Clase No.
I. BENDICIONES DE LA JUSTIFICACION 5:1-11
Rom 5:1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor
Jesucristo;
Rom 5:2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y
nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Muchas de las bendiciones de un creyente las recibirá a futuro, pero Pablo en este pasaje anuncia
que la paz que se tiene al ser justificados por Cristo es algo que “ya se tiene en el bolsillo”, usa el
término “tenemos”.
Lejos de la salvación por medio de Cristo, todo ser humano se encuentra en enemistad, en guerra
constante contra Dios, sin importar lo que sienta, lo que crea o lo que haga para El. Pero a través
de la confianza en Jesucristo, la guerra de un pecador contra Dios, termina por toda la eternidad.
Cuando recibimos la salvación, la justificación ante Dios por medio la obra de Jesucristo, nos
proporciona un gran gozo, una inmensa alegría, la cual no se puede comparar con nada. Y debido a
esto se genera una paz “que sobrepasa todo entendimiento”, ya que dependemos de la obra
ideada por El mismo. Es quitada de nosotros la división que antes existía, la enemistad que se
había generado a causa del pecado. Por consiguientes se aleja todo afán, toda angustia y todo
temor a la muerte. A esta paz se refiere Pablo en su carta a los Colosenses; No es paz para con los
hombres, es paz para con Dios.
Flp 4:6 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda
oración y ruego, con acción de gracias.
Flp 4:7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y
vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Quien diga que los problemas se acaban cuando recibimos a Cristo está mintiendo, ya que esto
contradice el mensaje de Evangelio. Seguiremos teniendo dificultades. Pablo las tenía, pero en
medio de sus problemas el puede decir que tiene paz para con Dios. ¿Por qué? Porque él tenía sus
ojos puestos en Jesús, en la esperanza de verle algún día. El autor de Hebreos nos habla de esto:
Heb 12:2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto
delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
Cuando ponemos nuestra mirada en nuestro destino, el cual es celestial, cualquier problema o
angustia que podamos tener, podemos enfrentarla con seguridad de victoria, y esto trae paz a
nuestros corazones, sabiendo que el cielo nos espera y que vale la pena ser un Hijo de Dios.
a. Paz, Entrada y Esperanza.
Hay tres palabras en el texto, que muestran el sendero a seguir para entender el motivo del gozo
que inunda a toda persona justificada por medio de Jesucristo; veamos:
1. PAZ: Quien es justificado por la obra redentora de Jesús, recibe al Espíritu Santo de Dios, el
cual permite que se dé a luz este fruto en la vida de esa persona. Paz, debido a que se
reconcilia con Dios y es quitada la barrera que dividía a esa persona del Creador. Ahora
existe una amistad entre el hombre y Dios. A diferencia de la persona impía, la cual nunca
podrá tener esta paz; el profeta Isaías lo describe así;
Isa 57:20 Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y
sus aguas arrojan cieno y lodo.
Isa 57:21 No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos.(B)
2. ENTRADA: Cuando Cristo murió, dice la Palabra que el velo del templo se rompió en dos de
arriba abajo (Mateo 27:51), ilustrando que a partir de ese momento la entrada al lugar
santísimo no tiene restricción alguna. De la misma forma, nosotros podemos “acercarnos
confiadamente al trono de la gracia”, tenemos acceso a la misma presencia de Dios,
veamos:
Heb 4:16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar
misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
En el Antiguo Testamento, el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo solo una vez al
año, con el objetivo de expiar la iniquidad del pueblo, nadie más podía entrar. Hoy en día,
esto es diferente ya que Cristo con su sacrificio nos da entrada a la presencia de Dios, sin
ningún obstáculo. El dijo:
Jua 14:6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino
por mí.
Jua 10:9 Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará
pastos.
3. ESPERANZA. Esperamos a Jesucristo, El vendrá por nosotros muy pronto, nos llevará al
cielo, nuestro cuerpo será glorificado y viviremos para siempre con El. Él lo prometió:
Jua 14:2 En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera
dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.
Jua 14:3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para
que donde yo estoy, vosotros también estéis.
Por esta razón, Pablo dice: “Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios”.
La Esperanza no avergüenza.
Esta esperanza es la que nos permite enfrentar cualquier angustia en nuestras vidas. Cristo mismo
es un ejemplo de esto; el pasó por el mayor sufrimiento y humillación que hombre alguno pudiera
experimentar jamás; Hebreos 4:12
No se trata de que seamos masoquistas, o que le hallemos gusto a la dificultad, tristeza o angustia,
se trata más bien de que podamos sentir alegría al pensar que todo esto pasará y dentro de muy
poco, nuestra dicha será completa porque todo llanto y tristeza se acabará, Juan lo escuchó en
Patmos, veamos:
Apo 21:3 Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y
él morará con ellos; y ellos serán su pueblo,(E) y Dios mismo estará con ellos como su Dios.
Apo 21:4 Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, (F) ni habrá más
llanto, ni clamor, ni dolor;(G) porque las primeras cosas pasaron.
De esto podemos aprender a ver los problemas de otra forma, como algo que nos edifica, y nos
otorga un nuevo aprendizaje.
En medio de este mundo, lleno de catástrofes, tristeza, muerte, enfermedad, Dios nos ofrece un
oasis de esperanza. Un ejemplo de este concepto lo vemos en la travesía del pueblo de Israel por
el desierto; fue allí donde Dios “habló a sus corazones”, fue donde tuvo un encuentro personal con
ellos.
Ose 2:14 Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón.
Ose 13:5 Yo te conocí en el desierto,(A) en tierra seca.
De la misma forma nosotros nos acercamos mas a Dios, cuando sentimos su amistad, consuelo y
amor en medio de la dificultad.
b. Una manera diferente de ver las tribulaciones
Rom 5:3 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la
tribulación produce paciencia;
Rom 5:4 y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;
Rom 5:5 y la esperanza no averg:uenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros
corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.
La palabra “tribulaciones” (Thylipsis) usada allí recuerda la acción de ejercer presión al fruto del
olivo para obtener aceite, o a las uvas para obtener su jugo. De la misma forma, cualquier creyente
(enseña Pablo) que está bajo presión genera o produce elementos benéficos para su vida. Dios
tiene bendición por cada tribulación que permite que pasemos. Pablo lo declara así:
2Co 4:17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más
excelente y eterno peso de gloria;
Las “tribulaciones momentáneas” por las que pasa un Hijo de Dios, producen resistencia y
capacidad para seguir adelante sin importar cuanta oposición se pueda presentar, este es el
significado de la palabra “Hupomoné” (paciencia).
La palabra prueba tiene que ver con el carácter del cristiano, y en el contexto usado connota la
idea de la forma en que pasaban metales como oro y plata por altas temperaturas para separar de
ellos toda impureza. De la misma forma las pruebas y dificultades en nuestras vidas como Hijos de
Dios nos limpian y purifican en nuestro avance hacia lo que Dios quiere formar en nosotros.
c. Seremos salvos de la Ira.
Rom 5:6 Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.
Rom 5:7 Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara
morir por el bueno.
Rom 5:8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió
por nosotros.
Rom 5:9 Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.
Rom 5:10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo,
mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.
Rom 5:11 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo,
por quien hemos recibido ahora la reconciliación.
A su tiempo murió por los impíos.
Jesucristo tenía un plan perfecto para desarrollarlo en un tiempo determinado. No fue ni antes ni
después, todo lo hizo perfecto. Un ejemplo de esto, es cuando su madre María le va a buscar a las
bodas de Caná, Cristo le responde:
Jua 2:3 Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino.
Jua 2:4 Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.
En medio de nuestra debilidad, El nos dio vida por medio de su muerte.
Alguien que ama profundamente a otra persona, podría decir en determinado caso: “yo doy la
vida por aquel”, y esto puede suceder. Podríamos llegar a decir, yo doy mi vida por mi esposa, por
mis hijos o por mi madre y lo hacemos porque los amamos. Pero ¿podríamos hacer lo mismo por
nuestros enemigos?. Pablo ofrece esta vía de reflexión en el v. 7y 8. Mostrando que Dios si lo hizo,
El dio la vida de Su Hijo por amor a nosotros, que éramos sus enemigos, por nosotros que le dimos
la espalda al Dios tres veces santo. El muestra su amor para con nosotros, pecadores, enviando a
su Hijo para que muriera por nosotros. Esto es amor puro y sincero.
De manera pues, que nosotros, justificados en su sangre, seremos “salvos de la ira”. v.9; por esta
razón, Cristo es nuestra propiciación, como lo veíamos anteriormente. Cristo por medio de su obra
aplaca su ira para quienes reciban la salvación por medio de la fe en El.
Muestra de esto es que cuando venga la Gran Tribulación, Cristo primero arrebatará a su Iglesia, la
llevará al cielo para así derramar su ira sobre el mundo entero.
II. ADAN Y LA MUERTE
En esta porción de nuestro estudio, Pablo hace una analogía entre Adán y Cristo, la consecuencia
del pecado de Adán (La condenación a todos los hombres), y la forma de hacernos justos delante
de Dios por la obra redentora de Jesucristo. El principio común de estos dos hombres es que los
dos generaron un gran impacto sobre toda la humanidad.
a. El pecado entró en el mundo por un hombre.
Rom 5:12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la
muerte,(A) así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.
Rom 5:13 Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa
de pecado.
Rom 5:14 No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la
manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.
En el versículo 12 entendemos la forma en que el pecado hizo su ingreso en la humanidad, no
quiere decir esto que el pecado se originó con Adán, ya que el pecado tuvo su origen en Satanás
quien más adelante tentó a Adán y a Eva. Por la caída de Adán (el primer ser humano creado por
Dios) entró el pecado, y por el pecado vino la separación entre el hombre y Dios, se formó una
división entre el hombre y su Creador (la muerte), Isaías lo declara de esta forma:
Isa 59:2 pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros
pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.
La creación y caída del hombre.
Después de haber creado Dios al hombre, lo puso en el huerto del Edén para que fuera autoridad
sobre su creación, la semejanza del hombre en cuanto a Dios tiene que ver con autoridad. Dios le
puso una restricción, no debía comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, si lo hacía, esto le
conduciría a la muerte.
Gén 2:15 Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara
y lo guardase.
Gén 2:16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;
Gén 2:17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él
comieres, ciertamente morirás.
Adán pecó y este pecado generó un cambio sustancial en su naturaleza, la cual pasó de inocencia a
pecaminosidad, esta naturaleza la llevarían todos sus descendientes de allí en adelante.
La humanidad entera estaba en Adán, porque Dios creó a la humanidad como una raza
procreadora, y por medio de la procreación transmiten a sus hijos y a los hijos de sus hijos, su
propia naturaleza física, psicológica y espiritual.
Para no caer en una mala interpretación es importante entender que lo que pasó a todos los
hombres a causa del pecado fue la muerte, no el pecado. Es decir, el hombre no heredó el pecado
de Adán, el hombre heredó una naturaleza caída, una naturaleza pecaminosa. Y debido a esa
naturaleza caída, todos los hombres pecamos. Pecamos porque somos pecadores, está en
nosotros.
b. La muerte ingresó al mundo por el pecado.
Dios creó al hombre para que este no pasara por la experiencia de la muerte, esto no era parte del
plan de Dios, pero si existió la advertencia de poder estar sujeto a ella, si Adán desobedecía la
exigencia del Creador en cuanto al árbol del bien y del mal. La muerte es la consecuencia del
pecado cometido por Adán y transmitida a toda su descendencia.
Como lo dijimos anteriormente, nosotros como hombres cometemos pecados porque somos
pecadores, una persona no se convierte en fornicario porque fornica, fornica porque su corazón ya
está lleno de perversidad. Una persona no se convierte en mentirosa porque dice una mentira;
una persona dice mentira porque su corazón ya es engañoso; Nuestro corazón y nuestra
naturaleza ya está programada para hacer este tipo de cosas:
Mat 15:19 Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las
fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.
Tres tipos de muerte:
La muerte es separación, y el pecado de Adán trajo tres tipos de muerte a él y a los que vendrían
después de él, es decir, a toda su descendencia:
La primera muerte de Adán es la espiritual, esta la experimentó desde el momento mismo en que
cayó. Esta muerte impide la plena felicidad terrenal al incrédulo.
La segunda muerte es la física, aunque Adán no experimentó esta muerte en ese instante, si
quedó sujeto a ella; y de la misma forma toda su descendencia. La muerte física es la separación
de la parte inmaterial del hombre de su parte material. Esta muerte acaba con toda oportunidad
del incrédulo para obtener salvación.
La tercera clase de muerte es la eterna, es una extensión infinitamente mayor que la primera. Esta
es la que conocemos en la Biblia como la muerte segunda, descrita en el libro del Apocalipsis, la
cual trae al incrédulo castigo perpetuo, veamos:
Apo 21:8 Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y
hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y
azufre, que es la muerte segunda.
c. La muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.
Ningún ser humano ha escapado de la muerte jamás, ni siquiera Enoc y Elías quienes no pasaron
por la muerte física, ya que ellos estaban muertos espiritualmente antes de poner su confianza en
el Señor. Toda la humanidad está alejada de Dios, todos están bajo condenación, antes y después
de la ley.
Hasta Jesús murió, no por sus pecados, sino porque le fueron impuestos los pecados del hombre
sobre su cabeza. Y tuvo que recibir la paga del mismo. Pero resucitó al tercer día, venciendo el
poder de la muerte.
III. CRISTO Y LA VIDA
Rom 5:15 Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno
murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la
gracia de un hombre, Jesucristo.
La palabra “trasgresión”, quiere darnos a entender la idea de alguien que no se rige bajo la norma,
de alguien que va caminando en sentido contrario al que Dios quiere que se dirija, y a causa de esa
transgresión, murieron los muchos.
Pablo anuncia que el don (el regalo de Dios), es mucho más efectivo que el poder destructivo del
pecado, por el cual vino la muerte, por el cual “murieron los muchos”. Gracias a ese regalo dado
por Dios la trasgresión queda en un segundo plano, destruyendo cualquier responsabilidad penal
de aquel a quien se acoja a Jesucristo, de quien Pablo dice también viene la gracia. No solamente
de Dios (El Padre), sino también de Jesucristo (Su Hijo), dejando en claro su Deidad.
Paralelo entre Adán y Cristo.
ADAN CRISTO
Juicio Don
Reinado de la muerte Reinado de Vida
Condenación Justificación
Desobediencia Obediencia.
Pecado Gracia
Juicio vs. Don
Rom 5:16 Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el
juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas
transgresiones para justificación.
El alcance de la obra de Cristo es impresionantemente grande. Mientras que por un solo pecado
vino el juicio y la condenación de todos los hombres. Cristo vino para salvar no solo a un pecador
sino a la humanidad entera y poner sobre sus hombros absolutamente todas sus transgresiones
(los pecados de quienes por fe le reciban), o todos sus pecados, este es el regalo más grande que
persona alguna puede recibir, que Dios mismo sea su sustituto, veamos:
2Co 5:19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a
los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.
Reinado de la muerte vs. Reinado de Vida.
Rom 5:17 Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por
uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.
Otro contraste que vemos es el de la manera en que la muerte se enseñorea sobre la humanidad a
causa de la transgresión de un hombre, mientras que la vida reina a causa de la obra de Jesucristo
ofrecida como un don, por gracia.
Efe 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de
Dios;
Efe 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe.
Condenación vs. Justificación.
Rom 5:18 Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de
la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.
Es importante aclarar que en este versículo, cuando Pablo habla de que “por la justicia de uno vino
a todos los hombres la justificación de vida”, se refiere exclusivamente a quienes creen en
Jesucristo como salvador, ya que muchos malinterpretan este pasaje introduciendo la doctrina de
la universalidad de la salvación, es decir, creen que toda la humanidad es salva sin importar si cree
o no, y esto es contrario a lo que la Biblia enseña.
Desobediencia vs. Obediencia.
Rom 5:19 Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos
pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.
Cristo estuvo sujeto en obediencia perfecta a Su Padre; cuando fue tentado permaneció firme,
incluso en su agonía en Getsemaní se mantuvo firme. El Eterno e impecable Cristo venció con su
obediencia la desobediencia de Adán.
Ley vs. Gracia
La ley muestra el pecado, mientras que la gracia justifica (hace justo al hombre), para vida eterna
mediante Jesucristo.
Rom 5:20 Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó,
sobreabundó la gracia;
Rom 5:21 para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la
justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.