Marco Teorico
Causas de los pensamientos suicidas en los estudiantes de la
preparatoria federal por Cooperación Andrés Quintana Roo.
Integrantes:
Estrada Ortiz Yolanda Daniela.
García Quintanar Iker Oswaldo.
Ramírez Arrieta Ximena Yamilet.
El suicidio y las conductas suicidas en adolescentes y jóvenes son
fenómenos complejos que se han estudiado desde diversas
perspectivas. Numerosos estudios indican que los factores sociales,
familiares, académicos y psicológicos juegan un papel crucial en el
desarrollo de pensamientos y conductas suicidas en este grupo. En este
contexto, este trabajo se enfoca en las causas de los pensamientos
suicidas en los estudiantes de la Preparatoria Federal por Cooperación
Andrés Quintana Roo, delimitando el análisis a este grupo específico y
considerando los factores que inciden en su salud mental y bienestar.
Un aporte importante lo encontramos en el estudio de Cordera, Eguíluz y
Rosal (2011), quienes investigaron los pensamientos suicidas en
estudiantes universitarios en Tlaxcala. Sus hallazgos mostraron que las
mujeres presentan una mayor frecuencia de pensamientos suicidas en
comparación con los hombres, y que factores como el estrés académico,
la presión por obtener buenas calificaciones y la falta de apoyo social
son determinantes significativos en el aumento de estos pensamientos.
Los autores concluyen que es urgente la implementación de programas
de prevención en las universidades para reducir estos riesgos.
Cañón y Carmona (2018) analizaron la ideación suicida y la conducta
suicida en adolescentes y jóvenes, subrayando que el abuso sexual es
un factor de riesgo importante en el desarrollo de pensamientos
suicidas. Además, destacaron que las mujeres tienen más probabilidades
de intentar suicidarse que los hombres, lo que resalta la necesidad de
considerar estos factores en las estrategias de prevención.
Vásquez, Armaro, Martínez, García, Bonet, Notario, Sánchez, Rodríguez y
Díaz (2023) realizaron un estudio sobre las autolesiones sin intención
suicida en jóvenes. Aunque estas conductas no siempre se asocian
directamente con el suicidio, su creciente prevalencia es alarmante. La
investigación subraya la importancia de diferenciar entre autolesiones
no suicidas y conductas suicidas para implementar una intervención
temprana y efectiva.
Garza, Castro y Calderón (2019) investigaron la relación entre la
estructura familiar y la ideación suicida en adolescentes, encontrando
que la relación con los padres influye directamente en la aparición de
pensamientos suicidas. Específicamente, la relación con el padre tiene
una mayor influencia en la aparición de estos pensamientos, mientras
que la relación con la madre está más asociada con la percepción del
suicidio como una solución a los problemas.
Valdez, Amezcua, Gonzáles, Montes y Vargas (2011), al aplicar un
cuestionario a 723 adolescentes, descubrieron que las dificultades
escolares, como el bajo rendimiento y el maltrato, están fuertemente
relacionadas con la ideación suicida. Además, factores como la soledad,
el aislamiento y los antecedentes de intentos suicidas también
desempeñan un papel importante en la aparición de pensamientos
suicidas.
Rangel y Jurado (2022), al analizar cómo se describe el suicidio en la
literatura internacional, sugirieron diversas formas en las que los
profesionales de la salud en México podrían abordar las conductas
suicidas de manera más efectiva. Por su parte, Montes y Montes (2009)
concluyeron, en un estudio realizado con jóvenes de bachillerato, que los
factores comunes asociados a la ideación suicida incluyen problemas
diversos, depresión, baja autoestima y dificultades en la comunicación.
Según sus hallazgos, mejorar la comunicación y la autoestima en los
adolescentes es fundamental para prevenir estos pensamientos
suicidas.
Echeburúa (2015) revisó la literatura sobre conductas suicidas y
trastornos mentales, destacando la importancia de crear una alianza
terapéutica empática con los pacientes y colaborar con las familias para
tratar la ideación suicida de manera eficaz. Duarté (2012), al aplicar un
cuestionario a adolescentes en Puerto Rico, encontró que uno de cada
diez jóvenes experimenta pensamientos suicidas. Los factores de riesgo
más relevantes fueron la depresión, los pensamientos disfuncionales y el
bajo autoconcepto, lo que sugiere que los programas de prevención
deberían centrarse en evaluar estos aspectos cognitivo-conductuales.
Sarmiento y Aguilar (2012) también investigaron la ideación suicida en
estudiantes de educación media superior, observando que las mujeres
presentan una mayor prevalencia de pensamientos suicidas que los
hombres. Además, señalaron que la ideación suicida está estrechamente
relacionada con factores familiares, como la autoestima y los conflictos
con los padres.
Hernández (2024) destacó que las personas con autismo de alto
funcionamiento tienen un mayor riesgo de pensamientos suicidas debido
a los desafíos únicos que enfrentan, como el estrés y la depresión.
Cabrera (2021), en su estudio sobre adolescentes en Lima, reveló que el
29.8% de los jóvenes había experimentado pensamientos autolesivos,
siendo más frecuente en mujeres. También señaló que el corte en la piel
es el método más utilizado por las mujeres, mientras que los hombres
tienden a golpearse el cuerpo.
García (2022), al abordar el suicidio desde una perspectiva ecológica,
propuso que múltiples factores interactúan en la aparición de conductas
suicidas. Este enfoque sugiere que es necesario abordar el problema
desde distintas dimensiones, tanto a nivel individual como comunitario,
para prevenir el suicidio de manera efectiva.
Por último, Martínez, Puentes y López (2010) revisaron los factores
relacionados con el suicidio adolescente, coincidiendo en que los
factores psicosociales, como la depresión, los problemas familiares y la
falta de apoyo social, son clave en la ideación suicida. Marín (2010)
también destacó que el suicidio es un problema multifactorial que
requiere un enfoque integral, considerando los aspectos sociales,
psicológicos y de salud pública. Valeria (2004), en su revisión sobre
conductas suicidas en adolescentes, explicó que estas pueden
considerarse una continuidad que va desde la ideación suicida hasta el
suicidio consumado, lo que ayuda a identificar los factores de riesgo en
etapas tempranas para aplicar intervenciones preventivas.
Finalmente, García, Gonzáles y Martínez (1997) ubicaron el suicidio
como un fenómeno humano universal, analizado dentro de un contexto
transcultural, señalando que diversos factores biológicos, psicológicos y
sociológicos influyen en su manifestación. La definición de suicidio de
Durkheim (1897) sigue siendo una referencia importante en los estudios
actuales. Hernández, Flores y Hernández (2011) subrayaron las
implicaciones sociales del suicidio, destacando que este fenómeno
puede verse como una forma extrema de violencia hacia uno mismo,
con profundas implicaciones sociales y existenciales. Bravo (2018), en
su estudio sobre los factores sociales del suicidio adolescente, identificó
el acoso escolar y el ciberacoso como factores de riesgo significativos,
mientras que la escuela y los padres pueden desempeñar roles
protectores o de riesgo. Finalmente, Casas y Muñoz (2024) sugirieron
que la identificación temprana y la intervención en diferentes niveles de
riesgo (individual, familiar, comunitario y social) son esenciales para
prevenir las conductas suicidas en adolescentes.
Referencias
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