Juan 4:23-24.
Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en
espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
la palabra "adoración" viene del griego (proskuneo) que signfica "postrarse delante" o
"arrodillarse delante." La adoración es una actitud del espíritu. Debido a que es una acción
interna e individual, los cristianos adoramos a Dios constantemente, los siete días de la
semana y cuando nos reunimos formalmente en el culto, el énfasis aún debe estar en adorar
individualmente al Señor. Aún como parte de una congregación, cada participante debe
estar consciente de que está adorando a Dios en un plano individual.
La naturaleza de la adoración cristiana es de adentro hacia afuera, y tiene dos cualidades
igualmente importantes. Debemos adorar "en espíritu y en verdad" (Juan 4:23-24).
Adoración en el Espíritu
Adorar en espíritu no tiene nada que ver con nuestra postura física. Tiene que ver con lo
más hondo de nuestro ser y requiere de tres condiciones.
Primero, debemos nacer de nuevo. Sin el Espíritu Santo habitando dentro de
nosotros, no podemos responder a Dios en adoración, porque no lo conocemos.
"Nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios"
(1 Corintios 2:11).
Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre
que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.
El Espíritu Santo dentro de nosotros es quien vigoriza la adoración, porque en esencia está
glorificándose a Sí mismo, y toda verdadera adoración glorifica a Dios.
En segundo lugar, adorar en el espíritu requiere de una mente centrada en Dios y
renovada por la verdad. Pablo nos exhorta a "presentar vuestros cuerpos en
sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os
conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro
entendimiento" (Romanos 12:1, 2).
Sólo cuando nuestras mentes dejan de estar centradas en las cosas materiales para
centrarse en Dios, podemos adorar en el espíritu. Distracciones de todo tipo pueden inundar
nuestras mentes cuando tratamos de alabar y glorificar a Dios, dificultando nuestra
verdadera adoración.
En tercer lugar, sólo podemos adorar en el espíritu si tenemos un corazón puro,
abierto y arrepentido.
Cuando el corazón del Rey David estaba lleno de culpa por su pecado con Betsabé (2
Samuel 11), se dio cuenta de que no podía adorar. Sentía que Dios estaba lejos de él, y
"gemía todo el día," sintiendo que la mano de Dios se agravaba sobre él (Salmo 32:3, 4)
Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día
y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de
verano.
Pero cuando confesó su pecado, la comunión con Dios fue restaurada y le brotaban la
adoración y la alabanza. Comprendió que "los sacrificios de Dios son el espíritu
quebrantado; el corazón contrito y humillado" (Salmo 51:17). La alabanza y la adoración
a Dios no pueden provenir de corazones llenos de pecados inconfesos.
Adoración en verdad
La segunda cualidad de la adoración verdadera es que es hecha "en verdad." Toda
adoración es una respuesta a la verdad, ¿y qué mejor medidor de la verdad que la
Palabra de Dios? Jesús le dijo a Su Padre: "Tu palabra es verdad" (Juan 17:17).
El Salmo 119 (v. 142) dice: "Tu justicia es justicia eterna, Y tu ley la verdad." y "Tu
palabra es verdad" (v. 160). Para adorar verdaderamente a Dios, debemos comprender
quién es y lo que ha hecho, y el único sitio donde esto se ha revelado enteramente es en
la Biblia. La adoración es una expresión de alabanza desde lo más hondo de nuestros
corazones a un Dios que es comprendido a través de Su Palabra. Si no tenemos la
verdad de la Biblia, no conocemos a Dios y no podemos adorar verdaderamente.
Debido a que las acciones externas son secundarias en la adoración cristiana, no existe
ninguna regla con respecto a si debemos sentarnos, pararnos, postrarnos, estar en
silencio, o cantar alabanzas, cuando adoramos corporativamente. Estas cosas deben
decidirse basándose en la naturaleza de la congregación. Lo más importante es que
adoremos a Dios en espíritu (en nuestros corazones) y en verdad (en nuestras mentes).