONCLUSIÓN

La sociedad logro evolucionar gracias a las aportaciones de estos filósofos, ya que nos

hablan sobre cómo se compone el universo en sí, de alguna manera nos dieron ideas más

claras, ya que antes las personas solo se basaban en mitos, así que estos estudios fueron de

gran ayuda. Cada filósofo tenía su teoría pero todas se relacionaban de alguna manera y nos

permite evolucionar los estudios, ya que son de gran ayuda actualmente.

Fueron grandes aportaciones las que los filósofos presocráticos hicieron.


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BIBLIOGRAFÍA

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Études de Philosophie ancienne et de Philosophie moderne. Vrin, París, 4ª ed., 1974.

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ANEXOS
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