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Una Inquisición Conversa

El libro 'La Monarquía Hispánica y las Minorías' explora las dinámicas de poder y las estrategias de negociación política entre las minorías socio-religiosas en la Península Ibérica durante la Edad Moderna, centrándose en los judeoconversos y moriscos. A través de diversos capítulos, se analizan temas como la identidad, la integración social y la participación económica de estas comunidades, así como sus interacciones con la Monarquía Hispánica. La obra busca contribuir al entendimiento de las complejas relaciones entre estas minorías y el estado, desafiando la percepción de que eran grupos homogéneos y aislados.
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Una Inquisición Conversa

El libro 'La Monarquía Hispánica y las Minorías' explora las dinámicas de poder y las estrategias de negociación política entre las minorías socio-religiosas en la Península Ibérica durante la Edad Moderna, centrándose en los judeoconversos y moriscos. A través de diversos capítulos, se analizan temas como la identidad, la integración social y la participación económica de estas comunidades, así como sus interacciones con la Monarquía Hispánica. La obra busca contribuir al entendimiento de las complejas relaciones entre estas minorías y el estado, desafiando la percepción de que eran grupos homogéneos y aislados.
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LA MONARQUÍA HISPÁNICA
Y LAS MINORÍAS

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS
Élites, poder e instituciones

Ana Isabel López-Salazar


Francisco J. Moreno Díaz del Campo (coords.)

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Este libro se ha publicado en el marco del proyecto de investigación “La Monarquía Hispá-
nica y las minorías: agentes, estrategias y espacios de negociación” (Ref.: HAR2105-70147-R
del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España y ha contado con
la colaboración de la Facultad de Educación de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Todos los capítulos de este libro han pasado por un proceso de revisión por pares

© Ana Isabel López-Salazar (coord.), 2019


© Francisco J. Moreno Díaz del Campo (coord.), 2019
© Del resto de autores, 2019

Editor: Ramiro Domínguez Hernanz

Diseño de cubierta: Ramiro Domínguez


© Imagen de cubierta: Azulejo (n.º inv. 8015). Siglo xv. © Museo de Teruel

C/ San Gregorio, 8, 2, 2ª Madrid


España
www.silexediciones.com

ISBN: 978-84-7737-914-0
Depósito Legal: M-30900-2019
Colección: Sílex Universidad

Dirección editorial: Cristina Pineda i Torra

Impreso y encuadernado en España

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o


transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de
sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro
Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún
fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 372 04 97)

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CONTENIDO

introducción
11

la monarquía hispánica y las minorías:


una visión comparada de las estrategias de negociación política
Ana Isabel López-Salazar
Francisco J. Moreno Díaz del Campo
15

“bom senso e bom gosto”.


Los judíos en contacto con las monarquías ibéricas:
protocolo y apariencia
José Alberto Rodrigues da Silva Tavim
59

los moriscos granadinos y la gracia del rey


Bernard Vincent
85

vivir y negociar. los moriscos entre dos mundos


Luis F. Bernabé Pons
123

una inquisición conversa.


la presencia de judeconversos entre los ministros
del santo oficio
Enrique Soria Mesa
149

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las complejas negociaciones de la inquisición
con los señores y moriscos de aragón
Rafael Benítez Sánchez-Blanco
175

las élites moriscas del albaicín de granada


en sevilla, 1570-1610
Rafael M. Pérez García
Manuel F. Fernández Chaves
219

el inicio de una epopeya financiera.


la entrada de los banqueros cristianos
nuevos portugueses en la deuda pública
de la monarquía hispánica, 1574-1580
Ana Sofia Ribeiro
247

entre la etnia conversa, la burguesía mercantil


y la nobleza. heitor mendes de brito “o rico”:
nuevos documentos, nuevas interpretaciones
Claude B, Stuczynski
275

la NAÇÃO entre la corte y la ciudad.


los cristianos nuevos portugueses en la ciudad eterna
James Nelson Novoa
311

la movilidad de los moros y moriscos, esclavos o forzados,


y el periplo de los renegados (siglos xvi-xvii)
Miguel Fernando Gómez Vozmediano
339

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movilidad morisca en la corona de castilla, 1570-1610
Ramón Sánchez González
371

¿una alternativa pedagógica en tiempos inquisitoriales?


LA CUARTA PARTE DE LA INTRODUCCIÓN DEL SÍMBOLO DE LA FE (1583)

Axel Kaplan Szyld


409

cultura escrita y criptojudaísmo


en la paraíba (brasil) del siglo xviii
Bruno Feitler
431

del imperialismo mesiánico de los primeros


austrias al de juan v de portugal:
discursos iconográficos comparados de alteridad
(moriscos y turcos)
Borja Franco Llopis
Iván Rega Castro
455

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INTRODUCCIÓN

El estudio de las minorías socio-religiosas de la Península Ibérica


durante la Edad Moderna constituye una de las líneas de trabajo
más fecundas de la historiografía modernista. Las aportaciones al
conocimiento de los judeoconversos y los moriscos no han dejado
de crecer en los dos últimos lustros. Se trata de un desarrollo que no
ha sido únicamente cuantitativo, sino que también se ha apoyado
en el empleo de nuevas fuentes, en el planteamiento de preguntas
más allá de las fronteras metodológicas tradicionales y en el análisis
de espacios, hasta ahora considerados marginales, que trascienden
el propio ámbito peninsular.
El peso de la herencia historiográfica es innegable y constituye
el principal punto de anclaje sobre el que se ha fundamentado el
crecimiento antes señalado. Sin duda alguna, uno de los temas que,
de manera tradicional, preocupó a los autores dedicados al estudio
de conversos y moriscos fue el de su identidad religiosa: saber de sus
creencias e internarse en sus sentimientos y prácticas devocionales
fueron cuestiones que acapararon gran parte de lo escrito en el tramo
final de la centuria pasada. El interés que despertaron estos aspectos
corrió en paralelo a la explotación sistemática de la documentación
inquisitorial, cuya riqueza permitió conocer el grado de adhesión al
cristianismo de ambas minorías.
Durante los años ochenta y noventa del siglo xx, también fue sig-
nificativo el estudio de la realidad social y económica de los conversos
de moro y judío. En el caso de estos últimos, las investigaciones se
adentraron también en aspectos relacionados con su participación en
las instituciones locales, en cabildos catedralicios o en corporaciones
de diferente tipo, aspectos todos ellos que han guiado la investigación
en los últimos años. Junto a ello, también ha constituido un objeto
de atención preferente el estudio de su actividad económica y de
su participación en los circuitos de financiación de la Monarquía
Hispánica. No fueron menos relevantes las contribuciones desde el

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INTRODUCCIÓN

lado de lo morisco, donde cobró especial importancia el estudio de


la demografía, la economía productiva y la integración social. Con
todo, en los últimos tiempos, uno de los temas más relevantes ha sido
el relativo a los regresos clandestinos y la cuestión de la permanencia
tras la expulsión, línea de trabajo que, en cierto modo, retoma el
estudio del impacto del destierro.
Todo ello ha permitido constatar las enormes dificultades que
existen a la hora de considerar a moriscos y conversos (castellanos
o lusos) como bloques monolíticos, homogéneos desde el punto de
vista social, cohesionados culturalmente e imbuidos de unas mismas
aspiraciones económicas.
De manera reciente, los investigadores han orientado sus miradas
hacia la cuestión de la identidad o identidades de ambas minorías
tanto en los reinos ibéricos como en la diáspora. El mantenimiento
de la tradición, la puesta en marcha de procesos de solidaridad interna
o el reforzamiento de la cohesión comunitaria como instrumento
para hacer frente a las dificultades de integración son algunas de las
cuestiones que más interés han despertado. Junto a ello, también
ha resultado destacado el estudio de las negociaciones que unos y
otros mantuvieron con la Monarquía Hispánica. Si en el caso de la
minoría judeoconversa los trabajos sobre las negociaciones de los
conversos portugueses con la Corona en tiempos de la Unión Ibérica
han puesto de manifiesto las tensiones internas de este grupo, sus
diferentes objetivos políticos y sus variadas estrategias, las aportaciones
relativas a moriscos no han sido menos interesantes. Especialmente
atractivos han resultado los trabajos que han incidido en el pacto
fiscal que los granadinos negociaron con la Corona antes de la guerra
de las Alpujarras y la prolongación del mismo una vez repartidos los
vencidos en Castilla, así como el estudio de los procesos de recons-
trucción de las élites moriscas en el exilio. También los procesos de
negociación desarrollados en la Corona de Aragón, siempre con la
Inquisición de por medio.
A pesar de todo, las historiografías sobre los moriscos, los judeo-
conversos castellanos y los cristãos-novos portugueses han dialogado
poco. De manera tradicional se ha dado por bueno que conversos de
judíos y de moros fueron grupos estancos, sin apenas conexión entre

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INTRODUCCIÓN

ellos. A ello ha contribuido la conciencia de que su distinto estatus


social, su diferente posición económica y su no menos desigual consi-
deración por parte de los cristianos viejos, los convirtió en realidades
históricas incomparables. Con todo, cada cierto tiempo, han aparecido
loables intentos que invitan a reflexionar sobre las historias paralelas
de ambos grupos, pero no es menos verdad que el camino que queda
por recorrer es aún largo. Además, estas reflexiones comparadas, muy
loables, se han circunscrito al caso español (comparando moriscos
y judeoconversos) o al de los descendientes de antiguos judíos (en
ambos reinos de la península ibérica), sin atreverse a plantear una
visión general de las minorías socio-religiosas en la que pudiese inte-
grarse a moriscos castellanos, granadinos, aragoneses y valencianos,
así como judeoconversos españoles y cristianos nuevos portugueses.
Sirvan, pues, las páginas que siguen para tratar de añadir a este
panorama un modesto grano de arena que, en este caso y como
indica el título que da nombre al presente volumen, solo pretende
acercarse a los procesos de participación y negociación política en que
se vieron inmersos o de los que participaron ambos grupos durante
los siglos xvi y xvii.

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS:
UNA VISIÓN COMPARADA DE LAS ESTRATEGIAS
DE NEGOCIACIÓN POLÍTICA*
Ana Isabel López-Salazar
Universidad Complutense de Madrid
Francisco J. Moreno Díaz del Campo
Universidad de Castilla-La Mancha

En el tránsito del siglo xvi al xvii, las dos minorías socio-religiosas


de la península ibérica eran la de los moriscos, tanto castellanos
como de la Corona de Aragón, y la de los cristianos nuevos portu-
gueses1. Ello no quiere decir que hubiese desaparecido totalmente el
criptojudaísmo castellano autóctono2. Sin embargo, los conversos
castellanos habían dejado de constituir un grupo social diferencia-
do, salvo en algunos casos aislados. Como ha puesto de manifiesto
Enrique Soria, en tiempos de Felipe II personas con sangre con-
versa se habían integrado, con mayores o menores problemas en
función de los casos y las circunstancias, en las instituciones de la
Monarquía, la nobleza, la Iglesia y los ayuntamientos3. Por lo tanto,
consideramos necesario prestar atención de manera comparada a
los moriscos y a los cristãos-novos para entender la política de la
Monarquía Hispánica con respecto a las minorías, percibidas como
tales por el propio aparato institucional de la Corona y presentadas
*
Trabajo realizado en el marco del proyecto de investigación HAR2105-70147-R.
1
Con el fin de evitar la confusión entre conversos castellanos y portugueses, en adelan-
te nos referiremos a estos últimos como cristãos-novos.
2
Charles AMIEL: “Les cent voix de Quintanar: Le modèle castillan du marranisme
(I)”, Revue de l’histoire des religions, 218(2) (2001), pp. 195-280 y “Les cent voix de
Quintanar: Le modèle castillan du marranisme (II)”, Revue de l’histoire des religions,
218(4) (2001), pp. 487-577; Jaime CONTRERAS CONTRERAS: “Criptojudaismo
en la España Moderna: clientelismo y linaje”, Áreas. Revista Internacional de Ciencias
Sociales, 9 (1988), pp. 77-101.
3
Enrique SORIA MESA: La realidad tras el espejo. Ascenso social y limpieza de sangre
en la España de Felipe II, Valladolid, Ediciones de la Universidad de Valladolid, 2016.
Enrique SORIA MESA: “Una Inquisición conversa. La presencia de judeconversos
entre los ministros del Santo Oficio”, publicado en este mismo libro.

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ANA ISABEL LÓPEZ-SALAZAR Y FRANCISCO J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO

así a veces por los propios representantes y procuradores de esos


grupos.
Comparar ambos colectivos resulta posible en el estado actual de
la investigación debido tanto a los grandes avances historiográficos
a los que hemos asistido en los últimos años como a la existencia
de muy útiles y meritorios estudios que han comparado judeocon-
versos y moriscos en España4. Además, las obras clásicas sobre los
judeoconversos, tanto castellano-aragoneses como portugueses,
siempre prestaron atención a la realidad de la minoría en el otro
reino5. Llegado este momento, se impone, por lo tanto, intentar
presentar una visión panorámica y comparada de la política de la
Monarquía Hispánica con respecto a los cristãos-novos y a los moriscos,
dejando de lado a los judeoconversos castellanos. No pretendemos,
con este planteamiento, acercar en ningún caso la realidad social de
los moriscos a la de los cristãos-novos, pues ambos grupos resultan
profundamente diferentes y presentan características muy diversas.
Nuestro objetivo consiste en intentar vislumbrar si, en algún momento,
pudo existir una concepción general del problema político que para
la Monarquía Hispánica suponía la existencia de ambos grupos en
territorio peninsular, es decir, si las instituciones y los ministros de
la monarquía percibieron ambas minorías en conjunto, como un
problema al que cabía aplicar las mismas soluciones. Por otro lado,
nos interesa saber si las estrategias puestas en marcha por cada uno
de los grupos pudieron influir y ser imitadas por el otro.
Aunque nos interesa especialmente el período en que ambos
grupos estuvieron bajo la misma estructura política, resulta comple-
tamente imposible circunscribir el análisis a los años comprendidos
entre 1580 y 1640. Por ello, hemos decidido analizar todo el período
comprendido entre las conversiones forzadas y el inicio de la guerra
4
James S. AMELANG: Historias paralelas. Judeoconversos y moriscos en la España mo-
derna, Madrid, Akal, 2011.
5
José AMADOR DE LOS RÍOS: Historia social, política y religiosa de los judíos de
España y Portugal, Madrid, Imprenta de T. Fortanet, 1875-1876; João Lúcio de AZE-
VEDO: História dos cristãos-novos portugueses, Lisboa, Clássica Editora, 1989 [1ª ed.:
1921]; Antonio DOMÍNGUEZ ORTIZ: Los judeoconversos en España y América, Ma-
drid, Istmo, 197; Markus SCHREIBER: “Judíos y conversos, castellanos y portugue-
ses. Una nueva perspectiva para una vieja temática”, original no publicado disponible
en red; recuperado de https://bit.ly/2VQaQd4 [fecha de consulta 07.03.2019].

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS: UNA VISIÓN COMPARADA...

de Restauración. Para estudiar la política de la Corona y las estrategias


de negociación de las dos minorías, hemos elegido cinco aspectos que
constituyen otros cinco grandes temas del debate político en el que
participaron moriscos y cristãos-novos, si bien de manera separada,
la Monarquía y otras instituciones como la Iglesia y la Inquisición:
la jurisdicción y el procedimiento inquisitorial, los edictos de gracia
y perdones generales, las confiscaciones y multas por crímenes de
herejía, las limitaciones a la libertad de movimiento y los proyectos
de expulsión de ambas minorías. Hemos dejado voluntariamente de
lado los amplísimos debates sobre las inhabilitaciones, la limpieza
de sangre y los estatutos porque, en este aspecto concreto, resulta
mucho más interesante comparar la realidad castellano-aragonesa de
los conversos y la portuguesa de los cristãos-novos que la portuguesa
y la de los territorios de Aragón y Valencia.

LA JURISDICCIÓN INQUISITORIAL Y SU PROCEDIMIENTO

Tanto la conversión de los mudéjares como la de los judíos fue-


ron acompañadas de negociaciones que pretendieron lograr que los
neófitos no fuesen inquiridos por cuestiones de fe durante cierto
tiempo. Solo lo lograrían los cristãos-novos a finales del siglo xv y
los moriscos de Valencia en el tramo central del xvi. En 1497, don
Manuel dispuso que los conversos lusos no fueran perseguidos por
motivos religiosos durante veinte años y que, pasado este plazo,
los juicios por herejía siguiesen las reglas del proceso civil. Poco
después, en 1502, algunas de las aljamas más importantes de Cas-
tilla (entre ellas las del Campo de Calatrava y valle de Ricote) se
convirtieron de manera voluntaria y, a cambio y entre otras cosas,
consiguieron de los monarcas el compromiso de no ser investigados
por la Inquisición en aquellas cuestiones relativas a actos presun-
tamente heréticos cometidos sin malicia6. Ambas concesiones, la
de don Manuel y la de los Reyes Católicos, fueron ratificadas a
6
Luis VÁZQUEZ FERNÁNDEZ: “Privilegio de no expulsión de los moriscos anti-
guos de las Cinco Villas del Campo de Calatrava (Ciudad Real)”, en Conflictos sociales
y evolución Económica en la Edad Moderna (I). Actas del I Congreso de Historia de

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ANA ISABEL LÓPEZ-SALAZAR Y FRANCISCO J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO

principios de la década de 1510. En 1512, el rey portugués prolongó


la exención de investigaciones hasta 1534. Por su parte, en 1514, la
reina doña Juana ratificó lo concedido en 1502.
En Castilla debieron surgir problemas a finales de aquella misma
década, momento en el que los moriscos iniciaron toda una serie
de reivindicaciones que cabe encuadrar en el deseo de consolidar
lo concedido por Isabel y Fernando. En 1524, lograron que la Su-
prema aclarase la forma en que debían intervenir los tribunales,
dictaminando de manera específica que toda actuación tenía que
producirse a raíz de la existencia de indicios sólidos y únicamente en
aquellas “cosas que concluían derechamente heregía”7. El dictamen
inquisitorial se amparaba en la concesión de Adriano VI, en 1521, de
mercedes similares, que fueron posteriormente ratificadas debido a
su incumplimiento. Coincidiendo con la estancia del emperador en
Granada, los moriscos enarbolaron peticiones semejantes y, a partir
de la celebración de la Junta de la Capilla Real, consiguieron que la
actuación del Santo Oficio se desarrollase siguiendo el mismo criterio
de moderación aplicado en Castilla8. Como veremos, la capacidad
de maniobra de la que dispusieron fue mucho menor que en el
caso de sus correligionarios valencianos9. Prueba de ello es que, en
1539, los granadinos apenas aspiraban a que las concesiones hechas
por Manrique en 1524 se mantuvieran activas. Tres años después,
la situación era muy muy similar: a pesar de ofrecer importantes
sumas de dinero a la Monarquía y a pesar también de contar con la
aquiescencia regia, los moriscos tuvieron que ver cómo la posibilidad
de modificar el procedimiento quedaba aparcada en la negociación

Castilla-La Mancha, Toledo, Servicio de Publicaciones de la Junta de Comunidades


de Castilla-La Mancha, 1988, vol. VII, pp. 290-291.
7
Manuel DANVILA Y COLLADO: La expulsión de los moriscos españoles. Conferencias
pronunciadas en el Ateneo de Madrid. Madrid, Librería de Fernando Fé, 1889, p. 90.
8
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “La política de Carlos V hacia los moris-
cos granadinos”, en José MARTÍNEZ MILLÁN e Ignacio Javier EZQUERRA RE-
VILLA (coords.): Carlos V y la quiebra del humanismo político en Europa (1530-1558),
Madrid, Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y
Carlos V, 2001, vol. I, p. 419.
9
Ibídem, p. 431.

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS: UNA VISIÓN COMPARADA...

y cómo las decisiones para limitar la actuación del tribunal fueron


perdiendo vigencia y eficacia desde mediados del siglo xvi10.
En Valencia, las peticiones moriscas en lo relativo a la intervención
inquisitorial también datan de la época de las conversiones. En 1525,
los notables moriscos desplazados a la corte para negociar con el
emperador solicitaron la inhibición del tribunal. Ante tales preten-
siones, Manrique sólo accedió a conceder lo mismo que en Granada.
El acuerdo no tardaría en generar dudas. En 1528, el emperador y el
inquisidor general se vieron obligados a explicar lo otorgado en 1525,
confirmando los términos de su concesión, pero sin que, en modo
alguno, ello supusiera una inhibición total del Santo Oficio11. Así
trataron de responder a la falsa creencia de que los moriscos gozarían
de un periodo de gracia continuado e ininterrumpido de cuarenta
años, aspecto que, como demostró Benítez Sánchez-Blanco, nunca
se contempló ni en los acuerdos de Manrique con los castellanos y
los granadinos ni en la concordia del emperador con los alfaquíes de
Valencia12. Finalmente, también se hizo extensible el acuerdo original
al resto de comunidades de la Corona de Aragón13.
El verdadero cambio para los moriscos valencianos llegará a partir
de 1542, momento en el que los señores pidieron la inhibición del
tribunal. Sus peticiones fueron escuchadas por Carlos V y, a pesar
de que su exigencia inicial fue suavizada, los moriscos gozaron
desde aquel momento de un periodo de exención de la jurisdicción
inquisitorial que se prolongaría durante dieciséis años, algo que, en

10
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “La Inquisición ante los moriscos”, en
Joaquín PÉREZ VILLANUEVA y Bartolomé ESCANDEL BONET (dirs.): Historia
de la Inquisición en España y América. Volumen III: Temas y problemas, Madrid, Bi-
blioteca de Autores Cristianos, 2000, p. 716. Jean Pierre DEDIEU: “Entre religión y
política: los moriscos’, Manuscrits. Revista d’Història Moderna, 12 (1994), p. 74.
11
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “La Inquisición ante...”, p. 708.
12
Fue el propio Benítez, quien desmontó el “mito de los cuarenta años” de inhibición
a través del exhaustivo análisis de lo contenido en las negociaciones visto más arriba
y por medio del estudio de las distintas aportaciones historiográficas desde Danvila
hasta finales del siglo xx. Véase Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: Heroicas
decisiones. La Monarquía Católica y los moriscos valencianos, Valencia, Institució‘Alfons
el Magnànim’, 2001, pp. 102-104.
13
Ibídem, pp. 104-112.

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ANA ISABEL LÓPEZ-SALAZAR Y FRANCISCO J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO

palabras de Benítez, prácticamente supuso la anulación del tribunal,


al menos hasta los años sesenta14.
Como vemos, a excepción del caso de Valencia entre 1542 y 1560,
los moriscos no lograron, como pretendían, escapar a la jurisdicción
del Santo Oficio. Tampoco duró la inhibición de los tribunales
eclesiásticos portugueses en el caso de las prácticas judaizantes de
los cristãos-novos. Así, a inicios de la década de 1530, algunos obispos
comenzaron a ocuparse de los casos de herejía judaizante, siguiendo,
además, el procedimiento secreto15. Poco después, la bula Cum ad nihil
magis, del 23 de mayo de 1536, estableció la Inquisición en Portugal,
si bien dispuso que durante los primeros tres años se siguiesen las
normas del proceso civil para crímenes de robo y homicidio y que
se revelasen a los acusados los nombres de los testigos, salvo que se
tratase de personas poderosas.
El examen de los asuntos que los moriscos negocian con la
Corona y la Inquisición revela que, a partir de la década de 1540,
la voluntad de los conversos de moro no fue tanto la de lograr
cambios profundos en el procedimiento inquisitorial, como la de
conseguir aplazamientos en la actuación del Santo Oficio mediante
la promulgación de edictos de gracia o la exención de confiscaciones,
como veremos más adelante. Por el contrario, en Portugal, el debate
sobre el procedimiento inquisitorial se mantuvo plenamente vigente
durante los siglos xvi y xvii. Desde antes del establecimiento de la
Inquisición hasta la publicación de las instrucciones de 1774, no hubo
aspecto del Santo Oficio que más debates generase que la justicia de
su procedimiento judicial.
Como ya fue señalado, la integración de Portugal en la Monarquía
Hispánica supuso una modificación de la táctica empleada por los
cristãos-novos para hacer frente a la Inquisición y solicitar la modi-
ficación su procedimiento. Así, el debate sobre la justicia del modo
de proceder del tribunal adquirió nuevas connotaciones porque los
cristianos nuevos recurrieron, constantemente, a la comparación entre
el procedimiento seguido por el tribunal portugués, considerado
14
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “La Inquisición ante...”, p. 712.
15
Giuseppe MARCOCCI: I custodi dell´ortodossia. Inquisizione e Chiesa nel Portogallo
del Cinquecento, Roma, Edizioni di Storia e Letteratura, 2004, pp. 46-47.

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS: UNA VISIÓN COMPARADA...

inicuo, y aquel otro utilizado en las Inquisiciones de España e Italia.


Ello permitía atacar el modo de actuar de los inquisidores lusitanos
sin cuestionar la propia existencia del Tribunal16. De acuerdo con
los conversos, la Inquisición procesaba a partir de las declaraciones
de testigos falsos y detenía y sentenciaba basándose en pruebas
defectuosas en Derecho; los propios reos confesaban falsedades
para escapar de la condena a muerte; los inquisidores realizaban los
interrogatorios de tal modo que inducían a los reos a declarar lo
que no habían hecho; en los autos no se transcribían exactamente
las palabras pronunciadas por los acusados y los procesos duraban
mucho más de lo necesario17.
En algunos casos, estas quejas fueron presentadas en Roma y
dieron lugar a la intervención de los Sumos Pontífices. Así ocu-
rrió a comienzos de la Unión Dinástica, cuando las críticas de los
cristãos-novos contra el procedimiento inquisitorial se mezclaron
con las peticiones para conseguir un perdón general de las culpas de
judaísmo. En 1596, por ejemplo, unos conversos de Serpa, llamados
ambos Manuel Fernandes, después de haber sido reconciliados por el
tribunal de Évora, huyeron a Roma. Allí declararon que habían sido
acusados de judaísmo por testigos falsos y que ellos mismos habían
confesado el delito de herejía y declarado contra otros conversos
falsamente, para escapar de la condena a muerte18. A raíz de estas
quejas, Clemente VIII escribió al obispo de Elvas, nuevo inquisidor
general, para que los jueces del tribunal no procediesen contra los
conversos sin indicios legítimos y se abstuviesen de interrogarlos de
modo sugestivo o capcioso19. Poco después, otros cristianos nuevos

16
Ana Isabel LÓPEZ-SALAZAR: “Che si riduca al modo di procedere di Castiglia”:
el debate sobre el procedimiento inquisitorial portugués en tiempos de los Austrias”,
Hispania Sacra, 59 (119) (2007), pp. 243-268.
17
ANTT, TSO, CG, liv. 314, fol. 19r-22r. ANTT, TSO, CG, liv. 208, fol. 138r-142r. Cf.
Juan Igancio PULIDO SERRANO: Injurias a Cristo. Religión, política y antijudaísmo
em el siglo XVII, Alcalá de Henares, Instituto Internacional de Estudios Sefardíes y
Andalusíes-Universidad de Alcalá, 2002, pp. 80-81.
18
ANTT, TSO, CG, liv. 92, fol. 68v: “Copia da relaçam de dous portugueses que ham
aparecido em Roma fugidos da Inquisiçam de Évora a qual Sua Mgestade mandou ao
Senhor bispo inquisidor general”.
19
Carta de Clemente VIII a D. António Matos de Noronha (19, septiembre, 1596),
ANTT, TSO, CG, liv. 369, fols. 249v-250r.

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huidos a Roma, los Duarte, presentaron ante el papa unos escritos


en contra de la Inquisición portuguesa.
No obstante, las quejas de los cristãos-novos en Roma no darían
lugar a una modificación del procedimiento inquisitorial portugués
hasta el último tercio del siglo xvii, tras los ásperos debates que
provocaron la suspensión del tribunal entre 1674 y 1681. Durante
la Unión Dinástica, los Habsburgo intentaron siempre impedir la
intromisión de Roma en lo que consideraban los asuntos internos
de una de las instituciones de la Monarquía. Así, por ejemplo, fue
el propio Felipe II quien dispuso la respuesta que debía dar el in-
quisidor general al breve de Clemente VIII antes citado. El monarca
recomendó al inquisidor general que advirtiese al papa acerca de la
inconveniencia de dar oídos a las quejas de los cristãos-novos pues
estas serían, con toda probabilidad, calumnias20.
Sin embargo, los conversos no se limitaron a presentar sus críticas
contra el procedimiento inquisitorial en Roma. En tiempos de la Unión
Dinástica, la principal batalla se libró en la corte del Rey Católico,
donde tanto a principios del siglo xvii como en la década de 1620
se reunieron varias juntas que, entre otros aspectos, analizaron las
quejas presentadas por los conversos y plantearon algunas reformas
del modo de proceder del tribunal luso. La primera de ellas tuvo
lugar en Valladolid en 1602; se reunió para debatir sobre el modo de
proceder de la Inquisición portuguesa, su estructura institucional y su
gobierno, con el objetivo de atajar las quejas presentadas en Roma por los
conversos. El 21 de septiembre de 1603 la junta acordó unos capítulos para
la reforma del Santo Oficio que fueron confirmados primero por Felipe
III y, más tarde, por una nueva junta reunida también en Valladolid en
septiembre del año siguiente. En ellos no se introducían modificaciones
sustanciales en el modo de proceder. No obstante, se intentaban atajar las
principales críticas de los cristãos-novos. Así, se advertía de la necesidad
de proceder con suma cautela en el caso de condenas basadas en
testigos singulares, se buscaba evitar que los inquisidores dirigiesen
las respuestas de los reos a sus preguntas, se intentaba garantizar la

20
Carta de Felipe II a D. António Matos de Noronha (1596, diciembre, 23), ANTT,
TSO, CG, liv. 92, fol. 71r-71v.

5 22

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS: UNA VISIÓN COMPARADA...

posibilidad de defensa de los reos y se procuraba que las declaraciones


de éstos fuesen recogidas en los autos del proceso con total fidelidad.
No obstante, ninguna de estas medidas satisfacía las dos reclamaciones
principales de los cristãos-novos: la supresión del secreto procesal y la
invalidez de los testigos singulares21.
En tiempos de Felipe IV, nuevas quejas de los cristãos-novos dieron
lugar a la reunión de otras juntas en Madrid en las que se debatió
el procedimiento. No obstante, como ya señaló Pulido Serrano, a
pesar de la ansiedad que estas reuniones generaron en la Inquisición,
la Iglesia y parte de la sociedad portuguesa, no hubo cambios en el
procedimiento inquisitorial que pudiesen beneficiar, en modo alguno,
a los cristianos nuevos. Así, en 1622, una junta presidida por el padre
confesor fray Antonio de Sotomayor concluyó que, en lo sustancial,
los estilos de las Inquisiciones ibéricas eran los mismos y que, por lo
tanto, no resultaba necesario introducir ninguna modificación en el
modo de proceder de la portuguesa. Esta conclusión fue ratificada
en la junta de 1626, también presidida por Sotomayor. No obstante,
la mayor parte de los miembros de este segundo cónclave propuso
que se enviasen a Madrid algunos procesos de la Inquisición portu-
guesa para que fuesen analizados por miembros de la Suprema. Así
se podría averiguar si los inquisidores lusos procedían conforme a
Derecho y los testigos eran dignos de crédito22.
El único intento real de Felipe IV de introducir alguna modifica-
ción, si bien leve, en el procedimiento inquisitorial portugués fue la
carta regia del 11 de marzo de 1628. En ella, el monarca manifestaba
una especial preocupación por la necesidad de castigar a los testigos
falsos, que, según clamaban algunos, causaban la condena de nu-
merosos cristianos nuevos inocentes. Pero, además, la carta de 1628
intentaba atender dos de las principales reclamaciones de los conversos:
las que tenían que ver con el secreto y con los testigos singulares. Por
un lado, ordenaba que se comunicase a los encausados el día, mes y
21
Sobre las juntas de Valladolid, el contexto en el que se reunieron y las medidas que
aprobaron relativas a la organización institucional y gobierno de la Inquisición por-
tuguesa, véase Ana Isabel LÓPEZ-SALAZAR: Inquisición y política. El gobierno del
Santo Oficio en el Portugal de los Austrias (1578-1653), Lisboa, CEHR-UCP, 2011, pp.
342-343.
22
Ibídem, pp. 344-346.

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ANA ISABEL LÓPEZ-SALAZAR Y FRANCISCO J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO

año en que habían cometido el delito de herejía. Por otro, disponía


que no se condenase a relajación a reos cuyo delito se probase por
medio de testigos singulares de tiempo. Como vemos, en estos dos
casos, la carta regia de 1628 había ido más allá que las resoluciones de
la junta de 160323. No obstante, al igual que había ocurrido en aquel
momento, ahora los intentos de la Corona de introducir cualquier
modificación en el procedimiento inquisitorial portugués acabaron
en fracaso. El Consejo General, que gobernaba la institución desde
la muerte de don Fernão Martins Mascarenhas en enero, se negó a
modificar los estilos y prácticas procesales de la Inquisición y alegó,
además, que no podían introducirse cambios sin que previamente
se hubiera dado cuenta de ellos al papa. Por lo tanto, las tímidas
reformas de la carta regia de 1628 quedaron sin efecto.
No obstante, continuaron las quejas de los cristãos-novos contra el
procedimiento, en general, y contra el comportamiento de algunos
ministros del tribunal, en particular. Por ello, en agosto de 1629 Fe-
lipe IV encargó al nuevo inquisidor general don Francisco de Castro
que visitase personalmente los tres tribunales, empezando por el de
Coimbra. Castro llevó a cabo este cometido entre noviembre de
1630 y septiembre de 1632. Como no podía ser de otro modo, de la
visita resultó que los inquisidores procedían conforme a Derecho y
los testigos falsos eran descubiertos y castigados. Finalmente, Felipe
IV, en enero de 1633, aprobó los estilos del Santo Oficio portugués y
ordenó que, en adelante, los memoriales de quejas de los cristianos
nuevos fuesen remitidos al inquisidor general24.

LOS EDICTOS DE GRACIA Y PERDONES GENERALES

Junto a la reforma del procedimiento inquisitorial, moriscos y


cristãos-novos solicitaron en varias ocasiones perdones generales o

23
Sobre la carta regia de 1628, véase João Lúcio de AZEVEDO: História dos cristãos-no-
vos..., pp. 187-188. Juan Ignacio PULIDO SERRANO: Injurias a Cristo…, pp. 95-96.
24
João Lúcio de AZEVEDO: História dos cristãos-novos..., p. 217. António BAIÃO:
“El-Rei D. João IV e a Inquisição”, Anais da Academia Portuguesa da História, ciclo da
Restauração de Portugal, 6 (1942), pp. 11-70.

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS: UNA VISIÓN COMPARADA...

edictos de gracia que permitiesen cancelar las culpas de herejía sin


tener que pasar por un proceso inquisitorial y, como consecuencia,
sin tener que abjurar públicamente en un auto de fe ni sufrir la
pena de confiscación de bienes. Sus mayores éxitos se produjeron
cuando lograron el perdón de sus culpas mediante la absolución
sacramental. Así ocurrió en el caso de los perdones generales con-
cedidos a los cristãos-novos en 1535, 1547 y 1604 y en el de algunos
edictos de gracia otorgados a los moriscos, como el de 1542 relativo
a los de Valencia.
En el caso de los moriscos, las primeras noticias que se poseen
en este sentido enlazan con la finalización de las moratorias que
los Reyes Católicos habían concedido a los antiguos mudéjares de
Castilla. Algunas de ellas fueron incluidas en los acuerdos firmados
por las aljamas y los monarcas en el mismo momento en el que se
produjeron las conversiones. En su inmensa mayoría debieron man-
tenerse vigentes hasta, al menos, finales de la segunda década del
Quinientos, momento en el que ciertas comunidades del arzobispado
de Toledo comenzaron a mostrarse inquietas por la actuación del
Santo Oficio25. Resultado de ello fue la sucesión de edictos de gracia
que, entre 1518 y 1521, beneficiaron a algunas de las comunidades de
moriscos viejos como las de Cuenca y Murcia26.
Por lo que respecta a los reinos de Granada y de Valencia, los
procesos de negociación que desembocaron en la promulgación
de edictos de gracia parecen haber corrido en paralelo. En 1525, la
Inquisición ordenó la publicación de un edicto extraordinario en
Valencia con el que pretendía cerrar el tormentoso proceso de con-
versión de los moriscos de aquel reino27. Tan solo un año después
tuvo lugar la promulgación de otro en Granada, concebido en los
mismos términos que el valenciano y que, como aquel, pretendía
ser un contrapeso a las medidas que limitaban la capacidad de
25
Francisco J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO: Los moriscos de La Mancha. Sociedad,
economía y modos de vida de una minoría en la Castilla moderna, Madrid, CSIC, 2009,
pp. 48-49.
26
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “La Inquisición ante...”, p. 706.
27
Ibídem, p. 707. Sobre las conversiones, Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO:
“¿Cristianos o Bautizados? La trayectoria inicial de los moriscos valencianos”, Estudis.
Revista de Historia Moderna, 26 (2000), p. 707.

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ANA ISABEL LÓPEZ-SALAZAR Y FRANCISCO J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO

expresión cultural de la minoría. Habrá que esperar a 1537 para que


los granadinos vuelvan a reclamar un perdón general y la exención
de confiscaciones y multas. En aquel momento, la Inquisición se
mantuvo rígida. La presión morisca volvería a hacerse presente en 1539
y, aunque siempre estuvo de por medio la posibilidad de conceder
jugosos subsidios a la Corona, no es menos cierto que el rédito fue
mínimo si lo comparamos con el obtenido por los valencianos28.
Como dijimos, en 1542, el emperador decidió ceder, en parte, a las
reivindicaciones de los señores valencianos. Por un lado, ordenó la
concesión de un edicto de gracia extraordinario, del que se gozaría
mediante confesión sacramental. Por otro, determinó que, durante
dieciséis años, el Santo Oficio no se ocuparía de los convertidos29.
Mejor organizados, más ricos y con mayores posibilidades de
presión en Roma, los cristãos-novos fueron capaces de obtener gracias
más sustanciales, plasmadas en los dos perdones generales de 1535 y
1547. El 12 de octubre de 1535, antes de la instauración de la Inquisición
en Portugal, Pablo III expidió el breve Illius vices y, en mayo de 1547,
un segundo perdón general precedió a la instauración definitiva del
Santo Oficio, que tuvo lugar en virtud de la bula del 16 de julio de
dicho año. En ambos casos, los conversos lograron que las culpas
de judaísmo cometidas hasta el momento de la publicación de los
breves quedasen canceladas por medio de la confesión sacramental.
Es la década de los cuarenta la que también abre el camino a la
concesión de diferentes edictos de gracia promulgados a favor de
las comunidades de antiguos mudéjares de Castilla y Andalucía30,
pero lejos de ser muestra de fuerza todo indica que, más bien, son
síntoma del repliegue morisco y el resultado de una posición de de-
bilidad, especialmente tras la ofensiva desplegada en Castilla por el
Santo Oficio en esa misma década. Así, y al menos por lo que se sabe
hasta ahora, el edicto de gracia quedaba abocado a ser un elemento
secundario tanto en su capacidad coercitiva como en relación con su
efectividad en tanto que instrumento de evangelización, tal y como

28
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “La política de Carlos V...”, pp. 427–31.
29
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “La Inquisición ante...”, p. 712.
30
Ibídem, pp. 719-720; Serafín de TAPIA SÁNCHEZ: La comunidad morisca de Ávila,
Salamanca, Universidad de Salamanca, 1991, pp. 234-240.

5 26

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS: UNA VISIÓN COMPARADA...

vendría a confirmar el casi nulo impacto que mostraron tener los


que, según Bethencourt, se dictaron para los granadinos afincados
en Castilla con posterioridad a la guerra de las Alpujarras31.
Por su parte, en la Corona de Aragón, los señores de vasallos
solicitaron que la Inquisición promulgase un perdón que permitiese
cancelar la culpas mediante la confesión sacramental32. El acuerdo
final, suscrito en 1555, frenó las pretensiones de los señores en ese
sentido33. El inquisidor general Valdés concedió un periodo de seis
meses de gracia, durante el cual todos aquellos que tuviesen culpas
abjurarían ante el Santo Oficio, pero no tendrían que comparecer en
auto de fe y solo recibirían penitencias espirituales34. Sin embargo,
y como indica García-Arenal, las peticiones no terminaron con esta
concordia, dado que, nuevamente, volvieron a solicitarse medidas
de gracia en 1562, 1563 y 156635.
En ese momento, los moriscos de Valencia estaban a punto de
abordar las “duras negociaciones” de la concordia de 1571, iniciadas
a raíz de la publicación de un nuevo edicto hecho público el 30 de
noviembre de 156836. El tiempo de gracia se prolongó hasta 1577,
en gran medida debido a las dificultades que acompañaron a su
aplicación37. Similar suerte corrió el segundo de los grandes edictos
que se promulgaron en la esfera del tribunal valenciano en el último
tramo del siglo xvi. En aquella ocasión, se hizo público en 1599, se
31
Francisco BETHENCOURT: La Inquisición en la época moderna. España, Portugal,
Italia, siglos XV-XIX, Madrid, Akal, 1997, p. 206.
32
Como podrá verse más adelante, debía ir acompañado de la puesta en marcha de
otras disposiciones relativas al procedimiento inquisitorial, la revocación de inhabili-
taciones y a la condonación de deudas.
33
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “La Inquisición ante...”, p. 713.
34
El texto íntegro del edicto en Mercedes GARCÍA-ARENAL: “La concordia de la
Inquisición de Aragón del año 1555”, en Abdeljelil TEMIMI (ed.): Religion, Identité et
Sources Documentaires Sur Les Morisques, Túnez, Publications de l’Institut Supérieur
de Documentation, 1984, vol. I, pp. 345-346.
35
Ibídem, p. 329. El asunto tendría un enorme recorrido tal y como muestra el texto
de Benítez Sánchez-Blanco que se incluye en este mismo volumen: “Las complejas
negociaciones de la Inquisición con los señores y moriscos de Aragón”.
36
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “Las duras negociaciones de la Concor-
dia de 1571 entre los moriscos y la Inquisición”, en Emilia SALVADOR ESTEBAN
(coord.): Conflictos y represiones en el Antiguo Régimen, Valencia, Universitat de Valèn-
cia, 2000, p. 114.
37
Raphaël CARRASCO: “Historia de una represión. Los moriscos y la Inquisición en
Valencia, 1566-1620”, Áreas. Revista Internacional de Ciencias Sociales, 9 (1988), p. 30.

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mantuvo vigente hasta 1601 y, en cierto modo, contribuyó a frenar


la oleada represiva que presidió la actuación del tribunal durante los
años noventa38. Sin embargo, esa situación duró poco. Entre otros
factores –como la poca efectividad de las campañas misionales que lo
acompañaron–, su escasa incidencia también determinó una vuelta
a la persecución, si bien en niveles más moderados. Con relación a
su contenido, Lea afirma que no fue muy diferente de los anteriores
porque dejaba fuera de su aplicación a quienes estuvieren presos y
exigía que los declarantes delataran a aquellos convecinos que, a su
juicio, hubieran incurrido en herejía39. A ello se añadía que debían
abjurar de sus errores ante los inquisidores o los ordinarios40. Como
se ha apuntado, tampoco fueron nuevos sus resultados. Sus benefi-
cios apenas se hicieron extensibles a trece personas y muchas de ellas
estaba claro que habían mentido en sus confesiones41.
Para entonces, la Corona ya tenía abierto un nuevo frente en
relación con las medidas de gracia. A raíz de la incorporación de
Portugal en la Monarquía Hispánica, los cristãos-novos buscaron que
el rey les permitiese solicitar en Roma un nuevo perdón general de
las culpas de judaísmo. Los primeros intentos tuvieron lugar en tiem-
pos de Felipe II. Según Claude Stuczynski, Heitor Mendes “o rico”
encabezó el grupo de los poderosos hombres de negocios de Lisboa
que solicitaron la gracia real. En 1591, Tomás Ximenes de Aragão,
miembro de una de estas grandes familias de mercaderes, presentó
a Felipe II un memorial en nombre de los cristãos-novos en el que se
solicitaba el perdón. El documento fue estudiado en el Consejo Ge-
neral del Santo Oficio portugués y sus propuestas rechazadas. Pocos
años después, en 1594, los cristãos-novos volvieron a intentarlo. Por
un lado, moderaron su pretensión. A diferencia del breve otorgado
por Pablo III en 1547, que comprendía incluso a aquellos que ya

38
Ibídem, 31. Según Lea, se publicó en la catedral de Valencia el 22 de agosto de 1599 y
fue prorrogado hasta el 28 de febrero de 1601.
39
Henry Ch. LEA: Los moriscos españoles. Su conversión y expulsión (ed. de R. Benítez
Sánchez-Blanco), Alicante, Universidad de Alicante, 2001, pp. 234–35.
40
Breve de Clemente VIII de 28 de febrero de 1597, autorizando a la absolución de los
relapsos. Publicado en Henry Ch. LEA: Los moriscos españoles, pp. 461-465.
41
Ibídem, p. 235. Véase también la “Relación de la Inquisición sobre el resultado del
edicto de gracia de 1599”, en pp. 465-467.

5 28

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habían sido condenados por el Santo Oficio, ahora solicitaban que


sólo pudiesen beneficiarse del perdón aquellos cuyas sentencias no
hubiesen sido publicadas. Además, ofrecían a cambio condonar al
monarca deudas antiguas de tiempos de los Avis (que ascendían a
375.000 cruzados), así como otorgarle un servicio de otros 400.000.
No obstante, mientras vivió, Felipe II se opuso siempre a otorgar
cualquier gracia a los conversos portugueses y éstos hubieron de
aguardar al reinado de su sucesor.
De hecho, apenas tres meses después de que subiese al trono Fe-
lipe III, se debatió en el Consejo de Estado una nueva propuesta de
perdón general. Si hemos de dar crédito a las opiniones de Rodrigo
Vázquez de Arce, presidente del Consejo de Castilla, y del conde de
Fuensaldaña, el inquisidor general portugués, don António Matos
de Noronha, no mostraba una gran oposición a que se concediese
la gracia. No obstante, éste debió alinearse pronto con el bando
de los contrarios al perdón en el que se encontraban los obispos y
arzobispos del reino, encabezados por el de Évora, don Teotónio de
Bragança, y los gobernadores, que llegaron a ofrecer un servicio de
800.000 cruzados a cambio de que Felipe III rechazase la gracia que
solicitaban los conversos.
A partir de 1600, las negociaciones en la corte se intensificaron. Ese
año llegaron a Madrid dos nuevos procuradores de los cristãos-novos,
Rodrigo de Andrade y Jorge Rodrigues Solis, que ofrecieron a la Co-
rona elevar el servicio del perdón a los 800.000 cruzados. A pesar de la
oposición del Consejo General del Santo Oficio, Felipe III decidió, en
octubre de 1601, solicitar a Clemente VIII que concediese un nuevo breve
de perdón general42. Aunque contaban con la anuencia del monarca, los
conversos tardaron tres años en conseguir lo que pedían. Por un lado,
la Congregación del Santo Oficio, a la que el Sumo Pontífice encargó
estudiar esta cuestión, encontró ciertos problemas en conceder la gracia,
al menos con las cláusulas solicitadas inicialmente. Por otro lado, la Iglesia
lusa mostró una oposición frontal a la pretensión de los cristãos-novos
y trató de convencer tanto al papa como al rey de los perjuicios que
42
Ana Isabel LÓPEZ-SALAZAR: Inquisición portuguesa y Monarquía Hispánica en
tiempos del perdón general de 1605, Évora, Edições Colibri-CIDEHUS/UE, 2010, pp.
24-25.

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acarrearía semejante concesión. Para lograr esto último, en los primeros


meses de 1602 se trasladaron a Valladolid los arzobispos de Braga, Évora
y Lisboa, Bartolomeu da Fonseca, diputado del Consejo General del
Santo Oficio, Martim Gonçalves da Câmara, uno de los eclesiásticos
con mayor experiencia política del reino, y el jesuita Francisco Pereira.
Durante un tiempo, pareció que la Iglesia y la Inquisición habían
ganado la batalla, porque en julio de 1602 Felipe III decidió dejar en
suspenso el negocio del perdón. Probablemente en el cambio de actitud
del monarca influyeron la oposición general de Portugal a que se conce-
diese la gracia, las reticencias del propio Clemente VIII, el ofrecimiento
de un nuevo servicio por parte de los cristianos viejos y, quizá, el deseo
de reformar primero el Santo Oficio, para lo cual se reunió una junta
en Valladolid, en 1602-1603. No obstante, los cristãos-novos no cejaron
en su intento. En primer lugar, Jerónimo Castanho, su procurador,
elevó la oferta de la comunidad a 1.700.000 cruzados. A él se unieron
más tarde João Nunes Correia, poderoso hombre de negocios, y Afonso
Gomes, quien se encargó de repartir elevadas sumas de dinero y joyas
entre los ministros de la corte para conseguir su apoyo43.
Finalmente, a petición de Felipe III, Clemente VIII expidió el
breve Postulat a nobis el 23 de agosto de 1604. El documento fue
publicado en Portugal el 16 de enero de 1605 y, como consecuencia,
410 cristãos-novos fueron puestos en libertad. Se trataba de una gracia
amplísima. Abarcaba a todos los cristãos-novos portugueses ya resi-
diesen en los territorios de la Monarquía Hispánica ya lo hiciesen
en otros lugares. Sólo quedaban excluidos quienes se encontraban
presos acusados de relapsos. No obstante, no todos podían gozar del
perdón del mismo modo. Los que estaban libres o presos, pero aún
no habían sido condenados, deberían confesar sus culpas sacramen-
talmente. Los que estaban encarcelados y ya habían sido condenados
habrían de abjurar ante los inquisidores. Además, el breve anulaba
las confiscaciones de bienes, salvo si el fisco inquisitorial ya había
tomado posesión de ellos. Finalmente, habilitaba a los condenados
por la Inquisición para que pudiesen obtener oficios y beneficios.
43
Juan I. PULIDO SERRANO: “Las negociaciones con los cristianos nuevos en tiem-
pos de Felipe III a la luz de algunos documentos inéditos (1598-1607)”, Sefarad, 66-2
(2006), pp. 362-364. Ana Isabel LÓPEZ-SALAZAR: Inquisición portuguesa..., p. 36.

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS: UNA VISIÓN COMPARADA...

Además, el propio inquisidor general portugués, siguiendo las ór-


denes del monarca, perdonó a todos los cristianos nuevos las penas
de cárcel, hábito, destierro y galeras que estaban cumpliendo en
virtud de sentencias promulgadas antes de la concesión del breve44.
El perdón general de 1604 fue el último que lograron los cristãos-
-novos. Una gracia de este tipo no volvería a repetirse, a pesar de
que a principios del reinado de Felipe IV algunos procuradores de
los conversos volvieron a intentarlo. No obstante, en esta ocasión
tuvieron que conformarse con un edicto de gracia, aunque, como
señaló Bethencourt, en realidad se trató de un perdón general en-
cubierto. El edicto fue promulgado por el inquisidor general don
Fernão Martins Mascarenhas por orden de Felipe IV y, a diferencia
de los edictos de gracia tradicionales, abarcaba incluso a los que ya
estaban en las cárceles inquisitoriales, pues el monarca dispuso que
debía comprender a los presos que hubiesen confesado sus culpas45.
A pesar de la violenta propaganda anti-conversa que generaron,
ni el perdón general de 1604 ni el edicto de gracia de 1627 supusieron
cambios sustanciales para los cristãos-novos, al menos a largo plazo.
Es cierto que, tanto en enero de 1605 como en septiembre de 1627,
las cárceles inquisitoriales se vaciaron. No obstante, la maquinaria
inquisitorial pronto recuperaría su ritmo, especialmente tras 1627.
De hecho, en 1629 la represión alcanzó su punto más alto de todo
el siglo xvii, con 557 sentenciados46. La experiencia demostró que un
perdón general, tuviese este nombre o el de edicto de gracia, apenas
suponía un alivio momentáneo de la situación de los cristãos-novos
perseguidos por el Santo Oficio.

LAS CONFISCACIONES

La pretensión de eximirse de las confiscaciones corrió prácticamen-


te en paralelo al objetivo de lograr la exención inquisitorial tanto en

44
Ana Isabel LÓPEZ-SALAZAR: Inquisición portuguesa..., pp. 117-125.
45
Francisco BETHENCOURT: La Inquisición en la época moderna. España, Portugal,
Italia, siglos XV-XIX, Madrid, Akal, 1997, pp. 207-208.
46
José Veiga TORRES: “Uma longa guerra social: os ritmos da repressão inquisitorial
em Portugal”, Revista de História Económica e Social, 1 (1978), p. 64.

31 5

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ANA ISABEL LÓPEZ-SALAZAR Y FRANCISCO J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO

el caso de los cristãos-novos como en el de los moriscos. Nuevamente


fueron las comunidades de conversos de moro de Valencia las que
plantearon el asunto por vez primera. Lo decidido en relación con
ellos siempre sobrevolará sobre las reivindicaciones que, en poste-
riores momentos, harían tanto los moriscos aragoneses, castellanos
y granadinos como los conversos portugueses. El punto de arran-
que fue el privilegio concedido por el emperador en el transcurso
de las Cortes de 1533. Según Benítez, se trata de un texto complejo
desde el punto de vista jurídico y es muy posible que no contara
con la aprobación inquisitorial. Determinó que los bienes alodiales
quedaban a disposición de los descendientes de condenados cuyo
comportamiento cristiano estuviera fuera de toda duda. Por su par-
te, los enfitéuticos debían tratarse de acuerdo a lo que, previamente,
había sido consignado en los fueros47.
Las disposiciones del acuerdo de 1533 supusieron un antes y un
después en las relaciones de los moriscos, los señores, la Monarquía
y la Inquisición en Valencia porque marcaron el inicio de una larga
etapa en la que la Corona transigió con las peticiones de los dos
primeros actores en detrimento del Santo Oficio. No en vano, el
tribunal valenciano inició a partir de aquel momento una senda de
paralización que se vería definitivamente consolidada en las Cortes
de 1537, cuando los señores lograron que se suprimieran las multas y,
sobre todo, en 1542-1543, momento en el que la actividad inquisito-
rial quedó suspendida a raíz de la concesión de un plazo de dieciséis
años en los que el Santo Oficio se inhibía por completo de conocer
en materia morisca48.
En Aragón, el desarrollo de los acontecimientos también tuvo
mucho que ver con la actitud de los señores. El punto de arranque
lo constituyó el compromiso regio de 1534 de no confiscar los bienes
de los moriscos. En esa tesitura se llegó a la ya mencionada concordia
de 1555, a partir de la cual la inquisición de Zaragoza recibiría 35.000

47
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “Las Cortes valencianas y la política morisca
en la época de Carlos V”, Pedralbes. Revista d’Història Moderna, 13(1) (1993), p. 347.
48
Ibídem, pp. 348-351. Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “Las duras negocia-
ciones...”, p. 113.

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS: UNA VISIÓN COMPARADA...

sueldos anuales a cambio de mantener la exención de confiscaciones


y de eliminar las multas.
Por su parte, en Portugal el debate sobre las confiscaciones de
bienes a los condenados por judaísmo estuvo presente desde el mis-
mo difícil período que precedió a la instauración de la Inquisición
en el reino, en 1536. Así, la bula Cum ad nihil magis determinó una
exención de diez años de la pena de confiscación de bienes a los
judaizantes condenados, cuyas posesiones pasarían a manos de sus
herederos. Como es sabido, la instauración definitiva del tribunal en
Portugal no tuvo lugar hasta 1547. En junio de dicho año, Pablo III
restableció el Santo Oficio y, al mismo tiempo, suspendió durante diez
años la pena de confiscación de bienes. Como la bula fue publicada
en junio de 1548, el plazo de exención expiró en 1558. Por ello, en
1559, doña Catalina, regente durante la minoría de edad de su nieto,
renovó, a cambio de un servicio, la exención por un período de otros
diez años, que deberían computarse a partir de junio de 1558. De
modo que, en el caso de los cristãos-novos, la pena de confiscación
de bienes no comenzó a aplicarse hasta 1568, al menos de manera
sistemática49. Para entonces, los moriscos castellanos y aragoneses ya
habían logrado eximirse de ella.
En Castilla, tras la calma que siguió a las conversiones con las
que se abrió el siglo, el final de la década de 1530 y el inicio de la de
1540 intercalaron momentos de represión puntual (especialmente en
tribunales como Toledo y Valladolid), con etapas de gracia50. Poco
más. El Santo Oficio había logrado desarticular la cohesión interna
de muchas de las comunidades de viejos mudéjares, especialmente
en Castilla la Nueva, y habrá que esperar a los años cincuenta para
que se reactive la capacidad negociadora de las aljamas de moriscos
antiguos51. En ese contexto, y en medio de unos años caracterizados

49
Ya en 1546, el papa había prorrogado durante un año la exención de confiscaciones
(Dudum cum nobis). João Lúcio de AZEVEDO: História dos cristãos-novos..., pp. 108-
109, 118 y 128. Giuseppe MARCOCCI y Ana Isabel LÓPEZ-SALAZAR: “Struttura
economica: Inquisizione portoghese”, en Adriano PROSPERI (ed.): Dizionario storio
dell’Inquisizione, Pisa, Edizione della Normale, 2010, vol. III, pp. 1537-1541.
50
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “La Inquisición ante...”, p. 721.
51
Sobre este aspecto, Jean Pierre DEDIEU: “Les morisques de Daimiel et l’Inqui-
sition’, en Louis CARDAILLAC (coord.): Les morisques et leur temps. Table Ronde

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ANA ISABEL LÓPEZ-SALAZAR Y FRANCISCO J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO

por el mantenimiento de un perfil bajo en la actuación de los inqui-


sidores, se firma el acuerdo con la inquisición de Valladolid (1558).
Los moriscos que contribuyesen al pago de 400.000 maravedíes para
el tribunal quedarían exentos de la pena de confiscación de bienes52.
Más allá de la influencia directa que pudo tener el pacto valenciano
de 1533, su más claro referente es la concordia aragonesa de 1555.
Los acuerdos castellano y aragonés forman parte de las reformas
del inquisidor Valdés para crear una hacienda que no solo se nutriese
de las confiscaciones de bienes53. Agotada la posibilidad de que pu-
diera llegarse a pactos similares en Granada, el ciclo se cerrará con
el regreso de las negociaciones a Valencia, donde en 1568 expiraba el
plazo concedido por el Emperador en 1542. La concordia, otorgada
finalmente en 1571, supuso un punto de inflexión, pero más por
cerrar un ciclo que por iniciarlo. No está de más recordar que las
“duras negociaciones” que condujeron a la rúbrica del acuerdo final se
produjeron en medio de los intentos de reforma del fisco inquisitorial
y en un marco dominado por el incremento de la presión ejercida
contra los moriscos de Valencia54 y, sobre todo, por el desarrollo, en
paralelo, de la guerra de las Alpujarras. Todo ello no es sino el reflejo
del viraje que se produce tras la llegada al trono de Felipe II55.
Rafael Benítez es quien, nuevamente, ofrece la clave para compren-
der el proceso y, sobre todo, las consecuencias que llevó aparejadas.
Los señores pretendían que, como mínimo, se volviese al statu quo
resultante de los acuerdos de 1533 y 154256. Su pretensión dio paso a
una reacción morisca porque los conversos de moro nunca perdieron
de vista el verdadero objetivo de los señores que no era otro que
apropiarse de todos los bienes de los condenados, fuese cual fuese

Internationale, París, Editions du Centre Nationale de la Recherche Scientifique,


1983, pp. 495–521.
52
Mercedes GARCÍA-ARENAL: “La concordia de la Inquisición...”, p. 326.
53
Ibídem.
54
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “Las duras negociaciones...”, p. 113.
55
Para un contexto general, Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “La política de
Felipe II ante la minoría morisca’, en Ernest BELEGUER CEBRIÀ (coord.): Felipe
II y el Mediterráneo. Congreso Internacional. Barcelona, 23-27 de noviembre de 1998.
Volumen II: los grupos sociales, Madrid, Sociedad Estatal para la Conmemoración de
los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 1999, pp. 503-536.
56
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “Las duras negociaciones...”, p. 113.

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS: UNA VISIÓN COMPARADA...

su naturaleza jurídica57. Lo ocurrido entonces convirtió la concordia


de 1571 en una de las más complejas y dio paso a la ruptura de la
tradicional alianza entre moriscos y señores. Tal contingencia fue
aprovechada por la Inquisición para sacar mayor rédito económico
de un proceso que resultó vital en el contexto de asentamiento ha-
cendístico al que se viene haciendo referencia y que, en el futuro,
desactivó la maquinaria inquisitorial en Valencia. El compromiso
establecía que los moriscos pagarían a la Inquisición 50.000 sueldos
anuales a cambio de la no imposición de multas superiores a diez
libras y, sobre todo, de ver sus bienes libres de confiscación por delitos
juzgados desde ese momento en adelante. “Al no haber confiscación
–dice Benítez– desaparecían los problemas sobre el destino de los
bienes que pudieran confiscarse”58.
La de Valencia es la última de las concordias que cristianos nuevos
de moro e Inquisición negociaron desde las conversiones. Desde ese
punto de vista clausura una etapa, pero en cierto modo abre otra.
A medio plazo, los acuerdos contribuyeron a dejar en una posición
secundaria la capacidad negociadora y el papel político del Santo
Oficio. Junto a ello, obligaron a los moriscos a organizarse59. Será esta
una cuestión vital, pues, andando el tiempo, permitirá comprender
los cauces de reconstrucción de las comunidades de granadinos exi-
liados en Castilla, el proceso de negociación fiscal y, en definitiva,
el papel político de la minoría morisca en el tramo final del reinado
del Rey Prudente y en los años que condujeron hasta su expulsión,
ya con el tercero de los Felipes.
Como vemos, las concordias de 1555 en Aragón, 1558 en Valladolid
y 1571 en Valencia fueron el resultado de un acuerdo entre la Inqui-
sición y los moriscos. En Portugal, a diferencia de lo que ocurrió en
España, los bienes confiscados siempre pertenecieron legalmente a la
Corona que, por su parte, delegó la administración en el inquisidor
general. Como consecuencia de esta diferente situación jurídica, las

57
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “Moriscos, señores e Inquisición. La lu-
cha por los bienes confiscados y la concordia de 1571”, Estudis. Revista de Historia
Moderna, 24 (1998), pp. 104-105.
58
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “La Inquisición ante...”, p. 726.
59
Jean Pierre DEDIEU: “Entre religión y política...”, p. 75.

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ANA ISABEL LÓPEZ-SALAZAR Y FRANCISCO J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO

negociaciones para suprimir las confiscaciones siempre tuvieron lugar


entre los cristianos nuevos y la Monarquía y, en ellas, la Inquisición
se limitó a presentar una férrea oposición cada vez que se planteó
la posibilidad de suprimir la condena a confiscación de bienes a los
condenados por judaísmo. Así, en 1577, apenas ocho años después
de que se hubiese establecido esta pena, don Sebastián acordó una
nueva exención de diez años a cambio de un servicio de 250.000
cruzados. Dado que, en principio, este dinero debía emplearse en la
guerra contra el infiel, Gregorio XIII autorizó el convenio. No obs-
tante, poco duró esta vez la protección de las haciendas: la desastrosa
derrota de Alcazarquivir fue atribuida al acuerdo con los conversos,
el nuevo rey don Enrique decidió anular el contrato firmado por
su difunto sobrino y, en diciembre de 1579, restableció la pena de
confiscaciones para el delito de judaísmo60.
Durante la Unión Dinástica, los cristãos-novos solicitaron en
varias ocasiones a la Corona que les concediese la exención de con-
fiscaciones, bien a cambio de un servicio para el rey, como habían
hecho en Portugal anteriormente, bien a cambio de una renta para
la Inquisición, como fijaban las concordias de Valencia, Aragón y
Valladolid. Evidentemente, las negociaciones que desembocaron en
el perdón general de 1604, iniciadas en 1591, abordaron asimismo
la cuestión de las confiscaciones, pues los cristãos-novos solicitaron
–y obtuvieron– que los absueltos merced al breve papal de perdón
no incurriesen en la pena de confiscación de bienes. De hecho, esta
exención sirvió para justificar el servicio de 1.700.000 cruzados que
los conversos prometieron a la Corona a cambio de la gracia papal.
El perdón general, publicado en 1605, constituyó un alivio
momentáneo para los conversos portugueses, pero no una solución
definitiva para la salvaguarda de sus vidas y haciendas. Por ello,
pronto reaparecieron los debates sobre la “contratación del fisco
inquisitorial”, es decir, sobre la redención de las confiscaciones a
cambio de un servicio pagado a la Corona o al tribunal. En 1606,
ofrecieron a Felipe III 200.000 ducados, la mitad en calidad de
60
Previamente, don Enrique obtuvo un breve de Gregorio XIII, expedido el 6 de oc-
tubre de 1579, por el que anulaba también el perdón. João Lúcio de AZEVEDO:
História dos cristãos-novos..., pp. 131-132.

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS: UNA VISIÓN COMPARADA...

donativo y la otra mitad como préstamo sin interés, a cambio de


quedar libres de la pena de confiscación de bienes durante veinte
años61. No obstante, pesaron más sobre el rey las razones presenta-
das por la Junta de Hacienda de Portugal y por la Inquisición y, en
diciembre de 1607, Felipe III ordenó poner perpetuo silencio a la
pretensión de los conversos62. Años más tarde, en el contexto de la
fundación de la Compañía de las Indias Orientales, creada en 1628,
algunos hombres de negocios portugueses propusieron a la Corona un
acuerdo: a cambio de quedar exentos de las confiscaciones, ofrecerían
un donativo para la formación de la Compañía y, con las ganancias
obtenidas, se pagaría una renta a la Inquisición. La propuesta, que
no fue aceptada por la Corona, se encontraba a medio camino entre
lo acordado en ocasiones anteriores en Portugal y lo dispuesto por las
concordias moriscas a las que hemos hecho referencia más arriba63.
Pocos años después, la búsqueda de un acuerdo semejante al de los
moriscos volvió sugerirse, de nuevo sin éxito:

“Soltósele a uno dellos una palabra de la farda que pagan los


moriscos de Aragón y de Valencia, que era cierto tributo porque
no se les confiscassen las haciendas. Juzgué que a este modo podría
ser que quisiessen pagar alguna cantidad porque no les confisquen
sus haciendas”64.

Por lo tanto, durante el período de la Unión Dinástica, los conver-


sos portugueses fracasaron en su intento de conseguir una exención
general de confiscaciones semejante a la obtenida por los moriscos.
Su único logro, más allá del perdón general de 1604, fue bastan-
te limitado. El 31 enero de 1627, Felipe IV otorgó a los cristianos
nuevos asentistas y a sus banqueros participantes la exención de
confiscaciones de todas las consignaciones y juros de resguardo que
61
Juan I. PULIDO SERRANO: “Las negociaciones...”, p. 373.
62
Ana Isabel LÓPEZ-SALAZAR: Inquisición portuguesa..., p. 192.
63
Parecer sobre la pretensión de los cristianos nuevos, publicado en Elkan N. ADLER:
“Documents sur les marranes d’Espagne et de Portugal sous Philippe IV”, Revue des
Études Juives, XLIX (1904), p. 56.
64
Parecer de fray Antonio de Sotomayor (17 de septiembre de 1630), publicado en
ibídem, p. 232

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ANA ISABEL LÓPEZ-SALAZAR Y FRANCISCO J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO

recibieren de la hacienda real hasta que los cobrasen y durante los


tres meses siguientes65. Recordemos que en octubre del año anterior
se había firmado el primero de los grandes asientos entre la Monar-
quía Hispánica y los banqueros portugueses66. No obstante, a pesar
de las duras palabras con las que el inquisidor general Mascarenhas
se opuso a esta gracia, se trataba, en realidad, de una merced bastan-
te limitada que, en ningún caso, libraba de la pena de confiscación
las haciendas de los cristãos-novos. De hecho, aunque el miedo de
la Inquisición a una posible exención de confiscaciones se mantuvo
durante toda la Unión Dinástica, ésta no fue otorgada a los conver-
sos hasta 1649, ya en tiempos de don Juan IV. Como compensación
por la fundación de la Compañía General de Brasil, el monarca
dispensó de la pérdida de sus bienes a los condenados por judaísmo
en virtud del conocido albalá del 6 de febrero de 1649.

LAS LIMITACIONES A LA LIBERTAD DE MOVIMIENTO

Una de las cuestiones que más relevancia adquirió en el marco de


las negociaciones que cristãos-novos y moriscos mantuvieron con la
Monarquía fue la posibilidad de autorizar a los miembros de ambos
colectivos una libertad de tránsito que, de una u otra forma, se
mantuvo limitada, cuando no totalmente prohibida.
En el caso de los cristãos-novos y de los moriscos valencianos, la
preocupación de la Corona por la libertad de tránsito fue realmente
temprana, vinculada a la conversión de ambos grupos al catolicismo.
Por el contrario, en la Corona de Castilla este aspecto concreto no
adquirirá especial relevancia hasta después de la guerra de las Alpujarras.
En Portugal, en 1499, apenas dos años después de la conversión
forzada de los judíos, Manuel I prohibió a los conversos la libre
salida del reino. Podrían, no obstante, obtener una licencia para
abandonarlo, pero sólo con el objetivo de comerciar y, por lo tanto,
sin llevar consigo ni sus familias ni sus propiedades. No obstante,
65
ANTT, TSO, CG, maço 9, n.º 12: Carta regia del 31 de enero de 1627.
66
James C. BOYAJIAN: Portuguese bankers at the court of Spain, 1626-1650, New Bruns-
wick-New Jersey, Rutgers University Press, 1983, p. 24.

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS: UNA VISIÓN COMPARADA...

esta disposición quedó pronto abolida, a raíz de la masacre de los


conversos de 1506, y, como consecuencia, éstos gozaron de una relativa
libertad de movimiento hasta la década de 1530. Así, en 1507, don
Manuel les otorgó licencia para salir del reino libremente, llevando
sus bienes. En 1512, el privilegio fue renovado por dieciséis años y
en 1524 Juan III volvió a confirmarlo.
La situación, no obstante, cambió en la década de 1530, coinci-
diendo con los grandes debates que precedieron a la instauración
del Santo Oficio en Portugal. En 1530, Juan III solicitó al papa el
establecimiento de la Inquisición según el modelo de la que existía en
España. Pablo III lo concedió en 1536. La creación fue acompañada
de medidas para impedir la salida del reino de los cristãos-novos sin
licencia regia o sin dar fianza suficiente de que regresarían. Así lo
decretó Juan III en 1532, por espacio de tres años. Esta disposición
fue renovada por otros tres en 1535 y, de nuevo, en 154767.
También en Valencia este tipo de restricciones se impusieron
pronto, nada más terminar el proceso de conversión. De hecho, las
órdenes del Emperador para impedir que los moriscos gozaran de
libertad de tránsito fueron inmediatamente posteriores a los decretos
de 1525. La primera de esas disposiciones, que intentaba atajar el
cambio de domicilio sin autorización previa, data de julio de 1527,
fue reforzada al año siguiente y su contenido muestra de manera muy
clara que el principal motivo que dio lugar a este tipo de órdenes fue
el temor al contacto con los turcos y el intento de frenar las huidas
al norte de África, que tan frecuentes eran ya por entonces68.
Años más tarde, en 1539, el virrey duque de Calabria prohibía
nuevamente a los moriscos el libre cambio de domicilio. Las penas
por el incumplimiento de dicha orden supondrían la confiscación
de sus bienes. También se contemplaron severas multas para quienes
cobijasen a los convertidos69. El alcance de las condenas propuestas
se endureció con motivo de la publicación de una nueva pragmática
67
João Lúcio de AZEVEDO: História dos cristãos-novos..., pp. 76 y 109.
68
Regina PÉREZ DE TUDELA: “El virreinato conjunto de doña Germana de Foix y
don Fernando de Aragón (1526-1536): fin de una revuelta y principio de un conflicto,
Tesis Doctoral, Universitat de València, 1982, p. 399
69
Josep MARTÍ i FERRANDO: Instituciones y sociedad valencianas en el Imperio de
Carlos V, Valencia, Generalitat Valenciana, 2002, p. 300.

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en 1541. La casuística de hechos punibles también se vio ampliada,


pues, en adelante, se perseguirían no solo la mudanza de domicilio y
los traslados a la costa, sino también el cambio de señor sin permiso
y el porte de armas, algo que derivó en una airada protesta que, en
parte, obligó a rectificar esa disposición tiempo después70.
Al mismo tiempo, no hay que olvidar la intervención inquisitorial.
Según Martí Ferrando, el mandato del Santo Oficio de 1540 introdujo
un nuevo y relevante factor en las limitaciones al libre tránsito de
moriscos: la pena de excomunión para quienes cambiasen de domicilio
también se hacía extensible a los antiguos moros que, procedentes
de otros reinos, hubieran entrado en el de Valencia y no lo hubieran
comunicado71. Aunque la medida contó con la oposición rápida y
furibunda de los estamentos, su mismo espíritu inspiró una nueva
pragmática, promulgada en 1545, que endureció las sanciones ya que,
por vez primera, se mencionaba de manera explícita la pena capital72.
En un contexto muy similar cabe situar la actuación de la in-
quisición de Zaragoza, que en 1540 había publicado un edicto que
prohibía a los moriscos mudar de domicilio y salir del reino73. La
medida fue reiterada en, al menos, otras cuatro ocasiones durante
las décadas de los cincuenta y sesenta74. De entre ellas, reviste cierta
importancia la de 1559, no tanto por el contenido de la disposición,
sino por el contexto en que se produce, justo en medio del debate
generado por el desarme propuesto aquel mismo año, cuando los
inquisidores se mostraron preocupados por la posibilidad de que
los moriscos “alterados todos y solevantados” aprovecharan para
pasar a Valencia. Junto a la cuestión del desarme, la limitación a la
capacidad de reunión y de libre movimiento preocupó no solo a los

70
Ibídem, p. 301.
71
Ibídem, pp. 300-301.
72
Ibídem, p. 302.
73
Bárbara RUIZ BEJARANO: Praxis islámica de los musulmanes aragoneses a partir
del corpus aljamiado-morisco y su confrontación con otras fuentes contemporáneas, Tesis
Doctoral, Universitat de Alacant, p. 466.
74
Ibídem.

5 40

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS: UNA VISIÓN COMPARADA...

moriscos –dadas las nefastas consecuencias que podía tener para su


actividad comercial– sino también a los propios señores75.
Tras unos años de aparente calma, la publicación de textos que
pretendían alejar a los moriscos valencianos de los de otros territorios
continuó en el reinado de Felipe II, especialmente en el transcurso de
los virreinatos del duque de Segorbe, del conde de Benavente y del
marqués de Aytona, bajo cuyo mandato, en 1586, se publicó la última
de las pragmáticas de Valencia relativas al movimiento de moriscos76.
En las décadas de 1560 y 1570 también se reforzaron las leyes
que limitaban la capacidad de movimiento de los cristãos-novos. En
primer lugar, en 1567, don Enrique, como regente del reino, con-
firmó la prohibición de abandonar el reino con casa y familia salvo
que contasen con licencia regia. Si hubiesen de viajar por motivos
comerciales, deberían obtener una licencia del rey o dar fianza de,
al menos, 500 cruzados. Tampoco podrían trasladarse con casa y
familia a la costa de Guinea, la India o Brasil ni vender sus bienes.
Al año siguiente, se les vedó cualquier viaje a la India sin licencia
regia y, en 1572, don Sebastián amplió la prohibición a las islas

75
Véanse las instrucciones dadas por los Diputados de Aragón acerca de lo que debían
transmitir al monarca en su embajada, en M.a Soledad CARRASCO URGOITI: El
problema morisco en Aragón al comienzo del reinado de Felipe II. Estudio y apéndices
documentales, Teruel, Centro de Estudios Mudéjares, 2010, pp. 99-102.
76
Sobre este asunto véanse M.a de los Peligros BELCHÍ NAVARRO: Felipe II y el virrei-
nato valenciano (1567-1578). La apuesta por la eficacia gubernativa, Valencia, Genera-
litat Valenciana, 2006, p. 136 y Remedios FERRERO MICÓ: “Greuges presentados
en las Cortes valencianas que se celebraron en el siglo xvi”, Ivs Fvgit, 10-11 (2001), p.
956. En torno al impacto de la guerra en Valencia, Emilia SALVADOR ESTEBAN:
Felipe II y los moriscos valencianos. Las repercusiones de la revuelta granadina (1568-1570),
Valladolid, Universidad de Valladolid, 1987. Todas estas medidas y la preocupación
que las causó “cobraron toda su vigencia a raíz de la guerra de Granada”, momento
a partir del cual se intensificó la política de vigilancia emprendida en tiempos de
Carlos V. Entre las decisiones tomadas entonces, y que cabe unir a las limitaciones
específicamente tocantes a la libertad de movimiento, cabe destacar las provisiones
y pregones dictados para prohibir que los moriscos de Valencia compraran esclavos
granadinos (1570), para evitar que se acogiera a moriscos procedentes de allí (1571) y
para ordenar que se detuviera a todos los que marcharan libremente por tierras va-
lencianas. Para referencias concretas, véase M.a de los Peligros BELCHÍ NAVARRO:
Felipe II y el virreinato..., pp. 138 (nota 62), 269 (doc. 5) y 278-279 (doc. 9). El texto de
la pragmática en Real pragmática, ab la qual se mana als novament convertís del present
Regne de Valencia la orde que ha de tenir y guardar tostemps que vullen mudar ses cases, y
domicilis de uns llochs en altres. Valencia, en casa de Gabriel Ribes y en casa de Miquel
Borras, 1586.

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de Madeira y Azores77. Aunque cinco años después el mismo rey


revocó estas disposiciones a cambio de un servicio para sufragar su
desastrosa campaña africana, la prohibición de abandonar el reino
fue restablecida por don Enrique en enero de 1580. El cardenal rey
limitó aún más la capacidad de movimiento de los conversos, pues
dispuso que no pudiesen ausentarse de su obispado ni vender sus
bienes durante la visita inquisitorial ni en los seis meses siguientes78.
En la misma década de 1570, y como consecuencia de la guerra
de las Alpujarras, las limitaciones al movimiento de los moriscos
expulsados a Castilla acapararon gran parte de los desvelos de las
autoridades. La junta de Granada de 1526 ya había contemplado ese
aspecto, algo que suele pasar desapercibido del conjunto de normas
más extensas que surgieron de aquel cónclave79. Sin embargo, sí fue
nueva la prioridad que se le dio al asunto a partir de los años setenta,
coincidiendo no solo con la llegada de los rebeldes alpujarreños a
Castilla, sino también con los rumores constantes de una conspira-
ción morisca en Valencia80. De la importancia que se le concedió da
fe la pragmática de 1572, donde la cuestión del libre tránsito ocupó
un lugar más que destacado. En ese sentido, las disposiciones fueron
claras: ningún morisco podía salir de la villa en la que había quedado
alistado tras el destierro a no ser que dispusiera del correspondiente
pasaporte expedido por la justicia local81. En realidad, se trataba de

77
Boletim do Conselho Ultramarino, Legislação Antiga, Volume I, 1446 a 1754, Lisboa,
Imprensa Nacional, 1867-1869, pp. 108-109.
78
João Lúcio de AZEVEDO: História dos cristãos-novos..., p.120.
79
En parte por lo difuso de dichas consideraciones, limitadas al orden que debían guar-
dar los gazis, al rescate de esclavos moriscos por sus propios correligionarios, a su paso
a África y a la obligación para “jurados de las ciudades i villas i lugares destos reinos”
de permanecer avecindados en sus respectivas colaciones “porque somos informados
que algunas dellas no ai Christiano viejo”.
80
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “La política de Felipe II...”, pp. 525 y ss.
81
Francisco J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO: Los moriscos de La Mancha..., pp.
279-280. Las penas establecidas para quienes contravinieran tales órdenes variaron en
función del sexo y edad (más leves para mujeres y menores) y del lugar donde fuese
apresado el fugitivo: cien azotes y cuatro años de galeras con carácter general, galeras a
perpetuidad para quienes fuesen apresados a menos de diez leguas de Aragón, Navarra
o Valencia y pena de muerte para quienes huyeran a Granada o a distancias inferiores
a diez leguas del antiguo reino nazarí. Sobre el enorme impacto de la movilidad en
Castilla durante el último tramo del siglo xvi véase, en este mismo volumen, Ramón
SÁNCHEZ GONZÁLEZ: “Movilidad morisca en la Corona de Castila, 1570-1610”.

5 42

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS: UNA VISIÓN COMPARADA...

un conjunto de órdenes que recogían el espíritu de lo dispuesto


anteriormente para los moriscos de Valencia, Aragón y Granada.
Su desarrollo y ejecución motivaron la recurrente y planificada
elaboración de censos moriscos, herramienta de control personal y
colectivo que permite adivinar cómo el asunto de la lista se convirtió
en una verdadera obsesión para las autoridades castellanas del último
cuarto del siglo xvi. También dio lugar a la incoación de numerosas
causas contra aquellos moriscos que, de una u otra forma, violaron
las disposiciones que limitaban su capacidad de movimiento y libre
tránsito.
En adelante esa violencia legislativa condicionará la actitud
morisca, dado que el asunto de la movilidad pasará a ser prioritario
en la negociación entre la nación y la Monarquía, precisamente en
un momento en el que esta cuestión adquiere también un lugar
central en las conversaciones entre los cristãos-novos y la Corona.
En el caso morisco, esta negociación se integra en el marco de los
servicios fiscales de 1591, 1599 y 1603, en los que los granadinos de
Castilla se comprometieron a servir a la Monarquía con 50.000
ducados anuales en el caso de los dos primeros y con 40.000 en
el de 1603. El articulado de este último nos permite conocer que,
a finales del xvi, el núcleo vertebrador de las reivindicaciones mo-
riscas estuvo guiado por la posibilidad de flexibilizar la política de
control de la movilidad de los granadinos afincados en Castilla82. De
hecho, el acuerdo contempló la elaboración de nuevos padrones, la
revocación de los anteriores –en los cuales se basaba el control de
las comunidades e individuos asentados desde 1570– y la admisión
de la posibilidad de que los moriscos pudieran cambiar de domici-
lio. También se incluyeron medidas que podrían calificarse como
de orden procedimental: el establecimiento de nuevos modelos de
pasaporte, que fueran únicos y generales para todos los granadinos
y que evitaran la disparidad de documentos acreditativos y la más
82
Lamentablemente, no se conoce nada acerca de los capítulos contenidos en los acuer-
dos ratificados en los años noventa. Debido a ello puede resultar arriesgado afirmar de
manera rotunda que los servicios otorgados entonces contuvieron cláusulas similares.
Sin embargo, sí que existen indicios de que la Corona estaba transigiendo con la posi-
bilidad de que los moriscos granadinos gozaran de un trato más benévolo en relación
a su capacidad de movimiento.

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ANA ISABEL LÓPEZ-SALAZAR Y FRANCISCO J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO

que posible –y lógica– divergencia en las actuaciones oficiales a que


pudo dar lugar tal variedad83.
Dos años antes de que los moriscos castellanos hubiesen acor-
dado con la Corona el servicio de 1603, los cristãos-novos se habían
comprometido a pagar uno de la misma cuantía. El servicio morisco
de 1603 consistía en el pago de 200.000 ducados y el de los conver-
sos de 1601 en la entrega de 200.000 cruzados, cifra equivalente. A
cambio, Felipe III les permitía salir del reino con familia y bienes y,
al mismo tiempo, vender sus haciendas84. Esta disposición fue más
tarde revocada, en 1610, en el contexto de reacción que siguió a la
firma de la tregua con las Provincias Unidas y a la recuperación del
poder de la Inquisición a partir de 1605. No obstante, los cristãos-
-novos volverían a lograr la ansiada liberta de movimientos en 1629, a
cambio, eso sí, de la compra de juros por valor de 240.000 ducados.
A pesar de las apariencias y de la similar cronología, en el caso
al menos de finales del xvi y principios de xvii, las restricciones a
la libertad de movimiento de cristãos-novos y moriscos presentaban
grandes diferencias. En el caso de los moriscos, la prohibición les
impedía el cambio de domicilio, al menos sin contar con licencia.
En el de los judeoconversos, las leyes restrictivas les prohibían salir
del reino y vender sus bienes sin autorización. Sin embargo, tales
disposiciones no impidieron la constante emigración de cristãos-novos
que durante los siglos xvi y xvii decidieron abandonar Portugal por
diferentes motivos, tanto económicos como religiosos. Ni mucho
menos todos lo hicieron de manera ilegal dado que las leyes restric-
tivas les permitían salir del reino siempre que contasen con licencia
regia. Precisamente por este motivo, hubo algunos conversos que no

83
Francisco J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO: “La Corona, los moriscos granadinos
y el servicio de 1603. Pacto fiscal y negociación política’, Al-Qantara, 38/1 (2017), pp.
12-13. Sobre los distintos tipos de salvoconductos, véase Bernard VINCENT: “Moris-
ques et mobilité. L’exemple de Pastrana’, en Anne DUBET y Stéphanie URDICIAN
(eds.): Exils, passages et transitions. Chemins d’une recherche sur les marges. Hommage à
Rose Duroux, Clermont-Ferrand, Presses de l’Univesité Blaise Pascal, 2008, p. 20.
84
En virtud la carta patente del 4 de abril de 1601, Felipe III les concedía dicha licencia
a cambio de un servicio de 170.000 cruzados. La cantidad fue elevada más tarde a
200.000 porque el rey, el 31 de julio de 1601, amplió la gracia al permitirles marchar
a las conquistas. José A. de FIGUEIREDO: Synopsis Chronologica, Lisboa, Academia
Real das Sciencias, 1790, vol. II, pp. 285-287.

5 44

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS: UNA VISIÓN COMPARADA...

encontraron ninguna ventaja en la licencia que les concedió Felipe IV


en 1629. Después de otorgada, el Conselho da Fazenda dispuso que
todos los cristãos-novos que abandonasen el reino quedasen registrados
en un libro específico lo que venía a suponer “confesión propia de
ser de generación infecta”. Por ello, señalaron que, en realidad, la
situación anterior a 1629 no les resultaba tan desfavorable, dado que
bastaba entonces con impetrar una licencia privada y secreta en vez de
tener que aceptar el registro público que, ahora, se quería imponer85.

LA EXPULSIÓN

Aunque el destierro no comienza a materializarse hasta el otoño de


1609, la decisión de expulsar a los moriscos fue tomada como con-
secuencia de las deliberaciones que el Consejo de Estado mantuvo
el 4 de abril de ese mismo año. Rafael Benítez, quien ha estudiado
en profundidad el asunto, es tajante: la medida se toma en un con-
texto dominado por la sensación de derrota tras la tregua firmada
con los rebeldes neerlandeses. Esto empujó a Lerma a intentar con-
tentar tanto al rey como a los consejeros que, hasta aquel momen-
to, habían mostrado cierta renuencia al destierro. La excusa para
justificar la decisión, dice el propio Benítez, fue el potencial peligro
que podía suponer una invasión desde el norte de Marruecos86, po-
sibilidad totalmente agostada, si es que estuvo activa en el algún
momento, a lo largo de aquel mismo verano de 1609. Para llegar a
aquel escenario fueron necesarios más de treinta años en los que, de
una u otra forma, el asunto nunca dejó de estar sobre la mesa de los
principales centros de deliberación de la Monarquía.
Lejos de ser una medida improvisada, la idea de expulsar a los
moriscos circuló por la Corte desde la década de 1570. De aquellas
iniciales propuestas, solo se materializó el destierro parcial de los

85
Memorial de los cristianos nuevos (sin fecha, pero de 1630), publicado en Elkan N.
ADLER: “Documents sur les marranes...”, pp. 59-60.
86
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ BLANCO: Tríptico de la expulsión de los moriscos. El
triunfo de la razón de Estado, Montpellier, Presses Universitaires de la Méditerranée,
2012, p. 52.

45 5

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ANA ISABEL LÓPEZ-SALAZAR Y FRANCISCO J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO

granadinos a Castilla, pero ya entonces se oyeron voces dispuestas a


actuar en un sentido similar con valencianos y aragoneses87. Cierto es
que Felipe II no tomó ninguna decisión al respecto, pero en medio
de campañas de evangelización fallidas, con una presión inquisitorial
en aumento y con una coyuntura internacional enrarecida, el Rey
Prudente se vio obligado a contemporizar con quienes presionaban
a favor de la expulsión. Aunque la historiografía tradicional suele
señalar el año de 1582 como el punto de arranque del proceso político
que desembocó en la expulsión definitiva de 1609-1614, lo cierto es
que Felipe II no aceptó nunca la posibilidad de autorizar el destierro
de los moriscos88.
Precisamente también en tiempos de Felipe II se planteó, quizás
por primera vez, la posibilidad de expulsar a los cristãos-novos. No
obstante, a diferencia de lo que ocurre en el caso de los moriscos,
desde este momento hasta la década de 1670, los debates sobre el
posible destierro de los conversos lusos se centraron en dos aspectos
diferentes: la expulsión de todos los descendientes de judíos o solo
la de aquellos que abjurasen, en forma o de vehemente, ante la In-
quisición. Quizá la diferencia a la hora de plantear una medida tan
drástica se deba, por un lado, a que tanto la Monarquía Hispánica
como las autoridades portuguesas y la Inquisición percibían mayores
posibilidades de integración de los cristãos-novos que de los moriscos
y, por otro, a que estos últimos se encontraban menos mezclados con
los cristianos viejos que los judeoconversos lusos.
En 1597, Felipe II ordenó al Consejo General del Santo Oficio
que estudiase la posibilidad de decretar la expulsión de todos los
cristianos nuevos condenados por judaísmo, así como de sus familias.
Como haría en ocasiones futuras, el Consejo General se opuso con
vehemencia a esta disposición. Por un lado, consideró que tal medida
podría, incluso, beneficiar a los judaizantes, que se verían libres para
practicar su fe en el extranjero. Por otro, el Consejo señaló los daños
que acarrearía para los cónyuges, algunos de los cuales podrían ser

87
Para un seguimiento del destierro, véase Bernard VINCENT: “L’expulsion des mo-
risques du Royaume de Grenade et leur répartition en Castille (1570-1571)”, Mélanges
de la Casa de Velázquez, 6 (1970), pp. 211-246.
88
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: Heroicas decisiones..., pp. 325-328.

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS: UNA VISIÓN COMPARADA...

cristianos viejos, y para los niños inocentes89. Y es que el Consejo


era consciente de la gran cantidad de matrimonios mixtos, algo
que, como hemos dicho, en Portugal siempre dificultó cualquier
posibilidad de expulsión de los conversos.
El debate en torno a la expulsión de los moriscos no regresó a
los círculos cortesanos hasta finales de siglo y lo hizo en un contexto
dominado por el desarrollo de nuevas campañas misionales, tanto en
la Corona de Aragón como en Castilla. También tiene una corres-
pondencia temporal clara con las quejas formuladas por las Cortes de
Castilla a principios de los años noventa90. Finalmente, cabe recordar
que tiene lugar casi de manera paralela al pago del segundo de los
servicios que la Monarquía recibió de los granadinos a finales del xvi
e inicios del xvii y, sobre todo, al inicio de las negociaciones que,
años más tarde, desembocaron en el acuerdo que dio lugar al pago
del tercero de esos donativos, el de 1603. Es cierto que no se poseen
indicios lo suficientemente sólidos como para unir las negociaciones
fiscales con la actitud de Lerma, partidario, en 1599, de deportarlos a
Berbería, pero la mera coincidencia de las fechas invita a pensar en
una suerte de medida de presión de la que, de una u otra forma, se
pudo hacer partícipes a los representantes de la nación. Con todo,
y como apunta Benítez, lo importante de este momento es que los
debates en torno a la expulsión trascienden lo puramente moral para
convertirse en una materia más de corte político91.
En ese contexto es donde cabe encuadrar los memoriales que Juan
de Ribera remitió a Felipe III. Los “papeles” del arzobispo llegaron
a la corte entre 1601 y 1602 y estaban inspirados por el fracaso de
las campañas de evangelización que el propio Ribera había dirigido
en su calidad de responsable de la mitra valenciana. Sin embargo,
tanto su contenido como los remedios propuestos para dar con una
89
ANTT, TSO, CG, liv. 92, fol. 73r-81r: Consulta del Consejo General del Santo Ofi-
cio (diciembre de 1597). En el caso morisco, tanto la cuestión de los niños como la de
los matrimonios mixtos también fueron argumentos esgrimidos por quienes intenta-
ron minimizar los efectos de la expulsión. Tanto fue así que ambos conjuntos entra-
ron en las “categorías de excluidos” del destierro, si bien lo dispuesto en los bandos
de expulsión varió dependiendo del territorio y la cronología de cada decreto. Véase
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: Tríptico de la expulsión..., pp. 218-221.
90
Ibídem, pp. 24–25.
91
Ibídem, p. 25.

47 5

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ANA ISABEL LÓPEZ-SALAZAR Y FRANCISCO J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO

solución al problema de la falta de asimilación de los moriscos deben


leerse en clave política92. En dichos textos, el patriarca insistió de
manera vehemente en la imposibilidad de asimilar a los moriscos y
en la necesidad de proceder a la expulsión debido al problema de
seguridad que representaban. Aunque en el segundo Ribera intentó
contemporizar con los señores de la Corona de Aragón aduciendo
que solo le parecía necesaria la expulsión de los de Castilla, su
opinión estaba clara. Así lo deja ver el contenido del tercero de sus
memorandos, donde insiste en la prevalencia del interés del Estado
frente al de la Iglesia93. Para entonces, el núcleo duro del Consejo
de Estado ya no se mostraba unánime a la hora de valorar la medida
y comenzaron a vislumbrarse diferentes posiciones. Parece que las
favorables a la expulsión fueron suficientes para que el monarca
aprobara el destierro94.
Ese es el escenario en que se llega a 1608. Hasta ese año, la política
de contemporización y apaciguamiento que se había desarrollado
en Valencia había logrado dejar en un estado latente la ejecución
de una medida que parecía más que tomada un lustro antes y que,
por motivos que desconocemos, había sido nuevamente aparcada95.
Con aquel escenario de fondo, la sesión del Consejo de 30 de enero
dio paso a otra campaña de evangelización, la enésima, voluntad
personal de confesor real y acaso la última concesión de quienes,
esta vez sí, ya tenían tomada la decisión de proceder a la expulsión.
El resto es conocido. La tregua de los Doce Años y el supuesto
peligro norteafricano proporcionaron a Lerma los instrumentos
necesarios para que el rey aceptase la promulgación de los bandos.
Terminaba así un proceso de debate y justificación política en el que,

92
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: Heroicas decisiones..., pp. 365-68; Rafael
BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: Tríptico de la expulsión..., pp. 30-31.
93
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: Heroicas decisiones..., p. 369. Rafael BE-
NÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “El escamoteo del tercer papel del Patriarca Ribera
a favor de la expulsión de los moriscos”, Revista de Historia Moderna. Anales de la
Universidad de Alicante, (2009), 187-191.
94
Antonio DOMÍNGUEZ ORTIZ y Bernard VINCENT: Historia de los moriscos.
Vida y tragedia de una minoría, Madrid: Alianza Editorial, 1997, 3ª reimp., p. 168.
95
Ibídem, pp. 168-171.

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS: UNA VISIÓN COMPARADA...

no obstante la relevancia de los asuntos tratados, no hubo capacidad


de maniobra política para los moriscos.
Las deliberaciones del Consejo de Estado de 1608-1609, que
determinaron la expulsión de los moriscos, tuvieron consecuencias
directas en la política de Felipe III con respecto a los cristãos-novos.
En agosto de 1608, el inquisidor general don Pedro de Castilho so-
licitó a la Corona que revocase la licencia que les había concedido
para salir del reino. Ya se ha tratado esta cuestión. Lo que interesa
ahora es señalar que, en la reunión del Consejo de Estado que analizó
dicho asunto, en el verano de 1609, pudo oírse la voz del cardenal
don Bernardo de Sandoval y Rojas abogando por la expulsión de
los conversos portugueses, del mismo modo que se estaba haciendo
con los moriscos96. Esto demuestra que los ministros del Consejo de
Estado concebían la política de la Monarquía Hispánica con respecto
a las minorías de manera global, a pesar de las enormes diferencias
que percibiesen entre ambos grupos.
Precisamente, en medio del proceso de expulsión de los moris-
cos, volvió a plantearse claramente la posibilidad de recurrir a una
medida idéntica en el caso de los cristãos-novos. Así, en octubre de
1611, cuando ya se había decretado la expulsión de los castellanos,
el Consejo de Portugal en Madrid debatió la viabilidad de aplicar
tal medida a los conversos lusos y, al mismo tiempo, señaló los
inconvenientes que acarreaba. Aparte de los de cariz político y eco-
nómico, nos interesa señalar los de tipo social y religioso, porque
demuestran, una vez más, la conciencia que existía de las diferencias
y similitudes entre los cristãos-novos y los moriscos en los organismos
de decisión de la Monarquía Hispánica. Para el Consejo de Portugal
dos problemas podían dificultar la expulsión general: el hecho de que
algunos conversos fuesen sinceros cristianos y el de los numerosos
matrimonios mixtos entre cristianos viejos y nuevos97. En Lisboa, el
virrey don Cristóbal de Moura trató esta cuestión con dos grandes
juristas: Damião de Aguiar y Mendo da Mota de Valadares. Los tres

96
BA, Cód. 49-IV-16, fols. 62r-69v: Consulta del Consejo de Estado. El documento
no está fechado, pero es posterior a la junta de Lisboa que se reunió en junio de 1609
para debatir la revocación de la licencia para salir del reino.
97
AGS, Estado España, leg. 2642, fol. 5: Consulta del Consejo de Portugal (1611, octubre, 2).

49 5

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ANA ISABEL LÓPEZ-SALAZAR Y FRANCISCO J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO

se opusieron a la expulsión general de los conversos lusos, aunque


Valadares dejó abierta esta posibilidad para el futuro:

“deixando açabar de compor de todo o abalo da expulsam dos


mouriscos e vendo o termo que tomam com as tregoas as cousas
dos rebeldes”.

En abril de 1612, la posibilidad de expulsar a los cristianos nuevos


fue de nuevo estudiada en el Consejo de Estado. En aquel mo-
mento, don Cristóbal de Moura, que había regresado a la Corte,
abanderó la causa contraria al destierro. Sólo el cardenal arzobispo
de Toledo se mostró partidario, como ya había hecho en 1609, de
aplicar una medida semejante a la de los moriscos98.
Durante los años siguientes, el proyecto de expulsión de los con-
versos portugueses cayó en el olvido y no se desempolvó hasta 1618,
cuando Felipe III encargó al inquisidor general y al Consejo General
que considerasen si sería conveniente el destierro de los convictos de
judaísmo. A partir de aquel momento, los debates sobre esta cuestión
se prolongaron hasta el inicio de la década de 1630. Al igual que había
hecho en 1597, el Consejo General se opuso a esta medida que, en
su opinión, sólo serviría para dificultar la erradicación del judaísmo
de Portugal. Tampoco había mudado Valadares, ahora miembro
del Consejo de Portugal, quien aconsejó al monarca la puesta en
práctica de la drástica medida. La principal diferencia es que, en este
momento, el inquisidor general don Fernão Martins Mascarenhas sí
se mostró partidario del destierro de los condenados por judaísmo
que hubiesen abjurado en forma o de vehemente y así lo defendió
en su Tratado sobre os varios meyos, que se offereceraõ a sua Magestade
Catholica para remedio do judaismo neste Reyno de Portugal99.
Tras años de debates en Madrid y Lisboa, en 1627 Felipe IV decretó
el destierro de los reconciliados por judaísmo fuera de los territorios

98
AGS, Estado España, leg. 2642, fol. 1: Consulta del Consejo de Estado (1612, abril, 10).
99
Para los debates que tuvieron lugar a finales del reinado de Felipe III y durante el
de Felipe IV, nos remitidos al magnífico estudio de Juan I. PULIDO SERRANO:
“La expulsión frustrada. Proyectos para la erradicación de la herejía judaica en la
Monarquía Hispánica”, en Francisco J. ARANDA PÉREZ (coord.): La declinación

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS: UNA VISIÓN COMPARADA...

de la Monarquía Hispánica, salvo de las plazas africanas. Por su parte,


los condenados a abjurar de vehemente serían desterrados a arbitrio
de los inquisidores. No obstante, esta medida no llegó a aplicarse
debido, por un lado, a la oposición del Consejo General y, por otro,
a la muerte en enero de 1628 del inquisidor general Mascarenhas, su
principal y quizá único defensor dentro del Santo Oficio.
La posibilidad de expulsar a los cristãos-novos volvió a ser debatida
en la Junta de Tomar de 1629 en la que participaron buena parte
de los obispos de Portugal y teólogos y juristas de las universidades
de Coimbra y Évora. El objetivo de la junta consistía en encontrar
remedios para la extensión del judaísmo en Portugal. Los prelados,
aunque consideraron que la expulsión total de los cristãos-novos
estaba justificada, propusieron que se limitase únicamente a los
enteros por los cuatro costados, a los que abjurasen en forma o de
vehemente y a los familiares de los relajados. No obstante, aunque
Felipe IV, una vez más, aprobó el destierro de los reconciliados y
de los que abjurasen, la medida acabó por no llevarse a la prácti-
ca100. Desde luego, no deja de resultar significativo que el confesor
real fray Antonio de Sotomayor, opuesto a cualquier expulsión o
destierro de los conversos portugueses, aunque se tratase de peni-
tenciados por la Inquisición, se lamentase también de la expulsión
de los moriscos, cuyas nefastas consecuencias ya resultaban más
que evidentes. En su opinión:

“causó en estos reinos tales daños, que fuera bien tornarlos a


recibir, si ellos se allanaran a recibir nuestra santa Fe”101.

de la Monarquía Hispánica en el siglo XVII, Cuenca, Ediciones de la Universidad de


Castilla-La Mancha, 2004, pp. 889-902.
100
AHN. Inq. Lib. 1265, fol. 407r-409: Resolución de Su Magestad sobre las propuestas
de los prelados de Portugal.
101
Juan Ignacio PULIDO SERRANO: “La expulsión frustrada.”La expulsión frustra-
da...”, p. 900.

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ANA ISABEL LÓPEZ-SALAZAR Y FRANCISCO J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO

A MODO DE SÍNTESIS

En el período de la Unión Ibérica (1580-1640), parece percibirse una


concepción general de las minorías socio-religiosas como problema
político por parte de los organismos de gobierno de la Monarquía
en dos momentos diferentes. En primer lugar, a principios del rei-
nado de Felipe III, la Corona decidió negociar con ambos grupos
la concesión de ciertas gracias, más limitadas en el caso morisco, a
cambio de la obtención de servicios que permitiesen paliar la per-
manente escasez de recursos económicos de la Monarquía. Así, en
1601, Felipe III concedió licencia para salir del reino a los cristãos-
-novos y en 1603 accedió a que los moriscos de Castilla pudiesen
cambiar de domicilio. En ambos casos, conversos portugueses y
moriscos castellanos se comprometieron al pago de un servicio de
idéntica cuantía, 200.000 ducados castellanos o cruzados portu-
gueses. Un año más tarde, los cristãos-novos prometieron un nuevo
servicio, esta vez de 1.700.000 cruzados, a cambio del perdón ge-
neral concedido por el papa a petición del rey. En segundo lugar,
en 1609 no sólo se decretó la expulsión de los moriscos, sino que
en el propio Consejo de Estado, que la decidió, comenzaron a oír-
se voces que pedían aplicar una medida similar a los cristãos-novos
portugueses. Sería la expulsión de los moriscos la que se alegaría
sistemáticamente cada vez que se propusiese aplicar tal medida a
los conversos lusos.
De hecho, a veces a los ministros de la Monarquía se les escapaba,
casi sin querer, la comparación entre las dos minorías. Así, en 1630,
fray Antonio de Sotomayor, al estudiar un memorial de los cristãos-
-novos sobre la licencia que habían obtenido para abandonar Portugal,
afirmaba, sin ambages: “lo que fue expulsión de los moriscos que
salieron a su pesar intentan hacer ellos por su voluntad”102. Ello no
quiere decir, en ningún caso, que tales ministros considerasen seme-
jantes a ambas minorías, ni desde el punto de vista social ni religioso.
102
Parecer de fray Antonio de Sotomayor (30 de junio de 1630), publicado en Elkan N.
ADLER: “Documents sur les marranes d’Espagne et de Portugal sous Philippe IV”,
en Revue des Études Juives, t. L (1905), p. 227.

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LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y LAS MINORÍAS: UNA VISIÓN COMPARADA...

De hecho, dos años más tarde, al señalar la verdadera conversión al


cristianismo de los cristãos-novos, su tendencia a casar con cristianos
viejos, la gran cantidad de conversos que ingresaban en las órdenes
religiosas y los gastos que realizaban en fundaciones religiosas y obras
pías, el mismo Sotomayor recalcaría que:

“de todas estas acciones, que son notorias e innegables, carecie-


ron los moriscos que se unieron [y] mezclaron tan privativamente
entre sí solos, que nunca se vio en ellos ningún género de deseo
de emparentar con cristianos viejos y mucho menos inclinación a
las religiones y culto divino, a las universidades ni a las letras”103.

Pero las minorías no sólo fueron percibidas, en algunos momentos,


de forma conjunta por la Monarquía, sino que, al menos en una
ocasión, uno de los grupos intentó imitar los éxitos del otro. Como
hemos comentado, los moriscos de los reinos de Aragón y Valencia
se eximieron de la pena de confiscación de bienes por crímenes de
herejía en 1555 y 1570 respectivamente. A cambio, se comprome-
tieron al pago de una renta anual a los tribunales de Zaragoza y
Valencia. Pues bien: los cristãos-novos portugueses siempre tuvieron
en mente estos acuerdos y buscaron alcanzar uno semejante. No
obstante, jamás lo lograron, lo que pudo deberse a dos motivos.
Por un lado, la Inquisición portuguesa se opuso a ello, mientras que
los tribunales de Aragón y Valencia lo aceptaron. Por otro, en los
territorios de la Corona de Aragón tal acuerdo constituía la mejor o
única manera de resolver el espinoso problema de la propiedad de
los bienes inmuebles de los moriscos, la mayoría de ellos vasallos de
señoríos. Nada semejante ocurría con los cristãos-novos portugueses.
Diferentes en sus orígenes, estatuto social, bases económicas y
estrategias de integración, durante casi treinta años, de 1580 a 1609,
cristãos-novos y moriscos tuvieron que negociar con la Corona y, tanto
ésta como sus ministros, dieron, en algún que otro momento, muestras
de entender que se hallaban ante un problema, el de la integración
103
Parecer de fray Antonio de Sotomayor (1 de enero de 1633), publicado en Elkan N.
ADLER: “Documents sur les marranes d’Espagne et de Portugal sous Philippe IV”,
en Revue des Études Juives, t. L (1905), p. 118. Hemos actualizado la grafía.

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ANA ISABEL LÓPEZ-SALAZAR Y FRANCISCO J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO

de los grupos de orígenes socio-religiosos diversos, que sobrepasaba


el caso concreto de Portugal, Valencia o Aragón. No obstante, las
profundas diferencias sociales, económicas y, probablemente también,
religiosas de cristãos-novos portugueses y moriscos, especialmente
valencianos, determinaron que el destino de ambos grupos acabase
por ser diferente. Como también lo fue el de los judeoconversos
castellanos con respecto a sus homólogos portugueses o el de los
primeros en relación con los moriscos. Pues nunca hubo dos minorías
en el seno de la Monarquía Hispánica, judeoconversos y moriscos,
sino grupos muy diversos que, en realidad, lo único que compartían
era su cada vez más lejana conversión forzosa al cristianismo.

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“BOM SENSO E BOM GOSTO”
LOS JUDÍOS EN CONTACTO CON LAS MONARQUÍAS IBÉRICAS:
PROTOCOLO Y APARIENCIA
José Alberto Rodrigues da Silva Tavim
Centro de História, Faculdade de Letras, Universidade de Lisboa

INTRODUCCIÓN

Recientes estudios han contornado la visión de cierta historiografía


sobre los judíos ibéricos como alejados de las monarquías ibéricas
que los habrían rechazado a finales del siglo xv, y también a causa
de la actividad de persecución inquisitorial1. Sin embargo, incluso
antes del establecimiento de la Inquisición en Portugal en 1536,
era frecuente la entrada, aunque no en gran número, de judíos de

1
Véase por ejemplo, Julio CARO BAROJA: Los Judíos en la España Moderna y Contem-
poránea, Madrid, Istmo, vol. I, 1986, cap. 1 – “Aventureros, Psicópatas y Emigrantes
Inadaptados”; Antonio DOMÍNGUEZ ORTIZ: “Judíos en la España de los Aus-
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JOSÉ ALBERTO RODRIGUES DA SILVA TAVIM

Marruecos en este país sobre todo por motivo de negocios. Termi-


nados estos deberían regresar al país de origen2.
No obstante, debemos enfatizar que en Portugal la estancia de
judíos fue reglamentada por ley desde el establecimiento de la Inqui-
sición el 23 de mayo de 1536, aunque fue y sigue siendo un derecho
transitorio. En 1537, el rey D. João III (1521-1557) obligó a todos los
judíos que entrasen en Portugal a usar una estrella de tela roja de seis
puntas como signo distintivo en su hombro derecho3. Y el segundo
“Regimiento” de la Inquisición publicado el 23 de octubre de 1613,
detallaba incluso más que la ley real cómo deberían comportarse los
judíos visitantes en Portugal. Al llegar, los judíos debían comparecer
ante los inquisidores, quienes les ordenarían usar un sombrero amarillo
y ser escoltados siempre por un familiar del Santo Oficio, a quien
pagarían todos los gastos. Solo podrían entrar en contacto con socios
comerciales, y por la noche dormirían en residencias especialmente
vigiladas, con el claro objetivo de evitar cualquier contacto con la
población cristiano-nueva del reino, cuya verdadera adhesión al
catolicismo siempre estaba bajo sospecha4. La legislación muestra
que los judíos podían entrar en Portugal y mantener su identidad,
aunque solo temporalmente y nunca de forma permanente5.
En este contexto debemos señalar que algunos judíos tenían de-
recho a vivir en los dominios ibéricos del Norte de África, debido a
su papel como intérpretes, traductores e informadores. En Orán es
bien conocido el caso de los Sasportas y de los Cansino, estudiado
2
Véase, sobre todo, José Alberto R. Silva TAVIM: “Abraão Benzamerro, ‘judeu de si-
nal’, sem sinal, entre o Norte de África e o reino de Portugal”, Mare Liberum, 6 (1993),
pp. 115-141; ídem: Os judeus na Expansão Portuguesa em Marrocos durante o século XVI:
origens e actividades duma comunidade, Braga, Edições APPACDM Distrital de Braga,
1997, pp. 494-509.
3
Duarte Nunes de LEÃO: Leis Extravagantes e Reportório das Ordenações (reprodução
fac-simile da edição princeps das Leis Extravagantes, impressa em 1569), Lisboa, Fun-
dação Calouste Gulbenkian, 1987, Quarta Parte, Título V, lei vii, fol. 122.
4
Regimento do Santo Officio da Inquisiçam dos Reynos de Portugal. Recopilado por Man-
dado do Illustrissimo & Reverendissimo Senhor Dom Pedro de Castilho, Bispo Inquisidor
Geral & Visorey dos Reynos de Portugal, Lisboa, Pedro Craesbeeck, 1613, tit. V, cap.
XIII, p. 27.
5
Véase la synthesis de Jorge COUTO: “Os judeus de sinal na legislação portuguesa da
Idade Moderna”, en Maria Helena Carvalho dos SANTOS (ed.): Comunicações apre-
sentadas ao Iº Congresso Luso-Brasileiro sobre Inquisição, Lisboa, Universitária Editora,
vol. I, 1989, pp. 123-143.

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“BOM SENSO E BOM GOSTO”. LOS JUDÍOS EN CONTACTO...

profundamente por Jean-Frédéric Schaub6. Los Pariente desempeñaron


un papel similar en Tánger bajo las tutelas del Portugal gobernado
por los Felipes y por la dinastía de Bragança, y también bajo la de
Inglaterra. Y los Mexias ocuparon el mismo lugar en Ceuta7.
Por lo tanto, a pesar de los avatares de los acontecimientos políti-
cos y religiosos, el hecho de estar conectados con el mismo crisol de
civilización en aspectos tan importantes como el uso de las mismas
lenguas y la observación de ciertas costumbres, pero también debido
a intereses de tenor mercantil y financiero, ocasionaran una cierta
simbiosis de actividades e intereses entre las monarquías hispanas
y algunos judíos de matriz ibérica, que además se fue cimentando
a lo largo de los siglos xvi y xvii, sobre todo con la emergencia de
la migración conversa, provocada en general por los surtos de la
persecución inquisitorial, y que dio origen a tan importantes co-
munidades como las de Hamburgo, Ámsterdam, Livorno, Esmirna,
Londres y otras más.
Desde aquí, como en las plazas del Norte de África, los “expulsados”
no dejaron de mantener relaciones intensas con los países ibéricos
de donde procedían, sobre todo con los monarcas y miembros de
las instituciones estatales. Algunos, como Duarte Nunes da Costa
o Jacob Curiel (1585-1664), continuaron sirviendo a los monarcas
ibéricos a pesar de haber sido “anulados” por la Inquisición en
tiempos muy recientes. Duarte Nunes da Costa había recibido en
su casa de Hamburgo, en 1639, a D. Duarte, el hermano menor
del futuro rey D. João IV (1640-1656). Con la “Restauración” de
Portugal en 1640, Duarte Nunes da Costa rompió todos sus lazos
con los Habsburgo, y sirvió al primer soberano de Braganza, sumi-
nistrándole armas y municiones. ¿Seguían albergando el sueño de
pertenecer a un “Reino Nuevo”, en el que los hombres de negocios
portugueses serían aceptados, como lo fueron en los días dorados
del gobierno del conde-duque de Olivares (1621-1643)8? De hecho,
6
Jean-Frédéric SCHAUB: Les juifs du roi d`Espagne. Oran, 1509-1669, Paris, Hachette,
1999.
7
José Alberto R. Silva TAVIM: “Negociação de identidades...”, pp. 370-375.
8
Véase John H. ELLIOTT: El Conde-Duque de Olivares. El político en una época de dec-
adencia, Barcelona, Editorial Crítica, 1991, pp. 300-313; y Jonathan ISRAEL: “Spain
and the Dutch Sephardim, 1609-1660”, Studia Rosenthaliana 12, 1-2 (1978), pp. 1-61;

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JOSÉ ALBERTO RODRIGUES DA SILVA TAVIM

Duarte Nunes da Costa había sido condenado in absentia por la


Inquisición de Lisboa en un auto de fe celebrado el 5 de septiembre
de 1638, y su estatua fue entregada a la justicia secular, ya que había
huido de Portugal en torno a 1609 y vivía en Hamburgo9. A pesar
de eso, terminó siendo honrado con el título de “cavaleiro fidalgo”
por el nuevo monarca el 14 de junio de 1641, y fue nombrado agente
de Portugal tres años más tarde10.
Es tiempo de analizar esta trama de los movimientos de seducción
por parte de los judíos de la diáspora, no obstante los traumas de la
persecución, de la expulsión y de la migración forzada.

EL PROTOCOLO

El protocolo es una estrategia fundamental de aproximación a una


entidad en este caso conocida y a quien se pretende infundir un
sentimiento de confianza, a pesar de la distancia y la conciencia
que hay una coyuntura específica de degradación de la imagen del
interlocutor, fundamentada en motivos de contenido religioso, que
pueden consubstanciar sentimientos de repulsa: repulsa por la fal-
sedad en el comportamiento religioso; repulsa por la inconstan-
cia social de la persona que no se armoniza con una imagen de
confianza. Entonces, en este complejo de relaciones, garantizar la
“reputación” y “el mantenimiento de las normas sociales”, como
ídem: “Manuel López Pereira of Amsterdam, Antwerp and Madrid: Jew, New Chris-
tian and Adviser to the Conde-Duque de Olivares”, Studia Rosenthaliana 19, 2 (1985),
pp. 109-126; ídem: European Jewry in the Age of Mercantilism, 1550-1750, London, The
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de los judíos de ser aceptados de nuevo en Portugal, António José SARAIVA: Inquisi-
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sobre Vieira, Lisboa, Instituto de Cultura e Língua Portuguesa, 1992, pp. 75-107.
9
Arquivo Nacional da Torre do Tombo (Lisboa) (ANTT), Inquisição de Lisboa (IL),
processo (proc.) 7192, fol. 42.
10
Acerca de Duarte Nunes da Costa véase Jonathan ISRAEL: “Duarte Nunes da Cos-
ta (Jacob Curiel), of Hamburg, Sephardi Nobleman and Communal Leader (1585-
1644)”, Studia Rosenthaliana 21-1 (1987), pp. 14-34.

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“BOM SENSO E BOM GOSTO”. LOS JUDÍOS EN CONTACTO...

elementos fundamentales das “Language of Trust” –para utilizar


una expresión enfatizada por Ricardo Court11– deberían ser instru-
mentos clave para el triunfo en la correspondencia.
Debemos entonces preguntarnos cómo se hacía, y también señalar
qué no debía hacerse.
Comencemos por la segunda cuestión: ¿qué no debía hacerse?
Un análisis generalizado de la documentación revela que lo que no
se debía hacer era cualquier comentario –directo o indirecto– sobre
el gobierno del país y su dirección religiosa, a pesar de que los nuevos
judíos, como se nota por alguna correspondencia particular o alusiva,
estaban lógicamente en posición frontal contra la Inquisición y los
principios de su actuación12. Esto puede ser atestiguado incluso por
la casi ausencia de mención a la institución, aun cuando en corres-
pondencia particular el interlocutor judío sabía que determinado
monarca estaba en contra de la política circunstancial del Tribunal del
Santo Oficio. Por el contrario, encontramos incluso el caso de uno
judío marroquí que ha hecho un panegírico de la Inquisición –claro,
ante la Inquisición de Lisboa: en 1658, Jacob Mexias se presenta allí
a quejarse de una persona que era pariente de un familiar del Santo
Oficio. Cuando se dirigió a la residencia del familiar Amaro Fran-
cisco, donde permanecía el judío Arroyo, por motivos de negocios,
fue súbitamente agredido, física y verbalmente, por João da Silva,
yerno de aquel. Se dirigió entonces al Tribunal para que se hiciera
justicia, pues siempre estuvo acompañado por el familiar Antonio
Rodrigues, y bajo la protección del Santo Oficio, “cuja inteireza e

11
Sobre la etiqueta en la correspondência de los comerciantes, véase Francesca
TRIVELLATO: The Familiarity of Strangers. The Sephardic Diaspora, Livorno, and
Cross-Cultural Trade in the Early Modern Period, New Haven, Yale University Press,
2009, cap. 7. Y también Ricardo COURT: ‘“Januensis Ergo Mercator’: Trust and
Enforcement in the Business Correspondence of the Brignole Family”, The Sixteenth
Century Journal, 35, 4 (2004), pp. 907-1003; ídem: “The Language of Trust: Reputa-
tion and the Spread and Maintenance of Social Norms in Sixteenth Century Genoese
Trade”, RiMe – Revista dell’Istituto di Storia dell’Europa Mediterranea, 1 (2008), pp.
77-96 (agradezco a Ana Sofia Ribeiro las dos últimas referencias).
12
Véase por exemplo Miriam BODIAN: Dying in the Law of Moses. Crypto-Jewish Mar-
tyrdom in the Iberian World, Bloomington e Indianapolis, Indiana University Press,
2007, cap. 7.

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JOSÉ ALBERTO RODRIGUES DA SILVA TAVIM

justiça era tam conhecida no mundo, e ainda mais na África, onde


era natural, e morador”, afirma Jacob Mexia, firmando en hebreo13.
Pero, como dijimos, normalmente referencias a cuestiones de tenor
religioso, y a las instituciones católicas, se encuentran totalmente
ausentes. Lo que se debía hacer era ir directamente al asunto pre-
tendido, ya se tratase de una información sobre un combate, treguas
que se avecinaban, relaciones de un determinado Estado con otros
Estados, política interna, descripciones de embajadas y estrategias
matrimoniales, o el suministro de bienes requeridos por el soberano
español o portugués como armamento, explosivos, cereales y otros
bienes, etc. Lo que refleja buena parte de esa correspondencia enviada
a los reyes ibéricos es el detalle casi cuotidiano de lo que pasaba en
los reinos en que vivían, como si fuesen cronistas de otros reinos,
con el objetivo de informar al soberano ibérico de aquello que de
otra forma tendría más dificultades para conocer. En este caso la
figura más emblemática es quizás el barón Manuel de Belmonte,
es decir Isaac Nunes (1630-1705), conde palatino y “agente” del rey
de España en las Provincias Unidas, que entró al servicio de la Casa
Real de España en 1664, como agente-general, y después de ese año,
como residente. El rey Carlos II le otorgó incluso carta de nobleza en
1693, emitida en Bruselas, en reconocimiento de sus veinte años de
servicio a favor de España. Prueba de ello es la voluminosa y minu-
ciosa correspondencia del mismo que se encuentra en la Biblioteca
Nacional de España, mantenida con don Juan José de Austria y don
Mateo Patiño sobre acontecimientos políticos y militares europeos
observados desde Ámsterdam, en 1666-1667; además de la corres-
pondencia de Estado con don Manuel Joaquín Álvarez de Toledo y
Portugal, conde de Oropesa, desde 1687 a 169114.
Pero desde fechas tempranas tenemos conocimiento del formu-
lario utilizado para infundir confianza en sus servicios delante de
los correspondientes cristianos. Por ejemplo, cuando Abraão Rute,

13
ANTT, IL, livro 236 (Século xvii – Cadernos do Promotor, n.º 37), fols. 519-520.
14
Vide Richard J. H. GOTTHEIL: The Belmonte-Belmonte Family. A Record of four
hundred years. Put together from the Original Documents in the Archives and Libraries
of Spain, Portugal, Holland, England and Germany as well as from private sources, New
York, Privately Printed, 1917, cap. 7.

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“BOM SENSO E BOM GOSTO”. LOS JUDÍOS EN CONTACTO...

el rabino jefe de Safi –ciudad costera marroquí conquistada por los


portugueses en 1508– informa detalladamente a D. Manuel I, rey
de Portugal (1495-1521), en 1511, del cerco de la ciudad hecha por
algunas tribus vecinas, señala: “(...) y Nuestro Señor que ayuda y les
favorece cosas de V. A., dyo vytoria a los Cristanos. El sea loado!”15.
De hecho, lo que parece una paradoja, es una fórmula protocolaria de
mostrarse en conexión con la política de Portugal, reino de cristianos,
a pesar de que el mismo Abraão había sido uno de los expulsados de
la Península Ibérica unos años antes.
Este discurso “de proximidad” alcanza su máxima expresión con
las figuras áulicas de la élite portuguesa de Ámsterdam, como es el
caso paradigmático de Jerónimo Nunes da Costa, o Moisés Curiel
(1620-1697) –hijo de Duarte Nunes da Costa– el cual organizó unas
festividades en La Haya para conmemorar el segundo matrimonio de
D. Pedro II (1683-1703) de Portugal, con la princesa María Sofía Isabel
de Neoburgo (1666–1699)16. El poeta converso exilado en Ámsterdam
Manuel de Leão señala en la dedicatoria de su Triunpho Luzitano,
evocando el mismo matrimonio regio, que Jerónimo era “Cavallei-
ro Fidalgo de Caza de su Majestad Elrey Dom Pedro Segundo de
Portugal”17, aunque estuviese fuera de Portugal, siendo un eminente
miembro de la comunidad portuguesa de Ámsterdam. Su dualidad le
causó cierta molestia dentro de esa comunidad, especialmente durante

15
“Carta de rabi Abraão a D. Manuel”, Safi, 3.1.1511, pub. en Pierre de CÉNIVAL,
David LOPES y Robert Ricard (eds.): Les Sources Inédites de l’Histoire du Maroc – pre-
mière Série: Dynastie Sa’adienne. Archives et Bibliothèques du Portugal, Paris, Éditions
Paul Geuthner, vol. 1, 1934, pp. 281-283; y en António da Silva REGO (ed.): As Ga-
vetas da Torre do Tombo, Lisboa, Centro de Estudos Históricos Ultramarinos, vol. 10,
1974, pp. 104-106. Sobre el contexto del documento véase José Alberto Rodrigues da
Silva TAVIM: Os judeus na Expansão Portuguesa em Marrocos..., pp. 206-208.
16
Sobre Jerónimo Nunes da Costa véase Daniel SWETSCHINSKI: “An Amsterdam
Jewish Merchant-Diplomat: Jeronimo Nunes da Costa alias Moseh Curiel (1620-
1697), Agent of the King of Portugal”, en L. DASBERG y J. N. COHEN (eds.):
Neveh Ya’akov Jubilee Volume Presented to Dr. Jaap Meijer on the Occasion of his Sev-
entieth Birthday, Assen, Van Gorcum, 1982, pp. 3-30; y Jonathan ISRAEL: “The
Diplomatic Career of Jeronimo Nunes da Costa: An Episode in Dutch-Portuguese
Relations of the Seventeenth Century”, Bijdragen en Mededelingen betreffende de Ges-
chiedenis der Nederland 98 (1983), pp. 167-190; ídem: “An Amsterdam Jewish Mer-
chant of the Golden Age: Jeronimo Nunes da Costa (1620-1697), Agent of Portugal
in the Dutch Republic”, Studia Rosenthaliana 18-1 (1984), pp. 21-40.
17
Manuel de LEÃO: Triunpho luzitano, Bruselas, s. ed., 1688, fol. 1.

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JOSÉ ALBERTO RODRIGUES DA SILVA TAVIM

la reconquista del Brasil holandés por los portugueses (1645-1654). Fue


durante este período, más precisamente el 9 de mayo 1645, cuando
los agricultores cristianos empuñaron armas contra los holandeses
en el “hinterland” de Recife y comenzaron a quemar las granjas per-
tenecientes a judíos, entre otros, cuando Jerónimo Nunes da Costa
fue nombrado agente de la Corona portuguesa en las Provincias
Unidas por el rey de Portugal D. João IV18. Este mismo año, Nunes
da Costa comunicó al diplomático portugués Luís Pereira de Castro
que era “um bom portuguez e fiel servidor de sua magestade”, y que
estaba orgulloso de su posición19. De hecho, fue recompensado el
año siguiente por el mismo rey con la nueva posición de “caballero-
hidalgo de la casa real”20. Para los propósitos de nuestro estudio, es
interesante examinar más de cerca la carta que dirigió a D. Nuno
Álvares Pereira de Melo, primer duque de Cadaval, en 1682, hoy en
la Biblioteca Nacional de Francia. Escribiendo a este gran aristócrata,
que había sido nombrado embajador en la corte de Saboya en Turín,
Nunes da Costa informó cómo en las gacetas francesas, españolas,
flamencas y alemanas, “se retratam do mesmo modo as grandezas
da nossa Armada, e as do aplauzo com que Vossa Excelência está
nessa Corte, e a gloria que com isso alcança a nação Portuguesa”21.
Sin que nos refiramos a la misión del duque en Turín, que no tiene
nada que ver con nuestro tema22, vale la pena señalar que Jerónimo
Nunes da Costa se considera un miembro activo de la “nación por-
tuguesa”. Según Miriam Bodian, su autodenominación como “gente
18
Véase H. I. BLOOM: The Economic Activities of the Jews of Amsterdam in the 17th
and 18th Centuries, New York, Kennikat Press, York, 1969, pp. 138-144; Arnold WIZ-
NITZER: “Jewish Soldiers in Dutch Brazil”, Proceedings of the American Jewish His-
torical Society 47 (1957), pp. 45-50; Charles BOXER, The Dutch in Brazil, Oxford,
Oxford University Press, 1957, cap. 5 – “The ‘War of Divine Liberty’”; y Jonathan IS-
RAEL: Diasporas within a Diaspora. Jews, Crypto-Jews and the World Maritime Empires
(1540-1740), Leiden, Brill, 2002, cap. 11: “Dutch Sephardi Jewry, Millenarian Politics
and the Struggle for Brazil (1645-1654)”.
19
“Carta de Jerónimo Nunes da Costa [to Luís Pereira da Costa], Amsterdam,
20.10.1645, en Biblioteca da Ajuda (Lisboa), ms. 49-X-24, fols. 339-339vº.
20
Cf. Jonathan ISRAEL: “An Amsterdam Jewish Merchant...”, p. 22.
21
“Carta de Jerónimo Nunes da Costa a D. Nuno Álvares Pereira de Melo, Duque de
Cadaval, Amsterdam, 10.8.1682, en Bibliothèque Nationale de France, Fonds Portu-
gais, n.º 37, fol. 42.
22
Sobre esta embajada, véase Maria Paula Marçal LOURENÇO: D. Pedro II, Lisboa,
Círculo de Leitores, 2007, p. 249.

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“BOM SENSO E BOM GOSTO”. LOS JUDÍOS EN CONTACTO...

da nação” (gente de la nación), u “os da nação” (los de la nación),


a veces agregando “Hebre(i)a” (hebrea) a ella, o incluso “Judeus
da nação portuguesa e española” (judíos de la nación portuguesa y
española), como apareció en el texto de la unión de varias congre-
gaciones portuguesas en 163923, usado entre los judíos portugueses
de Ámsterdam, evoca no solo el sentido original de la expresión
holandesa Portugeesche Nation –nación portuguesa– que significa
la comunidad extranjera portuguesa, sino también un componente
étnico que indica una experiencia histórica común e idiosincrásica
que los llevó al exilio en los Países Bajos24. Sin embargo, este ejem-
plo del uso de la palabra por Jerónimo Nunes da Costa es aún más
“plástico”. Se consideraba un miembro de la nación portuguesa, es
decir, un portugués “de Portugal”, en el exilio. En la misiva enviada
a Luís Pereira de Castro dijo que era un “bon portugués”, y que se
regocijó junto con el duque de Cadaval por “nuestra” flota. El poeta
Manuel de Leão subrayó que Jerónimo “ama” extremadamente todo
lo relacionado con Portugal25. Estos “fragmentos de un discurso amo-
roso” –para usar la terminología de Roland Barthes– están dirigidos
no a un ser querido, amigo o familiar, sino a una entidad social y
política a la que alguien quiere servir, y por la cual alguien posee
un sentido de pertenencia. En realidad, el proceso y el discurso de
adhesión son similares; por esa razón aún hoy es habitual referirse
de forma abstracta al “amor por una causa o al amor por el país”. De
hecho, Nunes da Costa se refería a la “nación portuguesa” no solo
en el sentido de la nación judía portuguesa, sino con un carácter
más universal que incluía, de manera abstracta, a todos aquellos que
sentían que eran portugueses, incluso en el exilio.
Además, en 1668, D. Pedro II de Portugal pidió a los Estados
Generales que reconocieran a Jerónimo Nunes da Costa como
23
Regulamentos de 3.4.1639, Livro dos Acordos da Nação, Escamot e Eleiçoens do
K.K. de T.T. que el Dio Augmenta, in Stadsarchief Amsterdam (SA), 334 – Ar-
chief van de Portugees-Israelitche Gemeente te Amsterdam (APIGA), n.º 19, pub.
por Wilhelmina C. PIETERS en Daniel Levi de Barrios als geschiedschrijver van de
Portugees-Israelitische Gemeente Amsterdam in zijn “Triumpho del Govierno popular”,
Amsterdam, Schelta & Holkema NV, 1968, p. 156.
24
Miriam BODIAN: Hebrews of the Portuguese Nation: Conversos and Community in
Early Modern Amsterdam, Bloomington, Indiana University Press, 1997, pp. 6-13.
25
Manuel de LEÃO, Triunpho..., ‘Dedicatoria’.

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JOSÉ ALBERTO RODRIGUES DA SILVA TAVIM

representante de la Corona portuguesa, lo que fue aceptado, aunque


se negaron a eximirlo del pago de impuestos, ya que era bien sabido
que era uno de los miembros más ricos de la comunidad portuguesa
en Ámsterdam. Y es digno de mención que Jerónimo Nunes da Costa
insistiese en que los Estados Generales registraran su condición de
“ministro” de la Corona portuguesa, y no de holandés. Los Estados
Generales finalmente acordaron su exención, no por los motivos que
había presentado, sino por los servicios prestados por él26.
¿Sería solo una cuestión de “Realpolitik”? Es decir, Abraão Rute
era rabino de la comunidad de Safi, reconocido en esa posición por
carta regia. Y Moisés Curiel siguió presentándose en su corresponden-
cia con entidades portuguesas con el nombre cristiano de Jerónimo
Nunes da Costa, asumiendo también en la onomástica ese sentido
de pertenencia.
De hecho, lo que ha sido ampliamente comprobado por Jonathan
Israel es que la supervivencia de este grupo minoritario –sobre todo
en las comunidades “nacidas” en el siglo xvii– dependía mucho del
mantenimiento de los contactos socioeconómicos con los reinos
ibéricos y sus imperios: y en ese papel fundamental eran reconocidos
por las entidades nacionales que los acogieron. El gran virtuosismo
de sus estrategias de acción era la intermediación económica y polí-
tica entre entidades políticas a menudo en confrontación: aquellas
de donde fueron expulsados, y las que los acogieron. Digamos que
su lustre dependía del protagonismo de hacer “respirar” dos mun-
dos a menudo belicosos27. Y tuvieron que actuar como si siguieran
viviendo en España, Portugal o en sus colonias. No obstante, dos
cuestiones se plantean aquí: la de la reciprocidad y la de la vivencia
ibérica en “exilio”.
Como hemos visto, los soberanos ibéricos designaron estos hom-
bres, ahora abiertamente judíos en Ámsterdam, para los puestos de
representantes de las Coronas española o portuguesa, y les concedieron
incluso títulos nobiliarios que aquellos ostentaron con orgullo y con

26
Véase supra, nota 16.
27
Véase, sobre todo, Jonathan ISRAEL: Diasporas within a Diaspora...; ídem: European
Jewry...; ídem: Empires and Entrepots: The Dutch, the Spanish Monarchy and the Jews,
1585-1713, London, Hambledon Press, 1990.

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“BOM SENSO E BOM GOSTO”. LOS JUDÍOS EN CONTACTO...

elegancia. Pero aquí el juego de mímesis está fundamentado en un


“olvido fabricado” –para utilizar la terminología de los historiadores
de “la Mémoire”, como Lucette Valensi y Jocelyne Dahklia28–, es decir,
como si toda la realidad apremiante que llevó a su erradicación del
mundo político no debiera ser evocada; y como si estos personajes
fueran “destacados” de sus comunidades y premiados solo en función
de su actividad individual y a veces idiosincrásica –algo, que por
cierto, los mismos agraciados promovían. Por eso, obviamente, sus
nombres judíos jamás son declarados por ellos mismos o por otros
en la correspondencia oficial de tenor político o informativo, pero
sí en las páginas acusatorias de los procesos inquisitoriales –esos
sí que tenían la función de recordar y acusar29. Por supuesto, aquí
la “Realpolitik” de las monarquías hispanas resultó favorable a las
necesidades de la “Realpolitik” de estas personalidades: la necesidad
de contar con el apoyo de estos “portugueses” o “españoles” en el
exilio para asegurar estrategias de contenido económico y político
en países de relaciones inestables, incluso si resultaba imprescindi-
ble dejar al margen algunas directrices religiosas. Pero, recordemos
de nuevo, que aquí está el motivo de todo este aparato discursivo,
con el objetivo de infundir confianza: al discurso de lealtad o amor
patrio, o a la minuciosa tarea de mantener las Coronas informadas
de lo que pasaba en las localidades del exilio y otros, correspondía el
reconocimiento de los monarcas ibéricos, con la atribución de cargos
y puestos honoríficos que vehiculaban de nuevo, indudablemente,
estas personalidades al mundo ibérico –de donde, además, nunca
habían salido en términos de valores y mentalidad. Y, además, como

28
Véanse, respectivamente, Lucette VALENSI: “From Sacred History to Historical
Memory and Back: The Jewish Past”, History and Anthropology, 2, 2 (1986, número
especial con el título Between Memory and History, ed. por Marie Noelle BOUR-
GUET, Lucette VALENSI y Nathan WACHTEL), pp. 283-305; ídem: “Le roi chro-
nophage. La construction d’une conscience historique dans le Maroc postcolonial”,
Cahiers d`Études Africaines, 30, 3, 1990, pp. 279-298; ídem: Fables de la mémoire. La
glorieuse bataille des Trois Rois, Paris, Éditions du Seuil, 1992; Jocelyne DAKHLIA:
L’oubli de la cité. La mémoire collective à l’épreuve du lignage dans le Jérid tunisien,
París, Éditions La Découverte, 1990.
29
Véase por exemplo, José Alberto R. Silva TAVIM: “Diásporas para o Reino e Impé-
rio...”, p. 377.

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JOSÉ ALBERTO RODRIGUES DA SILVA TAVIM

“grandes señores”, tal como los “grandes” de Portugal y de España,


su posición los transformaba en personajes fuera de sospecha.
¿Los reyes de España podían dudar de una persona del estatus de
Manuel de Belmonte, nombrado en 1672 conde palatino del Sacro
Imperio por el emperador Leopoldo I de Habsburgo (1657-1705) y
barón de Belmonte en 1693 por Carlos II de España (1665-1700)?
¿O también del banquero António Lopes Suasso (1614-1685), como
judío Isaac Israel Suasso, que recibió de Carlos II de España el tí-
tulo de barón d’Avernas-le-Gras en reconocimiento de sus servicios
diplomáticos, título también asumido por su famoso hijo Francisco
Lopes Suasso (1657-1710), como judío Abraham Israel Suasso, igual-
mente banquero?30 ¿Y podrían los reyes de Portugal también dudar
de la dinastía de los Nunes da Costa: Duarte Nunes da Costa, como
hemos visto, nombrado por el rey D. João IV caballero-hidalgo por
el servicio prestado a su causa; y su hijo Jerónimo Nunes da Costa,
nombrado también por el mismo rey caballero de la Casa Real debido
al apoyo incondicional a su causa?
En realidad, estamos ante dinastías de personas de origen judío
ennoblecidas, lo que, una vez más, remite a la singularidad de sus
talentos, dentro de sus comunidades, casi en el mismo nivel excepcio-
nal de los monarcas hispanos y sus asistentes. Manuel de Belmonte
tenía a su sobrino Francisco de Schonenberg, alias Jacobo Abraham
Belmonte, establecido en la península ibérica desde 1678, como
representante diplomático de la República holandesa en Madrid; y
le sucedió en el título de barón su primo Francisco Jiménez Belmon-
te. Como hemos visto, a António Lopes Suasso le sucedió su hijo
Francisco en el título de barón d’Avernas-le-Gras. Y, a su vez, a este
sucedió en su negocio y como barón d’Avernas-le-Gras su hijo mayor,
Antonio Lopes Suasso el Joven, alias Isaac Lopes Suasso (1695-1775).
Respecto a los Nunes da Costa, se trata también de una dinastía
de representantes judíos fieles a los Bragança. La conexión entre el
poder político portugués y la familia Nunes da Costa continuó en la
siguiente generación, consolidada a través de su idea de pertenecer
30
Sobre esta familia véase, sobre todo, Daniel SWETSCHINSKI y Loeki SCONDU-
VE: De familie Lopes Suasso, financiers van Willem II, Ámsterdam, Joods Historisch
Museum, 1988.

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“BOM SENSO E BOM GOSTO”. LOS JUDÍOS EN CONTACTO...

a Portugal. A Jerónimo sucedió en su cargo de agente de Portugal


en las Provincias Unidas su hijo mayor, Alexandre Nunes da Costa,
también conocido como Shelomoh Curiel, y después de su muerte
en 1712 el cargo fue para su hijo menor, Álvaro Nunes da Costa, o
Nathan Curiel. Curiosamente, a la muerte de Nathan en 1738, la
corona portuguesa negó a su sobrino y heredero la renovación del
título bajo la acusación de ser un “judío”31. En ese período Portugal
era gobernado por el rey D. João V (1707-1750), bajo cuyo reinado se
alcanzó la culminación de la identificación entre el poder absoluto y
la política religiosa del Santo Oficio, que promovió la unidad política
mediante la supresión de posibles o supuestos intereses ideológicos
u otras diferencias32. De todas formas, se trató de dinastías que per-
duraron, a pesar de que se sabía que eran judíos.
Pero aquí se plantea, como hemos dicho, otra cuestión que es
la de la vivencia de estos judíos ibéricos en el exilio. Sabemos por
los estudios muy minuciosos de autores como Yosef Kaplan, Daniel
Swetschinski y Tirtsah Levie Bernfeld, que se trataba de sociedades
muy estratificadas, es decir, que reproducían en el exilio una división
social entre ricos y pobres, influentes y comunes, similar a la que
estructuraba la sociedad de órdenes del Antiguo Régimen peninsular.
En su cúspide se encontraban estas dinastías de los representantes
políticos y de los potentados financieros (acumulando con frecuen-
cia ambas funciones). Y, en polo opuesto, estaban todos los pobres
emigrados –muchos huidos de la acción predadora de las inquisicio-
nes– sin recursos, dependiendo de la caridad de las instituciones de
auxilio, causando inmensos problemas para la gestión financiera del
Mahamad o Junta Gobernativa de las diversas comunidades, lo que las
llevó a plantear soluciones drásticas como el envío de los excedentes
a otras comunidades o incluso a las colonias en el Nuevo Mundo.
Esta estratificación es notoria también en el trato entre inte-
lectuales y mecenas ricos, a los que aquellos retrataban de forma
31
Cf. Jonathan ISRAEL: “The Diplomatic Career...”, p. 190.
32
Vide Maria Luísa BRAGA: A Inquisição em Portugal na primeira metade do séc. XVIII.
O Inquisidor Geral D. Nuno da Cunha de Athayde e Mello, Lisboa, INIC, 1992. Véase
también a J. Lúcio de AZEVEDO: História dos Cristãos Novos Portugueses, Lisboa,
Livraria Clássica Editora, 1975, pp. 331-345; y Maria Beatriz Nizza da SILVA: D. João
V, Lisboa, Círculo de Leitores, 2006, pp. 178-183.

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JOSÉ ALBERTO RODRIGUES DA SILVA TAVIM

áulica e ilustre. Destaca el poeta Daniel Leví de Barrios, autor de


un número impresionante de panegíricos y epitalamios en favor de
los más importantes y acaudalados, dignos de aplicarse a los miem-
bros de las casas más ilustres de Portugal y España. Por lo tanto, lo
que queremos decir es que, en realidad, reproduciendo estos judíos
conversos más poderosos, en el exilio, el universo de las relaciones
sociales ibéricas –que era de hecho aquel en el que habían nacido y
crecido– al invertir en el mantenimiento de los lazos con la Península,
sobre todo por motivaciones de índole económica, sería lógico que
utilizasen en la comunicación con las monarquías ibéricas las formas
de protocolo que reconocían ser las más necesarias, convenientes y
eficientes.

LA APARIENCIA

Es evidente que los grandes hombres de negocios conversos man-


tuvieron al menos la apariencia que guardaban en la Península Ibé-
rica, aun cuando, acosados por la Inquisición, se establecieron en
Hamburgo o Ámsterdam. Otros, como el barón de Belmonte o los
barones Suasso, adoptaron los trajes propios de su estado, como si
viviesen en el mundo ibérico que representaban, es decir, vestiduras
que los identificaban como miembros de la nobleza de servicio y de
las finanzas en el exterior de la península ibérica.
Sin embargo, debemos destacar que hay indicios de que los judíos
autorizados a visitar la península ibérica, en los siglos xvi y xvii, sobre
todo oriundos del Norte de África, adoptan una actitud semejante.
Eran también hombres de la élite negociadora y administrativa,
tratando y comportándose como los hombres de la cúspide de la
antigua Iberia judía medieval, o del mellah marroquí.
Abraão Benzamerro, rabino mayor de Safí desde 1537, es quizás
uno de los casos más resonantes. En 1524 fue premiado por el rey
D. João III con la autorización para venir a Portugal con dos criados
judíos. Aún en ese año el soberano lo privilegiaba con la posibili-
dad de enviar al Reino un servidor, el cual a su vez podía traer un
criado. También en 1524, D. João III correspondía a la petición de

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“BOM SENSO E BOM GOSTO”. LOS JUDÍOS EN CONTACTO...

D. Francisco Lopes Suasso (1657-1710), como judío Abraham Israel Suasso, segundo
baron d’Avernas-le-Gras. Autor: Nicolaas Maes,
Amsterdam Historisch Museum

Abraão Benzamerro, eximiéndolo y a su familia y criados del poder


judicial del rabino Abraão Rute. Mientras que el 7 de febrero de
1537 D. João III reitera el uso de un signo distintivo para los judíos
autorizados a entrar en Portugal –una estrella de tela roja cosida en
el hombro derecho, en la portada o pelliza–, sabemos por la obra

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anónima portuguesa Ditos Portugueses dignos de Memória que el rey


lo exceptuó de esta obligación:

“Andando em Lisboa um judeu chamado Abraão Benzamerro, a


quem el-rei D. João, por ser mercador muito rico e muito discreto,
deu licença que andasse sem sinal …”33.

De hecho, como señor de gran riqueza y preeminencia social, la


exclusión del uso de una señal vejatoria le llevó, más que a ser con-
fundido con elementos del pueblo portugués o con judíos como
él con permiso para visitar Portugal, a posicionarse en el mismo
nivel social de muchas personalidades acaudaladas de este país y de
Marruecos. Por eso, en el proceso sustanciado por la Inquisición
en Lisboa contra su amante Leonor Mendes en 1537, los inquisido-
res señalaron en su margen: “nom trazia sinal nem por Judeu era
conhecido”34.
Podemos incluso imaginarlo en el reino, usando algarabía y
calzando zapatos de Córdoba, como consta en la carta que D. João
Coutinho, capitán de Arcila, escribió al rey en 1538, y rodeado por los
sirvientes moros y judíos, dando uno de estos pretextos a observaciones
de D. João III y Fernão Cardoso, encargado de la Casa de la Mina:

“Andando neste reino um judeu rico chamado Abraão Benze-


merro, trazia em sua casa e serviço muitos mouros e judeus, e um
judeu tornou-se-lhe mouro. Perguntando el-rei a Fernão Cardoso
o que pensava daquilo, respondeu-lhe ele: – Senhor, que não des-
dirá, porque é tinto sobre azul”35.

33
Ditos Portugueses Dignos de Memória (ed. José Hermano SARAIVA), Lisboa, Edições
Europa-América, s.d., p. 160.
34
ANTT, IL, proc. 2714, fol. 158. Véase también José Alberto R. Silva TAVIM: “Abraão
Benzamerro...”, p. 129.
35
Ditos Portugueses...,p. 157. Sobre Abraão Benzamerro véase nuestro artículo cit. supra.

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Esta “exposición” de los servidores de los señores judíos marroquíes


tiene su equivalente en la Casa Nasci, en Turquía36. Es de notar
que, como sucedía con Abraão Benzamerro, hay pruebas de que
D. Joseph Nasci se acompañaba de servidores musulmanes, lo que
significa que su estatus social le permitía, en el marco de las socie-
dades islámicas en que vivía, superar las cuestiones de segregación
social. Por ejemplo, cuando D. Joseph Nasci, o como cristiano Juan
Micas, intentó regresar a la Península Ibérica en los años setenta del
siglo xvi, pidió en el Memorial enviado a Felipe II de España que
le fuera emitido un salvoconducto para poder entrar en aquel país,
pero acompañado de más de setenta personas, entre judíos y turcos,
es decir, una verdadera corte, ya que él pretendía que el rey español
lo entronizase en el siempre pretendido “reino de Chipre”37.
Además, en el Imperio otomano, los Nasci se comportaron como
prototipos de los conversos que inmigrarán de la Península Ibérica
en el siglo xvii, rehusándose a vivir en los barrios judíos, siendo re-
conocidos como occidentales por los propios sultanes, manteniendo
correspondencia con las cabezas coronadas de Europa y presentándose
como miembros de la élite europea, en su apariencia –la misma que
tenían en Portugal. Alrededor de 1557, el autor del Viaje en Turquía
diría que Doña Grácia Nasci entró en Estambul rodeada de un
cortejo de cuarenta caballos y que, de su séquito, que se desplazaba
en cuatro carros triunfales, formaban parte un conjunto de damas
y criadas españolas. Doña Gracia conseguiría del sultán que sus
criados no usasen la tradicional toca sino gorros, y que se vistieran
a la veneciana38. Un año después, en 1554, su sobrino, Juan Micas, el
36
Sobre el clã Nasci se puede consultar, entre otros, Cecil ROTH: Doña Gracia Nasi
of the House of Nasi, New York, The Jewish Publication Society of America, 1948;
Ídem: The House of Nasi: The Duke of Naxos, New York, Greenword Press, 1948; Paul
GRUNEBAUM-BALLIN: Joseph Naci, duc de Naxos, Paris, Mouton, 1968; Herman
Prins SALOMON y Aron de Leone LEONI: “Mendes Benveniste, de Luna, Micas,
Nasci: The State of the Art (1532-1558)”, The Jewish Quarterly Review, 3-4 (1998), pp.
135-211; y Aron de Leone LEONI: The Hebrew Portuguese Nations in Antwerp and
London at the Time of Charles V and Henry VIII: New Documents and Interpretations,
New York, KTAV Publishing House, 2005.
37
Véase Agustín ARCE: “Espionaje y última aventura de José Nasi (1569-1574)”, Sefar-
ad, 13, 2, 1953, pp. 273, 280-285.
38
Viaje de Turquía (La odisea de Pedro de Urdemalas) (ed. de Fernando García SALIN-
ERO), Madrid, Cátedra Letras Hispânicas, 2000, p. 451.

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JOSÉ ALBERTO RODRIGUES DA SILVA TAVIM

que vendría a ser don Joseph Nasci después de circuncidado, entra-


ría en la Sublime Puerta también de forma magnífica, rodeado de
veinte servidores, todos vestidos como señores, llevando él mismo
vestiduras de seda guarnecidas de marta gibelina39. Además, Doña
Gracia quedaría reconocida para el futuro, incluso en los medios
judíos, como la “Señora”, y su sobrino Juan Micas como “D. Joseph
Nasci, duque de Naxos”40.
Sin embargo, mientras João Micas se intitulaba “Josephus Naci
Dei Gratia Dux Segi Pelagi, Dominus Andrei, etc.”41, como per-
maneció al servicio del sultán de Turquía, parece no haber sido
reconocido en paridad por los reyes ibéricos contemporáneos, que
por el contrario intentaron siempre enturbiar su persona. Lo mismo
sucedió con otro famoso emigrado en el Imperio Otomano: Álvaro
Mendes, como judío D. Shelomo ibn Ya’ish, aunque él mismo se
designaba en la correspondencia como “duque de Metilene”, nunca
fue mencionado como tal por los aparatos de Estado ibéricos. Solo
Isabel I de Inglaterra lo designa “caballero”, pero en atención a su
estatus de “caballero de la Orden de Santiago”; y Lord Burghley,
tesorero de Inglaterra, se dirigía a él como “Most Magnificent Sir”
e “Illustris et Magnifice Domine”42.
Al igual que con los representantes en los Países Bajos, los aparatos
estatales en la Península Ibérica van a reconocer la posición estatutaria
de los judíos marroquíes que visitan los reinos. Tomemos a título
de ejemplo el caso de Isaac Palache –probablemente, el sobrino del
famoso Samuel Palache43 (e hijo de José) de la familia interlocutora

39
Véase Paul GRUNEBAUM-BALLIN: Joseph Naci …, p. 70.
40
Véase José Alberto R. Silva TAVIM: “O ‘Aviso’ anónimo sobre João Micas na Colec-
ção de S. Vicente”, Anais de História de Além-Mar, 5 (2004), p. 280.
41
Abraham (Abrahão) GALANTE (GALANTÉ): Don Joseph Nassi Duc de Naxos
d’après de nouveaux documents, Constantinople, Établissements J. & A. Fratelli Haim,
1913, pp. 14-15.
42
Véase Abraham (Abrahão) GALANTE (GALANTÉ): Don Salomon Aben Yaèche,
Duc de Mételin, Istanbul, Société Anonyme de Papeterie et d`Imprimerie (Frateli
Haim), 1936; José Alberto R. Silva TAVIM: “La ‘Materia Oriental’ en el trayecto de
dos personalidades judías del Imperio Otomano: João Micas/ D. Yosef Nasí, Álvaro
Mendes/D. Shelomó Ibn Ya’ish”, Hispania Judaica, 7 (2010), pp. 211-232.
43
Sobre esta personalidad, véase el clásico de Mercedes GARCÍA-ARENAL y Gerard
WIEGERS: Un hombre en tres mundos. Samuel Pallache, un judío marroquí en la Eu-
ropa protestante y en la católica, Madrid, Siglo XXI de España Editores, 1999.

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de los intereses del jarife de Marruecos en Europa– que estuvo liga-


do a negocios con Brasil. En 1647, Isaac Palache se presenta ante el
Santo Oficio en Lisboa para informar de un convertido y su amo.
Haciendo juramento en su Ley, contó que había sido visitado por
Francisco de Vasconcelos, antes contador de Mazagão, en compañía
de su criado Antonio Cardoso. Entonces, este último comenzó a des-
preciar los símbolos de la fe católica, y Samuel lo consideró un tonto,
que no sabía ser judío ni cristiano, ya que hacía 12 años había salido
de Flandes, donde sus padres eran judíos. El propio Isaac Palache
atestiguó estos datos, refiriendo que había conocido en Ámsterdam
a los padres y hermanos de Antonio Cardoso44. Podemos interpretar
el comportamiento de Isaac como una actitud de salvaguardia de la
situación de los conversos en Portugal porque acusaba a un “tonto”
cuyas referencias inadecuadas ponían en causa toda una malla de
redes sociales subterráneas con los Países Bajos. Podemos todavía
sospechar una actitud más egoísta, es decir, la de no poner en cuestión
su situación en un país en que podía pensar, incluso religiosamente,
como antes había pretendido hacer su hermano Josué, al intentar
convertirse al cristianismo en España, a principios del siglo xvii.
Isaac acababa por convertirse al protestantismo en 1633, y en 1610
había acusado en Bruselas el converso Henrique Garcés, de Amberes.
Pero, de una forma u otra, Isaac Palache utiliza el tribunal religioso
en favor de sus intereses sociales y negociadores, con el objetivo de
bienquistarse con todas las entidades poderosas del reino. Más inte-
resante es el hecho de que se anunciase como embajador del rey de
Marruecos, residiendo en el castillo de la ciudad, lo que revela su alto
estatus, pero también que así era considerado por el rey de Portugal45.
El caso de los judíos de Ámsterdam, de Hamburgo y de Londres
era un tanto diferente dado que habían tenido una larga convivencia
como cristianos en Portugal o España, habiendo absorbido, como
los otros portugueses o españoles, principios ideológicos y com-
portamientos propios de la sociedad católica ibérica del Antiguo
Régimen. Por otro lado, investigaciones llevadas a cabo, por ejemplo,
44
ANTT, IL, livro 228 (Século xvii – Cadernos do Promotor, n.º 29), fols. 163-164.
45
Mercedes GARCÍA-ARENAL y Gerard WIEGERS: Un hombre..., pp. 90-91, 96-104
y 161-166.

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en fondos testamentarios de judíos portugueses de Ámsterdam, y


también en sus contratos de matrimonio, revela una gran inversión
en materiales de aparato tales como sedas y terciopelos, diamantes y
otras piedras preciosas, maderas y materiales caros y suntuosos46. Otra
documentación revela los usos de esclavos también como material
de ostentación, o sea, acompañando a sus señores a la sinagoga47.
Como expresan Douglas e Isherwood, de todos los bienes, en cierta
medida, emanan mensajes sobre categorías, y aún más de conjuntos
de bienes48. De esta forma, en primer lugar, debemos cuestionar si
esta inversión en la ostentación, en cierta medida en oposición a la
mayor reserva puritana de sus conterráneos cristianos, no funcionaba
aquí como una imagen de marca: la imagen del grupo de ibéricos
vinculados con los países de origen y sus imperios coloniales, no
obstante su identidad judía, que de hecho les permitía la condición
de protegidos en la Holanda calvinista.

FUENTES MANUSCRITAS

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(Século xvii – Cadernos do Promotor, n.º 29); 236 (Século xvii – Cadernos do
Promotor, n.º 37); processos 2714; 7192.
Biblioteca da Ajuda (Lisboa), ms. 49-X-24.
Bibliothèque Nationale de France, Fonds Portugais, n.º 37.

46
Vide José Alberto R. Silva TAVIM: “Diamonds are forever. Eros judaico: capital
economic e capital social. Reflexões sobre a relação entre empreendimento mercantile
e coesão social entre os judeus portugueses de Amesterdão (séculos xvi-xvii)”, Anais
de História de Além-Mar, 14 (2013), pp. 63-91; ídem:“Rica e Sara: Un diálogo sobre la
vida frívola en Ámsterdam en el siglo xvii”, Ladinar. Estudios en la literatura, la música
y la historia de los sefardíes, 9 (2017), pp. 9-30.
47
Véase, sobre todo, Jonathan SCHORSCH: Jews and Blacks in the Early Modern
World, Cambridge, Cambridge University Press, 2004.
48
Mary DOUGLAS y Baron ISHERWOOD: The World of Goods. Towards an Anthro-
pology of Consumption, New York, Penguin Books, 1978, p. 85.

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LOS MORISCOS GRANADINOS Y LA GRACIA DEL REY
Bernard Vincent
L’École des Hautes Études en Sciences Sociales

Los historiadores que han estudiado la historia del reino de Gra-


nada a finales del siglo xv y principios del siglo xvi, es decir, la
fase de transición de mudéjares a moriscos, han enseñado tanto la
importancia como los resortes de la política de atracción de los Re-
yes Católicos hacia las comunidades de los cristianos nuevos y más
particularmente hacia las élites, tanto rurales como urbanas. En su
libro Los mudéjares de Castilla en tiempos de Isabel I, Miguel Ángel
Ladero Quesada publicó una lista de casi doscientas mercedes rea-
les concedidas a granadinos convertidos en los años 1500-1502 (la
mayor parte en los últimos meses de 1500) que corresponden a los
tiempos de la revuelta mudéjar y de la imposición del bautismo a
los que no querían exiliarse1. Esta lista, que puede verse aumentada
por otras mercedes que figuran en el Registro del Sello (conservado
en el Archivo General de Simancas), ha sido analizada por Ángel
Galán Sánchez. Son rentas, tierras, cargos (regidurías, alguacilaz-
gos...), que son concedidos muy a menudo a antiguos alguaciles y a
alfaquíes2. Así se expresa una clara voluntad de no provocar ruptura
en la sociedad granadina. Hasta los alfaquíes, cuyo papel en la con-
servación de la fe musulmana era decisivo, recibían un tratamiento
favorable.
Lo que me interesa aquí es investigar si esta política de “cap-
tación de élites” fue mantenida, modificada o abandonada en las

1
Miguel Ángel LADERO QUESADA: Los mudéjares de Castilla en tiempo de Isabel I,
Valladolid, Instituto «Isabel la Católica» de Historia Eclesiástica, 1969, pp. 356-368.
2
Ángel GALÁN SANCHEZ: “Poder cristiano y colaboracionismo mudéjar en el
Reino de Granada (1485-1501)”, en José Enrique LÓPEZ DE COCA CASTAÑER
(ed.): Estudios sobre Málaga y el Reino de Granada en el V Centenario de la Conquista,
Málaga, Diputación de Málaga, 1987, pp. 271-289. Figura también en Ángel GALÁN
SÁNCHEZ: Una sociedad en transición: los granadinos de mudéjares a moriscos, Gra-
nada, Universidad de Granada, 2010.

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Cuadro 1
Beneficiarios de mercedes en 1526
ALMERÍA
ALHAMILLA Diego el Vis MACAEL Diego Alali
Alonso de Belvis
PORTILLA Pedro Motarife
el Baho
Pedro de Granada Francisco del
PURCHENA
el Baho Castillo
ALMERÍA
Alonso López
Luis Venegas
Abudi
Juan de busto Diego López
TABERNAS
Alaxacil Abudi
Francisco López
ANTAS Juan Vélez
Abudi
Francisco de
ARMUÑA Hernando Yden TARBAL
Tarbal
BEDAR García Nocaite TÍJOLA García Mexía
FIÑANA Diego de Cortinas TURRE Benito de Luxán
HUEBRO Luis de la Cueva
VIATOR Diego Albacar
LAROYA Lope de Ubeydaza
ALHAMA, MÁLAGA, RONDA
ALMAYATE Sancho de Rojas JÚZCAR Rodrigo Abentali
ARENAS Lorenzo Moreta MONDA/TOLOX Francisco Alatar
Fernando Zafar Íñigo Manrique
BENAMOCARRA OLÍAS
García Xerri Bernardo de Olías
Zacarías
BENAOCAZ Alonso Serrano SEDELLA
Benaudalla
FARAJÁN Francisco de Zafra Andrés de Melilla
ISTÁN Lorenzo Yunqueri TORROX Diego de Nava
JATERA Pedro el Partal Alonso Serrano
VEGA DE GRANADA
Rodrigo de
ALBOLOTE JUN Alonso Alazla
Alberci
CAJAR Martín Nuco Alonso Alacil
MONACHIL
DÍLAR Lorenzo Olmedo Hernando el Mozo
DÚRCAL Hernando de Zafra LA ZUBIA Alonso Cifian
GABIA LA GRANDE Álvaro el Dali Pedro de Rojas
VAL DE LECRÍN
GUÁJAR Luis Abulacab Axenil
ALPUJARRAS
Lorenzo de
ALBUÑOL Fernando Adulacis CANJAYAR
Mendoza
AL HIZÁN (DALIAS) Pedro Alhaje EL FONDÓN Alonso el Baroni
ALMOCITA Alonso Albotán MAIRENA Hernando el Myx
BAYARCAL Pedro Nofayle MURTAS Diego el Tabari
BEIRES Gonzalo Reali PATERNA Martín de Alhanar
Hernando
BERCHUL YEGEN Diego de Moya
Maharon
GUADIX-BAZA
ALCUDIA/ Jerónimo de
Miguel Abenexi
ZIGUENI Barzena
CENETE
Francisco de
BAZA García Yzbala
Benavides

décadas siguientes y hasta el momento de la rebelión iniciada el 24 de

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LOS MORISCOS GRANADINOS Y LA GRACIA DEL REY

Domingo López el
CÚLLAR Ruy Díez Abuli
Cotro
BENAMAUREL Rodrigo Abentali Miguel de Palacios
Íñigo López
Pablo Alcalay
GUADIX Pacheco Bena Raxa
CANILES
Ambrosio el Toy
Juan Enríquez
Fernando el Toy
GRANADA
Gonzalo Fernández
Juan Aduladín Alonso de Herrera Álvaro Pamar
el Mudéjar
Fernando de Fez
Maestre Lope Albanyl Baltasar Herrero Antón el Partal
Muley
Domingo Pérez de
Alonso Albotodo Isabel de Granada Miguel de León
Arrazete
Hernán López Aben Diego Rodríguez el
Bartolomé Albotodo Martín el Hamy
Hudayl Gunadi
Alonso Hernández Fernando de Mendoza
Hernando Almorox Alonso Venegas
Almorodi el Jaeni
Jerónimo Pedro de Mendoza el
Alonso Axarife Pedro Venegas
Hernández Alnayar Jaeni
Alonso Hernández
Juan Çaybona Alonso de Navas Alonso el Zegrí
Hermez
Francisco
Luis del Castillo Hernández Francisco Núñez Muley Gonzalo el Zegrí
Monjorge
SIN INDICACIÓN DE LUGAR
Sebastián
Juan Castellanos
Hablaque Francisco Marín Pedro de Mendoza
Diego Pacheco Alonso el Romay

diciembre de 1568 y de qué manera respondieron a ella los miembros


de las élites moriscas. Utilizaré para este propósito los centenares
de cédulas que los soberanos otorgaron al respecto a lo largo de
aquellos años, con particular dedicación al importante conjunto
firmado por Carlos V cuando residió en Granada3. El emperador
hizo una estancia de seis meses en la ciudad del Darro, del 5 de junio
al 10 de diciembre de 1526, y la aprovechó para familiarizarse con
las realidades del reino de Granada y, por supuesto, para entender
los múltiples aspectos de la cuestión morisca4. Sabemos que pronto
3
Los documentos pertenecen al Archivo General de Simancas (AGS), Cámara, Cédu-
las, libros 72 a 78, 255 y 256.
4
Bernard VINCENT: “Carlos V en Granada”, en Juan Luis CASTELLANO CAS-
TELLANO y Francisco SÁNCHEZ-MONTES GONZÁLEZ (coords.): Carlos V:
Europeísmo y Universalidad. Vol. I: La figura de Carlos V, Madrid, Sociedad Estatal
para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 2001, p. 283-290;

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recibió una delegación de emisarios que evocaron los trastornos y


exacciones sufridos por los minoritarios. El césar ordenó una visita
general del reino que confirmó lo fundado de gran parte de las que-
jas. Finalmente, el soberano reunió en la Capilla Real de Granada
una junta de expertos que estableció un plan de asimilación de la
comunidad morisca, pero de manera complementaria firmó muchas
cédulas que intentaban contestar a problemas tanto colectivos como
individuales planteados por cristianos nuevos5. Estos documentos
intentaban, por un parte, poner fin a abusos discriminatorios de los
cuales los moriscos eran víctimas; por otra examinaban pedidos de
particulares que solicitaban una merced real. Son estas últimas las
que me propongo estudiar ahora.
Las cédulas-mercedes a las que nos referimos constituyen una
nutrida categoría dentro del conjunto general de las cédulas. Cuan-
do el beneficiario es un morisco ni la forma ni el vocabulario se
diferencian de los empleados en las dedicadas a cristianos viejos. El
único elemento específico reservado a los minoritarios, obviamente
importante, es la mención sistemáticamente apuntada “nuevamente
convertido” o “cristiano nuevo”. Llegados a este punto, conviene
subrayar que su uso es prioritario frente al del término “morisco”,
palabra totalmente ausente en los documentos. La elección de “nue-
vamente convertido” traduce la esperanza de ver a los interesados
integrarse plenamente a la comunidad cristiana. Así, en el camino
hacia la merced los moriscos no afrontan obstáculos peculiares. Entre
ellos cualquiera tiene acceso a la gracia del rey.
El corpus de mercedes aquí reunidas concierne en 1526 a 111
beneficiarios sin tener ni mucho menos la pretensión de exhaus-
tividad. A pesar de sus lagunas, la lista revela el deseo de no dejar
ninguna parte del reino de Granada fuera del proceso. Si los vecinos
de la ciudad de Granada constituyen un núcleo importante de 32

Juan Antonio VILAR: 1526, Boda y luna de miel del emperador Carlos V, Granada,
Universidad de Granada, 2000.
5
Antonio GALLEGO BURÍN y Alfonso GAMIR SANDOVAL: Los moriscos del reino
de Granada según el sínodo de Guadix de 1554, Granada, Universidad de Granada,
1996, 2ª ed. (1ª ed. Granada, Universidad de Granada, 1968); Antonio DOMÍN-
GUEZ ORTIZ y Bernard VINCENT, Historia de los moriscos: vida y tragedia de una
minoría, Madrid, Revista de Occidente, 1978.

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LOS MORISCOS GRANADINOS Y LA GRACIA DEL REY

beneficiarios, los hay también en casi el 30% del conjunto de los


lugares conocidos: 11 residen en pueblos de la Vega de Granada y en
el Valle del Lecrín, 12 en las Alpujarras, 13 en núcleos de la zona de
Guadix y Baza, 21 en la comarca almeriense y 16 en tierras alhameñas,
malagueñas y rondeñas.
La comparación entre el corpus de 1526 y el anterior de 1500-1502
revela la existencia de importantes evoluciones que no eliminan el
principio muy afirmado de continuidad. Las mercedes atribuyendo
cargos (alguacilazgos, regidurías, escribanías...), que constituyen,
sin duda, el corazón de la política de atracción de las élites durante
todo el periodo 1500-1568, son el resultado de un proceso complejo.
Originalmente se trataba de confiar, principalmente al alguacil, la
recaudación de los impuestos y, más allá, el papel de representante
local de la “comunidad” morisca. Pero la designación de los alguaciles
sin la menor consulta de las aljamas provocó protestas. Ángel Galán
fecha en 1513 la autorización de la elección de cualquier oficio vacante
por los vecinos y su posterior confirmación por “el corregidor y el
regimiento del partido correspondiente” antes de la ratificación por
el soberano.6
Estas modificaciones no alteraron, pues, sustancialmente la
continuidad. La multiplicidad de las súplicas muestra que la política
forjada por los Reyes Católicos, y mantenida con algunas adapta-
ciones por sus sucesores, había suscitado una total adhesión de los
miembros de las élites moriscas granadinas –o al menos de una gran
parte de ellas–, que además aprovecharon en 1526 las ventajas de una
coyuntura política singularmente favorable propiciada por la presencia
en Granada del propio monarca. Las razones de esta adhesión son

6
Ángel GALÁN SÁNCHEZ: “De mudéjares a moriscos: los problemas metodológicos
de una transición”, en Manuel BARRIOS AGUILERA y Ángel GALÁN SÁNCHEZ
(eds.): La historia del Reino de Granada a debate: viejos y nuevos temas. Perspectivas de
estudio, Málaga, Diputación de Málaga, 2004, p. 315. Del mismo autor, «El dinero del
rey y la «ley de la comunidad». Pacto político y contrato fiscal en el Reino de Granada
tras la conquista», en François FORONDA (dir.): Avant le contrat social. Le contrat
politique dans l’Occident médiéval (XIIIe-XVe siècle), Paris, Publications de la Sorbonne,
2011, pp. 653-683.

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varias. Están resumidas en la larga frase que figura en casi todas las
cédulas de este ámbito:

“para que el tiempo que mi voluntad fuere lo tengays (el oficio)


y useys y exerçays y gozeys de los derechos y salarios a él anexos
e pertenecientes e de las honrras, gracias, mercedes, franquezas e
libertades exenciones que por razón del deveis de aver y gozar”7.

Las razones económicas están bien subrayadas. Un salario, por


ejemplo 3.000 maravedíes anuales para cada uno de los cuatro regi-
dores de Purchena, se añadía a unas apetecibles exenciones fiscales8.
Luego las mercedes eran una fuente de prestigio al cual los benefi-
ciarios eran muy sensibles. Recibir la gracia del rey indicaba la exis-
tencia de un lazo personal con él y en esta vía es significativo el afán
de muchos demandantes para pedir la confirmación de una merced
que nadie cuestionaba. La confirmación estaba considerada como
un elemento de mayor legitimidad subrayada por la fórmula co-
múnmente utilizada en los documentos “nos suplicastes… porque
de aquí adelante lo toviesedes (el alguacilazgo) y usasedes con mejor
titulo o mandase confirmar…”. La encontremos, por ejemplo, en
las mercedes del 3 de agosto de 1526 dirigidas a Garcia Nocaite,
alguacil de Bédar (jurisdicción de Vera) y a Francisco de Castillo,
alguacil de Olula (jurisdicción de Purchena)9.
Si es llamativo el número elevado de suplicas atendidas, lo es
también la rapidez de su resolución. Desconocemos las fechas de
los pedidos, pero podemos legítimamente suponer que gran parte
de ellos fueron presentados en las primeras semanas de la estancia
de Carlos V en Granada, en junio o julio de 1526. Ahora bien,
muchas cédulas-mercedes destinadas a moriscos datan de los meses
de julio y agosto. Tenemos un buen ejemplo de esta celeridad en el
tratamiento reservado a la cuestión del alguacilazgo del pueblo de
Cúllar, que dependía de la jurisdicción de Baza. El 27 de julio, Carlos

7
Véase por ejemplo la cédula a favor de Pedro Nofayle, alguacil de Bayarcal, AGS.,
Cámara, Cédulas, libro 72, fol. 253.
8
Ibídem, fol. 241.
9
Ídem, fol. 238 vso.

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LOS MORISCOS GRANADINOS Y LA GRACIA DEL REY

V firma una cédula concediendo el cargo a un tal Diego Ortiz, que


probablemente hizo su demanda unas semanas antes. Sin embargo,
el emperador suspende, el 31 de agosto siguiente, el nombramiento
después de haber recibido una queja de Ruy Díez Abunaci, habitante
también de Cúllar y candidato al mismo alguacilazgo. Se descubre
entonces una superchería. Diego Ortiz era hijo de Lope de Cúllar
“que antes se llamaba Mohamed Hacen”, probablemente titular del
alguacilazgo del pueblo antes de la conquista del reino por los cris-
tianos y confirmado por los Reyes Católicos en dicho cargo. Lope de
Cúllar ejerció hasta su muerte en 1524. Diego Ortiz quiso suceder a
su padre y engañó a Martín Vázquez de Aranda, corregidor de Baza,
contándole que los vecinos de Cúllar le querían como nuevo alguacil.
En realidad, tres aspirantes habían presentado su candidatura y Ruy
Díez Abunaci había conseguido más votos que sus contrincantes.
Lógicamente, el nombramiento de este había sido confirmado por “el
consejo, justicia y regimiento de Baza”. Más allá de la peculiar y rara
disyuntiva en el proceso, es espectacular la inmediata rectificación
del error por parte de las autoridades10.
La osada tentativa de Diego Ortiz hubiera podido, sin embargo,
tener éxito. Su relato era creíble, principalmente porque pretendía
suceder a su padre. Él era, sin duda, consciente de que su iniciativa
correspondía a la práctica muy frecuente de guardar los oficios en
la misma parentela. Las cédulas recuerdan los antecedentes hasta
la saciedad: “me ha sido hecha relación que los catholicos reyes
mis abuelos e señores que santa gloria ayan hicieron merced” o
“fue presentada ante mi una cédula del rey mi abuelo fecha en esta
guisa...”. De esta manera, se garantiza la estabilidad del cargo y,
consecuentemente, la paz en la comunidad. Una vez nombrados,
los beneficiarios ejercían generalmente hasta su muerte y cuando
ocurría un fallecimiento de alguacil o de regidor se daba claramente
la preferencia a un próximo del desaparecido para la sucesión. Ya
los Reyes Católicos habían confirmado de manera frecuente en los
cargos a los anteriores detentores de la época musulmana. La reina
Juana y Carlos V siguieron sus pasos. En Portilla, lugar del norte de

10
Ídem, fol. 269 vso.

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la zona almeriense, Pedro Motarrife sucedió como alguacil a su padre


Garcilaso (antes Mohamed) Ubeyte. La merced de alguacil de Alonso
Alacil para la alquería de Monachil, situada en la Vega de Granada,
recuerda que el padre, el abuelo y el bisabuelo del demandante, ha-
bían ejercido el cargo. En Istán, pueblo que depende de Marbella,
Lorenzo Yunqueri sucedió, a petición de sus convecinos, a finales de
septiembre de 1526, a Antón López Zuri, fallecido seis meses antes.
A las cualidades reconocidas del candidato se une aquí el hecho de
ser hijo y nieto de alguaciles “mucho tiempo uno en pos de otro”. El
alguacilazgo de Antón López Zuri, que parece no tener parentesco
con los Yunqueri fue, en cierta manera, un paréntesis11. En Arenas,
pueblo de la jurisdicción de Alhama de Granada, Lorenzo Almadravi
renunció al oficio por ser viejo y estar enfermo. Su hermano, Lorenzo
Morata, recibe la merced, solicitada después de una información
favorable firmada por el teniente de corregidor de Alhama en la que
se asegura que Morata es “buena persona e hábil e suficiente para
tener e usar el dicho oficio”. Y completan estos argumentos “algunos
servicios que nos habéis hecho”, fórmula vaga que encontramos asi-
mismo en numerosas mercedes12. Algunas cédulas, por ejemplo la que
concierne Pedro Enríquez, pretendiente al alguacilazgo de Salares,
lugar cercano a Málaga, e hijo del alguacil Hernando Enríquez, van
más allá. A los servicios ya cumplidos se añaden “los que esperamos
que vos nos haréis”, lo que sugiere preguntas sobre la naturaleza de
los servicios pasados y por venir y conduce a plantear otra vez la
delicada cuestión del “colaboracionismo”. La merced, tal como lo
precisan estas frases, tiene una clara contrapartida. Es un contrato
que compromete a las dos partes. La cuestión consiste en saber cuál
es el grado de confianza de cada una hacia la otra. Anteriormente
he dado a entender que los pedidos de confirmación de cargos en
1526 se debían interpretar como un reforzamiento del lazo del sujeto
morisco con su rey. Creo que es la hipótesis más verosímil o el ingre-
diente principal, al menos en el contexto de 1526. Pero no podemos
descartar que, entre los interesados, hubiera habido desconfiados y

11
Ídem, fol. 320 vso.
12
Ídem, fol. 7.

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LOS MORISCOS GRANADINOS Y LA GRACIA DEL REY

quienes hubieran deseado obtener una simple actualización de la


palabra real. El problema varía según los protagonistas, las presiones
de los entornos y el tenor de los acontecimientos personales y gene-
rales. Si Ángel Galán tiene razón en sus comentarios a mi intento
de distinguir entre colaborador y colaboracionista, subrayando que las
posiciones equívocas fueron escasas, me parece interesante insistir
sobre las distintas temporalidades de las relaciones entre Corona y
élites moriscas13. 1526 corresponde, en el reino de Granada, a una
fase de tiempo apaciguado –los moriscos se han quedado fuera del
movimiento comunero y el emperador, en plena luna de miel, triunfa
en el plano internacional–, alejado de las convulsiones de principios
de siglo o de finales de los años 1560. Calificar entonces a alguien
de colaboracionista no tiene mucho sentido. Es el momento del
establecimiento de lo que he llamado un modus vivendi, asegurado,
entre otras cosas, sobre el profundo conocimiento directo de la co-
munidad morisca por el César y por la participación sin segundas
intenciones de las élites moriscas en la colaboración.
A este modus vivendi contribuyen de manera poderosa las innu-
merables cédulas que permiten a moriscos traer armas. El porte de
armas ha sido desde el momento de la conquista un asunto de gran
significación política y simbólica. El tema de las armas había sido
abordado, ya al principio, en las capitulaciones de Granada del 25 de
noviembre de 1491; en su capítulo V se decía “es asentado y acordado
que no les tomarán ni mandarán tomar sus armas e caballos, nin otra
cosa alguna nin en tiempo alguno para siempre jamás, ecebto todos
los tiros de pólvora grandes e pequeños que han de dar e entregar
luego a sus altezas”14. Sin embargo, muy pronto, el 6 de febrero de
1492, después de una negociación con las élites locales se revocó la
tenencia de armas por parte de los mudéjares15. El 4 de junio del
mismo año se decide castigar a los mudéjares de varios pueblos de las
13
Ángel GALÁN SÁNCHEZ: “Segregación, coexistencia y convivencia: los musul-
manes de la ciudad de Granada (1492-1570)”, en Manuel BARRIOS AGUILERA
y José A. GÓNZÁLEZ ALCANTUD (eds.): Las tomas. Antropología histórica de la
ocupación territorial del Reino, Granada, Diputación de Granada, 2004.
14
Miguel GARRIDO ATIENZA: Las capitulaciones para la entrega de Granada, Grana-
da, Tip. Lit. Paulino Ventura Traveset, 1910, p. 273.
15
Miguel Ángel LADERO QUESADA: Los mudéjares de Castilla..., pp. 185-188.

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serranías de Ronda y Marbella que habían guardado armas. Y en las


cédulas de 1500-1502 no parece haber documento que otorgue una
licencia de traer armas. A pesar de este clima de desconfianza por
parte de las autoridades cristianas, no tardarán en emitirse cédulas de
permisos individuales en esta materia. No tengo idea de la fecha de
la primera concesión. La más antigua que conozco es la obtenida por
Andrés de Melilla, alguacil de Torrox, el 24 de diciembre de 1505 y
confirmada el 26 de octubre de 152616. Las de los granadinos Gonzalo
Fernández el Mudéjar, Gonzalo el Zegri y Alonso Fernández Hermez
datan del otoño de 1510 y muchas otras de los años inmediatamente
posteriores17. Una vez más, vemos que fluyen en 1526 las demandas
por parte de los moriscos de tal manera que puede hablarse de una
verdadera epidemia de pedidos y de confirmaciones a raíz de la pre-
sencia del emperador en Granada. Bastantes están relacionados con
los nombramientos de alguacil. Así, Rodrigo Abentali, alguacil de
Júzcar, pueblo de la serranía de Ronda, está autorizado a tener armas
“porque por no las traer muchas veces acaece no poder executar la
justicia y otras cosas tocantes a nuestro servicio”. En consecuencia,
está autorizado para tener espada y puñal dentro del pueblo y espada,
puñal y lanza fuera del lugar. El motivo y las disposiciones de esta
cédula constituyen un modelo repetido en muchas otras. A veces,
las razones son distintas, principalmente para alguaciles de pueblos
cercanos al mar, a menudo blanco de incursiones de corsarios venidos
del norte de África. Pedro de Alhaje, alguacil del pueblo almeriense
de Al Hizan (taha de Dalias), recibe el privilegio por haber “servido
mucho prendiendo moros de allende que venían a cautivar en la
costa y dando avisos de otros que andaban huidos y escondidos e
en otras cosas cumplideras a nuestro servicio e que por esta causa
muchos de los nuevamente convertidos e moros de allende vos tenían
mala voluntad”. En estas condiciones, para poder ejercer mejor su
oficio y para seguridad de su persona, Pedro Alhaje y “dos hombres
andando con vos pueden tener y traer armas como las pueden traer
los cristianos viejos”. Se adoptan las mismas condiciones para Iñigo

16
AGS, Cámara, Cédulas, libro 255, fol. 372 vto.
17
Ibídem, fols. 361 vto, 362 vto y 363.

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LOS MORISCOS GRANADINOS Y LA GRACIA DEL REY

Manrique, alguacil de Olías, pueblo de la jurisdicción de Málaga,


y dos hermanos suyos.

8 8 8

Del mundo de las élites moriscas favorecidas por cédulas emergen


unas decenas de familias generalmente muy respetadas por la co-
munidad minoritaria, por su rango y/o sus funciones en el reino
nazarí, y objeto de muchas atenciones por parte de las autoridades
cristianas. Reunían todas las características para cumplir el papel
de intermediarios entre la Corona y el pueblo morisco. Entre ellas,
muchas habían actuado ya como tales durante la guerra de Granada
(1482-1492) ofreciendo a los futuros vencedores sus preciados servi-
cios continuamente recordados en la documentación del siglo xvi.
Por ejemplo, el 31 de agosto de 1526, Carlos V pide al marqués de
Mondéjar, capitán general del reino de Granada, que arregle el per-
juicio sufrido por Isabel de Granada, viuda de Andrés de Granada,
quien había ejercido como veinticuatro de la ciudad de Granada,
al menos entre marzo de 1501 y agosto de 1502. Se le quiso hacer
pagar la farda, el impuesto que recaía sobre el conjunto de los mo-
riscos, salvo algunas destacadas familias eximidas. En la cédula no
se olvida precisar que el marido de Isabel era “caballero y persona
principal entre los moros y por servicios que les hizo [a los Reyes
Católicos] le hizieron merced de hacerle hidalgo y franco y esento
de pedidos monedas y otros servicios pechos…”18.
Frente a lo que podemos denominar como élites segundas, que
pertenecen al mundo rural y ostentan cargos de alguacil, regidor o
escribano, estas familias de estirpe noble y/o muy acaudaladas por sus
actividades comerciales residen las más de las veces en las ciudades
(Granada, Málaga, Guadix, Baza, Almería). La mayoría de sus miem-
bros tienen un oficio importante o de mucho prestigio. Uno, al menos,
de los Zegrí, Granada Venegas y Córdoba y Valor era veinticuatro
de Granada; uno de las familias Palacios, Benajara, Toy era regidor
de Guadix; uno de los Avis Banegas, Belvis el Baho y Lopez Abudi

18
AGS, Cámara, Cédulas, libro 72, fol. 406.

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lo era en Almería; uno de la familia Dordux en Málaga, etc. A estas


mercedes fundamentales se podían añadir otros cargos llamativos.
Los Granada Venegas eran, de padre en hijo, alcaides del Generalife.
Francisco el Zegrí y su hermano Hernán López ocupaban dos de
las nueve (o diez) lanzas de la Alhambra reservadas a los cristianos
nuevos. Entre los demás beneficiarios de estas lanzas figuraban en
1526 Hernando Abdaulique de Fez y su pariente Francisco Núñez
Muley, Juan Çaybona y Alonso Enríquez Çaybona, Juan Aduladín
León y Alonso Fernández Hermez, por otra parte, jurado de Gra-
nada. Al honor del cargo se agregaba una gratificación de 9.000 o
10.000 maravedíes anuales. Todos permanecieron muy atentos al
cumplimiento de la cobranza de sus salarios, a la observancia de la
exención de los impuestos y al respeto de sus privilegios.
Veamos algunos ejemplos. En septiembre 1526, Andrés Aduladín
se queja de que los recaudadores de impuestos “le ponen embarazo”.
Obtiene la confirmación de la merced otorgada a su padre Mohamed
el 19 de agosto de 149619. Se recuerda todavía en septiembre de 1526
que, en razón de los muchos servicios presentados por Diego López
Benajara (cuando se llamaba Ali), que él “y otros alfaquíes y cristia-
nos nuevos hizistes a los Reyes Catolicos en la entrega de Fiñana vos
hicieron merced que vos y ellos y vuestros descendientes fuesedes
francos de ciertos derechos y servicios…”. Sin embargo, la iglesia
de Guadix le reclama a López Abenajara el pago del diezmo, siendo
el demandante, según la cédula, “libre de lo pagar por la esención
en la cual recibis mucho agravio e daño”20. Vemos a través de este
caso el inmenso alcance de las ventajas concedidas a miembros de
las élites moriscas. En cuanto a Alonso Granada Venegas, existen dos
mercedes muy peculiares recibidas en medio de muchas otras. Los
Reyes Católicos otorgaron a su familia el privilegio confirmado por
la reina Juana “para siempre jamas” de que “sus bienes sean francos e
libres y esentos de pagar alcabalas de los frutos e rentas de sus casas,
viñas, huertas, tierras et heredades e ganados e de otra cualquier cosa
de su labranza y de pedidos e monedas e moneda forera, pechos e

19
Ibídem, fol. 459.
20
Ídem, fol. 279 vto.

5 96

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LOS MORISCOS GRANADINOS Y LA GRACIA DEL REY

derechos, enprestitos e derramas y de otros cualesquier pechos e


derechos e servicios reales y personales y que sus casas e las de los
dichos sus hijos e descendientes sean francas y esentas de huéspedes
para siempre jamas”. Ahora bien, Alonso Granada Venegas señala
el 29 de septiembre de 1526 que “de dos o tres años a esta parte, las
personas que cobran el servicio de los ganados en quebrantamiento
de su privilegio (...) han tomado e toman de su ganado lo que han
querido y quieren…”. Una vez más, el privilegio es confirmado21.
Como lo es el de la exención de hospedar a la Corte. Sabemos que
en 1526 la cuestión del alojamiento fue complicada y hasta caótica
en Granada. Alonso de Granada Venegas aceptó acoger en su casa al
conde Palatín, pero inmediatamente recibió una cédula asegurando
que seguirían él y sus sucesores libres de huéspedes22.
Acabamos de constatar que el grupo de la cúspide morisca se
beneficiaba de considerables ventajas fiscales. La razón principal de
esta situación radica en su papel decisivo en la recaudación de las
fardas, que pesaban exclusivamente sobre los moriscos. Instituida
en 1504 y estabilizada en 1511 en 21.000 ducados, la farda ordinaria
estaba organizada bajo el control del capitán general del reino y del
corregidor de Granada, ayudados por los miembros de las familias más
prestigiosas –Granada Venegas, Zegri, León– y por los procuradores
de los tres partidos. En Granada lo son, en 1526, dos miembros de las
parentelas Fez-Muley y Çaybona y uno de la familia Hermez; para la
zona occidental del reino, un miembro de los Manrique Abdulcarín
(Málaga), uno de los Reina, regidores de Vélez Málaga, y un Zafra
Alazaraque (Farajan); para la zona oriental, dos representantes de
Guadix que pertenecen a las familias de los López Benajara y de
los Palacios, dos de Baza, de los Alcotrop y Alhage Farax, y dos de
Almería, de los Belvis el Baho y López Abudi23. Todos eran, según
el vocabulario de la documentación, unos principales de la comuni-
dad morisca. Y evidentemente estaban exentos del pago de la farda.
21
Ídem, fol 296.
22
Ídem, fol. 218.
23
Javier CASTILLO FERNÁNDEZ y Antonio MUÑOZ BUENDÍA: “La hacienda”,
en Manuel BARRIOS AGUILERA (ed.): Historia del reino de Granada. Tomo II: La
época morisca y la repoblación (1502-1630), Granada, Universidad de Granada-Funda-
ción «El Legado Andalusí», 2000, p. 115.

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BERNARD VINCENT

Además, con su acuerdo, una farda extraordinaria fue creada en 1526


y fijada en 1533 en 10.000 ducados anuales. El cargo, repartidor al
por mayor, les proporcionaba otro sueldo.
Por ejemplo, conocemos las cantidades distribuidas en 1543
–para el sexenio 1543-1548– a una serie de beneficiarios cristianos
nuevos y cristianos viejos24. Estas cantidades provenían de la farda
extraordinaria que se elevaba a 60.000 ducados, 10.000, pues, por
año. Resulta que se destinaban 9.800 ducados del total, o sea el
16,3%, a distintas personas. La mayor parte de esta prebenda caía
en las manos de personajes cercanos al emperador, los secretarios
Juan Vázquez de Molina y Francisco de Ledesma, y los licenciados
Montalvo y Galarza, miembros del Consejo Real. Cada uno recibiría
en seis años 1.400 ducados. El conde de Tendilla, capitán general
del reino de Granada, tomaría la misma cantidad y disponía a su
entera discreción de 1.264 ducados para repartir gratificaciones. A
los moriscos estaban reservados 2.070 ducados, 700 de los confiados
a Tendilla “para que se desquenten a las personas cristianos nuevos
a quien se suelen y acostumbren quitar los 150 ducados del servicio
ordinario” y 1.370 otorgados a personalidades renombradas, todos
ellos repartidores por mayor o seises (repartidores en las parroquias)
de las parroquias de Granada.

Tabla 2
Cantidades otorgadas a los repartidores al por mayor
de la farda y seises de las parroquias de Granda (1543-1548)
NOMBRE CANTIDAD(en ducados)
Francisco el Zegrí 150 (25 anuales)
Alonso Venegas 100
Alonso Enríquez Çaybona 100
Álvaro de Fez, seis 20
Luis Hernández, jurado, seis 20
Enrique Çaybona, seis 20

24
AGS, Cámara, Cédulas, libro 256, s.f.

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Alonso Martínez de Santiago, que sucedió


20
a su padre Francisco Núñez Muley, seis
Pedro López Çaybona, que
20
sucedió a su padre Juan Çaybona, seis
Hernando de Fez Muley, seis 20
Miguel de Palacios, regidor de Guadix, repartidor 100
Gerónimo de Palacions, regidor repartidor,
100
que sucedió a Diego López Abenajara
Francisco de Belvis regidor de Almería,
100
repartidor, que sucedió a Alonso Belvis, su padre
Francisco Lopez Abudi, alcalde de Tabernas, que
100
sucedió a Diego Lopez Abudi su padre, repartidor
Bernaldino Muñoz, regidor de Baza, repartidor 100
Hernando Enríquez Gul Hayen, repartidor 100
Íñigo Manrique Abdulcacin, repartidor de Málaga 100
Diego de la Reina, repartidor de Málaga 100
Francisco de Zafra Alazaraque, alguacil de
100
Faraján, repartidor de Ronda Marbella Loja Alhama

Constatamos que la lista de los repartidores es casi idéntica a la de


1526, que se mantienen los cargos en las mismas familias y que existe
una jerarquía interna entre estos principales, en la cual Francisco el
Zegrí tiene un lugar preferente y casi todos los Çaybona y los Fez
Muley están en una situación ambigua, con varios de sus miembros
relegados al plano de seises, menos relevante y menos apetecible.
Una tercera farda fue creada después de un proceso de negocia-
ción iniciado con las mismas personalidades en 1544 y acabado en
julio de 154825. A partir de este momento, los moriscos pagan un
servicio más de 5.000 ducados anuales. La lista de repartidores es
estrictamente idéntica a la de la remuneración de 1543 con la única
ausencia de los representantes de Almería y Baza, si bien, ya en 1549,
Francisco de Belvis, Francisco López Tamudi, Bernardino Muñoz
y Hernando Enríquez aparecen al lado de los demás para protestar

25
AGS, Estado, legajo 76/251.

99 5

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BERNARD VINCENT

por la puesta aparte de uno de ellos, Diego de la Reina, regidor de


Vélez Málaga. Su súplica fue atendida y, una vez más, cada uno de
ellos recibió una gratificación sacada del producto del impuesto26.
A finales de los años 1540 estaba todavía vigente el modus vivendi
establecido en 1526. Convenía a la Corona, que recibía cantidades
importantes de sus súbditos moriscos, y aseguraba la paz social
apoyándose en unas élites bien tratadas y respetadas por la nación
cristiano nueva. Las élites veían reforzado su estatus entre honras y
exenciones tributarias. Si no disponemos de un corpus tan completo
y homogéneo como en 1526, no cabe duda de que la política que
consistía en delegar muchas responsabilidades a nivel local a alguaciles,
alcaldes y regidores, siempre elegidos en las mismas familias, se seguía
manteniendo. Existe, por ejemplo, una larga lista de confirmaciones
de autorización de porte de armas a alguaciles que data del mes de
noviembre de 1549. Así, Rodrigo Alfaquí, alguacil de Lautín, pueblo
del valle de Lecrín, obtiene el 13 de noviembre de aquel año, una
prolongación de la fechada el 19 de julio de 1533; Juan Martín de
Mendoza, alguacil de Güejar, jurisdicción de Granada, de la del 16
de marzo de 1548, y Andrés de Torres, alguacil de Turón, pueblo de
las Alpujarras, de la del 5 de agosto de 154927. La renovación beneficia
igualmente a principales como Francisco el Zegrí y Álvaro Fez Mu-
ñoz en diciembre de 155028. Pero otros obtienen, quizás, el permiso
por primera vez. Es el caso de los granadinos Baltasar Herrero, en
octubre de 1543, y de Francisco Arraquea, tintorero, de quien se dice
en febrero de 1539 que trae armas (espada y puñal) desde hace varios
años, cinco o seis, sin haber nunca ofendido a nadie29. Algún testigo
afirma extrañamente que tiene en la materia licencia de Miguel de
León, otro de los moriscos principales. Signo posiblemente de una
extensión poco controlada del privilegio.
Tenemos, por otra parte, una buena prueba de la generalización
de los alguacilazgos confiados a familias potentes en sus respectivos
pueblos con el acta de una reunión celebrada en mayo de 1558 en

26
AGS, Guerra Antigua, leg. 37.
27
Archivo de la Alhambra (AA), leg. 61/1.
28
AGS, Cámara, Cédulas, libro 256, fol. 142.
29
AGS, Guerra Antigua, leg. 37/33 y leg. 14/36.

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LOS MORISCOS GRANADINOS Y LA GRACIA DEL REY

Ugíjar, en el corazón de las Alpujarras, a la cual acudieron no menos


de 31 alguaciles y 48 regidores de distintos pueblos. Se trataba de
designar a un “escribano mayor del juzgado civil e criminal de estas
alpujarras”30. Esta asamblea, titulada “concejos, alguaciles y regidores
de las tahas villas y lugares de las Alpujarras”, se parece a las de las
zonas de Almería o de Baza que pretenden designar entre los años
1530 y 1560 un solicitador y procurador.

8 8 8

Si aparentemente todo sigue igual, los signos cuestionando la polí-


tica real aplicada a las élites moriscas granadinas aparecieron tem-
pranamente. Algunos eran ya perceptibles en 1526. La concesión de
licencia de armas a alguaciles destinada a asegurar más fácilmente
el ejercicio de las responsabilidades revela la existencia de un clima,
por lo menos, tenso en bastantes lugares. En particular, la recau-
dación de los impuestos es motivo de actos de resistencia. El 10
de septiembre de 1526, Carlos V atribuye a dos moriscos del Mar-
quesado del Cenete, zona de ocho pueblos (La Calahorra, Aldeire,
Alquife, Dólar, Ferreira, Huéneja, Jerez y Lanteira), el derecho de
traer armas. Los beneficiarios son Jerónimo de Barzena y García
Izbaja, que reciben la cédula “para seguridad de sus personas como
del dinero que cobran que vos (al marqués del Cenete) lo han de
traer donde que era que vos estuvieredes e de los que cobraren de
los dichos servicios e farda que la han de traer a esta ciudad de
Granada”31. Hay que tomar este comentario al pie de la letra: los
recaudadores que trasladan el producto de los impuestos reales o de
las rentas señoriales deben estar protegidos de actos violentos. La
recaudación está acompañada de frecuentes incidentes.
Los archivos, en particular el del Alhambra, donde están guar-
dados los papeles de los capitanes generales del reino de Granada,
están llenos de quejas, pleitos o peticiones, surgidos a raíz de los
repartos de fardas. Hay demandas de particulares que indican estar
30
Archivo de Protocolos Notariales de Granada (APG), escribanía de Melchor de Alco-
cer, año 1558, fol. 762.
31
AGS, Cámara, Cédulas, 72, fol. 341.

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tasados por bienes que no tienen, o haber pagado ya en otro lugar,


o estar exentos, por ejemplo, por ser cristianos viejos. Hay frecuen-
tes demandas de vecinos que solos o colectivamente denuncian los
privilegios o las prácticas de los exentos. El 9 de octubre de 1550, y
todavía el 16 de abril de 1552, los vecinos de Abla protestan contra
la exención de farda que tiene su alguacil Rodrigo de Bazán “del
tiempo que su padre era alguacil”32. El 25 de junio de 1561 Diego
López Atija, vecino de Benaque, reclama doce ducados al repartidor
Diego de la Reina33. El 26 de febrero de 1561 varios vecinos de Baza
ponen en duda la validez del reparto del servicio34. Y si la situación
de los principales está cada vez más cuestionada, los alguaciles hacen
frente a muchas dificultades entre la presión de sus convecinos y la
de los repartidores. El de Chite, en el Valle de Lecrín, solicita un
mandamiento nombrando seises (los repartidores al por menor) elegi-
dos por los vecinos, mientras Melchor Handón, alguacil de Armilla,
pueblo de la vega de Granada, pide la presencia de un ejecutor que
apremie a los vecinos a pagar la farda35. Los distintos servicios que
se acumulan, exclusivamente pagados por los moriscos, son a la vez
fuente del descontento generalizado de los contribuyentes y de la
multiplicación de conflictos internos a la comunidad morisca.
A este primer factor disgregativo del modus vivendi, se añade el
conflicto de jurisdicciones que el reino de Granada conoció de manera
temprana. Durante su estancia en la ciudad del Darro, Carlos V tuvo
que solucionar choques entre instituciones surgidos de percepciones
opuestas en cuanto a la política dirigida hacia las élites moriscas.
Luis Serrano fue encarcelado por haber traído armas. Sabemos que
su padre, Miguel, se había convertido voluntariamente antes del
nacimiento de Luis. También que había recibido la anhelada merced
del porte de armas, pero que esta no era válida para su descenden-
cia. El alcalde mayor de Granada hizo prender a Luis y lo condenó
a pérdida de bienes y sesenta días de cárcel. El demandante había
cumplido veinte de esos días cuando recibió del monarca la gracia

32
AA, leg. 11/44.
33
AA, leg. 187/53.
34
AA, leg. 11/74.
35
AA, leg. 159/40-120; leg. 159/40-15.

5 102

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LOS MORISCOS GRANADINOS Y LA GRACIA DEL REY

de los cuarenta restantes36. El 3 de agosto de 1526 Carlos V escribe a


“nuestros alcaldes de la nuestra audiencia e chancillería que reside
en esta ciudad de Granada”. En su misiva expone los términos de la
política aplicada en materia de licencia de armas desde el momento
de la conversión general. Íñigo López de Mendoza, capitán general
del reino de Granada hasta su muerte en 1515, “estuvo en costumbre
de dar a los cristianos nuevamente convertidos deste reyno que heran
buenos cristianos y personas de confiança y servidores de nuestra
corona real licencias para traer armas… para que pudiesen prender
los moros que de allende venían a saltear en la costa del reyno”. A
don Iñigo le sucedió su hijo Luis Hurtado de Mendoza, el cual “ha
estado en la misma costumbre y husando della ha dado a algunos
de los dichos cristianos nuevos pareciéndole convenir asi a nuestro
servicio licencias para traer las dichas armas”. Pero la Chancillería
no compartía esta costumbre. De hecho, había procedido al arresto
de varios beneficiarios moriscos, lo que provocó la queja del capitán
general. Carlos V apoyó claramente a este último, principal artífice
del proceso y pidió aclaraciones sobre los casos pendientes, exigiendo
del tribunal la inmediata liberación de los presos37. Sin embargo, la
política asumida fue muy frágil.
El modus vivendi no resistió a la evolución de los hechos y a la
suma de los factores que lo fueron minando. A mediados de los
años 1550, la situación internacional en el mundo mediterráneo
es preocupante. Los ataques de corsarios, a menudo ayudados por
moriscos granadinos, son cada vez más frecuentes; las acciones de los
monfíes (moriscos organizados en cuadrillas que asaltan particulares)
constituyen en el territorio un mal endémico. La evangelización de
los “nuevamente convertidos” no da los frutos esperados. La presión
fiscal se va reforzando, pero cada vuelta de tuerca provoca exaspera-
ciones. Y Felipe II, que nunca conocerá Granada y su reino, no tiene
el conocimiento directo de la cuestión morisca de su padre, lo cual
deja más capacidad de maniobra a las querellas institucionales locales.

36
AGS, Cámara, Cédulas, libro 72, fol. 259.
37
AGS, Cámara, Cédulas, libro 70, fol. 430.

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En su rico trabajo sobre las estructuras sociales del reino, Javier


Castillo Fernández habla de la ruptura del pacto social y sitúa su
principio en 156038. Esta ruptura afectó tanto a las élites como al
conjunto del pueblo morisco. Podemos seguir al respecto el análisis
realizado por Antonio Jiménez Estrella a propósito de las medidas
tomadas para intentar limitar el número de licencias de armas39. La
primera alerta cundió en 1549 con un intento de revisión de títulos
controlado por el capitán general deseoso de limitar la distribución.
Poco más tarde, en 1552 se promulgó una orden real obligando a los
detentores de armas a presentarlas ante el capitán general para que
fuesen marcadas. Las órdenes no se aplicaron inmediatamente, pero
¿cómo interpretar en estas circunstancias la actitud de los Mendoza,
protectores tradicionales de los moriscos en general y de sus élites
en particular? Tendería a pensar en un repliegue estratégico como
consecuencia de los ataques de sus adversarios y de su pérdida de
influencia. Una nueva etapa se inicia el 22 de mayo de 1562. Felipe II
envía a Iñigo López de Mendoza, capitán del reino desde 1556, una
carta donde evoca la reciente iniciativa de “parte de los nuevamente
convertidos del reino” autores de “una petición firmada de muchos
de ellos” y transmitida por Jorge de Baeza, el procurador general de
los moriscos calificado en este texto de solicitador. Los demandantes
se hacen eco del muy difundido sentimiento de reparto injusto de la
farda por culpa de los eximidos, que inventan “todos los medios que
pueden” para escapar al impuesto y hacerlo recaer “sobre los pobres
y viudas”. Se denuncia principalmente la facilidad con la cual los
que se libran, pretendiéndose cristianos viejos gracias a la temprana
conversión de sus antepasados, obtienen las necesitadas probanzas
y están consecuentemente autorizados a traer armas. El rey decide
entonces confiar el examen de las peticiones de licencias de armas
sólo al Consejo de Guerra40. Una vez más, la medida fue anulada
38
Javier CASTILLO FERNÁNDEZ: “Las estructuras sociales”, en Manuel BARRIOS
AGUILERA (ed.): Historia del reino de Granada. Tomo II: La época morisca y la re-
población (1502-1630), Granada, Universidad de Granada-Fundación «El Legado An-
dalusí», 2000, pp. 226-230.
39
Antonio JIMÉNEZ ESTRELLA: Poder, ejército y gobierno en el siglo XVI. La capitanía
general del reino de Granada y sus agentes, Granada, 2004, pp. 153 y ss.
40
AA, leg. 154/14.

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LOS MORISCOS GRANADINOS Y LA GRACIA DEL REY

tres meses después restituyendo, nos dice Antonio Jiménez, “a la


jurisdicción ordinaria el conocimiento de las causas criminales de
moriscos sin licencia de armas”41.
No es fácil descifrar todos los motivos del llamamiento al Consejo
de Guerra, fuera de la evidente exasperación de las comunidades
moriscas sometidas a una enorme y siempre creciente fiscalidad.
¿Qué papel tuvo en este asunto Iñigo López de Mendoza? ¿Deseaba
él mismo el traspaso del problema de las licencias a un consejo de
la realeza, lo que le quitaría una inmensa preocupación? O bien, ¿la
decisión real, que tenía la ventaja de alejar la resolución de las querellas
locales, significaría su apartamiento de una cuestión envenenada?
Sea lo que fuere, la acumulación de decisiones no aplicadas o pronto
modificadas traduce la complejidad de la situación y la confusión
existente en cuanto a su tratamiento.
Lo que queda claro es el marcado deseo de limitar los privilegios
acordados a los cristianos nuevos. En pocos años, las élites moriscas
ven sistemáticamente reducidos o suprimidos los signos de su posi-
ción social. Ya en las Cortes de Toledo de 1560 se decidió prohibir
a los moriscos poseer esclavos negros. El cronista Luis del Mármol
Carvajal cuenta el asombro de los afectados, que multiplicaron los
recursos, apelando entre ellos a la intermediación del capitán gene-
ral. En vano. El fracaso de la negociación provocó la suspicacia de
los moriscos hacia Iñigo López de Mendoza: “comenzaron algunos
de ellos a disgustarse, procurando favorecerse de otras personas”42.
Tampoco tuvo efecto el lamento expresado por Francisco Núñez
Muley en su famoso memorial de 1567: “¿de qué pecado se a resul-
tado que ninguno de los naturales [los moriscos] pueda tener negro
o negra?”43. Luis Rodríguez el Gamad, miembro de una célebre
familia de tintoreros de la seda en Granada, fue encarcelado por
intervención del sargento mayor Lorenzo Dávila que narra haberle
arrestado “porque tenia ciertas esclavas en casa contra el bando de
41
Antonio JIMÉNEZ ESTRELLA: Poder, ejército..., p. 154, nota 142.
42
Luis del MÁRMOL CARVAJAL: Historia del rebelión y castigo de los moriscos (Javier
Castillo Fernández ed.), Granada, Editorial Universidad de Granada, 2015, libro II,
capítulo 3, p. 108.
43
Memorial de Francisco Núñez Muley, en Antonio GALLEGO BURÍN y Alfonso
GAMIR SANDOVAL: Los moriscos del reino de Granada..., p. XLVIII.

105 5

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BERNARD VINCENT

su excelencia…”. El arresto se hizo en fecha desconocida, pero El


Gamad estaba en la cárcel en marzo de 156944.
Hubo, en 1563, un acuerdo entre todas las instituciones civiles
granadinas (capitán general, Chancillería y Ayuntamiento) para
imponer el control de la posesión de armas, ideado y no aplicado
en 1552. Los detentores de licencias debían presentar sus armas ante
el capitán para que fueran marcadas y selladas. La medida se llevó
a cabo como lo demuestran los registros de las armas de Miguel de
Mendoza, alguacil del pueblo alpujarreño de Mecina de Bombarón.
El 29 de julio de 1563, se presenta en la Alhambra con la necesaria
cédula y varias armas (ballesta, alfanje, puñal y lanza) que en se-
guida fueron marcadas y selladas “de escudo con una F en medio
y una corona encima de la F”. La cédula está inscrita en el libro de
las licencias guardado por el escribano Luis de la Ribera. El 23 de
noviembre de 1564 Miguel de Mendoza vuelve a la Alhambra. Indica
que ha dejado de ser alguacil y por eso deposita sus armas en poder
del escribano pidiendo testimonio del acto y el dinero que procedería
de la venta de las armas45. A este caso se suma el del 10 de diciembre
de 1568, del cual el protagonista, Hernando de Córdoba el Zaguer,
tío del futuro líder de la rebelión morisca, escribe a Íñigo López
de Mendoza anunciando su renuncia al alguacilazgo de Cadiar y
presentando sus armas marcadas y selladas. Sin embargo, pide que
le sean mantenidas “por razón de los monfíes que he hecho castigar
y prender y moros de berberia que he hecho cativar”.46 Esta insis-
tencia, a dos semanas del estallido del levantamiento, suena a burla
y provocación. Máxime si damos crédito al comentario de Mármol
Carvajal a propósito del control de las armas: “fue tanto lo que lo
sintieron que muchos [moriscos] dejaron de traer las armas por no
ponerse en aquella sujeción y pocos fueron de los que les llevaron
a registrar y sellar: todos quedaron descontentos, indignados y con
poco sosiego”47.

44
AA, leg. 78/2-80.
45
AA, leg. 154/44
46
AA, leg. 145/1
47
Luis del MÁRMOL CARVAJAL: Historia del rebelión..., p. 111.

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LOS MORISCOS GRANADINOS Y LA GRACIA DEL REY

A estas medidas vejatorias para las familias acostumbradas a


gozar de privilegios, se añadieron dos más de singular peso. En 1567
se promulgó una provisión que responsabilizaba a los concejos y
alguaciles de los pueblos donde los monfíes cometían asesinatos y
robos. Y probablemente en el mismo año se dio orden de suprimir
las exenciones de pago de las fardas48. Las élites moriscas estaban
amenazadas de perder dinero y prestigio a la vez. Este cambio total
de rumbo ocurría en medio de una política general, que afectaba al
conjunto de la “nación” morisca granadina, basada en la represión,
cuyo elemento principal era la prohibición, decidida por la Junta
de Madrid de 1566, de todas las prácticas y costumbres consideradas
como signos de adhesión del islam y en la explotación fiscal llevada
a unos extremos agudizados por una difícil coyuntura49.
Se debe subrayar que durante los años 1560 muchos miembros
de las élites urbanas y rurales fueron perseguidos por motivos muy
diversos y puestos algún tiempo en una cárcel. Hemos visto que Luis
Rodríguez el Gamad estaba en 1569 en prisión, probablemente en la
de la Alhambra. Su pariente Andrés fue encarcelado por no haber
pagado la farda durante dos años50. Antonio, padre del futuro Aben
Humeya, lo había sido dos veces y lo era en 1569 en compañía de
su hijo Francisco51. Su gran rival en su feudo alpujarreño de Válor,
Miguel Abenzaba, alguacil del pueblo, pasó meses en la cárcel in-
quisitorial, como los ricos mercaderes Gaspar de Raya, Melchor de
Berrio y Rodrigo Abenchapela Mendoza –encarcelado este último
entre noviembre de 1563 y enero de 1565– y el propio Hernando de
Córdoba y Valor (Aben Humeya) entre febrero y mayo de 156652. El
Habaquí, alguacil de Alcudia de Guadix, fue preso después de un
viaje a Madrid en el que formó parte de una delegación que protestó
contra las medidas aculturadoras de 1567. En la cárcel municipal
48
Javier CASTILLO FERNÁNDEZ: “Las estructuras sociales”, p.229
49
En 1566 la Junta de expertos de Madrid decidió poner en práctica las medidas toma-
das por la Junta de la Capilla Real de Granada en 1526, que habían sido inmediata-
mente suspendidas a cambio de un servicio extraordinario.
50
AA, leg. 159/40-73
51
Francisco José CANO HILA, “Apuntes históricos sobre el linaje morisco de los Cor-
dova y Valor”, en Farua, 12 (2009), p. 239
52
Bernard VINCENT: “Le tribunal de Grenade”, en Louis CARDAILLAC, (ed.): Les
morisques et l’inquisition, París, Publisud, 1990, p. 212

107 5

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BERNARD VINCENT

de Granada estuvieron también en 1566 un conjunto de diecisiete


alguaciles y regidores de las Alpujarras, entre ellos el Zaguer, Miguel
de Rojas, alguacil de Ugíjar, y Andrés Aben Cegui, alguacil de Jubiles,
acusados de conspirar con el sultán de Marruecos53.

8 8 8

El 24 de diciembre de 1568 empezó la rebelión. Como es sabido, se


extendió por casi todo el reino, pero su base fue rural y más particu-
larmente montañosa, siendo las Alpujarras el principal foco de los
sublevados. Fue, pues, el mundo de los campesinos él que puso en
jaque a los ejércitos reales durante casi dos años. Pero, ¿qué papel
tuvieron las élites en el estallido de la contienda? ¿Qué conocimien-
to tenían de su preparación? Y, finalmente, ¿qué partido tomaron?
Es necesario distinguir los principales de las élites segundas. Es-
tas, constituidas mayoritariamente por alguaciles y regidores de los
pueblos, formaron parte sin la mínima vacilación, salvo excepciones,
de la cabeza de la rebelión. Fue como una evidencia. Pertenecían a
linajes muy anclados en su medio y disfrutaban generalmente de la
confianza de sus vecinos. Eran los depositarios de la fuerte solidaridad
familiar y “nacional” perfectamente reflejada por el documento de
1558 al cual he aludido anteriormente. Recordémoslo. El 31 de mayo
de 1558 se reúnen en Ugíjar ochenta y tres ediles, alguaciles y regidores
que pertenecen a cincuenta y un pueblos de casi todas las Alpujarras
salvo la taha más occidental de Órjiva y las dos más orientales de
Albolobuy y de Marchena. Estos delegados piden la creación de un
oficio de escribano mayor del juzgado civil y criminal. La reunión
está motivada por un litigio existente entre los moriscos y el alcalde
mayor de las Alpujarras, a quien se le reprochan “muchas costas y
gastos y grandes molestias y vejaciones”. La lista de los presentes en esta
asamblea está llena de enseñanzas. El primer participante nombrado

53
Amalia GARCÍA PEDRAZA: “Moriscos acusados de conspiración: el testimonio
de dos documentos notariales”, en Antonio L. CORTÉS PEÑA, Miguel L. LÓ-
PEZ-GUADALUPE MUÑOZ y Francisco SÁNCHEZ-MONTES GONZÁLEZ
(coords.): Estudios en homenaje al profesor José Szmolka Clares, Granada, Servicio de
Publicaciones de la Universidad de Granada, 2005, pp. 313-334.

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LOS MORISCOS GRANADINOS Y LA GRACIA DEL REY

es Antonio de Córdoba, es decir, el padre del futuro Aben Humeya,


que ostenta el cargo de alguacil mayor de la taha de Juviles. Le sigue
su hermano Hernando de Córdoba el Zaguer, alguacil de Cadiar.
Encontramos también a Miguel de Rojas, futuro suegro de Aben
Humeya, alguacil de Ugíjar, y a Miguel de Mendoza, el alguacil de
Mecina de Bombarón al que hemos visto hacer marcar sus armas
en 1563 en la Alhambra. Miguel no aparece en la crónica de la rebe-
lión hecha por Mármol Carvajal, pero por supuesto si Antonio de
Córdoba y Valor, el Zaguer y Miguel de Rojas.

8 8 8

Otros muchos miembros de la reunión de 1558 se significan por


su odio a los cristianos viejos, como Diego de Herrera Alhande,
alguacil de Picena, que mata a los dos sacerdotes de su pueblo, y
Miguel de Granada Xaba, regidor de Ferreira designado capitán
de los rebeldes del Valle de Lecrín54. Otros, Andrés Aben Cegui,
alguacil de Juviles, y Lorenzo de Guzman, regidor de Jorairatar,
son probablemente parientes, el primero de Alonso Aben Cegui,
alguacil ya en 1566 y responsable de la muerte de los cristianos vie-
jos de Laujar a finales de diciembre de 1568; el segundo de Lope de
Guzmán, alguacil durante la rebelión que martirizó al beneficiado
de su pueblo55. Varios de ellos habían figurado igualmente en la
lista de encarcelados en 1566 acusados de conspirar con el sultán de
Marruecos.
Esta masiva entrega de las élites rurales moriscas se extendió a
todas las zonas que se sumaron al movimiento. En la lista que Va-
leriano Sánchez Ramos dio de los “moriscos que ganaron la guerra”
solamente hay dos hombres que pertenecen al ámbito de las élites
rurales: Pedro Enríquez, alguacil de Benamaurel, y Rafael Xohxoh,
descendiente del alguacil del Marchal56. Es significativo, sobre todo,

54
Luis del MÁRMOL CARVAJAL: Historia del rebelión..., pp. 243 y 256.
55
Ibídem, pp. 252 y 225
56
Valeriano SÁNCHEZ RAMOS: “Los moriscos que ganaron la guerra”, en Abdeljelil
TEMIMI (ed.): Mélanges Louis Cardaillac, Zaghouan, Fondation Temimi pour la
Recherche Scientifique et l’Information, 1995, vol. II, pp. 626-627.

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BERNARD VINCENT

Tabla 3
Asistentes a la reunión de 31 de mayo de 1558 en Ugíjar

ALGUACIL MAYOR Luis Jantid de Mendoza: Gonzalo de Rocayca: ¿?


Antonio de Córdoba Dalias Gaspar Lopez: Andarax
Rafael Calderon: Jorairatar Agustin Dugar: Alcolea
ALGUACILES Diego Dalva: Iniza
Hernando de Córdoba REGIDORES Francisco de Velasco el
Zaguer: Cadiar Jeronimo Zaylot: Berchul Cofi: Cobda
Miguel de Mendoza: Diego Dubaidas: ¿? Juan Zacarias: Almocita
Mecina de Bombarón Juan de Córdoba: Mecina Lorenzo el Macaz: Beires
Diego de Torres: Yator el Bombarón Luis Lopez: Luchar
Andrés Aben Cegui: Jubiles Bernabe Viznar: Yator Almocatar : ¿?
Francisco de Carmona: Lorenzo de Medina: Cadiar Diego Gomez: Berja
Notaez Juan Alatar: Pitres Miguel Pasla: Ambroz
Luis de Carvajal: Narila Hernando de Mendoza: Miguel Arocaydaz: Celin
Agustin Guillen: Yegen Pitres Garcia Nocayta: Almocita
Francisco de Jerez: Alcutar Miguel Xaba: Ferreira Martin de Quesada: Al
de Berchul Diego Martinez: Ferreirola Hizan de Dalias
Pedro Harduz: Portugos Hernando Zayen: Mecina Lorenzo de Guzman:
Juan Perez: Pampaneira Fondales Jorairatar
Miguel de Granada: Pedro Alpatay: Mecina Hernando Çamar:
Bubión Fondales Jorairatar
Alonso Zapata: Capileira Martin de Navas: ¿? Diego el Tocayre: Jorairatar
Miguel de Rojas: Ugijar Pedro el Pastor: Pitres
Diego Alhande: Picena Bernabe de Aguixona:
Martin de Mendoza: Fondales
Xoprol Luis de Soria: Fondales
Hernando Cauche: Laroles Lorenzo Cozalax: Capileira
Pedro de Carvajal: Mairena Lorenzo de Arcos: Ugijar
Domingo Garcia: Jubar Diego de Baeza: Ugijar
Lope el Pia: Darrical Hernando Yazen: Ynqueyra
Garcia Davalos: Onduron Francisco Cozul: Laroles
Hernando el Dendena: Pedro ¿?: Xoprol
Paterna Pablo de Baena: Xoprol
Miguel Martinez: Iniza Garcia Melvar: Mairena
Agustin Avinalmina: Lorenzo de Córdoba: Jubar
Alcolea Lorenzo Muñoz: El Fex
Pedro Lopez: Bayarcal Agustin Bacar: Mecina de
Alonso Siega: Almocita Alfahar
Francisco Fernandez el Bartolomé de La Mar:
Fiteti: Capileira de Mecina de Alfahar
Berja Luis Adumarli: Mecina de
Augustin de Lorca: Alfahar
Rigualte de Berja Domingo Cayze: Darrical
Augustin de Lorca: Luis el Metini: Lucainena
Alcaudique Juan de Contreras:
Miguel Albidar Niño: Almocita
Benejin Garcia de Montefrio:
Jorge Benaitar Angulo: Escariantes
Pago Lorenzo de Daroca:
Onduron

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LOS MORISCOS GRANADINOS Y LA GRACIA DEL REY

que, de la quincena de parentelas de procuradores de la farda, las


dos únicas que, claramente, tomaron partido por los insurgentes
estuvieran estrechamente vinculadas al mundo rural. Por una parte,
los Alguacil de Cómpeta, con Martín, líder de la sublevación de la
sierra de Bentomiz, cercana a Málaga; por otra, los López Abudi de
Tabernas, importante pueblo cercano a Almería. Ya en 1510 Diego
López Abudi era alcalde de Tabernas y estaba autorizado a portar
armas, gracias a una licencia que fue confirmada en 1520. Días antes de
esta última confirmación, Diego había obtenido el mismo privilegio
para sus hijos Francisco y Luis57. Francisco sucedió a su padre como
alcalde (Mármol Carjaval hace de él un alguacil) y como repartidor
de la farda. Tuvo ya una actitud ambigua cuando su pueblo fue ata-
cado en septiembre de 1566 por unos corsarios venidos de la ciudad
marroquí de Tetuán que cautivaron varias decenas de cristianos
viejos58. Se unió pronto a los sublevados, pero fue preso en Inox.
El marqués de los Vélez le condenó a ser ahorcado. Probablemente
fue ejecutado a principios de marzo de 1569. A pesar de las muchas
ventajas recibidas durante décadas por parte de la Corona y a pesar
de sus lazos matrimoniales con la leal familia Venegas de Almería,
los López Abudi, sumergidos en la vida de las comunidades rurales
moriscas, no vacilaron en rebelarse59.
Volvamos al documento alpujarreño de 1558. La presencia de
Antonio de Córdoba y Válor y de su hermano, El Zaguer, al princi-
pio de la larga lista de delegados no deja de llamar poderosamente
la atención. La lista y su configuración suenan como un anticipo,
diez años antes, de la gran conmoción de 1568. Y no se puede olvi-
dar que Abraham Aben Humeya, bisabuelo del líder de los rebeldes
en 1568, había sido elegido rey de los sublevados de 1500. Sin em-
bargo, Abraham, convertido en Hernando el mismo año de 1500,
consiguió rápidamente ser muy amigo del marqués de Mondéjar,
primer Capitán General del reino de Granada. Fue alguacil de Válor,

57
AGS, Cámara, Cédulas, libro 255, fols. 347, 355 y 380.
58
Instituto Valencia de don Juan (Madrid), envío 91, fol. 450.
59
Sobre los Abudi en general, véase Antonio MUÑOZ BUENDÍA: La ciudad de Al-
mería y su tierra en la época de Felipe II: moriscos y repoblación, Tesis Doctoral, Univer-
sidad de Granada, 1997.

111 5

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BERNARD VINCENT

alguacil mayor de la taha de Jubiles y, en septiembre de 1509, recibió


licencia de porte de armas, para sí mismo, para un hijo suyo y para
tres miembros de su escolta. Su trayectoria fue la de un perfecto
colaborador en quien las autoridades depositaban total confianza.
No obstante, deben introducirse dos matices. Si se dio en 1500 a
Hernando (Abraham) una veinticuatría del cabildo de la ciudad de
Granada que venía ciertamente a subrayar su excepcional estirpe de
descendiente de califas, los Umayas, él tuvo que compartirla al año
siguiente con el cristiano viejo Ruy Díaz de Mendoza. Y es notable
que, en ningún momento, las Alpujarras, zona de mayor concentra-
ción de población morisca del reino, hayan tenido un representante
en la administración, por mayor, de la farda. Si hubiera tenido uno,
lógicamente hubiera debido recaer en la parentela Córdoba.
Los descendientes de Hernando (Abraham), su hijo Hernando II,
su nieto Antonio, su bisnieto Hernando III y los hermanos de todos
siguieron el camino marcado por su ancestro. Con dos principales
características. Su vida estuvo jalonada, sobre todo las de Antonio
y de su hermano Hernando el Zaguer, de incidentes y de pleitos.
Hemos visto que Antonio estuvo preso en 1559 y 1563 y lo fue otra
vez en compañía de su hijo Francisco en la cárcel de la Chancillería
cuando estalló la rebelión. Y Hernando/Aben Humeya estuvo en las
cárceles secretas de la Inquisición tres meses en 1566 por un motivo
desconocido. Posteriormente provocó un bullicio en el cabildo
municipal por querer entrar armado. Finalmente decidió vender su
veinticuatría a otro morisco principal, Miguel de Palacios, el 21 de
diciembre de 156860. Si las razones de este acto pueden ser varias y
complejas, podemos ver en ello un hecho de gran peso simbólico:
Hernando de Córdoba y Valor rompía de manera definitiva con el
mundo urbano. Unas horas después se convertía en Aben Humeya.
Aquí está la segunda característica adoptada por toda la familia.
Sabemos que todos los jefes de la parentela, generación tras generación,
vivieron preferentemente en Válor, en el corazón de las Alpujarras.
En ningún momento perdieron el contacto con el mundo rural,
donde tenían una profunda influencia y un enorme prestigio, lo que

60
AGS, Cámara Cédulas, libro 259, fol. 165 vto.

5 112

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LOS MORISCOS GRANADINOS Y LA GRACIA DEL REY

no impedía conflictos con otras parentelas y hasta con los próximos.


Sus lazos con el mundo de las élites rurales fueron reforzados en
múltiples ocasiones como lo enseñan por ejemplo el casamiento de
una hermana de Antonio con Diego de Barcena, hijo del alguacil de
Dólar que además ejercía de mayordomo del marqués del Cenete.
O del propio Antonio que se desposó con la hija de un alguacil de
la zona de Almería61.
El prestigio de su parentela, que pretendía ser descendiente del
Profeta, y su profundo arraigo en el mundo rural, hacían de Hernando
de Córdoba y Válor el líder nato de la nación rebelde. Su elección
como rey se hizo en dos tiempos, el 21 de diciembre en Granada,
rodeado de principales, unos cuarenta según varios documentos, y
el 24 en Béznar, rodeado de familiares y de hombres de distintos
pueblos. Él representaba la síntesis de la “nación”. Encontramos a
escala menor, una semblanza parecida con Hernando el Habaquí,
personaje acomodado sin ser riquísimo, influyente en la ciudad de
Guadix y más todavía en su entorno rural. Fue alguacil de Alcudia.
Sabemos que acompañó a la Corte a Juan Enríquez de Guzmán, regidor
de la ciudad de Baza, para negociar la suspensión de la pragmática
promulgada en 1567. Fue detenido durante algunos meses y puesto
en libertad en junio de 1569. Se sumó a la rebelión y tuvo un papel
relevante como embajador de los sublevados en el norte de África
y, sobre todo, como negociador para la rendición de los moriscos
en armas62. Existe una muy interesante carta del Habaquí a Pedro
de Deza, presidente de la Chancillería de Granada. El documento
desvela la complejidad de la postura y de los sentimientos del edil.
La carta está escrita desde Purchena el 18 de diciembre de 1569, en
un momento todavía de incertidumbre en cuanto a la suerte de la
contienda. El Habaquí se queja de los malos tratamientos recibidos
cuando él había dado múltiples pruebas de su buena disposición.
Cuando fue detenido, su casa, sus bienes y los de sus hermanos

61
Para la parentela Cordova y Valor es fundamental Francisco José CANO HILA,
“Apuntes históricos sobre el linaje morisco...”, pp. 229-276.
62
Para el Habaquí véase el trabajo de Carlos Javier GARRIDO GARCÍA: “Entre el
colaboracionismo y la rebelión: el morisco Hernando el Habaquí”, en Miscelanea de
Estudios Árabes y Hebraicos, 63 (2014), pp. 45-64.

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BERNARD VINCENT

fueron saqueados. Su primo, Bartolomé Abenomar, fue encarcelado,


su cuñado amenazado63. Estas humillaciones provocaron su adhesión
a la sublevación, pero no escatimó esfuerzos para poner fin al afron-
tamiento, lo que provocó su pérdida. Aben Aboo, segundo líder de la
rebelión, le hizo asesinar el 14 de julio de 1570. María de Benavides,
esposa del Habaquí, y sus hijas, María e Isabel, fueron instaladas en
Jaén y recibieron de la Corona una merced de 30.000 maravedís “de
por vida”. Muerta la esposa, las hijas pidieron en diciembre de 1584
la renovación de la merced64.
Aben Humeya y el Habaquí se han puesto al frente de la rebe-
lión. ¿Y los demás principales? Todos estaban ante un dilema de muy
difícil resolución: ser leales a la Corona, que tantos privilegios les
había otorgado en el pasado y alejarse definitivamente de la “nación”
morisca agobiada por las múltiples formas de la represión, o ser re-
beldes, poner en peligro su estatus y arriesgar su vida. La situación
de los miembros de este grupo había empeorado notablemente con
la ruptura del pacto social, lo que había provocado entre ellos un
malestar generalizado. Y a pesar de su efectiva colaboración con las
autoridades sabían perfectamente que su condición de cristianos nue-
vos les podía ser recordada en cualquier momento. Francisco Núñez
Muley, de estirpe principesca, había sido tratado en 1545, durante
una sesión de reparto de la farda, de “perro moro” por un escribano
cristiano viejo65. En 1568, todavía la mancha del origen estaba pegaba
a la piel de los moriscos, tanto a la de los principales como a la de los
modestos campesinos. No hay que olvidar que todavía en enero de
1580, cuando se contabilizó a los moriscos autorizados a quedar en el
reino de Granada, fueron enumeradas las familias de los principales
empezando por los Zegri y los Granada Venegas, cuya lealtad era en
todas circunstancias ejemplar.
Muy pocos tomaron el partido de la rebelión. Hernando de
Córdoba y Válor y el Habaquí tenían en común, a diferencia de

63
Archivo de la Fundación Zabálburu, leg. 153-4
64
AGS, Cámara de Cédulas, libro 258, fol. 76.
65
Amalia GARCÍA PEDRAZA: Actitudes ante la muerte en la Granada del siglo XVI: los
moriscos que quisieron salvarse, Granada, Editorial Universidad de Granada, 2002, vol.
II, pp. 940-948.

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LOS MORISCOS GRANADINOS Y LA GRACIA DEL REY

casi todos los demás, estar muy enraizados en el mundo rural. Sin
embargo, estos urbanos no se alinearon claramente en el bando real
salvo excepciones. Ciertamente el fiel Gonzalo El Zegrí, que no
intervino en la contienda ¿quizás por su edad? Alonso de Granada
Venegas fue muy activo, mostrándose partidario de las medidas
aculturadoras de 1567 y acompañando al marqués de Mondéjar des-
de su inicial salida a las Alpujarras66. Es llamativo que otros apenas
aparezcan en la crónica de Mármol Carvajal, repleta, por otra parte,
de nombres y detalles. Lo más verosímil es que se hubieran mante-
nido al margen de los acontecimientos en una situación de absoluto
desconcierto. Parece que bastantes de ellos tuvieron mucha simpatía
por la iniciativa de la rebeldía y que finalmente se abstuvieron de
participar, quizás porque les pareció una locura sin salida posible y
más seguramente porque eran conscientes de los riesgos que corrían
si se sumaban abiertamente al movimiento y porque las autoridades
tomaron medidas eficaces de prevención.
Durante los años 1567-1568, las tensiones fueron muy vivas en todo
el reino de Granada. Las autoridades estaban en estado de alerta y se
extendió el rumor de la preparación de una sublevación esperada ya en
la primavera de 1568. En este clima muy revuelto fueron organizadas
varias reuniones entre moriscos descontentos. Las crónicas se hacen
poco eco de ellas. Sin embargo, disponemos de las declaraciones de
dos testigos cercanos a los hechos, la de Bernardino de Córdoba,
antiguo esclavo de Antonio de Córdoba y Válor y luego criado de
Hernando (Aben Humeya) el 22 de febrero de 1569, y la de Brianda
Pérez, la segunda esposa de Aben Humeya, el 31 de marzo de 1571.
Sus relatos coinciden en muchos aspectos. Sobre todo, dan nombres
de participantes. Brianda habla de “un fulano de Palacios y Cárdenas,
su suegro”, que habrían estado presentes junto a Hernando de Cór-
doba en la casa del tintorero El Carci perteneciendo a la parroquia
albaicinera de San Miguel67. Sabemos que Miguel de Palacios, regidor
de Guadix, se había casado en 1567 con Isabel de Cárdenas, hija del

66
Luis del MÁRMOL CARVAJAL: Historia del rebelión..., libro III, capítulo VIII, p.
167 y libro V, cap. I, p. 299.
67
Los moriscos. Españoles trasterrados. Catálogo de la exposición del Archivo General de
Simancas, Madrid, Ministerio de Cultura, 2009, pp. 94-97.

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BERNARD VINCENT

riquísimo mercader Damián de Cárdenas. Isabel aportó una dote


por valor de más de 7.000 ducados68. El 21 de diciembre de 1568,
Miguel de Palacios compró su veinticuatría del concejo municipal
a Hernando de Córdoba por 1.400 ducados y unas preciosas joyas.69
Encontramos asimismo a Jerónimo y Miguel Palacios en la deposi-
ción de Bernardino de Córdoba en medio de muchas otras personas
reunidas en la casa, esta vez del cerero Lorenzo Berrio, hermano de
Melchor, al que hemos citado entre los presos de la Inquisición70.
Estaban, pues, presentes los hermanos Hanyn, El Ceutini, Gaspar de
Raya, un Çaybona, todos ricos mercaderes, principalmente de seda,
y dueños de tiendas en la alcaicería de Granada, el principal centro
mercantil del reino. Todos, salvo acaso los Hanyn, sobre los cuales
tengo poca información, habían tenido autorización de traer armas.
Además, los Palacios eran regidores de padre en hijo de Guadix,
mientras los Çaybona eran descendientes de los Sid Bono, famosa
familia de místicos muy respetados afincados en tierras levantinas
desde al menos el siglo xi y trasladadas a Granada en el siglo xiii71.
El alfaquí Sid Bona se convirtió tempranamente y tomó el nombre
de Pero López Çaybona recibiendo muchos favores de los Reyes
Católicos, entre ellos una veinticuatría del cabildo municipal de
Granada. Un descendiente de Pero se casó a mediados del siglo xvi
con una hija de Fernando de Fez cuya familia principesca era también
prestigiosa72. En 1526, un Juan Çaybona, “escribano de lo arábigo”,
fue beneficiario de una cédula autorizándole a traer armas. Y entre,
repartidores por mayor de las fardas estaba siempre un López Çaybona.
No cabe duda de que en estas circunstancias conspiratorias participó
un amplio grupo de moriscos activos en el comercio de sedas, de
cera y de especias. La presencia de esta gente (en su declaración el
68
APG, 155, escribanía de Melchor de Alcocer, fol. 27 a 42
69
Francisco José CANO HILA, “Apuntes históricos sobre el linaje morisco...”, pp. 244-
245; AGS, Cámara, Cédulas, 259, fol. 165 vto.
70
Archivo de la Fundación Zabálburu (Madrid), leg. 158/94.
71
Francisco FRANCO SÁNCHEZ: “Andalusíes y magrebíes en torno a los Sid Bo-
no/a de Guadalest y Granada”, en Historia, ciencia y Sociedad. Actas del II Coloquio
Hispano-marroquí de Ciencias Históricas, Madrid, Agencia Española de Cooperación
Internacional (MAE), 1992, pp. 217-232
72
María Jesús RUBIERA MATA, “La familia morisca de los Muley-Fez, príncipes me-
riníes e infantes de Granada”, Sharq al-Ándalus, XIII (1996), pp. 159-167.

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LOS MORISCOS GRANADINOS Y LA GRACIA DEL REY

criado Bernadino implica a otros mercaderes de la Alcaicería cuyos


nombres ha olvidado) da cuerpo a la hipótesis de la crisis de la seda
en los años 1560 como uno de los factores explicativos del malestar
de las élites moriscas y de su apoyo al estallido de la rebelión73. Sin
embargo, estos nobles y estos mercaderes no se movieron. No po-
demos descartar una razón hasta ahora no invocada: la del control
o de la vigilancia a los cuales estas élites fueron sometidas. ¿Por qué
tantos moriscos pudientes han sido encarcelados, en la cárcel de la
Inquisición, en la de la Capitanía General o en la de la Chancillería
en fechas cercanas –antes y después– del estallido de la contienda?
¿Se trataba de impedirles traicionar y así evitar que la población de
Granada se sublevara, hipótesis fiable que provocaba el pánico de las
autoridades y de los cristianos viejos? Probablemente hubo también
por parte del marqués de Mondéjar la voluntad de proteger a algunos
de los principales del rencor de cristianos nuevos y/o de cristianos
viejos. Es así como puede entenderse la prisión de Miguel de Palacios,
de Lorenzo Hernández el Chapiz, de Miguel López Çaybona en la
Alhambra74. Pero ¿qué pensar de la prisión, en la cárcel de la Chan-
cillería, de “muchos sospechosos y entre ellos de algunos de los más
ricos”, como dice Mármol Carvajal?75. Desconocemos su identidad,
pero, según el cronista, ciento diez de ellos murieron durante una
pelea entre cristianos viejos y cristianos nuevos en la noche del 17 al
18 de marzo de 1569. Entre los muertos, estaban Alonso Albotodo,
hermano del célebre jesuita; Felipe Venegas, marido de su sobrina
María de la Cruz, y Alonso de Mendoza el Anine76. Se procedió al
secuestro de los bienes de estos dos últimos lo que provocó la queja
de las viudas reclamando su dote, evaluada para Florencia de Arra-
ya, esposa del Anine, a 1.600 ducados77. Entre los que se pudieron
salvar estaban Antonio de Córdoba y Válor y su hijo Francisco. Este

73
Kenneth GARRAD: “La industria sedera granadina en el siglo xvi y su conexión
con el levantamiento de las Alpujarras (1568-1571)”, Miscelánea de estudios Árabes y
Hebraicos, VII (1956), pp. 73-103.
74
AA, leg. 78/2-15; 78/2-47; 78/2-80
75
Luis del MÁRMOL CARVAJAL: Historia del rebelión..., libro V, cap. XXXVIII, p.
396-399
76
AGS, Cámara de Castilla, leg. 2180, s.f.
77
AGS, Cámara, Cédulas, 257, fol. 283.

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BERNARD VINCENT

asunto fundamental no ha sido estudiado. Estoy convencido de que


si conociéramos quiénes fueron las víctimas de esta matanza y quiénes
fueron sus enemigos podríamos entender mejor los acontecimientos
de los años 1567-1570.
Hubo, es evidente, muchos sospechosos y mucha ambigüedad
entre los principales. Si encontramos a un Çaybona en la elección
de Aben Humeya, ya parece que dos miembros de la parentela,
Diego y Juan, han participado en la lucha contra los rebeldes. Sin
embargo, ninguno de ellos figura en la lista, establecida en 1580, de
los principales autorizados a mantenerse en el reino de Granada. Al
contrario, encontramos a dos de ellos, Jerónimo y Alonso Enríquez
Çaybona instalados en Sevilla y acusados de estar implicados en
el complot descubierto en la ciudad del Guadalquivir en junio de
aquel año. Otros miembros de familias de repartidores de la farda
fueron molestados a causa de su actitud a finales de 1568. Es el caso
de Jerónimo de Palacios o de los Benajara78. Bastantes tuvieron
que emprender el camino del exilio. Así le ocurrió a gran parte de
los Hermes y de los Muley en compañía de las decenas de miles
de moriscos expulsados del reino de Granada en 1569 y 1570. La
suerte de unos y de otros traduce las muchas dudas que tuvieron
antes de decidirse. Es interesante constatar las más que probables
divergencias existentes entre miembros de una misma familia –caso
de los Çaybona, de los Albotodo, de los Fez Muley…– cuando en
el mundo rural, empezando por las élites segundas, las parentelas
constituyen casi siempre un bloque. Ahí, empezando por el mundo
de las Alpujarras, corazón, repitámoslo, de la rebelión, las solidari-
dades familiares y “nacionales” se expresan plenamente79. No quiero
78
AGS, Cámara de Castilla, leg. 2168, s.f., documento del 30/XI/1572.
79
Quiero aquí subrayar mi desacuerdo con la visión desarrollada por Javier Castillo
Fernández que me reprocha haber escrito que las “solidaridades de clase son secunda-
rias” frente a las solidaridades familiares y de «nación» (en Bernard VINCENT: “Les
éléments de solidarité au sein de la minorité morisque (xvie siècle)”, en Cahiers de la
Méditerranée. Le concept de classe dans l’analyse des sociétés méditerranéennes XVIe-XXe
siècles. Actes des journées d’études Bendor, 5, 6 et 7 mai 1977, hors série n.°3 (1978),
pp. 91-100; versión española en Bernard VINCENT: Andalucía en la Edad moderna:
economía y Sociedad, Granada, Diputación de Granada, 1985). Para él, esta afirma-
ción sería “un ente ahistórico y exótico, fuera de las relaciones económico-sociales
comunes al resto de las civilizaciones (en Javier CASTILLO FERNÁNDEZ: “Las
estructuras sociales...”, p. 213). No creo que todo se reduzca a las relaciones de clase, ni

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LOS MORISCOS GRANADINOS Y LA GRACIA DEL REY

decir que no aparezcan grietas internas, pero estas son consecuencia


de rivalidades de origen a veces lejano (por ejemplo, Aben Zabas
contra Valories) o de afrentas personales (Rojas contra Valories). Los
principales, cuyos lazos con el pueblo morisco eran menos rígidos, se
vieron a la vez solicitados por ese mismo pueblo y estuvieron bajo
sospecha por parte de la sociedad cristianovieja.
Fuera cual fuera su destino, exilio o permanencia en el reino, las
familias de las élites, bien principales bien segundas, sufrieron un
doble proceso negativo: una sensible merma de sus recursos y una
notable disgregación de sus parentelas. Algunos llegaron a recuperar
parte de su brillo de antaño sobre bases nuevas, a menudo a partir
de éxitos profesionales individuales y de alianzas matrimoniales con
gente igualmente en fase ascendente. Está por estudiar globalmente
este fenómeno. En esta vía es necesario hacer caer la barrera que
representa la rebelión de 1568-1570 para los estudios moriscos. Cons-
tatamos la caída de familias enteras o de parte de ellas, pero pocas
veces sabemos cómo y en qué medida. Al contrario, otras llegaron a
superar las tremendas consecuencias del trauma y ocuparon de nuevo
un lugar preeminente como intermediarios entre la Monarquía y las
comunidades moriscas esparcidas en toda la Corona de Castilla80.
Efectivamente, en 1591, al margen del servicio de los Millones, fue
exigida de los moriscos “naturales del Reino de Granada”, según la
expresión empleada en la documentación, lo que se parece a una
farda. Su cuantía se elevaba a 200.000 ducados a pagar en cuatro
años y fue renovada en 1597 y en 1603. Su reparto fue negociado en
la Corte con delegados de las distintas comunidades desde Vallado-
lid y Segovia hasta Sevilla y Granada81. ¿Quiénes son estos nuevos
en el reino de Granada del siglo xvi ni en cualquier otra sociedad. Siguiendo las en-
señanzas de la antropología histórica (el adjetivo no debe nada al azar), y en particular
las de Julio Caro Baroja, pienso que estas solidaridades familiares y nacionales tuvie-
ron para la mayoría de los moriscos granadinos un peso considerable en el estallido
de la rebelión.
80
Sobre este asunto, véase Enrique SORIA MESA: “De la conquista a la asimilacion.
La integracion de la aristocracia nazarí en la oligarquía granadina. Siglos xv-xvii”,
Áreas, 14 (1992), pp. 51-64. Del mismo, Los últimos moriscos. Pervivencia de la pobla-
ción de origen islámico en el reino de Granada (siglos XVII-XVIII), Valencia, Universitat de
València-Editorial Universidad de Granada-Prensas Universitarias de Zaragoza, 2014.
81
Bernard VINCENT: “Los moriscos granadinos y la Monarquía (1570-1609)”, en José
I. FORTEA y JUAN E. GELABERT (eds.): Ciudades en conflicto (siglos XVI-XVIII),

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BERNARD VINCENT

repartidores? ¿Cómo fueron elegidos? ¿Cuáles eran sus antepasados?


Cuestiones interesantes para entender cómo el pacto social ha sido
renovado entre rey y “nación” morisca al abrigo de la gracia real.
Como en 1500.

BIBLIOGRAFÍA

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5 120

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LOS MORISCOS GRANADINOS Y LA GRACIA DEL REY

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en Manuel BARRIOS AGUILERA y Ángel GALÁN SÁNCHEZ (eds.): La
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ZÁLEZ ALCANTUD (eds.): Las tomas. Antropología histórica de la ocupación
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BERNARD VINCENT

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VIVIR Y NEGOCIAR. LOS MORISCOS ENTRE DOS MUNDOS
Luis F. Bernabé Pons
Universidad de Alicante

Los moriscos, como otros grupos humanos minoritarios de la Es-


paña de los siglos xvi y xvii, tuvieron que negociar diversas facetas
de su existencia en una sociedad que se les tornaba bastante des-
confiada, cuando no hostil. Desde 1501 o 1526, los diferentes grupos
moriscos no solamente tienen que negociar sus propios elementos
identitarios con un pasado que los unía al islam y al mundo árabe,
sino también sus modos de inserción en la sociedad cristiana. En
el primer caso, muchos moriscos mantenían una superestructura
ideológica que marcaba su diferencia con la sociedad mayoritaria.
Esta ideología religiosa había de acompasarse con la realidad políti-
ca o incluso el ideal político hispano en el que vivieron los moriscos.
En algún sitio he señalado que si bien los moriscos pudieron vivir
sin al-Andalus –entendido éste como una pasada entidad política
vinculante–, no lo pudieron hacer sin España, en la que las jóvenes
generaciones habían nacido y crecido1. Cómo cada uno de ellos
gestionó o negoció esta dualidad es una aventura interesantísima.
En el segundo de los casos, el de sus modos de inserción en la
sociedad cristiana, prácticamente desde el inicio de los decretos de
conversión y aún antes con las conversiones voluntarias, deben los
moriscos negociar sus modos de vivir en la sociedad cristiana y la
forma en la que ésta les acepta. Son muchas las formas en la que los
distintos moriscos buscan hallar su lugar dentro del entorno que les
rodea2. El hecho de que, por ejemplo, una familia como los Muley –al
1
Luis F. BERNABÉ PONS, “Musulmanes sin Al-Andalus. ¿Musulmanes sin España?
Los moriscos y su personalidad histórica”, eHumanista: Journal of Iberian Studies. 37
(2017), pp. 249-267.
2
Por ejemplo Javier CASTILLO FERNÁNDEZ, “Las estructuras sociales”, en Manuel
BARRIOS AGUILERA (ed.): Historia del reino de Granada. Tomo II: La época mo-
risca y la repoblación (1502-1630), Granada, Universidad de Granada-Fundación «El
Legado Andalusí», 2000, pp. 179-230.

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LUIS F. BERNABÉ PONS

menos la rama principal de ella– esté siempre ligada a los Mendoza


(con independencia del provecho que la familia cristiana saca de la
situación) coloca a los miembros de la estirpe en una situación muy
concreta que poco tiene que ver, por ejemplo, con la de otras familias
moriscas ricas, pero que carecen de la protección o influencia de una
familia poderosa3.
Sin embargo, la expulsión de la comunidad morisca decretada
por el rey Felipe III a partir de 1609 va a dar al traste con buena parte
de esas estrategias de negociación, digamos, vital, que muchos moriscos
habían llevado a cabo, con resultados siempre discutibles y discutidos. La
general salida forzosa de los moriscos de España, y aún las salidas que de
diferentes formas se están dando a lo largo de todo el siglo xvi por parte
de los moriscos nos colocan ante otras perspectivas de negociaciones
distintas de la hispánica, relacionadas con ella por supuesto, pero con
otros valores muy distintos en liza. En cierta forma, los moriscos tienen
que “reinventarse” cuando traspasan las fronteras españolas y van a
otros países, especialmente islámicos. A través de diversos trabajos
puede comprobarse cómo una presunta identidad islámica, como
pudiera ser la de los moriscos, no les garantizaba a priori un acceso
sin problemas a las sociedades islámicas y que la conversión –como
había sucedido en España– siempre planeaba sobre ellos como una
sombra de sospecha y amenaza4.
El relato habitual acerca de la instalación e inserción de los mo-
riscos en el norte de África a lo largo del siglo xvi pero especialmente
tras la expulsión de comienzos del xvii, habla de un cierto éxito en la
integración social de los moriscos tras unos inicios más problemáticos.
Especialmente el relato historiográfico árabe tradicional ha hecho de la
acogida de los moriscos uno de los ejes de una multisecular identificación
identitaria entre los musulmanes de la península ibérica y los del Magreb.
A diferencia de los judíos expulsados en 1492, los moriscos habrían
3
Antonio JIMÉNEZ ESTRELLA, La Capitanía General y la defensa del Reino de Gra-
nada en el siglo XVI, Granada, Universidad de Granada, 2002, pp. 230-232.
4
A título de ejemplo, Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “El moro va, el moro
ve. La tràgica vida de Francisco Pérez, àlies Alí (Gorafe, c. 1560-València, 1621)”, Afers:
fulls de recerca i pensament, 24, 62-63 (2009), pp. 151-171; “De casta de moriscos. Rela-
tos autobiográficos: invención, verosimilitud, intencionalidad”, Homenaje a Raphäel
Carrasco, en prensa.

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VIVIR Y NEGOCIAR. LOS MORISCOS ENTRE DOS MUNDOS

sido acogidos en tanto que musulmanes perseguidos y oprimidos que


habrían hallado en tierras islámicas la libertad que ansiaban en su tierra
de origen5. Este relato de solidaridad islámica, unido a la tradicional
mitificación de los aportes andalusíes al Magreb, ha generado en este
contexto una confusión habitual entre los emigrantes andalusíes y los
exiliados mudéjares y moriscos.
Sin embargo, un rápido repaso de las vicisitudes de los moriscos
en sus lugares norteafricanos de acogida en la Edad Moderna hace
que ese relato haya de ser forzosamente matizado. Las negociaciones
de los moriscos para ser integrados dentro de los cuerpos políticos
y sociales de sus países islámicos de acogida, aunque dependen en
lo esencial de la voluntad de las autoridades, tienen unos elementos
propios que complican un relato, digamos, triunfante. Naturalmente
cabe esperar a priori una acogida favorable de los moriscos en un
entorno político y social islámico y este ambiente fue el que los mo-
riscos encontraron dentro de una sociedad acostumbrada a la acogida
del viajero musulmán. Sin embargo, diversas circunstancias podían
hacer que ese principio general, podemos llamar, de “solidaridad”
islámica se viese perturbado: el número de recién llegados a una
zona, su carácter alógeno con respecto a la sociedad de llegada, sus
posibilidades de jugar un papel político más o menos relevante en
perjuicio de la población nativa, etc.
Comenzaré con dos documentos de más de un siglo antes de
la expulsión general, que ilustran bastante bien las capacidades de
negociación que los musulmanes peninsulares no realmente tenían,
sino creían poder tener a la hora de poder gestionar su futuro presen-
tado como colectivo. Ilustran asimismo su capacidad real de poder
influir en mandatarios extranjeros en los asuntos relacionados con
su situación.
El primero de los documentos surge de las embajadas y los con-
tactos formales e informales que los sultanes mamelucos mantuvieron

5
Houssem CHACHIA: “La instalación de los moriscos en el Magreb: entre el relato
oficial y el relato morisco”, en PÉREZ CAÑAMARES, E. (coord.); BRIONES JI-
MÉNEZ, O. y PALAZÓN MARÍN, J. E. (eds.): Actas del II Congreso Internacional
‘Descendientes de Andalusíes moriscos en el Mediterráneo Occidental’, Ojós (Mur-
cia), Excmo. Ayuntamiento, 2015, pp. 125-142.

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LUIS F. BERNABÉ PONS

con los reyes Isabel y especialmente Fernando a cuenta de la situación


del Reino de Granada en un primer momento y de la suerte de los
mudéjares de los reinos peninsulares y muy especialmente de los
granadinos6. Estos contactos, que se pueden sintetizar en la célebre
Legatio Babilonica encabezada por Pedro Mártir de Anglería, se
centraron en el trato que cada uno de los reyes debía dispensar a los
miembros de la otra confesión en sus reinos7. Tanto Fernando de
Aragón, como su homólogo egipcio Qansuh, el rey de Babilonia,
evitaron deslizar amenaza alguna en sus mensajes y se limitaron a
dejar patente la posición de cada uno. Por parte del mameluco se
aseguraba la protección de los cristianos peregrinos en Oriente y se
interrogaba al rey aragonés por las noticias de maltrato de los mudéjares
que le habían llegado. Por parte de Fernando (quien era plenamente
consciente de la debilidad del egipcio), se insistía en el sentido de
la conquista de Granada, aludiendo a la “pérdida de España” por
Don Rodrigo. Igualmente, se informaba del carácter político de los
castigos a ciertos mudéjares, a causa de sus rebeliones, y en la libertad
religiosa con la que el resto de mudéjares podía vivir en sus reinos.
Es interesante destacar un documento generado por el rey Fer-
nando y que ha pasado en mi opinión un tanto desapercibido. Como
respuesta al sultán de Babilonia ante sus preocupaciones acerca de la
libertad de los mudéjares, el rey encarga a las autoridades de Valencia
y Zaragoza que las aljamas envíen una carta al sultán indicando la
libertad con la que viven, en especial tras haber sido publicado el
bando de expulsión o conversión de los mudéjares de Castilla. Para
mayor facilidad, el rey envía a los bailes una carta-modelo que las
aljamas deberían traducir al árabe (de forma supervisada, eso sí), y
devolver al emisario real para ser enviada al sultán en Egipto. Esta
carta modelo es un maravilloso ejemplo de varias cosas, más allá de

6
José Enrique LÓPEZ DE COCA: “Mamelucos, otomanos y caída del reino de Gra-
nada”, En la España Medieval, 28 (2005), pp. 229-258.
7
Luis GARCÍA GARCÍA (ed.): Una embajada de los Reyes Católicos a Egipto (según la
“Legatio Babilonica” y el “Opus Epistolatum” de Pedro Mártir de Anglería). Valladolid,
CSIC, 1947; Raúl ÁLVAREZ MORENO: Una embajada española al Egipto de prin-
cipios del siglo XV: la “legatio babilónica de Pedro Martír de Anglería”. Estudio y edición
trilingüe, anotada en latín, español y árabe, Madrid, Instituto Egipcio de Estudios
Islámicos, 2013.

5 126

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VIVIR Y NEGOCIAR. LOS MORISCOS ENTRE DOS MUNDOS

constituir en sí misma un buen ejemplo de lo que hoy se conocería


como una fake new:

“El rey. Thesorero: porque para el bien e conservaçion del Santo


Sepulcro de Ihs y de los monesterios y lugares santos que estan en
aquellas partes y de los peregrinos que van e vienen a él es menes-
ter que el aljama de los moros desa çibdad escrivan al Soldan de
Babilonia una carta de la manera que va aquí ordenada, en minuta
señalada de Miguel Pérez de Almaçan, nuestro secretario, vos en-
biamos para ello carta nuestra para la dicha aljama con creençia
remitida a vos. Por ende vos encargamos y mandamos que luego
fagays que se junten y les dedes la dicha nuestra carta y por virtud
della les digays de nuestra parte lo que vierdes que es menester
para que syn dilaçion alguna fagan en arábigo la dicha carta para
el dicho Soldan, y avyendola fecho la fagays mirar a persona de
confiança porque no muden la sustançia della. Y vista, sy estuviere
conforme a la que vos enviamos, dadla al levador desta que la ha
de llevar al Soldan. Y porque como vedes esto es cosa que cunple
mucho a serviçio de Nuestro Señor y bien del Santo Sepulcro e de
los dichos peregrinos, por serviçio nuestro que no alçeys dello la
mano fasta que a éste se le de la dicha carta.
Dada en Madrid a XXV de enero de DII. Yo el rey. Almaçan,
secretario.
-Otra tal para el vayle general de Valencia
La forma de la carta que escrivieron los moros de Valençia al
Soldan de Babilonia:
Acá avemos sabido que algunos onbres de malas lenguas, re-
boltosos, han informado a V. Al. que los moros de los reynos
d’España fueron maltratados y costrenidos a ser christianos y que
han resçibido otros muchos agravios, lo qual todo fazemos saber a
V. Al. ser al contrario, porque sy los moros de Granada se tornaron
christianos fue porque ellos lo pidieron e suplicaron, porque avían
meresçido toda manera de muerte y ser sus mugeres e fijos esclavos
y todas sus fasiendas perdidas por se aver rebelado contra el rey e
alborotado pueblos libianamente, y fecho otras cosas muy feas, en-
tre las quales mataron capitanes e alcaydes de fortalezas y alguaziles

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LUIS F. BERNABÉ PONS

y otras gentes e onbres prinçipales, lo qual todo les fue perdonado


porque de su voluntad quisieron ser christianos y demandaron el
agua del baptismo.
Asy mismo, a los moros de Castilla, porque los tenían por sospe-
chosos por algunos yndiçios que hallaron en ellos, mandaron haser
pregón que se fuesen a donde quisieren con sus bienes. Y ellos
quisieron más tornarse christianos que no dexar sus naturalezas.
Pero nosotros, los que bivimos en los reynos de Aragón e de Va-
lençia, porque bivimos paçificamente e somos muy bien tratados y
tenemos las libertades que tyenen los christianos, asy de cavalgar a
caballo y traer armas como de las otras cosas, porque sy un chris-
tiano enojase a un moro no sería menos castigado que sy enojase el
moro al christiano. Y tenemos todas nuestras mezquitas, grandes y
pequeñas, a toda nuestra (fol. 20r) voluntad, syn ninguno nos in-
pedir ni contradezir cosa alguna, asy como sy estoviésemos en tie-
rra de moros. Y sy ganamos e conquerimos haziendas gozámoslas e
tenémoslas syn ningund ynpedimiento, que ninguno no nos pide
nada más de los derechos antiguos según nuestros antepasados so-
lían pagar; y nunca ninguno de nosotros fue apremiado ni costre-
ñido ni aprisionado ni amenazado para que se torne christiano.
Por lo tanto suplicamos a V.Al. sy de parte del rey e de la reyna
de España, nuestros señores, alguna cosa le fuese pedido o rogado,
liberalmente lo faga porque tenga más cargo de nos tratar bien
como hasta aquí lo ha hecho y hazen. Y de aquí adelante V. Al. no
quiera dar orejas a malas lenguas ni a onbres reboltosos porque los
buenos no paguen la pena que meresçen los malos”8.

Se trata de un estupendo documento tanto por lo que contiene


dentro de sí como por lo que oculta o disfraza. Contiene una par-
te de la realidad histórica y social de las aljamas de la Corona de
Aragón, pero al mismo tiempo oculta la situación de opresión re-
ligiosa que ya estaban viviendo los mudéjares de la Corona desde
tiempo atrás9. Recoge la muy reciente conversión obligatoria de los
8
José Enrique LÓPEZ DE COCA: “Mamelucos, otomanos…”, pp. 257-258.
9
María Teresa FERRER I MALLOL: Els sarraïns de la corona catalano-aragonesa en el
segle XIV. Segregació i discriminació, Barcelona, CSIC, 1987, esp. 87-90; Ángel GALÁN

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VIVIR Y NEGOCIAR. LOS MORISCOS ENTRE DOS MUNDOS

mudéjares castellanos pero, en línea con la argumentación real que


recorrerá el siglo y que les había sido comunicada por el propio
rey Fernando, la hacen consecuencia de actuaciones políticas de
deslealtad y nunca de diferencias religiosas. Y desde luego es un
documento que coloca a los musulmanes aragoneses y valencianos
no como protagonistas de una negociación en torno a sus condi-
ciones de vida, sino como objetos de otra negociación entre seño-
res, aparte de fijar desde fecha temprana una cierta imagen de los
musulmanes de la Península dentro de la mentalidad cristiana. Los
mudéjares eran lo que su señor decidía que tenían que ser, como
dolorosamente habían comprobado los musulmanes de Castilla y
de Granada, y cualquier negociación autónoma con el exterior les
quedaba negada con la redacción de estos documentos.
Esta carta que debía recibirse en Egipto en árabe apoyaba la línea
de argumentación que había seguido el rey Fernando con el sultán
mameluco: el caso de los mudéjares castellanos había sido especial
por cuanto ellos habían hecho caso omiso de los pactos políticos
formados al rebelarse a la autoridad castellana. Aparte de ellos, el
resto de musulmanes peninsulares podían continuar con su estatuto
mudéjar, sin ser obligados a convertirse. Con ello se justificaba la
acción emprendida meses atrás y se intentaba conjurar el posible
peligro que pudieran padecer los cristianos de Oriente bajo la au-
toridad del sultán.
Que el desarrollo y sentido de estas negociaciones era conocido
por los musulmanes granadinos es perfectamente visible en el se-
gundo de los documentos que comentaré. Se trata de la conocida
casida contemporánea enviada desde Granada a Oriente en la que
los moriscos granadinos se lamentan por la situación de oprobio en
la que han de vivir bajo dominación cristiana, pidiendo auxilio y
ayuda a las autoridades islámicas. Dicho poema se conserva en dos
versiones: una versión más antigua y más corta que fue dirigida al
sultán mameluco de Egipto y otra, más extensa, dirigida al sultán
otomano Bayazid II (1489-1512). Muy posiblemente ambas versiones

SÁNCHEZ: Los mudéjares del Reino de Granada, Universidad de Granada, 1991, pp.
399-402.

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LUIS F. BERNABÉ PONS

fueron compuestas entre 1500 y la primera mitad de 1501, cuando


la situación de los musulmanes del Reino de Granada se había
complicado enormemente y ya habían surgido las hostilidades que
conducirían a la conversión general de pocos meses después. Tanto
Monroe, quien editó y tradujo la versión dirigida a los otomanos,
contenida en la antología de al-Maqqarî10, como Wiegers y Van Ko-
ningsveld, que hicieron lo propio con una copia del original enviado
a los mamelucos,11 coinciden en la cronología por los acontecimientos
mencionados en los versos12.
La casida es una de las primeras muestras textuales de lo que
podría denominarse relaciones internacionales de los moriscos, al
solicitar auxilio a dos sultanes musulmanes invocando su parentes-
co religioso, sugiriendo ambos que se aplique con los cristianos de
oriente la misma dureza que sufren ellos en occidente13. El poema
de los granadinos va a desarrollar algunas de las imágenes que van
a cristalizar de forma más duradera en el imaginario árabe sobre los
moriscos: la ruptura de los pactos por parte los reyes cristianos, la
conversión forzosa a la que se vieron sometidos a partir de esta traición
y los distintos ultrajes a los que se vieron sometidos y que afectaban
fundamentalmente a su religión: quemas de coranes, cambio de
nombres islámicos, doncellas musulmanas ultrajadas, calumnias hacia
el profeta Muhámmad, etc. Toda esa situación les ha convertido, no

10
James T. MONROE: “A curious morisco appeal to the ottoman empire”, Al-Andalus,
XXXI (1966), pp. 281-303.
11
Pieter Sjoerd van KONINGSVELD y Gerard A. WIEGERS: “An Appeal of the
Moriscos to the Mamluk Sultan and its Counterpart to the Ottoman Court”, Al-Qa-
ntara, XX, 1 (1999), pp. 161-189.
12
También José Enrique LÓPEZ DE COCA: “Mamelucos, otomanos…”, pp. 243-245,
Hani El Eryan, en su traducción española del poema prefiere retrasar su composición
hasta después de 1517, puesto que en la casida se llama al sultán propietario de los más
santos lugares del cristianismo, mientras que Jerusalén fue conquistada por Selim
I en ese año, señalando al sultán Selim como el destinatario real de la carta. Véase
Hany EL ERYAN: “Casida de un morisco anónimo para el sultán otomano, Sharq
Al-Andalus, 20 (2011-2013), pp. 507-521.
13
Leonard P. HARVEY, “The moriscos and their international relations”, en L’Expulsió
dels Moriscos. Conseqüències en el món islàmic i en el món cristià., Barcelona, Generali-
tat de Catalunya, 1994, pp. 135-139.

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VIVIR Y NEGOCIAR. LOS MORISCOS ENTRE DOS MUNDOS

ya en cautivos, sino en esclavos en su propia tierra de al-Andalus,


describiendo el autor algo parecido a un sentimiento martirial.
Pero asimismo es la casida un buen testimonio de la perspectiva
morisca acerca de la fallida intervención de sus correligionarios
musulmanes extrapeninsulares. Ya el verso 30 señala la ausencia de
ayuda alguna cuando cayó el reino nazarí de Granada:

“Cuando aniquilaron nuestra caballería e infantería / y no reci-


bimos de nuestros hermanos ninguna ayuda”14,

mientras que a partir del verso 82, el autor refleja los avisos y las
negociaciones entre el sultán mameluco y los reyes hispanos:

“A ellos les llegó vuestro escrito, / pero no tomaron en conside-


ración ni una sola palabra de él;
No hizo más que aumentar sus hostilidades y atrevimientos /
contra nosotros, así como su persistencia en toda clase de maldades.
Y cuando los enviados de Egipto llegaron, / no les mostraron tal
traición o deshonor,
Sino que dijeron a estos enviados que / habíamos aceptado vo-
luntariamente la religión de los infieles sin imposición alguna,
Y presentaron declaraciones de falsos testigos: / ¡por Dios que
nunca aceptaremos esas palabras!”.

Esto es, la casida se coloca como estrictamente contemporánea a


todo el cruce de cartas y embajadas entre Egipto y Castilla y re-
chaza lo que fue la primera línea de argumentación de los Reyes
Católicos: nunca hubo una conversión voluntaria de los mudéjares
granadinos y castellanos. El argumento de la voluntariedad de la
conversión al cristianismo –fundamental desde el punto de vista
islámico–, negado rotundamente ante el sultán por los moriscos
de Granada, dio paso a un segundo razonamiento más refinado de
Fernando de Aragón ante el sultán: los moriscos granadinos fueron
castigados por su rebelión en contra del rey y antes de recibir del

14
Sigo la traducción española de Hani El Eryan con algunas modificaciones.

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justo castigo que merecían por su traición prefirieron solicitar per-


dón mediante su conversión de grado al cristianismo. El hecho de
que el autor de la casida introduzca todo este razonamiento, razo-
nablemente asido a la realidad de los hechos, en un poema que se
dirige al sultán indica que al lado de tensiones de efecto dramático
se busca el informar correctamente a los deseables aliados exteriores
del devenir de los hechos. Si la caída de Granada no había suscitado
ninguna ayuda exterior apreciable, quizá el abandono por la fuerza
del islam y las violencias ejercidas a los creyentes de tierras extremas
podrían mover a piedad y colaboración a las fuerzas musulmanas
extranjeras.
Sin embargo, como es sabido, el poema no va a surtir ningún
efecto traducido en ayuda real a los moriscos granadinos, más allá
de comenzar a extender el miedo en España a una colaboración
que viniera del Mediterráneo oriental y, a través de diversas copias,
extender en el mundo islámico la imagen de los moriscos como
musulmanes perseguidos por su fe que son abandonados a su suerte
por el sultán. Los moriscos van a comprobar, por una parte, que el
sultán mameluco bastante tenía con su debilidad económica y mi-
litar y con sus propios problemas con el pujante vecino otomano,
y, por otra parte, que el –este sí– poderoso sultán otomano, aunque
podía preocuparse de la suerte de unos correligionarios, iba a colocar
siempre sus preocupaciones políticas por encima de comprometidas
y arriesgadas maniobras15.
El tema de las relaciones internacionales de los moriscos y su
búsqueda de ayudas más allá de las fronteras españolas es un tema
que merece, de todas formas, una atención más detenida después
del trabajo pionero de Harvey, quien ya habló de la voluntad de los
moriscos de provocar una pinza otomana-mameluca que pudiera
beneficiarles frente a los reyes de Castilla y Aragón. Por qué los mu-
déjares y los moriscos, quienes habían recorrido el mundo islámico y
contaban con muchos de ellos instalados allí, no lograron establecer

15
Para las discusiones dentro de la corte de Estambul acerca de la posible ayuda efectiva
a los moriscos granadinos, Chakib BENAFRI: “La posición de la sublime puerta y
de la regencia de Argel ante la rebelión de los moriscos granadinos (1568-1570): entre
esperanza y decepción», Áreas, 30 (2011), pp. 141-146.

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VIVIR Y NEGOCIAR. LOS MORISCOS ENTRE DOS MUNDOS

una sólida alianza con los mandatarios musulmanes es algo que aún
debe ser analizado en profundidad. Las llamadas de auxilio y ayuda
que posteriormente se sucederían entre los moriscos y el imperio
otomano tuvieron un éxito similar, es decir, más bien modesto. La
famosa y muy temida ayuda de los otomanos durante la guerra de
las Alpujarras quedó en el aporte de algunas armas y la llegada desde
Argel de unos 400 hombres, al mando del capitán turco Hosceyn y
su hermano Caracax, a los que Mármol Carvajal les otorga un papel
destacado en el bando rebelde16. Advierte, sin embargo, que Caracax
estaba desterrado de Argel por sus maldades y que fue su hermano
quien le buscó para ir a Granada, lo que posiblemente indicaría que
la ayuda en efectivos militares se plasmó no en un estricto envío de
tropas, sino en un llamamiento a voluntarios que, al tiempo que
cumplían con una buena obra espiritual, podían obtener un buen
botín. De hecho, los dos serán buscados posteriormente para ser casti-
gados por el sultán a causa de su comportamiento en las Alpujarras17.
El fracaso de las peticiones de ayuda de los moriscos, sea a autori-
dades islámicas, sea a Francia, pone de manifiesto que, de una forma u
otra, los moriscos habían valorado erróneamente varios elementos de
su situación. Las negociaciones que quieren entablar con autoridades
foráneas se basan, bien en el hecho de la solidaridad religiosa, bien
en una estimación de su propia fuerza como aliados de un enemigo
de España, bien posiblemente en una valoración favorable de la
situación política española. Sus contactos con el imperio otomano,
que no cesaron a lo largo de todo el siglo xvi y comienzos del xvii,
si bien les proporcionaron unos viáticos aceptables en sus tránsitos
hacia tierras de gobernación otomana, no les otorgaron una ayuda
más rotunda como la que ellos habían solicitado. Esta imposibilidad
de una acción otomana a gran escala en el Mediterráneo occidental,
que era perfectamente conocida por las autoridades españolas, debe
hacer pensar por supuesto en la muy extendida imagen de los moriscos

16
Luis del MÁRMOL CARVAJAL: Historia del rebelión y castigo de los moriscos del
Reino de Granada (edición, estudio notas e índices de Javier CASTILLO FERNÁN-
DEZ), Granada, Universidad de Granada, 2015, pp. 505, 524-525.
17
Chakib BENAFRI: “La posición de la sublime puerta…”, p. 141.

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como quintacolumnistas del Turco18, que fue convenientemente


explotada en la época y que paradójicamente no ha desaparecido de
la historiografía posterior.
Fue a partir de las emigraciones de los moriscos hacia el norte
de África a lo largo del siglo xvi cuando éstos tuvieron que volver a
negociar su inclusión como individuos y como grupo social en otras
sociedades. El salto de los moriscos al norte de África no era, por su-
puesto, una cosa novedosa ni a las alturas del siglo xvi ni en el furioso
epílogo de principios del siglo xvii. La novedad, quizás, radicaba en
el carácter colectivo e incluso multitudinario de las emigraciones de
los siglos de la Edad Moderna19. En estos flujos humanos, con sus
correspondientes imaginarios cruzados, las visiones de uno y otro
lado han sido cambiantes conforme a las vicisitudes históricas y
políticas. Ha existido, como señaló Epalza, un espacio y un sistema
de acogida del foráneo que es común a otras zonas islámicas y del
que se beneficiaron los emigrantes peninsulares con destino en el
Norte de África20.
Mas es igualmente fácil encontrar elementos de disensión y
desconfianza mutuas entre esas mismas poblaciones desde mucho
tiempo antes. Ya las consultas que los mudéjares habían hecho a
las autoridades religiosas del Magreb acerca de su voluntad de per-
manecer en la Península habían recibido las respuestas negativas de
éstas. El propio al-Wansharisi, en una fatwa de 1491, despreciaba a
los peninsulares que decidían volver a su tierra natal, acusándoles de
preferir sus riquezas a su fe. Conocida es su postura acerca de que los
musulmanes bajo poder cristiano debían emigrar obligatoriamente
hacia territorios islámicos21. Ya desde la última parte del siglo xv los
musulmanes que deciden pasar al Magreb desconfían de la recepción
de sus correligionarios del norte de África: en Fez y Tlemcen han

18
Andrew C. HESS: “The Moriscos: an Ottoman Fifth Column in Sixteenth Century
Spain”, The American Historical Review, LXXIV (1968-1969), pp. 1-25.
19
Muhammad RAZUQ: Al-Andalusiyyún wa-hichratu-hum ilà-l-Magrib jilála-l-qar-
nayn 16 wa 17, Dar al-Bayda’, 1989.
20
Mikel de EPALZA: “Estructuras de acogida de los moriscos emigrantes de España en
el Magreb (siglos xiii al xviii)”, Alternativas, 4 (1996), pp. 35-58.
21
Jocelyne HENDRICKSON: The Islamic Obligation to Emigrate: Al-Wansharisi’s
“Asna al-matajir” Reconsidered, PhD Emory University, 2009.

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VIVIR Y NEGOCIAR. LOS MORISCOS ENTRE DOS MUNDOS

existido malas acogidas por parte de la población local, mientras que


las hambrunas que asolan la zona aquellos años no ayudaban a hacer
atractivos los asentamientos en tierras magrebíes22.
Es necesario señalar estas especiales condiciones que se dieron en
el Magreb a finales del siglo xv porque alrededor de 1492 y más tarde
en torno a la guerra de las Alpujarras se situarán los dos grandes polos
de emigración hacia territorios marroquíes. Las clases dirigentes y
las élites del Reino de Granada se insertarán con cierta normalidad
dentro de la tradicional presencia de descendientes de andalusíes en
la sociedad magrebí, contribuyendo al desarrollo de algunas viejas
ciudades como Tetuán o Fez. Sin embargo, otros granadinos en-
contrarán inconvenientes para su asentamiento definitivo y optarán
por retornar a la Península, aun contraviniendo la opinión religiosa
tradicional y buscando muy probablemente una opinión más favo-
rable, que encontrarían en el muftí al-Magrawi, cuya respuesta se
iba a hacer célebre en España entre los moriscos23.
La segunda franja de inmigración, específicamente morisca, se
situaría a partir de 1501 y se multiplicó en los años anteriores a la
guerra de las Alpujarras. Artesanos, labradores, soldados y clases bajas
en general toman el camino del exilio en condiciones mucho más
difíciles que sus antecesores. Sin riquezas o linajes, sus posibilidades
de integración en la sociedad magrebí dependen exclusivamente de
su especialización en el trabajo o servicio al poder establecido. Por
otro lado, se trata de una emigración que posee, en mucho mayor
grado que la anterior, un fuerte componente de odio antiespañol y
anticristiano debido a las circunstancias que ha debido padecer en
la Península.
Estas emigraciones andalusíes de los siglos xv y xvi, que tendrán
una importancia enorme en el desarrollo social, cultural y político
del Magreb, no son todavía demasiado conocidas y aguardan un
estudio sistemático24. Es necesario arrojar luz sobre las diferencias
22
José Enrique LÓPEZ DE COCA: “La conquista de Granada: el testimonio de los
vencidos”, Norba. Revista de Historia, 18 (2005), pp. 33-50.
23
Devin STEWART: “The identity of “the Mufti of Oran”, Abu l- Abbas Ahmad b. Abi
Jum’ah al-Maghrawi al-Wahrani (d. 917-1511)”, Al-Qantara, 27 (2006), pp. 265-301.
24
Mercedes GARCÍA-ARENAL: “Los moriscos en Marruecos: de la emigración de los
granadinos a los hornacheros de Salé”, en Mercedes GARCÍA-ARENAL y Gerard

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que pudieron producirse entre las distintas oleadas de emigrantes


en diversas fechas o entre los emigrantes instalados en el Magreb
pero pertenecientes a clases sociales diferentes, algo que apenas ha
sido hecho para todo el Norte de África25. No ha de olvidarse, por
ejemplo, el profundo malestar que se despertó entre los andalusíes
de la primera emigración a Marruecos cuando al-Dugalî, un morisco
granadino de la emigración posterior, reclutó un ejército de andalusíes
para el sultán ‘Abd Allâh y los hizo servir en la milicia al mando de
jefes que no les gustaban26.
En cierta forma, los inmigrantes del siglo xvi, especialmente los
llegados a partir de la segunda mitad del siglo, se asemejan menos
a las antiguas generaciones de andalusíes más o menos integrados,
que a los renegados o elches allí instalados. Con obvias diferencias
culturales, los moriscos de las nuevas generaciones llegados a Ma-
rruecos podían ser vistos como un elemento con cierta carga foránea.
Aunque la presencia andalusí en los ejércitos marroquíes era ya
antigua, estos moriscos de los siglos xvi y xvii van a potenciar mucho
tanto la fortaleza militar sa’dí como la práctica del corso. Los mo-
riscos se integraron como cuerpos distinguibles dentro del ejército,
mientras que algunos hombres destacados combinaron su fidelidad al
sultán con su actividad corsaria. Las epidemias y las hambrunas que
habían diezmado el país, junto con la inestable situación política de
enfrentamiento entre los pretendientes al trono, provocó una cierta
crisis demográfica y de necesidad de milicia que aprovecharon los
moriscos. La presencia andalusí en el país, dentro del ejército y del
majzén propició que fuera importante ganarse su favor. Posiblemen-
te, como ha analizado Mouline, la continua apelación de Ahmad
WIEGERS (ed.): Los moriscos: Expulsión y Diáspora. Una perspectiva internacional,
Valencia, Publicacions de la Universitat de València, Editorial Universidad de Gra-
nada, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2013, pp. 275-311; “Los andalusíes en
el ejército sa’dí: un intento de golpe de estado contra Ahmad al-Mansur al-Dahabí
(1578)”, Al-Qantara, V, 1 (1984), pp. 169-202.
25
Miguel Ángel de BUNES: La imagen de los musulmanes y del norte de África en la
España de los siglos XVI y XVII. Los caracteres de una hostilidad, Madrid, CSIC, 1989,
125-126.
26
Mercedes GARCÍA-ARENAL: “Vidas ejemplares: Sacid ibn Faráy al-Dugalí (m.
987/1579), un granadino en Marruecos”, en Mercedes GARCÍA-ARENAL y María Jesús
VIGUERA (eds.): Relaciones de la Península Ibérica con el Mágreb (siglos XIII-XVI), Madrid,
CSIC, 1988, pp. 453-485 (en esp. 467-468).

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VIVIR Y NEGOCIAR. LOS MORISCOS ENTRE DOS MUNDOS

al-Mansur a la conquista de al-Andalus a lo largo de su reinado haya


de ser vista, más que como un proyecto real, como un modo de
asegurarse desde su subida al poder, la adhesión de estos andalusíes27.
Esta notable presencia militar propició que una serie de moris-
cos pronto ascendieran en el escalafón del ejército y se hallaran en
posiciones de privilegio, al mando de cuerpos de moriscos o de des-
cendientes de andalusíes. En este contexto ha de explicarse tanto una
cierta desconfianza del sultán Ahmad al-Mansur con algunos de sus
mandos moriscos como el intento de derrocamiento de al-Mansur que
algunos de estos hombres intentaron. A decir de algunas fuentes, estos
andalusíes no habrían perdonado al sultán al-Galib su actitud pasiva o
incluso desleal durante la sublevación de los moriscos en las Alpujarras
en 156828 y no veían en Ahmad al-Mansur, más allá de declaraciones
oficiales, voluntad cierta de ayuda a los moriscos de España. Deseosos
de aliarse con los otomanos, a quienes veían más dispuestos en contra
de los españoles, y conscientes de la desconfianza del sultán marroquí
hacia Estambul, decidieron asesinarlo. Las rápidas condenas a muerte
de los implicados, entre ellos el propio Al-Dugalî, y el alejamiento de
la corte de otros oficiales moriscos, como el almeriense Yawdar Pachá,
marcó el principio del fin de la ascendencia morisca en los ejércitos
sa’díes. Aunque seguirán existiendo andalusíes y moriscos en el entorno
del sultán, no cabe duda de que éste puso un límite claro a su influencia
en zonas sensibles a la seguridad del reino.
Una reflexión parcialmente similar podría hacerse con el caso
conocido del asentamiento de los moriscos en la zona de Salé-Rabat

27
Nabil MOULINE: “Ahmad al-Mansur, sultán de Marruecos y sus ambiciones de re-
conquistar al-Andalus”, en Mercedes GARCÍA-ARENAL y Gerard WIEGERS (ed.):
Los moriscos: Expulsión y Diáspora..., pp. 313-333.
28
Así la anónima y anti sa’dí Ta’rij al-dawla al-sa’diyya (ed. de A. Benhadda, Marrakesh,
1994, p. 859): “Y Mulay Abd Allah, urdiendo una trampa, ordenó al pueblo de Al-
Ándalus que se rebelara. Y los andalusíes confiaron en él, pero cuando se rebelaron,
los abandonó a su suerte y no cumplió su promesa. Les mintió y los traicionó; a ellos
y a la religión de Alá y su reino. (…) Y cuando los musulmanes se alzaron en rebelión,
cumpliendo su orden, dieron muerte a muchos cristianos, (...), pero quedaron aban-
donados, solos, en las montañas de Granada y murieron a manos de los cristianos.Y
Mulay Abd Allah no se hizo cargo de lo que aconteció al pueblo de Al-Ándalus y esta
culpa siempre permanecerá en su historia”.

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y su dedicación casi exclusiva a la práctica del corso29. La población


del puerto de Salé, que había ido incrementándose con los primeros
moriscos expulsados, mezclados con familias marroquíes locales y
europeos islamizados, se vio alterada por la llegada en bloque de los
moriscos extremeños de Hornachos. Estos moriscos hornacheros, ya
muy problemáticos para las autoridades cristianas en la Península por
su elevado grado de cohesión interna, se instalan en gran número
en el puerto de Salé y toman rápidamente el poder organizativo de
la ciudad, por encima de los marroquíes o de los propios moriscos
de otro origen. Muy pronto la estratégica zona de Salé va a adquirir
gracias a ellos un carácter especializado de comercio y corso, debido a
lo cual su poder económico y político fue aumentando paulatinamente,
hasta el punto de que desde muy pronto se sienten lo suficientemente
seguros de sí mismos como para entablar negociaciones con diversos
países europeos, entre los que no se excluirá la propia España30.
En el marco de la pugna por el dominio de la ciudad se acusó a
los moriscos instalados en Salé de buscar la ruina del reino en conni-
vencia con los españoles. De esta forma, los moriscos son acusados de
traición y de ser malos musulmanes, por lo que el muyahid al-Ayashi
buscará una fatwa de dos de los más afamados sabios marroquíes, Sidi
al-‘Arbi al-Fasi y Sidi Abd al-Wahid ibn ‘Ashir, que declare que los
hornacheros, pueden ser atacados por el resto de los habitantes, lo que
provocó matanzas y persecuciones dentro de esta lucha de poder31. La
política de los sultanes sa’díes, en especial Muley Rachid, para unificar
los centros de poder en su territorio hizo el resto para contrarrestar el
poder económico y político que habían acumulado los moriscos sale-
tinos. El caso de los moriscos de Salé es atípico dentro de los destinos
29
Hossain BOUZINEB: La alcazaba del Buregreg, hornacheros, andaluces y medio siglo
de designios españoles frustrados, Rabat, Publicaciones del Ministerio de Cultura, 2006;
Leila MAZIANE: Salé et ses corsaires, 1666-1727: un port de course marocain au XVIIIe
siècle, Caen, Presses Universitaires de Caen, 2007.
30
George S. COLIN : “Projet de traité entre les morisques de la casba de Rabat et le roi
d’Espagne en 1631”, Hesperis, 42 (1955), pp. 17-26.
31
“Sabían [los moriscos] también que él consultó a los sabios muftíes para que lucha-
ra contra ellos y se lo concedieron. Los muftíes le permitieron luchar contra todos
aquellos que conspiraban contra el islam y apoyaban a los infieles (…). Entonces,
Sīdī Mohammed cargó contra ellos durante varios días y mató a todos aquellos que
hallaba en su camino, pero muchos de ellos huyeron. Algunos se fueron a Marrakech,
otros a la zawiyya de Dilā”, al-Ifrani, Nozhat al-hādi, Berdine, 1888, p. 267.

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VIVIR Y NEGOCIAR. LOS MORISCOS ENTRE DOS MUNDOS

de los moriscos en el Magreb porque significa el intento por parte de


unos expulsados de España de crear unas estructuras que respondieran
a sus intereses por encima de las circunstancias políticas de su tierra
de acogida. Debido a ese proceso de autarquía parcial, los lazos de
solidaridad que en un principio podían inspirar dentro de la sociedad
marroquí se deshicieron ante el peligro político que podían suponer.
Por su parte, el imperio otomano absorbió al mayor número de
emigrados y exiliados mudéjares y moriscos a lo largo de los siglos
xv al xvii. Aunque es mucho más conocido el caso tunecino, por
el volumen de la instalación de los moriscos a partir de 1610, fue
en realidad Argel el laboratorio de pruebas de la integración de los
moriscos en los territorios otomanos a partir de la saca de moriscos
desde España iniciada por los hermanos Barbarroja para reforzar sus
posiciones en los territorios argelinos. Una vez más, en esta acción
confluían intereses políticos evidentes con llamadas religiosas que
resultaban de conveniencia.
El famoso testimonio de Antonio de Sosa en la Topographia de
Argel no deja lugar a dudas de que los moriscos llegados a lo largo
del siglo xvi constituían una clase diferenciada dentro de la cada vez
más cosmopolita sociedad argelina.

“La cuarta manera de moros son los que de los reinos de Grana-
da, Aragón, Valencia y Cataluña se pasaron a aquellas partes, y de
continuo se pasan con sus hijos y mujeres, por la vía de Marsella,
y de otros lugares de Francia, do se embarcan a placer, a los quales
llevan los franceses de muy buena gana en sus bajeles.
Son todos estos blancos y bien proporcionados, como aquellos
que nacieron en España o proceden de allá.
Ejercitan estos muchos y diversos oficios, porque todos saben
alguna arte. Unos hacen arcabuces, otros pólvora, otros salitres,
otros son herreros, otros carpinteros, otros albañiles, otros sastres y
otros zapateros, otros olleros, y de otros semejantes oficios y artes;
y muchos crían seda, y otros tienen boticas en que venden toda
suerte de mercerías…”32.
32
Diego de HAEDO: Topographia, e historia general de Argel, Valladolid:, 1612 (Madrid,
Sociedad Española de Bibliófilos, 1928, vol. I, p. 50).

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Aunque Sosa no les otorga un papel fundamental en el corso, sí


puede comprobarse que ocupan una muy amplia franja dentro
del universo económico argelino, franja que se ampliará más ade-
lante cuando se les ceda en exclusiva una serie de pequeñas villas
en el valle del Mitidja que ellos convertirán en colonias agrícolas
importantísimas.
Los moriscos se insertan en Argelia en un nuevo modo de en-
tender la sociedad y las relaciones entre los grupos que importan
de las autoridades otomanas, pero que ya los hermanos Barbarroja
habían pergeñado en su acción de “crear”, de algún modo, la Argelia
moderna: se trata de un grupo, como el de los elches o renegados,
que tiene elementos propios de cohesión pero que se diferencia de
los grupos restantes y, en especial, del conjunto de baldis y alárabes
que se pueden considerar nativos de la zona. Eso evidentemente
asegura la fidelidad de estos grupos a los Barbarroja, primero, y a
los otomanos, más tarde, foráneos como ellos y unidos contra los
enemigos por la melaza confesional.
Este sistema de estratificación social, bien conocido y utilizado
en otras partes del imperio, al tiempo que aseguraba la fidelidad
de esos grupos, garantizaba su autonomía. Dicha autonomía, sin
embargo, era constantemente vigilada por parte de las autoridades,
que podían castigar duramente cualquier intento de insumisión. De
hecho, conforme van pasando los años, puede detectarse una cierta
incomodidad de los moriscos ante una lenta pero paulatina reducción
de sus capacidades, en especial las que les permitían poseer cierta
fuerza e influencia sociales. Las autoridades otomanas, dentro de
esa mezcla de sus sociedades, parecen decantarse poco a poco en el
Magreb por los capitanes corsarios y los jenízaros turcos llegados de
Oriente para encabezar su proyecto político y social, en detrimento de
los moriscos. Éstos veían cómo hacia la mitad del siglo su influencia
había quedado muy reducida en el contexto de la Regencia. Esto
provocaría, según Epalza, peticiones a Estambul para que mejorase
su condición de acuerdo con lo que habían contribuido al bienestar
de los territorios otomanos del Magreb33.
33
Mikel de EPALZA: “Papel político de los moriscos en el nacimiento de la Argelia
moderna en tiempos de Carlos V”, en María Jesús RUBIERA MATA (coord.), Carlos

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VIVIR Y NEGOCIAR. LOS MORISCOS ENTRE DOS MUNDOS

Integración social sí, pero ocupando únicamente el espacio que


la autoridad ha pensado para ellos: ese parece ser el papel que los
moriscos van a desempeñar fundamentalmente en sus sociedades
de exilios. Es cierto que alguna bibliografía, mayormente árabe, ha
insistido en el papel fundamental de los moriscos en las sociedades
magrebíes modernas y su honda influencia en la conformación de éstas.
Sin negar esto último, sería quizá más útil circunscribirlo al ámbito
cultural o antropológico, más que afirmarlo en el terreno político.
Todas las autoridades bajo la égida otomana intentarán ayudar a los
moriscos en su instalación, pero de ahí a permitir que este grupo
diferenciado étnica y socialmente pudiera adquirir un poder político
o social notable va un trecho. Son conocidas las dificultades que los
moriscos que tenían un origen cherife, esto es, noble, tuvieron para
integrarse en la sociedad de Túnez. Los cherifes tunecinos no tenían
en muy alta estima a esos moriscos que reivindicaban un origen noble
después de haber estado tantos siglos en España34.
Quizá un ejemplo claro de esto sea el papel para con los moriscos
llegados a Túnez del santón Abu-l-Gayz al-Qashshash. Aclamado
por todos, fuentes árabes y fuentes de los propios moriscos como
su gran benefactor,

“...nos Reçibieron Uzmanday, Rey de Túnez, de condiçión so-


berbia y para nosotros manso cordero, Çitibulgaiz con su santidad
y la gente con su Yçlam, y todos procurando acomodarnos, Re-
galándonos con grande amor y amistad (...). Citibulgaiz por su
parte acudía con sustento y, acomodándolos [a los moriscos] en las

V, los moriscos y el Islam, Madrid, Madrid, Sociedad Estatal para la Conmemoración


de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 2001, pp. 201-232.
34
Housssem CHACHIA: “Muḥammad Ibn ‘Abd Al-Rafīʿ Al-Mūrsī Al-Andalūsī and
his work al-Anwar al-Nabawiyya fi Aba’ Khayr al-Barriyya”, en David THOMAS y
John CHESWORTH (eds.): Christian-Muslim Relations. A Bibliographical History.
Vol. 10: Ottoman and Safavid Empires (1600-1700), Leiden, Brill, 2017, pp. 189-194;
Houssem CHACHIA, Lotfi AÏSSA y Mohamed AOUINI: Entre las orillas de dos
mundos. El itinerario del jerife morisco Mūḥamed Ibn ʿAbd Al-Rafīʿ: de Murcia a Tú-
nez, Murcia, Editum, 2017.

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LUIS F. BERNABÉ PONS

zaguyas de la çiudad, y entre ellas la de Çiti el Zulaychi, adonde


estaban con sus mujeres y hixos mucha gente pobre”35.

es muy difícil deslindar su enorme papel en la protección y reorga-


nización de los moriscos en Túnez de su propio peso dentro de la
sociedad tunecina y también en el diwán otomano como cabeza de
la zawiyya o cofradía qashshashiyya, que llevaba su nombre36. Esta
cofradía, que se contaba entre las más importantes de la regencia,
era un verdadero contrapoder dentro de la sociedad de Túnez, arti-
culando y dirigiendo las sensibilidades de la población hacia lugares
determinados. Es evidente que su labor ayudando a los moriscos de
acuerdo con los deys jenízaros Uzmán y Yúsuf le proporcionaba, al
tiempo que una gran fama como piadoso musulmán –fama que ya
tenía antes– una gran influencia política y social al asociar a su co-
fradía muchos miles de moriscos que de él dependían. El que esto
era así lo prueba el hecho de que otro de los hombres religiosos con
peso e influencia en el diwan, Alí Thabit, previno a las autoridades
tunecinas acerca de los peligros que la alianza de al-Qashshash con
los moriscos podía conllevar:

“Cuando los grupos andalusíes aumentaron en número, surgió


un hombre tirano conocido como ‘Alî Thâbit. Éste dijo a las au-
toridades turcas: ‘Este Abu-l-Gayz está haciendo de los andalusíes,
faquires y grupos [integrados en la zawiyya]. ¡Seguro que está tra-
mando y maquinando algo!’.
Sin embargo éstos no hicieron caso de sus palabras. Tras ello,
escribió una misiva en la que decía: ‘A todo el consejo de los victo-
riosos en Túnez. ¿Acaso sabéis realmente quién es Abu-l-Gayz o te-
néis noticias de él? Abu-l-Gayz ha formado un grupo de andalusíes

35
Álvaro GALMÉS DE FUENTES y otros: Tratado de los dos caminos, por un morisco
refugiado en Túnez, Madrid, Universidad Complutense, 2005, pp. 203-204.
36
Mikel de EPALZA: “Sidi Bulgayz, protector de los moriscos exiliados en Túnez (s.
xvii). Nuevos documentos traducidos y estudiados”, Sharq Al-Andalus, 16-17 (1999-
2002), pp. 141-172.

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VIVIR Y NEGOCIAR. LOS MORISCOS ENTRE DOS MUNDOS

en cada pueblo y quiere levantarse contra vosotros. ¡Os pasará a


todos por la espada hasta acabar con todos vosotros!´”37.

Según la hagiografía de al-Qashshash, escrita por sus discípulos, el


dey Yúsuf no hizo caso del mensaje de Ali Thabit y le afeó su opi-
nión, loando la calidad moral del santón, pero este ejemplo puede
bastar para mostrar cómo los moriscos podían ser convertidos en
un grupo social con fuerza e influencia. El relato de al-Qashshash
incide solo en el cariz benéfico y piadoso de su acción, como es
natural, pero puede traslucirse de sus palabras que la concentración
de moriscos, entre los que había muchos niveles sociales, podía
convertirse en una cierta amenaza. Quizá a partir de este hecho se
comprende mejor el que las autoridades otomanas, pese a respetar
en general el estatuto de los moriscos, pusieran poco a poco coto
a los privilegios con los que se habían establecido en Túnez. El
propio Mustafa de Cárdenas, el riquísimo morisco terrateniente y
comerciante de esclavos de Túnez, cuyo palacio en Grombalia fue
la envidia de la época, tampoco escapó de las insidias de sus con-
temporáneos indígenas (Alí Thabit vuelve a aparecer detrás de la
tramoya) y tuvo que acabar sus días exiliado en Argelia38.
La llegada de los moriscos al Magreb a la hora del espectacular
aluvión a partir de 1609, era ya tan antigua como al menos todo
el siglo xvi. Si bien la historiografía reciente se ha centrado en los
fenómenos de la expulsión general, la instalación de los moriscos
en territorios norteafricanos había sido ya un proceso complejo,
lento y lleno de matices. La llegada de los expulsados de España
en 1609-1615 se encontró con este proceso en marcha y rodado en
algunos aspectos. Muchos de los acontecimientos con estos últimos
moriscos en Argelia, Túnez y Marruecos han de ser entendidos en

37
AL-MUNTASIR IBN AL-MURABIT IBN ABI LUHAYA: Nur al-armash fi ma-
naqib Abi-al-Ghayth al-Qashshash, (L. AÏSSA y H. BOUJARRA, eds.) Tunis, éd. al-
Atika, 1998, p. 141.
38
John D. LATHAM: “Muçt’afa de Cárdenas et l’apport des morisques à la societé tu-
nisienne du xviii siècle”, en Slimane Mostafa ZBISS, Abdel-Hakim GAFSIM, ohie-
dine BOUGHANMI y Mikel de EPALZA (eds.): Etudes sur les Morisques Andalous,
Túnez, Instituto National d’Archeólogie et d’Art, 1983, pp. 157-178.

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LUIS F. BERNABÉ PONS

este contexto cronológico y político y no como iniciados al calor de


la expulsión general.
En esta situación de cambiar de mundo de forma definitiva, los
moriscos también pudieron comprobar que, como en España, sus
modos de existencia dependían de sus propias credenciales como
comunidad, pero también de la utilidad que pudieran representar
para las autoridades. Es cierto que la identidad religiosa –al menos
de forma teórica– actuaba en principio como elemento de nexo
entre una orilla y otra del Mediterráneo, pero pronto muchos mo-
riscos percibieron que sus destinos y sus modos de supervivencia
estaban en manos de los intereses políticos de las autoridades de
turno. Si el rey católico les había convertido en musulmanes libres
y no oprimidos en sus misivas al sultán, las autoridades islámicas
tenían también para ellos un papel social y político que en ningún
caso pasaba por un excesivo afianzamiento de su influencia como
grupo aparte. Todas las negociaciones que pudieron plantear con las
autoridades marroquíes u otomanas tuvieron que ser siempre sociales
o socio-religiosas, puesto que no les cabía más opción política que
alinearse con quienes mandaban. Cualquier otra opción, como bien
comprobaron los moriscos de Salé, no era asumible.

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UNA INQUISICIÓN CONVERSA.
LA PRESENCIA DE JUDECONVERSOS ENTRE
LOS MINISTROS DEL SANTO OFICIO*
Enrique Soria Mesa
Universidad de Córdoba

INTRODUCCIÓN

Dentro de las infinitas complejidades que ofrece el estudio de la In-


quisición española y como auténtico paradigma de la multiplicidad
de aristas que caracterizaron a una institución tan poliédrica, se en-
cuentra un fenómeno a primera vista muy llamativo. En realidad,
se trata de una contradicción in termino. Me refiero a la presencia
masiva de judeoconversos entre las filas de los servidores del Santo
Oficio, situados en especial en el ámbito local y ocupando cientos
de cargos de familiar y comisario, sobre todo.
El aparente anacoluto que encierra la expresión una Inquisición
conversa, la misma que da título a este trabajo, no fue tal en verdad.
Como intentaré demostrar en las pocas páginas que siguen, mero
avance de una investigación de mayor profundidad que espero poder
acabar a medio plazo1, la Inquisición española se llenó poco a poco
de judeoconversos porque no cabía en realidad otra opción.
No se trata únicamente del resultado de las prácticas corruptas
que caracterizaron al sangriento tribunal de la fe. Ni siquiera de
una consecuencia derivada de la sobresaliente apertura de mente
de bastantes inquisidores, muy alejados en el terreno de la limpieza
*
Este trabajo se inscribe en el marco del proyecto de investigación Nobles judeoconversos
(II). La proyección patrimonial de las élites judeoconversas andaluzas (HAR2015-68577),
financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad.
1
Una aportación previa de calado al tema se encuentra en mi reciente libro La realidad
tras el espejo. Ascenso social y limpieza de sangre en la España de Felipe II, Valladolid,
Universidad de Valladolid, 2016, en donde saco a la luz por vez primera los orígenes
judaicos de más de un centenar de ministros inquisitoriales únicamente en el reinado
de Felipe II, siendo además la muestra sólo parcial por la obligada restricción tempo-
ral impuesta por la temática de la Cátedra Felipe II.

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ENRIQUE SORIA MESA

de sangre del fanatismo que, en cambio, presidía la represión de la


herejía y aun de la heterodoxia. Todo ello fue importante, pero no
fueron las únicas razones.
A todo lo anterior hay que añadir el hecho clave de que la
Inquisición fue parte de la estructura institucional que dio forma
a la Monarquía Hispánica. Una pieza relevante, pero en el fondo
un engranaje más. Y la Corona, el poder central o el Estado, como
queramos llamarlo, fue parte activísima en la integración, primero, y
en la asimilación definitiva, después, de los descendientes de judíos
a lo largo del Siglo de Oro. Las necesidades financieras del erario
público y la demanda creciente de servidores que requería el enorme
leviatán que era el Estado Moderno, son las principales razones que
explican la tolerancia del círculo regio hacia los conversos, dijera lo
que dijera la ideología dominante, encarnada especialmente en los
estatutos de limpieza de sangre.
Obviamente, hubo coyunturas de todo tipo, avances y retrocesos,
e igualmente hubo infinidad de dramas. Pero al final triunfó la razón
de Estado, es una forma de decirlo, y poco a poco los judeoconversos
se fueron disolviendo en la nada. Los grupos más pobres, entre las
capas populares. Y los más ricos e influyentes, entre la mesocracia
urbana, las élites rurales, las oligarquías municipales y la nobleza
baja y media. E incluso entre la aristocracia. Y en este juego de es-
pejos deformantes que permitía e incluso alentaba el ascenso social
de esta particular minoría, manteniendo incólume la apariencia de
hermeticidad que requería el sistema, la Inquisición jugó un papel
determinante.
A la postre, y retorciendo la ley hasta desvirtuarla por completo,
los estatutos de limpieza de sangre sirvieron precisamente para todo
lo contrario que marcaba la letra y el espíritu de su redacción. En
vez de rechazar a los confesos y convertirlos en parias sociales hasta
el fin de los tiempos, todos aquellos que lograban con todo tipo
de costes y sufrimientos, superar la barrera legal quedaban de facto
convertidos en cristianos viejos, aunque no lo fueran ni por asomo.
Como por arte de magia, cuando el candidato a tal o cual honor
lograba culminar su arriesgado viaje iniciático, encarnado en forma
de probanzas genealógicas, la meta final suponía no sólo la obtención

5 150

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UNA INQUISICIÓN CONVERSA. LA PRESENCIA DE JUDECONVERSOS...

de un cargo de relativa importancia. Su particular Ítaca consistía en


haberse transformado por el camino en otra persona. Abandonando
para siempre los reproches por tener sangre judía y tornándose cris-
tiano viejo en adelante a los ojos del común de vecinos. Y cuando
era posible, incluso en noble de sangre. De esta forma, hablar de
una Inquisición conversa no es mencionar una contradicción, es
explicar una paradoja.

MINISTROS INQUISITORIALES DE ORIGEN JUDÍO

Basta remontarse a los primeros tiempos de la Inquisición para en-


contrar judeoconversos dentro de su organigrama. Es cierto que
el primer inquisidor general, fray Tomás de Torquemada, tenía al
menos dos bisabuelos judíos. Así queda de manifiesto cuando el
cronista Hernando del Pulgar en sus Claros varones de Castilla trata
de la biografía del cardenal Juan de Torquemada, hermano del pa-
dre de fray Tomás, diciendo que “sus abuelos fueron de linaje de los
judíos convertidos a nuestra santa fe católica”2.
También se ha dicho lo propio de su sucesor, el dominico Diego de
Deza, arzobispo de Sevilla entre otros muchos cargos. A mi entender
el origen es cierto, simplemente remitiéndonos a su costado Ulloa,
ilustre pero que provenía de hebreos. Y sin tener que remontarse siglos
hasta el famoso Ruy Capón, que tantas veces aparece mencionado en
el Tizón de la nobleza del Cardenal Mendoza y Bobadilla3.
Nada de esto, con ser cierto, es relevante. La progenie conversa
de estos dos personajes, ambos por cierto nobles de sangre, queda-
ría inmediatamente disminuida frente a su condición de grandes
eclesiásticos y de altísimos servidores regios. Son excepciones que

2
Uso la edición de Hernando del PULGAR: Claros varones de Castilla y letras de Fer-
nando del Pulgar, Madrid, Don Gerónimo de Ortega e Hijos de Ibarra, 1789, p. 109,
título xviii.
3
Me remito de momento, a falta de un estudio de valor en este terreno, a los datos
aportados en la clásica biografía de Armando COTARELO VALLEDOR: Fray Diego
de Deza. Ensayo biográfico, Madrid, Imprenta de José Perales y Martínez, 1902.

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ENRIQUE SORIA MESA

no confirman regla alguna. No transitará por este sendero el texto


que aquí presento.
Tampoco insistiré en la ausencia de pruebas genealógicas para
admitir servidores de la Inquisición durante los primeros tres cuar-
tos de siglo de su existencia. Ninguna barrera frenó el acceso de los
conversos al Santo Oficio entre 1480 y 1560, aproximadamente,
ochenta años clave para que pudieran ingresar en él quienes decidiera
el Inquisidor General de turno sin probanza alguna. Ya se dio cuenta
en su día de la trascendencia del fenómeno don Antonio Domínguez
Ortiz, quien nos dejaba afirmaciones tan preciosas como éstas, que
no han llamado suficientemente la atención de los historiadores de
tiempos posteriores:

“Contra lo que a primera vista pudiera creerse, no fueron las


instituciones puramente eclesiásticas las más entusiastas de los es-
tatutos de limpieza. Ni siquiera la Inquisición puso gran cuidado
en sus primeros tiempos en que su personal fuera de intachable
origen. Sólo en la segunda mitad del siglo xvi introdujo pruebas
rigurosas, sobre todo por obra del gran inquisidor Valdés”4.

Nada de eso me interesa demasiado aquí. Lo realmente relevante


para mis propósitos se basa en la evidencia del escaso interés que
tuvo la Corona por frenar el acceso de los judeoconversos a esta ins-
titución, siguiendo la misma praxis que desarrollaba en las demás.
No se trata de que abundaran de modo llamativo los conversos en
el Santo Oficio, distinguiéndose del resto de los organismos estata-
les. No sucedió así. Lo que aconteció es que con el tiempo los servi-
dores regios de origen hebraico, a pesar de todas las prohibiciones,
llegaron a ser numerosos en casi todos los ámbitos.
Impresiona su presencia en la Iglesia; fue inmensa entre las élites
municipales que gobernaban las ciudades y las grandes villas; y fue
muy elevada entre los consejeros de la polisinodia, los oidores de las
audiencias o los corregidores, por mencionar sólo algunos casos. Y

4
Antonio DOMÍNGUEZ ORTIZ: La clase social de los conversos en Castilla en la Edad
Moderna, Granada, Universidad de Granada, 1991, p. 60.

5 152

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UNA INQUISICIÓN CONVERSA. LA PRESENCIA DE JUDECONVERSOS...

por derivación de todo lo anterior, acabando por entrar de lleno en


la alta nobleza, la titulada, pues en las filas medias del estamento
estaban ya presentes desde el siglo xv.
Así pues, el Santo Oficio fue otro de los espacios institucionales
objeto de atención por parte de los conversos. Uno más. Pero no
uno cualquiera. Dos razones explican la diferencia. Primero, la más
obvia: si puede sorprender la existencia de un maestre de campo,
un arzobispo o un juez de origen cristiano nuevo, cuando no de-
bería haber ninguno de esta progenie, qué decir de unos ministros
inquisitoriales conversos, dedicados supuestamente a controlar a su
propio colectivo.
En segundo término, el hecho de que una familia lograse ingresar
a uno de sus miembros en el clero capitular, por poner un caso, no
aportaba demasiado a su devenir secular, pero aquellos que lograban
colocar a uno de los suyos como familiar o comisario del Santo Oficio
sí que obtenían un enorme beneficio, al conseguir uno de los actos
positivos más relevantes de todos los existentes, superior en este te-
rreno incluso al que proporcionaba un hábito de una Orden Militar.
La Corona fue consciente de ello en muchas ocasiones, puede que
en todo momento. Y permitió el fenómeno, si no es que lo alentó.
Las razones son evidentes para mí y las he expuesto en numerosas
ocasiones5. Lo que estaba en juego era la estabilidad de sistema. Su
propia supervivencia, incluso.
Puede parecer exagerado lo que digo, pero en realidad me que-
do corto. El poder central no tuvo el menor interés por excluir del
gobierno ni de los honores que le eran implícitos a los conversos.
De haber querido, nada más sencillo que haber legislado en torno
a un puñado de cuestiones claves.
Por ejemplo, haber obligado a la Inquisición a abrir sus archivos,
facilitando copias de las genealogías de los conversos que se guardaban
en el Secreto a los demás organismos estatales. Como puede compro-
bar cualquier investigador, siempre que vaya al archivo de manera

5
Por mor de la brevedad, me remito a Enrique SORIA MESA: El cambio inmóvil.
Transformaciones y permanencias en una élite de poder (Córdoba, ss. XVI-XIX), Córdoba,
Ediciones de La Posada, 2000; La nobleza en la España Moderna. Cambio y continui-
dad, Madrid, Marcial Pons, 2007; así como La realidad tras el espejo...

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ENRIQUE SORIA MESA

sistemática y no sólo teorice desde la historiografía o la retórica, el


Santo Oficio se resiste con uñas y dientes a compartir su información
con las Reales Chancillerías o con el Consejo de Órdenes, no diga-
mos ya con los particulares. De haberse abierto esta puerta, miles de
familias hubieran visto imposibilitados sus progresos ascensionales,
siendo rechazadas por sistema sus pretensiones a acceder a canongías
o a hábitos, e incluso a alcanzar una simple ejecutoria de hidalguía.
Más aún, no les pone las cosas fáciles a los tribunales regios. Tal
y como nos muestra este testimonio, que deja clara la existencia de
las fortísimas trabas que imponía la Inquisición para dejar circular
la información que custodiaba:

“pidieron en la Inquisición testimonio de cómo no había cosa


contra Pedro López de Herrera en los registros, y este testimonio
se les dio. Y se acuerda este testigo oir a algunos secretarios de
la Inquisición culpándoles cómo se había dado aquel testimonio,
respondían que el testimonio iba bueno, que supieran pedir en
Granada que les dieran, que la Inquisición no había de enmendar
sus pedimientos al fiscal. Y esto lo oyó este testigo muchas veces, y
a Manuel Pantoja, secretario de la Inquisición que ahora es corre-
gidor de Salamanca, le oyó este testigo que su padre he había dicho
había dado el dicho testimonio recién entrado por Secretario, pero
que después vio y entendió los registros y que no lo diera, aunque
lo pudo dar por conforme a lo que se pedía. Y que un inquisidor
les favorecía, de suerte que aun no dejaba se viesen los registros”.

Los estatutos de limpieza de sangre, por otro lado, no fueron nunca


una ley del Reino, es decir que sólo se impusieron en ciertos casos
tras la obligada sanción regia. Cuán notorio fue el estatuto impues-
to en la catedral de Toledo, del que tanto se ha hablado, pero más
efectivo fue, en sentido inverso, que nunca lo hubiera en su homó-
loga de Burgos, por poner un caso6.

6
Véase Enrique SORIA MESA: La realidad tras el espejo… y “Los estatutos municipales
de limpieza de sangre en la Castilla moderna. Una revisión crítica”, Mediterranea.
Ricerche Storiche, 27 (abril de 2013), pp. 9-36.

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UNA INQUISICIÓN CONVERSA. LA PRESENCIA DE JUDECONVERSOS...

O por qué detener el estilo inquisitorial de registrar por escrito en


los Libros de Genealogías a los descendientes de condenados. Si en vez
de acabar tempranamente con esta práctica se hubiera mantenido la
costumbre hasta finales del Antiguo Régimen, qué diferente hubiera
sido el panorama social de nuestro país.
Sea como fuere, el hecho incontrovertible es que a la postre la
Inquisición se fue llenando de judeoconversos. Un tribunal en el
que el mero sentido común diría que no pudo haber en su seno ni
uno solo de ellos. Veamos algo de ello.
En 1577, una visita del tribunal granadino del Santo Oficio por
las comarcas nororientales del reino constataba la presencia, abier-
tamente conocida, de conversos entre los ministros inquisitoriales
de la ciudad de Baza. El informe del visitador no deja lugar a dudas:

“Así mismo se procuró saber si el comisario y familiares ejercían


sus oficios como debían, y si tenían las calidades necesarias, espe-
cialmente la de limpieza. Averiguóse ser uno confeso y descendien-
te de condenado, y contra otro se halló alguna mala voz”7.

No nos debe extrañar el fenómeno. Hace bien poco creo haber


demostrado claramente la existencia de un gran número de fami-
liares y otros servidores judeoconversos en tiempos de Felipe II. No
insistiré en ello. Pero sí he de decir que la relación se torna muy
superior a medida que avanzamos hacia los reinados de su hijo y su
nieto. Un par de ejemplos granadinos pueden servir de ilustración8.
En 1636 la cofradía de San Pedro Mártir, es decir una hermandad
de familiares del Santo Oficio, denunciaba el fraude que se estaba co-
metiendo en las pruebas de familiar del licenciado Morales Ballesteros,
siendo como era de sangre judeoconversa. Pocos años antes, y con toda
la razón, el mismo grupo de presión cuestionaba la limpieza de Pedro
7
José María GARCÍA FUENTES: Visitas de la Inquisición al reino de Granada, Grana-
da, Universidad de Granada, 2006, p. 191.
8
Aunque he revisado sistemáticamente toda la correspondencia inquisitorial de este
tribunal, entre otros, y he visto de primera mano estos y muchos otros casos, cito por
quien dio la noticia por primera vez, Rafael de LERA GARCÍA: El Tribunal de la In-
quisición de Granada: un poder económico y social (1570-1700), Tesis Doctoral, Universidad
Autónoma de Madrid, 1994, pp. 121 y 263.

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de Navarrete Sabugal y de Juan Francisco de Ledesma, nombrados


respectivamente médico y cirujano del Santo Oficio. Años más tarde,
la denuncia esta vez se centra en las bajas calidades del franciscano
fray Damián de la Puebla Ugarte, que pretendió ser calificador
argumentando que sus abuelos paternos eran de Antequera, siendo
en realidad de Lucena y descendiente de reconciliados. Como éstos
se podrían rescatar del olvido cientos de casos.
Y no sólo ellos, sino también sus mujeres. Recordemos la obliga-
ción de probar la ascendencia de las consortes de los familiares del
Santo Oficio, probanza igual de rigurosa, al menos teóricamente,
que la de sus cónyuges, y que inhabilitaba para el cargo a cualquier
candidato aunque fuese de limpia sangre si su esposa era conversa
por algún costado de su abolengo.
A mi parecer, hubo como mínimo tal cantidad de consortes
judeoconversas como de familiares de idéntica progenie. Acaso más,
mucho más, porque fue habitual que los ministros inquisitoriales se
desposaran con confesas atraídos por las gruesas dotes que sus padres
les proporcionaban. Familias de origen hebraico interesadísimas en
emparentar con tan peculiares servidores regios, primer paso en el
camino hacia su propia y definitiva asimilación.
En el Secreto de la Inquisición de Cuenca se conservaba en su
día un documento cuyo título no deja lugar a dudas. Aunque haya
desaparecido en la actualidad y no se pueda, que yo sepa, consultar,
basta leer su título para hacernos una idea del alcance del fenómeno
que vengo señalando. Con motivo de la acusación sobre la condi-
ción conversa de la mujer de Juan Gómez, portero del Santo Oficio
conquense, se indica que su genealogía consta en el “Memorial de las
mujeres de oficiales de la Inquisición que son confesas”9.
En el caso granadino, la situación era realmente escandalosa. En
1664 indica un informe interno del tribunal que había al menos die-
ciséis familiares que no habían presentado las pertinentes probanzas
de sus mujeres. De ellas, se sabía que, cuando menos, las esposas de
don Cristóbal Velázquez y de Cecilio Ferrer eran infectas. En 1684,
se exceptúa de tal obligatoriedad, seguramente para prevenir el

9
Archivo Diocesano de Cuenca, Inquisición, leg. 797, n.º 4808.

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escándalo que habría de acaecer si las informaciones se realizaban,


a don Pedro de Valenzuela, don Felipe del Burgo, don Fernando de
Aillón y otros muchos ministros de la ciudad. La queja de los inqui-
sidores era bien clara:

“esta es la causa, señor, que algunos familiares, a trueque de ver-


se ricos, se casan con infectas, con seguridad de que no deja de ser
impedimento alguno para gozar de sus títulos de familiares”10.

LAS RAZONES DEL FENÓMENO

Sabiendo que los judeoconversos ingresaron masivamente en la In-


quisición, y que conformaron un porcentaje más que relevante de
sus servidores, nos resta conocer a continuación el cómo y el por
qué de este fenómeno. Es decir, cuáles eran sus intereses específicos
y qué mecanismos emplearon para lograrlos. En las páginas que
siguen analizaré brevemente ambos procesos, un somero prolegó-
meno de un trabajo que preparo de mucha mayor entidad.
Las razones que explican el interés converso por acercarse a una
institución que en sí misma representaba la antítesis de su idiosin-
crasia creo que son fáciles de explicar. Por un lado, ya se ha dicho,
responden a la dinámica general de acceso de muchos descendientes
de judíos en todo el ámbito geográfico de la Monarquía, sobre todo
en las coronas de Castilla y Aragón, así como en las Indias11. Aunque
también estuvieron presentes en otros reinos12. Si alcanzaron puestos

10
Rafael de LERA GARCÍA, El Tribunal de la Inquisición de Granada..., pp. 114 y 115.
11
Enrique SORIA MESA: “El origen judeoconverso de la nobleza indiana”, en Ofelia
REY CASTELAO y Pablo COWEN (coords.): Familias en el Viejo y el Nuevo Mundo,
La Plata, Universidad Nacional de La Plata, 2017, pp. 155-185.
12
Una muestra, en Gaetano SABATINI: “The Vaaz: Rise and Fall of a Family of Por-
tuguese Bankers in Spanish Naples (1590-1660)”, The Journal of European Economic
History, XXIX(3) (2010), pp. 623-655; Benedetta CRIVELLI y Gaetano SABATINI:
“La carrera de un mercader judeoconverso en el Nápoles español. Negocios y rela-
ciones políticas de Miguel Vaaz”, Hispania, 253 (2016), pp. 323-354; Pilar HUERGA
CRIADO: “Cristianos nuevos de origen ibérico en el reino de Nápoles en el siglo
xvii”, Sefarad, 72 (2012), pp. 351-387.

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ENRIQUE SORIA MESA

en la magistratura, en el clero o en los ayuntamientos, deberían


intentarlo también en esta parcela.
Más específicamente, que es lo que me interesa resaltar aquí,
asaltar la Inquisición desde dentro tenía una serie de ventajas que
convertían el intento en algo inexorable; que transformaban el deseo
en necesidad. Fuesen cuales fuesen los riesgos a los que se exponía el
candidato. Si las probanzas no salían bien, o incluso si a posteriori
se descubría la argucia, el escándalo acompañaría a la familia del
pretendiente durante generaciones. Simplemente con que las pruebas
estuviesen detenidas varios años, sin fallarse a su favor hasta bien
tarde, ya se levantaban más que justificadas sospechas y se genera-
ban todo tipo de rumores, hablillas que corrían como la pólvora en
medio de una sociedad ávida de noticias de este género. Por tanto,
la jugada había de meditarse convenientemente y lanzar los dados
en el momento oportuno.
A veces todo dependía de algo tan concreto como de esperar a
que murieran algunos vecinos muy ancianos, que pudieran ser po-
tenciales testigos en las informaciones. Con ellos, si no se les había
sobornado previamente o eran amigos, siempre se corría un riesgo
tremendo. Como sucedió en el caso de la espectacular memoria de
que hizo gala en su declaración Alonso Núñez Flores, vecino de
Badajoz, quien dijo tener en 1611 nada menos que ochenta y cuatro
años, y que recordaba con todo detalle lo que le había contado su
madre y su abuela, la cual según sus cálculos habría nacido sobre
1478. Malas noticias para el pretendiente a este hábito de Santiago,
cuya ascendencia judaizante quedó así más que evidenciada13. Si se
hubieran esperado un poquito…
Pero pese a los riesgos, no intentarlo a veces era un fracaso en
sí mismo. Cuando las familias conversas alcanzaban cierto nivel
social y económico, gozando de indiscutible influencia y poder en
su entorno inmediato, carecer de este tipo de actos positivos era
un peligro, ya que tal ausencia de méritos daba mucho que hablar.

13
AHN, Órdenes Militares, Santiago, 8603, f. 10.

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Quienes podían obtenerlos y no los solicitaban, algo tendrían que


ocultar. O eso se pensaba.
Eso mismo le sucedió al licenciado Pedro de Gaitán, que tenía
fama de converso:

“porque habiendo en esta dicha ciudad de Toledo muchas cofra-


días y capillas de estatutos de limpieza, nunca el dicho licenciado
Pedro Gaitán ni su padre, con haber sido hombres ricos y de va-
limiento en esta ciudad, no han tenido acto positivo de limpieza
eclesiástico ni secular, cosa que en esta ciudad se notó mucho”.

En el mismo sentido, de forma inversa, obtener una familiatura o


comisariado del Santo Oficio servía, indefectiblemente, para acallar
las más crueles sospechas. Lo afirman los documentos, y además
lo dicen claramente. Abundan las situaciones del estilo de la que
extracto a continuación.
En 1606 declaraba el licenciado Vigil de Quiñones, consejero de
la Suprema, con ocasión de unas pruebas de nobleza y limpieza de
sangre de los Miranda Salón de Burgos, estirpe tan poderosa como
conversa que a estas alturas estaba a punto de integrarse del todo
entre la nobleza media urbana. El inquisidor, que antes lo fue en el
tribunal de Valladolid, dijo que sospechaba mucho de la limpieza de
sangre de esta familia, hasta que fray Luis de Miranda consiguió ser
calificador del Santo Oficio. Y entonces:

“se le quitó alguna duda si antes la había tenido”14.

Por tanto, había que intentarlo como fuera. Para acallar rumores
y para obtener el precioso certificado de pureza racial, el mismo
que transmutaba la sangre impura en límpida cristianía vieja. Pero
había más motivos, muchos más.
Los conversos ingresaban en la Inquisición también para hacerle
sitio a todos los suyos, a sus parientes, amigos y aliados. Al menos
ese era el temor de muchos, manifestado en forma de memoriales

14
AHN, Órdenes Militares, Santiago, 7645.

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ENRIQUE SORIA MESA

anónimos o encarnado a través de denuncias a la Suprema por el


proceder de tal o cual inquisidor o tribunal, cuya laxitud podría
provocar una avalancha de candidatos impuros.
Parece cierto que los judeoconversos más encumbrados
socioeconómicamente operaron, en los momentos clave del de-
sarrollo de los estatutos de limpieza de sangre (1580-1640 grosso
modo) como un bloque; al menos muchas de estas familias así
parecen actuar. Testifican de manera coordinada; callan los defec-
tos de los abolengos ajenos, no sólo de los propios; crean lobbies
municipales… No podemos detenernos aquí en una cuestión que
merecería un tratamiento muy superior. Baste mencionar el caso
de los jurados de Toledo, un colectivo muy compacto donde lo
raro es no tener ascendencia hebraica por uno o varios costados.
Grupo muy activo y rico, temido incluso por el Santo Oficio, y
que con el tiempo consiguió ingresar en masa en el tribunal de
la fe, convertidos paralelamente sus miembros en regidores del
cabildo, y casi todos en Banco de Caballeros, que exigía limpieza
y nobleza. Fascinante evolución de los descendientes de infinidad
de reconciliados y quemados vivos.
Pero la Inquisición no tenía en el fondo por qué preocuparse, más
allá de lo que pudieran sentir íntimamente algunos de sus componen-
tes aquejados de un fanatismo extremo. Todos estos conversos que
ingresaban lo hacían precisamente para ir desapareciendo como tales.
Nunca existió un Santo Oficio dominado por confesos, porque para
cuando fueron demasiados ya no eran tales. Se habían convertido en
nobles de sangre, adoptando una nueva forma de vida y olvidando y
hecho olvidar a sus vástagos su auténtico pasado. Los Hurtado eran
ya Hurtado de Mendoza, y los San Pedro no venían de judíos, sino
de una Casa Solar sita en Navarra.
Sabemos, pues, las razones que motivaron a los conversos a
intentar, por todos los medios, introducirse en su némesis. Pero,
¿cuáles fueron las causas que lo hicieron posible? ¿Qué sucedió
para que a pesar de todas las barreras y prohibiciones, lograran
su intento?

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UNA INQUISICIÓN CONVERSA. LA PRESENCIA DE JUDECONVERSOS...

LAS VÍAS DE ACCESO

En el fondo, todo estriba en el valor que le demos a la declaración


oral de unos cuantos testigos que por lo general dicen de oídas,
salvo excepciones. Que suelen conocer al pretendiente y a sus pro-
genitores, pero que sólo algunos, en función de la edad de unos
y otros, han tenido noticia de los abuelos. Para el resto, como he
dicho, es cuestión de memoria, de repetir más o menos fielmente
lo que pudieron decirle sus propios padres, tíos y abuelos. Eso, en
el mejor de los casos, es decir, cuando se expresen sinceramente.
Añadamos a todo lo anterior el peso del dinero, que casi todo lo
puede; el miedo a las posibles represalias por parte del candidato y de
sus deudos y allegados; la más que verosímil posibilidad de los que
informantes no mantengan el secreto y que, por sobornos o amistad,
indiquen al pretendiente lo que ha ido declarando cada cual, por lo
que muchos se morderían la lengua… Además de un punto que no
se suele mencionar, el de que muchas personas, y así se indica a veces
en las fuentes, consideran tan injustos los estatutos de limpieza de
sangre que creen que mentir en cuestiones de honor no es perjurar
y poner en peligro de salvación su alma. También sabemos que de
caballeros es honrar, es decir, que muchos nobles, ante la duda, tienen
como leitmotiv de su prototípico comportamiento el decir bien por
sistema de las calidades ajenas.
Además, ¿cómo sabemos si los testigos son representativos? ¿Quién
les ha elegido, quién ha dado los nombres a los informantes, que en
general desconocen el ambiente en que se mueven? ¿Son amigos del
pretendiente, enemigos, lo conocen o repiten como papagallos las
instrucciones recibidas previamente? No es baladí, precisamente, la
cuestión; más bien es la clave de todo el sistema.
Imaginemos unos informantes que llegan a una localidad, con-
tactan como es preceptivo con el comisario del Santo Oficio, un
respetable clérigo, y le piden un listado de posibles testigos, elegidos
por su anciana edad, dignas circunstancias, cristiana vida y ejemplar
comportamiento. Y él les proporciona tal material, pero desprovisto
el listado de cualquier posible enemigo del candidato, o de ancianos

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que tuviesen una gran memoria genealógica, que tal vez pudieran
aportar datos comprometidos.
Es evidente que cualquiera puede adivinar el resultado de las
pruebas. La pregunta que se me ocurre a continuación es fácil de
entender, mucho menos de responder. ¿Cómo sabemos si esto es lo
que ha sucedido en cada caso? ¿Pasó alguna vez? ¿Sucedió muchas
veces? ¿Y si es la norma? Nada conocemos, y nada podemos saber,
salvo casos muy concretos en que esta mala praxis fue denunciada,
por lo general por un memorial anónimo al que a veces se hace caso
y obliga a reabrir la pesquisa. Pocas veces, ya lo avanzo.
Veamos lo que nos dice al respecto un caso concreto. En 1602
don Antonio de Escobar, canónigo de la catedral de León, famosa
por tener un estatuto bastante riguroso, escribía a la Suprema indi-
cando que cuando iba a presentar ante el deán y el referido cabildo
eclesiástico las bulas de su canonicato, e iban a iniciarse las pertinentes
pruebas genealógicas, se reparó en que ocho años antes el tribunal
de la Inquisición de Valladolid ordenó a su medio hermano Diego
Ortiz de Escobar que no usase en adelante de su título de familiar
del Santo Oficio15.
El canónigo in pectore, que evidentemente sabía bien lo que esta-
ba en juego, advirtió que él y Diego sólo compartían padre, siendo
distintas las madres. De esa forma, don Antonio de Escobar logró
finalmente formar parte de la prestigiosa corporación, salvándose
además de la mancha sanguínea16. Algo que para su desgracia no
pudo lograr su medio hermano, pese a formar parte de una poderosa
familia de la villa de Saldaña17.
Diego Ortiz de Escobar había solicitado en 1577 una familiatura en
la villa del Arlanzón, presentando una genealogía en la que se declaraba
hijo de Bernardino de Escobar y de Beatriz Ortiz, y nieto paterno de
15
AHN, Inquisición, 3201, sin foliar.
16
En efecto, consta como tal canónigo en el listado de expedientes de limpieza de san-
gre que publicaron en su día Agapito FERNÁNDEZ ALONSO y José María FER-
NÁNDEZ DEL POZO: Colección Documental del Archivo de la Catedral de León,
León, Centro de estudios e investigación ‘San Isidoro’, 2000, t. XIV, p. 61.
17
Múltiples referencias sobre esta estirpe, y un par de ellas concretamente a Diego
Ortiz de Escobar (que no aparece como familiar del Santo Oficio), en José María
CABALLERO GONZÁLEZ: Saldaña, la villa y su tierra solariega. Estudios Históricos,
Saldaña, Reprografía Huerta del Rey, vol. II, 2010.

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UNA INQUISICIÓN CONVERSA. LA PRESENCIA DE JUDECONVERSOS...

Antonio de Escobar y de María Jiménez, y materno de Diego Ortiz y


María de Santander, todos vecinos de la villa de Saldaña. Se le conce-
dió la merced y se realizaron las pruebas genealógicas, que resultaron
perfectas. Sin embargo, diez años después, en 1587, y gracias a la de-
lación de Francisco Méndez de Hevia, vecino igualmente de Saldaña,
el tribunal vallisoletano descubrió que todo era un fraude, ya que era
descendiente de un relajado y de dos penitenciados. Recorridos los
registros inquisitoriales custodiados en el archivo del distrito, resultó
que por su madre descendía de Diego Martínez Ramón, vecino de la
misma localidad, que fue quemado en estatua debido a ser judaizante,
quedando un sambenito en la iglesia local como marca infamante. De
la misma manera se investigó la memoria de la esposa de este Diego
Martínez, llamada María Gómez, pero finalmente fue absuelta, cons-
tando evidentemente en ambos casos su origen judío. La pareja tuvo
una hija llamada Sancha Martínez, esposa de Hernando de Santander;
ella fue condenada por judaizante a abjurar de vehementi, además de
abonar cierta pena pecuniaria. De ellos nació María de Santander,
mujer de Diego Ortiz, es decir los mencionados abuelos maternos. Ante
esta terrible situación, en el auto de fe del trece de enero de 1589 se le
mandó quitar el título de familiar al humillado Diego Ortiz de Escobar.
Creo que nadie me llamará exagerado o demasiado puntilloso si
me pregunto acerca de cómo se hicieron las pruebas para otorgarle
la familiatura. ¿Nadie recordaba esto? ¿Ningún vecino era consciente
de una historia tan trágica, cercana en el tiempo? ¿No se dedicaban
a leer los sambenitos en esa villa, como sabemos que sí se hacía en
toda España, y con profunda delectación?
Es evidente que si no hubiera mediado la enemistad de ese ve-
cino, todo le hubiera salido de maravilla al pretendiente. ¿Cuántos
caso puede haber como éste, tenidos por cristianos viejos por una
historiografía acomodaticia y nada dada a investigar en archivos, y
menos aún a cruzar fuentes documentales?

LA CONNIVENCIA DE LA PROPIA INSTITUCIÓN

La cúspide de todo el sistema radicaba en una doble y podero-


sa figura institucional. Por un lado, el Consejo de la Suprema y

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ENRIQUE SORIA MESA

General Inquisición de los Reinos de España, órgano colegiado más


conocido como La Suprema. Uno de tantos brazos de la polisinodia
hispánica, en este caso creado en 1488. Y compuesto por lo general
por un puñado de consejeros, asistidos por personal subalterno18.
Por otro, la pieza final de todo el engranaje, el Inquisidor General,
normalmente un eclesiástico de primer nivel elegido para el cargo.
Veamos ambas instituciones en relación con la temática que nos
interesa en este momento.
En primer lugar, la Suprema. Este alto Consejo, a mi entender, y
tras muchos años de investigación en la documentación interna del
mismo, fue uno de los principales agentes de la asimilación definitiva
de los judeoconversos españoles. Aunque pueda parecer contradictorio
o incluso muy extraño. Sin embargo, analizado fríamente no resulta
raro en absoluto; paradójico, todo lo más.
Por experiencia, puedo afirmar rotundamente que la mayoría de
las veces que una pretensión de cargo del Santo Oficio encontraba
problemas por la falta de limpieza de sangre del candidato o de su
mujer, si tal era el caso, es el Consejo madrileño el que acaba dando
la razón al solicitante, aunque objetivamente quede evidenciado
que el pretendiente a ser familiar, comisario o cualquier otro puesto
adolece de tal defecto. Por lo general, bastaba que el tribunal concreto
votase en discordia acerca de su pureza sanguínea para que la instancia
superior acabase con el tiempo dando la razón al demandante, tras
haber apelado. Los casos que podría traer a colación se cuentan por
centenares; veamos un par como muestra.
En las controvertidas pruebas de don Juan de Santelices y Guevara,
pretendiente a vestir el hábito de Santiago, que tras cierto tiempo
detenidas acabaron felizmente para él en 1629, salió a relucir la posible
ascendencía judía de los Santelices. Y entre otras denuncias, se alegó
que de su linaje hubo muchos candidatos que tuvieron gravísimos

18
José Antonio ESCUDERO: “Los orígenes del Consejo de la Suprema Inquisición”,
Anuario de Historia del Derecho Español, 53 (1983), pp. 238-289; José Ramón RODRÍ-
GUEZ BESNÉ: El Consejo de la Suprema Inquisición. Perfil jurídico de una institución,
Madrid, Editorial Complutense, 2000.

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UNA INQUISICIÓN CONVERSA. LA PRESENCIA DE JUDECONVERSOS...

problemas con los estatutos de limpieza de sangre por su condición


judeoconversa:

“porque muchos familiares no salieron en [el tribunal del San-


to Oficio de] Logroño, aunque después han salido con diligencias,
y con el tiempo otros a quien toca esta descendencia, que son
muchos”19.

Diligencias en la Suprema, claro. Nada raro en un solicitante que


era colegial mayor del Arzobispo en Salamanca, o sea miembro de
un poderoso lobby socioprofesional. Nuestro personaje acabó sus
días como consejero de Castilla, habiéndolo sido antes de Indias20.
Mucho más evidente es el siguiente caso. Esta vez el pretendiente
era don Manuel Osorio Pimentel, un hidalgo natural de La Bañeza
(León), residente en 1675, fecha de su intentona, en Madrid21. Su as-
cendencia era, aparentemente, excelente, para ser un modesto vecino
de un pueblecito sin relevancia. Hijo de don Antonio Osorio, natural
de Bembibre en el Bierzo y vecino de La Bañeza, y de doña Luisa
Pimentel, era nieto del licenciado don García Osorio y de doña María
Maldonado, ambos de Bembibre, y de don Juan Pimentel, natural
de Valladolid, vecino de Grajal, y de doña Francisca de Villamandos,
nacida en esta última localidad Grajal.
Por el apellido Osorio, descendiente de nobles Casas de rango
mediano, emparentadas lejanamente con los marqueses de Astorga.
Por lo Pimentel, aunque su madre era hija ilegítima, provenía de los
señores de Grajal y Ribera, línea segunda de los poderosos Pimentel,
condes de Benavente22. Y por su varonía, Rodríguez de Valcárcel, dis-
putó aunque sin éxito el mayorazgo fundado por Gonzalo Rodríguez
de Valcárcel en 156723. Para mayor prueba de su calidad, su padre fue

19
AHN, Órdenes Militares, Santiago, 7614.
20
Janine FAYARD: Los ministros del Consejo Real de Castilla (1621-1788). Informes bio-
gráficos, Madrid, Instituto Salazar y Castro, 1982.
21
AHN, Inquisición, 1531, 4.
22
La ascendencia de estos Pimentel, procedentes de un hermano del primer conde de
Benavente, en RAH, D-25, f. 153. Es disputada la ascendencia de esta línea en los de-
talles concretos, aunque todos los tratadistas la dan por rama legítima de la principal.
23
BNE, Porcones, 719-9, 866-17 y 369 (éste, sin piezar).

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ENRIQUE SORIA MESA

familiar del Santo Oficio, y al mismo y a su mujer, la madre de don


Manuel, se le hicieron las pruebas genealógicas de rigor.
No sé cómo se hicieron tales probanzas, aunque se puede suponer,
ya que en esta ocasión lo que salió a la luz fue realmente escandaloso.
Por parte del tribunal vallisoletano se nos informa que en su día se
probó que el padre del pretendiente, recordemos que familiar del Santo
Oficio, era tataranieto de Francisco de León, converso, penitenciado
por la Inquisición en 1529, hijo de dos judíos que murieron en su
ley. A pesar de ello, las informaciones paternas se aprobaron en 1638
gracias a contar con cuatro actos positivos del propio Santo Oficio.
Ahora bien, en la fecha en la que el hijo demandaba convertirse
en ministro inquisitorial ya se había derogado, hacía mucho tiempo,
la pragmática de los Actos Positivos24, y por tanto no podía valerse de
esta estratagema para compensar con ella los resultados de la inves-
tigación. En puridad, jamás debiera habérsele concedido la merced.
Y en consecuencia actuó el tribunal inquisitorial de Valladolid, el
cual el 19 de octubre de 1675 decretó que no había lugar a admitirlo
ni siquiera a pruebas, por lo obvio de su condición confesa. Tras
presionar a la más alta instancia, el Consejo de la Suprema obligó
al tribunal subordinado a iniciarlas y el 5 de octubre de 1680 las
aprobaba, convirtiendo a don Manuel Osorio en flamante familiar
del Santo Oficio.
La opinión que podemos formar tras estos dos casos, se refuerza
absolutamente con el barrido que estoy realizando de la ingente co-
rrespondencia conservada con los tribunales de distrito. El Consejo es
el que siempre apremia a estos últimos a que accedan a las peticiones
de los solicitantes, a pesar de las claras advertencias que desde Gra-
nada, Córdoba, Valladolid, Toledo… se envían a Madrid. Misivas
en las que se expresan directamente las máculas sanguíneas que se
atisban en el candidato, por que se advierte que no conviene iniciar
24
José Antonio MARTÍNEZ BARA: “Los actos positivos y su valor en las pruebas ge-
nealógicas y nobiliarias en el siglo xvii”, en Joaquín PÉREZ VILLANUEVA (coord.),
La Inquisición Española. Nueva visión, nuevos horizontes, Madrid, Siglo XXI, 1980, pp.
303-318; Roberto LÓPEZ VELA: “Antijudaísmo, pruebas de limpieza y la pragmática
de actos positivos de 1623”, en Manuel RIVERO RODRÍGUEZ (coord.): Nobleza
hispana, nobleza cristiana. La Orden de San Juan, Madrid, Ediciones Polifemo, 2009,
pp. 795-830.

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UNA INQUISICIÓN CONVERSA. LA PRESENCIA DE JUDECONVERSOS...

las pruebas, a fin de evitar el probable escándalo que se generaría en


la localidad correspondiente.
En todo esto, adivino una tensión, lógica por otra parte, entre
los tribunales, que temen ver devaluados ante la opinión pública su
prestigio y el de sus ministros, mediante la entrada de judeoconversos,
y el Consejo, a fin de cuentas y con todos los reparos que se puedan
poner, una pieza más del poder central, un apéndice de la Corona
que busca ante todo integrar en el sistema de manera definitiva a
los grupos ricos y poderosos que aún sufren rechazo por su cada vez
más lejano origen judaico. Añadamos a esta lectura la capacidad de
presión de los poderosos locales, bien por sí mismos, bien a través del
recurso a intermediarios. Presión que va tomando cuerpo en forma de
cartas de obispos y de nobles recomendando a tal o cual candidato,
súplicas de miembros de otros Consejos y de altos burócratas…
Si esto sucedió así, y lo creo firmemente, también hay que valorar
en este sentido las actuaciones de los Inquisidores Generales, sobre
todo de aquellos personajes de mayor fuste personal, duración en
el cargo y entidad intelectual. El peso de lo individual se cierne, y
acompasa, sobre la estructura de lo colectivo, y entre ambas esferas
el sistema avanza. Muchas veces con altibajos, por supuesto, pero
antes o después lo va haciendo en una misma dirección, salvo que en
ciertas ocasiones tales prelados actuaron de catalizador, precipitando
los acontecimientos25.
A falta de casi cualquier estudio que analice de forma específica
este fenómeno que aquí propongo, el de la protección de algunos
inquisidores generales a los judeoconversos que pretendían ingresar
en el Santo Oficio, me ceñiré a mostrar dos casos muy relevantes,
cada uno a su manera. Primero, el de una actuación particular que
permitió sacar del apuro a un candidato concreto. Segundo, una
maniobra que convirtió por fin en limpio a todo un linaje que

25
A falta de estudio de valor, puede servir la visión global que aporta Feliciano BA-
RRIOS PINTADO: “Las competencias privativas del Inquisidor General en la
normativa regia de los siglos xvi y xvii. Una aproximación al tema”, Revista de la
Inquisición, 1 (1991), pp. 121-140.

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ENRIQUE SORIA MESA

contaba con infinidad de procesados y condenados por judaizantes


entre sus filas. Vayamos por partes.
En 1627 el noble aragonés don José de la Cabra pretendía ingresar
como familiar del tribunal de Zaragoza, a pesar de provenir direc-
tamente de los De la Cabra, condenados por la Inquisición, y sobre
todo de los De la Caballería, que no sólo tenían igual origen sino
que además gozaban de un notorio origen judaico incluso a nivel
popular. Los graves problemas que fueron surgiendo a medida que
se iban desvelando los documentos secretos del archivo inquisitorial
quedaron en nada mediante la intervención directa del inquisidor
general, don Antonio Zapata de Mendoza, quien de su puño y letra
llegó a escribir al tribunal aragonés: “os encargo que para que esto se
haga con brevedad, déis luego las órdenes que convengan”.
Como escribí hace tiempo, “los inquisidores del tribunal de Zara-
goza parecen atemorizados, la verdad, e inician unas rápidas pruebas
que se esperaban de trámite. Pero no fue así. Pronto han de escribir al
Inquisidor General lamentándose de sus hallazgos, que demuestran la
gran cantidad de sangre hebraica que lleva en sus venas don José de la
Cabra. Tanto se humillan y tácitamente piden perdón por el hallazgo,
que el Inquisidor debe escribirles lo siguiente: ‘agradezco mucho el
aviso que contiene, y el que yo doy es que no quiero ni pido sino lo que
fuere muy justo. No se comiencen las diligencias hasta que yo avise’.
Es decir, hasta que pueda avisar al pretendiente, su amigo y
cliente, para que éste prepare una batería de argumentos, falsifique
documentos y compre testigos. Ejemplar probanza, no cabe duda. Por
supuesto, que las posteriores investigaciones concluyeron demostrando
la sangre conversa de don José, pese a lo cual se le dio el empleo de
receptor del Santo Oficio. Y poco después, en 1636, consiguió ser
caballero de Santiago, y nadie se opuso a sus pretensiones. De algo
le debió servir que para entonces su tío carnal don Bernardo fuese
inquisidor de Sevilla y después arzobispo de Cagliari en Cerdeña,
así como ser deudo muy cercano de don Jerónimo de Villanueva,
protonotario de Aragón y caballero de Calatrava”26.

26
Enrique SORIA MESA: “Genealogía y poder. Invención de la memoria y ascenso
social en la España Moderna”, Estudis, 30 (2004), pp. 21-56.

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UNA INQUISICIÓN CONVERSA. LA PRESENCIA DE JUDECONVERSOS...

A MODO DE CONCLUSIÓN

Tras un caso individual y excepcional como fue éste, veamos otro


de corte colectivo, mucho más discreto en la apariencia pero con
implicaciones sociales muy superiores, pues afectaba a centenares
de hombres y mujeres que a comienzos del siglo xvii llevaban en su
abolengo el apellido Chirino27. Una enorme parentela que se exten-
día por media España desde su Cuenca natal y que había alcanzado
muy pronto la condición nobiliaria a pesar de su conocido origen
judío.
El caso que esbozaré a continuación, al que pronto espero poder
dedicar una monografía mucho más amplia, se refiere a un opulento
y ennoblecido conjunto de oligarcas, descendientes de hebreos, que
durante demasiadas generaciones siguió manteniendo parte de sus
señas de identidad, y con ellas cierto regusto herético. Algo que difi-
cultaba sin duda alguna sus ansias de progresión social, indiscutibles
desde los primeros momentos tras su conversión.
Me refiero a los ya mencionados Chirino, un extenso linaje de
origen judío que desde Cuenca se fue desparramando por buena parte
de la geografía peninsular. Manteniendo, eso sí, la mayor parte de sus
efectivos en el solar nativo. Más aún, fue precisamente en Cuenca
donde radicó el mayor número de Chirinos que tuvieron problemas
con la Inquisición, mientras que por lo general las líneas exteriores
se asimilaron más rápidamente. Seguramente, la férrea endogamia
grupal, así consanguínea como étnico-religiosa que caracterizó al
núcleo conquense, tuvo mucho que ver con la perduración de su
idiosincrasia colectiva.
Ilustrados con la figura del cronista de los Reyes Católicos mo-
sén Diego de Valera, que al parecer usó el apellido materno, luego
se extendieron hacia el Puerto de Santa María, Málaga, Córdoba,
Alcalá la Real, Úbeda y Ocaña, además de contar con alguna re-
presentación en Indias. En algunas de esas localidades generaron
líneas de descendencia más o menos duraderas. Pronto, como ya

27
Chirino, Chirinos, Cherino, Cherinos… todo es uno.

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ENRIQUE SORIA MESA

he comentado, alcanzaron el estatus nobiliario. Así, Lope Chirino,


sobrino del humanista Valera, obtuvo ejecutoria de nobleza en la
Real Chancillería de Granada en 151328, mientras que su hijo Pedro
Armíldez Chirino logró vestir el hábito de Santiago en fecha tan
temprana como 154529. En años posteriores, los honores se disparan
y multiplican enormemente30.
Sin embargo, nada de esto sirvió para disipar del todo las muy
fundadas dudas acerca de la limpieza de sangre de la estirpe. Entre
otras cosas porque no se trataba sólo de hablillas referidas a remotos
descendientes de judíos, sino a testimonios coetáneos en forma de
sambenitos, ya que muchos de los miembros de esta parentela sufrieron
graves tropiezos con la Inquisición no sólo a finales del siglo xv sino
también a lo largo del siglo xvi. Y no sólo ellos, sino también las
familias con las que fueron emparentando. Una tupidísima red de
enlaces de judaizantes, reconvertidos sus descendientes en oligarcas
urbanos, pero notadísimos en los registros inquisitoriales. Veamos un
par de esquemas de los muchos que desarrollaré y explicaré cuando
publique el extenso estudio que sobre ellos preparo.
La liberación vino de la mano del padre Hernando Chirino de
Salazar, también conocido como Hernando de Salazar o incluso
Hernando Quirino de Salazar, latinizando su apellido… El padre
Fernando Chirino de Salazar, nacido en Cuenca en 1576, fue miembro
de la Compañía de Jesús y confesor del conde-duque de Olivares en
1622, siendo nombrado al poco tiempo predicador real. Su influencia,
directa e indirecta, sobre la persona regia fue tal que no sólo llegó a

28
Un estudio de cierto valor sobre la misma y otras ejecutorias familiares posteriores, en
Enrique TORAL Y FERNÁNDEZ DE PEÑARANDA: “La ejecutoria de nobleza de
Lope Chirino y mosén Diego de Valera”, Boletín del Instituto de Estudios Giennenses,
106 (1981), pp. 9-94.
29
AHN, Órdenes Militares, Santiago, 634.
30
Un ejemplo por línea femenina de lo expuesto, el caballero de Calatrava, don Andrés
de Jaraba, hijo de don Miguel de Jaraba y Guadalajara, señor de Malpesa, y nieto
de doña Inés de Salazar y Carranza, señora de la villa de Malpesa, bisnieta de Juana
Chirino de Salazar y de su esposo Martín García Sacedón, regidor de Cuenca, AHN,
Órdenes Militares, Calatrava, exp. 1311, año 1675 y RAH, D-33, 145.

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UNA INQUISICIÓN CONVERSA. LA PRESENCIA DE JUDECONVERSOS...

Figura 1

Figura 2

ser nombrado arzobispo de Las Charcas sino que el monarca quiso


que fuese designado cardenal31.
31
Sobre tan fascinante personaje, que necesita urgentemente un estudio en profun-
didad, véase el interesante artículo de Fernando NEGREDO DEL CERRO: “La
hacienda y la conciencia. Las propuestas del confesor del Conde Duque para el sanea-
miento de las finanzas reales (1625)”, Cuadernos de Historia Moderna, 27 (2002), pp.
171-196, quien dice de él que era “de posibles antepasados conversos”; y alguna refe-
rencia breve en la clásica obra de Antonio ASTRAÍN: Historia de la Compañía de Jesús
en la asistencia de España, Madrid, Administración de Razón y Fe, 1916, vol. V, p. 73.

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ENRIQUE SORIA MESA

Figura 3

Su primacía cortesana fue la llave que todo lo pudo abrir. Y los


descendientes de condenados por infinidad de sitios se colaron en las
más altas instancias. Y obtuvieron todo tipo de cargos y dignidades
que exigían una limpieza de sangre de la que carecían por completo.
En un breve espacio de tiempo su hermano consiguió ser caballero
de Santiago pero sobre todo alguacil mayor de la propia Suprema,
haciendo desvanecer cualquier duda que se pudiera tener sobre los
orígenes colectivos. Más aún, con el paso de los años siguieron por
esta senda su hermano Alonso, calificador del Santo Oficio, y sus
hermanas y sobrinas, casadas con familiares o secretarios inquisito-
riales. Una de ellas incluso madre de un inquisidor.
El tiempo todo lo borra, ciertamente. Pero si había dinero, influen-
cia, poder, amistades, patrocinio de los poderosos… no hacía falta ni
siquiera esperar mucho. La Corona al fin y al cabo acogería con los
brazos abiertos a los judeoconversos, siempre que se cumpliesen dos
condiciones irrenunciables. Una, que no se aceptara públicamente
lo que estaba pasando. Dos, que los confesos se vieran obligados a
entrar en el sistema siguiendo los caminos codificados que se les
abrían. Ésos, y no otros. Es decir, haciéndose nobles y olvidando

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UNA INQUISICIÓN CONVERSA. LA PRESENCIA DE JUDECONVERSOS...

por completo su pasado hebraico. La farsa fue completa, y el éxito


del proceso fue tal que se asumió absolutamente la creencia de que
ningún converso ingresó en las instituciones, tal y como marcaba la
ley. Y así nos lo hemos creído durante siglos. Ya es hora de descubrir
la verdad.

BIBLIOGRAFÍA

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN
CON LOS SEÑORES Y MORISCOS DE ARAGÓN*
Rafael Benítez Sánchez-Blanco
Universidad de Valencia

INTRODUCCIÓN

La Inquisición ocupa un lugar central en las negociaciones entre


las comunidades moriscas y la Monarquía. No es, por supuesto, el
único asunto que se negocia, pero sin duda es el que más interés
tiene para la minoría y el que más tiempo y esfuerzo ocupa. Sin ser
la única, la represión inquisitorial fue la que más incidencia tuvo
durante la mayor parte del siglo morisco. Ahora bien, la estrecha
dependencia que la Inquisición española tenía de la Monarquía,
y la protección que los moriscos gozaban por parte de los señores,
convirtió la negociación en un proceso complejo, en particular en
Aragón y Valencia donde la nobleza contaba con un gran peso en
las instituciones políticas forales.
El objetivo maximalista era quedar exentos de la jurisdicción
inquisitorial, al menos durante un tiempo más o menos largo; si esto
no era posible se buscaba una modificación importante en el proce-
dimiento procesal del Santo Oficio para aproximarlo al ordinario.
Por último, se trataba al menos de suavizar las penas. Todos estos
aspectos van a ser objeto de negociaciones por parte de valencianos
y aragoneses, y también en buena medida de los granadinos.
Las negociaciones de los moriscos aragoneses con diversos órganos
de la Monarquía, y entre ellos sobre todo con el Santo Oficio, se
enmarcan en una larga serie de desencuentros del reino con el rey,

*
Este trabajo se realiza en el marco del proyecto de investigación financiado “Nuevas
perspectivas de Historia Social en los territorios hispánicos del Mediterráneo occi-
dental en la Edad Moderna” (HAR2014-53298-C2-1-P).

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RAFAEL BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO

que culminan con la rebelión aragonesa de 15911. En un Reino como


el aragonés, donde la capacidad de acción del monarca estaba tan
limitada por las constituciones y libertades, férreamente defendidas,
así como por la falta de medios de la Monarquía, la Inquisición con
su supremacía jurisdiccional y su centralización era un instrumento
muy importante2. Su utilización por el gobierno para sortear aquellos
obstáculos la va a convertir en objetivo principal para la oposición
política del Reino.
En efecto, en los territorios de la Corona de Aragón la sustitución
de la Inquisición medieval por la nueva, estrechamente controlada
por la Monarquía, provocó una fuerte resistencia, que fue mucho
más marcada en el Reino de Aragón. Una importante presencia
entre la élite social de familias judeoconversas y una defensa radical
del marco jurídico privativo del Reino, con el que chocaba el proce-
dimiento inquisitorial, explican el enfrentamiento inicial. Choque
violento que culmina con el asesinato del inquisidor Pedro Arbués
en la seo de Zaragoza en septiembre de 1485. La dura represión que
siguió orientó la resistencia al ámbito político-jurídico, que obtuvo
un triunfo notable en las Cortes de Monzón de 1512, lo que será
recordado con resquemor por el tribunal de Zaragoza decenios más
tarde. Las demandas presentadas, que tuvieron que ser aceptadas por
Fernando el Católico y por el inquisidor general, pretendían el con-
trol del personal inquisitorial, en especial de los familiares y criados,
sobre lo que volverán diversas concordias posteriores. Solo una de
aquellas afectaba al procedimiento, permitiendo la presentación de
apelaciones ante el inquisidor general y el Consejo3.
Con el bautismo forzado de los mudéjares se abre un nuevo
frente conflictivo, en el que la Inquisición choca con los señores de
1
Sobre ella, la reciente obra de Jesús GASCÓN PÉREZ: La rebelión aragonesa de 1591,
Tesis doctoral, Zaragoza, Universidad de Zaragoza, 2000. Publicada también con el
título: Alzar banderas contra su Rey: la rebelión aragonesa de 1591 contra Felipe II, Za-
ragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza-Institución “Fernando el Católico”, 2010.
2
La obra principal sigue siendo la de Gregorio COLÁS LATORRE y José Antonio
SALAS AUSENS: Aragón en el siglo XVI. Alteraciones sociales y conflictos políticos, Zara-
goza, Universidad de Zaragoza, 1982.
3
Henry Ch. LEA: Historia de la Inquisición española, vol. I, Madrid, Fundación Uni-
versitaria Española, 1983, pp. 300-303. Juan MESEGUER FERNÁNDEZ: “El pe-
riodo fundacional (1478-1517)”, en Joaquín PÉREZ VILLANUEVA y Bartolomé

5 176

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN CON LOS SEÑORES Y...

moriscos y con los propios convertidos, como la documentación tiende


a denominarlos. En este proceso se pueden distinguir dos grandes
etapas, coincidentes con los reinados del emperador y de Felipe II.
La primera empieza con las discusiones sobre la interpretación de la
Concordia de Toledo, terminada de negociar en enero de 1526 entre
Carlos V, el inquisidor general, Alonso Manrique, y los representantes
de las aljamas valencianas. Y culmina con la concordia de 1555 entre
la Inquisición aragonesa y los moriscos, que cuentan con el respaldo
de sus señores. La segunda fase puede, a su vez, articularse en dos
periodos: la crisis de la sucesión y la época de Quiroga. Comienza
con un par de edictos inquisitoriales publicados en 1558 y 1559, por los
que el Santo Oficio, excediéndose muy posiblemente de su ámbito
jurisdiccional, prohibía primero las “juntas” de moriscos y un año
más tarde que llevasen armas. El edicto de las armas va a condicionar
durante más de treinta años las negociaciones de la Inquisición con
los moriscos y las autoridades de Aragón, implicando también a la
política de la Monarquía. Solo después de la rebelión aragonesa de
1591, aprovechando la presencia del ejército real y el sometimiento
del Reino, Felipe II y la Inquisición podrán ver cumplido su deseo
de desarmar a los moriscos.

CONCESIONES Y ACUERDOS EN LA ÉPOCA DEL EMPERADOR

En la época del emperador, los señores y los moriscos aragoneses


van a conseguir parte de los objetivos que señalaba antes, sobre
todo por lo que hace a las penas impuestas. Después de un primer
momento en el que defienden, al igual que los valencianos, una
interpretación de la Concordia de Toledo de 1526 que les eximiría
de la jurisdicción inquisitorial durante 40 años4, y de algún intento

ESCANDELL BONET (dirs.): Historia de la Inquisición en España y América, Ma-


drid, BAC, 1984, vol. I, p. 330-339 y 359-363. José Ángel SESMA MUÑOZ: Fernando
II y la inquisición, el establecimiento de los tribunales inquisitoriales en la Corona de
Aragón (1479-1490), Madrid, Real Academia de la Historia, 2013.
4
Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: Heroicas decisiones. La Monarquía Católica
y los moriscos valencianos, Valencia, Institució Alfons el Magnànim, 2001, pp. 104-111.
El Consejo envía la aclaración del sentido de la concordia al Tribunal de Zaragoza

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RAFAEL BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO

sorprendente por parte de los señores de conseguir de Roma tener


esa jurisdicción sobre la herejía de sus vasallos5, obtienen de Carlos
V, en 1534, un privilegio para que no se confisquen los bienes; y
poco después un breve de Paulo III confirmándolo.
El siguiente paso importante en las negociaciones se dio en 1555 con
la firma de una concordia entre el tribunal y los señores y sus vasallos,
que ha sido estudiada por Mercedes García-Arenal, quien publicó
importantes documentos6. Para situarla en el contexto comparativo
con el Reino de Valencia hay que señalar que los señores valencianos
habían logrado en pasos sucesivos no solo que no se confiscaran los
bienes, sino que no se impusiesen penas pecuniarias y, finalmente,
la inhibición inquisitorial por dieciséis años a partir de 15427. Pues
bien, a finales de 1553 los señores de moriscos aragoneses presentaron
una serie de peticiones y, a cambio, ofrecieron financiar anualmente
el tribunal de Zaragoza.
Sobre lo pasado, pedían el perdón para todos los que hubiesen
cometido “faltas, delitos e crimines de heregías” con solo la confesión
sacramental ante cualquier confesor y sin que pudiesen ser acusados
en el futuro de esos pecados. Pedían que se liberara a todos los presos y
se levantaran todas las penas que los condenados estaban cumpliendo
y, específicamente, las inhabilitaciones para cargos, oficios y honores,
lo que apunta directamente a los intereses de una élite morisca, que
tendrá habitual presencia en las negociaciones.
Y para el futuro solicitaban que en el proceso inquisitorial sola-
mente pudiesen ser interrogados sobre lo que los testigos hubiesen
depuesto contra el reo, y nunca sobre cómplices. Querían también que
la sentencia se leyese de forma inmediata a la conclusión del proceso
sin esperar a un auto general de fe. Si esto afectaba en buena medida
al procedimiento, en cuanto a las penas pedían que los reincidentes

para que la difunda. Toledo, 27 de octubre 1528. Archivo Histórico Nacional, Inqui-
sición, libro [En adelante AHN, Inq., lib.] 320, f. 102.
5
AHN, Inq., lib. 257, ff. 183v-184, y lib. 321, f. 31. marzo de 1532.
6
Mercedes GARCÍA-ARENAL: “La Concordia de la Inquisición de Aragón del año
1555”, en Abdeljelill TEMIMI (ed.): Religion, identité et sources documentaires sur
les Morisques Andalous, Tunis, Institut Supérieur de Documentation, 1984, t. I, pp.
325-348.
7
Rafael BENÍTEZ: Heroicas decisiones…, pp. 113-139.

5 178

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN CON LOS SEÑORES Y...

estuviesen a salvo de ser condenados a relajación por relapsos, y que


solo se les impusiesen penas corporales; pedían también que no se
confiscasen los bienes, lo que ya estaba ordenado en el privilegio
real, ni hubiera penas pecuniarias superiores a diez ducados, y que
estas fueran para atender a las necesidades de las iglesias parroquiales.
Y volvían a insistir en que no se aplicasen las inhabilitaciones a los
descendientes de los condenados, o que los inquisidores pudiesen
habilitarles si fuera conveniente para el gobierno de las comunidades.
Con carácter más general, y esto no correspondía solo al Santo
Oficio, pedían que no hubiese disposiciones discriminatorias en
contra de los nuevos convertidos, en relación a la normativa vigente
para los cristianos-viejos. Algo que pronto provocará nuevos y graves
problemas a la Inquisición por sus edictos prohibitivos. Por último,
solicitaban, en la línea de lo acordado en las Cortes de 1512 sobre el
personal inquisitorial, que en el Consejo Supremo estuvieran pre-
sentes naturales de Aragón, ahora que las Inquisiciones de ambas
coronas se habían unificado8.
Hasta abril de 1555 no tenemos más noticias, al parecer, según
explican los inquisidores de Zaragoza al Consejo, “por no haverse
podido juntar los cavalleros de la pretensión de los convertidos”. Es
decir, los señores eran los que hablaban en nombre de los moriscos,
y no todos compartían la necesidad de la concordia. Divisiones y
parcialidades que van a marcar muchas de las negociaciones futuras.
Los que sí estaban muy interesados eran los propios inquisidores,
hasta tal punto que optaron por transmitir oralmente, y, sin duda,
dulcificadas, las respuestas del Consejo a sus demandas, para evitar
la ruptura de las conversaciones9.
La discusión final se centró en los siguientes puntos: No se ad-
mitió su petición de ser absueltos en el fuero interno, es decir, por
sus confesores. Debían hacerlo “judicialmente” en el fuero externo,
ante notario, aunque con abjuración secreta. En cuanto a la soli-
citud de que no fueran castigados por lo pasado, les respondieron
que en eso consistía la gracia que se les concedía. Aceptaron que las

8
Mercedes GARCÍA-ARENAL: “La Concordia de la Inquisición…”, pp. 332-336.
9
Ibídem, p. 337.

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RAFAEL BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO

penitencias pecuniarias fueran moderadas y destinadas a las obras


pías del lugar. Sobre los relapsos, les explicaron que la primera vez
se reconciliaría a todos los que manifestasen arrepentimiento y que
a la segunda caída dependería de las circunstancias. Y a los señores
que temían la pérdida de sus vasallos, les aseguraron que tampoco
serían condenados a galeras ni destierro. La discusión sobre las in-
habilitaciones debió de ser dura: los inquisidores indicaron que era
necesaria licencia de Roma; los negociadores se ofrecieron a pagar
los gastos de obtenerla, pero solicitaban cartas de apoyo para ello.
Pedían también, como hemos visto, que se levantaran las pasadas,
algo –se les contestó– que dependía del Consejo10.
La paga correría a cargo de los pueblos, que aportarían los 35.000
sueldos anuales destinados a complementar los emolumentos del per-
sonal inquisitorial. Según los recuentos elaborados en ese momento,
había algo más de diez mil casas de convertidos, que de entrar todos
en el acuerdo tocarían a 3,25 sueldos por casa11.
Finalmente, el 13 de mayo de 1555, en Valladolid, el Inquisidor
General, Fernando de Valdés, firmaba los edictos. Hay que destacar
que los otorga a petición de “los nuevamente convertidos de moros
[…], de los prelados y personas eclesiásticas y seglares que tienen
nuevos convertidos […] y de los Diputados del dicho Reino”. No
son, pues, solo los moriscos los que negocian; son las fuerzas vivas del
Reino en su conjunto. En un primer edicto se les daba un término
de seis meses desde la publicación en cada lugar para que, confe-
sando ante notario, incluyendo lo que sabían de cómplices y otras
personas, se les perdonase sin salir al cadalso y solo con penitencias
espirituales. En un segundo edicto se ratificaba la no confiscación
de bienes otorgada por Carlos V y confirmada por Paulo III, y se
concedía que las multas serían pequeñas y destinadas a las obras pías
de los lugares, todo ello a cambio de los 35.000 sueldos12.

10
Ibídem, pp. 337-339.
11
Ibídem, pp. 340-344. José MARTÍNEZ MILLÁN: La hacienda de la Inquisición
(1478-1700), Madrid, CSIC, 1984, pp. 178-183, donde se hace referencia también a las
concordias de Valladolid y Valencia.
12
Mercedes GARCÍA-ARENAL: “La Concordia de la Inquisición…”, pp. 345-348.

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN CON LOS SEÑORES Y...

Lo que habían conseguido de la negociación era importante: el


perdón de lo pasado en un momento en que la Inquisición empe-
zaba a presionar con fuerza, pero no habían logrado nada sobre el
procedimiento, algo en lo que el Santo Oficio no se mostró –salvo
excepciones extraordinarias– dispuesto a ceder. Y el registro de las
confesiones ante el notario, a pesar de ciertas promesas sobre el buen
trato a los relapsos, facilitaba la apertura de un peligroso historial.
El tribunal, a cambio de un edicto de gracia bastante normal, como
tantos otros que se otorgan en este periodo, consigue una financiación
importante que duró hasta la expulsión.

LA CRISIS DE LA SUCESIÓN

Podría parecer que con la concordia de 1555 las relaciones entre el


Santo Oficio y los moriscos aragoneses se habrían normalizado. Sin
embargo, en el periodo 1558-1560 el tribunal va a irrumpir en la vida
político-institucional aragonesa en un momento crítico de cambio
de reinado y vacío de poder, con el virrey Diego Hurtado de Men-
doza, conde de Mélito, “huido” del Reino13, y estando pendiente la
celebración de Cortes para la jura real.

LOS CONFLICTIVOS EDICTOS INQUISITORIALES (1558-59)

En 1558, en vísperas de celebrar un auto de fe, estalla un conflicto


entre la ciudad de Zaragoza y el justicia de Aragón con motivo de
las casas de Hervás. El complejo asunto fue objeto de la tesis docto-
ral de María Soldad Carrasco Urgoiti, que publicó los documentos
fundamentales14. Los inquisidores, temerosos de que los vasallos
moriscos de algunos señores, en especial del conde de Fuentes, mo-
vilizados para apoyar al justicia de Aragón ante la negativa de la
13
María José RODRÍGUEZ SALGADO: The Changing Face of Empire. Charles V, Phil-
ip II and Habsburg Authority, 1551-1559, Cambridge, CUP, 1988, epígrafe: The forgotten
rebellion: Aragon 1556-9, pp. 288-296. Hay traducción española.
14
María Soledad CARRASCO URGOITI: El problema morisco en Aragón al comienzo
del reinado de Felipe II. Estudio y apéndices documentales, Valencia, 1969. Hay reedi-
ción facsímil, Teruel, Centro de Estudios Mudéjares, 2010.

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RAFAEL BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO

ciudad a cumplir su sentencia, pudieran asaltar la Aljafería y liber-


tar a sus correligionarios presos, prohibieron las “juntas” de moris-
cos bajo graves penas. El edicto se publicó el día de Santo Tomás,
21 de diciembre de 155815.
De inmediato los diputados reaccionan. El 24 de diciembre
fueron a hablar con los inquisidores, que los recibieron “con toda
blandura” y les explicaron los motivos del edicto. Decidieron, en-
tonces, enviar una embajada a la regente Juana. Poco después, el 6
de enero, encabezados por el conde de Fuentes, convocan al reino y
allí deciden enviar otra a Flandes a hablar con el “Rey de Inglaterra”,
como denominan a Felipe II16. El 12 de enero acordaron pedir a los
inquisidores que revocasen el edicto. Estos volvieron a explicarles
que se había promulgado para esta coyuntura especial y que, dado
que habían consultado con el inquisidor general, había que esperar
su respuesta17.
Las presiones de la Corte sobre el conde de Fuentes, que veía
peligrar su encomienda, y el moderantismo del conde de Morata,
aplazaron la protesta hasta el regreso de Felipe II a España, quien
convocó a los embajadores del Reino a Toledo18. Mientras, la situación
en Aragón se había complicado por el asesinato, el día de S. Pedro,
de varios familiares inquisitoriales y del cura de Plasencia, lugar del
Justicia de Aragón, cuando llevaban detenido a un morisco. La tensión
provocada por este episodio violento, y por otros semejantes, llevó a
los inquisidores a publicar un nuevo edicto –el de las armas– el 5 de
noviembre de 1559. Por él se prohibía a los moriscos tener y fabricar
“armas de fuego y asta”, o sea, arcabuces, ballestas, lanzas…, bajo
penas graves19.
La gestación del edicto fue compleja. A principios de julio
los inquisidores de Zaragoza dan parte al Consejo20, al inquisidor

15
Ibídem, pp. 129-130.
16
Ibídem, pp. 96-97.
17
Ibídem, p. 108.
18
Ibídem, pp. 110, 86 y 82.
19
Ibídem, pp. 88-89.
20
AHN, Inq., lib. 961, f. 624. Zaragoza, 7 de julio 1559.

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN CON LOS SEÑORES Y...

general21, a la regente y al propio rey. En la carta a la Suprema se


expresan con más libertad; el suceso ha mostrado que mientras estén
armados será imposible o muy difícil llevar a cabo la persecución
de los moriscos. “El remedio principal es que por manos del Santo
Oficio se les quitasen las armas y que no las puedan traer ni tener”,
y para ejecutarlo se podría mandarlo hacer a los señores. Ante la
esperable queja de estos de que necesitan tenerlos armados dada la
ausencia de justicia en el Reino, donde, dicen, “ius est in armis”, se
les podría responder “que ellos tuviesen las armas en sus fortalezas”,
como se había acordado hacía tiempo22, y se responsabilizasen de los
daños que pudiesen hacer a los ministros del Santo Oficio, ya que
los convertidos son “como esclavos suios”. Dudan, no obstante, de
que quieran aceptar esta propuesta.
La regente Juana, informada, ordenó al gobernador, suprema
autoridad real en el Reino en ese momento, que diese todo el apoyo
a los inquisidores, lo que no debía servir de mucho23. Por su parte, la
Suprema aceptó que era buena ocasión para desarmar a los moriscos.
A principios de octubre se acelera la toma de decisiones. Si el rey,
el día 9, responde que “lo mandará proveer muy en breve”24, el 12
la Suprema, después de haberlo consultado con Valdés, les ordena
que manden quitar las armas, pero que no se sepa que la decisión
proviene del Consejo25. El 5 de noviembre se publicó el edicto.
Con este segundo mandato el enfrentamiento de la Inquisición
con los diputados y los señores de moriscos se agudiza por la vía ju-
rídica: se presentó una apelación ante la Suprema y los inquisidores
debieron defenderse alegando que tenían el visto bueno del Consejo
y creían que del propio rey26. Mientras tanto, otro episodio violento
agrava el conflicto. Los inquisidores habían capturado, aplicando
21
Ibídem, f. 639. Zaragoza, 8 de julio 1559. En esta carta informan de haber escrito a la
Regente y al Rey.
22
Posiblemente se refieren a acuerdos de 1542, en época del inquisidor general Tavera,
que no llegaron a ponerse en ejecución. ACA, CA, leg. 221, 9/6.
23
María Soledad CARRASCO URGOITI: El problema morisco en Aragón…, p. 87.
24
Ibídem, p. 81.
25
Ibídem, p. 119. “Sin que se entienda que de acá se os ha scripto”.
26
La apelación, ibídem, pp. 127-129; las justificaciones del tribunal a Felipe II, ibídem,
pp. 117-119, Zaragoza, 4 de marzo 1560. Una carta en el mismo sentido al Consejo,
AHN, Inq., lib. 962, 17.

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RAFAEL BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO

el edicto, a varios moriscos de Mezalocha que portaban armas. Dos


señores, que tendrán protagonismo en todo el proceso, don Francés
de Ariño y Lope de Francia, como procuradores de los presos, apelan
al justicia de Aragón y obtienen un decreto de manifestación. Con
él, se presentan en la Aljafería, sede del tribunal, pretendiendo sacar
a los presos de las cárceles inquisitoriales o, en caso de que se ofrezca
resistencia, provocar una alteración por no obedecer al justicia27. Por
el momento no logran ni lo uno ni lo otro. Y pronto ambos acabarán
en las prisiones inquisitoriales, el primero en Toledo (2 de octubre
de 1560), el segundo en Zaragoza (3 de julio 1561), tras haber cesado
en su cargo de diputado.
El balance de estos episodios es un enfrentamiento entre el Santo
Oficio y las fuerzas vivas aragonesas: el justicia, los diputados y detrás
de ellos los señores que han asumido la defensa de sus vasallos de
forma interesada. Para el Reino, la Inquisición con esos edictos ha
desautorizado al justicia de Aragón y ha causado “grande quiebra y
lesión de los fueros y libertades”. En definitiva, se extralimitado en
sus atribuciones jurisdiccionales; ha decretado en asuntos que no son
de fe y herejía. Los inquisidores, por su parte, argumentan que al
estar armados los moriscos y contar con el respaldo de sus señores,
no pueden realizar libremente su función de garantes de la fe y la
ortodoxia. Y que ante la inhibición de señores y autoridades han te-
nido que reaccionar para garantizar el libre ejercicio del Santo Oficio.
Según escribe a Felipe II el gobernador de Aragón, se ha produ-
cido un conflicto entre dos jurisdicciones principales como son la
Inquisición y el justicia28. Pero no solo eso; los inquisidores sospechan,
y así lo afirman, que el Consejo de Aragón apoya a los señores que
han apelado de los edictos y piden que se tramite el asunto por la
Suprema29. En definitiva, el Santo Oficio se había metido en un
avispero del que resultará difícil salir. Y al propio Felipe II, haya
27
María Soledad CARRASCO URGOITI: El problema morisco en Aragón…, pp. 116-
117. Los Inquisidores de Zaragoza a Felipe II (s.f., finales de mayo).
28
Ibídem, p. 89. Zaragoza, 21 de noviembre 1559.
29
Ibídem, pp. 118-119. Zaragoza, 4 de marzo 1560. El enfrentamiento con el Consejo de
Aragón es duro. Escriben los inquisidores que no creen que se vaya a revocar el edicto
de las armas “porque al Consejo de Aragón no les parezca bien”, como se difunde por
Zaragoza. AHN, Inq., lib. 962, fol. 17.

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN CON LOS SEÑORES Y...

dado el visto bueno al edicto del desarme o no, le será difícil tomar
las decisiones oportunas en medio de las presiones exteriores y las
tensiones en el seno de las instituciones de la Monarquía.

LA INQUISICIÓN ARAGONESA: LÍMITES FUNCIONALES Y ACTIVA REPRESIÓN

A comienzos de los años 1560 el problema radica en preparar la


celebración de las Cortes a las que Felipe II está obligado para jurar
los fueros y ser jurado como rey. Para facilitar el desarrollo de la
reunión, antes de desplazarse a Aragón, deben negociarse las quejas
que el Reino tiene contra la actuación de los oficiales reales. Como
es lógico, la de la Inquisición motiva importantes protestas, no solo
por los edictos contra los moriscos sino también por el asunto de
los familiares.
El propio Felipe II tenía gran interés en apaciguar las tensiones
entre los señores y la Inquisición. A primeros de julio envió un
emisario real con una carta para los diputados en ese sentido; dos
de ellos acudieron a hablar con los inquisidores y aunque estos les
respondieron, como será una constante, que el asunto dependía del
inquisidor general y del Consejo, aceptaron establecer contactos
previos30. El encarcelamiento de don Francés de Ariño en julio de
1561 interfiere en la negociación. Los caballeros e hidalgos no quie-
ren nombrar representantes; acuden solo, en representación de los
nobles, tres condes, los de Fuentes, Aranda y Morata. Consiguen
romper la resistencia del tribunal a negociar y acuerdan reunirse
con los demás y redactar peticiones razonables. Pero la asamblea de
los señores se niega a tratar de los edictos mientras Lope de Francia
y Francés de Ariño estén presos; por lo menos piden hablar con
este último para conocer el motivo de su proceso. Los inquisidores
acaban aceptándolo, siempre que estén ellos presentes, a lo que los
Diputados se niegan. A principios de agosto de 1561 se interrumpen
las conversaciones; los condes se excusan en que no han podido llegar

30
Hay varias cartas fechadas el 22 de julio, al Consejo y al Inquisidor General; la del
inquisidor Llano de Valdés a este último es la más interesante. Ibídem, fols. 55, 74 y
89 respectivamente.

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a acuerdos con sus consortes, que prefieren apelar a Roma31. Poco


después, los Diputados escriben al inquisidor general demandando
que se acelere la resolución del proceso32. A raíz de esto, y alegando
la arrogancia de los moriscos, que van armados públicamente, la
Inquisición con acuerdo del Consejo, pasa a perseguir la tenencia
de armas con cierta moderación33.
El interés del rey hace que en febrero de 1562 se intente de nuevo
llegar a un acuerdo a través del propio Francés Ariño, que tiene una
“carcelería” suave. Una vez más el tribunal no quiere manifestar gran
interés, para salvar la cara, ya que van diciendo por Zaragoza que le
tienen preso al igual que a Lope de Francia como medida de fuerza
para alcanzar una concordia34. A pesar de las buenas esperanzas que
se tienen, se va a comprobar de inmediato, a principio de marzo,
que las parcialidades y las divisiones entre los señores, en especial
entre los nobles, hacen imposible el acuerdo35.
Así pues, no se pudieron suavizar las relaciones antes de las
Cortes de 1563-1564, y en ellas se presentaron quejas alegando que
los edictos dados contra los moriscos afectaban a cuestiones que no
eran de la jurisdicción inquisitorial. La respuesta de Felipe II fue
que a su vuelta a Castilla trataría con detenimiento el asunto con el
inquisidor general y el Consejo y proveería lo que conviniese. Una
vez más dio largas al problema36.
No obstante, en los años siguientes se lleva a cabo un amplio
debate sobre la actuación del Santo Oficio en Aragón. Por lo que
aquí nos interesa, hay que señalar que los inquisidores responden
a las quejas del Reino aportando una amplia relación de episodios
violentos protagonizados por los moriscos en contra de los oficiales
inquisitoriales, los curas o los que han denunciado su islamismo.
Denuncian también la falta de colaboración de los señores, que
31
Ibídem, lib. 962, f. 86. Zaragoza, 4 de agosto 1561. Llano de Valdés al Inquisidor
General.
32
Ibídem, fol. 49. Zaragoza, 10 de noviembre 1561.
33
Ibídem, fols. 71-72. Los inquisidores al Inquisidor General. Zaragoza, 26 de noviem-
bre 1561.
34
Ibídem, fol. 117. Zaragoza, 18 de febrero 1562. Llano de Valdés al inquisidor general.
35
Ibídem, fol. 116. Zaragoza, 4 de marzo 1562. Llano de Valdés al inquisidor general.
36
María Soledad CARRASCO URGOITI: El problema morisco en Aragón…, pp. 142-
144, 153.

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN CON LOS SEÑORES Y...

son los que les animan a apelar contra la Inquisición y les fuerzan a
contribuir económicamente para ello. Por esta causa han dejado de
aplicar los edictos37.
Además, la Suprema envió a Soto Salazar a visitar el tribunal de
Zaragoza y, cabe suponer, a negociar in situ con los Diputados. Estos,
en 1566, presentaron unas peticiones para que no se pudieran dar
edictos por el Santo Oficio sin intervención y acuerdo del prelado
ordinario, y que en caso de publicarse fueran nulos38. Los inquisi-
dores respondieron que esa petición iba en contra de la antiquísima
costumbre y solo pretendía limitar su jurisdicción, como ya se había
planteado en las Cortes de 1512. Y achacaban a los diputados no
representar la opinión mayoritaria de los pueblos, sino solo la voz
de los señores que gobernaban la Diputación39.
Al año siguiente, 1567, volvieron a pedir modificaciones importan-
tes en la práctica procesal, con una mayor intervención del ordinario
a la hora de realizar detenciones y comenzar la causa. Esta debería
despacharse con rapidez y con posibilidad de apelar. Los inquisidores
se remitieron a la práctica tradicional y además aportaron doctrina
jurídica demostrando que no cabía ejercer el derecho de manifesta-
ción en delitos de fe, como en el caso de los moriscos de Mezalocha,
que había motivado el procesamiento de Lope de Francia y de D.
Francés de Ariño40. Finalmente, en 1568 se llegó a una importante
concordia referida sobre todo a la red de comisarios y familiares del
Santo Oficio en el Reino de Aragón, que implicaba, sobre el papel,
una limitación a su actuación41. Contra la cual reaccionaron los
inquisidores con una extensa alegación42.

37
Ibídem, pp. 144-152.
38
Ibídem, pp. 153-154.
39
Ibídem, pp. 154-156.
40
Ibídem, pp. 156-159.
41
Jaime CONTRERAS: “La Inquisición de Aragón: estructura y oposición (1550-
1700)”, Estudios de Historia Social, 1 (abril-junio 1977), pp. 113-141. Y el reciente traba-
jo de Porfirio SANZ CAMAÑES: “Conflictos de jurisdicción. Estamento eclesiástico
e Inquisición en el Aragón de la Edad Moderna” en Francisco José ARANDA PÉREZ
(coord.): Sociedad y élites eclesiásticas en la España Moderna, Cuenca, Ediciones de la
Universidad de Castilla-La Mancha, 2000, pp. 315-343; en especial las pp. 324-335.
42
María Soledad CARRASCO URGOITI: El problema morisco en Aragón…, pp.
159-164.

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RAFAEL BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO

¿Puede decirse que el enfrentamiento había concluido en tablas?


Posiblemente sí. El edicto de las armas estaba bloqueado en los trá-
mites judiciales, pero cuando los inquisidores prendían a un morisco
con armas se las confiscaban, sin imponerle las duras penas en aquel
fijadas. Y a partir de 1566, desde cuando contamos con series de rela-
ciones de causas, la presión represiva fue muy alta. En el quinquenio
1566-1570, los 174 moriscos procesados supusieron un 51,8% del total.
La intensidad de la represión conoció diversas oscilaciones, motivadas
en parte por la propia política morisca de la Monarquía, en la que
a su vez influían los intentos de negociación. Así, en el quinquenio
1571-1575, en que las negociaciones fueron intensas como vamos a
ver, el número de moriscos procesados quedo reducido a una tercera
parte, y su porcentaje descendió al 24%. A partir de aquí, y hasta la
expulsión, los moriscos fueron siempre más de la mitad del total y
en algunos lustros (1581-1585 y entre 1596 y 1610) más del 70%, con
un número importante de procesados. La tortura, la reconciliación e
incluso relativamente el porcentaje de relajados (4,3% sobre el total
de condenados) fueron altos43.
El tribunal de Zaragoza llevó a cabo su tarea represiva sobre la
minoría morisca, pero le quedó el resquemor de haber perdido, de
momento, su desafío jurisdiccional en el asunto del desarme. Y debe
recordarse, como contraste, que la Monarquía había podido efectuar
sin mayor problema un sorpresivo desarme, con respaldo de los
señores, en el Reino de Valencia a principios de 156344.

43
Las cifras provienen de Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “La Inquisición
ante los moriscos”, en Joaquín PÉREZ VILLANUEVA y Bartolomé ESCANDELL
BONET (dirs.): Historia de la Inquisición en España y América, Madrid, BAC, 1999,
vol. III, pp. 611-652, en especial pp. 733-735, donde se indican las fuentes. Sobre la
Inquisición aragonesa, he consultado la tesis inédita de Jaqueline FOURNEL-GUE-
RIN: Les morisques Aragonais et l’Inquisition de Saragosse, (1540-1620), Université Paul
Valéry a Montpellier, 1980. Y de la misma autora, “L’Inquisition de Saragosse” en
Louis CARDAILLAC: Les morisques et l’Inquisition, Paris, Publisud, 1990, pp. 171-187.
44
Rafael BENÍTEZ: Heroicas decisiones…, pp. 176-181.

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN CON LOS SEÑORES Y...

INQUIETUD DURANTE LA GUERRA DE GRANADA

Como es bien sabido, la guerra de Granada supone un cambio im-


portante en la visión que la sociedad mayoritaria tiene de la mino-
ría morisca, y en las relaciones entre ambas. Durante el conflicto la
Inquisición aragonesa muestra un gran temor a unos moriscos que
considera muy armados y con ánimo levantisco desde hace algún
tiempo, alentados por el avance turco. A comienzos de 1569 el in-
quisidor Llano de Valdés escribe al rey manifestándolo y presionan-
do para que se ordene a los señores que desarmen a sus vasallos45.
Insiste también ante el Consejo: al parecer los señores de moriscos
han tratado entre ellos de desarmarlos, aunque luego ha quedado
en nada. El inquisidor opina que es buena ocasión para hacerlo
y para que el rey se lo ordene, pero que si ellos no están dispues-
tos debería realizarse por medio de la Inquisición46. Son numerosas
también las peticiones para que se refuerce la Aljafería47.
Conviene recordar que será durante la guerra de Granada cuando
el tribunal de Valencia, que había retomado la jurisdicción sobre los
moriscos, negocie una concordia renunciando a la confiscación de
bienes y a multas de cuantía a cambio de un subsidio económico. Se
igualaba, así, en 1571, a lo que la de Zaragoza había firmado dieciséis
años antes. Lo que debe destacarse de este caso es que el acuerdo
provoca una ruptura entre los señores valencianos, interesados en
recuperar el dominio útil de sus vasallos condenados, como marcaba
el fuero, y los moriscos que querían evitar pura y simplemente la
confiscación de sus tierras48.

45
British Library, Egerton [en adelante BL, Eg.], 1510, 142, s. f.
46
Ibídem, 136-137. Zaragoza, 9 de febrero 1569. Escribe también a Felipe II, sin referirse
a un posible desarme por medio del Santo Oficio (ibídem, 138). El 24 de marzo es-
cribe a Quiroga insistiendo en la posibilidad de un levantamiento, de lo que también
ha informado al Rey. Archivo de la Corona de Aragón, Consejo de Aragón, leg. [en
adelante: ACA, CA,] 221, 11/4.
47
Ibídem, 139-140, 143. Zaragoza, 24 y 25 de enero 1569.
48
Rafael BENÍTEZ: Heroicas decisiones…, pp. 252-264.

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RAFAEL BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO

LA INTRANSIGENCIA DE QUIROGA

Tras la guerra, se producen diversos episodios de temor, que llevan a


plantear, en diversas juntas celebradas en Lisboa en 1582, la convenien-
cia de proceder a la expulsión de los valencianos, aunque Felipe II se
resistirá a aceptar las propuestas49. Por otra parte, la dirección de In-
quisición española a partir de 1573, y hasta su muerte en 1594, estará
al cargo de Gaspar de Quiroga, primero obispo de Cuenca y luego
arzobispo de Toledo y cardenal50. Su postura hacia los moriscos va a
irse endureciendo con el tiempo, haciendo oír su voz en contra de
ellos en el Consejo de Estado y oponiéndose en el de Inquisición a
hacer concesiones.

EL DESARME DE 1575: ENFRENTAMIENTO ENTRE EL CONSEJO DE ARAGÓN


Y EL SANTO OFICIO

Un primer momento de gran temor se desarrolló en el bienio 1574-


1575. Se temía un levantamiento morisco en Aragón y Valencia
coincidiendo con el incremento de la presión otomana en el Me-
diterráneo tras Lepanto, y con la presión hugonote en la frontera
francesa51. Antes del estallido de estos miedos, varios miembros de
la élite morisca de Zaragoza (Alexos de Albariel, Miguel Pex, Geró-
nimo de Gali y Joan de Vellito) pidieron permiso en julio de 1574
para poder reunirse los representantes de las comunidades moris-
cas y solicitar una nueva gracia, dado que hubo bastantes que no
gozaron de la anterior, como hubiera convenido al descargo de sus
conciencias52. Si bien inicialmente la Suprema niega de forma ta-
jante que se les dé licencia para juntarse, a principios de 1575 los
inquisidores de Zaragoza no ven problema en que vayan a la Corte

49
Ibídem, pp. 325-351.
50
Henar PIZARRO LLORENTE: Un gran patrón en la corte de Felipe II. Don Gaspar
de Quiroga, Madrid, Universidad Pontificia de Comillas, 2004.
51
Rafael BENÍTEZ: Heroicas decisiones…, pp. 286 y ss.
52
BL, Eg., 1510, 210-212.

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN CON LOS SEÑORES Y...

a presentar y tratar sobre las peticiones que han hecho, y finalmente


el Consejo lo autoriza53.
A la solicitud de una nueva gracia añaden ahora el deseo de de-
fenderse de “siniestras informaciones” de que han festejado la pérdida
de La Goleta54. Quieren mostrar al rey su lealtad y fidelidad a través
de los principales moriscos del Reino, con el respaldo del conde de
Sástago. Entre los firmantes están, junto a Alexos Albariel, Juan Al-
bariel, de Zaragoza; Jerónimo Çafar, de Huesca; Miguel Compañero, de
Calanda, y Monferriz, de Híjar. Este afán conciliador de la élite morisca
se va a ver comprometido por un “cartel” aparecido en Calatayud en
febrero de 1575 con graves amenazas para los cristianos-viejos55. Felipe
II tomará las decisiones en estrecha relación con dos personajes de su
confianza para los asuntos de la Corona de Aragón, e integrantes de
su Consejo, Bernardo de Bolea, vicecanciller, y el conde de Chinchón,
Tesorero. Ante el temor a que se pueda producir un estallido como
el de Granada se duda si es más conveniente actuar o esperar. Bolea
plantea la conveniencia de escribir a los señores aragoneses para que
ellos desarmen a sus moriscos. El rey por el momento parece dudar,
aunque no tiene inconveniente en recibir a los enviados moriscos,
e incluso en permitir que vengan más a la Corte a reunirse en ella.
Era una forma de tener controladas a “las cabezas”56.
Cuando la Suprema se entera, a través del Vicecanciller y del
conde de Chinchón, de la propuesta de que sean los señores quienes
desarmen a los moriscos, estalla de indignación, y así se lo hace saber
a Quiroga. Estando pendiente la resolución judicial del proceso de
apelación sobre el edicto de las armas, ordenar el desarme por medio
de los señores supone “desautorizar al Santo Oficio”, máxime sin
haberlo consultado con la Suprema y con el inquisidor general57. El
choque con el Consejo de Aragón, tal vez larvado en el inicio de la
53
Negativa de la Suprema a los inquisidores de Zaragoza (22 de agosto 1574; AHN,
Inq., lib. 326, f. 203); a estos les parece conveniente darles permiso (31 de enero 1575;
BL, Eg., 1510, 221-222); el Consejo autoriza su ida a la Corte (19 de febrero 1575;
AHN, Inq., lib. 326, ff. 241v-242).
54
BL, Eg., 1510, 225. Zaragoza, 31 de enero 1575.
55
Consulta del Consejo de Estado a Felipe II, Madrid, 3 de marzo 1575. BL, Eg., 1834, 1-2.
56
Mateo Vázquez a Felipe II, 6 y 8 de marzo 1575, con respuestas autógrafas del rey.
Ibídem, 3-6.
57
AHN, Inq., lib. 326, f. 250. El Consejo a Quiroga, 22 de marzo 1575.

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RAFAEL BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO

crisis del desarme, se hace ahora manifiesto. Pero al Santo Oficio


no le quedó más remedio que aguantarse el malestar y aceptar la
decisión real58.
El éxito del resultado depende de quien lo valore. Para Bernardo
de Bolea el desarme se ha realizado “con mucho sosiego y quietud”,
encontrándose 5.406 armas, de ellas sólo 3.053 arcabuces, y el resto
961 ballestas y 1.392 armas de asta, y dejando solo de colaborar tres
señores: el duque de Villahermosa, el conde de Aranda y D. Fran-
cés de Ariño59. Para la Inquisición, como se manifiesta en informes
posteriores, fue “cosa de burla” y “no a sido negocio que a tenido
efecto ni substancia alguna” ya que han entregado las armas inútiles
y se han quedado con las buenas60.
También por esas fechas, abril de 1575, el Consejo de Aragón pre-
sionó al de Inquisición, y al rey, para que se otorgase edicto de gracia
a los moriscos. Al parecer había sido el nuevo virrey de Aragón, el
conde de Sástago, quien para animarles a entregar las armas les había
prometido la concesión de la gracia, sin contar con la Inquisición. No
conocemos cuál fue la primera reacción de esta, ya que la Suprema
optó por enviar a uno de sus miembros a exponérsela personalmente
al Monarca61: si era negativa, como cabe suponer, pronto tuvo que
plegarse a la decisión del rey. Los inquisidores recibieron la orden de
estar en contacto con el virrey, manteniendo como “principal capítulo”
de la negociación que para otorgar el edicto de gracia deben entregar
todas las armas de “tiro y asta”, bajo la pena de no poder gozar de la
gracia y de ser castigados por el Santo Oficio62.
La inquina del tribunal de Zaragoza hacia el virrey Sástago, pro-
vocada por cuestiones protocolarias63, se incrementó al conocer las
peticiones de los moriscos. Volvían a solicitar que la confesión pudiera
hacerse en el fuero interno, con sus curas o confesores particulares;
58
Es lo que el Consejo, con carta de Felipe II, ordena al tribunal. Primero de abril 1575.
Ibídem, f. 252.
59
ACA, CA, 221, 11/32. Sobre la actuación de Bolea en esta crisis: Rafael BENÍTEZ:
Heroicas decisiones…, pp. 264-310.
60
AHN, Inq., lib. 963, f. 494-495. El inquisidor Haedo a Quiroga.
61
Suprema a Felipe II, 26 de abril 1575. AHN, Inq., lib. 326, ff. 254v-255.
62
Consejo a inquisidores de Zaragoza, Madrid, 11 de mayo 1575. Ibídem, f. 258v.
63
Se explican en carta de 29 de junio. Archivo del Instituto de Valencia de Don Juan
(Madrid), Envío 8, t. III, Caja 13 [En adelante IVDJ, E. 8 (III) C. 13], n.º 44.

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN CON LOS SEÑORES Y...

que solo pudieran ser presos con dos testigos contestes de haber co-
metido delito de herejía y apostasía; que las causas se determinasen
en un plazo de seis meses; que ni a la primera ni a la segunda recaída
se les condenase a relajación, galeras o azotes64. La Suprema se negó
en rotundo a aceptar estos cambios procesales que chocaban con lo
ordenado en las instrucciones, y dificultaban especialmente acabar
con las complicidades por medio de las denuncias cruzadas y del
sutil juego de alargar o acortar el ritmo del proceso. Tampoco estaba
dispuesta a renunciar a los castigos corporales, lo que, al no haber
confiscación de bienes ni casi penas pecuniarias, hubiera significado
dejar los delitos impunes. Ni por supuesto se acepta la demanda de
confesarlos en el fuero de la conciencia, lo que además de ir contra el
fundamento de la Inquisición, le impedía llevar un registro procesal,
arma básica para el control futuro.
Aprovechan, además, los inquisidores de Zaragoza para atacar
al conde de Sástago: habría prometido el edicto de gracia y respal-
dado las peticiones de los moriscos, para aparecer como el artífice
del desarme. Se rumorea que a cambio los moriscos han avalado un
préstamo de 25.000 libras con que dotar a su hijo. Y, además, sacan
a relucir que su bisabuelo fue condenado por estar implicado en la
muerte del inquisidor Pedro de Arbués65.
En respuesta a esas peticiones maximalistas, el 22 de agosto el
Consejo fijó las condiciones para dar un edicto de gracia en la forma
habitual. Deberían pedirlo y se les otorgaría si entregaban las armas
y no volvían a tenerlas66. En este momento, la Inquisición rechazaba
dignamente las ofertas económicas que tan bien le vendrían. A esta

64
La Suprema a Felipe II. AHN, Inq., lib., 100, fol. 237.
65
Ibídem Y también el inquisidor Haedo a Quiroga, Zaragoza, 28 de junio 1575, ibí-
dem, lib. 963, fols. 494-495.
66
El Consejo a los inquisidores de Zaragoza. Ibídem, lib. 326, fols. 282v-283v.

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RAFAEL BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO

determinación del 22 de agosto se remitirá en el futuro al plantear


las condiciones para la concesión de un nuevo edicto de gracia.

REPRESIÓN INQUISITORIAL Y NEGOCIACIÓN CON LAS ÉLITES MORISCAS

Un buen ejemplo de cómo se desarrollaban las negociaciones, en


este caso con los moriscos, nos lo dan las que se llevan a cabo en
esta coyuntura con los de Zaragoza y Calanda, señorío del conde
de Fuentes. A partir de mediados de septiembre de 1575, de nuevo
los “principales” de Zaragoza entablan conversaciones67. El 17 de
septiembre acuden a la Aljafería y plantean una petición genérica
de gracia a los inquisidores68. Estos les piden que muestren el poder
que tienen para firmar acuerdos. Alegan los representantes que no
lo tienen porque, como está ordenado en el edicto de las “juntas” de
1558, no se pueden reunir sin permiso. Explican que la última vez lo
hicieron en la iglesia de San Francisco, como acostumbraban antes
del edicto. Por aquellas fechas se presentaron también los de Calan-
da con el mismo objetivo. El tribunal consultó con la Suprema la
petición, preguntando además si debían negociar con ellos o espe-
rar a que los demás se sumaran. De momento se autorizó la reunión
de los de Zaragoza, pero en presencia del fiscal del tribunal (se daba
por supuesto que los de Calanda se reunían para los asuntos mu-
nicipales, pero eso quedaba fuera del control de los inquisidores)69.
A mediados de octubre se reunieron ambas asambleas vecinales y
otorgaron los poderes correspondientes, que se presentaron a los
inquisidores de inmediato. En un nuevo intercambio de cartas, la
Suprema aceptaba que se concediera la gracia con las condiciones
expresadas el 22 de agosto. En los pasos siguientes, la actuación de
los de Zaragoza y los de Calanda difiere; mientras estos últimos, por
boca de Miguel Compañero, están dispuestos a aceptar cualquier
condición, y se comprometen a entregar las armas, los primeros

67
Son, esta vez, Alexos Albardiel, Juan Royo, Jerónimo de Gali, Miguel del Pex y
Alexandre el Royo.
68
BL, Eg., 1510, 238-240.
69
AHN, Inq., lib. 963, fol. 431. Zaragoza, 26 de septiembre 1575. Respuesta del Consejo
anotada al margen. Y también ibídem, lib. 326, fol. 295, Madrid, 3 de octubre.

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN CON LOS SEÑORES Y...

contestaron, el 12 de noviembre, “que lo tratarán y comunicarán


con sus principales y responderían”. Una semana después compare-
cen y dicen que las aceptan. Solicitan, no obstante, no como con-
dición sino como gracia especial, que no se impongan tan graves
castigos si alguno por ignorancia tuviese armas después: que no
pierda el gozar de la gracia. Solicitan también que los que tienen
por oficio fabricar pólvora, arcabuces o ballestas puedan seguir
con sus oficios, bajo control, para no morir de hambre. Consulta-
das con la Suprema, ninguna de las dos demandas será aceptada.
También pidieron poder llevar espadas, algo no comprendido en
el edicto, por lo que se les responde que no corresponde al Santo
Oficio determinarlo70.
Hay que destacar que los inquisidores de Zaragoza tienen espe-
ranzas de que si “el barrio morisco” de Zaragoza acepta el acuerdo
se sumarán muchos otros lugares además de Calanda. El deseo de
los inquisidores tropieza con el Consejo. Un año más tarde, el 22
de diciembre de 1576, los de Calanda insisten en su petición; el
tribunal, interesado en lograr el acuerdo, para “yr allanando esto de
las armas aunque sea poco a poco”, debe remitirlos a que lo soliciten
ante la Suprema71. En octubre de 1577 se dará la misma contestación
a los de Zaragoza72. Llama la atención que estos designen como su
representante en la Corte al inquisidor Arias de Reinoso para que
en su nombre negocie con el Consejo. La escueta respuesta de la
Suprema será que se espere hasta ver si hay más peticiones de otros
lugares73. La política dilatoria del Consejo no desanimó a los de
Zaragoza, que a mediados de 1579 solicitaron permiso para reunirse
los síndicos de los lugares de realengo y de la Iglesia (“porque con los
señores no se atrevían a tratar cosa alguna”) para hablar de la gracia.
En esta ocasión son los inquisidores los que ven peligroso permitir

70
BL, Eg., 1510, 240-243.
71
AHN, Inq., lib. 963, fol. 520. La respuesta del Consejo en el margen.
72
Ibídem, lib. 964, fol. 159.
73
BL, Eg., 1510, 256-257. Intervienen 22, entre ellos seis de la familia Gali, tres de los
Allabar, dos Albariel y Joan Companyero menor. La súplica de Arias de Reinoso al
presentar la petición (ibídem, fol. 254) no consiguió nada.

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RAFAEL BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO

una junta tan amplia y prefieren que se reúnan en cada lugar para
hacer los poderes necesarios74.

LAS RAZONES DE LOS MORISCOS

El gran interés que manifiestan los moriscos de Zaragoza y Calanda


por lograr un edicto de gracia en estos años se explica por la presión
a que las élites de ambas localidades estaban siendo sometidas por
el Santo Oficio. Un pasaje de una carta de los inquisidores, de 19
de noviembre de 1575, aporta una clave fundamental. Piden que se
pueda dar “en fiado un Juan Conpañero, morisco del dicho barrio
[de Zaragoza], que está presso desde el mes de junio del año de
setenta e quatro”. Como hemos visto, un mes más tarde los del
“barrio” acudían ante el tribunal pidiendo negociar. Juan Compa-
ñero era el líder de la comunidad morisca zaragozana, gozaba de
gran riqueza e influjo, estuvo relacionado con algunas de las tramas
conspiratorias de aquellos años y tenía en su casa escondidos gran
cantidad de libros islámicos. Había sido denunciado, entre otras
cosas, porque “persuadió a una moça que no depusiesse en este San-
to Officio contra un hermano suyo de Calanda”. Para el tribunal, la
testigo no es de confianza, y por eso, y para facilitar la negociación,
proponen que se le dé libertad bajo fianza75.
Sin poder aquí tratar ampliamente la persecución inquisitorial
contra esta familia, que se desarrolla hasta vísperas de la expulsión76,
quiero destacar que muchos de los firmantes de las peticiones de
estos años serán juzgados y condenados por la Inquisición, como
resultado de las denuncias cruzadas entre unos y otros. El propio
Juan Compañero compareció, junto con familiares y criados, en el
auto de fe de 13 de marzo de 1581. Recibió una condena suave de

74
El Consejo al tribunal de Zaragoza, Madrid, 16 de junio. AHN, Inq., lib. 327, f. 211v.
Respuesta, Zaragoza, 20 de julio. Ibídem, lib. 964, ff. 363-364.
75
BL, Eg., 1510, 244-245. Si inicialmente la Suprema se niega, luego cambian de opinión
y dan permiso.
76
La trata Jaqueline FOURNEL-GUERIN : Les morisques Aragonais et l’Inquisition...,
cap. 3, Le chatiment des notables morisques: la famille Companero; y en “L’Inquisition
de Saragosse”, p. 177. Bastantes de los reos reconciliados en 1581 serán relajados años
más tarde.

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN CON LOS SEÑORES Y...

reclusión en un monasterio, igual que su mujer, Anna Navarro,


que se salvó de la relajación al confesar y denunciar a sus cómplices
durante el tormento. Junto con ellos figuró Cándida Compañero,
hermana de Juan, cuyo marido, Jerónimo Çafar, de Huesca, uno
de los firmantes, será relajado en el siguiente auto de fe, el de 5 de
abril de 1582. Les acompañaba Gracia Navarro, casada con Enrique
Compañero, y cuñada de Juan; Jerónimo de Gali, criado de Juan
Compañero; Felipe de Gali, maestro de obras de la Aljafería; María
Albariel, hija de Alexos Albariel, otro de los firmantes habituales,
y mujer de Gabriel Çafar; Gracia Escandarte, mujer de Gabriel de
Pex; Luis Monferriz, de Híjar, entre otros77.
Por si no quedará suficientemente de manifiesto la estrecha
relación entre las insistentes peticiones de gracia de los propios
moriscos en estos años y la represión inquisitorial a la que se ven
sometidos, la confesión de Juan Compañero, menor, hijo de Juan
y de Anna, no deja lugar a dudas. Reconciliado en 1581, durante su
estancia en la cárcel había intentado escapar: “Reconociéndole una
mañana se halló que había deçerrajado y rompido la puerta de la
cárcel. Confesó haverlo hecho con intento de salirse e ir a Sevilla y
aguardar si se concedería la gracia que se procurava y, concediéndose,
venir a gozar della” 78.

LA CERRADA NEGATIVA DE QUIROGA

A fines de noviembre de 1579, el conde de Aranda y don Pedro de


Alagón, hermano del virrey, presentaron una petición para que se
permitiera a los moriscos desplazarse sin necesidad de los “volan-
tines” con los que los inquisidores les debían autorizar. Se trata
de otro de los edictos prohibitivos que habían sido objeto de dis-
puta jurídica, y contra el que ahora además alegan por motivos
77
La relación de causas del auto de fe de 13 de marzo de 1581, en AHN, Inq., lib. 988,
fols. 479-519. En ese libro están también las de los autos de 9 enero 1572, en que apa-
rece una Isabel de Pex (f. 182v); el de 16 noviembre 1579, con Juan de Gali, criado de
Juan Compañero (fols. 460v-461) y bastantes condenados de Calanda, de la familia
Samperuelo. Las del auto de 5 abril 1582 están en el lib. 989.
78
AHN, Inq., lib. 988, fol. 518v. Será relajado por relapso en el auto de fe de 5 abril 1582,
a los 23 años de edad. Ibídem, lib. 989, fol. 22v.

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RAFAEL BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO

económicos. El Consejo recomienda a los inquisidores “que por


ahora vayan disimulando”79. No quedó en esto el asunto; los señores
celebraron varias reuniones y acudieron al arzobispo de Zaragoza,
Andrés Santos, que pocos años antes, entre 1575 y 1578 había sido
inquisidor en Aragón80. Se quejaban no solo de los salvoconductos
para desplazarse sino también sobre otras cosas en “que no se les
guardava lo que se les offreçió quando ganaron la graçia” a pesar de
que pagaban lo acordado. Después de varias entrevistas, incluso con
los inquisidores, querían realizar una reunión general de los señores
de moriscos para tratar además de la instrucción cristiana y de si se
podría solicitar una nueva gracia. El arzobispo, al que han invitado
calurosamente a participar, considera que puede ser conveniente
que acuda para tratar de moderarles y para conocer sus intencio-
nes81. El conde de Chinchón, al que Felipe II consulta, es de la
opinión que se trate de impedir la reunión, pero si no es posible le
parece conveniente que el arzobispo vaya y actúe de intermediario
con los inquisidores82.
El desprestigio causado por la crisis de 1574-1575 y la constatación
de cuáles eran las raíces del interés de las élites por lograr un edicto de
gracia había llevado al Consejo a una cerrada negativa a concederla
a los moriscos, postura que se reforzará en los años siguientes. Esta
posición intransigente del Santo Oficio podemos verla reflejada en
el largo memorial para la Suprema que redacta el inquisidor de Zara-
goza Soto Salazar en julio de 1580, muy posiblemente en respuesta a
estas demandas de los señores83. Explica que solo ha habido un edicto
de gracia, el de 1555. Pasa revista a diversos casos problemáticos de
relapsía, derivados de su aplicación, en los que el tribunal permitió
una nueva reconciliación, como en el edicto se daba a entender, pero
en los que la Suprema hizo cambiar la sentencia a relajación. Esto
79
Ibídem, lib. 964, f. 359. Los inquisidores de Zaragoza al Consejo; 1 de diciembre 1579.
Respuesta marginal de la Suprema a una justificación dura de aquellos en defensa
del edicto.
80
Juan Ramón ROYO GARCÍA: “Los arzobispos de Zaragoza a fines del siglo xvi.
Aportaciones a sus biografías”, Revista de Historia Jerónimo Zurita, 65-66 (1992), pp.
53-66.
81
IVDJ, E. 8 (III) C. 13, n.º 1. Andrés Santos al Rey, Zaragoza, 10 de febrero 1580.
82
Ibídem, n.º 3.
83
BL, Eg.,1510, 266-269. Responde a una carta del Consejo de 16 de julio.

5 198

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN CON LOS SEÑORES Y...

nos pone sobre la pista de una posible interpretación de la gracia


por parte de los moriscos como de una salvaguarda para no temer al
Santo Oficio en recaídas sucesivas y de cuáles podían ser esas cosas
“en que no se les guardava” lo ofrecido. En cuanto a la utilidad de
otorgar un nuevo edicto de gracia para facilitar su conversión, cree
que no servirá para nada. Están aferrados al islam y únicamente la
dureza de la represión ha hecho que se moderen en sus manifesta-
ciones exteriores. Aunque tampoco, continua Soto Salazar, estorba
otorgarles la gracia, ya que servirá para poder condenarles más fá-
cilmente en caso de reincidencia. Eso sí, la condición indispensable
es la entrega de todas las armas de tiro y asta, como se aprobó en 22
de agosto de 1575.
A mediados de 1580, coincidiendo con el memorial de Soto Car-
vajal, los señores se reunieron con el virrey Sástago y con el arzobispo
Andrés Santos, para tratar de la situación de los moriscos. Lope de
Francia, a quien volvemos a encontrar, explica en una carta, de 8 de
marzo de 1581, al inquisidor general cómo, viendo el poco resultado
de la represión inquisitorial para lograr la conversión, decidieron
enviarle a él de embajador para tratar de encontrar remedio. Con-
sideran que al estar presos por el Santo Oficio los lideres moriscos,
sería fácil llegar a un acuerdo. El objetivo, escribe, es “que de extremo
miedo y odio hubiesse medios para venir a amor y conformidad y
sosiego” en el Reino. Para ello era conveniente aplazar el auto de fe
que estaba anunciado para el 13 de marzo84. Después de ver quiénes
serán condenados en ese auto resulta evidente el interés de esos líderes
moriscos en la negociación en vísperas de conocer las sentencias.
Este se celebró como estaba previsto “con gran contento del
pueblo” que acudió de todas partes del Reino85. Poco después, el 2
de abril, el arzobispo de Zaragoza escribía al inquisidor general. A
raíz del auto de fe ha tratado de convencer a los señores de moriscos
que promueven las peticiones de gracia de sus vasallos para que no
se limiten a esto, sino que planteen de forma más amplia la pacifica-
ción del Reino y la entrega de las armas. Anima a Quiroga a que les
84
BL, Eg., 1511, 1-2.
85
AHN, Inq., lib. 964, fol. 601. Los inquisidores de Zaragoza al Consejo, 13 de marzo
1581.

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RAFAEL BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO

responda, ya que una alianza con ellos haría comprender a los moriscos
que no les apoyarían mientras no modificasen su comportamiento
religioso86. Algo semejante escribe a Felipe II: sería la ocasión para
tratar globalmente del remedio de “tan pobre gente” y de pacificar el
Reino. Convendría, para ello, que el rey ordenara a los señores que
se reunieran con los inquisidores. Concluye con la misma idea: que
vean que mientras no cambien su vida “no les han de favorecer”87.
En definitiva, el objetivo era romper el ciego respaldo señorial a sus
vasallos, quienes al ver que aquellos cedían en el tema del desarme,
y que la Inquisición no cejaba en su represión, se avendrían a pedir
y acudir a un edicto de gracia como paso para una conversión ver-
dadera, y no solo como forma de escapar a las penas.
Al Consejo le parecía bien el plan de desarmar a los moriscos por
orden del Santo Oficio. Evidentemente, hubiera permitido salir del
callejón sin salida en el que por entonces estaban. Así se lo hicieron
saber al Inquisidor General al que recomendaban responder agra-
deciendo la buena voluntad de los ofrecimientos que habían llegado
de Aragón. La respuesta de Quiroga fue cortante: había remitido el
asunto al rey y al Consejo de Estado y agradecido de palabra a Lope
de Francia88.
Los nobles aragoneses no se dieron por vencidos ante el silencio.
El 15 de mayo escribieron a Felipe II, dándole cuenta de todo; nos
enteramos así que había habido una primera carta el 2 de febrero,
en la que transmitían al monarca la buena disposición de los moris-
cos para enmendarse, incluso se ofrecían a pagar predicadores que
les evangelizasen. Habían pedido, a través de su enviado Lope de
Francia, una nueva gracia ya que la anterior “se entendió tan mal
por ellos”. Según dicen, Quiroga estaba dispuesto a apoyarlo, pero
era el propio rey el que desconfiaba de sus intenciones al haber sido
informado de que solo la pedían “para estar más pertinaces en sus
errores”. En conclusión, para no molestar al monarca solicitaban que

86
AHN, Inq., lib. 597, fol. 83.
87
BL, Eg., 1511, 3. Zaragoza, 11 de mayo 1581.
88
AHN, Inq., lib. 597, fol. 82. Madrid, 14 de abril.

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN CON LOS SEÑORES Y...

este ordenara a Quiroga tratar con ellos el asunto, fuera la solución


un edicto de gracia u otra que pareciese mejor89.
La respuesta del Santo Oficio fue muy dura. Escriben a Felipe II
reafirmándose en su opinión de que solo pretenden gozar de la gracia
para que los que están siendo procesados escapen del castigo y para
librar a los ya condenados. Lo único que se conseguiría concediéndo-
selo es hacerles más recalcitrantes. En cuanto a la entrega de las armas
por medio del Santo Oficio, reconocen que sería muy eficaz para la
pacificación del Reino, pero que ya se había tratado muchas veces,
sobre todo en 1575, y que se resistieron a ello los señores. Vuelven
a insistir en que el desarme que estos efectuaron entonces fue una
pantomima. Por último, aclaran que, además de dudar de la eficacia
de la instrucción dado lo obstinados que están en sus creencias, no
les corresponde a ellos llevarla a cabo; es obligación de sus prelados.
El Santo Oficio está para castigar a los delincuentes. Ante tan cerrada
oposición, a Felipe II no lo queda más remedio que aceptarlo, dar
orden de que Lope de Francia vuelva a Aragón, y decir que cuando
regrese de Lisboa lo mandará estudiar90.
Pocos meses más tarde, en el invierno de 1581-82, se desencadena
el temor a una gran conspiración morisca en conjunción con tur-
cos, argelinos y franceses, cuyo personaje central será Gil Pérez. El
embajador en Francia informó al conde de Sástago que se “trataba
cierto levantamiento” en la Corona de Aragón. El Virrey, convencido
de que tienen que estar implicados los moriscos, lo comunicó a los
inquisidores de Zaragoza y al Rey. Este se apresura a notificarlo a
Quiroga para que ordene a los inquisidores que se informen con el
“secreto, destreça y disimulación que conviene” y estén en contac-
to con el Virrey. Se respira inquietud ante los inconvenientes que
puedan suceder91. A partir de aquí, y durante varios años, el control

89
BL, Eg., 1511, 4.
90
Madrid, 5 de junio 1581. AHN, Inq., leg. 1791, exp. 2 (original con decreto real al
margen.); Ibídem, lib. 327, fol. 350 y BL, Eg., 1506, 98 (copias).
91
AHN, Inq., lib. 358, fol. 158, Lisboa, 11 de diciembre de 1581.

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y desmantelamiento de la conspiración, ocupa a los inquisidores y


dejó al margen las negociaciones sobre el desarme y la gracia.
Pero el asunto no desaparece completamente de la mesa del go-
bierno. El 9 de junio de 1582, Quiroga enviaba a Mateo Vázquez, para
que lo hiciera llegar al rey, un amplio memorial de los inquisidores
de Zaragoza sobre las medidas que podían tomarse con los moriscos
aragoneses92. Entre ellas la de desarmarles; para lo cual convenía,
en primer lugar, pronunciar sentencia en la causa de la apelación
declarando la licitud del edicto, e inmediatamente, aprovechando la
situación de temor que se vivía, se podría ejecutar sin que los señores
ofrecieran oposición.
En este contexto debió de pensarse en volver al ofrecimiento
de un edicto de gracia como complemento del desarme. El 23 de
junio, Quiroga responde a una carta que no tenemos de Felipe II:
han tratado en el Consejo, como les ordenaba, la concesión de un
edicto de gracia a los moriscos de Valencia y Aragón. Los primeros
no lo han solicitado y los aragoneses hace tiempo “que no hablan en
ello ni han offreçido dexar las armas, ni aunque lo ovieran offeçido
las dexarán”, y la gracia solo la querrían para “profanar los sacra-
mentos”. Y concluye tajante: “Y esta ha sido la resolución de lo que
a todos parece”93.

LA VOLUNTAD DE FELIPE II

El problema de fondo es que Felipe II, a partir de la guerra de


Granada, quiere desarmar a los moriscos, pero la falta de medios
de la Monarquía en Aragón dificulta el poderlo realizar sin contar
con los señores. Y estos, en estrecho contacto con sus vasallos, aun-
que entre unos señores y otros haya múltiples desacuerdos, quieren
limitar la dura represión inquisitorial y para ello solicitan reitera-
damente edictos de gracia muy amplios. Algo a lo que la Inquisi-
ción se resistirá, conscientes de que su objetivo es evitar el castigo

92
IVDJ, E. 8 (III) C. 13, n.º 52.
93
Ibídem, lib. 100, fol. 319. Madrid, 23 de junio 1582.

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN CON LOS SEÑORES Y...

y continuar con su islamismo más o menos público. Únicamente


estarán dispuestos a concederlo limitado y a cambio de la entrega
de las armas, para reforzar su reputación en el Reino, y no a cambio
de subvenciones económicas. Y para completar el confuso panora-
ma, el Reino de Aragón pasa, en este final de siglo, por múltiples
etapas de tensión política y social.

LA RESOLUCIÓN DEL PROCESO SOBRE EL EDICTO DE LAS ARMAS

Entre 1586 y 1589 el enfrentamiento entre los montañeses y los


moriscos ocupará la atención de las autoridades94. No obstante, en
este marco de tensiones, se retoma el estudio del desarme en 1588.
Si en marzo los inquisidores de Zaragoza informan a Quiroga de
los antecedentes del edicto de las armas95, el 24 agosto el conde
de Morata propone a Felipe II, después de haberlo hablado con
el nuevo arzobispo de Zaragoza, Andrés Cabrera Bobadilla, her-
mano del conde de Chinchón, que, para hacer frente al temor a
un posible levantamiento morisco con ayuda de los hugonotes, se
ordene a los inquisidores desarmar a los moriscos. Él se ofrece a ser
el primero y así dar ejemplo a los demás señores96. El mismo día, el
arzobispo escribe a su hermano matizando el optimismo del conde:
aunque la propuesta le parece bien, “ve al resto de los señores tan
mal inclinados a lo que tanto les importa” que sospecha que no lo
harán. Por su parte, intentará convencer al Cabildo del Pilar para
que desarmen a sus vasallos de Brea, localidad próxima a Morata97.
La primera reacción de la Suprema, que ha estudiado la propuesta
con el inquisidor general, es la misma que la vez anterior: el desar-
me “a tenido siempre mucha dificultad” y la sigue teniendo, ya que,
aunque el conde de Morata desarme a los suyos, no se sabe lo que
harán los demás señores. En la consulta, el Consejo opina que debe

94
Gregorio COLÁS LATORRE y José Antonio SALAS AUSENS: Aragón en el siglo
XVI…,
pp. 595-619.
95
ACA, CA, 221, 9/10. Lo dice el inquisidor Morejón en su memorial.
96
AHN, Inq., lib. 100, f. 593.
97
Ibídem, fol. 560.

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analizarse más a fondo, y el rey, a pesar del interés que parece tener
en la idea, aceptará la propuesta98.
Es lo que el Consejo había comenzado a hacer. El 3 de septiembre
pidieron a los inquisidores de Zaragoza que, por separado, enviaran
su opinión. Los tres contestaron de inmediato, pero la enfermedad de
Quiroga retrasó su tramitación hasta fines de octubre99. Los informes
son muy semejantes: para Molina de Medrano y Llano de Valdés100,
no conviene nada hacerlo solo en Morata, ya que se corre el peligro
de que se levanten los demás y porque, como dice el último, “cada
señor se tiene por rei en su lugar”. Los tres están de acuerdo en que
mientras no se resuelva la apelación presentada contra el edicto el
Santo Oficio no puede intervenir, ni además le conviene por el pe-
ligro de desprestigio si la operación fracasa. El doctor Morejón llega
incluso a cuestionar que el desarme entre dentro de la jurisdicción
inquisitorial. En cualquier caso, deberán ser los señores los que lo
efectúen; el problema radica en que mientras no se llegue a una
concordia entre los montañeses y los moriscos, e incluso mientras
no se interpongan tropas entre ellos, no es posible ni conveniente
desarmarles. Lo fundamental, en este momento, es lograr pacificar el
Reino, y para ello debe darse un perdón general101. El inquisidor general
es partidario también de otorgar ese perdón102.
Felipe II tiene verdadero interés en desbloquear la situación. El 2 de
noviembre, de forma inmediata a la recepción de los pareceres de los
inquisidores, ordena que se le informe de los antecedentes del desarme
y de si se podrá “determinar con brevedad” el proceso judicial103. Una
semana después se le remite un resumen detallado y claro del contenido
del edicto y de los pasos jurídicos que se han dado104. Mientras le llega
la respuesta se estudió el asunto en una junta reunida en El Pardo para

98
Ibídem, fol. 559, Madrid, 4 de septiembre. Arenillas de Reinoso a Mateo Vázquez,
remitiéndole la consulta del Consejo (ibídem, fol. 563). La anotación de Felipe II es
del 10. En el mismo sentido la respuesta de Mateo Vázquez (f. 565).
99
Ibídem, fol. 592.
100
ACA, CA, leg. 221, 9/7 y 9/8 respectivamente.
101
Ibídem, 9/9.
102
AHN, Inq., lib. 100, fol. 592.
103
Ibídem, fol. 595.
104
ACA, CA, leg. 221, 9/6

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tratar de la pacificación del Reino105. Felipe II da el visto bueno a sus


acuerdos, que no son otros que la necesidad de llevar a cabo el desarme
ese mismo invierno, a pesar de la opinión de los inquisidores. Como
requisito previo es imprescindible lograr un acuerdo entre montañeses
y moriscos y aprovechar las tropas municipales del propio Reino,
que deben interponerse entre ellos, para respaldar a los inquisidores,
que “han de ser los ejecutores”106.
Por su parte, el arzobispo de Zaragoza era de la misma opinión
en casi todo; era necesario poner en ejecución el desarme, después de
conseguir la concordia entre montañeses y moriscos, porque no sería
justo quitar las armas, con que podían defenderse, a estos últimos,
pero disentía en lo principal, ya que opinaba que la mejor forma de
desarmarles era por medio de los señores107.
Mientras en distintos centros de decisión se discutía sobre el
desarme, en otros se volvía a poner sobre la mesa el temor a las
conspiraciones. El cardenal Quiroga llevó estos miedos al Consejo
de Estado108, y debieron transmitirse al de Aragón, que pedía a los
inquisidores de Zaragoza que investigaran cuál era la actitud de los
moriscos. En enero respondían a Felipe II que los designios de los
moriscos no parecían ser buenos, dado que hacían acopio de armas
y dejaban de trabajar sus haciendas109.
Finalmente, en marzo de 1589 se dio fin al proceso judicial sobre
el edicto de las armas, rechazando la apelación y dando por bueno el
decreto inquisitorial110. Surge entonces un nuevo problema, ya que
antes de pronunciar la sentencia habría que citar a las partes para
notificárselo. El Consejo espera el visto bueno real para ordenar al
tribunal de Zaragoza que proceda al desarme, pero Felipe II manda

105
Ibídem, 9/11 y 12.
106
ACA, CA, leg. 221, 9/10. 7 de noviembre de 1588, con respuestas marginales del rey.
107
Ibídem, 9/14. Zaragoza, 29 de diciembre 1588.
108
Archivo General de Simancas, Estado, 165, 348. Consulta del 30 de noviembre 1588.
109
BL, Eg., 1511, 181-182. Zaragoza, 22 de enero 1589. Han informado detalladamente al
Inquisidor General y al Consejo.
110
“Parece que el edicto está muy justificado y que conforme a derecho los inquisidores
pudieron y pueden vedar las armas a los dichos moriscos conforme a las provanças
que están presentadas”. AHN, Inq., lib. 100, 615. Madrid, 16 de marzo 1589. Un me-
morial justificativo, ibídem, lib. 101, fol. 9, s.f.

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RAFAEL BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO

que se suspenda el publicar la sentencia hasta que les avise que es el


momento de hacerlo, “sin que se pierda autoridad”.

LA GRAN NEGOCIACIÓN CON LOS MORISCOS

A mediados de 1589 tiene lugar una nueva negociación con los mo-
riscos. El proceso fue complejo. Tenemos noticia de que cuatro mo-
riscos, entre ellos Gaspar Zaidejos y Miguel Chico, se desplazaron a
San Lorenzo del Escorial con permiso del Santo Oficio e interme-
diación del conde de Sástago, que ya había dejado su cargo de vi-
rrey111. Este, a principio de agosto, iría a hablar a la Suprema “sobre
lo que piden los nuevos convertidos; veremos lo que resultará de la
plática”, apunta Arenillas de Reinoso a Mateo Vázquez. El fiscal del
Consejo se quejaba de no haber tenido respuesta del “último papel
que sobre esto le inbié a los 27” de julio. La respuesta del poderoso
secretario fue cortante: si no se ha respondido, “bien podrá creer v.
m. que no lo ha mandado Su Magestad”112. El 4 de septiembre los
inquisidores de Zaragoza seguían a la espera de noticias sobre la
gracia ya que debían celebrar auto de fe y no sabían si figurarían en
él los moriscos113. Había nerviosismo por todas partes.
Las peticiones de los moriscos fueron informadas por el tribunal
de Zaragoza y por el Consejo, estudiadas por una Junta y señaladas,
finalmente, por Felipe II114. Comenzaban estas solicitando ser instruidos
de forma permanente y que para ello se crearan seminarios para niños
moriscos, que se ofrecían a financiar. Todos los consultados estaban
de acuerdo, con la condición de que los predicadores tuvieran el visto
bueno de los inquisidores, y en cuanto a los seminarios proponían
que se procurara que los clérigos que de ellos salieran pudieran
tener beneficios y curatos. Pedían también que se perdonaran los
delitos pasados, con solo confesión sacramental, a todos los “nuevos
111
Ibídem, lib. 357, fol. 271.
112
Ibídem, lib. 100, 649. Madrid, 3 de agosto 1589. La respuesta es de San Lorenzo, 12
de agosto.
113
Ibídem, lib. 966, fol. 312.
114
IVDJ, E. 8 (III) C. 13, n.º 76. El informe del Consejo lleva fecha de 13 de junio y la
Junta se celebró el 22 de septiembre. El documento fue resumido por Henar PIZA-
RRO: Un gran patrón en la corte de Felipe II…, pp. 537-538.

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN CON LOS SEÑORES Y...

convertidos que viven y habitan en el dicho Reyno de Aragón”, in-


cluyendo a los que estuvieran ausentes, en galeras, cárceles, o dados
en fiado. Y que se les habilitara para ejercer todos los oficios “y demás
cosas que antes de sus condenaciones podían tener”. En su respuesta,
los inquisidores de Zaragoza, que aceptan extender el perdón y la
habilitación a todos, con la condición de que entreguen los libros y
escritos islámicos, se remiten al procedimiento acostumbrado para
la reconciliación y exigen llevar registro de los que confiesen. En
cambio, el Consejo excluye de la gracia a los presos, a los que tienen
sus causas pendientes, a los reconciliados, a los condenados a galeras
y a destierro, pero sorprende observar que ahora acepte la confesión
“in foro conscientiae y en confessión sacramental”, siempre contando
para ello con licencia papal y reservándose el nombramiento de los
confesores. La Junta se suma a las propuestas de los inquisidores y el
rey la sigue y desea que el Consejo reconsidere su negativa a extender
la gracia a todos, ya que teme que sin ello no la querrán aceptar.
Pero extraña que Junta y Monarca no adopten la postura clara del
Consejo sobre la confesión en el fuero de la conciencia, frente a la
más ambigua del tribunal, en la que esta cuestión fundamental no
queda clara.
Piden a continuación que se les dé un plazo para instruirse sin
ser perseguidos por el Santo Oficio, a lo que la Suprema se niega
en rotundo, mientras que a los inquisidores les parece bien darles
tres meses. La Junta se suma, ampliándolo a cuatro o seis meses,
a lo que Felipe II da el visto bueno. Las peticiones encaminadas a
modificar el procedimiento, de forma que no se les pueda procesar
sin contar con tres testigos contestes y abonados, y que en las dos
primeras recaídas en lugar de relajación se les imponga “penitencia
saludable”, fueron rechazadas unánimemente, remitiendo al derecho
e instrucciones del Santo Oficio, aunque la Junta, y el rey, proponen
que se redacte la negativa de forma menos tajante.
Entre otras demandas está la petición de poder usar fuera del
Reino las armas que, excluyendo las de tiro y asta, en este les son
permitidas. Felipe II desea saber cuáles son estas, pero la larga
respuesta de los inquisidores de Zaragoza, además de incluir en la
prohibición la de fabricar armas y pólvora, hace referencia a una

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cuestión fundamental. No se podrá proceder al desarme sin contar


con la anuencia de los señores:

“El offrescimiento de las armas que hacen los dichos moriscos,


siendo como son vassallos de señores en este Reyno que usan de la
potestad que llaman ellos absoluta, no puede tener efecto sin vo-
luntad y consentimiento de los dichos señores, con los quales será
necessario tratarlo, y avrá dificultad en acabar con ellos que dexen
de pretender que las dichas armas que rindireren los moriscos sean
suyas y queden en su poder”.

En la resolución de Felipe II que Mateo Vázquez remitió al inqui-


sidor general se resaltaba la necesidad de resolver el asunto de los
moriscos aragoneses por lo que, si bien debía tenerse en cuenta
la opinión de los inquisidores de Zaragoza, habría que pasar por
algunos inconvenientes dado lo necesario que era ejecutarlo por
la reputación y por la salud de sus almas. El texto expresa bien la
visión del problema que el rey tenía en ese momento. Considera

“Su Magestad, con el deseo grande que tiene de que se tome al-
gún buen asiento en esto de los moriscos de Aragón, así por lo que
toca al servicio de Dios y remedio de tantas almas como por salir
del cuidado que esta gente da […], que a trueque de componerlo
convernía pasar por algunas cosas y disimularlas para acabar con
las más sustanciales y que prometen más quietud y seguridad en el
Reyno y enmienda de las conciencias destos, que es el fin principal
a que todo se endereça, acordando también los muchos años que
ha que dura esta negociación y la nota que se haze en todas partes
de que no se acabe de tomar resolución en ella, siendo tan impor-
tante para todo y de calidad que, en razón de Religión y Estado, no
se sufre dilatalla más, specialmente en estos tiempos tan trabajosos
y llenos de confusión”115.

115
AHN, Inq., lib. 256, fol. 267.San Lorenzo, 4 de octubre 1589.

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN CON LOS SEÑORES Y...

A pesar de la insistencia regia, el problema siguió debatiéndose a lo


largo de 1590, por lo menos hasta agosto, que es hasta donde llegan
mis noticias, en un peloteo de cartas y reiteración de órdenes y de
reuniones que no parecen llevar a ningún sitio. El 12 de enero el
Consejo pide a los inquisidores de Zaragoza que informen sobre si
es buen momento para quitarles las armas a cambio de la gracia, y
quiénes podrían hablar con los señores, se sobreentiende que para
convencerles de que acepten el desarme116. La respuesta fue negati-
va: no conviene “estando como están las cosas”117. En su carta los
inquisidores hacían un buen resumen de las tensiones que agitaban
al reino de Aragón en aquel momento: el “principio de todas las
revoluciones” había sido la contienda entre montañeses y moriscos,
que había provocado muertes y venganzas, lo que había conducido
al enfrentamiento entre los señores y caballeros con la ciudad de
Zaragoza y los Veinte, “con título de defender la libertad y corte del
Justicia de Aragón (a que todos tanto atienden)”118.
No parece que la Suprema lo tomase con mucha prisa: el 20 de
febrero, Arenillas de Reinoso, fiscal del Consejo, remite a Mateo
Vázquez la respuesta de Zaragoza, disculpándose porque se le había
olvidado. Para conceder la gracia hacen falta una serie de breves
papales, que hay que pedir explicando claramente su contenido. Un
mes más tarde Felipe II escribe al conde de Olivares, embajador en
Roma, que procure se despachen con “mucha brevedad”, entre ellos
uno para ser absueltos in foro conscientiae si entregan las armas119. A
pesar de la ambigüedad de la resolución del verano anterior, no cabe
duda de que esta era la decisión que el rey deseaba.
Entre mayo y agosto la presión real se intensifica: a pesar de todas
sus reticencias, y dado que el rey lo quiere, la Suprema ordena a los
inquisidores de Zaragoza que se reúnan con el arzobispo, el marqués

116
Ibídem, lib. 329, fol. 1v.
117
BL, Eg. 1508, 273.
118
AHN, Inq., lib. 329, ff. 23v-24. El Consejo a los inquisidores de Zaragoza, resumien-
do su carta de 2 de febrero. Madrid, 9 de mayo 1590. Sobre todos estos conflictos,
véase Jesús GASCÓN PÉREZ: La rebelión aragonesa de 1591…, cap. III, El contexto de
la rebelión aragonesa, en especial las pp. 489-524.
119
AHN, Inq., lib. 101, 272v.

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de Almenara y el conde de Sástago120. Así lo hicieron y acordaron


realizar gestiones a través de personajes moriscos altamente conflic-
tivos, como Zaidejos, Chico y Navarro, que son los que acudieron a
la Corte a presentar las peticiones, para que trataran de convencer a
los señores121. Desgraciadamente, el contenido y el resultado de esas
gestiones nos escapan de momento.
Mientras tanto, una vez más, Gaspar de Quiroga había vuelto
a denunciar en el Consejo de Estado el peligro que implicaban los
moriscos, y proponía su expulsión: dado “que estos son moros ma-
hometanos como los de Argel, enemigos declarados nuestros que ni
se convierten ni entran en religión ni van a la guerra antes crescen
y multiplican en gran excesso […] tiene por de gran dificultad e
inconveniente que estén y vivan entre nosotros”122.

DESARME AL CALOR DEL EJÉRCITO REAL

Las difíciles negociaciones debieron de interrumpirse con la crisis


provocada por la huida de Antonio Pérez a Zaragoza en abril de
1590 y la rebelión aragonesa de 1591. Cuatro moriscos de Zarago-
za, encabezados por Pedro Chufres, que ya había sido reconciliado
en 1584, se ofrecieron a la Diputación, al parecer en nombre de
todos, para resistir al ejército real. Fueron penitenciados en 1592
por impedir el libre ejercicio del Santo Oficio123. El resto debió de
permanecer tranquilo.
Hay que esperar al 17 de enero de 1593 para tener noticias sobre
la reanudación del estudio del desarme, que a partir de aquí tiene
un desarrollo trepidante. Ese día el conde de Chinchón propuso en
la Suprema si convenía desarmar a los moriscos y si habría que citar
a las partes para notificarles la sentencia dada sobre la apelación del
edicto de 1559. Al Consejo le pareció muy conveniente hacerlo “por
mano del Sancto Officio y sus ministros, a un tiempo […] y con calor

120
Ibídem, lib. 329, 23v-24. Madrid, 9 de mayo 1590.
121
Ibídem, lib. 966, f. 482, Zaragoza, 16 de mayo; lib. 329, fol. 41. Madrid, 8 de agosto
1590.
122
Archivo General de Simancas, Estado, 165, 350. Consulta de 11 de agosto 1590.
123
BL, Eg., 1508, fols. 56 y 215-246. AHN, Inq., lib. 101, fol. 309.

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN CON LOS SEÑORES Y...

del exército de Vuestra Magestad que agora está en aquel Reino”. La


discusión fue larga y en ella se repasaron los antecedentes del proceso.
Finalmente se impuso la opinión de Quiroga de que se debía hacer
una notificación justificando que no se citaría a nadie para la lectura
de la sentencia; el edicto se pondría en la puerta de la Aljafería durante
un breve plazo, y antes de que finalizase se remitiría la sentencia a
los inquisidores para que, de la forma que pareciere conveniente, se
ejecutase de inmediato sin apelación ninguna. Aconsejaba también
que después del desarme se publicase un edicto prohibiéndoles tener
armas bajo pena de azotes y galeras124.
El 30 de enero se remitió la orden de citación a Zaragoza y a prin-
cipio de febrero se fijó como estaba ordenado. En su contestación, los
inquisidores destacan la importancia de contar con el ejército, “que
sin él parece no pudiera aver efecto”. Proponen, en consecuencia,
un plan de despliegue de las tropas en diversas localidades moriscas,
sobre todo en las más pobladas, para lo cual envían una relación
de lugares con su vecindario y los soldados que deberían alojarse
en cada uno. Como el desarme debe realizarse por el Santo Oficio,
habría que movilizar a los comisarios y familiares, y estos, a su vez,
a los cristianos viejos que necesitasen para efectuar el desarme al
mismo tiempo en todas partes. Hacen una propuesta atrevida, como
es encerrar a todos los moriscos en la iglesia y que mientras tanto
se inspeccionen sus casas en busca de armas. Se recogerán así todas
las armas y se enviarán a la Aljafería. Para completar la operación,
igual que opinaba el Consejo, habría que prohibirles tener armas
en el futuro, bien por un edicto de fe o, si esto parece demasiado
riguroso, que se reitere el edicto de las armas125.
De nuevo el conde de Chinchón llevó ante el Consejo una pro-
puesta del rey. Dado que además de desarmarles se iba a dar un edicto
prohibiéndoles las armas, le parecía conveniente, “publicar un edicto
de gracia para que juntamente con sentir el castigo, también sientan
la blandura y beneficio”. Se debería hacer al mismo tiempo, pero “no
mezclándolo con la sentencia”. Quería saber el rey la amplitud que

124
Ibídem, fols. 463-465.
125
Ibídem, leg. 1791, exp. 4. Zaragoza, 4 de febrero 1593.

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RAFAEL BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO

podría tener esa gracia en función de los poderes con que contaba
el inquisidor general, y si haría falta pedir nuevos breves. El plan-
teamiento regio es que conviene “que esta gente tuviese más copiosa
la graçia pues della se podría esperar el buen suceso de entregar las
armas enteramente”. Como se ve, se continúa con el modelo de
negociación anterior, del “palo y la zanahoria”, en expresión vulgar.
El Consejo acepta la petición real y plantea dos escenarios: el que
sin duda preferían, dado lo que hemos visto anteriormente, es que
los moriscos pidieran la gracia y, después de negociar con ellos, el
inquisidor general les concedería lo que pudiese. La alternativa era
otorgarla “teniendo en consideración los capítulos que ellos dieron”
en 1589, es decir, llevar a efecto lo negociado antes de las alteraciones.
En ambos casos, el poder disfrutar de la gracia quedaba ligado a la
completa entrega de las armas126.
Al día siguiente, Felipe II contesta la consulta. Quiere saber de
inmediato y en detalle “a qué se podrá estender el edicto de graçia,
que holgaría fuese bien amplia” y también quiere conocer la sen-
tencia. Le urge mucho “porque no será posible detener más tiempo
en Aragón el exército ni executarse sin él y su calor”. Por tanto, no
puede comenzarse una nueva negociación con los moriscos127. El
Consejo se aviene a la voluntad del rey, y Quiroga, después de una
compleja redacción de la que nos ha quedado el borrador lleno de
rectificaciones, ofrece conceder lo que ya había aceptado en el vera-
no de 1589128. Es decir: podrán gozar de la gracia todos los “nuevos
convertidos” aunque hayan sido alfaquíes y relapsos, pero no los
que tienen procesos pendientes, estén o no en la cárcel. Podrán
confesarse no solo con los inquisidores sino con otros confesores
que se nombrarán; les reconciliarán en secreto sin pena alguna, pero
deberá haber constancia de las confesiones en el Santo Oficio para
el control futuro. El periodo de gracia será de cuatro meses, durante
los que no se procederá contra ellos, a excepción de quienes enseñen
“los ritos y ceremonias de la secta de Mahoma”. Eso sí, tendrán que

126
Ibídem, lib. 101, fol. 483. Madrid, 14 de febrero.
127
Ibídem, fol. 485. De Palacio, 15 de febrero.
128
Ibídem, fol. 489 el borrador y fols. 487-488 la consulta. Madrid, 15 de febrero.

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN CON LOS SEÑORES Y...

entregar las armas y los libros islámicos que posean; si después se les
encuentran “serán castigados con todo rigor por el Santo Officio”.
En su respuesta Felipe II, después de decir que está todo muy
bien, sigue dando prisa para que se redacte la sentencia y el edicto
de gracia, y se les dé 20 o 30 días para entregar las armas, a la espera
de que los breves necesarios “para estender la gracia” puedan llegar129.
Plantea, también, algo que tropezará con la cerrada negativa de Qui-
roga; que vaya un miembro de la Suprema a Aragón a respaldar con
su autoridad el proceso130. Ante la resistencia del inquisidor general,
que no quiere comprometer la reputación de la Suprema, Felipe II,
armado de paciencia, tendrá que imponer finalmente su voluntad y
ordenar que don Pedro Pacheco se desplace a Aragón. Le acompa-
ñará, como caballero de capa y espada, don Ladrón de Guevara131.
El 2 de abril, viernes, a las 3 de la tarde, llegaron a Zaragoza e
inmediatamente se redactaron todas las órdenes necesarias, que el
sábado se enviaron con correos urgentes a todas las localidades para
que se leyeran el domingo en la misa. Pacheco informa también de
que han venido a “ofrecerse” mucha gente de Zaragoza, entre ellos la
Diputación que envió al conde de Fuentes, la Ciudad a dos jurados,
le visitó también el justicia de Aragón, el regente de la Audiencia
con dos oidores, caballeros particulares. El Santo Oficio podía estar
satisfecho del prestigio recuperado. Pero de inmediato se plantean
nuevas peticiones: “En tan corto tiempo van algunos ya apuntando
a querer más gracia”. Si vinieran los breves otorgándola, sería muy
importante “dar a esta gente más de lo que se les da agora”. También
hay quien critica que se les quiten todas las armas sin dejarles ni una
espada132. Al Consejo no le parece conveniente ofrecer más gracia ni
dejarles más armas, y el rey da su conformidad, a la espera de ver lo

129
Se había escrito el 3 de marzo al duque de Sessa y al conde de Olivares para que los
solicitasen al papa. Ibídem, fols. 467-468, el borrador; lib. 256, fol. 285, el registro. Se
insiste en pedir “la absolución in foro conscientiae con sola su confesión sacramental”.
130
Ibídem Respuesta autógrafa al margen de la consulta.
131
Ibídem, fols. 493-494, 499, 503-504; la resolución real en este último, de mediados
de marzo.
132
Ibídem, fols. 515-517. Zaragoza, 4 de abril 1593. Pacheco al Inquisidor General.

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RAFAEL BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO

que otorga Roma. Entonces se podrían hacer más concesiones en lo


espiritual y en lo de las armas133.
También estaba satisfecho don Pedro Pacheco, ya que la sen-
tencia del desarme se había podido ejecutar sin oposición; solo les
han dejado un cuchillo y los instrumentos del campo. Igualmente
se han quitado los fabricantes de arcabuces, pólvora y salitre. Según
la opinión mayoritaria, han quedado bien desarmados ya que “las
casas dellos no son treze mil y los arcabuzes que an entregado llegan
a seis mil”. Queda por resolver si convendrá dar permiso para portar
armas a algunos guardas del campo134.
En cambio, la predicación del edicto de gracia fue un fracaso.
El tribunal de Zaragoza informa de que son muy pocos los que han
acudido a recibirlo, solo los que se sentían en peligro de estar denun-
ciados ante el Santo Oficio135. El Consejo da una explicación más
general: Clemente VIII no ha concedido la absolución sacramental
que era lo que el rey había solicitado, y lo que “ellos an deseado”
para poder estar libres, “por algún tiempo, del Santo Officio de la
Inquisición y de que no ternía mano en ellos”136.
Aunque quedarían abiertos dos asuntos de importancia, como
son las discusiones sobre la mejor forma de evangelizar a los moriscos
aragoneses y las peticiones para poder llevar espadas, las complejas
negociaciones sobre el desarme y la concesión de edictos de gracia
podemos darlas por cerradas.

CONCLUSIÓN

En el proceso que hemos visto, se han entremezclado dos cuestio-


nes de diferente índole: la prohibición de las armas y la concesión
de edictos de gracia. La promulgación del edicto de las armas en
un momento de crisis política, como fueron los años 1558-1559, y su
133
Ibídem, fol. 519. Consulta de 8 de abril. Respuesta real autógrafa al margen.
134
Ibídem, fol. 525. Zaragoza, 21 de mayo. Pacheco al Consejo.
135
Ibídem, lib. 967, fols. 282 y 281. Zaragoza, 27 de mayo y 4 de junio respectivamente.
136
Ibídem, leg. 1791, exp. 4. Consulta de 1 de agosto 1593. El breve, de 31 de mayo 1593,
en Pascual BORONAT, Los moriscos españoles y su expulsión, Valencia, 1901, t. 1, p.
379. Compárese con el de Sixto V para los valencianos de la p. 378.

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LAS COMPLEJAS NEGOCIACIONES DE LA INQUISICIÓN CON LOS SEÑORES Y...

bloqueo por la apelación de los afectados, provocó un desprestigio


al Santo Oficio que, sin embargo, no le impidió ejecutar con dureza
su trabajo represivo sobre la minoría morisca, de forma semejante
al tribunal de Valencia. La Inquisición aragonesa podía haberse des-
entendido del problema de las armas si no hubiera sido porque el
temor a las conspiraciones llevó la cuestión de forma reiterada a la
mesa del gobierno. Y allí se enfrentaron los intereses del Consejo de
Aragón y de la Suprema. El desarme parecía una medida necesaria
para la seguridad del Reino, pero su ejecución tropezaba con la
falta de medios de la Monarquía en este y con el gran poder de los
señores de moriscos sobre sus vasallos. El que estos realizaron en
1575, con el visto bueno del Consejo de Aragón, no tuvo el efecto
deseado y dejo abierto y enconado el debate.
Por su parte, las élites moriscas, afectadas por la represión in-
quisitorial, buscaron resguardarse tras nuevos edictos de gracia (en
la estela del concedido al amparo de la concordia financiera de 1555)
y negociaron con el Santo Oficio con la mediación, más o menos
intensa, según los momentos, de los señores. Y aquí es donde inter-
fiere la política de Felipe II, tanto la defensiva y de orden público,
tratando de pacificar las tensiones del Reino, como la evangelizadora.
En efecto, la necesidad de desarmar a una minoría vista con temor y
el deseo de conseguir la conversión verdadera de los moriscos, tanto
valencianos como aragoneses, le impulsaba defender medidas de
gracia que atrajesen a estos hacia las campañas de evangelización. La
unión de ambos objetivos, querer compensar a la minoría, mediante
edictos generosos de gracia, de la acción represiva que significaba
el desarmarles, e intentar satisfacer el afán de revancha del Santo
Oficio, dándoles el protagonismo en el desarme, como vía para que
aceptasen conceder una gracia, a lo que eran reacios, configuró la
política de Felipe II a partir de los años 1580.
Tras la crisis de la rebelión aragonesa, al calor del ejército de Var-
gas, pudo el Santo Oficio, por fin, cerrar el proceso del desarme, y
el Monarca lograr su deseo de la publicación de un edicto de gracia
duramente negociado bajo su dirección. Si el primero fue un éxito,
el segundo conoció un, anunciado, fracaso.

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RAFAEL BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO

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LAS ÉLITES MORISCAS DEL ALBAICÍN
DE GRANADA EN SEVILLA, 1570-1610*
Rafael M. Pérez García
Manuel F. Fernández Chaves
Universidad de Sevilla

LAS ÉLITES MORISCAS GRANADINAS EN LA CIUDAD DE SEVILLA:


EL RECONOCIMIENTO COMO CRISTIANOS VIEJOS

Los avances realizados por la historiografía en las dos últimas déca-


das han revolucionado nuestro conocimiento sobre los moriscos y
sus élites. Los trabajos de Bernard Vincent, Luis F. Bernabé Pons,
Enrique Soria Mesa, Aurelio García López, Amalia García Pedra-
za y otros investigadores, han abierto camino en la ardua tarea de
detectar a una larga serie de individuos y familias que destacaron
por uno u otro motivo y que, de hecho, constituyeron una suerte
de élite dentro de la comunidad morisca granadina. Una aspiración
destacable para una gran mayoría de los individuos que conforma-
ron este grupo fue la obtención del reconocimiento como cristiano
viejo por parte de las autoridades castellanas, lo que les permitía
sacudirse el yugo de la legislación restrictiva y represiva que pen-
día sobre el conjunto de los moriscos (libertad de movimientos,
alistamientos como moriscos, derecho a portar armas, fiscalidad
diferencial, vida bajo sospecha, liberarse de los bandos reales so-
bre moriscos, etc.). Como es sabido, la habilidad de los moriscos
para conseguir dicho reconocimiento recurriendo a la maraña de
tribunales y autoridades judiciales existentes, desembocó en la pro-
mulgación de la provisión real de 3 de septiembre de 1585, dicta-
da “para corregir los abusos de muchos moriscos que pretendían
fraudulentamente obtener sentencias y ejecutorias que probasen su
*
Este trabajo se ha realizado en el marco del Proyecto de I+D HAR2016-78056-P,
financiado por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad del Gobierno
de España.

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RAFAEL M. PÉREZ GARCÍA Y MANUEL F. FERNÁNDEZ CHAVES

condición de cristiano viejo al efecto de poder obviar los incon-


venientes legales derivados de su naturaleza de morisco del reino
de Granada”. Para ello, suprimía la función jurisdiccional de los
órganos de administración de justicia local, de las audiencias y de
las chancillerías en tales causas, centralizando dicha función en el
Consejo de Población asentado en la corte1. La aplicación de dicha
decisión condujo a la confección de un Libro donde se asientan las
executorias de los moriscos que pretenden ser xpianos viejos y las Infor-
maciones y Sentençias que se traen al Consejo de Poblaçión en virtud de
la provisión ympresa que para ello se despachó2. En este extraordinario
documento fueron quedando recogidos, a partir del mes siguiente a
la promulgación de la referida provisión, los nombres de tales mo-
riscos, la instancia judicial en la que fueron declarados como cris-
tianos viejos, así como la fecha de la presentación en Madrid ante
el Consejo de Población de las ejecutorias, informaciones y senten-
cias correspondientes. En la tabla 1, que incluimos en el anexo que
acompaña este trabajo, extractamos los datos de los moriscos que
eran vecinos de Sevilla o, al menos, obtuvieron alguno de los dichos
documentos ante instancias judiciales de la ciudad.
Cuando nos planteamos el análisis del contenido del Libro donde
se asientan las executorias de los moriscos..., enseguida topamos con
un primer problema de calado: las dificultades para identificar a los
individuos en él incluidos. En la tabla 1 han quedado recogidos setenta
y seis moriscos pertenecientes a medio centenar de familias aproxi-
madamente. Afortunadamente, en la sección Cámara de Castilla del
Archivo General de Simancas se conserva la documentación de una
quincena de los procesos y expedientes judiciales de estos moriscos
vinculados con Sevilla, y que afectan a más de una veintena de ellos,
lo que nos proporciona una enorme base documental para el estudio
de esta élite. De otros conocemos más o menos datos de mayor o
menor interés, y para algunos de los que tuvieron un papel destacado
1
María Josefa GARCÍA GÓMEZ: “La provisión de 3 de septiembre de 1585: los pro-
cesos sobre la condición social de los moriscos de la corona de Castilla”, en La ad-
ministración de justicia en la historia de España. Actas de las III Jornadas de Castilla
La Mancha, Guadalajara, ANABAD Castilla-La Mancha/Junta de Comunidades de
Castilla-La Mancha, vol. I, pp. 169-191, la cita en p. 169.
2
AGS [Archivo General de Simancas], Cámara de Castilla [CC], libro de cédulas 263.

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LAS ÉLITES MORISCAS DEL ALBAICÍN DE GRANADA EN SEVILLA,...

en la historia de la minoría en Sevilla, hemos realizado ya estudios


monográficos, como es el caso de los Aguilar (que se hicieron pasar
por Oleylas con la ayuda de los Berrio)3 [núm. 28-29], Alonso Her-
nández el Camit [núm. 24] y Alonso Hernández de Represa [núm.
20], que jugaron un papel clave en la gestión de la nueva fiscalidad
específica que los moriscos granadinos pagarían a partir de la década
de 15904, o los Enríquez Çaybona [núm. 14, 15, 38, 39], miembros de
una rancia y conocida familia de la aristocracia morisca de Granada5.
Dadas las limitaciones de espacio de este trabajo, nos centraremos
en esta ocasión en el estudio de aquellos originarios del Albaicín de
Granada6, dejando para otro trabajo a los de otras procedencias, a
sabiendas que nuestro desconocimiento absoluto sobre la identidad
de algunos de ellos nos puede conducir a que estemos ninguneando
involuntariamente a algunos que también pudieran proceder de la
ciudad de Granada.

AUSENCIAS Y LIMITACIONES

Hay que advertir, no obstante, que este listado es insuficiente si


queremos recuperar los nombres de todos los individuos y familias
moriscas que pleitearon por adquirir la condición de cristianos vie-
jos y que acabaron vinculados a Sevilla. Hubo otros que se presen-
taron ante las justicias de otros lugares porque en algún momento
3
Manuel F. FERNÁNDEZ CHAVES y Rafael M. PÉREZ GARCÍA: “La familia mo-
risca de los Oleylas. Identidad y supervivencia entre Granada y Sevilla”, Archivo his-
palense, 100 (2017), pp. 45-72.
4
Rafael M. PÉREZ GARCÍA y Manuel F. FERNÁNDEZ CHAVES: “La gestión de la
fiscalidad como medio de ascenso social en el seno de la comunidad morisca granadi-
na, 1502-1610”, Historia. Instituciones. Documentos, 42 (2015), pp. 297-340.
5
Rafael M. PÉREZ GARCÍA y Manuel F. FERNÁNDEZ CHAVES: Las élites moriscas
entre Granada y el reino de Sevilla. Rebelión, castigo y supervivencias, Sevilla, Editorial
Universidad de Sevilla, 2015, pp. 103-104, 126-128; Amalia GARCÍA PEDRAZA: Ac-
titudes ante la muerte en la Granada del siglo XVI. Los moriscos que quisieron salvarse,
Granada, Universidad de Granada, 2002, vol. II, pp. 890-894.
6
No olvidemos que una parte de los moriscos del Albaicín de Granada sacados de allí
en el verano de 1569 fueron conducidos directamente a Sevilla (Manuel F. FERNÁN-
DEZ CHAVES y Rafael M. PÉREZ GARCÍA: En los márgenes de la Ciudad de Dios.
Moriscos en Sevilla, Valencia, Publicacions Universitat de València-Editorial Universi-
dad de Granada-Prensas Universitarias de Zaragoza, 2009, pp. 142-147).

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RAFAEL M. PÉREZ GARCÍA Y MANUEL F. FERNÁNDEZ CHAVES

se avecindaron en otras partes o porque juzgaron hacerlo allá donde


estimaron más conveniente para sus intereses, pero que, sin embar-
go, finalmente, se establecieron en Sevilla. Es el caso, entre otros,
del importante mercader granadino Melchor de Berrio, que junto a
su hermano Lorenzo, obtuvo una requisitoria (“con ciertas senten-
cias y autos y otros recaudos”) de la justicia de la ciudad de Toledo,
donde se habían avecindado después de la guerra7; Juan Pérez de
Berrio, hijo de Lorenzo, recurrió por su parte a la justicia de la
cercana villa de Madrid para probar su filiación a raíz de una re-
quisitoria del corregidor de Toledo8, lo que seguramente significaría
que estaba avecindado en Madrid cuando su padre y tío realizaron
las anteriores actuaciones legales. Como sabemos, en 1585 Melchor
de Berrio ya era vecino de Sevilla en la collación de Omnium San-
torum en la barrera de Alvar Negro, y era considerado como mer-
cader y personaje poderoso dentro de la comunidad morisca de
Sevilla9, aunque existen indicios que apuntan en la dirección de
que probablemente Melchor se hubiese asentado en Sevilla desde
un momento no tardío de la década de 157010; Lorenzo de Berrio,
por su parte, hubo de establecerse en la ciudad hacia 157911. Si de
Melchor de Berrio sabemos fehacientemente que vivió en Sevilla
y actuó en ella como mercader y agente financiero y fiscal hasta al
menos bien entrada la década de 1590, Lorenzo, el hermano mayor,
parece haber estado más involucrado “en los negocios en Madrid y
en Castilla”, hasta donde se extendía la red familiar12.
7
AGS, CC, libro de cédulas 263, fol. 24v.
8
AGS, CC, libro de cédulas 263, fol. 25v.
9
Manuel F. FERNÁNDEZ CHAVES y Rafael M. PÉREZ GARCÍA: “La familia mo-
risca de los Oleylas...”, p. 50.
10
Rafael M. PÉREZ GARCÍA y Manuel F. FERNÁNDEZ CHAVES: Las élites moris-
cas..., pp. 117-118.
11
Bernard VINCENT: “Les frères Berrio, marchands morisques grenadins”, en Ricardo
FRANCH BENAVENT y Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO (eds.): Estudios
de Historia Moderna en homenaje a la profesora Emilia Salvador Esteban, Valencia,
Universitat de València, 2003, vol. II, p. 926; Bernard VINCENT: “Los moriscos
granadinos y la monarquía (1570-1609)”, en José I. FORTEA y Juan E. GELABERT
(eds.): Ciudades en conflicto (siglos XVI-XVIII), Valladolid, Junta de Castilla y León-
Marcial Pons, 2008, p. 168.
12
Rafael M. PÉREZ GARCÍA y Manuel F. FERNÁNDEZ CHAVES: “Los hermanos
Berrio: capital morisco, mediación política y transformaciones comunitarias”, Sharq
al-Andalus. Estudios mudéjares y moriscos, 20 (2011-2013), pp. 423-439.

5 222

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LAS ÉLITES MORISCAS DEL ALBAICÍN DE GRANADA EN SEVILLA,...

Otros miembros de ricas y poderosas familias del Albaicín de


Granada que terminaron en Sevilla tampoco aparecen en la lista 1. Es
el caso, por ejemplo, de los Arroba13, o de Rafael de Cárdenas, que en
Sevilla fue mercader, ejerció funciones de representación política de
la comunidad y desempeñó un papel relevante en la nueva fiscalidad
morisca, siendo en 1592 uno de los seis repartidores al por mayor
del servicio morisco y en 1600 uno de los dos tesoreros del segundo
servicio14. Otros Cárdenas fueron comisarios para el cobro del servicio
morisco en 1597-1600 (como Diego de Cárdenas para el partido de
Toledo y Ávila) y 1603-1610 (Miguel Fernández de Cárdenas, para
Baeza y el Campo de Montiel)15. La familia, enriquecida en tiempos en
el negocio de la seda, había amasado una fortuna que, según Vincent,
en la Granada anterior a 1568 fue “una de las más grandes del mundo
granadino”16, y su riqueza e influencia sobrevivieron al desastre. Tras
la guerra, una parte de la familia permaneció en Granada y otros
se trasladaron a Pastrana, con el grueso de la vieja comunidad del
Albaicín, desde donde se movieron hacia Alcalá de Henares y Tole-
do, continuando con sus negocios17. En un memorial que puede ser
datado entre 1577 y 1579, un Luis de Cárdenas, vecino de Granada,
recordaba a la Corona sus servicios suplicando “que pues no fue
culpado en el levantamiento” se le mandase devolver su hacienda y se
le diese licencia para que él y su hijo pudiesen permanecer en aquella
ciudad y traer armas18; es decir, reivindicaba los derechos propios de
los cristianos viejos. Así pues, Sevilla fue para los Cárdenas, como
para tantos otros del Albaicín, un nodo más de su red familiar. Como
es bien sabido, en 1610, Diego de Cárdenas y Jerónimo Enríquez se
13
Rafael M. PÉREZ GARCÍA y Manuel F. FERNÁNDEZ CHAVES: Las élites moris-
cas..., pp. 130-134; Amalia GARCÍA PEDRAZA: Actitudes ante la muerte..., vol. II,
pp. 900, 902, 948-956.
14
Rafael M. PÉREZ GARCÍA y Manuel F. FERNÁNDEZ CHAVES: Las élites moris-
cas..., pp. 139, 160, 201.
15
Francisco J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO: “La Corona, los moriscos granadinos
y el servicio de 1603. Pacto fiscal y negociación política”, Al-Qantara, 38 (2017), p. 27.
16
Bernard VINCENT: El río morisco, Valencia, Universitat de València-Universidad de
Granada- Universidad de Zaragoza, 2006, p. 190.
17
Aurelio GARCÍA LÓPEZ: La frustración de la élite morisca en el reino de Castilla
(1570-1610). Vida y tragedia de Hernán López el Ferí “el joven”, Torrelavega, Fanes,
2016, pp. 92-93.
18
AGS, CC, leg. 2180. Relación de memoriales en extracto.

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RAFAEL M. PÉREZ GARCÍA Y MANUEL F. FERNÁNDEZ CHAVES

instalaron en Marsella y jugaron un papel capital en la redistribución


de los moriscos expulsados por el Mediterráneo19. Finalmente, tras
la expulsión definitiva de 1610, los Cárdenas ocuparon un lugar de
primer orden tanto en la organización de la salida de los moriscos
por Francia como en la dirección de la comunidad morisca de Túnez
en las décadas siguientes20, indicio claro de la relevancia de la familia.
La ausencia más clamorosa y evidente en la lista contenida en la
tabla 1 es, no obstante, la de don Fernando de Fez Muley y su familia,
miembros de un linaje real en Granada, que ejerció como líder de
la comunidad morisca granadina en Sevilla hasta 1580, cuando fue
encarcelado como cabecilla de una fracasada conspiración que proyec-
taba una descabellada rebelión morisca en Sevilla21. No insistiremos
aquí ni en él ni en sus parientes, algunos de los cuales, no obstante,
siguieron en Sevilla por mucho tiempo. A pesar de la desgraciada
vida de don Fernando, el prestigio de su linaje no se apagó, ni mucho
menos, como señala con claridad el enlace matrimonial de su familia
con los poderosos Compañero aragoneses22 o los datos acerca de que,
en la hora de la expulsión, esta familia, o una parte de ella, saldrá
de España por el sur de Francia, documentándose allí al igual que

19
Pierre SANTONI: “Le passage des morisques en Provence (1610-1613)”, Provence his-
torique, 185 (1996), pp. 365-366.
20
Luis F. BERNABÉ PONS: “Notas sobre la cohesión de la comunidad morisca más
allá de su expulsión de España”, Al-Qantara 29 (2008), pp. 307-332; ÍD.: “El paso de
los moriscos por Francia hacia el Magreb. Una vez más”, Hésperis-Tamuda, 53 (2018),
p. 231; Míkel DE EPALZA: “Moriscos y andalusíes en Túnez en el siglo xvii”, Al-An-
dalus, 34 (1969), pp. 247-327; ídem: “Sidi Bulgayz, protector de los moriscos exiliados
en Túnez (s. xvii). Nuevos documentos traducidos y estudiados”, Sharq al-Andalus.
Estudios mudéjares y moriscos, 16-17 (1999-2002), pp. 141-172; Jorge GIL HERRERA y
Luis F. BERNABÉ PONS: “Los moriscos fuera de España: rutas y financiación”, en
Mercedes GARCÍA-ARENAL y Gerard WIEGERS (eds.): Los moriscos: expulsión y
diáspora. Una perspectiva internacional, Valencia, Universitat de València-Universidad
de Granada-Universidad de Zaragoza, 2013, p. 225.
21
Rafael M. PÉREZ GARCÍA y Manuel F. FERNÁNDEZ CHAVES: “Los herma-
nos Berrio...”, pp. 419-421; ídem: Las élites moriscas..., pp. 101-103, 106-107; Manuel
F. FERNÁNDEZ CHAVES y Rafael M. PÉREZ GARCÍA: En los márgenes de la
Ciudad de Dios..., pp. 292-293. En estos trabajos pueden encontrarse otra serie de
referencias clave sobre esta familia y sobre la conspiración de 1580.
22
María del Carmen ANSÓN CALVO: “Diego de Rojas y Alonso Muley Enríquez y
Merín de Fez: ilustres esposos de Cándida Compañero”, Sharq al-Andalus. Estudios
mudéjares y moriscos, 18 (2003-2007), pp. 9-37.

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LAS ÉLITES MORISCAS DEL ALBAICÍN DE GRANADA EN SEVILLA,...

otros destacados moriscos23, y marchase también a Túnez junto con


otros notables de origen granadino24.
Finalmente, tampoco encontramos entre los moriscos que lidian
en Sevilla por obtener el reconocimiento como cristianos viejos a
los miembros de varias familias de empresarios moriscos asentados
en Triana y vinculados a los sectores de la ollería, la construcción y
la horticultura. Nos referimos a los Valenciano y Montano, y quizás
también a los Marín, de origen almeriense y con un papel destaca-
do en la vida de la comunidad morisca sevillana, por más que no
tengamos noticias acerca de aspiraciones de dicha naturaleza25. Ello
nos avisa de la no necesaria correspondencia entre el reconocimiento
oficial de una determinada condición privilegiada con la riqueza e
influencia dentro de la comunidad, puesta de manifiesto, incluso de
cara a las autoridades, cuando, por ejemplo, en 1589 El Valenciano
“y otros moriscos que son los más antiguos y más ricos dellos” se
ofrecieron a contribuir para la guerra, o en 1600, cuando García
Montano acudió al Asistente de la ciudad ante los falsos rumores
esparcidos por Triana acerca de un levantamiento morisco26. No
obstante, estos Valenciano también acabarían pidiendo al rey toda
una serie de privilegios, como el de poder regresar a Almería, la res-
titución de sus bienes confiscados, el cobro de las deudas pendientes
y el derecho a portar armas27.
En definitiva, los setenta y seis individuos enumerados en la tabla
1 son solo una porción de lo que podemos denominar la clase alta
morisca granadina en los tiempos del destierro en Sevilla, confor-
mando una lista que, combinada y cruzada con otras elaboradas por

23
Jorge GIL HERRERA y Luis F. BERNABÉ PONS: “Los moriscos fuera de Espa-
ña...”, p. 224.
24
Luis F. BERNABÉ PONS: “Notas sobre la cohesión...”, pp. 328-330.
25
Manuel F. FERNÁNDEZ CHAVES y Rafael M. PÉREZ GARCÍA: “Reconstruc-
ción de familias y redes sociales en el seno de la comunidad morisca sevillana. Las
familias Valenciano, Montano y Marín”, Historia y Genealogía, 2 (2012), pp. 53-73.
26
Manuel F. FERNÁNDEZ CHAVES y Rafael M. PÉREZ GARCÍA: En los márgenes
de la Ciudad de Dios, pp. 331, 301, véase también p. 313.
27
Rafael M. PÉREZ GARCÍA y Manuel F. FERNÁNDEZ CHAVES: “La gestión de
la fiscalidad...”, pp. 311-313.

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RAFAEL M. PÉREZ GARCÍA Y MANUEL F. FERNÁNDEZ CHAVES

distintas razones28 y con diversas fuentes documentales, nos permite


continuar penetrando en una sociedad hoy desaparecida y olvidada.

EL ALBAICÍN DE GRANADA EN SEVILLA

De la presencia en Sevilla de los Enríquez Çaybona, Muley Fez,


Berrio, Cárdenas, Arroba, Camit, Represa, Aguilar y Oleylas arriba
mencionados, se deduce claramente que una parte significativa de
la vieja élite morisca del Albaicín de Granada acabó asentándose en
Sevilla, una ciudad que, de esta forma y junto con Granada, Baeza,
Pastrana y Toledo, actuaría en el periodo 1570-1610 como uno de
los nodos fundamentales de una comunidad cuya representación
política ante la Monarquía seguiría dependiendo en buena medida
de este mismo grupo humano29. La identificación de algunos de los
individios listados en la tabla 1 así lo confirma.
Los hermanos Juan Pérez Abentorcat, al que se llama vecino
de Sevilla, y Hernando Pérez Abentorcat [núm. 55-56] pertenecían
también a una notable familia del Albaicín, y a ambos la justicia
de Sevilla los reconoció como cristianos viejos30. Aunque no hemos
encontrado las informaciones que se llevaron a cabo en Sevilla
para ello, pensamos que no les debió resultar excesivamente difícil
teniendo en cuenta lo distinguido de la familia Abentorcat, quienes
en Granada habían contraído matrimonio repetidamente con los
Çaybona mediante una constante estrategia endogámica sostenida
al menos durante tres generaciones. Esos matrimonios culminaron
en Granada en 1567 con el de Íñigo Abentorcate y doña Isabel
Çaybona, quienes a pesar de su “parentesco en tercero y cuarto grado
de consanguinidad doblado”31 obtuvieron dispensa para ello tanto
de la Penitenciaría Apostólica de Roma como, después, del provisor
28
Rafael M. PÉREZ GARCÍA y Manuel F. FERNÁNDEZ CHAVES: Las élites moris-
cas..., pp. 199-202.
29
William CHILDERS: “An Extensive Network of Morisco Merchants Active Circa
1590”, en Kevin INGRAM (ed.): The Conversos and Moriscos in Late Medieval Spain
and Beyond, Leiden-Boston, Brill, 2012, pp. 135-160.
30
AGS, CC, libro de cédulas 263, fol. 38r.
31
Véase árbol genealógico al final de este trabajo.

5 226

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LAS ÉLITES MORISCAS DEL ALBAICÍN DE GRANADA EN SEVILLA,...

del arzobispo de Granada. Las preguntas para llevar a cabo la infor-


mación correspondiente ante la curia de Granada nos informan del
preclaro linaje de ambos contrayentes. Así cuando se inquiría sobre
si “son de los descendientes e naturales deste Reino de Granada y
son e fueron cavalleros principales hijosdalgo e por tales hijosdalgo
cavalleros principales son y fueron avidos e thenidos entre todas las
personas naturales deste Reyno” (octava pregunta), o aquella otra
que al considerarlos “personas nobles y de la casta y generación”
indicada en la cuestión anterior, preguntaba si “el matrimonio que
quieren contraer es ygual entre ellos respecto de sus personas, la
qual ygualdad los susodichos no tienen con ninguna persona desta
cibdad de Granada si no es con deudos y parientes suyos en afinidad
y consanguinidad y fuera de los dichos sus deudos e parientes no
ay personas yguales a ellos en esta dicha ciudad con quien puedan
contraer matrimonio” (novena pregunta). Los testigos presentados
respondieron afirmativamente. Uno de ellos, viejo de 89 años, según
dijo, afirmó que ambos contrayentes eran

“de los descendientes y naturales deste Reyno de Granada y


son e fueron cavalleros y principales hijosdalgo notorios y tales
personas que heran avidos e thenidos por los mas principales del
pueblo, ecepto que los Muleys son de linajes de Reyes y de sangre
real y algunos de los hijos de los descendientes están casados con
los susodichos Çaybonas y que por tales cavalleros principales son
e an sido avidos e tenidos y comúnmente reputados e no ay cosa
alguna contrario”.

Otro anciano, el mercader Francisco el Quid Magui, vecino de


Granada en San Nicolás, respondió a la octava pregunta de la si-
guiente manera:

“dixo que lo sabe por la noticia que dello tiene y porque conos-
ció a los antiguos deste reyno y entre todos ellos los dichos Yñigo
Abentorcat y doña Ysabel Çaibona sus abuelos e visaguelos fueron
de los más principales cavalleros deste reyno y hijosdalgo y entre
ellos ovo Cadís y tenían otros oficios principales de moros que no

227 5

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RAFAEL M. PÉREZ GARCÍA Y MANUEL F. FERNÁNDEZ CHAVES

se davan sino a personas de sangre y calidad entre moros y por tales


personas principales an sido e fueron avidos e thenidos e común-
mente reputados”.

Finalmente, don Hernando de Mendoza Muley, de más de 60 años


y vecino en la granadina collación de San Pedro y San Pablo, afirmó
ser “algo deudo de Pero López Çaybona” (padre de la contrayente),
y dijo que entre los naturales de este reino todos ellos habían sido
caballeros e hijosdalgo principales, y que Gonzalo Abentorcat “tie-
ne executoria de su magestad de hijodalgo e este testigo oyó decir a
sus mayores y más ancianos que fueron personas de los más princi-
pales e que heran cadís e personas caballeros y les davan cargos de
principales”. Del contrayente afirmó lo mismo y no dudo en jurar
que en la ciudad de Granada “no ay persona que sea ygual a ellos”.
Otros testigos de edad nos avisan por su calidad de la importancia
del enlace: Lorenzo Fernández Ferí, de 58 años; Alonso el Mariní,
de 66 años32. Estos datos relativos a los Abentorcat nos avisan de
que en Sevilla se asentó una parte de la más distinguida aristocracia
morisca de la ciudad de Granada, hasta ahora no detectada por la
historiografía.
Otra destacada familia granadina que documenta nuestra lista
1 es la de los Castellanos, en concreto los hermanos Alonso (III) y
Juan Castellanos [núm. 49-50], hijos a su vez de Alonso Castella-
nos (II). La probanza realizada por Alonso [de] Castellanos (hijo)
y otro de sus hermanos, Miguel de Castellanos, en Sevilla en 1583,
se ha conservado33, informándonos de que su madre, Juana Marín,
ya era viuda para entonces y también vivía en Sevilla, y que todos
procedían de la ciudad de Granada. En Sevilla, los hermanos Caste-
llanos solicitaron al teniente del Asistente el reconocimiento como
cristianos viejos alegando que su padre ya lo había conseguido de
la Chancillería de Granada mediante ejecutoria entre 1559 y 1560,
tras sufrir cárcel y proceso por llevar armas. En aquella ocasión, su
padre fue declarado por cristiano viejo por línea de varón de su padre
32
Archivo Histórico Diocesano de Granada, Expedientes matrimoniales, leg. 1, expte.
32. Granada, mayo de 1567.
33
AGS, CC, leg. 2209.

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LAS ÉLITES MORISCAS DEL ALBAICÍN DE GRANADA EN SEVILLA,...

(Hernando de Castellanos) y su abuelo (Alonso de Castellanos [I]);


este último, habría sido natural de Yecla, en el reino de Murcia,
siendo cautivado por los moros de Granada cuando éstos saquearon
dicha villa34 y siendo llevado a Granada, donde permaneció “en el
dicho cautiverio” hasta que los Reyes Católicos tomaron la ciudad.
Después de esto, su abuelo Alonso de Castellanos (I) se habría casado
con una cristiana nueva de la propia ciudad de Granada. Increíble
o no, lo cierto es que este relato sirvió a Alonso de Castellanos (II)
para conseguir la deseada ejecutoria a mediados del siglo xvi. De la
relevancia de estos Castellanos en Sevilla habla el hecho de que uno
de sus testigos fuera un mercader morisco de especiería vecino en la
collación de San Isidro, Alonso Hernández, que identificamos con
toda seguridad con Alonso Hernández Represa (o de Ávila)35. Nos
parece evidente la identificación de esta familia con el Alonso Caste-
llano que a partir de 1610 también desempeñará un papel destacado
en la comunidad morisca reconstruida en Túnez36.
La información de que disponemos acerca de otros moriscos
procedentes de la ciudad de Granada y asentados en Sevilla es esca-
sa. Pedro Hernández de Mora [núm. 45], que parece haber pasado
primero por Baeza antes de llegar a Sevilla, debía ser familia de aquel
Juan de Mora y su hijo Sebastián Hernández de Mora, vecinos de
Granada, que en 1552 ya habían obtenido sentencia favorable sobre
llevar armas por haberse convertido antes de la conversión general37.
Gabriel Esteban y Jerónimo Hernández de Piedrahita [núm. 43-
44], que consiguieron su ejecutoria de la justicia de Sevilla para
portar armas y estar en la ciudad, podrían ser parientes de aquel
Gaspar de Piedrahita que en 1577 se cuenta entre los prohombres

34
El relato, que posiblemente fuera inventado, era, sin embargo, perfectamente creíble,
habida cuenta la larga historia de incursiones de los moros granadinos en el reino de
Murcia durante el siglo xv y la habitual captura de cautivos cristianos que eran tras-
ladados al reino de Granada (José HINOJOSA MONTALVO: “Las relaciones entre
Elche y Granada (ss. xiv-xv). De Ridwan a la guerra de Granada”, Sharq al-Andalus.
Estudios mudéjares y moriscos, 13 (1996), pp. 47-61).
35
Rafael M. PÉREZ GARCÍA y Manuel F. FERNÁNDEZ CHAVES: “La gestión de
la fiscalidad...”, p. 315.
36
Luis F. BERNABÉ PONS: “Notas sobre la cohesión...”, pp. 327-328.
37
Rafael M. PÉREZ GARCÍA y Manuel F. FERNÁNDEZ CHAVES: Las élites mo-
riscas..., p. 178.

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RAFAEL M. PÉREZ GARCÍA Y MANUEL F. FERNÁNDEZ CHAVES

de la comunidad morisca de Sevilla, junto a don Hernando Muley,


Jerónimo Enríquez [Çaybona] y Alonso Hernández Camit38. Tam-
bién granadinos eran los hermanos Alonso y Andrés Ramos [núm.
65-66], cuyo padre había obtenido ejecutoria de cristiano viejo en
la Chancillería de Granada; seguramente este Andrés Ramos es uno
de los moriscos que en 1576 lidera, siguiendo a don Fernando Mu-
ley, la petición de los moriscos de Sevilla para que se eliminasen las
penas instituidas contra los que hablaban árabe39. Algunos de estos
individuos que aspiraron a una condición privilegiada no tuvieron
una posición destacada en la Granada morisca, y fue ahora, en el
destierro y gracias a su servicio a los verdaderos líderes de la comuni-
dad, cuando entraron en este selecto grupo: parece ser el caso de los
Aguilar [núm. 28, 29], o de Lázaro de Valdivia [núm. 52], vecino de
Osuna, clientes de los Berrio; fue Valdivia quien escondió en su casa,
en Osuna, a Luis Pérez de Berrio, hijo de Lorenzo de Berrio, fugitivo
de la Inquisición por haberse descubierto que leía el Corán a otros
moriscos en Baeza40. Sobre otros, finalmente, y a falta del hallazgo de
nuevos documentos, solo podemos tener sospechas. ¿Es ese Miguel
Sánchez [núm. 76], morisco vecino de Sevilla, el Zinety, riquísimo
mercader de Granada emparentado con los Berrio, Comayhi, Afini
y otras familias del Albaicín?41.

LÍNEAS DE CONTINUIDAD EN EL LIDERAZGO MORISCO

Los datos expuestos hasta aquí apuntan con claridad líneas de


continuidad en el liderazgo morisco que se extienden a lo largo
del tiempo desde la Granada nazarí y morisca anterior a 1568 a los
38
Ibídem, pp. 101 y 200.
39
Ibídem, pp. 101, 200.
40
Rafael M. PÉREZ GARCÍA y Manuel F. FERNÁNDEZ CHAVES: “Los hermanos
Berrio...”, p. 428. En el futuro habrá que comprobar si existe un vínculo familiar
entre este y los Valdivia recogidos en Aurelio GARCÍA LÓPEZ: La frustración de la
élite morisca..., pp. 85-87, o durante el proceso de la expulsión ejerciendo papeles de
liderazgo (Jorge GIL HERRERA y Luis F. BERNABÉ PONS: “Los moriscos fuera
de España...”, p. 229).
41
Rafael M. PÉREZ GARCÍA y Manuel F. FERNÁNDEZ CHAVES: “Los hermanos
Berrio...”, pp. 386-388.

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LAS ÉLITES MORISCAS DEL ALBAICÍN DE GRANADA EN SEVILLA,...

periodos del destierro por Castilla entre 1569 y 1610 y de la expul-


sión en Túnez o en otras partes más allá de esta fecha. Este trabajo
simplemente pretende impulsar la enorme tarea de reconstrucción
histórica todavía pendiente y que, en el estado actual de nuestros
conocimientos, sigue pasando necesariamente por la realización de
estudios de individuos, familias, localidades y redes en base al cruce
y uso intensivo de fuentes documentales diversificadas.

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RAFAEL M. PÉREZ GARCÍA Y MANUEL F. FERNÁNDEZ CHAVES

ANEXOS

Tabla 1

Moriscos granadinos vecinos de Sevilla o que realizan actuaciones ante las autoridades judicia-
les sevillanas recogidos en el Libro del Consejo de Población de registro de ejecutorias, infor-
maciones y sentencias relativas a los moriscos que pretendían ser cristianos viejos.
Datos de parentesco Instancia judicial Tipo de documento Fecha de presentación
Nº Nombre reconocidos durante estos que genera la presentado ante el ante el Consejo de
procesos documentación Consejo de Población Población

Gonzalo Ejecutoria para


Alcaldes del
[1] de Nava- poder traer armas 29-X-1585
crimen de Sev.
rrete como los CV.
Ejecutoria de-
clarándolo “ser
Antonio
Alcaldes del cristiano viejo y
[2] Hernán- 29-X-1585
crimen de Sev. como tal poder
dez
traer armas libre-
mente”.
Ejecutoria de-
Alonso clarándolo “por
de Men- Alcaldes de cristiano viejo para
[3] 29-X-1585
doza Sevilla poder traer armas
Grimaldo como los demás
cristianos viejos”.
Bernar- Ejecutoria de-
Alcaldes de
[4] dino clarándolo CV y 29-X-1585
Sevilla
Franco poder traer armas
Información y
Martín y
“una sentencia en
Luis de Alcalde mayor
[5-6] que declara a los 4-XI-1585
Cabrera de Almería
susodichos poder
(VS)
traer armas”.
Información y
Baltasar Teniente de “un auto en que
[7] de los Asistente de declara poder traer -
Reyes Sevilla armas como xpia-
no viejo”.
Alonso
Pérez de Alcaldes de
[8] Ejecutoria -
Urbina, Sevilla
VS

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LAS ÉLITES MORISCAS DEL ALBAICÍN DE GRANADA EN SEVILLA,...

Información de
Diego y
testigos hecha
Luis de La justicia de
ante la ciudad de
[9-10] Cortinas, la ciudad de 14-XI-1585
Guadix y ante de
herma- Guadix
la justicia de ésta
nos, VS
declarándolos CV.
Información de
testigos probando
Alonso ser nietos de Juan
Harin, Gaitán y auto
Justicia de
[11- Pedro de la justicia de
Nietos de Juan Gaitán Vélez-Málaga y 18-XI-1585
13] Harin y Vélez-Málaga
de Sevilla
Hernan- declarándolos CV,
do Harin y confirmación
por la justicia de
Sevilla.
Una provisión
con un auto de-
clarando a Alonso
descendiente de
Alonso
los que se con-
Enrí-
virtieron “antes
quez y
[14- Alcaldes de que Granada se
Jerónimo 18-XI-1585
15] Sevilla ganase”, y una in-
Enríquez
formación y auto
[Çaybo-
hechos en Sevilla
na]
declarando “que
deben gozar de lo
que los cristianos
viejos”.
Información y tes-
Mateo
Justicia de timonio “de cierto
[16] López, 18-XI-1585
Sevilla pleito” en que
VS
resultó absuelto.
Francisco
Gómez
Alcaldes de Ejecutoria que lo
[17] de Va- 18-XI-1585
Sevilla declara CV.
lladolid,
VS

233 5

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RAFAEL M. PÉREZ GARCÍA Y MANUEL F. FERNÁNDEZ CHAVES

Rodrigo Información de
Lobo, testigos hecha
cirujano, Ciudad de Se- en Sevilla, y otra
[18-
y su villa y Justicia ante la justicia de 18-XI-1585
19]
hermano de Granada Granada con un
Juan auto de ésta con
Lobo declaración de CV.
Ejecutoria de
los alcaldes de
Alonso
Granada y una
Hernán- Hijo de Francisco de Alcaldes de
[20] información hecha -
dez de Represa Granada
en Granada en
Represa
que se probaría la
filiación.
Juan Ro-
dríguez,
Isabel
Nietos del beneficiado Información de
[21- García y Justicia de
de la iglesia de San testigos probando -
23] Leonor Sevilla
Juan de Málaga tal ascendencia.
García,
herma-
nos
Ejecutoria de los
alcaldes de Gra-
Alonso nada a favor de
Alcaldes de
Hernán- Hijo de Miguel Her- Miguel Hernán-
[24] Granada y Jus- -
dez [el nández Camid dez, e información
ticia de Sevilla
Camit] ante la justicia de
Sevilla probando
tal filiación.
Información
hecha en Sevilla
Mencía Justicia de
[25] que prueba que su 21-XI-1585
de Baeza Sevilla
marido y cuatro
hijos son CV.
Información de
testigos hecha en
Mateo de Justicia de
[26] Sevilla, y auto 21-XI-1585
Medrano Sevilla
absolutorio de la
instancia.

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LAS ÉLITES MORISCAS DEL ALBAICÍN DE GRANADA EN SEVILLA,...

Información de
testigos probando
Miguel ser descendiente
Justicia de
[27] de Agui- de vecino de las -
Sevilla
lar Pastor Cinco Villas del
Campo de Cala-
trava.
Jeróni-
mo de Ejecutoria decla-
Chancillería de
[28] Aguilar rando poder llevar 21-XI-1585
Valladolid
Oleylas, armas.
VS
Información hecha
en Sevilla, y auto
de la justicia de
Ambrosio
Justicia de Sevilla declarando
[29] Pablos de Hermano del anterior 21-XI-1585
Sevilla ser hermano del
Aguilar
anterior, a partir
del documento
de [28]
Alonso
de Herre-
ra Valla- Alcaldes de Ejecutoria ab-
[30-
dolid y la cuadra de solutoria de la 21-XI-1585
31]
su hijo Sevilla instancia.
García de
Herrera
Información de
Un alcalde de
Gaspar testigos y auto
[32] la cuadra de 22-XI-1585
Pastor de dicho alcalde
Sevilla
declarándolo CV.
Información ante
la justicia de Olías
y mandamiento
de ésta “para que
no le molestasen
Justicia de
atento que no era
Luis Her- Olías (Grana-
[33] morisco”; y auto 22-XI-1585
nández da) y Provisor
del provisor gene-
de Sevilla
ral del arzobispado
de Sevilla man-
dando “le quiten
del padrón de los
moriscos”.

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RAFAEL M. PÉREZ GARCÍA Y MANUEL F. FERNÁNDEZ CHAVES

Alonso
Her- Audiencia de
[34] Ejecutoria 22-XI-1585
nández Sevilla
Elcarria
Ejecutoria e in-
Diego de Hermano de Çebrum Alcaldes de
[35] formación de ser 23-XI-1585
Baena de Baena Sevilla
hermanos.
Información de
testigos y auto de-
Miguel
Alcaldes de clarándolo no ser
[36] de Espín- 23-XI-1585
Sevilla “de los moriscos
dola
comprehendidos
en los bandos”.
Información de
testigos probando
haberse convertido
su abuelo antes
Bernar-
Justicia de de la conversión
[37] dino de 23-XI-1585
Sevilla general, y cédula
Baena
del Rey Católico
mandando que go-
zase “de las liberta-
des” de CV.
Requisitoria or-
denando “que por
Francisco
Alcalde de razón de traer ar-
[38] Enríquez 23-XI-1585
Sevilla mas no se le haga
Çaybona
ninguna molestia
ni vexación”.
Información de
testigos hecha en
contradictorio
Diego
Justicia de juicio, y un auto
[39] Enríquez 23-XI-1585
Sevilla declarando que
Çaybona
debe “gozar de lo
que los cristianos
viejos”.

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LAS ÉLITES MORISCAS DEL ALBAICÍN DE GRANADA EN SEVILLA,...

Provisión decla-
rando que pueden
Maese
traer armas y gozar
Alonso
del privilegio con-
Gil, ci- 25-XI-1585 (1)
[40- Alcaldes de cedido a los Reyes
rujano, y
41] Sevilla Católicos a las
su primo
villas de Comares,
Alonso
El Borge, Bena-
Pérez Gil
margosa, Macha-
rayate y Cútar.
Información de
testigos hecha en
Juan de Justicia de
contradictorio
[42] Cártama, la ciudad de 25-XI-1585
juicio y auto en
VS Granada
su favor de dicha
justicia.
Gabriel
Esteban y
Ejecutoria decla-
Geróni-
[43- Alcaldes de rando poder traer
mo Her- 27-XI-1585
44] Sevilla armas y estar en la
nández
ciudad de Sevilla.
de Pie-
drahita
Proceso por de-
nuncia y sentencia
Pedro absolutoria en
Justicia de las
Hernán- Sevilla, y dos autos
[45] ciudades de 3-XII-1585
dez de de la justicia de
Sevilla y Baeza
Mora Baeza ordenando
guardar dicha
sentencia.
Traslado de infor-
mación; requisi-
Luis Ve- toria discernida
lázquez, Alcalde de por la justicia de
[46] estante al corte y Justicia Sevilla y sentencia 7-XII-1585
presente de Sevilla de ésta (con testi-
en Jaén monio de denun-
cia) declarándolo
CV.
Diego
Ejecutoria absol-
Gutiérrez Alcaldes de
[47] viendo de denun- 9-XII-1585
de Men- Sevilla
cia.
doza

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RAFAEL M. PÉREZ GARCÍA Y MANUEL F. FERNÁNDEZ CHAVES

Miguel Testimonios de
Justicia de
[48] de Al- denuncias y autos 12-XII-1585
Sevilla
mansa en su favor.
Información de
testigos ante la
justicia de Sevilla,
conteniendo una
Alonso y carta ejecutoria
[49- Juan Cas- Hijos de Alonso Cas- Justicia ordina- de los alcaldes de
1-XII-1585
50] tellanos, tellanos ria de Sevilla Granada decla-
hermanos rando a Alonso
Castellanos (pa-
dre) como CV y
“descendiente de
tales”.
Traslado de requi-
sitoria insertando
Hijo de Sebastián de Justicia de
Benito de sentencia que
[51] Padilla, natural ber- la ciudad de 14-XII-1585
Padilla le declara hijo
berisco Sevilla
de Sebastián de
Padilla.
Información hecha
Lázaro de Justicia de la ante la justicia de
Valdivia, villa de Osuna Osuna probando
[52] 17-III-1586
vecino de y Justicia de ser hijo de CV, y
Osuna Sevilla requisitoria de la
justicia de Sevilla.
Información de
testigos averiguan-
Andrés
do su ascendencia,
Salvador
estando Alonso
[53- y Marcos Nietos de Alonso Pas- Un alcalde de
Pastor conteni- 22-IV-1586
54] Pastor, tor y Catalina García Sevilla
do “en ciertos
herma-
previllegios de
nos
los señores Reyes
Católicos”.
Juan
Pérez Información de
Abentor- testigos con auto
cat, VS, y de la justicia de
[55- Justicia de
Hernan- Sevilla declarando 14-V-1586
56] Sevilla
do Pérez que pueden gozar
Aben- de las prehemi-
torcat, nencias de los CV.
hermanos

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LAS ÉLITES MORISCAS DEL ALBAICÍN DE GRANADA EN SEVILLA,...

Luis de Información de
Herrada testigos hecha
de Ca- ante la justicia de
[57- Nieto de Juan de Aran- Justicia ordina-
zorla y Sevilla, contenien- 2-VII-1586
58] da, natural de Burgos ria de Sevilla
Bernar- do ejecutoria a
dino de favor de Juan de
Herrada Aranda.
Diego
Hernán-
Alcaldes del
[59- dez y Ejecutoria y ciertas
crimen de 2-VII-1586
60] Lorenzo probanzas.
Sevilla
de Mon-
talbán
Información de
Jorge de
[61] - testigos hecha en 19-IX-1586
Morales
Sevilla.
Testimonio de
Lorenzo
ciertas sentencias
[62] Ramírez, - 1-X-1586
en favor de Loren-
VS
zo Ramírez.
Teniente de Información de
Luis de Hijo de Francisco de
[63] Asistente de testigos probando 30-XII-1586
Moya León, berberisco
Sevilla dicha filiación.
Traslado de in-
formación hecha
ante la justicia de
Justicia de las Granada, insertan-
Hijo de Pedro Hernán-
Hernán ciudades de do una requisitoria
[64] dez Yuste y Francisca 5-VIII-1587
García Granada y dada por la justicia
Hernández
Sevilla de Sevilla “en que
le ampara en la
posesión de xpia-
no viejo”.
Alonso y Ejecutoria origi-
Alcaldes del
Andrés nal declarando a
[65- Hijos de Francisco crimen de la
Ramos, Francisco Ramos 14-VI-1588
66] Ramos Chanc. de
herma- CV y que pueda
Granada
nos, VS traer armas.

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RAFAEL M. PÉREZ GARCÍA Y MANUEL F. FERNÁNDEZ CHAVES

Ejecutoria original
declarando que
Martín de Valen-
Alcaldes del
Alonso cia “pueda gozar
Hijo de Martín de crimen de la
[67] de Valen- de las preheminen- 4-IX-1588
Valencia Chanc. de
cia, VS cias, exenciones y
Granada
libertades de que
gozan los xpianos
viejos”.
María
e Íñigo
Maldo-
Alcalde de la
nado, y Dos informaciones
cuadra de Se-
[68- Baltasar de testigos “en que
villa, y Justicia 14-IX-1588
71] García hay autos dados en
de la villa de
e Isabel su favor”.
Priego
Salido,
herma-
nos
Información de
testigos hecha en
Sevilla para probar
tal parentesco, con
el objeto de que
Miguel se benefi-
[72] cie del reconoci-
Miguel
Alcalde de miento obtenido
Hernán- Hermano de Álvaro
la cuadra de por su hermano 2-X-1588
dez de Hernández de Luna
Sevilla mediante provi-
Luna
sión del Consejo
como incluido en
los privilegios a
favor de las alja-
mas de las cinco
villas del Campo
de Calatrava.
Información
Teniente de
Lorenzo de testigos “por
[73] Asistente de 10-XII-1588
Ruiz, VS donde prueba que
Sevilla
es xpiano viejo”.
Álvaro de Hijo de Francisco de Justicia de Información de
[74] Torres, Torres Almiquma, de la ciudad de testigos probando 13-I-1589
VS nación berberisco Sevilla dicha filiación.

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LAS ÉLITES MORISCAS DEL ALBAICÍN DE GRANADA EN SEVILLA,...

Ejecutoria de 10-
IV-1589 declaran-
do su absolución
Pedro de la denuncia
Alcaldes de
Martín “que contra él se
[75] la cuadra de 17-VII-1589
Mellado, hizo diciendo que
Sevilla
VS siendo morisco de
los naturales del
reino de Granada
traía armas”.
Ejecutoria original
declarando “que
está dado por libre
Miguel Alcaldes de
de la denunciación
[76] Sánchez, la cuadra de 30-X-1589
que contra él se
VS Sevilla
dio diciendo que
siendo morisco
traía armas”.

Abreviaturas: VS: vecino de Sevilla; CV: cristiano viejo: Sev: Sevilla.

Notas: (1) A consecuencia de la presentación en 1589 de nueva documentación ante el Consejo de Población,
estos primos quedan nuevamente recogidos en el Libro donde se asientan las executorias de los moriscos..., f.
54v: “En Madrid a primero de agosto de 1589 años se recibió un traslado auctorizado de cierta información
fecha ante la justicia de Sevilla a pedimento de Alonso Pérez Gil por donde prueba que es hermano de Juan
Pérez Gil, contenidos en ciertas sentencias de cristiano viejo dadas en su favor y de maese Alonso Gil, su
primo, por los alcaldes de la quadra de Sevilla en cierto pleito que allí trataron con Antonio de Valencia,
alguacil, en el traer de las armas en que se dio un auto por la dicha justicia por el qual fue declarado el dicho
Alonso Pérez Gil por hermano del dicho Juan Pérez Gil contenido en las dichas sentencias”.

FUENTE: AGS, CC, libro de cédulas 263, f., 1r-v, 2v, 3v, 5v, 8r, 9r-10r, 11r-12v, 13v-14r, 18r, 24v, 27v, 29v,
31v-32r, 37r-39r, 40r, 41r, 42v, 44v, 50r-52v, 54r-v. Se presentan por orden de aparición.

241 5

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RAFAEL M. PÉREZ GARCÍA Y MANUEL F. FERNÁNDEZ CHAVES

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LAS ÉLITES MORISCAS DEL ALBAICÍN DE GRANADA EN SEVILLA,...

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EL INICIO DE UNA EPOPEYA FINANCIERA
LA ENTRADA DE LOS BANQUEROS CRISTIANOS NUEVOS PORTUGUESES
EN LA DEUDA PÚBLICA DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA
1574-1580
Ana Sofia Ribeiro*
Universidad de Évora

INTRODUCCIÓN

Las páginas siguientes pretenden ser un primer abordaje a la pro-


blemática de la participación portuguesa en las finanzas públicas
de la Corona castellana, una vez que los primeros datos recogidos
sobre esta problemática parecen apuntar a una participación más
perenne y prematura de capital mercantil portugués en la deuda de
la hacienda castellana de lo que los estudios anteriores parecen su-
gerir. Con el presente capítulo, buscamos enfocar una parte de este
camino, para lo cual, de momento, identificamos como su inicio el
periodo entre 1574 y 1580. Un estudio más profundo y que abarque
toda la segunda mitad del siglo xvi y la primera mitad del siglo xvii
tendrá que ser desarrollado en el ámbito de un proyecto de inves-
tigación colectivo, compuesto por un equipo de especialistas, que
aguarda en este momento una candidatura para financiamiento.
Aunque no se vea una conexión directa entre religión o etnicidad
y las financias de la Monarquía Hispánica, la realidad evidencia que
la mayoría de los grandes poseedores de capital en Portugal, por lo
menos desde mediados del siglo xvi, eran cristianos nuevos, algunos
descendientes de los judíos expulsados de Castilla en 1492, que se

*
Investigadora auxiliar CIDEHUS (UID/HIS/00057/2019), Universidade de Évora.
ORCID: 0000-0002-1822-5908. Este trabajo está financiado por fondos nacionales
portugueses a través de la Fundación para la Ciencia y la Tecnología y por el Fondo
Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) a través de COMPETE 2020 - Programa
Operacional Competitividad e Internacionalización (POCI) y PT2020, en el ámbito
del proyecto UID/HIS/00057/2019.

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ANA SOFIA RIBEIRO

habían fijado en tierras lusas donde tuvieron muchas oportunidades


de negocio, permitiéndoles reunir fortunas bastantes razonables1. Son
ellos los grandes protagonistas de este financiamiento a los cofres
de los Austrias.
El asunto no es nuevo; sin embargo, la historiografía data la en-
trada masiva del capital luso por ocasión de la bancarrota de 1626,
momento en el que la Corona se propuso reducir la dependencia que
tenía de los financieros genoveses, intentando obtener condiciones
financieramente más ventajosas recurriendo a otros acreedores. Los
portugueses habrían sido particularmente privilegiados en el proceso
de negociación2. A lo largo de la segunda mitad del siglo xx, este
proceso de aproximación del capital portugués y cristiano-nuevo a
la hacienda de la monarquía se relacionó con tres acontecimientos
y coyunturas que habrían funcionado, durante las primeras décadas
del siglo xvii, como potenciadores de la participación financiera
portuguesa en la deuda pública castellana desde 1626.
Uno de ellos fue el del perdón general de 1605 a los cristianos
nuevos portugueses judaizantes. Son, sobre todo, los historiadores
de la religión, de la Iglesia y de la Inquisición quienes más subrayan
las necesidades que llevaron a la hacienda real a aceptar el servicio
ofrecido por los cristianos nuevos portugueses, con el fin de que
1
Pilar HUERGA CRIADO: En la raya de Portugal: solidariedad y tensiones en la co-
munidad judeoconversa, Salamanca, Ediciones de la Universidad de Salamanca, 1994.
David GRANT-SMITH: The mercantile class of Portugal and Brazil in the seventeenth
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sertación de doctorado, University of Texas, 1975. Moises ORFALI: “New Christians
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Simon SCHWARTZFUCHS (eds.): The Mediterranean and the Jews: banking, finan-
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Press, 1989, pp. 179-188. Antonio DOMÍNGUEZ ORTÍZ: Los judeoconversos en la
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2
James C. BOYAJIAN:Portuguese bankers at the Court of Spain, 1626-1650, New Brun-
swick, NJ, Rutgers University Press, 1983. Nicolás BROENS: Monarqua y capital
mercantil: Felipe IV y las redes comerciales portuguesas (1627-1635), Madrid, Ediciones
de la Universidad Autónoma de Madrid, 1989.

5 248

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EL INICIO DE UNA EPOPEYA FINANCIERA. LA ENTRADA DE LOS...

les perdonasen su ascendencia judaica, de que la Inquisición dejara


de perseguirles a ellos y a sus familias y, sobre todo, para evitar que
confiscaran sus bienes. Los daños a la hacienda regia generados por el
conflicto con los Países Bajos y la manutención de un vasto imperio
ultramarino frente a la creciente competición de las Provincias Uni-
das y de Inglaterra, principalmente en el Índico, llevarán a que los
consejeros de Estado viesen la entrada casi inmediata de 1.700.000
cruzados con buenos ojos, a pesar de las protestas generalizadas de
una parte de las élites portuguesas3. Esta sería la primera vez que un
grupo de hombres de negocios portugueses habría tenido éxito en
sus negociaciones con los Austrias, mostrando capital abultado que
les permitiría invertir en el crédito a la Corona en el futuro.
A su vez, otros historiadores subrayan el impacto de un gran en-
riquecimiento de la esfera mercantil cristiana nueva, sobre todo, en el
comercio con el azúcar. A ese éxito, según Boyajian, habrían contribuido
mucho las profundas articulaciones entre estos hombres de negocios
portugueses y sus representantes en Ámsterdam, donde el negocio del
refinamiento de azúcar ganaba preponderancia, como en Hamburgo.
Este hecho permitió que algunos de estos hombres tuvieran parte de su
capital debidamente a salvo de la confiscación inquisitorial a lo largo
de las décadas de 1610 y 1620 y ganasen con su inversión en negocios
fuera de la esfera de influencia ibérica. Sería ese capital rentabilizado
aquel que ofrecían a la Corona en las negociaciones que arrancaron
en 1622 con la intención de negociar más privilegios sociales y de
circulación con menor represión y que acabaría transformándose en
1626 en la concretización contractual de un primer asiento portugués4.
Sin embargo, la interpretación que reúne mayor consenso dentro
de la historiografía es la que sostiene que habría sido Olivares quien
incentivó y promovió el consorcio entre la Corona y estos hombres
3
Lúcio de AZEVEDO: História dos Cristãos Novos Portugueses, Lisboa, Livraria Clássi-
ca Editora, 1975 (1ª ed. 1921), pp. 155-165. Juan Ignacio PULIDO SERRANO: “Las
negociaciones con los cristianos nuevos portugueses en tiempos de Felipe III a la luz
de algunos documentos inéditos (1598-1607)”, Sefarad, 66/2 (2006), pp. 345-376. Ana
Isabel LÓPEZ-SALAZAR CODES: Inquisición Portuguesa y Monarquía Hispánica,
Lisboa, Edições Colibri/ CIDEHUS, 2010. pp. 17-39.
4
James C. BOYAJIAN: Portuguese bankers..., pp. 9-16. Jonathan I. ISRAEL: Diaspo-
ras within a diaspora: jews, crypto-jews, and the world of maritime empires, 1540-1740,
Leiden, Brill, 2002.

249 5

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ANA SOFIA RIBEIRO

de negocios. Tras la bancarrota de 1627, el conde-duque ambicionaba


encontrar un grupo de inversores que sustituyese a los financieros
genoveses y que cobrase intereses más bajos. Es en este contexto en
el que se recurre a los cristianos nuevos portugueses, quienes aceptan
invertir, aunque en cantidades bastante reducidas al principio, com-
pitiendo con los Fugger y algunos genoveses, que vuelven después de
16295. Aun así, durante la década de 1630 los portugueses se destacan
realmente en el grupo de asientistas de la Corona, según los datos
detallados que presenta Álvarez Nogal6.
Tendrá sentido analizar esta problemática bajo el prisma de lo
que Subrahmanyan designó como «historia conectada», esto es, una
perspectiva en la que no se puede separar las interacciones de estos
individuos con la Corona castellana de todo el entorno internacional
que rodeaba a estas entidades. No es posible concebir unas sin las
otras7. En términos financieros no sólo es difícil, sino incluso erróneo,
desvincular la historia de portugueses y castellanos entre los albores
del siglo xvi y el final del reinado de Felipe IV en Castilla. Una
historia depende de la otra, tanto a nivel político y colectivo, como
a nivel de la acción individual. Hombres de negocios portugueses y
castellanos compartían riesgos y lucros del trato ultramarino, tutelado
por los respectivos nacionales. Se trataba de sociedades informales
para el comercio de los esclavos, del azúcar, de las plantas tintóreas
americanas, del oro o de la plata, de los artículos de lujo asiáticos, de
las especias aromáticas y del arte, desde la porcelana hasta la seda8.
5
Carmen SANZ AYÁN: “Los banqueros del rey y el Conde Duque de Olivares”, en
José ALCALÁ ZAMORA (ed.): Felipe IV. El hombre y el reinado, Madrid, R.A.H. y
Centro de Estudios Europa Hispánica, 2005, Shai COHEN: “El retorno de los judeos
conversos portugueses en época del Conde Duque de Olivares”, Hipogrifo, 1/(2018),
pp. 191-215. Carlos ÁLVAREZ NOGAL: El crédito de la Monarquía Hispánica en el
reinado de Felipe IV, Valladolid, Junta de Castilla y León/ Consejería de Educación
y Cultura, 1997. Antonio DOMÍNGUEZ ORTÍZ: Politica y Hacienda de Felipe IV,
Madrid, Pegaso, 1983 (1ª edición 1960).
6
Carlos ÁLVAREZ NOGAL: El crédito de la Monarquía..., pp. 181-223. Nicolás
BROENS: Monarquía y capital mercantil..., James C. BOYAJIAN: Portuguese
bankers...
7
Sanjay SUBRAHMANYAN: “Connected histories: notes towards a reconfiguration
of early modern eurasia”, Modern Asian Studies, 31/3 (1997), pp. 735-762.
8
Algunos trabajos más detallados sobre estos negocios: Maria Manuel TORRÃO: Trá-
fico de escravos entre a costa da Guiné e a América espanhola: articulação dos impé-
rios ultramarinos ibéricos num espaço atlântico (1466-1595), disertación de doctorado,

5 250

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EL INICIO DE UNA EPOPEYA FINANCIERA. LA ENTRADA DE LOS...

Todo esto, decenas de años antes de la unificación política, bajo la


tutela Habsburgo en 1580, que marca la perpetuación de un sistema
comercial ibérico que no es más que “un punto de llegada”, como
escribió Magalhães Godinho9.
Este análisis es tanto más evidente si evitamos limitarnos a la
observación de los procesos macro de las coyunturas financieras,
y nos fijamos en el protagonismo de la acción individual de los
agentes históricos que, incorporados a redes auto-organizadas, ayu-
darán a definir el proceso de explotación comercial de los espacios
ultramarinos respectivos desplazándose, a veces hacia dentro, a veces
hacia afuera, de sus estructuras formales o incluso aprovechando
de manera oportunista y simultánea las mejores circunstancias que
ambos sistemas tenían que ofrecer10. ¿Es verosímil que ocurriese lo
mismo en la esfera financiera?
En este capítulo nos proponemos identificar los primeros agentes
portugueses que participaron con su capital en la deuda pública
española y qué les permitió asumir ese papel. Por otro lado, importa
comprender los procesos de negociación para su participación en los
asientos. Esta negociación, ¿se haría individualmente o en grupo?
Muchos historiadores, sobre todo del periodo contemporáneo, han
enunciado cómo se podrían organizar los agentes económicos para
ejercer presión sobre las instituciones de poder para la aprobación de
medidas y líneas estratégicas económicas favorables a su actividad.
La historiografía portuguesa no es excepción; digna de subrayar es

Universidade dos Açores, 2007. Manuel FERNÁNDEZ CHAVES y Rafael PÉREZ


GARCÍA: “La penetración económica portuguesa en la Sevilla del siglo xvi”, Espacio,
Tiempo y Forma. Historia Moderna, serie 4/25 (2012), pp. 199-222. Enrique OTTE y
Conchita RUIZ-BARRUECOS: “Los portugueses en la trata de esclavos negros de
las postrimeras del siglo xvi”, Moneda y crédito, 85/(1963), pp. 3-40. Ana Sofia RI-
BEIRO: Early modern trading networks in Europe. Cooperation and the case of Simón
Ruiz London, Routledge, 2016.
9
Vitorino Magalhães GODINHO: “1580 e a Restauração”, en Victorino Magalhães
GODINHO (ed.): Ensaios II, Lisboa, Livraria Sá da Costa, 1978, p. 381.
10
Amélia POLÓNIA: “Indivíduos e redes auto-organizadas na construção do impé-
rio marítimo português”, en Ángel GARRIDO, Leonor F. COSTA and Luis M.
DUARTE (eds.): Economia, instituições e império. Estudos em homenagem a Joaquim
Romero de Magalhães Coimbra, Almedina, 2012, pp. 349-372. Cátia ANTÚNES:
“Free agents and formal institutions in the Portuguese empire: towards a framework
of analysis”, Portuguese Studies, 28/2 (2012), pp. 173-185.

251 5

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ANA SOFIA RIBEIRO

la importancia para el periodo moderno de los trabajos de Leonor


Freire Costa sobre los grupos de mercaderes en el Índico y en el
Atlántico en el siglo xvii o Jorge Pedreira y los hombres de negocios
protagonistas del comercio brasileño en el tiempo de Pombal y hasta
el vintismo11, por ejemplo12. Se distinguen dos tipos de estrategias
negociadoras en discusión. Una, la acción auto-organizada, esto es,

“a process in which pattern at the global level of a system emer-


ges solely from numerous interactions among the lower-level com-
ponents of a system. Morever, the rules specifying interactions
among the system’s components are executed using only local in-
formation, without reference to the global pattern.13”

Otra, la formación de grupos de presión organizados en acciones


de lobbying:

“any attempt by individuals or private interest groups to in-


fluence the decisions of government; in its original meaning it re-
ferred to efforts to influence the votes of legislators, generally in
the lobby outside the legislative chamber.14”

Otra cuestión en debate son los medios utilizados por los hombres
de negocios portugueses para tratar con la corte castellana. ¿Podrían
dialogar directamente con la Hacienda o escogerían representantes
para que negociaran los préstamos? ¿Qué tipo de participación ejer-
cían? Otra variable en consideración es la eficacia de los mecanis-
mos de financiamiento que permitieron a estos hombres la liquidez

11
Movimiento político de ideología liberal vigente en Portugal entre 1820 y 1823.
12
Leonor Freire COSTA: Império e grupos mercantis - entre o Oriente e o Atlântico (século
XVII), Lisboa, Livros Horizonte, 2002. Jorge PEDREIRA: Os homens de negócio da
praça de Lisboa de Pombal ao Vintismo (1755-1830). Diferenciação, reprodução e identi-
ficação de um grupo social, disertación de doctorado, Universidade Nova de Lisboa,
1995.
13
Scott CAMAZINE et al.: Self-organization in Biological Systems, Princeton, NJ,
Princeton University Press, 2003. p. 8.
14
“Lobbying”, en Enciclopaedia Britannica, s. a. https://www.britannica.com/topic/
lobbying. Retirado de internet.

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EL INICIO DE UNA EPOPEYA FINANCIERA. LA ENTRADA DE LOS...

inmediata para invertir en el negocio, así como el modo de pago


de los contratos.
Con estos objetivos, este capítulo estará dividido en dos secciones.
La primera considera los hombres de negocios que fueron abriendo
un camino comercial y financiero que les permitió reunir las condi-
ciones y el saber hacer necesarios para la entrada en el negocio de la
deuda pública castellana. Una segunda sección se propone analizar
los primeros pasos de los hombres de negocios lusos en el negocio
de los asientos (contratos de préstamos a corto plazo) con la Corona
castellana. En este sentido, resultó imprescindible recurrir a diversas
tipologías de fuentes. Para identificar los individuos y la variedad
de sus negocios, sus agentes, relaciones y grupos de actividad (gru-
pos o comunidades) se han tratado de recoger pequeñas biografías
empíricas, a través de protocolos notariales portugueses y españoles.
Con la correspondencia privada de mercaderes portugueses, locali-
zadas en el valioso Archivo Simón Ruiz, se ha intentado entender
las asociaciones y estrategias de negocio informales utilizadas por
estos individuos. En términos de documentación producida por
la Corona, se ha pretendido consultar los registros de privilegios
portugueses y españoles de modo a identificar títulos concedidos,
rentas y otros favores (complementado con algunas pruebas de
limpieza de sangre de las Órdenes Militares y de la Inquisición
para buscar informaciones personales). Obviamente, la consulta de
los documentos de las diferentes contadurías ha sido esencial para
identificar los asientistas, sus corresponsales, las condiciones de los
contratos, así como los medios de pago.

PARTICULARES, CORONA PORTUGUESA Y ECONOMÍA ULTRAMARINA

El hecho de que los portugueses constituyesen la mayoría de los


grandes mercaderes de los siglos xvi y xvii no era solo una coin-
cidencia. Muchos eran descendientes de los judíos expulsados en
1492 de Castilla, a quienes en 1498 se les forzó a convertirse al cris-
tianismo en Portugal. Inicialmente, instalados cerca de las fronte-
ras, pudieron mantener los lazos de negocios que habían tenido

253 5

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ANA SOFIA RIBEIRO

anteriormente y contaban con una liquidez de capital acumulado


que los mercaderes portugueses no poseían y que les permitió ganar
un lugar destacado en la economía y en las financias portuguesas.
Además de su participación en la deuda pública portuguesa
durante toda la dinastía de Avis, por lo menos desde la década de
1560, estos hombres fueron protagonistas del comercio ultramarino
portugués y de su umbilical relación con el comercio ultramarino
e interno castellano. Por entonces, se conoce una fuerte presencia
portuguesa en Sevilla y en el comercio con las Indias, así como la
inversión mutua en auténticas sociedades ibéricas de negocios que
trataban con productos coloniales, muchas veces de forma ilegal15.
A partir de que la Corona portuguesa decidiera apostar por el
proceso expansionista se necesitó recurrir a capital privado con el
que proveerse de recursos logísticos para llevar a cabo el proceso de
los descubrimientos ultramarinos y para sustentar y mantener un
imperio que, durante el siglo xvi, fue organizándose y creciendo.
Si es verdad que los ingresos de la Corona aumentaron, los gastos
fueron acompañando su ritmo y para eso, en 1500, el rey Manuel I
de Portugal echaba mano de la expedición de los padrões de juro, el
equivalente a una deuda publica consolidada; ni más ni menos, bonos
de deuda pública con los que los particulares podrían participar en
las finanzas de la Corona a cambio de pagos de la cuantía invertida,
recibiendo sus intereses16. En este proceso o en otros, los cristianos
nuevos portugueses hicieron parte de esta mercantilización de la
economía portuguesa.
Durante la segunda mitad del siglo, fue también tiempo de
constituir un capital financiero y social elevado que permitió a estos
hombres tener un dominio en el comercio ultramarino y acumular
una liquidez tal que preparó su camino para la participación precoz

15
Manuel FERNÁNDEZ CHAVES y Rafael PÉREZ GARCÍA: “La penetración eco-
nomica...”; Fernando SERRANO MANGAS: La encrucijada portuguesa: esplendor y
quiebra de la Unión Ibérica en las Indias de Castilla (1600-1668), Badajoz, Diputación
Provincial de Badajoz, 2001. Ana Sofia RIBEIRO: Early Modern. Eufemio LOREN-
ZO SANZ: Comercio de España con América en la época de Felipe II, Valladolid,
Diputación Provincial de Valladolid/ Institución Cultural Simancas, 1980. vol. 2.
16
Vitorino Magalhães GODINHO: “Finanças públicas e estrutura do Estado”, en Joel
SERRÃO (ed.): Dicionário da História de Portugal, Porto, Figueirinhas, 1984, III,p. 32.

5 254

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EL INICIO DE UNA EPOPEYA FINANCIERA. LA ENTRADA DE LOS...

en el negocio de la deuda pública castellana. Analicemos casos con-


cretos a partir de la documentación notarial de Lisboa.
El comercio con la India, principalmente el trato con las especias,
fue una de esas vertientes. Con una vasta comunidad extendida por
los puertos del Índico, los cristianos nuevos portugueses, partiendo
de la capital del imperio y de sus agentes en Oriente, consiguieron
lucros que les permitieron reinvertir en otros ramos de actividad17.
Dado que, hasta 1570, el transporte y comercio de la ruta del Cabo
estaba en manos de la Corona, los agentes privados buscaban enviar
a Lisboa mediante estas embarcaciones una determinada cantidad de
especias que sus representantes compraban en distintas plazas como
Cochín, Goa, Colombo, Malaca o Macao. Llegadas las naves a des-
embarcar en la Casa de la India, estos hombres de negocios pagarían
el impuesto de las mercancías que venían a su cargo y, en el caso de
la pimienta, podrían comprar al rey una determinada parte de su
monopolio y ponerlo a la venta en el mercado interno o externo.
Con el aumento de los costes de la guerra en el norte de África
y en el mar Rojo, se produce la crisis de los productos asiáticos, que
conocieron un aumento de precio en origen y una diminución de
precio en Europa debido a la recuperación de las rutas del Levante;
esto lleva a la disminución de los lucros en la explotación de la ruta
del Cabo para la Corona. El rey Sebastián de Portugal determinó
repartir este comercio y su organización en tres contratos de arren-
damiento monopolistas: el contrato de la traída de la pimienta, el
de la traída de la nuez moscada y el de la traída del jengibre, siendo
los dos últimos suprimidos en 1581. Al de la pimienta se juntaba el
contrato de las naos de la ruta del Cabo, este ligado al arrendamiento
de los derechos aduaneros de la Casa de la India a partir de 158618.
Aunque fuesen los mercaderes extranjeros aquellos que ganaron
protagonismo en la historiografía como los grandes pioneros en la
17
James C. BOYAJIAN: Portuguese trade in Asia under the Habsburgs, 1580-1640, Baltimore,
The John Hopkins University Press, 1993. Elsa PENALVA: As lutas pelo poder em Macau, c.
1590-c.1660, disertación de doctorado, Universidade de Lisboa, 2005. José Alberto TAVIM:
Judeus e cristãos-novos em Cochim: história e memória (1500-1662), Braga, APPACDM, 2003.
18
Vitorino Magalhães GODINHO: “Rota do Cabo”, em Joel SERRÃO (ed.): Dicioná-
rio de História de Portugal, Porto Figueirinhas, 1984, V, p. 377. James C. BOYAJIAN:
Portuguese trade in Asia...

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ANA SOFIA RIBEIRO

concretización de estos contratos, como es el caso del alemán Conrado


Rott y del milanés João Baptista Rovelasco, desde el principio los cristia-
nos nuevos portugueses se juntaron a ellos. En 1582, Felipe II transfiere
el contrato del arruinado Rott a Rovelasco, sumándose a él Tomás
Ximenes, su cuñado António Fernandes de Elvas y Luis Gomes de
Elvas, que ya negociaban con especias desde hacía bastante tiempo19.
Los mismos portugueses serán también los poseedores del contrato
del añil, al que Rovelasco también vendrá a unirse. Estos agentes
privados utilizaron los contratos de traída de la pimienta y de venta
o explotación de otras drogas para obtener ventajas adicionales no
solo en la India y en su comercio fuera de los puntos dominados por
los portugueses, sino también en otros lugares del Índico y de Extre-
mo Oriente. Para el éxito de esta empresa, fue necesario encontrar
los mejores agentes y representantes en los distintos lugares. Estos
contratantes poseían administradores en Malaca, como eran João
Rodrigues Pais, António Brandão y Rui Lopes Costa, a quienes les
fletaban navíos para enviárselos a esos lugares con dinero, solicitán-
doles que con él adquiriesen y cargasen pimienta, especias, drogas y
otros productos20. Curiosamente, estos hombres no son ni familiares
de los hombres de negocios de Lisboa, ni cristianos nuevos.
Otros contratantes, como aquellos que arrendaron este contrato
entre 1588 y 1592, sustentaban sus operaciones entre Lisboa y Cochín.
En Lisboa, se quedaban no solo los grandes contratantes –Jerónimo
Duarte Ximenez, Jacome Gomes Galegos, Manuel Mendes de la
India, Marcos de Góis y Manuel Jorge de Lisboa–, sino también
otros mercaderes que indirectamente invertían en el contrato: André
Ximenez y Diogo Faleiro. En Cochín, sus representantes –Dinis
Faleiro, Gaspar Ximenez y Francisco Lopes de Elvas, se juntaban al
trabajo con el único de los contratantes que residía en la India, Marco
de Góis21. Por lo tanto, en los dos casos referidos, se entiende que
estos hombres de negocios portugueses no solo dominaban el sistema
de monopolio de la Carrera de la India, sino que lo articulaban con

19
Archivo Distrital de Lisboa (ADL), 15º Registro Notarial de Lisboa, caja 11, libro 53,
fls. 125v-127v. ADL, 15º Registro Notarial de Lisboa, caja 11, libro 53, fols. 123v-124.
20
ADL, 2º Registro Notarial de Lisboa, oficio A, caja 4, libro 21, fols. 142-142v.
21
ADL, 2º Registro Notarial de Lisboa, oficio A, caja 4, libro 21, fols. 108-108v.

5 256

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EL INICIO DE UNA EPOPEYA FINANCIERA. LA ENTRADA DE LOS...

la explotación directa de rutas alternativas de comercio en Oriente,


creando vías de circulación de mercancías, dinero e información, lo
que les confería un inmenso poder.
Sorprendentemente, en el mismo periodo cronológico, estos
mismos agentes parecen no participar en el comercio del Atlánti-
co. A pesar de todo, con una cierta especialización en los circuitos
comerciales, el Atlántico o el de Oriente, las familias que dominan
los dos circuitos son frecuentemente las mismas. Manuel Gomes de
Elvas, que negocia sobre todo con azúcar y palo de Brasil es tío de un
de los contratistas de la pimienta y del índigo, Luis Gomes de Elvas,
siendo su hermano bastardo António Gomes de Elvas, que muere en
1578. Manuel Jorge de Lisboa y Gaspar Jorge de Oporto, este último
ligado al trato del Atlántico, descendían de la misma familia, aunque
se desconozca el grado de parentesco que les relaciona. Jorge Rodri-
gues Solis, tratante de esclavos negros y de azúcar, era tío de Damião
Solis, que representaba a los contratistas de la pimienta en Cochín.
Duarte Mendes de Elvas, uno de los más ricos mercaderes de Lisboa,
dedicado al comercio del Atlántico, era cuñado del contratista de la
pimienta Francisco Rodrigues de Elvas, que es también el poseedor
de las rentas de los puertos secos portugueses, por concesión regia,
a finales de la década de los 8022.
Dominando grandes circuitos de comercio, estos hombres son
inmensamente poderosos, no solo por el capital económico que acu-
mulan, sino también por las relaciones personales que construyen,
lo que les permitió en diferentes momentos acercarse a la Corona
y presionarle para abrir las puertas de sus cofres. Este fue también
el camino que les proporcionó la entrada en el negocio de la deuda
pública castellana, todavía en el reinado del rey Sebastián de Portugal.

LA PARTICIPACIÓN PORTUGUESA EN LOS ASIENTOS CASTELLANOS

Son estos mismos grandes hombres de negocios portugueses, lo-


calizados mayoritariamente en Lisboa, quienes intervendrán en el

22
ADL, 2º Registro Notarial de Lisboa, oficio A, caja 3, libro 13, fols. 142-143.

257 5

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ANA SOFIA RIBEIRO

negocio de la deuda pública castellana, sobre todo a partir de 1574.


A día de hoy, no se conoce actividad portuguesa en el ámbito de
préstamos a la Corona castellana anterior a 1574-1575. A pesar de
todo, no podemos excluir totalmente esta posibilidad, ya que, al
igual que a partir de la década de los 70, tal participación puede
haber existido de forma oficiosa.
El reinado de Felipe II fue financieramente muy exigente para
los cofres de la monarquía. Hereda de su padre un vasto conjunto
de territorios. En la península ibérica, el reino de Castilla con todos
sus territorios ultramarinos en el continente americano, y el reino
de Aragón con su extensión a Nápoles y Sicilia. En el norte de Italia,
ostenta el ducado de Milán, y en el norte de Europa es el soberano
de los Países Bajos. Se suma a esta vastedad que, durante su reina-
do, el monarca concibe una política expansionista en las Indias de
Castilla y en el sureste asiático, principalmente en la colonización
del archipiélago filipino. A esto se suma una política de defensa de la
cristiandad que le hace entrar en diversos conflictos, resaltando aquí
los que particularmente afligen a las finanzas de la Corona hasta la
bancarrota de 1575: la entrada en las guerras de religión francesas, el
combate a los turcos en el Mediterráneo a través de la coligación de
la Liga Santa y, más importante, el inicio de la guerra de los Ochenta
Años en los Países Bajos, iniciada en 1568.
Es en este marco en el que algunos hombres de negocios cris-
tianos nuevos portugueses van a acudir a las finanzas de la Corona.
Los primeros registros que aquí se abordarán están reflejados en la
correspondencia recibida desde Portugal por Simón Ruiz. Si bien
parte de esta correspondencia ya fue publicada en la década de los
años 50 del siglo pasado por J. Gentil da Silva, el autor se centró
en su transcripción y no en un estudio profundo de los temas de la
correspondencia entre Ruiz y la familia Elvas y sobre algunas estra-
tegias de negocio financiero entre Ruiz y los Ximenes de Aragón, ya
en las décadas de 1580 y 159023.

23
José Gentil da SILVA: Stratégie des affaires à Lisbonne entre 1595 et 1607. Lettres mar-
chands des Rodrigues d’Évora et Veiga, Paris, Armand Colin, 1956. José Gentil da SIL-
VA: Marchandises et finances: lettres de Lisbonne (1563-1578), Paris, Armand Colin,
1959.

5 258

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EL INICIO DE UNA EPOPEYA FINANCIERA. LA ENTRADA DE LOS...

De mayor relevancia es el estudio de Lapeyre, Simón Ruiz et les


“Asientos” de Philippe II, donde el autor describe el proceso por el
que este mercader entra en las negociaciones con la Hacienda cas-
tellana, alrededor de 1574. Mediante el decreto de la suspensión de
pagos de los asientos al año siguiente, Ruiz y otros castellanos ven
en la ausencia de la oferta de crédito a la Corona por parte de los
tradicionales socios genoveses, la oportunidad ideal para entrar en
este negocio, proveyendo de aquello que los genoveses solo volve-
rían a dar tras el acuerdo de Medio General de 1577. Es ya en este
trabajo de 1953 en el que Lapeyre menciona, pasando de puntillas,
el apoyo financiero de algunos hombres de negocios portugueses a
Simón Ruiz, con ocasión de los primeros asientos celebrados por
el castellano con la Corona, aunque estos nunca aparecen referidos
en la documentación de la Contaduría Mayor de Cuentas24. A pesar
de todo, el autor privilegió mucho más la conexión de Ruiz con los
Bonvisi, en detrimento de las relaciones con los hombres de negocios
portugueses en Lisboa y en Antuerpia.
La bancarrota o suspensión de pagos, como algunos autores pre-
fieren llamarla, es un momento clave para esta entrada portuguesa en
el negocio, pero no el único. La deuda fluctuante castellana, a corto
plazo, ascendía en 1575 a treinta y seis millones de ducados, siendo
que los ingresos previstos rondaban los seis millones25. El decreto se
publica el día uno de septiembre de 1575. Felipe II suspende todos los
pagos de los intereses y declara la ilegalidad de los asientos realizados
en los quince años precedentes26. Los acreedores genoveses fueron los
grandes afectados, dejando a algunos negociantes de renombre con
pérdidas abultadas. A pesar de todo, las consecuencias en el mercado
financiero europeo no se hicieron esperar: en Antuerpia, la estrechez
24
Henri LAPEYRE:Simón Ruiz et les «asientos» de Philippe II, Paris, Armand Colin,
1953.
25
John H. ELLIOT: Europe divided, 1559-1598, Oxford, Blackwell, 2000, pp. 179-180.
Mauricio DRELICHMAN y Hans-Joachim VOTH: Lending to the borrower from
hell. Debt, taxes, and default in the age of Philip II, Princeton, Princeton University
Press, 2014. p. 88.
26
Albert W. LOVETT: “The Castilian bankruptcy of 1575”, The Historical Journal,
23/4 (1980), pp. 899-911. Felipe RUIZ MARTÍN: “Las finanzas españolas durante el
reinado de Felipe II (alternativas de participación que se ofrecieron para Francia)”,
Cuadernos de Historia: Anexos de la revista Hispania, 2/(1968), pp. 109-173 y p. 140.

259 5

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ANA SOFIA RIBEIRO

de capital llegaba a la circulación de especie, a los depósitos banca-


rios y al mercado de cambio. Las letras, no pudiendo ser pagadas, se
anulaban y se devolvían. El gobierno español tuvo que declarar una
moratoria general durante seis semanas27. En Sevilla, se arruinaron
bancos importantes. En Lyon, a pesar de grandes irregularidades,
había todavía banqueros italianos invirtiendo, como los Bonvisi.
Para autores como Lapeyre y Ruiz Martín, la declaración de la
suspensión de pagos habría sido también una estrategia de la Corona
para substituir a los acreedores genoveses por el capital nacional28.
Exactamente a partir de los asientos hechos por los grandes hombres
de negocios de Burgos y de Medina del Campo los portugueses van a
entrar en la competición por participar, aunque de manera informal,
en la deuda pública castellana a corto plazo.
La primera evidencia documental que registramos se debe preci-
samente a esta búsqueda del capital castellano. En una carta a Simón
Ruiz del veintidós de enero de 1576, al día siguiente de acordarse el
primer asiento de Ruiz con el Consejo de Hacienda, el mercader
lisboeta António Gomes de Elvas escribe:

“y quaoanto a el partido de Madril holgara en estremo fuera he-


cho; pues he tan aventajado mucho mas de lo que yo avize y aquy
avemos sabido como los Martinez lo han hecho de 60 mil ducados a
380 Merced con saqa para aquy que hes hacto aventajado y entiendo
que no querian escuchar partidas pequeñas y que V. M. Con el señor
Francisco de la Presa pertendian de hazer partido de 40 mil ducados
y que en el heredatamos yo y mi hijo y mi consuegro los 15 mil duca-
dos... Y la refirmaçion de los creditos se hara aquy29.”

El total negociado con la Corona representaba el envío a Flandes


de 44.000 escudos, el equivalente a 16.940.000 maravedís, unos

27
Herman van der WEE: The growth of the Antwerp market and the European economy,
The Hague, Nijhoff, 1963. vol.2, p. 263.
28
Henri LAPEYRE: Simón Ruiz el les “Asientos”..., pp. 23, 29. Felipe RUIZ MARTÍN:
“Las finanzas españolas...”, pp. 142-143.
29
Carta de António Gomes de Elvas a Simón Ruiz de 22/1/1576 (ASR, 034.1576.023,
fl.1).

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40.000 ducados30. Así, António Gomes de Elvas, su hijo Luis y su


suegro António Fernandes de Elvas se ofrecen para participar con
quince mil ducados, António y Luis Gomes de Elvas con diez mil y
António Fernandes de Elvas con cinco mil.
Ligados a mercaderes castellanos desde la primera mitad del
siglo xvi para la distribución comercial de productos ultramarinos en
Castilla, y viceversa, estos eran también sus socios en la importación
sistemática de trigo y textiles del noroeste francés a Lisboa31. António
Gomes de Elvas y su hijo Luís descendían de la familia Coronel –fa-
milia castellana de ascendencia judaica que llega a Portugal después
de la expulsión de 1492 y se instala en Lisboa y en Elvas32. António
Fernandes de Elvas era suegro de António y abuelo de Luis, y como
hemos visto, tratantes de los productos orientales, sobre todo especias.
António Fernandes era un experimentado mercader en el trato de la
pimienta en Lisboa y uno de los más ricos de la plaza de Lisboa. Fue
incluso agraciado con el título de caballero hidalgo por el rey João
III de Portugal y le nombraron tesorero de la infanta dña. Maria33.
Disponiendo de capital acumulado y necesitados de la plata americana
para el negocio en el suroeste asiático, estos hombres de negocios se
asocian a los castellanos Simón Ruiz y Francisco de la Presa, ahora
con mayor facilidad de acceso a los negocios de la Corona, no solo
para la rentabilización de los lucros obtenidos, sino también para
adquirir (con intereses) el metal blanco tan codiciado.
Por otro lado, con el ambiente tenso que se estaba generando
en Amberes y la falta de pago a los ejércitos españoles, la ciudad
flamenca es saqueada por las tropas de Felipe II en noviembre de
30
Henri LAPEYRE: Simón Ruiz el les “Asientos”..., p. 22.
31
Ana Sofia RIBEIRO: Early Modern..., pp. 81-82. Juan Ignacio PULIDO SERRA-
NO: “La penetración de los portugueses en la economía española durante la segunda
mitad del siglo xvi”, en Juan Ignacio PULIDO SERRANO (ed.): Más que negocios.
Simón Ruiz, un banquero español del siglo XVI en las penínsulas ibérica e italiana, Ma-
drid, Iberoamericana Vervuet, 2018, Por las mismas fechas, se verifica la entrada de
mercaderes castellanos en la deuda portuguesa junto con banqueros italianos, como
revela Benedeta CRIVELLI: “Fieri di cambio e finanza internazionale: la rete degli
intermediari finanziari tra Milano e Lisbona nella seconda metà del xvi secolo”, Storia
Economica, xviii/2 (2015), pp. 349-384.
32
José Gentil da SILVA: Marchandises et finances..., vol. 1, p. 9.
33
A. A. Marques de ALMEIDA (ed.): Dicionários histórico dos sefarditas portugueses:
mercadores e gente de trato., Lisboa, Campo da Comunicação, 2009, p. 293.

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ANA SOFIA RIBEIRO

1576. Por entonces, además de una parada forzosa de los negocios


en la plaza, muchos mercaderes tuvieron que alejarse de la urbe,
refugiándose en pequeñas ciudades satélite como Maastricht, Dun-
querque, Colonia, Rouen o París. A partir de entonces, los hombres
de negocios castellanos allí alojados tuvieron dificultades para volver
a ejercer actividades financieras con cierta seguridad en aquella plaza.
Quedaron los italianos, sobre todo los toscanos, y los portugueses
como sustentadores de la actividad financiera en los Países Bajos bajo
el dominio de Felipe II. Estos serían los mejores pagadores de las
letras de cambio enviadas desde Castilla o Lyon para hacer llegar a
manos de las autoridades de la Corona los montantes afianzados en
los contratos de asiento. António Gomes de Elvas indica al propio
Simón Ruiz los portugueses en Antuerpia más eficientes y de mayor
confianza, como Jerónimo Lindo o su yerno Luís Álvares Caldeira34.
Por lo demás, como explica Boyajian, estos portugueses tenían ya
la experiencia y dominaban el saber hacer de una actividad financiera
a pequeña escala,

“(…) lending to aristocrats and officials sums secured on jewels,


real estate, or annuities. (…) In still other transactions they be-
came debtors of aristocrats who lent the merchants small sums
on deposit at interest. The merchants thus collected funds from
many sources to supplement their own and then invested them in
comercial ventures.35”

De acuerdo con la contabilidad efectuada por Lapeyre, de todos los


asientos realizados por Simón Ruiz, el primero que hizo, a pesar de
ser el de menor valor, fue de los que más lucro le generó: aproxi-
madamente el 13,5%36. Aún en ese mismo año, le sigue otro asiento
en el que el consorcio portugués se extiende a nuevos miembros,
34
Ana Sofia RIBEIRO: Early Modern..., pp. 70-71. Herman van der WEE: The growth
of..., p. 256.
35
James C. BOYAJIAN: Portuguese bankers..., p. 6. Otro trabajo relevante sobre su ac-
tividad creditícia se puede ver en Jorun POETTERING: “Acerca da competitividade
das redes comerciais judaico-portuguesas no século xvii”, Ler História, 67/(2014),
pp. 93-105.
36
Henri LAPEYRE: Simón Ruiz el les “Asientos”..., p. 44.

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EL INICIO DE UNA EPOPEYA FINANCIERA. LA ENTRADA DE LOS...

principalmente a Tomás Ximenes y a Duarte Mendes. El consorcio


de las tres grandes familias mercantiles de Lisboa –Elvas, Ximenes
y Mendes– se extenderá también, como ha sido referido arriba, al
arrendamiento del contrato de la pimienta entre los años 1579 y
1581, junto con el milanés Rovelasco, más tardío, entre 1592 y 159737.
Sustentada por compromisos financieros y comerciales de especie
variada, se encuentran referencias a la participación portuguesa en
los asientos liderados por el eje Ruiz-Bonvisi hasta 1580, aunque
solo fuera en el papel de pagadores de las letras de cambio en An-
tuerpia38. A pesar de ello, nótese que muy probablemente esta aso-
ciación ibérica no habría sido la única que existiría en esta década
de 1570. Aunque no hay vestigios tan claros y fundamentados como
los referidos, estos mismos actores hacen referencia a un asiento en
el que una familia Martins (o Martínez, dada la castellanización

Fig. 1
Ejemplo de circuito financiero de los
asientos con implicación portuguesa, 1576

Rui Lopes de Évora


Contador mayor de la Casa de la
Luis Gomes de Elvas Moneda

Tomás Ximenes

António Fernandes d’Elvas


Tesorero de la Infanta Dña. Maria

Simón Ruiz

Benedetto Bonvisi y Bernardino Bonvisi


 

Fuente: Carta de António Fernandes de Elvas a Simón Ruiz de 30/03/1576


(ASR, 034.1576.014)
37
Vitorino Magalhães GODINHO: “Rota do Cabo”, p. 377.
38
Valentín VÁZQUEZ DE PRADA: Lettres Marchandes d’Anvers, Paris, SEVPEN/ Ar-
mand Colin, 1960. III,

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ANA SOFIA RIBEIRO

frecuente de los nombres) habría conseguido participar junto a los


Maluenda en un asiento39.
Esta participación portuguesa se efectuaría a través de un circuito
monetario-financiero complejo.
En marzo de 1576, António Fernandes de Elvas pide explícitamente
a Simón Ruiz que prepare un nuevo asiento que, con este panorama,
contará con una participación portuguesa de cuarenta mil escudos.
Esta será una participación de una sociedad en cuotas de un quinto
protagonizado por António, su nieto Luís Gomes, Tomás Ximenes, Rui
Lopes de Évora y Simón Ruiz. Este, a su vez, participaría a medias con
los Bonvisi de Lyon. A través de los contratos del asiento se sabe que el
acuerdo alcanzó los cincuenta y un mil escudos. Por lo tanto, en estos
primeros tiempos, los portugueses invierten siempre una cuantía baja
de forma conservadora, dividiendo el riesgo entre múltiples agentes.
Salieron letras desde Lisboa con la inversión portuguesa hasta Madrid,
una vez que las ferias de Medina del Campo por esta altura estaban
suspendidas, y, junto con lo invertido por la sociedad Ruiz-Bonvisi,
serían tomadas para Amberes, donde Fernão Ximenes las pagaría al
gobernador de Flandes. Fernão Ximenes era hermano de Tomás. Fernão
adelantaría después parte del pago del asiento a Lisboa, mientras que
el restante se esperaba que llegase en la flota de las Indias en plata para
resarcir a Ruiz y a los Bonvisi, y, a veces, seguía para Portugal.
Condición sine qua non para la participación de estos magnates del
comercio oriental portugués fue la obtención de permisos para llevar
plata hasta Lisboa, favor que el monarca ofrecía frecuentemente a sus
acreedores más fieles. No solo la correspondencia revela que los acreedores
portugueses así lo solicitan como se ha visto antes y se repite en 1577:

“y ansi haziendo algun asiento con su magestad y a que le dara


saqa de los reales para fuera del reino entiendo que mejor a la dara
para moneda estranjera que ahi no faltara”40.

39
Carta de António Gomes de Elvas a Simón Ruiz de 22/1/1576 (ASR, 034.1576.023, fol. 1).
40
Carta de António Fernandes de Elvas a Simón Ruiz de 01/11/1576 (ASR, 034.1576.040, fol. 1v).

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EL INICIO DE UNA EPOPEYA FINANCIERA. LA ENTRADA DE LOS...

El permiso de salida de plata hacia Génova, tal como la lana es-


pañola, era un artificio de atracción de los hombres de negocios
genoveses para el préstamo de abultados capitales a la Monarquía
católica41. Los portugueses exigen, y de hecho consiguen, esa expor-
tación esencial para el acceso a la plata de forma económica, exi-
gencia del comercio con Oriente, en particular con la India y con
China. En esta última, la abundancia de la moneda de oro era tal
que la plata valía mucho más. Esto en un periodo en el que, como
muestran Costa, Lains y Miranda, los contratantes de la Ruta del
Cabo traían solo alrededor del 10-15% de especias, mientras que
preferían negociar con tejidos de algodón hindúes y porcelana42.
Sin embargo, es difícil observar registros de la cantidad de plata
que salía de la Hacienda de la Monarquía para pasar la frontera con
Portugal. En febrero de 1576, salió moneda de Ciudad Rodrigo hacia
Portugal en un total de 10.395.000 maravedíes43. Existe por lo menos
otro registro de que el pago del préstamo viene en especie: “(...) esta-
van las bestias alqiladas para traer el dinero del asiento que ya aquy
tanbien no tarda y pareçe que dentro de pocos dias sera aquy44.” A
pesar de todo, la cantidad de letras de cambio intercambiadas entre
Lisboa y Madrid, sobre todo a partir de 1574, como nos señala Sara
Pinto (fig. 2 y 3), evidencia una continua cooperación en esta em-
presa financiera. A pesar de que los portugueses prefieren los reales
de a ocho en numerario o barra debido al comercio con Oriente,
este mecanismo permitía no solo más seguridad en las transferencias

41
Carlos ÁLVAREZ NOGAL, L. C. lo BASSO y Claudio MARSILIO: “La rete finan-
ziaria della famiglia Spínola: Spagna, Genova e le fieri dei cambi”, Quaderni Storici,
124/1 (2007), pp. 97-110. David ALONSO GARCÍA: “Genoveses en la Corte: poder
financiero y administracion en el siglo xvi”, en Manuel HERRERO SÁNCHEZ et
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Storia Patria, 2011, vol. 1, pp. 251-278. Carlos ÁLVAREZ NOGAL: “¿Cómo financiar
los asientos de Felipe II? Participaciones, factorías y descuentos de libranzas”, en Hi-
lario CASADO ALONSO (ed.): Simón Ruiz y el mundo de los negocios en Europa en
los siglos XVI y XVII, Valladolid, Ediciones Universidad de Valladolid/ Cátedra Simón
Ruiz, 2017,
42
Leonor Freire COSTA, Pedro LAINS y Susana Münch MIRANDA: História Econó-
mica de Portugal, 1143-2010, Lisboa, Esfera dos Livros, 2011. p. 114.
43
Henri LAPEYRE: Simón Ruiz el les “Asientos”..., p. 22.
44
Carta de António Gomes de Elvas a Simón Ruíz de 31 de octubre de 1576 (ASR,
034.1576.050).

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ANA SOFIA RIBEIRO

de fondos, sino también mayor flexibilidad para la inversión de este


lucro, principalmente en épocas de estrechez de capital.

Fig. 2
Número de letras de cambio pagadas en
Madrid, por lugar de emisión (1553-1600)45

Fig. 3
Número de letras de cambio emitidas en
Madrid, por lugares de pago (1553-1600)46

45
Fuente: Sara PINTO: A companhia de Simón Ruiz: análise espacial de uma rede de
negócios no século XVI, disertación de doctorado, Universidade do Porto, 2012. p. 110.
46
Ibídem.

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EL INICIO DE UNA EPOPEYA FINANCIERA. LA ENTRADA DE LOS...

Cuando se compara quién participa en estos asientos de la década


de los años 70 con quiénes serán los famosos asientistas portugueses
de Felipe IV (tabla 1), se entiende que estos últimos se correspon-
den, en parte, con los descendientes de estas familias que setenta
años antes estaban ya implicadas en el negocio de la deuda pública
hispánica, como es el caso de los Rodrigues de Elvas, los Gomes da
Mata (descendientes de los Gomes de Elvas), los Ximenes y los Veiga
d’Évora (descendientes de los Rodrigues de Évora).

Tabla 1
Nombres y apellidos de algunos de los
principales participantes en la compra de deuda
pública castellana de los periodos 1576-1580 y 1626-1647.

1576-1580 1626-1647
António Fernandes de Elvas Rui Dias Angel
António Gomes de Elvas Manuel Rodrigues d’Elvas
Luis Gomes de Elvas Belchior Rodrigues d’Elvas
Tomás Ximenes Veiga d’Évora
Rui Lopes de Évora Ximenes de Aragão
Duarte Mendes Gomes da Mata

Fuente: Archivo Simón Ruiz, Correspondencia con Portugal, años 1576-1580. James
BOYAJIAN: Portuguese bankers…

Tal situación solo es posible gracias al control que estos hombres


tenían ya sobre el arrendamiento de los contratos de la Corona más
rentables del reino de Portugal, como son los contratos del comercio
con la India, el dominio del comercio oriental y la apuesta por el
comercio del Atlántico desde el inicio del boom azucarero y negrero
que hizo que el camino hasta 1626 comenzase a ser trazado incluso
antes de la Unión de Coronas. Como ya hemos dicho, otros autores
acentúan que las promociones económicas de este grupo de mer-
caderes solo se efectúa después de ser súbditos de los Austria, cuya
necesidad ávida de la Hacienda para hacer frente a los costes de
una política expansionista y de una constante economía de guerra,

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ANA SOFIA RIBEIRO

obligó a la Monarquía a recorrer a los recursos disponibles del capital


portugués. Esto habría sido posible no solo por una maestría política
de presión por parte de Olivares, sino también por la amenaza sobre
estos individuos por su vulnerable condición religiosa de cristiano
nuevo, que les llevó a solicitar a los monarcas múltiples perdones
generales47. Siendo así, como se ha comprobado en este capítulo,
había un interés muy anterior de los mercaderes portugueses por
el propio lucro generado por este negocio, que, en el periodo en
cuestión, superó la mayoría de las veces el 10% de lucro48. Un inte-
rés completamente independiente de su vulnerabilidad social y de
cualquier persecución inquisitorial.
¿Qué estrategias de aproximación a la Hacienda castellana por
parte de los hombres de negocios portugueses se verificaron en este
primer periodo de participación en la deuda pública?
Los hombres de negocios portugueses procurarán voluntariamente
participar en el negocio de deuda pública de una corona extranjera
por su atractivo financiero y por el fácil acceso a la plata americana
que necesitaban para el comercio oriental con Europa, negocio que
dominaban desde Lisboa. Estos mercaderes desearon y buscaron esa
participación, asociándose a testaferros castellanos, candidatos favo-
ritos de la Corona para, sin firmar oficialmente el asiento, participar
de manera informal en ese negocio, no siendo acreedor oficial; ellos
se enriquecen proporcionalmente a su participación del lucro de la
deuda fluctuante, más arriesgada, pero bastante más rentable. Cu-
riosamente, estos portugueses no necesitaron una financiación extra
para invertir, tuvieron liquidez suficiente a través de la reinversión de
los lucros del comercio ultramarino. Es cierto, sin embargo, que cada
uno de ellos siempre invirtió un montante relativamente reducido de
capital. Pero aunque no tuviesen el poderío o el interés para invertir
los cuatrocientos mil o quinientos mil ducados como hacían los geno-
veses, dividieron el riesgo de una inversión de aproximadamente cien
mil ducados/año (como fue el caso de António Fernandes de Elvas

47
Nicolás BROENS: Monarquia y capital mercantil... James C. BOYAJIAN: Portuguese
bankers...
48
Henri LAPEYRE: Simón Ruiz el les “Asientos”..., p. 44.

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EL INICIO DE UNA EPOPEYA FINANCIERA. LA ENTRADA DE LOS...

o Luis Gomes de Elvas) entre varios asientos distintos, procurando


recibir continuamente el rendimiento de cada uno.
Esta participación voluntaria y deseada asentada en la estrategia
de un pequeño grupo de individuos auto-organizado, o sea, que a
través de la superposición de sucesivas asociaciones económicas unos
con otros se convierten en un grupo cohesionado, sin ninguna cons-
ciencia de eso; no se trata de un un grupo que actúe concertado. Sin
embargo, estos hombres de negocios portugueses no tenían poder de
presión política. Al participar en este negocio informalmente a través
de una posición conjunta con el asientista que era Simón Ruiz, no
tienen poder de negociación y de exigencia ante la Monarquía, su
deudor. Quedaban así claramente en una posición menos ventajosa
y más arriesgada, pues carecían de garantías y estaban expuestos al
riesgo de no ser resarcidos, ya fuese por la hacienda o por Simón Ruiz.
Este trabajo no es más que el leitmotiv para un futuro proyecto
de investigación que procurará comprender, en un proceso de con-
tinuidad, cómo los hombres de negocios portugueses se acercaron
a la hacienda y a la monarquía castellana y que era una práctica que
comenzó antes de 1580. Esta es una posición contraria a la tradición
historiográfica prevaleciente que interpreta el corto protagonismo
financiero portugués en la Monarquía entre 1626 y mediados de la
década de 1640 a través del proceso de ruptura que representó el
gobierno de Olivares y la bancarrota de 1626.

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(1598-1607) “, Sefarad, 66/2 (2006), pp. 345-376.
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5 272

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EL INICIO DE UNA EPOPEYA FINANCIERA. LA ENTRADA DE LOS...

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273 5

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ENTRE LA ETNIA CONVERSA, LA BURGUESÍA MERCANTIL
Y LA NOBLEZA. HEITOR MENDES DE BRITO “O RICO”:
NUEVOS DOCUMENTOS, NUEVAS INTERPRETACIONES
Claude B, Stuczynski
Bar-Ilan University

FAMÍLIA, BURGUESÍA MERCANTIL Y NOBLEZA

Durante los últimos años viene perfilándose el nombre de Heitor


Mendes de Brito como uno de los casos que mejor revelan los pro-
blemas y desafíos de la minoría judeoconversa en Portugal, a la hora
de emprender su ascenso social en un clima de sospecha religiosa,
persecución inquisitorial y exclusión social basada en criterios de
“pureza de sangre”. El estudioso del fenómeno cristão-novo que fue
Israel-Salvator Révah (1917-1973), había acumulado una serie de va-
liosas informaciones genealógicas relativas a la familia de Heitor
Mendes de Brito, en su mayoría procedentes de los archivos de la
Inquisición portuguesa (fig. 1).

Fig. 1. Árbol genealógico de la familia Mendes de Brito reconstituido por I. S. Révah.

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CLAUDE B. STUCZYNSKI

No habiendo podido publicar un estudio sobre aquella “famille


marrane”, mostrando la proclividad de su madre Beatriz Mendes con
el criptojudaísmo, ni los lazos de parentesco que los unían con los
Abendana residentes en la diaspora sefaradí (último aspecto abordado
por Florbela Veiga Frade en su tesis doctoral)1, fueron las investi-
gaciones centradas en la dimensión socioeconómica de la minoría
conversa, las que inicialmente se interesaron por Heitor Mendes de
Brito2. Nacido en Trancoso hacia 15493, aprendemos de su defensa
ante el Santo Ofício de Lisboa en 1568 que era falso y tendencioso lo
que su madre confesó durante su interrogatorio inquisitorial del 12
de diciembre de 1567, en lo referente a su supuesto apego al judaísmo
hogareño4. Tras señalar que la hostilidad de Beatriz Mendes hacia su
persona existió desde su nacimiento, debido a la predilección que
le tuvo su padre, Francisco Dias Mendes, quien era odiado por su
esposa, recordó que ella no lo crió como al resto de sus hermanos

1
Bibliothèque et archives de l’Alliance israélite universelle, AP 39 - Fonds I. S. RÉ-
VAH, dossier n.º 45: Familles marranes I: «Famille de Heitor Mendes o rico»; Flor-
bela VEIGA FRADE: As Relações económicas e sociais das comunidades sefarditas
portuguesas: O Trato e a Família, 1532-1632, Lisboa, Universidade de Lisboa, Faculdade
de Letras. Departamento de História, 2006, pp. 238-249.
2
José GENTIL DA SILVA: Stratégie des affaires à Lisbonne entre 1595 et 1607: lettres
marchandes des Rodriguez d’Evora et Veiga, Paris, Armand Colin, 1956; David Grant
SMITH: The Mercantile Class of Portugal and Brazil in the Seventeenth Century: A
Socio-Economic Study of the Merchants of Lisbon and Bahia, 1620-1690, Austin, Uni-
versity of Texas at Austin, 1975; Herman KELLENBENZ: Sephardim an der unteren
Elbe. Ihre wirtschaftliche und politische Bedeutung vom Ende des 16 bis zum Beginn des
18, Wiesbaden, Franz Steiner Verlag, 1958; ídem: “I Mendes i Rodriques d’Evora e i
Ximenes nei loro rapporti commerciali con Venezia”, en Gaetano COZZI (ed.): Gli
Ebrei e Venezia, secoli XIV-XVIII, Milán, Edizioni Comunità, 1987, pp. 727-770; Antho-
ny R. DISNEY: Twilight of the Pepper Empire: Portuguese Trade in Southwest India in
the Early Seventeenth Century, Cambridge (Mass.), Harvard University Press, 1978;
James C. BOYAJIAN: Portuguese Trade in Asia under the Habsburgs, 1580-1640, Bal-
timore, Johns Hopkins University Press, 1993; António Borges COELHO: Política,
Dinheiro e Fé. Questionar a História, vol. V, Lisboa, Caminho, 2001. Cf. A. A. Mar-
ques de ALMEIDA (ed.): “Brito, Heitor Mendes de, o Rico ou o Velho (Trancoso, c.
1550-Lisboa, 1622)”, en Diccionário Histórico dos Sefarditas Portugueses: Mercadores de
Trato, Lisboa, Campo da Comunicação, 2009, pp. 133-135.
3
Fecha que inferimos del proceso de la inquisición de Coimbra contra la madre de
Heitor Mendes de Brito, Beatriz Mendes: Arquivos Nacionais- Torre do Tombo
(ANTT), Tribunal do Santo Ofício, Inquisição de Coimbra, proc. 9662.
4
“… [E] disse mais que tambem seus f[ilh]os di[og]o me[n]dez e heitor me[n]dez e
nuno de brito amdaõ errados e tem cre[n]ça na ley dos Judeus ho que sabe p[e]llos
ditos seus filhos lhe darem comta disto (ídem, fol. 21r)”.

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ENTRE LA ETNIA CONVERSA, LA BURGUESÍA MERCANTIL Y LA...

(“p[e]lo naõ criar co[m] o seu leite”). Es por ello por lo que su primera
preceptora fue una cristiana vieja llamada Ana Gonçalves que vivía
en los alrededores de Trancoso. Es más, dijo que desde los ocho años
de edad vivió en la ciudad de Aveiro, para allí precozmente iniciarse
en el comercio del hierro con el País Vasco. Entre sus amistades y
conocidos de infancia y juventud, nombraba una lista de cristianos
viejos que lo vieron crecer y prosperar en ambas márgenes de “la raya”
luso-castellana, como si fuese uno de los suyos5. Es muy probable que
la omisión de sus parientes y amigos conversos, así como el relato de
la incompatibilidad entre sus progenitores tuviese un fin defensivo6.
De esta manera, y al carecer de otras pruebas que lo inculpasen, el
2 de setiembre de 1570 fue condenado por la Inquisición de Lisboa
a abjurar de levi ante los miembros de dicho tribunal, exonerándo-
sele todo castigo corporal o pecuniario, así como de la deshonra de
comparecer públicamente en un Auto de Fe.
En aquél entonces, Heitor Mendes de Brito comenzaba a ser co-
nocido como uno de los miembros más prominentes de un grupo de
mercaderes y financieros que residían en Lisboa y que en su mayoría
eran de orígen converso. Parte esencial de la fortuna de aquellos homens
de negócios provenía del comercio colonial con el Estado da Ìndia y
sobre todo, del provechoso mercadeo de la pimienta. De allí vendría
el apodo “o rico” que acompañó a Heitor Mendes de Brito durante
su vida, por ser un célebre “banqueiro e contratador de pimenta” y
“homem m[ui]to rico”7. Razones de cariz étnico, económico, social
y homonímico, llevaron a los investigadores del pasado a sugerir
un posible parentesco con la poderosa familía de mercaderes luso-
conversos de la primera mitad del siglo xvi: los Mendes Benveniste8.

5
ANTT, Tribunal do Santo Ofício, Inquisição de Lisboa, proc. 10377, fols. 13r-v.
6
Maria José Ferro Tavares interpretó la dispersión de la família de Heitor Mendes
de Brito, así como la de otras tantas famílias cristianas nuevas de Trancoso, como
el resultado de la precoz incursión inquisitorial en aquella ciudad (Maria José Ferro
TAVARES: “Os judeus da Beira interior: a comuna de Trancoso e a entrada da Inqui-
sição”, Sefarad, 68/2 (2008), p. 404).
7
ANTT, Tribunal do Santo Ofício, Inquisição de Lisboa, proc. 10377, fols. 80r,
98v-99r.
8
José GENTIL DA SILVA: Stratégie des affaires..., p.25; Herman KELLENBENZ:
Sephardim an der unteren Elbe…, pp. 120-122; James C. BOYAJIAN: Portuguese Tra-
de..., p. 27.

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CLAUDE B. STUCZYNSKI

Actualmente, esta posibilidad es ampliamente descartada9. Asimis-


mo, la fortuna proverbial de “o rico” indujo en su momento a João
Ribeiro a barajar la hipótesis según la cuál la expresión enigmática
“coração Mendes” empleada por Luís Vaz de Camões en uno de sus
poemas (“Com vossos olhos Gonçalves,/ Senhora, captivo tendes/ Êse meu
coração Mendes”), entendida por aquél filólogo como sinónimo de
riqueza de afectos, aludiría a la persona de Heitor Mendes de Brito.
Sin embargo, esta interpretación tampoco es consensual10.
Lo cierto es que desde finales del siglo xvi, “o rico” junto con
otros magnates lisboetas de origen cristiano nuevo, comenzaron a
abandonar aquél perfil tan estereotipado de ser a su vez homens da
nação y homens de negócios, para emprender un proceso de integra-
ción en las elites ibéricas11. Este camino no fue siempre sincrónico,
linear u homogéneo12. En el caso que nos ocupa, no se trató de dejar

9
Florbela Veiga FRADE: “Uma família sefardita do século xvi: os Mendes Benve-
niste”, Cadernos de Estudos Sefarditas, vol. 3 (2003), p. 138. Al encontrar a comien-
zos del siglo xvi en Amberes (ciudad marcada por la presencia portuguesa de los
Mendes Benveniste), el nombre de un comerciante portugués llamado Rui Mendes
de Brito, Marianna D. Birenbaum tampoco quiso inferir un necesario parentesco con
los Mendes Benveniste, optando por mantener la duda: “[w]as he another Mendes
brother who was first active in England (hence Diogo’s connections?), but who sub-
sequently moved to Antwerp where he died, and whose role was taken over by Dio-
go? Or was he just another converso, with the same original sponsors in his family,
who happened to be Antwerp, and in the same business of shipping?” (Marianna
D. BIRENBAUM: The Long Journey of Gracia Mendes, Budapest, Central Europe-
an University Press, 2003, chapter 3, n.º 14). Sobre los Mendes Benveniste, ver las
aportaciones de: Cf. Herman Prins SALOMON y Aron DI LEONE LEONI: “Men-
des, Benveniste, de Luna, Micas, Nasci: The State of the Art (1532-1558)”, The Jewish
Quarterly Review, 88 (1998), pp. 135-211; Susana Bastos MATEUS y Carla VIEIRA
(eds.): Mendes Benveniste: Uma família sefardita nos alvores da Modernidade, Lisboa,
Cátedra de Estudos Sefarditas Alberto Benveniste, 2016.
10
Luís de CAMÕES: Obras completas, ed. Hernâni Cidade, Lisboa, Livraria Sá da Cos-
ta, 1954, vol. 1, pp. 67-68. Cf. la interpretación de Harold LIVERMORE: “Camões’
Defence of Poesy”, Portuguese Studies, 13 (1997), pp. 14-34.
11
James C. BOYAJIAN: “The New Christians Reconsidered: Evidence from Lisbon’s
Portuguese Bankers, 1497–1647”, Studia Rosenthaliana, 13 (1979), pp. 129–156.
12
Compárese con el itinerario social de los conversos Mata Coronel (en Ana Isabel
RIBEIRO, “Os Correios-Mores do Reino. Perfil e Trajecto Sociais”, en Margarida
Sobral NETO (ed.): As Comunicacões na Idade Moderna, Lisboa, Fundação Portugue-
sa das Comunicações, 2005, pp. 97-166), o los Ximenes (Ana Isabel LÓPEZ-SALA-
ZAR: “The Purity of Blood Privilege for Honors and Positions: The Spanish Crown
and the Ximenes de Aragão Family”, Journal of Levantine Studies, 6 (2016), pp.177-
201; Juan Ignacio PULIDO SERRANO: “The Power of the King to Transform the
Family Tree: The Xiemenes’ Family Request for the Status of Old Christian”, en

5 278

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ENTRE LA ETNIA CONVERSA, LA BURGUESÍA MERCANTIL Y LA...

inmediatamente el mundo de los negocios por el del latifundio, para


no parecerse a un advenedizo cristiano nuevo, ni tampoco el de optar
sine qua non por la exogamia con la aristocracia cristiana vieja como
único medio para olvidar las “infamantes” raíces hebreas. Durante su
vida, “o rico” prefirió solidificar los lazos de clientelismo económico y
financiero con la Corona como individuo útil y fiel, prefiriendo casar
a sus hijos con miembros de aquella oligarquía mercantil cristiana
nueva que fueron los Elvas. Paralelamente, apoyó con magnanimidad
las instituciones eclesiásticas mediante la filantropía. Su éxito fue
considerable. Si bien en 1596 el mercader cristiano nuevo Diogo de
Horta testimonió durante su interrogatorio inquisitorial que trajo
de Venecia una carta e informaciones de parte de un hermano judío
de Heitor, llamado Diogo Mendes alias Jacob Abendana, y de otros
parientes, siendo recibidas por “o rico” con el entusiasmo y el deseo
de sumarse a ellos13, los miembros del tribunal de Lisboa adoptaron
por unanimidad la opinión del inquisidor António de Barros de que
no se procediese a su prisión y a la confiscación de sus bienes como
relapso, aún si en el pasado fue condenado por el Santo Oficio.
Dado que su precedente crimen “esta purgado pela dita sent[e]nça”
inquisitorial de 1570 y que lo que ahora confesaba Diogo de Horta
“naõ parece bastante por naõ ser verosimil”, por no haberle dado aquella
carta en mano propia y puesto que su confesión bajo tortura fue
revocada y confirmada en repetidas ocasiones, de Barros propuso:
“q[ue] se espere por mais prova pa[ra] ser preso”. De esta manera, el
26 de enero de 1602, el Consejo General del Santo Ofício congelaba
sine die toda acción inquisitorial, ratificando así la citada decisión del
tribunal de Lisboa que procedió con inusitada benignidad: “vista a
calidade do R[eo] por ser m[ui]to rico”14. Es más, como premio a los
servicios prestados a la Corona, sobre todo en lo relacionado con el
comercio luso-indio y el pertrechamiento de la Carreira da Índia, en

Avriel BAR-LEVAV, Claude B. STUCZYNSKI y Michael HEYD (eds.): Paths to


Modernity: A Tribute to Yosef Kaplan, Jerusalem, The Zalman Shazar Center, 2018,
pp. 197-213 [en hebreo].
13
ANTT, Tribunal do Santo Ofício, Inquisição de Lisboa, proc. 10377, fols. 80r-99r.
Cf. El proceso inquisitorial contra Diogo de Horta: ANTT, Tribunal do Santo Ofí-
cio, Inquisição de Lisboa, proc. 229.
14
ANTT, Tribunal do Santo Ofício, Inquisição de Lisboa, proc. 10377, fols. 118r-v.

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CLAUDE B. STUCZYNSKI

1611 Felipe III (Filipe II de Portugal) le concedió a él y a sus hijos el


título de fidalgos da Casa Real. Dicho esto, la posibilidad de continuar
por aquel sendero de ascenso social mediante la vía mercantilista no
estuvo exenta de algunos obstáculos. Sus descendientes inmediatos
tuvieron cierta dificultad en ser admitidos en las prestigiosas órdenes
militares, debido a que su familia era conocida por su completo origen
judío, a pesar de que en 1623 se confeccionase un árbol genealógico
en donde se celebró el abolengo medieval y noble de los Brito; que
un año después el propio inquisidor general, Fernão Martins Mas-
carenhas, testimoniase cuán devoto y generoso había sido “o rico”
con la monarquía y con la Iglesia y que aristócratas lusos elogiasen
el modo de vida noble de la familia15. Quizás esto pueda explicar
la subsecuente alianza matrimonial de la tercera generación de los
Mendes de Brito con la familia de nobles cristianos viejos, los Cout-
inho, así como el paulatino abandono de las actividades mercantiles.
Sin embargo, en tiempos de rigor de “pureza de sangre” promovido
por los llamados puritanos, se comenzó a objetar que el patriarca de
la familia, ahora conocido como “o velho” para distinguirlo de su
homónimo nieto, había abonado la contribución monetaria impuesta
a las familias conversas, la llamada finta do perdão, como retribución
al edicto de amnistía inquisitorial o “perdón general” de 1605 a favor
los miembros de la “nación”, si bien su nombre fue excluido de la
lista oficial de los contribuyentes16. El sólo hecho de que “o rico”
hubiese participado en aquella colecta empañaba los esfuerzos de sus
lejanos descendientes de la primera mitad del siglo xviii para que se
olvidase la proclividad conversa de la familia. De acuerdo con Fer-
nanda Olival, la dispensa que entonces obtuvo “o velho” de no figurar
en la lista del “perdón general” de 1605, en vez de ser un elemento
a favor del reconocimiento social que tuvo durante los Austrias,

15
Cf. “Diligência de habilitação para a Ordem de Cristo de Heitor Mendes de Brito e
Elvas” (ANTT, Mesa da Consciência e Ordens, Habilitações para a Ordem de Cristo,
Letra H, mç. 1, n.º 7).
16
Fernanda OLIVAL: “A Família de Heitor Mendes de Brito: Um Percurso Ascendente”,
en Maria José Ferro TAVARES (ed.): Poder e Sociedade. Actas das Jornadas Interdisci-
plinares, 2 vols., Lisboa, Centro de Estudos Históricos Interdisciplinares-Universida-
de Aberta, 1998, vol. II, pp. 111-129; ídem: As ordens militares e o estado moderno: honra,
mercê e venalidade em Portugal (1641-1789), Lisboa, Estar Editoria, 2001, pp. 322-345.

5 280

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ENTRE LA ETNIA CONVERSA, LA BURGUESÍA MERCANTIL Y LA...

siendo considerado como si no fuese más un miembro de la “nação


hebrea”, resultaba ahora “una prueba explícita e incuestionable de un
defecto”17. Si bien es verdad que sus lejanos descendientes del siglo
xviii compartían un mismo perfil socio-cultural con la alta nobleza
lusitana (debido a su improductividad, sus deudas y la obsesión por
el abolengo), tuvieron que tolerar con paciencia su final aceptación
como miembros plenos, debido a la efímera implicación de “o rico”
con la causa conversa18.

LIDERAZGO Y PROMOCIÓN SOCIAL

Años atrás, y tras analizar ciertas fuentes inquisitoriales portugue-


sas y venecianas publicadas por António Borges Coelho y por Pier
Cesare Ioly Zorattini, para cotejarlas con otras provenientes de
miembros de la comunidad conversa de la ciudad de Braganza que
fueron procesados por la Inquisición de Coimbra a finales del siglo
xvi, interpreté el significado de otro apodo que tuvo Heitor Men-
des de Brito: el de “pai dos afligidos”.19 Por un lado, a comienzos de
los años 1590, éste aparecía como el principal líder político de la
nação, a fin de obtener una amnistía inquisitorial y la moderación
de la segregación jurídica del grupo, mediante negociaciones que
cristalizarán en el citado “perdón general” de 1605. De acuerdo con
un documento preservado en el Consejo General del Santo Ofício
llamado: “Males que aconteceram a todos aqueles que advogaram
o perdão geral de 1605”, leemos que: “[a] primeira pessoa que Veo
a esta Corte no anno de 1591 sobre a materia do Perdão geral dos da
nação Hebrea foy Hector Mendes o qual esta gente sempre aclamou, e
chamou Pay dos Afligidos, e como tal o escolherão assj por este nome

17
Ídem: p. 333.
18
Ídem: pp. 327-345.
19
Claude B. STUCZYNSKI: “New Christian Political Leadership in Times of Crisis:
The Pardon Negotiations of 1605”, en Moisés ORFALI (ed.): Bar-Ilan Studies in His-
tory, vol. 5: Leadership in Times of Crisis, Ramat-Gan, Bar Ilan University Press, 2007,
pp. 45-70.

281 5

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CLAUDE B. STUCZYNSKI

que tinha entre eles”20. Asimismo, del proceso inquisitorial contra


Diego de Horta, así como de los interrogatorios de algunos con-
versos de Braganza, deduje que en aquél momento corría el rumor
de que el “pai dos afligidos” había obtenido el anhelado “perdón”,
o que estaba por conseguirlo; ya sea para toda la “nación”, o al
menos la inmunidad para sus acaudalados líderes y representan-
tes21. Por otro lado, parientes y conocidos en Italia testimoniaban
cuán solidarizado se encontraba con el judaísmo22. Supuse que su
repentino abandono de la causa conversa, así como sus crecientes
muestras de caridad cristiana, tuviesen que ver con aquella estrate-
gia de promoción social atrás referida. Pero tampoco es de descartar
la posibilidad de que la citada congelación del accionar del Santo
Oficio en su contra, pudiese haber sido un importante factor disua-
sivo. De todo esto, inferí que en los fundamentos del ascenso social
de Heitor Mendes de Brito y de sus descendientes directos yacían
dos fenómenos en pugna. Por un lado, la búsqueda de una identi-
dad noble que debía ser católica e imbricada en las elites cristianas
viejas. Por otro lado, el peso del origen étnico que conllevaba la
20
ANTT, Conselho Geral do Santo Ofício, Papéis Avulsos, maço 7, n.º 2645, fol. 131r
(António Borges COELHO: Inquisição de Evora: dos promórdios a 1668, 2 vols., Lisboa,
Caminho, 1987, vol. II, pp. 203-208). Agradezco a Susana Mateus por haber nueva-
mente consultado el documento original. Cf. Juan Ignacio PULIDO SERRANO: “Las
negociaciones con los cristianos nuevos portugueses en tiempos de Felipe III a la luz
de algunos documentos inéditos (1598-1607)”, en Sefarad, 66 (2006), pp. 345-376; Ana
Isabel LÓPEZ-SALAZAR: Inquisición Portuguesa y Monarquía Hispánica en tiempos del
perdón general de 1605, Lisboa, Edições Colibrí- Publicações do Cidehus, 2010.
21
Claude B. STUCZYNSKI: “New Christian Political Leadership…”, pp. 64-69. En
la sesión del 25 de enero de 1599, Diego de Horta confirmó que estando en Italia: “ter
ouuido dizer em Roma e em outras partes que heitor mendez banqueiro de quem tem
dito no dito tormento da segunda uez e outros mercadores ricos desta cidade tinhaõ
bulas do Papa para senaõ proceder contra elles pelo sancto officio nestas Inquisições
de Portugal conforme a ellas se custuma proceder geralm[en]te”. Al ser preguntado
por los inquisidores “… que[m] lhe disse a elle que heitor mendez e os outros mer-
cadores ricos tinhaõ bulas do Papa para serem isentos da Inquisiçaõ?”, de Horta res-
pondió: “[d]isse que o ouuio dizer segundo ora lhe milhor lembra em Veneza a seu tio
delle confitente Duarte g[onça]lvez Dorta e a outros mercadores Portuguezes q[ue] lá
estaõ que ora espicialmente lhe naõ lembraõ quais eraõ e que tambem nesses carceres
lopo Nunez fisico sendo nelles seu companheiro lhe disse que ouuira dizer que o dito
heitor mendez tinha a dita bula do Papa” (ANTT, Tribunal do Santo Ofício, Inquisi-
ção de Lisboa, proc. 10377, fols. 112r, 113v).
22
Pier Cesare IOLY ZORATTINI (ed.): Processi del S. Uffizio di Venezia contro ebrei e
giudazzanti (1561-1570), 18 vols., Florencia, L. S. Olschki, 1982, vol. XIII, pp. 193, 248-
249, 306, 311.

5 282

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ENTRE LA ETNIA CONVERSA, LA BURGUESÍA MERCANTIL Y LA...

sospecha religiosa de ser “judíos en potencia” y el hecho de poseer


un perfil “burgués”, metonímicamente asociado con los “hombres
de la nación”23. Se trataba de una lucha de legitimación social me-
diante la construcción de una imagen ascendente, meritocrática e
integradora en la aristocracia y su bloqueo mediante el uso de una
memoria estratificadora. Para salir de aquel atolladero, el cristiano
nuevo debía pactar con una Corona que, en palabras de Olival, se
balanceaba entre el “rigor e intereses”24. Esto es, entre el rigor exclusi-
vista de la “pureza de sangre” clamado por los representantes de los
estamentos tradicionales (e.g. por el alto clero, las Cortes y a me-
nudo, por la Inquisición) y los intereses emanados de los políticas
pragmáticas dictadas por la “razón de Estado”.25 Para Jaime Contre-
ras, esta dualidad sería parte de la manera dialéctica de construirse
el poder real en la península ibérica, evitando así la colisión frontal
entre las tendencias socio-políticas centrifugales y las centripeta-
les26. Es por esta razón, que aquellas familias de cristianos nuevos
que pactaron con éxito su ascenso social con la Corona, necesitaban
también de la aprobación de las élites aristocráticas para poder for-
mar parte integral de la misma mediante las alianzas matrimonia-
les y su plena aceptación en las órdenes militares. De esta manera,
la trayectoria de Heitor Mendes de Brito y de sus descendientes
directos, así como la de otros conversos que poseían similares
23
Mientras que Révah insistió en el carácter del “marranismo” como “judaísmo en po-
tencia” (Israel-Salvator RÉVAH: “Les marranes”, Revue des études juives, 118 (1959-1960),
pp. 29-77), su oponente historiográfico, António José SARAIVA en su Inquisição e
Cristãos-Novos (Lisboa, Inova, 1969), insistió en la importancia de la asociación de los
cristianos nuevos con la burguesía mercantil como factor constitutivo de su exclusión
(véase la versión inglesa revisad y aumentada: António José SARAIVA: The Marrano
Factory. The Portuguese Inquisition and Its New Christians 1536-1765. Translated, Revised
and Augmented by H.P. Salomon and I.S.D. Sassoon, Leiden, Brill, 2001).
24
Fernanda OLIVAL: “Rigor e interesses: os estatutos de limpeza de sangue em Portu-
gal”, Cadernos de Estudos Sefarditas, 4 (2004), pp. 151-182.
25
Cf. Pedro CARDIM: Cortes e cultura política no Portugal do antigo regime, Lisboa,
Cosmos, 1998, passim; Giuseppe MARCOCCI: I custodi dell’ortodossia. Inquisizione
e Chiesa nel Portogallo del Cinquecento, Roma, Edizioni di Storia e Letteratura, 2004;
José Pedro PAIVA: Baluartes da fé e da disciplina. O enlace entre a Inquisição e os bispos
em Portugal (1536-1750), Coimbra, Imprensa da Universidade de Coimbra, 2011.
26
Jaime CONTRERAS: “Linajes, honras y manipulación”, en Ana Isabel LÓPEZ-SA-
LAZAR, Fernanda OLIVAL y João FIGUERÔA-RÊGO (eds.): Honra e Sociedade
no mundo ibérico e ultramarino. Inquisição e Ordens Militares séculos XVI-XIX, Casal de
Cambra, Caleidoscópio, 2013, pp. 19-36.

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CLAUDE B. STUCZYNSKI

aspiraciones y posibilidades, resultan un escenario privilegiado para


observar uno de los “aracana imperii” más representativos de las
monarquía ibéricas durante la Época Moderna27.

8 8 8

En las páginas que siguen, abordaré tres aspectos hasta hoy ignora-
dos por la historiografía que se ocupó de Heitor Mendes de Brito
y sus sucesores: la posible implicación con las letras, su rol en la
literatura profética portuguesa y el peso de su reputación entre sus
parientes sefardíes. De esta manera, mostraré que al menos en su
caso existirían otras vías complementárias de promoción política y
memoria social.

LETRAS DE NOBLEZA

Para los especialistas de la literatura ibérica, el “Cancionero Mendes de


Britto” no es ningún secreto. Se trata del “Liuro de diuersas Poessyas y
Curiozidades” escrito por el puño y letra de quién firmaba ser “Hector
Mendes de Britto” en Madrid, el 6 de febrero de 162328 (fig. 2).
Fuente inestimable para el conocimiento de la lírica castellana y
portuguesa de aquél entonces, este cancionero fue celebrado por el
crítico literario ciudarrealeño Juan Manuel Rozas, por incluir una

27
Para una visión functional- estructural del fenómeno cristão-novo ver: Claude B.
STUCZYNSKI: “From ‘Potential’ and ‘Fuzzy’ Jews to ‘Non-Jewish Jews’/’Jew-
ish Non-Jews’: Conversos Living in Iberia and Early Modern Jewry”, en Francesca
BREGOLI y David B. RUDERMAN (eds.): Connecting Histories: Jews and their
Others in Early Modern Europe, Philadelphia, Pennsylvania University Press, 2019, pp.
197-215.
28
Héctor MÉNDEZ DE BRITO: Libro de diversas poesías y curiosidades, Bibliote-
ca Nacional de España (BNE), MSS/17719; Juan Manuel ROZAS: Cancionero de
Mendes Britto: poesías inéditas del conde de Villamediana, Madrid, Consejo Superior
de Investigaciones Científicas, 1965, p. 11. Cf. Estêvão Rodrigues de CASTRO: Obras
poéticas, em português, castelhano, latim, italiano, ed. Giacinto Manupella, Coimbra,
Por ordem da Universidade, 1967, p. 366; conde de VILLAMEDIANA: Poesía im-
presa completa, ed. José Francisco Ruiz Casanova, Madrid, Cátedra-Letras hispánicas,
1990, p. 27; ídem: Poesía inédita completa, ed. José Francisco Ruiz Casanova, Madrid,
Cátedra-Letras hispánicas, 1994, p. 20.

5 284

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ENTRE LA ETNIA CONVERSA, LA BURGUESÍA MERCANTIL Y LA...

Fig. 2 Héctor MÉNDEZ DE BRITO: Libro de diversas poesías y curiosidades,


BNE, MSS/17719.

serie de poemas inéditos de Juan de Tassis y Peralta, segundo conde


de Villamediana (1581-1622). Si bién Rozas identificó al autor del can-
cionero con nuestro acaudalado converso29, en la biografía de Trevor
J. Dadson sobre quien fue a su vez poeta, presidente del Consejo de
Portugal (entre 1605 y 1616) y luego su virrey (entre 1617 y 1622), don
Diego de Silva y Mendoza, conde de Salinas y marqués de Alenquer
(1564-1630), preferió optar por la prudencia al decir: “es tentador ver
al Héctor Mendes, a quien Salinas había pedido un préstamo, como
el Héctor Mendes Britto, quien en 1623 compiló el famoso Cancionero
de Mendes Britto”30. De ceder momentáneamente a esta tentación
29
“Heitor Mendes de Britto [sic]… que tuvo la amorosa paciencia de reunir un pre-
cioso cancionero de poesía de su tiempo, sin ayuda de amanuense, copiando de su
puño y letra no obstante sus millones” (Juan Manuel ROZAS: Cancionero de Mendes
Britto..., p. 12).
30
Trevor J. DADSON: Diego de Silva y Mendoza. Poeta y político en la corte de Felipe III,
Granada, Ediciones de la Universidad de Granada, 2011, p.145, n.º 22.

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CLAUDE B. STUCZYNSKI

prudente, podríamos suponer que uno de los motivos que hubiesen


llevado a “o rico” a componer un cancionero fue la búsqueda de la
distinción social mediante las letras. En un estudio sobre el “Can-
cionero Manuel de Faria”, Edward Glaser se sorprendió frente al
hecho de que un hombre de negocios de la envergadura de “o rico”,
pudiese haber sido un aficionado a las letras, si bien reconocía que:
“muchos de los cancioneros que llegaron a nosotros fueron compilados
por individuos que no buscaron ni obtuvieron la fama literaria”31. No
pudiendo aquí analizar el contenido del “Cancionero Mendes de
Britto” con el detalle y la profundidad que merece32, tan sólo diré
que los poemas del Conde de Salinas y Marqués de Alenquer, así
como los del conde de Villamediana (nacido en Lisboa aunque de
origen lombardo-castellano), tienen un lugar de destaque, para
luego ser secundados por composiciones de Lope de Vega y Luis de
Góngora, entre muchos otros. Los autores portugueses (como Dio-
go Bernardes, don Álvaro de Alemcastro, duque de Aveiro, Fernão
Rodrigues Lobo Soropita o Estêvão Rodrigues de Castro), aparecen
más esporádicamente, y a diferencia del “Cancionero Manuel de
Faria”, es a menudo a través de poemas amorosos y satíricos. Es
verdad que en el “Cancionero Mendes de Britto” abundan los versos
de cariz moral, existencial y espiritual. Sin embargo, son escasas las
referencias explícitas al cristianismo. Con ello no se debe inferir un
velado apego al judaísmo por parte de su compilador. Probable-
mente, aquello sea una cuestión de gusto, que era más profano que
el del devoto autor del “Cancionero Manuel de Faria”33. En caso
de que el “Cancioneiro Mendes de Britto” fuese compilado por
“o rico”, sorprenderá la inclusión de “Otra Sátira a Jorge de Tovar,
recién privado de su of[icio]” que reza lo siguiente: “De todas mis
31
“Quite a few of the Cancioneros that have come to us were compiled by individuals
who neither sought nor attained literary fame” (Edward GLASER: The Cancionero
‘Manuel de Faria’, Münster, Aschendorffshe Verlagsbuchhandlung, 1968, p. 7).
32
Véase el inventario de poemas datado en el siglo xviii de las “Poesias recopiladas
por Mendes de Britos [sic]” en: BNE, MSS 18579/16/2, así como su listado en Juan
Manuel ROZAS: Cancionero de Mendes Britto..., pp. 13-31.
33
Edward GLASER: The Cancionero ... La dominante presencia de la poesía religiosa se
encuentra también en otros cancioneros portugueses de aquellos tiempos, como ser
en el: Cancioneiro de Francisco de Galvão, ed. José Miguel Martínez Torrejón, Lisboa,
Biblioteca Nacional de Portugal, 2016.

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ENTRE LA ETNIA CONVERSA, LA BURGUESÍA MERCANTIL Y LA...

profecías/ sólo me falta un ladrón,/que es Jorge de Zabulón,/espectador


del Mesías”34. Se trata de uno de los numerosos poemas escritos
por el conde de Villamediana contra quien fue secretario del Real
Patronato, miembro del Consejo Real y luego secretario de Estado,
Jorge de Tovar y sus dos hijos, Jorge y Diego: “motejándoles siempre
de judíos”.35 Los Tovar eran considerados de ascendencia conversa,
pero el 14 de febrero de 1614 obtuvieron de Felipe III el hábito de
la Orden Militar de Santiago36. ¿Cómo explicar la inclusión de una
sátira que se burlaba de una família conversa que habría logrado lo
que el hipotético autor del cancionero pretendía lograr para él y sus
descendientes? Fuera de la admiración que hubiese tenido hacia la
poesía del conde de Villamediana, o la posibilidad de que aquello
pudiese ser parte de una estrategia de camuflage de sus orígenes, no
sería de descartar una interpretación coyuntural, visto el papel que
tuvo Jorge de Tovar en las incesantes luchas de poder entre facciones
que caracterizaron la corte de Felipe III37. Sería también de aceptar
la opinión de Jack Weiner con respecto al antisemitismo del conde
de Villamediana y sugerir que el autor del “Cancionero Mendes de
Britto” interpretó aquella manera de referirse a la destitución de
Jorge de Tovar tras el ascenso al trono de Felipe IV en 1621 como un
34
Héctor MÉNDEZ DE BRITO: Libro de diversas poesías y curiosidades, fol. 163v.
35
Palabras de Emílio COTARELO Y MORI (El conde de Villamediana, estudio biográf-
ico-crítico con varias poesías inéditas del mismo, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra,
1886, p. 70), cuya explicación tendría que ver con asuntos de carácter romántico.
Esta interpretación fue confirmada por José Francisco RUIZ CASANOVA (Conde
de VILLAMEDIANA: Poesía inédita..., p. 80) al decir que: “Villamediana siempre
atacó a Jorge de Tovar en sus sátiras a través de dos imputaciones: una, la de ser judío
o descendiente; y en el terreno de lo sexual, calificándolo de cornudo y/o impotente”.
La obsesión de Villamediana contra los Tovar se refleja en la cantidad de su poemas
satíricos (ídem: Poesía impresa completa, pp. 449, 361, 946, 947, 1067, 1068, 1069,
1073; ídem: Poesía inédita completa, pp. 75, 80, 81, 137, 138-139, 339).
36
Sin embargo, sus hijos usaron aquella gracia sólo años más tarde. El hijo mayor,
Jorge de Tovar Valderrama y Loaysa, fue escritor y poeta (Josef Antonio ÁLVAREZ
Y BAENA: Hijos de Madrid: ilustres en santidad, dignidades, armas, ciencias y artes.
Diccionario histórico por el orden alfabetico de sus nombres, que consagra el illmo. y no-
bilísimo ayuntamiento de la imperial y coronada villa de Madrid, Madrid, En la oficina
de Benito Cano, 1790, vol. III, pp. 19-20), mientras que el menor, Diego de Tovar y
Valderrama, fue un prestigioso jurisconsulto (Cf. la introducción de José Luis BER-
MEJO CABRERO a su edición del tratado de Diego de TOVAR Y VALDERRAMA:
Instituciones políticas, Madrid, Centro de Estudios políticos y constitucionales, 1995).
37
Santiago MARTÍNEZ FERNÁNDEZ: La sombra del valido. Privanza, favor y cor-
rupción en la corte de Felipe III, Madrid, Marcial Pons, 2009, pp. 133, 138-139.

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CLAUDE B. STUCZYNSKI

mero “antisemitismo de ocasión y conveniencia”38. De esta manera,


no solamente el “Cancionero Mendes de Britto” sería un medio para
definir a su compilador como un respetable portugués en Madrid
que amaba las letras portuguesas y castellanas, privilegiando a dos
aristócratas-poetas españoles que sirvieron de puente estilístico entre
ambas tradiciones líricas39. Sería también el producto de una estrecha
relación que uniría a Heitor Mendes de Brito con el conde de Salinas
y marqués de Alenquer (siendo el Conde de Villamediana su émulo
poético durante su juventud)40. Gracias a los estudios de Dadson
sabemos que Salinas/Alenquer fue severamente criticado en Portugal
por la dependencia económica y la proximidad que tuvo con algunos
hombres de negocios que le prestaron dinero. Entre estos figuraba
Heitor Mendes de Brito41. Esta relación de intereses económicos
pudo incidir en el éxito de la promoción social de “o rico” y quizás
en la idea misma de escribir un cancionero42. Sin embargo, nos ve-
mos forzados abandonar esta hipótesis, al constatar el hecho de que
Heitor Mendes de Brito falleció el 27 de noviembre de 1622, meses

38
Juan YÁÑEZ: Memorias para la Historia de Don Felipe III, rey de España, Madrid,
Nicolás Rodríguez Franco, 1723, p. 52; Jack WEINER: “Personalidad y temática de
Juan de Tasis, Conde de Villamediana (1582-1622): el alocado verdugo de sí mismo”,
Annali Sezione Romanza, LVII 1 (2015), p. 177.
39
Trevor J. DADSON: Diego de Silva y Mendoza..., pp. 282-283.
40
Ídem: “La poesía amorosa de los Condes de Salinas y Villamediana: ¿un diálogo
subtextual?”, en Manuel GARCÍA MARTÍN (ed.): Estado actual de los estudios sobre
el Siglo de Oro: Actas del II Congreso de la AISO, 2 vols., Salamanca, Universidad de
Salamanca, 1993, vol. I, pp. 269-277.
41
Trevor J. DADSON: Diego de Silva y Mendoza... pp. 145, 159, 172. Quizás, esta com-
plicidad entre el Virrey y los “hombres de negocios” tenga que ver con el hecho de
que tras correr el rumor sobre la muerte del Conde de Salinas y Marqués de Alenquer
en Madrid en 1630, estallasen escenas de hostilidad en sus posesiones en Alenquer
contra sus habitantes cristianos nuevos (ídem: “The Duke of Lerma and the Count
of Salinas: Politics and Friendship in Early Seventeenth-Century Spain”, European
History Quarterly, 25 (1995), p. 5.).
42
De acuerdo con Fernanda Olival: “[e]xistiria em 1611/1612 dois grandes partidos no
conselho de Portugal: um encabeçado pelo conde de Salinas, que tinha do seu lado o
confessor do rei e o duque de Uceda; do outro, elencava-se Fernão de Matos com a
cobertura de Rodrigo Calderón e do duque de Lerma” (Fernanda OLIVAL: D. Filipe
II de cognome ‘O Pio’, Lisboa, Temas & Debates, 2008, p. 198). Para Trevor J. Dadson,
lo que caracterizó a Salinas/Alenquer fue su capacidad de sobrevivir a los cambios
de poder y caídas en desgracia en la Corte (Trevor J. DADSON: “The Duke of Ler-
ma...”, pp. 5-38).

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ENTRE LA ETNIA CONVERSA, LA BURGUESÍA MERCANTIL Y LA...

antes de que firmase “por sua maõ” el cancionero43. En definitiva,


sin saber quién fue el verdadero autor del “Cancionero Mendes de
Britto”, sugiero no descartar la posibilidad de que fuese un pariente
de Heitor Mendes de Brito, como el hijo de su hermana, Ana Mendes
de Brito y de Jorge Roiz da Costa, que llevaba su mismo nombre.
Este Heitor Mendes de Brito era hermano de Nuno Dias Mendes que
“uiue em Madrid he assentista e tez[oreiro]ro dos milhões”44. Dejando
esta hipótesis para ser confirmada, lo que sí constatamos es que un
hijo de “o rico”, llamado Nuno Dias Mendes de Brito, cultivó las
letras, erigió una costosa biblioteca y promovió el mecenazgo litera-
rio45. El escritor conquense y amigo de Lope de Vega, Juan de Piña
(1566-1643), fue su protegido46. Así, en tres de sus obras literarias, Piña
agradeció la prodigalidad de su bienhechor, y tras el fallecimiento de
éste antes de que apareciese la tercera, recordó que la generosidad de

43
ANTT, Convento de S. João Evangelista de Xabregas (Convento de S. Bento), Lº 9, fols.
34r-v. Agradezco a Fernanda Olival por haber corroborado este dato.
44
Este Heitor Mendes de Brito estaba casado en segundas núpcias con una cristiana
vieja llamada D. Teresa, viviendo antes de morir en Lisboa a mediados del siglo xvii:
“de sua fazenda”. Datos recogidos de la sesión de genenalogía del 2 de junio de 1655,
del proceso inquisitorial contra una sobrina llamada Guiomar da Costa (ANTT, Tri-
bunal do Santo Ofício, Inquisição de Lisboa, proc. 10464, fol. 52r). Esta inculpada,
que entonces tenía 40 años de edad, tenía un hermano que llevaba el mismo nombre.
Dada su probable juventud, dudo que pueda ser el autor del cancionero. A fortiori,
tampoco pudo ser el nieto de “o rico” llamado Heitor Mendes de Brito e Elvas. Cf. A.
A. Marques de ALMEIDA (ed.): “Heitor Mendes de Brito e Elvas (n. depois 1624-m.
1699)”, en Diccionário Histórico dos Sefarditas..., pp. 241-243.
45
Así lo celebró el escritor Juan de Piña: “[d]igo por cosa notoria, que v.m. pára raro
exemplo de la virtud y nobleza, se ha dado tan de veras sin estorvo de grandes riquezas
al estudio de las letras Humanas, que admira la aficio[n], y curiosidad à la leccion
de varias y, diversas ciencias de q[ue] tiene innumerables libros bien curiosos, y bien
extraordinarios, adquiridos con muchos desvelos y dineros el premio ser muy general
en todas, y en diferentes lenguas, como si de intento las huuiera professado para
valerse dellas à no desdezir de sus naturales” (Juan de PIÑA: Varias fortunas, Madrid,
por Iuan Gonçalez, 1627, dedicatoria, s.p.). Cf. el impreso de siete fólios sobre par-
tición de los bienes del fallecido Hector Mendez de Brito iniciado por este hijo: “Por
Nuño Diaz Mendez de Brito, cauallero de la casa del Rey nuestro señor en el reyno
de Portugal, vezino de la ciudad de Lisboa”, s.n., ca. 1625, en BNE, Porcones/254(8);
así como: A. A. Marques de ALMEIDA (ed.): “Brito, Nuno Dias Mendes de (Lisboa,
1584- Madrid, 1629)”, en Diccionário Histórico dos Sefarditas..., pp. 136-137.
46
Acerca de Juan de Piña, ver la introducción de Emílio Coltarelo y Mori en su
edición de Juan de PIÑA: Casos Prodigiosos y Cueva Encantada, ed. Emílio Coltarelo
y Mori, Madrid, Librería de la viuda de Rico, 1907 y el artículo de Yves-René FON-
QUERNE: “Quelques documents inédits sur Juan de Piña et sa famille”, Cahiers du
monde hispanique et luso-brésilien, 27 (1976), pp. 127-34.

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CLAUDE B. STUCZYNSKI

su malogrado mecenas fue continuada por su hermano y sucesor de


la familia, Francisco Mendes de Brito47. En todas aquellas ocasiones
Piña celebró “la grandeza” del progenitor de ambos hermanos. Es
lo que ya leemos en la introducción de su compilación de relatos
biográficos llamado “Varias Fortunas” (1627) (fig. 3):

“V. M. es hijo del grande Hector Mendes de Brito, grande por


su valor y merecimientos, estimado y respetado de todos no sola-
mente en España, mas aun en las mas remotas partes, y regiones
del mundo, à quien muchos de los Monarcas le comunicaron por
cartas, y hizieron tanto aprecio de su ilustre persona, entendimien-
to y prudencia, que se vio ser, como notoriamente era, el varón
mas insigne que florecio en sus tiempos en el Orbe, con que tan
digname[n]te adquirio el renombre de Grande, tan devido por sus
merecimientos, y heroycas virtudes, entre las quales la mas princi-
pal era su mucha caridad, que liberalmente exercitava en general
con todos”.

Según Piña, las virtudes morales y religiosas de Heitor Mendes de


Brito eran ejemplares:

“socorriendo à los pequeños y pobres, ayudando à los que no lo


eran, con que fue parte de hazer muchos hombres ricos, y acredi-
tados, favoreciendo à muchissimos Religiosos, y à sus Monasterios,
y casas, de que se infiere bien su mucha bondad, Christiandad, y
santo zelo del servicio de Dios”.

Asimismo, “su mucha nobleza” era hartamente conocida:

“pues es de la ilustre familia, y casa de los Britos del Reyno de


Portugal tan antigua, noble, y principal como es notorio, assi en

47
Juan de PIÑA: Segunda Parte de los Casos Prodigiosos, Madrid, Viuda de Alfonso
Martín, 1629, p. 41, también transcrito por Coltarelo y Mori (Juan de PIÑA: Casos
Prodigiosos..., pp. XXVIII-XXXI). Sobre Francisco Dias Mendes de Brito, véase A. A.
Marques de ALMEIDA (ed.): “Brito, Francisco Dias Mendes de (n. Lisboa 1581)”, en
Diccionário Histórico dos Sefarditas..., pp. 131-132.

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ENTRE LA ETNIA CONVERSA, LA BURGUESÍA MERCANTIL Y LA...

Fig. 3 Juan de PIÑA: Varias fortunas, Madrid, por Iuan Gonçalez, 1627

él como en los estraños, y por aver en ella tantos, y tan excelentes


varones en armas, virtudes y letras como se sabe, y las Coronicas
lo refieren”.

Habiendo servido a su rey y a su patria con fidelidad y prodigalidad,48


el gran duque de Toscana:

48
“Demás desto sirvió a su Magestad, y à los señores Reyes, sus predecessores, con
mucha fidelidad, assi como con grandissimas cantidades de emprestidos para socor-
ros, y proveymientos de las armadas de las Indias, y otras partes, como en todas las

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CLAUDE B. STUCZYNSKI

“por muchas vezes, y con grandissimas instancia procurò, que


quisiesse ir à vivir à sus Estados, ofrecié[n]dole el titulo de Mar-
ques, con otras prerogativas de importancia para el, y para sus hijos
y descendientes …”.

Esta invitación sería parte de la política mercantilista que caracteri-


zó a los Grandes Duques de Toscana, que no solamente había per-
mitido al común de los cristianos nuevos a retornar al judaísmo en
la ciudad de Livorno, sino que instaron a médicos y a ricos hombres
de negocios de origen converso, como los Ximenes, a fusionarse
con las elites aristocráticas locales49. Sin embargo, en el caso de “o
rico”, este generoso ofrecimiento fue en vano, aclaraba Piña, dado
que: “todo lo despreció solo por servicio de su Rey y Patria”. La magni-
ficiencia y el patriotismo de aquél lusitano fue tal, que su persona
se confundía con la historia y el devenir de la gloriosa y próspera
metrópolis Lisboa:

“[l]a insigne ciudad de Lisboa, famosa en el Orbe, es de v.m.


dichosa patria, y si no fue Hector Mendez de Brito su padre, el
Ulises fundador lo pudiera ser en su tiempo por el grande prude[n]
te, y sabio, si el de menos engaños, y más riquezas, por quién de
Creso, y Midas escusara la antiguedad admiraciones a su exe[m]
plo, enriquecía quanto miraua, como el Sol en amagos de proui-
dencia, padre de la patria, pudo ser llamado de v.m. emulo del
que merecio este renombre, ilustrando su Republica, cuyo premio
deuido a su piedad logra por sucessores, Principes, Reyes, Reynos
y Monarquias”50.

Señalemos, además, que la portada de “Casos prodigiosos y cueva


encantada” (1628), aparecía ornada con el emblema de la família
Mendes de Brito (fig. 4).
ocasiones q[ue] en sus tiempos se ofrecieron, sin interés alguno, sobre que le escriv-
ieron infinitas cartas, dándole las gracias de los muchos servicios que les avia hecho”
(ídem).
49
Lucia FRATTARELLI FISCHER: Vivere fuori dal ghetto. Ebrei a Pisa e Livorno, secoli
XVI-XVIII, Turín, Silvio Zamorani, 2008.
50
Juan de PIÑA: Varias fortunas…, dedicatoria, s.p.

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ENTRE LA ETNIA CONVERSA, LA BURGUESÍA MERCANTIL Y LA...

Fig. 4. Juan de PIÑA: Casos Prodigiosos y Cueva Encantada, Madrid, en la Imprenta


del Reyno, 1628.

Tanto allí como en la segunda parte de aquella novela, la “Se-


gunda parte de los casos prodigiosos”, 1629, Piña saludaba a aquél
distinguido linaje: “por auer en ella tantos, y tan excelentes varones en

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CLAUDE B. STUCZYNSKI

armas, virtudes y letras”51. En definitiva, la riqueza noble y virtuosa de


Heitor Mendes de Brito y la proeza militar de sus nobles antepasados,
los Brito, se complementaba ahora con el noble y desinteresado amor
por las letras por parte de sus hijos.

UNA RIQUEZA PROFETIZADA

El segundo aspecto que quisiera tratar tiene que ver con el mesia-
nismo portugués, conocido de manera cómoda aunque reductora
por “sebastianismo” y con la figura del intrépido y multifacético
jesuita António Vieira (1608-1697)52. Entre las acusaciones que la
Inquisición portuguesa recriminó al profetismo milenarista del pa-
dre Vieira fue la sostener que el fallecido monarca y “restaurador”
de la dinastía de los Braganza, don João IV (1604-1656), resucitaría
en tanto que rey “encoberto” vaticinado en las “Trovas” del zapatero
de Trancoso, Gonçalo Eanes Bandarra (c. 1500-1556), a fin de reinar
sobre el Quinto Imperio universal.53 Ahora bien, uno de los pocos
que acudieron a su defensa fue Nicolás Bouray, un belga radicado
en Lisboa desde antaño y que fue familiar del Santo Oficio. Tenien-
do 74 años de edad en 1661, Bouray entregó a la Inquisición un
papel defendiendo las posiciones del padre Vieira con respecto a su
interpretación de las “Trovas”, bajo el título de:

51
ÍD.: Segunda Parte de los Casos…, dedicatoria, s.p.; ídem: Casos Prodigiosos…, pp. 7-8.
52
La literatura al respecto es considerable. Me remito a los estudios clásicos de João Lú-
cio de AZEVEDO (A evolução do sebastianismo, Lisboa, Livraria Teixeira, 1918; ídem:
História de António Vieira, com factos e documentos novos, 2 vols., Lisboa, Livraria
Clássica Editora, 1918-1921), a dos biografías recientes sobre el Padre Vieira (Thomas
M. COHEN: The Fire of Tongues, António de Vieira and the Missionary Church in
Brazil and Portugal, Stanford, Stanford University Press, 1998; Ronaldo VAINFAS:
Antônio Vieira: Jesuíta do rei, São Paulo, Companhia das Letras, 2011) y a la síntesis de
Jacqueline HERMANN (No reino do Desejado: A construção do sebastianismo em Por-
tugal, séculos XVI e XVII, São Paulo, Companhia das Letras, 1998). Francisco BETHEN-
COURT: “The Unstable Status of Sebastianism”, en Francisco BETHENCOURT
(ed.): Utopia in Portugal, Brazil and Lusophone African Countries, Oxford, Peter Lang,
2015, pp. 43-69.
53
ANTT, Tribunal do Santo Ofício, Inquisição de Lisboa, proc. 1664 (= Adma MUHA-
NA (ed.): Autos do Processo de Vieira na Inquisição, Obra Completa Padre António Viei-
ra, tomo III, volume IV, Lisboa, Círculo de Leitores, 2014).

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Fig. 5. ANTT, Tribunal do Santo Ofício, Inquisição de Lisboa, proc. 1664, fol. 58r.

“Para os incrédulos da ressurreição del-Rei Dom João o Quarto,


não só para haver de reinar, mas também para haver de imperar,
tirado das profecias de Gonçalo Anes Bandarra explicadas e decla-
radas pelo Padre António Vieira da Companhia de Jesus, residente
nas partes do Maranhão, Estado do Brasil. Nec vana fides”54.

Entre las numerosas razones que invocó para que se diese crédito a
Vieira y a Bandarra, encontramos el argumento decimonoveno (fig. 5):
54
La defensa de Bouray fue transcrita por Joseph Jacobus VAN DEN BESSELAAR:
António Vieira, profecia e polêmica, Rio de Janeiro, EdUERJ, 2002, pp. 110-137, y se
encuentra en Adma MUHANA (ed.): Autos do Processo..., pp. 491-507.

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CLAUDE B. STUCZYNSKI

“[é] muito para notar e muito mais para ponderar em abono


desta resurreição e crédito do nosso Bandarra o que contam mui-
tas pessoas desta Corte daquela Dona Lianor Mendes, afilhada do
nosso Bandarra e irmã de Heitor Mendes de Brito, cujo pai foi
compadre do nosso Bandarra, e com esta confiança de compadre,
lhe perguntou um dia que ventura teria Heitor, seu filho; respon-
deu que havia de ser o mais rico homem deste Reino. ‘E a nossa
afilhada’ (que era esta Dona Lianor) ‘que será dela?’ Respondeu-o:
‘A minha afilhada verá o fim de meus bailes’”.

Bouray recordó que “o fim dos meus bailes” se refería a la “trova”


número 43: “Sus! Antes de mais estremos/ baile Fernando e Constança/
E pois que tudo ja vemos,/ Pelo bem que lhe queremos/ Seja elle o mes-
tre da dança”55. Según el padre Vieira, esta significaba el tiempo de
revelación del rey “encoberto”56. El belga explicó que solo después
del fallecimiento de João IV en 1656, Leonor Mendes expiró a los
123 años de edad:

“a qual estando muitas vezes doente, e ungida para morrer, diz


sempre que não há de morrer até não ver o fim dos bailes de seu
padrinho, que é ver o encoberto, ou el-Rei Dom João que há de bailar
com Constância, e ser imperador daquele Império que será o fim
para o qual há de Ressuscitar, e bailar com aquela noiva”.

¡Y es que no podía morir antes de que se cumpliese la profecía


de su padrino!57 En cuanto “a este Heitor Mendes, profetizado por
55
Elias LIPINER: Gonçalo Anes Bandarra e os Cristãos-Novos, Trancoso, Camara Muni-
cipal de Trancoso & Associação Portuguesa de Estudos Judaicos, 1996, p. 193.
56
En palabras de Bouray: “Explica agora o Padre António Vieira que bailar Fernando
e Constança, é el-Rei Dom João ressucitado que tomará Constantinopla, e será Im-
perador daquele Império e porventura diz o Padre que tomará o nome de Fernando
que Santo António deixou em São Vicente de Fora, aonde há de Ressucitar, se isto fo
assim de força se ha de chamar então Dom João Fernando, para também dar cumpri-
mento aos Vaticínios, e Profecias fos Mouros que temem muito este nome pela sig-
nificação que traz de ferro e é temido deles por seu futuro flagelo” (ANTT, Tribunal
do Santo Ofício, Inquisição de Lisboa, proc. 1664, fol. 58r = Adma MUHANA (ed.):
Autos do Processo..., pp. 500-501).
57
Calculando a partir de los decinueve años de edad que tendría Leonor Mendes según
su madre Beatriz Mendes en la sesión de “genealogía” de su proceso inquisitorial,

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Bandarra”, explicaba, “vimos o mais rico homem deste Reino”58. A


pesar de que no pude corroborar el nexo de amistad y padrinazgo
que uniría al zapatero cristiano viejo con aquella familia conversa,
sabemos que el autor de las “Trovas” tuvo en Trancoso y fuera de
ella una relación privilegiada con los cristianos nuevos. Al decir del
converso Jorge Fernandes, “…era muy inclinado Aos xpããos Nouos
…”59. Según Elias Lipiner, dado que el profetismo de Bandarra era
de cariz sincretista, se podía leer literalmente en clave cristiana, o
mediante una interpretación judaizante60. Aquellos motivos que se
encontraban en las “Trovas” que tanto interés habían despertado
en los círculos cripto-judíos durante la vida del zapatero de Tran-
coso, fueron ahora realzados y reelaborados por el milenarismo ju-
deocristiano del jesuita. Es por ello por lo que la Inquisición no
solamente acusó al Padre Vieira de hacer de Bandarra un portavoz
de la palabra de Dios, sino de darle un sabor mesiánico y judaico61.
A nuestros efectos, nos interesa la invocación de Heitor Mendes
de Brito y miembros de su familia como parte de una tradición
popular “sebastianista”. En su defensa ante el Santo Oficio, el padre
Vieira recordó que las “Trovas” se mantenían aún vivas en aquellos
tiempos, siendo recitadas en algunas regiones de Portugal por los

resulta que Leonor habría fallecido hacia los 108 años de edad.
58
Van den Besselaar no pudo identificar a los personajes (Joseph Jacobus VAN DEN
BESSELAAR: António Vieira..., p. 131 n. 65).
59
ANTT, Tribunal do Santo Ofício, Inquisição de Lisboa, proc. 7197, fol. 7v (=Arnaldo
da SOLEDADE (ed.): Processo de Gonçalo Annes de Bandarra; çapateiro da villa de
Trancoso (Ano de 1541), Trancoso, Câmara Municipal de Trancoso, 1996, p. XXVII).
Cf. Maria José Ferro TAVARES: “Os judeus da Beira...”, pp. 369-411.
60
“As alusões do Bandarra, que podiam ser explicadas, fundamentalmente, tanto no
sentido apocalíptico cristão como no sentido messiânico dos judeus, eram por isto
usadas a um tempo para as duas causas” (Elias LIPINER: Gonçalo Anes Bandarra...,
p. 42). Existiría una convergencia entre las esperanzas mesiánicas de los conversos
judaizantes y las profecías de tenor joaquimita de Bandarra. Sobre la popularidad de
las “Trovas” en los círculos mesiánicos conversos de la mitad del siglo xvi, véase Maria
José Ferro TAVARES: “O Messianismo Judaico em Portugal (ca. metade do século
xvi)”, Luso- Brazilian- Review, 28 (1991), pp. 141-152; Elias LIPINER: O sapateiro de
Trancoso e o alfaiate de Setúbal, Rio de Janeiro, Imago, 1993, passim.
61
Thomas M. COHEN: “Millenarian Themes in the Writings of Antonio Viei-
ra”, Luso-Brazilian Review, 28 (1991): 23-46; ídem: “Judaism and the Inquisition Trial
of António Vieira”, Luso-Brazilian Review, 40 (2003), pp. 67-78.

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CLAUDE B. STUCZYNSKI

niños en las escuelas62. Es más, a la par de circular versiones origina-


les y apócrifas de las “Trovas”, se habría constituido la leyenda po-
pular de que el zapatero de Trancoso vaticinó las condiciones de su
propia muerte63. El testimonio de Bouray indica que este fenómeno
de autonomización de sus profecías fue más amplio y diversificado.
Al mismo tiempo, es de notar que en ningún momento Bouray se
vio en la necesidad de evocar el origen converso de los Mendes de
Brito, ni tampoco el deber explicar la aceptación que tuvieron las
“Trovas” entre los círculos criptojudíos en Trancoso. En cambio, re-
conocemos la existencia de una memoria social que tanto religiosa
como étnica era neutra frente a “o rico” y los suyos. Al ser profeti-
zada por Bandarra, su nombre habría sido positivamente recordado
en la “corte de Lisboa”, siendo celebrado por el familiar del Santo
Ofício y defensor del Padre Vieira que fue Bouray, como prueba
cabal de la veracidad de los augurios de Bandarra.

CUANDO LA MEMORIA GOLPEA A LA PUERTA

Finalmente, me referiré al proceso de la Inquisición de Lisboa con-


tra un judío llamado Abraham Levi64 (fig. 6).
Habiendo llegado a Lisboa desde Bayonne vestido como un fran-
cés en viaje de negocios, probablemente en julio de 1658, éste sucitó
la sospecha del “Desembargador do Paço”, el dr. Pedro Fernandes
Monteiro, de que fuese un espía, por venir sin caudal ni mercadería.
Encarcelado en la prisión del Limoeiro, aquel extranjero comenzó a
revelar su verdadera identidad. Inicialmente dijo llamarse António
Ximenes Mendes de Brito y ser hijo de dos portugueses radicados en
Italia, Jorge Mendes y Ana Mendes. Aducía que “uinha a este Reyno
tratar de seu remedio, e uer se seus parentes lhe queriaõ ou podiaõ acudir”.
Entre sus escasas pertenencias le encontraron una serie de documentos.

62
Paulo BORGES (ed.): Defesa perante o Tribunal do Santo Ofício, Obra Completa Padre
António Vieira, Lisboa, Círculo de Leitores, 2014, tomo III, vol. II, p. 181.
63
En su defensa inquisitorial, el Padre Vieira se refirió esta tradición (ídem: p. 192). Cf.
Elias LIPINER: Gonçalo Anes..., p. 140.
64
ANTT, Tribunal do Santo Ofício, Inquisição de Lisboa, proc. 11029.

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Fig. 6. ANTT, Tribunal do Santo Ofício, Inquisição de Lisboa, proc. 11029.

Entre estos, una correspondencia que tuvo con un primo hermano


de su madre, un mercader residente en Oporto llamado Gaspar da
Fonseca, quien le otorgó una ayuda pecuniaria, instándole a partir
de Portugal lo antes posible (“lhe roga se va logo p[ar]a sua terra”). Por
otro lado, un tal Carlos de Andrada le escribió una carta que según
eldr. Monteiro, tan sólo “contem cumprimentos”. Sin embargo, “no
principio dis Sr. Haham Abraham Leui”.65 Estos eran indicios para

65
Carta del 20 de julio de 1658 (ídem, fols. 3 r-v).

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descubrir de que, en realidad, António Ximenes Mendes de Brito


era un judío de origen portugués residente de la isla de Corfú y de
27 años de edad llamado Abraham Levi.
Ante esta constatación, Abraham/António fue transferido al
Santo Ofício. Así, tras jurar en una “Biblia sacra” en vez de colo-
car su mano sobre un Evangelio (por decir ser judío circunciso),
confirmó que sus padres “Christaõs bautizados e da naçaõ Hebrea”
habían abandonado el reino de Portugal hacía unos treinta años para
establecerse en Italia. Su padre era originario de la ciudad de Viseu
y su madre de Coimbra. Llegando a Florencia, estos se trasladaron
a Venecia y de allí a Spalato, para finalmente establecerse en la isla
de Corfú.66 Su padre, que era médico de profesión, se llamó Moisén
Levi “Portugués” y su madre, Ester Levi. Todos los miembros de su
família eran judíos practicantes. La muerte repentina de su padre
cuando Abraham tenía tres años edad y el ataque a Corfú por parte
de los otomanos, obligaron a su madre a abandonar la isla para esta-
blecerse con sus pequeños hijos en el Ghetto de Venecia, buscando
un alivio económico a su situación precaria. Según el testimonio de
Abraham Levi, fueron también razones económicas las que más tarde
lo llevaron a peregrinar, dejando Venecia para probar su suerte en
Holanda (probablemente, en la comunidad sefardí de Amsterdam).
Tras haber fracasado en los negocios, llegó a Francia, para embarcarse
hacia Portugal, a fin de obtener la ayuda de sus parientes. Su caso nos
hace pensar en aquellos numerosos conversos que, tras haber vivido
como judíos en la Diáspora Sefardí (en “terras de judesmo”, según la
terminología de sus líderes comunitarios), viajaban a la península
ibérica (o a las “terras de idolatria”) bajo apariencias de cristianos, por
asuntos de família y dinero67. Sin embargo, el caso de Abraham Levi
era diferente. Por un lado, el hecho de decir que había adoptado el
nombre de António Ximenes (Mendes) de Brito al llegar al reino de
Portugal, para así evitar el “escandalo” de posser un nombre hebreo,
no era para los inquisidores una razón convincente, “porquanto a elle

66
ANTT, Inquisição de Lisboa, proc. 11029, fols. 5r, 12r.
67
Yosef KAPLAN: “The travels of Portuguese Jews from Amsterdam to the ‘Lands of
Idolatry’ (1644-1724)”, en Yosef KAPLAN (ed.): Jews and Conversos. Studies in Society
and the Inquisition, Jerusalem, Magnes Press, 1985, pp. 197-224.

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uem muitos judeus de ordinario a comercear”, en guisa de “judíos de


señal”68. Por otro lado, las peripecias y los gastos causados por aquel
viaje tampoco justificaban las pretendidas limosnas que decía querer
recibir de sus parientes lusos. El hecho de carecer de dinero y quizás
por ser llamado “Sr. Haham” en una de aquellas cartas incautadas,
como si fuese un docto rabino, llevaron a los inquisidores a acusarlo
de ser uno de aquellos judíos de origen converso que se introducían
clandestinamente en el reino ibérico como “mestres dogmatistas”, a
fin de enseñar la ley de Moisés a otros miembros de la “nação”69. Éste
era un cargo muy grave, siendo probable que muriese condenado
en la pira inquisitorial. Sin embargo, dado que las investigaciones
realizadas por el Santo Ofício en Viseu, Coimbra y en Trancoso, no
pudieron demostrar que Abraham Levi fuese bautizado, no pudo
ser condenado por hereje. Es más, tampoco se obtuvieron indicios
de que hubiese “comunicado” su religión durante su breve estancia
en el suelo lusitano70. De allí que su proceso inquisitorial terminase
inconcluso, con el anuncio de la voluntad del reo de ser cristiano.
Así, el 28 de febrero de 1659, Abraham Levi fue puesto en libertad
para ser educado en los principios de la fe católica en la “Casa de
los Catecúmenos” de Lisboa, adoptando el nombre de bautismo de
João de Lencastre71.
68
ANTT, Inquisição de Lisboa, proc. 11029, fols. 7v-8v. Cf. Yosef Hayim YERUSHAL-
MI: “Professing Jews in Post-Expulsion Spain and Portugal”, en Salo Wittmayer Baron
Jubilee Volume, 3 vols. Jerusalem & New York, American Academy for Jewish Re-
search-Columbia University Press, 1974, vol. III, pp. 1023-1058; José Alberto da Silva
TAVIM: “Abraão Benzamerro, ‘judeu de sinal’, sem sinal, entre o Norte de África e o
reino de Portugal”, Mare Liberum, 6 (1993), pp. 115-141.
69
ANTT, Inquisição de Lisboa, proc. 11029, fols. 7v-8v. Cf. Natalia MUCHNIK:
“Des intrus en pays d’Inquisition: présence et activités des juifs dans l’Espagne du
xviie siècle”, Revue des Études Juives, 164 (2005), pp. 119-156.
70
Cf. el caso de Isaac de Castro Tartas estudiado por: Miriam BODIAN: “Baptized or Not?
The Inquisitors’ Dilemma in Trials of Portuguese Jews from Dutch Brazil, 1645-1647”, en
Claude B. STUCZYNSKI y Bruno FEITLER (eds.): Portuguese Jews, New Christians, and
‘New Jews’: A Tribute to Roberto Bachmann, Leiden, Brill, 2018, pp. 123-144.
71
ANTT, Inquisição de Lisboa, proc. 11029, fols. 30 r-31r. Cf. Claude B. STUC-
ZYNSKI, “Subsídios para um estudo de dois modelos paralelos de 'catequização'
dos judeus em Portugal”, en Nachman FALBEL, Avraham MILGRAM y Alberto
DINES (eds.): Em Nome Da Fé. Estudos in Memoriam de Elias Lipiner, São Pau-
lo, Editora Perspectiva, 1999, pp. 173-201; ídem: “Apóstatas marroquíes de origen
judío en Portugal en los siglos xvi–xvii: entre la misión y la Inquisición”, en Mercedes
GARCÍA-ARENAL (ed.): Entre el Islam y Occidente. Los judíos magrebíes en la Edad

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CLAUDE B. STUCZYNSKI

Ahora bién, los inquisidores quiseron saber la razón del haber


decidido apellidarse Ximenes (Mendes) de Brito. He aquí su respuesta:

“que tomara os dittos sobrenomes por haver ditto sua may que
posto que seu pay era da geraçaõ dos Ximenes, e pella della sua
may dos Brittos, e que viera a este Reyno a fim de algu[n]s de
seus parentes, que lhe dizia sua may, lhe darem alguã cousa para
se remediar”72.

Sin embargo, esta elección onomática no era un mero reconoci-


miento hacia sus antepasados. Resultó, además, adoptar el nombre
de dos prestigiosas familias de conversos que eran conocidas por
sus fortunas. Es más, habiendo fallecido su padre durante su in-
fancia, fue su madre quién en Venecia le reveló que “era netta de
hu[m] irmaõ de Heitor Mendez o uelho”.73 Es por ello por lo que
probalemente su viaje a Portugal tuviese por objeto contactar con
miembros de su afortunada familia materna y particularmente con
los descendientes directos del legendario “o velho”. Inferimos esto,
visto que entre los papeles que le fueron confiscados se encontró un
borrador conteniendo algunos nombres de parientes sefarditas de
los Mendes de Brito, los Abendana. Como si fuese un medio para
probar su nexo familiar con los Mendes de Brito74. Es más; una vez
llegado a Lisboa, Abraham/António se dirigió a la casa del nieto y
directo sucesor de “o rico”, llamado Heitor Mendes de Brito e El-
vas. De acuerdo con su confesión inquisitorial: “indo ver cõ Heitor
Mendes de Britto nesta cidade, representandolhe ser parente seu, lhe
Moderna, Madrid, Casa de Velázquez, 2003, pp. 125-152; José Alberto da Silva TAV-
IM: “Educating the Infidels within: Some Remarks on the College of the Catechu-
mens of Lisbon (xvi–xvii centuries)”, Annali della Scuola Normale Superiore di Pisa,
Classe di Lettere e Filosofia, 5 (2009), pp. 445-472.
72
ANTT, Inquisição de Lisboa, proc. 11029, fol. 6v.
73
Ídem: fol. 13v.
74
De acuerdo con el testimonio del Dr. Monteiro: “[n]este papel tinha escrito o mesmo
Antonio Ximenes alguns nomes q[ue] pareciaõ ser escritos quando prouaua a pena,
e deziaõ: Abenda David, Biniamin, Bauid Abe [sic]”. Probablemente, serían estas
abreviaciones de miembros de su familia: David y Benjamin Abendana (ídem: fol.
3v). Los inquisidores no le dieron ninguna importancia a este papel, aún si en su
interrogatório reconoció tener en Hamburgo un tío llamado Joseph Abendana (ídem:
fol. 13v).

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pedio lhe acodisse cõ alguã cousa, o que elle não quis fazer dizendo que
naõ conhecia, nem sabia se cõ elle tinha parentesco algum”75. Sin em-
bargo, una copia del carteo que intercambió con el citado Gaspar
da Fonseca revela otros pormenores de aquél encuentro:

“q[ue] aqui fallara com Heitor Mendes dizendolhe era seu pa-
rente por ser neto de Diogo Mendes de Coimbra e q[ue] Heitor
Mendes lhe respondera [ter?] fallado com sua Thya d. Franc[isca] e
lhe dizia naõ tinha noticia de Diogo Mendes de Coimbra, e q[ue]
elle tinha visto o numero da nota q[ue] tem de seus parentes, e naõ
achou tal nome”76.

Resulta que antes de darle aquella respuesta negativa, Heitor Men-


des de Brito y Elvas habría recurrido a quién sería la portadora de
la memoria familiar: Francisca Violante Mendes, quien era hija de
Violante Mendes y del arbitrista Duarte Nunes Solis. Siendo dos
veces viuda (la primera vez casada con el atrás citado hijo de “o
rico”, Nuno Dias Mendes de Brito), doña Francisca no tuvo des-
cendencia. De hecho, “tía Francisca” fue la tutora de Heitor Men-
des de Brito y Elvas durante su infancia, tras éste quedar huérfano
en 1635 y es posible que “tía Francisca” se hubiese quedado a vivir
en la residencia de su sobrino, para finalmente legarle su fortuna77.
No es de sorprender que ni su tía ni tampoco la lista o árbol ge-
nealógico que habría consultado Heitor Mendes de Brito y Elvas
contuviese los nombres de aquellos oscuros y distantes parientes
judíos78. Si bien Fernanda Olival mostró que fue gracias a su influ-
yente tío, Luís Mendes de Elvas, que el 8 de noviembre de 1657 se
le concedió a Heitor Mendes de Brito y Elvas el hábito de la Orden
de Cristo, siendo el primer miembro de la familia Mendes de Brito
en recibir aquella gracia, esta distinción pudo realizarse también
75
Ídem: fol. 7r.
76
Ídem: fol. 3r.
77
Sabemos además que antes de morir, ella le legó toda su fortuna. Cf. A. A. Marques
de ALMEIDA (ed.): “Elvas, Heitor Mendes de Brito e (n.º depois 1624-m.1699)”, en
Diccionário Histórico dos Sefarditas..., pp. 241-243; Fernanda OLIVAL: “A Família de
Heitor Mendes ...”, p. 120.
78
Ídem: p. 118.

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CLAUDE B. STUCZYNSKI

gracias a aquella estrategia de ascensión social inaugurada por su


abuelo, consistente en servir a la Corona y desvincularse con los
miembros indeseables de la “nação”. De esta manera, cuando el 1
de febrero de 1658 depositó en la “Mesa da Consciência” el dinero
necesario para realizar aquella habilitación, “declarando que todos
os parentes eram naturais e moradores de Lisboa, nas freguesias
de Madalena e da Santíssima Trinidade”, Heitor Mendes de Brito
y Elvas prefirió omitir de que su abuelo proviniese de aquel co-
nocido centro de conversos judaizantes y “sebastianistas” que fue
Trancoso79. Recordemos que este nieto de “o rico” fue el primero
en desposarse con nobles cristianas viejas. Sin embargo, aún tuvo
que afrontar el hecho de que miembros transversales de su familia
fuesen condenados por el Santo Oficio por “judaísmo”. El breve y
truncado desencuentro entre Abraham Levi y Heitor Mendes de
Brito y Elvas, es la historia de un desfase de imagen y memoria
entre quien en la Diáspora Sefardí soñó con las riquezas de un dis-
tante pariente cristiano nuevo residente en Lisboa recordado por
su madre y el nieto del mismo, que era un flamante miembro de
la Orden de Cristo que en aquellos precisos momentos buscaba a
toda costa de desligarse de todos aquellos parientes indeseables que
le recordasen el peso de sus orígenes, obstruyendo el largo camino
de ascenso aristocrático emprendido por su abuelo.

8 8 8

En definitiva, los tres aspectos que presenté en este artículo mues-


tran que la imagen y la memoria social de Heitor Mendes de Brito
transcienden la mera interacción de lo que Maurico Ebben llamó
el “triángulo imposible” entre la Corona, el Santo Oficio y las aspi-
raciones de los hombres de negócios80. La notoriedad de quien fue
llamado “o rico”, “o velho”, “o paí dos afligidos” y “o grande”, fue un
factor ambivalente para su ascención social, entrelazándose su ima-
gen y memoria de manera serpentina, proteica, multi-dimensional
79
Ídem: p. 121.
80
Mauricio EBBEN: “Un triángulo imposible: la Corona española, el Santo Oficio y
los banqueros portugueses, 1627-1655”, Hispania 53, 184 (1993), pp. 541-556.

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ENTRE LA ETNIA CONVERSA, LA BURGUESÍA MERCANTIL Y LA...

y variada, tal como lo ilustran la heterogeneidad de sus apodos y la


plasticidad de sus significados. En otras palabras, si la trayectoria
social de Heitor Mendes de Brito y su familia fue ascendente, resul-
ta que estuvo interpelado por factores inesperados que trascendían
la mera interacción de los conversos lusitanos entre asuntos de “po-
lítica, dinero y fe”.

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LA NAÇÃO ENTRE LA CORTE Y LA CIUDAD
LOS CRISTIANOS NUEVOS PORTUGUESES EN LA CIUDAD ETERNA
James Nelson Novoa
Universidad de Ottawa, Canadá

Un morador o visitante de paso en la Roma del periodo moderno


tenía que lidiar con el carácter múltiple y polifacético de la ciudad,
a la vez una ciudad compuesta por ciudadanos, quienes en el imagi-
nario colectivo eran los descendientes, por lo menos espirituales, de
la antigua Roma, una corte con un complejo ceremonial, entre las
cortes más internacionales de Europa con facciones cambiantes que
eran un fiel reflejo del cuadro político europeo, el centro adminis-
trativo de un estado italiano con una burocracia de cada vez mayor
complejidad que se extendía desde el mar Tirreno hasta el Adriático
y la Santa Sede, la capital de la Iglesia católica con su maquinaria
para la gestión de las cosas de la fe a través del mundo.
Gracias al estudio magistral de Paolo Prodi podemos apreciar
aún más las dos caras del soberano pontífice, soberano temporal
y espiritual que dominaba la Ciudad Eterna1. A nivel cotidiano el
habitante, de estancia corta o residencia estable en la Ciudad Eterna,
tenía que lidiar con varias facetas al vivir en la ciudad, con las varias
esferas que la ciudad proponía, desde su implicación en el popolo
romano, a nivel cívico, o sea los residentes y ciudadanos en la urbe
a los intersticios de la ciudad del pontífice, con la carga simbólica y
política de la Iglesia católica en la ciudad y en el mundo2.
En el periodo moderno en la ciudad había una serie de institu-
ciones, de nuevo, tanto su vertiente ciudadana como de la corte del
papa y de la Iglesia que no solo permitían a los ciudadanos y a los
1
Paolo PRODI: Il sovrano pontefice, Boloña, Il Mulino, 1982.
2
Sobre los aspectos ceremoniales, simbólicos y sociales véase Eleanora CANEPA-
RI: La construction du pouvoir local. Élites municipales, liens sociaux et transactions
économiques dans l’espace urbani. Rome, 1550-1650, Roma, École Française de Rome,
2017 y Maria Antonietta VISCEGLIA: La città rituale. Roma e le sue cerimonie in età
moderna, Roma, Viella, 2002.

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JAMES NELSON NOVOA

visitantes estar en la ciudad sino que les imponían maneras de ser


también. Como cualquier gran urbe en el periodo moderno había
una neta distinción entre naturales, residentes o ciudadanos, cives,
y foráneos, forenses3. Roma, como cualquier otra ciudad, tenía una
compleja maquinaria para marcar y definir a los extranjeros y enca-
sillarlos por medio de instituciones y recursos simbólicos y reales. En
aquel periodo, la ciudad contaba con una fuerte presencia de extran-
jeros debido al carácter mismo de la ciudad y la corte, ofreciéndoles
posibilidades de movilidad social imposibles en otras localidades. El
lugar común de la ciudad como el domicilio de todos, tal como fue
expresado por Marcello Alberini (1511-1580) hablando de la Roma
de los 1520, era un fuerte aliciente para atraer a extranjeros quienes
llegaron a la ciudad por los motivos muy dispares4. La corte del papa
no podía sino ser uno de los puntos cardinales en los cálculos geoes-
tratégicos de la monarquía, a tal punto que se ha llegado a hablar de
los siglos xvi y xvii como el momento de la Roma española, tal fue
la importancia para la corona de estar presente de manera política y
simbólica en la Ciudad Eterna5.

CRISTÃOS NOVOS EN LA CIUDAD Y LA CORTE

El carácter multifacético de la ciudad, con sus múltiples vertientes,


hacía que estos elementos muchas veces se sobrepusieran y se en-
cabalgaran. La misma ciudad ofrecía toda una serie de contextos y
situaciones en las cuales exigía identificar a los forasteros, ofrecién-
doles espacios para acumular capital social. Esto se ve claramente
3
Sobre extranjeros en Roma en época moderna, véase Irene POLVERINI FOSI:
“Roma patria comune? Foreigners in Early Modern Rome”, en Jill BURKE y Michael
BURY (eds.): Art and Identity in Early Modern Rome, Aldershot, Ashgate, 2008, pp.
27-43.
4
Marcello ALBERINI, Diario, ed. Domenico Orano: Archivio della Società Romana di
Storia patria, 18 (1895), pp. 319-416.
5
Manuel VAQUERO PIÑERO: “Forme della presenza mercantile spagnola a Roma
all’inizio dell’età moderna: spunti per un confronto europeo”, Storia Urbana 31 (123)
(2009), pp. 83-100; Thomas James DANDELET: Spanish Rome 1500-1700, New Ha-
ven, Yale University Press, 2001 y Pablo GONZALÉZ TORNEL: Roma hispánica.
Cultura festiva española en la capital del Barroco, Madrid, Centro de Estudios Europa
Hispánica, 2017.

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LA NAÇÃO ENTRE LA CORTE Y LA CIUDAD. LOS CRISTIANOS...

en el caso de los cristianos nuevos portugueses. Estar presente en


Roma daba a un individuo o una colectividad legitimidad y capi-
tal social en el ámbito del mundo católico. El poder vincularse de
alguna manera con la vida de la corte o con las instituciones de la
Iglesia universal era una garantía para fijar la imagen de ortodoxia y
fidelidad al pontífice no solo en la patria sino en el mundo entero.
No es de extrañar pues que, a lo largo de estos siglos, varios fueran
los cristianos nuevos quienes optaron para estar allí.
La trayectoria de varios cristianos nuevos presentes en Roma sirve
para entender algunas de las estrategias para promoción individual
y colectiva dentro de esta comunidad, una comunidad que, como
veremos, no tenía una identidad unívoca sino muy variada. No se
trata tan solo de casos aislados sino que sirven para observar cómo,
dentro del tejido social y urbano de un centro como la Roma mo-
derna, las dinámicas de una identidad compleja se podían articular
de varias maneras. Por lo tanto, el análisis de algunos ejemplos sirve
para ver como esta minoría, súbdita de la corona hispánica durante
el periodo de la Unión Ibérica, podía situarse y medrar en Roma,
de acuerdo con los dinamismos sociales de la ciudad en aquel pe-
riodo que permitían y exigían a las personas un lugar en el espacio
social ciudadano, frente a la corte del pontífice o con respecto a
la maquinaria simbólica y social de la Iglesia universal. Además,
la reconstrucción más detallada de un caso específico nos permite
resaltar y comprender otro aspecto particularmente significativo, es
decir, la irradiación de Roma más allá de Roma.
¿Qué significaba ser un cristiano nuevo luso en Roma en el
periodo moderno? Al contrario de tantas otras ciudades en la pe-
nínsula italiana en la segunda mitad del siglo xvi, la categoría de
judío portugués en Roma no existía. Esto es un hecho, a mi pare-
cer, de una importancia capital para entender como los cristianos
nuevos portugueses se relacionaban con los demás y como venían
enmarcados en la sociedad romana y en la corte. En Venecia la
categoría de judíos ponentinos fue reconocida en el tejido social
en 15896. Dos años después, Fernando de Medici (1587-1609), en la

6
Benjamin RAVID: “The First Charter of the Jewish Merchants of Venice, 1589,”
AJS Review, 1 (1976), pp. 187-222; ídem: “Venice, Rome and the Reversion of New

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JAMES NELSON NOVOA

primera de sus leggi livornine, abrió la puerta al establecimiento de


una comunidad judía lusitana en la incipiente ciudad portuaria de
Liorna, con vistas a que se convirtiera en lo que llegaría a ser: el gran
puerto del Gran Ducado de la Toscana7. Una situación muy diferente
fue la de Roma. Si bien contaba con una comunidad judía española
–dentro de la universitas hebreorum en la terminología de los Estados
italianos– que se había asentado en la ciudad tras la expulsión de
1492, nunca llegó a existir una comunidad judía lusitana reconocida
como tal8. Un judío portugués a finales del siglo xvi en Roma era
por definición un renegado de la fe católica y como tal un hereje.
Nunca se dio pues el caso de parientes divididos entre fes en la misma
ciudad como podía ocurrir en las dos localidades mencionadas. La
Inquisición romana, tanto desde su sede en Roma como desde sus
tribunales en otras localidades de la península italiana, mantuvo un
interés constante en posibles casos de judaizantes, sobre todo si se
trataba de cristianos nuevos ibéricos. Uno caso emblemático fue el
de la poderosa familia portuguesa de los Vaaz, afincada en el virrei-
nato de Nápoles a finales del siglo xvi, bien integrada en la ciudad
y el virreinato, con miembros vinculados a la corte, activos en la
economía del territorio e incluso integrados la nobleza local. Pese a
dicha integración, las sospechas de que fueran judaizantes pesaron
sobre varios miembros de la familia a partir de comienzos del siglo
xvii. Una serie procesos inquisitoriales en el virreinato y en Roma

Christians to Judaism: a Study in Ragione di Stato”, en Pier Cesare IOLY ZORAT-


TINI (ed.): L’identità dissimulata. Giudaizzanti iberici nell’Europa dell’età moderna,
Florencia, Leo. S. Olschki, 2000, pp. 151-193.
7
Lucia FRATTARELLI FISCHER: Vivere fuori dal Ghetto. Ebrei a Pisa e Livorno
(secoli XVII-XVIII), Turín, Silvio Zamorani Editore, 2008 y Renzo TOAFF: La nazione
ebrea a Livorno e a Pisa 1591-1700, Florencia, Leo S. Olschki Editore, 1990.
8
Sobre la comunidad judía de Roma véanse los siguientes títulos de Kenneth STOW:
Jewish Life in Early Modern Rome, Challenge, Conversion and Private Life, Aldershot/
Burlington, Ashgate, 2007; ídem: The Jews in Rome, 2 vols, Leiden, Brill, 1995; ídem:
Theater of Aculturation. The Roman Ghetto in the Sixteenth Century, Seattle, University
of Washington Press, 2001; ídem: Prossimità o distanza: etnicità, sefarditi e assenza di
conflitti etnici nella Roma del sedicesimo secolo”, La Rassegna Mensile di Israele, 58:1-
2 (1992), pp. 61-74. Véase también Serena DI NEPI: Sopravvivere al ghetto. Per una
storia sociale della comunità ebraica nella Roma del Cinquecento, Roma, Viella, 2013 y
Bernard DOV COOPERMAN: “Ethnicity and institution building among Jews in
Early Modern Rome,” AJS Review, 30:1 (2006), pp. 119-145.

5 314

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LA NAÇÃO ENTRE LA CORTE Y LA CIUDAD. LOS CRISTIANOS...

a lo largo del siglo xvii les valió la caída en desgracia y pérdida del
prestigio social que habían gozado9.
A lo largo de los siglos xvi y xvii no faltaron ocasiones en que
el tejido social cívico de Roma, la corte y los diversos organismos
de la Iglesia católica estuvieron confrontados con la existencia
de cristianos nuevos lusitanos10. A nivel de ciudad, éstos estaban
equiparados a los demás portugueses en la urbe, aunque a veces
la distinción apareció, como veremos. La corte del Sumo Pontí-
fice tuvo bien presente la existencia de los cristianos nuevos y, a
menudo, aparecían en los quehaceres y deliberaciones de la labor
diplomática de Roma tanto en su relación con la corte de Portugal
como, durante el periodo que nos ocupa, con la Monarquía His-
pánica. Las dos primeras décadas del funcionamiento del tribunal
de la Inquisición en Portugal, concedido por la Santa Sede en 1531
pero que no llegó a funcionar hasta 1536, en un primer momento
sobre todo pensando en los judeoconversos lusitanos sospechosos
de adherirse en su mayoría aún a la fe judía, vieron unas rencillas
diplomáticas, a veces violentas, entre Portugal y la Santa Sede a
raíz del funcionamiento del tribunal y sus abusos11.

9
Sobre la familia Vaaz véase Gaetano SABATINI: “From Alliance to Conflict, from
Finance to Justice. A Portuguese Family in Spanish Naples (1590-1660)”, en Pedro
CARDIM, Tamar HERZOG y José Javier RUIZ IBÁÑEZ (eds.): Polycentric Monar-
chies. How did Modern Spain and Portugal Achieve and Maintain a Global Hegemony?,
Brighton, Sussex Academic Press, 2012, 90-100; Benedetta CRIVELLI y Gaetano
SABATINI: “La carrera de un mercader judeoconverso en el Nápoles español. Ne-
gocios y relaciones políticas de Miguel Vaaz (1590-1616)”, Hispania, LXXVI (253),
pp. 323-354; los siguientes trabajos de Pilar HUERGA CRIADO: “Cristianos nuevos
de origen ibérico en el Reino de Nápoles en el siglo xvii”, Sefarad, vol. 72.2, (2012),
pp. 351-387 y “La inquisición romana en Nápoles contra los judaizantes (1656-1659)”,
Libros de la Corte, 6, (año 9), (2017), pp. 303-322, además del libro de Peter MAZUR:
The New Christians of Spanish Naples 1528-1671. A Fragile Elite, Palgrave Macmillan,
Basingstoke, 2013.
10
Sobre cristianos nuevos portugueses em Roma véase James NELSON NOVOA:
Being the Nação in the Eternal City. Portuguese New Christian Lives in Sixteenth Cen-
tury Rome, Peterborough, Baywolf Press, 2014.
11
Para esta fase fundacional del tribunal la obra de referencia sigue siendo Alexandre
HERCULANO: História da origem e estabelecimento da Inquisição em Portugal, 3 vols,
Lisboa, Bertrand, 1975-1976. Más recientemente véanse Giuseppe MARCOCCI: I
custodi dell’ortodossia. Inquisizione e chiesa nel Portogallo del Cinquecento, Roma, Edi-
zioni di Storia e Letteratura, 2004 e ídem: “A fundação da Inquisição em Portugal:
um novo olhar” Lusitania Sacra, 23 (Janeiro-Junho 2011), pp. 17-40. Para un cuadro

315 5

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JAMES NELSON NOVOA

LA PRESENCIA IBÉRICA EN ROMA. UN MUNDO APARTE

A partir del siglo xv varias fueron las naciones que podían jactarse
de tener hospicios e iglesias nacionales12. En un primer momento,
surgieron como instituciones de acogida de peregrinos de las respec-
tivas naciones que venía a visitar la ciudad pero ya en el xvi estaban
arraigadas como instituciones cuyas funciones unían dos esferas:
eran lugares que identificaban a los moradores foráneos entre el te-
jido social romano y servían como la cara pública de las diversas na-
ciones que prestaban acatamiento al soberano pontífice. Las iglesias
ibéricas eran San Giacomo degli spagnoli, de los castellanos, Santa
Maria in Montserrato, de los aragoneses y Sant’Antonio dei por-
toghesi, de los portugueses13. Estas jugaban un papel diplomático y
simbólico en la ciudad; eran el lugar de festejos, conmemoraciones
y demostraciones de piedad, muchas veces organizadas o calculadas
desde las respectivas cortes para obtener legitimidad y lucirse en la
ciudad y la corte del papa.
Si estas instituciones constituían la cara pública de las distintas
naciones y fueron utilizadas por los respectivos gobernantes para
promover una imagen de sí ante el soberano pontífice, también
es cierto que eran instituciones profundamente ancladas en Roma

general del tribunal en Portugal véase Giuseppe MARCOCCI y José Pedro PAIVA:
História da Inquisição portuguesa 1536-1821, Lisboa, A esfera dos livros, 2013.
12
Sobre las iglesias nacionales en Roma véase Alexander KOLLER y Susanne KU-
BERSKY-PIREDDA (eds.): Le chiese nazionali a Roma 1450-1650, Roma, Campisano
Editore, 2015.
13
Sobre estas iglesias véanse Manuel VAQUERO PIÑERO: “L’ospedale della nazione
castigliana in Roma tra medioevo e l’Età Moderna,” Roma moderna e contemporanea,
1 (gennaio-aprile 1993), pp. 57-81; ídem: Una realtà composita: comunità e chiese
‘spagnole’ a Roma,” Roma Capitale (1447-1527), Roma, Ministero per i Beni Culturali
e Ambientali. Ufficio Centrale per i Beni Archivistici, 1994, pp. 473-491; ídem: La
renta y las casas. El patrimonio inmobiliario de Santiago de los españoles de Roma entre
los siglos XV y XVIII, Roma, Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma,
1999; Diana CARRIÓ-INVERNIZZI: “Los catalanes en Roma y la iglesia de Santa
María de Montserrat (1640-1670)”, Pedrables, 28 (2008), pp. 571-584; Maria de Lurdes
PEREIRA ROSA: “S. António dei portoghesi: elementos para a História do hospital
nacional português em Roma (séculos xiv-xx)”, Lusitania Sacra, 2 (5) (1993), pp. 319-
378; ídem: “L’ospedale della nazione portoghese a Roma, secoli xiv-xx. Elementi di
storia istituzionale e archivistica”, Mélanges de l’école française de Rome. Italie et Médi-
terranée, 106 (1) (1994), pp. 73-128 y Miguel D’ALMEDIA PAILE: Santo António dos
portugueses em Roma, 2 vols., Lisboa, Unioão Gráfica, 1951.

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LA NAÇÃO ENTRE LA CORTE Y LA CIUDAD. LOS CRISTIANOS...

y que Roma era un mundo aparte. En ninguna de las iglesias


nacionales se llegaron a imponer estatutos de limpieza de sangre,
ni en las cofradías ni en las iglesias en sí. Un prestigioso mercader
banquero cristiano nuevo oriundo de Lamego, António da Fonseca
(1515-1588) llegó a construir una elegante capilla en la iglesia de San
Giacomo dedicada a la Resurrección tras la muerte de su mujer
Antonia Luis en 158314. En esto aprovechó su condición de súbdito
de la corona hispánica y sabemos que varios miembros de la fami-
lia fueron enterrados en aquella iglesia entre ellos su hijo Manuel
Fernandes da Fonseca. Al mismo tiempo ocupó un cargo adminis-
trativo de fundamental importancia en la iglesia de Sant’Antonio y
varias veces formó parte de la cofradía de los portugueses. Su hijo
Manuel siguió sus pasos, llegando a ser miembro de la cofradía
de los portugueses varias veces y tesorero de la institución. Otro
destacado miembro de la congregação fue António Pinto, clérigo
judeoconverso con una formación en Derecho a sus espaldas quien
llegó a ocupar varios oficios curiales además de ser secretario al
embajador portugués a partir de 1559 lo cual le vinculó a la iglesia
de Sant’Antonio por ser el embajador portugués el protector de la
institución. Los orígenes de la familia (su abuelo materno, un judío
español oriundo de Zamora había sido quemado en la hoguera)
no impidieron que ocupara el cargo y no eran un secreto ni en la
corte portuguesa ni la romana15.

14
James NELSON NOVOA: “Roman Exile and Iberian Identity: António da Fon-
seca Between Churches and Identities in Sixteenth-Century Rome”, en Alexander
KOLLER y Susanne KUBERSKY-PIREDDA (eds.): Le chiese nazionali..., pp. 93-
112; ídem: “Legitimacy though art in the Rome of Gregory XIII: The commission
to Baldassarre Croce in the Fonseca chapel of San Giacomo degli spagnoli”, Riha
Journal, 95 (July 2014), http://www.riha-journal.org/articles/2014/2014-jul-sep/nel-
son-novoa-legitimacy e ídem: Being the Nação..., pp. 185-212.
15
Sobre António Pinto véase James NELSON NOVOA: “António and Francisco Vaz
Pinto: Portuguese homens da nação in the Court of Rome”, en Bruno FEITLER y
Claude STUCZYNSKI (eds.): Portuguese Jews, New Christians and ‘New Jews’: A Trib-
ute to Roberto Bachmann, Leiden, Brill, 2018, pp. 227-247 e ídem: Being the Nação...,
pp. 213-230.

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JAMES NELSON NOVOA

ROMA MÁS ALLÁ DE ROMA

A veces la huella simbólica y real de una estancia en Roma podía


tener ramificaciones más allá de la ciudad, incluso en Portugal. Si
bien Roma era un mundo aparte, podía servir a los que seguían en
Portugal. Así ocurrió en el caso de individuos como el banquero
António da Fonseca que decidieron radicarse en Roma, sin des-
vincularse nunca de los lazos familiares que aún mantenían con
personas en su patria. La huella de la ciudad podía también seguir a
los cristianos nuevos después de haber dejado la Ciudad Eterna. En
ciertos casos, como en el de António Pinto y su sobrino, Roma no
era un lugar de anclaje para siempre, un lugar para afincarse, sino
un lugar para adquirir capital social y poder volver a la península
ibérica, con miras a legitimar a la familia que podía haber padecido
exclusión debido a sus orígenes cristiano-nuevos. En ambos casos,
Roma, con toda su carga histórica y espiritual, fue el lugar que les
afianzó como católicos, hombres y mujeres de fe, pese a las medi-
das de exclusión que se les imponían por pertenecer a la minoría
cristiano-nueva.
António Pinto había brindado su apoyo incondicional a Felipe II
incluso antes de la llegada de los Habsburgo al trono del Portugal.
Con la salida del último embajador portugués de Roma en 1581
a instancias de Felipe I de Portugal (1580-1598), el embajador en
funciones de la corona lusitana llegó a ser el de España. A partir de
1583 António Pinto ocupó un cargo nuevo, el de agente de la corona
portuguesa ante la Santa Sede lo cual lo situó en una relación cons-
tante con la iglesia de Sant’Antonio de la cual fue el vice-protector
con este nuevo cargo. De hecho, fue António Pinto quien resolvió
un escollo delicado: el conseguir que la comunidad lusitana residente
en Roma aceptara el cambio dinástico y el nuevo papel simbólico
y político del agente en la gestión de la iglesia nacional portuguesa
bajo los Austrias16. Al dejar Roma en 1588 el cargo quedó en familia

16
Gaetano SABATINI: “La comunità portoghese a Roma nell’età dell’unione delle
corone (1550-1640)”, en Carlos José HERNÁNDO SÁNCHEZ (coord.): Roma y
España. Un crisol de la cultura europea en la Edad Moderna, Madrid, Sociedad Estatal
para la Acción Cultural Exterior, 2007, pp. 847-874.

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LA NAÇÃO ENTRE LA CORTE Y LA CIUDAD. LOS CRISTIANOS...

al ocuparlo su sobrino Francisco Vaz Pinto, quien también se ocupó


de la gestión de la iglesia nacional hasta su salida de Roma en 1595.
La ciudad de Roma nunca promulgó ningún edicto al respecto
de los cristianos nuevos portugueses y desde luego nunca existió
ningún impedimento a su asentimiento ahí. No fueron considerados
una comunidad aparte con sus propias instituciones reconocidas a
nivel cívico como las demás naciones. Al mismo tiempo, la idea de
la existencia de una nación cristiano- nueva, de los judeoconversos
portugueses como un pueblo distinto de alguna manera sí se evocó
en distintos momentos y contextos. Un proceso del tribunal civil
del gobernador de la ciudad de 1542-1543 condenó el mercader
judeoconverso Diogo Fernandes Netto, uno de los judeoconversos
portugueses que se presentaba en Roma como un agente de miembros
de la nacão perseguida en Portugal, por intentar sobornar el nuncio
apostólico destinado a ir a Portugal, pidiéndole intervenir a favor
de cristianos nuevos amenazados por la Inquisición en unas cartas
difamatorias que fueron halladas y mandadas a Roma por D. João III.
En el proceso varios miembros de la natione Lusitana christianorum
novorum que vivían en Roma aparecen y toman parte a favor o en
contra. Acabó siendo expulsado de Roma, afincándose en los Países
Bajos, pero su experiencia romana siguió, tanto es así que recibió el
apodo Diogo de Roma, continuando su labor de obtener la libera-
ción de cristianos nuevos de cárceles inquisitoriales en Portugal o
su salida fuera del reino17.

LA NAÇÃO EN LA CIUDAD

A pesar de la presencia bien documentada de los muchos indivi-


duos que hacían alarde de sus orígenes judeoconversos o se lo ca-
llaban en Roma, no hay noticias certeras de encuentros regulares
o cofradías de cristianos nuevos en la ciudad. Nunca llegaron a
constituir una entidad con una representación institucional como
17
James NELSON NOVOA: “The Trial of Diogo Fernandes Neto by the Tribunale del
governatore di Roma”, Hispania Judaica Bulletin, 7 (2010), pp. 277-316 e ídem: Being
the Nação..., pp. 114-116.

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JAMES NELSON NOVOA

otros grupos nacional o protonacionales. A todos los efectos, a nivel


de reconocimiento civil en la ciudad había una única comunidad
portuguesa reconocida en la corte del papa y en la ciudad con su
iglesia y hospicio que no excluía a los miembros de la nação.
Décadas después del proceso contra Diogo Netto Fernandes,
unas nuevas indagaciones, esta vez del Santo Oficio de Roma, se
iniciaron contra dos miembros de la nação, Miguel Fernandes y su
suegro Rui Teixeira en julio de 1595, cuando éstos llegaron a Roma
procedentes de Pisa con vistas a que la familia se afincase en Roma.
Varias cosas llamaron la atención de las autoridades del tribunal de
fe para toda la península italiana que no estaba bajo dominación
española, entre otras cosas sus vínculos con judíos en Roma y Pisa,
judeoconversos judaizantes en Pisa y Brasil y blasfemias y posicio-
nes judaizantes expresadas por Fernandes. Su roce con Jerónimo da
Fonseca (c. 1546-1596), un mercader y banquero emparentado con
António da Fonseca, que le había de ayudar a encontrar casa en Roma,
provocaron las dudas acerca de la ortodoxia de Jerónimo y, tras su
muerte en 1596, cayeron sobre él. En realidad, este interés por parte
del tribunal en 1595 correspondía a sospechas que habían surgido
en Pisa, donde la leggi livornine habían dado lugar a la llegada de
judeoconversos judaizantes y luego judíos portugueses. Tras meses
de encarcelamiento e interrogatorio en las cárceles del Santo Oficio
ambos fueron absueltos y volvieron al Gran Ducado, en parte debido
a las súplicas del propio gran duque18.
Un aliciente que ofrecía la ciudad era la facilidad con la cual un
extranjero podía establecerse en ella y la fama de ciudad acogedora
no fue un mero tópico. La ciudadanía romana era fácil de obtener
y el ingreso en la nobleza romana también19. No hay que olvidar
lo que significaba vincularse a Roma con toda su carga simbólica.
La ciudadanía romana fue codiciada por muchos y la solicitaron u
18
James NELSON NOVOA: “The Many Lives of Two Portuguese Conversos: Miguel
Fernandes and Rui Teixeira in the Tribunal of the Holy Office in Rome”, Hispania
Judaica, 12 (2016), pp. 127-184.
19
Ferdinando GREGOROVIUS: Alcuni cenni storici sulla cittadinanza romana, Reale
Accademia dei Lincei, (1876-77), Roma, 1877 y Elisabetta MORI: “Tot reges in urbe
Roma quot cives. Cittadinanza e nobiltà a Roma tra Cinque e Seicento”, Roma mo-
derna e contemporanea, anno IV, n.º 2, (maggio-agosto 1996), pp. 379-401.

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LA NAÇÃO ENTRE LA CORTE Y LA CIUDAD. LOS CRISTIANOS...

obtuvieron personajes como Carlo Borromeo (1538-1584), Michel


de Montaigne (1533-1592) y Livio Odescalchi (1652-1713). Implicaba
arraigarse en la ciudad de los papas pero también en la de los romanos.
No era solo una distinción honorífica. También concedía a alguien
la posibilidad de ocupar un cargo en las instituciones cívicas de la
ciudad. Con la integración de los cristianos nuevos de segunda o
tercera generación, esta presencia en la vida cívica se hacía aún más
patente20. Un caso emblemático es el de la familia de los Brandão,
italianizados como Brandani, que llegaron a Roma en los años 70 del
siglo xvi. Uno de ellos, João (fallecido en 1627) entró en la nobleza
romana y ocupó el cargo de conservatore21. Otro, Ferdinando Brandão
(fallecido 1654) fue un agente artístico y ocupó un cargo importante
en la Dataría apostólica. Este último dio lugar a un sonado escándalo
en que fue acusado de falsificar un breve en la Dataría lo que le valió
su encarcelamiento en Civitavecchia, donde falleció22.
Un estudio parcial de las fuentes de los registros parroquiales de
Roma, los registros de matrimonio, fallecidos, bautizos y los Stati delle
anime para la primera mitad del siglo xvii, demuestra la presencia
preponderante de portugueses y españoles en el rione de Parione y,
en el caso de los judeoconversos portugueses, en una parroquia en
particular, la de San Biagio della Fossa, iglesia que fue destruida en el
siglo xix. Fue la parroquia de muchos de los Fonseca y de los Brandão
desde la segunda mitad del xvi hasta por lo menos la segunda mitad
del siglo xvii23. La importante presencia de extranjeros en general
y de mercaderes en particular, la proximidad al núcleo fuerte de la

20
Sobre la segunda y tercera generación de los Fonseca en Roma véase James NELSON
NOVOA: “Being Portuguese, Becoming Roman”, en Simona MARCHESINI et al.
(eds.): Seconda e terza generazione. Integrazione e identità nei figli di migranti e coppie
miste/Second and third generations. Integration and identity in children of migrants and
mixed couples, Verona, Alteritas, 2014, pp. 67-80.
21
Francesca CURTI: “Il ritratto svelato di Ferdinando Brandani. Carriera e interessi
artistici di un banchiere amico di Diego Velázquez e di Juan de Córdoba” Boletín del
Museo del Prado, 29 (2011), p. 55.
22
Marina D’AMELIA: “La Dataria sotto inchiesta: il processo al sotto-datario Cano-
nici detto Mascambruno nel 1652”, en Yves-Marie BERCÉ (dir.): Les procés politiques
(XIVème-XVIIème siècles), Roma, Collection de l’École Française de Rome, 2007, pp.
319-350.
23
Liber Mortuorum 1626-1658, Stati d’anime 1626-1632. Archivio Storico del Vicariato,
Roma.

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JAMES NELSON NOVOA

presencia de los banqueros en Roma en el rione Ponte cerca de la


plaza Navona y la iglesia de San Giacomo en parte podrán explicar
esta elección.
Es menester destacar como los vínculos con la Monarquía His-
pánica fueron importantes para miembros de la nação a la hora de
poder tener acceso a la vida de la corte pontificia. Gabriel da Fonseca
(c. 1586-1668) –un destacado médico nacido en Lamego, pero criado
en Pisa, en cuya universidad estudió y donde fue profesor– llegó a
Roma para servir como médico del cardenal Gaspar de Borja y Velasco
(1580-1645), el embajador de España ante la Santa Sede entre 1616
y 161924. Esto lo introdujo a los círculos de la corte del papa, lo que
le valió su nombramiento de médico de los cónclaves que eligieron
a los papas Urbano VIII (1623) e Inocencio X (1644), llegando a ser
médico de este último durante buena parte de su papado (1644-1655).
Gabriel da Fonseca dejó su huella en Roma a través del mecenazgo
artístico, pues encargó a Gian Lorenzo Bernini (1598-1680) el diseño
de la capilla de la familia en la antigua basílica de San Lorenzo en
Lucina, sin lugar a duda con vistas a asociar la memoria de su familia
con la memoria colectiva de la ciudad. Fueron los vínculos con la
corona hispánica los que también ayudaron a Fernando Brandão en
su camino de ascenso social. Éstos le ayudaron obtener el puesto en
la Dataria y su papel de hombre de confianza de la corona, incluso
después de 1640, convirtió en uno de los individuos que ayudaron
a organizar la llegada y estancia de Diego de Velázquez (1599-1660)
en Roma en 1649-1651. Recientemente el banquero judeoconverso
ha vuelto a interesar a los estudiosos con la identificación de él como
el sujeto de un retrato del maestro sevillano, durante largo tiempo
considerado el retrato de un barbero del papa25.
Brandão era un ejemplo de los agentes o procuradores del “mer-
cado beneficial”, en la feliz expresión de Antonio Díaz Rodríguez,
intermediarios en Roma entre los organismos de la Curia, sobre
24
Sobre Gabriel da Fonseca véase James NELSON NOVOA: “Gabriel da Fonseca.
A New Christian doctor in Bernini’s Rome”, en Antonio M. Lopes ANDRADE,
Carlos de Miguel MORA y João M. Nunes TORRÃO (eds.): Humanismo e Ciência:
Antiguidade e Renascimento, Aveiro-Coimbra, Universidade de Aveiro/Imprensa da
Universidade de Coimbra, 2015, pp. 237-258.
25
Francesca CURTI: “Il ritratto svelato...”, pp. 54-67.

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LA NAÇÃO ENTRE LA CORTE Y LA CIUDAD. LOS CRISTIANOS...

todo la Dataría y la Camera Apostólica en la adquisición, la venta y


el intercambio de beneficios eclesiásticos por parte de clientes de la
península ibérica26. También se ocupaban de lidiar con estos orga-
nismos para obtener toda suerte de dispensas, sobre todos en casos
de impedimentos de matrimonios por motivo de consanguinidad.
Otras de las figuras evocadas aquí participaron en este mercado, como
António Pinto. La familia Fonseca fue, sin lugar a duda, una de las
más potentes de los mercatores curiam sequentes activos en Roma entre
la segunda mitad del siglo xvi y la primera del xvii. Los archivos
de la Cámara Apostólica ofrecen muchas muestras del quehacer
de estos individuos en forma de letras de cambio y contratos que
muestran el tráfico constante entre la Península Ibérica y Roma27. Tal
papel de mediación naturalmente les consolidaba como hombres de
comercio con un historial de fe intachable, algo que se puede ver en
los ejemplos de António, Manuel y Jerónimo da Fonseca. Manuel,
hijo ilegítimo de António, fue legitimado por Gregorio XIII (1572-
1585), recibió órdenes menores y llegó a ser familiar del papa, antes
de casarse con una cristiana nueva que vivía en Venecia28. Su sobrino
Jerónimo participó de manera activa en la cofradía de la Santísima
Resurrección en San Giacomo degli Spagnoli y también fue enterrado
en la iglesia de la nación castellana29.
Al mismo tiempo había individuos presentes en Roma que osten-
taban sus orígenes judeoconversos, tal como Diogo Fernandes Netto,
haciendo de ellos el motivo de su presencia en la Ciudad Eterna, algo
que quedó consagrado en un breve de Paulo III de 1535 que otorgaba a

26
Antonio J. DÍAZ RODRÍGUEZ: “Mercaderes de la gracia: las compañías de nego-
cios curiales entre Roma y Portugal en la edad moderna”, Ler História,72 (2018), pp.
55-76.
27
Sobre el tema véase James NELSON NOVOA: “Portugal em Roma e Roma em
Portugal. Os notários do tribunal do Auditor Camera como fonte para a história
de Portugal através de alguns documentos”, en Nunziatella ALESSANDRINI et al.
(eds.): Le nove son tanto e tante buone, che dir non se pò. Lisboa dos italianos: História
e Arte (séculos XIV-XVIII), Lisboa, Cátedra de Estudos Sefarditas «Alberto Benveniste»,
2013, pp. 61-77.
28
James NELSON NOVOA: “A Portuguese New Christian in his father’s footsteps.
Manuel Fernandes da Fonseca in Rome (ca. 1556-1625)”, Estudis. Revista de Historia
Moderna, 40 (2014), pp. 71-90.
29
James NELSON NOVOA: “Between Roman home and Portuguese hearth. Jeróni-
mo da Fonseca in Rome”, Historia y Genealogía, 4 (2014), pp. 341-356.

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JAMES NELSON NOVOA

cristianos nuevos de ambos sexos la posibilidad de poder actuar como


procuradores de los cristianos nuevos cuando la amenaza del tribunal
de fe en Portugal que había concedido su predecesor Clemente VII
(1523-1534). La presencia y actividad de estos verdaderos agentes de
los judeoconversos en la corte del papa hizo que los judeoconversos
portugueses se convirtiesen en una categoría política en Roma y que
tuvieran a su alcance la corte papal para presentar sus recursos, pro-
testas e incluso obtener gracias, perdones generales y suspensiones
del tribunal en varias ocasiones. En estos casos, los agentes raramente
aspiraban a arraigarse en Roma sino aprovechar de la estancia en la
Ciudad Eterna para presentar sus quejas, pleitos o razones, apoyados
en la carga espiritual de su paso por la ciudad y por la Curia30.
A lo largo de casi dos siglos, por lo menos, varios de estos agentes
consiguieron excarcelaciones de las prisiones de los tribunales de la
Inquisición, la revisión de sentencias, salvoconductos para salir del
reino gracias y perdones generales del Santo Oficio en Portugal. El
caso más sonado fue el perdón general de 1605, que se obtuvo con la
mediación de potentes banqueros en la corte en España, concedido
por la Santa Sede y que contó con el beneplácito del rey que contó
con la labor de representantes de los judeoconversos lusitanos en
Roma31. Detrás de la suspensión del tribunal de 1674-1681 hubo los
esfuerzos de potentes cristianos nuevos en Portugal y necesariamente
la labor de sus agentes en Roma32.

30
James NELSON NOVOA: “The nação as a Political Entity in the Court of Rome”,
Journal of Levantine Studies, 6 (Summer/Winter 2016), pp. 13-33.
31
Acerca de la suspensión véase Claude B. STUCZYNSKI: “New Christian Political
Leadership in Times of Crisis: the Pardon Negotiations of 1605”, en Moshe ORFALÍ
(ed.): Bar-Ilan Studies in History. V: Leadership in Times of Crisis, Ramat Gan, Bar-Ilan
University Press, 2007, pp. 45-70: Juan Ignacio PULIDO SERRANO: “Las negocia-
ciones con los cristianos nuevos en tiempos de Felipe III a la luz de algunos docu-
mentos inéditos,” Sefarad 66 (2006), pp. 345-376 y Ana Isabel LÓPEZ-SALAZAR:
Inquisición portuguesa y Monarquía Hispánica en tiempos del perdón general de 1605,
Lisboa, Colibri-CIDEUS/UE, 2010.
32
Al respecto véase Ana PAULA LLOYD: “Manuel da Gama de Pádua’s Political Net-
works: Service, Subversion, and the Disruption of the Portuguese Inquisition”, Jour-
nal of Levantine Studies, 6 (Summer/Winter, 2016), pp. 251-275.

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LA NAÇÃO ENTRE LA CORTE Y LA CIUDAD. LOS CRISTIANOS...

PORTUGAL EN ROMA, ROMA EN PORTUGAL

Una estancia podía tener ramificaciones fuera de la Ciudad Eterna.


Un ejemplos es una disputa que surgió a raíz de la herencia del
mercader António da Fonseca. Como hemos visto António Pinto,
solapado por cargos curiales y su papel de secretario del embajador
y luego de agente de Portugal, pudo traspasar este último cargo a su
sobrino, trasladándose a Madrid donde murió pocos años después.
El sobrino, Francisco Vaz Pinto, aprovechó su estancia en Roma
para acumular capital social y volver a Portugal, después de una
estancia en España tal como su tío, llegando a ocupar el cargo jurí-
dico de desembagador do Paço. Dos años antes de morir en 1588, An-
tónio da Fonseca había hecho un testamento, nombrando António
Pinto su administrador y no a su hijo Manuel. En el documento,
el banquero portugués destinó dinero para que se dijeran misas por
las almas de él y de su mujer, tanto en la iglesia nacional castellana
como en la portuguesa, y para ofrecer dotes a jóvenes doncellas, de
preferencia portuguesas. De esta manera, la memoria de la familia
Fonseca entre la comunidad ibérica de Roma estaba asegurada.
Pero las medidas contempladas por Fonseca no se limitaban a
Roma y al perpetuar la memoria del mercader banquero y su fami-
lia en la Ciudad Eterna. Fonseca estipuló que 10,000 cruzados se
destinaran a la Misericordia de Lamego, una de las varias cofradías
que se ocupaban de obras caritativas en varias localidades del país,
para ser distribuidos entre los cristianos nuevos y viejos más pobres
de aquella localidad, sobre todo entre miembros de la familia Fon-
seca. De alguna manera, la provisión del testamento aseguraba que
el mercader banquero lamacense, radicado en Roma, se encargaría
de sus parientes en su patria que pudiesen sufrir discriminación o
persecución debido a su condición de judeoconversos o pudiera
servir a limpiar el nombre de la familia33.
Pero el agente portugués decidió no cumplir con los anhelos del
banquero en lo tocante a aquella donación. El asunto está ampliamente
33
El testamento se encuentra publicado en James NELSON NOVOA: “Kinship and
Nação in the Will of António da Fonseca, merchant banker of Lamego”, Armas e
Troféus, IX série, tomo xvi (2014), pp. 259-293.

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JAMES NELSON NOVOA

documentado. Según una carta fechada de 1603 de Lourenço Mourão


Homem (fallecido en 1608), un noble lamacense que ocupó el cargo
de desembargador do Paço, António Pinto contravino esta provisión a
favor de la Misericordia y dejó estipulado antes de fallecer en casa de
su pariente Pedro Álvares Pereira, secretario del Consejo de Portugal,
en una fecha aún desconocida, que se creara un colegio mayor en
Coimbra que habría de admitir sobre todo cristianos nuevos con el
dinero del testamento de Fonseca, ratificado en dos breves papales34.
La Misericordia, naturalmente, se opuso a esta provisión e hizo
valer sus razones. El asunto ocupó los quehaceres del virrey, el archi-
duque Alberto de Austria (1583-1593), quien encargó un parecer al
respecto a tres consejeros de confianza: Lourenço Mourão Homem,
fray Juan de las Cuevas, su confesor y António de Almeida, desem-
bargador do Paço quienes arguyeron a favor de la voluntad original
del mercader portugués. Francisco Vaz Pinto se interesó directamente
por el tema, incluso desde Roma y luego al volver a la península
Ibérica. El asunto tan solo se resolvió con un acuerdo pactado que
brindaba una cantidad menor de la herencia de António da Fonseca
a la Misericordia de Lamego durante el gobierno del virrey Cristóbal
de Moura (1600-1603).

LOS CRISTIANOS NUEVOS DE ROMA Y LOS AUSTRIAS

Es difícil hablar del apego efectivo de los cristianos nuevos lusitanos


a la corona hispánica en Roma en el periodo de la Restauracão para
poder tener un cuadro general del tema. Hubo individuos y grupos
con intereses familiares y de negocios tanto en un bando como en
otro. De igual modo un estudio serio de la comunidad portugue-
sa en la ciudad tras los primeros momentos de la Restauração y la
aceptación por parte de Roma de la independencia de Portugal, que
no se consigue hasta 1669, no existe aún. Durante el periodo de la
Unión Ibérica no faltaron ejemplos de cristianos nuevos en Roma

34
El documento aparece publicado al final del artículo. Agradezco al colega Pedro Pinto
por haberme señalado su existencia y haberlo transcrito.

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LA NAÇÃO ENTRE LA CORTE Y LA CIUDAD. LOS CRISTIANOS...

que ostentaban su apoyo al estado de las cosas y otros que se suma-


ron a la causa de los Braganza.
Como se ha visto, por su parte António Pinto se organizó para
representar los intereses de los Habsburgos incluso cuando las
tropas de Felipe II aún se hallaban en España. António da Fonseca
mandó construir la capilla familiar, como hemos visto, en la iglesia
de San Giacomo y recibía a sus clientes en una casa a pocos pasos
de la iglesia de Sant’Antonio en una sala con una serie de retratos
de los reyes de Portugal, entre ellos, Felipe I. En su testamento no
faltaron disposiciones a favor de la iglesia nacional castellana tanto en
misas como en obras caritativas. Ferdinando Brandão en un primer
momento se sumó a los que apoyaban a los Braganza pero cuando
presenció el sonado fracaso de la misión diplomática de don Miguel
(1601-1644) el obispo de Lamego en 1641 se arrepintió y de nuevo
brindó su apoyo a los Austrias, quienes le habían ayudado a obtener
su puesto en la Dataría35. Semejante ambigüedad se manifiesta en la
figura de Gabriel da Fonseca que alcanzó el zenit del prestigio social
en Roma gracias a sus vínculos con la corona hispánica. Antes de
fallecer decidió no valerse de su condición de pariente de António
da Fonseca para poder ser enterrado en la capilla familiar en la iglesia
de San Giacomo pero, al contrario, mandó fundar una en la basílica
de San Lorenzo de Lucina, consiguiendo un anclaje en la ciudad de
Roma para él y sus descendientes.
Los cristianos nuevos lusitanos tanto en Roma como fuera hacían
parte de una minoría que, por muy asimilados que fuesen, incluso
en un refugio tan seguro como la Ciudad Eterna, no dejaron nunca
de ser considerados potencialmente otros y aquella alteridad podía
irrumpir en las vidas de sus allegados en la península ibérica en
cualquier momento. Esto en parte habría de explicar los cálculos a
la hora de considerar su apego a la Monarquía Hispánica. Atentos a
la cambiante suerte de la nação dentro de la monarquía compuesta
y tras la Restauração y su reconocimiento tanto por Madrid como
por Roma en sus relaciones con la corona, los judeoconversos tenían
que considerar y ponderar las ventajas y las adversidades que podía

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Francesca CURTI: “Il ritratto svelato...”.

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JAMES NELSON NOVOA

acarrear en los varios bandos. Estos fueron algunos de los cálculos


que entraban en juego en la vida de los componentes de la nação que
tenían que vivir el complicado equilibrio entre la ciudad de Roma,
su corte y la península de donde venían.

ANEXO

Estando em Roma o Doutor Antonio Pinto fazendo o officio de


agente pela Coroa de Portugal, se faleçeo hum Antonjo da Fonse-
qua cristão nouo natural da sidade de Lamego por quem corria a
expedição de quasy todas as bulas e breues apostolicos de Portugal
e Hespanha e era tido e avido por homem que teria de seu de
quinhentos pera seisçentos mil cruzados com o qual o dito Doutor
Antonio Pinto tinha muita amizade e familiaridade e algum paren-
tesco, e por não ter filhos nem herdeiros forçados senão hum soo
filho adulterino a quem deixou sincoenta mil cruzados ordenou
seu testamento em o qual em suma se continha:
Que de todo o seu dinheiro e fazenda se comprasem juros e
censsos nestes reinos e que os rendimentos delles se gastassem em
se casarem, orfãns pobres cada anno na sidade e bispado de Lame-
go e seus contornos a que abrangesse o dito rendimento as quais
serião a metade cristãs nouas e a metade cristãs velhas
Que o dito Antonio Pinto fosse seu testamenteiro e arrecadasse
todo o seu dinheiro e fazenda e a reduzisse a sencos e juros pera
casamento das ditas orfãs de que o prouedor que pelo tempo fosse
da Misericordia de Lamego com outros dous ecclesiasticos, dayão
e tizoureiro da Sse de Lamego serião admenistradores
E pera com mais breuidade Antonjo Pinto dar a execução / [f.
199v] este testamento lhe deixaua o dito Antonio da Fonsequa dez
mil cruzados en dinheiro de contado e que em sua uida lograsse e
comese todos os reditos destes juros e cencos que assy comprasse
e que por morte delle Antonio Pinto ouuesse effeito o casamento
das orfãs
Cuidando Antonio da Fonsequa que per este modo tinha asas
obrigado ao dito Antonio Pinto a executar inteiramente o que lhe

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mandaua em seu testamento se faleçeo e o dito Antonio Pinto


como o vio morto fez tudo pelo contrario procurando cumutar
a vontade do dito Antonio da Fonsequa in totum e apliquar esta
fazenda a um Colegio que se faria em Portugal na Vniversidade
de Coimbra en que a 3.ª parte fosse cristãos nouos da geração e
parentesco de Antonio da Fonsequa e de sua molher (que tambem
era cristam noua) do qual Colegio elle dito Antonio Pinto avia de
ser primeiro admenistrador e nomearia os admenistradores des-
pois delle e disto impetrou bula apostolica e começou a mandar
comprar alguns juros como foi na Alfandega de Lixboa hum conto
de juro em dous padrois hum de seisçentos e outro de coatroçen-
tos mil reis e isto do proçedido da fazenda do dito Antonio da
Fonsequa.
E neste comenos antes de se effeituar esta bula da comutação
da vontade do defunto Antonio da Fonsequa morreo o Doutor
Antonio Pinto em Madrid em casa de seu sobrinho Pero Aluarez
Pereira tão apresadamente que nem fez testamento / [f. 200] nem
teue tempo pera se confessar e comungar.
Sabendo isto o Doutor Francisco Vaz Pinto seu sobrinho que a
este tempo rezedia em Roma continuando com o dito offiçio de
agente em lugar do dito seu tio impetrou segunda bula do Papa em
confirmação da outra que o tio tinha impetrada e que elle fiquasse
admenistrador do dito Colegio em lugar do dito Antonio Pinto
seu tio primeiro amenistrador.
Vindo isto a notiçia da Misericordia da sidade de Lamego se
socorreo ao Archeduque Alberto que a este tempo era Gouernador
do Reino e o mesmo fez a Misericordia de Lixboa em fauor e ajuda
da Misericordia de Lamego, pera que lhe valesse e socorresse con-
tra a potençia de tam poderosos aduersarios pedindo com muita
instançia que fosse Sua Magestade seruido mandar que não corre-
sem estes papeis por Pero Aluarez Perejra que a este tempo fazia o
offiçio de sacretario
O Archeduque Gouernador ordenou que o Doutor Lourenço
Mourão Homem visse estas supliquas e juntasse todos os papeis e
testamento de Antonio da Fonsequa e que de tudo fizesse huma
rolação copiosa pera mandar a Sua Magestade o qual Doutor a fez

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larga de tudo e deu ao Archeduque resoluendo sse que era justa a


petição da Misericordia da sidade de Lamego e que Sua Magestade
tinha obrigação de a fauoreçer em Roma com Sua Santidade pera
que de nenhum modo ouuesse efeito a comutação da vontade do
defunto nem fosse por diante tal instituição de Colegio.
E despois de jr a Castella esta relação se asentou que esta materia
se tornasse a reuer com mais letrados juntamente com o Doutor
/ [f. 200v] Lourenço Mourão Homem, os quais fossem o Doutor
Antonio d Almeida Dezembargador do Paço, e o Doutor Frey João
das Couas Confessor do Archeduque Alberto, os quais todos tres
juntos virão examinarão todos os papeis e bulas, e fizerão huma
rolação en confirmação e aprouação da primeira que fez o Dou-
tor Lourenço Mourão, que nem tal comutação de vontade nem
instituição de Colegio fosse por diante e se fauoreçesse a Miseri-
cordia da sidade de Lamego como mais largamente se ve da dita
rolação feita da letra do dito Doutor Lourenço Mourão Homem, a
22 de Julho de 1593 que o sacretario Pero Aluarez tornou a mandar
ao Gouerno a Portugal e se entregou ao dito Doutor Lourenço
Mourão que he a propria como se diz que com esta vay asinada
por todos tres Frei João das Couas, Antonio d Almeida Lourenço
Mourão Homem de seus proprios sinais e letra; e apontaua e es-
creui o sacretairo Pero Aluarez que se não deuia tomar vltima rezo-
lução nesta materia te de Roma vir o Doutor Francisco Vaz Pinto
pois lhe toquaua e estaua en Roma fazendo o officio de agente de
Sua Magestade e assy com se meter tempo em meo se foy dilatando
a rezolução e execução desta materia.
E vindo o Doutor Francisco Vaz Pinto de Roma se aleuantou
qua Francisco Pinto da Cunha seu primo, dizendo que a elle soo
pertençia a recadação deste dinheiro de Antonjo da Fonsequa por
toquar a Antonio Pinto seu tio por elle soo ser seu vnico herdeiro
por vertude de hum testamento antigo que o dito Antonio Pinto /
[f. 201] seu tio fizera estando en Genoua, redarguindo de subrepti-
tia a bula que o dito Francisco Vaz Pinto seu primo impetrara em
Roma pera ser admenistrador desta fazenda e Colegio, e procurou
com muita instançia imposar sse logo do conto de juro que estaua
comprado na Alfandega en tempo de seu tio Antonio Pinto pera

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execução do testamento de Antonio da Fonsequa e creo que assy


se afeitoara [sic] se o Conde do Sabugal Vedor da Fazenda com sua
muita prudençia e vigilançia a isto não atalhara, o qual de pareçer
do Doutor Lourenço Correa e do Doutor Lourenço Mourão Ho-
mem que a esse tempo en çerta vagante de offiçiais siruia na Fa-
zenda assentou que se sobresteuesse e desimulasse per gouerno no
despacho dos requerimentos do dito Francisquo Pinto da Cunha
the se primeiro dar conta a Vossa Magestade e disto se fez huma
rolação breue pelo Doutor Lourenço Mourão Homem e indo a
Castella tornou e que respondesse Lourenço Correa e o Conde do
Sabugal, e o Marques Viso Rey mandou da parte de Vossa Mages-
tade ao dito Doutor Lourenço Mourão Homem que fizesse vltima
relação nesta materia e aclarasse a qual he este e se remete a relação
asima que asignou com os Doutores Frei João das Couas Antonjo
d Almeida e lhe pareçe que he muy iusta a petição da Misericordia
de Lamego e de Lixboa e que pelos pobres do reino e misericoridas
delle serem da immediata preteição de Vossa Magestade que he
obrigação particular de Vossa Magestade fauoreçe los pera que tal
bula de commutação não va por diante nem instituição de Colegio
pelas razões apontadas nas sobreditas relaçõis.
A primeira rolação ficou em Madrid em poder do sacretario
Pero Aluarez / [f. 201v] mas não se achando lá ira outra segunda
de qua que agora não pode ir por este correo por hum liuro aonde
ella esta scrita o ter em Lamego com outros papeis muitos pera
onde me tomara esta de caminho aqui nas Caldas da Rainha e de
la a poderej mandar ao Conde do Sabugal pera a emuiar a Vossa
Magestade porque porventura sera necessario ver sse por a ella se
reportar esta rolação asima que vay asinada pelos ditos Douto-
res Frei João das Couas, Antonio d Almeida, e Lourenço Mourão
Homem.
O que de nouo accresseo despois destas relaçõis foy o Dou-
tor Francisco Vaz Pinto conçertar sse com o dito Francisco Pin-
to da Cunha seu primo por çerta soma de dinheiro e fazenda
que lhe deu por lhe elle largar toda a pretenção que tinha nesta
fazenda que ficou de Antonio da Fonsequa pera que elle soo
fiquasse no campo.

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JAMES NELSON NOVOA

Vendo Francisco Pinto da Cunha que tudo isto não bastaua se


foi a Lamego aonde tem muitos parentes honrrados dos prinçipais
da terra e por sua via e delles negoçeou com çerta cantidade de
dinheiro que deu de prezente a Misericordia em tempo de neçes-
sidade e fome com lhe prometer que lhe daria mais mil cruzados
de juro que se decessem do direito que tinhão nesta fazenda a Mi-
sericordia, a qual vendo sse pobre e opremida e que não tinha
posibelidade pera seguir estas cousas assy en Portugal como em
Roma e Castella e que a potençia do aduersario era grande e que
os despachos desta materia corrião pelos parentes delle Francisco
Pinto da Cunha e que Vossa Magestade lhe não tinha diferido the
gora a sua petição em que / [f. 202] pedião que não corressem es-
tes papeis por Pero Aluarez Pereira parente do dito Francisco Vaz
Pinto e de Francisco Pinto da Cunha, cansada e imposebilitada
a Misericordia açeitou o que o dito Francisco Pinto lhe deu de
prezente e prometia de futuro e cedeo em seu fauor todo o direito
que tinha nesta fazenda agora não fazem senão clamar dizendo que
forão enganados
E vendo outrosy o dito Francisco Pinto da Cunha que lhe se-
ria proueitoso aver confirmação deste conçerto do Papa negoçeou
com os offiçiais da fazenda de Sua Santidade que lhe cedessem o
direito que a Sse apostolica podia ter nesta fazenda que ficou de
Antonio da Fonsequa en fauor do dito Francisco Pinto da Cunha
e ouue disto bula apostolica com coatro ou sinco mil cruzados que
deu aos offiçiais da fazenda de Sua Santidade por conposição que
fez, pera assy per este titullo como pela doação da Misericordia
da sidade de Lamego se imposar logo do conto de juro que esta
na Alfandega de Lixboa e de treze ou catorze contos que estão
por arrecadar que são ja deuidos do tempo que se elle comprou, e
proçeder na arrecadação da mais fazenda que ficou de Antonio da
Fonsequa que se diz que podera vir a importar mais de duzentos
ou trezentos mil cruzados
E sendo Sua Magestade seruido de fauoreçer a Misericordia de
Lamego como qua pareçeo justo e que era obrigação da conçiençia
de Sua Magestade se lembra que seria mui conueniente e neçessa-
rio mandar sse da parte de Vossa Magestade que Françisco Pinto

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da Cunha não encontrasse a Misericordia da cidade de Lamego e


que o dinheiro que tiuesse reçebido a Misericordia o tornasse ao
dito Françisco Pinto da Cunha do primeiro que / [f. 202v] arreca-
dasse desta fazenda de Antonio da Fonsequa.
Que mande Vossa Magestade ao Conde do Sabugal que faça por
uerba nos liuros da fazenda que se não entregue o conto de juro
ao dito Françisco Pinto da Cunha como esta asentado mormen-
te agora en que de nouo acreçeo descubrirem se certas cartas de
Antonjo Pinto que com muito trabalho e industria me vierão ter
a mão cujas verbas fiz tresladar e conçertar e vão com esta relação
porque consta este conto de juro não se comprar com o dinheiro
da fazenda delle Antonjo Pinto senão do dinheiro do dito Antonio
da Fonsequa pera en todo tenpo se saber que este conto de juro
pertençia a Antonjo da Fonsequa em cuja propiedade nenhum di-
reito tinha nem aução o dito Antonio Pinto; e pelo mesmo modo
se deue fazer semelhante notefiquação ao Doutor Francisco Vaz
Pinto que rezide em corte de Valhadolid que não he justo que
huns e outros vão com tão injustas pretençõis avante mormente
conformando sse Vossa Magestade com as relaçõis asima que qua
pareçerão muito bem ao Archeduque Alberto e depois no Gouer-
no em tempo dos Gouernadores
E assy tambem he de ver se conuem mandar sse dizer da parte
de Vossa Magestade a Misericordia de Lamego e admenistradores
desta esmola de Antonjo da Fonsequa que não fação nouidade
alguma sem primeiro dar conta a Vossa Magestade quando e que
estando la a Doutor Lourenço Mourão se aconselhem primeiro
com elle porque / [f. 203] disto se avera Vossa Magestade por bem
seruido e pareçendo bem se aduirta que reclamem o conçerto que
tem feito com Francisco Pinto da Cunha pera com mor façelidade
se negoçear tudo em Roma com Sua Santidade pelo agente e em-
baixador de Vossa Magestade
Na villa das Caldas da Rainha a 18 de Julho de 1603
Lourenço Mourão Homem

Relação sobre a fazenda que ficou de Antonio da Fonseca, chris-


tão novo, agenta da expedição das Bullas e Breves de Portugal, que

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JAMES NELSON NOVOA

faleceu em Roma. Por Lourenço Mourão Homem, 1603. Collecção


Pombalina, 249, fols. 199-203v, Biblioteca Nacional de Portugal.

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Relação sobre a fazenda que ficou de Antonio da Fonseca, christão novo, agen-
ta da expedição das Bullas e Breves de Portugal, que faleceu em Roma. Por
Lourenço Mourão Homem, 1603. Collecção Pombalina, 249, fols. 199-203v,
Biblioteca Nacional de Portugal.

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JAMES NELSON NOVOA

—, La renta y las casas. El patrimonio inmobiliario de Santiago de los españoles de


Roma entre los siglos XV y XVIII, Roma, Escuela Española de Historia y Arqueo-
logía en Roma, 1999.
—, “Forme della presenza mercantile spagnola a Roma all’inizio dell’età moderna:
spunti per un confronto europeo”, Storia Urbana 31 (123) (2009), pp. 83-100.
Maria Antonieta VISCEGLIA: La città rituale. Roma e le sue cerimonie in età mo-
derna, Roma, Viella, 2002.

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LA MOVILIDAD DE LOS MOROS Y MORISCOS,
ESCLAVOS O FORZADOS,
Y EL PERIPLO DE LOS RENEGADOS (SIGLOS XVI-XVII)
Miguel Fernando Gómez Vozmediano
Universidad Carlos III de Madrid

Las galeras hazen vela


y parten para Levante
llevando moros y moras
que vender a cualquier parte1

Frente al tremendo drama colectivo de la expulsión de los moriscos


granadinos, motivado por la rebelión de las Alpujarras, en el presen-
te trabajo nos detendremos en la tragedia personal, individual, que
representa la existencia de esclavos o penados a trabajos forzados de
origen hispanomusulmán, magrebí o turco, así como la presencia re-
sidual de siervos renegados, mahometanos convertidos al catolicismo,
sometidos y trasplantados a la España confesional de los Austrias.
Si la movilidad forzada fue la tónica de la minoría morisca en
la España de los Felipes, lo cierto fue que hubo algunos colectivos
particularmente afectados por estos desplazamientos migratorios: los
esclavos (que además podían cambiar de dueño y estaban obligados
a seguirles en sus periplos); los forzados a galeras o a laborar en las
minas de Almadén; así como quienes renunciaban a sus señas de
identidad más íntimas y se pretendieron integrar en una sociedad
extraña a sus raíces geográficas y religiosas.
El presente trabajo es una aproximación a lo que tuvo que signi-
ficar el desarraigo y la postración socio-jurídica de miles de personas,
y hasta de familias enteras, sojuzgadas por la sociedad española de

1
Ginés PÉREZ DE HITA: Segunda parte de las guerras civiles de Granada y de los crueles
bandos entre los convertidos moros y vecinos christianos, con el levantamientro de todo
el reyno y ultima rebelión. Sucedida en el año 1568, Barcelona, Esteban Librero, 1619,
fol. 88r.

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MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO

la época, erigida en paladina de la Contrarreforma y que se empeñó


en marginar y denigrar a quienes no compartían su fe y sus valores.
Para estudiar este universo multicultural integrado por criptois-
lamistas, facinerosos, esclavos e inmigrantes de origen musulmán,
hemos elegido Almadén, ya que alrededor de sus minas orbitaron un
buen número de tales personajes. En esta misma línea, haremos un
bosquejo de la emigración morisca a la América española, todo un mito
historiográfico del que todavía queda mucho por dilucidar y aquilatar.
Para abordar todas las facetas de una realidad tan compleja como
esquiva, cruzaremos las fuentes de la represión (Hermandades Viejas
toledanas y manchega, corregimientos, vicarías de la Mitra Primada,
Inquisición, Consejo de Órdenes) con los testimonios de la vida
cotidiana (protocolos notariales, registros parroquiales, archivos mu-
nicipales, diocesanos y nobiliarios). El resultado ha sido el siguiente.

LA ESCLAVITUD DE BERBERISCOS, TURCOS Y MORISCOS

Cuando en 1588 muere Álvaro de Bazán, I marqués de Santa Cruz y


almirante de galeones, y en sus panegíricos se canten sus victorias,
en el balance de sus logros, entre los que se cita el sofoco de la gue-
rra de las Alpujarras, se consignan los cautivos conseguidos durante
toda una vida de combates y correrías por el Atlántico y el Medite-
rráneo: 1.605 turcos; 2.500 esclavos hechos en las islas de Terceira y
Faial (archipiélago de las Azores); 2.138 moros adultos, moras y mu-
chachos (1.200 solo en las islas Querquenes, Berbería, hacia 1576);
aparte de liberar a 1.574 prisioneros cristianos2. Un marqués de San-
ta Cruz que, mientras es capitán de las galeras de Nápoles, consigue
que radiquen en su villa de Valdepeñas cuarenta casas de moriscos
(unas 150 personas)3 que, básicamente, trabajan para él en tiendas,

2
Archivo Histórico de la Nobleza [AHNOB], Santa Cruz, caja 39, doc. 11.
3
“Muchos dellos barreros y herreros y carpinteros y esparteros y hortelanos y grangea-
dores que tienen tiendas en la plaça de pescado y azeite y tratos y otras cosas y otros
son trabajadores”. AHNOB, Santa Cruz, caja 28, doc. 3, fol. 2r.

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LA MOVILIDAD DE LOS MOROS Y MORISCOS, ESCLAVOS O...

mesones y huertas, plantándose olivos en la zona, confiando tanto


en ellos que su contador es el cristiano nuevo Diego de Rojas4.
Lo cierto fue que la guerra de la Alpujarras (1568-1572) propor-
cionó miles de siervos que renovaron la relativamente menguada
nómina peninsular de esclavos domésticos, hasta entonces integra-
da básicamente por negros, mulatos y guanches. Los especialistas
hablan de 30.000 almas sometidas a esclavitud, la mayoría moriscos
de guerra (es decir, procedentes de comunidades implicadas en los
sangrientos levantamientos alpujarreños), aunque tampoco faltaron
niños y niñas secuestrados de las comitivas que los alejaban de las
costas ni los jóvenes moriscos de paz que caen en las redes de tráfico
humano de la época (muchos de ellos apresados por los propios
soldados y aventureros enrolados que participan en su represión)5.
Una esclavitud justificada por los teólogos6 y que evidencia los pocos
escrúpulos en explotar y alienar al otro7.
Así, la cabalgada de Inox (cerca de Níjar, Almería), refugio de
moriscos sublevados, organizada en enero de 1569 por las autoridades
de Almería, fue concebida como operación de castigo para obtener
ganado, dinero, ropas, alhajas y almas. El cronista Luis del Mármol
Carvajal habla de más de 2.700 prisioneros, sobre todo, mujeres y niños.
Aunque seguramente el botín no fuese tanto como se pregonó en su
día, Almería se llenó de esclavos y los protocolos notariales testimonian
docenas de rescates de cautivas e infantes por parte de sus indignados

4
María del Carmen ANSÓN CALVO: “Diego de Rojas y Alonso Muley Enríquez y
Merín de Fez: ilustres esposos de Cándida Compañero”, Sharq al-Andalus, 18 (2003-
2007), pp. 9-37.
5
José Javier RUIZ IBÁÑEZ y Vicente MONTOJO MONTOJO: Entre el lucro y la
defensa: Las relaciones entre la Monarquía y la sociedad mercantil cartagenera, Murcia,
Real Academia, 1998.
6
Un informe hecho por el cabildo catedralicio de Granada justifica su esclavitud por-
que “En un caso como este particular, en el qual estos moriscos tienen tan puesta
con alfileres la christiandad, que apenas tienen más que el carácter baptismal”. Rafael
BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “El cautiverio de los moriscos”, Manuscrits, 28,
(2010), pp. 19-43, en concreto p. 26.
7
José María PERCEVAL: Todos son uno. Arquetipos, xenofobia y racismo. La imagen del mo-
risco en la Monarquía española durante los siglos xvi y xvii, Almería, Instituto de Estudios
Almerienses, 1997; Ángeles RAMÍREZ (ed.): La alteridad imaginada: el pánico moral
y la construcción de lo musulmán en España y Francia, Barcelona, Bellaterra, 2014; así
como Mohamed SAADAN SAADAN: Entre la opinión pública y el cetro. La imagen
del morisco antes de la expulsión, Alcalá de Henares, Universidad de Alcalá, 2016.

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MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO

parientes. En uno de los epicentros de la rebelión, como era la comarca


de Guadix, entre 1569-1578, se ha contabilizado la compraventa de
1.470 personas (entre ellas, 1.402 moriscos), concentrándose casi todos
los contratos entre 1569-1571 y la mayoría fueron redistribuidas por el
valle del Guadalquivir8. El mercado esclavista del antiguo Reino de
Granada se saturó en unos meses y toda la Corona de Castilla se nutrió
de nuevos efectivos, e incluso Portugal9.
La esclavitud de los represaliados granadinos se conjuga en feme-
nino. Los hombres se consideraban peligrosos y hasta irreductibles,
mientras que las moriscas solían ser dóciles, tenían mayor esperanza
de vida, se encargaban de tareas domésticas, parían hijos esclavos y
se sometían a sus deseos sexuales, como dejan patente las fuentes de
la época10. No obstante, desde una visión de género, Aurelia Martín
Casares disiente de esta visión y apunta otros factores que incidieron
en su mayor cotización (como serían el mayor consumo de mujeres
en los mercados africanos y la mayor versatilidad de las esclavas),
quitando importancia a su explotación sexual y dimensión reproduc-
tiva, denunciando mentalidades machistas entre los investigadores11.

8
Carlos Javier GARRIDO GARCÍA: “La esclavitud de los moriscos capturados en la
rebelión del Reino de Granada: un fenómeno a corto plazo”, Boletín del Centro Pedro
Suárez, 26 (2013), pp. 79-107.
9
Se ha documentado que mercaderes portugueses revendieron esclavos moriscos gra-
nadinos en el Occidente peninsular, [Bernard VINCENT: “L’esclavage moderne en
Péninsule Ibérique”, en Domingo L. GONZÁLEZ LOPO y Roberto Javier LÓPEZ
LÓPEZ (coords.): Balance de la historiografía modernista, 1973-2001. Actas del VI Colo-
quio de Metodología Histórica Aplicada. Homenaje al profesor Antonio Eiras Roel, San-
tiago de Compostela, Universidad, 2003, p. 448] en tanto que los soldados enrolados
en Castilla la Nueva para reprimir la rebelión vendieron su botín humano antes de
retornar a sus hogares [Francisco J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO: “Marginaux
parmi les marginaux. Enfants, femmes et esclaves morisques en Nouvelle-Castille”,
Cahiers de la Mediterranée, 79 (2009), pp. 131-153, en especial p. 133].
10
Como son el elevado número de nacimientos ilegítimos de madre esclava y la preocu-
pación que muestran los sínodos diocesanos de Sevilla (1572 y 1586) y Badajoz (1671).
Carlos Javier GARRIDO GARCÍA: “Las esclavas moriscas de Guadix y su Tierra tras
la rebelión de 1568: explotación laboral y sexual”, Simposio Género, hogares y trabajo en
la España meridional (1500-1850), Guadix, 2017.
11
Aurelia MARTÍN CASARES: La esclavitud en la Granada del siglo xvi, Granada,
Universidad de Granada y Diputación Provincial de Granada, 2000.

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LA MOVILIDAD DE LOS MOROS Y MORISCOS, ESCLAVOS O...

Hemos comprobado como su precio oscila entre los 60 y los 150


ducados12, dependiendo de sus aptitudes personales, salud, edad y
belleza. Las compraventas de esclavos varones alcanzan menores pre-
cios13. Una esclavitud femenina que se emplea en tareas domésticas,
se alquilan para trabajar por cuenta ajena e incluso se empeñan14
como cualquier otra propiedad. No falta la que, harta de su amo, le
amenaza con denunciarlo a la Inquisición15.
Por lo atañe a ambos sexos, en la década de 1580 hay un aluvión de
pleitos sustanciados ante las Reales Chancillerías y los consejos terri-
toriales para que los dueños liberasen a los esclavos cautivados cuando
tenían menos de diez años, contraviniendo las reales pragmáticas16.
12
El toledano Gregorio Díaz vende por 60 ducados al licenciado Mancio de Villafañe,
cura de San Torcuato y San Cipriano, una esclava morisca “de las rebeladas contra
Su Magestad”, llamada Isabel, de 34 años de edad, “alta de cuerpo, blanca de rostro”
(1572) [Archivo Catedral de Toledo, Capilla de San Pedro, caja 10, exp. 49], mientras
que en 1616 se vende en Lillo (Toledo) una esclava morisca de 22 años con los brazos
labrados (tatuados), nada menos que por 150 ducados [AHP Toledo, Protocolos No-
tariales, leg. 8354, fol. 405; agradezco este dato a mi buen amigo Hilario Rodríguez
de Gracia].
13
En 1618, Juan es vendido en Granada por Agustín López de Cabrera, en 1.089 reales
(poco más de 32 ducados) a García Coronel Salcedo, explicitándose en el contrato
que se trataba de un “esclavo blanco de nación turco con un hierro de clavo en la
frente los oxos zarcos de hedad de treze años poco más o menos… avido en buena
guerra y no de paz y se lo aseguro que no es ladrón, borracho ni fugitivo ni tiene
alguna enfermedad ni dentro ni fuera ni gota coral ni mal de coraçon y que no lo
tengo obligado ni hipotecado a ninguna deuda civil ni criminal“. AHNOB, Luque,
caja 280, doc. 57.
14
Ejecutoria del pleito litigado entre el testamentario de Juan de Lorenzana, vecino
de Cabarcos (León), con Isabel de Benavides, viuda de Juan de Villafañe, vecina de
León, para recuperar una esclava morisca de nombre Lucía, que el difunto había
empeñado a Juan de Villafañe a cambio de 50 ducados (1585). Archivo de la Real
Chancillería de Valladolid [ARCHV], Registro de Ejecutorias, caja 1530, exp. 26.
15
Es el caso de la morisca Beatriz, esclava del clérigo Marcos de Córdova. AHN, Inqui-
sición, leg. 2105, exp. 43, s.f.
16
Son los casos del padre de Alonso Herrero, que se enfrenta al abulense Juan Vázquez
Rengifo (1574) [ARCHV, Registro de Ejecutorias, caja 1286, exp. 29]. García, era
esclavo de Mateo López, lanero de Ciudad Rodrigo (Salamanca, 1575) [ibídem, caja
1309, exp. 42]. Alonso Morisco, fue sirviente de Antonio de Valladolid, mercader de
Medina del Campo (Valladolid, 1578) [ibídem, caja 1378, exp. 19]. Miguel Rodrí-
guez fue esclavizado por el padre de Francisco de Ledesma, regidor de Zamora (1578)
[ARCHV, Pleitos Civiles, Fernando Alonso (F), Caja 141, exp. 1]. Rafael Hernández,
había sido herrado en el rostro por su amo, Blas López de Mella (1580-82) [ibídem,
caja 989, exp. 2]. Alonso Ortiz, cristiano nuevo, pertenecía a Cristóbal Ponce, mer-
cader de Toledo (1580) [ARCHV, Registro de Ejecutorias, caja 1420, exp. 48]. Mi-
guel García pertenecía a Jerónimo López, vecino de Medina de Rioseco (Valladolid,
1581) [ibídem, caja 1454, exp. 27] Andrés del Río fue esclavo de los hermanos Juan y

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MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO

La casuística judicial en torno a los esclavos es muy heterogénea:


reclamaciones por compraventas fraudulentas17, demandas civiles
por salarios pendientes18, negarse a la servidumbre aduciendo estar
bautizada19, además de los inevitables procesos inquisitoriales. Como
muestra de éstos últimos, en el auto de fe celebrado en Zocodover
(Toledo) el 4 de septiembre de 1575, es reconciliado Lorenzo de
Callar, siervo granadino de un mercader de paños de Antequera
(Málaga), quien, escandalizado por un cuento en que se tomaba por
homosexual a Mahoma, exclama en público que era moro hasta el
tuétano; tras sufrir tortura y ser condenado de vehementi, pasaría
seis meses confinado en un monasterio, siendo aleccionado en la
doctrina y dogmas católicos20.
Los dueños de esclavos y esclavas moriscas son de muy variada
condición: miembros de la familia real21, aristócratas22, señores de

Antonio de Aranda Gumiel (uno de ellos clérigo), vecinos de Sevilla (1582) [ibídem,
Caja 1466, exp. 47]. Pedro de Carmona, oriundo de Ugíjar (Almaería) pleitea contra
Diego Flórez de Valdés (1587-1589) [ARCHV, Pleitos Civiles, Fernando Alonso (F),
Caja 903, exp. 1 y ARCHV, Registro de Ejecutorias, caja 1636, exp. 24]. Inés Ladrote,
procedente de Guadix, litiga con María del Castillo, por tenerla esclavizada desde los
4 años de edad (1579-1585) [ibídem, caja 1507,60 y ARCHV, Pleitos Civiles, Fernando
Alonso (F), Caja 475, exp. 6]. El berberisco Benito Sánchez reclama la libertad de su
esposa, la morisca Isabel Bautista, por estar en poder del mercader toledano Jerónimo
Hurtado (1586) [ARCHV, Registro de Ejecutorias, cajas 1564, exp. 79 y 1565, exp. 11].
17
Pleito del salmantino Marcos Rodríguez, mercader de hierro, con su paisano Tomé
Sánchez, confitero (1584-1587) [ARCHV, Pleitos Civiles, Fernando Alonso (F), caja 2,
exp. 2]. El inquisidor Solís se lamentaba porque compró una esclava turca por 1.400
reales con lesiones físicas que no le fueron advertidas en el momento de su venta, ya
que se le entregó cuando embarcaba en el Puerto de la Luz (Canarias) a medianoche
y estaba “quebrada por el espinazo de una cayda que se dio en la casa del marques
de Cañete, su dueño” (1625-1627) [AHN, Inquisición, Consejo, caja 1814, exp. 5c.].
18
Como los que reclamaba Cecilia Ramos a la viuda Catalina de Mendizábal, vecina de
Logroño (1587-1588). ARCHV, Pleitos Civiles, Fernando Alonso (F), Caja 184, exp. 4.
19
Pleito entre Gonzalo Gómez de Cervantes, senescal del gran maestro de Rodas y
comendador de las encomiendas de Salamanca y Cerecinos, vecino de Toledo, con
su esclava turca Lucrecia Jiménez (1547-1549) ARCHV, Pleitos Civiles, Pérez Alonso
(F), Caja 946, exp. 6.
20
AHN, Inquisición, leg. 2106, exp. 13, s.f.
21
La morisca almeriense Ángela de Muñoz, o Hernández, fue esclavizada por don Juan
de Austria y regalada a la princesa de Portugal, siendo investigada por el Santo Oficio
(1571). AHN, Inquisición, Tribunal de Toledo, legs.193, exp. 15; 195, exp. 24 y 196, exp. 5.
22
El tunecino Juan perteneció a la duquesa de Alba (1569-1570) [AHN, Inquisición,
Tribunal de Toledo, leg. 194, exp. 15]. Las granadinas María y Elena fueron propiedad
del conde de Chinchón (1570) [ibídem, leg 195, Exp.14 y 16]. María de Andrada,
oriunda de Tíjola (Almería) fue esclava doméstica de la marquesa del Valle, residente

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LA MOVILIDAD DE LOS MOROS Y MORISCOS, ESCLAVOS O...

vasallos23, obispos24, corregidores25, miembros del Santo Oficio26,


ministros de las audiencias regias27, covachuelistas28, caballeros de
hábito29, damas30, regidores urbanos31, ricos indianos32, boticarios33,

en la Corte (1587) [[ibídem, leg. 191, exp.12]. Juan Bautista era esclavo del duque de
Lerma (1606-1607) [ibídem, leg. 194, exp. 17]. El berberisco Diego de Mendoza servía
a la marquesa de la Tela (1616-1617) [ibídem, leg. 195, exp. 25]. Los argelinos Antonio
de Santa María y Andrés de Carvajal eran esclavos del duque de Maqueda y el conde
de Salvatierra, respectivamente (1623 y 1624). [ibídem, legs. 195, exp. 16 y 191, exp.
13]. Francisco de Zúñiga, oriundo de Constantinopla fue esclavo de la condesa de
Miranda (1625-1626) [ibídem, leg 198, exp. 22].
23
Antonio de Luna, señor de Fuentidueña (Segovia) y vecino de Salamanca, poseía en-
tre otros bienes a un tal Alonso Hernández, esclavo morisco (1576). ARCHV, Registro
de Ejecutorias, caja 1341, exp. 41.
24
El oranés Diego de la Cruz fue esclavo del obispo de Troya, auxiliar del arzobispo
primado (1616). AHN, Inquisición, Tribunal de Toledo, leg. 192, exp. 7.
25
Juan Gutiérrez Tello, corregidor de Toledo, tenía entre su servidumbre a un muchacho
y dos chicas moriscas (1573). Archivo Municipal [AM] Toledo, Histórico, lib. 174, s.f.
26
Juan era el esclavo morisco de Diego Sarmiento, alguacil mayor del Santo Oficio de
Canarias (1590-1591). AHN, Inquisición, Consejo, leg. 1818, exp. 14.
27
Pedro de Santisteban, secretario de la Chancillería de Valladolid, litigó con su esclavo
Francisco García de Peralta, morisco (1557). AGS, Consejo Real de Castilla, leg. 715, exp. 4.
28
El berberisco Juan Bautista estaba al servicio del hijo del contador Diego Salcedo
(1612-1614). AHN, Inquisición, Tribunal de Toledo, leg. 194, exp. 18.
29
Juan de Portugal, esclavo morisco de frey Pedro de Acuña, vecino de Toledo y caballe-
ro de Calatrava (1540-1541) [AHN, Inquisición, Tribunal de Toledo, leg. 196, exp. 22].
Luis Hernández fue esclavo de Per Afán de Rivera, vecino de Priego y caballero cala-
travo (1609-1610) [Dimas PÉREZ RAMÍREZ: Catálogo del Archivo de la Inquisición
de Cuenca, Madrid, Fundación Universitaria Española, 1982, p. 268]. El berberisco
Diego de la Cruz, natural de Tremecén, servía al toledano Tello de Guzmán, caballero
santiaguista (1569) [AHN, Inquisición, Tribunal de Toledo, leg. 192, exp. 6]. En tanto
que Juan, musulmán oriundo de Hungría, estaba en posesión de otro caballero de la
Orden de Santiago (1620) [ibídem, leg. 198, exp. 12].
30
Andrés de Mendoza, natural de Túnez y residente en Toledo, era esclavo de la hidalga
María de Silva, alias la Portuguesa (1575). AHN, Inquisición, Tribunal de Toledo, leg.
195, exp. 23.
31
Diego de Ayala, regidor de Toledo, tenía por esclavo al morisco Julián (1568-1569).
AHN, Inquisición, Tribunal de Toledo, leg. 194, exp. 19.
32
Algunos tan ricos como el toledano Alonso de Mesa, conquistador de Cuzco y señor
de Piedrabuena (Ciudad Real), con una hacienda valorada a su muerte en millón y
medio de ducados. Cuando hace testamento en 1579 da libertad a “Leonorica ques
de las del Reino de Granada” y le concede 3.000 mrs. y por lo que atañe a su esclavo
granadino Benito, “el qual me ha servido muy bien”, encarga a su esposa que le libere
cuando quisiere. AHNOB, Mocejón, caja 22, exp. sn.
33
El boticario cordobés Alonso Ramírez era amo de una morisca llamada Juliana (1580).
AHNOB, Torrelaguna, caja 17, doc. 2.

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MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO

clérigos de alta34 o baja condición35, militares36 (que los consideran


botín de guerra)37, comerciantes38, hidalgos rurales39, hacendados de
núcleos semiurbanos40, escribanos o notarios41, agentes de Corte42,
artesanos de todo pelaje43, etc. Incluso se da la paradoja que la élite
morisca nazarí tuvo esclavos no cristianos, no dudando en hacerse
servir por cautivos alpujarreños44.
Las personas sometidas a esclavitud fueron, a menudo, foco perma-
nente de conflicto: esclavas que huyen para reunirse con su familia45,
moriscos que ayudan a escapar a sus correligionarios46, protagonistas de

34
El turco Juan Bautista era esclavo de Gonzalo Vanegas, chantre de Cartagena y refren-
dario de su santidad, residente en Madrid (1591-1592). AHN, Inquisición, Tribunal de
Toledo, leg. 194, exp. 16.
35
El licenciado Gaona, cura de Astudillo (Palencia), compró a Alonso de Bahambre,
morisco granadino (1581). ARCHV, Registro de Ejecutorias, Caja 1440, exp. 14.
36
La morisca Inés sirvió a Brianda de Guzmán, vecina de Madrid y esposa de Sancho
de Padilla, castellano de Milán (1575-1576) [AHN, Inquisición, leg. 2106, exp. 14, s.f.].
Juana, era esclava de María Magdalena, vecina de Infantes y viuda del capitán Pedro
de Contreras (1576) [AHN, OM, Archivo de Toledo (AT), leg. 63513, s.f.].
37
Juan García, esclavo morisco de un zapatero de Segura de la Sierra (Jaén), dice haber
sido comprado en Guadix “en una almoneda de unos soldados que los vendían”, pero
luego había sido secuestrado en Tarancón (Cuenca), logrando su libertad en 1575.
AHN, OM, AT, leg. 5883, s.f.
38
El granadino Lorenzo era esclavo del mercader de paños toledano Hernando Carrión
(1573/1576). AHN, Inquisición, Tribunal de Toledo, leg. 195, exp. 12.
39
Isabel era la esclava morisca de Diego de Villaseñor, vecino de Alcázar de San Juan
(Ciudad Real, 1530/1532). AHN, Inquisición, Tribunal de Toledo, leg. 194, exp. 7.
40
Jerónimo, natural de Tíjola (Granada), era esclavo del almagreño Gonzalo de Molina
(1573-1575). AHN, Inquisición, Tribunal de Toledo, leg. 192, exp. 26.
41
Notario apostólico era Melchor de Rojas, vecino de Toledo, dueño de un cigarral y de
la berberisca Francisca del Pozo (1616/1617). AHN, Inquisición, Tribunal de Toledo,
leg. 196, exp. 23.
42
La Inquisición toledana atormentó por criptoislamita a María Águeda, esclava de Je-
rónimo de Segovia, “que entiende de negocios en la corte” (1566). AHN, Inquisición,
Tribunal de Toledo, leg. 195, exp. 13.
43
Hacia 1553, el ollero sevillano Juan Esteban vendió a un pariente también alfarero un
esclavo morisco. José GESTOSO Y PÉREZ: Historia de los barros vidriados sevillanos
desde sus orígenes hasta nuestros días, Sevilla, La Andalucía Moderna, 1903, p. 404.
44
Aurelia MARTÍN CASARES: “Moriscos propietarios de personas esclavizadas en
Granada a lo largo del siglo xvi”, Chronica Nova, 24 (1997), pp. 213-236.
45
El alcalde mayor de San Clemente (Cuenca) investigó en 1614 la fuga de una esclava
de 22 años de edad “que hera de las espelidas del Reyno del Valle del Rio” (¿Ricote?),
huida con un morisco de Espinardo (Murcia). AHNOB, Torrelaguna, caja 408, sn.
46
Julián, esclavo de un vecino de San Martín de la Vega, es condenado por hacer de guía
a unos moriscos (1568) [AHN, Inquisición, leg. 2106, exp. 13, s.f.]. Antón Jiménez
y Lorenzo Berrio, moriscos de Almedina (Ciudad Real), son acusados de ayudar a
escapar a Juan de Salazar, morisco de Miguel de González, vecino de Almagro (1571)

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LA MOVILIDAD DE LOS MOROS Y MORISCOS, ESCLAVOS O...

violaciones47, asaltos en los caminos48 y hasta asesinatos49, todo cuando


ellos mismos no son las víctimas de humillaciones y desafueros50. De
este modo, comprobamos como las cárceles rurales están atestadas
de moriscos de toda condición, a veces con resultados indeseables,
como cuando el arriero morisco Andrés Jiménez viola a un esclavo
negro en la cárcel de Manzanares (a quien “le avia desportillado el
culo e que tenia sangre”), padeciendo tormento; compartía calabozo
con varios moriscos y moriscas de Benamaurel (Granada), incluyendo
algunos esclavos, confinados en la mima prisión (1576)51.
Las novelas y comedias del Siglo de Oro se hacen eco de la mala
fama de este colectivo: las esclavas moriscas se consideran esposas
celosas, hechiceras, prostitutas, zurcidoras de virgos y ladronas52;
en tanto que los esclavos granadinos o berberiscos son tenidos por
bujarrones, salteadores de caminos, pícaros irreverentes o buscadores
de tesoros53. En 1617, nada menos que doce esclavos berberiscos son
[Libro de la cárcel de Villanueva de los Infantes (1570-72). AM Villanueva de los
Infantes, Caja 1, exp. 1 (4)].
47
El hidalgo sevillano Juan de Cárdenas, vecino de Sevilla, solicitó el indulto para su
esclavo Pedro Morisco, quien había asesinado a su esposa adúltera (1553) [AGS, Cá-
mara de Castilla, leg. 343, exp. 34]. Hernando de Solís, esclavo turco del licenciado
Jerónimo Cimbrón, vecino de Ávila, violó a una esclava granadina, dejándola em-
barazada y luego huyeron juntos, llevándose vestidos y otras cosas en marzo de 1582
(1584) [ARCHV, Registro de Ejecutorias, Caja 1513, exp. 29].
48
Hacia 1577, una nutrida cuadrilla de bandoleros merodea por ambas vertientes de Sie-
rra Morena. Al menos tres de ellos eran moriscos andaluces y estaban acompañados
por varios esclavos fugados de sus amos. AHN, OM, AT, leg. 38286, s.f.
49
Hernando Enrique, morisco esclavo del inquisidor de Córdoba y Toledo Antonio
Matos de Noroña, fue acusado del asesinato de un cristiano (1574). AHN, Inquisi-
ción, Tribunal de Toledo, leg. 2092, exp. 8.
50
Memorial de Felipe Callejas, esclavo mulato, vecino de la villa de Hinojosa del Du-
que (Córdoba), solicita que se le levantase la condena de 4 años de destierro impuesta
por el homicidio de Pedro, esclavo morisco, ya que había sido indemnizado su amo
(1552). AGS, Cámara de Castilla, leg. 329, exp. 26.
51
AHN, OM, AT, leg. 37129, s.f.
52
Aurora Ángela MILÁN MARTÍN: “Aproximación socioeducativa al papel de la mu-
jer en el siglo xvii a través de la figura de la pícara en La hija de Celestina y Teresa
de Manzanares”, Revista de Educación de la Universidad de Granada, 23 (2016), pp.
205-218.
53
Chantal COLONGE, “Reflets littéraires de la question morisque entre la guerre des
Alpujarras et l’expulsion (1571-1610)”, Boletín de la Real Academia de Buenas Letras
de Barcelona, 33 (1969-70), pp. 213-238 y María Soledad CARRASCO URGOITI:
“Reflejos de la vida de los moriscos en la novela picaresca”, En la España medieval, 4
(1984), pp. 183-223. La construcción cultural del magrebí y el morisco en la España
de la época, entre otros, en Miguel Ángel de BUNES IBARRA: La imagen de los

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procesados en el Santo Oficio toledano por profesar la fe de Maho-


ma54, coincidiendo con el enésimo edicto de gracia inquisitorial55.
Con cierta frecuencia, los esclavos reciben carta de ahorría, convir-
tiéndose en libertos. Algunos son liberados por imperativo judicial56,
otros compran su propia libertad57, y los más recuperan su libertad
por cláusulas testamentarias. En 1588, entre las últimas voluntades del
genovés, residente en Toledo, Esteban Pinelo se dispone lo siguiente:

“yten declaro que en la ciudad de Genova todavía tengo una


esclava que se dice Helena de las del tiempo de la conquista de
Granada ya muy vieja que me ha criado y aunque nunca se le
ha dado carta de horro yo por tal siempre la he tenido y tengo y
quiero y es mi voluntad que sea horra y se le dé la carta de horro
necesaria y porque de sus dinerillos y salarios que ha servido a
otros con nuestra voluntad tiene puesto en San Jorge de la ciudad
de Genova ciertos dineros de los quales no puede disponer sin
consentimiento mio o del señor Agustin Salvago mi tio y ansi no
puede ser que tenga otros dineros, bestidos ni hazienda que a mi
noticia no sea, mando que de lo uno y otro que asi fuere sea ali-
mentada y sustentada”58.

Algunas familias parecen ser particularmente benévolas con sus es-


clavos. Los Oviedo, una saga de judeoconversos encumbrada en el
Campo de Calatrava desde fines del siglo xv, liberan a muchos de
sus sirvientes: en 1580, el regidor almagreño Rodrigo de Oviedo da

musulmanes y del norte de África en la España de los siglos xvi y xvii: los caracteres de
una hostilidad, CSIC, 1989; Ángeles RAMÍREZ (ed.): La alteridad imaginada...; Mo-
hamed SAADAN SAADAN: Entre la opinión pública y el cetro...
54
AHN, Inquisición, leg. 2106, exp. 17
55
Edictos de gracia a renegados y moriscos, 1519-1617. AHN, Inquisición, Consejo, lib.
1232, fols. 131-132.
56
Mandamiento de los Inquisidores de Sevilla para que Álvaro de Bazán liberase a un
esclavo morisco, preso en sus galeras (1535). AHNOB, Santa Cruz, caja 71, doc. 9.
57
En 1610, el hidalgo Martín de Argote otorga libertad a Juan de Agudo, su esclavo de
50 años, por 800 reales, a instancia de su esposa Constanza Ximénez morisca libre,
porque se había publicado el bando de expulsión de granadinos y quería acompañarla
en tan peligroso viaje. Juan ARANDA DONCEL: Los moriscos en tierras de Córdoba,
Córdoba, Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, 1984, p. 171.
58
AHP, Toledo, Protocolos Notariales, leg. 1600, fol. 997r.

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LA MOVILIDAD DE LOS MOROS Y MORISCOS, ESCLAVOS O...

carta de libertad de su esclava Casilda de 3 años (hija de un morisca


granadina traída en dote por su esposa, Isabel Astroncio-Strozzi,
descendiente de un rico banquero florentino asentado en Alma-
gro, que le había costado 30 ducados)59; años más tarde, en 1603, el
albacea del clérigo Rodrigo de Oviedo deja libre al cautivo Andrés
Sánchez, de unos 33 años “pequeño de cuerpo, moreno de rostro,
cargado de las espaldas”60.
La inmensa mayoría de los libertos se quedan en España, cerca
del entorno donde habían vivido61, y algunos se integran sin grandes
dificultades62, pero algunos esclavos turcos o renegados retornaron
a su tierra63.

ALLENDE LOS MARES: BERBERISCOS, MORISCOS Y RENEGADOS


EN LA AMÉRICA VIRREINAL

Se ha especulado mucho sobre la presencia morisca en América


y lo morisco en el imaginario indiano64. En principio, en aras de
59
28-VIII-1580, Almagro. AHP, Ciudad Real, Protocolos Notariales, leg. 1652, ff.
133r-134v.
60
8-V-1603, Almagro. AHP, Ciudad Real, Protocolos Notariales, leg. 1708, s.f.
61
Por ejemplo, la mahometana Isabel fue esclava de Alonso Bernal el Viejo, vecino de
Villarejo de Fuentes (Cuenca), pero una vez libre se casó con un morisco de nombre
Francisco de Azofi, vendedor de aceite (1533-1535). AHN, Inquisición, Tribunal de
Toledo, leg. 194, exp. 8.
62
El prior de la cartuja de Valdecristo suplica que se libere a un turco que fue esclavo
del rey don Sebastián de Portugal, para que pueda casarse con una cristiana (1586).
Archivo de la Corona de Aragón, Consejo de Aragón, leg. 651, n.º 23.
63
Carta de libertad otorgada al esclavo turco Aydar, oriundo de Anatolia y antiguo
esclavo de Pietre Barbarroja Priego, natural de Mármara, pero afincado en Constan-
tinopla, ahora propiedad del licenciado Armenteros, consejero de Indias, “por aver
servido bien y fielmente a su amo le ha dado carta de libertad y porque él se quiere ir
a su tierra me ha suplicado sea servido mandarle dar licencia” librada por el Consejo
de Guerra Madrid (1595) [AGS, Guerra y Marina, leg. 439, exp. 264]. A la berberisca
Cara, esclava de Estefanía Bidobro y Miranda, viuda de Antonio González de Lejalde,
proveedor de Cartagena, se le concedió carta de libertad, para obtener el pasaporte
necesario y retornar a su tierra (1640) [AHN, Inquisición, Tribunal de Toledo, leg.
191, exp. 29].
64
Nelson MANRIQUE: Vinieron los sarracenos. El universo mental de la Conquista.
Lima, Desco, 1993 y Louis CARDAILLAC: “Lo morisco peninsular y su proyección
en la conquista de América”, en Martín F. RÍOS SALOMA (ed.): El mundo de los
conquistadores, México, Universidad Nacional Autónoma de México (Instituto de
Investigaciones Históricas) y Sílex Ediciones, 2015, pp. 437-454.

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un Nuevo Mundo limpio de sangre, les estuvo vedado el pasar a


Ultramar desde los primeros años de la conquista americana65. Sin
embargo, es evidente que algunos pasaron, casi siembre a título
individual, pero nunca familias enteras. No obstante, algunos de
quienes se han embarcado a demostrar su presencia en las Américas
han naufragado en el intento66.
Los moriscos que cruzaban el océano eran racialmente idénticos
a los emigrantes andaluces o extremeños67 y la etapa de la exploración
y conquista era terreno abonado para que se embarcaran hombres
sin demasiadas cortapisas68. Así las cosas, en 1522 se prohibió emigrar
expresamente a los: “nuevamente convertidos de moro” y, en 1543,
una real cédula, revela que “han pasado e cada día pasan algunos
esclavos y esclavas berberiscos, e otras personas libres nuevamente
convertidos de moros e hijos de ellos que nos prohibimos” y encarece
a los prelados de Santo Domingo, México y Lima a que se informasen
acerca de luteranos, moros o judíos. Esta disposición no se cumplió,
toda vez que, en 1545, una real cédula de los oficiales de la Casa de
65
Aunque algunos han especulado con que Rodrigo de Triana, e incluso los hermanos
Pinzón, fueron expertos navegantes moriscos. Una hipótesis, un tanto peregrina, que
es recogida en la inefable Wikipedia, donde se cita sin fuente; recuperado de internet:
https://es.wikipedia.org/wiki/Rodrigo_de_Triana. [fecha de consulta: 11.03.2018].
También, y entre otros, en Concepción REVERTE BERNAL (ed.): Diálogos cultura-
les en la literatura iberoamericana. Actas del XXXIX Congreso del Instituto Internacional
de literatura iberoamericana, Madrid, Verbum, 2013, p. 134.
66
María Elvira SAGARZAZU: La conquista furtiva. Argentina y los hispanoárabes, Ro-
sario, Ovejero Martín Editores, 2001 y Fitra Ismu KUSUMO: Islam en América La-
tina. I: La expansión del Islam y su llegada a América Latina, 2013, 3 vols. El colmo
es aquel que da por sentado el incontrovertible origen musulmán de inmigrantes de
apellido Benavides, Mora, Morón o Tarifa, sin más argumentos. Aziz AMAHJOUR:
“Mestizajes enriquecidos. Elementos árabes y orientales en la tradición y literatura
oral mexicanas”, en Concepción REVERTE BERNAL (ed.): Diálogos culturales en
la literatura iberoamericana. Actas del XXXIX Congreso del Instituto Internacional de la
Literatura Iberoamericana, Madrid, Editorial Verbum, 2013, pp. 131-148, sobre todo
p. 136, nota 9.
67
En este sentido, no faltaron los hindúes que fueron confundidos con moriscos en
el Nuevo Mundo. Así, un esclavo mulato, procedente de la India portuguesa, fue
registrado como negro por Hernán Pérez de Sevilla, siendo luego investigado por las
autoridades de Tierra Firme para comprobar si era morisco (1539). Archivo General
de Indias [AGI], Panamá, leg. 235, lib. 7, fols. 61v-62r.
68
El esclavo marroquí Estebanillo llegó a ser tesorero y alguacil mayor, participando en
la expedición de Pánfilo de Narváez a Florida (1527). Hernán TABOADA: La sombra
del Islam en la conquista de América, México, Fondo de Cultura Económica-UNAM,
FFyL, 2004, p. 201.

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LA MOVILIDAD DE LOS MOROS Y MORISCOS, ESCLAVOS O...

la Contratación emplazaba al trianero Antonio Corzo, maestre de


navío, para que acudiese a la Corte a dar cuenta de la acusación de
haber introducido en Indias esclavos moriscos69.
La mayoría seguramente llevó una existencia tan miserable como
las de sus paisanos y no triunfaron en su búsqueda de fama y fortu-
na, pero hubo quienes tuvieron una cierta notoriedad. Cristóbal de
Burgos logró comprar su libertad, llegó a ser regidor de Lima y tuvo
encomienda en Cotabambas70. Igual cargo municipal tuvo Francisco de
Talavera, amigo de Pizarro. Un Pizarro que tenía a su servicio cuatro
esclavas blancas y que, cuando hizo asesinar a su enemigo capital,
Diego de Almagro (oriundo de una de las Cinco Villas del Campo de
Calatrava famosa por su morería), ordenó desnudar su cadáver para
comprobar si estaba circuncidado71. Gonzalo Farfán de los Godos,
soldado de las huestes de Pizarro, de remoto origen oscuro72, fue
encomendero y primer alcalde de San Miguel de Piura (1534-1535)
obteniendo blasón en 154073. Y también fue primer alcalde de Lima
el berberisco camuflado Nicolás de Ribera (1535)74. Excepcional nos
parece el caso del turco Emir Cigala, alias Gregorio Zapata, quien,
fingiendo ser criado del virrey de Sicilia, emigró a Potosí hacia 1562;

69
20-III-1545 Valladolid. Archivo General de Indias [AGI], Indiferente, leg. 1963, lib.
9, fols. 196v-197r.
70
María Ángeles PÉREZ ÁLVAREZ: “Un nuevo mundo para los moriscos”, Revista de
Estudios Extremeños, 69/2 (2013), pp. 1055-1068, en concreto p. 1062
71
Con Diego Almagro se embarcaron unos 200 moriscos, hombres y mujeres, como
esclavos. Malgarida de Almagro, morisca esclava de Diego de Almagro, logró ser
libre y fundó capellanía en Lima en 1553. Jaime CÁCERES ENRÍQUEZ: “La mujer
morisca o ‘’esclava blanca’’ en el Perú del siglo xvi”, V Jornadas sobre el Inca Garcilaso
y el mestizaje en Indias, Montilla, 1994. Recuperado de internet http://www.musul-
manesperuanos.com/moriscaperu.htm.
72
“En tiempo del Rey don Juan el primero passaron de Africa a Castilla los cavalleros
Farfanes, que tan lexos de su patria, e en tan estraño Reyno, conservaron su nobleza y
ley, por mayor discurso de años, padeciendo martyrios y trabajos con los enemigos de
la fe christiana”. Gonzalo ARGOTE DE MOLINA: Nobleza del Andaluzia, Sevilla,
imp. Fernando Díaz, 1588, libro II, cap. 36.
73
AGI, Lima, leg. 566, lib. 4, fol. 59v.
74
Hernán TABOADA: “El moro en las Indias”, Latinoamérica: Anuario de Estudios
Latinoamericanos, 39 (2004), pp. 115-133.

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ya rico, en 1580, decidió volver a Constantinopla, poniéndose al


servicio del sultán, quien lo nombró almirante de galeras en 158875.
Mención aparte merecen las esclavas moriscas que navegaron
rumbo a Indias. Ante la falta de mujeres blancas en las primeras
décadas de la exploración y conquista, las moriscas constituyeron
una alternativa afectiva y sexual para los primeros españoles en el
Nuevo Mundo. Hasta hace poco se pensaba que su primera mención
databa de 1534, cuando se autoriza a Hernando Pizarro a traer como
sirvientas de su hermano Francisco “hasta cuatro esclavas blancas
con la condición de que fueses nacidas en la península y hubiesen
ingresado a la grey católica por lo menos diez años antes de pasar”76;
pero sabemos que, a fines de 1531, desde la corte se despachó una real
cédula por los oficiales de la Casa de la Contratación dando licencia a
su escribano Juan de Eguibar para pasar una esclava morisca a Amé-
rica, a cuenta “de las licencias de los alemanes”77. En todo caso, en los
siguientes años hay un goteo de moriscas vendidas en los virreinatos
entre los 280 y los 600 pesos, pero que pronto fueron libertas. En el
periodo 1532-1549 se detectan en Perú unas 300 moriscas78; algunas,
como Lucía, tenían fama de hechiceras y agoreras cuando acompañó
a Hernández Girón a entrar en la Ciudad de los Reyes79; otras fueron
foco continuo de problemas80.
Cuando el viajero florentino Francesco Carletti visita Perú,
a fines del Quinientos, escribe: “En Lima viven muchas nobles
familias de caballeros y comerciantes riquísimos que viven con
mucha urbanidad y esplendidez mucha mayor que en todas las

75
Su asombroso periplo fue desvelado por el cronista Bartolomé Arzans de Orsúa y Vela
en su obra manuscrita Historia de la Villa Imperial de Potosí (1705).
76
María ROTOWOROSKI DE DÍEZ CANEDO: Doña Francisca Pizarro, una ilustre
mestiza. 1534- 1598, Lima, Instituto de Estudios Peruanos Ediciones, 1989.
77
24-XI-1531, Medina del Campo. AGI, Indiferente, leg. 1961, lib.2, fol. 109.
78
James LOCKHART: El mundo hispánico-peruano. 1532-1560, México, Fondo de Cul-
tura Económica, 1952, pp. 251- 252 y Emilio HARTH TERRÉ: “Esclavas blancas de
Lima: 1537”, El Comercio de Lima, 3 de junio de 1963.
79
Antonio de la CALANCHA: Corónica Moralizada, Crónicas del Perú, Ignacio Prado
Pastor (ed.), Lima, 1974-1982, 6 vols.; vol. II, p. 429.
80
Francisco Mejía, miembro de la Casa de la Contratación de Sevilla, solicita a la Au-
diencia de Lima que enviase a España a su esclava morisca Ana de Chaves, fugada
hace diez años desde la provincia de Guatemala a la de Arequipa, y ahora desea que se
embarcase rumbo a Sevilla (1549). AGI, Lima, leg. 566, lib. 6, fols. 97r-97v.

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LA MOVILIDAD DE LOS MOROS Y MORISCOS, ESCLAVOS O...

demás ciudades de las Indias sirviéndose de esclavos moros, va-


rones y hembras”81. Y es que, aunque se prohibió explícitamente
transportar moriscos alpujarreños a Indias, las autoridades fueron
permeables a los poderosos82; además, habría que tener en cuenta
a los polizones y a la emigración clandestina.
De las posibilidades y límites de integración en el Nuevo Mundo
para los también cristianos nuevos valga el caso de Hernando Bel-
trán, morisco herrado, residente las minas de plata de San Martín,
en la frontera norte de México. Nacido en Beas de Segura (Jaén),
es fruto de los amores entre una morisca y un cristiano viejo. Con
veinte años se embarcó a las Antillas y Nueva España, laborando
en una mina. Tas una vida de novela, termina en 1560 ante el
Santo Oficio por mostrarse irrespetuoso en misa el Domingo de
Resurrección83.
Asimismo, hacia 1648 todavía coleaba la causa de fe instruida
contra Ángelo de Santa Clara, esclavo turco de Martín Real, visitador
del tribunal inquisitorial de Cartagena de Indias, enemistado con el
franciscano fray Roque de Aquino84. Y, entre 1660-1665, el Tribunal
del Santo Oficio de México reconcilió por sus creencias islámicas al
argelino Cristóbal de la Cruz, vecino de Veracruz (México), esclavo
cocinero de Pantaleón Fernández85, que antes lo había sido esclavo
del marqués de Leganés, bautizado en Badajoz y que luego se había
fugado y dedicado a la piratería86.

81
Raúl PORRAS BARRENECHEA: Los viajeros italianos en el Perú, Lima, Editorial
Ecos S.A., 1957, p. 49.
82
Real cédula dando licencia a Lorenzo Suárez de Mendoza, conde de Coruña y virrey
de Nueva España, para viajar con una esclava morisca (1582). AGI, México, leg. 1091,
lib. 10, fols. 81r-v.
83
Antonio GARRIDO ARANDA: “El morisco y la Inquisición novohispana (actitudes
anti-islámicas en la sociedad colonial)”, en Bibiano TORRES RAMÍREZ y José J.
HERNÁNDEZ PALOMO (coords.): Andalucía y América en el siglo xvi, Huelva,
CSIC, 1983, I, pp. 501-534, en especial pp. 512-513.
84
AHN, Inquisición, leg. 1600, exp. 3.
85
AHN, Inquisición, leg. 1729, exp. 10.
86
Serafín FANJUL GARCÍA: La quimera de Al-Andalus, Madrid, Siglo XXI, 2004.

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MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO

ALMADÉN: ROMPEOLAS DE MORISCOS INMIGRANTES,


ESCLAVOS FORZADOS Y RENEGADOS

Algunos autores sostienen que la población medieval de Almadén fue


eminentemente musulmana, dedicada tradicionalmente al laboreo
del bermellón y el cinabrio, en régimen de trabajo semiforzado, o
al menos sujeta a una limitada movilidad. Así, el contrato con los
genoveses de 1399 contempla que el maestre de Calatrava les otorga-
ría 30 moros aplicados a las minas durante los seis meses de verano,
a cambio de su mero sustento87. En las primeras décadas del siglo
xvi, las morerías calatravas constituyen una minoría residual, una
sombra de las antaño pujantes aljamas mudéjares maestrales, que a
lo largo de los siglos xiv y xv se van disolviendo paulatinamente,
fagocitadas por la cultura dominante. Hacia 1490, en el contrato de
arriendo concedido a Alonso Gutiérrez de la Caballería, se consignaba
la existencia de 30 moros afincados en Almadén. Si en 1499 la aljama
almadenense pagaba a razón de 42 contribuyentes, un año más tarde
eran 13. En 1501, la aljama de Villarrubia de los Ojos capitaba 3.100
mrs., siguiéndole por detrás Almagro-Aldea del Rey (1.600 mrs.) y
Almadén (1.300 mrs.)88.
No obstante, cuando, en 1502, se les obligó a optar entre el bau-
tismo o el exilio, se resquebrajan sus convicciones y su conciencia
tradicional de grupo diferenciado sufrió un deterioro imparable.
Y eso que, a fines del siglo xv, la ofensiva definitiva contra el reino
nazarí hizo que algunos andalusíes abandonasen su tierra natal y se
instalasen en tierras de Órdenes, a ambas laderas de Sierra Morena,
buscando la protección, primero, de los últimos maestres y, luego, de
los Reyes Católicos, como administradores de sus rentas y vasallos,
desapareciendo en otros lugares cercanos (como Alcaraz). Hasta tal
punto llega el trasvase demográfico de Andalucía a los Campos de
Calatrava y Montiel que el arzobispo de Toledo reclamará hacia 1505
87
Antonio MATILLA TASCÓN: Historia de las minas de Almadén, Madrid, Minas de
Almadén y Arrayanes, 1958, I, p. 25, Cfr. Julio SÁNCHEZ MENOR: De minería,
metalúrgica y comercio de metales. La minería no férrica en el Reino de Castilla, 1450-1610,
Salamanca, Universidad de Salamanca, 1989, I, p. 101.
88
Miguel Ángel LADERO QUESADA: “Los mudéjares de Castilla en la Baja Edad
Media”, Historia, Instituciones, Documentos, 5 (1978), pp. 298 y 270.

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LA MOVILIDAD DE LOS MOROS Y MORISCOS, ESCLAVOS O...

los diezmos a los cristianos nuevos comarcanos, algunos de ellos


inmigrantes recién llegados del sur, huyendo de las turbulencias89.
Así, sabemos que, en torno a 1508, los alrededores de Almadén
y la dehesa de Gargantiel estaban poblados por moriscos vinculados
a las labores de entibación de las galerías de la mina y al acopio de
leña o carbón para sus hornos. Entre las condiciones del arriendo
de Almadén por Alonso Gutiérrez (1516) se consignó que “los arren-
dadores de las obras de los almadenes tengan fasta en numero de
treinta moros e no mas vecinos de la dicha villa del Almadén por
escusados, que no paguen los castellanos cada e quando que nos lo
mandasemos repartir y hechar a los moros que viven en estos nuestros
reinos durante el tiempo de los dichos quatro años”90.
Mientras, en urbes como Toledo o Ciudad Real los ahora moriscos,
es decir, mudéjares convertidos en católicos de aluvión, continúan
con sus rutinas y formas de vida tradicionales, si bien amedrentados
por el Santo Oficio y su red de delatores. En el área rural y los nú-
cleos semiurbanos toledanos y manchegos, los moros viejos (como
se autodenominan, para distinguirse de los fernandinos o bautizados
apresuradamente en el reinado del Rey Católico) adoptan, en esencia,
tres modelos para sobrevivir en tiempos revueltos: intentar pasar
desapercibidos en su tierra natal (mostrando su fidelidad al rey de
España y al Rey de los Cielos); emigrar voluntariamente, buscando
camuflar sus orígenes en la tierra de acogida (tanto dentro, como
fuera de la Corona de Castilla), procurando no dar excusas para ser
investigados o marginados; o bien defender mancomunadamente sus
intereses de grupo, como hicieron en áreas o enclaves muy concretos
de los maestrazgos, como Hornachos (Badajoz), Valle de Ricote
(Murcia) o las Cinco Villas del Campo de Calatrava (Ciudad Real).
No fue éste el caso de los moriscos montaraces afincados en
Almadén. Los vestigios arqueológicos tardo-musulmanes son relati-
vamente abundantes y nos hablan de alquerías (casas de labor), norias
y acequias, barrios, calles y casas islamizadas, pero también de osarios

89
Disposiciones sobre los diezmos de los nuevamente convertidos en el Reino de Grana-
da que se pasaban al Campo de Calatrava (1508). Archivo Diocesano de Toledo, Sala
VI, Orden de Calatrava (Bulas, Concordias y jurisdicción) leg. 1 (signatura antigua).
90
AGS, Cámara de Castilla, Diversos, leg. 8, exp. 20.

355 5

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MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO

y cementerios sistemáticamente profanados o cristianizados; en tanto


que la documentación nos evoca un colectivo primero mudéjar y
luego morisco, por lo general de condición humilde, integrado por
labriegos y hortelanos, acarreadores, alarifes (albañiles), alfareros,
albarderos, carboneros, carpinteros, tejedores, tenderos, turroneras
y los tradicionales xabequeros91.
Un colectivo compuesto por unas docenas de familias alejadas
de los resortes de poder locales, ya que, aunque ve refrendados sus
derechos de tránsito y residencia, en Almadén no canaliza su repre-
sentación concejil a través del estado de mercaderes (que compartían
con los judeoconversos), si bien parecen respetarse sus haciendas y
personas, pasando durante lustros prácticamente desapercibidos para la
Inquisición, aunque no estuviesen convenientemente evangelizados92.
En las décadas centrales del Quinientos los moriscos almadenenses
parecen esfumarse, si no fuese porque hacia 1552 fueron procesados
por el Santo Oficio varios asalariados y forzados de origen islámico:
Alonso García el Romo, Alonso Florín, Juan de Buenaventura y
Pedro Herrero93.
La rebelión de Las Alpujarras, en las navidades de 1568, conmovió
los cimientos sociales de una Almadén en auge por el incremento
sostenido de la demanda de azogue para beneficiar la plata indiana.
Los Habsburgo otorgaron 200 cautivos a los Fúcares, como admi-
nistradores del venero de mercurio, a los que se unieron las familias

91
El sistema de jabeca obligaba a acarrear tanta leña gruesa hasta los hornos de fun-
dición del mineral que, muchas veces, los propios hornos se emplazaban en plena
dehesa para eludir costos y trabajos innecesarios.
92
Merced de Fernando el Católico a los moriscos vecinos de la ciudad y arzobispado
de Toledo y del obispado de Sigüenza, culpados de delitos de herejía y apostasía, para
que se arrepientan y cumplan la penitencia dentro de un plazo determinado, para que
sean respetados sus bienes; 31-VIII-1509, Valladolid. AGS, Registro General del Sello,
leg. 150908, exp. 84.
93
Fueron absueltos los dos primeros por la Inquisición en octubre de 1552; peor suerte
tuvo el tercero, condenado tras ser procesado entre 1552-53, siendo reconciliado el cuarto.
Archivo Diocesano de Toledo, lib. 811, f. 1r y AHN, Inquisición, legs. 191, exp. 23 y 3067,
exp. 5.

5 356

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LA MOVILIDAD DE LOS MOROS Y MORISCOS, ESCLAVOS O...

asignadas en plena revuelta, si bien la tónica continuará siendo enviar


a los musulmanes a remar como forzados a galeras en aquellos años94.
Casi un año después de sublevarse los granadinos, el Consejo de
Órdenes encomendó al alcalde mayor de Almodóvar que requisara
las armas en poder a los cristianos nuevos residentes en Almadén y
Castilseras95. El botín fue testimonial, ya que en la villa de Almadén se
incautaron y pusieron en la fortaleza tan solo treinta y ocho lanzas96.
Como quiera que las reales minas eran estratégicas para la Corona,
desde la corte menudearon los apremios para que las autoridades
atasen en corto a este colectivo, imprescindible en las labores mineras.
En enero de 1569, Juan Xácome y Marcos Fúcar, administradores
de su explotación, logran de Felipe II que sus oficiales no fuesen
enrolados en las tropas que se levantaban para sofocar la revuelta
alpujarreña, a la par que se conminaba a los corregidores de Córdoba
y Jaén a remitir entre 150-200 moriscos para laborar en las minas de
Almadén97. Los primeros 93 granadinos adultos hábiles que llegaron
al Campo de Calatrava fueron aplicados a trabajos forzados, garan-
tizándoles apenas la comida y un exiguo jornal. En enero de 1570,
eran recibidos por la justicia ordinaria de la villa98.
No obstante, en otoño de 1571 se remite una orden al alcalde or-
dinario de Almadén para que no volviese a dar licencia a los moriscos
locales para ausentarse, pues debían estar al servicio de las minas99.

94
Su vida no era mucho mejor, ya que les aguardaba la muerte en pocos años. Excepcio-
nal nos parece el caso de Alonso Dulán Alajor, morisco del reino de Granada, remero
desde 1572, que en 1592 pide ser sustituido por otro esclavo, aduciendo su largo ser-
vicio a la Corona y tener más de 66 años de edad [AGS, Guerra y Marina, leg. 364,
exp. 141]. Sobre las penalidades de los galeotes ver Gregorio LASALA NAVARRO:
Galeotes y presidiarios al servicio de la Marina de Guerra en España, Madrid, Editorial
Naval, 1961, así como los trabajos de José Luis de las HERAS SANTOS: “Los galeotes
de los Austrias: la penalidad al servicio de la armada”, Historia Social, 6 (1990), pp.
127-140 y “Los galeotes de la monarquía hispánica durante el Antiguo Régimen”,
Studia Historica: Historia Moderna, 22 (2000), pp. 283-300.
95
12-VII-1569, Madrid. AHN, OM, AT (Registro del Sello de Calatrava –RSC–), leg.
44963 s.f.
96
27-X-1569. Madrid. Ibídem, s.f.
97
12-I-1569, Madrid. Ibídem, leg. 44962, s.f.
98
9-I-1570, Madrid. Ibídem, leg. 44905, s.f.
99
21-XI-1571, Madrid. Ibídem, leg. 44972, s.f.

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MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO

Hacia 1580 se registran ochenta hombres, entre forzados y esclavos,


al servicio de las minas mercuriales.

Cuadro 1*
Moriscos forzados en las minas de Almadén
Fecha
Fecha ingreso Nombre reo Lugar Nota Pena Fuente
libertad
Hurtar pescado
en convento 200 AGS,
Lorenzo de Ciudad franciscano y azotes Diversos
1572-XII-19 -
Málaga Real resistencia al +4 de Castilla,
alguacil, a quien años leg. 28
apedrean
AGS,
forzado
Andrés del Cas- Ciudad Diversos
1572-XII-19 - ídem perpe-
tillo Real de Castilla,
tuo
leg. 28
AGS,
Ciudad Diversos
1572-XII-19 - Gonzalo Ruiz ídem -
Real de Castilla,
leg. 28
200 AGS,
Ciudad azotes Diversos
1572-XII-19 - Agustín de Navas ídem
Real +4 de Castilla,
años leg. 28
AGS,
Ciudad Diversos
1572-XII-19 - Miguel Gacín ídem -
Real de Castilla,
leg. 28
200
azotes
Ciudad +
1572-XII-19 - Miguel Bazán ídem -
Real forzado
perpe-
tuo
Francisco de
1573 - - - - -
Torres

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LA MOVILIDAD DE LOS MOROS Y MORISCOS, ESCLAVOS O...

Íñigo de Hallado por la


Mendoza noche, espada
AHN,
(oriundo de en mano, en una
1574 - Almagro 2 años OM, AT,
Granada) cueva de la casa
leg. 37888
de Jerónimo de
Oviedo
Luis Garrido Almodó- AHN,
1579 - (oriundo de var del Robar reses 2 años OM, AT,
Granada) Campo leg. 37551
Bernabé de
Valencia Almodó- Robar ovejas y AHN,
1579 - var del cabras de re- 2 años OM, AT,
(oriundo de Campo baños leg. 37551
Granada)
Diego García AHN,
- 1581 - - 3 años OM, AT,
leg. 37889
Alonso Navarrete AHN,
Minero de la
OM, AT,
¿1584? 1585 Almadén mina del Viejo. 1 año
(oriundo de
Azogado
Granada) leg. 37889
Miguel de Orno For- AHN,
zado OM, AT,
1586 - - Bandolero
(oriundo de perpe- legs. 37887
Valencia) tuo y 37889
Miguel Arreno-
19-XI- For- AHN,
quete, zado OM, AT,
1590
16-XII-1586 - ídem
perpe- legs. 37887
(oriundo de
† tuo y 37889
Valencia)
Pedro de Meduar For-
AHN,
zado
24-XII-1586 - ídem OM, AT,
(oriundo de perpe-
Valencia) leg. 37887
tuo
Miguel Françinet For-
AHN,
05-VI- zado
24-XII-1586 (oriundo de - ídem OM, AT,
1590 † perpe-
Valencia) leg. 37887
tuo
For- AHN,
Jerónimo de Va-
zado OM, AT,
24-XII-1586 - lencia (oriundo - ídem
perpe- legs. 37887
de Valencia)
tuo y 37889

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MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO

For-
Jerónimo Tozit AHN,
zado
1587 - (oriundo de - ídem OM, AT,
perpe-
Valencia) leg. 37889
tuo
Juan de Laza-
23-II- For- AHN,
raque
1587 zado OM, AT,
- - ídem
(oriundo de perpe- legs. 37887
† tuo y 37889
Valencia)
Luis de Ribera, 200
Encubridor de AHN,
morisco (oriundo Ciudad azotes
- 1587 ladrones y saltea- OM, AT,
de Ugíjar, Gra- Real +6
dores leg. 37889
nada) años
5 años
Sonsacar dinero
Francisco Martín destie- AHN,
y regalos a la
1588 - (reside en Dai- Almagro rro (1 OM, AT,
esclava de Juan
miel) año de leg. 37888
Pérez
galeras)
Comprado por
fuga del galeote
Francisco Ortiz. AHN,
8-IX-1589 - Turco (casado) Madrid Turco tiene hijos - OM, AT,
y no se le puede leg. 37888
alejar 5 leguas de
su vecindad
Gabriel Gómez AHN,
1589 - (oriundo de Almadén Huir de villa 4 años OM, AT,
Granada) leg. 37889
Francisco Her- AHN,
9-IV-
7-II-1589 nández (oriundo Almadén - 4 años OM, AT,
1589
de Granada) leg. 37887
Marcos de León AHN,
9-IV-
7-II-1589 Almadén - 4 años OM, AT,
1589 (oriundo de
leg. 37887
Granada)
Miguel Rodrí-
guez AHN,
9-IV-
7-II-1589 Almadén - 4 años OM, AT,
1589 (oriundo de leg. 37887
Granada)
Juan García de AHN,
9-IV-
7-II-1589 Dólar (oriundo Almadén - 4 años OM, AT,
1589
de Granada) leg. 37887

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LA MOVILIDAD DE LOS MOROS Y MORISCOS, ESCLAVOS O...

Fernando Flórez AHN,


9-IV-
7-II-1589 Almadén - 4 años OM, AT,
1589 (oriundo de
leg. 37887
Granada)
Marcos Fernán- AHN,
dez OM, AT,
18-III-1589 - Almadén Huido de la villa 4 años
leg. 37887 y
(oriundo de
37889
Granada)
Alonso de los Re-
Cubos cluido AHN,
2-VIII-1589 - Almadén Huir su mujer hasta OM, AT,
(oriundo de volver leg. 37887
Granada) esposa
Re-
Alonso López cluido AHN,
2-VIII-1589 - Almadén ídem hasta OM, AT,
(oriundo de
volver leg. 37887
Granada)
esposa
Re-
Diego de Salazar cluido AHN,
2-VIII-1589 - Almadén ídem hasta OM, AT,
(oriundo de
volver leg. 37887
Granada)
esposa
Re-
Diego Fernández cluido AHN,
2-VIII-1589 1590 Almadén ídem hasta OM, AT,
(oriundo de
volver leg. 37887
Granada)
esposa
Fernando de AHN,
7-XII-
28-IX-1589 Córdoba (oriun- Almadén - 4 años OM, AT,
1590
do de Granada) leg. 37887
Sus fiadores:
Hernando
Diego Hernando de Córdoba;
de Córdoba Francisco Ruiz, AHN,
1590- (oriundo de
1589 Almadén labrador morisco 4 años OM, AT,
XII-06 Granada) alistado en Jaén, leg. 37889
y Diego Flórez,
alistado en
Almadén

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MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO

Melchor de los
Reyes AHN,
3-VIII- 6
3-I-1590 Almadén - OM, AT,
1590 meses
(oriundo de leg. 37887
Granada)
Re-
Diego Fernández cluido AHN,
13-I-1590 8-II-1590 Almadén Huir su mujer hasta OM, AT,
(oriundo de
volver leg. 37887
Granada)
esposa
Bartolomé
AHN,
1-VII- Sánchez Sarcero
31-VII-1590 Agudo - 1 año OM, AT,
1591 (oriundo de
leg. 37887
Granada)
Lope Álvarez
16-IX-
(oriundo de AHN,
1590
24-VIII-1590 Granada) Almadén - 4 años OM, AT,
leg. 37887

Juan Pérez AHN,


Carbonero hui-
1590 - (oriundo de - - OM, AT,
do a Saceruela
Granada) leg. 37887
Miguel Françi- AHN,
1590 † - nete (oriundo de - - - OM, AT,
Granada) leg. 37888
Juan García Ta- AHN,
1590 † - blero (oriundo Almadén Huido de villa 4 años OM, AT,
de Granada) leg. 37889
Lope Álvarez AHN,
- 1590 † (oriundo de Almadén - 4 años OM, AT,
Granada) leg. 37889
Luis Castillo Ladrón, con el
rostro herrado, AHN,
(oriundo de
1591 ¿1594? Sevilla esclavo de Alon- 3 años OM, AT,
Granada)
so Rodríguez de leg. 37889
Valencia

AHN,
- 1591† Juan de Baena Almadén - 4 años OM, AT,
leg. 37889
* Cuadro de elaboración propia

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LA MOVILIDAD DE LOS MOROS Y MORISCOS, ESCLAVOS O...

Hacia 1588, estando la Corona volcada en los preparativos de la


Armada Invencible, el desvío de galeotes a la armada dejó sin forzados
la real mina. Para paliar tal carencia, por entonces se autorizó el tras-
lado de 200 moriscos procedentes de Jaén, Úbeda y Baeza, aplicando
además a trabajos forzados en Almadén a los moriscos retornados100.
No era para menos. Las condiciones laborales de estos desgra-
ciados eran inhumanas. Las muertes en las labores eran frecuentes,
aparte de que las duras jornadas de trabajo y las humillaciones eran
el pan nuestro de cada día. Para evidenciar que nos hallamos ante
unos hombres puestos al límite basten dos ejemplos. Entre 1586-
1587 se investiga el asesinato de Miguel Serrano, morisco capataz
de la mina de Almadén, de donde se habían evadido varios reos; el
principal acusado fue su correligionario Esteban de Medina, quien
lo degolló con un cuchillo despuntado. Por entonces, el bandolero
morisco Juan de Lazaraque, forzado que laboraba en los buitrones
donde se cocía el cinabrio, se suicidó, tirándose a un pozo de agua101.
Si mala era la situación de los forzados, la de los trabajadores
libres de origen morisco no era mucho mejor. Algunos granadi-
nos huyeron de la villa, guiados hacia la libertad por un vecino
de Cabeza el Buey (Badajoz)102 y menudean los que tienen en-
contronazos con la justicia por riñas, hurtos y sospechas más o
menos fundadas103.
Pese a las miserias de esta minoría, no podemos olvidar que la
vida seguía y que también podemos detectar síntomas de su inte-
gración en la comunidad de acogida. En junio de 1591, el tejero
granadino Alonso de Herrera firma un suculento contrato con el
tesorero de Calatrava para fabricar 6.000 tejas y 1.500 ladrillos con
100
Antonio DOMÍNGUEZ ORTIZ y Bernard VINCENT: Historia de los moriscos. Vida
y tragedia de una minoría, Madrid, Alianza Editorial, 1978, p. 256. Una medida muy
contestada por los afectados; así, desde Baeza, el proyectado traslado de setenta casas
de moriscos de Baeza, suscitó una airada protesta. William CHILDERS: “Propuestas
preliminares...”, p. 41.
101
AHN, OM, AT, leg. 37889.
102
AHN, OM, AT, leg. 37889.
103
En verano de 1584, el morisco Diego Flores riñe con la mujer de su compatriota
Lorenzo Pérez, siendo multado con 50 mrs.; y, el otoño siguiente, Alonso de Herrén,
por unas uvas que llevó a su casa de la huerta de la Gorda, tuvo que pagar el doble.
Cuentas penas de cámara y gastos de justicia de Almadén (1583-84). AHN, OM, AT,
leg. 44094, fol. 172v.

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MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO

los que terminar de construir la ermita de San Sebastián local104. En


septiembre de 1591 el también morisco Hernando Delgadillo compra
a unos convecinos una viña en el pago de Valsordo, por 77 reales105.
Días después, Isabel Hernández aporta en dote a su esposo Juan
Serrano un telar tasado en 3 ducados106. En noviembre de ese año,
el ya citado Alonso de Herrera reconoce que debe al almadenense
Pedro Fernández de Córdoba 19 ducados del importe un buey rubio
de 11 años107. A inicios de 1592, un lugareño compra por 90 reales
a los moriscos Luis y Beatriz Gutiérrez una casucha en la boca del
pozo principal de la mina108. Por entonces, el granadino Melchor de
los Reyes nombra procurador que lo asesore judicialmente109 y luego
varios moriscos alistados en Almadén (Alonso Conde, Jerónimo
de Valencia, Andrés de Roa y Luis Gutiérrez) apoderan a diversos
vecinos para que cobrasen el dinero, trigo y cebada que les debían
fuera de la localidad110.
Pese a que Felipe III pareció tender puentes al comienzo de su
reinado con la minoría morisca111 todo fue un espejismo. En agosto
de 1609, Juan López de Ugarte, administrador general de minas, eleva
un memorial manifestando la falta de laborantes en las minas, sobre
todo en las de Almadén, y su incidencia en la mengua del azogue,
proponiendo destinar a los moriscos a tales tareas, consciente de que
pocos sobrevivirían a tan duro destino, solventando dos problemas
de una tacada112.

104
Francisco J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO: Los moriscos en La Mancha. Sociedad,
economía y modos de vida de una minoría en la Castilla moderna, Madrid, CSIC, 2009,
p. 207.
105
24-IX-1591, Almadén. AHP, Ciudad Real, Protocolos Notariales, caja 4899, fols.
180r-183v.
106
30-IX-1591, Almadén. Ibídem, fols. 194r-196v.
107
24-XI-1591, Almadén. Ibídem, s.f.
108
6-I-1592, Almadén. Ibídem, fols. 499r-502r.
109
7-I-1592, Almadén. Ibídem, fols. 505r-v.
110
11/18-I-1592, Almadén. Ibídem, fols. 510r-v, 531r-v, 537r-v.
111
Francisco J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO: “La Corona, los moriscos granadinos
y el servicio de 1603. Pacto fiscal y negociación”, Al-Qantara, 38/1 (enero-junio 2017),
pp. 7-43.
112
Isabel BOYANO GUERRA: “Moriscos, esclavos y minas: comentario al memorial
de Juan López de Ugarte o sobre cómo introducir a los moriscos en la labor de mi-
nas”, Espacio, Tiempo y Forma Serie III, Historia Medieval, 23 (2010), pp. 33-54.

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LA MOVILIDAD DE LOS MOROS Y MORISCOS, ESCLAVOS O...

Pero la decisión de expulsarlos ya se había tomado. Poco después,


en septiembre de 1609, se conminaba a los moriscos granadinos
asentados en Castilla, La Mancha y Extremadura a abandonar el
reino113, y de forma simultánea se ordena a sus corregidores y go-
bernadores que no consintieran abusos hacia tal colectivo114. Todos
debieron malvender sus bienes muebles y a muchos les robaron lo
poco que tenían.
En Almadén nadie tenía prisa por cumplir de inmediato dicha
orden. Hasta 1610 no partieron las ochenta familias moriscas de la
villa115. Es más, pese a que estaba previsto que los moriscos retornados
fuesen ejecutados116, la Junta de Almadén solicitó a Felipe III que
ciento cincuenta fuesen destinados a tales trabajos forzados, en lugar
de condenarlos a galeras. En febrero de 1613, el Consejo de Hacienda
preveía que los Fúcares pagasen jornales a ochenta moriscos y que se
prestasen sesenta ducados a los lugareños para que habilitasen unas
casillas para albergarlos, pegadas unas a otras para ahorrar costes117.
Una solución de la que no era partidario el comisario de Hacienda
enviado por entonces a la Villa del Azogue porque venían solos y
decía ser más interesante que viniesen acompañados de familias, lo
que proporcionaría mano de obra estable para las labores. Todo fue
inútil, había llegado la hora de la solución final y el 18 de septiembre
de 1614 se decretó la expulsión de los moriscos de los maestrazgos118.
De este modo, al ser residenciado, el licenciado Alonso Nuño
Madroñero, gobernador de Almadén entre 1614 y 1618, ponderaba

113
Miguel F. GÓMEZ VOZMEDIANO: “La expulsión de los moriscos granadinos de
La Mancha a inicios del siglo xvii”, Chronica Nova, 36 (2010), pp. 67-114.
114
Mandato al alcalde mayor de Almadén; 12-XI-1609, Madrid. AHN, OM, RSC,
Calatrava, leg. 3132, s.f.
115
Cuentas tomadas por el contador Juan de Solas Morán, juez de comisión, a los fieles
administradores y depositarios de los bienes de moriscos de las comarcas de Talavera,
Daimiel, Ciudad Real, Almadén y Villanueva de los Infantes (1614). AGS, Contadu-
ría Mayor de Cuentas, 1ª Época, leg. 1821, exp. 2.
116
AM Ciudad Real, Actas Capitulares, lib. 8, ff. 296r-v.
117
Antonio DOMÍNGUEZ ORTIZ: “Felipe IV y los moriscos”, Miscelánea de Estudios
Árabes y Hebraicos, 8 (1959), pp 55-65, en concreto p. 56; así como Antonio DOMIN-
GUEZ ORTIZ y Bernard VINCENT: Historia de los moriscos..., pp. 256-257.
118
AHN, OM, RSC, leg. 3141, s.f.

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MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO

“el ciudado grande y travajo mayor a sido el que a tenido con la


administracion de los moriscos que Su Majestad embio a esta fa-
brica para la labor della, no solo asistiendo los savados a la paga que
se haçe de los lavoreantes para saver si aquella semana avian trava-
jado y el inpedimiento que para no travaxar o asistir a ella avian
tenido, pero tambien en la administraçion de la justiçia que se a
echo contra los fugitivos y otras muchas personas delinquentes”119.

En julio de 1615, una morisca antigua daimieleña retornada denun-


cia los abusos cometidos por el conde de Salazar al destinar a su
marido anciano (Juan Niño, de 60 años) a minas y las extorsiones a
las que le sometían los oficiales del gobernador de Almagro al dete-
ner a su hija120. Aunque, para dramático, el testimonio de su paisano
Julián Moreno, quien declara que “por no le expulsar fuera destos
reynos se fue con su mujer e hijos a los pozos de Almaden, a donde
a estado travajando mas de tres años asta haverse enfermado de tal
manera que no puede travajar ni es de ningun provecho porque esta
azogado que cae en el suelo”121; como quiera que toda su familia
moría de hambre, solicita licencia para curarse fuera de la villa. Este
no sería un caso aislado122.
Hacía 1644 todavía existía en las inmediaciones de la villa una
mineta “donde echan los moros que mueren sin baptismo en la
fabrica de la mina del azogue”123. Los últimos mahometanos proce-
sados por el Santo Oficio toledano en Almadén fueron los esclavos
berberiscos Francisco de la Candelaria “Solimán” (1669) calificado
como “moro de nación y profesión... por aver echo irrision de los
sacramentos, confesando y comulgando en Sevilla” y Juan Bautista,

119
AHN, OM, AT, leg. 35232, fol. 111r.
120
25-XII-1613/4-VII-1615, Madrid. AHN, OM, RSC, leg. 3144, s.f.
121
7-I-1616, Madrid. Miguel F. GÓMEZ VOZMEDIANO: Mudéjares y moriscos en el
Campo de Calatrava. Reductos de convivencia, tiempos de intolerancia (Siglos XV-XVII), Ciu-
dad Real, Diputación Provincial de Ciudad Real, 2000, pp. 178-179.
122
Trevor J. DADSON: Los moriscos de Villarrubia de los Ojos (Siglos XV-XVIII). Historia
de una minoría asimilada, expulsada y reintegrada, Madrid, Iberoamericana Editorial,
2007, p. 526.
123
12-IV-1644, Almadén. AHN, OM, AT, leg. 34667, fol. 1r.

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LA MOVILIDAD DE LOS MOROS Y MORISCOS, ESCLAVOS O...

Hazmán124 (1697-99), ambos trabajadores forzados en las minas125.


Entre ambas fechas extremas, hacia 1671, la Inquisición de Cuenca
juzgó y condenó a Francisco de Alcalá, Ali de Argel, argelino rematado
a minas “sellado con dos sellos en ambos carrillos, rayas y señales en
la frente”126. Todo un paradigma de la suerte que corría esta minoría
maldita en la España del Barroco.

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124
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dén. El fatal destino de Juan Bautista, alias Hazman (1667-1711)”, Estudis. Revista
de historia moderna [Homenaje al profesor José Miguel Palop Ramos], 37 (2011), pp.
179-198.
125
El primero será condenado, mientras al segundo se suspenderán los autos. AHN. Inqui-
sición, legs. 197, exp. 14 y 193, exp. 13, s.f.
126
Ibídem, leg. 1, exp. 1, f. 113r.

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MOVILIDAD MORISCA EN LA CORONA DE CASTILLA, 1570-1610*
Ramón Sánchez González
Universidad de Castilla-La Mancha

El rey Felipe II en 1570 adopta una decisión de honda repercusión


sobre el futuro de los moriscos naturales del reino de Granada. Es-
carmentado por los sucesos acaecidos en las Alpujarras entre 1568 y
1570 al sublevarse la población allí asentada, en un firme deseo de
dispersión con la doble finalidad de evitar un nuevo levantamiento
y de intentar la integración de esos cristianos nuevos, además de
desarmarlos, decreta un repartimiento por tierras del interior pe-
ninsular con el objetivo primordial de

“traerlos a tierra adentro y que porque se pudiesen mejor adoc-


trinar y ser cristianos había parecido que se repartiesen y pusiesen
en las ciudades, villas y lugares destos nuestros reinos por menudos
apartados y divididos”1.

Se inicia, de este modo, una movilidad en sucesivas etapas, con


formas y procedimientos diversos, de carácter temporal, en algunos
momentos, o definitivo, en otros, concluida con la drástica deci-
sión de Felipe III en 1609 de expulsarlos del reino.
Desde el primer momento, el desplazamiento territorial de la
minoría es objeto de un férreo control por parte de las autorida-
des, reales y eclesiásticas, a través de disposiciones legales y de una
normativa encaminada a vigilar en todo momento su ubicación, en
una prueba palpable de desconfianza y recelo ante un grupo social
adornado de numerosos atributos negativos, algunos fruto de la
maledicencia y sin fundamento real.

*
Este artículo se inscribe en las actuaciones de dos Proyectos de investigación HAR2015-
70147-R y HAR2016-76550-P concedidos por la Secretaría de Estado de Investigación,
Desarrollo e Innovación del Ministerio de Economía Industria y Competitividad.
1
Archivo General de Simancas (AGS), Cámara de Castilla, leg. 2160, fol. 64.

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RAMÓN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

La Real Pragmática de 26 de octubre de 15722 se convertirá en el


documento legal de mayor alcance a la hora de regular la dispersión,
el asentamiento y los desplazamientos ocasionales de los granadinos.

DISPERSIÓN Y LLEGADA A CASTILLA

Cerrada la revuelta con el éxito de las armas, bajo el mando de


don Juan de Austria, comienza un proceso de distribución en varias
fases. Una primera, de concentración de los vencidos en iglesias,
siguiendo las directrices del edicto dispuesto por el hermano de
Felipe II, publicado en Granada el 21 de octubre de 1570:

“Por el presente bando se ordena a todos los cristianos nuevos


deste reino de Granada de cualquier estado, grado o condición
que sean, sin exceptuar ninguno, que desde la hora que será pu-
blicado por todo aquel día se reduzcan en las iglesias de los lugares
donde habitaren donde se les ordenará lo que habrán de hacer y
declarando que el que lo contrario hiciere incurra en pena de ser
esclavo3 perpetuamente sin que quede ningún género de remisión
para ello”4.

Seguida de otra de traslado en grupos de unos 1.500 individuos a las


principales ciudades del reino de Granada –Ronda, Málaga, Vera,
Guadix, Baza, Granada y Almería– para desde ellas ser conducidos
en tres direcciones, Extremadura, Castilla y Sevilla5. Luis de Córdo-
ba, persona “de consciencia, bondad y diligencia”, será designado
2
Recopilación de las leyes destos reynos hecha por… don Felipe Quarto, Libro Octavo,
Título II, Ley XIX, 295-298.
3
Sobre la esclavitud a consecuencia de la sublevación y las controversias suscitadas por
tratarse de cristianos véase Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: “El cautiverio
de los moriscos”, Manuscrits, 28 (2010), pp. 19-43.
4
Archivo Histórico de la Nobleza (AHNOB), Luque, C.750, D. 2-3. En la iglesia
de Gójar se encontraban, en octubre de 1570, 266 individuos de diferentes edades y
estado civil. AHNOB, Luque, C.677, D.3
5
A pesar de los años desde su publicación sigue resultando clarificador, para una vi-
sión de conjunto, el artículo de Bernard VINCENT: “L’expulsion des Morisques du
Royaume de Grenade et leur répartition en Castille (1570-1571)”, Mélanges de la Casa
de Velázquez, 6 (1970), pp. 211-246.

5 372

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MOVILIDAD MORISCA EN LA CORONA DE CASTILLA, 1570-1610

en Guadix, 25 de octubre de 1570, por don Juan de Austria, Comi-


sario General para la conducción al reino de Toledo:

“Habiendo el Rey nuestro señor mandado considerar los tra-


bajos y calamidades que han padecido y padecen los cristianos
nuevos de este reino de Granada después del levantamiento que
tuvieron los meses pasados y considerando que habiéndolos redu-
cido con sus armas y clemencia a obediencia y sujeción; es propio
de la natural bondad de Su Majestad mirar por ellos, como por
vasallos. Queriendo prevenir a que no perezcan de hambre por la
gran falta de pan que hay en el dicho reino, así por la esterilidad
del año como por causa de la dicha guerra. Ha parecido ningún
expediente haber más a propósito que el sacar los dichos cristianos
del dicho reino y llevarlos a Castilla a las partes donde se juzgare
que con más comodidad y abundancia puedan pasar la esterilidad
del año.”6.

Las autoridades –corregidores, justicias, universidades– les han de


proveer de vituallas, carros, bagajes y demás cosas que precise7.
En unas condiciones harto difíciles comienzan a salir del reino
andaluz contingentes numerosos bajo la responsabilidad, por lo ge-
neral, de un mando militar con tropas, a pie y a caballo, encargada
de la custodia y entrega en el lugar destino. A tal efecto, llevaba una
relación detallada de cuantos partían, entregada a la autoridad tras
contrastar las alteraciones sufridas a lo largo del trayecto, pues con

6
AHNOB, Luque, C.306, D.13. Su agitado periplo ha sido estudiado por Miguel Fer-
nando GÓMEZ VOZMEDIANO y José Antonio MARTÍNEZ TORRES: “Micro-
histoire d’une déportation de morisques”, Cahiers de la Méditerranée. Les morisques:
D´un bord à l´autre de la Méditeranée. Dossier thématique coordinée par María Ghaza-
li, 79 (2009), pp. 95-107.
7
Bajo el mando del capitán Alonso López de Obregón a finales de noviembre de
1570 un contingente sale con el siguiente itinerario Colomera, Campillo de Arenas,
Pegalajar, La Manchuela, Bejójar, Baeza, Úbeda, Sabiote, Castellar, Chiclana, Villa-
manrique, Cózar, Alcubillas, Argamasilla de Alba, Villafranca, Consuegra, Orgaz.
AHNOB, Luque C.306, D.14.

373 5

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RAMÓN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

frecuencia en el camino perecían algunos de los transportados por


las duras circunstancias del viaje8.
De acuerdo con las disposiciones del monarca, en las localidades
donde se asentaban, los regidores estaban obligadas a confeccionar,
en presencia de escribano para su posterior asentamiento en forma
de libro, una

“lista y registro9 de todos los moriscos, así libres como esclavos


del dicho Reino de Granada, y de sus mujeres e hijos, poniéndose
en el registro los nombres de todos, y de donde fueren traídos y
son naturales, según que ellos lo declararen; poniendo así mismo
la edad y señas de estatura y rostro, y el oficio, y trato que tuviere,
y la casa y parroquia donde viviere”.

Precisamente la alusión a la parroquia recuerda la obligatoriedad


existente de hacer dos copias, una para el regimiento y otra para el
ordinario de la diócesis o archidiócesis, pues en todo el proceso la
Iglesia desempeñará un papel fundamental, sobre todo en la cristia-
nización del grupo y en la contribución al desarraigo de las antiguas
creencias y costumbres. A este respecto conviene traer a colación el
memorial publicado en febrero de 1572 por el gobernador general
del arzobispado de Toledo, Busto de Villegas, donde manda a todos
los curas

“que tengan particular cuenta con instruir a los moriscos que


han venido del reino de Granada caritativamente y enseñarles la
doctrina cristiana diputando para ello las horas y tiempos que les

8
Un panorama general de este proceso en Miguel Fernando GÓMEZ VOZMEDIA-
NO: “La Guerra de las Alpujarras y la dispersión de los moriscos granadinos: logística
militar y movimientos de población”, en Fernando PUELL DE LA VILLA y David
GARCÍA HERNÁN (eds.): Los efectos de la Guerra. Desplazamientos de la población
a lo largo de la Historia, Madrid, Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado-
UNED, 2017, pp. 155-195.
9
En los archivos municipales donde se conservan son unas fuentes de información
extraordinarias. Así sucede en Toledo, convertidos en los repertorios más completos
de cuantos conforman esta sección. Mariano GARCÍA RUIPÉREZ: “La expulsión
de los moriscos del Reino de Granada en los documentos municipales. Estudio archi-
vístico”, Documenta & Instrumenta, 12 (2014), pp. 61-93.

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MOVILIDAD MORISCA EN LA CORONA DE CASTILLA, 1570-1610

parecieren más convenientes… y asimismo de confesarlos esta


cuaresma”.

También les ordena hacer en cada parroquia unas matrículas

“y tengan particular cuenta con que los dichos moriscos oigan


misa los domingos y fiestas de guardar y que para ello les aperciban
que antes que se comience o después de acabada la misa mayor se
junten en la iglesia para contar los que de ellos faltan y a cada uno
de ellos que faltare se les lleve medio real de pena por cada vez”

A los sacristanes encarga “tengan especial cuidado de contar los


vecinos moriscos y de que oigan misa entera”10.
Por otro lado, los listados nominales eran órganos vivos en el
sentido de la permanente alteración como consecuencia de altas y
bajas, resultado de fallecimientos, natalicios o desplazamientos y
además, en cada escalón administrativo, corolario de los sucesivos
repartimientos a entidades más pequeñas –pueblos o parroquias– en
que iban descendiendo, estaban igualmente obligados a elaborarlos.
Tomando como referencia la ciudad de Toledo, se tienen noti-
cias frecuentes de llegadas continuas de granadinos a la urbe. Sin
duda, fue 1570 el año de mayor afluencia con 4.500 más otros 645
originarios de Guadix y Baza, mayoritariamente procedentes de
Albacete y Chinchilla, en un dificultoso traslado con jornadas de
20 kilómetros, pero hubo otras más en los dos años siguientes –muy
numerosos en 1573–, más un goteo de familias –en 1577 llegan 13 con
sus mujeres e hijos, sublevados en las serranías de Ronda y Marbella
y en 1578 otras 50– siendo 1580 la última fecha de censos de moriscos
libres inscritos por parroquias por orden del corregidor Fadrique
Portocarrero Manrique11.
Desde la ciudad del Tajo, se llevó a cabo un reparto entre diferentes
villas, lugares y aldeas, para lo cual, por una orden del corregidor, se
instaba a los alcaldes a desplazarse con carros a Toledo al objeto de
10
Archivo Diocesano de Toledo (ADT), Procesos Provincia de Toledo 1500, Caja 6.
11
Archivo Municipal de Toledo (AMT), Fondo Histórico, Caja 1686, n.º 16, 14, 6, 9,
10, Caja 1687, n.º 55 y Libros manuscritos, Sección B, n.º 174.

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RAMÓN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

trasladar en ellos a las familias asignadas. En la nueva localidad de


destino, otra vez se debía componer un censo. En 1571 por una Real
Cédula de 22 de marzo el Rey Prudente exigió la elaboración de una
relación de los establecidos en la ciudad y su término, dando como
resultado la residencia en la ciudad de 1.179 y en sus aldeas 35012.
El afán por tener controlada a la nueva población, no se concluía
con la existencia de minuciosos padrones o listados en poder de regi-
dores o párrocos, se extendía también a repertorios individualizados
de personas con la relación detallada de las familias asignadas a su
cargo, o con la obligatoriedad de visitas, mensuales, quincenales o
semanales –según la jurisdicción competente– a los moriscos residen-
tes en la localidad, si bien, cabe suponer una flexibilidad y laxitud
cada vez mayor con el transcurrir del tiempo en el cumplimiento
de este precepto.
No hay duda de la existencia de un intento de cohesión del con-
tingente cristiano nuevo disperso por tierras castellanas y extremeñas.
No solo por razones de parentesco, motivo aceptado con ciertas
reservas por la jerarquía, sino por lazos más profundos, de no querer
perder del todo las raíces identitarias, en especial por las generaciones
directamente expulsadas de Granada, no así las siguientes, nacidas y
criadas en el destierro más adaptadas e integradas. Esto sí preocupaba
a los gobernantes, llenos de sospechas fundadas sobre los peligros
arrostrados por esa cohesión, interna y externa entre moriscos y de
cooperación con judeoconversos13 y tal vez por ello mostraron tanto
celo en su control.

DESPLAZAMIENTOS DE LOS LUGARES DE RESIDENCIA

La normativa era muy clara y no dejaba ninguna ranura a la in-


terpretación. Tanto la mencionada Real Pragmática de 1572 como
instrucciones particulares de algunas ciudades, establecían con pre-
cisión la conducta a seguir. Lo primero, ante el temor de pasarse a
12
Mariano GARCÍA RUIPÉREZ: “La expulsión…”, pp. 77-78.
13
Luis F. BERNABÉ PONS: “Notas sobre la cohesión de la comunidad morisca más
allá de su expulsión de España”, Al-Qantara, XXIX, 2 (2008), pp. 307-332.

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MOVILIDAD MORISCA EN LA CORONA DE CASTILLA, 1570-1610

“otros reinos extraños” o retornar a tierras granadinas o a la sierra,


declara:

“Mandamos, prohibimos, y defendemos, que ninguno, ni nin-


gunos de los dichos moriscos del dicho reino de Granada, de cual-
quier estado, calidad, sexo y edad que sean no puedan por ninguna
causa, ni razón mudarse, salir, ni ausentarse de los lugares y partes
donde están repartidos, para hacer noche fuera, sin expresa y parti-
cular licencia de la justicia del lugar, y parte donde saliere”.

Las autoridades toledanas, en lógica conexión con la pragmática


regia, también dictan unas instrucciones insistiendo en las mismas
ideas:

“ningún morisco pueda salir del lugar donde se alistare para ha-
cer noche fuera sin particular licencia firmada de la justicia y del
escribano del ayuntamiento… se les dé licencia para ir fuera por
tiempo limitado teniendo cuenta con que si no fuere segura la
persona que la pidiere dé seguridad”.

En 1582 se promulga una pragmática, como ampliación de la de


1572, muy clarificadora de las pautas a seguir:

“Todos los moriscos que vinieron del nuestro reino de Granada


y vivieren y estuvieren alistados en los pueblos de vuestra juris-
dicción se les dé y traiga un testimonio signado del escribano del
ayuntamiento o concejo de la ciudad o villa del partido donde el
tal morisco estuviere repartido; en el cual testimonio se declare su
nombre propio y el sobrenombre y de dónde es natural y dónde
está repartido y alistado y qué edad tiene y las señas de su estatura
y rostro y de otras partes del cuerpo y el oficio o trato que tuviere
y la casa o parroquia donde viviere”14.

14
Pragmática dada en Madrid a 12 de septiembre de 1582.

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RAMÓN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

Las constituciones sinodales igualmente fijan mandamientos de


vigilancia. De forma explícita o sobreentendida junto a toda una
serie de disposiciones encaminadas básicamente a la cristianización
de la minoría y a regular su presencia en las parroquias las recogen
las de Segovia (Andrés Cabrera y Bobadilla, 1586), Ciudad Rodri-
go (Martín de Salvatierra, 1592), Coria (Pedro de Carvajal, 1606),
Valladolid (Juan Bautista de Acevedo, 1607) y Salamanca (Luis Fer-
nández de Córdoba, 1604)15, todas ellas posteriores a las elaboradas
en la Mitra toledana quizás por haber ejercido un cierto magisterio
sobre las demás, precisamente por su condición de Primada. Efec-
tivamente, las del arzobispado de Toledo de Gaspar de Quiroga,
resultado del concilio provincial de 1582, descargan en los párrocos
la responsabilidad de su seguimiento, ordenando estén alerta, con-
cedan el cambio de residencia y lo ponga en conocimiento del cura
del lugar de destino. Ningún morisco estaba autorizado a efectuar
el traslado sin previamente notificarlo al responsable del clero local.
Concretamente en el penúltimo decreto, el 49 –Parochi in neophitis
catechesi instituendis, ac in fide roborandis, diligentes se praebeant–,
se especifican varias consideraciones, entre otras que cada sacerdote
deberá llevar una lista de los neófitos feligreses mayores de cinco
años de edad, siervos o libres, se enterará donde fueron bautizados
y si mudase de domicilio deberá comunicarlo16.
Queda patente la preocupación –casi obsesión– por tener abso-
lutamente intervenida a la población cristiano nueva granadina17. No
se impide la movilidad, si contribuye a facilitar su modo de trabajo,
pero se extreman las medidas en cuanto a limitarla en el tiempo y a
tener garantías personales:

15
Juan Manuel MAGÁN GARCÍA y Ramón SÁNCHEZ GONZÁLEZ: “Los nuevos
convertidos del reino de Granada en las sinodales de las diócesis castellanas”, en Anto-
nio MESTRES SANCHÍS y Enrique GIMÉNEZ LÓPEZ (eds.): Disidencias y exilios
en la España moderna, Alicante, Universidad de Alicante, 1997, págs. 393-409.
16
El texto íntegro puede leerse en Ángel FERNÁNDEZ COLLADO: Concilios toleda-
nos postridentinos, Toledo, Diputación Provincial, 1996, p. 182.
17
En Segovia “tienen costumbre se juntar… en cada un año en la iglesia de Sant Mi-
llán de esta ciudad para tratar de cosas tocantes a los dichos naturales”. Un ejemplo
de cierto grado de independencia o autonomía, pero eso sí, controlada y regulada.
Archivo Histórico Provincial de Segovia (AHPS), Pº 897, fol. 739.

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MOVILIDAD MORISCA EN LA CORONA DE CASTILLA, 1570-1610

“Y porque nuestra intención es, que los dichos moriscos no sean


embarazados en el trato, y comercio, y modo de vivir que pueden
tener, antes en esto sean ayudados y favorecidos. Mandamos, que
la dicha licencia se haya de dar, y dé por tiempo limitado, a las
personas que la pidieren, siendo seguras, y sin sospechas, de que
no se ausentarán ni irán”18.

Igualmente habría que diferenciar entre los desplazamientos co-


yunturales de los definitivos, estos últimos reservada la autorización
al monarca.
Se hace obligatorio obtener una licencia o pasaporte para poder
transitar sin riesgo de detención. Firmadas por la justicia, redactada
por un escribano del concejo o ciudad, estaban exentas del pago de
cualquier derecho o dineros. Un modelo, con todos los pormenores,
lo encontramos en la conseguida en 1583 por Diego Hernández:

“Por este mandamiento doy licencia a Diego Hernández moris-


co alistado en esta ciudad arriero para que con sus bestias pueda
salir cuatro o cinco leguas alrededor de esta ciudad y traer leña y
carbón con que cada noche duerma en esta ciudad de Toledo fecha
a veinte y uno del mes de marzo de mil y quinientos y ochenta y
tres años”19.

Signada por el licenciado Madrid y el escribano público, plega-


da en varias vueltas era llevada a diario cuando abandonaba la
ciudad.
Para llegar aquí ha necesitado seguir un procedimiento. A modo
ilustrativo sirva el ejemplo de su compañero de profesión, alistado
en Toledo “toda mi vida” donde se casó y tiene casa20. En 1588, en
posesión de tres mulos, trajina por el reino donde se le ofrecen
y salen ocasiones, para lo cual ha tenido pasaporte y al haberle
caducado solicita uno nuevo. Seguidamente presenta dos testigos,
el alfarero Francisco Lorenzo y el hortelano Juan García quienes
18
Recopilación de las leyes..., p. 296.
19
AMT, Fondo Histórico, Caja 1688, n.º 31.
20
AMT, Fondo Histórico, Caja 1688, n.º 38.

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RAMÓN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

corroboran la información dada por el solicitante y añaden datos


sobre su honradez y ventajas del oficio “es hombre de bien y no
fugitivo y persona que esta ciudad y su comarca recibe beneficio
en su trajinería por lo que compra y vende”. En virtud de todo ello
el alcalde mayor, licenciado Bravo, ordena se le expida pasaporte
con validez de treinta días para poder moverse en el contorno de
doce leguas de la ciudad con advertencia de las penas si no respeta
lo ordenado.
Lograr el salvoconducto no estaba exento de dificultades, requería
la fianza de “sus bienes y personas” de alguien que le sirviera de aval.
Al principio, se redactaban de forma manuscrita, más adelante, al
generalizarse su uso, se elaboró un modelo o formulario impreso de
fácil cumplimentación donde se hacía constar nombres –solicitan-
te, fiador, testigos, escribano–, lugar de destino, causa, tiempo de
concesión y, por supuesto, fecha.
Antes de adentrarse en su análisis conviene apuntar un par de
precisiones. Los firmantes de las fianzas son, casi en su totalidad,
moriscos; a veces se indican las profesiones de los fiadores (sastre,
buñolero en la plaza mayor, alfarero), otras se comprueba que son
familiares (padre) y llama la atención la reiteración de Luis de
Guevara, cristiano nuevo granadino, que figura en cinco escrituras
(sabe firmar y con letra esmerada). Excepcional es, la fianza realizada
por Alonso de la Torre Hurtado, cristiano viejo, hecha para poder
llevar a su criado Andrés de Benavides en un viaje a emprender
por Córdoba y Sevilla. Igualmente se constata un único registro
válido para varios individuos: cuatro van a trabajar a Segovia y se
hace una sola fianza válida para todos. Un dato, más curioso que
significativo es comprobar cómo de 55 solicitudes analizadas, en
media decena, en el margen de la escritura aparece trazada la palabra
“volvió” o “cumplió y volvió”; sin embargo, no cabe deducir que
los demás no lo hicieran.
De la consulta de dos centenares de licencias, cronológicamente
correspondientes a los años 1573-1574 y 1595-1596 se han elaborado
los siguientes cuadros a través de cuya información podemos extraer
algunas conclusiones dignas de consignar.

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MOVILIDAD MORISCA EN LA CORONA DE CASTILLA, 1570-1610

Cuadro 1
Licencias temporales: regiones (1573-1574) y (1595-1596)


NÚMERO DE
REGIÓN %
PERSONAS
Andalucía 25 64,1
Castilla la Nueva 8 20,5
Castilla la Vieja 4 10,3
Extremadura 2 5,1


NÚMERO DE
REGIÓN %
PERSONAS
Andalucía 33 18,4
Castilla la Nueva 61 34,1
Castilla la Vieja 36 20,1
Extremadura 41 22,9
Murcia 8 4,5

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RAMÓN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

Para el bienio 1573-1574 son precisamente las tierras andaluzas los


territorios mayoritariamente solicitados para viajar, con un porcentaje
elevado del 64 por ciento, Sevilla, sobre todo. La próspera y populosa
urbe es lugar de destino preferente para todo tipo de menesteres –re-
encuentro con parientes, deudas, rescates– seguida de ciudades como
Córdoba, Morón, Guadix, Osuna, Baeza, Úbeda o Écija21. Por Castilla,
la Vieja y la Nueva, van a Segovia, Ávila, Olmedo, la cercana villa de
Ocaña22, a la Alcarria, en concreto varios a Pastrana, donde había una
nutrida comunidad morisca, condicionado su asentamiento por la
relación personal entre don Juan de Austria y el favorito del rey, Ruy
Gómez de Silva, duque de Pastrana, en virtud del título otorgado
por el monarca23. En Extremadura, se documentan desplazamientos
por la Vera, Plasencia, Trujillo o Cáceres.
Si de forma simétrica elaboramos otro cuadro similar correspon-
diente a veintidós años después, 1595-1596, obtenemos los siguientes
resultados, aunque es preciso aclarar un par de circunstancias: recordar
que son solicitudes pautadas en un modelo impreso con unos huecos
a cumplimentar relativos a fecha, datos personales del solicitante y
del fiador –quien se compromete a traerle a su costa, más los gastos
judiciales, si no volviera en el tiempo asignado–, lugares de destino,
duración del permiso y algún otro dato menor como los nombres
de los testigos, pero con una pérdida de información fundamental,
respecto a los consultados anteriormente, al incluir de forma genérica

21
A tierras giennenses gran parte se desplazaba “a trajinar y traer bastimentos”. Se ha
apuntado la hipótesis del Reino de Jaén como lugar donde se estableció una élite
morisca sirviendo de puente entre los que quedaron en Granada y otros más alejados,
mediante un corredor con destino a Pastrana y Toledo, por La Mancha. William
CHILDERS: “Propuestas preliminares para la reconstrucción genealógica de la co-
munidad morisca de Baeza”, Historia y Genealogía, 2 (2012), pp. 37-51 [49].
22
Algunas noticias sobre la minoría local en Carmen GONZÁLEZ PEINADO: “Los
moriscos de Ocaña a finales del siglo xvi a través de un juicio de residencia”, Tiempos
Modernos, 35/2 (2017), pp. 233-256.
23
Aurelio GARCÍA LÓPEZ: Señores, seda y marginados. La comunidad morisca de
Pastrana, Guadalajara, Editorial Bornoba, 2009; Bernard VINCENT: “Moriscos y
movilidad: el ejemplo de Pastrana”, Anales de Historia Antigua, Media y Moderna, 42
(2010), pp. 105-116; Esther ALEGRE CARVAJAL: “Ruy Gómez de Silva y Pastrana:
un espacio y un señor”, en José Antonio GUILLÉN BERRENDERO, Juan HER-
NÁNDEZ FRANCO y Esther ALEGRE CARVAJAL (eds.): Ruy Gómez de Silva,
príncipe de Éboli. Su tiempo y su contexto, Madrid-Frankfurt am Main, Iberoamerica-
na-Vervuert, 2018, pp. 123-160.

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MOVILIDAD MORISCA EN LA CORONA DE CASTILLA, 1570-1610

la expresión “a trajinar y trabajar” y “a ver algunos deudos y parientes


suyos”, con lo cual nos quedamos en la ignorancia en cuanto a saber
el motivo exacto de petición del permiso24. Es verdad, que familia y
trabajo son realmente los motivos fundamentales, pero se queda en
algo genérico sin poder afinar más los comentarios y comprender
con mayor precisión las auténticas razones. Es determinante el hecho
de encontrarnos ante una muestra de estudio tres veces superior en
número a la del periodo 1573-1574, por ende, más fidedigna a la hora
de obtener resultados.
Lo más significativo en relación con la movilidad geográfica es
la pérdida de la hegemonía de las salidas hacia tierras andaluzas, en
beneficio de Castilla la Nueva y Extremadura. La explicación parece
clara: en los años inmediatos a la diáspora es lógico hallar el lugar
de origen convertido en el principal receptor, donde se acude por
motivaciones de índole heterogénea; la fundamental, sin duda algu-
na, fueron los reagrupamientos familiares. En ciertas circunstancias
como la promovida por Ruy Gómez al prender a sesenta varones
moriscos en Córdoba para llevarlos a su villa ducal de Pastrana a
trabajar la seda25 separándolos de sus mujeres26 e hijos, se hacían
imprescindibles. La siguiente motivación responde a la necesidad
de zanjar cuestiones económicas pendientes fruto de la premura
con que se llevó a efecto la expulsión del reino de Granada. Ahora,
el criterio de proximidad geográfica parece el más determinante,
unido a la personalidad propia de ciertos territorios proclives a una
actividad comercial y de núcleos urbanos prósperos.
Concretando aún más la distribución espacial por zonas regio-
nales se pueden resaltar unos núcleos muy repetidos. En Castilla
la Nueva tres referenciales territoriales sobresalen: la imprecisa
La Mancha, Pastrana, con el ya aludido núcleo promovido por el
24
Únicamente cuatro solicitudes, todas para Guadalupe, incluyen, escrita a mano, la
razón de la petición: “a trajinar”. AMT, Fondo Histórico, Caja 1689, n.º 1
25
Susana BASTOS MATEU: “Si hay moreras hay cristianos nuevos: los duques de
Pastrana y la industria de la seda en la formación de un espacio de conflicto (Pastrana
c.1569-c.1609)”, Historia y Genealogía, 5 (2015), pp. 7-52.
26
Éstas cursaron una petición al rey para denunciar el secuestro, así lo juzgaban, y
reclamar su reparación. Helen H. REED y Trevor J. DADSON: La princesa de Éboli
cautiva del rey. Vida de Ana de Mendoza y de la Cerda (1540-1592), Madrid, CEEH/
Marcial Pons, 2015, p. 217

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RAMÓN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

Príncipe de Éboli para la manufactura sedera, y Alcalá de Henares.


En sus proximidades hallamos varios pasaportes obtenidos para pasar
a Guadalajara, Mondéjar, Cenicientos o Colmenar de Oreja. Tole-
do, ciudad y territorio, es un espacio habitual de trasiego, desde las
“leguas del contorno” –20, 30 o 40– a villas como Talavera, Orgaz,
Madridejos, Consuegra. Precisamente en el territorio de órdenes
militares hallamos varias importantes localidades –Alcázar, Almagro,
Ocaña, Quintanar de la Orden, Villanueva de los Infantes– junto
a otras de menor entidad demográfica. Extremadura es el siguiente
destino preferente de la minoría granadina. No obstante, en honor
a la verdad, se debe precisar que casi todos van a la Vera-Plasencia
(33 de 41 consultados), lugar con un nutrido contingente –apoyado
por la ciudad y por el obispo hicieron fuerza para quedarse en 1610
y eludir la expulsión27– yendo el resto a Guadalupe, Alburquerque,
Badajoz y Trujillo. Tocante a la Submeseta Norte, casi la mitad van
a “Castilla la Vieja” –no se concreta más–, Salamanca, Valladolid y
Palencia –núcleos urbanos de prestigio y gran actividad– más algunos
viajes aislados a otras capitales –León, Palencia y Segovia, curiosamente
no se menciona Ávila, donde existe una comunidad muy arraigada
ni poblaciones populosas como Medina del Campo o Arévalo. Los
permisos rumbo a Andalucía tienen un destino prioritario, la gran
Sevilla de la época, foco de prosperidad, adonde acuden más de la
mitad de los moriscos viajeros, seguida a mucha distancia por otras
dos urbes destacadas, Jaén y Córdoba, más alguna otra localidad,
Cádiz, Andújar, Écija y Baeza. Mención singular merece la zona de
Murcia, receptora de ocho, algunos para varios meses, probablemente
para actividades relacionadas con la actividad sedera.
El tiempo concedido (cuadro 2) varía, no tanto por la lejanía
sino más bien por el tipo de misión encomendada, aunque no re-
sulta fácil descubrir el criterio exacto utilizado por los regidores y
autoridades responsables de otorgar los pasaportes, pues ante una
misma motivación y un mismo lugar de desplazamiento se dan
tiempos divergentes. Así para ir a rescatar a una hermana a Sevilla a

27
Rocío SÁNCHEZ, Isabel TESTÓN y Mª Ángeles HERNÁNDEZ: “La expulsión
de los moriscos de Extremadura (1609-1614)”, Chronica Nova, 36 (2010), pp. 197-226.

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MOVILIDAD MORISCA EN LA CORONA DE CASTILLA, 1570-1610

uno le conceden 90 días y a otro 60. El más común, la mitad exac-


tamente, son dos meses, 60 días, da igual sea para ir lejos, Sevilla,
o cerca, Pastrana, seguido de un mes, y a menor distancia, 50, 40 y
90 días respectivamente. El más breve documentado corresponde a
un permiso de 12 días para ver unos deudos y parientes en Guada-
lajara. Obviamente las licencias, y la documentación en general, no
están redactadas para satisfacer la curiosidad del futuro historiador
y con más frecuencia de la deseada, nos encontramos con silencios
relativos a las causas de querer salir del lugar de asentamiento o el
tiempo convenido, lo cual nos dificultan formular explicaciones más
precisas como sería deseable.

Cuadro 2
Licencias temporales: días (1573-1574) y (1595-1596)

PERIODOS TEMPORALES
DÍAS 1573-1574 1595-1596
número % número %
12 1 2,6
20 4 2,7
30 9 23,7 13 8,9
40 3 7,9 97 66,4
50 4 10,5 19 13
60 19 50 10 6,8
75 1 0,7
90 2 5,3 1 0,7
120 1 0,7

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RAMÓN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

La concesión de días de ausencia, para el periodo 1595-1596, se


restringe en la duración. Antes, la mitad de las licencias otorgadas
eran de 60 días, seguidas de 30, ahora dos tercios corresponden a
40 días, continuadas de las de 50, quedando casi en algo testimonial
las superiores a los dos meses, con un caso excepcional de cuatro a
Murcia. Es manifiesta la alteración en la temporalidad con el correr
de las dos décadas. Al igual que acontecía para los años 1573-1574
no hay una relación directa entre la distancia y el tiempo, más bien
respondía a otras circunstancias imprecisas en la documentación,
aunque deducibles de algunas profesiones, como los arrieros traji-
neros. Probablemente se trataría del tiempo estimado para vender y
comprar productos y bastimentos o de acarrear mercancías.
Familia y trabajo son los motivos más invocados a la hora de
pedir autorización para abandonar la localidad donde están listados28
(cuadro 3). La dispersión por la Meseta supuso una desconexión
grave entre los diferentes miembros familiares, permaneciendo sepa-
rados por causas de índole muy diversa. Se explicitan motivaciones
dispares en el momento de cursar las solicitudes: viajar a por una
hermana presente en la casa materna, para llevar un nieto con sus
progenitores, a buscar dos hijos o padres, ver una parienta, siendo
bastante corriente “rescatar” un familiar cautivo –madre, hermanos,
esposa–. En ocasiones, las bodas justifican largos desplazamientos;
por ejemplo, Diego de Rojas, morisco granadino y contador del
marqués de El Viso, se casó en 1592 en Zaragoza con la también
morisca, y rica, aragonesa Cándida Compañero29.
En suma, se detecta un deseo de agrupamiento familiar, conse-
cuencia de una forma de proceder anterior despreocupada por poner
especial énfasis en mantener unidas las diferentes parentelas directas,
probablemente sin ninguna intencionalidad directa, más bien, fruto

28
Lo mismo sucede en Campo de Montiel según Francisco Javier MORENO DÍAZ
DEL CAMPO: “El discurrir cotidiano o la convivencia frustrada. Los moriscos gra-
nadinos en el Campo de Montiel”, Cuadernos e Estudios Manchegos, II época, 28
(2004), pp. 94-142 [p. 139].
29
María del Carmen ANSÓN CALVO: “Diego de Rojas y Alonso Muley Enríquez y
Merín de Fez: ilustres esposos de Cándida Compañero”, Sharq al-Andalus, 18 (2003-
2007), pp. 9-37.

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MOVILIDAD MORISCA EN LA CORONA DE CASTILLA, 1570-1610

Cuadro 3
Motivos de solicitudes (1573-1574)

Cuadro 3
Motivos de solicitudes (1573-1574)

CAUSA NÚMERO %
Familiar 17 50
Laboral 10 29,4
Cobro de deudas 6 17,6
Servicio señor 1 2,9

de cierta precipitación cuando se diseñó de forma acelerada la salida


del reino andaluz.
La actividad laboral, el ejercicio de una profesión o la búsqueda
de una ocupación explican muchas salidas. Es cierto el contraste en
la precisión informativa, “a traer cierta obra de silla” o “a trabajar” –se
ignora la ocupación–. Personalidad propia dentro de los autorizados
por esta causa son los arrieros impelidos a salir con sus recuas “para
trajinar y traer bastimentos a la ciudad”, unos durante el día, retor-
nando a dormir, y otros para un tiempo más prolongado al desplazarse
más lejos. De forma particular, este oficio, sospechoso y difícil de
controlar –prohibido durante algún tiempo a los “cristiano nuevos
de moros”–, como el de comerciante trashumante, era objeto de

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RAMÓN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

especial vigilancia. Su permanente movilidad, el tránsito de un lugar


a otro propiciaba, más allá de tráficos de mercancías y adquisición
de bastimentos, intercambios de informaciones, noticias de antiguos
vecinos y parientes, inquietudes colectivas. En pocas palabras, favorecía
vínculos de cohesión interna del grupo, cuando no de complicidades
mucho más graves, a base de redes clandestinas cruzando el reino
de un extremo a otro30. En Ciudad Real, con el objeto de obtener
ese permiso, los arrieros moriscos estuvieron dispuestos a aportar
importantes sumas de dinero, e incluso se mantuvieron en la falsa
creencia de pensar que conseguida la licencia –las estudiadas en este
trabajo, todas son temporales– obtenían el derecho sus descendientes31.
Cobrar deudas, herencias, partidas, bienes o negocios –de todas
estas formas se mencionan– se convierte en la tercera argumenta-
ción principal. Es obligado admitir que corresponden a un periodo,
1573-1574, muy reciente respecto a la fecha de partida, sin tiempo
para ajustar cuentas. De hecho, tanto esta circunstancia como los
intentos para reencontrarse familias se corresponden con lugares de
Andalucía, es decir de donde habían sido extraídos.
Como se ha dicho, el bienio 1595-1596, no aporta al detalle las
motivaciones expuestas en el momento de cumplimentar la solici-
tud ante las autoridades toledanas, pero sí arroja una información
interesante, aunque incompleta y parcial, sobre la ocupación laboral
de los fiadores (cuadro 4).
Arrieros, mercaderes –de especies, de seda, establecidos en el
cervantino Alcaná– y tratantes copan casi la mitad de todas las
profesiones mencionadas, coincidiendo con los quehaceres más
nombrados de los solicitantes de permiso, es decir, estaríamos ante
compañeros de oficio que, probablemente, en justa reciprocidad, se
convertirían en ocasionales fiadores.

30
Serafín de TAPIA: “Las redes comerciales de los moriscos de Castilla la Vieja: un
vehículo para sus complicidades”, Studia Histórica. Historia Moderna, XI (1993), pp.
231-243.
31
Francisco Javier MORENO DÍAZ DEL CAMPO: Los moriscos de la Mancha: socie-
dad, economía y modos de vida de una minoría en la Castilla moderna, Madrid, CSIC,
2009, pp. 301-302.

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MOVILIDAD MORISCA EN LA CORONA DE CASTILLA, 1570-1610

Cuadro 4
Profesiones de los fiadores (1595-1596)

SECTOR PRIMARIO
PROFESIÓN NÚMERO %
Hortelano 3 8,5
TOTAL 3 8,5
SECTOR SECUNDARIO
PROFESIÓN NÚMERO %
Alfarero 1 2,8
Bonetero 1 2,8
Carbonero 1 2,8
Carpintero 2 5,7
Entallador 1 2,8
Espartero 1 2,8
Herrero 1 2,8
Panadero 1 2,8
Tejedor de seda 1 2,8
Tintorero 1 2,8
TOTAL 11 31,8
SECTOR TERCIARIO
PROFESIÓN NÚMERO %
Arriero 7 20
Azacán 1 2,8
Mercader 5 14,2
Tendero 3 8,5
Tratante 5 14,2
TOTAL 21 59,7

389 5

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RAMÓN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

En su conjunto, hallamos labores artesanales, sencillas: panadero32,


carbonero... si bien con oscilaciones internas –no es lo mismo un simple
azacán ocupado en subir agua en asnos del Tajo a la ciudad, que un
mercader de seda–, hortelanos dispersos por huertas ubicadas en las
proximidades de la ciudad –Alquería de la Encomienda, Huerta del
Rey, Azucaica–, personas vinculadas a la manufactura textil, oficios
gremiales, incluso un entallador, Bartolomé Sánchez, con taller en
la calle Hombre de Palo, vía existente en la actualidad, junto a la
catedral. Conviene dejar constancia de la ausencia frecuente de la
condición racial de los fiadores, no especificándose necesariamente
la categoría de granadino, de donde se puede deducir que no todos,
aunque sí la mayoría, pertenecían a la minoría étnica o sociorreligiosa.
Igualmente cabe señalar la circunstancia usual de un fiador de varios
en la misma solicitud.
Se produjeron también desplazamientos para cambiar de resi-
dencia, una variedad de movilidad con una mayor exigencia y con
superiores dificultades administrativas:

“Y para que algunos de los dichos moriscos podrían pretender


con alguna justa causa, u ocasión se les diese licencia para mudarse, y
pasarse a vivir de estancia de unos lugares a otros, en lo cual por aho-
ra conviene tener mucha mano. Mandamos, que las dichas justicias
no puedan dar la dicha licencia, sin primero enviarnos relación de
las personas que la pidieren, y de las causas, y razones que hay…”33.

Prueba de la trascendencia otorgada era la exclusiva prerrogativa del


rey para conceder la autorización: “a ninguno se le dé licencia para
ir a vivir fuera de allí sin expresa licencia o orden nuestra”34.
No se han localizado abundantes documentos de este tipo para po-
der conocer esas “justas causas” y razones motivadoras del aban-
dono de una localidad para irse a otra, con carácter definitivo. El

32
Esta petición es la única en la cual, de forma manuscrita, aparece escrito en el margen
“volvió el contenido en esta hoja”, confirmando el regreso a Toledo desde la ciudad
del Pisuerga.
33
Recopilación de las leyes…, p. 296vº.
34
Real Cédula de 2 de noviembre de 1572. AMT, Fondo Histórico, Caja 1686.

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MOVILIDAD MORISCA EN LA CORONA DE CASTILLA, 1570-1610

procedimiento habitual era tramitar una solicitud, justificada por


lo común con argumentos familiares o laborales, ante las instancias
correspondientes para obtener una provisión real35. Conseguida, el
cristiano nuevo la presentaba ante las autoridades locales –corregi-
dor, alcalde mayor, alcaldes ordinarios–, quienes, enteradas de su
contenido, la acataban y obedecían ordenando a uno de los escri-
banos asentaran en el registro particular de ellos al nuevo habitante.
Las noticias consignadas se refieren a datos personales, edad, lugar
de procedencia, sumaria descripción física –curiosa por lo general–,
oficio y parroquia donde quedaba adscrito.
En Pastrana, se otorgaron en los años 1577, 1581 y 1594 catorce
licencias destinadas a diferentes descendientes de moros para fijar su
residencia en la villa ducal36. De su lectura se infieren varios detalles
de interés. Es el rey Felipe II quien las concede a título individual,
con nombre y apellidos de los beneficiarios. Se suele decir la razón
justificativa y, una vez más, familia y trabajo subyacen en la petición.
Buscar la protección de deudos y familiares se convierte en la solución
para viudas menesterosas, ancianos con mermas de sus facultades
físicas, esposas cuyos maridos llevan años fuera, esclavas libertas... en
suma, gentes marcadas por el estigma de pasar necesidad y no poderse
sustentar. El desempeño de un oficio “en que ganar de comer” es la
otra gran razón. Artesanos de la seda, acuden desde Trujillo, Alcalá,
Córdoba, Corpa, al calor de la próspera manufactura sedera, y otros
de lugares donde abundan, e incluso sobran, en su profesión y buscan
en la villa de los Éboli ejercer el oficio “por haber mucho en que
trabajar y ser lugar acomodado para ello”. Concedida la licencia se
anota en el libro de alistados de la localidad de destino.
Vale la pena detenerse en un expediente concreto para ver toda
la liturgia seguida. Andrés de Mendoza y Juana Marín, su mujer,
alistados en Guadalajara, pobres, sin oficio, enfermos, padeciendo
necesidad quieren ir con su tío Diego Pérez para poder comer y mostrar
el oficio de curtidor. A finales de 1581 se les concede “esta carta” de
licencia y facultad para ir a vivir a Pastrana y que se les empadrone
35
Una muestra para el morisco Juan Alonso de Robles en AMT Fondo Histórico, Caja
1689, n.º 25.
36
AHNOB, Osuna, C.2709, D. 31-51.

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RAMÓN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

allí. El 4 de enero de 1582, en Pastrana ante el gobernador de la villa,


licenciado Manuel de Arrieta, y dos alcaldes ordinarios se presenta
Andrés para ser incluido en el libro registro de cristianos nuevos del
reino de Granada. “Habiendo visto la real provisión la obedecieron
con el acatamiento debido y quitados el sombrero la besaron y pu-
sieron sobre sus cabezas y mandaron se cumpla y guarde”. Más tarde
se procede a su inscripción con el siguiente texto:

“Se listó y puso al dicho Andrés de Mendoza, cristiano nue-


vo, curtidor que es de mediano cuerpo flaco barbinegro y tiene
las uñas negras y la uña del dedo meñique de la mano izquierda
hendida, de edad de hasta treinta años; su mujer Juana Marín de
mediano cuerpo, fáltale un diente de hasta treinta y cuatro años,
dijeron ser naturales del marquesado de Cenete”37.

Hay varios viviendo desde hace años en Pastrana, pero sin haber
sido censados “y para poder estar con seguridad y que se evite la
calumnia” solicitan ser inscritos y tenidos por vecinos de la villa,
entre otras razones para poder requerir permisos temporales e ir a
otro lugar.
En 1602 se firmó en Valladolid un asiento entre los procuradores
comisarios de los naturales del reino de Granada, mudéjares y gazis
de Castilla y León –se menciona al conde de Orgaz como protector
de los moriscos38– y el rey. En esencia, el objetivo fundamental era de
orden económico, una forma de acopiar dinero para las maltrechas
arcas estatales de la Real Hacienda, en concreto, debían dar 240.000
ducados pagaderos en ocho años, en anualidades de 30.000 ducados39.
Hay sin embargo, dos capitulaciones de incidencia sobre la movilidad
de la minoría. En la número 3 se introduce la novedad de no necesitar
la autorización regia exigida en l572, pueden cambiar de residencia,
siempre por “causas justas”, con declaraciones de testigos, licencias

37
AHNOB, Osuna, C.2709, D.32.
38
Jaime SÁNCHEZ ROMERALO: “El conde de Orgaz, protector de los moriscos”,
Ln la España medieval, 5 (1984), pp. 899-916.
39
En Segovia encontramos escrituras de cartas de pago, correspondientes a 1603.
AHPS, Pº 897, fol. 246.

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MOVILIDAD MORISCA EN LA CORONA DE CASTILLA, 1570-1610

de las justicias locales y notificación al Consejo de Castilla. En la


capitulación 5 se determina para arrieros y trajinantes la concesión
de licencias con validez de cuatro meses y se puntualiza que quienes
salían a labrar sus campos con necesidad de dormir40 fuera estaban
exentos de solicitar permiso.
Resulta extraño no haber encontrado una información similar
sobre traslados en los archivos municipales de Burgos, Segovia o
Valladolid, tres ciudades con presencia morisca destacada, pero con
un silencio sorprendente sobre este particular, siendo muy escasas
las referencias a la minoría cristiano nueva41.

MOVILIDAD Y JUSTICIA

El quebrantamiento de las pragmáticas relativas a la movilidad de


los naturales granadinos estaba muy perseguido por la Justicia, qui-
zás, en ocasiones, con un ardor excesivo, viendo trasgresión donde
no la había, llevada por simples sospechas o apariencias externas,
aunque nunca faltaron las costumbres criminalizadas ni los moris-
cos implicados en actos delictivos42. Moverse sin pasaporte era cas-
tigado con rigor por todo tipo de tribunal, siendo usual encontrar

40
En 1583 Diego Medrano fue enjuiciado en Almagro por el alcalde mayor acu-
sado de dormir de noche en una huerta próxima. Miguel Fernando GÓMEZ
VOZMEDIANO: Mudéjares y moriscos en el Campo de Calatrava. Reductos de con-
vivencia, tiempos de intolerancia (Siglos XVI-XVII), Ciudad Real, Excma. Diputación
Provincial de Ciudad Real, 2000, p. 123.
41
En Burgos solo se ha localizado un borrador de una petición de la ciudad contraria al
envío de moriscos enfermos (1 de enero de 1609) y un conducto dado por Felipe II al
capitán Sancho de Tovar para que en Burgos y su tierra levante 500 hombres de guerra
para someter la rebelión de los moriscos de Granada Archivo Municipal de Burgos
(AMB), C-1-7-1-16-13 y C-1-7-16-14; en Segovia existe un incompleto repartimiento
de moriscos en la tierra y sexmo de Segovia Archivo Municipal de Segovia (AMS),
Repartimiento moriscos, y en Valladolid hay una Provisión real de 1567 de Felipe II al
corregidor de Valladolid solicitando información respecto a una licencia pedida por
la villa para pagar cierto salario al administrador de los moriscos de Granada repar-
tidos en dicha ciudad y dos documentos relativos a ventas de los expulsados Archivo
Municipal de Valladolid (AMV), CH.129-10; CH.18-13 y CH.26-6.
42
Miguel Fernando GÓMEZ VOZMEDIANO: “Delincuencia y conflictividad morisca
en tierras toledanas (ss. xv-xvii)”, Anales Toledanos, 37 (1999), pp. 67-105.

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RAMÓN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

causas judiciales procedentes de audiencias seculares43, eclesiásticas


e inquisitoriales44.
El fin último ya sabemos por la pragmática de octubre de 1572 cuál
era –“no se podría tener la cuenta que conviene, y algunos podrían
intentar (como lo han hecho) de pasarse allende a otros reinos extraños,
o tornarse al dicho reino de Granada o a las sierras de él”45 –, pero
ahondando más en los procesos judiciales descubrimos motivaciones
mucho más profanas y materiales, como simplemente contar con un
vecino más obligado a contribuir a los repartimientos y padrones.
Se deben reconocer los prejuicios existentes sobre la minoría, unidos
a una desconfianza permanente, de tal modo que, por momentos, se
ven sometidos a acusaciones fruto de meras sospechas o apariencias,
como estar casado con una mujer granadina46, o tener unos rasgos
físicos concretos, sospechosos a criterio del alguacil de turno.
Veamos algunos sumarios concretos para intentar extraer con-
clusiones generales. La falta de pasaporte, origen del encausamiento,
va con mucha frecuencia unida a otras acusaciones: portar armas47,
pendencia con un vecino por insultos –“bellaco morisco y otras in-
jurias más”–, desobediencia a un bando, hurto48, incluso, más raro,
43
Además de las Reales Chancillerías de Granada y Valladolid, como escalón último
había numerosos tribunales intermedios incluidos los propios de ciertos órganos de
gobierno y administración como el Consejo de Órdenes Militares u otros de régimen
señorial, tal el Ayuntamiento de Toledo, a través del Fiel del Juzgado de los Propios
y Montes de Toledo para el extenso territorio monteño. Varias sentencias de estas
procedencias pueden encontrarse en Miguel Fernando GÓMEZ VOZMEDIANO:
“Los moriscos granadinos en Toledo y La Mancha de don Quijote. Una perspectiva
histórico cultural”, eHumanista/Conversos, 3 (2015), pp. 51-58 y Ramón SÁNCHEZ
GONZÁLEZ: “Cristianismo e Islam: morisco granadinos en tierras de Toledo”, Re-
vista de Historia Social y de las Mentalidades, vol. 15/2 (2011), pp. 191-197.
44
Ramón SÁNCHEZ GONZÁLEZ: “Inquisición y moriscos en Toledo”, en Rafael
TORRES SÁNCHEZ (coord.): Studium, Magisterium et Amicitia. Homenaje al Pro-
fesor Agustín González Enciso, Pamplona, Ediciones Eunate, 2018, pp. 87-94.
45
Recopilación de las leyes…, p. 296.
46
Así le ocurrió en 1601 a Gaspar Pérez, zapatero, vecino de Valladolid, desposado con
una granadina, “cristiano viejo descendiente de tales, limpio de toda raza”. Archivo de
la Real Chancillería de Valladolid (ARCHV), Registro de Ejecutorias, Caja 1922,50.
47
En 1597 Andrés Gutiérrez de Lara, morisco vecino de Jaén, fue apresado en Toledo
sin pasaporte y portando una daga en el cinturón. ARCHV, Registro de Ejecutorias,
Caja 1835, 33.
48
Ejecutoria del pleito litigado en 1597 contra Luis Díaz, morisco vecino de Escalona,
sobre hurto de un caldero y andar por el reino sin licencia ni pasaporte. ARCHV,
Registro de Ejecutorias, Caja 1847, 32.

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MOVILIDAD MORISCA EN LA CORONA DE CASTILLA, 1570-1610

haber caducado la licencia49. ¿Significa esto, como se indica en un


proceso, un cierto grado de tolerancia hacia esta cuestión? El hecho
de la frecuencia con que va asociado con otra contravención, y no
sola, a las leyes podía llevar a esa conclusión.
Lo más interesante es escuchar los argumentos esgrimidos por los
encausados, a través de sus procuradores, en su defensa, para explicar
por qué no portan las cédulas o licencias exigidas. Uno de ellos es la
ignorancia o interpretación errónea. Hernando Gutiérrez, alistado por
orden del ayuntamiento de la ciudad del Tajo en Yébenes de Toledo,
siendo niño de cinco años, en 1601 se traslada a vivir a Yébenes de
San Juan, villa separada del lugar por una simple calle –Real–, causa
suficiente para ser inculpado. Hernando, de profesión “cabritero”,
en opinión de un testigo “hombre de bien, muy compuesto, no
acostumbrado a tener cuestiones ni pesadumbres con nadie y no
acostumbrado a cometer delitos, muy comedido con todos sin hacer
agravio a ninguno”, en su descargo afirma haberse cambiado de do-
micilio “porque todo es un pueblo”, amén de ser más adecuada para
su oficio50. A pesar de llevar más de siete años avecindado con casa
propia, es ahora cuando se le pone en prisión y se incoa el proceso.
¿Será por la pendencia con el vecino Juan Garoz, cristiano viejo, a
quien le había prestado 500 reales a reintegrar en cabritos y no se
los devolvía? ¿Se utilizaría la normativa sobre movilidad como arma
para atacar a un molesto vecino? Es más que probable.
Una circunstancia precipitada, urgente, como impedimento para
pedir el correspondiente permiso, tal fue una visita a una cuñada “muy
mala” de salud. Más convincente es invocar una legislación distinta
entre reinos de la Monarquía. Jerónimo Sevillano, aragonés de Egea
de Albarracín, villa del conde de Fuentes, es apresado en 1603 en El
Molinillo por el alguacil del fiel del juzgado a causa de llevar espada
y daga, dos cargas de cuchillería “y le pidió el pasaporte y no le traía”;
por todo ello es llevado a la Cárcel Real de Toledo. Cuando le toman

49
En 1574 Juan García y Catalina Fernández, obtuvieron un permiso del alcalde de
Yébenes, válido para 10 días con el objeto de poder ir a curarse a Toledo. Transcurrido
dieciocho días son denunciados en La Retuerta por no haber renovado la solicitud.
AMT, Causas Criminales, Caja 632.
50
AMT, Causas Criminales, Caja 638.

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RAMÓN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

confesión declara que los del reino de Aragón gozan de un privilegio


real “para traer armas de las permitidas en todas partes y caminar sin
pasaporte”, como disfrutan los demás cristianos viejos. Por tanto,
está exento de llevar pasaporte y permiso de armas por cuanto esa
prohibición “solo se entiende con los cristianos nuevos de rebelión
del reino de Granada”51.
Situaciones particulares relativas a privilegios o permisos especiales
también se aducen. En 1583 Francisco Hernández Marín, arriero, vecino
de Toledo, apresado en Marjaliza, admite ser cristiano nuevo, natural
de Guadix. Junto a su padre ayudó mucho en la Guerra de Granada,
hasta el punto de caer ambos prisioneros “y le tuvieron desnudo en una
mazmorra… hizo muchos y muy señalados servicios a Su Majestad y a su
real servicio… porque persiguieron mucho a los moriscos y favorecieron
en todo cuanto pudieron a los cristianos”52. En reconocimiento a todo
ello “Don Juan de Austria le hizo merced y privilegio de que gozase de
todas las honras y preeminencias que gozan los cristianos viejos”. En
definitiva, no estaba obligado a llevar pasaporte. No ya la equiparación
con los cristianos viejos, sino afirmar serlo es la razón aducida en 1580
por Bernardino Sánchez, mercader de seda vecino de Pastrana, acusado
de salir muchas veces y estar muchos días fuera de la villa sin licencia y
pasaporte del alcalde mayor. Alega en su defensa ser cristiano viejo “por
línea recta de varón sin que en la tal línea tuviese raya ni mancha de
moro, judío, ni converso”53; sus padres y abuelos procedían de Toledo,
donde habían vivido muchos años; su progenitor, tratante de seda, fue
a morar a Granada, antes de la rebelión, donde estuvo muchos años
casado con Isabel Pérez, también cristiana vieja. Le dan y le quitan la
razón, motivo de las continuas apelaciones a las sentencias por unos u
otros. Al final la justicia le niega la reclamación.

51
AMT, Causas Criminales, Caja 515.
52
AMT, Fondo Histórico, Caja 1688, n.º 31. Presenta una cédula firmada y una declara-
ción de Hernando de Acosta, capitán y gobernador de la gente de guerra de Guadix.
53
ARCHV, Registro de Ejecutorias, Caja 1429,36. Es un pleito muy extenso donde
comparecen numerosos testigos y se hacen desplazamientos a la ciudad de Toledo a
tomar declaración.

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MOVILIDAD MORISCA EN LA CORONA DE CASTILLA, 1570-1610

Circunstancia especial es también la planteada en 1600 cuando


son detenidos en Almagro y encerrados en prisión, Lorenzo y Juan
Pérez, mercaderes de Toledo, “encubriendo ser de los del dicho
reino por ser ladinos y aljamiados nombrándose cristianos viejos y
usando de otros modos… a fin y efecto de encubrir ser moriscos
granadinos”54. Sin pasaporte y con armas, en su descargo aducen haber
sido comisionados por el Santo Oficio para hacer ciertas diligencias
en Murcia, Córdoba y Granada al tiempo que presentan una carta
firmada por los inquisidores. Al final, después de aportar numerosos
testimonios de testigos, se comprueba tratarse de un pleito basado en
un equívoco por la tez de los detenidos y sus rasgos de musulmanes,
pues no en vano originariamente descienden de una familia mora
convertida a finales del siglo xv, y estaban autorizados tanto para
viajar como para portar armas.
Más curioso es constatar cómo se van modificando y ampliando
las manifestaciones dentro de un mismo proceso. En 1592 es detenido
y encerrado en la cárcel pública de Toledo Diego de Burgos, por
haberse ido sin pasaporte de justicia desde Palencia a Toledo. Como
el litigio se prolonga con recursos y apelaciones hasta concluir en la
Chancillería de Valladolid55, el reo va dando justificaciones variadas,
cambiando los testimonios en pos de las sentencias. Inicialmente niega
haber salido sin pasaporte “e por pobreza y enfermedad no había
podido volver a ella”; luego centra la defensa en cuestiones formales,
de procedimiento –tan útiles para los abogados– por haberse dictado
sentencia sin curador y “porque no había constado que su parte fuese
morisco”; de nuevo la sentencia “fue suplicada”. Ahora el defensor del
reo alega como principal fundamento, otra vez, “que su parte no era
morisco de los del reino de Granada”, pues no constaba en ningún
sitio; se equivocó en la declaración porque “era menor de veinte a
veinticinco años”; también advierte su enfermedad “muy malo e a
punto de muerte”. Introduce una explicación nueva: “mayormente
la tolerancia que había habido en que los dichos naturales se pasasen
a vivir de un lugar a otro”. Afirmación interesante, si bien queda en

54
Archivo Histórico Nacional (AHN), Inquisición, leg. 119, exp. 58.
55
ARCHV, Registro de Ejecutorias, Caja 1715,32.

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RAMÓN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

una manifestación sin más, falta de demostración, probablemente


una argucia procesal poco acorde con la realidad.
Respecto a las sentencias, llama la atención la disparidad, aunque,
tal vez, al ir unidas al juicio de otras conductas, no se pueda diferenciar
qué corresponde a cada infracción. Encontramos absoluciones a los
aragoneses y al vecino de Yébenes, apercibimiento de mandar a galeras
y dar por esclava a la mujer si se repite la circunstancia, al matrimonio
con pasaporte caducado y condenas al de Pastrana, siendo la más
contundente la del palentino Diego de Burgos localizado en Toledo.
Es la más severa de cuantas se han analizado: fue condenado en enero
de 1592 en Toledo a ser sacado caballero en bestia de albarda, paseo
público, desnudo de cintura para arriba, soga de esparto al cuello,
con voz de pregonero proclamando su delito, más “sea llevado a las
galeras de S.M. para servir de galeote de remo por tiempo de cuatro
años y si se ausentara pena de muerte”. Apela la sentencia ante el
Alcalde de las Alzadas, quien la confirma, pero le rebaja un año de
galeras; transferido el pleito a Valladolid se pronuncia nueva sentencia
manteniéndose los detalles de la vergüenza pública más 200 azotes,
revocando todo lo demás con el añadido de entrega a la justicia de
Palencia una vez cumplida la pena; nuevo desacuerdo cerrado con
una sentencia definitiva en grado de revista (30 de abril de 1592):
“es buena, justa e derechamente dada e pronunciada”. ¿Qué pensar
de una resolución con vaivenes tan radicales, desde cuatro años en
galeras a unos azotes públicos, admitiendo sean muchos? ¿No había
criterios legales claros para evitar la arbitrariedad de la mano de la
justicia? ¿O nos hallamos una vez ante el aforismo jurídico de que
en Derecho todo es interpretable? No estamos en condiciones de
dar respuestas para despejar las incógnitas, pero sí de constatar la
disparidad ante una misma acusación: moverse por el territorio de
la Monarquía sin pasaporte o licencia.

LA EXPULSIÓN DEFINITIVA… O NO TAN DEFINITIVA

Los decretos de expulsión de 1609 firmados por Felipe III intentan


poner el punto y final a la presencia morisca en tierras hispanas.

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MOVILIDAD MORISCA EN LA CORONA DE CASTILLA, 1570-1610

Representan, por tanto, la última fase en el proceso de movilidad


iniciado con la dispersión después de la revuelta de las Alpujarras.
Mucho se ha escrito acerca de la salida de la minoría, sobre todo
al rebufo del IV centenario en 2009, no solo por historiadores56, casi
siempre respetuosos con las fuentes y prudentes en sus conclusiones,
sino por “literatos” reconocidos en el terreno de las letras, o menos
conocidos, a veces simples aficionados, tal vez algo frívolos y amantes
de la polémica. Genocidio, precedente de la limpieza étnica, recon-
ciliación con la propia historia, reparación y perdón, promover el
premio Príncipe de Asturias a la concordia para los descendientes
de los moriscos, son algunas de las ideas puestas sobre el tapete. No
es el momento, ni el objeto del trabajo, analizar estas cuestiones o
entrar en polémica –tal vez estéril–, pero sí para expresar un grado de
desconcierto, sobre todo por ese afán en ciertos ámbitos de trasladar
al pasado ideas y conceptos del presente.
El extrañamiento se realizó en dos fases. La primera hacia Francia,
por Burgos, supervisada por el conde de Salazar57. Antes de la partida
debían dejar constancia de sus datos personales y hacer inventario
de bienes, especificando los que iban a llevar al destierro. Llegados
a la ciudad del Arlanzón, se realizaba la preceptiva comprobación de
los “registros” y se concedía el correspondiente pasaporte después de
certificar la ausencia de transporte de dinero, joyas y plata. Esta fase
se llevó a término en la primavera de 1610, siendo los procedentes
del reino de Toledo los primeros en llegar, en una cifra calculada en
4.402 casas, unas 20.000 personas58. La siguiente etapa se produce a

56
Muy recomendable Santiago LA PARRA LÓPEZ: “Moros en la costa…, a los cua-
trocientos años de la expulsión”, Revista de Historia Moderna, n.º 27 (2009), pp.
154-155. Agudo artículo, sin eludir la polémica, donde formula, entre otras considera-
ciones, unas reflexiones metodológicas e historiográficas sobre la abundante literatura
de moriscos y se plantea si está agotado el filón. Asimismo, ver Miguel Fernando GÓ-
MEZ VOZMEDIANO: “La expulsión de los moriscos granadinos de La Mancha a
inicios del siglo xvii”, Chronica Nova, 36 (2010), pp. 67-114.
57
Éste era el comisario encargado para Castilla la Vieja; Alonso de Sotomayor, del
Consejo de Guerra, para el reino de Toledo, La Mancha y Extremadura y Luis
Fajardo, capitán general de la flota atlántica para Murcia. Henri LAPEYRE: Geografía
de la España morisca, Valencia, Diputación Provincial, 1986, p. 178.
58
Antonio DOMÍNGUEZ ORTIZ y Bernard VINCENT: Historia de los moriscos.
Vida y tragedia de una minoría, Madrid, Biblioteca de la Revista de Occidente, 1979,
p. 190.

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RAMÓN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

partir de mayo de 1610, cuando se cierra la salida por el país galo y se


ordena la marcha por Cartagena, bajo el control de Luis Fajardo, con
destino a Orán y un ulterior reparto, cuyas líneas directrices por este
territorio han sido estudiadas por Luis F. Bernabé59, quien establece
el gran arraigo de los expulsados en Marruecos –comunidad de Salé
compuesta por moriscos de Hornachos–, en Argelia, tradicional
avispero pirata, en Túnez, llegados desde Orán y más tarde desde
Marsella y Valencia, creando un ambiente cultural60 fecundo cuya
herencia perdura en la actualidad; finalmente para Turquía indica
un asentamiento de una comunidad en cinco ciudades de Anatolia
con escasa influencia y huella perdurable.
La necesidad de echar del reino a un contingente tan numeroso
con la mayor celeridad posible y la incapacidad de las escuadras reales
para hacerlo obligó a la Corona y al Consejo de Estado a adoptar
decisiones encaminadas a contratar embarcaciones, extranjeras o de
particulares, ya fuera a manera de embargo o de contrato mercantil
voluntario, con lo cual la expulsión se convirtió para muchos mer-
caderes y patronos en un auténtico negocio. Franceses, flamencos,
holandeses, ingleses y genoveses fueron los grandes beneficiados de
esta situación, al tornarse en el principal soporte para la salida de los
desterrados por puertos levantinos o andaluces61.
Las noticias de la expulsión poco a poco van llegando a las diferentes
localidades donde estaban asentados, a través de las autoridades de
los regimientos o del corregidor en las villas y ciudades importantes.
En un primer momento, algunos pueblos promueven gestiones en la
Corte para conseguir salir en las mejores condiciones. La cervantina
villa de El Toboso62 se verá sobresaltada durante todo el mes de marzo

59
Luis F. BERNABÉ PONS: “El exilio morisco. Las líneas maestras de una diáspora”,
Revista de Historia Moderna, 27 (2009), pp. 277-294 y Manuel LOMAS CORTÉS:
“El embarque de los moriscos en el puerto de Cartagena (1610-1614)”, Áreas. Revista
Internacional de Ciencias Sociales, 30 (2011), pp. 85-99.
60
Raja YASSINE BAHRI: “Aportes culturales de los moriscos de Túnez”, Revista de
Historia Moderna, n.º 27 (2009), pp. 265-275.
61
Manuel LOMAS CORTÉS: “La contratación de mercantes extranjeros en la ex-
pulsión de los moriscos de Andalucía”, Revista de Historia Moderna, 27 (2009), pp.
193-218.
62
Bernard LOUPIAS: “En marge d’un recensement des morisques de la Villa de El
Toboso (1594)”, Bulletin Hispanique, vol. 78, 1-2 (1976), pp. 74-96.

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MOVILIDAD MORISCA EN LA CORONA DE CASTILLA, 1570-1610

y primeros días de abril. A lo largo del mes menudean las escrituras63


de venta y traspaso de propiedades de quienes se ven impelidos a
marchar, ajustes de arrendamientos, venta de grano, de cebollas, de
azafrán, el fruto de un melonar…También un poder de unos presos
en la cárcel por un pleito con unos cristianos nuevos, acusados de
maltratarlos, para que se tenga presente su nueva situación jurídica o
un vecino preocupado por cuanto el morisco García Zarco, debe mil
reales y a la vista del bando de expulsión quiere garantías de cobrar64.
El 8 de marzo de 1610 Diego Chacón, Alonso Martínez y Ber-
nardino otorgan una carta de poder a Damián Serrano, estante en
Madrid, y a dos procuradores para que en su nombre comparezcan
ante el rey, presidentes y reales consejos y cualquier juez y justicias
competentes

“y si Su Majestad mandare que salgamos de estos reinos de Es-


paña con los demás granadinos de esta villa, le pidan y supliquen
nos dé un comisario y persona que vaya con nosotros y los demás
alistados en esta villa para ponernos en la parte donde S.M. man-
daré hubiésemos de ir”65.

Pasadas dos semanas, otro grupo más numeroso de diez afectados


–de Toboso más otro de Villamayor– firman una escritura similar
a favor de Jerónimo Enrique y tres procuradores más en la corte de
Madrid a fin de comparecer ante el Consejo y órganos de justicia
en busca de socorro frente a los más pudientes, poco solidarios con
su desgracia

“y pidan que todas las casas que se han quedado fuera de la lista
y tropa que sea señalada a Juan de Nieves, comisario para sacarnos
de esta villa que son las nuestras y las demás que se han quedado
fuera Su Majestad nos arrime y admita a la dicha cuadrilla y tropa

63
Una breve orientación al investigador referida a los protocolos como fuente de in-
formación en Mª Eugenia ALGUACIL MARTÍN: “Los moriscos en los protocolos
notariales del Archivo Histórico Provincial de Toledo”, Anaquel, 47 (2009), pp. 34-37.
64
AHPT, Pº 13382, fols. 202 y 126vº respectivamente.
65
AHPT, Pº 13382, fol.182 vº.

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RAMÓN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

para que todos vamos juntos atento somos pobres y que por ello
los demás granadinos de esta villa con industria nos han dejado
fuera”66.

Mientras se resuelven las peticiones –si es que había interés por re-
solverlas– se ven empujados a preparar la marcha y los más diligen-
tes comienzan a firmar conciertos particulares67 con arrieros para
ser transportados, familias y enseres, en carros y mulas con destino,
unos a Burgos y otros hacia Cartagena. Aunque los firmantes son
individuos distintos, las cláusulas contractuales vienen a coincidir:
se estipula un número concreto de arrobas –entre 20 o 50 según la
capacidad del carro– a trasladar con un precio explícito abonado en
metálico, o con una parte en especie e incluso entregando un ma-
cho como parte del importe, dando una fracción al salir y el resto
durante el viaje, o la mitad en la partida y la otra a la llegada. En
todas se hace una salvedad respecto a la hipotética prolongación del
viaje en días, por verse obligados a detenerse como consecuencia de
la meteorología, del tiempo del recuento u otra circunstancia, con-
sistente en pagar un dinero suplementario y unas fanegas de cebada
para alimentar a las mulas.
En tierras de La Sagra se vive una situación similar con algún
matiz diferencial. En Villaseca, Alonso de Belmes, hortelano, firma
una escritura de convenio con Eugenio Martín, por la cual éste le
trasladará con sus bienes en un carro entoldado, con cuatro mulas,
desde Toledo a Vitoria por 30.600 maravedís; en Illescas Juan de
Valenzuela, contrata a su vecino Alonso Rodríguez Gamarra para
conducir con su carro y dos pares de mulas a Burgos, a un grupo de
16 personas por 1700 maravedís diarios y fanega y media de cebada68.
En las ciudades castellanas se producen escenarios idénticos, si
bien al existir un contingente más elevado se hace más notorio. En
Toledo hallamos a mediados de febrero un arreglo entre Diego Her-
nández, carbonero de los naturales del reino de Granada con Juan
Vázquez, carretero, quien se obliga “con un carro y cuatro mulas
66
AHPT, Pº 13382, fol. 226.
67
Pueden verse varios en AHPT, Pº 13382, fols. 213vº, 214vº, 254vº, 262.
68
AHPT, Pº 7748, fol. 111, 226 y Pº 7136 (13-marzo-1610).

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MOVILIDAD MORISCA EN LA CORONA DE CASTILLA, 1570-1610

al dicho Diego Hernández, mujer, hijos y suegro y demás personas


que señalare con que de hato y de personas no exceda de peso de
56 arrobas los cuales llevará hasta la ciudad de Vitoria” por precio
de 850 reales pagados por mitad a la salida y llegada69. En Segovia
encontramos escrituras similares. A guisa de ejemplo sirvan dos del
mes de marzo de 1610. Se trata de escrituras de obligación, signadas
ante los escribanos Francisco Ávila y Juan de Varrón. En ambas, el
destino está en la frontera francesa. Los arrieros Francisco Alonso,
vecino de Briviesca y Mateo de Madrid, de la tierra de Zorita, se
obligan a favor de cinco familias alistadas en Segovia “cristianos nue-
vos de los del reino de Granada de les llevar a ellos y a sus mujeres
y familias y a sus bienes todos cuantos les entregaren los llevaren
desde esta ciudad de Segovia hasta el lugar de San Juan de Luz, que
es dentro de la raya y reino de Francia”. Se comprometen a hacer
el recorrido en diez días y exigen percibir el dinero –8,5 reales por
arroba– antes de entrar a Burgos. La otra carta de obligación presenta
la peculiaridad de utilizar ocho cabalgaduras grandes, una recua de
unos lugareños de La Matilla, jurisdicción de Pedraza, para conducir
personas y hacienda, en lugar de carros y puntualiza se le pague en
monedas de plata, no de vellón. Por lo demás coincide con todas las
anteriores en el sentido de la hipotética contingencia de detenerse
“por causa del registro que han de hacer ante el señor conde de Sala-
zar en la ciudad de Burgos o por otra causa que sea” deberán añadir
una cantidad para alimento de los animales70. No parece necesario
insistir en la misma idea. El bando de expulsión desencadenó una
intensa movilidad para la cual fue necesario concertar escrituras con
dueños de mulas y machos o con arrieros para poder cumplir con la
orden de abandono del territorio peninsular.
Podría hablarse, ya para concluir, como última fase de la movi-
lidad morisca, del retorno71 de muchos o pocos –pese a la polémica
suscitada sobre la cuestión parece admitirse el carácter definitivo de
69
AHPT, Pº 2788, fols. 51vº-52v.
70
AHPS, Pº 861, fol.342vº y Pº653, fol. 292.
71
Govert WESTERVELD: Blanca, “el Ricote” de Don Quijote. Expulsión y regreso de
los moriscos del último enclave islámico más grande de España. Años 1613-1654, 2 to-
mos, Beniel, 2001-2014. Trevor T. DADSON: Los moriscos de Villarrubia de los Ojos
(Siglos XV-XVIII). Historia de una minoría asimilada, expulsada y reintegrada, Madrid,

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RAMÓN SÁNCHEZ GONZÁLEZ

la expulsión y su desaparición como comunidad72–, de la ocultación


interesada de contingentes protegidos por señores, nobles o ecle-
siásticos, o de los cristianos nuevos quedados al saber aprovechar la
pugna entre bandos suscitada en el interior de localidades –Ocaña,
Talavera, Plasencia, Trujillo, Mérida73– o de los que consiguieron,
por distintos procedimientos, burlar los decretos regios74. Salvo
constatar el hecho cierto de la existencia de una vuelta clandestina,
por su carácter de conducta perseguida por la justicia al considerarlo
un delito y por hacerse de forma enmascarada, es muy difícil poder
aportar algo sustancioso, excepto noticias dispersas de causas contra
determinados vecinos por acogerlos y protegerlos, cuya relación con
los desplazamientos poco o nada tienen que ver.

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72
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España después de las expulsiones: resistencias a la expulsión, permanencias y re-
tornos de los moriscos”, en Actas XII Simposio internacional de mudejarismo, Teruel,
Centro de Estudios Mudéjares, 2013, pp. 473-490. No comparte la tesis de Dadson
de generalizar el caso analizado para Villarrubia de los Ojos, junto a otros –Valle de
Ricote, Baix Ebre– excepcional, no generalizable [p. 489].
73
Antonio DOMÍNGUEZ ORTIZ-Bernard VINCENT: Historia de los moriscos…, p. 248.
74
En el reino de Granada permanecieron miles de descendientes de musulmanes des-
pués de 1609 según Enrique SORIA MESA: “Los moriscos que se quedaron. La
permanencia de la población de origen islámico en la España moderna”, Vínculos de
Historia, 1 (2012), pp. 205-230.

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¿UNA ALTERNATIVA PEDAGÓGICA EN TIEMPOS INQUISITORIALES?
LA CUARTA PARTE DE LA INTRODUCCIÓN
DEL SÍMBOLO DE LA FE (1583)*
Axel Kaplan Szyld
Bar-Ilan University

INTRODUCCIÓN

El género de obras polémicas antijudías (Adversus Iudaeos), como


medio de evangelización o como ejercicio teológico de validación
de los principios de la fe cristiana, acompañó a la Iglesia desde sus
inicios1. Pese a la elaboración, siglo tras siglo y casi incesante, de tra-
tados Contra Iudaeos, la literatura se divide en dos etapas distintas.
Antes del siglo xii y después del mismo. En su primera fase, la po-
lémica giró en torno a los versículos del Antiguo Testamento que, a
través de una lectura cristológica, apoyaban la doctrina cristiana. La
argumentación, patrocinada por los padres de la Iglesia, se basaba
en conceptos e ideas de origen paulino, como la asimilación del
pueblo hebreo con lo carnal y formalista, y su lectura literal de las
Sagradas Escrituras. Junto a ella, se hallaba la evidencia histórico-
teológica: que el pueblo judío, con su ceguedad, sufrimiento y exi-
lio testificaban la veracidad del cristianismo.
Desde el siglo xii, la polémica adopta nuevos esquemas y argu-
mentos. Cambios de diversa índole traen consigo una transformación
en la literatura antijudía, apodada por el investigador Robert Chazan
*
La investigación para este artículo fue realizada gracias al apoyo de: 1. Doctoral Fe-
llowships of Excellence Program of the University of Bar-Ilan; 2. The Council for
Higher Education, Scholarships in memory of Nathan Rotenstreich.
1
Para la formación de la polémica antijudía alrededor de los Patres ecllesiae, como para
su estado y características en el ocaso del medievo, véase Williams A. LUKYN: Adver-
sus Judaeos: a Bird’s-Eye View of Christian Apologiae until the Renaissance, Cambridge,
Cambridge University Press, 2012; Jeremy COHEN: The Friars and the Jews: The
Evolution of Medieval Anti-Judaism, Ithaca and London, Cornell University Press,
1982; ídem, Living letters of the law: ideas of the Jew in medieval Christianity, Califor-
nia, University of California Press, 1999.

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AXEL KAPLAN SZYLD

como el cambio argumentativo (innovative argumentation)2. Desde aquí


en adelante, la acción persuasiva pasó a efectuarse con la ayuda de la
literatura post-bíblica, y con la utilización de argumentos escolástico-
racionales. La Biblia cede su lugar a fórmulas filosóficas-escolásticas
y los autores pasan a servirse de citas de la literatura rabínica, de
la mística judía, pero más que nada del Talmud. El último, a ojos
de los escritores cristianos, representaba el mayor obstáculo para la
conversión de los judíos. Ejemplos de esta literatura, que floreció
en la península ibérica durante los siglos xii al xv, se encuentran en
el Pugio Fidei de Raimundo Martí (1210/15-1285/90)3, en el tratado
De Iudaicis erroribus ex Talmut de Jerónimo de Santa Fe (o Josuah
Ha- Lorki por su nombre judío)4, en el Scrutinium Scripturarum del
obispo converso de Burgos, Pablo de Santa María (Shlomo Halevi
1350-1435)5, y en el Fortalituim Fidei de Alonso de Espina (?-1496)6.
A mediados del siglo xvi, debido principalmente a la conver-
sión masiva y forzosa del año 1497, el género polémico antijudío
fue utilizado en Portugal para adoctrinar y confirmar en la fe a los

2
Robert CHAZAN: Medieval Stereotypes and Modern Antisemitism, Berkeley- Los An-
geles, University of California Press, 1997; ídem: Daggers of faith: thirteenth-century
Christian missionizing and Jewish response, Berkeley, University of California Press,
1989, especialmente el capítulo número cinco.
3
Utilizo la siguiente versión, Raymundus MARTINI: Pugio Fidei adversus Mauros
et Judaeos, cum observationibus Joseph Voisin et Introductione J. Benedicti Carpozovi
(1687), Farnboroug, Gregg, 1967.
4
Véase, Moisés ORFALI: El Tratado “De Iudaicis erroribus ex Talmut” de Jeronimo de
Santa Fe, Introducción general, estudio y análisis de las fuentes, Madrid, Consejo
Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Filología, Departamento de Es-
tudios Hebraicos y Sefaradíes, 1987.
5
Un excelente estudio de la obra se encuentra en Yosi YISRAELI: Between Jewish and
Christian scholarship in the fifteenth century: the consolidation of “converso doctrine” in
the theological writings of Pablo de Santa Maria, Tesis Doctoral, University of Tel-Aviv,
2014. Además, véase Gareth L. JONES: “Paul of Burgos and the Adversus Judaeos
Tradition”, HENOCH, 21.3 (1999), pp. 313-330; Michelangelo TÁBET: “El diálogo
judeo-cristiano en el Scrutinium Scripturarum de Pablo de Santa María”, Annali di
Storia dell’Esegesi, 16.2 (1999), pp. 537-560.
6
Alonso de ESPINA, Antonius KOBERGER (ed.): Fortalicium fidei contra iudeos sar-
acenos aliosq[ue] christiane fidei inimicos (c.1464), Nuremberg, 1494. Además, véase,
Steven J. MCMICHAEL: Was Jesus of Nazareth the Messiah? Alphonso de Espina’s ar-
gument against the jews the in the Fortalitium Fidei (c. 1464) An edition, translation and
commentary, Atlanta, Georgia, Scholars Press, 1994; Constanza CAVALLERO: Los
enemigos del fin del mundo: judíos, herejes y demonios en el “Fortalitium fidei” de Alonso
de Espina (Castilla, siglo XV), Buenos Aires, Miño y Dávila Editores, 2016.

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¿UNA ALTERNATIVA PEDAGÓGICA EN TIEMPOS INQUISITORIALES?...

cristianos nuevos7. En el año 1532 se publica (para luego censurarse)


Ropicapnefma, el primero de los tratados anti-rabínicos de João de
Barros8. Una década más tarde, en el año 1541, el fraile Francisco
Machado termina de redactar su Espelho de Christãos Novos9. Por
último, redactada en torno a 1562, se encuentra la obra Inquisição
e Segredos da Fé de Diogo de Sá10. Cabe aclarar que estos tratados,
a pesar de estar dedicados al cardenal infante Henrique en persona
(inquisidor general entre 1539 y 1579 y rey de Portugal de 1578 a 1580),
no fueron publicados. La oposición del infante a la vía catequética
conversa, especialmente la escrita en lengua romance, provendría
de su temor de que estas obras fuesen empleadas por los cristianos
nuevos para profundizar en su herejía judaizante11. La desconfianza
del infante don Henrique de la posibilidad de poder enderezar a los
presuntos herejes de manera pacífica y pedagógica, le llevó a optar
por el aparato represivo, imponiendo una política rigurosa e inflexible

7
Es con la desaparición oficial de los judíos cuando se forma la polémica antijudía en
tierra portuguesa. Véase, Moisés ORFALI: “Jews and Judaism in Christian Polemics
in Portugal”, en Yom Tov ASSIS y Moisés ORFALI (eds.): Portuguese Jewry at the
Stake: Studies on Jews and Crypto-Jews (en hebreo), Jerusalem, The Hebrew University
Magnes Press, 2009, pp. 143-168.
8
João de BARROS: Ropica Pnefma: Reprodução Fac-Similada Da Edição De 1532; Lei-
tura Modernizada, Notas E Estudo De I. S. Révah, 2 vols., Lisboa, Instituto nacional
de investigação científica, 1983. Para la edición crítica de su segundo y famoso tratado
redactado cerca de 1543, véase João de BARROS: Diálogo evangélico sobre os artigos
da fé contra o Talmud dos Judeus: manuscrito inédito, Introduçâo e notas de I. S. Révah,
Lisboa, Livraria Studium, 1950.
9
Mildred E. VIEIRA, Frank TALMAGE: The Mirror of the New Christians = (Espelho
de Christãos novos) of Francisco Machado, Toronto, Pontifial Institute of Mediaval
Studies, 1977; Ronaldo VAINFAS: “«Deixai a lei de Moisés!» Notas sobre o «Espelho
de Christãos Novos»”, en Lina GORENSTEIN & Maria Luiza Tucci CARNEIRO:
Ensaios sobre a intolerância: inquisição, marranismo e anti-semitismo (Homenagem a
Anita Novinsky)”, São Paulo, Humanitas, 2005, pp. 241-263.
10
Un profundo estudio y edición crítica se encuentra en Cristina Costa GOMES:
Diogo de Sá no Renascimento português, 2 vols., Lisboa, Centro de Estudos Clássicos
da Faculdade de Letras da Universidade de Lisboa, 2012.
11
Para el debate sobre la vía catequética remito a António BAIÃO: A inquisição em
Portugal e no Brasil: subsídios para a sua historia, Lisboa, Calçada do Cabra, 1906,
pp. 39-42; Giuseppe MARCOCCI y José P. PAIVA: História da Inquisição portu-
guesa (1536-1821), Lisboa, A Esfera dos Livros, 2016, pp. 69-71; y Bruno FEITLER:
The Imaginary Synagogue: Anti-Jewish Literature in the Portuguese Early Modern World
(16th-18th Centuries), Boston, Brill, 2015, pp 15-17 que señala que la “situación con-
versa” fue preocupación de varias de las entidades eclesiásticas más importantes.

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AXEL KAPLAN SZYLD

hacia los conversos y sus descendientes12. Su miedo quedó reflejado


de manera sistemática en el Index librorum prohibitorum de 1581, pa-
trocinado por el inquisidor general Jorge Almeida (1579-1585), donde
es reprimido todo tratado que presente algún recuerdo mosaico13.
Asimismo, años antes de que el archiduque Alberto (virrey de
Portugal entre 1583 y 1593 e inquisidor general de 1586 a 1593) marque
la necesidad de un catecismo específico que, fundado principalmente
en las “autoridades del Antiguo Testamento”, sirva para adoctrinar a
los conversos, el obispo de Portalegre, frei Amador de Arrais, consagró
todo un capítulo de sus Diálogos para refutar la vía catequética14. Este,
no solo mostró lo nocivo de estas obras, sino también la inutilidad
de ellas15. La solución para los “judeus” terminaría llegando solo del
cielo: “E não bastando isto, resta que do Ceo lhe venha o remedio,
& que Deos por sua infinita bondade milagrosamente os alumie”16.
Tal pesimismo fatalista, decorado con escatología racial (término
utilizado por Claude B. Stuczynski), llevó a los investigadores a señalar
que se dejaron de elaborar tratados antijudíos con la aspiración de

12
Para la postura anti conversa y pro inquisitorial del infante, véase, entre otros, João L.
de AZEVEDO, História dos Cristãos-Novos Portugueses, Lisboa, Livraria Clássica Edi-
tora, 1922, p. 128; Robert A. MARYKS: The Jesuit Order as a synagogue of Jews: Jesuits
of Jewish ancestry and purity-of-blood laws in the early Society of Jesus, Boston, Brill,
2010, pp. 120, 139, 250; y especialmente Giuseppe MARCOCCI: I custodi dell’orto-
dossia: inquisizione e Chiesa nel Portogallo del Cinquecento, Roma, Edizioni di storia e
letteratura, 2004.
13
Sobre las distintas amenazas que guiaron los Index de España y Portugal, Claude B.
STUCZYNSKI: “Between the implicit and the explicit: books and reading tech-
niques among the Marranos in Portugal during the xvith century”, en Yosef KA-
PLAN y Moshe SLUHOVSKY (eds.): Libraries and Book Collections, Jerusalem,
Zalman Shazar Center, 2006, pp. 161-163.
14
Amador de ARRAIS: Dialogos de D. frey Amador Arraiz Bispo de Portalegre. Revistos
e acrescentados pelo mesmo autor nesta segunda impressao. Em Coimbra: Na Officina
de Diogo Gomez Loureyro Impressor da Universidade Com licenca do Sancto Officio, &
Ordinario & Priuiligio Real. Anno do Senhor de M. DCIIII (primera edición 1589),
capítulo quinto del tercer diálogo.
15
“humanamente parece não ter remédio a obstinação dos judeus, per via de disputas
& argumentos”, ibídem, p. 224.
16
Ibídem, p. 228. La respuesta del obispo de Elvas, Antonio Mattos de Noronha, no
difiere mucho de la del obispo de Portalegre: “temo que ha de ser pouco fruito para
elles por estarem obstinados e endurecidos em seus errores e tão doutrinados nelles
por seus pais e persuadidos, desde que nascem, que ha de ser necessario mui particular
fauor de deus pera se apartarem deles”, António BAIÃO: A inquisição em Portugal e
no Brasil…, p. 41.

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¿UNA ALTERNATIVA PEDAGÓGICA EN TIEMPOS INQUISITORIALES?...

reconciliar a los cristianos nuevos17. En lugar de estos, surgen textos


que, a través de manifestaciones y de acusaciones antisemíticas,
denigran la imagen del judío, enalteciendo el odio hacia la casta
judeoconversa. Sin embargo, la intención en las siguientes páginas
será reconocer la Cuarta Parte de la Introducción del Símbolo de la Fe
(1583)18 –en adelante la Cuarta Parte–, escrita en Portugal por el mís-
tico dominico fray Luis de Granada (1504-1588)19, como un catecismo
elaborado para resolver la integración socio-religiosa de los cristianos
nuevos20. Se explicará la razón por la cual fray Luis eligió utilizar del
género polémico Adversus Iudaeos, viviendo en un tiempo y lugar
donde no se encontraban judíos (ni rabinos o Talmud). A partir de
un análisis de la figura del judío, como se manifiesta en la obra, se
advertirá la manera del autor de guiar “el problema converso” de un
plano étnico, racial (predominante en su época), a otro puramente
teológico. De este modo se revelará que el texto discute con un judío
virtual, haciendo uso de temáticas y terminologías antijudías, con la
intención de educar y de proteger a los judeoconversos.

CUARTA PARTE DE LA INTRODUCCIÓN DEL SÍMBOLO DE LA FE

La Introducción del Símbolo de la Fe, con sus cuatro partes, se escri-


bió en Portugal y fue impresa, por primera vez, en Salamanca por
17
Ibídem, p. 42; João L. de AZEVEDO: História dos Cristãos-Novos…, pp. 179-180; M.
Idalina Resina RODRIGUES: “Literatura e anti-semitismo: séculos xvi e xvii”, Broté-
ria, 109 (1979), pp. 41-56, 137-153; Bruno FEITLER: The Imaginary Synagogue…, p. 17;
Giuseppe MARCOCCI y José P. PAIVA: História da Inquisição portuguesa…, p. 71.
18
Luis de GRANADA: Quarta parte de la Introduction al symbolo de la fe: en la qual
(procediendo por lumbre de fe) se trata del mysterio de nuestra Redemption: para lo cual se
traen todas las prophecias, que testifican ser Christo nuestro salvador el Mesias prometido
en la ley, donde también se declaran otros misterios, y artículos de nuestra Santa Fe, con-
tenidos en el símbolo, Compuesta por el R.P Maestro F. Luys de Granada de la Orden de
Sancto Domingo (Salamanca por los Herederos de Mathias Gast, M.D LXXXIII).
19
Para la vida y obra de Luis de Granada véanse sus tres biografías más recientes, John
A. Moore: Fray Luis de Granada, Boston, Twayne Publishers, 1977; Álvaro HUERGA,
Fray Luis de Granada: una vida al servicio de la Iglesia, Madrid, Biblioteca de Autores
Cristianos, 1988; y con especial tono hagiográfico Urbano ALONSO DEL CAMPO:
Vida y obra de Fray Luis de Granada, Salamanca, Editorial San Esteban, 2005.
20
En un artículo que será publicado próximamente me centro en la existencia de una
teología paulina “pro-conversa” en la obra: Axel KAPLAN SZYLD (en prensa): “Ad-
versus Iudaeos o ‘Pro-Converso’?: Teología ‘Pro-Conversa’ en la Cuarta Parte de la
Introducción del Símbolo de la fe (1583)”, Hispania Sacra (2019), 31 pp.

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AXEL KAPLAN SZYLD

los herederos de Mathias Gast en el año 158321. La primera parte


de la obra, y la más conocida, trata de la creación del mundo, sus
cualidades y sus seres vivos22. La segunda se ocupa de las excelencias
de la religión cristiana, centrándose principalmente en distintos
milagros, para culminar con el tópico del martirio. La tercera y la
cuarta parte tratan del misterio de la redención, pero desde distin-
tas perspectivas. La tercera parte trae argumentos correspondientes
a la “lumbre de razón” (esto es argumentos escolástico-racionales)
para demostrar que la pasión de Cristo fue el preferente y único
camino para la salvación de la Humanidad. En cambio, la Cuarta
Parte intenta demostrar por “lumbre de fe”, esto es, con el apoyo
de las Sagradas Escrituras y sus profetas, que Jesucristo es el mesías
prometido en el Antiguo Testamento.
La Cuarta Parte se divide en dos secciones. La primera contiene
veintiún capítulos. En ellos, se pretende demostrar a los “Iudios”
que una correcta interpretación de su misma fuente (i.e la Biblia) les
permitirá aceptar los misterios de la religión cristiana. Los primeros
capítulos introducen al lector en la materia, a través de una reflexión
sobre las señales (profecías veterotestamentarias) que precedieron la
venida de Jesucristo, su nacimiento, vida y muerte, para rápidamente
pasar a la sección principal de la primera parte de la obra: la descrip-
ción de cuatro hazañas (hechos históricos) que tendrían que ocurrir
después de su venida. Las tres primeras hazañas relatan: el fin de la
idolatría, la mudanza de los gentiles al monoteísmo y su entrada
en la moral cristiana. Luego, llega el momento de la más extensa y
detallada de todas las hazañas: “la cuarta Hazaña q se auia de seguir
después de la muerte del Salvador, que fue el castigo famoso de los
que se la procuraron”23. El castigo de Israel se extiende hasta el final
de la primera sección. Presentando una visión teológico-cristiana
de la historia, se muestra como Dios abandonó a su pueblo elegido
para expandir su gracia a toda la humanidad. A su vez, el relato de

21
Un año después de la primera edición del libro se publica por separado un sumario,
que recibe el nombre de la quinta parte de la obra.
22
La única parte de la obra que recibió edición crítica, José M. BALCELLS: Introduc-
ción del símbolo de la fe, Madrid, Cátedra, 1989.
23
La hazaña ocupa los capítulos XIII-XX, extendiéndose desde los folios 53 al 101.

5 414

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¿UNA ALTERNATIVA PEDAGÓGICA EN TIEMPOS INQUISITORIALES?...

los sufrimientos y de las atrocidades que persiguen a los judíos que


no han recibido a Cristo, le permite al autor confirmar, por un lado,
la autenticidad de la fe cristiana y, por otro, conmover (atraer), a
través del horror, hacia ella.
La segunda sección del catecismo está formada de once capítu-
los ordenados en forma de diálogos, en los cuales la figura de un
maestro aclara las dudas y misterios de la doctrina cristiana a su
alumno (catecúmeno) recientemente convertido del judaísmo24.
Los primeros coloquios destacan por su contenido cristológico: la
humanidad (y divinidad) de Jesucristo (diálogos 2, 4), la Trinidad
(diálogo 3), la pobreza y la humildad (diálogo 5), la aspereza y difi-
cultades ocurridas durante su vida (diálogo 6), su pasión (diálogo
7) y la eucaristía (diálogo 8). Junto a ellos, se encuentran diálogos
que tratan de cuestiones directamente relacionadas con los judíos y
el judaísmo: “de la derogación de los sacrificios y ceremonias de la
ley” (diálogo 9) y “de la ceguedad, y miserias, que viuen la parte de
los Iudios que no ha recibido la Fe del Saluador” (diálogo 10). Esta
sección es sellada por el diálogo que examina “los dos estados de la
iglesia cristiana, que es del que tuvo en el principio y del que agora
tiene en el tiempo presente” (diálogo 11).
Ahora bien, la obra pretende actuar como un catecismo para
judíos, pese a la ausencia de los mismos en la península ibérica
desde hacía casi cien años. ¿Cómo debemos entender a los “Iudios”
a los cuales alude la obra?25 La asimilación del judío con el conver-
so (o judaizante) no deja de ser un fenómeno perturbador para la

24
Optando por el diálogo, fray Luis viene a sugerir que el bautismo del neófito necesita
ser acompañado de un adoctrinamiento adecuado “porque essa orden dio el Saluador
a sus discipulos, quando los embio a predicar por el mundo, diziēdoles primero, que
enseñassen las gētes, y despues las baptizassen”, Luis de Granada, Quarta Parte…,
p. 105. Sobre la implementación del diálogo en la península ibérica del siglo xvi
véase Ana Vian HERRERO, María José VEGA, Roger FRIEDLEIN (eds.): Diálogo
y censura en el siglo XVI (España y Portugal), Madrid-Frankfurt am Main, Iberoameri-
cana-Vervuert, 2016.
25
Véase Claude B. STUCZYNSKI: “Anti-Rabbinic Texts and Converso Identities: Fer-
na͂o Ximenes de Araga͂os Catholic Doctrine”, en Kevin INGRAM y Juan I. PULIDO
SERRANO (eds.): The Conversos and Moriscos in Late Medieval Spain and Beyond,
3 (2015), Boston, Brill, pp. 63-94, que ofrece una forma novedosa de leer parte de la
literatura anti rabínica publicada en un Portugal desprovisto de judíos reales.

415 5

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AXEL KAPLAN SZYLD

historiografía26. Por ejemplo, Frank Talmage, después de festejar la


actitud paciente y benévola que adopta Francisco Machado con el
público cristiano-nuevo en su obra, sugiere que “despite this, the
identification of New Christian and Jew remains intact. In this
way, at least, Machado’s apparent benevolence becomes infused
with traditional antisemitic thought patterns”27. A continuación, se
sugerirá una explicación distinta de la analogía (mimetismo) judío-
cristiano nuevo en parte de la literatura antijudía que vio la luz en
la Península Ibérica a comienzos de la modernidad. Para lograrlo, es
de suma importancia ver de qué forma el género polémico antijudío
es implementado en la obra.

UN CONTRA IUDAEOS INHABITUAL

Fray Luis de Granada utiliza el género literario antijudío, pero de


una manera peculiar. La Cuarta Parte, a la manera de otras obras del
género (y como queda declarado en el subtítulo de ésta), pretende
demostrar a los judíos que se encuentran en el error, que Cristo es
el Mesías prometido en la ley mosaica. Tal tarea se efectúa con la
ayuda del Antiguo Testamento. La Biblia funciona como fuente
única y exclusiva. No encontramos en el texto referencia alguna
a fabulas talmúdicas o a la literatura rabínica, como, del mismo
modo, no se hayan referencias a rabinos específicos o al misticismo
judío. El texto se contenta con traer la palabra de las Sagradas Es-
crituras (principalmente del Viejo Testamento), depositando en el
centro a San Pablo, y a su costado a los patres ecclesiae. El judío que
se manifiesta en la obra, a pesar de su avance por la historia, no es
otro que el del tiempo de Cristo. A pesar de su sufrimiento y exi-
lio durante mil quinientos años, este sigue siendo una reliquia, un
26
Frank TALMAGE: “To Sabbatize in Peace: Jews and New Christians in Six-
teenth-Century Portuguese Polemics”, The Harvard Theological Review, 74 .3 (1981),
pp. 265-285; Albert A. SICROFF: Los estatutos de limpieza de sangre: controversias
entre los siglos XV y XVII, Newark (DEL), Juan de la Cuesta, 2010, pp. 220-228; Bru-
no FEITLER: The Imaginary Synagogue…, pp. 77-80, que comprende el fenómeno
como un “mal hábito” heredado del medioevo.
27
Mildred E. VIEIRA, Frank TALMAGE: The Mirror of the New Christians…, p. 25.

5 416

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¿UNA ALTERNATIVA PEDAGÓGICA EN TIEMPOS INQUISITORIALES?...

fósil teológico. Debido a esto, la obra carece de la argumentación


producida con la evolución de la tradición literaria antirabínica. La
figura del maestro no polemiza contra el Talmud y las autoridades
judías, sino que aborda los aspectos teológicos y cristológicos que
les fueron problemáticos a los judíos (y al público bautizado de su
tiempo), desde los comienzos de la Iglesia. El dominico parecería
comportarse como ajeno a la revolución ocurrida en la literatura
antijudía, señalada por Robert Chazan. Los argumentos esgrimi-
dos contra los judíos no son los pertenecientes a la razón (aspecto
tratado en la tercera parte de la Introducción). Es a través de la luz
de las Escrituras y sus profetas (representantes de la fe), que el texto
pretende atraer a los “judíos” al cristianismo.
Por otro lado, es en el momento que el catecúmeno ya recibió el
cristianismo, es decir, solo en la segunda sección de la obra, cuando
se hace uso del diálogo. Lo lógico sería que en la primera sección
apareciera la figura de un judío, que expusiese la interpretación
judeo-rabínica de los versículos desplegados. Sin embargo, la tarea
de persuasión es unidireccional, y se realiza de manera “dulce”. Gra-
dualmente y de manera positiva, para mostrar a los judíos su error,
se exponen fragmentos del Antiguo Testamento trayendo en apoyo
únicamente la hermenéutica cristiana28. De esta manera, se enfatiza
el papel educativo y catequético del libro, en lugar del polémico, y
no menos importante, no se brinda material de gran interés a los
interesados en seguir con la ley de sus antepasados29.
Junto a lo dicho, es importante recalcar que el texto carece de todo
tipo de vicios, inmoralidades e imperfecciones (físicas y morales) que
28
Esta regla contiene ciertas excepciones como en el caso del Salmo número 88, el
capítulo noveno de Daniel y el capítulo 53 de Isaías, donde también se expone la
interpretación judeo-rabínica (para ser refutadas cabalmente). Véase M. Idalina Re-
sina RODRIGUES: Fray Luis de Granada y la literatura de espiritualidad en Portugal
(1554-1632), Madrid, Universidad Pontificia de Salamanca, Fundación Universitaria
Española, 1988, p. 383.
29
Al comienzo del Al Christiano Lector nos encontramos con lo siguiente: “Porque no
ay hombre tan rudo, que no sepa que los Iudios esperan por su Mexias, y creen que ha
de ser un Rey muy poderoso, que ha de conquistar por armas el mundo, y que guar-
dan el sabado, y las otras ceremonias de la ley, y otras cosas tales. Porque como estas
cosas se publicā en todos los autos del sancto oficio (a que tanta gente acude) nadie
ignora esas cosas. Assi que no desayunamos aquí a nadie de errores que no sepa”, Luis
de GRANADA: Quarta Parte…, p. 4. Igualmente, cabe aclarar que tales precauciones

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AXEL KAPLAN SZYLD

les eran adjudicados al pueblo hebreo. Esta demonización permitía a


los autores de las polémicas antijudías pasar de un judío hermenéutico
y estático a otro contemporáneo. El judío creado por ellos mismos
los terminaba llevando a insultos, ofensas, y finalmente a estallidos
de cólera, que daban pie a alargadas críticas sobre la presencia judía
dentro de la sociedad cristiana. De otra forma, se observa una ausen-
cia total de alusiones racistas o fenomenológicas, como la codicia, la
ambición, la afeminación y la usura judías (que en nuestro contexto
pasan a ser herencias antropológicas y culturales de los cristianos
nuevos)30. Del mismo modo, no se perciben relatos de sacrificios
rituales, profanación de imágenes o actos de culto de algún tipo.
Así, a diferencia de otros tratados del género de su período, donde
se puede hallar contenido antisemita, en distintos grados, la Cuarta
Parte no busca intensificar el odio contra los judíos, en nuestro caso
cristianos nuevos, ni invita a actitudes violentas contra ellos. El autor
no pide agravar, de algún modo, el sufrimiento, ya duro, de los mis-
mos31. Aún más, la posición benigna, y hasta piadosa, que adopta el
no obraron su debido efecto, el texto, contra la voluntad del autor, fue un best seller
en los procesos de posibles judaizantes, véase, entre otros, Seymour B. LIEBMAN:
The Jews in New Spain: faith, flame and the inquisition, Miami, University of Mi-
ami Press, 1970, pp. 152-153; Martin A. COHEN: The Martyr: The Story of a Secrey
Jew and the Mexican Inquisition in the Sixteenth Century, Philadelphia, The Jewhish
Pulication Society of America, 1973, pp. 68, 131, 193, 203-208, 304; Yosef KAPLAN:
“Jewish Proselytes from Portugal in 17th Century Amsterdam–The Case of Lorenzo
Escudero”, Proceedings of the World Congress of Jewish Studies, vol. 4: History of the
Jews in Europe (1977) (en hebreo), pp. 87-101; Boleslao LEWIN: Los criptojudíos: un
fenómeno religioso y social, Buenos Aires, Editorial Milá, 1987, pp. 185-201; David M.
GITLITZ: Secret and deceit: the religion of the crypto-Jews, Philadelphia, The Jewish
Publication Society, 1996, pp. 431, 435-436; Vincent PARELLO: “Los Mora de Quin-
tanar de la Orden: un criptojudaísmo familiar a finales del siglo xvi”, Sefarad, 61 .2
(2001), p. 406; Miriam BODIAN: Dying in the law of Moses: crypto-Jewish martyrdom
in the Iberian world, Bloomington, Indiana University Press, 2007, pp. 57, 68-69, 150;
Blanca VIZÁN, “Lecturas criptojudías y la Introducción al Símbolo de la Fe de fray
Luis de Granada”, Studia aurea monográfica, 5 (2013), pp. 195-216. En este momento
me encuentro redactando un artículo sobre estas lecturas efectuadas “contra la regla”.
30
Juan HERNÁNDEZ FRANCO: Sangre limpia, sangre española: el debate sobre los
estatutos de limpieza (siglos XV-XVII), Madrid, Cátedra, 2011, especialmente su tercer
capítulo.
31
Tampoco el tópico del deicidio logra prender la mecha antisemita en el autor. El rela-
to de las calamidades ocurridas por el asesinato de Dios, son tenidas por el dominico
como “tristes tragedias” que contienen una propósito educativo: “Pues boluiendo
a nuestro proposito todas estas maneras de calamidades permite Dios q padezca la
parte desta gēte q aū esta ciega, para q esta vexaciō les abra el entendimiento y les

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¿UNA ALTERNATIVA PEDAGÓGICA EN TIEMPOS INQUISITORIALES?...

dominico hacia los “Iudios” se logra conservar en los pasajes donde


otros autores cristianos transitan del asombro a la frustración y el
enojo. La situación precaria de las almas, junto con su empeño y su
obstinación (divinos) de permanecer en el error, llevan al dominico
a reacciones barrocas, mezclas de lastima y llanto32.
Que quede claro: no se trata aquí de una posición filosemita. Por
el contrario, la Cuarta Parte manifiesta un antijudaísmo puro, de
tono paulino y patrístico (sobre todo agustino). El judío que surge
del texto es un judío ciego, pero racional y humano (debido a que
la capacidad para penetrar en el mensaje evangélico yace en la fe)33,
que no posee autoridades rabínicas y su única fuente es la Biblia34.
Este modus operandi, además de alejar al dominico del antisemitismo,
popular de su época, logra acercarlo, por medio de un judío virtual,
a la realidad de los judeoconversos de su tiempo. Poniendo énfasis en
el discurso de la Cuarta Parte y colocándolo en su debido contexto,
esta se convierte en una manera pacífica de lidiar con los “judíos”

de a conocer el desamparo de Dios y assi se buelua a el y a su vnigenito hijo nuestro


Salvador”, Luis de GRANADA: Quarta Parte…, pp. 75. Cf. M. Idalina Resina RO-
DRIGUES: Fray Luis de Granada y la literatura…, p. 388, donde se sugiere que la
razón de la ausencia antisemita del tratado yace en el origen español (y no portugués)
del autor. Aquí se pone énfasis en su posición teológica-política.
32
“Y lo q agora puedo aqui decir, es, confessar os que, me da gana de llorar, quando veo
vna tā estraña rudeza, como es, esperar salador de cuerpos y dador de bienes tempo-
rales”, Luis de GRANADA: Quarta Parte…, p. 136; “Por tanto ya que tenemos acerca
desto tan claro testimonio del Propheta, no ay razon para disputar, sino para llorar la
ceguedad de la gente que con tan claro testimonio no le convence (sobre la profecía
de Zacarias 9, 9)”, ibídem, p. 141.
33
A partir del siglo XI, parte de los autores cristianos, influenciados por los textos de
Aristóteles, explicaron la hermenéutica “literal” de los judíos en términos “raciona-
les”. Los judíos no tenían la capacidad intelectual para poder entender sus propias
escrituras. De esta manera, el judío se transformaba en un ser irracional y, por lo
tanto, inhumano. Véase Ana Sapir ABULAFIA: “Jewish-Christian Disputations and
the Twelfth-Century Renaissance”, JMH, 15 (1989), pp.105-125, y Jeremy COHEN:
Living letters of the law…, capítulo número 5.
34
El judío de la Cuarta Parte se presenta como una antítesis del judío (cristiano nuevo)
construido por los predicadores en los sermones que acompañaban los autos de fe.
Para la materia remito al excelente estudio de Edward GLASER: “Invitation to intol-
erance: A study of the Portuguese sermons preached at autos-da-fé”, Hebrew Union
College Annual, 27 (1956), pp. 327-385.

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AXEL KAPLAN SZYLD

de su sociedad. En un artefacto que viene a convertir, voluntaria y


sentimentalmente, al neófito35.

UNA CEGUERA PECULIAR36

La caecitatis iudeorum, topo legendario que acompaña la polémica


antijudía desde sus comienzos, es un motivo que aparece ad nau-
seam en la obra. Sin embargo, como pretendo demostrar, esta ad-
quiere un significado especial en la doctrina (y en el contexto) de
fray Luis de Granada.
Siguiendo la tradición patrística, el autor explica que fue la ceguera
judaica (y el sufrimiento causado por la misma), la que promovió la
entrada de los gentiles a la fe cristiana:

“Finalmente son tan magnifiestas y tā ciertas las Prophecias, y


señales que nos fueron dadas para conocer al saluador, que pu-
dieran los enemigos de nuestra religiō dezir, q estas Prophecias
auian sido inuencion de los Christianos, para confirmar la fe de
su religion. Mas porque esto no se pudiesse dezir, ordeno la diuina
prouidencia, que los mismos enemigos de nuestra fe confessassen
la verdad destas escrituras, que son las mismas que los Christianos
tenemos. Y assi ellos traen consigo el testimonio de su condena-
ción, y el de nuestra verdad, y justificación”37.

Además de divina y pedagógica, la ceguera de la cual se acusa a los


judíos es estrictamente teológica. Sin demasiado esfuerzo, se hallan
esparcidas por la obra alusiones como las siguientes:
35
Crasten L. WILKE: The Marrakesh dialogues a gospel critique and Jewish apology from
the Spanish renaissance, Leiden, Brill, 2014, pp. 119-122, relaciona el incremento de
catecismos en el siglo xvi, con las conversiones forzadas ocurridas en la península
ibérica al final del siglo xv.
36
Véase también la sección “ceguera judaica (y caridad cristiana)”, en mi artículo ya
citado.
37
Luis de GRANADA, Quarta Parte…, p. 15. La frase continúa: “Y en este sentido
declara S. Augustin las palabras de Dauid: el qual pidiendo a Dios en vn Psalmo, que
no mate a los testigos desta verdad (que son los Hebreos) porque no perezca juntam-
ente con ellos el testimonio de las sanctas escrituras”.

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¿UNA ALTERNATIVA PEDAGÓGICA EN TIEMPOS INQUISITORIALES?...

“Pues quiē no vee el cūplimiento desta Prophecia? (refiriéndose


al versículo 23 del Salmo 69, acompañado de los versículos 28-29 del
capítulo 28 de Deuteronomio) Que luz del medio dia es tan clara,
como lo es el desta verdad, por tātas palabras de Dios testificada?
Y cō todo esso eneste medio dia tā claro no ven el resplādor desta
luz”38.

“…confiesso q muchas vezes me esta llorando el coraçon viendo


la estraña ceguedad q padece aquella parte q permanece obstinada
en su error en medio de una tan clara luz. Quiten la niebla es-
cura de la passiō q tienen ante los ojos y llamen con humildad a
aquel señor q es padre de las lumbres, y no es acceptador de personas,
ni de linaje, y el les abrirá los ojos para q conozcā su Saluador,
como ha abierto los de otros muchos q fielmente le siruen, adorā,
y reconoscen”39.

Frente a la ceguera que se encuentra en el corazón (y no en el inte-


lecto), fray Luis esgrime el motivo de la fe cristiana como luz ilu-
minadora40. La ceguera es la razón del estado precario del “judío”,
y no precisamente un defecto hereditario. Son ellos los que, con su
pertinencia, cierran el corazón a la luz que Jesús les ofrece. El “padre
de las luces” no efectúa distinción entre linajes y razas. O, para ser
más concretos, no diferencia entre cristianos nuevos y viejos. La
ceguera judaica formulada en la Cuarta Parte desautoriza y condena
la segregación, a los ojos del dominico no cristiana, de los estatu-
tos de limpieza de sangre. El impedimento, esa ceguera que no les
permite ver la luz, se puede reparar, curar. No habría solución si
el obstáculo fuese su sangre, como se argumentaba en la sociedad
ibérica de finales del siglo xvi.
Se debe recordar que en este periodo, junto a la posición pasiva
y violenta adoptada por el Santo Oficio, comienza en Portugal la

38
Ibídem, p. 84. La cursiva es mía.
39
Ibídem, pp. 95-96. La cursiva es mía.
40
Esta metáfora esconde un motivo teológico “pro-converso”, véase Stefania PAS-
TORE: Una herejía española: conversos, alumbrados e Inquisición (1449-1559), Madrid,
Marcial Pons, 2010, pp. 44, 79, 151.

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AXEL KAPLAN SZYLD

etapa de formalización (y por lo tanto aumento) de los estatutos


de limpieza de sangre41. En el suelo español (idioma del texto), en
oposición al ambiente represivo que reinaba en Portugal, ocurre un
cambio en la política inquisitorial personificado en el inquisidor
general Gaspar de Quiroga42. Este, considerado como “moderado”
por la historiografía, es a quien está dedicada la Introducción43. Asi-
mismo, en España comenzaba a debatirse sobre la posible reforma
de los estatutos, vistos como nocivos e irrelevantes en el periodo
discutido44. No obstante, los detractores de los mismos no vieron en
la ceguera judaica la barrera para la integración de los judeoconver-
sos dentro de la sociedad cristiana. La especulación teológica queda
41
João Manuel Vaz Monteiro de FIGUEIRÔA-RÊGO: “A honra alheia por um fio”:
os estatutos de limpeza de sangue nos espaços de expressão ibérica (sécs. XVI-XVIII), Tesis
doctoral, Universidad do Minho, 2009, p 54.
42
Sobre este inquisidor, amigo de espirituales, místicos y jesuitas, véase Henar
PIZARRO LLORENTE: Un gran patrón en la Corte de Felipe II Don Gaspar de Qui-
roga, Madrid, Comillas, 2004. Sobre el cambio de rumbo ocurrido en la inquisición
española véase Eugenio ASENSIO: El erasmismo y las corrientes espirituales afines:
conversos, franciscanos, italianizantes, Salamanca, Seminario de Estudios Medievales y
Renacentistas, 2000, pp. 68-69.
43
Véase José M. BALCELLS: Introducción del símbolo de la fe…, pp. 102-103. Aún más,
Sabemos de otra fuente que el Inquisidor le pidió a fray Luis que no interrumpa la
elaboración de su obra. En una carta que escribe el dominico a su amigo el cardenal
Carlos Borromeo, el 9 de septiembre de 1582, encontramos la siguientes líneas: “El
otro es la Introducción del símbolo de la fe, repartido en cuatro partes principales,
en que se trata de los principales misterios de nuestra santa fe, y señaladamente del
admirable misterio de nuestra Redención; y en la tercera de estas partes se prueba por
testimonio de los profetas y por las obras que se siguieron en el mundo después de
la venida de nuestro Salvador, desterrando la idolatría y trayendo a los hombres al
conocimiento del verdadero Dios (como estaba profetizado) por el verdadero Mesías
prometido en la Ley. Esta parte es para los que se convierten a nuestra santa fe del
judaísmo cada día, y para confirmación de los ya convertidos para confírmalos en la
fe, cuando están flacos, de que hay mucha abundancia en este reino de Portugal. Por lo
cual el Cardinal Inquisidor General de España dice que este libro era necesario para este
reino, como él me lo significó por sus letras” (la cursiva es mía), Justo CUERVO (ed.):
Obras de Fray Luis de Granada, vol. xiv (Cartas), Madrid, Imprenta de la viuda é hija
de Gómez Fuentenebro, 1906-1908, p. 479 (La confusión de fray Luis en la carta,
entre la Tercera y la Cuarta parte de la obra, perdura en la historiografía hasta el día de
hoy). Fray Luis de León le dedica al mismo Inquisidor, tres años antes, su In psalmum
vigesimum quartum, véase, Eugenio ASENSIO: La España imaginada de Américo Cas-
tro, Barcelona, El Albir, 1976, pp. 162-163.
44
Juan HERNÁNDEZ FRANCO: Sangre limpia, sangre española..., pp. 155-248. Cf.
Albert A. SICROFF: Los estatutos de limpieza de sangre…, pp. 198-199, indica que,
a partir de la segunda mitad del siglo xvi, la condenación de los Estatutos paso a
efectuarse bajo el anonimato, prohibiéndose por el Santo Oficio la controversia en su
totalidad (sin verdadero éxito) en 1571.

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¿UNA ALTERNATIVA PEDAGÓGICA EN TIEMPOS INQUISITORIALES?...

desatendida a favor de un discurso secularizado que se contentaba


en argumentar “‘los escándalos y pesadumbres’, los problemas y los
gastos, y las tensiones y los daños que podían generar, a la nobleza
en particular y a la sociedad en general”45.
En una época en que el “problema converso” en España abando-
nó el aspecto teológico-político, a favor de uno político-pragmático
(técnico, racista), y cuando en Portugal se esperaba que la solución,
si es que la había, llegara solo del cielo, la Cuarta Parte devuelve al
cristiano-nuevo a una esfera puramente teológica. En otras palabras,
propongo que fray Luis de Granada recurrió a una terminología
teológica antijudía clásica (ceguedad frente luz) para no penetrar
en la terminología racista antisemita frecuente de su tiempo, que
impedía la entrada en la cristiandad (y en sus cargos) de los judeo-
conversos, inclusive después de su bautismo46. En el instante que
estos reconozcan y reciban a Cristo como el Mesías prometido en
el Antiguo Testamento, tarea que la Cuarta Parte intenta efectuar,
se les permitirá su entrada en la comunidad cristiana. En fin, la
Cuarta Parte ofrece, a través del género polémico antijudío, una
alternativa pedagógica (y por lo tanto anti-inquisitorial) al problema
converso. En la sociedad ibérica del dominico, este Contra Iudaeos
se transforma en un catecismo que intenta alcanzar la integración
de la minoría judeoconversa.

8 8 8

Por una razón retórica, pero no menos didáctica, se decidió ob-


viar cierta unidad del texto. Al comienzo de la segunda parte se

45
Juan HERNÁNDEZ FRANCO y José J. RUIZ IBÁÑEZ: “Conflictividad social en
torno a la limpieza de sangre en la España Moderna”, IH, 23 (2003), p. 36. Principal-
mente se trataba del intento de los dos bandos de aumentar o disminuir los Estatutos,
marcar el beneficio o dificultades que traían los mismos, cambiar la naturaleza de
las investigaciones inquisitoriales (encuestas), o subir/bajar las generaciones que se
necesitaban para “limpiarse” de la sangre “impura”.
46
Para una interpretación distinta veasé Gareth L. JONES: “Paul of Burgos and the
Adversus Judaeos…”, p. 328: “A century after his death, the contribution of Paul of
Burgos to the adversus Judaeos tradition reinforced the ancient stereotypes of obsti-
nacy and blindness and contributed to making the sixteenth century a ‘black age in
Jewish life’”.

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AXEL KAPLAN SZYLD

encuentra un capítulo “De las mentiras, falsedades, y desuarios del


Talmud”, que ocupa únicamente seis folios (109-115). María Idalina
Resina Rodrigues, en su estudio monumental Fray Luis de Grana-
da y la Literatura de Espiritualidad en Portugal (1554-1632), expli-
ca que “las referencias, más o menos detenidas, a la sustancia del
Talmud eran prácticamente inevitables en esta literatura polémica
antisemítica”47. Creo haber sugerido en este artículo una hipótesis
distinta. Por otro lado, el espacio que se le brinda al capítulo, su
lugar en la obra (al principio de la segunda sección, antes de co-
menzar los diálogos) y la aclaración del dominico en su Al christiano
lector que no se tratará sobre los “argumentos de los maestros de
ellos, tarea ya tratada por otros tan claros ingenios”48, nos hacen
pensar que este capítulo es un apartado desligado del propósito to-
tal del texto. Un “agregado” de naturaleza forzosa. Esta suposición
se refuerza con la ayuda del texto. Como fray Luis de Granada re-
conoce, él no tenía la capacidad para tratar la temática, así que se
conformó con utilizar la traducción al portugués del tratado anti-
rabínico de Jerónimo de Santa Fé, ordenado por el arzobispo de
Goa, don Gaspar de Leão, en 156549. El dominico, como era de
esperar, se ocupó de filtrar las expresiones antisemitas del último, y
quitó todo tipo de alusiones que podrían producir antipatía o ren-
cor en sus lectores cristianos. El único topo de la polémica (junto a
la visión del Talmud como herejía) que se encuentra en este capítu-
lo se centra en la acusación hacia las autoridades rabínicas (doctores
talmudistas) que, a través de su ponzoña, ultrajaron el mensaje de
las Escrituras. La responsabilización de los rabinos de la ceguedad
del pueblo hebreo refuerza la hipótesis que se intentó presentar en
este artículo. Es decir, le permite al dominico culpar a una figura
todavía más imaginaria que el judío expuesto en la obra, y de esta
forma, proteger a los “judíos” de su sociedad.
A modo de epílogo citaré el final del capítulo. Este fragmento,
47
M. Idalina Resina RODRIGUES: Fray Luis de Granada y la literatura…, p. 863.
48
Luis de GRANADA: Quarta Parte…, p. 3.
49
Una edición crítica se encuentra en Moisés ORFALI (ed.): Tratado que fez mestre
Jerónimo, médico do papa Bento XIII, contra os judeus em que prova o Messias da lei ser
vindo: impresso em Goa por João de Endem, AOS 29 DIAS MÊS DE SETEMBRO, DE
1565 ANOS, Lisboa, Biblioteca Nacional de Portugal, 2014.

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¿UNA ALTERNATIVA PEDAGÓGICA EN TIEMPOS INQUISITORIALES?...

creo, refleja el propósito de este excursus. Junto a la intención de la


Cuarta Parte de catequizar a los cristianos nuevos, ésta esconde la
intención de catequizar a sus lectores cristianos viejos. Fray Luis se
permite poner en boca de su catecúmeno cierta sugerencia, que tanto
para el investigador de hoy, como para su “christiano lector”, suena
como crítica y advertencia. Después de que el maestro se hubiese
explayado en contra de los “desvergonzados y ponzoñosos” rabinos,
el catecúmeno remata con la respuesta siguiente:

“y no nos desayudo poco el menosprecio, y manera de des-


gracia, que nos muestran algunos de los Christianos en muchas
cosas: auiendo nos de atraer al conoscimiento de la verdad con
beneficios: y buenos exemplos. Porque esto nos haze recompensar
vna desgracia con otra: y juntamente con el aborrescimiento de las
personas, venimos también a aborrescer la religión, que professan.
Por donde si agora resuscitara aquel que desseaua ser Anathema de
Christo (la referencia es a S. Pablo), por saluar a sus hermanos, con
cuanta razon dixera aquello que el escriuio, Quien esta infermo,
que yo no lo este? y quien se escandaliza, que yo no me abra-
se? (Segunda Epístola a los Corintios 11,29) No conuertia el sancto
Apostol los hombres desta manera, sino haziendo mil manjares
de si, y haziendose todo a todos los hombres, por hacer saluos a
todos (Primera Epístola a los corintios 9,22): ni despreciando a los
peccadores, sino llorando sus peccados”50.

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Amador de ARRAIS: Dialogos de D. frey Amador Arraiz Bispo de Portalegre. Revis-
tos e acrescentados pelo mesmo autor nesta segunda impressao Em Coimbra: Na

50
Luis de GRANADA: Quarta Parte…, p. 114. Los agregados en letra cursiva son míos.

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CULTURA ESCRITA Y CRIPTOJUDAÍSMO
EN LA PARAÍBA (BRASIL) DEL SIGLO XVIII
Bruno Feitler
Universidade Federal de São Paulo

Tradicionalmente, la historiografía ha considerado la iniciación,


trasmisión y práctica del criptojudaísmo como fundamentalmente
orales, dándoles a las mujeres un papel primordial. Las prácticas y
creencias religiosas de los criptojudíos se desarrollarían así (o, por
lo contrario, se atrofiarían) prácticamente aisladas, direccionándose
atávicamente a una simplificación y a un distanciamiento del ju-
daísmo rabínico. Esta imagen, debida, en gran parte, a la influencia
de Cecil Roth, tiene ecos en toda la producción posterior1. Desde
los “marranos” españoles del siglo xv hasta los grupos contemporá-
neos que reivindican esa identidad, se apunta al protagonismo de
las mujeres como el elemento de perpetuación y de trasmisión de
la identidad conversa, tanto en los grupos familiares, como en el
ámbito cultural y comunitario, equivalente a “rabinas”. Esta ima-
gen, como recuerda Stuczynski (a quien sigo aquí), constituye un
negativo de lo que es el judaísmo normativo, sus rabinos y sina-
gogas2. Sin embargo, más recientemente, ya desde fines del siglo
pasado, algunos autores empezaron a contestar a esa imagen para

1
Cecil ROTH: A History of the Marranos, New York/ Philadelphia, Meridian Books,
Inc./ The Jewish Publication Society of America, 1959 (1a ed.: 1932).
2
Claude B. STUCZYNSKI: “Marranesimo”, en Adriano PROSPERI (coord.): Dizio-
nario Storico dell’Inquisizione, Pisa, Edizioni della Normale, 2010, vol. 2, p. 995. Para
los cryptojudíos españoles del siglo xv, Renée Levine MELAMED: Heretics or Dau-
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1999; para los anussim en Portugal Maria Antonieta GARCIA: Judaísmo no feminino.
Tradição popular e ortodoxia em Belmonte, Lisboa, Universidade Nova de Lisboa,1999;
para los de Estados Unidos, Janet L. JACOBS: Hidden Heritage. The Legacy of the
Crypto-Jews, Berkeley, University of California Press, 2002. En el Brasil colonial, tema
de este capítulo, Lina GORENSTEIN: A Inquisição contra as mulheres. Rio de Janeiro,
século XVII e XVIII, São Paulo, Humanitas, 2005 e Ângelo ASSIS: Macabeias da Colônia.
Criptojudaísmo feminino na Bahia. São Paulo, Alameda, 2012.

431 5

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BRUNO FEITLER

presentar una realidad mucho más compleja3. Sin embargo, según


este último autor, es importante referirse también a la coexistencia
de una cultura marrana oral junto a una escrita. Así, una de las par-
ticularidades de la religión de los marranos sería ese carácter mixto
debido a la presencia tanto de elementos propios de una cultura
popular como de elementos de una cultura erudita. A partir del
análisis clásico de Révah, Stuczynski apunta además que los nexos
paralelos de dependencia y de autonomía en relación con el judaís-
mo normativo hacen del criptojudaísmo ibérico al mismo tiempo
una religión marrana y un judaísmo potencial4.
Vamos a demostrar aquí esa complejidad a partir del ejemplo
de los criptojudíos presos por la Inquisición portuguesa en los años
1730-1740 en la capitanía de Paraíba, en el Brasil colonial (en total
cincuenta y un prisioneros), y ver así hasta qué punto ese papel de
los hombres en la iniciación y práctica de la religión marrana estaba
conectado con sus capacidades de lectura y escritura. Es decir: vamos
a mostrar la relación y dependencia entre esos dos factores. Desde el
principio es importante tener en cuenta que ese papel masculino se
vinculaba a la gran diferencia que habitualmente había en el acceso a
una educación mínimamente letrada entre niños y niñas. A pesar de
ello, el grupo de cristianos nuevos de Paraíba, asentados en la zona
hacía ya algunas generaciones, tenía un nivel de instrucción más
elevado que el resto de la población. Quién sabe si se trataba de una
tradición familiar, pues ya sus abuelos, en la época de la dominación
holandesa de la región, al menos sabían leer. Ambrósio Vieira y sus
yernos, por ejemplo, acompañaron la liturgia de la pseudo-sinagoga
de Paraíba en los años 1640. En Ipojuca (al sur de los territorios
3
Maxime: Yosef KAPLAN: From Christianity to Judaism: The Story of Isaac Orobio de
Castro, Oxford, Oxford University Press, 1989; ídem: Les nouveaux-juifs d’Amsterdam.
Essais sur l’histoire sociale et intellectuelle du judaïsme séfarade au XVIIe siècle, Paris,
Chandeigne, 1999; Henry MÉCHOULAN: Hispanidad y judaísmo en tiempos de Es-
pinoza. Edición de La certeza del camino de Abraham Pereyra, Salamanca, Ediciones
de la Universidad de Salamanca, 1987; Miriam BODIAN: Hebrews of the Portuguese
Nation: Conversos and Community in Early Modern Amsterdam, Bloomington, India-
na University Press, 1997; Nathan WACHTEL: La foi du souvenir. Labyrinthes mar-
ranes, Paris, Seuil, 2001; David L. GRAIZBORD: Souls in Dispute: Converso Identities
in Iberia and the Jewish Diaspora 1580–1700, Philadelphia, University of Pennsylvania
Press, 2004.
4
Claude B. STUCZYNSKI: “Marranesimo”..., p. 996.

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CULTURA ESCRITA Y CRIPTOJUDAÍSMO EN LA PARAÍBA...

holandeses), en la misma época, al menos una de las mujeres de la


familia de las Valenças leía obras litúrgicas, mientras que las otras
escuchaban atentamente. Sus descendientes (al menos aquellos sobre
los cuales hay información) también habían aprendido a leer5.
Vamos abordar aquí esa cuestión en tres fases. En primer lugar,
analizaremos el nivel de alfabetización o, mejor dicho, de capacidad
de lectura de esas familias y los tipos de textos que nutrían la cultura
criptojudía local. A continuación, veremos cómo el uso de textos
pudo influir en los métodos de aprendizaje del criptojudaísmo y,
asimismo, el papel de los hombres en esa trasmisión. Finalmente,
intentaremos llamar la atención a las posibles consecuencias rituales
que esos usos pudieron tener en la practica local de la “ley de Moisés”.

ALFABETIZACIÓN

Al final de la sesión de genealogía, en la cual detallaba sus orígenes


familiares y los lugares donde había vivido, el prisionero de la In-
quisición era interrogado sobre su educación: ¿Sabía leer y escribir?
¿Había cursado educación superior? De los cincuenta y un paraiba-
nos capturados por el Santo Oficio a mediados del siglo xviii, solo
cuarenta y cuatro vivieron lo suficiente para ser sometidos a este
interrogatorio: los otros murieron antes de su llegada a Lisboa o
en prisión antes de la sesión de genealogía6. Aunque ese pudiera ser
el caso de algunos de sus parientes, ninguno de los acusados tenía
estudios superiores, pero casi todos los hombres podían leer y es-
cribir, y un buen tercio de las mujeres, al menos, sabía leer. Había,

5
Sobre los cristianos nuevos del nordeste del Brasil en los siglos xvii y xviii y sus
complejas relaciones con los judíos del Pernambuco holandés, remito a mi libro In-
quisition, juifs et nouveaux-chrétiens au Brésil. Le Nordeste. XVIIème et XVIIIème siècles,
Lovaina, Leuven University Press, 2003. El actual texto retoma y actualiza partes de
esa misma obra.
6
De acuerdo con el Regimento de la Inquisición portuguesa de 1640 (Libro II, Título
VI, § 2), la sesión de genealogía se celebraba durante los diez días posteriores al en-
carcelamiento. Pero ese manifiestamente no fue el caso en la mayoría de los procesos
de los judaizantes de Paraíba. Consultado en: José Eduardo FRANCO y Paulo de
ASSUNÇÃO: As metamorfoses de um polvo. Religião e Política nos Regimentos da In-
quisição Portuguesa (Séc. XVI-XIX), Lisboa, Prefácio, 2004, p. 302.

433 5

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BRUNO FEITLER

como sería natural en esa época, una gran diferencia en el nivel


de instrucción entre hombres y mujeres7. Según las investigaciones
de Maria Beatriz Nizza da Silva, los tutores de la capitanía de São
Paulo del siglo xvii tenían como obligación enseñar a las niñas a
coser y bordar, mientras que los niños aprendían a leer, escribir y
calcular antes de empezar a aprender un oficio. A finales del siglo
xviii, en Pernambuco, se promovía que las niñas supiesen leer, pero
simplemente para emplear esa habilidad en el ámbito familiar8. Si
se produjo una evolución en el nivel de educación de las mujeres
(y de los hombres) del Brasil colonial, al igual que en Europa9, fue
bastante después del período de que aquí tratamos: la primera mi-
tad del siglo xviii.

Nivel de alfabetización de los cristianos


nuevos de Paraíba presos por la Inquisición
Sabe leer No sabe ni leer Solamente leer, o leer y Sin datos Total
y escribir ni escribir escribir un poco
Hombres 15 1 16

Mujeres 6 18 3 1 28

Pese a la homogeneidad entre los varones, existían ligeros matices


entre las diferentes familias. De hecho, si bien formaban parte del
mismo grupo social, con lazos de parentesco muy cercanos entre ellos,
había disparidades entre esas familias, notables a causa de la instrucción
de los jóvenes y adolescentes más que de la simple alfabetización. Por
ejemplo, los niños de la familia Silva-Valença estudiaron; Luís da
Silva Caminha, hijo de Branca de Figueiroa, probablemente nacido
en Goiana, fue durante un tiempo escribano de huérfanos en Recife
y luego en la ciudad de Paraíba. Según su madre, con su diploma
en mano (Branca dice “por ser formado”), Luís pidió al gobernador

7
Roger CHARTIER: “Les pratiques de l’écriture”, en Philippe ARIÈS y Roger
CHARTIER (org.): Histoire de la Vie Privée, París, Seuil, 1986, vol. 3, pp. 113-121.
8
Maria Beatriz Nizza da SILVA: “Educação feminina e educação masculina no Brasil
colonial”, Revista de História, 109 (henero-marzo 1977), p. 157-158.
9
Para Europa, ver Roger CHARTIER: “Les pratiques de l’écriture”…, pp. 120 y ss.

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CULTURA ESCRITA Y CRIPTOJUDAÍSMO EN LA PARAÍBA...

permiso para poder ejercer la magistratura, autorización que le fue


otorgada. Luís fue el único de los cuatro hermanos que siguió una
profesión letrada; los otros vivían del comercio con el interior de la
capitanía o trabajaban la tierra en las cercanías de la ciudad, como
fue el caso de Henrique da Silva. El padre de Luís, marido de Branca
de Figueiroa, un tal Gaspar da Silva, había sido comerciante y, por
el lado cristiano viejo, la familia de Branca contó con al menos un
benedictino y un clérigo10. Pedro de Valença también fue el único
varón de la familia (eran tres) que estudió: como su primo Luís, era
abogado en Paraíba.
Una última familia cristiano-nueva tenía un pie en la magistratura,
pero esta vez era una tradición. Los Peres de Gusmão contaban al
menos con tres generaciones de abogados y servidores de la Corona,
una verdadera dinastía de letrados. El primero, del que tenemos
información, fue el “Doutorinho” Bartolomeu Peres de Gusmão,
abogado, muerto en Olinda el 7 de abril de 1700. El cristiano nuevo
Bartolomeu se casó con una buena familia de Pernambuco y tuvo
una hija, Felícitas Uchoa Peres de Gusmão. Tuvo, asimismo, varios
años antes, un hijo bastardo, Dionísio Peres de Gusmão, abogado
como él, que también ocupó el cargo de procurador de la Corona
durante once años, en Paraíba, donde murió en 1709 o poco antes11.
Dionísio tuvo cinco hijos y una hija, y como sucedía con las familias
ya mencionadas, solo uno de los niños, Cosme Peres de Gusmão,
siguió la carrera paterna, aunque uno de sus hermanos había estudiado
gramática12. Cosme ejerció la magistratura en varias capitanías y, en

10
Proceso contra Branca de Figueiroa, sesiones de genealogía y de coartada. Arquivo
Nacional da Torre do Tombo (ANTT), (Inquisição de Lisboa) IL, pc. 6284.
11
La bastardía de Dionísio es revelada por su hermana. Proceso contra Felícitas Uchoa
Peres de Gusmão, sesión de genealogía. ANTT, IL, pc. 11. Sobre la formación y la
actuación de letrados sin grados universitarios en Brasil, véase Bruno FEITLER: In-
quisition, juifs et nouveaux-chrétiens…, pp. 293-294.
12
Proceso contra Felipa Nunes, sesión de genealogía, ANTT, IL, pc. 9, Proceso contra
Felícitas Uchoa Peres de Gusmão, sesión de genealogía, ANTT, IL, pc. 12 y Proceso
contra João Nunes Tomás, sesión de genealogía, ANTT, IL, pc. 8033.

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BRUNO FEITLER

los años de 1730, ocupó el cargo de Fiscal de la Corona y Finanzas


en Paraíba13.
La educación superior (aunque no fuera universitaria) recibida
por los hombres parece haber influido en la educación de las mujeres
de la familia que a menudo sabían leer y escribir, a diferencia de las
mujeres e hijas de los hombres que no realizaron estudios avanza-
dos, como parece haber ocurrido entre los cristianos nuevos de Río
de Janeiro14. Así, Branca de Figueiroa, madre del abogado Luís da
Silva, sabía leer y escribir, al igual que Guiomar y María de Valença,
hermanas de Pedro de Valença, y doña Felícitas, hija, hermana y
tía de magistrados. Pero esta singularidad era débil, porque en la
generación inmediatamente posterior ya no se constata: ni las tres
hermanas Chaves (Maria Franca, Joana do Rego y Felipa Mendes),
hijas de notario y sobrinas del profesor Rafael Rodrigues, ni sus
dos tías (Maria Franca da Fonseca y Florença da Fonseca) estaban
alfabetizadas. También era poco común que lo fueran las mujeres
de familias básicamente rurales, y sus declaraciones de que podían
leer y escribir “más o menos”, o de que solo leían letra “redonda”,
hacen pensar que lo aprendieron por su cuenta o sin que hubiera
un cuidado especial en enseñarles a leer.
Los datos sobre el nivel de alfabetización de los cristianos nuevos
de Paraíba serían mucho más reveladores si los comparásemos con
una muestra del resto de la población de la región, pero desafortu-
nadamente no existe suficiente información para llevarlo a cabo. A
pesar de ello, los datos disponibles parecen mostrar que estaban por
encima de la media de la época. Esto es aún más sorprendente, ya
que la gran mayoría de los reos provenían de familias tradicional-
mente agrícolas, lo que debería haber disminuido su interés por la
instrucción. Del mismo modo que las familias de cristianos nuevos
de Río, donde el índice de alfabetización de las féminas alcanzó el
46%15, las mujeres de Paraíba estaban por encima de lo que era de
13
Provisiones regias del 6 de diciembre 1732 y del 24 de septiembre 1735, ANTT, Chan-
celaria de D. João V, liv. 82, fol. 185v y liv. 87, fol. 185; Solicitación de Cosme Peres
de Gusmão al rey del 17 de agosto 1736. Arquivo Histórico Ultramarino, Conselho
Ultramarino, Paraíba, caixa 10, doc. 807.
14
Lina GORENSTEIN: A Inquisição contra as mulheres… pp. 158-159.
15
Ibídem, p. 160.

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CULTURA ESCRITA Y CRIPTOJUDAÍSMO EN LA PARAÍBA...

esperar, especialmente en las áreas rurales. Sin embargo, no se debe


concluir demasiado rápidamente que esta tasa de alfabetización está
relacionada con la condición conversa, sino que puede reflejar la
situación de otras familias de agricultores de esa misma región que,
sin estar en la cumbre de la pirámide social, tenían una posición des-
ahogada. Al tener que administrar sus tierras, medir su producción,
controlar las cuentas de los muchos e imprescindibles préstamos
en momentos de falta de liquidez, unos conocimientos básicos de
letras y de matemáticas eran muy útiles para ellos, aun cuando el
analfabetismo no molestaba en absoluto a los grandes terratenientes.
Sin embargo, la facilidad para escribir de algunos paraibanos a veces
excedía el mínimo necesario para su vida diaria: aunque no decla-
rasen la posesión de libros en sus inventarios de bienes, aquí y allá,
en sus procesos, se encuentran referencias a lecturas más profundas,
directamente relacionadas con la práctica religiosa.

LECTURAS DEVOCIONALES

Durante más de un siglo después de la conversión forzada, algunos


judaizantes de Portugal lograron transmitir libros en hebreo, pero
los testimonios de este tipo cesan a principios del siglo xvii. Un
poco más tarde, la frontera franco-española permitió cierta circu-
lación de obras propiamente judías, pero no he conseguido hasta
la fecha encontrar indicios de que luego hayan cruzado la raya a
Portugal16. Mas recientemente, Natalia Muchnik demostró cómo
los comerciantes judíos o de origen judío de paso por España tuvie-
ron un papel fundamental en la actualización del conocimiento del
judaísmo normativo de los judaizantes castellanos17. Ignacio Chue-
cas Saldías, por su parte, mostró brillantemente los diferentes tipos
16
Elias LIPINER: Os baptisados em pé: estudos acerca da origem e da luta dos cristãos-no-
vos em Portugal, Lisboa, Vega, 1998, pp. 166-227; Pilar HUERGA CRIADO: En la
raya de Portugal: solidaridades y tensiones en la comunidad judeoconversa, Salamanca,
Universidad de Salamanca, 1993, pp. 181-182.
17
Natalia MUCHNIK: “Des intrus en pays d’Inquisition: présence et activités des juifs
dans l’Espagne du xviie siècle”, Revue des études juives, 164 (enero-junio 2005), pp.
119-156.

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BRUNO FEITLER

de lecturas bíblicas que pudieron hacer judaizantes americanos, y


también cómo las comunidades judías italianas pudieron influir en
las devociones de esos mismos judaizantes, pero no hay estudios de
esa profundidad para la realidad luso-brasileña18.
Sin embargo, la literatura proporciona numerosas muestras de
circulación y lectura de obras, impresas o escritas a mano, utilizadas
para la transmisión o preservación del judaísmo en tierras luso-ame-
ricanas. Así, mientras los holandeses se establecían en Pernambuco,
el rabino Menasseh ben Israel se jactó en Ámsterdam de enviar dos
cajas de su Conciliador, recién salido de la prensa, a España y Brasil19.
En Lisboa, en 1655, un tal Dudicê o Duduê (¿Didier?), nacido en
Ruán de padres portugueses cristianos nuevos, dice ser amigo del
desafortunado Manoel Fernandes Vila Real, y afirmó que tenía “un
libro de ceremonias judías”20, en realidad probablemente contrario
al judaísmo. Este tipo de libros fue utilizado comúnmente por los
judaizantes para llenar los vacíos de su conocimiento del judaísmo,
al igual que Francisco de Maldonado de Silva en Perú21. Asimismo,
en Lisboa, poco tiempo antes, se luchaba en la calle por un “libro
prohibido por el Santo Oficio por lo que contenía de la Antigua
Ley”22. En Brasil, exceptuando los ejemplos de la época holandesa,
es posible mencionar algunos casos similares. El asunto de las ver-
siones romances, escritas y orales del Antiguo Testamento, hechas

18
Ignacio CHUECAS SALDÍAS: “Resistiendo con las Escrituras. Judeoportugueses
y el Antiguo Testamento en procesos inquisitoriales americanos (1580-1640)”, Taller
de Letras, 62 (2018), pp. 133-150. Sobre la prohibición de la circulación de la biblia
en vulgar, véase Sérgio FERNANDEZ LÓPEZ: Lectura y prohibición de la Biblia en
vulgar. Defensores y detractores, León, Universidad de León, 2003.
19
El que lo denuncia (en 1639), data el episodio de 1630, lo que es imposible, ya que
el primer volumen del Conciliador es publicado solamente en 1632. Denuncia de
Duarte Guterres del 14 de noviembre 1639, ANTT, IL, liv. 220, fol. 21v. Menasseh
BEN ISRAEL: Conciliador o de la conveniencia de los Lugares de la S. Escriptura, que
repugnantes entre si parecen. Obra ansi de los antiguos, como modernos sabios, con grande
industria, y fé coligida […], Francofurti [Ámsterdam], Auctoris impensis, 1632.
20
Denuncia de fray Egidio de Saint-Malô del 14 de marzo 1657, ANTT, IL, liv. 236, fol.
347-49v.
21
Fue un libro antijudío, el Scrutinium Scripturarum, del rabino mayor de Burgos, She-
lomoh ha-Laví, convertido al cristianismo y bautizado como Pablo de Santa María, el
que determinó su adhesión al judaísmo. Nathan WACHTEL: “Francisco Maldonado
de Silva: ‘le ciel face à face’”, Annales HSS, 4 (julio-agosto 1999), pp. 897-898.
22
Proceso contra Fernão Martins, ANTT, IL, pc. 8006, fol. 20.

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por Bento Teixeira en Bahía y Pernambuco a fines del siglo xvi, es


conocido23, pero hay otros, como el del hombre de Itú (en la cercanías
de São Paulo) que tenía, en 1722, “un libro de ceremonias judías”,
o el de otro hombre de Bahía, del que se sospechaba, en 1712, que
tenía la Biblia en portugués, porque estaba acostumbrado a recitar
los salmos de David en ese idioma24. A pesar de la modestia de estos
testimonios, ninguna de estas denuncias concierne a libros realmente
judíos, es decir, en hebreo y / o teniendo como destinatarios a los
lectores judíos, pero sí obras católicas, posteriormente prohibidas
parcial o totalmente por las diferentes Inquisiciones, o por el con-
trario, totalmente permitidas, como las utilizadas por Fernando /
Isaac Cardoso25. Sin embargo, hay un caso que puede contradecir
este hallazgo y resultar interesante por referirse a paraibanos y a la
familia de Antônio José da Silva, O Judeu. En Lisboa, después de su
primer auto de fe, María de Valença dijo a los inquisidores que André
Mendes da Silva tenía “un libro de la ley de Moisés”, y el hijo de
María, Simão, que la esposa de André, Páscoa dos Rios, sabía palabras
“en el idioma hebreo”, que él había oído pero, por supuesto, no lo
entendió26. Sus testimonios son demasiado imprecisos para afirmar
un conocimiento, incluso fragmentario, del hebreo o el uso de libros
judíos, a pesar del judaísmo sorprendentemente estricto practicado
por la familia de Páscoa dos Rios. Pero todo eso pasó en Lisboa en
los años 1740, y no en Paraíba o Bahía. Incluso si no encontramos
pruebas de lecturas de obras producidas en comunidades judías
normativas entre los judaizantes de Paraíba del siglo xviii, lo que

23
José Antônio Gonsalves de MELLO: Gente da Nação. Cristãos novos e judeus em Per-
nambuco 1542-1654, Recife, Fundação Joaquim Nabuco/ Massangana, 1996, pp. 87 y
138.
24
Denuncia de fray Ignacio de Santa Catarina Noronha del 8 de abril 1722, ANTT,
IL, liv. 284, fol. 544; Denuncia del promotor de la Inquisición de Lisboa contra Luis
Mendes de Morais del 18 de octubre 1718, ANTT, IL, liv. 286, fol. 658.
25
Yosef Haim YERUSHALMI: “Connaissance du judaïsme et préparation spirituelle
chez les marranes revenus au judaïsme au cours du xviie siècle”, en ídem: Sefardica:
Essais sur l’histoire des Juifs, des marranes & des nouveaux-chrétiens d’origine hispano-
-portugaise, París, Chandeigne, 1998, pp. 235-254.
26
Proceso contra Maria de Valença, confesión del 16 de abril 1739 y denuncia del 7 de
octubre 1737, ANTT, IL, pc. 1530.

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BRUNO FEITLER

queremos demostrar aquí es que el uso de lo escrito fue fundamental


para su conformación religiosa.
Así, algunos de los judaizantes de Paraíba alegaron la lectura de
obras de teología católica para justificar su regreso al cristianismo,
mientras que otros las leían de un modo sesgado. Diogo Nunes Tomás
I dijo haber dejado la ley de Moisés, después de leer la Diferença entre
o temporal e o eterno; y su sobrino bisnieto, Simão Rodrigues da Fon-
seca, dijo convencerse de la verdad del cristianismo cuando, ya preso
en el colegio de los jesuitas en Olinda, a la espera de su embarque
para Lisboa, pudo leer “algunos libros espirituales, como [el mismo]
Diferença entre o Temporal e o Eterno, Oriente conquistado a Jesus Cristo,
y Palavra de Deus desatada, entre otros títulos”27. Asimismo, parece
que tuvieron acceso a textos sobre la práctica del judaísmo, si bien
en los términos vagos en los que estos textos son mencionados llevan
a pensar que se trataba, en la mayoría de los casos, simplemente de
obras católicas leídas de modo desviado. Floriana Rodrigues dice que
Simão Rodrigues Álvares, Luís Nunes da Fonseca y Luís de Valença
Caminha leían “algunos libros sobre cómo seguir los preceptos de dicha
ley [de Moisés]”. Según Isabel da Fonseca Rego, durante una estancia
en su casa, Diogo Lopes Vila Real y su esposa recordaron las hazañas
de Sansón, “leyendo al mismo tiempo por un libro que contaba estas
cosas”. La lectura de pasajes del Antiguo Testamento es más explícita en
la reunión familiar en la que Isabel afirma haber participado en la casa
de su tío Luís da Fonseca. Igualmente, participaron la esposa de Luís,
27
Proceso contra Diogo Nunes Tomás I, confesión del 21 de octubre 1729, ANTT,
IL, pc. 196 y Proceso contra Simão Rodrigues da Fonseca, confesión del 6 de agosto
1736, ANTT, IL, pc. 2919. La Palavra de Deos desatada em discursos concionatorios
de doutrinas Evangelicas, Moraes, e Politicas, 1709-1712 (2 partes), es de autoría del
padre Francisco de Mattos, rector del colegio jesuita de Río de Janeiro, y después
provincial y rector del colegio de Bahía, donde falleció en 1720. El padre Francisco
de Souza, nativo de Itaparica (Bahía), es el autor de Oriente conquistado a Jesu Christo
pelos Padres da Companhia de JESU da Provincia de Goa, 1710 (2 vol.). Francisco Bar-
bosa MACHADO: Bibliotheca Lusitana Historica Critica e Chronologica[…] (4ª ed.
en cd-Rom), Lisboa, Comissão Nacional para a Comemoração dos Descobrimentos
Portugueses, s.d. (1ª ed.: 1741-1759), vol. II, pp. 195-196 y 266. La versión portuguesa
del “best-seller” De la diferencia entre lo Temporal y Eterno (14 ed. entre 1640 y 1675,
traducido a varios idiomas, del inglés al guaraní, del jesuita madrileño de origen ale-
mana Juan Eusebio Nierenberg (1595-1658), mereció al menos cuatro ediciones (1676,
1681, 1692…1741). Cf. Carlos SOMMERFOGEL: Bibliothèque de la Compagnie de
Jésus, Bruselas/ París, la Province de Belgique (S.J.), 1892, vol. 5, col. 1737-1740.

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CULTURA ESCRITA Y CRIPTOJUDAÍSMO EN LA PARAÍBA...

doña Felícitas, su hijo Dionísio, como también los padres de Isabel,


su hermano José da Fonseca, su hermana Dionísia da Fonseca, su tío
Jorge Nunes Thomas y su pariente Antônio da Fonseca Rego. En esta
ocasión, Luís “leyó un libro que dijo ser la Sagrada Escritura, y dijo que
Moisés caminó durante cuarenta años por el desierto y otras cosas de
que ella no se recuerda”28. Ese tipo de lectura en grupo o en familia de
fragmentos de la historia bíblica era tradicional entre los judaizantes,
como ilustra el ejemplo de los marranos de Quintanar de la Orden
estudiados por Charles Amiel29. También ese grupo (desbaratado por
la Inquisición de Cuenca a partir de 1588) demuestra explícitamente
cómo se usaban libros ortodoxos como una “enciclopedia del judaís-
mo”. Si esos libros fueron poco a poco prohibidos en España (con
mas celeridad en Portugal)30, era imposible acometer una prohibición
total de menciones de fragmentos del Antiguo Testamento, elemento
fundacional y integrante del cristianismo. El mismo Diferencia entre lo
Temporal y Eterno, del jesuita Nieremberg, mencionado, como vimos, por
dos arrepentidos como el vehículo de su conversión, contenía algunos
pasajes del Antiguo Testamento31. Así es que, lo que Luís de Valença
Caminha y su hijo Pedro leían como textos del Antiguo Testamento32,
debía haber sido extraído de obras ortodoxas.
Quién sabe si, por la dificultad de conseguir materia específica-
mente judía o también por la necesidad diaria de contraposición al
catolicismo dominante, responde el hecho de que el criptojudaísmo
de Paraíba se mantuvo en parte ‘en negativo’, es decir, se basaba
en menospreciar los dogmas de la Iglesia. Ambrósio Nunes usaba
un libro que describía la Pasión para demostrar a Dionísio da
28
Proceso contra Floriana Rodrigues, confesión del 19 de herero 1732, ANTT, IL, pc.
12; Proceso contra Isabel da Fonseca Rego, confesiones del 1 de agosto 1732 y del 14 de
septiembre 1733, ANTT, IL, pc. 8032.
29
Charles AMIEL: “Les cent voix de Quintanar. Le modele castillan du marranisme”,
Revue de l’histoire des religions, 218 (2001), p. 512.
30
Ibídem, p. 531.
31
João Eusebio NIERENBERG: Differença entre o temporal e eterno. Chrisol purificato-
rio de desenganos com a memoria da eternidade e consideração dos Novíssimos do homem,
e principaes Mysterios Divinos, Coimbra, Na Officina de Luis Seco Ferreyra, 1741, p.
ex.: pp. 396-397.
32
Proceso contra Henrique da Silva, confesión del 11 de octubre 1731, ANTT, IL,
pc. 4259, y Proceso contra Felicitas Uchoa Peres de Gusmão, sesión de genealogía,
ANTT, IL, pc. 11.

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BRUNO FEITLER

Silva que Dios no podía ser un hombre que fue tan maltratado33.
Probablemente sería el libro de Diogo Nunes Thomas II, titulado
Pasión del hombre Dios, confiscado por el obispo de Pernambuco
en el momento de su arresto junto con algunos manuscritos y
amuletos34. He encontrado hasta ahora dos libros que pueden co-
rresponder a ese título35. No pude consultar el publicado en Lima
“en la calle del Palacio” en 1724, obra de Fray Francisco Baleano. Por
su parte, el libro de Juan Bautista Dávila, Pasion del Hombre-Dios
referida y ponderada en Decimas Españolas, publicado en León de
Francia en 1661, además de un curioso canto en el cual Dios Padre
y Jesús comparten la responsabilidad de la Pasión36, disculpando
así a los judíos, contiene minuciosas descripciones de las afrentas
sufridas por Jesús, y que, sin duda, interesarían a judaizantes como
Ambrósio Nunes.
Pero los judaizantes de la región no se limitaban a leer, ya que
la transcripción de salmos en portugués y oraciones manuscritas
circulaban entre ellos, lo que implica, por supuesto, la práctica de
la escritura. Diogo, así como Ambrósio Nunes, Antônio da Fonseca
Rego y Fernando Henriques Álvares tuvieron algunas de estas trans-
cripciones37. Más que alfabetizado, este grupo de cristianos nuevos
puede ser considerado culto o, al menos, letrado.

33
Cuenta Dionisio que Ambrosio “puchando por um livro que trazia principiou nele a
ler os martirios da paixaõ de Cristo Senhor Nosso e disse a ele confitente que visse a
quem queria adorar e conhecer por Deus que era um homem que fora preso e asauta-
do”. Proceso contra Dionísio da Silva, confesión del 8 de enero 1742, ANTT, IL, pc.
3754.
34
Proceso contra Teresa Barbalha de Jesus, encuesta del 23 de mayo 1733, ANTT, IL, pc.
9397.
35
Antoni PALAU Y DULCET: Manual del Librero Hispanoamericano, Barcelona, Li-
brería Palau, 1948-1977, vol. II, p. 27 y vol. IV, p. 308-309.
36
“Al querer de Padre mide / su [de Cristo] oraçion: porque si muere, / Muere porque
el Padre quiere, / Quiere el Padre, porque el pide”. Juan Bautista DÁVILA: Pasion
del Hombre-Dios referida y ponderada en Decimas Españolas, León, A costa de Horacio
Boissat y Gorge Remeus, Claudio Bourgeat y Miguel Lietard, 1661, p. 39.
37
Proceso contra Simão Rodrigues da Fonseca, confesión del 6 de agosto 1736, ANTT,
IL, pc. 2919, y Proceso contra Teresa Barbalha de Jesus, encuesta de mayo 1733,
ANTT, IL, pc. 9397.

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CULTURA ESCRITA Y CRIPTOJUDAÍSMO EN LA PARAÍBA...

EL APRENDIZAJE DEL CRIPTOJUDAÍSMO

A pesar de la imagen estable que brindan los documentos, la ins-


trucción del criptojudaísmo no tenía lugar de inmediato, a pesar de
la impresión de que los ritos y oraciones confesados en la sesión de
“creencia” eran ya aprendidos desde el momento de iniciación. Este
no podría ser el caso ni siquiera en un sistema religioso tan pequeño
como el de los judaizantes de Paraíba; la enseñanza del judaísmo
era progresiva, siguiendo el ritmo de las celebraciones u otras oca-
siones de la vida diaria que requerían prácticas especiales. Esta es la
impresión obtenida de ciertos pasajes de los procesos en los que las
declaraciones de los reos no están distorsionadas por las frecuentes
simplificaciones del vocabulario inquisitorial38.
A mediados del año 1728, mientras inspeccionaba sus plantaciones
de caña con su hijo Simão, Antônio da Fonseca Rego le reveló la
existencia de la “Ley de Moisés”, y le pidió que la siguiera, respetan-
do ciertas prácticas que le describió. El padre prometió enseñarle a
ayunar en el Día Grande, que iba a acontecer el siguiente mes de
septiembre. Durante los pocos meses que separaron esta enseñanza
del arresto de Antônio, procuró asegurarse de que su hijo fuera
proclive al judaísmo, y Simão gradualmente aprendió los salmos
penitenciales, como él se los enseñaba. En su confesión, Simão expuso
que la iniciación tuvo lugar la víspera del Día Grande y confirmó la
existencia de una hoja de papel que contenía los salmos que debía
memorizar39. De la misma manera, Felipa Mendes dijo que su madre
le prometió enseñarle gradualmente “las cosas que debía respetar”,
y le hizo repetir la oración del fin de los ayunos “hasta que ella lo

38
Sobre el problema de la homogenización del discurso de los reos, teniendo en vista
una mayor eficacia del proceso, véase Bruno FEITLER: “Processos e práxis inquisito-
riais. Problemas de método e de interpretação”, Revista de fontes, 1 (2014), pp. 55-64.
39
Proceso contra Antonio da Fonseca Rego, confesión del 17 de enero 1732, ANTT,
IL, pc. 10476; Proceso contra Simão Rodrigues da Fonseca, confesión del 6 de agosto
1736, ANTT, IL, pc. 2919.

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BRUNO FEITLER

supiera perfectamente”. Como Felipa era analfabeta, es probable que


su madre también lo fuera, y que la transmisión fuera oral40.
Del mismo modo que Simão, otras personas dijeron que habían
recibido una prolongada enseñanza mediante textos. Estos últimos,
como hemos visto, eran en su mayor parte libros ortodoxos desde
el punto de vista del catolicismo, pero en los que los judaizantes
encontraron por doquier historias y ritos de la antigua ley. Debemos
incluir en esa lista la Biblia, por lo menos algunos libros del Anti-
guo Testamento, entre ellos los Salmos de David y el Libro de Job,
explicados por Luís de Valença Caminha a sus hijos Guiomar de
Valença y Estêvão de Valença Caminha, que tenía más dificultades
para entender estos textos que su hermana41. El hermano mayor de
Guiomar y Estêvão, Pedro de Valença, realizaba individualmente
estas lecturas, tal vez directamente en latín, porque, al ser letrado, se
le supone suficiente conocimiento de este idioma para prescindir de
las traducciones y llegarlas a realizar él mismo en el ámbito familiar42.
Esos manuscritos, que contenían oraciones y salmos en portugués
o español, eran copiados y transmitidos en secreto, porque estas
traducciones, incluso parciales (tradicionales en el Renacimiento
europeo) fueron estrictamente prohibidas en el mundo ibérico en el
contexto del Concilio de Trento43. Al igual que Antônio da Fonseca
Rego, Fernando Henriques Álvares poseía un “cuaderno de papel”
para transmitir a Francisco Pereira los salmos de David44. El capitán
Teodózio de Lemos Duarte, testigo de una investigación sobre Teresa

40
Proceso contra Felipa Nunes, confesión del 17 de marzo 1735, ANTT, IL, pc. 435.
Las dos hermanas de Luísa de Chaves (la madre de Felipa), presas por la Inquisición
también eran analfabetas, como sus sobrinas.
41
“Sua molher do do Henrrique da Silva, Guiomar de Valença que tinha hum livro do
testamento velho Psalmos de david e liçoems de Job o qual lhe esplicava a ela seu pay
Luis de Valença. Estevaõ de Valença Caminha filho do do Luis de Valença q taõbem
seu paj lhe explicava do mesmo livro mas q não lhe emtrava tudo na cabessa p çer
mais Rudo do emtemdimento.” Declaración de Henrique da Silva del 7 febrero 1731,
ANTT, IL, pc. 4259.
42
Proceso contra Felícitas Uchoa Peres de Gusmão, confesión del 5 de diciembre 1731 y
genealogía, ANTT, IL, pc. 11.
43
Adriano PROSPERI: “Bibia”, en ídem (dir.): Dizionario Storico dell’Inquisizione,
Pisa, Edizioni della Normale, 2010, vol. I, pp. 185-187.
44
Proceso contra Francisco Pereira de Moura, confesión del 8 de enero 1734, ANTT, IL,
pc. 436.

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CULTURA ESCRITA Y CRIPTOJUDAÍSMO EN LA PARAÍBA...

Barbalha de Jesus, afirma haber visto que, durante el arresto de Diogo


Nunes Thomas II, se encontraron varias oraciones manuscritas en su
casa, que luego fueron quemadas por orden del obispo45.
Sin embargo, estos textos, tanto manuscritos como impresos,
no fueron utilizados de la misma manera por todos. Los hombres
los utilizaban y los leían para aprender y transmitir su contenido,
mientras que, en todas las declaraciones relativas a las paraibanas
del siglo xviii, ellas solo las escuchaban, a diferencia de lo que se
documentaba en el siglo anterior en Ipojuca, entre las Valenças,
de las cuales, al menos una, los leía, empleándolos para dirigir la
oración de un público únicamente femenino. No existe un ejemplo
similar para el siglo xviii, durante el cual eran los hombres quienes
conducían las lecturas. En la casa de Luís da Fonseca, nueve personas
lo escuchaban leer la Biblia. En la de Ambrósio Nunes, que leía y
comentaba con Diogo Lopes Vila Real el contenido de un libro sobre
las hazañas de Sansón, su esposa, Isabel da Fonseca Rego, “escuchaba
las conversaciones, sin saber a dónde llevaban” y, aunque sabía “leer
y escribir un poco”, no participaba en las discusiones. Por lo tanto,
según la persona que los utilizase, estos textos podrían usarse tanto
para el aprendizaje como para la práctica del criptojudaísmo, o ser
una literatura d’exempla, e incluso de entretenimiento, especialmente
para mujeres, en su mayoría iletradas. En consecuencia, es necesario
relativizar otra idea, bastante difusa, acerca de la transmisión del
judaísmo entre criptojudíos: el de la oralidad como único medio de
diseminar creencias y prácticas religiosas, además del ya menciona-
do papel principal de las mujeres. Por lo que atañe a este segundo
punto (el papel de las mujeres), tal vez fuese la aparición de Simão
Rodrigues Álvares, cuyo conocimiento del judaísmo y su celo eran
más fuertes que los de los paraibanos y cuyo predominio dentro del
grupo es manifiesto, lo que inclinó la balanza del lado masculino

45
Proceso contra Teresa Barbalha de Jesus, encuesta del 23 de mayo 1733, ANTT, IL, pc.
9397.

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BRUNO FEITLER

en la educación religiosa, conllevando a su vez a un mayor uso de


la palabra escrita.

¿IMPACTO EN LA LITURGIA?

A pesar de la presencia holandesa en la región entre 1630 y 1654 y


la participación de algunos de los antepasados de los judaizantes de
Paraíba en la vida religiosa de los judíos de Recife, Frederica o Ipo-
juca, cuando tuvieron acceso a libros educativos y litúrgicos judíos,
ninguna de estas obras parece haber sobrevivido. Solo Floriana Ro-
drigues menciona la lectura “de algunos libros que declaraban los
preceptos de la ley [de Moisés]”46, pero sus confesiones son poco
fiables porque ella parece inventarse muchos detalles, y su declara-
ción es lo suficientemente vaga como para que se pueda identificar
ese libro con el Antiguo Testamento. Esta ausencia de obras judías,
pero no de libros, es uno de los factores que explican el particular
judaísmo que se practicaba en Paraíba y en otras partes del mun-
do desde hacía mucho (o poco) tiempo, alejados estos centros del
judaísmo rabínico. Sin embargo, esto no significa que no quedase
nada del uso de ciertas obras y de los contactos con judíos estable-
cidos en la zona a lo largo del período holandés.
Algunas de las oraciones recitadas en Paraíba en el siglo xviii tienen
un ligero parecido con las oraciones de la liturgia judía, aun sin tener
en cuenta los salmos, fácilmente encontrados en la liturgia católica.
Estas similitudes son muy tenues y se pueden rebatir sin esfuerzo,
pero creo que son indicaciones reales de una cierta continuidad que
se logró, no mediante los libros, sino oralmente, o por la transcrip-
ción de una transmisión oral inicial, lo que explicaría las grandes
disimilitudes existentes entre el modelo original y el encontrado en
la documentación inquisitorial. En primer lugar, se nota que esas
posibles relaciones se refieren principalmente a oraciones funerarias
y penitenciales, pero no al Qaddish que, a pesar de ser la oración
judía de duelo por excelencia, no remite directamente a la pena o al

46
Proceso contra Floriana Rodrigues, confesión del 17 de enero 1732, ANTT, IL, pc. 12.

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CULTURA ESCRITA Y CRIPTOJUDAÍSMO EN LA PARAÍBA...

alma del difunto (como esas de los judaizantes de Paraíba), siendo


sí una loa a Dios. Felipa Mendes oró así, enseñada por su madre,
por el alma de su abuela:

“Nome de Adonai seja com a alma de minha avó que deste


mundo partio por vontade e sentença do creador alto Rey da Pie-
dade, vos Senhor queirais consolar, vos Senhor queiraes obrigar
Rey do Vil queiraes, á maõ direyta de Adonai seja sua estada, e sua
morada com Abraham, e com Izac, e com Jacob, e com David, e
com Salamão, e com Aram com estes justos, e boñs a Deus por esta
alma queira rogar”47.

La invocación de Felipa puede compararse fácilmente con una ora-


ción de los muertos recitada en Ámsterdam, donde se repiten la
demanda de perdón y las referencias a la geografía celeste:

“Holgança compuesta en estancia alta debaxo de alas de la di-


vinidad en grado de santos y limpios, que como lustror del cielo
alustran y esclarecen y escapamiento de huessos, y perdon de cul-
pas, y alexamiento de rebello y allegamiento de salvaciõ y piedad y
clemencia delante morador del cielo y parte buena para vidas del
mundo vinideroalli sea dadiva y parte del alma de (hulano hijo
de hulano) que se partió à su mundo (en brevedad de años) por
voluntad de morador de cielos”48.

Las oraciones que se debían pronunciar, en alternancia con las ple-


garias diarias (Amidah y bendiciones), el día anterior y el día de los
ayunos particulares (en el idioma de los judíos portugueses, “ayuno
47
Proceso contra Isabel da Fonseca Rego, sesión de crença del 29 de enero 1734, ANTT,
IL, pc. 8032. Una de las oraciones transcritas por Samuel Schwarz, a pesar de la dife-
rencia de texto, incluye esos mismos temas: “O Senhor a livre da pena de aguilhão / a
ponha em bom lugar, / posta em alçamento; / no ceu com claridade […] que fale com
Elias e Araão, / com todos aqueles que profetas são / e que arredor do Senhor estão”.
Samuel SCHWARZ: “Os Cristãos-Novos em Portugal no século xx”, Arqueologia e
História, IV, 1925, p. 77 (n.° 62).
48
Orden de las oraciones cotidianas por estilo seguido y coriente con las de Hanucah Purim,
y Ayuno del solo. Como tambien de las tres Pascuas, de Pesah, Sebuoth, y Sucoth, Ams-
terdam, D. Tartas, 5441 [1681], pp. 417-418.

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BRUNO FEITLER

del solo”), llevan a varias referencias, aunque puntuales, que se pue-


den identificar en Paraíba. Antes de la puesta del sol, que anuncia
el inicio del ayuno (como de todas las festividades judías), se recita:

“Señor de los mundos, he yo delante ti con ayuno de voluntad


mañana. Sea voluntad delante ti .A. [Adonay] mi Dio y Dio de
mis padres q me rescibas con amor y voluntad, y entre delante
ti mi oracion, y respondas à mi oracion, y medeziname por tus
piedades las muchas, q tu oyen oracion de toda boca. Sean por
voluntad dichos de mi boca, y pensamiento de mi coraçõ delante ti
.A. mi suerte y mi redemidor. Hazien paz en sus cielos, el por sus
piedades haga paz sobre nos, y sobre todo Ysrael. Amen”.

El día siguiente en un momento determinado de la Amidah, se


pronuncian estas palabras:

“Padre el piadoso oye nuestra boz .A.N.D. [Adonay Nuestro


Dio] y apiada sobre nos, y rescibe con piedades y con voluntad
à nuestra oracion, y miembra tus piedades, y sojuzga à tu saña, y
aparta de nos mortandad, y espada y hambre, y cautiverio, y prea,
y apetite malo, y enfermidades malas y firmes, y acaecimientos
duros y malos, y sentencia sobre mi sentencias buenas, y sobre
todos varones de mi casa, y rebuelvanse tus piedades con tus con-
diciones, y uza con nos A.N.D. con condiciõ de merced, y con
condiciõ de piedades, y entre con nos delante regla del juyzio, y
escucha nuestra oracion, y nuestra rogativa, y nuestro clamor, que
tu oyen oracion de toda boca. Respondeme mi padre, responde-
me en dia de ayuno de la afflicion esta, q en angustia grande yo
sobre todo lo que pequê, y que atorci, que rebellé delante ti de dia
de mi ser sobre la tierra hasta el dia este, avergonçado yo de mis
rebellos, y arregistado yo, y arrepudiado de mis delitos y de mis
pecados: empero puse tus piedades à escuentra mis ojos, que tu
uzança de alongar tu furor, y tu uzo de apiadar sobre tus criaturas,
q tu bueno y perdonan, y grande de merced à todos tus llamares,
y por tus piedades las muchas respondeme en hor y en momento
este, y sea apocamiento de mi sevo, y mi sangre el apocante con

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CULTURA ESCRITA Y CRIPTOJUDAÍSMO EN LA PARAÍBA...

mi ayuno oy contado, y rescebido, y envoluntado delante ti, como


sevo puesto sobre cuestas de tu ara para perdonar sobre todo lo que
pequè, y lo que atroci, y lo que rebellè delante ti, quier por fuerça,
quier por voluntad, quier por yerro, quier por sobervia, quier por
conoscimiento, quier no por conoscimento: y envoluntame por
tus piedades las muchas, y no cates à mi malicia, y no te encobras
de mi rogativa, see agora cercano à mi clamor, y clamor de varones
de mi casa: antes q llame à ti, tu responderás: antes que hable, tu
oyrás: como es dicho: y será antes q llamen yo responderé aun
ellos hablantes, yo oyrè; q tu .A. libran, y escapan, y respondien, y
apiadan en toda hora de angustia y aprieto, y oyen oracion de toda
boca. Bendito tu A. oyen oracion”.

En los momentos previos a la conclusión de la Amidah, se añade:

“Sea voluntad delante de ti .A. mi Dio, y Dio de mis padres, que


rescibas mi alma con piedad quando la tomares de mi, y hazerlahas
estar debaxo de filla de ti honra, q de alli la plantaste, y quando
muriere, sea mi muerte perdon sobre todos mis delitos. Ruego .A.
mi Dio, y Dio de mis padres, rescibe mi clamor, y responde à mi
aplacacion, y oye à mi oracion, muchigua, lavame de mi delito, y
de mi pecado me alimpia, y alimpiame de yerros, y de ocultas me
libra paraque sea de hojos de hombre: que en sombras de tus alas
se abrigan y se hartan de grossura de tu casa, y de arroyos de tus
deleytes los abrevas […]”49.

La forma de reconocer el estado de pecado y su corolario, las nume-


rosas demandas de perdón, así como las solicitudes de protección,
son muy similares a las de los judaizantes de Paraíba. El tema peni-
tencial también se encuentra en los Salmos, y ciertamente provie-
ne de ellos, pero a pesar de esto, detalles como las mortificaciones
comparándolas con los sacrificios del templo, como la oración para

49
Ibídem, pp. 433-436 y p. 439.

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BRUNO FEITLER

el ayuno enseñada a Simão Rodrigues da Fonseca por su padre,


constituyen el rastro de un enlace más cercano.

“Alto Deos de Abrahaõ, Forte Deos de Israel, Senhor, que viste


a Daniel posto em taõ grandes alturas, deixo as abaxuras, meus
olhos lancey aos Montes donde me ha de vir a ajuda, minha ajuda
he boa, que he do Senhor Adonay, que criou os Ceos, e a Terra, eu
vos offereço o meu jejum, minhas oraçoês, e petiçoês minha carne,
e meu osso, que hoje neste dia hey derretido [...]”50.

A pesar de estas similitudes, las oraciones de los paraibanos difieren


mucho de aquellas que sus abuelos pudieron haber aprendido en
las sinagogas de los judíos del Pernambuco holandés: las versiones
rabínicas siempre conservan, a pesar del acto privado de este tipo de
ayunos, referencias continuas al resto del pueblo de Israel, ausentes
de las oraciones de los judaizantes, lo que es una prueba irrefutable
de que la economía de salvación de los judaizantes se había distan-
ciado mucho de la de los judíos ortodoxos, aproximándose más de
la católica51.
En la península, más cerca de Bayona, Ámsterdam, Italia y del
Norte de África con los cuales hubo intensos intercambios de todo
tipo y de donde a menudo venían judíos “de señal” o disfrazados
para entablar sus negocios y tal vez convencer a un primo o un amigo
para que los acompañaran en su regreso a las “tierras de la libertad”,
en donde el judaísmo era permitido, el criptojudaísmo pudo reno-
varse más fácilmente, incluso todavía a principios del siglo xviii52.
En Portugal, finalmente, con las universidades e imprentas, el acceso

50
Proceso contra Simão Rodrigues da Fonseca, confesión del 6 de agosto 1736, ANTT,
IL, pc. 2919.
51
Trato de las influencias del catolicismo en esa economía de la salvación en Bruno
FEITLER: Inquisition, juifs et nouveaux-chrétiens…, pp. 344-357.
52
Yosef KAPLAN: “The Travels of Portuguese Jews from Amsterdam to the ‘Lands of
Idolatry’ (1644-1724)”, en ídem: (org.), Jews and Conversos, studies in society and the In-
quisition, Jerusalén, Magnes Press, 1985, pp. 197-224. Pilar Huerga Criado identificó
una intensificación de ese tipo de contacto entre judíos del sur de Francia y sus pa-
rientes españoles durante la segunda mitad del siglo xvii, Pilar HUERGA CRIADO:
En la raya de Portugal…, p. 173. Véase también Natalia MUCHNIK: “Des intrus en
pays d’Inquisition…”

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CULTURA ESCRITA Y CRIPTOJUDAÍSMO EN LA PARAÍBA...

a las obras católicas que contienen descripciones del judaísmo era


más fácil. Ciertamente, desde la metrópolis, la información podía
llegar al otro lado del Atlántico, y Simão Rodrigues Álvares es un
ejemplo, como también Miguel de Mendonça Valhadolid, criado
en Ámsterdam y detenido en São Paulo en 172853, pero la distancia
para viajar era grande. De ese modo, en la Paraíba de principios del
siglo xviii, a pesar del uso del soporte de lo escrito para el aprendizaje
y la transmisión del criptojudaísmo, estos libros, que en principio
debían transmitir y perpetuar conocimiento e ideas, no sirvieron
para revitalizarlos, pero quizás, debido al uso indirecto o parcial y
a la adaptación continua de sus lectores criptojudíos, para transfor-
marlos aún más dando lugar a un sistema de creencias y practicas
originales y cambiantes.

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BRUNO FEITLER

Yosef Haim YERUSHALMI: “Connaissance du judaïsme et préparation spiritue-


lle chez les marranes revenus au judaïsme au cours du xviie siècle”, en ídem:
Sefardica: Essais sur l’histoire des Juifs, des marranes & des nouveaux-chrétiens
d’origine hispano-portugaise, París, Chandeigne, 1998, pp. 235-254.

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DEL IMPERIALISMO MESIÁNICO DE LOS PRIMEROS
AUSTRIAS AL DE JUAN V DE PORTUGAL:
DISCURSOS ICONOGRÁFICOS COMPARADOS DE ALTERIDAD
(MORISCOS Y TURCOS)*
Borja Franco Llopis
Universidad Nacional de Educación a Distancia
Iván Rega Castro
Universidad de León

El proceso de construcción de la imagen regia es uno de los as-


pectos que mayor número de estudios ha generado en los últimos
años. Fueron bastantes los investigadores que se dedicaron a dicho
cometido, como Fernando Checa en sus publicaciones dedicadas a
Carlos V y Felipe II1, paralelamente a lo que hizo Peter Burke en
sus trabajos sobre a la figura Luis xiv2, creando un modelo meto-
dológico que fue el germen de muchos otros libros o artículos que
trataron de conocer los mecanismos de conformación de la imagen
pública del rey y sus usos políticos.
Partiendo de estos modelos, y de las variantes que han ido
surgiendo en las últimas tres décadas, en estas páginas nos propo-
nemos hacer un estudio comparativo de “los medios de crear una
imagen real y de difundirla mediante distintos expedientes de la
propaganda”, en palabras de Roger Chartier, los cuales revelaron
una fuerte capacidad de oposición a los enemigos de la fe y, de un
modo particular, contra el islam. Esta “representación” regia no
solo actuó en ausencia o sustitución del soberano, sino también en

*
* Este trabajo forma parte de una investigación más extensa llevada a cabo dentro del
Proyecto de Investigación HAR2016-80354-P: “Antes del orientalismo: Las imágenes
del musulmán en la Península Ibérica (siglos xv-xvii) y sus conexiones mediterrá-
neas”, IP.: Borja Franco Llopis.
1
De entre sus múltiples publicaciones destacamos Fernando CHECA CREMADES:
Felipe II. Mecenas de las artes, Madrid, Nerea, 1992 y, del mismo, Carlos V. La imagen
del poder en el Renacimiento, Madrid, El Viso, 1999.
2
Peter BURKE: La Fabricación de Luis XIV, Madrid, Nerea, 1995.

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BORJA FRANCO LLOPIS E IVÁN REGA CASTRO

los eventos en los cuales el propio monarca desempeño el papel de


“actor de sí mismo”, como en las fiestas de recibimiento y entradas
solemnes3. Por lo tanto, no tomaremos como punto de partida
los retratos oficiales conservados en las colecciones reales, sino los
grabados, estampas o decoraciones efímeras para entradas regias,
fiestas locales o sepelios, a fin de ahondar en el conocimiento de
la cultura visual de la Edad Moderna y las relaciones entre arte
y poder. Justamente estas imágenes fueron más ampliamente di-
fundidas entre la población, al formar parte de eventos públicos
que discurrieron en el seno de las principales urbes, por lo que se
dio un proceso de comunicación de mucho mayor alcance y con
diversos niveles de significación, lo que difícilmente encontramos
en otras obras para consumo privado.
Para darle un carácter más transversal, de larga duración, y
mostrar las distintas facetas de dicho proceso hemos considerado
oportuno el confrontar dos modelos de “propaganda” muy simila-
res en su fondo, pero geográfica y cronológicamente distintos: los
del emperador Carlos V y el rey Felipe II durante la Unión Ibérica
frente al de Juan V en Portugal ya en el siglo xviii. Esta elección no
es casual, porque en ambos casos la lucha contra el islam –ya en el
Mediterráneo, ya en la costa africana– fue una preocupación cons-
tante de los reyes citados, y los medios para publicitar sus victorias
siguieron derroteros parejos. Ellos y sus respectivos pueblos creían que
habían sido elegidos para defender y sustentar la fe, participando de
las mismas ideas de “imperialismo mesiánico”4, tal y como narraron
los apologistas de sus reinados.

3
Roger CHARTIER: “Prólogo”, en Fernando BOUZA: Imagen y propaganda: Capítu-
los de historia cultural del reinado de Felipe II, Madrid, Akal, 1998, pp. 5-11, esp. p. 6.
4
Tomamos prestado el término de Geoffrey PARKER: El éxito nunca es definitivo: im-
perialismo, guerra y fe en la Europa Moderna, Madrid, Taurus, 2001, pp. 147-150. Del
mismo, “David o Goliath: Felipe II y su mundo en la década de 1580”, en Geoffrey
PARKER y Richard L. KAGAN (ed.): España, Europa y el mundo Atlántico. Homenaje
a John H. Elliott, Madrid, Marcial Pons Historia-Junta de Castilla y Léon, 2001, pp.
321-346, esp. pp. 324-325 y 336-337.

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DEL IMPERIALISMO MESIÁNICO DE LOS PRIMEROS AUSTRIAS AL...

CARLOS V: ¿MAUROFOBIA O MAUROFILIA ARTÍSTICA?

Empezaremos nuestro recorrido con la figura de Carlos V y lo ha-


remos planteándonos un debate que la historiografía lleva años
discutiendo: el talante maurofílico o maurofóbico del emperador5.
Debido al espacio del que disponemos, hemos querido centrar nues-
tra reflexión en torno a este aspecto vinculándolo con la figura de
los moriscos, conversos (forzosos) del islam. Esta elección se basa,
principalmente, en que fue ese origen islámico y su condición de
“enemigo interno” lo que condicionó la creación de su imagen en
el mundo moderno, así como su percepción durante los siglos xvi
y xvii. Hasta ahora, la figuración de los cristianos nuevos ha sido
tratada de un modo bastante monolítico. La historiografía ha sido
fiel heredera del lema “todos son uno”, creado por los apologistas
de la expulsión. No estamos de acuerdo con dicho posicionamien-
to, pues la imagen de los moriscos y su relación con la publicística
regia debe ser repensada entendiendo que ésta dependió no sólo de
las distintas aproximaciones que la Monarquía tuvo con este grupo
religioso, sino también estuvo mediatizada por la política exterior
de los monarcas. El análisis de las imágenes efímeras de los cristia-
nos nuevos de moros nos permitirá ver la ambivalencia de ciertas
iconografías y la cantidad de aristas que incluyeron la cambiante

5
Podemos encontrar la gestación de dichos términos en Georges CIROT: “La mau-
rophilie littéraire en Espagne au xvie siècle”, Bulletin Hispanique, 40, 2 (1938), pp.
150-157; 40, 3 (1938), pp. 281-296; 40, 4 (1938), pp. 433-447; 41, 1 (1939), pp. 65-85;
41, 4 (1939), pp. 345-351; 42, 3 (1940), pp. 213-227; 43, 3-4 (1941), pp. 265-289; 44, 2-4
(1942), pp. 96-102; 46, 1 (1944), pp. 5-25. En su aplicación al arte fueron fundamenta-
les los trabajos de Ramón MENÉNDEZ PIDAL: “Romancero nuevo y maurofilia”,
en España en su historia, Madrid, Minotauro, 1957, vol. 2, pp. 153-279, donde se hace
una primera aproximación a este asunto, de un modo paralelo a lo que realizara
Leopoldo Torres Balbás, por las mismas fechas, al tratar de Isabel la Católica y de
la maurofilia cultural de su predecesor, Enrique IV. De este último véase Leopoldo
TORRES BALBÁS: “El ambiente mudéjar en torno a la Reina Católica y el arte
hispanomusulmán en España y Berbería durante su reinado”, en Curso de conferencias
sobre la política africana de los Reyes Católicos, Madrid, CSIC, 1951, vol 2, pp. 81-125.
Sin embargo, ha sido Barbara Fuchs la que de forma sistemática ha aplicado este tér-
mino como herramienta analítica de las costumbres, trajes y arquitectura hispanas de
la Edad Moderna. Véase Barbara FUCHS: Exotic Nation: Maurophilia and the Con-
struction of Early Modern Spain, Pennsylvania, Pennsylvania University Press, 2009.

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BORJA FRANCO LLOPIS E IVÁN REGA CASTRO

percepción de esta minoría dentro del discurso de la fabricación de


la imagen del rey con respecto al “otro”.
El problema principal con el que nos encontramos es que esta
fábrica no es algo que se diera sólo en el siglo en el que vivieron los
cristianos nuevos, sino que ha sufrido también bastantes adiciones
ideológicas en los años siguientes6. Como se ha indicado, existía una
percepción de la alteridad propia del siglo xvi y otra que se ha crea-
do por el interés de los historiadores o biógrafos al resaltar algunos
aspectos importantes de su reinado con respecto a sus enemigos y
en especial frente al islam. Estudiar la predilección o aceptación por
parte de Carlos V de “lo moro”, únicamente a través de aspectos
como los gustos sartoriales en la corte, el uso de trajes “a la moris-
ca” (que desde la época de Juan I de Castilla eran habituales en la
propia corte)7, los juegos de cañas8, o ciertas alianzas con las tropas
de Muley Hassan en el norte de África, y oponerlo todo frente a
una actitud intransigentemente maurofóbica en los asuntos turcos,
creemos que impide ver otras estrategias regias de mostrar su poder
y magnanimidad. Además este posicionamiento bipolar tiende a
ocultar ciertas actitudes frente al islam que no se dieron en otros
territorios europeos y nos sitúa en un universo reduccionista de lo
que realmente fue el contacto con los musulmanes. Es cierto que la
postura de los monarcas habsbúrgicos frente al Turco fue de unánime
rechazo y confrontación, pero no tanto en lo que se refiere al islam
en general o al morisco en particular.
Un claro ejemplo de ello podemos tenerlo ya en las primeras
entradas regias celebradas por Carlos V en Italia para conmemorar
6
Miguel Á. de BUNES IBARRA: Los moriscos en el pensamiento histórico. Historiografía
de un grupo marginado, Madrid, Cátedra, 1983.
7
Véanse, entre otros, Olivia R. CONSTABLE: To live like a moor. Christian perceptions
of Muslim identity in Medieval and Early Modern Spain, Philadelphia, University of
Pennsylvania Press, 2017; Noelia SILVA SANTACRUZ: “Maurofilia y mudejarismo
en época de Isabel la Cátolica”, en Fernando CHECA CREMADES (ed.): Isabel la
Católica. Magnificencia de un reinado, Madrid, Sociedad Estatal de Conmemoracio-
nes Culturales, 2004, pp. 141-154; Clara ESTOW: Pedro the Cruel of Castile, 1350-1369,
Leiden, Brill, 1995.
8
El mejor estudio sobre el valor maurofílico o maurofóbico de los juegos de cañas se
ha realizado recientemente en Javier IRIGOYEN-GARCÍA: Moors Dressed as Moors.
Clothing, Social Distinction, and Ethnicity in Early Modern Iberia, Toronto, University
of Toronto Press, 2017.

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DEL IMPERIALISMO MESIÁNICO DE LOS PRIMEROS AUSTRIAS AL...

las victorias en el norte de África. En ellas se produce un dualismo:


por un lado, se muestra la imagen del Turco vencido, apareciendo
incluso como trofeo de guerra, pero, a la vez, se exalta la colabora-
ción de los musulmanes, a través de las tropas de Muley Hassan, el
“moro amigo” que participó en la lucha contra los otomanos9. El
que fuera favorecido por el emperador como rey de Túnez se repre-
senta en diversas decoraciones efímeras italianas en un lugar bastante
preponderante. Pero no sólo eso, también es conocido el constante
migrar de los familiares de Hassan por territorio peninsular, donde
fueron acogidos con agrado en la corte. El musulmán (aliado) era
bienvenido y alabado por reconocer la supremacía del rey cristiano
y no fue siempre forzado a su conversión10.
Lo mismo sucedería, tal y como demostraron Bunes y Falomir11,
en uno de los estandartes máximos de la victoria frente al Turco en
el norte de África: los conocidos tapices de la conquista de Túnez
realizados por Jan Cornelisz Vermeyen en colaboración con Pieter
Coecke van Aelst y tejidos por Willem de Pannemaker, por desig-
nio de María de Hungría entre 1548 y 1554 con el beneplácito de su
hermano, el emperador12. Si bien el cometido de las obras era exaltar
9
Sobre la figura del “moro amigo” se ha avanzado mucho en los últimos años. De entre
lo más destacado queremos citar a Beatriz ALONSO ACERO: Sultanes de Berbería en
tierras de cristiandad. Exilio musulmán, conversión y asimilación en la Monarquía hispá-
nica (siglos XVI y XVII), Barcelona, Edicions Bellaterra, 2006; Cristelle BASKINS: “De
Aphrodisio expugnato: The Siege of Mahdia in the Habsburg Imaginary”, Il Capitale
Culturale, núm. extraordinario 6 (2017), pp. 25-48. Actualmente esta última autora
está escribiendo una monografía sobre la figura de Muley Hassan. Aprovechamos esta
nota para agradecerle los capítulos que ha compartido con nosotros.
10
De un modo más velado esto también sucede en la entrada de Alfonso el Magnánimo
en Nápoles en 1443, donde, por una parte, aparecían los moros vencidos por el rey y,
por otra, los musulmanes que ayudaron en tal batalla. Sobre este evento véase, entre
otros, Joan MOLINA FIGUERAS: “Contra turcos. Alfonso d’Aragona e la retorica
visiva della crociata”, en Giancarlo ABBAMONTE (ed.): La battaglia nel Rinascimen-
to meridionale: moduli narrativi tra parole e immagini, Roma, Viella, 2011 pp. 97-110.
11
Miguel FALOMIR y Miguel Á. de BUNES IBARRA: “Carlos V, Vermeyen y la
conquista de Túnez”, en Juan Luis CASTELLANO CASTELLANO (ed.): Carlos V.
Europeísmo y universalidad, Madrid, Sociedad Estatal para la Conmemoración de los
Centenarios de Felipe II y Carlos V, 2001, vol. 5, pp. 243-258.
12
Tapices de la conquista de Túnez, TA–13/1-12, Madrid, Patrimonio Nacional. Sobre es-
tas obras es ineludible citar su mejor catálogo razonado: Hendrik J. HORN: Jan Cor-
nelisz Vermeyen. Painter of Charles V and his Conquest of Tunis, Doornspijk, Davaco,
1989. Así como una revisión de los mismos en: Wilfried SEIPEL (ed.): Der Kriegszug
Kaiser Karls V gegen Tunis. Kartons und Tapisserien, Milán, Skira, 2000. En los últimos

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BORJA FRANCO LLOPIS E IVÁN REGA CASTRO

la victoria de Carlos V frente a los turcos, los pintores debían selec-


cionar aquellos personajes que hicieran mucho más comprensible
el mensaje a los potenciales espectadores. Para ello, insistieron en la
despiadada figura del jenízaro otomano decapitando a los servidores
imperiales, mostrando la crueldad de los turcos, mientras que, junto
a ellos, aparecen otros combatientes musulmanes portando armas a
la antigua. Hasta aquí nada nuevo, pero en palabras de los autores
anteriormente citados, Vermeyen, llevado por su interés en diferen-
ciar e individualizar entre los “moros amigos” y aquellos “enemigos”,
comete el “error” (consciente) de retratar con frecuencia a los aliados
hafsíes de Carlos V, caballería que no tuvo relevancia en la campaña,
pero que son la excusa por la que el cuerpo expedicionario español
se encontraba en Túnez13. Es decir, intenta demostrar la importancia
de la colaboración de las tropas musulmanas norteafricanas en la
lucha contra el Turco. Con ello se publicita que el emperador no
sólo es poderoso y vence a sus enemigos, sino que también es justo
y magnánimo, reconociendo el papel de sus aliados en sus victorias.
Una actitud que sobrepasa el citado dualismo maurofilia-maurofobia
del que hablamos con anterioridad.
Lo mismo sucedería años antes, en sus nupcias en Sevilla. En el
programa iconográfico creado para festejar su matrimonio con Isabel
de Portugal en 152614 se defiende el poder de Carlos V frente a sus
enemigos, pero también su prudencia y buen gobierno asimilando
a los vencidos. En este evento, en el séptimo y último arco, el más
importante de todos, se representaba en su basamento:

años, estudiosos como Miguel Á. Zalama y Jesús F. Pascual Molina han publicado
diversas aportaciones sobre sus usos en la España moderna como elemento propagan-
dístico. Véase, por ejemplo, Miguel Á. ZALAMA et al.: El legado de las obras de arte:
tapices, pinturas, esculturas: sus viajes a través de la historia, Valladolid, Universidad de
Valladolid, 2017.
13
Miguel Á. de BUNES IBARRA: “Vermeyen y los tapices de la conquista de Túnez.
Historia y representación”, en Bernardo J. GARCÍA GARCÍA.: La imagen de la Gue-
rra en el arte de los antiguos Países Bajos, Madrid, Editorial Complutense y Fundación
Carlos de Amberes, 2006, p. 120.
14
Un estudio detallado de todo el ceremonial puede encontrarse en Juan Antonio VI-
LAR SÁNCHEZ: 1526. Boda y luna de miel del emperador Carlos V. La visita imperial
de Andalucía y al Reino de Granada, Granada, Universidad de Granada, 2000.

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DEL IMPERIALISMO MESIÁNICO DE LOS PRIMEROS AUSTRIAS AL...

“un español vestido con capuz y collar, de jubón y borceguíes a


la antigua con una espada en mano […] un romano vestido tam-
bién a la antigua, un alemán, un morisco con un vaso y con una
sobrerropa, y el indio, vestido de plumas, con un plato y fuentes
llenas de perlas. Se observaba asimismo muchas otras gentes de
extrañas provincias y reinos. En la otra parte de este arco, un gru-
po de mujeres vestida a la española, romana, alemana, morisca e
india, con las insignias ya referidas. De unas nubes de encima de
ellas y ellos salía esta letra: Vincit Regnat Imperat.”15.

Las fuentes italianas fueron algo más parcas16, pero insistieron en


el vestido como elemento de diferenciación. En este sentido, la na-
ción morisca se integra, como la india, dentro de la corona, bajo
el poder de Carlos V, no como un enemigo, sino como súbdito,
al mismo nivel que el resto de las comunidades citadas. Esto nos
parece muy significativo, pues justo por aquellas fechas había fina-
lizado la contienda de las Germanías en Valencia que se saldó con
múltiples conversiones forzosas y enfrentamientos cruentos entre
musulmanes y cristianos viejos. El rey obvia estos problemas, vol-
viendo a mostrar su magnanimidad. Con ello, insistimos, no es que
se niegue la lucha contra el islam, sino que se matiza, se distingue
entre aquellos colaboracionistas o que podrían en un futuro ser im-
portantes en el gobierno de su territorio, como los moriscos, frente
a los verdaderos enemigos de la fe: los turcos. Turcos que, pocos
años más tarde sí que aparecieron en la entrada del emperador en
Zaragoza junto a Isabel de Portugal, donde se pintó a Carlos con
15
Mónica GÓMEZ-SALVAGO SÁNCHEZ: Fastos de una boda real en la Sevilla del
Quinientos. Estudio y Documentos, Sevilla, Universidad de Sevilla, 1998, p. 147. Véase
también Alfredo J. MORALES: “Recibimiento y Boda de Carlos V en Sevilla”, en
Alfredo J. MORALES, (comis.): La fiesta en la Europa de Carlos V, Sevilla, Sociedad
Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 2000,
p. 40. También Inmaculada RODRÍGUEZ MOYA y Víctor MÍNGUEZ: Himeneo
en la Corte. Poder, representación y ceremonial nupcial en el arte y la cultura simbólica,
Madrid, CSIC, 2013, p. 18.
16
“Et simile parole eran dall’altra parte in Spagnolo, erano in detto archo molte figure cosi de
Homini, come de Donne vestite alla Romana, alla Spagnola, alla Alamana, alla Moresca,
& alla indiana con sue insigne.”, en: Feste et archi triumphali furono fatti nella intrata
dello inuittissimo Cesare Carolo V re de Romani [et] imperatore sempre augusto, et de la
serenissima [et] potentissima signora Isabella imperatrice sua mogliere... s.l, 1526, p. 6.

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BORJA FRANCO LLOPIS E IVÁN REGA CASTRO

el pie derecho puesto sobre un mundo de oro y el izquierdo sobre


diversos turcos rendidos17.
La omisión del morisco en esta propaganda contra el enemigo
puede verse también en sus entradas regias europeas. Así pues, en su
ingreso triunfal en Milán en 1541, el emperador aplasta a tres gigantes:

“L’indiano a figura, le Terre nove/ Giunte all’imperio novamente


presse/ Il Barbaro Africano quelle prove/ Che la Goletta a terra si
distesse/ Il Turcho l’altro, che si stran si muove/ sopra il Danubio, con
el fiamme accese”18.

Aquí vemos cómo, a pesar de haber una diferencia entre los nor-
teafricanos y los turcos, no hay mención al morisco, del cual aún
se confiaba en su conversión. Podemos vincular todo ello con su
actitud pacífica, que se dio en los primeros años de su reinado y
que encajaría con las resoluciones de la Junta de la Capilla Real de
Granada. Un talante basado en la diversidad, y en el conocido “mo-
dus vivendi carolino” caracterizado por la permisividad y tolerancia
del monarca propia del primer irenismo del emperador, así como
del conocido “humanismo morisco”19. Esta idea también puede
apreciarse en los relieves realizados por Felipe Bigarny que decoran
justamente la citada Capilla Real de la seo granadina20.
17
Alberto del RÍO: Teatro y entrada triunfal en la Zaragoza del Renacimiento, Zaragoza,
Ayuntamiento de Zaragoza, 1988, p. 37.
18
Fernando CHECA CREMADES: “La entrada en Milán de Carlos V el año 1541”,
Goya, 151 (1979), p. 28. Véase también al respecto, Paola VENTURELLI: “L’ingresso
trionfale a Milano dell’imperatore Carlo V (1541) e del Príncipe Filippo (1548): Con-
siderazioni sull’apparire e l’accoglienza”, en José MARTÍNEZ MILLÁN (coord.):
Carlos V y la quiebra del humanismo político en Europa (1530-1558), Madrid, Sociedad
Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 2000, vol.
4, pp. 51-83.
19
Se ha publicado mucho sobre este evento, si bien destacamos Joaquín GIL SANJUÁN:
“El Parecer de Galíndez de Carvajal sobre los moriscos andaluces (año 1526)”, Baética,
11 (1988), pp. 385-401; Kenneth GARRAD: “La Inquisición y los moriscos granadinos,
1526-1580”, Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos, 8, 1 (1960), pp. 55 y ss.; Augustín
REDONDO: Antonio de Guevara (1480?-1545) et l’Espagne de son temps, Ginebra, Droz,
1976, pp. 262-289; Antonio DOMÍNGUEZ ORTIZ y Bernard VINCENT: Historia de
los moriscos. Vida y tragedia de una minoría, Madrid, Alianza, 1997, pp. 24-27.
20
Sobre este aspecto hemos profundizado más ampliamente en Borja FRANCO LLO-
PIS y Francisco J. MORENO DÍAZ DEL CAMPO: Pintando al converso: la imagen
del morisco en la península ibérica (1492-1614), Madrid, Cátedra, 2019.

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DEL IMPERIALISMO MESIÁNICO DE LOS PRIMEROS AUSTRIAS AL...

En resumen: la supuesta maurofilia o maurofobia de Carlos V


no puede relacionarse simplemente con el vestuario y el atuendo,
sino con una política muy clara de pacificación interior del territo-
rio y de aceptación del pasado islámico peninsular –omitiendo la
plasmación visual de aspectos controvertidos como la revuelta de
las Germanías–, junto con la reafirmación de la importancia de las
alianzas norteafricanas para poder mantener su territorio21. Pero, a
su vez, todo ello se combina con programas iconográficos de gran
carga triunfalista contra el islam como puede verse en todo el aparato
efímero que se creó en sus entradas regias o en la iconografía de los
tapices tunecinos. El arte servía, por un lado, para mostrar la pru-
dencia y magnanimidad del monarca, pero, por otro, para condenar
a los enemigos de la fe22.

FELIPE II: LA GUERRA DE LAS ALPUJARRAS Y LEPANTO,


FRENTE A MORISCOS Y TURCOS

La imagen del morisco sigue ausente de los programas visuales de


la Monarquía Hispánica durante años a pesar de que la política del
hijo de Carlos V frente a la minoría conversa cada vez se hacía más
intransigente. Sus discursos visuales se centran en la lucha contra
el Turco y el mantenimiento de la paz en territorio flamenco. Todo
ello cambió con el estallido de la revuelta de las Alpujarras en 1568
y la contienda lepantina de 1571. Del segundo aspecto no habla-
remos, pues se ha escrito mucho sobre ella, principalmente en el
último año23, por lo que nos centraremos en el asunto granadino.

21
María Jesús RUBIERA MATA (ed.): Carlos V, los moriscos y el islam, Madrid, So-
ciedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V,
Alicante, Universidad de Alicante, 2001.
22
Sobre los programas anti-islámicos en las entradas regias de Carlos V, véase Bor-
ja FRANCO LLOPIS: “Images of Islam in the Ephemeral Spanish Art: a first ap-
proach”, Capitale Culturale, núm. extaordinario 6 (2017), pp. 87-116.
23
Víctor MÍNGUEZ: Infierno y gloria en el mar. Los Habsburgo y la imagen artística
de Lepanto (1430-1700), Castellón, Biblioteca Potestas-Universitat Jaume I, 2017. Del
mismo, “Iconografía de Lepanto. Arte, propaganda y representación simbólica de
una monarquía universal y católica”, Obradoiro de Historia Moderna, 20 (2011), pp.

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BORJA FRANCO LLOPIS E IVÁN REGA CASTRO

El alzamiento de los monfíes en los montes alpujarreños con la


ayuda de un pequeño contingente de piratas berberiscos y turcos
supuso el renacer de la iconografía del morisco, esta vez con un
talante menos magnánimo. Si durante años los programas visuales
creados durante el reinado de su padre u obviaban la representación
del converso o la incluían dentro de la nación hispánica, la escalada
de tensión política ante el temor turco y el papel del cristiano nuevo
como quintocolumnista hizo cambiar su percepción y, con ello, su
iconografía24.
Tan sólo poseemos una imagen donde el morisco es tratado
de modo “positivo” al estilo de lo que sucedía con Carlos V. Nos
referimos a su representación en el tercer arco de la entrada de Ana
de Austria (1570) en Madrid, realizada poco tiempo después del
alzamiento. En él, el cristiano nuevo toma la forma de un cordero
asediado por un león25. La relación festiva insiste en que se utilizó
esta metáfora para exponer cómo el rey Felipe II fue tan comprensivo
que no quiso devorar a su presa. La metáfora del converso como
un cordero necesitado de evangelización se había dado ya en textos
de humanistas del siglo xvi como Juan Bautista Agnesio, Ignacio
de las Casas o Pedro de Valencia, entendiendo la necesidad de una
151-180. Laura STAGNO: Giovanni Andrea Doria (1540-1606). Immagini, commitenze
artistiche, rapporti politici e culturali tra Genova e la Spagna, Génova, Genova Univer-
sity Press, 2018. Sobre la iconografía de la guerra en España, más en general, recomen-
damos también Javier PORTÚS: “Miserias de la guerra: de Brueghel a Velázquez”, en
Bernardo J. GARCÍA GARCÍA: La imagen de la Guerra …, pp. 3-28.
24
Este hecho ha sido analizado brevemente en Teófilo RUIZ: A King Travels: Festive
Traditions in Late Medieval and Early Modern Spain, Princeton, Princeton University
Press, 2012, p. 110.
25
“No es menos notable la clemencia con que su Magestad, como padre de la republica
ha perdonado y acomodado por todo este reyno a los rebeldes vasallos del reyno de
Granada, teniéndolos ya en punto de destruirlos, con gran destroço no dexar un mas
con su real clemencia, deteniendo el justo castigo, con grande humanidad perdono
a tan gran numero de rebeldes. Por lo qual a esta figura en que se representa esta tan
excelsa virtud de su Magestad pusimos un león y un cordero, para denotar que esta
virtud, assi los discordes, como a los rebeldes, humildes, baxos illustres, príncipes
y grandes atrae, y de todos triumpha. Y para denotar, que la verdadera clemencia
consiste en refrenar la yra, y no executar la potencia con que el rey puede destruyr
y assolar, y arruinar los rebeldes y malos vassallos, desseando mas reconciliarlos con
amor”, en Juan LÓPEZ DE HOYOS: Real apparato y sumptuoso recebimiento con que
Madrid … rescibio ala Serenissima reyna D. Ana de Austria, Madrid, Juan Gracián,
1572, p. 136. Sobre la importancia de la revuelta de las Alpujarras en la entrada de Ana
de Austria, véase Teófilo R. RUÍZ: A King Travels…, p. 110.

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atención pormenorizada a la evangelización de la minoría para que


no cayeran en manos de los hambrientos lobos turcos.
El entrecomillado en el término “positivo” que hemos utilizado
con anterioridad no es caprichoso. El hecho de que se plasme al con-
verso como un animal débil es un claro alegato a la superioridad del
cristianismo frente al “otro” y no es peregrino su uso en este contexto
de confrontación bélica, pero sí que denota una diferencia significa-
tiva con las otras imágenes que se desarrollaron con posterioridad26.
Más allá de esta imagen animalística, la revuelta alpujarreña, para
algunos investigadores, tuvo una gran repercusión en la iconografía
anti-islámica. Hess opina que fue justo tras la resolución armada
de esta contienda cuando se produjo un aumento de las pinturas
de batallas contra los turcos y musulmanes tanto en el arte efímero
como en el perenne27. Según este autor, lo que dicha idea intentaba
era recordar que el enemigo morisco podría estar dentro y aliarse
con el islam poniendo en dificultades a la corona hispánica. Nues-
tras investigaciones nos llevan a concluir que esta idea es difícil de
justificar. En nuestro estudio de todas las entradas regias realizadas,
tanto en territorio peninsular como en los distintos enclaves europeos
vinculados con la monarquía de los Austrias, desde la conquista de
Túnez (1535) hasta el fin del reinado de Felipe III no hemos en-
contrado realmente una inflación de cuadros de batallas en el arte
efímero creado para tal fin. Desde los inicios, pero sobre todo tras las
exequias fúnebres de Carlos V, el papel de estas escenas que encierran
contiendas bélicas tiene un papel preponderante, bien con pinturas
realizadas ex profeso bien con el uso de tapices transportables como
los citados de Vermeyen sobre las victorias carolinas en el norte de
África28. Lo mismo sucedería con otras obras como la Sala de Batallas
26
Sobre la animalización del morisco en la literatura del momento véase: José M. PER-
CEVAL: “Animalitos del Señor: Aproximación a una teoría de las animalizaciones
propias y del otro, sea enemigo o siervo, en la España imperial (1550-1650)”, Áreas, 14
(1992), pp. 173-184.
27
Andrew HESS: “The Moriscos: An Ottoman Fifth Column in Sixteenth-century
Spain”, The American Historical Review, 74, 1 (1968), pp. 1-25.
28
Sobre el uso de la pintura de batallas como imagen de lucha contra al islam en el
arte efímero véase: Borja FRANCO LLOPIS y Francisco de Asís GARCÍA GAR-
CÍA: “Confronting Islam: Images of Warfare and Courtly Displays in Late Medieval
and Early Modern Spain”, en Borja FRANCO LLOPIS y Antonio URQUÍZAR

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del Escorial o las pinturas sobre Lepanto que se encargan a Cambiaso


y a otros autores italianos. Es más bien la guerra en el Mediterráneo
lo que condiciona cierto aumento de pinturas frente al Turco y no
la contienda de las Alpujarras en sí.
De todos modos, no podemos negar que este último evento sí
que tuvo gran visibilidad en los catafalcos construidos a la muerte
de Felipe II, principalmente en el erigido en Sevilla. No en vano,
justo en la parte alta de la construcción arquitectónica erigida en la
catedral hispalense, se representó la huida de los rebeldes granadinos
entre las montañas, mediante una vista panorámica ilusionista del
territorio alpujarreño donde se veía a “cautivos moros y moras con
sus ropas a cuestas y muchos soldados y refriegas en muchos lugares
y como su magestad que esté en el sielo los castigaba”29, mientras que,
en la parte superior, el águila real atacaba a una banda de cuervos,
que por su tonalidad negra se podría relacionar con el color de tez
que se le otorgaba al morisco como cuerpo ajeno a la religión cris-
tiana. Además, dicha escena iba acompañada por una inscripción
que reforzaba esta idea:

“Como el Aquila Reyna de las Aves va en alcance de los cuervos


que le huyen, assi Philipe el mayor de los Reyes, porque los mo-
riscos lebantadaos que a la sierra se acogen, que no resisten basta
echarlos de Granada, castigando a los mas culpados”30.

Pero no sólo habrá referencias gráficas a través de la pintura citada


con anterioridad. En este catafalco también vemos a los moriscos
ilustrados, junto con alegorías de turcos, herejes y judíos atados y
encadenados bajos los pies de una representación figurada de la
Iglesia en el remate de la última columna por la parte del coro
de la iglesia. Para su identificación es importante el rótulo que los
describía como “Iudaica Perfidia, Heretica malicia, Idolatria ciega,

HERRERA: Another image. Jews and Muslims Made Visible in Christian Iberia and
Beyond (14th to 18th Centuries), Leiden, Brill, 2019, pp. 235-265.
29
Francisco COLLADO: Historia de la mui noble Y mas leal Ciudad de Seuilla escrita
por el Lizenciado Collado, 1610 (s/p.), BCC. Ms. 58-3-12.
30
Ibídem, s/p.

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mahoetica erronia”. Los musulmanes son entendidos como “idóla-


tras ciegos”, mientras que los conversos eran asimilados con el error
mahomético, por su negativa a la conversión.
Para dar mayor empaque y dramatismo a la escena citada, por
un lado, se representó la figura del monarca acompañando a la de
la Iglesia, triunfante, “al natural armado con su cetro y corona”,
figurando el Miles Christi. Y por otro, a la Religión, que con severo
gesto, incendiaba con una antorcha encendida a los encadenados,
condenándolos al infierno, pues

“El rey defensor de la fe christiana a los contrarios de ella atados


con cadena, haze inclinarse arrodillados, porque si quiera teman a
quien no aman y la pena acabe lo que el amor no puede acabar”31.

Las Alpujarras sirvieron para generar un antes y un después de la


visión del morisco dentro de la ideología política hispánica. Era el
inicio del fin de esta minoría en territorio peninsular y el modo en
que se le representa, al nivel de los herejes y turcos, así lo denota.
La imagen del rey se construía como la del salvador y liberador de
los enemigos de la fe. Poco quedaba de la magnanimidad que mos-
traba Carlos V en plena revuelta de las Germanías o del propio rey
prudente hasta 1570: el morisco se convierte en un serio problema
y justamente su capacidad para controlarlo será utilizada por el rey
para exaltar su poder. Curiosamente, en el caso de Felipe II, aun-
que siguiera la moda morisca en las prácticas sartoriales, disfrutara
de los juegos de cañas o podamos comprobar la gran cantidad de
obras que hablan del islam y el oriente en su biblioteca escurial-
ense, su actitud frente a los moriscos y musulmanes en general se
ha encuadrado en mucha menor medida dentro de un discurso
maurofílico32. Tal vez una de las razones sea por la violencia de estas

31
Francisco COLLADO: Historia de la mui noble…, s/p.
32
Beatriz ALONSO y José Luis GONZALO: “Alá en la Corte de un príncipe cristiano:
el horizonte musulmán en la formación de Felipe II (1532-1557)”, Torre de los Lujanes,
36 (1998), pp. 109-140.

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últimas imágenes y, sobre todo, la propaganda bélica que supuso la


victoria de Lepanto33.
Por último, tampoco es casual que sea justamente en el catafalco
sevillano cuando todo ello se magnifique. Se trataba del discurso
laudatorio más elaborado, que serviría para recordar las virtudes y
bondades del difunto monarca. Su potencia bélica y buen gobierno se
construía a partir de su capacidad de conseguir solventar los proble-
mas con el “otro”, con los enemigos, atendiendo a ese imperialismo
mesiánico que fue exaltado por sus cronistas y que rodeó su reinado.
Sevilla siempre había sido un lugar estratégico dentro de los discursos
visuales antiturcos desde mediados del siglo xvi y aquí se plasma en
su máxima expresión.

JUAN V, EL OTRO “TERROR DOS TURCOS”

Durante los primeros años de su reinado, Juan V se esforzó por


ofrecer una imagen fuerte de su reino, de la que, en verdad, carecía
en el panorama militar atlántico o europeo. No obstante, Portu-
gal se (re)presentó como una “potencia marítima” –por usar una
noción de la época, muy popular en la Gazeta de Lisboa– capaz de
atajar la amenaza del islam. Además, la dinastía de los Bragança des-
plegó una importante propaganda, especialmente en Roma, para
(de)mostrar, en primer lugar, su compromiso en la lucha contra el
islam –por mar, e incluso por tierra–34 y, en segundo lugar, contra-

33
Véase Miguel Á. de BUNES IBARRA: “Los otomanos y los moriscos en el universo
mental de la España de la Edad Moderna”, en Michele BERNARDINI et al. (eds.):
Europa e Islam tra i secoli XIV e XVI. Europe and Islam between 14th and 16th centuries,
Nápoles, Instituto Universitario Orientale, 2002, pp. 685-708. También Miguel Á. de
BUNES IBARRA: “La construcción del Imperio otomano y la visión del enfrenta-
miento mediterráneo según los musulmanes”, en Pedro GARCÍA MARTÍN, Rober-
to QUIRÓS ROSADO y Cristina BRAVO LOZANO (coords.): Antemurales de la
Fe: conflictividad confesional en la Monarquía de los Habsburgo, Madrid, Universidad
Autónoma de Madrid y Ministerio de Defensa, 2015, pp. 93-103.
34
De hecho, el sobrenombre de “o terror dos turcos na Servia, e Ungria” le fue aplicado
a su hermano el infante D. Manuel, no a Juan V, quien se distinguió en la campaña
de Hungría de la guerra austro-turca (1716-1718), en Diogo Barbosa MACHADO:
Fastos políticos, e militares da antigua, e nova Lusitania em que se descrevem as acçoens
memoráveis, que na paz, e na guerra obrarão os Portuguezes nas quatro partes do mundo

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rrestar las opiniones negativas que suscitaba entre algunos países


católicos su alianza con las grandes potencias marítimas protestan-
tes –y, de un modo particular, en las circunstancias de la guerra de
Sucesión–35. Y es en estas circunstancias que proliferaron, otra vez,
aquellas imágenes alegóricas de mesianismo y providencialismo re-
gio que pervivían en la corte lisboeta desde la Restauración de la
monarquía portuguesa y que parecen aflorar con fuerza renovada,
de un modo particular, tras el reinado de Alfonso VI36. La imagen
política del periodo Joanino de cuño imperialista se basaba, en ver-
dad, en esa vasta literatura mesiánica-milenaria que se desarrolló
en todos los territorios portugueses desde el siglo xvi (O Bandarra,
Luís de Camões, el jesuita António Vieira, etc.)37. No obstante, ello
no fue obstáculo para aprovechar también el modelo de imperialis-
mo profundamente católico que representaba la Monarquía hispá-
nica, particularmente el legado de Carlos V y Felipe II, junto con
su imaginario de “talasocracia”.
Pues bien, aunque es de sobra conocida la admiración de Juan V
de Portugal por Luis xiv –incluso entre sus contemporáneos–38, no
…, Lisboa, Ignacio Rodrigues, 1745, vol. 1, p. 66. Del mismo autor, Panegyrico histo-
rico do Serenissimo Senhor Infante Dom Manoel: no qual se escrevem as gloriosas acçõens,
que tem obrado na paz, & na guerra, depois que sahio do reyno de Portugal, atè o fim da
vitoriosa campanha de Hungria do anno passado de 1716 ..., Lisboa Occidental, Pascoal
da Sylva, Impressor de Sua Magestade, 1717, p. 26.
35
David GONZÁLEZ CRUZ: Guerra de religión entre príncipes católicos, Madrid, Mi-
nisterio de Defensa, 2002, pp. 31-32.
36
Para un estado de la cuestión, véase Ángela Barreto XAVIER y Pedro Almeida CAR-
DIM: Festas que se fizeram pelo casamento do rei Dom Afonso VI, Lisboa, Quetzal,
1996, pp. 57-71, espec. p. 59. También Iván REGA CASTRO: “El otro como animal:
alegorías, emblemas e imágenes del islam en las entradas reales de la corte portuguesa
(siglos xvi-xviii)”, en [Actas del] XI Congreso de la Sociedad Española de Emblemática:
El Sol de Occidente. Sociedad, textos, imágenes simbólicas e interculturalidad, Univer-
sidad de Santiago de Compostela, 29 de noviembre al 2 de diciembre de 2017, en
prensa.
37
Charles Ralph BOXER: O império colonial português: 1415-1825, Madrid, Edicoes 70,
1977, pp. 42 y ss. y The Church Militant and Iberian Expansion, 1440-1770, Baltimore,
The Johns Hopkins University Press, 2001. Jacqueline HERMANN: No Reino do
Desejado: A construção do sebastianismo em Portugal, séculos XVI e XVII, São Paulo, Edi-
tora Companhia das Letras, 1998, pp. 31-33 y 199-208. Luís Reis TORGAL: Ideologia
Política e Teoria do Estado na Restauração, Coimbra, Biblioteca Geral da Universidade,
1981, vol. 1, pp. 315-316.
38
Así lo refiere el médico naturalista Merveilleux cuando viajó a Portugal, entre 1723 e
1726, en Charles Frédéric de MERVEILLEUX: Mémoires instructifs pour un voyageur
dans les divers états de l’Europe ..., Ámsterdam, Chez H. du Sauzet, 1738, t. 1, p. 91.

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solo en todo lo tocante al suntuoso estilo de vida, sino también en el


diseño de su imagen oficial39, tal vez sea menos reconocible el papel
de modelo de referencia de los primeros Austrias, aunque este se cifre
años después en el palacio-convento de Mafra, el llamado “Escorial
português”40. No es tan extraño. El nuevo estatus del reino, indepen-
diente de facto de la Monarquía Católica, tras su reconocimiento en
1668, puso en marcha otro tipo de discurso fundamentado ya no en
una confrontación directa. Por otro lado, el modelo de realeza que
representaban los primeros Austrias tal vez fuera más incómodo para
Felipe V que para Juan V, ya que este último emparentó en 1708
con la casa imperial de los Habsburgo –al casar con la archiduquesa
María Ana de Austria, hija de Leopoldo I y, por lo tanto, hermana
de los emperadores José I y Carlos VI–.
Sin lugar a dudas, la mejor ocasión para desplegar estas ideas
políticas fue el doble enlace del príncipe Fernando con la infanta
María Bárbara de Braganza y de la infanta Mariana Victoria con el
príncipe del Brasil, ajustado en 1727, cuyo significado político no
pasó desapercibido de los contemporáneos como “ratificação” de la
paz y “reciproca alliança entre as duas Coroas”41. Es curioso constatar
cómo en el dictamen del censor que acompaña la relación festiva –no
publicada hasta 1752–, aparece una propuesta de reorientación del
proyecto imperial portugués para hacer frente conjuntamente a un
enemigo común:

“[…] agora por este Desposorio Augusto se vejaõ confederados na


maior concordia [Portugal y España], para ameaçar, e executar o
ultimo fatal estrago a esas Agarenas [‘ismaelitas’ o ‘moras’, también
Trad. port.: José A. Castelo Branco CHAVES: O Portugal de D. João V, visto por três
forasteiros, Lisboa, Biblioteca Nacional, 1989, p. 141.
39
Luís de Moura SOBRAL: “Os retratos de D. João V e a tradição do retrato de Corte”,
Claro-Escuro, 2-3 (1989), pp. 26 y ss. Curiosamente no ha sido tenido en cuenta en
Peter BURKE: La Fabricación …, pp. 160 y ss.
40
António Filipe PIMENTEL: Arquitectura e poder: o Real Edifício de Mafra, Lisboa,
Livros Horizonte, 2002, pp. 157-188. Cfr. Rafael VALLADARES RAMÍREZ: “Here-
dero de quién: Luis XIV y el legado de Felipe II”, en Alfredo ALVAR EZQUERRA
(coord.): Imágenes históricas de Felipe II. Madrid, Centro de Estudio Cervantinos,
2000, pp. 115-140, esp. p. 136.
41
António Caetano de SOUSA: História Genealógica da Casa Real Portuguesa, Lisboa,
Regia Oficina Sylviana e da Academia Geral, 1749, vol. 7, pp. 274-296.

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‘árabes’] méias Luas, que naõ satisfeitas ainda com a Azia, e Africa, e
tanta parte da Europa […], querem com dominante pé, pizalla toda,
[…]”42.

En concreto, en la celebración del matrimonio, por poderes, del


príncipe D. José y la infanta Mariana Vitória en Lisboa, en diciem-
bre de 1727, ardió un “insigne” castillo de fuegos artificiales que
representaba el templo de Artemisa en Éfeso –en Asia Menor, por
lo tanto, en territorio turco-otomano–43,

“hum dos sete milagres do mundo [Antiguo], abrasado por Heros-


tato [Eróstrato o Heróstrato, un pastor convertido en responsable
de la destrucción del Artemision], com em feliz augurio, que che-
garia ainda tempo, em que o Soberano Pincipe [D. José] […], poria
a ferro, e fogo as Mesquitas Ágarenas, que tem a Lua, porque era
subentendida a mesma Diana, por seu timbre”44.

Así, esta alegoría era tanto una premonición de la sucesión (futura)


de Juan V por parte de su heredero, el “nuevo Eróstrato”, como
un “recuerdo” de la confrontación entre turcos y portugueses en el
Mediterráneo, por el que el atributo de Artemisa/Diana y la media
luna del Imperio otomano se confundían por vía de metonimia.
Aun cuando, en lo tocante a la proyección al exterior de los
ideales de un imperialismo mesiánico, fue en Roma donde la pro-
paganda regia de Juan V tuvo su momento culminante en los años
inmediatamente anteriores y posteriores a la batalla librada en el
42
Joseph da NATIVIDADE: Fasto de Hymeneo, ou História panegyrica dos desposorios
dos fidelissimos reys, Lisboa, Manoel Soares, 1752, s/p. [p. 32]
43
Se conserva documentación gráfica de la macchina de fuegos artificiales, según diseño
de Pierre Antoine QUILLARD: Diana no Templo de Éfeso, Lisboa, 1728. Biblioteca
Nacional de Portugal (BP), cota E. 65. R. Reproducido en João Castel Branco PE-
REIRA (ed.): Arte efémera em Portugal, Lisboa, Museu Calouste Gulbenkian, 2000,
p. 127, cat. 42. Cfr. Maria Graça GARCIA y João David ZINK (eds.): Fogo de arti-
fício: festa e celebração, 1709-1880: colecção de estampas da Biblioteca Nacional: mostra
iconográfica, Lisboa, Biblioteca Nacional Portugal, 2002. Maria João Espírito Santo
Bustorff SILVA, José MECO y José de Paula MACHADO: Festa barroca a azul e
branco: os azulejos do claustro e do consistório da Ordem Terceira de São Francisco, São
Salvador da Bahia, Lisboa, Fundação Ricardo do Espírito Santo Silva, 2002, p. 61.
44
Joseph da NATIVIDADE: Fasto de Hymeneo …, p. 67.

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sur de Grecia, en el cabo Tenaro o Matapán, el 19 de junio de 1717,


entre la armada turca y la armada portuguesa –o mejor dicho, la
armada cristiana, que reunió las fuerzas de Venecia, Portugal, los
Estados Pontificios y Malta–45. Habida cuenta de que esta victoria
cosechada contra el islam y más directamente contra los otomanos,
hacía hincapié, de alguna manera, en el compromiso con la “guerra
santa” que legitimaba el proyecto político y religioso del Imperio
portugués46. Tal y como se subraya en una relación publicada en
Messina en 1717, puerto seguro donde recaló la armada portuguesa
el 24 agosto 1717, días después de batalla:

“[…] E sendo certo que os Reis de Portugal foraò sempre os primei-


ros que naò sò molharaò a púrpura nas ondas […] ou nas agoas; mas
os que que chegaraò a tingilla no sangue dos infiéis, quando se treveraò
ao inviolável sagrado da Igreja”47.

En cuya imaginería, sin embargo, no queremos abundar, pues mu-


cho se ha dicho ya48, incluso en los últimos años49.

45
Armando da Silva Saturnino MONTEIRO: Batalhas e Combates da Marinha Portu-
guesa, Lisboa, Livraria Sá da Costa Editora, 1996, vol. 7, pp. 97-109.
46
Jean FLORI: Guerra santa, Yihad, cruzada. Violencia y religión en el cristianismo y el
islam, Granada, Universidad de Valencia/Universidad de Granada, 2004, pp. 10-11.
47
Inoffre CHIRINO [Pedro de Sousa de Castelo Branco], Rellacao do sucesso que teve
a Armada de Veneza onida com as esquadras auxiliares de Portugal e outros príncipes
catholicos na Costa da Morea contra o poder othomano, Messina, Vittorino Maffei, 1717,
p. 5. Biblioteca Nacional de Portugal, cota D.S. xviii-76.
48
Angela DELAFORCE: “Lisbon, ‘This New Rome’: Dom João V of Portugal and
Relations Between Rome and Lisbon”, en Jay A. LEVENSON (ed.): The age of the
Baroque in Portugal, Washington, National Gallery of Art, 1993, pp. 49-79, esp.
pp. 55-60. ídem, “Giovanni V di Braganza e le relazioni artistiche e politiche del
Portogallo con Roma”, en Sandra Vasco ROCCA y Gabriele BORGHINI (eds.): Gio-
vanni V di Portogallo, 1707-1750, e la cultura romana del suo tempo, Roma, Àrgos, 1995,
pp. 21-39, esp. pp. 23-26. Angela DELAFORCE: Art and patronage in eighteenth-cen-
tury Portugal, Cambridge, Cambridge University Press, 2001, pp. 117-164.
49
Iván REGA CASTRO: “The “new Lepanto”? John V of Portugal and the battle of
Matapan (1717)”, Journal of Iberian and Latin American Studies (2018), pp. 1-14. Del
mismo, “Vanquished Moors and Turkish prisoners. The images of Islam and the offi-
cial royal propaganda at the time of John V of Portugal in the early 18th century”, Il
Capitale Culturale, n.º extraordinario 6 (2017), pp. 223-242.

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Ahora bien, los últimos y mejores ejemplos son los relacionados


con la memoria y la muerte de Juan V en julio de 175050, a cuya
noticia se sucedieron las solemnes exequias por todo Portugal, tam-
bién en los territorios de ultramar51. Así se refiere en una relación,
de gran rareza bibliófila, cuyo compilador –el cual nos sigue siendo
desconocido a fecha de hoy, a pesar de haber publicado el texto en
Madrid– describe con gran minuciosidad la mayoría de los actos
religiosos, exequias y funerales celebrados en honor a Juan V en
Portugal, entre el verano de 1750 y la primavera de 175152. Se trata de
un total de ochenta y cinco noticias, ordenadas cronológicamente,
no todas publicadas en forma de folleto –aunque tal vez circularon
en forma manuscrita–, y, por lo tanto, algunas de ellas inéditas o
prácticamente desconocidas por la historiografía.
Es el caso, por ejemplo, del aparatado fúnebre levantado en la
Irmandade da Misericordia o Santa Casa de Lisboa, en octubre de
1750, que consistía en un catafalco levantado en medio de su iglesia,
la cual estaba toda “ornada de diversos quadros, em que se represen-
tavão os gloriosos triunfos que Sua Magestade alcançara da Pontencia
Otomana, e de varios Regulos da Asia”53. Una decoración que tal vez
no distaba mucho de la desplegada en septiembre del mismo año, en
la Congregación del Oratorio de S. Felipe Neri, también en Lisboa,
donde “[…] Pendiaõ entre as colunas da igreja outo [sic] [ocho] me-
dalhõens prateados em que se admiravão representadas as mais heroicas
acções de S. Magestade […]” y además “[…] Sobre os arcos da nave
principal de Igreja estavão debuxados […] em dez grandes quadros os

50
Maria Beatriz Nizza da SILVA: D. João V, Lisboa, Circulo de Leitores, 2006, pp.
144-147.
51
Robert SMITH: “Os mausoléus de D. João V nas quatro partes do mundo”, Separata
de la Revista da Faculdade de Letras de Lisboa, 21, 2, 1 (1955), pp. 5-38, esp. pp. 11-36.
Para un estado de la cuestión actualizado, véase José Manuel TEDIM: “Aparatos
fúnebres, ecos saudosos nas Exéquias de D. Pedro II e D. João V”, en João Castel
Branco PEREIRA (ed./coord.): Arte efémera em Portugal, Lisboa, Museu Calouste
Gulbenkian, 2000, pp. 237-279.
52
Noticia cronologica dos Funeraes que as Cidades, e Villas do Reino de Portugal dedica-
ram à saudosa memoria do seu Fidelissimo Monarca D. Joaõ V. Madrid, Imprenta de
Antonio Perez de Souto, 1752, Biblioteca Real da Ajuda, cota 55-II-22, n.º 28. Citado
por Robert SMITH: “Os mausoléus de D. João V …”, pp. 6-7, nota 6. José Manuel
TEDIM: “Aparatos fúnebres…”, pp. 237-238, nota 10.
53
Noticia cronológica…, 1752, p. 48.

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triunfos que tinha alcançado gloriosamente dos inimigos da Religião


Christão”54.
La cual conocemos mejor, sin embargo, gracias a otra fuente
directa, una relación que describe como en aquellas “[…] medalhas
se representavão as felicidades militares dos annos 1716 e 1717 em que
se mostrarão bem as virtudes da Sua Magestade, e o valor, e animo dos
seus Vassallos […]”55.
En una de ellas “se representava o fausto sucesso do anno 1716, em
que sahindo do porto de Lisboa a Armada portuguesa […] em defensa
da Italia, e Christandade toda ameaçada pelos Turcos […], [que] tinhão
posto em apertado sitio a praça de Corfú, tornou a entrar no mesmo
porto victoriosa san peleja […]”56. En este caso, se trata de celebrar
una acción militar sin victoria ni batalla, a través de un emblema en
cuyo cuerpo “[…] se via pintada a Armada Turca fugindo da figura
da Fama, que levava o seu clarim o estandarte com o escudo das Armas
Reaes de Portugal”, y cuyo lema decía “solo nomine terrent” [‘El
solo nombre atemoriza’]. Si bien el Rey Católico también reclamaba
para sí la proeza y se atribuía el mérito de haber provocado el “terror
a los turcos”57. Por lo demás, la misma alegoría de la Fama presidía
el catafalco real, sobre “um globo dourado” y triunfos militares, al
tiempo que tocaba “[…] o seu clarim, que sustentava com huã maõ, e
com a outra hum medalhão dourado […] se via o buste, ou retrato de
sua Magestade em ouro de perfil, e coroado de louro”58.
El otro medallón, representaba, por su parte, “a gloriosa Vitoria
do anno 1717 ganhada pela nossa Armada […] sobre os turcos nos mares
da Morea, entre os Cabos de Matapan […]”, a través de un emblema
en que “[…] estava representada a mesma batalha”, cuyo mote rezaba
“Deleta’ Turcarum Classe” [‘Eliminada la Armada turca’]. Y por
si no fuese suficiente, algunas de estas “gloriosas victorias alcançadas
54
Noticia cronológica…, 1752, p. 40.
55
Relação das Solemnes Exequias, Dedicadas em 25, 26 de Settembro do anno de 1750 pelos
Padres da Congregaçam de S. Filippe Neri de Lisboa …, Lisboa, Ignacio Rodrigues,
1751, pp. 16-17.
56
Ibídem, p. 17.
57
Marqués de SAN FELIPE [Vicente Bacallar y Sanna]: Comentarios de la Guerra de
España e historia de su rey Phelipe V el animoso desde principio de su reynado, hasta la
paz general de año de 1725…, Génova, Matheo Garviza, [1725?], t. 1, pp. 144-145.
58
Relação das Solemnes Exequias …, pp. 14-15.

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no feliz reynado de Sua Magestad […] dos inimigos do nome Chris-


tão”, se repiten en otros “dez trofeos, que como dissemos, estavão sobre
os arcos da nave principal”, empezando por el dispuesto “[…] en
memoria do triunfo, que alcançou Sua Magestade quando a Armada
Portugueza affugentou a dos Turcos junto ao Cabo de Matapan”59, y, a
continuación, los otros nueve trofeos restantes en que se recordaban
empresas militares acaecidas en la India portuguesa, las costas del
golfo Pérsico —prueba de como Portugal dominó el mar de Arabia
hasta los inicios del siglo xviii— y el canal de Mozambique60.
Así pues coincidía, en gran parte, con el “aparato” levantado en
la iglesia de Sant’Antonio dei Portoghesi, en Roma, con motivo de
las exequias celebradas en mayo de 1751, y ampliamente difundido
por la imprenta romana. Particularmente con los paneles pintados
por Antonio Bicchierai sobre las gestas del reinado de Juan V, entre
los que destacaba la victoria alcanzada por la Armada portuguesa
ante las costas del sur de Grecia61. También con la temática de algu-
nos medallones dispuestos “Sobre os quatro Altares da Igreja”62 de la
Congregação da Missão, en el Convento de São Vicente de Paulo de
Lisboa, en octubre de 1750. De hecho, en la primera de las capillas
“[…] estava figurado El-Rey, com o manto Real, e a séus pés lhe offerecia
a Victoria huma coroa naval pelo triunfo que alcançara da Potencia
Ottomana nos mares do Levante”63, en cuyo mote o inscripción supe-
rior se leía apropiadamente “Luna sub pedibus ejus” y en la inferior
“In Sinu Lacónico Classis Turcica dissipata anno MDCCXLII” [‘La
59
Ibídem, p. 23.
60
Ibídem, pp. 23-27.
61
“Num. IV In Auxilium Reipublicae Venetae / A Clemente XI.P.M. Invocatus /
Turcicam Classem Ad Promontorium Taenarium / Dissipat”, con la inscripción:
“Antonio Bicchierari del. et pinxit. / Gio: Batta Girardenghi sculp.” [s. l], en Exequias
feitas em Roma á magestade fidelissima do senhor Rey Dom Joaõ V, per ordem do ... Rey
Dom Joze I seu ... successor, Roma, 1751, p. VII. Véase Marcello FAGIOLO (ed.):
Corpus delle Feste a Roma, Roma, De Luca, 1997 (vol. 2: Il Settecento e l’Ottocento), pp.
146-148 (1751, 24 de mayo), iconografía n.º 1 [“battaglia navale fra Turchi e Cristiani
(disegno di A. Bicchierai; Roma ING)”]. Paola FERRARIS: “I funebri regali in S.
Antonio dei Portoghesi: due schede”, en Sandra Vasco ROCCA y Gabriele BOR-
GHINI: Giovanni V di Portogallo …, cat. 41.II/3, pp. 279-280.
62
Noticia cronológica…, 1752, p. 52.
63
Relação das solemnes exequias dedicadas pelos Padres da Congregação da Missão, em 25 e
26 de Outubro de 1750, à saudosa memoria do Fidelissimo Rey de Portugal D. João V seu
augusto fundador, Lisboa, Ignacio Rodrigues, 1750, p. 8.

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marina turca fue destruida en el golfo de Laconia/Lacedemonia en


el año 1717’].
Estos discursos insistían en la idea política de “guerra santa” contra
el Imperio otomano, aunque tras la victoria de Matapán no continuó
la confrontación entre turcos y portugueses en el Mediterráneo. Si
bien a la muerte de Juan V seguía de actualidad, al menos así se
infiere de algunas noticas extraídas de la Gazeta de Lisboa, en que se
advierte la utilidad de un frente común “[…] que se tem projectado
entre as potencias Christans, para servir de barreira ao corso dos Infieis
no Mediterraneo [ocidental]”64.
En estas circunstancias, el aparato fúnebre levantado en el mo-
nasterio de Santa Cruz de Coimbra, con motivo del último de los
funerales oficiales celebrados en Portugal en honor a Juan V, ya en
abril de 1751, cobra un significado renovado. Así, en las inmedia-
ciones del catafalco, se levantó una “huma columna de 25 palmos
de alto de orden composta” además “[…] de bandeiras , e trofeos
militares em que se figuravão os triunfos que Sua Magestade alcançara
de seus inimigos”65. Como es evidente, esta decoración está inspirada
en el emblema del emperador Carlos V, las columnas de Hércules
y el lema “Plus ultra”. Pero, en este caso, además de hacer hincapié
en la potencia marítima portuguesa y en el proyecto mismo de un
imperialismo mesiánico, el lema “no más allá” sentenciaba, de alguna
manera, que allí, en el estrecho de Gibraltar, terminaba el área de
influencia lusófona, y subrayaba, por otra parte, la determinación a
hacer frente a las aspiraciones expansionistas del Imperio otomano
hacia el Mediterráneo occidental.
La monarquía portuguesa no tenía un problema interno como el
de los “cristianos nuevos de moros”; de hecho, el islamismo se carac-
terizó por su aparente “invisibilidad” en los procesos inquisitoriales,
a partir de finales del siglo xvi66. Es por ello que en el reinado de Juan
V su política de cuño imperialista reivindicó su papel tradicional en
64
Gazeta de Lisboa, 26 (1752), 3 de agosto de 1752, pp. 454-455.
65
Noticia cronológica…, 1752, p. 73.
66
Dado que la actividad del Santo Oficio se centraba en la represión de los criptoju-
díos, activa aún a mediados del siglo xviii, no cesando definitivamente las condenas
hasta 1773, tras la abolición de la distinción entre cristãos-novos e cristãos-velhos por el
Marquês de Pombal, véase, por ejemplo, Francisco BETHENCOURT: «Rejeições e

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la lucha contra el islam, como parte del esfuerzo de recuperación, en


el mundo católico, de la imagen positiva e influyente de que Portugal
gozara en el pasado. Llama poderosamente la atención, sin embargo,
esta vuelta al discurso político de un imperialismo mesiánico que
entronca con el de los Austrias, más cuando había pasado más de
un siglo del fin de algunos de sus reinados y el recuerdo de la Unión
Ibérica era ya lejano –e incómodo–. Todo ello nos lleva a concluir
que tal vez, el modo en el que se gestionó la imagen y autoimagen
de la Monarquía Hispánica durante estos años fue un modelo que
perduró por su eficacia y adecuación a los distintos públicos que
acudían a las fiestas organizadas en su honor. En el caso de los reyes
españoles, ellos tuvieron en cuenta al “enemigo interno” a la hora
de plasmar su supremacía como talasocracia en el Mediterráneo.
Lo mismo sucedió con algunos monarcas de la Casa de Braganza,
quienes vieron en la lucha contra el islam una buena oportunidad
para (de)mostrar el poder del rey, en una dimensión tanto personal
como institucional, justo cuando sus vecinos españoles parecen haber
cambiado su estrategia de visualización, ya en los primeros años del
Siglo de las Luces.

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