PE RSEG UIDA PO R LA MUER TE
A los 18 años, Mary Shelley volcó todas sus
angustias sobre la vida y la muerte en la historia de
'Frankenstein o el moderno Prometeo'. Con esta
obra, considerada la primera novela de ciencia
ficción moderna, se consolidó como una de las
autoras más importantes de la narrativa gótica.
Mary Wollstonecraft Shelley, 1797-1861
La vida de Mary Godwin (llamada más adelante Mary Shelley) estuvo marcada por la
pérdida desde su nacimiento, el 30 de agosto de 1797: nunca conoció a su madre,
Mary Wollstonecraft, que murió a las pocas semanas de dar a luz; y cuando tenía
cuatro años, su padre se casó de nuevo con Mary Jane Clairmont, una mujer a la que
la pequeña detestaba y a quien siempre culpó de haberle apartado de su padre.
Por su parte, William Godwin era un escritor y filósofo de ideas muy liberales para su
tiempo: describía el matrimonio como “un monopolio represor”, promocionaba las
ideas feministas de su primera esposa Mary Wollstonecraft y aceptó sin problemas a
la hija que esta ya tenía de una relación extramarital, algo que a los ojos de la
sociedad inglesa bienestante resultaba escandaloso. A pesar de esta reputación y de
estar constantemente endeudado, William Godwin aún pudo procurarle una
buena educación a su hija, que contó no solo con la rica biblioteca de sus padres
sino también con un tutor y una institutriz.
Mary Godwin, más conocida como Mary Shelley, llevó una vida muy liberal y
contraria a la rígida moral de su época.
UNA ESCANDALOSA HUIDA
Entre el grupo de intelectuales de los que Godwin se rodeaba estaba Percy Bysshe
Shelley, un joven que consideraba al escritor como un padre intelectual y que
llegó a ocuparse de sus deudas durante un tiempo. Era 1814 y Mary Godwin tenía 16
años, cinco menos que aquel muchacho que se convirtió en su primer y gran amor.
La relación desde el principio tuvo tintes escandalosos: para escapar a las miradas se
daban cita en un cementerio, donde probablemente Mary quedó embarazada
de él. Shelley estaba en una posición delicada, puesto que estaba casado -y además,
su esposa también estaba embarazada- y ya no podía seguir pagando las deudas de
William Godwin.
La solución que encontraron los dos amantes fue fugarse y llevarse con ellos a
Claire Clairmont, la hermanastra adolescente de Mary: ambas se llevaban bien a
pesar de la mala relación que había con su madre y, a la vista de los acontecimientos
futuros, probablemente Shelley también estaba interesado en ella. Viajaron hasta la
ciudad suiza de Lucerna, pero la aventura fue breve ya que carecían del dinero para
subsistir: en menos de tres meses estaban de vuelta en Inglaterra, donde les
esperaba un fuerte rechazo, incluso por parte de William Godwin.
En 1814 Mary quedó embarazada de Percy Bysshe Shelley, un
hombre casado. Ambos se fugaron junto con Claire Clairmont, la
hermanastra adolescente de Mary, pero la aventura fue breve.
Los tres vivieron durante más de un año en una relación de amor libre,
subsistiendo gracias a las rendas familiares de Shelley. En ese tiempo, Mary sufrió un
duro golpe que se repetiría varias veces a lo largo de su vida: la muerte de su hija,
nacida de forma prematura, que la sumergió en una profunda depresión. La muerte
la había acompañado desde su nacimiento y, en su huida hasta Suiza, había tenido
ocasión de verla en primera persona en una Europa devastada por las Guerras
Napoleónicas. En su mente empezaron a nacer los monstruos a los que pronto daría
forma.
Percy Bysshe Shelley fue uno de los poetas más
destacados del Romanticismo inglés, pero el éxito no le
fue reconocido hasta después de su propia muerte.
Formaba parte de un grupo de artistas e intelectuales que
incluía entre otros a Lord Byron, John Keats, Leigh Hunt
y Thomas Love Peacock.
LA PESADILLA DE UNA NOCHE DE VERANO
En mayo de 1816 Percy Shelley decidió llevar a Mary al pueblo suizo de Cologny, en
las orillas del Lago Leman, convencido de que su soleado clima ayudaría a levantarle
el ánimo, que también había mejorado desde el nacimiento del segundo hijo de la
pareja, William, en enero de ese mismo año. Fueron invitados a la elegante Villa
Diodati por el poeta Lord Byron, que había empezado una aventura con Claire,
la hermanastra de Mary.
Contrariamente a lo esperado el clima de ese año fue terrible, tanto que 1816 se
conocería como “el año sin verano”: la lluvia les impedía salir de la mansión, a menudo
durante días enteros. Así, lo que debían ser unas divertidas vacaciones se
convirtieron en una serie de veladas junto al fuego en las que el grupo se
entretenía leyendo historias de fantasmas. Y fue en una de esas veladas donde
nació el germen del monstruo que perseguiría a Mary el resto de su vida: Byron
propuso al grupo que cada uno escribiera una historia de terror; sin embargo, a ella
no se le ocurría ninguna idea y empezó a sufrir una creciente ansiedad.
LORD BYRON, EL POETA DEL ROMANTICISMO QUE QUISO LIBERAR GRECIA
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Una noche, la conversación derivó hacia la naturaleza
de la vida y si esta podía ser generada de forma
artificial. Cuando Mary se fue a dormir, de repente
tuvo una visión que definió como “un siniestro
terror”: “Vi al pálido estudiante de las artes prohibidas
arrodillado junto a la cosa que había creado. Vi el
espantoso fantasma de un hombre tendido, y luego, por
obra de algún potente mecanismo, mostró signos de
vida y se agitó con un movimiento inquieto y antinatural.
Espantoso como era; porque sumamente espantoso
sería cualquier esfuerzo humano para burlarse del
mecanismo estupendo del Creador del mundo”.
Inmediatamente empezó a trabajar en lo que suponía que sería solo un pasatiempo
pero acabaría convirtiéndose en la obra por la que sería recordada. La historia crecía
alimentada por los propios fantasmas de Mary; el sentimiento de pérdida por la
muerte de su madre y su primera hija y la separación de su padre dieron luz a una
novela sobre la muerte y la vida, la responsabilidad de la paternidad y las
consecuencias de desafiar al orden establecido: Frankenstein o el moderno
Prometeo, la historia de un hombre atormentado que desafía a la propia
naturaleza, crea un ser destinado a no tener lugar en el mundo, lo rechaza junto con
su responsabilidad por haberlo creado y, finalmente, causa la muerte de sus seres
más queridos y lo condena a la soledad.
Mary volcó sus trágicas experiencias en la historia de Viktor
Frankenstein, un hombre atormentado que desafía a la propia
naturaleza y crea un ser destinado a no tener lugar en el mundo.
Años después diría: “¿Cómo pude yo, entonces una muchacha joven,
idear y explayarme en una idea tan horrible?”
La novela se publicó por primera vez en 1818 y el hecho de que se hiciera
anónimamente da una idea de lo escandalosa que resultaba incluso para su propia
autora, que diría años después: “¿Cómo pude yo, entonces una muchacha joven, idear y
explayarme en una idea tan horrible?” A pesar de ese sentimiento de horror, la
segunda edición ya llevaba su nombre y en ediciones posteriores publicadas a
partir de 1831, Mary sometió su creación a una revisión profunda y la purgó de
algunos de sus pasajes más perturbadores.
EL MONSTRUO QUE NACIÓ EN 1816
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PERSEGUIDA POR LA DESGRACIA
A pesar de sus ideas liberales sobre el matrimonio, a su regreso de Suiza la pareja
se casó para contentar a sus familias; así, Mary Godwin se convirtió en Mary
Shelley, el nombre por el que sería recordada. El matrimonio supuso un punto de
inflexión agridulce: por una parte permitió la reconciliación con su padre, pero por
otro lado fue precedido por el suicidio de la anterior esposa de Percy. Y es que la
muerte no daba tregua a Mary: en 1816 se suicidó su hermana Fanny Imlay, hija de
su madre antes de que se casara con Godwin. En 1818, mientras los Shelley se
encontraban de viaje por Italia, su hijo William enfermó y murió; en 1819 lo haría
también Clara, su tercera hija; y finalmente, en 1822 sufrió un aborto en el que casi
perdió la vida ella misma a causa de la hemorragia. El golpe final llegaría ese mismo
año, cuando Percy Shelley desapareció durante una excursión en velero; tres
días después, su cuerpo apareció en una playa de la Toscana.
Esa serie de desgracias la sumieron en una profunda depresión de la que ya nunca
se recuperaría del todo. Abandonó Italia, el país que le había arrebatado a su
marido y a dos de sus hijos, y regresó a Inglaterra en compañía de su cuarto
hijo, Percy Florence Shelley, el único que llegaría a la vejez. Desde entonces se ganaría
la vida con la escritura, pero su situación era precaria ya que no solo tenía que
ocuparse de ella y de su hijo, sino que también ayudaba a su padre a hacer frente a
sus deudas.
Mary Shelley escribió todo tipo de obras, pero solo uno de sus libros
permanecería en la memoria colectiva: Frankenstein.
La muerte de William Godwin en 1844 aligeró su carga económica y les proporcionó
una modesta herencia. Sin embargo, desde hacía unos años Mary sufría síntomas
cada vez más frecuentes de lo que su médico sospechaba que era un tumor cerebral.
Cuando su hijo Percy Florence se casó, ella se retiró a vivir con él y su esposa hasta el
1 de febrero de 1851, fecha en la que finalmente también a ella la alcanzó la muerte
que la había perseguido siempre.
Durante los años que vivió en Inglaterra, Mary Shelley había escrito todo tipo
de obras: novela histórica, diarios de viaje, bibliografías, historias cortas de géneros
variados y ensayos. Al mismo tiempo se dedicó a traducir y editar obras de otros
autores -como Lord Byron- y a promocionar las que había escrito su marido, con más
éxito del que él mismo había tenido en vida e, irónicamente, disminuyendo el suyo
propio como resultado. Aunque en vida fue una escritora conocida, tras su muerte
solo uno de sus libros permanecería en la memoria colectiva: Frankenstein, la
historia en la que había volcado sus propios monstruos en ese verano lluvioso
de 1816.