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Filosofía 2

Tema de Oposición y Méritos del concurso docente 2025.

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FILOSOFÍA.

Tema 2:

El problema de la autonomía y la posibilidad del pensamiento crítico en la


formación de educadores en contextos de globalización política, económica y
educativa. Conceptualice, desarrolle y realice un análisis crítico de las múltiples
determinaciones.

INTRODUCCIÓN
En la segunda mitad del siglo XX la sociedad occidental, impulsada principalmente por el desarrollo
científico y tecnológico, conoció una gran transformación estructural, cultural y social. De este
modo, los cambios, que hasta entonces se habían asociado a procesos lentos y, por lo tanto,
predecibles, pasaron a convertirse en fenómenos poderosos, vertiginosos y que operan en muchos
planos superpuestos de la realidad.
Esta situación ha producido una sensación de confusión e incertidumbre. Uno de los ámbitos
sociales que de manera más intensa está padeciendo tal ausencia de estabilidad es el mundo de
la educación.
Es así como la escuela, enmarcada en este contexto, no debe perder de vista los desafíos que la
convocan, y ser consciente de la importancia acerca de la autonomía y pensamiento crítico de sus
docentes en este entorno, para así poder cometer su finalidad centrada en la transformación
individual y social de los educandos.

UNA MIRADA FILOSÓFICA SOBRE EL CONTEXTO ACTUAL


De acuerdo a lo que expresa José Luis Rebellato (1999), la globalización involucra los procesos en
virtud de los cuales los estados nacionales se entremezclan con actores trasnacionales. Esta serie
de procesos que han surgido en el ámbito económico y político se han extendido al ámbito socio-
cultural, configurando determinadas formas de sentir, pensar y actuar, propias del sujeto
posmoderno.
Este proceso de globalización da lugar a profundos cambios en las sociedades actuales. Es así
como considerando los aportes de Lipovetsky (1996) puede distinguirse en la sociedad actual, una
nueva forma de control de los comportamientos, una diversificación incomparable de los modelos
de vida, en conjunto con una consideración mayor por la esfera privada, es decir, una nueva fase
en la historia del individualismo. De este modo se va configurando un nuevo “proceso de
personalización”, el que corresponde a una sociedad flexible basada en la información y
estimulación de necesidades. Este proceso implica una nueva forma de organizarse, de
comportarse partiendo desde lo privado. Hay nuevos procedimientos que contienen nuevos fines,
valores y legitimidades sociales, priman los valores hedonistas, el culto a la liberación personal, a
la expresión libre, en síntesis un nuevo significado de autonomía.
Este proceso de personalización da cuentas de una sociedad postmoderna, en donde reina la
indiferencia de masa, autonomía privada e, innovación superficial, lo que lleva a los sujetos a no
considerar ni asimilar el futuro, pues se quiere vivir aquí y ahora. Una sociedad regida por el vacío,
un vacío que no comporta, ni tragedia ni apocalipsis. En este sentido debemos reflexionar
profundamente acerca de la identidad que ha de construirse en este contexto y cuestionarnos sobre
todo: ¿Qué papel nos toca jugar como docentes para contribuir a revertir esta situación?,
¿Realmente podemos hacerlo?, ¿De qué manera? Contestar estas preguntas es, sin dudas, una
tarea compleja, sin embargo el ser conscientes de que la era postmoderna se encuentra
obsesionada con la información y la expresión, por una comunicación sin objetivo ni público, es
decir, regida por la lógica del vacío, puede ser el primer paso para encontrar las respuestas que se
buscan. De este modo, concientizarnos primeramente de la realidad en la que estamos inmersos,
puede ser una óptima opción para animarnos a cambiar aquello que se pueda. El concientizarnos,
implicaría, entre tanto, poder percibir que nos encontramos rodeados de cortinas de humo, como
diría Ives Lacoste, que nos hacen perdernos en cosas banales, en noticias que hoy son relevantes
y mañana serán olvidadas, en programas de entretenimiento, juegos de luces, colores, imágenes
y sonidos que “llenan los ojos” pero no trasmiten ningún mensaje, por lo que asistimos a la derrota
del pensamiento (Finkielkraut, 1994).
De este modo, abrir los ojos entre tantas cortinas de humo nos invita a reflexionar sobre los
beneficios y dificultades del rol de ser maestro en un contexto predominantemente globalizado. Así
podremos rencontrarnos con una vocación y responsabilidad profesional, que hoy sabemos, urge
ser llenada con un nuevo sentido.

AUTONOMÍA DOCENTE
Pensar en el contexto actual expuesto anteriormente, hace aflorar la idea de que enseñar exige la
reflexión crítica sobre la práctica y la toma de decisiones en cada situación, con cada alumno y
grupo, en cada contexto, en todo momento… “Solamente las profesiones practican rigurosamente
la resolución técnica de los problemas basándose en un conocimiento científico especializado.”
Schon (1998). El rol del maestro es el del profesional responsable para la toma de decisiones en el
quehacer de la enseñanza, no el de reproductor de modelos elaborados desde fuera del aula y de
la escuela, es decir, es imprescindible la autonomía docente. La teoría informa, el especialista
aporta su saber, el maestro administra estos aportes, analiza cada situación de enseñanza y actúa
en consecuencia. Reflexiona sobre el ‘cómo’, pero también sobre el ‘por qué’. Dice Schon: “¿En
qué consiste el modo de saber que emplean los profesionales competentes? ¿En qué se parece y
en qué se diferencia el saber profesional de los tipos de conocimientos que se presentan en los
libros de texto académicos, artículos científicos y revistas eruditas? ¿En qué sentido, si lo hay,
existe un rigor intelectual en la práctica profesional?” En estos términos se presenta la relación
entre la teoría y la práctica. Es el concepto de praxis, proceso por el cual una teoría se convierte en
parte de una experiencia vivida; reflexión y acción sobre el mundo, dice Freire en Pedagogía del
Oprimido, reflexión y acción sobre la enseñanza refiriéndonos al maestro. Para Freire: “De esta
manera la educación se rehace constantemente en la praxis. Para ser, tiene que estar siendo.” La
reflexión crítica sobre la práctica se torna una exigencia de la relación Teoría/Práctica sin la cual la
teoría puede convertirse en palabrería y la práctica en activismo. Responsabilidad y derecho del
maestro. Atender al problema, interpretarlo y tomar decisiones, modificar la práctica, “encontrarse”
con el alumno, remitir a la teoría, consultar al colega docente, llevar a cabo una nueva intervención.
Es necesario el aporte de la teoría, bienvenida la experiencia del colega, pero es el docente en la
situación particular de aula quien resuelve, poniendo de manifiesto su autonomía tan necesaria. Es
un proceso de adecuación del saber al hacer en cada situación valorada como única, como diversa,
en un proceso de construcción de conocimientos didácticos que nutre el quehacer docente.

PENSAMIENTO CRÍTICO
Hoy en día, donde los medios de comunicación enajenan al hombre en lugar de liberarlo, para que
los valores positivos se encausen, el espectador debe estar capacitado para el juicio crítico y para
el goce estético que el mundo de las imágenes puede ofrecerle, capacidad sólo alcanzable por una
educación adecuada que se inicie desde la niñez, por lo que es tarea que apremia.
En este contexto sigue siendo necesario “aprender a pensar”, aprender a integrar saberes en un
contexto significativo, aprender a asumirlos y rehacerlos críticamente, aprender a investigar, ser
capaces de generar nuevos saberes apropiados a nuestra realidad. Pensar por sí mismo, es
interrogarse por los problemas fundamentales y tratar de aportar respuestas debidamente
fundadas; pero es necesario también, el uso de la razón para responder a dichos problemas
planteados y toda posición adoptada debe estar justificada y legitimada por una argumentación
sólida; puesto que ella es mucho más creíble que en tanto se apoye sobre principios, desarrolle
una coherencia y resista a las refutaciones.
Generar un espíritu crítico sobre la vida cotidiana supone interrogar lo obvio. Según Lipman el
pensamiento crítico es un “pensamiento habilidoso y responsable, capaz de elaborar buenos juicios
porque se apoya en criterios, es autocorrectivo y sensible al contexto”.
Habilidoso porque pone en juego competencias cognitivas que viabilizan el “buen” pensar.
Responsable, desde el punto de vista intelectual porque es capaz de dar razones en que
sustentarse y de hacerse cargo de las consecuencias lógicas que de las opiniones se deducen.
Desde el punto de vista ético; responsable pues asume las implicancias prácticas y sociales que
ese pensamiento puede involucrar. Buenos juicios, en tanto el sujeto que los enuncia puede
explicitar los criterios en que se apoya y pueden detectar los supuestos implícitos que habrá que
dilucidar para poder progresar en la construcción conceptual. Autocorrectivo, porque reconoce su
carácter falible y se posiciona de manera flexible para rectificarse en atención a objeciones que el
sujeto mismo descubre o que ponen los interlocutores con quienes se piensa en colectivo. Sensible
al contexto, supone reconocer la relatividad del valor de un juicio en función del ámbito en que se
aplica.
Para enseñar a pensar críticamente a nuestros educandos es sumamente importante, desarrollar
primeramente como educadores un pensamiento crítico, desde los inicios de nuestra formación.
“Ya no se trata de convertir a los hombres en sujetos autónomos, sino de satisfacer sus deseos
inmediatos, de divertirles al menor costo posible. El individuo posmoderno, conglomerado,
desenvuelto de necesidades pasajeras ya aleatorias, ha olvidado que la libertad era otra cosa que
la potestad de cambiar de cadenas y la propia cultura algo más que una pulsión satisfecha”.
Finkielkraut (1994).
En la frase de este autor se vislumbra que es tarea que apremia el desarrollar un pensamiento
crítico. Esta importancia radica en que éste se propone analizar o evaluar la estructura y
consistencia de los razonamientos, particularmente opiniones y afirmaciones que la gente acepta
como verdaderas en el contexto de la vida cotidiana. El pensamiento crítico se basa en valores
intelectuales que tratan de ir más allá de las impresiones y opiniones particulares, por lo que
requiere claridad, exactitud, precisión, evidencia y equidad. Aunque emplea la lógica, intenta
superar al aspecto formal de ésta para poder entender y evaluar los argumentos en su contexto y
dotar de herramientas intelectuales para distinguir lo razonable de lo no razonable, lo verdadero de
lo falso.

EL PENSAMIENTO CRÍTICO COMO TRANSFORMADOR


Comencemos diciendo que una sociedad que no cuenta con un presupuesto importante y
significativo de pensadores críticos no se transforma, no se moderniza, no se reconstruye conforme
a los retos que le va colocando al frente cada tiempo, por lo tanto, el pensamiento crítico es
fundamental en el desarrollo de las sociedades, en la construcción y transformación permanente
de sus referentes de sentido. El pensamiento crítico es esencialmente el recurso intelectual de la
cultura con que cuenta una sociedad para que se produzcan las rupturas de sus paradigmas y
puedan, en su lugar, irrumpir unos nuevos. En este sentido, Rebellato fue uno de los principales
exponentes del pensamiento crítico como punto de partida para lograr la transformación social e
individual de las personas. El autor, planteó la emergencia de un nuevo paradigma, alternativo al
imperante en la era de la Globalización. Algo semejante manifiesta Fomm cuando expresa la
necesidad de un profundo cambio humano, constituyéndose como la condición para que sobreviva
la especie humana. De acuerdo a Fromm, por primera vez en la historia, la supervivencia física de
la especie humana depende de un cambio radical del corazón humano. Destaca la importancia de
la formación de un Hombre Nuevo y de una Sociedad Nueva, que viva más en la condición del ser
que del tener y que busque alternativas al catastrófico desarrollo socio-económico del mundo, que
enferma al hombre y lo debilita.
Rebellato nos invita a reflexionar sobre la necesidad de construir un paradigma emancipatorio, el
cual requiere de procesos de democracia participativa, basada en la creatividad, la imaginación, la
inteligencia y el compromiso, haciendo posible la articulación de redes, organizaciones,
experiencias y luchas, trascendiendo los espacios locales para proyectarse a nivel planetario y
mundial. En este sentido la escuela puede proponer cambios, teniendo como punto de partida el
desarrollo del pensamiento crítico de los educandos, que derive en una toma de conciencia sobre
la realidad, no para adaptarse a ella, sino para interactuar en y con ella de manera autónoma.

REFLEXIONES PERSONALES
Hoy más que nunca se hace sumamente necesario reflexionar sobre el ejercicio de nuestro rol
como docentes, teniendo en cuenta la realidad social actual, en donde los vínculos sociales se han
vuelto más frágiles, resquebrajando el concepto de comunidad y acentuando el individualismo y la
competencia, en el marco de una economía fuertemente global e informacional. En este contexto,
la escuela del siglo XXI puede ayudarnos a encontrar la ruta, superando los obstáculos, para
construir la sociedad nueva que imaginamos. En este sentido, reflexionamos con Edgar Morín
(1999) sobre el grano de arena que podemos aportar los educadores con respecto a enfrentar las
incertidumbres que sacuden a las sociedades de este tiempo. Pensemos que los hombres de la
sociedad actual navegamos en océanos de incertidumbres con archipiélagos de certezas, por lo
que los docentes podemos contribuir a desarrollar la duda en la certeza, así como promover
adaptaciones a las nuevas situaciones producidas en el mismo individuo y su sociedad, con
creatividad y conciencia. De este modo, se hace ineludible promover la comprensión de los
individuos entre sí y de las sociedades, se hace necesaria una comprensión empática hacia los
demás y el respeto a las ideas diferentes en el plano de lo ético. Es así como la educación puede
contribuir a desarrollar la autocrítica y reflexión de los educandos para derivar progresivamente en
la comprensión en todos sus ámbitos.
Dada la complejidad de los fenómenos mundiales y la incertidumbre de un futuro desconocido, es
importante reconocer el papel de la escuela, en cuanto a la enseñanza y desarrollo de un espíritu
crítico, que cuestione con el arma de la razón, las visiones simplificadoras y complejas de la
realidad.
Hoy más que nunca debemos hacer nuestras las palabras de Vaz Ferreira y promover como
educadores abrir los espíritus, ensancharlos, darles amplitud, horizontes, ventanas abiertas, y por
otro lado, ponerles penumbra, que no acaben en un muro, en un límite cerrado, por el contrario,
que tengan vistas más allá de lo que se sabe y de lo que se comprende totalmente.
Es así como este autor nos invita a reflexionar cómo la docencia y la filosofía pueden comenzar a
entrelazarse productivamente, teniendo como horizonte la movilización e innovación educativa.
Lograr lo anterior implica adentrarnos en “la otra educación”, intentando convertir las clases en
comunidades de indagación filosófica para que nuestros alumnos puedan descubrir maneras de
pensar más reflexivas y razonables (Laurance Splitter y Ann Sharp,1996).
Esta transformación tiene consecuencias profundas para todo el currículo. De este modo lo
pensaremos desde el educando, no en función de los contenidos que hay que enseñar, sino en
función de cuestiones más profundas. Así, no obedeceremos sin cuestionarnos a un montón de
hojas apiladas, que nos dicen irremediablemente todo lo que debe ser enseñado y aprendido.
Es así como formar sujetos críticos, creativos y solidarios es la finalidad que debemos buscar a
través de los contenidos curriculares. Es a través de espacios y tiempos adecuados, y de planes
de estudios pensados con ese fin, que se puede generar un ambiente propicio, en donde pueda
visualizarse que lo educativo puede ayudar a la autoformación y transofrmación personal y grupal
de nuestros alumnos. Se trata en definitiva de accionar de manera conjunta, con diferentes agentes
educativos y diversas disciplinas para, entre todos, intervenir propiciando la enseñanza, pero
dejándonos enriquecer junto a los educandos de ella.

BILIOGRAFÍA
• LIPOVESTKY, G. La era del vacío. 1996.
• MORIN, E. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO. 1999.
• FINKIELKRAUT. La derrota del pensamiento. 1994.
• FREIRE, P. (1968): Pedagogía del oprimido. Montevideo: Tierra Nueva.
• FROMM, E. ¿Tener o ser? 1987.
• SCHÖN, D. (1998): El profesional reflexivo. Cómo piensan los profesionales cuando actúan.
Barcelona: Ed. Paidós. Colección Temas de Educación.
• SPLITTER, L Y SHARP, A. La otra educación. 1996.
• REBELLATO, J. La globalización y su impacto educativo-cultural. El nuevo horizonte posible.
1999.

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