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Caso Kimel

Derecho penal. Caso kimel.

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CASO KIMEL

DICTAMEN DE LA COMISIÓN
Alegaron que el Estado "ha violado el derecho de que gozan los individuos a expresar sus
ideas a través de la prensa y el debate de asuntos públicos", al utilizar ciertos tipos
penales como medio para criminalizar esas conductas. Agregaron que no se respetaron
las garantías judiciales que integran el debido proceso y la tutela judicial efectiva. Por ello,
solicitaron se declare al Estado responsable por la vulneración de los derechos
consagrados en los arts. 13 , 8.1 , 8.2.h y 25 , CADH., todos ellos en relación con los
arts. 1.1 y 2 de la misma.

El Estado presentó su escrito de contestación de la demanda y observaciones al escrito de


solicitudes y argumentos en el que "asumió su responsabilidad internacional" por la
violación de los arts. 8.1 y 13 , CADH.; realizó algunas observaciones a la violación del
art. 8.2.h de dicho tratado y a la violación del derecho a ser oído por un juez imparcial.

los representantes informaron que habían iniciado con el Estado un acuerdo de solución
amistosa que sería "firmado con anterioridad a la audiencia convocada" y que, en vista de
ello, "desistían del reclamo

ALEGACIONES DEL ESTADO ARGENTINO


Reconocimiento parcial de responsabilidad del Estado y retiro parcial de alegaciones de
los representantes

El Estado argentino puede compartir con la Comisión que, en el caso en especie, la


aplicación de una sanción penal al Sr. Eduardo G. Kimel constituyó una violación de su
derecho a la libertad de expresión consagrado por el art. 13 , CADH

Finalmente, y habida cuenta que, hasta la fecha, las distintas iniciativas legislativas
vinculadas con la normativa penal en materia de libertad de expresión no han sido
convertidas en ley, el Estado argentino puede compartir con la Ilustre Comisión que, en el
caso en especie, la falta de precisiones suficientes en el marco de la normativa penal que
sanciona las calumnias y las injurias que impidan que se afecte la libertad de expresión,
importa el incumplimiento de la obligación de adoptar medidas contempladas en el art. 2 ,
CADH.
En consecuencia, el Estado argentino asume responsabilidad internacional y sus
consecuencias jurídicas, por la violación del art. 13 , CADH., en relación con las
obligaciones generales de respeto y garantía, como así también de adoptar las medidas
legislativas o de otro carácter que fueran necesarias para hacer efectivos los derechos
protegidos, de conformidad con los arts. 1.1 y 2 , CADH.

En el "acta acuerdo" alcanzada por las partes en la audiencia pública (supra párr. 9º)
se establece:

1
El Estado ratifica que asume responsabilidad internacional por la violación, en el caso en
especie, de los arts. 8.1 y 13 , CADH..., en relación con la obligación general de respeto y
garantía de los derechos humanos y el deber de adoptar medidas normativas o de otro
carácter establecidos en los arts. 1.1 y 2 , CADH., en perjuicio del Sr. Eduardo Kimel.
A los efectos de especificar los alcances de la asunción de responsabilidad internacional
del Estado, se deja constancia de que Eduardo Kimel fue condenado injustamente a un
año de prisión en suspenso y al pago de una indemnización de $ 20.000. Si bien la
indemnización referida nunca se ejecutó efectivamente, en el caso en especie la condena
fue impuesta en clara vulneración de su derecho a expresarse libremente, a partir de un
proceso penal por calumnias e injurias promovido por un ex-juez criticado en el libro "La
masacre de San Patricio" por su actuación en la investigación de la muerte de 5 religiosos
cometida durante la época de la dictadura militar. En virtud de lo expuesto, El Estado
asume responsabilidad internacional por la violación del derecho a expresarse libremente,
en el caso en especie, tanto en virtud de la injusta sanción penal impuesta al Sr. Kimel
como respecto de la indemnización dispuesta a favor del querellante.

Por ello, y vistas las consecuencias jurídicas y el compromiso del Estado argentino de
cumplir integralmente con las normas de derechos humanos a las que se ha obligado
nacional e internacionalmente, y tal como se ha señalado precedentemente, El Estado ha
resuelto asumir la responsabilidad internacional y sujetarse a las reparaciones
correspondientes que determine la... Corte Interamericana...

2) Asimismo, como muestra de la buena voluntad de los representantes de la víctima y en


miras a alcanzar un acuerdo con el Estado, los representantes de la víctima desisten del
reclamo por la alegada violación de los derechos a impugnar la sentencia penal
condenatoria (art. 8.2.h , CADH.); de la garantía de imparcialidad del juzgador (art. 8.1 ,
CADH.); y del derecho a la tutela judicial efectiva (art. 25 , CADH.).

3) El Estado, la Comisión y los representantes de la víctima, solicitan a la... Corte


Interamericana de Derechos Humanos tenga a bien expedirse -conforme a lo establecido
en el art. 63 , CADH.- sobre el alcance de las reparaciones a favor de la víctima Eduardo
Kimel, las cuales deben incluir la indemnización por los daños materiales e inmateriales,
así como las garantías de satisfacción y medidas de no repetición.

Teniendo en cuenta lo anterior, la Corte constata que el reconocimiento de


responsabilidad estatal (supra párrs. 18º y 22º) se sustenta en hechos claramente
establecidos; es consecuente con la preservación de los derechos a la libertad de
expresión y a ser oído en un plazo razonable, así como con las obligaciones generales de
respeto y garantía y de adoptar disposiciones de derecho interno; y no limita las
reparaciones justas a las que tiene derecho la víctima, sino que se remite a la decisión de
la Corte. En consecuencia, el tribunal decide aceptar el reconocimiento estatal y calificarlo
como una confesión de hechos y allanamiento a las pretensiones de derecho contenidos
en la demanda de la Comisión, y una admisión de los argumentos formulados por los

2
representantes. Asimismo, la Corte considera que la actitud del Estado constituye una
contribución positiva al desarrollo de este proceso, al buen despacho de la jurisdicción
interamericana sobre derechos humanos, a la vigencia de los principios que inspiran la
Convención Americana y a la conducta a la que están obligados los Estados en esta
materia (nota)<FD 20081619 (11)>, en virtud de los compromisos que asumen como
partes en los instrumentos internacionales sobre derechos humanos.

VI.- Arts. 13 ("Libertad de pensamiento y de expresión") (nota)<FD 20081619 (20)> y 9


("Principio de legalidad") (nota)<FD 20081619 (21)>. En relación con los arts. 1.1
("Obligación de respetar los derechos") (nota)<FD 20081619 (22)> y 2 ("Deber de adoptar
disposiciones de derecho interno") (nota)<FD 20081619 (23)>, CADH.

37. La Comisión solicitó a la Corte que "declare que el proceso penal, la condena penal y
sus consecuencias -incluida la sanción accesoria civil- a los que se vio sometido el Sr.
Eduardo Kimel por realizar una investigación, escribir el libro y publicar información,
necesariamente inhiben la difusión y reproducción de información sobre temas de interés
público, desalentando además el debate público sobre asuntos que afectan a la sociedad
argentina". Además, solicitó se declare la violación del deber de adecuación del
ordenamiento interno "al mantener vigentes disposiciones que restringen irrazonablemente
la libre circulación de opiniones sobre l actuación de las autoridades públicas

. Los representantes concordaron con la Comisión y consideraron que los tipos penales
utilizados en este caso son "susceptibles de ser aplicados para perseguir criminalmente la
crítica política", razón por la cual "resultan incompatibles con el art. 13 , CADH.".

39. El Estado se allanó a las pretensiones de las partes señalando que "la sanción penal
al Sr... Kimel constituyó una violación a su derecho a la libertad de expresión" y que "la
falta de precisiones suficientes en el marco de la normativa penal que sanciona las
calumnias y las injurias que impidan que se afecte la libertad de expresión, importa el
incumplimiento del art. 2 , CADH.". En audiencia pública el Estado "deploró... que el único
condenado por la masacre de los palotinos haya sido justamente quien ha llevado a cabo
una investigación periodística exhaustiva sobre tan terrible crimen y su tratamiento judicial

40. La Corte observa que a pesar de la confesión de hechos y de la admisión de diversas


pretensiones por parte del Estado, subsiste la necesidad de precisar la entidad y gravedad
de las violaciones ocurridas, así como los alcances de las normas sancionatorias
persistentes en el orden interno y que pueden ser aplicadas para restringir la libertad de
expresión. Estas precisiones contribuirán al desarrollo de la jurisprudencia sobre la materia
y a la correspondiente tutela de derechos humanos.

HECHOS

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41. Kimel es un historiador Se ha desempeñado además como periodista, escritor e
investigador histórico. En noviembre de 1989 publicó un libro titulado "La masacre de San
Patricio" donde analiza el asesinato de cinco religiosos pertenecientes a la orden palotina,
ocurrido en Argentina el 4/7/1976, durante la última dictadura militar
42. En dicho libro, Kimel analizó, las actuaciones judiciales dirigidas a investigar la
masacre. En relación con una decisión judicial adoptada el 7/10/1977 señaló que el juez
federal que conocía la causa realizó todos los trámites inherentes. Acopió los partes
policiales con las primeras informaciones, solicitó y obtuvo las pericias forenses y las
balísticas. Hizo comparecer a una buena parte de las personas que podían aportar datos
para el esclarecimiento. Sin embargo, la lectura de las fojas judiciales conduce a una
primera pregunta: ¿Se quería realmente llegar a una pista que condujera a los
victimarios? La actuación de los jueces durante la dictadura fue, en general,
condescendiente, cuando no cómplice de la represión dictatorial. En el caso de los
palotinos, el juez... cumplió con la mayoría de los requisitos formales de la investigación,
aunque resulta ostensible que una serie de elementos decisivos para la elucidación del
asesinato no fueron tomados en cuenta. La evidencia de que la orden del crimen había
partido de la entraña del poder militar paralizó la pesquisa, llevándola a un punto muerto.
43. El 28/10/1991 el juez mencionado por el Sr. Kimel en su libro entabló una acción
penal en contra del autor por el delito de calumnia. Posteriormente, el querellante solicitó
que si no se compartía esta calificación, "se condene al querellado Kimel por el delito de
injurias". El 25/9/1995 el Juzg. Nac. Crim. y Corr. n. 8 de Buenos Aires resolvió que el Sr.
Kimel no había cometido el delito de calumnia sino el de injurias. Al analizar el tipo penal
de calumnia estableció que:
La labor que la defensa califica como de "investigación, información y opinión", ha
trascendido este ámbito... para irrumpir en el terreno de la innecesaria y sobreabundante
crítica y opinión descalificante y peyorativa, respecto de la labor de un magistrado, que en
nada contribuye a la función informativa, a la formación social o a la difusión cultural y
tanto menos, al esclarecimiento de los hechos o de la conciencia social... tales excesos,
que no son sino y precisamente, desbordes de los límites propios de la libertad de prensa,
no alcanzan a constituir, por ausencia del dolo esencial y por falta de imputación concreta
y precisa, la figura de calumnia".

44. Seguidamente, el Juzgado analizó la posibilidad de encuadrar los hechos dentro del
tipo de injurias y expresó que "conforme a nuestro ordenamiento positivo, todo cuanto
ofende al honor, no siendo calumnia, es una injuria", razón por la cual consideró que:
"...la duda o sospecha que cierne Kimel, sobre la eficacia de la actuación del magistrado
en una causa de trascendencia internacional, y ante la gravedad de los hechos
investigados, constituye de por sí un ataque al honor subjetivo del agraviado -deshonra-,
agravado por el alcance masivo de la publicación -descrédito-, que configuran el ilícito
penado por el art. 110 , CPen.
"...tampoco podía ignorar el querellado que, las afirmaciones, sugerencias y dudas que
plantea en torno, concretamente, del querellante, podían mancillar la dignidad del
magistrado y del hombre común que reposa tras la investidura. Indudablemente, Kimel, ha

4
incurrido en un exceso injustificado, arbitrario e innecesario, so pretexto de informar al
público en general, sobre ciertos y determinados acontecimientos históricos... Kimel, no se
limitó a informar, sino que además, emitió su opinión sobre los hechos en general y sobre
la actuación del querellante, en particular. Y en este exceso, de por sí dilacerante, se halla
precisamente el delito que ut supra califico... En nada modifica la situación, que Kimel
haya sostenido que carecía de intención de lesionar el honor del querellante... el único
dolo requerido es el conocimiento, por parte del sujeto activo, del carácter potencialmente
deshonrante o desacreditante de la acción u omisión ejecutada".
45. La sentencia condenó al Sr. Kimel a la pena de prisión de un año, en suspenso, así
como al pago de $ 20.000,00 en concepto de indemnización por reparación del daño
causado, más costas.
46. Esta sentencia fue apelada ante la sala 4ª de la C. Nac. Crim. y Corr., la que mediante
fallo de 19/11/1996 revocó la condena impuesta en los siguientes términos:
"...cuando arriba a la sección que atañe a la investigación judicial Kimel deja sentada su
propia opinión, lo cual es criticado por la a quo, quien interpreta que ello le estaría vedado
y debería limitarse a informar. No comparto este criterio... lo importante es determinar si
esta opinión produce resultados desdorosos sobre terceros o está animada por secretos
fines sectoriales o tendenciosos, porque de no ser así, estaría sólo al servicio del
esclarecimiento y orientación al lector sobre un tema de interés público, siempre y cuando
haya sido vertida con responsabilidad profesional y con conciencia de la veracidad de sus
afirmaciones. Actualmente, no puede concebirse un periodismo dedicado a la tarea
automática de informar sin opinar... ello no significa que estos conceptos no posean límites
impuestos por la ética y las leyes penales que las repudian y reprimen respectivamente,
en cuanto ofendan el honor, la privacidad o la dignidad de terceros entre otros valores.
"...Este aislado juicio de valor, concretamente la frase "la actuación de los jueces durante
la dictadura fue, en general, condescendiente, cuando no cómplice de la represión
dictatorial" no reviste la característica de una calumnia, porque ésta requiere la falsa
imputación de un delito concreto a una persona determinada, que dé motivo a la acción
pública. La crítica en la persona del magistrado... sólo consiste en una estimación
realizada por un lego en la materia sobre el desarrollo de la pesquisa, que éste habría
conducido de otro modo si se hubiera encontrado en el lugar del ofendido. Como tal, ello
tampoco puede afectar el honor del funcionario... y aunque Kimel no comparta su forma de
actuación, no se advierte en este parágrafo que haya querido expresarse con el dolo que
requiere la figura de calumnia.
47. Al referirse al delito de injurias, el tribunal de apelación calificó el trabajo de Kimel
como "una breve crítica histórica" y agregó que "en esa labor no ha excedido los límites
éticos de su profesión". Asimismo, estableció que "el querellado ejerció su derecho a
informar de manera no abusiva y legítima y sin intención de lesionar el honor del
querellante, ya que no se evidencia siquiera dolo genérico, elemento suficiente para la
configuración del hecho ilícito bajo análisis".
48. Esta última decisión fue impugnada por el querellante mediante recurso extraordinario
ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación. El 22/12/1998 la Corte Suprema revocó la
sentencia absolutoria de 2ª instancia y remitió la causa a la Cámara de Apelaciones en lo

5
Criminal para que dictara nueva sentencia. La Corte Suprema consideró que la sentencia
recurrida había sido arbitraria al afirmar que: en el caso, carecen de sustento los
argumentos expuestos por los jueces que suscribieron la absolución tendientes a
establecer la atipicidad de la calumnia. Ello es especialmente así pues únicamente de una
lectura fragmentaria y aislada del texto incriminado puede decirse -como lo hace el a quo -
que la imputación delictiva no se dirige al querellante. En el libro escrito por el acusado,
después de mencionar al querellante y decir que la actuación de los jueces durante la
dictadura fue en general cómplice de la represión dictatorial, expresa que en el caso de los
palotinos el juez querellante cumplió con la mayoría de los requisitos formales de la
investigación, aunque resulta ostensible que una serie de elementos decisivos para la
elucidación del asesinato no fueron tomados en cuenta. La evidencia de que la orden del
crimen había partido de la entraña del poder militar paralizó la pesquisa, llevándola a un
punto muerto... Por otra parte carece de sustento jurídico la afirmación referente a que por
tratarse el querellado de un "lego" en la pesquisa del caso, no tendría entidad calumniosa
el párrafo que al referirse al magistrado expresa que "resulta ostensible que una serie de
elementos decisivos para la investigación no fueron tenidos en cuenta".
Al así decidir ha omitido la Cámara tener en cuenta las características especiales del
elemento subjetivo doloso en los delitos contra el honor y sin sustento jurídico ha
considerado a la condición de lego como una causal de inculpabilidad. Tan absurda
afirmación descalifica el fallo por su evidente arbitrariedad... Otra causal de arbitrariedad
se deriva de la omisión de considerar el planteo de la querella referente a que de las
constancias de la causa "Barbeito, Salvador y otros s/víctimas de homicidio (art. 79 ,
CPen.)", surgiría no sólo la falsedad de las imputaciones delictivas formuladas a la
conducta del magistrado, sino especialmente el dolo que -a criterio del apelante- se
hallaría configurado por el hecho de que el querellado, con la única intención de
desacreditar al juez, habría omitido consignar en la publicación que el [querellante] habría
hecho caso omiso a los reiterados requerimientos de sobreseimiento provisional del
sumario formulados por el fiscal.
49. El 17/3/1999 la sala IV de la Cámara de Apelaciones, siguiendo los lineamientos
trazados por la Corte Suprema, confirmó parcialmente la sentencia condenatoria de 1ª
instancia en lo que respecta a las penas, pero en vez de condenar al Sr. Kimel por injurias,
consideró que se configuró el delito de calumnia.
La Cámara señaló que, en atención a los argumentos esgrimidos por nuestro Máximo
Tribunal, las expresiones vertidas por el periodista Kimel dirigidas al querellante, resultan
ser de contenido calumnioso, careciendo por ende de sustento los argumentos expuestos
por la sala VI de la Cámara de Apelaciones que suscribiera la absolución basada en la
atipicidad de la calumnia.
50. Contra la sentencia pronunciada por la Cámara de Apelaciones el Sr. Kimel interpuso
un recurso extraordinario ante la Corte Suprema, el cual fue declarado improcedente.
Posteriormente, la víctima presentó un recurso de queja ante la misma Corte, el cual fue
rechazado in limine el 14/9/2000, con lo cual la condena quedó firme.
51. En torno a estos hechos las partes presentaron diversos alegatos en los que subyace
un conflicto entre el derecho a la libertad de expresión en temas de interés público y la

6
protección de la honra de los funcionarios públicos. La Corte reconoce que tanto la libertad
de expresión como el derecho a la honra, acogidos por la Convención, revisten suma
importancia. Es necesario garantizar el ejercicio de ambos. En este sentido, la prevalencia
de alguno en determinado caso dependerá de la ponderación que se haga a través de un
juicio de proporcionalidad. La solución del conflicto que se presenta entre ciertos derechos
requiere el examen de cada caso, conforme a sus características y circunstancias, para
apreciar la existencia e intensidad de los elementos en que se sustenta dicho juicio.
52. La Corte ha precisado las condiciones que se deben cumplir al momento de
suspender, limitar o restringir los derechos y libertades consagrados en la Convención. En
particular, ha analizado la suspensión de garantías en estados de excepción y las
limitaciones a la libertad de expresión, propiedad privada, libertad de locomoción y
libertad personal, entre otros.
53. Respecto al contenido de la libertad de pensamiento y de expresión, la Corte ha
señalado que quienes están bajo la protección de la Convención tienen el derecho de
buscar, recibir y difundir ideas e informaciones de toda índole, así como también el de
recibir y conocer las informaciones e ideas difundidas por los demás. Es por ello que la
libertad de expresión tiene una dimensión individual y una dimensión social: ésta requiere,
por un lado, que nadie sea arbitrariamente menoscabado o impedido de manifestar su
propio pensamiento y representa, por tanto, un derecho de cada individuo; pero implica
también, por otro lado, un derecho colectivo a recibir cualquier información y a conocer la
expresión del pensamiento ajeno.

54. Sin embargo, la libertad de expresión no es un derecho absoluto. El art. 13.2 , CADH.,
que prohíbe la censura previa, también prevé la posibilidad de exigir responsabilidades
ulteriores por el ejercicio abusivo de este derecho. Estas restricciones tienen carácter
excepcional y no deben limitar, más allá de lo estrictamente necesario, el pleno ejercicio
de la libertad de expresión y convertirse en un mecanismo directo o indirecto de censura
previa.
55. Por su parte, el art. 11 , CADH. establece que toda persona tiene derecho al respeto
de su honra y al reconocimiento de su dignidad. Esto implica límites a las injerencias de
los particulares y del Estado. Por ello, es legítimo que quien se considere afectado en su
honor recurra a los medios judiciales que el Estado disponga para su protección.
56. La necesidad de proteger los derechos a la honra y a la reputación, así como otros
derechos que pudieran verse afectados por un ejercicio abusivo de la libertad de
expresión, requiere la debida observancia de los límites fijados a este respecto por la
propia Convención. Estos deben responder a un criterio de estricta proporcionalidad.

57. Dada la importancia de la libertad de expresión en una sociedad democrática y la


elevada responsabilidad que ello entraña para quienes ejercen profesionalmente labores
de comunicación social, el Estado no sólo debe minimizar las restricciones a la circulación
de la información sino también equilibrar, en la mayor medida de lo posible, la
participación de las distintas informaciones en el debate público, impulsando el pluralismo
informativo. En consecuencia, la equidad debe regir el flujo informativo. En estos términos

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puede explicarse la protección de los derechos humanos de quien enfrenta el poder de los
medios y el intento por asegurar condiciones estructurales que permitan la expresión
equitativa de las ideas.

LO QUE HACE LA CORTE INTERAMERICANA PARA RESOLVER


58. Teniendo en cuenta lo anterior, para resolver el caso concreto la Corte i) verificará si la
tipificación de los delitos de injurias y calumnia afectó la legalidad estricta que es preciso
observar al restringir la libertad de expresión por la vía penal; ii) estudiará si la protección
de la reputación de los jueces sirve una finalidad legítima de acuerdo con la Convención y
determinará, en su caso, la idoneidad de la sanción penal para lograr la finalidad
perseguida; iii) evaluará la necesidad de tal medida, y iv) analizará la estricta
proporcionalidad de la medida, esto es, si la sanción impuesta al Sr. Kimel garantizó en
forma amplia el derecho a la reputación del funcionario público mencionado por el autor
del libro, sin hacer nugatorio el derecho de éste a manifestar su opinión.
i) Estricta formulación de la norma que consagra la limitación o restricción
(legalidad penal)
59. La Comisión alegó que "se utilizaron los delitos contra el honor con el claro propósito
de limitar la crítica a un funcionario público". En este sentido, sostuvo que "la descripción
de las conductas de calumnia e injurias tiene... tal ambigüedad, amplitud y apertura que
permite... que las conductas anteriormente consideradas como desacato sean
sancionadas indebidamente a través de estos tipos penales". Además, la Comisión opinó
que la "mera existencia [de los tipos penales aplicados al Sr. Kimel] disuade a las
personas de emitir opiniones críticas respecto de la actuación de las autoridades, dada la
amenaza de sanciones penales y pecuniarias". Al respecto, indicó que "si el Estado decide
conservar la normativa que sanciona las calumnias e injurias, deberá precisarla de forma
tal que no se afecte la libre expresión de inconformidades y protestas sobre la actuación
de los órganos públicos y sus integrantes".

60. Los representantes indicaron que la figura de injurias "se refiere a una conducta
absolutamente indeterminada", toda vez que "la expresión `deshonrar' como la de
`desacreditar' a otro, no describe conducta alguna". Por ello, consideraron que "no existe
un parámetro objetivo para que la persona pueda medir y predecir la posible ilicitud de sus
expresiones sino, en todo caso, se remite a un juicio de valor subjetivo del juzgador".
Agregaron que la figura de calumnia "resulta también excesivamente vaga". Concluyeron
que la "vaguedad de ambas figuras ha resultado manifiesta", dado que el Sr. Kimel "fue
condenado en 1ª instancia por injurias, y luego por calumnias".

61. Esta Corte tiene competencia -a la luz de la Convención Americana y con base en el
principio iura novit curia, el cual se encuentra sólidamente respaldado en la jurisprudencia
internacional- para estudiar la posible violación de las normas de la Convención que no
han sido alegadas en los escritos presentados ante ella, en la inteligencia de que las
partes hayan tenido la oportunidad de expresar sus respectivas posiciones en relación con
los hechos que las sustentan.

8
62. En el presente caso ni la Comisión ni los representantes alegaron la violación del art.
9, CADH. que consagra el principio de legalidad. Sin embargo, el tribunal estima que los
hechos de este caso, aceptados por el Estado y sobre los cuales las partes han tenido
amplia posibilidad de hacer referencia, muestran una afectación a este principio en los
términos que se exponen a continuación.

63. La Corte ha señalado que "es la ley la que debe establecer las restricciones a la
libertad de información". En este sentido, cualquier limitación o restricción debe estar
prevista en la ley, tanto en sentido formal como material. Ahora bien, si la restricción o
limitación proviene del derecho penal, es preciso observar los estrictos requerimientos
característicos de la tipificación penal para satisfacer en este ámbito el principio de
legalidad. Así, deben formularse en forma expresa, precisa, taxativa y previa. El marco
legal debe brindar seguridad jurídica al ciudadano. Al respecto, este tribunal ha señalado
que:

La Corte entiende que en la elaboración de los tipos penales es preciso utilizar términos
estrictos y unívocos, que acoten claramente las conductas punibles, dando pleno sentido
al principio de legalidad penal. Este implica una clara definición de la conducta
incriminada, que fije sus elementos y permita deslindarla de comportamientos no punibles
o conductas ilícitas sancionables con medidas no penales. La ambigüedad en la
formulación de los tipos penales genera dudas y abre el campo al arbitrio de la autoridad,
particularmente indeseable cuando se trata de establecer la responsabilidad penal de los
individuos y sancionarla con penas que afectan severamente bienes fundamentales, como
la vida o la libertad. Normas como las aplicadas en el caso que nos ocupa, que no
delimitan estrictamente las conductas delictuosas, son violatorias del principio de legalidad
establecido en el art. 9 , CADH.

64. Como quedó establecido anteriormente, el Sr. Kimel fue condenado en 1ª instancia por
el delito de injurias. El tipo penal aplicado fue el art. 110 , CPen. que establece: “El que
deshonrare o desacreditare a otro, será reprimido con multa de $ 1500 a $ 90. 000 o
prisión de un mes a un año”.

65. Posteriormente, fue absuelto por la sala VI de la Cámara Nacional de Apelaciones en


lo Criminal y Correccional. Por último la Corte Suprema de Justicia se apartó de la
calificación originaria del delito y decidió que los hechos imputados al Sr. Kimel
configuraban el ilícito tipificado en el art. 109 , CPen., que establece: La calumnia o falsa
imputación de un delito que dé lugar a la acción pública, será reprimida con prisión de uno
a tres años.

66. La Corte resalta que en el presente caso el Estado indicó que "la falta de precisiones
suficientes en el marco de la normativa penal que sanciona las calumnias y las injurias que

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impidan que se afecte la libertad de expresión, importa el incumplimiento de la obligación
de adoptar medidas contempladas en el art. 2 , Convención Americana" (supra párr. 18º).

67. En razón de lo anterior y teniendo en cuenta las manifestaciones formuladas por el


Estado acerca de la deficiente regulación penal de esta materia, la Corte considera que la
tipificación penal correspondiente contraviene los arts. 9 y 13.1 , CADH., en relación con
los arts. 1.1 y 2 de la misma.

ii) Idoneidad y finalidad de la restricción

68. La Comisión alegó que la sanción impuesta al Sr. Kimel tuvo "el propósito legítimo de
proteger el honor de un funcionario público". Con todo, indicó que "los funcionarios
públicos deben ser más tolerantes a las críticas que los particulares" y que el control
democrático fomenta la transparencia de las actividades estatales, promueve la
responsabilidad de los funcionarios públicos y que "en un Estado de Derecho no existe
fundamento válido que permita sustraer de esta consideración a quienes trabajan en la
administración de la justicia".

69. Los representantes indicaron que "la Convención Americana no distingue al Poder
Judicial respecto del resto de los poderes públicos, ni establece ninguna norma específica
relacionada con la protección de la reputación de los jueces". Por el contrario, "en casos
como el presente sólo rige la norma general que permite restringir la libertad de expresión
para proteger los derechos o la reputación de los demás".

70. En este paso del análisis lo primero que se debe indagar es si la restricción constituye
un medio idóneo o adecuado para contribuir a la obtención de una finalidad compatible
con la Convención.

71. Como quedó establecido en el párr. 55º supra, los jueces, al igual que cualquier otra
persona, están amparados por la protección que les brinda el art. 11 convencional que
consagra el derecho a la honra. Por otra parte, el art. 13.2.a de la Convención establece
que la "reputación de los demás" puede ser motivo para fijar responsabilidades ulteriores
en el ejercicio de la libertad de expresión. En consecuencia, la protección de la honra y
reputación de toda persona es un fin legítimo acorde con la Convención. Asimismo, el
instrumento penal es idóneo porque sirve el fin de salvaguardar, a través de la
conminación de pena, el bien jurídico que se quiere proteger, es decir, podría estar en
capacidad de contribuir a la realización de dicho objetivo. Sin embargo, la Corte advierte
que esto no significa que, en la especie que se analiza, la vía penal sea necesaria y
proporcional, como se verá infra.

iii) Necesidad de la medida utilizada

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72. La Comisión considera que "el Estado tiene otras alternativas de protección de la
privacidad y la reputación menos restrictivas que la aplicación de una sanción penal". En
este sentido, "la protección a la reputación debe estar garantizada sólo a través de
sanciones civiles, en los casos en que la persona ofendida sea un funcionario público o
persona pública o particular que se haya involucrado voluntariamente en asuntos de
interés público" y a través de "leyes que garanticen el derecho de rectificación o
respuesta".

73. Los representantes señalaron que "cuando la conducta de una persona configura el
ejercicio regular de un derecho..., la mera existencia de una sanción -cualquiera que
fuese- importa una violación a la Convención". Respecto de las sanciones penales
alegaron que "al menos en el área de la crítica a los funcionarios públicos por sus actos
funcionales, o a quienes se vinculan voluntariamente a asuntos de interés público, el
recurso al derecho penal es contrario a la posibilidad de dar un debate amplio, ya que
desalienta la participación de la ciudadanía, incluso, de los periodistas profesionales en la
discusión de los asuntos públicos". En este sentido, el "recurso penal genera un fuerte
efecto inhibidor". Por otra parte, se manifestaron en contra de la existencia de sanciones
civiles, toda vez que éstas también "tienen un fuerte efecto inhibidor, en particular para las
personas que desempeñan la función de periodista", por "los relativamente exiguos
salarios que se abonan en los medios de prensa"; porque "resulta virtualmente imposible
afrontar las condenas que se establecen en los juicios de daños y perjuicios, sin que se
genere un colapso en la economía personal del periodista o del ciudadano común", y
porque, "salvo acaso los grandes multimedios, ningún medio de comunicación ofrece
garantías a sus trabajadores respecto de su capacidad de pago".

74. En el análisis de este tema, la Corte debe examinar las alternativas existentes para
alcanzar el fin legítimo perseguido y precisar la mayor o menor lesividad de aquéllas.

75. El ejercicio de cada derecho fundamental tiene que hacerse con respeto y salvaguarda
de los demás derechos fundamentales. En ese proceso de armonización le cabe un papel
medular al Estado buscando establecer las responsabilidades y sanciones que fueren
necesarias para obtener tal propósito. Que se haga uso de la vía civil o penal dependerá
de las consideraciones que abajo se mencionan.

76. La Corte ha señalado que el Derecho Penal es el medio más restrictivo y severo para
establecer responsabilidades respecto de una conducta ilícita. La tipificación amplia de
delitos de calumnia e injurias puede resultar contraria al principio de intervención mínima y
de ultima ratio del derecho penal. En una sociedad democrática el poder punitivo sólo se
ejerce en la medida estrictamente necesaria para proteger los bienes jurídicos
fundamentales de los ataques más graves que los dañen o pongan en peligro. Lo contrario
conduciría al ejercicio abusivo del poder punitivo del Estado.

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77. Tomando en cuenta las consideraciones formuladas hasta ahora sobre la protección
debida de la libertad de expresión, la razonable conciliación de las exigencias de tutela de
aquel derecho, por una parte, y de la honra por la otra, y el principio de mínima
intervención penal característico de una sociedad democrática, el empleo de la vía penal
debe corresponder a la necesidad de tutelar bienes jurídicos fundamentales frente a
conductas que impliquen graves lesiones a dichos bienes, y guarden relación con la
magnitud del daño inferido. La tipificación penal de una conducta debe ser clara y precisa,
como lo ha determinado la jurisprudencia de este tribunal en el examen del art. 9 , CADH.

78. La Corte no estima contraria a la Convención cualquier medida penal a propósito de la


expresión de informaciones u opiniones, pero esta posibilidad se debe analizar con
especial cautela, ponderando al respecto la extrema gravedad de la conducta desplegada
por el emisor de aquéllas, el dolo con que actuó, las características del daño injustamente
causado y otros datos que pongan de manifiesto la absoluta necesidad de utilizar, en
forma verdaderamente excepcional, medidas penales. En todo momento la carga de la
prueba debe recaer en quien formula la acusación. En este orden de consideraciones, la
Corte observa los movimientos en la jurisprudencia de otros tribunales encaminados a
promover, con racionalidad y equilibrio, la protección que merecen los derechos en
aparente pugna, sin mellar las garantías que requiere la libre expresión como baluarte del
régimen democrático.

79. De otro lado, en el marco de la libertad de información, el tribunal considera que existe
un deber del periodista de constatar en forma razonable, aunque no necesariamente
exhaustiva, los hechos en que fundamenta sus opiniones. Es decir, resulta válido reclamar
equidad y diligencia en la confrontación de las fuentes y la búsqueda de información. Esto
implica el derecho de las personas a no recibir una versión manipulada de los hechos. En
consecuencia, los periodistas tienen el deber de tomar alguna distancia crítica respecto a
sus fuentes y contrastarlas con otros datos relevantes.

80. En lo que corresponde al presente caso, es notorio el abuso en el ejercicio del poder
punitivo -como lo ha reconocido el propio Estado- tomando en cuenta los hechos
imputados al Sr. Kimel, su repercusión sobre los bienes jurídicos del querellante y la
naturaleza de la sanción -privación de libertad- aplicada al periodista.

iv) Estricta proporcionalidad de la medida

81. La Comisión alegó que "la conducta del Sr. Kimel se encuadra dentro del ámbito
razonable del ejercicio de su derecho a ejercer el periodismo de investigación, dado que
se trataba de información de evidente interés para la opinión pública argentina, fundada en
una investigación previa, que tenía por objeto aportar al debate y servir como medio
fiscalizador de un funcionario público". En este sentido, indicó que en "una sociedad que
vivió una dictadura militar como la de Argentina desde 1976 hasta 1983 la libertad de
pensamiento y expresión adquiere una importancia fundamental para la reconstrucción

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histórica del pasado y la formación de la opinión pública". En consecuencia, debe existir la
"posibilidad de que cualquier persona exprese sus opiniones de conformidad con el
pensamiento propio... de analizar con profundidad o sin ella la actuación de quienes
detentaban cargos públicos durante esa época, entre ellos, del Poder Judicial y de emitir
críticas incluso ofensivas y fuertes sobre ello". Agregó que el juez mencionado por el Sr.
Kimel "debía tolerar las opiniones críticas que se refirieran al ejercicio de su función
jurisdiccional".

82. Los representantes concordaron con la Comisión y alegaron que "los hechos sobre los
que informó el Sr. Kimel son de interés público", teniendo en cuenta que la investigación
se refería "a un caso paradigmático de la represión" y que la "investigación efectuada por
el periodista es parte de la revisión que la sociedad argentina debe realizar y de la
discusión acerca de las causas por las cuales el gobierno militar desplegó su accionar sin
haber encontrado obstáculos en el Poder Judicial". Agregaron que el Sr. Kimel "no utilizó
lenguaje alguno que pudiera considerarse abusivo" ni utilizó "palabras desmedidas ni
mucho menos ultrajantes"; que se refirió al juez "única y exclusivamente con motivo de su
actuación funcional y no incursionó en ningún aspecto de su vida o de su personalidad que
no guardara relación con su labor como funcionario público"; que en los apartados del libro
donde se manifiestan afirmaciones de hecho "todo lo que sostuvo se ajusta a la realidad" y
que "los párrafos que formaron parte del juicio penal" contienen "juicios de valor críticos
sobre el poder judicial de aquella época", razón por la cual "no son susceptibles de ser
verdaderos o falsos, ni pueden justificar, por sí mismos, una restricción a la libertad de
expresión, en tanto se trata del derecho de toda persona de opinar libremente sobre
asuntos de interés público y sobre la actuación funcional de un juez en un asunto de la
mayor relevancia pública".

83. En este último paso del análisis se considera si la restricción resulta


estrictamente proporcional, de tal forma que el sacrificio inherente a aquella no
resulte exagerado o desmedido frente a las ventajas que se obtienen mediante tal
limitación La Corte ha hecho suyo este método al señalar que:

Para que sean compatibles con la Convención las restricciones deben justificarse según
objetivos colectivos que, por su importancia, preponderen claramente sobre la necesidad
social del pleno goce del derecho que el art. 13, CADH. garantiza y no limiten más de lo
estrictamente necesario el derecho proclamado en dicho artículo. Es decir, la restricción
debe ser proporcional al interés que la justifica y ajustarse estrechamente al logro de ese
legítimo objetivo, interfiriendo en la menor medida posible en el efectivo ejercicio del
derecho a la libertad de expresión.

84. Para el caso que nos ocupa, la restricción tendría que lograr una importante
satisfacción del derecho a la reputación sin hacer negatorio el derecho a la libre
crítica contra la actuación de los funcionarios públicos. Para efectuar esta
ponderación se debe analizar i) el grado de afectación de uno de los bienes en

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juego, determinando si la intensidad de dicha afectación fue grave, intermedia o
moderada; ii) la importancia de la satisfacción del bien contrario, y iii) si la
satisfacción de éste justifica la restricción del otro. En algunos casos la balanza se
inclinará hacia la libertad de expresión y en otros a la salvaguarda del derecho a la
honra.

85. Respecto al grado de afectación de la libertad de expresión, la Corte considera que las
consecuencias del proceso penal en sí mismo, la imposición de la sanción, la inscripción
en el registro de antecedentes penales, el riesgo latente de posible pérdida de la libertad
personal y el efecto estigmatizador de la condena penal impuesta al Sr. Kimel demuestran
que las responsabilidades ulteriores establecidas en este caso fueron graves. Incluso la
multa constituye, por sí misma, una afectación grave de la libertad de expresión, dada su
alta cuantía respecto a los ingresos del beneficiario

86. Respecto al derecho a la honra, las expresiones concernientes a la idoneidad de


una persona para el desempeño de un cargo público o a los actos realizados por
funcionarios públicos en el desempeño de sus labores gozan de mayor protección,
de manera tal que se propicie el debate democrático. La Corte ha señalado que en
una sociedad democrática los funcionarios públicos están más expuestos al
escrutinio y la crítica del público. Este diferente umbral de protección se explica
porque se han expuesto voluntariamente a un escrutinio más exigente. Sus
actividades salen del dominio de la esfera privada para insertarse en la esfera del
debate público. Este umbral no se asienta en la calidad del sujeto, sino en el interés
público de las actividades que realiza, como sucede cuando un juez investiga una
masacre en el contexto de una dictadura militar, como ocurrió en el presente caso.

87. El control democrático a través de la opinión pública fomenta la transparencia de


las actividades estatales y promueve la responsabilidad de los funcionarios sobre
su gestión pública. De ahí la mayor tolerancia frente a afirmaciones y apreciaciones
vertidas por los ciudadanos en ejercicio de dicho control democrático. Tales son las
demandas del pluralismo propio de una sociedad democrática, que requiere la
mayor circulación de informes y opiniones sobre asuntos de interés público.

88. En la arena del debate sobre temas de alto interés público, no sólo se protege la
emisión de expresiones inofensivas o bien recibidas por la opinión pública, sino
también la de aquellas que chocan, irritan o inquietan a los funcionarios públicos o
a un sector cualquiera de la población.. En una sociedad democrática, la prensa
debe informar ampliamente sobre cuestiones de interés público, que afectan bienes
sociales, y los funcionarios rendir cuentas de su actuación en el ejercicio de sus
tareas públicas.

89. La crítica realizada por el Sr. Kimel estaba relacionada con temas de notorio
interés público, se refería a un juez en relación con el desempeño de su cargo y se

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concretó en opiniones que no entrañaban la imputación de delitos. Tal como indicó la
sentencia de 1ª instancia (supra párr. 43º), el párrafo por el que fue procesado el Sr. Kimel
involucraba una opinión y no el señalamiento de un hecho:

Kimel... se limita a abrir un interrogante... En modo alguno, conforme doctrina y


jurisprudencia imperantes en la materia, podría sostenerse válidamente que tales epítetos
puedan constituir la atribución de una conducta criminal, en los términos requeridos por la
figura típica y antijurídica de calumnia. El interrogante como tal, no puede implicar una
imputación concreta, sino una mera valoración perfectamente subjetiva -y librada al
subjetivismo también del lector-, por parte del autor, de una no menos subjetiva
apreciación del valor probatorio de los elementos de juicio, incorporados al proceso, por
parte del querellante. Tratase, en fin, de una crítica con opinión a la actuación de un
magistrado, frente a un proceso determinado. Pero la diferente apreciación de los hechos
y circunstancias, en modo alguno, puede implicar la clara y rotunda imputación de un
delito de acción pública.

90. Sobre el notorio interés público de los temas en torno a los cuales el Sr. Kimel
emitió su opinión, cabe resaltar su testimonio en audiencia pública (supra párr. 9º),
no controvertido por el Estado:

La masacre de San Patricio había sido considerado el hecho de sangre más importante
que sufrió la Iglesia Católica a lo largo de varios siglos de existencia en la Argentina. El
objetivo único y principal del libro evidentemente había sido contar el asesinato de los
religiosos palotinos, dar luz a aquello que había permanecido oscuro e invisible a la
sociedad, la tremenda historia del asesinato de cinco religiosos en su casa masacrados de
la manera más horrible.

91. El Sr. Kimel emitió una opinión que no tenía relación con la vida personal del
juez querellante ni le imputaba una conducta ilícita, sino que se relacionaba con la
causa judicial a su cargo.

92. La Corte observa que el Sr. Kimel realizó una reconstrucción de la investigación
judicial de la masacre y, a partir de ello, emitió un juicio de valor crítico sobre el
desempeño del Poder Judicial durante la última dictadura militar en Argentina. En la
audiencia pública del presente caso (supra párr. 9º), el Sr. Kimel resaltó que el texto en el
que se refiere al juez querellante era "un párrafo que debía estar en el libro porque
contenía, a pesar de su brevedad, un dato significativo: cual había sido la conducta de la
justicia argentina durante aquellos trágicos años de la dictadura militar para investigar el
asesinato de los sacerdotes". El Sr. Kimel no utilizó un lenguaje desmedido y su opinión
fue construida teniendo en cuenta los hechos verificados por el propio periodista.

93. Las opiniones vertidas por el Sr. Kimel no pueden considerarse ni verdaderas ni
falsas. Como tal, la opinión no puede ser objeto de sanción, más aún cuando se

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trata de un juicio de valor sobre un acto oficial de un funcionario público en el
desempeño de su cargo. En principio, la verdad o falsedad se predica sólo respecto
a hechos. De allí que no puede ser sometida a requisitos de veracidad la prueba
respecto de juicios de valor.

94. Teniendo en cuenta lo anterior, la Corte concluye que la afectación a la libertad de


expresión del Sr. Kimel fue manifiestamente desproporcionada, por excesiva, en relación
con la alegada afectación del derecho a la honra en el presente caso.

95. En razón de todo lo expuesto en el presente capítulo y teniendo en cuenta la confesión


de hechos y el allanamiento del Estado, el tribunal considera que éste violó el derecho a la
libertad de expresión consagrado en el art. 13.1 y 13.2 , CADH., en relación con la
obligación general contemplada en el art. 1.1 de la misma, en perjuicio del Sr. Kimel.

Por tanto, la Corte declara, por unanimidad, que:

1. Acepta el reconocimiento de responsabilidad internacional efectuado por el Estado, en


los términos de los párrs. 18º a 28º de esta sentencia, y manifiesta que existió violación
del derecho a la libertad de expresión, consagrado en el art. 13.1 y 13.2 , CADH., en
relación con las obligaciones generales establecidas en los arts. 1.1 y 2 de dicho tratado,
en perjuicio del Sr. Eduardo Kimel, en los términos de los párrs. 51º a 95º de la presente
sentencia.

2. Acepta el reconocimiento de responsabilidad internacional efectuado por el Estado, en


los términos de los párrs. 18º a 28º de esta sentencia, y manifiesta que existió violación al
derecho a ser oído dentro de un plazo razonable, consagrado en el art. 8.1 , CADH., en
relación con la obligación general establecida en el art. 1.1 de dicho tratado, en perjuicio
del Sr. Eduardo Kimel, en los términos de los párrs. 96º y 97º de la presente sentencia.

3. El Estado violó el principio de legalidad consagrado en el art. 9 , CADH., en relación


con los arts. 1.1 y 2 de la misma, en perjuicio del Sr. Eduardo Kimel, en los términos de
los párrs. 61º a 67º del presente fallo.

4. Acepta el retiro de alegaciones de los representantes relativas al derecho a ser oído por
un juez imparcial, contemplado en el art. 8.1 , al derecho a recurrir del fallo ante juez o
tribunal superior, consagrado en el art. 8.2.h , y al derecho a la protección judicial,
estipulado en el art. 25 , CADH., en los términos del párr. 26º de la presente sentencia.

5. Esta sentencia constituye per se una forma de reparación.

6. El Estado debe realizar los pagos de las cantidades establecidas en la presente


sentencia por concepto de daño material, inmaterial y reintegro de costas y gastos dentro

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del plazo de un año a partir de la notificación de la presente sentencia, en los términos de
los párrs. 110º, 119º y 133º de la misma.

7. El Estado debe dejar sin efecto la condena penal impuesta al Sr. Kimel y todas las
consecuencias que de ella se deriven, en el plazo de seis meses a partir de la notificación
de la presente sentencia, en los términos de los párrs. 121º a 123º de la misma.

8. El Estado debe eliminar inmediatamente el nombre del Sr. Kimel de los registros
públicos en los que aparezca con antecedentes penales relacionados con el presente
caso, en los términos de los párrs. 121º a 123º de esta sentencia.

9. El Estado debe realizar las publicaciones señaladas en el párr. 125º de esta sentencia,
en el plazo de seis meses a partir de la notificación de la misma.

10. El Estado debe realizar un acto público de reconocimiento de su responsabilidad,


dentro del plazo de seis meses a partir de la notificación de la presente sentencia, en los
términos del párr. 126º de la misma.

11. El Estado debe adecuar en un plazo razonable su derecho interno a la Convención


Americana sobre Derechos Humanos , de tal forma que las imprecisiones reconocidas por
el Estado (supra párrs. 18º, 127º y 128º) se corrijan para satisfacer los requerimientos de
seguridad jurídica y, consecuentemente, no afecten el ejercicio del derecho a la libertad de
expresión.

12. Supervisará la ejecución íntegra de esta sentencia, y dará por concluido el presente
caso una vez que el Estado haya dado cabal cumplimiento a lo dispuesto en la misma.
Dentro del plazo de un año, contado a partir de la notificación de esta sentencia, el Estado
deberá rendir a la Corte un informe sobre las medidas adoptadas

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