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texto sobre tema de tesis de niños y dibujo infantil

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Título: El dibujo, el lenguaje de los niños: análisis del

dibujo infantil desde una perspectiva artística

Introducción
El dibujo infantil ha sido históricamente abordado desde enfoques psicológicos
y pedagógicos Esta investigación propone analizar el dibujo infantil desde una
perspectiva artística, centrando la atención en los aspectos formales,
compositivos y estructurales que se manifiestan en las producciones gráficas de
una niña de seis años. Para ello, realizará un trabajo de campo con dicha niña,
se tomará como referencia la teoría del desarrollo gráfico elaborada por Viktor
Lowenfeld.

La importancia de este trabajo radica en contribuir a una mirada alternativa


sobre el dibujo infantil, que no lo reduzca a una herramienta diagnóstica ni a un
recurso pedagógico, sino que lo reconozca como un lenguaje visual pleno de
sentido, ritmo y estructura. Los objetivos de esta investigación son: comprender
las características visuales del dibujo infantil en el período preesquemático
desde un enfoque artístico, identificar patrones compositivos y simbólicos en
las producciones de una niña de seis años

Desarrollo

El dibujo infantil como lenguaje visual

El dibujo es una de las primeras formas de comunicación no verbal que el ser


humano desarrolla, y constituye una herramienta clave en la construcción del
pensamiento visual.

Según Viktor Lowenfeld, el desarrollo del dibujo infantil atraviesa cinco etapas
principales, que reflejan no solo la evolución de las habilidades motoras, sino
también el crecimiento en la capacidad de percepción, simbolización y
expresión del niño:

Etapa de los garabatos (2 a 4 años):​


Es la fase más temprana. El niño dibuja sin intención representativa,
simplemente disfruta del movimiento y la acción de trazar. Los garabatos
comienzan como movimientos desorganizados, pero poco a poco se
vuelven más controlados y repetitivos. Se distinguen tres subetapas:
garabateo desordenado, garabateo controlado y garabateo con nombre
(cuando el niño empieza a asociar el dibujo con una idea o palabra).​

Etapa preesquemática (4 a 7 años):​


En esta fase, el niño empieza a representar figuras con intención
simbólica. Aunque los dibujos aún no son proporcionales ni siguen una
lógica realista, comienzan a aparecer elementos reconocibles como
personas, casas o animales. El dibujo refleja más lo que el niño sabe o
siente que lo que ve, y está fuertemente vinculado a su experiencia
emocional. La organización espacial es fluctuante y el color se usa
libremente.​

Etapa esquemática (7 a 9 años):​


El niño desarrolla un “esquema” o forma base para representar ciertos
objetos o personas. Los dibujos se vuelven más estructurados y
consistentes, aunque todavía no hay perspectiva ni proporciones
realistas. Los elementos tienden a ordenarse sobre líneas base o franjas
del suelo y del cielo. El niño busca representar significados más
complejos, y sus producciones tienen una narrativa clara.​

Etapa del realismo naciente (9 a 12 años):​


El niño empieza a preocuparse por la apariencia real de las cosas. Se
interesa por las proporciones, los detalles y el volumen. También intenta
aplicar nociones de perspectiva y profundidad, aunque no siempre con
éxito. La autoevaluación aparece con fuerza: el niño empieza a comparar
sus dibujos con la realidad o con los de otros, lo que puede generar
frustración o inhibición creativa.​

Etapa del realismo visual (12 años en adelante):​


El joven intenta representar lo que ve de manera más precisa y técnica.
Ya es capaz de aplicar conocimientos de perspectiva, luz y sombra,
proporciones y anatomía. Esta etapa marca una transición hacia una
práctica más académica del dibujo, influida por modelos externos y
criterios de “corrección” visual.​

Es importante señalar que esta clasificación propuesta por Viktor Lowenfeld


responde a un modelo general del desarrollo gráfico infantil, basado en
observaciones de niños sin condiciones particulares que afecten su desarrollo.
En el caso de niños con discapacidades cognitivas, motrices o sensoriales, estos
períodos pueden no aplicarse de manera lineal o directa. Las producciones
gráficas en estos contextos pueden seguir trayectorias singulares que no
encajan necesariamente en estas fases, lo cual no disminuye su valor expresivo
ni artístico, sino que invita a ampliar la mirada y reconocer otras formas de
representación y comunicación visual.

Si nos detenemos en la etapa preesquematica donde el niño comienza a


establecer una distinción de temas, a diferenciar figuras y a organizar el espacio,
aunque sin responder aún a convenciones gráficas adultas. Es una etapa rica en
simbolismos, donde cada trazo responde a una lógica interna coherente con la
percepción subjetiva del niño.

Elliot Eisner, educador y teórico del arte, ha sido uno de los principales
defensores del valor del arte en la formación del pensamiento crítico y visual.
En su obra Educar la visión artistica, Eisner sostiene que el dibujo infantil no
debe evaluarse en términos de precisión técnica, sino por su capacidad de
transmitir una experiencia y organizar el pensamiento visual. En este sentido, el
análisis sintáctico del dibujo —centrado en cómo se estructura la imagen, más
que en lo que representa— permite detectar patrones que revelan el desarrollo
cognitivo y emocional del niño desde una dimensión artística, no diagnóstica.

En la práctica artística contemporánea, muchos artistas han recuperado


estéticamente elementos del dibujo infantil como fuente de inspiración. La
libertad con que los niños exploran formas, líneas y colores ha sido reivindicada
como una expresión pura de creatividad, libre de los condicionamientos
técnicos y culturales que suelen limitar la producción artística adulta. Por ello,
analizar el dibujo infantil como una práctica artística no sólo permite reconocer
su valor intrínseco, sino también repensar las fronteras entre arte, infancia y
expresión.

Conclusión
El dibujo infantil en el período preesquemático constituye una forma de
expresión visual rica y compleja, que merece ser analizada desde una
perspectiva artística. Lejos de ser una etapa inmadura o carente de técnica, esta
fase del desarrollo gráfico revela una lógica visual coherente, una estructuración
progresiva del pensamiento y una capacidad simbólica significativa. A través del
trabajo de campo con una niña de seis años y el análisis de sus producciones
gráficas, se pudo observar cómo los trazos, formas y composiciones responden
a un lenguaje propio, cargado de sentido y sensibilidad.

Reconocer el dibujo infantil como una forma legítima de arte es también una
manera de ampliar el campo de lo artístico, incorporando voces, gestos y
miradas que históricamente han sido consideradas menores o accesorias. Desde
esta perspectiva, cada trazo infantil es también un camino hacia la construcción
de sentido, una ventana abierta al universo visual de la infancia y, a la vez, un
recordatorio de que el arte —en su forma más pura— nace muchas veces del
juego, la intuición y la libertad de imaginar.

Algunas cosas a tener en cuenta:



¿Cómo puede leerse el dibujo infantil como una forma legítima de lenguaje
visual y expresión artística, más allá de su valor pedagógico o psicológico?.​

¿Qué rol ocupa el contexto (familia, entorno, estímulos visuales) en la


construcción simbólica que aparece en los dibujos?​

¿Qué aportes puede hacer el análisis sintáctico del dibujo infantil al campo del
arte contemporáneo, la educación artística o la curaduría de exposiciones
infantiles?​

¿Cuáles son los límites y posibilidades de interpretar el dibujo infantil desde


una mirada artística sin caer en reduccionismos psicológicos?

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