I.
PREMISA: LA “MARCHA TRIUNFAL” DE LA JUSTICIA CONSTITUCIONAL Y
SUS DESAFIOS.
Es importante analizar como la presencia de la justicia constitucional en las
democracias contemporáneas viene generando diversas transformaciones y no solo en
el ámbito del Derecho Constitucional, sino abarca también la estructura propia de las
normas jurídicas y la teoría del Derecho General, se debe resaltar como Peter Haberle
califica la marcha triunfal con enfoque mundial a la proyección de la justicia
constitucional en las actuales democracias, en el mismo sentido Martin Shapiro anotó
que el entusiasmo por la justicia constitucional en realidad ha sido auspiciado por el
entusiasmo global; las decisiones de los tribunales o cortes constitucionales se han
convertido en base fundamental para discurso jurídico contemporáneo y en valioso
instrumento para la defensa tanto del modelo de democracia constitucional como de los
derechos fundamentales contenidos en las Constituciones en virtud que el juez
constitucional es, desde esta perspectiva el garante frente al enemigo histórico de las
libertades es decir el mismo Estado, desafiando el clásico principio de división de
poderes constituyéndose como un árbitro inseparable de tal división.
El Derecho Constitucional debe adecuarse a la actualidad, es importante
recordar que la sociedad es constantemente evolutiva y crece
inmensurablemente, por tanto el tribunal constitucional, también debe hacer una
estricta adecuación de los discursos jurídicos y argumentaciones
constitucionales a la actualidad, lo anterior evidentemente actuando siempre
dentro del margen de la ley y en aras de la defensa del orden constitucional como
fin supremo, todo ello para que se mantenga el estricto respeto al Estado de
constitucional de derecho y que eso se concatene con la protección integral de la
persona para su desarrollo pleno, garantizado el cumplimiento a los derechos
fundamentales que le corresponden, así se garantiza que las personas miembros
de un Estado se sientan identificados con la constitución que los rige y el orden
constitucional, para lograr una pertenencia de la propia ciudadanía hacia el orden
constitucional.
I.1 El Tribunal Constitucional como “órgano oficial” de interpretación
Los Tribunales Constitucionales se identifican en las democracias
contemporáneas como los interpretes supremos o mejor aún como órganos oficiales de
asignación de significados a los textos constitucionales, en otras palabras el tribunal
constitucional es la orquesta que se encarga de interpretar los sonidos constitucionales,
adecuando el ritmo y compás a cada tiempo y época en que se ejecute. En cualquier
caso el rótulo de orquesta oficial, solo pone de manifiesto la calidad de sonido auténtico
de la melodía que debe ser interpretada de manera autorizada por dicha orquesta
oficial; la responsabilidad de una interpretación autorizada de la partitura constitucional
le ha merecido al tribunal un prestigio indiscutible y aunque se le ha acusado al tribunal
de carencia de legitimidad democrática para ejercer el control del Parlamento o cuando
se trata del Poder Judicial, suele recurrirse al principio de independencia judicial,
dejando entrever que la anulación de una sentencia firme por parte del tribunal supone
en muchos casos, la afectación de la cosa juzgada, independencia y autonomía judicial.
Es importante resaltar la labor de la Corte de Constitucionalidad en
Guatemala, pues si bien es cierto, tanto el Organismo Legislativo como el
Judicial, también se encuentran sujetos al control de constitucionalidad, en
diversas situaciones o circunstancias, podrían o dejan vacíos y ambigüedades
en su actuar, es en ese momento en el cual la Corte de Constitucionalidad, cuyo
fin primordial es velar por el orden constitucional y velar por el estricto respeto,
cumplimiento e interpretación de la constitución y demás leyes constitucionales,
atendiendo a sus facultades y como garante de derechos fundamentales, a través
de los mecanismos idóneos interpreta exhaustivamente la Constitución Política,
pudiendo dejar sin efecto o modificar tales actuaciones cuando son contrarias al
texto constitucional, lo anterior a efecto que las mismas sean acordes a la
interpretación que el tribunal constitucional considere pertinente e idóneo para
garantizar la efectiva aplicación de la ley respetando el Estado Constitucional de
derecho, evitando la politización del derecho y la judicialización de la política.
I.2 El control constitucional como colaboración.
Lawrence Sager, ha sugerido la idea de la colaboración como un modelo posible entre
los esquemas teóricos que tratan de describir la práctica de la judicial review, de este
modo la tarea de interpretar la Constitución requiere la colaboración entre las
generaciones constituyentes que fijaron el texto y quienes tienen la función de aplicar
los preceptos textuales a casos concretos que se plantean en la comunidad, la idea de
la colaboración, contribuye al fortalecimiento tanto del Parlamento como del Poder
Judicial en la medida en que la gran mayoría de casos, el Tribunal confirma la
constitucionalidad no solo de la ley, sino también de la actuación del Poder Judicial en
ejercicio de la potestad jurisdiccional, de este modo parece más razonable comprender
el accionar del tribunal como un colaborador en el desarrollo de las instituciones de la
democracia y llegado el caso como un comprometido nivelador de las serias asimetrías
existentes en una sociedad fragmentada como la nuestra que en muchos casos
compromete la propia dignidad humana; en relación a las tensiones con el Poder
Judicial, esto acontece en el medio en un claro despertar del juez ordinario como del
Estado constitucional que encuentra en el tribunal constitucional una suerte de super-
juez capaz no solo de actuar como instancia definitiva en los procesos constitucionales
sino además de ello se presenta como un poder de corrección sustancial del proceder
de la justicia ordinaria invalidando sus decisiones cuando éstas invaden zonas vedadas
como son los derechos fundamentales.
Para evitar entrar en conflicto con el Organismo Legislativo en cuanto a la
promulgación de leyes y el Organismo Judicial específicamente en lo relativo a la
independencia judicial, tanto los diputados, así como los jueces y magistrados,
deben tener un estricto control de constitucionalidad y convencionalidad, pero si
en determinado momento se tuvieran que examinar sus actuaciones por parte de
la Corte de Constitucionalidad, las autoridades deben considerarlo como mera
colaboración y no como disputa de consideraciones, puesto que todo va
encaminado únicamente para que se mantenga el Estado Constitucional de
Derecho y se otorgue una verdadera tutela judicial efectiva en favor de las
personas, de ahí deviene la importancia de la separación de poderes, para
equilibrar las funciones de cada organismo, por ejemplo, el legislativo debe velar
porque las normas que crea, modifique o derogue, sean adecuadas y no vulneren
derechos consagrados en la constitución y demás leyes constitucionales,
cumpliendo con el control de convencionalidad, de la misma manera el
organismo judicial debe aplicar e interpretar las dichas leyes siempre a favor de
la persona y el orden constitucional, si estos presupuestos no se cumplen, la
Corte de Constitucionalidad interviene para reencausar el actuar de estos
organismos.
I.3 La argumentación como estrategia de legitimación y el tribunal como institución
republicana
Se presenta como una poderosa herramienta de auto-legitimación, no solo para el TC,
sino para el poder jurisdiccional en general, entendido como poder entre jurisdicción
ordinaria y jurisdicción constitucional. De este modo frente a las desviaciones o
degeneraciones de la especie, la justicia constitucional que protege al género que es la
república, reivindicándola, puede incluso limitar la democracia porque sirva para
preservar el carácter de especificación de la república en tal sentido la justicia
constitucional es una función republicana; comprender la actuación de la justicia
constitucional desde la perspectiva de la república y no de la democracia no supone, sin
embargo, renunciar a la necesidad de presentar argumentos a favor a favor de su
legitimidad, la justificación es aquí el arma inofensiva pero irrenunciable del carácter
republicano de la función jurisdiccional del juez constitucional, se trata de comprender la
argumentación constitucional en su doble función: como actividad orientada al proceso
en concreto, pero también como proceso público de decisión en el que el órgano
constitucional logra legitimarse en sus funciones.
Por supuesto que cada razonamiento y argumentación, realizado por la Corte
de Constitucionalidad, en cualquiera que sea la materia, debe ser valorado sin
excusa alguna por la autoridad correspondiente al momento de resolver, lo
anterior en virtud de ser una obligación el hecho de tener un estricto control y
observancia constitucional y ese es el motivo primordial por el cual la tribunal
constitucional emite sus fallos, los cuales constituyen jurisprudencia y todo esto
para evitar la vulneración de derechos humanos fundamentales por existir
antecedentes.
II. IDEOLOGÍAS Y ARGUMENTACIÓN
Las actitudes del juez debe ser analizadas a partir de los modelos o concepciones
de constitución, es claro que no da lo mismo interpretar o argumentar a partir de una
constitución entendida como norma política o procedimental que hacerlo desde una
constitución entendida como norma material o con contenido que condiciona el propio
proceso político, las actitudes más saltantes con relación a la interpretación de la
constitución expresan pre-comprensiones que condicionan de manera relevante el
trabajo judicial y la respuesta que dan los tribunales constitucionales en la mayoría de
casos.
En el presente caso es indispensable dejar a un lado las ideologías propias,
pues se debe actuar en estricto respeto del Estado constitucional de derecho, y
aplicar la interpretación constitucional a lo que efectivamente han establecido los
constituyentes, pues por mucho que se tenga un criterio propio para resolver, la
Constitución Política, siempre estará por sobre encima de toda ley y/o ideología
alguna y es el único instrumento al cual se debe regir así se tengan otro tipo de
pensamientos o argumentaciones.
II.1 El “juez vinculado” al texto de la Constitución: El control semántico de la
Constitución
Es una actitud de dependencia y de compromiso frente a la obra del legislador
racional y expresión del poder legítimo de la burguesía en el poder. Se trata de ver en el
juez un órgano de ejecución de los actos legislativos. De este modo se pretende
separar conceptualmente los actos de creación (política) de la Ley con los actos de
aplicación (técnico-judicial) a cargo de los jueces a quienes se les delega un poder nulo
o de simple subsunción.
La aplicación de la Constitución debe ser vista como una ley más, siendo más
fácil suponer el modelo de argumentación y de judicatura constitucional resultante,
aunque existen diversos matices al anterior de un entendimiento, se afirma que el
textualismo es una buena expresión de este modelo ideológico. Según esta concepción,
la Constitución debe ser interpretada atendiendo a lo que los constituyentes quisieron
expresar al escribir determinado texto, de modo que la argumentación constitucional
tiene como objeto el conocimiento o averiguación respecto de las grafías y de los
significados tal como se entendieron en el momento en que fueron escritos.
El textualismo y originalismo, aún con sus múltiples variantes de contexto,
confluyen, sin embargo en sus fundamentos y modos de abordar determinados
problemas jurídicos que tiene como punto de discordia la asignación de significados a
un texto constitucional, por un lado la interpretación se presenta como lectura literal
(objetiva) por otro como lectura intencional (subjetiva). El convencionalismo lingüístico,
no obstante apostaría más bien por una asignación de significados que partiendo del
texto, puede sin embargo apartarse de una lectura literal de consensos lingüísticos que
contextualicen el significado.
En atención a lo anterior, el control de constitucionalidad, debe estar sujeto
al texto fidedigno propio de la constitución, para ello el tribunal constitucional,
debe buscar el verdadero sentido que el constituyente en su momento pretendió
otorgar al texto, pues salirse de esa literalidad y dar otro sentido podría resultar
contraproducente para el Estado constitucional de derecho y más aún para la
protección constitucional de la persona, en defensa de sus derechos
fundamentales reconocidos.
II.2 El juez escéptico y la interpretación como creación libre.
En el ámbito constitucional, esto supone asumir que la constitución nada o poco
le dice al Tribunal a la hora de interpretar sus cláusulas. El tribunal es siempre libre al
momento de interpretar la Constitución, la misma que al final de cuentas es lo que los
jueces dicen que es; el escepticismo interpretativo tiene múltiples expresiones por lo
que conviene seguir el siguiente esquema analítico: a) Imposibilidad de conocer la
verdad o falsedad de las proposiciones constitucionales; b) imposibilidad de asignar
significados irrefutables a los enunciados constitucionales; c) imposibilidad de construir
productos interpretativos verdaderos.
Una versión fuerte del escepticismo sería incompatible con cualquier esquema
en el que se intente formular una teoría de la argumentación constitucional racional, en
la medida que no sería posible incorporar criterios de corrección en la toma de
decisiones. Sin embargo desde una perspectiva de la argumentación racional, podría
aceptarse la tesis jurídica de la imposibilidad de respuestas correctas pero asumiendo
como premisas algunas tesis diferentes a las establecidas pues la crisis de certeza en
el Derecho sin embargo no puede conducirnos al escepticismo de no poder construir un
modelo capaz de asumir los retos del modelo del constitucionalismo.
En el presente marco, si bien es cierto resulta difícil conocer el verdadero
sentido que el constituyente en su oportunidad intentó darle a la constitución, no
debería ser posible que el juez tenga una interpretación completamente libre,
pues atendiendo que todo es evolutivo, el juez debe respetar la taxatividad y
adecuar ese contenido al sentimiento actual, realizando las consideraciones
pertinentes pero sin dejar de cumplir con su deber de observancia estricta
constitucional porque media vez no sea distinta el juez debe ser respetuoso de lo
que la Constitución Política establezca.
II.3 Juez comprometido con los valores pero limitado por la argumentación racional
En esta dirección Zagrebelsky ha dado un paso más al plantear la necesida.d de
la asignación de sentido y de valor en la interpretación de los casos como antesala o
mejor aún como contrapartida a todo proceso de interpretación normativa. El sentido
orienta a la acción humana hacia un resultado social, mientras que la asignación de
valor se ve condicionada por dicho sentido. La construcción de sentido y de valor da
cuenta de la posibilidad de la objetividad en los juicios interpretativos y alejan las
sospechas de subjetividad.
De este modo, sin embargo si bien se está ante un juez más comprometido con
los valores que con los textos, se asume el riesgo de un juez con poderes
peligrosamente ilimitados, si bien esta manera de comprender la labor judicial resulta
paradójica, si se toma en cuenta los demás postulados queda claro que el compromiso
con los mandatos morales de la Constitución requiere no solo de un tribunal activista,
en el sentido que debe estar preparado para formular y resolver cuestiones de
moralidad política; sino además una teoría del razonamiento y de la argumentación que
sea capaz de poner límites más o menos razonables, ahí donde el Derecho deja a la
moral en una suerte de tierra de nadie. En suma una cierta capacidad para comprender
los valores de una Constitución que se muestra “abierta” pero que impone contenidos
sustanciales a los poderes llamados a actuar bajo su mandato.
Los valores de una persona son inherentes, pero en una interpretación
constitucional racional debe apegarse el tribunal constitucional al estricto
respeto del texto fiel de la constitución, puesto que esta no puede variarse en
ningún momento racionalmente, caso contrario podría afectarse a la misma y
dejar en tela duda la actuación del tribunal constitucional y peor aún de resultar
esta negativa, se estaría dejando en un estado de indefensión a quien haya
recurrido ante este buscando una verdadera protección estatal.