0% encontró este documento útil (0 votos)
48 vistas7 páginas

Nunca Mas

El 18 de septiembre de 1985, el fiscal Julio César Strassera cerró su alegato en el juicio a las juntas militares argentinas con la frase histórica 'Nunca más', marcando un hito en la lucha por justicia en el país. Este juicio, que duró más de cuatro meses, expuso las atrocidades cometidas durante la dictadura y tuvo un amplio apoyo popular, con un 85% de aprobación según encuestas de la época. La película 'Argentina, 1985', que narra estos eventos, ha generado controversia por su estreno limitado en cines.

Cargado por

butula24
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
48 vistas7 páginas

Nunca Mas

El 18 de septiembre de 1985, el fiscal Julio César Strassera cerró su alegato en el juicio a las juntas militares argentinas con la frase histórica 'Nunca más', marcando un hito en la lucha por justicia en el país. Este juicio, que duró más de cuatro meses, expuso las atrocidades cometidas durante la dictadura y tuvo un amplio apoyo popular, con un 85% de aprobación según encuestas de la época. La película 'Argentina, 1985', que narra estos eventos, ha generado controversia por su estreno limitado en cines.

Cargado por

butula24
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

“Nunca más”: el día que el fiscal Strassera cerró su

alegato en el juicio a las juntas con una frase histórica


[Link]/sociedad/2022/09/18/nunca-mas-el-dia-que-el-fiscal-strassera-cerro-su-alegato-en-el-juicio-a-las-
juntas-con-una-frase-historica/

Por Daniel Cecchini 18 de septiembre de 2022

18 Sep, 2022 00:45 a.m. EST

Guardar

Para el alegato de la fiscalía, se fueron turnando en su lectura Julio César Strassera y


Luis Moreno Ocampo. Habían comenzado el 11 de septiembre y por primera vez todos
los acusados debieron estar juntos en el tribunal, para escucharlo
Por estos días es noticia que “Argentina, 1985″, la película dirigida por Santiago Mitre y
protagonizada por Ricardo Darín y Peter Lanzani no será estrenada en las grandes
cadenas de cine del país.

El filme, que fue proyectado con muy buena repercusión en el Festival de Venecia, solo
podrá verse en salas más pequeñas o independientes por un desacuerdo entre las
cadenas con Amazon Prime Video respecto al tiempo de proyección en la pantalla
grande antes del estreno en la plataforma on demand.

“Argentina, 1985″ está basada en el histórico Juicio a las Juntas, cuando se


determinaron las responsabilidades de los nueve jefes militares que lideraron la
última dictadura militar en los crímenes de lesa humanidad cometidos en el marco

1/7
del plan sistemático de represión ilegal.

La acción se centra en dos protagonistas clave del proceso judicial promovido por el
gobierno de Raúl Alfonsín, el fiscal Julio César Strassera, encarnado por Darín, y su
adjunto, Luis Moreno Ocampo, papel para el que fue elegido Peter Lanzani.

La película dirigida por Santiago Mitre está basada en el histórico Jucio a las Juntas,
cuando se determinaron las responsabilidades de los nueve jefes militares que lideraron
la última dictadura militar

Precisamente hoy se cumplen 37 años de uno de los momentos culminantes de


aquel juicio, la última jornada del alegato de la fiscalía, cuando el fiscal Strassera cerró
su discurso acusatorio con una frase que marcó un hito en la historia argentina reciente:

“Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para


cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque
pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: ‘Nunca más’”.

Un proceso estremecedor

El juicio había empezado el 22 de abril y durante cuatro meses y medio se habían


escuchado en la Sala de Audiencias del Palacio de Justicia de la Nación – y leído en los
medios de comunicación – centenares de testimonios de sobrevivientes y familiares y
familiares de desaparecidos.

En el banquillo estaban sentados los comandantes de las tres primeras juntas: Jorge
Rafael Videla, Eduardo Emilio Massera, Orlando Ramón Agosti, Roberto Eduardo
Viola, Omar Graffigna, Armando Lambruschini, Leopoldo Fortunato Galtieri, Basilio
Lami Dozo y Jorge Anaya.

2/7
Una de las sesiones del juicio contra los miembros de las juntas militares argentinas que
detentaron el poder desde 1976 hasta 1983. EFE/aa/Archivo
El proceso lo llevaba adelante un tribunal ordinario – se había descartado crear uno
especial, a la manera de los juicios de Nüremberg -, la Cámara Nacional de Apelaciones
en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital, integrada por los jueces Jorge
Torlasco, Ricardo Gil Lavedra, León Carlos Arslanián, Jorge Valerga Araoz, Guillermo
Ledesma y Andrés J. D’Alessio, que rotaban semana a semana en la presidencia del
tribunal.

En el desarrollo de la parte testimonial se escuchó a 833 testigos: 546 hombre y 287


mujeres, de los cuales 64 habían sido o eran militares, 15 periodistas, 13 sacerdotes y 12
extranjeros. Durante esos días, los testimonios de los sobrevivientes de la represión
ilegal hicieron conocer por primera vez a muchos argentinos – y al mundo entero –
la magnitud del infierno montado por la dictadura con sus centros clandestinos
distribuidos por todo el país.

El horror de Borges

Entre el público de una de esas audiencias, la del 22 de julio, hubo un Jorge Luis Borges
que, con 85 años a cuestas y sin ver casi nada, salió horrorizado luego de escuchar el
testimonio del sobreviviente Víctor Basterra, el hombre que había logrado sacar de la
Escuela de Mecánica de la Armada copias de las fotos que le habían obligado a tomar,
de militares para hacerles documentos falsos y de otros detenidos desaparecidos.

Jorge Luis Borges había asistido a la audiencia del 22 de julio y a sus 85 años había
salido horrorizado tras escuchar al sobreviviente, Víctor Basterra

3/7
Días después escribió para la agencia española EFE: “He asistido, por primera y última
vez, a un juicio oral. Un juicio oral a un hombre que había sufrido unos cuatro años de
prisión, de azotes, de vejámenes y de cotidiana tortura. Yo esperaba oír quejas,
denuestos y la indignación de la carne humana interminablemente sometida a ese
milagro atroz que es el dolor físico (pero el hombre) hablaba con simplicidad, casi con
indiferencia, de la picana eléctrica, de la represión, de la logística, de los turnos, del
calabozo, de las esposas y de los grillos. También de la capucha. No había odio en su
voz.”

Un alegato magistral

Se llegó así a la etapa de los alegatos. El de la fiscalía, para cuya lectura se fueron
turnando Strassera y Moreno Ocampo, comenzó el 11 de septiembre y por primera vez
todos los acusados debieron estar juntos en el tribunal, para escucharlo.

Strassera comenzó a hablar poco después de las tres de la tarde, una vez que hubo
ordenado sus papeles y tras acomodarse los anteojos de marco grueso que utilizaba
para leer. Su voz sonó firme cuando dijo:

“La comunidad argentina en particular, pero también la conciencia jurídica universal, me


han encomendado la augusta misión de presentarme ante ustedes para reclamar justicia
(…) “Pero no estoy solo en esta empresa. Me acompañan en el reclamo más de nueve
mil desaparecidos que han dejado, a través de las voces de aquellos que tuvieron la
suerte de volver de las sombras, su mudo pero no por ello menos elocuente testimonio
acusador”.

Con el número de “más de nueve mil” se refería solo a los casos recogidos por la
Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) y no a la
totalidad de desapariciones forzosas perpetradas por la dictadura.

4/7
Víctor Basterra durante su testimonio en el histórico Juicio a las Juntas Militares

Además, Strassera señalaba dos cuestiones centrales: la excepcionalidad de lo que se


estaba juzgando y la magnitud de las violaciones de los Derechos Humanos cometidas
en el marco del plan sistemático de represión ilegal perpetrado por la dictadura. Y no
solo eso: calificaba a los delitos de genocidio, una caracterización que – aunque en
ese momento no se supiera - abriría un camino judicial y sería decisiva en el futuro.

La pluma de Somigliana

A medida que avanzaba el alegato quedó en evidencia la cuidada, y por momentos


brillante, redacción del texto.

Al periodista y hoy abogado de Derechos Humanos Pablo Llonto, que siguió de cerca
todas las jornadas del proceso y las volcó después en su libro “El juicio que no se vio”
fue uno de los sorprendidos: “La excelente redacción del alegato llamó la atención
enseguida. Por dos razones: no se conocían hasta entonces piezas destacables ni de
Strassera ni de Moreno Ocampo y, además, el Código de Justicia Militar aplicable al
procedimiento hablaba de alegatos orales, con la sola excepción de un papel de apuntes
para consultar; por lo tanto, la experiencia en textos ‘bien hablados’ era escasa”, escribió.

5/7
La excelente redacción del alegato de la fiscalía fue atribuida a la colaboración silenciosa
del dramaturgo Carlos Somigliana, que trabajaba allí
Las miradas de quienes conocían más íntimamente el funcionamiento del equipo
de la Fiscalía se volcaron entonces hacia el dramaturgo Carlos Somigliana, que
trabajaba allí. “Seguramente en algunos tramos de la acusación fiscal que verbalizaron
Strassera y Moreno Ocampo los textos no hubiesen tenido tanto brillo de no ser por la
colaboración silenciosa y desinteresada del autor de “Oficial primero”, obra estrenada en
1982 en el ciclo Teatro Abierto”, destacó Llonto.

Frases como ésta: “Buscamos la paz basada en la violencia y exterminio de nuestros


adversarios y fracasamos; buscamos la paz basada en el olvido y fracasamos; ésta es
nuestra oportunidad de buscarla fundándonos en la memoria, no en el olvido, y en la
justicia, no en la violencia”, pronunciada de manera vibrante por Strassera en los tramos
finales del alegato.

“Nunca Más”

Durante los días en que se desarrolló el alegato corrieron rumores de atentados o de


amenazas. “Los fuertes contenidos acusatorios y la repercusión mundial que en ese
momento tenían, despertaron inquietudes en la prensa. Algunos medios, sin mencionar
fuentes, hablaban de ‘molestias severas en los cuarteles’. Pero ni uno ni lo otro sucedió,
más allá de los habituales llamados, cartas o notas que llegaban a las oficinas de
Strassera (…) Sin embargo, muchas veces lo vimos salir solitario de Tribunales y
caminar por la zona, recibiendo el saludo y la admiración de mucha gente. Para el tiempo
de los alegatos su figura era tan conocida como la de Alfonsín”, recordó Llonto.

Los matutinos del miércoles 18 de septiembre anticipaban un título en sus portadas. “El
fiscal pedirá prisión perpetua para 5 excomandantes”, titulaba el de mayor circulación
de la época, y ampliaba: “Son ellos Videla, Massera, Agosti, Lambruschini y Viola”.

6/7
Una encuesta había revelado que la realización del proceso judicial contra los ex
comandantes de las tres primeras juntas de la dictadura tenía el 85 % de adhesión de los
consultados
Otras noticias del día eran la presencia de un extraño objeto volador en el cielo de
Buenos Aires, que había conmocionado a los porteños, y la orden judicial de liberar a
Federico Pippo, acusado de asesinar a su esposa, la profesora de inglés Oriel Briant, en
uno de los crímenes que marcó época.

Pero el juicio, y en especial el final de los alegatos, estaban en el centro de atención de


la mayoría de la sociedad. Por esos días, una encuesta reveló que la realización del
proceso judicial contra los excomandantes de las tres primeras juntas de la
dictadura tenía el 85% de adhesión entre los consultados.

La sala del tribunal estaba colmada cuando a la tarde, con todos los acusados presentes
por decisión de los jueces, el fiscal Julio César Strassera pidió las penas que ya habían
sido anticipadas por los diarios de la mañana y el dio la puntada final a un alegato tan
preciso como conmovedor.

Las dos palabras con que lo terminó no le pertenecían a él sino a la Conadep, pero
que las pronunciara allí les dio un peso que aún hoy siguen teniendo, porque
marcaron un antes y un después en la historia del país: “Nunca más”.

Cuando terminó de decirlas, la sala arrancó un aplauso cerrado que pareció no querer
acabarse y desde las bandejas también llovieron vivas a los fiscales e insultos a los
genocidas que empezaban a retirarse.

7/7

También podría gustarte