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UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CUENCA SEDE

MACAS

UNIDAD ACADÉMICA DE SALUD Y BIENESTAR


CARRERA DE ENFERMERÍA

TEMA: LUCHAS OBRERAS HISTORICAS PARA


CONSEGUIR MEJORAS EN LA SALUD

ASIGNATURA: SALUD OCUPACIONAL

ESTUDIANTE: DAYMARA RUBIO

CICLO: 4 “B”

DOCENTE: Dr. JOSE POZO


INTRODUCCION
El presente trabajo describe y analiza la lucha de los obreros en defensa de las condiciones
de trabajo en general y de su salud y seguridad en el trabajo en particular. Este proyecto
de investigación forma parte de la recuperación de la historia, memoria y experiencias de
participación de los trabajadores como proceso de construcción colectiva en el ejercicio
de su derecho a la vida y a la salud en el lugar de trabajo. Como sucedió en otros conflictos
laborales desarrollados en los años setenta que resultan objeto de investigación.
El crecimiento de las asociaciones laborales ecuatorianas comenzó con unas pocas
sociedades de ayuda mutua, dispersas, a fines del siglo XIX y siguió, en 1970, hasta llegar
a más de 5000 organizaciones. La evolución de las entidades obreras es parte integral de
la dinámica histórica del país. En sus distintas etapas, los acontecimientos sociales,
políticos y económicos ayudaron a determinar el curso del movimiento laboral. Aunque
el enfoque de este estudio se orienta hacia el sector obrero y sus organizaciones, un breve
resumen de los antecedentes históricos ayudará a poner en perspectiva el papel de las
entidades laborales

DESARROLLO
“La salud no se delega”. Otro eslogan que plantea en pocas palabras varias cuestiones
esenciales. Por una parte, critica la prevención prescrita por los especialistas que
pretenden dictar a los trabajadores las reglas a seguir. Es inseparable de la reivindicación
obrera muy presente en numerosas fábricas italianas de aquella época de deshacerse de
los médicos de trabajo de las empresas y de crear servicios públicos de salud de trabajo
controlados por los trabajadores. La consigna considera que la salud es construida en el
marco de estrategias colectivas por el conjunto de las categorías implicadas. Por otra
parte, el principio de la no delegación alienta también una contestación interna en las
organizaciones sindicales. Considera que el aparato de dichas organizaciones debe
someterse a la base y que todas las decisiones estratégicas importantes deben discutirse
en asambleas. La fuerza del modelo obrero italiano se basa en gran parte en su capacidad
para encarnar en la actualidad inmediata de las luchas un proyecto emancipador para la
sociedad. Numerosos testimonios de aquella época mencionan la felicidad de los
protagonistas de las luchas en las fábricas. Podemos citar a este antiguo obrero de Fiat:
“Mucha gente dice: es duro levantarse a las cinco de la madrugada para ir a la fábrica.
Pues sí, es duro, pero para mí entrar por esa puerta por la mañana significaba
incorporarme a mi equipo y eso me hacía sentirme vivo, me hacía sentirme yo mismo.
Cuando era adolescente me decían que era un rebelde. Pues yo en Fiat estaba a gusto, la
gente me entendía. Estaba bien allí dentro. Estaba bien porque estaba rodeado de obreros.
las asociaciones laborales ecuatorianas habían desarrollado una base sólida de sociedades
de ayuda mutua El desempleo y subempleo resultante, condujeron al crecimiento de los
barrios pobres en Guayaquil, que ya estaban en condiciones deplorables, y dieron lugar a
los múltiples problemas asociados con las principales ciudades de los países
subdesarrollados de todo el mundo Si el panorama era deprimente, la desolación se
contrarrestaba por lo menos en parte con el continuo crecimiento económico que ofrecía
a los pobres de Guayaquil, al menos, una esperanza de mejoría. Los sectores del comercio,
la banca y la agricultura de exportación establecieron la política económica nacional en
su propio beneficio. Ayudados por la Ley Moratoria de 1914 que los exoneró del respaldo
de oro para su papel moneda, los bancos costeños imprimieron cada vez mayor cantidad
de billetes con su introducción en el mercado monetario nacional a través de préstamos
al Gobierno a todos los niveles. Guayaquil, con un mayor número de obreros asalariados
y, a la vez, con mayor dependencia del comercio internacional, sufría más, aunque la crisis
afectó a todas las áreas urbanas de la nación, en un mayor o menor grado. A mediados de
octubre, el alza de los precios y la escasez de artículos de primera necesidad incluidos
algunos alimentos dieron lugar a que la Confederación Obrera del Guayas pidiera
públicamente que el gobierno controlara estrictamente a los especuladores. Aun si el
sector comercial no hubiera estado tan vinculado a las autoridades locales y nacionales,
la situación ya estaba fuera del control del gobierno. Pero ni siquiera se hizo un intento,
y los rumores de que habría problemas laborales eran cada vez más numerosos e
insistentes. Le fue difícil a la prensa mantener un recuento de los acontecimientos: cuando
se anunció un movimiento ferroviario el 20 de octubre, los periódicos no sabían si
describirlo como una huelga o como un alzamiento. En un intento por aplacar la protesta,
el gobierno envió tropas a Riobamba, ciudad de la sierra donde se unían las vías
ferroviarias de las líneas andinas y costeñas. Para minimizar el incidente, fuentes
gubernamentales indicaron que todos los huelguistas habían sido reemplazados por
soldados y que se había frustrado la huelga. Sin embargo, la huelga apenas había
comenzado. Los obreros en Durán, última escala del ferrocarril, habían tomado el taller
y parado todo el transporte de la costa al interior. Las implicaciones eran serias y no era
sorprendente que las autoridades intentaran restarles importancia a los acontecimientos.
El ferrocarril proporcionaba el único vínculo rápido entre las dos principales ciudades de
la nación y sus respectivas regiones. La costa dependía del interior como fuente de una
gran parte de sus alimentos, como también ocurría con muchos de los pueblos a lo largo
de la ruta del ferrocarril. (1)
Al temor del gobierno a los efectos de una huelga prolongada, se sumaba el malestar
social subyacente. Aunque las élites de la nación podrían ignorar o intentar justificar los
problemas, de todas maneras, temían la violencia social. Los grupos privilegiados sentían
pavor ante la posibilidad de una acción concertada de parte de los pobres; por lo tanto,
interpretaban a las demandas de los obreros como una amenaza a su supremacía. Los
obreros, comenzando con los huelguistas ferroviarios, intentaron distinguir entre los dos
conceptos, y recalcaban, una y otra vez, la índole pacífica de su protesta, así como el
aspecto específico de sus demandas. De acuerdo a los historiadores Óscar Efrén Reyes y
Efrén Avilés Pino, a medida que avanzaba la marcha los ánimos de los manifestantes se
caldearon por los discursos vehementes de los líderes sindicales, lo que empeoró cuando
se propagó el anuncio de que las autoridades reprimirían la marcha a la fuerza. Según
recuenta el sacerdote Carlos D. Cobo, en una carta fechada en abril de 1923, en medio
del caos un grupo de manifestantes en la calle Olmedo desarmó a un policía y a 14
militares que se encontraban custodiando una mesa electoral de consejeros municipales,
lo que de acuerdo a Miguel Ángel González Leal produjo los primeros disparos de la
tarde. Según una versión de los hechos, cuando la marcha llegó a las inmediaciones del
cuartel los policías dispararon contra los huelguistas, entre los que había mujeres y niños,
pensando que planeaban tomarse el cuartel. Más de 2.000 militares entonces se unieron a
la policía y empezaron a disparar sin tregua contra los asistentes a la marcha deformó en
actos de vandalismo y saqueos por parte de los manifestantes, aunque otros reportes
señalan que estos actos fueron cometidos por delincuentes infiltrados. En esta cronología
es luego de los asaltos que salen los batallones de militares a las calles. Muchos obreros
fueron rodeados y asesinados en medio de plazas, almacenes y viviendas. (2). Los intentos
de los manifestantes por defenderse fueron inútiles, tomando en cuenta que el ejército no
sufrió bajas. De acuerdo al poeta e historiador Alejo Capelo, líder sindical y testigo de los
hechos, civiles, aparentemente de clase social alta, se unieron a los militares y dispararon
contra los huelguistas desde sus casas. Luego de perpetrada la masacre, según relató
Capelo, las mismas personas aplaudieron a los militares mientras recorrían las calles aún
ensangrentadas. La cifra total de personas asesinadas varía de acuerdo a distintas fuentes,
con las estimaciones más bajas poniendo la cifra alrededor de un centenar de muertos y
las más altas llegando hasta 500 personas. Días después de la masacre, el gobierno inició
un juicio penal contra los trabajadores sobrevivientes, acusándolos de ser los supuestos
responsables de los disturbios suscitados. Sin embargo, el juicio sólo llegó a la etapa
sumarial. Por su lado, el director del diario El Telégrafo, José Abel Castillo, fue desterrado
y tuvo que exiliarse en Alemania por publicar un editorial en que condenaba la masacre.
De acuerdo a José Guzmán, obrero y participante de la huelga, el general Barriga asumió
toda la responsabilidad de los hechos. (3)
CONCLUSIONES
Respecto a nuestra ponencia Las luchas obreras se dan en un marco de acumulación de
bienes, capital y medios de producción, donde la puja no es solo por la distribución del
ingreso sino también por la defensa de la salud de los trabajadores. Lo narrado en esta
ponencia es una aproximación, dado que otro de los resultados al momento de su
elaboración fue preguntarnos para que sirven este tipo de investigaciones, para que sirve
este ejercicio de memoria de recuperar y conocer el pasado, si no nos lleva a reflexionar
en el presente sobre los modelos y propuestas metodológicas (de ayer y de hoy), pues no
basta hablar de modelo médico hegemónico, corriente de humanización del trabajo,
alianza de clases o lucha de clases en salud laboral, si no estamos dispuestos a decir desde
que lugar hablamos.

BIBLIOGRAFIAS

1. Movimiento Sindical de Base: Cuadernos de Información Popular 1 (II


Congreso del MSB) disponible en:
[Link]
2. Moyano, Gustavo: Sierra Grande: La Huelga minera de 1973, 2009. Disponible
en:
[Link] - Pasado y Presente, Revista nº 2/3.
3. Cangas Oña, Lola Ximena, Salazar Andrade, Lenin Bladimir, & Iglesias
Quintana, Janneth Ximena. (2021). Explotación laboral en el sector público
ecuatoriano de la salud. Dilemas contemporáneos: educación, política y valores,
9(spe1), 00089. Epub 31 de enero de 2022. Disponible en:
[Link]
4. Juan M. historias de los movimientos sociales y sindicales del Ecuador.
[Online].; 2017 [cited 2023. Disponible en:
[Link]

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