NOMBRES: KABIR MEDRANO GAMBOA - JUAN DAVID MONTAÑO COLQUE – YESSY MARIANA PINAYA AROJA - ALF
¿QUE SON LOS PRINCIPIOS?
Capítulo 4: ¿Qué son los Principios?
Capítulo 5: El principio de Beneficencia
Capítulo 6: El principio de Autonomía
Capítulo 7: El principio de beneficencia y autonomía
Capítulo 8: El principio de justicia
Capítulo 9: El principio de no maleficencia
Capítulo 10: Articulación de los principios
CAPÍTULO 4 PRINCIPIOS DE LA ÉTICA PROFESIONAL
Los principios son imperativos de tipo general que orientan acerca de qué
hay de nuevo y realizable en unas acciones, y de malo y evitable en otras.
Los principios se diferencian de las normas porque son más generales que
éstas, ponen sobre la mesa los temas y valores del vivir y del actuar
mientras que las normas aplican los principios a situaciones concretas.
Un principio enuncia un valor o meta valiosa, en cambio, las normas dicen
cómo debe aplicarse un principio en determinados casos. En primera
instancia, Hortal explica con detenimiento los principios de la bioética como
el precedente exitoso a considerar en todas y cada una de las profesiones.
CAPÍTULO 5 PRINCIPIO DE BENEFICENCIA
Consiste en hacer bien el propio oficio con el objeto de proporcionar los
bienes y servicios que cada profesión se esfuerza por realizar
CAPÍTULO 6 PRINCIPIO DE AUTONOMÍA
En las relaciones profesionales, el usuario o cliente es persona sujeta a
derechos. Su opinión, convicciones y derechos merecen ser respetados y
hay que informarle de cualquier actuación profesional que le afecte, así
como contar con su consentimiento.
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CAPÍTULO 7 EL PRINCIPIO DE BENEFICENCIA Y AUTONOMÍA
Aborda el principio de beneficencia proponiendo una fórmula directa y
sencilla: realizar bien una actividad que beneficie a los demás. El otro es el
principio de la autonomía, asumido en la visión kantiana , que considera
que mediante la libertad el ser humano no obedece a ninguna instancia
externa sino a su propia voluntad racional.
Para las relaciones profesionales, este principio significa que el
receptor de los servicios profesionales (cliente, usuario) es persona, sujeto
de derecho. De esta manera, el principio de autonomía se articula con el de
beneficencia
CAPÍTULO 8 PRINCIPIO DE JUSTICIA
Significa proceder con justicia, cumplir con las obligaciones implícita o
explícitamente dentro del marco institucional público o privado. Asimismo,
se debe tomar en consideración el contexto social y las obligaciones que se
derivan cuando se establecen prioridades y asignan recursos.
CAPÍTULO 9 PRINCIPIO DE NO MALEFICENCIA
Este principio es la sombra de los tres anteriores, propone ante todo no
hacer daño “Primum non nocere” “es decir, para empezar no hacer mal el
propio oficio profesional, no perjudicar ni hacer mal a otros, no manipularles
ni ejercer violencia sobre ellos, no violar sus derechos ni ignorarles como
personas; no cometer injusticias privándoles de lo que se les debe o les
corresponde” Para ser un profesional ético se tiene que cumplir con estos
principios en la medida que las situaciones lo permitan.
Es necesario señalar que Hortal subraya que el principio de no maleficencia
no introduce ninguna temática nueva que no haya sido mencionada por los
otros principios. Así, el autor sólo considera los tres primeros.
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CAPÍTULO 10 ARTICULACIÓN DE LOS PRINCIPIOS
Después de analizar cómo se justifican, cómo se aplican y cómo se
articulan entre ellos. Por otro lado, señala la diferencia entre ética y
deontología, las que hasta hace poco eran consideradas como sinónimos.
Entre una y otra hay un complemento para “iluminar las actuaciones
responsables” de los profesionales. La ética se ocupa de señalar la
competencia de los profesionales como destrezas, habilidades, bienes y
servicios, entre otros, mientras que la deontología formula los deberes,
obligaciones y normas exigibles a un profesional. Por lo regular se recogen
en un código escrito, que es aprobado por el colectivo profesional.
Sabemos que, en las universidades, la ética profesional llega a ser un
“buen discurso” que en la mayoría de las veces no trasciende. Nos falta
mucho para formar a los estudiantes universitarios en este sentido. Más
aún, quisiéramos vivir en una sociedad en donde no sólo los profesionales
sino la comunidad en general practicase los principios éticos y asumiera la
responsabilidad de trabajar con excelencia, haciendo bien y evitando el mal.
Tal como lo señala el autor: “¡Qué bien se viviría en un mundo en el que los
profesores enseñasen, los investigadores investigasen los médicos
curasen, los jueces administrasen justicia, los gobernantes gobernasen, los
ciudadanos fuesen cívicos!”. El libro Ética general de las profesiones
entreteje un buen discurso acerca de todos los temas señalados por el
autor. Aunque a mi juicio en ciertas ocasiones sus argumentos son muy
densos, no deja de ser un trabajo muy completo en el campo de la ética
profesional. Sirva pues esta reseña para destacar sólo algunos de sus
principales argumentos, así como despertar el interés del lector por este
tema.