BO
14.012
0002 RRE BOURDIEU
tí CAMPO
POLÍTICO
320
B769c
plural
El campo político
Pierre Bourdieu
Con una presentación sobre las intervenciones políticas
de Pierre Bourdieu,
por Franck Poupeau y Nicolás Carón
plural
Liberté • Ég/ilité ■ Fraterttité
République Franqaise
Esta obra ha sido publicada en el marco de un convenio de cooperación editorial
con el apoyo del Ministerio de Asuntos Extranjeros de la República de Francia
y de la Embajada de Francia en Bolivia
Traducción realizada bajo la dirección de Noemí LARRAZABAL y
de Emmanuel CAPDEPONT
Equipo de traductores:
Emmanuel CAPDEPONT
Ximena ENRIQUEZ UREA
Noemí LARRAZABAL
María Cecilia RAMÍREZ JORDAN
María Cecilia Erika SAN ROMAN MOLINA
Con la colaboración de Liliana PAZ, Hugo José SUÁREZ y Alvaro GARCÍA LINERA
© Pierre Bourdieu
© Plural editores, enero 2001. Creative Commons
ISBN: 99905-62-46-6
D.L.: 4-1-126-01
Prohibida la reproducción parcial o total, por cualquier medio,
sin la autorización expresa del editor.
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Plural editores
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Email: [email protected]
Impreso en Bolivia
Prólogo
En esta época de restauración política impulsada por la “revolución con
servadora” que acompaña a la imposición de las políticas neoliberales en la
mayor parte de la vida social, nada es más alentador que ver constituirse,
poco a poco, una internacional de los intelectuales que, más allá de las
barreras culturales y las diferentes tradiciones nacionales, une sus esfuer
zos para construir un verdadero contra-poder crítico. Las redes de relacio
nes entre investigadores y militantes de varios países (Francia, Bélgica, Ale
mania, Austria, España, Bolivia, México, Argentina, Chile, Corea, Nueva
Zelandia, etc.), no pretende producir una organización política más, sino
establecer estructuras para inventar un nuevo pensamiento intelectual y
político suficientemente fuerte y coherente para poder oponerse a la doc
trina neoliberal -y a los argumentos que se emplean-, a partir de la legiti
mación de sus decisiones por la economía, las matemáticas, o la reducción
de la actividad humana a una acción racional, hasta la creencia en la impo
sibilidad de hacer la pofitica de otra manera.
Si los escritos de Pierre Bourdieu lograron contribuir a la elaboración
de esta internacional de los intelectuales, es porque defienden, desde el
inicio en sus trabajos sobre Argelia, una concepción de la sociología que,
rompiendo con las ilusiones del sentido común y la visión política domi
nante, pretende desenmascarar los mecanismos de dominación en el mun
do social, y así posibilitar una acción eficaz contra la “fatalización” de la
cual el pensamiento neoliberal ha hecho una de sus principales armas. Es
tos mecanismos no son tan eficaces como en el mundo político, donde
varios discursos como los periodísticos, los de líderes de opinión, los de
6 EL CAMPO POLÍTICO
hombres políticos, etc., compiten con la sociología que se sustenta en el
resultado de trabajos científicos colectivos.
Los textos de la primera parte del libro exploran una interpretación de
las leyes del campo político y de la ruptura que esta noción permite contra
el pensamiento político clásico. La segunda parte agrupa artículos de in
tervención política escritos desde los años 60 y la Guerra de Argelia. Su
objetivo no es tanto repasar una trayectoria intelectual y política, sino mos
trar, contra las concepciones “neutras” y “neutralizantes” de la sociología,
la relación estrecha entre la ciencia social y el compromiso político en nues
tra coyuntura social. Estos textos permiten, por tanto, entender las
implicaciones prácticas del concepto de campo político, que no es tanto
una noción abstracta sino el producto de una construcción metodológica
contra las concepciones dominantes de lo político y de hacer política.
La importancia de estos trabajos para el contexto latinoamericano, y en
particular boliviano, radica en que pueden contribuir a ampliar los ámbi
tos de reflexión y ejercicio de la acción política. Actualmente, una buena
parte de las investigaciones sobre los complicados procesos de transición
democrática que vive el continente han centrado sus preocupaciones sobre
los modos de regulación administrativa de los mecanismos de representa
ción institucionalizados, dejando de lado el análisis de las relaciones de
fuerza social que están en juego en estos mecanismos, o el espacio de prác
ticas políticas alternativas postuladas por sectores sociales subalternos que
pudieran ampliar el sentido de la responsabilidad pública y el compromiso
democrático. Estos silencios han reforzando la consagración de posturas
intelectuales fatalistas respecto a los defectuosos sistemas democráticos re
presentativos prevalecientes y a la creciente monopolización del bien pú
blico por élites económicas e intelectuales.
Frente a este modo dominante de entender la política, que refuerza a la
política como modo de dominación, los escritos de Pierre Bourdieu brin
dan un conjunto de reflexiones que precisamente ayudan a “desfatalizar”
las actuales reglas del juego político y a liberar las potencialidades prácti
cas de formas distintas de ejercer colectivamente la gestión de los asuntos
comunes.
Alvaro García Linera
Franck Poupeau
Hugojosé Suárez
La Paz, octubre de 2000
Primera parte
Entrevistas, textos y conferencias
sobre el campo político
El campo político1
Philippe Fritsch: Me corresponde hacer la introducción a la conferencia de
Pierre Bourdieu. Diré solamente algunas palabras sobre el tema de esta conferen
cia tal como pude percibirlo, pero ante todo sobre sus condiciones de enunciación.
Estas nos llevan a algunos meses atrás cuando Pierre Bozirdieu era requerido para,
esta, gran conferencia. Por supuesto tuvo que darle un título. Pues bien, entre el
momento en que se le dio el título y el momento de la conferencia, presumo que
tanto para él como para muchos de nosotros, el agua siguió corriendo bajo los puen
tes. Surgieron nuevas preocupaciones, se impusieron objetos de investigación y los
esfuerzos se centraron tal vez en otra cosa. A la vez, y lo que diré compensa lo que
acabo de decir, “El campo político ”, este título que Pierre Bourdieu ha dado a, esta
conferencia, nos remite a una preocupación muy antigua en él. En mi calidad de
lector atento de sus trabajos, recuerdo que ya en 1911 se había planteado esta
cuestión y se preguntaba cómo concebir la política de otra manera que no fiera
políticamente, y pensarla sociológicamente. Esta es una buena introducción para la
conferencia de esta noche. No diré más.
Pierre Bourdieu: Le agradezco por sus palabras de bienvenida y le
agradezco particularmente por lo que acaba de decir sobre las condiciones
de enunciación. En efecto, ha transcurrido bastante tiempo entre el mo
mento en que había propuesto este tema y el momento actual, y temo estar
algo menos presente en este problema de lo que habría estado hace algu
nos meses. Pido por ello vuestra indulgencia.
1 Grandes Conferencias de Lyon, Université Lumiére de Lyon 2, jueves 11 de febrero de
1999.
10 EL CAMPO POLÍTICO
¿Por qué hablar de campo político? ¿Qué es lo que esto aporta desde el
punto de vista de la comprensión política? ¿Acaso se trata de aplicar a la
realidad del mundo político un concepto que aparentemente es bastante
cercano a la intuición ordinaria y a nociones de las que nos armamos es
pontáneamente para comprender el mundo político? Hablamos frecuen
temente de arena política, de juego político, de luchas políticas...
La noción de campo político tiene varias ventajas: permite construir de
manera rigurosa esta realidad que es la política o el juego político. Permi
te, luego, comparar esta realidad construida con otras realidades como el
campo religioso, el campo artístico... y como todos lo saben, la compara
ción, en ciencias sociales, es uno de los instrumentos más eficaces de cons
trucción y a la vez de anáfisis. Durkheim decía: “La sociología es el método
comparativo”. Grandes historiadores se hicieron eco de esta propuesta y
se esforzaron por hacer del método comparativo el instrumento de cono
cimiento por excelencia. Por último, pienso que se trata de una noción que
tiene virtudes negativas, lo que es una propiedad de los buenos conceptos
(que quizás valen tanto por los falsos problemas que eliminan como por los
problemas que permiten construir). He aquí las tres razones por las cuales
la noción de campo me parece útil.
Intentaré proceder progresivamente, pedagógicamente. Hablar de cam
po político es decir que el campo político es un microcosmos, vale decir,
un pequeño mundo social relativamente autónomo en el interior del gran
mundo social. Allí encontraremos un cúmulo de propiedades, relaciones,
acciones y procesos que encontramos en el mundo global; pero estos pro
cesos, estos fenómenos, tendrán aquí una forma particular. Esto es cuanto
está contenido en la noción de autonomía: un campo es un microcosmos
autónomo en el interior del macrocosmos social.
Autónomo, según la etimología, quiere decir que tiene su propia ley, su
propio nomos, que tiene en sí mismo el principio y la regla de su funciona
miento. Es un universo dentro del cual obran criterios de evaluación que
le son propios y que no valdrían en el microcosmos vecino. Un universo
que obedece a sus propias leyes, diferentes de las leyes del mundo social
ordinario. Alguien que ingresa en la política, al igual que alguien que entra
a una religión, debe sufrir una transformación, una conversión, y aun si no
parece ser así, aun si no tiene conciencia de ello, ésta le es tácitamente
impuesta, siendo la sanción, en caso de transgresión, el fracaso o la exclu
sión. Se trata entonces de una ley específica y de una ley que es un princi
pio de evaluación y eventualmente de exclusión. Un indicio de ello, el es
EL CAMPO POLITICO II
cándalo: aquel que ingresa en la política se compromete tácitamente a pro
hibirse ciertos actos incompatibles con su investidura, bajo pena de escán
dalo.
Este microcosmos está también separado del resto del mundo. Así como
el campo religioso, el campo político descansa sobre una brecha entre pro
fesionales y profanos. En el campo religioso están los laicos y los clérigos.
No siempre hay un campo político (simplemente enuncio esta proposición
sin argumentarla). Hay una génesis del campo político, una historia social
del nacimiento del campo político. Cosas que nos parecen evidentes (por
ejemplo e] voto a la mayoría de edad) fueron el producto de inventos his
tóricos extremadamente largos. Esas cosas que parecen haber existido toda
una eternidad son a menudo un invento reciente. La cabina electoral es,
por ejemplo, un invento del siglo XIX ligado a una coyuntura histórica.
Existen muy bellos trabajos históricos sobre estos temas.
¿Cuáles son los fundamentos de la frontera, a menudo invisible, entre
profesionales y profanos? En la tradición de la sociología política, un cier
to número de sociólogos de principios del siglo XX, que clasificamos en la
categoría de neo-maquiavelistas y que trabajaban principalmente sobre los
partidos socialistas alemanes e italianos, Michels en el caso de Alemania y
Mosca en el de Italia, desarrollaron la idea de que existían “leyes de hierro”
en los aparatos políticos, es decir que había una cierta tendencia en apara
tos políticos, incluso en los partidos democráticos o en los sindicatos re
presentantes de los trabajadores, a la concentración del poder en manos de
un pequeño grupo, de una oligarquía. Esta visión bastante pesimista de la
historia equivale a decir que siguen existiendo dominantes y dominados,
hasta en los partidos que se supone que deben representar a las fuerzas que
supuestamente deberían Liberar a los dominados. Para contrarrestar esta
visión pesimista, basta con tomar en cuenta la distribución estadísticamente
observable de los medios de acceso al microcosmos político. Esto es algo
que se sabe bastante bien por medio del análisis estadístico del uso del voto
o de la propensión a votar, o de la distribución estadística de la propensión
a responder, por ejemplo, a un tema de opinión política, especialmente en
un sondeo. Sabemos que estas propensiones, estas aptitudes, estas capaci
dades, están distribuidas muy desigualmente, y no por naturaleza (no hay
gente que estaría dispuesta a hacer uso de los poderes políticos o de los
derechos de los ciudadanos y otros que estarían por naturaleza desprovis
tos de ellos), sino debido a que hay condiciones sociales de acceso a la
política. Sabemos por ejemplo, que en el estado actual de la división del
12 EL CAMPO POLÍTICO
trabajo entre sexos, las mujeres tienen una propensión mucho menor que
los hombres a responder a temas políticos. Del mismo modo, la gente poco
instruida tiene una propensión mucho más débil que la gente instruida, así
como los pobres tienen una propensión mucho más débil... De tal manera
que las democracias modernas (ésta es una observación hecha de paso pero
es extremadamente importante), y en particular la democracia americana
que ponemos siempre como ejemplo, se apoyan sobre un mecanismo cen
satario oculto. Cuando más del 50% de ciudadanos no vota, surgen los
problemas para la democracia, sobre todo cuando este 50% no está distri
buido al azar sino que se recolecta principalmente del lado de los más
desfavorecidos económica y culturalmente. Esta constatación de la capaci
dad desigual de acceso al campo político es en extremo importante para
evitar naturalizar las desigualdades políticas. (Una de las grandes tareas
permanentes de la sociología es devolver su origen histórico a las diferen
cias espontáneamente tratadas como diferencias naturales). Existen, enton
ces, condiciones sociales que posibilitan el acceso a este microcosmos, como,
por ejemplo, el tiempo libre: la primera acumulación de capital político per
tenece a la gente que posee un excedente económico que le permite distraer
se de las actividades productivas, lo cual le permite ponerse en posición de
portavoz. Además del tiempo libre, hay otro factor que es la educación.
Diciendo esto, no hago más que recordar las condiciones sociales de
funcionamiento del campo político como lugar en el cual un cierto núme
ro de personas que cumplen las condiciones de acceso, juegan un juego
particular del que los demás están excluidos. Es importante saber que el
universo político descansa sobre una exclusión, sobre un desposeimiento.
Cuanto más se constituye el campo político, más se autonomiza, más se
profesionaliza, más los profesionales tienen tendencia a mirar a los profanos
con una especie de conmiseración. Para que comprendan que no estoy sólo
especulando, mencionaré simplemente el uso que ciertos hombres políti
cos hacen de la acusación de irresponsabilidad lanzada contra los profanos
que quieren inmiscuirse en la política: soportando difícilmente la intru
sión de los profanos en el círculo sagrado de los políticos, los llaman al
orden como los clérigos llamaban a los laicos a su ilegitimidad. En tiempos
de la Reforma, por ejemplo, uno de los problemas provenía del hecho de
que las mujeres querían dar la misa o la extremaunción. Los clérigos de
fendían lo que Max Weber llama su “monopolio de la manipulación legíti
ma de los bienes de salvación” -magnífica fórmula- y denunciaban el ejer
cicio ilegal de la religión. Cuando decimos a un ciudadano común que es
EL CAMPO POLÍTICO 13
políticamente irresponsable, lo acusamos de ejercicio ilegal de la política.
Una de las virtudes de estos irresponsables -entre los que estoy- es poner
en evidencia un presupuesto tácito del orden político, a saber que los pro
fanos están excluidos de él. La candidatura de Coluche’fue solamente uno
de estos actos irresponsables. Les recuerdo que Coluche no era realmente
candidato sino que decía que era candidato a la candidatura para recordar
que cualquiera podía ser candidato. Todo el campo me diático-político se
había movilizado, por encima de todas las diferencias, para condenar esta
barbarie radical que consistía en cuestionar el presupuesto fundamental,
que sólo los políticos pueden hablar de política. Sólo los políticos tienen
competencia (es una palabra muy importante, técnica y jurídica a la vez)
para hablar de política. A ellos les corresponde hablar de política. La polí
tica les pertenece. He aquí una proposición tácita inscrita en la existencia
del campo político.
Cuando evoco este clamor general, este consenso en la condena, es para
mostrar que la pertenencia al campo descansa en una creencia que supera
las oposiciones constitutivas de las luchas entabladas dentro del campo.
Para estar en desacuerdo con una fórmula política, se debe estar de acuer
do en el terreno de desacuerdo. Para estar en desacuerdo con una propues
ta sociológica, se debe estar de acuerdo en el terreno de desacuerdo. “Que
nadie entre aquí [al reino de la geometría] si no es geómetra”, si no acepta
el juego de la geometría. Es necesario previamente un acuerdo acerca de lo
que hace posible el desacuerdo, es decir que la política es importante, que
sólo los políticos pueden hacer política, que sólo los políticos tienen com
petencia para hacer política... Cuando hablo de postulado, ya estoy defor
mando la realidad: se trata de tesis tácitas, mientras que el postulado exige
explícitamente el derecho de decir alguna cosa. Uno de los grandes pro
blemas con los campos, incluso los más sofisticados como el campo mate
mático (los matemáticos son los que más hacen retroceder lo implícito del
hecho de existir como campo), es la axiomatización que es un esfuerzo por
hacer explícitas las tautologías fundamentales sobre las que descansa un
campo. La mayoría délos campos, religioso, literario, descansan sobre pre
supuestos tácitos que son aceptados por todos: por el estilo de “el arte es el
arte”, “la política es la política”, etc. Esto es algo que los profanos a veces
Famoso cómico francés, que fue candidato a las elecciones presidenciales de 1981, sos
tenido por algunos intelectuales como Foucault, Deleuze y Bourdieu. (N. de T).
14 EL CAMPO POLÍTICO
intuyen. Tienen, respecto a la delegación política, una suspicacia que des
cansa sobre la intuición de que las personas que juegan este juego que lla
mamos la política, tienen entre sí una especie de complicidad fundamen
tal, previa a su desacuerdo. Podemos incluso decir que, debido a su
pertenencia, estas personas tienen intereses en perpetuar el campo y que
pueden ser presentadas como la expresión de los intereses de los ciudada
nos que las delegaron para representarlos.
Dicho de otra forma, existe una sospecha que es inmediatamente de
nunciada como poujadista
* o populista, según las épocas, una sospecha ori
**
ginaria hacia los políticos que no carece de fundamento. Una de las virtu
des de la noción de campo es hacer inteligible el hecho de que un cierto
número de acciones realizadas por la gente que está dentro de este juego
que denomino campo político, tiene su principio dentro del campo políti
co. Decir “Je roulepour vous” (se trataba de un afiche del ’81, al que otros
respondían “// vous roule!”‘"), equivale a decir que yo sólo soy lo que ustedes
me dicen que sea. Les digo que soy su portavoz y que no tengo interés
expresivo propio, que no tengo nada más que decir que lo que ustedes
dirían si estuvieran en mi lúgar, en posición de expresarse. Por el contra
rio, decir que hay un campo político es recordar que la gente que en él se
encuentra puede decir o hacer cosas que están determinadas, no por la
relación directa con los votantes sino con los otros miembros del campo.
El dice lo que dice -por ejemplo, una posición a propósito de la seguridad
o de la delincuencia...- no para responder a las expectativas de la pobla
ción en general o incluso de la clase que le dio su voto, que lo designó
como representante, sino por referencia a lo que otros dicen o no dicen,
hacen o no hacen dentro del campo, para diferenciarse o, por el contrario,
apropiarse de posiciones destinadas a amenazar la apariencia de la represen-
tatividad que él puede tener. Dicho de otro modo, la noción de campo
relativamente autónomo obliga a plantear la cuestión del origen de las ac
ciones políticas y obliga a decir que si deseamos comprender lo que hace
un político, debemos por supuesto averiguar quién votó por él, cuál es su
* De Pierre Poujade, fundador de la Union de défense des commer^ants et artisans de Frunce
(1953), movimiento de oposición a los controles económicos y fiscales, a los impuestos
y a la descolonización de Argelia. (N. de T.).
** Juego de palabras con el verbo rotiler. En la primera frase se comprende como Yo trabajo
para ustedes. En la segunda frase equivale a engañar, él los está engañando (N. de T.).
EL CAMPO POLÍTICO 15
base electoral, su origen social... y no debemos olvidar buscar la posición
que ocupa en el microcosmos y que explica una gran parte de lo que hace.
Está claro que se trata de casos en los que el principio de la toma de posi
ción está ligado a la ocupación de una posición en un espacio de posiciones
que es precisamente el campo político.
Es así que el hecho de que el campo político sea autónomo, que tenga
su propia lógica y que esta lógica esté en el principio de las posiciones
tomadas por los que están en él comprometidos, implica que hay un inte
rés político específico, que no se reduce automáticamente a los intereses
de los mandantes. Existen intereses que se definen en la relación con la
gente del mismo partido o contra la gente de los otros partidos. El funcio
namiento en campo produce una especie de efecto de cierre. Este efecto
observable es el resultado de un proceso: cuanto más se autonomiza un
espacio político, más avanza según su propia lógica, más tiende a funcionar
conforme a los intereses inherentes al campo, tanto más se agranda la bre
cha con los profanos.
Uno de los factores de esta evolución hacia una autonomía creciente,
por tanto una brecha creciente, es el hecho de que el campo político es el
lugar de producción y de puesta en práctica de una competencia específica, de
un sentido del juego propio de cada campo. Uno de los requisitos tácitos
de entrada para ingresar, por ejemplo, al campo artístico tal cual es des
pués de los impresionistas en Francia, es el conocimiento de un cierto nú
mero de cosas como si fuesen evidencias, como si “cayesen por su propio
peso”. Aquel que no las conoce es el Douanier Rousseau, el pintor naíf
aquel que no sabe lo que es ser pintor, que es una especie de pintor-objeto.
Sus “amigos” Apollinaire, Picasso, le gozan, lo tratan como a un pintor,
pero a manera de farsa, de broma o de ironía. Es como un perro en un
juego de bolos, un juego cuyos presupuestos tácitos no conoce. La política
es un juego del mismo tipo, que tiene reglas tácitas. Existen muy bellos
trabajos sobre la socialización de los jóvenes políticos, por ejemplo a nivel
del Consejo General. Es una fase importante, uno de los momentos en que
se sale de la política pueblerina. El político local, de base, puede ser “natu
ral” en los pequeños pueblos o en las pequeñas ciudades; puede confor
marse con una competencia política elemental en la medida en que se trata
de conocer bien a sus ciudadanos y de ser “bien visto” por ellos. Apenas se
pasa al nivel del Consejo General, de una asamblea departamental, las ad
hesiones a un partido comienzan a jugar un papel y los antiguos socializan
a los nuevos y les enseñan a no reaccionar brutalmente con una simple
16 EL CAMPO POLITICO
política espontánea, que no es una política en el sentido de campo político.
Con buenas intenciones, se hace mala política. Se debe aprender el len
guaje estereotipado, las tretas, las relaciones de fuerza, cómo tratar con los
adversarios... Esta cultura específica debe ser dominada de manera prácti
ca. No se trata solamente de una cultura académica sino de una cultura en
cierto modo cultivada y que se aprende en parte en Ciencias Políticas, so
bre todo hoy en día, pero también en la práctica, a través de confrontacio
nes. .. Por ejemplo, la forma más sabia de esta cultura es el derecho consti
tucional. Hay momentos en que, si uno no tiene un mínimo de cultura en
derecho constitucional, queda excluido de toda una serie de debates. Más
claramente, lo importante es el aprendizaje de todos estos conocimientos y
de todos estos savoir-faire que le permiten a uno comportarse normalmen
te, es decir, políticamente, dentro de un campo político, participar en lo
que comúnmente se llama “la política de los políticos”. Este sentido del
juego político es lo que hace que se pueda negociar un pacto, que se guar
de silencio sobre algo que habitualmente se diría, que se sepa proteger a
los amigos de manera discreta, que se sepa hablar a los periodistas...
Todo esto contribuye también al cierre del campo y a su tendencia a
girar en el vacío. Si lo abandonáramos a su propia lógica, funcionaría final
mente como un campo artístico muy avanzado donde ya no hay público,
como en la poesía, o en el universo de la pintura vanguardista (los pintores
dicen en las inauguraciones que ya sólo tienen por público a sus iguales).
Este cierre es un indicio muy significativo de la autonomía de un campo.
En el campo de las matemáticas, que es sin duda el más autónomo de los
campos, se tiene como clientes sólo a los competidores (entre paréntesis,
se debe decir que esto es lo que hace que las matemáticas avancen, ya que
cuando se tiene por clientes sólo a los competidores, se está sometido a
una alta vigilancia y obligado a perfeccionar sus demostraciones).
Por razones evidentes, el campo político no puede ir hasta esos extre
mos: los que están comprometidos en este juego no pueden jugar entre
ellos sin hacer referencia a aquéllos en cuyo nombre se expresan y ante
quienes deben, periódicamente, rendir cuentas de manera más o menos
ficticia. Los juegos internos encuentran aquí su límite. Lo que más se acer
ca al campo político es el campo religioso: también en él, una parte muy
importante de lo que sucede es efecto de las relaciones internas. Esto es lo
que Max Webcr describió muy bien sin tener la noción de campo; las rela
ciones entre el sacerdote, el profeta y el hechicero determinan lo esencial
de lo que sucede en el campo religioso. El sacerdote excomulga al profeta,
EL CAMPO POLÍTICO 17
el profeta desrutiniza el mensaje del sacerdocio... Suceden un montón de
cosas entre ellos pero bajo el arbitraje de los laicos, que pueden seguir o no
a un profeta, abandonar las iglesias o seguir frecuentándolas. En este senti
do, el campo religioso se asemeja mucho al campo político, que, a pesar de
su tendencia al cierre, permanece sometido al veredicto de los laicos.
Un campo es un campo de fuerzas y un campo de luchas para transfor
mar las relaciones de fuerzas. En un campo como el campo político o el
campo religioso o cualquier otro campo, las conductas de los agentes están
determinadas por su posición en la estructura de la relación de fuerzas ca
racterística de ese campo en el momento considerado. Esto da lugar a una
pregunta: ¿cuál es la definición de fuerza? ¿En qué consiste y cómo es po
sible transformar estas relaciones de fuerza? Otra pregunta importante:
¿cuáles son los límites del campo político?
Dije hace un momento que se trataba de un campo autónomo, de un
microcosmos separado en el interior del mundo social. Una de las trans
formaciones más importantes de la política, desde hace una veintena de
años, está ligada al hecho de que agentes que podían considerarse o ser
considerados como espectadores del campo político, se volvieron agentes
en primera persona. Deseo hablar de los periodistas y en particular de los
periodistas de televisión e igualmente de los especialistas en sondeos. Si
tuviéramos que describir el campo político en la actualidad, deberíamos
incluir estas categorías de agentes por la simple razón de que producen
efectos en él. Se me pregunta a menudo cómo reconozco que una institu
ción o que un agente forma parte de un campo. La respuesta es simple: se
reconoce la presencia o la existencia de un agente dentro de un campo
porque transforma el estado del campo (o porque muchas cosas cambian si
se lo suprime). El Frente Nacional (FN)‘, por ejemplo, se volvió un agente
del campo político en la medida en que, poco a poco, impuso a todos los
demás portavoces políticos, institucionales o individuales, la referencia, si
no al FN mismo, por lo menos a los problemas que se presume que el FN
trata de imponer dentro del campo político. La presencia del FN sustituyó
la oposición entre ricos y pobres por la oposición entre nacionales y ex
tranjeros que, especialmente bajo la influencia del campo político, se hizo
tan importante en la conciencia política común. Desafortunadamente, se-
* Partido de extrema derecha, cuyo líder carismático, Jean Marie Le Pen, ha contribuido
a imponer el “problema” de la inmigración en el juego político francés. (N. de T.).
18 EL CAMPO P( JLÍTICO
ría fácil mostrar que ya no existe partido que no se defina a partir de esta
referencia, esta dicotomía, este principio de división que fue impuesto e im
portado al campo político.
Pienso, y es una propuesta muy general, que dentro de todo campo la
cuestión son los límites del campo, la pertenencia o no pertenencia al cam
po. Dentro de un campo de sociólogos se presenta el tema de saber quién
es sociólogo y quién no lo es, y al mismo tiempo, quién tiene el derecho de
decir quién es sociólogo y quién no lo es (o dentro de un campo de mate
máticos, quién es matemático y quién no lo es).
Cuanto más autónomo e instalado dentro de su autonomía está un cam
po, tanto más oculta y olvidada está la cuestión del fundamento final del
campo; pero puede darse una revolución científica que vuelva a poner en
duda las fronteras, lo que Kuhn llama “los cambios de paradigmas”. Se
trata de situaciones en las que los nuevos entrantes al campo cambian de
tal manera los principios de pertenencia al campo que personas que for
maban parte de él ya no forman parte, son desclasificadas, y que personas
que no eran parte de él ahora lo son. Podemos dar un ejemplo histórico, el
de la revolución impresionista (la revolución operada por Manet), Es una
revolución de los principios de visión y de división, una revolución de los
principios según los cuales es legítimo representar al mundo visible: los
detentores de la norma, del nomos, de la ley fundamental, se encuentran
bruscamente descalificados, mientras que los herejes son, por el contrario,
consagrados, canonizados.
Vemos entonces que el campo político tiene una particularidad: nunca
puede autonomizarsc completamente; se remite sin cesar a su clientela, a
los laicos, y estos laicos tienen en cierta forma la última palabra en las lu
chas entre clérigos, entre miembros del campo. ¿Por qué? Lo que hace
que la política no sea la poesía, que el campo político no sea como el cam
po poético, es que las luchas simbólicas y políticas sobre el nomos (nomos
viene del verbo nenio, que quiere decir operar una división, una partición;
comúnmente, es traducido por ley, pero también es, más precisamente, lo
que llamo el principio de visión y de división fundamental característico de
cada campo) tienen por objeto mayoría enunciación y la imposición de los
“buenos” principios de visión y de división. En el campo político, si digo
que la división mayor es la de ricos y pobres, obtengo una cierta estructura
social. Si digo que es la división entre franceses y extranjeros, obtengo una
estructura totalmente diferente. Dicho de otra forma, los principios de di
visión no son en absoluto gratuitos. Son constitutivos de grupos y por con
EL CAMPO POLÍTICO 19
siguiente de fuerzas sociales. La política es una lucha por ideas pero por un
tipo de ideas totalmente particular, las ideas-fuerza, ideas que dan fuerza
funcionando como fuerza de movilización. Si el principio de división que
propongo es reconocido por todos, si mi nomos se transforma en el nomos
universal, si todo el mundo ve el mundo como yo lo veo, tendré entonces
detrás de mí la fuerza de toda la gente que comparte mi visión. “¡Proleta
rios de todos los países, unios!” es una declaración política que significa
que el principio de división nacional no es muy importante respecto del
principio internacional que opone transnacionalmcnte a ricos y pobres.
Las luchas políticas son luchas entre responsables políticos, pero en es
tas luchas los adversarios, que están compitiendo por el monopolio de la
manipulación legítima de los bienes políticos, tienen un objetivo común
que es el poder sobre el Estado (que pone fin, en cierta medida, a la Lucha
política puesto que las verdades de Estado son verdades transpolíticas, por
lo menos oficialmente).
Las luchas por el monopolio del principio legítimo de visión y de divi
sión del mundo social, enfrentan a gente dotada de poderes desiguales.
Podemos decir que en cada campo funciona un cierto tipo de poder. En el
caso de los matemáticos, se trata del capital matemático: existe gente que
debido a sus realizaciones anteriores, a sus inventos (inventaron teoremas
que llevan sus nombres) tiene un capital específico que no funcionaría en
la Asamblea Nacional o en la Bolsa, pero que en una asamblea, de matemá
ticos es muy poderoso. Cada especie particular de capital está ligada a un
campo y tiene los mismos límites de validez y de eficacia que el campo
dentro del cual tiene vigencia. Todo intento por imponerla más allá es una
forma de tiranía, en el sentido de Pascal. Por ejemplo, no es raro que los
políticos quieran actuar directamente sobre el campo literario. Crean aca
demias sin ver que hay una ley fundamental de un campo autónomo que
dice que éste no puede ser accionado sino por fuerzas que reconoce, que
están acordes con su nomos. Vale más ser publicado por las Editions de
Minuit que estar en la Academia Francesa'. Cuando se es Presidente de la
República***, no se puede extender diplomas de excelencia literaria (a pesar
* Las Editions de Minuit Fueron creadas después de la Segunda Guerra mundial. Es una
editorial con precisión intelectual, caracterizada por sus ediciones vanguardistas. Fue la
primera editorial de Fierre Bourdieu. En cambio, la Académie Fran^aise es símbolo de
la consagración oficial y académica. (N. de T.).
** Alusión a Georges Pompidou, Presidente de la República francesa (1969-1974). (N. de T).
20 EL CAMPO POLÍTICO
de que todos lo intentan, sobre todo cuando pretenden ser escritores como
algunos de nuestros difuntos Presidentes).
Dentro del campo político existen luchas simbólicas en las que los dife
rentes adversarios disponen de armas, de capitales desiguales, de poderes
simbólicos desiguales. El poder político es peculiar debido a que se aseme
ja al capital literario: se trata de un capital reputacional ligado a la notorie
dad, al hecho de ser conocido y reconocido, notable, de donde resulta el
importante papel de la televisión, que introdujo algo extraordinario, ya
que aquella gente que no era conocida más que por las reuniones electora
les en los predios escolares, no tiene ya nada que ver con esos viceministros
cuyo rostro es conocido por todos siempre que sean lo suficientemente
poderosos en su partido para salir en la televisión. El capital político es
entonces una especie de capital reputacional, un capital simbólico ligado a
la manera de ser percibido.
A medida que el campo político avanza en la historia, que las funciones,
las tareas políticas, la división del trabajo político se institucionalizan, es
pecialmente con el desarrollo de los partidos, aparece un fenómeno muy
unportante: el capital político de un agente político dependerá en primer
lugar del peso político de su partido y del peso de la persona considerada
dentro del partido. No le damos la suficiente importancia a esa noción
extraordinaria de investidura. Actualmente, el partido es una especie de
banco, de capital político específico, y el secretario general de un partido
es una especie de banquero (quizás no es casualidad que todos nuestros
presidentes pasados y futuros sean ex secretarios generales...) que controla
el acceso al capital político, burocratizado, garantizado y legalizado burocrá
ticamente por la burocracia de un partido.
A medida que el campo político se burocratiza, hay requisitos de entra
da a la institución, y estos requisitos, hoy en día, son cada vez con mayor
frecuencia otorgados por los partidos (y por las grandes escuelas, la ENA* en
particular). Los conservadores más tenaces de un partido son aquellos que
más dependen de él. Esto es lo que se llamaba los oblatos en el lenguaje
religioso: se trataba de personas, hijos de pobres entregados a la Iglesia por
sus familias y que, al deberle todo a la Iglesia, le daban todo, daban todo a
la Iglesia que les había dado todo. No hay mayor lealtad que la de un obla
* Escuela Nacional de Administración, donde se ha formado y se forma gran parte de los
administradores del Estado fr ancés. (N. de T).
EL CAMPO POLÍTICO 21
to, puesto que si abandona la Iglesia ya no le queda nada. El partido comu
nista se apoyó mucho en esta fórmula. Es gente que da todas las garantías
porque obtiene toda su legitimidad, todo su poder, de la investidura del
partido. No son más nada si el partido les quita la investidura; de ahí los
dramas de la exclusión. La exclusión es una excomunión (las analogías reli
giosas se adaptan muy bien).
Los intereses poéticos específicos de los que hablaba hace algunos mo
mentos se vinculan cada vez más a la pertenencia a un partido y al mismo
tiempo a la reproducción de un partido y a la reproducción que garantiza
el partido. Una parte muy importante de las acciones que realizan los hom
bres políticos no tiene otra función que la de reproducir el aparato y re
producir a los hombres políticos reproduciendo el aparato que les garanti
za la reproducción.
Aquí, una vez más, la analogía con la Iglesia es pertinente. Tal vez les
chocará, pero esto fue para mí una iluminación. Algunas conductas de la
Iglesia me parecían oscuras, en particular el empeño con el cual la Iglesia,
que se despojaba de muchas cosas, se aferraba a todo lo que concernía a la
educación y especialmente a las subvenciones del Estado a la enseñanza
religiosa. Gracias al modelo que les estoy explicando, comprendí que para
conservar a los católicos, a los socialistas o a los comunistas, se debe con
servar las instituciones que les dan razones de ser (y en particular puestos).
Cuando buscamos medir el poder de la Iglesia -sería lo mismo para un
partido- buscamos de inmediato por el lado de las riquezas de la Iglesia.
Tal vez se habrán dado cuenta de que, desde hace algunos años, la Iglesia
exhibe siempre todas sus riquezas, sin duda porque ya no tiene gran cosa
que mostrar y que en todo caso sus verdaderas (o principales) riquezas son
puestos controlados por la Iglesia. Medir actualmente la influencia de la
Iglesia católica no es cuestión de medir quién va a misa y quién no, como
lo había hecho en otros tiempos el canónigo Boulard (quien, dicho sea de
paso, era mucho más moderno que la Educación Nacional que hasta ahora
no ha hecho cosas semejantes). Medir la influencia de la Iglesia por el nú
mero de pascalistas o mesalinistas es muy simplista. Una medida mucho
más sutil consistiría en censar a la gente cuyo trabajo y razón de ser des
aparecerían si la Iglesia desapareciera, censar todo lo que de una forma u
otra puede ser calificado de cristiano. Tal piscina no es cristiana pero en la
medida en que depende de un establecimiento religioso con subvenciones,
puede garantizar un trabajo a un cristiano y atar a un cristiano al cristianis
mo... Sucede lo mismo con los partidos, y termino con esto: una parte
22 EL CAMPO POLÍTICO
muy importante de las conductas políticas está inspirada en una inquietud
de reproducción del aparato que garantiza la existencia política de sus miem
bros.
Dije al comenzar que el campo político podía ser descrito como un jue
go en el cual el objeto (enjeu) es la imposición legítima de los principios de
visión y de división del mundo social. Están los negros y los blancos pero
también los mestizos, que son igualmente importantes virtualmente; si hi
ciéramos una sociología comparada de la manera de tratar la oposición
entre blancos y negros, veríamos enseguida que la situación no es del todo
la misma en el Brasil, en los Estados Unidos y en Francia. Uno de los
objetos (evjeux) de la lucha política puede ser desplazar estas fronteras o
estas dicotomías. En las luchas políticas están en juego objetos (enjeux) in
telectuales, principios de visión y de división. Como decían los griegos,
son categorías, principios de clasificación. Lo que llamamos luchas de cla
ses son en realidad luchas de clasificación. Cambiar estos principios de cla
sificación no es simplemente realizar un acto intelectual, es también reali
zar un acto político en la medida en que los principios de clasificación dan
lugar a clases que son movilizadles. Durante las guerras religiosas se podía
movilizar ejércitos basándose en una imposición de categorías. El juego
político tiene por objeto (enejen') el monopolio de la capacidad de hacer ver
y hacer creer de otra forma. Así se explica que la analogía religiosa sea tan
poderosa. Se trata de una lucha entre la ortodoxia y la herejía. Ortodoxia
quiere decir visión derecha y de derecha. El hereje por el contrario es aquel
que elige, por oposición al que no elige, que encuentra que esto es eviden
te, que el mundo está bien como está, que no hay nada qué decir, ni qué
criticar, y que basta con dejarlo seguir. Para el hereje «esto no puede conti
nuar”. Los objetos de lucha (enjeux) del mundo político son siempre do
bles; son luchas por ideas, pero como éstas no son completamente políticas
sino cuando se toman ideas-fuerza, son también luchas por poderes.
Existe una especie de ambigüedad inherente a la política. De aquí el
problema muy difícil para los intelectuales de entrar en la política sin vol
verse políticos. Son de inmediato tildados de irresponsables. No dejo de
repetir la fórmula de Spinoza: «No hay fuerza intrínseca de la idea verda
dera”. Porque la división del trabajo los pone en condición de hacerlo, los
intelectuales y los investigadores, sean éstos economistas, sociólogos, his
toriadores, tienen, un poco más que el promedio, acceso a verdades sobre
el mundo social. Quisieran a veces entrar al campo político que es un jue
go de ideas-fuerza. ¿Pero cómo dar fuerza a las ideas sin entrar al campo y
EL CAMPO POLÍTICO 2J
al juego políticos? Pienso que ésta es una manera totalmente seria de plan
tear el problema de los intelectuales. No es un problema abstracto. Pienso
que sería importante que los investigadores pudieran decir su palabra so
bre los problemas de visión y de división, sobre cuál es la situación del
mundo social que estudian colectivamente toda su vida para producir un
conocimiento. Tal vez este asunto no interesa más que a algunas personas,
pero me parece relativamente importante. Sin embargo eso no es todo. El
intento de dar algo de fuerza política a ideas verdaderas es particularmente
difícil y arriesgado dentro de un juego en el que los poderosos tienden a
simular la verdad y a tratar de dar a las creencias y a los principios de visión
y de división que se esfuerzan por imponer, especialmente en materia de
economía, las apariencias de un sello de verdad, de una garantía científica.
No dejan de decir “la ciencia está con nosotros”, los premios Nobel están
con nosotros, al igual que en otros tiempos se encabezaban guerras gritan
do “Dios está con nosotros”; y piden al noble pueblo ponerse en manos de
los más competentes, de los que mejor saben, de quienes reivindican el
monopolio de la manipulación de los bienes de salvación política, el mo
nopolio de la definición de lo bueno y del bien políticos, en nombre del
monopolio de la competencia y de la verdad.
Ante este abuso de autoridad que se ejerce en nombre de la ciencia,
pero con todos los medios que da el poder económico, estamos en el dere
cho (y tal vez en el deber) de oponernos, en el nombre mismo de la ciencia.
Aunque sin poder contar con otras armas sino las que da el conocimiento
del mundo social tal cual es y sobre todo, quizás, el conocimiento del doble
juego constitutivo del juego político, donde la fuerza es a la vez arma y
objetivo y donde no obstante, para fortalecerse, uno debe pretender tomar
en cuenta y en consideración la verdad. Debido a que este homenaje forza
do a la virtud científica está inscrito dentro de la lógica misma del mi-
crocosmos político, la ciencia -y en particular la ciencia del juego político-
no está totalmente desprovista de fuerza política, al menos de fuerza críti
ca, negativa.
Pregunta: Quisiera tener su punto de vista con relación a dos fenómenos que
se observan actualmente en la vida política contemporánea, primero sobre lo que
llamaré el descrédito lanzado sobre eljuego político. ¿Cómo analiza usted el fenó
meno de abstención?
Luego, una de las lecciones de su exposición, es decir que la política pertenece a
los políticos. Ahora bien, estamos hoy en día frente a un fenómeno en el que fuer
zas externas al campo político, pienso en particular en los indocumentados y en los
24 EL CAMPO POLÍTICO
sin techo, utilizan el campo político para defender sus derechos sin recurrir a re
presentantes que serían personas políticas. Quisiera, pues tener su opinión sobre
este fenómeno de movimientos no políticos que defienden sus intereses.
P.B.: Con respecto a la primera pregunta: evidentemente mis análisis
no tienen por objetivo lanzar descrédito sobre la política. Dan cuenta de lo
que sucede en las relaciones entre los elegidos y electores. El hecho de
denunciar como constatación la ley de estas relaciones puede tener efectos
opuestos: puede fortalecer a las personas que tienen un sentimiento de ex
clusión, alentar su sensación de estar legitimados para excluirse, o, por el
contrario, favorecer la toma de conciencia sobre esta brecha y su ilegitimi
dad, su carácter arbitrario y provocar de este modo una especie de movili
zación para derribar esta frontera, conminar a los responsables a ser res
ponsables ante los irresponsables.
Esto nos conduce a la segunda pregunta. Pienso que lo que llamamos el
movimiento social molesta más que a nadie a los socialistas. Es una gran
paradoja que la teoría que propuse del campo político nos permite com
prender. Si el movimiento social que deberían expresar, en el que deberían
apoyarse para provocar el cambio que pretenden desear, si este movimien
to social realmente Ies molesta y despliegan tanto ingenio para neutralizar
lo más que para expresarlo, es que éste efectivamente es la expresión de
una fuerza que no encuentra canales de salida ni de expresión en la lógica
ordinaria del mundo político.
Es casi un milagro que esta fuerza haya podido acceder a la existencia
dentro del mundo mediático-político, ser ahí percibida, ser objeto de dis
cusiones. Porque lo característico de las víctimas de la opresión económica
es no tener voz, en todos los sentidos del término
*. Quisimos saber cómo
votarían los desempleados. Un sociólogo profesional rechazaría inmedia
tamente jugar el juego de la consulta electoral (lo que en este caso es el
sondeo) con gente de la que sabemos pertinentemente que, casi por defini
ción, tiene una tasa de abstención considerable. Se puede siempre llegar
hasta un dcsempleado para preguntarle por quién votaría si es que lo hicie
ra. El podrá siempre decir que votará por éste o por tal otro, pero el hecho
esencial es que espontáneamente no votaría y que, por consiguiente, el
“voto” que Je arrancamos por sondeo es un mero artificio. Los movimientos
sociales, como el de los indocumentados, serían a mi parecer muy impor-
En francés, la misma palabra, voix, significa voz y voto (N. de T.).
EL CAMPO POLÍTICO 25
tantes si, por intermedio de los periodistas o de los sindicatos que son par
te de ellos, Llegaran a suscitar el interés específico de la gente que está
dentro del campo político. En la situación actual, esto es muy difícil. Los
irresponsables de los que ya hablé varias veces esta noche, son gente que
trata de dar fuerza dentro del campo político a estos movimientos que no
pueden llegar a ser reconocidos por su propia fuerza. Se debe tal vez in
ventar nuevas formas de manifestación, nuevas formas de movilización
política. Una parte de la eficacia de estos movimientos sociales se debió al
hecho de que recibieron la asistencia técnica de un cierto número de per
sonas poseedoras de suficiente sentido político y de capital político para
lograr darles una expresión visible, para lograr que accedan a la percepción.
Citaré el hermosísimo libro de Patrick Champagne titulado Faire l'opinión,
donde describe uno de los modos de expresión política que es la manifesta
ción. Cuando se quiere decir alguna cosa en el campo pofítico, se puede
poner bombas como los anarquistas del siglo pasado, se puede hacer huel
gas o manifestaciones. Pero se requiere fuerza política para realizar mani
festaciones políticas visibles. Si digo “¡Mañana, todo el mundo a la Basti
lla!” (suponiendo que tengo bastante fuerza política como para que el hecho
sea anunciado en los periódicos), habrá quinientas personas; si lo mismo es
dicho por el secretario general de la Confédération Genérale du Travail (CGT)
habrá cien mil personas.
Un nuevo tipo de manifestaciones ha surgido; manifestaciones con una
fuerte inversión de capital cultural, cuyo símbolo, para mí, es el conjunto
de manifestaciones de los estudiantes americanos contra la guerra de Viet-
nam. Debido a su capital cultural, que les daba una experiencia del happening
artístico, estos estudiantes supieron encontrar manifestaciones que no re
querían de la movilización de tres millones de personas y que, no obstante,
podían tener efecto porque llegaban a los periodistas. Actualmente, uno de
los problemas de estos movimientos minoritarios pero al mismo tiempo
siempre poderosos, expresión de mucha gente, es poder acceder a la existen
cia política reconocida dentro del campo político. Una de las vías es darles
expresiones acordes con lo que dice Champagne. Hubo, por ejemplo, mani
festaciones de estudiantes de medicina que fueron organizadas por espe
cialistas en relaciones públicas. La eficacia, aunque modesta, que tuvieron
ios recientes movimientos sociales, indocumentados, sin domicilio, etc., se
debe al hecho de que cierto número de personas que no son profesionales
de la política sino personas políticamente competentes, con un buen cono
cimiento del medio periodís tico-político, sugirió acciones que llegaron a
26 EL CAMPO POLÉI ICO
transformarse en actos simbólicos susceptibles de ser percibidos (ocupar la
ENA) y de volverse acontecimientos políticos.
Aprovecho para decir que la política es difícil de pensar ya que a la vez
se la conoce y no se la conoce. Escuchamos hablar de ella todos los días en
las informaciones, nadamos en una especie de familiaridad con la política,
lo que constituye el principal obstáculo para el conocimiento del mundo
político. Las analogías a las que recurrí son aquí muy útiles en la medida en
que permiten romper con esta familiaridad que es enceguecedora, que hace
que comprendamos todo sin comprender nada.
P.: Habló usted de campo político, pero creo que las anteriores preguntas se
basan en una cieña ambigüedad en su circunscripción del campo político, lo que
hace que tengamos la impresión de que es un campo muy amplio, y si asífuera, las
referencias que usted hace, por comparación, al campo religioso se deben simple
mente al hecho de que incluso dentro de la religión se habla muy a menudo de
política. La dificultad de circunscribir viene justamente del hecho de que esos mo
vimientos sociales de los que hablarnos tienen repercusión dentro del campo político.
¿Pero cuál es la respuesta que el campo político da a estos movimientos? No pode
mos hacer como si el campo político ignorara completamente estos movimientos.
Los toma en cuenta, pero la forma de tratarlos no corresponde a las expectativas
expresadas.
P.B.: Pienso que hay una cierta ambigüedad ligada a este problema de
los límites. No hice más que mencionar el tema muy superficialmente di
ciendo que agentes sociales que acostumbramos mantener excluidos de la
definición del universo político, me parecen formar parte de él puesto que
producen efectos de primerísima importancia, efectos de investidura, de
introducción dentro del campo (es el caso, por ejemplo, de los responsables
de grandes emisiones políticas de televisión). Esto da sin duda una especie
de vaguedad a la definición del campo, pero esta vaguedad está en la reali
dad. Hoy en día, uno de los desafíos políticos es precisamente la lucha por
las fronteras del campo político. Hay una lucha por ampliar la definición
que es de inmediato condenada como populista. Este insulto está muy car
gado de sentido. Es un eufemismo para decir racista. /Ahora bien, estas
luchas se inspiran en una rebelión contra el cierre del campo político, con
tra su definición estricta, y militan en favor de una extensión del campo
político. Uno de los problemas es saber cómo transformar la división del
trabajo político de tal manera que el acceso al sistema político sea amplia
do, que más personas puedan ejercer efectos dentro de este campo. La
imprecisión de mi análisis se debe al hecho de que las fronteras del campo
el campo político 27
político son uno de los objetos de las luchas. Hay gran cantidad de fenó
menos dentro del campo político que son el resultado de una solidaridad,
por encima de las oposiciones políticas, que tiende a defender estas fronteras.
El acceso al espacio público está controlado casi completamente por los
periodistas. Uno de los problemas mayúsculos hoy en día es el acceso al
espacio público de ios artistas, de los mvcstigadores, de los científicos, de
los escritores... fuera de las vías controladas por los partidos y los periodis
tas. De aquí viene la pequeña colección
* que hemos creado, y que es parte
de un análisis de este tipo. Extrañamente, el cierre del campo político es
tal, que es extremadamente difícil hacer aceptar ideas, como por ejemplo
la defensa de las mutuales, causa que para mí es muy importante. ¿Qué
puede uno hacer? Puede organizar grupos de trabajo (con un jurista, un
economista), lo esencial sigue siendo encontrar un lugar de publicación...
Pero no por ello habrá dado fuerza política a su idea y a su visión de las
cosas.
P.: Con el gran riesgo de pasar por conservador, quisiera pedirle algo con rela
ción a. los que están clasificados conno irresponsables por los actores políticos: ¿acaso
no se requiere a veces hacer una distinción entre los irresponsables que aportan
ideas nuevas e interesantes y la mayoría de los irresponsables que hablan de cosas
que no conocen, que no ven las consecuencias de lo que proponen y que podemos
clasificar en la categoría de utopistas, pero que a menudo son muy populares entre
las masas que no saben nada de esto?
P.B.: Lamentablemente, tiene usted razón en parte, pero a los que se
refiere no son, propiamente hablando, irresponsables, son más bien dema
gogos. Es gente que desafortunadamente está en el poder y dispone de los
instrumentos de una demagogia racional.
Hoy en día, los demagogos populistas están desarmados en compara
ción con los demagogos de Estado que tienen a su favor los sondeos, esos
instrumentos de medida y de conocimiento muy débiles, pero suficientes
para captar movimientos superficiales y orientar una demagogia racional.
Es realmente fácil, realmente demagógico, por ejemplo, el hecho de que el
señor Allégre” adopte una posición con respecto a las vacaciones de los***
Se trata de Liber-Rfliwns d’Agir, creada para difundir obras a precios reducidos, accesi
bles a un mayor número de personas y en un ámbito mucho más amplio que el círculo
académico. (N. de T.).
** Ministro de Educación de la época. (N. deT.).
28 EL CAMPO POLÍTICO
profesores. No es que quiera defender a los profesores, basta con leer lo
que escribí. Tampoco me hago demasiadas ilusiones, pero quiero decir que
cierto tipo de discurso sobre un cuerpo social en estado de crisis (no sola
mente porque hay que enseñar en las periferias), en estado de semi-anomia,
se inspire en sondeos o en un instinto populista, tiene algo de escandaloso,
tan escandaloso como las declaraciones populistas al estilo Le Pen. Si uno
dice que los profesores tienen demasiadas vacaciones, llega al 80% en to
dos los sondeos. Una de las tareas de los políticos podría ser servirse del
conocimiento de las tendencias, de lo probable, para hacerlo difícil en lu
gar de acompañarlo. Sería una larga discusión sobre lo que entendemos
por política.
P: Si entendí bien, el cambio social pasa por nuestra intervención en el campo
político. Señaló usted diferentes vías, sobre todo una integración por medio de los
sindicatos, y desacreditó mucho a los periodistas. ¿No cree usted que es justamente
la función del periodista poder dar acceso al espado político a los que usted llama
profanos? Si ésta no es su función, ¿qué otras vías propone? ¿No puede el cambio
social pasar sola y exclusivamente por lo político?
P.B.: Se debería primero reflexionar acerca de la representación que el
campo periodístico tiene y da de sí mismo. Hay una ideología profesional
del periodista según la cual los periodistas brindan la verdad, la informa
ción, la crítica, la subversión; ahora bien, esta imagen de sí es contradicha
por el análisis y la observación; es infundada. No pienso que los periodistas
sean los mejor ubicados para dar acceso al espacio político. Por el contra
rio, contribuyen de manera muy importante al mantenimiento de la fron
tera, de la censura que tiende a excluir las maneras no conformes a la orto
doxia, a la doxa del campo político.
Es un hecho social muy importante el que actualmente uno ya no pue
da acceder al espacio público sino por medio del periodismo. Hay que es
cribir en los periódicos, salir en la televisión, hacer tribunas, libros. Hay
una extraordinaria concentración del poder en los medios de difusión. Ya
sólo tenemos dos periódicos que cuentan. Todo lo que se puede hacer es
tratar de ponerlos en competencia. Hay un cierre del universo político ab
solutamente extraordinario. Por supuesto, es totalmente lo contrario de la
imagen que los periodistas tienen de sí mismos. La acción liberadora del
periodismo que usted menciona, podría esperarse no del periodismo, sino
más bien, tal vez, de las luchas internas dentro del campo periodístico,
entre los periódicos, y también en el seno de cada periódico, entre jóvenes
y viejos, hombres y mujeres; pero resulta que en un período de penuria, la
EL CAMPO POLÍTICO 29
peor de las censuras es la censura por precariedad (existe un hermoso artí
culo de Patrick Champagne sobre el tema, que se apoya en entrevistas y ob
servaciones
* ). Aun teniendo mucho valor y energía para tratar de decir cosas
***
**
capaces de trastornar el orden establecido, uno no se anima a hacerlo cuando
está sentado en un traspuntín o en un asiento eyectable. Entonces no creo que
actualmente se pueda esperar grandes cambios de parte del periodismo.
P.: ¿No cree usted que Le Monde Diplomatique" abre una vía?
P.B.: Felizmente, el mundo periodístico no está completamente cerra
do, existe Le Monde Diplamatique. No es por casualidad que veo una confir
mación de lo que digo sobre el cierre, en el éxito de este periódico, éxito
extraordinario hasta el punto de preocupar a£e Monde que trabaja mucho
para volver a poner en vereda a Le Monde Diplomatique, el cual, a pesar de
tener una autonomía financiera, sigue dentro del grupo Monde. No hay
necesidad de ser un gran profeta para saber que dentro de tres o cuatro
años, los Inrokuptibles”' serán una dependencia de Le Monde. Pero espero
que Le Monde Diplomatique conserve su autonomía.
P.: A propósito delfinal de su intervención sobre las ideas verdaderas, cada vez
que la verdad trató de apoderarse de la política, el resultado fue de lo peor. El tema
de la relación entre investigadores e intelectuales, su verdad y el mundo político, es
un tema que me parece bastante complejo. Cada investigador adelanta verdades
en su disciplina y en su ámbito de validez. La sociología y el análisis que usted
desarrolló sobre el campo político desde un punto de vista sociológico me parecen
sorprendentemente pertinentes para comprender toda una serie de mecanismos y
para armar un cierto número de intervenciones; pero a partir del momento en que
hablamos de intervención, política, entramos a otra dimensión, a otra disciplina, a
otras perspectivas. Soy biólogo y cada vez que la biología- trató de tener interven
ciones políticas, el resultado fue una catástrofe que no dejo de denunciar al igual
que usted. La cuestión es saber cómo evitar el cientismo, cómo definir los límites de
validez de la intervención del sociólogo. ¿Acaso no hay más allá de la ciencia de los
sistemas de valores otros sistemas de referencia que habría que invocar obligato
riamente cuando se habla de campo político?
* Ver Patrick Champagne, Faire POpinion, Minuit, 1990. Hacer la opinión, Plural editores
2001.
** Periódico mensual francés, traducido en varios países, que encarna con su línea edito
rial uno de los lugares de resistencia al pensamiento neoliberal. (N. de T.).
*** Revista semanal independiente, especializada en la música y en las artes contemporá
neas (cine, literatura, etc.). (N. de T).
30 EL CAMPO POLÍTICO
P.: Si usted lo permite, como llegamos al final, me gustaría igualmente hacer
una pregunta que trata de la representatividad que desarrolló muy escasamente
en su exposición, para mostrar que la génesis del campo político descansa finalmen
te en mitos políticos y especialmente en la representación. Si hacemos una historia
de los que están en condiciones de votar, vemos que el mito de la universalidad de
los votantes es bastante reciente: 1848 para el sufragio universal masculino, 1945
para el derecho a voto de las mujeres, aún más tarde para los colonizados y pienso
en el caso argelino para el que se tuvo que esperar hasta 1958. Podríamos incluso
prolongarlo hasta 1974 puesto que la edad legal para votar son los 18 años. ¿Cómo
no ver aquí una evolución a la americana, que es un mundo político cada vez
menos representativo y que se manifiesta por una tasa de abstención cada vez más
importante? Vemos claramente que en los Estados Unidos esta situación no les
resta en absoluto la fuerza, a los que son electos, de presentarse como representando
al conjunto de la nación americana.
Terminaré sobre otro aspecto, el de la autonomía política del campo. ¿Acaso los
mismos agentes que dirigen este campo no son dependientes de otro campo que es el
de la economía?
P.B.: Trataré de ser muy breve. Agradezco a todas las personas que for
mularon preguntas. No deseo hacer cumplidos demagógicos, pero aprecio
profundamente la gran calidad de estas preguntas. En todo caso, esto me
da algo de tranquilidad sobre la eficacia de mi exposición, mostrándome
que fui muy bien comprendido.
En cuanto al problema de las ideas verdaderas, que es fundamental, yo
también estoy totalmente convencido de que debemos estar alerta contra
el cíentismo en política. Dicho esto, no puedo más que admitir que, en
nombre de los abusos de poder ejercidos en el pasado a título de una
pseudociencia, los ensayistas, los cuentistas, descalifican toda intervención
que se funda en la ciencia. Más aún cuando la mayoría de las intervencio
nes científicas son negativas, es decir, críticas. Cuando deseo que científi
cos, artistas e investigadores ingresen al campo político, no es para que
tomen el poder; no tienen ni tiempo ni ganas (si no, habrían estudiado en
la ENA). Pero sería importante que intervengan como una instancia críti
ca, una especie de parlamento crítico como lo hacían los filósofos de] siglo
XVIII. Soy también muy sensible a la idea de que los conocimientos son
parciales y lo son cada vez más, y no quisiera ver a los biólogos en el poder
y menos aún a los sociólogos.
Siempre he predicado la idea de que haría falta un intelectual colectivo.
He hablado a menudo sobre el gran intelectual irresponsable, pero al mis
EL CAMPO POLÍTICO 31
mo tiempo magnífico, que era Sartre. Hoy en día se tendría que crear una
internacional de intelectuales específicos que trabajen colectivamente en
una instancia crítica. Es muy difícil. Intento hacerlo lo mejor posible: para
tratar de crear un foro transnacional, hice funcionar durante casi diez años
un periódico que se llamaba Líber -se publicaba en siete u ocho idiomas- y
estuve obligado a poner fin a esta publicación porque éramos sólo dos los
que la hacíamos. Podríamos trabajar colectivamente bajo el control de in
vestigadores pertenecientes a otras disciplinas, en una discusión interdis-
ciplinaria orientada hacia la acción.
No responderé sobre lo umversal, ni acerca de la dependencia del campo
político frente a la economía, ya que sería demasiado largo hacerlo. Me
detengo aquí.
P: Tendría una última pregunta sobre la manera de escribir del sociólogo, que
quizás permitiría llegar a una conclusión. Presentó usted el campo político como
un lugar en donde habría una fuerte socialización del actor, una, socialización, del
comportamiento político que tendería a contrarrestar una cierta política espontá
nea. Me hubiera gustado saber si poniendo en evidencia esta socialización, no está
usted preparando el terreno para la clase política, y como usted muy bien lo dijo en
su obra sobre la televisión, no se puede ocultar algo mostrándolo. Mi pregunta es
entonces la siguiente: ¿está usted consciente de que su posición, al trivializar, faci
litar, normalizar la socialización política, se hace aún más contraproducente?
P.B.: Responderé muy francamente y por medio de un ejemplo. Los
principales usuarios prácticos de la sociología de la educación que mostra
ba el papel de la transmisión del capital cultural, en las familias, fueron las
familias burguesas, cultas, que en cierta forma fueron inclinadas por los
testimonios de la sociología a racionalizar la transmisión del patrimonio.
Tendríamos que argumentar al respecto, pero el peligro que corren todos
los análisis que revelan conductas susceptibles de ser juzgadas nefastas, es
sin duda dar a los que viven de conductas nefastas los medios de mejorar
las. Por ejemplo, cuando uno hace una sociología de los intelectuales, re
velando mecanismos, modelos de funcionamiento, formas de estrategia,
uno se expone evidentemente a contragolpes pero también proporciona
armas. Pienso que actualmente los intelectuales mediáticos me leyeron
bastante y subieron a un grado de sofisticación superior en la política de
inversión mediática por la que intentan hacerse ver y darse importancia.
Precisiones sobre el campo político2
Philippe Pritsch: Pierre Bourdieu, usted tituló su conferencia de esta noche:
“El Campo Político”. Esto da lugar a algunas preguntas, las mismas que intenta
ré formularle de la forma más simple del mundo. La primera no será una pre
gunta muy académica. Había previsto hacerle una de este tipo, pero más tarde
volveré sobre ella. Ahora quisiera partir de un texto de actualidad. Es un artículo
que salió en Le Progrés de Lyon a principios del mes de enero -alrededor del 9
de enero, me parece- titulado: “Duro reinicio para Voynet”'. En este texto se anun
ciaba el reinicio parlamentario y este reinicio debía hacerse, en realidad se hizo,
por medio de una discusión sobre el proyecto de ordenamiento territorialy desarro
llo sostenible: primera cosa. Dos días después, había una discusión sobre “lo nu
clear” [segunda cosa]. El periodista que da esta información estima que es un de
bate considerado demasiado técnico como para despertar interés, demasiado técnico
como para dar lugar a un gran debate, a polémicas. Por el contrario, valoriza este
asunto diciendo más o menos lo siguiente: producirá efectos a diestra y siniestra, y
será un asunto totalmente -disculpen la expresión, él mismo no la emplea de esta
forma- sangrante, ya que producirá discrepancias al interior de los dos campos.
Tomo este ejemplo para formularle la pregunta: ¿cómo pensar la política no políti
camente? He aquí mi primera pregunta, un poco larga.
P.B.: Es un ejemplo excelente; menciona dos cosas que son esenciales,
me parece, para comprender la noción de campo político tal cual la em
2 Entrevista con Philippe Fritsch, Profesor de Sociología, Lyon, 11 de febrero de 1999.
* Primera Secretaria del Partido de los Verdes y Secretaria actual (desde 1997). Ministra
del Medio Ambiente. (N. de T.).
PRECISIONES SOBRE EL CAMPO POLÍTICO 33
pleo. Primeramente, expresa la brecha entre la reacción anticipada del pú
blico mayoritario, de los profanos, y la explicación de los profesionales. Y
en segundo lugar, el hecho de que ciertos acontecimientos encuentren un
sentido únicamente en el interior del mundo de los profesionales, que lla
mo campo político.
Con respecto a La brecha entre profesionales y profanos, no hay por qué
insistir demasiado, a pesar de ser muy importante y de descansar sobre
determinantes sociales, contrariamente a lo que podríamos creer. Se dice a
menudo: la gente no se interesa en la política, como si fuera culpa suya,
como si fuera una falta en sí, cuando sabemos muy bien, por las estadísti
cas, que las posibilidades de interesarse en la política están distribuidas muy
desigualmente según todo tipo de variables -primero el sexo que es la va
riable más importante-. En todas las encuestas vemos que el índice de no
respuesta, que es una manifestación de indiferencia o de incompetencia,
estando por lo demás las dos cosas muy ligadas, atañe sobre todo a las mu
jeres. Seguidamente, el otro determinante mayor, es el nivel de instrucción:
mientras más instruida es la gente, más se interesa en la política, y sabemos
que las abstenciones obedecen también a esta ley. Por consiguiente, la dis
tribución del acceso a los medios de participación en la política es muy
desigual. Este es un primer hecho que estaba contenido en su historia. El
periodista tenía totalmente razón en adelantarse.
La segunda cosa se refiere al hecho de que hay problemas que a pesar
de no interesar al común de los mortales, provocan una gran excitación
dentro del microcosmos. Efectivamente, el campo es un microcosmos, una
especie de mundo separado, de mundo aparte, cerrado sobre sí mismo, en
gran parte pero no completamente, porque si no la vida política sería im
posible; pero sí bastante cerrado en sí mismo y bastante independiente de
lo que sucede en el exterior. Y es dentro de este pequeño mundo, este
microcosmos, donde se juega un juego totalmente particular en el que se
engendran intereses particulares. Creo que es la cosa más importante. En
este juego en el que evidentemente participan hombres políticos, diputados,
etc., pero también periodistas, comentadores políticos, encuestadores, etc.,
se definen intereses que son independientes de los intereses de los simples
votantes, de la clientela, y esto es lo que ven frecuentemente los profanos
que desarrollan el equivalente de una forma de anticlericalismo: sospechan
que los hombres políticos obedecen a intereses ligados al microcosmos
político mucho más que a los intereses de los votantes, de los ciudadanos.
El ejemplo más visible lo constituyen “los negociados”, cuando los hom-
34 EL CAMPO POLÍTICO
bres políticos se embolsillan el dinero o favorecen a sus amigos, hacen ne
potismo, etc. Vemos claramente que hay intereses que están ligados al jue
go político. Para terminar, justo sobre este punto, existen problemas que
se generan dentro del juego político: una parte muy importante de los pro
blemas que nos presentan como problemas políticos importantes son pro
blemas que son importantes para los políticos, en especial porque les per
miten hacer diferencias entre ellos. Son los problemas relativos a las
corrientes; el ejemplo más típico se refiere al famoso congreso de Rennes
del Partido Socialista, en el que nunca nadie comprendió cual era el objeto
de lucha, fuera de los intereses políticos más directos de los jefes de las
diferentes corrientes.
PE: Escuchaba esta mañana Frunce Inter y nuevamente era Dominique Voynet
la entrevistada. Muy curiosamente, uno de los periodistas llegó a hacerle la pre
gunta: “¿Pero la cuestión de fondo? ” -Yyo me esperaba algo totalmente diferente
de lo que indicó, porque para él era: “¿Acaso los socialistas no son lo suficientemen
te revolucionarios, suficientemente reformistas, etc.?” .Era totalmente curioso por
que, para mí, no se trataba de una cuestión de fondo.
P.B.: Todos estos fenómenos de cierre del campo político sobre sí mismo
fueron agravados extrañamente por la televisión y por la intervención de
los periodistas. Los periodistas políticos, en particular, conocen mejor lo
que sucede en el microcosmos político que aquello de lo que en principio
debe ocuparse el microcosmos político. La mayoría de los periodistas, in
clusive políticos, conocen mucho mejor las relaciones entre los hombres
políticos que el tema de la seguridad social o del presupuesto europeo. Por
eso, se inclinan por reforzar esta tendencia del campo hacia el cierre, ha
ciendo pequeñas preguntas sobre el pequeño mundo de la política.
P.F.: De cierta forma usted se anticipó a una pregunta, por una vez formal
mente académica, que deseaba hacerle y que era: ¿cuál es la definición de campo
político? Pero tengo deseos de volver sobre algo que acaba, de indicar: ¿Acaso, de
una manera general, no hay un parentesco entre comentadores y analistas con el
mundo político, la esfera de actividad política, que produce el reconocimiento de un
cierto número de juegos bien conocidos, pero al mismo tiempo un desconocimiento
de cómo funciona este campo?
P.B.: Pienso que hay una complicidad -complicidad es una palabra de
masiado fuerte, Halimi habla de connivencia- entre los más grandes pe-
Radioemisora pública francesa. (N. de T.).
PRECISIONES SOBRE El. CAMPO POLÍTICO 35
ri odistas políticos, aquellos que son conocidos por la televisión, etc., y los
hombres políticos; connivencia que descansa en una familiaridad real: es
gente que se ve constantemente. Si usted lee -no es una lectura muy diver
tida, pero en fin...-el periódico de Jacques Julliard (es director de estudios
en la Escuela de Altos Estudios, pero es ante todo periodista del Nouvel
Obseruateur \ verá que estos periodistas dan un espacio enorme a encuen
tros, a conversaciones, con hombres políticos u otros periodistas políticos.
Resulta que, por un lado, unos y otros se impregnan mutuamente de ideas
que circulan circularmente; es lo que llamo la doxa política, es decir, un
conjunto de ideas recibidas qué están muy cerca de la creencia; por ejem
plo, actualmente, la visión neoliberal. Los mismos que transmitían esta
representación, dicen de repente cómo, en Davos, se han descubierto sus
límites. Se descubre de pronto que era una ideología, pero que impregna
ba todo el universo como una evidencia, como algo de lo que ni siquiera se
discute. Y estas connivencias que descansan sobre la familiaridad, conni
vencias muy parisinas -de aquí viene el sentimiento de ruptura que tienen
a menudo los provincianos y que se expresa en los momentos de crisis como
en 1995- son, pienso yo, uno de los factores del cierre del mundo político.
Y los periodistas que se consideran observadores del campo político son en
rea lid ad agentes del campo político -se debería englobar igualmente a los
especialistas en sondeos- por las preguntas que hacen y por las preguntas
que no hacen. Tomo un ejemplo muy simple: el Club de la prensa de
Europeices el equivalente del caucus americano, es un lugar en donde se
elaboran las candidaturas políticas importantes. Y ser invitado a ciertas
emisiones de televisión o de radio, es ser consagrado como políticamente
importante.
P.F.: Esto me lleva a hacerle una pregunta que ya le fue planteada de una
forma más general por Lote Wacquant: ¿cómo se descubre o se trazan los límites de
un campo? Con respecto al campo político, usted integra una cantidad de agentes
que para una persona común no aparecen como agentes políticos. ¿Cómo [entonces]
definir los límites del campo político?
P.B.: Una respuesta “fisicalista”: podemos decir que una institución, una
persona, un agente, existen dentro de un campo cuando producen efectos.
Podríamos tomar el ejemplo de Le Pen. Es una confirmación de la defini-
Re vista mensual francesa de orientación socialista desde los años 1970. (N. de T).
** Radioemisora francesa. (N. de T).
36 EL CAMPO POLÍTICO
ción que doy. Nadie puede negar que todo el campo político francés, in
cluido el Partido Socialista, el Partido Comunista, etc., fue transformado
por la existencia de Le Pen. No existe político que no haya aceptado, reco
nocido en realidad la existencia de Le Pen, reaccionando a las propuestas
de Le Pen, por ejemplo sustituyendo -cosa muy grave, pero que pasó des
apercibida- la oposición rico/pobre, que era fundamental en la política,
por la oposición nacional/extranjero. Ahora bien, no hay partido que no
haya operado este deslizamiento de manera más o menos visible, evidente,
flagrante. Pero actualmente, y éste es un indicio de la autonomía del cam
po periodístico, uno de los factores determinantes de la existencia dentro
del campo político es el reconocimiento por parte de los periodistas. Los
periodistas -deberíamos decir el campo periodístico, con sus competen
cias, sus luchas, sus jerarquías, sus conflictos por el monopolio de la infor
mación, etc.- son determinantes en la determinación de la importancia
política. Hoy en día, si incluyo a los periodistas dentro del campo político,
es porque son, como dicen los anglosajones, los gate keepers, los guardianes
de meta, que controlan de manera importante la entrada al campo políti
co. Sin embargo, los partidos son también muy importantes, evidentemente:
son ellos los que, dando la investidura, dicen cuándo un hombre se hace
justiciable en el juego político.
P.E: De una manera más general -situándonos desde el punto de vista de la
teoría general de los campos-, ¿no podríamos decir que el análisis del campo políti
co es ejemplar o incluso que el campo político constituye una. especie de paradigma-
de otros campos?
P.B.: Es complicado... El interés de la noción de campo para la investi
gación, es el hecho de que ella permite hacer comparaciones metódicas
entre cosas que aparentemente no tienen nada que ver. Por ejemplo, el
campo religioso y el campo político presentan muchas analogías, así como
el campo político y el campo literario. Tomemos la comparación entre el
campo político y el campo literario. Observamos en todos los campos una
tendencia al cierre: cuanto más avanza la historia de la literatura europea,
más los poetas hablan sólo para los poetas, hacen revoluciones al interior
de este pequeño universo prescindiendo cada vez más del público. Una de
las grandes diferencias entre un campo como el campo literario (o el cam
po de las matemáticas que es igualmente muy cerrado) y el campo político
radica en que los políticos son justiciables del veredicto popular: periódi
camente, es necesario que se presenten ante los electores, y a pesar de que
están siempre preocupados por las relaciones entre ellos mismos, es preci
PRECISIONES SOBRE EL CAMPO POLÍTICO 37
so que entren en relación con los que les dan delegación, y por este hecho
una parte de sus acciones permanecen dirigidas hacia el público y no pue
den soñar con el cierre total.
El campo político es una “arena” que se presenta como tal y en la que se
entablan combates, enfrentamientos declarados. Como en todos los campos,
hay acumulación de fuerza, de capital político, es decir, de reputación (lo que
hace que los hombres políticos sean particularmente vulnerables al escánda
lo). Es la reputación, el renombre, de ser posible, el buen renombre. Durante
la Tercera República, los hombres políticos eran notables, gente conocida y
bien conocida, y no era una casualidad que, por ejemplo, los abogados, los
médicos, etc., proporcionaran una parte muy importante del cuerpo de los
representantes del pueblo, ya que en cierta forma transferían su capital profe
sional, en gran parte un capital de notable, al terreno político. Este capital
político que se acumula según una lógica del todo particular, se acumula a la
vez frente a los profanos pero también dentro del campo político.
P.F.: Si hacía esta proposición, era insistiendo más particularmente en el aspec
to dinámico del campo político, campo de fuerzas, y lo que no necesariamente apa
rece afuera aquí es totalmente visible.
P.B.: Una de las propiedades de los campos radica en que las relaciones
de fuerza revisten en ellos igual cantidad de formas particulares. En cada
campo, la fuerza (o el capital) que está en juego es diferente. Lo que se
acumula dentro del campo religioso es diferente de lo que se acumula dentro
del campo literario. Pero estas relaciones de fuerza muy particulares, liga
das a la distribución desigual de la fuerza particular que opera en este uni
verso, son a la vez determinantes del estado actual de un campo y del cambio
de estas relaciones de fuerza, porque dentro de todo campo, los recién lle
gados, que están menos dotados de capital, a menos que sean herederos,
están menos conformes con el orden establecido que los que están bien
sentados sobre su montoncito de capital. De manera que en la mayoría de
los campos hay luchas generacionales (en realidad, se trata de momentos
diferentes dentro de una trayectoria de acumulación de capital: las carreras
se comprenden mucho mejor si se tiene en mente este modelo de la acu
mulación tendente a confortar o a transformar la relación de fuerza). De
este modo, un campo es un campo de fuerzas y un campo de lucha para
transformar estas relaciones de fuerza. En estas luchas cada quien compro
mete la fuerza que tiene en las relaciones de fuerza. Es el mismo modelo el
que permite explicar a la vez por qué las cosas son lo que son, la estática, y
cómo cambian, la dinámica.
38 EL CAMPO POLÍTICO
PE: Y para hacer aparecer otras propiedades del campo político, ¿la metáfora
teatral, la relación entre el escenario y los bastidores, no sería una metáfora útil,
en el sentido en que -sin duda aquí también encontraríamos conocimiento y desco
nocimiento- el campo político parece estar caracterizado por una propiedad especí
fica que es la relación con el espacio público? Hace un momento hacía usted alusión
al respecto. Me pregunto si aquí no hay algo que extraer para el análisis.
P.B.: Esta metáfora citada por Marx puede ser reforzada gracias a los
aportes de todas las teorías interaccionistas, en particular la de Goffinan.
Es cierto que podemos comprender una parte del funcionamiento de la
política a través de la oposición entre escenario y bastidores, etc., pero
pienso que estas metáforas teatrales, incluso en un universo donde lo sim
bólico es tan importante como lo es en el campo político, reducen un poco
las relaciones entre la gente a su dimensión simbólica y amenazan con en
mascarar lo que el modelo en términos de campo hace ver, es decir que hay
relaciones simbólicas pero que se dan sobre la base de una distribución
desigual de las fuerzas, de las fuerzas que pueden ser simbólicas. Lo simbó
lico, en la gran tradición francesa de Durkheim, es algo muy serio. Muchas
luchas sociales, políticas, internacionales, no tienen más arma y objeto que
lo simbólico. De este modo, los mercados financieros, en su gran mayoría,
son juegos simbólicos, es decir, juegos que ponen en práctica la fuerza de
las representaciones, la fuerza de las ideas.
PE: Inversamente, ¿acaso los análisis que los sociólogos pueden realizar del
campo político no corren siempre el riesgo de sera la vez tergiversados y traicionados
-se les hace decir otra cosa que lo que dicen-, y acaso no hay un riesgo para los
mismos analistas de dejarse atrapar por eljuego y de convertirse volens nolens en
agentes del campo político?
P.B.: La recepción de las ideas científicas dentro del mundo social es un
problema muy real. Es evidente que las ideas científicas, como las demás,
están sometidas a filtros sociales, son recibidas por los individuos en función
de sus categorías de percepción que son, en su mayoría, sociales, y los mis
mos hombres políticos pueden de muy buena fe escuchar el discurso cien
tífico al revés, no solamente porque no lo comprenden o, aunque lo com
prendan y estén bien dispuestos, podrían tergiversarlo, deformarlo de
acuerdo a sus expectativas e intereses. Es cierto que hay una tendencia de
los políticos a hacer un uso instrumental de las ciencias económicas y so
ciales. Uno de los problemas está en saber cómo podemos protegernos
contra esta instrumentalización. Aquí nuevamente encontramos a los pe
riodistas. Existe una desigualdad increíble en el acceso al espacio público y
PRECISIONES SOBRE EL CAMPO POLÍTICO 39
es muy difícil defenderse contra la manipulación, Entonces, ¿qué hace
mos? Acabo de terminar un artículo’ sobre el campo de la edición en Fran
cia que se apoya en un análisis estadístico muy complicado, muy riguroso,
etc. Puede ser que debido a que en este texto se tratan cosas que pueden
interesar a los periodistas -como el rol de las ediciones Grasset o de
Vévénement dujeudt', que son temas que por su naturaleza interesan a los
periodistas, porque se trata de su historia- éstos se adueñen de ellas y di
gan cosas más o menos exactas. Puse en mi análisis todas las guías de segu
ridad posibles (diagramas, datos, notas, frases complicadas para evitar las
simplificaciones, pero muy al contrario, las alientan: se dice: “en el fondo,
esto quiere decir, tal cosa”) pero no bastan para ponerse a salvo del trabajo
de reinterpretación que hacen los periodistas. Esta es la primera cosa. La
segunda...
PE: La segunda: hemos conocido “a los compañeros de ruta”, a “los intelectua
les orgánicos”, entonces, ¿cómo se presentan los sociólogos en este asunto?
P.B.: Es legítimo que los sociólogos intervengan en el mundo social
cuando se trata del mundo social. ¿Acaso prohibiríamos a los físicos que
intervengan en la construcción de puentes? Pero cuando se trata del mun
do social, en primer lugar, todo el mundo se cree experto -Durkheim siem
pre lo decía: la mayor dificultad que encuentra la sociología proviene del
hecho de que todo el mundo piensa que es espontáneamente sociólogo-.
Esta es la primera cosa. Luego, la intervención se hace legítima y eficaz
sólo cuando pasa por las condiciones que se deben cumplir. ¿Qué significa
esto? ¿Inscribirse en un partido y tomar el poder? ¿Crear un partido? Es
evidente que quien piensa de este modo no es un sociólogo digno de este
nombre, porque de ser así simplemente dejaría de ser sociólogo. Sólo se es
sociólogo a tiempo completo. Hay entonces una contradicción muy pro
funda. Hubo un tiempo en el que se identificaba la sociología con el socia
lismo y los socialistas de los años treinta consultaban a sociólogos como
Marcel Mauss... Hoy los socialistas ya no tienen sociólogos, tienen exper
tos. ¡Eso es! Es una enorme diferencia, porque sociólogo quiere decir al
guien que rinde cuentas ante sociólogos y no ante políticos o periodistas;
que rinde cuentas ante sociólogos pero no únicamente ante sociólogos na
cionales. Esta contradicción entre las exigencias de la ciencia y las exigen-
* Véase; Intelectuales, política y poder, Buenos Aires, Eudeba, 2000 (N. de T.).
* * Revista semanal nacida en los años 80, que se define de izquierda. (N. de T.).
40 EL CAMPO POLÍTICO
cías de la acción es muy importante y produce al mismo tiempo una enor
me pérdida de la energía científica de los sociólogos, que no brindan todos
los servicios que podrían brindar.
P.F.: Siendo asíy ¿quéformas puede tomar el compromiso del sociólogo?
P.B.: Se debe escribir, se debe escribir y de vez en cuando se debe ha
blar. Por ejemplo, con respecto al sistema educativo me pregunto todos los
días cuánto tiempo podré callar. Pasé mi vida trabajando sobre el sistema
educativo. Las autoridades políticas se sirven de lo que escribí sobre el
sistema educativo sin reconocer al autor. Cuando les conviene lo hacen y,
un momento más tarde, lo olvidan. Entonces surge un problema. Me pa
rece que es una especie de deber cívico devolver al Estado que me paga y a
mis conciudadanos lo que creo que es el saber sobre el mundo social e
incluso, en el caso dado, sobre el Estado. Si fuera meteorólogo y pudiera
prever las avalanchas y no lo dijera, estaría en problemas. ¿Por qué se pone
en esta situación tan particular a los sociólogos...? ¿Por qué? Es cierto que
la sociología, si estuviera en posición de ser escuchada, obligaría en mu
chos casos a los políticos a tomar una posición subordinada. Estarían obli
gados a escuchar y a hacer lo que se les dijera. Es sin duda muy arrogante
decir esto. Por lo demás, ya somos bastante incapaces de decir lo que se
debe hacer, pero podemos decir a cabalidad lo que no se debe hacer, o que
lo que se está haciendo no servirá de nada. Hay políticas culturales que
cuestan caro y de las que se puede decir que no sirven para nada. Un único
ejemplo: a mediados de los años sesenta, hice una importante investiga
ción sobre la concurrencia a los museos, que había desembocado en la cons
trucción de un modelo matemático que permitiera prever el número de
ingresos a los museos. Además de que este modelo matemático sigue fun
cionando, el análisis mostraba que la política de Casas de la Cultura, en
tonces de moda, de las que se esperaba permitieran el acceso del pueblo a
la gran cultura, no obtendría en absoluto este resultado y que en realidad
no haría más que intensificar la concurrencia de la gente que ya frencuentaba
las instancias culturales. Esto fue considerado un escándalo. Fue visto como
una especie de agresión conservadora contra la política democrática de
Malraux; sin embargo, fue confirmado por los hechos: las Casas de la Cul
tura cerraron una tras otra.
PE: Una operación de desengaño mal recibida.
P.B.: Sí, es cierto que, muy a menudo, los sociólogos destruyen ilusio
nes. Partiendo de lo que acabo de escribir sobre el campo de la edición,
también se pueden medir las consecuencias de una política de defensa de la
PRECISIONES SOBRE EL CAMPO POLÍTICO 41
edición de investigación, de la edición de vanguardia, sea ésta en literatura,
en sociología, etc., y de una política que iría contra la corriente, absoluta
mente, de la distribución actual de las subvenciones, de “la política del
libro”, etc.
P.F.: Quisiera volver sobre una pregunta inicial: cuando usted eligió titular su
conferencia “El Campo Político”, me pregunté: ¿por qué Pierre Bourdieu se inte
resa actualmente en el campo político hasta el punto de hacer de él el título de una
conferencia y de hacer una conferencia sobre él? Entonces mi pregunta -no hay que
confundir- no es, por así decirlo, para lanzarlo dentro del campo político, sino que
se refiere a su itinerario intelectual. Siendo lector de sus trabajos, sé muy bien que
el tema de la política es un tema que lo ocupó periódicamente, que lo ocupó bastan
te. ¿Pero acaso hoy en día existen razones especialmente fuertes para que usted se
interese más particularmente en el campo político, desde el punto de vista de su
itinerario intelectual?
P.B.: Hay dos tipos de razones. Poruña parte, razones biográficas. Lle
gué a un punto de mi trabajo en el que pienso tener bastante competencia,
y también bastante autoridad social para poder hacer escuchar un cierto
número de cosas, para dar un pdco de fuerza a las ideas que establece la
sociología, no necesariamente mis ideas. (Hay una cantidad considerable
de ideas sobre las que los sociólogos están todos de acuerdo). Por otro
lado, pienso que las sociedades occidentales están en gran peligro, en gran
parte porque ya no se escucha un cierto tipo de discurso científico sobre el
mundo social. Esta especie de revestimiento neoliberal de la fuerza econó
mica bruta que se nos ofrece desde hace una decena de años, engendra
procesos de destrucción muy graves de un orden social que fue muy difícil
de construir. Vuelvo al ejemplo del campo literario. Fue necesario un tra
bajo colectivo enorme para llegar a producir obras como la de Joyce o de
Faulkner, se requirió generaciones y generaciones, fueron necesarias insti
tuciones, críticas, etc. Ahora bien, hoy en día con la concentración, es gen
te como Belfond o Fixot, por lo demás los mejores hombres del mundo,
quienes nos bombardean con best-sellers americanos que se compran a
precio de oro, y que contribuyen a destruir las bases sociales -es decir a los
pequeños libreros, a los pequeños editores, etc - de estas cosas que consi
deramos muy importantes. Lo equivalente sucede dentro del campo del
Estado. Es de buen tono decir: el Estado francés es una especie de excep
ción arcaica. Esto no es en absoluto cierto. El servicio público, los trans
portes públicos, el hospital público, la escuela pública, etc., todo esto es
una civilización completamente extraordinaria y fue difícil de construir.
42 EL CAMPO POLÍTICO
Para inventar la idea de “lo público” por oposición a “lo privado”, fueron
necesarias generaciones de juristas y de filósofos. Sin embargo, nos desha
cemos de todo esto y nos vamos. Es por eso que interviene el sociólogo.
No hice a menudo de profeta en mi vida, pero pienso que ahora puedo
anunciar, sin gran riesgo, cosas que jamás veré: si dejamos que este proceso
de destrucción de todas las estructuras colectivas se prolongue -familia,
asociaciones, Estado-veremos aparecer resultados que aún son totalmen
te desapercibidos, imperceptibles -ya hay señales, como la violencia urba
na, etc.- porque lo que ahorramos con una mano, lo pagamos con la otra.
Damos lugar a procesos cuyos efectos no aparecerán sino dentro de mu
cho tiempo. Se necesitará tiempo, ya que antes de que el sistema hospitala
rio se derrumbe, siguen habiendo enfermeras sacrificadas, todavía hay can
tidad de gente que de cierta forma salva el sistema casi a su pesar. Es igual
con el sistema escolar. El sistema escolar francés está en vías de implosión.
Entonces, acaso podemos callarnos cuando pensamos que...
P.F.: Es urgente.
P.B.: Es urgente.
Formas de acción política y modos
de existencia de los grupos3
No existe mejor introducción al análisis que deseo presentar hoy que
un texto de Durkheim en las Lecciones de sociología-. “Para que los sufragios
expresen otra cosa además de ser la expresión de los individuos, para que
sean animados desde el principio por un espíritu colectivo, es preciso que
el collége electoral élémentaire esté formado por individuos que no sólo se
reúnan para esta circunstancia excepcional, sin conocerse, sin haber con
tribuido a formarse mutuamente opiniones y desfilando unos tras otros
delante de las urnas. Es necesario, por el contrario, que sea un grupo consti
tuido, coherente, permanente, que no tome cuerpo sólo por un momento,
un día de votación. Entonces, cada opinión individual, por haberse forma
do en el seno de una colectividad, tiene algo de colectivo. Está claro que la
corporación responde a este desiderátum. Porque los hombres que la com
ponen están permanentemente en estrecha relación con ella, sus sentimien
tos se forman en común y son la expresión de la comunidad”.
Durkheim establece claramente la relación entre el producto, la opi
nión, y las condiciones sociales en las que es producido y, más precisamen
te, el modo de existencia del grupo en el que es producido; en otros términos,
entre la forma de acción política o el contenido de esta acción (aquí, el
voto y la opinión) y el modo de asociación. De esta forma tenemos, por un
lado, la concentración ocasional (discontinua), formada por “individuos que
se acercaron únicamente para esta circunstancia excepcional”, individuos
3 Charla en la Asociación Francesa de Ciencias Políticas, noviembre de 1973.
+4 EL CAMPO POLÍTICO
separados que existían previamente en estado separado, que no tienen en
tre ellos esc mínimo de interacción que es el interconocimiento, que no
cooperaron en la producción de sus opiniones, que van uno por uno, singuli,
desfilando en estado aislado, hacia la cabina electoral.
A este modo de acción política, Durkheim opone otro que conserva el
modo de expresión de la opinión producida, pero transforma las condicio
nes de producción. El “Collége electoral élémentaire” debe ser un grupo inte
grado y permanente (un “cuerpo” dotado de un espíritu de cuerpo), cohe
rente y capaz de producir colectivamente su opinión que entonces es
verdaderamente colectiva. La producción de una opinión realmente colec
tiva supone la concertación que supone a su vez el entendimiento, la orques
tación como acuerdo tácito sobre los instrumentos de comunicación (len
gua, cultura, etc.) que servirán para establecer el acuerdo o el desacuerdo.
7cnemos entonces dos tipos de opinión opuestos que corresponden a dos
tipos opuestos de modos de producción de las opiniones, es decir, a dos
tipos de grupos. Frente a la ideología liberal, en la que se basa la filosofía
de la elección como alternativa libre e individual, Durkheim opone otra
filosofía: la opinión verdadera es la opinión elaborada colectivamente sobre
la base de una unidad previa.
Poco importa lo que pensemos de esta filosofía “corporativista”; ésta
tiene el mérito de obligar a la filosofía implícita de la democracia electoral
a presentarse en estado explícito. La filosofía liberal identifica la acción
política con una acción solitaria, es más, silenciosa y secreta, cuyo paradigma
es el voto, “compra” de un partido dentro del secreto de la cabina electoral,
Al hacer esto, reduce el grupo a la serie, la opinión movilizada de un grupo
colectivo organizado o solidario a una agregación estadística de opiniones
individuales expresadas. Pensamos en la utopía de Milton Friedman quien,
para captar el punto de vista de las familias con respecto a la escuela, pro
pone distribuir bonos que permitan comprar servicios educativos brinda
dos por empresas competidoras: “Párente could exprese their vieav about schoole
directly, by uñthdrau'ing their children from one echool andeendmg them to another,
to a much greater extent than ¿t isnoiv possible”\ La acción política se encuen
tra reducida a una forma de acción económica.
La lógica del mercado o del voto, es decir, la agregación de estrategias
individuales, se impone siempre que los grupos son reducidos al estado de
4 M. Friedman, Capitalism and Freedom, Chicago, Chicago University Press, 1962, p. 91.
FORMAS DE ACCIÓN POLÍTICA Y MODOS DE EXISTENCIA DE LOS GRUPOS 45
agregados o, si se prefiere, desmovilizados. En efecto, cuando un grupo es
reducido a la impotencia (o a estrategias individuales de subversión, sabo
taje, derroche, lentitud, protesta aislada, ausentismo, etc.) porque no tiene
poder sobre sí mismo, el problema, común a todos sus miembros, no pasa
de ser un malestar y no puede ser constituido como problema político. Los
miembros de un grupo pueden estar unidos por un acuerdo tácito basado en
una connivencia, como dice Weber, una complicidad profunda, tan profun
da que no necesita expresarse, que marcha por sí sola. Pero esta complicidad
(en el sufrimiento o en el desasosiego tácito, a veces vergonzoso) sólo accede
a la existencia y a la eficacia política a través de palabras o de conductas
simbólicas que están dotadas de una carga emocional más fuerte que la
palabra hablada o escrita y cuyo ejemplo privilegiado es la manifestación.
Las palabras, palabras de explicitación que hacen ver y hacen creer, o con
signas, que hacen actuar de forma concertada, son principios unificadores
de la situación y del grupo, signos móvil iza do res que permiten constituir
la situación y constituirla como algo común al grupo. Por oposición a la
palabra individual, grito, protesta, volee, como dice Albert Hirschman, la
palabra del portavoz es una palabra autorizada que debe su autoridad al
hecho de que aquel que babla se autoriza con la autoridad del grupo que le
autoriza a hablar en su nombre. Cuando habla el portavoz, habla un grupo
a través de él, un grupo que existe como tal a través de esta palabra y de
aquel que la posee. El portavoz es una solución al problema típicamente
durkheimiano de la existencia del grupo por encima de los obstáculos bio
lógicos correlativos a los límites temporales y espaciales ligados a la
corporeidad. Una de las funciones de la manifestación es hacer que el gru
po que autoriza al portavoz autorizado se manifieste. Y un portavoz auto
rizado puede mostrar la fuerza con que maneja su autoridad llamando al
grupo a movilizarse y movilizándolo con efectividad; por consiguiente, lle
vándolo a manifestarse (de ahí la importancia que reviste el número de ma
nifestantes). La delegación autorizada es la que puede movilizar al grupo
que la autoriza, y entonces hacer que el grupo se manifieste para sí mismo
(contribuyendo de este modo a mantener su creencia, su moral) y para los
demás.
Debemos hacer un paréntesis a propósito de nuevas formas de manifes
tación política, muy diferentes, por su índole y por los medios que ponen
en práctica, de las manifestaciones tradicionales del movimiento social eu
ropeo: estas “demostraciones^, que se expresan más frecuentemente en in
glés y que fueron inventadas por grupos con fuerte capital cultural, como
46 EL CAMPO POLÍnCO
los estudiantes americanos, sit-ins, boycotts, picketings, dratf-cart bumings,flag
burnings, etc., se ensañan simbólicamente con símbolos del poder y de la
autoridad del Estado (banderas, pendones), de la Iglesia (cruces, altares,
etc.), o con objetos que se supone que deben garantizar y sancionar loyalties
y tienden a modificar las prácticas por transgresiones que están en ruptura
con los medios tradicionales de la expresión y de la reivindicación demo
crática, discusión, voto, debate, manifestación'.
De este modo, podemos distinguir dos grandes formas de acción políti
ca. La que se apoya en la agregación de estrategias y de actos individuales
es colectiva, si podemos decirlo, sólo objetivamente. En efecto, en este
caso, los agentes están doblemente desposeídos del dominio de sus opinio
nes. De hecho, no siempre tienen los medios de producir una opinión con
forme a sus intereses. Las condiciones de producción de la opinión como
discurso no están equitativamente repartidas. Pero el principio esencial y
mejor encubierto del desposeimiento reside en la agregación de las opi
niones. Tanto con el sondeo o el voto, como con el mercado, el modo de
agregación es estadístico, es decir, mecánico e independiente de los agentes.
Se relaciona las opiniones sin los agentes. No son los individuos quienes
combinan sus opiniones, quienes las confrontan dialécticamente, para acce
der (idealmente) a una síntesis que conserva las diferencias y las sobrepasa,
para llegar a un todo, definido por sus conexiones más que por sus elemen
tos. Las opiniones individuales, reducidas al estado de votos enumerables
mecánicamente, como piedras, son sumadas, pasivamente, sin que nada
afecte a cada una de ellas. En realidad, el modo de pensamiento estadístico
conviene cada vez que se trata de comprender acciones cuya necesidad se
impone por casualidad, “en y por la anarquía” de las acciones individuales
(como dice Engels a propósito del mercado), acciones puramente aditivas
como las que Max Weber, en sus Essais sur la théorie de la Science, llama
uniformes, o por similitud, y cuyo límite es la conducta de la gente que
abre su paraguas ante un chubasco.
De aquí surgen diferentes cuestiones políticas: ¿cómo inventar e ins
taurar modos de producción de opiniones lo menos desigualitarios posible
o, si se prefiere, condiciones óptimas de producción de opiniones, en la
perspectiva de dar a todos posibilidades iguales de tener opiniones confor-
5 C f. Haig A. Basmaj ia n, Disse-nt: Symbolic Bebavior and Rhetorical Strategipy, Boston, Allyn
and Bacon, Inc., 1972.
FORMAS DE ACCIÓN POLÍTICA Y MODOS DE EXISTENCIA DE LOS GRETOS 47
mes a sus intereses? Lo esencial es el modo de producción de la decisión. Cuan
do un grupo tiene que producir una opinión, es importante que sepa que
tiene que producir una opinión sobre la forma de producir una opinión y
que, al no hacerlo, acepta tácitamente un modo de producción favorable a
los dominantes.
La segunda forma de acción colectiva es la que descansa en la delega
ción, En este caso, la acción colectiva está siempre perseguida por la ame
naza de la usurpación y de la malversación: es todo el problema de las rela
ciones (y del desfase) entre la fides implícita y la fe explícita, entre los
malestares tácitos y los sufrimientos expresados. Los agentes movilizadores
deben permitir al grupo existir como tal, movilizarlo y de este modo hacer
posible la concertación y la orquestación que está prohibida por la soledad
de la cabina electoral (o del mercado). Para producir este efecto, deben ser
percibidos como la expresión del grupo; por consiguiente, poseer un capi
tal de autoridad delegado por el grupo lo cual supone una circulación cir
cular del capital simbólico. En la medida en que se opera en favor de una
sola persona o de un pequeño número de personas, la delegación implica
una concentración del capital si mb ó Leo: en calidad de depositario de todo el
capital de todo el grupo, el delegado, “banquero simbólico”, ostenta un
poder simbólico sobre el grupo del que es, propiamente hablando, el susti
tuto y la encarnación. Afirma y duplica, por su poder de movilización, la
delegación del poder de la que es objeto; su propia acción, es decir la ac
ción de movilización, reproduce por añadidura el principio de su eficacia.
Es un símbolo que ejerce una acción simbólica de reforzamiento del sím
bolo (del mismo modo que las banderas y los emblemas del grupo y tam
bién toda la retórica de la manifestación, gritos orquestados, slogans comu
nes, etc.).
El problema político radica entonces en saber cómo dominar los ins
trumentos que tuvieron que ser puestos en marcha para dominar la anar
quía de las estrategias individuales y producir una acción concertada. Cómo
puede el grupo dominar (o controlar) la opinión expresada por el porta
voz, aquel que habla en nombre del grupo y en su favor, pero también en su
lugar, que le da existencia al grupo presentándolo y representándolo pero
que, en cierta forma, toma el lugar del grupo. La pregunta fundamental,
casi metafísica, es saber lo que significa hablar para gente que no hablaría
si alguien no hablara por ella.
El modo de producción atomístico y agregativo valioso para la visión
liberal favorece a los dominantes que tienen interés en el dejar-hacer y
48 EL CAMPO POLÍTICO
pueden contentarse con estrategias individuales (de reproducción) porque
el orden social, la estructura, juega en su favor. Por el contrario, para los
dominados las estrategias individuales, protesta, derroche, lentitud, etc., y
todas las formas de la lucha de clases cotidiana son poco eficaces. Sólo
pueden existir estrategias eficaces si son colectivas y si, por consiguiente,
suponen estrategias de construcción de la opinión colectiva y de su expre
sión. Sólo se puede salir de la adición mecánica de preferencias que opera
el voto, tratando las opiniones como signos que pueden ser cambiados por el
intercambio, por la discusión, por la confrontación, siendo el problema ya
no el de la elección, como en la tradición liberal, sino el de la elección del
modo de construcción colectiva de opciones, del modo de fabricación de la
“voluntad general” por medio de la deliberación libre, por el acto comuni
cativo, como dice Habermas, que cambia los contenidos comunicados y a
la gente que se comunica, por el trabajo colectivo de búsqueda de la opinión
común.
París, noviembre de 1973
Breve nota sobre la antinomia
de la protesta colectiva6
La elección de la deserción o de la protesta, exit o volee, parece una
alternativa tajante sólo mientras permanecemos en la lógica de la acción
individual'. Las instituciones especialmente habilitadas para expresar rei
vindicaciones, aspiraciones y protestas, proveen una tercera vía: el porta
voz es una voz autorizada, con la fuerza de la autoridad de un grupo. A la
organización, sea ésta la empresa que vende un lemán (producto malo) o
que despide trabajadores o cualquier otro poder instituido, el portavoz
opone una organización, partido, sindicato o asociación, encargada, al me
nos oficialmente, de la defensa colectiva de los intereses individuales de
sus miembros. Gracias a la tecnología social, de la delegación que dota al
mandatario de la plena potentia agendi, el grupo representado se encuentra
constituido como tal: capaz de actuar y de hablar “como un solo hombre”,
puede movilizar toda la fuerza material y sobre todo simbólica de que dis
pone en estado potencial. La protesta impotente o la deserción insignifi
cante del individuo aislado, formas diversas de la acción serial, la del voto o
del mercado, que se vuelve eficaz sólo por efecto de mecanismos ciegos y a
veces perversos de Ja agregación estadística, cede el lugar a una protesta a* 7
ó “An Antinomy in the Notion of Collective Pro test”, en Development, Democracy, and the
Alt of Trespassing: Essays in Honor of Albert O. Hirschman, A. Foxley, M.S. McPherson,
G. O’Donnell cds., Notre Dame (Indiana), University of Notre Dame Press, 1986,
Paperback edítion, 1988, pp. 301-302.
7 Albert O. Hirschman, Exit, Voice and Loyalty, Responsos to Decline in Firms, Organizations
and States, Cambridge, Mass., Harvard University Press, 1970 (2nd Print, 1972).
50 EL CAMPO POLÍTICO
la vez unitaria y colectiva, coherente y poderosa. Esto por lo menos según
las representaciones no menos míticas que la tradición progresista no ha
dejado de oponer al mito de la “mano invisible”, y que son igualmente
variantes de la figura rousseauniana del “Legislador” capaz de encamar y
expresar una “voluntad general” irreductible a la “voluntad de todos” ob
tenida por simple adición de las voluntades individuales.
El cuestionamiento más radical del mito fundador de las autoridades
delegadas viene de situaciones en las que se revela la antinomia de la dele
gación: sólo puedo acceder a la palabra poderosa, a la volee como palabra
legítima, conocida y reconocida, autorizada y dotada de autoridad, expo
niéndome a encontrarme desposeído de la palabra, privado de una expre
sión que me expresa como mía, incluso hasta negado, anulado en la singu
laridad de mi experiencia y de mis intereses específicos por la palabra común,
la opinión commtmis tal cual la producen y la profieren mis mandatarios
titulares. Son todos los casos en que los miembros del corporate bodies, y en
particular de los que están especialmente preparados para producir y ex
presar la protesta y la impugnación, como los partidos o los sindicatos, se
encuentran ante la alternativa de la deserción o de la protesta, exit o voice,
debido a un desacuerdo entre lo que tienen que decir (y que pueden descu
brir en este mismo desacuerdo) y lo que dice la palabra autorizada de los
portavoces; y sin poder escapar a una u otra forma de impotencia serial -la
de la salida o de la protesta individual, incluso la petición destinada a obte
ner de los mandantes un cambio de discurso y de política- más que institu
yendo una nueva organización, expuesta también, como detentora del
monopolio de la protesta legítima, a suscitar nuevas protestas y nuevas de
serciones heréticas. Tal es la antinomia de la Iglesia reformada que, nacida
de la protesta colectiva contra la Iglesia, constituye la protesta en principio
de una nueva iglesia, que llama, como tal, a la protesta.
¿Se trata acaso de una antinomia insuperable, ligada a la necesidad de
concentrar el capital simbólico en una sola persona -o en un pequeño nú
mero de personas- para conferirle el máximo de fuerza, o bien de un efec
to inevitable de la distribución desigual de los instrumentos de producción
de la palabra, incluso y sobre todo crítica? En todo caso, no podríamos
negar que si la palabra del portavoz debe lo esencial de su legitimidad y de
su fuerza al reconocimiento que le otorga el grupo expresado, aunque sólo
fuera el plebiscito forzado del silencio, le debe también una parte de este
reconocimiento al hecho de que aparece como la mejor -o la menos mala-
de las transmutaciones de lo implícito experimentado en explícito mani-
BREVE NOTA SOBRE LA ANTINOMIA DE LA PROTESTA COLECTIVA 51
festado, publicado, del simple grito de la sublevación o de la indignación
en voz capaz de hacerse reconocer como tal, es decir, como portadora de
una parte de universal y, por esta vía, de humanidad.
París, julio de 1984
Movilización política
y revoluciones simbólicas8
Al término de una conferencia que di en 1983 ante la Asociación de
Estudiantes Protestantes de París, en la que analicé la lógica de la delega
ción política y el peligro de monopolización que implica, concluí de esta
forma: “La última revolución política, la revolución contra la clericatura
política y contra la usurpación que está inscrita en estado potencial en la
delegación, queda por hacerse”9. Pienso que en 1989 se produjo una revo
lución semejante en los países del Este, especialmente en Polonia, con Soli
daridad, pero también en Alemania, conNeue Forum, o en Checoslovaquia
con la Carta 77. Estas revoluciones, a menudo encabezadas por escritores,
artistas y científicos, tomaron como blanco la forma de la monopolización
política por excelencia, la que hicieron realidad los hombres de aparato leni
nistas y estalinistas, armándose de conceptos provenientes de la teoría mar-
xista. En esto, esas revoluciones plantean problemas totalmente generales,
que quisiera tratar de formular explícitamente.
Pienso en efecto que, contrariamente a lo que se sugiere cuando se opone
el “totalitarismo” y la “democracia”, el régimen soviético está separado,
desde el punto de vista que aquí nos concierne, sólo por una diferencia de
grado del régimen de los partidos que se exalta con el nombre de democra
cia y que constituye en realidad su límite extremo. El sovietismo encontró
8 “Prólogo”, en N. Chmatko, G. Tcherednitchenko (te y eds.), Sociologie de la potitigue,
Moscú, Socio-Logos, 1993.
9 Cf P. Bourdieu, Chases dites, Paris, Editions de Minuit, 1987.
MOVILIZACIÓN POLÍTICA Y REVOLUCIONES SIMBOLICAS 53
en el marxismo los instrumentos conceptuales indispensables para asegu
rarse el monopolio de la manipulación legítima del discurso y de la acción
políticos (si se permite esta transposición de la célebre fórmula de Weber a
propósito de la Iglesia). Pienso en inventos tales como “socialismo cientí
fico”, “centralismo democrático”, “dictadura del proletariado” o, last but
not lean, “intelectual orgánico”, expresión suprema de la hipocresía sacer
dotal. 'Iodos estos conceptos y el programa de acción que definen tienden
a garantizar al mandatario que monopoliza el poder una doble legitima
ción científica y democrática.
El cientismo populista del que se vale, garantiza al Partido dos formas
de legitimación convergentes; la doctrina marxista como ciencia absoluta
del mundo social da a los que son sus guardianes y garantes estatutarios el
poder de situarse en un punto de vista absoluto, que es al mismo tiempo el
punto de vista de la ciencia y el punto de vista del proletariado. Más que de
totalitarismo, palabra que no quiere decir gran cosa, se debería hablar de
absolutismo. En efecto, con nociones como las que enumeré, el Partido se
dota de un poder simbólico absoluto, epis temo era tico y democrático a la
vez: efectivamente, la reivindicación de la cientificidad y la reivindicación
de la representatividad se refuerzan mutuamente para fundar un poder que
se ejerce sobre el pueblo real en nombre del “proletariado metafísico” (como
dice Kolakowski). Gracias a la relación de equivalencia perfecta entre el
representante y los supuestos representados (sobre la que Robespierre hizo
la afirmación más ingenuamente perentoria: “Yo soy el pueblo”), el Parti
do monopolista puede simple y llanamente sustituir al pueblo que habla y
actúa a través de él. La delegación al Partido es, como en el caso de Tomás
de Yquino, una alienación-, el pueblo aliena su autoridad originalmente so
berana en provecho del Partido plenipotenciario (i.e. dotado de \a plena potentia
agendi et loqueadi) que sabe y que hace mejor que el pueblo lo que es bueno
para el pueblo. Y el régimen soviético, por una especie de falsificación socio
lógica, puede absorber a la “sociedad civil” dentro del Estado, a los domi
nados dentro de los dominantes, realizando bajo la forma de una verdade
ra dictadura disfrazada de dictadura del proletariado, el sueño déla burguesía
sin proletariado que Marx atribuía a la burguesía de su tiempo.
Lo que hizo la singularidad del sovietismo es que pudo reunir dos prin
cipios de legitimación que los regímenes democráticos también utilizan,
pero en estado separado, la cientificidad y la representatividad democráti
ca, apoyándose especialmente en este otro invento metafísico que es la idea
del proletariado como clase universal. Llevó hasta el límite extremo la
>4 EL CAMPO POLÍTICO
monopolización de lo político, por consiguiente el desposeimiento de los
representantes en beneficio de los representados, y dio libre curso a las
tendencias que están inscritas en el acto mismo de la delegación y en la lógi
ca del funcionamiento de los partidos, incluso de los más “democráticos”,
o de las burocracias con pretensión científica.
Este análisis nos introduce a lo que es la especificidad de las recientes
rebeliones de Europa del Este, menos próximas de la Revolución France
sa, con la que se las comparó mucho debido a la coincidencia aniversaria,
que de la Reforma y de la crítica luterana del papel sacramental del sacer
docio o de la voluntad de reducir a la Iglesia a una simple amgregatiofidelium.
En realidad, estas revoluciones se inspiran en una profunda desconfianza
hacia estos inventos organizativos heredados de la Revolución Francesa y
de las luchas sociales del siglo diecinueve, que son los partidos y los sindica
tos, Nacidas de una experiencia, particularmente larga y dolorosa en el
caso de Europa del Este, de los efectos más extremos del funcionamiento
de los partidos, de “la ley de hierro de las oligarquías”, como decía Michels,
de la propensión de los mandatarios a anteponer los intereses asociados a
su posición y a la reproducción de su posición frente a los intereses de sus
supuestos mandantes, estas resistencias prácticas a la delegación incondi
cional, la fides implícita que hace la felicidad de todos los clérigos, y en
especial de los que pretenden representar a los más desamparados, encuen
tran sus condiciones sociales de posibilidad en la elevación generalizada de
la instrucción.
Dicho esto, cuando no conducen a una forma, a menudo políticamente
peligrosa, de apoliticismo, los movimientos nacidos de la rebelión contra
el monopolio de los políticos son siempre inestables y frágiles, como lo
muestra el reciente ejemplo de la Alemania del Este, donde pasamos, en
muy poco tiempo, de un movimiento altamente refinado de contestación
intelectual del monopolio político, a las formas más brutales de la política
de partidos a la americana. Esto, en parte, porque los movimientos alter
nativos, tanto en el Oeste como en el Este, no disponen de la teoría que les
permitiría comprenderse y organizarse conforme a su profunda vocación.
No puedo sino hacer votos para la instauración de una nueva colabora
ción entre los intelectuales críticos -no sólo con el orden social, sino con
sigo mismos y con todos los que pretenden transformar el orden social- y
los movimientos que tanto en el Este como en el Oeste pretenden cambiar
el mundo social y las formas de pensar y de cambiar el mundo social. (Po
dríamos pensar en una gran convención europea que reúna, bajo el mode
MOVILIZACIÓN POLÍTICA Y REVOLUCIONES SIMBÓLICAS 55
lo de Solidaridad, a intelectuales y movimientos alternativos como los Ver
des y los ecologistas o las feministas, Asociaciones o agrupaciones surgidas
de la lucha contra el sovietismo, Nuevo Foro, Carta 77, etc., que tenga por
objetivo fundar una “coordinación europea” de estos movimientos y de los
grupos de trabajo y análisis destinados a definir los nuevos propósitos de la
política y los objetivos y métodos de una nueva forma de acción política).
En todo caso, es a condición de reformular las cuestiones más funda
mentales de la filosofía política, como el asunto de la delegación, y de res
taurar en toda su dignidad la función utópica que desempeñaron, bien o
mal, las grandes filosofías políticas del pasado, que podremos escapar a la
desencantada aceptación del orden establecido hacia la cual inclina el de
rrumbamiento de las grandes utopías políticas del pasado, sin sucumbir
nuevamente ante las místicas y mistificaciones políticas que los mandata
rios políticos no dejarán de proponer para justificar su existencia.
Llegó el tiempo de abandonar la vieja alternativa del utopismo y del
sociologismo para proponer utopías sociológicamente fundadas. Para esto,
sería necesario que los especialistas de las ciencias sociales llegaran a elimi
nar colectivamente las censuras que creen que están en el deber de impo
nerse en nombre de una idea mutilada de la cientificidad. No dispongo de
tiempo para recordar ahora las razones que hacen que los especialistas en
ciencias sociales hayan renunciado a la función que cumplieron, durante
siglos, los teóricos políticos, de Brunetto Latini a Rousseau, pasando por
Budé, Bodm o Maquiavclo. Pero sabemos que el desarrollo de una socio
logía científica está ligado, tanto en Europa como en Estados Unidos, al
surgimiento durante el siglo XIX, de problemas llamados “sociales” y de
políticas “sociales” o “socialistas”. Lazo tan evidente que durante largo tiem
po hemos asociado -como sin duda sucede todavía hoy en ciertos medios-
sociología y socialismo. Es cierto que las ciencias sociales debían conquistar
su autonomía con relación a la política y a los políticos, y para esto afirmar
su capacidad de imponer sus propias normas de validación y sobre todo
definir ellas mismas los problemas que tenían que tratar -problemas pro
piamente sociológicos- por oposición a “sociales” o “políticos”. Este fue, en
el caso de Francia, el trabajo de Durkheim, con las famosas Regles de la
méthode sociologique o, más directamente, toda la reflexión sobre las relacio
nes entre sociología y socialismo. En otro contexto, Max Weber elaboraba
el concepto de “neutralidad ética” o “axiológica” que se volvió el centro
indiscutido de la ideología profesional de los sociólogos. En realidad po
demos decir, simplificando un poco, que las ciencias sociales pagaron su
56 EL CAMPO POLÍTICO
acceso (por lo demás siempre discutido) al estatus de ciencias con una for
midable renunciación: por una autocensura que constituye una verdadera
automutilación, los sociólogos -y yo antes que nadie, que denuncié fre
cuentemente la tentación del profetismo y de la filosofía social- se impo
nen el rechazo, como faltas a la moral científica que desacreditan a su autor,
de todas las tentativas por proponer una representación ideal y global del
mundo social. Y todo sucede como si las censuras, cada vez más apremiantes
de un mundo científico cada vez más cuidadoso con su autonomía (real o
aparente), se impusieran cada vez más rigurosamente a los investigadores
que, para merecer el título de científico, deben aniquilar en sí mismos lo
político y abandonar al mismo tiempo la función utópica en favor de los
menos escrupulosos y los menos competentes de entre ellos, o en favor de
los hombres políticos y periodistas. Creo que nada justifica esta abdicación
dentista que destruye la convicción política, y que llegó el momento en que
los científicos están en la obligación de intervenir en la política, con toda su
competencia, para imponer utopías fundadas en la verdad y en la razón.
Que se me entienda bien, no se trata de restaurar la ambición epistemo-
crática que estuvo durante largo tiempo asociada al marxismo y que, con la
noción de socialismo científico, fue uno de los fundamentos de los regíme
nes comunistas. Pero tampoco se trata de dar la razón a quienes, tanto en
el Este como en el Oeste, se afanan por desechar lo científico y lo raciona
lista junto con el marxismo. Se trata de afirmar la función que siempre fue
la del intelectual: la que consiste en intervenir en el universo político -a la
manera do Zola- con la autoridad y la competencia asociadas a la perte
nencia al universo autónomo del arte, de la filosofía o de la ciencia. No hay
antinomia, como se cree, entre la autonomía y el compromiso, entre la
separación y la colaboración, que puede ser conflictiva y crítica. Contra
todo lo que sugiere el fantasma del “intelectual orgánico”, ideología profe
sional de los productores culturales de aparato, el intelectual auténtico es
aquel que está en condiciones de instaurar una colaboración dentro de la sepa
ración-. a diferencia de los que deben todo a los aparatos, incluida a veces
una pretendida autoridad intelectual (al estilo de Stalin interviniendo en
materia de lingüística), no le debe a nadie más que a sí mismo y a sus obras
(y no como ciertos ensayistas, a sus manifestaciones políticas o a sus exhi
biciones periodísticas) una autoridad propiamente intelectual y una com
petencia de la que se vale para intervenir, a título de autor, por cuenta y
riesgo propios, en la política (así como Chomsky o Sakharov en época re
ciente y de muchos otros antes de ellos).
MOVILIZACIÓN POLÍTICA Y REVOLUCIONES SIMBÓLICAS 57
Para aclarar un último malentendido, debo decir algo que saben bien
los que conocen mis trabajos sobre el mundo intelectual: es obvio que el
intelectual tiene motivaciones e intereses, al igual que los otros agentes
sociales, y que es importante que se ejerza sobre él -en caso de no ser capaz
de ejercerla él mismo— la vigilancia crítica que el conocimiento de los me
canismos específicos del mundo intelectual desarrolla. La República de las
Letras, como la República a secas, es un universo de luchas donde se en
frentan intereses, donde se ejercen efectos de dominación, y las más “pu
ras” acciones pueden inspirarse en motivaciones o determinaciones que lo
son en menor medida. Es cierto, por ejemplo, que aquellos a los que Max
Wcber clasificaba dentro de la “intelligentsia proletaroide”, es decir, los
intelectuales menores, Los semi-científicos, encontraron a menudo en la
intervención política, a lo largo de la historia, la ocasión de una revancha
contra los que dominan el mundo intelectual (pienso aquí en los trabajos
de Robert Darnton sobre el papel de la intelligentsia bohemia en la Revolu
ción Francesa o en los trabajos, muy numerosos, que analizaron el rol de
los intelectuales menores, verdadera “clase peligrosa”, en movimientos tan
diversos como el nazismo, el stalinismo -en particular con el jdanovismo'-
o la revolución china). Vemos así que entre las condiciones de la instaura
ción de una verdadera Realpolitik de la Razón, una de las más determinan
tes es la crítica sociológica de la institución intelectual, de los intereses
ocultos que los agentes políticos, en calidad de mandatarios separados de
sus mandantes, pueden comprometer dentro de su acción sin olvidar los
intereses de otro tipo, que los intelectuales llamados libres, free lance, pue
den igualmente comprometer, como lo vemos hoy en día en Rusia, en su
crítica de los hombres de aparato. Sólo quiero tomar un ejemplo, prestado
de la historia, de estos intereses ocultos -a sus propios portadores- que
pueden adornar toda una acción política con una apariencia altamente ge
nerosa. Sabemos que, desde el Renacimiento, una gran cantidad de auto
res exaltaron la vera nobilitas que confiere la virtud o, más ampliamente, la
sabiduría y la ciencia. Pero esta denuncia subversiva de La nobleza heredi
taria encontraba muy frecuentemente su límite en el hecho de que estos
mismos autores (pienso por ejemplo en Lawrence Humphrey en The No-
Andrei Alexandrovic Jdanov, teórico y político ruso (1896-1948), bolchevique, miem
bro del comité central ruso, uno de los principales defensores de la ortodoxia estalinista
(N. de T.).
58 EL CAMPO POLÍTICO
bles or ofNobility) observaban que, como por casualidad, las virtudes nuevas
brillaban más fuertemente en los nobles que en los hombres comunes. Su
cede lo mismo hoy en día, cuando los detentores de capital cultural omiten
sacar las conclusiones del hecho de que las virtudes de “inteligencia” que
ellos ponderan, se encuentran más a menudo en los herederos de las fami
lias cultas. Este “racismo de la inteligencia” puede serla raíz de numerosas
posiciones de apariencia generosa en materia cultural y política. Especial
mente de la propensión a exigir o a enaltecer las virtudes universales olvi
dándose de trabajar en unlversalizar las condiciones económicas y sociales
del acceso a lo universal. En una palabra, que será la última, diré solamente
que nadie debe estar al abrigo de la crítica sociológica, incluso y sobre todo
no los intelectuales críticos.
Roma, marzo de 1990
Espacio social y campo político
La reflexión sobre las clases sociales se encierra muy frecuentemente en
el tema de la existencia o no existencia de las clases, y las teorías de percep
ción del mundo social que subtienden a las representaciones relativas a las
clases sociales se organizan según oposiciones análogas a las que encontra
mos a propósito de la percepción del mundo natural. La oposición entre
teoría empírica, según la cual la percepción extrae sus estructuras de la
realidad, y teoría constructivista, para la que no hay objetos percibidos más
que por un acto de construcción, es la misma, trátese del mundo natural o
del mundo social, de las ciencias de la naturaleza o de las ciencias sociales.
La teoría constructivista objeta a la teoría realista, que basa la existencia de
las clases sociales en su medida empírica por medio de indicios objetivos,
la imposibilidad de encontrar discontinuidad en la realidad: los ingresos, al
igual que la mayoría de las propiedades sociales que podemos vincular a
individuos, se distribuyen de manera continua, y el recorte en categorías
discontinuas operado sobre este continuum es enteramente producido por
la estadística.
Este bloqueo de la reflexión alrededor de este interrogante en términos
substancialistas, nos devuelve a la historia y al estado presente del campo
de las ciencias sociales, que está atravesado por divisiones institucionales e
intelectuales entre los teóricos puros y los empíricos, pero también a la
naturaleza misma de ios objetos (enjeux) que se disimulan bajo el tema de
las clases sociales: lo que se juega en los debates alrededor de la noción de
clase social es, en efecto, de orden político, ya que la heteronomía del cam
po de las ciencias sociales tiene por consecuencia que la investigación en
60 EL CAMPO POLÍTICO
ciencias sociales se quede encerrada en una retraducción pseudo-científica
de problemas y divisiones políticos. Son en realidad los defensores de posi
ciones políticas de derecha y de izquierda quienes se enfrentan en este te
rreno; los primeros, defendiendo una teoría de la estratificación social que
tiende a evacuar la noción de lucha social ligada a la afirmación de la exis
tencia de las clases sociales, y los segundos, exponiendo una teoría de las
clases sociales que, utilizando a menudo antiguos conceptos petrificados
para describir las luchas sociales, están totalmente desarmados para com
prender en su originalidad histórica las nuevas formas de conflictos socia
les observables en la realidad presente.
Para escapar a esta problemática política, debemos primero plantear la
existencia de un espacio social, comparable al espacio físico, que el soció
logo reconstruye como un mapa geográfico. Construido sobre Ja base de
principios de diferenciación o de distribución constituidos por un conjun
to de propiedades que actúan dentro del universo social considerado, este
espacio está orientado con un polo positivo y un polo negativo en el que
los individuos no están situados en cualquier lugar, de una forma cualquie
ra, sino que ocupan un lugar determinado por su posición en la distribu
ción de recursos sociales. Los individuos pertenecientes a regiones dife
rentes de este espacio están separados por distancias más o menos grandes,
pero también pueden efectuar, no de una forma cualquiera, traslados al
interior de este espacio, los mismos que exigen esfuerzos y, de manera ge
neral, tiempo.
Basándonos en el conocimiento del espacio de las posiciones, podemos
separar clases lógicas o teóricas, compuestas por el conjunto de los agentes
que ocupan posiciones similares y que, situados en condiciones similares y
sometidos a condicionamientos similares, tienen todas las oportunidades
de tener posiciones e intereses similares, por consiguiente de producir prác
ticas, comportamientos y también opiniones similares. Estas clases no son
clases reales, es decir, grupos constituidos por individuos unidos a través
de la conciencia de su identidad común y de su pertenencia a la misma
unidad social; se trata más bien de clases probables cuyos elementos cons
titutivos son movilizables (y no necesariamente movilizados de manera prác
tica) sobre la base de sus similitudes, es decir, de su pertenencia a una mis
ma clase de posiciones, a una misma región del espacio social. El espacio
social constituye entonces una estructura de probabilidades de acercamiento
o de alejamiento, de proximidad o de distancia sociales entre los individuos
(que se actualizan, por ejemplo, de modo particularmente manifiesto en
ESPACIO SOCIAL Y CAMPO POLLI ICO 61
las regularidades de los comportamientos matrimoniales), y el paso de la
probabilidad a la realidad no es cosa fácil, contrariamente a lo que supone
la teoría marxista cuyo error radica, precisamente, en que lleva a cabo de
forma automática este paso de lo probable a lo real. En otros términos, la
teoría marxista, al identificar a la clase construida con la clase real, identifica,
como el mismo Marx le reprochaba a Hegel, las cosas de la lógica con la
lógica de las cosas o, para hablar más simplemente, comete el error de
creer que las cosas que existen en el lenguaje existen en la realidad. En esta
perspectiva, el “salto ontológico” es concebido o bien dentro de una lógica
mecánica y totalmente determinista, como si debiera inevitablemente pro
ducirse con el tiempo, o bien dentro de una lógica plenamente voluntarista
y espontaneísta, como el efecto de la “toma de conciencia”, identificada
con una “toma de conocimiento” de la teoría, operada bajo la dirección
iluminada del partido. En ambos casos, la teoría marxista omite interro
garse sobre los procesos sociales, sobre la misteriosa alquimia por la cual
un “grupo en lucha”, una clase actuante, surge de las condiciones econó
micas objetivas, omitiendo elaborar la teoría del efecto mismo que produ
ce la teoría a nivel de la realidad social por su intervención, en cuanto teo
ría, en el universo de las representaciones simbólicas y sociales o incluso
en el espacio político.
En electo, toda teoría del universo social, por muy decididamente obje
tiva que sea, debe integrar a su sistema explicativo la representación que
los agentes se hacen del mundo social y, más precisamente, la contribución
que aportan a la construcción de la visión de este mundo, y de este modo a
la construcción misma de este mundo. Dicho de otra forma, debe tomar
en cuenta el trabajo simbólico de fabricación de los grupos, trabajo de re
presentación (en todos los sentidos del término) que los agentes sociales
no dejan de realizar para imponer su visión del mundo o la visión de su
propia posición en este mundo, de su identidad social. El espacio social, en
efecto, no es solamente un objeto de percepción en el que los individuos o
las instituciones son caracterizados de forma fija por la combinación de un
cierto número de propiedades y por la ocupación de una posición determi
nada dentro de un sistema de clasificación; es también un objeto de luchas
entre los agentes para imponer su construcción y su representación del
mundo social, sus categorías de percepción y de clasificación, y por esta vía
actuar sobre el mundo social. La visión dominante del mundo social o in
cluso Ja producción de taxonomías legisladoras, es el objeto de una lucha
entre agentes que, según su posición en la distribución de los diferentes
62 EL CAMPO POLÍTICO
recursos sociales (los tipos de capital, económico, cultural, social) y en el
espacio de las clasificaciones que ahí se encuentran potencialmente inscri
tas, están armados muy desigualmente para imponer su visión del mundo
y, en particular, para actuar a nivel de las denominaciones y de las institu
ciones, que, al igual que los esquemas de percepción y de apreciación de
positados en el lenguaje, o los títulos (de nobleza, escolares) son a su vez el
producto de las luchas simbólicas y de las luchas de clasificación anteriores
y expresan, de una forma más o menos transformada, el estado de las rela
ciones de fuerza simbólicas.
Pero la lucha simbólica que libran de manera permanente los grupos de
agentes sociales pasa, y esto de forma cada vez más marcada y cada vez más
visible, por la mediación de un cuerpo de profesionales de la representa
ción (en todos los sentidos del término), productores culturales e ideológi
cos, hombres políticos, representantes sindicales, que, actuando como por
tavoces de los grupos a cuyo servicio ponen su competencia específica, su
poder simbólico, se enfrentan entre profesionales en el campo de produc
ción simbólica. Estos profesionales ocupan dentro de este campo una posi
ción homologa a la que ocupan en el espacio social los grupos que dan
forma a sus posiciones y cuyos intereses expresan. La homología de posi
ción entre mandatarios y mandantes hace que los primeros lleguen a servir
los intereses de los segundos, pero sirviendo además sus propios intereses,
ligados a los desafíos específicos del campo de producción simbólica. El
trabajo propiamente político que cumplen estos profesionales, empeñados
en hacer ver y hacer creer, en producir c imponer la clasificación legítima
o legal (oficial), ambición indisociablemente gnoseológica y política, tiene
su propia lógica, la misma que está ligada a la autonomía del campo pro
piamente político con sus diferentes categorías de productores, sus divisio
nes y objetos de lucha específicos.
Zünch, octubre de 1985
La representación política10
El silencio sobre las condiciones que sitúan a los ciudadanos, y tanto
más brutalmente cuanto más desamparados económica y culturalmentc
están, ante la alternativa de la dimisión por la abstención o del desposeimien
to por la delegación, es a la “ciencia política” lo que el silencio sobre las
condiciones económicas y culturales de la conducta económica “racional”
es a la ciencia económica. Bajo pena de naturalizar los mecanismos sociales
que producen y reproducen la brecha entre los “agentes políticamente acti
vos” y los “agentes políticamente pasivos”11 y de constituir en leyes eternas
unas regularidades históricas válidas dentro de los límites de un estado deter
minado de la estructura de distribución del capital, y en particular del ca
pital cultural, todo análisis de la lucha política debe tener como fundamen
to los determinantes económicos y sociales de la división del trabajo político.
Las teorías neo-maquiavel lanas no toman en cuenta la división entre los
detentores de los instrumentos de producción cultural y, más precisamente,
los detentores del monopolio de facto de los instrumentos de producción polí
tica (líderes de partidos políticos, de sindicatos, directores de periódicos y pe
riodistas importantes, etc.) y los simples profanos, más que para inscribirla
dentro de la naturaleza humana, como una especie de fatalidad inherente a la
naturaleza de las “masas” y de las “multitudes”, condenadas a la “apatía” (¡cuán
tos libros de politólogos dedicados a este “problema”!).
10 Esta es una versión modificada de un artículo publicado en Actes de In Recberche en Sciences
Sociales, 36-37, febrero-marzo de 1981, pp. 3-24.
11 M. Weber, Whischaft und Gesedsch/Ji, H, Berlín, Colonia, Kiepcnhcucr und Witsch, 1956, p. 1067.
64 ELCAMPO POLÍTICO
Es así que Michels habla de “incompetencia incurable”12 o de “incom
petencia innata de las masas”13 y describe la relación de los profanos con
los profesionales en el lenguaje de la necesidad (“la necesidad de jefe en las
masas” -p. 49-, “la necesidad de veneración en las masas” -p. 59-, etc.) o
de la naturaleza (a la apatía de las multitudes y a su necesidad de ser guiadas
corresponde, en los jefes, una sed ilimitada de poder). Y es así que el desa
rrollo de la oligarquía se encuentra favorecido, “acelerado por las propieda
des generales de la naturaleza humana” (p. 151). El volver a traer a la esce
na las condiciones sociales, es decir históricas, que hacen posibles los
fenómenos de concentración y hasta de monopolización del poder políti
co, en particular en el seno de los aparatos consagrados a la defensa de los
intereses de los dominados, introduce, pues, una ruptura sin equívoco con
las teorías que, como las de Mosca o de Michels, pueden aportar elemen
tos para una descripción del Funcionamiento de los aparatos políticos. Pa
sando por alto las condiciones históricas de posibilidad de los fenómenos
de monopolización política y en particular la libertad dejada a los respon
sables políticos o sindicalistas en vista de la incompetencia, socialmente insti
tuida de las diferentes categorías de mandatos, y situando en pulsiones uni
versales y eternas el principio de las tendencias inherentes a las grandes
burocracias políticas -y religiosas- que como veremos son en cada caso el
producto de un estado del campo, y por ello susceptibles de ser transfor
madas a costa de una transformación del campo -que puede por ejemplo
resultar de una transformación de las relaciones con los “mandantes”-
ambos autores naturalizan leyes de funcionamiento, cuya eficacia puede
ser más o menos completamente anulada a costa de una transformación de
las condiciones de su ejercicio.
Debido a que los instrumentos de producción de una representación
propiamente política, es decir, explícita y explícitamente diferencial, del
mundo social están desigualmente distribuidos, la vida política toma la forma
de un intercambio entre productores profesionales y simples profanos y
puede ser descrita dentro de la lógica de la oferta y la demanda. El campo
(de producción) político es el lugar donde se fabrican, en medio de la com
petencia entre los agentes en él comprometidos, productos políticos, pro
blemas, programas, análisis, comentarios, conceptos, acontecimientos, en
12 R. Michel s, Les par tis politiqu.es, P a ri s, Flammarion, 1971, p. 2 99.
13 op. cit., p. 302.
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA 65
tre los que los ciudadanos ordinarios reducidos al estatus de “consumido
res” deben escoger, arriesgándose a malentendidos tanto más importantes
cuanto más alejados están del lugar de producción.
El monopolio de los profesionales
Sin retomar aquí el análisis de las condiciones sociales de constitución
de la competencia social y técnica que requiere la participación activa en la
, se debe recordar al menos que los efectos de los obstáculos
“política”1415
morfológicos que el tamaño de las unidades políticas y el número de ciu
dadanos oponen ante toda forma de gobierno directo, se ven en cierta for
ma duplicados por los efectos del desposeimiento económico y cultural: la
concentración del capital político en manos de un pequeño número es
menos contrarrestada, por consiguiente más probable, en la medida en que
los miembros comunes o adherentcs están más completamente desposeí
dos de los instrumentos materiales y culturales necesarios para la partici
pación activa en la política, es decir, especialmente de tiempo libre y de capi
tal cultural'3.
Debido a que los productos ofrecidos por el campo político son instru
mentos de percepción y de expresión del mundo social o, si se quiere, prin
cipios de visión y de división, la distribución de las opiniones dentro de
una población determinada depende del estado de los instrumentos de per
cepción y de expresión disponibles y del acceso que los diferentes agentes
tienen a estos instrumentos. Esto quiere decir que el campo político ejerce
en realidad un efecto de censura limitando el universo del discurso político
y, por este medio, el universo de lo que es políticamente pcnsable, al espacio
finito de los discursos susceptibles de ser producidos o reproducidos den
tro de los límites de la problemática política como espacio de toma de posi
ciones efectivamente adoptadas dentro del campo, es decir, sociológica-
14 Cf. en particular, La Distmcrion., París, Editions de Minuit, 1979, pp. 466-542.
15 Lo que implica que la división del trabajo político varía en función del volumen global
del capital económico y cultural acumulado en una formación social determinada (su
“nivel de desarrollo") y también de la estructura, más o menos disimétrica, de la distri
bución de este capital, particularmente cultural. Es así que la generalización del acceso
a la enseñanza secundaria dio origen a un conjunto de transformaciones de la relación
enrre los partidos y sus militantes o sus electores.
66 EL CAMPO POLÍTICO
mente posibles dadas las leyes que rigen la entrada al campo. La frontera en
tre lo que es políticamente decible o indecible, pensable o impensable, se de
termina, para una categoría de profanos, en la relación entre los intereses ex
presivos de esta categoría y la capacidad de expresión de estos intereses que le
garantiza su posición en Las relaciones de producción cultural y, por tanto,
política. “Una intención -observa Wittgenstein- se encama en una situación,
en costumbres e instituciones humanas”. Si la técnica del ajedrez no existiera,
yo no podría tener la intención de jugar ajedrez. “Si puedo proponerme la cons
trucción de una frase, es que puedo hablar la lengua considerada”'6. La inten
ción política se constituye sólo en la relación con un determinado estado del
juego político y, más precisamente, del universo de las técnicas de acción y de
expresión que ese juego ofrece en un momento dado del tiempo.
En este caso como en otros, el paso de lo implícito a lo explícito, de la
impresión subjetiva a la expresión objetiva, a la manifestación pública en
un discurso o en un acto público, constituye por sí un acto de institución y
representa por este hecho una forma de oficialización, de legitimación: no
es por casualidad que, como lo observa Benveniste, todas las palabras que
tienen una relación, con el derecho tienen una raíz que significa decir. Y la
institución entendida como lo que ya está instituido, ya explicitado, ejerce
a la vez un efecto de asistencia y licitación y un efecto de cierre y censura.
Dado que, por lo menos fuera de los períodos de crisis, la producción de
las formas de percepción y de expresión políticamente actuantes y legíti
mas es monopolio de los profesionales, y que por eso se encuentra someti
da a las obligaciones y a las limitaciones inherentes al funcionamiento del
campo político, vemos que los efectos de la lógica censataria que rige en
realidad el acceso a la elección entre los productos políticos ofrecidos, son
duplicados por los efectos de la lógica oligopólica que rige la oferta de los productos.
Monopolio de la producción dejado a un cuerpo de profesionales, es decir,
a un pequeño número de unidades de producción, a su vez controladas por
profesionales; presiones que pesan sobre las opciones de los consumido
res, tanto más completamente condenados a la fidelidad indiscutida hacia
las marcas conocidas y a la delegación incondicional a sus representantes,
cuanto más desprovistos están de competencia social para la política y de ins
trumentos propios de producción de discursos o de actos políticos.16
16 L. Wittgenstein, Philosophical Investigations, New York, Macmillan, 1953, párrafo 337,
p. 108.
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA 67
La relación entre los profanos y los profesionales toma formas muy di
ferentes para los dominantes y para los dominados: siendo capaces, la ma
yor parte del tiempo, de producir por sí solos sus actos y sus opiniones
políticas, nunca es sin reticencia m ambivalencia que los primeros, que
pueden contentarse con grupos de presión, asociaciones o partidos-asocia
ciones17, se resignan al desposeimiento que implica la delegación. Esto se
ve claramente en el hecho de que los ámbitos preferidos por los intelectuales,
como en Francia el PSU’ o, de manera más general, los grupúsculos izquier
distas, están condenados a la división en sectas irreductibles. Por su lado,
los miembros de las fracciones dominantes de la clase dominante, y espe
cialmente los dirigentes de las grandes empresas industriales y comercia
les, tienen a menudo una imagen negativa, o por lo menos ambivalente,
del universo político: por un lado, porque es el escenario de un cuestiona-
miento del orden existente que, como tal, tiene algo de inconveniente; por
otro lado, porque el hombre político está sometido a las sanciones del voto
y del juicio colectivo y porque hay una dimensión de “servicio” en su fun
ción. De esto resulta que los elegidos de los partidos conservadores son,
frecuentemente, gente para la que la política es o una carrera secundaria
(para los que acumularon previamente capital en alguna otra carrera, espe
cialmente la de funcionario), o una carrera de substitución para los que no
tuvieron pleno éxito en la vida profesional.
Las presiones del mercado pesan primero en los más desfavorecidos
económica y culturalmente, quienes no tienen otra opción que la dimisión
o entregarse al partido: esta organización permanente debe producir la re
presentación permanente de la existencia continua en tanto que clase, movilizada
o movilizable, de los que pretende representar y que están siempre expues
17 Podemos llamar panido-asociación a una organización cuyo objetivo casi exclusivo es la
preparación de las elecciones y que debe a esta función permanente una permanencia
que no poseen las asociaciones ordinarias: próxima a la asociación por el carácter limi
tado y parcial de sus objetivos y del compromiso que exige y, al mismo tiempo, por la
composición social fuertemente diversificada de su clientela (hecha de electores y no de
militantes), está cerca del partido por la permanencia que le impone la recurrencia de la
función específica, la preparación de las elecciones. (Es notable que el partido ideal, tal
como lo describe Ostrogorski, sea exactamente una asociación, es decir, una organiza
ción temporal, creada ad hoc con miras a una reivindicación determinada o a una causa
específica).
Part ido Socialista Unificado. A juicio de Pierre Bourdieu, este partido de izquierda de
los años 70 encarna un partido de intelectuales, sin base social. (N. de T.)
68 EL CAMPO POLÍTICO
tos al peligro de recaer en la discontinuidad de la existencia atomizada (con
el repliegue sobre la vida privada y la búsqueda de vías de salvación indivi
duales) o en la particularidad de las luchas estrictamente reivindicativas.
Para ellos, el mercado de la política es uno de los menos libres que existe.
Tienen necesidad de partidos concebidos como organizaciones permanen
tes orientadas hacia la conquista del poder y que propongan a sus militan
tes y electores, no solamente una doctrina, sino un programa de pensa
miento y de acción, y que pidan por este hecho una adhesión global y
anticipada. Como lo observa Marx en Miseria de la filosofía, podemos fe
char el nacimiento de un grupo social desde el momento en que los miem
bros de sus organizaciones representativas no luchan únicamente por la
defensa de los intereses económicos de los mandantes, sino por la defensa
y el desarrollo de la organización misma. ¿Pero cómo no ver que si la exis
tencia de una organización permanente, relativamente independiente de
los intereses corporativos y coyunturales, es la condición de la representa
ción permanente y propiamente política de un grupo y, de este modo, de la
existencia de este grupo como tal, ella encierra también la amenaza del
desposeimiento de los miembros “cualquiera”? La antinomia del “poder
revolucionario establecido”, como dice Bakunin, es totalmente similar a la
de la Iglesia reformada tal como la describe Troeltsch. La fides implícita,
delegación global y total por la cual los más desamparados otorgan en blo
que al partido de su elección una suerte de crédito ilimitado, deja libre
curso a los mecanismos que tienden a desposeerlos de todo control sobre
el aparato: esto es lo que hace que, por una extraña ironía, la concentración
del capital político nunca sea tan grande, salvo intervención deliberada (e
improbable) en sentido opuesto, como en los partidos que se fijan como
objetivo la lucha contra la concentración del capital económico.
Gramsci mencionó a menudo la inclinación al fideísmo milenarista y a
la representación providencia lista del partido y de sus jefes, que se observa
en la clientela de los partidos comunistas: “Otro aspecto del peligro que
fue de lamentar en nuestro Partido, es la esterilización de toda actividad
individual, la pasividad de la masa del Partido, la certeza estúpida de que,
de todos modos, había alguien que pensaba en todo y que se encargaba de
todo”18, “Preocupadas por esta su condición de inferioridad absoluta, las
masas abdicaron completamente toda soberanía y todo poder, la organizáis
is A. Gramsci, Écrits politiques, t. II, París, Gallimard, 1974, p. 265.
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA 69
ción y la persona del organizador se transformaron para ellas en una única
y misma cosa, de la misma forma que, para un ejército en campaña, la per
sona del condottiere encarna la salvación común, se vuelve el garante del
éxito y de la victoria”19. Y podríamos igualmente citar, a contrario, a Rosa
Luxemburgo cuando describe (al estilo del imshful tbinking) a un partido
que limita su propio poder por un esfuerzo consciente y constante de jefes
que se destituyen para actuar como ejecutantes de la voluntad de las masas:
“El único papel de los pretendidos ‘dirigentes’ de la socialdemocracia con
siste en ilustrar a la masa sobre su misión histórica. La autoridad y la in
fluencia de los ‘jefes’ en la democracia sólo crecen proporcionalmente al
trabajo de educación que cumplen en este sentido. Dicho de otro modo, su
prestigio y su influencia no aumentan sino en la medida en que los jefes
destruyen lo que fue hasta aquí la función de los dirigentes, la ceguera de
las masas, en la medida en que ellos mismos se despojan de su calidad de
jefes, en la medida en que hacen de la masa la dirigente, y de ellos mismos
los órganos ejecutivos de la acción consciente de la masa”20. Sería interesan
te determinar, en las posiciones de los diferentes “teóricos” sobre este pro
blema (que, como Gramsci, pueden oscilar entre el “espontaneísmo” del
Ordine Nuovo y el “centralismo” del artículo sobre el Partido Comunista)21,
lo que se debe a factores objetivos (como el nivel de formación general y
política de las “masas”), y en particular a la experiencia directa de las dispo
siciones de las “masas” en una coyuntura determinada, y lo que se debe a
efectos de campo y a la lógica de las oposiciones internas.
Los que dominan el partido y tienen intereses en la existencia y persis
tencia de esta institución y en los beneficios específicos que garantiza, en
cuentran en la libertad que les deja el monopolio de la producción y de la
imposición de los intereses políticos instituidos, la posibilidad de imponer, como
intereses de sus mandantes, sus intereses de mandatarios. Y esto sin que
nada permita probar completamente que los intereses así unlversalizados y
plebiscitados de los mandatarios no coinciden con los intereses inexpresados
de los mandantes, ya que los primeros tienen el monopolio de los instru
mentos de producción de los intereses políticos, es decir, políticamente
expresados y reconocidos, de los segundos. Nada sino esta forma de abs
19 A. Gramsci, op. cit., n, p. 82.
20 R. Luxemburgo, Masse et chefs, París, Sparcacus, 1972, p. 37.
21 A. Gramsci, Ecntspolitiques, 1.1, París, Gallimard, 1974, pp. 389-403.
70 EL CAMPO POLÍTICO
tención activa, que se arraiga en la rebelión contra una doble impotencia,
impotencia frente a la política y a todas las acciones puramente seriales que
propone, impotencia ante los aparatos políticos: el apoliticismo, que toma
a veces la forma de un antiparlamentarismo y que puede ser desviado hacia
todas las formas de bonapartismo, de boulangismo’o de gaullismo, es fun
damentalmente una impugnación del monopolio de los políticos que re
presenta el equivalente político de lo que fue, en otros términos, la rebe
lión religiosa contra el monopolio de los clérigos.
Competencia, objetos de lucha (enjeux)
e intereses específicos
En materia de política como en materia de arte, el desposeimiento de
las mayorías es correlativo, o incluso consecutivo, a la concentración de los
medios de producción propiamente políticos en manos de profesionales,
que pueden entrar con alguna oportunidad de éxito al juego propiamente
político únicamente a condición de poseer una competencia específica. Nada
es menos natural, en efecto, que el modo de pensamiento y de acción exi
gido por la participación en el campo político: como el habitus religioso,
artístico o científico, el habitus del político supone un entrenamiento es
pecial. En primer lugar, por supuesto, todo el aprendizaje necesario para
adquirir el corpus de conocimientos específicos (teorías, problemáticas,
conceptos, tradiciones históricas, datos económicos, etc.) producidos y acu
mulados por el trabajo político de los profesionales del presente o del pa
sado, o de las capacidades más generales, como el dominio de un cierto
lenguaje y de una cierta retórica política, la del tribun, indispensable en las
relaciones con los profanos, o la del debaten, necesaria en las relaciones en
tre profesionales. Pero es también, y sobre todo, esta especie de iniciación,
con sus pruebas y sus ritos de paso, que tienden a inculcar el dominio práctico
de la lógica inmanente del campo político e imponer una sumisión de he
cho a los valores, a las jerarquías y censuras inherentes a este campo, o a la
forma específica que sus obligaciones y controles revisten en el seno de
Georges Boulanger, general y político francés (1837-1891), en tomo al que, entre 1886
y 1889, se agrupó la oposición al régimen parlamentario, de donde recibiera el nombre
de “sindicato de descontentos” (N. de T.).
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA “l
cada partido. Esto significa que, para comprender cabalmente los discur
sos políticos ofrecidos en el mercado en un momento dado, cuyo conjunto
define el universo de lo que puede ser dicho y pensado políticamente, por
oposición a lo que es rechazado como lo indecible e impensable, se debería
analizar todo el proceso de producción de los profesionales de la produc
ción ideológica: desde el marcado, operado en función de una definición a
menudo implícita de la competencia deseada, que los designa para estas
funciones, y la formación general o específica que los prepara para asumir
las, hasta la acción de normalización continua que les imponen, con su
complicidad, los miembros más antiguos de su grupo, especialmente cuan
do, recién elegidos, acceden a una instancia política adonde podrían llevar
consigo una franqueza y una libertad de modales atentatorias a las reglas
del juego.
El desposeimiento correlativo a la concentración de los medios de pro
ducción de los instrumentos de producción de discursos o de actos social
mente reconocidos como políticos, no dejó de aumentar a medida que el
campo de producción ideológica ganaba autonomía con la aparición de las
grandes burocracias políticas de profesionales a tiempo completo y con la
aparición de instituciones (como el Instituí des Sciences Politiques y la
Ecole Nationale de 1’Administra ti on en Francia) encargadas de seleccio
nar y de formar a los productores profesionales de esquemas de pensamiento
y de expresión del mundo social, hombres políticos, periodistas políticos,
altos funcionarios, etc., al mismo tiempo que de codificar las reglas de fun
cionamiento del campo de producción política y el Corpus de conocimien
tos y de savoir-faire indispensables para conformarse a ellas. La “ciencia
política” que se enseña en instituciones especialmente habilitadas para
este fin, es la racionalización de la competencia que exige el universo de la
política y que poseen, en estado práctico, los profesionales: tiende a au
mentar la eficacia de este dominio práctico poniendo a su servicio técni
cas racionales, como el sondeo, las relaciones públicas o el marketing
político, al mismo tiempo que tiende a legitimarla dándole las aparien
cias de la cientificidad e instituyendo los asuntos políticos como asuntos
de especialistas que los especialistas deben decidir en nombre del saber y
no del interés de clase. Es así, por ejemplo, que la teoría elitista de la
opinión que está casi siempre operando en la elaboración o en el análisis
de los sondeos de opinión o en las lamentaciones rituales sobre la absten
ción, se traiciona muy inocentemente en las encuestas sobre los opinión
makersque, inspirándose en una filosofía emanatista déla “difusión” como
72 EL CAMPO POLÍTICO
manantial, pretenden remontar las redes de circulación de opiniones hasta
la fuente de donde se supone deben surgir, es decir hasta la “élite” de los
“hacedores de opinión”, sin que nadie piense jamás en preguntar cómo
ellos forman su opinión22.
La autonomización del campo político de producción va acompañada,
sin duda, de una elevación de los requisitos de ingreso al campo y, en parti
cular, de un reforzamiento de las exigencias en materia de competencia
general, o incluso específica (lo que contribuye a explicar el aumento del
peso de los profesionales formados en las escuelas y, es más, en las escuelas
especializadas -Ciencias Poéticas, ENA- en detrimento de los militantes
comunes)2’. También va acompañada, sin duda, de un fortalecimiento del
efecto de las leyes internas del campo político -y en particular de la pugna
entre profesionales- con relación al efecto de las transacciones directas o
indirectas entre profesionales y profanos2425 . Esto significa que, tratándose
de comprender una posición política, programa, intervención, discurso elec
toral, etc., es cuando menos tan importante conocer el universo de las to
mas de posición en competencia propuestas por el campo, como las de
mandas de los laicos, que tienen como responsables de estas tomas de
posición a sus representantes declarados (la “base”): tomar una posición, la
palabra lo dice de maravilla, es un acto que toma su sentido sólo de forma
relacional, en y por la diferencia, la distancia distintiva1*. Y esta lógica nun
22 Cf. por ejemplo, C. Kadushin, “Power, Influence and Social Ciroles: A new Methodology
for Studying Opinión Makers”, American Sociological Reviere, XXXITT, 1968, pp. 685-699.
* Ver nota de traducción en p. 20.
23 Resulta que esta evolución podría encontrarse contrarrestada, en cierta medida, por la
elevación general del nivel de instrucción que, dado el peso determinante del capital
escolar en el sistema de factores explicativos de las variaciones de la relación con la
política, es sin duda susceptible de entrar en contradicción con esta tendencia a refor
zar, en diferentes grados según las organizaciones, la presión de la base, menos predis
puesta a una delegación incondicional.
24 El debate televisado que confronta a profesionales elegidos por su competencia especí
fica, pero también por su sentido de decencia y respetabilidad políticas, en presencia de
un público reducido al estatus de espectador, produciendo así la lucha de clases con la
forma de una confrontación teatralizada y ritualizada entre dos campeones, simboliza
perfectamente el desenlace de un proceso de autonomización del juego propiamente
político, encerrado más que nunca en sus técnicas, jerarquías y regias intemas.
25 En una entrevista acerca de las discusiones de actualización de! programa común en las
que había participado en nombre del Partido Comunista, un alto funcionario comunis
ta atribuye en varias ocasiones la demagogia de la delegación comunista a la preocupación
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA 73
ca es tan visible como en los casos en que la oposición entre los competidores
(en el seno de un partido, por ejemplo) reviste la forma que a menudo la
caracteriza en el seno del campo literario o artístico, la de la alternativa
casi vacía entre lo antiguo y lo nuevo, lo viejo y lo joven, el arcaísmo y el
modernismo, el conflicto entre los poseedores y los pretendientes, presen
tando la apariencia de un conflicto de generaciones.
El político sagaz es aquel que llega prácticamente a dominar el sentido
objetivo y el efecto social de sus tomas de posición gracias al dominio que
posee del espacio de las tomas de posición actuales y sobre todo potencia
les o, aún mejor, del principio de esas tomas de posición, es decir, el espa
cio de las posiciones objetivas dentro del campo y de las disposiciones de
sus ocupantes: este “sentido práctico” de las tomas de posición posibles e
imposibles, probables e improbables para los diferentes ocupantes de las
diferentes posiciones, es lo que le permite “elegir” las tomas de posición
convenientes, y evitar las tomas de posición “comprometedoras”, por ejem
plo, aquellas que le harían encontrarse sin querer con los ocupantes de
posiciones opuestas en el espacio del campo político. Este sentido del jue
go político que permite a los políticos prever las tomas de posición de los
otros políticos es también lo que los hace a ellos mismos previsibles ante
los demás políticos. Previsibles, por consiguiente responsables, en el senti
do del inglés responsible, es decir, competentes, serios, fiables, en resumen,
dispuestos a desempeñar con constancia y sin sorpresa ni traición el papel
que les es asignado por la estructura del espacio de juego.
No hay nada que el juego político exija de manera más absoluta que
esta adhesión fundamental al juego mismo, illusio, involvement, commitment,
inversión en el juego que es producto del juego al mismo tiempo que es la
condición del funcionamiento del juego: bajo pena de excluirse del juego y
de los beneficios que ahí se obtienen, trátese del simple placer de jugar o de
todas las ventajas materiales y simbólicas asociadas a la posesión de un ca
pital simbólico, todos los que tienen el privilegio de invertir en el juego (en
por distinguirse, por ‘'marcar la diferencia”: “Para ellos (los dirigentes), era absolutamente
necesario diferenciarse del PS, y para esto, les parecía necesario ir ‘más lejos, más a la
izquierda’ (...). Más que el SMIG (salario mínimo nacional), ya que el PS cedió rápida
mente, es el tema de las filiales el que fue antepuesto de forma deliberada. Pienso que
fue voluntario. La Dirección quiso marcar la diferencia con el PS para no llegar al poder
con un PS que tenga 28% de los votos, y un PC estabilizándose en 22% ”. (T, Roucaute,
Le PCF et les sommets de l'Étatde 1945 a nosjours, París, PUF, 1970, pp. 175-181).
74 EL CAMPO POLÍTICO
lugar de ser reducidos a la indiferencia y a la apatía del apoliticismo) acep
tan el contrato tácito implicado en el hecho de participar en el juego, de
reconocer de esta forma que éste vale la pena ser jugado, y que los une a
todos los demás participantes por una especie de colusión originaria, mucho
más poderosa que todas las alianzas abiertas o secretas. Esta solidaridad de
todos los iniciados, vinculados entre sí por la misma adhesión fundamental
a los juegos y a lo que está en juego, por el respeto al juego mismo y a las
leyes no escritas que lo definen, por la misma inversión fundamental en el
juego, cuyo monopolio poseen y deben perpetuar para garantizar la renta
bilidad de sus inversiones, nunca se manifiesta más claramente como cuan
do el juego es amenazado como tal26.
Los grupos unidos por una forma cualquiera de colusión (como los con
juntos de colegas) hacen de la discreción y del secreto, sobre todo lo que con
cierne a las creencias íntimas del grupo, un imperativo fundamental. Con
denan con la más extrema violencia, cuando son exhibidas al exterior,
manifestaciones de cinismo que, entre iniciados, son totalmente admitidas
porque no pueden, por definición, afectar a la creencia fundamental en el
valor del grupo, pues la libertad frente a los valores es vivida a menudo
como un testimonio complementario de valor. Ejemplo típico, la indigna
ción con la cual los hombres políticos y sobre todo los periodistas políticos,
comúnmente tan diligentes en divulgar rumores y anécdotas desengañosas
sobre los hombres políticos, reciben a los que, por un momento, fingen
“romper el juego”, llevando a la existencia política el apoliticismo popular
y pequeño burgués, que es a la vez condición y producto del monopolio de
los políticos. De este modo, la candidatura de Coluche a la presidencia de
la República fue condenada desde el principio por la casi totalidad de los
profesionales de la política con el argumento poujadismo. Sin embargo,
buscaríamos en vano en la temática del cómico parisino los tópicos más
típicos del librero de Saint-Céré, tal como los enumera el estudio clásico
de Stanley Hoffmann: nacionalismo, anti-intelectualismo, anti-parisinismo,
26 La illusio puede llamarse igualmente interés, pero en un sentido que no es el del econo-
m.i cismo: el interés por el juego que el juego produce, libido propiamente social, es decir,
socialmentc instituida y labrada, es lo que lleva a participar en el juego inclinando a
marcar la diferencia, por consiguiente a dejar la indiferencia para la que todo es igual
(“me da lo misino’’). La illusio propiamente económica que alienta el juego económico,
constituido como tal, no es más que un caso particular del universo de formas de libido
o de interés posibles.
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA 75
xenofobia racista y fascista, exaltación de las clases medias, moralismo, etc.27.
Y nos cuesta comprender cómo, “observadores sagaces”, pudieron confundir
al “candidato de las minorías”, de todos aquellos “que jamás son represen
tados por los partidos políticos”, “homosexuales, aprendices, negros, ára
bes”, etc. (“programa” de Coluche), con el defensor de los pequeños co
merciantes en lucha contra “los metecos” y “la mafia apátrida de los
traficantes y pederastas”28.
A pesar de nuestro escaso conocimiento de las bases sociales del movi
miento poujadista, es indiscutible que éste encontró sus primeras tropas y
sus más leales apoyos en la pequeña burguesía de los artesanos y comer
ciantes provinciales, más bien de edad y amenazados por las transforma
ciones económicas y sociales. Ahora bien, dos encuestas totalmente con
vergentes, la del IFRES y del IFOP’, establecen que los que otorgan su
simpatía a la candidatura de Coluche presentan características opuestas en
todos los puntos. La propensión a aprobar la candidatura de Coluche varía
inversamente con respecto a la edad: alcanza su máxima intensidad en los
más jóvenes (y entre ellos, sobre todo en los hombres), y únicamente ante
una parte (aproximadamente un tercio) de las personas mayores de 65 años
provoca escándalo. Asimismo, tiende a crecer con el tamaño de la ciudad
de residencia: muy débil en los municipios rurales y en las pequeñas ciuda
des, culmina en las grandes ciudades y en la aglomeración parisina. Si bien
las categorías empleadas por los dos institutos de sondeo son igualmente
imprecisas y poco comparables, todo parece indicar que los obreros y los
empleados, así como los intelectuales y los artistas, son quienes se mani
fiestan más claramente en favor del candidato anómico, mientras que los
más marcados rechazos se encuentran en los empresarios de la industria y
del comercio. Esto se comprende fácilmente si sabemos que los votos así
desviados son recolectados principahnente en la izquierda (nítidamente más
en el Partido Socialista que en el Partido Comunista) y también entre los
ecologistas y abstencionistas. La cantidad de personas interrogadas que, a
falta de una candidatura de Coluche, votaría por la derecha, es débil (muy
particularmente entre los obreros) y los votos se dirigirían sobre todo ha
27 S. Hoffrnann, Le inouvement Poujade, Cahiers de la Fondation Nationale des Sciences
Politiques, París, A. Colín, í956, pp. 209-260.
28 S. Hoffmann, op. til., p. 246.
* Ambos, institutos franceses especializados en sondeos de opinión. (N. de T.).
16 EL CAMPO POLÍTICO
cía el partido socialista (siendo evidentemente muy fuerte en todas las ca
tegorías la cantidad que corresponde a aquellos que escogerían la absten
ción). El hecho de que el número de partidarios de Coluche sea netamente
más elevado en los hombres que en las mujeres, permite suponer que esta
elección es la expresión de un abstencionismo activo, muy diferente de la
simple indiferencia ligada a la incompetencia estatutaria. De este modo,
los profesionales, hombres políticos y periodistas, intentan negar al “rom
pe juegos” el derecho de ingreso que los profanos le otorgan masivamente
(dos tercios están en favor del principio de su candidatura). Sin duda por
que este jugador extraordinario, al entrar al juego sin tomarlo en serio,
amenaza el fundamento mismo del juego, es decir, la creencia y la credibi
lidad de los jugadores ordinarios.
El teatro del mundo social
La lucha que opone a los profesionales es, sin duda, la forma por ex
celencia de la lucha simbólica por la conservación o la transformación del
mundo social por medio de la conservación o la transformación de la visión
y de los principios de división de este mundo; o, más precisamente, por la
conservación o la transformación de las divisiones establecidas por medio
de la transformación o la conservación de los sistemas de clasificación, que
constituyen su forma incorporada, y de las instituciones que contribuyen a
perpetuar la clasificación en vigencia, legitimándola. Esta lucha encuentra
sus condiciones sociales de posibilidad en la lógica específica, según la cual
se organiza en cada formación social el juego propiamente político, en el
que se juegan, por una parte, el monopolio de la elaboración y de la difusión
del principio legítimo de división del mundo social y, por esta vía, de la
movilización de los grupos; y, por otra parte, el monopolio de la utilización
de los instrumentos de poder objetivados (capital político objetivado). En
tonces, adquiere la forma de una lucha por el poder, propiamente simbóli
co, de hacer ver y hacer creer, de predecir y prescribir, de hacer conocer y
hacer reconocer.
El campo político es uno de los lugares privilegiados del ejercicio del
poder de representación o de manifestación, que contribuye a dar plena existen
cia, es decir en estado objetivado, directamente visible por todos, público,
publicado, oficial y por lo tanto autorizado, a lo que existía en estado prácti
co, tácito o implícito. Este poder de manifestación puede ejercerse con
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA 77
respecto a todo lo que atañe al mundo social, a la visión de este mundo y
nunca es tan eficiente como cuando se aplica a los principios de visión, por
ende de división, del mundo social, reforzando o transformando los prin
cipios de visión o de división en vigencia (por ejemplo, con el feminismo,
el principio de la división del trabajo entre los sexos), haciendo surgir nuevas
oposiciones, nuevas formas de jerarquizar la forma y el fondo, el primer
plano y el segundo plano, lo actual y lo inactual, imponiendo nuevos princi
pios de clasificación y de reagrupamiento de las cosas percibidas y, por esta
vía, de nuevos grupos. Es así como los actos de teatralización, a través de
los cuales los grupos se brindan en espectáculo (primero ante ellos mis
mos), ceremonias, procesiones (como las Panateneas), cortejos, desfiles,
manifestaciones, etc., constituyen la forma elemental de la objetivación
y, al mismo tiempo, de la manifestación, para sí mismos y para los demás,
de los principios de división según los cuales se organizan objetivamente
y a través de los cuales se organiza la percepción que tienen de sí mismos.
De esta manera, las instituciones representativas (Consejos, Cortes, Es
tados Generales, Parlamentos, etc.) sirvieron de base, sin duda, a las prime
ras representaciones, mentales u objetivas, de la nación y de su estructu
ra. Al igual que el ceremonial que hace visibles los rangos y los números (y
que a este título puede ser objeto de discusiones, como fue el caso duran
te la apertura de los Estados Generales), la proyección espacial que reali
za el esquema en dos dimensiones hace aparecer la jerarquía de los gru
pos representados (expresada por su rango de arriba abajo o de derecha a
izquierda) y, en ciertos casos, su peso numérico29, sin olvidar lo esencial,
es decir, la existencia misma de los grupos representados y nombrados.
Asimismo, en los regímenes parlamentarios modernos, las asambleas re
presentativas son una especie de proyección espacial del campo político
y, a través de él, del campo social en su conjunto, del cual la escena polí
tica da una representación teatralízada. Esto significa que la estructura
según la cual se organizan -y en particular la oposición entre la izquierda
y la derecha- tiende a imponerse como una manifestación paradigmática
de la estructura social y a funcionar en los cerebros como un principio de
29 En realidad, todo parece indicar que la idea de representar el peso numérico de los gru
pos (como es el caso del grabado representando al “cuadro de elección” para los Esta
dos Generales, con la doble representación otorgada al Tercer Estado el 27 de diciem
bre de 1788) supone que la idea de rango comienza a sufrir la competencia de la idea de
número y de representatividad numérica (cf. el voto por cabeza).
78 EL CAMPO POLÍTICO
visión y de división del mundo social (y, en particular, de la división en
clases)30.
En las democracias parlamentarias, la lucha por conquistar la adhesión
de los ciudadanos (su voto, sus contribuciones, etc.) es también una lucha
por mantener o subvertir la distribución del poder sobre los poderes públicos o, si
se prefiere, por el monopolio del uso legítimo de los recursos políticos
objetivados, derecho, fuerzas armadas, policía, finanzas públicas, administra
ciones, etc. Los agentes por excelencia de esta lucha son los partidos, orga
nizaciones de combate especialmente preparadas con miras a dirigir esta
forma sublimada de guerra civil movilizando duraderamente por medio de pre
visiones prescriptivas, el mayor número posible de agentes dotados de la
misma visión del mundo social y de su porvenir. Con el fin de garantizar
esta movilización duradera, los partidos deben, por una parte, elaborar e
imponer una representación del mundo social capaz de obtener la adhe
sión del mayor número posible de ciudadanos, y por otra parte, conquistar
cargos (de poder o no) cuya “posesión” permita mantener a quienes los
mantienen.
De este modo, la producción de ideas sobre el mundo social se encuen
tra en realidad siempre subordinada a la lógica de la conquista del poder,
que es la de la movilización de las mayorías. De aquí resulta, sin duda, el
privilegio otorgado en la elaboración de la representación legítima al modo
de producción eclesial, en el que las propuestas (mociones, plataformas,
programas, etc.) son inmediatamente sometidas a la aprobación de un gru
po y, por tanto, no pueden ser impuestas más que por profesionales capa
ces de manipular, a la vez, ideas y grupos, de producir ideas capaces de
producir grupos manipulando estas ideas de manera de garantizarles la ad
hesión de un grupo: entran, por ejemplo, en esta tecnología social total
mente específica la retórica del meeting o el conjunto de las técnicas de
palabra, de redacción, de manipulación de la asamblea, que permiten “ha
cer aprobar” una “moción”, sin hablar de procedimientos y procederes que,
30 La tradición que pretende que, en todos los parlamentos, los conservadores sesionen a
la derecha y los liberales a la izquierda del presidente, se remonta a la Asamblea Constitu
yente: después de la reunión de las tres órdenes se comienza a distinguir a los miembros
de la Asamblea que, habiendo renunciado a la distinción de la vestimenta, se habían
reagrupado según sus ideas, en partidarios de la monarquía a su derecha, y partidarios
de la revolución a su izquierda, o más simplemente lado derecho y lado izquierdo, y más
tarde derecha c izquierda.
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA 79
como el juego con el número de cargos, controlan directamente la pro
ducción misma del grupo.
Nos equivocaríamos al subestimar la autonomía y la eficacia específica
de todo lo que acontece en el campo político y al reducir la historia propia
mente política a una especie de manifestación epifenomenal de fuerzas eco
nómicas y sociales, de la cual los actores políticos serían en cierta forma las
marionetas. Además de que sería ignorar la eficacia propiamente simbólica
de la representación y de la creencia movilizadora que ésta suscita por la
virtud de la objetivación, esto equivaldría a olvidar el poder propiamente
político de gobierno que, aunque sea dependiente de las fuerzas económicas
y sociales, puede garantizar una eficacia real sobre estas fuerzas a través de
la acción sobre los instrumentos de administración de las cosas y de las
personas.
La relación entre el partido y la clase, entre la lucha de las organizacio
nes políticas y la lucha de clases, es una relación propiamente simbólica
entre un significante y un significado, o, más claramente, entre represen
tantes que dan una representación y agentes, acciones y situaciones repre
sentados. La concordancia entre el significante y el significado, entre la
representación y el mundo representado, proviene sin duda menos de la
búsqueda consciente del ajuste a la demanda de la clientela, o de la coer
ción mecánica ejercida por presiones externas, que de la homología entre
la estructura del teatro político y la estructura del mundo representado,
entre las luchas sociales y la forma sublimada de estas luchas que se juega
en el campo político.
El efecto de las necesidades específicas del campo político nacional que,
como el campo literario o el campo filosófico, tiene su propia historia y sus
instituciones originales, se revela en las diferencias considerables entre las
representaciones y las estrategias políticas de organizaciones “representa
tivas” de poblaciones que ocupan posiciones equivalentes, como los obre
ros o los “ejecutivos”, en el espacio social de los diferentes países europeos,
y esto a pesar de todos los efectos hom ogen eizan tes, como la “bolchevi-
zación” de los partidos comunistas; está claro que estas diferencias le de
ben al menos tanto a las tradiciones específicas del espacio político (por
ejemplo al peso que en él tienen el partido comunista y la tradición marxis
ta, cuya forma y contenido varían en función del éxito diverso de las tra
ducciones, y también de los debates en el seno del campo universitario y
del campo político, así como de la relación entre estos dos universos), como
a diferencias entre las propiedades objetivas de las poblaciones representa
80 EL CAMPO POLÍTICO
das, las que a su vez podrían deberse, en gran parte, a estas diferencias de
tradición: que se piense, por ejemplo, hasta qué punto los trabajadores de
la industria de diferentes naciones piensan su existencia como la de una
“clase” y conciben sus relaciones con los otros sectores del espacio social
en la óptica de la lucha de clases.
Es la homología entre el espacio político y el espacio social tomado en
su conjunto lo que hace que, persiguiendo la satisfacción de los intereses
específicos que les impone la competencia dentro del campo, los diferen
tes grupos de profesionales den satisfacción por añadidura a los intereses
de los ocupantes de posiciones homologas a la suya en el espacio social; o,
inversamente, que en las tomas de posición más conformes al interés de los
que se supone representan, persigan también, sin necesariamente admitir
lo, la satisfacción de sus intereses específicos de representantes, es decir,
esos mismos que les asigna la estructura de las posiciones y oposiciones
constitutivas del espacio interno del campo político.
La relación aparente entre representantes y representados, concebidos
como causa determinante (“grupos de presión”, etc.) o causa final (“cau
sas” que defender, intereses que “servir”, etc.) encubre la relación de com
petencia entre los representantes. Sin duda, Max Wcber tiene razón al re
cordar, con una sana brutalidad materialista, que “podemos vivir ‘para’ la
política y ‘de’ la política”*1.
Pero para ser completamente rigurosos, deberíamos más bien decir que
podemos vivir de la política a condición de vivir para la política; en efecto,
es en la relación entre los profesionales donde se define el tipo particular
de inversión en la política que conduce a cada categoría de representantes
a consagrarse a la política y, por esta ría, a sus mandantes. Más precisamente,
la relación que los vendedores profesionales de servicios públicos (hom
bres políticos, periodistas políticos, etc.) mantienen con sus clientes está
siempre mediatizada, y más o menos completamente determinada, por la
relación que mantienen con sus competidores52. Sirven los intereses de sus
clientes en la medida (y únicamente en la medida) en que también se sirven
sirviéndolos, es decir, de manera tanto más exacta cuanto su posición en la es-31
32
31 M. Wcber, op.cit., II, p. 1.052.
32 “Los oportunistas de todos los campos que defienden los intereses bien establecidos de
las diferentes camarillas, intereses materiales, no cabe duda, pero más aún intereses que
se ligan a la dominación política de las masas, obstaculizan la unidad del proletariado”
(A. Gramsci, Écritspolitiquea, t.I, París, Gallimard, 1974, p. 327).
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA 81
tructura del campo político coincide más exactamente con la posición de sus clientes
en la estructura del campo social (el rigor de la correspondencia entre los dos
espacios depende en gran parte de la intensidad de la competencia, es de
cir, ante todo del número de partidos o de tendencias que exige la diversidad
y la renovación de los productos ofrecidos obligando, por ejemplo, a los
diferentes partidos, a modificar sus programas para conquistar nuevas clien
telas). En consecuencia, los discursos políticos producidos por los profe
sionales siempre están doblemente determinados y afectados por una du
plicidad que nada tiene de intencional, puesto que proviene de la dualidad
de los campos de referencia y de la necesidad de servir a la vez los fines
esotéricos de las luchas internas y los fines exotéricos de las luchas externas.
Esta duplicidad estructural que hace que, como sucede a menudo con
los productos literarios o artísticos destinados al mercado masivo, todo dis
curso político esté doblemente codificado y apunte a la vez hacia el público
masivo de clientes y hacia el público restringido de competidores, encuen
tra su límite en lo que la tradición revolucionaria de la URSS llama la “len
gua de Esopo”. Ese lenguaje indirecto, al que los revolucionarios recurrían
para escapar a la censura zarista, reaparece en el partido bolchevique en
ocasión del conflicto entre los partidarios de Stalin y de Bujarin, es decir,
cuando se trata de evitar, por “patriotismo de partido”, que los conflictos
al interior del Pohtburó o del Comité Central se filtren fuera del partido.
Enmascarando bajo una apariencia anodina una verdad oculta que “todo
militante suficientemente culto” sabe descifrar, puede ser objeto, según
sus destinatarios, de dos interpretaciones diferentes33.
No existe manifestación más evidente de este efecto de campo que esta
especie de cultura esotérica, hecha de problemas totalmente ajenos o inac
cesibles al común de la gente, de conceptos y discursos sin referente en la
experiencia del ciudadano ordinario y, sobre todo, tal vez, de distingos,
matices, sutilezas, finezas, que pasan desapercibidos ante los no iniciados y
que no tienen otra razón de ser que las relaciones de conflicto o de compe
tencia entre las diferentes organizaciones o entre las “tendencias” o “co
rrientes” de una misma organización. Podemos nuevamente citar el testi
monio de Gramsci: “Nosotros, los demás, nos alejamos de la masa: entre
nosotros y la masa se forma una pantalla de quid pro quos, de malentendidos,
de juego verbal complicado. Terminaremos por aparecer como gente que
33 Cf. S. Cohén, Nicolás Boukharine, la- ule cPun bolchevik, París, Maspero, 1979, pp. 3 30 y 43 5.
82 EL CAMPO POLÍTICO
quiere a toda costa conservar su lugar”34. En realidad, lo que hace que esta
cultura propiamente política permanezca inaccesible a la gran mayoría es,
seguramente, menos la complejidad del lenguaje en el que se expresa, que
la complejidad de las relaciones sociales constitutivas del campo político
que en él se expresan: esta creación artificial de las luchas de Curie aparece
menos como ininteligible que como desprovista de razón de ser ante aque
llos que, al no estar en el juego, “no le ven el interés” y no pueden compren
der que tal o cual otro distingo entre dos palabras o dos expresiones de un
discurso-desafío, programa, plataforma, moción o revolución, haya dado
lugar a semejantes debates, porque no se adhieren al principio de las opo
siciones que suscitaron estos distingos35.
Un sistema de distancias
De este modo, la estructura del campo y la competencia cuya forma y
objetos (enjeux) determina, contribuyen, tanto como la relación directa y
única reconocida con los clientes, descritos como mandantes, a determinar
las tomas de posición por intermedio de las presiones e intereses asociados
a una posición determinada en el campo y en la competencia que en él se
desarrolla. La producción de tomas de posición jamás puede ser completa
mente independiente del sistema de tomas de posición en pugna propues
tas por el conjunto de los agentes y las organizaciones en competencia: la
problemática política es ese espacio de posibles objetivamente ofrecidos a la
elección de cada uno de los productores (o de los consumidores) bajo la
forma, muy concreta, del conjunto de tomas de posición efectivamente
propuestas en el conjunto de las posiciones constitutivas del campo, en un
momento dado del tiempo. Los partidos, al igual que las “tendencias” o las
“corrientes” en el seno de los partidos, sólo tienen una existencia relacional
y sería vano intentar definir lo que son y lo que profesan independiente
mente de lo que son y profesan sus competidores en el seno del mismo
campo. Así como los movimientos artísticos, literarios o incluso filosófi-
34 A. Gramsci, op. cit., t. II, p. 225.
35 Entre los factores de este efecto de cierre y de la forma tan particular de esoterismo que
engendra, se debe contar la tendencia, a menudo observada, de los miembros perma
nentes de los aparatos políticos a frecuentar sólo a otros miembros permanentes.
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA 83
eos, los movimientos políticos existen y subsisten únicamente en y por la
relación de oposición continuamente renovada, por el efecto mismo de la
lucha que los une a los movimientos competidores, lo cual explica el fra
caso de todas las tentativas por definir de forma absoluta los conceptos en
-ismo que les son aplicados, por ejemplo, las de todos los historiadores de
Alemania que, después de Rosenberg, intentaron definir el “conservadu
rismo” sin ver que debía cambiar continuamente de contenido sustancial
para conservar su valor relaciona!56.
Debido a que todo campo político tiende a organizarse alrededor de la
oposición entre dos polos (que, como los partidos del sistema americano,
pueden constituir verdaderos campos organizados según divisiones análo
gas), las relaciones entre las doctrinas o los grupos situados en las posicio
nes polares, “partido del movimiento” y “partido del orden”, “progresis
tas” y “conservadores”, “izquierda” y “derecha”, presentan propiedades
invariantes. Las propiedades de los partidos que las tipologías realistas re
gistran se comprenden inmediatamente si las relacionamos con la fuerza
relativa de los dos polos, con la distancia que los separa y que rige las pro
piedades de sus ocupantes, partidos u hombres políticos (y en particular su
propensión a la divergencia hacia los extremos o a la convergencia hacia el
centro) e, inseparablemente, la probabilidad de que sea ocupada la posi
ción central, intermedia, el lugar neutro. El campo en su conjunto se defi
ne como un sistema de distancias de niveles diferentes y nada, ni en las
instituciones o los agentes, ni en los actos o los discursos que producen,
tiene sentido más que relacionalmente, por el juego de oposiciones y dis
tinciones. Es así, por ejemplo, que la oposición entre la “derecha” y la “iz
quierda” puede mantenerse en una estructura transformada a costa de un36
36 Esto es aún más cierto con los “conceptos” del “materialismo histórico” cuyos produc
tores y usuarios olvidan, paradójicamente, que también tienen una historia, y que a
menudo deben su existencia y su sustancia a los conflictos en los que se engendraron.
Armas del análisis y también del anatema, instrumentos de conocimiento pero también
instrumentos de poder, todos estos conceptos en -ismo que la tradición marxológica
eterniza tratándolos como simples construcciones conceptuales, libres de todo contexto
y separadas de toda función estratégica, están “a menudo ligados a las circunstancias,
manchados de generalizaciones prematuras, marcados por polémicas acerbas” y engen
drados “en la divergencia, en las confrontaciones violentas entre representantes de di
versas corrientes” (G. Haupt, “Les marxistes face á la question nationale: J’histoire du
probléme” en G. Haupt, M. Lowy y C. Weill, Les marxistes et la question nationale^ 1848-
1914, París, Maspero, 1974, p. 11).
84 EL CAMPO POLÍTICO
intercambio parcial de las tomas de posición entre los que ocupan estas
posiciones en dos momentos diferentes (o en dos lugares diferentes): el
racionalismo, la fe en el progreso y en la ciencia que, entre las dos guerras,
en Francia como en Alemania, eran asunto de la izquierda, mientras que la
derecha nacionalista y conservadora se entregaba más bien al irracionalismo
y al culto a la naturaleza, son hoy en día, en estos dos países, el corazón del
nuevo credo conservador, basado en la confianza en el progreso, la técnica
y la tecnocracia, en tanto que la izquierda trae de vuelta temas ideológicos
o prácticas que pertenecían propiamente al polo opuesto, como el culto
(ecológico) a la naturaleza, el regionalismo y un cierto nacionalismo, la
denuncia del mito del progreso absoluto, la defensa de la “persona”.
La misma estructura diádica o triádica que organiza el campo en su con
junto puede reproducirse en cada uno de sus puntos, es decir, en el seno del
partido o del grupúsculo, según la misma lógica doble, a la vez interna y externa,
que pone en relación los intereses específicos de los profesionales y los intere
ses reales o presuntos de sus mandantes, reales o presuntos. Es sin duda en el
seno de los partidos cuya clientela es la más desamparada y, por este hecho, la
más propensa a entregarse al partido, que la lógica de las oposiciones internas
puede manifestarse más claramente. De modo que no hay nada que dé cuenta
mejor de las tomas de posición que una topología de las posiciones a partir de las
cuales se enuncian. “En lo que concierne a Rusia, siempre supe que en la topo
grafía de las fracciones y tendencias, Radek, Trotski y Bujarin tenían una posi
ción de izquierda; Zinoviev, Kámanev y Stalin una posición de derecha, mien
tras que Lenin estaba al centro y hacía de árbitro para el conjunto de la situación,
esto naturalmente en el lenguaje político corriente. El núcleo que llamamos
leninista sostiene, es bien sabido, que estas posiciones ‘topográficas’ son absolu
tamente ilusorias y falaces”37. Efectivamente, todo sucede como si la distribución
de las posiciones en el campo implicara una distribución de papeles; como si
cada uno de los protagonistas fuera llevado o devuelto a sus tomas de posición,
tanto por la ccnnpetenáa con los ocupantes de las posiciones más alejadas y tam
bién de las más próximas, que amenazan de diferentes formas su existencia, como
por la contradicción lógica entre sus tomas de posición y las que ellos defienden.
De este modo, ciertas oposiciones recurrentes, como la que se establece
entre la tradición libertaria y la tradición autoritaria, no son más que la
transcripción al plano de las luchas ideológicas de la contradicción funda
37 A. Gramsci, op. cit.y t. H, p. 258 (subrayado por nosotros).
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA 85
mental del movimiento revolucionario, obligado a recurrir a la disciplina y
a la autoridad, hasta a la violencia, para combatir a la autoridad y a la violen
cia. Contestación herética de la iglesia herética, revolución contra “el poder
revolucionario establecido”, la crítica “izquierdista” en su forma “esponta-
neísta” se esfuerza por explotar contra los que dominan el partido la con
tradicción entre las estrategias “autoritarias” en el seno del partido y las es
trategias “anti-autoritarias” del partido en el seno del campo político en su
conjunto. Y encontramos hasta en el movimiento anarquista, que reprocha al
marxismo su autoritarismo38, una oposición igual entre el pensamiento “pla-
tafonrusta” que, preocupado por poner los fundamentos de una organización
anarquista poderosa, relega a segundo plano la reivindicación de la libertad
ilimitada de los individuos y de los pequeños grupos, y el pensamiento
“sintetista” que prefiere dejar su plena independencia a los individuos39.
Pero aquí también, al favor de las homologías entre las posiciones ocu
padas por los líderes en el campo político y las posiciones ocupadas por sus
cÜentes actuales o potenciales en las regiones inferiores del espacio social,
los conflictos internos se encuentran con conflictos externos. Así, es en la
medida (y únicamente en la medida) en que cada tendencia del movimien
to obrero es llevada a apelar a los sectores homólogos del mundo obrero,
que las divisiones y contradicciones reales de ese mundo pueden encontrar
su correspondencia en las contradicciones y divisiones de los partidos obre
ros: los intereses del subproletariado no organizado sólo tienen la oportu
nidad de acceder a la representación política (sobre todo cuando está
compuesto por extranjeros, desprovistos del derecho al voto, o de etmas es
tigmatizadas) en la medida en que se conviertan en un arma y en un objeto
(enjeti) en la lucha que, en ciertos estados del campo político, opone el
espontaneísmo o, en el límite, el voluntarismo ultra-revolucionario, siempre
inclinados a privilegiar a las fracciones menos organizadas del proletariado
cuya acción espontánea precede o desborda la organización, al centralismo
(calificado por sus adversarios de “burocrático-mecanicista”) para el que la
organización, es decir el partido, precede y condiciona la lucha.
38 Sabemos que Bakunin, que impone la sumisión absoluta a los órganos dirigentes en los
movimientos que forma (por ejemplo la Fraternidad Nacional), y que es en el fondo
partidario de la idea “blanquista” de las “minorías actuantes”, es llevado, en su polémica
contra Marx, a denunciar el autoritarismo, a exaltar la espontaneidad de las masas y la
autonomía de las federaciones.
39 J. Maitron, Le mouvement anarebiste en France, París. Maspero, 1975, t. II, pp. 82-83.
86 EL CAMPO POLÍTICO
Un análisis del campo político de producción y, en su seno, del subcampo
de los “partidos de izquierda” o del “movimiento obrero”, mostraría sin
duda que las diferentes visiones, incluso opuestas, de la acción revolucio
naria, del futuro del capitalismo, de la relación entre el partido y las masas,
etc., están estrechamente ligadas a la posición, central y dominante, o margi
nal y dominada, dentro del aparato partidario, posición a su vez estrecha
mente dependiente del capital cultural poseído, especialmente con la opo
sición entre los intelectuales patentados y los “autodidactas”. Es evidente,
por ejemplo, que el economicismo y la propensión a acentuar el lado deter
minista, objetivista y científico del marxismo se encuentran en los “teóri
cos” (por ejemplo Tugan-Baranowski o los “economistas” en el seno del
partido socialdemócrata) más que en los “militantes” o en los “agitadores”,
a menudo “autodidactas”, es decir, desprovistos de títulos específicos en
materia de filosofía o de economía. La oposición entre el “centralismo” y
el “espontaneísmo” o, más ampliamente, entre el socialismo autoritario y
el socialismo libertario, parece variar de manera totalmente paralela, ya
que la propensión al cientismo o al economicismo induce a dar a los
detentores del conocimiento el derecho a definir autoritariamente las orien
taciones del “movimiento”. He aquí sin duda uno de los principios de la
oposición entre Bakunin y Marx, cuya vida está atravesada por la división
entre el espontaneísmo subjetivista y el objetivismo dentista y determinista,
entre el “militante” y el “científico” -que se resuelve, a medida que enveje
ce- en favor del “científico”.
Consignas e ideas-fuerza
La tendencia a la autonomización y a la partición indefinida en minúscu
las sectas antagonistas inscrita, en estado de potencialidad objetiva, en la cons
titución de un cuerpo de especialistas dotados de intereses específicos y en
situación de competencia por el poder en el campo político (o en tal o cual
otro sector de este campo, por ejemplo, en un aparato partidario), es contra
rrestada, en diferentes grados, por el hecho de que el desenlace de las luchas
internas depende déla fuerza que los agentes y las instituciones comprome
tidos en esta lucha puedan movilizar fuera del campo. En otros términos, la
tendencia a la escisión encuentra su límite en el hecho de que la fuerza de un
discurso depende menos de sus propiedades intrínsecas que de la fuerza
movilizadora que ejerce, es decir, al menos en parte, del grado en el que es
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA 87
reconocido por un grupo numeroso y poderoso que se reconoce en él y cuyos
mtereses expresa (bajo una forma más o menos transfigurada e irreconocible).
La simple “corriente de ideas” se convierte en un movimiento político
sólo cuando las ideas ofrecidas llegan a hacerse reconocer más allá del cír
culo de profesionales. Las estrategias que las necesidades de la lucha inter
na imponen a los profesionales, y que pueden tener por fundamento obje
tivo, más allá de las diferencias profesadas, diferencias de habitus y de
intereses (o más precisamente, de capital económico y escolar, y de trayec
toria social), ligadas a posiciones diferentes en el campo, solamente pue
den tener éxito en la medida en que coincidan con las expectativas (a veces
inconscientes) de grupos externos al campo. Es así cómo las tendencias a la
escisión sectaria se encuentran contrarrestadas continuamente por las obli
gaciones impuestas por la competencia que hacen que, para triunfar en sus
luchas internas, los profesionales deban apelar a fuerzas que no son todas y
totalmente internas (a diferencia de lo que sucede en el campo científico o
artístico donde el éxito ante los profanos encierra siempre la amenaza del
descrédito). Los grupúsculos de vanguardia no pueden importar al campo
pofitico la lógica característica del campo intelectual, no sólo porque están
desprovistos de base, y por consiguiente de obligaciones, sino también de
fuerza. Funcionando en calidad de sectas nacidas de la escisión y condena
das a la escisiparidad, y consiguientemente basadas en un renuncia miento
a la universalidad, pagan con una pérdida de poder y de eficacia la afirma
ción de la plena calificación técnica y ética que define a la ecclesiapura (a los
Puritanos), al universo de los “puros” y de los “puristas”, capaces de mani
festar su excelencia de políticos virtuosos en su apego a las tradiciones más
puras y más radicales (“la revolución permanente”, “la dictadura del prole
tariado”, etc.). Bajo pena de excluirse del juego político y de la ambición de
participar, si no en el poder, por lo menos en el poder de influir en la dis
tribución de poder, el hombre político, y con mayor razón el jefe de parti
do y el mismo partido, no pueden entregarse a virtudes tan exclusivas: así
como la Iglesia se fija como misión prodigar su gracia de institución a to
dos los fieles, justos o injustos, y someter a los pecadores, sin distinción, a
la disciplina del mandamiento divino, el partido se fija como meta ganar a
su causa al mayor número posible de refractarios (este es el caso en que el
partido comunista se dirige, en período electoral, a “todos los republica
nos de progreso”). Por esto no duda, con el fin de ampliar su base y atraer
hacia él a la clientela de los partidos competidores, en transigir con la “pu
reza” de su Enea y en jugar más o menos conscientemente con las ambi
88 EL CAMPO POLÍTICO
güedades de su programa. De esto resulta que, entre las luchas que tienen
lugar en cada partido, una de las más constantes se entabla entre los que
denuncian los pactos necesarios para aumentar h fuerza del partido (por lo
tanto de los que lo dominan), pero en detrimento de su originalidad, es
decir, a costa de un abandono de las tomas de posición distintivas, inéditas
y originales y que llaman por consiguiente a un retorno a sus orígenes, a
una restauración de la pureza original, y por otro lado, los que se inclinan a
buscar el reforzamiento del partido, es decir, la ampliación de la clientela,
así fuera a costa de transacciones y de concesiones, o incluso de una inter
ferencia metódica de todo cuanto las posiciones originales del partido pue
den tener de demasiado “exclusivo”. Los primeros jalan al partido hacia la
lógica del campo intelectual que, llevada al límite, puede despojarlo de toda
fuerza temporal; los segundos poseen la lógica de la Realpolitik que es la
condición del acceso a la existencia política.
Los electores se ven enfrentados, en sus estrategias de voto, a una alter
nativa similar: en realidad, tienen que escoger entre una representación
(partido, diputado, representante, etc.) adecuada, pero poco poderosa (gru-
púsculo, etc.), y una representación imperfecta (incluyendo el paradigma y
el catch-all party) pero, por eso mismo, poderosa: es decir que la lógica
misma que, al menos en período normal (los tiempos de crisis pueden ser
favorables a la emergencia política de individuos aislados) identifica debili
dad numérica con debilidad política, puede obligar a opciones de compro
miso y confiere en todo caso una ventaja decisiva a las tomas de posición
garantizadas respecto de las opciones originales.
El campo político es, pues, el terreno de una competencia por el poder,
que se realiza por intermedio de una competencia por los profanos o, me
jor, por el monopolio del derecho a hablar y a actuar en nombre de una
parte más o menos extendida de profanos. El portavoz se adueña no sola
mente de la palabra del grupo de profanos, es decir, la mayor parte del
tiempo, de su silencio, sino también de la fuerza misma de este grupo que
él contribuye a producir prestándole una palabra reconocida como legíti
ma en el campo político. La fuerza de las ideas que propone no se mide,
como en el terreno de la ciencia, por su valor de verdad (aunque deban una
parte de su fuerza a la capacidad de convencer de que él posee la verdad),
sino por la fuerza de movilización que encierran, vale decir por la fuerza del
grupo que las reconoce, ya sea por el silencio o por la ausencia de desmentido,
y que puede manifestar recolectando sus votos o concentrándolos en el espa
cio. Esto es lo que hace que el campo de la política, donde buscaríamos vana
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA 89
mente una instancia capaz de legitimar las instancias de legitimidad, oscile
siempre entre dos criterios de validación: la ciencia y el plebiscito
En política, “decir es hacer” significa, más exactamente, darse los medios
de hacer, haciendo creer que podemos hacer lo que decimos, haciendo cono
cer y reconocer principios de visión y de división del mundo social que, como
las consignas, producen su propia confirmación produciendo grupos y, de este
modo, un orden social. La palabra política -es lo que la define propiamente-
compromete totalmente a su autor porque constituye un compromiso por ha
cer que no es verdaderamente político, a menos que sea obra de un agente o
de un grupo de agentes responsables políticamente, es decir, capaces de compro
meter a un grupo y a un grupo que sea capaz de cumplirla: es únicamente bajo
esta condición que ésta equivale a un acto. La verdad de la promesa, o del
pronóstico, depende de la veracidad, pero también de la autoridad de aquel
que la pronuncia, vale decir, de su capacidad de hacer creer en su veracidad y
en su autoridad. Cuando admitimos que el futuro que esta en discusión de
pende de la voluntad y de la acción colectivas, las ideas-fuerza del portavoz
capaz de suscitar esta acción son infalsificabies puesto que tienen el poder de
hacer que el futuro que anuncian se haga realidad. (Esto es ciertamente lo que
hace que, para toda la tradición revolucionaria, el tema de la verdad sea
indisociable del tema de la libertad o de la necesidad histórica: si admitimos
que el fu tino, es decir, la verdad política, depende de la acción de los responsa
bles políticos y de las masas -y todavía se debería precisar en qué grado-, Rosa
Luxemburgo tuvo razón contra Kautsky, quien contribuyó a hacer que suce
diera lo que era probable, y que anunciaba, no haciendo lo que debía hacerse
según Rosa Luxemburgo; en el caso contrario, Rosa Luxemburgo se equivocó
ya que no supo prever el futuro más probable).
Lo que sería un “discurso irresponsable” en la boca de uno, es una pre
visión razonable en la boca de otro. Las declaraciones políticas, progra
mas, promesas, previsiones o pronósticos (“ganaremos las elecciones”) ja
más son verificables o falsificadles lógicamente; son verdaderas sólo en la
medida en que aquel que las enuncia (por cuenta propia o en nombre de
un grupo) es capaz de volverlas históricamente verdaderas, haciéndolas
ocurrir en la historia, lo cual depende inseparablemente de su aptitud para
40 No es por casualidad que el sondeo de opinión manifieste la contradicción entre dos
principios de legitimidad antagonistas, la ciencia tecnocrática y la voluntad democrática,
alternando las preguntas que invitan al juicio de experto o al deseo de militante.
90 EL CAMPO POLÍTICO
apreciar de manera realista las posibilidades de éxito de la acción destinada
a hacerlos pasar al acto, y de sus capacidades de movilizar las fuerzas nece
sarias para hacerlo, logrando inspirar la confianza en su propia veracidad,
y, por lo tanto, en sus posibilidades de éxito. Dicho de otra forma, la pala
bra del portavoz debe una parte de su ufuerza ilocucionaria” a la fuerza (y
especialmente al número) del grupo que contribuye a producir como tal, a
través del acto de simbolización, de representación, de manifestación. Esta
fuerza propiamente simbólica tiene su principio en el trabajo de enuncia
ción, de expliciración, que revela al grupo ante sí mismo, otorgando al enun
ciado toda la fuerza que contribuye a producir movilizando actualmente o
potencialmente al grupo al cual se dirige. Esto se ve claramente en la lógica
tan típicamente política de la promesa o, mejor aún, de la predicción: verda
dera self-fiilfillingpropbecy, la palabra por la cual el portavoz atribuye una vo
luntad, un proyecto, una esperanza o, muy simplemente, un futuro a un gru
po, hace lo que dice siempre y cuando los destinatarios se reconozcan en ella,
confiriéndole la fuerza simbólica y también material (bajo forma devotos pero
también de subvenciones, contribuciones, fuerza de trabajo o de combate,
etc.) que le permite realizarse. Porque basta que las ideas sean profesadas por
algunos responsables para que se conviertan en ideas-fuerza capaces de impo
nerse a la creencia o, incluso, en consignas capaces de movilizar o de desmovi
lizar la fuerza que encierran los grupos, en tanto los errores están condenados
a aparecer como faltas o, en el lenguaje corriente, como “traiciones”.
Crédito y creencia
El capital político es ima forma de capital simbólico, crédito fundado en
las innumerables operaciones de crédito por las que los agentes confieren
a una persona (o a un objeto), socialmente designada como digna de con
fianza, los poderes que ellos le reconocen. Poder objetivo que puede ser
objetivado en cosas (y en particular en todo lo que hace el simbolismo del
poder, tronos, cetros y coronas), al estilo de \a fides^ tal cual la analiza
Benveniste, el poder simbólico es un poder tal que quien lo sufre reconoce
en quien lo ejerce y, al mismo tiempo, a quien lo ejerce. Credere, dice Ben-
41 E. Benveniste, Le vocabulaire des i-nstimtions indo-européennes, 1.1, París, Editions de Minuit,
1969, pp. 115-121.
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA 91
veniste, “es literalmente situar el kred, es decir, el poder mágico, en un ser
del que se espera protección, por lo tanto creer en él4243 . Especie de fetiche,
el hombre político obtiene su poder propiamente mágico sobre el grupo,
de la creencia del grupo en la representación que da al grupo y que es una
representación del grupo mismo y de su relación con los otros grupos.
Mandatario unido a sus mandantes por una suerte de contrato racional (el
programa), es también héroe, unido por una relación mágica de identifica
ción a los que, como se dice, “depositan en él todas sus esperanzas”. Y
debido a que su capital específico es un mero valor fiduciario que depende
de la representación colectiva, más o menos completamente objetivada en
cosas o instituciones, el hombre político es especialmente vulnerable a las
sospechas, a las calumnias, al escándalo, en resumen, a todo lo que amena
za la confianza (y esto tanto más completamente, ya lo veremos después,
cuanto su capital le debe menos a la delegación)42. Este capital sumamente
lábil sólo puede ser conservado a costa del trabajo permanente que es nece
sario para acumular el crédito y evitar el descrédito: de aquí vienen todas
las precauciones, todos los silencios, todos los disimulos que impone a per
sonajes públicos, situados sin cesar ante el tribunal de la opinión, la inquie
tud constante de no decir o de no hacer nada que pudiera ser recordado
por la memoria de los adversarios, principio despiadado de irreversibilidad,
de no traicionar nada que pudiera contradecir las profesiones de fe, presentes
o pasadas, o desmentir su constancia en el curso del tiempo44. Y la atención
42 bid.
43 La violencia de la polémica política y el recurso constante a la denuncia ética que se
arma, a menudo, de argumentos dirigidos contra la persona o, incluso, contra su apa
riencia física, con la caricatura, por ejemplo, se explica también por el hecho de que las
ideas-Fuerza deben una parte de su crédito al crédito de la persona que, al profesarlas,
las garantiza, y que no se trata solamente de rechazarlas, por una argumentación pura
mente lógica, sino de desacreditarlas desacreditando a su autor.
44 La prudencia extrema que define al político realizado y que se mide en particular por el
alto grado de eufemización de su discurso, se explica sin duda por la vulnerabilidad
extrema del capital político que hace del oficio del hombre político una profesión de
alto riesgo, sobre todo en los períodos de crisis en que, como vemos en el caso de de
Gaulle y Petain, pequeñas diferencias en las disposiciones y en los valores comprometidos
pueden dar lugar a elecciones totalmente exclusivas: esto debido a que imponiendo un
sistema de clasificación organizado en torno a un solo criterio, propia y exclusivamente
político, las situaciones extra-ordinarias debilitan la posibilidad de compromisos, ambi
güedades, juegos dobles, pertenencias múltiples, etc., a los que autoriza el recurso ordina
rio a criterios de clasificación múltiples y parcialmente integrados.
92 ELCtMPO POLÍTICO
especial que los hombres políticos deben prestar a todo lo que contribuye
a producir la representación de su sinceridad o de su desinterés, se explica si
se piensa que estas disposiciones aparecen como la última garantía de la
representación del mundo social que se esfuerzan por imponer, de los “idea
les” y de las “ideas” que tienen la misión de hacer reconocer45.
Las especies del capital político
“Banquero de hombres en régimen de monopolio”46, como dice Gramsci
respecto de los funcionarios sindicalistas, el hombre político debe su auto
ridad específica dentro del campo político -lo que el lenguaje corriente
denomina el “peso político”- a la fuerza de movilización que posee, sea a
título personal o por delegación, en su calidad de mandatario de una orga
nización (partido, sindicato) poseedora de un capital político acumulado
en el curso de luchas pasadas, y primeramente en forma de cargos -dentro
del aparato o hiera del aparato-y de militantes atados a estos cargos47. El
45 Esta es la causa por la cual el hombre político tiene intereses comunes con el periodista,
poseedor de un poder sobre los instrumentos de difusión masiva que le da un poder sobre
toda especie de capital simbólico: capaces, al menos en ciertas coyunturas políticas, de contro
lar el acceso de un hombre político o de un movimiento a la condición de fuerza política que
cuenta, y más comúnmente, de contribuir a hacer o a deshacer las reputaciones, los perio
distas están condenados, como el crítico, al papel de beneficiadores que no están en condi
ciones de hacer para su propio beneficio lo que hacen. Esto hace que mantengan con aquellos
que han contribuido a crear (proporcionalmente a su valor como beneficiadores), una rela
ción de ambivalencia que los lleva a oscilar entre la sumisión admirativa o servil y el rencor
pérfido, presto a expresarse al primer paso en falso del ídolo que contribuyeron a producir.
46 ‘‘Estos jefes se convirtieron en banqueros de hombres en régimen de monopolio, y la más
mínima alusión a una competencia los vuelve locos de terror y de desesperación” (A. Gramsci,
op. cit. t. H, p. 85). “Por muchos aspectos, los dirigentes sindicales representan un tipo social
similar al banquero-, un banquero experto, que tiene un buen instinto en los negocios, que sabe
prever con cierta exactitud el curso de las bolsas y de los contratos, da crédito a su institución,
atrae a los ahorristas y a los cobradores de intereses; un dirigente sindicalista, que en pleno
enfrentamiento de las fuerzas sociales en ludia sabe prever los posibles resultados, atrae a las
masas hada su organizadón, se convierte en un “banquero de hambres1' (op. cit., p. 181).
47 La oposidón entre los dos tipos de capital político es el origen de una de las diferencias
fundamentales entre los representantes del PC y los del PS: “Mientras que la gran mayoría
de los alcaldes socialistas evocan su ‘notoriedad’, basada en el prestigio familiar, en la compe-
tenda profesional o en los servicios prestados en una actividad cualquiera, los dos tercios de
los comunistas se consideran primero y ante todo delegados de su partido” (D. Lacome, Les
notables rouges, París, Presscs de la fondation nationale des sdences politiques, 1980, p. 67).
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA 93
capital personal de “notoriedad
* ’ y de “popularidad” basado en el hecho de
ser conocido y reconocido como persona (de tener un “nombre”, un “renom
bre”, etc.) y también en la posesión de un cierto número de calificaciones
específicas que son la condición de la adquisición y de la conservación de
una “buena reputación”, es a menudo el producto de la reconversión de un
capital de notoriedad acumulado en otros terrenos (y en particular en
profesiones que, como las profesiones liberales, garantizan tiempo libre y
suponen un cierto capital cultural y, en el caso de los abogados, un domi
nio profesional de la elocuencia). Mientras que este capital personal de
notable es producto de una acumulación lenta y continua, que toma en ge
neral toda una vida, el capital personal que podemos llamar heroico o pro-
fético y en el que piensa Max Weber cuando habla de “carisma”, es pro
ducto de una acción inaugural, llevada a cabo en situación de crisis, en el
vacío y el silencio dejados por las instituciones y los aparatos: acción profética
de otorgación de sentido, que se fundamenta y se legitima a sí misma, re
trospectivamente, por la confirmación que su propio éxito confiere al len
guaje de crisis y a la acumulación inicial de fuerza de movilización que
realizó48.
Contrariamente al capital personal que desaparece con la persona de su
portador (aunque pueda dar lugar a disputas de herencia), el capital dele
gado de autoridad política es, como el del sacerdote, del profesor y, mas
generalmente, funcionario, producto de la transferencia limitada y pro
visional (aunque renovable, a veces de por vida) de un capital poseído y
controlado por la institución, y únicamente por ella49. Es el partido el que,
a través de la acción de sus altos dirigentes y de sus militantes, acumuló, en
el curso de la historia, un capital simbólico de reconocimiento y de fidelidad y
se dotó, para y por la lucha política, de una organización permanente de
miembros permanentes capaces de movilizar a los militantes, a los adhe-
rentes y simpatizantes y de organizar el trabajo propagandístico necesario
48 Pensaremos sin duda en la aventura gaullista. Pero encontraríamos también el equiva
lente en una región totalmente opuesta del espacio social y político. Es así que Denis
Lacorne observa que los elegidos comunistas que gozan de una notoriedad personal
deben casi siempre su condición de “personalidad local” a un “acto de naturaleza heroi
ca” realizado durante la Segunda Guerra Mundial (D. Lacorne, opxit., p. 69).
49 Dicho esto, la misión política se distingue, incluso en este caso, de una simple función
burocrática en que sigue siendo, como lo vimos, una misión que compromete a toda la
persona.
94 EL CAMPO POLÍTICO
para obtener los votos y de esta forma los puestos que permitan mantener y
conservar duraderamente a los miembros permanentes. Este aparato de
movilización, que distingue al partido o al sindicato tanto del club aristo
crático como del grupo intelectual, se apoya a la vez en estructuras objeti
vas como la burocracia de la organización propiamente dicha, los puestos
que ofrece con todos los beneficios correlativos, dentro de ella misma o en
las administraciones públicas, las tradiciones de reclutamiento, de forma
ción y de selección que la caracterizan, etc., y en las disposiciones, trátese
de la fidelidad al partido o de los principios incorporados de división del
mundo social que los dirigentes, los miembros permanentes o los militan
tes utilizan en su práctica cotidiana y en su acción propiamente política.
La investidura, acto propiamente mágico de institución, por el que el parti
do consagra oficialmente al candidato oficial a una elección, marca la transmi
sión de un capital político. Debido a esto, tiene sin duda mucho más en co
mún de lo que parece con la investidura medieval que solemnizaba la tradición
de un feudo o de bienes raíces. Lo cierto es que la investidura no puede ser
sino la contrapartida de una profunda entrega a la institución y a sus garantes,
avalada por una larga inversión de tiempo, de trabajo, de sumisión, y hasta de
devoción. No es por casualidad que los partidos, al igual que las iglesias, sitúan
tan a menudo a oblatos a la cabecera. La ley que rige los intercambios entre
los agentes y las instituciones puede enunciarse como sigue: la institución da
todo, comenzando por el poder sobre la institución, a los que dieron todo a la
institución, pero porque no eran nada fuera de la institución y sin la institu
ción, y porque no pueden renegar de la institución sin negarse a sí mismos,
privándose de todo lo que son por y para la institución, a la que deben todo.
Podemos citar aquí a Michels; “Los conservadores más tenaces de un
partido son aquellos que más dependen de él”50. Y más adelante: “Un par
tido que dispone de unas arcas bien guarnecidas puede no solamente re
nunciar al apoyo material de sus miembros más acaudalados y eliminar de
este modo su preponderancia en los asuntos internos, sino también proveer
se de un cuerpo de funcionarios leales y devotos, porque sacan del partido
sus medios de existencia51. O a Gramsci; “Hoy en día los representantes de
las cooperativas, de las oficinas de colocación, de las viviendas obreras, de
los municipios, de las cajas de previsión, aunque son la minoría en el parti
50 R. Michels, op. cit., p. 101.
51 R. Michels, op. cit., p. 105.
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA 95
do, aventajan a los magistrados, a los periodistas, a los profesores, a los
abogados, que persiguen inaccesibles y vanos planes ideológicos”52.
En resumen, la institución inviste a quienes invirtieron en la institución:
la inversión consiste en servicios prestados, frecuentemente más valorados
por la institución cuanto más costosos psicológicamente son (como todas
las “pruebas” de iniciación), por tanto aptos para favorecer la inversión
psicológica en la institución. Puesto que la dependencia psicológica viene
así a reforzar a la dependencia material, se comprende que la exclusión,
como suspensión del capital de autoridad institucional y de todos los segu
ros y seguridades asociados, tome tan frecuentemente la forma de una quie
bra, de una bancarrota a la vez social y psicológica (esto tanto más cuanto
que, como la excomunión y la exclusión del sacrificio divino, se acompaña
a menudo de un “rudo boicot social” “con la forma del rechazo a relacio
narse con el excluido”)53. Aquel que está investido de un capital defunción,
equivalente a la “gracia institucional” o al “carisma de función” del sacer
dote, puede no poseer ninguna otra “calificación” más que la que le otorga
la institución por el acto de investidura. Y, nuevamente, es la institución la
que controla el acceso a la notoriedad personal controlando, por ejemplo, el
acceso a las posiciones más a. la vista, (la de secretario general o de porta
voz), o a los lugares de gran visibilidad (como actualmente los grandes
“shows” en la radio o la televisión, o las conferencias de prensa). El poseedor
de un capital delegado puede, sin embargo, obtener capital personal me
diante una estrategia sutil que consiste en tomar, con relación a la institu
ción, el máximo de distancia compatible con el mantenimiento de la perte
nencia y la conservación de las ventajas correlativas. De esto resulta que el
elegido del aparato depende por lo menos tanto del aparato como de sus
electores -que se los debe al aparato y que pierde en caso de ruptura con el
aparato-y también resulta que, a medida que la política se “profesionaliza”
y los partidos se “burocra tizan”, la lucha por el poder político de moviliza
ción tiende siempre más a convertirse en una competencia de dos grados:
el desenlace de la competencia por el poder sobre el aparato que se desa
rrolla en el seno del aparato, únicamente entre los profesionales, rige la elec
ción de los que podrán entrar en la lucha por la conquista de los simples
52 A. Gramsci, op. cit., t. II, p. 193.
53 M. Weber, op. cit., t.n, p. 880 y también p. 916. Aquí también se comprende la analogía
entre la experiencia del excluido y la de aquel que colgó los hábitos.
96 EL CAMPO POLÍTICO
laicos; esto es lo que hace que la lucha por el monopolio de la elaboración
y de la difusión de los principios de visión del mundo social, esté cada vez
más estrechamente reservada a los profesionales y a las grandes unidades
de producción y difusión, excluyendo de hecho a los pequeños producto
res independientes (comenzando por los “intelectuales libres”).
La institucionalización del capital político
La delegación del capital político presupone la objetivación de esta es
pecie de capital en instituciones permanentes, su materialización en “má
quinas” políticas, en puestos e instrumentos de movilización, y su repro
ducción continua por medio de mecanismos y estrategias. La delegación
es entonces propia de las empresas políticas ya antiguas que acumularon
un capital político objetivado importante, en forma de puestos en el seno
del partido mismo, en todas las organizaciones más o menos subordinadas
al partido y también en los organismos del poder local o central, que están
directa o indirectamente controlados por el partido (municipios, comités
de empresas, etc.) y en toda la red de empresas industriales o comerciales
que viven en simbiosis con estos organismos54. La objetivación del capital
político garantiza una independencia relativa con relación a la sanción elec
toral, sustituyendo la dominación directa sobre las personas y las estrate
gias de inversión personal (“pagar con su persona”), por la dominación
mediata que permite mantener duraderamente a los detentores de puestos
manteniendo los puestos que poseen. Y comprendemos que a esta nueva
definición de las posiciones correspondan características nuevas en las posi
ciones de sus ocupantes: en efecto, mientras más se institucionaliza el capi
tal político en forma de puestos para tomar o para mantener, más benefi
54 “Las alcaldías son para el Partido Socialista lo esencial de los medios, de los hombres,
de las influencias (...), Mientras maneje las alcaldías, el partido durará, se mantendrá
suceda lo que suceda. Se comprende que los municipios sean el gran negocio de los
socialistas. A lo sumo el único negocio serio. La ideología, las declaraciones de princi
pios, los planes de acción, los programas, debates, discusiones, diálogos, son importan
tes, por supuesto (...). Pero a nivel local, el partido está en el poder, o por lo menos
tiene esa ilusión. Ese es el motivo por el que no jugamos más cuando se trata de eleccio
nes municipales. Entramos a lo concreto. Defendemos nuestro terreno, sin habladurías
teóricas, ávidamente, duramente, hasta el final” (P. Guidoni, Histoire du nouveau Partí
socialista París, Tema-Action, 1973, p. 120).
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA 97
cios hay en entrar al aparato, inversamente a lo que sucede en las fases
iniciales o en los tiempos de crisis -en período revolucionario, por ejem
plo- cuando los riesgos son grandes e inmediatos y los beneficios lejanos e
inciertos.
El proceso a menudo designado con la palabra vaga de “burocratización”
se comprende si vemos que, a medida que avanzamos en el ciclo de vida de la
empresa política, los efectos que la oferta de cargos estables de miembros
permanentes ejerce sobre el reclutamiento vienen a duplicar los efectos,
con frecuencia observados55, que ejerce la ocupación de estos puestos (a tra
vés, particularmente, de los privilegios relativos que garantiza). Mientras más
adelantado está el proceso de institucionalización del capital político, más la
conquista de los “espíritus” tiende a subordinarse a la conquista de los pues
tos y más los militantes, unidos sólo por la devoción a la “causa”, retroceden
en beneficio de los “prebendalistas”, como los llama Weber, especie de clien
tes, duraderamente ligados al aparato por los beneficios y los provechos que
les garantiza, sostemendo al aparato mientras éste los sostiene retribuyéndo
les una parte del botín material o simbólico que conquista gracias a ellos
(con el spoil system de los partidos americanos, por ejemplo). Dicho de otro
modo, a medida que el aparato de movilización se agranda, el peso de los
imperativos ligados a la reproducción del aparato y de los puestos que ofre
ce, sujetando a sus ocupantes a través de toda clase de intereses materiales o
simbólicos, no deja de crecer, tanto en la realidad como en las mentes, con
respecto a los imperativos que impondría la realización de los fines procla
mados del aparato: y se comprende que la preocupación por mantenerse en
el poder, o simplemente en la existencia, lleve tan a menudo a los partidos a
sacrificar el programa por el que fueron llevados al poder56.
55 “El desarrollo normal de la organización sindical esparcirá resultados enteramente opues
tos a los que habían sido previstos por el sindicalismo: los obreros convertidos en diri
gentes sindicales perdieron completamente la vocación laboriosa y el espíritu de clase,
y adquirieron todas las características del funcionario pequeño burgués, intelectualmente
perezoso, moralmente pervertido o fácil de pervertir. Mientras más se amplía el movi
miento sindical, abarcando grandes masas, más se expande el funcionarismo” (A. Gramsci,
op. cit., t. ITI, pp. 206-207).
56 Estos análisis se aplican también en el caso de la Iglesia: a medida que el capital político
de la Iglesia se objetiva en las instituciones y, como es el caso en el período reciente, en
puestos controlados por la Iglesia (en la enseñanza, la prensa, los movimientos de jóvenes,
etc.); el poder de la Iglesia tiende a descansar cada vez menos en la inculcación y la
"cura de almas”, de manera que se mide sin duda mejor por el número de puestos y de
<>8 EL CAMPO POLÍTICO
Los intereses ligados a la reproducción de los aparatos o de las posicio
nes dentro del aparato y de los poderes o privilegios que aquéllas garanti
zan, no se revelan nunca tan crudamente como en las relaciones entre los
partidos o líderes situados en competencia directa. Así, por ejemplo, el
Partido Comunista francés y el Partido Socialista francés deben conciliar
de la mejor forma posible los intereses que pueden tener, en un momento
determinado, en la unión o en la desunión y los beneficios o pérdidas sim
bólicos en que pueden incurrir, dependiendo de que una u otra de las es
trategias sea aprobada o desaprobada, por toda su clientela o por parte de
ella. De lo que resulta que uno de los mayores desafíos de la lucha entre los
aparatos es la imposición de una visión de los aparatos y en particular de
sus responsabilidades en la unión o la división. Sería bueno releer sobre
este punto las declaraciones y los análisis producidos por los aparatos y sus
dirigentes a propósito de la ruptura de la unión y la derrota electoral de
1978; observando que los aparatos divididos en cuanto a las razones de la
división se ponen de acuerdo para combatir la visión según la cual el prin
cipio de la división podría residir en los intereses de los aparatos divididos
que, salvo que se anexe al competidor y a su clientela -por una estrategia
de “unión en la base”- tienen en común el no poder reproducirse sin cam
biar más que reproduciendo la división.
Campos y aparatos
Aunque no existe empresa política, por monolítica que pueda parecer,
que no sea escenario de enfrentamientos entre tendencias e intereses di
vergentes'7, resulta que los partidos están tanto más condenados a firncio-*
57
agentes mediatamente controlados por la Iglesia, que por el número de “mesalisantes”
o “pascalisantes”. (De este modo, se explica que las disposiciones políticas de las autori
dades religiosas, y especialmente su relación con los poderes públicos, estén tan com
pleta y directamente determinadas por todo lo que puede afectar a las bases materiales
de la existencia social de la Iglesia, como hoy en día los puestos de enseñanza financia
dos por el Estado).
57 Esto es lo que observamos en el caso aparentemente más desfavorable, el del partido bol
chevique: “Detrás de la fachada de una unidad política y organizativa proclamada, conocida
con el nombre de ‘centralismo democrático’, no existían en 1917, ni tampoco en los años
posteriores, filosofía o ideología políticas bolcheviques uniformes. Inversamente, el parti
do ofrecía una notable variedad de puntos de vista: las diferencias iban desde simples pala
bras, hasta conflictos sobre las opciones fundamentales” (S. Cohén, op. cit., 1.979, p. 19).
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA 99
nar según la lógica del aparato capaz de responder instantáneamente a las
exigencias estratégicas inscritas dentro de la lógica del campo político, cuan
to más desfavorecidos culturalmente y más atados a los valores de fidelidad
están sus mandantes, y por consiguiente más propensos a la delegación
incondicional y duradera; cuanto más antiguos y más ricos en capital polí
tico objetivado, por tanto más fuertemente determinados en sus estrate
gias por la inquietud de “defender sus adquisiciones”; cuanto más expresa
mente formados con miras a la lucha, por consiguiente organizados según
el modelo militar del aparato de movilización; cuanto más desprovistos,
sus altos dirigentes y miembros permanentes, de capital económico y cul
tural, por consiguiente más dependientes del partido.
La combinación de la fidelidad política Ínter e intrageneracional que
les garantiza una clientela relativamente estable, despojando a la sanción
electoral de una gran parte de su eficacia y de la fides implícita, que protege
a los dirigentes del control de los profanos, es lo que hace que, paradójica
mente, no existan empresas políticas que sean más independientes de las
presiones y de los controles de la demanda y más libres de obedecer sólo a
la lógica de la competencia entre profesionales (a veces a costa de los más
súbitos y paradójicos cambios de opinión), que los partidos que se valen al
más alto mvel de la defensa de las masas populares'8. Y esto tanto más cuanto
tienden a aceptar el dogma bolchevique, según el cual el hecho de hacer
intervenir a los profanos en las luchas internas del partido, de recurrir a
ellos o, muy simplemente, de dejar filtrar hacia afuera los desacuerdos inter
nos, tiene algo de profundamente ilegítimo.
Así mismo, los miembros permanentes nunca dependen tanto del partido
como cuando su profesión sólo les permite participar en la vida política a costa
de un sacrificio de tiempo y de dinero: por tanto, no pueden esperar sino del
partido el tiempo libre que los notables deben a sus ingresos o a la manera en
que Jos obtienen, es decir, sin trabajar o trabajando de forma intermitente.58
58 Aunque conocemos el lugar que el sistema popular de valores otorga a virtudes como la
integridad (“ser íntegro”, “de una sola pieza”, etc.), la fidelidad a la palabra empeñada, la
lealtad hacia los suyos, la constancia consigo mismo (“yo soy así”, “no me cambiarán”, etc.),
tantas disposiciones que en otros universos aparecerían como una forma de rigidez, o hasta
de estupidez, comprendernos que el efecto de fidelidad en las elecciones ordinarias, que
□ende a hacer de la pertenencia política una propiedad casi hereditaria y capaz de sobrevivir
a los cambios de condición intra o intergeneracionales, se ejerza con una fuerza particular en
el caso de las clases populares y beneficie particularmente a los partidos de izquierda.
100 EL CAMPO POLÍTICO
A pesar de que presenta rasgos invariables, la oposición entre los miem
bros permanentes y los simples adherentes (o, con mayor razón, los votantes
ocasionales), reviste sentidos muy diferentes según los partidos. Esto, por
intermedio de la distribución del capital y sobre todo, tal vez, del tiempo
libre entre clases. Sabemos, en efecto, que si la democracia directa no resis
te ante la diferenciación económica y social, es porque, por intermedio de
la distribución desigual del tiempo libre resultante, se introduce la con
centración de los cargos administrativos en beneficio de los que disponen
del tiempo necesario para llenar las funciones gratuitamente o a cambio de
una escasa remuneración. Este factor podría también contribuir a explicar
la percepción diferencial de las diferentes profesiones (o incluso, de las
diferentes posiciones en una misma profesión) en la vida política o sindical
y, de manera más general, en todas las responsabilidades semi-políticas.
Max Weber observa que los directores de los grandes institutos de medici
na y ciencias de la naturaleza son poco propensos y aptos para ocupar los
puestos de rector59 y Robert Michels indica que los científicos que tomaron
parte activa en la vida política “vieron a sus aptitudes científicas sufrir un
lento pero progresivo descenso”60. Si añadimos que las condiciones socia
les que favorecen o autorizan la negativa a dar de su tiempo a la política o a
la administración inclinan también, muy a menudo, hacia el desprecio aristo
crático o profético de los beneficios temporales que estas actividades pue
den prometer o proporcionar, comprendemos mejor algunos de los inva
riantes estructurales de la relación entre los intelectuales de aparato (político,
administrativo u otro) y los intelectuales “libres”, entre obispos y teólogos,
o entre decanos, rectores o administradores científicos e investigadores.
Si sabemos, además, que la dependencia de los miembros permanentes
es tanto más completa cuanto más débil el capital económico y cultural
que poseían antes de su ingreso al partido, comprendemos que quienes
salen de la clase obrera tengan el sentimiento de deberle todo al partido,
no solamente su posición, que Los libera de los servilismos de su antigua
condición, sino su cultura, y en resumen todo lo que hace su presente ser:
“Y es que el que vive la vida de un partido como el nuestro no hace más
que superarse. Me fui con el saber de un escolar de primaria y el partido
me obligó a instruirme. Se debe trabajar, leer y devorar muchos libros,
59 M. Weber, op. cit., t. II, p. 698.
60 R. Michels, op. cit., p. 155.
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA 101
empaparse integro... ¡Es una obligación! Si no... ¡seguiría siendo el borri-
quillo de hace 50 años! Yo digo ‘Un militante le debe todo a su partido’”61.
Comprendemos también que, como lo estableció Denis Lacorne, “el espí
ritu de partido” y el “orgullo partidario” estén netamente más acentuados
entre los miembros permanentes del partido comunista, que entre los miem
bros permanentes del partido socialista quienes, habiendo salido más a
menudo de las clases medias y superiores, y especialmente del cuerpo do
cente, son en menor medida dependientes del partido.
Vemos que la disciplina y el adiestramiento, tan a menudo sobrestima-
dos por los analistas, se quedarían totalmente impotentes sin la complici
dad que encuentran en las disposiciones de sumisión forzada o electiva que
los agentes importan al aparato y que son continuamente reforzadas por la
solidaridad de las disposiciones aguzadas y por los intereses inscritos en los
puestos de aparato. Podemos decir indistintamente que ciertos habitus en
cuentran las condiciones de su realización, y hasta de su plenitud, dentro
de la lógica del aparato, o inversamente, que la lógica del aparato “explota”
en su favor las tendencias inscritas en ciertos habitus: podríamos mencio
nar, por un lado, todos los procedimientos comunes a todas las institucio
nes totales, por los que el aparato y los que lo dominan imponen la disci
plina y ponen en vereda a los herejes y a los disidentes o, por otro lado, los
mecanismos que, con la complicidad de aquellos cuyos intereses sirven,
tienden a garantizar la reproducción de las instituciones y de sus jerar
quías. No terminaríamos de enumerar y analizar las disposiciones que ofre
cen sus resortes y engranajes a la mecanización militarista: trátese de la
relación dominada con la cultura, que empuja a los miembros permanen
tes provenientes de la clase obrera hacia una forma de anti-intelectualismo
apto para servir de justificación o de coartada a una especie de jdanovismo
espontáneo y de corporativismo obrerista, o del resentimiento que saca
provecho de la visión estalinista (en el sentido histórico), es decir policíaca,
de las “fracciones”, y de la tendencia a pensar en la historia con la lógica
del complot o, aún más, de la culpabilidad que, inscrita en la posición de
falsedad del intelectual, alcanza su máxima intensidad en el intelectual sali
do de las clases dominadas, tránsfuga, a menudo hijo de tránsfuga, que
Sartre evocó magníficamente en el prólogo de Aden Arable. Y no com
prenderíamos ciertos “éxitos” extremos de la manipulación de aparato si
61 D. Lacorne, op. át., p. 114.
102 EL CAMPO POLÍTICO
no viéramos hasta qué punto estas disposiciones están objetivamente
orquestadas, viniendo las diferentes formas de miserabilismo, que predis
ponen a los intelectuales al obrerismo, a ajustarse por ejemplo al jdanovismo
espontáneo para favorecer la instauración de relaciones sociales en las que
el perseguido se hace cómplice del perseguidor.
El modelo organizativo de tipo bolchevique que se impuso en la mayo
ría de los partidos comunistas permite cumplir, hasta sus últimas conse
cuencias, las tendencias inscritas en la relación entre las clases populares y
los partidos. Aparato (o institución total) preparado con miras a la lucha,
real o representada, y basado en la disciplina que permite hacer actuar a un
conjunto de agentes (aquí militantes) “como un solo hombre” con miras a
una causa común, el partido comunista tiene las condiciones de su funcio
namiento en la lucha permanente, cuyo escenario es el campo político, y
que puede ser reactivada o intensificada a voluntad. En efecto, debido a
que la disciplina que, como lo observa Weber, “garantiza la uniformidad
racional de la obediencia de una pluralidad de hombres”62, encuentra su
justificación, si no su fundamento, en la lucha, basta con invocar a la lucha
real o potencial, incluso reavivarla más o menos artificialmente, para res
taurar la legitimidad de la disciplina.
Robert Michels, que nota la estrecha correspondencia entre la organi
zación del “partido democrático de combate”, la organización militar y los
numerosos préstamos (particularmente en el caso de Engels y Bebel) de la
terminología socialista a la jerga militar, observa que los dirigentes que,
como lo recuerda, tienen intereses en la disciplina y en la centralización63,
no dejan de recurrir a la magia del interés común y a los “argumentos de
orden militares” cada vez que su posición se ve amenazada: “Sostenemos
en particular que, aunque sólo sea por razones de orden táctico y con el fin de
mantener la cohesión necesaria frente al enemigo, los adherentes al partido
no deberían, en ningún caso, negar su confianza a los jefes que eligieron libre
mente”64. Pero es sm duda con Stalin con quien la estrategia de la militariza
ción que, como lo observa Stephen Cohén, es con certeza la única contribu
ción original de Stalin al pensamiento bolchevique; por lo tanto, la característica
principal del stalínismo alcanza su realización: los sectores de intervención se
62 M. Weber, op. cit., t. II, p. 867.
63 R. Michels, op. cit., pp. 129, 144.
64 R. Michels, op. cit., p. 163.
LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA 103
convierten en “frentes” (frente de victoria, frente de la filosofía, frente de la
literatura, etc.); los objetivos o los problemas son “fortalezas” que las “briga
das teóricas” deben “tomar por asalto”, etc. Este pensamiento “militar” es
evidentemente maniqueo, alaba a un grupo, una escuela de pensamiento o un
concepto constituido en ortodoxia para aniquilar mejor a los demás65.
Real o ficticia, la situación de lucha refuerza la posición de los domi
nantes en el seno del aparato y los militantes renuncian a la función de
tribunos que les asigna la definición oficial del papel, para convertirse en
simples “cuadros” encargados de hacer ejecutar las órdenes y las consignas
de la dirección central y condenados por “camaradas competentes” a la
“democracia de ratificación”. Si las luchas libradas al interior del partido
comunista contra el autoritarismo de los dirigentes y contra la prioridad
que dan a los intereses de aparato con respecto de los intereses de los man
dantes, tienen tan a menudo el efecto de reforzar las mismas tendencias
que combaten, es porque les basta a los dirigentes con invocar, o incluso
inventar, la lucha política, en particular contra los competidores más próxi
mos, para autorizar el llamado a la disciplina, es decir, a la sumisión ante
los dirigentes, que se impone en tiempos de lucha. Fisto es lo que hace de
la denunciación del anticomunismo un arma absoluta en las manos de quie
nes dominan el aparato, puesto que descalifica la crítica, incluso la
objetivación, e impone la unidad contra el exterior.
Nada expresa mejor la lógica de esta organización de combate que el
procedimiento del “¿Quién está en contra?” tal como lo describía Bujarin:
se convoca a los miembros de la organización -explica él- y se les pregunta:
“¿Quién está en contra?”. Y como todos tienen más o menos miedo de
estar en contra, el individuo designado es nombrado secretario, la resolu
ción propuesta es adoptada, y siempre por unanimidad66. El proceso que
llamamos “militarización” consiste en el hecho de valerse de la situación
de “guerra” a la que se encuentra enfrentada la organización, que puede
ser producida por un trabajo sobre la representación de la situación, con el
fin de producir y reproducir continuamente el miedo de estar en contra, fun
65 Cf. S. Cohén, op. cit., pp. 367-368 y 388.
66 Cf. S. Cohén, op. cit., p. 185. Una etnografía de las prácticas de asamblea proporciona
ría mil ilustraciones de los procedimientos de imposición autoritaria que se apoyan en
la imposibilidad práctica de romper, sin inconveniente, la unanimidad unánimemente
cultivada (absteniéndose en una votación a mano alzada, rayando un nombre de una
lista preestablecida, etc.).
104 EL CAMPO POLÍTICO
damento último de todas las disciplinas militantes y militares. Si no exis
tiera el anti comunismo, el “comunismo de guerra” no dejaría de inventar
lo. Estando toda oposición interna condenada a aparecer como colusión
con el enemigo, ella refuerza la militarización que combate reforzando la
unanimidad del “nosotros” asediado, que predispone a la obediencia mili
tar: la dinámica histórica del campo de luchas entre ortodoxos y herejes,
defensores del pro y defensores del contra, por una explotación semirra-
cional de los efectos psicosomáticos de la exaltación de la unanimidad de
adhesiones y aversiones o, inversamente, de la angustia de la exclusión y la
excomunión, hace del “espíritu del partido” un verdadero espíritu de cuerpo.
De este modo, la ambigüedad misma de la lucha política, este combate
por “ideas” e “ideales”, que es inseparablemente un combate por poderes
y, se quiera o no, por privilegios, da origen a la contradicción que amenaza
a todas las empresas políticas condicionadas con miras a la subversión del
orden establecido: todas las necesidades que pesan sobre el mundo social
concurren a hacer que la función de movilización, que llama a la lógica
mecánica del aparato, tienda a adelantarse a la función de expresión y re
presentación que reivindican todas las ideologías profesionales de los hom
bres de aparato (la del “intelectual orgánico” como la del partido “partero”
de la clase) y que no pueda ser garantizada realmente sino por la lógica
dialéctica del campo. La “revolución por arriba”, proyecto de aparato que
el aparato supone y produce, tiene por efecto interrumpir esta dialéctica
que es la historia misma, primero en el campo político, este campo de luchas
a propósito de un campo de luchas y de la representación legítima de estas
luchas, y luego, en el seno mismo de la empresa política, partido, sindica
to, asociación, que no puede funcionar como un solo hombre más que sa
crificando los intereses de una parte, si no de la totalidad de sus mandatos.
Por un saber comprometido67
¿Pueden y deben los intelectuales, y más precisamente los investigado
res, y más precisamente aún, los especialistas en ciencias sociales, interve
nir en el mundo político, y bajo qué condición pueden hacerlo eficazmen
te? ¿Qué papel pueden desempeñar dentro del movimiento social, a escala
nacional y sobre todo internacional, es decir, en el nivel mismo en el que se
juega, hoy en día, el destino de los individuos y de las sociedades? ¿Cómo
pueden ellos contribuir a la invención de una nueva forma de hacer política?
Primer punto: para evitar cualquier malentendido, hay que establecer
claramente que un investigador, un artista o un escritor que interviene en
el mundo político, no por ello se convierte en hombre político; según el
modelo creado por Zola cuando el caso Dreyfus se transforma en un inte
lectual, o, como se dice en los Estados Unidos, en un “public intellectuar, es
decir, en alguien que compromete en un combate político su competencia
y su autoridad específicas, y los valores asociados al ejercicio de su profe
sión, como los valores de verdad o de desinterés, o, en otros términos, en
alguien que va al terreno de la política pero sin abandonar sus exigencias y
sus competencias de investigador. (Esto equivale a decir, de paso, que la
oposición que se hace a menudo en la tradición anglosajona, entre scholarship
y commitmcnt está quizás desprovista de fundamento: las intervenciones de
los artistas, escritores o científicos -Einstein, Russell o Sakharov- dentro
67 “A scholarship with commitment”, videoconferencia dirigida a la Modem Language
Association Meetings, Chicago, diciembre de 1999, por invitación de Edward Said.
106 EL CAMPO POLÍTICO
del espacio público, encuentran su principio, su fundamento, en una “co
munidad” comprometida (¿ommitted) con la objetividad, con la probidad y
el desinterés. Es, por lo demás, a su supuesto respeto de esas leyes morales
no escritas, tanto como a su competencia técnica, que el scholar debe su
autoridad social.
Interviniendo de este modo, se expone a decepcionar (la palabra es de
masiado débil), o mejor aún, a chocar: chocar, por un lado, dentro de su
propio universo, a los que habiendo elegido la facilidad virtuosa de que
darse encerrados en su torre de marfil, ven en el commitment una falta a la
famosa “neutralidad axiológica” erróneamente identificada con la objetivi
dad científica; chocar, por otro lado, dentro del mundo político, a los que
ven en él una amenaza para su monopolio y, de manera más general, a
todos aquéllos a los que su intervención incomoda. En una palabra, se ex
pone a despertar todas las formas de antiintelectualismo que dormitan aquí
y allá, un poco por doquier, en los poderosos de este mundo, banqueros,
patrones y altos funcionarios, en los periodistas, en los hombres políticos
(sobre todo de izquierda), casi todos, actualmente, poseedores de capital
cultural, y por supuesto, en los propios intelectuales.
Pero condenar el antiintelectualismo, cuyo principio es casi siempre el
resentimiento, no significa eximir al intelectual de toda crítica del intelec-
tualismo: la crítica a la que el mismo intelectual puede y debe someterse, o,
dicho de otro modo, la reflexividad crítica, es una condición previa absolu
ta de toda acción política de los intelectuales. El mundo intelectual debe
dedicarse permanentemente a la crítica de todos los abusos de poder o de
autoridad cometidos en nombre de la autoridad intelectual, o, si se prefie
re, a la crítica del uso de la autoridad intelectual como un arma política;
debe además someterse a la crítica dél scholastíc bias cuya forma más perver
sa, que aquí nos concierne particularmente, es la propensión a un revolu-
cionarismo sin objeto y sin efecto: pienso, efectivamente, que el ímpetu
tan generoso como irrealista que llevó a numerosos intelectuales de mi
generación a entregarse ciegamente a las consignas partidarias, inspira aún
con demasiada frecuencia hoy en día, lo que yo llamo el campus radicalismy
vale decir, la propensión a confundir las cosas de la lógica y la lógica de las
cosas, según la despiadada fórmula de Marx, o, más cerca de las realidades
actuales, a tomar las revoluciones en el orden de las palabras, o de los tex
tos, por revoluciones en el orden de las cosas.
Una vez planteadas claramente estas condiciones previas críticas, apa
rentemente negativas, creo poder afirmar que los intelectuales (me refiero
POR UN SABER COMPROMETIDO 107
siempre a artistas, escritores y científicos que se comprometen en una ac
ción política) son indispensables para la lucha social, en particular actual
mente, dadas las formas totalmente nuevas que adquiere la dominación.
Cantidad de trabajos históricos mostraron el rol que desempeñaron los
think tanks en la producción y en la imposición de la ideología neoliberal
que gobierna hoy el mundo; a las producciones de estos think tanks conser
vadores, reuniones de expertos pagados por los poderosos, debemos oponer
las producciones de redes críticas, reuniendo a ‘‘intelectuales específicos”
(en el sentido de Foucault) en un verdadero intelectual colectivo capaz de
definir por sí mismo los objetos y los fines de su reflexión y de su acción,
en resumen, que sea autónomo. Este intelectual colectivo puede y debe
cumplir primeramente funciones negativas, críticas, trabajando en la pro
ducción y diseminación de instrumentos de defensa contra la dominación
simbólica que se arma, actualmente y muy a menudo, de la autoridad de la
ciencia; fortalecido por la competencia y la autoridad del colectivo reunido,
puede someter el discurso dominante a una crítica lógica que refuta espe
cialmente el léxico (“mundialización”, “flexibilidad”, etc.), pero también la
argumentación, y en particular el uso de metáforas; puede igualmente so
meterlo a una crítica sociológica, que prolonga la primera, revelando los
determinantes que pesan sobre los productores del discurso dominante (co
menzando por los periodistas, en particular económicos) y sobre sus pro
ductos; puede finalmente oponer una crítica propiamente científica a la
autoridad supuestamente científica de los expertos, sobre todo económicos.
Pero puede igualmente cumplir una función positiva contribuyendo a
un trabajo colectivo de invención política. El derrumbe de los regímenes
de tipo soviético y el debilitamiento de los partidos comunistas en la ma
yoría de las naciones europeas y sudamericanas liberó el pensamiento crí
tico. Sin embargo, la doxa neoliberal llenó todo el lugar que de este modo
se dejó vacante y la crítica se refugió en el “pequeño mundo” académico,
donde se embelesa consigo misma, sin estar en condiciones de preocupar
realmente a quienquiera que fuera sobre el tema que fuera. Por consiguiente,
todo el pensamiento político crítico debe reconstruirse, y esto no puede
ser obra, como se pudo creer en otros tiempos, de uno solo, maestro del
pensamiento entregado únicamente, a los recursos de su pensamiento sin
gular, o portavoz autorizado por un grupo o una institución para llevar la
palabra supuesta de la gente sin palabra.
Es aquí donde el intelectual colectivo puede desempeñar su papel,
irremplazable, contribuyendo a crear las condiciones sociales de una pro
108 EL CAMPO POLÍTICO
ducción colectiva de utopías realistas. Puede organizar u orquestar la bús
queda colectiva de nuevas formas de acción política, de nuevas formas de
movilizar y de nuevas formas de hacer trabajar unida a la gente movilizada,
de nuevas formas de elaborar proyectos y de realizarlos conjuntamente.
Puede hacer de partero, apoyando la dinámica de los grupos trabajadores en
su esfuerzo por expresar, y al mismo tiempo descubrir, lo que son y lo que
podrían o deberían ser, y contribuyendo a la recolección y acumulación del
inmenso conocimiento social sobre el mundo social, del que el mundo social
está preñado. Podría de esta manera ayudar a las víctimas de la política neo
liberal a descubrir los efectos de una misma causa refractados de diversas
formas, en los acontecimientos y en las experiencias en apariencia radical
mente diferentes, sobre todo para quienes los viven, los mismos que están
asociados a los diferentes universos sociales (campos), medicina, educación,
servicios sociales, justicia, etc,, de una misma nación o de diferentes naciones.
La tarea es a la vez extremadamente urgente y extremadamente difícil.
En efecto, las representaciones del mundo social que se deben combatir,
contra las que se debe resistir, salieron de una verdadera revolución conser
vadora, como se decía en la Alemania de los años 30, de los movimientos
pre-nazis. Los think tanks de donde surgieron los programas políticos de
Reagan o Thatcher, o, después de ellos, Clinton y Blair, Schróder o Jospin,
para estar en condiciones de romper con la tradición del Welfare State, de
bieron realizar una verdadera contrarrevolución simbólica y producir una
doxa paradójica-, esta doxa, conservadora, se presenta como progresista; res
tauración del pasado en su forma a veces más arcaica (en materia de relacio
nes económicas, particularmente), ofrece regresiones, retrocesos por re
formas o revoluciones. Esto se observa claramente en todas las medidas
que apuntan a desmantelar el Welfare State, es decir, a destruir todos los
logros democráticos en materia de legislación del trabajo, de la salud, de la
protección social o de la educación. Combatir una política tal, es exponer
se a parecer conservador cuando se defienden los logros más progresistas
del pasado. Esta situación es aún más paradójica cuando uno es llevado a
defender cosas que a fin de cuentas desea transformar, como el servicio
público y el Estado nacional, que nadie piensa siquiera conservar en las
actuales condiciones, o los sindicatos o incluso la Escuela pública, que de
bemos seguir sometiendo a la crítica más despiadada. Es así que hoy resul
to ser sospechoso de blasfemia o acusado de contradicción cuando defien
do una Escuela pública de la que no dejé de recordar que cumplía una
función conservadora.
POR UN SABER COMPROMETIDO 109
Considero que los scholars tienen que desempeñar un papel determi
nante en la lucha contra la nueva doxa y el cosmopolitismo puramente
formal de todos los que sólo tienen en la boca palabras como “globalización”
o “global competitiveness”. Este aparente universalismo sirve en realidad a
los intereses de los dominantes: así, sirve para condenar, como regresión
políticamente incorrecta hacia el nacionalismo, a la única fuerza, la del
Estado nacional, que los países llamados emergentes, Corea del Sur o
Malasia, en ausencia de un Estado mundial y de un banco mundial finan
ciado por una tasa sobre la circulación de los capitales, pueden oponer al
dominio de las multinacionales; es así cómo permite diabolizar y estigma
tizar, bajo la etiqueta infamante de islamismo, por ejemplo, los esfuerzos
de tal o cual otro país del sur para afirmar o restaurar su “identidad”. A este
universalismo verbal, que también hace estragos en las relaciones entre los
sexos y que deja a los ciudadanos aislados y desarmados frente a potencias
económicas internacionales, los committed scholars pueden contraponer un
nuevo internacionalismo, capaz de enfrentar con una fuerza verdaderamente
internacional problemas que, como los temas ambientales, contaminación
atmosférica, capa de ozono, recursos no renovables o nubes atómicas, son
necesariamente “globales”, porque no conocen las fronteras entre las na
ciones o las “clases”; y también problemas más puramente económicos o
culturales que, como el tema de la deuda de los países emergentes, o el
tema de la influencia del dinero en la producción y la difusión culturales
(con la concentración de la producción y de la difusión cinematográfica,
de la edición, etc.), pueden reunir a intelectuales decididamente univer
salistas, es decir, realmente preocupados por universalizar las condiciones
de acceso a lo universal, por encima de las fronteras entre las naciones, y,
en particular, entre las naciones del Norte y del Sur.
Para alcanzar este objetivo, los escritores, los artistas y sobre todo los
investigadores que, debido a su profesión, ya son más propensos y más
aptos que cualquier otro profesional a superar las fronteras nacionales, de
ben trascender frontera sagrada que está igualmente grabada en sus men
tes, más o menos profundamente según las tradiciones nacionales, entre el
scholarship y el commitment, para salir con decisión del microcosmos acadé
mico, entrar en interacción con el mundo exterior (es decir, especialmente
con los sindicatos, las asociaciones y todos los grupos en lucha) en lugar de
contentarse con conflictos “políticos” a la vez íntimos y últimos, y siempre
un poco irreales, del mundo escolástico, e inventar una combinación impro
bable, pero indispensable: el scholarship ivith commitment, vale decir, una
1 10 EL CAMPO POLÍTICO
política de intervención en el mundo político que obedezca, lo más posi
ble, a las reglas vigentes en el campo científico (y sobre las que los invita
dos a su tribuna ya dieron magníficas ilustraciones, acerca, particularmen
te, de la política extranjera de los Estados Unidos o de la cuestión palestina).
Esto, dada la mezcla de urgencia y de confusión que es norma en el mundo
de la acción, sólo es verdadera y plenamente posible para y por una organiza
ción capaz de orquestar el trabajo colectivo de un conjunto internacional
de investigadores, de artistas y de científicos. En esta empresa colectiva, es
sin duda en los científicos en quienes recae el papel primordial, en mo
mentos en que las fuerzas dominantes no dejan de invocar la autoridad de
la ciencia, especialmente económica. Pero los escritores, y sobre todo tal
vez los artistas (y muy en especial, entre ellos, los que como Hans Haacke
y Nancy Frazer, para sólo citar a dos de mis amigos americanos, ya com
prometieron su talento en combates críticos) tienen también su lugar, que
es importante. “No hay fuerza intrínseca de la idea verdadera”, decía
Spinoza, y no es el sociólogo quien podrá contradecirlo. Sin embargo, tam
bién puede sugerir que los escritores y los artistas, dentro de la nueva divi
sión del trabajo político, o más exactamente, en la nueva forma de hacer
política que se debe inventar, podrían desempeñar un papel totalmente
irremplazable: á^r fuerza simbólica, con los medios que ofrece el arte, a las
ideas, a los análisis críticos; y por ejemplo, dar una forma visible y sensible a
las consecuencias, aún invisibles pero científicamente previsibles, de las medidas
políticas inspiradas por las filosofías neoliberales.
Para concluir, desearía recordar lo que sucedió en Seattle68el mes pasado.
Creo que, sin sobrestimar su importancia, se puede ver en este acontecimiento
una primera experiencia ejemplar que es necesario analizar para tratar de iden
tificar los principios de lo que podrían ser los medios y los fines de una acción
política internacional en la que los logros de la investigación serían transfor
mados en manifestaciones políticas exitosas o incluso en instrumentos de in
tervención rápida de una nueva forma de Agit Prop; lo que podrían ser, de
manera más general, las estrategias de lucha política de una nueva Organiza
ción No Gubernamental definida por un compromiso (commitaneni) total con
el internacionalismo y una adhesión completa al scholarship.
68 Durante una reunión de la Organización Mundial de Comercio, una manifestación
internacional de asociaciones y de organizaciones no gubernamentales perturbó el
desarrollo de la cumbre; y ésta fue considerada como el primer fracaso del neolibera-
lismo.
Segunda parte
Intervenciones políticas
de Pierre Bourdieu desde 1960
“Utopías sociológicamente fundadas”
Intervenciones políticas de Pierre Bourdieu desde 1960
Franck Poupeau - Nicolás Carón
“Vivimos sumergidos en la política. Nos bañamos en la marea inmutable y
cambiante de la chachara cotidiana sobre las oportunidades y los méritos
comparados de candidatos intercambiables. No necesitamos leer a los
editorialistas de diarios o semanarios o sus obras de análisis que florecen en
la época electoral y que irán a reunirse con el surtido amarillento de vende
dores de libros viejos, pasto de los historiadores de las ideas, luego de un
breve paso por la lista de los best-sellers: sus autores nos ofrecen en todas
las radios y en todos los canales de televisión “ideas” que no son tan fáciles
de recibir sino porque se trata de “ideas recibidas”. Todo puede decirse y
volver a decirse indefinidamente, puesto que en efecto nunca se dice nada.
Y nuestros expositores asalariados que se encuentran a una hora fija para
discutir sobre la estrategia de tal hombre político, de la imagen o de los
silencios de tal otro, dicen la verdad de todo el juego cuando expresan la
esperanza de que su interlocutor no estará de acuerdo, “para que pueda
haber un debate”. Las declaraciones sobre la política, como las palabras al
viento sobre la lluvia y el buen tiempo, son de esencia volátil, y el olvido
continuo, que evita descubrir su extraordinaria monotonía, es lo que per
mite continuar el juego”60.
Las intervenciones políticas de Pietre Bourdieu, de las huelgas de diciembre del
95 al movimiento de desempleados del invierno del 97, han sido condenadas por los
periodistas y los intelectuales mediáticos cuyo poder Pierre Bourdieu analizaba en
sus escritos sobre la televisión y el campo mediático. Fue acusado de descubrir tar
69 “Penser la poíitique”, Actes de la Rechcrche en Sciences Sociales, N° 71-72, marzo 1988, pp. 2-3.
114 EL CAMPO POLÍTICO
díamente la acción política, de abusar de su prestigio, o de volver a figuras intelec
tuales “pasadas”. Recordando la, continuidad del compromiso de Bourdieu, que se
remonta a sus primeros textos sobre la guerra de Argelia, esta recopilación de
intervenciones políticas tiene el propósito de narrar la génesis de una forma de
intervención política específica, donde actividad científica y compromiso, lejos de
oponerse, constituyen las dos caras de un mismo trabajo: el análisis de la realidad
social y el descubrimiento de los mecanismos de dominación que la atraviesan.
Mientras que todo en la formación universitaria dejóvenes investigadores los inci
ta, para obtener un reconocimiento académico, a especializarse en una disciplina,
donde la ciencia, queda separada del mundo político y de las pulsiones militantes, la
trayectoria de Pierre Bourdieu incita por el contrario a pensar que la sociología se
encuentra enriquecida por la intervención política y la reflexión sobre las condicio
nes de esta intervención.
“Llegó el tiempo de abandonar la vieja alternativa del utopismo y del
sociologismo para proponer utopías sociológicamente fundadas. Por esto,
sería necesario que los especialistas de las ciencias sociales lleguen a elimi
nar colectivamente las censuras que creen que están en el deber de impo
nerse en nombre de una idea mutilada de la cientificidad. [...] Podemos
decir, simplificando un poco, que las ciencias sociales pagaron su acceso
(por lo demás siempre discutido) al estatus de ciencias con un formidable
renunciamiento: mediante una autocensura, que constituye una verdadera
automutilación, los sociólogos -y yo antes que nadie, que denuncié fre
cuentemente la tentación del profetismo y de la filosofía social- se impo
nen el rechazo, como faltas a la moral científica capaces de desacreditar a su
autor, de todas las tentativas por proponer una representación ideal y glo
bal del mundo social”7071.
Esta determinación de intervenir en la “cosa pública” implica para Pierre
Bourdieu otra manera de “hablar de política”, otro punto de vista sobre la política.
Las dificultades encontradas por este modo de intervención, política son, según él,
del mismo orden que los obstáculos a las investigaciones y al trabajo de revelación
sociológicas: la ilusión de la comprensión inmediata de la “cotidianidadpolítica^{
En este campo, el sociólogo se enfrenta a un discurso semi-científico sobre la cosa
pública, en el que los profesionales de la política y del análisis político (periodistas,
70 “Monopolisation politique et révoludons symboliques”, intervención en Roma, marzo
1990.
71 “Penser la politique” op. cit.
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 115
intelectuales mediáticos, ensayistas, politólogos, etc.) se hicieron especialistas. Si es
necesario, según él, criticar a estos “doxósofos”^, no sólo es a causa de sus “errores
científicos”, es decir de los lugares comunes y de las mistificaciones de sus discursos, sino
a causa del lugar que ocupan en el campo del poder. Pero este trabajo constituye un
verdadero “atentado contra las normas de decencia”, y transgrede “la frontera
sagrada entre la cultura y la política, el pensamiento puro y la trivialidad del
agora”72 . Se opone entonces “a las prudencias de la decencia académica que indi
73*
nan al retiro hacia los objetos confirmados” y “aspira a someter la actualidad,
tanto como sea posible, a las exigencias ordinarias del conocimiento científico”.
La dificultad del análisis sociológico reside en la naturaleza misma del objeto
político: los “hechos” no son dados, sino construidos por todos los agentes del campo
político, que buscan definir la interpretación en función de sus intereses. La ilusión
de tener que tratar directamente con “problemas de actualidad” inmediatamente
accesibles constituye así el primer obstáculo epistemológico que hay que superar.
“No se puede pensar en someter la actualidad al análisis científico si no se
ha roto con la ilusión de comprender todo de golpe, ilusión que define la
relación ordinaria con el dato inmediato de la experiencia social. Y la rup
tura reside, en efecto, en el hecho de constituir como discutible lo que pa
rece fuera de discusión, evidente, de esa evidencia que se impone a la indig
nación ética, a la simpatía militante o a la convicción racional. No habría
mejor ejemplo de esos ‘problemas de actualidad’ que se imponen con se
mejante fuerza que los hombres políticos, pero también, muy a menudo,
los investigadores cuando retoman por su cuenta todos los presupuestos en
problemáticas que, como la evaluación de los costos y los beneficios, con
tradicen en su mismo principio las respuestas ‘generosas’ que algunos que
rrán darles. La distancia social, y mental, entre el debate público y la pro
blemática científica es en este caso tan grande que la ruptura inaugural está
expuesta a pasar como toma de posición inspirada por el prejuicio”1.
Es posible encontrar esta voluntad de “pensar la política sin pensar política
mente” desde los primeros trabajos de Pierre Bourdieu sobre Argelia. Cuando ha
bla, a este respecto, de la “conversión de la mirada ”, es además a la situación de
investigación etnográfica a la que él hace referencia:
72 La expresión fue tomada de Platón. Ver al respecto el artículo “Les doxosophes”, Minuit,
1, noviembre 1972, pp. 26-45.
73 “Penser la politique”, op. cit.
7 4 “La Science et l’actualité”, Artes de la Recherche en Sciences Sociales. N° 61, marzo 1986, pp. 2-3.
116 EL CAMPO POLÍTICO
“No tenemos ninguna oportunidad de comprender realmente todo lo que
pone en juego la comprensión inmediata de un ‘golpe mediático’ [...] sino a
condición de hacer un trabajo análogo al del etnólogo, del etnobotánico o
del etnolingüista para sacar a la luz los esquemas cognitivos que son em
pleados en actos, discursos u objetos ajenos a su tradición”.
De esta manera, el compromiso de Pierre Bourdieu se sitúa en la intersección
de dos exigencias aparentemente contradictorias: la elaboración de una sociología
rigurosa que no se deja imponer sus problemas por las preocupaciones del momen
to, ni por el contacto con situaciones históricas muy a menudo ajenas al mundo
científico. El modo de intervención específico del sociólogo se constituye en la bús
queda incesante de un equilibrio entre la respuesta a la necesidad histórica y la
preservación de la autonomía científica. La experiencia argelina constituye el pri
mer momento de este itinerario indisociablemente político y científico: como lo ob
servó Abdelmalek Sayad, la sociología de Pierre Bourdieu “lleva el sello de este
aprendizaje inicial”1s.
Las condiciones sociales de la acción revolucionaria
Pierre Bourdieu llega a- Argelia en 1957 para su servicio militar que se pro
longaría durante más de 30 meses. Es al final cuando puede disponer del tiempo
necesario para escribir su primer libro, “Sociologie de l’Algérie” (PUF, 1958).
Toma luego un puesto de asistente en la facultad de Argel, que deja en abril de
1960, atando RaymondAron le propone impuesto de asistente en la Sorbona.
Argelia., antes de la independencia, representa tres departamentos franceses, donde
viven más de un millón de europeos, y cuya administración está confiada, al Minis
terio del Interior. Los nueve millones de “ciudadanos argelinos”, cuyo ingreso bruto
es en promedio veinte veces inferior al del europeo, votan en una circunscripción
separada, y solamente ell 5% de los niños musulmanes están escolarizadosT La
guerra de descolonización, que comienza en noviembre de 1954 en Argel, polariza
¡ durante varios años la vida política e intelectual: provoca la caída de seis presiden
tes del consejo, y la caída de la IV República. El frente republicano que llevó, en
1956, a los socialistas al poder, hizo imposible la. negociación acentuando la repre-75
76
75 Entrevista publicada en M.A.R.S., N° 6, 1996.
76 Benjamín Stora, Histoire de la guerre d'Algérie, La Découverte, París, 1993.
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 117
sión, principalmente con la ley sobre los poderes especiales de marzo de 1956. Esta
política no deja, de suscitar múltiples reacciones entre los intelectuales: aun si se
debe, con Pierre Vidal-Naquet, subrayar la diversidad de lasformas de compromi
so'1'1, la. denuncia de la represión y de la tortura constituye la. causa más general
mente defendida, por los diferentes comités de apoyo a Argelia. Los periódicos como
France Observatenr, LExpress, Témoignage Chrétien o Le Monde enta
blan una batalla por la información. A la cabeza de este combate, las Editions de
Minuit, dirigidasporjeróme Lindon, hacen publicar La question de Henri. Alleg,
y Déserteur de Maurienne, lo que les significa múltiples embargos por provoca
ción a la desobediencia y atentado a la seguridad del Estado. Entre las figuras
sobresalientes de la escena intelectual, Camus, dividido entre el rechazo de las posi
ciones de los ultras de la Argelia francesa y su- reticencia a admitir la. independencia
argelina, opta por callarse, en tanto que Sartre toma posición, ya desde 1956, en
favor de la lucha contra la “tiranía colonial™. Preconiza la independencia argeli
na inmediata y la lucha junto al pueblo argelino, denunciando la tortura, testifi
cando en los procesos, participando en manifestaciones, firmando el “manifiesto de
los 121 ”77 79, brindando su apoyo a la red Jcansón de ayuda al FLN. La revista Les
78
Temps Modernes, de la mal es director, se convierte en el órgano del tercerrnun-
dismo laico, y el libro de Franz Fanón, Les Damnés de la Terte, para el cual
escribe un prefacio, le da la ocasión de afirmar su anticolonialismo, justificando
una violencia- que supuestamente debe constituir, para el colonizado, el “medio de
recomponer su naturaleza humana”. El activismo sartreano tiene así como objeti
vo contrarrestar la tibieza de los partidos y sindicatos de izquierda. En el campo de
la derecha liberal, los análisis de Paiymond Aron, favorable a la. independencia con
la aparición de la Tragédie Algerienne en 1957, lo desacreditan en el periódico
donde él escribe, Le Fígaro, dirigido por Pierre Brison, partidario de la Argelia
francesa, pero condena, también toda acción ilegal y clandestina.
Durante esos años de Argelia, Pierre Bourdieu inicia investigaciones etnológicas
en Kabilia, en condiciones precarias y difíciles. Lo que él llamará luego “el choque
de Argelia”8081 lo incita, a escribir su primer libro “en una lógica militante”8’,
77 Pierre Vidal-Naquet, “une fidelité tétue. La résistence franca i se a la guerre d'Algérie',
Pingúeme siécle, Revue d'FListoire, N° 10, abril-junio 1986, p. 17.
78 J.-P. Sartre, Situations V, Gallimard, 1964, p. 42.
79 Texto firmado por 121 intelectuales franceses, en apoyo a la lucha por la independencia
de Argelia.
80 Entrevista con P.M. de Biasi, "Tbut est social”, Magazine Littéraire., 303, octubre 1992,
pp. 104-111.
81 La edición americana de este libro (en las ediciones Beacon Press) presenta en cubierta
la bandera argelina, antes incluso de la proclama de la independencia.
118 EL CAMPO POLÍTICO
pero también crítica con respecto al irrealismo de las posiciones de los intelectuales
parisinos sobre el problema:
‘‘Había emprendido este trabajo sobre la sociedad argelina porque tenía el
sentimiento de que el mundo intelectual francés, cuyas posiciones éticas yo
aprobaba plenamente (sobre la tortura, etc.), tenía una visión muy ingenua
de esta sociedad”
“Quería ser útil para sobrellevar mi sentimiento de culpabilidad de ser sim
plemente un observador participante en esta guerra que consterna. Mi in
tegración, más o menos afortunada, al campo intelectual está tal vez en el
origen de mis actividades en Argelia. No podía contentarme con leer pe
riódicos de izquierda o en firmar peticiones; era necesario que yo hiciese
alguna cosa como científico [...] Era absolutamente indispensable para mí
estar en el corazón de los acontecimientos de manera de informar a la opi
nión, sea cual fuere el peligro que esto hubiera podido representar. Para
ver, grabar, tomar fotografías”82.
El trabajo sociológico consiste, entonces, en replantear, sobre el terreno y en
términos científicos, un cierto número de problemas teóricos, las condiciones sociales
de posibilidad de acceder a la conciencia revolucionaria. Para superar los obstáculos
a la investigación, en ese período de guerra, Bourdieu actúa, según los términos
de Abdelmalek Sayad, como un verdadero “emprendedor científico” convenciendo
y motivando a sus equipos de investigación. Dos libros, Le déracinement, así
coma Travail et travailleurs en Algérie83, escritos en 1960-62, surgieron de
este período.
En estos trabajos, el proceso de colonización aparece más como una conmoción deter
minada por la opresión colonial, que como una transformación resultante del con
tacto entre dos civilizaciones. Las mejores tierras están concentradas en manos de
los súbditos europeos, y la agricultura tradicional, no podiendo competir con las
nuevas técnicas de la agricultura colonial, deja a una- gran parte de la- población
rural al borde del nivel de sobrevivencia. Los agrupamientos de poblaciones ocasio
nan una destrucción del orden tradicional: urbanización creciente, segregación so
cial y espacial, reducen al campesino a una miseria ma terial y moral. La precarie
dad generalizada es agravada por el desconcierto resultante de la pérdida de los
lazos de pertenencia y de los valores tradicionales.
82 Entrevista con Anette Arel, Hermán Kocyba y Bemd Scxibs, “The struggle for symbolic
order: an interview with Pierre Bourdieu”, Theory, Culture and Society, 1986, N° 3, p. 37.
83 El primero, en coautoría con A. Sayad; el segundo con A: Darbel, J.P. Rivety C. Seibel.
UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS’ 119
El primer artículo de intervención, “Révolution. dans la révolution”, publi
cado en Esprit en 1961, se apoya en esas encuestas. Rompiendo con el uso apolítico
de la etnografía, Pierre Bourdieu analiza la situación revolucionaria engendrada
por el sistema colonial. Esta situación no puede ser reducida a una lucha de clases
“inspirada por reivindicaciones económicas:” ella se sitúa también en el orden
de lo simbólico, y compromete la participación activa de la población en la construc
ción de un nuevo orden social. Artículos publicados en el mismo período contribu
yen a definir las condiciones sociales del movimiento revolucionario: así en “Les
sous-prolétaires algériens”84, Pierre Bourdieu muestra los efectos del desempleo
sobre los trabajadores y en particular sobre su manera de sufrir la prolongación. Al
estudiar el paso de actitudes económicas tradicionales al ethos capitalista, muestra
que los trabajadores afectados por la inestabilidad del empleo son colocados en “una
situación de inseguridad permanente, que amenaza el equilibrio de la fa
milia, compromete la inserción del individuo en la sociedad”, ocasionando
una desintegración de la conducta, y de la manera de aprehender el porvenir. In
capaces de pensar en una escapatoria a su condición, encerrados en el presente y en
la inmediatez de la satisfacción de las necesidades, son incapaces de pensar en un
proyecto cualquiera, y por lo tanto en un cambio revolucionario cualquiera.
“El sentimiento es, en efecto, el único principio de unificación de una ex
periencia dramática dominada por la incoherencia. El sufrimiento y la des
esperanza no son nunca aprehendidos a plena luz y constituyen solamente
la coloración afectiva de la conciencia; por eso el mundo natural o social,
que la razón científica concibe como determinado por leyes generales, es
percibido como portador de cualidades emocionales, amenazas o rechazos,
como habitado por intenciones... [...] El fracaso, bajo la forma del desem
pleo, por ejemplo, parece imputable a una intención hostil, encamada ob
jetivamente en el orden social. Esta visión mágico-mítica del mundo se nu
tre de la confrontación con el patrón o el capataz europeo, con el colono,
quienes dan a la malignidad objetiva un rostro, una fisonomía y también un
lenguaje perfectamente adecuado. [...] Por ello hay que cuidarse de ver en
la rebelión de los subproletarios la expresión de una verdadera conciencia
revolucionaria. La protesta indignada contra la maldad objetiva puede, en
efecto, coincidir con la adhesión al orden objetivo. Rebelarse contra la mal
dad establecida, no es necesariamente impugnar el orden que funda la mal
dad. La rebelión y la protesta pueden ser una manera de aceptar la ¿nferio-
84 Ver también “La société traditionnelle. Attitude á l’égard du temps et conduites
économiques”, Sociologie du travail, 1, enero-marzo 1963, pp. 24-44.
120 EL CAMPO POLÍTICO
ridad confesándose. [...] Debido a que todo proyecto individual o colectivo
les está prohibido, los subproletarios tienden a formarse de sí mismos la
misma imagen que los miembros de la casta dominante. ‘Estamos hechos
para eso’, dicen, más o menos explícitamente, y los otros: ‘están acostum
brados’. Como el racismo, el miserabilismo es un esencialismo”85.
Revolución en la revolución
[...] Negar que la guerra revolucionaria haya encontrado funda
mento en una situación objetiva, es negarla en su propia naturaleza y
su existencia misma. Pretender que la guerra es impuesta al pueblo
argelino por un puñado de cabecillas utilizando la coacción y la astu
cia, es negar que la lucha pueda encontrar sus fuerzas vivas y sus
intenciones en un sentimiento popular profundo, sentimiento inspi
rado por una situación objetiva. Ahora bien, la guerra existe y persis
te y puede persistir. Sólo existe y persiste en función de la situación
en la cual y de la cual ha nacido; pero al mismo tiempo modifica esta
situación por el solo hecho de que existe y persiste. La sociedad
autóctona está trastornada hasta en sus fundamentos debido a la po
lítica colonial y al choque de las civilizaciones. Además, la sociedad
colonial global está desgarrada por la tensión tácita o manifiesta en
tre la sociedad europea dominante y la sociedad argelina dominada.
La evolución del sistema colonial hace que la distancia (y la tensión
correlativa) que separa a la sociedad dominante de la sociedad domi
nada no deje de crecer y eso en todos los campos de la existencia,
económica, social y psicológica. El equilibrio casi estacionario en el
cual se encuentra mantenida la sociedad colonial es el resultado de
fuerzas opuestas siempre acrecentadas, es decir, por una parte, la fuer
za que tiende a un crecimiento de las desigualdades y de la discrimi
nación, “fundada objetivamente”, si se puede decir, en la realidad
social, a causa de la pauperización y de la desagregación de la cultura
argelina original, y por otra parte, la fuerza que constituye la rebe
lión y el resentimiento contra el crecimiento de las desigualdades y
de la discriminación. En resumen, arrastrado por su lógica interna,
85 Id, pp. 1.047-1.050.
‘UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 121
el sistema colonial tiende a desarrollar todas las consecuencias im
plicadas en su fundamento mismo y a revelar su verdadero rostro.
Por eso, la agresión abierta y la represión por la fuerza se sitúan per
fectamente en la coherencia del sistema; si la sociedad colonial está
como nunca tan poco integrada, la guerra sí está integrada en el sis
tema colonial para el cual ella constituye el momento de la revela
ción de sí mismo.
La guerra hace estallar a plena luz el fundamento real del orden
colonial, a saber la relación de fuerza por la cual la casta dominante
tiene bajo su tutela a la casta dominada. Comprendemos, pues, que
la paz pueda constituir la peor amenaza en opinión de algunos de los
miembros de la casta dominante. Sin el ejercicio de la fuerza, nada
más haría contrapeso a la fuerza dirigida contra la raíz misma de este
orden, es decir, la rebelión contra la situación inferior.
[...] Sucede que la guerra de la liberación constituye el primer
cuestionamiento radical del sistema colonial y, cosa esencial, el pri
mer cuestionamiento que no sea, como en el pasado, simbólico y, en
cierta forma, mágico. El apego a ciertos detalles de indumentaria (el
velo o la fez, por ejemplo), a ciertos tipos de conducta, a ciertas creen
cias, a ciertos valores, podía ser vivido como forma de expresar, sim
bólicamente, es decir, a través de comportamientos implícitamente
investidos de la función de signos, el rechazo a adherirse a la civiliza
ción occidental, identificada con el orden colonial, la voluntad de
afirmar la diferencia radical e irreductible, de negar la negación de
sí, de defender una personalidad asediada. En la situación colonial,
toda renuncia a la civilización de origen hubiera significado, objeti
vamente, la renuncia a sí mismo y la sumisión aceptada a la otra civi
lización, es decir, al orden colonial. Y tal es precisamente el sentido
que los partidarios del orden colonial daban a lo que ellos denomi
naban “los signos de evolución”. En la situación colonial, el rechazo
sólo podía expresarse de modo simbólico. Es así que los argelinos se
sentían, sin cesar, bajo la mirada de los europeos y actuaban en con
secuencia, como lo prueban estas fórmulas usuales, en las cuales se
expresa la preocupación de no dar lugar o pretexto a los juicios pe
yorativos de los europeos: “Los franceses los van a ver” o bien “No
se ridiculicen”. A través de esto, se entienden todas las resistencias
122 EL CAMPO POLÍTICO
consciente o inconscientemente acumuladas hasta hoy día como por
placer, todos los rechazos aparentemente aberrantes y absurdos. [...]
Debido a su forma y a su duración, la guerra afectó a todos los
aspectos de la realidad, tanto, por ejemplo, a la economía y a la de
mografía como a las estructuras sociales, las creencias y las prácticas
religiosas o al sistema de valores.
El pueblo argelino vive hoy en día una verdadera diáspora. Los
desplazamientos de las poblaciones, forzados o voluntarios, han ad
quirido proporciones gigantescas. Según estimaciones dignas de con
fianza, el número de personas desplazadas se aproximaría a los dos
millones, es decir que un argelino sobre cuatro, aproximadamente,
vive fuera de su residencia habitual, De estos fenómenos de migración
interna, las re agrupaciones de población sólo constituyen un aspecto,
pero sin ninguna duda el más importante. La ruptura con un entor
no familiar y con un universo social estable y habitual en el cual las
conductas tradicionales eran vividas como naturales, ocasiona el aban
dono de estas conductas arrancadas del suelo originario en el cual
echaban raíces. La transformación del espacio de vida exige una trans
formación global de la conducta. Pero, el destierro es en general tan
total y tan brutal que el desconcierto, el hastío y la desesperación
son infinitamente más frecuentes que las conductas innovadoras que
serían necesarias para adaptarse a condiciones radicalmente nuevas.
Por una ignorancia deliberada o inconsciente de las realidades socia
les y humanas, las autoridades locales encargadas de organizar estas
nuevas colectividades imponen a menudo, sin consideración por los
deseos y las aspiraciones de los agrupados, un orden totalmente aje
no, orden para el cual ellos no están hechos y que no está hecho para
ellos. En estas inmensas aglomeraciones, alineaciones de casas o de
chozas dispuestas según una geometría rigurosa, grupos de orígenes
diversos son reunidos, lo que tiende a disolver los antiguos lazos co
munitarios sin que puedan nacer, por la situación de asistido, solida
ridades nuevas fundadas en el interés común o en la participación en
una obra común. Estos hombres sólo comparten, mayormente, sus
miserias y su desencanto. Alejados de su tierra, los campesinos con
denados a la ociosidad se esfuerzan por adaptarse bien o mal; por eso
vemos aparecer, como en las ciudades, una proliferación de peque
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS 123
ños comercios sin clientela. Numerosos pueblos de rea grupa miento,
entre los mejor “logrados”, con sus calles anchas, su fuente, su tien
da de abarrotes y su café moro, tienen la apariencia desolada de las
ciudades muertas. Quienes los habitan, aun cuando gozan de una
comodidad hasta entonces desconocida (y es el caso algunas veces),
están profundamente descontentos. Tal vez, esencialmente, porque
las estructuras más fundamentales, tales como el ritmo de las joma
das o la organización del espacio, se encuentran destrozadas. ¿Cómo
decir y sobre todo hacer sentir, en algunas líneas, los mil aspectos
solidarios de este drama de la existencia y del arte de existir hecho
migajas? La miseria material que golpea a menudo a los observado
res no es nada al lado de la miseria moral de estos hombres arrancados
a su universo familiar, a su tierra, a sus casas, a sus costumbres, a sus
creencias, a todo lo que les ayudaba a vivir y puestos en una situación
tal que no pueden ni siquiera pensar en inventar un nuevo arte de
vivir para procurar adaptarse a un mundo que les resulta totalmente
extraño.
La migración interna toma también la forma de éxodo hacia las
ciudades que son vistas por los campesinos como un refugio contra
la miseria y la guerra. Las barrios marginales no dejan de crecer. Los
citadinos antiguos acogen a los parientes del campo. Lo importante
desde el punto de vista sociológico es el proceso “de urbanización”
en que se encuentra toda la Argelia rural, o mejor, si permiten el
neologismo, de ubidonvillisation”‘. Reagrupados, emigrados, refugia
dos de las ciudades, se encuentran arrojados brutalmente hacia un
universo insólito, incapaz de asegurarles un empleo y sobre todo ese
conjunto de garantías que podría dar a su existencia estabilidad y
equilibrio. El hombre de las comunidades rurales, fuertemente en
cerrado en los lazos comunitarios, estrechamente encuadrado por
los ancianos y sostenido por todo el aparato de las tradiciones, es
reemplazado por el hombre gregario, aislado y desarmado, separado
En alusión a la expansión de las “bidonvilles” (de bidón y ciudad), barrios situados en
las márgenes de las grandes ciudades del norte africano, con construcciones precarias
que acogen, generalmente, a migrantes rurales, a semejanza de los llamados "barrios
marginales” de Latinoamérica. (Ñ. de T.).
124 EL CAMPO POLÍTICO
de las unidades orgánicas en las cuales y por las cuales existía, sepa
rado de su grupo y de su terruño, puesto a menudo en tal situación
material que no podría acordarse de los antiguos ideales de honor y
de dignidad.
En resumen, la guerra y sus secuelas no hacen sino precipitar el
movimiento de desagregación cultural que el contacto de civiliza
ciones y la política colonial habían desencadenado. Aún más, este
movimiento se extiende esta vez al ámbito que se había mantenido
relativamente protegido porque había permanecido a salvo de las
empresas de colonización y sobre todo en las zonas montañosas, par
ticularmente alcanzadas hoy por la guerra, las pequeñas comunida
des rurales, replegadas sobre sí mismas en la fidelidad obstinada ha
cia su pasado y a su tradición, habían podido salvaguardar los rasgos
esenciales de una civilización de la que no se podrá, en lo sucesivo,
hablar más que en pasado.
No hay persona que no tenga conciencia de que un abismo pro
bando separa a la sociedad argelina de su pasado y que un movimien
to irreversible se ha llevado a cabo. Lo que cuenta es menos la rup
tura que el sentimiento de la ruptura. De esto resulta una suspensión
y un cuestionamiento de los valores que daban su sentido a la exis
tencia de antaño. La experiencia de una vida siempre interrumpida,
siempre amenazada, hace tomar como vanas tradiciones y creencias
que eran consideradas sagradas. Las prohibiciones más estrictas son
inflingidas. La situación revolucionaria socava también las antiguas
jerarquías asociadas al sistema de valores caduco y las sustituye por
hombres nuevos cuya autoridad descansa muy a menudo sobre fun
damentos distintos del nacimiento, la riqueza o el ascendiente moral
y religioso. Los antiguos valores de honor se desmoronan ante las
crueldades de la guerra. La imagen ideal de sí mismo y los valores
que le son asociados son expuestos a la prueba más radical.
Como una máquina infernal, la guerra hace tabla rasa de las reali
dades sociales; tritura, dispersa las comunidades tradicionales, pue
blo, clan o familia. Miles de hombres están en las guerrillas, en los
campos de reclusión, en las prisiones o bien refugiados en Túnez o
en Marruecos; otros partieron hacia las ciudades de Argelia o de Fran
cia, dejando a sus familias en los centros de rea grupa miento o en el
"UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 125
pueblo; otros están muertos o desaparecidos. Regiones enteras están
casi vacías de hombres. En los pueblos desiertos, ¿quedará al menos
el recuerdo de las antiguas tradiciones? La transmisión de la civiliza
ción tradicional que la adhesión a los nuevos valores tiende a desa-
cralizar ante los jóvenes, se ve interrumpida por La separación. Las
mujeres y los ancianos se quedaron en el pueblo con los niños. Los
jóvenes, lanzados a la vida urbana, no aprenden ya de los mayores
los preceptos, las costumbres, las leyendas o los proverbios que cons
tituían el alma de la comunidad. La enseñanza de los ancianos ha
sido desplazada por la educación política, impartida por los que sa
ben leer. La conservación de la tradición suponía el contacto conti
nuo de las generaciones sucesivas y el respeto reverencial hacia los
ancianos. La familia patriarcal, comunidad primordial que, en el cam
po mucho más que en las ciudades, había escapado a la desagregación
y permanecía como la clave de todo el edificio social, es dispersada y
a menudo desgarrada por el conflicto entre las generaciones, expre
sión del conflicto entre los antiguos valores y los nuevos valores.
Los jóvenes de las grandes ciudades escapan a los controles tradi
cionales y a la presión de la opinión pública, fundamento esencial
del orden de las comunidades pueblerinas. Además sucede que la
ausencia del padre o del hermano mayor los deja casi completamen
te abandonados a sí mismos. Numerosos jóvenes, sobre todo en las
ciudades, se encuentran hoy en día en la situación de aquel que los
cabileños llaman “el hijo de la viuda”, es decir, del hombre sin pasa
do, sin tradiciones, sin ideal de sí mismo. La autoridad del padre,
aunque muy viva, es a menudo alterada. El jefe de la familia ha deja
do en todo caso de ser considerado como el fundamento de todos los
valores y como el que pone en orden todas las cosas, y es que la
guerra ha invertido la escala de valores que daba a los ancianos la
primacía y la autoridad. Los valores revolucionarios son los de la
nueva generación. Formados en la guerra, volcados hacia el porve
nir e ignorando todo sobre un pasado en el cual los más ancianos,
hagan lo que hagan, permanecen arraigados, los adolescentes están a
menudo animados por un radicalismo y un negativismo que los se
paran a veces de sus mayores, como lo testifica el papel que desem
peñan en la guerra revolucionaria.
126 EL CAMPO POLÍTICO
Para expresar el estado actual de cosas, los argelinos ancianos di
cen frecuentemente: “Estamos en el siglo XIV”... El siglo XIV es el
siglo del fin del mundo donde todo lo que era regla se convierte en
excepción, donde todo lo que estaba prohibido está permitido, don
de, por ejemplo, los niños no respetan más a sus padres, la mujer va
al mercado, y así sucesivamente. La conciencia popular expresa de
esta manera su experiencia de un universo invertido donde todo está
al revés; ve en el desorden y en el caos que la envuelven el mundo del
fin anunciador del fin del mundo. Y es que, efectivamente, asistimos
al fin del mundo en Argelia. Pero el fin de este mundo es vivido
como el anuncio de un nuevo mundo. [...]
Descolonización de Argelia, descolonización de la sociología
En su segunda intervención “De la guerre révolution ai re á la révolution”,
Bourdieu inicia una reflexión sobre las condiciones sociales de la investigación, re
flexión que no dejará de desarrollar en un retomo acumulativo sobre el trabajo y
las experiencias pasadas, ya sea en Algérie 1960 (1977)8687 , en Le Sens Pratique
(1981) o en numerosos artículos ulterioreS.
La construcción de una acucia de las sociedades coloniales que no sea reductible a una
ciencia colonialplantea el problema de “la autonomía del campo científico”88, ya que
la. liberación de la sociedad colonial tiene su equivalente en el ámbito de la. teoría.
“Durkheim decía más o menos: el inconsciente es el olvido de la historia.
Pienso que el inconsciente de una disciplina es su historia; el inconsciente
86 Algérie 1960. Structures économiques et structures temporsiles, París, Editions de .Minuit,
1977.
87 Se puede citar entre otros textos la entrevista con A- Bensa (“Quand Ies Canaques
prennent la parole”, Actesde la Recherche en Sciences Sociales, 56, marzo 1985, pp. 69-83)
o con M. Mammeri (“Du bon usage de l’ethnologie”, Awal Cahiers d’études berbéres,
1, 1985, pp. 7-29).
88 “Les conditions sociales de la production sociologique: sociologie coloniaje et
décolonisation de la sociologie ”, Intervención en el Coloquio sobre “Ethnologie et
pouvoir au Maroc”, París, junio 1975, in Le Mal de Voir, París, UGE, 10/18, Cahiers
Jussieu 2, 1976.
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 127
son las condiciones sociales de producción escondidas, olvidadas: el pro
ducto separado de sus condiciones sociales de producción cambia de senti
do y ejerce un efecto ideológico.[...] Liberar a la ciencia social, y en especial
aquélla de los países recientemente descolonizados, de su inconsciente, es
emprender cierto tipo de ciencia social de la ‘ciencia colonial”’.
El investigador no puede entonces ahorrarse un análisis de la situación de inves
tigación y de su contexto, a saber la relación de dominación establecida entre la sociedad
colonizadora y la sociedad colonizada. La situación colonial no constituye en realidad
sino un caso límite de la relación de la ciencia con su objeto39. ¿Pero el hecho de que
todo estudio de las situaciones coloniales dependa de la ciencia colonial, no invalida
acaso cualquier intervención política sobre bases científicas? En el prólogo de Travail
et travailleurs en Algérie, Pierre Bourdieu analiza elfundamento de este problema:
“Es preciso recordar, para someterla a examen, la ideología según la cual
toda investigación llevada a cabo en la situación colonial estaría afectada
por una impureza esencial. [...]
Se opone la ciencia ‘pura’ a la ideología comprometida al servicio de tal o
cual poder o de tal o cual orden establecido. Y se añade que la intención
pura de hacer una ciencia pura está necesariamente condenada al fracaso.
El postulado que sirve de base a la demostración es que el etnógrafo, por su
pertenencia a la sociedad colonizadora, lleva el peso del error original, el
pecado del colonialismo. [...] ¿Pero acaso esta complicidad original tiene
otra naturaleza que la que ata a su clase al sociólogo que estudia su propia
sociedad? [...] ¿Es preciso pensar, como se dice a menudo, que no habrá
etnología ‘pura’ sino la hecha por los indígenas? ¿Pero por qué este privile
gio ético y epistemológico? Tantas preguntas que no se tiene cuidado de
plantear, porque alejarían del terreno fírme de las evidencias indiscutibles.
[...] Detrás de la denuncia de los compromisos de la etnología se esconde
frecuentemente la convicción de que no hay ciencia, pura de un objeto im
puro, como si la ciencia y el científico ‘participaran’ de su objeto. Pero se
debe recordar la lección que dio Parménides a Sócrates: No hay, para la
ciencia, sujetos nobles y sujetos indignos... [...] Lo que se puede exigir con
todo rigor al etnólogo, es que se esfuerce en restituir a otros hombres el
sentido de sus comportamientos, del cual el sistema colonial los ha despo
seído, entre otras cosas”.*
89 En el mismo artículo, escribe; “Es el problema de saber lo que es ser observador, de
saber lo que es la práctica”. Es el mismo problema que está desarrollado en Le Sens
Practique en 1981 o en la primera parre de Méditationspascaiiennes en 1998.
128 EL CAMPO POLÍTICO
Finalmente, el etnólogo o el sociólogo deben ser una de esas “mediaciones”, lla
madas por Bourdieu al final de su segundo artículo, capaces de hacer aceptar una
“política racional” que prolongue la actividad revolucionaria: es, entonces, una
verdadera educación de masas la que se impone, y es por lo demás la investigación
sobre el sistema educativo la que ocupará en un primer tiempo a Bourdieu a su
regreso a Francia.
“Sería apasionante analizar sistemáticamente los sistemas de pensamiento
utilizados para pensar en los campesinos y en la clase obrera en Francia y
los sistemas de pensamiento utilizados para pensar en los argelinos: por
ejemplo, ¿es acaso un azar que las primeras instituciones de enseñanza agrí
cola se llamaran ‘colonias’, que la metáfora colonial esté todo el tiempo
presente en la historia de la educación?”9091
.
Como lo dirá él mismo más adelante^, la. transposición de los métodos etnográficos
en el estudio de la sociedad francesa, con motivo de sus estudios sobre los campesinos
b carneses y el sistema de educación, es un verdadero “acto político” debido a que
transgrede no sólo las fronteras disciplinarias, sino también las barreras mentales
que una sociedad erige contra toda mirada sobre sí. Escribir sobre Argelia es tam
bién escribir sobre Francia efectuando, en circunstancias poco ordinarias, mucho
más que un “desvío” etnológico: “una conversión de la mirada”.
De la guerra revolucionaria a la revolución
El fin de La guerra de liberación nacional coloca al pueblo argeli
no frente a sí mismo. Las preguntas que cada uno se planteaba hasta
entonces de modo abstracto y casi imaginario (tan apremiante era la
urgencia de los objetivos inmediatos) se imponen hoy en día en un
contexto nuevo. ¿Cómo sustituir con los objetivos de una revolución
los objetivos de la guerra revolucionaria que estaban unánimemente
aprobados porque eran impuestos por una situación objetiva y co
lectivamente experimentada? ¿Cómo efectuar la revisión de los fines
que impone el surgimiento de una situación tan nueva?
90 En “Les conditions sociales de la producción sociologique”, op. cit.
91 Chases dites, París, Editions de Minuit, 1987.
•vCOPIAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 129
La ilusión más perniciosa es sin duda lo que se puede llamar el
mito de la revolución revolucionadora según la cual la guerra habría,
como por arte de magia, transformado la sociedad argelina de arriba
abajo; además habría resuelto todos los problemas, incluso aquéllos
suscitados por su existencia. No hay duda de que la guerra, en razón
de su forma, de su duración y del significado que ha tomado en la
conciencia de todos los argelinos, ha determinado una verdadera mu
tación cultural. No hay duda de que numerosas resistencias cultura
les deban desaparecer con la abolición del sistema colonial y la ins
tauración de un gobierno de los argelinos por los argelinos. En este
sentido todo ha cambiado. ¿Pero el viejo hombre murió por ello?
Primero, al lado de aquéllos para quienes la revolución ha sido la
ocasión de operar una verdadera revolución vivida, también están
todos los que han pasado por la guerra sin comprender, todos aque
llos quienes, echados de sus moradas, forzados a abandonar su tren
de vida habitual por el barrio marginal de las ciudades vecinas o por
los centros de reagrupa miento, no han hecho más que sufrir y padecer.
Sin duda, la guerra y la situación revolucionaria han podido deter
minar, en gran parte de la población, y especialmente en los que sa
bían leer, un desarrollo de la conciencia política y, más profunda
mente, una transformación real de la visión del mundo. Como lo
muestran las investigaciones realizadas entre 1958 y 1961, la situa
ción revolucionaria y el esfuerzo de educación política han favoreci
do la uniformización de las opiniones. En ámbitos tan diferentes como
la educación de los niños o el porvenir de Argelia, obreros o comer
ciantes, artesanos o funcionarios, citadinos o campesinos tienden a
entenderse sobre lo esencial. Pero en realidad la unificación del len
guaje no debe disimular la diversidad de las actitudes. Lo que impre
siona, por el contrario, es la distancia entre las opiniones y los com
portamientos, entre los juicios formulados de modo imaginario, en
el orden del conformismo verbal, y las conductas concretas. Estas
divergencias y estas contradicciones inconscientes traducen un des
asosiego profundo al mismo tiempo que un esfuerzo no formulado
por reinventar nuevos modelos de comportamiento. Con respecto al
trabajo de las mujeres, por ejemplo, vemos al mismo individuo justi
ficar modelos prestados de Occidente con argumentos extraídos de
BO EL CAMPO POLÍTICO
la lógica de su tradición, tales como proverbios o refranes, y justificar
preceptos tradicionales con razones prestadas de la lógica occiden
tal. Esta especie de fluctuación entre dos culturas debe ser el centro
de toda reflexión sobre los problemas de la educación en la Argelia
de mañana. Se trata, en efecto, de ayudar a todo un pueblo a inven
tarse un sistema de modelos de comportamiento, en suma, una civi
lización a la vez original y coherente; y para esto, es importante des
cubrir nuevas técnicas pedagógicas al mismo tiempo que dar un
contenido nuevo a la enseñanza.
La uniformidad relativa de las opiniones prueba la eficacia de un
esfuerzo de educación o de propaganda bien pensada pero también
de sus límites. No es poco imponer un lenguaje común. Sin embar
go, hay que cuidarse de ignorar que los comportamientos, las actitu
des y las categorías de pensamiento se modifican más difícilmente. A
pesar de la fuerza de convicción que pueda tener cuando es impartida
por las autoridades reconocidas, la educación, que tiene como meta
transformar profundamente las conductas con el fin de adaptarlas a
una sociedad nueva y a objetivos nuevos, no debe minimizar los obs
táculos que deberá levantar a costa de mucha paciencia.
[...] Sin duda, la guerra y los sufrimientos que ha infligido consti
tuyen, por sí mismos, una enseñanza política. A través de sus prue
bas, el pueblo argelino ha tomado conciencia de su verdad, Pero, es
preciso cuidarse de ignorar que la conciencia política afectiva lleva la
delantera a la conciencia política racional. Esto es principalmente
cierto en mujeres que han sufrido y vivido la guerra más pasiva y
pasionalmente que activa y racionalmente. En ellas, a menudo, la
sensibilidad política no tiene punto de comparación con la concien
cia y la cultura políticas. Sucede lo mismo con los jóvenes que han
crecido en la guerra y, en grados diferentes, con muchos argelinos.
En particular, es solamente a costa de una alteración de la reali
dad, inspirada en la preocupación por aplicar esquemas de explica
ción clásicos, que se puede ver en el campesinado a la única clase
revolucionaria. Fuerza de revolución^ el campesinado no es una fuerza
revolucionaria en el sentido verdadero. Sin duda los campesinos ar
gelinos han tenido un papel capital en la lucha, como actores y como
víctimas. Y ellos lo saben. Sin duda, tienen todo por ganar y nada
'‘UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” í 31
que perder. Sin duda, son ellos las primeras víctimas del colonialis
mo. Sin duda, han adquirido una memoria aguda de las expropiacio
nes y de las expoliaciones de las cuales han sido víctimas. “Ven uste
des allá, entre los dos árboles, ésa era mi tierra. Los franceses la
tomaron después de la rebelión de 1875 y se la dieron a un fulano,
que nos había traicionado”. ¡Y esos ancianos que en un pliegue de
sus albornoces llevan enganchada el acta de aplicación del Senatus
Consulte que no pueden leer y que los ha despojado! Sin duda, y es tal
vez lo esencial, el mundo campesino ha sufrido en Argelia trastornos
excepcionalmente profundos, debido a las grandes leyes territoria
les, a los embargos y, más recientemente, a la guerra y a los reagru-
pamientos. En consecuencia, las masas campesinas no corren el riesgo
de jugar el papel de freno a la revolución, como ocurrió en otras
partes.
Por todas estas razones, las masas rurales constituyen una fuerza
explosiva, pero una fuerza disponible para las acciones más contra
dictorias. No pudiendo definir sus propias metas sino afectiva y ne
gativamente, esperan que se les revele su destino. Animadas por una
rebelión profunda, invadidas por energías menos racionales que
pasionales, pueden ser una presa ideal para los demagogos; pueden
también, a condición de que se sepa organizarías y orientar la fuerza
que encierran, seguir desempeñando en Ja revolución el papel de ala
activa que tuvieron en la guerra revolucionaria.
Lo mismo es cierto del subproletariado de las ciudades, desem
pleados, obreros, jornaleros, vendedores ambulantes, pequeños asa
lariados, cargadores, trabajadores a destajo, guardianes, revendedo
res minoristas de una cajetilla de cigarrillos o un racimo de plátanos.
El acostumbramiento al desempleo prolongado y al simulacro de los
míseros oficios, la ausencia de empleo regular, impiden la elaboración
de una organización coherente del presente y del futuro, de un siste
ma de expectativas en función del cual toda la actividad y toda la
existencia puedan orientarse. Al no poseer sobre el presente este
mínimo asidero que es la condición de un esfuerzo deliberado y ra
cional para proyectarse hacia el futuro, todos estos hombres están
entregados al resentimiento incoherente antes que estar animados
por una verdadera conciencia revolucionaria; la falta de trabajo o la
132 EL CAMPO POLÍTICO
inestabilidad laboral van del brazo de la falta de perspectiva en las
aspiraciones y en las opiniones, de la falta de un sistema de proyectos
y previsiones racionales del cual la voluntad revolucionaria es un as
pecto. Estos hombres, encerrados en una condición caracterizada por
la inseguridad y la incoherencia, tienen generalmente una visión in
cierta c incoherente. Sufren, experimentan y sienten la miseria de su
condición más que concebirla, lo cual demandaría un cierto distan-
ciamiento y también instrumentos de pensamiento inseparables de
la educación. Es entonces natural que esta experiencia vivida como
una prueba se exprese en el lenguaje de la afectividad. El tipo de
expresión más frecuente es lo que podemos denominar la “casi-sis-
tematización afectiva”, es decir, la visión del mundo colonial como
dominado por una voluntad todopoderosa y maligna. “Los france
ses, dice un desempleado de Saida, no quieren darme trabajo. Todos
estos señores que están aquí cerca de mí no trabajan. Todos tienen
certificados, el uno es albañil, el otro es chofer, todos tienen un oficio.
¿Por qué no tienen derecho a trabajar? Todo nos falta. Los franceses
tienen todo lo que necesitan para vivir bien. Pero a nosotros, no quie
ren darnos nada, ni trabajo, ni nada”. Y este otro vendedor de limo
nada en Argel: “Tenemos la impresión de luchar contra la fatalidad.
Un amigo me decía: ‘Por donde quiera que vaya, soy precedido por
Dios, un saco de cemento sobre la espalda y un badilejo en la mano;
abro una puerta y él me tapia la que está delante’”. La experiencia
cotidiana es vivida como el resultado de una especie de designio sis
temático concebido por una voluntad maligna. El sistema colonial
es percibido como un Dios ma [vado y solapado, que puede encamarse,
según las ocasiones y las circunstancias, en “los Europeos”, los “Espa
ñoles”, “Francia”, “la administración”, “el gobierno”, “Ellos”, “Aqué
llos”, “los Otros”. Es el “alguien” que quiere aquello de lo que se
dice “es deliberado, intencional”.
Con el empleo permanente y el salario regular, con la aparición
de perspectivas reales de ascenso social, puede formarse una con
ciencia temporal, abierta y racional. Desde ese momento, se ve des
aparecer las contradicciones entre las aspiraciones desmesuradas y
las posibilidades disponibles, entre las opiniones proferidas en modo
imaginario y las actitudes reales. Las acciones, los juicios de valor y
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS’ 133
las aspiraciones se ordenan en función de un plan de vida. Es entonces,
y solamente entonces, que la actitud revolucionaria toma el lugar de
la evasión en el sueño; de la resignación fatalista o del resentimiento
enfurecido.
Es por eso que hay que impugnar la tesis según la cual, en los
países colonizados, el proletariado no sería una verdadera fuerza re
volucionaria, porque, a diferencia de las masas campesinas, tiene todo
para perder, a título de engranaje irremplazable de la máquina colo
nial. Es cierto que en un país amenazado por el desempleo, los tra
bajadores que tienen la garantía de un empleo permanente y regula
ridad en sus ingresos forman una categoría privilegiada, y esto por
diferentes motivos. Primero, pueden realizar de manera relativamente
coherente sus aspiraciones a un modo de existencia moderna: la es
tabilidad laboral y el salario seguro son la condición de acceso y de
adaptación al hábitat moderno y, al mismo tiempo, a una existencia
provista de la comodidad básica. Seguidamente, porque su vida pro
fesional los pone en contacto con la sociedad industrial, han podido
adoptar e integrar técnicas, modelos de comportamiento e ideales;
en resumen, toda una actitud frente al mundo. Como todos los as
pectos de esta visión del mundo que tiene por centro una cierta acti
tud frente al porvenir forman una totalidad coherente, la adopción
de una “conducta racional de la vida’5 es inseparable de la formación
de una conciencia revolucionaria racional.
A pesar del dualismo económico que caracteriza a la sociedad co
lonial, una parte importante de la población argelina, sobre todo ur
bana, participa, en diferentes grados, de las ventajas que procura el
sector moderno, escolarización de los niños, empleo estable. ¿Se debe
ver aquí un regalo envenenado del colonialismo? ¿Se debe pensar
que el apego a estos “privilegios” (que son reivindicados como dere
chos por referencia a los europeos) y la existencia de necesidades
creadas por el efecto de demostración podrán constituir obstáculos
reales para la realización de una política revolucionaria? Por el con
trario, sólo los individuos provistos de un sistema coherente de aspi
raciones y de reivindicaciones, capaces de situarse en la lógica del
cálculo racional y de la previsión, podrán comprender y aceptar deli
beradamente los sacrificios y los renunciamientos inevitables. Sólo
134 EL CAMPO POLÍTICO
individuos acostumbrados a someterse a exigencias racionales sabrán
desbaratar, si es necesario, las apariencias engañosas de la demagogia
y exigir a los responsables de Argelia una política racional. El éxito
de una política tal supone además que, por un esfuerzo de educación, se
trabaje en apaciguar o en reorientar la impaciencia mágica del sub
proletariado de las ciudades y de los campesinos desruralizados que es
peran de la independencia todo lo que el sistema colonial les negó.
Una de las contradicciones de la situación viene del hecho de que
la rebelión de las masas tiene por fundamento la destrucción de las
estructuras de la sociedad y de la cultura tradicionales. La política
colonial y la política de guerra, que no han hecho más que acabar
con una especie de ensañamiento ciego y metódico lo que la coloni
zación había comenzado, han destruido o alterado las bases econó
micas de la antigua sociedad, las estructuras sociales, los sistemas de
representaciones y de valores. Una política de racionalización revo
lucionaria sólo puede tender a acentuar el cuestionamiento de la cul
tura tradicional; en esto, la herencia más catastrófica de la coloniza
ción puede tener una función positiva, debido a que por haber sido
manipuladas tanto como se podía, las masas ofrecerán una resisten
cia menor a los esfuerzos de reconstrucción racional de un nuevo
orden social. Pero aun acá, la realidad tiene doble cara: si bien es
cierto que las transformaciones que podrá requerir una educación
dirigida a introducir nuevas técnicas, nuevos modelos de comporta
miento y nuevos valores serán poco frente a los trastornos ocasiona
dos por la política colonial y la guerra, si bien es cierto que Argelia,
en cierto sentido, ha sido eminentemente favorecida porque el
cuestionamiento del antiguo orden ha sido tan profundo como era
posible, porque los nuevos modelos y los nuevos valores que se trata
de introducir no serán jamás totalmente nuevos para aquellos que
tendrán que adoptarlos, resulta que la desagregación y el descon
cierto pueden proveer e] terreno más favorable para el desarrollo de
ideologías pasionales y, tal vez, retrógradas.
[...] ¿Cómo concertar el radicalismo del sentimiento, nacido de la
experiencia y de la prueba, con el radicalismo revolucionario, nacido
de la reflexión y de la consideración sistemática de la realidad? ¿Cómo
llenar el desfase entre las aspiraciones marcadas por la ambigüedad y
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS1 135
por la incoherencia del sentimiento y la racionalización revolucio
naria?
[...] El problema más urgente es el de los mediadores. El éxito de
una política racional supone que sea comprendida y admitida por la
mayoría. Cuando se pretende producir transformaciones profundas,
uno no puede apoyarse solamente en la disciplina elemental del tiem
po de combate; hay que convencer y persuadir, es decir, dialogar y
enseñar.
Sociología de la educación y sociología del poder
En París, Pierre Bourdieu se convierte en asistente de Raymond Avon, y des
pués de haber sido maitre de conférences en Lille asume la secretaría general del
Centro de Sociología Europea, lanzado por Aron gracias a una subvención de la
Fundación Ford.
Entre el conjunto de actividades realizadas o impulsadas por Pierre Bourdieu
en el Centro de Sociología Europea en los años 60, podemos citar investigacio
nes colectivas, principalmente sobre las prácticas culturales (Un art moyen,
1965; Eamour de Parí, 1966), publicaciones en las revistas de sociología más
reconocidas, como la Revue fran^aise de sociologie, Etudes rurales, Socio
logie du travail, o publicaciones colectivas, como Le partage des bénéfices
(Darras, Editions Minuit, 1966), Le métier de sociologue (Mouton-Bor-
das, 1968) o números especiales de la Revue fran^aise de sociologie sobre
educación91. En momentos en que la sociología francesa alcanza ya una cierta
especialización, él trabaja sobre diferentes temas: educación, cultura y estética,
trabajo, mundo rural.
Bourdieu crea un grupo de investigadores, entre los cuales están: Luc Boltanski,
Franyois Bonvin, Robert Castel, Jean-Claude Cbamboredon, Patrick Champagne,
Yvette Delsault, Claude Grignon, Gérard Lagneau, Jean-Claude Passeron,
Monique de Saint-Martin, Eominique Schnapper. Su actividad está esencialmen-92
92 Dos números de la Revue frangaise de sociologie fueron coordinados por Pierre Bourdieu
y Viviane Isamberten 1967 (volumen 8, número especial 67; volumen 9, número espe
cial 68), y en otro número de 1966 él había publicado el artículo “L’école conservatrice”.
136 EL CAMPO POLÍTICO
te dirigida hacia la investigación y las publicaciones: la colaboración con las revistas
Esprit y Les Temps Modernes sólo fue, como él lo diría después, episódica y “a
desgana”, para dar “eficacia” a sus trabajos^. En 1964, es nombrado director de
la VI sección de la École Pratique des Hautes Etudes, con el apoyo de Femand
Brandel, Raymond Aron y Claude Lévi-Strauss, y funda igualmente una colec
ción, “Le Sens Commun”, en Editions de Minuit.
Las relaciones con Raymond Aron se deterioran poco a poco, en un primer tiempo
luego de la publicación de los Héritiers en 1964, trabajo que según Aron influirá en
los líderes de mayo del '68. La ruptura se produce cuando Aron da la dirección del
Centro de Sociología Europea como punto de reunión del “comité por la defensa y la
renovación de la universidadfrancesa”, mientras que Bourdiett- aparece como favo
rable al movimiento -notas de reflexión, redactadas en el CSE., sobre el sistema- edu
cativo y su reforma, son inclusive difundidas en las asambleas generales: proyecto de
control continuo, supresión de la agrégation* *, etc. (ver el recuadro). En 1969, Aron
y Bourdieu constituyen, cada uno, un equipo de investigadores con su propio programa.
Textos escritos durante el movimiento estudiantil
de “mayo del 68”
Estos textos son fragmentos de los Documentos del Centro de Sociología Euro
pea que en su- mayoría no están ya disponibles. No llevan firma individual,
pero Pierre Bourdieu participó activamente en su redacción.
En un primer texto, firmado colectivamente por numerosos profesores e
investigadores (principalmente de la Ecole Pratique des Hautes Etudes o de
La Sorbonne), como J. Bollak, L. Boltanski, P. Bourdieu, R. Castel, J. C.
Cbamboredon, J. C. Combessie, M. Conche, G. Condomidas, Y. Delsault,
J. Derrida, J. Dumazedier, J.-P. Faguer, L. Goldman, C. Grignon, D.
Julia, M. Lemaire, J. Le Goff, E. Leroy-Ladurie, P. Maldinier, L. Marin,
A. Matheron, A. Miquel, J. Ozoufi J.C. Passeron, M. Perrot, J.-B.
93 Expresiones empleadas por Pierre Bourdieu en una entrevista con Rémi Rieffel, en Les
intellectuels sous la V Repúblique, tomo 2, p. 115.
* Procedimiento de titulación altamente selectivo del sistema educativo francés por el
cual, después de cursar altos estudios superiores, quienes aprueban un concurso o examen
(la agrégation) obtienen el título de “agregado” (agrégé), que sanciona su aptitud para
ser titulares de un puesto de profesor de secundaria o de ciertas facultades (N. de T.).
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS' 137
Pontalis, P. Ricoeur, D. Roche, M. de Saint-Martin, J.M. Vincent, N.
Wachtel, podemos encontrar el siguiente llamado:
“En el momento en que, por su coraje, los estudiantes ganaron
una primera batalla, un grupo de profesores y de investigadores, re
unidos en París el 12 de mayo, estimó útil llamar a todos los grupos
interesados en una transformación democrática de la universidad fran
cesa a definir los lineamientos de un programa y someter, sin espera,
a la discusión de todos algunos datos y algunas orientaciones. Se trata
no tanto de reafirmar reivindicaciones que se afirman o se afirmarán
en cualquier caso, como de enunciar las lagunas que todo programa
definido en la institución por los beneficiarios del sistema tiene la
probabilidad más grande de presentar.
“Nos parece que la participación de los profesores y de los investi
gadores en un movimiento que han seguido más que provocado, no
podría basarse por mucho tiempo más y sin riesgo en buenos senti
mientos, trátese del ‘afecto’ de los ‘maestros’ por sus alumnos o de la
indignación legítima contra la represión policíaca. Nos parece, en
efecto, que un análisis objetivo del funcionamiento de la universidad
y de sus funciones, tanto técnicas como sociales, es lo único capaz de
crear un programa de reivindicaciones lo suficientemente explícitas
y coherentes como para resistir a las tentativas de recuperación
tecnocrática o conservadora que no tardarán en multiplicarse”.
Luego de haber recordado que las víctimas del sistema de enseñanza
están excluidas de él y no pueden hacerse escuchar, y que el problema princi
pal es por tanto el de la eliminación de las clases populares, el texto llama a
los “estados generales de la enseñanza y de la investigación” definiendo al
gunas direcciones de trapajo sobre los procedimientos de contratación de los
profesores, el control de los efectos de la herencia, de clase por el cambio de los
contenidos transmitidos, la crítica del diploma, como criterio exclusivo de
competencias, la transformación o la eliminación del examen tradicional, el
recurso a nuevas técnicas pedagógicas, la transformación de la estructura de
las carreras y de la, repartición de los poderes en la enseñanza superior.
Estas orientaciones están más ampliamente desarrolladas en. los docu
mentos elaborados por el Centro de Sociología Europea.
138 EL CAMPO POLÍTICO
Documento N° 1: algunas indicaciones para una política
de democratización
“Todo proyecto de inspiración tecnocrática se caracteriza porque
tiende a dejar actuar a los mecanismos sociales de eliminación de las
clases desfavorecidas: no existe decisión técnica que sea socialmente
neutra y, en el ámbito de la educación y de la cultura, el ‘dejar hacer’
es una manera en apariencia irrepochable de favorecer a los más favo
recidos. Toda transformación democrática supone entonces que, des
de el parvulario, sean puestos en marcha mecanismos de acción ins
titucionalizados capaces de contrarrestar los mecanismos sociales”.
Aun si Pierre Bourdieu abandona más tarde la idea de una democratiza
ción realpor la vía del sistema de enseñanza, podemos encontrar en estos textos
ciertos principios que serán retomadosposteriormente en los informes de 1985y
1989 (ver infra). Se da una importancia particular a los “ejercicios de
verbalización” en la medida en que la desigualdad entre los niños de diferen
tes medios se debe fundamentalmente “a las diferencias que separan la len
gua popular de la lengua culta” -no es un azar si los trabajos de Bemsteiny
Labov serán posteriormente publicados en la colección “Le Sens Commun”.
Las medidas propuestas para contrarrestar los mecanismos de elimina
ción de las clases desfavorecidas son acciones de información sobre los estable
cimientos y su jerarquía, la concesión más amplia de becas de enseñanza
secundaria para las familias desfavorecidas, una compensación de las dife
rencias de dotación entre establecimientos, una transformación del interna
do dirigida a una ayuda en el trabajo, enseñanzas complementarias de re
cuperación (como trabajos dirigidos), la creación de una verdadera enseñanza-
popular nocturna en las universidades, una reestructuración de la enseñan
za secundaria “con un ánimo opuesto a la tradición humanista "privi
legiando el uso expresivo, metódico y lógico de la lengua materna (el docu
mento N° 5 está incluso consagrado a la idea de una enseñanza
“antropológica” de las culturas hebraica, griega y romana, sin ceder al “mito
de la virtud farmadora del análisis gramatical”).
“Se debe hacer todo para cubrir la brecha entre las instituciones
marginales de educación permanente o de difusión cultural (casas de
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS’ 139
la cultura, animación cultural, etc.) y la institución escolar. La ideo
logía antiescolar sólo puede ser combatida si la contratación es pro
fundamente cambiada y si los profesores están estrechamente aso
ciados a estas empresas, en todos los niveles”.
Documento N° 12: agrégationy sistema de valores
tradicionales
“La agrégation, según la opinión de sus defensores más asiduos,
supone asegurar, en las mejores condiciones posibles, la connata
ción del cuerpo docente, tanto en la enseñanza secundaria como en
la enseñanza superior. Ahora bien, el carácter ilusorio y por tanto
ideológico de una propuesta semejante aparece inmediatamente cuan
do se la confronta con la realidad de los hechos. [...] Se ha visto, en
efecto, desarrollarse en la enseñanza secundaria, para responder a
las necesidades crecientes del sistema, todo un cuerpo docente con
tratado sin pasar por la agrégation y asegurando en parte, si no en su
totalidad, el relevo de \os agregados. [...) Sólo el 19% de los profesores
de la enseñanza secundaria eran agregados en 1963-64. El manteni
miento de un concurso cuya función real se encontró tan profunda
mente cambiada no tiene otro efecto que establecer en la enseñanza
secundaria una jerarquía ficticia basada en la diversidad de las contrata
ciones Esta división del cuerpo docente en categorías jerarquizadas
[de acuerdo a un simple sello escolar] es contraria al principio de una
sociedad verdaderamente democrática que quiere que a un trabajo igual
le corresponda un salario igual. En el estado actual del sistema, el man
tenimiento de la agrégation sólo contribuye a crear una división arbitra
ria en el seno del cuerpo docente y a consagrar un mandarinato cuya
perpetuación garantiza. [...] La predilección por los temas más genera
les, reputados aptos para medir las cualidades más generales y más au
ténticas, aquellas que caracterizan a la persona, muestran por ejemplo
que se trata menos de juzgar saberes que individuos. [...]
Ver nota de traducción, en p. 136.
140 EL CAMPO POLÍTICO
“La contradicción entre criterios escolares y criterios científicos
que se observa en ciencias no puede aparecer en los reportes de agré
gation en literatura, puesto que las exigencias puramente escolares se
presentan y se dan siempre como exigencias puramente científicas,
es decir, como exigencias universales. Esta confusión perpetua entre
las normas escolares y las normas intelectuales tiene un efecto defor
mador puesto que incita a tomar como normas intelectuales uni
versales lo que sólo se debe a las particularidades del sistema de ense
ñanza francés. La agrégation contribuye a consolidar y a perpetuar
esta especie de artefacto escolar que paraliza la vida intelectual y cu
yos efectos eran denunciados por Renán: ‘Se adquiere una habilidad
singular solamente para disfrazas ante sí mismo y ante los demás el vacío
del pensamiento bajo unaforma hueca, deslumbrante y pomposa... Un espíri
tu estrecho yformalista es el rasgo característico de la enseñanza en Francia'1”.
La agrégation es criticada porque sólo valora a los candidatos que rea
lizan mejor los valores del sistema escolar. Luego de un análisis detallado de
los informes deljurado de agrégation, el documento termina con observa
ciones que remiten a un texto escrito por Bourdieu, Passeron y de Saint-
Martin en 1965, Rapport pédagogique et communication (pero cuyas
repercusiones se pueden también encontrar en la crítica de ciertas prácticas
de enseñanza expresadas en el trabajo colectivo de ARESERzZr/ cual Bourdieu
es presidente (ver recuadro): “Un sistema tal de valores encierra el prin
cipio de una relación pedagógica necesariamente aristocrática y pater
nalista. [...] En un sistema que sume a los estudiantes en la indignidad,
es comprensible que el estudiante sólo pueda responder ante la
arrogancia profesoral con una conducta servil, yendo desde Ja pru
dencia astuta hasta la imitación ciega y desesperada. Arrogancia
profesoral y servilismo estudiantil, rechazo despreciativo de la peda
gogía y rechazo de la situación de aprendiz, constituyen una pareja
funcional que fundamenta la relación pedagógica misma”.
En 1910, se publica La Reproducción (conf.-C. Passeron), trabajo viva
mente atacado, principalmente por Antoine Prost en Esprit, porque presenta, se-
* Historiador de la educación. (N. de T).
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 141
gún él, una visión fatalista de la escuela y de la sociedad. Tampoco es mejor acogido
en los círculos de izquierda, y en particular en el Partido Comunista, lo que no
impide a Bourdieu lanzar, en el Centro de Sociología de la Educación jy de la
Cultura, las primeras investigaciones sobre las “grandes escuelas", que conduci
rán, en 1989, a la aparición de La Noblesse d’État. Es en el prólogo de este libro
donde él explícita más claramente la importancia de la sociología de la educación
en política:
“La sociología de la educación es un capítulo, y no de los menores, de la
sociología del conocimiento y también de la sociología del poder -sin ha
blar de la sociología de las filosofías del poder-. Lejos de ser esa especie de
ciencia aplicada, por tanto inferior, y buena solamente para los pedagogos,
que se tenía costumbre de ver en ella, es el fundamento de una antropolo
gía general del poder y de la legitimidad: conduce, en efecto, al principio de
los ‘mecanismos’ responsables de la reproducción de las estructuras socia
les y de la reproducción de las estructuras mentales que, por estar genética
y estructuralmente ligadas a aquéllas, favorecen el desconocimiento de la
verdad de estas estructuras objetivas y, por esta vía, el reconocimiento de su
legitimidad. Debido a que, como se estableció en otras obras94, la estructu
ra del espacio social tal como se observa en las sociedades diferenciadas es
el producto de dos principios de diferenciación fundamentales, el capital
económico y el capital cultural, la institución escolar, que juega un papel
determinante en la reproducción de la distribución del capital cultural, y,
de este modo, en la reproducción de la estructura del espacio social, se ha
convertido en objeto central de las luchas por el monopolio de las posicio
nes dominantes”95.
La sociología del sistema de enseñanza marca una etapa importante en el reco
rrido intelectual de Bourdieu: los ataques de los cuales ella es objeto, ya sea en el
círculo científico o fiera de él, contribuyen a alimentar su reflexión sobre las condi
ciones de la acción política y del compromiso sociológico, como lo explica en una
entrevista más tardía.
94 En La distinction, París Editions de Minuit. 1979 y “Espacc social et genése des “classes”,
Artes de la Recherche en Sciences Sociales, N° 52-53, junio 1984, pp. 3-14.
95 La- nohlesse d'État, París Éditions de Minuit, 1989, pp. B.
í 42 EL CAMPO POLÍTICO
Entrevista sobre la educación96
[...] Retrospectivamente, me parece que Les Héritiers, el primer
libro donde estaban expuestos los resultados de los trabajos sobre la
educación, ha sido una especie de tormenta en el cielo político. El
libro tuvo mucho éxito. Ha sido leído por toda una generación y ha
causado el efecto de una revelación cuando no decía nada muy ex
traordinario: los hechos eran bien conocidos por la comunidad cien
tífica97. Teníamos desde hacía tiempo investigaciones sobre la elimina
ción diferencial de los niños según su medio de origen. Creo que lo
que ha impactado es que este libro, a diferencia de los trabajos an
glosajones, ha sacado las conclusiones, o, más bien, ha puesto al des
cubierto los mecanismos que son el fundamento de las observaciones
empíricas. No nos hemos contentado con decir que el sistema escolar
elimina a los niños de las clases desfavorecidas: hemos tratado de
explicar por qué era así y, en particular, cuál era la responsabilidad, la
contribución -puesto que la palabra responsabilidad ya es normati
va-, cuál era la contribución que el sistema escolar, por lo tanto los
profesores, aportaban a la reproducción de las divisiones sociales.
Espontáneamente, los lectores de trabajos de sociología tienen
tendencia a leer en una perspectiva normativa. Segundo principio de
error, ellos invierten sus intereses y, contrariamente a lo que se creía,
las personas tienen muchos intereses invertidos en el sistema de edu
cación, particularmente los profesores. Y, paradójicamente, aquellos
que sin duda tienen los intereses más importantes son aquellos que
llamo los productos milagrosos, es decir, aquellos que han ascendido
por el sistema escolar, los advenedizos de la cultura, los hijos de maes
96 Extractos de la entrevista realizada en Toldo, en octubre 1989. por los profesores T.
Horio y H. Kato. Pierre Bourdieu es conducido a volver sobre la recepción de sus tra
bajos relativos al sistema de enseñanza y sus repercusiones políticas.
97 En los años 50 y 60, toda una serie de informes sobre los flujos escolares habían sido
financiados por el Estado: los informes Early Liv'mg, Croivther, 'Newson Robbins o Plcnt'den
en Inglaterra, el informe Coleman en los Estados Unidos. En Francia, varias investiga
ciones del Instituto Nacional de Estudios Demográficos, principalmente sobre la orien
tación de los alumnos en la escuela primaria, habían sido conducidas por Alain Girard.
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 143
tros por ejemplo. Había dicho más o menos eso durante la semana
del pensamiento marxista, semana de discusiones intelectuales que
el partido comunista, todavía bastante poderoso en esa época, orga
nizaba cada año: tenía a mi derecha a Joaquín, hijo de ferroviario, y a
Cognot, ambos agregados en la universidad, advenedizos de la cultura,
que me habían invitado pero muriendo de miedo por lo que yo fuera
a decir. Y, evidentemente, no les había fallado porque tengo siempre
por principio decir lo que es más difícil de admitir para el público al
cual yo hablo -que es lo contrario de la demagogia-. En vez de hacer
grandes discursos, yo había dicho: “Aquellos a los que la escuela ha
liberado ponen su fe en la escuela liberadora al servicio de la escuela
conservadora”... No fui muy aplaudido (había como 3.000 ó 4.000
personas); consideraron que no había sido muy elocuente a diferencia
de Juquin, quien había hecho un gran discurso, como se hace habitual
mente en situación similar, es decir, todo lo contrario del análisis.
Esta historia no es anecdótica. Hace comprender una de las reac
ciones más violentas a lo que yo había hecho y que venía de la base
del partido comunista, es decir, de los productos milagrosos de la
escuela, que tenían dos razones para estar resentidos conmigo: esta
ban resentidos primero por decir su inconsciente, lo que ellos ha
bían reprimido; y estaban resentidos también y sobre todo, en su
calidad de intelectuales, de analistas, en su calidad de responsables
políticos, por haber dicho lo que ellos hubieran tenido que decir. Es
así como llegamos a Langevin-Wallon98, Langevin-Wallon era el alfa
y omega, era la Biblia y de ahí nadie se movía.
Si me permito contar estas cosas que pueden parecer historia vie
ja, es [...] porque quisiera transmitir una manera de percibir la discu
sión política, a propósito de la educación o de cualquier otra cosa, en
Francia o en el Japón. Delante de personas que toman una posición,
izquierdista o conservadora, en materia de educación, es preciso pre
98 Se traca de una célebre comisión de reflexión sobre los problemas de la enseñanza,
creada durante la Liberación, presidida por el profesor del collége de France Paul
Langevin, luego, a su muerte, por el psicólogo Henri Wallon último. Compuesta en
parte, pero no solamente, por comunistas, preconizó una organización escolar según el
“principio de justicia” y la meritocracia.
144 EL CAMPO POLÍTICO
guntarse qué intereses tienen en el sistema escolar, en qué grado su
capital está ligado al paso por la institución escolar, etc. Pienso que,
en el mundo intelectual en el sentido amplio, la relación con el siste
ma escolar es uno de los grandes principios explicativos de las prác
ticas y de las opiniones.
Vuelvo al análisis. En esa época, en el cuerpo docente, el fondo
ideológico era la ideología de la escuela liberadora: había un perió
dico que llevaba este nombre, el Sindicato Nacional de maestros esta
ba empapado de esta idea, y un hombre como Pierre Vilar, un gran
historiador marxista, un día que lo encontré en un coloquio, me re
prochó públicamente por haber escrito lo que escribí en Les Héritiers.
Para las personas que yo denomino los productos milagrosos, la re
velación de los determinantes sociales del éxito escolar tiene ribetes
de escándalo. Entre otras razones porque eso les quita todo mérito.
Una buena parte de esas personas se han convertido en ultra-conser
vadoras durante y desde el movimiento estudiantil. Pasaron de la
izquierda clásica, del partido comunista principalmente, a la derecha
clásica o más bien a la extrema derecha. El movimiento estudiantil
ha provocado en ellos un verdadero trauma; ha destruido su idea de
sí mismos. [...]
Después, vino La Reprodibction. Y ahí, la palabra reproducción ejer
ció un efecto catastrófico. Contribuyó mucho, sobre todo en los Es
tados Unidos, al éxito de lo que ellos denominan el “paradigma” se
gún el cual el sistema escolar contribuye a reproducir la estructura
social, pero al mismo tiempo ha bloqueado la lectura. La historia de
la literatura muestra muy bien que lo común en la vida intelectual de
una época, muy frecuentemente, es, no el contenido de los libros,
sino los títulos. Por ejemplo, en los años 1880, todo era saturmano,
poemas, poetas, etc. La reproducción es igual: la palabra ha circulado,
pero la gente no ha leído el libro y ha dicho -los sociólogos en pri
mer lugar-: “Bourdieu dice que el sistema escolar reproduce las cla
ses”. Y como leen normativamente, han sobreentendido: “Y él dice
que está bien, por lo tanto es conservador” (pienso que Touraine ha
interpretado así y que aún hoy en día me atribuye una visión
mecanicista, pesimista, ignorante de la efervescencia del mundo so
cial). Es lo mismo con Antoine Prost. Otros han hecho la lectura
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 145
inversa: “Bourdieu dice que la escuela reproduce y está mal”. En este
caso dos cosas han actuado: el título, pero también el epígrafe. Me
divertí poniendo en epígrafe un poema de Robert Desnos, Le Pélican
de Jonathan (el pelícano de Jonathan pone un huevo, de donde sale
otro pelícano y eso puede continuar por largo tiempo si antes no se
hace una tortilla). Entonces se ha dicho: “Bourdieu dice que hay que
hacer la revolución”.
Todo un conjunto de personas ha estado contrariado por la exis
tencia de este libro. Evidentemente, los más contrariados fueron
los colegas, sobre todo cuando se decían de izquierda, las personas
que se supone debían hacer la sociología de la educación; y que
eran miembros del partido comunista o cercanos a él, como el señor
Snyders, para no nombrarlo, o la señora Isambert, o un católico
progresista como el señor Prost que había comenzado a hacer his
toria de la educación porque había leído Les Héritiers, lo que no le
había impedido ser injusto, al contrario. Han hecho “un cordón
sanitario”. Y dispararon encima, a tontas y a locas diciendo cual
quier cosa...
El artículo de Prost es interesante en este aspecto, porque me
reprocha el no esperar nada del maestro republicano a la vez que
apela a Illich. La posición de Prost es interesante. Recurre a una
estrategia que es muy a menudo utilizada en política para deshacerse
de un mensaje que provoca realmente dificultades, problemas, que
molesta: se lo acentúa hacia la izquierda; más precisamente, para ha
cer absurda o anodina una posición de izquierda, hay que radicalizarla,
empujarla hasta su límite, es decir, hasta el punto en que se vuelve
absurda: la escuela conserva, hay que suprimirla. Es una idea tonta,
irreal, irrealizable. Ni siquiera es una utopía, es una forma de
nihilismo estúpido. Prost, que en el fondo de sí mismo sabía sin
duda que La Reproduction es un libro progresista, que lo molestaba
justamente por esta razón, neutralizaba el malestar que este libro
provocaba en él yendo aparentemente más allá, cuando en realidad
se quedaba por acá... Es algo muy conocido, el ultra-izquierdismo
es a menudo una forma de conservadurismo. Al mismo tiempo, los
ataques se multiplicaban proviniendo del partido comunista, en las
revistas del partido comunista... Yo no los leo, pero algunos de mis
146 EL CAMPO POLÍTICO
alumnos que hacían trabajos sobre la historia del partido comunis
ta me han dicho que soy el intelectual francés más atacado por el
partido comunista, lo que, a primera vista, puede parecer sorpren
dente...
Esto es lo que denomino el cordón sanitario. Ha habido todo un
trabajo para anular los efectos del mensaje: es algo que se conoce
muy bien, la sociología del profetismo lo enseña... No digo que el
mensaje de La Reproduction sea profético propiamente hablando, pero,
al estilo de la profecía, propone una verdad que trastorna las estruc
turas mentales, que cambia la visión del mundo. Antes, el sistema
escolar aparecía como un lugar donde se iba para aprender cosas
universales, progresistas, etc. Viene un mensaje que trastorna las ideas
recibidas mostrando que el sistema de educación ejerce efectos con
servadores. Este mensaje debe ser neutralizado y entonces la casta
de sacerdotes llega (el fenómeno ha sido estudiado cien veces, en
diversas sociedades) y dice que nada ha ocurrido, y ahí está... Se ha
convertido en un hecho social y ahora lo interesante es que, veinte
años después, todo el mundo está de acuerdo en reconocer como
evidente que el sistema escolar reproduce. Se escucha eso en la tele
visión, pero el sistema de defensa (en el sentido en que lo entiende
Freud) sigue funcionando.
Entre los sistemas de defensa recientes está el que consiste en
decir: es así, nada se puede hacer. Ahora la constatación se ha hecho
masiva, lodo el mundo está de acuerdo en decir: sí, sabemos bien
que en Francia el sistema escolar reproduce. Pero hacemos como si
fuera un hecho natural. ¡No van a cambiar la ley de la gravedad! Y lo
paradójico es que soy yo quien debe ahora recordar que la ley de la
gravedad es lo que ha permitido volar (es lo que siempre he dicho,
desde Les Héritiers-, los remito a la conclusión “sobre la pedagogía
racional1* que había sido considerada como “reformista” por algu
nos). Es porque se conoce las leyes de la reproducción, es decir, que
se puede tener una pequeñísima oportunidad de minimizar la acción
reproductora de la institución escolar.
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS1 147
Sociología de la política y política de la sociología
Los años 70 constituyen el período en el que los textos teóricos de Pierre Bourdieu
se consagran más directamente a las “cuestiones de política”, al mismo tiempo que
consolida su “empresa científica”: en enero de 1973, publica en Les Tcmps
Modernes, un artículo que sacudirá -y sacude aún- a la ciencia política durante
muchos años: “La opinión pública no existe”. Dos años más tarde, ve la luz el
primer número de Actes de la Recherche en Sciences Sociales.
La dimensión polémica de “La opinión pública no existe” va más allá de
su título: en esa época, Jean Stoetzel, profesor en París 1, miembro del Centre
National de la Recherche Scientifique (CNRS), del Conseil National des
Universités (CNU, que controla la contratación de los maitres de conférenees), es
también el fundador del Instituto Francés de Opinión Pública (IFOP), que ha
desarrollado la, técnica de los sondeos. Partiendo de la constatación de que las no
respuestas minea son tomadas en cuenta, Bourdieu desarrolla un análisis que se
pretende “no mecánico ” de los sondeos de opinión, de susfunciones y de sufunciona
miento. Comienza por poner en duda los tres postulados que éstos proponen implí
citamente:
“Todo sondeo de opinión supone que todo el mundo puede tener una opi
nión; o, dicho de otra manera, que la producción de una opinión está al
alcance de todos. A riesgo de herir un sentimiento ingenuamente democrá
tico, rebatiré este primer postulado. Segundo postulado: se supone que to
das las opiniones se equivalen. Yo pienso que se puede demostrar que no es
así y que el hecho de acumular opiniones que no tienen para nada la misma
fuerza real conduce a producir artefactos desprovistos de sentido. Tercer
postulado implícito: en el hecho mismo de plantear la misma pregunta a
todo el mundo se encuentra implicada la hipótesis de que hay un consenso
sobre los problemas, dicho de otra manera, de que hay un acuerdo sobre las
preguntas que merecen ser planteadas”.
No se trata de una crítica de la representatividad de las muestras, sino de los
presupuestos no explícitos de la metodología utilizada, y de sus consecuencias políti
cas. Así, la dependencia de las preguntas con relación a. las preocupaciones políticas
dominantes hace de los sondeos un “instrumento de acción política” que impone “la
ilusión de que existe una suma de opiniones públicas como suma puramente
aditiva de opiniones individuales”. Contra este “efecto de consenso”, que
equivale a eliminar del debate a los menos dotados de “competencia política”, la
sociología evidencia “la imposición de problemática” contenida en las preguntas,
148 EL CAMPO POLÍTICO
y descubre los intereses y los grupos sociales subyacentes: “la opinión pública no
existe, en todo caso bajo la forma que le atribuyen aquellos que tienen
interés en afirmar su existencia”.
En una conferencia pronunciada ante la Association Fran^aise des Sciences
Politiques en noviembre de 1913 (ver el recuadro), retoma una distinción
durkheimiana entre un sufragio resultante de una simple adición de voces indivi
duales, y aquel que expresa “algo de colectivo” para explicar qtte “el principio
esencial y mejor escondido del desposeimiento reside en la agregación de
las opiniones”. Es en realidad la relación entre la opinión y sus condiciones socia
les de producción (el modo de existencia del grupo social) la. que debe retener la
atención, lo cual explica la importancia de las nuevas formas de manifestación
política (“sit-ins, boycots, picketings, draft-cart bumings, etc. en las cuales los
grupos movilizados se resisten al desposeimiento de su palabra utilizando portavo
ces que concentran el “capital simbólico”.
La opinión pública””
[...] A la ideología liberal, que constituye el principio de la filoso
fía de la elección como decisión libre e individual, Durkheim opone
otra filosofía: la opinión verdadera es la opinión elaborada colectiva
mente sobre la base de una unidad previa. Poco importa lo que pen
semos de esta filosofía “corporativista”, ella tiene el mérito de obli
gar a llevar al estado explícito la filosofía implícita de la democracia
electoral. La filosofía liberal identifica la acción política con una ac
ción solitaria, incluso silenciosa y secreta, cuyo paradigma es el voto,
“compra” de un partido en el secreto de la cabina electoral. Al hacer
esto, reduce el grupo a la serie, la opinión movilizada de un grupo
colectivo organizado o solidario a una agregación estadística de opi
niones individuales expresadas. Pensamos en la utopía de Milton
Friedman quien, para captar el punto de vista de las familias con
respecto a la escuela, propone distribuir bonos que permitan com
prar servicios educativos provistos por empresas competidoras.[...]
99 Texto extraído de Formas de la acción política y modo de existencia de los grupos, Charla en la
Asociación Francesa de Ciencias Políticas, 1973.
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” Í49
La acción política se encuentra reducida a una forma de acción econó
mica. La lógica del mercado o del voto, es decir, la agregación de
estrategias individuales se impone siempre que los grupos son redu
cidos al estado de agregados o, si se prefiere, son desmovilizados.
Cuando un grupo es reducido a la impotencia (o a estrategias indivi
duales de subversión, sabotaje, derroche, lentitud, protesta aislada,
ausentismo, etc.) porque no tiene poder sobre sí mismo, el proble
ma, común a todos sus miembros, no pasa de ser un malestar y no
puede ser constituido como problema político. Los miembros de un
grupo pueden estar unidos, por un acuerdo tácito basado en una con
nivencia, como dice Weber, una complicidad profunda, tan profun
da que no necesita expresarse, que marcha por sí sola. Pero esta com
plicidad sólo accede a la existencia a través de palabras o de conductas
simbólicas que están dotadas de una carga emocional más fuerte que
la palabra hablada o escrita y cuyo ejemplo privilegiado es la mani
festación. Las palabras, palabras de explicitación que hacen very hacen
creer, o consignas, que hacen actuar de forma concertada, son prin
cipios unificadores de la situación y del grupo, signos movilizadores
que permiten constituir la situación y constituirla como algo común
al grupo. [...]
El problema político radica en saber cómo dominar los instru
mentos que tuvieron que ser puestos en marcha para dominar la anar
quía de las estrategias individuales y producir una acción concerta
da. ¿Cómo puede el grupo controlar la opinión expresada por el
portavoz, aquel que habla en nombre del grupo y en su favor, pero
también en su lugar [...], siendo la cuestión fundamental saber lo que
significa hablar para gente que no hablaría si alguien no hablara por
ella? [...] El modo de producción atomístico y agregativo valioso para
la visión liberal favorece a los dominantes que tienen interés en el
dejar hacer y pueden contentarse con estrategias individuales (de re
producción) porque el orden social, la estructura, juega en su favor.
Por el contrario, para los dominados, las estrategias individuales,
protesta, derroche, lentitud, etc., y todas las formas de la lucha de
clases cotidiana son poco eficaces. Ellos pueden tener estrategias efi
caces sólo si son colectivas, y que, por consiguiente, suponen estra
tegias de construcción de la opinión colectiva y de su expresión. Sólo
15Ü EL CAMPO POLÍTICO
se puede salir de la adición mecánica de las preferencias que opera el
voto tratando las opiniones como signos que pueden ser cambiados
por el intercambio, por la discusión, por la confrontación, siendo el
problema ya no el de la opción, como en la tradición liberal, sino el
del modo de construcción colectiva de opciones, del modo de fabrica
ción de la “voluntad general”, [...] por el trabajo colectivo de búsqueda
de la opinión común.
La creación de Pxct&s de la Re cherche en Sciencies Sociales responde entonces a
una doble exigencia política. Si bien en esta iniciativa existe una verdadera política de
la sociología (constituirán polo alternativo de investigación y de publicación), la revis
ta se orienta claramente en el sentido de una sociología de la política, desde los ángulos
más diversos, y a veces los más inesperados. La voluntad de yuxtaponer textos “acaba
dos”, notas breves, o textos de trabajo, se inscribe e72“labúsquedadeunmodode
expresión realmente adaptado a las exigencias de una ciencia que, tomando
por objeto las formas y los formalismos sociales, debe reproducir en la exposi
ción de sus resultados la operación de desacralización que ha permitido alcan
zarlos”100. Elprimer artículo, “Método científico y jerarquía social de los obje
tos” constituye un verdadero manifiesto de política científica en sociología:
“La jerarquía de los objetos legítimos, legitimables o indignos es una de las
mediaciones a través de las cuales se impone la censura específica de un
campo determinado que, en el caso de un campo cuya independencia con
respecto a las demandas de la clase dominante está mal afirmada, puede ser
la máscara de una censura propiamente política. La definición dominante
de las cosas que vale la pena decir y de temas dignos de interés es uno de los
mecanismos ideológicos que hacen que cosas que valen la pena decir no
sean dichas y que temas dignos de interés no interesen a nadie...”.
No se trata pues solamente de “deconstruir” los discursos científicos, sino de
echar abajo la jerarquía social de los objetos consagrados por la ciencia dominante
de la época, pues “el conflicto entre la gran ortodoxia del sacerdocio acadé
mico y la herejía distinguida de los francotiradores forma parte de los me
100 Actes de la Rechcrche en Sciences Sociales, 1975 N° 1, p. 2.
UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 151
canismos que contribuyen a mantener la jerarquía social de los objetos y, al
mismo tiempo, la jerarquía de los grupos que sacan de ella sus beneficios
materiales y simbólicos”. Contra el radicalismo verbal de numerosas revistas y
grupos intelectuales de vanguardia -se piensa inmediatamente en Tel Quel, en
los situacionistas o en los maoístas- el trabajo científico aparece como una verdade
ra. “aseesis”, que implica tanto el rechazo de las posiciones estetizantes o de la se
ducción de las palabras vacías, como el repliegue en los temas de investigación cuya
distancia de la realidad social aumenta la rentabilidad científica. La variedad de
artículos se sitúa, entonces en el marco de este proyecto: la alta costura, el automó
vil^ las caricaturas, las fuerzas armadas, la enseñanza técnica, los trabajadores
sociales, etc. El mismo discurso político es considerado como objeto -tanto la retórica
marxista de Althuser y Balibar como “la producción de la ideología, dominante”
expresada en los trabajos de ciencia política-. Un artículo de Bourdieu, “Questions
de politique”, será la base de un capítulo de La Distinction en 1979, y artículos
como “Décrire et prescrire” sobre las condiciones de eficacia del discurso político,
figurarán luego en Ce que parler veut dire. Pero más allá del análisis del poder
de imposición de las palabras, el verdadero objeto reside en las relaciones de domi
nación, y sus mecanismos tanto más invisibles cuanto más profundamente inscritos
están en las estructuras mentales cuyo vehículo son los discursos.
“El discurso dominante sobre el mundo social debe su coherencia práctica
al hecho de que es producido a partir de un pequeño número de esquemas
generadores que fácilmente pueden ser reducidos a la oposición entre el
pasado (superado) y el porvenir o, en términos más vagos y aparentemente
más conceptuales, entre lo tradicional y lo moderno. Como las del mito, las
oposiciones fundamentales de este sistema práctico, cerrado/abierto, bloquea-
do/desbloqueado, pequeño/grande, cerrado/abierto, local/universal, etc., son
a la vez relaciones formales, que pueden funcionar en los contextos más dife
rentes, con relación a los objetos más diversos, y a los contrastes vividos, a las
experiencias antagónicas, tales como la oposición entre el pequeño pueblo y
la gran ciudad, entre la tienda de abarrotes y el drugstore,' el mercado y el
supermercado, entre la pre-guerra y la post-guerra, entre Francia y América,
etc. Cualquiera que sea el terreno al cual se aplique, el esquema produce dos
términos opuestos y jerarquizados, y al mismo tiempo la relación que los
une, es decir, el proceso de evolución (o de involución) que conduce del uno
al otro (sea, por ejemplo, lo pequeño, lo grande y el crecimiento)”101.
101 “La producción de l’idéologie dominante”, Actes de la. Recherche en Sciences Sociales,
1976, N° 2-3, p. 39, en coautoría con Luc Boltanski.
152 EL CAMPO POLÍTICO
La tradición libertaria de la izquierda
La intervención con respecto a. Polonia, en el momento en. q-ue Pierre Bourdieu,
al acceder a la cátedra de sociología del College de France, se consagra científica
mente, no se produce en un “vacío político”: lo lleva, por el contrario, a intensificar
sus compromisos, a reflexionar sobre las condiciones de una acción política eficaz.
La acción emprendida por Bourdieu, en colaboración con Michel Foucault, en el
momento del golpe del general Jaruzelski en Polonia, en diciembre de 1981, pue
de ser interpretada como la afirmación de la necesaria autonomía de los intelec
tuales frente al poder político, aunque éste fuera socialista y deseoso de encarnar,
como lo había profetizado Jack Lang, el mediático Ministro de Cultura del primer
gobierno socialista, “elpaso de la sombra a la luz”.
En ese período, la efervescencia militante de principios de los años 10, consecutiva
al movimiento de Mayo del 68, había decaído desde hacía, unos años ya, incluso
para Michel Foucault quien, más que ningún otro intelectual, había simbolizado el
pensamiento crítico. Su acción en favor de los derechos de los presos, de los inmigrantes
y de los homosexuales se había inscrito, en efecto, en las movilizaciones contestata
rías que contribuyeron a modificar los repertorios de acción de lasformas tradicionales
de protesta sindicales y partidarias^2. “El izquierdismo contracultural'™, al cual
se asocia el nombre de Foucault, fue marcado por la apertura de múltiples frentes
de agrupaciones en diferentes sectores del espacio social. Los “nuevos” movimientos
sociales, Frente Homosexual de Acción Revolucionaría, Movimiento de Liberación
de las Mujeres, Frente de Liberación de los Jóvenesy otros movimientos regionalis-
tas, encontraron en los temas de la marginalidad, de la disidencia y del ilegalismo
consignas unificadoras para su ánimo contestatario y antiinstitucionaP M. Los autores
más destacados de la Universidad Experimental de Vincennes, Deleuze, Guattari
y Lyotará, se constituyeron en portavoces de este estilo vanguardistay contribuyeron
en gran parte a la producción filosófica de las temáticas antirrepresivasxü>. La crea-
102 Véase Gérard Mauger, “Un nouveau militantisme”, Sociétés et représentations, noviembre
de 1996, N° 3, pp. 51-76, y Erik Neveu, Sociologie des monvements sociaux, París, La
Découvcrtc, 1996, pp. 66-74.
103 Véase Gérard Mauger, “En France, trente ans aprés, co minen t parler de Mai 68?”,
Scalpel, N°4-5, 1999, pp. 169-177 vdel mismo autor “Gauchí s me, contre culture et
nco-Iibéralisme. Pour une histoire de la générarion 68”, en CURAPP, Uidentitépolitique,
París, PUF, 1994, pp. 206-226.
104 Ibid, p. 176.
105 Para un análisis de esta coyuntura ideológica y de los temas “antirrepresivos”, véase
Louis Pinto, Les philosophes entre le lycée et Lavant gardo, les métamorphoses de la philosophie
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE. FUNDADAS” 153
ción del diario Libération, al cual Sartre y Foucault aportaron su garantía simbó
lica, y cuyo objetivo inicial era “darla palabra al pueblo", es testimonio del éxito del
izqti.icrdism.o, cuyos temas, como la autonomía y la autogestión, fueron integrados
a los programas de los partidos de izquierda, preocupados por canalizar y recupe
rar, para beneficio propio, las energías militantes movilizadas durante estos años
de contestación. Sin embargo, el peso de la crisis y del desempleo contribuyeron, con
el tiempo, a volver a centrar las movilizaciones de los años 80 en tomo a objetivos
clásicos, los salarios y el empleo^6.
La mitad de los '70 fue, en efecto, marcada. por una verdadera inversión de la
coyuntura ideológica, que pone término progresivamente al ciclo de acción pública
iniciado a lo largo de los años 60. Con las dificultades económicas de los países del
bloque del Este, la repercusión de los acontecimientos de Praga y de Gdansk, y las
polémicas en. tomo a la publicación de El Archipiélago Gulag de Soljenitsyn{m, el
marxismo iba a desaparecer progresivamente del horizonte de la izquierda intelec
tual y política. La revelación de los crímenes perpetrados en Camboya bajo el régi
men de Pol Pot y en China durante la revolución cultural, contribuía, también a
desacreditar los compromisos maoístas y tercermundistas, generando un trabajo de
duelo en aquellos que se habían entusiasmado por estas causas riesgosas. A las pa
siones revolucionarias suceden entonces las conversiones, las reconversiones y demás
vueltas. En la intersección de los campos intelectual y periodístico, las trayectorias
de los nuevosfilósofos ilustran estas mutaciones del ambiente ideológico. Cercanos al
Nouvel Observateur, estos autores logran la hazaña de pasar, en pocos años, del
izquierdismo político a la irrupción en el debate público, basándose en interpelaciones
dramáticas relativas a la naturaleza del totalitarismo'^. Su estilo filosófico inédito
desemboca, en realidad, en la culpabilización virtual de todo intelectual que emita
una crítica al orden social. El eco que encuentran en la prensa es testimonio del
descrédito que pesa desde entonces sobre losfilósofos contestatarios de la época posterior
al '68. Los decesos casi simultáneos de figuras prestigiosas de la intelligentsia en los
albores de los años 80, como Sartre, Lacan, Barthes, la tragedia personal que gol
pea. a Althusser y el suicidio de Poulantzas, confieren a este período un aspecto de
aujourd'hui, París, L’Harmattan, 1987, pp. 109-119, para un historial de la universidad
de Vincennes, véase Charles Souiié, “Le destín d’une institución d’avantgarde: histoire
du département de philosophie de París Vil?’, Histoire de l'éducation, 77, enero 1988,
pp. 47-69.
106 Erik Neveu, Sociologie des mouvements sociaux, op. cit. pp. 71 -72.
107 Véase “Les paradis perdus”, en Michel Winock, Le siecle des intellectuels, París, Senil,
1999, pp. 739-754.
108 Véase la interpretación que propone Louis Pinto sobre estas trayectorias, en Les
philosophes entre le lycée et l'avant garde, les métamorphoses de la philosophie aujourd'hui,
op. cit., pp. 152-154.
154 EL CAMPO POLÍTICO
fin de ciclo, del cual ce apropian numerosos comentadores liberales y postmodemos,
reunidos por el anuncio de la desaparición del clásico intelectual de izquierda,
universalista y prosélito'^. Esta tendencia irá acentuándose con las desilusiones
políticas engendradas por el mitterrandismo.
En este contexto, y más allá de las divergencias teóricas o políticas que separan
a Foucault y Bourdieu (este último no apoya la revolución iraní), su compromiso
mutuo con otros intelectuales y sindicatos es testimonio de su voluntad de poner su
notoriedad científica al servicio de causas progresistas'l0, aprovechando el cambio
político provocado por la victoria de la izquierda en las elecciones de mayo de 1981.
La. ausencia de reacción del gobierno francés frente a la proclamación del Esta
do de guerra en Polonia, la noche del 12 al 13 de diciembre de 1981, acompañada
del arresto de líderes políticos y sindicales, lleva a Michel Foucault a aceptar la
acción conjunta que le propone Pierre Bourdieu. La propuesta es la. siguiente: en
trar en contacto con la CFDT, con la idea de desarrollar, entre este sindicato y los
intelectuales, lazos similares a los que existían entre Solidarnos y los medios uni
versitarios en Polonia. La atención de los comentaristas de la actualidad política se
había centrado en la intervención radiofónica de Claude Cheysson, ministro de
Asuntos Exteriores, quien, al responder a un periodista que le preguntaba si el
gobierno francés tenía la intención de hacer algo, había afirmado: “En absoluto.
Por supuesto que no vamos a hacer nada. Nos mantenemos informados sobre la
situación 11.
El llamado publicado en el diario Libération, el 15 de diciembre de 1981, titu
lado “Les rendez-vous manquésw\ al pie del cual se encuentran las firmas de
Pierre Bourdieu, Patrice Chéreau, Marguerite Duras, Simone Signoret, Michel
Foucault y Jorge Semprún, es de una tonalidad muy crítica hacia, los dirigentes
socialistas: “El gobierno francés no debe, al igual que Moscú y Washington,
109 Véase Eric Fassin, “Play itagain Sartre? New dreyfúsards insearch of a new Dreyfús”,
Frmcb politice und xociety, voL 16, N° 1, Winter 1998, pp. 23-37.
110 Tras el fallecimiento de Michel Foucault, en junio de 1984, Pierre Bourdieu evocará
las múltiples actividades militantes del filósofo, realizadas “con cierto furor racional”, y
celebrará la figura insustituible del compromiso que encamó, “Le plaisir de savoir”,
Le Monde, 27 de junio de 1984.
* Confederación Francesa Democrática del Trabajo, sindicato francés próximo a la De
mocracia Cristiana. (N. de Tí).
111 Véase Jean Franfois Sirinelli, Intellectuels etpassions francaises. Manifestes etpétitions au
XXérne siécle, París, Fayard, 1990, p. 228.
** “Las citas fallidas” (N. de T).
“UTOPÍAS SOCIO LÓGICAMENTE FUNDADAS” 155
hacer creer que la instauración de una dictadura militar en Polonia es un
asunto interno que dejará a los polacos la facultad de decidir su destino por
ellos misinos. Esta es una afirmación inmoral y mentirosa”. El texto insiste,
principalmente, en la coacción que el Partido Comunista Francés ejerce en la. acti
tud del gobierno francés: “Al afirmar, en contra de toda verdad y de toda
moral, que la situación en Polonia sólo concierne a los polacos, los diri
gentes socialistas franceses ¿no están otorgando más importancia a sus alian
zas internas que a la asistencia que se debe a toda nación en peligro? ¿El
buen entendimiento con el Partido Comunista Francés es, entonces, más
importante para ellos que el aplastamiento de un movimiento obrero bajo
la bota militar?”, y concluye con el recordatorio de los compromisos electorales por
los cuales la mayoría de izquierdafie llevada al poder: “En 1981, el gobierno se
ve confrontado al golpe de Varsovia. Le recordamos que prometió hacer
prevalecer las obligaciones de la moral internacional contra la Realpolitik”"2.
Como lo indica Didier Eribon'B, la vivacidad de la reacción de Jack Lang ante
este manifiesto es testimonio del hecho de que un llamado de personalidades de
izquierda que critican la acción del gobierno constituye probablemente, a sus ojos,
una herejía. “Qué payasos, qué deshonestidad” declara a propósito de los firmantes
en Les nouvelles littéraires. En Le Matin, denuncia: “La inconsecuencia típi
camente estructuralista”'^ de ese grupo de intelectuales. También organiza una
contramanifestación de apoyo al pueblo polaco en la Opera de París, el 22 de di
ciembre, y coordina la firma, de otra petición, publicada en Le Monde, el 23 de
diciembre, que denuncia la represión aunque apoyando la. acción del gobiernofrancés.
La entrevista que otorga Pierre Bourdieu al día siguiente al diario Libération,
tras un segundo llamado común de la CFDTy de los intelectuales, concretización
del proyecto esbozado días antes, le permite volver a hablar de las motivaciones que
lo llevaron a actuar.
112 C i tado po r J ea n Fran^ois Si ri nelli, Intellectuels et passionsjran(aisfy\ Manifesté et pétitions
au XXéme si'ecle, op. cit., p. 302.
113 Didier Eribon, Michel Foucault., op. cic, p. 319.
114 Ibid. p. 318.
156 EL CAMPO POLÍTICO
Recobrar la tradición libertaria de la izquierda...115
P.: Junto a otros diez intelectuales (a los que se suman centenares de
otros firmantes), usted ha tomado la iniciativa, desde el lunes pasado, de
lanzar un llamado en favor de Polonia criticando duramente al gobierno
francés (ver: ‘Libération” del martes 15: “Les rendez-vous manqués”).
Estas críticas han parecido aún másfuertes por estar dirigidas aun gobier
no socialista...
P.B.: Frente a acontecimientos como los de Varsovia no hay vuel
tas que dar, es preciso hablar, se debería poder actuar. Pero, ¿cómo?
La única acción posible para un ciudadano francés común pasa por
el gobierno francés. En este sentido, en nuestro texto, hablábamos
de Polonia y solamente de Polonia. Nos ha parecido particularmen
te intolerable que un gobierno socialista que pretende, con mucha
razón, dar una dimensión moral a su acción, no exprese por lo me
nos una condena simbólica clara e inmediata frente al abuso de po
der. Se hace como si no hubiera otra elección más que la guerra.
Resulta cómodo cuando no se quiere hacer nada o para justificarse
por no hacer nada. De hecho, si se quiere buscar bien, hay todo un
arsenal de armas económicas o simbólicas. Y el gobierno ha empe
zado a encontrar algunas bajo la presión de la opinión pública, que
debe aún presionar para que el gobierno las ponga realmente en
marcha.
Pero volviendo al punto, ¿qué hay de anormal en el hecho de
dirigirse al gobierno? Tratándose de un asunto de política exterior,
él es el único que puede ha blar y actuar eficazmente en nombre nues
tro. Nosotros le hemos delegado nuestros poderes en la materia.
Tenemos derechos sobre él. Como intelectuales, tenemos el privile
gio de poder ejercer este derecho, el de todo ciudadano, con cierta
eficacia. (Aunque la publicación de nuestro llamado haya tropezado
con algunos obstáculos...). ¡Tendríamos tal vez que haber esperado
que el Presidente de la República viniera a explicarnos, un mes des
pués, en una charla al calor de un hogar, lo que él piensa de Polonia
115 René Pierre y Didier Eribon, Libération, miércoles 23 de diciembre de 1981, pp. 8-9.
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS' 157
y lo que ha podido decir en el secreto de los encuentros “en cum
bre”! Veinte años de Quinta República han debilitado los reflejos
democráticos elementales. Un gobierno puede y debe ser llamado al
orden.
P: Vimos su reacción “ética” frente a la represión en Polonia, pero la
iniciativa de algunos de los primerosfirmantes de este texto, al proponer un
llamado común con la CFDT, va más allá. ¿En qué medida, la crisis polaca
justifica, a su juicio, la declaración de una especie de estado de emergencia
para el movimiento intelectual?
P.B.: El régimen en el cual estamos es tal que los gobernantes
concentran todos los poderes. Y esto me parece una situación malsa
na. En cualquier caso. Sobre todo cuando los que tienen el poder se
sienten autorizados, apoyados, justificados por fuerzas populares de
las cuales uno no ve cómo pueden expresarse. El único contrapoder
eficaz que yo veo es la crítica intelectual y la acción de los sindicatos.
Creo que los intelectuales tienen el derecho, como todos los ciuda
danos, de ejercer una vigilancia crítica -lo que no quiere decir nega
tiva- en todo momento. No hace mucho se deploraba el silencio de
los intelectuales. Cuando hablan se arma un escándalo. Lo que sig
nifica, en buena lógica, que el único derecho otorgado a los intelec
tuales, y por extensión, a los demás ciudadanos, es el de estar a favor
del gobierno. Sobre este punto nuestro llamado ha funcionado como
revelador (Sartre hubiera dicho: como engañabobos). Ha suscitado
declaraciones estúpidas o ridiculas, unas veces indecentes -pienso en
los ataques contra Yves Montand o contra los intelectuales de iz
quierda entre comillas-, otras preocupantes -pienso en el tono dig
no de Kanapa que supo encontrar nuestro Ministro de Cultura para
oponer “la lealtad perfecta” de los ministros comunistas a la incon
secuencia típicamente “estructuralista” de los intelectuales.
Ahora bien, ¿por qué vincularse con la CFDT? Hay razones ob
vias: esta organización tuvo de inmediato, antes que cualquier otra,
la reacción que debió haber sido la de todas las organizaciones sindi
cales frente al atropello militar a un movimiento sindical. Esta ac
ción normal sólo parece excepcional por la dimisión anormal de los
órganos de expresión del movimiento obrero. No fuimos nosotros
los que escogimos tener por único interlocutor a la CFDT.
158 EL CAMPO POLÍTICO
R: Pero, ¿por qué este vínculo entre intelectuales y sindicatos le ha pare
cido a usted necesario?
P.B.: Primero, por su valor simbólico, en la medida en que evocaba
lo que ha sido una de las originalidades del movimiento Solidarnosc y
podía constituir, por eso mismo, una contribución a la defensa de
Solidarnosc. Pero había también cierta convergencia en el análisis de
la situación polaca. Solidarnosc es un gran movimiento obrero no
militarizado aplastado por las fuerzas militares; y también un movi
miento alzado en contra del socialismo de Estado. El poder de pen
sar la sociedad, de cambiar la sociedad, no se delega, y menos aún, a
un Estado que se toma el derecho de hacer la felicidad de los ciuda
danos sin ellos, o a pesar de ellos. Este poder de transformación, más
o menos revolucionario, no se delega a hombres de aparato desde
siempre preparados para convertirse en hombres de aparato de Es
tado. Esto es lo que el movimiento polaco ha recordado: el fracaso
de un sistema en el cual se supone que el movimiento viene de arriba.
P: ¿Significa esto que usted piensa que debe establecerse una alianza
permanente entre los intelectuales y la CFDT?
P.B.: Sobre este punto, la decisión es de cada uno. Por mi parte, pien
so que el llamado que lanzamos en común es un acontecimiento puntual,
y sería preciso, si tal iniciativa se repitiera, volver a discutir caso por caso.
Dicho esto, me parece que, dado el estado actual, la CFDT ha expresado,
dirán unos, recuperado dirán otros, toda la corriente antiinstitucional,
uno de los componentes importantes de la izquierda en Francia. Vino el
’68 y la crítica del sistema educativo, vino la ecología y el cuestionamiento
de todo un modo de vida, vino el movimiento feminista, vino, y no es
menos importante, la crítica de los aparatos, del centralismo, la crítica
de las relaciones jerárquicas y de la relaciones de autoridad en la empre
sa, la escuela, la familia, etc. Todo esto por la posición que ocupa en el
campo de competencia entre las centrales sindicales y especialmente
con respecto ala CGT‘, también por las características particulares de
sus militantes, quienes tienen especial sensibilidad por lo simbólico y
por las formas simbólicas de dominación, la CFDT lo entendió mejor y
lo expresó. Pero aquí sería necesario un análisis muy largo.
Confédération Générale du Travail: Confederación General del Trabajo. (N. de T).
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 159
El encuentro entre los intelectuales y la CFDT quizás se explique
también por esto: tanto unos como otros son sensibles al hecho de
que las corrientes antiinstitucionales parecen estar mal o poco ex
presadas desde el 10 de mayo. Nos vuelven a sacar programas y pro
mesas, como si todo lo que no hubiera pasado por el rodillo de los
aparatos, de los congresos, de los programas y de las plataformas no
existiera. Olvidan que, por razones sociológicas que no puedo desarro
llar aquí, la sociedad francesa ha sido, desde hace veinte años, el es
cenario de una prodigiosa invención política y que hay espacios, en
el mundo intelectual y también en otros, en los cuales este trabajo
continúa. En resumen, no se puede decir que la imaginación está en
el poder.
P: ¿Pueden los intelectuales constituir una expresión social y política
que les sea propia? Y, ¿no es muy problemático el vínculo con el movimiento
social?
P.B.: En efecto, es difícil dar una verdadera eficacia a la crítica
intelectual. Se trata de dar una fuerza social a la crítica intelectual y
una fuerza intelectual a la crítica social; excluyendo en un principio
la postura del “compañero de ruta” que se traga todo en nombre de
la disciplina, y el sueño leninista del intelectual disciplinando un apa
rato obrero. Es cierto que la posición de intelectual libre o, si se
quiere, “irresponsable”, es la condición de un análisis político libre y
particularmente de un análisis libre del mundo político. Intento, por
mi parte, defender sin complejos esta posición contra todos los “res
ponsables” que hacen pasar los intereses de las organizaciones antes
que el interés por la verdad, contra todos los que hablan con un PC
en la boca. De manera más general, el principal obstáculo para la
instauración de nuevas relaciones entre los intelectuales y el movi
miento obrero nace de la convergencia del obrerismo de algunos
ejecutivos de origen obrero en las organizaciones de izquierda y del
antiintelectualismo de algunos intelectuales que se sirven de los apa
ratos de izquierda para reforzar su posición de intelectuales. Aquí,
también, se debería desarrollar y precisar largamente el análisis.
Para volver a la acción en favor de Polonia, pienso que la conjun
ción entre los intelectuales y un gran movimiento sindical es, sin
duda, la mejor manera de dar a esta acción toda su eficacia y de hacer
160 EL CAMPO POLÍTICO
sentir la presión sobre el gobierno. Los intelectuales no han inventa
do ningún nuevo medio de acción desde Zola; sufren la ineficacia de la
petición y del estrellato al cual ésta les condena. Además, la lógica de la
petición -que supone siempre una iniciativa, o sea un lugar inicial- tiende
a dividir el medio que, por la lógica misma de su funcionamiento, está
destinado a la competencia personal. Es por esto que, desde hace tiem
po, he formulado la utopía de constituir un grupo de intelectuales cuya
firma sería colectiva, cuyos textos serían escritos por el más competente
de ellos en el tema considerado y serían leídos por un actor. En ese
sentido, el programa Montand-Foucault en la radioemisora Europe 1,
que suscitó tanta emoción en nuestros dirigentes -y también, lo que es
más importante, en el público- me parece ejemplar.
P: ¿Es su acción actual una máquina de guerra en contra del Partido
Comunista Francés?
P.B.: Diré al menos que el Partido Comunista Francés, que dice
estar preocupado por la paz interna en Polonia (y en el seno del go
bierno francés), ha subestimado sin duda el poder que tiene, como
hija predilecta de la Iglesia (comunista), para actuar por la paz interna
de Polonia. Basta ver las repercusiones que han tenido las notables
declaraciones de Berlinguer para medir la gravedad de la complici
dad del Partido Comunista Francés.
Si Polonia no es Chile, es que A no es igual a A: el principio de
identidad se derrumba y con él la identidad de los intelectuales.
Educación y política: cómo intervenir en la política educativa
En 1984, el libro Homo Academicus, tomando como objeto el medio univer
sitario, constituye a la vez una sociología de los intelectuales y una sociología de la
sociología donde aparecen los límites del compromiso político de intelectuales inmersos
en el juego académico. Aparece un año antes de la publicación del informe del
College de France': Propuestas para una enseñanza para el futuro. En una
Prestigioso centro de enseñanza francés, en París; dependiente del Ministerio de Edu
cación, pero independiente de la Universidad, sus catedráticos son nombrados por el
gobierno. Imparte una enseñanza libre con carácter universal. (N. de T.).
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 161
entrevista con Eribon en 1984, Bourdieu desarrolla su concepto de una acción
política eficaz:
“Los hombres políticos no quieren a los científicos sino muertos. Se han
usado mis trabajos para justificar medidas que no tenían ninguna relación
con ellos, y, en todo caso, como si hubieran sido elaborados por un autor
del pasado a quien no se le podía ni preguntar su opinión. El problema es
que en Francia no hay reglas para el discurso competente sobre el mundo
social. Con Michel Foucault, hemos pensado en elaborar un libro blanco,
asociando a varios especialistas en una crítica rigurosa de cierto número de
medidas políticas, en materia de cultura y de educación, particularmente...
De todas maneras, pienso que la comunidad científica, por medio del Collége
de France, se expresará pronto sobre el futuro de la ciencia y de su enseñanza.
Por fin, un cuerpo compuesto por científicos de prestigio ha recibido del
poder político el encargo de ocuparse de sus propios asuntos. Esto no tiene
nada de trivial y constituye un hecho político de primera envergadura”"6.
Contra el doble escollo que constituyen la impugnación de las jerarquías uni
versitarias en nombre de la democratización, y la defensa de estas jerarquías en
nombre de la calidad de la enseñanza, “par de fuerzas que incitan al statu quo
en lo que concierne a lo esencial”, Bourdieu plantea la necesidad de procedi
mientos que permitan un mejor reconocimiento del trabajo científico en la univer
sidad, proceso que las reformas del momento no permiten considerar, como lo expli
ca más adelante en la entrevista:
“No sólo es por el efecto de las reformas emprendidas sin investigaciones
ni análisis, como todas las que se han sucedido desde hace 20 años, y basa
das en una ignorancia casi total de los verdaderos retos y de los verdaderos
mecanismos, que llegaremos a parar el vaivén, ayer la demagogia superfi
cialmente igualitarista, hoy el culto al esfuerzo y los aplausos de la Sociedad
de los Agregados. De manera más general, no se actúa sobre universos tan
finamente diferenciados con reformas formalistas y universalistas, incapa
ces de tratar metódicamente la singularidad de los casos siempre particulares,
e inspiradas generalmente en representaciones -plataformas, programas o
informes de comisiones- que informan más sobre los intereses específicos
de sus autores que sobre la realidad del sistema de enseñanza”.
116 “Université. Les rois sont ñus”, Le Nouvel Obsercateur, 1984.
162 EL CAMPO POLÍTICO
Hacer política de otra manera117
P: ¿Si entiendo bien, usted no propone medidas políticas sino simple
mentecritica la política?
P.B.t Lo que está en juego, y que la discusión ordinaria sobre la
política no toca jamás, es la idea misma de lo que puede ser y hacer la
acción política -lo que antes se llamaba el “gobierno”-. Los hombres
políticos deberían meditar sobre la distinción estoica entre lo que
depende de nosotros y lo que no depende de nosotros. El gran princi
pio de error consiste, es sabido, en la ignorancia de su límite. Todo
lo que puede hacer la política es controlar suave e insensiblemente
los campos de fuerza, cosa evidentemente contradictoria con las pul
siones hacia lo espectacular y lo exhibicionista de la reforma. Es bus
car en el campo de fuerzas y en las luchas que en él se entablan, las
fuerzas capaces de modificar el campo de fuerzas hacia la dirección
deseada. Estamos más cerca de Fourier, y del arte de utilizar las pa
siones, que de Marx. Sería necesario saber conducir una política de
pequeños empujones, bien dados, que podrían mover los engranajes
hoy en día trabados por un sistema en el cual se distribuyen de ma
nera aleatoria las sanciones y los beneficios. De todas maneras, no
podremos quedamos indefinidamente en la situación actual, pues creo
haber comprendido que cuando los ratones son sometidos a un tra
tamiento bastante parecido al que se da hoy a los profesores y a los
investigadores, repartiendo al azar descargas eléctricas y granos de
trigo, se vuelven locos.
P: Usted parece tener un concepto muy pragmático de la política; ¿pien
sa que hay que deshacerse de las visiones globales del mundo y de las grandes
ideologías?
P.B.: En absoluto. No se trata de anunciar una vez más el fin de
las ideologías. Pero lo que se llama la experiencia de izquierda ha
hecho comprender ampliamente, y es un logro positivo, que las opo
siciones principales entre derecha e izquierda no estaban allá donde
117 Entrevista con Didier Eribon (fragmento), “Université: íes rois sont ñus”, Le Nouvel
Obseruateur, 1984.
UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 163
las situaba La izquierda. Lo que hoy se ha vuelto evidente, estaba
encubierto ante los propios políticos por la lógica de la competencia
entre partidos, y en el seno del mismo partido entre las corrientes y
las tendencias. El desconcierto resultante puede favorecer una indi
ferencia política altamente peligrosa, pero puede ser también la oca
sión para una búsqueda Ubre de los principios reales de divergencia,
siempre que el vacío así creado no sea llenado por “artilugios” ideoló
gicos como la informática, a la cual se atribuye la solución de todos
los problemas, desde la soledad individual hasta el comercio exterior,
siempre y cuando el descubrimiento de las limitaciones económicas
y el débil margen de libertad que dejan a la opción política no ven
gan a reforzar las tendencias al economicismo. El tecnicismo -para
Lenin era la electricidad, ahora es la electrónica-, generalmente se
combina con el economicismo para suplir la ausencia de una verda
dera invención política, basada en un conocimiento profundo del
mundo social. Los políticos han aprendido algo de economía, pero
siguen siendo casi igual de pésimos en sociología.
R: Pero, ¿de quién hay que esperar esta invención?
P.B.: No sólo de los políticos, por supuesto. Lo que les correspon
de, reitero, es conocer los límites de la acción política, lo que supon
dría, desde ya, una verdadera conversión personal de su parte, y un
replanteamiento total de la imagen social de su papel.
La oportunidad deponer en práctica estas concepciones de la acción política se le
presenta entonces con el informe “Propuestas para una enseñanza para el futu
ro”, redactado a pedido del Presidente de la República^. El capital simbólico del
Collége de France es puesto al servido de una intervención política colectiva: “No
es mi texto”, dice en ese momento Bourdieu, “expresa a una colectividad, y a
una colectividad reconocida, por su posición en el universo y por el pedido
que se le ha hecho, que reconoce esta posición”118 119.
118 Se trataba de “reflexionar sobre lo que podrían ser [...] los principios fundamentales de la
enseñanza del futuro”, en “Le rapport du Collége de France; Pierre Bourdieu s’explique”,
entrevista con J. P. Salgas, La Quinzaine Littéraire, 445,1 -30 agosto, 1985, p. 8.
119 La Quinzaine Littéraire, op. cit.
164 EL CAMPO POLÍTICO
Los principales temas de este informe son el desarrollo de disposiciones
críticas, gracias al aprendizaje conjunto de las ciencias del hombre y de la
naturaleza, la diversificación de las formas de excelencia, contra el privile
gio de las matemáticas, el desarrollo de las experimentaciones científicas y
artísticas, contra las divisiones jerárquicas entre lo puro y lo aplicado, la
teoría y la práctica, pero también la atenuación de los veredictos escolares
que pesan sobre los individuos como tantas otras profecías autoconfirmatorias.
La abolición de toda selección tampoco es considerada como una solución:
“La igualación no debe buscarse en la “nivelación”, en la cual la crítica
de derecha ha notado que tiene por principio el resentimiento, sino
en la multiplicación, en la diversificación de los terrenos donde pue
dan asentarse las diferencias y en el debilitamiento de las jerarquías
entre los principios de la jerarquización”120. Se propone una acción en
favor de la autonomía de los colegios, para superar la antinomia del estatis
mo y del liberalismo, mediante una multiplicación de las fuentes de
financiamiento: se trata de sustituir la competencia desleal y desigual por
un espíritu de emulación abierta y controlada gracias a un replanteamiento
del papel del Estado.
Se plantean otras propuestas sobre los programas de enseñanza: ins
tauración de un “mínimum commun”, revisión periódica de los saberes
enseñados, historia social de las obras culturales contra la insularización
de los saberes y contra la especialización muy precoz, derecho a la educa
ción a cualquier edad, uso de técnicas modernas de difusión como la televi
sión, apertura hacia participantes externos para “evitar que el sistema
escolar se constituya en un universo separado, sagrado, que pro
ponga una cultura a su vez sagrada y separada de la existencia co
mún”. También se propone una revalorización de la docencia para “ha
cer del oficio de educador lo que debería ser, el primero de los
oficios”.
Cabe preguntarse cómo una sociología crítica puede conformarse con una acción
reformadora: ¿acaso, según sus tesis, la escuela no es la imposición de una arbitra
riedad cultural favorable a las clases dominantes, mediante la acción pedagógica?
120 La Quinzaine Littéraire, op. cit., p. 10.
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS' 165
Según Bourdieti, es iluso pensar que se puede transformar todo, y el informe sólo se
interroga acerca de la cantidad de desigualdades que es posible corregir, sin evocar
la cuestión de la democratización ya que el sistema de enseñanza no parece estar en
condiciones de poder responder a ellain.
“El informe del Collége de France -esto es algo importante y nadie lo ha
visto- no menciona la palabra reproducción ni la palabra democratización.
Nunca se dice que el sistema escolar va a igualar las oportunidades, ni que
el sistema escolar va a dar cultura a todos. Jamás... y eso es sumamente
importante. Y, ¿por qué? Porque el sistema escolar está organizado de tal
manera que prácticamente no puede democratizar y que todo lo que puede
hacer, lo mejor que puede hacer, es no acrecentar las desigualdades y no
duplicar por su eficacia específica, esencialmente simbólica, las diferencias
ya existentes entre los niños que le son confiados. Hay toda una serie de
proposiciones que van en este sentido: la más importante, desde ese punto
de vista, es la que consiste en la advertencia contra el efecto de destino con
el cual la institución escolar transforma las desigualdades preexistentes en
desigualdades naturales. Si yo fuera ministro, la primera recomendación
que haría a los profesores sería; nunca emitan juicios de valor sobre sus
alumnos, no tienen derecho de usar la palabra “idiota”, no tienen derecho
de usar la palabra “estúpido”, no tienen derecho de escribir “este razona
miento es imbécil”, no tienen derecho de poner “pésimo”... Dicho de otra
manera, deben excluir todos los juicios de valor que atañen a la persona...
Ustedes podrían decir: “esta tarea no está bien”, “Esta solución es erró
nea”, pero ustedes no pueden decir: “Eres nulo en matemáticas”, “no estás
dotado para las matemáticas”. Los profesores de matemáticas deberían sa
ber y comprender que tienen un poder diabólico de nominación, de consti
tución que se ejerce sobre la identidad misma de los adolescentes, sobre la
imagen que tienen de sí mismos, y que pueden infligir traumas terribles,
más aún cuando sus veredictos son retomados y reforzados por padres des
esperados y angustiados. En definitiva, pienso que lo más progresista en
este informe es lo que no se dice, es el hecho de que no promete cosas
imposibles, no pide al sistema escolar cosas que no puede hacer”’”.
La participación de Bourdieu en un informe oficial no le impide estar atento a
los movimientos sociales que agitan al sistema de enseñanza y a la sociedadfrance-*
121 Entrevista con Gérard Mauger y Louis Pinto, Lire les Sciences sociales, volume 1, París,
Berlín, 1994.
122 Entrevista de Tokio, noviembre de 1989, inédita.
166 EL CAMPO POLÍTICO
sa. Los años 80 ven surgirformas de protesta atípicas, simbolizadas por las coordi
nadoras; y si la de las enfermeras constituye el ejemplo más conocido, el movimiento
estudiantil en contra del proyecto Devaquetni en 1986, y la huelga de maestros en
1981 contra la redistribución de los poderes en la escuela primaria^, marcan los
tiempos fuertes de la movilización política. Con motivo del movimiento estudian
til, Bourdieu da una entrevista con un título algo provocativo: “¿Para cuándo un
colegio Bemard Tapie?”123 125, en la cual critica la política de los gobiernos de izquier
124
da y su ausencia, de proyecto político para, una escuela abandonada a la. competencia
descontrolada. Bemard Tapie, hombre de negocios que encarna “el espíritu empre
sarial” valorado en los años 80 -el presidente socialista Frangís Mitterrand in
cluso lo nombrará ministro-, es conocido entonces por sus inversiones industrialesy
deportivas, ampliamente comentadas en los medios de comunicación.
¿Para cuando un colegio Bemard Tapie?
* 126
P.t El actual movimiento estudiantil ha sorprendido a sus mayores...
P.B.: En los años sesenta, cierto número de personas, sociólogos
en Francia y en Estados Unidos, anunciaban “el fin de las ideolo
gías”. Algunos años después, en el ’68, se produjo una de las más
extraordinarias explosiones de “ideología” que el mundo haya cono
cido. En el 86, los mismos, o sus descendientes, constataban el fin de
las “ideas del ’68”; “La gran limpieza...”. Y he aquí que surgen movi
mientos vivos, inteligentes, divertidos y profundamente serios, que
trastornan la ideología del fin de las ideologías. Aquellos que hacen
votos por “el fin de las ideologías”, es decir, globalmente, el retorno
123 Del nombre de un diputado del RPR, que había propuesto, en la gestión del ministro
Rene Monory, una reforma de la universidad y en particular un aumento del costo de
la matrícula, medida impopular que catalizó el movimiento.
124 Véase al respecto el artículo escrito por un estudiante de Pierre Bourdieu que dedica
al tema una parte de su tesis: Bertrand Gcay, “Espace social et ‘coordinations’. Le
‘mouvement’ des Instituteurs de l’hiver 1987”, Actes de la Recherche en Sciences Sociales,
N° 86-87, marzo 1991, pp. 2-24.
125 Libération, 4/12/86, con A. de Gaudemar.
* Bemard Tapie, empresario muy requerido por los medios de comunicación en los
años 80.
126 Entrevista con Antoine de Gaudemar, Libération, jueves 4 de diciembre de 1986.
‘'UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS" L67
al “realismo”, a las realidades de la empresa, de la productividad, de
la balanza del comercio exterior, de los “imperativos” de la política
internacional de Francia (pienso en la venta de armas o en Green
peace), y por el repudio a las esperanzas ilusorias (igualdad, fraterni
dad), solidaridad, hablan como los padres burgueses hablaban a sus
hijos, en pocas palabras, como los viejos. El fin de las ideologías es el
envejecimiento a escala colectiva, la resignación al orden de las cosas,
esta “sabiduría” que consiste en hacer de la necesidad una virtud.
La izquierda en el poder: ¡qué antigualla! La izquierda antiins
titucional, libertaria, estando excluida (o habiéndose excluido) del
poder, los apparatchiks se pusieron a predicar, y a menudo con el ejem
plo, la modernización ideológica, es decir, la renuncia a las “ilusiones”
que los habían llevado al poder. Todo lo que la derecha se empeñaba
en repetir sin llegar a hacerse creer, esta izquierda lo ha dicho y re
petido: tampoco creimos lo que decía. Pero dejamos de creer en ella.
P.: Los universitariosy los estudiantes de secundaria de hoy dicen ser apolíticos...
P.B.: Efectivamente, y en cierto sentido tienen razón. Primero
porque, a diferencia de sus predecesores del ’68, no se preocupan
por los grandes modelos políticos: la declinación del PC, el paso de
los socialistas por el poder, han cambiado muchas cosas. Y además su
formación política no proviene tanto de las células del PC o de gru-
púsculos trotskistas, sino de la observación, en torno a ellos, del des
empleo de los diplomados y de la devaluación de los títulos escola
res, y también escuchando a Coluche o a Bedos', quienes les ofrecen,
con el lenguaje de la parábola, el equivalente de los análisis más suti
les sobre el racismo, el sindicalismo, el mundo político, etc. Tam
bién aprendieron mucho de la izquierda. De alguien que miente des
caradamente, los cabileños dicen: “me ha puesto el Este en el Oeste”.
Los apparatchiks de izquierda nos han puesto la izquierda a la dere
cha. Los universitarios y los estudiantes de secundaria podrían estar
desorientados y en cierto sentido lo están, como todo el mundo. ¿Qué
es lo que separa a Devaquet de Chevénement', y a los profesores
Guy Bedos, al igual que Coluche, es comediante satírico. Ver nota en p. 13. (N. de T).
Jean-Pierre Chevénement, Ministro de Educación del gobierno socialista de 1984 a
1986. (N. deT).
168 EL CAMPO POLÍTICO
revanchistas, que rodean, al primero, de los normalistas apegados a la
restauración de las jerarquías de su juventud, que aconsejaban al se
gundo?
Las renuncias o las negaciones de los unos han hecho creer a los
otros que, esta vez, se había acabado con las aspiraciones, si no a la
igualdad, por lo menos a la solidaridad o, mejor aún, a la generosi
dad. Los gobernantes de hoy han creído que podrían llevar a cabo lo
que sus predecesores habían empezado tan bien. Porque los hom
bres políticos de izquierda habían ensalzado a la empresa (y al ejérci
to), la derecha creyó que ya había llegado el momento, que podía
seguir adelante. Sin ver que dicha izquierda no expresaba más las
aspiraciones progresistas, sobre todo las de los más jóvenes, que no
han olvidado las promesas traicionadas.
P.: Dicho de otra manera^ la derecha^ de vuelta alpoder^ ¿se sintió autori
zada para ir hasta elfinal de su lógica debido a los intentos de la izquierda?
P.B.: La política, en materia de educación, es como un testproyec-
tivo en el cual un grupo dirigente proyecta sus aspiraciones para el futu
ro de la sociedad. Sin embargo, ¿qué es lo que vimos perfilarse? No
vimos aparecer ni a Marx ni a Jesús, como quien dice, ni a Baudelaire ni
a Manet, ni siquiera a Pasteur o a Marie Curie, sino a Berlusconi y a
Bernard Tapie. ¿Para cuándo un colegio Bemard Tapie, en lugar de
Claude Bemard o Marie Curie? La exaltación de la empresa ganadora
-piensen en todos los programas de televisión y de radio sobre este
tema- ha conducido a hacer del empresario de vanguardia, a veces del
empresario de combate, el ideal humano propuesto a la juventud.
P.: Este es el sistema de valores que rechazan los universitarios y los
estudiantes de secundaria...
P.B.: Ofrecer como ideal la empresa y la competencia, y luego
del modelo americano, el modelo japonés, es instalar el vacío en el
corazón del sistema de valores. Sabemos a qué aberraciones puede
llevar un modelo educativo que, como el japonés, subordina toda la
empresa pedagógica a la lógica del concurso, de la competencia, de
la selección mediante exámenes. Ahora bien, nosotros no estamos
tan lejos de este sistema, y creo que es esta lógica infernal de la lucha
de todos contra todos, de la competencia sin piedad por la buena
nota, luego por la buena opción en secundaria, luego por la buena
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 169
carrera, luego por la buena escuela superior, etc., lo que denuncian
Los universitarios y los estudiantes de secundaria. Es por eso que exal
tan los valores de solidaridad y de generosidad. No hay nada que
divida y que aísle más que la entrega de exámenes corregidos o, más
aún, la búsqueda de un lugar en la universidad, cuando se sabe nada
o poco sobre las orientaciones y las carreras, y de las jerarquías que
no dejan de cambiar.
Estas y estos jóvenes nos dicen que los últimos serán los prime
ros. Quieren introducir en la escuela la filosofía de los comedores
populares. Quieren evitar que la lógica de la competencia (y el indi-
viduahsmo furibundo que ésta estimula), otrora casi circunscrita a
los cursos de preparación a los concursos de los grandes colegios
parisinos, llegue poco a poco, como lo hace hoy en día, hasta el sexto
de primaria del más pequeño de los colegios del interior.
P: ¿No es esto una forma de utopismo?
PB.: Sí, evidentemente. Y en este sentido, los estudiantes de secun
daria del ’86 son los herederos de los estudiantes del ’ó8. Pero el
utopismo contiene una información y una fuerza. La enseñanza ha
sido entregada a las camarillas pedagógicas, a los grupos de presión
corporativos o a los servicios de ministerio, sin hablar de los ministros
y de los políticos. Hubo un tiempo en el que los más grandes cientí
ficos de la Sorbona y del Collége de France no desdeñaban, como
Lavisse, reflexionar sobre los programas de la enseñanza primaria o
secundaria, o incluso escribir textos para las escuelas de pueblo. Los
profesores del Collége de France hicieron un trabajo parecido, hace
uno o dos años. Ya sabe usted la atención que prestaron a estas pro
posiciones las mismas autoridades que las habían solicitado...
P: Quiere usted decir que se deberían volver a formular por completo
los objetivos del sistema de enseñanza. ¿Pero no conduciría esto a otra refor
ma más?
P.B.: En absoluto. Pienso que la característica de todas las refor
mas sucesivas es que brillan por la ausencia de un verdadero proyec
to educativo. En el centro tienen un hoyo: no saben qué tipo de hom
bre quieren hacer y para qué tipo de mundo social. Es lo que los
estudiantes y universitarios han notado. Algunos de ellos hablan, con
todo derecho, de presentar al ministro un contraproyecto educativo.
J 70 EL CAMPO POLÍTICO
¿Cuál es el centro de la filosofía del proyecto propuesto por el
ministro (más allá del restablecimiento de las prerrogativas de los
profesores titulares)? Ajustar la producción de diplomados a la de
manda económica. Además de ser algo que no sabemos hacer, debi
do al desfase inevitable entre el tiempo de la producción escolar de
productores y los cambios de la economía, no estoy totalmente se
guro de que esto sea deseable. Podría evocar todas las invenciones
económicas, científicas y sociales que nacieron, directa o indirecta
mente, de una “sobreproducción” de titulados: por ejemplo, toda la
vanguardia artística del siglo XIX, cuyo culto se celebra hoy en el
Museo d’Orsay, ¡nació de una sobreproducción de pintores y apren
dices de pintor!
Pero lo esencial, no esta ahí. Lo que es insoportable, pienso yo,
para los jóvenes estudiantes y universitarios, es la intención de norma
lización que se oculta detrás de este deseo de ajuste al mercado labo
ral. Cuando una madre burguesa o hasta pequeño-burguesa se refie
re a su hijo que quiere estudiar historia, se creería que anuncia una
catástrofe. Y no hablemos de filosofía o de letras clásicas. Los estu
diantes de letras se han vuelto bocas que alimentar. Y no sólo para
los “medios gubernamentales”, de derecha o de izquierda, sino tam
bién para sus familias y muchas veces para ellos mismos.
P; ¿Cuál es, según usted, el centro de este sistema de antivalores?
P.B.: En mi opinión, es la descalificación de toda forma de inves
tigación gratuita, artística o científica. Sobre todo cuando puede pro
ducir efectos críticos, como las ciencias sociales. Se honra a los artistas
muertos, pero, como siempre, se los prefiere muertos antes que vivos.
El rechazo a la gratuidad es el rechazo a generosidad. Es este recha
zo que la edad de la generosidad rechaza: todo este conjunto de ges
tos mezquinos y lamentables, cuyo mayor ejemplo es la expulsión de
los Malíes, que nos ofrecieron nuestros guardianes del orden moral,
nuestros ministros de Justicia, de Policía y de Educación. Y sería
posible mostrar que esta descalificación de la gratuidad y de la genero
sidad ni siquiera se identifica con un interés real por la rentabilidad.
P: Pero los universitarios y los estudiantes de secundaria proponen reivin
dicaciones precisas que conciernen a la gratuidad de los estudios, a. la selec
ción, etc.
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 171
P.B.: Creo que todo viene del rechazo fundamental a ser carne de
patrón. Y del rechazo a la moral que está implicado en la instaura
ción del reino de los exámenes de oposición. En ausencia de un ver
dadero proyecto colectivo para la educación (por ende para la socie
dad), sólo quedan las estrategias individuales de reproducción. Como
en las situaciones de pánico o de desbandada, sálvese quien pueda, es
la lucha de los egoísmos. Uno lucha para salvarse y para salvar a los
suyos, aunque tenga que subir a un barco que se está hundiendo.
El dejar hacer en materia de educación, encamado por nuestro
ministro empresario, es el pretexto para la falta de pensamiento, para
la falta de proyecto. Tratándose de educación, nada grande se puede
hacer sin una movilización en torno a una idea del hombre y de la
sociedad. Es algo que sienten y que dicen los estudiantes de secun
daria y los universitarios: sienten que no tienen un verdadero lugar
en una sociedad que es incapaz de pensar el futuro. Es por eso que el
actual movimiento no tiene nada de pasajero. Y aun si, en su forma
visible, manifiesta, acabara por desaparecer, seguirá existiendo tanto
tiempo como las preguntas que plantea, y que he tratado de formu
lar, no hayan sido explícita y decididamente encaradas.
P.: Pero, ¿no hay algo de irrealista en el hecho de rechazar la selección?
PB.: Una situación de crisis abierta, como la que enfrentamos,
tiene por efecto sacar a la luz, por tanto a la conciencia, asuntos ocul
tos. Rechazar la selección, de manera algo utopista, es condenarse a
descubrir tarde o temprano que ella ya existe. Se podría decir lo mismo
en cuanto a la gratuidad: ¿cree usted que para el hijo del cartero de
Luchon, que estudia en Toulouse, los estudios sean gratuitos (como lo
son de hecho para el alumno de Dauphine que vive en la calle de la
Pompe)? Todo eso es lo que las reformas a repetición han encubierto.
Los políticos hacen de la escuela un objeto de lucha, porque no tienen
proyecto. Piensan que la Escuela es una cosa demasiado importante como
para dejársela a los jóvenes. En realidad, estos jóvenes nos recuerdan que
no sabemos lo que queremos; que no sabemos lo que queremos hacer de
ellos. Tenemos mil maneras de hacerles sentir que están de sobra. Y el
desempleo no es la menor. Esta es una de las razones que hacen que ellos se
sientan solidarios con todos aquéllos a quienes no se deja de recordarles, a
veces brutalmente, que están demás: como los inmigrantes y sus hijos.
172 EL CAMPO POLÍTICO
B: ¿Más que de selección y de liberalismo salvaje, es de competencia
justa que habría que hablar?
P.B.: Obviamente; desde ya, en el texto de las proposiciones del
Collége de France, si se lo lee bien, se encuentra una condena antici
pada al liberalismo salvaje cuyo retorno era fácil de prever. Dice que
la competencia a ultranza existe ya, engendrando desigualdades crue
les: ¿Cree usted que los estudiantes de letras de Villetaneuse no sa
ben que su diploma vale menos que el de París I? Dice que le corres
ponde al Estado controlar y regular esta competencia, así como
neutralizar sus efectos negativos.
Los universitarios y los estudiantes de secundaria no tardarán en
comprender que no se trata tanto de rechazar la competencia, que
obviamente no sólo tiene efectos negativos, como de reivindicar los
medios, todos los medios, para entrar con armas iguales en la compe
tencia, y también de inventar nuevas formas, más colectivas, más so
lidarias, de competición. Pero esto supondría, una vez más, un ver
dadero proyecto colectivo. El hijo de un obrero de Saint-Etienne
debería poder acceder a estudios realmente (y no formalmente) gra
tuitos en una universidad realmente capaz de darle los mejores títu
los, y que le ofreciera una enseñanza realmente adecuada a sus de
seos, ya sea que quiera estudiar filosofía, cine o artes plásticas. No
vemos por qué el privilegio de la gratuidad, en todos los sentidos del
término, debería estar reservado a los que pueden pagar.
S7 Bourdieu se muestra luego muy crítico hacia el uso que harán los políticos
del informe del Collége de France (un poco de “suplemento de alma en la carta
del Presidente de la República a los Franceses” durante la campaña electoral
de 1988), acepta, no obstante, presidir una. comisión sobre los contenidos de la
enseñanza (véase el recuadro) establecida por Lionel fospin, ministro de Educa
ción Nacional bajo el gobierno de Rocard, luego de la reelección de Mitterrand.
Estos siete “Principios para una reflexión sobre los contenidos de la ense
ñanza”, más conocidos con el nombre de “informe Bourdieu-Gros”, tienen por
finalidad reestructurar las divisiones del saber y las condiciones de su transmisión,
pero no serán aplicados en la política educativa. Sin duda, esta experiencia- en los
medios “oficiales”, y la decepción que de ella resultó, ha sido determinante en el
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS’ 173
apoyo brindado a los movimientos sociales que emergen en los años 90, así como en
la elaboración de La miseria del mundo, cuya contratapa interpela directamente
a los “políticos” y a su olvido de la realidad social.
Fragmentos de los principios para una reflexión sobre
los contenidos de enseñanza
Comisión presidida por Pierre Bourdieu y Franpois Gros.
Marzo de 1989.
A fines del año 1988, el ministro de Educación Nacional creó
una comisión de reflexión sobre los contenidos de la enseñanza. Pre
sidida por Pierre Bourdieu y Fran^ois Gros, tuvo la misión de proce
der a una revisión de los saberes enseñados, cuidando de reforzar su
coherencia y su unidad.
En la primera fase de su trabajo, los miembros de la comisión
se dieron la tarea de formular los principios que debían regirlo.
Conscientes y preocupados por las implicaciones y, particularmen
te, las aplicaciones prácticas de estos principios, se esforzaron,
para fundamentarlos, por obedecer sólo a la disciplina intelectual
que proviene de la lógica intrínseca de los conocimientos dispo
nibles y de las anticipaciones o de las preguntas formidables. No
teniendo la misión de intervenir directamente ni a corto plazo en
la definición de los programas, los miembros de la comisión qui
sieron esbozar las grandes orientaciones de la transformación
progresiva de los contenidos de la enseñanza, transformación
indispensable aunque necesite tiempo, para seguir e incluso ade
lantarse, tanto como sea posible, a la evolución de la ciencia y de
la sociedad.
Comisiones de trabajo especializadas que aceptaron estos princi
pios continuaron o empezaron un trabajo de reflexión más profundo
en cada uno de los grandes campos del saber. Intentaron proponer
[...] no el programa ideal de una enseñanza ideal, sino un conjunto
de observaciones precisas, poniendo de relieve las implicaciones de
los principios propuestos. Estas proposiciones tratarán, esencialmen
te, de la reestructuración de las divisiones del saber y de la redefinición
174 EL CAMPO POLÍTICO
de las condiciones de su transmisión [...].
Primer principio. Los programas deben ser sometidos a un cues
tionamiento periódico que tienda a introducir los saberes exigidos
por los avances de la ciencia y los cambios de la sociedad (en primer
lugar los de la unificación europea); todo aumento deberá ser compen
sado por supresiones [..]
Segundo principio. La educación debe privilegiar todas las ense
ñanzas capaces de ofrecer modos de pensamiento dotados de una
validez y de una aplicabilidad generales en comparación con ense
ñanzas que propongan saberes susceptibles de ser adquiridos de mane
ra igualmente eficaz (y a veces más agradable) por otras vías [...]
Tercer principio. Abiertos, flexibles, revisables, los programas son
un marco y no una cruz: deben ser cada vez menos limitantes a me
dida que subimos en la jerarquía de los registros de enseñanza; su
elaboración y su adecuación práctica deben requerir la colaboración
de los profesores [...]
Cuarto principio. El examen crítico de los contenidos actualmente
exigidos siempre debe conciliar dos variables: su exigibilidad y su
transmisibilidad. Por un lado, el dominio de un saber o de un modo
de pensar es más o menos indispensable, por razones científicas y
sociales, en un nivel determinado (en tal o cual curso); por otra parte,
su transmisión es más o menos difícil, en esa etapa de los estudios,
tomando en cuenta las aptitudes de los alumnos para asimilar y la
formación de los maestros implicados [...]
Quinto principio. Con el propósito de mejorar el rendimiento de
la transmisión del saber diversificando las formas de la comunica
ción pedagógica y atendiendo a la cantidad de conocimientos real
mente asimilados más que a la cantidad de conocimientos teórica
mente propuestos, se distinguirá, tanto entre las especialidades como
en el seno de cada especialidad, lo que es obligatorio, opcional o
facultativo y, además de las clases, se establecerán otras formas de
enseñanza: trabajos dirigidos y enseñanza colectiva agrupando a los
profesores de dos o varias especialidades, pudiendo utilizarse encues
tas o trabajos de campo [...]
Sexto principio. La preocupación por reforzar la coherencia de
las enseñanzas debería favorecer las enseñanzas impartidas en común
"UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 175
por profesores de diferentes especialidades y hasta replantear las divi
siones en “disciplinas” [...]
Séptimo principio. La búsqueda de la coherencia debería acom
pañarse de una búsqueda del equilibrio y de la integración entre las
diferentes especialidades y, en consecuencia, entre las diferentes for
mas de excelencia [...]
El Consejo Nacional de Programas de Enseñanza tendrá por tarea
la ejecución del conjunto de los principios aquí enunciados [...]
El desencanto de lo político
En el umbral de los años 80, Pierre Bourdieu publica varios textos sobre el
funcionamiento del mundo político y de los partidos, entre los que figura
représentation politique”, que pone al descubierto la fuerza de las lógicas de
aparato. Esta crítica del cierre del mundo político se prolonga, con el apoyo a la
candidatura del cómico Coluche en las elecciones presidenciales de 1981, junto a
otros intelectuales como Foucault o Deleuze. Por otro lado, el “giro liberal” de la
izquierda francesa que está en el poder a partir de 1983, no permite atenuar la
denuncia, de un juego político cada vez más sometido a las exigencias televisivas de
visibilidad. Así, puede parecer sorprendente ver al sociólogo escribir, en 1988, un
artículo que termina honrando la acción del primer ministro socialista Michel
Focará, recientemente nombrado por Franjéis Mitterrand reelecto a la cabeza del
Estado. Este ex responsable del PSU encama un “socialismo modernista”pero tam
bién tiene una. imagen de hombre de convicciones, íntegro y serio. Inmediatamente
después de su nominación, encuentra una solución negociada al “problema
caledonio”, mientras que algunas semanas antes, entre las dos rondas del escruti
nio electoral, el gobierno de derecha ordenó el asalto a la gruta de Ouvéa donde
independentistas estaban atrincherados con sus rehenes. Bourdieu escribe entonces
“La ver tu civile” para resaltar la ruptura introducida por el Primer Ministro en
un mundo político en el que, más allá de la influencia creciente de la imagen
pública, es en realidad el principio de la representación política el que está en tela
de juicio, o, más precisamente, la “usurpación legítima” de todo ministerium
Ver noca en p. 13 (N. de T).
176 EL CAMPO POLÍTICO
(cargo, ministerio). El “misterio del ministerio” es ese poder que el mandatario
político obtiene de la delegación:
“El misterio del ministerio sólo actúa a condición de que el ministro disi
mule su usurpación y el imperium que ésta le confiere, ratificándose como
humilde y simple ministro. La desviación en provecho de la persona de las
propiedades de la posición sólo es posible en la medida en que se disimule:
ésta es la definición misma del poder simbólico. Un poder simbólico es un
poder que supone el reconocimiento, es decir, el desconocimiento de la
violencia que se ejerce a través de él. En consecuencia, la violencia simbólica
del ministro sólo puede ejercerse con ésta especie de complicidad que le
otorgan, por el efecto del desconocimiento que la negación alienta, aqué
llos sobre quienes se ejerce esta violencia”127.
Pero este pesimismo respecto al ejercicio del poder no conduce a la resignación:
aunque la acción ejemplar de un hombre político es prueba de ello, se trata, de
manera más general, de inventar estructuras institucionales para que los políticos
se interesen por la. virtud, como Bourdieu lo explicará en Raisons pratiques:
“Podemos reemplazar la pregunta sobre si la virtud es posible con la pregunta
de si se puede crear universos en los que la gente se interese por lo universal”128.
La constitución de las burocracias europeas es un ejemplo histórico de este proce
so'129-. si tinos grupos sociales pudieron trabajar en la instauración del Estado de
derecho, de la idea de servicio público o de interés general, es que allí encontraron
beneficios de universalización. Una política, eficaz y realista consiste entonces en
extender este principio de interés por lo universal hacia otros universos sociales.
“La moral política no puede caer del cielo: no es parte de la naturaleza
humana. Sólo una Realpolitik de la Razón y de la Moral puede contribuir a
favorecer la instauración de universos donde todos los agentes sociales es
tarían sometidos -en particular por la crítica- a una especie de test de uni
versalidad permanente. [...] La moral, especialmente en política, tiene la
oportunidad de existir sólo si se trabaja para crear los medios institucionales
127 “La délégation”, Chases dites, París, Editions Minuit, 1987 de p. 191.
128 Raisons pratiques, París, Seuil, 1995 p. 166.
129 Para una presentación más detallada, referirse a “Un acte désintéressé est-il possible?”
y “Esprits d’Etat” en Raisons pratiques, París, Seuil, 1995.
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS" 177
de una política de la moral. La verdad oficial de lo oficial, el culto al servi
cio público y la dedicación al bien común, no resisten a la crítica de la sos
pecha que descubre por doquier corrupción, arribismo, clientelismo o, en
el mejor de los casos, interés privado por servir al bien público. Condena
dos a lo que Austin designa, de paso, como una “impostura legítima”, los
hombres públicos son hombres privados socialmente legitimados y alenta
dos a tomarse por hombres públicos'”*0.
El papel de la crítica pública se hace entonces determinante en una política
semejante, para forzar a los políticos a. ser lo que su función social les ordena ser, es
decir, a reducir “la brecha entre lo oficial y lo oficioso”y a “crear las condi
ciones de la instauración del reino de la virtud civil”130 . Esta moral política
131132
paradójica, según Catherine Coliot-Thélénexf conduce de este modo a promover
regulaciones institucionales que hagan una necesidad de las conductas exterior-
mente conform.es a la virtud, en lugar de esperar que la virtud improbable de los
individuos moralice la política.
La virtud civil133
En el mundo político intervienen dos tendencias de sentido inver
so: por una parte, la política se cierra cada vez más sobre sí mismo,
sobre sus juegos y sus desafíos; por otra parte, es cada vez más directa
mente accesible a la mirada del común de los ciudadanos; la televisión
juega un rol determinante en ambos casos. Resultado de esto es que
la distancia entre los profesionales y los profanos no deja de crecer,
así como la conciencia de la lógica característica del juego político.
Ya no hay necesidad, hoy en día, de ser un experto en sociología
política para saber que el número de declaraciones y acciones de los
políticos, no solamente las “pequeñas frases” sobre los “grandes de
signios” o los grandes debates sobre las pequeñas divergencias entre
los líderes o las “comentes”, sino también las más graves decisiones
130 Raisoris pratiques, París, Seuil, 1995 p. 243.
131 Id.
132 “La sociologie réflexive, l’anthropologie, l’histoire”, Critique, 1995 (número especial
sobre Pierre Bourdieu) p. 634.
13 3 Artículo publicado en el periódico Le Monde en, 1988.
178 EL CAMPO POLFUCO
políticas pueden encontrar su principio en los intereses nacidos de la
competencia por una u otra posición excepcional, la de secretario
general, primer ministro o presidente de la República, y así en todos
los niveles del espacio político. La discordancia entre el ansia de sin
ceridad o las exigencias de desinterés inscritas en la delegación de
mocrática de poderes y la realidad de las maniobras microscópicas,
contribuye a reforzar un indiferentismo activo, en cierto momento
simbolizado por Coluche, diferente del an tipa ría men taris mo pujadista
al cual, para defenderse, pretenden reducirlo los mismos que contri
buyen a suscitarlo. Pero esta discordancia puede también inspirar un
sentimiento de escándalo que transforma el apoliticismo ordinario
en hostilidad hacia la política y los que viven de ella.
Es así cómo los súbitos y repetidos cambios de opinión de los
dirigentes evidentemente más inspirados por la preocupación de su
propia perpetuación que por los intereses de quienes profesan defen
der, tienen mucho que ver con el hecho de que el Frente Nacional
reclute su gente a menudo, hoy en día, en los antiguos bastiones del
Partido Comunista, que se benefició más que nadie de la entrega de
sí confiada o resignada al portavoz (sabemos en efecto que esta dispo
sición es cada vez más frecuente a medida que se desciende en la
jerarquía social). Y si las afianzas con los partidos de derecha benefi
cian tanto al propio Frente Nacional, es menos, como se dice, por el
toque de respetabilidad que le garantizan, que por el descrédito que
aquéllas infligen a quienes denuncian sus propias rupturas mostrán
dose dispuestos a todo para garantizar su propia reproducción.
De este modo, el desencanto de lo político proviene casi automá
ticamente del doble movimiento del universo político. Por un lado,
los que están comprometidos en el juego político se encierran cada
vez más en su juego a puerta cerrada, muy frecuentemente sin otra
comunicación con el mundo exterior que unos sondeos que produ
cen respuestas imponiendo las preguntas, y gran cantidad de ellos,
movidos sólo por el deseo de existir (como los aspirantes) o de sobre
vivir (como los vencedores caídos), se deciden, tanto los míos como
los otros, por acciones que lejos de tener como principio la convic
ción ética o la dedicación a una causa política, no son más que reac
ciones a las reacciones de los demás. Pero el colmo de la perversión
“UTOPÍAS SOCIO LÓGICAMENTE FUNDADAS” 179
se alcanza cuando, habiéndose convertido la “performance televisiva”
en la medida de todas las cosas, los consejeros en comunicación guia
dos por los expertos en sondeos, forman a los políticos para simular
la sinceridad e interpretar la convicción.
Por otro lado, la televisión, debido a uno de sus efectos más siste
máticamente ignorados por quienes le imputan todas las desgracias
del siglo, en otros tiempos “la Rusificación” de las “masas” y, actual
mente, la degradación de la cultura, abrió una ventana hacia el cam
po cerrado donde los políticos juegan su juego con el príncipe, con
la ilusión de pasar desapercibidos. Como en las antiguas democracias
de los pequeños grupos de interconocimiento o en la ciudad griega
imaginada por Hegel, los mandatarios están de ahora en adelante bajo
la mirada continua del grupo en su conjunto: para quien los observó a
lo largo de entrevistas, declaraciones o debates en las noches electora
les, los protagonistas del juego político ya no tienen secretos y los más
inconscientes de ellos perderían mucho de su soberbia si pudieran en
terarse de los retratos psicológicos de una rara agudeza que hacen de
ellos los telespectadores, aun los más desfavorecidos culturalmente,
cuando se Ies interroga a su respecto. Cada uno sabe que, como lo
observaba Hugo, “cuando la boca dice sí, la mirada dice tal vez”. Y el
ciudadano, convertido en telespectador, por poco que sepa del arte de
descifrar los imponderables de la comunicación infralingüística, se en
cuentra en condiciones de ejercer el “derecho de vigilancia” que más
o menos conscientemente siempre ha reivindicado.
La “apertura” que los electores aprobaron en ocasión de la última
elección presidencial no es la que instiga y divide a los aparatos, a los
apparatchiks y también a los comentadores políticos, no es la que re
forzaría la tendencia del microcosmos político al cierre sobre sí mis
mo, es decir, sobre formas simplemente un poco más complicadas
de las combinaciones ordinarias. Es la que ofrecería el mundo políti
co, aun más ampliamente, a la mirada crítica de todos los ciudada
nos, impidiendo al cuerpo político interponer la pantalla de sus intere
ses personales y de sus preocupaciones, que se tiene razón de llamar
politizadas, puesto que no tienen más causa y fin que la defensa del
cuerpo político. Todo el mundo comprendió que hay demasiados
problemas reales como para que se pueda dejar a los políticos la tarea
180 EL CAMPO POLÍTICO
de inventar los falsos problemas necesarios para su propia perpe
tuación.
La solución que el gobierno de Michel Rocard dio al problema
caledonio es, en este sentido, ejemplar. Afrontar, sin otro fin más
que el de resolverlo, un problema que acababa de ser objeto de una
verdadera explotación política, era hacer estallar a plena luz del día,
retrospectivamente, el instrumentalismo cínico de una decisión po
lítica como el ataque a la gruta de Ouvéa: era recordar que, como lo
había enseñado en otros tiempos Mendés France, la valentía política
consiste en ponerse al servicio de los problemas, a riesgo de no per
durar, en vez de servirse de los problemas para perpetuarse a cual
quier precio. Y el éxito de la negociación mostró que la virtud civil,
quizás porque es tan rara, quizás porque convoca a la virtud, consti
tuye a veces un arma política altamente eficaz. [...]
Los responsables políticos más libres, objetiva y subjetivamente,
con respecto a las exigencias del juego político y a las presiones de
los aparatos, pueden hacerse escuchar mientras que los apparatchiks
están momentáneamente reducidos al silencio. Por otro lado, puede
ser que se estén creando las condiciones para que se instauren de
forma duradera reglas, escritas o no escritas y, mejor aún, mecanis
mos objetivos capaces de imponer de manera práctica a los políticos
las disciplinas de la virtud civil. Depende de todos los ciudadanos, y
en particular de aquellos que, como los intelectuales, tienen la opor
tunidad y los medios para ejercer su derecho de vigilancia hacia el
mundo político, que un modo de ejercicio del poder, que es a veces
denunciado como una forma de moralismo ingenuo (justamente es
esto lo que se pretende decir cuando se habla de “boyscoutismo”)
sea en realidad una anticipación creadora de un estado del mundo
político en el que los responsables políticos, bajo la mirada perma
nente de todos y al desnudo, estarían obligados a instaurar esta for
ma de democracia directa que hacen posible, paradójicamente, la
transparencia y la apertura del campo político garantizadas por un
uso democrático de la televisión.
Se habló mucho del silencio de los intelectuales en tiempos en
que se precisaba mucha virtud para no denunciar a cada instante, a
riesgo de servir designios más cínicos, las faltas a la virtud civil. Tal
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 181
vez les llegó el momento de tomar la palabra, no para honrar a los po
deres, como se les pide comúnmente, sino para participar junto con
otros y en particular con los periodistas, en el ejercicio de la vigilancia
cívica que, por medio de la crítica y la revelación, tanto como a través
del elogio y la complicidad tácita, contribuiría a instaurar un mundo
político en el que los responsables políticos se interesarían por la virtud.
El descubrimiento de Europa
Si la- ciática del cierre del mundo político puede convertirse en una “crítica”
positiva de la “virtud civil”, el conjunto de las acciones emprendidas por Bourdieu
durante esos años, tiene por objetivo, de manera más general, superar el cierre del
plano estrictamente nacional y situar la reflexión en un plano europeo e interna
cional. La primera fase de esta gestión está constituida por la revista Líber, que es
algo así como la concretización del proyecto de reactivar la tradición del “intelec
tual colectivo”, basándose en el modelo de los enciclopedistas del siglo de las LucesxV
La primera ambición de Liber es llegar a difundir hacia un vasto público obras
literarias, artísticas y científicas de vanguardia. Se traza como objetivo contra
rrestar el cierre de estos universos sobre sí mismos, resultante de su autonomiza
ción progresiva, y de atenuar de este modo la brecha con el público masivo. La
experiencia europea de Líber pretende igualmente romper la barrera cultural
entre las diferentes naciones, cuyo efecto es confinar los debates intelectuales alrede
dor de un área lingüística. Se trata, más bien de favorecer una libre circulación de
las ideas, de recobrar el ánimo que presidía los intercambios intelectuales hasta el
siglo XVIII, antes que la ilación se convirtiera en el valor de referencia^3. El
134 El sociólogo había formulado ya, en 1985, las premisas de esta empresa en el marco del
Collége des Arricies et des Savants Européens, y pretendía entonces la creación de una Eu-
ropean review ofbooks en la cual los intelectuales podrían ratificar sus normas específicas.
135 Durante una entrevista relativa a la experiencia de Liber, Joseph Jurt subrayará las
transformaciones resultantes de la implantación de sistemas nacionales de enseñanza.
Estos permitieron la alfabetización de extensos estratos de la población pero se organi
zaron según criterios específicos. Este enclaustramiento está igualmente ligado al re
troceso del latín y luego del francés como lengua substrato a nivel europeo. “La
experiencia de Liber”, Entrevista con Joseph Jurt y Olivier Christin, Les Carnets de la
CFDTaujourd'hui, N° 1, 1991, p. 35.
L 82 EL CAMPO POLÍTICO
manifiesto inaugural de la revista, que sale en octubre de 1989, insiste así en la
necesidad de “superar los desfases temporales y los malentendidos ligados a
las barreras lingüísticas, a la lentitud de las traducciones (...) y a la inercia
de las tradiciones escolares”136.
Para alcanzar estos objetivos se consideran diferentes iniciativas: generalizar
los análisis de obras publicadas en otra lengua que no sea el francés, investigar los
particularismos de instituciones nacionales como el servicio militar en Suiza, los
clubes ingleses o los bomberosfinlandeses, en el marco de una rúbrica de etnografía
europea. Liber es entonces un suplemento publicado en el Frankfurter Allgemeine
Zeitung, L’Indice, Le Monde, El País y el Times litterary supplement. Los
artículos son redactados simultáneamente en su lengua nacional por críticos litera
rios, escritores y científicos. La primerafórmula de Liber, que llega a cerca de dos
millones de lectores en toda Europa, “revista de vanguardia producida por pe
riódicos exotéricos”137, sólo alcanzará cinco números, de octubre de 1989 a di
ciembre de 1990. La revista se convertirá seguidamente en un suplemento de Actes
de la recherche en Sciences sociales, haciéndose su difusión más confidencial
desde entonces. El editorial de apertura, del número 7 afirma la continuidad del
proyecto, insistiendo no obstante en la necesidad de ir contra la corriente “de las
creencias indiscutidas de las ortodoxias académicas, tan poderosas en estos
tiempos de restauración”138139 .
De acuerdo con estas intenciones, la línea editorial de Líber se caracteriza por
el lugar otorgado a los artistas y escritores, cuyas obras se refieren a temas políticos.
Este es el caso de Hans Haacke, que utiliza su notoriedad para integrar en sus
creaciones los conflictos del mundo real, en panicular aquéllos ligados a la influen
cia del mundo de los negocios en el de la cultura. Los escándalos suscitados en oca
sión de sus exposiciones, algunas de las cuales son canceladas debido a que el conte
nido de las obras presentadas esjuzgado demasiado subversivo, constituyen para el
artista la oportunidad de confirmar su autonomía y de revelar las presiones econó
micas y políticas a las que están sometidos los directores de museos'39. Esta afirma
136 Líber, N° 1, octubre de 1989, p. 2.
137 Según una fórmula empleada por Pierre Bourdieu durante una reunión de trabajo
para explicar el carácter efímero de la primera fórmula de la revista.
138 “Liber continúa”, Líber, número 7, septiembre de 1991, p. 1.
139 Referirse sobre este punto al retrato que dedica Inés Champey al artista. “Hans Haacke:
Líber, número 8, diciembre de 1991, pp. 1-4. Pierre Bourdieu y Hans Haacke harán
públicos sus puntos de convergencia en ocasión de la salida de Libre échange (París,
Seuil, 1994), obra en la cual precisarán su análisis acerca de la evolución política y
social de los países occidentales.
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS" 183
ción de temas políticos en obras de vanguardia trasluce igualmente en la publica
ción de poemas como el de Vblker Braun, “Iphigénie en liberté”140141 . La caída del
143
142
Muro de Berlín y la reunificación alemana constituyen entonces para la revista un
tema de estudio privilegiado: entre numerosos artículos, podemos citar el análisis
que hace Robert Damton de los mecanismos de la censura en la RDA^f o una
entrevista con fiürgen Habermas en la que el filósofo alemán critica la dimensión
instrumental del proceso de reunificación^2.
El propio Bourdieu dedica, dos artículos al análisis del derrumbe del sovietismo:
su preocupación es aportar una aclaración sobre esta conmoción por medio de los
recursos del análisis científico y del pensamiento crítico: enfrentando la realidad
del funcionamiento de estos regímenes políticos dictatoriales, inicialmente por
tadores de un proyecto emancipador, pero también alertando contra la instriimen-
talización de la revolución con fines de restauración política y de hegemonía del
neoliberalismo. En el primer texto, “L’histoire se léve á l’Est” Bourdieu se
sitúa, como en su enfoque teórico, en el punto geométrico de las diferentes pers
pectivas, para escapar a los límites y a las cegueras atadas a cada uno de estos
puntos de vista'^, y denunciar las “falsas alternativas” (socialismo vs. liberalis
mo, etc.) que no dejarán de ser manipuladas por los profesionales del discurso
político.
140 Volker Braun, "Un inédito: Iphigénie en liberté”, Liber, número 10, junio de 1992,
pp. 5-8. Según la presentación de la germanista Anna Chiarloni, el poema, en referencia
a la Ifigenia en Táuride de Goethe, enfrenta a Thoas el bárbaro, personificación del
poder soviético, Orestes y Pílades, dos mercaderes europeos sin escrúpulos, e Ifigenia,
la RDA, que es objeto de un trueque entre las grandes potencias. La obra está marcada
por un doble rechazo: al capitalismo del oeste de Alemania y a la tutela asfixiante de la
URSS, cuyo fin está presentado como una liberación.
141 Robert Darnton, “La fin d’une littérature planifiée”, Liber, número 7, septiembre de
1991,pp. 13-17.
142 “Une unión sans valeurs, Una entrevista con Jürgcn Habermas”, Liber, número 10,
junio de 1992, pp. 16-17.
143 Cf. Pierre Bourdieu, "Genése et structure du champ religieux'’, Année sociologique, vol
12 N° 3, 1971, pp. 295-334. Para un análisis del método de Pierre Bourdieu referirse
a Louis Pinto Pierre Bourdieu et la théorie du monde social, París, Albin Michel, 1998,
pp. 74-75 ypp. 92-99.
) 84 EL CAMPO POLÍTICO
La historia se levanta al Este
Por una política de la verdad. Ni Stalin ni Thatcher
Creimos durante mucho tiempo que habíamos llegado al fin de la
historia. El movimiento social que, a lo largo de todo el siglo XIX y
la primera mitad del siglo XX, había llevado la esperanza a los hom
bres, se había apagado poco a poco en los fracasos y en los horrores
de una tiranía burocrática. El mundo tenía la edad de Brezhnev. Allá
donde se quiso ver una sociedad sin clase, se instauró una sociedad
de casta. Una oligarquía totalmente cerrada sobre sus privilegios podía
encontrar en el doble lenguaje que le garantizaba el monopolio usur
pado de una retórica revolucionaria, el medio de ocultar y de ocul
tarse el muro de incomprensión que la separaba de los ciudadanos
comunes. El destino trágico de este universo sin más allá histórico
pesaba como un tapón sobre la humanidad progresista en su conjun
to. Y no solamente porque este socialismo con rostro inhumano pro
porcionaba a los conservadores de todos los países la mejor de las
justificaciones del statu quo.
Acabamos de asistir al final de una dictadura: pero que no era, a
pesar de lo que se diga, una dictadura como las demás. Se instauró y
ejerció en nombre del pueblo y fue abatida por el pueblo; en nombre
de la verdad, y fue abatida en nombre de la verdad; en nombre de la
libertad y de la igualdad, y fue abatida en nombre de la libertad y de
la igualdad. ¡Formidable homenaje a la Revolución de 1789! Esta
revolución contra los crímenes cometidos en nombre de la Revolu
ción, por una vez, no es contrarrevolucionaria. La colisión de las
palabras, libertad contra libertad, verdad contra verdad, igualdad
contra igualdad, podría conducir al nihilismo, al cabo de una impor
tante devaluación semántica. Ahora bien, qué hacen ante nuestros
ojos estos pueblos que fueron vejados, oprimidos, encarcelados,
embastillados en nombre de estas palabras reducidas al estado de
consignas, en nombre de la verdad convertida en mentira de Estado,
sino poner en práctica el programa del poeta: “Dar un sentido más
puro a las palabras de la tribu”. Es natural que el poeta, el escritor, el
intelectual, llámese éste Mircea Dinescu, Vaclav Havel o Christopher
Hein, recupere su papel originario de portavoz del grupo o, más mo-
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS’ !85
desrámente, de escritor público. Es efectivamente aquel que enseña
que las grandes palabras sobre las que están depositados los sueños o
los ideales de la humanidad, salen más puras y más fuertes de la duda
radical a la que las sometió la historia; irguiéndose para defenderlas
contra el abuso del lenguaje que está siempre acompañado por un
abuso de poder, recuerda que la política de la verdad es sin duda más
realista, incluso en política, que todas las formas de Realpolitik.
Este es el motivo por el cual los intelectuales de todos los países
deben hoy en día organizarse para continuar la lucha así emprendi
da. Se acabó el “intelectual orgánico” que se creía obligado a doble
gar su razón ante los veredictos de la Razón de Estado, o el “compa
ñero de ruta” al estilo de Sartre, que a fin de borrar su “pecado
original” se esforzaba en “embrutecerse” para ponerse a la altura de
los “pensadores” de partido. No hay compromiso en materia de ver
dad. Que no se nos venga a decir que hay que preparar, para 1992,
un “mercado común del alma”. La cultura que Europa necesita, para
sí misma y para el mundo, y en particular para el tercer estado del
mundo, no saldrá de una negociación de expertos o de una confron
tación de tecnócratas. Se trata de trabajar para hacer del uso riguro
so de la razón, y por consiguiente del lenguaje, una virtud política, la
primera de las virtudes políticas; se trata entonces de dar a los inte
lectuales el único poder que están en el derecho y en el deber de
reivindicar, el de ejercer una vigilancia incesante y eficaz contra los
abusos de palabras, y sobre todo de grandes palabras.
El impulso revolucionario que los pueblos del Este acaban de in
suflar a la languidecida historia de Europa debe ser tomado. Todos
los profesionales del discurso político tratarán de apoderarse de él,
para desviarlo en su favor. Volverán con sus falsas alternativas, Stalin
o Thatcher, socialismo o liberalismo, Karl Marx o Milton Fricdman,
Moscú o Chicago, Estado o mercado, planificación o dejar-hacer,
ocultando que detrás de cada una de estas palabras ocultan sus inte
reses, sus fantasmas o, simplemente, su incapacidad de pensar libre
mente. Tratarán de lanzar nuevamente el péndulo que remite inde
finidamente de un absurdo económico y político a otro. Además, la
colusión de los adversarios cómplices hará difícil el descubrimiento
de este punto superior, que no es ni un justo medio, ni una “tercera
186 EL CAMPO POLÍTICO
vía” como lo pretendían los ideólogos de la revolución. Aquellos que
descubrieron los ideales de verdad, de libertad o incluso de igualdad
y de fraternidad contra las distorsiones perversas que hicieron y ha
cen las noblezas de Estado “socialistas” son los mejor ubicados, para
dójicamente, para volver a enseñarnos a liberarnos de las palabras y
de los modos de pensamiento que depositaron en nuestro incons
ciente los maestros megalómanos del pensar y los ingenieros irrespon
sables que están siempre prestos a sacrificar a los pueblos en el altar
de sus mociones o de sus ecuaciones.
Pero también es preciso impedir, a cualquier precio, a los mani
puladores de fobias y de fantasmas, que despierten los antiguos es
pantos, que se apoyen en las viejas culpabilidades, tan fáciles de in
vertir como autoafirmaciones perversas y desesperadas, que jueguen
a todos esos “juegos para espantar” que, como en los niños, presentan
siempre el riesgo de conducir a verdaderos terrores. Por el contra
rio, debemos alegramos de que la poderosa y fuerte Alemania, cada
vez más propensa a dormirse sobre el blando cojín del éxito econó
mico, a pesar del acicate de los movimientos alternativos, se encuen
tre situada al centro de la prueba de la verdad, en el corazón de la
confrontación práctica entre las realidades del “paraíso capitalista”,
simple inversión del antiguo espejismo oriental, y las aspiraciones o
las exigencias que dejaron en los espíritus de sus ciudadanos orienta
les la retórica socialista y sobre todo, quizás, la rebelión cotidiana
contra los privilegios negadores de los ideales proclamados.
De este modo, la historia no se detuvo realmente, en el curso de
los años treinta, en Moscú. Además, tanto las reivindicaciones como
las esperanzas que nos trae el nuevo movimiento revolucionario y
sobre todo las formidables contradicciones que nos legó este tiempo
aparentemente muerto de la historia, pueden, si sabemos afrontarlas
sin contentamos con palabras, ser el principio de una nueva puesta
en movimiento de un pensamiento y de una política liberadores.
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 187
Hacia un “intelectual colectivo” (1):
el Parlamento Internacional de los Escritores
El segundo texto que Pierre Bourdieu consagra a la caída del Muro de Berlín
(“Les murs mentaux”) constituye un programa de trabajo destinado a poner la
ciencia al servicio de la causa, de los intelectuales. Se refiere a utilizar la historia y
la sociología como instrumentos del conocimiento de sí mismo con el fin de desar
mar los impulsos regresivos en los que se apoya a veces la acción política de los
artistasy científicos y filósofos. El socioanálisis colectivo al que Pierre Bourdieu aspira
debe permitir desarmar las trampas que la historia ha legado y sedimentado en el
lenguaje comente: permite así ganar márgenes de libertad abriendo la vía a un
internacionalismo realista que logre superar los obstáculos ligados a los conflictos na
cionales pasadoSy tanto como a las leyes del mundo intelectual. Interrogado por Loi'c
Wacquant en Réponses respecto a la autonomía del campo científico, Bourdieu res
ponde que el progreso de la razón “no cae del cielo”144 y que pasa por la instaura
ción de ciertas estructuras de comunicación capaces de favorecer la instauración de lo
universal. Esta Realpolitik de la ciencia inspira el llamado en favor de un “corpo-
rativismo de lo universal” publicado alfinal de Ies regles de I’art. El conocimien
to científico de lo socialy de las condiciones del trabajo científico conduce efectivamen
te a la idea de instaurarformas racionales de organización colectiva. El análisis de
las condiciones históricas de emergencia del poder crítico de los intelectuales muestra
que éste se construyó superando la alternativa de la autonomía y del compromiso, en
particular afines del siglo XIX: la autoridad del intelectual proviene de la autono
mía del mundo intelectual respecto de los poderes religiosos, políticos y económicos. El
crecimiento de la eficacia política pasa entonces por el fortalecimiento de la autono
mía del campo intelectual respecto de todos los demás poderes, de manera que se
concille la defensa de lo universaly las competencias específicas de cada- intelectual.
Según Pierre Bourdieu, la creación de una Internacional de los intelectuales se impo
ne debido a. las amenazas que pesan sobre su autonomía: interpenetración del mundo del
arte y del dinero, recurso generalizado a patrocinadores para financiar la investigación
universitaria, peso creciente de las presiones comerciales sobre las empresas de producción
y de difusión culturales. Por consiguiente, nuevasformas de lucha deben ser inventadas.
“Esta lucha debe ser colectiva puesto que la eficacia de los poderes que se
ejercen sobre los intelectuales se debe en gran parte al hecho de que ellos
144 Réponses, París, Seuil, 1991 p. 163.
188 EL CAMPO POLÍTICO
los afrontan de manera dispersa y en medio de la competencia. También
porque los intentos de movilización serán siempre sospechosos y condena
dos al fracaso, mientras se sospeche que éstos son puestos al servicio de las
luchas por el leadership de un intelectual o de un grupo de intelectuales. Los
productores culturales recobrarán el lugar que les corresponde en el mun
do social sólo si, sacrificando de una vez por todas el mito del “intelectual
orgánico”, sin caer en la mitología complementaria, la del mandarín retira
do de todo, aceptan trabajar colectivamente en la defensa de sus propios
intereses: lo cual debería llevarlos a afirmarse como un poder internacional
de crítica y de vigilancia, es decir, de proposición, frente a los tecnócratas
[...]. Esta Realpolitik de la razón será, sin duda alguna, objeto de sospecha
de corporativismo. Pero le corresponderá mostrar, por los fines a cuyo ser
vicio pondrá los medios, duramente conquistados, de su autonomía, que se
trata de un corporativismo de lo universal”145146.
Este compromiso colectivo se inscribe en la continuidad del trabajo crítico del
intelectual autónomo-, la ciútica del lenguaje político, la reflexividad crítica inscri
ta en el análisis histórico de las condiciones presentes, deben estar respaldadas por
estructuras transnacionales de comunicación y de intercambio intelectual. El lla
mado lanzado en Estrasburgo en noviembre de 1993,firmado por Jacques Derrida,
Edouard Glissant, Ton i Morrisson, Susan Sonntagy Salman Rushdie, tiene pues
por objeto instaurar ese “contra poder crítico”, organizando “una solidaridad
concreta con los escritores amenazados” y creando “un lugar de reflexión
sobre nuevas formas de compromiso”'40. En febrero de 1994, Salman Rushdie
es llevado a la presidencia del Parlamento Internacional de los Escritores, que se
dota de una instancia de deliberación y ejecución compuesta por cincuenta miem
bros. La fundación del PIE está acompañada por una Carta que define los princi
pios, obligaciones y formas de acción de la organización: independencia frente a los
poderes, reconocimiento de la diversidad de las tradiciones históricas para escapar
al “profetismo de la vieja conciencia universal”, denunciando los “grandes
problemas del momento” definidos por los medios de comunicación, contribucio
nes anónimas y colectivas, etc. Entre las iniciativas tomadas por el PIE, podemos
citar la organización de tribunas libres y conferencias de prensa (sobre Ruanda,
Argelia, Sarajevo, el derecho de asilo, etc.) en los periódicos de numerosos países, y
la constitución de una red internacional de 400 ciudades refugio repartidas en 34
Estados.
145 “Pour un corporadsme de runiversel”, Les regles de Pan, París, Seuil, 1992.
146 Citado en Litrératures, revista del Parlamento Internacional de Escritores.
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS: 189
Los muros mentales14'
Nuestra época es la de las ilusiones perdidas. Estamos obligados a una
especie de duda radical. En este sentido estamos en un período fasto y
muy especialmente aquí, en Berlín. ¿Qué podemos hacer? ¿Qué tarea,
qué misión podemos asignamos en calidad de filósofos, sociólogos, escri
tores, artistas? ¿Qué tarea realista, es decir, realizable colectivamente?
El primer objetivo de un programa modesto de trabajo intelectual
es someter el lenguaje político y muy particularmente las palabras
que designan colectividades (pueblo, nación, nacional, etc.) a una crí
tica radical. Como lo mostré a propósito de Heidegger, nuestro len
guaje corriente y, más aún, el lenguaje llamado científico está cargado
de una antología política. En el pasado, quienes aspiraban a una visión
crítica del mundo social, desde los marxistas hasta la Escuela de
Frankfurt, estaban entre los más importantes productores de con
ceptos cargados de ontología política. Es necesario que en lo sucesi
vo, la crítica se aplique primero a las palabras de la crítica. Esto es lo
que llamo el principio de reflexividad. No debe tomarse esto como
una exhortación al mero retorno reflexivo del sujeto cognoscente
sobre sí mismo en la tradición de la filosofía del sujeto. Se trata de
un verdadero socioanálisis que sólo puede ser colectivo. La vida inte
lectual (y sin duda también la vida política) sería profundamente cam
biada si cada locutor, yo mismo en este momento, cada uno de los
que hablarán esta tarde, se sintiera expuesto sin cesar a una crítica que
aspire a captar no solamente las razones de su discurso, sino también
las causas posibles, los determinantes sociales inconscientes, las dispo
siciones y los intereses ligados a la ocupación de una posición parti
cular en el mundo social y, en especial, tratándose de intelectuales,
en el mundo universitario o intelectual.
Debemos detenernos en este punto. Seguramente se me acusará
de sociologismo, de reduccionismo y se me culpará de rebajar a la
147 Conferencia pronunciada en el Instituto Francés de Berlín el 2 de octubre de 1992, en
el marco de una reunión de la asociación de amigos de Liber (“Les murs mentaux”,
Liber, número especial, enero de 1993, pp. 2-4).
190 EL CAMPO POLÍTICO
razón. Lo he dicho y repetido cien veces, contra todas las formas del
absolutismo racionalista -cuyo representante más iluminado es actual
mente Jiirgen Habermas- la razón es histórica de parte a parte y sólo
nos queda trabajar en crear las condiciones históricas en las que ésta
puede desplegarse. Esto es lo que yo llamo la Realpolitik de la razón.
Combatir por la razón, por la comunicación no distorsionada que
hace posible el intercambio racional de argumentos, etc., es combatir
muy concretamente, contra todas las formas de violencia y ante todo
de violencia simbólica. Debemos trabajar resueltamente, colectivamen
te, para sacar a la luz los mecanismos de esta violencia insidiosa que
se ejerce a través de la competencia por puestos, por honores, por
títulos, y que se puede observar de manera particularmente clara,
aquí mismo, en este momento, en este país.
Pienso que el arma por excelencia de la reflexividad ciútica es el
análisis histórico: paradójicamente, la historización metódica de los
instrumentos del pensamiento racional (categorías de pensamiento,
principios de clasificación, conceptos, etc.) es uno de los medios más
poderosos de arrancarlos a la historia. Popper hablaba, muy impru
dentemente, de miseria del historicismo; estoy cada vez más con
vencido de que se debe hablar de miseria del anhistorismo-. muchos de
nuestros más puros debates teóricos sólo existen y subsisten porque
oponen nociones deshistorizadas, productos de la transfiguración de
construcciones históricas en esencias transhistóricas.
Seguramente les parezco abstracto. Temo que les parecería demasiado
concreto o hasta algo prosaico si transpusiera estas reflexiones al campo
de la práctica cotidiana, haciendo uso de la libertad -o de la irresponsabi
lidad- que me confiere mi estatus de extranjero, que me expone a la
ingenuidad y a la arrogancia pretenciosa y antipática del dador de lec
ciones. Así, por ejemplo, el uso que algunos hacen de la referencia al
pasado, especialmente en los debates sobre los intelectuales de la anti
gua Alemania del Este, es una ilustración perfecta de todo lo que expo
ne la sociología de los intelectuales, a menudo tachada de pesimismo
historicista: ¿cómo no ver el papel de los intereses específicos en las
prácticas y los discursos de todos aquellos que hacen un uso jdanoviano
(o maccartista) de la denuncia del jdanovismo para apoderarse de los
puestos del Este, reproduciendo así lo mismo que están denunciando?
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS 191
Las crisis revolucionarias brindan a menudo espectáculos de se
mejantes idas y venidas de la mala fe (en el sentido sartreano de self-
deceptiori). Sería bueno volver a leer a Robert Damton sobre el papel
de los intelectuales menores en la Revolución Francesa. Y aquellos
que se apresuran hoy en juzgar y condenar sin comprender, deberían
releer también lo que el historiador americano escribía, recientemen
te, sobre los mecanismos de la censura en la Alemania del Este, y
meditar sobre la frase con la que concluye su evocación del encuen
tro con dos “censores” de la RDA: “Pero yo estaba también muy cons
ciente de que nada era simple en este extraño mundo situado al otro
lado del muro”. (También hubiera podido citar el pequeño libro Peurs
Manches, en el que Bohumil Hrabal relata, con mucha lucidez y valen
tía, sus encuentros con sus censores). Las armas del análisis científi
co, que aprehende los invariantes transhistóricos, son indispensables
para escapar a la lógica de la denunciación que elude el trabajo necesa
rio para comprender las conductas relacionándolas con las condicio
nes sociales que las hacen posibles y a veces inevitables.
Tal vez me acusarán ustedes de cientismo, pero me gustaría estar
aquí, en Berlín, para participar en un análisis riguroso y, de este modo,
liberador, de la situación quasi experimental que se ofrece a quien quiere
estudiar las variaciones de las conductas y de las estrategias en fun
ción de diferentes variables sociales tales como la pertenencia nacio
nal (Este/Oeste), la disciplina, la edad, la posición. No para distri
buir las censuras y los elogios, en la lógica del proceso, a la que se
entregan tan a menudo los historiadores. Sino para comprender, para
explicar, y recordar a quienes juzgan y condenan, que aquellos a quie
nes condenan son sus semejantes, pero sus semejantes excepto en la
historia, es decir, lo que habrían podido ser si hubiesen sido someti
dos a las mismas condiciones. Es comprensible por qué se debe his-
torizar. Soy parte de aquellos que, en Francia, se escandalizaban cuan
do escuchaban a los pacifistas alemanes gritar “mejor rojo que
muerto” y luché lo mejor que pude, junto con muchos otros, para
romper el aislamiento simbólico de los intelectuales de los países del
Este. Soy por ello un poco más libre para juzgar con algo de severi
dad a los que juzgan tan severamente a quienes no tuvieron otra al
ternativa sino la de ser rojos antes que muertos.
192 EL CAMPO POLÍTICO
Los Alemanes enfrentaron con mucha valentía -tal vez no tenían
otra opción- su pasado histórico. Y esto sin contar los trabajos que
sacan a la luz los mecanismos históricos que condujeron al horror
histórico. Hoy en día debemos afrontar, con la misma intrepidez, el
pasado y el presente. Ya no se trata de pensar en el todo ni de pensarlo
todo, sino de pensar sin descanso en los límites del pensamiento.
Más que nunca, la sociología crítica de los intelectuales es el prelu
dio de toda investigación y de toda acción política de los intelectua
les. Solamente intelectuales sin ilusiones sobre los intelectuales pue
den emprender una acción intelectual “responsable” y eficaz.
Debemos continuar y generalizar el trabajo de anamnesis históri
ca. Para evitar ser los títeres del pasado, es decir, del inconsciente
(Durkheim decía: “El inconsciente es la historia”), debemos reapro
piarnos de ese pasado. La retórica unitaria tiende a ocultar que el
muro ha dejado de existir como realidad física y política, pero que
sigue existiendo en las mentes como principio de visión y de división.
Dije en 1989, en una entrevista con el Spiegel (que, sin duda debido a
que pareció demasiado pesimista, en medio de la euforia de la reuni-
ficación, no fue publicada entonces, sino después) que como la
Vendée, dos siglos después de la Revolución Francesa, está todavía
separada del resto de Francia por una frontera invisible, las dos Ale-
manias permanecerían largamente separadas. Podemos ver hoy, en
el segundo aniversario de la reunificación, que los habitus pueden
sobrevivir duraderamente a sus condiciones sociales de producción.
Sobre todo cuando son reforzados por las condiciones objetivas (con,
en gran desorden, el desempleo, el desprecio por los “occidentales”,
el Ab'wicklung, etc.).
Dicho esto, que no ocurra que por derribar este muro mental, vaya
mos a restaurar otros. Pienso en todos esos muros históricos, a me
nudo edificados por los intelectuales, y muy especialmente por la
“intelligentsia proletaroide”, la clase peligrosa por excelencia, que
separaron a las naciones, esas “comunidades imaginarias” que termi
nan por hacerse muy reales. Aquí también, el arma más eficaz contra
esta forma de fetichismo que es el nacionalismo, es la historia pero
una historia crítica (crítica en el sentido de la Escuela de Frankfiirt
pero también en el sentido kantiano), es decir, una historia reflexiva
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS’ 193
que se toma a sí misma por objeto y somete a la anamnesis histórica
a la historia celebra dora y constructora defetiches (pienso particular
mente en la historia de la literatura en su forma tradicional, que es
uno de los fundamentos del culto nacional y nacionalista y de la impo
sición de la creencia en la “identidad nacional”; pero se podría decir
lo mismo, o casi lo mismo, de la historia de las otras artes e incluso
de la historia de la filosofía).
Se debe reemplazar esta historia creadora de fetiches por una his
toria orientada hacia la búsqueda de estos transcendentales históricos
que son las categorías históricas del entendimiento (aquí se debe re
conciliar, y esto es difícil menos por razones teóricas que por razo
nes sociales, la tradición durkheimiana con la tradición kantiana, re
presentada particularmente por Cassirer). De este modo, podríamos
mostrar que la oposición histórica entre Francia y Alemania sirvió
de base (inconsciente, reprimida) a cierto número de grandes alter
nativas (por ejemplo, cultura/civilización) cuyo fundamento sólo es his
tórico y que se debe desfetichizar, o lo que viene a ser igual, desnatu
ralizar. Tomaré aquí el ejemplo de una de las oposiciones más centrales
-al menos en mi opinión-, la que separa al imperialismo de lo univer
sal, nacida de los filósofos del Aufklarung y de la Revolución France
sa, y el nacional populismo, asociado para mí al nombre de Herder,
pero que está presente en toda una tradición literaria y filosófica ale
mana, hasta Heidegger. Es importante ver que el pensamiento de
Herder, y en general el pensamiento a la Herder, es, como muchos
pensamientos conservadores (por ejemplo el de Burke), una reacción
al pensamiento a la francesa en lo que tiene de “revolucionario”, de
progresista, de universal, pero también una reacción (que no es ne
cesariamente reaccionaria) contra mi imperialismo o un nacionalis
mo que (como se observa mejor en las empresas coloniales de Fran
cia) invoca lo universal (los derechos humanos, etc.) para imponerse.
Hay algo inquietante (al menos para mí) en el pensamiento de tipo
herderiano y en las nociones como “espíritu del pueblo”, “alma del
pueblo”, que fundamentan una especie de organicismo antiuniver
salista, o en la exaltación del lenguaje como un condensa do de la
experiencia y de la autenticidad de las naciones, por consiguiente
como posible fundamento de las reivindicaciones nacionales o de las
194 EL CAMPO POLÍTICO
anexiones nacionalistas. Por otro lado, sin conferir al esclarecimien
to científico y a la toma de conciencia una eficacia que probablemente
no tienen, se podría esperar que si los alemanes tomaran conciencia
de la ambigüedad de la tradición herderiana, que se reafirma perió
dicamente, y del hecho de que está fundada en la ambigüedad del
Aufklarung a la francesa -ambigüedad que escapa tanto a sus defen
sores como a sus adversarios- tal vez ellos serían menos preocupantes
para sí mismos y para los demás. Del mismo modo, los intelectuales
franceses darían toda su fuerza a su universalismo si supieran despo
jarlo de todo el substrato inconsciente de particularismo, vale decir,
de nacionalismo más o menos sublimado, que por ejemplo motiva la
ambigüedad de su actual adhesión a la construcción de Europa. (Es
tas consideraciones algo abstractas son el fundamento de la revista
Liber, y más particularmente de la rúbrica titulada Etnografía Euro
pea, donde se publican textos con la intención de llevar al estado
explícito ciertas tradiciones o presupuestos constitutivos de los in
conscientes nacionales, es decir, esas particularidades o particularis
mos nacidos de la historia que se imputan a menudo a tipos de tempe
ramentos, los “caracteres nacionales”).
Es entonces a condición de trabajar sin descanso en esta explora
ción histórica de su inconsciente histórico que los artistas, escritores
y científicos podrán ingresar sin peligro, ni para sí mismos ni para
los demás, al combate para el que se encuentran mejor armados, vale
decir, la lucha simbólica contra la violencia simbólica. Les corres
ponde, en efecto, forjar los instrumentos de defensa y de crítica con
tra todas las formas de poder simbólico que experimentaron un de
sarrollo extraordinario, tanto en el universo económico como en el
mundo político -al punto que el pensamiento crítico sufre quizás un
retraso de varias guerras-. Les corresponde también dar una fuerza
simbólica a la crítica de la violencia simbólica (apoyándose para ello
en artistas que, como Hans Haacke, saben poner todos los recursos
de la invención artística al servicio de acciones de revelación). Esto
asignándose particularmente la misión, sin volver a crear el mito del
intelectual orgánico, de actuar como escritores públicos y hacer que
accedan al espacio público los discursos privados de quienes están
privados de discurso público.
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS' 195
Al comenzar hablé de programa modesto. La primera condición
de una acción realista es el conocimiento de sus propios límites. Los
intelectuales pueden representar una fuerza indiscutible, un poder
crítico, un contrapoder, con la condición de que luchen colectivamen
te para garantizar el control de sus instrumentos de producción (con
tra los poderes económicos y políticos) y de la evaluación de sus
productos (contra el periodismo). Es aquí donde la solidaridad in
ternacional, basada en la construcción de instrumentos transnacio
nales de intercambio y de comunicación, puede desempeñar un rol
decisivo liberando a los productores culturales de los efectos negativos
asociados al cierre de los campos culturales y lingüísticos nacionales
y a los efectos de dominación ejercidos por los poderes políticos,
económicos o culturales (en especial universitarios) de base nacional.
Se sabe por experiencia que los intelectuales libres encontraron a me
nudo refugio en el extranjero, en los Países Bajos en tiempos del abso
lutismo, en Francia, donde nacieron cantidad de movimientos de van
guardia, tanto literarios como artísticos y políticos del siglo XIX, en
Inglaterra o en los Estados Unidos durante la escalada del nazismo. El
extranjero es frecuentemente el lugar de la libertad, de la disidencia, de
la ruptura y es luchando por la unificación del campo intelectual mun
dial y por el levantamiento de todos los obstáculos a la circulación in
ternacional de los productores culturales y de sus productos, que los
intelectuales podrán contribuir mejor al progreso de la libertad y la razón.
Hacia un intelectual colectivo (2):
el Comité de Apoyo a los Intelectuales Argelinos (CISIA)
E/ CISIA, asociación creada a principios de los años 90, se esfuerza por brindar un
apoyo a los intelectuales que, desde principios de la guerra civil argelina, son objeto de
atentadosy asesinatos, como sucedió en 1993 con el sociólogo Djellali Labes, con eljefe
de redacción Tahar Djaout, o el dramaturgo Abdelkader Alloulla, a cuya muerte él
escribió el texto “Arrétons les assassins”148. Conjuntamente con el PIE, el CISIA se
148 En el texto “Detengamos la mano de los asesinos”, Pierre Bourdieu escribe: “Saliendo
de su domicilio ayer por la noche (10 de marzo), luego de la ruptura del ayuno para
participar en una mesa redonda sobre la cultura argelina, los “asesinos consagrados”
196 EL CAMPO POLÍTICO
esfuerza porfacilitar el exilio de los intelectuales más amenazados. En un artículo en
coautoría canjean Leca (presidente del CISIA), publicado en Le Monde el 7 de octubre
de 1994, Bourdieu explica la necesidad de no limitarse al “frío análisis político” o ala
“prédica humanista indecente”’49)/ de llegara una “comprensión fina” de las “con
secuencias de cada toma de posición”, lo que no equivale a “justificarlo todo”:
“La experiencia de situaciones históricas similares muestra que es posible
romper el círculo del miedo. La primera condición es la existencia de orga
nizaciones capaces de arrancar a los individuos atrapados por el terror a la
alternativa del heroísmo y la dimisión”.
Se trata igualmente de romper el aislamiento de aquéllos a los que la situación de
violencia privó de toda información, o, más aún, de aflojar “la tenaza mortal” en el
centro de la cual están encerrados los argelinos, y cuyas raíces, desde la colonización,
están en la subordinación de la cultura a la política: contra la cultura instituida a
priori, “en nombre de la verdadera religión, de la ciencia del espíritu del pue
blo o de la lógica de mercado”, se debe trabajar por la institución de un “consenso
de compromiso” de una cultura hecha “a partir de la multiplicidad de las expe
riencias concretas”. En la medida en que el “modelo cultural dominante” nofue
tanto impuesto a partir del Islam tradicional como de una “ideología modernista”
mezclando lo antiguo con lo nuevo dentro de un todo coherente que llama a la “con
versión”, es necesario luchar por la instauración de la libertad cultural:*
dispararon dos tiros a la cabeza de Abdelkader Alloula, dramaturgo y director de tea
tro argelino de renombre internacional. Su estado es crítico. El trabajo de Alloula se
confunde totalmente con la historia de la cultura y del teatro argelinos contemporáneos
y con la historia del combate democrático en Argelia. Desde hace treinta años sus
obras de teatro tienen un inmenso éxito popular en Argelia, pero también en el
Maghreb. en el mundo árabe y en Argelia. Laureado en numerosos festivales interna
cionales, adaptó con talento e inteligencia la obra de varios autores del patrimonio
teatral universal: Chejov, Gogol, Kafka, Dostoiesvki, Goldoni. Paralelamente a sus
actividades de hombre de teatro y de comediante en el Teatro de Oráan y en el seno
de la cooperativa teatral independiente que había fundado, Abdelkader Alloula desa
rrolló un gran número de actividades en el seno del movimiento asociativo y humani
tario. Fue miembro fundador de la Liga de los Derechos Humanos, de la Asociación
de Defensa del Patrimonio Histórico y Arquitectural de la ciudad de Oráan, y dedica
ba una enorme parte de su tiempo a una asociación de ayuda a niños cancerosos. Alloula
había iniciado igualmente un importante trabajo de reflexión e investigación sobre el
lenguaje teatral y la lengua popular en Argelia”.
149 “Avec Ies intellectuels algériens”, Le Monde, 7 de octubre de 1994.
'UTOPÍAS SOCIO LÓGICAMENTE FUNDADAS” 197
“Combatir una ideología porque niega la libertad de crear (que no es una
esencia metafísica sino una conquista de las sociedades contemporáneas),
no implica que se deba ignorar aquello de lo que es portadora. [...] Defender
la libertad de crear es también proclamar la obligación de conocer. Es eso
también, y tal vez ante todo, la solidaridad con los intelectuales argelinos”.
Como lo explica en la conferencia, que sigue a continuación^ la intervención
pública tiene entonces un doble fin: brindar los medios de una solución concreta
para no quedarnos en -un llamado público clásico e introducir, por consiguiente,
elementos de análisis para inventar esos medios, en especial la creación de un “par
tido de la paz civil”, hacia el cual las elecciones presidenciales de noviembre de
1995, llevando a Zeroual al poder, parecen conducir'1".
Finalmente, “el problema argelino es en cierto modo el límite extremo
de todos los problemas sociales y políticos por los que puede atravesar un
investigador y un intelectual”150 151. Cómpramete la. responsabilidad específica del
científico y su deber de comunicar la verdad, comprometiendo, sobre todo, contra el
rechazo colectivo surgido de la situación colonial, ztn trabajo de exploración del
“inconsciente histórico”: la mentira, colectiva de la clase dirigente argelina, pero
también la regresión a la barbarie, de la cual Francia da a veces el modelo vol
viendo a encontrar las fobiasy los reflejos represivos de la guerra de Argelia.
Acerca de Argelia152
¿Con qué derecho podemos hablar? ¿Cómo podemos callamos? To
dos cuantos estamos aquí, en esta sala, sentimos hoy profundamente esta
contradicción. Aunque sin ilusiones por lo que podemos hacer contra la
violencia, sólo con la fuerza de nuestras palabras, nos sentimos obligados
a hacer algo, imperativamente, para combatir el despotismo del terror.
Esta contradicción estoy seguro de que ustedes también la experimentan.
150 “Le partí de la paix civile” (con Marie Virolle), Altematives algériennes, 2 de noviem
bre-diciembre de 1995, p. 4: “Los argelinos votaron por hombres. Pero votaron ante
todo por una exigencia; la paz civil, de inmediato. Esto quiere decir el paso de la
violencia de las armas a la confrontación política’’.
151 Conferencia pronunciada durante el coloquio Argelia-Francia-Islam del 27 de octubre
de 1995.
152 Conferencia organizada en la Sorbona el 7 de febrero de 1994.
198 EL CAMPO POLÍTICO
Sabemos que en el origen de la tragedia está toda la violencia de
la que la nación francesa se hizo culpable» durante más de ciento
cincuenta años, y de la cual nos sentimos responsables; pero sabe
mos también que esta culpabilidad, colectiva o individual, que es tal
vez una de las razones más profundas de la emoción que nos movili
za, y nos paraliza, no justifica ningún tipo de intrusión y que no de
bemos tratar de adormecerla con vagos sermoneos humanistas. Po
dría seguir enunciando las contradicciones que nos reúnen y nos
dividen, que introducen la división entre nosotros y en cada uno de
nosotros, que hacen que no tengamos más elección que entre la vio
lencia, el terrorismo o el terror de Estado, y el silencio, entre el com
promiso y la dimisión; evidentemente, la misma incitación a hablar
parecerá a algunos una concesión a los criminales, y el llamado a la
democracia se verá como una abdicación ante el despotismo del te
rror. Me parece que éste es el motivo por el que podemos hablar de
tragedia.
Sin embargo, añadiré solamente una última contradicción, sin
duda la más terrible: sin faltar al deber de analizar y de comprender,
que conduciría tal vez a decir que todo el mundo se equivoca o que
todo el mundo tiene razón, ¿cómo tomar posición de manera activa,
aunque sea poco eficaz, contra todos aquellos que contribuyen a ha
cer reinar el terror pero al mismo tiempo por bipartido de la paz civil.,
que seguramente existe en Argelia, es decir, en favor de esa mayoría
de hombres y sobre todo de mujeres, condenados por el reino del
terror a la soledad y al silencio?
El CISIA, Comité Internacional de Apoyo a los Intelectuales Arge
linos, que agrupa a intelectuales de todos los países, una buena parte
de ellos especialistas en las sociedades maghrebinas, se había fijado
como misión, entre otras, tratar de introducir la lógica del análisis
en campos entregados a la pasión partidaria y a la incomprensión
sectaria. A riesgo de parecer someterme a un utopismo ingenuamente
dentista, quisiera recordar ahora las conclusiones de los análisis cien
tíficos de los mecanismos del terrorismo y del terror de Estado y de
los efectos sociales que produjeron en los diferentes países de Amé
rica Latina, donde remaron en combinaciones diferentes, durante
los años 70. En las situaciones de imprevisibilidad radical y de inse
"UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 199
guridad total en las que, como veremos por los testimonios que es
cucharemos, la calle aparece como el lugar de todas las amenazas,
donde la información se toma imprecisa o inaccesible, donde el miedo
hace difícil la comunicación, incluso entre familiares, donde la vio
lencia abierta y los actos de intimidación pública, secuestros, ejecu
ciones, etc., van acompañados de acciones más o menos clandestinas,
como torturas y ejecuciones arbitrarias, donde los rumores vienen a
duplicar la angustia, donde, en una palabra, el deseo de sobrevivir
impide vivir. En estas situaciones de extrema inseguridad, se observa
siempre que los grupos se atomizan, que las solidaridades se derrum
ban, dejando a los individuos aislados y aterrados, replegados, como
dice Juan Corradi, en un “familismo amoral”.
Pero el análisis muestra también que es posible salir del círculo
del miedo, y cómo salir de él. La primera condición es la existencia
de organizaciones capaces de arrancar a los individuos desmoraliza
dos por el terror a la alternativa del heroísmo o la dimisión y de
organizar acciones capaces de devolver el ánimo (y la moral) a todos
aquellos a quienes el miedo condena al aislamiento; y esto, dándoles
la ocasión de descubrir que muchos otros piensan como ellos y que
personas e instituciones importantes, dentro del país y en el extran
jero, apoyan sus acciones y refuerzan la protección que les es garan
tizada. Las estrategias más efectivas son las que conducen a la mayo
ría silenciosa a descubrir y a mostrar su fuerza colectiva a través de
acciones relativamente triviales y poco arriesgadas, pero que produ
cirán un inmenso efecto simbólico, primero sobre quienes las reali
zan y también sobre aquéllos contra los cuales están dirigidas, si es
que son realizadas al mismo tiempo por un gran número de perso
nas concertadas (marchar en silencio hacia un mismo lugar de en
cuentro, cerrar las casas, las tiendas, etc.). Acciones similares tuvie
ron lugar, en varias oportunidades, en Argelia, pero siempre fueron
parcialmente neutralizadas por las anexiones partidarias, reales o su
puestas.
Tengo la convicción de que nuestro llamado a la paz civil podría
ser algo muy diferente de la declaración platónica y vagamente hu
manista de un grupo de intelectuales de buena voluntad. Para eso
sería necesario que, en la misma Argelia, hombres y mujeres dotados
200 EL ( lampo político
de una autoridad indiscutible -hay muchos en Argelia- autoridad
intelectual, moral, religiosa o política, decidan reunir sus fuerzas sim
bólicas para llamar -eventualmente con el apoyo internacional que
podrían darles el Comité Internacional de Apoyo a los Intelectuales
Argelinos y el Parlamento Internacional de los Escritores- a la movi
lización de las fuerzas de paz en un Partido de la Paz Civil que reúna
a la mayoría silenciosa, hoy en día atomizada, desmoralizada y con
denada a la impotencia por el régimen del terror. Restaurando la
confianza de todos los que tienen la voluntad de resistir a la violen
cia, este Partido de la Paz reuniría y acumularía las fuerzas de todos
aquellos que, en su trabajo y en su vida diaria, a pesar de las amena
zas muy particularmente dirigidas contra ellos, no dejaron de actuar
en favor de la paz civil, a costa de una lucha cotidiana contra La inti
midación y el miedo. De este modo, estarían en condiciones de de
nunciar y contrarrestar eficazmente las maniobras demagógicas de
los aprendices de brujos que, escudados en la impunidad, se esfuer
zan por explotar la angustia y la desesperación del inmenso
subproletariado nacido de la crisis y de la explotación internacional.
Pensarán quizás que por un momento me entregué a la utopía y
me apresuré en olvidar las antinomias que enunciaba al comenzar y
todas las censuras que éstas implicaban. La ingenuidad, si es que hay
ingenuidad, está a la par de la ansiedad que siento, junto a muchos
otros, ante la amenaza de la guerra civil en sus formas más horribles.
Me refiero entonces a acciones más limitadas, pero más seguras, para
las que el CISIA fue creado. Debemos primero ocuparnos de lo que
depende de nosotros, es decir de nuestros gobiernos. Otros les con
tarán las gestiones que pretendemos emprender ante gobiernos eu
ropeos con el fin de obtener la anulación de la deuda que aplasta a
Argelia: vuestra adhesión a la petición que hemos redactado dará
más fuerza a nuestras intervenciones. Después vienen las tareas de
asistencia a quienes deben huir de la violencia. ¿Será acaso necesario
decir, contrariamente a los rumores, que jamás hicimos una selec
ción entre las víctimas y que no hacemos pasar ningún examen lin
güístico a los que se dirigen a nosotros? Les explicarán las gestiones
emprendidas con miras a obtener, para los que desean encontrar re
fugio en Francia, una condición jurídica conveniente. Gestiones par-
“UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS" 201
ocularmente difíciles, y necesarias, en estos tiempos de ideología de
la seguridad. Trabajamos, de acuerdo con las antenas provinciales
del CISIA y con diversas asociaciones, en encontrar puestos, vivien
das y recursos para aquellos que piden nuestra ayuda. Aquí también
necesitamos de ustedes: los que piensan poder ayudamos sobre al
guno de los puntos que mencioné, pueden hacérnoslo saber, aquí
mismo al salir, o por carta, dejando su nombre y dirección, indican
do el tipo de ayuda que pueden brindar.
Me limitaré a esas indicaciones muy concretas. La extrema gravedad de
la situación en la que se encuentra. Argelia, que no permite la complacencia
retórica ni la exaltación ética, nos impone moderación y dignidad.
Hacia un intelectual colectivo (3):
de diciembre del ’95 a Raisons d’agir
El nacimiento de un “intelectual colectivo” encuentra su realización, en el
campo de la investigación, con la publicación de La misére du monde. Un equipo
de sociólogos dirigidos por Pierre Bourdieu se consagra a comunicar y hacer comu
nicar, por medio de textos analíticos, pero sobre todo de entrevistas, el sufrimiento
social vivido por todos aquellos (obreros, empleados, campesinos, enfermeros, do
centes, jóvenes con o sin instrucción escolar, trabajadores sociales, policías, etc.) que
no tienen los medios para hacerse escuchar por los responsables políticos, demasiado
ofuscados por los sondeos y por el juego mediático como para preocuparse por la
existencia común de sus conciudadanos. Este libro, que se presenta como “otra ma
nera de hacer política”, instaura también una “política científica” colectiva
capaz de recorrer la diversidad de los efectos sociales de una política liberal condu
cida por altos funcionarios de Estado (la “mano derecha”) pregonando la deca
dencia del Estado y dejando de hecho a todos los que están en el teireno (la “mano
izquierda”) el cuidado de administrar, al menor costo, la miseria social.
De este modo, cuando en noviembre y diciembre de 1995 se desarrollan en
Francia huelgas de protesta contra una reforma liberal de la protección social,
Pierre Bo urdieu toma partido por los huelguistas firmando una petición de apoyo
y haciéndose presente en asambleas generales (su intervención en la- estación de
Lyon aparece en primera plana en los periódicos del día siguiente). Luego de este
movimiento social, crea el grupo “Raisons d’agir” , reag'upando a investigadores
202 EL CAMPO POLÍTICO
preocupados por dar mayorfuerza política a sus trabajos. Este “militantismo cien
tífico” pretende promover una postura crítica contra el discurso dominante que
transmite, en nombre de la “ciencia económica”, la adaptación a la “mundiali-
zación” y sus nuevas formas de precariedad.
La instalación de un contrapoder crítico efectivo tiene como condición, según
Pierre Bourdieu, la autonomía de los productores culturales frente a las censuras
que el mercado económico impone a la distribución de los bienes culturales y, particu
larmente, el control efectivo de los instrumentos intelectuales de difusión por los
mismos intelectuales: es así que en 1996 crea la editorial Liber-Raisons d’agir,
destinada a publicar obras poco caras y de fácil acceso, difundiendo trabajos que se
apoyan en los métodos y resultados de las ciencias humanas y sociales, comúnmente
confinados al mundo académico. El éxito alcanzado por la colección, con obras como
Sur la télévision y Contrefeux, o también Les nouveaux chiens de garde, de
Serge Halimi, parece abrir entonces un espacio para el discurso crítico de los me
dios de comunicación y de la ideología neoliberal dominante que la mayor parte de
ellos vehicula. Con la publicación de dos artículos en Le Monde, diario nacional
de referencia, Pierre Bourdieu es consagrado, o estigmatizado, por estos mismos
medios de comunicación, como el “maestro delpensamiento” de la “izquierda radi
cal”: en el primero, apoya las ocup aciones efectuadas por los movimientos de desem
pleados, que hacen aparecer, en un escenario político aseptizado, los mecanismos de
dominación por la precarización generalizada de los trabajadores; luego, critica la
acción de las izquierdas europeas y su sumisión a las políticas liberales, para asumir
la defensa del servicio público que los movimientos sociales intentaron preservar,
desde 1995, a pesar de la desconsideración de la que son objeto en el “escenario
político ” A partir de estos textos publicados en 1998, la acción de Pierre Bourdieu
y del colectivo Raisons Kgir prosigue no solamente en la prolongación de la línea
editorial de las ediciones Liber-Raisons d’Agir, sino también en una colaboración
con los diferentes sindicatos y asociaciones de lucha a fin de constituir un movi
miento social europeo.
“UTOPÍAS SO( BIOLÓGICAMENTE FUNDADAS’ 203
Las acciones de los desempleados flamean'"
Aquellas y aquellos que nos habituamos a designar como “los ex
cluidos” -excluidos provisionales, temporales, duraderos o definiti
vos del mercado del trabajo- son casi siempre también los excluidos
de la palabra y de la acción colectiva. ¿Qué sucede cuando al cabo de
varios años de esfuerzos aislados y aparentemente desesperados de
algunos militantes, necesariamente minoritarios, una acción colecti
va logra por fin romper el cerco de indiferencia mediática y política?
Primero, la turbación risible y la rabia apenas disimulada de ciertos
profesionales de la palabra, periodistas, sindicalistas y hombres o
mujeres políticos, que vieron en estas manifestaciones de desem
pleados sólo un nuevo cuestionamiento intolerable de sus intereses
comerciales, de su monopolio de la palabra autorizada sobre “la ex
clusión” y “el drama nacional del desempleo”. Enfrentados a esta
movilización inesperada, estos manipuladores profesionales, estos
inamovibles de las plataformas televisivas, no supieron ver en ella
sino una “manipulación de la miseria”, “una operación con intencio
nes mediáticas”, la ilegitimidad de una “minoría” o “la ilegalidad” de
acciones pacíficas. Seguidamente, la extensión del movimiento y la
irrupción en el escenario media tico-político de una minoría de desem
pleados movilizados: el primer logro del movimiento de desempleados
es el movimiento mismo (que contribuye a desviar del Frente Na
cional a un electorado popular desorientado). El movimiento de los
desempleados es a la vez el inicio de una organización colectiva y las
conversiones en cadena de las que ella es producto y que, a su vez,
contribuye a producir: del aislamiento, de la depresión, de la ver
güenza, del resentimiento individual, de la venganza hacia los chivos
expiatorios, a la movilización colectiva; de la resignación, de la pasi
vidad, del repliegue sobre sí mismo, del silencio, a la toma de la pala
bra; de la depresión a la rebelión; del desempleado aislado al colecti
vo de desempleados; de la miseria a la cólera. Es así cómo el slogan
153 Publicado en Le Monde, el 17 de enero de 1998, en coautoría con Frédéric Lebaron y
Gérard Mauger.
204 EL CAMPO POLÍTICO
de los manifestantes termina por confirmarse: “Quien siembra mi
seria, cosecha cólera”. Pero también trae el recuerdo de algunas ver
dades esenciales de las sociedades neoliberales, que el movimiento
de noviembre-diciembre de 1995 había hecho surgir y que los pode
rosos apóstoles del “pensamiento Tietmeyer” se esfuerzan en disi
mular, comenzando por la relación indiscutible entre tasa de desem
pleo y tasa de beneficio. Los dos fenómenos -el consumo
desenfrenado de los unos y la miseria de los otros- no son sólo con
comitantes -mientras que los unos se enriquecen durmiendo, los otros
se pauperizan cada día más- también son interdependientes: cuando
la bolsa se engalana, los desempleados pagan las consecuencias, el
enriquecimiento de los unos está ligado a la pauperización de los
otros. Evidentemente, el desempleo masivo sigue siendo el arma más
eficaz de la que pueda disponer el empresariado para imponer el
congelamiento o la baja de los salarios, la intensificación del trabajo,
la degradación de las condiciones de trabajo, la precarización, la fle
xibilidad, la instalación de nuevas formas de dominación en el traba
jo y la destrucción del código del trabajo. Cuando las empresas efec
túan despidos, en virtud de uno de esos planes sociales anunciados
estrepitosamente por los medios de comunicación, sus acciones
flamean. Cuando se anuncia una baja del desempleo en los Estados
Unidos, bajan los cursos en Wall Street. En Francia, 1997 fue el año
de todos los récords para la Bolsa de París. Pero más que nada, el
movimiento de los desempleados vuelve a cuestionar las divisiones
metódicamente mantenidas entre “buenos pobres” y “malos pobres”,
entre “excluidos” y desempleados, entre desempleados y asalariados.
Aunque la relación entre desempleo y delincuencia no sea mecánica,
nadie puede ignorar hoy en día que “las violencias urbanas” tienen
su origen en el desempleo, en la precariedad social generalizada y en
la pobreza de las masas. Los condenados “para el ejemplo” de Es
trasburgo, las amenazas de reapertura de los centros correccionales
o de suspensión de los subsidios familiares a los padres “dimisionarios”
de los promotores de disturbios son la cara oculta de la política del
empleo neoliberal, ¿Cuándo llegará, con Tony Blair, la obligación
impuesta a los jóvenes desempleados de aceptar cualquier trabajito y
la substitución del “Estado providencia” con el “Estado de la seguri
‘UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS’ 205
dad” a la moda americana? Porque obliga a ver que un desempleado
es virtualmente un desempleado de larga duración, y un desempleado
de larga duración es un excluido en suspenso, que la exclusión de la
UNEDIC’ es también la condena a la asistencia, a la ayuda social, a la
caridad, el movimiento de los desempleados vuelve a poner en tela de
juicio la división entre “excluidos” y “desempleados”: enviar a los de
sempleados al servicio de ayuda social es quitarles su condición de de
sempleado, es empujarlos hacia la exclusión. Pero obliga a descubrir,
también y sobre todo, que un asalariado es un desempleado virtual,
que la precarización generalizada (en particular de los jóvenes), la “in
seguridad social” organizada de todos los que viven bajo la amenaza
de un plan social, hacen de cada asalariado un desempleado en potencia.
La evacuación manu militari no evacuará “el problema”, porque la
causa de los desempleados es también la causa de los excluidos, de los
que viven en estado de precariedad y de los asalariados que trabajan
bajo amenaza. Porque tal vez hay un momento en que el ejército de
reserva délos desempleados y délos trabajadores precarios, que condena
a la sumisión a todos los que tienen la oportunidad provisional de estar
excluidos de él, se voltea contra aquellos que basaron su política (¡oh
socialismo!) en la confianza cínica en la pasividad de los más dominados.
Por una izquierda de izquierda*
154
Quince días después del viernes negro de las elecciones a las pre
sidencias regionales, curanderos de todo tipo se agitan en la cabece
ra de la República. Para el uno, un cambio de régimen electoral per
mitiría a la democracia recobrar sus hermosos colores moderados;
Union Nationale Interprofessionnelle pour l’emploi dans Pindustrie et le commerce:
Unión Nacional Interprofesional para el empleo en la industria y el comercio. Organis
mo creado por los sindicatos para la protección de los desocupados (régimen de segu
ridad para el desempleo) (N. de T).
154 Publicado en Le Monde, el 8 de abril de 1998, en coautoría con Bernard Lacroix, Fré-
déric Lebaron y Gérard Mauger.
206 EL CAMPO POLÍTICO
para el otro, jurista científico, una revisión del sistema electoral re
habilitaría a una democracia paralítica; para un tercero, ex ministro
y hábil estratega, la ausencia de un “centro” es lo que transformó al
Estado en un barco a la deriva, oscilando de derecha a izquierda y de
izquierda a derecha, a riesgo de hundirse en la extrema derecha. El
más alto personaje del Estado, en un papel de padre bueno demasia
do grande para él, reprende a los partidos como si se tratara de niños
revoltosos y promete el cambio de reglas que permitiría recomenzar
el juego sin los skinheads. Un antiguo candidato a la presidencia, en
un chispazo de lucidez tardía, se pregunta si los electores no están ya
hartos de seguir viendo, desde hace treinta años, la misma comedia.
Los expertos en resultados electorales evalúan porcentualmente los
potenciales electorales de las nuevas coaliciones en gestación. Los
tres últimos presidentes regionales mal elegidos ya alardean en los
estudios televisivos: lejos de ser rehenes abrazaron al FN sólo para
asfixiarlo mejor; poco falta para que inviten a su consejo regional a
votar de emergencia para la erección de su propia estatua, con el
cuento de ayudar a los artistas locales, a la cultura regional y al civis
mo republicano.
Pero ante el triste espectáculo de nuestros medicastros político-
mediáticos, la burla no es suficiente. La “nueva” respuesta que pre
tenden dar a la fascistización de una parte de la clase política y de la
sociedad francesa está hecha a su imagen, superficial. Restringen el
círculo de las preguntas incómodas al vademécum habitual del futu
ro candidato a la próxima elección: ¿Cómo hacer para no perder las
europeas? ¿Cómo preparar las legislativas en caso de nueva disolu
ción? ¿A qué nuevo partido vale más adherirse? Y pronto: ¿cómo
captar los votos del centro en desherencia?, etc. Esta es la concep
ción de la política que desde hace varios años es la aliada más segura
del FN: instrumental y cínica, más atenta a los intereses de los elegi
dos que a los problemas de los electores, sólo espera una solución de
la manipulación de las reglas del juego electoral y mediático.
Las verdaderas preguntas son de una importancia totalmente di
ferente: ¿Por qué, en menos de un año, la izquierda plural rompió
violentamente la dinámica de su victoria cuando ni siquiera tiene la
excusa de indicadores económicos en retroceso? ¿Por qué provocó
‘UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS” 207
decepciones de las que los resultados electorales, interpretados como
victorias, no dan más que una vaga idea? ¿Por qué, por ejemplo, tan
tos sufragios para las organizaciones que se pretenden o se dicen
friera del juego político? ¿Por qué una parte de la derecha en perdi
ción prefiere radicalizarse cuando está en el poder a través de una
izquierda que realiza todos sus sueños? Con su tentación extremista,
la derecha vuelve a jugar un partido ya perdido por el centro y la
derecha alemanes a principios de los años treinta bajo la República
de Weimar. El Estado impotente suscita la indiferencia masiva de
los electores hacia la República: está claro que no se va a votar para
repartir prebendas, acallar los escándalos, vender los servicios públi
cos al mejor postor, entregarse a burocracias inamovibles e inaccesi
bles, nacionales e internacionales. Al hacer implosión, la derecha fran
cesa retoma a los orígenes turbios del régimen que fundó. Cuando
los conservadores no saben ya qué más conservar, están listos para
cualquier revolución conservadora. La persistencia del éxito electo
ral de un partido como el FN, cuyo programa aplicado sería la ruina
de sus electores más desfavorecidos, a menudo no expresa nada más
que la aversión hacia un personal político obstinadamente sordo y
ciego ante el desconcierto de las clases populares.
Las falsas apariencias de la izquierda plural decepcionan a los elec
tores de izquierda, desmovilizan a los militantes, remiten a los más
exasperados hacia la extrema izquierda. No es en absoluto sorpren
dente que los primeros en protestar hayan sido los primeros en ser
estafados por la demagogia plural de una izquierda realmente pecu
liar: los indocumentados, los desempleados, los maestros. Una re
forma electoral no bastará para calmar las reivindicaciones a las que
unos ministros responden con la caridad ostentosa, con la distribu
ción calculada de migajas del presupuesto o con los juegos de manos
astutos. Y esto cuando no se dejan llevar por excesos verbales arro
gantes o demagógicos, totalmente opuestos a la generosidad entu
siasta de un mensaje movilizador, e incluso a prácticas trágicamente
parecidas a las de sus predecesores. A la izquierda oficial le cuesta
mucho deshacerse de la dudosa herencia del mitterrandismo; irrita a
sus fieles sin poder esperar de sus enemigos ni la más mínima señal
de satisfacción; aprovecha provisionalmente la mediocridad de sus
208 EL CAMPO POLÍTICO
adversarios sin proponer otra cosa que una política sin preocupación
por el mañana, que no cambia nada esencial en la vida cotidiana de la
gran mayoría de los ciudadanos. El día del balance, tal vez más cer
cano de lo que ella piensa, con la amenaza nuevamente presente de
la disolución, ¿qué podrá invocar para movilizar a los abstencionistas,
disuadirlos de votar por el FN? ¿Los empleos-jóvenes’ para algunos,
Las treinta y cinco horas en proceso de deterioro, el rigor ininterrum
pido, una reforma de la educación transformada en show ministe
rial, entregarse a la Europa de los banqueros? ¿Creemos acaso poder
engañar durante mucho tiempo la expectativa de una Europa social
con una “izquierda plural europea” animada por la troika neoliberal
“Blair-Jospin-Schróder”? La izquierda de base cree aún en la repú
blica social: es tiempo de que el cuarteto “Jospin, Chevénement, Hue,
Voynet”** recuerde que las mayorías de izquierda condujeron al desas
tre cada vez que pretendieron aplicar las políticas de sus adversarios
y tomaron a sus electores por idiotas amnésicos.
Las verdaderas respuestas a la fascistización reptante o declarada
sólo pueden venir de los movimientos sociales que se desarrollan
desde 1995. Esto, con la condición de que sepamos escucharlos y
expresarlos, en lugar de trabajar en desconsiderarlos por la difamación
pública o por los golpes dobles de antiguos apparatchiks políticos
convertidos en hombres de aparato del Estado. Estas respuestas su
gieren, en efecto, perspectivas políticas y a veces hasta anticipan pro
yectos y programas constituidos. La presión local en algunas regio
nes de izquierda contribuyó a hacer recapacitar a la derecha menos
enceguecida. Las manifestaciones anti FN son testimonio de una ca
pacidad militante que sólo pide defender causas más ambiciosas
que el solo rechazo al fascismo. El movimiento por la renovación de
los servicios públicos -y en particular por una educación nacional
más justa, tal cual se expresa hoy en día en Seine-Saint-Denis- es lo
opuesto a la exasperación identitaria con respecto a una institución
Empleos-jóvenes (emplois-jeunes), programa de creación de empleos para los jóvenes
en Francia, en los años 90. (N. de T).
Todos ellos son miembros de la actual coalición gobernante y representantes de los
Partidos Socialista, Comunista y de los Verdes. (N. de T).
'UTOPÍAS SOCIOLÓGICAMENTE FUNDADAS' 209
arcaica: afirma la necesidad de servicios públicos eficaces e igualitarios
en su funcionamiento y en sus efectos. El movimiento de los indo
cumentados, condenado a las gemonias por los “responsables” de
todas las corrientes, es una resistencia colectiva frente a la política
obtusa que, en nombre de la lucha contra Le Pen‘, toma a menudo
sus ideas y sus armas de Le Pen (con el éxito que ya sabemos...). El
movimiento de los desempleados aparece como una “lucha escalo
nada”, reiniciada continuamente contra los efectos destructores de
la precarización generalizada. Los movimientos recientes contra el
Acuerdo Multilateral por la Inversión (AMI) y en favor de la tasación
de los capitales son testimonio de la subida potencial de la resisten
cia al neoliberalismo: ésta es, por naturaleza, internacional. Estas fuer
zas, a las que nuestros profesionales de la manipulación acusan de
estar bajo el dominio de manipuladores externos, son aún minorita
rias, pero ya están profundamente enraizadas, tanto en Francia como
en otros países europeos, en la práctica de grupos militantes, sindi
cales y asociativos. Son ellas las que, al internacionalizarse, pueden
comenzar a oponerse prácticamente a la pretendida fatalidad de las
“leyes económicas” y a humanizar el mundo social. El horizonte del
movimiento social es una internacional de la resistencia al neolibe
ralismo y a todas las formas de conservadurismo.
Ver nota en p. 17, primera parte. (N. de T.).
Postfacio
Por una nueva Aufklarung europea1”
Sería necesario reunir las capacidades y los talentos de un Karl Kraus y
de un Karl Marx, de un Max Weber y de un Emile Durkheim, y de algunos
otros, para estar a la altura de las expectativas sociales que la idea de “mo
vimiento social europeo” ha suscitado. Por esta razón, mi fin es aportar no
un pensamiento acabado, cerrado, sino un programa de trabajo, destinado
a hacer reflexionar y a hacer pensar.
El mundo económico y social ha conocido, en el curso de los últimos
años, inmensas transformaciones de las cuales es necesario tomar la medi
da, pero una justa medida. Es necesario evitar ignorarlas o subestimarlas,
por no hacer todo el trabajo de investigación y de documentación que es
necesario para aprehenderlas en toda su amplitud y darse los instrumentos
teóricos indispensables para asirlas en su sistema ti cidad; es necesario tam
bién no sobreestimarlas, a la manera de aquellos que, preocupados por no
olvidar nada de la “modernidad” o de la “postmodernidad” y por afirmar
sin demasiado costo su diferencia, toman prestado el lenguaje apocalíptico
de la “mutación”, incluso de la “revolución”, para evocar la “nueva econo
mía” o el “nuevo espíritu del capitalismo”, y se prohíben, así, poner al día
los mecanismos que -en su mayor parte ya conocidos, como los que asegu
ran la reproducción del capital cultural-, aseguran permanencias y cons
tancias más allá de las variaciones y de los cambios.
155 Versión modificada para la presente edición de la contribución de Pierre Bourdieu al
llamado a un movimiento social europeo el Io de mayo del 2000. Traducción de Alicia
Gutiérrez.
212 EL CAMPO POLÍTICO
Luego de haber dado, en un primer momento, un modelo simplificado
de esos cambios económicos y de sus efectos sociales, intentaré, en un segun
do momento, evocar las relaciones de fuerza que se instauran hoy entre los
dominantes, antes de intentar desprender de estos análisis, en un tercer
momento, algunos principios de acción para un movimiento social europeo.
I. Una máquina infernal
Bearle y Means oponían (en los años 30) los accionistas, los propietarios
(pvmers), y los munagers, los ejecutivos, cuyo triunfo anunciaban. Hoy se asis
te al retorno de los accionistas al poder. Pero este triunfo no es sino apa
rente-. no tienen más poder que en la época de la “tecnoestructura” de
Galbraith. De hecho, los amos de la economía no son ni los pequeños por
tadores individuales de acciones, como lo querría la mitología de la “de
mocracia de los accionistas”, ni tampoco los managers sometidos a la tira
nía de las tasas de beneficio, es decir, esos Presidente-Director General
que son susceptibles de ser despedidos (la mayoría de las veces con formida
bles “indemnizaciones”) en función del examen trimestral del “valor
accionario” que han realzado, o esos ejecutivos que son pagados a corto
plazo por el porcentaje de los negocios que aportan y que siguen al día los
cursos de la Bolsa, de los cuales dependen el valor de sus stock-options.
Se asiste a una nueva concentración del capital en las manos de un pequeño
número de inversores llamados institucionales que controlan una parte creciente
de los capitales, por lo tanto, las inversiones. Los gestionarios de las grandes
instituciones (fondos de pensión, grandes compañías de seguros y, sobre
todo en los Estados Unidos, fondos de inversiones colectivas, money market
funds ou mutual funds) dominan el campo del capital financiero en el cual
este capital financiero es una apuesta y un arma y, por ello, detentan un
formidable poder de presión, tanto sobre las empresas como sobre los Esta
dos. Están así en condiciones de imponer lo que Frédéric Lordon llama,
por una referencia irónica al salario mínimo, un ingreso accionario mínimo
garantizado del capital (lo que en términos técnicos se llama el EVA, Eco-
nomic Valué Added): los gestionarios de los fondos de pensión, que están
presentes en los consejos de administración (corporate govemance) de las
empresas, buscan beneficios cada vez más elevados (12, 15 y hasta el 18%
del capital invertido) que las firmas no pueden alcanzar sino al precio de
despidos, haciendo recaer el riesgo sobre los asalariados (es decir, de paso,
POSTFACIO POR UNA NUEVA EUROPEA 213
que los dominantes, y aquellos que, como Ulrich Beck y Anthony Gíddens
-tan prontos a exaltar el riesgo- se hacen sus portavoces, demandan de los
dominados virtudes de las que ellos se ocupan de eximirse). En efecto, trans
fieren sobre los managers el imperativo de los beneficios a corto plazo, que
deviene así el fin práctico de todo el sistema -sin tener en cuenta las conse
cuencias ecológicas y sobre todo humanas y fuera de toda preocupación
por ser fieles a los asalariados, que, como lo observa Jean Gadrey, podría
ser el principio de otra economía-.
[Mientras que el sistema anterior, llamado fordista, realizaba el benefi
cio gracias a la productividad del trabajo, tema como contrapartida la se
guridad del empleo y un nivel de remuneración relativamente elevado, que,
alimentando la demanda, sostenía el crecimiento y el beneficio, el nuevo
modo de producción maximiza el beneficio reduciendo la masa salarial por
la compresión de los salarios y los despidos, inquietándose el accionista
sólo por los cursos de la Bolsa de los que depende su ingreso nominal y por
la estabilidad de los precios que debe mantener el ingreso real lo más cerca
posible del nominal].
La búsqueda del beneficio a corto plazo comanda todas las elecciones:
la política de reclutamiento, sometida al imperativo de flexibilidad -y de
movihdad (con el reclutamiento sobre contratos a corto plazo o con base
temporaria); la individuación de la relación salarial; y la ausencia de planifi
cación a largo plazo, especialmente en materia de mano de obra. Con la
amenaza constante de la “regulación del empleo”, toda la vida de los asala
riados está ubicada bajo el signo de la inseguridad y de la incertidumbre.
Así se ha instituido un régimen económico que es inseparable de un
régimen político, un modo de producción que implica un modo de domi
nación, fundado sobre la institución de la inseguridad, la dominación por la
precariedad: un mercado financiero des-regulado favorece un mercado de
trabajo des-regulado, por lo tanto, un trabajo precario que impone la su
misión de los trabajadores. [Por ejemplo, es así cómo se explica el hecho,
sobre el cual los economistas se interrogan, y que está sin duda ligado tam
bién, por una parte, al debilitamiento de los sindicatos, de que en Estados
Unidos los salarios permanezcan muy bajos aunque la desocupación sea
también muy baja.] En las empresas, uno está en relación con un manage-
ment racional que utiliza el arma de la inseguridad (entre otros instrumen
tos) para poner a los trabajadores en estado de riesgo, de stress, de tensión,
y favorece la auto-explotación. A diferencia de la precariedad “tradicional”
de Los servicios y de la construcción, precariedad institucionalizada de las
214 EL CAMPO POLÍTíCO
empresas del futuro deviene en el principio de la organización del trabajo
y estilo de vida. Ciertas empresas de tele-venta o de tele-marketing, cuyos
asalariados, los “tele-consejeros”, deben telefonear a domicilio para ven
der los productos, han puesto a punto un régimen que, desde el punto de
vista de la productividad, del control y de la vigilancia, de los horarios de
trabajo y de la ausencia, de carrera, es un verdadero taylorismo de los servicios
(Límite: click in, click out). Por oposición a los obreros especializados del
taylorismo, los asalariados son muy calificados (son frecuentemente estu
diantes que han fracasado en cursos de carreras universitarias, técnicos
reconvertidos), frágiles socialmente (son de primera generación en la uni
versidad). Las cajeras de supermercado han devenido, gracias a la informa-
tización del registro de los precios, en verdaderas trabajadoras en cadena,
suerte de obreros especializados de la “nueva economía”, cuyas cadencias
son calculadas, cronometradas, controladas, y cuyos empleos del tiempo
varían a merced de las fluctuaciones de la ola de clientes.
[Se puede temer que las estructuras de este sistema en inestabilidad cróni
ca, inscribiéndose en los cerebros, bajo forma de estructuras cognitivas,
contribuyan a producir un hombre nuevo, calculador universal llevado al
cinismo oportunista en política (y en otra parte), o a la inconstancia y tam
bién al individualismo, por no decir al egoísmo, favorecido por la corrosión
de la persona y la destrucción de las solidaridades (de los lazos familiares,
especialmente)].
Pero la mayor consecuencia de este nuevo modo de producción es la
instauración de una economía dualista (muy semejante a aquella que he obser
vado en Argelia en los años 60, con, por un lado, un enorme ejército indus
trial de reserva, formado por un sub-proletariado sin carrera, sin futuro,
sin proyecto, individual o colectivo, y condenado por ello a los ensueños
milenaristas -más bien que a las ambiciones revolucionarias- y, por el otro,
una pequeña minoría privilegiada de trabajadores estables y dotados de un
salario permanente). La dualidad de los status y de los ingresos no deja de
incrementarse: los empleos subalternos de servicio, sub-pagados, con dé
bil productividad, no calificados o sub-califica dos (fundados sobre un “short
term on the job training”) y sin asegurar carrera, en resumen, los empleos
rechazables de una “sociedad de servidores” (André Gorz) se multiplican.
Según Jean Gadrey, citando una investigación americana, de los 30 traba
jos que van a crecer más, 17 no exigen ninguna calificación y 8 exigen una
calificación superior. De 10, 7 no exigen ninguna calificación. En el otro
extremo del espacio social, los dominantes-dominados, es decir, los ejecuti
POSTFAC10 POR UNA NUEVA A UFKLARUNG EUROPEA 215
vos, conocen una forma nueva de alienación, la inseguridad de lujo de la
hurried leisure class, que gana mucho dinero pero que no tiene tiempo para
gastarlo. Esta posición ambigua, equivalente a la de los pequeño-burgue-
ses en otro estado de la estructura, conduce a formas de a uto-explotación
organizada: la duración anual media del trabajo progresa en los Estados
Unidos con una declinación correlativa del tiempo de ocio.
Por más que lo digan los profetas de la “nueva economía”, este dualis
mo jamás se ve tan bien como en los usos sociales de la informática. Los canto
res de la “nueva economía” y de la visión Silicon Valley (Manuel Castells,
en La société en réseaux, habla de un “capitalismo colectivo sin rostro, com
puesto por flujos financieros administrados por redes electrónicas” -p. 530)
tienden a considerar los cambios económicos y sociales observables hoy
como un efecto fatal de la tecnología, mientras que son el resultado de los
usos sociales económica y socialmente condicionados que se hace de ella.
De hecho, contrariamente a la ilusión de la novedad sin precedentes, las
coacciones estructurales inscriptas en el orden social -como la lógica de la
transmisión del capital cultural y escolar, que es la condición del dominio
verdadero de las nuevas herramientas, tanto técnicas como financieras-, con
tinúan pesando sobre el presente y formando lo inédito y lo inaudito.
La investigación estadística sobre los usos de la informática muestra
que la ruptura es muy fuerte entre los “interactores” y los “interactuantes”
y que ella tiene por principio la distribución desigual del capital cultural,
por lo tanto, en último extremo, el sistema escolar y la transmisión familiar
del capital. (Uno ve, de paso, que la utilización de la noción de capital
cultural más bien que la de “capital humano”, adoptada por los economis
tas, tiene por virtud evitar la naturalización de las diferencias económicas y
sociales basadas en capital cultural, relacionando esas diferencias con dife
rencias sociales de formación, de origen social, y no de “dones” naturales).
El utflizador modal de la informática es un hombre, de menos de 35 años,
que ha hecho estudios superiores, dotado de un ingreso elevado, ciudada
no y que habla inglés. Y no hay casi nada en común entre los virtuosos que
pueden escribir ellos mismos sus programas y los nuevos trabajadores en
cadena de la informática, tales como los asistentes telefonistas que hacen
las 3/8 por mantener la hotline de los proveedores de acceso 24 horas sobre
24, o los net surfeurs que alimentan los anuarios, o los integradores HTLM
que hacen copier-coíler y que, atomizados, aislados, desprovistos de toda
representación (delegados del personal), están destinados a la rotación, etc.
Asimismo, en el orden de los usos económicos y financieros, los que están
216 EL CAMPO POLÍTICO
conectados a Internet y disponen de terminales o de programas que les
permiten comerciar y efectuar operaciones bancarias a domicilio, se opo
nen a los que están apartados de esta red.
[Asimismo, el mito según el cual Internet debía cambiar las relaciones
entre el Norte y el Sur está completamente desmentido por los hechos: en
1997, los 20% más ricos de la población mundial representaban 93,3% de
los utilizadores de Internet, y los 20% más pobres, 0,2%. Lo inmaterial,
tanto al nivel de las naciones como de los individuos, se apoya sobre es
tructuras bien reales, como los sistemas de enseñanza y los laboratorios en
el caso de las naciones.]
En el seno de las sociedades más ricas, este dualismo descansa, en gran
parte, en la distribución desigual del capital cultural que, además que con
tinúa determinando en gran medida la división del trabajo, constituye un
instrumento muy potente de sociodicea. La clase dirigente debe, sin duda,
su extraordinaria arrogancia al hecho de que, estando dotada de un muy
fuerte capital cultural -o escolar- (ha terminado la oposición confortable
entre el artista desinteresado e inspirado y el burgués filisteo del siglo XIX),
se siente perfectamente justificada de existir como existe (el paradigma del
nuevo burgués conquistador podría ser Bill Gates). El diploma no es sola
mente un título de nobleza escolar; es una garantía de inteligenda, de inte
ligencia natural, de don. Es así cómo la “nueva economía” tiene todas las
propiedades para aparecer como el mejor de los mundos (en el sentido de
Leibniz y sobre todo de Huxley): es global -y los que la dominan son in
ternacionales, políglotas y policulturales (por oposición a los locales, “na
cionales” o “provincianos”); es inmaterial, produce y hace circular objetos
inmateriales, información, productos culturales. [La computadora mani
pula información, códigos, símbolos, mensajes.] Ella puede así aparecer
como una economía de la inteligencia, reservada a la gente inteligente (lo
que le atrae la simpatía de los periodistas y de los ejecutivos “conectados”).
La sociodicea toma aquí la forma de un racismo de la inteligencia. Los po
bres no son pobres como en el siglo XIX porque son imprevisores, gasta
dores, intemperantes, etc. (por oposición al deserving poor), sino porque
son imbéciles, incapaces intelectualmente, idiotas. En resumen, “no tie
nen sino lo que merecen” es col ármente. Ciertos economistas, como Becker,
pueden encontrar en un neo-darwinismo que hace de la racionalidad pos
tulada por la teoría, el producto de la selección natural de los mejores, la
justificación imparable del reino de “the best and the brightest”. Y el lazo
es cerrado cuando ]a economía demanda a la matemática (devenida uno de
POSTFACIO POR UNA NUEVA. 1U/-KJNRUNG EUROPEA 217
los mayores instrumentos de la selección social) la justificación epistemocrática
más indiscutible del orden establecido. Las víctimas de un orden de domi
nación tan potente, que puede reclamarse un principio de dominación y de
legitimación tan universal como la racionalidad (relevada por el sistema
escolar), son heridas, muy profundamente, en su imagen de sí mismos. Y
es sin duda por este rodeo que puede establecerse la relación, la mayoría de
las veces desapercibida o incomprendida, entre las políticas neo-liberales y
ciertas formas fascistoides de revuelta de los que, sintiéndose excluidos del
acceso a la inteligencia y a la modernidad, son remitidos hacia el refugio de
lo nacional y del nacionalismo.
II. La Relpolitik déla razón y la función de los investigadores
El capital cultural es intrínsecamente ambiguo: instrumento de comu
nicación, es también instrumento de dominación (como los nuevos medios
de comunicación, la cultura une y separa). La clase de los managers está
marcada por la ambigüedad del capital que funda su dominación. Los “eje
cutivos” son trabajadores intelectuales que, provistos de una competencia
socialmente reconocida y dotada de valor mercantil, no tienen la propie
dad de sus medios de producción y su función principal en la división so
cial del trabajo es la de contribuir a la reproducción de la cultura y de las
relaciones sociales establecidas. En la producción económica, la parte de
las inversiones propiamente culturales (investigación y desarrollo, inge
niería, concepción, diseño, publicidad, marketing, gestión financiera) no
deja de crecer sin que el peso económico y político de los detentadores de
capital cultural crezca en proporción: el capital cultural queda subordina
do al capital económico, único capaz de concentrar el capital cultural y de
asegurarle los medios concentrados (laboratorios, etc.) que son necesarios
para su pleno rendimiento. Constituyen una nueva Bildungsburgertum in
ternacional (Chicago boys, miembros de grandes laiv firmes y de ONG, etc.)
que deben a sus orígenes sociales elevados un capital lingüístico y disposicio
nes distinguidas y distintivas favorables a la circulación internacional y que,
unidos por la cultura, están separados por la cultura de las otras clases.
Dicho esto, todos estos cuasi intelectuales constituyen una fracción do
minada al interior del nuevo campo del poder y, en cuanto tales, están in
clinados a actitudes ambivalentes respecto a los dominantes. El dominio
de los dominantes económicamente se ejerce sobre ellos, a la vez, econó
218 EL CAMPO POLÍTICO
mica y simbólicamente, y ello tanto más, cuanto están más próximos del
campo económico propiamente dicho o cuanto la autonomía de su campo
de producción es más débil respecto al campo económico (como puede
verse bien en el caso del campo periodístico). En el campo científico se
había elaborado, y expresado, en el siglo XIX, una exaltación del desinte
rés que, como lo ha mostrado Thomas Haskell, se ha afirmado, especial
mente en R H. Tawney, Emite Durkheim o Charles S. Pierce, contra el
interés que reina en el universo capitalista. Esta preocupación de no dejar
el mundo a las fuerzas ciegas de la economía y de extender al mundo social
los valores profesionales de los científicos, se inspiraba en la convicción,
sin duda un poco ingenua, de que el mundo de los científicos era una suer
te de utopía realizada.
Estoy convencido de que es necesario reanudar hoy esta tradición muy
crítica de la extensión de los valores del mercado a todas las esferas de la
vida, pero apoyándose en una visión realista del mundo científico que, como
lo observaba Pierce, “funciona sobre la base de la rivalidad y de la compe
tencia (como el campo económico) y no de la cooperación y del amor”, o,
para hablar como Habermas, de la comunicación no instrumental. Sin re
tomar aquí en detalle mis análisis que podrían fundar completamente pro
posiciones destinadas de otro modo a parecer ingenuas y perentorias, me
contentaré con recordar que los campos científicos (y, en un menor grado,
burocráticos) son universos sociales totalmente particulares donde las coac
ciones sociales progresivamente instituidas a lo largo de la historia tienen
por efecto imponer un verdadero interés por el desinterés, una pasión por la
razón, un amor de la verdad asociada a esta forma de desinterés caracteri
zada por la indiferencia respecto a las gratificaciones materiales.
Pero, como lo hago aquí, llamando a los investigadores a movilizarse
para defender su autonomía y para imponer en el conjunto del mundo so
cial los valores ligados a su oficio, tengo conciencia de tomar el riesgo de
aparecer como pretendiendo el leadership de un movimiento intelectual
(percepción alentada por los diarios que, personalizando toda interven
ción, hacen creer que se trata de obtener una adhesión a una persona o a
sus ideas). Y también de exponerme a chocar con aquellos que, eligiendo
las facilidades virtuosas del encierro en su torre de marfil, ven en la inter
vención fuera de la esfera académica una peligrosa falta a la famosa “neu
tralidad axiológica”, identificada, con razón o sin ella, a la neutralidad cien
tífica. Si es necesario tomar el riesgo de ser mal comprendido, incluso
condenado sin examen, en nombre de la virtud académica misma que se
POSTFACIO POR UNA NUEVA AUFKLARUNG EUROPEA 219
entiende defender contra ella misma, es que sólo esta suerte de intelectual
colectivo, que requiero con deseo, me parece capaz hoy de inventar y de
imponer, en lazos con los sindicatos, las asociaciones y todos los grupos en
lucha, una Realpolitik de la razón, una política de intervención en el mundo
social que obedezca, tanto como sea posible, a las reglas en vigor en el
campo científico; capaz también de hacer entrar en el debate público, don
de están trágicamente ausentes, las conquistas más avanzadas de la ciencia
-y de reducir al silencio o a la prudencia, a los ensayistas charlatanes e
incompetentes que ocupan todo el tiempo los diarios, las radios y la televi
sión; capaz, en fin, de liberar toda la energía crítica que permanece ence
rrada en los muros de la ciudad sabia, partida por una virtud científica mal
comprendida, que prohíbe al homo academicus mezclarse en los debates
plebeyos del mundo periodístico y político, partida por el efecto de las
costumbres de pensamiento y de escritura que hacen que los especialistas
encuentren más fácil y también más rentable, desde el punto de vista de los
beneficios propiamente académicos, reservar los productos de su trabajo
para publicaciones científicas que no son leídas sino por sus semejantes.
Conozco muchos economistas que dicen en privado su desconfianza del
uso que los presidentes de bancos centrales hacen de sus teorías para justi
ficar sus decisiones y que se indignarían sin duda si uno les recordara que
ellos son responsables, por su silencio, y, por una parte que está lejos de ser
despreciable, de la contribución que la ciencia económica aporta a la justi
ficación de políticas políticamente inaceptables y científicamente
injustificables.
Quisiera, para terminar, decir que mi primera contribución a la empre
sa colectiva que requiero con deseo podría ser no la de proponer, aunque
más no fuese el esbozo de un programa de acción, sino la de apelar y la de
trabajar en la invención de la organización del trabajo que es necesario
para producir el intelectual colectivo interdisciplinario e internacional que
será capaz de producir tal programa. En otros términos, la tarea más ur
gente es la de encontrar los medios (materiales, económicos y también in
telectuales), en primer lugar, para incitar a todos los investigadores com
petentes y de buena voluntad a aceptar entrar en el juego de la investigación
colectiva y unir sus esfuerzos para proponer, discutir, elaborar e imponer
colectivamente un conjunto de problemas y de proposiciones progresistas
que, hoy, no existen sino en el estado virtual de pensamientos privados y
aislados (revueltas, indignaciones, utopías, proyectos, etc.) o en estado dis
perso, en publicaciones marginales, informes confidenciales de la literata-
220 EL CAMPO POLÍTICO
ra sombría, revistas esotéricas; y, en segundo lugar, coordinar (es decir,
integrar, sin ninguna voluntad de anexión) las actividades críticas, a la vez
teóricas y prácticas, de todos los investigadores y de todos los militantes que han
aparecido para llenar las lagunas del pensamiento y de la acción políticas
despoli tizantes de la social-democracia en el poder, e inventar una nueva
manera de hacer la política, instaurando estructuras de investigación, de dis
cusión y de movilización a varios niveles (internacional, nacional y local,
con consejos de ciudad, de fábrica, de taller, de oficina, de universidad,
etc.) capaces de instituir un verdadero internacionalismo práctico, manteniendo
al mismo tiempo el contacto con la base.
Es claro que jamás ninguna recolección de documentalista, por minu
ciosa y exhaustiva que fuera, ninguna síntesis de teórico, por genial que
pudiera ser, podrá tener el lugar del producto de la confrontación entre
investigadores girados hacia la acción y de los militantes nutridos de expe
riencia y de reflexión. Sin embargo, la construcción de este edificio colec
tivo, digno por una vez del concepto trillado de “proyecto de sociedad”,
tasa-global-para-dominar-la-especulación, asignación universal o invención
del movimiento de los desocupados, podría empezar por una asamblea de
todos los que tienen algo que decir, verdaderamente, sobre el futuro de
Europa: debería sostenerse, realmente, en primer lugar en Viena, en octubre
o noviembre de 2000, luego en Atenas, a mayor escala, a comienzos del
año 2001, y luego, cada año, en un lugar diferente, tanto tiempo como
fuera necesario, para hacer surgir esta nueva Aufklárung europea.
Indice
Prólogo................................................................................................ 5
PRIMERA PARTE
Entrevistas, textos y conferencias sobre el campo político
El campo político................................................................................ 9
Precisiones sobre el campo político................................................... 32
Formas de acción política y modos de existencia
de Los grupos........................................................................................ 43
Breve nota sobre la antinomia de la protesta colectiva..................... 49
Movilización política y revoluciones simbólicas............................... 52
Espacio social y campo político......................................................... 59
La representación política.................................................................. 63
Por un saber comprometido................................................................. 105
YL1 EL CAMPO POLÍTICO
SEGUNDA PARTE
Intervenciones políticas de Pierre Bourdieu desde 1960
“Utopías sociológicamente fundadas”
Franck Poupeau - Nicolás Carón........................................................... 113
Postfacio
Por una nueva Aufklárung europea.................................................... 211