DEFINICIÓN
El Consenso de Washington fue el conjunto de fórmulas económicas
neoliberales impulsadas por varios organismos financieros
internacionales en los años ochenta y noventa. El economista
británico John Williamson acuñó el término inconscientemente en un
artículo de 1989 en el que revisaba las diez medidas económicas que
profesaban el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial,
el Banco Interamericano de Desarrollo y el Departamento del Tesoro
de Estados Unidos, todas ellas con sede en la capital de Estados
Unidos, Washington D. C. Estas propuestas conformaron un decálogo
del neoliberalismo recetado para abordar la crisis económica de 1989
en Latinoamérica, sumida en una larga recesión conocida como la
década perdida.
10 FÓRMULAS ECONÓMICAS NEOLIBERALES
A continuación, una revisión breve de los principales instrumentos:
1. Disciplina fiscal: No más déficit fiscal. Presupuestos
balanceados. Grandes y sostenidos déficits fiscales constituyen
la fuente primaria de los trastornos macroeconómicos que se
manifiestan como procesos inflacionarios, déficit de balanza de
pagos y fuga de capitales. Un déficit de presupuesto
operacional que sobrepase un 1% a 2% del PIB se considera
prueba fehaciente de una falla en la política aplicada, a menos
que este exceso se haya utilizado en inversiones de
infraestructura productiva. El equilibrio fiscal nunca ha sido
alcanzado (ni aún en los países desarrollados); está basado en
la disminución del gasto público, fundamentalmente en los
sectores sociales; ha causado un profundísimo y dramático
deterioro en los sistemas de salud, educación, seguridad social,
etcétera.
2. La inflación como parámetro central de la economía. Para
los impulsores del Consenso de Washington, las políticas de
ajuste y reforma estructural tienen su origen en la crisis de la
deuda. No es de extrañar que el control de la inflación sea un
asunto prioritario para los organismos acreedores. Como regla
general, Nicaragua parece haber adoptado la inflación como el
parámetro referencial del modelo económico, alrededor del cual
se mueven y se subordinan los otros parámetros, incluido el
desempleo.
3. Prioridades en el gasto público. La necesidad de cubrir el
déficit fiscal presenta la disyuntiva entre aumentar los ingresos
fiscales o reducir el gasto público. El consenso de Washington,
influido por los economistas «reaganianos» («supply-siders»),
optó por favorecer la reducción del gasto público. No se
necesita mucha imaginación para deducir a quiénes favorece
esta política y a quiénes no. Desde luego que los sectores más
ricos de una sociedad resistirán una redistribución por la vía
tributaria, prefieren la reducción del gasto público, aunque
signifique el fin del estado de cierto bienestar social.
4. Reforma Tributaria. El aumento del ingreso vía impuestos se
considera una alternativa a la reducción del gasto público para
paliar déficits fiscales. Existe un amplio consenso, entre los
tecnócratas neoliberales, en el principio de que la base
tributaria debe ser amplia, mientras que la tasa tributaria
marginal debe ser moderada.
5. Tasas de interés. Existen dos principios generales referentes
a los niveles de las tasas de interés que concitan el apoyo
mayoritario del Consenso de Washington. El primero es que las
tasas de interés deben ser determinadas por el mercado. El
segundo principio apunta a la necesidad de tasas de interés real
positivas, para incentivar el ahorro, por un lado y desalentar la
fuga de capitales, por el otro.
6. Tipo de cambio. Como en el caso de las tasas de interés, la
tendencia es inclinarse por tipos de cambio determinados por
las fuerzas del mercado. Se considera que el tipo de cambio real
debe ser lo suficientemente competitivo como para promover el
crecimiento de las exportaciones a la tasa máxima que el
potencial del lado de la oferta del país lo permita, al mismo
tiempo que se mantenga un eventual déficit de cuenta corriente
a un nivel sustentable.
7. Política comercial. La liberalización de las importaciones
constituye un elemento esencial en una política económica
orientada hacia el sector externo (orientación hacia afuera). El
acceso a bienes intermedios importados a precios competitivos
se considera un aspecto importante en la promoción de las
exportaciones, mientras que una política proteccionista en favor
de la industria nacional y en contra de la competencia
extranjera es vista como una distorsión costosa que en última
instancia termina por penalizar el esfuerzo exportador y por
empobrecer la economía local. La apertura económica trajo
como consecuencia la irrupción indiscriminada de
importaciones, en gran medida innecesarias o con precios
subsidiados, que produjo la quiebra y el cierre de gran parte del
aparato productivo y el incremento acelerado de la
desocupación y la subocupación.
8. Inversión Extranjera Directa (IED). La liberalización de los
flujos financieros externos no es visto como de alta prioridad.
No obstante, una actitud restrictiva que limite la entrada de la
inversión extranjera directa (IED) es considerada una
insensatez. La IED, además de aportar capital necesario para el
desarrollo, provee capacitación y know-how para la producción
de bienes y servicios tanto para el mercado interno como para
la exportación.
9. Privatizaciones. La lógica de las privatizaciones obedece a la
creencia de que la industria privada se administra más
eficientemente que la empresa estatal. En general, se considera
que la privatización de empresas de propiedad estatal
constituyen una fuente de ingresos de corto plazo para el
Estado. En el largo plazo se argumenta, el Estado se libera de la
responsabilidad de financiar ulteriores inversiones. La creencia
en la eficiencia superior de la empresa privada ha sido un
dogma de fe para el Consenso de Washington.
10. Desregulación. Una forma de promover la competencia
es mediante la desregulación. Este proceso fue iniciado en los
Estados Unidos por la administración Carter, pero fue
profundizado durante el mandato de Reagan. Se le ha juzgado,
de manera general, como un proceso exitoso en esa nación y se
ha partido de la base que también puede producir beneficios
similares en otros países, especialmente en América Latina,
donde se practicaban economías de mercado altamente
reguladas, al menos en el papel. En un buen número de países
de América Latina, las redes regulatorias son administradas por
burócratas mal pagados. El potencial para la corrupción es, por
lo tanto, alto. La actividad productiva puede ser regulada por la
vía legislativa, por decreto gubernamental o por decisión
tomando caso por caso. Esta última práctica es bastante
difundida y perniciosa en Latinoamérica ya que crea
incertidumbres y provee oportunidades para la corrupción.
También suele ser discriminatoria en contra de los pequeños y
medianos empresarios, los cuales, a pesar de que son
importantes fuentes creadoras de empleo, raras veces tienen
acceso a las esferas más altas de las burocracias.
RESULTADOS DEL CONSENSO DE WASHINGTON
Si nos atenemos a los resultados positivos, estos fueron los
siguientes:
Bajada de la inflación
Bajada del déficit presupuestario
Disminución de la deuda externa
Aumento del flujo de capitales
Por otro lado, el Consenso de Washington ha sido foco de múltiples
críticas desde diversos ámbitos ya que muchos piensan que tuvo
otras consecuencias no tan positivas y que era un dictado
«neoliberal» de Estados Unidos. Estos resultados negativos fueron los
siguientes:
No se consiguió un crecimiento económico (algunos académicos
llaman a la década de los noventa, “la década pérdida”)
Aumentó la desigualdad
Ausencia de progresos sociales
Deterioro de los derechos humanos.
Cabe destacar que aunque las medidas no surtieron el efecto deseado
en todos países, hubo algunos países como Chile, Uruguay, El
Salvador y Brasil que si tuvieron más signos positivos, como el
progreso en la disminución de la pobreza. Sin embargo, otros países
como Argentina perdieron competencia al aplicar estrictamente todas
las medidas del consenso de Washington.