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1

Mal novio

Malos en Baltimore, Libro 2

K. A. Mitchell

2
SINOPSIS:

Algunas veces es bueno ser malo. Realmente bueno...

Después de que Eli Wright revelara su homosexualidad, sus padres lo echaron.


En los cinco años transcurridos desde entonces por su cuenta, ha creado su propio
camino, ha vivido con sus propias reglas, decidido a nunca cambiar ni por él mismo, ni
por nadie. No está en contra de encontrar al hombre perfecto, pero el hombre perfecto
ahora, simplemente sería excelente.

¿La recompensa de Quinn Maloney por diez años de guardar fielmente los
secretos de su novio fuertemente encerrado en el armario? Una maldita llamada de
atención con el que acompañar su café de la mañana. No solo Peter tuvo aventuras
amorosas, fue derecho a casarse con su novia embarazada sin que Quinn revelara su
historia.

Con el bautizo del bebé avecinándose y Quinn esperando fingir una cortés
fachada, decide que ha tenido suficiente juego para el mantenimiento de la paz. Un
guiño de un tipo mucho más joven, que usa delineador de ojos en un bar, y Quinn
encontró una cita perfectamente escandalosa para la ocasión.

La cita va mejor de lo que jamás imaginó. Y mucho peor, cuando Eli convence a
todos que están locamente enamorados. Eso no formaba parte del plan, pero cuanto más
averigua Quinn sobre el hombre que se esconde detrás del maquillaje, más desea que
sea cierto.

Advertencia: Contiene un exnovio absolutamente bastardo. No somos


responsables de la súbita e incontrolable urgencia de darle un puñetazo en los dientes.

3
Tampoco somos responsables de cualquier sobrecalentamiento o repentina urgencia
provocada por el sexo explícito con un poco de BDSM incluido.

Dedicatoria
Para todo los Elis que hay ahí fuera.

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Capítulo uno

Cuando Quinn se enderezó después de cepillarse los dientes, la cara en el espejo


le asustó a más no poder. Cristo, soy mi abuelo.

Hacía frío en la cocina mientras se sentaba a la mesa, navegó por internet y


fingió no escuchar el coche de Peter en el camino de entrada, o comprobar si había
cualquier noticia de incendios involucrada, de modo que se había metido en un suéter
que la madre de Peter le había regalado por Navidad. Con la marca a juego con las
ojeras que tenía debajo de sus ojos, el gris en las sienes y la vieja lana de color marrón,
parecía su abuelo. Después de su ataque al corazón.

No es de extrañar que él y Peter no hubieran tenido relaciones sexuales en...

Diablos, Peter ha estado tres meses y medio.

No sabía que llevaras la cuenta. He trabajado ocho días seguidos y tengo


treinta y seis años jodidos años. ¿Te importa si me desmayo ahora?

Sí, me acuerdo de qué jodidamente viejo eres. Especialmente desde que la


última vez que me acosté fue el día de tu cumpleaños .

Así que, a ver porno. Siempre estás en la maldita computadora de todos modos.

... Dos semanas más a esa conversación se sumaban los cuatro meses. Quinn
estaba empezando a preguntarse si iba a olvidar cómo hacerlo. Tal vez no pudiera culpar
a Peter por quedarse dormido cuando llegara a casa y encontrara a un abuelo muerto en
su cama. Diez años como compañero de un bombero podrían dejar a cualquiera con el
pelo gris y arrugas de preocupación.

Había pensado en el asunto, sobre Peter teniendo una aventura amorosa, pero los
cheques que Peter traía a casa significaban que estaba diciendo la verdad acerca de todo
el trabajo sobre las horas extraordinarias. Y Peter se encontraba en tal estado de pánico
que cualquiera que averiguara que era gay, tendría miedo de acercarse a otro hombre.

La camioneta de Peter rugió a la entrada, y Quinn dejó caer el cepillo de dientes


en el soporte. Andaba demasiado corto de tiempo para un trabajo de tinte, pero al menos
podía deshacerse del suéter de abuelo.

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Cambió sus pantalones y holgados bóxers por un par de ajustados calzoncillos
negros y se estremeció mientras se metía bajo las sábanas.

Pensó en tratar de posar, pero Peter siempre había sido capaz de adivinar a
Quinn, así que se apoyó contra las almohadas, y esperaba que no pareciera como si
estuviera en un ataúd. La placa de Hubert interrumpió para avisar, dando a Quinn
tiempo para la vana esperanza de que el gran perro mezcla de San Bernardo no moviera
la hirsuta cabeza y arrojara baba por la habitación.

Hubert bostezó y luego Quinn se limpió la mejilla por la pulverización cuando


Hubert se sacudió de su sueño y salió de la cama, acechando con las piernas rígidas al
encuentro de Peter en el pasillo.

Las llaves de Peter golpearon la mesa de la cocina, y las etiquetas de Hubert


sonaron cuando Peter frotó la cabeza y el cuello. —¿Cómo está mi hombre?

Hubert gimió y después de un bostezo que sonó satisfecho, se dirigió


lentamente a la cama.

Peter cerró de golpe la cocina durante unos minutos más, dejando que Quinn se
preguntara si se trataba de una cerveza o un zumo de naranja del tipo de antes de ir a la
cama por la noche. La cerveza significaba sofá para la televisión, pasando por alto el
dormitorio, el zumo de naranja significaba que podría venir a la cama en pocos minutos.
Quinn le oyó en el pasillo.

—Ey. Todavía estás levantado.

Había algo diferente en el hombre con el que Quinn había vivido durante diez
años, como si hubiera restado importancia a algo de lo que había estado aferrado
durante semanas, meses, tal vez el pasado año entero. Tenía sus hombros anchos, los
ojos azules fijos, la forma en que se irguió en la puerta de la habitación y ofreció a
Quinn la primera sonrisa que había visto en quién sabe cuánto tiempo.

—Llegas temprano.

—Lupi está de vuelta desde su suspensión. Por fin podemos dejar de cubrir su
culo.

—Mierda. Contaba con esos grandes sueldos para poder salir corriendo a Las
Vegas.

—Si. Bien. Al igual que te veo dejar caer algo más grande que una moneda en
una máquina tragaperras. —Peter se quitó la camisa, alcanzando por encima de la
cabeza, con los brazos cruzados arrastrando el material por detrás. Algo sobre la

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familiaridad de esa peculiaridad alivió el dolor que Quinn llevaba bajo su cuero
cabelludo durante tanto tiempo que no se dio cuenta de ello, hasta que se había ido.

Peter estaba de vuelta. E iban a estar bien. El momento raro se había ido, solo
uno de esos baches en el largo, largo camino.

—Ey, puedo gastar el dinero de otro sin ningún problema. Y tampoco es como si
al menos notaras mi ausencia. —Quinn dijo a la ligera, pero Peter levantó la vista de
donde doblaba los pantalones sobre una silla, con los labios retorcidos en una mueca.

—Lo siento —añadió Quinn rápidamente.

Peter lo miró fijamente hasta que Quinn se preguntó si estaban de regreso a la


tierra de los extraños. Entonces la cara de Peter se relajó, como si hubiera tomado la
decisión de no cabrearse de nuevo. —Esta noche no, ¿de acuerdo?

La garganta de Quinn se secó. —¿Tienes algo más en mente?

Para un tipo grande, Peter podía moverse rápido y en silencio, tal vez se acercara
sigilosamente en llamas. Tenía una mano en el tobillo de Quinn, tirando de él hacia el
borde de la cama. —Si. Quítate tus bragas de puta para que pueda chuparte la polla.

Peter se arrodilló en el borde de la cama y pasó las manos por la parte interior de
las piernas de Quinn, el toque revolucionando el motor de Quinn más rápido de lo que
pensaba a sus treinta y cuatro años cuyo tacómetro podría manejar sin límites de riesgo.

Mierda. ¿Por qué se había puesto tales calzoncillos ajustados? —¿Un poco de
ayuda?

Peter pasó los pulgares a lo largo de la ingle de Quinn.

—No tanta ayuda.

Finalmente Peter enganchó los dedos debajo de la cintura, y Quinn levantó sus
caderas. Peter tiró.

Ow. —Joder.

Peter lo besó mejor. Besaba todo mejor y se tragó la polla de Quinn como si
estuviera muriendo de hambre por ella, porque Dios sabía que Quinn lo estaba. Sus
dedos se bloquearon junto a las caderas de Quinn mientras Peter chupaba y se
balanceaba.

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Había pasado tanto tiempo. Y era tan jodidamente bueno. Quinn mencionó eso
último en voz alta, en caso de que el palpitar de su dura polla en la boca de Peter no
fuera suficiente para decirle lo jodidamente bueno que era.

Peter liberó una de sus manos y agarró la base del eje, dando a la perfecta
cabeza, mojada, la vuelta con la lengua, los labios apretados en atención. —No te
corras. —Peter acarició su mano sobre la longitud mientras lamía y chupaba las pelotas
de Quinn, metiendo una en su boca ese trecho y un tirón garantizado para hacerle querer
hacer exactamente lo que Peter le había dicho que no hiciera.

—¿Uhn? —preguntó Quinn. Si hubiera sabido que Peter iba a lanzar la guerra
relámpago de mamadas esta noche, Quinn podría haberse relajado así podría durar más
de sesenta segundos.

—Quiero que me folles —dijo Peter con su mentón rebotando en el saco de


Quinn, raspando y presionando, y Quinn golpeó la mano de Peter para alejarla antes de
que todo terminara.

—Ahora, ¿quién es la puta? —preguntó Quinn, hundiéndose de nuevo para


alcanzar el lubricante en la mesita de noche.

—Cállate. —Pero Peter sonrió mientras se tendía de espaldas.

Quinn arrastró el culo de Peter a la orilla de la cama, y Peter agarró el lubricante,


bombeando un poco sobre sus dedos y acariciando por debajo de sus bolas a su agujero.
Quinn se movió tratando de leer los ojos de Peter para verlo deslizar dos dedos en su
culo.

—Ey, cariño, ¿qué pasa? Ni siquiera estás duro.

—Fuimos un poco rápidos. —Las palabras de Peter silbaban a través de la


mandíbula apretada—. ¿Por qué no haces algo al respecto?

—Está bien. —Quinn se arrodilló junto a la cama y lamió la longitud del pene de
Peter antes de introducir la cabeza en la boca. La carne palpitaba y se engrosaba contra
la lengua de Quinn, y gimió cuando Peter se endureció lo suficiente para estirar la
mandíbula de Quinn y presionar en su garganta.

Deslizando un pulgar hacia abajo al borde grueso debajo de las bolas de Peter,
Quinn probó el estiramiento de los músculos.

—Detente. Voy a correrme.

—Puedes correrte así. No me importa.

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—Lo hago. Te quiero a ti dentro de mí. —La última palabra de Peter fue
amortiguada por un gemido ronco cuando Quinn metió el dedo más allá del borde
estrecho y lo volvió a sacar.

—Tan apretado. —Había pasado un largo tiempo, y Quinn no quería que Peter
se arriesgara por el equipo, porque le debiera algo a Quinn.

—Solo jódeme. —Peter tiró del pelo de Quinn duro, arrastrándolo fuera, pero no
antes de que le diera a la coronilla un último sonoro beso salado.

—Lo tienes.

Quinn se apartó de la cama, levantando las caderas de Peter, arrastrándole hacia


delante lo suficiente como para conseguir tener la cabeza apenas apoyada en el
resbaladizo agujero. Dios, lo había echado de menos. El aleteo de músculos, el húmedo
calor texturizado contra la cabeza de su polla, como una boca chupándolo. Las caderas
de Quinn y el culo y los muslos apretados luchando contra la necesidad sudorosa y
hambrienta de conducirse dentro, forzar el músculo ancho y abierto. Cuando él mismo
se mantuvo inmóvil, observó a Peter moverse alrededor, la boca delgada, con los ojos
fuertemente cerrados.

La cara de Peter se relajó, y se movió más hacia abajo sobre la polla de Quinn, y
este se estrelló en su objetivo, cubriendo su polla en la carne caliente. Sus abdominales
dolían por el esfuerzo de sostener la espalda, y trabajó él mismo dentro y fuera, cada vez
más profundo, y Peter se arqueó para satisfacer los impulsos, la cabeza echada hacia
atrás, los dedos agarrando con suficiente fuerza para magullarse dondequiera que
pudiera llegar.

Cuatro meses de distancia desaparecieron mientras se movían juntos, con el culo


de Peter bombeando y tirando de la polla de Quinn, con la boca abierta para susurrar su
nombre. Ningún espacio entre ellos ahora. Quinn lo llevó hacia adelante de modo que
estaba en la cama también, con las manos en las caderas de Peter para arrastrarlo hacia
abajo sobre su polla con cada embestida.

Los músculos en el pecho de Peter y el vientre se estremecieron cuando Quinn


se inclinó para conseguir que su polla frotara el interior en el lugar correcto, y los ojos
de Peter se abrieron de golpe, la mano disparándose abajo para agarrar su propia polla.

—Tu primero. —La voz de Peter siempre era profunda. Ahora era toda áspera y
húmeda. Su voz de sexo—. Quiero sentirte correrte dentro mí.

—¿Cuánto? —Quinn desaceleró sus golpes para frotar donde sabía que iba a
volver loco a Peter.

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Peter se mordió el labio. A ambos les encantaba cuando rogaba, Quinn por ver a
su gran y fuerte amante desesperado por ello, Peter porque le condujeran a la locura.
¿Por qué habían dejado pasar tanto tiempo sin hacerlo?

—Solo córrete, hijo de puta.

Quinn giró sus caderas y sostuvo las de Peter lo más quieto que pudo para evitar
que sus propios golpes empezaran a arrancar el orgasmo de Quinn.

—Jódete, Quinn. —El aliento de Peter salió apresurado de él, entonces su puño
golpeó el colchón—. Por favor, por favor. Vamos. Solo lléname con ello, joder.

La súplica de Peter golpeó a Quinn grave y profunda como siempre lo hacía, y


comenzó a empujar, rápido y duro mientras sus bolas estaban pidiendo a gritos que lo
hiciera. Peter se mordió el labio, y eso fue todo lo que Quinn vio antes de que sus ojos
se cerraran, el cuerpo encerrado en la dulce explosión que vació su polla en el culo de
Peter.

Cuando Quinn abrió los ojos, la mano de Peter era un borrón en su polla.

—¿Quieres que te chupe?

Peter negó con la cabeza. —Estoy bien.

Quinn acarició las manos sobre el pecho de Peter, un masaje enérgico en sus
pectorales, y luego movió sus pezones con los pulgares. Peter se estremecía y se quedó
sin aliento y se corrió, cálidos chorros aterrizaron en las muñecas de Quinn y el vientre.

Tan pronto como Peter soltó su polla, arrastró a Quinn que cayó contra él,
aplastando su pegajoso semen en sus partes juntas. Una toalla estaría bien. Quinn iba a
conseguir una tan pronto como estuviera seguro de que sus piernas soportaran el largo
viaje hacia el baño.

Quinn comenzó a moverse, y Peter lo agarró con más fuerza.

—No. Ojalá estuvieras todavía dentro mí.

Quinn no podía recordar a Peter alguna vez diciendo eso antes. Se movió un
poco, y Peter rodó sobre su costado. Peter llegó de nuevo a él, y la polla de Quinn justo
estaba lo suficientemente hinchada como para entrar dentro del agujero abierto de Peter.
Peter hizo un gruñido como si le doliera, pero se mantuvo en el muslo de Quinn.

—Está bien —dijo Quinn, pero no sabía que estaba ofreciendo garantías a favor,
solo porque Peter lo necesitara. Estirando el brazo, se las arregló para liberar una sábana

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y una manta para conseguir cubrirles y se quedó dormido con Peter cómodamente en
sus brazos.

Quinn tomaba su segunda taza de café, Hubert mantenía los pies calientes bajo
la calidez de la mesa de la cocina, cuando Peter entró con una caja de cartón en las
manos, llevando pantalones de chándal y una expresión decidida.

—Jesús. —Saltó Peter—. Pensé que estarías en el trabajo.

—Son las vacaciones de invierno. Tenemos la semana de descanso.

—Claro. Se me olvidó. —Peter deslizó la caja sobre el mostrador.

Quinn hizo un gesto hacia la caja con su taza de café. —¿Limpieza de primavera
temprana?

—En realidad no. Mierda. No puedo creer que me olvidara de las vacaciones de
invierno.

—Está bien. Me imaginé que estarías trabajando. No tenía planes. —La última
vez que habían tenido tiempo de vacaciones juntos había sido... hacía tres años.

—Quinn. —Peter se sentó, agarrándose a la mesa como si fuera la única cosa


que lo mantuviera erguido.

El café estaba apenas tibio, pero el sorbo que Quinn acababa de tomar, le quemó
todo el camino por su garganta. La tensión nerviosa ensartó alambre oxidado en su
cuello, debajo de su cuero cabelludo espinas de advertencia erupcionaban en la piel.

—¿Qué?

La cara de Peter se quedó inmóvil, tranquila. ¿Utilizaba esa cara para evitar que
la gente corriera en un edificio en llamas detrás de alguien que amaban? Quinn tuvo una
premonición repentina de que estaba a punto de saber cómo se sentía esa desesperación.

—He estado tratando con algunas cosas.

—Me di cuenta. —Una escaramuza preliminar, ninguna víctima.

—He estado con otras personas. No mucho. Solo a veces.

—Está bien. —Quinn logró mantener esa palabra aún, a pesar del brote de
pánico. Cristo, ¿Cuántos? ¿Estabas a salvo? ¿Cuándo diablos lo lograste? ¿En tu
doble turno?

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—¿Te acuerdas de la fiesta de Navidad? ¿Cuando te pedí que vinieras a
buscarme?

Policías y bomberos y paramédicos bebiendo. Juntos. Que Dios ayude a las


personas inocentes. —Sí, un tipo me conoció en el bar y me dijo que me llevaría a casa
más tarde.

—Sí. Esa fue una de esas veces. Y...

Así que era posible que un aliento durara toda la vida.

Peter no podía mirarlo. —Ella está embarazada —concluyó.

Quinn sabía que no había demasiadas maneras diferentes de interpretar eso, pero
se oyó a sí mismo preguntar estúpidamente—: ¿qué quieres decir?

—Quiero decir, he tenido relaciones sexuales con una mujer hace ocho semanas
y está embarazada. Y antes de que preguntes, sí, es mío y no, no estaba demasiado
borracho para saber lo que estaba haciendo. Ella lo va a tener y, eso es lo que quiero.
Nos vamos a casar.

Casar. Quinn se oyó repetir la palabra, pero sonaba muy lejana.

—Esto… —Peter hizo un gesto vago que se suponía que cubría diez años de
compartir un apartamento, una casa, un perro, una vida juntos—. Nunca ha sido todo lo
que quisiera.

—Podríamos… —Pero Quinn se detuvo antes de que terminara. ¿Podríamos


hacerlo juntos? ¿Los tres? ¿Quería incluso sugerirlo?

Peter negó con la cabeza. —Me voy a casar con ella. Ella es… no era algo que
ella esperara tampoco, pero tengo que hacer esto.

—¿Y el hecho de que también necesites una polla en tu culo o abajo en tu


garganta cuando quieres realmente disfrutar? ¿Eso es algo que ella puede esperar?

—Yo no… Yo no soy gay, Quinn.

—Has estado fingiendo bastante bien durante diez años. Y no es como si yo


fuera el que intentó ligarte en la fiesta de cumpleaños de tu hermano hace todos esos
años.

—Tú eres el único al que he jodido alguna vez. Y yo estuve casado antes.

—Sí, con Stacy, lo recuerdo. Todos los dos meses de tu matrimonio. Después me
masturbaste en la fiesta de tu hermano.

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—Tú sabías en lo que te estabas metiendo.

—¿Y puedes culparme por no mandarte al infierno con tu culo encerrado?

—Nadie tiene la culpa. —Peter miró hacia abajo.

—Sí, alguien la tiene. Tú.

Peter se apartó de la mesa. —Nunca te he hecho ninguna promesa.

—Vivir juntos durante diez años es una jodida promesa, Peter.

—Tú estabas en el servicio activo durante cuatro de ellos. —Con la cara


implacable, Peter se apoyó en el mostrador con los brazos cruzados sobre el pecho.

Quinn se moría de ganas por conseguir quitarse esa mirada de la cara de su


amante. —Estoy confundido. ¿No era eso lo que estabas rogándome, que me corriera en
tu culo anoche?

La mirada de Peter era firme, al igual que Quinn era el irracional en esta
conversación. No irracional, estúpido. Meses de Peter apartándole, pasando todo su
tiempo en el trabajo, volviendo a casa ayer por la noche actuando como si por fin
hubiera descubierto algo. Omite el sexo y casi tenía sentido.

Cuando Quinn no recibió una respuesta, dijo:

—Entonces, ¿de qué iba la pasada noche?

—Quería darte una despedida agradable. —Peter se dio la vuelta y abrió un


armario. —Solo estoy cogiendo las cosas que mi madre me dio.

Nos dio, Quinn quería señalar, pero se quedó mirando la caja sobre el mostrador
cuando otra comprensión terrible le atravesó el cerebro. —Así que cuando llegara a casa
del trabajo, ¿ibas a hacer las maletas e irte? —¿Su voz se quebró? ¿Acaso le importaba?

—Sí, pero iba a hablar contigo.

—¿Por qué molestarse? Estoy seguro de que una nota lo habría cubierto.

—No te…

Quinn empujó la mesa alejándola y saltó sobre la caja de Peter contra el


mostrador. —Querido Quinn, los últimos diez años han sido un error. Soy heterosexual.
Excepto cuando jodemos. Hasta siempre, Peter.

Peter empujó a Quinn.

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—No tienes que casarte con ella para ser el padre del niño. —Quinn quiso
sujetar al hijo de puta contra el mostrador de nuevo, pero tenía miedo de que diera lugar
a que uno de ellos recibiera un golpe.

—Sí, lo creo. Se merece algo mejor que eso.

—¿Que qué? ¿Un padre que está tan avergonzado de sí mismo, que está envuelto
en una mentira?

—No es una mentira. —La cara de Peter se sonrojó—. Mi polla se endureció.


Me corrí. Tú eres el que está teniendo problemas con los hechos.

—¿Y qué hechos vas a compartir con ella? ¿Vas a decirle quién ha hecho que tu
polla se pusiera dura en los últimos diez años?

—No. Ella no tiene nada que ver con eso. No voy a preguntarle lo que ha estado
haciendo tampoco.

—Tal vez yo le deba una advertencia. Odio pensar en que ella se despierte con
esta misma mierda dentro de diez años, con un niño en el que pensar también. No te
preocupes. Voy a asegurarme de explicar cómo era nuestra relación no gay.

Allí estaba. Una emoción sincera en el rostro de Peter. Pero no era amor o
tristeza. Era miedo. —No lo hagas. Por favor, Quinn, no lo hagas. Lo sé, sé que te estoy
haciendo daño, pero no me hagas eso. No puedes decírselo a nadie.

—Sabes cómo me encanta cuando ruegas. —Las palabras las sentía como si
estuviera tragando tierra, terrones cayendo fríos y secos en el estómago.

—Quinn.

—No voy a decir nada. Diez años es un hábito difícil de romper.

—Gracias. —Peter volvió a coger platos del armario.

—Pero tengo que decir, que si estás tratando de aprobar, es posible que desees
esforzarte más. No creo que muchos hombres heterosexuales empaquen su cerámica de
gres antes de salir.

—Trasladé algo de ropa la semana pasada.

La semana pasada. —¿Dónde?

—Sé que tengo otro mes en el contrato de arrendamiento, pero he encontrado un


lugar donde llevar perros.

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Quinn no podía hacer que su boca formara una palabra. Su cuerpo saltó a la
atención, se preparó para cualquier abuso que viniera en su dirección cuando el
comandante buscaba algún tipo de debilidad en sus ojos. Debió de hacer algún tipo de
sonido, porque Peter se dio la vuelta.

—Es mi perro.

Quinn lo sabía. Y podía recordar blancos trajes cubiertos de pelos de perro,


zapatos masticados y babas interminables. Pero él era el que le daba de comer y el que
lo llevaba al veterinario cuando Peter estaba trabajando.

Quinn se dirigió a Peter. Tal vez para darle un puñetazo, tal vez para darle un
beso, ningún argumento mejor que el otro, pero después del primer paso, el suelo se
volvió arenas movedizas. ¿Qué había ocurrido alguna vez en su vida para que Quinn
creyera que esto era seguro, que esto iba a durar? Lo sabía jodidamente bien.

Sus manos se cerraron en la caja en lugar de Peter. La caja hizo un crujido


satisfactorio al chocar contra el muro, y Quinn pasó por encima de las piezas al salir.

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Capítulo Dos

—¿El padrino del bebé? ¿En serio? Qué cabrón. —Jamie ofreció su botella de
Corona para un brindis.

Quinn tocó con el cuello de la botella en la mano la de Jamie ligeramente. ¿Por


qué estaban brindando? ¿El nacimiento del hijo de Peter o el hecho de que el examante
de Quinn estaba en su propia clasificación especial de la negación?

—¿No fuiste su padrino o algo así en la boda? —La versión de conmiseración de


Jamie se sentía como si echara sal en las heridas que Quinn había pensado ya sanadas.

—No. Fue su hermano.

—Pero estabas en la boda.

—Sí. —Quinn quería darse la vuelta y apoyar los codos en la barra, pero en un
viernes por la noche en La Arena, apenas había espacio suficiente para respirar y mucho
menos para agarrar tal propiedad de primera clase. En su lugar, examinó los cuerpos que
se retorcían en la pista de baile. La piel brillaba con el sudor, las caderas y los brazos
eran una invitación y una celebración del sexo. ¿Alguna vez había sentido ese tipo de
libertad? Los años que habría pasado bailando y follando se habían pasado escondidos
primero en la Marina y luego con Peter. Unos pocos viajes fuera en los últimos ocho
meses no le habían dado un gran gusto por el tipo de sexo instantáneo que estaba
publicitando el lindo chico del club, quien había apartado el pelo largo de sus ojos para
guiñar a Quinn en dirección a la pista de baile.

—Está bien. Retira eso. Estás tan jodido, amigo mío.

Interiormente, Quinn estaba de acuerdo con los ojos en blanco de Jamie y sus
palabras, pero no asintió. —¿Y ella todavía no lo sabe?

Ella. Chrissy. La esposa de Peter. Quinn había querido realmente odiarla, pero
había sido más que cálida y agradable para todo el mundo.

—Eso es lo que me dicen.

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—No sé si aparecer mañana con esa estúpida cola de caballo, será más o menos
evidente. —Jamie sacudió el rizo pequeño arremolinado en la nuca del cuello de Quinn.
—¿No tenían tijeras en esa comuna donde fuiste el verano?

—Era un campamento de verano para niños con cáncer. Y voy a cortármelo.

—Teñirlo también. Pareces de cincuenta años.

—Que te jodan.

Jamie se echó a reír. —En tus sueños más húmedos, Marine.

Así que había mucho más que un simple gris ahora en las sienes. Diablos, juró
que había empeorado en las seis semanas desde que había vuelto a casa.

—Creo que ella sabe, acerca de mí, de todos modos. No es que a nadie se le
permita decir la palabra gay en presencia de Peter. Quería consejos sobre su vestido de
novia, por el amor de Dios. —Ese había sido el momento en que Quinn supo que tenía
que salir de la ciudad.

—Eso está mal en muchos niveles.

—Gracias, Dr. Phil. ¿Vas a cobrar por esto? Pensé que estábamos tomando una
copa.

—Tú lo mencionaste. ¿Qué le dijiste?

—Que cualquier cosa que decidiera sería exactamente lo que Peter quería.

Jamie malgastó un poco de perfectamente buena cerveza clara mientras


farfullaba, rociando un lado de la cara de Quinn. —Me retracto. No necesitas una
cerveza y un pedazo de culo. Necesitas un jodido terapeuta. Y creo que estás más allá de
la ayuda del Dr. Phil en este punto. Exactamente cuando apartaste tu última gota de
amor propio, esto es con lo que te deja la Marina, sea lo que sea.

El pie Quinn se colocó firmemente en el empeine de Jamie que tenía más que
ver con la grieta de la Marina que con los insultos personales. —Yo no sigo enamorado
de él, si eso es lo que estás diciendo.

—Entonces demuéstralo. Pon fin a esta locura con un gran jódete.

—¿Cómo?

—Preséntate mañana con una drag queen del brazo y pregunta a Peter si piensa
que ella hace que tu polla parezca más grande.

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—No puedo hacer eso.

—¿Por qué no?

—Su familia. Siempre han sido buenos conmigo. No podría… —No se había
preocupado por perder el contacto con el hermano de Peter, Dennis. Llegaron
demasiado lejos para eso, habían pasado por mucho en la Academia juntos, pero había
pensado que perder a Peter significaba perder al resto de los Laurents también, seguir
con la cultura pop de la hermana de Peter, Alyssa, los juegos de guerra con el padre de
Peter, y lo peor de todo, perder a la madre de Peter. Claire le había dado la bienvenida,
le había criado desde la primera vez que Dennis le había llevado a casa en su descanso
de la Academia. Dos semanas después de que Peter se mudara, Claire había llamado
para decirle que el asunto de su hijo era suyo propio, pero por lo que a ella concernía,
Quinn seguía siendo miembro de su familia. No podía humillarles en la iglesia de este
modo.

Pero la idea de presentarse con una cita, una cita muy obviamente gay, alguien
que Peter tendría que notar, quedó arraigada en el cerebro de Quinn.

—Dime que intentarías algo así delante del Clan Donnigan.

—Está bien, no una drag queen —coincidió Jamie—. Pero algo... —Se volvió
para analizar el club—. Sí, algo como él. —Sacudió su barbilla a la pista de baile.

En uno de los puntos más brillantes, un pequeño chico delgado, el twink que le
había dado a Quinn ese coqueto movimiento de su negro pelo, estaba bailando, o
follando en público con el tipo con el que estaba. Una bailarina de hula no podría haber
movido las caderas de esa manera. Su camisa era negra, abierta en la parte delantera
para mostrar una camiseta de malla que no hacía mucho por cubrir su pecho blanco y
liso. Quinn se inclinó hacia Jamie, pero no podía ver las bondades que el tipo tenía por
debajo de su cintura. Dado el número de chicos robándole miradas, debía haber tenido
algo impresionante debajo de sus pantalones vaqueros negros.

El chico trabajaba con su pareja de baile como una barra de striptease,


moviéndose a su alrededor y dando a Quinn un buen vistazo de su cara. Por el
momento, la cabeza del niño bonito estaba echada hacia atrás, los ojos cerrados, la boca
abierta y húmeda como si hubiera estado jadeando el nombre de su amante. Un
estremecimiento se fue derecho a la polla de Quinn, un destello de fuego y sangre, como
si los labios estuvieran a centímetros de su pene en lugar de a veinte pies de distancia.
Entonces, el jovencito abrió los ojos y lo miró fijamente, la lengua trazando sus labios
antes de volver a follar con su pareja de baile.

—No es mi tipo. —Quinn tomó un largo trago de su cerveza.

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—Oh, cariño, esa boca es del tipo de todo el mundo. Pero eso es una especie de
hecho, Quinn. —Jamie hizo un gesto vacío al camarero sin camisa—. No me hagas
desafiarte.

Quinn se encogió de hombros. —Tengo treinta y cinco años de edad. Creo que
puedo soportarlo.

—¿En serio? Porque yo no creo que puedas. Creo que eres un marica llorando
con tu cerveza por el único que se escapó. No tienes las jodidas pelotas para enfrentarte
a él y tratar con la mierda que te arrojó.

—Cállate. Vete. A. La. Mierda.

—Sabía que no lo harías. Crees que va a volver, ¿no? ¿Que después de un año va
a venir a llorar de nuevo, porque no puede vivir sin ti y tu polla?

—¿Qué te parece si doy un puñetazo a la tuya?

—El irritable regresa. ¿Eso es todo lo que tienes, chico de la Marina? Este
marine está listo para ti en cualquier momento y en cualquier lugar.

Casi antes de que Jamie terminara su burla, Quinn deslizó una mano en el hueco
en la parte de atrás de los pantalones vaqueros de Jamie y le dio un condenado
apretujón. —Si quieres actuar como tú a los doce años de edad… —Quinn sonrió y
agachó la rodilla a la que Jamie se dirigió en represalia—. Pero tienes razón. Necesito
una cita para mañana.

Eli intercambió un beso húmedo sudoroso con su pareja de baile y reclamó su


mojito custodiado por Nate. —Gracias, Silver. —Se volvió al saludo del alto y rubio
mientras rebotaba entre la multitud.

—¿Silver? —preguntó Kellan.

—Sí. Estúpido, lo sé. Su verdadero nombre es Greg, pero no va a respondiera él.


Pero encajamos muy bien juntos cuando bailamos. —Eli miró su vaso y miró a Nate—.
Juro que estaba lleno cuando te lo di.

—Evaporación. —Nate se inclinó y chupó un poco más de la pajita mezcladora.

—¿Estáis saliendo? —preguntó Kellan.

19
—¿Silver y yo? De ninguna manera. Totalmente no es mi tipo. —Cualquiera que
se cambiara con el nombre de Silver era demasiado complicado para follar, y mucho
menos para tener una relación.

Desde que Kellan y Nate conectaron de forma permanente, estaban haciendo esa
cosa molesta de las parejas en la que pensaban que todos deberían estar felizmente
casados. Sacaba mucho de quicio a Eli porque podía ver los beneficios en A) ser capaz
de rodar simplemente sobre la parte superior de una persona para tener relaciones
sexuales regulares B) no tener que vivir con compañeros de cuarto que ocupaban tanto
espacio y tiempo en el baño y C), rodar por encima de alguien para sexo regular, si bien
Nate o Kellan podrían adivinar un indicio acerca de qué tipo de persona le gustaba a Eli.
Lo que básicamente se reducía a un activo y sin complicaciones. Grande y estúpido que
funcionara bien para el Señor Perfecto. O mejor aún, el Sr. Perfecto Ahora.

—¿Y cuál es tu tipo? —preguntó Kellan.

—Tú, niño. —Eli saltó sobre él.

Kellan lo atrapó, dejando a Eli deslizarse por su cuerpo alto con cuidadosas
manos en sus caderas.

—Caminaste derecho a ello, Kell —dijo Nate.

—Él lo hizo totalmente. —Eli se estiró de puntillas para tener sus brazos
alrededor del cuello de Kellan.

—Alguien te está mirando, —Kellan se inclinó hacia abajo para murmurar al


oído de Eli.

—Deja que Nate mire. Solo querrá follarte más duro si se pone celoso.

—No. —Kellan apartaba las caderas de Eli, pero el tamaño de sus manos
significaba que sus dedos todavía rozaron el culo de Eli.

—No, no quieres que él te joda más duro o no, Eli, ¿Quita tu polla de encima de
mí?

—Sí, lo creo, sí, por favor, y no, no Nate. Un chico de la barra te ha estado
observando.

—¿El pelirrojo? —Eli sacudió la cabeza mientras daba un paso atrás—. Los
pelirrojos chocan con mi piel.

—No es él. —La amplia boca de Kellan se estiró en una sonrisa—. Él. —Señaló
con la barbilla a un punto por encima del hombro de Eli.

20
Eli se dio la vuelta para encontrarse cara con pecho con los músculos duros bajo
un fino algodón Henley, desabrochado para mostrar algunos rizos oscuros por debajo, a
una altura perfecta para los labios de Eli. Desde allí podía lamer su camino hasta el
cuello y a la mandíbula sin afeitar. El rostro por encima estaba bronceado y alineado, los
labios sin sonrisa, ojos oscuros, tal vez azules, aunque era difícil saber con la
iluminación del club. El pelo oscuro estaba plagado de plata. Solo la visión de él, puso
la polla de Eli dura. Se encontró con los ojos del tipo, de nuevo. Él. De la barra. Eli
quería bombear el puño en señal de triunfo. Ese guiño en marcha había funcionado.

Cuando los labios del hombre se abrieron para hablar, Eli decidió que no quería
arruinar un sueño sexual que cobró vida con algo tan arriesgado como la conversación.
Pasó un brazo alrededor de la cintura del hombre. —Me encantaría. Gracias por
preguntar.

Tirar del Sr. Erección instantánea a la pista de baile era como tratar de mover
una roca.

—Ey, hombre. Kellan. —Además de la presentación, Kellan le tendió la mano.


Su sexy, pero detestable altura, y su determinación aún más irritante para sacarlo,
significaba que su mano ofrecida se disparó por encima del hombro de Eli.

—Quinn.

Quinn. Eli probó el nombre en su lengua. Eso encaja.

Quinn no había devuelto la oferta de un apretón de manos, lo que estaba bien, ya


que la acción habría tenido lugar en las proximidades de la oreja de Eli. Se metió debajo
de la, todavía en espera, mano de Kellan detrás de él. Aunque no solía tener un
problema con medir menos de 1,74 cms. y pesar 64 kilos, tener a dos chicos dándose la
mano por encima de su hombro le habría hecho sentirse más cerca de los cinco años, y
eso no era sexy. —Soy Eli. Kellan tiene pareja. Pero es tu día de suerte porque estoy
totalmente libre. Vamos a bailar.

La reacia sonrisa en el rostro de Quinn hizo que Eli pensara que había dicho
algo gracioso en un funeral, pero al menos Quinn se movió cuando Eli tiró de él a un
lugar donde las luces azules en el techo resaltaban su cabello y piel. Nunca dolía
trabajar todos los ángulos.

En un primer momento, Quinn se mantuvo a distancia tanto como cualquiera


podía entre la multitud de un viernes por la noche, pero luego sus manos aterrizaron en
las caderas de Eli, una pierna deslizándose hacia delante para que Eli montara un duro
muslo. Puso sus manos sobre los hombros de Quinn, acariciando los músculos bajo el

21
suave algodón. Todo lo que necesitaba Quinn era un nido de barba entrecanosa para ser
la fantasía perfecta de Eli hecha realidad.

La expresión de Quinn cambió de diversión dolorida a una sonrisa genuina, pero


del tipo que hizo que Eli pensara que él era el blanco de la broma. Eli podría arreglar
eso. Deslizó la mano abajo por el torso muscular estriado y aterrizó en lo que ya había
sentido frotar sobre su vientre. La longitud de la gruesa polla de Quinn se extendía hasta
justo debajo de la cintura de sus vaqueros. Eli acarició y dejó que la muñeca dentro
encontrara la húmeda cabeza empujando hacia arriba más allá del algodón.

—Ooo, Papá —susurró Eli—. ¿Esto es todo para mí?

Quinn no dejaba de sonreír, pero ahora parecía que ambos estaban en la broma.
—Solo si eres un buen chico.

—Oh, yo siempre soy bueno.

—¿Sí? —Quinn agarró la muñeca de Eli en un ofensivo apretón—. Porque he


oído que no eres más que un calientapollas.

—¿Eh? —Eli intentó retirar su muñeca.

—Hice un poco de reconocimiento. —La sonrisa desapareció—. Te pavoneas


como la zorra más grande, sacudiendo este culo a todo lo que se mueve. —La otra mano
de Quinn ahuecó el culo de Eli, agarrando lo suficientemente amplio como para
levantarlo—. Pero no se te ocurra seguir adelante. Podrías no encontrar a nadie que
realmente sepa si eres tan bueno como dices. —Quinn soltó la muñeca de Eli.

Eli tragó. Por alguna razón, no sería capaz simplemente de ignorar si este tipo se
alejaba ahora. —Tal vez a todo el mundo que preguntaste no mereciera la pena mi
tiempo. —Se llevó la muñeca a la boca, encontró el rastro de sudor de Quinn y su polla
y lo lamió.

Quinn pasó el brazo alrededor de la cintura de Eli, la pierna resbaló por debajo
de las bolas de Eli. —¿Y? —Quinn le miró abajo fijamente.

Ah, sí, esos ojos eran azules. Oscuros y lo suficientemente duros para hacer
saltar el pulso de Eli. —Yo creo que sí lo mereces.

—Voy a necesitar algo más que “yo creo”. —Quinn tomó la cara de Eli,
deslizando los dedos debajo de su pelo.

Un grueso pulgar empujó entre los labios de Eli, y pasó la lengua por él,
alrededor de él, lo acarició antes de aspirar el sabor de la piel de Quinn profundamente
en su boca.

22
La voz de Quinn era áspera gravilla contra la mejilla de Eli. —Es mejor que
estés listo para respaldar eso, muchacho.

—¿Aquí? —Eli empujó sus caderas hacia delante. Dios, ¿el hombre había visto
una presentación en PowerPoint de las perversiones de Eli Wright?

—No querría que tu bonita ropa se ensuciara toda. Ven conmigo a casa.

—Hmm. —Eli se giró lejos, pero se dirigió hacia el guardarropa—. Depende.

—¿De qué? —Quinn tiró de él hacia atrás.

—¿Cuántas copas has tomado?

—Una cerveza y media.

—Está bien, pero tienes que pasar una prueba de sobriedad.

—Vas a ir a casa con un extraño, ¿pero no si está borracho? —Quinn tenía esa
sonrisa dolorida otra vez, como si no estuviera seguro de si se suponía que tomara en
serio a Eli.

Eli se volvió hacia la salida. —Estaré decepcionado si me haces andar.

—No, te daré un paseo.

Cuando Quinn cogió una suave chaqueta desgastada de cuero desde el


guardarropa, Eli casi se corrió en los pantalones. Un paseo. Y cuero. Una moto. Un papá
de cuero en una moto.

Pero una vez que estuvieron fuera del bar y fuera del bloque, Quinn se detuvo en
un aburrido Sable Mercury azul oscuro y desbloqueó las cerraduras. —¿Qué? —dijo
cuando Eli no se movió.

—¿No es una moto?

La cara de Quinn estaba blanca, pero la esquina de su boca se torció un poquito.


—Tengo una bicicleta de montaña en mi garaje. ¿Eso bastará, o vas a marcharte
enfadado y dejarme con las bolas azules?

Eli se habría enojado lo suficiente como para marcharse ante la sugerencia de


que se hubiera marchado alguna vez si su culo no estaba en el proceso de ser empujado
de nuevo en el guardabarros del Sable y su mano siendo empujada sobre la polla de
Quinn.

23
—No —logró decir Eli mientras sus dedos se curvaban alrededor de la forma
bajo la tela vaquera. Pero una moto hubiera sido excitante.

—Esta jodida broma. ¿Cuál es la próxima prueba?

Dios, esa polla. El gruñido. Los ojos. ¿Prueba? Bien. —Cierra los ojos.

Quinn obedeció.

—No, quiero decir, un paso atrás. No te apoyes en mí y cierra los ojos. —Eli
hablaba completamente en serio sobre no viajar nunca con borrachos, en coches o en
moto. No estaba demasiado interesado en que ellos le follaran tampoco. El equilibrio de
Quinn estaba bien—. Pon tus manos hacia los lados y luego tócate la nariz.

Quinn lo hizo. —¿Me estás grabando en vídeo?

El único vídeo que Eli quería de esta noche sería más para Xtube que para
YouTube. —Tal vez. Ahora di el alfabeto empezando desde atrás. —Eli se apartó él
mismo del guardabarros.

—¿Con los ojos cerrados? —La voz de Quinn le divirtió, pero no esperó la
respuesta—. Omega, psi, xi, phi, épsilon…

—¿Qué?

La peculiaridad del labio de Quinn se había convertido en una media sonrisa. —


Nunca dijiste qué alfabeto. Eso es griego.

—Lo sé. —Más o menos. Reconoció omega, pero pensó que era algún tipo de
vitamina—. Sabelotodo.

Quinn dio una picante bofetada en el culo de Eli y se acercó a la puerta del
conductor.

—Dije sabelotodo no azote1.

—Lo sé. —Los dientes de Quinn brillaron en una gran sonrisa—. Pero voy a
apostar por escocer2.

—Ese es el peor juego de palabras que he escuchado.

Quinn sacudió la cabeza. —Buenas noches, Eli. —Abrió la puerta del coche.

—Espera. ¿Qué?

1
Juego de palabras entre smartass (sabelotodo, o listillo) y smack, que significa bofetada.
2
Otro juego de palabras con la misma, pues smart es un verbo también que significa escocer.

24
De alguna manera Quinn podía adivinar que Eli tenía miedo de entrar en el
coche. Pero no tenía miedo de Quinn. Por la forma en que iban las cosas, se dijo que
esta sería una buena noche. Esa era la parte que daba miedo. Porque mientras Eli podría
soportar tener algo inolvidablemente caliente en los libros para futuras fantasías
masturbatorias, la idea de que esto pudiera ser el punto más alto, eso le habría golpeado
su pico sexual a los veintidós años y nunca tener una noche tan buena otra vez, le hizo
vacilar. No quería pasar el resto de su vida midiendo todo lo demás en contra de una
aventura de una noche.

—Si vas a venir conmigo, entra en el coche —dijo Quinn y desapareció detrás
de la puerta.

Pero si Eli no entraba en el coche, nunca podría tener otra oportunidad con un
chico tan atractivo.

Tiró de la manija de la puerta y saltó dentro.

—Ya era hora —dijo Quinn y se alejó de la acera.

—Espera.

Quinn pisó el freno y lo miró.

—Mi cinturón de seguridad. —Eli se lo puso a su alrededor—. Está bien.

Quinn se volvió y miró por la ventanilla del conductor, como si estuviera


comprobando el tráfico, pero Eli podía ver sus hombros sacudirse. Se estaba riendo de
él.

—¿Qué es tan gracioso?

—¿Es todo siempre a vida o muerte?

—Sí. Quiero decir, solo porque no sea en el momento, podría ser. ¿No ves
nunca películas de desastres? ¿Apocalipsis zombis?

—Eso realmente tiene algún sentido. ¿Estás seguro de que no estoy borracho?

Eli podía soportar que se rieran si eso significaba que el sexo iba a ser tan bueno
como sabía que iba a ser. Solo había que ver si Quinn podía reírse cuando Eli le tragara
bien profundo. —¿Dónde vives?

—Mount Washington.

Eli no estaba seguro de si habría un taxi que llegar tan lejos en los suburbios.

25
—No te preocupes. Te traeré de vuelta —dijo Quinn—. Pero es un largo viaje.
No quiero que te aburras y cambies de opinión. Desabróchate.

—¿Qué? —Pero su mano ya estaba en la cremallera.

—Abre tus pantalones y saca tu polla. —Quinn aceleró por la rampa hacia la
autopista norte.

La polla de Eli no necesitaba mucha persuasión para querer liberarse de sus


ajustados vaqueros negros.

—Mueve tu mano. Déjame ver lo que tienes.

El gemido de aprobación de Quinn se hizo eco en el coche y a lo largo de los


huesos de Eli. —Polla de aspecto dulce. Parece mojada. ¿Estás tan duro por mí?

—Sí. —Dios, Eli podría disfrutar con nada más que esa voz diciéndole qué
hacer.

—Déjame probarla.

Eli sacudió las caderas mientras frotaba el pulgar a través de la cabeza y se la


ofreció a Quinn. A pesar de que Eli lo esperaba, el calor húmedo de la boca de Quinn
hizo que Eli saltara como si estuviera en su polla en lugar de en su dedo.

Quinn comprobó los espejos y luego susurró:

—Dame el resto de los dedos.

Eli se los dio de comer, sabía, cuando Quinn los empapara con saliva caliente del
golpe de su lengua, lo que iba a decir a continuación.

—Ahora menéatela tú mismo. No te corras, pero quiero oírte jadear.

Los coches corrían veloces al pasar, líneas blancas y rojas de luces, y Eli cerró
los ojos mientras su mano se cerró alrededor de su polla. No estaba lo suficientemente
húmeda, y era su mano izquierda, pero hacer esto porque Quinn se lo dijo, hizo que
gimiera en tan solo unos pocos golpes.

—Más rápido.

Eli cedió a ello, la bobina de calor en su vientre serpenteaba a través de sus


bolas.

26
—Qué bien te ves así. Cualquiera que pasara en una camioneta, lo vería también.
Verte masturbarte con la boca abierta y rogando una polla en ella. Tal vez alguien nos
siga. Tal vez le deje joder tu boca mientras te follo en el culo.

Eli se mordió el labio, los abdominales empezaban a tensarse porque, joder,


estaba cerca ya.

—Disfrutas que te vea la gente, ¿eh?

No lo hacía. Por lo menos nunca lo hizo antes. Pero ahora, con Quinn en este
oscuro, tranquilo coche, nada más que el zumbido y la fuerza del viento, Eli deseaba
atreverse a abrir los ojos a ver si alguien estaba observando mientras viajaban a su lado,
mirando fijamente su pene mientras lo acariciaba. Su aliento se quedó atrapado en su
garganta y con voz entrecortada.

—No te corras.

La orden le atravesó, dejándolo colgado en el límite.

—Pon tus manos sobre los muslos y mírame.

El aire en el coche era tan pesado que Eli apenas podía respirar. Se frotó las
manos en sus pantalones vaqueros, tratando de calmar el dolor hundiéndose por debajo
de sus bolas. Abrió los ojos.

La mirada de Quinn se posó sobre él y luego volvió a la carretera. —Cristo, eres


jodidamente atractivo. Déjame saborearte de nuevo.

Si Eli tocaba su polla, se iba a correr. Si Quinn chupaba sus dedos otra vez, Eli
se iba a correr.

—Pensé que eras bueno, vamos.

Eli apretó la mandíbula, su culo, sus muslos, sus abdominales y pasó un dedo
por la rendija, un siseo salió a través de sus labios.

Quinn no podía esperar por él, así que se abalanzó sobre su dedo, chupándolo
profundamente. —Eso es. Pon tu mano sobre tu polla de nuevo.

—Voy a correrme. —Y casi nunca se corría sin algo en el culo, excepto que esto
era una jodida tortura.

Quinn no dijo nada, y Eli intentó un ligero golpe. El dolor, la necesidad,


volvieron con fuerza, estremeciéndose libre por dentro.

—No —gruñó Quinn.

27
—Por favor. Tendré una erección de nuevo. Dios, por favor.

—No. —La voz de Quinn sacudió, y se detuvo bruscamente a una parada en la


parte inferior de una rampa.

Eli abrió la boca, y Quinn se inclinó y le besó.

—Guárdalo ahora. Ya casi estamos allí.

Eli dejó que sus dientes rasparan la mandíbula de Quinn. —Por favor, Papá.

—Mierda. —El aliento de Quinn siseó bruscamente, y se retiró—. No. —No


había nada más que calor en su sonrisa ahora—. Sé un buen chico.

28
Capítulo Tres

Cuando Quinn se había acercado al pequeño grupo en el borde de pista de baile


en The Arena, solo tenía el plan de Jamie en mente. Conseguir al muy obvio chico gay
con el pelo gótico y el delineador de ojos para que lo acompañara al bautizo del bebé y
así todos pudieran dejar de bailar alrededor de la palabra gay. Si Chrissy no se había
dado cuenta a estas alturas de que Peter y Quinn no habían sido solo compañeros de
piso durante diez años, si Quinn apareciendo con Eli no le diría nada diferente, pero al
menos el resto de la familia podría dejar de caminar sobre cáscaras de huevo.

Todo lo que Quinn había querido hacer era averiguar si Eli estaba libre mañana y
hacer arreglos para recogerlo si estaba de acuerdo con el plan. En absoluto cualquier
permutación de dicho plan iba a tener al twink mirando a Quinn como si fuera la
respuesta a todas las oraciones de Eli. Ese tipo de admiración se había ido de ambas
cabezas de Quinn. Sin embargo, Quinn no tenía la intención de hacer otra cosa que
utilizar la atracción y convencer a Eli para que fuera con él mañana, pero luego Eli se
había frotado duro con Quinn y le había sonreído con los ojos claros rodeados de negro
y lo había llamado Papá.

Ese era un juego que Quinn nunca habría imaginado jugarlo para sí mismo hasta
que una oleada de excitación le golpeó como un puñetazo en el estómago, y tuvo que
detenerse de arrastrar esa boca sonriente hacia abajo en la polla en medio de la pista de
baile.

Pero lo que fue caliente y pura diversión en el club y volar hasta la autopista en
la oscuridad, se veía diferente a la cálida luz de su vestíbulo principal. Cerró la puerta
tras ellos. En el club, Eli tenía forma. Aquí... tenía un negro esmalte de uñas y una larga
cadena de plata que colgaba justo entre los pezones mostrándose a través de la malla de
la camisa.

Eli se detuvo bajo la luz del pasillo, y eso solo empeoró las cosas. Quinn no iría
tan lejos como para decir a Eli que parecía tan joven como el noveno grado donde
Quinn enseñaba historia mundial, pero no tenía aspecto de ser muchos años mayor. Dios
mío.

El labio de Eli se curvó y luego entró dentro con Quinn, empujándolo contra la
puerta. Un roce de dientes contra su mandíbula y Eli cayó de rodillas con el tipo de

29
movimiento grácil que decía que lo había hecho demasiadas veces para haber ganado
una etiqueta de calientapollas.

Ahora sería un buen momento para preguntar cuántos años tenía, pero Eli ya
tenía el cinturón de Quinn desabrochado y la bragueta abajo. Cuando Eli se frotó la cara
contra el algodón estirado sobre la polla de Quinn, este se olvidó de todo, excepto de
que había alguien con hambre de su polla.

—¿Puedo conseguir una muestra? —Eli levantó la vista.

—Sí. —La mano de Quinn frotó el pelo de los ojos de Eli, aunque Quinn habría
jurado que solo significaba instar a Eli a que se acercara. El pelo era más suave de lo
que había pensado que iba a ser, sin gel fuerte. En este sentido, Quinn podía ver que no
era un verdadero teñido de negro, sino un marrón tan rico como el café recién hecho.

Liberando la polla de Quinn de la bragueta, Eli usó sus labios con rápidos toques
succionadores alrededor de la cabeza. Quinn olvidó por completo el pelo en la mano,
inclinándose hacia atrás, apoyándose a sí mismo frente a la necesidad en espiral que le
atravesaba, contra el siguiente susurrado Papá que le empujaba hasta el límite del
control.

Quinn dejó que su cabeza golpeara contra la puerta cuando la lengua de Eli se
curvó alrededor del borde en una hábil caricia antes de que disfrutara.

—¿Puedo tener un poco más, Papá?

Quinn frotó el pulgar por los labios de Eli. Algo en la voz de Eli, en los ojos
claros que le miraban, le dijo que sintió vacilar a Quinn. Tal vez Eli estaba volviendo a
caer en su juego como una manera de fingir modestia en el caso de que Quinn estuviera
a punto de echarlo.

Quinn quería decirle que se relajara, que no se trataba tanto de Eli como de la
tendencia de Quinn a pensar condenadamente demasiado lo que había puesto un
escalofrío al calor que habían creado en el coche.

Agarrando firmemente el cabello largo, golpeó su polla contra la mejilla de Eli.


—No te hagas el niño codicioso.

Eli sonrió y estaban de vuelta al guión. Esperó, labios suaves y abiertos mientras
Quinn se frotaba la polla en la cara de Eli. Cuando Eli trató de recuperar el sabor con su
lengua, Quinn empujó hacia delante, luego colgado en un dulce límite cuando la presión
de la garganta de Eli trató de trabajarle dentro más profundo. Con un fuerte tirón de
pelo, inclinó la cabeza de Eli atrás y lejos.

30
—¿Dormitorio? —susurró Eli.

Eso sería bueno. Salvo que no era una pregunta que Quinn se olvidara de
preguntar con esa boca tan cerca de su polla.

—Eli...

Eli se sentó sobre los talones, los labios retorciéndose en una sonrisa irónica. —
Veintidós años. Haré veintitrés el próximo mes. —Llegó de nuevo atrás en el bolsillo.

El condón que palmeó en la mano de Quinn no fue una sorpresa, pero la billetera
lo era. Me lo piden en el cine en las películas clasificadas R 3. —Eli brilló una sonrisa
de verdad y luego su rostro se calmó—. No lo hagas sin nada. Nunca. Eso va a venir a
mi boca también.

Quinn no podía evitarlo, tenía que comprobar la identidad. La licencia de Eli, el


pelo recogido de su cara y una mirada con los ojos abiertos a la cámara, le daba un
aspecto de doce, decía que haría veintitrés el 18 de noviembre, el mes próximo, como
él había dicho. —Está bien. —La forma de materia-de-hecho en la que Eli había
explicado su edad y los problemas de seguridad con una paciencia nacida de la
repetición, le hacía parecer el doble de su edad. Los chicos con los que Quinn había
estado desde Peter habían cubierto bien el tema rápidamente con un “¿tienes uno?” o
intentado decirle que no lo necesitaba.

Eli se guardó la cartera y alcanzó su bolsillo delantero. —Tengo lubricante…

—Tengo eso.

El mercurio del estado de ánimo de Eli cambió de nuevo, el labio inferior se


deslizó en un puchero sorprendentemente sexy. —¿Te puedo mostrar lo bueno que soy
ahora, Papá?

Quinn entonó su voz tan profunda como pudo. —Pon tu culo arriba y ya
veremos.

Eli no tuvo problemas para encontrar el dormitorio de Quinn ya que estaba


recostado en la cama, con las piernas abiertas, llevando nada más que su camisa de
malla, joyas y un par de ajustados bóxers negros por el momento en que Quinn entró
por la puerta. La lámpara de la mesita calentó la piel pálida de Eli.

—Relájate. —Quinn se quitó sus vaqueros, calzoncillos y camisa antes de


avanzar a un lado de la cama—. Y ven aquí.

3
R, Restricted, reserva el visionado de una película exhibida en salas cinematográficas a los
mayores de 17 años, o a los menores de esa edad que acudan acompañados de un adulto.

31
Eli se deslizó, la columna vertebral y las caderas ondulantes como si estuviera
bailando mientras movía su cabeza donde Quinn quería, colgando sobre el borde del
colchón. Estiró el cuello para poner la lengua en las pelotas de Quinn, con un gruñido
en su garganta mientras Quinn se sacudía suficientemente cerca como para dejarle poner
sus labios en el saco.

—Chupa —exclamó Quinn, pero estaba bastante seguro de que Eli no necesitaba
la instrucción. Con la mano, Eli logró alimentar ambas bolas en el interior de los
amplios labios estirados y dio un dulce, y húmedo tirón de saliva.

Eli llegó de nuevo y se aferró a los muslos de Quinn, el tirón en la sensible piel
envió pulso tras pulso de sangre para hacer que su polla se elevara hacia su estómago.

—Buen chico. Sabía que podías usar tu boca para algo más que para poner mala
cara.

Eli soltó y tomó una respiración profunda con la punta de la mandíbula para
delinear las formas bajo la piel húmeda, hundiendo la nariz en la base del pene de
Quinn.

La forma en la que Eli no ocultó lo mucho que quería a Quinn, que amaba el
sudor y el olor y el sabor de otro hombre, sacó a la luz una poco dispuesta comparación
al hombre que había actuado como si hubiera estado complaciendo las necesidades de
Quinn durante demasiado tiempo. La ira consigo mismo por permitir que Peter todavía
llegara a él, sobre todo aquí y ahora, obligó a una áspera demanda que Quinn planeó. —
¿Vas a tomarlo todo, muchacho? ¿Eres un buen pequeño chupador de pollas?

—Por favor. Dámelo. —Eli lamió alrededor de la base, los labios tirando del
pelo, chupando la piel.

Quinn rodó sus bolas al otro lado de la barbilla de Eli de nuevo, y Eli lamió la
piel detrás, volviendo la lengua hacia arriba, una sacudida burlona rozó el agujero de
Quinn.

Dio un paso atrás. —¿He dicho que podías tener mi culo?

Eli le dedicó una sonrisa bocabajo y luego fingió un mohín de disculpa. —Lo
siento, Papá.

Quinn quería borrar esa sonrisa arrogante. Borrar todos los otros hombres que
habían jugado el juego de Eli y le dejó ganar. Limpiar ambas de sus historias en un mar
de vino hasta que Quinn y Eli fueran las únicas personas en esta cama. Hasta que Eli no
pudiera decir Papá sin ver a Quinn allí en vez de a uno de cualquiera de los otros
hombres.

32
—Deja de hablar y hazlo. —Quinn puso la punta de su polla contra los labios de
Eli.

—¿Quieres un condón? —Eli retorció el cuello para tratar de ver la cara de


Quinn mientras le preguntaba.

—No te preocupes. Papá no va a correrse hasta que esté profundo en tu culo.

Eli gimió y abrió su boca. Suaves labios, lengua caliente, duro hueso liso en la
parte superior, luego la suave presión de la garganta de Eli retorciéndose, cerrándose a
su alrededor.

—Déjame entrar, cariño. No voy a ahogarte.

Eli enderezó el cuello, y Quinn se movió más profundo. El aleteo del músculo
cuando Eli trabajaba en tragarle, hizo que Quinn tuviera que agarrarse fuerte en el culo
para mantener el control. Eli volvió a tragar saliva, y sus labios rozaron el pelo en la
base del pene de Quinn. Ambos gimieron, las vibraciones contra la piel de Quinn
desprendieron otra capa del delgado control que tenía por la necesidad de joder esa
sumisa carne, derribar la garganta de Eli y ahogarlo en la polla.

Quinn se deslizó hacia atrás para darle la oportunidad de respirar, y Eli la tomó
para él. Quinn empujó las manos fuera de sus muslos. —Papá manda.

La risa de Eli provocó a la cabeza de la polla de Quinn, y empujó hacia delante


para detenerla. Eli le acogió, tragó y dejó que Quinn follara su boca. El placer se curvó
apretado y caliente en el vientre por las sensaciones, por el conocimiento de que
finalmente tenía toda la atención de Eli en este momento. Quinn se estremeció, sintió el
eco en el hombre que estaba debajo de él y abrió los ojos para encontrar los
calzoncillos de Eli abajo, la mano ocupada en su polla.

Sacó y golpeó el antebrazo de Eli. —Eso es mío, muchacho.

Eli giró la cabeza hasta que pudo ver el rostro de Quinn, inspeccionarlo como si
dudara de que Quinn fuera en serio.

Quinn podría haberse sorprendido por la nueva perversión en su repertorio


sexual, pero eso no significaba que no fuera a dar todo lo que tenía. Alzó su voz tan
profunda como pudo. —No te correrás hasta que Papá lo diga.

Eli gruñó y se lanzó de nuevo por la polla de Quinn.

Quinn se movió alrededor de la cama, sacando lubricante y un condón del cajón


de la mesita de noche y arrojándolos sobre la cama. Eli se quitó los calzoncillos el resto

33
del camino, pero antes de que pudiera tirar de su camisa, Quinn se acercó y le pellizcó
un pezón que asomaba a través de la malla.

Eli saltó y luego gimió.

—Ese es el por qué llevas eso, ¿verdad? Quieres que la gente piense en esto. —
Quinn se inclinó y chupó duro, la lengua parpadeando sobre el brote apretado.

Los dedos de Eli pasaron a través del cabello de Quinn, la respiración en rápidos
jadeos en la oreja se convirtieron en un gemido cuando Quinn utilizó sus dientes.

Quinn se retiró cuando oyó el quejido cambiar del placer al dolor.

—Mierda. —Eli jadeó y alzó la vista hacia él, algo menos seguro de sí mismo,
menos experto en sus ojos.

—Date la vuelta.

En un instante, Eli estaba de rodillas con el culo al aire.

Quinn se inclinó sobre él, empujando la camisa sobre la cabeza de Eli, besando a
lo largo de la columna vertebral para darle una nueva presión de dientes en la carne más
gruesa de su hombro.

—Oh, sí. —Quinn deslizó su mano sobre los huesos afilados de la cadera de Eli,
con un puño envuelto alrededor de la piel caliente de su polla y agarró con fuerza
suficiente como para sentir el pulso de la vena con sangre—. Esas dos pequeñas
palabras te ponen duro y goteando como ninguna otra cosa.

Eli gimió, la cabeza alta, el suave pelo contra la mejilla de Quinn.

Quinn se enderezó y apretó la otra palma contra el culo de Eli. —Mueles este
culo contra todos los chicos, con ganas de que alguien te tire de rodillas y te folle hasta
quedar ciego.

—Sí. Por favor. Jódeme.

—Te gusta que te lo hagan, muchacho. ¿Y crees que porque puedes chupar la
polla y llevarla hasta el culo puedes hacer que los chicos se arrastren para ti?

Eli se sacudió, tratando de obtener la presión en alguna parte, pero las manos de
Quinn no se movían y nada que Eli hiciera le ganó ninguna fricción. —Vamos. —Las
palabras estaban envueltas en un gemido suave.

—¿Y eso te hace querer que un Papá te diga cómo tomarlo? —Quinn apartó las
manos y metió su polla contra las bolas de Eli.

34
—Sí. Dios, Papá, por favor.

Quinn volvió a moverse por lo que su polla se deslizó a lo largo de la raja del
culo de Eli, dejando que su pecho se estableciera a lo largo de la espalda de Eli,
poniendo su boca justo a la oreja de Eli para gruñir, —no es lo suficientemente bueno,
muchacho. Si quieres disfrutar esta noche, vas a tener que trabajar para ello.

—Mierda. —La palabra pareció saltar de Eli, seguida de una risa baja—. Me
estás matando—. Su voz estaba todavía llena de hambre, pero Quinn pensó que estaba
escuchando al verdadero Eli.

Quinn mojó dos dedos y los frotó sobre el orificio de Eli, aumentando
lentamente la presión hasta que Eli se sacudió hacia él.

—¿Qué tipo de trabajo quieres decir? —La sonrisa segura de sí misma apareció
de nuevo en la voz de Eli.

—Ni siquiera cerca. —Quinn cedió al deseo de ahuyentar la petulancia con un


golpe fuerte.

—Oh, mierda. —El aliento de Eli se precipitó en un jadeo cuando sus músculos
se sujetaron alrededor de los dedos de Quinn.

Quinn empezó a retirarlos.

—No te disculpes —dijo Eli rápidamente.

—No planeaba hacerlo. Quinn retorció sus dedos—. Sabes cómo tomarlo, ¿no?

—Sí. Joder sí. —Eli relajó todo el movimiento.

Con la polla provocada o no, Eli estaba tenso, incluso con su culo ya no más
tiempo estrellándose con los dedos de Quinn. Volviendo la muñeca, Quinn movió los
nudillos en el interior, rozando y buscando el ángulo correcto.

—Sí. —Los músculos de Eli revoloteaban a la vez para un gruñido de


satisfacción—. Quiero tu polla ahora, por favor.

—Estás tan apretado. —Quinn envolvió un brazo alrededor de las caderas de Eli
y trató de desenmarañar un poco de espacio para un tercer dedo.

—Gracias. —Pero la risa de Eli intentó colarse en la palabra tartamudeada


cuando Quinn trabajaba con un tercer dedo hasta el segundo nudillo.

La columna de Eli rodó, y ahora había un poco más de espacio para que Quinn
moviera los dedos.

35
—Jódeme. Vamos.

Quinn necesitaba detener a Eli de balancearse de nuevo. —Papá está ocupado


ahora mismo.

Eli gimió y dejó caer la cabeza hacia los antebrazos cuando Quinn retorció los
dedos hasta los nudillos. Su esbelto cuerpo se mecía con el más ligero bombeo de la
muñeca de Quinn.

La ternura inundó el pecho de Quinn con una pesada respiración aplastante. El


deseo de abrazar y persuadir era tan fuerte como el impulso de hacer a Eli olvidar su
juego y jugar de verdad. —Relájate. Papá te llevará allí, cielo.

El aliento de Eli quedó atrapado en un sollozo. —Hazlo. Por favor.

—Te tengo. —Quinn sacó sus dedos. Una urgencia repentina le había apresurado
a concluir y deslizarse dentro. Tomó aliento cuando él mismo se alineó, rezando para
que el primer deslizamiento en el músculo caliente no le enviara al límite.

—Vamos. —Eli se quejó, pero su culo estaba apretado cuando Quinn lo empujó
hacia adelante.

Quinn acarició abajo la piel sudorosa de la espalda de Eli, mantuvo una mano
sobre la base de su espina dorsal y la empujó hacia abajo. —Quédate ahí para mí. —
Empujó hacia adelante.

—Mierda. —Un silbido salió fuera de los dientes apretados. —Tu culpa. Me
hiciste esperar. Demasiado tiempo.

Quinn sintió la ola de nuevo. Lo único que quería era envolver a Eli en un fuerte
abrazo hasta que Quinn mantuviera a Eli muy apretado mientras su cuerpo se apoderaba
de la polla de Quinn. Pero eso no era parte del juego para el que había firmado y basado
en la manera que Eli jugaba, no era eso lo que buscaba tampoco.

—Cállate y recibe mi polla, muchacho.

Las palabras hicieron lo que la suave caricia no. El culo de Eli se abrió y Quinn
lo condujo adentro. Gimieron juntos, y Quinn se abrió camino hasta sus bolas.

—Joder, sí —jadeó Eli.

Quinn agarró las caderas de Eli, lo puso donde le quería y comenzó un profundo
buen ritmo. El cuerpo de Eli le trabajaba, apretado y hábil, y por una vez Quinn no se
perdió la piel desnuda. Sin la barrera, ese firme agarrón después de toda la provocación,
habría tenido a Quinn corriéndose después de una docena de empujes.

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Saber que Eli no tenía esa clase de ayuda hizo a Quinn sonreír, hasta que vio una
de las manos de Eli deslizarse por debajo de su pecho.

Quinn dio una palmada al culo de Eli al tiempo que un empuje. —No.

El efecto fue eléctrico. Los músculos ondulados a lo largo de la polla de Quinn,


se apretaron alrededor de la base, pero Eli no dejó de trabajar su mano debajo de ellos.
Quinn le palmeó más duro, la mano aterrizando en el mismo sitio, los dedos haciendo
un ruido sordo en el pliegue bajo la ondulación de su mejilla. El cuerpo de Eli le ordeñó
con rápidos pulsos. Quinn consiguió un golpe más agudo y más bajo. Después de un
áspero suspiro, Eli deslizó su mano hacia adelante, lejos de su polla.

—No me obligues a atarlas, muchacho.

Eli saltó, su cuerpo ondulando y temblando. Quinn puso un pie en el colchón y


rodó con él, conduciéndose dentro y dejando que el movimiento de Eli se hiciera cargo
durante un minuto.

—Por favor, Papá. Tengo que correrme. —La voz era cruda, nada que Quinn
hubiera oído en ninguno de los estados de ánimo de Eli hasta ahora.

—Cuando yo diga. Tengo planes para esa polla tuya. —El cambio había dejado
la mejilla de Eli más expuesta, y Quinn aterrizó una bofetada en un poco de piel, todavía
pálida.

—Yo no soy de estar arriba —logró Eli resoplar.

—Yo no he dicho que eso sea lo que quiera. Ahora mismo, eres mi chico y no te
corres hasta que yo diga que puedes. —Quinn le golpeó de nuevo.

—Voy a tener una rápida erección. —Ahogó un fino silbido.

Quinn agarró las caderas de Eli y le jodió rápido y profundo.

—Puedes follarme después que me corra. —La cabeza de Eli se estaba moliendo
dentro del colchón y la volvió, los labios y las mejillas tintadas de rojo brillante, las
pestañas oscuras contra sus mejillas.

—Haré lo que quiera.

La desesperación de Eli solo hizo que la necesidad se mantuviera más fuerte. La


necesidad de verlo quebrarse, ceder por completo, y dejar que Quinn cuidara de él, se
torció en esa determinación para hacer que Eli dejara de pensar que podía negociar su
manera en torno a él.

37
La mano de Eli cayó hacia abajo una vez más, y Quinn se lanzó hacia delante,
clavándole en el colchón y agarrando ambas de sus manos.

Eli trató de mover sus caderas, molerse contra la sábana, pero Quinn los
mantenía bajo su peso. El culo de Eli llegó a estar increíblemente apretado mientras sus
piernas se vieron obligadas a juntarse. Todo lo que Quinn podía manejar era girar sus
caderas en un contrapunto de jadeos desiguales de Eli.

—Voy a follarte hasta que me corra, y vas a tener que esperar por ello,
muchacho.

Eli saltaba y luchaba para liberar sus manos. —Por favor. Por favor, Papá.

Quinn puso peso suficiente en Eli para evitar que consiguiera un buen
movimiento en el colchón y joderle duro. Un nudo de miedo en el estómago le dijo que
estaba tan cerca de perder el control como Eli, pero no pudo resistir girar las dos manos
de Eli con un apretón de la mano izquierda de modo que la derecha pudiera descargar
otro golpe eléctrico inducido en el culo de Eli.

Eli saltó de nuevo y luego se sacudió. Quinn descargó unos pocos tortazos más y
Eli gruñó y se quedó flácido. Tenía el rostro vuelto hacia arriba lo suficiente como para
hacer que sus palabras fueran claras.

—Entra dentro de mí. Vamos, Papá.

Al diablo con eso. —Quinn. —Sacó la palabra entre dientes con la última gota
de cordura que le quedaba.

—Ven a mi culo, Quinn.

—Sí. —Quinn arqueó su espalda y dejó que todo siguiera, las caderas trabajando
su polla contra ese increíblemente agarre caliente, los oscuros labios de Eli es lo último
que vio antes de que el orgasmo apretara los ojos de Quinn con fuerza, vetas de plata
relampagueaban detrás de sus párpados mientras se hundía en todo ese placer y dejó que
lo llenara, vaciándole.

Dejó caer su cabeza sobre el hombro de Eli, jadeando mientras las réplicas
hormigueaban a lo largo de sus nervios. El culo de Eli se sujetaba a su alrededor otra
vez, y la polla de Quinn se sacudió en otro chorro que dolía tanto como bueno era. Tan
pronto como pudiera conseguir un poco de saliva en la boca, iba a dar a Eli la dulce
mamada que se merecía, con los dedos frotando el interior de su culo hasta que se
partiera mientras Quinn observaba.

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Se levantó en sus brazos. A pesar de que el condón se sentía extrapesado tal
como cuando se lo quitó y trató de llevarlo a algún lugar que no supusiera un lío.

—Date la vuelta y deja que te chupe, cielo.

—Está bien. —Toda la desesperación había desaparecido en la voz de Eli,


aunque sonaba suficientemente ansioso—. Pero voy a salirme de la mancha de humedad
primero.

39
Capítulo Cuatro

Si Eli no acababa de tener el mejor orgasmo de su vida —y dado el hecho de que


todavía a veces se hacía una paja tres veces al día, tenía que ser de cinco cifras—, la
mirada en el rostro de Quinn habría sido el punto culminante de la noche.

—Pequeña mierda. —Quinn se incorporó, contemplando el lugar donde un


cordón de semen colgaba de la ablandada y lisa polla de Eli.

—Aquí tienes un consejo. Si no quieres a alguien cuyo culo sea una gran zona
erógena para correrse, no le palmees cuando hay algo más que aire en su polla. —Eli
escondió sus manos detrás de su cuello y se recostó contra las almohadas, con las
piernas abiertas—. Pero como dije, puedo tener una erección de nuevo muy
rápidamente, más pronto si pegas algo en mi culo, y me encantaría una mamada. —
Guiñó un ojo—. Papá.

Eli hizo una mueca cuando Quinn desechó los calzoncillos de Eli para limpiar la
mancha de humedad. Tendría que ir de comando para volver a casa, y sus vaqueros
negros eran lo suficientemente apretados para irritarse.

—Eres excepcional—murmuró Quinn.

—Dime algo que no sepa.

Cuando Quinn puso sus puños en el colchón y se cernía sobre él, el culo de Eli
se deslizó hacia abajo, con la rugosa sábana encima de la piel donde Quinn había dejado
su huella.

Eli sabía que hizo un condenadamente buen trabajo por controlar una mueca de
dolor, pero Quinn debió haber visto algo más.

—Lo siento. —Pero una sonrisa hizo de la disculpa una mentira. —¿Necesitas
rodar sobre tu estómago?

—Me gusta duro. —Eli se encogió, tragándose de nuevo un los he tenido peores.
No lo sabría hasta que comprobara las marcas a la mañana siguiente. Y no era lo que
había querido decir. Había tenido relaciones sexuales sin gran dolor para hacer que el
aguijón valiera la pena antes. Eso no tenía el mismo sonido, por lo que mantuvo la boca
cerrada.

40
—Me di cuenta. —El tono de Quinn tenía esa divertida sequedad que Eli había
estado escuchando toda la noche.

Al diablo con él y su indiferencia. —Estuviste jodidamente impresionante, por


cierto.

—Gracias. —Había esa misma gravedad ocultando el hecho de que se estaba


riendo de Eli—. Estuviste jodidamente impresionante tú mismo también.

Eli podía ser indiferente con el más grande -no-doy-una-mierda por un idiota en
el planeta, el cual no era Nate, aunque su amigo probablemente superó el top cinco. —
En ese caso, si no tienes ganas de llevarme de nuevo al centro de la ciudad, ¿crees que
podrías soltar la pasta para la mitad de mi viaje en taxi? Te juro que no será barato—.
Enganchó un dedo en su camisa y lo arrastró con él mientras salía de la cama.

Quinn envolvió sus dedos alrededor de la muñeca de Eli y tiró de él hacia atrás.
—Ehhh. Tal vez lo sienta como barato. ¿Tienes otra cita?

—No me parece estar a punto de conseguir esa mamada. —Eli se recostó pero
Quinn le dio una mirada con los ojos entrecerrados.

—Dame un segundo. Te habrás dado cuenta de que eres un poco más joven que
yo.

Eli tiró de un rizo gris que había salido de esa pequeña cola de caballo. —Y
mucho más en la onda, Papá.

Quinn se movió rápido, tirando de Eli a su lado por su cadera y pegándole hacia
arriba-hasta-la nada entonces resentida mejilla de su culo. Eli deseaba que eso le
molestara, pero el aguijón envió una excitante vibración desde su culo a su polla.

—Hmm. —Quinn frotaba donde había pegado un manotazo, mirando al pene de


Eli—. ¿Está seguro de que eso no era solo presemen?

Había sido bastante carga, gracias, pero antes de que Eli pudiera defender el
honor de sus bolas, Quinn dijo:

—Habría dicho que estás muy tenso para un tipo que acaba de disfrutar, pero
ahora me pregunto si es porque tu pene parece bastante feliz de verme de nuevo. —
Quinn dejó que sus dedos se deslizaran por la grieta de Eli para frotar suavemente sobre
su resbaladizo agujero. Eli jadeó y se puso sobre su espalda—. Entonces, chúpala.

Quinn se inclinó hacia delante y lo besó a cambio, suave y tranquilamente.

Eli retiró la cabeza. —Disfrutas haciendo bromas a los chicos, ¿es eso?

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—Nop. Al igual que tú. —Quinn sostenía la cabeza de Eli entre sus manos y lo
besó, no muy fuerte, sino tan jodidamente bien que cada centímetro de su boca estaba
involucrado, y la polla de Eli estaba sin duda más que feliz de volver a la acción. Se
acercó más para que Quinn lo sintiera duro y listo contra su cadera, pero Quinn siguió
besándolo, la lengua llenando la boca de Eli, deslizándose y hormigueando. Muchas
veces chupar la polla le hacía jadear y marearse cuando no podía tomar aire, pero esta
era la primera vez que un beso lo había hecho. Y tenía un montón de aire. Se arqueó
contra el cuerpo de Quinn, la polla frotando el cabello suave y los relieves del bajo
vientre de Quinn. El borde rebotó sobre un músculo, y Eli gimió dentro del beso. Dios,
el hombre debía hacer abdominales en su sueño para tener abdominales así.

El resto de los músculos de Quinn eran tan fuertes y capaces cuando rodaron con
Eli en la parte superior, dejándole molerse contra Quinn mientras el beso continuaba. Eli
juró, sus yemas de los dedos hormigueaban por ello, diablos, hasta las puntas de su pelo,
y quería, necesitaba, algo duro y profundo dentro para equilibrar toda esa suave presión.
Intentó moverse, conseguir a Quinn con una agenda que incluyera algo sobre joder el
culo de Eli, pero Quinn no hacía nada más que cambiar su apoyo en la parte posterior de
la cabeza de Eli y envolver el otro brazo alrededor de su cintura.

Eli empujó, y Quinn lo dejó ir, con una mirada de asombro en sus ojos. Eli se
apoyó con las manos junto a las orejas de Quinn.

La mirada de Quinn se suavizó, y se llevó una mano arriba para frotar el pulgar
por los labios de Eli. Todavía hormigueaban por ese beso. Eli todavía arrastraba el
pulgar de Quinn en su boca y lo chupó.

—Vuelve aquí. Haré que disfrutes. —La voz profunda de Quinn retumbó entre
ellos.

Eli no tenía ninguna duda sobre eso. Quinn sabía lo que le gustaba a Eli y lo
envolvió con un lazo de Papá caliente.

Llegó como una sorpresa para su polla, ya que se podía contar con las funciones
cerebrales de Eli, por lo general, para estar de acuerdo con lo que existía entre sus
piernas, pero eso no era lo que Eli quería. Bueno, no era solo lo que él quería. Quería
todo el paquete de Quinn con su participación activa y contundente.

Después de sacudir la cabeza, Eli invitó al dedo de Quinn para hacerle un


recordatorio de las habilidades orales de Eli antes de dejar descansar el dedo en sus
labios mientras hablaba. —Quiero esperar por ti, Papi.

Los ojos de Quinn se oscurecieron, y tomó la cara de Eli.

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—Quinn —se corrigió Eli, recordando lo que Quinn había dicho al final de la
última ronda.

—¿Estás rechazando una mamada? —La sonrisa de Quinn no parecía estar


burlándose de Eli ahora.

—No es que no me gusten. —Su tono contenía una dignidad mucho más herida
de lo que había previsto, y trató de borrarla con una sonrisa.

Por supuesto que a Eli le gustaba que chuparan su polla. No había conocido a un
hombre que no lo hiciera. Pero le gustaba la forma en Quinn le había jodido, no había
tenido nunca a nadie que empujara tan duramente así, alguien que realmente consiguiera
lo que Eli quería. Dudaba que fuera a haber una repentina escasez de mamadas en
Baltimore. ¿Pero chicos que dominaran como Quinn? ¿Que hacía que Eli se sintiera
seguro y asustado al mismo tiempo? Si había un montón de ellos escondidos en la
ciudad, Eli no había sido capaz de seguir a ninguno de ellos.

—Porque tengo que decirte, que cuando mi pene se pone duro, probablemente
vaya a querer meterlo por tu culo otra vez.

La polla de Eli saltó. A ambos les gustaba mucho esa idea. —Está bien.

Quinn pasó la mano por el culo de Eli, frotando la piel todavía ardiente. —¿No
está demasiado dolorida, muchacho?

Eli negó con la cabeza. —No tienes que jugar a ese juego si no te gusta.

—¿Quién dijo que no me gustaba? ¿Quieres que encuentre esa goma?

—No. —Maldita sea. Quizás Eli pudiera hacer una carrera de medianoche por
Viagra. Trató de echar un vistazo por encima del hombro.

—Créeme que estoy tratando. Eres una atractiva pieza de culo para tener en mi
cama.

—Apuesto a que le dices eso a todos los chicos. —Eli sonrió y acarició sus
dedos sobre los tatuajes en los hombros sólidos de Quinn. Una cruz celta decoraba su
derecho, una tríada celta enclavada con peces saltando a su izquierda—. Bonita tinta
allí, marinero.

—Porque lo fui.

—Oh, Dios mío. ¿Jodí a un Marine?

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El culo de Eli picó por otra bofetada antes de que lo dejara en el colchón. Y
Quinn, sosteniéndolo. Así que tal vez Eli no estuviera tan equivocado. Si esa es la
manera en que Quinn reaccionaba, Eli seguro no dejaría de mezclar su uniforme.

—Los marineros están en la Marina. —La boca de Quinn se acercó al oído de


Eli—. Si quieres un Marine, probablemente podría procurártelo.

Eli pensó por un segundo. —¿Tu amigo pelirrojo? —Arrugó la nariz—. Nah.
Pelirrojo y bajito.

Eso ganó a Eli un sólido ladrido de risas y un beso rápido. Tener razón tenía sus
ventajas también.

—Qué ganas tengo de decirle que dijiste eso.

—Así que, ¿qué haces? ¿Estás en la Marina? —Eli nunca había entendido por
qué la gente gay quería servir cuando todavía se les trataba como a una mierda.

—Ya no es así. Tenía la esperanza de no tener que seguir mintiendo sobre mi


vida. Hice mis cinco y me fui. —Algo detrás de los ojos de Quinn dijo que no había
sido tan fácil como eso.

El irse antes de que te echaran. Ahora eso era algo que Eli podía entender. Pero
joder si no quiso haber ido a una de esas protestas en Washington DC el año pasado
cuando Nate se lo había pedido. Al menos podría haber sentido que había defendido a
gente como Quinn. —¿Y ahora?

—Enseño en la escuela secundaria.

—¿No es eso el mismo tipo de cosas “no-preguntes-no-digas” 4 ahora? —Los


maestros de la escuela primaria nunca habían hecho a Eli sentir que fuera extraño por
ser diferente. Los maestros en la escuela secundaria no habían sido realmente unos
gilipollas, pero habían conseguido su mensaje de todos modos. Suavízalo. Sigue las
normas. Deja de sobresalir, y no se meterán contigo tanto.

—En realidad no. No lo guardo en secreto del resto del profesorado, y con quién
paso el tiempo nunca va a llegar a mis clases de historia global.

Eli siempre lo había proclamado públicamente. En realidad no sabía cómo


hacerlo una cuestión sobre la que estaba dispuesto a hablar. La gente le echaba un
vistazo y sabían que era gay. No por primera vez pensaba que era mucho más duro
parecerse a Quinn, con la estúpida pequeña cola de caballo y todo.

4
“Don´t ask, don´t tell” Refiriéndose a la Nueva política guía del Pentágono sobre
homosexuales en el ejército para obviar el tema: no preguntes, no digas.

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—¿A qué te dedicas? —Quinn escondió una mano debajo de la cabeza y se
apoyó sobre un codo—. Esto es, cuando no estás tratando que los hombres quieran
joderte en la pista de baile.

—Soy fotógrafo.

Quinn parecía que no sabía qué hacer con eso, pero Eli no llevaba la prueba de
su profesión en su cartera.

—Estoy en el personal del Charming Rag. —No era una mentira total.

—¿Qué es eso?

—Es un periódico local. Cubre las bandas y clubes. —Por mucho que a Eli, por
lo general, le gustara hablar de sí mismo, especialmente se preguntaba cuándo tenía la
probabilidad de empezar la siguiente ronda. El interés centrado de Quinn creó la
sensación de que era una entrevista de trabajo.

—¿Tienes planes para mañana?

—¿Eh?

—Mañana. Sábado. ¿Vas a trabajar o estás libre desde las diez hasta alrededor de
la una?

—¿Como fotógrafo o como una cita?

—Una cita. Pero eso podría alargarse. Es más como una cosa de familia que
tengo que hacer. Me gustaría compañía. Tu compañía.

Eli nunca se había considerado particularmente modesto, pero el hecho de que


Quinn le pidiera salir a un evento familiar, le hizo sentir como que debería llevar un
montón de cosas más que su collar. Acostado sobre su lado, movió una pierna hacia
adelante sobre sus partes. —¿Qué tipo de cosa?

—Un bautismo.

Eli tuvo una visión de Quinn de pie en una piscina para niños, mientras que un
tipo con ropas de satén vertía agua sobre su cabeza para inducirle a algún tipo de culto
religioso. —¿No el tuyo?

—No. —Quinn sonrió, dejando a Eli formar parte de la broma—. El de un bebé.

Eli arqueó una ceja como si estuviera considerando. —¿Qué hay para mí?

Quinn apretó el culo de Eli.

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—Además de eso.

—¿Qué quieres? —Los ojos de Quinn eran constantes en el rostro de Eli, sin
bromas ahora.

Eli se sentía desnudo antes, ahora se sentía como si ni siquiera llevara piel. Le
guiñó un ojo, tratando de que las cosas volvieran a ser como habían sido. —Creo que
solo dejaré que me lo debas.

—Soy bueno en eso. —La promesa de Quinn hizo que el calor golpeara mucho
más fuerte que la entrepierna de Eli.

—Muy bien, entonces. Pero voy a tener que parar en mi casa por algo para
llevar.

—Creo que tu aspecto es bastante bueno con tu ropa de jódeme, pero está bien.

Eli puso su mano sobre el pecho de Quinn y la bajó lentamente, encontrando un


camino suave que hormigueaba en sus dedos, urgiéndole más bajo. Claro que sí, un
camino feliz. Cuando cerró su mano alrededor de la polla de Quinn, sintió el calor y el
flujo de sangre. —¿Qué estabas diciendo acerca de joderme?

Quinn hizo que Eli lo montara, y cualquier idea que Eli tuviera de estar en un
mayor control de la jodida, desapareció junto con la polla de Quinn en el culo de Eli.
Unas manos fuertes tiraron desde abajo para encontrarse con cada embestida. Durante
los primeros pocos minutos, el aguijón de ser estirado de nuevo tan pronto, guardó a Eli
de hacer otra cosa que dejar que Quinn le llenara con golpes duros y suaves ruegos.

—Eso es, cariño. Buen chico. Estás tomando mi polla tan bien.

Quinn dobló las caderas de Eli más hacia atrás de modo que los empujes
conducían justo contra su glándula, en una aguda, brillante construcción de placer, y Eli
estaba haciendo algo más que recibirlo. Se molía abajo, trabajaba sus músculos del culo
hasta que Quinn gruñó.

—Jesús, eres una mierda caliente. —Quinn se mantenía en las caderas de Eli y
las movió, depositando a Eli sobre su costado y de rodillas entre sus piernas sin perder
un empuje.

La pantorrilla de Eli presionó en un hombro tatuado cuando Quinn lo mantuvo


abierto durante largos y profundos balanceos de sus caderas, tocando todos los lugares
que había dentro de Eli, el cual anhelaba esto, dejar que alguien lo hiciera, le tomara.

—Más duro.

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—Te lo dije. Papá manda. —Los labios de Quinn apenas aparecieron en la
esquina, la mirada de sus ojos era tan dura y centrada que Eli apartó la mirada.

Quinn dejó de moverse. —¿Te he hecho daño?

—No.

Quinn tomó un movimiento lento.

—Jódeme. Vamos.

—Te tengo, cielo. —Quinn alcanzó la polla de Eli, los dedos se deslizaron
hábiles y seguros con lubricante y sudor y presemen.

Eli quería al Papá de los duros tonos, la polla gruesa y las manos fuertes que le
dieran algo con lo que trabajar en contra, un aguijón y una bofetada para empujarlo
hacia el límite. No quería estos golpes perfectamente en ángulo para conducirle a la
locura, o la gran mano que le diera a su polla el correcto tipo de fricción para hacer que
sus bolas se apretaran y estuvieran buenas y listas para funcionar. Y mierda, eso se
sentía perfecto, porque tanto como no lo quería, Quinn estaba haciendo que lo recibiera.
Haciendo que Eli llegara dulce y suave y se sacudiera en lugar de embestir para
apoderarse de esa fuerza vertiginosa antes de que le pasara de largo.

—Eso es todo, cielo. Córrete para mí. Quiero observar cómo te corres.

Quinn lo forzó dentro de él con la mirada y su tacto y su polla hasta que Eli no
pudo soportarlo más y estaba tan lleno de la sensación, que le hizo pedazos, inundando
su polla y su culo con placer, mientras se soltaba, caliente y húmedo. Se corrió por
siempre, y aun así, no fue suficiente. Sus ojos le ardían, y pensó que había conseguido
entrar en ellos y se dio cuenta de que había lágrimas.

Quinn no las debió haber visto. —Precioso. Jesús, Eli. Eres…

Quinn le volvió otra vez boca abajo, y debería haber sido mejor, ya que esta era
la forma en que le gustaba, un hombre guiándole con fuerza en el colchón. Pero Quinn
le cogió en sus brazos y lo sostuvo mientras se conducía a su meta con sus golpes
finales.

—Jodido hermoso, córrete para mí. Tan condenadamente dulce. —La boca de
Quinn era descuidada y abierta en el cuello de Eli, la respiración más fuerte que las
palabras. Con un gruñido que sonaba como si Quinn hubiera sido golpeado, este se
sacudió rápido y apretado contra él.

El corazón de Eli se aceleró mucho después de que Quinn los instalara a los dos
de nuevo en la cama. Una caliente urgente alarma palpitaba en sus oídos y sus dedos de

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los pies, que solo golpeaba más fuerte a medida que Quinn acariciaba la espalda y le
susurraba más elogios. Eli se llamó loco a sí mismo y se llamó estúpido, se dijo que se
calmara en este momento, pero nada pudo convencer a su cuerpo de que no había
devorado tres disparos de energía y su corazón se iba a salir repentinamente justo fuera
de su pecho.

En las profundas exhalaciones que enfriaron la piel bajo el pelo pegado al cuello
de Eli, escuchó la quietud de las dos veces en la mañana de dos orgasmos alcanzar a
Quinn.

—¿Pasa algo? —Alguna fuerza quedaba en la voz soñolienta de Quinn, una


sólida promesa para arreglar lo que quiera que estuviera creando la tensión en el cuerpo
de Eli.

—No. —Eso era verdad. Acababa de tener un sexo increíble, dos veces, con un
hombre aparentemente amable que encontró su compañía lo suficientemente agradable
como para arrastrarle al frente como un amortiguador contra el aburrimiento de algún
acontecimiento familiar, y no había nada malo con nada de eso—. Solo nerviosismo.

—Hmm. Despiértame si te masturbas. Quiero ver.

La risa salió a pesar de que el pecho de Eli estaba tan lleno de su estúpido
acelerado corazón. —Lo haré.

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Capítulo Cinco

Quinn se despertó con el olor del café y una cama vacía. Había sentido a Eli
levantarse temprano por la mañana, pero había vuelto a caer dormido antes de saber si
Eli regresó. Tan inquieto como su huésped había estado, a Quinn no le sorprendería
descubrir que Eli hubiera tomado un taxi o el transporte público hacia el centro de
nuevo.

Pero a medida que se subía el par de pantalones vaqueros y siguió el olor a café
abajo en la cocina, Quinn esperaba estar equivocado. No solo porque tenía el bautismo
al que asistir, sino tan bueno como había sido el asunto con Eli la última noche, Quinn
no podía evitar la sensación de tener asuntos pendientes.

Eli no se había ido. Vestido solo con la camisa negra que había llevado la noche
anterior, se estiró de puntillas para rebuscar en uno de los armarios de Quinn.

La visión envió sangre a su sensible pene palpitante, que trató de reclamar la


erección mañanera con la que había luchado mientras orinaba, pero Quinn tuvo que
maldecir el hecho de que ya no tenía veinte años, no podía simplemente ir, inclinar a Eli
en el mostrador y darle los golpes que el equipo se merecía. La camisa rozaba sus
caderas, y las piernas pálidas de Eli hicieron que la mancha de rojo en su culo se
destacara más. Unas pocas manchas más oscuras que podrían haber sido magulladuras
se localizaban en el pliegue donde se reunía el culo y el muslo. Puntos de los dedos de
Quinn.

Debería haber sentido vergüenza de dejar marcas en esa piel blanca en vez de
estar frustrado de la lenta respuesta de su polla. Pero no la sentía. La visión le hizo estar
orgulloso, que Dios le ayudara, orgulloso de que Eli conservara un pedazo de la pasada
noche durante unos días. Tal vez la cafeína pudiera ayudar más que solo su
funcionamiento del cerebro.

—Gracias por hacer el café. —Descolgó su taza de debajo de un armario y se


sirvió una.

Se había preguntado si Eli le había oído llegar y posara así, con la esperanza de
que Quinn se aprovechara de la geografía, pero cuando Eli se dio la vuelta, su cara tenía
dudas. El delineador de ojos se había ido, y maldita sea si no se le veía más joven. ¿Qué
diablos diría Claire cuando lo viera?

49
—¿A qué hora tienes que estar en la cosa? ¿El bautismo?

—¿Vives en el centro?

Eli asintió.

Quinn miró su reloj. —Tenemos por lo menos una hora.

—Iba a hacer huevos. —Eli hizo un gesto a la sartén en la cocina y al cartón


sobre el mostrador.

—O podrías ir a la cama. Parece que no dormiste mucho.

Los hombros de Eli estaban tensos bajo un encogimiento de hombros. —Habrá


mucho tiempo para dormir cuando sea…

—¿Viejo? —sugirió Quinn con sequedad.

Eli le dio una media sonrisa. —Iba a decir muerto, pero viejo bastará, un hombre
viejo.

Algo vulnerable detrás de la sonrisa de Eli le recordó a Quinn a un animal


salvaje, atrapado y listo para huir. Trató de mantener la burla. —¿Y qué diría tu madre si
supiera que estabas medio desnudo retozando en la cocina de un hombre mucho más
mayor?

Eli se volvió hacia el armario. —¿No tienes nada de estragón?

—¿Qué?

—Estragón. Es muy bueno en los huevos revueltos.

Quinn se acercó a él y alcanzó la parte del fondo de las especias. —Aquí.

Eli levantó la mirada hacia él. —¿Qué clase de hombre realmente utiliza
retozando en una frase?

—El que se asoció con este. —Tomarle el pelo no funcionaba, así que Quinn se
decidió por lo que hizo. Tomó la mano de Eli y la puso sobre la bragueta de sus
vaqueros.

—Oh. Eso. —La palma de Eli se abrió, frotaba cálida y lenta.

La polla de Quinn se puso caliente y apretada, estirando la piel de nuevo debajo


del bombeo constante de sangre. Dolor, pero del bueno. Movió la mano de Eli de nuevo

50
al borde de la encimera, fijó una sobre el otro lado e ignorando la pequeña rigidez
matinal, se dejó caer de rodillas.

El jadeo de Eli le hizo levantar la vista. —Umm. Los huevos.

Quinn rodó la punta de la polla de Eli por los labios, la piel palpitando y
retorciéndose mientras besaba un camino hasta la base y luego se echó hacia atrás.

—Un tipo podría tener complejo. ¿Hay alguna razón por la que no quieras que te
chupe?

Eli negó con la cabeza, con los ojos de par en par.

—Está bien, entonces. —Quinn enterró el rostro entre las delgadas caderas,
deslizando sus manos alrededor del culo de Eli.

Otro grito agudo, y Eli se adelantó cuando los dedos de Quinn agarraron. Sabía
lo que quería Eli. Cristo, lo que ambos querían.

—Mantén las manos sobre el mostrador.

El aliento de Eli se entrecortó, y no ofreció resistencia alguna cuando Quinn


absorbió el sabor y el olor de la piel de Eli, la forma en que su polla encajaba en la boca
de Quinn, un bonito ángulo descendente para empujarlo abajo en su garganta.

La boca y las manos de Quinn y oídos bebieron las reacciones de Eli, su cuerpo
expresivo mucho más fácil de leer que el cambio constante de las emociones en su
rostro. Le gustaba rudo, gemía y alimentó a Quinn de algo de presemen por un ligero
rasguño de los dientes, mientras Quinn puso su dedo sobre la línea de moratones bajo el
estupendo y firme culo de Eli. Le encantaba una mamada dura, rápida y la presión en la
cabeza, más que una profunda sacudida se estremeció por un tirón y una elevación en
sus bolas.

—Espera. Quinn. Condón.

Quinn se apartó durante un segundo. Follar era una cosa, pero éste era su riesgo
que correr, y quería ese sabor crudo de él. —Shh. Está bien.

Los dedos bucearon de nuevo para correr por el pliegue del culo de Eli, Quinn
mostró lo que el cuerpo de Eli le había enseñado hasta que la tensión en los muslos
vibraba bajo los antebrazos de Quinn, un latido de advertencia en la vena bajo la lengua.

—Mierda, yo…

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Incluso si la advertencia de Eli había sido más que rápida, Quinn no iba a
ninguna parte. Bebió de los chorros de la polla de Eli, suavizando la presión a medida
que los espasmos terminaban, tragó saliva y le lamió para limpiarle.

Después de levantarse, puso las manos sobre Eli donde se agarró al borde de la
vieja formica. —Todo en ti es dulce, chico.

Antes de que Quinn pudiera darle un beso, Eli sacó una mano libre y la puso en
la boca de Quinn.

—Sé por experiencia que no es del todo cierto, pero gracias. —Eli deslizó la
mano abajo por la mandíbula de Quinn, su cuello, su pecho. Cuando los dedos de Eli
trabajaron en el botón de la parte superior de la bragueta en los pantalones vaqueros de
Quinn, Eli frotó la cara en el pecho de Quinn.

Su polla se había recuperado de la noche anterior ahora, pero Quinn dio un paso
atrás. —Necesito algo para desayunar si voy a permanecer contigo.

Mientras Quinn se afeitaba, un Eli vestido entró en su ducha de vapor del cuarto
de baño sosteniendo el traje que Quinn acababa de traer de la tintorería.

—¿Es esto lo que vas a llevar puesto?

Era de un gris oscuro respetable, y lo había llevado a las entrevistas de trabajo,


incluyendo el del trabajo que tenía ahora. —¿Qué hay de malo en él?

—Nada. Si es para un funeral.

Quinn estudió a Eli con su ropa del club. No había una gran cantidad de daño
que el hombre pudiera hacer con solamente trabajar el armario de Quinn, y mostrarlo
era una especie de motivo. —¿Supongo que tienes una sugerencia diferente?

Eli sonrió y desapareció. Cuando Quinn volvió a entrar en el dormitorio, Eli se


dirigió todo el camino al interior del armario.

—Los zapatos son de color negro, ¿verdad? —Sin esperar respuesta, Eli lanzó
un par de pantalones negros—. Oh Dios mío. —Eli lanzó una caja de regalo de color
rojo brillante en el pecho de Quinn—. ¿De quién era eso y cómo puedo conseguir su
lista de regalos?

Quinn cogió el jersey mientras caía fuera de la caja. Negro con un patrón de
rombos violeta oscuro y gris. Su suéter anual de Claire, aunque sospechaba que Alyssa
podría haber guiado su selección en ese momento.

52
—Es cachemira —declaró Eli como si anunciara que estaba hecho de oro
macizo.

—Sí.

—Pon eso encima. Y... —Entró de nuevo en el armario.

Los labios de Quinn se enarcaron en el completo punto de que esto era su propia
re-salida. Para cubrir la sonrisa, dijo:

—Sabes, yo prefiero un hombre tan excitante como tú desnudándome a mí en su


lugar.

—Más tarde. Si tienes suerte. —Eli sacó una chaqueta deportiva de color gris
intermedio—. Ten.

—¿Y bien? —preguntó Eli cuando Quinn se paró frente a su espejo un minuto
después.

Aunque Quinn estaba viendo toda la experiencia como un extraño tipo de


actuación, tuvo que admitir que Eli tenía ojo para combinar las cosas.

—Se ve muy bien. Con clase. —Se sintió extraño no llevar una corbata, el cuello
en V del suéter exponía su garganta.

Eli encontró su mirada en el espejo. —Y no es demasiado raro, ¿no? —Curvó


sus labios y sus ojos se abrieron—. ¿Ellos lo saben? ¿Tu familia?

—Sí. —Por lo menos los que cuentan como familia.

—Bueno, lo harán si caminas conmigo. —Eli entrecerró los ojos—. ¿Es por eso
que querías que no fuera?

Cristo, era agudo. ¿Ser un fotógrafo le daba la habilidad de ver las cosas mejor?
Quinn alisó la solapa estrecha a lo largo de su pecho. —¿Vas a venir aún si digo que eso
es parte de ello?

Eli lo estudió por un momento, sus ojos ambos en el espejo. —Ellos lo saben,
pero es un no-hables-sobre-la-cosa, ¿es eso?

Quinn asintió con la cabeza.

—Por supuesto. —Eli sonrió—. Me gusta ser el centro de atención. —Volvió la


espalda al espejo y miró directamente a Quinn. La evaluadora mirada se sentía
incómodamente acusadora sin sus reflexiones como amortiguador. Después de unos
segundos, los ojos de Eli se ablandaron y puso las manos sobre los hombros de Quinn

53
—. Me gustaría poder hacer algo con tu pelo, pero me temo que supera mi capacidad.
—Se movió alrededor para enredar el pequeño rizo en la banda.

Con tiempo y la falta de aparcamiento como problema, Eli dejó que Quinn
condujera alrededor del bloque, con la promesa de estar fuera en quince minutos. Así
que Eli casi dejó caer la toalla a su paso por la sala de estar cuando se enteró de que
Quinn ocupaba una gran cantidad de minúsculo espacio.

—Encontré un lugar para aparcar. Marcy me dejó entrar —Quinn asintió a la


nueva compañera de piso de Eli.

La amiga de Eli, Casey, había bajado a Carolina del Norte para terminar su
licenciatura en alguna carrera terminada en “ología”. Eli se alegró de haber descubierto
lo que quería hacer, pero su sustituta había fastidiado seriamente hasta la dinámica del
hogar. Si tenía que asistir a otra reunión casera que se convirtiera en un debate sobre la
eliminación adecuada de los suministros femeninos, de la que, hola, él debía ser
excusado, iba a vomitar. Eli forzó una sonrisa para Marcy y corrió a su diminuta
habitación.

Ahora que Quinn había admitido por qué estaba arrastrando a Eli por delante al
evento familiar, ya había previsto lo que llevaría, y solo le llevó unos minutos meterse
en ello. Lo suficiente, sin embargo, para que Marcy se moviera del sofá a unos
centímetros de la nariz de Quinn. Dios, ¿era ella tan estúpida o simplemente patética?
Eli salió y deslizó la mano en la de Quinn.

Quinn enroscó sus dedos. Sus ojos brillaban cuando trajo los nudillos de Eli a su
boca para rozar un beso en ellas. —¿Listo?

Eli le devolvió la sonrisa. —Si tú lo estás.

—¿Has olvidado tu delineador de ojos, Eli? —La sonrisa de Marcy mostró los
dientes.

Estaba en la punta de la lengua de Eli preguntar si Marcy había olvidado el


nombre de un salón de belleza para que le depilaran las cejas, pero estaba tratando de
ser amable.

—Gracias por dejarme entrar, Marcy —ofreció Quinn, y luego salieron por la
puerta y bajaron las escaleras—. Tu compañera de piso. Yo…

—Adelante, dilo.

—Dios, es realmente una perra.

54
—Maldita sea, ahora te debo dos mamadas. —Eli se detuvo en la escalera arriba
y Quinn le dio un beso rápido que se convirtió en algo de mucho más tiempo y más
agradable de lo que había planeado. Quinn dejó a Eli hacer el trabajo, y se sentía
extraño estar colgado de él y empujando su lengua en una diferente textura y sabor.
Extraño, pero lo suficientemente bueno para hacer que sus entrañas se inundaran con el
calor y la necesidad. Dejó que Quinn se fuera, estudiando su rostro mientras se
enderezaba. Sus ojos permanecieron cerrados durante un segundo, y cuando los abrió,
su atención fue derecha a los labios de Eli.

La mirada se quedó suave cuando Quinn puso el pulgar en la boca de Eli. —


Creo que lo voy a intentar durante una semana. —Alisó la capucha del jersey colgando
sobre el cuello de la chaqueta de algodón de Eli—. Me gustas más con tu ropa de
jódeme... —dio los golpes a Eli detrás de la oreja— ... pero todavía eres…

—Si va en serio lo de una mamada, no digas lindo.

—Excitante.

Eli sacudió su pelo libremente hasta que colgó por su rostro. —Agradablemente
a salvo.

Llegaron tarde. Dado que era más o menos lo habitual en el mundo de Eli, eso
no le molestaba mucho. Además, no era su fiesta. No estaba dispuesto a echarle la culpa
a Quinn por sujetarle contra el mostrador, porque, bueno, una mamada. Pero estaba el
hecho de que Quinn no se había quedado en el coche como Eli le dijo que hiciera. No
podía exactamente decir por qué le irritaba tanto, la visión de Quinn ocupando todo el
espacio de la sala, a sabiendas de que Eli tenía una toalla de Bob Esponja, o que su
habitación en el frente del apartamento era apenas más grande que el colchón de tamaño
completo en el suelo. Sí, eso le molestó lo suficiente como para dejar que toda la culpa
recayera sobre Quinn.

Por supuesto, Quinn podría echarle la culpa al hecho de que Eli se bajara del
coche y se quedó mirando el gran edificio de piedra, el rosetón de vidrio tintado y la
etiqueta de Iglesia Católica Romana St. Agnes.

—¿Católica? —Había estado esperando Episcopaliana o una de las otras


denominaciones agradables que no asumían de inmediato que se quemaría en el infierno
para siempre porque tuviera sexo con hombres. ¿No había dicho Quinn que su familia
sabía que era gay?

—¿Vienes? —Quinn miró hacia atrás.

55
No por un tiempo. Solo la presencia de toda esa desaprobación sería suficiente
para mantener su polla suave durante horas5. Eli lo alcanzó.

Las cosas no habían comenzado aún, pero se hizo un silencio de expectación


mientras avanzaban por el pasillo central. Quinn parecía dirigirse a un banco a mitad de
camino de unas cosas de oro brillantes en el altar cuando una mujer mayor salió de la
segunda fila e hizo un gesto hacia ellos. Bueno, a Quinn. Aunque ella sonreía mientras
Eli pasaba junto a ella y su bolso y zapatos a juego y su marido en el interior del banco.
La mamá de Quinn, si es que esa era la dama, tenía el cabello rubio plateado y casi un
sentido bastante decente de la moda.

Tan pronto como el culo de Eli golpeó el duro banco de madera, el contacto le
recordó exactamente lo que había estado haciendo la noche anterior. Podía ver la
racional construcción de la iglesia detrás, el hombre sufriendo mirando hacia ti mientras
tú sufrías en la madera realmente dura después de un fin de semana divertido. Lo
suficiente como para provocar culpa.

—Tío Winn. —Un soplo de dulce pegajoso golpeó la mejilla de Eli, y Quinn se
dirigió al banco que estaba detrás de ellos.

—Ey, Tommy el Terror. —Quinn se movió hacia atrás al niño que sin duda fue
bien nombrado, ya que estaba de pie en la agradable falda de su madre.

—No. —Su madre recogió a Tommy el Terror de nuevo en su regazo—. No lo


alientes. Tiene que aprender a estarse quieto.

Un brazo masculino dio una palmada a Quinn en el hombro, y Quinn ofreció un


apretón de manos amistoso en el asiento de atrás.

El tipo tenía el pelo castaño arenoso, la mujer rubia. Era difícil decir cuál podría
ser hermano o cuñado de Quinn. De hecho, la madre, el padre, o la siguiente
generación, ninguno de ellos parecía que pudiera estar relacionado con el hombre Alto,
Oscuro y Sexy que estaba junto a él. Los hombres no eran bajos o suaves, pero no
tenían los larguiruchos músculos y la cara magra de Quinn.

Eli se dio cuenta de que no era el único que miraba. El hombre que se había
apoderado del antebrazo de Quinn estaba dando a Eli una constante mirada de arriba
abajo sin el menor rastro de encontrar aprobación. Eli tenía la idea de que le estaba
midiendo para un ataúd.

—Dennis Laurent. —El hombre ofreció su nombre sin una sonrisa. El apellido
no sirvió de nada. No habían llegado tan lejos como para un apellido.
5
Bueno, aquí se trata de una frase de doble sentido. Le pregunta es ¿vienes?, pero Eli se
queda con la connotación sexual del término: “venirse” o “correrse”.

56
—Este es Eli —dijo Quinn con una sonrisa suficiente para los dos.

—Hola, Eli. Soy Paula. —La mujer mantuvo un firme control sobre Tommy el
Terror, pero Eli dio un gesto amistoso—. Ya conociste a Tommy y esta es Faith. —Ella
inclinó la cabeza hacia una niña preadolescente con cintas en el pelo que estaba
haciendo caso omiso de su familia en favor de cualquier material de lectura que había
encontrado en el estante en su banco.

Eli tuvo la tentación de seguir su ejemplo, si no pensara que el material podría


entrar en combustión espontánea cuando lo tocara. Cuando Quinn había invitado a Eli a
seguir adelante, se había olvidado por completo de lo complicado que la total empresa
familiar podría ser. Era fácil de hacer, no teniendo una propia. Se había visto a sí mismo
ofreciendo apoyo a Quinn si las cosas llegaban a la desaprobación con un poco de raro
humor no-son-gente-hétero, pero por la mirada constante que Dennis le estaba dando,
Eli pensó que él podría ser el que necesitara protección.

Hubo un murmullo general y algunas notas de calentamiento con el órgano


cuando una puerta lateral se abrió y una mujer que parecía un poco más mayor que Eli
se coló en el banco detrás de ellos. Obtuvo una severa mirada de la madre que ella
devolvió con una sonrisa impenitente. Ella le dio una palmadita a Quinn en la nuca
antes de sentarse al lado a la familia de Dennis-Paula.

Eli quería besarla, en la mejilla. No solo llegó más tarde que ellos, sino que las
puntas de su cabello rubio eran de un desvanecido plata magenta. Esperaba que fuera la
hermana de Quinn. De hecho, esperaba que si se diera la vuelta y sugiriera una carrera
por ello, podrían estar fuera de la iglesia antes de que los chicos que llevaban en trajes
desempeñaran juntos su actuación. Pero el órgano tocó algunas notas y todo el mundo
se puso de pie. La madre empezó y un repertorio abrió el camino.

Eli aprovechó el libro compartido y la cubierta de mal canto para susurrar al


oído de Quinn. —No tengo ganas de poner mi culo de nuevo en tan duro asiento,
muchas gracias.

El aliento de Quinn se quedó entrecortado sobre la palabra cordero. —En la


iglesia no. —Pero Eli oyó un rastro de diversión en esa queja.

Las cosas se prolongaron. Eli buscó el material en el estante delante de él,


apenas controlando una susurrada nota cuando se encontró con un programa de papel.
El bautismo a seguir, la misa del sábado a las 10:30. Sí, muchas gracias, Quinn. Saltó
las familias hasta que encontró al bebé Laurent. Bien. Ahora podía identificar a los
actores. Miró a su alrededor mientras revisaba los nombres.

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El inadvertido bebé: Gabriel. Madre: Christine Laurent. Si se enderezaba muy
recto, ouch, podía ver a una mujer rubia en el primer banco. Las personas mayores a su
izquierda debían ser sus padres, los abuelos con el apellido DeForest. Ahora, el resto.
Padre, Peter Laurent. Otro rubio, más alto, en el primer banco. Abuelos de Laurent:
Claire, la chica con la sonrisa agradable y sentido de la moda, y Roger. Padrinos: Alyssa
Laurent y ¡aja! Quinn Maloney. Bueno, eso explica un poco lo que Quinn estaba
haciendo en el medio de todas esas rubias.

Quinn no subió para la comunión como la mamá y el papá lo hicieron, como


otros miembros de la familia lo hicieron, Eli echó una mirada a los padres del bebé
Gabriel. El Dennis Laurent detrás de él y el padre del bebé eran claramente hermanos.
¿Tal vez Quinn fuera un primo? ¿Y qué hay de la madre? Pero eran Laurents, quienes
parecían conocerle bien.

Mientras sus padres se fueron arriba para tomar un refresco, la madrina de las
puntas magenta se deslizó en su banco justo al lado de Eli, que estaba de rodillas, en
serio agradecimiento de que la presión estuviera fuera de su culo. Esperaba que Dios
tuviera sentido del humor acerca de su oración.

Ella le dio un codazo. —Alyssa. Excuñada. ¿Y tú eres?

¿Excuñada? ¿Quinn había estado casado con uno de ellos? ¿Estaba él… no, en
esta familia tendría que haber estado ella… muerta? ¿Llegaba a ser un ex si el cónyuge
fallecía? No. Entonces, el divorcio. Los católicos no se divorcian, excepto cuando lo
hacían. ¿Estaba ella aquí? La familia parecía muy feliz de ver a su excuñado que ahora
era gay con una muy joven cita masculina, la mirada firme de Dennis siendo la
excepción. Podría parecer que Eli había estado mirando telenovela en la red.

Eli se dio cuenta de que su boca se había quedado congelada mientras trabajaba
en eso, y Alyssa lo miraba con los ojos abiertos, esperando una respuesta. —Um, Eli —
dijo como si no estuviera seguro de cuál era su nombre. Por el momento, no lo estaba.

—Encantado de conocerte, Um Eli.

De alguna manera, cuando se suponía que debían ofrecer a sus vecinos el beso
de la paz, los labios de Quinn estaban, por lo demás, ocupados hasta el punto donde se
movía alrededor de Eli para llegar a Alyssa.

Eli oyó de Quinn “Ni una palabra o le digo a todo el mundo que tienes la fiebre
6
Bieber ”, mientras abrazaba a su excuñada. Tal y como las amenazas iban, Eli pensó que
era bastante eficaz.

6
Se refiere a Justin Bieber el joven cantante canadiense ídolo de muchas jovencitas
preadolescentes.

58
Aceptó un beso de Paula y un apretón de manos tanto de Dennis como de Faith.
Tommy estaba durmiendo en el hombro de su madre.

Si Quinn pensaba que callar a Alyssa le salvaría de preguntas, estaba engañado,


pero esperarían hasta que se metiera en el coche. Al menos eso es lo que se dijo Eli a sí
mismo cuando Quinn y Alyssa se acercaron a tomar sus lugares como padrinos del
bebé. Hasta ahora nadie había actuado como si Quinn hubiera hecho cualquier cosa
extraña al traer a Eli al bautismo del sobrino de su exesposa. Si realmente fuera una
telenovela, la ex estallaría en la iglesia justo antes del final del espectáculo del día.

No lo hizo.

Eli se preguntó si había otra razón por la que estaba aquí, pero a menos que
consiguiera que Alyssa hablara de nuevo, no estaba seguro de que fuera a escucharlo.
Realmente, ¿qué le debía Quinn, en base al sexo de la noche anterior y el favor de hoy?
Definitivamente no la historia de su vida. Si Eli tenía cualquier esperanza de tener su
curiosidad saciada, iba a tener que esperar a que Alyssa no tuviera demasiado miedo de
ser descubierta como una fan del príncipe de los preadolescentes.

Eli observaba y escuchaba cómo los padres y padrinos hacían sus promesas
sobre traer a los hijos a la Iglesia en nombre de los bebés. Era como una línea santa de
ensamblaje. Posando para las fotos con los católicos de nuevo cuño que seguían. Se
puso de pie a un lado cuando Peter, el padre, puso al bebé Gabriel en los brazos de
Quinn. Quizás Eli estuvo tan centrado en averiguar las cosas que estaba inventando en
su cabeza, pero en ese momento las cámaras y las conversaciones se detuvieron
abruptamente. Una mirada pasó entre Peter y Quinn, de no más de un segundo de
duración, pero las mejillas del rubio se sonrojaron y dio un paso atrás, y todo se aclaró
de forma chispeante en la cabeza de Eli.

Una capilla lateral prometía escapada, y Eli se metió en ella, mirando las velas a
los pies de lo que suponía era Santa Agnes, que tenía una hoja de palma y un cordero en
sus brazos. Se preguntó qué clase de historia horripilante había ganado su santidad.
Parecía muy serena al respecto ahora. Eli deseaba poder conseguir en su cara esa
inexpresividad, sobre todo cuando Quinn le encontró unos minutos después.

—¿Te molesta? —preguntó Eli.

—¿Qué?

Eli sabía que Quinn no estaba jugando a hacerse el tonto. Había un par de
maneras diferentes de interpretar eso. Seleccionó su primera pregunta del día, medio
esperando que una pelea lo sacara de este embrollo. —Repetir ese “Cuento” en voz alta
allí. Sobre la iglesia.

59
Quinn no se enojó, solo tomó dos dólares de su cartera y los introdujo en una
ranura en una caja de latón junto a las velas. —No es un cuento para mí. —Echó un
vistazo por encima a Eli—. Dame un minuto, ¿de acuerdo?

Quinn encendió una vela y se arrodilló junto a la barandilla, con la cabeza


inclinada sobre sus manos. Eli solo lo había conocido durante doce horas, pero Quinn
era muy fácil de leer. Por supuesto que él nunca sería el que apartara a un matrimonio.
Quinn era el tipo de hombre que satisfacía sus compromisos. El padre del bebé había
sido el que se largó, y por la reacción de la familia, Quinn no se merecía eso. Entonces,
¿cómo terminará todo agradable y dulce con Quinn siendo padrino del bebé? Dada la
mirada entre ellos, las cosas no habían terminado, y menos del lado del nuevo padre.

Quinn había dicho que traía a Eli por delante en parte para hacer la gran
declaración gay. Ahora Eli sabía cuál era la otra parte. Quinn quería quedar por encima
de su ex, tal vez darle celos. Eli no sabía por qué Quinn no podía haber salido y
preguntado, pero está bien, esto lo podría hacer Eli. Diablos, esto sería bueno. En el
momento en que lo terminara, el antiguo amor de Quinn estaría tan pálido como la hoja
de la palma que Santa Agnes tenía en la mano.

Quinn se levantó. —¿Listo para una fiesta?

—Nací preparado, cariño. —Eli tomó la mano de Quinn.

El viaje en coche hasta el almuerzo fue en su mayoría en silencio mientras Eli


trataba de encontrar una emisora de música decente dado que el coche de Quinn no
tenía ninguna conexión para su iPod. Cuando Eli pulsó el botón de nuevo para escapar
de un anuncio comercial, Quinn dijo:

—Estate tranquilo.

—Lo estoy digiriendo.

Quinn le dio esa sonrisa, con la que ambos se estaban reían y con Eli. —¿Qué?

—Información.

Doce, bien, trece horas de conocimiento no le daban a Eli ningún derecho al


pasado de Quinn ni a estar enojado por haber sido utilizado para hacer que alguien se
pusiera celoso. Como por un segundo, Eli estaba entusiasmado con ello. Quinn era un
buen tipo, y no tardó mucho tiempo en entender que Peter el hijo de puta, disculpas a la
agradable Claire Laurent, había hecho daño a Quinn. Había una cosa que Eli no había

60
sido capaz de averiguar por su cuenta, y no sabía si Alyssa tendría plena información
de ello.

A medida que se detuvo en el aparcamiento, se desabrochó el cinturón de


seguridad y abrió la puerta. —Solo una pregunta.

—¿Solo una? —Esa maldita sonrisa de nuevo.

—Peter, el exnovio por el que me trajiste aquí para ponerle celoso, ¿dejó a esa
mujer embarazada antes o después de que te dejara?

61
Capítulo Seis

Quinn no supo cuánto tiempo se quedó sentado en el coche. Pero el portazo del
coche fue un eco lejano y Eli ya había desaparecido en la taberna Brickdoor cuando
Quinn logró sacudirse de la sorpresa. Por qué debería seguir estando sorprendido de
cualquier cosa que Eli hiciera, Quinn no lo sabía, pero sería mejor seguir a Eli antes de
que tuviera la oportunidad de dejar al resto de la familia con la boca abierta como un
pez recién capturado.

Contuvo el aliento de alivio cuando encontró a Eli en la puerta de entrada,


colgando su chaqueta de algodón en el perchero.

Eli ladeó la cabeza a Quinn. —Hace un poco de calor aquí. —Se despojó de la
capucha del suéter azul, también, y luego se desabrochó el siguiente botón de la camisa
deportiva para revelar la cadena de plata y comenzó a enrollar sus mangas. La camisa
estaba plagada de costuras metálicas y estrechas franjas brillantes de color azul brillante
contra fondo negro. Quinn había estado esperando pasar el dedo sobre las líneas para
ver si eran tan sedosas como parecían. En realidad, quería poner desesperadamente sus
manos sobre Eli, y la camisa sería una buena excusa.

Pero el sonido de las risas y la conversación recordaron a Quinn por qué estaban
allí. —Ella no lo sabe —susurró.

—¿Quién?

—La esposa de Peter. Ella no sabe... acerca de mí. Acerca de nosotros. De mí y


de Peter.

Ahora Eli parecía que debería ser el que devolviera la mirada desde detrás del
cristal en el Acuario Nacional. Su boca se abrió y se cerró. —¿Me estás tomando el
pelo?

Quinn negó con la cabeza.

—Eso es lo…

—Aquí estáis chicos. —Por supuesto que Chrissy los encontraría.

62
Todo detrás de la caja torácica de Quinn se contrajo bajo la conocida
combinación de ansiedad y la culpa. Debido a que ella debería saber. Tenía derecho a
saber lo que podría esperar en el camino, pero nunca podía ser él el que se lo dijera.

Ella cambió a Gabe al otro hombro. —Eli. Es muy agradable conocerte. Alyssa
nos dijo tu nombre dado que aquí Quinn te ha estado guardando como un secreto.

—Sí, es un tipo reservado, nuestro Quinn. —Eli le dio una gran sonrisa y puso
su brazo alrededor de su cintura—. Voy a tener que hablar con él sobre eso.

—Bueno, al menos finalmente te trajo por aquí para que conocieras a la familia.
Y hablando de eso, toma. Creo que eres el único que no le ha sostenido. Toma la
oportunidad ahora. Solo cámbiale.

Pegó el bebé en el pecho de Eli, y él lo agarró. Parecía que nunca había


manejado algo tan exótico como un bebé de un mes de edad, pero después de un poco
de malabares, metió a Gabe en su hombro, sin perder el contacto de la mano por un
instante.

Chrissy se rió. —Deberías haber intentado sostenerlo en ese vestido de satén que
Claire nos prestó. Era escurridizo como una anguila. —Ella puso su mano sobre el
brazo de Quinn—. Quiero darte las gracias por ser su padrino. Significa mucho para
nosotros dos.

—No lo podía rechazar. No después de que se lo pidieras delante de todos en el


cumpleaños de papá. —Peter se acercó por detrás a su esposa, abarrotando el pequeño
vestíbulo.

—Quinn me ha estado diciendo lo orgulloso que estaba de que se lo pidiera —


dijo Eli, en un ligero vaivén de sus caderas que podría deberse al bebé, pero el
movimiento le recordó a Quinn el aspecto cachondo que Eli parecía cuando bailaba.
Hombre, Eli era un condenado espectáculo.

—¿En serio? —El deleite en la voz de Chrissy hizo que la culpa estrujara a
Quinn lo suficiente para expulsar ese recuerdo.

—No recuerdo tu nombre. —Peter puso su brazo alrededor de su esposa, y


Quinn pensó que si iba a quedar atrapado en una farsa francesa, por lo menos debería
haber una puerta adicional alrededor para escapar.

—Eli. Guau. —Él sacudió el bebé—. Este es un gran chico el que tienes aquí.
Debe salir a su papá.

63
Solo alguien que conociera a Peter así, alguien que hubiera pasado sus manos
por ese pecho, agarrado su cintura y le hubiera abrazado cuando sus cuerpos se
estrellaban juntos, podría realmente decirlo a través de su camisa, pero Peter había
engordado en torno a unos diez kilos de más después de su matrimonio. En ese
momento, salir con una pieza de culo atractiva con delineador de ojos negro se
consideraba como uno de los mejores planes que Quinn nunca había hecho.

—Todo el mundo está esperando. —Peter se volvió y entró en el restaurante.

—Es adorable, gracias por dejarme sostenerlo. —Eli devolvió Gabe a Chrissy.

Ella estaba radiante. —De nada. A todos nos gusta Quinn, ya sabes.

—Lo sé. Es muy difícil luchar contra ello. ¿Por qué intentarlo? —Eli lanzó un
guiño a Quinn.

O tal vez salir con un trozo de culo a su manera-demasiado-inteligente con el


delineador negro fuera lo más peligroso que Quinn hubiera hecho nunca.

Quinn se pegó al lado de Eli, aunque no podía ceder a la forma en que su mano
ardía en deseos de viajar posesivamente, casi con orgullo, a la parte inferior de la
espalda de Eli. La costumbre estaba demasiado bien arraigada de todos los años que
pasó en torno a los Laurents cuando estaba con Peter. La familia sabía, Dennis lo había
dicho sin pensar dado que Peter probablemente nunca lo habría hecho, pero los términos
de cariño o contacto físico cruzaron alguna línea no escrita.

Parecía que Eli no podía permanecer conforme a una norma si su vida


dependiera de ello. Incluso el padre de Peter, Roger, se rió con Eli con algún comentario
astuto de la política de Baltimore. Roger, como conservador, ya que solo un policía
jubilado podría serlo, Eli le golpeó ligeramente en el hombro y le preguntó qué estaba
bebiendo.

Eli encantó a Claire con tímidas sonrisas, aunque Quinn estaba razonablemente
seguro de que Eli nunca había sentido vergüenza de nada en su vida. Mientras salpicaba
su historia imaginaria con ligeros toques de brazo a Quinn y derecho, al del bebé,
diciéndole lo contento que estaba de conocerla dado que Quinn hablaba a menudo de
ella, Quinn se sentía como si una carga de sonidos hubiera estallado junto a su oído,
dejándolo conmocionado.

Sintonizó de nuevo cuando Eli dijo:

—Planté bulbos de iris en el patio trasero, pero las ardillas siguen


desenterrándolos.

64
—¿En serio? ¿Dónde?

—¿Conoces el espacio entre la forsitia 7 y el cobertizo?

¿Cómo diablos Eli sabía cómo era el patio trasero de Quinn? Casi todo lo que
Quinn había hecho después de traer a Eli en la casa era joderle. Quinn imaginó ese
bocadito de culo en la cocina esta mañana. Cierto. Eli se había levantado temprano, y la
ventana de la cocina daba al patio trasero.

—No —dijo Claire con una sonrisa arrepentida de su voz—. Quinn nunca nos ha
llevado a su nueva casa. Pero tal vez ahora que tú estás en la foto, podamos arreglar eso.
Dame tu dirección de correo electrónico, y te enviaré un artículo acerca de los bulbos.

—Eso sería genial, Claire. Gracias.

Sus dos camareros habían empezado a sacar las ensaladas, por lo que Quinn
instó a Eli hacia un asiento con algo parecido al alivio. Con años de experiencia en la
mesa Laurent, Quinn sabía que Claire, Paula y Alyssa eran perfectamente capaces de
mantener una conversación sin que nadie más participara. La pequeña actuación de Eli
quedaría eclipsada.

Debido a que la suerte de los irlandeses era cierta para este Maloney, él y Eli
terminaron frente a la mesa de Peter y el asiento vacío que Quinn sabía que Chrissy y el
bebé ocuparían.

Alyssa no había llegado al asiento junto a Peter antes de que chillara:

—¡Oh Dios mío! Por fin. Te lo pusiste. Se ve muy bien en ti.

Quinn miró hacia abajo. Se había quitado la chaqueta. Rombos púrpura. Dios le
ayudara.

—¿Tú le compraste ese suéter? Tenemos que ir de compras totalmente. —La


voz de Eli había adquirido un sonsonete de afectación que no era nada que Quinn
hubiera oído en él antes, pero muy familiar para cualquiera que hubiera visto a un
hombre gay estereotipado en televisión. En un minuto, Eli comenzaría a chasquear los
dedos—. El armario de Quinn viene en dos colores: gris y grisáceo.

—Cuenta conmigo para ir de compras —dijo Paula.

—Conmigo también. —Chrissy se deslizó en su asiento, entregando una


compleja pieza de equipo de bebé y el bebé a Peter.
7
Forsitia es un género de plantas fanerógamas en la familia de las oleáceas (familia del olivo).
Hay cerca de 11 especies, la mayoría nativas del este de Asia, aunque al menos hay una
procedente del sudeste de Europa. El género se nombró en honor de William Forsyth

65
Arrastró una mesa vacía y puso el vehículo en ella. De pie detrás de su esposa, le
disparó a Quinn una mirada de disgusto.

—Quinn odia ir de compras —dijo Alyssa como si eso fuera similar a odiar a los
cachorros.

—Lo sé, ¿no? —agregó Eli en ese mismo tono—. A veces ni siquiera yo estoy
seguro de que sea gay.

La silla de Peter hizo un sonido chirriante mientras la arrastraba y se sentó.


Incapaz de encontrarse con la mirada de Peter, Quinn miró a Dennis por ayuda. Dennis,
que había estado en su espalda desde la Academia, solo miraba cómo Quinn había
perdido la cabeza. Todo lo que Quinn podía esperar era que la sordera selectiva de
Roger hubiera surtido efecto.

—El suéter se ve muy guapo en ti, querido —dijo Claire suavemente.

—Vamos a trabajar en eso —susurró Eli falsamente a Alyssa.

Quinn puso su mano en el muslo de Eli como una advertencia.

No había salvación viniendo de las mujeres charlatanas. Claire dejó de ofrecer su


habitual llamada a la acción sobre la última amenaza de salud que había descubierto on
line. Alyssa luchó contra un ataque de risa, mordiéndose los labios, con las mejillas
redondas como ardillas. Paula estaba ocupada con aullar a Faith que estaba lanzando
elementos no deseado de su ensalada sobre el mantel.

Crujiendo una tostada, Quinn empujó con más fuerza en el muslo de Eli, rezando
para que le evitara saltar al vacío conversacional.

Con una sonrisa que merecía un puñetazo en la mandíbula, Dennis dijo:

—Entonces, ¿cómo os conocisteis?

—¿Por qué no le cuentas la historia, cariño? —Eli se volvió para hacer frente a
Quinn con una expresión medio entrecerrada que Quinn supuso debía de ser romántica,
pero le hizo a Quinn pensar en la manera en que los ojos de Eli oscuros por el rímel
habían parecido cuando se corrió.

Quinn hizo un gesto con la barbilla en dirección a Faith. No era una cubierta
completa. El encuentro no era exactamente adecuado para los oídos de una niña de
nueve años de edad.

—Ah. —Guiñó Alyssa—. Hablaremos más tarde. —Ella hizo un gesto entre ella
y Eli.

66
—Puedes apostar. —Eli le devolvió el guiño.

Deseando que su mano estuviera dejando moratones en el culo del mocoso en


lugar del descanso en su muslo, Quinn trató con un pellizco justo encima de la
entrepierna. No estaba seguro de que dejara una huella a través del algodón hasta que
Eli se estremeció.

Un teléfono sonó, y Peter se apartó de la mesa lo suficiente como para


comprobar su pantalla antes de meter el teléfono de nuevo en su funda.

—No sabía que estuvieras de guardia. —Chrissy se volvió hacia su marido.

La mano de Peter se detuvo en el acto de llevar una enorme hoja de lechuga a la


boca. —No lo estoy. La fuerza de la costumbre.

A un bombero siempre le podían llamar, Quinn sabía muy bien, pero esperaba
que el Dios Peter no utilizara sus viejos trucos con un completamente nuevo bebé que
sería el que sufriera esta vez.

—¿A qué te dedicas? —preguntó Eli.

—Bombero en la ciudad —murmuró Peter—. Apuesto a que estás en la escuela.

Eli negó con la cabeza. —Trabajo para un periódico.

—¿Repartidor de periódicos?

—Dios, Peter. Cualquiera diría que estás celoso —dijo Chrissy con una risa
ligera.

En el silencio ensordecedor que siguió, Quinn se perdió su puñalada a un tomate


cherry. Se salió del plato, rebotó en la cesta de panecillos y dejó un rastro de aliño
mientras giraba hacia el otro extremo de la mesa donde Roger lo atrapó y se lo comió.

—En realidad, soy fotógrafo. —La voz de Eli era alegre.

Claire captó el tema al fin. —Eso es maravilloso. Ya sabes, ahora que Gabriel
está aquí, quiero tener un nuevo retrato de familia.

Eli descansó el tenedor y el cuchillo en el borde del plato de ensalada. —No


tengo un estudio ni nada. Hacemos todo el trabajo digitalmente.

—Eso es exactamente lo que quiero. La familia tiene ahora una página web, por
lo que sería perfecto.

67
La actualización de la página web de Claire con el resto de los Laurents y su
propia familia fue el tema de la ensalada y lo que pareció una eternidad de platos que
eran despejados para que los camareros sacaran carne asada y verduras, el estilo de la
familia.

—No eres vegetariano, ¿verdad, Eli? —preguntó Paula.

—Nop. —Eli se sirvió dos finas rebanadas de centro rojizo antes de pasar el
plato a Alyssa—. Mi amigo Nate lo es, sin embargo. Come tantas cosas saludables que
me ponen enfermo.

Faith pidió aclaraciones sobre el vegetarianismo, declaró una afiliación recién


descubierta y alcanzó otro rollo. Su madre le dejó un montón de brócoli y zanahorias en
su plato y colocó el rollo de nuevo.

—¿Dónde está tu niño? —preguntó Eli.

—Con mis padres. Pensé que podríamos disfrutar de una comida sin él
recreando la batalla de Verdún en torno a nuestras piernas. —Paula inclinó la cabeza
para mirar debajo de la mesa—. Gracias por eso, papá —le gritó a Roger.

—Roger es un experto en historia militar. —Quinn se relajó cuando la


conversación ya no parecía como si fuera un campo de minas—. Es voluntario en Torsk
y Taney.

—En el museo de barcos en los muelles —aclaró Alyssa.

—Genial. —Eli agregó algunas zanahorias a su plato—. Tal vez podría


conseguir que el periódico hiciera un reportaje. Hablaré con Nate.

—¿Tu amigo vegetariano es tu jefe? —preguntó Alyssa. La palabra vegetariano


hico que Faith mirara a su madre y empujara la montaña de verduras que le habían
dado.

—Entre otras cosas. —Eli le guiñó—. Pero eso fue en el pasado. —Palmeó el
brazo de Quinn, y Quinn empezó a contar los segundos para la siguiente explosión.

No tuvo que esperar mucho. Eli no iba a abandonar el escenario ahora.

—Quinn es tan afortunado de teneros a todos. ¿Te acuerdas del año pasado con
Kellan Brooks? ¿Él estaba en “Consigue un trabajo” con Kimmie Stafford?

—¿Aquel cuyo padre es el jefe de Brooks Blast? ¿Las bebidas energéticas? —Si
se trataba de cultura pop, Alyssa lo conocía—. Así es. Reveló su homosexualidad
púbicamente. Todo fue a través de Internet. Te mostré eso, mamá.

68
No todo trataba de la parte de Quinn de Internet, porque no tenía ni idea de lo
que estaban hablando.

—Su padre lo desheredó después de que lo hiciera. Se alejó de todo ese dinero
para estar con Nate. —No había nada afectado en la voz de Eli ahora. Fuerte y cálida
con asombro, que sonaba como culto al héroe—. Sé que es un hecho que Kellan rechazó
medio millón solo por ser sincero acerca de quién es.

El sonido de los cubiertos en los platos del restaurante hizo eco con las
consecuencias de esa bomba de conversación. Quinn no sabía si todo el mundo que no
mirara a Peter era mucho mejor que si todos miraban todo. Eli había claramente
establecido y detonado eso desde una distancia segura. Puede ser que fuera dirigido a
Peter, pero la metralla llovió abajo a Quinn con un corte profundo.

Quizás Eli tuviera un objetivo más amplio en mente. Quinn sabía que se lo
merecía. No había sido sincero con Eli. Y la idea de encontrarse con la mirada de
Chrissy hizo que su cabeza doliera.

Gabe acudió al rescate de su padre con un quejido breve y luego un profundo


grito visceral. Peter se levantó antes de que Chrissy pudiera parpadear. —Lo cogeré yo.

—Así que. ¿Cuáles son tus planes para las vacaciones? —dijo Claire.

Eli extendió su brazo sobre el respaldo del sillón de Quinn. —Quinn habla de
llevarme a Hawai.

Quinn se atragantó con el agua helada. Debería haber tomado una cerveza. —
Eso es…

—¿Quieres decir que no estaríais aquí para Navidad? —Claire estaba


horrorizada.

—Bueno, está todavía en el aire —dijo Eli.

Quinn volvió una mirada constante, amenazadora sobre él. Surtía efecto en un
hosco quinceañero. Pero Eli estaba hecho de otra pasta. Le devolvió la sonrisa y
continuó. —No estamos seguros. Todo es tan inestable con las uniones civiles y los
matrimonios.

Bajo una corriente de excitación de Alyssa y Paula, Quinn oyó a Dennis


ahogarse, —¿matrimonio?

Quinn comenzó a sopesar las ventajas de asesinato por encima de las del
suicidio.

69
De alguna manera Quinn logró durar hasta el postre sin tener que decidir sobre
una u otra opción. Bebió un poco de café, dio dos mordiscos a la torta demasiado dulce
y miró con anhelo los pasteles que habían sido una fuente de controversia adicional
cuando Faith decidió que era adicta al azúcar en su lugar. Eli había sido arrastrado por
un napoleón y un éclair mientras Quinn se pegó al café negro, maldiciendo su
metabolismo de treinta y cinco años y tratando de no pensar en lo obsceno que el
chocolate y la crema se veían en la boca de Eli.

Mientras Quinn sujetaba sus dos cincuentas para el traje de bautizo que apareció
en la mesa de regalos, las mujeres se agruparon en torno a Gabe que estaba haciendo
algo aparentemente precioso. Dennis y Peter habían seguido a su padre al bar, y Eli
estaba a punto de desaparecer en el baño de hombres. Quinn lo alcanzó en el pasillo
estrecho.

—¿Qué demonios crees que estás haciendo?

—¿Qué te parece? Te juro que tu exsuegro está tratando de emborracharme. Ese


era el tercer whisky canadiense al que me ha invitado.

—No digas…

—¿Whisky? —Eli parpadeó lentamente—. ¿O suegro? Si me vas a seguir


dentro, dame un minuto, porque realmente tengo que hacer pis.

Quinn era un hombre paciente. Enseñaba a adolescentes, por el amor de Cristo.


Sin embargo, inclinar la cabeza hacia atrás contra el signo Budweiser en el
revestimiento de madera oscura no hizo nada para controlar su necesidad de sacudir a
Eli y exigir saber qué coño hacía tan divertido el joder la vida de Quinn. Saber que
quería seguir la diatriba empujando su polla hasta arriba en el culo de Eli y lo degustaría
durante un mes, no ayudó tampoco.

Cuando entró en el cuarto de baño, Eli encontró su mirada en el espejo donde se


lavaba las manos. Eli pasó la lengua por los labios, y Quinn se vio a sí mismo. Sus
mejillas estaban encendidas, los ojos duros y centrados, el suéter colgado sobre su
pecho. Una cosa que no parecía era viejo. Cruzó los brazos sobre el pecho.

—Exactamente, ¿qué estás haciendo? Y no digas que lavarte las manos o


simplemente sentarte en un cojín, parecerán carbones encendidos en el momento en que
te haya hecho ampollas tu culo.

Eli parpadeó de nuevo, sonrió y pasó un dedo frío a lo largo del cuello en V del
suéter de Quinn. —Mmm. Excitante. Pero prefiero guardar ese tipo de cosas para la
cama, papá.

70
Quinn no tembló, incluso si la sacudida de su cuerpo pudiera calificarse como
una. La química entre ellos no tenía nada que ver con que Eli actuara de esa manera
delante de la familia.

Agarró la mano de Eli y la apretó, obligándole a su lado. —Escucha, pedazo de


mierda, no entres aquí como si tal cosa y…

—Yo no entré como si nada. Tú me invitaste. —Eli apartó su mano liberándola y


señaló con el dedo el pecho de Quinn—. Y no creo que no me invitaras a hacer
exactamente lo que hice.

La ira golpeó candente y fuerte en las sienes de Quinn, tensó su columna


vertebral, obligó a sus manos a apretarse en puños. Dio un paso atrás.

Eli siguió presionando a Quinn contra el lavabo. —Querías que Peter pensara
que seguiste adelante. Querías que todos recordaran el gran elefante gay en la habitación
del que ninguno de vosotros puede hablar a causa de Peter. Yo hice todo eso.

La ira no era por Eli ahora. Era por sí mismo, porque no había ninguna discusión
con eso. Punzarse a sí mismo no ayudaría, sin embargo, así que aflojó los puños.

—Ahora. —Eli le aprisionó de una manera totalmente diferente, la columna


vertebral y las caderas moviéndose fluidamente—. Sabías lo que pasaría cuando me
seguiste aquí y fue no solo para putearme. —Enganchó un dedo en el cinturón de Quinn
—. Jesús. Me miras como si eso me pusiera duro. Vamos. —Tiró de Quinn por el
cinturón al compartimento y llegó a su alrededor para cerrar la puerta.

Eli pasó un brazo alrededor del cuello de Quinn, arrastrándolo hacia abajo, otra
mano desenganchando el cinturón, la bragueta.

—No puedo. —Pero las palabras de Quinn era un gemido ineficaz contra los
labios de Eli. ¿Había sabido que esto iba a suceder cuando vino aquí?

—Podemos y estamos. Así que date prisa.

Eli lamió y chupó el labio inferior de Quinn, el antebrazo deslizándose sobre la


polla de Quinn mientras Eli tenía sus propios pantalones abiertos.

—¿Y si alguien…?

Eli se recostó contra la barrera del compartimento, una pierna deslizándose


arriba para envolver el muslo de Quinn.

—Oh. —Las manos de Quinn aterrizaron en el culo de Eli, empujando debajo de


la ropa para encontrar la piel, y levantarla—. Dios, sí.

71
Eli envolvió las piernas alrededor de las caderas de Quinn, una mano ocupada
con sus pollas juntas, trabajando en la humedad que podía conseguir desde las puntas
cuando empezaran a molerse.

Los dedos de Quinn se clavaron dentro, y la boca de Eli se abrió en un casi


silencioso gemido. Quinn se zambulló en su boca, chocolate, crema, luego solo calor y
la lengua de Eli encontrándose con la suya. El sentido común de Quinn salió de su
cerebro, viajando en el flujo sanguíneo hasta sus huevos, donde los dedos de Eli
jugueteaban y tiraban, lo bastante fuerte para que el dolor se endulzara cuando sus ejes
se rozaron juntos. Era sucio, crudo, caliente y más estúpido que cualquier cosa que
Quinn incluso hubiera logrado como un caliente adolescente desesperado. Su, la de
Peter, familia estaba allí fuera, y él estaba follando en el compartimento de un baño.

La boca y la lengua de Eli imitaban lo que su mano y sus dedos estaban


haciendo, acariciando a lo largo de los labios de Quinn en largas lamidas cuando sus
dedos encontraron las formas bajo la tensa piel de su escroto. Lentos, húmedos besos
como la palma de su mano presionaban contra la dura carne, un movimiento de lengua
para perseguir su pulgar sobre la cabeza y luego una mamada profunda mientras tiraba.

Las caderas de Quinn aceleraron el ritmo, conduciendo sus pollas juntas, y Eli se
aferró a sus hombros ahora, apretando las piernas. Vagamente el cerebro de Quinn envió
una bandera de advertencia sobre la endeble construcción y quedarse atrapado cuando el
compartimento se derrumbara a su alrededor, pero Quinn le dijo a su cerebro que se
fuera a la mierda, y levantó a Eli más alto, consiguiendo el perfecto arrastre de la piel y
lamidas de la cabeza de la polla.

Eli abrió la boca. —Por favor.

La palabra hizo que el placer más dulce recorriera sus conductos, todo
poniéndole tan caliente en la punta de su polla, que quemaba.

Eli envolvió un dedo en el rizo del largo pelo en la nuca de Quinn y tiró.

—Adelante, cariño. Te tengo. —Quinn respiró a lo largo del sudor en el cuello


de Eli.

—Tócame. Vamos. Lo necesito.

Oh, Cristo. Eli lo mataría, joder. Agarrando con más fuerza, avanzó con el dedo
índice en el cálido pliegue, encontró las aterciopeladas ondas húmedas por el sudor de
Eli. Suave, pero duro también.

—Relájate.

72
—Al diablo con eso. Ahora.

Quinn presionó. Eli se sacudió.

—Sí. Dame dos.

Quinn alineó otro y empujó. Eli saltaba y se mecía contra él. Tratar de retenerlo,
mantenerlos juntos, era como tratar de aferrarse a ese momento preciso antes de correrse
cuando todo era brillante y perfecto como las chispas construidas hasta el punto de no
retorno. Entonces todo se vertió.

Arqueándose hacia atrás, Eli agarró dos puñados del suéter y enroscó sus manos
alrededor de él, ahogando sus gemidos en el hombro de Quinn mientras se bombeaba
caliente y resbaladizo entre sus cuerpos. El calor húmedo deslizándose sobre la polla de
Quinn era todo lo que necesitaba para seguir sobre el límite, las caderas sacudiéndose y
los dientes clavándose en su labio para evitar gritar.

Quinn logró mantener sus pies, arrastrando a Eli hacia él como un tornillo en la
pared clavado, flojo. El compartimento se sacudía y se acomodó, sorprendentemente
todavía en posición vertical.

Quinn quería hundirse en las sucias baldosas, pero aguantó cuando su


respiración se ralentizó y Eli intentó separarse sin dejar semen en todo su ropa. Fue un
éxito marginal. El vestuario estaba al otro lado del pasillo. Después de limpiarse, una
carrera les conseguiría la protección extra de otra capa y luego tal vez una rápida
desaparición.

Eli inclinó la cabeza mientras se limpiaba con el papel higiénico. —Creo que
hemos salvado la mayor parte del suéter. —Enganchó los pantalones de nuevo por
encima de su culo y miró a los dos—. El lavabo ayudará.

Quinn se encontró con la mirada de Eli y la sostuvo. En menos de veinticuatro


horas, este pedazo de culo con delineador negro, Eli, cuyo apellido ni siquiera sabía,
apenas unos años mayor que los chicos de su clase, había reescrito completamente todas
las reglas que Quinn seguía para mantener su vida en un camino pacífico.

Tendría que haber estado furioso, debería haber tenido miedo, y lo tenía, pero
esos sentimientos restaron protagonismo a una abrumadora sensación de gratitud,

flotando en una ola de alegría, como estar atrapado en una suave lluvia de verano que
aclaraba el peso del calor y la humedad.

73
Reaccionó a ello de la forma en que se había parado en esa dulce ducha, bebido
de la fuente.

Los ojos de Eli eran cautelosos, pero se cerraron cuando Quinn le dio un beso
lento. Eli se retiró, pero Quinn lo tomó debajo de la mandíbula y lo besó alejando esa
resistencia. Casi tan pronto como Eli estaba besándole de nuevo, se estaba acercando
para abrir la puerta.

—Creo que será mejor que veamos si podemos salvar la ropa con un poco de
agua.

—Echaré una carrera y conseguiré las chaquetas —prometió Quinn.

Pero no lo hizo.

Debido a que, apoyado en la puerta, bloqueándola con una mueca de todo el


cuerpo, estaba Peter.

74
Capítulo Siete

Eli siguió a Quinn fuera del compartimento y sintió que su cuerpo estallaba en
tensión. —¿Qué? —Eli miró alrededor de Quinn y atrapó la visión de su exnovio
recientemente heterosexual.

—Oh.

—¿No podías mantenerlo en los pantalones durante una hora? —La voz de Peter
estaba llena de odio—. Hay niños aquí.

—Dudo que tengamos que preocuparnos acerca de Faith en el baño de hombres.


Sabe leer. Y si Gabe llega aquí por su cuenta, creo que hay mucho más de lo que
deberíamos estar hablando. —Quinn estaba más tranquilo de lo que Eli podría haber
logrado, a pesar de que Eli sentía la necesidad absurda de llegar a su alrededor. No
meterse entre ellos para romper una potencial lucha, sino proteger a Quinn de la mirada
que Peter había nivelado con su ex. Una que decía ¿qué diablos vi alguna vez en ti?

—Tal vez ese pedazo de basura que arrastraste por delante para humillarme no
sepa cómo se comportan las personas decentes, pero…

Quinn no levantó la voz, pero el suave tono tenía un filo que atravesó la queja de
Peter. —Vigila tu jodida boca con él.

Eli había tenido suficiente de quedarse en segundo plano. Dio un paso delante de
Quinn. —Yo me encargo de este, cariño.

La cara de Peter era de un rojo manchado. Podría haberse hinchado con cólera,
pero Eli vio el destello de algo en sus ojos, lo había visto en un montón de ojos de los
hombres.

Eli ignoró las maniobras de Quinn entre el lavabo y los urinarios para volver al
frente, y se mantuvo firme. —Este pedazo de basura puede no saber cómo la gente
decente se comporta, pero tiene un agudo sentido del olfato. Alguien además de los dos
disfrutó aquí dentro, y no esperes que yo crea que uno de los viejos tipos del bar entró
para censurar el porno gay en vivo.

Peter se sonrojó profundamente. —He estado aquí de pie para asegurarme de


que no os atraparan. Para proteger a mi familia de…

75
—Hemos cubierto los niños, y tu padre y tu hermano no me parece que sean del
tipo de personas que queden marcados de por vida si se tropiezan con gente que tiene
relaciones sexuales.

—La gente normal no tiene relaciones sexuales en un baño. ¿Qué clase de cosa
eres? —Se mofó Peter.

Quinn puso su mano en la espalda de Eli, y Eli dio un paso más con
determinación entre ellos. —Yo soy la clase de cosa que Quinn eligió. Cuando te
estabas masturbando aquí, ¿qué conseguiste más? ¿El recuerdo de su cuerpo? Dios, él es
fuerte. ¿La forma en que suena? ¿Los gruñidos que hace? Todo es mío ahora. ¿Cómo se
siente eso, Peter?

Peter se volvió hacia los urinarios. —Llévatelo de aquí, Quinn. Derecho al


infierno ahora.

—Me aseguraré de decir adiós a tu bella esposa. —Eli dejó que Quinn lo
empujara a través de la puerta, pero cuando parecía que Quinn iba a quedarse atrás, Eli
agarró su mano.

—No. —Eli tiró—. Déjalo. Él creó su propio jodido lío.

—Cálmate, Peter —fue todo lo Quinn dijo antes de seguir a Eli a la alcoba
donde estaban sus chaquetas.

—Toma. —Eli entregó a Quinn su chaqueta y se puso la suya propia. Después de


meter la manchada cola de su camisa en los pantalones, rogando que nadie lo viera
parecer un nerd, le entregó su suéter con capucha a Quinn—. Mantén esta por encima de
tu brazo delante de la mancha. Ahí.

—Eli…

—Lo sé. Yo soy algo más. —Eli extendió el jersey un poco—. Solo un servicio
más que ofrezco. Diles que tengo que ir a hacer fotos para algo.

—¿Una emergencia fotográfica? ¿En la comunidad de las artes? —Quinn emitió


una sonrisa sin su burla habitual en ella.

—Puede ser bastante salvaje. —Eli asintió solemnemente, entonces se centró en


abrocharse la chaqueta. Esa sonrisa estaba asustando de forma letal, sobre todo para un
tipo con dos whiskys canadienses, un orgasmo reciente y Peter-necesita-su-culo-lleno de
adrenalina en su sistema. No es de extrañar que el estómago de Eli estuviera dando
volteretas de nuevo. Pero tan sorprendente como la sonrisa era, Eli había tenido más
que suficiente de diversión disfuncional para un día.

76
—Siento tanto que tengas que salir —dijo Claire, y Eli logró mantener su abrazo
confinado a una palmadita. Pudo haber estado exagerando acerca de su sentido del
olfato, pero estaba bastante seguro de que él y Quinn no estaban exactamente exudando
frescura—. Te llamaré y organizaremos un rato para la foto de familia, ¿de acuerdo? —
Continuó, manteniéndose firme en su brazo—. Asegúrate de llevar una cámara que
tenga un temporizador para que puedas estar en la foto también.

—Por supuesto.

—Y no te olvides de nuestra cita de tiendas —agregó Alyssa.

—Estoy tan contenta de que fueras parte de esto. —Chrissy logró tener sus
brazos alrededor de Quinn, aunque mantuvo valientemente el suéter envuelto por
delante—. Sé que significó mucho para Peter.

Eli apenas logró evitar tragar la lengua.

Chrissy les dejó ir con un “estaremos en contacto”, y luego llegó con seguridad
al estacionamiento.

Quinn se acomodó en el asiento del conductor con un largo suspiro. —Gracias.


Creo. —Puso en marcha el coche—. ¿A dónde?

—Iba a sugerir tu casa otra vez. Tenía el completo post del Facebook planeado.
Mis treinta y siete horas de cita.

—¿Pero ahora?

—Mi apartamento estaría bien, gracias.

—Supongo que te debo algún tipo de explicación. —Quinn miró hacia delante,
pero no puso el coche en marcha.

—No me debes nada, de verdad. Me jodiste. Me harté. Podría haber saltado el


tema de la iglesia, pero aparte de eso, no fue una mala cita. Créeme. Las he tenido
peores.

—Eso suena como a una historia interesante. —Quinn dio marcha atrás fuera del
espacio y se dirigió hacia el este fuera de la playa de estacionamiento.

—Yo no beso y lo digo.

—¿Excepto en Facebook?

—Iba a ser muy general, lo juro. Nunca doy detalles incriminatorios como
tatuajes o perversiones de papá.

77
Las manos de Quinn se apretaron sobre el volante. —Nunca había hecho eso
antes.

Eli no había encontrado a nadie que le diera tanto como pudiera soportar antes
tampoco, pero no iba a admitir eso. —¿En serio? Eres natural. Me encantó.

El silencio les siguió al centro de la ciudad. Mientras esperaban la luz en


Broadway enfrente de Johns Hopkins, Quinn se volvió hacia él.

—Diez años —dijo él, sin necesidad de aclaración.

—Joder. —Eli no podía imaginar esa longitud de tiempo. Estar con alguien, vivir
en cualquier lugar, tener el mismo trabajo. Diez años. Tener algo que se sintiera tan
sólido y luego…— Maldita sea.

Quinn se encogió de hombros y tomó la izquierda en Fayette. —Lo gracioso es


que soy mucho más feliz ahora.

Eli no lo era. El peso de ello parecía presionarle en el asiento. Quería salir y


correr el resto del camino. No había ningún aparcamiento, por lo que Eli estaba
agradecido, pero no había nada de tráfico ávido para mover a Quinn por delante cuando
estacionó en doble fila frente al apartamento.

—Así que te debo una —dijo Quinn.

Le debía… oh. Su acuerdo. Pero Eli estaba pensando en diez años de familia
donde de repente no pertenecía ya. Cómo Quinn lo soportaba estando alrededor de ellos,
porque, ¿qué? ¿sentían pena por él?

—No hay problema, como he dicho.

La media sonrisa de Quinn parecía vacilante en este momento. —Eli, quiero


volver a verte.

—Eres encantador.

Las cejas de Quinn se alzaron. —¿Encantador?

—Y atractivo. Y jodidamente increíble en la cama. Pero el completo asunto, es


un poco más complicado de lo que me siento cómodo.

—Bienvenido a la vida, chico.

—Y gracias por poner fin a esto con una nota condescendiente, papá. —Eli
empujó para abrir la puerta.

78
—Espera. —Quinn retorció un dedo en el cinturón de Eli, pero en lugar de
ganarse un toque, lo que habría hecho mucho por arreglar su último estúpido
comentario, pescó el teléfono de Eli de su bolsillo. Jugueteó con él durante un par de
segundos antes de devolverlo. —Ahora tienes mi número si cambias de opinión. —
Desabrochó el cinturón del asiento.

Eli suponía que un beso no sería un mal final tampoco, pero Quinn no lo besó.
Giró la solapa de Eli alrededor de un puño y arrastró a Eli suficientemente cerca como
para gruñir en su oído. —Porque yo siempre cumplo mis promesas.

Eli se quitó su ropa y la hacinó en la parte superior de la bolsa de la lavandería.


No es que tuviera el dinero suficiente para hacer la colada. O para escribir el cheque por
su parte compartida de la renta que Marcy iba a tener en su cara aunque fuera solo la
décima y que técnicamente no sería tarde hasta la décimoquinta.

—Pero se debe desde la primera —ella le había gimoteado de nuevo, como lo


había hecho desde que se mudó. Lo cual no sería un problema excepto bla-bla-bla,
dejando caer los ingresos por publicidad y si Nate podía mantener a cualquier fotógrafo
en el personal, podría mantener a Eli. Pero cuando la mayoría de los escritores del
personal fueron recortados, también se lo hizo a Eli, y ahora se redujo a que le pagaran
por asignación.

Y nada de eso sería un asco casi tanto como si el sexo más intenso de la vida de
Eli no hubiera sucedido con un completamente no disponible, colgado-de-su-idiota ex,
envuelto-en-drama-familiar, atractivo, magnífico, sexy hombre no-del-todo-idiota
arrogante.

Se dejó caer sobre el colchón. Si Casey no se hubiera mudado hacia alguna parte
de Carolina del Norte, se sentaría en el sofá y analizaría a Quinn hasta que Eli o borrara
su número o descubriera una manera de conseguir sexo increíble sin complicaciones.

Alguien entró por la puerta principal y por el pasillo hasta la cocina. Marcy.
Siempre que venía a casa, dejaba su escondite de cremas robadas y artificiales
edulcorantes, limón, kétchup y paquetes de Tabasco y todo lo que hubiera metido en el
bolso. Entonces suspiraba y abría la nevera, suspiraba y la cerraba, la abría de nuevo
como si el contenido hubiera cambiado y luego la cerraba. Siempre estaba a dieta. Eli
tenía la tentación de comer una caja entera de helado frente a ella todas las noches ya
que nunca ganaba un kilo, pero lo vomitaría antes de que penetrara en su espeso cráneo.

Tenía que salir pitando. Todo lo demás era demasiado complicado de soportar,
pero desde que Nate y Kellan se había mudado a un apartamento con una lavandería en
el sótano, y era casi culpa de Nate que Eli no tuviera dinero, ahora por lo menos tenía un
plan.

79
Eli vio a Nate arrastrar su moto por la puerta principal del edificio y corrió el
último cuarto de un bloque. El peso de su mochila de lavandería y los dos refrescos que
había traído como soborno hicieron que los últimos diez pasos fueran un endiablado
esfuerzo, sobre todo cuando Nate levantó la vista y lo miró.

—¿Ahora me estás acosando en mi casa? Te dije que no te necesito hasta el


próximo fin de semana.

—Solo estoy interesado en tus instalaciones en estos momentos. —Eli se volvió


lo suficiente para que Nate viera la bolsa.

Una ventana se abrió encima de la cabeza. —Vamos sube, Eli. —La voz
profunda de Kellan flotó hasta abajo.

Cuando Eli salió al pasillo, dijo:

—¿No hay nada, sin embargo? ¿Ninguna asignación? ¿Algo más que pueda
hacer? ¿Archivar? ¿Limpieza?

El rostro de Nate se tensó. Alguien que no le conociera pensaría que estaba loco,
pero Eli no se dejó engañar. Colgando un brazo alrededor de los hombros de Eli, Nate
murmuró:

—Haría cualquier cosa si pudiera, ya sabes. No me gusta esto.

Una gran cantidad de la rudeza de Nate se le había quitado después de un año de


vida con la sonrisa de Kellan. Pero Eli estaba todo sudado de su carrera por lo que se
escabulló del abrazo. —Lo sé.

Nate cogió la bolsa de ropa del hombro de Eli y se dirigió hacia el sótano. —¿Al
menos dime que trajiste tu propio detergente?

Eli extendió las manos. —Era pesado.

—Tienes suerte de que a Kellan le gustes. —Nate empujó la bolsa de nuevo a Eli
y tomó la bolsa de la compra.

—Oh, Kellan me gusta.

—Lo único por lo que te gusta es porque le llevas soda. —Nate llegó a las
escaleras, y Eli arrastró su ropa al sótano de cemento de rancio olor.

Después de que su ropa estuvo doblada y la metiera en la bolsa, Eli se ofreció a


hacer la cena como agradecimiento. Nate sustituyó la gran sartén que Eli había
desenterrado del armario.

80
—No, gracias. Estábamos planeando... —La mirada de Nate se dirigió sobre el
hombro de Eli en dirección a Kellan— ...pedirla —terminó con un suspiro y un rodar de
ojos en blanco.

A Eli no le importaba. Estaba teniendo una crisis. Kellan y Nate podrían joder o
cualquier otra cosa que hubieran estado planeando en otra ocasión.

Kellan sacó su teléfono antes de que Nate pudiera terminar de exhalar. —Pizza,
completamente vegetal, ya viene.

—¿Pizza? —Las cejas de Nate se alzaron.

—Después de la pasada noche, ya sabes que merezco algo mejor que la espuma
de fríjoles. —Kellan tenía una voz sexy y profunda con un murmullo de risas en ella,
pero no podía hacer que Eli temblara como lo hacía la de Quinn.

Eli se apoyó en el mostrador. —Oooh. Quiero detalles.

—Ni de broma. —Pero Kellan puso su brazo alrededor de los hombros de Eli y
se inclinó a su lado—. En cambio, nos puedes hablar acerca del alto, oscuro y…

—¿Viejo? —sugirió Nate.

Con una mirada intencionada a Nate, Eli se apartó del armario. —Dame un viejo
cualquier día, porque ese fue absolutamente el mejor sexo de mi vida entera. —Metió la
mano en la nevera por una botella de agua y la frotó sobre su cara y cuello—. Me pongo
caliente solo de pensar en ello.

—Ouch. Anotado. —La risa de Kellan retumbó a través de la cocina.

Nate se cruzó de brazos. —Si fue tan bueno, ¿por qué nos azotas con tu
presencia cuando podrías estar teniendo el mejor sexo de tu existencia entera? —Su
tono no necesitaba las comillas en el aire. Lo hizo su mueca que las hizo por él. —¿Le
diste un ataque al corazón? ¿Le dejaste sin sus pequeñas pastillas azules?

Eli limpió un poco de la condensación de la botella, entonces lamió el pulgar. —


Nop. Le dejé soltarse. Genial en la cama. Del tipo que tiene demasiado equipaje.

—¿Además de las cosas debajo de sus ojos?

Eli hizo un ruido sibilante que tuvo a la gata de Nate, Quan Yin, lloriqueando de
nuevo. —Un paso atrás, Kellan. Creo que estamos a punto de que salga una reina.
¿Celoso, Nate?

—Sé serio —se burló Nate.

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—Suena un poco celoso de mí. —Kellan recogió a Yin y la abrazó. Ella se dejó
caer con satisfacción en la cuna de su brazo.

—Serías más feliz si te citaras con chicos más cerca de tu edad.

—Ey Gray — dijo Eli como si se dirigiera a Nate en la columna de consejos que
hacía para el periódico—. ¿Pedí tu consejo?

—No vas a encontrar una especie de sustituto para…

—¿El padre que lanzó mi culo a la calle mientras yo todavía estaba en la escuela
secundaria? Dios, recibe unos pocos cursos de psicología en la universidad y también
puedes ser una molestia, imbécil sabelotodo. ¿Crees que eso es lo que Kellan está
haciendo? ¿Buscando un padre sustituto?

Eli se preguntaba cómo Nate podría escribir su consejo si siempre tenía que
juzgar, a la defensiva, con la cosa de los brazos cruzados.

—Kellan es diferente. Su padre…

—Todo el mundo es diferente. —Eli levantó las manos—. Yo soy diferente. ¿Se
te ha ocurrido pensar que a lo mejor salgo con chicos mayores porque son sexys? ¿Y
por lo general tienen su mierda organizada?

Nate parpadeó, pero no respondió.

—Los chicos de mi edad son jodidos niños. O acaban de salir del armario, o lo
han tenido tan fácil que no tienen ni idea de cómo es la vida. Nunca han tenido que
preocuparse por dónde van a vivir. —Eli tragó duro. Esa era una de las cosas por las que
había venido hasta aquí, para dejar de pensar.

Yin saltó sobre la mesa de la cocina y afiló sus garras en el papel antes de
estirarse. Eli pasó una mano por el pelo largo y luego frotó la cara en su pelaje. Eso le
hizo sentirse mejor durante un segundo. Le gustaría tener un gato, pero ya tenía
suficientes problemas para mantener un techo sobre su cabeza.

Sintió a Nate venir detrás de él, pero se escabulló en una de las sillas de la
cocina y se mantuvo acariciando a Yin. Cuando estuvo seguro de que su rostro estaba
bajo control, miró arriba. —¿Dónde está Kellan?

—Probablemente fue a recoger la pizza. No le gusta cuando las cosas se dicen


en voz alta.

—Y sin embargo, vive contigo.

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—Nos las arreglamos. —El rostro de Nate se retorció en una sonrisa irónica.

Eli frotó a Yin detrás de las orejas hasta que ronroneó y se acomodó contra su
brazo.

Nate era uno de los gilipollas más obstinados en el planeta, pero vivir con Kellan
había hecho más que suavizar sus rudezas. En realidad le dio un poco de don de gentes.
Dejó pasar unos minutos más de momento silencioso antes de decir:

—Háblame de este tipo. Me comprometo a evitar dispensar mi consejo


sabelotodo durante noventa segundos.

—Eso sería una especie de récord. Creo que estás tratando de recoger
sugerencias sexuales.

—No necesito ninguna.

—Realmente no. —Kellan volvió de nuevo y deslizó la caja sobre la mesa. Yin
la olfateó, le dio a Kellan una mirada decepcionada, saltó y se alejó, la suave y
esponjosa cola enroscada con desdén—. Quiero escuchar esto también.

—No hay nada que contar. —Eli cogió un trozo de la caja.

—¿Cómo te enteraste sobre ese equipaje, entonces? —preguntó Kellan.

—Me llevó a conocer a su familia.

Nate se atragantó. Kellan golpeó su espalda y le dijo:

—Antes o después que... —Agitó la porción de pizza en la mano.

Era algo adorable que Kellan aún pudiera ponerse un poco tímido sobre el sexo
gay. —¿Ser jodido? —Eli terminó por él—. Después. —Recordó el cuarto de baño. Oh
sí—. Y antes.

Nate tomó un largo trago. —¿Así que también te propuso? —logró sacar.

—No fue así. Exactamente. Tenía una cosa a la que tenía que ir. Y no era
exactamente su familia.

—Eso es un montón de no exactamentes. Pégate a la fotografía y júrame que


nunca tratarás de escribir —sugirió Nate.

—Deja de editar a toda la población de la tierra y déjale que cuente la historia —


dijo Kellan.

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Eli estaba disfrutando de esto ahora. Se movió fuera del alcance directo y vio a
Nate tomar otro bocado de pizza.

—Él ya tenía planes de ir a un bautizo. La familia de su exnovio, pero todavía


son cercanos.

Nate se tragó la pizza y tomó su refresco. —¿La familia o el novio?

—La familia, en su mayoría, pero Quinn se presentó como padrino del bebé. —
Eli vio la bebida de Nate—. A pesar de que su exnovio es el padre del bebé.

La crema de soda X-treme salió lanzada en un aerosol a través de la cocina.

Había partes de Nate que nunca cambiarían. Eli levantó una servilleta. —Dios,
eres tan jodidamente tranquilo .

Eli no sabía mucho, además de lo esencial de la telenovela de Quinn y Peter y


Chrissy, así que no había muchos detalles que dar. En realidad no había llegado aquí
para el consejo “Oye” de Nate Gray, que tendía a ser suficientemente sarcástico y cínico
como para vender periódicos. Por mucho que amara a Nate, era con Kellan con quien
Eli quería hablar sin los comentarios ácidos de Nate quemando agujeros en la
conversación.

Cuando Kellan arrojó la basura y envolvió las otras dos rebanadas de pizza,
Nate se apartó de la mesa.

—Tengo que terminar mi columna de esta semana.

El Oye, Eli, no dejes que la puerta te golpee a la salida llegó tan claro como si
Eli llevara un traductor de Nate. Poniendo una cara tan patética y una voz tan
quejumbrosa como pudo, Eli dijo:

—¿Puedo pasar la noche? —Ante la mirada silenciosa entre sus amigos, agregó
—: Ella me odia. No sé por qué.

—En el sofá —acordó Nate con un suspiro.

—Pero tenéis una de tamaño king, y juro que mis manos se quedarán en la parte
superior de las mantas.

—El sofá —dijo Kellan con firmeza.

Nate pasó un brazo alrededor de los hombros de Eli. —Compórtate.

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Eli logró esquivar el beso que siguió lo suficiente como para que se posara en su
oreja. —Sí, exjefe. —No pudo evitar el ligero golpe sobre su culo. Solo le recordó
dónde no pasaba la noche.

—¿Quieres ver una película? —Kellan cayó en el sofá, las piernas estiradas
sobre la mesa de café, con el mando en la mano.

Eli se apresuró a meter la cabeza en el regazo de Kellan antes de que Yin pudiera
robar el sitio. —Todavía no puedo creer que te permita una TV, y mucho menos una
más grande que un iPad. Debe ser verdadero amor. —Eli se acomodó a su lado, con las
piernas estiradas, la cabeza sobre los muslos de Kellan.

Kellan se detuvo a mirar anuncios a la demanda, apoyando una mano sobre la


cabeza de Eli. —¿Y eso te saca de quicio?

—¿Eh?

—El que Nate esté conmigo, quiero decir.

—No. Ya te dije eso cuando os juntasteis.

—¿Sí? —Los dedos de Kellan acariciaron el pelo de Eli hasta que Eli quiso
ronronear como Yin—. Entonces, ¿por qué no dejas que te bese o te abrace como tú me
haces a mí?

No tenía nada que ver con estar enamorado de Nate. No es que Eli realmente lo
hubiera estado. Solo había pensado que lo estaba. Pensaba que después de que hubieran
follado, Eli podría usar a Nate para un poco más de sexo y tal vez un status de novio.
Pero entonces Eli había visto a Nate y Kellan mirarse el uno al otro, esa única vez,
aquella primera noche que Kellan se quedó. Eli sabía que había estado totalmente
equivocado. Eso era amor. No estaba diciendo que creyera en almas gemelas o lo que
sea, pero había sabido en ese momento que Nate estaba completamente no disponible.
Por siempre.

Eli hizo un gesto con la mano, volteando la muñeca. —Pero, querido, lo he


hecho. Eres algo misterioso.

—Sí, claro. ¿Es la cosa del trabajo? Sabes, vomitó toda la noche antes de que
empezara a decírtelo.

—No es el trabajo tampoco. —Advirtiendo a Yin que saliera del regazo de


Kellan con una mirada, Eli se acomodó para poder hacer entender a Kellan—. Me
encanta él, os quiero a los dos, pero no de esa manera. Si piensa que estoy enojado con
él, le haré una mamada, ¿de acuerdo?

85
—No, no lo harás—. Kellan tiró de la cabeza de Eli hacia abajo pero la mantuvo
cuidadosamente en sus muslos.

Kellan dejó caer el tema. Menos mal, porque Eli no estaba seguro exactamente
qué contestarle. Era diferente con Kellan. No es que Eli no hubiera entrado en la cama
con él si Kellan hubiera ligado con él antes de que él y Nate se conocieran, pero dado
que Eli y Kellan no se habían —no lo harían nunca—, acariciado, no se sentía muy
diferente que si Eli fuera el gato de Kellan.

Kellan empezó a pasar los dedos por el pelo de Eli de nuevo y hacer clic en una
película que comenzó con una explosión y sirenas, o tal vez Kellan había reanudado
para ver otra cosa. A Kellan le encantaban las películas de desastres. A Eli no le
importaba, siempre y cuando esos dedos se mantuvieran acariciando su cabello para que
pudiera vagar a la deriva en el placer.

Tal vez se quedó dormido porque lo siguiente que supo fue que su teléfono sonó
con un mensaje de texto.

Huelo las sábanas de anoche. Voy a masturbarme. Lástima que te lo pierdas.

Eli sonrió. Pienso que eres el que pierde la oportunidad, envió de vuelta a
Quinn. Y luego una segunda. ¿Cómo conseguiste mi número?

Lo tuve desde que te conocí.

Arrogante, dominante, sexy. Sin pensar demasiado en ello, Eli dejó que su mano
se deslizara por su cuerpo hasta la cadera y luego sobre su entrepierna.

—Eli. —La voz Kellan le advirtió de nuevo del hecho de que estaba en el sofá
de sus amigos.

—¿Qué? —Eli trató de modo inocente, pero su voz estaba un poco ronca por
eso.

—Si vas a tener sexo, dame diez segundos para salir de la habitación, ¿de
acuerdo?

—No. —Eli dobló los brazos alrededor de su pecho—. Voy a comportarme.

El volumen de las explosiones disminuyó, o tal vez fuera un momento lento de


la película. —Háblame de este tipo, de verdad —dijo Kellan.

—Es perfecto para follar, pero en serio, no puedo manejar todo ese drama
familiar.

86
Kellan debió apreciar eso. La familia era un tema delicado para ambos.

—¿Y? —instó Kellan.

—¿Y qué?

—Así que, no es como si vosotros los gais tengáis algún problema solo…

Eli torció la cabeza para mirar hacia arriba. —¿Vosotros los gais?

—Está bien. —Kellan rodó sus ojos en blanco—. No es como si nosotros los bi
o los gais no podamos hacer fácilmente amigos con beneficios. No tienes que aceptar el
asunto de la familia.

—Pero ese es el problema. Creo que Quinn es el asunto familiar.

—Entonces supongo que estás jodido.

—Gracias, muy jodido. —Eli rodó de nuevo para enfrentar la aleatoria


destrucción en la pantalla.

Kellan acariciaba su pelo otra vez. —Al menos Nate sería feliz de que
recordaras mucho las dos palabras.

—Dime que él edita sus textos.

Kellan movió suavemente la oreja de Eli. —Tal vez no te diga las cosas buenas
que dijo de ti.

—¿Qué? —Eli le miró arriba de nuevo.

—Puede que actúe como un mocoso total la mayor parte del tiempo, pero te juro
que tiene más sentido común que los chicos de dos veces su edad —citó Kellan.

—Yo estaba esperando algo sobre mi culo.

—Lo que quiero decir es que lo entenderás.

—Eso espero. —Eli empezó a quedarse dormido de nuevo cuando Kellan hacía
ese suave masaje sobre su pelo.

—Bien. Porque no te puedes pasar la vida en nuestro sofá.

87
Capítulo Ocho

—¿Y quién más estaría allí? —Quinn se metió el teléfono bajo su mejilla
mientras lavaba la taza de café en el fregadero.

—Solo la familia. —Chrissy era tan cálida y amable por teléfono como lo era en
persona. Quinn apostaba a que estaba sonriendo.

—¿Y por qué es en tu casa?

—Paula decidió que le daría una sorpresa. Se pone de mal humor en los
cumpleaños. Y la de Claire tiene el baño de abajo renovado. Sé que es poco tiempo,
pero por favor dime que ambos estaréis ahí.

¿Ambos? Quinn se tragó la palabra antes de que la sorpresa saliera de sus labios.
Eli. Bien. Cristo. Tratando de ganar tiempo, Quinn miró hacia el patio trasero. El
espacio entre el cobertizo y el arbusto forsitia estaba desnudo. Eli de nuevo.

—No estoy seguro de cuál sea el horario de trabajo esta semana.

Hubo un poco de silencio al otro extremo del teléfono. Oh. Quinn debía
probablemente preguntar a su novio imaginario cuál era su horario. —Y él no está aquí
en este momento —agregó.

—Si no puede venir el martes, podemos… El sonido del chillido de un bebé


interrumpió lo que iba a ofrecer como alternativa.

Quinn oyó a Peter de fondo. —Ey, Chris, creo que quiere esa cosa de ti que no
puedo darle.

Un momento de silencio, una mano sobre el receptor tal vez, y luego Chrissy
estaba de vuelta. —Bueno. Peter quiere hablar contigo mientras yo me ocupo de Gabe.

—Solo un minuto. —La voz de Peter fue brusca. Una puerta se abrió. Al parecer
estaban haciendo esto fuera.

—Esa fue una especie de interrupción conveniente. —¿Le pellizcaste? preguntó


Quinn.

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—No, no pellizqué a mi hijo. Jesús. —¿Cuándo fue la última vez que Peter no
había sonado cansado y amargo cuando hablaba con Quinn? Hacía más de un año, tal
vez más tiempo.

—Entonces, ¿qué es lo que quieres?

—Quería que no hubieras hecho una jodida escena en el bautizo de ayer. Pero ya
es demasiado tarde para eso, vas a arrastrar a tu pequeño pedazo de culo por aquí
porque Chrissy está convencida de que se trata de la cosa más perfecta que haya visto y
que los dos sois encantadores. —Los dientes de Peter estaban apretados, su voz tensa.

Peter probablemente ni siquiera estaba enojado. Quinn dudaba que cualquier


cosa golpeara más profundo a Peter que el instinto de conservación. Los dientes
apretados de Peter significaban que estaba tratando de no vomitar. Quinn pidió prestado
un poco de Eli, aunque su tono era seco. —Lo somos. Lo sé.

—Bueno, yo no sé a qué tipo de juego estás jugando, pero si esto es lo que se


necesita para que mi esposa…

—¿Está convencida de que nunca he tenido mi polla en tu culo? No estoy seguro


de ese buque no haya navegado. Pero creo que haría feliz a todo el mundo saber que no
tirarás la misma mierda sobre ella.

—Te lo dije. Yo soy… siempre he sido…

—Heterosexual excepto para mí. De acuerdo.

—Me importa una mierda lo que pienses. Solo asegúrate de que ambos
aparezcáis. —Peter cortó.

Siempre lo había hecho cuando estaba perdiendo una discusión. Colgar. Sacar al
perro a pasear. Decir que lo habían llamado para horas extras.

Quinn apenas había puesto el teléfono en el gancho cuando interceptó una


llamada de Alyssa, que quería saber si podía hablar con Eli y luego Claire que tenía que
decirle lo mucho que disfrutó conocer a Eli y Quinn siempre debería sentirse libre para
traer a sus amigos a conocer a la familia. Si Roger llamara para pedirle que Eli jugara a
los bolos, Quinn iba a empalarse él mismo en el tenedor de una barbacoa.

Se marchó para comprar algunos bulbos de iris para el patio trasero.

Durante las siguientes seis horas, Quinn dejó un correo de voz a Eli y un
mensaje de texto de “llámame”. Los bulbos estaban profundamente sepultados con una
cubierta de harina de huesos, y Eli aún no había vuelto a llamar. Puede que Eli no
mereciera toda la frustración creciente de Quinn, pero Eli tenía que asumir parte de la

89
culpa de este desastre. Él fue quien decidió representar la actuación del novio a la
familia, soltando mentiras hasta que los había hecho salir corriendo a Hawai para
casarse.

Quinn había hecho lo suficiente sentándose alrededor a esperar los últimos años
de su vida. Condujo al centro, aparcando en el bloque de apartamentos de Eli.

El paseo solo hizo a Quinn más decidido a esparcir toda su propia frustración.
Pero la chica de pelo muy rizado, Marcy, no fue de mucha ayuda. Después que una
chica con múltiples piercings en la cara se uniera a la conversación en la puerta, fue un
poco más fácil.

—Eli siempre olvida cargar su teléfono. —Los pinchos en sus labios brillaban
mientras hablaba—. Nate vive en Washington Hill. Esquina de Lafayette y Broadway.
Lo dejé allí una vez. Tercera puerta desde este lado de la esquina. Uh, a la izquierda, no,
derecha.

—Gracias.

Persiguiendo a Eli hacia Nate, el jefe, vegetariano exnovio, Nate, podría


realmente solo pronunciar el lado espeluznante del hombre mayor acechando al joven,
pero Quinn todavía se dirigió a Washington Hill. Encontró un lugar para aparcar y luego
trató de decirse a sí mismo que podría encontrarse con Eli en la calle. Si eso ocurriera,
no sería como si en realidad fuera y llamara a la puerta. Había unas pocas personas
disfrutando de un domingo por la tarde fuera, perros caminando sentados en escalinatas.
Ninguno de ellos era Eli.

La tercera puerta tenía tres timbres, pero dos tenían dos apellidos. Liu/James
Gray/Brooks. Allí estaba la tercera posibilidad. Schmidt. Maldita sea, deseó haber
prestado más atención al nombre que Alyssa había lanzado alrededor del tipo que había
salido del armario y rechazado el dinero de su familia. Firmemente silenciando la voz
en su cabeza que le decía que estaba más allá de acechar, miró el Charming Rag en su
teléfono inteligente y encontró la cabecera. Gray, entonces.

Pulsó el timbre, para conseguir un masculino “¿Sí?” en respuesta.

—Mi nombre es Quinn Maloney. Soy amigo de Eli. Yo…

—Mierda. ¿Pasó algo con él?

—No, pero… —Quinn no estaba seguro de poder hacerse oír por encima del
bullicio que abría la cerradura de la puerta y el que hablaba llamando a Nate.

90
Subió al apartamento del segundo piso, para encontrarse a medio camino con un
rubio de veintitantos años que era dos pulgadas y probablemente veinte libras por
encima de Quinn. Parecía familiar, y Quinn recordó encontrarse con él en el club el
viernes, aunque no pudo sacar el nombre de su memoria.

—¿Qué pasó con Eli?

—Nada. Él está bien. Yo solo…

Un hombre más bajo, más ligero, de cabello oscuro con una barba de puro chivo
asomó la cabeza. —Te lo dije. Él está bien. ¿Podemos mover el drama al interior y dejar
de dar al barrio un nuevo episodio gratuito de Teatro Queer?

Quinn les siguió hasta la cocina/sala de estar.

—Kellan. —El rubio se presentó de nuevo—. Nos conocimos en The Arena.

—Así es.

Mientras, Quinn se encontró a sí mismo siendo el objeto de dos intensas


miradas, Kellan tenía curiosidad y Nate era abiertamente hostil, un sentido de la idiotez,
si no de la naturaleza francamente perturbada, de la búsqueda de Quinn comenzó a
echar raíces completamente.

—Uh, estaba tratando de localizar a Eli, y sé que no siempre carga su teléfono.

Kellan se echó a reír. —Eli mantiene una carga de emergencia consigo. Ese
teléfono nunca lo abandona. Suministra a todos esa línea cuando no quiere hablar con
ellos.

—Así que, Quinn. —Nate se apoyó en una mesa de la cocina—. Bonitas


medidas desesperadas para una llamada caliente. Sabes, he oído que hay clubes,
servicios de citas online. Tal vez podrías conocer a alguien de tu edad.

—No es... —Debería irse. Mientras tuviera un atisbo de dignidad. ¿Qué


demonios había estado pensando persiguiendo una pieza de cola una noche por todo
Baltimore? Y peor, ¿Era porque Peter se lo dijo, maldita sea? Quinn necesitaba un
terapeuta más que una cita. Probablemente debería haber empezado a ver uno después
del hospital, como si hubieran querido que lo hiciera. —Algo ocurrió y tenemos que
hablar con él.

Nate se enderezó de su postura de hombros caídos. —Gilipollas. ¿Qué le diste?


¿Herpes? ¿La sífilis?

—No, nada de eso. —Cristo, esto es una locura. Yo estoy loco—. Olvídalo.

91
—Fue al Inner Harbor para hacer fotos —dijo Kellan.

—¿Qué diablos? —Gruñó Nate.

—Gracias. —Quinn se volvió a la puerta.

—Maloney. —La voz de Nate estalló como un comandante en un simulacro de


inspección—. No querrás que yo me cabree contigo.

Quinn asintió con la cabeza. En lugar de invitar a una defensiva ira, la


protección de Nate puso a Quinn contento de que Eli tuviera amigos que velaran por él.

Inner Harbour era una ubicación bastante general, por lo que Quinn estuvo
vagando un montón. Caía la tarde cuando encontró a Eli mirando fijamente a la gran
central eléctrica de ladrillo que se había convertido en un hogar para las cadenas de
restaurantes de lujo. A medida que el sol desaparecía, el viento empezó a soplar y la
temperatura bajó, enviando a la mayor parte de los turistas al interior.

El pelo de Eli azotaba en su rostro, pero no dejó de mirar el edificio, las líneas de
neón brillaban mientras la luz del día desaparecía. La acumulación de frustración por la
larga búsqueda, Eli removiendo la familia con su inventado romance, desapareció en un
suspiro. La nuca de Quinn cosquilleó con la liberación de tensión. Quería caminar y
envolver sus brazos alrededor de Eli, de pie a su lado hasta que Quinn comprendió lo
que Eli estaba viendo. ¿Cómo exactamente Eli había pasado de no-eres-mi-tipo a no-
puedo-mantener-mis-manos-fuera-de él en menos de dos días?

La mirada de Eli no cambió desde el edificio mientras Quinn se acercaba, pero


dijo:

—Ojalá lo hubiera visto antes de que lo arreglaran de esta manera. Antes,


cuando era industrial.

—Podría acercarte a Dundalk. Eso son todos almacenes y transporte marítimo.

Eli hizo una mueca y sacudió la cabeza. —Creo que no hay ningún sitio entre
feo y homogeneizado en un centro comercial.

—Halifax.

—¿Eh? —Eli miró hacia Quinn.

—Nova Scotia. Cuando estuve en la Marina, llegamos allí una vez. El puerto se
acondicionó con restaurantes y parques, pero es probable que se parezca más a lo que
estás pensando. Es más estrecho, tiene una vieja sensación, los barcos todavía lo
utilizan. Un montón de cruceros se detienen allí.

92
—¿Estás ofreciendo llevarme allí? —Eli se volvió hacia él, con las manos en los
bolsillos de su chaqueta vaquera. Si había estado tomando fotos, su cámara debía estar
en su mochila ahora.

—Pensé que querías ir a Hawai por nuestra luna de miel.

—Oh, está bien. —Eli miró hacia abajo. Luego se encogió de hombros y sonrió
—. Creo que me quedo con Hawai. Me pueden embalar en diez minutos.

—Eso no está en oferta tampoco.

Eli se sacudió el pelo de los ojos. —Entonces, ¿qué es lo que quieres?

Quinn sabía que la conversación iría mejor si estuvieran más cerca, tocándose.
Preferiblemente desnudos en la cama. Eli sentado en las caderas de Quinn, con las
manos trazando sus tatuajes. Ambos sudorosos y resbaladizos, pero buscando más.
Flexible no era una palabra que Quinn pensaba que nadie pudiera utilizar en relación
con Eli, pero tal vez entonces él sería receptivo.

—Hay otra fiesta.

Eli se había estado conteniendo todavía, ahora estaba rígido. —¿Y? ¿Tienes que
salir de nuevo?

—No. Todo el mundo piensa que estamos saliendo.

—¿Y? Diles que estoy fuera de la ciudad, diles que nos separamos, diles lo que
quieras. ¿Cuál es la otra mentira encima de todo ese lío?

—Tú eres el que lo convirtió en una mentira.

—¿Al igual que la mentira de que todos están diciéndose a sí mismos acerca de
ese gilipollas con el que estabas? ¿La forma en la que mientes para hacer que su farsa de
matrimonio funcione?

La ira surgió de nuevo, vibrando a lo largo de su piel. —Yo no te pedí que


hicieras otra cosa que ir conmigo.

—Considera mi trabajo un bono por el sexo increíble. De nada. Adiós. — Eli se


alejó caminando, hasta situarse en la barandilla para contemplar el agua.

Quinn le siguió. —Cualquier cosa que te hiciera enojar…

Eli se echó a reír, pero sus manos apretaron la barandilla. —Nada. Tu conciencia
está libre.

93
—No lo entiendo. Ciertamente, pareciste disfrutar.

—No, tú no lo entiendes. ¿Qué soy, algún maricón-en-una-caja para que saques


a jugar cuando necesites entretenerte?

—No. Te dije que quería volver a verte. Antes de que todo el mundo empezara a
llamarme preguntando por ti.

—No lo entiendo tampoco. ¿Quién carajo es esta gente para ti? ¿Por qué siquiera
te importa lo que piensen o hagan?

—Son mi familia. —Quinn quería gritarlo, pero lo mantuvo en un susurro.

—No, son la familia de tu ex. Pero si quieres liarte con ello, adelante. Eso sí, no
me arrastres por delante. —Las palabras tenían un toque final para ellos. Palabras dichas
antes de colgarse o alejarse, pero Eli se mantuvo en la barandilla, lo que significaba que
no había dejado de escuchar.

—Pensé que te ibas.

—Tú te vas. Yo estaba aquí primero. —Eli empujó hacia él con la cadera.

Quinn empujó hacia atrás, luchando contra una sonrisa.

El viento traía ráfagas frescas del tubo de escape del barco y el aceite de la
bahía, olores tan familiares que Quinn casi podía sentir un estruendo del motor venir a
la vida bajo sus pies, aunque no había estado en un barco en seis años.

Era una historia que a Quinn no le gustaba contar, y gracias a Dios que no tenía
que hacerlo a menudo. Las personas que importaban sabían. Ahora se lo contaba a las
olas golpeando suavemente en el puerto, y Eli podía escuchar si quería hacerlo.

—Alrededor de un año antes de que saliera del servicio, enfermé. Me dolía la


cabeza, y el cuello. Nos quedamos un día fuera de Norfolk después de seis meses en el
mar. Solo recuerdo sentirme muy enfermo, lo peor que jamás había sentido en mi vida.
Recuerdo estar confuso, y luego me desperté en el Centro Médico Naval en Bethesda
casi tres semanas después, sintiendo que prefería estar muerto. Pero Claire estaba allí.
Ella me cogió la mano cuando quería arrancarme mi propia piel del dolor que tenía.

—¿Qué fue eso?

—Meningitis bacteriana. Nos dieron una vacuna cuando nos unimos, pero cogí
una clase de la que no vacunan. Otras cuatro personas en el barco la tenían. Uno de ellos
murió, y uno de ellos está sordo. Me indujeron un coma durante el tratamiento, y Claire
bajaba todos los días. A veces con Roger, a veces con Peter o Dennis. Incluso cuando

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tenían que usar completos trajes especiales para verme, entraron. Estuve en coma
durante una semana y se sentaron conmigo. Claire me leía. Roger me leía. —Cualquier
luz se había convertido en fragmentos de vidrio lagrimando a través de los ojos hasta el
cráneo, raspando cada nervio hasta que gritaba. Había querido esconderse del dolor,
pero de alguna manera sus voces seguían arrastrándole hacia atrás.

—¿Qué hay de tus padres? —El cambio en la voz de Eli significaba que estaba
enfrentándose a Quinn ahora, pero Quinn no podía mirar las olas, las puntas afiladas de
plata y verde y el rosa de neón reflejado.

—Mi madre murió de cáncer cuando yo tenía siete años. Mi padre no daba
abasto. Me fui a vivir con mis abuelos cuando tenía doce años, pero se mudaron a
Arizona cuando entré en la Academia. Enviaban una carta.

Eli hizo un sonido de disgusto.

—Estaba apenas enderezado cuando me dieron de alta, pero en lugar de dejar


que me fuera a un centro de rehabilitación, los Laurents me llevaron a casa. —Quinn se
enderezó y soltó la barandilla—. Tuve suerte. Ninguna amputación, sin cicatrices, sin
daño cerebral. Los dolores de cabeza vuelven a veces. —El dolor de cabeza era una
palabra ridícula para el vidrio astillado en cada centímetro de su cerebro, su pelo
sintiéndose como agujas en su piel, pero eso es lo que la palabra era—. Me habría
cortado mi propio brazo antes de hacerles daño. Antes de hacer algo que molestara a
Claire. Ella me salvó la vida.

Eli abrió los brazos a lo largo de la barandilla. —Un poco de historia habría
ayudado antes de que me pusieras en el escenario.

—Subestimé tu capacidad de improvisación.

—Dame un guión esta vez. —Eli se volvió para que su espalda estuviera en la
barandilla—. ¿Cuándo es la fiesta?

—El martes a las seis y media. Es el cumpleaños de Dennis. En casa de Chrissy.

Eli hizo una mueca.

—Lo sé. Nada de guión. Solo trata de no pasarte. Tal vez bajar unos pocos
grados.

—Eso lo puedo hacer.

—Vamos, te voy a dar un paseo a casa, a menos que... —Quinn lo dejó colgar
ahí, esperando.

95
—No, gracias. Quiero caminar. —Eli empujó y se apoyó. Quinn se reunió con él
para darle un suave beso demasiado corto. —Buenas noches, Quinn.

Esta vez se alejó a pie

96
Capítulo Nueve

Sin ninguna idea en la cabeza, excepto escapar, Eli se dirigió al oeste. Sus pies
tocaban el suelo cada vez más rápido, el viento y la velocidad y el esfuerzo de hacer que
su nariz corriera hasta que tuvo que limpiarla con la manga. No importa lo lejos que
llegó desde el lugar donde había dejado a Quinn, las palabras le seguían. Me salvó la
vida. Quinn no había estado exagerando. Eli podía oír eso en su voz. Lo único que había
mantenido con vida a Quinn fue el apoyo de esa familia.

Eli no se arrepentía de nada que hubiera hecho o dicho para avergonzar a ese
imbécil de Peter, pero cuando repitió la forma en que había actuado, sabía que podía
haber sido menos obviamente manipulador con el resto de ellos. Quinn le debería
habérselo contado.

Podría haber muerto. Quinn podría haber muerto. Pero eso fue hace años. ¿Por
qué debería importarle? La sensación que mantenía a Eli huyendo del puerto,
dirigiéndole hacia los bares no tenía sentido. ¿Por qué debería la idea de que Quinn casi
hubiera muerto hacer que la garganta de Eli se apretara alrededor de las fuertes y
rápidas respiraciones que estaba tomando?

Eli no había sabido entonces, nunca lo habría sabido.

Sus pasos se desaceleraron mientras se acercaba a Grand Central. Ese había sido
su plan. Llegó al mayor lugar para buscar plan 8. Puede que encontrara una cama
diferente para dormir y así evitar la confrontación con Marcy. No sería la primera vez
que hubiera tenido relaciones sexuales con el mismo interés en un lugar donde pasar la
noche.

Metió la mano en el bolsillo para sacar la cartera, sacó su móvil y releyó los dos
últimos textos que había recibido antes de que Quinn lo localizara.

Cuidado. Kell dijo al loco acosador dónde estabas.

Se metió en un montón de problemas para encontrarte. Eso es excitante. Me cae


bien.

Eli guardó el teléfono y entró en el bar.


8
Se refiere a buscar para encontrar alguien para sexo en lugares públicos, no ligar, sino
buscar plan de manera casual, por eso utiliza la palabra “cruise”.

97
La multitud del domingo por la noche era lo suficientemente grande como para
que Eli pensara que tendría la competencia de los profesionales, si tenía la intención de
seguir adelante con ello.

¿Qué había de malo en casa? Regresaría al apartamento, le diría a Marcy que no


podía pagar el alquiler y la promesa de estar fuera en dos semanas. Y en dos semanas
tendría, se detuvo a pensar en eso y se metió en el bar, que ser más que consciente de
que no podía permitirse el lujo de una bebida. Una mano se deslizó sobre su espalda,
seguida por el peso y la presión de un cuerpo más alto junto a él. Una señal al camarero,
y Eli tuvo un ron con coca-cola frente a él. Iba a dar las gracias al chico, echarle un
vistazo y decidir lo que quería hacer, cuando la mano en su espalda se deslizó
posesivamente hacia abajo hasta la parte superior de sus pantalones vaqueros, una ligera
presión le rodeó.

Eli se dejó caer en la fantasía de que Quinn le había seguido, lo encontró tan
irresistible como el texto de Kellan sugería, en lugar de la verdad de que Eli era más que
un accesorio para mantener a la familia feliz. La mano de Quinn flotaba sobre su culo, y
Eli inclinó sus caderas para reunirse con el tacto, la piel hormigueaba, un ligero
zumbido en sus bolas mientras tragó suficiente de la bebida para mantener viva la
fantasía.

Los dedos de su culo se hundieron entre sus piernas, con un ligero roce hacia
adelante, y luego entraron en la grieta aún magullada mientras la mano agarraba fuerte.

La fantasía se evaporó. Eli se liberó. —Gracias por la bebida.

Antes de que pudiera aclararse, la mano del chico se envolvió fuerte alrededor
de la parte superior del brazo de Eli. —¿Cuál es la prisa? Estabas agitando tu culo hacia
mí muy bien.

Eli echó un buen vistazo a su cara. Duros ojos, nariz plana. Probablemente se la
había roto en un par de peleas. Grand Central atraía a un montón de hombres que eran
solamente gais cuando tenían una polla en sus bocas, hombres que vivían una vida
heterosexual fuera, que lograban escabullirse para llegar hasta aquí.

—Te dije gracias por la bebida. —Eli trató de liberarse sin convertirlo en una
especie de concurso de empujones.

—Puta.

—Mmm. —Eli sorbió el resto de su bebida y se inclinó hacia el confiado hijo de


puta—. Me gusta la charla sucia.

98
El hombre soltó el brazo y la mano de Eli se disparó, agarrando el saco de los
huevos del tipo así que tuvo su atención. —Te dije que gracias. Si estás buscando una
puta, te va a llevar un montón más que una bebida de seis dólares para superar el tener
que mirarte a la cara. Voy a seguir adelante, y tú me vas a dejar. ¿Está claro?

El hombre gruñó, con los ojos fuertemente cerrados, apretó los labios en una
mueca de dolor.

—Gracias de nuevo. —Eli se alejó a otra parte del bar.

Había inhalado la bebida lo suficientemente rápido como para conseguir un


pequeño zumbido, pero no era capaz de entrar en el espíritu de las cosas. Ninguno de los
chicos con los que hizo contacto con los ojos eran lo suficientemente atractivos, lo
suficientemente altos, o lo suficientemente interesantes como para que Eli hiciera otra
cosa que desviar su mirada lejos como disculpa.

Estaba pensando en sacar su teléfono y jugar un juego para matar el tiempo en


caso de que algo mejor se presentara más tarde, cuando alguien se agolpó desde atrás
mientras observaba a unos chicos jugar al billar. Si era el mismo idiota de antes, Eli iba
a arrancarle las pelotas y dárseles de comer.

—No pareces del tipo de solo ver —dijo una voz vagamente familiar en su oído
mientras que un interesante paquete presionaba en la parte baja de su espalda.

Eli no iba a cometer el mismo error dos veces. Se dio la vuelta.

—Jesús. —Rodando los ojos azules bajo las pestañas arenosas, parpadeó
sorprendido.

—Joder. —Eli sabía que sus propios ojos tenían que estar saliéndosele de sus
órbitas—. Peter...

Peter se recuperó primero. —Yo estaba pensando en eso. —A medida que su


boca se curvó en una sonrisa, Eli estaba furioso consigo mismo por darse cuenta de los
labios carnosos, un guiño de esos perezosos ojos, los sólidos hombros anchos, todo eso
que habría hecho de Peter lo suficientemente atractivo para follar si no fuera el baboso,
mentiroso y fuertemente encerrado en el armario ex de Quinn.

Eli deseaba una pared a su espalda, protección y espacio para respirar mientras
Peter rellenaba el espacio que Eli había hecho al darse la vuelta. —¿Tu esposa sabe
dónde estás?

—¿Sabe Quinn lo putilla que eres?

99
—Bueno, no sería la primera vez que ha cometido ese error. —Logró Eli
conseguir, con su espalda contra un poste que apoyaba una división. Se sentía un poco
más seguro—. Pero Quinn y yo tenemos un entendimiento.

—Mentiroso. Nunca aceptaría eso. Dime la verdad. —Peter se inclinó para que
sus labios rozaran la oreja de Eli, y tal vez conseguir apoyar su espalda en una pared
había sido un error—. Eres uno de sus estudiantes, ¿no? Te pagó.

Eli se rió y volvió la cabeza, esperando que las puntas de su pelo azotaran la cara
de Peter. —Le habría pagado. Dios, ¿recuerdas su polla? La forma en que la mueve.
Mmmm. —Eli lamió sus labios, solo medio fingiendo el disfrute del recuerdo.

Las manos de Peter aterrizaron en el poste sobre la cabeza de Eli. —¿Quién


crees que le enseñó eso?

Eli se echó a reír de nuevo. —No tú. —Por mucho que Peter mereciera tener sus
huevos retorcidos, Eli tendría que conformarse solo con fastidiarle. Se acercó y puso su
mano alrededor del cuello de Peter—. Estás sufriendo por tener una polla dentro de ti.
Apuesto a que te mueres porque te chupe.

Peter se inclinó hacia abajo, el aliento empapó con fuerte licor la mejilla de Eli,
la pierna deslizándose entre la de Eli. —Sí. Voy a hacer que alucines.

Eli movió su mano hasta que su pulgar apretó contra los labios de Peter.
Mientras chupaba, Eli molió su polla en la pierna de Peter una vez y luego la empujó
lejos. —En tus putos sueños, imbécil.

Los ojos de Peter se estrecharon.

—Oh. Y te veo el martes. Trataré de recordar llevarle a tu esposa un consolador


con correa.

Cuando Eli insistió en que diera un paseo y se encontrara con Quinn en su casa
el martes, Quinn anticipó un desastre. Un exagerado equipo con lentejuelas. Una
transparente malla superior con pantalones a juego. Una falda escocesa y un mohawk 9
azul brillante. Pero abriendo la puerta a golpes de Eli, Quinn encontró algo peor.

Eli llevaba un traje. Azul marino, una camisa azul y una corbata roja y azul a
rayas. Su cabello estaba peinado hacia atrás desde su rostro, y cuando hizo un ajuste
nervioso a su corbata, Quinn pudo ver que sus uñas estaban libres de esmalte. Cien por
cien conservador para los estándares de cualquiera. El problema era que Eli parecía un

9
Corte de pelo en cresta.

100
muchacho de quince años en uniforme escolar. Recordar que había un hombre
sexualmente activo mucho más allá de la edad de consentimiento bajo esas ropas, creó
una batalla entre la lujuria y la vergüenza en el cuerpo de Quinn.

—¿Qué tiene de malo? —El ceño de Eli se frunció, una confusión vulnerable
que Quinn nunca habría visto con el pelo colgando sobre sus ojos.

Quinn se volvió a tragar la respuesta de todas las cosas y trató de concentrarse


en otra cosa excepto en cómo se vería mejor esa corbata de seda uniendo las muñecas de
Eli, provocando su polla.

—La corbata es demasiado. Lo sabía. —Eli jugueteaba con ella.

—¿Qué? ¿Por qué? —Logró decir Quinn.

—Me pediste que bajara el tono.

La sensación más enferma no era porque el traje de Eli hiciera que Quinn se
sintiera como un viejo verde, o que atrajera más atención a la edad de Eli y al delgado
cuerpo que si hubiera estado llevando la falda escocesa y el mohawk, era que Quinn
había obligado a Eli a algo muy equivocado en él.

—No te pedí que lo apagaras. Pareces… espera. Voy a joderla con esto. —Quinn
se movió tanto que Eli pudo entrar en la casa.

Eli asintió.

Quinn cerró la puerta y se volvió. Pasando un dedo por el apretado cuello de la


camisa de Eli y alisando la corbata, Quinn dijo:

—Hiciste esto por mí. Debido a lo que te dije.

Eli sonrió. Todavía parecía equivocado. Quinn perdió la confianza en sí mismo


detrás de la sonrisa que mostraba un diente ligeramente torcido.

—Ese ese es el tipo de respuesta que te dará una mamada, Sr. Maloney.

Quinn controló las ganas de temblar. —Cristo. Por favor, no me llames así. —
Ahí estaba la sonrisa que había estado buscando—. En interés del tiempo, me conformo
con un beso.

Eli se inclinó y Quinn se agachó a su encuentro, pero lo único que consiguió fue
un suave roce de los labios. Quinn atrapó la cara de Eli en sus manos y la sostuvo,
retrocediendo lo suficiente como para ver la cara de Eli. —¿Qué tiene de malo?

101
—No entiendo el motivo de revolucionar el motor si no vas a conducir a alguna
parte.

—Eres lo contrario de romántico. ¿Alguien alguna vez te dijo eso?

—Estoy lleno de romance. Me gustan los atardeceres y el mar y las playas y las
flores y las canciones de amor y Shakespeare en el parque y todo ese tipo de mierda. —
Las mejillas de Eli se sonrojaron. Era adorable en él—. No entiendo qué tiene que ver
nada de eso con el sexo.

—Yo no estoy hablando de sexo, Eli. Estoy hablando de un beso.

—Está bien. Te besaré jodidamente romántico.

Quinn salió de sus piernas y dobló las rodillas para llegar al nivel de los ojos de
Eli y esperó.

Apartando la mano de Quinn, Eli pasó la lengua por los labios y envolvió sus
brazos alrededor del cuello de Quinn. El beso fue un roce de labios y lengua, lento y
deliberado. Quinn mantuvo su suave boca a la espera. Eli dio un apretón más decidido
en el cuello de Quinn y le besó el labio inferior, labio superior, una suave presión de
succión. Cuando la lengua de Eli señaló para moverse en la esquina de la boca de
Quinn, tuvo que alcanzar las caderas de Eli para evitar el acaparar su cabeza y tomar el
control.

El beso de Eli se volvió más decidido, la presión cada vez mayor, un caliente
cosquilleo húmedo de su lengua burlando las esquinas sensibles. Las manos de Quinn se
deslizaron alrededor de la espalda de Eli, sosteniéndole, luchando contra el impulso de
levantarle más cerca y estrecharle. Quinn olvidó lo que estaba tratando de probar.
Calculado o no, Eli sabía besar. Los dedos en el cuello de Quinn se apretaron, y
enloqueció con el sabor de Eli, su aliento, el olor de su piel y el deslizar de sus labios.
Cuando Quinn abrió la boca, Eli no tomó más movimiento en el interior de los labios de
Quinn, que un cosquilleo que resonó en las costillas, haciendo que Quinn se quedara
sin aliento.

Eli se echó hacia atrás lo suficiente como para respirar palabras en la boca de
Quinn. —¿Y bien? ¿Suficientemente romántico?

—Mi corazón está agitado.

Eli se hundió. —Toda la agitación está en mis pelotas.

Quinn aflojó el nudo de la corbata de Eli y la liberó. —Toma. Guarda esta y... —
palmeó ligeramente la entrepierna de Eli—... para después. Estaré de vuelta.

102
Arriba, Quinn intercambió sus vaqueros por pantalones de vestir, manteniendo el
suéter verde con los botones de madera sobre el cuello en V. Cuando volvió a bajar,
atrapó a Eli con el pulgar en la boca y la confusión en sus ojos.

Eli dejó caer su mano. —No tienes que cambiar por mí. Nunca me ha importado
lo que otras personas…

—Me importa. —Quinn metió su brazo alrededor de la cintura de Eli y saboreó


su boca de nuevo—. Dios, por mucho que te quiera joder, podría quedarme aquí y
besarte durante horas. —Persuadió a la lengua de Eli para seguir a la suya, dejó que el
beso se calentara hasta que Eli le dio un codazo.

—Hijo de puta. —Eli apretó la mano en su entrepierna—. Ahora voy a tener que
pensar en tu ex tirándose a su mujer para no exhibir un palo tieso en mitad de la noche.
O... —se apretó contra Quinn—... me podrías ayudar. Solo te llevaría un minuto o dos.

—Más tarde. No voy a aparecer oliendo a sexo.

—Si se vuelven azules y se caen, voy a tomar las tuyas —murmuró Eli mientras
se deslizaba dentro del coche.

Quinn siguió las indicaciones y estacionó en el bloque así Dennis no vería el


coche. Alyssa se reunió con ellos en la puerta. —Oh mi Dios, Eli, ¿qué pasó? ¿Dejaste
que Quinn te vistiera?

—No. Tuve una entrevista de trabajo y no había tiempo para cambiarme —


explicó Eli.

Quinn miró con las cejas levantadas, pero Eli no le daría una respuesta.

Alyssa los llevó a la cocina. —Pensé que te gustaba tu trabajo en ese periódico,
¿cuál era?

—The Charming Rag. Me encanta. Pero ya sabes cómo es la economía. Soy


freelance10 ahora, y necesito un poco de ingresos regulares.

¿Otra mentira para explicar la ropa o estaba Eli realmente teniendo problemas?
¿Por qué no le habló Eli de ello? Porque tan pronto como le viste conseguiste meterle
la lengua o la polla dentro. O estás quejándote sobre tus propios problemas. Trató de
mantener a Eli atrás con una mano en el hombro, pero Eli se liberó y escapó a la familia
en la cocina. Claire se alejó de la cocina para besarle en la mejilla.

10
Freelance, que trabaja por propia cuenta, como autónomo.

103
—Chrissy está alimentando al bebé ahora. Todo el mundo está en la parte trasera
fijando un entarimado en el porche que es la excusa para que Dennis esté aquí. No
entiendo por qué está siendo tan difícil.

Debido a que treinta y cinco parece mucho más viejo que treinta y cuatro años,
Quinn quería explicar. Y se siente vergonzosamente viejo cuando no puede mantener
sus manos fuera de un no suficientemente joven de veintitrés años.

Eli pasó por una breve recapitulación de una explicación de su traje con Claire,
la variación siendo su respuesta de “Lo siento mucho. Es un momento terrible para los
jóvenes especialmente”.

Quinn había estado aguzando el oído para el sonido familiar desde que llegaron,
tratando de aplacar la propagación del miedo frío en su estómago. Ningún sonido
desagradable de preguntas. Ningún chasquido de garras. Hubert probablemente estaba
en el porche. Estaba demasiado rígido para entrar a saludar a Quinn, lo suficientemente
inteligente como para saber que Quinn estaría allí en un minuto. Hubert se quejaría y se
sentaría a los pies de Quinn y le daría la mirada de dónde-has-estado con sus grandes
ojos marrones.

Se dirigió fuera a la mampara del porche, pero Hubert no estaba allí. El temor
que había estado esperando se lanzó a su garganta, ardiendo profundamente en su
cráneo mientras buscaba el salón, y observó bajo la mesa del comedor.

—Quinn. —Escuchó a Peter volverle a llamar, y luego Chrissy le puso la mano


sobre su brazo.

—Lo siento mucho. Tuvimos que sacrificarle. Pensé que Peter te lo habría dicho.

Quinn estaba fuera de la casa antes de que terminara de hablar, abajo por el
bloque, apoyado en su coche y tratando de tomar aire más allá de los helados dedos que
apretaban sus pulmones que se cerraban.

Sabía quién estaba detrás de él sin volverse. Eli se envolvió alrededor de la


espalda de Quinn. El calor de las palmas de las manos planas sobre el pecho liberó el
aliento de Quinn.

—Solo lo he visto dos veces desde que Peter se fue.

Hubo un minuto de silencio y luego Eli dijo:

—Después de diez años, deberías haber estado allí.

Quinn se volvió al círculo de los brazos de Eli, apoyado en el coche. —Sí. —Eli
lo comprendió. No es que Quinn quisiera hacerlo, pero necesitaba hacerlo. Poner las

104
manos sobre Hubert y decirle que estaba bien. Decir adiós. De alguna manera, el engaño
de Peter, su traición, su partida, nada se sentía tan deliberadamente cruel como negar a
Quinn ese adiós. Y lo que era peor, Quinn sabía que nada era más que el egoísmo de
Peter y su necesidad de ocultar de Chrissy su pasado lo que había hecho la decisión de
Peter para él.

Eli les trasladó a un reconfortante balanceo, el calor de su comprensión


descongelando la ira que era lo único que mantuvo a Quinn coherente. Trató de alejarse,
pero Eli seguía sosteniéndole.

—No puedo. Ahora no.

—Entonces nos marcharemos.

—No puedo hacer eso tampoco.

—No dejes que él te joda con esto también. —Eli apretó más a Quinn.

Quinn respiró hondo y puso su cabeza en el hombro de Eli, dejó que el suave
balanceo arrastrara unas cuantas lágrimas, relajándose un poco del dolor que irradiaba a
través de una mandíbula apretada fuertemente.

—Gracias —dijo Quinn mientras levantaba la cabeza.

Eli se encogió de hombros sin soltarle. —Eso es para lo que son los novios. —
Presionó y besó una lágrima de la mejilla de Quinn.

Quinn compartió el sabor con un rápido roce de los labios. Para un tipo que no
podía ver el sentido de un simple beso, Eli estaba actuando como... —Sr. Romance —
dijo Quinn en voz alta.

—No dejes que se sepa. Tengo una reputación en la que pensar.

Se las habían arreglado, pero Eli todavía tenía sus brazos cerrados alrededor de
las caderas de Quinn cuando Dennis apareció sobre el hombro de Eli.

—Qué demonios, Quinn. No entiendo qué está pasando contigo. Nunca has
actuado tan…

Eli se dio la vuelta, dando un paso delante de Quinn como cuando Peter los
había enfrentado en el baño. La idea de Eli enfrentando a alguien del tamaño de Dennis
en defensa de Quinn debería haber sido divertida, pero el golpe en el pecho de Quinn no
tenía nada que ver con la diversión.

105
Eli se acercó a Dennis. —Quinn está tratando con la mierda de tu hermano. Una
vez más. Vino aquí esperando ver a su perro. Lo único es que Peter se olvidó de decirle
que está muerto. Entonces Peter te dijo que salieras para suscitar más problemas.

Dennis miró a Quinn para la confirmación. El asentimiento de Quinn podría


haber satisfecho a Dennis, pero el intercambio solo hizo que Eli se enojara más.

—Estoy de pie justo jodidamente delante de ti, Sr. Laurent. Al menos podrías
mirarme.

—Mira, chico. Cualquier mierda que sea lo que estés haciendo aquí con Quinn
no te da derecho…

—No, mira. Y abre tus jodidos ojos cuando lo hagas. Tu hermano es un


gilipollas de proporciones épicas, y la forma en que tú le dejaste salirse con la suya solo
está empeorando las cosas. Si alguien no da un paso adelante, Quinn no va a ser el único
que afronte las consecuencias.

Eli entró atropelladamente en la casa, pero luego se dio la vuelta. —Y eso que
Quinn y yo estamos haciendo se llama sexo. Quinn es gay. Gay, gay, gay. Tu amigo se
folla a chicos. Es posible que hayas estado disfrutando la negación de un tipo
heterosexual hasta ahora, pero consigue meterte eso en la cabeza. A Quinn le gusta la
polla—. Con eso, se dirigió hacia la casa.

Dennis le dio a Quinn una indefensa y confusa mirada. —Él nunca te habló de
Hubert.

—No. —Quinn tragó—. Lamento habernos perdido la sorpresa.

—Ojalá yo lo hiciera. ¿Cuándo dejarán de actuar como si los cumpleaños fueran


una especie de institución sagrada?

—¿Tu mamá o tu esposa?

—Ambas. —Dennis le miró fijamente, y Quinn se apartó de su coche—. Así


que. Eres gay, ¿eh?

—¿Conseguiste esa noticia de última hora?

—Del tipo que es difícil de pasarla por alto. ¿Qué mierda pasa contigo y ese
chico?

—Sé que parece joven…

—No estoy preocupado por el menor de edad. Estoy preocupado por ti.

106
Quinn se encogió de hombros. Tal vez las cosas con la familia establecieron que
podía imaginar cómo se sentía acerca de Eli, además del sexo que Eli estaba tan
decidido a señalar. Eso era parte de ello, pero no todo, sabía eso ya. —Mantiene las
cosas interesantes.

—Me he dado cuenta.

Chrissy estaba en una misión para compensar el comportamiento de Peter.


Operando bajo la ilusión de que cualquier abrazo compensaría la pérdida de Hubert, ella
apenas esperó hasta que Quinn estuvo sentado en el sofá antes de volcar a Gabe
retorciéndose en su regazo. El niño frunció el ceño durante unos minutos y se acomodó
entonces. Quinn pensó que probablemente solo le lanzaría una mierda. Levantó el
paquete al hombro e intentó una vacilante palmada. De ninguna manera le haría suspirar
por la paternidad. Después de un breve húmedo silbido, el bebé se quedó en silencio.

—Eres mago —dijo Chrissy—. He estado tratando de calmarlo durante una


hora.

Quinn conocía una trampa cuando la veía. —¿Quieres que le ponga en la cuna?

—¿Lo harías? Peter, muéstrale. Gracias. Pensé que estaría caminando con él
toda la noche.

Ah. Una trampa doble. Aparte de graznidos y gorjeos al azar, Gabe había sido
bastante imperceptible durante la cena. Solo había aullado cuando la serenata del
cumpleaños había estado a pleno pulmón, y Quinn apenas podía culparlo. Su primo era
particularmente agudo. En el camino hacia las escaleras, Quinn y Peter pasaron por
encima de una recreación de la batalla de Anzio formada al azar con comida-rápida de
la bolsa de juguetes de Paula.

Peter encendió las luces de la habitación en la parte superior de las escaleras


para revelar una habitación infantil en tonos suaves amarillo. Peter odiaba el amarillo.
Quinn había querido un cálido y suave oro en el baño, pero Peter había jurado que le
haría vomitar porque coincidía con el color de la bilis. Ahora que Quinn pensaba en
ello, la casa estaba llena del tono en el comedor, la cocina, la alfombra de color dorado
en la escalera. Tal vez por eso la cara de Peter en las fotos de la boda parecía tan
amarga, estaba mirando a la alfombra.

—Ponlo sobre su espalda —instruyó Peter.

Quinn bajó el bebé dormido a la cuna.

107
—Nunca pensé que te gustara estar allí. Pensé que al menos podría ahorrarte eso.
Lo siento, Quinn. —Las palabras de Peter eran suaves, tan sinceras, que Quinn casi
podría creerlas si no supiera que la esposa de Peter lo había propuesto para ello.

—Podrías haber preguntado.

—Está bien. No es como que vaya a venir de nuevo, así que no puedo muy bien
arreglarlo. —Antes de que Quinn pudiera alejarse de la cuna, Peter puso una mano
sobre la suya sobre la barandilla—. Te echo de menos a veces. No planeé que esto fuera
así.

Maldito sea. Quinn sacó su mano para liberarse.

Los dedos de Peter apretaron sobre la baranda de la cuna. —No creo que sea
siempre fácil para mí. Eres el único tipo que siempre…

Quinn miró hacia otro lado.

—Sabes — dijo Peter, con voz gruesa—, olvídalo. Ódiame. No puedo arreglarlo.

Quinn no se tragaba esto. Había visto demasiado del egoísmo de Peter para creer
que alguna vez pensó en nadie más que en sí mismo. Entonces Peter tuvo que hacer esa
cosa del parpadeo, al igual que sus ojos se llenaban mientras miraba hacia abajo en la
cuna, extendiendo la mano para acariciar el estómago de su hijo, sacando un suspiro
pegajoso de los labios del bebé. —¿Has pensado alguna vez en esto? ¿Acerca de
nosotros haciendo esto?

No se trataba solo del sexo y la familiaridad lo que había mantenido sus vidas
entrelazadas todos esos años. Habían compartido mucho al principio. Pero Peter nunca
había mencionado nada respecto al deseo de ser padre.

—No importa cuántas cargas vertiera en tu culo, no pensé que surgiera. —Tal
vez Quinn estaba más resentido de lo que pensaba, o tal vez no le gustaba la forma en la
que los elefantes entraban en el Arca de Noé en la pantalla de la lámpara que estaba
mirándole de reojo.

Peter negó con la cabeza, un resoplido de disgusto apenas escapó de su garganta.

—Podrías habérmelo dicho. ¿Por qué nunca dijiste nada? —preguntó Quinn.

—Creo que respondiste a eso tú mismo bastante bien.

108
Capítulo Diez

Eli vio a Quinn bajar con una expresión en su rostro como si hubiera tenido el
intestino perforado. Maldito Peter otra vez. El completo enredo de Quinn con la familia
de Peter era una jodida pena. Para Quinn, y para Eli.

Debido a que por un tipo como Quinn valía la pena esperar hasta que recobrara
el juicio sobre la forma en que su ex era. Excepto que Quinn nunca lo haría. No con este
lío retirándole todo el tiempo. Toda la familia Laurent era un torniquete cortando el
suministro de sangre a una vida saludable lejos de ellos. La única forma de salvarlo era
la amputación. Pero desde que Quinn les atribuía el haberle salvado su vida, eso nunca
iba a suceder.

Cuando Roger encendió un cigarro en la sala de estar, ¿quién hacía todavía ese
tipo de cosas con otras personas más? Eli salió al porche trasero ahora vacío para
respirar un poco de aire no de 1950. Tendría que haber evitado salir al patio porque
Peter salió tras él.

—¿Aburrido de escuchar la conversación de los adultos? —dijo Peter.

—¿Por qué me estás siguiendo? ¿Ahora para ofrecer otra mamada?

Peter se apoyó en la mesa, con las piernas bien abiertas. —¿Me la aceptas? ¿Me
vas a confiar qué es tan especial que Quinn tuvo que hacerlo en el baño en el bautismo
de mi hijo?

—¿En serio? ¿Esto se debe a que estás celoso?

—¿De ti? —Peter hizo un sonido de asco en lo profundo de su garganta—. Ni de


broma. No me enamoro de hombres. Les follo a veces. Vosotros los maricas confundís
eso.

—Así es. Estamos confundidos. —Eli rodó sus ojos—. Voy a contárselo a
Quinn, ya sabes.

—¿Contarle qué? —Pero la autosuficiencia en la cara de Peter le dijo que no


sabía lo que Eli quería decir.

—Que intentaste ligarme.

109
—Podrías arriesgarte a perder a tu papá cariñito cuando se entere de que estabas
tonteando por ahí. —Peter cruzó los brazos sobre el pecho.

Nadie, y menos aún Quinn, le había pedido nunca a Eli que fuera fiel. Si tuviera
un novio como Quinn, no sería difícil. Pero no tenía novio. O Quinn. —Le dije que tú…

—Vale. Tienes un acuerdo. Mierda. —Peter se enderezó—. Está bien. Adelante,


díselo. Nunca te creería.

Maldita sea. Eli deseaba haber llevado las botas con tacón. A pesar de que no le
habrían puesto a la misma altura con Peter, pasaría un momento más duro mirando a Eli
de esa manera.

Eli se metió las manos en los bolsillos. —¿Qué te hace estar tan seguro?

—Porque conozco a Quinn. Lo conozco desde hace dieciséis años. ¿Cómo ese
montón se compara con un pedazo de culo de chico?

—Es lo suficientemente bueno para Quinn. —Si estuviera en cualquier lugar


excepto aquí, Eli podría reducir a Peter en pedazos. Burlarse de él y luego rasgarle un
agujero lo suficientemente grande para empuñarle sin lubricante. Pero Eli estaba
atrapado con esta ropa estúpida, esta estúpida familia falsamente feliz, su estúpida
promesa de comportarse.

—Durante un mes o dos. Luego estará buscando a un hombre de verdad. —Peter


se acercó a Eli para susurrar:

—Le encanta ser follado, ya sabes. Se vuelve loco por una polla en su culo.
Correrse tan jodidamente duro.

Quinn le había dicho que no se corriera. Tengo planes para esa polla. ¿Era ese el
por qué? Eli nunca se sentiría cómodo siendo el dominante así. No con Quinn.

—Todavía voy a decírselo —dijo Eli. Y luego me lavo las manos de toda la
mierda de tu familia.

Peter se echó a reír. —Buena suerte con eso, muchacho.

El hijo de puta sonaba demasiado parecido a Quinn. Eli apretó los puños en los
bolsillos. —¿Por qué estás perdiendo el tiempo aquí fuera mientras a tu papá le da al
bebé cáncer de pulmón? ¿No debería fingir un poco más afecto con tu esposa?

La puerta trasera se abrió. —Ey. —Quinn se dirigió a Eli, una sonrisa


persiguiendo algo de la mirada cansada del rostro de Quinn—. Aquí estás.

110
Eli sentía una sonrisa deslizarse hacia arriba para responder, a pesar de Peter, a
pesar de todo. La mano de Quinn tomó la parte posterior del cuello de Eli. Tal vez
Quinn pensó que podía poner a Peter celoso. Tal vez Quinn nunca había sabido con qué
tipo de pedazo de manipulador de mierda había estado involucrado todos esos años.

—Eli quiere decirte algo. —El atrevimiento de Peter era de abierta burla.

—Entonces me lo dirá cuando quiera. —Había un filo en la voz de Quinn, pero


su sonrisa para Eli era la misma mirada de indulgencia que Paula daba a su niño
obsesionado con la guerra.

Eli selló sus labios contra el deseo de morder el anzuelo. No es que creyera a
Peter. Pero Eli le había prometido a Quinn que iba a bajar el tono de las cosas, no hacer
una escena. Y quién iba a saber que Peter haría girar las cosas.

Eli deslizó su brazo alrededor de la cintura de Quinn. —Más tarde.

—Díselo ahora —insistió Peter, con una sonrisa desagradable en los anchos
labios.

Los dedos de Quinn acariciaron la nuca de Eli.

Eli se volvió para mirarle a los ojos. —Creo que alguien debería decirle a Roger
que no fume en casa cuando los niños están allí.

—Es un cigarro —dijo Quinn.

—Como he dicho, no puedo muy bien decirle a mi padre que no fume en mi casa
—añadió Peter suavemente.

Se miraban el uno al otro, Quinn, y Peter, un momento de simpatía compartida


sobre los problemas dramáticos de un niño. Eli se apartó de Quinn, pero entre la
pantalla de la puerta, la mesa y Peter, no había dónde ir.

—¿Estás listo para marcharnos? —Quinn frotó el cuello de Eli—. Me está


entrando dolor de cabeza.

—Probablemente del humo. —Se rió Peter.

Eli le hubiera dado el tratamiento de retorcerle los huevos en el bar. Nunca era
demasiado tarde. Lanzó una mirada a Peter, y este respondió con una lenta y desafiante
sonrisa.

Eli le devolvió la sonrisa. Oh, ya viene, tú hijo de puta. Solo jodidamente


espera.

111
Quinn tomó la autopista interestatal para cortar a través de Towson en dirección
a casa.

Eli había estado extrañamente silencioso desde que salieron del porche, se
despidió de la familia nada más que asintiendo de forma alicaída. Ahora, dijo:

—¿A dónde vamos?

—A mi casa. —No se le había ocurrido a Quinn que Eli quisiera ir a otro lugar.
Había estado lo suficientemente interesado antes de que fueran a la fiesta. Y estaba esa
corbata en sus bolsillos.

—Pensé que tenías un dolor de cabeza. —El músculo bajo la mano de Quinn se
desplazó mientras Eli recuperó su pie contra el piso.

—Lo tenía. Se está desvaneciendo. —La punzada de advertencia, las luces en los
bordes de su visión, todo eso se había ido cuando salió de la casa de Peter. Le encantaba
ver al resto de la familia, pero ahora podía tener unos meses de descanso sin tener que
desaparecer para trabajar en un campamento de verano.

—Me alegro. Sin embargo, puedes llevarme a mi apartamento.

—¿Qué pasa? ¿De verdad perdiste el trabajo?

—No quiero hablar de eso. —Los faros brillaban a través de la señal para la I-
95. —Sur, Quinn.

Quinn puso el intermitente y tomó la rampa, esperando que se hubiera fusionado


antes de decir:

—Está bien. ¿Qué te dijo Peter?

—No es lo que dijo. Es lo que hizo. —Incluso durante la sacudida y el golpe de


los neumáticos sobre el agujereado asfalto, Eli estaba cambiando y golpeando de golpe
en el asiento del pasajero que era audible.

Quizás Eli hubiera subido y visto la actuación de Peter en la habitación del niño.
El falso arrepentimiento, la mentira “te echo de menos”. Apenas habían pasado la etapa
de la conexión, pero Quinn podría fácilmente imaginar una punzada de celos ante la
idea de Eli abrazándose a su ex.

Quinn esperó. Más movimiento y entonces Eli exclamó:

—Trató de ligar conmigo.

112
—¿Contigo?

—Sí conmigo. ¿Por qué carajo es eso tan difícil de imaginar?

—Quiero decir… —Pero era exactamente lo que Quinn quería decir—. ¿Por qué
iba a hacerlo?

—Muchas jodidas gracias. —Eli pateó el suelo—. ¿Este coche no va más


rápido?

—Vamos, Eli. Peter no va a hacer eso en su casa.

—Lo hizo.

Eli probablemente estaba tan acostumbrado a ir a los bares que pensaba que
cinco segundos de contacto visual era tan bueno como en tu casa o la mía.

—Tal vez malinterpretaste…

Un sonoro suspiro cortó a Quinn.

—Supongo que le malinterpreté moliendo su polla en mi culo y ofreciéndose a


chuparme en el Grand Central la otra noche también.

—¿Grand Central?

—Sí.

—¿Cuándo estuviste en el Grand Central?

La voz de Eli se volvió un poco menos segura. —El domingo por la noche.

—¿El domingo?

La punzada de celos que Quinn había imaginado ante la idea de Eli con su ex de
aspecto de bibliotecario no era nada comparado con la realidad. Aterrizó duro y rápido
en sus entrañas, una inundación caliente de ira se derramó hasta que sus oídos le
palpitaron con ello. Eli le había dejado a Quinn y rechazado su oferta en el puerto y se
fue para engañarle con el más grande ligue del bar en Baltimore.

La pequeña voz racional le decía que no se acababa de ahogar en segundos


cuando el diluvio cayó sobre él. Tenía todo bien. Algún hijo de puta anónimo había visto
las manchas decoloradas de los dedos de Quinn. Tal vez dejó una de las suyas propias
en esa pálida curva perfecta.

113
Quinn apenas se detuvo por la luz en la parte inferior de la rampa antes de seguir
con el coche recto.

—¿No tan seguro ahora? —dijo Eli, aunque si tuviera dos dedos de frente,
mantendría la boca cerrada—. Peter joderá cualquier cosa, Quinn.

—Supongo que lo sabrías.

—Oh, jódete. No la tomes conmigo porque estés enojado con él. —Eli llegó
arriba para apoyarse él mismo contra la puerta mientras Quinn chirriaba alrededor de
una esquina.

—Esto no tiene nada que ver con Peter. —Con dos tirones al volante, Quinn
acercó el coche a un lugar en la calle de Eli.

—De acuerdo. Lo que sea. Siéntete libre de perder mi número. —Eli se quitó el
cinturón de seguridad y salió corriendo del coche.

Quinn salió tras él y apenas atrapó la puerta de la calle antes de que Eli pudiera
cerrarla.

—¿Qué parte de perder mi número te perdiste?

—La parte en la que me puedes decir qué hacer.

Eli tomó una profunda respiración. —Escucha, esa mierda de vigoroso-papá solo
enciende mi manivela en la cama, así que déjalo.

—No estoy jugando un juego contigo, Eli.

Eli le miró fijamente. A la tenue luz de la única bombilla en el rellano, Quinn


leyó su expresión. Asustado y todavía lo suficientemente enojado como para poner sus
ojos casi todo negros, pero no de miedo. —¿En serio? Porque seguro como el jodido
infierno que lo siento así. Vienes aquí a dar un paseo en el lado salvaje y entonces
quieres volver a tu perfecto suburbio de familias disfuncionales y ser tolerado por los
vecinos. Así que vuelve a eso. Vuelve a tu césped químicamente verde y a tu sexualidad
reprimida y a la presión arterial alta y a tragar todo hasta que te mueras de aburrimiento
antes de que tengas cincuenta años.

Por un instante, Quinn pensó que estaba cayendo muerto. Un ataque al corazón a
los treinta y cinco años, incluso más joven que el papá de su madre. Su pecho estaba
muy apretado. Por sangre. Por aliento. Por todo a lo que estaba tratando de aferrarse.
Entonces algo estalló, y si se moría, maldita sea, se sentía bien. Casi tan bien como si se
corriera porque todo lo que le había mantenido asfixiado tan jodidamente tenso, estaba
suelto. Ira y necesidad y dolor.

114
Y la única persona que podría ser capaz de entenderlo, podría ser capaz de
aceptarlo y devolvérselo tan fuerte, estaba justo de pie frente a él. Extendió la mano y
agarró los hombros de Eli. —Pequeña mierda. Tienes razón.

Eli clavó sus manos alrededor del cuello de Quinn. —Por supuesto que la tengo.

Quinn le dio un beso, nada le detuvo, nada en la reserva. Golpeó a Eli contra la
pared en ese pequeño espacio entre la puerta y las escaleras y dejó que todo se fuera.
Los dedos de Eli atraparon el pelo de Quinn, tirando con fuerza suficiente como para
picar antes de que Eli subiera una pierna alrededor de la cadera de Quinn y le devolviera
el beso, húmedo y abierto y casi tan desesperado.

Era como El mago de Oz, un instante de color hermoso, solo que Quinn había
estado viviendo en el peor Kansas en blanco y negro. Había estado atrapado en un
mundo monocromático de color beis, bonito, de ir con la corriente, sin hacer olas. Eli
era todos los lápices de colores de la caja de gran tamaño, sin normas acerca de cómo
mantenerse en el papel.

Quinn rebuscó en el bolsillo de Eli por la corbata que había empujado antes allí.
Eli trató de cambiar su polla hacia la búsqueda de la mano de Quinn, pero Quinn se rió
y le presionó con más fuerza contra la pared.

Levantó la boca. —Dame tus manos.

Eli se reunió con el apretón de Quinn en alguna parte sobre sus cabezas. —Joder,
sí.

Quinn hizo un rápido medio tirón y luego amarró las muñecas juntas de Eli con
unos cuantos pases de seda.

Cada cruce de seda alrededor de las muñecas de Eli le hizo corcovear contra
Quinn hasta que se las había arreglado para engancharse a sí mismo contra la pared con
ambas piernas alrededor de las caderas de Quinn.

—Suéltame. —Eli lamió las palabras al oído de Quinn—. Por favor.

La sangre extendía la piel de la polla de Quinn incluso con más fuerza. Eli había
entregado más que sus manos. Era mucho a lo que aferrarse, cuando Quinn no estaba
seguro de cómo volver a encajar juntos después de la forma en que todo acababa de
agitarse.

—Te tengo.

Las muñecas atadas de Eli cayeron alrededor del cuello de Quinn mientras los
condujo arriba por las escaleras, las manos debajo del culo de Eli manteniéndole

115
cerrado alrededor de la cintura de Quinn. Solo puso a Eli abajo el tiempo suficiente para
encontrar sus llaves y empujar para abrir la puerta. Recogiéndole de nuevo, Quinn llevó
a Eli y lo volcó en su colchón, Eli tirando hacia abajo a Quinn tras él.

Eli se retorció hasta que sus pollas se alinearon y luego comenzaron a molerse.
—Vamos. Vamos.

El cuerpo de Quinn no estaba funcionando mucho más allá de la necesidad de


bombear sus caderas hasta que se corriera, pero sabía que iba a ser mucho mejor si no
hubiera tanta ropa entre ellos.

—Espera —murmuró.

Las piernas de Eli se quedaron encerradas en torno a Quinn cuando Eli pasó la
lengua por los labios y sacudió la cabeza.

—Un momento —prometió Quinn—. Conseguiré desnudarme.

Eli gruñó, pero relajó su agarre, dejando caer las manos sobre su cabeza. Quinn
se enderezó y se desnudó en un segundo, pero al llegar a la bragueta de Eli, el cerebro
de Quinn se había percatado del hecho de que no había manera de quitarse su camisa o
chaqueta sin desatar las manos de Eli.

Eso no iba a suceder. El poder de saber que Eli no podía agarrar su propia polla
y apresurar las cosas, que no podía ser innovador y astuto, quemaba a través de la
sangre de Quinn como una droga. Un golpe y Quinn era adicto. No podía renunciar a
ello.

Se conformó con quitar los pantalones y calzoncillos de Eli, lanzando fuera un


zapato para sacarlos de esa pierna, cuando Eli escupió:

—Joder, date prisa ya.

El primer contacto de la piel de Eli en la polla de Quinn cortó lo que quedaba de


la función cerebral de Quinn. Necesitaba entrar. Ahora.

Se humedeció un dedo pulgar, separando las piernas de Eli con sus rodillas. Las
manos atadas de Eli bajaron y agarraron la muñeca de Quinn. —Ve rápido y tan duro
como quieras, pero no desnudo. Gomas y lubricante en la caja—. Eli apuntó con su
barbilla a un recipiente de plástico junto a la cama.

Quinn encontró lo que necesitaba. A pesar de la conmoción de la vergüenza que


le quemaba los oídos, no podía detenerlo. Logró un golpe de lubricante y el pulgar
presionó dentro. Los susurros roncos de Eli coincidieron con la demanda pulsando en
las bolas de Quinn y la polla. Ahora-ahora-ahora-ahora.

116
Arrastrando a Eli adelante, Quinn condujo su polla dura contra el estrecho
agujero. El turno de Quinn para rogar. Dios, tenía que enterrar todo dentro de este chico,
este hombre. Polla, dedos, lengua, alma.

Arrancó la camisa de Eli para abrirla, enviando botones volando y girando a su


alrededor, y se inclinó para lamer el cuello de Eli. —Vamos, cariño, déjame entrar.

La columna de Eli ondulaba como una serpiente, y el músculo dio alrededor de


la cabeza de la polla de Quinn.

—Ve. —Los ojos de Eli se quedaron fuertemente cerrados, pero su cuerpo


palpitaba de nuevo, abriéndose y Quinn se estremeció mientras se conducía hacia
adelante.

Más profundo, más profundo, sus bolas gritaron, y Quinn puso sus hombros bajo
las rodillas de Eli. Eli colgó sus manos atadas alrededor del cuello de Quinn, pidiendo,
suplicando, “más duro” y aun así, no era suficiente. Algo grande se deslizaba fuera del
control de Quinn. Algo más fuerte y más aterrador que la ira que le había enviado a
perseguir a Eli en su apartamento. Quinn debería ser el que tuviera las manos atadas.
Debería encontrar algo para retenerlo, porque no podía parar las profundas embestidas
contra el suave agarre del cuerpo de Eli. No era solo un orgasmo arañando desde su
interior, luchando por la libertad. Tan desesperado como Quinn estaba por ceder y volar
con ello, el miedo le mantenía aferrándose a un último pedazo.

Eli se aferró a él, abriendo la boca y el cuerpo a todo lo que se derramaba de


Quinn, al empuje de su lengua y su polla, al ofensivo agarrón que Quinn tenía en sus
hombros.

Quinn levantó la cabeza para tomar aire, y Eli apretó los músculos montando la
polla de Quinn.

—Más. Lo quiero, Quinn. Te quiero.

Golpeó su sangre como si una ráfaga de adrenalina le inundara, quemándole


limpio, derramándose dentro de Eli cuando las caderas de Quinn bruscamente se
endurecieron, todo desgarrándose libre hasta que se vació a sí mismo dentro del cuerpo
de Eli, dulces choques persiguiendo a través de la sangre y los nervios a través de los
últimos espasmos de liberación.

Iba a retirarse cuando Eli empezó a suplicar:

—No, por favor, mastúrbame primero. Por favor.

—Déjame…

117
—No, así. Ahora.

Quinn consiguió meter una mano entre ellos, encontrando la piel caliente, tan
apretada, tan resbaladiza. Los músculos del culo de Eli pulsaban y revoloteaban, y
Quinn levantó las caderas inmóviles para mantener el condón en su lugar.

—Joder. Tan cerca. Necesito... Mierda... Necesito... —Eli jadeaba, lamiéndose


los labios.

Quinn le dio un duro, áspero y profundo beso como para sentir el zumbido
profundamente en la garganta de Eli. Con los dedos apretados alrededor de la cabeza de
la polla de Eli, Quinn mordió la piel debajo de la oreja de Eli y luego gruñó:

—Córrete para mí. En este momento, muchacho. Más te vale…

El culo de Eli se sujetó alrededor de la polla de Quinn, el cuerpo de Eli


estrictamente apretado sobre Quinn en todas partes mientras la primera cálida
salpicadura disparó en sus vientres. Quinn, leyó las sacudidas del cuerpo de Eli, los
gemidos de su boca abierta, y mantuvo sus firmes golpes hasta que Eli empezó a
ablandarse. Cuando Quinn pasó el pulgar suavemente por la impecable corona, los ojos
de Eli se abrieron. Mantenían una expresión cautelosa que Quinn tenía que ahuyentar.

Salió y se quitó el condón antes de inclinarse para lamer el charco salado en el


vientre de Eli. El único punto suave en su esbelto cuerpo enjuto, cubierto con un suave
pelo que raspaba contra la lengua de Quinn.

Eli le observó, los ojos brillando con la luz de la calle. Sus brazos, las muñecas
seguían unidas por la retorcida seda, estirada sobre su cabeza. La chaqueta del traje y
los restos de una camisa estaban arrugados debajo de sus axilas. El espectáculo hizo
gemir a Quinn en un bocado suave sobre la piel debajo de la lengua. No quería
desatarle, quería la sangre y la oleada de excitación de vuelta para poder follar a Eli otra
vez, mantenerles a ambos en este mundo de mareo, brillante y colorido. Una punzada de
advertencia en el cuello de Quinn le dijo que tan pronto como Eli dejara la cama, Quinn
se metería de nuevo en ese plano mundo beis donde no encajaba ya más.

Dio a la polla de Eli un ligero beso, luego lamió un camino arriba hasta su
pecho, antes de descansar la cabeza sobre el corazón de Eli latiendo.

—Estoy a favor de un abrazo después de la follada. —Eli se movió—. Pero esto


es muy incómodo.

Quinn levantó la cabeza. —Lo siento.

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Eli metió las manos en Quinn. La seda estaba húmeda, finamente arrugada, y
partes de la piel debajo habían sido frotadas hasta el rojo. Quinn sostenía las muñecas
de Eli en una mano, recorriendo un pulgar a través de la resbaladiza tela antes de la
liberación final. Cuando la corbata se desvaneció, Quinn besó una de las líneas rojas.

—Eso no me molesta. —Eli sacudió las manos libres y luego se quitó la


chaqueta y la camisa—. Dios, odiaba usar eso. —Tiró la ropa en una esquina y se dejó
caer sobre el colchón.

La tensión de la nuca de Quinn se fue cuando se dio cuenta de que Eli no le iba
a echar. El problema era que todo lo que había hecho hasta ahora era sexo y mierdas
raras con la familia. Joder si Quinn permitiría este alejamiento de ello cuando sentía esa
prisa caleidoscópica de algo tan simple como respirar en la piel de Eli.

—¿Tuviste una entrevista de trabajo?

—No. —Eli se volvió de lado, igualando la posición de Quinn, el codo


agachado, la mano sosteniendo su cabeza.

—Te vestiste para mí.

Eli resopló un suspiro. —Yo siempre me visto bien. Pero eso fue porque me lo
pediste.

—¿Qué más harías si te lo pidiera?

—En la cama más o menos cualquier cosa. —Los dientes de Eli brillaban
mientras sonreía en la oscuridad. Incluso esa era torcida.

Quinn quería besar la sonrisa en su propia boca. —Tal vez deberías darme una
lista. No querría perderme nada.

—Eso es demasiado trabajo. —Eli se retorció para que su espalda se acurrucara


en el pecho de Quinn, el culo moviéndose contra de la polla de este.

Un esperanzado impulso de necesidad dolía en las bolas de Quinn, pero nada


pasaba por más tiempo. —Hablando de lo cual, ¿Realmente perdiste tu trabajo?

Eli separó sus caderas. Quinn metió su brazo arriba y alrededor del pecho de Eli
para mantenerlo cerca.

—No exactamente. —Eli se encogió de hombros en el agarre de Quinn—. Ya no


recibo un sueldo fijo. Sigo trabajando para el periódico, solo como fotógrafo freelance.
No voy a la oficina, excepto cuando me llaman para un proyecto. Entonces me pagan.

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Estaba en la punta de la lengua de Quinn ofrecer ayuda, pero sabía que sería un
boleto instantáneo para irse a casa. —Eso apesta.

—Está bien. Más tiempo libre. ¿A qué hora tienes que ir a trabajar? Otra ronda
estaría bien.

—Te espabilaré.

—Mmm. —Eli escondió la cabeza hacia atrás sobre el hombro de Quinn—.


Dependiendo de la cantidad que tengas en la lista, vamos a necesitar por lo menos una
hora.

Eli no sabía dónde carajo estaban sus pantalones, o más importante, su teléfono,
se había apagado, y el hecho de que hubiera logrado conciliar el sueño de todos modos
era una señal de lo fácil que era sentirse seguro con Quinn alrededor. Algo a lo que Eli
no podía acostumbrarse. No con el contacto que Peter tenía sobre Quinn. Pero aún podía
divertirse, asegurarse de que cuando Quinn apestara de nuevo a toda esa inútil familia
de mierda, recordara lo que se estaba perdiendo.

Quinn se había desplazado sobre su estómago, con un brazo colgando de Eli. Se


deslizó de debajo de Quinn, luego quitó la manta y la sábana. Con sus ojos adaptados a
la oscuridad, Eli podía ver cada pulgada del hombre sexy que estaba en la cama. Quinn
era excitante, no había duda de ello, la masa muscular sólida, pelo oscuro, incluyendo
un lindo parche de él en la parte superior de su culo que se detenía donde su columna se
hundía. Una gran cantidad de territorio a explorar. Eli quería poner pequeñas marcas
sobre él mientras lo exploraba, pequeños espacios a reclamar. No era territorio virgen, y
Eli no quería que lo fuera. Lo más atractivo sobre Quinn era lo que le hacía a Eli. La
forma en que Quinn hacía a Eli sentirse. Al igual que Eli era algo mágico, como puro
sexo en su ser. La forma en que Quinn le había mirado esta noche como si Eli tuviera el
mapa de los oasis y Quinn se estuviera muriendo de sed.

Si no hacía que Eli se sintiera tan condenadamente bien, sería bastante aterrador
tenerle dirigiendo.

Quinn gruñó y volvió la cabeza contra la almohada. Ahora mismo Eli iba a
mostrar a Quinn que no le hacía falta un imbécil como Peter si Quinn quería ser jodido.

Por él, Eli podría hacerlo lo mejor que pudiera, poner a Quinn de espaldas y
joderle como la mierda. Hacerle sentir tan bien como hacía a Eli sentir. No era que no lo
hubiera hecho nunca. Solo que le gustaba mucho más que le follaran. Por Quinn
merecía la pena intentarlo de nuevo.

Eli colocó su cuerpo en la parte superior de Quinn, ganando un suspiro de


satisfacción como respuesta. Sí, Eli podría hacer esto. Movió los pulgares por los lados

120
de la columna vertebral de Quinn, acariciando suficientemente firme como para no
hacerle cosquillas. Cuando conectó con ese parche de pelo, consiguió involucrar su
lengua, pasando el punto por la grieta del culo de Quinn. Los músculos de las mejillas
se pusieron tensos y relajados, y las piernas de Quinn se abrieron. Bueno, Eli estaba
comprometido ahora. Respiró profundo, el sudor masculino olía a lo que había probado
de Quinn hasta el momento, y luego usó sus dedos para mantener a Quinn abierto para
una más seria lamida. La parte lisa de la lengua produjo algunos sonidos que Eli solo
escuchó como vibraciones, pero mientras lamía y besaba, Quinn empezó a jadear y
mover sus caderas. Eli siempre había pensado que un beso negro era mucho más
divertido conseguir que dar, pero querer hacer esto a Quinn, probar que Eli podría ser
esto para Quinn, era mucho más caliente que solo ofrecer la posibilidad de que
conseguiría tener su culo lamido a cambio.

Eli ondeaba su lengua en el agujero, debajo de la apretada piel, y Quinn dejó


escapar un grito ahogado que Eli pudo oír. Sonrió y trabajó un dedo dentro al lado de su
lengua, lamiendo y humedeciendo y empujando hasta que Quinn dijo:

—¿Qué estás haciendo?

Eli movió la punta de su dedo dentro y lamió alrededor antes de levantar la


cabeza. —Eso realmente no necesita una respuesta.

—Está bien. ¿Por qué haces eso? —Quinn empujó hacia arriba sobre sus rodillas
—. ¿Quieres follarme, Eli?

Jódeme, eso es grande. Y poderoso. Y ser jodido era exactamente lo que quería
Eli. Le encantaba tener todo ese poder en su interior. Pero ese no era el plan. —¿No
crees que pueda?

La voz de Quinn era suave. —Nunca tuve la impresión de que quisieras hacerlo.
—Llegó a la espalda y agarró la muñeca de Eli—. ¿Qué está pasando?

—¿Quieres que te folle?

—Quiero saber por qué de repente crees que tienes que hacerlo. —Apuntó
Quinn. Sonrió, alcanzando las bolas de Eli, acariciándolas de una manera que hizo a Eli
empujar sus caderas por más.

Quinn se lo dio, un dulce tirón. —No tienes que demostrarme nada. —De
repente, Quinn se volvió a sentar sobre los talones, con las manos en los muslos—.
Cristo. Peter. ¿Qué te dijo?

—¿Por qué debería decírtelo? No me creerías.

121
—Sé que hizo algo.

—Pero no puedes creer que un tipo como él se ligaría a un tipo como yo. —Eli
rodó fuera del colchón, deseando que hubiera espacio en la habitación para pasear. Esto
era por lo que no le gustaba traer chicos aquí. No por consideración a sus tres
compañeros de piso. Los chicos eran más difíciles de alejarlos de tu propia cama. Y
ahora ni siquiera iba a disfrutar—. Dios, ¿podemos guardar esto para cuando no estemos
medio duros?

—No. —Quinn tiró a Eli de nuevo sobre el colchón, aplastándolo bajo el peso de
su cuerpo—. Ese es nuestro problema.

—No tenemos un problema, Quinn. Tú tienes un problema. Estás colgado por


Peter. —Eli se movió para que su polla cabalgara el corte de la cadera de Quinn en lugar
de ser aplastado por su muslo.

—El problema es — dijo Quinn, al igual que Eli no solo le había explicado—
que estamos siempre medio duros el uno alrededor del otro.

—Lo veo como algo bueno. —Eli se balanceó arriba.

—Así es. Pero eso significa que estamos vacilando en esto.

—Así que quieres que yo te joda. —Eli dejó de balancearse.

—Quiero decir, no hemos tenido la oportunidad de llegar a conocernos el uno al


otro. La mayoría de lo que sé sobre ti proviene de las historias que estabas dando a los
Laurents.

—Y eso significa que tengo que estar mintiendo acerca de Peter.

—Yo no he dicho eso. Dime que pasó.

—¿En la casa o en el Grand Central?

Quinn frunció el ceño, con los músculos rígidos. —En la casa.

—Salí al porche ya que el cigarro era asqueroso. Peter me siguió. Le pregunté si


estaba ofreciendo otra mamada como lo hizo en el Grand Central…

—Pensé que habías dicho que él trató de ligarte.

Eli movió un dedo contra la oreja de Quinn. —¿Están éstas funcionando? Él


ofreció la mamada.

—Pero no en la casa.

122
—Suéltame, Quinn. Te juro que los dos jodidamente os merecéis el uno al otro.

—Espera. Estoy tratando de seguir esto.

Saltó de Eli, sin cálculo, sin propósito. Cerró las palmas de sus manos sobre los
hombros de Quinn. El aliento salió como una bocanada de sus pechos cuando Eli se
retorció y enrolló y los arrojó sobre el suelo. Miró hacia abajo en la cara de sorpresa de
Quinn. ¿Cómo podía alguien ser tan estúpido? Eli odiaba tener razón todo el tiempo. El
más caliente sexo en el mundo no era digno de hacer frente a lo ciego que era este tipo.
Y Eli todavía abrió la boca para explicárselo.

—¿Qué es lo que no puedes seguir? La jodió contigo. Te dejó. Por una mujer.
Mató a tu perro. Ahora la jode con su esposa y te lo tira a la cara porque la maldita
familia te tiene cogido por los cojones. Y no sé por qué me importa un carajo, pero no
puedo verlo nunca más. Ahora sal de mi vida—. Eli salió, jadeando.

Quinn se enderezó. —Cristo, qué pequeño arrogante de mierda eres. —Se cernía
sobre él, la mandíbula dura, labios delgados—. Si no estuvieras en el medio de una
rabieta, tal vez podrías entender cuánta mierda vino volando a mi cabeza.

—¿Justo ahora? Quinn, ese bebé no surgió de la nada. Ha sido un año.

—Cállate por un segundo. Si eso es posible. Tal vez lo que estaba tratando de
seguir era cómo podría haber vivido con él durante diez años y no lo he visto. Tal vez lo
que estaba tratando de entender era por qué un hombre que afirmaba ser heterosexual,
excepto para mí, está persiguiendo la polla de repente. —Las manos de Quinn salieron
disparadas para capturar la cara de Eli. Su agarre era firme, su voz un áspero susurro—.
Pero nada de eso jodidamente importa porque no puedo dejar de estar enojado contigo
por ir a Grand Central cuando te quiero para mí solo.

123
Capítulo Once

—¿Al igual que si fuera tu novio? —Eli trató de tragar su sorpresa, pero su
garganta se atascó en el duro golpe de adrenalina de su corazón. Quinn no estaba
mintiendo, no estaba tratando de conseguir con encantos el camino a la rodilla de Eli en
la que había estado planeando trasladar su saco. Quinn era adorablemente vulnerable
por turnos y altamente sexy, pero no podía salir lo suficiente de su encanto.

—Eso es halagador. —Eli se pegó a una sonrisa, y luego se echó hacia atrás para
que Quinn viniera con él. —Sé que soy impresionante en la cama, pero te conocí ¿Qué?
¿Hace tres días?

—Cinco. Es por eso que debes continuar en una cita conmigo.

—Una cita. Como los heterosexuales.

—¿Estás diciendo que no podemos citarnos porque lo hacen los heterosexuales?

Eso no era lo que había querido decir. Eli no era completamente heterofóbico,
pero había muchos ejemplos de imbéciles heterosexuales donde elegir. Como sus
propios donantes de óvulo y esperma. Su hermana. El padre de Kellan. Marcy.

Sin embargo, Kellan y Nate hacían cosas juntos todo el tiempo que no estaban
follando. Y tenían esa cosa de la loca cita de la noche que Eli generalmente escuchaba
como déjanos en paz para que podamos fijar los ojos el uno en el otro por un rato
antes de follar como conejos.

—Así que ¿cenar y una película? —dijo Eli.

Quinn negó con la cabeza. —No podemos hablar durante una película. —Pasó
un dedo sobre los labios de Eli—. Y creo que verte comer podría llevarnos de vuelta al
horizontal antes de tiempo.

—Me gusta el horizontal.

—A mí también. —Quinn le dio un beso largo y profundo, pero fue el golpe de


caderas de Quinn lo que tenía a Eli en un más receptivo marco de la mente—. Pero el
horizontal no es el principal motivo de una cita.

—Se puede estar allí al final, sin embargo. Vas a llevarme allí, ¿no?

124
—¿Eso es un sí?

Cuando te quiero para mí solo. Por supuesto, al único hombre que alguna vez
había tenido que pedírselo no estaba disponible. Si Eli nunca consiguió un novio de
verdad, tal vez no fuera mala idea probar la cosa de las citas, aunque parecía estúpido.
Eran compatibles en la cama, ¿qué otra cosa había que saber? Obviamente, no iba a ser
alguna gran cosa del amor. Incluso si Quinn no estuviera colgado de su ex, nunca habría
mirado a Eli de la forma que Kellan y Nate se miraban entre sí. La mayor parte de lo
que Eli conseguía de Quinn era reacia diversión, como si no pudiera creer que estuviera
aguantando la mierda de Eli, pero el sexo lo compensaba. Esa era la misma manera en la
que Eli se sentía por Quinn y su familia de mierda, así eran incluso.

—Depende. ¿Qué vamos a hacer? —Eli trató de sugerir algo ahora, levantando
sus piernas en alto alrededor de las caderas de Quinn.

—Llegar a conocernos el uno al otro.

—No entiendo por qué eso debería importar. Incluso si vivimos juntos, no
significa que nos tenga que gustar la misma cosa en nuestra pizza.

Quinn le estaba dando esa sonrisa, es-tan-buena-cosa-que-seas-de-aspecto-tan-


follable. Debería haberse ganado un pellizco en los pezones, pero el estómago de Eli
consiguió el mismo calor derretido que lo hacía después de una dulce y larga jodida. Ser
follable era algo a lo que Eli aspiraba cada segundo del día.

—Está bien —dijo Eli—. ¿A dónde vamos?

—¿Puede ser una sorpresa?

—¿Al igual que arrastrarme a una iglesia católica? Necesito saber qué ponerme.

Quinn miró por un momento, como si estuviera corriendo a través de una docena
de escenarios de citas en su cabeza, tratando de encajar a Eli en una sola.

—La bolera —dijo Quinn al fin.

—¿Bolera? ¿Zapatos alquilados y pasar tiempo con viejas damas llamadas Verna
y Flo? Eso debería sacar el sexo de la ecuación, de acuerdo.

—¿Es eso un sí? —preguntó Quinn de nuevo, esta vez con la sonrisa que
siempre utilizaba con Eli. Había algo malicioso en eso ahora. Como si no decidiera nada
bueno y quisiera que Eli se uniera a él. Tal vez hubiera un lugar donde se jugara a los
bolos desnudo. Entonces Eli pensó en alguien llamada Verna desnuda y se estremeció.

—¿Quién paga?

125
—Yo, dado que te lo pedí yo.

Eli echó los brazos alrededor del cuello de Quinn. El lugar donde la corbata se
frotaba con las muñecas de Eli hormigueó al tocar la piel de Quinn. —Convénceme.
Muéstrame cómo vas a llevarme a la cama.

Quinn lo hizo.

Puso a Eli a su lado y entró en él por detrás, movimientos cortos que frotaban en
la mejor forma posible. Las explosiones de caliente placer en el interior y el grueso eje
entregando todas las fricciones que podía soportar.

Desgarró el aliento de Eli, pero se las arregló para jadear—: más duro. Más.

Las caderas de Quinn mantuvieron ese movimiento entrecortado mientras sus


manos recorrían el cuerpo de Eli, los labios y la lengua y los dientes en su cuello. Eli se
retorció cuando la mano de Quinn eludió el empuje de la polla de Eli hacia ello. En
cambio, los dedos se dieron la vuelta y tiraron de sus bolas, las uñas rasparon el interior
de sus muslos, y luego, Dios, la presión sobre la piel en medio. La presión para
asegurarse de que todo se contrajera apretado y dulce cuando el calor se reunió en la
punta de la polla de Eli y derramó un cálido hormigueo en la cabeza.

—Voy a correrme. —Pero cuando Eli tomó su pene, Quinn dio una palmada
alejando la mano.

—Y yo quiero que esperes. —Quinn bajó para frotar debajo de las bolas de Eli,
pero luego cambió para agarrar el culo de Eli para abrirlo más, un impulso profundo
forzando la liberación más cerca incluso mientras Quinn le impidió llegar hasta allí.

—Por favor.

Quinn tenía que saber lo que ese estiramiento extra estaba haciéndole, el
doloroso placer con ello. Joder sí, lo sabía, porque envió un dedo agitando con fuerza
contra la piel apretada entre las bolas y el culo, un pico de dolor tan dulce que Eli saltó y
llegó de nuevo para encontrar cualquier cosa a la que aferrarse, de alguna manera para
convencer a Quinn de dejarlo ir.

—Va a ser mejor si esperas.

Era tan condenadamente bueno en este momento, perfecto incluso, y luego


Quinn se suavizó y volvió a clavar la glándula de Eli con un empuje rodando en sus
caderas, un construir-construir-construir de presión y a ninguna parte donde ir.

Cuando Eli tomó su polla de nuevo, Quinn capturó sus manos de forma más
segura que la corbata. Suaves besos húmedos en el cuello, debajo de la oreja, y Eli

126
estaba frenético. Demasiado lleno, también. Cerró sus caderas de nuevo contra Quinn,
obligando a la fricción más rápida, más nítida. Quinn mantenía las manos de Eli
atrapadas en una de las suyas y deslizó la mano liberándola alrededor del muslo de Eli
para inmovilizarlo cerca, aminorando su velocidad para nada más que dolor, perfecto
empuje.

Cada juego que Eli había jugado, atado como un águila extendido, una mano o
una paleta magullando su culo, un flogger picando en su grieta, nada había incluso
obligado a rendirse alguna vez a él como esta profunda y suave jodida de Quinn. Eli
había pensado que le gustaba ceder el control, tomar un descanso por un tiempo y dejar
que un hombre empujara la sensación sobre su cuerpo. Esto era diferente.

Aterrador.

Porque eso era lo que significaba realmente perder el control. Dejar a Quinn
dentro, permitirle hacer a Eli sentir mucho más de las increíbles sensaciones de los
cuerpos juntos.

Y dentro de esa rendición estaba la seguridad. Quinn a su alrededor, la voz


susurrando en su oído:

—Te tengo. Déjame hacerte sentir bien, cariño.

Eli dejó de tratar de sacar sus manos hasta su polla y se secó el sudor de la cara
en su hombro. Quinn no lo dejó ir, sin embargo, sino que utilizó la mano en el muslo de
Eli para guiarlos. Empujes profundos que hicieron que el vientre de Eli se liberara,
tirones rápidos contra su glándula que hizo que su vientre apretara mientras trataba de
aferrarse al vertiginoso placer.

Su cuerpo estaba bajo el control de Quinn, pero su mente escupió un último


intento. —Por favor, deja que me corra. —La liberación estaba allí, llena y caliente,
inundando sus bolas, su culo. Todavía sin ningún sitio donde ir.

La única respuesta de Quinn fue un suave beso debajo de la oreja que se


convirtió en una mordida fuerte, temblorosa.

Eli cedió.

Dejó que Quinn moviera su cuerpo, se moviera a través de él y dentro de él,


como el agua corriendo, usando cada barrera, arrastrándole. Eli no podía decir dónde
terminaba una ola y otra comenzaba cuando el calor subió a su polla, pero cuando
Quinn finalmente envolvió una mano alrededor del eje de Eli, la dura fricción
desesperada, esas pequeñas olas de placer se convirtieron en una cascada,
abandonándolo y poniéndolo debajo.

127
De alguna manera sus manos se liberaron, y se agarró a cualquier parte de
Quinn, sus dedos buscando lo que pudiera encontrar. Pelo, piel, músculo, hueso. Debido
a que el semen que estallaba de sus huevos le iba a arrastrar si no resistía. Quinn estaba
bien allí con él, susurrando ronco sí, joder, sí, cariñitos a los oídos de Eli.

El corazón de Eli seguía latiendo con fuerza. Eli había tenido relaciones sexuales
antes. Mucho sexo. Sexo pervertido. No había sido solo sexo. Si estuviera en la cama de
alguien más, se escabulliría para tratar de averiguar si eso lo hacía feliz o le asustaba a
morir. Pero esa escapada no era posible.

Quinn hizo un resoplido y se desplomó contra su espalda. Eli nunca había estado
más agradecido de la química que estaba en el cerebro de un hombre que le hiciera
desear desplomarse y dormir después de eyacular. En estos momentos, la belleza de un
cromosoma “Y” lo salvó de tener que mirar a Quinn, o hablar con Quinn. Y, cuando los
párpados de Eli fueron demasiado pesados para levantarlos, esa química le impidió
mentir aquí y tener que pensar en lo que acababa de suceder.

Quinn nunca había tenido una cita en su vida. En la Armada, tratar de citarse
habría estado pidiendo que te echaran. Había follado chicos, pero eso era todo lo que
fue. Luego había estado con Peter. Después de eso, había sido una repetición, joder, no
citarse.

No tenía por qué ser complicado. Recogería a Eli, harían algo, hablarían y verían
si se gustaban el uno al otro fuera de la cama, y fuera del alcance de la familia, y en el
mejor de los casos harían planes para la cita número dos.

La parte de la esperanza era lo que mantuvo a Quinn apretando el volante


mientras obedientemente esperaba fuera del apartamento de Eli. Tenía que haber otra
cita. Porque Quinn no podía imaginarse volver a su vida antes de que Eli hubiera
estallado con ello. No podía volver a estar todo tan tranquilo y plano y aburrido. Así que
esto funcionaría. Quinn lo haría funcionar.

Incluso ahora que había escuchado la insistencia de Eli de que Quinn no se


acercara al apartamento, como si hubiera tenido hambre de verlo por primera vez en
más de una semana.

Eli cerró de un golpe la puerta al salir, y luego tiró de su chaqueta motera de


cuero negro. Un destello brillante de color magenta se mostraba por debajo y sus
habituales apretados vaqueros negros remataban el conjunto. Quinn se encontró
sonriendo cuando Eli se lanzó dentro del coche en algún tipo de cabreo.

—¿Qué me hizo pensar que sería más fácil tener chicas por compañeras de piso?

128
—¿Estás todavía enojado por la semana pasada? —Cuando Quinn había llamado
para concertar una cita y un día, Eli se había quejado sobre aguantar una reunión en la
casa donde discutían a un nivel de ruido adecuado para huéspedes durante toda la noche
y alguna advertencia sobre que buscar a un hombre en el baño a las cuatro de la mañana,
sería apreciada. Como si llamar no hubiera sido mejor. Como si no vivieran ya con un
hombre. Es como si no pensaran que tengo una polla, Eli se había quejado.

—No ellas —respondió Eli—. Ella. Sam probablemente estaba escuchando y


masturbándose, o tocándose el clítoris 11, o lo que sea que hagan las chicas. Pero Dana va
de la mano con lo que dice Marcy.

No había tiempo ahora como para comenzar una conversación. —Así que ¿no te
llevas chicos a casa muy a menudo?

—Trato de no hacerlo nunca. No hay apenas espacio en esa habitación para mí.

—Pensé que encajamos.

—Porque tenías tu polla en mi culo.

La avalancha de recuerdos tuvo un efecto inmediato en el ajuste de los


pantalones tejanos de Quinn. El pelo oscuro de Eli contra su piel, la forma en que sus
ojos se veían negros y profundos, el olor de su cuerpo, los sonidos de la garganta y la
sensación de tenerlo alrededor del cuerpo de Quinn. De repente, llevar a Eli de nuevo a
la casa de Quinn en Mount Washington parecía ser un mejor plan. —Esa fue mi parte
favorita.

—Así que ¿podemos saltarnos los zapatos alquilados y Verna e ir derechos a


follar?

Si Quinn jugaba esto bien, habría montones y montones de folladas. Tenía la


edad suficiente para esperar. —¿Y decepcionarla? La cita primero, la polla en el culo
después.

—Aguafiestas.

A pesar de los techos y el estuco del estilo del sudoeste fuera de lugar en Sunset
Lanes en Towson, el lugar era luminoso y estaba limpio y tenía decente comida Tex-
Mex12, bastante decente que a veces la gente iba allí a comer incluso si no fueran a los
bolos. Lo mejor de todo, una liga de bolos gay se reunía esta noche, por lo que Eli
podría no ser capaz de recoger tantas quejas sobre suburbios encerrados.

11
La palabra que utiliza es Jill off, que es el equivalente a la autoestimulación erótica para las
mujeres.
12
Tex–Mex, mezcla de cultura de Texas y México.

129
—Maldita sea —dijo Eli cuando Quinn estacionó en el centro comercial—.
Debería haber traído mi ropa de lavandería. —Asintió a la lavandería de al lado.

—Ahora, ¿quién no es sexy? —Quinn agarró su bolsa de bolos de detrás del


asiento.

—El servicio de lavandería puede ser muy sexy. Las máquinas vibratorias, el
caliente y fresco algodón de la secadora, todo ese tiempo para matar. ¿En serio? —Eli
miró su bolso—. ¿Tienes tu propia bola?

—Y zapatos. ¿Qué poco sexy ahora soy?

—Puede que tenga que reajustar mis planes para más adelante. No sé si puedo
hacer eso con un hombre que tiene su propia bola de boliche. ¿Es de color rosa al
menos?

—Gris.

Eli negó con la cabeza, con una expresión triste tirando de sus labios hacia abajo
en las esquinas. Quinn había estado deseando ver de nuevo a Eli, pero de algún modo
había olvidado el efecto que Eli tenía sobre el resto del mundo. Una vez dentro, Eli se
colgó la chaqueta sobre su hombro, dejando al descubierto una camisa de bolos de
aspecto vintage en húmedo magenta completo con cinta de color negro y su nombre
cosido en el bolsillo del pecho izquierdo. Movió el culo para conseguir los zapatos
mientras Quinn pagó por un carril. En el momento que Eli estaba agachándose para
atarse los zapatos alquilados, todos los chicos en la Liga dos carriles por encima estaban
mirando en su dirección.

Jamie se acercó y golpeó el hombro de Quinn antes de entrar a su alrededor para


ofrecer una mano a Eli.

—Soy Jamie. Así que, ¿Eres tú con quien Quinn ha estado el último par de
semanas?

—Él quiere. —Eli disparó a Quinn una mirada con los ojos entrecerrados—.
¿No vas solo a ninguna parte?

—Yo solía jugar a los bolos en su liga hace dos años —explicó Quinn.

—Lo dejó cuando el jueves fue la única noche que como-se-llame estaba en
casa. —Jamie llevó la cerveza a sus labios.

Antes de que Quinn pudiera desabrochar la bolsa, otros cuatro chicos se les
habían unido. Terry, que estaba en sus cuarenta y tantos años, estaba ofreciendo mostrar

130
a Eli cómo ganar puntos, a pesar del hecho de que los carriles informatizados lo hacían
automáticamente. Quinn apretó el hombro de Terry cuando se inclinó sobre Eli.

—Le estoy mostrando cómo introducir los nombres —dijo Terry con una sonrisa
de lobo.

—Gracias. —Eli dio a Terry ese sexy guiño que Quinn quería conservar para sí.

Una chispa de rabia apretó los puños de Quinn. —¿No estáis algunos de
vosotros en medio de un juego?

—Yo no —dijo Terry.

—¿Puedo invitarte a una cerveza, Eli? —Ofreció Jamie.

—Ginger ale —dijo Eli, los ojos muy abiertos, la mirada angelical sugiriendo
que no era lo suficientemente mayor para la cerveza.

—Basta, idiotas. —Quinn arrastró a Terry hasta la silla del tanteador que
compartía con Eli y lo empujó en la dirección de los otros carriles. —Largaos. —Quinn
se volvió a Eli—. ¿Qué fue todo eso? —exigió.

—Son tus amigos. —Eli se disparó de pie para enfrentarle—. Pensé que esto se
suponía que sería una cita. Lo cual, a pesar de mi poca experiencia, no implica a diez
personas.

—Sabía que iban a estar aquí, pero pensé... —Quinn ya no estaba seguro de por
qué había pensado que estar aquí con ellos era una buena idea.

Eli inclinó la barbilla hacia arriba, con una sonrisa partiendo la curva de sus
labios. —¿Estabas mostrándome a todos?

Quinn no había pensado que necesitara refuerzos. Tal vez lo había hecho. Tal vez
había querido ver qué color Eli podría añadir a otra parte de la antigua vida de Quinn.

—¿Y si lo estuviera?

—Tus posibilidades de obtener una mamada más tarde solo mejoraron


notablemente. —Eli tocó su brazo y lo balanceó abajo por el carril—. Así que dame
algunos consejos.

Quinn deseaba haber llevado a Eli a pescar con mosca en algún lugar en medio
de la nada, así que cuando estuviera detrás de él para guiar sus movimientos, no
importaría lo duro que lo dejara. Después de unos segundos de intentar posicionarle,
sugirió que Eli tratara de encontrar su propio estilo.

131
Lanzó la bola a un tiro. Y otro. Y entonces tomó una de reserva.

A Quinn le encantaba el aspecto de alegría en el rostro de Eli cuando el último


bolo se tambaleó y Eli miró su puntuación.

—Voy ganando. —Eli siempre debería verse así, como si alguien acabara de
entregarle un cheque de un millón de dólares.

Logró dos bolos más en sus siguientes cuatro intentos. Cuando Jamie se presentó
con una lata de ginger ale, Eli le descartó con la mano. —Estoy tratando de resolver
esto.

—Es mi turno —dijo Quinn.

—Pero necesito la práctica. No vamos a contar este juego.

Jamie estaba de pie junto a él cuando Quinn observaba a Eli enganchar otra bola
en el carril.

—Entonces, ¿qué hay con este niño?

—Tiene veintitrés. —Quinn se anticipó por unas semanas.

—No voy a detenerte, hombre, solo estoy preguntando.

La siguiente bola de Eli se desvió de canal a canal como si hubiera sido


arrastrada por imanes invisibles antes de golpear los bolos casi de lado y dejando una
fracción de cinco–diez. Eli bombeó el puño en señal de triunfo.

—Le quiero —dijo Quinn, con sencillez. Porque a veces, era tan fácil como eso.

—También lo hace Terry. Joder, aquí todo el mundo probablemente le jodería.


Billy está babeando lo suficiente como para cambiar su camisa, y es un sumiso total.

—No, si tengo algo que decir al respecto.

Jamie negó con la cabeza. —No quiero ver que te joden otra vez. Incluso si no
tuviera veintitrés años, ese tipo de cosas no es realista. Folla hasta los sesos, pero
abandona el completo lío del amor y el matrimonio con los heterosexuales.

Amor. No había dicho nada sobre el amor. No había dicho nada sobre el amor a
Peter, aunque Quinn había asumido que eso es lo que era. No había sentido nada igual a
esto. Peter no siempre había sido fácil, pero las cosas habían sido cómodas. Eli era tan
cómodo como una montaña rusa sin frenos.

132
Eli levantó la hendidura y se dio la vuelta. La alegría en su rostro hizo que Quinn
quisiera besarlo intensamente. Lujuria, amor. Quinn solo lo quería.

—Te mereces un buen rato, cariño. —Jamie le dio una palmada en la espalda—.
Pero mantén la cabeza arriba en el juego.

Eli se detuvo por un trago de ginger ale e hizo una mueca, pero si la mueca era
por la bebida o por Jamie, Quinn no estaba seguro. —¿Sobre qué va eso?

Quinn arqueó las cejas. —Él piensa que vas a romper mi corazón.

Esperaba que Eli se riera o encontrara una manera de retorcerlo en algo sexual.

—Incluso si pudiera, no lo haría.

133
Capítulo Doce

Antes de que Quinn tuviera tiempo de preguntar a Eli lo que quería decir, se
había vuelto para mostrar ese perfecto culo mientras recogía su bola.

—No puedo creer que haya perdido en este deporte. Se trata de manosear
agujeros y acariciar bolas. Entonces, ¿qué tal una apuesta?

Quinn estaba seguro de que con cualquier cosa que Eli se propusiera perder sería
tan divertido como ganar. —¿Una apuesta?

—Si gano, tú haces lo que quiero para el resto de la noche.

—¿Y si gano yo?

—¿Qué quieres? —Eli le susurró.

—Haces lo que quiero, oh, hasta las 6:00. Seis de la madrugada.

—Lo tengo, soldadito.

Quinn no podía golpear el culo aquí. Lo hizo de todos modos. —Marine.

La sonrisa de Eli le dijo que no lo había olvidado.

Quinn nunca había intentado perder con más ahínco un partido en su vida. No
fue fácil. Eli lanzaría un golpe y luego tres bolas derechas al canal. Tal vez los dos
estuvieran tratando de perder.

Eli logró dos tiros y uno de reserva en las últimas partidas, luego se volvió en
triunfo. —Está bien. Dame de comer.

—Tienen buenos tacos…

Eli hizo una mueca y luego negó con la cabeza. —Nada de mexicanos. Mi lugar
favorito es la hamburguesería en el centro.

Habían conducido más allá de Loyola cuando Eli anunció:

—Carne picada y setas.

134
Quinn le dirigió una mirada confusa antes de fijar sus ojos de nuevo a la
carretera.

—Ingredientes de pizza —dijo Eli, como si eso lo explicara todo.

Le llevó un segundo antes de que Quinn se diera cuenta de que Eli seguía la
conversación desde hacía una semana. —No es un motivo de ruptura.

—¿Qué es? —preguntó Eli.

Por el momento Quinn no podía pensar en nada que pudiera hacerle querer a Eli
fuera de su vida, pero había algo que prefería no tener que abofetearlo en la cara de
nuevo. —Mentir.

—Tiene sentido.

Las calles se estrecharon, el incremento de los vehículos y peatones llevó más de


la atención de Quinn a la conducción. Cuando Eli no ofreció nada, Quinn preguntó:

—¿Cuál es la tuya?

—¿Tienes un lápiz? Es una larga lista.

—Me parece difícil de creer.

—¿Eso es que soy exigente?

—Eso es que sacas a la gente de tu vida fácilmente. —Quinn miró por encima
mientras esperaban por un semáforo, pero Eli estaba mirando por la ventana—. Si
tuviera que elegir una.

Eli se volvió hacia él, sostuvo la mirada de Quinn. —Ser ignorado.

—Lo tendré en mente. —Quinn vio un lugar de estacionamiento, aunque eran


más de dos bloques lejos de la dirección que Eli le había dado—. ¿Te importa caminar?

—Estoy acostumbrado a ello.

—De acuerdo. —Quinn podía ver por qué un coche no tendría mucho sentido en
el corazón de la ciudad—. ¿Tienes licencia de conducir?

—No. Pero sé cambiar un neumático desinflado, saltar una batería y cambiar el


aceite. —Eli no tenía problemas para mantenerse al nivel de las largas zancadas de
Quinn tampoco.

135
—Recuérdame que te llame la próxima vez que mi coche haga un ruido raro.
¿Por qué te molestarías en aprender si no conduces?

—Recibí clases de taller mecánico en la escuela secundaria. Odiaba al profesor


de arte.

—¿Acaso él te ignoraba?

—Ella —corrigió Eli— le gustaba humillar a la gente. Me enfrenté con ella por
eso y me prohibió la clase de arte.

—¿Te humillaba?

—Yo no le di oportunidad. Se metía con los niños más débiles. Maestros. —Eli
rodó sus ojos, pero antes de Quinn pudiera defender su profesión, Eli agregó un guiño
—. Así que ¿cómo haces que tus estudiantes sigan tus órdenes? ¿Quedarte ahí todo
intimidante y con ojos de piedra?

—No tengo ojos de piedra.

—No todo el tiempo, pero haces esa cosa con los ojos entrecerrados cuando me
das esa mirada que dice ya verás. Me dan ganas de caer de rodillas y chuparte en el
lugar. Supongo que eso no funcionaría en la escuela.

Quinn se estremeció con repugnancia. —No estoy seguro de que pueda comer
ahora.

Cambió de opinión cuando los olores del restaurante golpearon su nariz.


Perfectas hamburguesas en una parrilla en medio de octubre, pan fresco, salada grasa de
patatas fritas. Después de que el anfitrión rubio platino intercambiara un beso
demasiado largo con Eli, les mostró un reservado.

—¿Vienes aquí a menudo? —Quinn abrió su menú. El pelo de la nuca picaba.


Eli había tomado el asiento mirando hacia la puerta, dejando a Quinn deseando
realmente tener ojos en la nuca.

—No lo suficiente a menudo. Sé que los precios son elevados, pero vale la pena
la comida.

Quinn miró hacia abajo. Las hamburguesas eran de alrededor de diez a doce
dólares, pero eso no era lo que él había querido decir. —Quiero decir…

—¿Oh? ¿Silver? —Eli miró a la multitud—. A los dos nos gusta bailar. —Sonrió
—. ¿Eres del tipo celoso?

136
Cualquier posibilidad de réplica desapareció cuando Eli se inclinó sobre el
reservado. A diferencia de lo que le había dado a Silver, el beso de Eli a Quinn fue
deliberado, cuidadoso. Nadie les prestó ninguna atención.

—Solo para que lo sepas. —Eli se hundió de nuevo en su asiento—. Lo soy. —


Sacó su menú—. Tomaré el número cuatro. Setas y extra de queso. Le ponen
mantequilla en los bollos de pan también. —Los ojos de Eli se cerraron en una
imitación de éxtasis.

Quinn le dijo a su polla que se calmara. Lo hizo finalmente. No iba a conseguir


una erección cada vez que alcanzaba a ver un diente torcido cuando Eli sonreía o abría
esa bonita boca de listillo.

La mirada de Eli fue hacia la puerta. —No me jodas—. Eli respiraba como una
maldición más que la invitación que Quinn estaba tratando de conseguir para que su
polla dejara de pensar el tiempo suficiente para conseguir que comieran.

Eli levantó su menú como un escudo. —A diferencia de tus amigos en la bolera,


esto no era parte de mi plan. Ignórales y desaparecerán.

Quinn levantó la vista cuando los dos hombres se detuvieron en su mesa. Nate,
el odioso de pelo oscuro con gafas, y el más afable con la amplia sonrisa cuyo nombre
Quinn olvidó.

—¿Nos vas a presentar? —dijo Nate con una mueca de desprecio.

Eli había sido agradable con los amigos de Quinn. Quinn podía hacer lo mismo.
—Hola. Nos hemos encontrado. Quinn.

—Te importa si nos unimos a ti. —Nate no lo hizo como pregunta.

—Sí —dijo Eli, pero Quinn se levantó de su lado de la mesa y se deslizó junto a
Eli.

—¿Recuerdas que todo esa cosa de ser ignorado lo odio? —murmuró Eli en su
oído.

Quinn pasó una mano por el muslo de Eli y le susurró de nuevo:

—¿Parece que te estoy ignorando?

—No es justo tomar ventaja de un tipo que se guía fácilmente por su polla. —Eli
empujó arriba en la mano de Quinn.

137
—Bueno, fue agradable ver que tú... —el más alto tiró del brazo de Nate—...
pero creo que vamos a… no importa. —El rubio se interrumpió con un suspiro cuando
Nate se quedó colgado en el reservado.

—No me jodas, todavía están aquí. —Eli mantuvo sus labios cerca de la
garganta de Quinn.

—Más tarde —prometió Quinn, respaldándolo con la mano en la entrepierna de


Eli.

Eli se alejó. —Creo que deberías haber salido del reservado.

—Solo porque no sea una situación de vida o muerte ahora, no quiere decir que
no lo será. —Quinn se volvió hacia él—. Piensa en lo mucho mejor que yo estaría
bloqueando cualquier amenaza de apocalipsis zombie mientras que tú consigues reunir
las armas.

Un bufido escapó de los labios de Eli, y el nuevo novio de Nate se hizo eco de la
risa con una sonrisa.

—Es una buena cosa que tenga tu cadáver para protegerme entonces. —Nate
bajó a su novio al reservado, luego tiró el menú de debajo de los brazos cruzados de Eli.

—Lo siento, chicos. —El rubio quitó el cartón de las manos de Nate y se lo
devolvió a Eli—. Sabes cómo desplaza a sus juguetes.

—Y Eli es su juguete. —Quinn se enderezó, mirando a la expresión petulante de


Nate.

—No quise decir eso exactamente así. —El novio se ruborizó.

Eli puso una mano sobre el brazo de Quinn. —Además, Nate se cansó de jugar
conmigo hace mucho tiempo. No le hagas caso. Suelo hacerlo. —La voz de Eli había
seguido con esa calidad de sonsonete que había usado cuando se lucía para la familia,
los amigos de Quinn. ¿Era así con todo el mundo, excepto con Quinn?

Quinn siguió mirando a Nate, hasta que se dio cuenta de que Eli estaba jugando
con los pies con el rubio, Kellan eso era, debajo de la mesa. Cuando el camarero tomó
sus pedidos, Quinn sacó una pierna fuera para interrumpirlo.

La amplia boca se curvó en una sonrisa tímida. —Lo siento, amigo. —Kellan
ladeó la cabeza hacia Quinn—. Así que ¿Cómo es salir con el señor Wright?

Eli miró. —¿Cuánto tiempo te has estado guardando eso?

138
—Un año. —La sonrisa de Kellan fue completamente sin disculpa.

—Sr. Wright, ¿eh? —Nunca se le había ocurrido a Quinn preguntarse cuál era el
apellido de Eli. Cuando Eli enseñó su licencia, había estado más interesado en la prueba
de edad—. Eso es muy bueno.

—Cállate —espetó Eli.

El camarero se acercó con una bandeja que contenía bebidas, y la cara de Eli
adquirió una sonrisa que prometía venganza para todos ellos. —El padre de Kellan y el
de Nate solían trabajar para KZ —explicó Eli mientras el camarero distribuía cuatro
botellas frías de cola local. Quinn había seguido el ejemplo de Eli y ordenó el de cereza
negra, lo que había provocado una risa en Kellan—. Y ahora papá Kellan dirige las
bebidas energéticas Brooks Blast.

Alyssa había dicho algo así en el bautizo. Algo sobre que Kellan fue
desheredado.

—Noticia antigua. —Kellan lo descartó con la mano.

Eli persistió, como si tuviera algo que demostrar. —Sí, pero lo que no todo el
mundo sabe es que Kellan es mi héroe. Su padre recorta todos estos grandes cheques
para todos los gilipollas antimatrimonio, y cuando trató de pagar a Kellan para que se
quedara en el armario, Kellan rechazó medio millón.

Kellan y Nate estaban en medio de una especie de broma privada que implicaba
un resultado, por lo que Quinn estaba libre para concentrarse en Eli, sobre la lección que
Eli con cuidado trazó para él. El gran neón parpadeante se hizo un poco obvio. Quinn
nunca estaría a la altura de ese tipo de culto al héroe mientras actuara bien con los
Laurents. Y mientras Eli tuviera a Kellan como ejemplo, Eli nunca lo vería de otra
manera.

Eli empujó contra Quinn. —Déjame salir.

—Pensé que establecimos la cosa de dentro-fuera.

—Tus problemas de control son buenos, marine, pero tengo que hacer pis. Sé
que todos vais a disfrutar hablando de mí mientras estoy fuera.

Cuando Quinn se levantó para dejarlo salir, Eli se inclinó hacia delante y cogió
la chaqueta de Nate, arrastrándolo lo suficientemente cerca como para susurrarle algo.

Con un gesto de la mano y sacudiendo sus caderas, Eli se fue.

—Entonces, ¿cuál es tu problema? —Quinn no se molestó en volver a sentarse.

139
Nate se lo devolvió con igual franqueza. —No me gusta que Eli se cite con
alguien de edad suficiente como para ser su padre.

—Tonterías. —Quinn le miró—. Esto se trata de ti y de tus juguetes...

Kellan se mordió el labio inferior, como si combatiera una carcajada.

—Él no es un juguete. —Nate se inclinó sobre la mesa—. Pero si en realidad


supieras algo sobre él, sabrías que…

—Tú eres el que no sabe nada de él. —Estaba claro que ellos únicamente
conocían todo el drama, el coqueteo con-luces-de-semáforos-por-guiñarle partes de Eli.

—Ni siquiera sabías su apellido hasta hace cinco minutos —dijo Nate—. Si
supieras lo que yo no puedo decir sobre el dolor de... —miró hacia abajo a su
entrepierna— ...dolor, verías por qué esto es tan malo para él. Necesita una oportunidad
para pasar el rato con gente de su misma edad y averiguar lo que quiere.

—Si lo conoces tan bien como crees, ya sabes que Eli es perfectamente capaz de
decirme que me vaya al diablo si eso es lo que quiere.

—El problema es que no sabe lo que quiere.

—¿Alguna vez le has preguntado? —Quinn se dejó caer de nuevo en el asiento


—. Como alguien más mayor, déjame decirte lo que veo. Te encanta la forma en la que
te admira, a los dos. Lo tratáis como a una mascota, manteniéndole dando vueltas por
cualquier afección que podáis perderos.

—Eso es… —Nate cerró la boca en una repentina mueca que había convencido
a Quinn de que Kellan había pisoteado su pie.

—Conseguid un cachorro si eso es lo que necesitáis, pero deja de fingir que Eli
no puede funcionar sin ti diciéndole qué o a quién quiere.

140
Capítulo Trece

Para alguien que había pasado sus mejores años de citas tratando de asegurarse
de que tuviera un lugar razonablemente seguro para dormir por la noche, Eli pensó que
estaba cogiéndole el tranquillo a esta cosa de las citas. Quinn era muy divertido, incluso
cuando no estaba jugando a papá dominante en la cama. Y Nate siempre mantenía la
boca cerrada, Quinn nunca sabría que aunque la mayor parte del tiempo Eli logró
quedarse con amigos durante el año pasado, había habido momentos en los que
conseguir mamadas o ser jodido por alguien le daría un lugar para dormir, y darle de
comer no había sido un mal intercambio. Tampoco es como si Eli se hubiera sentido tan
desesperado como para aceptar una oferta de un tipo que fuera realmente repugnante.

Nate mantendría todo eso para sí mismo. Puede que fuera un gilipollas
arrogante, pero podía contar con que no contara secretos. Si esta cosa con Quinn
merecía la pena trabajarla, Eli no quería que Quinn le diera esa mirada de lástima que
Nate tenía la mayor parte del tiempo.

Kellan vio a Eli venir y todo el mundo en la mesa se calló.

—Entonces, ¿qué me he perdido? —Dando a Eli puntos de bonificación por la


agradable cita, dejó que Quinn le empujara al interior del reservado de nuevo.

—Sacó sus... varas de medir —dijo Kellan.

—Me di cuenta de eso. ¿Quién ganó?

—Yo, como siempre. —Kellan golpeó el hombro de su novio, pero mientras que
Nate estaba distraído por comprobar y asegurarse de que la cocina no había intentado
colar un trozo de carne de vaca Patty en lugar de la hamburguesa vegetariana que había
ordenado con mojigatería, Kellan inclinó su cabeza a Quinn y le mostró a Eli un guiño
para hacerle saber que Quinn había salido vencedor.

Cuando llegó la hora de irse, Kellan levantó a Eli en un fuerte abrazo. —


Realmente me gusta. Y está loco por ti.

Nate le dio un beso a Eli muy deliberado en la boca y le dijo:

—Ten cuidado.

141
Mientras caminaban hacia el coche, el estómago de Eli olvidó que había
inhalado toda esa bondad grasienta hacía diez minutos, sintiendo un vacío de todo,
excepto de nervios. Esta era la parte de la cita que había estado esperando. La parte que
sabía que habían estado bien. ¿Por qué la asustada anticipación de una virgen a punto de
que le metieran mano?

—¿Dónde vamos ahora? —dijo Quinn mientras abría el coche.

—Yo pensé… —Así es. Eli había ganado la apuesta. Todo dependía de él. Lo
que debería haber hecho que se relajara, pero en lugar de eso balbuceó, agitando las
manos para enfatizar:

—Bueno, yo iba a sugerir mi casa, así realmente podría retorcer el pelo a esa
perra de Marcy, pero vamos a ir a tu casa. Recuerda que te comprometiste a follarme si
salía contigo.

—Algo así. Pero ganaste la apuesta.

—Creo que dejaste que ganara.

—O tal vez sea un terrible jugador de bolos.

El pulso de excitación en la ingle de Eli seguía batallando con el ansioso bajón y


el remolino en el estómago cuando subían las escaleras a casa de Quinn. No es que Eli
no quisiera joder, pero todo parecía diferente con todo este período previo. ¿Cómo se
suponía que iba a asegurarse de que no fuera una decepción? Las citas tenían sus
inconvenientes.

Quinn miró cómo Eli jugaba con los botones de su camisa.

—¿Pasa algo?

—Siento mucha presión por ser increíble.

Quinn se acercó y lo besó. —Ya lo eres. —Sus labios flotaban sobre los de Eli
de nuevo, una pregunta y una afirmación. Cuando Quinn comenzó en los botones de la
camisa de Eli, Eli levantó las manos para ayudar—. Prometo tener cuidado con esto. Te
ves atractivo en ello. ¿Dónde lo encontraste?

—La camisa estaba en una tienda de ropa de ocasión, pero añadí los ribetes y mi
nombre.

El beso de Quinn tenía un poco más de urgencia cuando la camisa cayó, los
labios entreabiertos, el aliento rápido. Una lengua en el lado del cuello de Eli le hizo

142
escapar antes de convertirse en un charco a los pies de Quinn. Después de pescar los
suministros de los bolsillos, Eli desechó sus pantalones y calzoncillos.

Quinn quitó su camisa, pero cuando sus manos fueron a su cinturón, Eli lo
detuvo, lo llevó a estar de pie junto a la cama. —Todavía en mi apuesta, ¿no?

—Por supuesto. —Quinn pasó la mano por el pelo de Eli mientras se agachaba
sobre la cama—. Creo recordar esta posición.

—No del todo. —Eli desenganchó el cinturón de Quinn y abrió la bragueta para
sacar su polla. La piel satinada pulsaba y apretaba mientras acariciaba. Pasó primero un
dedo y luego su lengua hasta abajo por la más gruesa vena, pasó la lengua bajo la
cabeza. La jodidamente preciosa polla, se extendía y le deseaba. Él la acarició con su
pelo, sus manos, su mejilla. Quería eso abajo en la garganta y en el culo justo así, la piel
desnuda y el bombeo de líquido de las bolas de Quinn. Pero como no podía tener eso...

Eli abrió el mini paquete de caliente lubricante que había traído y utilizó su
pulgar para cubrir la carne suave y resbaladiza en la cabeza de la polla de Quinn.
Acarició el eje y Quinn se quedó sin aliento. —Quiero que se sienta caliente como mi
boca —explicó Eli.

—No es necesario que sea como tu boca. Tengo eso aquí mismo. —Quinn acunó
la mejilla de Eli y puso un dedo en los labios.

Eli rasgó el envoltorio de un condón con sabor a cereza y lo deslizó sobre Quinn.
—Pero quiero chuparte. —Hizo un deliberado balanceo casi a la base antes de dar
marcha atrás—. Y quiero que te pongas todo Papi en mi culo mientras me masturbo.

Quinn gruñó, las caderas empujando su polla contra los labios de Eli, así que Eli
imaginó que Quinn estaba abajo con el programa. El preservativo hizo las pequeñas
lamidas y movimientos menos eficaces, pero tomarle profundamente rápido compensó
esto. Eli abrió la garganta y Quinn lo jodió dentro de ella, un par de rápidas estocadas
antes del primer golpe de su mano en el culo de Eli.

Eli se apoyó con una mano en el borde de la cama y agarró su polla con la otra.
Quinn se apartó lo suficiente para apenas estar empujando la cabeza más allá de los
labios de Eli, mientras que Quinn le golpeaba tres veces en la misma mejilla. Dolía, lo
suficiente como para querer retroceder, pero luego se detuvo y comenzó el caliente
hormigueo. Eli gimió y lo chupó, cubriendo sus dientes y tratando de llegar hasta el
fondo.

—Tan bueno. Tan bueno pequeño mamón. —Quinn gruñó las palabras.

143
Eli subió su culo más, y Quinn aterrizó una serie más suave de golpes. Eli
retrocedió lo suficiente para llegar al cinturón de Quinn, tiró del estrecho cuero rígido
libre de las presillas y se lo entregó a Quinn.

Quinn se lo quitó, tomando su barbilla y obligando a Eli a mirarlo.

Los ojos de Quinn eran oscuros con dilatadas pupilas, la luz de la lámpara
capturando la plata en el pelo. Tenía la mandíbula apretada, pero sus labios eran suaves.
—¿Sí?

—Hazlas picar —susurró Eli—. Solo observa mis bolas.

—Tómalas y mantenlas cubiertas.

Necesitando una mano sobre la cama para abrazarse a sí mismo, Eli no podía
trabajar su polla mientras se protegía sus huevos, pero Quinn bajó la cola del cinturón
en un lento ritmo, tiempo suficiente para que el aguijón se convirtiera en la calidez
derramándose del culo hasta su polla.

—Cristo, muchacho. —Quinn dio la vuelta al cinturón, y la punta se montó en el


pliegue, quemando el agujero de Eli.

Eli dio un tirón, pero cuando el dolor fresco se desvaneció, todo su cuerpo
palpitaba con la emoción de la sensación.

—Lo siento, cariño. —Quinn ahuecó la mejilla de Eli, el cinturón enrollado


alrededor de su palma, el extremo trasero por encima del hombro de Eli. Retrocediendo,
levantó a Eli de nuevo. Eli se agarró a las caderas de Quinn.

—No —susurró Quinn—. Quieres disfrutar de esta manera, ¿no? —Tocó el


cuero enrollado contra el culo de Eli.

Eli asintió. Lo hacía. Quería el aguijón y el golpe de calentura clavando el


impulso en sus bolas, quería viajar hasta el final en una explosión, quería que el dolor y
los verdugones duraran días y masturbarse con el recuerdo de ello. Quinn le daría esto,
la atención de Quinn se centró en la quemadura del cuero sobre la piel de Eli.

—Así que déjame hacerlo bien, cariño. —Quinn se movió alrededor detrás de
Eli, llevándole hacia el otro lado de la cama, separándole las piernas, empujándole hacia
abajo para que su culo estuviera en el aire—. Mantén tus bolas cubiertas.

Eli dejó que sus hombros y rodillas tomaran su peso mientras ponía las dos
manos debajo de sus caderas y esperó a que el cinturón dorara su piel.

144
Quinn frotó el cinturón por encima del culo de Eli, la piel fría contra la
sensación de calor en las mejillas, un masaje relajante que propagaba placer por todas
partes. Eli se hundió en ello, la mano ocupada en su polla, y Quinn dio un paso atrás
para golpear el cinturón hacia abajo.

Eli se sacudió, luego se relajó. Con la mano en su pene, el látigo no era más que
placer, afilado y ardiente, pero dulce. Quinn consiguió un ritmo más rápido, y Eli se
montó en el filo de la navaja del dolor mientras el delgado cinturón dejó línea tras línea
de calor de un lado al otro del culo de Eli. Justo cuando pensaba que otra línea sería
demasiado, Quinn se detuvo y se acercó de nuevo, la tela de sus pantalones áspera como
papel de lija sobre la piel palpitante de Eli. Sus manos fueron a las caderas de Eli, y la
polla de Quinn presionó contra la parte superior del culo de Eli. La polla de Quinn
desnuda. Se había quitado la goma.

De acuerdo. Es por eso que había detenido a Eli de chuparlo. Quinn


probablemente había estado haciéndolo a pelo con Peter durante años, sin sospechar que
el tipo era la puta más grande de Baltimore. Debía ser difícil acostumbrarse a un nuevo
obstáculo. Eli odiaba el sabor del látex, pero no había condones de sabores. Si un
hombre quería la polla desnuda de Eli en su boca, Eli por lo general no se opondría,
pero aparte de todo el asunto de me-pregunto-si-puedo-sentir-el semen, Eli no había
pasado mucho tiempo pensando en lo que sería joder a pelo.

Le hubiera gustado poder darle eso a Quinn. No era teórico ahora, sino un
genuino deseo de saber cómo se sentía el tener dentro el semen de Quinn, saber que no
había nada ahí entre su piel. Puede que Eli podría deseara todo lo que quisiera, pero no
había sido tan cauto todos estos años para tirarlo por la ventana porque Quinn pareciera
un tipo agradable.

Quinn dejó de frotar su pene contra Eli y se movió atrás de nuevo. Esta vez el
cinturón picó rápidos besos de fuego en la parte inferior de sus mejillas, mientras Quinn
estaba agitando el extremo de la cola a un lado y otro. Quinn trabajó la picadura en el
interior de los muslos de Eli, y este masturbaba su polla rápido para sobrellevar la
quemadura, pero antes de que Eli pudiera alejarse,, Quinn trabajó el cinturón duro otra
vez y luego retrocedió. ¿Cuántas veces Quinn había hecho esto? Dijo que nunca antes
había hecho las cosas de papá, y Eli no podía imaginar que Peter quisiera su culo con
ampollas a pesar de que era un culo de puta. Quinn estaba haciendo esto solo para él.
Sabiendo que hacía las sensaciones más dulces.

Quinn pasó la mano por culo de Eli. —Tan caliente y rojo. Me encanta verte. Me
encanta la forma en que me muestras todo lo que quieres.

145
Saber que Quinn estaba prestando estrecha atención hizo que el calor se aunara
en el vientre de Eli de una manera que no tenía nada que ver con el fuego de sus bolas o
su culo.

Quinn se inclinó hacia adelante y pasó la lengua por la espalda de Eli. —


¿Quieres más, o vas a correrte ahora? —La voz de Quinn retumbó en los espacios
interiores.

Eli quería hacer lo que Quinn quisiera hacer. Joder el guión y la apuesta y la
ilusión de control. Eli quería darle todo a Quinn.

Quinn golpeó el cinturón en el profundo pliegue en el fondo de su culo, y Eli


saltó de nuevo.

Acariciando suavemente el cinturón por la espalda de Eli, Quinn murmuró: —Lo


tomaste bien chico. Mastúrbate tú mismo ahora.

Eli se dobló profundo en la cama mientras ponía una mano sobre su polla, el
culo en el aire, las piernas con la mayor separación que pudo mantenerlas.

Quinn utilizó una mano para separar las mejillas de Eli y trabajó el extremo del
cinturón en rápidos latigazos contra su agujero, una caliente picadura de la pequeña
lengua.

—Eso es todo, cariño. Vamos.

Eli mantuvo sus labios juntos, excepto el gemido desesperado que logró
gimotear a través de su cabeza. Había estado alto en el borde durante tanto tiempo, que
solo llevó unos cuantos golpes ponerle allí mismo otra vez, el cosquilleo alertando no
solo en las pelotas ahora, sino en todas las partes de su piel y más profundo dentro de su
culo.

El aguijón aumentó, o tal vez la piel de Eli se puso demasiado sensible, pero el
pico de dolor lo envió cerca, el calor llenándolo, inundándole, enterrándole. Quinn
cambió a más ligeros golpecitos de la mano en las mejillas hasta que Eli se derrumbó
indiferente a los chorros de su semen.

—Cristo. —El cinturón cayó al suelo, y Quinn recogió a Eli con un brazo debajo
de sus caderas—. Eres tan jodidamente caliente.

La polla de Quinn estaba completamente caliente mientras se deslizaba bajo las


bolas de Eli y entre sus muslos, a lo largo de la piel escaldada por el complemento de
cuero. Después de unas cuantas embestidas, Quinn condujo a los dos hacia adelante en
el colchón, su polla cabalgando la raja del culo de Eli, la raíz conduciendo más presión

146
sobre la caliente piel hinchada alrededor del agujero de Eli, placer y dolor haciendo que
la sangre tratara de remover su propia polla a la vida.

—Cristo —gruñó Quinn otra vez mientras sus caderas se sacudieron más rápido.
Pero cuando brotó caliente y resbaladiza a lo largo de la espalda de Eli, era el nombre de
Eli el que se mantenía repitiendo, y Eli cayó dormido con suaves besos húmedos en la
espalda y el cuello.

Bajo la presión insistente de su vejiga, Quinn salió del sueño. Eli era músculo
magro y caliente debajo de la piel soñolienta, y Quinn realmente no quería moverse.
Arrastró el reloj hacia su cara. Oh, las tres y media. Con cuidado, separando la piel
sudorosa y de semen, Quinn se apartó y tropezó en el cuarto de baño. En el camino de
vuelta, apagó la lámpara y se tropezó con los pantalones vaqueros de Eli. La farola le
mostraba un destello blanco como una nota doblada que caía de un bolsillo trasero.

Si fuera arrestado, la historia de Quinn era esa de los instintos de un maestro


para capturar la errante nota caída, pero él sabía que cuando la desarrollara no tenía
disculpa razonable. Eli compartió gran parte de su cuerpo en la cama y sus opiniones
con la boca, pero muy poco de su vida. Eli lo sabía todo acerca de Quinn, pero estaba
acumulando sus propios detalles como una anciana acumulaba gatos.

La nota no estaba dirigida a nadie, pero el contenido era claro. Eli no había
hecho su parte del pago de la renta en dos meses y sus compañeras querían que se fuera.
¿Debido a que había perdido su trabajo? ¿Porque gastaba su dinero en ropa como la
camisa magenta vintage que recordaba a Quinn a algo que había visto en los ochenta?

Dobló la nota y la metió de nuevo en los vaqueros negros de Eli. Cuando Quinn
se acomodó sobre la cama, los ojos de Eli se abrieron de repente y tan lleno de una
vigilancia cautelosa, el corazón de Quinn saltó ante la idea de que hubiera sido
sorprendido leyendo la nota.

—Joder. —Gimió Eli—. Ahora tengo que hacer pis. —Salió de la cama.

Quinn estaba seguro de que Eli no habría perdido el tiempo desgarrando a Quinn
si hubiera sido atrapado, por lo que levantó las sábanas y se metió debajo mientras
esperaba a que volviera.

Eli había perdido algo de ese estado de alerta en el viaje al baño, como si hubiera
vuelto a caer dormido mientras meaba. Golpeó el colchón con fuerza y dejó que Quinn
le bajara en un abrazo sin quejarse. Quinn acercó su cabeza a la alarma, dándole
suficiente tiempo o para conducir a casa de Eli en coche o follarle antes de que tuviera
que ir a trabajar. Esa decisión le tocaría a Eli en unas pocas horas.

147
Quinn podría haberse sentido culpable por tratar de influir en esa decisión si
cuando la alarma sonó Eli instantáneamente no arqueó su culo en la mano de Quinn.

—¿Tenemos tiempo? —preguntó Eli.

—No, si quieres que te lleve a casa.

Eli se hundió.

—Pero si quieres estar aquí hoy, te invito a estar por aquí alrededor. O bien,
puedes cerrar. La parada de autobús está a menos de un kilómetro, sin embargo.

—Ooo. ¿Me dejarías aquí para pasar por tu alijo porno y hurgar en tu gabinete
de medicinas?

—Creo que mi vida puede soportar tu escrutinio. Por lo tanto, ¿te duchas ahora o
más tarde?

Eli arqueó su culo hacia la mano de Quinn.

—Estaba esperando que dijeras eso. —Quinn se inclinó a encender la lámpara y


encontrar lubricante y un condón.

Mientras rodaba hacia atrás, la visión de las contusiones y verdugones en el culo


de Eli sacó el aliento de los pulmones de Quinn. No había pensado que lo hubiera
golpeado tan fuerte. Al mismo tiempo, un placer posesivo se enroscó alrededor de la
columna vertebral de Quinn, la parte primitiva de su cerebro susurraba míomíomío.

—Cristo.— Alcanzó a tocar y luego su mano se desvaneció—. Tu culo. Yo no


hice…

Eli se enderezó. —Lo hiciste. He pasado demasiado tiempo de mi vida tratando


de justificarme. Me gusta cómo se siente ser azotado, y nadie va a hacer que me sienta
mal por ello. Puedes culparte todo lo que quieras…

—Eh. —Quinn arrastró a Eli hacia abajo encima de él—. Guarda la lucha para
cuando haya combatientes enemigos a tu alrededor.

—A veces esos enemigos fingen ser amigos.

Quinn acercó a Eli contra él, envolviéndolo en brazos y piernas. —Yo no te


traicionaría, Eli.

Eli no trató de liberarse, pero la tensión en espera de sus músculos dijo que aún
estaba en pie de guerra. —Eres un buen escudo, pero puedo manejar mis propias
batallas.

148
—No des la espalda a recursos valiosos. Me dieron las mejores calificaciones en
historia militar y estrategia. —Quinn le hizo un guiño—. Infórmame.

Eli apretó las caderas contra las de Quinn. —Información más tarde. Follar
ahora.

—Trato. —Quinn conocía la ventaja de una retirada táctica. Rodó a Eli debajo
de él y más cerca del lubricante.

Eli se sacudió un poco cuando Quinn deslizó un dedo dentro. Quinn levantó la
cabeza.

Eli agarró el brazo de Quinn para mantenerlo allí. —No te preocupes. Cualquier
cosa que no me guste lo sabrás.

Quinn sabía una cosa que era una garantía. Tomó la dulce polla en espera en su
boca y la chupó hasta que la dura longitud estiró su mandíbula todo al mismo tiempo
jodiendo su dedo dentro y fuera del suave calor, apretado.

Las manos de Eli tiraron del pelo de Quinn. —Jódeme, vamos, jódeme, jódeme.

Quinn se arrodilló entre las piernas de Eli y enrolló un condón, con los ojos de
Eli siguiendo todos sus movimientos.

—Lo extrañarás —,saltó Eli de la nada.

—¿Qué?

—Joder a pelo. Se debe sentir muy bien.

—Se siente bien follarte.

—Eso fue casi lo suficientemente dulce como para compensar por ser tan
condescendiente. ¿Tú. Lo. Extrañas?

—No. —No cuando eso significaba intercambiar a Eli por ello. Eli miró como si
fuera a decir algo más, así que Quinn continuó—. Joder a pelo se siente bien, joderte,
Eli Wright, se siente increíble, con una goma, así también Cristo, por favor, ¿puedo?

—Sí. —Brilló Eli ese torcido diente y subió sus talones en los hombros de
Quinn.

Era increíble. No solo el calor o tensión o la forma en que Eli trabajaba sus
músculos en el pene de Quinn. Era este hombre debajo de él, fuerte e inquebrantable, a
pesar de la forma en que el mundo trataba a los chicos que eran tan abiertos sobre su
sexualidad. Eran los dedos con uñas de esmalte negras clavándose en el brazo de Quinn,

149
la forma en la que esos ojos grises se mantenían revoloteando cerrados y luego
abriéndose para mirar atrás mientras Quinn follaba más rápido y más duro. Era la boca
escandalosamente sensual que le decía al mundo que se jodiera que estaba gimiendo y
susurrando:

—Por favor, mastúrbame, por favor.

Tal vez esa fuera la clave. Que Eli necesitaba a Quinn al encuentro de vigor
contra fuerza tanto como Quinn necesitaba a Eli asaltando su vida para sacudirle de su
atolladero.

Entonces Quinn olvidó todo menos la manera brillante del placer inundándole y
a Eli, mientras este se sacudía y salpicaba calor en lo alto del pecho de Quinn.

A medida que su corazón se desaceleró, Quinn recordó ese momento de claridad.


Rodó fuera de la cama. —Estaré en casa alrededor de las cuatro. Quédate aquí.

Eli apoyó su cabeza en el codo. —¿Qué? ¿No a las seis, teniente?

Quinn le lanzó una toalla de baño. —Quédate aquí.

150
Capítulo Catorce

Ser ama de casa era impresionante. Eli pasó la mañana on line y la tarde
navegando por los canales en la mala TV, haciendo un montón de comentarios, sin que
nadie le dijera que se callara para que pudieran oír. Hacia las tres se le ocurrió que tal
vez debería correr por un montón de ropa. Quinn tenía lavadora y secadora en el pasillo
de atrás junto a la cocina. Eli había llamado a Sam, la única compañera de piso que
estaba razonablemente seguro de que no lo odiaba, y le pidió que embalara cualquier
cosa suya que no estuviera en su habitación y le dijo que volvería a recoger sus cosas en
unos pocos días.

Había pensado que tendría que vender un montón de ropa o suplicar para
almacenarlas en casa de Nate y Kellan, pero si Quinn no iba a pedirle a Eli que se fuera,
no iba a ningún lugar.

Quinn trajo a casa una cena de pollo ya hecha y la metió en el horno a


temperatura moderada. Eli miró entre el horno y la entrepierna de Quinn y luego levantó
las cejas. Quinn tomó la decisión correcta, arrastrando a Eli al sofá y haciendo que los
dedos de los pies de Eli se curvaran, apenas empujando la ropa de la manera como
Quinn las sacudía a ambas fuera en su mano.

—Gracias por estar aquí —dijo Quinn en el cuello de Eli, donde la camiseta que
le había prestado estaba amontonada.

—Totalmente de nada. —Eli podía acostumbrarse a tener un novio.

Mientras Quinn sacaba unos platos y los servía a partir de los recipientes del
mostrador, Eli empezó a preguntarse si las cosas irían mal. Había siempre una salida, y
en su mayor parte, Eli podría manejar eso. No esperaba un almuerzo gratis, y quería ver
dónde estaba el gancho antes de que lo hubiera tragado.

Entre bocados de pollo y puré de patatas, Quinn dio a Eli algunas de las excusas
tontas que los estudiantes le habían dado para no entregarle sus proyectos. Eli pensó que
era un poco mezquino hacer cosas previstas para un viernes cuando la mayoría de los
chicos probablemente ya estaban pensando en el fin de semana, pero supuso que era
mejor que tener cosas previstas para un lunes.

151
—Entonces, ¿cómo ha sido trabajar independiente en vez de trabajar en el
periódico? —preguntó Quinn.

Allí estaba. Torpe cambio de tema, pero Eli lo pilló. Puede que no hubiera
entregado los proyectos a tiempo y obtuviera las mejores calificaciones, pero él sabía lo
que estaba pasando. Quinn estaba expandiendo su rol de papá. Tal vez Nate hubiera sido
un poco más libre con la información de lo que Eli pensó.

—Apesta. No tengo dinero.

Quinn esperó a que Eli siguiera adelante. Algo en su paciencia arrastraba las
palabras más allá de los labios de Eli.

—Y ya no sé qué más hacer. No es que no probara muchos de esos trabajos de


servicio a tiempo parcial antes. Pero supongo que... —Eli le había dicho a más de un
cliente que se metiera su yo-pedí-un-aliño/dieta/baja en crema-a-la-manera de exigente
mierda—. No soy realmente una persona de gentes.

—¿Qué te gusta del periódico?

Cuando las palabras de ánimo se fueron, este golpe del discurso de Nate saca la
cabeza de tu culo, Eli. Eli pensó por un minuto, luego señaló el logo en la bolsa de los
alimentos que había traído —Me gusta usar una imagen para que la gente haga cosas,
piense cosas.

—Al igual que la publicidad.

—¿Has hecho un curso de orientación profesional? Mira, lo sé. Creo que sería
bueno en esa mierda. Pero quieren que tengas un título. No me puedo permitir un título,
y apenas conseguí mi diploma de la escuela secundaria.

—Eso es sorprendente. Eres endiabladamente mucho más inteligente que la


mayoría de los chicos a los que enseño.

Eli se recostó en su silla. —¿Crees que algunos cumplidos y pollo al horno, te


otorgan la historia de mi vida hasta ahora?

Quinn sonrió. —No.

Eli apartó el pelo de la cara y entrecerró los ojos.

Quinn continuó, —pensé que sexo impresionante, traerte la cena, cortesías y


escuchar tu película favorita en Netflix mientras evalúo unos papeles me otorgaban un
poco de ese interesante libro.

152
—En serio. ¿Quieres saber cuál es mi película favorita?

—Puedes ver lo que quieras, pero de acuerdo con Kellan, cuyo número saqué del
teléfono, tu película favorita es alguna confusa película para chicas llamada Sliding
Doors13. Eres un romántico en el armario.

—Eso es todo lo que tengo en el armario. ¿Me robaste el número de Kellan para
saber cuál era mi película favorita? —Eli no podía decidir si eso estaba más en-la-línea-
de control o era encantador.

—No, lo llamé para averiguar lo que te gusta hacer. Tenía la sensación de que si
te preguntaba, tu respuesta sería joder.

Eli fingió considerar por un segundo. —Cierto.

—Por mucho que me guste compartir esa actividad favorita contigo, tengo que
tener terminadas estas calificaciones. Y un hombre de mi edad avanzada solo puede
llegar a hacerlo muchas veces en un día.

—Lo compensas con la resistencia.

—Estoy satisfecho de que te hayas dado cuenta.

—¿Te molesta? —Eli empujó el maíz alrededor de su plato.

—¿No ser capaz de joder tantas veces como quiera?

—No. ¿El ser… el ser yo tan joven?

—Nop. Estoy pensando que en diez años, la gente va a estar aún más celosa de
que mi atractivo novio sea más joven.

¿Diez años? ¿Al igual que Quinn lo había tenido con Peter? Eli no podía
imaginar mucho más allá de diez días. Le gustaba esto. Le gustaba la idea de un novio,
especialmente uno que viniera en un paquete de Quinn, pero diez años… Tomó su plato
para tirara el maíz sin comer a la basura. —Sé cocinar. Si me dices lo que te gusta.

—Lo recuerdo. Estragón en los huevos. Eso estuvo bien.

Eli comenzó a lavar su plato, pero Quinn lo sacó de las manos.

13
Sliding Doors (Dos vidas en un instante, en español) es una película de 1998 escrita y
dirigida por Peter Howitt y protagonizada por Gwyneth Paltrow y John Hannah. La vida
amorosa y carrera de una mujer de Londres chocan, desconocido para ella, de si subir o no al
tren.

153
—Tengo un lavavajillas. Déjame a ver si descargo la película para ti, y trabajaré
ahora.

Sliding Doors parecía un poco demasiado personal esta vez, con la mentira, el
hijo de puta mentiroso del novio y John Hannah siendo tan adorablemente encantador
para un corazón roto como Gwyneth Paltrow. Cuando el personaje de John Hannah
decía la línea sobre las personas que entran en tu vida directamente cuando los
necesitas, Eli lo apagó. Entonces decidió que Quinn había hecho suficiente trabajo para
un viernes por la noche y lo arrastró a la cama.

El sábado, Quinn llevó a Eli hasta el apartamento para lo que era aparentemente
un cambio de ropa. Eli llenó tanto como pudo meter en la mochila. Si la película estaba
en lo cierto sobre el destino, Quinn estaba allí para él en un momento perfecto, ya que a
partir de este momento, Eli no tenía un lugar donde vivir.

Tarde el domingo por la mañana, Eli estiró los músculos cansados realmente
feliz solo en la cama grande de Quinn. Puede que Quinn fuera mayor, pero sin duda
estaba compensando el tiempo perdido. Eli no estaba seguro de poder seguir su ritmo.

Se incorporó de repente. Por primera vez en la eternidad, jueves, viernes y


sábado habían ido y venido sin Eli haciendo acto de presencia en cualquiera de los
bares. Tal vez hubiera un anuncio de desaparecidos en acción en los anuncios personales
del Charming Rag. Había pasado el fin de semana en los suburbios con su novio, y nada
de eso se sentía aburrido o insulso. Quizá Quinn se hubiera ganado un capítulo adicional
de información. Eli podía evitar que se convirtiera en una fiesta de compasión, dejando
fuera la parte donde su situación sin hogar seguía su curso.

Quinn seguía abriéndose camino sobre una pila gigante de documentos sobre la
mesa de la cocina. Eli encontró un poco de cereal y estaba a punto de comérselo seco
cuando se le ocurrió que Quinn probablemente tenía la leche que no había caducado en
su nevera.

Eli estaba sorbiendo alejado del mostrador cuando Quinn levantó la vista hacia
él.

—¿Cuenta esto como la más larga cita que jamás hayas tenido en tu página de
Facebook ahora?

—The Arena probablemente presentó una denuncia de desaparición de personas.

—Si querías salir…

—Habría tenido que vestirme. —Eli pasó la mano por la súper suave camiseta
de Quinn de la que se había apropiado para usar sobre el par de pantalones de un pijama

154
de franela de su propiedad. Enjuagó su vaso y se sentó a la mesa, no muy seguro de
cómo lo quería decir. Por un tiempo, había considerado una insignia de honor y la arrojó
en el frente a todos los que conocía. Estaba bastante seguro de que todos los pobres,
maltratados, la cosa de los chicos-maricas era la única razón por la que Nate lo había
contratado en el periódico en primer lugar.

Eli miró sobre el montón de papeles. —Ya sabes lo que dije, que apenas me
gradué en la escuela secundaria.

—Sí. —Quinn puso abajo el bolígrafo rojo.

—Mis padres me echaron de casa cuando tenía diecisiete años.

La cara de Quinn estaba quieta, lo que quiera que estuviera pensando, era
demasiado profundo para mostrar. —¿Porque eras gay?

Eli asintió.

—Mierda. —Quinn miró hacia abajo a sus papeles y luego a Eli. La expresión
de calma se mantuvo, pero Eli conocía a Quinn lo suficiente ahora como para leer la
tensión en la parte posterior de la mandíbula, aunque nunca lo llevó hasta sus labios—.
¿Qué hiciste?

Eli se encogió de hombros. —Pasó mucho tiempo en los sofás en casa de


amigos. Mi mejor amiga, ella y su madre, dejaron que me quedara durante los dos
primeros meses, y no fue demasiado malo. Pero cuando fue obvio que mis padres no
querían saber nada, de repente su madre se preocupó acerca de las responsabilidades
legales, y tuve que trasladarme a otro lugar. Yo no siempre llegaba a la escuela después
de eso. Era demasiado mayor para tener a los funcionarios persiguiéndome, de todos
modos.

—¿Tus padres alguna vez trataron de encontrarte?

—¿Te acuerdas cuando dijiste que tus abuelos te enviaron una carta cuando
estabas en el hospital?

La boca de Quinn se curvó en una irónica torsión. —Aun así, recibo una
alrededor de mi cumpleaños. Con un cheque de veinte dólares. Muy cortés y apropiado.
Envío una tarjeta de agradecimiento.

—Sí, bueno, yo no lo entiendo. No he visto ni hablado con ellos en cinco años.


Llamé a mi hermana hace unos años. Ya se había casado antes de que me echaran.

—¿Y?

155
—Ella me dijo que nunca la volviera a llamar porque no quería a gente como yo
alrededor de sus hijos. Mi pozo genético. No tiene ningún final profundo. Lo bueno es
que no engendraré.

Quinn esperó. No ofreció una opinión como Nate, o, hombre vaya, lo siento,
como Kellan podría haberlo hecho.

—Hubo un par de veces que se quedó con amigos cuando caminaba toda la
noche, dormía en la biblioteca durante el día. Y... —Eli no había dicho esta parte en voz
alta antes, ni siquiera a Nate, aunque tan inteligente como Nate era, probablemente lo
había adivinado—. A veces me prostituía, sobre todo para un lugar donde dormir.

Eli nunca miró hacia otro lado, pero de alguna manera pasó por alto que Quinn
se levantara porque lo siguiente que supo, es que los brazos de Quinn estaban a su
alrededor, fuertes y duros, el nombre de Eli era un suave susurro en su oído. —Gracias a
Dios que quedaste a salvo. Gracias a Dios que has llegado hasta aquí. —Sonaba como si
fuera una verdadera oración.

Eli recordó su miedo irracional a que Quinn estuviera enfermo, el nunca haberlo
conocido porque muriera de meningitis bacteriana. Era bueno saber que Eli no era el
único quien no perdía tiempo en inútiles qué pasaría si.

Quinn lo abrazó por un tiempo, luego se agarró con fuerza mientras bajó la
cabeza y vagó en la boca de Eli con un beso.

Este se suponía que era uno de esos momentos agradables de tener un novio,
alguien que le importaba una mierda que pudieras haber muerto unos años atrás. A
sabiendas de que la polla de Eli no se detuvo a responder al beso de Quinn o a las
manos anchas y cálidas en la espalda de Eli. En su defensa, era un chico, un tipo no del
todo de veintitrés años de edad, y su cuerpo sabía lo que el otro podía hacerle sentir.

A Quinn no le importaba, o si lo hacía, sus manos estaban actuando por su


cuenta cuando se deslizaron para ahuecar el culo de Eli y tirar de él firmemente. Quinn
se apoyó contra el mostrador, y sus pollas se alinearon para una agradable follada en
seco.

—Sí. Te tengo. —Se quejó Quinn y besó la garganta de Eli, aunque Eli no había
preguntado nada.

Él sabía lo que quería sin embargo. Quería tirar del vigor y el poder que había
dentro de Quinn y sería como si tuviera un escudo en cualquier momento que Eli
necesitara el impulso para el suyo propio. Quería proteger a Quinn, también, contra las
estúpidas familias del mundo que daban la lealtad y la decencia por sentado.

156
Pero Eli no sabía cómo preguntar eso.

En su lugar, se aferró al cuello de Quinn y lo besó, invitando a Quinn a su boca y


su cuerpo, y cuando Quinn llegó a la bragueta de Eli, se apartó lo suficiente para
susurrar:

—Jódeme.

Eli tiró de los pantalones del pijama y la camiseta en el pasillo de arriba y golpeó
las desnudas sábanas. Quinn le siguió, aterrizando en la parte superior, la lengua y los
labios acariciando y susurrando sobre el cuello de Eli y la mandíbula y el pecho,
mientras que Eli intentó tocar de nuevo todo lo que pudo. Quinn sostuvo la mano de Eli
contra el colchón y continuó con un suave raspado de barba en todas partes, provocando
los pezones de Eli hasta que finalmente los mojó, aspirándolos, los frotó. Eli se arqueó y
se estiró, especialmente cuando Quinn repitió todas las completas burlas justo encima
de la polla de Eli. Ningún premio esta vez, solo Quinn agarrando las caderas de Eli y
moviéndole de un tirón sobre su vientre y comenzando en la nuca.

No había necesidad de sujetar las manos de Eli ahora. No cuando estaba bastante
seguro de adónde iba esto. Por todo lo que sucedía mucho en el porno, Eli no había
encontrado a muchos hombres que les gustara hacer rimming, pero la forma en que
Quinn estaba deslizando la lengua por la columna vertebral de Eli le hizo pensar que
había dado en el clavo ahora.

Entonces Quinn retrocedió hasta el cuello de Eli otra vez, luego más lentamente.
Los rizos suaves en el pecho de Quinn sensibilizaron la piel de Eli por todas partes,
dejando impreso un recuerdo de Quinn en cada célula. Recordó a Eli la forma en la que
las películas de ciencia sobre los glaciares siempre le habían asustado. Sabía que el
hielo no era como la lava, demasiado rápido como para escapar, pero las ilustraciones lo
mostraban yendo rápido. La idea de esa fuerza inexorable tallando profundamente la
tierra siempre había puesto a Eli incómodo, como preguntándose quien autorizó esos
cambios que iban a afectar a todas esas especies.

Quinn era implacablemente suave, la lengua sumergiéndose en la raja del culo


de Eli, un golpecito en la parte superior antes de que separara las piernas de Eli con sus
hombros. Cuando empezó, Eli quería clasificar todos los sentimientos, el roce de su
barba, la afilada o plana lengua y la húmeda insistente suavidad de ella. Mayormente
sabía que estaba gimiendo y gimoteando, tratando de bajar en la cara de Quinn para más
sensaciones, más, más, Dios, por favor, pero los hombros de Quinn dejaban a Eli en su
lugar.

Eli comenzó a trabajar por una menor fricción sobre la polla de las sábanas, no
en esa rebelión de no puedo controlarme de su primera noche aquí, sino porque Quinn

157
estaba frotando el pulgar por la lisa y fina piel entre el agujero de Eli y sus pelotas. Era
como si Quinn hubiera encontrado una manera de frotar la glándula desde el exterior, y
el golpe y la estocada de humedad y calidez en el agujero de Eli fuera casi suficiente,
pero no del todo. Estaban todos estos sentimientos dentro, en su cuerpo y su corazón y
su cabeza, y se mantenían edificándose, y tan urgente como el toque de Quinn se sintió,
era todavía demasiado tierno, y Eli iba a explotar.

Comenzó a temblar con ello, y Quinn levantó la cabeza para susurrar:

—Relájate. Déjame hacerte sentir bien.

Eli dejó de tratar de apartar sus manos a través de las sábanas, se detuvo tratando
de moverse y dejar que lo llenara. No tenía miedo esta vez. Esta era una cara de la
dinámica del papá con la que habían jugado, y era seguro y bueno dejar que Quinn
empujara estos sentimientos dentro de él. Eli quería que fuera para siempre, pero la
necesidad de volver a correrse se edificó fuerte e ineludible, y movió la cabeza en las
sábanas susurrando:

—Jódeme, por favor, Quinn, jódeme.

El dedo lubricado era fresco, tan diferente de la sensación de la saliva y la


lengua, pero Eli había estado esperando tanto tiempo que se relajó con ello, aunque
Quinn mantuvo los golpes cortos y angulados, lejos de la clase de presión que enviaría a
Eli más allá del límite. Se quedó allí, esperando, escuchando el desgarro del paquete de
condones, y quería mostrar a Quinn que Eli sabía que esto era diferente, que no era
cualquier mierda, que confiaba en Quinn.

Había contenido el aliento mientras Quinn no lo tocaba. —Si quieres omitir eso,
me refiero a si sabes que eres negativo…

—No lo hagas. —El peso de Quinn se clavó plano contra el colchón—. No


vuelvas a correr ese tipo de riesgos, y no me pidas que tome esas decisiones cuando mi
polla está a una pulgada de tu culo.

Su polla se deslizó entre los muslos de Eli, y Eli supo que el condón estaba en
marcha. Puede que no fuera capaz de decir la diferencia una vez que se pusiera en
marcha, pero su piel le dijo que era látex.

—Está bien —gruñó Eli. Quinn probablemente tenía razón, pero… Quinn
empujó dentro mientras las piernas de Eli estaban presionadas juntas, cuando Eli no
pudo levantarse sobre sus rodillas y controlar el ángulo y la velocidad, y dolió por un
segundo, no el grito del pellizco de los músculos no lo suficiente relajados, sino
demasiado grande, demasiado, demasiado apretado así.

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Enterró su gemido en la boca llena por las sábanas y luego mordió mientras
Quinn le follaba así, inevitable fricción y plenitud, Quinn dictando el ángulo, cada
sensación. Hizo sentir loco a Eli, como si realmente hubiera perdido el control de su
cuerpo, y estuviera bien de nuevo, porque era Quinn.

No supo cuánto tiempo Quinn golpeó dentro de él de esa manera, solo que Eli no
podía decir dónde las sensaciones se iniciaban, su culo, sus bolas, su glande, su polla.
Todo estaba tan preparado para empezar que cuando Quinn le cogió por la cintura
susurró:

—¿Listo? —Eli podría haber llorado con la idea de la liberación.

Quinn les llevó a su lado, con la mano lubricada trabajando la verga de Eli un
poco demasiado lentamente, mientras Quinn necesitaba recuperar reserva después del
cambio de posición. El cuerpo de Quinn lo abrazó con fuerza, una difícil y segura
promesa para apoyarse mientras su mano se aceleraba en la polla de Eli. Quinn estaba
susurrando en su oído, tanto un beso y un aliento como las verdaderas palabras. —Sí,
cariño. Quiero ver cómo te corres. Hazlo por mí.

Cuando lo hizo, las contracciones seguían y seguían, una explosión que nunca
parecía querer ir más despacio, como si nunca pudiera vaciar sus bolas hasta que se
vaciara por dentro. Perfecto, el éxtasis mátame-justo-ahora corría en cada nervio de su
cuerpo.

Quinn debió haberse corrido también, porque tenía la mano apretada alrededor
de la polla de Eli y su voz se convirtió en sonidos roncos sin palabras contra la piel
húmeda de Eli, sus caderas sacudiéndose contra el culo de este.

Quinn se apartó por un segundo, pero estaba de vuelta antes de que la piel de Eli
pudiera empezar a enfriarse, envolviéndolo en una maraña de brazos y piernas
sudorosas.

Mientras Eli derivaba en un estupor poscoital, casi dormido, decidió que un


glaciar encontraría la horma de su zapato en el Monte Quinn. No importa qué tipo de
tormenta Eli le lanzara, Quinn era lo suficientemente sólido como para esperarle.

159
Capítulo Quince

Como la montaña que Eli a veces pensaba de él, Quinn no era particularmente
sutil. Pero eso estaba bien, porque Eli no lo era tampoco. El lunes, Eli hizo dos viajes
por al apartamento para rescatar la ropa en su bolsa de lavandería y una mochila. No
tenía ningún mueble aparte del colchón en el suelo y una lámpara que era suficiente
peligro de incendio que se alegraba de dejar atrás. La única razón por la que tenía tanta
ropa era que había vivido en ese apartamento más tiempo que cualquier otro lugar desde
que sus progenitores le habían echado. Ya tenía su teléfono y su cámara.

En el segundo viaje el lunes, un lindo conejito de gimnasio en el autobús le


recorrió todo el camino hasta Park Heights Avenue. Eli fingió no darse cuenta. No era
demasiado difícil pegarse a un sabor de hombre cuando ese sabor era Quinn.

Puso las cosas en la habitación de invitados que Quinn tenía en el piso de arriba,
pero tenía que ser consciente de la aparición de más y más ropa por la habitación que
estaban compartiendo. Eli no podía perderse la aparición de folletos universitarios
locales tampoco, los folletos que realmente tenían fotos de mierda en ellos. No estaba
pensando en volver a la escuela, pero tal vez le daría un poco de efectivo si tomaba
algunas fotos que hizo al campus con el aspecto de algún lugar con personas racionales
que estarían dispuestas a enviar a sus niños, y a la que los racionales niños nacidos en
los años noventa considerarían asistir.

Estaba hojeando algunas imágenes digitales en el muy agradable portátil de


Quinn cuando su teléfono sonó con tono de Nate.

—Si no estás muy ocupado jugando a la traviesa ayuda del asilo de ancianos con
el viejo, tengo algo para ti abajo en la oficina.

—¿Un trabajo? —Señalar que Nate solo era cinco años más joven que Quinn no
haría otra cosa que animarlo.

—Mejor. Dinero. El cheque del artículo sobre las personas sin hogar del verano
que vendimos al Time finalmente apareció. Tu parte es de 1200.

Mil doscientos dólares. Eli sabía lo que el contrato había dicho, pero había
tardado tanto tiempo para que revisaran toda la contabilidad, que Eli había dejado de

160
esperar por ello. Podría haber hecho la renta después de todo, la del mes pasado,
también.

—Lo recogeré mañana.

Una semana más tarde, Eli seguía mirando el cheque. El cheque que había
llegado con una carta del editor, del jodido editor de Time, diciendo que estaría
interesado en la consideración de otros trabajos de Eli. Y si eso no era suficiente para
convencer a Eli, nada más sería capaz de pagar sus cuentas de teléfono móvil durante un
año, consiguió un correo electrónico de vuelta del tipo de relaciones públicas en la
universidad local. El primero de ellos con el que Eli se había puesto en contacto, porque
se basaba en el folleto del lugar donde había estado ofertándolo como un adolescente en
un convento. El correo electrónico era una oferta de treinta dólares cada cinco de sus
fotos. ¿Dónde diablos estaban todas esas ofertas los miserables últimos cinco meses de
su vida?

Más de 1300 no era realmente nada para andar agitándolo por ahí, pero superaba
su anterior cheque de saldo de veintiocho dólares, y eso fue solo porque una búsqueda
cuidadosa de los cojines del sofá de Quinn había aparecido tarifa suficiente para salvar a
Eli de tener que hacer un viaje al banco. El cajero automático no le daba dinero en
efectivo ya más.

Quinn había dicho que llegaría a casa tarde, así que Eli pasó el resto de la tarde
en los escaparates on line. No es que fuera capaz de comprar nada, como un scooter que
haría mucho más fácil llegar al centro de la larga caminata y el muy largo paseo en
autobús, pero el transporte independiente no parecía tan lejano ya.

Quinn había aplazado esto demasiado tiempo. No es que fuera necesario cerrar
esto. Mirar a Peter poner el anillo en el dedo de Chrissy había sido suficiente cierre.
Quinn sabía que Eli había tenido razón sobre el engaño de Peter. Había tratado de
olvidarse de él, sabía que no le debía nada a ninguno de ellos, pero con la amenaza muy
real de Peter pasando algo así como el VIH a su esposa, quien podría pasárselo al bebé,
agitó un poco la obligación de decir al menos a Peter que el juego había terminado.

No fue difícil encontrar un momento en el que Peter iba a estar solo en casa. Si
fuera posible, Claire tendría el calendario de todo el mundo que sabía que se mezclaba
en su página de Facebook para poder vigilar su reino. Peter no estaba trabajando,
Chrissy y Gabe se encontraban en Yoga para Mamá y para Mí.

Quinn encontró a Peter en una escalera en la parte trasera, grapando láminas de


plástico sobre la terraza protegida para pasar el invierno.

161
—Sostén eso por mí. —Peter apuntó con la pistola de grapas en el borde lateral
donde el plástico estaba tratando de torcerse. Ningún hola, ningún qué estás haciendo
aquí. Al Como si Quinn todavía fuera una parte cotidiana de la vida de Peter. ¿Cómo
había permitido Quinn que esto sucediera?

—No. Baja la escalera.

—¿Qué mierda, Quinn? Estoy ocupado.

Estaba solo tres pies arriba. Quinn pateó un peldaño. —Baja.

—Eres un maldito loco. —Peter bajó—. ¿Qué está pasando? —Tiró la pistola de
grapas en el rollo de plástico y se pasó una mano por el pelo—. Esto es por ese chico al
que estás jodiendo. Te dijo alguna mierda sobre mí y realmente le crees.

—Cristo, Peter, ¿por qué siquiera pensarías en eso si no fuera cierto? ¿Cómo
demonios te las arreglas para engañar a todo el mundo cuando eres tal imbécil?

Peter dio una patada al plástico abajo por la pendiente del patio y luego se puso
de pie de espaldas durante unos minutos. Cuando habló, su voz era plana. —Entremos a
la casa.

Quinn ignoró el esfuerzo de Peter para ir a la sala de estar y se quedó en la


cocina mientras Peter paseaba alrededor.

—Esto no es fácil. No, joder, creo que no lo tengo lo fácil —irrumpió Peter.

Quinn se cruzó de brazos y se apoyó contra el mostrador.

—Estaba celoso, ¿de acuerdo? Al principio pensé que tenía que ser una especie
de broma, pero luego, cuando te vi con él aquí… pensé que si le molestaba o lo alejaba
de ti, no tendría que ver eso ya más.

—¿Crees que mirar cómo te casabas fue fácil? ¿Mintiendo todo este tiempo? —
Maldita sea, Peter era demasiado bueno en torcer las cosas. No se trataba de lo que Peter
había hecho con él, se trataba de que estaba arriesgando la salud y la seguridad de su
esposa y el bebé—. Además de que tu tonta excusa solo funciona si no hubieras estado
yendo de putas al Grand Central. Dios mío, fingiste todos esos años saber siquiera
dónde estaban los bares. Juraste que nunca habías puesto un pie en uno.

Peter se detuvo frente a él y se agarró a los brazos de Quinn tan de repente que
no trató de detenerlo. —Porque te extraño. No pensé… —Peter tragó saliva—. Pensé
que si lo hacía bien, tendría una familia y todavía no…

—¿Serías gay?

162
—No soy gay. —Los dedos de Peter se clavaron con fuerza. Quinn no se movió
—. Me gusta el sexo con los chicos a veces. Pero tú, no lo eras, —Peter soltó y se alejó.

Quinn observaba en silencio. Su pecho estaba vacío. Incluso la lástima se sintió


lejana.

—No soy un hijo de puta total. Sé que la he jodido todo. Tiene que haber una
manera de resolver esto.

—¿Qué? ¿Tener tu pastel y comértelo también? ¿Vivir con tu esposa y tu hijo y


venir a verme cuando necesites algo extra?

La súbita mirada de esperanza en el rostro de Peter hizo reír a Quinn. —No.


Nunca. Ni la más mínima pizca de interés.

—¿Debido a ese pedazo de culo con el que te has liado? ¿Estás pensando en
reformarte? Dios, es prácticamente una chica, Quinn.

—No, en absoluto. Es todo un hombre. —Quinn sonrió.

—¿Serías una perra por algo como esa cosa?

Quinn se apartó del mostrador y empujó a Peter en la mesa. —Llámalo cosa de


nuevo y te saco a golpes las palabras de tu boca, junto con tus dientes. ¿Es eso
realmente lo que pensabas que hacíamos? ¿Ser una perra el uno para el otro?

—No. —Peter intentó una sonrisa. Hizo que la piel de Quinn se arrastrara—.
¿No puedes ver lo celoso que estoy? ¿No demuestra eso cuánto te echo de menos?

—No me importa lo que pruebe, Peter. Y no me importa lo puta que quieras ser
para demostrar que no eres gay. Pero no eres solo tú. Está Gabe. Hice una promesa a
Dios y al niño y no era solo para verla confirmada.

—¿Qué tiene esto que ver con Gabe?

—¿Además de la posibilidad de tener padres divorciados? Confía en mí, veo lo


que los padres pueden hacer a un niño. Pero si te lías con el hombre equivocado y
transmites el VIH a Chrissy, podría pasárselo a Gabe o después al niño.

—No soy tan estúpido como para correr ese tipo de riesgos.

—¿Y se supone que debo creerte?

—Ni siquiera sería un problema si lo hicieras.

163
—¿Si me gustaría volver a follarte en su lugar? ¿Por lo menos te escuchas a ti
mismo? —Esto era demasiado. Quinn se dirigió hacia la puerta.

—Quinn. Por favor. —La voz de Peter tenía más emoción que en cualquier
momento que Quinn pudiera recordar desde que lo había conocido. Una cruda
desesperación al borde de las lágrimas. Agarrando el brazo de Quinn, Peter soltó:

—Te echo de menos. Quiero…

Antes de que Quinn pudiera quitárselo de encima, Peter tiró de él firme y lo


besó. Quinn lo permitió. Tal vez tenía curiosidad, o tal vez tenía algo que demostrar. Era
como besar a un pedazo de pan. Nada. Ni siquiera una indeseada chispa de deseo.

—¿No sientes nada?

Quinn negó con la cabeza. Sintió algo, de acuerdo. Pero no tenía nada que ver
con Peter.

—¿A causa de él?

—A causa de que esto acabó, Peter. Ya ha terminado. Eres el hermano de


Dennis, el padre de mi ahijado, pero eso es todo. Esas son las razones por las que te
estoy molestando en decirte que dejes de mirarte el ombligo antes de perder lo que
tienes.

Quinn debería haberlo hecho hace meses. Estiró el cuello, libre de la tensión que
sabía que había estado cargando desde hace años. No solo había terminado con ese hijo
de puta, sino que había pasado a alguien mejor. Nada de lo que jamás hubiera sentido
cuando besaba a Peter podía compararse con lo que sucedía cuando veía la sonrisa de
Eli. Cuando se preguntó qué comentarios Eli iba a hacer acerca de algún programa de
televisión, o algo en el periódico. Cada vez que Quinn pensaba que había encontrado a
Eli, lo sorprendía. Quinn amaba eso de él. Le amaba.

Quinn estaba enamorado de Eli.

Eli, el hombre que solo había llegado a casa a la vida de Quinn, apropiándose
del último cajón y del fondo del armario. Quinn no estaba seguro de que lo fuera a
notar. No era un problema. Simplemente, una de las habilidades de supervivencia de Eli.

Las manos de Quinn se apretaron sobre el volante. Entonces, ¿qué significaba


eso para un hombre que había se había enamorado de Eli? Quinn no podía culpar a Eli
por ser bueno en mantenerse fuera de la calles, pero ¿Quinn se puso en la misma
situación que había tenido con Peter? Peter había utilizado a Quinn en la planificación

164
de la nueva dirección de su vida. No era que Quinn pensara que Eli le mentiría y
engañaría como Peter lo había hecho. Pero Quinn no quería ser nada más que una
estación de paso, mientras que Eli descubría la siguiente etapa de su vida.

No podía pasar por eso otra vez. Él y Peter nunca habían hecho ningún tipo de
compromiso formal, nunca utilizaron palabras para describir lo que eran el uno para el
otro.

Quinn no había pensado que los te quieros fueran necesarios. El hecho de que
hubieran decidido hacer una vida juntos lo decía todo. Excepto que él había estado
haciendo una vida y Peter había estado manteniendo sus opciones abiertas. Diablos,
Peter se había ido mucho tiempo antes de que hubiera preparado una caja.

Listo o no, Eli, tú y yo vamos a poner palabras a esto ahora mismo.

Cuando Eli oyó a Quinn entrar por la puerta principal, el reloj del portátil
mostraba las 8:45. Halloween estaba a tres días de distancia. Era la fiesta favorita de Eli.
Podría ser un poco salvaje, pero tenía ganas de golpear los barrotes con Quinn. Quinn
podía usar una de esas camisetas que dijeran “este es mi traje” si él no quería vestirse.
Antes de que Eli pudiera mencionarlo, Quinn metió la cabeza en la sala de estar.

—Ey. ¿Has comido ya?

—Sí, lo siento. Hice espaguetis y albóndigas. Están en la nevera.

Con ambos de sus donantes genéticos trabajando hasta los seis o siete años, Eli
había estado haciendo sus propias comidas ya que podría llegar a la puerta de la nevera.
Pero no había tenido un compañero habitual de comedor desde que había abandonado la
casa de su mejor amigo. Esta era la primera vez que estaba sentado solo en la mesa de la
cocina de Quinn. Después de unos minutos de sentirse extraño, se había incorporado a
comer junto al fregadero.

Quinn entró desde el pasillo, frotándose la nuca. El estómago de Eli se tensó. No


había hecho nada para sentirse culpable, no había siquiera dejado un plato en el
fregadero, pero el instinto le advirtió de lo que Quinn tenía que decir, a Eli no le iba a
gustar. Mentalmente comenzó a hacer las maletas.

Quinn se sentó en el sofá junto a él, y la tensión se volvió un complicado diseño


de nudo macramé.

165
Quinn finalmente dejó de apretarse la parte de atrás de su cuello. —Apuesto a
que no echas de menos las reuniones en casa con tus compañeras de piso—.
Introducción tosca como siempre. Ese era Quinn.

—Excepto que tengo la sensación de que esto está a punto de convertirse en una.
—Eli cerró el ordenador y lo deslizó entre ellos.

Quinn no ofreció una negación. —Sé que te dije que te mudaras. —Se volvió lo
suficiente para ver a Eli—. La nota que tenías. Se cayó de tu bolsillo y la leí.

—Está bien. —No era algo que le molestara, y tal vez Quinn al saber que ese era
el motivo por el que no había dicho nada acerca de la manera en que más cosas de Eli
seguían apareciendo en la casa. Pero Eli se sentía como un personaje de dibujos
animados con un peso de diez toneladas colgando en una cuerda sobre su cabeza; tenía
que luchar contra el impulso de mirar hacia arriba.

—Entonces, ¿qué vas a hacer al respecto?

Allí estaba. La hora de la conversación esperar a vivir aquí ahora. Eli metió
una pierna debajo de él. —Recuerda cuando te dije que iba a ir al bautizo, nos pusimos
de acuerdo en que me debes un favor.

Quinn no dijo nada.

—¿Y qué hay de un lugar para alojarse por un tiempo? —Eli había arrojado esa
preguntas decenas de veces. ¿Por qué era tan duro con Quinn desde el otro lado?

—¿Cuánto tiempo?

¿Qué demonios significaba eso? ¿De repente había un límite de tiempo para ser
novios? ¿Acaso no tenían más de dos semanas para determinar si esto funcionaba? Eli
conocía un montón de chicos que habían ido juntos a casa una noche de un bar y uno de
ellos nunca se iba. A pesar de tragar la masa pegajosa en la garganta, no había ningún
problema en su voz. —Hasta que encuentre otro lugar.

—¿Alguien más?

Eli se levantó. —Eso es jodidamente malicioso. —Especialmente cuando Eli


había rechazado el conejito de gimnasio en el autobús—. Iba a decir mientras salimos,
pero como hay un límite para ello ahora... —Tuvo que detenerse y tomar un respiro.
Mierda. Esto dolió mucho más de lo que pensaba que podría—. ¿Un mes? Joder,
dormiré en el sofá si estás harto de mí. Cobré por un poco de trabajo.

—Escucha. No…Yo no… —Quinn estaba teniendo problemas para sacar las
cosas también, no es que a Eli le importara un carajo—. Tal vez fue un poco rápido.

166
Alyssa ha estado queriendo mudarse de la casa de sus padres, pero quiere un compañero
de cuarto. Podríais encontrar un sitio, estoy seguro de que podría cubrir el depósito de
seguridad y…

—¿Alyssa? ¿Tu ex-cuñada, Alyssa? —¿Por qué siempre vuelvo a esa jodida
familia? Igual que un montón de malas hierbas apareciendo por todas partes. —¿Por qué
no puedo estar contigo?

—Me gusta tenerte aquí, pero…

—¿Así que aquí es donde dices que todavía podemos ser amigos? Si no me
quieres aquí, ¿por qué no lo dijiste antes?

—¿Antes de que mudaras aquí toda la ropa y la metieras en mi habitación de


invitados?

Antes de empezar a pensar que éramos una pareja. Pero no iba a dar a Quinn la
oportunidad de contar a Eli lo patético e inmaduro que el sueño había sido. —Está bien.
Lo siento. Dame unos días y ya se habrán ido de nuevo.

—¿Dónde?

—¿Por qué te importa? No con tu excuñada, eso es seguro. Tengo más sentido
que dejarme atrapar por todo ese drama familiar de mierda. ¿No lo entiendes? Nosotros,
los maricas necesitamos crear nuestras propias familias. Ellos nunca nos van a querer en
realidad.

—No me estás escuchando.

—Oh, te estoy escuchando muy claramente. Ojalá no lo estuviera.

—Te amo, Eli.

Una fuerte barra dio un puñetazo al aire desde su diafragma y Eli sintió que sus
ojos se ampliaron con sorpresa. —Claramente tienes una manera divertida de
demostrarlo. Si tú… entonces ¿qué diablos es todo esto?

—Porque quiero que estés conmigo porque quieres estar. No porque tengas que
hacerlo. Debido a que no tienes ninguna otra opción.

—Jesu-mierda-Cristo. —El grito estalló cuando el dolor se retorció en su


interior. Eli hizo una mueca, miró a Quinn frotar su cabeza cuando el sonido había
raspado el cráneo. Bueno. Eli cesó de gritar mientras caminaba hacia Quinn—. ¿Crees
que porque te dije que utilizaba el engaño para un lugar donde dormir lo estoy haciendo
ahora? ¿Que la completa razón por la que acarreé toda mi mierda a tu aburrida caja aquí

167
en Nowheresville, dos jodidos autobuses de una buena taza de café, es porque me gusta
tu colchón? Jódete. —Eli se dio la vuelta y echó a correr escaleras arriba para hacer el
equipaje.

Quinn se movió con fuertes pisadas hasta justo detrás de él. —Por supuesto que
no creo eso. Pero quiero esto para nosotros, seguir de acuerdo. No quiero…

Eli levantó la mirada desde donde estaba empujando artículos de tocador en su


mochila. —¿De verdad crees que voy a despertar dentro de diez años y decidir que soy
heterosexual? —Se trasladó a la habitación y metió la ropa, tanta como pudo por
encima. Quinn podría tirar el resto. Al diablo con él.

Se volvió hacia Quinn otra vez. —Sé que Peter te jodió bien, pero tal vez
deberías tratar de evitar arruinar el resto de tu vida.

—Lo estoy. —Quinn consiguió decir fuerte ahora, con un profundo retumbar
que suavizó rápidamente—. Lo sé. Eli, no te vayas así. Llamé a Alyssa.

—Ya llamaste a Alyssa. Por supuesto que lo hiciste. —Eli rompió la tapa cerrada
del envase—. ¿Querías saber sobre nuestro motivo de ruptura? Este es uno de un nivel
de epopeya.

—Espera. ¿Cómo esto es ignorarte?

—Es jodido cien por cien ignorarme. —Eli empujó más allá de él para volver
corriendo por las escaleras. Algo dentro de Eli estaba rascando, quemándole, ya que
apenas podía respirar. Sospechaba que eran lágrimas, y no iba a derramar sus primeras
en cinco años frente a Quinn—. Has tomado una decisión acerca de mí, hiciste tu jodido
plan, y ¿se supone que debo aceptar eso? Al diablo con ello. —Enganchó la mochila
sobre los hombros—. Y que te jodan.

—¿A dónde vas?

—No te preocupes. He aprendido mucho desde que mis progenitores me


echaron. He cogido el tranquillo de los sin techo por ahora.

—No te voy a echar.

—Di todo lo que quieras, porque estoy seguro de que no me escuchas.

La garganta de Quinn trabajaba. Eli cerró los ojos.

—¿Puedo… llevarte a alguna parte?

168
—Gracias por retorcer el cuchillo. —Eli apretó su mandíbula contra el ardor que
trataba de escapar a través de su garganta—. Por cierto, solo para dejar las cosas claras,
esto es una ruptura. Así que cuando el siguiente chico atractivo trate de ligarme en el
autobús siete, lo aceptaré. Y puedes jodidamente ignorar eso también.

—Por favor, Eli, déjame llevarte a donde vayas.

—No, gracias, papá. Puedo manejarlo todo por mi cuenta.

169
Capítulo Dieciséis

Quinn se sentó en una silla y esperó a que el entumecimiento familiar lo pusiera


en marcha, lo haría. Siempre lo había hecho. Sí, se volvió loco, podría tirar cosas a
veces, pero después de la explosión, todo se restablecería. Y Quinn encontraría una
manera de pasarlo con una sonrisa en su rostro. Era mejor saber ahora que Eli no estaba
listo, no se sentía de la misma manera. Tal vez después de que ambos se hubieran
enfriado, cuando Quinn pudiera ser racional y no, como Eli lo había puesto,
jodidamente malicioso, entonces podría ver si…

La luz y el dolor se astillaron en el cráneo de Quinn, sacándole de la silla y


poniéndole de rodillas. La punzada de advertencia de dolor había estado allí cuando Eli
comenzó a gritarle. Debido a que Quinn había sugerido que Eli lo estaba usando para un
lugar conveniente donde alojarse. ¿Era errónea la acusación? ¿No era eso exactamente
lo que Quinn se había dicho a sí mismo? ¿Esa historia se repetiría porque era muy fácil
dejarla pasar, muy fácil dejarla atrás?

Eli no iba a calmarse. Cada minuto le daría un millón de razones para no confiar
en Quinn otra vez. Quinn era bueno en ignorar sus instintos. Había ignorado el que le
dijo que no estaba solo enfermo hasta que fuera demasiado tarde. Ignoró el que le dijo
que Peter le engañaba. Que le condenaran si iba a ignorar este también. Tragó codeína
todo lo que pudo soportar y todavía conducir, y fue a encontrar a Eli.

No estaba en la parada del autobús, sin embargo, o en cualquier lugar a lo largo


de las calles que lo llevarían a ella. ¿Cuánto jodido tiempo había estado Quinn sentado
allí como un idiota, pensando que perder a Eli era algo que solo podía desconectarlo,
encerrar bajo llave?

Después de rodear la manzana cerca de la parada de autobús más cercana, Quinn


empezó a seguir la ruta de autobús del centro, tratando de pegarse a un barniz de calma.
Eli se había enfadado y había caminado rápido. Ya había tomado el autobús y estaba en
el centro, se dirigió a casa de sus amigos. Quinn podía atraparlo allí.

Kellan no respondió a los murmullos por el altavoz, pero miró desde la ventana
del segundo piso. Un minuto más tarde, Quinn oyó sus pies golpeando abajo de las
escaleras.

—¿Sí? —La cara de Kellan estaba en blanco.

170
—Estoy buscando a Eli.

—¿Lo perdiste?

La ira de Kellan agitó la esperanza. Quizás Eli estuviera aquí. A salvo.

Quinn encontró una sonrisa en algún lugar profundo dentro y la forzó a sus
labios. —Él, tuvimos una… mira solo quiero asegurarme de que está bien.

—¿Por qué? ¿Le hiciste daño? —Kellan movía las manos libremente, no como
un luchador en absoluto, pero Quinn podría decir que el hombre no dudaría en
derribarle si pensaba que su amigo estaba herido.

Y Quinn le había hecho daño. Estúpidamente. —¿Lo has visto?

—Nop. Supongo que deberías haber tenido más cuidado, hombre. —Kellan
cerró la puerta.

Era pasada la medianoche. Quinn se metió en cada bar que se le ocurrió,


encontró al alto, delgado y rubio platino amigo que se encogió de hombros y dijo que no
había visto a Eli desde que estuvieron en el restaurante juntos. La desesperación incluso
tenía a Quinn dirigiéndose al viejo apartamento de Eli, y después de algunos
comentarios ácidos de Marcy, Sam, la chica de los piercings, dijo:

—Cuando veas a Eli, le preguntas qué quiere que haga con su colchón. Tenemos
a alguien que entra en la habitación el próximo mes.

Dios mío, y ella era la que le gustaba a Eli.

Quinn condujo a través de la ciudad. El área cerca de The Arena nunca se veía
segura, pero una hora después de que los bares cerraran, tenía todo el pelo en el cuerpo
de Quinn en estado de alerta. He cogido el tranquillo de los sin techo por ahora. Con
los ojos entrecerrados por el dolor en su cabeza, Quinn les vio. Gente encorvada bajo
los portales. Permaneciendo alrededor bajo un paso elevado. Hubo un par de veces que
me quedé entre amigos cuando caminaba toda la noche, y dormía en la biblioteca
durante el día.

¿Era eso lo que estaba haciendo Eli ahora? ¿Debido a que Quinn había dejado
entrar las dudas de nuevo? Pero Eli caminando toda la noche había sido antes de que
tuviera a Nate y a Kellan. Tal vez no hubiera llegado allí todavía cuando Quinn se
detuvo, o Kellan estaba bajo las órdenes de decirle a Quinn que se jodiera. Quinn tenía
que creer eso, porque cualquier otra cosa arrancaba un agujero en el estómago que dolía
mucho más que los fragmentos de vidrio en su cuero cabelludo.

171
Al amanecer, estaba casi sin gasolina. Aparcó en la esquina del apartamento de
Nate. A una hora decente, lo intentaría de nuevo. Si eso fallaba, iba a llamar a Jamie y
rogar, suplicar y humillarse para conseguir una búsqueda extraoficial del GPS del
teléfono de Eli. No estaba seguro de que un policía buceador pudiera lograrlo, pero
Jamie tenía que tener algún favor al que pudiera convocar. Quinn estaría en deuda para
siempre con él, proclamando la superioridad del marine sobre la marina, cualquier cosa
por saber si Eli estaba a salvo.

Algo le hacía cosquillas en la cara de Eli. La golpeó y rodó sobre su costado, en


los cojines del sofá, tratando de enterrar su miserable existencia de vuelta al sueño.

—Despierta, Ricitos de Oro.

—Cierra la jodida boca, Nate. —Eli llegó detrás de él, tiró una almohada en la
dirección de la voz. Tal vez hablar de encontrar el hombre adecuado y la cama había
ocupado un lugar destacado en su perorata cuando Nate le había recogido en respuesta a
una patética llamada telefónica en la tarde-noche. Después de que la caminata de furia
de Eli lo había llevado hasta más allá de la parada del autobús que conocía, se había
encontrado a sí mismo en un pequeño raro núcleo de edificios industriales y pidió
ayuda.

Por supuesto, Nate no podía dejar ir la cosa del Ricitos de Oro ahora. —Así que
¿estás diciendo que el tipo es un oso? No me parecía tan fornido.

Sin volverse, Eli buscó a tientas una de sus botas en el suelo y tiró eso también.

—Dale un descanso. —La voz de Kellan provenía directamente sobre él.

Eli miró hacia arriba para encontrar a Kellan sosteniendo a Yin como un bebé.
Probablemente había sido su cola que le había despertado. —Lo siento, Yin. —Eli cerró
los ojos de nuevo—. ¿Qué hora es?

—Es hora de que te levantes del sillón —dijo Nate.

—Nop, no es suficiente dormir. Despiértame dentro de cien años.

—Estás mezclando tus cuentos de hadas, princesa. Bájate del sofá.

—¿Por qué? La vida apesta.

—Maldita sea. Me olvidé de comprar sombreros para la fiesta de la compasión.


—Nate arrastró las piernas de Eli fuera del sofá y se sentó.

Kellan le apoyó desde el otro lado, y Yin cruzó al regazo de Eli. Definitivamente
no iba a llorar.

172
—Entonces, ¿qué hizo? ¿Debo ir a darle una patada en el culo? —preguntó
Kellan.

—Uno: yo no soy una niña, Kellan y dos: de los tres de nosotros, ¿quién era el
único que no tenía necesidad de atención hospitalaria después de que los atacantes nos
asaltaran?

Kellan rodó los ojos. —Yo no te llamé chica. Vosotros los ga… sois tan sensibles
a esa mierda.

—¿Y los hombres heterosexuales no lo son? —Nate se inclinó en frente de Eli


para mirar a Kellan.

—Yo ahora, gracias a ti —dijo Eli—. Me doy cuenta de que es difícil para ti
soportar el renunciar a la corona de la princesa, Nate.

—Debería haberte dejado sollozar en los cojines del sofá todo el día. —Pero
Nate puso su brazo alrededor de Eli, y no trató de alejarse—. ¿Y?

—Así que, me dijo que me amaba y entonces me dijo que me mudara. O tal vez
me dijo que saliera y luego me dijo que me amaba.

—¿Y qué le dijiste? —preguntó Kellan.

—Me fui.

—¿En silencio? —Nate dio al hombro de Eli un apretón—. Me parece difícil de


creer.

—¿De qué lado estás? —Eli golpeó sus hombros hacia atrás en el sofá, pero
Nate mantuvo el brazo alrededor de él.

—Del tuyo, siempre.

Kellan golpeó la rodilla de Eli. —¿Qué dijiste cuando dijo que te amaba?

Eli pensó por un minuto. —Que tenía una manera divertida de demostrarlo.

Kellan se estremeció.

—¿Qué se suponía que dijera?

—Eli, ¿estás enamorado de este tipo? —La cuestión de Nate era suave.
Probablemente por defecto de su columna en modo consejo.

173
—¿Qué parte de irse a vivir con él y rechazar a otros chicos y hacerle la cena y
tomar su consejo acerca de un trabajo no responde a eso?

—La parte con palabras reales, cariño —dijo Nate.

—¿Y vosotros? Quiero decir, yo nunca os lo he oído decir.

Nate se levantó y tiró de Kellan a sus pies. —Te amo.

Kellan sonrió. —Sí, lo haces. —Y se besaron. Largo. Con lenguas. Hasta que
Yin se marchó y Eli estaba buscando algo más que lanzarles. Todo lo que quedaba era
su teléfono y no iba a ocurrir, así que tiró la manta sobre su cabeza.

—No importa si lo amo de todos modos —dijo Eli bajo la borrosa protección de
la gente asquerosamente feliz—. Si realmente me amara, ya habría estado aquí en busca
de mí. —Como si eso sucediera. Quinn estaba probablemente feliz de volver a caer en
su vieja rutina.

—Uh, sí. Lo hizo. —La voz de Kellan tenía ese tono en lo que por lo general
significaba que estaba ruborizado.

—¿Qué? —Eli empujó la manta fuera. Yup. Las mejillas de Kellan estaban rojas.

—Se presentó mientras te recogía —dijo Nate.

Eli rebuscó bajo el sofá con su otra bota, se acordó de que no tenía tejanos y se
fue en busca de ellos. —¿Y?

—No le dejé entrar y le dije que no estabas aquí. —Kellan se encogió de


hombros—. No estabas. Todavía.

Eli se puso sus pantalones vaqueros abotonados y se dejó caer en el sofá. —


Probablemente solo su sentido de la responsabilidad. Al igual que lo haría por uno de
sus alumnos o por alguien de esa maldita familia.

—Si el sentido del deber deja a un hombre buscando como si acabaran de darle
una patada en los testículos, a lo mejor —dijo Kellan.

—En serio. —Eli se puso las botas y sacó su teléfono para comprobar los
mensajes antes de guardarlo otra vez.

—Eli. —Nate se paró frente a la puerta—. No has respondido a la pregunta.


¿Estás enamorado de este tipo?

174
Quizás. ¿Cómo se supone que Eli supiera? —¿Se siente como si estuvieras
emocionado pero sobre todo nauseabundo? ¿Y la idea de no besarlo otra vez, porque la
jodí demasiado te hace pensar que morir es un buen plan?

—¿Amor? —preguntó Nate.

Eli asintió.

—Sí, lo es —respondió Kellan.

—Está bien. —Eli tomó una respiración profunda—. Entonces realmente no


estuve nunca enamorado de ti, Nate.

—Estoy seguro de que lo superará. —Kellan besó la mejilla de Eli.

Quinn se quedó dormido, despertándose con un sobresalto y se encontró en el


coche, a las diez de la mañana. En un día de la semana. Recordaba vagamente llamar
por enfermedad por primera vez en cinco años, mientras estaba seco de tragar codeína.
Eli. Puso en marcha el coche y se dirigió al bloque. Solo había pensado en un último
lugar para comprobar antes de apelar a la misericordia de Nate o Jamie.

Esperaba que el hecho de que encontrara un lugar en un garaje cerca del Inner
Harbour fuera una señal de que su instinto estaba en lo cierto. A pesar de la multitud de
niños de la escuela en su camino hacia el acuario y la gente corriendo para el trabajo
con sus cafés, Quinn lo vio. De pie directamente delante de la barandilla, cabello oscuro
volando alrededor en el último movimiento del viento. Hermoso. Sexy. A salvo. Y
gracias a Dios, suyo.

Si no creyera que podría asustar a Eli el ir directo encima de la barandilla en la


bahía, Quinn habría corrido. Así las cosas, no pudo detenerse el ir hasta Eli en un
apretado abrazo, la cara enterrada en su cuello para respirar su olor, forzar la huella de
su cuerpo sobre el de Quinn.

—Lo siento mucho —susurró Quinn.

Eli le devolvió el abrazo durante un segundo y luego lo empujó lejos. —


Jodidamente bien deberías sentirlo.

Los brazos de Quinn se sentían inútiles a los costados. Tenía que tocar a Eli de
nuevo. Hacerle entender con sus cuerpos, con lo que había hecho todo tan perfecto entre
ellos, lo que había llegado a ser tan jodido cuando Quinn trató de forzar las palabras a
ello. —Lo siento. Sé que fui un poco agobiante.

—¿Eso crees? —Eli empujó el pelo de la cara.

175
—Muy autoritario.

—Un gilipollas —desafió Eli.

—Sí. Un gilipollas. —Quinn sintió la esquina de su boca ascender en una sonrisa


que no podía evitar. Debido a Eli. Quinn miró, llenando sus ojos con la prueba de que
tal vez no fuera demasiado tarde. Eli llevaba la misma ropa, con los ojos un poco
llorosos. Uno de sus brazos estaba rígido. Al final del mismo, los dedos de Eli estaban
envueltos con tanta fuerza alrededor de su teléfono que sus nudillos se pusieron blancos.

—¿Esperando una llamada importante? —preguntó Quinn.

Eli miró su mano, como si se hubiera olvidado de que el teléfono estaba allí. —
No. —Levantó el teléfono por un segundo, mirando fijamente—. Iba a hacer una. Pero
al parecer no pude pulsar los botones correctos. Porque…

Eli miró hacia otro lado, y Quinn tomó la mano que sostenía el teléfono,
suavemente aflojando los dedos alrededor del plástico y metiendo el teléfono en el
bolsillo de la chaqueta de Eli.

—¿Sí? —esperó Quinn, pero Eli negó con la cabeza.

—Ven a casa conmigo —dijo Quinn, todavía agarrando la mano de Eli.

—¿Por qué? —Eli se reunió con la mirada de Quinn, y el cuerpo de Quinn le


dolía por la aflicción en los ojos de Eli.

—Te amo.

Eli alejó la mano de Quinn. —Me permití a mí mismo ser feliz. Y me dolió. Te
dejé hacerme daño.

Quinn sabía que no debía esperar que fuera fácil. Pero no lo quería fácil. Quería
a Eli. —Tenía miedo de que me hirieras primero. Te quiero en mi vida. Y toda esa
mierda acerca de tomarlo demasiado rápido y Alyssa fue porque te amo y tenía miedo
de que no me quisieras.

—Lo hago. Creo.

—¿Eso crees? —Quinn se congeló.

—Cuando tenía mucho miedo de llamarte, asustado de haberla jodido demasiado


y tú no me quisieras… —Eli alcanzó su bolsillo para tocar su teléfono, luego mantuvo
ambas manos escondidas, los hombros encorvados—. Siempre pensé que el amor sería
diferente. Un día le vería y solo así, sabría.

176
—Lo hice. —Quinn le puso la mano en la cara de Eli. Su piel era fría por el
viento, pero debajo de esa sensación había un cosquilleo de electricidad en la mano, el
sentido de conveniencia de su piel junta—. Me diste un guiño en el bar y eso fue todo.
Enganchado.

Eli volvió su rostro hacia la mano de Quinn y luego se apartó. —Entonces,


¿cómo pudiste dejar que me fuera?

—¿Te dejé?

—Ibas a llevarme. A sacarme jodidamente de tu vida.

—Tú querías irte.

Eli negó con la cabeza y no se detuvo. —Si amas…

Quinn le agarró y le dio un beso, ahuecando la cara para detener el temblor. —


Lo hago. Eli, tú eres el hombre más increíble que he conocido. E incluso si terminas
rompiendo mi corazón, no me importa, si tengo que tenerte en mi vida por un tiempo.

—No —dijo Eli, pero estaba besando a Quinn de nuevo, los brazos pegados a su
alrededor—. Si amas a alguien, impídele marcharse.

—No sabía que tuviera que hacerlo.

Eli sostenía la parte posterior de la cabeza de Quinn. —Detenme. Cada. Simple.


Vez.

177
Capítulo Diecisiete

Eli se despertó con su avío todo retorcido debajo de él. Lo cual había pasado por
la mejor razón posible. El hombre que amaba había agotado a Eli en su cumpleaños. Eli
se movió y luego rodó sobre su espalda. Tan pronto como su todavía caliente culo
hormigueante se puso en contacto con la sábana, recordó por qué había estado
durmiendo sobre su vientre. Tener un atractivo novio dominante que sabía lo mucho que
le encantaba conseguir una nalgada era una gran ventaja en un cumpleaños, decidió Eli.
Pero definitivamente dejaba... una marca.

Abrió los ojos de repente para ver la nueva paleta de cuero en la mesita de
noche. El regalo del último cumpleaños de Quinn antes de acostarse. La doble capa de
cuero no solo picaba, dejaba un calor más profundo bajo la piel. A Eli le encantaba.

La computadora con el software de buenas imágenes digitales había sido


agradable también. Pero tan pronto como leyó el exterior de la caja, Eli fue a buscar el
trozo de papel como fianza mostrando el cheque que había recibido de Time y le dijo a
Quinn que lo retirara. Quinn citó una tasa de reposición, su servicio de pago en marcha,
y el hecho de que de vez en cuando le gustaba usar su propio maldito ordenador portátil
cuando llegaba a su casa a veces, por lo que Eli había celebrado su 23 cumpleaños con
dos regalos impresionantes.

Su culo rozaba las sábanas mientras se movía alrededor y estaba empezando a


ponerse duro otra vez. Técnicamente, le quedaban 30 minutos de cumpleaños. Debería
valer una mamada.

Los ojos de Quinn se abrieron. —¿No puedes estar cómodo? —Lo siguió arriba
con una diabólica sonrisa.

—Un poco demasiado cómodo. —Eli empujó su polla contra la cadera de


Quinn.

—Dios, me vas a matar, muchacho.

El estómago de Eli cayó al mismo tiempo que su polla saltó a la dura vida
plenamente. Le encantaba cuando Quinn utilizaba esa voz ronca, gruñona. Le amaba.
Sí. ¿Cómo lo había dicho Quinn? Enganchado. Eli no diría que no había mirado a otros
chicos desde que se conocieron, pero no tenía muchas ganas de follar a ninguno de

178
ellos. Incluso pensar en su enamorada celebridad favorita arrojándole a la cama no
bastaba para él ya nunca más.

Quinn pasó la lengua camino abajo por el pecho de Eli, luego hizo una pausa
para mirar hacia arriba. —Sabes, no creo que tener un caliente novio de veintitrés años
de edad, realmente vaya a funcionar como una excusa cuando me tropiece en el trabajo
mañana, con los ojos todavía cerrados.

—Solo están celosos. —Eli agarró un rizo del pelo de Quinn en un dedo.

Aunque dejó a Eli mareado y jadeando por correrse hasta los sesos, Quinn no iba
a dormir bien después. Se quedó en la cima de Eli, pasando la mano por la cara.

Eli se preguntó si debía ofrecer reciprocidad, pero la polla de Quinn era suave y
sedosa contra el muslo de Eli. Ya habían jodido tres veces.

—Acción de Gracias es la próxima semana. —Quinn apretó su agarre sobre Eli


antes de que se diera cuenta de que se estaba alejando.

—No. De ninguna jodida manera.

—No tienes que ir —dijo Quinn suavemente.

—¿Y tú?

—Quiero hacerlo. Aparte de algún imbécil que no nombraremos, lo disfruto.

—Tú sigue adelante y disfrútalo. Saldré con Nate y Kellan.

Eli no había esperado que él y Quinn se llevaran perfectamente justo porque


funcionaran las cosas. Eli sabía que tendía a adoptar un enfoque de todo o nada a las
cosas, y a Quinn le gustaba mirar todos los ángulos. No había ninguna razón para que
estuvieran juntos cada minuto, pero Eli todavía se sentía culpable por abandonar a
Quinn en un día de fiesta. No es que Eli fuera sentimental con Acción de Gracias. Si Eli
tuviera un trabajo estable, uno firme, habría sido perfectamente feliz de trabajar cada
Acción de Gracias, pero había hecho la sesión de fotos de comida en la cocina la
semana pasada con el fin de entregarla en el periódico ayer.

Navidad era diferente. Si Quinn todavía sentía la necesidad de jugar bien con los
Laurents, Eli podía manejarlo para Navidad. Después de todo, si Quinn no hubiera
necesitado una cita para ayudarle a pasar el bautizo, nop. Eli no iba allí.

179
Por lo menos la Navidad tenía el potencial para regalos y travesuras con los
gorros de Santa y bastones de caramelo y los calcetines de relleno. Acción de Gracias
realmente impulsaba la completa feliz familia heterosexual de mierda. Nate se inclinaba
sobre el día de fiesta por otras razones, calificándola de “la rehabilitación del genocidio
de los nativo-americanos”, así que pensó que Eli podría ir por allí con ellos y quejarse
todo el día.

—¿Qué? —dijo Nate cuando Eli llamó.

—¿Por qué crees que quiero algo?

—Porque ahora que estás felizmente escondido con tu hombre de la Marina, solo
llamas cuando quieres algo.

—Esta es la primera vez que no has hecho una broma sobre su edad. Estás
perdiendo tu toque, Nathan. —Nate había hecho un artículo sobre los veteranos
homosexuales, y Quinn lo había guiado con algunos recursos. Parecía haber una tregua.

—¿Qué es lo que quieres, Elijah?

—¿Qué vas a hacer hoy?

—¿Por qué?

—Porque es Acción de Gracias. —Eli esperó para la diatriba habitual.

—¿Y? Nunca me ha importado una mierda antes.

Sonaba como dar calabazas. —¿Tenéis planes?

Nate resopló un suspiro. —Más o menos. Excepto que mi plan es con el First
National Bank de Candace.

—¿Siempre vas a llamar a la madre de Kellan así?

—Desde que ella le dio ese coche, sí. —Cuando Nate se ponía todo superior, así,
Eli estaba muy contento de que las cosas no hubieran funcionado para ellos.

—Aww. Él te deja conducirlo. Espera, ¿por qué tienes planes con mamá Kellan?
—preguntó Eli.

—Estamos tratando de establecer una reunión sorpresa con Kellan y su padre.


Solo los tres en un restaurante. Esperemos que la ambulancia no sea necesaria.

Si Nate hubiera estado de pie allí, Eli le hubiera golpeado. —¿Para qué mierda?
Kellan odia a su padre.

180
—Es complicado, Eli. Todavía es su padre. Y... no es un total idiota.

Eli suspiró. —Él dio como cien mil dólares para poner fin a la igualdad de
matrimonio en Maryland.

—Bueno, sí, es un total idiota, pero es el padre de Kellan. Tengo que irme.
Kellan está saliendo de la ducha. —La voz de Nate bajó a un susurro.

—Está bien. Ey. Después de tu cita, ¿crees que podrías darme un paseo a algún
lugar?

—Eso debería ser bueno para llegar a la mínima distancia de seguridad de la


lluvia radiactiva.

—Oh, ya veo cosas peores por venir. Mejor cómprate un Fleshlight 14 o tu


muñeco va a estar tan mal por masturbarte que no serás capaz de teclear.

El susurro de Nate “joder”, evocó la imagen de él pellizcándose el puente de la


nariz. Ja. Por una vez, Nate no había pensado en nada todo el camino.

Incluso aunque Nate no lo viera, Eli sonrió. —Mejor tú que yo.

Aunque Eli había dormido, había estado abajo a la vez para ver a Quinn salir de
la casa llevando uno de sus poco atractivos suéteres y pantalones, un plato de ñame con
azúcar moreno y mantequilla en una mano. Eli había encontrado una chaqueta de pana
color ciruela oscuro en su tienda favorita de segunda mano, así que al menos podía
parecer vestido, incluso si se presentaba con las manos vacías. Cuando salió corriendo
para encontrarse con Nate, Eli sabía que era una buena cosa que no se hubiera
molestado en hacer nada. Nate se sentó a horcajadas en su grasiento scooter.

Nate se encogió de hombros. —Kellan se llevó el coche hasta el restaurante.


Tuve que tomar un taxi a casa.

—¿Cómo fueron las cosas cuando se vieron el uno al otro?

—Hosco, pero tranquilo. Por lo menos ahora sé qué escribir para la columna de
esta semana: Por qué deberías casarte con un huérfano.

Nate le entregó el casco de repuesto demasiado-grande, y Eli subió detrás de


Nate, abrazando su cintura. En el congelado viaje a Woodlawn, Eli pensaba sobre la

14
Fleshlight, es una marca de juguetes sexuales para el sexo masculino. Se compone del
nombre Flesh (carne) y light (linterna), semejando a un trozo de carne dentro de un envoltorio
parecido a una linterna y que sirve para masturbarse

181
futura columna de Nate. Él y Quinn eran tan buenos como los huérfanos. Eli podía
despreciar la idea de depender de la aprobación de una familia “normal”, pero si Quinn
pensaba que lo necesitaba, Eli sufriría por ello con él. Además, de esta manera podría
mantener un ojo en ese hijo de puta de Peter.

Nate aceleró de nuevo frente al número de la casa que Eli le había dado. La de
Claire y Roger Laurent 2182 Meadowview Drive era de un rojo de ladrillo de dos
plantas en un barrio de bungalows de ladrillo rojo y casas Cape Cods 15 y niveles
divididos, al igual que la de Quinn, y al igual que la de Peter. Eli sospechaba que donde
Dennis y Paula vivían era más de lo mismo.

—¿Vas a volver bien? —preguntó Nate mientras se volvía para cerrar el casco en
la parte posterior.

Eli señaló el coche de Quinn al final de la entrada. —Él todavía está aquí. Estaré
bien.

—Está bien. Voy a ir a ver a mis padres en Catonsville.

Esto en cuanto al cinismo del amor a los huérfanos de Nate. Eli le despidió
mientras Nate farfullaba.

Por una vez, Eli estaba esperando hacer lo contrario de una gran entrada, por lo
que en vez de tocar el timbre, dio unos golpecitos.

Alyssa, ahora con rayas moradas en el pelo rubio, le dio un tirón al interior. —
Oh Dios mío, estoy tan contenta de que te presentaras. Ha sido realmente extraño.

—¿El asunto del apartamento?

—¿Qué, eso? No. —Ella hizo un ademán desdeñoso—. Pensé que estabais
solucionándolo. A veces Quinn solo tiene que superarse a sí mismo, ¿no?

Se le ocurrió a Eli que tenía una buena fuente de información sin explotar aquí.
Ella parecía conocer a Quinn bastante bien, y a diferencia del resto de su familia, no se
abstenía de hablar sobre las cosas.

—No —continuó Alyssa, arrastrando a Eli hasta cuatro escalones a lo que


parecía un salón formal. Estaba vacío, pero ella todavía miró a su alrededor como si
estuviera comprobando espías—. Peter llegó tarde, sin Chrissy y Gabe. Él dice que el
bebé tiene fiebre y que Chrissy no quería sacarle. Luego dijo que lo llevaba a ver a sus
padres por un tiempo.
15
Una casa del estilo Cape Cod es una casa pequeña donde el area habitacional está todo en
la planta baja. Sin embargo, tiene un techo muy alto que contiene un ático grande, sin acabar,
que tiene acceso con una escalera sencilla.

182
—¿Qué?

—Exactamente. La historia ha cambiado tres veces. Y Quinn ya estaba aquí


cuando Peter finalmente apareció y tenía esta mirada. Quiero decir que sé que mi
hermano es un idiota, pero esa era la más sucia mirada que he visto nunca en él. La
temperatura bajó veinte grados. Dennis trató de hablar con él…

—¿Con quién?

—Peter. Pero él sigue escabulléndose. Está cargando recipientes ahora. Te lo


juro, se lleva suficiente comida para diez personas, pero dice que no puede quedarse
para el postre. Algo está pasando.

Todo lo de los postres y los recipientes tenían saltos lógicos que Eli no podía
seguir, pero el resto del drama susurrado de Alyssa estaba claro. La mierda había
golpeado el ventilador. Eli cerró los ojos. —Genial.

A pesar de la felpa, la moqueta de pared a pared, Eli escuchó pasos detrás de


ellos.

—Ey. —Quinn llegó y le dio un rápido abrazo por un lado—. No te esperaba.


Recuerdo las palabras de ninguna jodida manera. —Murmuró la última parte en la oreja
de Eli.

—¿Y perderme la emoción? —Eli arqueó las cejas. Tal vez Quinn pudiera
proporcionar algunos comentarios.

—Sois tan lindos. —Ella se dirigió hacia el arco que conducía a un comedor—.
Voy a decirle a mamá que estás aquí.

Claire apareció alrededor de otro ángulo raro. La completa cosa de los dos
niveles estaba empezando a enloquecer a Eli. Prefería tener pasadizos secretos en una
mansión embrujada.

—Oh, Eli. Espero que hayas traído tu cámara. Ojalá Chrissy y el bebé estuvieran
aquí.

En alguna parte sonó un portazo con fuerza suficiente para sacudir la casa.

Claire continuó como si el sonido no hubiera sucedido. —¿Has comido,


querido? Entra en la cocina. Ni siquiera he retirado todo todavía. Quinn y Alyssa
pueden colocar la mesa del postre.

Eli se preguntó si estaban siendo transportados a otra reunión secreta, pero Paula
y Faith estaban en el fregadero lavando platos. Manteniendo un monólogo sobre la

183
historia de la familia y los orígenes de cada cucharada, Claire cargó un plato de comida
y se lo entregó.

—Los otros chicos están en la sala de estar viendo un partido. —Claire lo hizo
pasar tan rápidamente como lo hubo respirado.

Eli solo tenía los dos encuentros anteriores para utilizarlo como juicio, pero tenía
que estar de acuerdo con Alyssa. Las cosas eran muy extrañas. Y no se trataba solo de
todos los peldaños que seguían perdidos.

Eli había hecho un giro equivocado y se encontró en la sala de estar de nuevo,


cuando Dennis le acorraló. —Ven aquí. Quiero mostrarte algo.

Dennis tomó el plato de Eli y lo puso sobre una mesa de café antes de que lo
llevara hasta otro conjunto de escaleras a una habitación donde cerró la puerta.

Lo raro acababa de tomar un desvío hacia incómodo.

—Um. Creo que… —Eli se dirigió hacia la puerta, pero Dennis lo había
bloqueado.

—La última vez que te vi. En la casa de Peter. Dijiste algo acerca de Peter.

Eli no podía entender de lo que Dennis estaba hablando.

Dennis se cruzó de brazos. —Mi cumpleaños. Te fuiste en tu pequeño Quinn-es-


gay despotricando por su coche. Dijiste algo acerca de Peter entonces.

—¿Que es un idiota egoísta?

—Dijiste algo sobre las consecuencias. Me acuerdo de eso.

Eli volvió a tragar un bocado así que por qué carajo me pregunta, y se encogió
de hombros. —Supongo. Algo por el estilo. No recuerdo exactamente qué.

—¿Estabas tomando partido por Quinn?

—Yo siempre voy a tomar partido por Quinn. —Eli se enderezó. A la mierda.
Todos estos pasos amortiguados y escaleras y secretos—. Pero yo estaba hablando sobre
el hecho de que no importa qué género reclame con el que querer estar, tu hermano es
un puto tramposo.

Los ojos azules de Dennis se agrandaron.

—Un hombre puto. Intentó ligarme.

184
Dennis puso los ojos en blanco.

Era el turno de Eli para cruzar sus brazos. —Voy a tener que hacerte saber que
más chicos gais me encuentran atractivo.

Dennis miraba como si estuviera tratando de averiguar por qué.

—Está bien —espetó Eli—. No me creas. Cree esto. Fue en el Grand Central.
No sé si sabes lo que es eso…

—Soy policía. Lo sé.

—Bueno, él no estaba allí para bebidas especiales. Sigue yendo allí, tus amigos
de antivicio lo encontrarán chupando a chicos fuera en Carroll Park.

Los labios se apretaron en una fina línea, Dennis abrió la puerta del dormitorio.

—Tú preguntaste —señaló Eli, pero Dennis se había ido.

Eli bajó las escaleras y se ofreció a manejar la segunda ola de platos. Con
entusiasmo, Faith arrojó el trapo y se fue a rogarle a su abuela que le hiciera crema
batida. Quinn entró y se inclinó sobre el mostrador.

—¿Qué? —murmuró Eli con timidez. Esa mirada era demasiado sexy.

Quinn se acercó a su alrededor y frotó algo fuera de uno de los platos. —Odio no
poder tocarte todo el tiempo —murmuró al oído de Eli.

Eli estaba a punto de tirar el plato de nuevo en el fregadero y saltar al hombre,


pero se acordó de que estas personas eran importantes para Quinn. Eli podría
comportarse durante otra hora.

Los gritos sonaban desde el exterior, indistinguibles al principio, pero luego


sobre el zumbido de la batidora de Faith, oyó el final de “...la jodida verdad por una vez
en tu vida”.

La batidora hacía ruido sobre la mesa, rociando gotas de dulce crema en el aire.

—Me pregunto de qué se tratará —Claire llegó hasta Faith—. Deja que te ayude,
cariño. —Ella tomó la batidora de mano, aparentemente ajena a los sonidos de batalla.
Faith corrió hacia su madre.

No importa cuánto Claire tratara de ignorarlo, los sonidos eran muy obviamente
de dos hombres que luchaban en el patio trasero de Claire. Dado que lo último que Eli
había visto de Roger era estar profundamente dormido en un sillón, eran Dennis y Peter.

185
—¡Mamá! Ese es papá. —Faith se aferró a Paula.

—Está bien, Faithy. Te necesito para que mantengas un ojo en tu hermano por
mí. Papá está bien. Voy a ir a hablar con él.

Quinn había comenzado por la puerta de atrás al segundo que Faith cayó la
batidora. Cuando Eli encontró su salida, a través de la sala de estar, Quinn estaba entre
los hermanos, sosteniendo el brazo de Dennis. Al final de ello, el puño de Dennis había
agarrado firme la camisa de vestir de Peter.

—Bueno, eso lo explica todo. —Peter se separó libremente, perdiendo un par de


botones en el proceso. Él miró a su hermano—. En realidad, creo que este pequeño
maricón…

Quinn le dio un puñetazo en la boca. Eli saltó hacia adelante para agarrar el
brazo derecho de Quinn.

Peter se limpió la boca y sonrió con los dientes ensangrentados. —Maldita sea.
Finalmente te creció un par.

—¿Qué demonios está pasando? —Roger llegó a través de la puerta trasera.

—No te preocupes. Él no puede golpear fuerte —se burló Peter.

—No te preocupes. Mi pie en tus huevos será lo bastante fuerte —dijo Eli,
todavía aferrándose a Quinn.

—Cuéntales, Peter. —La voz de Dennis era baja, con amenaza letal.

—¿Contarles qué? El chico es celoso. No sé de qué coño está hablando. —Peter


levantó la vista cuando Claire salió—. Lo siento, mamá.

Dennis se alejó de su hermano, luego volvió a mirarlo. —¿Por qué no está tu


esposa aquí, Peter? Dime que lo que escuché en la comisaría no es cierto.

—No es así. Me esperaba esto de él. —Peter hizo un gesto con la cabeza en
dirección de Quinn—. Pero no de mi propio hermano.

—Dennis —ladró Roger—. Explica esto.

—He oído de la operadora en la comisaría que Chrissy se llevó al bebé y le dejó.


Luego Eli dice…

—¿Eli? —Roger se volvió con una mirada despectiva.

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Eli soltó a Quinn y comenzó a dar un paso adelante, pero el brazo de Quinn tiró
de él hacia atrás.

—Sí, Eli —dijo Quinn—. Quien, cuando no estoy pidiéndole que mienta al resto
de vosotros, es completamente honesto.

—¿El resto de nosotros? Cielos, Quinn, ¿qué quieres decir? —preguntó Claire.

—Yo no sé si Chrissy ha huído, pero he acabado con la cubierta para tu hijo. —


La última palabra de Quinn llevaba una carga lleno de asco.

—Quinn. —El grito de Peter tenía una cantidad igual de desesperación.

—No sé cuál es tu sexualidad…

—Realmente, Quinn —interrumpió Claire.

—Pero él no ha sido fiel a su esposa, y si ella tuvo algún sentido, se fue.

Roger cruzó el césped y dio un fuerte revés a su hijo. —¿Qué has hecho?

Peter parecía como un niño culpable. —Ella encontró un recibo de condones en


mis pantalones vaqueros. Pero no habría pensado… podría haberla convencido si… él
no hubiera estado tonteando por ahí. —Señaló a Eli—. Es lo que le hizo que pensara
que algo había sucedido en primer lugar.

El silencio era pesado. Eli sentía las miradas que venían a él.

—Bueno, gracias a Dios por eso. —Quinn puso su brazo alrededor de Eli.

—Amén —agregó Dennis.

Quinn dirigió a Eli a Claire, que estaba de pie con la mano sobre la boca como si
tuviera que bloquear todo lo que quería decir. —Gracias por la cena. Claire. —Asintió a
las otras personas en el patio—. Roger, Paula, Feliz Acción de Gracias. —Él los llevó a
detenerse delante de Dennis—. Llámame y jugaremos un pequeño partidillo.

—Por supuesto. —Dennis golpeó el hombro de Quinn y le ofreció una mano a


Eli—. Gracias por ser correct… 16 uh, gracias, Eli. Lo siento... —Inclinó la cabeza de
una manera que podría referirse a cualquiera de la familia.

—Está bien. —Eli miró un segundo antes de que estrechara la mano del hombre
—. Tú y tu esposa debéis venir a cenar alguna vez.

16
Bueno, este es un juego de palabras que en la traducción se pierde, puesto que usa la
palabra straight para dar a entender que ha sido honesto, cabal… etc, pero también significa
heterosexual; y como se da cuenta que Eli no lo es, se queda con la palabra a medias.

187
—¿Lo dices sinceramente? —Dennis sonrió a Quinn—. ¿Qué pasa con los
niños? —preguntó a Eli.

—Ummm.

Dennis dio a Eli la misma palmada en el hombro que le había dado a Quinn.

Cuando estuvieron a la vuelta de la casa en su camino a la carretera, Quinn


atrajo a Eli cerca y lo besó.

Un oído atento al sonido de alguien que venía a separarlos por arruinar esta
sección de los suburbios, Eli le devolvió el beso, levantando sus dedos de los pies,
encantado con cada aliento y sabor del hombre.

—Gracias —dijo Quinn cuando soltó a Eli.

—Sé que soy impresionante, ¿Qué pasa esta vez?

Quinn dejó caer otro beso en los labios de Eli. —Solo por ser mi novio—. Quinn
le dio esa sonrisa. La misma que Eli solía pensar que significaba que Quinn estaba
riéndose de él. No significaba eso. Era la sonrisa atrévete de Quinn. Su sonrisa ven y
diviértete conmigo. Su sonrisa Eli—. Vamos. Te llevaré al centro de la ciudad para un
poco de pastel.

—Qué heteronormativo.

—¿No puedo tener pastel de Acción de Gracias solo porque lo hace la gente
heterosexual?

—Está bien. Toma el pastel. Yo quiero crepes. —Eli besó la parte superior de los
nudillos enrojecidos de Quinn—. Y tienes que cambiarte ese suéter.

Quinn se rió y arrastró a Eli hacia el coche.

FIN

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CRÉDITOS

Coordinador del Proyecto


Grupo TH
Traducción, Corrección, Edición.
Grupo TH.

¡Y no olvides comprar a los autores, sin ellos no podríamos


disfrutar de tan preciosas historias!

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Acerca de la Autora
K.A. Mitchell descubrió la magia de escribir a una edad temprana, cuando
aprendió que una nota de disculpa cuidadosamente escrita con lápices de colores
enviada a la cocina en un camión de juguete le ganaría un aplazamiento de castigo a su
habitación. Su carrera como artista de paseos controlados se vio interrumpida cuando su
familia se mudó a una casa de dos pisos, y sus camiones ya no rodaban con seguridad
por las escaleras. Por la misma época, decidió que Chip y Ken hacían una pareja mucho
más bonita que Ken y Barbie y se quedó perpleja cuando las invitaciones para jugar a
Barbie disminuyeron. Un número no identificado de años más tarde, es feliz de
encontrar a otros lectores y escritores a los que les gusta jugar en su mundo.

Para obtener más información sobre K.A. Mitchell, por favor visita
[Link]. Envía un correo electrónico a K.A. Mitchell en
authorKAMitchell@[Link].

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