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Bioética

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Bioética:

 Concepto:

El árbol frondoso de la bioética hunde sus robustas raíces en el campo fructífero


de la reflexión filosófica. A lo largo del tiempo, el hombre ha tratado de
encontrarle sentido a su conducta y a su vida. Sócrates decía al respecto que "el
asunto no es ninguna bagatela: la cuestión es cómo deberíamos vivir".1

Muchas opiniones han surgido en torno a este tema. Miradas diversas, en


ocasiones antagónicas y otras más sensiblemente parecidas, han contribuido a la
construcción del marco ideológico sobre el que se ha levantado el edificio de la
ética.

En el último siglo ha surgido un nuevo movimiento en la ética, que trata de unir a


las ciencias de la vida con varias disciplinas filosóficas, entre ellas la ontología y la
ética. Decimos ciencias de la vida, ya que la antigua ética se detenía en el
comportamiento humano, su génesis y consecuencias; en la actualidad, la
bioética se ha dirigido al campo de las ciencias naturales, especialmente a la
naturaleza viva, y ha llevado sus reflexiones a las fronteras entre la vida y la
muerte, entre lo individual y lo colectivo

El término bioética fue utilizado por primera vez por Van Rensselaer Potter como
una propuesta de una nueva disciplina que sirviera como un puente entre dos
culturas: la científica, en torno a la vida y al medio ambiente, y la humanista
centrada en la ética.
Aunque no existe una sola manera de definir a la bioética, la Bioética se puede
definir como el estudio sistemático de las dimensiones de la moral- incluyendo a
la visión moral, las decisiones, la conducta y las políticas- de las ciencias de la
vida y del cuidado de la salud, empleando una variedad de metodologías éticas
en
un contexto multidisciplinario.
La bioética ha evolucionado hacia un movimiento internacional que abarca los
aspectos tradicionales de la ética médica, la ética ambiental, los debates sobre
los
derechos de las futuras generaciones, el desarrollo sostenible, etc. La bioética es
una instancia de juicio práctico que se ejerce en circunstancias concretas y a la
que se le asigna una finalidad práctica a través de diferentes formas de
institucionalización. La bioética se concibe como un campo interdisciplinario de
especialistas y como un movimiento social y cultural de los ciudadanos. Es un
área de conocimiento que se refiere a la moralidad de las nuevas formas de
nacer, morir, curar y cuidar.

 Principales corrientes filosóficas de la bioética:


a. Bioética utilitarista: Se encarga de buscar el mayor bien para el
mayor número de personas, en esta corriente se hace enfoque
a la utilidad que representan las decisiones para las personas,
organizaciones o la sociedad en concreto. Para aplicarlo se
debe analizar cuales pueden ser los resultados a obtener y
hacer el cálculo de costo-beneficio. Un claro ejemplo de esta
corriente sería la aplicación de vacunas contra la COVID-19
durante las olas de contagio, se buscaba siempre vacunar al
personal de salud y luego a las personas más vulnerables

b. Bioética universalista: Debe hacerse objetivo el juicio ético,


teniendo en cuenta la opinión de la mayoría de personas
involucradas en el dilema ético. En caso no ser posible llegar a
una ética universal y objetiva, la única solución es el consenso
y el contrato social. El consenso es la única fuente de autoridad
c. Bioética personalista:

El eje de todo el debate es la persona y su cualidad de ser


digna. Sobre los intereses de otras personas o de instituciones
y sociedades está el bien último del individuo.

El personalismo concibe a la persona como la unidad que


forman el ser inmaterial (alma y espíritu) y el ser material
(cuerpo), y acepta su existencia desde el momento de la
concepción. A partir de esta perspectiva, el personalismo
infiere algunos principios que podrían servir como orientación
en la atención médica cotidiana: el respeto a la vida, al cuerpo,
a la identidad, dignidad, autonomía, libertad, justicia y a la
solidaridad humana.

d. Principalísimo bioético: Surge en 1 970 con el informe


Belmont. En la actualidad se habla de cuatro principios que se
consideran como el núcleo teórico de esta visión:

• El principio de beneficencia. La beneficencia consiste en


ofrecer siempre un bien al usuario de los servicios de salud. El
paciente siempre espera que, al llegar a un establecimiento de
salud, se le atienda de la mejor manera, por el mejor personal,
que se cuente con los mejores equipos y los medicamentos
adecuados para su necesidad de salud y que al entrar en el
establecimiento de salud, siempre se le ofrezca algo bueno.

La beneficencia no discrimina, procura alcanzar a todos los


pacientes, sin importar su edad, sexo, ni el tipo de enfermedad
que se padezca. Bajo este principio, un establecimiento de
salud debe ser contemplado por los niños como la casa de la
salud, no como la casa de los sustos.

Lo importante será curar; si esto no es posible, se intentará


mitigar el dolor; si esto es imposible, por lo menos debemos
consolar.

• El principio de autonomía. Autonomía es la facultad de


gobernarse a uno mismo. Es la capacidad de tomar decisiones
sobre lo que puede suceder con nuestro propio cuerpo.

Este principio tuvo una emergencia significativa a partir del


juicio de Nuremberg, cuando la comunidad médica se dio
cuenta hasta dónde puede llegar un investigador cuando,
oculto tras el escudo de la ciencia, es cegado por su propio
afán científico. La autonomía surge aquí como la voz del que,
sin poder hablar, no ha perdido su derecho a ser escuchado.

Pero, ¿puede un niño, en forma autónoma, decidir sobre el


tratamiento que recibirá? Los autores consideramos que todo
niño, sin importar su edad, tiene el derecho a manifestar su
opinión sobre lo que se intenta hacer sobre su cuerpo. Algunos
lo harán solo con muecas o con llanto, pero los que puedan
hablar, tienen el derecho a expresar su opinión y el derecho a
ser escuchados de manera formal y comprometida por el
personal de salud.

En segundo lugar y de acuerdo con su desarrollo intelectual, al


niño se le debe permitir participar en las decisiones diagnóstico
terapéuticas que le incumben. En todos los casos, sus padres o
familiares cercanos adquieren, de manera fiduciaria, el
derecho de representarlos en toda toma de decisiones, pero es
necesario dar las facilidades para que todos los niños reciban
información adecuada a su edad y puedan expresar su opinión,
en especial los niños en edad escolar y de manera formal —
como si fuesen adultos— los mayores de 12 años.14
• El principio de no maleficencia. Este principio expresa la
obligación de no producir un daño de manera
voluntaria. Primum non nuocere (lo primero es no dañar). La
declaración es clara; sin embargo, se enfrenta a decisiones
polémicas, en especial cuando hablamos de enfermos
terminales, en quienes corre peligro la vida o cuando sabemos
que el uso de tratamientos y/o procedimientos producirán per
se algún daño.

• El principio de justicia. Contempla que todo individuo tiene


derecho al trato igualitario como los demás seres humanos, sin
importar las condiciones de su vida, de su salud, de sus
creencias o de su posición económica.

En pediatría, la aplicación del principio de justicia nos obliga a


tratar a las personas como ¡guales, como dignas del mayor
respeto, sin hacer distingos o diferencias entre uno u otro. Esté
amparado por un sistema de seguridad social en salud o no;
tenga o no padres, sea un niño de la calle o de una familia
integrada; esté limpio o sucio; tengan sus padres dinero o sean
pobres, sea el niño delincuente o no, todos tienen derecho a
que se les dé el mismo trato médico, la misma oportunidad de
hospitalización y de recibir el mejor de los tratamientos, por
los mejores médicos, en el mejor hospital y en las mejores
circunstancias posibles.

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