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Resumen Libro Romeo y Julieta

En 'Romeo y Julieta', dos jóvenes amantes de familias rivales en Verona enfrentan la adversidad de su amor prohibido. Tras un encuentro en un baile, se enamoran, pero la violencia entre sus familias culmina en tragedias que llevan a la muerte y el destierro. La obra explora temas de amor, odio y el destino trágico que enfrentan los protagonistas debido a las disputas familiares.
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Resumen Libro Romeo y Julieta

En 'Romeo y Julieta', dos jóvenes amantes de familias rivales en Verona enfrentan la adversidad de su amor prohibido. Tras un encuentro en un baile, se enamoran, pero la violencia entre sus familias culmina en tragedias que llevan a la muerte y el destierro. La obra explora temas de amor, odio y el destino trágico que enfrentan los protagonistas debido a las disputas familiares.
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RESUMEN LIBRO: “ROMEO Y JULIETA”.

Ciudad de Verona – Italia (sigles XIV o XV)

Sansón y Gregorio, de la casa de los Capuleto (de Julieta), se encuentran por la calle con
Abraham y otro sirviente, ambos de la casa de los Montesco (de Romeo) y empiezan a
discutir, sacan las armas y comienza una pelea. Después llega Benvolio, sobrino de
Montesco y les pide que guarden las armas, que no saben lo que hacen. Ahora llega
también Tebaldo, sobrino de la señora Capuleto y le se enfrenta a Benvolio, quién le
dice que él solo quiere que paren de pelear y le pide a Tebaldo que lo ayude, pero
éste no le hace caso y ambos luchan.

Al rato, llegan el anciano Capuleto y su esposa y también el anciano Montesco y su


esposa.

Cuando Capuleto y Montesco ya se disponían también a empezar a pelear, llega el


Príncipe Scala y sus acompañantes y les ordena a todos que suelten las armas y que
lo escuchen, bajo pena de muerte.

El príncipe, muy molesto, les dice que ya es la tercera vez que la guerra personal
entre estas dos familias han roto la tranquilidad de esas calles. Les advierte que si
vuelven a alterar la paz, lo acabarán pagando con sus vidas. El príncipe le pide a
Capuleto que lo acompañe y a Montesco le ordena que esa tarde lo vaya a ver al
palacio para seguir hablando de ese asunto.

Dicho esto, se van todos, quedando solo Montesco, su esposa y su sobrino Benvolio.
Montesco pregunta entonces a su sobrino quién empezó la pelea y éste le cuenta a su
tío cómo ocurrió todo. Luego, la señora Montesco le pregunta a Benvolio si sabe
donde está su hijo Romeo y Benvolio le cuenta que por la mañana temprano lo vio
dando vueltas solo por un bosquecillo, pero que al verlo a él se metió más entre la
espesura para no ser visto, por lo que Benvolio siguió su camino y no fue a junto de él.

Monteso le dice a Benvolio que efectivamente su hijo Romeo había sido visto por ese
bosquecillo más de una mañana, “aumentando el rocío con sus lágrimas”. Montesco
había intentado averiguar lo que le sucedía, tanto preguntándoselo él mismo como a
través de sus amigos, pero no había conseguido averiguar qué es lo que le pasaba.

En ese momento, ven acercarse a Romeo y Benvolio le dice a sus tíos que se vayan,
que no se preocupen que él va a intentar averiguar cuál es su pesar.

Romeo le pregunta a Benvolio si ya es de día y éste le dice que apenas son las
nueve.

Romeo, se queja y le dice que las horas tristes parecen tan largas….
Aprovecha entonces Benvolio para preguntarle a Romeo qué tristeza hace que sus
horas sean tan largas, contestando Romeo que lo que las hace largas es “el no tener
lo que si lo tuviera las haría cortas” (se refiere al amor imposible de una dama de la
que está enamorado).

Benvolio le pregunta a Romeo a quíén ama y Romeo le contesta que ama a una dama
que se ha protegido con la armadura de la castidad, a la cual no la convencerán las
palabras de amor.

Benvolio le aconseja a Romeo olvidar a esa dama y que le de libertad a sus ojos
mirando a otras damas.

Romeo se despide de Benvolio diciéndole que no va a ser capaz de ayudarlo a


olvidar, pero Benvolio le promete que le enseñará esa lección o sino, estará en deuda
con él hasta la muerte.

Mientras, en la casa de los Capuleto, el señor Capuleto recibe al conde Paris.

Paris, le dice a Capuleto que quiere casarse con su hija Julieta. Capuleto, le dice que
su hija todavía tiene catorce años y que todavía no conoce el mundo, por lo que le
pide a Paris que espere dos primaveras más (dos años) y mientras tanto, que
aproveche para ir conquistándola. Si su hija mientras tanto acepta casarse con él, el
dará su consentimiento.

Capuleto aprovecha para decirle a Paris que esa noche dará una fiesta en su casa a la
que acudirán muchos amigos y él por supuesto, está invitado. Dicho esto, Capuleto le
pide a un criado que recorra la hermosa Verona hasta encontrar a las personas cuyos
nombres están escritos en un papel que le entrega al criado y que les diga que están
invitados a esa fiesta.

El criado sale de la casa muy preocupado, ya que no sabe leer, por lo que no entiende
los nombres que aparecen en esa lista.

Ya en la calle, el criado se encuentra con Benvolio y Romeo y sin saber quienes son,
les pide ayuda para leer el escrito.

Romeo empieza a leerle los nombres al criado y cuando acaba, le pregunta donde es
esa fiesta. El criado le responde que en la casa de su amo, el señor Capuleto.

Cuando se va el criado, Benvolio le dice a Romeo que en la lista de los invitados


figuraba la bella Rosalina, que era la dama de la que estaba enamorado Romeo, por lo
que Benvolio, como la fiesta era un baile de máscaras, le propone a Romeo ir con la
máscara en la cara y así comparar la belleza de Rosalina con la de otras damas, ya
vería Romeo que al lado de otras bellas damas, su Rosalina parecería un cuervo.
Mientras, la señora Capuleto entra en la habitación de Julieta y habla con ella de que
en la víspera de la fiesta Julieta ya cumplirá catorce años. Le dice que a esa edad,
muchas mujeres ya están casadas y le recuerda a su hija que ella a su edad, ya la
había tenido a ella. Le pregunta si había pensado alguna vez en casarse. La chica le
dice que no. Entonces la madre le dice sin rodeos que el joven Paris le había
pedido su mano a su padre y le contó lo que su padre había acordado con Paris, es
decir, que si Paris lograba conquistar a Julieta y esta aceptaba casarse con él,
entonces su padre daría el consentimiento.

La madre entonces le empezó a contar todas las virtudes del joven Paris a Julieta, le
dijo que era un caballero muy guapo y que esta noche en la fiesta, se fijara en él, en
la armonía de sus rasgos.

Julieta prometió hacerlo e intentaría que le agradase, si es que así ayudaba a que
surgiese el amor.

Por fin, se celebra el baile en casa de los Capuleto y Romeo, Mercucio, Bervolio y seis
amigos más, entran enmascarados.

Cuando Tebaldo, el sobrino de la señora Capuleto escucha a habar a Romeo, lo


reconoce por la voz y quiere matarlo allí mismo, pero el señor Capuleto le dice que
tenga paciencia y que se comporte.

Romeo, que no se había dado cuenta de que fuera reconocido, se fija en una dama
hermosa y pregunta a un criado quién es, pero el criado le dice que no lo sabe.

Romeo se acerca a la dama y después de besarle la mano, la corteja y acaba


besándola. Julieta le dice que ahora sus labios tienen el pecado que tenían los labios
de Romeo, por lo que este la besa otra vez para que esos pecados vuelvan a él.

En ese momento, llega la Ama de Julieta y le dice que su madre quiere verla. Romeo
le pregunta quién es su madre y el Ama le dice que su madre es la dueña de esa
casa. De este modo Romeo descubre que Julieta es una Capuleto.

Por su parte, Julieta, cuando ya Romeo se alejara para irse, le pregunta a su Ama
quién es él y ella le responde que es un Montesco, el hijo de su peor enemigo.

Cuando se acaba la fiesta y salen todos, los amigos de Romeo se disponen a irse pero
Romeo evita irse con ellos, por lo que los amigos creen que todavía quiere estar solo
para llorar por su amada Rosalina, burlándose de él. Sin embargo, Romeo ha saltado
la tapia del jardín de Julieta.
Escondido ya en el jardín, Romeo mira a Julieta en un balcón y escucha lo que esta
susurra para sí misma. Por las palabras que ella dice, comprueba Romeo que ella lo
ama.

Al principio, él estaba indeciso si dejarse ver por ella o no, pero al final, deja que ella
lo vea y le declara su amor.

Ella le pregunta si es Romeo Montesco, el hijo de su peor enemigo y él le dice que si


eso a ella le desagrada, no lo será.

Julieta quiere estar segura de sus intenciones y le dice a Romeo que si sus palabras de
amor son honradas y su intención es el matrimonio, que le mande una nota al día
siguiente diciéndole el lugar y la hora en que quiere que se haga la ceremonia. Ella
enviará al día siguiente a alguien a recoger la nota. Así fue como se despidieron hasta
el día siguiente.

Esa noche Romeo no fue a casa, no podía dormir. A la mañana muy temprano fue al
convento de San Franciso a ver a Fray Lorenzo y le contó lo que le pasaba. Le dijo
que había puesto su ardiente amor en la hija del rico Capuleto y que ella le
correspondía.

Romeo le pidió a Fray Lorenzo que uniera ese amor con el santo matrimonio y le rogó
que fuese ese mismo día.

Fray Lorenzo, sorprendido, le preguntó a Romeo que había sido entonces de Rosalina,
a la que tanto amaba. Él le contestó que la que amaba ahora lo correspondía, a
diferencia e Rosalina, que nunca lo había amado.

Fray Lorenzo accedió a ayudar a Romeo, puesto que esa alianza podía ser una forma
feliz e convertir el rencor de sus familias en amor.

Esa mañana, mientras Romeo hablaba con Fran Lorenzo, una nota de Tebaldo, el
sobrino de la señora Capuleto, llegaba a la casa de Romeo. Era una citación para un
duelo, lo cual era un asunto muy grave.

Cuando Romeo llega por fin a su casa, al poco llega el Ama de Julieta enviada por
ésta, para que Romeo le diera las indicaciones del sitio y la hora en donde quedarían.

Romeo le dijo que le comunicara a Julieta que esta tarde se inventara la excusa de ir
a la celda de Fray Lorenzo para confesarse. Allí sería la boda.

El Ama de Julieta le prometió a Romeo que le daría el mensaje a Julieta y además, le


contó el secreto que por ahora nadie sabía en la ciudad, que Paris estaba dispuesto a
conquistar a Julieta pero que ella prefería ver a un sapo antes que a él.
Romeo fue el primero en llegar esa tarde a la celda de Fray Lorenzo y este avisó a
Romeo que estos violentos placeres tenían violentos finales, que la dulce miel
empalagaba por su propia dulzura, por lo que le aconsejó amar con moderación para
que el amor durara más, que tan tarde llega el que se da mucha prisa como el que va
despacio.

Cuando por fin Julieta logra marchar de su casa con la excusa de ir a confesarse, se
presentó en la celda de Fray Lorenzo y este procedió a casar a los dos enamorados.

Unos días más tarde, los dos bandos de las dos familias enemigas se encuentran en
una calle de Verona. Benvolio y Mercucio se encuentran con Tebaldo y otros, empiezan
a discutir, luego llega Romeo y aunque éste no quiere pelear con Tebaldo, Mercucio
sigue metiéndose con Tebaldo y ambos empiezan a pelear.

Durante la lucha, Tebaldo hiere de muerte a Mercucio. Romeo, queriendo vengar a su


amigo Mercucio empieza a luchar con Tebaldo y lo mata.

Benvolio le grita a Romeo que huya, porque sino el príncipe lo hará matar.

Cuando llega el príncipe pregunta qué pasó y quién mató a Mercucio y a Tebaldo.
Llega también la señora Capuleto, tía de Tebaldo y pide al príncipe justicia y que
castigue a Romeo.

El príncipe al final, decide que el castigo que recibirá Romeo por todo lo sucedido y
por matar a un pariente suyo, Mercucio, será el destierro. Deberá irse de allí a toda
prisa, porque si lo encuentran antes lo matarán.

Cuando el Ama de Julieta se entera de lo sucedido, corre a contárselo a Julieta. Esta


al principio le echa la culpa de lo sucedido a Romeo pero después se arrepiente y
piensa que seguramente Romeo mató a Tebaldo porque este quiso matarlo a él antes.

Julieta se puso muy triste al enterarse de que el príncipe había desterrado a Romeo y
el Ama, con la intención de aliviar el sufrimiento de Julieta le dijo que no se
preocupase, que ella sabía donde estaba escondido Romeo, en la celda de Fray
Lorenzo, iría a buscarlo y lo traería a junto de Julieta.

Julieta le dijo que sí, que fuera a buscarlo y que viniera a recibir su último adiós.

Mientras tanto, Romeo, que estaba refugiado en la celda de Fray Lorenzo, le pregunta
a este si ya se sabe la sentencia del príncipe y Fray Lorenzo le responde que sí, que
su sentencia es el destierro.

Al oír esto Romeo, quiere morir. Fray Lorenzo le dice que lo que hizo merecía la
muerte y que el príncipe había sido misericordioso con él sentenciándolo solo al
destierro, pero Romeo no lo ve así y prefiere morir que alejarse de su amada Julieta.
En ese momento, llaman a la puerta, era el Ama de Julieta. Cuando vio a Romeo
tirado en el suelo llorando, le dijo a Fray Lorenzo que Julieta estaba igual de apenada.

Tanto la Ama de Julieta como Fray Lorenzo, le pidieron a Romeo que se levantase y
que fuese a ver a Julieta y que la consolara. Fray Lorenzo también le dio indicaciones
de que no se quedase hasta el amanecer, ya que debería irse para Mantua, donde
viviría a partir de ahora hasta que llegase el momento de hacer público su matrimonio
con Julieta, reconciliar a ambas familias y conseguir el perdón del Príncipe. En ese
momento, podría volver a Verona con más alegría de la que se iba.

Mientras, en la casa de los capuleto, Paris fue a ver cómo estaba el asunto de él con
Julieta. El señor Capuleto le dice que con todo eso de Tebaldo no han podido hablar
con su hija, pero le asegura que hablarán con ella y que la boda se celebrará en un
máximo de tres días, el jueves.

Esa noche, Romeo va a ver a Julieta y se queda hasta que amanece con ella. Cuando
ya estaba amaneciendo, llega el Ama y avisa a Julieta que tenga cuidado, que su
madre viene hacia su habitación.

Romeo entonces se despide y llega la madre de Julieta a su habitación para


comunicarle la decisión de su padre. Julieta, lejos de estar contenta, le dice a su
madre que le comunique al padre que no quiere casarse todavía, y menos con Paris.

En esto llega el padre de Julieta y al enterarse de que Julieta no quiere casarse, se


pone echo una furia y la amenaza de que si no se casa, no la dejará permanecer en
su casa, la echará a la calle para que se muera de hambre o para que la ahorquen.

Julieta, desesperada, cuando ya se fueron de su habitación su padre y su madre,


busca consejo en su Ama, pero esta le dice que ya que Romeo está exiliado y no cree
que nunca se atreva a volver por ella, que es mejor que acepte casarse con Paris.

Julieta se enfada mucho con su Ama por decirle eso y le pide que vaya a junto de su
madre a decirle que va a ir a confesarse por haber ofendido a su padre. Con esa
excusa, saldrá e irá a junto de Fray Lorenzo para ver que solución le propone a todo
esto.

Cuando Julieta llega a junto de Fray Lorenzo, se encuentra allí con Paris, que fue a
hablar con él para avisarle de que prepare todo para la boda del Jueves. Julieta y
Paris mantienen una conversación llena de ironía y se despiden hasta el Jueves.

Una vez que Julieta queda sola con Fran Lorenzo, le pide que la ayude, que está
dispuesta a hacer cualquier cosa.
Fray Lorenzo le dice que ve una última esperanza, le dice a Julieta que si ella tuviera
el valor de fingir que se quita la vida, entonces sería posible solucionar el problema.

Fray Lorenzo le entrega un veneno a Julieta, le dice que vuelva a su casa y que le diga
a sus padres que acepta el casamiento con Paris. Después, la noche del miércoles, que
beba unas gotas de ese veneno el cual le hará empezar a tener sueño, sus ojos se
cerrarán, desaparecerá el color de sus mejillas, todos sus miembros se volverán rígidos
y duros, fríos como la muerte y parecerá que la vida haya escapado de su cuerpo.
Este efecto permanecerá durante 42 horas.

Durante ese tiempo. Julieta será enterrada en la tumba de los Capuleto y después, esa
noche, Romeo vendrá y él y Fray Lorenzo estarán allí cuando ella despierte. Luego
Romeo la llevará con él a Mantua.

Fran Lorenzo le dice a Julieta que ahora él va a enviar a Romeo una carta a Mantua
explicándole todo.

Julieta entonces coge el veneno y se va para su casa. Al llegar le dice a su padre que
ha ido a confesarse y que viene a pedirle perdón por su desobediencia. Le dice que a
partir a ahora se va a dejar guiar por él.

Esa noche, Julieta les dice a su madre y a su Ama que se marchen pronto de su
habitación que quiere rezar y descansar para estar bien para la boda del día siguiente.

Después de varios momentos de indecisión, toma el veneno que le dio Fray Lorenzo y
cae por fin en la cama, al lado de un puñal que había puesto a su lado por si acaso
el veneno fallaba.

En la casa de los Capuleto, todos están muy ajetreados esa noche antes de la boda,
preparando el banquete, por lo que no se dan cuenta de nada.

Bien temprano por la mañana, llega Paris con los músicos. El señor Capuleto le dice
entonces al Ama que vaya a despertar a Julieta y que la ayude a arreglarse para la
boda, que el novio ya está allí.

Cuando el Ama entra en la habitación de Julieta, descubre su cuerpo inmóvil.

Avisa corriendo a la Señora Capuleto y al oír los gritos llegan pronto el Sr. Capuleto y
el conde Paris.

Todos lloran la muerte de Julieta.


Llega Fray Lorenzo disimulando no saber nada y preguntando si ya está la novia lista
para ir a la iglesia. Entonces, le comunican que la novia está muerta. Fray Lorenzo da
instrucciones para que la vistan con sus mejores galas y que la lleven al templo.

Pero las cosas no pasan como planeó Fray Lorenzo.

En su casa de Mantua, Romeo ve llegar a su criado Baltasar, que viene de Verona, y le


pregunta si trae noticias de Fray Lorenzo. Baltasar le dice que no trae ninguna carta
del fraile, pero sí trae otras malas noticias, noticias de la muerte de Julieta, a la cual
él mismo vio como enterraban y corrió hasta Mantua para decírselo a Romeo.

Romeo, desesperado, le dice al criado que le traiga papel y tinta y que vaya a
alquilar caballos.

Mientras, él piensa en cómo acabar con su vida para reunirse en el cielo con Julieta.
Se acuerda de un boticario que vio hace unos días y corrió a su tienda, para ver si
podía venderle un veneno tan fuerte como la pólvora dentro de un cañón.

Romeo le ofreció 40 ducados al boticario a cambio de un veneno y éste tenía miedo


de vendérselo porque en Mantua la venta de venenos mortales estaba castigada con
la muerte.

Romeo lo convenció diciéndole que cómo temía él a la muerte si andaba desnudo, el


hambre se reflejaba en su rostro, la necesidad en sus ojos y la miseria colgaba de sus
espaldas. Le dijo que no fuera tonto, que no siguiera siendo pobre y que aceptara el
dinero a cambio del veneno.

El boticario acepta y Romeo sale con el veneno de la tienda del boticario, pensando en
beberlo cuando estuviera junto a la tumba de Julieta.

En Verona, mientras tanto, Fray Lorenzo se entera de que Fray Juan a quién había
dado instrucciones para que fuera a Mantua a contarle a Romeo sus planes con
Julieta, no ha podido entregarle la nota a Romeo porque no lo dejaron salir de
Verona por una peste que había en la ciudad.

Los guardias lo habían visto y sospechando que venía de una casa infectada con la
peste, le cerraron las puertas y n o pudieron salir, por lo que no pudo ir a Mantua.

Fray Lorenzo se dio cuenta entonces de que no haber podido el Fray Juan entregar la
carta a Romeo podía traer fatales consecuencias. Se dispone a ir él solo a la tumba
donde está enterrada Julieta para que cuando se despierte haya alguien allí y decidió
también escribirle otra carta a Romeo para que se enterara de lo que estaba pasando
y no se le ocurriera hacer ninguna tontería. Escondería mientras a Julieta en su celda
hasta que Romeo llegase.
Pero los sucesos ocurrieron muy deprisa antes de que Fray Lorenzo pudiera hacer
nada.

Paris, decide ir a llevar flores y perfumes a la tumba de Julieta acompañado por un


criado, al que manda esperar fuera y avisarle por si viene alguien.

Estaba Paris orando al lado de la tumba de Julieta, cuando el criado desde fuera le silva
para avisarle de que viene alguien, por lo que Paris se esconde.

En esto, llega Romeo con su criado Baltasar, al que también le manda esperar fuera
para que no viera lo que hacía.

Romeo abre el sepulcro de Julieta con un pico y una barra de hierro y Paris, que estaba
escondido observando todo, no puede aguantar más cuando reconoce a Romeo y sale
de su escondite para detener a Romeo.

Ambos luchan y Romeo acaba matando a Paris. El criado, que escucha todo, va a
llamar a los guardias.

Romeo mira por última vez a Julieta, asombrándose de que después de muerta siguiera
tan bella y coge el veneno y lo bebe.

Después llega Fray Lorenzo al cementerio y se encuentra con Baltasar, el criado de


Romeo, quién le dice que su señor Romeo está abajo en la cripta de Julieta. Fray
Lorenzo baja y mira los cadáveres de Paris y de Romeo. Fray Lorenzo muy angustiado,
piensa en qué mala hora habían tenido que ocurrir tantas desgracias.

En ese momento, Julieta empieza a despertarse y al primero que ve es a Fray Lorenzo.


Le pregunta por su amado Romeo y el fraile le explica que los planes se han torcido
y que tanto Romeo como Paris están muertos. Le pide que no se preocupe, que él
hará todo lo necesario para que ella pueda ingresar en un convento.

Se oyen ruidos fuera, son los guardias llegando, entonces, en un descuido del fraile,
Julieta mira la copa de veneno en la mano de Romeo y se da cuenta que murió al beber
aquel veneno. Como en la copa ya no queda más veneno, Julieta besa a Romeo por si
queda alguna gota del veneno en sus labios, pero como ya no hay nada y oye que los
guardias se acercan, coge un puñal y se lo clava.

Llegan entonces los guardias y al ver los cadáveres, cogen a Fray Lorenzo, a Baltasar y
al criado de Paris como sospechosos hasta que no llega el Príncipe.
Una vez que llega el príncipe al cementerio, interroga a los sospechosos y a los
guardias.

El señor y la señora Capuleto, así como el señor Montesco (la mujer de Montesco
había muerto esa misma noche porque no había podido soportar el exilio de su hijo
Romeo), que escuchaban los gritos por la calle y veían a todos correr hacia el
cementerio, van también a ver que pasaba.

Allí se encuentran con lo ocurrido. Por su parte, Fray Lorenzo, al ser interrogado por
el Príncipe, cuenta con todo detalle el plan que habían ideado y lo ocurrido
finalmente.

Después de que el fraile contara todo, el Príncipe, dirigiéndose a los Capuleto y al


señor Montesto, les dice que vean ahí el desastre que había traído su odio. El cielo
por fin había encontrado la forma de acabar sus luchas con amor.

Fue así como los Capuleto y el señor Montesco hicieron las paces y decidieron
levantar una estatua de oro con la figura de Julieta y de Romeo, que habían sido las
pobres víctimas de su odio.

El Príncipe les pide irse a todos, avisándoles de que seguirían hablando de esos
hechos, los cuales unos serían perdonados y otros castigados, pues nunca hubo una
historia tan triste como la de Romeo y Julieta.

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