UNIVERSIDAD NACIONAL DEL SANTA
FACULTAD DE EDUCACIÓN Y HUMANIDADES
ESCUELA ACADÉMICA PROFESIONAL DE
EDUCACIÓN PRIMARIA
ENSAYO
“LA FALTA DE ESTIMULACIÓN TEMPRANA Y
SU IMPACTO EN EL DESEMPEÑO ESCOLAR”
ALUMNOS:
Crespín Ramos Keico Milca - 0202432017
Cruz Burgos Marjory Mariana - 0202432018
López Mejía Yanely Icely - 0202432037
Reyes Mendoza Jemily Karin - 0202432048
Rodríguez Velásquez Yorfranni Leonela - 0202432051
Solórzano Córdova María - 0202432055 Tinoco
Oviedo Yommi - 0202432057
ASIGNATURA:
Taller de comunicación oral y escrita II
CICLO: II
DOCENTE:
Dr. Hermes Arnaldo Lozano Luján
NUEVO CHIMBOTE – PERÚ
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ÍNDICE
INTRODUCCIÓN................................................................................................................3
LA FALTA DE ESTIMULACIÓN TEMPRANA Y SU IMPACTO EN EL
DESEMPEÑO ESCOLAR...................................................................................................5
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS..............................................................................12
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INTRODUCCIÓN
¿Qué pasaría si los primeros años de vida de un niño fueran como una página en
blanco, esperando ser llenada con palabras, estímulos y experiencias? Ahora imagina que
esa página permanece en silencio, sin las interacciones y estímulos necesarios para que las
conexiones neuronales florezcan.
¿Podría este niño desplegar su máximo potencial sin haber recibido la estimulación
adecuada en su hogar? La respuesta es no, y es que, durante esta etapa, el cerebro tiene una
gran capacidad de adaptación y crecimiento, moldeándose a través de cada interacción,
cada palabra y cada caricia. Sin embargo, cuando estos estímulos faltan, las consecuencias
pueden ser profundas, especialmente en el desarrollo cognitivo y lingüístico de los niños.
Esta situación es particularmente crítica en aquellos que presentan un déficit
psicolingüístico, donde las señales de alerta, en lugar de abordarse de manera oportuna, son
erróneamente interpretadas como simples "retrasos escolares" asociados a dificultades con
la lectura o la escritura.
Es común que a estos alumnos se les clasifique bajo etiquetas como hiperactividad,
dislexia o déficit de atención, y se les derive a programas de refuerzo escolar o
instituciones especializadas. Sin embargo, pocas veces se toma en cuenta un factor
fundamental: la falta de estimulación temprana en el hogar. El contexto familiar, la
educación limitada de los responsables y la ausencia de un entorno rico en vocabulario y
experiencias cognitivas pueden ser las verdaderas raíces de las dificultades que enfrentan
estos niños. Así lo afirman Castro y Cevallos (2021), quienes señalan que la estimulación
cerebral a temprana edad es importante para aprovechar la plasticidad del cerebro y
potenciar sus funciones, asegurando un desarrollo óptimo en todas las áreas.
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Cuando hablamos de estimulación temprana, nos referimos a un conjunto de
ejercicios y actividades que, aplicados desde el nacimiento hasta los seis años, buscan
promover el desarrollo físico, cognitivo, emocional y social del niño. Estudios como los de
Méndez y Ramos (2021) resaltan la importancia de este período crítico, donde se forman
las conexiones neuronales esenciales para la atención, la memoria y el lenguaje. La falta de
estos estímulos puede tener repercusiones a largo plazo en el rendimiento escolar,
generando una cadena de dificultades que no solo afectarán al niño, sino también a su
entorno social y al desarrollo de la sociedad en su conjunto.
En un mundo donde la educación es necesaria para el crecimiento personal y
profesional, es preocupante que muchos niños no reciban el apoyo adecuado en sus
primeros años, lo que puede dar lugar a problemas de aprendizaje que afectan su
rendimiento escolar. La estimulación temprana no solo sienta las bases para habilidades
lingüísticas y cognitivas, sino que también contribuye al bienestar emocional y social de
los niños. Reconocer la importancia de este tema nos permite identificar los desafíos
vigentes en la educación, y nos brinda la oportunidad de proponer soluciones efectivas que
aseguren que todos los niños puedan alcanzar su máximo potencial.
Es por ello, que en este ensayo se abordará cómo la falta de estimulación temprana
afecta directamente el desempeño escolar de los niños, y cómo un mal manejo de estos
problemas puede agravar las desigualdades educativas que ya existen. Comprender esta
situación es importante para que, a partir de ello, se puedan desarrollar estrategias
preventivas que no solo identifiquen de forma temprana estos déficits, sino que también
proporcionen las herramientas necesarias para apoyar el desarrollo integral de los niños. Al
final del día, un cerebro bien estimulado es un cerebro que crece, se adapta y está listo para
afrontar los retos del futuro con confianza y creatividad
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LA FALTA DE ESTIMULACIÓN TEMPRANA Y SU IMPACTO
EN EL DESEMPEÑO ESCOLAR
El niño nace con una gran cantidad de neuronas que aún no están desarrolladas, ni
maduras, además los hemisferios no funcionan totalmente, este momento es fundamental para
brindar estímulos de calidad que tendrán repercusiones durante toda la vida. Incluso en el
vientre ya se le puede brindar los estímulos adecuados para el correcto desarrollo de las
neuronas, cabe resaltar que, estos estímulos son de acuerdo a cada etapa, es decir, no se debe
sobre estimular al menor. El desarrollo cerebral depende del tipo y cantidad de estímulos,
pues el cerebro no madura por sí solo y necesita una guía para alcanzarla.
El objetivo principal de la educación temprana es «entrenar» y estimular el cerebro
del niño en el momento en que comienza a pronunciar sus primeras palabras, a moverse y a
explorar el mundo por sí mismo. En esta etapa, la intervención no solo busca aprovechar al
máximo el potencial de aprendizaje del niño, sino también enseñarle estrategias efectivas
para interactuar con su entorno y afrontar los desafíos de su desarrollo. La estimulación
temprana no debe ser vista como una terapia ni como un método de enseñanza formal, sino
como un conjunto de ejercicios cuidadosamente diseñados para potenciar y desarrollar las
funciones cerebrales, promoviendo así un desarrollo integral que favorezca el rendimiento
escolar y las habilidades sociales del niño.
Es por ello que, la estimulación temprana es un proceso esencial para el desarrollo
integral de los niños, ya que consiste en actividades diseñadas para mejorar sus capacidades
desde edades tempranas. Estas actividades no solo estimulan los sentidos, sino que también
fortalecen habilidades cognitivas como la memoria, la atención y la curiosidad, además de
favorecer el desarrollo del sistema nervioso (Rodríguez, 2023). Es importante resaltar que el
crecimiento pleno de un individuo no depende únicamente del aspecto físico, sino de una
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interacción equilibrada entre los ámbitos físico, mental, emocional y social. En este sentido,
la estimulación temprana no busca acelerar procesos de desarrollo, sino optimizar las
capacidades naturales de los niños en todas las áreas. Este enfoque integral no solo favorece
su desarrollo actual, sino que les proporciona herramientas necesarias para enfrentar con
éxito la etapa escolar y, a largo plazo, mejorar su desempeño cognitivo.
Y es que, a través de actividades lúdicas y estructuradas, se busca algo más que
entretener: se trabaja activamente en la adquisición de habilidades, como el control corporal,
la coordinación motora y la capacidad para reconocer formas, colores y sonidos, lo que sienta
las bases para aprendizajes más complejos en etapas posteriores (Pica, 2014). Esta
intervención temprana no solo optimiza el desarrollo físico, sino que también impacta
directamente en el desarrollo cognitivo, ayudando a los niños a comprender y procesar mejor
el mundo que los rodea.
Además, el desarrollo del lenguaje ocupa un lugar prioritario, ya que no se trata
únicamente de aprender a comunicarse, sino de construir la base para el pensamiento
abstracto y la resolución de problemas. Por otra parte, ignorar el fortalecimiento del vínculo
emocional entre los niños y sus cuidadores sería un error, pues el apego seguro no solo
favorece la estabilidad emocional, sino que también es un catalizador para el aprendizaje y la
exploración. Un niño que se siente emocionalmente seguro es más propenso a tomar riesgos
saludables, a explorar su entorno y a desarrollar confianza en sus propias capacidades.
Actividades que fomenten el contacto físico, el juego y una respuesta afectiva adecuada no
solo fortalecen este vínculo, sino que también brindan una base sólida para el desarrollo
socioemocional. Ignorar estos aspectos significaría privar a los niños de herramientas
fundamentales para enfrentar los retos del aprendizaje y la vida en general.
Desde esta perspectiva, sostenemos que la estimulación temprana no es solo deseable,
sino necesaria, para garantizar un crecimiento pleno que abarque los ámbitos cognitivo,
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físico, social y emocional. Sánchez Palencia (2017) subraya que estas intervenciones
contribuyen significativamente al desarrollo intelectual, físico y social del infante, sentando
las bases para un aprendizaje sólido y un desempeño óptimo en etapas posteriores.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2018), la estimulación
temprana es esencial en el ámbito cognitivo, ya que promueve el desarrollo de habilidades en
áreas como el lenguaje, la motricidad y las interacciones sociales, aspectos que definen el
nivel de funcionalidad de una persona en su entorno. Estas capacidades no solo son
importantes para el rendimiento escolar, sino que también facilitan el desarrollo de
competencias críticas para resolver problemas y adaptarse a nuevas situaciones.
Desde el aspecto motor, estas intervenciones fortalecen tanto las habilidades motoras
gruesas como las finas, lo cual es esencial para la autonomía física y la capacidad de
interactuar con el mundo que los rodea. Actividades como el gateo, el equilibrio o la
manipulación de objetos ayudan a los niños no solo a adquirir coordinación motora, sino
también a explorar y entender su entorno, sentando las bases para un desarrollo físico
saludable.
A nivel emocional, la estimulación temprana establece un vínculo seguro entre el niño
y sus cuidadores, lo que resulta necesario para su desarrollo socioemocional. Un apego
seguro fomenta la confianza, la autonomía y la capacidad de autorregulación emocional.
Según Ainsworth (1978), este tipo de vínculo afectivo es esencial para que el niño se sienta lo
suficientemente seguro como para explorar su entorno y establecer relaciones positivas con
los demás.
En definitiva, la estimulación temprana es una herramienta indispensable para el
desarrollo integral de los niños. Su impacto positivo en los aspectos cognitivos, motores y
emocionales no solo garantiza un mejor desempeño en la niñez, sino que también prepara a
los individuos para enfrentar con éxito los retos de la vida. Por ello, debemos priorizar y
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promover su implementación desde los primeros años de vida.
De acuerdo con las investigaciones, hemos podido comprender la complejidad y la
importancia del cerebro en el desarrollo infantil, lo que respalda la necesidad de una
estimulación temprana adecuada. Según Dommett (2012), al nacer, el cerebro humano
contiene alrededor de 100 mil millones de neuronas, las cuales se distribuyen principalmente
en el cerebelo y la corteza cerebral. Desde las primeras etapas del embarazo, a los 40 días, el
cerebro del embrión comienza a desarrollar sus estructuras principales, como el prosencéfalo,
mesencéfalo y rombencéfalo, cada una desempeñando funciones primordiales para el
desarrollo posterior.
Cada hemisferio cerebral tiene funciones específicas, y dentro de ellos se encuentran
varios lóbulos que son esenciales para procesos fundamentales. El lóbulo frontal, por
ejemplo, se encarga del control motor, la planificación y la toma de decisiones. El lóbulo
parietal procesa los estímulos táctiles y la percepción espacial, mientras que el lóbulo
occipital se dedica a procesar la información visual, y el lóbulo temporal a la auditiva y
social. Además, el cerebro contiene estructuras subcorticales, como el hipocampo, que
influye en la memoria y el aprendizaje, y la amígdala, que regula las emociones.
La estimulación temprana tiene un impacto directo en estos procesos, ya que favorece
la activación y el fortalecimiento de las conexiones neuronales en estas áreas específicas. El
prosencéfalo, que organiza la información sensorial y motora, se beneficia de experiencias
que fomentan el procesamiento de estímulos, mejorando las habilidades cognitivas desde una
edad temprana. Asimismo, el mesencéfalo, que facilita el desarrollo de percepciones y
reacciones sensoriales de bajo nivel, y el rombencéfalo, que controla funciones vitales como
la respiración y el equilibrio, se desarrollan de manera óptima cuando el niño recibe
estimulación adecuada.
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Para aprovechar al máximo el potencial del cerebro en sus primeras etapas, se deben
aplicar técnicas específicas de estimulación temprana que promuevan el desarrollo integral.
Existen muchos métodos para la aplicación de la estimulación temprana, sin embargo, dos
son los más aplicados y populares, el método Montessori y el método Donan.
El método Montessori: Mella (2011) señala que el método María Montessori es
un proceso educativo enfocado en facilitar el desarrollo natural de los niños
mediante la autodirección, juego, descubrimiento, colaboración, concentración,
comunicación e imaginación.
El método Donan: Quicios (2017) argumenta que se enfoca en desarrollar todas
las capacidades del niño (cognitivo, emocional, social y físico) es decir, su
desarrollo integral. Consiste en recibir y dar información, a la primera acción
Doman lo denomina inputs y la segunda outputs, con este método se tiene que
brindar estímulos correctos tanto en frecuencia y claridad para el óptimo
desarrollo cerebral del niño.
Estas técnicas de estimulación temprana se enfocan en diferentes áreas del desarrollo
infantil, promoviendo una evolución integral del niño. En cuanto a la motricidad gruesa, se
emplean actividades que mejoran la postura, la fluidez de los movimientos, el equilibrio y el
control del cuerpo en general, lo que fortalece las habilidades físicas básicas. La motricidad
fina, por otro lado, abarca tareas diseñadas para perfeccionar el uso de las manos y los dedos,
como los movimientos de agarre y pinza, esenciales para la coordinación óculo-manual y
actividades más complejas en el futuro.
En el área cognitiva, se incorporan ejercicios dirigidos a estimular habilidades como
el lenguaje, la memoria, la atención y el pensamiento crítico. Por último, el área socioafectiva
se centra en actividades que fomentan el desarrollo de habilidades sociales y la creación de
vínculos emocionales saludables, promoviendo una adecuada relación con los adultos y otros
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niños. La combinación de estas actividades, aplicadas de manera adecuada y constante,
potencia el desarrollo cerebral y garantiza un mejor desempeño en la etapa escolar y en la
vida diaria del niño.
Aunque la estimulación temprana juega un papel fundamental en el desarrollo infantil,
existen diversos factores independientes que pueden impactar negativamente en el
crecimiento y desarrollo integral de los niños.
La desnutrición: La etapa más decisiva para recibir una buena nutrición son los
primeros 1.000 días de vida, que van desde la concepción hasta su segundo
cumpleaños. Una buena nutrición es la primera línea de defensa contra numerosas
enfermedades infantiles y no solo ello, sino que ayuda al desarrollo cognitivo, pues
según investigaciones realizadas por el Instituto Nacional de Salud, la anemia es
responsable del descenso de cinco puntos en el Coeficiente Intelectual en niños con
antecedentes de esta enfermedad.
La pobreza: La pobreza familiar se correlaciona con los puntajes más bajos en la
preparación cognitiva y académica desde la edad de tres o cuatro años.
Discapacidades y retraso mental: Un niño que crece en un contexto que lucha por la
supervivencia, no tiene retos, estímulos o desafíos, ya que se presentan secuelas
inciden en el funcionamiento de las habilidades prosociales, el funcionamiento de
disfunciones, déficit de atención, lenguaje, memoria, y cognición.
Estos factores no deben ser vistos como inevitables, pero sí como aspectos que
requieren atención, ya que pueden contrarrestar los efectos positivos de la estimulación
temprana y afectar el bienestar general del niño. La intervención oportuna, tanto a nivel
familiar como institucional, puede mitigar estos efectos y asegurar un desarrollo integral más
saludable.
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De esta manera, brindar un entorno rico en experiencias y estímulos variados es
imprescindible para el desarrollo integral de los niños, ya que no solo facilita la adquisición
de habilidades específicas, sino que también juega un papel esencial en la formación de
conexiones neuronales que son la base del aprendizaje a largo plazo. Este tipo de estímulo
actúa como un catalizador para el cerebro, preparándolo para enfrentar los retos cognitivos,
emocionales y sociales que surgirán en el futuro. En este sentido, la estimulación temprana no
es simplemente una fase transitoria en la vida del niño, sino una intervención necesaria que
configura las estructuras cerebrales fundamentales, mejorando su capacidad para adaptarse,
aprender y prosperar. Por lo tanto, al invertir en un entorno estimulante desde los primeros
años, no solo se optimizan las habilidades del niño, sino que también se sientan las bases para
un buen desempeño cognitivo, un desarrollo saludable y una vida adulta plena.
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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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