EL MINISTERIO DEL ACOLITO
LA FUNCION DEL ACOLITO EN LA MISA
ANTES DE LA MISA
Los Acólitos deben estar presentes y revestidos por lo menos 30 minutos antes de que la Misa empiece y
participar del rezo del Santo Rosario.
RITOS INTRODUCTORIOS
Durante la entrada de la procesión los Acólitos pueden llevar la cruz, las velas el incensario y el incienso. El
turiferario es seguido por quien lleva la cruz que puede ser escoltado por los que llevan las velas
encendidas. Al llegar al altar, se colocan las velas y la cruz alta en sus respectivos lugares. Los ministros que
no llevan nada hacen una reverencia profunda al altar o, si se encuentra el tabernáculo en el santuario,
hacen una genuflexión. (IGMR #120,122, 188)
Si el sacerdote decide incensar el altar y la cruz, el acólito le ayuda en el recorrido de la incensación. Los
Acólitos toman su lugar asignado. (IGMR # 188)
LA LITURGIA DE LA PALABRA
Si se usa el incienso a la hora del Evangelio, el Acólito del incensario y del incienso se acerca al sacerdote en
cuanto inicie la aclamación del Evangelio. El sacerdote pone incienso en el incensario. El turiferario puede
acompañarle hasta el ambón y permanecer a su lado. Después de que el sacerdote diga Lectura del Santo
Evangelio…y se santigüe, el Acólito le pasa al sacerdote el incensario, quien en seguida inciensa el Libro del
Evangelio. (Vea IGMR #133,134)
Dos Acólitos con sus velas encendidas también pueden ser parte de la procesión llevando las velas
acompañan al turiferario y se colocan a ambos lados del ambón viéndose de cara. Después de la
proclamación del Evangelio los Acólitos de las velas y del incensario regresan a sus respectivos lugares.
LITURGIA DE LA EUCARISTIA
Los Acólitos colocan el corporal, los purificadores, el cáliz, y el Sacramentario sobre el altar. Si es necesario
ayudan al sacerdote a recibir las ofrendas del pueblo. También pueden traer las hostias y el vino al altar y
entregárselas al sacerdote. (Vea IGMR #140,190)
Si se usa incienso, el Acólito trae el incensario e incienso al sacerdote. Después de que el sacerdote inciensa
las ofrendas, la cruz, y el altar, el Acólito inciensa al sacerdote y a la asamblea. El Acólito inciensa tres veces
al sacerdote, al centro a la derecha, y a la izquierda, y prosigue a incensar a la asamblea tres veces al
centro, tres veces a la derecha y tres veces a la izquierda. Antes y después de incensar se hace una
reverencia profunda al sacerdote. (Vea IGMR #144,190,277, Ceremonial de los Obispos)
Los Acólitos traen el agua, tazón y toalla para que el sacerdote pueda lavarse las manos. (IGMR #145)
COMUNIÓN
Durante el Cordero de Dios los Acólitos traen las bandejas de comunión con los purificadores al altar. Los
Acólitos reciben la Sagrada Comunión después de que exista solo un mínimo de personas para comulgar.
Los Acólitos no deben distribuir la Sagrada Comunión a no ser que se le haya otorgado esta facultad por el
Obispo, tampoco pueden llevar o mover las Sagradas Especies. (Vea IGMR # 162)
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Después de la Comunión los Acólitos remueven del altar los vasos que ya estén purificados (vea IGMR
#163), los purificadores, el corporal y las bandejas de comunión.
Si los vasos son purificados en el altar, el Acólito trae agua al sacerdote. (Vea IGMR # 163) (IGMR #189)
RITOS FINALES
Después de la despedida, los Acólitos (con el incensario, la cruz y las velas si es que se usan) se unen frente
al altar con el sacerdote. Y si no están llevando algo, hacen una reverencia profunda al altar juntamente con
el sacerdote, pero si el tabernáculo está en el santuario, hacen una genuflexión. (IGMR #169)
DESPUES DE LA MISA
Después de la Misa, los Acólitos en la sacristía esperan al sacerdote, salvo el acolito quien acompaña en la
bendición de agua. No pueden salir de la sacristía una vez que hayan ingresado revestidos. No esta
conferido el permiso de apagar los cirios ni el retiro del Misal Romano, esta función le corresponde al
sacristán u otro miembro autorizado de la liturgia.
REFLEXIONES ADICIONALES PARA LOS ACOLITOS
Los Acólitos que son excelentes son suficientemente conocedores del orden y movimiento de la Liturgia
para darse cuenta de cuáles son las necesidades del sacerdote o de otros ministros. A ellos no se les tiene
que estar diciendo que es lo que tienen que hacer para ejercer sus funciones.
Los Acólitos atentos son aquellos que siempre están alerta para resolver cosas que resulten
inesperadamente durante la Misa (por ej. Se olvidó las intenciones, se apagó una vela, etc). Un Acólito bien
entrenado y con experiencia aprende a resolver incidentes con calma y cuidadosamente.
Los Acólitos deben moverse de una manera deliberada y decorosa. Los movimientos atropellados y
ademanes distraen la atención de la acción central del sacerdote o de otros ministros. Los Acólitos llevan y
presentan con dignidad objetos para el uso litúrgico tales como el Sacramentario, la cruz alta, o el
incensario; usualmente esto significa que deben llevar y sostener estos objetos con las dos manos.
Para poder participar en la Misa plenamente y modelar un espíritu de oración los acólitos también deben
hacer con reverencia todos los gestos o que se usen en la Misa.
La apariencia del cuidado personal es también algo muy importante para un Acólito. Su cabello debe estar
seco, limpio y peinado. Idealmente, debe vestir su mejor ropa y zapatos de domingo, además de llevar las
manos limpias y las uñas recortadas.
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MINISTROS EXTRAORDINARIOS PARA LA SAGRADA COMUNION
MINISTROS DE LA EUCARISTÍA DURANTE LA MISA
Cuando los ministros extraordinarios de la Comunión se necesitan, se acercan al altar mientras el sacerdote
toma la Comunión. Después de que el sacerdote ha tomado la Comunión, se la distribuye a los ministros
Extraordinarios, ayudado por el diácono, si está presente (Normas #38). Ni los diáconos, ni los ministros
seglares pueden recibir la Sagrada Comunión en la manera que lo hacen los sacerdotes concelebrantes
(Normas #39) o sea, no pueden tomar la hostia ni el vino por sí mismos, ni pasar los vasos sagrados que
contienen la Sangre y el Cuerpo de Cristo de una persona a otra, ni pueden recibir la comunión al mismo
tiempo que el sacerdote la recibe. Después de que todos los ministros Extraordinarios hayan recibido la
Comunión, el sacerdote celebrante les entrega el Cuerpo y la Sangre de Cristo en los vasos sagrados a los
ministros Extraordinarios. El diácono puede ayudar al sacerdote en este proceso. (Normas #40).
Cuando se necesita un gran número de ministros Extraordinarios el sacerdote puede distribuir el Cuerpo y
la Sangre a uno o dos ministros quienes pueden asistirle en distribuírselos al resto de los ministros
Extraordinarios. Después de que todos los ministros hayan recibido la Comunión, el sacerdote celebrante
regresa al altar para entregarle al resto de los ministros los vasos sagrados conteniendo el Cuerpo y la
Sangre de Cristo para su distribución a la asamblea.
La práctica de esperar para recibir la comunión de parte de los ministros Extraordinarios de la Sagrada
Comunión hasta después de que se haga la distribución a la asamblea no está de acuerdo con las leyes
litúrgicas (Normas #39).
La fórmula que se pronuncia para distribuir la Sagrada Comunión es simple “el Cuerpo de Cristo” o “la
Sangre de Cristo” no se debe añadir u omitir palabras a este texto. Esta fórmula se puede ampliar de la
siguiente manera: “este es el Cuerpo y la Sangre de Cristo”, por ejemplo, la cual sintetiza el enfoque del
texto sobre la presencia de Cristo en los elementos consagrados. Por lo tanto, disminuye la presencia
simbólica de Cristo en el ministro, en quien lo recibe, y en el resto de la asamblea. No es recomendable que
el ministro de la Comunión se dirija a la persona diciendo su nombre (aunque puede haber una excepción si
el ministro conoce a todos por nombre en una asamblea pequeña) de lo contrario si el ministro se dirige a
algunos por nombre y a otros no, esto puede ser un signo de desunión en el mismo momento que estamos
supuestos a estar muy unidos los unos con los otros. La brevedad en la repetición de esta fórmula en una
asamblea grande requiere un cierto nivel de destreza y disciplina espiritual para todos los ministros de la
Comunión.
El ministro de la Comunión debe sostener la hostia o el cáliz a un nivel tal que pueda hacer contacto directo
con sus ojos con la persona que recibe la comunión de una manera natural. Teniendo este tipo de
comunicación directa añade una dimensión especial a quien recibe la comunión. La persona que va a
comulgar tiene siempre la opción de recibir el Cuerpo y Sangre de Cristo ya sea en la mano o en la lengua.
Ya que se toma mucho tiempo para recibir la Comunión de la Copa, nuestra experiencia nos ha dicho que
es necesario tener dos ministros para la copa por cada ministro que distribuye el Cuerpo de Cristo para
permitir que la procesión para recibir la comunión fluya de manera más ordenada. Después de que el
comulgante ha recibido la Comunión, el ministro de la copa cuidadosamente limpia el borde de la copa con
un purificador y le da la vuelta suavemente al cáliz. Este es un acto tanto de reverencia como de higiene.
(Normas #45).
Si sobra vino consagrado después de que termine la distribución de la comunión, los ministros
extraordinarios pueden consumir lo que haya sobrado en su propia copa. (Normas #52) Esto pueden
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hacerlo en su lugar de distribución o junto al altar. El vino consagrado debe consumirse en una manera
reverente; no debe consumirse mientras se esté caminando. La Sangre preciosa jamás debe tirarse en el
piso o vertirse en el sagrario. (Normas #55)
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Los vasos sagrados vacíos que se usaron para la distribución pueden ponerse a un lado en la credencia. Los
ministros Extraordinarios pueden ayudar con la purificación de estos vasos. (Decreto de marzo 28, 2002).
Los elementos consagrados no deben dejarse sobre la mesa hasta que la misa termine.
CONSIDERACIONES ESPECIALES
Todos los ministros de la Comunión deben estar atentos a la presencia de las personas en la asamblea que
tengan necesidades especiales. Los sordos, los ciegos, puede ser que requieran ayudantes para que se
adapten de acuerdo a sus necesidades. Otras personas incapacitadas pueden ser que no puedan venir al
frente a tomar la comunión de manera que los ministros necesitan ir a donde éstos se encuentren. Ciertas
personas en la asamblea pueden ser que sufran de la enfermedad celíaca, la cual es una enfermedad en la
que la persona no puede digerir ciertos alimentos que contienen glucosa, la cual es uno de los ingredientes
principales en la harina de trigo. Las personas con este tipo de enfermedades pueden ser que opten por
recibir solamente la Sangre de Cristo, o recibir una hostia especial que tenga baja cantidad de harina.
No se permite que los comulgantes tomen la hostia y la sumerjan en el cáliz. (Solamente los ministros de la
comunión pueden remojar la hostia en el cáliz para enseguida colocarla en la lengua del comulgante). Sin
embargo, si un comulgante mete la hostia en el cáliz, el ministro de la copa se adaptará a ello. No es un
momento apropiado para enseñar sobre la ética de cómo recibir la comunión. Los ministros pueden darle a
saber a la persona que está encargada de los ministros de la Comunión sobre lo ocurrido de manera que
puedan catequizar a la asamblea.
Si el Pan Eucarístico o una pequeña partícula de este caen al suelo, debe ser recogido de forma reverente
por el ministro. El Pan Consagrado puede consumirse por el ministro o disolverse por completo en agua, la
cual después puede ser vertida en el sagrario. En caso de que se derrame Vino Consagrado, se debe lavar el
área en donde se derramó y verter el agua en el sagrario. En cualquiera de los casos, las acciones del
ministro de la Eucaristía deben ser guiadas por una reverencia hacia las especies sagradas y el deseo de no
avergonzar al comulgante.
RITOS PARA COMISIONAR A LOS MINISTROS EXTRAORDINARIOS DE LA COMUNIÓN
Para poder enfatizar sobre la dignidad de su función y fortalecerles para el servicio al cual se les está
llamando, los ministros extraordinarios deberán ser comisionados de acuerdo al rito encontrado en el
Bendicional (Capítulo 63). Este ritual debe ser dirigido por un sacerdote o diácono. La siguiente exhortación
tomada de ese rito presenta la visión de este ministerio:
“En este ministerio, deben ser ejemplos de la vida cristiana en fe y conducta; deben esforzarse por crecer
en santidad a través de este sacramento de unidad y amor. Recuerden que, aunque somos muchos, somos
un solo cuerpo ya que compartimos un sólo pan y una sola copa. Como ministros de la Comunión sean, por
lo tanto, especialmente fieles al mandamiento de Dios de amar a su prójimo. Ya que cuando el dio su
cuerpo como alimento a sus discípulos él les dijo: “Este es mi mandamiento, que se amen unos a los otros
como yo los he amado”. (Bendicional #1875).
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MINISTERIO DE LA HOSPITALIDAD
ORIGENES
Desde el Concilio del Vaticano Segundo, los hombres y mujeres laicos han sido llamados a servir en una
variedad de ministerios litúrgicos. Pero el ministerio de la hospitalidad existe dentro de la iglesia desde
hace muchos años atrás. Las referencias bíblicas a los “guardianes de los umbrales”, quienes recogen el
dinero que las personas ofrecen, aparecen en varios lugares en las Escrituras Hebreas (2 Reyes 22:4; 1
Crónicas 9:19). Este rol de “guardián del umbral” se mantuvo también en las primeras tradiciones
cristianas, convirtiéndose en una orden menor ([Link]. portero) en el paso hacia el sacerdocio durante el
período medieval. Durante generaciones, los acomodadores o ministros de la Hospitalidad, como se les
llama ahora, han realzado el culto en las parroquias dando la bienvenida a las personas, ayudándoles a
encontrar asiento, llevando las ofrendas, asistiendo a los que se enferman, y distribuyendo los boletines
parroquiales.
EL MINISTERIO DE LA HOSPITALIDAD EN LA LITURGIA
La hospitalidad cristiana está centrada en Cristo. Las personas llegan como invitados especiales de Dios
mismo (Introducción al Ordinario de la Misa, #23) La hospitalidad es una expresión de reverencia ante la
presencia de Cristo en cada miembro de la asamblea. La hospitalidad tiene que ver con el amor cristiano y
está basada en el sacramento del bautismo. La verdadera hospitalidad nos une y nos impulsa a participar
en la liturgia. Un antiguo dicho cristiano dice: “Cuando un invitado llega, Cristo llega”.
El ministro de la Hospitalidad es el primer representante oficial de la comunidad que recibe a los feligreses
al llegar a Misa, y como tal, debe hacer sentir que cada persona es bienvenida e indispensable para la
oración comunitaria. Es por eso que una de las cualidades importantes en el Ministerio de la Hospitalidad
es tener a ministros que verdaderamente les guste servir a las personas y ser atentos con ellas.
PARTICIPACION DURANTE LA MISA
Otra cualidad importante para los ministros de la Hospitalidad es tener un sentido de la oración litúrgica.
Los ministros de la Hospitalidad, al igual que los otros ministros, son antes que nada miembros de la
Asamblea, y como tales deben unirse en oración de igual manera que el resto de la Asamblea. Aun cuando
estén realizando tareas específicas, ([Link]: llevar las ofrendas), estos deben mantenerse unidos al resto de
las asamblea a través de los cantos y oraciones de una manera activa. Su rol no debe nunca separarlos del
resto de la asamblea. Ellos deben estar presentes y atentos durante toda la liturgia.
RESPONSABILIDADES GENERALES DE UN MINISTRO DE LA HOSPITALIDAD
Las responsabilidades de un ministro de la Hospitalidad empiezan mucho antes de que empiece la Misa. Los
ministros necesitan llegar mucho antes que los otros feligreses (al menos media hora antes de que empiece
la Misa). Ellos deben asegurarse de que el lugar de culto esté libre de cualquier tipo de desorden dejado
durante el último servicio. Pero sus tareas principales son dar la bienvenida en la puerta principal
(poniendo atención en particular a aquellas personas que estén de visita o que necesiten un lugar especial
para sentarse), distribuir los materiales necesarios para la liturgia, y ayudar a las personas a encontrar
asiento. Al ofrecer una palabra de bienvenida, especialmente a los visitantes o aquellas personas que
puedan sentirse incómodas por cualquier motivo, los ministros de la Hospitalidad ayudan a crear un
espíritu de comunidad.
Los ministros deben estar informados si se darán celebraciones sacramentales tales como bautizos,
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primeras comuniones, o ritos de iniciación durante la liturgia; de esta manera, ellos pueden prestar más
atención a los visitantes, a las áreas reservadas especialmente para estas personas y cualquier cambio dado
fuera de lo común. Es de gran importancia prestar atención a las personas que necesiten de asientos
especiales. Normalmente hay un espacio designado para las personas en silla de ruedas, así como aquellas
que necesiten servicios de interpretación o con problemas auditivos.
En algunas parroquias se les pide a los ministros de la Hospitalidad que llenen el frente de la iglesia primero
para dejar espacio para los que llegan tarde en la parte posterior. Si hay personas que llegan después de
que ha empezado la liturgia, debe haber un método acordado de antemano para ayudar a las personas a
encontrar asiento. Por ejemplo, ellos pueden ser ayudados después del acto penitencial, pero antes de la
primera lectura, o ellos pueden ser ayudados entre las lecturas, el salmo o el Evangelio, pero no durante la
lectura de ellos. En los días que haya una gran cantidad de personas presentes, los ministros de la
hospitalidad deben conocer las diferentes opciones disponibles para cuando haya que sentar a un exceso
de personas.
Un aspecto importante que a menudo se descuida en este ministerio tiene que ver con los aspectos físicos
del espacio en la iglesia. ¿Hace mucho calor o mucho frío en la iglesia? ¿Se necesita abrir o cerrar las
ventanas? ¿Se necesita echar sal en las aceras o las áreas de parqueo? ¿Se necesita limpiar el vestíbulo por
estar lodoso o resbaloso? ¿Es adecuada la iluminación en la iglesia?
RESPONSABILIDADES PARA LA RECOLECCION DE LA COLECTA
Los ministros de la Hospitalidad son responsables de recoger la colecta de la asamblea. Esto debe hacerse
sin prisa, con respecto y dignidad. Este dinero es símbolo de la disponibilidad por parte de la asamblea de
ofrecerse a sí mismos y sus recursos a Cristo, e idealmente, se presenta como parte de la procesión con el
pan y el vino, y no después. Esta ofrenda, sin embargo, debe ser puesta en otro lugar y no cerca del altar.
Los ministros de la Hospitalidad también pueden ser responsables de seleccionar a las personas que van a
llevar el pan y el vino al altar.
PROCESIONES
Los ministros de la Hospitalidad deben ayudar durante la procesión a la comunión. Su rol es cuidar de que
la procesión y recibimiento de este banquete eucarístico se haga de manera reverente y sin apuros. Cuando
sea necesario, el ministro de la Hospitalidad debe ayudar a las personas con movilidad limitada. Durante las
celebraciones que se dan una vez al año tales como el Domingo de Resurrección y el Triduo, se necesita de
ministros bien preparados para ayudar en las procesiones ya sea fuera o dentro de la iglesia, durante el
lavatorio de los pies, la Veneración de la Cruz, y el servicio de la luz durante la Vigilia Pascual.
RESPONSABILIDADES AL FINAL DE LA MISA
Los ministros de la Hospitalidad distribuyen los boletines a los feligreses cuando la Misa ha terminado.
Tómese en cuenta de que esto no debe de darse hasta que la procesión de los ministros ha dejado el
santuario. Cuando la liturgia ha terminado, los ministros de la Hospitalidad también son responsables de
hacer una limpieza general del espacio para el culto. Esto puede incluir recoger los materiales para el culto,
velas, palmas, etc.
COMUNICACIÓN SEMANAL
Es importante que los ministros de la Hospitalidad sepan qué esperar durante la liturgia a la cual han sido
asignados servir. ¿Habrá una segunda colecta? ¿O habrá un celebrante invitado que no conozca la rutina
normal? ¿Habrá una celebración de aniversario? Puede haber un “capitán” presente durante cada liturgia
para informar a los demás ministros de la Hospitalidad sobre cualquier protocolo especial. Otras parroquias
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fijan un aviso detallando cualquier necesidad especial para cada misa de ese fin de semana en el lugar que
se reúnen los ministros.
LOS MINISTROS DE LA MÚSICA LITÚRGICA
LA FUNCION DE LA MUSICA EN LA LITURGIA
La liturgia de la Iglesia es inherentemente musical; por lo tanto, la música es una dimensión normal
necesaria de cada experiencia de oración comunal. Sin embargo, en la liturgia, la música es un arte puesto
al servicio de la oración comunitaria. “La música debe ayudar a los creyentes congregados a expresar y
compartir el don de la fe que se encuentra dentro de ellos y a nutrir y fortalecer su compromiso interior de
fe. Debe realzar las lecturas para que éstas puedan hablar a la asamblea de forma más efectiva y completa.
EL DIRECTOR DEL MINISTERIO DE LA MUSICA
Al igual que los otros ministros, el director de Música es ante todo un miembro de la asamblea, un
miembro llamado a ofrecer sus talentos individuales al servicio de la comunidad bautizada. La función del
director de Música es única dentro de las muchas formas de ministerio laical. El director debe también
tener un entendimiento completo de los diferentes ritos litúrgicos, especialmente de la Misa y el año
litúrgico. Finalmente, el director debe ser capaz de tomar decisiones pastorales correctas, trabajar bien con
una amplia variedad de personas, y desarrollar su propia vida de oración personal.
Aunque el director de Música generalmente tiene una función bastante pública en la liturgia, la mayor
parte de su trabajo no es visto por la mayoría de los miembros de la asamblea. La selección de música
nueva para la asamblea o los varios coros toma mucho tiempo. La persona encargada de escoger el
repertorio para la Asamblea también debe estar atento a otros aspectos tales como la calidad de los textos
cantados, los desafíos acústicos, las necesidades de los niños y los jóvenes, y el rol del silencio en la liturgia.
El director de Música debe tener una vocación para tratar con las tensiones inherentes en este ministerio.
CANTORES
La función del cantor es dirigir y animar a la congregación a cantar. El cantor también puede enseñar
música nueva a la congregación. Los cantores también sirven como líderes de la música litúrgica en los
funerales y otros rituales sacramentales. Los cantores necesitan ser capaces de cantar bien los textos y con
una voz agradable. De todos los líderes musicales, el cantor es quien necesita tener un contacto visual y
auditivo directo con la Asamblea. En cada situación durante la cual el líder musical tenga un contacto visual
con la Asamblea, es importante evitar que se transmita la impresión de estar frente a un escenario u otro
lugar de entretenimiento.
EL CORO
El coro permanece durante todo el tiempo como parte de la asamblea reunida. Puede servir a la asamblea
dirigiéndola en la música litúrgica y fortaleciendo o realzando su canto. De vez en cuando, el coro puede
cantar por sí solo un tipo de música más compleja que sirva para ayudar a la reflexión de la congregación.
(Introducción al Ordinario de la Misa, #18). Debe prestarse atención a la altura, el tono y la dicción ya que
estos son esenciales en la excelencia y calidad de la música.
INSTRUMENTALISTAS
El órgano y otros instrumentos no sólo apoyan y animan a la participación a través del canto, pero también,
por sí solos, pueden ayudar de manera poderosa a la contemplación y la expresión de alabanzas y una
variedad de sentimientos humanos ante Dios. (Introducción al Ordinario de la Misa, #18).
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MINISTERIO DE LOS LECTORES
PRINCIPIOS GENERALES
Cristo está realmente presente en la Asamblea Litúrgica unida en su nombre, en la persona del ministro de
la Palabra, y en realidad substancialmente y continuamente bajo las especies de la Eucaristía (IGMR # 27.
Cuando se leen las Escrituras en la Iglesia, El mismo Dios habla a su Pueblo, y Cristo, presente en su propia
Palabra, proclama el Evangelio. Por este motivo, todos deben de escuchar con reverencia las lecturas de la
Palabra de Dios, que es el elemento más sublime en la importancia de la Liturgia (IGMR, # 29).
El lector proclama la Palabra de Dios, y para hacerlo bien, el lector debe ser claro, para que su lectura sea
comprensible y debe tener conocimiento sobre las Escrituras que está leyendo.
Por tradición, el acto de leer las Escrituras es una función ministerial, no es presidencial. (IGMR # 59) Las
lecturas antes del Evangelio deben ser proclamadas por un lector que ha sido entrenado para ese
ministerio.
LA FUNCION DEL LECTOR EN LA MISA
PROCESIÓN
En la procesión hacia al altar, el lector se forma con los otros ministros, en frente del sacerdote y del
diacono quien lleva el Libro de los Evangelios. Cuando llegan al altar, el lector hace una reverencia
juntamente con los otros ministros, de allí procede a tomar el lugar que le corresponde (IGMR #49, 195,
120).
Cuando no hay un diácono presente, el lector pude llevar el libro de los Evangelios, portándolo en alto,
caminando enfrente del sacerdote. Si lleva el libro, el lector se acerca hasta el altar y coloca el Libro a la
derecha en el altar, de manera que quede visible por la asamblea.
LITURGIA DE LA PALABRA
Después de la oración inicial, el lector va hacia el ambón y proclama la primera lectura en el leccionario. El
leccionario debe estar con las lecturas señaladas desde antes de la Misa.
Al final de las lecturas, el lector pronuncia la aclamación “Palabra del Señor” y todos responden “Te
alabamos Señor”. En este breve dialogo, el lector debe mantener contacto de la vista con la asamblea. Hay
que tenerse en cuenta que ni el leccionario ni el Libro de los Evangelios se debe levantar cuando se ha
proclamado la aclamación final. Esta conclusión final puede ser también cantada, aún por alguien que no
sea el lector. (Introducción al Ordinario de la Misa #85 ).
Si hay un segundo lector antes del Evangelio, el lector proclama desde el ambón la lectura, pronuncia la
aclamación al final y vuelve a su lugar.
Cuando hay dos lecturas, es mejor designar dos lectores. Sin embargo, cuando hay una sola lectura, ésta
debe ser asignada a un solo lector. La única excepción es cuando se proclama la lectura de la Pasión, la cual
puede ser dividida entre varios lectores. (Introducción al Leccionario #52, IGMR # 109).
El Evangelio es proclamado siempre por el diácono o por el sacerdote.
Después de la homilía (o despedida a los catecúmenos), el lector puede leer las peticiones de los feligreses
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desde el ambón si no hay un diácono presente. Estas peticiones son dirigidas a la asamblea. El lector deberá
de estar ya en su lugar en el ambón cuando el que preside invita a la gente a orar; el lector deberá
permanecer junto al ambón hasta que termine la oración final.
RECESION
Al terminar la Misa, el diácono o el lector no lleva el Libro de los Evangelios en la procesión de salida. (Libro
de los Evangelios #22) Ni el Leccionario ni el Libro de los Evangelios debe llevarse en la procesión final. El
lector puede unirse a la procesión en el mismo orden que entró al principio de acuerdo a la costumbre que
tenga la parroquia, haciendo reverencia o genuflexión al altar juntamente con los otros ministros.
EL LECTOR EN OTRAS CELEBRACIONES LITURGICAS
La función ministerial de los lectores debe ser respetada en todas las celebraciones Litúrgicas, incluyendo
Misas de bodas, funerales, bautismos, celebraciones de las Horas de la Liturgia y la reconciliación
comunitaria y el servicio de unción de los enfermos. La función del lector, como ya se ha especificado
durante la celebración de la Misa, es la misma en estas celebraciones Litúrgicas y no se debe realizar por el
diácono o el sacerdote si es posible.
En caso de bodas o Misa de funeral se permite que alguien que no sea miembro de la Iglesia Católica
proclame una de las lecturas de las Escrituras, si el párroco local lo juzga apropiado. Se aplican las mismas
normas para la Oración de los fieles. Esto está basado en el Directorio Ecuménico (# 133, 25 de marzo del
1993) el cual declara que, “Las lecturas de las Escrituras durante las celebraciones Eucarísticas en la Iglesia
Católica deben llevarse a cabo por los miembros de la Iglesia. En ocasiones especiales y por causas justas, el
Obispo de la diócesis puede permitir a un miembro de alguna otra Iglesia o comunidad eclesial tomar la
tarea de lector.
DIVERSIDAD DE PUNTOS
Cuando haya opciones consulte con el coordinador o con quien presida para saber si se va ha usar la
versión corta o larga de la lectura.
Si el lector va ha proclamar las peticiones, infórmele antes de que la Misa empiece, para que las prepare, en
caso de que haya palabras difíciles de pronunciar.
Los lectores deben vestir con modestia y respeto, recordando que su servicio se realiza en el marco de la
celebración litúrgica. La ropa que utilicen no debe distraer a la asamblea, sino reflejar recogimiento y
reverencia. Se debe evitar el uso de prendas cortas, ajustadas o llamativas. La desnudez del cuerpo debe
estar debidamente cubierta, en honor a Dios y al carácter sagrado de la liturgia.
Las cualidades en general para los lectores incluyen (1) un conocimiento de las diferentes clases de lecturas
(por ej. historias, leyes, profecías, y cartas; y (2) un sentido general sobre las lecturas del día y de la sesión
litúrgica particular.
En preparación para su proclamación, se recomienda a los lectores que lean todo el capítulo en el cual se
encuentra la lectura, y que lean la lectura seleccionada en voz alta varias veces durante la semana. Y en el
mismo día en que va a ser proclamada es aconsejable no comer azúcar y evitar cafeína. El calentamiento de
la voz ya sea usando vocales o cantando es de mucha ayuda.
Aunque se necesitan aptitudes técnicas y en realidad son necesarias, la preparación del lector sobre todo
“debe ser espiritual” (Introducción, #55). La oración y la meditación sobre las lecturas permiten que la voz
de Dios le hable y se transmita a través de usted a los demás.
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EL Maestro de Ceremonia
Según la Instrucción General del Misal Romano (IGMR), el Maestro de Ceremonias (MAESTRO DE
CEREMONIA) tiene como función principal preparar y guiar al al celebrante, a los clérigos y a los demás
ministros en la ejecución de los ritos. Conocedor del conjunto de las ceremonias, y de cada una de sus
particularidades, animado por un santo celo por el resplandor de la casa de Dios y de la majestad del culto,
todo lo prevé y lo prepara: dispone los lugares, los objetos litúrgicos, y da los avisos e instrucciones
necesarias. Es, pues, el director de la asamblea litúrgica. Todos, incluyendo los miembros de la jerarquía,
deben obedecer con solicitud sus indicaciones.
El maestro de ceremonias es alguien que, debidamente versado en sagrada liturgia, en su historia, en su
índole, en sus leyes y preceptos, con celo por las cosas sagradas, se ocupa de guiar la ejecución de los ritos
según las normas de las celebraciones, su espíritu y las legítimas tradiciones (CE 34), con el objeto de que la
liturgia consiga su fin espiritual.
Los ceremonieros son los auxiliarles del maestro de ceremonias. Como en las grandes celebraciones, por el
número de detalles a cuidar, el maestro de ceremonias no puede coordinar todo simultáneamente sin fallar
en algo, debe distribuir las funciones de guía con otros ministros que estarán bajo su orientación general.
En una celebración los ceremonieros se pueden ocupar, por ejemplo, de ordenar a los servidores del altar
para la preparación del altar, de ordenar a los lectores, etc.
El maestro de ceremonias y los ceremonieros deben ser conocedores de las normas litúrgicas. No deben
adornar las celebraciones para hacerlas “más bonitas”, “más antiguas”, o “más adecuadas a los tiempos
actuales” según su parecer.
El maestro de ceremonias y los ceremonieros pueden actuar en cualquier celebración, sea presidida por un
diacono, por un sacerdote o por un obispo, para la adecuada preparación y perfecta ejecución de la
celebración.
No se exige ser clérigo ni acolito instituido para desempeñar estos ministerios, pues se le pueden
encomendar a un laico (IGMR 107) siempre y cuando cumpla con los conocimientos y las virtudes
necesarias.
Los ceremonieros y el maestro de ceremonias deben ser humildes. El maestro de ceremonias debe dividir
las tareas entre los ceremonieros. Y tanto él como los ceremonieros deben saber que no están para
ejecutar las acciones litúrgicas por si, sino para guiarlas. Ellos están para coordinar oportunamente con los
cantores, asistentes, ministros, celebrantes, aquellas cosas que deben hacer y decir (CE 35).
Por tanto, no deben de realizar las tareas de los diáconos, ni de los servidores del altar, ni de los lectores.
Ellos no hacen las lecturas, ni ayudan al celebrante a lavarse las manos, ni descubren el cáliz: simplemente
guían a los lectores, servidores del altar y diáconos en las tareas que les corresponden.
Los ceremonieros y el maestro deben ser discretos. No deben hablar nada superfluo, sino limitarse a dar
indicaciones concretas. En todo momento, deben actuar con piedad, con paciencia y con diligencia (CE 35).
Ni el maestro de ceremonias ni los ceremonieros pueden ocupar el lugar de los diáconos asistentes que
están al lado del obispo celebrante (CE 35). Por tanto, deben de estar en un lugar desde el que puedan
desempeñar su función de guía del obispo celebrante, pero no inmediatamente a su costado, pues éste es
el lugar de los diáconos. Pueden colocarse, por ejemplo, al otro costado de los diáconos.
En la liturgia papal esto es distinto, pues tanto el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas, como el segundo
ceremoniero están a los costados del papa. Esto es un uso muy particular de la liturgia papal, que no puede
ser fundamento para actuar así en las diócesis.
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