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Introducción

Uno de los problemas principales del estudio de la violencia es la falta de una


definición precisa que dé cuenta de la multiplicidad de formas en las que ésta
se presenta o, cuando menos, señale sus características más importantes y
comunes. Además, otra dificultad en su estudio es precisamente esa
multiplicidad, por lo que muchas veces se prefiere hablar de las violencias y no
de la violencia en singular; de esta manera, se presentan definiciones
particulares para cada forma de violencia a estudiar. Desde luego, también el
hecho de que a estas violencias se les estudie desde diversos campos de
conocimiento dificulta no sólo su estudio en general, sino la aceptación de una
definición clara y unívoca. Por otra parte, este abordaje múltiple de violencias
particulares y desde diferentes campos disciplinarios ha contribuido, a la vez,
tanto a mirarla en su complejidad, como a destacar características más
precisas de las causas, las formas en que se presentan y las dinámicas o
funciones que asumen las diferentes formas de violencia; este ensayo busca
situarse entre la preocupación por la generalidad como por la multiplicidad de
la misma.
Se exponen algunas ideas generales en torno al concepto de violencia,
problematizando las conceptualizaciones más restringidas para tratar de
realizar una propuesta que amplíe su campo. Siendo consciente de que una
ampliación demasiado grande, apresurada, descuidada del término violencia
puede llevar a hacer que ésta signifique cualquier cosa y, con eso, que pierda
su utilidad en la investigación, procuraremos estar atentos a las consecuencias
que esta propuesta pueda tener.
El ensayo se divide en dos apartados. En el primero abordamos el núcleo de la
concepción más aceptada de violencia, para pensar sus elementos y las
características que propone, para luego señalar algunas limitaciones al pensar
nuevos fenómenos. Además, expresamos la propuesta de conceptualización
alterna, para luego mostrar sus alcances.
El segundo apartado se sale del problema de la definición para mencionar los
usos en el análisis de la idea de violencia, es decir, a qué preocupaciones
generales atiende. Se señala primero la manera de seccionar la preocupación
en el estudio de la violencia, dividiendo aquí lo que podríamos denominar
campos de análisis (se señalan cuatro: el campo de la causalidad; el de las
formas y dinámicas que asume la violencia; el de las consecuencias, y el
campo valorativo sobre la violencia). Se atienden diversos elementos que cada
uno de estos campos pueda presentar, sin agotar la reflexión, pues algunos
otros pueden no ser considerados, como la importante distinción entre
violencia y agresión, que se comentará de pasada en su momento.
Este ensayo pretende lograr una sistematización de nociones e ideas que
varios estudiosos de la violencia han ofrecido, aun cuando no sean
mencionados (por razones de espacio sobre todo).
Sobre el concepto de violencia
Concepción restringida de la violencia
Pese a que efectivamente no existe una definición de violencia ampliamente
aceptada por los estudiosos, podemos encontrar algunas que han ofrecido un
cierto consenso. Particularmente se encuentra en esta línea aquella que
destaca el uso de la fuerza para causar daño a alguien. Elsa Blair 1 cita algunas
de estas definiciones. Retomamos tres para iniciar el análisis. La primera la
toma del investigador francés Jean Claude Chesnais, quien dice: "La violencia
en sentido estricto, la única violencia medible e incontestable es la violencia
física. Es el ataque directo, corporal contra las personas. Ella reviste un triple
carácter: brutal, exterior y doloroso. Lo que la define es el uso material de la
fuerza, la rudeza voluntariamente cometida en detrimento de alguien". Una
segunda definición se encuentra en una cita que la autora realiza de Jean-Marie
Domenach: "Yo llamaría violencia al uso de una fuerza abierta o escondida, con
el fin de obtener de un individuo o un grupo eso que ellos no quieren consentir
libremente".3 La última definición la refiere del investigador Thomas Platt,
quien habla de al menos siete acepciones del término violencia, dentro de las
cuales la que menciona como más precisa es: "fuerza física empleada para
causar daño".4
En estas definiciones encontramos elementos centrales en la de más consenso:
el uso de la fuerza por parte de alguien; el daño; recibir dicho daño por una o
varias personas; la intencionalidad del daño; el propósito de obligar a la víctima
a dar o hacer algo que no quiere. Pero con estos elementos también
encontramos una especificación sobre la forma de violencia de la que al menos
una definición habla: es violencia física. Sin embargo, al menos la definición de
Domenach abre las posibilidades de que la fuerza utilizada no sea física,
"abierta", sino de otro tipo, "escondida". ¿Puede ésta ser una amenaza, un
constreñimiento o coacción psicológica? Pueden ser éstas u otras, pero el
hecho es que la apertura es importante. Volveremos a esto enseguida, por el
momento quisieramos destacar sintéticamente la definición: alguien hace daño
a alguien intencionalmente mediante el uso de fuerza física o de otro tipo, y la
intención conlleva obligar a la(s) persona(s) dañada(s) a algo que no quiere(n).
¿Será este el núcleo de la violencia? Sin embargo, cuando consideramos
detenidamente este tipo de definición, surgen algunos componentes que
pueden ser cuestionados. Diversas problematizaciones se pueden destacar
para cada uno de los elementos como para la concepción en su conjunto. En
primer lugar, en tal definición de violencia se trata de un comportamiento o
una actuación de alguien sobre otro. Por un lado, es una acción o, cuando
mucho, un comportamiento. Por otro, se habla de dos actores (o grupos de
actores): quien realiza el acto violento y quien lo recibe, quien lo padece, es
decir, agresor(es) y su(s) víctima(s). El único sujeto activo aquí es el victimario,
la víctima no es apenas sujeto, o lo es sólo en calidad pasiva, de receptor de
algo ajeno a él. Esta concepción de un acto de alguien sobre una víctima limita
la concepción de la violencia sólo al acontecimiento directo, sin vinculación con
el entorno social, la historia y con terceros sujetos, factores todos de cierta
importancia, como se verá más adelante.
También la idea del uso de fuerza suele ser problematizada, no tanto para
negarla, sino para considerar que la fuerza física no da suficientemente cuenta
del hecho, de diferentes hechos: las coerciones morales (personales, grupales,
culturales), las relaciones de poder (sin considerar aquí que este término
también es problemático, "amorfo" dirá Weber) -que en sí mismas estructuran
y naturalizan relaciones de violencia-, las coerciones psicológicas y hasta los
chantajes, pueden ser importantes como vehículos de la violencia. Es más, en
algunas consideraciones sobre la violencia parecería no estar presente dicha
intervención de fuerza, como podría pensarse de la "violencia simbólica" de
Bourdieu, quien la define como la aceptación, la internalización por parte del
dominado, de los esquemas de pensamiento y valoración del dominante,
haciendo precisamente invisible la relación de dominación. Claro está que
todos estos elementos se podrían reducir, en última instancia, a
consideraciones de fuerza, pero es innegable también que cada uno tiene sus
especificidades, que es necesario tener en cuenta para un mejor análisis.
La intencionalidad en la producción del daño es igualmente problematizada,
pues pueden pensarse situaciones en las que no es la producción del daño lo
que importa sino la obtención de ciertos resultados, como cuando en algunas
relaciones laborales a alguien no se le reconoce o no se le presta atención con
la intención quizá de que éste abandone su trabajo, pero se produce un daño
emocional en la persona así ignorada y el dolor de no ser reconocido.
Los motivos generales, el para qué de la violencia, que se insinúan con la idea
de obligar a las víctimas a dar o hacer algo que no quieren, también se ve
cuestionada por un doble aspecto. El primero, sin embargo, parece no afectar
tanto la importancia de la definición, sino que es un problema del análisis, y es
que el análisis de las motivaciones es en sí problemático, por cuanto es difícil
constatar cuáles son los motivos "reales" de las personas, qué tienen en mente
al realizar determinados actos. Aunque esto se podría solucionar a partir de los
resultados, siempre este análisis retrospectivo presentará algunas dudas. El
segundo cuestionamiento al para qué de la violencia parece más serio, es el
que se refiere a concebirla, si no necesariamente sí de forma predominante,
como un medio para conseguir un fin. Toda una gama de apreciaciones tienden
a resaltar aspectos emotivos, impulsos que son fines en sí mismos, que no son
mediación de nada más que de sí, la frustración que conduce a la agresión, la
eliminación de alguien simplemente por temérsele, por considerársele
enemigo, etcétera, hasta la valoración del simple placer que reporta el acto
violento. Quizá quepan aquí las siguientes preguntas: ¿una lucha de box es un
hecho violento?, ¿a qué se le obliga a cada uno?, ¿se puede decir que hacen
algo que no quieren? En todo caso, lo que se cuestiona aquí es la apreciación
de la violencia solamente como un medio, que siempre deba tener
ese carácter instrumental que se le adjudica a la violencia.
La definición en su conjunto también presenta una serie de elementos que la
problematizan. En primer lugar, parece que el contexto en el que se presenta
la violencia es un contexto restringido espacial y temporalmente.
Espacialmente, porque restringe la visión del contexto en el que se puede
observar la acción violenta. Si bien ésta puede darse en cualquier lugar, en
cualquier espacio, el escolar, el doméstico, el laboral, o bien la calle, lo que la
definición resalta es el hecho de la acción de alguien sobre otra persona, por lo
que las características del contexto sólo serán expuestas como el escenario
donde se presenta dicho acto, pero no influirán en él, no se tomarán en cuenta
analíticamente para describir el fenómeno de la violencia. Una consideración,
por ejemplo, como la que presenta Carlota Guzmán -respecto de la idea de
violencia escolar de Francois Dubet-, en la que existe un tipo de violencia anti-
escolar que, sin embargo, emana y es generada por la propia escuela al
estigmatizar, jerarquizar y relegar a ciertos alumnos no competitivos y quienes
terminan dañando a la propia escuela o atacando a profesores y autoridades,
es irrelevante para una definición de violencia como la que se ha señalado,
pues para ella el único hecho relevante es la violencia cometida por el alumno,
no la generada por la propia institución. Para dar cabida a una idea como esta,
es por lo tanto importante ampliar el concepto, ponerle los añadidos que hagan
relevante el contexto.
Temporalmente es restringida también porque parece llamarnos
inmediatamente al momento de la acción, al evento suscitado de violencia. Al
respecto, Fredric Wertham comenta el siguiente adagio: "basta un loco para
desatar la violencia"; también señala: "antes que alguien pueda comenzar la
violencia, muchos otros ya han preparado el terreno". Es precisamente esta
preparación de las condiciones para el desarrollo de la violencia lo que la
definición analizada podría terminar invisibilizando. Pareciera que el acto
violento se origina y termina en el instante en que se produce, sólo quedan los
daños, quizá también el castigo y la reparación cuando se puede, y al
interesarse sólo en la situación inmediata buscará las causa de la violencia
principalmente en las características de los agresores, o aun de las víctimas,
pero descuidará el contexto histórico social.
Por esta misma característica tal concepción de violencia puede ser en buena
medida ahistórica, se limita a describir los hechos claramente manifestados, y
si se interesa por la causalidad, tenderá a encontrarla en lo más cercano, lo
más a mano; así, esa postura puede ocultar las causas no visibles, como
algunas estructuras de dominación creadas social e históricamente en diversos
ámbitos -el político, el racial o el patriarcal.
Sin embargo, hay que considerar que esta conceptualización de la violencia,
por ser precisamente restringida, permite localizar claramente eventos y
actores, para que aquello que se denomina violencia objetiva -factible de
medirse de alguna u otra manera-, pueda efectivamente serlo. Se pueden
contabilizar los eventos, realizar estadísticas y comparaciones cuantitativas,
también permite localizar perfectamente a las víctimas y distinguir los daños
recibidos. Además, al distinguir con claridad los sujetos actores de la violencia,
permite fincar responsabilidades y establecer culpas y penas, castigar actores
y actos. En cierto modo la acción jurídica y policial encuentra en esta definición
un importante apoyo. Pero aun aquí se pueden considerar limitaciones; por
ejemplo, cuando ante el problema de la violencia en el hogar se atiende sólo a
las víctimas y se castiga al agresor en lo inmediato -según las limitaciones que
se han destacado, al no tomar en cuenta cuestiones culturales y estructurales,
como el machismo y el patriarcalismo-, se mantienen las condiciones en las
que esta violencia se reproducirá. De esta manera, lo que es positivo en
términos judiciales, no lo es tanto en políticas públicas para atender el
problema desde su raíz. Por ello se necesita ir más allá de lo inmediato y
ampliar las concepciones utilizadas. Lo anterior, desde luego, puede llevar al
desdibujamiento de las precisiones conseguidas con base en la definición
comentada.
Por otra parte, en una importante ampliación de esta definición, John Keane, a
partir precisamente de los elementos básicos que hemos señalado, da un giro
que nos lleva a otra senda. Según este autor:
[la violencia se entiende] como aquella interferencia física que ejerce un
individuo o un grupo en el cuerpo de un tercero, sin su consentimiento, cuyas
consecuencias pueden ir desde una conmoción, una contusión o un rasguño,
una inflamación o un dolor de cabeza, a un hueso roto, un ataque al corazón, la
pérdida de un miembro e incluso la muerte [acotando más adelante que] es
siempre un acto relacional en el que su víctima, aun cuando sea involuntario,
no recibe el trato de un sujeto cuya alteridad se reconoce y se respeta, sino el
de un simple objeto potencialmente merecedor de castigo físico e incluso
destrucción.
A partir de estas ideas debemos acentuar dos aspectos: a) la violencia es un
acto relacional, un tipo de relación social; b) la subjetividad de la víctima es
negada o disminuida, tratándosele de objeto.
En una línea semejante, Michel Wieviorka opta por:
[...] una definición de la violencia a partir de la del sujeto [donde] el sujeto es la
capacidad que tiene la persona de actuar creativamente, de constituirse su
propia existencia [...] El sujeto además es el reconocimiento que le hacen a
una persona otros que también son sujetos. Igualmente, es la capacidad de
estar en relación con los demás [en este caso] la violencia no es más que la
incapacidad del sujeto de convertirse en actor [es precisamente esa
subjetividad negada o disminuida].
Esa incapacidad de convertirse en actor que marca la violencia, sin embargo,
puede ser también el impulso que lleve a algunos a manifestarla. Alguien
puede ser primero víctima al negársele su subjetividad, pero esta misma
negación lo impulsará a actuar posteriormente de forma violenta, como una
contraviolencia de aquella que lo niega. Pertenecen a esta situación, por
ejemplo, tanto las manifestaciones abiertas de resistencia ante la dominación y
explotación, como las agresiones "aparentemente" espontáneas y sin sentido
de los disturbios o ataques particulares de frustración y coraje.
Exploremos ahora las posibilidades de ampliación del concepto o, quizá mejor,
la concepción de la violencia como relación social y como negación de la
subjetividad -negación del otro. Esta ampliación de sentido, desde luego, tiene
su base en el campo disciplinario de las ciencias sociales, especialmente en la
mirada sociológica.

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