Carlofrancos
Carlofrancos
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de Colonia). Entonces intervino Clodoveo con los salios y, tras violentos combates, los
alamanes tuvieron que someterse (496).
Quedaban así los francos dominando la Galia desde el Rin al Loira, el rey franco
prepara hábilmente la campaña, obteniendo la colaboración de los borgoñones y de los
francos ripuarios. Para completar su obra Clodoveo necesitaba establecer una mas
estrecha con la otra rama franca, la de los ripuarios, Ligeberto, fue asesinado por su hijo
Cloderico, crimen al que no fue ajeno Clodoveo, después (hacia 509), pudo este
arreglárselas para que los ripuarios le aclamaran como sucesor.
Se lanzo posteriormente contra los Turingios, luego contra los Alamanes, en forma
victoriosa, los vence en la batalla de Tolbiac, se dirigió al sur contra los Burgundios,
con poco éxito.
No tuvo el mismo éxito con los borgoñones, que se extendían del Rodano al Aar (Suiza)
y desde el Saona a la Provenza (río Durance). Clodoveo se alió con uno de los reyes
burgundios, Godegiselo contra el otro rey Gondebaldo al que derrotaron en Dijon (500),
pero pudo salvarse gracias a la ayuda del visigodo Alarico II. Luego este reacciono en
forma inesperada matando a su hermano en Vienne, quedando Gondebaldo como único
rey de Borgoña. La tentativa de Clodoveo de extenderse al otro lado del Ródano había
fracasado totalmente.
Contra los visigodos de Alarico II hasta la victoria decisiva de Vouillé en el 507 donde
muere este rey y conquista Aquitania. Por ultimo con motivo de la campaña contra los
Alamanes.
Teodorico le impidió hacerse de todo el territorio visigótico, le faltaron Provenza y
Septimania, impidiéndole así acceder a las costas del Mediterráneo. Después de la
batalla de Vouillé Clodoveo fijo su residencia en Paris donde murió y la región del Sena
será la tierra preferida de sus sucesores de la dinastía merovingia. Conscientes los
francos d su debilidad numérica, no intentaron dispersarse, y desde sus bases del Norte
ejercieron el dominio de sus extensos territorios.
Al morir Clodoveo (511) no quedaba en la Galia ninguna otra política organizadora,
salvo el vacilante reino de los brogoñones, Clodoveo había comenzado como uno de los
tantos jefes del pueblo salio, pero logra imponerse a los suyos en plena juventud y
muere a los 45 años acatado como único rey de todos los francos, el “Regnum
Francorum” era el mas extenso de los reinos bárbaros. Los romanos de la Galia vieron
en el su liberador, no tanto de la barbarie de los visigodos, como de la herejía de los
arrianos, manifestó una ambición sin limites, una mentalidad bárbara, con una
temperamento cruel y cierta habilidad política exenta de todo escrúpulo.
Repartió su reino entre sus 4 hijos Teodorico, Clodomir, Childeberto y Clotario como si
fuese un patrimonio privado, en Reims, París, Soissons y Orleans pero no desapareció la
idea de unidad y la expansión franca que continuó su curso. Estos a pesar de las fuertes
disensiones internas, conducidos con una violencia brutal y en medio de los crímenes
más espantosos no solo supieron mantener la dominación franca en la Galia, sino que
lograron extenderla mas allá de las fronteras. Los hijos de Clodoveo formaron, en 523,
una coalición para la conquista de Borgoña que atacaron por el Norte y Toeodorico que
invadía por Provenza. Sorprendido por este doble ataque Segismundo, hijo y sucesor de
Gondebaldo, fue capturado con su mujer e hijos, por orden de Clodomir fueron
arrojados vivos a un foso. Se hizo cargo de la defensa de Borgoña Godomas, hermano
del anterior, quien contando con un fuerte apoyo popular, excitados los ánimos por le
martirio de Segismundo, forzó a los francos a capitular en Vézoronce (25 de julio de
524) Clodomir fue hecho prisionero y su cabeza paseada en triunfo por Borgoña.
Poco después los francos renovaron su ataque (532), ahora con pleno éxito, Teodorico
había muerto (526). Los hijos de Clodoveo ocuparon tras dos años de lucha toda la
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Borgoña (534), contando por primera vez una salida al Mediterráneo y una ruta abierta
hacia Italia. La ocupación de Marsella, principal puerto de Provenza, por Teodoverto,
nieto de Clodoveo.
Al mayor de los cuatro hijos de Clodoveo, toco la parte más peligrosa, que lindaba con
Germania.
En Italia aprovechándose de las luchas entre ostrogodos y bizantinos ofreciendo sus
servicios a unos y otros y traicionando a todos, las tropas de Teodoberto avanzan por el
Norte del país. Mas tarde (553 – 554), con Teodobaldo, hijo de Teodoberto, ocupan el
valle del Po y llegan hasta Venecia, y en una expedición de saqueo alcanzan la Italia
meridional.
Este mismo año (554) Italia quedo incorporada al Imperio y los francos renuncian por
largo tiempo a sus empresas.
En las tierras situadas a la orilla derecha del Rin, los éxitos de los francos son más
duraderos. Los alamanes fueron sometidos por Teodoberto (526); la Turingia,
comprendida entre el Fulda y el Vena, lo fue por Teodorico y Clotario tras una batalla
librada a orillas del Unstrut (531) y convertido en un gran ducado franco. En el interior
del reino franco se percibe un manifiesto predominio de las tierras del Norte sobre el
Sur, de la región entre el Rin y el Loira sobre la Aquitania y Provenza.
Los conflictos dinásticos conforme iban muriendo los hijos de Clodoveo, se integraba
su herencia a los sobrevivientes, así Clotario rey de Soissons, el ultimo vivo,
reconstruyo la unidad, pero a su muerte se produjeron nuevos repartos. Las diversas
ramas de la dinastía se agotaron en luchas de extrema violencia hasta que en el 613
Clotario II logro, de nuevo, unificar el reino. Su hijo Dagoberto I gozo de popularidad, y
aunque cruel y libertino, gobernó prudentemente, pero a su muerte el reino fue
nuevamente dividido.
La mediocridad de sus sucesores (llamados reyes holgazanes) acarrearon la decadencia
de la dinastía merovingia, lo que fue aprovechado por los grandes dignatarios, en
especial los mayordomos de palacio como Pipino II de Herstal que con la victoria de
Therty, aplasto a la aristocracia neustriana, fue decisiva y si bien permitió que
subsistiesen dos reyes merovingios y un mayordomo de palacio de Neustria, fue el
dueño y señor absoluto, aumentando su familia, acumulo en sus manos la custodia del
tesoro, la designación de los cargos y la preparación de los tratados. Su hijo Carlos
Martel después de la victoria de Poitiers (732) que detuvo el avance árabe, consiguió el
reconocimiento de la Iglesia y de los países francos, su hijo Pipino III el Breve destrono
a Childerico III y la Asamblea de Soissons consagro el cambio de dinastía.
En poco mas de medio siglo el reino franco había venido a dominar sobre las tierras que
antes se repartían entre los francos, “romanos”, alamanes, visigodos y borgoñones. Su
fuerza expansiva se proyecta hacia Germania donde ejerce una verdadera hegemonía.
Justamente con el reino de los godos; reconstruido en España, será a mediados del siglo
VI la única fuerza de enfrentarse con las ambiciones reunificadotas del Imperio de
Constantinopla.
Dentro de la Galia se acusa pronto una clara distinción entre los territorios del Norte,
mas germanizados y donde el nombre de Roma se olvida pronto, de los del Sur, donde
los galorromanos, que conservan, gran parte de sus propiedades, siguen predominando
en la vida publica. Estas diferencias se señalan en todos los órdenes de la vida pública y
cultural (lengua, derecho, ceremonial diplomático, etc.) y perduran varios siglos.
La monarquía de Clodoveo, cuyas tierras habían sido conquistadas no al Imperio, sino a
otros bárbaros, no iba a aceptar un derecho que los provinciales romanos no estaban en
condiciones de imponer. Así por una tolerancia mutua, romanos y bárbaros convivieron
mucho tiempo regidos cada uno por leyes distintas.
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En los contratos, en el procedimiento y en el derecho penal – que entraba en la esfera
del derecho privado – se aplicaba la Ley Sálica o la Ley Romana según la condición de
los interesados que se adquiría por nacimiento, pues a nadie estaba permitido elegir su
ley.
La legislación de los salios y ripuarios era sumamente arcaica, esta enteramente libre de
influencias romanas. La Ley Sálica cuya primitiva recopilación debe atribuirse a
Clodoveo (508 – 511) casi no contiene más que tarifas de penas, según el sistema de
“composiciones” pecuniarias propio del derecho germánico. De los 65 artículos de la
versión primitiva de la ley, 45 no son sino tarifas penales. Toda demanda ante los
tribunales debía iniciarse con una declaración de la ley bajo la cual se vivía. Por esas
declaraciones vemos el éxito que tuvo tan rudimentaria legislación en Europa
Occidental debido a las conquistas que llevaron a cabo los francos y el prestigio que
siempre acompañaba al derecho del vencedor. En las zonas más densamente pobladas
por los francos – entre el Mosa y el Rin – el derecho romano desapareció totalmente,
poco a poco los romanos del Norte de Francia aun cuando fuesen más numerosos que
los francos fueron aceptando ciertos usos germánicos; en el Sur, donde la población
franca era casi nula, ocurrió exactamente lo contrario. Así, al cabo de algún tiempo, el
territorio regido por los francos se encontró repartido geográficamente entre dos
legislaciones, una germánica, apenas codificada, en la que predominaba el derecho
consuetudinario y otra, de derecho escrito, basado en la legislación romana. Las últimas
innovaciones hechas a las distintas leyes sobre un mismo territorio, desaparecen en
Francia a lo largo del siglo X.
Circunstancias que favorecieron la fusión:
El ejército fue otro poderoso agente para borrar diferencias, fue en la época imperial un
factor de romanización, se componía de hombres libres capaces de empuñar las armas,
pronto godos y francos se extendieron a los pueblos sometidos.
Los francos para conquistar la Galia tuvieron que recurrir a la ayuda de los burgundios,
necesitaban contar con los galorromanos para proseguir su política expansiva en Italia y
Germania; pronto los veremos celebrar con entusiasmo no solo empresas exteriores,
sino múltiples querellas intestinas de la Francia merovingia. La lengua no llego a ser un
obstáculo insuperable.
Aun en los francos la autoridad no aparece firmemente asentada. Obra de Pepino el
Breve y Carlomagno fue el encausar el occidente cristino en una sola dirección.
Comparado con el Imperio romano se advierte la diferencia de que no comprende todo
el Occidente (faltan España, Inglaterra y parte de Italia) el uno se apoyaba en el
Mediterráneo, el otro es esencialmente continental. El Mediterráneo y el mar juegan
poco en la política y la economía del nuevo imperio. Su núcleo radicaba en tierras
situadas entre el Loira y el Rin. La vida económica muy amortiguada y parcelada, vera
su comercio reducido al mínimo, y este centrado en las costas del Mar del Norte y sus
ríos tributarios, ya que las costas del Mediterráneo están dominadas por el Islam. El
significado ideológico del Imperio romano escapaba a las mentes carolingias.
El Papa Esteban II apremiado `por el lombardo Astolfo acudía a la corte de de Pipino
solicitando protección. Falto de apoyo de Bizancio, que acababa de peder el Exarcado
de Ravena, el Papa se resistía a caer en la orbita lombarda, solo podía contar con el
socorro del rey de los francos, y este cumplió su deuda con fidelidad, Pipino accedió,
pero primero trato de negociar con Astolfo; lo que fracasa y el ejercito franco se dirige a
Italia en la primavera de 755, Astlfo, sitiado en Pavía, se apresuro a solicitar la paz,
comprometiéndose a entregar a Pipino el Exarcado de Ravena y otras conquistas, de los
que éste hizo inmediata donación al Papa y Pipino creyendo cumplida su misión regreso
a Francia. Pero Astolfo, tan pronto como se alejo el ejército franco, hizo caso omiso de
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sus promesas y, no solo no devolvió las plazas tomadas al Imperio, sino que el 1º de
marzo de 756 cercaba de nuevo Roma con 3 ejércitos.
Ante nuevas llamadas del Papa, Pepino vuelve a sitiar a Astolfo en Pavía y, en un
segundo tratado, se renuevan los acuerdos del primero con nuevas concesiones y
garantías. Astolfo se comprometía ahora a pagar una contribución de guerra, además del
tributo que con anterioridad estaban sometidos los reyes lombardos; el abad de Saint
Denis, Futrado, fue el encargado de tomar posesión de las tierras y plazas que, por
mediación de Pipino, eran entregadas al Papa. Estas eran 22 situadas en el Exarcado de
Pentápolis y Emilia, de cuyas llaves hizo Pipino entrega a Esteban II juntamente con un
diploma, hoy perdido, que deposito en el altar de San Pedro.
Tal es el origen de los Estados Pontificios. Los territorios donados por Pepino habían
pertenecido hasta entonces al Imperio, y los donaba al Papa por derecho de conquista.
El Papa venia a sustituir al imperio en estas tierras que Pipino recuperaba de los
Lombardos.
La falsa “donación de Constantino” en que se ha querido basar la creación de los
Estados Pontificios, que fue invocada muchas veces por el papado para justificar
reclamaciones territoriales y prerrogativas imperiales, pero cuya falsificación parece
mas lógica situar en le pontificado de Paulo I (757 – 767), hermano y sucesor de
Esteban II, o quizás en el de Adriano I (772 – 795).
Pipino lucho por afirmar su autoridad en Septimania y Aquitania, territorios no
ocupados hasta entonces por los francos y que Pipino logro incluir dentro de sus
fronteras. La Septimania ocupada por los musulmanes fue liberada de 752 a 759 con la
colaboración de sus naturales tras comprometerse Pipino a respetar sus antiguas leyes
góticas. En Aquitania la lucha le absorbió la mayor parte de su actividad.
Por el Este lindaban los francos con los pueblos germánicos (alamanes, bávaros,
sajones, frisones) nunca asimilados y con una fidelidad siempre cambiante.
El núcleo de la monarquía era Australia; allí solían residir los reyes, pues en ella tenia
sus propiedades privadas y de allí extraían sus mayores recursos; su propia seguridad
exigía evitar las peligrosas incursiones de sus vecinos por el Sur (alamanes) o por el
Norte (sajones, frisones).
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el rey oraba en la basílica de San Pedro, el Papa le coloco la corona de emperador en su
cabeza.
En 749 fijo su residencia permanente en Aquisgran, nunca reconoció la autoridad del
Papa sobre él, desde su punto de vista los asuntos eclesiásticos eran parte de su dominio,
así como los asuntos seculares. Aunque no intento dictar doctrinas a la Iglesia, demostró
interés en mantener la uniformidad en la disciplina y en la teología. Convoco a varios
sínodos y presidio uno de ellos.
El Papa consideraba a todos los reyes como administradores que ejercían su autoridad
para beneficio de la Iglesia.
Esta divergencia de puntos de vista anuncia el gran conflicto de los siglos XI, XII, XIII,
sobre cual de ellos debería ser la autoridad suprema de Europa occidental.
El 24 de setiembre de 768 moría Pipino dividiéndose su reino entre sus hijos Carlos y
Carcoman. Las rivalidades entre los hermanos amenazaron con romper la unidad del
reino, cuando la súbita muerte de Carcoman (771) volvía a reunir en Carlos la herencia
paterna, mientras su viuda Gerberta, y sus dos hijos se refugiaban en la corte lombarda.
Inopinadamente el rey lombardo Desiderio pone sitio a Ravena y avanza sobre Roma, el
Papa Adriano I pide ayuda a Carlos que en el verano de 773 penetra en Italia, obligado
el lombardo a refugiarse en Pavía donde después de 8 meses de asedio se entrega a
Carlos (774).
Carlos deseaba la paz en Italia a toda costa para ocuparse de los asuntos de Germania, el
Papa le instaba a que acudiese en su socorro a fin de ampliar sus territorios de acuerdo a
la confirmación de las donaciones.
La autoridad de los francos era reconocida en Italia de 787 a 788. Para halagar a los
lombardos hizo Carlos que el Papa consagrase a su hijo Pipino – de solo 4 años – como
rey de Italia (781), aunque gobernado por una regencia que se limitaba a aplicar las
decisiones políticas, militares o administrativas que se tomaban en Francia.
Sumisión de Baviera, Sajonia y Frisia, Avaros, frontera con daneses y eslavos
Treinta años de continuo batallar habían conducido a una dilatación de las fronteras del
reino franco hasta límites que no podían sospecharse. Todos los territorios incorporados
se integran en la unidad de la monarquía franca bajo una misma organización política y
una misma fe religiosa. En los puestos avanzados y peligrosos (limes, marcas) se
instaura un sistema defensivo donde los condes concentran un mayor poder militar para
hacer frente a situaciones difíciles. Peor defendidas están las costas, expuestas a los
ataques normandos por el Norte y de musulmanes por el Sur, sin que Carlomagno llegue
a oponerles una resistencia adecuada. Los nuevos estados pontificios plantearan a los
papas conflictos que requerirán la intervención cada vez mas frecuente de Carlomagno y
sus sucesores.
La gran extensión alcanzada por el Estado hacía de Carlos el árbitro de los destinos de
Occidente y de la Iglesia. Al morir Adriano I (25 de diciembre de 795) y ser elegido
para sucederle León III, hombre de condición modesta, que tropezó con alguna
oposición de la nobleza romana, su posición no era muy firme en Roma. El 25 de abril
de 799 el Papa se trasladaba del palacio de Letrán a la Iglesia de San Lorenzo, fue
descabalgado por un grupo de gentes apostadas en la ruta y molido a golpes después de
haber intentado cortarle la lengua y vaciarle los ojos. En la conjura entraban los más
altos dignatarios de la curia pontificia. Mal herido fue encerrado en un convento
próximo, de allí llevada aquella misma noche al de San Erasmo en el otro extremo de
Roma, donde gracias a la fidelidad de su camarlengo, pudo escapar para refugiarse en
San Pedro y de allí encaminarse en busca de Carlomagno quien le acogió
benevolentemente y, acompañado de una escolta de obispos y condes francos, pudo
regresar a Roma (noviembre de 799). Pero se acusaba al Papa de adulterio y perjurio.
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Carlos no estaba muy seguro de la falsedad de estas acusaciones y quería abrir una
información. Los encargados de la encuesta, ante la gravedad de las acusaciones, no se
atrevieron a tomar decisión alguna. La última palabra correspondía a Carlomagno, quien
hasta el otoño del 800 no pudo trasladarse a Roma para solventar el asunto.
Al los ojos de Alcuino tan solo el rey de los francos podía salvar a la cristiandad en tan
críticos instantes: el Papado había perdido su prestigio, el Imperio no existía, pues,
aparecía detentado por una mujer, Irene, que para asegurarse del trono no había dudado
en sacar los ojos a su propio hijo, Constantino VI (797). Vacante el Imperio, Carlos era
en aquel momento quien por la fuerza de los hechos venia a cumplir las funciones de
Emperador.
El 24 de noviembre Carlos hacia su entrada triunfal en Roma, bajo su presidencia se
reunía el 1º de diciembre un gran sínodo en la basílica vaticana para juzgar las quejas
contra el Papa. Aunque los acusadores no comparecieron, Carlos insistió en que el
pontífice se justificara mediante juramento. Al efecto, el 23 de diciembre, el Papa,
comparecía ante el sínodo. Ese mismo día llegaba a Roma una delegación de Jerusalén
trayendo para Carlos las llaves del Santo Sepulcro, del Calvario, de la ciudad misma de
Jerusalén y una bandera.
El pontífice rehabilitado celebra solemnemente la misa de Navidad en la basílica
vaticana dos días después. Antes de comenzar el oficio, al inclinarse Carlos para hacer
oración ante la “confesión” de San Pedro, el Papa León se acerco a él y le coloco una
corona sobre la cabeza. El ceremonial estaba inspirado en el que hacia desde tres siglos
venia empleándose en Constantinopla con los emperadores. León III escogía bien la
oportunidad para exaltar al rey de los francos y asegurar su protección.
De hecho la coronación imperial no afecto en nada la organización del Estado franco.
Carlos se limito a añadir un titulo más a los que ostentaba. Cuando en el año 806 regulo
la sucesión a la corona, planeo un reparto de territorio entre sus cuatro hijos, según la
costumbre franca, sin cuidarse para nada de mantener la unidad imperial, tal vez por
considerar esta simplemente como una dignidad llamada a desaparecer con su persona.
El acto del año 800 sirvió tan solo para sublimar la figura de Carlomagno, pero el Papa
había impuesto la corona al nuevo emperador y esta podía tener grandes consecuencias
pues de aquí nacerá la idea de que solo la intervención pontificia hace al emperador y
también que el Papa da la nuevo soberano algo, que sin él, no seria legitimo poseer.
La fuerza real del Estado carolingio se basaba ante todo en las cualidades excepcionales
de su jefe y su fuerza se basaba mas en lo que tenia el reino bárbaro que en la que
hubiera podido prestar el titulo imperial aceptado por Carlomagno. Ni aun tras la
coronación imperial se llega a montar una eficaz administración del Estado con órganos
propios y centralizados. El Imperio carece d capital fija, pues Aquisgrán no pasa de ser
la residencia favorita de Carlomagno desde 786, en que frecuenta sus aguas termales,
aquejado por gota.
La sumaria burocracia central difícilmente podía gobernar un reino de tal extensión pues
la mayor parte de los servicios son ajenos a la idea del Estado carolingio. Cada territorio
conservo su propia fisonomía, sus leyes, sus costumbres y aun sus condes que muchas
veces son reclutados entre las gentes del país.
Mas que las provincias, la verdadera unidad la constituyen los territorios mas reducidos:
pagus o gau (en lengua germánica), supervivencia de organizaciones mas remota, en
frente de la cual hay un conde ostentaba la plena representación del emperador en ese
territorio y sus atribuciones alcanzan tanto a la esfera civil como militar; el cargo es
revocable, pero de hecho apenas se renueva y es frecuente que un familiar suyo le
suceda en el condado; con gran arraigo en el país los condes aumentan su riqueza
territorial amparándose del cargo que ostentaban y el crecer sus recursos y sus fuerzas
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se hace mas difícil renovarlos. Un papel análogo al que el conde desempeña en su
condado lo ejercen los obispos y abades en sus diócesis y monasterios; nombrados
aquellos por el emperador, tras un simulacro de elección por los fieles, se convierten en
agentes suyos y están sometidos a sus sugestiones y a sus órdenes.
Condes, obispos y otros subordinados, son a su vez vigilados e instruidos por unos
inspectores de “palacio”: missi dominici. La institución no es nueva, pero ahora se
consolida. Suelen ir de 2 en 2 un conde y un eclesiástico, al menos una vez al año, pero
a veces hacen hasta 4 visitas al año. Su eficacia seria escasa, no olvidemos que se
reclutan entre la gente de la misma clase – nobles y eclesiásticos – que aquellos a los
que tenia que vigilar.
Siguiendo una antigua costumbre, el pueblo franco era convocado en asamblea general,
cuando se emprendía una expedición guerrera, normalmente todos los años. Si
teóricamente deben asistir todos los hombres libres, a los que alcanza el servicio de las
armas, en realidad acuden los que son vasallos del rey u ostentan cargos públicos
(condes, obispos, abades) y los que residen en lugares próximos. Carlos somete a su
deliberación no solo los asuntos militares, sino otros problemas de gobierno del Estado
o de la Iglesia, los cuales han sido cuidadosamente estudiados con antelación pos sus
consejeros privados. Pero más que deliberar los reunidos se limitan a sancionar
acuerdos, que se recogen en una ordenanza o capitulación.
La realidad es que Carlos apenas puede hacerse obedecer, ya que carece de recursos
para pagar un ejército y unos funcionarios que le sean fieles.
Las frecuentes victoriosas campañas de Carlomagno no podían dar una visión un tanto
equivoca de la fortaleza de su ejercito y de la eficacia de su organización militar. Las
continuas guerras obligan a Carlomagno a convocar al ejercito todos los años; las
expediciones solían emprenderse en julio o mas tarde en agosto y duraban hasta
setiembre u octubre; pero había además un servicio permanente de vigilancia en las
fronteras y en el litoral; el servicio militar acababa por ser una pesada carga y los que
pueden se excusen o bien reclaman “beneficios” que los compensen del abandono en
que dejan sus tierras. En todo caso la recluta del ejército queda en buena parte a merced
de los grandes propietarios. Así se explican los continuos fracasos de Carlomagno en
España e Italia donde sus tropas fueron incapaces de tomar las plazas fuertes y en 46
años de su reinado apenas se libraron 3 o 4 batallas, limitándose sus tropas a saquear los
países enemigos.
Un modo de asegurarse la fidelidad de los grandes propietarios y, por lo tanto, su
asistencia regular a las campañas militares, es ligarlos por un lazo estrecho de fidelidad:
el del vasallaje. Estos vasallos del rey – vassi dominici – eran ya muy numerosos en
tiempo de Carlomagno, ejercen cargos importantes en la corte y reciben tierras. Como
vasallos del rey escapan a la jurisdicción del conde o del tribunal local, pues están
sometidos al tribunal del “palacio”. Tampoco les convoca al ejército el conde
respectivo, sino que, en caso de movilización acuden directamente a engrosar las tropas
reales. El vasallaje facilita en ocasiones la movilización más rápida y se usaba como
procedimiento eficaz para reclutar tropas escogidas y fieles. Carlos, se da cuenta que si
difícilmente puede contar con la asistencia militar de todos los hombres libres, dispone
de sus vasallos, a los que puede castigar con la pérdida del beneficio. A la vez
contrapesa la fidelidad dudosa de sus funcionarios, otorgando a las iglesias y abadías e
privilegio de “inmunidad”. Por él se sustrae su territorio a la acción de los agentes del
poder central, haciéndose directamente responsable al propietario ante el rey de la
mayor parte de los servicios administrativos, militares y judiciales que antes
correspondían al conde de aquella jurisdicción.
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Como, a la vez, el rey no puede pagar debidamente a sus funcionarios, les otorga tierras
en beneficio; pero exigiéndoles que entren en su vasallaje. Ingresan así en vasallaje
condes, obispos y abades, cuyo nombramiento depende de la voluntad del rey.
Carlomagno fomenta, además, que los hombres libres, pequeños propietarios, entren en
vasallaje de otros grandes que ya sean vasallos suyos. Es el procedimiento de que nadie
escapa a su autoridad, siquiera sea por esta escala de vasallaje y que estos últimos
pueden cumplir sus deberes militares. Los nobles y los altos funcionarios eclesiásticos y
laicos irán así acompañados de un gran cortejo de vasallos que suplen con ventaja la
recluta militar hecha en masa. El vasallaje aparece, pues, como una necesidad de
Estado, como un modo de lograr que la autoridad del rey llegue a todos los extremos de
un reino tan extenso y a una estructura política tan rudimentaria. Carlomagno fomenta la
concesión a estos vasallos de considerables “beneficios”, único modo de atraer hacia el
vasallaje a las clases superiores. En su deseo de contar con gentes fieles, instala vasallos
suyos en regiones recién conquistadas (Aquitania, Baviera, Italia) propagando un
sistema nacido en territorio netamente franco (del Loira al Rin). El vasallaje –
especialmente el vasallaje del rey – se había convertido en un servicio honorable y
codiciado.
Un peligro implicaba este sistema. El vasallaje dejaba a los hombres libres del rey, al
interponer entre aquellos y este a un señor. Los lazos que unen a los vasallos con su
señor son más fuertes que los que unen al súbdito con el rey. En caso de conflicto
triunfa el deber del vasallo. Este obedecerá más fácilmente a su señor, que esta
inmediatamente sobre él, que al rey, mas alejado y cuya acción se hace sentir de modo
intermitente. Al faltar la autoridad enérgica de Carlomagno, la debilidad del sistema se
acuso enseguida. Los mismos vasallos reales – los que dependen directamente del rey –
alejados del poder central, caerán bajo la acción de los condes de su circunscripción en
un nuevo avance hacia el sistema feudal.
Culturalmente es autodidacta. De lengua germana, aprendió el latín que hablaba como
su idioma nativo y el griego que entendía mejor de lo que hablaba, no pudo aprender a
escribir. Su curiosidad sin límites le llevaba a estudiar literatura, historia, teología y a
esforzarse por elevar el nivel cultural de su pueblo. En su vida privada tuvo 4 mujeres y
5 concubinas, lo que no será obstáculo para que fuere canonizado y por varios siglos se
le rindió culto en las numerosas iglesias de Occidente.
Su espíritu es de un rey bárbaro, dueño de sus tierras y de sus hombres por herencia o
por conquista, pero al que su condición de jefe del pueblo cristiano impone altísimos
deberes. Estos son, ante todo de orden espiritual, propagar la fe entre los infieles,
proteger la Iglesia de Dios contra toda clase de peligros. Esto le lleva a actuar como
brazo secular de la Iglesia, no solo a mirar a la por las almas de sus súbditos, sino a
dirigir al clero del reino: decide la elección de obispos y abades, preside los concilios y
sigue de cerca las cuestiones religiosas que agitan a la cristiandad, e imponiendo su
voluntad aun en contra de la opinión del pontífice. Los obispos son tratados por él como
simples funcionarios cuya misión esencial era sin duda trabajar por la salvación de las
almas; pero empleándose en ello según los designios de emperador, que esperaba de
ellos un concurso ilimitado a la obra de su gobierno. Es verdad que todas sus
actuaciones se inspiraba Carlos en el mejor bien de la Iglesia y en la pureza de la fe;
pero debe reconocerse que llevadas las cosas al ultimo extremo estaba patente el peligro
del cesaropapismo. Sin embargo, todo este esfuerzo descansaba en la poderosa y
absorbente personalidad del emperador y, muerto éste, la reacción no se hizo esperar.
Político hábil más que capitán o legislador, supo mantener a raya a la aristocracia
franca, frenar los apetitos papales en Italia, ligar a su persona las fuerzas espirituales y a
las grandes familias del país.
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La grandeza de Carlos fue puesta de manifiesto por los años calamitosos que siguieron a
su muerte; ruptura de la unidad imperial, incapacidad frente a los enemigos exteriores,
retroceso económico y cultural. Pero pese a la quiebra de su imperio, a él deberá
occidente el haber echado las bases de su restauración eclesiástica y cultural, la
incorporación de los germanos a la cristiandad occidental y el haber suscitado la idea
del Imperio cristiano de occidente, idea llamada a llenar de contenido los siglos
subsiguientes de la Edad Media.
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