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La - Tierra - Prometida - Del - Sur 3

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La tierra prometida

del sur del lago de


Maracaibo.
De su misma sangre.
La frontera indígena
(Siglos XVI-XIX)
Tomo III
Luis Alberto
Ramírez
Méndez

Colección Rafael María Baralt Vol. 5


Luis Alberto Ramírez Méndez

La tierra prometida del sur del lago de


Maracaibo.

De su misma sangre. La frontera indígena


(Siglos XVI-XIX)
Tomo III

Fondo Editorial UNERMB

Colección Rafael María Baralt

N°5
La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo.
De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-
XIX).
Tomo III
Luis Alberto Ramírez Méndez

Colección Rafael María Baralt, Vol. 5

Publicación coauspiciada por Fondo Editorial UNERMB


y la Unidad de Divulgación, Difusión y Formación de
investigadores del Programa Investigación-CDCHT.

© 2015 Universidad Nacional Experimental “Rafael María


Baralt” (UNERMB)

ISBN: 978-980-6792-25-8
Depósito legal: lfx53620159003271

Fondo Editorial UNERMB


Portada, diseño y diagramación: Julio García Delgado

Cabimas, septiembre de 2015


Colección Rafael María Baralt

La colección Rafael María Baralt tiene como propósito conmemorar


la vida, obra y pensamiento de este insigne venezolano, mediante la
publicación de investigaciones en el área de la cultura venezolana. La
colección nace como un proyecto destinado a rescatar, editar y difundir
los trabajos de investigación en el área de las ciencias sociales. Colección
que, con esta obra, ya llega al número cinco, que indica la continuidad
en un trabajo académico que representa el esfuerzo de la comunidad
intelectual de nuestra universidad.
Esta publicación forma parte del trabajo La tierra prometida del sur
del Lago de Maracaibo, del profesor Luis Alberto Ramírez Méndez, de
la Universidad de Los Andes y activo colaborador en el desarrollo de la
investigación histórica en la Universidad Nacional Experimental “Ra-
fael María Baralt”, especíicamente en la sede de Bobures. El objeto
de este trabajo es la reconstrucción de los procesos históricos del sur
del lago de Maracaibo, especíicamente las luchas entre las etnias indí-
genas e hispano-criollos por el dominio efectivo del territorio; lo que
desmiente el mito hispano del dominio absoluto y sin tropiezos del
continente americano. Por ello, el trabajo del Prof. Ramírez constituye
un valiosísimo aporte no solamente a la historiografía sobre el sur del
lago de Maracaibo, sino también una contribución a los conocimientos
y saberes de la región surlaguense.
UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL RAFAEL MARÍA BARALT

AUTORIDADES
Lino Morán
Rector
Johan Méndez Reyes
Vicerrector Académico
Leonardo Galbán
Vicerrecto Académico
Victoria Martínez
Secretaria

PROGRAMA EDUCACIÓN
José Lárez
Director del Programa Educación
Jorge Vidovic López
Coordinador del CESCH
Yolimar Díaz
Jefa del departamento de Ciencias Sociales

PROGRAMA INVESTIGACIÓN
Nandy García
Director del Programa Investigación-CDCHT
Julio García Delgado
Coordinador de la Unidad de Difusión, Divulgación y Formación de
investigadores
A los bravíos motilones
Índice General

Índice de mapas....................................................................................13
Índice de tablas.....................................................................................14
Presentación..........................................................................................15
Prólogo..................................................................................................17
Del Autor..............................................................................................21
Abreviaciones........................................................................................23
Introducción.........................................................................................25

Capítulo 1: La frontera indígena en el sur del lago de Maracaibo......45


La frontera indígena.......................................................................47
Un nuevo grupo étnico en el sur del lago de Maracaibo.................58
La actuación de las etnias indígenas durante el periodo de contac-
to: Los guaroríes........................................................................64
La actuación de las etnias indígenas durante el periodo de contacto:
Los kirikires...............................................................................66
La actuación de las etnias indígenas durante el periodo de contacto:
Los chinatos...............................................................................77
La actuación de las etnias indígenas durante el periodo de contacto:
Los motilones.............................................................................82

Capítulo 2: Los motilones durante el siglo XVIII...............................85


El preludio de la guerra..................................................................87
Los motilones en la jurisdicción de Gibraltar.................................89
Los motilones en la jurisdicción de Mérida....................................98
Los motilones en la jurisdicción de La Grita...................................101
Los motilones en las jurisdicciones de la villa de San Cristóbal, Salazar
de las Palmas y San Faustino de los Ríos.......................................104
Los motilones en la jurisdicción de Trujillo...................................108

Capítulo 3: La política hispánica para la conquista de los motilones....109


La mítica dominación hispánica del sur del lago de Maracaibo.........111
El plan de los hacendados para protegerse de los motilones............126
La actuación de Juan Chourio......................................................130
La proposición de Cristóbal Costilla y Bohórquez.........................133
La proposición de Antonio Roxas..................................................135
Las actuaciones de los virreyes de la Nueva Granada........................136
Las actuaciones de los gobernadores de la Provincia de Mérida, La Grita y
ciudad de Maracaibo....................................................................144

Capítulo 4: La paciicación motilona.................................................153


El acuerdo entre las etnias blanca e india........................................155
Las cuentas de don Sebastián Guillén...........................................170
Las intrigas en la paciicación motilona.........................................177
La paciicación motilona después de don Sebastián Guillén...........184
El ocaso de la paciicación.............................................................206
Conclusiones.......................................................................................215
Fuentes.................................................................................................223
Documentales inéditas.................................................................225
Documentales publicadas.............................................................237
Libros...........................................................................................239
Revistas........................................................................................247
Digitales.......................................................................................251
Tesis y trabajos inéditos................................................................252
Índice de mapas

Mapa 1: Ubicación de los Kirikires en Bobures altos...................................76


Mapa 2: Corregimiento y Gobernación de Mérida (1622-1676.................90
Mapa 3: Ubicación de las misiones en el sur del Lago de Maracaibo. (Siglo
XVII).......................................................................................................197
Índice de tablas

Tabla 1: Cuentas de don Sebastián Guillén. 1774....................................172


Tabla 2: Propiedades secuestradas a vecinos e indígenas del Zulia. 1825.......212
Presentación

La Universidad Nacional Experimental “Rafael María Baralt”, a tra-


vés del Fondo Editorial UNERMB, en conjunto con el Centro de Estu-
dios Sociohistóricos y Culturales y la Unidad de Divulgación, Difusión
y Formación de Investigadores del Programa Investigación, hacen un
esfuerzo en la difusión de los conocimientos y saberes producidos desde
y para la región de la cuenca del lago de Maracaibo en el afán de cons-
truir un mejor futuro para nuestra comunidad.
Lo anterior coincide con el cumplimiento del rol de la universidad
como agente promotor de cambios que propicien un mejor vivir en su
entorno, que en nuestro caso corresponde a la cuenca del lago de Mara-
caibo y sus regiones circundantes. En este caso concreto, a través de esta
obra, circunscribimos el aporte en la región del sur del lago de Maracai-
bo. Zona con una riqueza geográica, sociohistórica y cultural inmensa,
que ha sido poco vista desde los distintos círculos académicos de la región
y el país. Riqueza en conocimientos y saberes que, de una u otra manera,
esperan por ser descubiertos y redescubiertos para mejorar no solamente
los espacios surlaguenses, sino también al país y América Latina.
Por ello, se acoge La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo.
De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX) dentro de la
colección Rafael María Baralt, en tanto que esta obra, sin mínimo mar-
gen de duda, constituye un valioso aporte para la comprensión de los
procesos sociohistóricos que condujeron –y conducen– a la construc-
ción de la sociedad venezolana.
En primer lugar, el presente trabajo forma parte de la serie La tierra
prometida del sur del Lago de Maracaibo, que ya llega a su tercer tomo,
cuyo eje central en esta ocasión es el proceso de lucha por el domino de
los hispanos criollos en los espacios surlaguenses, que no fue en asbo-
luto fácil para éstos, en tanto la resistencia de los grupos indígenas fue
aguerrida e incesante, factor que diicultó la instauración de la sociedad
colonial en esas tierras.
En segundo lugar, se presenta el sur del lago de Maracaibo como
una región fronteriza, tanto entre los indígenas e hispano-criollos como
entre los mismos aborígenes –al tratarse de una zona de transición entre
la fachada amazónica y andina–. Frontera, no como una zona divisoria
desprovista de interacciones al tratarse de límites de dos elementos, sino
de un espacio de intercambios profundos y constantes entre los distin-
tos grupos de cada lado de la misma, no necesariamente llevados de
forma pacíica y armoniosa.
En tercer lugar, esta obra se destaca por el rescate de las voces de los
indígenas, invisibilizados en la historiografía, y, a lo sumo, tomados
en cuenta como seres ajenos a los procesos históricos; mientras que,
precisamente, constituyen parte fundamental en la construcción de la
sociedad venezolana. También se destaca por recoger los elementos que
destacan la importancia de la región sur del lago de Maracaibo en la
formación de la sociedad colonial, tomando en cuenta la escasa biblio-
grafía sobre y desde esta región.

Jorge Vidovic López


Coordinador del Fondo Editorial UNERMB
Coordinador del Centro de Estudios Sociohistóricos y Culturales
Prólogo

Una de las airmaciones más recurrentes sobre el sur del lago de Ma-
racaibo es que son tierras de chimbangles y llanuras de platanales y
selvas, región prístina y virgen hasta mediados del siglo XX, con la cons-
trucción de la carretera panamericana que llevaba el progreso y nueva
gente. Airmación que resulta no sólo inexacta sino errada, que implica
una negación en gran medida de los procesos históricos que deinen
la región surlaguense como es hoy día. Más que una zona de paso, de
tránsito entre las cumbres merideñas y el estuario marabino –un “no
lugar”, en la tónica de Marc Augé– en donde el puerto de Gibraltar se-
ría una mera escala; el sur del lago de Maracaibo constituyó un espacio
fronterizo-liminar entre los dominios hispano-criollos y las tierras de
los grupos aborígenes, o “indios”, quienes lejos de ser sometidos, fueron
una constante amenaza al establecimiento de pueblos, villas y haciendas
y, en consecuencia, implantación de la sociedad colonial hispana. Lu-
chas constantes entre ambas etnias que apenas se aplacaron con frágiles
acuerdos que permitieron una débil y tímida ocupación por parte de los
europeos, quienes se replegarían en la cordillera andina y en las riberas
del lago de Coquivacoa.
Por ello, se puede airmar que nos topamos con un silencio histo-
riográico. Dichos silencios niegan no sólo grupos sino regiones ente-
ras, que quedan invisibilizadas en la historiografía patria oicial, la cual
apenas pregona la conquista y colonización, en los pocos momentos
en los que se profundiza dicho período. Se presume, también, que este
período se conformó como un proceso uniforme y armonioso por parte
de los hispano-criollos al implantar su modelo social sin escollos ni re-
sistencia por parte de otros grupos étnicos, sean indios, negros o pardos.
Lejos de la realidad: se trató de un período de fraguado de la sociedad
venezolana, en el cual los distintos grupos étnicos y sociales luchaban
tanto por mantener sus privilegios como para desplazar a los otros en
miras de tener supremacía en la pirámide social. Nos encontramos,
entonces, ante un silencio mediante el cual se callan dos aspectos: la
presencia y resistencia indígena y los procesos históricos en el sur del
lago de Maracaibo, región rica en historia y procesos que, de una u otra
forma, contribuyeron a la conformación de lo que Maracaibo y Mérida
son hoy día.
En esta oportunidad, el profesor Luis Ramírez, historiador que ha
dedicado a descubrir y reconstruir los procesos históricos del sur del
lago de Maracaibo, región que lejos de ser un mero punto de tránsito
y trasbordo entre los dominios emeritenses y marabinos, constituyó un
espacio coyuntural durante el período colonial, en especial durante el
siglo XVII, en el cual el puerto de San Antonio de Gibraltar fue el
puerto de mayor importancia en ese período, cuyo papel fundamental
como centro de acopio y exportación de la rica producción de las tierras
emeritenses.
No es primer intento del autor, pues la presente obra es el tomo III
de La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo, una labor de redes-
cubrir los procesos que deinieron las tierras surlaguenses como espacio
de suma importancia en la construcción de la sociedad colonial, y por
ende, de la República Bolivariana de Venezuela. En los primeros dos
tomos, se enfoca en el estudio de la importancia e inluencia del puerto
de San Antonio de Gibraltar como centro de acopio de la producción
de las cumbres andinas, así como también un eje de producción agrí-
cola de radical importancia en la construcción del país. En este tomo,
el tema central es la lucha entre los hispano-criollos e indios por el
dominio del territorio surlaguense, lucha que se extiende hasta el pe-
ríodo republicano y que, en diferentes tonalidades, se mantiene en la
actualidad.
El autor presenta el sur del lago de Maracaibo como una zona fron-
teriza, tal cual mosaico cultural de transición entre la región amazónica
y la andina, donde la coexistencia entre los distintos grupos indígenas y
de éstos con los hispano-criollos, lejos de ser luida, fue tormentosa y, en
la gran mayoría de los casos, violenta. Se encarga, asimismo, de romper
con el mito de la dominación absoluta pregonada por los ibéricos, quie-
nes en consecuencia, tenían a los indios subyugados y evangelizados.
Mito que se aleja de la realidad, cuando estos grupos indígenas no pu-
dieron ser avasallados, mantuvieron sus vidas con particulares procesos
socioculturales y cuya evangelización fue un largo y arduo proceso.
Los logros de la paciicación, negociada y consensuada a pesar de
que los hispano-criollos insistiesen en mostrar ante el mundo lo con-
trario, de una convivencia si no amistosa, al menos de no agresión con-
solidada a ines del siglo XVIII, se verían deshechas con la instauración
de la república, en la que los súbditos se convertirían en ciudadanos.
Por supuesto, esta ciudadanía excluía a los menos favorecidos en la es-
cala social, entre ellos los indígenas, a quienes se les negó el derecho a
ser ciudadanos y que estos últimos desconocían la aplicación de este
concepto tanto en la sociedad republicana como en sus contextos par-
ticulares.
Este trabajo, a su vez, constituye una novedad en cuanto al aborda-
je del discurso, en tanto que la reconstrucción de los procesos en los
cuales los grupos indígenas se vieron involucrados, tuvo que ser hecho
desde la visión de los hispano-criollos, que dejaron en evidencia a través
de documentos las diicultades al momento de controlar el territorio
surlaguense. La construcción, o reconstrucción de los discursos, llegar
a las aproximaciones de las visiones y mentalidades de épocas remotas
nunca ha sido una tarea sencilla, y menos aun cuando dichos discursos
se construyen a través de los testimonios de los otros, en este caso, los
hispano-criollos.
La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre.
La frontera indígena (Siglos XVI-XIX) nos ofrece una interesante visión,
tanto de los procesos históricos como experiencia metodológica en el
abordaje historiográico del período colonial, época en la cual se con-
formaron los elementos estructurales identitarios de nuestra Venezuela.
Visión de los procesos históricos, pues nutre en gran parte las carencias
de los estudios coloniales en el país, que este período, inalmente deje
de ser una era de oscurantismo antes del brillo cegador de las luchas
por la independencia, que la patria no nació a principios del siglo XIX,
sino desde la misma llegada de los aborígenes a estas tierras. Experiencia
metodológica en tanto el rescate de discursos desde la alteridad, práctica
frecuente desde la antropología, y en menor medida de la sociología, si
bien incipiente en los trabajos historiográicos.

Julio García Delgado


Coordinador de la Unidad de Divulgación, Difusión y Formación
de Investigadores del Programa Investigación-CDCHT
Universidad Nacional Experimental “Rafael María Baral”
Del Autor

El presente trabajo es resultado del apoyo de personas e instituciones


sin las cuales nunca hubiera visto su culminación. En primer lugar quiero
agradecer eternamente la valiosa cooperación que me ha prestado la his-
toriadora Ligía Berbesí, cuya amable disposición en brindarme su apoyo
al desarrollo de la presente investigación y facilitarme los borradores de su
trabajo inédito “La amante del Gobernador”, lo que demuestran su gran
gentileza, desprendimiento e interés en que éste estudio fuera inalizado.
Asimismo, quiero reconocer de todo corazón a Emanuele Amodio quien
ha respondido en todo momento a mis constantes dudas e interrogantes,
cuyo auxilio me ha permitido explorar insospechadas probabilidades en el
análisis. Igualmente, quiero corresponder al sempiterno amigo Jesús Barre-
to Leal, por su innegable paciencia en revisar los borradores de este trabajo.
De la misma forma, quiero expresar mi más perdurable agradecimien-
to al abogado Jairo Ramírez, quien se desempeñaba como Registrador
Principal del Estado Zulia (Maracaibo-Venezuela) por su innegable dis-
posición en facilitarme copias de la documentación que requerí para rea-
lizar el presente estudio. Asimismo, mi ininita gratitud a la amabilidad
y deferencia con que me atendió el señor Jesús Lares, encargado la colec-
ción de documentos del expresado Registro Principal, por su disposición
en digitalizar las copias de los registros que con tanta urgencia le solicité.
Igualmente, me es preciso reconocer al genealogista Nelson Sanguinetti,
por su afabilidad en facilitarme copias de manuscritos correspondientes
al período colonial, que reposan en el Archivo de La Grita del Registro
Principal del Estado Táchira y en atender mis numerosas consultas, todo
lo cual me fue de invaluable ayuda.
Finalmente, expreso que la presente investigación se ha desarrollado
en el marco del Grupo de Investigación de Historia de las Regiones
Americanas (GIHRA) de la Escuela de Historia de la Facultad de Hu-
manidades y Educación de la Universidad de Los Andes de Mérida (Ve-
nezuela) y de la misma forma al Fondo Editorial UNERMB y Unidad
de difusión, negociación y formación de investigadores del programa
de investigación y al Centro de Estudios Sociohistóricos y Culturales
de la Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt en su
disposición a realizar la publicación del presente trabajo, para todos mi
eterno agradecimiento.
Abreviaciones

AAM. Archivo Arquidiocesano de Mérida (Mérida-Venezuela).


AHNM. Archivo Histórico Nacional de Madrid (Madrid-España).
AGEM. Archivo General del Estado Mérida (Mérida-Venezuela).
AGI. Archivo General de Indias (Sevilla-España).
AGNB. Archivo General de la Nación (Bogotá-Colombia).
AGNC. Archivo General de la Nación (Caracas-Venezuela).
AUCAB. Archivo de la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas-Ve-
nezuela).
BNBFC. Biblioteca Nacional Biblioteca Febres Cordero (Mérida-Ve-
nezuela).
RPET. Registro Principal del Estado Táchira (San Cristóbal-Venezuela).
RPEZ. Registro Principal del Estado Zulia (Maracaibo-Venezuela).
Introducción

El sur del lago de Maracaibo es un espacio geográico privilegiado de-


bido a sus fértiles suelos y caudalosos ríos. Esas particulares características
la han deinido como un suelo con elevado índice de productividad, como
una tierra de promisión con ingentes riquezas, las que estaban disponibles
para aquellos que las hicieran suyas, las que han atraído la migración y
el asentamiento de diferentes grupos poblacionales, en diversos periodos
históricos. Por esas razones, la zona ha sido un área de convergencia, en la
que diferentes etnias se han enfrentado para imponer su dominio, obje-
tivo que ha sido muy ambicionado desde épocas pretéritas; pero que sólo
ha sido alcanzado en tiempos recientes, lo cual le ha conformado con una
especial tipiicación como una zona de frontera.
Esa particularidad del sur del lago de Maracaibo, determina la nece-
sidad de conceptualizar el término frontera en cuya formulación se ha
contribuido a la ordenación de una tradición disciplinar1, debido a la
multiplicidad de acepciones que progresivamente se le han incorporado
al concepto. En ese sentido, Margarita Gascón explica que la frontera
implica la separación explícita entre una sociedad y otra, aunque pa-
radójicamente las vinculaciones comerciales y étnicas en las zonas de
frontera son a menudo más frecuentes que excepcionales. Del mismo
modo, la autora admite que el término frontera tal como se ha expuesto
hasta el presente, muestra resultados dudosos en cuanto a su uso espe-
cíico y por el contrario, precisa que la frontera entendida como hito de
separación entre diferencias ha permitido que se expandiera un amplio
abanico de axiomas, propiciando en ciencias sociales la formación de la
tipología de “fronteras”. Como resultado de ese proceso, se han deini-
1 Livingstone David N., The Geographical Tradition, Episodes in the History of a Contested Enterprise,
Oxford, Blackwell, 1992.
26 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

do fronteras geográicas, políticas, culturales, económicas, lingüísticas,


étnicas, agrarias, raciales, incluso hasta de género y sexuales. Adicio-
nalmente, se destaca la variedad de acepciones que implica el vocablo
frontera empleado algunas veces como metáfora, en ocasiones, como
concreción geográica, en otras oportunidades como sinónimo de un
límite y también como espacio de hibridación2.
De esa forma, existe consenso entre diversos autores al expresar que
los diferentes signiicados del concepto frontera han motivado numero-
sos estudios que han sido abordados desde dos ópticas fundamentales,
la primera vinculada con la enunciación de los límites internacionales,
y la segunda, que deine el avance en la ocupación de territorios no
incorporados a la economía mundial. La primera perspectiva tiene sus
postulados básicos en los trabajos clásicos de la geografía política y de
la geopolítica suscritos por Retzel, Haushofer y Shuller, entre otros3.
La segunda visión está inspirada en los estudios de geografía política
y especialmente agraria4, la que se inició a inales del siglo XIX con los
planteamientos de Frederick Jackson Turner5, quien consideró la fron-
tera como una línea recta que divide el avance de la “civilización” sobre
la “barbarie”; también como “región de migración”, una “forma de so-
ciedad”, un “estado de ánimo”, y el “estado de la sociedad”, enfatizando

2 Gascón Margarita, “Las fronteras en Arauco en el siglo XVII, recursos, población, conocimiento y política
imperial”. En: Fronteras de la Historia Nº 8, 2003. pp. 153-182.
3 Nogué, J. Vicente, Los territorios de la globalización, Geopolítica en un mundo en transformación.
Barcelona. Editorial Ariel, 2001; Tovar Ramón A. “La variable espacio en la frontera Venezuela-Colom-
bia”. En: Boletín de la Academia Nacional de la Historia. T. LXXIV, Nº 295, 1991. pp. 13-26; Hernández
Cartens Eduardo, “La frontera llanera”. En: Boletín de la Academia Nacional de la Historia. T. LXXIV, Nº
295, 1991. pp. 77-104.
4 Henessy, Alistar, The Frontier in Latin American History. Londres, Edward Arnold, 1978; Reborratti C.,
“Fronteras agrarias en América Latina”. En: Geocritica, Nº 87, 1990. Disponible en: http,//[Link]/
geocrit/[Link].
5 Frederick Jackson Turner, The Significance of the Frontier in American History, 1893. Disponible en:
http,//[Link]/bookbind/pubbooks/faragher7/medialib/chapter20/[Link]; Gressley Gene M.,
“The Turner Thesis A problem in Historiography”. En: Agricultural History, Vol. 32, Nº 4, (oct., 1958),
pp. 227-249.
Luis Alberto Ramírez Méndez 27

de esa manera que la frontera antes que un “lugar” es un “proceso”6.


Además, en esa concepción se tipiica la frontera como un “ambiente
desértico”, “una tierra vacía y no colonizada” y lo más importante como
un “proceso social de colonización”7.
En ese sentido, Alistar Hennessy puntualiza que Turner utilizó el
vocablo frontera para conceptualizar una “región geográica, en proceso
de adaptación”; o como “la existencia de un borde en la colonización” y
como un “área de tierra sin utilizar, sin incorporar o sin colonizar”8, en
la que posteriores investigaciones han centrado su atención para expo-
ner la problemática de la expansión de la frontera agraria9. Aunque los
planteamientos de Turner inicialmente fueron aceptados, a lo largo del
siglo XX han sido debatidos y duramente criticados por numerosos au-
tores que han cuestionado la aplicación de los postulados turnerianos10.
Debido al constante proceso de revisión de las ideas expuestas por
Turner, se han propiciado estudios históricos en los que se han reexa-
minado las formas y las concepciones de las fronteras en diferentes pe-

6 Rausch Jane M., “¿Continua teniendo validez el concepto de frontera para estudiar la historia de los
llanos en el siglo XXI?”. En: Fronteras de la historia, Vol. 15-1, 2010, p. 158; Brenna B. Jorge E., “La
mitología fronteriza: Turner y la modernidad”. En: Estudios fronterizos, Nueva época, Vol. 12, Nº 24,
2001. pp. 9-34.
7 Derman Joshua, “Frederick Jackson Turner and the gospel of de wealth”. En: The concord review in,
1995. pp. 131-148.
8 Londoño Jaime, “El modelo de colonización antioqueña de James Parsons. Un balance historiográfico”.
En: Fronteras de la Historia. Nº 7, 2002, p. 193.
9 Salizzi Esteban, Transformaciones espaciales y frontera agraria: elementos para el abordaje de la expan-
sión del modelo productivo pampeano. Disponible en: [Link]
10 Al respecto véase la reflexión de Rausch, Jane, “¿Continua teniendo validez para estudiar la historia de
los llanos en el siglo XXI?” en Fronteras de la historia. Vol. 15, 2010, pp. 157-179; Jiménez, Alfredo, “La
historia como fabricación del pasado. La frontera del oeste o American West”. En: Anuario de Estudios
Americanos. T. LVIII, 2, 2001, pp. 737-755; Mondi, Megan, “Connected and Unified: A more critical
look at Frederick Jackson Turner´s America”. En: Constructing the Past. Vol. 7. Iss. 1, art. 7, pp. 30-34.
28 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

riodos históricos11, particularmente en el ámbito latinoamericano12, en


cuyos contextos geo-históricos se ha revelado una extraordinaria diver-
sidad en las visiones de la misma, en las que se incluyen la existencia de
un espacio de diferenciación, a las que son yuxtapuestas con aquellos
que la presentan como un lugar para la negociación, la alianza y el in-
tercambio13, además como áreas de encuentro y desencuentro, donde
distintos agentes situados en desiguales escalas, deinen a través de sus
prácticas y representaciones los ámbitos de las mismas.
En oposición a la concepción clásica de la frontera, la que sostie-
ne que los blancos, tanto europeos como sus declarados descendientes
11 Weber, D., La frontera española en América del norte, México, Fondo de Cultura Económica, 2000;
Sahlins Peter, “Natural frontiers revisited, France Boundaries since The seventeenth century”. En: Ame-
rican History Review, 95, Nº 5, 1990, pp. 1423-1451; Jiménez Alfredo, “La historia como fabricación
del pasado: la frontera del Oeste o American West”. En: Anuario de Estudios Americanos, T. LVIII, 2,
2001. pp. 737-755; Gresley Gene M.: “The Turner Thesis. A problem in historiography”. En: Agricultural
History. Vol 32, Nº 4, 1958. pp. 227-249.
12 Osorio Machado, L., “Artificio político en el origen de la unidad territorial de Brasil”. En: H. Capel (eds),
Los espacios acotados, geografía y dominación social. Barcelona. Publicaciones Universitat de Barcelo-
na, 1990; Villalobos S., “Tres siglos y medio de vida fronteriza chilena”. En: F. de Solano y S. Bernabeu
(cord.), Estudios (nuevos y viejos) sobre la frontera. Anexos de Revista de Indias. Nº 4, 1981, pp. 289-
359; Osorio Machado L., “Misiones y Estado colonial, Confrontaciones entre dos formas de control
territorial en la Amazonia del setecientos”. En: Peset J. L. (coord.), Ciencia, vida y espacio en Hispa-
noamérica. Madrid. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1989. Vol. 3; Guillón Abao Alber-
to J., La frontera de Chaco en la Gobernación de Tucumán 1750-1810. Cádiz. Universidad de Cádiz,
Servicio de Publicaciones, 1983; Schhröter Bernd, “La frontera en Hispanoamérica colonial, un estudio
historiográfico y comparativo”. En: Colonial Latin American Historial Review (Alburquerque). Vol. 10, Nº
3, 2001. pp.351-385. Londoño, Jaime, “El modelo de la colonización antioqueña de James Parsons. Un
balance historiográfico”. En: Fronteras de Historia. Nº 7, 2002. pp. 187-226; Rausch Jane: “La mirada
desde la periferia desarrollos en la historia de la frontera colombiana, desde 1970 hasta el presente”. En:
Fronteras de la Historia. Nº 8, 2003, pp. 251-260; Mantecón Movellan, Tomás A, “Frontera(s) e Historia
(s) en los mundos ibéricos.” En: Manuscrits Revista d´Història Moderna. 32, 2014. pp. 19-32.
13 Santamaría, D. J. y Peire J. A., “¿Guerra o comercio pacífico? La problemática interétnica del Cha-
co centro occidental en el siglo XVIII”. En: Anuario de Estudios Americanos. Vol. 50, Nº 2, 1993, pp.
41-67; Santamaría, D. J., “Apostatas y forajidos, los sectores sociales no controlados en Chaco en el
siglo XVIII”. En: Teruel, A y Jerez J. (comp.), Pasado y presente de un mundo postergado, Estudios de
antropología, historia y arqueología del Chaco y piedemonte surandino. Jujuy. Universidad Nacional de
Jujuy. Unidad de investigación en Historia Regional, 1998; Rausch Jane M.: ¿Continúa teniendo validez
el concepto de frontera para estudiar la Historia de los Llanos en el siglo XXI?”. En: Fronteras de la
Historia. Vol. 15-1, 2010, pp. 157-179.
Luis Alberto Ramírez Méndez 29

construyeron una serie de Estados nacionales frente a un espacio prácti-


camente vacío en lo político, social y cultural14, se han enfrentado otras
posturas que han demostrado la existencia de colectivos sociales sin la
presencia de un Estado, los que han sido tipiicados como entidades
diferentes pero con una estructura política especíica y con un orden
institucional propio, mediante el cual conforman una sociedad particu-
lar inmersos en circunstancias más o menos estables que propician una
cultura fronteriza transitoria15. En esos fundamentales aspectos, Nacah
y Navarro puntualizan que la frontera “es un mundo que se dilata espa-
cial, temporal y socialmente; con bordes difusos y sistemas informales
o no consensuales de dominación, pero coherentes; cruzado por in-
luencias externas, autónomo en tanto que ninguno de los factores de
poder presentes alcanza a imponer su dominio, mientras sus estructuras
permanecen culturalmente heterogéneas”16.
Obviamente, esas sucesivas modiicaciones en la signiicación del
concepto de frontera, son el resultado de la inluencia que han generado
los estudios de alteridad17, en los que se plantea el reconocimiento del
“otro”18 en un espacio en común, tanto geográico como histórico, lo
14 Halperin Donghi Tulio, Historia contemporánea de América Latina. Madrid. Alianza Editorial, 1980;
Kaplan, Marcos: La formación del Estado liberal oligarca en América Latina. Buenos Aires. Amorrurto,
1969.
15 Schröter Bernd, “La frontera en Hispanoamérica colonial, un estudio historiográfico y comparativo”. En:
Colonial Latin American Historial Review (Alburquerque) Vol. 10, Nº 3, 2001, pp. 351-385.
16 Nacach Gabriela y Navarro Floria Pedro, “El recinto vedado. La frontera pampeana en 1870 según Lucio
V. Mansilla”. En: Fronteras de la Historia, Vol. 9, 2004, pp. 233-257.
17 Una de los primeros planteamientos sobre la alteridad se expusieron desde el campo filosófico,
con la discusión sobre la disyuntiva en la mentalidad de los criollos entre sus ancestros indígenas
y su herencia europea, al respecto consúltese a Guerrero Briceño, José Manuel, El discurso salva-
je. Caracas. Editorial Arte, 1980; Makaran, Gaya, “La alteridad y el pensamiento quechua aymara en
los tiempos de la conquista y la colonia”. Disponible en, http,//[Link],8180/musef/bits-
tream/123456789/498/1/[Link].
18 Makaran Gaya: La alteridad y el pensamiento quechua-aymara en los tiempos de la conquista y la colo-
nia. Disponible en: [Link] C. José Luis, “Voces, discursos e
identidades coloniales en los Andes del siglo XVI”. En: Martínez C. José Luis (edit.), Los dis-
cursos sobre los Otros. (Una aproximación metodológica interdisciplinaria). Santiago de Chile.
Ediciones Facultad de Filosofía y Humanidades. Universidad de Chile, 2000. pp. 127-157.
30 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

que determina la conformación de fronteras culturales y étnicas, en las


que se practica el intercambio de bienes y recursos, pero también se ma-
niiesta el conlicto por el control y la apropiación de los mismos19. En
atención a esos argumentos, ha sido necesario recurrir a la tipiicación
de actores culturales preexistentes en territorios, cuya presencia lejos de
ser ignorada o suprimida como lo plantea Turner al determinar que la
frontera es ese “espacio vacío y desierto” dispuesto únicamente para ser
ocupado por los colonos, cuyo destino es “expandir la cultura” entre se-
res “bárbaros”20 o “salvajes”21, cuya existencia está negada de antemano,
y cuya única salida es la sumisión inmediata y acceder de grado o por la
fuerza al control y dominio de un grupo “civilizador” y expansionista22.
Ese cuestionamiento a las ideas de Turner se plantea desde la óptica
de la alteridad ante la innegable realidad evidenciada en América pre-
hispánica, la cual estaba habitada por pueblos que ocupaban territorios
ubicados en diversos pisos térmicos con características ecológicas y di-
ferentes niveles culturales, los que se interrelacionaban, se enfrentaban y
mantenían separadamente una organización horizontal sin Estado, con
disimiles indicadores de sus conocimientos, entre otros su lengua, lo
cual es utilizado como elemento diferenciador para establecer la identi-
dad de grupos heterogéneos, que ocupan un territorio delimitado, pero
que mantienen interrelaciones de amistad o antagonismo.
19 Gascón Margarita, “Las fronteras en Arauco en el siglo XVII, recursos, población conocimiento y política
imperial”. En: Fronteras de la Historia. Nº 8, 2003, pp. 153-182; Tell, Sonia, “Tierras y aguas en disputa.
Diferenciación de derechos y mediación de conflictos en los pueblos de indios de Córdoba, Río de la
Plata. (primera mitad del siglo XIX)”. En: Fronteras de la historia. Vol. 16, 2, 2011, pp. 416-442; Jiménez
Abollado, Francisco, Luis y Ramírez Calva, Verenice C., “Conflictos por el agua en Tepetitlán (Hidalgo,
México), Siglo XVIII”. En: Fronteras de la Historia. Vol. 16, Nº 1, 2011. pp. 209-238.
20 Rausch, Jane, “La mirada desde la periferia, desarrollos en la historia de la frontera colombiana, desde
1970 hasta el presente”. En: Fronteras de la historia. Vol. 8, 2003, pp. 251-260; Felipe Castañeda S., El
indio entre el bárbaro y el cristiano. Ensayos sobre filosofía de la conquista en Las Casas, Sepúlveda y
Acosta. Bogotá. Ediciones Alfaomega Colombiana S.A., 2002.
21 Del Cairo, Carlos y Rozo Pabón, Esteban, “El salvaje y la retórica colonial en el Orinoco Ilustrado (1741)
de José Gumilla S. J.”. En: Fronteras de la Historia. Vol. 11, 2006, pp. 153-181.
22 Una amplia disertación sobre la alteridad está expuesta en Amodio Emanuele, Relaciones interétnicas e
identidades indígenas en Venezuela, procesos históricos territorios y culturas. Caracas. Archivo General
de la Nación y Centro de Historia, 2011. pp. 15-34.
Luis Alberto Ramírez Méndez 31

Por tanto, la utilización del aspecto lingüístico para distinguir a los


pueblos es doblemente útil; por un lado, porque permite categorizar
a cada grupo e identiicar las relaciones entre colectivos por su propia
lengua. Por otra parte, porque permite reconstruir el origen grupal y
determinar sus particularidades gracias al análisis de las diferencias ilo-
lógicas interpretadas históricamente23. De ese modo, se considera que
en un espacio fronterizo es un sistema regional compuesto por culturas
sincréticas, más o menos homogéneas que en su conjunto conforman
las características de un horizonte cultural común24.
De la misma forma, se analiza la pertenencia étnica mediante los
comportamientos o símbolos culturales que la explicitan, aunque éstos
pueden modiicarse históricamente25. Ese axioma prescribe que la cul-
tura de un pueblo puede cambiar más rápidamente que su identidad
étnica, debido a que los intercambios fronterizos o las imposiciones de
cultura sobre pueblos sometidos transforman la cultura local sin que
necesariamente el pueblo o cultura local redeinan su identidad26.
En esos casos se puede airmar que la frontera étnica permanece
rígida mientras el borde cultural es permeable ya que los elementos
culturales circulan entre los diferentes grupos. De esa forma, en un
espacio geográico limitado pueden coexistir grupos étnicos disímiles
cuyas culturas tienen elementos comunes como resultado de frecuen-
tes intercambios27. Por lo tanto, la circulación de elementos culturales
entre diferentes pueblos no puede considerarse un proceso casual de

23 Amodio Emanuele, Relaciones interétnicas e identidades indígenas en Venezuela, procesos históricos…


pp. 69-70.
24 Ibídem. p. 62.
25 Pérez Flores, José Luis, “Indígenas guerreros de la Nueva España en el siglo XVI. La representación de
sí mismos como conquistadores”. En: Fronteras de la Historia. Vol. 18-1, 2013, pp. 15-43.
26 Giovanetti, Marco, “La conquista del noroeste argentino y los cultivos europeos”. En: Fronteras de la
historia. Nº 10, 2005, pp. 353-283. Marín Tamayo, John Jairo, “El discurso normativo “sobre” y “para”
las doctrinas de los indios, “La construcción de la identidad católica en el indígena colonial en el Nuevo
Reino de Granada”. En: Antítesis, Vol. 3, Nº 5, 2010, pp. 71-94.
27 Amodio Emanuele, Relaciones interétnicas e identidades indígenas en Venezuela, procesos históricos…
p. 73.
32 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

intercambio fronterizo, sino que debe entenderse como la expresión de


la voluntad y necesidad de grupos locales o sociedades en su conjunto
para intercambiar esencialmente su cultura material, debido a las nece-
sidades de bienes de consumo28.
De la misma forma, tanto las alianzas como los conlictos bélicos
también deben concebirse como eventos que permiten la circulación
de bienes materiales en los sistemas regionales29. De hecho, se consi-
dera que los bienes circulan tanto por intercambio como por rapiña,
ya que en los diferentes pueblos, especialmente en la antigüedad y aun
en los modernos, se organizan expediciones para adquirir de manera
“impropia” los bienes que requieren o controlar los recursos. Pero se
enfatiza que el comercio es el que posibilita la mayor circulación de
bienes, debido a la conformación de circuitos estables y coniables de
aprovisionamiento30.
De ese modo, en un espacio fronterizo se estructuran sistemas de in-
tercambios cuyas funciones fundamentales son normar la distribución
de los bienes y servicios regionales, a través de la creación de las redes de
transacciones y la aceptación de un sistema común de valoración. Me-
diante esta última función se puede establecer “…la “distancia étnica”
de un “pueblo” con otro, a través de mecanismos negativos (el otro es
diferente) y positivos (el otro es equivalente, aunque no idéntico) como
referente constante a la constitución de una identidad étnica” 31.
De acuerdo con los planteamientos expuestos, las posibilidades de
análisis de los procesos evolutivos ocurridos en los espacios fronterizos
adquieren dimensiones que en estudios históricos tradicionales se han
obviado, minusvalorados e inclusive invisibilizados. Esta relexión con-
28 Ídem.
29 Stern, Steve, Los pueblos indígenas del Perú y el desafío de la conquista española de Huamanga hasta
1640. Madrid. Alianza editorial, 1986, pp. 59-93. Cahill, David, Violencia, represión y rebelión en el sur
andino, la sublevación de Túpac Amaru y sus consecuencias. Lima, IEP, 1999. (Documento de Trabajo,
105. Serie Historia, 17) disponible en, http,//[Link]
30 Amodio Emanuele, Relaciones interétnicas e identidades indígenas en Venezuela, procesos históricos…
p. 76.
31 Ibídem. p. 62.
Luis Alberto Ramírez Méndez 33

lleva una reevaluación de las fuentes documentales, las que han sido
presentadas de forma y manera que relatan ciertas “verdades” las cuales
son tan reales para los autores que las plasmaron como su propia cos-
movisión. En otras, sólo representan relatos interesados para obtener
ciertos beneicios; otras demuestran el profundo desconocimiento de
ciertos hechos, los que sólo fueron conocidos de forma parcializada y
que apenas fueron veriicados; pero también hay versiones recientes que
en el afán de demostrar la validez de ciertas posturas políticas y acadé-
micas, han falseado excesivamente los procesos históricos32.
Las anteriores críticas se exponen con razonamiento de autoría, pero
no sin recurrir a recientes investigaciones que demuestran las falacias
que se han establecido sobre los enfoques aplicados sobre la “conquis-
ta” y “ocupación” hispánica de América, en los cuales se han mostrado
numerosas falsedades como lo expone Mathew Restall33, al analizar la
historiografía hispanoamericana. Por ende, el estudio de la problemáti-
ca en el sur del lago de Maracaibo debe ser planteado desde un enfoque
de alteridad atendiendo a las particularidades de su diversidad cultural,
como un escenario de frontera, cuya tipología ha estado presente desde
épocas inmemoriales, mediante un análisis dinámico que posibilite re-
lexionar y explicar la multiplicidad de fenómenos inmersos en la evo-
lución histórica de esa planicie.
La primera discusión se centra en el supuesto de la “conquista y
sometimiento” del sur del lago de Maracaibo por la etnia blanca que
penetró en ese espacio a principios del siglo XVI, lo cual ha sido sos-
tenido hasta el presente como una verdad incontrovertible, lo cual ha
sido el resultado de la historiografía que se ha producido desde el pe-
riodo del contacto hasta la actualidad34. Esa “verdadera ocupación” fue
inicialmente sustentada por los cronistas como Gonzalo Fernández de
32 Stern Steve J., “Paradigmas de la conquista: Historia, Historiografía y Política.” En: Boletín de historia
Argentina y Americana. Tercera serie, Nº 6, 2º semestre, 1992. pp. 14-15
33 Restall, Mathew, Los siete mitos de la conquista española. Barcelona. Paidos, 2004.
34 Stern Steve J., “Paradigmas de la conquista: Historia, Historiografía y Política... pp. 14-15. Gamboa
Mendoza, Jorge Augusto, El cacicazgo muisca en los años posteriores a la conquista: del psihipqua al
cacique colonial (1537-1575). pp. 20-28.
34 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Oviedo y Valdez35, fray Pedro de Aguado36, fray Pedro Simón37, los re-
latores como Rodrigo de Argüelles y Gaspar de Párraga38, Diego de
Villanueva y Gibaja39, las numerosas relaciones de méritos y servicios
elevadas por los “conquistadores” que suplicaban al Rey, les concediera
favores por sus “valerosas acciones” por haber alcanzado el “dominio del
territorio”40, lo cual a luz de los hechos relatados en posteriores docu-
mentos resulta ilusorio como lo apunta Restall al exponer el mito de la
completitud41.
En ese sentido, los estudios realizados sobre el sur del lago de Mara-
caibo muestran una amplísima diversidad en las ópticas que intentan
explicar la evolución del pasado de la planicie lacustre. Una de ellas, es
la realizada por Paul Verna, quien en una aproximación sobre algunos
aspectos históricos de Gibraltar, solo limitada a una sucinta descripción
de los relatos de los cronistas, con numerosas imprecisiones y errores

35 Fernández de Oviedo y Valdez Gonzalo, Historia general y natural de las Indias, islas y tierra firme del mar
océano. Madrid. Imprenta de la Real Academia de la Historia, 1851. IV T. En: Venezuela en los cronistas
generales de Indias. Caracas. (Colección Fuentes para la historia colonial de Venezuela 58). Academia
Nacional de la Historia, 1962. T. I.
36 Pedro de Aguado (fray), Recopilación historial de Venezuela. Caracas. (Colección Fuentes para la Histo-
ria Colonial de Venezuela 63) Academia Nacional de la Historia, 1963. T. I-II.
37 Pedro Simón, Noticias Historiales de Venezuela. Caracas (Colección Fuentes para la Historia Colonial
de Venezuela 67) Academia Nacional de la Historia, 1963. T. I-II.
38 “Descripción de la ciudad de la Nueva Zamora, su término y Laguna de Maracaybo hecha por Rodrigo
de Argüelles y Gaspar de Párraga por orden del Gobernador Juan de Pimentel 1579”. En: Relaciones
geográficas de Venezuela. Caracas. (Colección Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. 70) Re-
copilación, estudio preliminar y notas de Antonio Arellano Moreno. Academia Nacional de la Historia,
1964. pp. 203-212.
39 “Relación Geográfica hecha por Diego de Villanueva y Gibaja de la Gobernación de Venezuela, los
Corregimientos de La Grita y Tunja y la Gobernación de los Mussos año de 1607”. En: Relaciones
Geográficas de Venezuela. Caracas. (Colección Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. 70)
Recopilación, estudio preliminar y notas de Antonio Arellano Moreno. Academia Nacional de la Historia.
1964. pp. 85-301.
40 Entre otras: AGI. Patronato, 168, N 1, R. 1. Probanza de méritos de Miguel de Trejo y Luis de Trejo.
41 Restall, Mathew, Los siete mitos de la conquista española… p. 23. Gamboa Mendoza, Jorge Augusto, El
cacicazgo muisca en los años posteriores a la conquista: del psihipqua al cacique colonial (1537-1575).
Bogotá. Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2013. pp. 282-329.
Luis Alberto Ramírez Méndez 35

tanto de información como en la veriicación de los datos, en la que el


autor, presuntamente, intenta demostrar la “trágica” supervivencia de
Gibraltar ante los eventos que amenazaron su estabilidad como núcleo
poblado en los que se incluyen los ataques indígenas, de los piratas y
otros42.
Otras visiones sobre el sur del lago de Maracaibo, lo muestran como
un espacio totalmente desocupado e inexplotado, únicamente destina-
do al tránsito de mercaderías desde Pamplona, San Cristóbal y La Gri-
ta, utilizando las corrientes del río Zulia, al parecer como un circuito
comercial constituido y estable; así lo visualiza Nelly Velázquez43. Un
enfoque similar es sostenido por Claudio Briceño Monzón, quien al ex-
plicar la ocupación del territorio lacustre por los emeritenses argumenta
que el “… avance de la frontera del poblamiento interior en espacios
vacíos por los correspondientes poblamientos a partir de ciertos núcleos
tradicionales geohistóricos, han evolucionado en regiones históricas lo
cual posibilitó la expansión territorial en espacios originalmente extra-
provinciales…”44, y reconoce que el proceso de la paciicación motilo-
na, ocurrido a inales del siglo XVIII, se debió a que los indígenas “…
atacaban los territorios poblados por españoles, perjudicando el trans-
porte de las mercancías a través de los medios hidrográicos[sic]…”45.
Del mismo modo, airma que el “poblamiento misional capuchino”
debe entenderse “…como un factor de avanzada ideado para ejercer un
mayor control sobre los ejes luviales que desembocan en la costa sur del
lago de Maracaibo…”46.

42 Verna Paul, El descubrimiento de los indios y Gibraltar, ciudad martirio de Venezuela. Caracas. Briceño
y Asociados, 1995.
43 Velázquez Nelly, Población indígena y economía. Mérida siglos XVI y XVII. Mérida. Universidad de Los
Andes, 1995. pp. 71-72.
44 Briceño Monzón Claudio Alberto, “Mérida y Zulia y la controversia de límites en tierras del sur del Lago
de Maracaibo”. En: Castillo Robert Darío (et. al.): El derecho de Mérida a la costa sur del lago. Mérida.
Ediciones de la Procuraduría del Estado Mérida. 2004. p. 77.
45 Briceño Monzón, Claudio Alberto: “La región histórica del sur del Lago de Maracaibo y la influencia
geohistórica de la ciudad de Mérida”. En: Tierra Firme. Vol. XXIII, Año 23, Nº 90, 2005, pp. 180-181.
46 Ídem.
36 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Otra perspectiva en los estudios sobre el sur del lago de Maracaibo,


la expone, Germán Cardozo G., quien desde una perspectiva geo-eco-
nómica incluye en la región marabina “… las tierras llanas y costas
del Lago de Maracaibo; y las cumbres y valles y piedemonte andino
de las provincias de Trujillo, Mérida y Cúcuta”47. Al analizar los plan-
teamientos de Cardozo pareciera que la región histórica de Maracaibo
tuvo una consolidación temporal durante el periodo hispánico, y que
ésta fue un esfuerzo sostenido, en el que se subraya la identiicación y
pertenencia generalizada de la población de toda la planicie y los valles
andinos con el gentilicio de los marabinos, quienes lo lograron median-
te una supuesta integración mercantil de la “…subregión ribereña, los
puertos de Altagracia, La Ceiba, San Antonio de Gibraltar, Santa Rosa,
Zulia, Los Cachos y otros menores constituyeron junto a Maracaibo el
eje luviolacustre que agilizó el giro del circuito comercial de la región
marabina…”48.
Lo que desconoce Germán Cardozo G, es que el territorio del sur del
lago de Maracaibo, en especial ese eje luviolacustre que expresamente
señala, fue dominado por los motilones durante un gran parte de la
colonia, como resultado de la incapacidad maniiesta de las autoridades
provinciales, especialmente de los gobernadores con residencia en la
Nueva Zamora. Del mismo modo, el autor ignora que cuando se logró
la paciicación motilona, la reocupación del espacio fue realizada tanto
por los mismos aborígenes, como por los hispano-criollos avecindados
en Mérida, La Grita, San Cristóbal y Cúcuta y con aportes procedentes
de las rentas eclesiásticas y reales de Bogotá, lo cual demuestra de forma
contundente que la pretendida región histórica de Maracaibo sólo obe-
dece, como acertadamente lo airma Steve Stern, al afán de demostrar
la validez de ciertas tesis académicas que han deformado de forma exa-
gerada el estudio de los procesos históricos49.

47 Cardozo G. Germán. “Maracaibo: de la aldea colonial al puerto atlántico”. En: Tierra Firme. Año IV, Nº
14, abril-junio 1986. p. 150.
48 Ídem.
49 Stern Steve J., “Paradigmas de la conquista: Historia, Historiografía y Política… pp. 14-15.
Luis Alberto Ramírez Méndez 37

Por su parte Arlene Urdaneta, Ileana Parra y Germán Cardozo, acep-


tan que la cuenca del Lago de Maracaibo fue un espacio poblado y
multiétnico antes de la llegada de la etnia blanca. Los expresados au-
tores airman que después de la llegada de los ibéricos, éstos generaron
diversas formas de ocupación, las que caliican como el “destacamento
militar”, tipiicado para el área que actualmente ocupa la ciudad de
Maracaibo y sus territorios aledaños, y reconocen la existencia de áreas
inmediatas al río Zulia en las que “la presencia europea” no se consoli-
daría hasta el siglo XVIII50.
Otros enfoques son expuestos por historiadores que han descrito la
evolución histórica de las etnias indígenas asentadas al sur del lago de
Maracaibo, como referentes de primera importancia, debido a que éstas
magniican las actuaciones de los misioneros capuchinos en la forma-
ción de las reducciones y la defensa de la población motilona de los
constantes intentos de la etnia blanca para obtener el dominio y control
del territorio. Esa óptica es desarrollada por Buenaventura de Carrocera
y Pedro de Alcáser, quienes escribieron relaciones detalladas sobre la pa-
ciicación motilona, basados sobre una rigurosa documentación, pero
que muestran una particular percepción deinida por Alcáser, al decir
que el objetivo fundamental de su trabajo era “…destacar la patriótica
labor realizada durante centurias por mis hermanos de hábito los capu-
chinos…”51.
En respuesta al autoproclamado rol “heroico” de los misioneros en
el contexto de la dominación colonial, se han opuesto otros investiga-
dores como David Sweet quien airma que el auténtico y objetivo pa-
pel que cumplieron los religiosos en la aculturación52 de los indígenas,

50 Urdaneta Quintero Arlene, Parra Grazzina Ileana, Cardozo Galué Germán, “Los orígenes de Maracaibo y
el dominio del Lago: diversidad social y mestizaje”. En: Procesos Históricos. Año 3, Nº 6, p. 3.
51 Alcáser, Antonio: El indio motilón y su historia. Puente del Común, Cundinamarca. Ediciones Paz y
Bien, 1962; Carrocera Buenaventura de, “Los indios motilones en el segundo centenario de su primer
contacto pacifico (1772- 1972)”. Missionalia hispánica. Nº 29, mayo 1972. pp. 191-223.
52 Aculturación “expresa la sustitución de los contenidos ideológicos que animaban la sociedad indígena
adaptándolos a un modelo que permitiera el desarrollo favorable y la consecución de los objetivos colo-
niales. Esta operación de vaciamientos/sustitución que se acometió desde diversos frentes fue diseñada
38 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

argumentando que cuando éstos fueron forzados a concentrarse en las


reducciones, lo hicieron por diferentes razones ajenas a su cosmovisión,
entre las que se incluían la de evitar ser castigados, al igual que alcan-
zar los “beneicios espirituales”, o también para obtener los bienes que
necesitaban, por lo cual tuvieron que pagar un elevado “precio”, ya que
entre lo venido de Europa se encontraban las temidas enfermedades
mortales y un proceso no deseado de desculturización. En otros casos,
los naturales opusieron resistencia contra los misioneros y con frecuen-
cia después de haberse sometido se rebelaron en contra de los frailes53,
tal como ocurrió en el sur del lago de Maracaibo.
Otros autores han estudiado la conformación étnica del Lago de
Maracaibo, mostrando su diversidad, tanto en sus asentamientos y
comportamientos culturales como lingüísticos54, desde las perspectivas
antropológica55 y arqueológica56. En esos estudios se demuestra feha-
dentro del marco institucional del Estado moderno, como una monarquía centralizada, como eje articu-
lador de un esquema organizativo en el que no tienen particularismos de ningún tipo”. Pérez Marcos,
Regina María, “Nuevas líneas para la interpretación de la sociedad peruana del siglo XVI a través de la
interpretación del Inca don Diego de Castro Tito Cussi Yupanqui: Un estudio institucional”. En: Boletín
de la Facultad de Derecho de la UNED, Nº 2, 1993. pp. 149-179.
53 Sweet David, “The Ibero-American frontier mision History”. En Erik Langer y Robert H. Jackson (eds),
The new Latin American Mission History. Lincoln y Londres. University of Nebraska press, 1995, pp.
1-48; Stern Steve J., “Paradigmas de la conquista: Historia, Historiografía y Política.” En: Boletín de
Historia Argentina y Americana. Tercera serie, Nº 6, 2º semestre, 1992. pp. 17-18.
54 Jhan, Alfredo, Los aborígenes del occidente de Venezuela. Caracas. Litografía Comercio, 1927.
55 Amodio, Emanuele, “Pueblos indígenas de la cuenca del Lago de Maracaibo”. En: Pueblos y culturas
de la cuenca del Lago de Maracaibo. Maracaibo. Comisión V Centenario del Lago de Maracaibo, 2001;
Amodio, Emanuele, “Los chinatos de San Faustino. Siglos XVII y XVIII”. En: Tierra Firme. Vol. 13. Año
13, Nº 49, 1995; Reichel Dolmatoff Gerardo, “Los indios motilones (etnografía y lingüística)”. En: Revista
del Instituto Etnológico Nacional. Nº 2, 1945, pp. 15-116; Pineda Giraldo Roberto: “Los motilones”. En:
Boletín de Arqueología. Nº 1, 1945, pp. 349-367.
56 Sanoja Obediente, Mario, La agricultura y el desarrollo de las comunidades agrícolas estables entre los
grupos aborígenes prehispánicos del norte de sur América. Mérida. (Serie antropológica Nº 1) Universi-
dad de Los Andes. Facultad de Humanidades y Educación. Departamento de Antropología y Sociología,
1966; Sanoja, Mario y Vargas, Iraida, Antiguas formaciones y modos de producción venezolanos. Ca-
racas. Monte Ávila Editores, 1978; Meneses Pacheco, Lino y Gordones Rojas, Gladys, “Planteamientos
arqueológicos para la comprensión de la historia aborigen de la cuenca del Lago de Maracaibo”. En:
Boletín Antropológico. Año 23, Nº 65, Septiembre-Diciembre, 2005, pp. 295-323.
Luis Alberto Ramírez Méndez 39

cientemente la diversidad étnica e idiomática de la población abori-


gen asentada en aquella planicie y la necesidad de fortalecer estudios
históricos desde la óptica de la alteridad porque permiten conocer los
particulares fenómenos de diversa índole acaecidos en ese espacio, inex-
plicados, desconocidos u obviados hasta la presente.
La perspectiva de frontera en el nororiente de la Nueva Granada, es
presentada por Arístides Ramos Peñuela, quien apoya su estudio sobre
los aportes documentales realizados por Alcáser y parte del supuesto
que la paciicación motilona fue resultado de “…acciones que respal-
daron la formación a partir del siglo XVII, de procesos promovidos por
la iniciativa privada de las elites que invirtieron recursos y energías en
la paciicación de los pueblos que de manera reiterada estaban atacan-
do las haciendas allí fundadas”57. El autor sostiene que la fundamental
motivación para realizar la paciicación motilona fue la expansión de la
frontera agrícola, y descarta la posibilidad de un conlicto por el control
de los recursos y las rutas de tránsito al airmar que “…se tienen muy
pocas evidencias de que este pueblo atacara sitios estratégicos para las
comunicaciones, o que pusiera en peligro los intercambios comerciales
efectuados por los ríos Zulia o Catatumbo…”58, lo cual evidencia el
desconocimiento geográico de la zona y además del comportamiento
estratégico y ofensivo de los motilones durante los siglos coloniales.
Otro punto de vista es abordado por Lance Raymond Grahn, quien
analiza la política de los Borbones, a inales del siglo XVIII y su impacto
en la conquista y paciicación de los naturales ubicados en las fronteras de
la Nueva Granada. En ese signiicativo estudio se demuestra la diferencia
entre las actuaciones militares hispánicas contra aquellos aborígenes cuya
ubicación geográica se localizaba inmediata a las costas Caribe neogra-
nadinas, lo cual les permitía comunicarse con las naciones extranjeras y
sostener intercambios ilegales, prohibidos por las disposiciones regias59.
57 Ramos Peñuela Arístides, “Frontera y poblamiento. Hacendados y misioneros en el nororiente de la
Nueva Granada. 1700-1819”. En: Cuadernos de desarrollo rural. Nº 54, 2005, pp. 7-29.
58 Ídem.
59 Polo Acuña, José, “Contrabando y pacificación indígena en la frontera Colombo-Venezolana”. En: Amé-
rica Latina en la Historia económica. Nº 24, 2005. pp. 87-130.
40 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Por ello, se requería establecer mecanismos de control y con esa inalidad


se fomentaron los asentamientos militares desde los cuales se acometie-
ron violentas acciones destinadas a lograr la sujeción de los naturales.
Pero, a diferencia de las anteriores la actuación hispánica fue totalmente
distinta en aquellos territorios donde los indígenas estaban impedidos
de sostener relaciones con naciones extranjeras, como en el caso de los
motilones, quienes se ubicaban en el sur del lago de Maracaibo y por ello
privó el criterio de la paciicación entre las autoridades españolas60.
De acuerdo con lo expuesto, el presente estudio se inscribe en la
corriente de estudios sobre fronteras étnicas y agrarias, centrado en la
zona sur del lago de Maracaibo, cuyo espacio fue ocupado por una di-
versidad de grupos indígenas durante el periodo prehispánico, los que
conformaron sistemas de intercambio para lo cual utilizaron las rutas
naturales que se conformaron a través de las corrientes luviales que
escurren en aquel espacio, particularmente el Zulia y Catatumbo, los
que posibilitan la comunicación de las zonas altas, el piedemonte y la
llanura con el lago de Maracaibo.
Después de la llegada de la etnia blanca a principios del siglo XVI,
con el establecimiento de núcleos poblados al estilo europeo en la se-
rranía andina como Pamplona Mérida, la villa de San Cristóbal, La
Grita y el núcleo portuario de Gibraltar, la conformación de unidades
de producción que posibilitaron la propagación de cultivos de plantas
autóctonas como el cacao y el maíz, al igual que las foráneas, como la
caña de azúcar y el trigo61. Esas actividades, conformaron la expansión
de la frontera agraria y por ende de su producción, la que necesaria-
mente debería recorrer la ruta luvio-lacustre para llegar a sus centros de
comercialización en los puertos caribeños y atlánticos, por cuya razón se
desplegó una fuerte competencia y conlictividad entre las etnias blanca
e indígena para controlar y dominar las corrientes de los ríos y del lago,
cuyo objetivo no fue alcanzado por ninguno de los expresados grupos.
60 Grahan Lance Raymond: Indian pacification in the viceroyalty of New Granada, 1740-1803. Texas. Uni-
versity of Texas (master thesis), 1979. pp. 12-15.
61 Giovanetti Marco: “La conquista del noroeste argentino y los cultivos europeos”. En: Fronteras de la
Historia, Nº 10, 2005. pp. 253-283.
Luis Alberto Ramírez Méndez 41

En ese sentido, es necesario precisar que durante la primera mitad


del siglo XVII, hubo notables avances en la expansión de la frontera
agrícola, especialmente por parte de los emeritenses, quienes difundie-
ron los cultivos de cacao en el piedemonte andino comprendido entre
los ríos Pocó y Escalante e introdujeron los africanos, con quienes se
reforzó el radio de asentamientos en ese espacio. Pero, debido a las terri-
bles diicultades ocasionadas por los repetidos asaltos de los piratas ocu-
rridos durante la segunda mitad de esa centuria, los sismos acaecidos en
diciembre de 1673 y enero de 1674, y el subsiguiente deslave, se pro-
dujo el decrecimiento de las unidades de producción, la disminución
de las exportaciones del cacao, la contracción económica de la zona,
la vulnerabilidad militar y la ruina de los hispanos-criollos. Debido a
esas difíciles condiciones, que enfrentaron los blancos durante la mayor
parte del siglo XVIII, la etnia indígena pudo subyugar el sur del lago
de Maracaibo, aun a pesar de los esfuerzos militares de los hispanos por
re-ocupar y controlar el territorio.
A inales del siglo XVIII, la modiicación de la política hispánica al
variar el criterio de “conquista” por el de “paciicación” en términos de
la admisión de su continuado fracaso en el dominio del territorio, y de
la aceptación de la personería étnica y jurídica de los motilones, permi-
tió la conformación de acuerdos no escritos en los que se reconocieron
por parte de los hispano-criollos la territorialidad motilona y así tolerar
cierta independencia de los aborígenes, los que a su vez accedieron a ser
sometidos al proceso de aculturación realizado por los misioneros nava-
rros, lo cual posibilitó la concentración de los aborígenes en las reduc-
ciones, las que se dotaron con sus correspondientes haciendas; además
recibieron de los hispano-criollos los bienes necesarios para acometer las
faenas agrícolas y la ediicación de los poblados, lo que constituyó una
costosa empresa inanciada por otros agentes, entre los que se incluye-
ron las rentas reales y eclesiásticas, lo cual revela el profundo interés de
funcionarios y autoridades, provinciales, virreinales y monárquicas en el
éxito del proceso de paciicación. Adicionalmente, la paciicación se tra-
dujo en la obtención de los objetivos fundamentales para ambas etnias
42 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

como lo eran el avance de la frontera agrícola, la anhelada seguridad


colectiva y comercial en el área.
El estudio es pertinente porque aborda el problema todavía irresuel-
to ocasionado por el legado del encuentro hispano-indígena, cuya ini-
cial respuesta fue la vitalidad de la resistencia aborigen ante la imposi-
ción del poder foráneo y al establecimiento del orden colonial, el que se
expresó con diversas manifestaciones, como las evidenciadas en México,
Perú y la Nueva Granada asentadas en una compleja red de alianzas
europeas-indígenas que posibilitaron las conquistas62 y a diferencia de
las anteriores, en las regiones de frontera, donde los amerindios desple-
garon feroces campañas de resistencia militar, las que ocasionalmente,
como en el caso de los motilones, fueron victoriosas. Esa álgida situa-
ción aún pervive en algunos espacios de la América actual y en parti-
cular en la planicie lacustre, cuyas interacciones de clase, etnia, género,
honor y política aun dan testimonio del persistente y a veces doloroso
conlicto que perdura desde los tiempos hispánicos, como un perma-
nente recordatorio de la necesidad de establecer relaciones legítimas e
incluso una unidad entre pueblos divididos por un pasado que enfrenta
a diversas etnias y culturas en desiguales relaciones de poder.
La investigación se asienta en las fuentes documentales existentes en
los archivos venezolanos y extranjeros. En los repositorios nacionales
se halla el Archivo General del Estado Mérida, en sus fondos Reales
Cédulas, Reales Órdenes y Decretos, en los que se insertan diversas
órdenes emanadas de las autoridades provinciales y virreinales mediante
las que se decretan las actuaciones militares en contra de los motilones.
Asimismo, los informes de los tenientes de gobernador y procuradores
de Mérida para solicitar el auxilio militar para controlar el avance de los
indígenas que ocuparon los valles de Chama y Onia. Por otra parte, en
el Registro Principal del Estado Táchira, se reguarda el Archivo de La
Grita, correspondiente a los fondos de esa ciudad, en cuyos folios están
las actas de cabildo, en las que se anotaron numerosas informaciones de

62 Gamboa Mendoza, Jorge Augusto, El cacicazgo muisca en los años posteriores a la conquista: del psihi-
pqua al cacique colonial (1537-1575)… pp. 282-329.
Luis Alberto Ramírez Méndez 43

los vecinos sobre ataques indígenas, comunicaciones con las autorida-


des provinciales y virreinales en solicitud de las respectivas ayudas para
emprender las “salidas”, los alistamientos de los vecinos y las conside-
raciones sobre daños ocasionados en la jurisdicción por los naturales.
Del mismo modo, en el Archivo Arquidiocesano de Mérida se halla la
Sección 3 Asuntos de Indios, que guarda correspondencias dirigidas por
los capuchinos navarros al Obispo Santiago Hernández Milanés sobre
las características y diicultades de las reducciones motilonas a princi-
pios del siglo XIX.
En el Archivo General de la Nación Colombiana, se resguarda una
valiosa información sobre la evolución histórica de los motilones, espe-
cialmente en los fondos Caciques e Indios, Milicias y Marina, Virreyes,
Misceláneas, Poblaciones Varias, mediante los cuales se puede apreciar
la difícil situación que enfrentaba la Provincia del Espíritu Santo de
Mérida y ciudad de Maracaibo debido a las avanzadas motilonas, las
actuaciones de los gobernadores de la provincia, los virreyes de la Nueva
Granada para resolver la delicada y difícil situación. Del mismo modo,
se muestran los criterios que privaron para la paciicación, los procedi-
mientos, actuaciones, inanciamiento para establecer las reducciones.
El análisis se centra en identiicar los grupos indígenas que ocuparon
el sur del lago de Maracaibo, tanto en su ubicación y áreas de inluencia,
sus transacciones e intercambios, vías de comunicación para realizarlos
durante el período prehispánico. Del mismo modo, se examina el pe-
ríodo de contacto con la etnia blanca y los intentos de dominación de la
planicie lacustre durante los siglos XVI y XVII, y la incapacidad de am-
bas etnias para controlar ese espacio. Luego se estudia el proceso de ex-
pansión motilona ocurrido desde inales del siglo XVII y los dos prime-
ros tercios del XVIII. En esta fase del análisis es preciso exponer que no
se dispone de fuentes que permitan conocer la visión de los naturales;
por el contrario, sólo se describe su actuación a través de los testimonios
de la etnia blanca, que relatan los avances y “daños causados por los
motilones en sus haciendas”. Por tanto, a través de esas informaciones se
formulan inferencias sobre las posibilidades militares y estratégicas de la
44 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

actuación de los aborígenes que les permitieron ocupar la planicie lacus-


tre y controlar en casi su totalidad el tránsito sobre las corrientes luvia-
les y lacustres del área. En ese sentido, como acertadamente lo expone
Gamboa “se pretende destacar el papel activo que tuvieron los indígenas
en el desarrollo de los acontecimientos no se pretendió relejar su punto
de vista”63 y también debido a la heterogeneidad de los grupos étnicos
estudiados entre cuyas colectividades debió haber numerosas formas de
pensar, puntos de vista y formas de interpretar su realidad inmediata.
El único acercamiento directo sobre a la realidad indígena se obtiene a
través del diario del intérprete Sebastián Joseph y las descripciones que
se presentan a inales del siglo XVIII, obviamente escritas por hispanos
y con referencias a una población, de las cuales no se pude asegurar
fehacientemente de la validez de su contenido en cuanto a los plantea-
mientos y propósitos de los naturales, más si de sus efectos.
Por otro lado, se pesquisa la actuación de la etnia blanca, la que
se caracteriza por la expresa intención de subyugar a la etnia indígena
y controlar el tránsito de las vías luviales y lacustres para efectuar el
comercio de sus productos, lo cual fue imposibilitado por los motilo-
nes, como un grupo aguerrido, y como resultado de diferentes alianzas
establecidas entre las diversas etnias indígenas para defenderse de las
“salidas” de los criollos, y vengarse de los homicidios y violaciones co-
metidos en contra de sus grupos, lo cual determinó la especial conigu-
ración de un territorio de frontera en el sur del lago de Maracaibo. Los
constantes y sucesivos fracasos de la etnia blanca en su lucha contra la
etnia indígena determinaron la modiicación de la idea de “conquista”
por la de “paciicación” a inales del siglo XVIII, lo cual se llevó a cabo
con relativo éxito hasta el periodo de la independencia, cuyo conlicto
violento ocasionó la expulsión de los capuchinos y la inalización del
proceso de paciicación.

63 Gamboa Mendoza, Jorge Augusto, El cacicazgo muisca en los años posteriores a la conquista: del
psihipqua al cacique colonial (1537-1575).... p. 28.
Capítulo 1: La frontera indígena en el sur del
lago de Maracaibo
La frontera indígena

La depresión sur del lago de Maracaibo fue el resultado de la elevación


de las tierras altas que la rodean, de las que el mar se retiró, quedando al
norte una amplia salida a las aguas marinas y en el centro de la depresión
el lago, que continúa en su progresivo proceso de reducción con tenden-
cia a su total desaparición, con especial acentuación al sudoeste donde
las lluvias son más intensas y está surcado por las fuertes corrientes de los
ríos como el Catatumbo, Escalante y Chama64. La cuarta parte de esta
depresión (14.344 Km2) está ocupada por las aguas salobres del lago, el
cual se presenta como una extensa bahía. El resto está cubierto por sedi-
mentos del terciario y en especial del cuaternario, conformando una fosa
con depósitos provenientes de los dos ramales de la cordillera andina: la
de Perijá-Siruma y Mérida-Trujillo.
Esa sedimentación está especialmente ubicada hacia el suroeste, y su
inmediata consecuencia es el ascenso lento pero continuo de toda la re-
gión, dando como resultado el avance de tierras desecadas; entre tanto, el
lago progresivamente disminuye, y como ya se mencionó, tiende a des-
aparecer65. Los depósitos más recientes están ubicados al sur; en los bor-
des occidentales y orientales relejan materiales ricos en micas, feldespato
y cuarzo. Asimismo, las ciénagas del sur poseen abundantes materiales
orgánicos, fundamentales para la fertilidad de los suelos66. El relieve en
los mencionados sedimentos es plano considerado como una suave al-
tiplanicie. Las zonas de piedemonte como las de Mérida poseen formas

64 Cárdenas Antonio Luis, “Venezuela en el mundo”. En: Enciclopedia conocer Venezuela. Navarra. Salvat.
Editores. Gráficas Estrella, 1985. T. 11. pp. 320-321.
65 Cárdenas Antonio Luis, “Venezuela en el mundo… p. 319.
66 Comena Juan A., “El recurso suelo en Venezuela”. En: Enciclopedia conocer Venezuela. Navarra. Salvat.
Editores. Gráficas Estrella, 1985. T. 14 p. 620.
48 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

de terrazas y colinas, y con Trujillo de terrazas y conos67. En general, el


peril terrestre es bastante uniforme pero el contacto con las cordilleras es
brusco, especialmente con la de Mérida68.
El escaso declive del suelo provoca un pésimo drenaje lo cual aunado
a la elevada pluviosidad y el caudal de agua transportado por los grandes
ríos69, determina que aquellos acuíferos se desborden, cambian su cauce,
originando inundaciones y fangales, presenten numerosos meandros y
como en los llanos bajos, los lechos luviales se elevan sobre la llanura,
propiciando la existencia de marismas; precisamente en la subregión sur
se encuentran las más ampliamente extendidas, como las de Juan Manuel
de Aguas Muertas, Juan Manuel de Aguas Claras, San Clemente, Valde-
rrama, Motilones, Totumo, Morotuto y Chama. En la costa también se
presentan algunas albúferas, como las llamadas Doncellas y Lagunetas70.
Las temperaturas son elevadas con muy poca variación durante el
año (macro térmico e isotérmico) como resultado de su situación en
plena zona intertropical y por la poca altitud producto de las conluen-
cias de los vientos del norte al chocar con el escudo montañoso le po-
sibilitan mantener irrigado durante todo el año un suelo productivo,
que recibe ingentes cantidades de desechos vegetales arrastrados por las
corrientes de los ríos que caudalosos dilatan sus cauces convirtiéndolo
de esa forma en un área altamente productiva para la agricultura.
La cuenca del Lago de Maracaibo fue ocupada por grupos humanos
con una antigüedad comprendida entre los 10.000 años a 6.000 años
A.C. Esa realidad ha sido conocida a partir del estudio de restos que
permiten corroborar la presencia de grupos sedentarios cuya datación
se remonta a por lo menos unos cuatro mil años71. De acuerdo con

67 Cárdenas Antonio Luis, “Venezuela en el mundo… p 322.


68 Cárdenas Antonio Luis, “Venezuela en el mundo… p. 322.
69 Cárdenas Antonio Luis, “Venezuela en el mundo… p. 322.
70 Ídem.
71 Meneses Pacheco, Lino y Gordones Rojas, Gladys, “Planteamientos arqueológicos para la comprensión
de la historia aborigen de la cuenca del Lago de Maracaibo”. En. Boletín Antropológico. Año 23, Nº 65,
2005, pp. 295-323.
Luis Alberto Ramírez Méndez 49

recientes investigaciones se han podido identiicar tres períodos ocupa-


cionales diferenciados en distintas oleadas con grupos diversiicados lin-
güísticamente. Un primer período está limitado desde 1500 A.C. hasta
el comienzo de la era cristiana, constituido por grupos pertenecientes
al tronco lingüístico arawac (el proto-goajiro-paraujano), que desplazó
a grupos preexistentes de cazadores-recolectores. Una segunda invasión
penetró durante el comienzo de la era cristiana hasta 600 después D.C.,
representado por los grupos de habla chibcha y marcó la desaparición
de los grupos arahuacos72. Esos primigenios asentamientos indígenas en
el sur del lago de Maracaibo se realizaron sobre estratos arenosos que
marcan la sedimentación de las aguas lacustres, como se ha evidencia-
do en las excavaciones, en las que se han hallado budares y pequeños
metates. Durante ese período la vegetación debió ser muy escasa y en
consecuencia con pocas probabilidades de lograr cultivos exitosos73.
En épocas subsiguientes, las modiicaciones climáticas ocasionaron
la formación de una espesa capa humínica, lo cual determinó el creci-
miento de la lora tropical la que favoreció la estabilidad de los asen-
tamientos indígenas con diversos niveles culturales74. Esa fase de creci-
miento de la lora coincidió con la tercera migración que ingresó desde
el 600 D. C. hasta el 1500 D.C., compuesta por los grupos arahuacos y
la posible llegada de grupos caribes75, a la que Mario Sanoja denomina
la “formación zancudo”, cuya cultura estuvo deinida por la adaptación
de un grupo humano a un medio selvático y pantanoso a través de la
caza, la pesca y la recolección de caracoles76.
72 Amodio, Emanuele, “Pueblos indígenas de la cuenca del Lago de Maracaibo”. En: Pueblos y culturas de la
cuenca del Lago de Maracaibo. Maracaibo. Comisión V Centenario del Lago de Maracaibo, 2001. p. 14.
73 Sanoja Obediente, Mario, La agricultura y el desarrollo de las comunidades agrícolas estables entre los
grupos aborígenes prehispánicos del norte de sur América. Mérida. (Serie Antropológica Nº 1) Universidad
de Los Andes. Facultad de Humanidades y Educación. Departamento de Antropología y Sociología, 1966.
p. 14.
74 Ídem.
75 Amodio, Emanuele, “Pueblos indígenas de la cuenca del Lago de Maracaibo”. En: Pueblos y culturas de la
cuenca del Lago de Maracaibo. Maracaibo. Comisión V Centenario del Lago de Maracaibo, 2001. p. 14.
76 Sanoja Obediente, Mario, La agricultura y el desarrollo de las comunidades agrícolas estables entre los
grupos aborígenes prehispánicos del norte de sur América. Mérida... p. 14.
50 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Esas conclusiones son el resultado de estudios realizado en excava-


ciones que se efectuaron en los yacimientos arqueológicos ubicados en
Caño Negro o Mujeres y el Ranchón en el Municipio Obispo Ramos
de Lora del Estado Mérida, en los que se pudo evidenciar la existencia
de comunidades de tipo semipermanente a sedentarios, es decir po-
blaciones en aldeas pequeñas, con poca población que se desplazaban
de un lugar a otro77. La actividad fundamental de esos grupos prehis-
pánicos en el sur del lago de Maracaibo fue el cultivo de maíz cuyo
procesamiento se hacía sobre manos moledoras y budares para hacer
la arepa y la yuca, la que procesaban utilizando el sebucán y metates
para obtener cazabe, conocían la cerbatana para cacería y la guerra, ele-
mentos culturales amazónicos desaparecidos durante el primer siglo de
la conquista78. La caza y la pesca complementaron la dieta, hallándose
caparazones de quelonios, huesos de venados, roedores, pecaríes, des-
dentados, monos, aves y restos humanos fracturados79.
Aparentemente, la cuenca lacustre fue una zona intensamente ocu-
pada, pero esta idea es errada. Por el contrario, el proceso de pobla-
miento de grupos indígenas fue lento y gradual. Durante el período
inmediato anterior a la llegada de los españoles, la llanura del sur del
lago de Maracaibo estaba habitada por sociedades de variados tipos y
diferentes complejidades, cada una de ellas conformada por uno o más
grupos étnicos, entendiendo en esta deinición un conjunto de indivi-
duos organizados socialmente y productores de una cultura especíica,
de una ideología identitaria, capaz de generar suicientes peculiaridades
que posibilitan su diferenciación étnica, manteniendo relaciones cons-
tantes y diferenciadas entre sí, a tal punto que conformaban un sistema
regional de relaciones interétnicas de forma horizontal, en cuyo interior
circulaban materias primas, bienes elaborados, elementos culturales a
través de intercambios y establecían acuerdos especiales para comerciar

77 Méndez Oscar José, Guayabones. Historia y Cultura. Mérida. Editorial Venezolana, 2007. p. 23.
78 Sanoja Obediente, Mario, La agricultura y el desarrollo de las comunidades agrícolas estables entre los
grupos aborígenes prehispánicos del norte de sur América. Mérida… p. 14.
79 Ídem.
Luis Alberto Ramírez Méndez 51

y establecían alianzas bélicas80. En síntesis, esa área constituía un terri-


torio de frontera habitado por diversas etnias indígenas.
La clasiicación propuesta por Emanuele Amodio para el estudio de
la población indígena prehispánica en la cuenca del Lago de Maracaibo,
está dividida en cinco subsistemas, precisando que cada uno de estos
podía estar o no constituido por varios grupos étnicos de la misma
familia lingüística, integrado por diferentes etnias, caracterizadas por la
existencia de fuertes relaciones de intercambio y eventualmente confor-
mando alianzas militares entre y contra los grupos de los subsistemas
vecinos. A su vez, los subsistemas integraban un sistema más amplio,
demostrado por intercambios con grupos fronterizos a través de la arte-
ria común de comunicación: el lago, como un medio expedito utilizado
para la realización de acercamientos81.
A los efectos del presente análisis, sólo se estudia el cuarto, ubicado
en el sur del lago y de la costa oriental, comprendiendo los grupos indí-
genas de iliación Caribe82 como pemenos, bobures y kirikires, también
generalmente llamados coronados83, además, los guraroríes o gueregui-
res y inalmente los motilones o bari, de iliación chibcha. Aunque es
necesario precisar que las denominaciones de los grupos y parcialidades
indígenas que aportan las fuentes permiten orientarse sobre ciertas ca-
racterísticas de los pobladores prehispánicos del sur del lago, también
representan motivos de confusión por su similitud en su contenido lin-
güístico y fonético al igual que su localización geográica. Por esa razón,
se recurre a cierta continuidad en la presencia histórica de los grupos
80 Amodio, Emanuele, Pueblos indígenas de la cuenca del Lago… pp. 14-15; Sanoja, Mario y Vargas,
Iraida, Antiguas formaciones y modos de producción venezolanos. Caracas. Monte Ávila Editores, 1978.
p. 101.
81 Ídem.
82 Las características agresivas de los caribes fueron descritas por fray Pedro Simón de la siguiente forma,
“… pues poca gente se ha hallado de los naturales en sus costas que no sea Caribe, desabrida, áspera,
escabrosa, aceda, dura, feroz, terca, fragosa, indigesta, cruda, cabezuda, avinagrada, testaruda, villana,
indómita, intratable, indomable y doblada, o tenga la mayor parte de esto…” Fray Pedro Simón, Noti-
cias Historiales de Venezuela... T. II. p. 598.
83 Amodio, Emanuele, Pueblos indígenas de la cuenca del Lago... p.16; Jhan, Alfredo, Los aborígenes del
occidente de Venezuela. Caracas. Litografía Comercio, 1927.
52 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

amerindios, sin descartar sus vinculaciones o probablemente que perte-


nezcan a un mismo grupo, aunque denominado con nombres distintos.
Especíicamente, el espacio que ocuparon los bobures, fue conocido
con el nombre de Xuruara o Puruara, y se extendió por la culata del lago,
que constituía la parte más austral de la laguna también denominado
Ajuduara descrita como una “… tierra abundante de comida; pero en
tiempo de invierno es muy anegadiza, y de muchas ciénagas…”84. Los
bobures fueron descritos por ser “…bien dispuestos, no cubren sus ver-
güenzas hombres ni mujeres y es gente que tratan con poco oro y no son
guerreros ni tienen hierba…”85. La etimología del gentilicio Bubures o
Bobures puede tal vez establecerse sobre la voz caribe buburu de los Ga-
libís y poburú de los Caribes de Venezuela, voces que equivalen a pies y
cuya aplicación, tal vez tuvo por objeto hacer resaltar sus condiciones de
caminantes, su destreza en la carrera o alguna particularidad en la forma
o las dimensiones de los mismos86.
Durante el periodo de contacto indo-hispánico, los pemenos tenían
ediicados sus pueblos a las costas de la laguna y habían construido
sus bohíos hasta el piedemonte y a las estribaciones montañosas a la
que denominaban la sierra de Comuneri87, integrados por cuarenta a
cincuenta bohíos88. Esos poblados estaban situados con una distancia
intermedia que oscilaba entre tres a cinco leguas desde el denominado
pueblo de Maracaibo89, situado sobre la desembocadura del río Escalan-
84 Fernández de Oviedo y Valdez Gonzalo, Historia general y natural de las Indias, islas y tierra firme del
mar océano… p. 223.
85 Amodio, Emanuele, Pueblos indígenas de la cuenca del Lago... p.16.
86 Jhan, Alfredo, Esbozo histórico geográfico del Estado Zulia. Caracas. Litografía y Tipografía Vargas, 1927.
p. 15.
87 Fernández de Oviedo y Valdez Gonzalo, Historia general y natural de las Indias, islas y tierra firme del mar
océano... p. 225.
88 AGI. Santo Domingo Legajo 206. Viaje a Ambrosio Alfínger a Maracaibo y la región de los indios pacabu-
yes. Coro, 9 de junio de 1531, f. 9v. publicado por Nectario María (Hno.), Los orígenes de Maracaibo.
Madrid, Editado por Shell de Venezuela, Creole Petroleum Corporation y Mene Grande Oil Company,
1959. pp. 510-511.
89 “Este pueblo donde dicho christiano estaba se decía Maracaybo y hera poblado toda aquella tierra de yn-
dios pemones que biben a la vera e culata de la laguna de Maracaybo…” AGI. Santo Domingo, Legajo
Luis Alberto Ramírez Méndez 53

te, aproximadamente donde está el emplazamiento el pueblo de Santa


Bárbara90 hasta Mapaure, el sitio del actual Moporo en el estado Tru-
jillo. De ese modo, los pueblos pemenos ubicados en la costanera del
sur del lago de Maracaibo eran: Roromoni, Aypiare, Uriri, Araburuco.
Mahaboro, Carerehota, Ayanoboto, Huahuovano, Guaruruma, Hura-
cara o Aracay, Horoco y Mopaure o Moporo91. Uno de los aspectos más
importantes de los bobures fueron los frecuentes intercambios de sus
productos con los pueblos caribes de la costa oriental y en el sur en la
provincia de los pacabuyes92. Por esa razón, los pemenos se ubicaban en
el centro de un área de intenso intercambio, debido a que se emplaza-
ban en la conluencia de varios sistemas de relaciones inter-regionales.
Colindando con la zona de los bobures o puruara, en la planicie que
se comprende entre los ríos Chama y Escalante hasta su desembocadura
en el lago de Maracaibo93, se situaban un grupo de habla caribe, co-
merciantes de sal conocidos como los guereguires o guaroríes94, los que
dieron origen al río que lleva su nombre95 que signiica pato96. Durante
206. Viaje a Ambrosio Alfínger a Maracaibo y la región de los indios pacabuyes. Coro, 9 de junio de
1531, f. 9v. publicado por Nectario María (Hno.), Los orígenes de Maracaibo... p. 510.
90 Nectario María (Hno.), Los orígenes de Maracaibo…p. 169.
91 Fernández de Oviedo y Valdez Gonzalo, Historia general y natural de las Indias, islas y tierra firme del
mar océano... pp. 224 -225.
92 Amodio, Emanuele, Pueblos indígenas de la cuenca del Lago... p. 29.
93 Pedro Simón, Noticias Historiales de Venezuela… T. II. p. 624.
94 “… si saben que en esta ciudad y sus términos hay unos yndios que llaman guaroríes, que estarán
camino real del reino a mano derecha, como a seys leguas los cuales yndios son tan belicosos que
vienen a los repartimientos de paz y es tanta su desvergüenza que a tres o auatro leguas de esta ciudad
allegan a matar como an muerto más trezientos yndios en vezes de los amigos y en esta ciudad no lo
pueden remediar…” AGI. Santa Fe, 67, N 22. 1 Petición de los vecinos de Pamplona, Mérida y la villa
de San Cristóbal para ser incluidos en la Gobernación de La Grita. Santa Fe de Bogotá, 5 de noviembre
de 1588. f. 6v.
95 “… como fue una de los que llamaban los Guaruníes [sic], tan atrevidos, que seis lo eran muchas veces
para acometer a cien soldados, cuya habitación era la boca y márgenes de los Estanques o Chama
cuando baja a los llanos y llegan a beber sus aguas las de la laguna; que en el año de doce entrándolos a
pacificar el capitán Varela, lo mataron con algunos otros soldados…” Pedro Simón, Noticias Historiales
de Venezuela… T. II. p. 624.
96 Salas, Julio César, Tierra Firme. (Venezuela y Colombia). Estudios sobre etnología e historia. Mérida.
54 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

el contacto indo-hispánico su espacio de inluencia se extendía hasta


donde escurren los ríos Zulia y Catatumbo, comprendiendo el espacio
geográico donde están situados los actuales poblados de La Fría y Santa
Bárbara y por el norte hasta la cuenca del Chama97. Es probable que
fueran una parcialidad de los indígenas que posteriormente fueron lla-
mados motilones, antepasados de los actuales barí de la Sierra de Perijá.
En esta comunidad existía un tipo de esclavitud similar a la practicada
entre varias tribus caribes98.
En 1586, se hace referencia a una parcialidad de los Guaroríes agre-
gados en el pueblo de Chiguará, pero de acuerdo con la información
revisada, es posible que no fueran originarios de allí, sino que hubieran
sido trasladados por los españoles, después de “paciicarlos”, desde las
tierras más bajas del Chama. En 1619, los hispano-criollos intentaron
reubicarlos en La Sabana, pero los indígenas se negaron al traslado,
alegando la diversidad climática, de idioma y ser enemigos de los indios
sabaneros. Pero, en general este grupo se mantuvo irreductible a la do-
minación hispánica.
Los kirikires, cuyo nombre evidentemente caribe signiica los hom-
bres99, se ubicaban en dos zonas: la primera, en la costa occidental del
lago, especíicamente en la región cenagosa donde hoy se ubica Encon-
trados, extendiéndose hasta las desembocaduras de los ríos Tarra, Santa
Ana, Catatumbo y Zulia. Otro asentamiento de los Kirikires se situaba
en el interior de Ajuduara; se estima que debieron ocupar las costas del
sur del lago de Maracaibo, como lo reiere Esteban Martín al explicar

Universidad de los Andes, 1971, p. 280.


97 Según los análisis realizados en cuanto a la antroponimia (nombres de personas) de los guaroríes y la
toponimia el idioma de estos indios era afín al de los motilones del río Zulia y al de los chitarreros de
Chinácota (Pamplona -Colombia), e incluso en menor grado a los de los indios de Boyacá y Cundina-
marca, todos de familia Chibcha. Grupo Kis Nacuy. Grupo Viento mensajero, Resumen gramatical, con
reseña histórica. Lengua Timote.
98 Nectario María (Hno.), Los orígenes de Maracaibo... p. 169.
99 “El nombre Quiriquire o Kiri-Kire no es otra cosa que el plural, por duplicación, de la voz Kiri, que existe
aún en casi todos los dialectos Caribes como equivalencia de hombres y significa por lo tanto, los
hombres.” Jhan, Alfredo, Esbozo histórico geográfico del Estado Zulia... pp. 15.
Luis Alberto Ramírez Méndez 55

que junto a los pemenos, había una “… generación de yndios que se


dicen quiriquiris…”100. De igual modo, se relata su presencia entre La
Ceiba y Gibraltar101, especíicamente sobre el sitio de Maruma102, como
se reconoce en una relación de 1609, sobre el sitio en la cual se airma
que hubo necesidad de llevar “…veinte hombres de guarda por estar de
guerra los indios quiriquires sercanos a esta montaña…”103. Los Kiri-
kires eran pueblos “armados”, y tenían sus viviendas construidas sobre
palaitos dentro de la laguna y eran diestros navegantes porque “andan
siempre en canoas”104; actuaron como intermediarios entre los grupos
residentes en la barra y los bobures ubicados al sur. Del mismo modo,
desde el privilegiado sitio de Maruma comerciaban con diversos gru-
pos establecidos en la cuenca del lago y del interior en la zona centro
occidental, especialmente con los jirajaras y los achaguas, con quienes
intercambiaban sal obtenida de sus vecinos los caquetíos105.
100 AGI. Santo Domingo Legajo 206. Viaje a Ambrosio Alfínger a Maracaibo y la región de los indios paca-
buyes. Coro, 9 de junio de 1531, f 9v. publicado por Nectario María (Hno.), Los orígenes de Maracaibo...
p. 510.
101 “…halló como vecinos de los Bubures de la Boca del Motatán a los Quiriquires, de quienes dice la
relación que eran afines… “.Jhan, Alfredo, Esbozo histórico geográfico del Estado Zulia. …. pp. 13-14.
102 En 1600, el teniente de corregidor de Mérida Diego Prieto Dávila, exponía “... que en el Ancón de Ma-
ruma de la provincia, tres leguas, poco más o menos término y jurisdicción de la villa de San Antonio
de Gibraltar, están unos indios poblados que no an dado obediencia al Rey... sean encomendados en
Gonzalo Palomino Rendón…”. BNBFC. Colección Ciudades de Venezuela. R. 9. Vol. 2. Apuntamientos
y peticiones presentados por testigos sobre encomiendas de indios en la villa de San Antonio de Gi-
braltar, si deben continuar los encomenderos en sus encomiendas 1601. El capitán Diego Prieto Dávila
recomienda se entreguen los indios del Ancón de Maruma a Gonzalo Palomino Rendón. Mérida, 2 de
febrero de 1600. pp. 287-288.
103 AGI. Quito, 28, Nº 55. Información sobre un bosque de cacao. Barbacoas de Moporo, 9 de noviembre
de 1613. f. 1r-v.
104 AGI. Santo Domingo Legajo 206. Viaje a Ambrosio Alfínger a Maracaibo y la región de los indios paca-
buyes. Coro, 9 de junio de 1531, f 9v. publicado por Nectario María (Hno.), Los orígenes de Maracaibo...
p. 510.
105 “…su marcha debió efectuarse por las áridas comarcas de Barquisimeto y Carora, ocupadas por Ca-
quetíos, Gayones y Xaguas, y su entrada a la hoya del Lago estaba trazada por la naturaleza en la
depresión del Portillo de Carora, natural y fácil vía que conduce a San Timoteo y Tomoporo, cerca de
la desembocadura del Motatán, en la famosa y ponderada provincia de Axuduara…” Jhan, Alfredo,
Esbozo histórico geográfico del Estado Zulia. …. p. 19.
56 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Otro grupo étnico fueron los motilones, pertenecientes a la cultura


bari, de la familia lingüística chibcha; habitaban en una supericie con-
siderable del territorio, limitada por el norte con los ríos Santa Ana y
Santa Rosa de Aguas Negras, en toda su extensión, es decir, desde sus
cabeceras en la Sierra de Perijá hasta el Lago de Maracaibo. Por el sur se
extendían hasta el curso inferior del Catatumbo, y ejercían igualmente
su dominio sobre las márgenes de los ríos Intermedio, Borra, Tarra,
Sardinata, Zulia, Escalante, Pamplonita y Táchira. Por el este, ocupaban
hasta la Sierra del Perijá. En ese sentido, Alcáser ensancha sus dominios
desde los espacios antes mencionados hasta el territorio por donde es-
curre el río Chama106. Actualmente, existen barí en Colombia y Vene-
zuela, tanto en el Departamento Norte de Santander como en el estado
Zulia, en las parroquias Machiques de Perijá y Jesús María Semprún,
especíicamente entre los ríos Santa Rosa y de Oro.
Una de las primeras referencias a los motilones la describe fray Pedro
Simón al señalar que Pérez de Tolosa después de salir de los valles de Cúcuta
se dirigió al río que llaman de las Batatas, hoy Zulia, después de atravesarlo
“…se metieron por entre los indios que hoy llaman Motilones…”107. Los
motilones hicieron una fuerte resistencia a la ocupación hispánica, de he-
cho no fueron sometidos durante el periodo colonial; su nombre se debe a
su típico corte de cabello para evitar los piojos. La permanencia en sus zonas
originales fue constante, eran agricultores, cazadores y comerciantes.
En áreas diferentes al sur del lago de Maracaibo, se ubicaban los chi-
natos, que ocupaban la zona que se denominó “río abajo de la villa de
San Cristóbal” y sus aluentes que comprendían el piedemonte andino
llanero, hacia Pedraza y Tamacá108; sobre sus originales asentamientos,
Julio César Salas precisa que estaban localizados en el piedemonte andino
con proyección hacia los llanos orientales y los ubica en las caídas de la
serranía hacia las planicies regadas por las corrientes del Torbes o Uriban-

106 Alcacer, Antonio, El indio motilón y su historia… p.28


107 Pedro Simón, Noticias Historiales de Venezuela… T. II. p. 195.
108 Castillo Lara Lucas Guillermo, San Cristóbal siglo XVII tiempo aleudar. Caracas. (Colección fuentes para
la historia colonial de Venezuela Nº 201) Academia Nacional de la Historia, 1989. pp. 249-253.
Luis Alberto Ramírez Méndez 57

te109. Desde esta área central, los chinatos se desplazaban en dirección a


los llanos del Uribante que conducen al sur del lago y el río Zulia, donde
mantenían conlictos con los motilones110. Por su parte, Emanuele Amo-
dio considera que los chinatos pertenecían a una etnia diferente de los
motilones-bari, también de los jirajara y de los chitarreros111 y presume
que son caribes de un sub grupo yukpa, que en la segunda mitad del siglo
XVI se desplazó hasta el sur del lago de Maracaibo112.
En general, el patrón de habitación de los grupos indígenas en el
sur del lago de Maracaibo se caracterizó por la existencia de una po-
blación dispersa, asentada tanto en las zonas costaneras como en las
bancadas, a salvo de las inundaciones. Las diversas etnias privilegiaron
el emplazamiento de sus poblados en las márgenes de los ríos navega-
bles, inmediatos en sus desembocaduras al Lago de Maracaibo, lo cual
les permitía por una parte la comunicación con el interior del territorio,
al internarse navegando sobre los cauces luviales, en especial de los ríos
Catatumbo, Tarra, Zulia y Chama, y de ese modo interactuar con los
grupos sedentarios de las zonas altas de la cordillera.
De la misma forma, sus emplazamientos también les facilitaban bo-
gar sobre las corrientes lacustres e intercambiar productos con otras
etnias situadas a lo largo de la costanera. Ese patrón de hábitat permitió
que diversos grupos indígenas, mantuvieran como práctica generalizada
el intercambio de productos entre ellos, en cuyas transacciones se puede
apreciar la existencia del trueque, mediante el canje de productos agrí-
colas como maíz y legumbres por sal, en cuya actividad se destacaron
los kirikires, y también la utilización de signos de valor como las águilas
de oro, las que utilizaban para comprar esclavos113.
Además, es preciso subrayar que adicionalmente a los grupos men-

109 Salas, Julio César, Tierra Firme. (Venezuela y Colombia)… p. 140.


110 Amodio, Emanuele, “Los chinatos de San Faustino. Siglos XVII y XVIII”. En: Tierra Firme. Vol. 13, Año
13, Nº 49, 1995, p. 38.
111 Amodio,, Emanuele, “Los chinatos de San Faustino. Siglos XVII y XVIII”, p. 44.
112 Amodio, Emanuele, “Los chinatos de San Faustino. Siglos XVII y XVIII”. p. 53.
113 Nectario María (Hno.), Los orígenes de Maracaibo... p. 169.
58 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

cionados, se hallan los mucus situados en cordillera andina, conforma-


da por un arco montañoso erigido como frontera natural y, por ende,
también entre los grupos étnicos. En las estribaciones de la serranía y
en el piedemonte andino lacustre se situaban los mocotapó, mucutuca-
níes, capaces, galgas, umoquenas y buromaquenas, grupos sedentarios
cultivadores de maíz, papa y yuca, y ceramistas con diferentes prácticas
ceremoniales y rituales. De acuerdo con lo expuesto, se evidencia la
multiplicidad de grupos étnicos característicos de una región fronteriza
con un horizonte cultural disímil que se mantuvieron después de la
invasión hispánica, cuya penetración representó una nueva cultura y
etnia en el preexistente mosaico multiétnico porque de ese modo fue
percibido entre las etnias indígenas de aquella planicie.

Un nuevo grupo étnico en el sur del lago de Maracaibo


La penetración hispánica hacia el sur del lago de Maracaibo tuvo dos
rutas. La primera, casi simultáneamente con el encuentro de los mun-
dos, penetró desde el norte en la expedición de Américo Vespucci, quien
navegó sobre las aguas del Golfo de Venezuela en 1500 y posibilitó la
elaboración del portulano dibujado por Juan de La Cosa, en el que se
estampará para siempre las formas primigenias del Nuevo Mundo114. Esa
penetración sería continuada por la misma ruta a partir de 1530, con las
incursiones de los Welser. La segunda invasión provendría del altiplano
cundiboyacense, desde el sur occidente cincuenta y seis años después.
Después del primer encuentro con los pueblos aborígenes palafíticos
del golfo y la barra del Lago de Maracaibo a ines del siglo XV e inicios
del XVI, transcurrieron aproximadamente 30 años hasta la llegada de
Ambrosio Alfínger, como factor de los Welser, quien partió desde Coro
a reconocer el territorio de la costa occidental del lago, estableciendo la
ranchería de la Laguna en la barra del lago115. De inmediato, el alemán
inició una expedición que penetró hasta los Valles de Upar, recorriendo

114 Amodio, Emanuele, “El lago de papel”. En: Aeropostal. Caracas. Año II, Nº 3, 1998. p. 12; Nectario María
(Hno.), Los orígenes de Maracaibo... pp. 118-129. y. 121-129.
115 Nectario María (Hno.), Los orígenes de Maracaibo... pp. 131-138.
Luis Alberto Ramírez Méndez 59

las márgenes del lago y luego retornó a Coro116. En aquel itinerario, Al-
fínger logró recaudar un gran botín, y ordenó a Iñigo de Vasconia que
tomara parte del mismo, unos 60.000 pesos, según reiere Simón y le
ordenó trasladarlo a Coro.
Vasconia decidió retornar por una ruta diferente a la utilizada para
su ingreso, dirigiéndose al occidente; ese desvío le condujo al sur del
lago de Maracaibo, donde se extravió entre las marismas y los abanicos
aluviales siéndole imposible llegar a su destino. En aquel momento,
los extenuados y hambrientos invasores decidieron enterrar su tesoro y
deambular por diferentes parajes. Los expedicionarios fueron víctimas
de las diicultades y acosados por las enfermedades, la mayoría de falle-
ció, excepto Francisco Martín, quien fue rescatado por los indígenas, y
convivió entre los aborígenes por más de un año, casándose con la hija
de un cacique en quien tuvo tres hijos117. Simón airma al respecto, que
el encuentro de Martín con los naturales fue en Estanques o Chama,
pero lo más probable fue que ocurriera en las riberas del río Zulia o Ca-
tatumbo. Ciertamente, éste fue el primer contacto de los ibéricos con
los indígenas en el sur del lago de Maracaibo118.
Simultáneamente con aquellos eventos, otro soldado de Alfínger lla-
mado Esteban Martín logró llegar a las planicies cercanas a Cúcuta, en
tierras señoreadas por los chinácotas, donde se enteraron del falleci-
miento del alemán y nombraron por jefe de la expedición a Juan de San
Martín. De allí, decidieron avanzar al norte, hasta la Laguna de Mara-
caibo, donde se toparon con Francisco Martín, desnudo y conviviendo
con los indígenas en el pueblo de los bobures llamado Maracaibo. El
asombro y sorpresa de peninsulares, fue evidente cuando uno de los
aborígenes les habló en español, explicándoles quien era y como había
llegado allí. De inmediato, lo trasladaron hasta Coro en 1532119.
116 Pedro Simón, Noticias Historiales de Venezuela. T. I. pp. 108-112; Nectario María (Hno.), Los orígenes
de Maracaibo... pp. 131-179.
117 Pedro Simón, Noticias Historiales de Venezuela T. I, pp. 112-119; Nectario María (Hno.), Los orígenes
de Maracaibo... pp. 167-179.
118 Nectario María (Hno.), Los orígenes de Maracaibo... pp. 112-119.
119 Ibídem. pp. 126-130.
60 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Aquellos primeros contactos, permitieron conocer a los hispanos so-


bre la geografía del territorio y las costumbres de los grupos aborígenes.
A partir de esos sucesos, quedó dilucidada la continuidad geográica
entre el nororiente de la Nueva Granada con el Lago de Maracaibo, al
mismo tiempo que los avances iniciados desde el norte de Venezuela se
detuvieron. De igual modo, tanto los grupos indígenas como Alfínger
y sus sucesores conocieron mutuamente de su existencia. Entre tanto,
los aborígenes empleaban sus tradicionales métodos de intercambio por
cuya razón los nativos descritos como amigables abastecieron a los ex-
pedicionarios con alimentos y vituallas.
Aquel sistema de intercambio fue irrespetado por los hispanos, quie-
nes a partir de entonces iniciaron la caza indiscriminada de numerosos
indígenas en ambas márgenes de la laguna, que fueron apresados y tras-
ladados a Coro y a las islas del Caribe para ser vendidos como escla-
vos120, especialmente los Bobures, Parepys (La Arenosa)121 y Camouri
(Chirurí). Esa situación se puede apreciar en el testimonio de Virgilio
García emitido durante el juicio de residencia de Alfínger, quien airmó
que Luis González de Leyva teniente de gobernador en la ranchería de
Maracaibo, convocó un día a todos los indígenas de Parepy para des-
granar maíz en un bohío, cuando los aborígenes concurrieron con “…
mucha comida de carne, pescado y pan cocido, cuando los tuvo dentro
los mandó atar a todos y se los llevó presos a Maracaibo…”122.
Esa situación también ocurrió en el pueblo de Camarí o Camourí
(Chirurí), cuyos indígenas ya habían sostenido intercambios con los
españoles. En cierta ocasión, González de Leyva, ocurrió al pueblo al

120 Whitehead, Neil L.:”Indigenous slavery in South America, 1482-1820”. En: David Eltis & Stanley L. Enger-
man: The Cambrige world History Slavery. Cambrige Press, 1999. Cap. 10; Juan FRIEDE, “Orígenes de la
esclavitud en Venezuela”. En, Boletín de la Academia Nacional de la Historia. T. XLIV, Nº 173, 1961. p. 68.
121 En una carta suscrita en 1638 entre Diego de Luna, Isabel Velazco y Pedro de Silva, se hace constar
la venta de una estancia de árboles de cacao en el sitio que... llaman La Arenosa que por otro nombre
llaman Piripí... AGEM. Protocolos T. XV. Carta de venta. Mérida, 4 de diciembre de 1638. ff. 109r-110v.
122 Juicios de residencia en la provincia de Venezuela. Caracas (Colección Fuentes para la historia colonial
de Venezuela 130) Academia Nacional de la Historia, 1977. pp. 110-111; Nectario María (Hno.), Los
orígenes de Maracaibo... pp. 150-151.
Luis Alberto Ramírez Méndez 61

despuntar el alba, los cercó y apresó a todos sus moradores, que amarra-
dos unos con otros fueron llevados al barco, incluyendo recién nacidos
e infantes; luego fueron marcados en la barba con una carimba en for-
ma de V para ser vendidos como esclavos. Aquel embarque de indígenas
ascendió a doscientos veinte y dos123.
Parte de esos naturales esclavizados fueron trasladados a Santo Domin-
go, mientras otra remesa integrada por setenta y dos esclavos fue remitida
a Jamaica. Otro embarque de oriundos de aquel pueblo fue llevado por
Íñigo de Vasconia, con destino a Santo Domingo, pero los temporales del
Caribe lo obligaron a transportarlos a Santa Marta. Ese brutal tráico fue
justiicado por Vasconia alegando que los naturales eran levantiscos y que
se soliviantarían por no ser sometidos a tales castigos124. Aquella cacería
de los aborígenes continuó durante la década de los treinta del siglo XVI.
Ello se evidencia en los impuestos pagados a los factores de las cajas reales,
tanto en Coro como en Borburata, por nativos esclavizados de nación
bobures125, parepy y camouri126. Alguno de esos bobures entregados en
Coro, estuvo una india que cuidó a fray Vicente Requejada, el primer
agustino que llegó a Venezuela, quien vino a Coro con Juan de Ampíes,
en 1528. El fraile estuvo acompañado desde 1530, por una bobure llama-
da Isabel Sánchez, originaria de la laguna de Herina (Maracaibo), quien
123 Juicios de residencia en la provincia de Venezuela. Caracas (Colección Fuentes para la historia colonial
de Venezuela 130) Academia Nacional de la Historia, 1977. pp. 142-143; Nectario María (Hno.), Los
orígenes de Maracaibo... pp. 150-151.
124 Nectario María (Hno.), Los orígenes de Maracaibo... pp. 152-153.
125 En el Libro General Común de la Real Hacienda de la Provincia de Venezuela, con asiento fechado en
Coro, a 8 de noviembre de 1534, se expresó lo siguiente “ ... ha de haber su Magestad ciento e veinte
y tres pesos e cinco granos de buen oro por razón del quinto de setenta y siete piezas de esclavos de
mayores y menores edades de nación Bobures y Onotos, las treinta piezas se avaluaron a razón de diez
pesos y las veinte y siete piezas a razón de siete pesos y medio, e las diez e siete piezas a razón de doce
pesos y medio e una pieza restante en tres pesos e dos tomines de buen oro...” Arcila Farías, Eduardo
(comp.), El primer libro de la hacienda pública colonial de Venezuela. 1529-1538. Caracas (Colección
Economía y Finanzas de Venezuela 8). Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1984. p. 123.
126 En 1539, se hace referencia a la llegada de 222 indios de Piripí (La Arenosa) y Cumorí (Chirurí) a causa
de su belicosidad. AGI. Santo Domingo. Legajo 203. Actas declarando esclavos a los indios de Piripí
y Camorí. Borburata, 20 de noviembre de 1530, citado por Juan FRIEDE, “Orígenes de la esclavitud en
Venezuela”. En, Boletín de la Academia Nacional de la Historia. T. XLIV, Nº 173, 1961. p. 68.
62 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

le servía de “intérprete y dulcinea”. Después de asistir a la expedición de


Nicolás Federman, el monje y la india se asentaron en Tunja, en donde
ésta tuvo una hija llamada Catalina Sánchez, quien fue becada por el pa-
dre Requejada para ir a estudiar a Sevilla, en aquel puerto se casó con un
silletero llamado Antonio de Burgos127.
Aquella persecución de nativos para ser vendidos como esclavos, con-
tinuó de forma desmedida durante la primera mitad del siglo XVI128,
hasta que en 1542, se decretó la abolición de la misma, exceptuando
a los caribes, considerados caníbales, los que debían ser apresados en
justa guerra129, lo cual afectó notablemente a los naturales del sur del
lago de Maracaibo, debido a la imagen difundida en Europa por los
mareantes, especialmente en los mapas de Kunstman y Cantino, en los
que aparecían representaciones pictóricas medievales superpuestas a la
realidad hallada en la cuenca lacustre mostrando un caníbal que cocina
a su víctima en horquetas puestas sobre el [Link] desafortunadas
actuaciones se tradujeron en el alarmante declive demográico y la des-
población de los originarios de esa planicie131.

127 Ocampo López Javier, Biografía del padre fray Vicente Requejada. Academia de Historia de Tunja. 22
de noviembre de 2012; Campo del Pozo Fernando, Fray Vicente de Requejada. Biografía y mito de un
agustino quijotesco. Tunja. Academia Boyacense de la Historia. Editorial Jotamar, 2012. Agradezco la
información sobre la india Isabel Sánchez, facilitada por el historiador Fernando Campo del Pozo.
128 La reacción de los naturales de La Española, por el excesivo trabajo a que fueron forzados, fue la de
sublevarse ante la autoridad del mismo Colón, en 1495. Con motivo de estos hechos, los rebeldes
fueron sometidos y esclavizados, lo que posibilitó que se cometieran mayores abusos en contra de la
población aborigen. Esa situación determinó la actuación de Isabel la Católica, quien relevó a Colón de
la autoridad civil y en su lugar designó a Nicolás de Ovando, como Gobernador de La Española, quien
procedió a normar las actuaciones de los hispanos a través de sus ordenanzas. Bird Simpson, Lesley,
Los conquistadores y el indio americano. Barcelona. (Serie Universitaria Historia Ciencia y Sociedad Nº
68), Editorial Península, 1970. p. 15. Konetzke, Richard, América Latina II. La época colonial. México.
(Colección Historia Universal Siglo XXI 22) Siglo XXI Editores, 1977. pp. 156-158.
129 “… También era lícito esclavizar a los belicosos caribes que comían carne humana…”. . Konetzke,
Richard, América Latina II. La época colonial… p. 158.
130 Amodio, Emanuele, El Lago de papel…p. 12.
131 Rodrigo de Argüelles y Gaspar de Párraga, expusieron el dramático descenso demográfico en los si-
guientes términos, “... Fue provincia muy poblada de indios hasta que los Welser entraron en ella, y
la despoblaron con los esclavos que sacaron y con otros daños que les hicieron...”. “Descripción de
Luis Alberto Ramírez Méndez 63

Durante ese periodo, es decir entre 1530 y 1560 la población bobu-


re, prácticamente fue exterminada en el sur del lago de Maracaibo. Así
lo airman las descripciones de los cronistas y las de los relatores, quie-
nes narran que ya para 1570 se habían despoblado los pueblos descritos
prolijamente por Fernández de Oviedo y en los testimonios directos de
los protagonistas recogidos en los juicios de residencia de los Welser. Lo
inexplicable de la situación es que hasta la parte lingüística es inexis-
tente; tanto en la relación de encomiendas asignadas a los pobladores
de Mérida, de 1564, realizada por Andrés Venero de Leyva, como en la
visita del juez Bartolomé Gil Naranjo no se reseña ningún topónimo
referido a la nación bobure en la zona sur del lago de Maracaibo. En el
siglo XVII, sólo se ha hallado una noticia a un indio llamado Juan Ba-
bure cuya casa lindaba con Roque Jacinto Bernal en el valle de Mojaján
o San Pedro132.
De ese modo, durante el periodo expresado en el sur del lago de
Maracaibo, sólo hubo la constante rapiña de los productos agrícolas y
algunos otros bienes suntuarios, como oro y otros metales preciosos o
semipreciosos pertenecientes a los naturales y también se tomaron sus
pobladores para ser vendidos como esclavos. Es importante anotar que
durante ese tiempo ninguna de las etnias que lo habitaban o penetraron
como los europeos a pesar de sus airmaciones logró dominar esa pla-
nicie; pero es preciso puntualizar que los aborígenes de la cuenca lacus-
tre experimentaron un brutal proceso de desintegración y destrucción
de sus comunidades ancestrales, víctimas del acoso de los invasores e
inesperadamente inmersos en la ampliación del Estado español de In-
dias para lo cual se requería el sometimiento de la población nativa del
la Laguna de Maracaibo por Rodrigo de Argüelles y Gaspar de Párraga”. En: Relaciones geográficas
de Venezuela. Caracas. (Colección Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. 70) Recopilación,
estudio preliminar y notas de Antonio Arellano Moreno. Academia Nacional de la Historia, 1964. p. 205.
Julio César SALAS, Tierra Firme... p. 152.
132 “... con Roque Jacinto Bernal, el largo río abajo a espaldas de la casa de Juan babure, y la frente desde
la misma estancia de Roque Jacinto Bernal, corriendo la quebrada que llaman de Las Piedras…” AGI.
Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de los oidores Modesto de Meller y Diego de Baños y So-
tomayor. 1655-1657. Composiciones. Composición de doña Adriana Casanova, viuda de Pedro Núñez
Rendón. San Antonio de Gibraltar, 9 de abril de 1657. ff. 130r-132v.
64 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Nuevo Mundo. Ese objetivo se continuaría veinte años más tarde, con
la expansión ibérica desde Pamplona, consolidada con la fundación de
Mérida y el asentamiento de los puertos sobre la laguna de Maracaibo.
Durante el espacio temporal comprendido entre 1558 hasta 1600,
la ocupación del sur del lago de Maracaibo fue realizada por los emeri-
tenses, quienes iniciaron y prosiguieron su exploración y colonización.
La necesidad básica que los habitantes de la ciudad de las cinco águilas
blancas persiguieron durante esos primeros 42 años de existencia fue la
de establecer una ruta de entrada y salida hacia el mar Caribe para sus
productos agrícolas y adquirir los bienes que provenían de la península
ibérica, lo cual representó una continuidad en la utilización de las rutas
ancestrales de los indígenas en sus sistemas de intercambio prehispánico
y, por ende, la feroz competencia con los aborígenes que utilizaban la
navegación luvio-lacustre para transportar sus productos, en especial
de aquellos ríos que eran navegables que permitían el tránsito de las
embarcaciones que transportaban las mercancías, especialmente sobre
las aguas del río Zulia, sobre el que transitaban embarcaciones colmadas
de géneros procedentes de los llanos de Cúcuta y Pamplona, y al avan-
zar hacia el norte también acarreaban los de La Grita hasta el Lago de
Maracaibo. Esas vías eran utilizadas desde tiempos inmemoriales por
los naturales quienes las defendieron constantemente, y por esa razón
atacaron las embarcaciones de los hispano-criollos que navegaban sobre
esas corrientes.
La actuación de las etnias indígenas durante el periodo de contacto:
Los guaroríes
Las etnias indígenas mantuvieron una feroz lucha por preservar sus
territorios y defenderse de la ocupación blanca, especialmente los gua-
roríes que continúan siendo reseñados constantemente en las relaciones
de los peninsulares y autoridades metropolitanas, por ser los guerreros
que robaban a los comerciantes que transitaban por la vía hacía el río
Zulia desde La Grita133. En 1588, en la petición de los vecinos de Mé-
133 “… como fue una de los que llamaban los Guaruníes [sic], tan atrevidos, que seis lo eran muchas veces
para acometer a cien soldados, cuya habitación era la boca y márgenes de los Estanques o Chama
cuando baja a los llanos y llegan a beber sus aguas las de la laguna; que en el año de doce entrándolos
Luis Alberto Ramírez Méndez 65

rida y La Grita, Villa de San Cristóbal y Pamplona se hacía referencia


a las hostilidades de los guaroríes, que se situaban a mano derecha del
camino real para el reino, porque eran tan belicosos que atacaban los
repartimientos de indios paciicados, ubicados apenas tres o cuatro le-
guas de Mérida, habían asesinado a más de trescientos indígenas, y no
habían podido ser sometidos debido a la incapacidad militar para cum-
plir con ese objetivo134.
Ciertamente, los guaroríes no fueron dominados. No se han hallado
referencias a asignaciones de esta etnia en encomiendas en las jurisdic-
ciones de Mérida y La Grita. Fray Pedro Simón narra que el capitán
García Varela intentó someterlos pero fue asesinado por ellos135. Luego,
con el mismo in, fue enviado el capitán Juan Pérez Cerrada136, acción
que fue ratiicada en 1635 por Jerónimo de Aguado, quien declaró que
había concurrido personalmente al sometimiento de los guaroríes junto
con el capitán García Varela137. Es probable que los indígenas fueran
desplazados hacia las planicies inmediatas porque en otro testimonio
emitido por Pedro Duque de Cabrera se airma habían sido desalojados
del “... sitio y puesto que estaban poblados [por los guaroríes], cuando
el capitán García Varela lo sacó de una banda y otra...”138.
Posteriormente en 1647, Ambrosio Izarra, fue nombrado capitán
de guerra para los sitios de Chama y Guaroríes, tal vez con la inalidad
de prestar seguridad por las incursiones indígenas139. Lo más probable
es que los guaroríes durante el siglo XVIII, trashumaban por el sur del
a pacificar el capitán Varela, lo mataron con algunos otros soldados…” Fray Pedro Simón, Noticias
Historiales de Venezuela... T. II. p. 624.
134 AGI. Santa Fe, 67, Nº 22, 1 Petición para incluir a Mérida, San Cristóbal y Pamplona para ser incluidas
en la Gobernación del Espíritu Santo de La Grita. Santa Fe, 5 de noviembre de 1588. ff 135v-140r.
135 Pedro Simón, Noticias Historiales de Venezuela... T. II. p. 624.
136 Ídem.
137 BNBFC. Cabildo Mercedes de Tierra. Caja 1. Doc. 1. Merced concedida a Jerónimo de Aguado. Mérida,
2 de junio de 1635. f. 355r-v.
138 BNBFC. Cabildo Mercedes de Tierra. Caja 1. Doc. 1. Merced concedida a Pedro Duque de Cabrera.
Mérida, 12 de febrero de 1632. f. 254r-v.
139 AGEM. Protocolos T. XIX. Carta de fianza. Mérida, 24 de mayo de 1647. f. 263r-v.
66 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

lago y mantenían relaciones amistosas con lo yguaraes, con los cuales se


coaligaban para cometer asaltos y emboscadas140.
La actuación de las etnias indígenas durante el periodo de contacto:
Los kirikires
Los aguerridos kirikires, estaban ubicados en la costa occidental del
lago, aproximadamente al inicio del corredor que conduce a la sierra
de Perijá y también en la costa sur, cercana a Maruma, entre Gibraltar
y Moporo. Era un grupo que servía de contacto debido a su habilidad
como marinos; conocían y navegaban por la cuenca lacustre, bogando
sobre las corrientes del lago hasta la zona de los pemenos y bobures,
con quienes intercambiaban sal por productos agrícolas, los que a su
vez transportaban y comerciaban con los anzales, arubaes, toas de la
Guajira, y onotos de la barra141. Simón los describe como “...una gen-
te Caribe desabrida... que acudían a servir a su encomendero royendo
como dicen el cabresto y deseando sacudir el cuello de toda servidum-
bre como de hecho lo pusieron en ejecución...”142.
Los kirikires, ubicados en el los ríos Tarra, Santa Ana y Catatumbo,
fueron asignados en encomienda a Rodrigo de Argüelles143, quien fue
incapaz de someterlos. Por el contrario, los kirikires se desplazaron ha-
140 Sobre las relaciones entre motilones e yguaraes, se desarrolla el estudio de Lizarralde, Roberto, “El
castigo de los indios yguaraes”. En: Boletín Antropológico. Año 23, Nº 65, 2005. pp. 377-396.
141 “…también los indios de estos pueblos comarcanos a esta laguna se sustentan de la sal de aquí. De
esta sal se provee a la ciudad a trueque de maíz y bizcocho y harinas que se traen de Mérida y Trujillo…”
“Descripción de la ciudad de Nueva Zamora, su término y Laguna de Maracaibo, hecha por Rodrigo de
Arguelles y Gaspar de Párraga de orden del gobernador Juan Pimentel”. En: Relaciones Geográficas
de Venezuela. Caracas. (Fuentes para la historia colonial de Venezuela 70) Academia Nacional de la
Historia, 1964, p. 210; Vila Marco Aurelio, “Los caminos de la sal”. En: Revista Shell, Año II, Nº 9, 1952.
pp. 66-71.
142 Fray Pedro Simón Noticias Historiales de Venezuela. T. II. p. 600.
143 Entre sus méritos Arguelles, declaraba que había estado en la Florida, y había contribuido a la fundación
de cuatro pueblos en la Gobernación de Venezuela; Carora, Maracaibo, Barinas y Gibraltar, había nave-
gado el río de Pamplona o Zulia, en unión de Gaspar de Párraga, donde escribió su relación. Arguelles
era un mercader que disponía de dos fragatas que recorrían las márgenes de la laguna, abasteciéndose
en sus puertos de harina, bizcocho, jamones, badanas y otras mercancías y las transportaban hasta Car-
tagena de Indias y Santo Domingo. AGI. Santo Domingo, 16. N. 10. Expediente de méritos de Rodrigo
de Arguelles. Exposición de méritos. Santo Domingo, 11 de enero de 1601. ff. 1r-2v.
Luis Alberto Ramírez Méndez 67

cia el sur, a la planicie comprendida entre los ríos Zulia y Catatumbo


en la jurisdicción de Mérida, explanada que les era conocida, y desde
allí comenzaron a hostigar a las embarcaciones que transitaban por el
río Zulia a partir de 1580144. Fray Pedro Simón expresa que durante las
décadas subsiguientes a 1580 fueron incesantes las hostilidades de los
kirikires sobre los europeos, porque no había posibilidad de reducirlos
o enfrentarlos en zonas tan importantes como las cabeceras del río Zulia
o en las inmediaciones de los valles de Cúcuta, cuya corriente luvial se
navegaba antes de aquella fecha, sin peligro alguno; pero después debi-
do a los ataques indígenas se requirió transitar protegidos por escoltas.
Para someterlos, Francisco de Cáceres, gobernador de La Grita, envío a
Pedro Esteban Rangel de Cuéllar, quien fundó la ciudad de Salazar de
las Palmas en 1582.
Diez años más tarde, cuando Gonzalo de Piña Ludueña, fundó San
Antonio de Gibraltar, Rodrigo de Argüelles, como otros vecinos de la
Nueva Zamora, la abandonaron y se trasladaron hasta el nuevo puerto
para radicarse en él, trasladando su encomienda de guabia o cabira de
los kirikires hasta la sabana de Santa Isabel entre el valle de Tucaní y
Mojaján “…adonde le venían a servir los de menos mal corazón, que
duró poco tiempo...”145.
En 1599, la incesante resistencia de los kirikires se concretó con el
asalto perpetrado al capitán Domingo Lizona, quien navegaba con un
cargamento sobre el río Zulia, cuando fue atacado a plena luz del día y
cara a cara, le robaron dos canoas con mercaderías valuadas en más de
20.000 pesos, dejándolo herido. Los kirikires lograron llevarse terciope-
los y ricas telas con las que confeccionaron mantas y de los pasamanos
de oro y plata hicieron sogas para colgar sus hamacas146.
Lizona, recurrió al Cabildo, Justicia y Regimiento de la ciudad de
Mérida, para que le auxiliaran en el castigo de los indios kirikires de
“…mala paz y alzados, que habían asesinado mucha gente, y cometido
144 Pedro Simón, Noticias Historiales de Venezuela... T. II. p. 601.
145 Ibídem. pp. 602-603.
146 Ibídem. p. 602.
68 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

muchos daños en contra del trato entre esta ciudad y el río de Pam-
plona…” y otras partes que no estaban seguras y que particularmente
a él, le habían matado diez hombres entre esclavos e indios aliados y le
robaron “...muchas cantidades de vino, miel, azúcar y otra cosas…”,
suplicando convocaran una leva para reunir soldados que fuesen al “cas-
tigo, paciicación y remedio”, de los aborígenes. Lizona se comprometió
a darles el avío. Asimismo, el corregidor de la ciudad de Maracaibo
había ofrecido a los soldados que acudieran al sometimiento y paciica-
ción de los indígenas la cuarta parte de las mercaderías que había en el
embarque perdido de Lizona y otra tercera parte que le había de dar el
mismo Lizona147.
Las milicias se aprestaron y procedieron a la represión de los indígenas
quienes habían tomado unas puntas de aleznas de zapateros, que acomo-
daron a las de sus lechas y destrozaron a los represores, huyendo hacia las
serranías donde les fue imposible perseguirlos, por cuya razón los emeri-
tenses debieron regresar con algunos indígenas que habían apresado, los
que entregaron a Argüelles para que los mantuviera en paz.
Aquel evento coincidió con la inalización de la gestión del teniente de
corregidor de San Antonio de Gibraltar, Pedro Martín Rebollo y el nom-
bramiento en su lugar de Rodrigo de Argüelles, a quien se le ordenó tomar
el juicio de residencia a Rebollo. En la sustanciación de aquel proceso con-
tra éste, se le hicieron cargos de peculado de uso, cohecho y corrupción ad-
ministrativa. Entonces, los gibraltareños se dividieron en dos grupos anta-
gónicos para rivalizar por el poder político del puerto. Al lado de Argüelles
se hallaban Juan Fernández Freyra, Pedro de Arenas, Domingo Díaz, Vidal
de Mélida y Lucas González Aguado. Al lado de Pedro Martín Rebollo
cerraron ilas los portugueses Pedro Martín, Antonio Figuera, Juan Martín
de Ardila, Pedro Váez Rabasco y Cristóbal Nieto.
El antagonismo entre los dos bandos fue exacerbado, cuando Ar-
güelles procedió a realizar el apuntamiento de indios en encomienda
beneiciando a sus seguidores. De inmediato Rabasco, pretendió ijar

147 BNBFC. Cabildo Acuerdos 1600-1606. Acta de acuerdo de sometimiento y pacificación de los kirikires.
Mérida, 22 de febrero de 1600. ff. 7r-8r.
Luis Alberto Ramírez Méndez 69

términos hasta la sábana de Mucujepe en tierras de los mocotapó (Ara-


puey) y realizar nuevos repartimientos, mientras a otros vecinos como
a Feliz Trejo y Juan Pérez se les acusaba de traidores, por cuya razón se
solicitaba la intervención de Miguel Trejo148.
El juicio de residencia continuó y como resultado del mismo pro-
cedió a apresar a Pedro Martín, Antonio Figuera y Juan Martín Ardila,
y disponiéndose Argüelles a darles tormento. Entonces, se amotinaron
Báez Rabasco y Nieto, quienes armados se opusieron a la punición, lo
que hizo retroceder a Argüelles, al mismo tiempo que solicitó refuerzos
a Mérida. La división suscitada entre los vecinos de San Antonio de Gi-
braltar, determinó la insubordinación de los mismos, quienes estaban
obligados a rendir obediencia al teniente de justicia mayor, en casos de
peligro inminente.
Simultáneamente a los sucesos expuestos, acontecía otro hecho sig-
niicativo, testimoniado por fray Pedro Simón: Argüelles y su esposa
doña Leonor de Ulloa, habían obligado a los kirikires a trabajarles en
duras labores, apremiándolos al “... servicio personal y pesquerías con
que les hacían acudir...”149, sometiéndolos a afrentosos castigos. Asimis-
mo, Argüelles había trasladado los indios contra su voluntad
“... conturbando los dichos pueblos de indios tocándolos sus co-
rridos e ynquietándoles sus mujeres e hijos, mediante lo qual
llevándoles los yndios aser tan molestados, maltratados que se an
ido pasando todos los yndios de el comarcanos del dicho pueblo
de donde se an ydo... e mataron a un español…“150.
Tal circunstancia fue conirmada por Francisco López Mexía quien
aseveró “... que de presente tiene algún riesgo y peligro la dicha villa a
sido por aver entrado en ella el dicho Rodrigo de Argüelles, con su mu-
jer porque siendo vecino de la Nueva Zamora de Maracaibo, provincia

148 AGNB. Caciques e indios. T. 39. Doc. 30. Indios de San Antonio de Gibraltar, sus matanzas y robos.
Carta de Diego de Campos. Gibraltar, 9 de julio de 1600. f. 932r-v.
149 “… que estando algunas veces moliendo el maíz la india , por no hacer aquello a gusto del ama , la
arrebataba de los cabellos y le hacía dar con la cabeza en la piedra de moler …” Pedro Simón, Noticias
Historiales de Venezuela... T. II. p. 605.
150 BNBFC. Cabildo Acuerdos. Acta de Cabildo. Mérida, 16 de febrero de 1600. f. 6v-7r.
70 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

de Benezuela y teniendo en ella los yndios Quiriquires mediante las


demasías que con ellos hicieron...” 151, se aliaron con los aliles y eneales,
para defenderse de los malos tratos, agravios, vejaciones que les había
propiciado su encomendero y liberarse del excesivo trabajo a que ha-
bían sido sometidos152.
Aquellas desacertadas e injustas actuaciones, no podían tener otro re-
sultado que los hechos ocurridos el sábado 22 de junio de 1600, día de la
Magdalena. En aquel amanecer, los vecinos de San Antonio de Gibraltar
estaban dormidos dentro de sus modestas ediicaciones, y súbitamente
fueron despertados. Entonces pudieron ver con espanto y terror cuando
las primeras luces de la aurora alumbraron el día, como sorpresivamente
sobre la laguna se presentaron más de ciento cuarenta canoas, en las que
se transportaba un número superior de quinientos indios lecheros kiri-
kires, eneales y aliles, quienes habían navegado más de quince jornadas,
quienes repentinamente atacaron a San Antonio de Gibraltar153.
Estupefactos, los gibraltareños, cuyas casas estaban inmediatas a la
laguna, fueron sorprendidos y atacados con iereza, no pudieron armar-
se 154; a algunos los asesinaron como a uno apellidado Tobar y un solda-
do de nombre Belén; otros pudieron huir a la sabana de Mucujepe155.
151 “... bio este testigo el sábado por la mañana que se contaron veinte y dos de junio los indios quiriquires
de guerra dieron sobresalto en las casas que estaban fundadas a la legua del agua y los que en ella
estaban como jente desapercibida sin poder tomar armas por la repentina benida desampararon el puer-
to...” BNBFC. Colección Ciudades de Venezuela R. 9. Vol. 2. Apuntamientos y peticiones presentados
por testigos sobre encomiendas de indios en la villa de San Antonio de Gibraltar, si deben continuar
los encomenderos en sus encomiendas 1601. Real testimonio de Juan de Trexo. Mérida, 27 de julio de
1600. p. 120.
152 Pedro Simón, Noticias Historiales de Venezuela… T. II. p. 603.
153 Pedro Simón, Noticias Historiales de Venezuela... T. II. p. 603.
154 BNBFC. Colección Ciudades de Venezuela R. 9. Vol. 2. Apuntamientos y peticiones presentados por
testigos sobre encomiendas de indios en la villa de San Antonio de Gibraltar, si deben continuar los
encomenderos en sus encomiendas 1601. Real cédula concediendo encomienda a Juan de Avendaño.
Santa Fe de Bogotá, 27 de junio de 1593. pp. 24-27.
155 “… el sábado por la mañana, que fue el día de la Magdalena, dieron los yndios quiriquires sobre noso-
tros en Jibraltar y con ombres descuidados, nos cogieron durmiendo en la cama fue Dios servido que
con bernos entre ellos nos escapamos, nos mataron a Tobar y un soldado Belén y a Juana de Ulloa y
las demás yjas se las llevaron, mataron a algunos yndios amigos que nunca tubimos recelo…” AGNB.
Luis Alberto Ramírez Méndez 71

Por el contrario, algunos vecinos, entre los que se hallaban los opuestos
a Argüelles, como Ravasco, Nieto y Juan Rodríguez, “aliados en el di-
cho motín”, cuyos aposentos estaban distantes de la costa, pudiéndose
armar y dar socorro al puerto no lo hicieron y se limitaron a poner a
buen resguardo sus pertenencias156.
En aquel momento, el desprotegido embarcadero fue asaltado por
naturales que se habían rebelado ante los malos tratos que les había in-
ligido su encomendero Rodrigo de Argüelles y su esposa doña Leonor
de Ulloa, y arremetieron contra el fondeadero porque aquel hacía las
veces de corregidor y justicia mayor157. Los nativos saquearon la villa y
redujeron a cenizas todas las casas que había en el atracadero; el ataque
continuó con crueldad; los kirikires quemaron el puerto, se dice que
hasta las diminutas yerbas fueron calcinadas158; después desnudaron
y ahorcaron a doña Leonor, pues su principal intención. “… fue dar
muerte a la susodicha...”159, la lecharon dejándola como “un erizo”,
cuando los gibraltareños regresaron y la bajaron permanecía erguida,
sostenida sobre las lechas que atravesaban su cuerpo y secuestraron sus
tres hijas llevándoselas consigo160. Inmediatamente, quemaron las dos
fragatas de Argüelles y robaron todas sus mercaderías.
Los kirikires prosiguieron su sangriento ataque destruyendo la igle-
Caciques e indios. T. 39. Doc. 30. Indios de San Antonio de Gibraltar, sus matanzas y robos. Carta de
Juan Sánchez Calvillo. Sábana de Mucujepe, 23 de julio de 1600. f. 931r-v.
156 BNBFC. Colección Ciudades de Venezuela R. 9. Vol. 2. Apuntamientos y peticiones presentados por
testigos sobre encomiendas de indios en la villa de San Antonio de Gibraltar, si deben continuar los
encomenderos en sus encomiendas 1601. Real testimonio de Juan de Trexo. Mérida, 27 de julio de
1600. p. 120.
157 Pedro Simón, Noticias Historiales de Venezuela... T. II. p. 604.
158 “…que Jibraltar toda quedó abrasada que hasta las hierbas que habían secas quemaron…” AGNB.
Caciques e indios. T. 39. Doc. 30. Indios de San Antonio de Gibraltar, sus matanzas y robos. Carta de
Juan Sánchez Calvillo. Sábana de Mucujepe, 23 de julio de 1600. f. 931r-v.
159 BNBFC. Colección Ciudades de Venezuela R. 9. Vol. 2. Apuntamientos y peticiones presentados por
testigos sobre encomiendas de indios en la villa de San Antonio de Gibraltar, si deben continuar los
encomenderos en sus encomiendas 1601. Real testimonio de Juan de Trexo. Mérida, 27 de julio de
1600. p. 120.
160 Pedro Simón, Noticias Historiales de Venezuela... T. II. p. 604.
72 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

sia, robando sus alhajas; en su fatal ira lanzaron sus embates al objeto de
culto de los odiados hispano-criollos, un Santo Cristo de nogal, al que
dispararon lechas, y después incendiaron el ediicio, cuyo techo era de
palma, que ardió cayendo sus cenizas sobre la imagen del Cristo lecha-
do; asombrosamente, la eigie no se quemó, al igual que una pequeña
estampa de la Concepción que estaba adherida a los pies de la cruz161.
Después de aquellos trágicos acontecimientos, cuando los vecinos
retornaron y hallaron intacta, entre las cenizas, la imagen de Cristo y
sorprendidos porque no había ardido, la convirtieron en objeto de su
devoción, acrecentada cuando el sacerdote Buenaventura de la Peña,
estando casi ciego y con un constante dolor de cabeza, fue milagrosa-
mente sanado al colocar sus ojos ante los pies de aquella talla162.
De allí, el Santo Cristo lechado, fue trasladado en procesión a las
estancias del religioso, en el valle del Espíritu Santo (El Batey), propiedad
que el sacerdote donaría a los padres jesuitas para la fundación del Cole-
gio San Francisco Javier de Mérida en 1628163. En aquel lugar permane-
ció la sagrada igura en espera de la reconstrucción de la iglesia. Entonces,
fue arrancada por los marabinos, quienes la trasladaron hasta la iglesia
mayor de Nueva Zamora, donde actualmente se halla164. El saqueo de los
indígenas dejó a los gibraltareños tan pobres que ni siquiera tenían ropa.
Por eso suplicaron se les enviara vituallas, especialmente vestidos y mantas
para abrigarse del frío nocturno y el ardiente sol diurno165.
Después que los kirikires abandonaron el puerto, Argüelles en com-
pañía de otros habitantes retornaron al mismo, pero los vecinos descono-
cieron su autoridad como corregidor y justicia mayor, en particular Pedro
Báez Rabasco, quien se autonombró con el cargo de capitán y rectiicador

161 Ibídem. p. 603.


162 Ibídem. p. 605.
163 Samudio A. Edda O., El colegio San Francisco Javier en la Mérida colonial. Germen histórico de la
Universidad de Los Andes. Mérida. Ediciones del Rectorado de la Universidad de Los Andes, 2003. T.
I. p 152.
164 Pedro Simón, Noticias Historiales de Venezuela... T. II. p. 605.
165 Ídem.
Luis Alberto Ramírez Méndez 73

del fondeadero, y al mismo tiempo intentó desconocer la soberanía de


Mérida sobre el puerto166. Argüelles fue herido con cinco lechazos, pero
no falleció en el ataque, durante la sangrienta matanza de los naturales
perdió a dos hijos varones y sus hijas fueron raptadas por los indígenas,
toda su fortuna se perdió y quedó totalmente arruinado167.
Evidentemente, ese ataque tuvo motivaciones en las que están in-
cluidas la desacertada administración de Argüelles, tanto con sus enco-
mendados, como en el ejercicio de la autoridad civil, por lo cual se sus-
citó una temible oposición de los indígenas y vecinos. Es de presumir
que tanto éstos como aquellos se aliaron para deponerlo. Por su parte,
los kirikires pudieron percatarse de dos cosas fundamentales, después
de este terrible asalto, la posibilidad de evadir la persecución de los
hispano-criollos debido a su conocimiento geográico, y que los inva-
sores podían ser vencidos si se les atacaba sorpresivamente hallándolos
desprevenidos. Además, habían secuestrado a tres hijas de Argüelles, las
que mantuvieron cautivas por más de diez años.
Entre tanto, en la ciudad de las nieves eternas, se tuvo conocimiento
del ataque de los kirikires el 28 de julio de 1600. Ese día el Cabildo,
Justicia y Regimiento de la ciudad se reunió para atender las noticias
en las que se narraban que los naturales habían asolado a la villa de San
Antonio de Gibraltar, la robaron, diezmaron y mataron a mucha gente,
e hicieron muchos estragos por cuya razón estaba desierta, despoblada y
yerma. Los ediles con la inalidad de socorrer a sus vecinos e ir al castigo
de los indígenas comisionaron al capitán Miguel de Trejo, como perso-
na que “a bien toca”168.
Entonces, el ayuntamiento ordenó la leva de soldados y observando
que en la ciudad había varios hombres que se dedicaban a vagabundear
166 AGNB. Caciques e indios. T. 39. Doc. 30. Indios de San Antonio de Gibraltar, sus matanzas y robos.
Carta de Juan Sánchez Calvillo. Sábana de Mucujepe, 23 de julio de 1600. f. 931r-v.
167 “… e de cómo fuy corregidor e justicia mayor en la dicha villa de San Antonio de Gibraltar, e la reformé e
poblé de nuevo e perdí allí a Juana de Ulloa mi mujer y sinco ijos y toda mi hazienda y saliendo de seys
heridas de flechazos de yndios…” AGI. Santo Domingo, 16. N. 10. Expediente de méritos de Rodrigo
de Arguelles. Exposición de méritos. Santo Domingo, 11 de enero de 1601. ff. 1r-2v.
168 BNBFC. Cabildo. Libro de acuerdos. Acta de Cabildo. Mérida, 28 de julio de 1600. ff. 4v-5v.
74 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

“…saltando paredes y cometiendo exhorbitancias y desafueros particu-


larmente Juan Benítez y Alonso González...,” quienes habían sido convo-
cados en numerosas oportunidades para el servicio civil, en esta ocasión
para defender la villa, y se habían ausentado de Mérida para excusarse de
acudir al sometimiento de los indígenas, siendo remisos al llamado de la
república, por cuya razón se les desterró de la ciudad por el espacio de
cuatro años con pena doblada de presidio en Cartagena de Indias169, si
no cumplieran con el exilio. Del mismo modo, se ordenó que el capitán
Diego Prieto Dávila, asumiera las funciones de reediicador del puerto170.
Esa solicitud fue aprobada por Francisco de Sande, el presidente de la
Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá, con la expresa comisión que el
alcalde hiciera leva de gente para castigar a los belicosos aborígenes; del
mismo modo ratiicó que los encomenderos de los indígenas radicados en
las vertientes del lago de Maracaibo residieran en el puerto171.
A partir de entonces los ataques de los kirikires fueron incesantes
y mantenían en vilo a la población hispano-criolla como se reiere en
1612172. En uno de esos asaltos atacaron la hacienda de Bartolomé Fran-
co173, ubicada a tres leguas de la laguna, y lecharon todo su personal e
169 BNBFC. Cabildo. Libro de acuerdos. Acta de Cabildo. Mérida, 2 de agosto de 1600. f. 15v.
170 AGNB. Caciques e indios. T. 39. Doc. 30. Indios de San Antonio de Gibraltar, sus matanzas y robos. Auto
del Cabildo, justicia y regimiento de Mérida nombrando como reconstructor del puerto de San Antonio
de Gibraltar al capitán Diego Prieto Dávila. Mérida, 28 de julio de 1600. f. 934r.
171 “… se despache comisión dirigida a Diego Prieto Dávila alcalde mayor de la dicha ciudad de Mérida
para que luego de recibida trate de la reedificación de la dicha villa de Gibraltar para cuyo efecto con-
duciendo y lebantando la gente que fuere necesaria en la dicha ciudad de Mérida que irá a la dicha villa
de Gibraltar y breve y sumariamente a uzanza de guerra y castigará a los que cometieron los delitos…”
AGNB. Caciques e indios. T. 39. Doc. 30. Indios de San Antonio de Gibraltar, sus matanzas y robos. Real
Provisión de Francisco de Sande, Presidente de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá. Santa Fe de
Bogotá, 6 de septiembre de 1600. f. 936r-v.
172 “…de cierta montaña de cacao que llaman de Marumay que está tres leguas de estas Barbacoas de
Moporo, todo laguna abajo, despáchose provisión a mí cometida, para que tomase la posesión por
de vuestra majestad yselo anssi, fuy personalmente con veinte hombres de guerra, por estar de guerra
los indios quiriquires, sercanos a esta montaña…” AGI. Quito, 28, N. 55. Carta de Bernabé de Oñate
Mendizábal. Barbacoas de Moporo, 9 de noviembre de 1613. 2. ff.
173 En 1625, el gobernador de Mérida Juan Pacheco y Maldonado proveyó a Bartolomé Franco una estancia
de ganado mayor, por debajo de la sabana de Juan de Trejo “... linde con dicha mi estancia ay un pedazo
Luis Alberto Ramírez Méndez 75

incendiando más que 500 arrobas de tabaco y otras mercaderías, además


quemaron otras haciendas y se llevaron varias indias como esclavas174
En 1617, Juan Pérez Cerrada, logró apresar a más de 800 naturales, los
cuales fueron sometidos y los demás reducidos a un pueblo, cuyo asen-
tamiento estuvo inmediato al sitio de Bobures, en la actual hacienda del
Banco (Véase Mapa 1). Pero, la paz duró muy poco, en 1621 volvieron
a rebelarse causando graves daños e impidiendo la navegación en los ríos
Zulia y Catatumbo. En otra agresión quemaron una fragata propiedad de
Juan Pérez Cerrada y derramaron una gran cantidad de cacao para robarse
las mochilas en Gibraltar y secuestraron a varias mujeres españolas175.
En las siguientes décadas el arma más efectiva de los kirikires, fue
la posibilidad de desplazarse entre ambas márgenes del lago, lo que se
constituyó en su principal estrategia de ataque, especialmente por el
conocimiento que tenían tanto del territorio como de las corrientes
luviales y lacustres. Los naturales mantenían, una confederación entre
los kirikires, anzales, arubaes, toas, aliles y eneales176.
En 1638, el capitán Martín de Oria, teniente de gobernador de Ma-
racaibo, por medio de amenazas, logró someterlos y reducirlos a un
poblado, sin embargo a diez y ocho de los principales jefes, a los que
consideraron culpables de las agresiones y asaltos los remitió a La Es-
pañola a los efectos que allí fueran reducidos a esclavitud177. Pero, la
hostilidad de los kirikires, se mantuvieron a lo largo del siglo XVII, a
pesar de que sus ataques son reseñados en distintos puntos, inmediatos
a los ríos Zulia y Catatumbo y en las inmediaciones de Gibraltar178, lo
cual ratiica sus espacios iniciales de asentamientos.
de tierra baca de montaña alta aquí y por otro lado un caño, donde hay una puente del camino que llevo
desde la dicha mi estancia a la ciudad de San Antonio de Gibraltar, a mano derecha que es pasado el
Palmar del camino viejo azia las estancias del río Arenoso…” BNBFC. Cabildo. Mercedes de Tierra.
Caja 11. Doc. 1. Merced a Bartolomé Franco. Mérida, 31 de diciembre de 1625. f. 27r-v.
174 Nectario María (Hno.), Los orígenes de Maracaibo…p. 407.
175 Nectario María (Hno.), Los orígenes de Maracaibo…p. 408.
176 AGEM. Protocolos T. IX. Carta de fianza. Mérida, 17 de septiembre de 1624. f. 53r-v.
177 Nectario María (Hno.), Los orígenes de Maracaibo…p. 407.
178 Nectario María (Hno.), Los orígenes de Maracaibo…p. 408.
76 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Aunque durante el siglo XVII, también se reieren ataques de los


kirikires a La Grita, San Cristóbal y San Faustino, adonde asaltaron la
estancia de Cristóbal Gutiérrez, a quien hirieron, mataron a tres espa-
ñoles, maltrataron a otro y se llevaron cautiva a doña Feliciana Martínez
de Espinoza, esposa de Gutiérrez y aunque fueron perseguidos por Gu-
tiérrez y el capitán Antón Suárez, quienes apresaron a treinta naturales,
pero la mayoría de los aborígenes los evadieron, navegando sobre las
corrientes de los ríos, cuyos cursos conocían bien179, lo cual permite
explicar la capacidad de penetración a y avance de los kirikires quienes
como hábiles nautas podían alcanzar fácil y rápidamente los territorios
interiores bogando sobre los cauces de los acuíferos.
Mapa 1 Ubicación de los Kirikires en Bobures altos

Fuente: AGNB. Mapoteca M-4-388ª


Aunque la irreductibilidad de lo kirikires se mantuvo, el nivel de sus
hostilidades disminuyó durante gran parte del siglo XVII, debido a la
signiicativa expansión de la frontera agrícola impulsada por el cultivo
del cacao y el establecimiento de las haciendas en la zona sur del lago de
Maracaibo, lo que permitió a los hispano-criollos lograr una ocupación
efectiva del territorio y defenderse de la beligerancia de los naturales
durante ese periodo.
179 Ídem.
Luis Alberto Ramírez Méndez 77

La actuación de las etnias indígenas durante el periodo de contacto:


Los chinatos
Julio César Salas airma que durante los años inmediatos a la funda-
ción de San Cristóbal, los chinatos que eran diestros arqueros, atacaron
a los españoles con lechas, con especial agresividad; por esa razón, se
imploró la protección de San Sebastián180, debido a que esos “…indios
tiran lechas que tiran una yerba tan venenosa que no es menester mas
una gota de sangre para morir por cuya causa estos yndios no se an po-
dido conquistar…”181.
Con respecto a la actuación de los chinatos desde inales del siglo
XVI hasta la tercera década del XVII, hay desinformación; en ese sen-
tido, es difícil pensar que se habían retirado de aquella comarca. Al
respecto, Castillo Lara expresa que durante ese periodo al parecer lo
ataques de los chinatos “no habían sido de temer”182.
Sin embargo, aquella situación de aparente tranquilidad se modiicó
a partir de 1623183, cuando los vecinos de la villa de San Cristóbal en-
frentaron a los indios fronterizos chinatos, quienes atacaron a los indios
reducidos y habían asesinado a dos naturales, en un sitio tan inmediato
a la villa como lo era el pueblo de Tucape184, donde estaban los indios
encomendados a Francisco Fernández de Rojas. Del mismo modo, cau-
saron “muchas muertes” a los naturales de la encomienda del capitán
180 Salas, Julio César, Tierra Firme… p. 140.
181 AGNB. Caciques e indios. SC 13, Doc. 35. Acta del cabildo regimiento de la villa de San Cristóbal. San
Cristóbal. San Cristóbal, 15 de diciembre de 1647. ff. 642r-647r.
182 Castillo Lara. Lucas Guillermo, San Cristóbal siglo XVII tiempo aleudar….p. 276.
183 Con una antigüedad de más de 24 años según el informe de cabildo fechado en 1647.
184 “… no exageramos el trabajo y gasto que tenemos que solo vamos informado lo que nos está pasando
pues este enemigo en continuación ha sido causa se despueble el valle de Tucape donde a muchas
estancias de vecinos y asimismo el de Simaraca que tenía muchos atos como el de Juan Maldonado,
Cristóbal Melero, de Benito Rico, Juan Díaz de Acosta el capitán Francisco Fernández de Rojas que es-
taban cercanos a esta villa que solo los dividía una quebrada a causa de esta desolación de los bárbaros
está despoblado el valle de los Guásimos donde había muchas estancias de tierras muy fructíferas de
maises tabacos y algodones visto por el enemigo tanta tierra despoblada…” AGNB. Caciques e indios.
SC. 13, Doc. 35, Acta del cabildo regimiento de la villa de San Cristóbal. San Cristóbal, 15 de diciembre
de 1647. ff. 642r-647r.
78 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Juan de Anguieta, que fueron sacriicados en sus labranzas. En ese año,


los chinatos se desplazaban en la comarca de forma amenazante se les
consideraba gente que “…no perdona ni a los niños y que su vicio es
solo matar y robar…” 185. Las acciones de los invasores consistían en
acechar en los caminos y asaltar las caravanas de los transeúntes, a los
que robaban y mataban.
Los chinatos eran conocedores de su territorio, por lo cual podían
advertir de la presencia de los hispanos y se podían esconder y huir de
sus persecuciones; por esas razones las expediciones punitivas de Fran-
cisco Fernández y Rodrigo Sánchez de Parada, aunque habían recorrido
el territorio adentrándose más de siete leguas no habían podido alcan-
zarlos porque eran “gente astuta y guerrera”, y poseían “tantos caminos
para ir y para venir que nunca se ha atinado acierto en topar con ellos”.
Los chinatos habían logrado reducir el espacio de los hispanos-criollos
hasta los extramuros de la población, y aún con tales restricciones ha-
bían tenido que recurrir a “…los yndios naturales de esta villa para que
nos ayuden a cuidar por el ininito peligro con que estamos” 186.
Los naturales avanzaban, atacaban y ocupaban territorio de día y de
noche; con cierta frecuencia, se refería que sus ataques se espaciaban en
no más de quince días. En cierta ocasión se informaba que a las tres de
la tarde, asaltaron la estancia de Alejandro Ramírez Adrada, y le mata-
ron un indio y le hirieron dos, lo que era de extrema gravedad porque
esa estancia servía “…de muralla del camino real que baja a la ciudad
de Pamplona”. Con ese ataque se había ocasionado que despoblara la
propiedad. Similar situación había ocurrido en las haciendas y con las
encomiendas del capitán Francisco Fernández y Domingo de Urviçu,
en donde “…se cojían muchos tabacos algodones maises y otros mu-
chos frutos en que está interesada esta tierra y que de las atrocidades de
esto bárbaros se han apoderado…”187.
185 AGNB. Caciques e indios. SC. 13, Doc. 35, Acta del cabildo regimiento de la villa de San Cristóbal. San
Cristóbal, 15 de diciembre de 1647. ff. 642r-647r.
186 AGNB. Caciques e indios. SC. 13, Doc. 35, Acta del cabildo regimiento de la villa de San Cristóbal. San
Cristóbal, 15 de diciembre de 1647. ff. 642r-647r.
187 AGNB. Caciques e indios. SC. 13, Doc. 35, Acta del cabildo regimiento de la villa de San Cristóbal. San
Luis Alberto Ramírez Méndez 79

Asimismo se hacía énfasis en las defunciones que se habían ocasio-


nado, producto de las lechas envenenadas de los chinatos, a pesar que
el capitán Ysidro Ramírez había descubierto el antídoto para el pode-
roso veneno que contenían las lechas de los naturales188. Además, los
aborígenes habían logrado que los vecinos de la villa se mantuvieran en
un desasosiego total durante las noches; el vecindario estaba insomne
y permanecía de guardia en espera de un asalto de los naturales189. Lo
más terrible era que ni siquiera podían acudir a la ermita de la virgen de
Táriba190, que había sido abandonada porque se temía el ataque de los
indios en los caminos que conducían a la misma.
La situación era tan lamentable que los pocos vecinos de la villa,
encabezados por los ocho encomenderos amenazaban con despoblar-
la191 si no se les proporcionaba el inmediato auxilio militar. Igualmen-
te, solicitaron ante la Real Audiencia de Santa Fe que se comisionase
Cristóbal, 15 de diciembre de 1647. ff. 642r-647r.
188 AGNB. Caciques e indios. SC. 13, Doc. 35, Acta del cabildo regimiento de la villa de San Cristóbal. San
Cristóbal, 15 de diciembre de 1647. ff. 642r-647r.
189 “…. y están los caminos inseguros y nosotros no podemos dormir en nuestras casas después que
se dieron las ultimas heridas y muertes los más de los días se han puestos en los caminos y en las
cercanías de esta villa aunque han salido a buscarlos no se han topado con ellos y la poca gente que
hay en esta villa se ocupa en velar las noches en que se ven rendidos y los otros han abandonado…”
AGNB. Caciques e indios. SC. 13, Doc. 35, Acta del cabildo regimiento de la villa de San Cristóbal. San
Cristóbal, 15 de diciembre de 1647. ff. 642r-647r.
190 “….tenían cojidos los caminos reales de Pamplona y La Grita y los demás que van a las estancias de
los vecinos de esta villa y en particular el que va a la hermita de nuestra señora de Táriba que siendo una
imagen milagrosa no se frecuenta por los dichos chinatos y así mismo sabe que esta villa tiene muy po-
cos hombres que la puedan defender del gran riesgo de los dichos indios chinatos y muy pocas armas
que no tiene escopetas que puedan servir y últimamente se ha visto que todas las mujeres y hombres
quieren desavecindarse…” AGNB. Caciques e indios. SC. 13, Doc. 35, Acta del cabildo regimiento de
la villa de San Cristóbal. San Cristóbal, 15 de diciembre de 1647. ff. 642r-647r.
191 “….y los ocho encomenderos que quedan en esta villa es imposible la atiendan y puedan vivir en ella
y los pobres naturales les guarden sus vidas a vuestra alteza le pedimos licencia para despoblar esta
villa porque nuestra vidas están en peligro y aun la ermita de la milagrosa virgen de Táriba que era tan
frecuentada estaba desierta y los caminos a Mérida y Caracas y pedimos una persona que haga entrada
con armas y municiones porque si dilata se despoblara esta villa en la villa de San Cristóbal …” AGNB.
Caciques e indios. SC. 13, Doc. 35, Acta del cabildo regimiento de la villa de San Cristóbal. San Cristó-
bal, 15 de diciembre de 1647. ff. 642r-647r.
80 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

al capitán Domingo de Urbizu, encomendero de los indios Capacho,


para que paciicara a los chinatos, pero los oidores les respondieron que
debían recurrir al gobernador de Mérida, a quien correspondía resolver
el asunto. Con ese mandato, la solicitud fue remitida a don Francisco
Martínez de Espinoza quien se hallaba en Gibraltar. En respuesta a esa
notiicación, el gobernador manifestó que para ese asunto ya se había
irmado una capitulación con el capitán Alonso de los Ríos Ximeno,
quien se disponía a paciicar a los chinatos192.
La reducción de los chinatos fue iniciada hacía 1650 y en 1652 se
concretó la fundación de dos reducciones de indios: el primero San
Agustín de Lobatera, ubicado en las inmediaciones de la actual Fría
entre los ríos Guaramito y Zulia, y San Nicolás de la Arenosa193, en la
otra banda del río Pamplonita; con esa inalidad fueron trasladados más
de mil indígenas hasta su nuevo asentamiento para desarraigarlos de sus
tierras originales. Pero la realidad fue que los chinatos, a pesar ser redu-
cidos se fugaron de sus pueblos y en algunas ocasiones se mantuvieron
en abierta rebeldía como ocurrió con los indios de Cuo194.
Aunque los chinatos eran enemigos jurados de los motilones, esa
situación se modiicó, después que fueron trasladados a sus nuevos po-
blados. Esa enemistad se mantuvo durante cierto tiempo, especialmen-
te fomentada por los hispanos-criollos pero a la larga los chinatos y los
motilones establecieron una alianza y se unieron en sus pueblos para
atacar a los blancos. Por esa razón, inicialmente en varias expediciones
en la cuales se acompañaron los blancos por chinatos fueron embosca-
dos por los motilones y atacados por sorpresa. De ese modo, ocurrió en
1666, cuando los motilones y aruacos sitiaron el valle de Umuquena,
inmediato a los llanos de Guaramito, especialmente en las inmediacio-
nes del río Carira, en cuyas tierras había plantaciones de cacao de los
vecinos de La Grita, en particular las de José Guerrero de Lebrillos, del
192 En 1639, se habían suscrito la capitulación con Alonso de los Ríos Ximeno para reducir los rebeldes
chinatos, pero, al parecer su relativa “paz” había generado el desinterés de Ríos en tal empresa. Castillo
Lara, Lucas Guillermo, San Cristóbal siglo XVII tiempo aleudar….pp. 290-292.
193 Castillo Lara. Lucas Guillermo, San Cristóbal siglo XVII tiempo aleudar….pp. 306-308.
194 Ibídem. pp. 326-328.
Luis Alberto Ramírez Méndez 81

capitán Benito Ruiz de Mingolla y Francisco Sambrano, las cuales se


hallaban comunicadas por caminos o “trochas” a través de los cuales los
indios penetraban y realizaban sus asaltos195. En algunos casos, lograron
sortear con éxito esas incursiones.
Pero, a inales del siglo XVII, la alianza entre chinatos y motilones
fue testimoniada por fray Alonso de Zamora, provincial de la orden de
los Predicadores, a quienes se les había ordenado por real cédula del 13
de enero de 1690, doctrinar las misiones que “demoran por una y otra
ribera del río Zulia”, y había designado por doctrinero de los chinatos a
fray Agustín Osorio, al igual que de la naciones indígenas del río Zulia
quien declaró que los chinatos y los motilones “… por ser vecinos en-
tienden y hablan su lengua…”196.
La expresada relación fue evidente en 1694, cuando nuevamente en
el valle de Umuquena, en las haciendas del río Carira, fue blanco de
crueles ataques indígenas, especialmente en la estancia del presbítero
Pedro Méndez y Miranda, la que fue asaltada el 28 de febrero de aquel
año por una cantidad de indios “…enemigos con lechas de macana…”,
quienes mataron a un hombre blanco nombrado Pedro Talaverano y a
un negro llamado Rondón, esclavo del presbítero, y a dos indígenas
llamados Lázaro y don Clemente, e hirieron con una lecha a Francisco
de la Parra, quien pudo escapar con otro indio197.
De acuerdo con el testimonio del sobreviviente del asalto, perpe-
trado por nueve indios que les sorprendieron, que según algunos pa-
receres eran motilones, también se airmaba que entre los responsables
habían chinatos, debido a la identiicación que se hizo de los mismos
por el cabello negro y largo como lo llevaban estos naturales y no
“trasquilado a la usanza de los motilones”198, lo cual revela que los
195 Ibídem. pp. 391-392.
196 AGNB. Caciques e indios. Sc 39, doc. 1. Comunicación de fray Alonso de Zamora, Santa Fe, 31 de
mayo de 1699, f. 3r-v.
197 RPET. Archivo de La Grita. T. XIII. Acta de cabildo de la ciudad de La Grita. La Grita, 3 de marzo de 1694. f. 1r.
198 “… y les respondió este declarante chinatos que nos matan… que lo que pudo percibir del aspecto de
dichos yndios es que, eran desnudos del medio cuerpo para arriba y embijados por los pechos braços
y rostro, y el cabello muy negro, y no trasquilado como dicen a la usansa de los motilones…” RPET.
82 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

chinatos mantenían por lo menos una alianza o convivían de hecho


con los motilones. De ese modo, ambos grupos étnicos, participaron
en los sucesivos frecuentes ataques a las zonas colindantes, especíica-
mente en el valle de Umuquena y avanzaban hacia los valles de Carira,
Onia199, Curigría y Chama.
La actuación de las etnias indígenas durante el periodo de contacto:
Los motilones
Los vecinos de Pamplona iniciaron tempranamente la ocupación de
las riberas del río Zulia y con ese objetivo, los motilones fueron repar-
tidos a Antón Esteban Rangel, uno de los fundadores de Muzo y San
Cristóbal, quien murió tratando de someterlos200. Años más tarde, con
la creación de la Gobernación del Espíritu Santo de La Grita, parte de
ese territorio se adjudicó a la jurisdicción de la misma. Por esa razón en
1582, Francisco de Cáceres ordenó al hijo de Antón, el capitán Alonso
Esteban Rangel, conquistar y paciicar a los kirikires y motilones que
moraban en las desembocadura de ese río y sobre el Lago de Maracaibo,
y con ello controlar efectivamente a ambos grupos indígenas. La Au-
diencia de Santa Fe aprobó las capitulaciones el 27 de febrero de 1583.
De inmediato Alonso Esteban Rangel, reunió los soldados y municio-
nes, penetró en el norte de Pamplona y fundó la ciudad de Salazar de
las Palmas, asumiendo la función de alcalde, cargo que ejerció por toda
su vida y fue sucedido por su hijo y homónimo201.
Una de las actividades inmediatas de Rangel fue la asignación de
los indígenas en encomienda202. Por esa razón, los motilones fueron

Archivo de La Grita. T. XIII. Declaración del testigo Francisco de la Parra. La Grita, 3 de marzo de 1694.
f. 2v-5v. .
199 Entre otras actuaciones del cabildo de La Grita de describen los feroces ataques de los indios motilones
al establecer la “…. defensa de esta jurisdicción en razón de las muertes que han hecho los indios
enemigos de guerra en los ríos de Carira y Onia…” RPET. Archivo de La Grita. T. X. Legajo Único. Acta
de cabildo. La Grita, 10 de abril de 1694. s/f.
200 Dávila Vicente, “Jimeno de los Ríos”. En: Dávila Vicente, Investigaciones históricas. Quito. Editorial Don
Bosco, 1955, T. I. p. 279.
201 Pedro Simón, Noticias Historiales de Venezuela… T. II. pp. 601-602.
202 “… Ítem a Sebastián Rangel Carrillo, hijo segundo del dicho capitán Alonso Rangel, atento a lo conte-
Luis Alberto Ramírez Méndez 83

repartidos a Sebastián Rangel Carrillo, hijo del capitán Alonso Rangel


de Cuéllar. Pero ese sometimiento al parecer no fue logrado por Rangel
porque en 1593, se refería a la necesidad de paciicar los “indios de gue-
rra” que impedían e inquietaban lo que estaba descubierto y poblado,
y que estorbaban la navegación por el río Zulia. De igual forma, en
1607 se ratiicaba que la navegación sobre el río Zulia estaba obstaculi-
zada por “algunos indios de guerra que habitan sus riberas…”203. En ese
mismo año, se informaba que a causa de los indios de guerra de nación
motilona que hay en las inmediaciones del río Zulia y Pamplona no se
frecuentaba su navegación204. Un año después se reiere un enfrenta-
miento a los motilones acaudillado por el capitán García Montero205.
El sometimiento de los irreductibles motilones, también fue un
compromiso del primer gobernador de Mérida y La Grita, Juan Pache-
co Maldonado quien tuvo como obligación “… la paciicación de los
dichos indios motilones, la seguridad en la navegación del río Zulia,
manteniendo el resguardo de la zona para que se pudiera comerciar
con el lago de Maracaibo206. La actuación del gobernador Pacheco y
preparó con gran sigilo una expedición cuyos soldados se remontaron
silenciosamente por el río Zulia y atacaron a los indígenas por sorpre-
sa, los apresó sin que pudieran ofrecer resistencia: los indígenas fueron

nido en el capítulo antecedente le apunto y señalo la mitad del cacique Quresçesse e yndios del dicho
cacique sujetos con sus tierras estancias y labranzas que les pertenezcan sin que aya mas el uno que el
otro.= Y más les señalo el cacique Arta sucesor de Matheo y sujetos más el caique Muriquiacha con sus
yndios sujetos con más veinte y cinco yndios casados de los pijones que andan sueltos sin reconocer
cacique y más quarenta yndios sucesivamente después de su hermano en la provincia que llaman de los
motilones con sus tierras el qual dicho apuntamiento…” AGI. Santa Fe, 169, Nº 23, Apuntamiento de la
encomienda de indios motilones (copia). Santa Fe, 13 de septiembre de 1591. f. 2v. AGNB. Encomien-
das, 3, D. 14, Apuntamiento de la encomienda de indios motilones 1630, f. 958r-v.
203 Real Cédula de erección del Corregimiento de Mérida. San Lorenzo, 9 de mayo de 1607. En: Tulio
Febres Cordero, Obras Completas. Bogotá Antares, 1961, T. II. p. 108.
204 AGI. Santa Fe, 67, Nº 25, Petición del procurador Alonso de Rivas para elevar al Corregimiento de La
Grita y Mérida a Gobernación. 3 de marzo de 1611. f. 2r.
205 Nectario María (Hno.), Los orígenes de Maracaibo…p. 405.
206 Donis, Manuel, Historia territorial de la Provincia de Mérida-Maracaibo (1573-1820). Caracas. (Colec-
ción Libro Breve 237) Academia Nacional de la Historia. 2006. p. 38.
84 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

divididos en dos grupos y trasladados a territorios desconocidos en Ba-


rinas y Trujillo207, por cuya razón, doña Isabel Cerrada, madre de María
Cuéllar, heredera de Alonso Rangel a quien se le había encomendado
aquellos indios, hizo los reclamos pertinentes208.
A pesar del compromiso adquirido por Pacheco, al parecer sus ac-
tuaciones no dieron el resultado esperado, porque los motilones no se
sometieron ni se paciicaron En 1632, el gobernador expresaba que ha-
bía consumido mucho caudal en el allanamiento y castigo de los indios
motilones en los ríos de Pamplona y Zulia; igualmente el funcionario se
quejaba que su hijo el capitán Alonso Pacheco Maldonado, había enfer-
mado y muerto en esa gravosa campaña209. Por el contrario, a Pacheco
se le imputaron cargos contra la real hacienda entre ellas la asignación
de encomiendas, cuyas anatas no habían sido pagadas210. Por esa razón,
refería el funcionario que se le había privado de la perpetuidad del cargo
de gobernador, según como estaba capitulado, a pesar de haber cumplido
con sus obligaciones y de haber sometido a obediencia a los motilones211.
En 1655, se experimentaban frecuentes ataques y asesinatos de na-
vegantes sobre el río Zulia realizados por los motilones como el acaeci-
do en contra de Manuel Mora, a quien le sorprendieron los indígenas
cuando transitaba por el río y fue muerto; su cadáver fue hallado a las
orillas del cauce, debajo de su canoa, y las conirmaciones emitidas por
indios chinatos referían que habían sido testigos de ese ataque de los
motilones212.

207 Ibídem. pp. 406-407.


208 AGI. Santa Fe. Legajo 540. T. I. Real Cédula para que le den los indios a María de Cuéllar. Madrid, 20
de marzo de 1633. ff. 46v-47v.
209 AGI. Santa Fe, 51, R.2, N.48, Carta del gobernador Juan Pacheco Maldonado. Mérida [?], 11 de no-
viembre de 1631. f. 1r-v.
210 AGI. Santa Fe, 53, Nº 52. Cartas de gobernadores. Santa Fe, 12 de mayo de 1633. ff. 1r-2v.
211 AGI. Santa Fe, 51, R.2, N. 48, Carta del gobernador Juan Pacheco Maldonado. Mérida [?], 11 de no-
viembre de 1631. F. 1r-v.
212 AGNB. Real Audiencia de Cundinamarca. SC. 50, 10, Doc. 17. Manuel Mora autos de esta audiencia por
haber muerto a este los indios del Zulia. 1655. ff. 749r-775v.
Capítulo 2: Los motilones durante el siglo
XVIII
El preludio de la guerra

La incapacidad para dominar la planicie lacustre durante el siglo XVII,


por cualquiera de las etnias presentes, en especial por la blanca, quienes
fueron fuertemente afectados por los negativos efectos económicos pro-
ducto de los terribles sucesos y secuelas ocasionadas por los ataques pira-
tas, que se llevaron contingentes de la mano de obra esclava, como parte
del pago de los secuestros; y los dramáticos eventos sísmicos que se dieron
entre diciembre de 1673 y enero de 1674, los que provocaron la destruc-
ción de Mérida, Trujillo y Gibraltar, y el posterior deslave que arruinó
las plantaciones y a sus propietarios, determinaron que las posibilidades
de defensa de los hispano-criollos fueran severamente disminuidas. Las
consecuencias de tan devastadores eventos se prolongaron por las déca-
das iniseculares del XVII y hasta mediados del siglo XVIII. Durante ese
período, se evidencia un hecho recurrente como lo fue el constante retro-
ceso de la frontera agrícola, debido a la pérdida de las haciendas cacaote-
ras, ocasionado por al avance sostenido de los indígenas y la consecuente
ocupación del territorio por parte de los mismos213.
Como se expresó anteriormente, los naturales mantuvieron su esta-
do de beligerancia incrementando su dominio efectivo sobre una vasta
extensión de aquella planicie. Durante ese período dispusieron de dos
elementos que les favorecieron notablemente, uno el probable incremen-
to poblacional y el segundo el disponer de materiales que les sirvieron de
armas y pertrechos, obtenidos a través del saqueo y hurto en sus constan-
tes ataques en contra de transeúntes, recuas de comerciantes y viajeros214.
Esa irreductibilidad, avance y dominio de los indígenas en la planicie
213 Ramírez Méndez, Luis Alberto, La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. La villa y puerto de
San Antonio de Gibraltar. Caracas. Editorial Macpecri, 2014. T. II. pp. 273-300.
214 Polo Acuña, José, “Contrabando y pacificación indígena en la frontera colombo venezolana de la Guajira
(1750-1820)”. En: América Latina en la Historia Económica. Nº 24, 2005. pp. 37-131.
88 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

lacustre fue expresada constantemente por los funcionarios reales. Inicial-


mente los naturales fueron identiicados con la denominación de “indios
bravos”, que frecuentemente hostigaban a los hispano-criollos, a quienes
no había sido posible someterlos, lo que evidentemente reconoce de he-
cho la imposibilidad en establecer un dominio efectivo sobre la planicie
del sur del lago de Maracaibo, tanto por los criollos como por las etnias
indígenas, lo cual hace evidente la tipología de una zona fronteriza215.
En ese sentido, es preciso acotar que desde mediados del siglo XVII,
las designaciones grupales de las parcialidades de las etnias indígenas des-
aparecen de los registros coloniales y la de “indios bravos” es la más utili-
zada y luego son genéricamente denominados como los “motilones”, cali-
icados como gente de “guerra cruel y salvaje”. En ese sentido en opinión
de Nectario María216 y de Emanuele Amodio217, con la denominación
“motilona” se designó indiscriminadamente a diversos grupos indígenas
que hicieron fuerte resistencia a la ocupación ibérica durante el período
colonial. Reieren los citados autores que durante el siglo XVIII, cual-
quier grupo nativo rebelde de la cuenca fue llamado “motilón”, aunque
perteneciera a otros pueblos más violentos como los kirikires.
La caliicación motilones producida por los españoles, obedeció a
la referencia del típico corte de pelo de los indígenas, que terminó re-
uniendo bajo la única caliicación a grupos lingüísticamente diferen-
ciados como los yupka (de habla caribe) y los bari (lengua chibcha)218.
A pesar de ello, actualmente se acepta genéricamente que los bari son
los motilones. De ese modo, hubo “motilones” en las inmediaciones de

215 “… En algunas islas de este lago y en otras partes viven muchos indios salvajes, que los españoles
llaman Bravos, los cuales no pueden acordarse con la generosa nación española a causa de su brutal e
indómita naturaleza. Estos indios por la mayor parte viven al lado de occidente de la mar, en pequeñue-
las casas fabricadas sobre los árboles que crecen dentro del agua siendo la causa de eso, procurarse
libertarse de la innumerables cantidad de mosquitos que hay en aquellas partes, que los atormentan
con prolijidad…” Exquemelin, Alexander Oliver, Piratas de América. Madrid. Dástin Historia, 2009.
pp. 116-117.
216 Nectario María (Hno.), Los orígenes de Maracaibo... pp. 402-404.
217 Amodio, Emanuele, Pueblos indígenas de la cuenca del Lago... p. 26.
218 Ídem.
Luis Alberto Ramírez Méndez 89

Gibraltar, que lo más probable fueran Kirikires; otros “motilones” en los


valles de Chama, Onia y Culigría, que seguramente fueron guaroríes,
kirikires y motilones propiamente dichos219, y inalmente la presencia
de “motilones” en Carira y Onia, los que posiblemente fueran chinatos,
kirikires y motilones propiamente dichos.
En este punto, es preciso expresar que los hispano-criollos confor-
maron un diseño político administrativo en el occidente venezolano
que transitó desde un periodo inicial en el que Mérida (1558) y la villa
de San Cristóbal (1561) fueron sufragáneas de Tunja, luego se fundó
la ciudad del Espíritu Santo de La Grita con rango de gobernación
(1576), desde Mérida se fundó la villa y puerto de San Antonio de
Gibraltar (1592). Años después, La Grita fue relegada de ese rango,
y anexada a Mérida y San Cristóbal para conformar el Corregimiento
de Mérida (1607), y luego elevadas a la condición de Gobernación del
Espíritu Santo de La Grita de Mérida (1623); más adelante, se le anexó
Maracaibo (1676). En esa evolución jurídico administrativa cada una
de las ciudades ijaron sus términos y límites. De ese modo, el espacio
que se extiende al sur del lago de Maracaibo, según las disposiciones
de las autoridades hispánicas quedó repartido entre las jurisdicciones
de las ciudades de Mérida, La Grita y las villas de San Cristóbal y San
Antonio de Gibraltar. (Véase mapa 2) En ese espacio territorial se de-
sarrollaron las actividades expansivas de los motilones, quienes aunque
objetivamente no reconocían las autoridades de los hispano-criollos, sus
avances son documentados en las actas de los cabildos de las ciudades de
blancos, de acuerdo con las cuales se presentan a continuación.

Los motilones en la jurisdicción de Gibraltar


La ofensiva indígena en la jurisdicción de San Antonio de Gibral-
tar se incrementó en zonas contiguas al puerto, presumiblemente por
parte de los kirikires quienes durante todo el periodo colonial tenían

219 Sobre la relación entre motilona e yguaraes, se desarrolla el trabajo de Lizarralde Roberto, “El castigo de
los indios yguaraes”. En: Boletín Antropológico. Año 23, Nº 65, 2005. pp. 377-396.
MAPA 2 Corregimiento y Gobernación de Mérida

90
La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)
Fuente: Ramírez Méndez Luis Alberto, La artesanía colonial en Mérida. (1623-1678). p. 3.
Luis Alberto Ramírez Méndez 91

una clara conciencia de “conquistadores”220, y ahora genéricamente de-


nominados “motilones”, su resistencia fue aguerrida en el siglo XVII,
pero avasallante durante el siglo XVIII. Ello ocurrió especialmente en
los valles de San Pedro y Santa María, donde los motilones habitaban
en sus inmediaciones en una distancia de cuatro o cinco leguas, en las
sabanas contiguas, donde tenían sus caneyes, sus sembradíos de maíz,
yuca, plátanos y otros géneros desde donde avanzaban y realizaban sus
correrías en contra de las haciendas de los hispano-criollos221.
Inicialmente, la ofensiva motilona se dirigió sobre once haciendas
ubicadas en las sabanas de Santa Isabel, Santa Ignés y las costas de San
Pedro, las que a partir de 1709, fueron atacadas con crueldad y saña, en
cuyas acciones asesinaron a cuatro personas e hirieron a dos, especíica-
mente en la hacienda de don Cristóbal Marín Cerrada. Fue de especial
malignidad el atroz asalto efectuado el 26 de junio de 1711, en el que
dieron muerte a dos esclavos de doña Luisa Canencia en su labranza de
cacao. Un año después, en 1710, los asediados labradores de cacao resi-
dentes en los valles de San Pedro y Santa María se quejaban de los “…
numerosos atrasos y menoscabos…”, ocasionados por la retirada de los
peones que habían abandonado sus haciendas debido a los constantes
ataques de los motilones, los que se hallaban poblados en las montañas
y cabeceras en los valles de San Pedro222.
En respuesta a ese constante clima de inseguridad y zozobra los pro-
pietarios, sus criados y esclavos, decidieron retirarse al puerto y aban-
donar las haciendas ante el temor y la frecuencia de la avanzada y ocu-
pación indígena, dejando pérdidas de más de dos mil reses en aquellos

220 Pérez Flores José Luis: “Indígenas guerreros en la Nueva España del siglo XVI. La representación de sí
mismos como conquistadores”. En: Fronteras de la Historia. Vol. 18-1, 2013. pp. 15-43; Peláez Manta-
llana, Susana, “Yanaconas: indios conquistadores y colonizadores del Nuevo Reino de Granada. Siglo
XVI”. En: Fronteras de la Historia. Vol. 18-2, 2013. pp. 21-45.
221 AGNB. Misceláneas T. 27. Solicitud del cabildo de Maracaibo para la protección de las haciendas de
Santa María y San Pedro de los ataques de los motilones. Maracaibo 25 de marzo de 1716. ff. 927r-931r.
222 AGI. Santo Domingo. Legajo 688. Acta de cabildo de Maracaibo para el desalojo de los indios motilo-
nes. Maracaibo, 17 de julio de 1710. ff. 19r-22r.
92 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

pastizales223. En igual situación se hallaban las restantes haciendas que


estaban al margen de la laguna, las que habían sufrido hostilidades se-
mejantes224. Asimismo se expresaba que esas continuadas agresiones se
experimentaban desde hacía más de ocho años225.
Las confrontaciones habían logrado inclusive que nuevos ocupantes
fueran ahuyentados de la zona, especialmente de aquellas franjas de ban-
cada, por cuyas razones las unidades de producción ubicadas en aquellos
valles, en una distancia que se dilataba una legua tierra adentro se halla-
ban desiertas y abandonadas226. En 1716, se reiteraba que los labradores
de cacao de los valles de San Pedro y Santa María estaban sufriendo hacía
más de ocho años de los continuados asaltos de los motilones, los que “…
executaban muertes en los esclavos y domésticos de su cultivo de forma
que gran parte de ellas han sido abandonadas por sus dueños…”227.
Los incesantes ataques de los motilones en las inmediaciones de Gi-
braltar habían ocasionado en 1724, dos muertes, en 1725, una y en
1726, otras tres, al mismo tiempo que amenazaban y obstaculizaban
el tránsito por los caminos reales tal como informaba el gobernador
Manuel Fernández de la Casa en aquel año228. Posteriormente en 1727,
se ratiicaba que los motilones mantenían sus asaltos en los caminos
inmediatos al puerto, especialmente en el sendero que conducía a la
hacienda de los Marañones propiedad de los jesuitas229.
223 AGNB. Misceláneas. T. 27. Informe de Diego Fernández Carrasquero procurador de Maracaibo. Mara-
caibo sin fecha 1711. ff. 937r-944r.
224 AGI. Santo Domingo 668. El cabildo de Maracaibo informa al virrey de Santa Fe de los medios para
aplicar la conquista de los motilones que asolan los valles de San Pedro y Santa María. Maracaibo, 21
de enero de 1721. ff. 5v-9v.
225 AGNB. Misceláneas. T. 27. Solicitud del cabildo de Maracaibo para la protección de las haciendas de
Santa María y San Pedro de los ataques de los motilones. Maracaibo 25 de marzo de 1716. ff. 927r-931r.
226 AGNB. Misceláneas. T. 27. Solicitud del cabildo de Maracaibo para la protección de las haciendas de
Santa María y San Pedro de los ataques de los motilones. Maracaibo 25 de marzo de 1716. ff. 927r-931r.
227 AGI. Santo Domingo. Legajo 688. Acta del cabildo de Maracaibo. Maracaibo, 25 de mayo de 1716. ff. 3v-5r.
228 RPET. Archivo de La Grita. T. XIX, legajo 16. Auto del gobernador Manuel Fernández de la Casa. Mara-
caibo, 1º de marzo de 1726. s/f.
229 AUCAB. Libro de Consultas del Colegio San Francisco Javier de Mérida. Consulta del 15 de noviembre
de 1727. f. 55r.
Luis Alberto Ramírez Méndez 93

Consecutivamente, en 1728, el cabildo de Gibraltar, exponía su “rui-


nosa” situación ocasionada por las invasiones de los bárbaros motilones,
quienes con sus lechas han ido aniquilando los esclavos de las haciendas,
lo que había ocasionado su abandono. Además espiaban en los caminos
reales que comunicaban con las ciudades de Mérida, La Grita y las de-
más poblaciones; sus ataques se realizaban aun en las veredas más ocul-
tas, especialmente el camino que conducía hasta Trujillo230, por lo cual
había impedido el tránsito de la carga y comercio de las harinas, azúcares
y cacao. Para resguardar la vida de los comerciantes y las mercancías se
requería de un “cresido” número de escoltas destinado a defenderse de
las agresiones indígenas, lo que incrementaba notablemente los costos,
los que no podían ser resarcidos con las ganancias que se obtenían con
la venta de los mismos. La ruina del comercio era de tal magnitud que se
decía que anteriormente se podían cargar más de ocho navíos de cacao
para la Nueva España y ya ni esa cantidad se lograba embarcar231.
En aquel año, el temor de los porteños ante las repetidas invasiones
de los motilones que para entonces cercaban a Gibraltar con tan emi-
nente peligro que sus vecinos “… aun rezelan vivir en el recinto de ella,
después de haberse visto precisados a desertar de sus haciendas…”232.
Los aterrados gibraltarenses expresaban su prevención que los motilo-
nes deseaban restablecerse en aquellas tierras, “…desposeyéndonos de
ellas a los vasallos de vuestra magestad pues con sus rigurosas armas de
sus lechas nos han aniquilado los esclavos del manejo de dichas hacien-
das por lo que nos hemos visto precisado a desertarlas…”233.
En 1733, la situación era tan grave que en la hacienda de la Saba-
na, propiedad de los jesuitas se hallaba en “aprietos” causados por los
230 “… y la falta que este hacía en venir al Colegio como está prevenido por los asaltos de los indios
Motilones…” AUCAB. Libro de Consultas del Colegio San Francisco Javier de Mérida. Consulta del 1
de julio de 1733, f. 58v.
231 AGI. Santo Domingo. Legajo 688. En: AGNC. Traslados. T. CXXVII Indios motilones. Acta de Cabildo de
Gibraltar. Gibraltar, 21 de septiembre de 1728. pp. 29-40
232 AGI. Santo Domingo. Legajo 688. En: AGNC. Traslados. T. CXXVII Indios motilones. Acta de Cabildo de
Gibraltar. Gibraltar, 21 de septiembre de 1728. pp. 29-40
233 Ídem.
94 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

continuos ataques de los naturales que habían causado las muertes y las
enfermedades de los esclavos, por lo que se acordó reforzarlas, introdu-
ciendo un mayor número de esclavos, lo cual se haría comprándolos en
“donde se pudiera” y trasladando varios sirvientes de la hacienda de las
Tapias, que se tenían por excedentarios en esa unidad de producción234.
En los meses sucesivos, los padres de la compañía decidieron comprar
los esclavos del Dr. Urbina para remitirlos a las haciendas de la Sabana y
Marañones, y dispusieron para costear las adquisiciones de los capitales
que guardaban para la fundación del colegio en Maracaibo235.
Dos años más tarde, en 1735, esa delicada situación fue ratiicada
por el cabildo de Maracaibo cuyos capitulares expresaban que el atraso
de la provincia se debía a que las haciendas de cacao eran acechadas por
los indios motilones, los que continuamente las estaban destruyendo,
ocasionando numerosas muertes de esclavos y hombres libres, cuyos
ataques continuaban con tal frecuencia logrando ocupar el territorio, al
extremo que para entonces se airmaba que la mayoría de las haciendas
estaban “…en poder de estos bárbaros, y los pocos que han quedado
los mantienen trabajosamente estos pobres vecinos con las armas en la
mano…”236. En ese año, los jesuitas acordaron trasladar cuatro esclavos
desde la hacienda de La Ceiba a La Sabana con la inalidad de defender-
la de los frecuentes ataques de los motilones237.
Un año después, en 1736, los repetidos ataques de los motilones a la
hacienda La Sabana propiedad de los jesuitas, había ocasionado la muerte
de cuatro esclavos, por cuya razón se resolvió trasladar a los negros de la
hacienda con la prevención de reintegrarlos a la misma durante el periodo
de cosecha; sin embargo, la decisión fue elevada a la aprobación del pro-

234 AUCAB. Libro de Consultas del Colegio San Francisco Javier de Mérida. Consulta del 1 de diciembre
de 1733, f. 61r.
235 AUCAB. Libro de Consultas del Colegio San Francisco Javier de Mérida. Consulta del 1 de enero de
1734, f. 61v.
236 AHNM. Colección Jesuitas, Legajo 127/125. Petición del cabildo de Maracaibo al Rey. Maracaibo, 22 de
agosto de 1735.
237 AUCAB. Libro de Consultas del Colegio San Francisco Javier de Mérida. Consulta de octubre de 1735, f. 67v.
Luis Alberto Ramírez Méndez 95

vincial238. Posteriormente en 1738, los padres de la compañía realizaron


una nueva consulta, en la cual exponían que por estar muy “insolentes”
los motilones, insistieron en retirar a sus esclavos de La Sabana y trasla-
darlos a La Ceiba, supliéndolos temporalmente con esclavos de las Tapias,
los que deberían remitirse periódicamente para realizar la limpieza y co-
secha de los cacahuales, pero los padres consideraron esperar la respuesta
del provincial para realizar lo solicitado239. El retardo ocasionado por la
espera de esa providencia tuvo su momento más álgido en diciembre de
aquel año, cuando los motilones quemaron la hacienda de La Sabana,
ante cuya vicisitud, inmediatamente se acordó trasladar los esclavos de la
misma a La Ceiba, y tratar de recuperarla para lograr los necesarios ingre-
sos que producían sus arboledas de cacao240.
Entre tanto, los naturales habían construido fuertes, ubicados en las
serranías inmediatas a Gibraltar, en el denominado “monte de los Mo-
tilones” por cuya razón era imposible “reducir por la fuerza a la gente
alzada”241. Desde sus emplazamientos realizaban las incesantes correrías
con las que habían logrado desalojar a los labradores, consolidando su
ocupación en zonas tan inmediatas a Gibraltar como los valles de la
Sabana del Espíritu Santo, La Arenosa, el Pocó, las que para esa fecha
estaban prácticamente dominadas por los motilones. Para entonces, se
contabilizaban más ochenta haciendas productoras de cacao, que ha-
bían sido abandonadas y prácticamente ocupadas por los indígenas242.
El avance de los indígenas se consolidó en los años sucesivos, por cuya
razón en las unidades de producción más extensas, los propietarios más
poderosos tuvieron que recurrir a recursos defensivos para proteger sus
propiedades, como ocurrió con los padres de la Compañía de Jesús. Lo an-
terior se reseñó en el informe de 1747, referente a la hacienda de La Saba-

238 AUCAB. Libro de Consultas del Colegio San Francisco Javier de Mérida. Consulta de agosto de 1736, f. 69r.
239 AUCAB. Libro de Consultas del Colegio San Francisco Javier de Mérida. Consulta de marzo de 1738. f. 72r.
240 AUCAB. Libro de Consultas del Colegio San Francisco Javier de Mérida. Consulta de diciembre de 1738. f. 73v.
241 AUCAB. Libro de Consultas del Colegio San Francisco Javier de Mérida. Consulta de 7 enero de 1756. f. 82r.
242 AGEC. Poblaciones varias. T. 5. Informe de Sebastián de Eslava, Gobernador de la Provincia de Mérida
y La Grita. Maracaibo, 23 de mayo de 1745. f. 432v.
96 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

na, que había sido quemada, como anteriormente se expresó, y sus setenta
esclavos trasladados a La Ceiba; pero en el interior de sus recintos todavía
se mantenían armas, municiones y herramientas para su protección243. Dos
años después en 1749, el gobernador Collado informaba al virrey don Se-
bastián de la Eslava que los motilones estaban “…mas insolentes que nun-
ca pues an tenido en esta semana la osadía de atacar la hacienda del cura
de los pueblos de esta laguna a veinte negros que lavoraban en ella…”244.
En 1750, se informaba que estaban seriamente amenazadas por los
ataques indígenas las haciendas de don Blas de Otalora Lugo y Pul-
gar245, el ingenio de don Pedro Antonio Nuñez de Viedma246, la de Lo-
renzo de Cuebas ubicada en la Sabana, inmediata al río Capio247, las de
Juan Antonio de Andrade, Salvador Montaño de Pedrajas248 situadas en
el valle de Bobures249 y las de Francisco Vasabe, Juan Francisco Lozano,
Joseph Sedeño, Pedro Pirela, Miguel Gerónimo de Bustos, Manuel Va-
rona, Ignacio Velarde, hibursio, Andrés y Ana María de Campos, los
herederos de Pedro de Campos, Catalina González, Casilda de Archete,
y Fernando Moreno situadas en el valle de San Pedro250. En ese mismo
año, estaban abandonadas las haciendas de trapiche de Ángel Francisco

243 AAM. Seminario. Caja 1. Cuenta de los años 1683 y 1684 y libro de recibo que comienza a 1 de marzo
de 1747. Inventario de la Sabana. f. 32r.
244 AGNB. Poblaciones varias. SC 46, 5, D. 91. Comunicación del Gobernador Francisco Miguel Collado al
virrey don Sebastián de la Eslava Maracaibo, 5 de julio de 1749. ff. 437v-438r.
245 AGNB. Poblaciones varias. SC 46, 5, D. 91. Testimonio de Blas de Otalora Lugo y Pulgar. San Antonio
de Gibraltar, 9 de junio de 1750. f. 442r.
246 AGNB. Poblaciones varias. SC 46, 5, D. 91. Testimonio de Pedro Antonio Nuñez de Viedma. San Anto-
nio de Gibraltar, 10 de junio de 1750. f. 443r.
247 AGNB. Poblaciones varias. SC 46, 5, D. 91. Testimonio de Lorenzo de Cuevas. San Antonio de Gibraltar,
9 de junio de 1750. f. 447r.
248 AGNB. Poblaciones varias. SC 46, 5, D. 91. Testimonio de Salvador Montaño de Pedrajas. San Antonio
de Gibraltar, 11 de julio de 1750. f. 448v.
249 AGNB. Poblaciones varias. SC 46, 5, D. 91. Testimonio de Juan Antonio de Andrade. San Antonio de
Gibraltar, 11 de julio de 1750. f. 448r.
250 AGNB. Poblaciones varias. SC 46, 5, D. 91. Testimonio de los hacendados de San Pedro. San Pedro, 8
de julio de 1750. f. 444r.
Luis Alberto Ramírez Méndez 97

Viscontí251 y la del licenciado Juan Bautista Marín de Robles debido a


que los indios motilones habían asesinado a sus esclavos y operarios252
Años después, en 1753, se relataba que se habían consumido cuan-
tiosos recursos en la defensa de las haciendas en contra de los persisten-
tes ataques de los indios motilones que varias veces las habían asaltado,
causando su ruina, como había ocurrido con otras haciendas de los ve-
cinos de Maracaibo, que no se habían perdido porque habían estableci-
do sus propias defensas, por cuya razón los invasores habían hallado re-
sistencia, aunque en esos asaltos habían perdido los jornaleros a quienes
les habían quitado la vida a lechazos dentro de una hacienda, por cuya
razón se habían de tener numerosos peones que sólo se ocupaban de
centinelas y guardas para custodiar a los otros, mientras trabajaran253.
Es signiicativo el asalto a las haciendas propiedad de los jesuitas,
porque ésta se ubicaba en el valle de la Sabana del Espíritu Santo (El
Batey), inmediatas a Gibraltar, lo que demostraba el innegable avance
y ocupación del territorio por los motilones, porque después de esos
eventos, los padres decidieron mudarla a otra de sus haciendas a la que
consideraron más protegida como lo era Trinidad de los Marañones. La
mudanza fue justiicada por “… estar muy expuestas a las invasiones de
los indios y no poder ser socorrida de la de Marañones…254.
Durante los años siguiente los ataques continuaron; se dice que en
1774, los motilones realizaron varios asaltos en el valle de San Pedro,
donde causaron serios estragos en la hacienda de trapiche de don Juan
Vidal, arrancándole la caña; lo mismo sucedió en las haciendas de las
señoras Guillén, y en la hacienda de don hiburcio Campos, donde
251 AGNB. Poblaciones varias. SC 46, 5, D. 91. Testimonio de Francisco Visconti. San Antonio de Gibraltar,
9 de julio de 1750. f. 444r.
252 AGNB. Poblaciones varias. SC 46, 5, D. 91. Testimonio de Juan Bautista Marín de Robles. Maracaibo,
17 de julio de 1750. ff. 450v-452r.
253 AHNM. Colección Jesuitas, Legajo 127/33. Certificación del padre Andrés García Sí sobre los medios
económicos que se habían reunido para la fundación del colegio de Maracaibo. Maracaibo, 4 de abril
de 1753.
254 AAM. Seminario Caja 1. Cuenta de los años 1683 y 1684 y libro de recibo que comienza a 1 de marzo
de 1747. Inventario de la Sabana. f. 16v.
98 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

dañaron las arboledas de cacao y las plataneras, lo que motivó las rei-
teradas quejas de los doloridos afectados255. Otro tanto ocurrió con los
indígenas de Torondoy, ubicados en el sitio del Ahorcado en donde las
hostilidades motilonas obligaron a los indios a abandonarlo.

Los motilones en la jurisdicción de Mérida


De igual manera que en Gibraltar, en la jurisdicción de Mérida la avan-
zada motilona fue de tal magnitud que se airmaba que en el valle de Cha-
ma se habían sufrido los asaltos más feroces en 1703256, en los que que-
maron el pueblo de San Juan de Chama, y todas las arboledas de cacao
habían sido aniquiladas por las invasiones de los “indios bravos”. En 1711,
se atestiguaba que sólo quedaba una hacienda en pie, cuyo propietario de-
bía pagar “escoltas” todo el año para su protección y la de sus peones257.
La ocupación motilona habían obligado a los pobladores a desamparar sus
unidades de producción258 según se reiere en el año de 1716; por esa razón
los productivos cacahuales del valle del Chama estaban totalmente abando-
nados y con ello se habían perdido las ingentes cantidades de cacao que “…
se conducían a esta laguna más porción de tres mil fanegas de cacao, cuia
falta en sumo grado tiene aniquilado este país…”259.
Años más tarde en 1721, la ocupación motilona se mantenía inal-
terable, pues se reiteraba que en el valle del Chama la mayoría de sus
tierras eran “…inútiles tanto por el terreno quanto por estar poseídas de
los yndios bravos…”260. La avanzada indigena se mantuvo vigente en las

255 AGNB. Poblaciones varias. SC. 23, 10, doc. 131. Carta de don Joseph Domingo Lanz. Maracaibo, 8 de
agosto de 1774. ff. 822r-823r.
256 AGNB. Poblaciones Varias. T. 5. Informe de Sebastián de Eslava, Gobernador de la Provincia de Mérida
y La Grita. Maracaibo 23 de mayo de 1745. f. 432v.
257 AGEM. Documentos históricos. Informe de Cristóbal Gámez y Costilla y la demás autoridades para que
se inhibiese la ciudad de pagar impuesto. Testimonio de la autoridades eclesiásticas. Mérida, 24 de
febrero de 1711, f. 13r.
258 AGNB. Misceláneas T. 27. Informe de Diego Fernández Carrasquero procurador de Maracaibo. Mara-
caibo sin fecha 1711. ff. 937r-944r.
259 AGI. Santo Domingo, legajo 688. Acta del cabildo de Maracaibo. Maracaibo, 25 de mayo de 1716. ff. 3v-5r.
260 AGEM. Asuntos Diversos T. XXXI. Real Amparo de doña María Luisa Ramírez de Urbina. Santa Fe, 20
Luis Alberto Ramírez Méndez 99

décadas siguientes, porque en 1727 los capitulares de Mérida relataban


que los ataques motilones ocurridos en años pasados, habían causado
la muerte de muchos esclavos y de no pocas personas libres, por lo cual
“… todo el valle de Chama cercano a esta ciudad, donde tenían sus
vecinos sus posesiones de cacaos en que se incaba el principal comercio
y utilidad de vuestro real herario, no hallándose remedio bastante, de-
terminaron abandonarlo del todo como al presente se halla…261.
En ese año, también se refería que el avance de los motilones no se
había detenido, por el contrario “…creciendo con esto la audacia de los
bárbaros…”, habían ocupado el camino real que conducía hacia Santa
Fe, efectuado varias incursiones asesinando a una persona e hiriendo a
otras. Por esas razones nadie se atrevía a transitar por esa vía sin escoltas
y también amenazaban el camino que conducía a Gibraltar, por donde
se trasladaban los azúcares a Maracaibo ocasionando la ruina de los
productores de los cañaverales suburbanos de Mérida262.
Las irrupciones de los motilones no solo se realizaron contra los ha-
cendados y en los caminos reales contra los transeúntes y comercian-
tes, sino que también contra los mismos pueblos indígenas, como el
ocurrido con el inmediato de San Miguel de La Sabana, cuyos pueblo
fue quemado y sus pobladores que habían sido asentados en la sabana
larga a inales del siglo XVI, fueron dispersados en 1730. Por esa razón
la Audiencia de Santa Fe ordenó a Luis Andrés Cabezas, corregidor de
naturales procediese a recoger a los indios que vagaban aterrorizados en
los montes y buscase un nuevo asentamiento para su pueblo, el cual fue
escogido entre las quebradas La Sucia y la Laja263, adonde trajeron los in-
dígenas con su santo, pendón y cofradía en el sitio de Jají hacia 1735264.
de diciembre de 1725. ff. 189r-211v
261 AGI. Audiencia de Santo Domingo. Legajo 688. En: AGNC. Traslados. T. CXXVII Indios motilones. Acta
de Cabildo de Gibraltar. Gibraltar, 21 de septiembre de 1728. Pp. 29-40
262 AGI. Audiencia de Santo Domingo. Legajo 688. En: AGNC. Traslados. T. CXXVII Indios motilones. Acta
de Cabildo de Gibraltar. Gibraltar, 21 de septiembre de 1728. pp. 29-40
263 AGNB. Visitas de Venezuela. SC. 62, 15, Doc. 39. Asignación de resguardos a los indios de la Sabana
1730. ff. 1033r.1042v.
264 El asalto debió ser hacia 1725, porque consta en el libro de la cofradía un asiento fechado en San Miguel
100 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Asimismo se refería que también los indios de San Juan de Mucuhun


habían soportado similares ataques, porque habían sido halladas “… le-
chas y otros vestigios de ellos muy inmediatos a este sitio…”265. Del mismo
modo, en 1735, según los informes de los padres de la Compañía se airma-
ba que los ataques de los motilones “…a los quatro pueblos de naturales de
esta Laguna…”, en tierras donde nunca se les había visto antes, por lo cual
se presumía que los chiguaraes266, quienes eran conocedores de la región,
habían servido de guías a los motilones para realizar sus ataques267.
En ese año, el gobernador de Maracaibo don José de Valderrama y
Haro, quien se encontraba al mando de una expedición para someter a
los sediciosos motilones en las cercanías de Estanques y las inmediacio-
nes del camino que conducía a Bailadores y La Grita fue emboscado por
un grupo de indios motilones, aliados con los yguares (chiguaraes) quie-
nes lo atacaron, pero el mandatario pudo escapar del asalto “milagrosa-
mente” según su versión. Entre las pertenecías indígenas halladas por
los hispano-criollos se encontró un “turbante” (posiblemente el cintillo
de ibra de palma usado por los hombres bari modernos para ceñirse la
cabeza) que el capitán de los motilones llevaba puesto en la emboscada,

de la Sabana, y el nuevo asiento está fechado en 1735 en San Miguel de Jají. En el documento se lee
lo siguiente, “… Thomas Valero Cura Ynterinario del Pueblo de la Mesa y esta agregassión, haviendo
venido á selebrar una misa en onrra del glorioso Arcangel Señor San Miguel Patrono que fue siempre
de esta parsialidad de Yndios quando assistieron en su antiguo Pueblo de la Sabana el que dejaron
desierto, por la ostilidad, que esperimentaron de los Yndios Motilones, por cuyo fracaso ha diez años,
que están sin Pueblo, asta aora que se están fundando en este dicho sitio.” AAM. Sección 45A, Libros
Parroquiales. Libro de fiestas de la Parroquia San Miguel de Jají. f. 12r-v; Salas, Julio César, Tierra
Firme… p. 148.
265 Salas, Julio César, Tierra Firme… p. 252.
266 “Se establece, pues, el origen común de los antepasados de los Chiguaraes y los Motilones-Barí. Y,
aún cuando estos dos grupos evolucionaron culturalmente en relativa independencia, se puede presu-
mir que, por su proximidad, permanecieron en contacto hasta el siglo XVIII, y aparentemente lograban
comunicarse entre sí. A pesar de las diferencias que existían a nivel lingüístico entre los Chiguaraes
y Motilones-Barí, sería muy factible que consiguieran superar este problema mediante la práctica del
bilingüísmo, a semejanza de otros grupos indígenas del continente en sus relaciones inter-étnicas”.
Lizarralde, Roberto, “El castigo de los indios yguaraes”. En: Boletín Antropológico. Año 23, Nº 65, 2005,
p 379.
267 Lizarralde, Roberto, “El castigo de los indios yguaraes… p. 383.
Luis Alberto Ramírez Méndez 101

y que luego fue enviado por el teniente de los chiguaraes a su mujer, lo


que evidenciaba la alianza de los motilones con los yguaraes268.

Los motilones en la jurisdicción de La Grita


Al igual que sucedía en Gibraltar y Mérida, en La Grita se experi-
mentaba el avance y la ocupación motilona la que marchaba triunfante
en la casi totalidad de la jurisdicción, donde los naturales habían logra-
do dominar la planicie inmediata a los ríos Zulia y La Grita. Además,
sus ataques se dirigían hacia las haciendas productoras de cacao, donde
apresaban y asesinaban a los esclavos y sirvientes, obligando a sus propie-
tarios a abandonarlas, por cuya razón se habían perdido los cultivos y los
alimentos. En 1707, se reirió el cabildo de La Grita a un ataque de los
motilones y la defensa que se hizo de la ciudad y su jurisdicción, pero los
naturales lograron expandir su dominio hasta el valle de Onia269.
En ese mismo año, los alcaldes ordinarios enviaron a don Alonso
Riojano a Maracaibo para solicitar al gobernador los auxilios necesarios
para socorrer a La Grita, la cual estaba asediada por los indios mo-
tilones, por cuya razón se había ordenado “una salida”, en la que los
soldados habían seguido varios rastros que habían dejado los naturales.
Los emisarios se quejaban amargamente porque habían sido frecuen-
temente emboscados por las avanzadas indígenas, y prácticamente se
declaraban indefensos ante la avanzada motilona; además expresaban
reiteradamente que los vecinos habían abandonado sus haciendas. En
respuesta el gobernador ordenó el alistamiento de los hombres que pu-
dieran ir como soldados y cargueros para una inmediata “salida” que
deberían comandar los alcaldes de La Grita270.
La “salida” se dirigió hasta el río Onia y allí embarcaron en canoas
hasta llegar a un anegadizo, donde tuvieron que sacar las barcas y una
268 Lizarralde, Roberto, “El castigo de los indios yguaraes… pp. 377-396.
269 En 1711, fueron llamados los alcaldes para dar cuenta de “…las personas que fueran por soldados
cargueros y sobresalientes con el sargento mayor don José de Laberni a la entrada que hizo a los indios
motilones…” RPET. Archivo de La Grita. T. XVII, 1707-1709. Leg. 1. Acta de cabildo. La Grita, 17 de
julio de 1707. ff. 9r-10v.
270 RPET. Archivo de La Grita. T. XVII, 1707-1709. Leg. 1. Acta de cabildo. La Grita, 17 de julio de 1707. ff. 9r-10v.
102 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

culebra mordió la pierna del sargento mayor don Alonso Riojano, y en-
tonces pudieron observar varios “rastros frescos de los motilones” que se
adentraban en el curso del río, pero no pudieron continuar porque los
fangales se lo impidieron271. Pocos años después en 1716, se aseveraba
que la casi totalidad de la jurisdicción de La Grita estaba casi perdida
“… así en sus labores como en muertes a sus dueños…”272.
Sucesivamente en 1725, se notiicaba que el tránsito entre La Grita,
los valles de Carira, Onia hasta el valle de Chama estaba interrumpido
porque los motilones habían tomado el camino, y hostigaban a los tran-
seúntes asaltándolos e impidiendo el tráico hasta la costa del lago de
Maracaibo, y no solamente atacaban los caminantes sino las haciendas
estaban amenazadas por los feroces guerreros273.
Todavía en 1735, la dominación motilona en La Grita se mantenía,
y su asedio continuaba con tal reciedumbre que acechaban la misma
ciudad, en cuyas inmediaciones los motilones efectuaban constantes
ataques. En ese año, se tuvo que construir trincheras para defender La
Grita por ser el principal asiento poblado de hispano-criollos de la zona,
y también para proteger las haciendas, que eran vigiladas por escoltas
armados a quienes se había acudido por la experticia que poseían por
haber sido empleados en las salidas efectuadas anteriormente, ordena-
das por los cabos de la ciudad. La indefensión del vecindario fue apro-
vechada por los motilones que robaron las mulas cargadas de ropa y
habían herido un esclavo del maestre de campo Albino de Pineda274.
El angustiado vecindario solicitó a las autoridades de la ciudad que
no les retiraran las escoltas aun a pesar de alegarse la justiicación de
ocuparlos en hacer nuevas entradas275. En ese mismo año, el gobernador
271 RPET. Archivo de La Grita. T. XVII, 1707-1709. Leg. 1. Acta de cabildo. La Grita, 17 de julio de 1707. ff. 9r-10v.
272 AGI. Santo Domingo, legajo 688, Acta del cabildo de Maracaibo. Maracaibo, 25 de mayo de 1716. ff. 3v-5r.
273 RPET. Archivo de La Grita. T. XIX. Legajo 16. Libro de acuerdos del Cabildo de La Grita. Acta de cabildo.
La Grita, 15 de septiembre de 1725. s/f.
274 AGNB. Caciques e Indios 48bis, Doc. 7. Carta de Nicolás de Ávila y Albino Pineda. La Grita, 16 de
octubre de 1735. ff. 562r-564r.
275 AGNB. Caciques e Indios 48bis, Doc. 7. Carta de Nicolás de Ávila y Albino Pineda. La Grita, 16 de
octubre de 1735. ff. 562r-564r.
Luis Alberto Ramírez Méndez 103

de Maracaibo don Juan Joseph de Valderrama y Haro fue emboscado en


el camino real que conducía de Estanques a Bailadores por una alianza
entre motilones e yguaraes276; la información sobre la ruta de la expedi-
ción fue revelada a los motilones por los últimos indios mencionados.
Los continuados ataques en los caminos de la jurisdicción de La
Grita, también fueron referidos por Miguel de Santisteban, al transitar
por el pasaje que discurría entre Bailadores y Estanques en 1741. En
ese sentido, reiere el viajero que disponían de pistolas y escopetas para
defenderse de “… los indios motilones que por la parte del Poniente
coninan con estas montañas y no pocas veces se han dejado de ver en
este camino haciendo hostilidad en los pasajeros…”277 Asimismo, rela-
taba Santisteban que los motilones tenían la complicidad de dos indios
de un pueblo de la jurisdicción “… que daban aviso a estos inieles de
la oportunidad que debían salir a cometer sus rapiñas y excesos…”278.
En 1761, Basilio Vicente de Oviedo, airmaba que en La Grita se
producía mucho cacao, que era su principal comercio por ser el más
afamado, por ser el de mejor gusto, pero al mismo tiempo acotaba que
“…hoy como se ha dicho están muy arruinadas las haciendas por los
indios motilones…”279. Del mismo modo, expresaba que en Bailadores
“…es donde hacen sus daños los indios gentiles llamado motilones a los
pasajeros, que pasan sin escolta de cinco o seis personas, y de allí salen
a destruir las haciendas de La Grita”280.

276 Lizarralde, Roberto, “El castigo de los indios yguaraes … pp. 377-396.
277 “Viaje muy puntual y curioso que hace por tierra don Miguel de Santisteban desde Lima a Caracas en
1740 y 1741”. En: Documentos para la historia económica en la época colonial. Selección y estudio pre-
liminar de Antonio Arellano Moreno. Caracas. (Colección fuentes para la historia colonial de Venezuela
93) Academia Nacional de la Historia, 1970. pp. 145-146.
278 Ídem.
279 “Pensamientos y noticias escogidas para utilidad de Curas del Nuevo Reino de Granada por el Dr. Basi-
lio Vicente de Oviedo. Año de 1761”. En: Documentos para la historia económica en la época colonial.
Selección y estudio preliminar de Antonio Arellano Moreno. Caracas. (Colección fuentes para la historia
colonial de Venezuela 93) Academia Nacional de la Historia, 1970. p. 373.
280 Ibídem. p. 374.
104 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Los motilones en las jurisdicciones de la villa de San Cristó-


bal, Salazar de las Palmas y San Faustino de los Ríos
En 1716, don Francisco Ruiz, procurador de número en la cortes de
Santa Fe, en nombre del capitán don Diego Ramírez de Rojas, vecino
de Salazar de las Palmas, representó ante la audiencia de Santa Fe, los
graves daños y hostilidades que los indios motilones habían causado a
los moradores de aquel puerto luvial, destruyendo sus casas y haciendas
de cacao por cuyas razones se había realizado una entrada, con la cual
se había logrado retirarlos281. En tan gravosas circunstancias se erigió
como teniente de guerra al expresado Ramírez con la inalidad de aco-
meter la defensa de la ciudad y someter a los rebeldes indígenas282.
Un año después, en 1717, don Bernabé Barreto, alcalde de Salazar de
Las Palmas, exponía que la navegación por el río Zulia estaba impedida
por “… la continua imbazión que los indios inieles reduciendo aún ma-
yores poblados aun la dicha ciudad de Salazar en desiertos…”, por cuya
razón la población carecía de lo más necesarios alimentos como lo eran la
sal y de los fundamentales para el culto divino como el vino y la cera283.
Del mismo modo en 1721, se notiicaba que similares agresiones
había sufrido San Faustino de los Ríos, en cuyos espacios también se
habían expandido los cultivos de cacao y numerosos hacendados habían
sido perjudicados por las incursiones indígenas, quienes habían tenido
abandonadas sus propiedades para huir de la crueldad de las hostilida-
des. Entonces se hacía énfasis en que los habitantes de San Faustino,
quienes eran los más interesados en defenderse de aquellas incursiones,
habían reconocido que los motilones tenían su población “principal” en
una laguna inmediata al río Sardinata, donde contaban con fértiles pa-
rajes y cultivaban sus sementeras, ediicaron sus casas y desde allí salían
281 AGNB. Curas y obispos. SC. 21, 20, D.27. Miguel Florez, cura de los chinatos informa sobre incidentes
con los motilones. Solicitud de Miguel Flores. Santa Fe de Bogotá, 13 de julio de 1718. f. 136r-v.
282 AGNB. Curas y obispos. SC. 21, 20, D.27. Miguel Florez, cura de los chinatos informa sobre incidentes
con los motilones. Real cédula nombrando un teniente de guerra a don Diego Ramírez. Santa Fe, 19 de
mayo de 1716. ff. 439v-443v.
283 AGNB. Cabildos, SC. 7, 7, Doc. 13. Exposición del cabildo de Salazar de las Palmas para que se le
permita transitar dos barcas custodiadas por el río Zulia. Pamplona, 17 de marzo de 1717. ff. 935r-936v.
Luis Alberto Ramírez Méndez 105

en balsas que navegaban por el río Zulia hasta las costas del lago para
realizar sus correrías y pillajes284.
Posteriormente en 1726, los motilones atacaron a San Faustino de Los
Ríos; en ese asalto también fueron afectados los vecinos de San Cristóbal, y
durante el mismo fueron heridos y asesinados indígenas del pueblo de Ca-
pacho, enemigos jurados de los motilones porque sus sementeras y cultivos
eran arrasadas por éstos285. La indefensión de la provincia se evidenció cuan-
do se pudo conocer que la reducida población de San Faustino era incapaz
de defenderse y sus vecinos amenazaron con abandonarla deinitivamente
por la inseguridad que causaban los asaltos y su temor a los indígenas286.
Subsiguientemente en 1733, nuevamente los motilones atacaron con
especial ferocidad en San Faustino y también lo hicieron simultáneamen-
te en los valles de Onia. Para entonces se describía como habían logrado
dominar la planicie sur del lago de Maracaibo, pues se airmaba que “…
esta bárbara nación que avanza con desaogo y libertad no solo las hacien-
das y caminos reales sino que se internan en las mismas ciudades desalo-
jando a pueblos de yndios que por las muertes que ellos han hecho andan
los demás vagando…”287.
Un año más tarde, en 1734, nuevamente los motilones volvieron a ata-
car a San Faustino, Salazar de las Palmas y alcanzaron hasta San Joseph del
Guasimal en Cúcuta, y hubo que recurrir a los indios de Capacho para de-
fender las poblaciones sitiadas. En las aprensiones que se realizaron después
de esos asaltos se hallaron entre los naturales hostiles a dos indios fugados
de los pueblos de Mucumba y Lagunillas de la jurisdicción de Mérida288.
284 AGI. Santo Domingo 668. El cabildo de Maracaibo informa al virrey de Santa Fe de los medios para
aplicar la conquista de los motilones que asolan los valles de San Pedro y Santa María. Maracaibo, 21
de enero de 1721. ff. 5v-9v.
285 Dávila, Vicente, “Jimeno de los Ríos”. En: Dávila Vicente, Investigaciones históricas. Quito. Editorial Don
Bosco, 1955, T. I. pp. 278- 279.
286 AGNB. Caciques en Indios, 62, Doc. 21. Asalto de los motilones a San Faustino de los Ríos. San Faus-
tino, 10 de noviembre de 1726. ff. 436r-450r.
287 AGNB. Misceláneas. SC, 39, 27, Doc, 33. Petición de Cristóbal de Costilla y Bohórquez, Mérida, s/f.
1754. ff. 453r-454v.
288 AGNB. Caciques e indios. 25, doc. 74. Informe de la pacificación motilona por Juan de Azevedo. San
106 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Igualmente, se ratiicaba que los motilones constantemente impedían


el tráico en los caminos reales paralizando el comercio en especial del ca-
cao, lo que ocasionaba serias demoras en los registros que arribaban a Ma-
racaibo con el aumento de los costos289. En ese sentido, se aseveraba que
el camino que conducía desde San Faustino hasta el puerto real del Zulia
eran frecuentes las salidas de los motilones agrediendo a los traicantes,
hiriéndolos y asesinándolos, y robando cargamentos enteros; se apun-
taba que en dos ocasiones habían saqueado a los mercaderes uno en el
camino a San Faustino y otro en un sitio denominado el pantano donde
habían asesinado a una mujer290. Los constantes ataques de los motilones
a los transeúntes en las calzadas y embarcaciones que se experimentaban
en aquella zona infringían abiertamente lo capitulado con don Francisco
Narváez, vecino de Pamplona, con el gobernador de San Faustino en la
que se comprometía a prestar seguridad a los puertos, los que estarían a
salvo de cualquier invasión enemiga, lo cual determinó a la Corona a sus-
pender deinitivamente el tránsito de barcas sobre el río Zulia en 1710291.
Posteriormente en 1717, los alcaldes de San Faustino acudieron al
virrey para que les facilitara dos navíos militares armados, los que se
pudieran pertrechar con pólvora y balas en Gibraltar para protegerse de
los frecuentes y temidos ataques de los indios, y custodiaran dos barcos
cargados con los productos necesarios para la población, que surcaran
las aguas del río Zulia, cuya solicitud fue aprobada292. Décadas después
en 1757, los vecinos de San Faustino, insistentemente acudieron al go-
bernador de Maracaibo don Francisco de Escaray para solicitar refuer-
Joseph del Guasimal, 30 de mayo de 1734. ff. 918r-922r.
289 AGNB. Misceláneas. SC, 39, 27, Doc, 33. Petición de Cristóbal de Costilla y Bohórquez, Mérida, (sf)
1754. ff. 453r-454v.
290 AGNB. Caciques e indios. 62, doc. 19. Testimonio de Mateo González. San Cristóbal, 9 de enero de
1775. ff. 349r-350r.
291 “Real Provisión del 16 de diciembre de 1710, dirigida al gobernador de Maracaibo y justicias de Gi-
braltar, en la que se reitera la prohibición absoluta de navegar con mercaderías sobre el río Zulia”. En:
Tulio Febres Cordero: “Documentos para la historia del Zulia”. En: Obras Completas. Bogotá Antares,
1961, T. IV. p. 126.
292 AGNB. Cabildos. SC. 7, 7, Doc. 13. Exposición del cabildo de Salazar de las Palmas para que se le
permita transitar dos barcas custodiadas por el río Zulia. Pamplona, 17 de marzo de 1717. ff. 935r-936v.
Luis Alberto Ramírez Méndez 107

zos y pertrechos militares para contener a los motilones que impedían


el tránsito por el río Zulia293 y sucesivamente en 1762, pidieron al virrey
Folch de Cardona que les permitiera aumentar el número aprobado
de dos navíos a seis, alegando que por ese puerto también se remitía la
creciente producción de San Joseph de Cúcuta.
A pesar de esas medidas, en 1769 se testimoniaba la continuada in-
seguridad ocasionada por los frecuentes asaltos motilones, los que desde
el puerto de San Faustino y a lo largo del río Zulia hasta su desembo-
cadura y desde ésta por el río Catatumbo hasta su desagüe en el lago
de Maracaibo, debido a que la ruta estaba constantemente acechada
por los naturales, los que se apostaban en sitios estratégicos en ambas
riberas, que distaban una hora entre unos y otros, en cuyos puntos espe-
raban a las piraguas y embarcaciones para emboscarlas, con agresiones
simultáneas desde ambas orillas, luego herían y asesinaban a los bogas.
Asimismo se expresaba que los aborígenes reiteradamente asaltaban y
robaban los depósitos de sal que se ubicaban a las riberas de esos ríos,
cuyas irrupciones se cometían con la mayor osadía e intrepidez294.
Adicionalmente, los vecinos de Lobatera, jurisdicción de la villa de
San Cristóbal también airmaban que los repetidos ataques de los mo-
tilones en contra de las haciendas de esa parroquia, la que servía de
antemural para defender a la villa de San Cristóbal, matándoles sus
animales e impidiendo las labores agrícolas en aquellas tierras. Recor-
daban los testigos, con especial horror una agresión ocurrida en agosto
de 1745, en el que habían atacado el propio poblado y habían robado
“de un todo” la casa de don José Pinedo de Villalobos. Posteriormente
en 1760, habían asesinado en la playa grande del río en las inmedia-
ciones de Lobatera a Ventura Guerrero. Del mismo modo, se habían
experimentado serios perjuicios en los asaltos que habían efectuado en
las montañas en los años de 1762 y otro en 1767295.
293 AGNB. Milicias y Marina. SC 37, 58, 56. Carta del gobernador de Maracaibo al virrey Folchs de Cardo-
na. Maracaibo, 10 de octubre de 1757, f. 314r-v.
294 AGNB. Caciques e indios. 62, doc. 19. Testimonio de Juan Agustín Girón. San Cristóbal, 13 de enero
de 1775. ff. 351v-352v.
295 AGNB. Caciques e indios. 62, doc. 19. Testimonio de Cristóbal Fernández de Mora, Bernardino Essca-
108 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Los motilones en la jurisdicción de Trujillo


Finalmente, la jurisdicción de Trujillo en la Gobernación de Ve-
nezuela, también soportó los ataques de los motilones. El cabildo de
la ciudad reirió en febrero de 1728, que los naturales avanzaron en
los contérminos de esta jurisdicción, y asesinaron a dos hombres y
secuestraron a una mujer. Los capitulares expresaban su incapacidad
para someter a los indígenas debido a “…sus débiles fuerças, porque la
multitud de indios es crecidísima en los montes de suma fragosidad y
aspereça” 296. Aunque habían logrado enviar una expedición de más de
cuarenta hombres para someterlos, quienes se habían internado en los
montes, los que habían retornado enfermos sin lograr su objetivo297. De
igual manera, la hacienda de La Ceiba, propiedad de los padres de la
Compañía frecuentemente fue atacada por los motilones, aunque fue
defendida por sus numerosos esclavos.

lante. y otros vecinos de Lobatera. San Cristóbal, 13 de enero de 1775. ff. 351v-352v.
296 AGI. Audiencia de Santo Domingo. Legajo 688. En: AGNC. Traslados. T. CXXVII Indios motilones. Acta
de Cabildo de Gibraltar. Gibraltar, 21 de septiembre de 1728. pp. 29-40
297 AGI. Audiencia de Santo Domingo. Legajo 688. En: AGNC. Traslados. T. CXXVII Indios motilones. Acta
de Cabildo de Gibraltar. Gibraltar, 21 de septiembre de 1728. pp. 29-40
Capítulo 3: La política hispánica para la
conquista de los motilones
La mítica dominación hispánica del sur del lago de Maracaibo

Uno de los mitos que expone Restall y que hace parte importante de
su trabajo es el mito de la completitud mediante el cual desmiente la total
y absoluta dominación del continente americano lograda por los ibéri-
cos durante el proceso de conquista y colonización. Esa falacia se pro-
pagó debido a que los españoles se afanaron en recalcar el rotundo éxito
de su ocupación, alegando que el continente se encontraba dominado,
evangelizado y subyugado. La realidad fue muy distinta a lo expuesto
en esas relaciones interesadas, debido a que numerosas comunidades y
poblaciones de indígenas nunca pudieron ser avasalladas, y en su ma-
yoría mantuvieron con vida sus particulares procesos socioculturales298.
Esa premisa adquiere una extraordinaria validez en el sur del lago de
Maracaibo, debido a su singular condición de zona fronteriza lo cual
es evidente desde el periodo prehispánico debido a que fue un mosaico
cultural de transición, entre la región amazónica y la andina, donde
coexistieron grupos indígenas culturalmente ligados: los de las tierras
bajas con los propiamente andinos como los muiscas. En ese espacio
geográico predominaron intercambios directos e indirectos entre pue-
blos con diferentes lenguas, lo cual produjo una mezcla de elementos
culturales, que permitió permear la frontera cultural y étnica, confor-
mándose un espacio de transformación de una cultura a otra299.
Ciertamente, las etnias indígenas que se asentaron en el sur del lago
de Maracaibo mantuvieron de forma constante interrelaciones entre sus
comunidades a través del tránsito frecuente de la planicie, utilizando
para su transporte las corrientes lacustres como luviales en especial la
298 Restall, Mathew, Los siete mitos de la conquista española. Barcelona. Paidos, 2004. p. 23. Gamboa
Mendoza, Jorge Augusto, El cacicazgo muisca en los años posteriores a la conquista: del psihipqua al
cacique colonial (1537-1575)… pp. 282-329.
299 Amodio, Emanuele, “Los chinatos de San Faustino. Siglos XVII y XVIII… p. 23.
112 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

navegación sobre las corrientes de los ríos Zulia, Chama, Escalante,


Tarra, Catatumbo, Santa Ana, Grita, Táchira y Pamplona, entre otros.
Es preciso signiicar la importancia que tenía y tiene el río Zulia,
ya que su cauce desemboca en el Catatumbo, el cual a su vez vierte
sus aguas en el lago, cuyo recorrido permite unir de forma expedita el
nororiente de la actual Colombia y el sur del lago de Maracaibo. Igual-
mente, ambos acuíferos enlazan toda la cuenca sur del lago, el mismo
lago y el Caribe. La viabilidad para sus transacciones descansaba en la
destreza de los indígenas en la navegación a los efectos de realizar estos
intercambios sin mercados, registrada por los cronistas y las relaciones
de los exploradores hispánicos durante el siglo XVI300. Los constantes
intercambios de productos agrícolas, suntuarios, de metales preciosos
y semipreciosos por sal de los naturales están datados por los expedi-
cionarios peninsulares y representan una de las bases fundamentales en
las estructuras sociales de los aborígenes de la zona, que defendieron
durante los siglos XVI, XVII y XVIII, especialmente los Kirikires.
Obviamente, con la llegada de la etnia blanca, se tuvo certeza de la po-
sibilidad de articular el sistema comercial a través de esa vía luvio-lacustre
y con ello interrelacionar a las ciudades de hispano-criollos enclavadas en
la cordillera andina como Pamplona, Mérida, La Grita, la villa de San
Cristóbal, y establecer el centro mercantil en el puerto de Gibraltar; aun-
que el diseño pareciera de los peninsulares, éste ya estaba en práctica y era
utilizado frecuentemente por los indígenas desde el periodo prehispánico.
Ese proyecto se propuso con nueva vigencia entre los invasores europeos
desde las expediciones originarias de los Welser, siguiendo por Sebastián
Guillén, Alonso Pacheco301, Rodrigo de Argüelles y Gaspar de Párraga302.

300 Nectario María (hno.) Los orígenes de Maracaibo… p. 169.


301 Castillo Lara, Lucas Guillermo, Elemento historiales de San Cristóbal colonial. El proceso formativo.
Caracas. (Biblioteca de autores y temas tachirenses 91) Talleres Italgrafica, 1987. p. 270.
302 “Descripción de la ciudad de la Nueva Zamora su término y laguna de Maracaibo hecha por Rodrigo
de Arguelles y Gaspar de Párraga de orden del gobernador Juan Pimentel” En: Relaciones geográficas
Luis Alberto Ramírez Méndez 113

En ese sentido, es preciso acotar que los mencionados impulsores de


esas propuestas residían en la jurisdicción de la Provincia de Venezuela y
bajo la autoridad de la Real Audiencia de Santo Domingo, pero la zona
sur del lago de Maracaibo estuvo comprendida en los términos de la
Nueva Granada y por ende, correspondió a las autoridades de aquellas
ciudades imponer su dominio sobre la zona, en especial cuidar del trán-
sito y navegación sobre las corrientes del río Zulia, cuya importancia se
reveló desde las primeras décadas del dominio colonial303, lo cual fue
evidente a los vecinos de la villa de San Cristóbal, quienes apreciaron su
signiicación, y por ello declararon su dominio sobre sus riberas y adya-
cencias304. Otro tanto lo haría años más tarde la ciudad de La Grita, y
por esa razón establecería el puerto de Salazar de las Palmas intentando
controlar el tránsito a través de ese territorio305.
Pero las diicultades de la etnia blanca para dominar el sur del lago de
Maracaibo se hicieron evidentes a mediados del siglo XVII cuando fracasa-
ron sus intentos de conquistar a los naturales que habitaban las inmediacio-
nes del río Zulia, al igual que alcanzar el tránsito comercial pacíico, luido
y exitoso sobre el mismo. En ese sentido, es preciso analizar los factores que
conluyeron en esa situación y que al avanzar el siglo XVII y durante el
XVIII se hicieron críticos para explicar el devenir de esa región fronteriza.
El primero de ellos fue el conlicto por la utilización del recurso hídri-
co que posibilitaba la navegación y el comercio, con las etnias indígenas.
Como consecuencia de éste, ambas etnias intentaron controlar la nave-
gación del río Zulia para realizar sus transacciones, la mayor diicultad
estribaba en que mientras los indígenas realizaban un intercambio sin

de Venezuela. Caracas. (Colección Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. 70) Recopilación,
estudio preliminar y notas de Antonio Arellano Moreno. Academia Nacional de la Historia, 1964; Castillo
Lara, Lucas Guillermo, Elemento historiales de San Cristóbal colonial. El proceso formativo. Caracas.
(Biblioteca de autores y temas tachirenses 91) Talleres Italgrafica, 1987. pp. 206-207.
303 Ramos Peñuela, Arístides, “Frontera y poblamiento. Hacendados y misioneros en el nororiente de la
Nueva Granada 1700-1819”. En: Cuadernos de Desarrollo Rural. Vol. 54, 2005. p. 13.
304 Castillo Lara, Lucas Guillermo, Elemento historiales de San Cristóbal colonial. El proceso formativo...
pp. 261-287.
305 Pedro Simón, Noticias Historiales de Venezuela… T. II. pp. 601-602.
114 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

mercados los hispanos lo hacían mercantilmente. Las dos visiones del


intercambio se mostraron en los contactos iniciales cuando los indígenas
proveyeron de sus productos a los hispano-criollos esperando que estos,
a su vez, les entregaran los suyos, pero contrario a sus aspiraciones solo
obtuvieron que se les arrebataran los mismos, fueran apresados y vendi-
dos como esclavos. La reacción inmediata de las etnias indígenas fue la
hostilidad porque en su mundo esto se consideraba una afrenta.
A diferencia de lo anterior, en la percepción de la etnia blanca, la ocu-
pación del territorio y la concesión del suelo en propiedad, al igual que la
servidumbre de los indígenas fue considerado una gratiicación al esfuer-
zo personal y las inversiones de capital que se habían hecho en el proceso
de conquista y colonización. Por ello realizar intercambios comerciales
con los indígenas era inaceptable, y también se debía obtener la sumisión
incondicional de los mismos sin discusión alguna a “sangre y fuego”306.
Ahora bien el sometimiento indígena se logró en ciertas regiones re-
curriendo la integración y modiicación de estructuras sociales y polí-
ticas presentes en los conglomerados aborígenes desde el periodo pre-
hispánico, tal como lo reiere Gamboa, al estudiar la implantación de
la encomienda en Pamplona, en cuya jurisdicción divide las sociedades
prehispánicas en dos categorías: los cacicazgos307 en tierras altas y las
306 Gibson, Charles, Los aztecas bajo el dominio español 1519-1821. México. Siglo XXI editores, 1978;
Bird Simpson, Lesley, Los conquistadores y el indio americano. Barcelona. (Serie Universitaria Historia
Ciencia y Sociedad Nº 68) Editorial Península, 1970. p. 15.
307 El estudio de la estructura del cacicazgo y la formación del poder sobre comunidades indígenas ha sido un
tema ampliamente estudiado, entre otros trabajos sobre la temática: López Sarrelangue Delfina, La noble-
za indígena de Pátzcuaro en la época colonial virreinal. México. UNAM. Instituto de investigaciones histó-
ricas, 1965; Taylor, William, “Cacicazgos coloniales en el valle de Oaxaca”. En: Revista Historia Mexicana.
Vol. XX, 1970, pp. 1-41; Cruz Pazos, Patricia, “Cabildos y cacicazgos, alianza y confrontación en los
pueblos de indios novohispanos”. En: Revista española de antropología americana. Vol. 34, 2004. pp.
149-162; Chance John K, “Los Villagómez de Suchitepec, Oaxaca: un cacicazgo mixteco, 1701-1860”.
En: Revista española de Antropología americana. Vol. 41, Nº 2, 2011, pp. 501-520; Irurtia, María Paula,
“El cacicazgo en la región pampeana-no patagónica argentina a mediados del siglo XVIII. La actuación de
los caciques en torno a la instalación de las misiones jesuitas”. En: Antropológica. Año XXVI, Nº 26, 2008.
pp. 199-227; Taylor, William B., Cacicazgos coloniales en el valle de Oaxaca. Disponible en: [Link]
[Link]/exlibris/aleph/a18_1/apache_media/[Link].;
Gamboa Mendoza, Jorge Augusto, El cacicazgo muisca en los años posteriores a la conquista: del psi-
Luis Alberto Ramírez Méndez 115

tribus en las tierras bajas. Las primeras, eran comunidades compues-


tas por naturales que habitaban en zonas de tierras frías o templadas,
deinidas como sociedades organizadas con cacicazgos hereditarios que
podían tener un solo cacique o estar dividida en varias “capitanías” o
“parcialidades”308. Los cacicazgos eran una organización que tenía una
estructuración jerárquica incipiente con un grupo gobernante heredita-
rio diferenciado del resto de la comunidad309. Los caciques y capitanes
gobernaban la colectividad y en señal de respeto los subalternos les ren-
dían algunos tributos y les hacían algunas labranzas310.
La segunda categoría estaba integrada por indígenas que habitaban en
las tierras bajas y cálidas donde predomina el bosque húmedo tropical. Su
nivel de organización era el que se conoce como “tribu” o “sociedad tri-
bal”, consistía en una serie de comunidades autónomas unidas por fuertes
lazos de parentesco que practicaban formas de agricultura no intensiva
(como el sistema de roza y quema) y carecían de un jefe o cacique perma-
nente311. Generalmente, se gobernaban mediante el consejo de ancianos o
líderes coyunturales que eran elegidos por sus especiales habilidades para
una determinada actividad pero cuya autoridad se limitaba al tiempo que
duraba la realización de la tarea asignada. También se incluían en ellos
personajes como chamanes, médicos, curanderos que ejercían algún tipo
de inluencia a través de sus consejos, a los que nadie estaba obligado a
seguir si no lo deseaba y que no recibían ningún tipo de tributo312.
La diferencia entre estos dos tipos de organización aborigen fue deci-

hipqua al cacique colonial (1537-1575). Bogotá. Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2013.
308 Gamboa, Jorge, “La encomienda y las sociedades indígenas en el Nuevo Reino de Granada. El caso
de la provincia de Pamplona (1549-1650)”. En: Revista de Indias, 2004, Vol. 64, Nº 232. pp. 755-756.
309 Chance, John C., “Los Villagómez de Suchitepec, Oaxaca, Un cacicazgo mixteco, 1701-1860”. En:
Revista española de antropología americana. 2011, Vol. 41, Nº 2, pp. 501-520.
310 En la sociedad incaica el rol de intermediarios entre los españoles y la población indígena fueron asu-
midos por los kuracas. Véase al respecto a Pérez Marcos, Regina María: “Nuevas líneas para la interpre-
tación de la sociedad peruana del siglo XVI a través de la interpretación del Inca don Diego de Castro
Tito Cussi Yupanqui”… p. 175.
311 Gamboa, Jorge, “La encomienda y las sociedades indígenas en el Nuevo Reino de Granada… pp. 755-756.
312 Ídem.
116 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

siva en el proceso de conquista y sometimiento de la población indígena.


Los cacicazgos se adaptaron al sistema de encomienda debido a que los
naturales estaban familiarizados con los sistemas de autoridad y a rendir
tributos313. Por el contrario en los sistemas tribales, los aborígenes care-
cían de estructuras previas de dominación porque desconocían formas
de servidumbre y por tanto su reducción fue imposible para los hispa-
no-criollos. Por esas razones, los conquistadores españoles obtuvieron
pocos beneicios al tratar de someter a cazadores, recolectores, nómadas
o a agricultores casi sedentarios que carecían de grandes acumulaciones
de provisiones y líneas de autoridad deinida, sobre las que los hispanos
se pudieran aincar para asumir el control314. Además las tierras cálidas y
húmedas eran inhóspitas y poco atractivas para los peninsulares.
Por esos motivos, en las tierras altas y templadas donde predominaban
los cacicazgos se estableció un dominio irme a diferencia de otras regiones
como en el sur del lago de Maracaibo, en especial en las inmediaciones del
río Zulia se convirtieron en una frontera de guerra, donde los españoles
solo ejercían un domino precario. De esa forma, el sistema de encomiendas
fue relativamente fácil de implantar en las tierras cordilleranas, pero fue
difícil de imponer sobre las tribus que habitaban en las proximidades de las
Arboledas, Salazar de las Palmas, Cúcuta, Táchira y en los demás territorios
ubicados en la planicie lacustre. Eso se debió a que esos grupos indígenas
carecían de un sistema político jerarquizado, fueron indóciles y se negaron
a pagar tributos. Con estas comunidades nativas la fuerza no bastaba ni
tampoco se podían utilizar métodos demasiado violentos para obligarlos a
servir ya que los naturales tenían la certera posibilidad de escapar en cual-
quier momento hacia la selva. Por esa razón, los conquistadores debieron
cambiar de estrategia de dominación315.

313 Gamboa Mendoza, Jorge Augusto, El cacicazgo muisca en los años posteriores a la conquista: del
psihipqua al cacique colonial (1537-1575). Bogotá. Instituto Colombiano de Antropología e Historia,
2013. p. 28. pp. 282-329.
314 Jackson, Robert H., “Una frustrada evangelización, las limitaciones del cambio social, cultural y religio-
so en los “pueblos errantes” de las misiones del desierto central de Baja California y la región de la costa
del golfo de Texas”. Disponible en: [Link]/ver_pagina_ingles/release/.../4341&print&inf=0
315 Gamboa, Jorge, “La encomienda y las sociedades indígenas en el Nuevo Reino de Granada... 755-756.
Luis Alberto Ramírez Méndez 117

Esas nuevas actuaciones de los conquistadores incluían el tratar de


atraer a los indígenas “por las buenas”, mediante regalos. Un hispano
que había recibido una encomienda en esa región debía comenzar a
buscar los indios para darles cuchillos, telas machetes y otras dádivas.
Luego los convencía de hacer algunas labranzas y se les nombraba un
“capitán” para enseñarles a pagar tributo. Sí los indios aceptaban al ca-
pitán nombrado y accedían a trabajar para el encomendero seguían re-
cibiendo algunas mercancías baratas en pago de sus servicios. Con el
tiempo esos indios eran instalados en tierras cercanas a las del encomen-
dero, y poco a poco comenzaban a trabajar en las labranzas316.
Pero este era un proceso lento y delicado; sí los indios estaban “des-
contentos” tanto con los encomenderos como con su trato tenían la po-
sibilidad de evadirse a las selvas, donde eran muy difíciles de encontrar.
Además, varios grupos se habían rebelado, y permanecían internados
en los bosques, al mismo tiempo que los “capitanes” nombrados care-
cían de autoridad para hacerlos regresar y realizar sus trabajos. La otra
estrategia fue trasladarlos a zonas que les eran desconocidas para que
realizaran sementeras, pero en estos casos la mayoría de los trasladados
huyeron o murieron producto de las enfermedades317.
Aunque las tres formas de dominación fueron aplicadas a los moti-
lones, ninguna dio los resultados esperados; por el contrario, lo aborí-
genes se mantuvieron hostiles y remisos a los “regalos” de los hispanos.
En cuanto a los métodos violentos fueron insuicientes por dos razones,
fundamentalmente porque la corriente migratoria de los hispano-crio-
llos había disminuido notablemente durante el siglo XVII y gran parte
del XVIII, con lo cual se redujo la capacidad ofensiva castrense y los
recursos militares disponibles también fueron reducidos318.
316 Ídem.
317 Ídem.
318 En 1725, don Francisco Uzcátegui, procurador general de Mérida, exponía la indefensión que se hallaba
la ciudad por carecer de armas entre sus alegaciones se decía, “…porque se ve y reconoce las falta en
las armas que su majestad envió a esta ciudad mirando el vien y seguridad y defención de ella, y aver
quedado una cantidad muy corta de arcabuces y cada día se experimenta más deterioradas en ellas me
parecerá conveniente que las que se allaren se pongan en las casas reales de esta ciudad poniéndosele
118 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Esos dos factores determinaron que los asaltos de los indígenas fue-
ran más persistentes y con mayor frecuencia mientras las “salidas” de
los hispano-criollos en contra de los indígenas sólo proporcionaban re-
sultados temporales y limitados, los que se traducían en apresar a unas
decenas de naturales y trasladarlos hasta los pueblos de indios y allí
obligarlos a servir en las labranzas de los hacendados319.
Esas actuaciones fueron reseñadas por los religiosos que se oponían a
las mismas, pero en ciertos casos proporcionaron las posibilidades para
el entendimiento entre los grupos de indios “civilizados” y los “rebeldes”
a través de la convivencia entre diversas etnias indígenas, lo cual, en al-
gunas ocasiones, se tradujo en la huida de los apresados a la selva y en la
conformación de alianzas entre diversas grupos de naturales320.
pena al ministro que sin licencia de la real justicia diere alguna de ellas para recaudar alguna parte de las
muchas que faltan se servirá vuestra señoría despachar a los pueblos de esta jurisdicción una comisión
para que se haga sapas y secretamente diligencia por ellas recaudando las que fueren posibles que en
esta se le aia de pagar el premio su trabajo de los propios de esta ciudad…” AGEM. Protocolos. T. XLV.
Acta del Cabildo, Justicia y Regimiento de la ciudad de Mérida. Mérida, 4 de enero de 1725. f. 143r-v.
319 Entre otras se hace referencia desde la ciudad de La Grita una en 1694 encabezada por “...por cabo
Antonio de Betancur y Lugo procurador general de esta ciudad y para que vayan en la compañía a
Esteban de Escalante, Juan Bonifacio de Pernía, Pedro Zambrano, Julián Apolinares y Matías de Orozco,
y se asigna lo que han mandado de presente para aviar dichos hombres y se nombra por depositario
a Miguel Antonio Maldonado y se manda que en su poder exhiban luego la cantidad que cada uno ha
mandado para que por su mano cuenta y razón se haga el gasto del avío de dichos seis hombres y pagas
de los indios giros y al dicho cabo se le despache el recaudo necesario cuyo nombramiento se hace en
atención a no haber al presente en esta ciudad cabos militares que corran con esta facción…” RPET.
Archivo de La Grita. T. X legajo único. Comisión del Cabildo de La Grita. La Grita, 15 de abril de 1694. f.
161r; Otra en 1707, ordenada por el Gobernador de la Provincia de La Grita y Mérida. RPET. Archivo de
La Grita. T. XVII legajo 1. Comisión del Cabildo de La Grita. La Grita, 16 de julio de 1707. s/f.
320 En 1690, fray Alonso de Zamora provincial de la orden de Santo Domingo se quejaba que habiéndose
efectuado una salida con su gobernador de San Faustino de los Ríos, don Rodrigo de Ferreira y Almeida
se sacaron cuatro niños, hijos de gentiles a quienes bautizó el reverendo padre fray Agustín Osorio, de
la orden de los predicadores cura doctrinero del pueblo de San Joseph de los indios chinatos, misionero
de todos los indios gentiles comarcanos y se vinieron con dicho padre ocho indios adultos con órdenes
de ser adoctrinados y recibir el santo bautismo, teniéndolos agregados en sus doctrina y asegurados
entre catequizarlos; cuando dichos indios motilones estaban muy seguros y libres del servicio personal,
pues lo están por tiempo de veinte años, según cedula a pesar de ello, el gobernador don Rodrigo de Fe-
rreira y Almeida los saco del dicho pueblo de los chinatos y los llevo a la ciudad de San Faustino de los
Ríos; en donde repartió a los niños recién bautizados a los vecinos y a los ocho indios adultos los puso
Luis Alberto Ramírez Méndez 119

Esas alianzas indígenas fueron incipientes al principio, pero durante


la segunda mitad del siglo XVII se hicieron más frecuentes los ataques
aborígenes y se mantuvieron de manera sostenida posibilitando que los
naturales avanzaran con intrepidez y lograran ocupar áreas que les habían
sido arrebatadas por los hispano-criollos debido a la expansión agrícola
desarrollada en el sur del lago de Maracaibo a lo largo de la primera mitad
del siglo XVII, con la expansión de las haciendas cacaoteras.
Otro factor que probablemente tuvo inluencia en la avanzada in-
dígena en el sur del lago fue la notable disminución de la población
aborigen en la jurisdicción de Mérida, lo cual ha sido posible apreciar
mediante los registros poblacionales que proporcionan las visitas co-
loniales, en especial en el sur del lago de Maracaibo; sin embargo, a
diferencia de los registros disponibles que corresponden a los naturales
encomendados y sometidos los emeritenses, se carece de información
sobre el comportamiento demográico de los nativos que mantenían
su autonomía conocidos como “indios bravos”; es de presumir que ex-
perimentaran una contracción demográica similar, pero al igual como
sucedió con los de Mérida durante el siglo XVIII, se maniiesta el cre-
cimiento demográico321, lo cual también podría también inferirse que
ocurrió en las poblaciones amerindias autónomas.
Ahora bien es indiscutible la ocupación que los emeritenses tuvieron
sobre parte del sur del lago de Maracaibo desde inales del siglo XVI y
hasta mediados del siglo XVII, con el avance de la frontera agrícola que
se efectuó debido a dos factores de gran importancia, el primero por el
hallazgo del cacao, especie autóctona de la zona322, cuyos cultivos se ex-
pandieron debido a las favorables condiciones climáticas y edáicas del
suelo y de la extraordinaria demanda que el cacao tenía en el mercado

en sus canoas para que trajinan por el rio Zulia. AGNB. Caciques e Indios. 39, doc. 1. Comunicación de
fray Alonso de Zamora. Sardinata de los Ríos, 28 de enero de 1699, f. 7r-v.
321 Samudio A. Edda O., Seventeenth Century Migration in the Venezuela Andes Edited by David Robinson
Cambridge Studies in Historical Geography, 1990. pp. 215-312.
322 Reyes Humberto y Capriles de Reyes Lilian, El cacao en Venezuela. Moderna tecnología para su cultivo.
Caracas. Editado por Chocolates del Rey, 2000. pp. 56-58.
120 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

mexicano durante ese período323, lo cual posibilitó el crecimiento de las


haciendas y la estructuración de una sociedad blanca y criolla en el sur
del lago de Maracaibo.
El incremento de la producción de cacao que se destinaba a la expor-
tación produjo sustanciales ganancias que se invirtieron en la compra
de esclavos que cuidaban de los sembradíos, y con ello se cumplió con
la doble inalidad de concretar la conformación de haciendas y la ocu-
pación efectiva del territorio, apoyada con la introducción de africanos
y sus descendientes. La expansión emeritense hacia el sur del lago de
Maracaibo fue concretada con la fundación de los puertos lacustres de
Carvajal (1564), San Pedro (1582) y el que constituiría el principal
puerto de exportación del occidente venezolano y el nororiente de la
Nueva Granada en San Antonio de Gibraltar (1592)324.
Del mismo modo, los vecinos de La Grita también iniciaron sem-
bradíos de cacao en su jurisdicción, en los valles que extendían en el sur
del lago de Maracaibo especialmente en Onia, Carira y Morotuto, que
inicialmente fueron exitosos, pero tuvieron que enfrentar la severa limi-
tación que representaba la inseguridad de la navegación luvial sobre el
río Zulia y luego sobre el Lago de Maracaibo necesaria para acarrear los
frutos hasta el puerto de Gibraltar donde se desarrollaba la feria para su
comercio y exportación. Por ello se fundó San Faustino en 1583, ubi-
cado sobre las márgenes del río Pamplonita, pero la realidad evidente
a principios del siglo XVII, fue que la navegación sobre el Zulia conti-
nuaba severamente amenazada por los motilones325, lo cual constituyó
una de las mayores motivaciones para la erección de la provincia del
Espíritu Santo de La Grita y Mérida, al frente de la cual se colocaba un
gobernador con la especial función político militar, cuyas acciones per-
323 Miño Grijalva, Manuel, El cacao Guayaquil en la Nueva España, 1774-1812. (Política imperial, mercado
y consumo). México. El Colegio de México, 2013. pp. 82-83; Israel, Jonathan D., Razas, clases sociales
y vida política en el México Colonial 1610-1670. México. Fondo de Cultura Ecónomica, 1980. p. 22.
324 Ramírez Méndez, Luis Alberto, La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo y la villa y puerto de
San Antonio de Gibraltar... T. I. pp. 54-79.
325 Castillo Lara, Lucas Guillermo, Elemento historiales de San Cristóbal colonial. El proceso formativo….
pp. 277-278.
Luis Alberto Ramírez Méndez 121

mitieran la libre navegación del río Zulia326, pero aún con esas medidas
ese objetivo tampoco fue logrado por los hispano-criollos327.
El fracaso en los esfuerzos realizados con respeto a la conquista de
los motilones motivó a que en 1639, se llamara a Diego Prieto Dávila
ante la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá para responder sobre “...
la paciicación que se ofreció hacer de los dichos indios del río Zulia y su
contenido, que su magestad ordenó despachar...” por lo cual apoderó al
capitán Francisco de la Torre Barreda para que acudiera en su defensa328.
En ese mismo año, el tribunal santafereño, suscribió una capitulación con
Francisco de Ribas para paciicar a los indios tratomos, eneales, guajiros,
corcovados, carates y otros que se hallaban rebeldes, lo que demuestra el
continuado esfuerzo en someter a los sediciosos indígenas329.
Al avanzar la tercera década del siglo XVII se agregó la amenaza que
tenía en la villa de San Cristóbal de los chinatos, lo cual determinaría
el establecimiento de la capitulación con el capitán Alonso de los Ríos
Ximeno, cuya inalidad inicial fue someter a los indígenas insurrectos,
pero el capitán Ríos también se percató de la importancia comercial
que representaba el río Zulia, y por ello decidió trasladar los chinatos
hasta sus inmediaciones, por cuya razón también se propuso reducir a
los motilones. Pero, la concesión otorgada a Alonso de los Ríos tuvo la
oposición de los vecinos de San Cristóbal debido a que en esa capitula-
ción se le concedía la capacidad de “capitán conquistador y poblador”
con la posibilidad de conformar una nueva gobernación, con la precisa
obligación de someter a los chinatos, los rebeldes jirajaras y otros grupos
que moraban en las inmediaciones de Pedraza.
Era de suponer que esa recién creada gobernación, donde quiera
que se ubicara representaría una nueva pérdida de territorio a expensas
de la jurisdicción de la villa, la que ya había sido disminuida con la

326 Donís Ríos, Manuel, Historia territorial de la Provincia de Mérida-Maracaibo… p. 38.


327 AGEM. Protocolos T. XV. Carta de poder. Mérida, 23 de marzo de 1639. ff. 203r-204r; AGEM. Protocolos
T. XV. Carta de poder. Mérida 30 de marzo de 1639. ff, 205v-208r.
328 AGEM. Protocolos T. XV. Carta de poder. Mérida, 23 de marzo de 1639. ff. 203r-204r.
329 AGEM. Protocolos T. XV. Carta de poder. Mérida, 30 de marzo de 1639. ff, 205v-208r.
122 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

fundación de La Grita mediante la capitulación suscrita con Cáceres en


1572. Ahora los vecinos de San Cristóbal se enfrentaban a otro “capitán
conquistador” que evidentemente reduciría aún más los términos de la
misma; de ahí la sustancial oposición a Ríos Ximeno y, por el contra-
rio, aspiraban que la paciicación de los chinatos fuera realizada por el
capitán Domingo de Urbizu, quien como vecino de urbe mantendría
su unidad territorial.
Además, es preciso explicar que San Faustino desempeñó la función
comercial hasta el año de 1662330, cuando disminuyó el nivel del cauce
del río Pamplonita e impidió su navegación a lo cual se sumaron los
incesantes ataques motilones y, por si esto fuera poco, las epidemias que
asolaron a la población, por cuyas razones se trasladó el puerto a San
Cayetano, en las nacientes del Zulia331, que rápidamente desplazó a San
Faustino y se constituyó, además, en importante localidad agrícola por
la explotación de sus fértiles tierras.
Igualmente, la ocupación del espacio sur del lago de Maracaibo tuvo
un grave revés para la etnia blanca debido a los fuertes sismos que sacu-
dieron la región en diciembre de 1673 y enero de 1674, cuyas réplicas
y el posterior deslave que sufrió casi toda el área aunado a la inseguri-
dad ocasionada por los frecuentes ataques de los piratas, ocasionaron
la ruina de los hacendados y cosecheros del sur del lago de Maracaibo,
así como la pérdida de los esclavos que laboraban en las haciendas, im-
posibilitando de esa manera mantener el control efectivo sobre la zona,
tanto en su ocupación como en su defensa332.
De ese modo, la indefensión de las unidades de producción cacao-
teras en la zona ocasionadas por esos terribles eventos y la incapacidad
de disponer de capital destinado a la compra de africanos y recursos
militares, determinaron la extrema vulnerabilidad defensiva de la etnia
330 Febres Cordero F., Del Antiguo Cúcuta. Bogotá, Banco Popular, 1975. pp. 468-471.
331 Buenahora, Luis. “La Fundación de Cúcuta”. En: Ciro Pabón Núñez. Periodismo y Periodistas de Ocaña.
Ocaña, Publicaciones de la Escuela de Bellas Artes, 1974. (Biblioteca de Autores Ocañeros, Nº 14), pp.
156-160.
332 Ramírez Méndez, Luis Alberto, La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. La villa y puerto de
San Antonio de Gibraltar… T. II. pp. 273-300.
Luis Alberto Ramírez Méndez 123

blanca y, por consiguiente, facilitaron el avance sostenido de las etnias


indígenas, las que para entonces mostraban cierta organización y man-
tenían alianzas interétnicas tanto para el ataque como en el espionaje
debido a que disponían de informantes en los pueblos de indios acultu-
rados, quienes les notiicaban sobre el desplazamiento y tránsito de los
productos y del número de “escoltas” que las resguardaban, lo que les
posibilitaba atacarlas con éxito.
En 1711, el procurador de Maracaibo temía, y con mucho funda-
mento, que una eventual alianza entre las diferentes etnias rebeldes po-
dría conformar una confederación para apoderarse de la totalidad del
sur del lago y avanzar sobre el valle de Bobures y Gibraltar, logrando
consolidar su dominio sobre la planicie extendiéndose hasta San Fausti-
no y Salazar de las Palmas, quedando desamparadas y hambrientas Ma-
racaibo y Gibraltar, lo cual obligaría a abandonarlas. Con tan fundados
temores, era necesario impedirlo, por lo cual solicitó que se tomaran las
medidas inmediatas para su protección y defensa333.
En 1717, se airmaba que los motilones mostraban tanta ferocidad
en sus incursiones que ya para esa fecha habían arrasado muchas ha-
ciendas en Mérida, las más de La Grita, algunas en Gibraltar y Pam-
plona, penetrando hasta las rancherías y asesinando a los negros. Para
entonces se manifestaba la preocupación por indefensión ante la inva-
sión motilona, que de no detenerse se corría el riesgo de llegar a una
incomunicación total entre el Nuevo Reino de Granada y la Provincia
de Mérida, como ya se experimentaba en el valle de Chama, debido a
que los naturales dominaban el territorio, los puertos y la navegación
de los ríos, al extremo que los barqueros se excusaban de navegar por
los acuíferos que surcaban aquella planicie por los repetidos y crueles
ataques de los indígenas334. El control que ejercían los aborígenes sobre
el territorio, en especial sobre sus caminos, ocasionó que las remesas de
333 AGNB. Misceláneas. T. 27. Informe de Diego Fernández Carrasquero procurador de Maracaibo. Mara-
caibo s/f, 1711. ff. 937r-944r.
334 AGNB. Cabildos, SC. 7, 7, Doc. 13. Exposición del fiscal de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá
para que se le permita transitar dos barcas custodiadas por el río Zulia. Pamplona, 24 de mayo de 1717.
ff. 937v-938v.
124 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

productos que se enviaban a Maracaibo se redujeran de manera dramá-


tica; asimismo, motivó la casi paralización del proceso productivo por
lo cual se disminuyó notablemente la cantidad de provisiones que se
enviaban a la Nueva Zamora.
Esa incomunicación y la interrupción del tránsito de los productos
alimenticios desde el sur del lago determinaron que a partir de 1716,
los maracaiberos experimentaran la carencia de alimentos como maíz,
yuca, casabe, plátanos, cacao y especialmente del abasto de carne, el
cual se obtenía del ganado que se criaba en las sabanas y pastizales del
valle de San Pedro335. Tanto las planicies como los vacunos habían sido
desamparados por sus propietarios, quienes huyeron despavoridos y
abandonaron sus haciendas. Esas difíciles circunstancias hacían crecer
los lamentos de los sectores más pobres en Maracaibo los que no tenían
con que alimentarse336. La carestía de las provisiones llegó a tal extremo
que determinó a las autoridades a establecer un racionamiento de las
mismas y a “… repartirlas sin que esto baste para que sesen los referidos
clamores de los pobres por no haber otro refugio…”337.
Esa hambruna se explicaba, a juicio del procurador de Nueva Zamo-
ra, porque la ciudad solo contaba con siete leguas libres de las amenazas
indígenas; pero era tierra seca, únicamente apta para la cría de ganado
caprino, y por el norte estaba acechada por los aruacos nombrados de
los ríos y apons, los que también habían desplazado a los trabajadores
que explotaban la madera destinada para la fábrica de navíos. Mientras
que en la costa oriental del lago de Maracaibo, en sentido norte hacia el
sur, desde el castillo de Santo Cristo de Barboza hasta los puertos de las
335 En 1794 se afirmaba que Maracaibo “…carece de todo lo necesario para la vida, inclusive del agua…”
“Informe sobre la Provincia de Maracaibo hecha al consulado de Caracas por el diputado consular del
puerto de Maracaibo, José Domingo Rus, 17 de mayo de 1794”. En: Relaciones geográficas de Vene-
zuela. Caracas. (Colección Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. 70) Recopilación, estudio
preliminar y notas de Antonio Arellano Moreno. Academia Nacional de la Historia, 1964. p. 462.
336 AGNB. Misceláneas. T. 27. Solicitud del cabildo de Maracaibo para la protección de las haciendas
de Santa María y San Pedro de los ataques de los motilones. Maracaibo, 25 de marzo de 1716. ff.
927r-931r.
337 AGI. Santo Domingo, legajo 688. Acta del cabildo de Maracaibo. Maracaibo, 25 de mayo de 1716. ff.
3v-5r.
Luis Alberto Ramírez Méndez 125

Cabimas, toda la tierra era salitrosa y amonestada hasta la sabana que


llaman de San Sebastián y el Empalado, con frecuentes enfermedades
de fríos y calenturas, y sus ganados infectados con gusanos y murciéla-
gos y su “… su cielo estelaje engendra muchos rayos y centellas de que
han muerto algunas personas por eso nadie las apetece...” 338.
El desabastecimiento de Maracaibo determinó la solicitud a la Co-
rona de recursos económicos para pertrechar nuevas expediciones que
pudieran someter a los motilones, y el diseño y conformación de planes
para dominar efectivamente el sur del lago de Maracaibo. Aunque el
proyecto careció de unicidad, su creciente diicultad ameritó la inter-
vención comprometida de los propietarios de tierras, los cabildos y el
gobernador de la provincia del Espíritu Santo de La Grita y Mérida,
pero sus constantes fracasos determinaron la elevación de la problemá-
tica ante autoridades supra-provinciales y comprometieron también la
gestión de los virreyes del Nuevo Reino de Granada.
Tanto los cabildos como las autoridades regionales y virreinales desti-
naron crecientes sumas de dinero, armamentos, víveres y otros insumos
en la búsqueda del ansiado control de la frontera que tardó más de cin-
cuenta años en alcanzarse. La realidad evidente hasta entonces, era que
los pobladores hispanos-criollos estaban imposibilitados para someter a
las etnias indígenas y establecer un dominio efectivo sobre la zona deri-
vado de dos carencias fundamentales: por un lado la reducida población
disponible para acometer la función militar y defensiva del área, al igual
que los escasos recursos para adquirir armas y municiones destinadas a la
misma339, y por el otro la capacidad ofensiva de los motilones cuya guerra
de guerrillas sobre un territorio vasto, con alianzas militares y sistemas de
espionaje los había mantenido triunfantes en su territorio.

338 AGNB. Misceláneas. T. 27 Informe de Diego Fernández Carrasquero procurador de Maracaibo. Mara-
caibo, sin fecha 1711. ff. 937r-944r.
339 Castillo Lara. Lucas Guillermo, San Cristóbal siglo XVII tiempo aleudar. Caracas. (Colección fuentes
para la historia colonial de Venezuela Nº 201) Academia Nacional de la Historia, 1989. pp. 249-253;
Amodio, Emanuele, “Los chinatos de San Faustino. Siglos XVII y XVIII”… p. 38. Dávila, Vicente, “Jime-
no de los Ríos ”… T. I. pp. 277-283.
126 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

El plan de los hacendados para protegerse de los motilones


Las actuaciones de los hacendados del sur del lago de Maracaibo se
elevaron ante los cabildos seculares de las ciudades, que habían sopor-
tado los constantes asaltos de los motilones. De ese modo, en 1695, los
capitulares de La Grita en respuesta a los feroces asaltos de los motilones
en los ríos de Carira y Onia procedieron a llamar a un cabildo abierto el
10 de abril de 1694, al que fue convocado todo el vecindario; pero de-
bido a que la mayoría de los vecinos se hallaban en los aposentos de sus
haciendas distantes de la ciudad, no comparecieron. Por ello, ijaron un
nuevo llamado, y fue pospuesto para el 12 de abril de aquel año, a in
de deliberar la forma de establecer la defensa de las haciendas situadas
en los valles surcados por aquellos ríos.
En esa asamblea, se acordó iniciar una “salida” y se nombró por cabo
de la misma a Antonio de Betancur y Lugo quien era procurador general
de la ciudad, y como acompañantes a Esteban de Escalante, Juan Boni-
facio de Pernía, Pedro Zambrano, Julián Apolinares y Matías de Orozco.
Del mismo modo, se establecieron las asignaciones correspondientes “…
para aviar dichos hombres…”, y se designó por depositario para custodia
de esos caudales a Miguel Antonio Maldonado; luego se ordenó que se
entregaran la cantidades que se habían ijado para “…el gasto del avío de
dichos seis hombres y pagas de los indios giros y al dicho cabo…340”.
Del mismo modo, cosecheros de los valles de Bobures, Santa María
y San Pedro, ubicados al sur del lago de Maracaibo se reunieron en otro
cabildo abierto convocado por el gobernador en Maracaibo el 21 de
enero de 1721, a los efectos de rendir los informes correspondientes
a la paciicación de los motilones. En esa asamblea, los productores
presentaron numerosas quejas sobre las fallas en la política de seguridad
de la gobernación, y expresaron un plan para lograr esa anhelada paz.
En primera instancia, los hacendados se lamentaron amargamente de
su miseria ocasionada por los ataques de los indígenas, lo que les había
imposibilitado recoger y embarcar el cacao, principal producto de ex-
portación. También se hizo énfasis sobre el abandono de las haciendas
340 RPET. Archivo de La Grita. T. X. Legajo único. Acta de cabildo. La Grita, 15 de abril 1694. s/f.
Luis Alberto Ramírez Méndez 127

por carecer de peones y esclavos para su cuidado, debido al temor que


suscitaban los asaltos de los motilones341.
Asimismo, los productores se deploraban los altos impuestos que paga-
ban a la Corona, entregados a las Cajas Reales de Maracaibo para su pro-
tección sin haber obtenido ningún beneicio por cancelar tales gabelas342,
pues los más acaudalados eran los propietarios de las labores de cacao en
los valles de San Pedro, Santa María, Bobures y Gibraltar, quienes habían
visto descender el precio del fruto, que para entonces se estimaba en dos
reales el millar, por cada uno de los cuales se debía cotizar medio real para
la protección las alcabalas dobles, que comprendían el almojarifazgo y ar-
mada de barlovento, lo que representaba más de la mitad del valor de cada
unidad de cacao343. A lo anterior, se sumaba el diezmo que se debía pagar
a la iglesia. En opinión de los hacendados tanto esas cargas impositivas,
la reducción de la producción como el abandono de las haciendas habían
causado el estado de pobreza que se experimentaba en la provincia344.
En tal virtud, solicitaban que se les socorriese inancieramente. Esos
auxilios monetarios eran necesarios para armar guarniciones permanen-
tes que los resguardaran y en especial para atacar y extinguir el pueblo
de motilones en Sardinata, cuyo objetivo era considerado difícil por lo
dilatado del territorio, que para entonces era dominado por los natura-
les, y por su capacidad ofensiva. Con esa inalidad, se requería establecer
las guarniciones destinadas a protegerlos y al más de centenar de escla-
vos que residían y laboraban en los valles de San Pedro y Santa María345.
341 AGNB. Misceláneas. T. 27. Solicitud del cabildo de Maracaibo, para la protección de las haciendas
de Santa María y San Pedro de los ataques de los motilones. Maracaibo, 25 de marzo de 1716. ff.
927r-931r.
342 AGI, Santo Domingo, 668. El cabildo de la ciudad de Maracaibo solicita se dé providencia a los daños
que experimenta la provincia por los ataques de los motilones. Maracaibo, 25 de mayo de 1716. ff.
3v-5r.
343 AGNB. Misceláneas. T. 27. Informe de Diego Fernández Carrasquero procurador de Maracaibo. Mara-
caibo, s/f. 1711. ff. 937r-944r.
344 AGNB. Misceláneas. T. 27. Solicitud del cabildo de Maracaibo para la protección de las haciendas de Santa
María y San Pedro de los ataques de los motilones. Maracaibo, 25 de marzo de 1716. ff. 927r-931r.
345 AGNB. Misceláneas. T. 27. Solicitud del cabildo de Maracaibo, para la protección de las haciendas de Santa
María y San Pedro de los ataques de los motilones. Maracaibo, 25 de marzo de 1716. ff. 927r-931r.
128 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Del mismo modo, se exigía el auxilio del gobernador de Caracas


debido a que la vulnerabilidad militar de la laguna también hacía pe-
ligrar la estabilidad de la provincia de Venezuela, pues era imposible
defenderla de los ataques de navíos extranjeros y piratas; además era
insostenible la explotación de las preciosas maderas de cedro, caobas,
robles y otras que se extraían del sur del lago de Maracaibo empleadas
en la construcción de navíos mayores y menores de tres puentes y ar-
boladuras, con las cuales se podrían mantener las escuadras defensivas
de las costas de la Tierra Firme y el Nuevo Reino de Granada desde
Cumaná hasta Cartagena de Indias y para sostener en pie los castillos y
baluartes de la barra del lago de Maracaibo, que impedían la ofensiva de
los enemigos en tierra adentro346.
Asimismo, se exigía la contribución de la mesa capitular del obispa-
do de Venezuela a los efectos de proporcionar los recursos económicos
posibles para auxiliar el sometimiento de los indígenas por ser “tan in-
teresadas”, debido a los aportes recibidos producto de la recolección de
los diezmos prediales tributados a medias en los valles de San Pedro,
Santa María y Bobures con el arzobispado de Santa Fe de Bogotá, al
que también competían las rentas decimales de Mérida, La Grita, San
Cristóbal, Gibraltar y San Faustino347.
Igualmente, se exigía la participación de los habitantes de los valles
de San Juan de Chama, y las jurisdicciones de Mérida, La Grita y San
Antonio de Gibraltar, cuyos vecindarios habían experimentado atrasos
notables para cuyo in debían convocarse levas de soldados que avan-
zaran simultáneamente y se auxiliaran en las acciones militares repre-
sivas. Además, se solicitaba a la Corona declarar exentos de los reales
impuestos por el término de diez años a la Provincia de Mérida y La
Grita, cuyas recaudaciones se deberían destinar al inanciamiento de las
expediciones de sometimiento348. Conjuntamente se exhortaría a los ca-
346 AGNB. Misceláneas. T. 27. Informe de Diego Fernández Carrasquero procurador de Maracaibo. Maracai-
bo, s/f. 1711. ff. 937r-944r.
347 AGNB. Misceláneas. T. 27. Informe de Diego Fernández Carrasquero procurador de Maracaibo. Mara-
caibo, s/f. 1711. ff. 937r-944r.
348 AGNB. Misceláneas. T. 27. Informe de Diego Fernández Carrasquero procurador de Maracaibo. Mara-
Luis Alberto Ramírez Méndez 129

bos de guerra de San Faustino para que custodiaran los puertos sobre el
río Zulia y los parajes aledaños, pues era la vía expedita para la retirada
de los indígenas cuando fueran desplazados, impidiéndoles su tránsito
a la ribera occidental y su consiguiente refugio en el río de Sardinata349.
Con in de mantener el dominio sobre el sur de lago de Maracaibo,
se recomendaba fundar una población en un paraje lo más cómodo po-
sible, con la contribución de todas las ciudades afectadas, a cuyos fun-
dadores se les debían otorgar los privilegios y franquicias necesarias, por
el tiempo que se considerara conveniente de acuerdo con las ordenanzas
reales, dispuestas a los efectos de ampliar la dominación y sujeción de
tan extensos territorios, todo “…tan conveniente a los a los dominios
de su majestad que tan decaesido se halla en esta ciudad y provincia en
lo antecedente y en lo que nuevamente se tocan con los dichos yndios
agresores y enemigos…”350.
Pero esas proposiciones se enfrentaron con la mayor de las diicul-
tades debido a que las Reales Cajas tanto las de Maracaibo como las de
Santa Fe, estaban imposibilitadas de enviar los recursos económicos ne-
cesarios para sufragar los cuantiosos costos de las “salidas” y menos aún
sufragar las erogaciones para el establecimiento de una nueva pobla-
ción. Pero los obstáculos de los cabildos y los vecindarios para someter
a los indómitos motilones determinó el surgimiento de proposiciones
de personajes, que en algunas ocasiones tenían ciertas posibilidades y
recursos para ejecutarlos; en otras, solo representaron apreciaciones per-
sonales sobre los problemas fronterizos y las posibles soluciones presen-
tadas ante las autoridades locales y virreinales a los efectos de dominar
y controlar la planicie, circunstancia que se agravaba para los hispa-
no-criollos con el paso del tiempo, pero cuya principal diicultad era la
carencia de recursos económicos para concretarlas351.
caibo, s/f. 1711. ff. 937r-944r.
349 AGNB. Misceláneas. T. 27. Informe de Diego Fernández Carrasquero procurador de Maracaibo. Mara-
caibo, s/f. 1711. ff. 937r-944r.
350 AGNB. Misceláneas. T. 27 Informe de Diego Fernández Carrasquero procurador de Maracaibo. Mara-
caibo, s/f. 1711. ff. 937r-944r.
351 AGNB. Misceláneas. T. 27 Solicitud del cabildo de Maracaibo para la protección de las haciendas de
130 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

La actuación de Juan Chourio


Aunque las motivaciones del francés don Juan Chourio para incur-
sionar en los valles de San Pedro y Santa María no están claras en la do-
cumentación, no se descarta que al igual que otros vecinos de Maracai-
bo que desde inales del siglo XVII comenzaron a comprar propiedades
en esos valles como lo hicieron Nicolás Josep de Arrieta la Madriz, Juan
de Isea de Loyola, Nicolás Antúnez Pacheco, Juan de la Vega y Palacio,
Andrés de Almanza y Vicente Viana, quienes aprovecharon la oportuni-
dad que ofrecían las ricas haciendas productoras de cacao para adquirir
propiedades y participar en ese lucrativo proceso.
Ciertamente, la ambición de los marabinos se centraba en adquirir
las tierras óptimas para la producción e inmediatas a los puertos de em-
barque como las que estaban situadas en los valles de San Pedro y Santa
María. Gran parte de esas extensiones de suelo fueron adjudicadas des-
de inales del siglo XVI a Pedro Marín Cerrada, y habían estado en pro-
piedad de sus herederos hasta principios del siglo XVIII, cuando uno
de sus descendientes don Cristóbal Marín Cerrada vendió a Chuorio las
productivas haciendas de Santa Ignes, Santa Isabel y San Antonio, en
cuyos suelos se apreciaban los árboles de cacao en 8 reales o un peso, lo
que signiicaba que una hacienda con 10.0000 árboles de cacao valdría
10.000 pesos, pero en aquellas difíciles condiciones asediadas por los
motilones fueron rematadas en un valor ínimo, circunstancia que fue
aprovechada por Chourio para adquirir las más lucrativas propiedades
como se describe en su composición de tierras realizada con don Diego
Manuel de Eguiazabal en 1717352.
La adquisición de esas propiedades estuvo acompañada del inancia-
miento proporcionado por Chourio de una expedición armada, integra-
da por 80 hombres para paciicar los valles de Santa María y San Pedro,
que logró dispersar a los indígenas a los montes inmediatos. Asimismo, el
francés introdujo más de cien esclavos a sus haciendas, y proporcionó las

Santa María y San Pedro de los ataques de los motilones. Maracaibo, 25 de marzo de 1716. ff. 927r-931r.
352 AGI. Santo Domingo. 668. Testimonio del título de Juan Chourio ante don Diego Manuel de Eguiazabal.
Maracaibo, 24 de abril de 1717. ff. 1r-2v.
Luis Alberto Ramírez Méndez 131

armas necesarias para la defensa de las mismas. Como consecuencia de esas


medidas, en un informe emitido ante el cabildo de Maracaibo en 1721,
se decía que los ataques de los motilones “…habían sesado con la compra
executada de las citadas once haciendas por don Juan Chourio…”353.
Sin embargo, la seguridad del puerto y ciudad de Maracaibo a prin-
cipios del siglo XVIII, estaba muy comprometida debido a la presión
que hacían los indígenas al nororiente y al sur de la misma, especial-
mente por los apons, sabriles, macuaes, coyamos, aliles, aruacos y otras
etnias que se mantenían por lo menos distanciadas de los hispanos,
como lo exponía el procurador de Maracaibo en 1711354, lo cual auna-
do a los constantes ataques de los motilones en el sur del lago no augu-
raba una paz duradera para los conglomerados de hispano-criollos. Tal
vez por esas razones fue que Chourio previó que antes de avanzar en la
paciicación del sur del lago de Maracaibo, que era necesario reducir los
naturales ubicados en las inmediaciones de Maracaibo y congregarlos
en un pueblo de indios, debido a que los intentos que hasta entonces se
habían realizado habían fracasado notablemente355.
Por esas razones, es probable que el francés se propusiera reducir y
someter a las etnias indígenas que amenazaban directamente a Mara-
caibo. La presunción es evidente debido a que rápidamente en 1720,
Chourio hizo las adquisiciones de las tierras de Perijá, lo cual demuestra
que sus intenciones eran congregar a los naturales en aquel espacio356,
pero lo que resulta signiicativo es que las alegaciones del francés para
realizar la fundación de una nueva villa se asientan en los ataques de los
motilones a los valles de San Pedro y Santa María, lo cual es ciertamente
contradictorio tanto con la ubicación espacial de los motilones como
con lo que expresaba el francés en sus petitorios.
353 AGI. Santo Domingo. 688. Acuerdo del Cabildo de Maracaibo. Maracaibo, 21 de enero de 1721. ff. 5v-9v.
354 AGNB. Misceláneas. T. 27. Informe de Diego Fernández Carrasquero procurador de Maracaibo. Mara-
caibo, s/f. 1711. ff. 937r-944r.
355 Peña Vargas Ana Cecilia, Nuestra Señora del Rosario de Perijá. Documentos para su historia 1722-
1818. Caracas. (Colección fuentes para la historia colonial de Venezuela 239) Academia Nacional de la
Historia, 1998. T. I. pp. 37-41.
356 AGI. Santo Domingo. 668. Títulos de las tierras de Perijá. Maracaibo, 6 de diciembre de 1720. ff. 1r-5v.
132 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Ciertamente, lo que se evidencia en las proposiciones de Chourio era


su deseo de establecerse en las tierras de Perijá, lograr que se le recono-
ciera como fundador de una nueva villa, con autoridad independiente
del cabildo de Maracaibo, que se le permitiera introducir 600 esclavos,
cinco años de exención de impuestos a las mercancías transportadas
en un registro de 150 toneladas y que el ganado que se hallare en las
sabanas se le destinara a la paciicación de los indígenas357, lo cual le fue
ampliamente aprobado por las autoridades citadinas y reales.
En las proposiciones de Chourio no se expresa que sucedería con los
motilones, que eran la motivación fundamental de su ofrecimiento. De
hecho, su actuación se centró en el sometimiento y reducción de los co-
yamos, macuaes y apons, que se agregaron a la villa de Nuestra Señora
del Rosario de Perijá, pero allí no se hizo reducción de motilones. A pe-
sar de ello, en 1728, los cabildos de Mérida, La Grita y Trujillo, y hasta
el arzobispo de Santa Fe de Bogotá solicitaron que se continuara con la
“paciicación que había iniciado Juan Chourio contra los motilones” 358.
De hecho su proposición con respecto a los motilones fue un rotundo
fracaso como se reveló en los testimonios posteriores.
Los dudosos resultados de la actuación de Chourio referente a los
motilones fueron evidentes en 1730, cuando los informes emitidos por
los cabildos de La Grita y Mérida resaltaron el avance de los naturales
y su ocupación del territorio en el sur del lago de Maracaibo. En ese
año se ordenó una nueva “salida” parar la “paciicación en irme” de los
pueblos indígenas con la organización de una cuadrilla que contó con
el auspicio del gobernador de Maracaibo, don Ignacio Torreiro Mon-
tenegro, que tuvo como inalidad explorar una gran extensión del sur
del lago de Maracaibo comprendida “desde la Bahía de Trujillo hasta
más allá de Chama”. En el informe de los “paciicadores” se relatan la
existencia de dos pueblos indígenas motilones, uno con catorce caneyes
357 AGI. Santo Domingo. 647. Informe del Consejo de Indias sobre Juan Chourio. Madrid, 11 de diciembre
de 1721.1r-7v. AGNB. Caciques en indios. T. 13, Doc. 13. Real cédula concedida a Juan Chourio para
pacificación de motilones e importación de esclavos. San Lorenzo, 19 de agosto de 1722. ff. 490r-483r.
358 AGI. Santo Domingo. Legajo 688. En: AGNC. Traslados. T. CXXVII Indios motilones. Acta de Cabildo de
Gibraltar. Gibraltar, 21 de septiembre de 1728. pp. 29-40
Luis Alberto Ramírez Méndez 133

y otro con cuarenta, albergando en ambos a numerosos indios. Después


de esa “salida” los motilones optaron por retirarse temporalmente a la
región del Catatumbo y del Zulia359, lo que hace presumir que esos
poblados fueran de kirikires.

La proposición de Cristóbal Costilla y Bohórquez


La preocupación por el avance indígena en el sur del lago de Mara-
caibo que afectaba de manera especial a Mérida, porque gran parte de
sus haciendas productoras de cacao ubicadas en el valle de Chama y en
Gibraltar habían sido arruinadas, también motivó proposiciones para la
solución de aquella delicada situación en la ciudad de la nieves eternas.
Una de ellas, digna de examen fue la presentada por don Cristóbal de
Costilla y Bohórquez, quien concurrió ante la Real Audiencia de San
Fe y el Virrey en 1754, para exponer sus puntos de vista y las formas de
solución con los cuales aspiraba resolver tan delicado problema.
Entre los planteamientos iniciales de Costilla y Bohórquez se con-
templaban las acciones militares como la leva de soldados en las ciuda-
des de hispano-criollos, afectadas por los ataques motilones, hasta com-
pletar un contingente de cincuenta hombres disponibles, acompañados
por un capellán y sus respectivos cargueros, quienes deberían integrar
un “escuadrón” permanente para acometer la defensa y el ataque cu-
yas acciones se harían en el verano. El “escuadrón” debería desplegarse
en diversos puntos inmediatos a las ciudades para mantenerse vigilante
ante cualquier amenaza, y también debía ser abastecido por las mismas
con suministros de alimentos, medicinas, armas y municiones.
En cada ciudad afectada por los ataques motilones se nombraría un
cabo de sus milicias y éstos, a su vez, estarían sometidos a las órdenes
de un cabo principal, cuyo cargo sería desempeñado por el peticionario,
cuya residencia estaría la ciudad de Mérida y como su suplente en caso de
ausencia por causa fortuita se nombraba a don Diego Camacho, con capa-
cidad para designar a los cabos subalternos. Todos estarían exentos durante
sus acciones de rendir obediencia ante la justicia ordinaria, que quedaba
359 Alcáser Antonio (fray), Indio motilón y su historia… pp. 73-74.
134 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

obligada a prestarles los auxilios necesarios. Las “salidas” deberían ser a


“sangre y fuego” de acuerdo con la Ley, que disponía con respecto a “…
los yndios bárbaros se declara la guerra con hostilidades y muerte…” 360.
Costilla y Bohórquez exigía que los primeros que deberían alistarse
para integrar el “escuadrón” deberían ser los propietarios de las tierras
que habían sido abandonadas, o en su defecto, nombrar a un “escu-
dero” que hiciera sus veces; pero de incumplir con esta condición, no
se les debería reconocer sus títulos de propiedad. Por el contrario, se
notiicaría a todos los que desearen participar en las acciones militares
que se les otorgarían tierras en propiedad, ofrecimiento que debía ser
público entre los vecindarios a través de la publicación de un bando361.
Con respecto a los indígenas que fueran apresados y sometidos debe-
rían ser entregados y repartidos entre la gente que hubiese actuado en la
expedición para que los adoctrinaran y los educaran por el lapso de diez
años; una vez transcurrido ese periodo de tiempo y habiendo sido ins-
truidos se entregarían para hacer una reducción según disponía su majes-
tad, con especial atención a los párvulos que según Costilla y Bohórquez
“… se amoran al repaso del primero que los acaricia, que se ha experi-
mentado que en pasando a otro poder se dejan morir de melancolía” 362.
Puntualizaba Costilla y Bohórquez la necesidad de obtener los re-
cursos económicos para mantener a los militares que acometerían esas
acciones, para la cual preveía pechar con el impuesto de un real a todos
los embarques de cacao, azúcar, tabaco, dulces y otros que se remitían a
Maracaibo, al igual que los de ropa de castilla, acero, ierro, sal y otros
enviados a las ciudades del interior, incluyendo a las de Trujillo y San
Faustino de los Ríos, que también experimentaban similares daños de
las restantes. Lo recaudado se destinaría a la compra de pólvora, balas,
bolsas de cartuchera, sables, víveres y cotas de algodón que les servirían
360 AGNB. Misceláneas. SC, 39, 27, Doc. 33. Petición de Cristóbal de Costilla y Bohórquez, Mérida, (sf)
1754. ff. 453r-454v.
361 AGNB. Miscelá[Link], 39, 27, Doc. 33. Petición de Cristóbal de Costilla y Bohórquez, Mérida, (sf)
1754. ff. 453r-454v.
362 AGNB. Misceláneas. SC, 39, 27, Doc. 33. Petición de Cristóbal de Costilla y Bohórquez, Mérida, (sf)
1754. ff. 453r-454v.
Luis Alberto Ramírez Méndez 135

de escudos a las lechas de los naturales. Esa exacción se debería hacer en


Maracaibo porque las ciudades afectadas por los motilones estaban en
“la última pobresa”363. Aunque se desconoce la respuesta a esta petición
muestra el criterio generalizado que para entonces se tenía del problema
que representaba para los hispano-criollos el avance y ocupación de las
tierras del sur de Lago de Maracaibo por los motilones y la salida de la
“conquista”, que había dado resultados negativos pero entonces se creía
que era la única forma de lograr el dominio en un territorio de frontera.

La proposición de Antonio Roxas


Don Juan Joseph de Roxas, regidor y iel ejecutor de la ciudad de Mé-
rida, acudió ante la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá en 1774, por
intermedio de su apoderado a los efectos de presentar a la consideración
de los funcionarios reales su proposición para la paciicación de los moti-
lones. En primera instancia se identiica como descendiente directo de los
conquistadores y primeros pobladores de Muzo, Vélez, Ocaña, Pamplona,
La Grita, la villa de San Cristóbal y San Faustino de los Ríos364.
En vista de tan ilustre linaje, don Juan Joseph exponía que era ne-
cesaria su persona por tan insigne y luchadora estirpe para lograr el
sometimiento de la nación bárbara motilona a cuyo efecto se proponía
fundar una nueva ciudad de hispano-criollos, ubicada en el camino de
las montañas que discurría entre Lagunillas y el puerto de Santa María,
a la que denominaría San Antonio de la Nueva Paz, situada como a
tres días de camino de la ciudad de Mérida y dos del puerto de Santa
María, en un paraje que ya tenía explorado, al que consideraba “…muy
saludable y abundante en maderas para fabricar innumerables casas,
también con sabanas para fundar haciendas de cacaos y hatos de gana-
dos y trapiches…”365.
363 AGNB. Misceláneas. SC, 39, 27, Doc. 33. Petición de Cristóbal de Costilla y Bohórquez, Mérida, (sf)
1754. ff. 453r-454v.
364 AGNB. Poblaciones Varias. SC. 45, 2, doc. 19. Nueva población de Juan Joseph Rojas. Santa Fe de
Bogotá, 22 de noviembre de 1774. ff. 846r-853r.
365 AGNB. Poblaciones Varias. SC 45, 2, doc. 19. Nueva población de Juan Joseph Rojas. Santa Fe de
Bogotá, 22 de noviembre de 1774. ff. 846r-853r.
136 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Entre las condiciones que disponía Antonio Roxas estaba establecer


la jurisdicción de la nueva ciudad de hispano-criollos entre los límites de
Gibraltar, es decir en Chimomó y hasta la desembocadura del Chama,
luego por las montañas hasta el viso de Estanques, es decir que incluía los
dos pueblos de indios de Lagunillas y Chiguará, que pertenecían a la ju-
risdicción de Mérida, que según las consideraciones de Rojas “tenía mu-
chos más”, en un dilatado espacio, y “no le hacían falta estos dos pueblos”.
En segundo término solicitaba ser la principal autoridad de la nueva
fundación, hereditaria por una vida para un sucesor suyo a quien él de-
signaría. Luego se reservaba para él por veinte años la explotación de la
sal del urao de la laguna de Lagunillas. Del mismo modo, requería co-
brar los derechos de peaje de un camino que construiría con destino al
puerto de Santa María, estimando un real por cada mula que transitara
por el mismo. Disponía asimismo de treinta familias para establecerse
en el nuevo pueblo, a cuyos pobladores se les debería entregar las tierras
en propiedad, respetando las que ya hubiesen sido otorgadas. Asimis-
mo, se le debería inanciar los recursos económicos para alimentar esa
población durante un año y los costos de entregarle cinco gallinas, un
gallo, un cerdo y una cerda a cada uno de los nuevos pobladores366.
Indudablemente lo fantasioso del proyecto de Roxas, era de tal mag-
nitud que en sus condiciones no expresaba como se defenderían los
nuevos pobladores de los motilones, ni tampoco como se les reduci-
rían, solo se limitaba a obtener los probables beneicios, que a su juicio
estaban solo para ser tomados sin ninguna diicultad. Por supuesto, la
propuesta fue rechazada por la Real Audiencia de Santa Fe367.

Las actuaciones de los virreyes de la Nueva Granada


Las actuaciones de los virreyes estuvieron determinadas por las po-
líticas militares que asumió la Corona española durante el transcurso

366 AGNB. Poblaciones Varias. SC 45, 2, doc. 19. Nueva población de Juan Joseph Rojas. Santa Fe de
Bogotá, 22 de noviembre de 1774. ff. 846r-853r.
367 AGNB. Poblaciones Varias. SC 45, 2, doc. 19. Nueva población de Juan Joseph Rojas. Santa Fe de
Bogotá, 22 de noviembre de 1774. ff. 846r-853r.
Luis Alberto Ramírez Méndez 137

del siglo XVIII. En el caso especíico de la Nueva Granada, aunque la


institución virreinal no fue continua porque se creó a principios de esa
centuria (1717), luego fue suprimida (1723) y después se reinstaló de-
initivamente en 1739, se puede apreciar una continuidad en la política
militar y defensiva que siguió el Estado español en ese territorio, en
particular en la Provincia del Espíritu Santo de La Grita, Mérida y ciu-
dad de Maracaibo, debido a las condiciones particulares de la misma,
al constituir un territorio de frontera, asediado y atacado tanto desde el
exterior como del interior.
En primera instancia, la situación experimentada durante la segunda
mitad del siglo XVII, periodo en el cual la denominada “Llave” ubicada
en la boca (o Barra) del Lago de Maracaibo, mirando al Caribe, hasta
el puerto de San Antonio de Gibraltar, como llave lacustre de la Pro-
vincia de Mérida y La Grita, era la posición defensiva más importante
de una pujante y promisoria región que interrelacionaba la frontera
entre el Nuevo Reino de Granada y la Provincia de Venezuela, lo cual
despertó la codicia de mercenarios al servicio de las potencias enemigas
de España, por tanto debió ser defendida con la construcción de las for-
talezas a ambos lados de la barra para impedir el acoso de los piratas y
bucaneros368. Aunado a lo expuesto, desde inales del siglo XVII se tuvo
que enfrentar la avanzada motilona en el sur del lago de Maracaibo, lo
cual requirió de la atención tanto de las autoridades locales, provinciales
como de las virreinales.
Durante el siglo XVIII, hubo cierta continuidad en la estrategia
militar y defensiva del imperio español. Pero debido a las crecientes
tensiones a nivel internacional que se experimentaron en la mitad de
esa centuria, se implementó un nuevo diseño de la táctica defensiva
del imperio español, cuya principal preocupación fue detener la po-
lítica expansionista de Inglaterra hacia América. En ese sentido, hubo
una dualidad en las maniobras diseñadas por España para defender sus
dominios de ultramar, una en la parte marítima y otra en los espacios

368 Ramírez Méndez, Luis Alberto, La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. La villa y puerto de
San Antonio de Gibraltar… T. I. pp. 104-110.
138 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

terrestres. De ese modo, se enfrentaba el escenario externo dominado


por la inluencia inglesa, no sólo como amenaza a las llaves del sistema
defensivo hispano y también como un potencial aliado en las conspi-
raciones criollas que amenazaban la estabilidad imperial hispánica en
América. Por ello, al diseñarse las acciones preventivas en materia de-
fensiva las autoridades provinciales y virreinales procedieron con una
actuación diferenciada.
Las primeras obras defensivas se conformaron mediante la sucesiva y
constante construcción de baluartes y fortalezas dispuestas en las costa-
neras en cuyas instalaciones se crearon y emplazaron las fuerzas militares
con características peculiares. De ese modo, los estrategas castrenses his-
pánicos concibieron la protección de los territorios de ultramar como
una cadena de llaves entre las cuales se hallaba la barra de Maracaibo,
denominada como “la llave antemural de la Tierra Firme”369.
La principal amenaza a esta llave fundamental, durante la primera
mitad del siglo XVIII, la constituía la avanzada motilona, ante la cual
las autoridades políticas administrativas locales y provinciales de la pro-
vincia del Espíritu Santo de La Grita de Mérida y ciudad de Maracaibo
habían sido incapaces someter370. En vista que esa agresión desaiaba la
estabilidad de una de las provincias que era el ante mural del virreinato
y parte importante del resguardo defensivo y ofensivo del mismo, se
determinó la intervención directa de los virreyes de la Nueva Granada.
En lo fundamental, los virreyes solicitaron informes pormenorizados
de los emplazamientos y ataques de los motilones y del mismo modo las
causas del continuado fracaso en el sometimiento de los naturales. Con
tales propósitos, actuó don Jorge de Villalonga, en 1717, quien requirió
al gobernador Guillermo homas de Roo de la cuantía de los recursos
económicos y armamentos que se necesitaban para someter a los “bárba-

369 Suárez Santiago-Gerardo. Marina, Milicias y Ejército en la Colonia. Caracas, Talleres Tipográficos de la
Caja de Trabajo Penitenciario, 1971.
370 AGNB. Misceláneas. T. 27. Informe de Diego Fernández Carrasquero procurador de Maracaibo. Mara-
caibo, s/f. 1711. ff. 937r-944r.
Luis Alberto Ramírez Méndez 139

ros”371. En respuesta a ese mandato, el gobernador convocó a los capitu-


lares y hacendados a un cabildo abierto para que recoger las informacio-
nes requeridas372. Sin embargo, esas actuaciones fueron temporalmente
interrumpidas cuando se suprimió el virreinato desde 1723 hasta 1739.
Aunque durante el expresado período desapareció la autoridad vi-
rreinal, en la cuarta década del siglo XVIII se agregó un nuevo factor
que hizo más álgida la situación ocasionada por la dominación motilona
sobre el sur del lago de Maracaibo. Esas nuevas tensiones se originaron
debido al notable crecimiento que tuvo la producción de cacao, melo-
tes, azúcar en los valles de Cúcuta373, cuyos asentamientos motivaron la
fundación de San José del Guasimal en 1733374, la cual fue promovi-
371 Gobernó entre 1717 y 1723, era de origen holandés. Morón Guillermo, Gobernadores y capitanes gene-
rales de las provincias venezolanas. 1498-1810. Caracas. Editorial Planeta, 2003, p. 172.
372 AGNB. Misceláneas. T. 27. Informe de Diego Fernández Carrasquero procurador de Maracaibo. Mara-
caibo, s/f. 1711. ff. 937r-944r.
373 “Figuraban diez estancias, Tochalá y Guazimales cuya dueña era Juana de Cuéllar, quien había donado
parte de la primera para la fundación del pueblo de San José; La Garita, de Juan Lara Jovel; una ubicada
en el sitio del Pescadero, de Bernardo de Leiva y Juan J. Colmenares; otra en la Vega [hoy llamada El
Resumen), de Francisco Ranjel de Cuéllar; en San Isidro, de Manuel Ramírez de Arellano; en el Rodeo,
de Francisco Díaz de Mendoza; en Morante, de Andrés Ranjel; a orillas del río Zulia, de Javier de Abreco,
Juan Orozco y Tomás Rodríguez, y en el Volador, de Luisa Orozco, Gaspar Zambrano, Ignacio Rivera y
Nicolás Ranjel Para el momento, según la misma fuente residían en el poblado treinta y dos vecinos”.
Quintero Urdaneta, Arlene, San José de Cúcuta en el comercio marabino del siglo XIX. p 248. Disponi-
ble en, [Link]/descarga/articulo/[Link].
374 “En el valle de Cúcuta, en torno a la red fluvial del Zulia-Pamplona-Pamplonita, existían otros poblados.
Entre ellos destacaba un caserío llamado Cúcuta al margen derecho del río Zulia cuyo origen se remon-
taba al período de conquista. Cúcuta fue fundado por habitantes de San Cristóbal y Pamplona que al
establecerse dieron origen a extensos y ricos hatos y haciendas que producían para su propio consumo
y para el comercio. Sin embargo, se veían seriamente afectados por el desbordamiento del río Pamplo-
nita en invierno que arrasaba las cosechas, obstaculizaba la movilización de los propietarios y de los
trabajadores que en su mayoría residían en este poblado, impedían la asistencia regular a los servicios
religiosos y el comercio. La necesidad de un mejor sitio de asentamiento y la búsqueda de un adecuado
puerto que le permitiera el comercio por el Zulia fueron dos valiosas razones que impulsaron la funda-
ción de San José de Guasimales en 1733 y del Puerto de Los Cachos en 1759. Para este momento -ya
existían en el valle riquísimas estancias en donde se cultivaba el cacao, el maíz, la yuca y toda suerte de
legumbres. Se criaban mulas y caballos que lograron aceptación y fama en la propia capital del Virreina-
to. Y vacunos de magnífico rendimiento”. Quintero, Urdaneta Arlene, San José de Cúcuta en el comercio
marabino del siglo XIX. pp. 248-249. Disponible en, [Link]/descarga/articulo/[Link].
140 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

da por los hacendados, quienes argumentaron que la nueva población


serviría de frontera a los indios motilones, quienes tienen invadidas y
asoladas muchas haciendas y detendría sus continuos asaltos375.
Ese nuevo asentamiento urbano fue una consecuencia inmediata y pre-
visible de la expansión agrícola que se había desarrollado en los valles de
Cúcuta, la cual le había permitido a los hacendados tanto de cacao como
de caña de azúcar incrementar su producción, constituyendo a inales del
siglo XVIII una de las regiones que exportaban considerables cantidades
de esos productos, los cuales eran transportados sobre las corrientes del río
Zulia con destino al comercio que se realizaba a través del puerto de Ma-
racaibo, desde donde se estimaba que salían con destino a Veracruz 8.000
fanegas anuales de aquellos productos, a mediados del siglo XVIII376.
A partir de 1739, con la reinstauración del Virreinato de la Nueva
Granada, los virreyes debieron enfrentar y resolver una situación extre-
madamente difícil, debido a la notable reducción en el volumen de las
exportaciones de cacao procedente de los valles de Santa María, San
Pedro, Bobures y Chama, por ende, de las recaudaciones impositivas
que ingresaban a las cajas reales, por cuya razones se ocasionaba una
substancial reducción en los rentas destinadas a la administración virrei-
nal. Ese notable descenso de las gabelas se debió a los repetidos fracasos
en la conquista de los motilones, quienes habían ocasionado la ruina
de las haciendas, la disminución de la producción de cacao y además,
la inseguridad en el tránsito de los productos a través de los caminos y
los embarques que surcaban los acuíferos del sur del lago de Maracaibo.
A pesar de los constantes reclamos de los cabildos y de las repetidas
“salidas” que se habían efectuado, en 1745 el avance de los motilones
se mantenía y manifestaba tal expansión que los naturales abarcaban
su mayor radio de inluencia. Durante ese mismo periodo, se calculaba
375 Guerrero M., Amado Antonio (et. al.), Los pueblos del cacao, orígenes de los asentamientos urbanos en el
oriente colombiano, Bucaramanga, Universidad Industrial de Santander, Escuela de Historia y Fondo Mixto
de Promoción de la Cultura y las Artes del Norte de Santander, 1998. p. 47; Martínez Garnica Armando, El
régimen del resguardo en Santander, Bucaramanga, Gobernación de Santander, 1993. pp. 70-73.
376 Guerrero M., Amado Antonio (et. al.), Los pueblos del cacao, orígenes de los asentamientos urbanos en el
oriente colombiano… p. 47; Martínez Garnica Armando, El régimen del resguardo en Santander... pp. 70-73.
Luis Alberto Ramírez Méndez 141

que el abandono de las haciendas cacaoteras del sur lago de Maracaibo


era de tal magnitud que a pesar de contar con más de un millón de
árboles de cacao, apenas se disponía de 300 esclavos para su cuidado,
lo cual solo alcanzaba para atender las cosechas de 300.000 árboles, por
cuya razón la mayor parte de los frutos se perdían sin ser recolectados377.
La ruina que experimentaba la provincia se podía apreciar, al com-
parar las cifras de exportación de los productos de la misma. En ese
sentido, se airmaba que 1683, habían sido insuicientes 20 embarca-
ciones grandes para transportar las cosechas de cacao a diferencia de
1745, cuando se podían cargar dos medianas debido al abandono de
las extensas y productivas haciendas en la jurisdicción del Gibraltar y
valle de Chama378. Al mismo tiempo, se acrecentaba el constante asedio
indígena a los comerciantes que recorrían los caminos reales para trans-
portar mercancías, por cuya razón muchos de ellos habían desistido de
realizar tal actividad por el peligro a que se exponían. Por esa razón, el
virrey Sebastián de la Eslava informó a la Corona sobre el delicado esta-
do de seguridad en la provincia y solicitó al monarca que autorizara la
introducción de 5000 esclavos negros, cuyo costo debía ser inanciado
a los hacendados, con un plazo de pago de 5 años, por las cajas reales,
con el objetivo de que se pudieran realizar el cultivo de las haciendas
cacaoteras en los valles de Santa María, San Pedro, Gibraltar, repoblar el
valle de Chama e impedir el progresivo deterioro de la producción y del
comercio, y por tanto la creciente disminución de los ingresos reales379..
Pero aunque la solicitud de Sebastián de la Eslava fue respondida air-
mativamente, a pesar que solo se permitió el ingreso de 1200 africanos,
esa grave y preocupante situación, motivó que la Corona ordenara la in-
tervención directa de los sucesivos virreyes de la Nueva Granada, como lo
fueron José Manuel Solís Folch de Cardona y José Alonso Pizarro quienes
377 AGNB. Poblaciones Varias. T. 5. Informe de Francisco Miguel Collado, Gobernador de la Provincia de
Mérida y La Grita. Maracaibo, 23 de mayo de 1745. f. 432v.
378 AGNB. Poblaciones Varias. T. 5. Informe de Francisco Miguel Collado, Gobernador de la Provincia de
Mérida y La Grita. Maracaibo, 23 de mayo de 1745. f. 432v.
379 AGNB. Poblaciones varias. SC 46, 5, D. 91. Comunicación del Gobernador Francisco Miguel Collado al
virrey don Sebastián de la Eslava Maracaibo, 5 de julio de 1749. ff. 437v-438r.
142 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

requirieron la inmediata conquista de los motilones; por tanto urgieron al


gobernador de la provincia del Espíritu Santo de La Grita y Mérida para
dar protección a los mercaderes, hacendados y las vías de comunicación380.
Adicionalmente, el virrey Pizarro exigió al gobernador Francisco de
Ugarte que iniciara un programa de ocupación efectiva del territorio.
El gobernador prometió cumplir con las órdenes del virrey, pero aque-
llas acciones militares ocasionaron nuevas hostilidades por parte de los
motilones, lo que se tradujo en una mayor reducción de los embarques
de cacao y en consecuencia, de la recaudación en los impuestos reales381.
Del mismo modo, el gobernador explicaba que su incapacidad para
cumplir con las órdenes virreinales se debió a los reducidos aportes de
capital para costear los suministros alimentos, armas y municiones de-
bido a las sustanciales bajas en la exportación del cacao, por cuya causa
las cajas reales de Maracaibo estaban vacías, por lo que solicitó se le
enviaran remesas de dinero desde las arcas virreinales. Pero la petición
fue respondida con la negativa debido a que las cajas reales de Bogotá
carecían de capitales para inanciar tales “salidas”, lo cual las hizo invia-
bles y por tanto las instrucciones virreinales quedaron en suspenso382.
Durante la segunda mitad del siglo XVIII, las reformas militares y
defensivas borbónicas se impusieron con mayor fuerza. Por esa razón,
en 1771, el virrey don Pedro Messía de la Cerda, ordenó expediciones
integradas por cientos de hombres armados con la inalidad de someter
a los indígenas en Río de Hacha y la Goajira. Su sucesor don Manuel
Guirior mantuvo ese énfasis militar al establecer emplazamientos simi-
lares a los presidios de la Nueva España. Mientras el virrey Antonio Ca-
ballero y Góngora continuó con los intentos castrenses en la conquista
de los cunas del Darién y el Chocó383.
Pero a diferencia de regiones de fronteras indígenas, ubicadas al nor-
te de la Nueva Granada, en las provincias de Santa Marta y el Espíritu
380 Lance Raymond Grahn, Indian pacification in the Viceroyalty of New Granada, 1740-1803… pp. 122-123.
381 Ídem.
382 Ídem.
383 Ídem.
Luis Alberto Ramírez Méndez 143

Santo de Mérida, los virreyes ordenaron un tratamiento distinto con los


indígenas, demostrando con ello que las políticas militares hispánicas
no tuvieron una aplicación uniforme en las fronteras imperiales. Aun-
que las frecuentes hostilidades indígenas en las expresadas provincias,
protagonizadas por los chimilas384 y motilones, cuyos territorios estaban
evidentemente libres de la inluencia británica, por cuya razón las au-
toridades españolas utilizaron los métodos de paciicación basados en
la reducción de los indígenas bajo la colonización de civiles385, en cuyas
actuaciones los militares solo actuaron en caso de controlar los eventua-
les ataques de los aborígenes.
De ese modo, en la provincia del Espíritu Santo de La Grita y Mérida,
el interés por imponer las reformas militares fue evidente en 1778, cuan-
do el brigadier de infantería Agustín Crame presentó el Plan de Defensa
para la Provincia de Maracaibo, cuyo objetivo estaba dirigido a continuar
con la política de “paciicación” contra los motilones, en el territorio del
sur del lago de Maracaibo, al igual que el resguardo de la costa lacustre
adyacente a la barra del lago de cualquier tentativa de invasión extranjera.
En el plan de defensa de Crame para la provincia del Espíritu San-
to de La Grita de Mérida se asentaba en la consideración que ésta no
sólo una importante área de producción e intercambio comercial, sino
también un espacio geopolítico clave en el ámbito defensivo en la Amé-
rica meridional. Asimismo, describía que la región fronteriza, tenía una
pujante actividad comercial, por cuya razón sus puertos requerían de
óptimas condiciones de seguridad y defensa, con la inalidad de con-
trarrestar el contrabando y proteger a las embarcaciones de agresiones
externas. El estratega opinaba que “…esta Provincia como llave de inte-
rior de las restantes de toda esta Capitanía General y hasta del Virreina-
to de Santa Fe motivo por el qual se debe poner una especial vigilancia
en su fortiicación y Guarniciones…”386.
384 Niño Vargas Juan Camilo, “Ciclos de destrucción y regeneración: experiencia histórica de los ette del
norte de Colombia”. En: Historia Crítica: Nº 35, 2008. pp. 106-129.
385 Lance Raymond Grahn, Indian pacification in the Viceroyalty of New Granada, 1740-1803… pp. 122-
123.
386 Suárez Santiago-Gerardo, Fortificación… p. 388.
144 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Diez años más tarde, en un informe detallado elaborado por el go-


bernador de Maracaibo destacaba la conformación de milicias armadas
permanentes para el resguardo de la población y las ciudades hispa-
no-criollas de las eventuales amenazas de ataques indígenas. Con tal
objetivo, se había creado la 4ª compañía de milicias, integrada por dos
escuadrones compuestos cada uno por cincuenta artilleros milicianos
para un total de cien hombres, quienes debían estar disciplinados a in
de resguardar las reducciones motilonas, establecidas en las márgenes de
los ríos Zulia y Catatumbo387.

Las actuaciones de los gobernadores de la Provincia de


Mérida, La Grita y ciudad de Maracaibo
En la dirección político militar de las provincias hispánicas, la Corona
conformó una estructura de poder integrada por órganos y funcionarios
representantes de la autoridad real. Al frente de ellas y con el máximo
rango se colocó a un gobernador y capitán general, quien desempeñaba
la administración de los recursos, custodiaba la paz, regentaba la justi-
cia y guardaba la integridad de los territorios bajo su mando. Además,
ejercía la función militar tanto en la ofensiva como la defensiva, por esa
razón, se coniaba esas tareas a personajes de cierta relevancia en la pe-
nínsula, quienes poseían disciplina, experiencia militar y conocimientos
sobre las maniobras en las fortiicaciones388. Entre otras atribuciones
conferidas a los gobernadores, se les asignaba las de reclutar y avituallar
tropas (llamamiento, alardes, muestras y reseñas); mantenimiento de
cuarteles y hospitales militares; construcción de fuertes; provisión y des-
pachos de las armadas, así como todas las demás actividades vinculadas
con la seguridad y defensa del dominio hispánico.

387 Ibídem. pp. 312-318.


388 Cfr. Sucre Luis Alberto. Gobernadores y Capitanes Generales de Venezuela. Cara-
cas, Litografía Tecnocolor, 1964; Morón Guillermo. Gobernadores y Capitanes Generales
de las Provincias Venezolanas (1498-1810). Caracas. Planeta, 2003; Suárez Ramón Darío.
“Gobernadores de Mérida”. En: Burelli Rivas Miguel Ángel (Dir.). “Junta Conmemorativa del Sesquicen-
tenario de la Campaña Admirable”. Revista Libertador (1813-1963) Mérida, Talleres Gráficos
Universitarios, 1963. pp. 201-210.
Luis Alberto Ramírez Méndez 145

Por esa razón, desde inales del siglo XVII y la primera mitad del
XVIII, las actuaciones militares fueron directamente ordenadas por los
gobernadores de la provincia del Espíritu Santo de La Grita y Mérida,
con residencia en Maracaibo, quienes instruyeron a los cabildos de las
ciudades para que hicieran las respectivas levas de soldados y realizaran los
“castigos” a los indios motilones que asaltaban los caminos, asolaban las
haciendas, atacaban los poblados y asesinaban los esclavos y domésticos.
Con la inalidad de proporcionar esa protección tan importante para
mantener las unidades de producción, los gobernadores continuamente
dispusieron la convocatoria a “salidas” mediante las publicaciones de
bandos de buen gobierno en Maracaibo, convocando a sus pobladores
para que aquellos que voluntariamente desearen acudir en calidad de
guardias y rondas lo hicieran, recompensándolos con el salario de ocho
pesos mensuales, además de su sustento y municiones, o bien mediante
órdenes directas enviadas a los alcaldes de los cabildos seculares de Mé-
rida, La Grita, Gibraltar y la villa de San Cristóbal, los que se repitieron
en reiteradas ocasiones convocando a los voluntarios a alistarse389 para
detener a los motilones, quienes dominaban aquellos espacios.
De ese modo, en 1695, el gobernador Gaspar Mateo de Acosta390,
procedió a ordenar una “salida” al cabildo de La Grita, la que se efectuó
con un costo de más de dos mil pesos, con el propósito de defender las
haciendas cacaoteras que se ubicaban en los valles de Chama, Onia,
Morotuto y Carira, por lo cual el gobernador socorrió a la ciudad con
balas y pólvora para que se efectuara la expedición391.
Ulteriormente en 1707, don Laureano de Ezcaray392, nombró como
389 AGNB. Misceláneas. T. 27 Informe de Diego Fernández Carrasquero procurador de Maracaibo. Mara-
caibo s/f. 1711. ff. 937r-944r.
390 Laureano de Ezcaray, gobernó entre 1703 y 1708, acusado de asesinato, embargo de bienes de los
vecinos, torturas, violación de solteras, casadas y viudas, de insultar al clero, al cabildo, a la audiencia
y hasta el mismísimo Felipe V, fue detenido y reducido a prisión en el castillo de la barra. Morón Gui-
llermo: Gobernadores y capitanes generales de las provincias venezolanas. 1498-1810. pp. 170-171.
391 RPET. Archivo de La Grita. T. XVII, 1707-1709. Leg. 1. Acta de cabildo. La Grita, noviembre de 1708.
f. 54r.
392 Gaspar Mateo de Acosta, gobernó entre 1693 y 1703, no concluyó su periodo de gobierno y fue sus-
146 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

cabo de la conquista de los motilones a don José Laberni, quien se pre-


sentó ante los capitulares de La Grita, a los efectos de armar una “salida”.
El vecindario contribuyó a aquella expedición con soldados cargueros y
sobresalientes, quienes lo acompañaron hasta el río Onia, cuyos fangales
y anegadizos les impidieron avanzar, a pesar de haber visto los “rastros
frescos” que habían dejado los motilones a su paso por aquellas veredas.
Pero, en esa ocasión, los maltratos de Laberni en contra de los volunta-
rios que le acompañaban suscitaron la oposición del cabildo de La Grita,
cuyos alcaldes les siguieron una averiguación; al parecer en esta “salida”
no se logró absolutamente nada y se gastaron importantes recursos por
los cuales estaban muy disgustados los vecinos de La Grita393.
Años después en 1717, el gobernador José de la Rocha Ferrer394 or-
denó una “salida” que fue armada con ochenta hombres al mando de
don Diego Ramírez, como cabo principal para someter a los indios que
asolaban los valles de San Pedro y Santa María395, pero aunque esa “sali-
da” se efectuó, también tuvo dudosos resultados396. En ese mismo año,
el gobernador Guillermo homas de Roo, convocó a los capitulares y
hacendados del sur del lago de Maracaibo a un cabildo abierto para que
enviaran las informaciones requeridas a los efectos de solicitar el auxilio
del virrey para proceder al sometimiento de los motilones, y también
ordenó una “salida” en los valles de San Pedro y Santa María397, la que se
armó a expensas de los vecinos y residentes afectados en aquellos valles,
para lo cual el gobernador convocó un alistamiento en la población de
tituido por varios interinos. Morón Guillermo: Gobernadores y capitanes generales de las provincias
venezolanas. 1498-1810… p. 170.
393 RPET. Archivo de La Grita. T. XVII, 1707-1709. Leg. 1. Acta de cabildo. Maracaibo, 1 de marzo de 1726.
f. 54r.
394 José de la Rocha Ferrer, gobernó entre 1712 y 1717, nacido en Cartagena de Indias, concluyó las obras
del castillo de Nuestra Señora del Carmen y Santa Rosa de Zaparas. Morón Guillermo: Gobernadores y
capitanes generales de las provincias venezolanas. 1498-1810… p. 171.
395 AGI. Santo Domingo 668. Testimonio del título de Juan Chourio ante don Diego Manuel de Eiguazabal.
Maracaibo, 24 de abril de 1717. ff. 1r-2v.
396 AGNB. Misceláneas. T. 27. Informe de Diego Fernández Carrasquero procurador de Maracaibo. Mara-
caibo, s/f. 1711. ff. 937r-944r.
397 AGI. Santo Domingo. 688, Acta del cabildo de Maracaibo. Maracaibo, 25 de mayo de 1716. ff. 3v-5r.
Luis Alberto Ramírez Méndez 147

Maracaibo, prometiendo a los voluntarios que se les cancelarían el suel-


do de ocho pesos mensuales, pero nadie acudió a la solicitud, a pesar de
que había numerosos desocupados y ociosos en el puerto398.
Posteriormente, en 1726, el gobernador Manuel Fernández de la
Casa399 en respuesta a las continuadas avanzadas motilonas en los valles
de Chama, Torondoy, Río de Castro y las inmediaciones en Gibraltar,
ordenó a los alcaldes de las ciudades de La Grita, Gibraltar, Mérida y
la villa de San Cristóbal proceder al alistamiento de soldados e iniciar
una “salida” para reducir a los indómitos motilones que amenazaban a
la jurisdicciones provinciales. Las instrucciones de Fernández de la Casa
eran precisas en cuanto a que la expedición debería partir simultánea-
mente desde todas las ciudades hacia las tierras que ocupaban los moti-
lones y con un efecto envolvente, asediar a los naturales y reducirlos400.
Por su parte, los vecinos de La Grita respondieron al gobernador
Fernández de la Casa que estaban en extrema pobreza; por esa razón,
requerían de los auxilios económicos de la Corona, y pidieron que se
aplicaran los ingresos por impuestos que se recaudaban en la jurisdic-
ción por el espacio de diez años consecutivos para el sometimiento de
los motilones. Esa petición se asentaba en la concesión realizada por el
Rey, publicada mediante una real cédula otorgada hacía algunos años a
los vecinos de la provincia, mediante la cual se concedía recursos mone-
tarios para someter a los indios, y que ésta había tenido vigencia duran-
te algún tiempo. Esos ingresos habían permitido cubrir los gastos que
ocasionaban la adquisición de las armas empleadas en algunas entradas,
398 La situación de ociosidad en el puerto de Maracaibo fue resaltada inclusive por José Domingo Rus,
quien en 1796, expresaba que Maracaibo tenía una población de 28 a 30.000 almas “… de las 30 mil
poco más o menos esclavos, pocos indios, y las dos terceras partes de lo restante, las más de ellas sin
ocupación…” “Informe sobre la provincia de Maracaibo hecho por José Domingo Rus, año de 1794”.
En: Relaciones geográficas de Venezuela. Caracas. (Colección Fuentes para la Historia Colonial de Ve-
nezuela. 70) Recopilación, estudio preliminar y notas de Antonio Arellano Moreno. Academia Nacional
de la Historia, 1964. p. 466.
399 Manuel Fernández de la Casa, recibió la gobernación del Espíritu Santo de La Grita de Mérida y ciudad
de Maracaibo, el 9 de septiembre de 1723 y la entregó el 5 de febrero de 1729. Morón Guillermo: Go-
bernadores y capitanes generales de las provincias venezolanas. 1498-1810… p. 172.
400 RPET. Archivo de La Grita. T. XVII, 1707-1709. Leg. 1. Acta de cabildo. Maracaibo, 1 de marzo de 1726. f. 50r.
148 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

efectuadas tanto por los vecinos de La Grita como por los de San Fausti-
no de los Ríos en contra de los indios que poblaban el espacio compren-
dido desde los ríos de Sardinata, hasta el Catatumbo, río abajo de Zulia
y Pamplona, cordilleras de Ocaña, y las de La Grita. Esos territorios se
extendían a una banda y otra del río Zulia401.
Además, los cabildantes y en especial don Bartolomé Guerrero de
Lebrillos, sargento mayor y cabo principal en la conquista de los moti-
lones expresaron que habían acudido ante el Cabildo Catedral de Santa
Fe, y junto al vecindario de La Grita, había logrado recaudar 4.037 pe-
sos, destinados a construir un camino, cuyo trazado se extendería desde
La Grita hasta el Lago de Maracaibo y atravesaba el valle del Chama,
cuya vía era la más expedita para el transporte de los productos, en espe-
cial del cacao producido en la jurisdicción de aquella ciudad; apostados
en ese camino aspiraban someter a los indómitos naturales402.
Consecutivamente en 1729, el gobernador don Ignacio Torreiro y
Montenegro403, se dirigió al monarca, expresando la preocupante situa-
ción de la “…ostilidad de los naturales bárbaros motilones que repeti-
damente ban introduciéndose en las haziendas”, solicitando la atención
regia al respecto. En respuesta a esa petición, la Corona le instruyó para
que realizara otra de las consabidas “salidas” a las montañas, para cuya
inalidad debería instruir a los vecinos de las poblaciones afectadas y los
voluntarios los alistaría en conjunto con las milicias regulares bajo su
mando. La “salida” debería construir las veredas por las cuales transita-
rían, desmalezando el terreno y estableciendo apostaderos y avanzadas.
Los alimentos y municiones deberían ser facilitados por los vecinos y
los pertrechos deberían ser sustraídos de los guardados en las fortalezas
reales, y en caso de carecer de ellos, en los almacenes reales se dispuso
que se enviaran nuevos armamentos404.
401 RPET. Archivo de La Grita. T. XVII, 1707-1709. Leg. 1. Acta de cabildo. Maracaibo, 1 de marzo de 1726. ff. 50r-v.
402 RPET. Archivo de La Grita. T. XVII, 1707-1709. Leg. 1. Acta de cabildo. La Grita, 10 de febrero 1726. ff.
102r-104v.
403 Francisco Miguel Collado, teniente coronel, 18 años de servicio gobernó entre 1746 y 1751. Morón
Guillermo, Gobernadores y capitanes generales de las provincias venezolanas… p. 174.
404 AGNB. Caciques e indios. T. 62, doc. 19. Pacificación de indios motilones. Real Cédula. Soto de Roma,
Luis Alberto Ramírez Méndez 149

En virtud de las reales instrucciones, se dispuso una “salida” que se


dirigió nuevamente hacia los valles de Chama y Onia al mando del capi-
tán Diego Martín de Molina, quien había iniciado su expedición desde
Maracaibo; pero al llegar a aquellos lugares, la mayoría de los soldados
que le acompañaban enfermaron de calenturas. En esa contingencia, so-
licitaron el auxilio del cabildo de La Grita405, a cuya cámara edilicia le
pidieron la ayuda de veinte soldados y diez peones para que acudieran
al socorro de los enfermos que estaban en peligro de muerte. El cabildo
envió los respectivos refuerzos comandados por el capitán Jorge José de
Molina, a cuyo cuidado y disposición fueron los infantes hasta llegar al
valle de Chama en donde le entregó al capitán Diego Martín de Molina
lo necesario con “…las demás prevenciones de avíos…”406. De ese modo,
esta expedición tan costosa, también inalizó en un rotundo fracaso.
A pesar de todos esos esfuerzos militares de los hispano-criollos, los
motilones avasallaban el sur del lago de Maracaibo. Por esa razón, reite-
radamente los vecinos de la villa de San Cristóbal, San Faustino de los
Ríos y San José de Cúcuta, cuya creciente producción agraria necesaria-
mente debería recorrer el río Zulia para llegar al puerto de Maracaibo,
se dirigieron al gobernador don José Valderrama y Haro407, para que
15 de mayo de 1730. f. 286r-v.
405 La solicitud de auxilio al cabildo de La Grita fue remitida en estos términos, “…por cuanto tenemos
la noticia cierta de que el capitán Diego Martín de Molina quien viene de la ciudad de Maracaibo con
órdenes del señor gobernador y capitán general de esta provincia para que prosiga el seguimiento y
rechazo de los indios infieles de nación motilona y viniendo a ejecutarlo se a hallado varado en el Valle
de chama a causa de haberle enfermado la mayor parte del campo que traía de calenturas de que nos ha
dado noticia y pide que con la mayor brevedad que sea posible se le remita un campo de veinte soldados
y diez peones, sin que en esto haya falta ninguna ni dilación, por el riesgo en que se halla, así de los
dichos indios como de que le fallezcan los soldados para cuyo campo dice tiene los avíos necesarios
dados por el señor gobernador…” RPET. Archivo de La Grita T. XX. Legajo 10. Cuaderno contentivo
de diversas providencias del gobernador de la provincia de Maracaibo y de los alcaldes de la ciudad
de La Grita sobre preparar una expedición que salga a contener las frecuentes irrupciones de los indios
motilones. La Grita, 20 de enero de 1731. f. 3r.
406 Ídem.
407 Don José de Valderrama y Haro, capitán de caballos y caballero de la orden de Calatrava, gobernó desde
1734 hasta 1738, protagonista de una sucesión ininterrumpida de abusos, irregularidades y atropellos,
falleció en el ejercicio del cargo por cuya razón fue sustituido por los alcaldes ordinarios de Maracaibo. Mo-
150 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

prestara seguridad a las embarcaciones que circulaban por esa vía luvial
lacustre. En respuesta a esas solicitudes, se ordenaron nuevas “salidas”
e, inclusive, el gobernador encabezó una, en la que fue emboscado por
los motilones aliados con lo yguaraes en el sitio de Estanques, de la cual
pudo salir con vida el mismo gobernador por el auxilio que le prestaron
desde Bailadores, los vecinos de aquel poblado.
En retaliación el gobernador Valderrama y Haro, en medio de una
desmedida reacción, el gobernante ordenó destruir al pueblo de los
iguaraes, arrasar su iglesia, trasladar sus vasos sagrados y condenar a la
horca a los caciques que presidían a los naturales, lo cual fue desapro-
bado por la autoridades reales en el Consejo de Indias, que ordenaron a
Valderrama que de sus propios recursos reconstruyera el poblado en el
mismo sitio, o en uno mejor, y restituyera en sus funciones a los caci-
ques, debido a lo descomunal de su castigo en contra de los yguaraes408.
Ulteriormente, en 1747, el gobernador don Francisco Miguel Co-
llado409, informó al virrey Sebastián de la Eslava y al monarca de la de-
plorable situación que enfrentaba la provincia debido al avance de la
ocupación motilona. Collado explicaba que debido al notable descenso
que había experimentado la exportación de los productos, especialmente
el cacao, cuyas haciendas estaban prácticamente abandonadas, mientras
las labranzas de tabaco de Barinas estaban casi pérdidas y el poco fruto
que se lograba cosechar se destinaba al contrabando con holandeses por
la costa de Caracas. Entre tanto, la vainilla y el añil se perdían en el mon-
te por la carencia de mano de obra que la recolectase y las productivas
haciendas del valle de Chama, estaban abandonadas desde 1703, debi-
do a la “barbaridad de los indios motilones”. El gobernador se quejaba
amargamente que Maracaibo carecía de cabildo, padrón de vecindario,
ministros, médicos, muelle, carnicería y otras cosas precisas410
rón Guillermo, Gobernadores y capitanes generales de las provincias venezolanas. 1498-1810… p. 173.
408 Lizarralde, Roberto, “El castigo de los indios yguaraes… pp. 377-396.
409 Gobernó entre 1746 hasta 1751. Morón Guillermo, Gobernadores y capitanes generales de las provin-
cias venezolanas. 1498-1810… p. 174.
410 AGNB. Poblaciones varias. SC 46, 5, D. 91. Testimonio de Juan Bautista Marín de Robles. Maracaibo,
17 de julio de 1750. ff. 426v-427.
Luis Alberto Ramírez Méndez 151

Adicionalmente, Collado consideraba que en la provincia había


aproximadamente un millón de árboles de cacao, pero solo se conta-
ba con 300 esclavos, por cuya razón se perdía la cosecha de más de
700.000 árboles, por cuyo razón solicitó al monarca que se introdujeran
5.000 esclavos, cuyo costo debería ser inanciado a los hacendados por
cinco años a los efectos que se recuperaran las haciendas abandonadas y
se resistiera la ofensiva de los motilones411. La solicitud fue respondida
con una real cedula mediante la cual se autorizaba la introducción de
1200 esclavos, los cuales fueron inanciados por 5 años, con los ingresos
de las reales cajas de Veracruz, a los efectos de repoblar las haciendas de
Gibraltar, los valles de San Pedro y Santa María412..
Durante los años comprendidos entre 1747 a 1750, Collado tuvo
que enfrentar la temida avanzada indígena que el mismo caliicó como
“más ynsolente que nunca”, y por eso requirió que el virrey don Sebas-
tián de la Eslava le remitiera “alguna porción de dinero” con que hacer
la guerra formalmente, aunque reconoció lo que ya era un hecho consu-
mado, que para entonces solo podía “contenerse o ahuientarse” la ocu-
pación motilona, lo cual revelaba la incapacidad de los hispano-criollos
para defenderse de los sucesivos y frecuentes ataques de los naturales.
Además, el gobernador confesó uno de los más inquietantes temores de
las autoridades provinciales, al considerar que si no lograban introducir
los africanos para defender las haciendas del sur del lago de Maracaibo
dudaba “que Gibraltar y Santa María duren dos quinquenios”413.
En respuesta a la desesperada y delicada situación, Francisco Miguel
Collado ordenó otra “salida”, que tendría la participación de dos grupos
de soldados, el primero se acantonaría en el valle de Santa María, y el
segundo en la ciudad de La Grita. El primer grupo debía llevar alimen-
tos para un mes de estadía, mil cartuchos y cien piedras de repuesto y se
411 AGNB. Poblaciones varias. SC 46, 5, D. 91. Comunicación al Rey del Gobernador Francisco Manuel
Collado. Maracaibo, 23 de julio de 1747. ff. 432r-437v.
412 AGNB. Poblaciones varias. SC 46, 5, D. 91. Testimonio de Juan Bautista Marín de Robles. Maracaibo,
17 de julio de 1750. ff. 426v-427.
413 AGNB. Poblaciones varias. SC 46, 5, D. 91. Comunicación del Gobernador Francisco Miguel Collado al
virrey don Sebastián de la Eslava Maracaibo, 5 de julio de 1749. ff. 437v-438r.
152 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

estimaba que por cada diez soldados deberían acompañarle cinco indios
para la carga, armados con sus arcos y lechas por si se llegara a necesitar
de ellos. Los voluntarios que se alistaren deberían presentarse con sus
respectivas armas y la “salida” estaría comandada por don Joseph Sede-
ño. Del mismo modo, se recomendaba auxiliarse con los guías de los
indios chiguaraes, con la condición que se tuviera bastante conianza en
ellos414, esta advertencia se hizo debido a que los yguaraes mantenían
estrechas relaciones con los motilones, con frecuentes intercambios por
ser del mismo grupo chibcha y, aun a pesar de no hablar la misma
lengua, se entendían entre sí, como se había comprobado en 1735415.
Similares actuaciones acometió el gobernador don Francisco Ugarte416
con la inalidad de proteger a los hacendados y comerciantes de los
frecuentes ataques motilones y ordenó otra “salida” en 1753, integrada
por más de cincuenta hombres armados.
Esas actuaciones permiten apreciar las percepciones de los hispa-
no-criollos, quienes ya manifestaban su indefensión y la incapacidad
sostenida para dominar a la etnia indígena, lo cual hacía del sur del lago
de Maracaibo un territorio de frontera. La desprotección de los hispa-
no-criollos se mantuvo inmodiicable y por el contrario los motilones
avanzaron triunfantes en la ocupación del sur del lago de Maracaibo,
lo que motivó nuevas e incesantes presiones tanto de los mercaderes,
los cabildos seculares y los virreyes a los gobernadores. La problemáti-
ca fronteriza había llegado a su máxima expresión, y la preocupación
por resolverlo superaba los esfuerzos y los recursos de las autoridades
provinciales y virreinales. Por esas razones, el Consejo de Indias debió
intervenir a los efectos de solicitar a los funcionarios reales la inmediata
solución a este preocupante problema que mantenía en vilo la seguri-
dad y estabilidad de la provincia del Espíritu Santo de La Grita, Mérida
y la ciudad de Maracaibo.
414 RPET. Archivo de La Grita. T. XXIII, 1749. Leg. 14. Acta de cabildo. Maracaibo, 31 de enero de de 1749. f. 13r-v.
415 Lizarralde, Roberto, “El castigo de los indios yguaraes... pp. 377-396.
416 Gobernó entre 1751 y 1758, acusado de fraude, fue destituido por el rey en 1754, pero repuesto en
ese mismo año gobernó hasta 1758. Morón Guillermo, Gobernadores y capitanes generales de las
provincias venezolanas… p. 174.
Capítulo 4: La paciicación motilona
El acuerdo entre las etnias blanca e india

La experiencia durante los siglos coloniales había demostrado que el


sur del lago de Maracaibo era un territorio de frontera y que las incur-
siones armadas emprendidas por los hispano-criollos en contra de los
indígenas fueron un rotundo fracaso porque se había evidenciado la in-
capacidad para someter a los nativos por la fuerza y sus reacciones eran
más aguerridas y dañinas a los intereses de los hispano-criollos, tanto
propietarios como los comerciantes. Por esas razones, hubo una notable
modiicación en la estrategia que hasta entonces se había tenido para al-
canzar la paz con los aborígenes, aunque esta no fue una particularidad
de la zona en estudio debido a que fue una política seguida por el Esta-
do español durante la segunda mitad del siglo XVIII, en aquellas zonas
donde la constante fue la irreductibilidad de los indios como ocurrió en
Chile, Argentina y Nuevo México417, cuyas áreas han sido extensamente
estudiadas, no así el sur del lago de Maracaibo.
Las instrucciones reales al respecto pautaban el abandono de la
actitud ofensiva y de la “conquista” y en su lugar, se impuso la “pa-
ciicación” a través de métodos de adecuación, tolerancia y acuerdos,
417 Con respecto a la pacificación de diferentes fronteras en Hispanoamérica a finales del siglo XVIII, existe
una numerosa bibliografía al respecto revísese: Zausman Perla: “Entre el lugar y la línea: la constitución
de las fronteras coloniales patagónicas”. En: Fronteras de la Historia, Nº 6, 2006. pp. 41-67; Nacach
Gabriela y Navarro Floria Pedro, “El recinto vedado. La frontera pampeana en 1870 según Lucio V.
Mansilla”. En: Fronteras de la Historia, Vol. 9, 2004, pp. 233-257; Pérez Zabala Graciana y Tamagnini
Marcela: “Dinámica territorial y poblacional en el Virreinato del Río de la Plata: indígenas y cristianos
en la frontera sur de la intendencia de Córdoba del Tucumán, 1779-1804”. En: Fronteras de la Historia.
Vol. 17-1, 2012. pp. 195-225; Jackson Robert H.:” Una frustrada evangelización: las limitaciones del
cambio social, cultural y religioso en los “pueblos errantes de las misiones del desierto central de
Baja California y la región de la costa del Golfo de Texas”. Disponible en: [Link]/search/id/
csa-sa-200312993; López de Carvalho Francismar Alex: “Cruzando fronteiras e negociando lealdades:
indios missioneiros entre os dominios ibéricos de Mojos, Chiquitos e Mato Grosso (c. 1767-1800)”.
En: Nuevo Mundo Mundos Nuevos. Disponible en: [Link]
156 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

en los que tuvieran especial participación los religiosos con métodos


misionales que en otras áreas habían dado resultados deseados. No se
descartaran del todo las “salidas” del tipo militar, pero como resultado
de éstas, se deberían establecer asentamientos urbanos con la reducción
de naturales al mando de autoridades que normalmente eran caciques o
capitanes indígenas, bajo la regencia y orientación de los frailes, quienes
tenían el papel predominante en la enseñanza del idioma, la religión, la
vida civil, el derecho y otros órdenes del comportamiento comunitario.
Sin embargo para lograr esos objetivos se requerían dos elementos de
fundamental importancia, la comprensión idiomática, la aceptación de
los negociadores y el respeto de los acuerdos logrados, como de las po-
sibles sanciones a la transgresión de los mismos.
La paz entre las etnias blanca y motilona en el sur del lago de Ma-
racaibo tuvo su base en el acuerdo logrado entre ambas comunidades
durante la segunda mitad del siglo XVIII. La base de ese entendimien-
to se asentó en la presencia de un indígena intérprete, y del reconoci-
miento de la personería jurídica y territorialidad de los naturales, sus
posibilidades económicas y productivas por parte de los hispano-crio-
llos418 y mestizos419, restituyendo la antigua opulencia del sur del lago de
Maracaibo, lo cual se traduciría en mayores ingresos a la real hacienda
por el concepto de impuestos que pechaban las exportaciones e impor-
taciones de productos, la seguridad a los pobladores del área evitando
los frecuentes e inútiles derramamientos de sangre, los robos y asaltos
que mantenían en zozobra a la población y los traicantes; inalmente,
la expansión de la religión católica entre los inieles420. Por su parte, los
418 “… en las faldas de la sierra que corría desde la villa de Perijá hasta las inmediaciones de la ciudad de
Ocaña: no se podrá dudar que extendiéndose la pacificación, en este dilatado espacio, sería inmenso el
beneficio de la comunicación de Ocaña, y Salazar con Maracaibo, para el comercio de sus frutos por los
ríos, que incorporados con, el Catatumbo, desaguaban en la laguna. Y que por lo tocante a la otra parte
de Chama y Bailadores hasta el pueblo de Misoa, habría como ciento y cincuenta leguas de longitud
dominadas por dichos motilones, impidiendo los pasos y caminos de preciso tránsito para las ciudades
de Mérida, Gibraltar y haciendas de La Grita…” AGNB. Caciques e Indios. 62, doc. 29. Exposición de
don Sebastián Guillén. Santa Fe, 12 de julio de 1773. f. 320r-v.
419 Álvarez M. Víctor M., “Mestizos y mestizaje en la colonia”. En: Fronteras. Vol. 1, Nº 1, 1997. pp. 57-91.
420 AGNB. Caciques e Indios, 62, doc. 29. Exposición de don Sebastián Guillén. Santa Fe, 12 de julio de
Luis Alberto Ramírez Méndez 157

indígenas consentían en asentarse en reducciones, admitir la religión


católica y las prácticas urbanas, mientras reducían su nivel de hostilidad
en contra de los hispano-criollos.
Los protagonistas del acuerdo expresan que las diferencias se basaban
fundamentalmente en la necesidad que tenían los indígenas de obtener
bienes necesarios para las actividades agrarias, los que tomaban por la
fuerza en sus incursiones contra los criollos, y al mismo tiempo, defen-
der sus identidad étnica y castigar las afrentas contra sus mujeres y los
asesinatos perpetrados en contra de sus consanguíneos421.
Aunque expresamente los indígenas no muestran preocupación por
el despojo de sus tierras, tal vez por su desconocimiento del concepto
de la propiedad privada del suelo, ésta sí fue un especial propósito,
maniiesto entre los hispano-criollos, destinado a la expansión de los
cultivos, especialmente del cacao en todo el sur del lago de Maracaibo y
obtener altos índices de producción del fruto con destino a su exporta-
ción, cuya consecuencia inmediata fue la ampliación de la frontera agrí-
cola. Al mismo tiempo contar con la seguridad en la navegación sobre
el eje que conforman los ríos Zulia, Catatumbo y el lago de Maracaibo
para transportar esa producción, actividades que habían sido imposibi-
litadas por el estado de beligerancia entre ambas etnias.
La paciicación se inició después de un fuerte ataque motilón ocu-
rrido en marzo de 1766, en el que los naturales asaltaron las inmedia-
ciones de Maracaibo. En esa sangrienta irrupción, fueron asesinadas
dos personas y se contaron varios heridos. El gobernador don Alonso
del Río y Castro decididamente dispuesto a reprimir a los indígenas,
urgió a las autoridades seculares y eclesiásticas para sostener una reu-
nión. Con esa inalidad convocó a cabildo, cuyo acuerdo fue someter
a los motilones y resguardar a Maracaibo, Rosario de Perijá y otras po-
1773. ff. 323v-324r.
421 “… que la hostilidad que hacían a los españoles por el único fin de adquirir las herramientas que
abandonaban, cuando se ponían en fuga, y de que ellos carecían, para el cultivo, de sus haciendas a que
se les agregaba el nuevo motivo de vengar las aprehensiones y muertes que hazian en los suyos…”
AGNB. Caciques e Indios. 62, doc. 29. Exposición de don Sebastián Guillén. Santa Fe, 12 de julio de
1773. ff. 290v-291r.
158 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

blaciones de la provincia422. Con ese propósito, se propuso otra “salida”


para lo cual fueron convocados los civiles y eclesiásticos en especial de
los pobladores de Mérida, Trujillo, Perijá y Gibraltar, al igual que los
del valle de Santa María a los efectos que realizaran un alistamiento de
voluntarios que integraría el personal necesario para la expedición423.
El gobernador don Alonso de Río y Castro estaba consciente del grave
problema que representaba para la seguridad de la provincia la avanzada
motilona, ante cuya evidente ofensiva, y como ya lo habían reconocido
sus predecesores admitió su incapacidad para lograr “su total ruina”, por
tanto solo se proponía “… á lo menos su retiro para que dejen quietos
en sus labores a sus vecindarios”424. Entre otros asistentes a esa reunión se
hallaba el prefecto de los capuchinos navarros fray Andrés de los Arcos,
quien ofreció asistir a la “salida” con tres religiosos para auxiliar a los sol-
dados, reiterando que la vía más favorable para someter a los indígenas
debería ser la evangelización bajo la guía de los religiosos.
La “salida” se convocó para inales de ese año pero un fuerte invierno
les obligó a suspender la expedición hasta que llegara el verano425. La
partida de la expedición fue ordenada para el 1º de febrero de 1767, con
cuya inalidad el gobernador de Maracaibo convocó a todos los alista-
dos y hombres de guerra para que se concentraran; al mismo tiempo,
ordenó a los cabildos de Mérida y Gibraltar proveer el armamento nece-
sario de pólvora, balas y demás pertrechos para la “salida”426. En especial
con destino a la ciudad de las nieves eternas se remitieron treinta fusiles,
dos arrobas y veinte libras de pólvora, cien piedras de fusil, y cinco arro-

422 Carrocera Buenaventura de: “Los indios motilones en el segundo centenario de su primer contacto paci-
fico (1772-1972)”. En: Missionalia hispánica. Nº 29, 1972. p. 200.
423 Ídem.
424 AGEM. Reales Provisiones T. II. Comunicación del Gobernador Alonso del Río y Castro al teniente de
gobernador y alcaldes de la ciudad de Mérida. Maracaibo, 23 de julio de 1766. f. 32r-v.
425 AGEM. Reales Provisiones T. II. Comunicación del Gobernador Alonso del Río y Castro al Teniente de
Gobernador de Mérida suspendiendo la salida para conquistar los motilones por el invierno. Ancón
Hato de Santa Ana, 5 de diciembre de 1766. f. 29r-v.
426 AGEM. Reales Provisiones T. II. Comunicación del Gobernador Alonso del Río y Castro al teniente de
gobernador y alcaldes de la ciudad de Mérida. Maracaibo, 29 de diciembre de 1766. f. 35r-v.
Luis Alberto Ramírez Méndez 159

bas y cien libras de plomo, para armar a los milicianos que marcharon
a la orden del sargento mayor de la ciudad don Félix Dávila427. Para esa
“salida”, el erario real contribuyó con mil pesos.
La “salida” fue comandada por Alberto Gutiérrez acompañada por los
padres Andrés de los Arcos y Miguel de Asteus, y permaneció dos me-
ses internada en las riberas de los ríos Catatumbo, Santa Ana y Tarra, y
regresó a Maracaibo con veinte y siete motilones. Los cautivos fueron
exhibidos en Maracaibo para la distracción pública428, la mayoría de ellos
fallecieron, pero algunos de los niños fueron entregados para su cuidado
a los religiosos del pueblo de Punta de Piedras en las riberas de la laguna
de Maracaibo. Posteriormente, el tesorero de Maracaibo, don Sebastián
Guillén, tomó bajo su tutela a varios de los naturales que habían sido
llevados a aquel pueblo, entre los que se hallaba Sebastián Joseph.
La viabilidad del entendimiento entre los hispano-criollos y los mo-
tilones fue posible gracias a la presencia de Sebastián Joseph, debido a
que don Sebastián Guillén, lo asistió con “especial tratamiento”, y lo
consideró en “… el mismo lugar de mis hijos, dispensándoles como
a tales mis afectos y prolijas asistencias”429. La esposa de Sebastián Jo-
seph murió al poco tiempo de haber ido a la casa del tesorero, pero ella
estableció los lazos de amistad entre él y don Sebastián Guillén, quien
continuó enseñándole el catolicismo durante los siguientes años.
Un año después de la captura de esos indígenas, en 1767, como un
acto de venganza, de los motilones realizaron otros sangrientos ataques
en contra de las misiones y pueblos de Perijá. En consecuencia el temor
colectivo a los asaltos de los aborígenes entre los pobladores que residían
en los alrededores de la villa del Rosario fue tan elevado que sus trabaja-
dores abandonaron inmediatamente sus campos. Del mismo, lo hicieron
los misioneros, quienes también reaccionaron ante las amenazas y soli-
427 AGEM Reales Provisiones T. II. Comunicación del Gobernador Alonso del Río y Castro al Teniente de
Gobernador de Mérida solicitando se le reintegren las armas entregadas para la conquista de los moti-
lones. Maracaibo, 4 de mayo de 1770. ff. 64r-65r.
428 Carrocera Buenaventura de: “Los indios motilones en el segundo centenario de su primer contacto
pacifico (1772-1972)”. En: Missionalia hispánica. Nº 29, 1972. p. 200.
429 AGNB. Caciques e Indios, 62, doc. 29. Exposición de Sebastián Guillén. Santa Fe, 12 de julio de 1773. f. 290r-v.
160 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

citaron al gobernador don Alonso del Río y al virrey Pedro Messía de la


Cerda que les autorizara para disponer de una escolta integrada por doce
soldados, cuya petición fue rápidamente aprobada por las autoridades430.
Ante los reiterados y amenazantes ataques de los motilones, los vecinos
de Mérida, Gibraltar, La Grita, Rosario de Perijá y sus alrededores reite-
radamente expusieron ante el gobernador don Alonso del Río de Castro
su incapacidad para defenderse de naturales y le exigieron en 1771, que
les enviara armas y municiones431 para resguardarse432. La situación, des-
crita por los cabildos seculares era tan preocupante, que se decía que el
Rey podía perder toda la jurisdicción provincial debido a la avanzada y
ocupación del territorio por los hostiles indígenas. Del mismo modo, se
hizo énfasis en que la otrora rica provincia del Espíritu Santo de La Grita
y Mérida, la que había sido considerada como el “pequeño Perú”, debido
a sus exuberantes arboledas y elevada producción de cacao y ahora estaba
en la mayor pobreza433.. El reporte de los perijaneros impactó al goberna-
dor Río de Castro, debido a que la situación era peor de lo que él pensaba.
Entonces el funcionario envió una misiva al virrey Messía de La Cerda,
quien también encontró la realidad alarmante. La respuesta del virrey fue
ordenar una invasión militar para someter a los motilones434.
El gobernador Alonso del Río acudió a los vecinos del Rosario de Peri-
já, quienes inmediatamente contribuyeron con la expedición. Por esa ra-
zón, la mayor parte de los recursos económicos fueron aportados por los
pueblos, quienes contribuyeron con herramientas y vestidos que serían
entregados como regalos a los indígenas, indicando con ello que todavía
se tenía la esperanza en alcanzar la paz, sin derramar sangre. Asimismo, se
430 Carrocera Buenaventura de, “Los indios motilones en… p. 200; Alcáser Antonio (fray), Indio motilón y
su historia… pp. 144-145.
431 AGEM. Reales Provisiones T. II Comunicación del Gobernador Alonso del Río Castro al teniente de
Gobernador de Mérida Joseph Muñoz. Maracaibo, 13 de diciembre de 1769. f. 49r-v.
432 Alberto José Gutiérrez, “Diario de los sucesos habidos en la entrada a los indios motilones…” Mara-
caibo, 12 mayo de 1772; publicado en: Buenaventura de Carrocera, “Los indios motilones…” p. 212.
433 AGNB. Poblaciones varias. SC 46, 5, D. 91. Comunicación del Gobernador Francisco Miguel Collado al
virrey don Sebastián de la Eslava Maracaibo, 5 de julio de 1749. ff. 437v-438r.
434 Ídem.
Luis Alberto Ramírez Méndez 161

reiteró la negativa del virrey Pedro Messía de la Cerda a proveer los recur-
sos inancieros para la invasión. Esta “salida” fue relativamente pequeña
porque estaba integrada por cincuenta y ocho soldados y cargadores, co-
mandados por Alberto Gutiérrez, quien había dirigido la entrada efectua-
da en 1767, anteriormente descrita. Los expedicionarios estaban asistidos
por los misioneros capuchinos Fidel de Rala y el indio Sebastián Joseph
quien fue reconocido como intérprete. A partir de entonces las relaciones
entre los hispanos y los motilones fueron diferentes.
La expedición partió de Maracaibo el 26 de marzo de 1772 y se
remontó sobre los ríos Santa Ana y Catatumbo, territorio de los moti-
lones. Durante las dos primeras semanas avanzaron a través de espesas
selvas y fangales. El 13 de abril los criollos encontraron los primeros
pueblos indígenas, donde Sebastián Joseph reconoció a uno de sus pa-
rientes. En ese sitio, Gutiérrez ordenó que la mayoría de sus acompa-
ñantes se acantonaran y seleccionó a ocho de los mismos para continuar
la exploración, incluyendo el intérprete. Rápidamente Gutiérrez llegó
hasta un poblado motilón, en el cual había una mujer y sus hijos, la que
huyó presa del pánico435.
Los criollos entraron al poblado. Mientras Gutiérrez jugaba con los
niños, Sebastián Joseph habló con la mujer y la convenció de que los
blancos venían en paz. Entonces, ella llamó a sus compañeros, quienes
habían huido al bosque, debido al temor que les causaban los hispa-
no-criollos. Primero vinieron tres personas: un hombre, una mujer y un
niño, al hombre Gutiérrez le regaló un hacha, un machete, dos cuchillos
y dos anzuelos. Después de recibidos los regalos, ellos corrieron y avisaron
a los demás que aún se mantenían escondidos, y de esa forma se enteraron
de la llegada en paz de los hispanos-criollos. Cuando los treinta y cinco
motilones retornaron, Gutiérrez les habló a través del intérprete Sebastián
Joseph comunicándoles que los blancos no les harían daño, lo que los
indígenas habían estado esperando durante largo tiempo. La amistad fue
celebrada con música y baile durante toda la noche. Durante esa iesta,

435 Alberto José Gutiérrez, “Diario de los sucesos habidos en la entrada a los indios motilones…” Maracai-
bo, 12 mayo de 1772; publicado en Buenaventura de Carrocera, “Los indios motilones…” pp. 212-215.
162 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Gutiérrez a través de Sebastián Joseph, propuso a los motilones un trata-


do de paz. Mediante éste, se les reconocía a los indios como vasallos libres
de su majestad y podían trabajar pacíicamente sus campos; asimismo se
les reconocían sus territorios y no serían hostilizados436.
Después de aceptados los términos, Gutiérrez habló con sus ani-
triones iniciando de ese modo las relaciones comerciales con los nego-
ciadores criollos. Ese era el momento esperado por ambos grupos, para
sorpresa de Gutiérrez, quien no esperaba esa receptividad considerando
las hostiles experiencias vividas entre los criollos con los motilones; pero
los indios aceptaron los términos del acuerdo, hablando de la paz con
los criollos y manifestaron que ellos siempre la habían anhelado. En
los días siguientes prosiguieron las muestras de simpatía. Entre tanto,
el padre Rala bautizó a 15 niños indígenas, anunció a los adultos el
signiicado de las aguas sagradas y la consagración a la iglesia. Después
Gutiérrez les prometió que otros criollos volverían en el siguiente agos-
to para reairmar el tratado; luego él y sus hombres partieron437.
Cuando los expedicionarios retornaron al Rosario de Perijá, los ve-
cinos festejaron y celebraron el acuerdo de la paz que tanto habían an-
siado. Inmediatamente, Alberto Gutiérrez armó otra expedición, que
salió de Maracaibo el 6 de agosto de 1772, para penetrar en el territorio
motilón siguiendo la ruta del río Santa Ana con el propósito de conti-
nuar la paciicación de la “bárbara nación motilona”.
Mientras se realizaban esos preparativos, el tesorero de Maracaibo don
Sebastián Guillén realizó una proposición al gobernador Alonso del Río y
Castro para proceder a la paciicación de los motilones, que inicialmente
fue desestimada por el funcionario, debido a que el tesorero aunque era un
hombre pudiente y generoso, también era inexperto en materia de guerra.
Sin embargo, el gobernador enfrentaba un fuerte dilema, carecía del dine-
ro necesario para la expedición y Guillén, quien era un hombre rico, ofre-
ció asistencia inanciera con la condición que del Río lo nombrara coman-
dante de la expedición, lo cual inalmente fue aceptado por el gobernador.
436 Ibídem. pp. 213-216.
437 Ídem.
Luis Alberto Ramírez Méndez 163

Por cierto, la entrada fue ordenada por el virrey Messía de la Cerda y


dirigida por don Sebastián Guillén, el tesorero de Maracaibo, quien había
adoptado a Sebastián Joseph, pero que no había sido la primera opción
del gobernador don Alonso del Río como comandante de la expedición.
A Guillén lo acompañaron Antonio Gutiérrez, su hermano Alberto y
otros tres hombres que habían participado en la expedición de marzo de
ese año y el intérprete Sebastián Joseph438. Después de viajar durante diez
y seis días, Guillén llegó al pueblo de la familia del intérprete. Los motilo-
nes los recibieron alegremente, y Guillén les entregó regalos439.
Posteriormente, el 25 de agosto, Guillén llamó a todos los pobladores
y algunos visitantes de los pueblos indígenas colindantes y anunció la
reairmación de los términos de paz ijados por Alberto Gutiérrez. Los
naturales los recibieron con gran alegría y también fueron bautizados.
Durante los siguientes diez días, Guillén y su grupo viajaron y pernocta-
ron en diferentes pueblos motilones ubicados al oeste en el espacio com-
prendido en la Sierra de Perijá, haciendo comprensivo a los motilones
los términos del tratado de paz y convirtiendo a los indios al catolicismo.
En septiembre de ese año habían logrado paciicar a 123 motilones, 58
de ellos habían sido bautizados, los que se congregaban en cinco pueblos
indígenas, antes de retornar obligadamente debido a la estación lluviosa.
Una nueva expedición salió de Maracaibo en febrero de 1773, al
mando de don Sebastián Guillén con los mismos hombres que le habían
acompañado en agosto y septiembre de 1772. Reiteradamente siguieron
la ruta del río Santa Ana, y luego fueron al sur, atravesaron el Catatumbo
y continuaron río Zulia abajo hasta llegar a San Faustino de los Ríos,
difundiendo los términos del acuerdo de paz entre los diferentes pueblos
motilones. En 42 días de viaje, lograron la paciicación de diez y seis case-
ríos, ubicados a ambas márgenes de aquel río, especialmente en la orien-
tal, que correspondía a la jurisdicción de La Grita y Chama, a cuyos natu-
rales “habiéndoles obsequiado con donas” se les pidió que comunicaran el
438 Obispo Mariano Martí, Documentos relativos a su visita pastoral a la Diócesis de Caracas. 1771-1784.
Libro personal. Caracas. (Colección Fuentes para la historia Colonial de Venezuela 95) Academia Na-
cional de la Historia, 1988. T: I. pp. 130-131.
439 Ídem.
164 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

mensaje de paz, que fue aceptado por sus grupos que se trasladaron hasta
las inmediaciones de San Faustino. Después del regreso de don Sebastián
Guillén de Cúcuta, se tuvo noticias que más de cincuenta aborígenes
habían llegado a aquel puerto, entre ellos una mujer la que notiicó que
otros naturales se sumarian a los tratados de paz440.
Después de septiembre de 1773, Guillén y el padre Rala se trasla-
daron a Cúcuta, y desde allí reportaron directamente al virrey Guirior.
La exposición de Guillén impresionó al virrey. En su correspondencia
don Sebastián manifestaba que los acuerdos de paz logrados no manten-
drían su vigencia durante mucho tiempo, mientras la población indígena
no fuera asentada en reducciones, en las que los naturales pudieran ser
efectivamente controlados y vigilados, porque se corría el riesgo de que
retornaran a las selvas y reiniciaran las hostilidades. Por tales razones, don
Sebastián Guillén acudió al gobernador don Alonso del Río de Castro, y
le solicitó la ayuda necesaria para continuar con la paciicación441.
Lo más importante era disponer de emplazamientos defensivos, para lo
que se ameritaba la dotación de armas, municiones y alimentos destinados
al establecimiento de dos contingentes militares que estimaba requerían
cincuenta soldados cada uno, los que deberían situarse uno en las már-
genes del río Zulia y otro en las del Catatumbo442, en cuyos recintos se
ubicarían los depósitos de herramientas y abastos, destinados para entregar
a los indios con la inalidad de que aceptaran la paciicación, cuyos con-
tingentes deberían prever la posibilidad de defenderse en caso de un ata-
que inesperado de los indígenas, porque aunque se habían experimentado
muestras de paciicación era probable que efectuara un ataque armado443.

440 AGNB. Caciques e Indios. 62, Doc. 29. Exposición de Sebastián Guillén. Santa Fe, 12 de julio de 1773.
f. 319v.
441 Ídem.
442 que en las inmediaciones de “… los ríos de Catatumbo y Sulia será muy importante que en cada uno
de ellos se estableciese por ahora un destacamento de cincuenta hombres con sus respectivos oficiales
y sueldos correspondientes…” AGNB. Caciques e Indios, 62, doc. 29. Exposición de don Sebastián
Guillén. Santa Fe, 12 de julio de 1773. f. 321v.
443 AGNB. Caciques e Indios, 62, doc. 29. Exposición de don Sebastián Guillén. Santa Fe, 12 de julio de
1773. f. 323r.
Luis Alberto Ramírez Méndez 165

Además, en esos destacamentos se deberían contar con buques ma-


yores y menores en la cantidad que se tuviesen por conveniente, para el
tráico de víveres y otros implementos necesarios. Asimismo, se requería
también de una embarcación para el uso exclusivo del comandante de
ambos asentamientos militares, reservada al reconocimiento y control
de la paciicación en el tránsito de los ríos Catatumbo y Zulia444.
Del mismo modo, se propuso que a todos los soldados se les asigna-
ran tierras para establecer sus haciendas, se les proporcionaran plantas
de cacao y otras necesarias tanto para su alimentación como las de otros
pobladores e indígenas que se congregaran, con la condición que si no
realizaban esas labores y establecían sus haciendas se les quitara la tierra
asignada, porque se tenía la certeza de que en Maracaibo había una mul-
titud de ociosos, que les repugnaba el trabajo y que durante las expedi-
ciones habían desdeñado alistarse, previendo las diicultades que habrían
de enfrentar. Además, se recomendaba que mientras realizaban las faenas
agrícolas se les suspendiera los sueldos militares, mas no las raciones de
pan y carne; asimismo, se exhortaba a que se trasladaran casados con sus
respectivas mujeres y familias para que viviesen con “quietud”445.
De igual forma, se prevenía que de ninguna manera se hostilizara a
los indígenas que fueran trasladados a las reducciones desde sus asenta-
mientos originales o “centros”, como se les denominaba con la “mayor
prudencia y sagacidad” y “sin pretender con violencia la reforma de sus
costumbres”, lo cual era una aceptación explícita de la etnia blanca, de
ciertas condiciones impuestas por los indígenas, aunque se coniaba en
la actuación de los monjes capuchinos, quienes tendrían la función de
“atraerlos a la religión católica” y del mismo modo se consideraba que
los frailes tendrían la función de comandar las reducciones que se es-
tablecieran para que custodiaran la conversión de los aborígenes, pero
implícitamente lo que preocupaba era el control de los amerindios446.
444 AGNB. Caciques e Indios, 62, doc. 29. Exposición de don Sebastián Guillén. Santa Fe, 12 de julio de
1773. f. 323r.
445 AGNB. Caciques e Indios, 62, doc. 29. Exposición de don Sebastián Guillén. Santa Fe, 12 de julio de
1773. f. 323r.
446 AGNB. Caciques e Indios. 62, doc. 29. Exposición de don Sebastián Guillén. Santa Fe, 12 de julio de
166 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Entre tanto, los frailes residirían en los dos destacamentos, uno en


cada uno y se solicitaba fueran los capuchinos navarros asignados a Ma-
racaibo, a los que se podrían agregar algunos supernumerarios, pero
se hizo énfasis que se mantuviera al frente de ellos fray Fidel de Rala
y el capellán que actualmente le acompañaba, quienes habían seguido
ambas expediciones con destacados méritos447. Por esa razón, se pidió
al Virrey que concediera la licencia respectiva a los religiosos para que
abandonaran su residencia y se trasladaran hasta el río Zulia, y también
se les entregaran lo que tenían asignado por sus alimentos que se res-
guardaban en las cajas reales de Maracaibo para lo cual se le notiicó al
gobernador a in que cancelara esos pagos448.
En las proposiciones para la paciicación se destacaba la importan-
cia de someter a la numerosa población indígena que habitaba en los
valles de Morotuto, Onia, Culigría, Chama, San Pedro, Santa María,
las inmediaciones de Gibraltar hasta Moporo, cuyos territorios eran
indiscutiblemente los más preciados por la producción de cacao y las
posibilidades comerciales y estratégicas del área. Con esa inalidad, se
recalcaba la diicultad relacionada con que esos espacios formaban parte
de diferentes jurisdicciones, como las de La Grita, Mérida y Gibraltar,
por cuya razón, las autoridades de las mismas eran reacias a aceptar
una autoridad supra-jurisdiccional. Por esa circunstancia, don Sebas-
tián Guillén solicitó al virrey don Manuel Guirior que se le concedie-
se un título militar, cualquiera que él considerara prudente, bajo cuya
autoridad estuvieran sometidos tanto los destacamentos militares, las
embarcaciones asignadas para el tráico comercial, las decisiones sobre
la ruta de las expediciones paciicadoras449.
Asimismo, se requirió un título que mostrara un especial reconoci-
1773. f. 325r.
447 AGNB. Caciques e Indios. 62, doc. 29. Exposición de don Sebastián Guillén. Santa Fe, 12 de julio de
1773. f. 325r.
448 AGNB. Poblaciones. SC 46, 5, doc. 90. Envío de religiosos capuchinos. Maracaibo, 6 de junio de 1775.
ff. 414r-416v.
449 AGNB. Caciques e Indios. 62, doc. 29. Exposición de don Sebastián Guillén. Santa Fe, 12 de julio de
1773. f. 327r-v.
Luis Alberto Ramírez Méndez 167

miento a Sebastián Joseph, el intérprete, que relejara el agradecimiento


de las autoridades reales por la importante actuación del mismo en la
paciicación, y que ello se mostrara ante sus consanguíneos, como una
forma de exaltación a los “leales vasallos a la Corona”.
En respuesta a ese extenso petitorio, y con la inalidad de alcanzar
una paz deinitiva, el virrey Guirior instruyó a Guillén, al padre Rala y a
Sebastián Joseph para que regresaran inmediatamente a las tierras de los
motilones y establecieran las reducciones, plantaran maíz, construyeran
viviendas, asentaran los indios, ubicando las poblaciones a las márge-
nes de los cursos luviales. De ese modo, se podrían vigilar y controlar
a los indígenas, mediante la convivencia pacíica, aunque también se
recomendó tener la previsión de que algunas tropas se instalarían como
auxiliares en la paciicación450.
En esas instrucciones privaron tres importantes principios presentes
en política hispánica de la segunda mitad del siglo XVIII, primero, en
las consideraciones del virrey Guirior, los tradicionales métodos de pa-
ciicación tales como las “salidas” habían sido un rotundo fracaso, por
tanto no recomendaba continuar con las mismas, pero debido a los
acuerdos de paz logrados estos se deberían mantener concentrando a
los naturales en las reducciones, las cuales serían cuidadosamente vigila-
das desde nuevos asentamientos de hispano-criollos451. Lo segundo, se
abandonaba la estrategia que había sido aplicada en Río Hacha basada
en el sometimiento por la fuerza militar de los indígenas, y en su lugar
acudía al acuerdo y la paciicación y se prescribía el rol auxiliar al ejér-
cito para Maracaibo.
De ese modo, la paz con los motilones sería permanente; mientras
tanto, el Virrey se mantendría precavido en caso de que los indios reini-
ciaran sus hostilidades. Por último, Guirior a diferencia de los anterio-
res virreyes, estaba muy consciente de los positivos efectos económicos
de la paciicación, lo cual se traducía en el fomento de la agricultura

450 AGNB. Milicias y Marina. T. 121. Guirior, en Relaciones de mando. el Gobernador Alonso del Río al
virrey Manuel Guirior. Maracaibo, 5 de octubre de 1773. F. 194r.
451 Lance Raymond Grahn, Indian pacification in the Viceroyalty of New Granada, 1740-1803… p. 135-136.
168 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

y el comercio, lo que sería beneicioso para la provincia debido al in-


cremento de la producción en las haciendas de cacao, caña de azúcar,
maíz y otros frutos comerciales que desde el interior salían con destino
al puerto de Maracaibo y eran transportados a través de los ríos que
desembocan en el lago452.
En consecuencia, el Virrey tomó varias medidas: primero nombró a
Guillén capitán comandante de la paciicación motilona, razón por la
cual se permitió a éste último el mantener su fuerte posición como co-
mandante; su riqueza personal podría ser usada para cubrir los gastos de
la campaña inanciada de su propio peculio, cuando los recursos públi-
cos fueran menores. En segundo término, promovió al indio intérprete
Sebastián Joseph al rango de capitán. Asimismo, Guirior en unión del
Rey, garantizó el salario de Guillén en ochenta pesos y le concedió a
Salvador Joseph una asignación de ocho pesos mensuales.
El mayor obstáculo para continuar con la paciicación era obtener
los recursos monetarios destinados a subvencionar los costos de la cons-
trucción y dotación de los pueblos nuevos de los indígenas, que requerían
de insumos para la ediicación de las nuevas reducciones, al igual que los
destinados al desarrollo de las actividades agrícolas. La solicitud de Gui-
llén fue elevada a la consideración del virrey don Manuel Guirior, a quien
se le pidió que proporcionara 12.000 pesos para costear la paciicación.
En la proposición de Guillén, esos dineros deberían aportarse en pri-
mera instancia por las rentas eclesiásticas, a quienes les tocaba el excelso
in del adoctrinamiento de los indígenas y la salvación de sus almas. Por
tanto, se requería que de lo recaudado por los ramos de las vacantes ma-
yores y menores, de la santa cruzada y aun las rentas decimales, que se
incrementarían notablemente con lo ingresado por el aumento de la pro-
ducción. En tal sentido, se orientaba al ilustrísimo arzobispo de Santa Fe
de Bogotá, deán y cabildo catedral para realizar los donativos necesarios
que se estimaron en 2.000 pesos, parte de los cuales les corresponderían a
la cuarta capitular que tributaba la villa de San Cristóbal453.
452 Ídem.
453 AGNB. Caciques e Indios. 62, doc. 29. Exposición de don Sebastián Guillén. Santa Fe, 12 de julio de
Luis Alberto Ramírez Méndez 169

El virrey Guirior asumió una decidida posición a favor de resolver


los problemas suscitados por las hostilidades de los indígenas a través de
la ratiicación de los acuerdos de paz. Por tanto, tomó la decisión más
importante a los efectos de la paciicación motilona al aprobar la asig-
nación de 13.000 pesos para inanciar el proyecto. Con esa inalidad,
la junta general de Bogotá proporcionaría 8.000 pesos, procedentes del
impuesto de las minas de sal de Zipaquirá. Por su parte, el arzobispo
Agustín Camacho contribuiría con 1.000 pesos y el cabildo catedral
con 2.000; inalmente, el mismo Virrey aportó 2.000 pesos de sus pro-
pios recursos454. Esas decisiones fueron ratiicadas por el Rey mediante
una real cédula fechada en 20 de febrero de 1774; de hecho el Monar-
ca aportó 5.000 pesos adicionales aparte de los 13.000 iniciales. Esas
actuaciones demostraban que las consideraciones del Virrey y del Rey
eran que los beneicios de la paz en Maracaibo eran mayores que los
costos de la paciicación.
Para el verano de 1774 Guillén y sus colegas habían alcanzado la paz
en la totalidad de la provincia de Maracaibo. Para entonces, permane-
cían en la consumación de la paciicación en el proceso de establecer
los pueblos455. Guillén centró sus esfuerzos en San Faustino y las inme-
diaciones del río Zulia. El primer asentamiento que estableció fue San
Buenaventura a un día de camino desde San Faustino, en octubre de
1774, durante el año siguiente se realizaron dos nuevos asentamientos
San Pedro y Nuevo Río de Zulia.
Pero los fondos se habían terminado y existió el riesgo de que el
proyecto colapsara. Para solventar esa eventualidad, se tomaron otros
fondos acumulados en Pamplona. Sin embargo, a pesar de que a don
Sebastián Guillén se le proporcionaron aquellas cuantiosas sumas, estas
fueron insuicientes porque era necesario, transportar alimentos, armas,
municiones, materiales de construcción del destacamento de Buena-
ventura sobre las corrientes del río Zulia. Por esa razón, se recurrió

1773. ff. 328r-329v.


454 Obispo Mariano Martí, Documentos relativos a su visita pastoral a la Diócesis de Caracas… T. I. p. 131.
455 Ídem.
170 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

nuevamente al Dr. Don Esteban Gutiérrez, vicario de la villa de San


Cristóbal para que le facilitara 4.000 pesos adicionales con el in de
cancelar en efectivo los sueldos de militares y trabajadores, cuyo monto
le fue entregado del ramo de los diezmos de la villa, como lo notiicó
don Sebastián Guillén en una correspondencia fechada en el Rosario de
Cúcuta a 2 de septiembre de 1774456.
La entrega de esos caudales motivó la molestia del virrey Guirior,
quien junto a los iscales de la audiencia y los jueces de diezmos, mani-
festaron su extrañeza porque Guillén careciendo de una orden superior
hubiese tomado los 4.000 pesos referidos, y de la misma forma la fa-
cilidad que el juez de diezmos de la villa de San Cristóbal se los había
entregado. En consecuencia se ordenó que don Sebastián Guillén en-
tregara una cuenta detallada de lo recibido y egresado en la paciicación
de los motilones, para cuya entrega se le ordenó comparecer ante las
autoridades virreinales457.

Las cuentas de don Sebastián Guillén


La relación de egresos presentada por don Sebastián Guillén ante
las autoridades virreinales, informaba de su actuación durante el año
de 1774, que incluía la ejecución de una expedición hacia el río Zulia,
en cuyas márgenes había hallado varios poblados indígenas, en un si-
tio impreciso, porque no especiica su situación, probablemente donde
está actualmente Santa Bárbara del Zulia, donde dice haber hallado
dos, una casa grande y otra pequeña de los naturales, y allí efectuó una
concentración de la población indígena, rozando el monte, estableció
sementeras con la ayuda de sus expedicionarios y con el in de retornar
en el próximo verano para continuar con la reducción458. En febrero
de 1774, procedió a la construcción de un nuevo poblado de hispa-
456 AGNB. Caciques e Indios. 62, doc. 29. Comunicación de don Sebastián Guillén. Rosario de Cúcuta, 2
de septiembre de 1774. ff. 330r-331v.
457 AGNB. Caciques e Indios. 62, doc. 29. Orden del Virrey Manuel Guirior. Santa Fe, 8 de noviembre de
1774. ff. 334r-335v.
458 AGNB. Caciques e Indios. 62, doc. 29. Exposición de don Sebastián Guillén. San Buenaventura, 16 de
enero de 1775. f. 355r-v.
Luis Alberto Ramírez Méndez 171

no-criollos al que denominó San Buenaventura, sobre las márgenes del


río Zulia (actualmente Puerto Villamizar en el Departamento Norte de
Santander, Colombia), inmediato a San Faustino de los Ríos459.
La población se extendía sobre una supericie que medía 930 varas
de norte a sur y 230 de este a oeste. En ese terreno ya desmontado se ha-
bían trazado las calles y se había fabricado la plaza y diseñado las manza-
nas colindantes que medían 80 varas cuadradas, y se habían medido las
dos calles colindantes a la plaza. En esas manzanas se habían ediicado
8 casas de 16 varas de frente y 6 de fondo, con sus salas y aposentos,
fabricadas con bajareque y techos de palma, cada una con dos puertas y
ventanas de madera, con su cocina y dos corrales cercados con mapora
para la crianza de cerdos y gallinas respectivamente. (Véase tabla 1)
Del mismo modo se habían construido dos casas grandes, una para la
residencia del comandante Guillén y otra donde se alojaban los indios,
y allí trabajaban los carpinteros que se encargaban de la construcción
del poblado. Además, había otra casa grande destinada al alojamiento
de los operarios que allí laboraban. (Véase tabla 1)
Igualmente, se habían labrado dos sementeras, una con 4.000 plan-
tas de plátano y dos almudes de sembradura de maíz; además se había
establecido un bosque de ceibos que se destinarían para sombra de los
plantíos de cacao. Simultáneamente, se habían desmalezado 600 va-
ras de terreno, y se habían adquirido tres embarcaciones; 60 horcones,
bejucos, abalorios, machetes, palas, herramientas y otros enseres para
entregarlos a los indios con el in de atraerlos a la fundación. Los bienes
fueron justipreciados en 4.180 pesos, sin incluir los bejucos, herramien-
tas y otros. (Véase tabla 1)
Adicionalmente, se presentó un informe anexo de las autoridades y
declarantes de la villa de San Cristóbal, donde se manifestaban las ven-
tajas obtenidas por la paciicación y, la seguridad y estabilidad que se
había logrado en la navegación sobre el río Zulia, lo cual había permiti-
do el creciente tráico comercial entre los valles del Rosario de Cúcuta,
San Cristóbal y La Grita, y obtenido la seguridad en el tráico por los
459 Ídem.
172 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

caminos sin tener que recurrir a las costosas escoltas, lo cual hizo que la
aprobación fuera elevada ante el Real Consejo de las Indias.
Tabla 1 Cuentas de don Sebastián Guillén. 1774
Concepto Extension Valor
terrenos 930x248 varas
sementeras de plátano 4.000 matas 50
semeteras de maíz 2 almudes 15
casas 8 de dies varas
casas grandes 1 900
casas grandes 1
casa de los operarios 1
casa de los indios 1 600
casa pequeñas 6 1260
casas pequeñas 1 100
desmonte 600 varas 200
horcones 60
baras de bejuco de seibos
semmentera 2 980
Las priraguas 1 15
canoas 368
hachas 160
machetes 30
sables 9
palas 6
asadas 8
coas o barretones 2
sierra braseras 4
azuelas llanas 3
hurbias 3
escoplos 4
cepillos 9
barrenas 2
martillos 1
sierra de trozar 4
fierros de corchar 2
casacabeles 682
abalorios 3&
cuchillos 99
paletillas 145
arzuelos 4
total 4180

Fuente: AGNB. Caciques e Indios 62, 29.


Luis Alberto Ramírez Méndez 173

La información levantada y sostenida por testigos dieron fe que a


partir de la paciicación iniciada por don Sebastián Guillén se ratiica-
ba que habían cesado las hostilidades de los motilones, lo cual había
permitido la libre circulación por los caminos; al mismo tiempo, los
indígenas convivían pacíicamente en los poblados en las diversas ju-
risdicciones adonde habían concurrido desde que se habían pactado la
paz, lo que había permitido la expansión de los sembradíos y de la fron-
tera agrícola en aquellas tierras que antes eran únicamente señoreadas
por los naturales.
Del mismo modo se hacía énfasis que a partir del año de 1773, ha-
bían cesado los ataques indígenas hacia el puerto de San Faustino, por
cuya razón el arrendatario del puerto había despedido los guardias y
inalizado los pagos por sueldos, armamentos y municiones que debía
hacer para resguardar la seguridad del fondeadero460. Igualmente, se re-
calcaba que el tránsito de las canoas por el río Zulia, cargadas de cacao,
se hacía con tal seguridad, debido a que ya no se experimentaban los
repetidos asaltos de los indígenas a los navegantes y los frecuentes robos;
por el contrario, los naturales les esperaban con cordialidad y realizaban
intercambios con los comerciantes en las veredas de los ríos y otros
puntos de la ruta, lo que también había redundado en la disminución
de sus costos461.
Pero la actuación de don Sebastián Guillén no se había limitado
al territorio inmediato al río Zulia, sino que había avanzado hacia los
valles de Chama y los montes adyacentes, donde había hallado varios
caneyes habitados por naturales, que se habían paciicado y habían des-
embarcado en el puerto de San Pedro, donde tenían una hacienda y
en ese valle se habían reunido dos cuadrillas de indígenas paciicados
y también cesaron los ataques de los naturales como lo testimonió el
obispo Mariano Martí en 1774462. De allí se embarcó nuevamente hasta
460 “… desde que dicho Guillén anda en estos descubrimientos no se han cometido muertes estos indios motilo-
nes…” Obispo Mariano Martí, Documentos relativos a su visita pastoral a la Diócesis de Caracas… T. I. p. 131.
461 AGNB. Caciques e Indios. 62, doc. 29. Informe de los alcaldes ordinarios y testigos de la villa de San
Cristóbal. Villa de San Cristóbal, 9 de enero de 1775. f. 48r-v.
462 Obispo Mariano Martí, Documentos relativos a su visita pastoral a la Diócesis de Caracas… T. I. pp. 130-131.
174 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

La Ceiba, donde se encontró con un ataque de los indios, los que siguió
hasta el camino de la “atravesía” que conducía a Betijoque, lográndolos
paciicar463. En esos recorridos había invertido elevadas sumas de dinero
destinadas a la “donas” que entregaba a los indígenas para que se man-
tuvieran en paz464.
Finalmente, al evaluar los capitales invertidos en las expediciones, la
construcción del poblado de españoles de San Buenaventura y las “do-
nas” entregadas a los indígenas, se determinó que estos ascendían a la
cantidad de 14.488 pesos, superiores en 1.488 pesos a los 13.000 pesos
que se le habían facilitado a don Sebastián Guillén para inanciar la pa-
ciicación indígena, por esa razón las autoridades virreinales aprobaron
las cuentas entregadas465.
En virtud de la diferencia entre lo recibido y lo gastado don Sebas-
tián solicitó que Trujillo colaborara con la paciicación entregándole
500 pesos, considerando el comercio que sostenía con Maracaibo y que
los vecinos de aquella ciudad no deberían sostener para evadir ese pago
que eran parte de la Gobernación de Venezuela. Asimismo, requería
que Pamplona, cuyos vecinos habían sido notablemente beneiciados
con el restablecimiento del comercio debido a que eran los propietarios
de las haciendas y estancias en el valle de Cúcuta, deberían contribuir
con 2.000 pesos, prorrateados 1.000 entre el vecindario, 500 por las
religiosas de Santa Clara de aquella ciudad y 500 de la hermandad de
San Pedro, porque la mayoría de sus haciendas y, por ende, de sus arren-
datarios estaban en los valles de Cúcuta466.

463 AGNB. Caciques e Indios. 62, doc. 29. Exposición de don Sebastián Guillén. San Buenaventura, 16 de
enero de 1775. f. 355r-v.
464 “…ahora va dicho Guillén a descubrir y visitar los indios que hallare desde el río San Francisco que es-
tará según me dice el dicho Guillén unas doze leguas hazia la banda interior y como a poniente respecto
de este pueblo en el sitio que llaman la Aduana que está al oriente de este pueblo…”. Obispo Mariano
Martí, Documentos relativos a su visita pastoral a la Diócesis de Caracas… T. I. p. 131.
465 AGNB. Caciques e Indios. 62, doc. 29. Aprobación de cuentas de don Sebastián Guillén. Santa Fe, 25
de febrero de 1775. ff. 357r-358v.
466 AGNB. Caciques e Indios. 62, doc. 29. Exposición de don Sebastián Guillén. San Buenaventura, 24 de
septiembre de 1774. f. 363r-364v.
Luis Alberto Ramírez Méndez 175

En vista de la aprobación de las cuentas y de las alegaciones de don Se-


bastián Guillén, el virrey Guirior, determinó que se le entregarán 4.000
pesos de las rentas de las salinas de Zipaquirá, no obstante que adicio-
nalmente consideró que debería ser beneiciado con otras contribucio-
nes de las ciudades que habían sido beneiciadas por la paciicación de
los motilones como lo exponía el capitán; pero no obligó a ninguna de
las comunidades a subvencionarle los egresos con sus contribuciones467;
pero se tiene evidencia que los vecindarios de las diferentes ciudades en-
tregaron otros caudales, cuyos montos se desconocen, porque en 1776,
el gobernador Francisco de Santa Cruz solicitó al cabildo de Mérida un
informe detallado del “… caudal que exivieron los vecinos, avitadores,
hazendados y comerciantes de esa ciudad y toda su jurisdicción, que se
le repartieron para facilitar la paciicación de los indios motilones en el
año 72, por orden de este gobierno…”468.
Pero los gastos en la paciicación no se detuvieron, por el contrario,
se requirieron mayores aportes para inanciar los costos de introducir
gallinas, cerdos, pagar los sueldos de los oiciales y carpinteros que la-
boraban en la ediicación de San Buenaventura, cuyos costos anuales
ascendían a 722 pesos y 4 reales469. En agosto de 1775, don Sebastián
dirigió una nueva solicitud de recursos al virrey; en esa misiva ratii-
caba la razón fundamental para ocupar las márgenes del río Zulia, ex-
plicando que ese aluente era “…el centro donde avita toda la nación
motilona...”, por cuya razón se hallaba desmontado el territorio donde
asentaría una nueva población de hispano-criollos.
Explicaba el capitán de la paciicación, que en ese sitio ya concurrían
con frecuencia los naturales donde iban de visita, permanecían algunos
días y luego retornaban a sus caneyes. Por esa razón, se debería pagar
los operarios que continuaban con la construcción de las ediicaciones
467 AGNB. Caciques e Indios. 62, doc. 29. Aprobación de cuentas por el virrey Guirrior. Santa Fe de Bogotá,
16 de marzo de 1775. f. 365r366-v.
468 AGEM. Reales Provisiones. T. II. Comunicación del gobernador Francisco de Santa Cruz al teniente de
justicia mayor y alcaldes ordinarios de Mérida. Maracaibo, 15 de febrero de 1776. f. 121r-v.
469 AGNB. Caciques e Indios. 62, doc. 29. Aprobación de cuentas por el virrey Guirrior. Santa Fe de Bogotá,
16 de marzo de 1775. f. 365r366-v.
176 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

y proporcionarles sus alimentos, pero que no había recibido el dinero,


que para entonces se tenía noticia de haber sido depositado en la caja
real de Pamplona que estimaba en 4.000 pesos, los que aún no le habían
sido entregados, mientras de Maracaibo le debían enviar 1.000 pesos
adicionales, que tampoco se le habían hecho efectivo, por lo cual solici-
taba la actuación inmediata del Virrey para que se le suministraran esos
recursos tan necesarios a la paciicación470.
Las repetidas solicitudes de dinero a las cajas reales destinadas a la
paciicación motilona, motivaron a que el Virrey elevara una consulta al
Consejo de Indias sobre la utilización de fondos para continuar con esa
empresa que había demostrado ser eiciente, pero sumamente costosa.
En la respuesta emitida por el Consejo de Indias, se evaluaron las po-
sibilidades de un autoinanciamiento para la paciicación, entendiendo
las autoridades reales que el cacao era el principal producto de exporta-
ción; se apeló a los impuestos que pechaban su comercio, y por ello se
ordenó reiniciar el cobro del medio real por cada millar de cacao que se
exportaba por el puerto de Maracaibo.
Ese impuesto se había establecido en la provincia de Mérida y La Gri-
ta hacia la década de los cuarenta del siglo XVII, como resultado de los
ataques de los piratas a Maracaibo, con la inalidad de proporcionar los
fondos necesarios para construir las fortalezas en la barra del lago, lo cual
había suscitado una fuerte oposición por parte de los productores de ca-
cao quienes alegaban que pagaban un impuesto muy alto para beneiciar a
una ciudad que no era parte de la provincia, y cuyas recaudaciones fueron
sustraídas mediante la corrupción imperante en las cajas reales de Mara-
caibo, lo cual permitió que en los 60 y 70 de aquel siglo se experimentaran
los ataques más terribles en el lago de Maracaibo. Además, las congrega-
ciones religiosas solicitaron y obtuvieron la exención de ese impuesto471.
Por las razones expuestas, el impuesto había sido eliminado en 1767,
470 AGNB. Poblaciones Varias. SC 45, 16, 11. Comunicación de de don Sebastián Guillén al virrey Guirrior.
Zulia, 27 de agosto de 1775. ff. 29r-31r.
471 AAM. Reclamos eclesiásticos. Informes Históricos. Caja única. Testimonios obrados en la competenzia
subscitada en razón de que si los compradores del fruto de cacao de los eclesiásticos deben o no pagar
el medio real del nuevo impuesto por cada millar. 1724. 29 ff.
Luis Alberto Ramírez Méndez 177

pero fue restablecido en 1772, con la inalidad de entregar los fondos


respectivos para proseguir la paciicación, instruyendo al virrey y al gober-
nador reiniciaran su recaudación sin exclusión de los eclesiásticos472. Esas
instrucciones se emitieron en una real orden, fechada en 30 de enero de
1773 mediante la cual se ordenó a la Compañía Guipuzcoana de Caracas,
la cual manejaba el comercio del cacao y el tabaco que se exportaba en
la provincia, proceder a la entrega de lo recaudado por el impuesto del
medio real por cada millar de cacao exportado para los gastos ocasionados
por la paciicación. En esa misma orden real se le facultaba al gobernador
don Alonso del Río para disponer de fondos para las siguientes entradas
que realizara Alberto Gutiérrez al territorio motilón.
Otra de las medidas tomadas por el Consejo de Indias fue crear una
cuarta compañía de milicias que resguardaría la zona sur del lago de
Maracaibo, compuesta por dos guarniciones de 50 soldados como lo
había propuesto Guillén en sus comunicaciones al virrey, y de las cuales
una ya estaba en funcionamiento en San Buenaventura; para ello tam-
bién se destinarían los fondos destinados al pago de los soldados y de
dos cirujanos que se encargarían de cubrir las necesidades de salud de
esa población473. Asimismo, se ratiicó el título de capitán de la paciica-
ción a don Sebastián Guillén.

Las intrigas en la pacificación motilona


Ciertamente la paciicación de los motilones, no era una empresa
nada fácil ni tampoco agradable para los hispano-criollos, pero era en
extremo necesaria, porque en las condiciones que se hallaba el sur del
lago de Maracaibo durante la segunda mitad del siglo XVIII, era ex-
tremadamente peligroso e inseguro realizar las actividades productivas
fundamentales en aquella economía, las cuales dependían del desarrollo
de las haciendas cacaoteras y luego transportar sus frutos, especialmente
sobre las corrientes de los ríos Zulia y Catatumbo y sus aluentes hasta

472 AGNB. Caciques e Indios. 62, doc. 29. Real Cédula de Carlos III. Aranjuez, 29 de junio de 1775. f. 381r-v.
473 AGNB. Caciques e Indios. 62, Doc. 29. Real Cédula de Carlos III. Aranjuez, 29 de junio de 1775. f.
381r-v.
178 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

el lago de Maracaibo, y desde allí al Mar Caribe con destino a sus mer-
cados de consumo como lo eran Veracruz y Sevilla.
Con ese objetivo, se habían erogado numerosos caudales, y como
se ha expresado, gobernadores y virreyes habían intentado realizar la
conquista de los naturales con un rotundo fracaso. En ese sentido, es
notable el esfuerzo realizado por don Sebastián Guillén, quien tuvo la
disposición de cuidar como a uno de los sus familiares a los indígenas
entre ellos Sebastián Joseph, quien lo condujo hasta sus parientes indí-
genas, y ello permitió formalizar los acuerdos de paz, que se habían con-
cretado en su titularidad como capitán y comandante de la paciicación
motilona, excesivas prerrogativas como se desprende de lo contenido
en la opinión maniiesta en la real cédula emitida por el rey Carlos III.
En ese sentido, pareciera que el gobernador Alonso del Río Castro,
resintiera de la amplia autoridad concedida a don Sebastián Guillén, que
se extendía sobre un gran territorio de la Provincia de Mérida, La Grita y
ciudad de Maracaibo, como también en la de Venezuela, la de San Faus-
tino de los Ríos y Pamplona, lo cual le daba un rango supra provincial,
que a juicio del Consejo de Indias eran unas “…exorbitantes facultades
para que dirija y continúe aquella paciicación sin intervención del mis-
mo gobernador en territorio sujeto a su jurisdicción y con un absoluto
manejo de los caudales destinados a la expedición con independencia de
los oiciales reales en sus cuentas y dispensándole de otras gracias despro-
porcionadas a su mérito…”474, lo cual revela que los informes enviados
ante el Consejo de Indias, mostraban el desagrado del gobernador con lo
que se había pautado con Sebastián Guillén, cuya autoridad se superpo-
nía a la suya en las actuaciones generales y particulares de la paciicación
motilona. Además se le confería la autoridad militar suprema de uno de
los cuatro escuadrones militares que servían en la provincia.
La oposición del gobernador del Río y Castro no se detuvo allí, sino
que antes de que se recibiera aquella real cédula de Carlos III en Mara-
caibo, lo cual ocurrió en julio de 1775 acontecieron otros hechos que
mueven a suspicacias sobre las acciones del gobernador. En ese sentido,
474 AGNB. Caciques e Indios. 62, doc. 29. Real Cédula de Carlos III. Aranjuez, 29 de junio de 1775. f. 381r-v.
Luis Alberto Ramírez Méndez 179

es preciso explicar que el 10 de octubre de 1767, después de inalizada


una reunión, en la cual estaba el expresado gobernador en la casa de don
Francisco Hernández Carrasquero, guarda mayor del puerto, esposo de
doña Bárbara Villamil en unión de Joseph Armesto Sotomayor, tesorero
de la real caja de Maracaibo, éste se retiró de la misma en horas de la
noche y al salir de la residencia, un negro oscuro le apuñaló en el vientre
causándole la muerte. En esa fecha el gobernador procedió a realizar una
averiguación en la cual en no se pudo determinar los responsables475.
Sin embargo, ocho años más tarde las averiguaciones habían con-
tinuado y para entonces resultaban otros implicados además de los
numerosos escándalos protagonizados por el propio gobernador y su
amante doña Bárbara Villamil, los que eran relatados por el vulgo, pues
se sostenía que don Alonso mantenía una escandalosa relación tanto
con ella como una de sus hijas: doña Isabel Carrasquero, por cuyas razo-
nes el anterior virrey don Pedro Messía de Cerda, les había seguido una
investigación a petición del obispo Mariano Martí, la cual había inali-
zado con la deposición del gobernador y el destierro de doña Bárbara476.
Pero el virrey don Manuel Guirior le había relevado a la Villamil de la
475 AGNB. Criminales Juicios. SC 19, 117, doc. 2. El gobernador de Maracaibo da cuentas de las averigua-
ciones por el homicidio de Joseph Armesto de Sotomayor. Testimonios. Maracaibo, 6 de octubre de
1774. ff. 183r-185v.
476 “Los 15 testigos declarantes afirmaron que el gobernador era despótico y ofuscado en sus pasiones,
pues se había enamorado perdidamente de doña Bárbara Villamil una hermosa dama que hacía uso de
sus atributos personales para lograr prebendas, prestigio y riquezas, por mucho tiempo esposa de don
Francisco Carrasquero, al cual le declaro el divorcio para concubinarse con don Alonso del Río. Por este
amorío había abandonado a su crecida familia-, once hijos habidos en su legítimo matrimonio, dilapi-
dando sus riquezas en comprarle “… cuatro casas, un hato con esclavos-,18 o 20 piezas-, vestidos y
alhajas de oro y plata, cuyo valor excedía a más de 16000 pesos”. La desmedida lujuria del gobernador
por doña Bárbara le había enajenado a tal extremo que había descuidado sus funciones especialmente
las militares, con el agravante de permitirle a doña Bárbara, que mandase la tropa como si fuesen sus
esclavos, amenazando a quienes la desobedecían con apresarlos y aplicarles fuertes castigos, “…todo
por complacer los antojos de la libidinosa y desvergonzada Bárbara”. Para el gobernador del Río no fue
suficiente la lujuriosa relación que mantenía con doña Bárbara, sino que insatisfecho requirió los favores
de una hija de doña Isabel Carrasquero, con quien dicen tenía una hija, y que de vez en cuando aún
sostenía devaneos amorosos, despertando los celos de doña Bárbara, quien protagonizaba desaforadas
escenas de celos, al punto que le golpeaba e insultaba públicamente”. Berbesí, Ligía: La amante del
gobernador (en publicación).
180 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

pena del destierro, reinstalándola en Maracaibo y también al goberna-


dor del Río y Castro477.
En aquel año de 1775, las acusaciones del asesinato de Amesto de Soto-
mayor478 recayeron en contra don Salvador Medrano, quien fue encerrado
en cárcel de Cúcuta de donde huyó479, según se decía auxiliado por muchos
negros pues era “…hombre muy grueso” para poder escalar las paredes480,
según opinaba un testigo de excepción como lo era don Antonio Aréva-
lo481, quien estaba en Maracaibo y le relataba los sucesos al virrey Guirior.
Del mismo modo, también se incriminó a don homás Medrano, quien
fue apresado y aherrojado en Gibraltar y trasladado a Maracaibo482.
Las imputaciones también se dirigieron contra el teniente de gobernador
don Francisco Campuzano483 y del escribano Andrés María Romana, a quie-
477 AGNB. Misceláneas. SC. 39, 127, doc. 20. Suspensión de pena de destierro de doña Bárbara Villamil.
Santa Fe de Bogotá, 6 de agosto de 1773. f. 454r.
478 Hay un informe de las cuentas de la Real Hacienda de Maracaibo, fechado en 1753, firmado por José
Armesto de Sotomayor publicado en: Documentos para la historia económica en la época colonial.
Selección y estudio preliminar de Antonio Arellano Moreno. Caracas. (Colección fuentes para la historia
colonial de Venezuela 93) Academia Nacional de la Historia, 1970. pp. 175-221.
479 AGNB. Criminales Juicios. SC 19, 114, doc. 24. El gobernador de Maracaibo da cuenta de la huida de
don Salvador Medrano de la cárcel de Cúcuta. Testimonios. Maracaibo, 10 de octubre de 1769. f. 378r.
480 “… y que lo cargaron una porción de negros para sacarlo de la prisión…” AGNB. Criminales Juicios.
SC 19, 130, doc. 22. Carta de don Antonio Arévalo al virrey Manuel Guirior. Maracaibo, 5 de septiembre
de 1774. ff. 343r-345r.
481 Don Antonio de Arévalo y Esteban, (1715, Martín Muñoz de la Dehesa, España - 9 de Abril de 1800,
Cartagena de Indias, Nuevo Reino de Granada), fue un matemático e ingeniero militar, que desde 1742 a
1798 diseñó, dirigió y completó las obras de fortificación de la ciudad de Cartagena de Indias, tras el ataque
inglés de 1741, convirtiéndola en la ciudad más fortificada y el puerto más seguro de la Corona Españo-
la en América. Sus obras de fortificación, murallas, castillos y bóvedas en conjunto están consideradas
como Patrimonio de la Humanidad según la UNESCO. Estas mismas murallas que se hicieron como
protección contra los ataques del imperio británico al imperio español, sirvieron luego como protección
para las luchas de la Independencia de Cartagena. Entre sus obras más importantes están el Castillo San
Felipe de Barajas, el Castillo San Fernando de Bocachica y las Bóvedas de Santa Clara entre otras obras
de la provincia del Virreinato de la Nueva Granada. Parte de su trabajo consistió en completar las obras de
fortificación de Cartagena de Indias del ingeniero Bautista Antonelli que iniciaron alrededor del año 1600.
482 AGNB. Criminales Juicios. SC 19, 217, doc. 27. El gobernador de Maracaibo da cuenta del traslado
de los acusados del asesinato de Joseph Arnesto Sotomayor. Maracaibo, 27 de junio de 1774. f. 669r.
483 “La pasión adulterina del gobernador se complicaba aun más porque los vecinos agregaban que Don.
Luis Alberto Ramírez Méndez 181

nes se les culpaba de haber incurrido en componendas en los tribunales para


hacer “miles de enredos con montones de papeles” que solo tenían como
inalidad obstaculizar la justicia real484. Además se incriminaba de manera
directa al mismo gobernador don Alonso del Río y Castro y a su amante
doña Bárbara Villamil485, en las puertas de cuya casa había ocurrido el ase-
sinato, según un testigo de excepción “… con inteligencia de ambos…”486.
Además de los mencionados indiciados en el homicidio, se encausó a
don Sebastián Guillén de ser el autor intelectual de tal atentado487. Ello se
airma en una carta fechada el 1º de febrero de 1775, en la que el mismo
gobernador Alonso del Río y Castro informaba al virrey Guirior del so-
metimiento a juicio de los acusados por el delito, y en esa comunicación
se aseguraba que a don Sebastián Guillén era el “… reo principal y man-
dante del asesinato…”488.
Para esa fecha, se rendían las declaraciones de los incriminados, pero
don Sebastián se hallaba en San Buenaventura; por tal contingencia, el
gobernador Río y Castro se dirigió al virrey a los efectos que ordenara
al gobernador de San Faustino de los Ríos para que procediera al inte-
rrogatorio del mismo. En respuesta a esa solicitud don Manuel Guirior
Manuel Campuzano, su teniente de gobernador también tenía vida marital con dña. Francisca Carrasquero,
hija de doña Bárbara, hecho reprobable pues este, era un hombre casado, quien según la representación de
su esposa, tanto ella como sus hijos estaban abandonados en Bogotá, por cuya infamia estaba expuesta a
la vergüenza y escarnio público”. Berbesí, Ligía: La amante del gobernador (en publicación).
484 “… y que lo cargaron una porción de negros para sacarlo de la prisión…” AGNB. Criminales Juicios. SC 19, 130,
doc. 22. Carta de don Antonio Arévalo al virrey Manuel Guirior. Maracaibo, 5 de septiembre de 1774. ff. 343r-345r.
485 “…todo está en sosiego, y muy gustoso el pueblo por verse fuera de las libertades que usaba la Dª
Bárbara, en todo, que á mandado cuanto a querido a presencia del gobernador y ahora volverán los
alborotos que producen…” AGNB. Criminales Juicios. SC 19, 130, doc. 22. Carta de don Antonio
Arévalo al virrey Manuel Guirior. Maracaibo, 5 de septiembre de 1774. ff. 343r-345r.
486 AGNB. Criminales Juicios. SC 19, 130, doc. 22. Carta de don Antonio Arévalo al virrey Manuel Guirior.
Maracaibo, 5 de septiembre de 1774. ff. 343r-345r.
487 “… y aunque otros han caído gobernando este golpe don Sebastián Guillén, a quien no aprendieron
cuando estaba aquí, porque no quisieron y se le pasan las noticias del estado de la causa por el mismo
Campuzano según públicamente se asegura…” AGNB. Criminales Juicios. SC 19, 130, doc. 22. Carta
de don Antonio Arévalo al virrey Manuel Guirior. Maracaibo, 5 de septiembre de 1774. ff. 343r-345r.
488 AGNB. Misceláneas. SC. 39, 105, doc. 18. Toma de declaración del asesinato del tesorero. Pueblo de
Tenjo, 21 de julio de 1775. ff. 835r-836v.
182 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

le respondió al gobernador que enviara el interrogatorio para lo cual


se debería actuar con toda precaución debido al riesgo que se corría de
suspenderse la paciicación motilona489.
Pero las inculpaciones no solo se dirigieron contra don Sebastián,
sino también contra su esposa doña María Ascensión Lezama, a quien
se le atribuyó vender fraudulentamente y de forma desautorizada “…
cierto número de reses para su mantensión…”, pero sucesivamente se
determinó que no había ninguna contradicción en la actuación de la
Lezama, porque al efectuar esas transacciones no había infringido en
nada con lo dispuesto en las órdenes superiores, por las que se le impi-
dieran la expresada venta de ese ganado490. En tal virtud de tal respuesta,
el gobernador se excusaba de no “haber prozedido de mala fe”.
Sucesivamente, las declaraciones requeridas a don Sebastián Guillén
fueron rendidas en San Buenaventura, y en mayo de 1775 solicitó que
el gobernador autorizara a su esposa doña María de la Ascensión Leza-
ma para trasladarse a San Buenaventura, en unión de sus hijos pero la
autorización le fue negada por Rio y Castro, por cuya razón la dama
recurrió al virrey, quien consintió en que viajara hasta San Buenaven-
tura en unión de sus hijos para acompañar a su marido491. Todavía en
agosto de ese año, don Sebastián solicitó nuevos recursos al virrey y se
hallaba desmontado en las inmediaciones del río Zulia para realizar la
fundación de un nuevo poblado de hispano-criollos.
Al año siguiente, el 11 de febrero de 1776, don Sebastián Guillén se
había trasladado a su casa ubicada en el valle de San Pedro; entonces ya
se tenía noticias de que se había emitido su orden de aprehensión y es-
taba acompañado por don Joseph Antonio Antúnez Pacheco, también
enemigo jurado del gobernador492. A aquel valle llegaron los guardias
489 AGNB. Misceláneas. SC. 39, 105, doc. 18. Toma de declaración del asesinato del tesorero. Pueblo de
Tenjo, 21 de julio de 1775. ff. 835r-836v.
490 Ídem.
491 AGNB. Milicias y Marina. Sc 37, 58, 110. Correspondencias de don Sebastián Guillén y doña María
Asunción Lezama. Tenjo, 21 de julio de 1775. ff. 630r-631v.
492 “…don Nicolás Joseph Antúnez Pacheco, vecino de Maracaibo, depositario general, regidor en propiedad,
subdelegado de tierras y capitán de milicias, fue uno de los testigos que compareció en el juicio que se le
Luis Alberto Ramírez Méndez 183

para prenderlo, cuyo acto fue voluntariamente aceptado por el imputa-


do, aun estando enfermo se embarcó con toda su familia en presencia
numerosos indios y del indio intérprete Sebastián Joseph, “…cuia sepa-
ración sintieron en tiernas demostraciones especialmente el intérprete
que quedó negado a todo consuelo…”493.
Don Sebastián fue trasladado desde el valle San Pedro y encarcelado
en Maracaibo. A partir de esa fecha, según doña María Lezama, se le pri-
vó de toda comunicación con el exterior e, inclusive, se le prohibieron las
visitas incluidas las de su esposa e hijos, y “… le mostró este gobernador
toda su indignación y combirtiendo la razón en pación y la charidad en
odio, no ha omitido ocasión de serle adverso y ahora últimamente a aca-
vado de exhalar el veneno de su corazón…” porque a don Sebastián le ha-
bían examinado dos médicos, cuya opinión fue que su salud estaba muy
deteriorada y se hallaba gravemente enfermo “en términos mortales” 494.
En vista de tales contingencias se solicitó al gobernador que permi-
tiera la salida de don Sebastián del reclusorio y proporcionarle un “alo-
jamiento fresco” en donde se le pudieran suministrar los medicamentos
necesarios, ante cuya petición la respuesta del “enfurecido” gobernador
fue: “…que no solo no lo consentiría en que le sacaran del calabozo en
que se hallaba prezo, pero que ni aún permitiría que su mujer, hijas, ni
parientes le fueran a asistir…”495.
Sin embargo, la álgida situación política que se vivía en Maracaibo se
siguió al gobernador don Alonso del Río y Castro, fue encarcelado, por la “ojeriza”, que le tenían gober-
nador y su teniente de gobernador Campuzano, afirmó que la actitud de los adúlteros era “…insensata y
abochorna a todos”, y resaltaba la desmedida influencia de la Villamil sobre el gobernador al expresar que
“…nada se consigue sin que doña Bárbara o su familia lo acepte… todo se niega si ella no lo concede.
Esta ciudad, observa con bastante dolor los abusos de este gobernador”. Abusos que se convirtieron en ca-
lamidad pública, escandalizando a los citadinos, quienes exigieron el respeto a la honra, el orden cívico, la
moral y buenas costumbres de la ciudad-puerto”. Berbesí Ligía: La amante del gobernador (en publicación)
493 AGNB. Caciques e indios. 62, doc. 17. Interrogatorio a solicitud de don Juan Paula Ortega. Valle de San
Pedro, 18 de julio de 1776, ff. 233r-235r.
494 AGNB. Criminales. Juicios. SC. 19, 122, Doc. 7. Comunicación al virrey de doña María de la Ascensión
Lezama. Maracaibo, 25 de junio de 1776. ff. 497r-500r.
495 AGNB. Criminales. Juicios. SC. 19, 122, Doc. 7. Comunicación al virrey de doña María de la Ascensión
Lezama. Maracaibo, 25 de junio de 1776. ff. 497r-500r.
184 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

modiicó en mayo de 1776, cuando el gobernador Alonso del Río y Cas-


tro cesó en sus funciones, según algunos testimonios a petición propia por
haber pedido se “le relevara de su cargo” y lo más probable porque el vi-
rrey Guirrior también fue removido y en su lugar se nombró como virrey
a don Manuel Antonio Flores Maldonado, quien a su vez, nombró como
gobernador de la Provincia de Mérida, La Grita y ciudad de Maracaibo
a don Francisco de Santa Cruz, quien negó ante el virrey las alegaciones
de doña María Lezama, al airmar que don Sebastián estaba recluido “…
en la prisión más cómoda y decente que ofrece este país, en la pieza alta,
mejor y más fresca de la casa del Ilustre cabildo de esta ciudad, haviendole
tratado con equidad y justicia sin dar motivo a padecer alguno…”496. En
medio de esas numerosas vicisitudes falleció don Sebastián Guillén, pues
en noviembre de 1776, ya se expresaba que era difunto.

La pacificación motilona después de don Sebastián Guillén


La ira del gobernador Alonso del Río y Castro no se limitó en contra
de don Sebastián y de su esposa doña María Lezama, sino que también se
dirigió contra Sebastián Joseph, el indio intérprete e hijo adoptivo de don
Sebastián, a quien se le suspendió la entrega del sueldo que se le había acor-
dado, que era pagado por los funcionarios de las cajas reales de Maracaibo
a doña María Lezama, como legítima representante del indígena. El mis-
mo intérprete expresaba que desconocía los motivos que tenía don Alonso
del Río y Castro para suspenderle esa asignación, por cuya razón solo se
sostenía con los reducidos suministros que doña María de la Ascensión
Lezama le remitía para comer y vestir; de esta manera solicitaba se le rein-
tegrara su sueldo, pues era una asignación aprobada por el mismo Rey497.
Asimismo, Don Alonso del Río y Castro acusó al intérprete de haberse
retirado a la casa que tenía don Sebastián en el valle de San Pedro, desde
donde se había apartado a los montes adyacentes, con las encubiertas in-
tenciones de incitar nuevamente a los motilones para que reiteradamente
496 AGNB. Caciques e indios. 62, doc. 17. Correspondencia del gobernador Francisco de Santa Cruz al
Virrey Flores Maldonado. Maracaibo, 4 de junio de 1776. F. 243r-v.
497 AGNB. Caciques e indios. 62, doc. 17 Carta del indio interprete Sebastián Guillén. Valle de San Pedro,
22 de junio de 1776. ff. 229r-230v.
Luis Alberto Ramírez Méndez 185

iniciaran sus sediciosos ataques; esto se realizaba a instancias de su padre.


Esas imputaciones fueron negadas rotundamente por Doña María Leza-
ma, quien explicó que ello jamás podría ocurrir debido a que su marido
no tenía comunicación con nadie, obedeciendo a las órdenes emitidas
por el mismo del Río y Castro498.
La persecución del gobernador continuó en contra del indio Sebas-
tián Joseph a quien se le ordenó comparecer ante las autoridades capi-
tulares de Gibraltar y exponer los motivos que le mantenían en aquellos
valles. En consecuencia, el indio Sebastián Joseph se presentó ante los
alcaldes de la villa y dijo que se había retirado al valle de San Pedro,
porque tenía noticias que el gobernador tenía intenciones de mandarlo
a aprehender499, pero en la semana santa cumpliendo con los preceptos
de la confesión y comunión asistió a la iglesia de San Pedro, lo cual fue
atestiguado por don Pedro Paulis, vicario de aquel puerto, y luego se
había retirado nuevamente a los montes para cazar acompañado por sus
parientes500, con las habituales manifestaciones de paz entre sus proge-
nies a las haciendas inmediatas y los demás lugares de la provincia, sin
que en ello se hubiera manifestado novedad alguna501.
En virtud de las respuestas emitidas por el indio intérprete, ratiicadas
por los alcaldes de Gibraltar y los sacerdotes de San Pedro, el mismo virrey
ordenó al gobernador que le cancelara de inmediato el sueldo retenido,
temiendo que esto podía motivar algún “alboroto” entre los indígenas los
cual era necesario prevenir502. Sin embargo, en junio de aquel año no ha-
bían hecho efectivo el pago, por cuya razón se intentó realizar un memorial

498 AGNB. Caciques e indios. 62, doc. 17 Carta del indio interprete Sebastián Guillén. Valle de San Pedro,
22 de junio de 1776. ff. 229r-230v.
499 AGNB. Caciques e indios. 62, doc. 17 Carta del indio interprete Sebastián Guillén. Valles de San Pedro,
22 de junio de 1776. ff. 229r-230v.
500 AGNB. Caciques e indios. 62, doc. 17. Carta del indio interprete Sebastián Guillén. Valles de San Pedro,
22 de junio de 1776. ff. 229r-230v.
501 AGNB. Caciques e indios. 62, doc. 17. Carta del indio interprete Sebastián Guillén. Valles de San Pedro,
22 de junio de 1776. ff. 229r-230v.
502 AGNB. Caciques e indios. 62, doc. 17. Carta del Virrey Manuel Guirior. Valles de San Pedro, 21 de julio
de 1776. f. 231r.
186 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

dirigido al virrey, el que fue solicitado por don Josehp Ortega, vecino del
valle de San Pedro, donde se hacía constar la suspensión de la mesada. Esa
actuación, coincidió con la llegada del nuevo gobernador don Francisco de
Santa Cruz, quien se opuso a la sustanciación del mismo y de inmediato
procedió a cancelar los sueldos atrasados como lo reveló en noviembre de
1776, don Francisco Paulis, cura del valle de San Pedro.
Con la inalidad de contrarrestar las atribuciones concedidas a don
Sebastián Guillén, los funcionarios coloniales y en especial el goberna-
dor don Alonso del Río y Castro, procedieron a solicitar que se fraccio-
nara la extensión territorial sobre la que se extendía la autoridad de don
Sebastián Guillén entre éste y Alberto Gutiérrez, quien había fungido
como capitán de la primera expedición, la que había solicitado y arma-
do don Sebastián como se expresó anteriormente, lo cual hace pensar
que el gobernador emitió esos informes favoreciendo a Gutiérrez a su
hermano Antonio y a otro “que sirvió de soldado raso en otras expe-
diciones”, lo cual hace resaltar las sospechas sobre esos reclamos, cuan-
do todas las correspondencias y actuaciones habían sido suscritas has-
ta 1775 por don Sebastián. La respuesta del indio intérprete ante esas
órdenes fue que se entendía que la jurisdicción concedida a Gutiérrez,
la que se comprendía alejada de los valles de Chama, lo cual aceptaba
por ser un mandato real, aunque él presumía que esa decisión se había
tomado a instancias del gobernador don Alonso del Río y Castro503.
De la misma forma, en agosto de 1776, el nuevo gobernador don
Francisco de Santa Cruz, ratiicaba que en ausencia de don Sebastián
Guillén, se debería nombrar a Alberto Gutiérrez como cabo de la pa-
ciicación, debido a que era un “hombre de bien”, a quien respetaban
los indígenas de Perijá, además que había sido uno de los primeros que
había iniciado la paciicación, que dominaba la lengua de los naturales
y que estaba dispuesto a continuar con la misma, no obstante que las
comunicaciones las había dirigido Guillén504.
503 AGNB. Caciques e indios. 62, doc. 17. Carta del indio interprete Sebastián Guillén. Valles de San Pedro,
22 de junio de 1776, ff. 229r-230v.
504 AGNB. Caciques e indios. 62, doc. 17. Correspondencia del gobernador Francisco de Santa Cruz al
Virrey Flores Maldonado. Maracaibo, 21 de agosto de 1776. f. 241r-242v
Luis Alberto Ramírez Méndez 187

Como resultado de esos informes se le concedió a Alberto Gutiérrez


el título de comandante y capitán505 de la paciicación motilona que
anteriormente se la había conferido a don Sebastián, acotando que de-
berían dividirse la jurisdicción para que ambos tuvieran un territorio
delimitado para cada uno de ellos donde podrían actuar, lo cual harían
de común acuerdo. Del mismo modo, se recomendaba se les concediera
a los hermanos de Alberto los reconocimientos necesarios y debidos a
sus méritos en la paciicación. Evidentemente, era una hábil jugada del
gobernador ante el Consejo de Indias con el objetivo de disminuir el
poder conferido a don Sebastián506.
En virtud de ese nombramiento, a inales de 1776, Alberto Gutiérrez
prosiguió la paciicación motilona y se trasladó a las zonas inmediatas al
río Zulia. En ese sentido, como aquellos espacios estaban comprendidos
a la jurisdicción de La Grita, sus vecinos se dirigieron al gobernador Fran-
cisco de Santa Cruz, a los efectos de solicitar se les adjudicara la propiedad
del suelo de aquellas extensas áreas a los efectos de labrar cacao y establecer
sus haciendas, construir sus caminos y veredas. Al mismo tiempo, demar-
car los terrenos en los cuales se establecerían las reducciones indígenas
y territorios de resguardo. En respuesta a tales solicitudes el gobernador
respondió a los capitulares que solicitaría una información detallada a
Alberto Gutiérrez, quien se hallaba en la zona a los efectos de proceder a
tomar las respectivas decisiones. En ese año, ya se preveía la formación de
varios pueblos en los cuales se asentaría la población indígena507.
Sin embargo, el Consejo de Indias, desconocedor del proceso de
paciicación y atento sólo a las conveniencias políticas del mismo, no con-
templaron que los acuerdos incluían también los pareceres de la etnia in-
dígena, quienes manifestaron su repudio al nombramiento realizado por el
Rey a Alberto Gutiérrez, y a través de Sebastián Joseph el indio intérprete,
505 AGNB. Milicias y Marina. 37, 65, 5. Nombramiento de teniente de infantería a Alberto Gutiérrez. Madrid,
14 de julio de 1777. f. 43r.
506 AGNB. Caciques e Indios. 62, doc. 29. Petición del indio interprete Sebastián Guillén. Maracaibo, 5 de
junio de 1777. ff. 385r-386v.
507 AGNB. Misceláneas. SC. 39, 56, D. 13. Correspondencias del Gobernador Francisco de Santa Cruz al
virrey. Maracaibo, 21 de febrero de 1777. ff. 29v-31v.
188 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

mediante una comunicación dirigida al monarca, le ratiicó su aceptación


a la autoridad real pero su rotundo rechazo al nombramiento de Gutiérrez
alegando que “… no es del agrado de la nación de mi cargo para que nos
gobierne, o ya por el horror con que lo miran desde que con tanto derra-
mamiento de nuestra sangre hizo este sugeto en la primera entrada en el
río de Santa Ana…”508, solicitando que se nombrara en su lugar a don
Pablo de la Mota y a don Pedro Guillén, hijo legítimo de don Sebastián.
En respuesta a esta petición, don Josep de Galves, atendiendo a una
amplia tradición hispánica que se remontaba al siglo XVI en la que se
preceptuaba el reconocimiento de las autoridades indígenas509, aceptó
esos términos explícitamente al admitir que “…deberá ejercer el cargo de
cabo principal o capitán de los yndios el sugeto que ellos hayan pedido y
nombrado el gobernador de Maracaibo según vuestra excelencia le previ-
no…”510. Del mismo modo, como en el Consejo de Indias se desconocía
el deceso de don Sebastián Guillén, se ratiicaba que una vez concluido el
juicio en contra del mismo, en caso de salir indemne se le concedería el
título de “paciicador de los motilones” y se le restituiría en sus funciones.
En el mismo mandato y de forma similar a otras regiones de fron-
tera en Hispanoamérica durante ese periodo511, se ordenó conformar
tres compañías militares para el sur de lago de Maracaibo integradas
por un ayudante mayor, un cirujano y un armero, cuyos salarios se
pagarían por las cajas reales de Maracaibo, de los ingresos obtenidos
del medio real impuesto sobre las ventas de cacao. Además, convenía
en la construcción de varios fuertes en distintos lugares de la provincia,
para lo cual se requería se hicieran con los menores costos para el erario

508 AGNB. Caciques e Indios. 62, doc. 29. Petición del indio interprete Sebastián Guillén. Maracaibo, 5 de
junio de 1777. ff. 385r-386v.
509 Gamboa Mendoza, Jorge Augusto, El cacicazgo muisca en los años posteriores a la conquista: del
psihipqua al cacique colonial (1537-1575).... pp. 334 y ss.
510 AGNB. Caciques e indios. 40, doc. 25. Comunicación de Josep de Galves al Virrey de la Nueva Granada.
Madrid, 8 de julio de 1777. ff. 773r-774v.
511 Galarza Antonio, “Relaciones interétnicas y comercio en la frontera sur rioplatense. Partidas indígenas y
transacciones comerciales en la guardia de Chascomús (1780-1809)”. En: Fronteras de la Historia. Vol.
17-2, 2012, pp. 102-128.
Luis Alberto Ramírez Méndez 189

real, en forma similar con lo ocurrido en otros territorios de fronteras


hispanoamericanas512. Finalmente, a Alberto Gutiérrez se le concedió el
grado de teniente, y a su hermano y su sobrino plazas de cadetes de la
guarnición de Maracaibo513.
En 1778, la paciicación de los motilones estaba casi completa; sin
embargo, el establecimiento de las reducciones se realizaría en los años
siguientes. Si la paciicación fue exitosa se debió a que los indios fueron
tratados con gentileza y no forzados con violencia, lo cual no había ocu-
rrido hasta que Alberto Gutiérrez y Sebastián Guillén establecieron las
relaciones amistosas con los motilones y desplegaron la paciicación514.
Pero, la estabilidad de los asentamientos indígenas motilones se basaba
en alcanzar las necesarias condiciones que permitieran el desarrollo de
las actividades productivas, el control y vigilancia de la población redu-
cida515, debido a que las misiones fueron complejos dispositivos en los
que se llevaron a cabo en primera instancia la concentración poblacio-
nal para hacer posible la evangelización y civilización de los gentiles,
pero también sirvieron a los intereses geopolíticos imperiales; por ello
la cristianización se concibió como un proceso que se iniciaba con la
“reducción”, continuaba con la educación e incorporación a la vida civil
y concluía con la conversión516.
El primero de ellos fue la presencia de los capuchinos quienes regían
directamente los pueblos y protegían a los naturales de los abusos de
los hispano-criollos y de eventuales hechos violentos que se pudieran

512 Normando Cruz, Enrique, “En la mano el pan y en la otra el chicote. Fronteras, curatos y clero en Jujuy a fines
del período colonial”. En: Anuario de Historia regional y de las fronteras. Vol. 15, octubre 2010. pp. 113-128.
513 AGNB. Caciques e indios. 40, doc. 25. Comunicación de Josep de Galves al Virrey de la Nueva Granada.
Madrid, 8 de julio de 1777. ff. 773r-774v.
514 Lance Raymond Grahn, Indian pacification in the Viceroyalty of New Granada, 1740-1803… p. 140-141.
515 Del Cairo, Carlos: “EL salvaje y la retórica colonial El Orinoco ilustrado (1741) de José Gumilla S.J”. En:
Fronteras de la Historia. Nº 11, 2006. pp. 156-159.
516 Ibídem. p. 158; Marín Tamayo, Jhon Jairo: “El discurso normativo “sobre y “para” las doctrinas de
indios: la construcción de la identidad católica en el indígena colonial en el Nuevo Reino de Granada
1556-1606”. En: Revista Antítesis Vol. 3, Nº 5, 2010. pp. 71-94.
190 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

cometer en contra de ellos, al mismo tiempo que los aculturaban517.


En ese sentido, las instrucciones reales al respecto fueron concretas y se
emitieron en la real orden del 29 de junio de 1775, que dictaminaban
el tono amigable de la paciicación motilona, lo cual prevaleció duran-
te el último cuarto del siglo XVIII. En esas disposiciones, el monarca
ordenó al virrey Guirior acudir a los capuchinos y actuar con extremo
cuidado a in de evitar la intimidación en contra de los motilones. En
consecuencia, el primer paso para el establecimiento de las reducciones
fue la asignación de los frailes que deberían acompañarlos a los efectos
de establecer las misiones518.
En efecto, desde 1752 habían arribado a Santa Fe doce misioneros
capuchinos de la provincia de Navarra por orden del monarca español,
presididos por fray Felipe de Cienbacienigo, cuya presentación oicial hi-
cieron ante el virrey don Sebastián de la Eslava519. La llegada de los frailes

517 “… que asimismo sería muy útil que las fundaciones de los mismos motilones quedasen a cargo de los
misioneros eligiendo estos el sitio o plantaje donde hubieren de formarlas, sin dependencia alguna de
los Comandantes, Cabos o sobrestante…” “Real Cédula de 22 de mayo de 1783, dirigida al Vicario de
Maracaibo que informe si conviene que los yndios motilones establezcan en la margen de la laguna”.
En: Tulio Febres Cordero: Documentos para la Historia del Zulia. Obras Completas. Bogotá, Editorial
Antares, 1960. T. IV. pp. 154-155.
518 Sobre las misiones en Venezuela existe una extensa bibliografía entre otras: Carrocera Buenaventura, “La
cristianización de Venezuela en el periodo hispánico”. En: Memoria del Segundo Congreso Venezolano de
Historia Eclesiástica: Caracas. Academia Nacional de la Historia, 1975. pp. 189-230; Del Rey Fajardo José,
“La pedagogía misionera en las reducciones jesuíticas. En: Memoria del Segundo Congreso Venezolano
de Historia Eclesiástica: Caracas. Academia Nacional de la Historia, 1975. pp. 457-481; Restrepo Posa-
da, José Manuel, “Evangelización del Nuevo Reino”. En: Revista de la Academia Colombiana de Historia
Eclesiástica, Agosto de 1970, pp. 5-58; Dupuy Walter, “La función de las misiones en el indigenismo
venezolano”. En: Boletín de la Academia Nacional de la Historia (Caracas), T. LVIII, Nº 229, 1975. pp. 68-76;
Armellada Cesáreo, “La evangelización en Venezuela”. En: Historia General de la Iglesia en América Latina.
Colombia y Venezuela. Salamanca. Editorial Sígueme, 1981. T. VII. pp. 40-51; Carrocera Buenaventura,
“Las misiones capuchinas en Venezuela”. En: Historia General de la Iglesia en América Latina. Colombia y
Venezuela. Salamanca. Editorial Sígueme, 1981. T. VII. pp. 66-96. Del Rey Fajardo, José S.J., “Las escoltas
militares en las misiones jesuíticas de la Orinoquia”. En: Boletín de la Academia Nacional de la Historia. T.
LXXVIII, Nº 311, 1895. pp. 35-69; Del Rey Fajardo, José S.J., “La misión de Airico 1695-1704”. En: Boletín
de la Academia Nacional de la Historia. T. LXXVI, Nº 302, 1885. pp. 49-68.
519 AGNB. Misceláneas. SC 39, 141, doc. 66. Presentación de los capuchinos navarros ante el virrey Se-
bastián de la Eslava. Santa Fe, 19 de marzo de 1752. f. 552r-v.
Luis Alberto Ramírez Méndez 191

se debió a que fueron autorizados para activar las misiones en el obispado


de Santa Marta, entre los chimilas y guajiros, luego extendieron su juris-
dicción hasta Valle de Upar, con los aruacos. Progresivamente, les fueron
asignados los coyamos en Perijá, que tenían una reducida población. En
1765, el gobernador de la Provincia de Mérida y La Grita, les solicitó su
asistencia para conquistar los motilones, por esa razón los religiosos pidie-
ron se les concediera una escolta armada para su protección520.
Las expediciones paciicadoras contaron con la decidida participa-
ción de los capuchinos en especial de su presidente el padre Patricio de
los Arcos y el padre Fidel de Rala, quienes acompañaron a los expedicio-
narios entre 1766 hasta 1774. Por esas razones, cuando don Sebastián
Guillén inicio la construcción de San Buenaventura solicitó al virrey
don Manuel Guirior que le asistiesen dos religiosos: uno destinado a la
expresada reducción y otro para la que esperaba establecer de inmedia-
to; la respuesta de Guirior fue airmativa521.
Después de la aceptación del virrey asignando a los capuchinos se
prosiguió con el proceso de población, mediante la selección de la lo-
calización geográica de los asentamientos, los cuales fueron aprobados
inicialmente por los mismos indios antes de iniciar su ediicación, los
cuales debieron estar provistos con tierras fértiles y abundantes corrien-
tes de agua. Pero la ubicación del conjunto de poblados fue el resultado
de un esfuerzo consciente de las autoridades hispano-criollas destinado
a maximizar la producción agrícola, resguardar y controlar las impor-
tantes vías luviales, sobre las cuales se transportaba la producción con
destino al puerto de Maracaibo.
Las primeras reducciones se establecieron a las márgenes del río Zu-
lia, en cuyas riberas se instaló en 1779 Santa Bárbara. Diez y seis años
después tenía su iglesia techada con teja, y en su interior dos capillas a
ambos costados debajo del arco coral con sus respectivos retablos do-

520 AGNB. Misceláneas. SC 39, 108, doc. 27. Solicitud de una escolta por los misioneros navarros para
conquistar los motilones. Maracaibo, 4 de julio de 1765. f. 22r-v.
521 AGNB. Poblaciones varias. SC 46, 5, doc. 90. Don Sebastián Guillén solicita la asistencia de dos religio-
sos para la pacificación de los motilones. Maracaibo, 6 de junio de 1775. f. 414r-v.
192 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

rados. En su altar mayor se había colocado un cruciijo de una vara y


dos tercias de largo, al igual que un bulto de Santa Bárbara, la patrona
del poblado, con un retablo dorado. En el techo se había colgado una
lámpara de plata, delante del sagrario, al igual que dos arañas torneadas
de madera. La capilla mayor estaba adornada con seis cuadros en cada
costado, con sus marcos dorados y otras pinturas inas y de buen pincel,
compradas a los albaceas de doña Ana Cordero, en 137 pesos. La sacris-
tía tenía una mesa y los cajones correspondientes, los ornamentos, casu-
llas de colores y dos de tisú, las albas, manteles, cálices correspondientes
al divino culto. El pueblo fue severamente afectado por las inundacio-
nes que arruinaron las arboledas de cacao, lo que ocasionó la pérdida de
más de treinta y dos mil árboles como de los demás cultivos en 1802522.
A orillas del río de la Arenosa se estableció San Francisco de la Areno-
sa en 1780, que en 1805 era presidida por fray Bernavé de Logrone. El
pueblo se situaba entre San Faustino y las Guamas, como tres a cuatro
horas de camino desde San Faustino. La Arenosa tenía en ese año una
iglesia de teja, con ornamentos y cálices. Los indios eran pobres, debido
a la infertilidad del terreno arenoso y a los anegadizos que lo rodeaban,
por lo que estaban llenos de “sartanejos”. A pesar de esas limitaciones se
habían sembrado de cacao. Los pocos habitantes del pueblo, trabajaban
regularmente en las haciendas de los hispano-criollos, mientras el padre
les asistía con lo necesario523.
Un año después del establecimiento de San Francisco, en 1781 se
formó el pueblo de Santa Cruz en las riberas de los ríos Zulia y Esca-
lante. En 1805, lo presidía el padre Miguel de Zudelas, y contaba con
su iglesia “nueva y famosa” con tres naves y de buena construcción,
cubierta con tejas y adornada con retablos. Entre sus bienes había unas
casullas “muy preciosas”, además de las albas, los vasos sagrados y lo
522 AAM. Sección 3 Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40. Patricio de los Arcos, Capellán de la Orden de
Misioneros, le informa al Obispo Santiago Hernández Milanés, sobre el estado en que se encuentran
las Misiones de los Capuchinos en la Provincia de Maracaibo. Maracaibo, 22 de julio de 1805. f. 2v.
523 AAM. Sección 3 Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40. Patricio de los Arcos, Capellán de la Orden de
Misioneros, le informa al Obispo Santiago Hernández Milanés, sobre el estado en que se encuentran
las Misiones de los Capuchinos en la Provincia de Maracaibo. Maracaibo, 22 de julio de 1805. f. 1v-2r.
Luis Alberto Ramírez Méndez 193

que correspondía al altar, “todo bueno”. La población estaba compuesta


por doscientos indios entre párvulos y adultos, varones y hembras. Para
entonces se hacía referencia que el pueblo tenía “… buenas haciendas
de cacao, a mas en los platanares y todo aquello que es necesario a la
manutención de los yndios…”524.
En las márgenes del río de San Faustino se estableció San Miguel
de Buenavista en 1783, pero en 1805 se había trasladado como a un
cuarto de legua más arriba del asentamiento original, y su presidente
era el padre Manuel del Ciego. La casa misional era de tejas, y “…tan
ostentosa”, que según testimoniaba fray Patricio de los Arcos superior
de los capuchinos en aquella fecha que “…si en mi prefectura huviera
intentado fabricarla, no lo huviera permitido”. En ese año se iniciaban
los trabajos para la construcción de la iglesia la cual se preveía sería “de
teja y buena”, ya se disponían de los ornamentos que eran “muy des-
entes, con todo lo que corresponde al divino culto”. El pueblo poseía
buenas tierras y haciendas de cacao, además pastos para la crianza de
ganado. Desde San Miguel de Buenavista, río abajo, teniendo “…el río
bastante agua para que no se vare la embarcación, se salía a la laguna de
Maracaibo en dos días y medio, y desde la aduana nombrada Ysla de
Damas, que está a la salida del río, se llega a la ciudad de Maracaybo,
navegando regularmente en dos o tres días”. Adicionalmente había otra
ruta desde Buenavista, hasta Santa Cruz525.
Nuestra Señora de La Victoria fue establecida en 1784. A ésta se
podía llegar desde Santa Cruz de Zulia, transitando por un camino
pantanoso, húmedo y muy accidentado, o bien navegando sobre el río
Zulia en una embarcación regular en el transcurso de dos horas. En
1805, era presidida por el padre Francisco de Urroz. La iglesia de este
pueblo era de tres naves y techada con tejas, con su correspondiente sa-
524 AAM. Sección 3 Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40. Patricio de los Arcos, Capellán de la Orden de
Misioneros, le informa al Obispo Santiago Hernández Milanés, sobre el estado en que se encuentran
las Misiones de los Capuchinos en la Provincia de Maracaibo. Maracaibo, 22 de julio de 1805. f. 2v.
525 AAM. Sección 3 Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40. Patricio de los Arcos, Capellán de la Orden de
Misioneros, le informa al Obispo Santiago Hernández Milanés, sobre el estado en que se encuentran
las Misiones de los Capuchinos en la Provincia de Maracaibo. Maracaibo, 22 de julio de 1805. f. 1v-2r.
194 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

cristía y baptisterio. También disponía de albas, casullas, cálices y todo


lo concerniente al culto divino. Los indios cultivaban sus haciendas
de cacao, plátanos y todo aquello que les era necesario. En La Victoria
se celebraban los capítulos debido a que tenía una casa misional con
buenas comodidades, por “ser grande, capaz y bien fabricada, aunque
cubierta con palma”526.
San José de las Palmas fue asentado inmediato a Ocaña, adonde un
grupo de motilones provenientes de la Sierra de Perijá, se trasladó y
pidió a los alcaldes que se les ubicara un espacio para congregarse en un
poblado y solicitaron se les asignase a un capuchino. Los alcaldes envia-
ron una correspondencia al virrey Antonio Caballero y Góngora soli-
citándole su autorización para la formación del poblado, quien ordenó
inmediatamente a los oiciales reales de la ciudad ayudar a los motilones
para ediicar su reducción. San José de las Palmas fue establecido en
1785, por el padre Pedro Corella527, siete años después en 1792, estaba
en total funcionamiento528 y en 1805 ya había sido mudado desde su
asiento original en tres ocasiones por su fundador529. En ese año, las
casas estaban techadas con palma, al igual que su iglesia, la que era pe-
queña y “…adornada, tiene casullas mui decentes y vistosas, y de todos
colores; igualmente no le faltan buenas alvas, manteles, cálices, corpo-
rales y todo lo que concerniente al divino culto…”530. En esa fecha, era

526 AAM. Sección 3 Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40. Patricio de los Arcos, Capellán de la Orden de
Misioneros, le informa al Obispo Santiago Hernández Milanés, sobre el estado en que se encuentran
las Misiones de los Capuchinos en la Provincia de Maracaibo. Maracaibo, 22 de julio de 1805. f. 2r-v.
527 AGNB. Miscelánea. SC. 39, 68, Doc. 34. “Frai Pedro Corella, religioso capuchino, cura doctrinero de in-
dios motilones, ha treinta años, fundador y presidente de San José de las Palmas, jurisdicción de Mara-
caibo”. Carta petición para ser excarcelado de fray Pedro Corella. Tunja, 1 de octubre de 1814. f. 625r-v.
528 Lance Raymond Grahn, Indian pacification in the Viceroyalty of New Granada, 1740-1803… p. 140-141.
529 “…pues ya lleva su presidente tres pueblos…” AAM. Sección 3 Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40.
Patricio de los Arcos, Capellán de la Orden de Misioneros, le informa al Obispo Santiago Hernández
Milanés, sobre el estado en que se encuentran las Misiones de los Capuchinos en la Provincia de
Maracaibo. Maracaibo, 22 de julio de 1805. f. 1v-2r.
530 AAM. Sección 3 Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40. Patricio de los Arcos, Capellán de la Orden de
Misioneros, le informa al Obispo Santiago Hernández Milanés, sobre el estado en que se encuentran
las Misiones de los Capuchinos en la Provincia de Maracaibo. Maracaibo, 22 de julio de 1805. f. 1v-2r.
Luis Alberto Ramírez Méndez 195

uno de los pueblos que tenía arruinadas sus haciendas de cacao, a pesar
de ello, producían lo suiciente para alimentar a sus pobladores531. Des-
de este pueblo había sólo una hora de camino por tierra para alcanzar a
San Miguel de Buenavista.
En 1786 se estableció el pueblo de San Francisco de Limoncito, en-
tre el Puerto de Las Guamas y la villa de San José de Cúcuta, asentado
en un sitio “…alegre, delicioso en vellas vistas y libre de inundación del
río, por estar en una mesa alta...”. Los viajeros que transitaban desde
Maracaibo hasta Cúcuta debían pasar por Limoncito, que distaba seis
a ocho horas de camino desde el puerto de Las Guamas y desde allí se
transitaban unas tres horas más hasta San Buenaventura (Villavicencio).
Las casas de Limoncito estaban techadas con tejas. La iglesia era decente
y adornada con ornamentos, vasos sagrados y lo concerniente al culto
divino “…muy aseado y costoso, como que celebra todas las funcio-
nes de yglesia con toda solemnidad y aparato…”. Limoncito tenía po-
cos habitantes y era presidido en 1805, por el padre Gabriel de Estella
quien los tenía “…surtidos de todo lo necesario…”532.
En la costa sur del lago, dirigiéndose hacia el valle de San Pedro y
remontando como a dos horas río arriba se pobló Santa Rosa de Mucu-
jepe en 1788. Años después en 1805, era presidido por fray José de Us-
tes, y su compañero el padre Adrián de Autol. El pueblo era de palma,
su iglesia, disponía de ornamentos para el culto divino. Para entonces
labraban sus haciendas de cacao, plátano y yuca, cuyos productos se
transportaban a Maracaibo en la canoa del pueblo, porque el río era
poco caudaloso, cuyo viaje se realizaba en el transcurso de dos días y
otros tantos se empleaban en retornar533.

531 AAM. Sección 3 Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40. Patricio de los Arcos, Capellán de la Orden de
Misioneros, le informa al Obispo Santiago Hernández Milanés, sobre el estado en que se encuentran
las Misiones de los Capuchinos en la Provincia de Maracaibo. Maracaibo, 22 de julio de 1805. f. 1v-2r.
532 AAM. Sección 3 Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40. Patricio de los Arcos, Capellán de la Orden de
Misioneros, le informa al Obispo Santiago Hernández Milanés, sobre el estado en que se encuentran
las Misiones de los Capuchinos en la Provincia de Maracaibo. Maracaibo, 22 de julio de 1805. f. 1v-2r.
533 AAM. Sección 3 Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40. Patricio de los Arcos, Capellán de la Orden de
Misioneros, le informa al Obispo Santiago Hernández Milanés, sobre el estado en que se encuentran
196 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

En 1792, fue creada Nuestra Señora del Pilar del Raizudo, ubicada
en las márgenes del Río Catatumbo, su presidente fray Paulino de Pam-
plona, y en 1805 prometía ventajas y comodidades debido a la creciente
expansión de las haciendas de cacao, cuyas arboledas comenzaban a
fructiicar. Desde Maracaibo, se navegaba hasta El Pilar en nueve o diez
días y sólo se tardaban cinco o seis días en el retorno. El pueblo era de
palma y se esperaba ediicar una iglesia de teja, que ya disponía de lo
necesario para divino culto534.
San Fidel fue establecido en 1799, sobre las márgenes del río Apón
(cercano al actual Machiques). Fue el último pueblo que se constituyó.
Era presidido en 1805 por el padre Matías del Redal. El territorio don-
de se asentó era seco, pero producía plátanos y yuca en ciertas estaciones
del año. También caña de azúcar, de la que se hacía alguna panela o
papelones que se enviaban a Maracaibo con poca utilidad, por lo costo-
so del transporte. La iglesia estaba techada con palma; sus ornamentos
eran menos ostentosos comparados con los de otros pueblos motilones
ubicados a las márgenes del río Zulia. Adicionalmente a las anteriores
reducciones, se establecieron en las orillas del río Tucaní la misión de
Basave, en curso medio del río Onía se asentó la misión del mismo
nombre y en las orillas del rÍo GuarorÍes, dos pueblos: el de Guaroríes
y el de La Mesa, pero algunas de las reducciones indígenas no fueron
estables como estas últimas, las que rápidamente desaparecieron535.
Los misioneros incentivaron a los motilones para realizar los sembra-
díos formar unidades de producción agrícolas, elaborar instrumentos
para las faenas de cultivo y ediicar viviendas. Igualmente, los monjes
enseñaron a los niños a leer y escribir, y la doctrina cristiana. A los

las Misiones de los Capuchinos en la Provincia de Maracaibo. Maracaibo, 22 de julio de 1805. f. 3r.
534 AAM. Sección 3 Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40. Patricio de los Arcos, Capellán de la Orden de
Misioneros, le informa al Obispo Santiago Hernández Milanés, sobre el estado en que se encuentran
las Misiones de los Capuchinos en la Provincia de Maracaibo. Maracaibo, 22 de julio de 1805. ff. 2v-3r.
535 AAM. Sección 3 Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40. Patricio de los Arcos, Capellán de la Orden de
Misioneros, le informa al Obispo Santiago Hernández Milanés, sobre el estado en que se encuentran
las Misiones de los Capuchinos en la Provincia de Maracaibo. Maracaibo, 22 de julio de 1805. f. 1r-v.
Luis Alberto Ramírez Méndez 197

adultos les hicieron seguir las normas de moralidad y urbanidad536, al


igual que a establecer familias, mediante la aceptación del matrimonio
monogámico. (Véase Mapa 3)
Mapa 3 Ubicación de las misiones en el sur del lago de Maracaibo.
(Siglo XVIII)

Fuente AGI. Mapas y Planos, Venezuela, 202.


Aunque el costoso esfuerzo de la paciicación se había traducido en
resultados prácticos, durante la primera década del siglo XIX ya se re-
velaban numerosas diicultades especialmente en el interior de las re-
ducciones, las cuales mostraban serios obstáculos para su permanencia.
536 Lance Raymond Grahn, Indian pacification in the Viceroyalty of New Granada, 1740-1803… pp. 140-141.
198 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

El primero y más fatal era el resultado lógico de la convivencia entre


indios con los hispano-criollos y mestizos, portadores asintomáticos de
las enfermedades para las cuales los naturales carecían de anticuerpos,
cuyos contactos fueron nefastos, porque causaron la notable reducción
de la población motilona537.
En ese sentido, se informaba en 1805 que “…las repetidas epidemias
y pestes de que han sido acuchillados todos los pueblos de la misión,
han minorado notablemente el número de yndios, de modo que en
lugar de aumentarse el número de almas, se han disminuido una tercera
parte quando menos…”538. Los fatales contagios se habían extendido
especialmente en San Fidel de Apón, donde los indios eran pocos debi-
do a una cruel epidemia de sarampión que padecieron el año de 1794,
en la que murieron más de las tres partes de los naturales539, al igual que
en Santa Rosa de Mucujepe y San Miguel de Buenavista en los que se
testimoniaba que la mayoría de los indios habían fallecido debido a las
repetidas pestes que los habían infectado como en los demás pueblos de
los motilones. Por el contrario, en La Palma, aunque no habían experi-
mentado esas fatídicas enfermedades, se airmaba que el número de sus
habitantes también se había reducido.
Aparte de esa desdichada situación, se destacaba el serio revés que
había experimentado la producción agraria debido a las considerables

537 “Con motivo de la peste que se ha extendido en nuestras costas ocupando especialmente y con menor
fuerza a los habitantes de las márgenes del río Zulia, a quienes mortifica una fiebre maligna…”. “Noti-
cias sobre la agricultura en Maracaibo, arte y comercio y precios corrientes en 1796”. En: Documentos
para la historia económica en la época colonial. Selección y estudio preliminar de Antonio Arellano
Moreno. Caracas. (Colección fuentes para la historia colonial de Venezuela 93) Academia Nacional de
la Historia, 1970. p. 526; Sweet David, “The Ibero-American frontier mison History”. En: Erik Langer
y Robert H. Jackson (eds): The new Latin American Mission History. Lincoln y Londres. University of
Nebraska press, 1995. pp. 1-48.
538 AAM. Sección 3 Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40. Patricio de los Arcos, Capellán de la Orden de
Misioneros, le informa al Obispo Santiago Hernández Milanés, sobre el estado en que se encuentran
las Misiones de los Capuchinos en la Provincia de Maracaibo. Maracaibo, 22 de julio de 1805. f. 1r-v.
539 AAM. Sección 3 Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40. Patricio de los Arcos, Capellán de la Orden de
Misioneros, le informa al Obispo Santiago Hernández Milanés, sobre el estado en que se encuentran
las Misiones de los Capuchinos en la Provincia de Maracaibo. Maracaibo, 22 de julio de 1805. f. 1r-v.
Luis Alberto Ramírez Méndez 199

pérdidas que ocasionaban las inundaciones ocasionadas por los ríos, en


los pueblos de San José y especialmente en Santa Bárbara, que había
sido arruinada y asolada por las riadas en 1802540.
Otra de las preocupaciones fundamentales de los frailes fue proteger
a los indígenas de las “malas inluencias” de los inescrupulosos hispa-
no-criollos, quienes les cambiaban sus productos agrícolas por bebidas
alcohólicas; por esa razón, los frailes nunca aprobaron que los indios vi-
vieran fuera de las reducciones. Pero la aición de los naturales al consu-
mo del aguardiente de caña541, que mayoritariamente era producido en
el área suburbana de Mérida542, y en los valles de la Sabana del Espíritu
Santo y Río de Castro, constituía un grave problema en la jurisdicción,
al extremo que en 1788, el Rey ordenó al gobernador de la Provincia del
Espíritu Santo de La Grita y Mérida que tomara las previsiones necesa-
rias para evitar la excesiva ingesta de aguardiente de caña en su gobierno
por las perniciosas secuelas que ocasionaba543, para cuyo in se indicó
que se siguieran las medidas que ya se habían tomado en la Nueva Es-
paña para erradicar ese vicio544. En la población indígena los nefastos
daños que ocasionaban las ventas ilegales del licor eran tan terribles
540 AAM. Sección 3 Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40. Patricio de los Arcos, Capellán de la Orden de
Misioneros, le informa al Obispo Santiago Hernández Milanés, sobre el estado en que se encuentran
las Misiones de los Capuchinos en la Provincia de Maracaibo. Maracaibo, 22 de julio de 1805. f. 1r-v.
541 En 1796, se calculaba que se pagó por el impuesto del estanco del aguardiente en la Provincia de
Maracaibo era de 16.000 a 17.000 pesos. “Noticias sobre la agricultura en Maracaibo, arte y comercio y
precios corrientes en 1796”. En: Documentos para la historia económica en la época colonial. Selección
y estudio preliminar de Antonio Arellano Moreno. Caracas. (Colección fuentes para la historia colonial
de Venezuela 93) Academia Nacional de la Historia, 1970. p. 514.
542 “El azúcar sólo se coge en la jurisdicción de Mérida, cuyos campos parecen aparentes para la caña,
y la producen muy buena…”. “Noticias sobre la agricultura en Maracaibo, arte y comercio y precios
corrientes en 1796”. En: Documentos para la historia económica en la época colonial. Selección y
estudio preliminar de Antonio Arellano Moreno. Caracas. (Colección fuentes para la historia colonial de
Venezuela 93) Academia Nacional de la Historia, 1970. p. 513.
543 “Real Cédula de 12 de diciembre de 1788, sobre tomar providencia sobre el uso excesivo del aguar-
diente de caña en la Provincia de Maracaibo”. En: Tulio Febres Cordero: Documentos para la Historia
del Zulia. Obras Completas. Bogotá, Editorial Antares, 1960. T. IV. p. 191.
544 Corcuera de Mancera, Sonia, El fraile, el indio y el pulque. Evangelización y embriaguez en la Nueva
España, (1523-1548). México. Fondo de Cultura Económica, 1991.
200 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

que los naturales habían abandonado las reducciones y entregaban sus


productos agrícolas para comprar el licor en las furtivas ventas que los
hispano-criollos le hacían a los aborígenes a espaldas de los padres, en
cuyas transacciones los expendedores obtenían “…unas lucraciones
asombrosas y usurarias…”545.
Adicionalmente a las preocupantes situaciones ya expuestas, se pro-
ducían altercados entre los padres presidentes de las reducciones con los
indígenas debido a que éstos manifestaban “…una repugnancia cons-
tante al trabajo, grande apego a la pereza, una resistencia inexplicable a
las disposiciones de los Padres Misioneros, una inclinación inmoderada
ha cambalachar quanto adquieren, y una propensión sin igual al aguar-
diente hasta embriagarse...” 546. Los naturales acompañaban su rebeldía
calumniando a los frailes, les desobedecían e insultaban con “…injurias
y de palabras insufribles y pesadas…”. En vista de esas conductas desor-
denadas, los misioneros procedían a imponerles castigos para enfrentar
y contener su altivez, en respuesta a esas sanciones, los indios se escapa-
ban a los montes en pandillas547.
Del mismo modo, los religiosos relataban que lo naturales rehusaban
concurrir a la enseñanza de la religión, al igual que se negaban a asistir
a misa. Los frailes airmaban que con los adultos se lograba alguna “tin-
tura de religión”, pero en lo que respecta a la instrucción no admitían
ninguna enseñanza porque “…no quieren por título alguno, atender ni
responder a pregunta alguna de la doctrina, y sólo a la hora de la muer-
te, piden el Santo Bautismo, y se les administra vajo condición…”548.
545 AAM. Sección 3 Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40. Patricio de los Arcos, Capellán de la Orden de
Misioneros, le informa al Obispo Santiago Hernández Milanés, sobre el estado en que se encuentran
las Misiones de los Capuchinos en la Provincia de Maracaibo. Maracaibo, 22 de julio de 1805. f. 1r-v.
546 AAM. Sección 3 Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40. Patricio de los Arcos, Capellán de la Orden de
Misioneros, le informa al Obispo Santiago Hernández Milanés, sobre el estado en que se encuentran
las Misiones de los Capuchinos en la Provincia de Maracaibo. Maracaibo, 22 de julio de 1805. f. 1r-v.
547 AAM. Sección 3 Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40. Patricio de los Arcos, Capellán de la Orden de
Misioneros, le informa al Obispo Santiago Hernández Milanés, sobre el estado en que se encuentran
las Misiones de los Capuchinos en la Provincia de Maracaibo. Maracaibo, 22 de julio de 1805. f. 1r-v.
548 AAM. Sección 3 Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40. Patricio de los Arcos, Capellán de la Orden de
Misioneros, le informa al Obispo Santiago Hernández Milanés, sobre el estado en que se encuentran
Luis Alberto Ramírez Méndez 201

En ese sentido, es preciso destacar que la posición de los indígenas


fue un cambio de cosmovisión en la cual deseaban aplacar y apaciguar a
las poderosas deidades españolas, para ganarse el acceso al conocimiento
especializado y a los poderes de sus sacerdotes, desarrollar una relación
tolerable y saludable con los dioses y mensajeros espirituales del mundo
de los blancos. Pero, en estos deseos de incorporar y apropiarse del cono-
cimiento religioso de los hispano-criollos, no se incluía necesariamente el
abandono de las devociones rituales, obligaciones sociales y poderes aso-
ciados con las divinidades indígenas. Desde el punto de vista aborigen, la
cristianización no representaba la sustitución automática de un panteón
religioso por otro, sino la incorporación selectiva y la adaptación del cris-
tianismo dentro de un marco de comprensión particular y personal549.
Otro factor determinante en la estabilidad y permanencia de las re-
ducciones, que debió preverse y ejecutarse fue la instalación de contin-
gentes militares inmediatos a los poblados por cualquier eventual ataque
de los indios. Los soldados estaban destinados al control y vigilancia de
los naturales, la protección y salvaguarda de las vidas de los hispano-crio-
llos, además de prestar seguridad al transporte de la producción sobre los
ríos navegables de la zona. Por esas razones, se establecieron dos destaca-
mentos militares, que conformaron la 4ª compañía de las milicias provin-
ciales, cada uno integrado por cincuenta hombres, armados, emplazados
en lugares estratégicos en las márgenes de los ríos Zulia y Catatumbo550.
De manera adicional, fue de fundamental importancia para la per-
manencia de las reducciones la fundación de poblados de hispano-crio-
llos, cuyos habitantes ocuparan permanentemente el espacio, esta-
blecieran sus haciendas, incrementaran la producción y mantuvieran
frecuentes intercambios con los motilones para completar el proceso de
las Misiones de los Capuchinos en la Provincia de Maracaibo. Maracaibo, 22 de julio de 1805. f. 1r-v.
549 Stern Steve J.: “Paradigmas de la conquista: Historia, Historiografía y Política.” En: Boletín de historia
Argentina y Americana. Tercera serie, Nº 6, 2º semestre, 1992. p, 26.
550 Suárez Santiago-Gerardo. Fortificación… pp. 312-318; Pérez Zabala Graciana y Tamagnini Marcela:
“Dinámica territorial y poblacional en el Virreinato del Río de la Plata: indígenas y cristianos en la frontera
sur de la intendencia de Córdoba del Tucumán, 1779-1804”. En: Fronteras de la Historia. Vol. 17-1,
2012. pp. 195-225.
202 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

aculturación551. En la concreción de esa política, los virreyes Guirior y


su sucesor Manuel Antonio Flores, dispusieron que colindantes con las
reducciones indígenas se asentaran comunidades de hispano-criollos,
con la inalidad de que los naturales permanecieran en el interior de sus
colectividades, trabajaran sus campos y fueran controlados directamen-
te por las autoridades hispánicas.
De acuerdo con esos lineamientos se ordenó la fundación de núcleos
poblacionales de hispano-criollos, y en atención a estas disposiciones,
los vecinos de La Grita, en cuya jurisdicción552 se proyectaba fundar los
nuevos poblados se dirigieron al gobernador Francisco de Santa Cruz,
en 1777, a los efectos de establecer la demarcación de los terrenos que
se señalarían para las labranzas, apertura de caminos y “…demás que re-
dunde en su alivio y de los indios motilones en aquellas cercanías…”553.
La primera fundación fue la de San Luis (actual Caño Tigre) en 1777,
la que se erigió en las riberas del río Escalante, por órdenes del virrey
Manuel Antonio Flores y ejecutada por el gobernador don Francisco
de Santa Cruz y Ramón Hernández de La Calle554, cuya inalidad fue
controlar los indígenas reducidos en los valles de Onía, Culigría y Santa
Rosa de Mucujepe. Entre tanto la misión de Basave, era vigilada desde
Gibraltar.
Del mismo modo, y en atención a las instrucciones virreinales, se
evaluó la ubicación del asentamiento de San Buenaventura, realizado
551 “…ahora se halla el dicho Guillén en este pueblo con ánimo de hazer otra entrada y visitar a dichos mo-
tilones para determinar los sitios buenos para formar pueblos de indios y también para formar pueblos
de españoles que sirvan de resguardo a los Misioneros Capuchinos que se destinaren para doctrinar
a dichos indios…”. Obispo Mariano Martí, Documentos relativos a su visita pastoral a la Diócesis de
Caracas… T. I. p. 131.
552 Con respecto a la jurisdicción de la ciudad de La Grita, consúltese a Lugo Marmignon Yariesa, El becerro
de La Grita. San Cristóbal, Editorial Lito-Lila, 1997; Rojas Moreno Fanny Zulay y Sandoval Macario: La
propiedad territorial en la antigua jurisdicción de La Grita. San Cristóbal. (Colección Albricias Nº 1).
Alcaldía del Municipio Jáuregui del Estado Táchira, 2000.
553 AGNB. Misceláneas. SC 39, 56, doc. 12. Solicitud del Cabildo de La Grita. Al gobernador Francisco de
Santa Cruz. Maracaibo, 21 de febrero de 1777. ff. 29v.31r.
554 AGNC. Mapoteca Nacional 01. Mapas y planos de Venezuela. Mapa de la fundación de San Luis de
Escalante, 1777.
Luis Alberto Ramírez Méndez 203

por don Sebastián Guillén, que fue desestimado por las autoridades, de-
bido a que se situaba a trece días de camino, río arriba del Catatumbo,
junto al puerto de San Faustino, muy distante de Maracaibo y también
de los asentamientos de los indios que se deseaban paciicar, pues para
entonces se había observado que los naturales solo acudían a esa pobla-
ción por los obsequios que se les acostumbraban a entregar555.
En vista de esas consideraciones, se acordó establecer una nueva ciu-
dad de hispano-criollos en la ciénaga de la Ballena, la cual se ubicaba
sólo a dos días y medio de camino, río arriba y solo uno de bajada, de
las riberas del lago, cuyo terreno era “fértil y pingüe” y especialmente por
situarse “…en medio de los yndios jentiles” lo cual sería provechoso por-
que redundaría en la continua comunicación, trato y comercio entre los
naturales, los hispano-criollos, y los vecinos de la ciudad de Maracaibo556.
En virtud de esos razonamientos, el gobernador don Francisco de
Santa Cruz ordenó el 22 de agosto de 1776, la fundación de una villa
de blancos a orillas del río Zulia para lo cual se notiicó a los vecinos de
Mérida, La Grita, los valles de San Pedro y Santa María, la villa de San
Cristóbal y Cúcuta, a los efectos que se trasladaran con sus familias hasta
la ciénaga de la Ballena y se instalaran allí como fundadores, con todas las
franquicias que las leyes les concedían, para cuyo efecto se comisionó a
Alberto Pérez teniente de justicia mayor en Mérida y los restantes tenien-
tes de las ciudades mencionadas para realizar un censo de los voluntarios
con la discriminación de sexo y edad de los que desearan asentarse en
aquella nueva villa y luego lo deberían remitir a Alberto Gutiérrez557.
En la prosecución de esas disposiciones, el 23 de marzo de 1778, se
procedió a la fundación de la villa de San Carlos de Zulia558, erigida fren-
te a Santa Bárbara y cercana a Santa Cruz de Zulia, las dos reducciones
más pobladas a principio del siglo XIX, pues entre ambos pueblos con-

555 AGEM. Reales Provisiones. T. II. Orden del gobernador Francisco de Santa Cruz para la nueva fundación
del río Zulia. Maracaibo, 22 de agosto de 1776. ff. 166r-168v.
556 Idem.
557 Idem.
558 Lance Raymond Grahn, Indian pacification in the Viceroyalty of New Granada, 1740-1803… p. 140-141.
204 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

gregaban 411 indígenas559. Actuaron como fundadores el capitán José


Nicolás Antúnez Pacheco y de la Cruz y Velasco, regidor de la ciudad
de Maracaibo, acompañado por el teniente Ramón Hernández de la Ca-
lle, encargado de la paciicación de los indios motilones, quienes trazaron
su planta urbana, delinearon las calles, plaza y casa de cabildo. En sus in-
mediaciones se adjudicaron a los colonos cuatro leguas de tierra de frente
y fondo, mediante una real cédula emitida por el Rey de España560. La
mayor parte de los colonos de San Carlos, eran procedentes de La Grita.
De ese modo, las autoridades de esa villa de hispano-criollos tendrían la
función de custodiar las tierras a ambas márgenes del río Zulia y el trán-
sito de mercancías sobre las corrientes de ese acuífero.
Pero la consecuencia más importante de la paciicación indígena fue
el retorno de los cultivadores y los cultivos en las zonas que se habían
abandonado desde principios del siglo XVIII. La expansión de la fron-
tera agrícola tuvo lugar fundamentalmente en los valles de Onia, Culi-
gría, Escalante, Chama, Capaz, Torondoy, Morotuto, Carira y Táchira,
en cuyos espacios, se ubicaron nuevos hacendados y se establecieron
unidades de producción. Con esa inalidad, los colonos concurrieron
ante los cabildos de Mérida y La Grita a los efectos obtener las necesa-
rias concesiones de tierra.
De ese modo, lo realizaron Felipe Márquez, Matías y Juan Antonio
Escalante, vecinos de la parroquia de Bailadores, quienes concurrieron
ante el cabildo de La Grita y expresaron que en virtud “…abra el tiem-
po de siete años que se dio la pas la nación bárbara motilona que tanto
ostilizaban estos contornos…” y pidieron se les concediera las tierras de
Burmuquena, donde ya tenían “…huertas de platanales, mais y otras mi-
nestras, los que sería el antecedente remoto de la actual población de
Zea561. En el colindante valle de Onia, en 1795, don Francisco García,
559 “Población de Motilones en 1810”. En: Tulio Febres Cordero: Documentos para la Historia del Zulia.
Obras Completas. Bogotá, Editorial Antares, 1960. T. IV. pp. 155-156.
560 RPEZ. Doc. B-01-21. Concesión que hizo el Rei de España a los fundadores de Zulia de cuatro leguas
de tierra. Acta de Cabildo 1778. 12 ff.
561 Castro Escalante, Alfonso: Aspectos históricos geográficos de Zea. Mérida, Gobernación del Estado
Mérida, 1984. p. 194.
Luis Alberto Ramírez Méndez 205

vecino de La Grita, asistió ante el cabildo de la misma y solicitó se le


concediera la propiedad de un globo de tierra que había sido abandonada
por “…la Nación Bárbara Motilona que tenían ostilizadas la mayor parte
de las tierras de esta jurisdicción y en el día se hallan libres de la citada
opresión…”562.
En 1796, el obispo de Mérida, solicitó al Rey que las abandonadas
tierras del valle de Chama, fueran repartidas entre los colonos que desea-
ran poblarlas y cultivarlas, con la inalidad de disminuir la pobreza que
se apreciaba en la provincia. El rey aprobó la petición, con la condición
que aquellos que recibieran las concesiones las ocuparan y beneiciaran en
término de los años siguientes563. Similar situación ocurrió en Chiguará
en donde la expansión de los cultivos fue evidente a inales del XVIII,
especialmente el sitio de San Juan de la Candelaria, en donde Ignacio
Xavier Liscano, después de veriicada la paciicación motilona, fundó una
hacienda de labores, en tierras realengas poseídas en aquel tiempo por los
indios motilones y asimismo fundó otra Eleuterio Aranguren, en la cual
construyeron un camino para el tránsito de su producción564.
Otro tanto ocurrió en el valle de Capaz en donde las tierras eran
nuevamente ocupadas y cultivadas como se desprende de la solicitud
que realizó Gerónimo Fernández Peña, teniente de justicia mayor de
Mérida quien dirigió una solicitud ante el administrador general de
tierras realengas expresando que: “… luego que se apaciguó la nación
motilona, he traicado el camino que gira desde el pueblo de San Mi-
guel de Jají para los valles de Santa María y San Pedro, en cuyo tránsito
tengo una posesión de ganado mayor que compré a los herederos de
Francisco López (roto) y desde dicha posesión para adelante son tierras

562 RPET. Archivo de La Grita. [Link]. Legajo Único. Solicitud de don Francisco García. La Grita, 21 de agosto
de 1795. f. 172r.
563 “Real Cédula de 17 de junio de 1796, sobre el repartimiento de tierras del río Chama a fin de aplicar su
productos a las casas de instrucción, industrias y hospicios”. En: Tulio Febres Cordero: Documentos
para la Historia del Zulia. Obras Completas. Bogotá, Editorial Antares, 1960. T. IV. pp. 218-220.
564 AGEM. Tierras realengas y de propios. T. I 1789, Causa entre Tomás Ángel y don Antonio Rojas, sobre
tierras realengas en San Juan de la Candelaria, jurisdicción de Chiguara. Petición de Tomás Ángel,
Mérida, 3 de febrero de 1789. ff. 143v. 144r.
206 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

realengas, que son las que poseía la dicha nación Motilona…”565. El


territorio solicitado por Fernández Peña se deslindaba desde “...el caño
nombrado Limones hasta donde vierte sus aguas río o caño nombrado
Limones y Gavilán y por la parte de arriva hasta sus caveceras…”566.
Del mismo modo, también se incrementó la creciente producción
y riqueza de las reducciones indígenas en cuyo esfuerzo tuvieron una
importante participación los frailes quienes también se beneiciaron de
las mismas. Los religiosos organizaron a los indígenas para conformar
la ricas plantaciones de cacao y plátano próximas a las misiones ca-
puchinas cuyos productos complementaron a los que cosechaban los
hacendados de la zona, lo que incidió gradualmente en el incrementó
la producción agrícola.

El ocaso de la pacificación
Como parte de las medidas reformadoras de los Borbones durante la
segunda mitad del siglo XVIII, estuvo la conformación de nuevas dió-
cesis, como ocurrió con la creación del obispado de Mérida, el cual fue
instituido en 1778, mediante una Bula del Papa Pío VI567. La diócesis
se extendía por un vasto sector del occidente de la actual República de
Venezuela ya que incluía Coro, Maracaibo, Trujillo, La Grita, Barinas,
San Fernando de Apure y parte del nororiente neogranadino con las
vicarías de Cúcuta y Pamplona. La sede de la catedral y el obispado fue
ijada en Mérida, a despecho de los marabinos quienes aspiraban que
fuera situado en Maracaibo, lo cual avivó aún más, las tensiones entre
565 AGEM. Tierras Realengas y de Propios. T. I. Año de 1789. Pedimento de don Gerónimo Fernández Peña,
sobre que se le de posesión de unas tierras realengas en Jají. Mérida, 2 de marzo de 1789. ff. 138r-145v.
566 AGEM. Tierras Realengas y de Propios. T. I. Año de 1789. Pedimento de don Gerónimo Fernández Peña,
sobre que se le de posesión de unas tierras realengas en Jají. Mérida, 2 de marzo de 1789. f. 138r-145v.
567 Sobre la erección del Obispado de Mérida consúltese a: La Bastida Ricardo, Biografía de los obispos
de Mérida. Mérida. (Colección Fuentes para la Historia de Mérida 5) Consejo Municipal de Libertador.
425 años de la fundación de la ciudad de Mérida. 1983; Gómez Parente Odilo, Fray Juan Ramos de
Lora, obispo insigne y sembrador de cultura. Documentos inéditos sobre su vida y actividad frente a la
diócesis de Mérida de Maracaibo. Caracas. Edición del Ejecutivo del Estado Mérida, 1972; Giordano
Palermo Juan Antonio, Historia de la diócesis de Mérida. 1778-1873. Mérida, Imprenta del Ejecutivo
del Estado Mérida, 1983.
Luis Alberto Ramírez Méndez 207

los connaturales de ambas ciudades por la primacía de la capitalidad


iniciada en el siglo anterior.
La erección del obispado en la ciudad de las cinco águilas blancas,
le proporcionó a los emeritenses en primer término la preponderancia
eclesiástica sobre aquel extenso territorio con la radicación del cabildo
catedral, lo cual representaba que el alto clero tendría su residencia en la
misma; al mismo tiempo que se beneiciaba de las rentas decimales que
se cuantiicaron en 30.000 pesos anuales, en 1806568. En virtud de esa
medida, los capuchinos navarros, que habían extendido sus misiones
con la paciicación y la conformación de pueblos misionales motilones
quedaron bajo la jurisdicción eclesiástica del obispo de Mérida.
Del mismo modo, la paciicación motilona también fue una polí-
tica seguida por el Estado español durante la segunda mitad del siglo
XVII, y transitó un azaroso camino debido a las numerosas diicultades
que tuvo ese imperio durante las primeras dos décadas del siglo XIX,
que lo llevaron a su desaparición569. Ciertamente, la Corona hispana
enfrentó una grave crisis en 1808, debido a los sucesos de Bayona, la
subsiguiente deposición del monarca, la resistencia ante la invasión de
Bonaparte y concurrentemente el envío de los delegados franceses a las
colonias de ultramar570, quienes fueron rechazados y en consecuencia se
establecieron las Juntas Defensoras de los Derechos de Fernando VII,
cuya primera manifestación se realizó en Caracas el 19 de abril de 1810.
Sucesivamente se conformarían otras juntas en las ciudades del interior,
como ocurrió en Mérida el 16 de septiembre de 1810. La integración de
esas juntas por los notables de sus comunidades fueron manifestaciones
certeras de la prevalencia del poder local y por ende del rechazó a un

568 Martínez Reyes Gabriel, Finanzas de las 44 diócesis de Indias. 1515-1816. Bogotá. Ediciones Tercer
Mundo, 1980. p. 90.
569 Fisher, J. R.; Kuethe, A. J. y Mc Farlane A. (eds.), Reform and Insurrection in Bourbon New Granada and
Peru. Baton Rouge, 1990; Lynch John, Las revoluciones hispanoamericanas. 1808-1826. Barcelona.
Editorial Ariel, 1976.
570 Vitale Luis: Historia comparada de los pueblos de América Latina T. 02 Independencia y formación
social republicana Siglo XIX. Disponible en: [Link]/.../Luis-Vitale-Historia-social-compara-
da-de-los-pueblos-de-America-Latina Tomo- II . p. 4.
208 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

poder centralista, pero también representaron los primeros pasos hacia


el proceso de independencia571.
En Maracaibo, a diferencia de la mayor parte del territorio venezolano,
hubo una negativa a la formación de las juntas defensoras de los dere-
chos de Fernando VII. En la ciudad lacustre prevaleció la autoridad real,
particularmente reforzada por las instituciones militares que estaban des-
tacadas en aquella urbe572. Pero no solamente en el interior de las institu-
ciones políticas hubo un decidido apoyo a la igura real y se establecieron
lealtades hacía el soberano español, sino que también entre la población
común marabina estuvo presente la devoción a la autoridad regia, espe-
cialmente al sur del lago de Maracaibo, en donde las recientes medidas
políticas tomadas por el monarca habían dejado resultados tan positivos
como la paz y la prosperidad en la zona, también favorecidas por el es-
tablecimiento de colonos en los nuevos poblados como lo era la villa de
hispano-criollos en San Carlos de Zulia, la cual fue reforzada por el clero
que ejercía funciones en el interior de los pueblos misionales motilones.
Los sucesos ocurridos en 1811, en particular la irma del acta de la in-
dependencia el 5 de julio, ocasionaron serios enfrentamientos en aquella
sociedad, que se dividió en dos bandos, unos apoyaron al rey de España y
se denominaron realistas, otros siguieron la causa de la independencia y se
llamaron republicanos. La situación conmocionó los espacios del poder
tanto civil como militar. Especialmente en Mérida, sede del obispado se
declaró la independencia y se juró la constitución por su obispo Santiago
Hernández Milanés, previo el voto mayoritario del cabildo catedral573.
571 “Caracas había llevado adelante desde 1810 una política ambigua en la que reconocía las autonomías
provinciales pero intentó controlarlas. No obstante la fuerza centrífuga de Cumaná, Barinas, Margarita,
Mérida, Trujillo y Barcelona, en mayor o menor grado se hizo valer, buscando el reconocimiento de su
respectiva identidad”. Donis Ríos Manuel Alberto, Los curas congresistas. La actuación de los sacerdo-
tes como diputados en los Congresos republicanos de 1811, 1817, 1819 y 1821. Caracas. (Colección
Bicentenario de la Independencia) Academia Nacional de la Historia, 2012. p. 115.
572 Ramírez Méndez Luis Alberto, El clientelismo partidista en Acción Democrática, (sector educativo Méri-
da) Mérida. Tesis de maestría. CEPSAL-ULA, 1992. p. 11.
573 Entre otras consideraciones los consultados expusieron el siguiente criterio: “… Es moralmente imposi-
ble que el Señor don Fernando 7. (aún suponiéndolo vivo) rompa las cadenas del cautiverio con que lo
aprisiona Napoleón, atendida la ambición de este tirano, y se restituya al trono de España con su antigua
Luis Alberto Ramírez Méndez 209

Pero en el seno de las dignidades eclesiásticas se había iniciado un fuerte


enfrentamiento porque tres canónigos de la misma se habían pronun-
ciado por la independencia mientras el marabino Mateo Mass y Rubí y
el deán Francisco Xavier Irastorza se mantuvieron realistas. Los eventos
siguientes, el terremoto del 26 de marzo y la capitulación de Miranda en
San Mateo, ocasionaron la caída de la primera república y determinaron
el inició de la represión realista en 1812.
Un año después en 1813, el entonces brigadier de la unión granadina
Simón Bolívar, avanzaría desde Cartagena hacia el Magdalena y desde
allí hasta Tamalemaque. El objetivo inmediato de Bolívar era impedir
que el general realista Domingo Monteverde reforzara militarmente la
frontera de Venezuela y avanzara contra la Nueva Granada. Al mismo
tiempo, se proponía conformar un ejército que le permitiera invadir y
ocupar nuevamente a Venezuela. Por esa razón, dividió sus hombres en
enero de aquel año con la inalidad de invadir los valles de Cúcuta; el 22
de ese mes venció la resistencia realista en el alto de La Aguada y avanzó
sobre sus posiciones en el río Zulia, que ocupó militarmente y luego
el 28 de febrero daría la batalla contra el comandante militar realista
Correa, derrotándolo y con ello logró posesionarse de Cúcuta, lo cual
sería el preludio de la Campaña Admirable que liberaría a Venezuela en
aquel año574.
libertad considerada la actual ocupación de casi toda la Península por los Franceses. ¿De qué utilidad,
pues, podrá ser á los Pueblos haber jurado un Rey imaginario que ni puede gobernarlos, ni defenderlos, ni
aún comunicar con ellos, y que por llamarlo su Rey quedan en la anarquía, sujetos á qualquier injusto in-
vasor se haga su dueño?…” AAM. Sección 45B. Libros Varios. Libro Lora-Milanés. Oficiales 1777-1812.
Contestación de los canónigos del Cabildo Catedral de Mérida, Pbro. Dr. Buenaventura Arias y Pbro. Dr.
Francisco Antonio Uzcátegui, a la consulta del Ilmo. Sr. Santiago Hernández Milanés, Obispo de la Diócesis
de Mérida de Maracaibo, sobre la conveniencia de jurar o no la independencia de Venezuela, habida cuenta
del juramento de fidelidad al Rey, presentado por el Obispo el 21 de septiembre de 1810, por ante la Junta
Superior Gubernativa de la Provincia de Mérida. Mérida, 26 de agosto de 1811. ff. 671-679.
574 Liévano Aguirre Indalecio: Bolívar. Caracas. Ediciones de la Presidencia de la República de Venezuela
y la Academia Nacional de la Historia, 1988, pp. 136-137. Sobre la Campaña Admirable, revísese los
estudios de González Sierralta Hancer Tercero, “Tensiones y conflictos en la Provincia de Mérida. La elite
capitular y religiosa enfrenta las dificultades (1810-1814)”. En: La Academia de Mérida en los 456 años
de la ciudad. Mérida. Academia de Mérida, 2014. pp. 20-46; Sánchez Néstor Abad, “La seducción de la
patria. Intrigas y pasiones en la Campaña Admirable: Mitos y realidades. En: La Academia de Mérida en
210 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

El paso del ejército republicano por las misiones del Zulia, fue dra-
mático, allí donde la mayoría de sus clérigos eran peninsulares por naci-
miento, ieles a la Corona y por tanto resistieron a los republicanos. Los
monjes defendieron al Rey y a los naturales por cuya razón fueron agre-
didos, al igual que en contra de la colectividad decididamente realista575 y
de la motilona se desató la más terrible persecución. En la comandancia
del ejército patriota se encontraba Francisco de Paula Santander quien en
sus memorias hizo énfasis sobre varios “… encuentros con los enemigos
en Lomapelada, San Faustino, Capacho y Zulia en que fueron derrota-
dos”576. La consecuencia inmediata de la vitoria de los patriotas fue que
las misiones y sus productos fueron saqueados por las tropas, y al mismo
tiempo los frailes fueron torturados y encarcelados577.
Los saqueos de los patriotas a las haciendas de las reducciones fueron
continuadas y desataron la decidida oposición de fray Pedro de Corella,
presidente del capítulo misional, quien después de haber sido herido en
dos oportunidades, una de un sablazo en la cabeza y otra de un dispa-
los 456 años de la ciudad. Mérida. Academia de Mérida, 2014. pp. 47-81.
575 La posición realista de los propietarios de haciendas ubicadas en el curso del río Zulia, fueron evidentes
cuando los tribunales de secuestros procedieron a la expropiación de las haciendas, a partir de 1820,
cursaron demandas de los afectados para exigir que se les reintegraran sus propiedades que habían sido
secuestradas entre otras: RPEZ. C 21-17, León Contreras reclama una hacienda de su propiedad que le fue
secuestrada, fundándose en que nunca ha sido enemigo de la Republica 5 folios; RPEZ. C-25-05. Civiles
por renuncia hecha por Francisco Xavier Quintero de la administración de tres conucos secuestrados en
el pueblo de La Victoria, los solicita del mismo modo Ildefonso García. 1827. 7 folios; RPEZ. C21-14.
Civiles. María Genara Hernández reclama casa i conuco que le fueron secuestrados en el Cantón de Zulia.
1825. 10 folios. RPEZ. C-17-19. Civiles Juan Evangelista Guerra solicita en arrendamiento una hacienda de
José Prudencio Morales secuestrada por orden del Gobierno en el Zulia. 1824. 15 folios. RPEZ. C-16-26.
Civiles. Francisco Arria pide el desembargo de una roza de su propiedad situada en Zulia, por estar com-
prendida entre las que deben sufrir el secuestro. 1824. 4 folios: RPEZ. C-16-22. Civiles. Miguel Mestre pide
el desembargo de una labor que tenía en el Zulia Pedro Montiel, a nombre de dos hijos menores que está
hecho cargo, en la ausencia del referido Montiel padre de ellos. 1824. 16 folios; RPEZ. C-15-32. Civiles.
Valentín Ojeda solicita en arrendamiento una labranza confiscada a Prudencio Morales como desafecto a la
Republica en el Zulia. 1823. 4 folios; RPEZ. C-15-29. Civiles. Juan Bautista Vale pide se le dé en arrenda-
miento una hacienda sita en el Zulia, secuestrada a Juan Antonio Bracho. 1823. 4 folios;
576 Santander Francisco de Paula, Santander ante la historia. (Apuntamientos para la historia de Colombia
y la Nueva Granada). Bogotá. Editorial Incunable, 1983. p 20.
577 Ramos Peñuela Arístides: “Frontera y poblamiento. Hacendados y misioneros en el nororiente de la... p. 25.
Luis Alberto Ramírez Méndez 211

ro con un trabuco en el brazo y en pecho, de cuyas agresiones escapó


milagrosamente, fue arrestado y encarcelado en Cúcuta578. Después, el
religioso fue traslado a Pamplona y luego a Tunja, donde se le mantuvo
en cautiverio durante más de diez y siete meses. Durante ese periodo,
no le fue tomada declaración alguna, no se imputó ningún delito, tam-
poco tenía abogado que le defendiera porque carecía de bienes con que
pagarlo debido a su voto de pobreza579.
En 1814, el padre Corella suplicaba que como ciudadano español se
le liberara y se le concediera pasaporte para salir del país, de acuerdo con
un decreto emitido por el mismo general Bolívar, pero si ello no estaba
en manos de manos de sus carceleros, que se considerara americano
porque había llegado a La Guaira en diciembre de 1783. En octubre
de 1814, se ordenó que fuese trasladado a Cartagena con las tropas que
marchaban a Ocaña, a los efectos que se siguieran los dictados del con-
greso y del poder ejecutivo580. Sin embargo, las esperanzas de liberación
de Corella nunca se harían realidad. Desde Tunja fue transportado al
presidio de Honda. En esa ciudad, para entonces capital de la provincia
de Mariquitá, a cuyo mando estaba el Dr. León Armero, quien orde-
nó juzgar militarmente a nueve prisioneros acusándolos de “enemigos
acérrimos a la independencia”, entre los que estaba el padre Corella,
quien inalmente fue fusilado, junto con otros dos hombres, acusados
de desertores en 1815581. La ruptura de los lazos de solidaridad en aque-
lla sociedad dividida, ocasionó que los motilones fueran llevados nue-
vamente a otra guerra, de la cual ni tenían conocimiento, ni tampoco
habían decidido participar.
578 Ídem.
579 AGNB. Miscelánea. SC. 39, 68, Doc. 34. “Frai Pedro Corella, religioso capuchino, cura doctrinero de in-
dios motilones, ha treinta años, fundador y presidente de San José de las Palmas, jurisdicción de Mara-
caibo”. Carta petición para ser excarcelado de fray Pedro Corella. Tunja, 1 de octubre de 1814. f. 625r-v.
580 AGNB. Miscelánea. SC. 39, 68, Doc. 34. “Frai Pedro Corella, religioso capuchino, cura doctrinero de in-
dios motilones, ha treinta años, fundador y presidente de San José de las Palmas, jurisdicción de Mara-
caibo”. Carta petición para ser excarcelado de fray Pedro Corella. Tunja, 1 de octubre de 1814. f. 625r-v.
581 Restrepo José Manuel: Historia de la revolución de la República de Colombia. Paris. Librería Americana,
1827. pp. 192-193; “Restos del sabio Caldas y sus compañeros de martirio”. En: Boletín de Historia y
Antigüedades. Año 3, Nº 25, enero 1905, p. 5.
212 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Tabla 2 Propiedades secuestradas a vecinos e indígenas del Zulia.


1825.
N° Propietario Etnia Ubicación Arrendatario Valor
1 Juan Antonio, Manuel Trujillo 370
Juan Manuel Relin
2 Antonio Candela Pío Blanco 186
3 Rosario Colina Simón Portillo 55
4 Estanislao Flores Xavier Quintero 137
Bartolomé González
Timoteo Adarme
5 Ramón Viejo indígena Vicente Barroso 125,4
6 Parroquia Santa Cruz Santa Cruz Pedro Barroso 60
7 Pascual Molina y Rosa indígena La Victoria Miguel Corrales 112
8 Francisco Delgado Zenón Parra 111,1
9 Simón Peña indígena Santa Cruz Xavier Sánchez 428,4
10 José Antonio García indígena La Victoria Juan Bernal 75
11 Eusebio Parra indígena Lorenzo Chasin 150
Modesto Sulbarán
12 Trinidad Ordoñez Gabriel Carrizo 77,4
13 Mateo Ramírez José de la Rosa Carrillo 200
14 Blas indígena La Victoria Antonio Torres 8
15 Asunción Miguel Evangelista indígena Pedro Bravo 50
Narciso Esparza
16 Trinidad González indígena La Victoria Francisco Ferrer 12
17 Gabriel Otalora María Francisca Luna 48
18 Manuel Ortega Paula Betancur 20
8 2235,5
Fuente: RPEZ. C.21-13.
El obispo de Mérida, Santiago Hernández Milanés había fallecido
durante el terremoto del marzo de 1812, y la sede vacante fue asumida
por el deán, Francisco Xavier de Irastorza quien era realista, en unión
de otros clérigos y con el apoyo de las autoridades marabinas, en el año
de 1813, decidieron trasladar la sede del obispado, la catedral, el semi-
nario y parte del Convento de Santa Clara desde Mérida a Maracaibo.
Sucesivamente, en 1815, fue preconizado Rafael Lasso de la Vega como
nuevo obispo de la diócesis de Mérida, también era realista582, lo cual

582 … prestó juramento de fidelidad a las constituciones del Colegio del Rosario, en el cual tenía de ajustar-
se a la doctrina de Santo Tomás, doctrina que moldeara su perfil intelectual y hacía la cual se inclinará su
convicción personal; y el juramento de fidelidad al Rey y a la Corona, al cual estaba obligado por sistema
Luis Alberto Ramírez Méndez 213

determinó el constante enfrentamiento de las dignidades religiosas con-


tra los republicanos.
Como resultado de ese conlicto en 1817, mediante un decreto emiti-
do por el Libertador Simón Bolívar se ordenó la coniscación y el secuestro
de los bienes de los realistas583, entre los que se incluyeron los pertenecien-
tes a las misiones de los motilones a los que se les caliicaron de realistas. En
virtud de ese mandato los indígenas fueron despojados de sus haciendas,
labranzas y conucos en el Zulia, los que habían conformado y cultivado,
bajo la supervisión de los misioneros. En 1825, se reiere la existencia de
diez y ocho propiedades secuestradas y entregadas a arrendatarios, de las
cuales ocho eran de indígenas, cuyas posesiones se ubicaban en Santa Cruz
de Zulia y La Victoria. Esas propiedades fueron entregadas en “arrenda-
miento” a quienes las solicitaron584. De acuerdo con una relación realizada
en 1825 se habían arrebatado a los indios y otros vecinos diferentes pro-
piedades, que se justipreciaban en 2.235 pesos y 5 reales585. (Véase Tabla 2)
de patronato, en el momento que recibió el beneficio como canónigo doctoral de la Catedral de Bogotá
en 1804 y posteriormente la dignidad de Chantre de la Catedral de Panamá en 1814…”. Peña Rojas
Juan de Dios, Superación del conflicto de fidelidades en el obispo Lasso de la Vega. Roma. Pontificia
Universidad Gregoriana. Facultad de Historia Eclesiástica, (tesis) 2000. p. 67.
583 “Artículo 5º: Todas las haciendas y propiedades de cualquiera especie pertenecientes a los Padres Ca-
puchinos y demás misioneros que han hecho voto de pobreza quedan confiscados a favor del Estado”
“Sobre confiscación y secuestro de los bienes”. “Ley sobre confiscación de y secuestro de bienes”.
Guayana, 3 de septiembre de 1817. Armellada Cesáreo, Fuero Indígena Venezolano. Caracas. Ediciones
de la Universidad Católica Andrés Bello, 1977. T. II. pp. 22-24.
584 Ello se puede constatar en 1821, mediante varias solicitudes solicitud elevadas, entre otras la de Marcos
Ortega, ante el juez comisionado segundo Maracaibo en la que exponía “… que noticioso que V.S. tiene
dispuesto que se arrienden o administren las haciendas de los pueblos de indios que correspondían a
los misioneros ocurro a V.S. a efecto que se sirvan concederme de uno, o de otro modo, la hacienda del
pueblo de La Victoria, mandándome librar el correspondiente documentos…” RPEZ. Doc. C-13-15 Ex-
pediente que el señor Marcos Ortega pide en arrendamiento una hacienda en el Zulia, once folios. 1821.
Nº 11. Petición de Marcos Ortega. Maracaibo, 16 de mayo de 1821. f. 1r. En otro expediente se ratifica lo
anterior: RPEZ. C-39-11. El Sr. Pablo Lezama arrendatario de una hacienda correspondiente a la misión
de Santa Rosa en el cantón del Zulia, pide continué el arrendamiento por haber cesado la necesidad de
la misión 8 folios, 1829; RPEZ. C-39-09. Civiles Juan Ortega pide en arrendamiento la Hacienda Santa
Cruz, perteneciente al Estado. 1829. 12 folios; RPEZ. C-20-11. Civiles. José Félix Inciarte pide en arren-
damiento unos valsares pertenecientes a los bienes de la iglesia de La Victoria en Zulia. 1825. 3 folios;
585 RPEZ. C-21-13. Año de 1825. Expediente que contiene el embargo de varias labores a vecinos del Zulia.
214 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Del mismo modo, en 1821, el Congreso de Colombia decretó la su-


presión deinitiva de los conventos y se destinaron sus bienes a centros
de educación586. Esas medidas determinaron la decadencia y el deinitivo
abandono de las reducciones motilonas; la mitad de ellas fueron cerradas
alrededor de 1813 y las cinco restantes fueron abandonadas en 1818587.
De aquellos pueblos solo mantuvieron su estabilidad Santa Bárbara, San-
ta Cruz del Zulia y Santa Rosa de Mucujepe.
Después de la inalización de las sesiones del Congreso de Cúcuta, se
inició otro duro y espinoso camino para los motilones, el transitar por
la senda desde ser súbditos tutelados del Estado español de Indias al de
ciudadanos588 de la República, primero la de Gran Colombia y desde
1830 la de Venezuela. En 1821, se decretó la expulsión deinitiva de los
capuchinos de Colombia lo que ocasionó la salida de los misioneros del
país, y por ende de los pueblos misionales589. Entonces los protectores
inmediatos de los motilones los dejaron a merced de sus ambiciosos
enemigos, quienes cometieron numerosos abusos, motivando que los
indígenas se internaran nuevamente en la selva, abandonado sus po-
blados590, e iniciando un largo periodo de derramamiento de su sangre
y hostilidad abierta en contra de su etnia, y como había ocurrido con
las misiones en los llanos del Casanare y Meta después de la expulsión
de los jesuitas, los continuados enfrentamientos fueron inmisericordes
contra los naturales591, los que se han prolongado hasta la actualidad.
Nº 53, Nº 1.
586 “Ley aboliendo los conventos menores de religiosos”, Rosario de Cúcuta, 6 de agosto de 1821. Arme-
llada, Cesáreo: Fuero Indígena Venezolano. Caracas. Ediciones de la Universidad Católica Andrés Bello,
1977. T. II. pp. 32-33.
587 Lizarralde Roberto y Beckerman Stephen: “Historia Contemporánea de los Bari”… p. 16.
588 Andaur Marín Carolina, De indígenas a ciudadanos: Los aymaras de Tarapacá y su experiencia frente al
Estado nacional: 1870-1900. Santiago de Chile. Universidad de Chile, Facultad de Filosofía y Humani-
dades. Departamento de Ciencias Históricas, Escuela de Postgrado (tesis de maestría), 2007.
589 Lizarralde Roberto y Beckerman Stephen: “Historia Contemporánea de los Bari”… pp. 3-5.
590 Lizarralde Roberto y Beckerman Stephen: “Historia Contemporánea de los Bari”… p. 16.
591 Rueda Enciso José Eduardo: “Alianza y conflicto interracial en los llanos del Casanare (Virreinato del
Nuevo Reino de Granada) El caso del adelantado Juan Francisco Perales, 1795-1806”. En: Fronteras de
la Historia. Vol. 16-1, 2001. pp. 176-208.
Conclusiones
El sur del lago de Maracaibo es un espacio que fue ocupado desde
tiempos inmemoriales por diversas etnias, las cuales desarrollaron cul-
turas diferentes, especialmente en su contenido lingüístico lo que ha
permitido determinar su iliación y su identidad cultural. Esas caracte-
rísticas han tipiicado a la planicie lacustre como una zona de frontera,
debido a que la convivencia de los diferentes grupos étnicos pacíico o
conlictivo ha sido parte importante de su devenir histórico. Una de las
particularidades de ese espacio geográico es la posibilidad de establecer
la comunicación utilizando las corrientes de los numerosos ríos que
surcan la planicie en especial las de los ríos Zulia y Catatumbo, los que
intercomunican las zonas de piedemonte andino, tanto de la cordillera
andina venezolana como la del nororiente de Colombia, y el Lago de
Maracaibo, cuyas corrientes han sido utilizadas desde épocas pretéritas
para el intercambio de bienes entre los diferentes grupos que se asenta-
ron la planicie lacustre.
En ese territorio se ubicaron fundamentalmente tres grupos que son
reseñados antes de la llegada de la etnia blanca, los pemenos o bobu-
res, que se ubicaron un extenso espacio entre Mopaure y Maracaibo;
los guaroríes o guererguires, que ocuparon el piedemonte entre los ríos
Escalante y Chama y los Kirikires, que señoraron dos espacios, uno en
Maruma entre aproximadamente entre Arapuey y Buenavista, y el otro
que se dilataba entre los ríos Tarra, Santa Ana y el lago de Maracaibo; el
tercero es el de los motilones, situados a las riberas de los ríos Sardinata
y Zulia, que se extendían hasta Perijá al nororiente. Esos tres grupos
sostenían frecuentes intercambios utilizando para ello, las expresadas
vías de comunicación.
A inales del siglo XV, se hace presente la etnia blanca con la expresa
intención de ocupar y controlar la planicie sur del lago de Maracaibo.
Durante la primera mitad del siglo XVI, el sur del lago de Maracaibo
fue escenario de una fuerte lucha entre las etnias blanca e india por
preservación y ocupación de ese espacio. Los blancos lograron trasladar
218 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

y prácticamente hacer desaparecer de su espacio a los bobures, Mientras


otras etnias como los kirikires, los guaroríes y los motilones resistieron
con relativo éxito a los hispano-criollos, logrando mantener el dominio
sobre sus espacios naturales.
Los hispano-criollos, con el objetivo de alcanzar el dominio pleno
sobre el territorio establecieron las ciudades al estilo europeo, expandie-
ron la frontera agrícola, organizaron las unidades de producción para
sembrar y cultivar productos tanto autóctonos como el cacao y el taba-
co, como procedentes del viejo mundo tales como el trigo, cuyo destino
era el mercado ubicado en el Caribe, en otras ciudades hispano-criollas
como Cartagena de Indias y Veracruz, al igual que en la otra orilla del
Atlántico, en Sevilla, con cuya inalidad siguieron el modelo de comu-
nicación que ya habían establecido los indígenas desde épocas remotas.
Con esa inalidad procedieron a la fundación y establecimiento de dár-
senas para la exportación de productos.
Durante el siglo XVII, la ocupación por parte de los hispano-crio-
llos, en el sur del lago de Maracaibo, especialmente desde Mérida y
La Grita tuvo avances signiicativos con la apropiación del suelo y el
establecimiento de las haciendas productoras de cacao ubicadas al pie
de la serranía en los valles comprendidos entre los ríos Escalante hasta
el Pocó, aunado a ello introdujeron africanos con el doble propósito
de servir de mano de obra y también como agentes de ocupación en
el territorio. La expansión de la frontera agrícola fue constante y ello
permitió desarrollar una economía dirigida a la creciente exportación
de la producción agraria y la importación de productos provenientes de
Europa y México. En consecuencia ambas actividades la productiva y
comercial posibilitó que los hispano-criollos dominaran una signiicati-
va parte del territorio sur del lago de Maracaibo.
Durante las décadas de los sesenta y setenta del siglo XVII, se ex-
perimentaron los sucesivos ataques de los piratas al puerto de Gibral-
tar, cuyos forajidos se llevaron más de 500 esclavos, necesarios para el
acometer el proceso productivo y mantener la ocupación territorial.
Del mismo modo los terribles terremotos de 1673-1674, y el posterior
Luis Alberto Ramírez Méndez 219

deslave cuyos fatales efectos se sintieron especialmente en la zona pro-


ductiva al arruinar las haciendas productoras de cacao, lo cual ocasionó
una grave crisis económica, porque se requería de nuevas inversiones
para comprar esclavos que laboraran las tierras y las ocuparan, del cual
se carecía, en consecuencia las extensas y ricas arboledas de cacao se
perdieron, al mismo tiempo la etnia blanca estaba imposibilitada de
resguardar el territorio que había ocupado en la décadas anteriores.
Ante esa expresa debilidad la etnia indígena avanzó desde inales del
siglo XVII, pero sus ataques más fuertes fueron durante las primeras
décadas del siglo XVIII. Durante ese periodo, en una estrecha alianza
entre los guarories, los motilones, los kirikires y los chinatos que ha-
bían sido trasladados hasta las inmediaciones del río Zulia, avanzaron
ocupando inicialmente los valles de Carira, Morotuto, Onia, Culigria
y Chama, de cuyos espacios desplazaron a los hispano-criollos, quienes
tuvieron que abandonar sus haciendas.
La avanzada motilona continuó sobre las zonas inmediatas a Gi-
braltar, especialmente los valles de San Pedro, Santa María y la Sabana
del Espíritu Santo, logrando ocupar esos teritorios y al mismo tiem-
po pudieron controlar la circulación de mercancías, ya que poseían el
dominio de las rutas luviales que se entrelazaban con los ríos Zulia y
Catatumbo y atacaban en los caminos coloniales. Simultáneamente su
dominio se extendía hasta los puertos de Salazar de las Palmas y San
Faustino de los Ríos. Durante ese periodo, la avanzada motilona conti-
nuó hasta la segunda mitad del siglo XVIII, atacaron a Rosario de Perijá
y se ubicaron prácticamente a las puertas de Maracaibo. Es decir que
la ofensiva motilona había logrado hacer suyo nuevamente el territorio
del sur del lago de Maracaibo y luchaba por las costas orientales y occi-
dental del mismo.
Durante el siglo XVIII, los hispano-criollos tuvieron serias dudas
sobre su permanencia en el área; algunos conglomerados manifestaron
su expreso deseo de despoblar sus recintos urbanos, mientras otros exte-
riorizaban el temor ante lo que consideraban un seguro desplazamiento
de sus propiedades y solicitaron reiteradamente a las autoridades tanto
220 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

locales como provinciales para que les proporcionara la seguridad que


requerían y por lo menos “alejaran” a los motilones que se mantenían
acechantes en las inmediaciones de las ciudades hispano-criollos.
Las respuestas que se dieron a esas incesantes solicitudes fueron la
formación de expediciones denominadas “salidas” que en su mayoría
constituyeron ruidosos fracasos tanto por los elevados costos ocasiona-
dos como por los ínimos resultados que proporcionaron a los ines de
la seguridad de los hispano-criollos. Otras proposiciones fueron de ín-
dole privada, las que mostraban el interés de los hacendados por ocupar
las tierras que ofrecían una elevada producción y rentabilidad, pero en
cuya realización se requerían cuantiosas inversiones y numerosa mano
de obra para desarrollar el proceso productivo y una efectiva ocupación,
requisitos se carecían y por tanto también resultaron fracasos, la ma-
yoría solo se quedaron en el plano de la proposición a las autoridades,
aunque alguna se efectuó, como la emprendida por don Juan Chourio.
Ahora bien el dominio efectivo sobre el sur del lago de Maracaibo
se hallaba en manos de los indígenas, quienes habían logrado desplazar
a los hispano-criollos de ese territorio, y los esfuerzos militares de los
blancos habían fracasado debido a la estrategia de guerra de guerrillas
que aplicaban los naturales, que involucraba el conocimiento de su es-
pacio y las posibilidades de espionaje que le ofrecían las alianzas que
sostenían entre las diferentes etnias indígenas que ocupaban el sur del
lago de Maracaibo. En oposición, las actuaciones de la etnia blanca se
había sostenido en el criterio de “conquistar” a los naturales, descono-
ciendo su superioridad estratégica en la zona, lo cual se había traducido
en su constante ruina, circunstancia que fue reiteradamente reconocida
tanto por los cabildos citadinos como por los gobernadores provincia-
les, por lo que fue indiscutible para la autoridades metropolitanas.
Durante la segunda mitad del siglo XVIII, la presión internacional
ejercida especialmente por los ingleses sobre los dominios de ultramar
españoles, determinó una modiicación en la defensa y seguridad impe-
rial, estableciendo dos estrategias una en las costas mediante el refuerzo
de los fortines artillados para repeler cualquier ataque y otra al interior
Luis Alberto Ramírez Méndez 221

al establecer las fronteras militares que se fortiicaron en la Nueva Es-


paña, Chile, La Plata y la Nueva Granada para impedir la penetración
extranjera y controlar a los indómitos grupos indígenas que mantenían
su beligerancia con el Estado español de Indias. En ese sentido, se con-
sideraron a los grupos aborígenes de dos formas, los que mantenían
intercambios directos con los países foráneos contra los que se debieron
aplicar la mayor represión bélica y aquellos que se hallaban en tierra
adentro sin la posibilidad de sostener intercambios con naciones forá-
neas para los cuales se preestableció otro tratamiento.
Durante ese periodo el territorio fronterizo del sur del lago de Ma-
racaibo era extrema preocupación para las autoridades provinciales y
virreinales porque los elementos para establecer un clima de conviven-
cia que permitiera desarrollar los procesos productivos y comerciales
parecían estar distantes, pues se mantenía una abierta beligerancia en-
tre ambas etnias en sus propósitos por controlar especialmente las vías
luviales, las que permitían la comunicación expedita entre los centros
de producción con los mercantiles, lo cual reducía las expectativas para
la inversión en zonas agrícolas altamente rentables. Por esa razón se
giraron instrucciones a los efectos de resolver el problema del inmedia-
to, estableciendo avanzadas y centros poblados de hispano-criollos que
permitieran el dominio efectivo del mismo, pero se requerían de las
necesarias inversiones, de las que se carecían.
El acuerdo entre ambas etnias se originó con la presencia del in-
dio intérprete Sebastián Joseph, quien pudo integrar las dos visiones
de intercambio entre los dos grupos, ijar condiciones para la alian-
za y establecer las reglas de acatamiento de la misma. Mediante esa
convención no escrita se permitió la utilización de ambas etnias de las
vías luviales para desplegar el comercio, el establecimiento de las re-
ducciones e iniciar el proceso de aculturación de los naturales, guiado
por los capuchinos navarros, quienes insertaron a los naturales en un
sistema económico desconocido para ellos con el establecimiento de las
unidades productivas indígenas. El punto más importante fue la radi-
cal modiicación de la concepción hispano-criolla de “conquista” por el
222 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

de “paciicación”, lo cual representó el reconocimiento expreso de otro


grupo que podía imponer condiciones para negociar los acuerdos.
La paciicación debió sostenerse con cuantiosas inversiones que fue-
ron proporcionadas por los hispanos-criollos, procedentes de las rentas
eclesiásticas, los impuestos a la sal de Zipaquirá, las contribuciones de
los virreyes y de los colectivos de las ciudades interesadas en la paciica-
ción en especial Mérida, La Grita, San Cristóbal, Pamplona, Gibraltar
y San Joseph de Cúcuta, quienes debieron aportar también los recursos
humanos para los establecimientos de hispano-criollos que se fundaron
en las márgenes de los río Zulia y Escalante a los efectos de asegurar la
ocupación efectiva del territorio.
Los núcleos poblados tanto indígenas como de hispano-criollos
tuvieron serias diicultades durante las dos primeras décadas del siglo
XIX, originados especialmente por la propagación de las enfermedades
las que costaron numerosas vidas. Pero los efectos más devastadores los
sufrieron durante la guerra de independencia, cuando las tropas repu-
blicanas ocuparon el territorio adyacente al río Zulia en 1813, con las
consecuentes exacciones, decomisos y muertes practicadas en contra de
hispano-criollos como indígenas. La situación fue agravada al decretarse
la ley de secuestros, con la cual los indígenas perdieron sus unidades de
producción y inalmente con la expulsión de los misioneros, con cuya
medida se liquidaron las reducciones indígenas, originando que los na-
turales regresaran a las selvas, perdiendo su trabajo arrebatado por ma-
nos ambiciosas e inescrupulosas, tan comunes a lo largo de la historia
venezolana, pero los motilones todavía siguen allí...
Fuentes
Documentales inéditas

Archivo Arquidiocesano de Mérida. AAM. (Mérida-Venezuela)


• Sección 3. Asuntos de Indios. Caja 2. Doc. 3-40. Patricio de los Arcos,
Capellán de la Orden de Misioneros, le informa al Obispo Santiago
Hernández Milanés, sobre el estado en que se encuentran las Misiones
de los Capuchinos en la Provincia de Maracaibo. Maracaibo, 22 de
julio de 1805.
• Sección 45A, Libros Parroquiales. Libro de iestas de la Parroquia San
Miguel de Jají.
• Sección 45B. Libros Varios. Libro Lora-Milanés. Oiciales 1777-1812.
Contestación de los canónigos del Cabildo Catedral de Mérida, Pbro.
Dr. Buenaventura Arias y Pbro. Dr. Francisco Antonio Uzcátegui, a
la consulta del Ilmo. Sr. Santiago Hernández Milanés, Obispo de la
Diócesis de Mérida de Maracaibo, sobre la conveniencia de jurar o no
la independencia de Venezuela, habida cuenta del juramento de ideli-
dad al Rey, presentado por el Obispo el 21 de septiembre de 1810, por
ante la Junta Superior Gubernativa de la Provincia de Mérida. Mérida,
26 de agosto de 1811.
• Reclamos eclesiásticos. Informes Históricos. Caja única. Testimonios
obrados en la competenzia subscitada en razón de que si los compra-
dores del fruto de cacao de los eclesiásticos deben o no pagar el medio
real del nuevo impuesto por cada millar. 1724. 29 f.
• Seminario Caja 1. Cuenta de los años 1683 y 1684 y libro de recibo
que comienza a 1 de marzo de 1747. Inventario de la Sabana.
Archivo Histórico Nacional de Madrid. AHNM. (Madrid-España)
• Colección Jesuitas, Legajo 127/33. Certiicación del padre Andrés García Sí
sobre los medios económicos que se habían reunido para la fundación del
colegio de Maracaibo. Maracaibo, 4 de abril de 1753.
226 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

• Colección Jesuitas, Legajo 127/125. Petición del cabildo de Maracai-


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Archivo General de Indias. AGI. (Sevilla-España)
• Escribanía de Cámara. Legajo 836-c. Visita de los oidores Modesto
de Meller y Diego de Baños y Sotomayor. 1655-1657. Composicio-
nes. Composición de Doña Adriana Casanova, viuda de Pedro Núñez
Rendón. San Antonio de Gibraltar, 9 de abril de 1657. f. 130r-132v.
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de Moporo, 9 de noviembre de 1613. 2. f.
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elevar al Corregimiento de La Grita y Mérida a Gobernación. 3 de
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María de Cuéllar. Madrid, 20 de marzo de 1633. f. 46v-47v.
• Santo Domingo, 16. N. 10. Expediente de méritos de Rodrigo de Ar-
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• Santo Domingo. Legajo 688. Acta de cabildo de Maracaibo para el
desalojo de los indios motilones. Maracaibo, 17 de julio de 1710. f.
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Luis Alberto Ramírez Méndez 227

• Santo Domingo, legajo 688, Acta del cabildo de Maracaibo. Maracai-


bo, 25 de mayo de 1716. f. 3v-5r.
• Santo Domingo 668. Testimonio del título de Juan Chourio ante don
Diego Manuel de Eguiazabal. Maracaibo, 24 de abril de 1717. f. 1r-
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• Santo Domingo, 647. Informe del Consejo de Indias sobre Juan Chou-
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Archivo General del Estado Mérida. AGEM. (Mérida-Venezuela)
• Asuntos Diversos T. XXXI. Real Amparo de doña María Luisa Ra-
mírez de Urbina. Santa Fe, 20 de diciembre de 1725. f. 189r-211v.
• Documentos históricos. Informe de Cristóbal Gámez y Costilla y la
demás autoridades para que se inhibiese la ciudad de pagar impues-
to. Testimonio de la autoridades eclesiásticas. Mérida, 24 de febrero
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• Protocolos T. IX. Carta de ianza. Mérida, 17 de septiembre de 1624.
f 53r-v.
• Protocolos T. XV. Carta de venta. Mérida, 4 de diciembre de 1638.
f. 109r-110v.
• Protocolos T. XV. Carta de poder. Mérida, 23 de marzo de 1639. f.
203r-204r;
• Protocolos T. XV. Carta de poder. Mérida 30 de marzo de 1639. f,
205v-208r.
• Protocolos T. XIX. Carta de ianza. Mérida, 24 de mayo de 1647. f.
263r-v.
• Protocolos T. XLV. Acta del cabildo, justicia y regimiento de la ciudad
de Mérida. Mérida, 4 de enero de 1725. f. 143r-v.
228 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

• Reales Provisiones T. II. Comunicación del Gobernador Alonso del


Río y Castro al teniente de gobernador y alcaldes de la ciudad de
Mérida. Maracaibo, 23 de julio de 1766. f. 32r-v.
• Reales Provisiones T. II. Comunicación del Gobernador Alonso del
Río y Castro al Teniente de Gobernador de Mérida suspendiendo la
salida para conquistar los motilones por el invierno. Ancón Hato de
Santa Ana, 5 de diciembre de 1766. f. 29r-v.
• Reales Provisiones T. II. Comunicación del Gobernador Alonso del
Río y Castro al teniente de gobernador y alcaldes de la ciudad de
Mérida. Maracaibo, 29 de diciembre de 1766. f. 35r-v.
• Reales Provisiones T. II Comunicación del Gobernador Alonso del
Río Castro al teniente de Gobernador de Mérida Joseph Muñoz.
Maracaibo, 13 de diciembre de 1769. f. 49r-v.
• Reales Provisiones T. II. Comunicación del Gobernador Alonso del
Río y Castro al Teniente de Gobernador de Mérida solicitando se le
reintegren las armas entregadas para la conquista de los motilones.
Maracaibo, 4 de mayo de 1770. f. 64r-65r.
• Reales Provisiones. T. II. Comunicación del gobernador Francisco de
Santa Cruz al teniente de justicia mayor y alcaldes ordinarios de
Mérida. Maracaibo, 15 de febrero de 1776. f. 121r-v.
• Reales Provisiones. T. II. Orden del gobernador Francisco de Santa
Cruz para la nueva fundación del río Zulia. Maracaibo, 22 de agosto
de 1776. f. 166r-168v.
• Tierras Realengas y de Propios. T. I. Año de 1789. Pedimento de don
Gerónimo Fernández Peña, sobre que se le de posesión de unas tierras
realengas en Jají. Mérida, 2 de marzo de 1789. f. 138r-145v.
• Tierras realengas y de propios. T. I. 1789, Causa entre Tomás Ángel y
don Antonio Rojas, sobre tierras realengas en San Juan de la Cande-
laria, jurisdicción de Chiguará. Petición de Tomás Ángel, Mérida, 3
de febrero de 1789. f. 143v. 144r.
Archivo General de la Nación Caracas. AGNC. (Caracas-Venezuela)
• Mapoteca Nacional 01. Mapas y planos de Venezuela. Mapa de la
fundación de San Luis de Escalante, 1777.
Luis Alberto Ramírez Méndez 229

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Archivo General de la Nación Bogotá. AGNB. (Bogotá-Colombia)
• Cabildos, SC. 7, 7, Doc. 13. Exposición del cabildo de Salazar de las
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río Zulia. Pamplona, 17 de marzo de 1717. f. 935r-936v.
• Caciques e indios. 62, doc. 19. Testimonio de Juan Agustín Girón. San
Cristóbal, 13 de enero de 1775. f. 351v-352v.
• Caciques e indios. T. 39. Doc. 30. Indios de San Antonio de Gibraltar,
sus matanzas y robos. Carta de Diego de Campos. Gibraltar, 9 de julio
de 1600. f. 932r-v.
• Caciques e indios. T. 39. Doc. 30. Indios de San Antonio de Gibral-
tar, sus matanzas y robos. Auto del Cabildo, Justicia y Regimiento de
Mérida nombrando como reconstructor del puerto de San Antonio
de Gibraltar al capitán Diego Prieto Dávila. Mérida, 28 de julio de
1600. f. 934r.
• Caciques e indios. T. 39. Doc. 30. Indios de San Antonio de Gibraltar,
sus matanzas y robos. Carta de Juan Sánchez Calvillo. Sábana de Mu-
cujepe, 23 de julio de 1600. f. 931r-v.
• Caciques e indios. T. 39. Doc. 30. Indios de San Antonio de Gibraltar,
sus matanzas y robos. Real Provisión de Francisco de Sande, Presiden-
te de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá. Santa Fe de Bogotá, 6
de septiembre de 1600. f. 936r-v.
• Caciques e indios. SC. 13, Doc. 35, Acta del cabildo regimiento de
la villa de San Cristóbal. San Cristóbal, 15 de diciembre de 1647.
f. 642r-647r.
• Caciques e Indios. 39, doc. 1. Comunicación de fray Alonso de Zamo-
ra. Sardinata de los Ríos, 28 de enero de 1699, f. 7r-v.
• Caciques e Indios 39, doc. 1. Comunicación de fray Alonso de Zamo-
ra, Santa Fe, 31 de mayo de 1699, f. 3r-v.
• Caciques e indios. T. 13, Doc. 13. Real cédula concedida a Juan Chou-
rio para paciicación de motilones e importación de esclavos. San Lo-
renzo, 19 de agosto de 1722. f. 490r-483r.
230 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

• Caciques en Indios. 62, Doc. 21. Asalto de los motilones a San Faustino de
los Ríos. San Faustino, 10 de noviembre de 1726. f. 436r-450r.
• Caciques e indios. T. 62, doc. 19. Paciicación de indios motilones.
Real cédula. Soto de Roma, 15 de mayo de 1730. f. 286r-v.
• Caciques e indios. 25, doc. 74. Informe de la paciicación motilona por Juan
de Azevedo. San Joseph del Guasimal, 30 de mayo de 1734. f. 918r-922r.
• Caciques e Indios. 48bis, Doc. 7. Carta de Nicolás de Ávila y Albino
Pineda. La Grita, 16 de octubre de 1735. f. 562r-564r.
• Caciques e Indios. 62, doc. 29. Exposición de don Sebastián Guillén.
Santa Fe, 12 de julio de 1773. f. 328r-329v.
• Caciques e Indios. 62, doc. 29. Exposición de don Sebastián Guillén.
San Buenaventura, 24 de septiembre de 1774. f. 363r-364v.
• Caciques e Indios. 62, doc. 29. Orden del Virrey Manuel Guirior. San-
ta Fe, 8 de noviembre de 1774. f. 334r-335v.
• Caciques e Indios. 62, doc. 29. Comunicación de don Sebastián Guillén.
Rosario de Cúcuta, 2 de septiembre de 1774. f. 330r-331v.
• Caciques e Indios. 62, doc. 29. Informe de los alcaldes ordinarios y testigos de
la villa de San Cristóbal. Villa de San Cristóbal, 9 de enero de 1775. f. 48r-v.
• Caciques e indios. 62, doc. 19. Testimonio de Mateo González. San
Cristóbal, 9 de enero de 1775. f. 349r-350r.
• Caciques e indios. 62, doc. 19. Testimonio de Cristóbal Fernández de
Mora, Bernardino Escalante. y otros vecinos de Lobatera. San Cristó-
bal, 13 de enero de 1775. f. 351v-352v.
• Caciques e Indios. 62, doc. 29. Exposición de don Sebastián Guillén.
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• Caciques e Indios. 62, doc. 29. Aprobación de cuentas por el virrey
Guirrior. Santa Fe de Bogotá, 16 de marzo de 1775. f. 365r-366-v.
• Caciques e Indios. 62, doc. 29. Real Cédula de Carlos III. Aranjuez, 29
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• Caciques e indios, 62, doc. 17. Correspondencia del gobernador Fran-
cisco de Santa Cruz al Virrey Flores Maldonado. Maracaibo, 21 de
agosto de 1776. f. 241r-242v
Luis Alberto Ramírez Méndez 231

• Caciques e indios. 62, doc. 17 Carta del indio interprete Sebastián Gui-
llén. Valles de San Pedro, 22 de junio de 1776. f. 229r-230v.
• Caciques e indios. 62, doc. 17. Carta del Virrey Manuel Guirior. Valles
de San Pedro, 21 de julio de 1776. f. 231r.
• Caciques e indios. 62, doc. 17. Interrogatorio a solicitud de don Juan
Paula Ortega. Valle de San Pedro, 18 de julio de 1776, f. 233r-235r.
• Caciques e indios. 62, doc. 17. Correspondencia del gobernador Fran-
cisco de Santa Cruz al Virrey Francisco Flores Maldonado. Maracaibo,
4 de junio de 1776. f. 243r-v.
• Caciques e indios. 62, doc. 17 Carta del indio interprete Sebastián Gui-
llén. Valle de San Pedro, 22 de junio de 1776. f. 229r-230v.
• Caciques e indios. 40, doc. 25. Comunicación de Josep de Galves al Virrey
de la Nueva Granada. Madrid, 8 de julio de 1777. f. 773r-774v.
• Caciques e Indios. 62, doc. 29. Petición del indio interprete Sebastián
Guillén. Maracaibo, 5 de junio de 1777. f. 385r-386v.
• Criminales Juicios. SC 19, 114, doc. 24. El gobernador de Maracaibo
da cuenta de la huida de don Salvador Medrano de la cárcel de Cúcuta.
Testimonios. Maracaibo 10 de octubre de 1769. f. 378r.
• Criminales Juicios. SC 19, 130, doc. 22. Carta de don Antonio Arévalo al
virrey Manuel Guirior. Maracaibo, 5 de septiembre de 1774. f. 343r-345r.
• Criminales Juicios. SC 19, 117, doc. 2. El gobernador de Maracaibo
da cuentas de las averiguaciones por el homicidio de Joseph Armes-
to de Sotomayor. Testimonios. Maracaibo, 6 de octubre de 1774. f.
183r-185v.
• Criminales. Juicios. SC. 19, 122, Doc. 7. Comunicación al virrey de
doña María de la Ascensión Lezama. Maracaibo 25 de junio de 1776.
f. 497r-500r.
• Curas y obispos. SC. 21, 20, D.27. Miguel Florez, cura de los chinatos
informa sobre incidentes con los motilones. Real cédula nombrando
un teniente de guerra a don Diego Ramírez. Santa Fe, 19 de mayo de
1716. f. 439v-443v.
• Encomiendas. 3, D. 14, 1630, Solicitud de María de Cuellar y Rangel.
Santa Fe, 13 de septiembre de 1591. f. 958r-v.
232 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

• Historia Eclesiástica. SC 30, 4 Doc. 24. Poder de los doctrineros para


no ser substituidos. Mérida, 29 de abril de 1657. f. 449r-v.
• Mapoteca M-4-388ª.
• Milicias y Marina. SC 37,58, 56. Carta del gobernador de Maracaibo al
virrey Folch de Cardona. Maracaibo, 10 de octubre de 1757. f. 314r-v.
• Milicias y Marina. T. 121. Guirior, en Relaciones de mando. El Go-
bernador Alonso del Río al virrey Manuel Guirior. Maracaibo, 5 de
octubre de 1773. f. 194r.
• Milicias y Marina. Sc 37, 58, 110. Correspondencias de don Sebastián
Guillén y doña María Asunción Lezama. Tenjo, 21 de julio de 1775.
f. 630r-631v.
• Milicias y Marina. 37, 65, 5. Nombramiento de teniente de infantería
a Alberto Gutiérrez. Madrid, 14 de julio de 1777. f. 43r.
• Misceláneas. T. 27 Informe de Diego Fernández Carrasquero procura-
dor de Maracaibo. Maracaibo, s/f. 1711. f. 937r-944r.
• Misceláneas T. 27 Solicitud del cabildo de Maracaibo para la protec-
ción de las haciendas de Santa María y San Pedro de los ataques de los
motilones. Maracaibo, 25 de marzo de 1716. f. 927r-931r.
• Misceláneas. SC 39, 141, doc. 66. Presentación de los capuchinos navarros
ante el virrey Sebastián de la Eslava. Santa Fe, 19 de marzo de 1752. f. 552r-v.
• Misceláneas. SC, 39, 27, Doc, 33. Petición de Cristóbal de Costilla y
Bohórquez, Mérida, s/f. 1754. f. 453r-454v.
• Misceláneas. SC 39, 108, doc. 27. Solicitud de una escolta por los
misioneros navarros para conquistar los motilones. Maracaibo, 4 de
julio de 1765. f. 22r-v.
• Misceláneas. SC. 39, 127, doc. 20. Suspensión de pena de destierro de doña
Bárbara Villamil. Santa Fe de Bogotá, 6 de agosto de 1773. f. 454r.
• Misceláneas. SC. 39, 105, doc. 18. Toma de declaración del asesinato del
tesorero. Pueblo de Tenjo, 21 de julio de 1775. f. 835r-836v.
• Misceláneas. SC 39, 56, doc. 12. Solicitud del Cabildo de La Grita.
Al gobernador Francisco de Santa Cruz. Maracaibo, 21 de febrero de
1777. f. 29v.-31r.
Luis Alberto Ramírez Méndez 233

• Miscelánea. SC. 39, 68, Doc. 34. “Frai Pedro Corella, religioso capu-
chino, cura doctrinero de indios motilones, ha treinta años, fundador
y presidente de San José de las Palmas, jurisdicción de Maracaibo”.
Carta petición para ser excarcelado de fray Pedro Corella. Tunja, 1 de
octubre de 1814. f. 625r-v.
• Poblaciones Varias. T. 5. Informe de Sebastián de Eslava al Gobernador de la
Provincia de Mérida y La Grita. Maracaibo, 23 de mayo de 1745. f. 432v.
• Poblaciones Varias. SC. 23, 10, doc. 131. Carta de don Joseph Domin-
go Lanz. Maracaibo, 8 de agosto de 1774. f. 822r-823r.
• Poblaciones Varias. SC 45, 2, doc. 19. Nueva población de Juan Joseph
Rojas. Santa Fe de Bogotá, 22 de noviembre de 1774. f. 846r-853r.
• Poblaciones Varias. SC 46, 5, doc. 90. Don Sebastián Guillén solicita
la asistencia de dos religiosos para la paciicación de los motilones.
Maracaibo, 6 de junio de 1775. f. 414r-v.
• Poblaciones Varias. Sc 45, 16,11. Comunicación de de don Sebastián Gui-
llén al virrey Manuel Guirrior. Zulia, 27 de agosto de 1775. f. 29r-31r.
• Real Audiencia de Cundinamarca. SC. 50, 10, Doc. 17. Manuel Mora
autos de esta audiencia por haber muerto a este los indios del Zulia.
1655. f. 749r-775v.
Archivo de la Universidad Católica Andrés Bello. AUCAB. (Caracas-Venezuela)
• Libro de Consultas del Colegio San Francisco Javier de Mérida. Con-
sulta del 15 de noviembre de 1727. f. 55r.
• Libro de Consultas del Colegio San Francisco Javier de Mérida. Con-
sulta del 1 de julio de 1733. f. 58v.
• Libro de Consultas del Colegio San Francisco Javier de Mérida. Con-
sulta del 1 de diciembre de 1733. f. 61r.
• Libro de Consultas del Colegio San Francisco Javier de Mérida. Con-
sulta del 1 de enero de 1734. f. 61v.
• Libro de Consultas del Colegio San Francisco Javier de Mérida. Con-
sulta de octubre de 1735. f. 67v.
• Libro de Consultas del Colegio San Francisco Javier de Mérida. Con-
sulta de agosto de 1736. f. 69r.
234 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

• Libro de Consultas del Colegio San Francisco Javier de Mérida. Con-


sulta de marzo de 1738. f. 72r.
• Libro de Consultas del Colegio San Francisco Javier de Mérida. Con-
sulta de diciembre de 1738. f. 73v.
• Libro de Consultas del Colegio San Francisco Javier de Mérida. Con-
sulta de 7 enero de 1756. f. 82r.
Biblioteca Nacional Biblioteca Febres Cordero. BNBFC. (Mérida-Venezuela)
• Cabildo. Libro de acuerdos. Acta de Cabildo. Mérida, 28 de julio de
1600. f. 4v-5v.
• Cabildo. Libro de acuerdos. Acta de Cabildo. Mérida, 2 de agosto de
1600. f. 15v.
• Cabildo Acuerdos 1600-1606. Acta de acuerdo de sometimiento y pacii-
cación de los kirikires. Mérida, 22 de febrero de 1600. f. 7r-8r.
• Cabildo Mercedes de Tierra. Caja 1. Doc. 1. Merced concedida a Pedro
Duque de Cabrera. Mérida, 12 de febrero de 1632. f. 254r-v.
• Cabildo Mercedes de Tierra. Caja 1. Doc. 1. Merced concedida a Jeró-
nimo de Aguado. Mérida, 2 de junio de 1635. f. 355r-v.
• Colección Ciudades de Venezuela R. 9. Vol. 2. Apuntamientos y peti-
ciones presentados por testigos sobre encomiendas de indios en la villa
de San Antonio de Gibraltar, si deben continuar los encomenderos en
sus encomiendas 1601. Real cédula concediendo encomienda a Juan
de Avendaño. Santa Fe de Bogotá, 27 de junio de 1593. pp. 24-27.
• Colección Ciudades de Venezuela R. 9. Vol. 2. Apuntamientos y peti-
ciones presentados por testigos sobre encomiendas de indios en la villa
de San Antonio de Gibraltar, si deben continuar los encomenderos en
sus encomiendas 1601. Real testimonio de Juan de Trexo. Mérida, 27
de julio de 1600. p. 120.
• Colección Ciudades de Venezuela. R. 9. Vol. 2. Apuntamientos y peticio-
nes presentados por testigos sobre encomiendas de indios en la villa de
San Antonio de Gibraltar, si deben continuar los encomenderos en sus
encomiendas 1601. El capitán Diego Prieto Dávila recomienda se en-
treguen los indios del Ancón de Maruma a Gonzalo Palomino Rendón.
Mérida, 2 de febrero de 1600. pp. 287-288.
Luis Alberto Ramírez Méndez 235

Registro Principal del Estado Táchira. RPET. (San Cristóbal-Venezuela)


• Archivo de La Grita. T. XIII. Acta de cabildo de la ciudad de La Grita. La
Grita, 3 de marzo de 1694. f. 1r.
• Archivo de La Grita. T. XIII. Declaración del testigo Francisco de la Pa-
rra. La Grita, 3 de marzo de 1694. F. 2v-5v.
• Archivo de La Grita. T. X. Legajo Único. Acta de cabildo. La Grita, 10
de abril de 1694. s/f.
• Archivo de La Grita. T. X legajo único. Comisión del Cabildo de La
Grita. La Grita, 15 de abril de 1694. f. 161r.
• Archivo de La Grita. T. XVII legajo 1. Comisión del Cabildo de La Gri-
ta. La Grita, 16 de julio de 1707. s/f.
• Archivo de La Grita. T. XVII, 1707-1709. Leg. 1. Acta de cabildo. La
Grita, 17 de julio de 1707. f. 9r-10v.
• Archivo de La Grita. T. XVII, 1707-1709. Leg. 1. Acta de cabildo. La
Grita, noviembre de 1708. f. 54r.
• Archivo de La Grita. T. XIX. Legajo 16. Libro de acuerdos del Cabildo de
La Grita. Acta de cabildo. La Grita, 15 de septiembre de 1725. S/f.
• Archivo de La Grita. T. XVII, 1707-1709. Leg. 1. Acta de cabildo. La
Grita, 10 de febrero 1726. f. 102r-104v.
• Archivo de La Grita. T. XVII. 1707-1709. Leg. 1. Acta de cabildo. Ma-
racaibo, 1 de marzo de 1726. f. 50r.
• Archivo de La Grita. T. XIX. Leg. 16. Auto del gobernador Manuel Fer-
nández de la Casa. Maracaibo, 1º de marzo de 1726. s/f.
• Archivo de La Grita T. XX. Legajo 10. Cuaderno contentivo de diversas
providencias del gobernador de la provincia de Maracaibo y de los alcal-
des de la ciudad de La Grita sobre preparar una expedición que salga a
contener las frecuentes irrupciones de los indios motilones. La Grita, 20
de enero de 1731. f. 3r.
• Archivo de La Grita. T. XXIII, 1749. Leg. 14. Acta de cabildo. Maracai-
bo, 31 de enero de de 1749. f. 13r-v.
• Archivo de La Grita. [Link]. Leg. Único. Solicitud de don Francisco
García. La Grita, 21 de agosto de 1795. f. 172r.
236 La tierra prometida del sur del Lago de Maracaibo. De su misma sangre. La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)

Registro Principal del Estado Zulia. RPEZ. (Maracaibo-Venezuela)


• B-01-21. Concesión que hizo el Rei de España a los fundadores de Zulia
de cuatro leguas de tierra. Acta de Cabildo 1778. 12 f.
• C-13-15 Expediente que el señor Marcos Ortega pide en arrendamiento
una hacienda en el Zulia, once folios. 1821. Nº 11. Petición de Marcos
Ortega. Maracaibo, 16 de mayo de 1821. f. 1r.
• C-15-32. Civiles. Valentín Ojeda solicita en arrendamiento una la-
branza coniscada a Prudencio Morales como desafecto a la Republica
en el Zulia. 1823. 4 folios.
• C-15-29. Civiles. Juan Bautista Vale pide se le dé en arrendamien-
to una hacienda sita en el Zulia, secuestrada a Juan Antonio Bracho.
1823. 4 folios.
• C-17-19. Civiles Juan Evangelista Guerra solicita en arrendamiento
una hacienda de José Prudencio Morales secuestrada por orden del
Gobierno en el Zulia. 1824. 15 folios.
• C-16-26. Civiles. Francisco Arria pide el desembargo de una roza de
su propiedad situada en Zulia, por estar comprendida entre las que
deben sufrir el secuestro. 1824. 4 folios.
• C-16-22. Civiles. Miguel Mestre pide el desembargo de una labor que
tenía en el Zulia Pedro Montiel, a nombre de dos hijos menores que
está hecho cargo, en la ausencia del referido Montiel padre de ellos.
1824. 16 folios.
• C-21-13. Año de 1825. Expediente que contiene el embargo de varias
labores a vecinos del Zulia. Nº 53, Nº 1
• C-20-11. Civiles. José Félix Inciarte pide en arrendamiento unos val-
sares pertenecientes a los bienes de la iglesia de La Victoria en Zulia.
1825. 3 folios.
• C21-14. Civiles. María Genara Hernández reclama casa i conuco que
le fueron secuestrados en el Cantón de Zulia. 1825. 10 folios.
• C-25-05. Civiles por renuncia hecha por Francisco Xavier Quintero
de la administración de tres conucos secuestrados en el pueblo de La
Victoria, los solicita del mismo modo Ildefonso García. 1827. 7 folios.
• C-39-11. El Sr. Pablo Lezama arrendatario de una hacienda corres-
Luis Alberto Ramírez Méndez 237

pondiente a la misión de Santa Rosa en el cantón del Zulia, pide con-


tinué el arrendamiento por haber cesado la necesidad de la misión. 8
folios. 1829.
• C-39-09. Civiles Juan Ortega pide en arrendamiento la Hacienda
Santa Cruz, perteneciente al Estado. 1829. 12 folios.
• C 21-17, León Contreras reclama una hacienda de su propiedad que
le fue secuestrada, fundándose en que nunca ha sido enemigo de la
Republica. 5 folios.

Documentales publicadas
• Arcila Farías, Eduardo (comp.), El primer libro de la hacienda pública
colonial de Venezuela. 1529-1538. Caracas (Colección Economía y Fi-
nanzas de Venezuela 8). Biblioteca de la Academia Nacional de la His-
toria, 1984.
• “Descripción de la ciudad de la Nueva Zamora su término y laguna
de Maracaibo hecha por Rodrigo de Arguelles y Gaspar de Párraga de
orden del gobernador Juan Pimentel” En: Relaciones Geográicas de Ve-
nezuela. Caracas. (Colección Fuentes para la Historia Colonial de Vene-
zuela. 70) Recopilación, estudio preliminar y notas de Antonio Arellano
Moreno. Academia Nacional de la Historia, 1964. pp. 201-213.
• Gutiérrez, Alberto José, “Diario de los sucesos habidos en la entrada a
los indios motilones” Maracaibo, 12 mayo de 1772; publicado en Bue-
naventura de Carrocera, “Los indios motilones en el segundo centenario
de su primer contacto paciico (1772-1972)”. En: Missionalia hispánica.
Nº 29, 1972. pp. 212-215.
• “Informe sobre la provincia de Maracaibo hecho por José Domingo
Rus, año de 1794”. En: Relaciones geográicas de Venezuela. Caracas. (Co-
lección Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. 70) Recopila-
ción, estudio preliminar y notas de Antonio Arellano Moreno. Acade-
mia Nacional de la Historia, 1964. pp. 459-474.
• Juicios de residencia en la provincia de Venezuela. Caracas (Colección
Fuentes para la historia colonial de Venezuela 130) Academia Nacional
de la Historia, 1977.
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• “La Real Hacienda en Maracaibo en 1754” En: Documentos para la


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Antonio Arellano Moreno. Caracas. (Colección fuentes para la historia
colonial de Venezuela 93) Academia Nacional de la Historia, 1970.
pp. 175-221.
• “Ley sobre coniscación y secuestro de los bienes”, Guayana, 3 de sep-
tiembre de 1817. Armellada, Cesáreo: Fuero Indígena Venezolano. Ca-
racas. Ediciones de la Universidad Católica Andrés Bello, 1977. T. II.
pp. 22-24.
• “Ley aboliendo los conventos menores de religiosos” Rosario de Cú-
cuta, 6 de agosto de 1821. Armellada, Cesáreo: Fuero Indígena Vene-
zolano. Caracas. Ediciones de la Universidad Católica Andrés Bello,
1977. T. II. pp. 32-33.
• Obispo Mariano Martí, Documentos relativos a su visita pastoral a la
Diócesis de Caracas. 1771-1784. Libro personal. Caracas. (Colección
Fuentes para la historia Colonial de Venezuela 95) Academia Nacional
de la Historia, 1988. T. I.
• “Pensamientos y noticias escogidas para utilidad de Curas del Nuevo
Reino de Granada por el Dr. Basilio Vicente de Oviedo. Año de 1761”.
En: Documentos para la historia económica en la época colonial. Selección
y estudio preliminar de Antonio Arellano Moreno. Caracas. (Colección
fuentes para la historia colonial de Venezuela 93) Academia Nacional
de la Historia, 1970. pp. 364-391.
• “Noticias sobre la agricultura en Maracaibo, arte y comercio y precios
corrientes en 1796”. En: Documentos para la historia económica en la
época colonial. Selección y estudio preliminar de Antonio Arellano More-
no. Caracas. (Colección fuentes para la historia colonial de Venezuela
93) Academia Nacional de la Historia, 1970. pp. 511-530.
• “Real Cédula de erección del Corregimiento de Mérida. San Lorenzo,
9 de mayo de 1607”. En Tulio Febres Cordero, Obras Completas. Bo-
gotá Antares, 1961, T. II. pp. 104-111.
• “Real Provisión del 16 de diciembre de 1710, dirigida al gobernador
de Maracaibo y justicias de Gibraltar, en la que se reitera la prohibición
absoluta de navegar con mercaderías sobre el río Zulia. En: Tulio Febres
Luis Alberto Ramírez Méndez 239

Cordero: “Documentos para la historia del Zulia”. En: Obras Completas.


Bogotá Antares, 1961, T. IV. pp. 126-127.
• “Real Cédula de 22 de mayo de 1783, dirigida al Vicario de Maracai-
bo que informe si conviene que los yndios motilones establezcan en la
margen de la laguna”. En: Tulio Febres Cordero: Documentos para la
Historia del Zulia. Obras Completas. Bogotá, Editorial Antares, 1960.
T. IV. pp. 154-155.
• “Real Cédula de 12 de diciembre de 1788, sobre tomar providencia sobre
el uso excesivo del aguardiente de caña en la Provincia de Maracaibo”. En:
Tulio Febres Cordero: Documentos para la Historia del Zulia. Obras Com-
pletas. Bogotá, Editorial Antares, 1960. T. IV. p. 191.
• “Real Cédula de 17 de junio de 1796, sobre el repartimiento de tierras
del río Chama a in de aplicar su productos a las casas de instrucción,
industrias y hospicios”. En: Tulio Febres Cordero: Documentos para la
Historia del Zulia. Obras Completas. Bogotá, Editorial Antares, 1960.
T. IV. pp. 218-220.
• “Población de Motilones en 1810”. En: Tulio Febres Cordero: Docu-
mentos para la Historia del Zulia. Obras Completas. Bogotá, Editorial
Antares, 1960. T. IV. pp. 155-156.
• “Relación Geográica hecha por Diego de Villanueva y Gibaja de la Go-
bernación de Venezuela, los Corregimientos de La Grita y Tunja y la
Gobernación de los Mussos año de 1607”. En: Relaciones Geográicas de
Venezuela. Caracas. (Colección Fuentes para la Historia Colonial de Ve-
nezuela. 70) Recopilación, estudio preliminar y notas de Antonio Are-
llano Moreno. Academia Nacional de la Historia. 1964. pp. 285-302.
• “Viaje muy puntual y curioso que hace por tierra don Miguel de San-
tisteban desde Lima a Caracas en 1740 y 1741”. En: Documentos para
la historia económica de la época colonial. Viajes e Informes. Caracas.
(Colección fuentes para la historia colonial de Venezuela 93) Acade-
mia Nacional de la Historia, 1970. pp. 46-173.

Libros
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mocrática, (sector educativo Mérida) Mérida. (Tesis de maestría). CEP-
SAL-ULA, 1992.
Publicación digital del Fondo Editorial
UNERMB
Septiembre, 2015
Cabimas, estado Zulia, Venezuela.
La tierra prometida del sur del lago de Maracaibo.
De su misma sangre.
La frontera indígena (Siglos XVI-XIX)
Tomo III

Colección Rafael María Baralt Vol. 5

El presente estudio se inscribe en la corriente de estudios sobre


fronteras étnicas y agrarias, centrado en la zona sur del Lago
de Maracaibo, cuyo espacio fue ocupado por una diversidad
de grupos indígenas durante el periodo prehispánico, los que
conformaron sistemas de intercambio para lo cual utilizaron
las rutas naturales que se estructuraron a través de las corrien-
tes luviales que discurren aquel espacio, particularmente los
ríos Zulia y Catatumbo, los que comunican las zonas altas, el
piedemonte, la llanura con el lago de Maracaibo, por cuya ra-
zón se desplegó una fuerte competencia y conlictividad entre
las etnias blanca e indígena para controlar y dominar esas vías,
cuyo objetivo no fue alcanzado por ninguno de los expresados
grupos. Debido a las críticas condiciones que enfrentaron los
blancos durante la mayor parte del siglo XVIII, la etnia indí-
gena pudo subyugar el sur del Lago de Maracaibo, aun a pesar
de los esfuerzos militares de los hispanos-criollos por re-ocupar
y controlar el territorio. A inales del siglo XVIII, la modiica-
ción de la política hispánica de “conquista” por el de “paciica-
ción” en términos de la admisión de su continuado fracaso en
su dominio del territorio, y de la aceptación de la personería
étnica y jurídica de los motilones, permitió la conformación de
acuerdos no escritos en los que se reconocieron por parte de los
hispano-criollos la territorialidad motilona, los que se tradujo
en el proceso de reducciones y poblamiento de la planicie lacus-
tre. La investigación se asiente en las fuentes documentales que
reposan en los archivos nacionales y extranjeros.

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