“BABELIA” Y EL PAÍS.
LOS SUPLEMENTOS CULTURALES EN LA TRANSICIÓN
ESPAÑOLA
‘Babelia’ and El País. Cultural supplement during the Spanish Transition to
democracy
ZURIÑE LAFÓN
(Universidad de Navarra, España)
RESUMEN
La renovación artística que vivió España durante la llegada de la Democracia provocó
cambios en la prensa cultural. El aumento de acontecimientos artísticos en el país hizo
que los diarios prestasen más atención a los contenidos culturales. A finales de los 70, los
periódicos decidieron inaugurar las secciones de “Cultura” y “Espectáculos”, inexistentes
hasta la fecha. En la década de los 80, adjuntaron a las publicaciones unos cuadernillos
especializados, llamados suplementos. Este hecho dividió a los periodistas y expertos en
soportes diferentes. Debido al éxito que tuvo esta especialización periodística, los
suplementos se multiplicaron y, a su vez, se dividieron según las áreas –deportes,
literatura, cine, arte…– hasta que en los 90 se volvieron a reunificar. El caso
paradigmático analizado en este artículo es el suplemento cultural “Babelia”, editado por
El País.
Palabras clave: arte – crítica – España – Babelia – El País – prensa cultural.
ABSTRACT
The artistic renovation that lived Spain during the Democracy arrival caused changes in
the cultural press. The increase of artistic events in the country made the newspaper more
attentive to the cultural contents. At the end of the 70’s, the newspapers decided to open
sections such as, “Culture” or “Shows”, unknown until then. In the 80’s, they attached a
special booklet to the newspaper called “supplement”. This fact divided the journalists and
experts from others supports. Thanks to the success of this journalistic specialization , the
supplements multiplied and at the same time had been divided in different areas: sports,
literature, movies, art, until the 90’s when they had been reunited. The paradigmatic case
analyzed in this paper is the cultural supplement 'Babelia', published by El Pais.
Key words: art – criticism – Spain – Babelia – El País – cultural press.
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La llegada de la democracia supuso un cambio radical en España con respecto a la
divulgación de la información cultural. Por una parte, se produjo un proceso de renovación
artística sin parangón y, por otra, los medios de comunicación de masas dedicaron una
atención inusual a la actualidad artística española. Es decir, no sólo se multiplicaron los
acontecimientos culturales sino que además la prensa dio cobertura a este fenómeno.
Calvo Serraller, crítico de arte y testigo de este cambio, señala que las novedades más
importantes se dieron específicamente en la programación cultural oficial: “Dio, en efecto,
un giro espectacular, cuyos resultados sociales fueron los de transformar un asunto, hasta
entonces reservado a una exigua minoría, en un auténtico fenómeno de masas”1.
Este nuevo programa oficial pretendía adecuar España a los parámetros culturales
del resto de Europa. Sin embargo, según Verdú, avanzar de manera tan rápida conllevó
problemas: “La transición en España fue, también, una transición acelerada y atropellada
[...] En general, la asimilación de la posmodernidad en nuestro país fue tardía, deficiente e
indirecta: resulta difícil ser posmoderno cuando no se ha sido convenientemente
moderno”2. España se sometió a un proceso de renovación en el que artistas, museos,
instituciones públicas, fundaciones privadas y galerías de arte comenzaban una nueva
etapa de camino hacia el progreso, pero un progreso “mal entendido”3.
La crítica de arte no fue ajena a estos cambios4. En primer lugar, porque los críticos
debían dar cuenta del proceso de esa renovación artística. Y, en segundo lugar, porque
los mismos críticos se convirtieron en protagonistas de la regeneración del arte español.
Si bien ninguna de las dos circunstancias era nueva, este especial contexto creador
propició un cambio fundamental en los mismos críticos de arte, que vieron solapadas sus
funciones: no solo siguieron dando cuenta de la actualidad por escrito en periódicos,
revistas culturales o especializadas, sino que al mismo tiempo aparecieron en la escena
artística como asesores –por ejemplo, de programas de exposiciones–, comisarios o,
incluso, directores de museos –como es el caso, entre otros, de Tomás Llorens o
Francisco Calvo Serraller–.
1 CALVO SERRALLER, F., Del futuro al pasado: vanguardia y tradición en el arte español contemporáneo,
Madrid, Alianza, 1990, p. 136.
2 VERDÚ SCHUMANN, D., “De la tregua a la deserción: la crítica de arte en España. 1975 – 1989”, en
Revista de Historiografía, 13 (2010), pp. 66–81.
3 MINGUET BATLLORI, J. M., “La crítica de arte en España”, en GUASCH, Ana María La crítica de arte.
Historia, teoría y praxis, Barcelona, Ediciones del Serbal, 2003, p. 197.
4 Ibídem.
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Los medios de comunicación cubrieron este proceso de renovación artística con
una atención inusual que creció durante los años 80 y obtuvo su punto álgido en los 90.
Durante el Franquismo, los periódicos españoles todavía no tenían una sección
independiente de ‘Cultura’, lo que implicaba, entre otras cosas, que la actualidad cultural
no se cubría a diario. De hecho, como señala Armañanzas, en el Franquismo los
contenidos culturales fueron por lo general “escasos, parciales ideológicamente y, en
ocasiones, de poca calidad”5. Pero la llegada de la Democracia dio lugar a un periodo de
libertad política que se reflejó tanto en el ámbito cultural como en el periodístico. La
prensa prestó más atención a los contenidos culturales del periódico; y más atención
significó más espacio y más periodicidad. Hay que destacar que, además, el fenómeno
implicó a toda la prensa: tanto a los nuevos periódicos que aparecían entonces con un
espíritu joven y renovador, reflejo del ansia de cambio que se vivió en la época, como a
los diarios históricos, que ya existían antes de la llegada de la democracia, y que se
limitaron a seguir la estela de los nuevos.
Como explica Minguet, parece que el fenómeno fue un efecto rebote del control
ideológico que tuvo el franquismo sobre la prensa. Es decir, fue un intento de acelerar los
acontecimientos periodísticos para situar a España al nivel de otros países que sí habían
seguido avanzando en esta materia6: “Uno de los rasgos más evidentes sea la atención
creciente que dedican al arte los periódicos, muchos de los cuales inauguran secciones
independientes consagradas al entorno de las exposiciones, los museos, los libros de
arte, etcétera”7.
En los diarios que ya existían, las noticias culturales no contaban con una sección
propia y se insertaban en la de “Espectáculos” o sin criterio alguno. Así ocurría, por
ejemplo, en ABC, La Vanguardia o Informaciones, cuyos contenidos culturales venían
publicados de manera dispersa a lo largo del ejemplar, a veces confundiéndose con otros
temas que nada tenían que ver con la Cultura8. Esto suponía que las páginas de cultura
no contaban con identidad propia en las publicaciones diarias.
5 ARMAÑANZAS, E., “La crítica de arte en los suplementos culturales”, en Espéculo. Revista de estudios
culturales, 42 (2009), s.p. Disponible en: http://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero42/
supleme.html
6 MINGUET BATLLORI, J. M., “La crítica de arte en España”, op. cit., p. 201.
7 Ibídem.
8 ARMAÑANZAS, E., El color del dinero. El boom de las subastas de arte, acontecimiento cultural en
prensa, Rekargi, Bilbao, pp. 167-182.
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En 1976 ocurrió un hecho esencial para el cambio en estos contenidos. Se
abrieron en España nuevas cabeceras: El País, el 4 de mayo de 1976 y Diario 16, el 17
de octubre del mismo año. Los impulsores de estos diarios y su actitud progresista
hicieron que rápidamente adaptasen su filosofía a un periodismo mucho más
europeizado, lo que implicaba, entre otras cosas, “otorgar una personalidad propia a la
sección diaria de cultura”9. Los contenidos contaron con una nueva estructuración y
quedaron diferenciados bajo sus propias secciones diarias de “Cultura” y “Espectáculos”.
Así que con el nacimiento de aquellas nuevas publicaciones se normalizó la existencia de
secciones de cultura fijas con periodicidad diaria en la prensa española10.
Sin embargo, aunque las grandes cabeceras nacionales adaptaron este cambio,
utilizaron la nueva sección como cajón de sastre11. La adaptación fue lenta, pues los
diarios más antiguos no contaban con las mismas facilidades que los nuevos y tuvieron
que someterse a “regulaciones de plantilla, adaptaciones tardías a las nuevas tecnologías
y fuertes inversiones, es decir, mucho dinero y tiempo”12. El cambio era complejo en un
momento delicado.
A pesar de todo, conforme avanzaron los años, este entusiasmo del sector cultural
siguió adelante, con las consiguientes consecuencias en el ámbito editorial. De hecho es
en los años 90 cuando se produce el auténtico impacto de la crítica de arte en los
suplementos culturales. La cultura española estaba teniendo un protagonismo que supuso
el desbordamiento de contenidos culturales para una sola sección. El periódico ya no
podía cubrir todo lo que ocurría en el ámbito cultural debido a la escasez de redactores y/
o páginas.
De esta necesidad nacieron los suplementos culturales, un aumento de páginas en
forma de cuadernillo independiente que se entregaba junto al periódico. Cabe hacer un
inciso respecto al concepto de suplemento, pues no nació en España. Había surgido con
anterioridad en el mercado estadounidense. En Europa, fue Sunday Times de Reino
Unido el diario pionero que, desde 1962, añadía un cuadernillo a todo color. En España, el
9 ARMAÑANZAS, E., “La cultura, una parcela para periodistas especializados”, en Zer, Revista de Estudios
de Comunicación, 1 (1996), pp. 171-183. Disponible en: http://www.ehu.eus/zer/hemeroteca/pdfs/zer01-11-
armananzas.pdf
10 ARMAÑANZAS, E. y DÍAZ NOCI, Javier, Periodismo y argumentación: géneros de opinión, Universidad
del País Vasco, Bilbao, 1996, p. 140.
11 ARMAÑANZAS, E., “La cultura, una parcela para periodistas especializados”, op. cit.,
12 Ibídem.
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primero fue ABC, que en 1968 lanzaba Los Domingos de ABC y que con el tiempo se
convirtió en el desaparecido Blanco y Negro.
Con la llegada de los suplementos, la materia periodística cultural contó con dos
espacios diferentes: una sección en el periódico y otro espacio en el cuadernillo adjunto,
lo que dividió a los periodistas encargados de la información cultural:
las páginas diarias de Cultura se dedicaban a dar información sobre los acontecimientos
más sobresalientes producidos en el ámbito cultural a través de textos informativos e
interpretativos, (...) las páginas especiales acogían preferentemente la valoración de las
obras de creación a través de diversos textos de opinión, con preferencia de la crítica13.
Esta división entre periodistas y expertos la explica Gans14 en su ensayo Deciding
What’s News, escrito precisamente en 1979. Los periodistas se encargarían de cubrir y
difundir la actualidad informativa -reportajes, noticias, breves-, mientras que los expertos
ejercerían sobre todo el género de la crítica. La división se basaba en la diferencia de
conocimiento sobre cultura que existía entre los periodistas y el bagaje cultural de los
expertos en la materia. Gans explica que la clave estaba en los diferentes criterios que
rigen el trabajo de cada uno de los grupos: los periodistas valorarán la novedad a partir de
si esa noticia les resulta nueva a ellos mismos, asumiendo que si es así también resultará
para el público. Lo cual, para el autor, conllevaba un peligro, pues el periodista puede
dejar de seleccionar algún referente cultural que sí tenga trascendencia, simplemente
porque él desconoce su naturaleza y su cuestión. El autor Martín Serrano también hace
hincapié en este aspecto dada la naturaleza de la noticia cultural: “La importancia de un
tema cultural no tiene por qué coincidir necesariamente con la rabiosa actualidad; por el
contrario, será lo más frecuente que las cuestiones culturales importantes no vengan
surgidas por el acontecer ni por suceso alguno”15. Esas posibles lagunas en el
conocimiento de los periodistas eran, entonces, cubiertas por los especialistas, ahora
colaboradores, en las páginas del suplemento cultural.
Incide Armañanzas en que esta situación problemática se hubiera solucionado
especializando a los periodistas en la propia materia que tratan, pero era algo que no
interesaba a los directores de los periódicos: “Es el propio profesional de la información el
13 ARMAÑANZAS, E., “La crítica de arte en los suplementos culturales”, op. cit., s.p.
14 GANS HERBERT, J., Deciding What’s News. A Study of CBS Evening News. NBC Nightly News and
Time, Pantheon Books, Nueva York, 1979, p.167.
15 MARTÍN SERRANO, M., Cultura en el periodismo, Fundación Juan March, Madrid, 1979, p. 13.
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que no se especializa a tenor de la propia estructura de la empresa periodística que ve en
el periodista especializado una cortapisa para que desarrolle cualquier tarea”16. Así que
éste ha dejado en manos de profesores universitarios, escritores, historiadores del arte o
académicos una parcela del periodismo que era, a juicio de Armañanzas, suya.
La idea de complementar el periódico con los suplementos tuvo tanto éxito que se
vivió, como se ha adelantado, un auténtico boom. Solían presentarse, en general,
divididos por artes: Letras, Artes Plásticas, Teatro, Cine, Danza, Música, ... Pero fue una
época de experimentación que pronto reveló un exceso: no eran necesarios tantos
suplementos para una sola publicación. Así que la tendencia general posterior fue
reorganizarlos y reagruparlos, como se verá posteriormente con el nacimiento de Babelia,
de El País, donde Calvo Serraller ejerció la crítica desde su nacimiento.
La fragmentación implicaba que el suplemento, lugar reservado para los críticos,
adquiriese un valor superior al periódico, desde el punto de vista artístico. El contenido
noticiable, al venir sugerido desde las agencias, era compartido por todos los periódicos.
El fallecimiento de un protagonista del mundo cultural, por ejemplo, era cubierto por la
mayoría de los diarios. Pero el contenido reflexivo, -ensayos, críticas y demás formatos de
temática libre- contaban con la posibilidad de diferenciarse con los demás periódicos. En
definitiva: quién y cómo reflexionaba en aquellas páginas era clave para marcar la
diferencia de calidad con el resto de la prensa. Vallejo se ha referido a este fenómeno
como un auténtico “sistema de estrellas”:
Al revisar las nóminas de los distintos suplementos en el transcurso de su breve historia se
deduce que los críticos y colaboradores de las páginas literarias disfrutan de una gran
movilidad en el medio. [...] Incluso se hacen ofertas económicas irresistibles como si se
tratara de figuras de fútbol. «Fichajes» tan inesperados como el de Rafael Conte en el
ABC, y el de Miguel García Posada en El País; o el caso de Leopoldo Azancot, que se ha
trasegado a vueltas entre estos dos periódicos los últimos quince años17.
Vallejo afirma que este sistema no solo asegura la calidad, sino también el
pluralismo y la madurez del diario:
16 ARMAÑANZAS, E., “La cultura, una parcela para periodistas especializados”, op. cit.
17 VALLEJO MEJÍA, M. L., La crítica literaria como género periodístico, Eunsa, Pamplona, 1993, p.185.
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Se puede inferir entonces como los suplementos culturales no están determinados por los
mismo factores culturales que condicionan los diarios. Sin sustraerse del todo a ellos,
puede funcionar con cierta autonomía y tomarse libertades como al de aceptar
colaboradores de la competencia e incluso compartirlos. Considerando que los críticos en
su mayoría escritores, periodistas, catedráticos, en fin, intelectuales que están al servicio
del público, este pluralismo, se toma como signo de madurez y una garantía para los
lectores que encuentran menos mediatizada la crítica por posturas editoriales del diario18.
En definitiva, había nacido una nueva plataforma donde los críticos de arte eran los
protagonistas, libres de escribir sobre aquello que resultaba de su interés y sin contrato de
exclusividad por parte de ningún medio.
El caso del periódico El País y su suplemento Babelia pueden tomarse como
paradigma del panorama de los suplementos desde el inicio de la democracia hasta
finales de los años 90. Este diario se enmarcó dentro de aquellas publicaciones que
nacieron a tenor del fin de la época franquista, y por tanto, del fin de la censura. Ansiosa
de una prensa más libre y democrática, y con solo dos años de vida, El País fue una de
las 50 mejores publicaciones del mundo. Así lo aseguraba un estudio de 1978 realizado
por los profesores norteamericanos John C. Merrill19 y Harold Fisher20. El estudio se
publicó en el libro The World’s Great Dailies. Profiles of 50 Newspapers21. Los criterios
para esta selección, según enunciaron, se basaban en la influencia real que tenían en las
capas directivas del país, además de otras consideraciones de tipo técnico y de calidad
informativa. Respecto a El País se referían a él como un periódico serio, intelectual,
orientado, cosmopolita, imparcial, interpretativo, realista, responsable y socialmente
relevante. En este estudio, además, se incluyeron otros dos periódicos españoles: ABC y
La Vanguardia, pero con la diferencia de que estas cabeceras contaban con años de
experiencia y prestigio frente a la marca El País.
La calidad del diario se reconoció rápidamente también en España. Los autores
Gérard Imbert y José Vidal Beneyto, en su estudio de 1986 denominaron a El País como
“la referencia dominante” refiriéndose a él como periódico de “élite intelectual”. Tal y como
18 VALLEJO MEJÍA, M. L., La crítica literaria como género periodístico, op. cit., p.194.
19 Profesor de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Meryland.
20 Profesor asociado de Periodismo en la Universidad de Bowling Green (Ohio).
21 Se incluían también otros rotativos de gran tradición como La Vanguardia y el ABC, de España; Le
Monde, de Francia; el New York Times y el Washington Post, de Estados Unidos; Die Welt y Frankfurter
Allgemeine Zeitung, de la República Federal de Alemania; Times, en Gran Bretaña; Corriere della Sera, en
Italia o el Asahi Shinbum, en Japón.
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explicaron los autores, fue un instrumento decisivo para la conformación de la opinión
pública a través de las colaboraciones libres, que contaron con las tribunas más
atractivas22. Vallejo introduce un nuevo aspecto que resaltar en el diario, pues hace
hincapié en su importancia, además, como pionero, predecesor y marcador de pautas del
resto de periódicos: “A este diario hay que atribuir gran parte de los desaciertos pero
también de los aciertos de la prensa cultural”23.
El País no solo fue reconocido como un periódico de calidad, sino que así se
presentó la publicación desde su nacimiento, y se sumó a ese modelo de prensa europeo
que apostaba por la cultura mucho más de lo que se hacía habitualmente en las
publicaciones españolas. Fernández Beaumont asegura, por ejemplo, que “era británico
en cuanto a la estructura de su contenido y alemán en su forma”24. Armañanazas, por otro
lado, explica su cercanía al modelo francés: “Tuvo muy presente la manera de hacer
periodismo de Le Monde. El País incluyó, desde su nacimiento, dos secciones diarias
denominadas ‘La Cultura’ y ‘Espectáculos’”25. El diario contaba con la ventaja de ser un
periódico nuevo, lo que le hizo trabajar sin lastres empresariales típicos de los diarios
centenarios. Y este hecho le facilitó ponerse rápidamente al nivel de sus competidores,
las grandes cabeceras españolas e internacionales.
El País nació el 4 de mayo de 1976, apenas seis meses después de la muerte de
Franco. Pero se debe advertir que su fundador, José Ortega Spottorno -hijo del filósofo y
escritor español José Ortega y Gasset- comenzó a idear el proyecto años atrás. Ya en
1971 explicaba que sintió “la necesidad nacional de un periódico independiente que
defendiese la libertad y la democracia por venir”26. Esas necesidades que intuyó tan
pronto en aquellos lectores que no encontraban su diario de referencia las resumió en el
Estatuto de la redacción de El País. Entre ellas, se podía leer: ser periódico de ámbito y
difusión nacional, dar información veraz, la independencia política, el liberalismo cultural,
cierto afán descentralizador, la defensa de la democracia pluralista y un europeismo
sincero27.
22 Cfr. VALLEJO MEJÍA, M. L., La crítica literaria como género periodístico, op. cit.
23 Ibídem.
24 FERNÁNDEZ BEAUMONT, J., “Etapas y cambios en la redacción y la sociedad”, en “El País” o la
referencia dominante, Mitre, Barcelona, 1986, p. 264.
25 ARMAÑANZAS, “La cultura, una parcela para periodistas especializados”,op. cit.
26 SPOTTORNO, J. O., “Una aventura que mereció la pena”, en El País, 20 de junio de 1984.
27 FERNÁNDEZ BEAUMONT, J., “Etapas y cambios en la redacción y la sociedad”, en IMBERT, Gerard,
(coord.), “El País” o la referencia dominante, Mitre, Barcelona, 1986, p. 262.
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El afán renovador que vivía la prensa en aquel momento tuvo su manifestación en
la propia estructura del periódico. Por ejemplo, el equipo de redacción era muy joven. De
los casi 200 periodistas con los que comenzó, la media de edad era 35 años. El director,
Juan Luis Cebrián28, tenía entonces 31 años; y el subdirector, Darío Valcárcel29, 35. Fue
Cebrián quien se encargó, en cuestión de semanas, de formar el equipo inicial; un equipo
que demostró su calidad profesional en los 20 números ceros que confeccionaron antes
de que la rotativa estuviese ajustada. Entre ellos, y al mando de “Cultura”, se encontraba
Ángel Luis de la Calle.
El perfil del lector del periódico fue idóneo para el nacimiento de los suplementos:
una persona joven, en activo, profesional de alto nivel medio y especialmente
cualificado, soltero o, si es casado, con uno o dos hijos, de situación acomodada, gran
equipamiento familiar, alto consumo convencional (refrescos, alcoholes, tabaco,
cosméticos), universitario o técnico de grado medio, como requiere su actividad
profesional, y de ideas progresistas y avanzadas. Este tipo de lectores no sólo se
interesa por la prensa diaria, sino también por las revistas especializadas y además
escucha la radio y ve la televisión, sobre todo los programas informativos30
Como queda patente por el nivel cultural e intelectual descrito en el perfil, se
trataba de un lector que demandaba, además de información cultural, contenidos que
ampliaran aquellas noticias mediante la reflexión y la crítica. En octubre de 1977 nació el
primer suplemento: Arte y Pensamiento, que llegó a contar con 107 números y que se
publicaba los domingos. Vallejo asegura que tenía ciertas similitudes con el suplemento
que ya publicaba Informaciones a finales de los años 60. Parece lógico si se tiene en
cuenta que muchos de los colaboradores procedían de ese diario, por ejemplo, Rafael
Conte, adjunto a la dirección encargado de las cuestiones culturales al frente del
suplemento. El 3 de noviembre 1979, este suplemento se dividió en dos: Artes, que
aparecería los sábados y estaba dedicado a Artes Plásticas, Cine, Teatro, Música; y
Libros, que se publicaba los domingos y su redacción estaba compuesta, en su mayoría,
por escritores.
28 Juan Luis Cebrián había formado sus estudios de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid y de
Periodismo en la Escuela Oficial. Entre sus logros profesionales se encontraban: Pueblo, en donde había
sido redactor jefe; Servicios Informativos de TVE, en donde fue director; Informaciones, como subdirector; y
Cuadernos para el diálogo, como miembro del equipo fundador de la revista.
29 Darío Valcárcel procedía del periódico ABC en el que trabajó durante 8 años. Era, además, secretario de
Redacción de la Revista de Occidente.
30 FERNÁNDEZ BEAUMONT, J., “Etapas y cambios en la redacción y la sociedad”, op. cit., p. 258.
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Tras la aparición aleatoria de otros suplementos sobre educación, deporte y otros
temas, la redacción decidió hacer unos importantes reajustes al respecto, de manera que
se llevó a cabo la edición definitiva de un suplemento cada día de la semana. Así, a partir
del 14 de octubre de 1985, la publicación de los suplementos quedó organizada de la
siguiente manera: los lunes, Deportes; los martes, Educación; los miércoles, Futuro; los
jueves, Libros; los viernes, En Cartel; los sábados, Negocios y, los domingos, Domingo,
más el suplemento dominical en color que ya acompañaba al diario.
La ampliación del número de suplementos por parte de los periódicos fue un
fenómeno global en toda España, como también lo fue su posterior tendencia en los años
90 a reagruparse en un único cuadernillo. Así, desde el 19 de octubre de 1991, se
publicaba un nuevo y único suplemento dedicado a la Cultura bajo el nombre de Babelia,
que se publicaría los sábados. La idea era complementar la sección diaria cultural del
periódico sin limitarse al hecho noticioso y con el objetivo de crear cultura. Vallejo remarca
que la aparición de Babelia ampliaba la oferta, lo que fortaleció “los planteamientos
culturales del periódico: cosmopolitismo cultural, crítica a la cultura desde todos los
frentes, análisis de los fenómenos culturales de la sociedad posmoderna, integración de
los productos de la ‘alta cultura’ y de los ‘mass media’”31.
El nacimiento de Babelia y la nueva crítica
En este suplemento, la dirección también aplicó la estrategia de dividir a periodistas
y expertos, de manera que se mantuvo la división de anteriores suplementos, como en
Artes y Libros. Sin embargo, el estilo de redacción del suplemento mantenía una
diferencia -positiva- con respecto a las anteriores como consecuencia de una moda
literaria que se impuso en el país: hubo una especial preocupación por hacer los
contenidos más divulgativos y accesibles. El 13 de octubre, 6 días antes de su
nacimiento, El País publicaba una declaración de intenciones bastante significativa al
respecto:
31 VALLEJO MEJÍA, M. L., La crítica literaria como género periodístico, Eunsa, Pamplona, 1993, p. 146.
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El nuevo suplemento cultural, que constará de 32 páginas, desea abrir sus páginas
a todos, sin distinciones elitistas. Estará atento a la llamada de la cultura oficial,
pero siempre con espíritu crítico, y en él encontrarán espacio tanto los confirmados
en el mundo de las artes y de las letras como los que empiezan a abrirse camino.
Babelia, como una nueva revista cultural de El País, desea estar atenta no sólo a lo
que ha germinado en el mundo de la creatividad, sino también a lo que aún está en
ciernes o espera en las catacumbas el momento de darse a conocer. En un
momento de confusión de ideas y valores y cuando todo hace pensar que en los
presupuestos mundiales, la cultura no alcanzará el relieve que merece, Babelia
quiere también subrayar que sin cultura, el mundo será menos libre. El suplemento
pretende presentar un panorama de la cultura que tenga en cuenta la realidad
nacional, pero sin renunciar al carácter profundamente internacional que ha
caracterizado siempre a este diario32.
En los años de la Transición habían dominado el panorama literario los libros de
ensayo en detrimento de la narrativa y la poesía. Parecía lógico, pues España dejaba
atrás un momento histórico complicado y vivía uno presente que invitaba a la reflexión,
“incluidos los ajustes de cuentas con el régimen anterior y las perspectivas de cambio
público”33, como destaca Vallejo. De hecho, la misma autora afirma que “el lenguaje de las
páginas de El País despedía cierto tufillo culturalista propio de esa amalgama de
disciplinas en boga en España de mediados de los setenta: socialismo, marxismo,
euroconsumismo, anarquismo, psicoanálisis lacaniano, semiología, posestructuralismo,
feminismo, entre otros ismos propios de los movimientos culturales ‘underground’”34.
El cambio fue propuesto por dos personas al mando de los contenidos culturales,
aunque en diferentes épocas. Por un lado, Rafael Conte, director adjunto de Arte y
Pensamiento, y por otra parte, el crítico Ricardo Gullón, colaborador. El primero de ellos
se mostraba especialmente descontento con la narrativa de la Transición, descrita
anteriormente, por no traer nuevas propuestas:
32 “‘Babelia', nuevo suplemento cultural de EL PAÍS”, en El País, 13 de octubre de 1991.
33 VALLEJO MEJÍA, M. L., La crítica literaria como género periodístico, op. cit. p. 137.
34 Ibídem.
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Ha servido para rellenar los escaparates de nuestras librerías con una explosión
desenfrenada de libros de política, sociología y economía, de reportajes más o menos
coyunturales, y el incremento de listas de best sellers norteamericanos. La censura
parece haber desaparecido, aunque no del todo. Pero el erotismo de consumo,
carente de la menor calidad estética o intelectual, abunda35.
La democracia había provocado que los escritos que no pudieron llegar a España
durante décadas por la censura franquista lo hicieran ahora de golpe en pocos años y,
como explicaba Conte, se vivió una explosión de libros sobre política, historia o economía,
sobre todo, norteamericanos.
Frente a esta tendencia, algunos críticos y escritores defendieron una vuelta a los
orígenes. Esto supuso un nuevo boom de la nueva narrativa española que justificaba,
además, la aparición de otro gran número de suplementos, en este caso literarios. Los
integrantes de este nuevo movimiento, apostaron por la relectura de los clásicos
españoles y señalaron como obras fundacionales de sus postulados obras escritas antes
de los 50. Esas novelas provenían del mundo latinoamericano36: Borges, Cortazar, Vargas
Llosa. García Márquez, Octavio Paz... Atender este hecho es relevante, pues muchos
escritores dejaron su huella en las páginas de El País a través de ensayos, entrevistas y
fragmentos literarios.
Pero la figura que realmente apostó por el cambio y se implicó en su enseñanza
para con los demás colaboradores fue Ricardo Gullón: “Fiel a su línea de trabajo,
alternaba los autores nuevos y los clásicos con idéntico entusiasmo. Aunque inconstante,
la presencia de Gullón influyó de alguna manera entre los colaboradores: demostró que
un académico puede hacer una crítica clara y transparente como exige el medio
periodístico”37. Estas ideas de Gullón venían directamente de corrientes como los
formalistas rusos, el New Criticism norteamericano y, por supuesto, las ideas de Ortega
en España. A grandes rasgos, la idea era concienciar de que era recomendable entender
el texto como un hecho autónomo sin aislarlo del mundo, como un organismo vivo y bajo
el enfoque de “the text and the text alone”38 (el texto y solamente el texto). Había que
abandonar la crítica de lenguaje estereotipado y plagado de clichés políticos, donde el
35 CONTE, R., “Pocas excepciones en el largo compás de espera”, El País, 31 de diciembre de 1977.
36 VALLEJO MEJÍA, M. L., La crítica literaria como género periodístico, op. cit., 139.
37 Ibídem.
38 Cfr. BRESSLER, C., Literary Criticism: An Introduction to Theory and Practice, Prentice Hall, New Jersey,
2011.
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Zuriñe Lafón 105
contenido decía mucho más acerca del pensamiento del autor de la crítica que del autor
de la obra criticada. Así, Gullón apostó para las páginas de Babelia por una postura
cercana al concepto del close reading americano. A saber: prestar una lectura atenta al
texto para detectar las ambigüedades y contradicciones internas, propiamente lingüísticas
y literarias, con el objetivo de excluir los componentes históricos y psicológicos y aportar
rigurosidad a la obra. Se trataba de escapar de la crítica positivista y con fundamento
científico que se venía haciendo, evitar el impresionismo y la falsa erudición de los
colaboradores. En definitiva, huir de la crítica que se había hecho en décadas anteriores
en España.
Otra política que se impuso en el hacer periodístico fue la llamada ‘crítica en
simpatía’, adoptada en general por los suplementos españoles y en particular por Babelia.
Es decir, se evitar hablar negativamente. Y aunque aparentemente parezca un signo de,
precisamente, falta de crítica, la crítica se hace desde la propia selección. Se prefiere
ignorar las obras de baja calidad y dedicarse al análisis de las obras que se consideran
oportunas. Por este motivo, era difícil encontrar críticos duros, más dados al ataque que al
halago, que se dejaran llevar por antipatías. Francisco Calvo Serraller, quien ejerce la
crítica en Babelia y de acuerdo con esta visión lo explica así:
No entiendo que alguien haga una crítica sobre lo que no le gusta. Me parece
ridículo dedicarse a insultar cosas que no te gustan, una pérdida de tiempo. Me
parece mejor dedicarse a algo que a uno le gusta y le interesa, y luego saber
escribirlo. Estamos hablando de escritura. Una buena crítica es aquella donde el
crítico se siente muy excitado por una obra, muy motivado, y alcanza a expresar
esa impresión39.
Parecía que El País cumplía con uno de sus objetivos descritos desde sus inicios,
tal y como apuntaron las declaraciones del día de su aparición: “El País aspira a ser el
periódico de la cultura, pero sin convertirse en un diario de minorías ilustradas”.
39
SERRALLER, F., “La escritura inútil. El sentido de la crítica de arte”, en Frontera D, Disponible en: http://
www.fronterad.com/?q=escritura-inutil-sentido-critica-arte (16 de febrero de 2011).
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