DERECHO COMERCIAL I
TITULAR DE CATEDRA: Dr. Jorge Omar Frega
ADJUNTO: Dr. Jorge Oscar Rossi
ACTIVIDAD EMPRESARIA - CONTRATOS DE EMPRESA, BURSATILES Y
FINANCIEROS
CAPITULO I
1.- Compraventas a distancia. Cláusulas usuales. Los “Incoterms”.
Convención de Viena, Ley 22.765. La letra documentada. El crédito documentario.-
Variantes. Trust receipt.-
1.1. Compraventas a distancia. Cláusulas usuales. Los “Incoterns”.
El ordenamiento positivo vigente actualmente emplea diferentes
denominaciones para referirse y regular las compraventas a distancia. El Código Civil y
Comercial de la Nación ubica el tema bajo el Título III (Contratos de consumo), y nos
habla de Contratos celebrados fuera de los establecimientos comerciales y de Contratos
celebrados a distancia. (arts. 1104 y 1105 CCCN), en tanto la ley especial 24.240 de
tutela de los consumidores, que data originalmente de 1993, dedica un acápite a la
Venta domiciliaria, por correspondencia y otras (arts. 32 y 33 LDC) con una terminología
propia de su época, pero con normas igualmente aplicables.
Esta forma de contratación se ha hecho más frecuente a raíz de los avances
tecnológicos. En tal sentido, debemos decir que en nuestro derecho interno debemos
diferenciar lo que se considera entre presentes y lo que se considera a distancia. En
efecto, nuestro Código Civil y Comercial prioriza la “inmediatez” y no la distancia física
para determinar si hay o no presencialidad. En efecto, el artículo 974 establece que “La
oferta hecha a una persona presente o la formulada por un medio de comunicación
instantáneo, sin fijación de plazo, sólo puede ser aceptada inmediatamente.” Podemos
advertir que esta norma asimila a las personas presentes con aquellas que hayan
recibido comunicación por “un medio instantáneo” y en ese caso el consentimiento se
produce sólo si hay una aceptación inmediata. En tal sentido se prioriza la “inmediatez”
a asilándose los “medios de comunicación instantáneos a la presencialidad física.
Ello cobra gran importancia cuando nos encontramos en medios telemáticos
de comunicación, llamados “on line” donde las partes se encuentran conectadas por un
medio electrónico en forma simultánea e instantánea. En esos casos la respuesta sólo
puede ser inmediata para suponer consentimiento, pero “contrario sensu” suponen una
nueva forma de “presencialidad” que podríamos llamar “virtual” y que tiene como
principal requisito que se trate de un medio instantáneo y, en consecuencia, que permita
la inmendiatez del intercambio de oferta y aceptación.
Es por eso que la normativa moderna de ocupado de esta temática en detalle.
Existen contratos de compraventa que pueden producirse dentro de nuestro
territorio nacional, o fuera de él. En este último caso nos encontramos frente al régimen
del derecho internacional.
La costumbre internacional, aceptada en nuestro país a incorporado una serie
de cláusulas o términos habituales conocidos como “international comertial terms” o
Incoterms (por su abreviatura). Estas condiciones contractuales se caracterízan por
tener un formato aceptado y reconocido internacional que se expresa en formulas
simplificadas. Las más comunes y conocidas son las cláusulas CIF, FOB, EXW entre
otras. Sus nombres corresponden a las siglas de los costos o riesgos que asume el
vendedor. Por ejemplo, CIF es costo, seguro y flete en sus siglas en inglés o FOB que
corresponde a “Free on board” -libre a bordo del buque-.
Las condiciones en sus diversas formas distribuyen las cargas obligacionales
relativas a los costos y riesgos (ambas o sólo uno de ellos) de embalaje y verificación
(en todos los casos a cargo y riesgo del vendedor), carga transporte interno y trámites
de exportación, incluidas solamente en la cláusula EXW (Ex-Works ), tanto en su costo
como riesgo; carga a bordo, flete internacional y descarga, todos incluídos en su costo
y riesgo en la cláusula FCA (Free Carrier) y sólo respecto de su riesgo en la CPT
(Carriage Paid To); y a descarga a destino que en la cláusula DPU (Delivered at Place
Unloaded) siendo que también esta se encuentra a cargo del vendedor (tanto en cuanto
al costo como al riesgo) y es la única cargo del comprador en la cláusula DDP (Delivered
Duty Paid).
En algunos supuestos el vendedor asume sólo el costo, otras sólo la
responsabilidad y en también puede asumir amabas (costo y responsabilidad). También
puede asumir el seguro como la cláusula CIP o CIF pero en algunas de sus etapas de
trasporte, carga y trámites de exportación.1
Veamos distintos supuestos de incoterms:
Ex-Works (EXW): “En fábrica” El comprador recoge las mercancías en las
instalaciones del vendedor, asumiendo los costes de transporte y riesgos con la carga
y el transporte en caso de quererlos en otro lugar.
Free Carrier (FCA): “Libre Transportista”. El comprador le indica al
vendedor donde debe de entregar las mercancías.
Carriage Paid To (CPT): “Transporte pagado hasta” El vendedor asume
los gastos de transporte para entregar la mercancía hasta el punto acordado.
Carriage and Insurance Paid To (CIP): “Transporte y Seguro pagado
hasta” Al igual que en el caso de CPT, el vendedor se responsabiliza de entregar las
mercancías en el destino acordado, asumiendo el coste del seguro y del transporte de
importación.
Delivered At Place (DAP): “Entrega en el lugar acordado” El vendedor
pone a disposición las mercancías en el punto de origen que indique el comprador. De
esta forma el vendedor prepara la mercancía, pero no se ocupa de su descarga.
Delivered Duty Paid (DDP): “Gastos de envío pagados” Al contrario que
en el DAP, el vendedor asume la máxima responsabilidad en costos y riesgo desde el
principio hasta el final. Pone la mercancía a disposición del comprador en el medio y
punto de destino designado.
Free Alongside Ship (FAS): “Franco al costado del buque” En este caso
el transporte de la mercancía se hace por barco y el vendedor se obliga a entregar la
mercancía colocándola al costado del buque indicado por el comprador y en el muelle
del puerto de embarque acordado.
Free On Board (FOB): “Franco a bordo del buque” Este término recoge lo
mismo que el FAS salvo que la entrega de la mercancía no se hace en el costado del
barco, sino a bordo del buque en el mismo puerto.
Cost and Freight (CFR): “Coste y Flete” El comprador indica al vendedor el
puerto de destino de las mercancías, siendo el vendedor el responsable de su entrega
y de asumir los costes y fletes hasta el puerto de destino.
1
Los incoterms pueden ser consultados en
[Link]
Cost, Insurance, and Freight (CIF): “Coste, seguro y Flete” Además de los
costes asumidos en el caso de CFR, el vendedor se tiene que hacer cargo también de
un seguro marítimo ante posibles daños causados en el transporte marítimo.
1.2. Convención de Viena, Ley 22.765
La Convención de Viena aprobada en nuestro país por la ley 22765, incorporó a
nuestro derecho las normas para la regulación de las compraventas internacionales de
mercaderías. Ella no aplica a mercaderías compradas para uso personal, familiar o
doméstico, salvo que el vendedor, en cualquier momento antes de la celebración del
contrato o en el momento de su celebración, no hubiera tenido ni debiera haber tenido
conocimiento de que las mercaderías se compraban para ese uso. Tampoco es de
aplicación a subastas (judiciales o no), valores mobiliarios, títulos o efectos de comercio
y dinero, buques, embarcaciones, aerodeslizadores y aeronaves ni energía eléctrica.
Finalmente tampoco se aplica a los contratos en los que la parte principal de las
obligaciones de la parte que proporcione las mercaderías consista en suministrar mano
de obra o prestar otros servicios ni a lo relativo a responsabilidad por muerte o lesiones
de personas producida por las mercaderías.
Para la Convención son compraventa los contratos de suministro de mercaderías
que hayan de ser manufacturadas o producidas, a menos que la parte que las encargue
asuma la obligación de proporcionar una parte sustancial de los materiales necesarios
para esa manufactura o producción. La Convención de Viene sólo regula la formación
del contrato de compraventa y los derechos y obligaciones del vendedor y del comprador
dimanantes de ese contrato. Salvo disposición expresa en contrario de la presente
convención, ésta no concierne, en particular: a la validez del contrato ni a la de ninguna
de sus estipulaciones, ni tampoco a la de cualquier uso y a los efectos que el contrato
pueda producir sobre la propiedad de las mercaderías vendidas. Respecto a la
formación del contrato el artículo 14 establece que “La propuesta de celebrar un
contrato dirigida a una o varias personas constituirá oferta si es suficientemente precisa
e indica la intención del oferente de quedar obligado en caso de aceptación. Una
propuesta es suficientemente precisa si indica las mercaderías y, expresa o tácitamente,
señala la cantidad y el precio o prevé un medio para determinarlos.” Fija además que
“Toda propuesta no dirigida a una o varias personas determinadas será considerada
como una simple invitación a hacer ofertas, a menos que la persona que haga la
propuesta indique claramente lo contrario.” En tal sentido establece que la oferta es
recepticia y, “aun cuando sea irrevocable, podrá ser retirada si su retiro llega al
destinatario antes o al mismo tiempo que la oferta.” (art. 15 de la Convención). Respecto
de la posible revocación de la oferta el artículo 16 establece que ella puede ser revocada
hasta que se perfeccione el contrato si la revocación llega al destinatario antes que ésta
haya enviado la aceptación. Pero la misma no puede ser revocada en los siguientes
supuestos: a) Si indica, al señalar un plazo fijo para la aceptación o de otro modo, que
es irrevocable; o, b) Si el destinatario podía razonablemente considerar que la oferta era
irrevocable y ha actuado basándose en esa oferta. Por su parte la oferta, aun cuando
sea irrevocable, quedará extinguida cuando su rechazo llegue al oferente. (art. 17
Convención de Viena).
La aceptación está definida por el artículo 18 como “Toda declaración u otro acto
del destinatario que indique asentimiento a una oferta constituirá aceptación. El silencio
o la inacción, por sí solos, no constituirán aceptación.”
También aplica para la aceptación la teoría recepcticia al sostener que “La
aceptación de la oferta surtirá efecto en el momento en que la indicación de asentimiento
llegue al oferente. La aceptación no surtirá efecto si la indicación de asentimiento no
llega al oferente dentro del plazo que ésta haya fijado o, si no se ha fijado plazo, dentro
de un plazo razonable, habida cuenta de las circunstancias de la transacción y, en
particular, de la rapidez de los medios de comunicación empleados por el oferente. La
aceptación de las ofertas verbales tendrá que ser inmediata a menos que de las
circunstancias resulte otra cosa.”
Sin perjuicio de lo expuesto vale destacar que según la Convención que si, en
virtud de la oferta, de prácticas que las partes hayan establecido entre ellas o de los
usos, el destinatario puede indicar su asentimiento ejecutando un acto relativo, por
ejemplo, a la expedición de las mercaderías o al pago del precio, sin comunicación al
oferente, la aceptación surtirá efecto en el momento en que se ejecute ese acto, siempre
que esa ejecución tenga lugar dentro del plazo establecido en el párrafo precedente.
Siguiendo las mismas reglas generales cualquier cambio a la oferta contenida en
la aceptación no configura tal. A su vez, la aceptación tardía surte efecto como
aceptación si el oferente, sin demora, informa verbalmente de ello al destinatario o le
envía una comunicación en tal sentido. También la aceptación podrá ser retirada si su
retiro llega al oferente antes que la aceptación haya surtido efecto o en ese momento.
Respecto del incumplimiento del contrato se lo considera tal en la medida que sea
esencial y cuando cause a la otra parte un perjuicio tal que la prive sustancialmente de
lo que tenía derecho a esperar en virtud del contrato. Ello salvo que la parte que haya
cumplido no hubiera previsto tal resultado y que una persona razonable de la misma
condición no lo hubiera previsto en igual situación (art. 25 de la CV).
Respecto de las obligaciones de las partes la convención establece que
el vendedor deberá entregar las mercaderías, transmitir su propiedad y entregar
cualesquiera documentos relacionados con ellas en las condiciones establecidas en el
contrato y en la convención. Por su parte el comprador deberá examinar o hacer
examinar las mercaderías en el plazo más breve posible atendidas las circunstancias.
En tal sentido, si el contrato implica el transporte de las mercaderías, el examen
podrá aplazarse hasta que éstas hayan llegado a su destino. Así, el comprador perderá
el derecho a invocar la falta de conformidad de las mercaderías si no lo comunica al
vendedor, especificando su naturaleza, dentro de un plazo razonable a partir del
momento en que la haya o debiera haberla descubierto.
En todo caso, el comprador perderá el derecho a invocar la falta de conformidad
de las mercaderías si no lo comunica al vendedor en un plazo máximo de dos años
contados desde la fecha en que las mercaderías se pusieron efectivamente en poder
del comprador, a menos que ese plazo sea incompatible con un período de garantía
contractual. A su vez, conforme el artículo 40 “El vendedor no podrá invocar las
disposiciones de los artículos 38 y 39 si la falta de conformidad se refiere a hechos que
conocía o no podía ignorar y que no haya revelado al comprador.” Se le inpone al
vendedor la obligación de entregar la mercadería libre de cualquier restricción jurídica y
establece las consecuencias del incumplimiento.
Conforme el artículo 49 de la Convención en análisis el comprador podrá declarar
resuelto el contrato: “a) Si el incumplimiento por el vendedor de cualquiera de las
obligaciones que le incumban conforme al contrato o a la presente convención
constituye un incumplimiento esencial del contrato; o b) En caso de falta de entrega, si
el vendedor no entrega las mercaderías dentro del plazo suplementario fijado por el
comprador conforme al párrafo 1 del artículo 47 o si declara que no efectuará la entrega
dentro del plazo así fijado”.
Sin embargo cuando el vendedor haya entregado las mercaderías, el comprador
perderá el derecho a declarar resuelto el contrato si no lo hace: a) En caso de entrega
tardía, dentro de un plazo razonable después de que haya tenido conocimiento de que
se ha efectuado la entrega; b) En caso de incumplimiento distinto de la entrega tardía,
dentro de un plazo razonable; i) Después de que haya tenido o debiera haber tenido
conocimiento del incumplimiento; ii) Después del vencimiento del plazo suplementario
fijado por el comprador conforme al párrafo 1 del artículo 47, o después de que el
vendedor haya declarado que no cumplirá sus obligaciones dentro de ese plazo
suplementario; o iii) Después del vencimiento del plazo suplementario indicado por el
vendedor conforme al párrafo 2 del artículo 48, o después de que el comprador haya
declarado que no aceptará el cumplimiento.” (art. 49 de la Convención de Viena).
El comprador puede optar por rebajar el precio proporcionalmente a la diferencia
existente entre el valor que las mercaderías efectivamente entregadas tenían en el
momento de la entrega y el valor que habrían tenido en ese momento mercaderías
conformes al contrato. Sin embargo, el comprador no podrá rebajar el precio si el
vendedor subsana cualquier incumplimiento de sus obligaciones conforme al artículo 37
o al artículo 48 o si el comprador se niega a aceptar el cumplimiento por el vendedor
conforme a esos artículos.
Respecto de las obligaciones del comprador se destaca la que es natural al
contrato. Así se establece que deberá pagar el precio de las mercaderías y recibirlas en
las condiciones establecidas en el contrato y en la presente convención.
Respecto del precio, el artículo 55 de la Convención de referencia fija las pautas
estableciendo que cuando no pueda surgir del contrato ni expresa ni tácitamente o
estipulado un medio para determinarlo, se considerará, salvo indicación en contrario,
que las partes han hecho referencia implícitamente al precio generalmente cobrado en
el momento de la celebración del contrato por tales mercaderías, vendidas en
circunstancias semejantes, en el tráfico mercantil de que se trate. El lugar de pago es el
determinado o en su defecto en el lugar de entrega de las mercaderías. Los gastos
ocasionados por el cambio de establecimiento de pago son a cargo del vendedor.
Respecto del plazo de pago las normas del artículo 59 que expresa. “El comprador
deberá pagar el precio en la fecha fijada o que pueda determinarse con arreglo al
contrato y a la presente convención, sin necesidad de requerimiento ni de ninguna otra
formalidad por parte del vendedor.
Es importante también destacar que el vendedor puede declarar resuelto el
contrato:
“a) Si el incumplimiento por el comprador de cualquiera de las obligaciones que le
incumban conforme al contrato o a la presente convención constituye un incumplimiento
esencial del contrato; o b) Si el comprador no cumple su obligación de pagar el precio o
no recibe las mercaderías dentro del plazo suplementario dejado por el vendedor
conforme al párrafo 1 del artículo 63 o si declara que no lo hará dentro del plazo así
fijado. No obstante, en los casos en que el comprador haya pagado el precio, el
vendedor perderá el derecho a declarar resuelto el contrato si no lo hace: a) En caso de
cumplimiento tardío por el comprador, antes de que el vendedor tenga conocimiento de
que se ha efectuado el cumplimiento; o
b) En caso de incumplimiento distinto del cumplimiento tardío por el comprador, dentro
de un plazo razonable: i) Después de que el vendedor haya tenido o debiera haber
tenido conocimiento del incumplimiento, o ii) Después del vencimiento del plazo
suplementario fijado por el vendedor conforme al párrafo 1) del artículo 63, o después
de que el comprador haya declarado que no cumplirá sus obligaciones dentro de ese
plazo suplementario.” (art. 64 de la Convención de Viena).
La pérdida o el deterioro de las mercaderías sobrevenidos después de la
transmisión del riesgo al comprador no liberan a éste de su obligación de pagar el precio,
a menos que se deban a un acto u omisión del vendedor. A su vez, conforme el artículo
67 si la compraventa implica el transporte de las mercaderías y el vendedor no esté
obligado a entregarlas en un lugar determinado, el riesgo se transmitirá al comprador en
el momento en que las mercaderías se pongan en poder del primer porteador para que
las traslade al comprador conforme al contrato de compraventa. “Cuando el vendedor
esté obligado a poner las mercaderías en poder de un porteador en un lugar
determinado, el riesgo no se transmitirá al comprador hasta que las mercaderías se
pongan en poder del porteador en ese lugar. El hecho de que el vendedor esté
autorizado a retener los documentos representativos de las mercaderías no afectará a
la transmisión del riesgo.” (art. 67 de la Convención citada).
Ahora bien, vale decir que el riesgo no se transmite al comprador hasta que las
mercaderías estén claramente identificadas a los efectos del contrato mediante señales
en ellas, mediante los documentos de expedición, mediante comunicación enviada al
comprador o de otro modo.
El mismo convenio establece en su artículo 68 que “El riesgo respecto de las
mercaderías vendidas en tránsito se transmitirá al comprador desde el momento de la
celebración del contrato. No obstante, si así resultare de las circunstancias, el riesgo
será asumido por el comprador desde el momento en que las mercaderías se hayan
puesto en poder del porteador que haya expedido los documentos acreditativos del
transporte. Sin embargo, si en el momento de la celebración del contrato de
compraventa el vendedor tuviera o debiera haber tenido conocimiento de que las
mercaderías habían sufrido pérdida o deterioro y no lo hubiera revelado al comprador,
el riesgo de la pérdida o deterioro será de cuenta del vendedor.”
La convención prevé el supuesto de previsible estableciendo que las partes podrá
diferir el cumplimiento de sus obligaciones si después de la celebración del contrato,
resulta manifiesto que la otra parte no cumplirá una parte sustancial de sus obligaciones.
Ello en razón de un grave menoscabo de su capacidad para cumplirlas o de su solvencia
o su comportamiento al disponerse a cumplir o al cumplir el contrato.
A su vez, también permite la resolución del contrato cuando fuere “patente”
(evidente) que la otra parte incurrirá en incumplimiento esencial de su obligación
principal.
2. El vendedor, si ya hubiere expedido las mercaderías antes de que resulten evidentes
los motivos a que se refiere el párrafo precedente, podrá oponerse a que las
mercaderías se pongan en poder del comprador, aun cuando éste sea tenedor de un
documento que le permita obtenerlas. Este párrafo concierne sólo a los derechos
respectivos del comprador y del vendedor sobre las mercaderías. Para ello, requiere
una comunicación con antelación “razonable” para que la otra parte pueda “dar
seguridades suficientes de que cumplirá sus obligaciones”. (art. 72 de la Convención
citada).
Cuando se trata de entregas sucesivas de mercaderías, si el incumplimiento por
una de las partes de cualquiera de sus obligaciones relativas a cualquiera de las
entregas constituye un incumplimiento esencial del contrato en relación con esa entrega,
la otra parte podrá declarar resuelto el contrato en lo que respecta a esa entrega. Lo
mismo puede ocurrir si considera que existen fundados motivos para inferir que se
producirá un incumplimiento esencial del contrato en relación con futuras entregas,
pudiendo declarar resuelto el contrato para el futuro, siempre que lo haga dentro de un
plazo razonable.
Finalmente el comprador que declare resuelto el contrato respecto de cualquier
entrega podrá, al mismo tiempo, “declararlo resuelto respecto de entregas ya efectuadas
o de futuras entregas si, por razón de su interdependencia, tales entregas no pudieren
destinarse al uso previsto por las partes en el momento de la celebración del contrato”.
(art. 73 de la Convención citada).
El incumplimiento da derecho a indemnización de daños y perjuicios por el que
comprenderá el valor de la pérdida sufrida y el de la ganancia dejada de obtener por la
otra parte como consecuencia del incumplimiento. La convención limita la misma a que
la parte que haya incurrido en incumplimiento hubiera previsto o debiera haber previsto
en el momento de la celebración del contrato, tomando en consideración los hechos de
que tuvo o debió haber tenido conocimiento en ese momento, como consecuencia
posible del incumplimiento del contrato.
También se permite que la parte que exija la indemnización podrá obtener la
diferencia entre el precio del contrato y el precio estipulado en la operación de
reemplazo, sin perjuicio de otros daños y perjuicios que pueda acreditar. Así también,
para las obligaciones dinerarias la parte incumplidora debe los intereses
correspondientes.
Son causales de exoneración de la responsabilidad por incumplimiento la
existencia probada de un impedimento ajeno a su voluntad y si no cabía
razonablemente esperar que tuviese en cuenta el impedimento en el momento de la
celebración del contrato, que lo evitase o superase o que evitase o superase sus
consecuencias.
Vale destacar que para que la exoneración de responsabilidad funcione la parte
que no haya cumplido sus obligaciones debe comunicar a la otra parte el impedimento
y sus efectos sobre su capacidad para cumplirlas. Si la otra parte no recibiera la
comunicación dentro de un plazo razonable después que la parte que no haya cumplido
tuviera o debiera haber tenido conocimiento del impedimento, esta última parte será
responsable de los daños y perjuicios causados por esa falta de recepción.
Respecto de la conservación de las mercaderías el artículo 85 establece que “Si
el comprador se demora en la recepción de las mercaderías o, cuando el pago del precio
y la entrega de las mercaderías deban hacerse simultáneamente, no paga el precio, el
vendedor, si está en posesión de las mercaderías o tiene de otro modo poder de
disposición sobre ellas, deberá adoptar las medidas que sean razonables, atendidas las
circunstancias, para su conservación. El vendedor tendrá derecho a retener las
mercaderías hasta que haya obtenido del comprador el reembolso de los gastos
razonables que haya realizado.”
La parte a cargo del cuidado tiene derecho de retención por los gastos que ello le
generen, incluso derecho a venderlas si los costos de su conservación son excesivos,
o su deterioro resulta muy rápido.
1.3 La letra documentada. El crédito documentario.- Variantes. Trust receipt.-
La letra documentada es una forma de letra de cambio con la inserción de las
cláusulas documentos contra aceptación o documentos contra pago. En el texto de
una letra de cambio con la que se acompañen documentos representativos de
mercancías, obliga al tenedor de la letra a no entregar los documentos sino mediante la
aceptación o el pago de la letra.
La necesidad de centralizar en una sola operación las ventajas que aisladamente
ofrecían los procedimientos que se acaban de analizar, ha motivado la creación del
crédito documentario, Y puede decirse con Sotanovsky: "que el mecanismo de esa
compleja operación comercial que dió origen al mencionado crédito documentario se ha
ido formando poco a poco en la práctica comercial por la intervención bancaria en los
cambios internacionales, la generalización de los títulos representativos de las
mercaderías vendidas y el uso general de efectuar la tradición con la entrega de estos
títulos al comprador, el cual recibiéndolos debe pagar el precio de la mercadería que
representa.
El crédito documentario siempre involucra una compraventa de mercaderías entre
un importador y un exportador, sin la cual carecerían de base los extremos exigidos para
el crédito mencionado. En efecto, al exportador se le entregará el importe de la venta
contra entrega -al banco- de los documentes que acreditan la disposición de la
mercadería. Los créditos documentarios contribuyen al desarrollo del comercio
internacional al facilitar los negocios de compraventa entre los importadores de un país
y los exportadores de otro.
En la actualidad, cuando los exportadores venden mercaderías que se destinan a
países donde existe control de cambios, se ha generalizado que entre las cláusulas de
los boletos de compra-venta se estipule como condición de pago la apertura de créditos
documentarlos, pudiendo en esta forma evitarse los riesgos que ocasionarían medidas
dictadas en. el país importador, como ser bloqueo de fondos, restricción a la entrada de
algunos artículos, etc.
El crédito documentario, según algunos autores, puede dividirse en créditos
confirmados y no confirmados o simples, y lo explican así: Es confirmado cuando no
puede anularse sin el expreso consentimiento de todas las partes. Es simple o no
confirmado, cuando cualquiera de las partes puede anularlo.
En nuestro país los bancos suelen distinguir en "crédito revocable", el que en
cualquier momento puede dejarse sin efecto, por tal motivo muchos exportadores se
niegan a aceptar esta clase de créditos debido a los perjuicios que podría significarles
el hecho de haberse anulado o modificado la operación.
A su vez, el crédito puede ser irrevocable, ello significa que no puede ser dejado
sin efecto sino dentro de un plazo o condiciones específicas. Este a su vez puede ser
“confirmado” o “sin confirmación” según si se garantiza o no también en el banco local
donde se efectúa la operación internacional.
La forma más clara para poder estudiar el desenvolvimiento de un crédito
documentario, es imaginar una operaciónde importación y seguirla en sus distintos
aspectos. A tal efecto, admitamos a [Link] de ejemplo, que un comerciante radicado en
Buenos Aires desea adquirir un determinado producto de 'Suiza por valor aproximado
de Euros cien mil, y que el exportador exige la apertura de un crédito documentario.
Después de haber firmado el boleto de compra-venta en el cual se ha estipulado como
condición de pago que se abrirá un crédito" irrevocable y confirmado" a favor del
vendedor por Euros cien mil, el importador se dirige a un banco de esta ciudad,
solicitando la apertura de un crédito, y a tal efecto firma la Carta de Crédito
Documentaria.
Ahora bien, para hacer más simple el caso analizado, supongamos que el
importador no es un cliente conocido del banco y por tal motivo, ha debido depositar una
cantidad en pesos moneda nacional, en garantía del crédito documentarlo abierto. Una
vez que el banco se ha hecho garantizar la operación con el depósito aludido, se dirige
al Banco de Suiza solicitándole que se sirva abrir un crédito irrevocable y confirmado
por' orden del importador a favor del exportador de la mercadería, por la cantidad de
Euros cien mil, y valedero hasta el día determinado en el instrumento.
Tan pronto se embarque la mercadería, el exportador suizo se presentará al banco
- de Suiza - que le notificó la apertura del crédito, a fin de hacer efectivo el importe de la
factura, que suponemos asciende a Euros cien mil.
El banco suizo - pagador - notifica al banco argentino - emisor - la fecha en que
efectuó el pago y envía los documentos representativos de la mercadería. Al recibir los
documentos, el banco emisor se dirige al importador, avisándole: a) que el beneficiario,
con tal fecha, dispuso de Euros cien mil - valor del embarque - y b ) que los documentos
representativos de las mercaderías se hallan a su disposición. En virtud de que el banco
emisor ha percibido por adelantado el importe del crédito documentario, inmediatamente
que el importador se presente a retirar los documentos, los entregará sin otro requisito
que la firma de un recibo. Los documentos son: El conocimiento (2 -ejemplares), la
confirmación de embarque, la factura consular y certificado de origen, la póliza de
seguro, la factura por Euros cien mil y por último el banco remite al importador una
liquidación, en la que consta a cuánto asciende la comisión, y gastos e intereses que se
debe abonar por la operación de crédito documentarlo. Dicha Iiquidación incluye
también la compra de Euros, efectuada por el importador.
El "trust receipt" es originario de los Estados Unidos, y en este país es donde ha
adquirido mayor uso. Se puede traducir como recibo de confianza y se lo puede definir
como aquel documento mediante el cual el ordenante de un crédito documentario
(importador) reconoce que sólo recibe los documentos de embarque por parte del Banco
Emisor para realizar los trámites ante la Aduana, permitiendo al banco conservar el
ejercicio del derecho de retención sobre las mercaderías descriptas en los documentos
de embarque.
No sólo se le utiliza en las importaciones con créditos documentarios, sino
también para financiar el comercio interior y más particularmente cuando se trata de
mercancías de precios elevados. Es de gran utilidad para el importador el uso del "trust
r receipt ' cuando se utiliza para importaciones con créditos documentarios. A fin de
poder apreciar como esta cláusula denominada "trust receipt" ha contribuido a facilitar
el desarrollo de las transacciones comerciales en los países donde se ha generalizado
su uso - Estados Unidos e Inglaterra - a continuación mencionamos tres casos distintos
de operaciones que son comunes en los países referidos:
a) Entrega de la mercadería para permitir- la venta: El banco puede entregar las
mercaderías al importador para permitirle la venta, sea que la venta haya sido concluída
a la llegada de las mercaderías, o ya que necesite mostrarlas y venderlas en seguida.
El importador comunica al banco que tiene la intención de vender, y solicita el permiso
para efectuar la venta. El banco remite el conocimiento contra la firma de un "trust
receipt". Cuando el importador ha recibido el precio de la venta lo remite al banco. IIa
importado así, sin tener que desembolsar nada.
b) Despacho de la materia prima importada para permitir la elaboración: El
importador puede igualmente transformar las mercaderías en productos elaborados, y
en este caso firma un "trust receipt" a fin de obtener la entrega de las materias primas,
lo que le permitirá trabajarlas en su fábrica para vender luego los productos elaborados.
e) Venta de la mercadería importada, a un comprador que no se halla en el mismo
lugar del importador, Un "trust receipt" puede ser solicitado también con el objeto de que
se permita despachar la mercadería, para luego transportarla a otro lugar del país. El
importador recibirá el conocimiento o carta de porte, -el cual o la cual- se envía al banco.
2
3.- Transferencia de fondos de comercio.- Régimen de la Ley 11.867.- El “due
diligence”.
La trasmisión de los bienes que integran un fondo de comercio puede ser
efectuada en un solo acto, como una universalidad por medio de un procedimiento
regulado por la ley 11.867 para mayor garantía de los acreedores del mismo.
En tal sentido el artículo un de esa ley declara elementos constitutivos de un
establecimiento comercial o fondo de comercio, a los efectos de su transmisión por
cualquier título: las instalaciones, existencias en mercaderías, nombre y enseña
comercial, la clientela, el derecho al local, las patentes de invención, las marcas
de fábrica, los dibujos y modelos industriales, las distinciones honoríficas y todos
los demás derechos derivados de la propiedad comercial e industrial o artística.
Así, para que una transmisión por venta o cualquier otro título oneroso o
gratuito de un establecimiento comercial o industrial, bien se trate de enajenación
directa y privada, o en público remate, sea váida respecto de terceros, debe
cumplirse con ciertos requisitos.
El primero de ellos es el anuncio previo durante cinco días en el Boletín
Oficial de la Capital Federal o provincia respectiva y en uno o más diarios o
periódicos del lugar en que funcione el establecimiento, debiendo indicarse la clase
y ubicación del negocio, nombre y domicilio del vendedor y del comprador, y en
caso que interviniesen, el del rematador y el del escribano con cuya actuación se
realizará el acto.
A su vez, el enajenante debe entregar al presunto adquirente una nota
firmada, enunciativa de los créditos adeudados, con nombres y domicilios de los
acreedores, monto de los créditos y fechas de vencimientos si las hay. Por dichos
crédito y, como veremos, los que puedan surgir podrán formularse oposicíones.
En efecto, el documento de transmisión sólo podrá firmarse después de
transcurridos diez días desde la última publicación, y hasta ese momento, los
acreedores afectados por la transferencia, podrán notificar su oposición al
comprador en el domicilio denunciado en la publicación, o al rematador o escribano
que intervengan en el acto reclamando la retención del importe de sus respectivos
2
Rodríguez Etcheto, R, (1940), El crédito documentario. Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires,
Facultad de Ciencias Económicas.
créditos y el depósito, en cuenta especial en el Banco correspondiente, de las
sumas necesarias para el pago.
Como es lógico, el derecho a oponerse no sólo podrá ser ejercido por los
acreedores reconocidos por el trasmitente, sino también por aquellos que habiendo
sido omitidos presentasen los títulos de sus créditos o acreditaren la existencia de
ellos por asientos hechos en los libros llevados con arreglo a la ley. Pasado el
plazo de retención sin que los acreedores obtuvieran embargo las sumas
depositadas podrán ser retiradas por el depositante.
El comprador, rematador o escribano deben efectuar esa retención y el
depósito y mantenerla por el término de veinte días, a fin de que los presuntos
acreedores puedan obtener el embargo judicial. Para el supuesto que el crédito
del oponente fuera cuestionable, el anterior propietario podrá pedir al juez que se
le autorice para recibir el precio del adquirente, ofreciendo caución bastante para
responder a ese o esos créditos.
Una vez pasado el término para formular oposiciones o no existiendo
medidas cautelares ni en el plazo legal podrá otorgarse válidamente el documento
de venta, el que, para producir efecto con relación a terceros, deberá extenderse
por escrito e inscribirse dentro de diez días en el Registro Público.
La ley, también en protección de los acreedores, prohíbe la enajenación de
un establecimiento comercial o industrial por un precio inferior al de los créditos
constitutivos del pasivo confesado por el vendedor, más el importe de los créditos
no confesados por el vendedor, pero cuyos titulares hubieran hecho la oposición,
salvo el caso de conformidad de la totalidad de los acreedores. Estos créditos, no
pueden ser cualquiera, sino que deben proceder de mercaderías u otros efectos
suministrados al negocio o de los gastos generales del mismo.
La ley fija una presunción de simulación de entrega a cuenta de pleno
derecho en cuanto ellas perjudiquen a los acreedores.
La ley 11.867 prevé el caso de que la enajenación se realice bajo la forma
de ventas en “block o fraccionadas de las existencias”, en remate público. En ese
supuesto el martillero deberá levantar previamente inventario y anunciar el remate
en la forma establecida por esta ley cumpliendo con el proceso antes explicado. Si
el producto del remate no alcance a cubrir la suma a retener, el rematador
depositará en el Banco destinado a recibir los depósitos judiciales, en cuenta
especial, el producto total de la subasta, previa deducción de la comisión y gastos,
que no podrán exceder del 15% de ese producto.
La ley establece la responsabilidad solidaria frente a los acreedores del
rematador por efectuar pago o entregas habiendo habido oposición. Ella hasta el
importe de las sumas que hubiera aplicado a tales objetos.
En igual sentido, las omisiones o transgresiones a lo establecido en la ley,
generan la responsabilidad solidaria al comprador, vendedor, martillero o
escribano que las hubieran cometido, por el importe de los créditos que resulten
impagos, como consecuencia de aquéllas y hasta el monto del precio de lo
vendido.
Las 'due dilligence' tienen lugar cuando los fundadores o dueños de la
empresa y los posibles inversores o compradores han firmado la carta de
intenciones a partir de una oferta no vinculante. Esta investigación irá acompañada
de un acuerdo de confidencialidad por ambas partes. Durante el proceso, la
empresa auditada designará a algunos trabajadores que mediarán con los
consultores responsables de la 'due diligence'.
Una 'due diligence' es una auditoría externa que ofrece una panorámica
completa del estado en el que se encuentra una empresa. Estas operaciones se
realizan cuando va a cerrarse una transferencia o la inversión en una compañía,
ya sea grande o pequeña, una fusión o una adquisición con el fin de analizar su
situación completa: estado financiero, fiscal tecnológico, o laboral, entre otros
muchos ámbitos.
El término 'due dilligence', que en su traducción literal al español significa
'diligencia debida', hace referencia a una investigación formal o análisis exhaustivo
a la que deben someterse las empresas antes de completar una operación de M&A
(fusiones o adquisiciones) o una inyección de capital (por ejemplo, la inversión de
un fondo de 'venture capital' en una startup). Esta auditoría permite a los posibles
inversores y compradores obtener una radiografía completa del estado en el que
se encuentra la empresa para identificar posibles riesgos o desajustes que pueda
haber en sus cuentas. Cuando la 'due dilligence' es encargada por los propios
fundadores o propietarios de la empresa, esta recibe el nombre de 'vendor’s due
diligence'.
Generalmente, estas investigaciones las desarrollan consultores externos
especializados, y son los compradores e inversores quienes las encargan. No
obstante, también puede darse el caso de que los fundadores de la compañía
contraten esta auditoría para preparar la venta de la empresa. Estos procesos
tienen una duración indeterminada, que depende de cada caso concreto y
que puede alagarse desde semanas a meses. No obstante, lo ideal es que se
completen en la mayor brevedad posible. Una vez finalizada la operación, los
inversores y compradores pueden proceder con la transacción, si la auditoría
resulta positiva, o paralizarla, en caso de que detecten riesgos.
Una 'due dilligence' no solo permite a los inversores y posibles compradores
conocer en profundidad el estado de una empresa, su funcionamiento o modelo
de negocio, sino que también ayuda a los emprendedores a identificar áreas de
mejora dentro de la firma. Para que sean de utilidad, es imprescindible que se
trabajen de manera exhaustiva y transparente, por lo que el vendedor no podrá
ocultar o tergiversar la información.
A la hora de elaborar estas investigaciones, algunos de los aspectos que
deben analizarse son:
1.- Estado financiero y contable. La auditoría debe incluir la información
financiera de los últimos ejercicios de la empresa y su estructura de capital.
2.- Situación fiscal y legal. La investigación también debe reflejar cuáles son
los contratos y licencias que la empresa ha firmado con terceros, su cumplimiento
de la normativa y obligaciones fiscales vigentes y si existe algún litigio previo contra
la empresa.
3.- Aspectos tecnológicos. Se debe comprobar cuáles son las herramientas
y dispositivos digitales que emplea la compañía y si están actualizados, revisar que
se cumple con las normas de seguridad y el grado de madurez de la tecnología
que utiliza la empresa.
4.- Situación laboral. Una 'due dilligence' también debe reflejar cuál es el
organigrama de trabajo de la compañía, los contratos de los trabajadores y sus
condiciones, incluyendo salarios, funciones, responsabilidades, incentivos e
incluso vacaciones. Para realizar este análisis, es conveniente realizar entrevistas
con el equipo de trabajo.
4.- Cuenta Corriente concepto, operatoria, normativa. Compensación.
Intereses.
La cuenta corriente mercantil es un contrato en virtud del cual las partes convienen
que los créditos y deudas que arrojen las operaciones que efectúen en un determinado
lapso, pierdan su individualidad y se fundan en dos masas contrapuestas para liquidarse
en la fecha convenida, compensándose hasta la concurrencia de la menor.
Al entrar en la cuenta corriente, los créditos pierden su individualidad, se suspende
su exigibilidad hasta la clausura de la cuenta, y se extinguen sus privilegios y garantías.
La calidad de acreedora y deudora de las partes, se establece recién cuando opera la
compensación y se determina el saldo definitivo.
Este contrato se distingue de las cuentas simples o de gestión, que son sólo
formas de contabilidad, donde los créditos y deudas conservan su individualidad y son
exigibles. Según el artículo 1430 del Código Civil y Comercial, es el contrato por el cual
dos partes se comprometen a inscribir en una cuenta las remesas recíprocas que se
efectúen y se obligan a no exigir ni disponer de los créditos resultantes de ellas hasta el
final de un período, a cuyo vencimiento se compensan, haciéndose exigible y disponible
el saldo que resulte.
Conforme con el artículo 1430 del CC Y C.: 1) Ambas partes se obligan a inscribir
las remesas recíprocas que efectúen, situación que en realidad es ajena a la provisión
de repuestos y servicios que informa el contrato que diera lugar a la litis, 2) No existe
pactada una obligación de compensación de las remesas, al vencimiento del contrato y
3) Menos aun que las obligaciones se hagan exigibles tras la compensación por el saldo
que resulte después de tal compensación. Es claro que las entregas que realiza el
comprador son a cuenta del precio pactado y no para registrar en una cuenta. En el caso
el demandado había abierto una registración unilateralmente, pero ello no es suficiente
para tener por operada la existencia del contrato.-
Por su parte, el artículo 1431 del Código Civil y Comercial el contenido la cuenta
corriente incluye todos los créditos entre las partes resultantes de títulos valores o de
relaciones contractuales posteriores al contrato. En igual sentido quedan excluidos los
créditos no compensables ni los ilíquidos o litigiosos.
Respecto de los plazos debemos decir que salvo acuerdo o uso contrario se
entiende que los períodos son trimestrales, computándose el primero desde la fecha de
celebración del contrato. También se presume que el contrato no tiene plazo
determinado. En este caso cualquiera de las partes puede rescindirlo otorgando un
preaviso no menor a diez días a la otra por medio fehaciente, a cuyo vencimiento se
produce el cierre, la compensación y el saldo de la cuenta; pero éste no puede exigirse
antes de la fecha en que debe finalizar el período que se encuentra en curso al emitirse
el preaviso.
Cuando el contrato tiene plazo determinado, se renueva por tácita reconducción.
En tal caso, cualquiera de las partes puede avisar con anticipación de diez días al
vencimiento, su decisión de no continuarlo o el ejercicio del derecho que se indica en
rescindirlo como si fuero de plazo indeterminado después del vencimiento del plazo
original del contrato.
Cuando el contrato continúa o se renueva después de un cierre, el saldo de la
remesa anterior es considerado la primera remesa del nuevo período, excepto que lo
contrario resulte de una expresa manifestación de la parte que lleva la cuenta contenida
en la comunicación del resumen y saldo del período, o de la otra, dentro del plazo del
artículo 1438, primer párrafo.
Respecto de los intereses excepto pacto en contrario, se entiende que: a) las
remesas devengan intereses a la tasa pactada o, en su defecto, a la tasa de uso y a
falta de ésta a la tasa legal; b) el saldo se considera capital productivo de intereses,
aplicándose la tasa según el inciso a); c) las partes pueden convenir la capitalización de
intereses en plazos inferiores al de un período; d) se incluyen en la cuenta, como
remesas, las comisiones y gastos vinculados a las operaciones inscriptas.
Las garantías reales o personales de cada crédito incorporado se trasladan al
saldo de cuenta, en tanto el garante haya prestado su previa aceptación.(art. 1434 del
CCyC) Salvo que se acuerdo lo contrario, la inclusión de un crédito contra un tercero en
la cuenta corriente, se entiende efectuada con la cláusula "salvo encaje". La cláusula
"salvo encaje" significa que, cuando las remesas consisten en créditos a vencer
(especialmente en los casos de títulos de crédito), no puede ser cobrado a su
vencimiento, quien recibió ese crédito queda habilitado para registrar un contra asiento
que le permite restar de la cuenta el valor condicional previamente incorporado, pero
que luego no ha podido ingresar por no haberse cancelado por el respectivo deudor. La
cláusula salvo encaje constituye una excepción al principio de la irrevocabilidad de los
asientos en cuenta corriente, pues el cuentacorrentista receptor de tal remesa, si bien
ingresa la misma en la cuenta corriente, lo hace sujeto a la condición de que esos
créditos sean pagados a su vencimiento, lo cual significa que si ellos no son pagados
oportunamente, quien lo anotó puede retirar de la cuenta esos valores que no han
ingresado efectivamente, con sustento en la facultad que le confiere la cláusula bajo
análisis; y, consecuentemente, puede realizar un contra asiento, debitando el valor del
crédito impago que se anotó con anterioridad, de modo de prolijar las registraciones y
el andamiento de la cuenta corriente. La condición "salvo encaje", no es ni más ni menos
que asentar las remesas en la cuenta bajo la condición resolutoria de que si los créditos
o títulos no fueran pagados a su vencimiento, la correspondiente partida se debitará de
la cuenta y no integrará la determinación del saldo, en la fecha pertinente. Este afecto
natural de la cláusula mencionada opera naturalmente, salvo convención en contrario,
por la cual las partes resuelven que los créditos y títulos de crédito que se cursen
recíprocamente, ingresen definitivamente y no de manera provisoria. Se parte de la
premisa de que si se entregan créditos o títulos, se presume que el nuevo propietario
podrá cobrarlos a su vencimiento. Pero si no puede hacerlo, corresponderá extraerlo de
la cuenta mediante un contra asiento, para dejarlo fuera del ámbito de la misma.
Si el crédito no es satisfecho, la norma le permite a quien recibió la remesa:
Perseguir su cobro, una vez devenido exigible; o Eliminar la partida de la cuenta,
siempre que el contrato lo permita, reintegrando el crédito insatisfecho y el título
representativo a la contraparte remitente, a fines de que ella ejerza las acciones que
pudieran corresponder (art. 1435 del CCyC).
La ley permite trabar embargo sobre el saldo positivo que pudiera existir a favor
de la parte contractual embargada, sin que hubiere cierre y, por consiguiente, saldo
determinado. Así, el embargo del saldo eventual de la cuenta por un acreedor de uno
de los cuentacorrentistas, impide al otro aplicar nuevas remesas que perjudiquen el
derecho del embargante, desde que ha sido notificado de la medida. No se consideran
nuevas remesas las que resulten de derechos ya existentes al momento del embargo,
aun cuando no se hayan anotado efectivamente en las cuentas de las partes. El
cuentacorrentista notificado debe hacer saber al otro el embargo por medio fehaciente
y queda facultado para rescindir el contrato (art. 1436 del Código citado). Existe la
presunción de que los resúmenes de cuenta que una parte reciba de la otra se se
encuentran aceptados si no los observa dentro del plazo de diez días de la recepción o
del que resulte de la convención o de los usos. Las observaciones se resuelven por el
procedimiento más breve que prevea la ley local, habitualmente el proceso sumarísimo.
La ley permite que el saldo de la cuenta corriente puede ser garantizado con
hipoteca, prenda, fianza o cualquier otra garantía. También se establece la vía ejecutiva
para la ejecución del cobro del saldo de la cuenta corriente puede demandarse por vía
ejecutiva ello siempre que: a) si el resumen de cuenta en el que consta el saldo está
suscripto con firma del deudor certificada por escribano o judicialmente reconocida. El
reconocimiento se debe ajustar a las normas procesales locales y puede ser obtenido
en forma ficta; b) si el resumen está acompañado de un saldo certificado por contador
público y notificado mediante acto notarial en el domicilio contractual, fijándose la sede
del registro del escribano para la recepción de observaciones en el plazo del artículo
1438. En este caso, el título ejecutivo queda configurado por el certificado notarial que
acompaña el acta de notificación, la certificación de contador y la constancia del
escribano de no haberse recibido observaciones en tiempo.
El contrato se extingue por: a) la quiebra, la muerte o la incapacidad de cualquiera
de las partes; b) el vencimiento del plazo o la rescisión, (art. 1432 del CCyC); c) en el
caso de embargo de la cuenta corriente; d) de pleno derecho, pasados dos períodos
completos o el lapso de un año, el que fuere menor, sin que las partes hubieren
efectuado ninguna remesa con aplicación al contrato, excepto pacto en contrario y; e)
por las demás causales previstas en el contrato o en leyes particulares.
6.- Barraqueros y administradores de casas de depósito.- Sistema
instaurado por el Código Civil y Comercial (arts. 1376 a 1377). Warrants y
certificados de depósito. Ley 9643.-
Los barraqueros y administradores de casas de depósito tienen a su cargo la
gestión de los bienes a su cuidado pero además resultan garantes de las operaciones
donde intervienen. El warrant es un título de crédito que permite al dueño de una
mercadería darla en custodia a una empresa emisora debidamente, obteniendo a
cambio la emisión de un certificado de depósito y warrant. Mientras que el certificado de
depósito acredita la titularidad de la mercadería, el warrant permite acceder al
financiamiento dando en garantía las mercaderías depositadas. Ambos documentos
pueden circular en forma autónoma, debiéndose registrar obligatoriamente en los libros
rubricados que deben llevar las empresas autorizadas. Si el préstamo no fuese
cancelado, el acreedor puede solicitar el remate de la mercadería que se halla
almacenada en los depósitos custodiados por las empresas emisoras de dichos
certificados.
El Código Civil y Comercial ha instaurado un sistema de responsabilidad previsto
en los artículos 1376 y 1377 que establece en primer término la responsabilidad de los
propietarios de las casas de depósito por la conservación de las cosas allí depositadas,
excepto que prueben que la pérdida, la disminución o la avería ha derivado de la
naturaleza de dichas cosas, de vicio propio de ellas o de los de su embalaje, o de caso
fortuito externo a su actividad. Fijando la determinación de los daños por medio de
peritos arbitradores. Respecto de sus obligaciones ellos deben:
a) dar recibo por las cosas que les son entregadas para su custodia, en el que se
describa su naturaleza, calidad, peso, cantidad o medida; b) permitir la inspección de
las cosas recibidas en depósito al depositante y a quien éste indique.
Las operaciones de crédito mobiliario sobre frutos o productos agrícolas,
ganaderos, forestales, mineros o de manufacturas nacionales, depositados en
almacenes fiscales o de terceros, serán hechas por medio de "certificados de depósito"
y "warrants" expedidos de acuerdo con las disposiciones de esta ley y en la forma que
reglamente el Poder Ejecutivo.
Los almacenes o depósitos particulares pueden emitir “certificados de depósito” y
“warrants”. Las empresas para ese fin deben inscribirse en un registro a cargo del Poder
Ejecutivo, lo que será publicado en el “Boletín Oficial”, para lo cual deberán declarar: a)
El capital con que se establecen. b) Las condiciones de seguridad, previsiones contra
incendio y causas de deterioro que ofrezcan las construcciones y el seguro de las
mismas. c) La forma de administración y sistema de vigilancia clasificación y limpieza
que se adoptará en los almacenes. d) Las obligaciones de la administración respecto a
la entrada y salida de mercaderías o productos, su conservación y responsabilidad en
los casos de pérdida y averías.
e) Los nombres y domicilios de los representantes de la sociedad o empresa de
depósito. f) Las garantías con las que cuentan para asegurar el cumplimiento de sus
obligaciones.
Las empresas que se encuentran incorporadas al registro podrán incluir la leyenda
“inscripta en los registros de empresas de warrants Ley N° 9.643 y sus modificatorias”.
Las empresas que opten por no registrarse deberán incluir la leyenda “empresa no
inscripta en los registros de empresas de warrants Ley N° 9.643 y sus modificatorias.
Contra la entrega de los frutos o productos depositados, la administración del
respectivo almacén expedirá a la orden del depositante un “certificado de depósito” y
“warrant” referente a aquellos, con expresión de la fecha de expedición, el nombre y
domicilio del depositante, la designación del almacén y la firma del administrador, la
clase de producto, su cantidad, peso, clase y número de envases, calidad y estado del
mismo, su valor aproximado y toda otra indicación que sirva para identificarlo con arreglo
a las prácticas establecidas en el comercio de los productos respectivos, el monto del
seguro, nombre y domicilio del asegurador, el tiempo por el cual se efectúa el depósito
y el monto del almacenaje; todo ello en formularios de tipo uniforme que el Poder
Ejecutivo reglamentará, dejando consignadas las mismas circunstancias en los
talonarios y en los libros rubricados especiales que deberá llevar, a fin de registrar
diariamente y por orden todas las operaciones en que intervenga.
Conforme el art. 7 de la referida ley (conf. Decreto 79/2023) para que puedan
emitirse “certificados de depósito” y “warrants”, por frutos o productos depositados, es
requisito que los efectos estén asegurados, ya sea directamente por el dueño o por
intermedio de las empresas emisoras y que estén libres de todo gravamen o embargo
judicial notificado al administrador del depósito, sin cuyo requisito se reputarán no
existentes. El “warrant” será siempre nominativo y para su constitución se podrá usar,
en su caso, cualquier versión de firma electrónica que identifique de manera indubitable
al firmante. Los endosos del certificado de depósito o, en su caso, de “warrant”, se
incluirá en el registro electrónico del documento, también con cualquier versión de firma
electrónica, debiendo, para su validez, ser registrado en los libros de la empresa emisora
dentro del término de seis días. (conf. Decreto 79/2023).
Tratándose de títulos negociables el endoso de un "certificado de depósito",
supone la transmisión de la propiedad de las cosas a que se refiere, con los gravámenes
que tuvieren en caso de existir "warrant" negociado, y, tratándose del "warrant", lo que
se trasmite son los derechos creditorios del mismo.
El endoso requiere para su validez que contenga fecha, nombre, domicilio y firma
del endosante y endosatario, cantidad prestada, fecha del vencimiento y lugar convenido
para el pago, y todos los que firmen un "certificado de depósito" o "warrant" son
solidariamente responsables.
Una vez efectuado el pago al prestamista del importe del crédito extingue, junto
con éste, su responsabilidad, quedando desligado de toda obligación en caso de
negociarse nuevamente el "warrant" con un tercero. En los libros respectivos deben
registrarse las firmas de los depositantes y, en cuanto fuere posible, la de los nuevos
endosantes de "certificados de depósito" o de "warrants".
Una vez negociado el “warrant”, en su caso, se anotará en el registro electrónico
respectivo, el monto del crédito, nombre y domicilio del prestamista, fecha de
vencimiento y lugar de pago, debiendo estos mismos datos consignarse en el libro de
Registro de la empresa emisora, al anotarse la primera transferencia del “warrant”.
El art. 12 de la ley 9643 le concede al adquirente de un "certificado de depósito" o
tenedor de un "warrant" el derecho a examinar los efectos depositados y detallados en
dichos documentos, pudiendo retirar muestras de los mismos, si se prestan a ello por
su naturaleza, en la proporción y forma que determine el decreto reglamentario.
La lógica del sistema se integra con la prohibición establecida en el art. 13 de la
referida ley en el sentido que los efectos depositados por los cuales hayan sido
expedidos “warrants”, no serán entregados sin la presentación simultánea del
“certificado de depósito” y del “warrant”.
El propietario del "certificado de depósito", separado del "warrant" respectivo
negociado, se encuentra habilitado a pagar el importe del warrant antes del vencimiento
del préstamo. En tal caso, si el acreedor de éste no fuese conocido, o, siéndolo, no
estuviese de acuerdo con el deudor sobre las condiciones en que tendrá lugar la
anticipación del pago, el dueño del certificado se verá obligado a consignar judicialmente
la suma adeudada. Las mercaderías depositadas serán entregadas a la presentación
de la orden del juez ante quien se hubiere hecho la consignación, previo pago del
almacenaje e impuesto.
Para el supuesto de incumplimiento de la obligación garantizada por el "warrant"
el acreedor tendrá la acción que reglamenta esta ley para el cobro de su crédito, y para
hacer efectivo su privilegio sobre los efectos a que se refiere el "warrant", y, en su caso,
sobre las sumas del seguro. En tal sentido, el acreedor del "warrant" deberá pedir, dentro
de 10 (diez) días de la fecha de su vencimiento, la venta en público remate de la
mercadería afectada al mismo; cuando no hubiere endoso, podrá usar de este derecho
dentro del mismo término. El pedido de venta se hará ante el administrador del depósito,
quien, una vez comprobada la autenticidad del "warrant", por su conformidad con las
constancias del registro, ordenará el remate por intermedio de los Mercados de Cereales
o Bolsas de Comercio donde existan; y donde no los hubiere, por martilleros especiales
designados por orden de nombramiento, dentro de una nómina que anualmente
formarán los Tribunales Superiores de Comercio de la jurisdicción respectiva. Esta
resolución es comunicada al deudor y a los endosantes; cuyos domicilios consten en el
registro, por carta certificada con recibo de retorno. El remate tiene lugar en la plaza
comercial donde estuviese situado el depósito, y, en su defecto, en una de las más
inmediatas, y se anunciará, durante 10 (diez) días a lo menos, en 2 (dos) periódicos del
lugar donde debe efectuarse el remate o de la plaza comercial más próxima, debiendo
especificarse en los avisos los productos materia de la venta, la fecha de la constitución
y primera negociación del "warrant" y el nombre de su dueño primitivo.
La venta forzosa de los efectos por falta de pago del "warrant" no se suspende por
quiebra, incapacidad o muerte del deudor, ni por otra causa que no sea orden judicial
escrita, previa consignación del importe de la deuda, sus intereses y gastos calculados.
Una vez producido del remate su resultado es distribuido por el administrador del
depósito respectivo, siempre que no mediare oposición dentro del tercer día. En su
defecto se deposita judicialmente. El sobrante, si lo hubiere, quedará a disposición del
dueño del certificado de depósito respectivo.
A su vez, el art. 20 de la ley otorga al acreedor del warrant, por el saldo que
resultare, el acción ejecutiva contra los endosantes del mismo, siempre que se hubiese
solicitado la venta de las mercaderías afectadas al mismo en los plazos con anterioridad
establecidos y que la enajenación de aquellos se hubiere realizado, ajustándose a los
procedimientos antes referidos.
La misma ley le concede al acreedor del warrant un privilegio superior a cualquier
crédito que no sean los derechos del depósito especial, las comisiones y gastos de venta
y el impuesto que establece la misma ley.
CAPITULO II
1.- Contratos de empresa. Agencia. Representación. Suministro (Arts. 1176
a 1186 del Código Civil y Comercial). Fabricación. Distribución. Franchising.-
Normativa del Código Civil y Comercial: Arts. 1512 a 1524 del Código civil y
Comercial.-
2.- Licencia y Know how (tecnología Ley 22.426). Exhibición. Publicidad.
Management. Shopping.-
3.- Contratos bursátiles, bancarios y financieros. Transparencia de las
condiciones contractuales (arts. 1378 a 1383 del Código Civil y Comercial)
Contratos bancarios con consumidores y usuarios. Principios. (arts. 1384 a 1389
del Código Civil y Comercial)
A partir de la sanción del Código Civil y Comercial de la Nación, se introducen una
serie de regulaciones específicas sobre determinados contratos bancarios en general,
así como también se regulan determinadas figuras contractuales específicas, propias
del derecho Bancario.
Conforme lo expresa Gustavo Caramelo “El sistema financiero estructura gran
parte de las actividades de una economía de mercado. El desarrollo tecnológico de las
últimas décadas posibilitó a las entidades bancarias abarcar un número constantemente
creciente de usuarios; su penetración alcanza a todos los sectores de la economía
formal, aún a grupos no bancarizados tiempo atrás, como los de los asalariados y los
jubilados. Se suma a ello que la expansión de la sociedad de consumo lleva a que
determinadas operaciones bancarias, como las de crédito, pasen a tener un rol
importante en la planificación de las economías personales y familiares. Tales factores
ponen de manifiesto la importancia de una regulación clara en la materia, así como de
políticas de Estado que posibiliten a las personas confiar en las entidades financieras.”3
Así, en el capítulo dedicado a los contratos bancarios el citado Código establece
una parte general con una regulación específica de los supuestos en los que los
contratos celebrados corresponden a relaciones de consumo y, luego, normativiza los
distintos contratos: 1) depósito bancario; 2) cuenta corriente bancaria; 3) préstamo y
descuento bancario; 4) apertura de crédito; 5) servicio de caja de seguridad; y 6)
custodia de títulos. Se ordena de tal modo una teoría general del contrato bancario,
coherente con las categorías generales del Código, en el que se admite la distinción
entre los contratos de consumo y los que no lo son.
Son contratos bancarios todos aquellos realizados por personas a las que se
aplique la normativa sobre regulación de entidades financieras (ej. bancos comerciales;
de inversión; hipotecarios; compañías financieras; sociedades de ahorro y préstamo
para la vivienda u otros inmuebles y cajas de crédito, de acuerdo a lo establecido en el
art. 2 de la ley 21.526), según lo determine el BCRA. Esto permite establecer que las
reglas de esta sección se emplean, en principio y sin perjuicio de la ampliación de su
alcance por la autoridad de aplicación, a las personas o entidades privadas o públicas,
oficiales o mixtas de la nación, las provincias o municipalidades que realicen
intermediación habitual entre la oferta y la demanda de recursos financieros, como lo
enuncia el art. 1° de la ley que rige en ese sector del mercado.4
Respecto de la transparencia de las condiciones contractuales se exige por una
parte que tanto laa publicidad, la propuesta y la documentación contractual deben
indicar con precisión y en forma destacada si la operación corresponde a la cartera de
consumo o a la cartera comercial, de acuerdo a la clasificación que realiza el Banco
Central de la República Argentina. Esa calificación no prevalece sobre la que surge del
contrato, ni de la decisión judicial.
3
Gustavo Caramelo, Comentarios al Código Civil y Comercial de la Nación, Ed. Ministerio de
Justicia y Derecho Humanos de la Nación, 2016.
4
Gustavo Caramelo, op cit.
Además se requiere a los bancos informar en sus anuncios, en forma clara, cuál
es la tasa de interés y cuáles son los gastos, comisiones y demás condiciones
económicas de las operaciones y servicios ofrecidos.
Con el objeto de lograr por parte del cliente bancario un conocimiento concreto de
los términos de los contratos celebrados con entidades financieras, se encuentra la
posibilidad de alcanzar un conocimiento efectivo, concreto del contenido, lo que solo
puede lograrse si la persona tiene realmente posibilidad de acceder al contenido de sus
estipulaciones, pudiendo analizarlas con tranquilidad y detenimiento. A tal fin Los
contratos deben instrumentarse por escrito, y el cliente tiene derecho a que se le
entregue un ejemplar. En cuanto a su contenido la ley precisa que el contrato debe
especificar la tasa de interés y cualquier precio, gasto, comisión y otras condiciones
económicas a cargo del cliente. Si no determina la tasa de interés, es aplicable la
nominal mínima y máxima, respectivamente, para las operaciones activas y pasivas
promedio del sistema, publicadas por el Banco Central de la República Argentina a la
fecha del desembolso o de la imposición. Con el mismo sentido protectorio del cliente
se establece que las cláusulas de remisión a los usos para la determinación de las tasas
de interés y de otros precios y condiciones contractuales se tienen por no escritas.
Respecto del deber de información del banco hacia el cliente, es importante
destacar que en los contratos en los que el plazo es indeterminado o mayor a un año,
el banco tiene el deber de mantener informados a sus clientes sobre las imputaciones
de las operaciones realizadas. Debe para ello enviarles comunicaciones por escrito en
papel o por medios electrónicos —correo electrónicos o mensajes a teléfonos celulares,
en tanto esta última opción haya sido aceptada por el cliente—, con razonable
posibilidad de evaluación sobre sus alcances —su imposición puede configurar cláusula
abusiva—, en las que se detallen las operaciones realizadas y cómo han sido ellas
consideradas por la entidad financiera en cuanto a su imputación. Ese resumen
informativo debe ser remitido al cliente en forma periódica, según los plazos estipulados
en el contrato, que —en ningún caso— pueden superar el de un año.
La regulación legal fija un procedimiento para el control y eventual impugnación
del resumen emitido por el banco. Este consiste en un sistema de aprobación tácita ya
que transcurridos sesenta días contados a partir de la recepción de la comunicación, la
falta de oposición escrita por parte del cliente se entiende como aceptación de las
operaciones informadas, sin perjuicio de las acciones previstas en los contratos de
consumo.
La normativa legal establece el principio de la libre rescindibilidad del contrato
bancario por tiempo indeterminado sin otra consecuencia de la obligación de abonar los
montos devengados durante el período de la rescisión.
La ley establece normas específicas para los contratos bancarios categorizados
como de consumo. En tal sentido, se le aplican a los contratos bancarios las normas de
consumo previstas en el Código Civil y Comercial (art. 1093), imponiéndose un régimen
especial para aquellos que tengan las características de ser contrato de consumo. En
tal sentido establece una norma especial para la publicidad estableciéndose los
alcances de la misma. Asi mismo se fija el contenido del contrato cuando existe relación
de consumo. En consecuencia se establece la sanción de nulidad para los contratos de
crédito que carezcan de información relativa a: 1) el tipo de contrato del que se trata,
con indicación de si la operación corresponde a cartera de consumo o a cartera
comercial; 2) las partes del contrato, debidamente identificadas; 3) el importe total de
financiamiento, esto es, el monto correspondiente al capital e intereses previstos; 4) el
costo financiero total, de enorme importancia para evitar errores en la evaluación del
consumidor, que pueden darse al elegir una operación determinada, teniendo en cuenta
su tasa nominal, sin advertir que por el impacto de gastos y comisiones el costo final
que para él tendrá el negocio jurídico será muy superior al estimado; y 5) las condiciones
de desembolso y reembolso en las que se debe detallar, por ejemplo, el mecanismo por
el que la suma será entregada al cliente, si por medio de depósito en una cuenta, o en
efectivo, etc., así como el procedimiento a observar para su reembolso a la entidad
financiera.
En concordancia con lo descripto y sin perjuicio de las condiciones establecidas
para los contratos bancarios en general, ninguna suma puede ser exigida al consumidor
si no se encuentra expresamente prevista en el contrato. En ningún caso pueden
cargarse comisiones o costos por servicios no prestados efectivamente. Las cláusulas
relativas a costos a cargo del consumidor que no están incluidas o que están incluidas
incorrectamente en el costo financiero total publicitado o incorporado al documento
contractual, se tienen por no escritas.
4.- Depósito bancario (arts. 1390 a 1392 del Código civil y Comercial). Cuenta
corriente bancaria (arts. 1393 a 1407). Préstamo y Descuento (arts. 1408 y 1409 del
Código Civil y Comercial). Apertura de crédito (arts. 1410 a 1412 del Código Civil
y Comercial) Servicio de cajas de seguridad (arts. 1413 a 1417 del Código Civil y
Comercial). Custodia de títulos (arts. 1418 a 1420 del Código Civil y Comercial).
Tarjeta de crédito Ley 25.065.- Ahorro con fines determinados. Fideicomiso
financiero y de garantía.- Sujetos, objeto y obligaciones. Régimen del Código Civil
y Comercial (arts. 1690 a 1696).-Factoraje.- (Factoring) (arts 1421 a 1428 del Código
Civil y Comercial); Cesión de facturas.-
Depósito bancario
El art. 1390 del Código Civil y Comercial trae una definición de depósito de dinero,
indicando que tal contrato existe cuando el depositante transfiere la propiedad al banco
depositario, quien tiene la obligación de restituirlo en la moneda de la misma especie, a
simple requerimiento del depositante, o al vencimiento del término, o del preaviso
convencionalmente previsto. Debemos distinguirlo del depósito irregular (art. 1367
CCyC), que se presume oneroso, y es el depositante quien debe la remuneración y, si
se pacta la gratuidad, debe reembolsar al depositario los gastos razonables en los que
este incurra para la custodia y restitución (art. 1357 CCyC), mientras que en el depósito
bancario la remuneración la debe el depositario. Se distingue también del mutuo (art.
1525 CCyC) en que en el depósito el plazo está fijado a favor del depositante, mientras
que en el mutuo lo está a favor del mutuario. La regulación aquí establecida queda fuera
del ámbito de aplicación del art. 765 CCyC, por el que, si en una obligación de dar dinero
se estipuló una moneda que no sea de curso legal en la República, ella debe
considerarse como de dar cantidades de cosas y el deudor puede liberarse dando el
equivalente en moneda de curso legal; pues en el depósito bancario subsiste la
obligación de retituir en la moneda de la misma especie depositada (art. 766 CCyC).
Un tema central del contrato de depósito es la restitución de las sumas
depositadas. La misma debe hacerse “a simple requerimiento del depositante” o “al
vencimiento del término o del preaviso convencionalmente previsto”, lo que diferencia
las modalidades de “depósito a la vista” y de “depósito a plazo”. El banco obtiene uno
de sus ingresos básicos del producto económico: el “spread”, vale decir, la diferencia
entre la tasa pasiva que paga a los depositantes y la activa que cobra a quienes solicitan
dinero en préstamo. Los préstamos son otorgados por medio del disponible de la
entidad, constituido, básicamente, por los depósitos efectuados. De tal modo, el dinero
que ingresa por depósitos vuelve a salir de la entidad financiera por vía de los préstamos
que otorga; tal circunstancia determina que el banco no cuente con la posibilidad de
restituir a sus depositantes la totalidad de las sumas por ellos entregadas, pues ha
puesto parte de ese dinero a disposición de terceros.
Se fija entonces un margen “no prestable” denominado técnicamente “encaje
bancario”. El BCRA puede fijar dicho efectivo mínimo, de acuerdo con lo dispuesto por
su Carta Orgánica.
En el depósito a la vista, la obligación nuclear del banco le impone la devolución
del dinero recibido, a simple requerimiento del depositante, en el mismo tipo de moneda
de la imposición. Es por ello claro que este tipo de depósitos se da en diversas
modalidades de la operación bancaria, como, por ejemplo, las relativas a los
movimientos de las cajas de ahorro o cuentas salariales.
El depósito a la vista debe estar representado en un documento material o
electrónico que refleje fielmente los movimientos y el saldo de la cuenta del cliente. El
banco puede dejar sin efecto la constancia por él realizada que no corresponda a esa
cuenta.
Se establece que si el depósito está a nombre de dos o más personas, cualquiera
de ellas puede disponerlo, aun en caso de muerte de una, excepto que se haya
convenido lo contrario. En tal sentido es dable que, cuando un depósito es efectuado
por más de una persona, puedan establecerse distintas modalidades: a) que su
disponibilidad sea a la orden recíproca de ellos, lo que permite que cada uno de los
cotitulares retire todo o parte de los fondos depositados; b) a la orden conjunta o
colectiva, supuesto en el que para el retiro se requerirá la intervención de todos los
constituyentes; o c) a nombre de una persona y orden de otra, quien podrá efectuar los
retiros, sin intervención necesaria del titular.
Por su parte los depósitos a plazo fijo constituyen una forma de inversión, de
obtención de renta de un capital que se decide inmovilizar por un lapso acordado con la
entidad financiera, que retribuirá al ahorrista con el pago de intereses, generalmente
más elevados cuanto mayor sea el plazo previsto para el reembolso.
En cuanto a la instrumentación del plazo fijo, el banco debe extender un
certificado transferible por endoso, excepto que se haya pactado lo contrario, en cuyo
caso la transmisión sólo puede realizarse a través del contrato de cesión de derechos.
Según lo dispuesto en el art. 1° de la ley 20.663, que regula la materia de los depósitos
bancarios a plazo fijo, los certificados emitidos por las entidades financieras deben
contener: 1) la inscripción “certificado de depósito a plazo fijo nominativo transferible”;
2) nombre y domicilio de la entidad que recibe el depósito; 3) designación del lugar y
fecha que se expide; 4) nombre, apellido y domicilio completos del depositante; 5)
cantidad depositada; 6) tasa y período de liquidación de los intereses; 7) fecha de
vencimiento del depósito; 8) lugar de pago; 9) firma de la entidad receptora.
Habitualmente el plazo mínimo de un depósito de este tipo es de treinta días para
los depósitos a tasa de interés fija, y de ciento veinte y ciento ochenta días o más, para
los de tasa de interés variable; en el último caso, suele pactarse el pago periódico de
intereses. Los depósitos a plazo fijo no retirados ni renovados a su vencimiento son
transferidos a cuentas a la vista denominadas saldos inmovilizados, cuyos titulares
pueden retirar la suma del capital y los intereses oportunamente devengados hasta que
se produjo el vencimiento del plazo, generalmente con deducción de las comisiones
bancarias aplicadas por el mantenimiento de los fondos sin movimiento, ello en tanto
hubiera sido debidamente informado al cliente y conste en el contrato (arts. 1381 ó 1385
CCyC).
Cuenta corriente bancaria
La cuenta corriente bancaria es el contrato por el cual el banco se compromete a
inscribir diariamente, y por su orden, los créditos y débitos, de modo de mantener un
saldo actualizado y en disponibilidad del cuentacorrentista y, en su caso, a prestar un
servicio de caja.
Pero a su vez, la ley obliga a la entidad bancaria a prestar los demás servicios
relacionados con la cuenta que resulten de la convención, de las reglamentaciones, o
de los usos y prácticas.
Además conforme el artículo 1395 del mismo cuerpo legal pueden pactarse
conforme los pactos, los usos y la reglamentación la acreditación en la cuenta los
depósitos y remesas de dinero, el producto de la cobranza de títulos valores y los
créditos otorgados por el banco para que el cuentacorrentista disponga de ellos. En igual
modo se debitan de la cuenta los retiros que haga el cuentacorrentista, los pagos o
remesas que haga el banco por instrucciones de aquél, las comisiones, gastos e
impuestos relativos a la cuenta y los cargos contra el cuentacorrentista que resulten de
otros negocios que pueda tener con el banco. Tales débitos pueden realizarse en
descubierto, ello es con el crédito que el banco otorga al cuentacorrentista para
sobregirarse.
La cuenta corriente se inserta dentro del conjunto de los contratos de depósito
bancario, con la peculiaridad de que allí se asientan de manera permanente, las
posiciones económicas acreedora o deudora del Banco y el usuario, compensándose
de manera permanente, lo que permite identificar cuál de las partes de la relación reviste
el carácter de acreedor, y cual el de deudor. Podemos observar que hay cuatro aspectos
que la identifican: 1.- El servicio de caja, por el cual el banco atiende todos los pagos y
todas las cobranzas que corresponda efectuara su titular; 2.- El servicio de
compensación automática de las partidas del debe y el haber que ingresan en la cuenta,
a efectos de que en todo momento sea posible fijar el saldo diario activo o pasivo de la
cuenta; 3.- El servicio de disponibilidad de los fondos depositados en la cuenta; y, 4.- El
servicio de crédito por vía de “descubiertos”.
Por otra parte, la asistencia crediticia que representa el descubierto en cuenta
puede provenir de la existencia de un contrato de apertura de crédito en cuenta corriente
bancaria (descubierto autorizado) o de un adelanto transitorio (descubierto no
autorizado). El descubierto contractual se materializa mediante un contrato de apertura
de crédito en cuenta corriente, por el cual el banco se compromete a poner a disposición
una suma determinada de dinero, autorizándolo a girar sobre ella en la cuenta corriente.
La dinámica funcional de la cuenta corriente bancaria nos permite afirmar que
constituye el principal y más frecuente de los contratos bancarios, por el gran número
de ellos y la importancia de la circulación económica que ellos suponen. Prácticamente
casi todos los movimientos operativos de un cliente de un banco quedan reflejados en
la o las cuentas corrientes bancarias abiertas, principalmente si el cliente es una persona
jurídica, que no puede ser titulares de cajas de ahorro según limitación reglamentaria.
Como lo sostiene gran parte de la doctrina judicial es un “contrato mediante el cual se
disciplinan futuras relaciones jurídicas, emergentes de relaciones plurales, con especial
referencia a las que el banco, en los límites de su organización empresaria realiza por
cuenta y orden del cliente. Constituye una convención de ejecución continuada y de
diverso contenido negocial, que no se agota con la realización de las distintas
operaciones que la alimentan, siendo un contrato de larga duración que reglamenta
tanto los derechos como las obligaciones de las partes, por tiempo indefinido.” 5
Préstamo y Descuento
El préstamo bancario “es el contrato por el cual el banco se compromete a entregar
una suma de dinero obligándose el prestatario a su devolución y al pago de los intereses
en la moneda de la misma especie, conforme con lo pactado” (art. 1408 del CCyC).
Adviértase que es un contrato nominado del que surge sus dos obligaciones principales:
1.- La entrega de una suma de dinero por parte del banco y 2.- La devolución de dicha
5
Cam. Civ. Y Comer. Sala 2da. Rosario. 15/08/2001. “Banco Bisel S.A c/ Viola, Evelyn L.
s/ demanda ejecutiva
suma con más intereses en la misma moneda (nacional o extranjera) en el plazo y
condiciones pactadas por parte del prestatario.
Sigue el criterio de especialidad del pago y reconoce el carácter oneroso y
sinalagmático del mismo.
El descuento bancario obliga al titular de un crédito contra terceros a cederlo a un
banco, y a éste a anticiparle el importe del crédito, en la moneda de la misma especie,
conforme con lo pactado. En tal sentido, el banco tiene derecho a la restitución de las
sumas anticipadas, aunque el descuento tenga lugar mediante endoso de letras de
cambio, pagarés o cheques y haya ejercido contra el tercero los derechos y acciones
derivados del título. (art. 1409 del CCyC). El descuento, en su acepción amplia, supone
restar una determinada cantidad dineraria de un importe nominal, de manera tal, que
aquél constituye la compensación de quien paga una suma determinada antes del
vencimiento y que se efectiviza bajo la forma de una deducción porcentual del monto
nominal.
Los elementos que caracterizan a la figura del descuento de documentos son los
siguientes:
a) La existencia de un crédito contra un tercero aún no vencido.
b) La entrega por el descontante al descontado del importe del crédito, previa
deducción de la tasa de descuento aplicada, comisiones y gastos; y
c) La transmisión pro solvendo (para pagar) del crédito contra el tercero hecha por
el descontado al descontante.
Desde el punto de vista económico, el descuento procura permitir al descontado,
la realización anticipada de un crédito, mientras que para la banca representa un medio
de emplear -a breve término- capitales; con el descuento el descontado obtiene el goce
y disponibilidad de la suma objeto del crédito, no sólo en forma inmediata sino anticipada
con relación al momento en el cual la habría normalmente obtenido. El costo para el
descontado de la utilidad obtenida con la operación, está representado por el descuento,
o sea del importe que el banco deduce del total de la suma descontada, y que se calcula
en forma tal de permitir a la entidad bancaria, la remuneración del capital anticipado y el
reembolso de los gastos. La función económica del descuento es esencialmente
crediticia, ya que el banco concede crédito al cliente anticipándole el importe de un
crédito de vencimiento posterior. Podríamos decir que esa finalidad económica del
contrato de descuento bancario se convierte en su causa: obtención de liquidez por el
cliente mediante el intercambio de activos financieros no monetarios, por anticipos en
dinero.
Un contrato de descuento de documentos donde no interviniera una entidad
financiera sería un contrato innominado, de acuerdo con la definición del art. 970 del
nuevo Código que se regirá por: a) la voluntad de las partes, b) las normas generales
sobre contratos y obligaciones, c) los usos y prácticas del lugar de celebración y d) las
disposiciones correspondientes a los contratos nominados afines que son compatibles
y se adecuan a su finalidad.
Respecto de los intereses, ellos se calculan sobre el valor nominal del crédito
descontatario aplicando una determinada tasa en el lapso que corre entre la fecha de
su admisión en la operación y la de vencimiento que el propio crédito reconoce. No se
calculan sobre la suma efectivamente anticipada. Así, la deducción se corresponde con
la diferencia entre el importe nominal del crédito y su valor actual. Por su puesto, a fin
de determinar la tasa tanto en descuento como en cualquier operación pasiva (incluso
el préstamo) se tienen en consideración particularidades tales como la solvencia del
descontado, en menor medida la del deudor cedido y, en general, los riesgos teóricos y
reales de la operación. El descuento es comercial cuando el título que se negocia tiene
su causa en operaciones comerciales entre librador y librado y de un descuento
financiero, cuando el título que se negocia no es sino el soporte o instrumento para
documentar un crédito que el Banco otorga, bien al librador, bien al librado.
El descuento es cambiario, si tiene por objeto créditos incorporados a títulos
valores de naturaleza cambiaria, pero no tiene una diversa naturaleza que el descuento
simple. Los títulos cambiarios descontables son: letras de cambio, pagarés, cheques,
facturas de crédito, las cartas de crédito que se utilizan en operatorias de comercio
exterior.
Cuando el título cambiario es endosado y descontado, el banco descontante
adquiere los derechos cartulares que de él derivan, frente a los endosantes anteriores,
librador o aceptante, y con relación a los avalistas. En tal sentido, el referido artículo
1409 del CCCN en su segundo párrafo prevé el caso en que el descuento tenga lugar
mediante endoso de "...letras de cambio, pagarés o cheques...".
En todo supuesto, el crédito que se presente para ser descontado debe reunir tres
requisitos generales: que se trate de un crédito dinerario; que el crédito sea contra un
tercero; y que el crédito objeto de descuento esté todavía sujeto a plazo. el cliente
(descontatario) cede al banco (descontante) el crédito que tiene contra un tercero bajo
la modalidad “pro solvendo” transfiriéndoselo a título de propiedad, pero bajo la
condición de la ausencia de su pago. No habiendo, pues, una cesión pro soluto, la
transmisión del crédito al banco no importa inmediata liberación para el cliente, sino que
esta última podrá tener lugar cuando el cesionario (banco descontante) cobre
efectivamente dicho crédito cedido, es decir, si el crédito cedido llega a "buen fin".
Toda vez que el descuento cambiario, al igual que el descuento no cambiario o
simple, se hace bajo la implícita cláusula "salvo buen fin", el cliente descontado,
únicamente queda liberado de su obligación de reembolso de la suma entregada por el
banco descontante, cuando llega a "buen fin" el cobro del crédito o valor de que se trate,
constituyendo la operación en cuestión una cesión pro solvendo.
La cesión cumple una función indirecta de reforzamiento de la posición del banco
descontante, por imperio de la cláusula implícita "salvo buen fin" el descontatario
garantiza la insolvencia del deudor cedido. Esta cláusula caracteriza al descuento en
sus dos modalidades (simple o cambiario), en el sentido de que el banco entrega
(anticipa) al cliente el importe del crédito (o del título cambiario), a condición de que el
crédito o valor descontado sea pagado por el tercero deudor al día del vencimiento (o
sea, a condición de que llegue "a buen fin"), de forma tal que si no es pagado, el banco
se resarcirá a su total voluntad y elección pudiendo dirigirse, según los casos, contra el
tercero deudor o bien reembolsándose del cliente-descontatario, mediante la restitución
del importe íntegro descontado. En consecuencia, el caso de mora el banco podrá no
ejercer los derechos del título de crédito deberá devolverlo al descontatario o ejercerlo
en forma judicial o extrajudicial y, aún ante el éxito, el Banco podría continuar siendo
acreedor del descontantario por cuanto la tasa de interés aplicada al deudor del título
de crédito (legal o convencional) podría ser inferior a la tasa de interés moratorio pactada
en el contrato de descuento de documento.
Apertura de crédito
En la apertura de crédito, el banco se obliga, a cambio de una remuneración en la
moneda de la misma especie de la obligación principal, conforme con lo pactado, a
mantener a disposición de otra persona un crédito de dinero, dentro del límite acordado
y por un tiempo fijo o indeterminado; si no se expresa la duración de la disponibilidad,
se considera de plazo indeterminado (art. 1810 del CCyC).
Por lo que nos encontramos frente a un contrato nominado, oneroso y bancario
por el que una parte, el banco mantiene a disposición un crédito en dinero en los
términos y limites (incluso temporales) pactados a favor del cliente. La ley presume la
indeterminación del plazo.
El cliente bancario entonces puede hacer uso del crédito hasta el límite acordado
extingue la obligación del banco, excepto que se pacte que los reembolsos efectuados
por el acreditado sean disponibles durante la vigencia del contrato o hasta el preaviso
de vencimiento.
La ley le otorga una protección especial a este crédito estableciendo que la
disponibilidad no puede ser invocada por terceros, no es embargable, ni puede ser
utilizada para compensar cualquier otra obligación del acreditado (art. 1412 del CCyC).
Servicio de cajas de seguridad
El servicio de cajas de seguridad es el contrato por medio del cual el banco se
obliga a brindar custodia a los bienes depositados por el usuario en sus locales en la
forma convenida y contra el pago una remuneración periódica. El banco garantiza la
seguridad de las cajas y responde por ella.
Así el prestador de una caja de seguridad responde frente al usuario por la
idoneidad de la custodia de los locales, la integridad de las cajas y el contenido de ellas,
conforme con lo pactado y las expectativas creadas en el usuario.
Pero, a su vez, el banco no responde por caso fortuito externo a su actividad, ni
por vicio propio de las cosas guardadas.
No se permiten las cláusulas de eximición de responsabilidad a favor de la entidad
bancaria, pero si su limitación cuantitativa en cuyo caso ésta no puede desnaturalizar
las obligaciones del prestador.
Suele ser de gran dificultad acreditar el contenido de las cajas de seguridad
cuando se produce un hecho que lo perjudica o destruye. Por eso se le otorga al usuario
la facultad de utilizar de cualquier medio de prueba para acreditar tal extremo.
La ley presume que existe una autorización indistinta para acceder a la caja de
seguridad cuando se trata de más de un titular de la misma.
Frente a la finalización de contrato, sea por recisión, resolución, por vencimiento
del plazo o cualquier otra causa, el prestador debe dar a la otra parte aviso fehaciente
del vencimiento operado, con el apercibimiento de proceder, pasados treinta días del
aviso, a la apertura forzada de la caja ante escribano público.
La apertura debe ser notificada al usuario y puesto a disposición su contenido,
previo pago de lo adeudado, por el plazo de tres meses; vencido dicho plazo y no
habiéndose presentado el usuario, puede cobrar el precio impago de los fondos hallados
en la caja.
El banco prestador se encuentra facultado a la venta de los referidos bienes para
el cobro de lo adeudado en su caso y, de existir remanente no reclamado por el usuario,
deberá consignarlo judicialmente.
Custodia de títulos.
La custodia de títulos es un contrato por el cual el banco asume a cambio de una
remuneración la guarda de valores en administración debiendo proceder gestionar el
cobro de los intereses o los dividendos y los reembolsos del capital por cuenta del
depositante y, en general, proveer la tutela de los derechos inherentes a los mismos.
Por medio de este instrumento contractual el depositante pone en custodia títulos
que otorgan beneficios económicos establecidos conforme las condiciones de su
emisión, sean tanto privados como públicos, para que la entidad bancaria los gestione,
ello es, no sólo garantice su guarda, sino también el cobro del los montos que
correspondan a sus titulares. Ello puede incluir dividendos (por ejemplo de acciones de
sociedades anónimas), intereses de bonos o títulos de deuda, o reembolso del capital
de estos últimos, entre otros.
Pero además el banco se obliga, contra una contraprestación dineraria a proveer
la tutela de los derechos inherentes a los títulos. Ello es tomar las medidas necesarias
para asegurar el ejercicio de los derechos que nacen de los mismos.
Es por ello que la entidad bancaria debe actuar con la debida diligencia necesaria
para el ejercicio de los derechos contenidos en el titulo en custodia, no siendo la omisión
de instrucciones del depositante una causa de liberación de la responsabilidad del
banco.
El Código Civil y Comercial permite que se autorice al banco a disponer de los
títulos dados en custodia, obligándose éste a entregar otros del mismo género, calidad
y cantidad. Ello debe ser convenido en forma expresa y siempre que las características
de los títulos lo permita.
En el supuesto que la restitución resulte de cumplimiento imposible, el banco debe
cancelar la obligación con el pago de una suma de dinero equivalente al valor de los
títulos al momento en que debe hacerse la devolución.´
Tarjeta de Crédito
La tarjeta de Crédito se encuentra regulada en nuestro país por la ley 25.065. Ella
en su artículo uno la define como un “sistema”, no un solo contrato. En efecto el art. 1
de dicha ley expresa que Se entiende por tal “al conjunto de contratos individuales cuya
finalidad es:
a) Posibilitar al usuario efectuar operaciones de compra o locación de bienes o
servicios u obras, obtener préstamos y anticipos de dinero del sistema, en los comercios e
instituciones adheridos.
b) Diferir para el titular responsable el pago o las devoluciones a fecha pactada o
financiarlo conforme alguna de las modalidades establecidas en el contrato.
c) Abonar a los proveedores de bienes o servicios los consumos del usuario en los
términos pactados. (Artículo sustituido por art. 15 del Decreto N° 70/2023 B.O.
21/12/2023).
Son elementos del sistema de tarjeta de crédito los siguientes:
Subjetivos:
1.- El Emisor que es la entidad, de cualquier naturaleza, en tanto se encuentre previsto
dentro de su objeto social, que emita Tarjetas de Crédito, o que haga efectivo el pago.
2.- El Titular de Tarjeta de Crédito es el que está habilitado para el uso de la Tarjeta de
Crédito y quien se hace responsable de todos los cargos y consumos realizados
personalmente o por los autorizados por el mismo.
3.- El Usuario, titular adicional, o beneficiario de extensiones que es quien se encunetra
autorizado por el titular para realizar operaciones con Tarjeta de Crédito, a quien el emisor
le entrega un instrumento de idénticas características que al titular.
4.- El Proveedor o Comercio Adherido: Aquel que en virtud del contrato celebrado con el
emisor, proporciona bienes, obras o servicios al usuario aceptando percibir el importe
mediante el sistema de Tarjeta de Crédito.
Objetivos:
5.- La Tarjeta de Compra es el instrumento que las instituciones comerciales entregan a
sus clientes para realizar compras exclusivas en su establecimiento o sucursales.
6.- Tarjeta de Débito: instrumento que las instituciones bancarias entregan a sus clientes
para que al efectuar compras o locaciones, los importes de las mismas sean debitados
directamente de una cuenta de ahorro o corriente bancaria del titular.
7.- Tarjeta de Crédito es el instrumento de identificación del usuario, que puede ser física
o virtual, magnética o de cualquier otra tecnología, emergente de una relación contractual
previa entre el titular y el emisor.
Existe un juego de contratos vinculados entre sí. El de la entidad bancaria y su cliente y los
del emisor de la tarjeta y los distintos proveedores.
El contrato de emisión de Tarjeta de Crédito debe contener los siguientes requisitos:
a) Plazo de vigencia especificando comienzo y cese de la relación (plazo de vigencia de la
tarjeta).
b) Plazo para el pago de las obligaciones por parte del titular.
c) Porcentual de montos mínimos de pago conforme a las operaciones efectuadas.
d) Montos máximos de compras o locaciones, obras o retiros de dinero mensuales
autorizados.
e) Tasas de intereses compensatorios o financieros.
f) Tasa de intereses punitorios.
g) Fecha de cierre contable de operaciones.
h) Tipo y monto de cargos administrativos o de permanencia en el sistema (discriminados
por tipo, emisión, renovación, envío y confección de resúmenes, cargos por tarjetas
adicionales para usuarios autorizados, costos de financiación desde la fecha de cada
operación, o desde el vencimiento del resumen mensual actual o desde el cierre contable
de las operaciones hasta la fecha de vencimiento del resumen mensual actual, hasta el
vencimiento del pago del resumen mensual, consultas de estado de cuenta, entre otros).
i) Procedimiento y responsabilidades en caso de pérdida o sustracción de tarjetas.
j) Importes o tasas por seguros de vida o por cobertura de consumos en caso de pérdida
o sustracción de tarjetas.
k) Firma del titular y de personal apoderado de la empresa emisora. Si el instrumento fuese
generado por medios electrónicos, el requisito de la firma quedará satisfecho si se utiliza
cualquier método que asegure indubitablemente la exteriorización de la voluntad de las
partes y la integridad del instrumento. (conforme art. 115 de la Ley N° 27.444 B.O.
18/6/2018)
l) Las comisiones fijas o variables que se cobren al titular por el retiro de dinero en efectivo.
m) Consecuencias de la mora.
n) Una declaración en el sentido que los cargos en que se haya incurrido con motivo del
uso de la Tarjeta de Crédito son debidos y deben ser abonados contra recepción de un
resumen periódico correspondiente a dicha tarjeta.
h) Causales de suspensión, resolución y/o anulación del contrato de Tarjeta de Crédito.
El contrato de emisión de tarjeta de crédito finaliza por:
1.- Vencimiento del plazo, si se hubiese pactado la renovación automática el usuario podrá
dejarla sin efecto comunicando su decisión por medio fehaciente con treinta días de
antelación. El emisor deberá notificar al titular en los tres últimos resúmenes anteriores al
vencimiento de la relación contractual la fecha en que opera el mismo.
2.- Falta de recepción de Tarjetas de crédito renovadas por el titular.
3.- Decisión de titular comunicada por un medio fehaciente al emisor. La conclusión puede
ser parcial respecto de los adicionales, extensiones o autorizados por el titular, comunicada
por este del mismo modo.
Los contratos que no se ajusten a los términos de la ley son nulos e inoponibles al titular,
sus fiadores o adherentes.
Son cláusulas nulas aquellas que:
a) Importen la renuncia por parte del titular a cualquiera de los derechos que otorga la
presente ley.
b) Faculten al emisor a modificar unilateralmente las condiciones del contrato.
c) Impongan costos por informar la no validez de la tarjeta, sea por pérdida, sustracción,
caducidad o rescisión contractual.
d) Autoricen al emisor la rescisión unilateral incausada.
e) Impongan compulsivamente al titular un representante.
f) Permitan la habilitación directa de la vía ejecutiva por cobro de deudas que tengan origen
en el sistema de tarjetas de crédito.
g) Suponen prórroga a la jurisdicción establecida en esta ley.
h) Adhesiones tácitas a sistemas anexos al sistema de Tarjeta de Crédito.
Respecto de los intereses aplicables a estas operaciones entre cliente y emisor, la ley
obliga a publicarlos.
La ley de Tarjeta de crédito impone algunas limitaciones a los intereses a saber:
1.- Los intereses compensatorios o financieros que el emisor aplique al titular no podrá
superar en más del veinticinco por ciento (25%) a la tasa que el emisor aplique a las
operaciones de préstamos personales en moneda corriente para clientes.
En caso de emisores no bancarios el límite de los intereses compensatorios o financieros
aplicados al titular no podrá superar en más del veinticinco por ciento (25%) al promedio
de tasas del sistema para operaciones de préstamos personales publicados del día uno al
cinco (1 al 5) de cada mes por el Banco Central de la República Argentina.
2.- Los intereses punitorios no pueden capitalizarse.
3.- No procede la aplicación de intereses punitorios si se hubieran efectuado los pagos
mínimos indicados en el resumen en la fecha correspondiente.
Respecto al momento desde cuando se computan compensatorios o financieros:
a) Sobre los saldos financiados entre la fecha de vencimiento del resumen mensual actual
y la del primer resumen mensual anterior donde surgiera el saldo adeudado.
b) Entre la fecha de la extracción dineraria y la fecha de vencimiento del pago del resumen
mensual.
c) Desde las fechas pactadas para la cancelación total o parcial del crédito hasta el efectivo
pago.
d) Desde el vencimiento hasta el pago cuando se operasen reclamos, no aceptados o
justificados por la emisora y consentidos por el titular.
Los intereses punitorios proceden cuando no se abone el pago mínimo del resumen y
sobre el monto exigible.
El emisor debe confeccionar y enviar mensualmente un resumen detallado,
preferentemente en forma electrónica, de las operaciones realizadas por el titular o sus
autorizados. Este debe contener obligatoriamente:
a) Identificación del emisor, de la entidad bancaria, comercial o financiera que opere en su
nombre.
b) Identificación del titular y los titulares adicionales, adherentes, usuarios o autorizados
por el titular.
c) Fecha de cierre contable del resumen actual y del cierre posterior.
d) Fecha en que se realizó cada operación.
e) Número de identificación de la constancia con que se instrumentó la operación.
f) Identificación del proveedor.
g) Importe de cada operación.
h) Fecha de vencimiento del pago actual, anterior y posterior.
i) Límite de compra otorgado al titular o a sus autorizados adicionales autorizados
adicionales.
j) Monto hasta el cual el emisor otorga crédito.
k) Tasa de interés compensatorio o financiero pactado que el emisor aplica al crédito,
compra o servicio contratado.
l) Fecha a partir de la cual se aplica el interés compensatorio o financiero.
m) Tasa de interés punitorio pactado sobe saldos impagos y fecha desde la cual se aplica.
n) Monto del pago mínimo que excluye la aplicación de intereses punitorios.
ñ) Monto adeudado por el o los períodos anteriores, con especificación de la clase y monto
de los intereses devengados con expresa prohibición de la capitalización de los intereses.
o) Plazo para cuestionar el resumen en lugar visible y caracteres destacados.
p) Monto y concepto detallados de todos los gastos a cargo del titular, excluidas las
operaciones realizadas por éste y autorizadas.
El resumen de la tarjeta de crédito debe ser recibido por el titular con una anticipación
mínima de cinco (5) días anteriores al vencimiento de su obligación de pago,
independientemente de lo pactado en el respectivo contrato.
En el supuesto de la no recepción del resumen, el titular dispondrá de un canal de
comunicación telefónico proporcionado por el emisor durante las veinticuatro (24) horas
del día que le permitirá obtener el saldo de la cuenta y el pago mínimo que podrá realizar.
El titular puede cuestionar la liquidación dentro de los treinta (30) días de recibida,
detallando claramente el error atribuido y aportando todo dato que sirva para esclarecerlo
por nota simple girada al emisor. El emisor debe acusar recibo de la impugnación dentro
de los siete (7) días de recibida y, dentro de los quince (15) días siguientes, deberá corregir
el error si lo hubiere o explicar claramente la exactitud de la liquidación, aportando copia
de los comprobantes o fundamentos que avalen la situación. El plazo de corrección se
ampliará a sesenta (60) días en las operaciones realizadas en el exterior. Mientras dura el
procedimiento de impugnación, el emisor:
a) No podrá impedir ni dificultar de ninguna manera el uso de la Tarjeta de Crédito o de sus
adicionales mientras no se supere el límite de compra.
b) Podrá exigir el pago del mínimo pactado por los rubros no cuestionados de la liquidación.
Realizadas las explicaciones por el emisor, el titular debe manifestar si le satisfacen o no
en el plazo de siete (7) días de recibidas. Vencido el plazo, sin que el titular se expida, se
entenderán tácitamente aceptadas las explicaciones.
Si el titular observare las explicaciones otorgadas por el emisor, este último deberá resolver
la cuestión en forma fundada en el plazo de diez (10) días hábiles, vencidos los cuales
quedará expedita la acción judicial para ambas partes.
Cabe destacar que el pago del mínimo que figura en el resumen antes del plazo de
impugnación o mientras se sustancia el mismo, no implica la aceptación del resumen
practicado por el emisor.
Respecto del pago del saldo de la tarjeta de crédito en moneda extranjera, el titular puede
cancelar sus saldos en la moneda extranjera o en la de curso legal en el territorio de la
República al valor al tiempo del efectivo pago del resumen sin que el emisor pueda efectuar
cargo alguno más que el que realiza por la diferencia de cotización el Banco Central de la
República Argentina.
En cuanto a la relación entre proveedor y el emisor, éste debe informar inmediatamente a
los proveedores sobre las cancelaciones de Tarjetas de Crédito antes de su vencimiento
sin importar la causa. La falta de información no perjudicará al proveedor. O vista en
contrario, hace responsable al emisor.
El proveedor está obligado conforme el art. 37 de la ley específica a:
a) Aceptar las tarjetas de crédito que cumplan con las disposiciones de esta ley.
b) Verificar siempre la identidad del portador de la tarjeta de crédito que se le presente.
c) No efectuar diferencias de precio entre operaciones al contado y con tarjeta.
d) Solicitar autorización en todos los casos.
Respecto del contrato entre emisor y proveedor debe contener como mínimo:
a) Plazo de vigencia. b) Topes máximos por operación de la tarjeta de que se trate.
c) Determinación del tipo y monto de las comisiones, intereses y cargos administrativos de
cualquier tipo. d) Obligaciones que surgen de la presente ley.
e) Plazo y requisitos para la presentación de las liquidaciones. f) Tipo de comprobantes a
presentar de las operaciones realizadas. g) Obligación del proveedor de consulta previa
sobre la vigencia de la tarjeta.
La ley prevé un proceso para la preparación de la vía ejecutiva y prohíbe la utilización del
sistema de ejecución de saldos sobre cuentas corrientes para evadir el sistema previsto
por la ley especial de tarjeta de crédito.
En cuanto a las responsabilidades y relaciones entre proveedores, titulares de tarjeta y
emisor debemos decir que éste último es en principio ajeno a las controversias entre el
titular y el proveedor derivadas de la ejecución de las prestaciones convenidas salvo que
el emisor promoviera los productos o al proveedor pues garantiza con ello la calidad del
producto o del servicio.
Por otra parte, el incumplimiento de cualquiera de las obligaciones del proveedor con el
titular, dará derecho al emisor a resolver su vinculación contractual con el proveedor.
El titular que hubiera abonado sus cargos al emisor queda liberado frente al proveedor de
pagar la mercadería o servicio aun cuando el emisor no abonará al proveedor (art. 45 LTC).
La ley establece que carecen de efecto las cláusulas que impliquen exoneración de
responsabilidad de cualquiera de las partes que intervengan directa o indirectamente en la
relación contractual.
Ahorro con fines determinados
El contrato de ahorro para fines determinados supone un sistema que esencialmente
incluye tres principios generales:
a) autofinanciación, es decir, inexistencia de fondos exógenos al sistema
b) equidad entre todos los participantes
c) protección legal.
El contrato de ahorro celebrado entre el suscriptor y la sociedad administradora del
sistema se trata de uno innominado, complejo, de ejecución continuada, oneroso,
autónomo, típico y claramente es un contrato de adhesión con cláusulas predispuestas
por el segundo.
Las condiciones generales de contratación deben estar aprobadas por la autoridad de
control (Inspección General de Justicia), debiendo ser uniformes para todos los
adherentes y podrán modificarse únicamente con autorización expresa de dicho órgano.
Las partes que participan de este sistema son tres:
1) cada ahorrista individual, que asume las calidades de mandante de la sociedad
administradora y mutuario y deudor prendario frente al grupo de ahorro.
2) el grupo de ahorro, que asume las calidades de mandante de la sociedad de ahorro
y de mutuante y acreedor prendario de cada uno de los miembros a los que adjudicó
dinero para adquirir el bien
3) la sociedad de ahorro administradora del sistema.
La sociedad administradora debe garantizar su solvencia y cumplir fielmente el contrato,
resolver equitativamente las situaciones imprevistas y cobrar honorarios por todo ello.
El Estado controla a estas sociedades en virtud de hallarse comprometido el interés
público. El control de la Inspección General de Justicia tiene dos fases: control de la
legalidad y control de gestión. Existe un control único y con jurisdicción nacional a cargo
de la Inspección General de Justicia.
Fideicomiso financiero y de garantía.- Sujetos, objeto y obligaciones. Régimen del
Código Civil y Comercial
El fideicomiso financiero es aquel donde el fiduciario es una entidad financiera o una
sociedad especialmente autorizada por el organismo de contralor de los mercados de
valores para actuar como fiduciario financiero, y beneficiarios son los titulares de
los títulos valores (art. 1690 del CCyC)
Conforme expresa artículo 1691 del Código Civil y Comercia, estos títulos
valores pueden ofrecerse al público en los términos de la normativa sobre oferta pública
de títulos valores. En ese supuesto, el organismo de contralor de los mercados de
valores debe ser autoridad de aplicación respecto de los fideicomisos financieros,
pudiendo dictar normas reglamentarias, incluyendo la determinación de los requisitos a
cumplir para actuar como fiduciario.
A su vez, el artículo 1692 dispone que el contrato de fideicomiso financiero debe incluir,
además de los requisitos genéricos de todo contrato de fideicomiso, los términos y
condiciones de emisión de los títulos valores, las reglas para la adopción de decisiones
por parte de los beneficiarios, incluyendo las previsiones para el caso de insuficiencia o
insolvencia del patrimonio fideicomitido, y la denominación o identificación particular
del fideicomiso financiero.
Respecto de los certificados de participación y títulos de deuda, el art. 1693 del Código
Civil y Comercial establece que los primeros serán emitidos por el fiduciario y que los
títulos representativos de deuda garantizados por los bienes fideicomitidos podrán ser
emitidos por el fiduciario o por terceros, pudiendo ser cualquiera de ellos tanto al
portador, como nominativos endosables o nominativos no endosables, cartulares o
escriturales, según lo permita la legislación pertinente.
Dichos certificados deben ser emitidos sobre la base de un prospecto en el que consten
las condiciones de la emisión, las enunciaciones necesarias para identificar el
fideicomiso al que pertenecen, y la descripción de los derechos que confieren,
permitiendo, además, la emisión de certificados globales de los certificados de
participación y de los títulos de deuda, para su inscripción en regímenes de depósito
colectivo.
Por su parte, el art. 1694 permite la emisión de diversas clases de certificados de
participación o títulos representativos de deuda, con derechos diferentes, debiendo
otorgarse los mismos derechos dentro de cada clase.
Por último, artículo 1694 le otorga la vía ejecutiva a los títulos representativos de la
deuda.
La Sección 6ª, en sus artículos 1695 y 1696, se ocupa de la regulación de las asambleas
de tenedores de títulos representativos de deuda o certificados de participación.
Establece como principio que ante la falta de disposiciones contractuales en contrario,
o reglamentaciones del organismo de contralor de los mercados de valores, en los
fideicomisos financieros con oferta pública las decisiones colectivas de los beneficiarios
de este tipo de fideicomiso se deben adoptar por asamblea, a la que se aplican las reglas
de convocatoria, quórum, funcionamiento y mayorías de las sociedades anónimas,
excepto en el caso en que se trate la insuficiencia del patrimonio fideicomitido o la
reestructuración de sus pagos a los beneficiarios. En este último caso, se aplican las
normas de las asambleas extraordinarias de sociedades anónimas, pero ninguna
decisión es válida sin el voto favorable de tres cuartas partes de los títulos emitidos y en
circulación.
Finalmente, en el supuesto de existencia de títulos representativos de deuda y
certificados de participación en un mismo fideicomiso financiero, el cómputo del quórum
y las mayorías se debe hacer sobre el valor nominal conjunto de los títulos valores en
circulación. Sin embargo, ninguna decisión vinculada con la insuficiencia del patrimonio
fideicomitido o la reestructuración de pagos a los beneficiarios es válida sin el voto
favorable de tres cuartas partes de los títulos representativos de deuda emitidos y en
circulación, excluyendo a los títulos representativos de deuda subordinados, salvo
disposición en contrario en el contrato.
Respecto del fideicomiso en garantía, el artículo 1680 del referido cuerpo legal establece
que si el fideicomiso se constituye con ese objeto, el fiduciario puede aplicar las sumas
de dinero que ingresen al patrimonio, incluso por cobro judicial o extrajudicial de los
créditos o derechos fideicomitidos, al pago de los créditos garantizados.
Además, con relación a otros bienes para ser aplicados a la garantía, el fiduciario puede
disponer de ellos según lo dispuesto en el contrato y, en defecto de convención, en
forma privada o judicial, asegurando un mecanismo que procure obtener el mayor valor
posible de los bienes.
Factoraje (Factoring) - Cesión de facturas.
Según lo define el art. 1421 del Código Civil y Comercial hay contrato
de factoraje cuando una de las partes, denominada factor, se obliga a adquirir por un
precio en dinero determinado o determinable los créditos originados en el
giro comercial de la otra, denominada factoreado, pudiendo otorgar anticipo sobre tales
créditos asumiendo o no los riesgos.
Debemos aclarar que la gestión de cobranzas no es factoring, ya que supone solamente
la prestación de servicios de cobros de deudas sin otorgamiento de financiación, hecho
por el cual no conforma una financiera.
Cabe señalar que el factoraje consiste en la “adquisición” de créditos originados en el
giro comercial del asistido, lo que permite afirmar que los créditos comprometidos salen
del patrimonio del factoreado asistido para pasar a integrar el patrimonio del factor; de
este modo, queda regulada la diferencia existente con el descuento de documento
donde los documentos negociados se transfieren a título de respaldo de la asistencia
crediticia otorgada (“pro solvendo”), puesto que el cliente descontado se endeuda con
el banco y se obliga a cancelar la totalidad del crédito otorgado, en el supuesto de que
alguno de los documentos descontados no pudieran cobrarse.
Así, en el factoraje, es habitual la asunción del riesgo de incobrabilidad por parte del
factor, quien tiene plenas facultades para evaluar y seleccionar los créditos que va a
asumir y financiar. No sucede lo mismo en el descuento de documentos.
Además de la financiación, puede pactarse que el factor preste otros servicios
complementarios, como ser, investigación de mercados, publicidad, mercadotecnia,
contabilización, información de interés, etc. (art. 1422 del CCyC).
Pueden ser cedidos, por medio de esta operatoria, todos o tan solo parte de los créditos
del factoreado en forma global. Puede tratarse de créditos presentes o futuros en la
medida que sean determinables (art. 1423 del CCyC). Por ello es posible decir que
existen dos formas de transmisión de los títulos:
- Transmisión individual y sucesiva de los créditos presentes, porque se va
materializando a medida que van naciendo (sistema de la pluralidad de cesiones
individuales).
- Transmisión global y anticipada de los créditos futuros, que no tienen existencia actual
pero que pueden llegar a existir (sistema de la cesión única global).
La adquisición de los créditos que dan origen al financiamiento y su cesión, resulta de
vital relevancia para el perfeccionamiento de los derechos en cabeza de su nuevo titular
y de su oponibilidad a los deudores cedidos y terceros con intereses legítimos sobre los
mismos.
El contrato que instrumente el factoraje financiero debe incluir 1.- la descripción de los
derechos de crédito que se transmiten, 2.- la identificación del factor y factoreado y 3.-
los datos necesarios para identificar los documentos representativos de los derechos de
crédito, sus importes y sus fechas de emisión y vencimiento o los elementos que
permitan su identificación cuando el factoraje es determinabl3 (art. 1424 del citado
Código).-
Resulta necesario recordar que el negocio de factoraje es complejo y de duración
temporal, por lo tanto, el cuerpo contractual debe configurar el principal instrumento
regulador de los derechos y obligaciones de las partes y de las vicisitudes de la dinámica
del negocio. Por ello, el contrato deba ser autosuficiente y completo en su función
reguladora, de modo de reducir lo más estrechamente posible el marco de aplicación
por analogía de otras normas legales, las que tal vez no resulten idóneas para solucionar
los conflictos que eventualmente se originen durante la vigencia de la relación
contractual.
Los requisitos formales del contenido del contrato establecido en la ley tienen su razón
de ser en que el mismo es título suficiente para la trasmisión de los derechos cedidos.
La cesión global de los créditos futuros que adquiere el factor, por sí mismo perfecciona
el contrato de factoraje, aunque los efectos traslativos de la propiedad de los créditos
involucrados queden supeditados a su existencia posterior y sometidos, a la condición
del ejercicio de la facultad del factor de aceptarlos financiar.
El establecimiento de garantías tanto reales como personales, así como la retención de
un porcentaje del crédito para asegurar la cobrabilidad o aforo son permitidas y
habitualmente utilizadas. Su vigencia permanecerá hasta la extinción de las
obligaciones del factoreado.
Si los créditos negociados se encuentran sustentados en instrumentos contractuales o
convencionales, susceptibles de la oposición de defensas y excepciones personales y
causales, es frecuente pactar un aforo que oscila entre el 10 % y el 20 % del valor del
crédito. Ello implica una retención del mismo en garantía por su posible incobrabilidad.
El factoreado responde por la pérdida de valor de los derechos del crédito cedido, aun
cuando el factoraje se haya celebrado sin garantía o recurso. Ello siempre que el cobro
del crédito no sea factible con motivo en el acto jurídico que lo originó. O sea, que el
factoreado responde por la existencia y legitimidad de cada uno de los créditos
transferidos. La existencia del crédito significa que el mismo realmente ha nacido e
integra el patrimonio del factoreado al momento de perfeccionarse el contrato de
factoraje. La legitimidad del crédito representa la inexistencia de ninguna causal de
nulidad o anulabilidad del mismo.
La notificación al deudor cedido es un requisito esencial para la cesión de derechos,
para el factoraje la norma del artículo 1428 del Código Civil y Comercial prevé la
utilización de cualquier medio que evidencia razonablemente la recepción de la misma.
Realizada la notificación, el deudor cedido tiene la certeza que en lo sucesivo debe
pagar al factor y no a su acreedor originario (factoreado).
La evolución de los factoring o factoraje a reconocido diversas formas podemos
destacar las siguientes:
a) Old line factoring: es el que tiene por objeto la compra de créditos. No se diferencia
del simple "descuento de documentos" o cesión de créditos instrumentados en facturas,
pagarés, cheques diferidos, etc. y por lo tanto se regula por las reglas de la cesión de
créditos en general y, cuando se trate del descuento de pagarés, letras de cambio o
cheques diferidos se le aplican las reglas del endoso de la respectiva legislación
específica.
b) New style factoring: esta modalidad del contrato se distingue del anterior por cuanto
la empresa de factoreo no sólo adquiere créditos sino que también presta servicios
varios, tales como los de análisis de la cartera de créditos, administración de las
cobranzas y otras actividades conexas a las antes descriptas. En rigor este es el
contrato de factoring propiamente dicho. Los servicios que de ordinario prestan estas
empresas consisten en estudios de mercado, selección de clientes, informes
estadísticos, servicios relativos al almacenamiento de mercaderías y control de stocks
o inventario de mercaderías, control de facturación y cobranza, servicios de contabilidad
y análisis de solvencia de los clientes a los fines del otorgamiento y fijar los niveles de
crédito que pueden otorgarse a los respectivos clientes.
c) Factoring internacional: es el que se refiere a la adquisición de créditos de deudores
localizados en diversos países y puede revestir el carácter de "old line" o "new style",
según las características acordadas entre la empresa de factoreo y el cliente.
d) Non notification factoring: implica guardar secreto de la existencia del factoreo por
cuanto la existencia del factoring de facturas se percibía por el público y proveedores
como un síntoma de debilidad financiera del factoreado que, por consiguiente impactaba
negativamente en las ventas de la empresa cuyos créditos se cedían. Esta posibilidad
no es contemplada por el nuestra ley, la que se exige notificar al deudor cedido por
cualquier medio.
e) Maturity factoring: en este tipo el factor se compromete al pago al cedente del monto
de las facturas cedidas al vencimiento del crédito adquirido, asumiendo el riesgo y
gestión de cobranza e insolvencia del deudor.
f) Credit cash factoring: supone un préstamo en tanto la cesión se efectúa con pago
inmediato, contra la cesión de las facturas adquiridas por la empresa de factoring.
g) Drop shipment factoring: en este tipo de factoring, el factor se obliga a financiar
comprando todos los créditos del cliente (tanto los presentes como los futuros) siempre
que se trate de facturas previamente aprobadas.
5.-Financiación de emisiones (Underwriting).-
El significado gramatical del vocablo en idioma inglés “underwriting”, se identifica
en lengua española con el concepto de “debajo de lo escrito“, conforme puede
desprenderse de su antecedente más remoto hallado en Inglaterra, a fines del siglo XVII.
En aquella época, puede observarse que los contratos de seguro marítimo de Inglaterra,
contenían la particularidad de que los asegurados (llamados underwriters), asumían los
riesgos de las travesías por un determinado valor
el contrato de underwriting “es aquel en virtud del cual una entidad emisora de
valores mobiliarios conviene con una entidad financiera, bien sea banco de inversión,
compañía financiera o banco comercial, su participación en la colocación pública a fin
de asegurar la cobertura de esa emisión”.6
el underwriting, es un contrato atípico celebrado entre un banco o una entidad
financiera (underwriter) y una empresa o sociedad comercial, por el cual la primera se
obliga principalmente a prefinanciar la emisión de acciones u obligaciones negociables,
a cambio de una determinada remuneración y, complementariamente, a prestar una
diversidad de servicios (remunerados o no), tales como asesoramiento, estudio, emisión
de informes, consejos, entre otros, todos convergentes y de manera interdependiente,
para arribar a un único resultado predeterminado, que es el buen éxito del negocio.
El banco o la entidad financiera interviniente, proporciona a la sociedad emisora,
por anticipado, los fondos de dinero que serían el resultado de la emisión de acciones o
de títulos valores, decidida. Pero es preciso diferenciar el underwriting como operación
activa, que lleva ínsito el financiamiento de la emisión, de aquel underwriting que
simplemente es una operación de servicios, donde no se asume ninguna obligación de
suscribir las obligaciones negociables7.
6
LINARES BRETON, Samuel “La operación financiera de underwriting”, Diario LA LEY 140-113.
7
BARREIRA DELFINO, Eduardo A. y BONEO VILLEGAS, Eduardo “Contratos bancario modernos”, p. 233,
editorial ABELEDO PERROT, Buenos Aires – Año 1985.
La colocación en el mercado de capitales de valores negociables que se emiten,
es el mecanismo apto para permitir llegar al universo de potenciales inversores, sin
distinción de la capacidad patrimonial de los mismos.
En suma, es un contrato por el cual una entidad financiera prefinancia a una
empresa la emisión de acciones o títulos de deuda, en forma total o parcial,
encargándose además de colocar luego los títulos en el mercado.
Las partes del contrato son:
a) La empresa emisora. Es la que necesita fondos líquidos que se generen
mediante la colocación de títulos valores al público, para lo cual contrata los servicios
de intermediarios especializados (generalmente bancos), de modo de facilitar la
obtención de los recursos.
b) El banco y demás entidades financieras. Es la entidad especializada en la
intermediación de títulos valores, tanto en el mercado primario como en el secundario,
que normalmente organiza una estructura piramidal con otros intermediarios financieros
que participan en los esfuerzos de colocación de los títulos valores en el mercado.
El “Underwriting” puede ser de distintos tipos:
1.- En firme. Consiste en la suscripción inmediata de la totalidad de la emisión
dispuesta, la entidad financiera desembolsa el monto total de la emisión aprobada que
suscribe, en forma inmediata a favor de la empresa emisora, lo que representa el éxito
absoluto de la obtención de la financiación perseguida por esta última. Y como
contrapartida, el banco interviniente se encarga de vender y colocar los títulos en el
mercado por su cuenta y riesgo. Es decir que por esta modalidad, la empresa emisora
se garantiza tener cubierta la totalidad de la emisión en el mismo acto de la creación y
entrega de los títulos. Por su parte, el banco ofrece los títulos en el mercado a precio de
cotización, por lo que si este precio es “sobre la par”, la diferencia lo beneficia; si, en
cambio, es “a la par” o “bajo la par”, la diferencia constituye el riesgo asumido al haber
garantizado “en firme” la emisión de los respectivos títulos suscriptos.
2.- Al mejor esfuerzo (“best-effort”). El banco se compromete a desplegar sus
máximos esfuerzos para colocar en el mercado los títulos emitidos, dentro de un plazo
determinado, pudiendo comprar y suscribir los títulos emitidos (servicio financiero) o
comprometiéndose solo a colocarlos entre los inversores por cuenta de la emisora
(servicio administrativo y de gestión).
3.- De simple colocación. En este supuesto no hay un adelanto de fondos y, por
lo tanto, no hay suscripción ni financiamiento a favor del emisor. El banco solamente
compromete una obligación de hacer, de prestar un simple servicio de carácter
profesional, remunerado mediante una comisión o retribución específica, por la gestión
de colocar los títulos en el mercado de capitales.
SEGUROS
CAPITULO III
1. - Contrato de seguro. Orígenes. Evolución histórica. Ley 17.418.
Definición. Naturaleza jurídica. Características. Artículo 4º. Carácter aleatorio del
contrato. Elementos del contrato. Caracteres.
Contrato de seguro. Orígenes. Evolución histórica.
Los antecedentes del seguro los encontramos entre los mercaderes
babilónicos, unos 3.000 años antes de Cristo. Entre todos los mercaderes
asumían la pérdida de mercancías al atravesar el país. Esto se conocía
como ‘préstamos a la gruesa’: una persona humana prestaba dinero a otra, por el valor
de ciertos objetos que llevará en sus mercancías. Hacia el 2.250 a.C. Esta práctica se
legalizó y se conoció como parte del Código Hammurabi.
Los hebreos también contemplaban estas prácticas tal y como se reflejan en el
Talmud de Babilonia, donde los trabajadores en puestos públicos de la sociedad, se
dedicaban a recaudar impuestos para crear un fondo comunitario para hacer frente a
situaciones que pudieran surgir.
En el comercio marítimo de Rodas (Grecia) también se conocía el préstamo a la
gruesa adoptándolo para proteger sus barcos y sus cargas.
En Grecia también existía una asociación llamada Eranoi que tenía el objetivo de
socorrer a sus socios mediante una cotización de todos los pertenecientes al gremio.
También había asociaciones de artesanos en las que, a través de una aportación, se
aseguraban sus funerales. Unos 1.000 años a.C., Grecia regula que, en caso de avería
gruesa y de verse obligados a lanzar la mercancía por la borda por riesgo de
hundimiento, las pérdidas deben repartirse proporcionalmente entre todos los
comerciantes.
La Edad Media estuvo marcada por el desarrollo y crecimiento comercial. En esta
época aparecen los primeros seguros sobre la vida humana, debido a los viajes que se
realizaban a través del océano. Los piratas se dedicaban a capturar a la tripulación y
pedir un rescate, y si éstos no lo tenían, eran lanzados al mar.
En la Inglaterra del siglo IX nacen las “guilds”, una corporación de mercaderes o
comerciantes que funcionaban institucionalmente como los gremios de artesanos. Este
grupo de personas con una actividad común establecían reglas comunes a todos ellos.
Los primeros aseguradores eran personas humanas que asumían individualmente uno
o varios riesgos.
El seguro con ánimo de lucro tiene su origen en Italia en el siglo XIV. En
esa época, los aseguramientos marítimos se hacían a través de préstamos. Era una
forma de establecer las garantías de solidaridad de todas las expediciones. En este
período aparece el primer contrato de seguro marítimo firmado en 1347 en el que se
aseguraba el buque ‘Santa Clara’ que hizo la ruta entre Génova-Mallorca. Estos
contratos recibieron el nombre de pólizas.
El 2 de septiembre de 1666 se produjo el gran incendio de Londres, que
comenzó a extenderse sin límites y que arrasó gran parte de la ciudad. El
resultado fue catastrófico, 12.300 casas y 87 iglesias destruidas y miles de
personas que perdieron sus casas y negocios. Es aquí donde aparece la primer
compañía aseguradora contra incendios, la "Fire Office".
En Inglaterra, Edward Lloyd, a propietario de una cafetería llamada Lloyd’s
que se encontraba ubicada en el sector financiero de Londres, comenzó a
publicar en 1698 las ‘Lloyd’s News’, donde daba información de los viajes
más recientes. Se convirtió en una auténtica bolsa de seguros y se creó la primera
asociación de aseguradores particulares: ‘Lloyd’s Underwriters’. De esta forma, la
institución se ha convertido en la sociedad anónima de aseguradoras más famosa del
sector
Durante el siglo XVIII, cobran importancia los cálculos de probabilidades,
por lo que tanto las rentas vitalicias como las indemnizaciones se van a calcular
científicamente, teniendo en cuenta la edad y otros factores. Esto da origen a las tablas
de mortalidad. La primera empresa que nace basándose en esta teoría es The Equitable
Life Assurance Society en 1762 en Inglaterra.
A finales del siglo XVIII, se instalan en el Virreinato del Río de la Plata las
primeras agencias de Compañías de Seguro de origen español, mientras que
paralelamente se proponían las primeras medidas tendientes a favorecer los estudios
económicos y comerciales vinculados a Seguros.
En el Consulado de Buenos Aires en 1794, Manuel Belgrano (secretario)
tenía por objeto además del comercio, la temática de los seguros marítimos
y terrestres por el comercio existente con la Corona Española; de esta
forma, se crea el 7 de noviembre de 1796, a instancias de nuestro prócer,
la primera compañía de seguros denominada "La Confianza".
Debido al auge y a la prosperidad del comercio en el Río de la Plata, una vez
producida la emancipación de la metrópoli, se empezaron a asentar representantes o
mandatarios de aseguradores extranjeros, particularmente de Inglaterra. En el año
1860, aún no consumada la etapa de reorganización política en nuestro país por la
secesión del Estado de Buenos Aires, se constituye la primera entidad aseguradora
denominada "Compañía Argentina de Seguros Marítimos S.A."
Durante 1890 se dicta un decreto por el cual se da inicio a la supervisión
administrativa de las empresas de seguros, creándose a tal efecto un Cuerpo de
Inspectores de sociedades anónimas durante el año 1893. Este cuerpo cumplió con su
cometido de contralor hasta 1897 en que se crea la Inspección General de Sociedades,
que devino con posterioridad en la actual Inspección General de Justicia.
Recién en la primera mitad del siglo XX el Estado Nacional da los primeros
pasos para ejercer el contralor y poder de policía respecto de las empresas
aseguradoras. Así, fue creada la Superintendencia de Seguros de la Nación mediante
el Decreto Nº 108.295/ 1937, durante la gestión del presidente Agustín P. Justo.
Ley 17.418. Definición. Naturaleza jurídica. Características. Artículo 4º.
Carácter aleatorio del contrato. Elementos del contrato. Caracteres.
La actividad aseguradora y el derecho del seguro se encuentran regulados
en nuestro país en la Ley N° 17418/1967 LS), complementada por las leyes N° 20091,
22400.
El seguro en particular es la asunción por una empresa de un riesgo, futuro
e incierto, con el pago de una contraprestación por parte de quienes se
encuentran sometidas a esos riesgos. El seguro, como tal, es un sistema sometido a
normas técnicas, de allí que los costos de primas, indemnizaciones etc. son realizadas
por profesionales "actuarios".
Ahora bien, la finalidad del contrato de seguro es trasladar un riesgo a un
tercero para que sus eventuales consecuencias sean asumidas por este,
mediante el pago de una prima o cotización y siempre que exista un interés
asegurable.
La definición del contrato de seguros la encontramos en el artículo 1 de la LS "Hay
contrato de seguro cuando el asegurador se obliga, mediante una
prima o cotización, a resarcir un daño o cumplir la prestación convenida si
ocurre el evento previsto."
De esta definición, podemos concluir que se trata de aquel contrato con
características aleatorias, en el que una empresa aseguradora se compromete a cubrir
un riesgo que puede afectar el interés asegurable pactado y, como contraprestación, el
asegurado o tomador se obliga a pagar una prima. En caso de que ocurra el riesgo
previsto, el asegurador deberá resarcir el daño o cumplir con la prestación que hubieran
establecido en el contrato.
La mayoría de los seguros son voluntarios y solo algunos son obligatorios,
Es decir impuesta por la ley, como ejemplo de los seguros obligatorios, podemos
mencionar al seguro de responsabilidad civil por el uso de un automotor, Ley N° 24449.
La partes del contrato de seguro: Son partes del contrato de seguros, básicamente
dos, asegurador y asegurado. Pero en el contrato de seguro podemos encontrar también
estas figuras:
El Tomador que es la persona humana o jurídica que celebra el contrato
con la aseguradora, pudiendo hacerlo por cuenta propia o ajena, y es quien
cobra la indemnización o premio contratado, si ocurre el evento previsto.
Lo más corriente es que el tomador del seguro sea a la vez el asegurado,
pero puede también contratar el seguro por cuenta de un tercero. En el caso de que sea
por cuenta propia, se adquiere simultáneamente la calidad de tomador y asegurado y,
si fuera por cuenta ajena, el tomador contrata el seguro en interés y por cuenta de un
tercero que es el asegurado.
El Beneficiario, no es parte del contrato pero puede ser designado para recibir la
indemnización. El ejemplo más habitual es el contrato de seguro de vida, donde el
asegurado en caso de producirse el siniestro, la muerte, no podrá recibir la
indemnización sino una persona distinta, el beneficiario.
Los seguros se clasifican en dos grandes grupos:
a) Seguros de daños patrimoniales.
b) Seguros de daños personales.
Los Seguros de daños patrimoniales tienen como finalidad reparar la pérdida
sufrida en el patrimonio del asegurado a causa del siniestro. Estos se subdividen en:
a) Seguro de incendio: asume la cobertura de cosas que puedan afectarse
por la acción del fuego.
b) Seguro de agricultura: incluye cualquier tipo de riesgo que pueda dañar
la explotación agrícola en determinada etapa o momento.
c) Seguro de animales: se relaciona con la mortalidad de animales de cría
para la producción.
d) Seguro de responsabilidad civil, es el contrato mediante el cual el
asegurador se obliga a mantener indemne el patrimonio del asegurado por los reclamos
de terceros en razón de la responsabilidad pactada.
e) Seguro de transporte: es de objeto múltiple y ampara diferentes intereses segurables
del tomador (daños a los vehículos, a los empleados, responsabilidad del transportador
hacia el pasajero y los daños a terceros).
En los seguros personales la aseguradora se compromete al pago de un capital o de
una renta cuando suceda un hecho que afecte la existencia o salud del asegurado, pues
en este caso el interés asegurable es la persona humana. Los seguros que pertenecen
a esta clase son: seguro sobre la vida, seguro de accidentes personales, de riesgos de
trabajo y enfermedades profesionales, de retiro y renta
vitalicia, de salud.
Respecto del objeto del contrato de seguros el artículo 2 de la ley 17.418 (Ley de
Seguros), expresa: "El contrato de seguro puede tener por objeto toda clase de riesgos
si existe interés asegurable, salvo prohibición expresa de la ley." Agregando, respecto
de la inexistencia de riesgo, el artículo 3 de la misma ley: "El
contrato de seguro es nulo si al tiempo de su celebración el siniestro se
hubiera producido o desaparecido la posibilidad de que se produjera...."
La naturaleza jurídica del contrato de seguros la establece el artículo 4 de la Ley de
Seguros: "El contrato de seguro es consensual; los derechos y obligaciones
recíprocos del asegurador y asegurado, empiezan desde que se ha celebrado la
convención, aun antes de emitirse la póliza.”
Dada la manera en que se suele celebrar el contrato, donde, el asegurable se encuentra
a distancia del asegurador y, que éste debe evaluar el riesgo antes de aceptar la
contratación, la ley aclara que la propuesta de contrato, cualquiera sea su forma, no
obliga al asegurado ni al asegurador. A su vez, se establece que la propuesta puede
supeditarse al previo conocimiento de las condiciones generales.
A su vez, se establece un sistema de aceptación tácita sólo para la
propuesta de prórroga del contrato. En ese sentido, la propuesta se considera aceptada
por el asegurador si no la rechaza dentro de los quince días de su recepción. Esta
disposición no se aplica a los seguros de personas.
La ley entiende que la propuesta de contrato la efectúa el asegurado al asegurador.
2.- Elementos específicos: riesgos, interés asegurable, prima. Artículo 5º:
concepto de reticencia. Plazo para impugnar. Falta de dolo. Dolo o mala fe.
Efectos. Reajuste del seguro de vida después del siniestro. Celebración por
representante. Objeto. Inexistencia del riesgo. Propuesta de prórroga.
Son elementos específicos del contrato de seguro:
El Objeto: el objeto del contrato de seguros es aquello que se asegura y que
se tiende a identificar con el interés asegurable, o sea la relación de hecho
o de derecho que une a la persona con un bien susceptible de valoración
pecuniaria.
Por ejemplo, el propietario de un inmueble o de un automotor tiene un
interés asegurable sobre dicho bien, pues si sufre un daño él se perjudica. Se lo describe
como la relación económica lícita entre una persona y una cosa o bien determinado. Es
la finalidad o la causa que impulsa al asegurado a celebrar el contrato de seguro.
El Riesgo: es el presupuesto del contrato de seguros. Es la eventualidad prevista
en el contrato que da nacimiento a la obligación del asegurador de resarcir un daño o
cumplir con la prestación pactada. El riesgo debe ser posible, contemplado en el
contrato, incierto, pues no se sabe si ocurrirá (alea). Para que el contrato sea válido, el
riesgo debe existir en el momento de su perfeccionamiento
y durante su vigencia. En caso de que el riesgo varíe, disminuya o se agrave, deberá
modificarse también la ecuación matemática sobre la prima y la suma asegurada, pues
la aseguradora justamente calcula sobre la base del riesgo la extensión de
su garantía (arts. 33, 34 y 35, Ley N° 17418). La Ley de Seguros
establece un procedimiento especial para el caso de agravación del riesgo
(arts. 37 y 45, Ley N° 17418).
La Reticencia: el concepto de reticencia surge del artículo 5 de la LS: "Toda
declaración falsa o toda reticencia de circunstancias conocidas por el asegurado, aun
hechas de buena fe, que a juicio de peritos hubiese impedido el contrato o modificado
sus condiciones si el asegurador hubiese sido cerciorado del verdadero estado del
riesgo, hace nulo el contrato. Plazo para Impugnar El asegurador debe impugnar el
contrato dentro de los tres meses de haber conocido la reticencia o falsedad." La
reticencia genéricamente es ocultar o callar algo que debiera o pudiera decirse (.saber
lo que se calla) Jurídicamente, es un vicio que produce la nulidad del contrato de seguro.
Tomemos en cuenta que la reticencia puede ser dolosa o culposa, y en este
sentido las consecuencias son distintas. Así las cosas el artículo 6, determina las
consecuencias de la reticencia culposa, expresando "Cuando la reticencia no dolosa es
alegada en el plazo del artículo 5°, el asegurador, a su exclusivo juicio, puede anular el
contrato restituyendo la prima percibida con deducción de los gastos, o
reajustarla con la conformidad del asegurado al verdadero estado del
riesgo. En los seguros de vida el reajuste puede ser impuesto al asegurador
cuando la nulidad fuere perjudicial para el asegurado, si el contrato fuere
reajustable a juicio de peritos y se hubiera celebrado de acuerdo a la
práctica comercial del asegurador..." Existiendo dolo o mala fe, el asegurador tiene
derecho a las primas de los períodos transcurridos y del período en cuyo transcurso
invoque la reticencia o falsa declaración (art. 8, LS). Si el siniestro ocurre en el plazo
para impugnar, el asegurador no adeuda prestación alguna, salvo el valor de rescate
que corresponda en los seguros de vida (art. 9, LS).
3.- La póliza: La prueba del contrato. Diferencia entre propuesta y póliza.
Pólizas a la orden y al portador. Robo, pérdida o destrucción de la póliza.
Duplicados. Póliza por plazo indeterminado. Cláusulas: especiales, generales y
de cobranza. Cláusulas de adhesión. Partes. Asegurado y tomador. Seguro por
cuenta ajena.
La Póliza es el principal medio de prueba de la existencia de contrato de
seguros, aunque cualquier medio por escrito es principio de prueba.
Así lo determina el artículo 11, que expresa: "El contrato de seguro sólo puede
probarse por escrito; sin embargo, todos los demás medios de prueba,
inclusive cualquier medio digital, serán admitidos, si hay principio de
prueba por escrito. (Primer párrafo sustituido por artículo 113 de la Ley N°
27.444 B.O. 18/6/2018).
Respecto de su contenido ella, es emitida en un solo ejemplar debidamente
firmado, con redacción clara y fácilmente legible. La póliza deberá contener los
nombres y domicilios de las partes; el interés la persona asegurada; los
riesgos asumidos; el momento desde el cual éstos se asumen y el plazo;
la prima o cotización; la suma asegurada; y las condiciones generales del
contrato.
Podrán incluirse en la póliza condiciones particulares. Cuando el seguro se
contratase simultáneamente con varios aseguradores podrá emitirse una sola póliza.
La Póliza es el instrumento del contrato y su medio de prueba por excelencia. El
contrato se perfecciona aun cuando la póliza no esté emitida, excepto.
Como, en general, se la emite con posterioridad a la celebración del contrato,
provisionalmente se entrega un recibo o un certificado de cobertura, documentos que
prueban la existencia del contrato.
La póliza deberá ser fácilmente legible y con una redacción clara, en
idioma nacional, sin cláusulas oscuras o confusas, con premisas
fácilmente comprensibles y con caracteres ostensibles.
Resulta aplicable a la interpretación y alcance de las cláusulas, las normas
sobre los contratos en general y, en especial, los de adhesión. Existe una importante
discusión doctrinaria y jurisprudencial sobre la aplicación de la Ley de Defensa del
Consumidor. La posición favorable a ella sostiene que no existe distingo en cuanto a
contratos. La contraria a su aplicabilidad al seguro, sostiene que las normas de la ley de
seguros son especiales y priman sobre las generales.
En la póliza pueden incluirse condiciones generales y particulares. Las primeras
son aquellas destinadas a regular todos los contratos de la rama o grupo de seguros,
mientras que las particulares sólo refieren al contrato celebrado con respecto a un riesgo
e interés específico. Pueden incluirse cláusulas especiales para cierto tipo de riesgos y
establecerse cláusulas de cobranza del premio o prima destinadas a regular el régimen
de pago, medios para hacerlo, garantías, formas de actualización, entre otras.
En el caso de existir diferencias entre propuesta y póliza, establece el artículo 12
de la ley 17.418 se establece: "Cuando el texto de la póliza difiera del contenido de la
propuesta, la diferencia se considerará aprobada por el tomador si no reclama dentro
de un mes de haber recibido la póliza...." La póliza puede ser transferida y en caso de
robo, pérdida o destrucción de la póliza a la orden o al portador puede acordarse su
reemplazo por prestación de garantía suficiente. Agregando que en el caso de seguros
de personas la póliza debe ser nominativa.
El asegurado puede solicitar una copia de la póliza dando garantía suficiente para
el caso de su utilización maliciosa, así como, en caso de destrucción o robo.
Respecto del plazo, el contrato de seguro tiene el fijado en la póliza, la ley presume
que es anual, en caso de fijarse por plazo indeterminado, se entiende cualquiera de las
partes tendrá derecho a rescindir el contrato sin expresar causa. Si el asegurador ejerce
la facultad de rescindir, deber dar un preaviso no menor de quince días y reembolsará
la prima proporcional por el plazo no corrido. Si el asegurado opta por la rescisión, el
asegurador tendrá derecho a la prima devengada por el tiempo transcurrido, según las
tarifas de corto plazo.
Hemos visto que las partes pueden ser el tomador, asegurado y asegurador. Esta
distinción entre asegurado y tomador se basa en quien es el titular del interés asegurable
o la persona cuya vida o integridad física se asegura. Esta diferenciación se produce
principalmente en el supuesto de seguro por cuenta ajena. Este consiste en la
contratación de quien no es titular del interés, tomador, por cuenta de quien lo es, el
asegurado. La ley presume que el seguro es celebrado por cuenta propia, por lo que el
tomador deberá hacer saber que no es el asegurado, caso contrario el contrato será
nulo.
El tomador puede ejercer todos los derechos emergentes de la póliza mientras
esté en su posesión, incluso, cobrar la indemnización. En este último supuesto, el
asegurador podrá pedir la conformidad del asegurado. Además, el tomador tiene
derecho de retención de la póliza hasta que se lo desinterese de aquello que le fuera
debido por el asegurado en razón de la misma.
1. Ley 20.091. De los aseguradores y su control. Comentarios. LEY 22.400.
Actividad de los productores asesores de seguros. Comentarios. El
reaseguro.
La empresa de seguros es la que asume un riesgo y está organizada
jurídicamente para ello. La Ley N° 20091 regula las entidades de seguros y su control
y, procura especialmente, que las aseguradoras sean entidades autorizadas,
constituidas bajo determinados tipos societarios (S.A. Mutuales y
Cooperativas), el Estado, o entidades constituídas en el extranjeras que cumplan con
tales requisitos societarios. La mencionada ley fija los requisitos para poder ser
autorizada para funcionar como aseguradora, regula sus capitales mínimos, su
reservas, su régimen de inversiones, y solvencia.
El control se motiva en la necesidad de resguardar la confianza pública de
la institución por la función social que cumplen los seguros y la protección del público,
justificado en el desequilibrio técnico y económico que existe entre las
partes contratantes. Este control estatal lo realiza la Superintendencia de Seguros de la
Nación (SSN), que también tiene atribuciones de carácter administrativo (autoriza
a las entidades aseguradoras a funcionar para que los contratos que
celebren sean válidos –artículo 61, de Ley N° 20091–, controla los términos de
las pólizas, etc.).
Las compañías de seguro comercializan sus productos a través de los
productores o agentes de seguro y los agentes institorios o representantes.
El principio es que los agentes no institorios sólo tienen facultades para la entrega
de instrumentos firmados por el asegurador, recibir primas con recibos emitidos por
aquel y elevar propuestas de los asegurables.
En cambio el agente institorio puede ejecutar los actos que le hayan sido
conferidos por la representación otorgada, pero, en general son los que el mismo
asegurador puede efectuar.
La actividad de estos intermediarios está regulada por la Ley N° 22400.
Esta ley regula la actividad de los productores y de los asesores de
seguros, estableciéndose un registro de los mismos, que lleva la autoridad
de aplicación (SSN).
La responsabilidad del productor asesor de seguros está ligada a su deber de
asesorar debidamente a ambas partes (asegurado y asegurador) conducirse con
diligencia, mantener vigentes los requisitos para poder actuar como tal y llevar las
registraciones que le exige la ley.
5.- Denuncias y declaraciones: cumplimiento, conocimiento del asegurador.
Competencia y domicilio. Plazo de cobertura: período del seguro. Comienzo y fin
de cobertura. Cláusulas de rescisión. Prórroga tácita. Liquidación y cesión de
cartera: rescisión. La prima: El obligado al pago. Pago por tercero. Lugar del
pago. Exigibilidad de la prima. Mora en el pago de la prima: efectos. Derecho del
asegurador. Pago de la prima reajustada por reticencia. Reajuste por disminución
del riesgo. Reajuste de la prima por agravación del riesgo. Caducidad:
Convencional, cargas y obligaciones anteriores y posteriores al siniestro.
Respecto de las denuncias y declaraciones, el art 15 de la ley 17.418, establece
en su parte pertinente: "Las denuncias y declaraciones impuestas por esta
ley o por el contrato se consideran cumplidas si se expiden dentro del
término fijado. Las partes incurren en mora por el mero vencimiento del
plazo. Conocimiento del asegurador. El asegurador no puede invocar las consecuencias
desventajosas de la omisión o del retardo de una declaración, denuncia o notificación,
si a la época en que debió realizarse tenía conocimiento de las circunstancias a las que
ellas se refieren."
Con respecto al plazo y período de seguro, el artículo 17 de la Ley de Seguros,
prescribe: “Se presume que el período de seguro es de un año salvo que por la
naturaleza del riesgo la prima se calcule por tiempo distinto."
La responsabilidad del asegurador comienza a las doce horas del día en el que
se inicia la cobertura y termina a las doce horas del último día del plazo
establecido, salvo pacto en contrario.
Es factible pactar la prórroga tácita pero tan sólo será eficaz por el término
máximo de un período de seguro, salvo en los seguros flotantes. En caso de plazo
indeterminado se aplica lo ya explicado sobre rescisión.
Vale destacar que la ley permite pactar libremente la rescisión sin causa con un
preaviso no menor a quince días para el caso de que lo efectivice el asegurador.
Respecto de la liquidación o cesión de cartera de empresas de seguros, el
artículo 20 prescribe: "La liquidación voluntaria de la empresa aseguradora y
la cesión de cartera aprobada por la autoridad de contralor, no autorizan la
rescisión del contrato."
La Prima
La prima es el precio del seguro y su pago lo asume el asegurado o
tomador como contraprestación de las obligaciones que asume la
aseguradora.
Su valor se calcula sobre la base de las probabilidades, teniendo en cuenta
la frecuencia de los siniestros, ya que es proporcional al riesgo asegurado.
La ley establece que la prima es invariable e indivisible.
La prima, si bien se debe desde la celebración del contrato, no es exigible
hasta la entrega de la póliza, salvo que la compañía de seguros hubiese
emitido un certificado o instrumento provisional de cobertura.
Debe abonarse el día de su vencimiento y en el domicilio del asegurador (artículo
29, Ley N° 17418).
La falta de pago a término de la prima acarrea la mora automática, con la
consecuente suspensión de la cobertura, es decir, la aseguradora no será responsable
del siniestro ocurrido antes del pago.
Sin lugar a dudas el pago de la prima es la obligación principal del
asegurado.
Tipos de prima:
a) Única es la que se abona al contado; b) Periódica es la que se abona en
períodos de tiempo, por ejemplo mensualmente; c) Neta, es el estricto equivalente del
valor del seguro, si gastos; d) Bruta o Premio, es igual al monto de la prima neta mas
todos los gastos (por ej. IVA, gastos administrativos, gastos de correspondencia, etc),
en realidad la prima bruta es la que efectivamente abona el asegurado.
El tomador es el obligado al pago de la prima (art. 27, LS). En el seguro por cuenta
ajena, el asegurador tiene el derecho a exigir el pago de la prima al asegurado, si el
tomador ha caído en insolvencia.
Además, el asegurador tiene derecho a compensar sus créditos contra el tomador
en razón del contrato, con la indemnización debida al asegurado o la prestación debida
al beneficiario. (art. citado). Así se prevé la posibilidad de que, en el caso de existir una
prima periódica y ocurra el siniestro, el asegurador se descuente las primas pendientes
de pago.
La prima puede ser pagada por un tercero (art 28, LS) y el lugar de pago es
en el domicilio del asegurador o en el lugar convenido por las partes.
Respecto de la exigibilidad de la prima, el artículo 30 de la Ley de Seguros, ella se debe
desde la celebración del contrato, pero no es exigible sino contra
entrega de la póliza, salvo que se haya emitido un certificado o instrumento
provisorio de cobertura.
En caso de duda, las primas sucesivas se deben al comenzar cada período
de seguro.
Pero en contrapartida de lo expuesto se establece que la entrega de la póliza sin
la percepción de la prima hace presumir la concesión de crédito tácito para su pago.
Existiendo mora en el pago de la prima, el artículo 31 de la Ley de Seguros,
prescribe:
"Si el pago de la primera prima o de la prima única no se efectuara
oportunamente, el asegurador no ser responsable por el siniestro ocurrido antes del
pago....
Agregando el mismo artículo "...El asegurador no será responsable por el siniestro
ocurrido durante el plazo de denuncia, después de dos días de
notificada la opción de rescindir."
Cuando la rescisión se produzca por mora en el pago de la prima, el asegurador
tendrá derecho al cobro de la prima única o a la prima del período en curso (artículo 32
LS).
Pago de la prima ajustada por reticencia (artículo 33 LS), por disminución del
riesgo (artículo 34 LS) y por agravación del riesgo (artículo 35 LS).
Caducidad.
La ley prevé las caducidades convencionales y las legales. Producida una de las
causales de caducidad prevista en el contrato o en la ley el asegurado pierde el derecho
a percibir la indemnización.
La fala de cumplimiento de la carga por parte del asegurado produce la pérdida
del derecho a exigir a la compañía de seguros. La inobservancia de la carga
provoca la caducidad o pérdida de un derecho ya existente. Por el contrario, la
obligación es un mandato jurídico y puede ser ejecutada judicialmente.
Las obligaciones y cargas surgen de la ley o se pactan en el contrato. La principal
obligación del asegurado es pagar la prima (artículo 27, ley 17.418).
Para que el contrato pueda imponer una carga convencional deben darse los
siguientes requisitos:
a.- Se trate de una conducta del asegurado al menos culposa.
b.- Debe existir una relación de causalidad entre el incumplimiento de la carga y
la producción del siniestro o sus consecuencias.
c.- El asegurador tendrá siempre un plazo de un mes para alegarla.
Las cargas pueden, a su vez, distinguirse según la época en que deben
cumplirse:
Cargas anteriores al siniestro son para el asegurado:
a) Mantener el estado de riesgo (no agravarlo)
b) informar al asegurador toda alteración del estado de riesgo.
c) No debe provocar el siniestro, sino que debe prevenirlo (arts. 37 y ss., Ley N°
17418).
Son cargas permanentes y su violación autoriza la liberación del
asegurador o a un aumento de la prima.
Carga durante el siniestro, ellas son:
a) Salvamento: la ley le impone una carga de conducta que consiste en que el
asegurado provea lo necesario para, en la medida de sus posibilidades,
evitar o disminuir el daño y observar todas las instrucciones que la
aseguradora pudo haber indicado en la póliza. Ej.: matafuegos, inspección
periódica del vehículo, puertas y ventanas con herrajes y cerraduras en
perfecto estado. Frente al incumplimiento de esta carga, la aseguradora
está autorizada a reducir la indemnización (violación dolosa o por culpa
grave, artículo 72, Ley N° 17418).
b) No abandonar los bienes dañados (artículo 74, Ley N° 17418).
Cargas posteriores al siniestro, ellas son:
a) Denunciar el siniestro dentro de los tres días de haberlo conocido, salvo
caso fortuito o fuerza mayor. La denuncia del siniestro debe ser completa y adecuada a
las circunstancias del caso y debe ser recibida por el asegurador o por una persona
dotada con las facultades suficientes.
b) No alterar el estado de las cosas dañadas. Esta carga se extiende desde
la producción del siniestro hasta la liquidación del daño. Su finalidad es
impedir que el asegurado haga desaparecer los rastros de las causas del
siniestro y los restos que permitan establecer el importe o la importancia
de los daños (artículo 77, Ley N° 17418).
El reaseguro
El reaseguro se encuentra conceptualizado en el artículo 159 de la ley 17.418
que prescribe: “El asegurador puede, a su vez asegurar los riesgos asumidos, pero es
el único obligado con respecto al tomador del seguro. Los contratos de retrocesión u
otros por los cuales el reasegurador asegura, a su turno los riesgos asumidos, se rigen
por las disposiciones de este Título.”
Se define el reaseguro como un seguro del seguro a los efectos de
dispersar el riesgo. El contrato de reaseguro se regula junto al de seguro
(arts. 159 a 162, Ley N° 17418).
Esta figura en estudio opera de la siguiente manera: la aseguradora contrata con
otras empresas de reaseguro para dispersar el riesgo y fraccionar la
consiguiente obligación de pago del siniestro, en caso de producirse.
Las empresas aseguradoras –que frente al asegurado son las únicas
responsables– toman una parte de los contratos de seguro y reaseguran el resto del
contrato entre varias empresas de reaseguro, generalmente situadas en distintas
capitales del mundo, las cuales a su vez pueden volver a reasegurar en otras varias
empresas, y así sucesivamente. Esto implica que el siniestro no es soportado por una
sola aseguradora, sino por numerosas empresas, que deben pagar una parte.
Se denomina retrocesión cuando las reaseguradoras reaseguran en otro
reasegurador de mayor importancia a los efectos de cubrir los riesgos asumidos frente
a sus reasegurados (aseguradoras).
El reaseguro es un seguro de daños patrimoniales, pero debemos tener en
cuenta que los asegurados de las empresas de seguros no tienen acción
directa contra las reaseguradoras, ya que nuestra ley no lo permite, así lo
establece el artículo 160 de la Ley Seguros: “El asegurado carece de acción contra el
reasegurador. En caso de liquidación voluntaria o forzosa del asegurador,
el conjunto de los asegurados gozará de privilegio especial sobre el saldo
acreedor que arroje la cuenta del asegurador con el reasegurador.”
Agregando el artículo 161 de la referida ley: “En caso de liquidación voluntaria o
forzosa del asegurador o del reasegurador, se compensarán de pleno
derecho las deudas y los créditos recíprocos que existan, relativos a los
contratos de reaseguro….”
6.- Prescripción: Término. Pago en cuotas. Interrupción. Beneficiario.
Abreviación de términos. Agravación del riesgo: Concepto y rescisión. Efectos.
Denuncia del siniestro: Concepto. Informe a suministrar. Facultades del
asegurador. Sanciones. Incumplimiento malicioso.
Respecto de la prescripción, en materia de contrato de seguros, el artículo 58 de
la Ley de Seguros establece el plazo de un año para la que ella opere. Según esa
norma, el mismo se computa desde que la correspondiente obligación es exigible. Lo
que en definitiva es la aplicación del principio general en la materia.
Cuando la prima debe pagarse en cuotas, la prescripción para su cobro se
computa a partir del vencimiento de la última cuota. En el caso del último párrafo del
artículo 30, se computa desde que el asegurador intima el pago.
Además de los actos interruptivos y suspensivos que prevén las normas del
Còdigo Civil y Comercial, para el seguro se establece que los actos del procedimiento
establecido por la ley o el contrato para la liquidación del daño interrumpe la prescripción
para el cobro de la prima y de la indemnización.
En el seguro de vida, el plazo de prescripción para el beneficiario se
computa desde que conoce la existencia del beneficio, pero en ningún caso
excederá de tres años desde el siniestro. Agregando el artículo 59 de la referida ley: "El
plazo de la prescripción no puede ser abreviado. Tampoco es válido fijar plazo para
interponer acción judicial."
Agravación del riesgo.
Respecto de la agravación es importante destacar que si dependen de un acto del
tomador, la declaración debe ser previa a la agravación (artículo 38, Ley N° 17418). Si
depende de un hecho extraño al
tomador, lo deberá informar en cuanto lo conozca. La ley no fija plazo.
Cuando la agravación se deba a un hecho del tomador, la cobertura queda
suspendida. El asegurador, en el término de siete días, deberá notificar su decisión de
rescindir (art 39, LS). Lo mismo ocurre si es un hecho ajeno al tomador pero el riesgo
no se hubiera asumido según las prácticas comerciales del asegurador.
Si se trata de un hecho ajeno al tomador o si éste debió permitirlo o provocarlo
por razones ajenas a su voluntad, el asegurador deberá notificarle su decisión de
rescindir dentro del término de un mes y con un preaviso de siete días.
Con relación al siniestro y la obligación indemnizatoria la omisión de declarar la
agravación libera al asegurador de su prestación si el siniestro se produce durante la
subsistencia de la agravación del riesgo, excepto que:
a. El tomador incurra en la omisión o demora sin culpa o negligencia;
b. El asegurador conozca la agravación al tiempo en que debía hacérsele la
denuncia (art. 40, LS).
El asegurador tiene derecho a a percibir la prima proporcional al tiempo
transcurrido si la agravación fue comunicada oportunamente, caso contrario podrá
percibir la prima por el período de seguro en curso.
El asegurador debe alegar la agravación dentro del mes de conocida, caso
contrario el derecho a rescindir se extingue. Lo mismo ocurre si la agravación ha
desaparecido.
La agravación del riesgo no puede ser alegada en los supuestos en que se
provoque para precaver el siniestro o atenuar sus consecuencias o por un deber
de humanidad generalmente aceptado.
El régimen de la agravación aplica aún cuando se produzca entre la
presentación y la aceptación de la propuesta de seguro que no fuere conocida por
el asegurador al tiempo de su aceptación.
Denuncia del siniestro
La denuncia del siniestro es una carga de conocimiento, ello significa que el
tomador o su derechohabiente, en su caso debe comunicará al asegurador el
acaecimiento del siniestro dentro de los tres días de conocerlo.
El asegurador no podrá alegar el retardo o la omisión si interviene en el mismo
plazo en las operaciones de salvamento o de comprobación del siniestro o del daño.
Ello resulta lógico pues supone que ha existido un conocimiento suficiente del
asegurador sobre la existencia del siniestro.
Además el asegurado debe suministrar al asegurador, a su pedido, la información
necesaria para verificar el siniestro o la extensión de la prestación a su cargo y a
permitirle las indagaciones necesarias a tal fin. (art. 46 L.S.).
El asegurador puede requerir prueba instrumental en cuanto sea razonable
que la suministre el asegurado. No es válido convenir la limitación de los medios de
prueba, ni supeditar la prestación del asegurador a un reconocimiento, transacción o
sentencia pasada en autoridad de cosa juzgada, sin perjuicio de la aplicación de las
disposiciones legales sobre cuestiones prejudiciales.
Además, la ley le otorga al asegurador la facultad de examinar las actuaciones
administrativas o judiciales motivadas o relacionadas con la investigación del siniestro,
o constituirse en parte civil en la causa criminal.
El objeto de la denuncia es poner al asegurador en condiciones de poder
controlar las circunstancias en las que se produjo el siniestro. Es una declaración de
conocimiento y no de voluntad. El plazo para informar es de tres días y solo se puede
modificar a favor del asegurado (No se computa el día en que incurrió el siniestro). El
asegurado o tomador que hubiera omitido realizar la denuncia del siniestro dentro del
término legal deberá demostrar, si correspondiera, que no pudo hacerlo por caso
fortuito, fuerza mayor o imposibilidad de hecho sin culpa del asegurado.
Si la denuncia no es realizada en tiempo y forma el artículo 47 de la ley 17.418,
prescribe: " El asegurado pierde el derecho a ser indemnizado, en el
supuesto de incumplimiento de la carga prevista en el párrafo 1º del artículo
46, salvo que acredite caso fortuito, fuerza mayor o imposibilidad de hecho
sin culpa o negligencia."
Los mismo sucede si no se cumplen con las cargas complemantarias (artículo
48, LS).
7.- La época del pago del siniestro. Mora del asegurador. Pago a cuenta.
Suspensión del término para pagar. Determinación de la indemnización:
Reconocimiento del derecho. Plazo. Silencio. Juicio arbitral. Juicio de perito.
Provocación del siniestro. Efectos.
Respecto de la obligación de pago de la indemnización, obligación principal del
asegurador, el artículo 49 de la Ley de Seguros dispone que: " En los seguros de daños
patrimoniales, el crédito del asegurado se pagará dentro de los quince días de fijado el
monto de la indemnización o de la aceptación de la indemnización ofrecida, una vez
vencido el plazo del artículo 56. En los seguros de personas el pago se hará dentro de
los quince días de notificado el siniestro, o de acompañada, si procediera, la información
complementaria del artículo 46, párrafos segundo y tercero."
Es nulo el convenio que exonere al asegurador de la responsabilidad por
su mora (artículo 50, LS).
Si el asegurador estimó el daño y reconoció el derecho del asegurado o de su
derechohabiente, éste puede reclamar un pago a cuenta (artículo 51 LS).
En el seguro de accidentes personales, si para el supuesto de incapacidad
temporaria se convino el pago de una renta, el asegurado tiene derecho a un pago a
cuenta luego de transcurrido un mes. En todos los casos el asegurador incurre en mora
por el mero vencimiento de los plazos.
Hay que tomar en cuenta que cuando el siniestro sólo causa un daño
parcial, ambas partes pueden rescindir unilateralmente el contrato hasta el
momento del pago de la indemnización (artículo 52 de la ley citada).
Cuando el contrato no se rescinde el asegurador sólo responderá en el
futuro por el remanente de la suma asegurada, salvo estipulación en contrario.
Reconocimiento del derecho. Plazo. Silencio. Juicio arbitral. Juicio de perito.
Respecto de la determinación de la indemnización, el artículo 56 de la LS,
prescribe: "El asegurador debe pronunciarse acerca del derecho del asegurado dentro
de los treinta días de recibida la información complementaria prevista en los párrafos 2º
y 3º del artículo 46. La omisión de pronunciarse importa aceptación." Por lo que existe
una aceptación tácita del derecho del asegurado o beneficiario por el silencio del
asegurador. De tal forma, si el asegurador no alegó alguna de las defensas
contractuales o legales que posee en ese plazo de treinta días, la norma suponen la
renuncia a las mismas. Alguna parte de la doctrina distingue los supuestos de “no
seguro” ello es, supuestos donde no hay contrato vigente o existen exclusiones de
cobertura que suponen que el objeto no es el reclamado donde la aceptación tácita no
funcionaría, de las caducidades u otras defensas semejantes que suponen la existencia
de la obligación eventual del asegurador.
Tomemos en cuenta que la valuación del daño puede someterse a juicio de
peritos pero que el pago de la indemnización no puede encontrarse condicionada a la
realización de un proceso judicial o arbitral para su determinación.
El proceso liquidatorio por medio de peritos supone, también, la renuncia a alegar
cualquier defensa por parte del asegurador contra el asegurado o beneficiario.
Provocación del siniestro. Efectos.
El asegurador queda liberado sí el tomador o el beneficiario provoca el siniestro
dolosamente o por culpa grave. En otras palabras los hechos dolosos no pueden ser
objeto del contrato de seguros. Ello resulta lógico, toda vez que se perdería el sentido
aleatorio del contrato y, además, favorecería que contratación de seguros para obtener
una indemnización.
Nótese que la ley no exige que la provocación dolosa sea para obtener la
indemnización, sino que es suficiente la causación intencional aunque sea para otros
fines.
Respecto de la culpa grave, la norma legal no la define, por lo que se ha trasladado
la cuestión a la casuística, siendo importante considerar las circunstancias de tiempo y
lugar. La podemos definir como aquella conducta falta de la menor y más mínima
diligencia, prudencia o pericia que hubiera tenido la persona menos precavida.
Podríamos decir que es la que por su falta de cuidado se asemeja excesivamente a la
intencionalidad. Dicho de otro modo, resulta dificultoso determinar si la conducta fue
intencional o no.
Quedan excluidos los actos realizados para precaver el siniestro, o atenuar sus
consecuencias, o por un deber de humanidad generalmente aceptado.
CAPITULO IV
1.- Seguros de daños patrimoniales. Objeto. Obligaciones del asegurador.
La suma asegurada: su reducción, nulidad, valor tasado. Sobreseguro,
Infraseguro. Pluralidad de seguros. Notificaciones.
El objeto del seguro de daños patrimoniales, puede ser cualquier riesgo, si existe
interés económico lícito de que un siniestro no ocurra (art. 60 de la LS).
La obligación del asegurador, en estos casos está prevista en el artículo 61 de
la ley 17.418: "El asegurador se obliga a resarcir, conforme al contrato, el daño
patrimonial causado por el siniestro sin incluir el lucro cesante, salvo cuando haya sido
expresamente convenido. Responde sólo hasta el monto de la suma asegurada, salvo
que la ley o el contrato dispongan diversamente."
La regla en los seguros patrimoniales es que salvo pacto expreso no se cubre el
lucro cesante o ganancia esperada, entendida esta como la probabilidad efectiva de un
beneficio económico concreto debidamente acreditado y relacionado con el siniestro.
Aún estando pactado el lucro cesante, no es posible determinar previamente su valor
ya que eso desnaturalizaría el sentido resarcitorio de este tipo de seguros. Sí pueden
fijarse las pautas para su determinación.
En estos seguros debemos tener en cuenta la existencia de delimitaciones
cuantitativas denominadas franquicia asegurativa y descubierto obligatorio. Si bien
ambas suelen ser concurrentes corresponden a funciones y conceptos distintos.
En el caso de la franquicia, los daños de menor cuantía quedan
a cargo del asegurado, recién superando el valor franquiciado el asegurador debe
abonar la indemnización. La otra opción es la cláusula de descubierto obligatorio que
se caracteriza esencialmente por el hecho de que el asegurado debe, en caso de
siniestro, soportar necesariamente una parte porcentual del daño.
Si la suma asegurada supera notablemente el valor actual del interés
asegurado, el asegurador o el tomador pueden requerir su reducción (artículo
62, LS).
El segundo párrafo del artículo 62 de la LS, prescribe respecto de la nulidad:
"...El contrato es nulo si se celebró con la intención de enriquecerse
indebidamente con el excedente asegurado...".
Respecto del seguro a valor tasado, utilizado generalmente para obras de
arte, joyas etc., el artículo 63 de la LS prescribe:" El valor del bien a que se
refiere el seguro se puede fijar en un importe determinado, que
expresamente se indicar como tasación. La estimación será el valor del bien al momento
del siniestro, excepto que el asegurador acredite que supera notablemente este valor.
Conforme al artículo 64 de la Ley de Seguros se puede asegurar una universalidad
o conjunto de cosas (v.g. un fondo de comercio), en este caso se
comprenden en el seguro las cosas que se incorporen posteriormente a esa
universalidad o conjunto.
El sobreseguro está definido por el art. 65 de la mencionada ley del siguiente
modo: "Si al tiempo del siniestro el valor asegurado excede del valor asegurable,
el asegurador sólo está obligado a resarcir el perjuicio efectivamente
sufrido; no obstante, tiene derecho a percibir la totalidad de la prima...."
Se sigue la lógica resarcitoria de este tipo de seguros, ello es, el objeto del contrato
no es enriquecer al asegurado sino sólo compensar el daño efectivamente sufrido y en
la medida y alcances establecidos en el contrato.
En igual sentido el mismo artículo en el segundo párrafo prescribe sobre el
infraseguro, estableciendo: "el valor asegurado es inferior al valor asegurable, el
asegurador sólo indemnizar el daño en la proporción que resulte de ambos valores,
salvo pacto en contrario."
A esta norma se la conoce como “regla de la proporcionalidad” ya que establece
una relación de pago indemnizatorio equivalente a la relación entre el valor asegurado
y el valor real o asegurable. Ello significa que el asegurador abonará proporcionalmente
la indemnización en la misma relación entre el valor en que fue asegurado el bien y su
valor real o asegurable.
Existe la posibilidad de que se contraten más de un seguro sobre un mismo riesgo
en interés asegurable, a ello se lo denomina pluralidad de seguros, ello se encuentra
permitido sujeto a las reglas que establece la ley 17.418- En tal sentido, el artículo 67:
"Quien asegura el mismo interés y el mismo riesgo con más de un asegurador, notificará
sin dilación a cada uno de ellos los demás contratos celebrados, con indicación del
asegurador y de la suma asegurada, bajo pena de caducidad, salvo pacto en contrario.
En caso de siniestro, cuando no existan estipulaciones especiales en el contrato
o entre los aseguradores se entiende que cada asegurador contribuye
proporcionalmente al monto de su contrato, hasta la concurrencia de la indemnización
debida....."
A este modo de contratación se lo conoce como coaseguro, permitiendo la
dispersión del riesgo en distintas compañías. Cada contrato es independiente, no existe
solidaridad entre las aseguradoras y estas, incluso, pueden ofrecer una aseguradora
“piloto” que funcione como gestora de las primas e indemnizaciones así como demás
gestiones administrativas ante las diversas aseguradoras sin que pese sobre ellas
relación jurídica alguna más que la del mandato.
Respecto del seguro subsidiario, se permite que se estipule que uno o más
aseguradores respondan sólo subsidiariamente o cuando el daño exceda de una suma
determinada.
Ahora bien, el asegurado no puede pretender en el conjunto una indemnización
que supere el monto del daño sufrido. Si se celebró el seguro plural con la intención de
un enriquecimiento indebido, son nulos los contratos celebrados con esa intención; sin
perjuicio del derecho de los aseguradores a percibir la prima devengada.
En el caso de que exista cambio del titular del interés asegurado el artículo 82 de
la mencionada ley prescribe: "el cambio del titular del interés asegurado debe ser
notificado al asegurador quien podrá rescindir el contrato en el plazo de veinte días
y con preaviso de quince días, salvo pacto en contrario." El adquirente puede rescindir
en el término de quince días, sin observar preaviso alguno.
El enajenante adeuda la prima correspondiente al período en curso a la
fecha de la notificación. El adquirente es codeudor solidario hasta el momento en que
notifique su voluntad de rescindir. La notificación del cambio de titular se hará en el
término de siete días, si la póliza no prevé otro. La omisión libera al asegurador si el
siniestro ocurre después de quince días de vencido este plazo.
2.- Seguros de incendio, concepto, caracteres, cargas específicas,
exclusiones. Seguros agrícolas: Mortandad de animales, Granizo y helada. Seguro
de Daños. Seguro de Robo. Caución y Crédito a la exportación.
Incendio.
Podríamos definir al incendio como el abrasamiento o combustión de una cosa
en condiciones anormales, sea porque esa cosa no estaba destinada a ser objeto de
fuego, sea por que se queme fuera del lugar o del tiempo previsto. Algunos autores
entienden que existe incendio toda vez que existe “fuego hostil”, creemos que todo el
fuego lo es, pero entendemos que el concepto tiende a destacar que no se trata de uno
dominado, sino aquel que se sale del control o de su destino habitual o normal.
La ley 17418 regula el seguro de incencio desde el artículo 85 al artículo 89
estableciendo el primero de los mismos que el daño indemnizable es el causado a los
bienes por la acción directa o indirecta del fuego. O sea que se indemniza los daños
producidos por la combustión misma, pero también por otros factores como el calor y su
respectiva dilatación que puede generar fracturas, derretimientos entre otros, por eso
se habla de indirectos.
Pero además la ley asimila al incendio los hechos conexos o complementarios que
son consecuencia natural del fuego como las medidas para extinguirlo, las de
demolición, de evacuación, u otras análogas.
Se incluyen, además, los bienes asegurados que se extravíen durante el incendio.
Hecho muy habitual en el caos que provoca este tipo de siniestros.
También, se asimila al incendio el rayo y la explosión salvo que expresamente se
excluyan. En el supuesto que la explosión haya sido excluida, sólo se liquidarán las
consecuencias del incendio que ella provoque, pero si el incendio provoca la explosión,
esta debe ser indemnizada.
La ley excluye expresamente los incendios y explosiones causados por terremoto.
El art. 87 de la ley 17.418, establece las pautas para la fijación de la
indeminzación. El principio general que aplica es el del valor del bien al momento del
siniestro excluyendo el lucro cesante salvo que expresamente se lo acuerde. Los
parámetros que establece son:
a)=Para los edificios, su valor a la época del siniestro, salvo cuando se
convenga la reconstrucción; b) Para las mercaderías producidas por el mismo
asegurado, el costo de fabricación; para otras mercaderías, el precio de adquisición.
Pero en ningún caso los valores pueden ser superiores al precio de venta
al tiempo del siniestro, ello con el objeto de evitar se termine indemnizando la ganancia
esperada; c) Para los animales por el valor que tenían al tiempo del siniestro; para
materias primas, frutos cosechados, y otros productos naturales, según
los precios medios en el día del siniestro; d) Para el moblaje y menaje (vajilla) del hogar
y otros objetos de uso, herramientas y máquinas, por su valor al tiempo del siniestro.
Sin embargo, podrá convenirse que se indemnizará según su valor de reposición.
La cláusula “valor de reconstrucción” consiste en la obligación de abonar los
montos necesarios para reparar y volver al estado anterior al inmueble siniestrado,
mientras que “valor de reposición” significa que el asegurador se compromete a
“reponer” o abonar un valor equivalente al del mismo bien dañado o perdido. En ambos
casos el asegurador tiene derecho a exigir que la indemnización se destine realmente a
ese objeto y a requerir garantías suficientes. En estas condiciones el acreedor
hipotecario o prendarlo no puede oponerse al pago, salvo mora del deudor en el pago
de su crédito. En consecuencia no aplica lo normado por el artículo 84 del ley 17.418
que establece que si el acreedor notifica al asegurador la existencia de la prenda o
hipoteca y el asegurador, salvo que se trate de reparaciones, no pagará la
indemnización sin previa noticia al acreedor para que formule oposición dentro de siete
días. Por este sistema, formulada la oposición por el acreedor y en defecto de acuerdo
de partes, el asegurador debe consignar judicialmente la suma debida a fin de evitar la
mora. En ese caso, el juez debe resolver la cuestión por las reglas del proceso
sumarísimo, esto es, por el más breve que prevén las leyes de procedimiento.
Seguros de la agricultura.
La denominación genérica que abarca distintas clases de seguros que
veremos a continuación.
El principio general, está previsto en el artículo 90 de la Ley de Seguros: "En los
seguros de daños a la explotación agrícola, la indemnización se puede limitar a los que
sufra el asegurado en una determinada etapa o momento de la explotación
tales como la siembra, cosecha u otros análogos, con respecto a todos o algunos de los
productos, y referirse a cualquier riesgo que los pueda dañar."
El granizo es un fenómeno meteorológico que afecta habitualmente a frutos y
productos, el asegurador sólo responde por los daños causados exclusivamente por él,
aun cuando concurra con otros fenómenos como la inundación, tormenta o tornado.
6La denuncia del siniestro, se remitirá al asegurador en el término de tres días, si
las partes no acuerdan un plazo mayor. El asegurado puede realizar antes de la
determinación del daño y sin consentimiento del asegurador, sólo aquellos cambios
sobre los frutos y productos afectados que no puedan postergarse según normas de
adecuada explotación (artículo 95 de la LS).
Este tipo de seguros escapa a la regla general ya que lo que se indemniza es el
lucro cesante o ganancia esperada. En tal sentido la indemnización se calcula sobre el
el valor que habrían tenido los frutos y productos al tiempo de la cosecha Si no hubiera
habido siniestro, así como el uso a que pueden aplicarse y el valor que tienen
después del daño. El asegurador debe pagar la diferencia como indemnización.
Si durante la vigencia del contrato se producen diversos siniestros, en el
transcurso del año o plazo de desarrollo del fruto o producto, la indemnización se calcula
como si se tratara de distintas partes del mismo.
Las cargas de prevención y de agravación son de poca aplicación ya que es poco
lo que puede hacer el asegurado para evitar se produzca el siniestro. Empero se
considera agravación del riesgo que los productos, granos o frutos se encuentren
afectados por algún tipo de gravamen.
En caso de enajenación del inmueble en el que se encuentran los frutos y
productos dañados, el asegurador puede rescindir el contrato sólo después de vencido
el periodo en curso, durante el cual tomó conocimiento de la enajenación. Lo mismo
ocurre en los supuestos de locación y de negocios jurídicos por los que un tercero
adquiere el derecho a retirar los frutos y productos asegurados.
Al seguro de helada, se le aplican, por sus similares características (fenómeno
climático que afecta a cultivos y frutos) las normas del seguro de granizo en cuanto son
compatibles.
El seguro de animales tiene por objeto cualquier riesgo que afecte la vida o salud
de cualquier especie de animales.
La ley regula expresamente el seguro de mortalidad, el artículo 99 de la referida
ley establece que: "En el seguro de mortalidad de animales, el asegurador indemnizar
el daño causado por la muerte del animal o animales asegurados, o por su
incapacidad total y permanente si así se conviene."
Se excluyen de esta cobertura los daños:
a. Derivados de epizootía (epidemias de animales) o enfermedades por las que
corresponda al asegurado un derecho a indemnización con recursos públicas;
b. Causados por incendio, rayo, explosión, inundación o terremoto;
c. Ocurridos durante o en ocasión del transporte, carga o descarga (ya que
existen seguros específicos para estas actividades) En estos seguros el asegurador
tiene derecho a inspeccionar y examinar los animales asegurados en cualquier tiempo
y a su costa (artículo 102 de la Ley de Seguros).
La denuncia del siniestro debe formularla el asegurado al asegurador dentro de
las 24 horas, la muerte del animal y cualquier enfermedad o accidente que sufra, aunque
no sea riesgo cubierto). Agregando el artículo 104 de la LS: "Cuando el animal
asegurado enferme o sufra un accidente, el asegurado dará inmediata intervención a un
veterinario, o donde éste no exista, a un práctico."
El incumplimiento de esta última norma asi como la existencia de maltratos o
descuidos graves del animal, produce la pérdida del derecho a ser indemnizado (artículo
105, LS).
El sacrificio del animal, supone su muerte, lo que significa la provocación
intencional del siniestro, por lo cual no está permitida al asegurado salvo consentimiento
del asegurador. A su vez, el asegurador puede requerir el sacrificio del animal cuando
lo considere necesario a fin de evitar mayores perjuicios, como, por ejemplo, una
extensión de la enfermedad contagiosa a otros animales asegurados. En ese supuesto
el asegurado no puede negarse, de hacerlo perderá el derecho a la indemnización en
la medida que tal incumplimiento genere mayor daño.
El asegurado debe denuncia la existencia de enfermedades o accidentes aún los
que no tengan relación con el objeto del contrato. Por su parte el asegurador no puede
a rescindir el contrato cuando alguno de los animales asegurados ha sido afectado por
una enfermedad contagiosa cubierta.
Ahora bien, dicho consentimiento deja de ser necesario cuando:
a. Sea dispuesto por la autoridad;
b. Según, las circunstancias sea tan urgente que no pueda notificar al asegurador.
La indemnización se fija normalmente a “valor tasado” ello es el valor del animal fijado
en la póliza.
El asegurador responde por la muerte o incapacidad posterior al vencimiento
del plazo, cuando esta ocurre hasta un mes después de extinguida la relación
contractual con derecho a prima proporcional “de tarifa” por ese período.
Seguro de Daños.
Como ya explicamos, el objeto del seguro de daños patrimoniales, puede ser
cualquier riesgo, si existe interés económico lícito de que un siniestro no ocurra. Esta
norma supone dos tipos principales de riesgo:
1.- El daño parcial, o sea, el que afecta una parte del bien asegurado.
2.- El daño o destrucción total que supone la desaparición o la imposibilidad de
utilidad funcional del bien dañado.
La diferencia entre ambos tipos deviene esencialmente del porcentaje del valor
afectado por el siniestro. Si los daños superan el ochenta por ciento del mismo serán
destrucción total, caso contrario serán sólo parciales.
La distinción cobra importancia al momento de aplicar la figura del “abandono”.
Esta, originada en el derecho marítimo (donde es regla) supone la posibilidad del
asegurado de optar por el resarcimiento de los daños que provocaron la destrucción
total y la conservación de los restos, o entregar en propiedad éstos al asegurador a
cambio del pago de la indemnización por el total de valor del bien.
Las exclusiones son las generales y comunes a todos los seguros del tipo
patrimonial.
Seguro de Robo.
El hurto y el robo son delitos definidos en el Código Penal cuya posible
configuración es el objeto de esos dos tipos de seguros. Las pólizas remiten a las
definiciones surgidas de los tipos legales.
Siendo el robo una figura agravada del hurto se presume la mayor probabilidad
del segundo y, por otro lado, una más alta falta de cuidado por parte del asegurado. Por
ello, puede que el asegurador decida excluir el hurto.
El siniestro se configura por verosimilitud de su ocurrencia. Ello significa que no
es menester acreditar total y definitivamente la existencia del ilícito o su autoría para
que se configure, bastará presunciones suficientes para que sea viable el pago de la
indemnización.
Las normas contractuales de uso suelen excluir los siniestros realizados por
parientes y dependientes. También se excluyen los supuestos de falta de ocupación de
los inmuebles donde se encuentran los bienes asegurados por periodos prolongados
continuos y alternados, la falta de medidas de seguridad como alarmas, sistemas de
seguimiento satelital o remoto, guardias o vigilantes privados, entre otras.
En el supuesto de robo a caja de seguridad (caja fuerte) se exige que la violencia
sea ejercida sobre la misma si el siniestro ocurre fuera del horario comercial o de
atención al público.
El contrato puede ser celebrado sobre un conjunto de bienes (los contenidos en
un local o casa familiar por ejemplo), o sobre un bien particular (un automóvil v.g.). A su
vez, el siniestro puede ser parcial o total, según se sustraiga parte o la totalidad de la
unidad asegurada.
Caución y Crédito a la exportación.
El Seguro de Caución tiene como objeto dar garantía al cumplimiento de un
contrato o acuerdo, en el que se paga un monto al beneficiario en caso de
incumplimiento de las obligaciones del tomador.
En rigor las reglas que rigen a este contrato son las de la fianza, por lo que se trata
en realidad de un contrato donde el fiador es una aseguradora.
El seguro de crédito a la exportación, a diferencia del de caución, tiene por objeto
garantizar el cumplimiento del pago de la prestación en el marco de una exportación. El
asegurado lo contrata con el objeto de asegurar el pago de las mercaderías o productos
exportados. El asegurador cumple una doble función, una indemnizatoria para el caso
de siniestro y otra de investigación, ya que en general se trata de una empresa
multinacional o con sucursales o agentes en distintas partes del mundo que pueden
analizar las características financieras del importador.
Los riesgos cubiertos son los ordinarios, esto es la insolvencia del deudor
destinatario de la exportación, para que se produzca el siniestro no es menester la
declaración de quiebra. El estado es el garante de los supuestos de riesgos
extraordinarios como los hechos motivados en decisiones políticas estatales del país de
destino de la exportación, hechos de guerra o asimilables.
3.- Seguro de responsabilidad civil: Definición artículo 109. Alcance. Cargas
del asegurado o tomador, obligaciones, plazos. Las costas en causas penales y
civiles. La suma asegurada. Caracterización del dolo y la culpa grave. Cargas
especiales. La denuncia del siniestro. Reconocimiento de responsabilidad,
transacción. Dirección del proceso. Contralor de actuaciones. Acción directa y
citación de garantía. Privilegio del damnificado. Forma de contratación: claims
made y ocurrencia. Seguro de Directores, Administradores y Gerentes (D&O).
Seguro de responsabilidad civil.
El seguro de responsabilidad civil tiene como objeto la protección, no sólo de una
parte, sino de la universalidad del patrimonio. Este considerado como la garantía de los
acreedores por las obligaciones contraídas por quien es civilmente responsable de un
crédito. Por ello, el objeto de interés no es un bien determinado, si no todo el patrimonio
del asegurado, como destinatario eventual de la pretensión de un tercero.
En estos seguros aparece la figura del tercero o particular damnificado, no
como parte del contrato, si no como la figura de quien reclama una
indemnización.
La concreción del riesgo, el siniestro, puede considerarse en dos etapas, una, el
hecho del que nace la responsabilidad, la otra, el reclamo efectivo del damnificado por
ese hecho.
La definición de nuestra ley de seguros establece que en este tipo de seguros "El
asegurador se obliga a mantener indemne al asegurado por cuanto deba a un tercero
en razón de la responsabilidad prevista en el contrato, a consecuencia de un hecho
acaecido en el plazo convenido.”. En tal sentido, debemos decir que se trata de un
seguro de indemnidad del patrimonio del asegurado, pero, a la vez, de carácter
indemnizatorio respecto de la victima de los daños producidos por la responsabilidad de
aquel.
La responsabilidad a que refiere esta clase de seguros puede originarse en
distintos factores de atribución de la responsabilidad, tanto contractual, como
extracontractual, objetivos o subjetivos, pero en modo alguno alcanza a las
responsabilidades penales o administrativas sancionatorias (como las multas de
tránsito, v.g.) dada su naturaleza punitiva y no resarcitoria. Además el objeto de
cobertura será el tipo de responsabilidad expresamente previsto en la póliza, así podrán
ser las nacidas por el uso de una cosa riesgosa (como el automotor), una práctica
profesional (praxis médica, por ejemplo) pero sólo en la medida que hayan sido referidas
como tales en el contrato.
También queda excluidos de cobertura los hechos que generen la responsabilidad
civil y que fueron provocados por dolo o culpa grave.
Por su parte el asegurador incluye dentro de su cobertura los gastos y costas
judiciales y extrajudiciales tanto para la defensa civil como para la penal, cuando el
asegurador la asuma. En caso que el asegurador deposite en pago la suma asegurada
y el importe de los gastos y costas devengados hasta ese momento, dejando al
asegurado la dirección exclusiva de la causa, se liberará de los gastos y costas que se
devenguen posteriormente (art. 110, LS).
El asegurador responde hasta el monto de la suma asegurada, ello significa que,
no existiendo un valor asegurado, ya que no se asegura un bien determinado, sino la
indemnidad patrimonial, existe un máximo que funciona como tope por encima del cual
el asegurador no debe responder. El monto que debe indemnizar se basará en la
obligación que corresponda a su asegurado, en caso de responsabilidades concurrentes
con la misma víctima o terceros por lo que deba responder se hará cargo de la
proporción le se atribuida a su asegurado al igual que la costas del proceso judicial
respectivo.
Cargas. La ley establece cargas específicas para este tipo de seguros.
1.- La denuncia del hecho que genera la responsabilidad la que deberá
efectuarse en el término de tres días de producido, si es conocido por él o debía
conocerlo o desde la reclamación del tercero, si antes no lo conocía.
2.- La denuncia de la reclamación, debiendo dar noticia inmediata al asegurador
cuando el tercero haga valer judicialmente su derecho.
3.- La prohibición de transar o reconocer la responsabilidad el asegurado
frente al tercero damnificado. Ello, sin anuencia del asegurador. Pero el asegurador no
se libera cuando el asegurado, en la interrogación judicial, reconozca hechos de los que
derive su responsabilidad.
4.- La cesión de la dirección de proceso donde se reclama la responsabilidad
del asegurado a favor del asegurador. Tal carga se cumple habitualmente con el
otorgamiento de un mandato judicial a un abogado indicado por la aseguradora que
actuará en representación del asegurado.
El incumplimiento de cualquiera de estas cargas trae aparejada la pérdida del
derecho a la indemnización.
El Contralor de actuaciones se encuentra establecido en el artículo 117 de la
referida ley y determina que el asegurador puede examinar las actuaciones
administrativas o judiciales motivadas o relacionadas con la investigación del siniestro y
constituirse en parte civil en la causa criminal.
Forma de contratación: claims made y ocurrencia.
La contratación de los seguros de responsabilidad civil respecto de su plazo de
vigencia puede darse de diversos modos. Uno de ellos es el conocido como base
ocurrencia, por el cual la obligación del asegurador está ligada al momento en que
ocurrió el hecho generador de la responsabilidad, independientemente del momento en
que se produzca el reclamo.
Por su parte, los seguros contratados sobre base “claims made” (reclamo hecho)
o base reclamación, exigen que, además que el hecho generador de la responsabilidad
ocurra durante la vigencia de la póliza, también el reclamo se efectúe durante ese
período.
Existen otras combinaciones como “a pasado desconocido” por la cual, los hechos
acaecidos antes de la vigencia del contrato pero desconocidos por el asegurado o
tomador serán cubiertos siempre que fueran reclamados durante el plazo del seguro.
También puede pactarse una cobertura extendida para el supuesto de reclamos que se
produzcan hasta un tiempo posterior a la del contrato.
En general, estas cláusulas claims made son de uso en los seguros de
responsabilidad civil por práctica profesional dada la posibilidad que los daños emerjan
con mucha posterioridad y, de ese modo, garantizar el pago de prima suficientes por los
períodos que puedan devenir donde el riesgo de reclamo se encuentre latente. Se ha
criticado esta forma de contratación por generar lo que se ha conocido como “efecto
encadenamiento”, ello es la obligación del asegurado de mantenerse vinculado
contractualmente con una misma aseguradora mientras exista la posibilidad de ser
reclamado para evitar carecer de derecho a cobertura.
Acción directa y citación de garantía. Privilegio.
Se Se ha discutido en la doctrina el alcance del derecho del tercero damnificado,
quien no es parte del contrato de seguro, pero que resulta ser actor principal para la
existencia del riesgo y, consecuentemente, del siniestro. Algunos autores sostienen que
existe una acción directa pero no autónoma –ya que está ligada a los términos del
contrato y a la obligación de accionar también contra el asegurado- del damnificado
contra el asegurador basados en lo que dispone el artículo 118 de la ley 17.418
(Halperín, Morandi, Barbato, entre otros). Otros sostienen que dicha acción no existe en
nuestro ordenamiento legal sosteniendo que sólo existe un sistema procesal previsto
para mayor garantía del asegurado y, eventualmente del tercero.
Nosotros entendemos que existe una estipulación a favor del tercero, de carácter
sustancial que, como consecuencia, da un derecho de accionar en los límites y
condiciones de la ley y el contrato. Ello es lo que más se adecua a la función bifronte
del seguro. En efecto, si bien el contrato tiene en miras la protección del asegurado en
su integridad patrimonial, no hay dudas de la capacidad de servir como medio de
protección de los terceros damnificados que encuentran una forma de obtener el
resarcimiento que en muchos casos el responsable del daño no podría afrontar por
carecer de solvencia. Si el seguro cumple una función social, el de responsabilidad civil
lo hace más acabadamente.
Es el referido artículo el que establece la figura de la citación en garantía. Por
medio de ella tanto el asegurado como el tercero damnificado pueden citar, antes de la
apertura a prueba al asegurador para responda en la medida del seguro. El objeto de
esa citación es que el asegurador oponga las defensas nacidas antes del siniestro,
siendo no oponibles a la victima las posteriores, de ahí la importancia de la clasificación
oportunamente realizada en esta obra. Pero además, el asegurador es traído para que
cumpla con la sentencia en los términos del artículo 116 de la Ley de Seguros. Así,
sentencia que se dicte hará cosa juzgada respecto del asegurador y
será ejecutable contra él en la medida del seguro.
El crédito del damnificado tiene privilegio sobre la suma asegurada y sus
accesorios, con preferencia sobre el asegurado y cualquier acreedor de
éste, aun en caso de quiebra o de concurso civil.
En el caso de pluralidad de damnificados, el artículo 119 de la Ley de Seguro,
establece: “Si existe pluralidad de damnificados, la indemnización debida por el
asegurador se distribuirá a prorrata. Cuando se promuevan dos o más acciones, se
acumularan los diversos procesos para ser resueltos por el juez que previno.”
Seguro de Directores, Administradores y Gerentes (D&O).
Como expresáramos existen diversas formas de responsabilidad asegurable.
Entre ellas se encuentra las de quienes ocupan un cargo de dirección o administración
de una entidad o persona jurídica. Con los alcances de la ley 19.550 y el Código Civil y
Comercial los mismos responden por su culpa grave o dolo frente a la persona jurídica
por el incumplimiento del contrato, estatuto social o la ley. Los seguros Director and
officers (D&O), de origen extranjero, se caracterizan por cubrir la responsabilidad
contractual de quienes ejercen dichos cargos. Los mismos suelen ser pactados con
base reclamación (claims made) e incluyen también las eventuales responsabilidades
frente a terceros por su actuación.
4.- Seguro de transporte: Terrestre. Amplitud de la responsabilidad del
transportador. Cálculo de las indemnizaciones. Seguro Marítimo (Ley de la
Navegación, Ley 20.094, Capítulo 3º, Sección 6, arts. 408 a 470). Seguro
Aeronáutico (Código Aeronáutico, Ley 17.285, Titulo X, arts. 191 a 196).
Seguro de transporte: Terrestre.
La primera cuestión a analizar en los seguros de transporte son los distintos
regímenes que operan sobre cada tipo. Así, con relación al seguro de transporte
terrestre el artículo 121 de la LS establece que el seguro de los riesgos de transporte
por tierra se regirá por las disposiciones de la ley 17.418, y, subsidiariamente por las
relativas a los seguros marítimos (ley 20094).
A su vez, el seguro de los riesgos de transporte por ríos y aguas interiores se
regirá por las disposiciones relativas a los seguros marítimos con las modificaciones
establecidas en la ley 17.418.
El seguro de transporte es, en realidad, uno que combina distintos tipos de riesgos,
todos ellos ya analizados anteriormente, ellos pueden ser incendio, robo, daños,
responsabilidad civil, granizo entre otros. A su vez, los mismos pueden afectar al
vehículo de transporte, la mercadería transportada o la responsabilidad del
transportador.
Entre las exclusiones previstas especialmente por la ley, se establece que si existe
cambio de ruta, el asegurador no responde de los daños si el viaje se ha efectuado sin
necesidad por rutas o caminos extraordinarios o de una manera que no sea común. El
asegurador no responde por el daño debido a la naturaleza intrínseca de la mercadería,
vicio propio, mal acondicionamiento, merma, derrame, o embalaje deficiente (art. 127,
LS).
El seguro puede convenirse por tiempo y viaje (Artículo 123 de la LS). Se prevé la
posibilidad del abandono, éste consiste en la posibilidad de entregar los restos de bien
siniestrado a la aseguradora a cambio del pago del total del valor del mismo en concepto
de indemnización. Ello a elección del asegurado. En tal sentido, cuando se trata de
vehículos de transporte terrestre, el abandono sólo será posible si existe
pérdida total efectiva. También conocida como “destrucción total”.
Siguiendo el esquema general de responsabilidad civil, cuando se cubre ese
riesgo (respecto del cargador, pasajero o destinatario) se entiende comprendida la
correspondiente a nacida por los hechos de sus dependientes u otras personas por las
que sea responsable.
Respecto de los seguros marítimos y aeronaúticos, el artículo 157 de la ley 17.418,
establece que se aplican las disposiciones de este título, en forma
subsidiaria. Agregando el mismo artículo que también se aplican al seguro obligatorio
de vida de empleados del Estado y al seguro del espectador y personal de espectáculos
deportivos, salvo las disposiciones que contradigan tales leyes especiales o a su
naturaleza. Los seguros mutuos se rigen por las disposiciones de este título, excepto
las normas que sean contrarias a su naturaleza.
4.- Seguro Marítimo.
Todo lo referido a los seguros marítimos está regulado en la Ley de la Navegación
(LN), 20.094, Capítulo 3º, Sección 6, desde los arts. 408 a
470, de los cuales vamos a ver los artículos más significativos. "El contrato de seguro
marítimo se rige por las disposiciones generales de la ley general de seguros (17418),
en cuanto no resulten modificadas por las de la presente sección." (art. 408 de la LN)
A su vez, el el artículo 409 de la misma ley establece que: " Las disposiciones de esta
sección se aplican a los contratos de seguros destinados a indemnizar un daño o
pérdida sufridos por intereses asegurables durante una aventura marítima, o en aguas
interiores, o durante las operaciones terrestres que fueren accesorias.....". También se
aplican a los buques en construcción.
Respecto del interés asegurable, éste puede ser el buque, carga
o flete contra cualquier riesgo de la navegación. Se excluyen los que provienen del
hecho intencional del dueño o titular del interés asegurado.
Son especialmente intereses asegurables los vinculados a:
a) Buque o artefacto naval; Provisiones; c) Efectos que sean materia del transporte; d)
Flete o precio del pasaje; e) Lucro esperado por la llegada de la mercadería a destino;
f) Avería común; g) Salario del capitán y de la tripulación; h) Riesgo asumido por el
asegurado.
Por extensión, son intereses asegurables los vinculados al
buque en construcción.
Es importante destacar que "El valor del buque debe ser declarado por el
asegurado, bajo pena de nulidad del contrato, en toda póliza de seguro que cubra un
interés vinculado a aquél."(art. 426 de la LN) en una porción mayor de la mitad de su
valor, o la transferencia del carácter de armador a otra persona distinta de su propietario,
producen de pleno derecho la resolución del contrato de seguro a partir de la fecha del
acto de transferencia.
En cuanto al plazo de vigencia la ley lo establece desde que comienza la carga de
los efectos en el puerto de partida, y terminan cuando finaliza la descarga en el puerto
de destino, pero no más allá de los veinte días de la llegada. Ello salvo pacto en
contrario.
Existen otros seguros previstos en la Ley de la Navegación relacionados con los
efectos. A modo enunciativo podemos decir que son
1.- Seguro del flete por ganar.
2.- Seguro de fletes bruto y neto.
3.- Seguro del precio del pasaje.
4.- Seguro sobre lucro esperado.
Respecto del seguro de responsabilidad por daños a terceros, el
artículo 452 de la mencionada ley, prescribe: "En el seguro de responsabilidad por daños
a terceros el asegurador responde en las condiciones del contrato por toda
suma que el asegurado se vea obligado a pagar a terceros a causa de una
o varias colisiones entre buques, provenientes de un mismo hecho y, en
adición, por las costas del juicio tramitado con consentimiento del
asegurador, destinado a salvar la responsabilidad del buque asegurado en la colisión.
Si los buques intervinientes en la colisión pertenecen al asegurado y alguno o algunos
de ellos no están asegurados, o no lo están con el mismo asegurador éste responde
como si pertenecieren a terceros."
La ley permite la elección al asegurado entre la acción de avería y la de abandono, esta
última, ya no sólo en caso de pérdida total. (art. 454 de la LN)
El Seguro Aeronáutico tiene su regulación específica en el Código Aeronáutico- CA-,
Ley 17.285, Titulo X, arts 191 a 196).
Se establece la obligación de asegurar al personal por parte del explotador sea habitual
u ocasionalmente a bordo contra los accidentes susceptibles de producirse en el
cumplimiento del servicio, conforme a las leyes a que se refiere el artículo 87.
Asimismo, conforme el artículo 192 del Código Aeronáutico el explotador de una
aeronave se encuentra obligado a celebrar un seguro por los daños previstos en los
límites del título VII.
Dicho seguro puede ser substituido por un depósito, en efectivo o en títulos nacionales,
o por una garantía bancaria.
En el caso de tratarse de explotadores nacionales, los seguros por accidentes al
personal contratado en la República o por daños producidos con motivo
del vuelo de sus aeronaves, o a terceros y sus bienes, deberán ser
contratados con aseguradores que reúnan los requisitos exigidos por la
ley respectiva.
Es de suma importancia lo establecido en el artículo 193 del Código Aeronáutico el que
expresa que: "No se autorizará la circulación en el espacio aéreo nacional de ninguna
aeronave extranjera que no justifique tener asegurados los daños que pueda
producir a las personas o cosas transportadas o a terceros en la superficie,
en los límites fijados en este Código. En los casos en que la responsabilidad del
explotador se rija por acuerdos o convenciones internacionales, el seguro deberá cubrir
los límites de responsabilidad en ellos previstos. El seguro podrá ser substituido por otra
garantía si la ley de la nacionalidad de la aeronave as lo autoriza."
Para finalizar el artículo 196 del mismo cuerpo legal establece que los seguros
obligatorios cuya expiración se opere una vez iniciado el vuelo se considerarán
prorrogados hasta la terminación del mismo.
5.- Seguros de personas: Seguro sobre la vida, accidentes personales.
Seguro de sepelio, seguro de enfermedad. Beneficiario. Seguro colectivo
Los seguros de personas se diferencian de los patrimoniales o de interés por las
características de los riesgos cubiertos. La naturaleza de la vida, la integridad física, la
senectud y la salud ameritan un tratamiento jurídico diferenciado. Es por ello que
algunos principios como el del infra o sobre seguro, la subrogación, la prohibición de
pluralidad de contratos entre otros no son de aplicación en esta clase de seguros. La
posibilidad de acumular prestaciones y la forma en que se regula la agravación del
riesgo son propias de los seguros personales.
El artículo 128 de la Ley de Seguros establece la posibilidad de asegurar la vida
del contratante o de un tercero, sólo exigiendo que éste último preste su conformidad,
con excepción del régimen del seguros colectivo donde el tomador debe acreditar un
interés sobre la vida del tercero.
A los efectos de las denuncias que debe efectuar el asegurado en el
seguro de vida de un tercero se tomará en cuenta el conocimiento y la conducta del
contratante y del tercero. En igual sentido se establece que existe un plazo de
incontestabilidad para la reticencia. Ello significa que transcurridos tres años desde la
celebración del contrato, el asegurador no puede invocar la reticencia, excepto cuando
fuere dolosa. En cuanto a la denuncia inexacta de la edad, el art 131 de la misma ley
establece que sólo autoriza la rescisión por el asegurador, cuando la verdadera edad
exceda los límites establecidos en su práctica comercial para asumir el riesgo.
Con relación a la agravación del riesgo, como adelantáramos, existe un régimen
especial. Así, sólo se debe denunciar la agravación del riesgo que obedezca a motivos
específicamente previstos en el contrato. En el caso de cambio de actividad o profesión
conforme el artículo 133, sólo autorizan la rescisión cuando agravan el riesgo de modo
tal que de existir a la celebración, el asegurador no habría concluido el contrato. Si de
haber existido ese cambio al tiempo de la celebración el asegurador
hubiera concluido el contrato por una prima mayor, la suma asegurada se
reducirá en proporción a la prima pagada.
La provocación dolosa del siniestro es regida de manera distinta en los seguros
de vida. En tal sentido, el art. 135 y siguientes de la ley 17.418 establece las exclusiones
legales respectivas. En el caso de suicidio voluntario de la persona cuya vida se asegura
se libera al asegurador, salvo que el contrato
haya estado en vigor ininterrumpidamente por tres años. Por su parte si la muerte del
tercero cuya vida se asegura fue deliberadamente provocada por un acto ilícito del
contratante o por el beneficiario, el asegurador queda eximido de la obligación
indemnizatoria. En un sentido análogo el asegurador se libera si la persona cuya vida
se asegura, la pierde en empresa criminal o por aplicación legítima de la pena de muerte.
Con relación al pago de la prima y su mora la ley establece un régimen especial.
Por empezar transcurridos tres años desde la celebración del contrato y hallándose el
asegurado al día en el pago de las primas, podrá en cualquier momento exigir, de
acuerdo con los planes técnicos aprobados por la autoridad de contralor que se
insertarán en la póliza:
a. La conversión del seguro en otro saldado por una suma reducida o de
plazo menor;
b. La rescisión, con el pago de una suma determinada (denominado
comúnmente rescate).
La ley interpreta que cuando el asegurado interrumpa el pago de las primas sin
manifestar opción entre las soluciones consignadas dentro de un mes de interpelado
por el asegurador, el contrato se convertirá automáticamente en un seguro saldado por
una suma reducida.
El seguro de accidentes personales, cubre las consecuencias incapacitantes de un
hecho externo, fortuito e inminente que sufra el asegurado. Dichas consecuencias
pueden consistir en una incapacidad parcial o relativa (inferior habitualmente al 65 %) o
absoluta (cuando superan tal porcentual o producen la muerte), conforme una tabla o
baremo de incapacidades previsto en la póliza. A su vez, la incapacidad puede ser
temporaria o definitiva (permanente). La indemnización se calcula sobre el grado de
incapacidad determinado y aplicado a la suma asegurada.
El artículo 149 de la Ley de Seguros establece las disposiciones de seguro sobre la vida.
Respecto de la carga de salvamento el artículo 150 de la misma ley establece que el
asegurado debe reducir las consecuencias del siniestro, y observar las instrucciones del
asegurador al respecto, en cuanto sean razonables. A diferencia del seguro de vida el
asegurador se libera si el asegurado o el beneficiario provoca el accidente dolosamente
o por culpa grave o lo sufre en empresa criminal.
Tanto el seguro de enfermedad como el de salud es de poca práctica en nuestro
país y suele confundirse con el sistema de medicina prepaga. Este no se encuentra
regido por la normativa asegurativa.
Este seguro establece indemnizaciones predeterminadas por cada contingencia
que suponga una enfermedad o sus diferentes etapas. Sirve como soporte
complementario para quien padece este tipo de siniestros. En igual sentido existe en el
mercado una cobertura para hacer frente a los gastos de sepelio.
La figura del beneficiario cobra vital importancia en los seguros personales y, en
particular en el de vida.
Es posible pactar que el capital o renta a pagarse en caso de muerte, se abone a un
tercero sobreviviente, determinado o determinable al momento del evento.
El beneficiario adquiere un derecho propio a] tiempo de producirse el evento. Ello
significa que la indemnización no pasa por el patrimonio del causante cuya vida se
asegura. El artículo 144 de la Ley de Seguros prescribe que: “Los herederos legítimos
del asegurado tienen derecho a la colación o reducción por el monto de las primas
pagadas.” Pero no a la indemnización.
La designación puede no requiere otra formalidad más que sea por escrito, incluso
puede realizarse por acto mortis causa. Importa el momento de su notificación al
asegurador a los efectos de que el pago de este se a la persona adecuada y, por ende,
para juzgar la buena fe del mismo.
Excepto el caso en que la designación sea a título oneroso, el contratante
puede revocarla libremente aun cuando se haya hecho en el contrato.
Respecto de la quiebra o concurso del asegurado el artículo 147 de la referida ley
establece que no afectan al contrato de seguro. Los acreedores sólo pueden hacer valer
sus acciones sobre el crédito por rescate ejercido por el fallido o concursado o sobre el
capital que deba percibir si se produjo el evento previsto
El seguro colectivo refiere a una forma de contratación donde el asegurador toma en
cuenta el riesgo de un conjunto de personas diversas, normalmente agrupadas por
alguna circunstancia común como ser empleados de una misma empresa, clientes de
un banco o entidad financiera, socios de un club, etc.. El tomador scelebra una contrato
que se configura por medio de una póliza maestro a cuyas condiciones se suman los
adherentes por el simple hecho de ingresar al grupo. Estos adquieren un en el caso de
contratación de seguro colectivo sobre la vida o de accidentes personales en interés
exclusivo de los integrantes del grupo, éstos o sus beneficiarios tienen un derecho
propio contra el asegurador desde que ocurre el evento previsto. Agregando el artículo
154 de la ley 17.418 que: “El contrato fijará las condiciones de incorporación al grupo
asegurado que se producirá cuando aquellas se cumplan…”.
Del mismo modo que ingresaron, los adherentes que dejan de pertenecer
definitivamente al grupo asegurado, quedan excluidos del seguro desde ese momento,
salvo pacto en contrario.
Para que el contratante pueda ser beneficiario éste debe tener un interés
económico lícito respecto de la vida o salud de los integrantes de grupo, en la medida
del perjuicio concreto.