PREVENCIÓN DE LA TORTURA
Módulo III. Métodos de Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles,
Inhumanos o Degradantes.
Introducción.
¿Sabía que en México se tienen documentadas diferentes formas
de provocar tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanas o
degradantes de manera física y psicológica?
En el documento titulado “Informe de seguimiento del relator
especial sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o
degradantes, México”, se destacó que “en la última visita a México el
relator señaló que la tortura y los malos tratos son generalizados”.
Ocurre especialmente desde la detención y hasta la puesta a disposición
de la justicia, y con fines de castigo e investigación. También identificó
varias causas de la debilidad de las salvaguardias de prevención y
recomienda medidas para atenderlas. Observó también serios
problemas en las condiciones de detención, especialmente
hacinamiento.
En este módulo se revisarán los siguientes temas con la
“evaluación” de las consecuencias a nivel físico, emocional o psicológico
de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes en
las personas que por algún motivo se encuentran en situación de
privación de su libertad.
Objetivo particular. El estudio de este módulo le permitirá:
Identificar los métodos de tortura y otros tratos o penas
crueles, inhumanas o degradantes, a través de la revisión de
las diferentes prácticas de tortura física y psicológica, sus
características y secuelas, para la aplicación del Protocolo de
Estambul como herramienta para su investigación.
Temas.
1. Diferencia entre tortura y otros tratos o penas crueles,
inhumanas o degradantes.
2. Mitos y realidades de la tortura y otros tratos o penas
crueles, inhumanas o degradantes.
3. Métodos de tortura física.
4. Métodos de tortura psicológica.
5. Secuelas psicológicas de la tortura.
6. El protocolo de Estambul como herramienta científica para
documentación de la tortura y otros tratos o penas crueles,
inhumanas o degradantes.
De acuerdo a la información de amnistía Internacional, en muchos
países la tortura a menudo se utiliza no sólo para infligir dolor a una
víctima específica, sino también para aterrorizar a otras personas –
presuntos delincuentes, disidentes políticos o presuntos enemigos– y
disuadirlos de que emprendan acciones que el gobierno considera que
amenazan a sus intereses.
Esta organización menciona que la tortura es a menudo un atajo
abusivo para extraer “confesiones”. La víctima, casi siempre o muy a
menudo, firma lo que le pongan delante, con tal de que acabe la tortura.
Por otra parte, la niñez también es víctima de tortura o maltrato,
ya que según la organización Child Rights Internacional Network (2018),
la UNICEF afirma que la tortura de niños y niñas “ocurre en distintos
contextos, entre otros: en allanamientos por parte de la policía por ser
percibidos como causantes de amenazas contra el orden público o la
seguridad; cuando los niños están encarcelados o ingresados en centros
de detención; y cuando los niños son percibidos como vinculados de
cualquier forma a grupos subversivos, lo que incluye ser hijo de
militante”. El estudio de la ONU sobre la violencia contra las niñas y los
niños (UNVC, 2006, p. 175) observa en su informe que los niños y niñas
en instituciones públicas de muchos países están expuestos a violencia
por parte del personal y otros encargados de su cuidado, incluyendo
“tortura, palizas, aislamiento, atadura, violación, acoso y humillación”
Diferencia entre Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles,
Inhumanos o Degradantes
¿Qué es la tortura?
De conformidad con el artículo 1º de la Convención contra la
Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, debe
entenderse como…
“Todo acto por el cual se inflija intencionalmente a una persona
dolores o sufrimientos graves, ya sea físicos o mentales, con el fin de
obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de
castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha
cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por
cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación”.
En otras palabras, la tortura:
Es todo acto que produzca dolor o sufrimiento deliberado.
Incluye todo método que busque anular la personalidad de la
víctima o disminuir su capacidad física o mental, incluso si
no causa dolor físico o angustia psíquica.
Daña a la persona en su esfera física o mental y menoscaba
la dignidad humana de la persona.
En ese sentido, diversos instrumentos internacionales consagran el
derecho imprescriptible a no ser torturado y expresan la prohibición de
la tortura en todo tiempo y circunstancia. Entre dichos instrumentos se
encuentran el artículo 1º de la Convención contra la Tortura y otros
Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes; artículos 7º y 10º del
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos; artículo 5º de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos; artículo 2º de la
Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura; así
como el Protocolo de Estambul.
¿Qué son los tratos crueles e inhumanos?
Son actos que agreden o maltratan intencionalmente a una
persona. Estas acciones buscan castigar o quebrantar la resistencia
física o emocional (artículo 5º de la Declaración Universal de los
Derechos Humanos; artículo 1º de la Convención contra la Tortura y
Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes; artículos 7º y
10º del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos; y artículo 5º
de la convención Americana sobre Derechos Humanos).
¿Qué son los tratos degradantes?
Son actos que provocan miedo, ansia y sentimientos de
inferioridad, con el fin de humillar, degradar y romper la resistencia
física y moral de la víctima (artículo 5º de la Declaración Universal de los
Derechos Humanos; artículo 1º de la Convención contra la Tortura y
Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o degradantes; artículos 7º y
10º del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos; y artículo 5º
de la Convención Americana sobre Derechos Humanos).
¿Qué diferencia hay entre la tortura y los tratos crueles,
inhumanos y degradantes?
De acuerdo con la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en
el caso de Caesar vs Trinidad y Tobago (sentencia del 11 de marzo de
2005, párrafo 9), el criterio esencial para diferenciar entre tortura y
otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, es la intensidad
del sufrimiento.
Bajo esta premisa, la Corte Interamericana, en los casos Inés
Fernández Ortega y otros vs los Estados unidos Mexicanos y Valentín
Rosendo vs Estados Unidos mexicanos (sentencia 30 de agosto 2010,
párrafo 30), ha entendido que se está frente a un acto de tortura cuando
el maltrato cumple con los siguientes requisitos:
Es intencional.
Causa severos sufrimientos físicos o mentales.
Se comete con determinado fin o propósito.
El uso discriminatorio de la violencia o el maltrato mental o físico
es un factor importante para determinar si un acto constituye tortura.
En razón de ello, la corte Interamericana de Derechos Humanos,
en el caso de las hermanas Gómez Paquiyauri (sentencia del 8 de julio
2004, párrafo 113), indica que la intensidad del sufrimiento es relativa y
requiere un análisis caso por caso, que debe contemplar todas las
circunstancias, incluyendo la duración del maltrato, las secuelas físicas,
las psicológicas, el sexo, la edad y el estado de salud de la víctima, entre
otros factores.
¿Qué acciones se consideran como tortura?
Algunos ejemplos de tortura son los siguientes:
Trabajos forzados.
Obligar a una persona a mantener una posición por un largo
tiempo.
Retener a alguien en solitario por un largo tiempo.
Golpizas severas.
Descargar eléctricas en el cuerpo.
Intentos de sofocaciones o asfixia.
Intentos de ahogamientos.
Mutilación.
Colgamiento por periodos prolongados.
Abuso sexual y violación.
En torno a la tortura sexual, el Protocolo de Estambul, en su punto
215, indica que…
(…) la tortura sexual empieza por la desnudez forzada, que en
muchos países es un factor constante de toda situación de tortura a
todas las técnicas de interrogación diseñadas para que una persona no
tenga control de sus sentidos y no sepa dónde se encuentra; en otras
palabras, generar una privación sensorial y desorientación en la víctima.
Estas técnicas incluyen, entre otras, la privación de líquidos, alimentos y
del sueño; es decir, no proporcionar bebidas, comida e impedir que una
persona duerma. También se considera como tortura exponer a las
personas a ruidos fuertes, introducir líquidos por la nariz, mantenerlas
encapuchadas y obligarlas a estar en posiciones agotadoras.
¿La tortura es únicamente un dolor o sufrimiento físico?
No; la tortura puede ser un dolor o sufrimiento tanto físico como
mental. Los tratos crueles e inhumanos, así como la tortura psicológica,
pueden incluir:
Aislamiento, que es mantener a una persona alejada del
mundo exterior y sin saber dónde se encuentra y cuánto
tiempo ha pasado.
Incomunicación, que implica mantener a una persona
alejada de otras y sin poder hablar con sus familiares,
amigos o abogado.
Amenazas sobre causar lesiones graves, por ejemplo, perder
un brazo o una pierna; las amenazas de muerte, entre otras.
Despliegue innecesario de armas; en otras palabras, que as
autoridades muestren o tengan a la vista cualquier tipo de
armamento sin justificación.
Considerando las definiciones anteriores, el maltrato se tipifica
como tortura, siempre y cuando lo realice una autoridad en su función;
si lo realiza cualquier persona, no existe como tal la tortura.
Como lo señala Lugo Garfias (2007).
(…) La tortura y los ratos crueles, inhumanos o degradantes son
diferentes pero pueden estar relacionados o bien, pueden presentarse
de forma individual. Son parte de una mal práctica por negligencia en la
investigación y persecución del delito, además de la consideración de
que, al tener el poder y la posibilidad de lastimar a otro, que en ese
momento no se puede defender, se hace sobre todo si se trata del
presunto responsable de un delito olvidando cualquier límite y principio
legal o consideración humana, autonombrándose los agresores como
jueces y ejecutores de “los delincuentes”. La tortura tiene un fin
específico y los malos tratos no; estos son comprobables con un
diagnóstico psicológico que distinga el sufrimiento vivido; pueden darse
en cualquier lugar de detención y fuera de esa situación.
Mitos y realidades sobre la tortura y otros tratos o penas crueles,
inhumanas o degradantes.
Un crimen sin castigo. De acuerdo con amnistía internacional, se
puede mencionar los siguientes:
La tortura se usa sobre todo contra presuntos terroristas y en la
guerra.
A la mayoría de las víctimas se les tortura, no porque sean
terroristas, sino porque son de nivel socioeconómico bajo o se atreven a
discrepar con los ideales de algún sector de la población. Sea cual sea el
motivo, la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanas y
degradantes, están totalmente prohibidos y nunca están justificados, no
importa quién sea u qué haya hecho la víctima.
Lo tortura es la única forma de obtener información rapidez.
La tortura es un instrumento primitivo y contundente para obtener
información. Los Estados cuentan con una enorme diversidad de formas
de recabar información sobre delitos (cometidos o planeados) sin perder
su humanidad. En concreto, las técnicas humanas de interrogatorio han
demostrado ser eficientes para obtener información sobre delitos sin las
devastadoras consecuencias personales, sociales y legales de la tortura.
Algunas formas de tortura no son tan malas.
No hay niveles de tortura. Todas las formas de tortura son
abyectas e ilegales, desde descargas eléctricas, golpes, violaciones,
humillaciones, quemaduras, privación del sueño, el uso de posturas
forzadas, etc… Lamentablemente, todos estos métodos se usan
ampliamente en países de todo el mundo.
Las víctimas presentan lesiones evidentes.
Ciertas formas de tortura pueden no dejar huellas físicas, pero
pueden asociarse a otros trastornos. Además, una dieta y una higiene
deficientes durante la detención pueden originar síndromes de carencias
vitamínicas.
Informe del Relator Especial sobre la Tortura y Otros Trato o Penas
Crueles, Inhumanos o Degradantes.
Son diferentes los mitos sobre la tortura, lo que es cierto, es que
esta ocurre en cualquier situación y ante cualquier autoridad. Por
ejemplo, en las instituciones de salud que de acuerdo con el Informe del
Relator Especial sobre la tortura y otros tratos o penas crueles,
inhumanas o degradantes durante la Asamblea General de Naciones
Unidas menciona que “…en ciertas formas de abusos presentes en
entornos de atención de la salud que pueden trascender el mero
maltrato y equivale a tortura u otros tratos o penas crueles, inhumanas
o degradantes”.
Someter a tratamientos invasivos, irreversibles o no
consentidos a pacientes que pertenecen a grupos
marginados.
Intervenciones psiquiátricas forzadas, cuando se realizan en
personas con discapacidad psicosocial.
Administración no consentida de medicamentos o la
esterilización involuntaria que a menudo se practica
alegando que son en beneficio del interés superior de la
persona afectada.
Métodos de tortura.
De acuerdo al Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión
Política y Tortura (2004), las torturas han sido un método de castigo a lo
largo de la historia, siendo paralelo con el progreso de las diferentes
civilizaciones. Obviamente, siempre ha necesitado corregir las
conductas no permitidas y es por ello que aplicar los suplicios al cuerpo
fue muy efectivo, aunque muy discutible, puesto que, si en realidad se
pretendía sanear actitudes, no se debería poner en riesgo la vida.
Por otro lado, Michel Foucault (2002), en su libro Vigilar y castigar,
refiere que en la Edad Media la autoridad religiosa era la misma que
estaba facultada para castigar, refiere que en la Edad Media la autoridad
religiosa era la misma que estaba facultada para castigar en el régimen
punitivo. Fuera de las malas acciones, los pecados también eran
severamente juzgados. Así, las mujeres que se dedicaban a la
prostitución o que cometían adulterio eran sometidas a correctivos
severos; por ejemplo, introduciendo en sus genitales una herramienta en
forma de pera; estando allí, se activaba su mecanismo expandiéndose
gradualmente, provocando una hemorragia a consecuencia de múltiples
laceraciones en el cuello uterino.
De acuerdo con Foucault (2003), la tecnología de aquellos años se
encaminaba a hacer de los castigos algo más apabullante y doloroso,
mecanizando el tormento y el terror. Se crearon máquinas como las
siguientes:
La doncella de hierro, que en resumidas cuentas era un
sarcófago con afiladas púas en su interior.
El potro, el cual constaba de una mesa larga con ejes para
jalar los brazos y piernas de los hombres y las mujeres,
ejerciendo fuerza en sentido contrario para lograr
desarticular las extremidades.
Otro ejemplo destacable de dichas torturas surgió en 1757, con el
caso de Damiens, que fue condenado por regicidio y parricidio. En pocas
palabras, se desmembró músculo por músculo y tendón por tendón, lo
cual causó su muerte; posteriormente sus restos fueron incinerados.
A raíz de estos hechos (Foucault, 2003), se hizo una reforma a los
métodos de castigo, desapareciendo los suplicios. Todo ello concedido
por un pensamiento de humanización de las penas. En otras palabras, el
castigo dejó de ser un espectáculo punitivo que buscaba intimidar
seriamente a la población, quedando atrás su perspectiva casi teatral y
dio paso a que lo penitenciario se hiciera lícito y humanizado. A razón de
esto, las prácticas punitivas se hicieron púdicas, dejando a un lado el
castigo corporal y procediendo a la restricción de voluntades y derechos;
en algunos casos, quitar la vida sin producir dolor. Fue entonces cuando
se creó la guillotina.
Ahora bien, junto con la forma de castigar, también se ha
modificado profundamente el objeto a castigar. Para tal efecto, se ha
implementado una serie de estudios para dar luz a lo concerniente a la
veracidad de la pena. En tal punto, el juez está facultado para aplicar
infracciones utilizando todo un conjunto de juicios apreciativos,
diagnósticos y pronósticos normativos referentes al individuo. Por ende,
por primera vez en la historia la demencia fue un factor implícito en la
ejecución del hecho imputable. Anteriormente esta condición mental era
una causal de exclusión de la pena; sin embargo, pasó a considerarse
más como un correctivo que como un suplicio. Luego, se dio una
evolución en el sistema penitenciario, gracias a nuevos planteamientos
como considerar el castigo como una función social compleja, adoptar
en cuanto a los castigos la perspectiva de la táctica política, situar la
tecnología del poder en el principio tanto de la humanización de la
penalidad como del conocimiento del hombre (Foucault, 2002).
Para Lacopino y Cols (2004), tras considerar detenidamente los
parámetros fijados por las convenciones internacionales sobre la tortura
y otros tratos o pena crueles, inhumanos o degradantes, indican los que
se enuncian a continuación. Cabe mencionar que estos se ajustan a la
definición operativa de la tortura adoptada por el MNPT. Es importante
advertir, aunque cada uno de los métodos se describe de manera
independiente, que es un hecho que las formas de tortura se pueden
aplicar de manera sucesiva o simultánea sobre la víctima. No se debe
ocultar el hecho de que las formas de tortura aquí definidas podían
aplicarse de manera sucesiva o simultánea sobre la misma víctima.
Actualmente, y en acuerdo con Lacopino (2004), se debe
considerar que no puede existir una distinción entre métodos de tortura
física y psicológica, debido a que ambas se conjugan en determinados
casos, es decir, la tortura sexual casi siempre causa síntomas físicos y
también psicológicos, incluso cuando no se ha producido una agresión
física.
La lista que a continuación se presenta describe métodos de
tortura, mostrando algunas de las categorías de posible maltrato:
Traumatismos causados por golpes, como puñetazos,
patadas, latigazos, golpes con alambres, porras o caídas.
Tortura por posición, como suspensión, estiramiento de los
miembros, limitación prolongada de movimientos y posturas
forzadas.
Quemaduras con instrumentos calientes, líquido hirviendo o
sustancias cáusticas.
Choques eléctricos: usando una parrilla y un regulador de
voltaje, cables pelados en tetillas o cualquier parte del
cuerpo, pistola aturdidora, taser, varilla del ganado.
Asfixia, con métodos húmedos o secos, ahogamiento,
sofocación, estrangulamiento o uso de sustancias químicas.
Lesiones penetrantes, como puñaladas o heridas de bala,
introducción de alambres bajo las uñas.
Exposiciones químicas a la sal, pimienta picante, gasolina,
etc. (en heridas o en cavidades orgánicas).
Violencia sexual sobre los genitales, vejaciones, introducción
de instrumentos, violación.
Lesiones por aplastamiento o amputación traumática de
dedos y miembros.
Amputación médica de dedos o miembros, extracción
quirúrgica de órganos.
Tortura farmacológica con dosis tóxicas de sedantes,
neurolépticos, paralizantes, etc.
Condiciones de detención, como celdas pequeñas o
atestadas, confinamiento en solitario, condiciones
antihigiénicas, falta de instalaciones sanitarias,
administración irregular de alimentos, agua o de alimentos y
agua contaminados, exposición a temperaturas extremas,
negación de toda intimidad y desnudez forzada.
Privación de la estimulación sensorial normal, como sonidos,
luz, sentido del tiempo, aislamiento, manipulación de la luz
de la celda, desatención de necesidades fisiológicos,
restricción del sueño, alimentos, agua, instalaciones
sanitarias, baño, actividades motrices, atención médica,
contactos sociales, aislamiento en la prisión, pérdida de
contacto con el mundo exterior (con frecuencia se mantiene
a las víctimas en aislamiento para evitar toda formación de
vínculos o identificación mutua, y fomentar una vinculación
traumática con el torturador).
Humillaciones, como abuso verbal, realización de actos
humillantes.
Amenazas de muerte, daños a la familia, prisión, ejecuciones
simuladas y nuevas torturas o variantes sin registro
conocido.
Amenazas de ataques por animales, como perros, gatos,
ratas o animales venenosos.
Técnicas psicológicas para quebrar al individuo, incluidas
traiciones forzadas, agudización de la sensación de
desvalimiento, exposición a situaciones ambiguas o
mensajes contradictorios.
Violación de tabúes (es un tipo de violencia que se
manifiesta por medio de la agresión hacia la cultura, los
espacios sagrados, creencias y las normas de conducta de
un grupo cultural específico).
Forzamiento de la conducta, inducción forzada a dañar a
otras personas mediante tortura o cualquier otro maltrato,
inducción forzada a destruir propiedades, inducción forzada
a traicionar a otra persona exponiéndola a riesgos.
Inducción forzada de la víctima a presenciar torturas u otras
atrocidades que se estén cometiendo con otros.
A continuación, a manera de resumen, se presentan algunos
métodos de tortura física que han sido descritos por lacopino (2004) y el
Informe de la Comisión Nacional, sobre prisión política y tortura (2004).
Golpes y otras formas de traumatismo contuso. Dentro de
estas formas se encuentran lesiones en la piel o cutáneas, las fracturas
de huesos, traumatismos craneales (que constituyen una de las formas
más frecuentes de tortura) y traumatismos torácicos o abdominales.
Golpes en los pies. “Falanga” es la denominación más común
que se da a la aplicación repetida de golpes en los pies (o, más
raramente, en las manos o las caderas), utilizando en general una porra,
un trozo de tubería o un arma similar.
Suspensión. Este método consiste básicamente en sostener a la
persona de alguna parte del cuerpo. Como ejemplos se encuentran los
siguientes:
a) Suspensión en cruz, que se aplica extendiendo los brazos y
atándolos a una barra horizontal.
b) Suspensión de carnicería, que se aplica fijando las manos en
posición levantada, conjuntamente o una por una.
c) Suspensión de carnicería inversa, que consiste en la fijación
de los pies hacia arriba, con la cabeza abajo.
d) Suspensión “palestina”, que consiste en suspender a la
víctima con los dos antebrazos atados juntos a la espalda,
los codos flexionados en 90 grados y los antebrazos atados a
una barra horizontal. Otra forma consiste en que se
suspende al preso o presa de una ligadura atada alrededor
de sus brazos o sus muñecas, con los brazos detrás de la
espalda.
e) Suspensión en “percha de loro”, que se aplica suspendiendo
a la víctima, con las rodillas flexionadas, de una barra que
pasa bajo la región poplítea, en general con las muñecas
atadas a los tobillos.
La suspensión puede durar de 15 a 20 minutos o hasta varias
horas. Con frecuencia se propina a las víctimas golpes u otros maltratos
mientras están suspendidas
Otras torturas de posición. Existen muy diversas formas de
torturas de posición, consistentes todas ellas en atar o sujetar a la
víctima en posiciones retorcidas, hiperextendidas o de otras maneras
antinaturales, lo que causa grandes dolores y puede producir lesiones en
los ligamentos, tendones, nervios y vasos sanguíneos.
Torturas por choques eléctricos. La corriente eléctrica se
transmite a través de electrodos colocados en cualquier parte del
cuerpo. Los lugares más comunes son las manos, pies, dedos de las
manos, dedos de los pies, orejas, areolas mamarias, boca, labrios y zona
genital. Durante la exploración física de la víctima es complicado
determinar con certeza el tipo, el momento de la aplicación, la
intensidad y el voltaje de la energía utilizada. Las personas torturadoras
utilizan con frecuencia agua o golpes para aumentar la eficiencia de la
tortura, ampliar el punto de entrada de la corriente eléctrica y prevenir
quemaduras eléctricas detectables. Las quemaduras eléctricas suelen
dejar una lesión circular de color pardo-rojizo, de un diámetro de 1 a 3
milímetros, en general sin inflamación, que puede dejar una cicatriz de
coloración obscura.
Tortura dental. La tortura dental puede consistir en rotura o
extracción de dientes, o aplicación de corrientes eléctricas en los
dientes. El resultado puede ser pérdida o roturas de dientes, inflamación
de las encías, hemorragias, dolor, gingivitis, estomatitis, fracturas de la
mandíbula o pérdida de empastes de dientes.
Asfixia. La sofocación, hasta casi llegar a la asfixia, es un método
de tortura cada vez más frecuente. En general no deja huellas y la
recuperación es rápida. Este método de tortura fue tan difundido en
América Latina que su nombre en español, el “submarino”, ha pasado a
formar parte del vocabulario de los derechos humanos.
Se puede impedir la respiración normal mediante distintos
métodos, como recubrir la cabeza con una bolsa de plástico, obturar la
boca y la nariz, ejercer una presión, aplicar una ligadura alrededor del
cuello u obligar a la persona a aspirar polvo, cemento, pimienta, etc.
Estas últimas modalidades se conocen como el “submarino seco”. La
inmersión forzada de la cabeza en agua, frecuentemente contaminada
con orina, heces, vómitos u otras impurezas, puede dar lugar a que la
persona casi se ahogue. La aspiración de agua al pulmón puede
provocar una complicación respiratoria. Esta forma de tortura se llama
“submarino húmedo”.
En los casos de ahorcadura u otras formas de asfixia por ligadura
suelen observarse abrasiones o contusiones características alrededor del
cuello. Las estructuras cartilaginosas del cuello pueden ser fracturadas o
fisuradas por una estrangulación parcial o por golpes administrados al
cuello.
Exposición a temperaturas extremas. Más allá de las
incomodidades propias de hallarse privada/o de la libertad, el hecho de
exponer deliberadamente a una persona a temperaturas muy elevadas o
muy bajas, con la única finalidad de causar sufrimiento físico o mental,
también es un método de tortura.
Tortura sexual, incluida la violación. La tortura sexual
empieza por la desnudez forzada, que en muchos países es un factor
constante en las situaciones de tortura. La persona nunca es tan
vulnerable como cuando se encuentra desnuda y expuesta. La desnudez
aumenta el terror psicológico de todos los aspectos de la tortura, pues
abre siempre la posibilidad de malos tratos, violación o sodomía.
Además, las amenazas verbales, los insultos y las burlas sexuales
forman parte de la tortura sexual, ya que incrementan la humillación y
sus aspectos degradantes. Para la mujer, el contacto sexual forzado es
traumático en todos los casos y se considera tortura. Existen diferencias
entre la tortura sexual del hombre y la de la mujer, si bien hay varios
aspectos que se aplican a ambas personas. La violación siempre va
asociada al riego de enfermedades de transmisión sexual, en particular
la causada por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). El trato
con supervivientes de la tortura que han sufrido recientemente una
agresión sexual exige una formación psicológica especial y un apoyo
psicológico adecuado (lacopino y col. 2004).
Métodos de tortura psicológica.
Está muy generalizada la idea de que la tortura constituye una
experiencia que puede dar origen a muy diversos sufrimientos físicos y
psicológicos. La mayor parte del personal médico, así como las personas
investigadoras están de acuerdo en que el carácter extremo de la
experiencia de tortura es suficientemente poderoso por sí mismo como
para surtir las consecuencias mentales y emocionales, sea cual fuere el
estado psicológico previo de la persona. Pero las consecuencias
psicológicas de la tortura se dan en el contexto de la significación que
personalmente se le atribuya, del desarrollo de la personalidad y de
factores sociales, políticos y culturales (tomado de lacopino, 2004, y el
Informe de la Comisión Nacional de Chile, sobre prisión política y tortura,
2004).
Amenazas. Por amenaza se entiende la intimidación mediante la
advertencia respecto de los graves males o peligroso que se ciernen
sobre la persona afectada o sobre tercera personas relacionadas con la
misma, en caso de no satisfacer los deseos de sus captores. La amenaza
grave es considerada un método de tortura causante de agudo
sufrimiento psicológico en el detenido o la detenida. Se considera como
tortura las amenazas de muerte, de desaparición forzada y de aplicación
de algún otro tipo de tortura (por lo general física), en la persona del
detenido, o en familiares cercanos. Se recurre al amedrentamiento para
mermar la fortaleza de la persona interrogada, bien antes o durante el
interrogatorio, llegando al extremo de detener al cónyuge y a los hijos
menores de edad, para ser exhibidos ante la persona detenida mientras
se le advierte que serán torturados, muertos o desaparecidos.
Simulacro de fusilamiento. El simulacro de fusilamiento es el
fingimiento o imitación de la ejecución de una persona mediante la
descarga de fusiles de un pelotón comisionado para tal efecto. En este
caso, sin embargo, se incluyen simulacros de ejecución perpetrados con
otras armas, como metralletas, pistolas o revólveres. Estos simulacros
inducen a la víctima a experimentar la inminencia de su muerte como un
hecho real.
Humillaciones y vejámenes. Están destinados a causar daño
psíquico o mental grave. Prácticas como la ingestión forzada de
desechos, no sólo provocan un grave sufrimiento mental derivado del
trato indigno de la condición de ser humano, sino que ocasionalmente
también generaban daños físicos originados en las infecciones y
enfermedades contraídas a causa de la materia ingerida.
Se califican como humillaciones y vejámenes los siguientes:
Obligar a ingerir desechos orgánicos (excrementos, orina y
vómitos, de humanos o animales), además de líquidos
pestilentes, etc. Por vía oral o nasal.
Obligar al detenido o detenida a arrastrarse por el suelo en
medio de burlas y golpes.
Obligar a la detenida o detenido a pedir perdón, a renegar
de sus ideas políticas, a manifestar lealtad o reconocer la
superioridad de los y las agentes militares o policiales.
Obligar al detenido o detenida a insultarse a sí mismo o a
sus compañeros.
Hacer correr a la detenida o detenido con los ojos vendados
en rutas con obstáculos para que tropiece y caiga al suelo.
Insultos, groserías y burlas graves.
Cortar el cabello al rape del detenido o detenida en contra
de su voluntad y pasearlo por lugares públicos.
Desnudez. Quitarse la ropa y permanecer desnuda o desnudo
han sido conductas reservadas al ámbito privado, dentro de un contexto
de intimidad. Por eso, coaccionar a alguien a desvestirse, o bien, quitarle
las ropas a la fuerza, obligándole a permanecer desnudo o desnuda, en
presencia de desconocidos, con intenciones manifiestamente hostiles, es
un modo de tortura que sume a la persona en un estado de extrema
vulneración e indefensión. Súmese a ello que la persona así intimidada
está privada de la libertad y desnuda contra su voluntad, mientras es
sometida a interrogatorios irregulares, que en esas condiciones además
se impone el temor a ser víctima de afrentas sexuales y que el cuerpo
desnudo suele ser expuesto a otras formas de padecimiento, como
golpes o aplicación de electricidad. La práctica de forzar a las detenidas
y detenidos a desnudarse, a veces golpeando a personas ya maniatadas
o rasgando con violencia las vestimentas, fue habitual entre los
efectivos militares y policiales, llegando a constituir un procedimiento
casi rutinario para los organismos de seguridad.
Agresiones y violencia sexuales. La agresión sexual consiste
en forzar a una persona, mediante coacción física o psicológica, a
realizar o padecer actos de carácter sexual. Las agresiones de este tipo
se encuentran legalmente prohibidas y, reunidos ciertos requisitos, se
identifican con distintas figuras delictivas, por constituir un serio
atentado contra la libertad de las personas, lesivo del sano desarrollo de
su sexualidad y de su personalidad. Cuando una detenida o detenido es
violentado sexualmente por un agente del Estado o por un particular a
su servicio, estas agresiones constituyen una forma de tortura, porque
causan en las víctimas un grave sufrimiento psicológico, generalmente
acompañado de un dolor físico capaz de provocar secuelas.
Se enlistan algunos tipos de agresión:
Agresión verbal con contenido sexual, de amenazas de
violación de su persona o de familiares suyos.
De coacción para desnudarse con fines de excitación sexual
de la agente o el agente.
De simulacro de violación, de haber sido obligados a oír o
presenciar la tortura sexual de otros detenidos o de
familiares.
De haber sido fotografiados en posiciones obscenas; todo
ello en un contexto de extrema vulnerabilidad.
Introducción de objetos en ano o vagina; violación en todas
sus variantes (penetración oral, vaginal, anal); violaciones
reiteradas, colectivas o sodomíticas.
Ser forzados a desarrollar actividades sexuales con otro
detenido o un familiar.
También casos que refieren haber sufrido la introducción de
ratas, arañas u otros insectos en boca, ano o vagina.
Ser forzados a tener sexo con perros, especialmente
adiestrados para este cometido.
Presenciar torturas de otros. Los organismos de seguridad
adoptaron la práctica, agravante del método en sí, de forzar al detenido
a presenciar la tortura de familiares directos, como cónyuge, hijos,
padres, etc. A fin de extraerles declaraciones o confesiones. Este
método permite que el detenido incorpore en su racionalidad elementos
de proyección sobre lo que puede ocurrir si no colaboran, a modo de
anticipación o reforzamiento de la conciencia de su condición de
víctimas, en estado de indefensión absoluta frente a la tortura. Los
métodos de tortura más frecuentemente utilizados contra familiares son
las agresiones sexuales, la aplicación de electricidad y los golpes, por
mencionar algunos.
Ruleta rusa. La ruleta rusa es un temerario juego de azar que
promueve la práctica del suicidio. Consiste en dispararse en la sien un
revólver cargado (o que simula estarlo) con una sola bala, ignorando en
qué lugar del tambor o nuez está alojada. La eventualidad de morir en
este juego, que el detenido practicaba contra su voluntad, constituye la
esencia de este método de tortura.
Confinamiento en condiciones infrahumanas. Condiciones
carcelarias agravantes de la prisión, como la incomunicación, tampoco
pueden ser consideradas como un método de tortura, si bien, implican
una mayor vulneración de los derechos de la persona, aún en el caso de
responder a un dictamen de la autoridad judicial competente en el
marco de un debido proceso. Admitido lo anterior, debe precisarse que
el confinamiento de una persona en una celda construida o ambientada
con la expresa finalidad de provocar sufrimiento físico o psíquico, se
considera como un método e tortura.
Las principales características de las celdas o lugares en los cuales
las personas afectadas fueron confinadas son las siguientes:
Confinamiento en celdas en donde se privó al detenido de
todo contacto con otra persona, por un periodo que podía
prolongarse en algunos casos hasta por meses, provocando
afecciones psíquicas propias de la deprivación sensorial y
social.
Confinamiento solitario en celdas de tamaño en extremo
reducido, verdaderas jaulas que no permitían permanecer de
pie, ni sentado, obligando a la persona afectada a soportar
posiciones forzadas durante el día y la noche por periodos
prolongados.
Confinamientos colectivos en celdas, en bodegas de barcos
o en jaulas, debiendo permanecer las personas apiñadas
unas sobre otras y sin lugar para hacer sus necesidades
fisiológicas.
Confinamiento solitario o colectivo en celdas en donde había
animales e insectos, tales como roedores, arañas,
cucarachas y otros.
Privaciones deliberadas de medios de vida. Condiciones de
vida precarias en los recintos de detención, lugares habilitados como
centros de reclusión, no concebidos con tal propósito. Privación básica
de vida, como el abrigo mínimo, el agua y los alimentos. La situación
puede incluir ausencia de servicios higiénicos. Constituyen un método
de tortura destinado a provocar el debilitamiento físico y moral de las
detenidas y los detenidos, con el fin de castigar o disminuir su capacidad
de resistencia.
Privación o interrupción del sueño. Dormir es una necesidad
fisiológica con efectos reparadores que, al no ser satisfecha de manera
sistemática, produce alteraciones en los estados de ánimo y aún en la
percepción de la realidad, así como un generalizado debilitamiento
corporal. Impedir a un detenido conciliar el sueño o interrumpirlo
deliberadamente en reiteradas oportunidades, durante uno o varios días,
constituye un método de tortura, debido al daño físico y las
perturbaciones psicológicas que ocasiona. Estas prácticas adquirieron
diversas formas de aplicación, siendo las más recurrentes: mantener
iluminado el recinto de detención con potentes focos, provocar ruidos
molestos, golpear cada cierto tiempo al detenido.
Secuelas psicológicas de la tortura
Debido al gran número de técnicas empleadas, no cabe suponer
que todas las formas de tortura dan el mismo resultado. Por ejemplo,
lacopino y Cols. (2004) indican que las secuencias psicológicas de una
ejecución simulada no son las mismas que las de una agresión sexual, y
el confinamiento en solitario y en aislamiento no va a producir los
mismos efectos que los actos físicos de tortura. Del mismo modo, no
puede suponerse que los efectos de la detención y la tortura van a ser
iguales en un adulto que en un infante. De todas formas, existen
conjuntos de síntomas y reacciones psicológicas que se han podido
observar y documentar con bastante regularidad en los supervivientes
de la tortura.
Los autores de la tortura tratan con frecuencia de justificar sus
actos de tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanas o
degradantes, por la necesidad de obtener información. Esa
racionalización viene a enmascarar cuál es el objetivo de la tortura y sus
consecuencias deseadas. Uno de los objetivos fundamentales de la
tortura es reducir a la persona a una situación de desvalimiento y
angustia extremos que puede producir un deterioro en las funciones
cognitivas, emocionales y conductuales. Así, por ejemplo, la tortura
constituye un ataque a los modos fundamentales de funcionamiento
psicológico y social de la persona. En esas circunstancias, la persona
torturadora:
Trata no sólo de incapacitar a la víctima físicamente, sino
también de desintegrar su personalidad.
Aspiran a destruir la sensación de arraigo de la víctima en
una familia y una sociedad como ser humano con sus
sueños, esperanzas y aspiraciones.
Al deshumanizar y quebrar la voluntad de sus víctimas,
sientan precedentes aterrorizadores para todos aquellos que
después se opongan en contacto con la víctima.
De esta forma, la tortura puede quebrar o dañar la voluntad y la
coherencia de comunidades enteras. Además, la tortura puede infligir
daños profundos a las relaciones íntimas entre cónyuges, padres,
madres e hijos y otros miembros de la familia, así como a las relaciones
entre las víctimas y sus comunidades.
Es importante darse cuenta de que no todos los que han sido
torturados llegan a padecer una enfermedad mental diagnosticable,
pero muchas víctimas experimentan profundas reacciones emocionales
y síntomas psicológicos. Los principales trastornos psiquiátricos
asociados a la tortura son el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y
la depresión profunda. Si bien estos trastornos se dan también en la
población general, su prevalencia es mucho más elevada entre las
poblaciones traumatizadas.
Las repercusiones culturales, sociales y políticas singulares que la
tortura tiene para cada persona influyen en su capacidad para
describirla y hablar de ella. Estos son factores importantes que
contribuyen al impacto psicológico y social de la tortura y que deben
tomarse en consideración cuando se proceda a evaluar el caso de una
persona procedente de otro medio cultural. La investigación
transcultural revela que los método fenomenológicos o descriptivos con
los más indicados para tratar de evaluar los trastornos psicológicos o
psiquiátricos. Lo que se considera comportamiento perturbado
patológico en una cultura puede no ser considerado patológico en otra.
En estos últimos años se ha aplicado el diagnóstico de trastorno de
estrés postraumático a una diversidad cada vez mayor de personas que
padecen las consecuencias de muy variados tipos de violencia.
El Protocolo de Estambul como herramienta científica para
documentación de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanas o
degradantes.
Tomado del Informe de la Comisión Nacional de Chile, 2004 y del
Manual de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en México, 2007.
El Protocolo de Estambul indica que la tortura suscita profunda
inquietud en la comunidad mundial. Su objetivo consiste en destruir
deliberadamente no sólo el bienestar físico y emocional de la persona,
sino también, en ciertos casos, la dignidad y la voluntad de comunidades
enteras. Es alfo que concierne a todos los miembros de la familia
humana porque ataca a la misma base de nuestra existencia y de
nuestras esperanzas de un futuro mejor (s.a., 2000 p.1)
Aunque la normativa internacional de los derechos humanos y el
derecho internacional humanitario prohíben sistemáticamente la tortura
y otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes en cualquier
circunstancia, estos actos se practican en más de la mitad de los países
del mundo; la notable discordancia que existe entre su prohibición
absoluta y su prevalencia, demuestra la necesidad de que los Estados
identifiquen y pongan en práctica medidas eficaces para evitarlos. El
protocolo evidencia pruebas sobre la realización de tales actos, de
manera que se pueda exigir a los torturadores que den cuenta de los
mismos y permitir que se haga justicia.
Los métodos de documentación que figuran en dicho manual son
también aplicables en otros contextos; por ejemplo, las investigaciones y
la vigilancia de los derechos humanos, las evaluaciones para conceder
asilo político, la defensa de las personas que “han confesado” delitos
durante la tortura y la evaluación de las necesidades de atención de las
víctimas de la tortura. Respecto de los casos de profesionales de la salud
que han sido obligados a descuidar, interpretar incorrectamente o
falsificar las pruebas de tortura, se ofrece además un punto de
referencia internacional, tanto para los profesionales de la salud, como
para los encargados de hacer justicia (Manual de la Comisión Nacional
de Derechos Humanos en México, 2007).
Julio A. Ceballos (2015) indica lo siguiente:
(…) el Protocolo de Estambul es una guía que contiene las líneas
básicas con estándares internacionales en derechos humanos para la
valoración médica y psicológica de una persona que se presuma o haya
sido víctima de tortura o algún mal trato. Fue elaborado por más de 75
expertos representado a más de 40 organizaciones de 15 países. Este
fue presentado al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Derechos Humanos el 9 de agosto de 1999 y fue adoptado en el año
2000. Establece evidencia independiente válida que puede ser utilizada
en tribunales en caso de supuestos torturadores. Desde esa fecha el
Protocolo de Estambul se ha convertido en un instrumento crucial en el
esfuerzo global para terminar con la impunidad de los responsables.
Junto a otras organizaciones, ya que, la Asociación Médica Mundial
participó de manera activa en el proceso de preparación. Se debe
considerar que las directrices que contiene este manual no se presentan
como un protocolo fijo. Más bien representan unas normas mínimas
basadas en los principios y deben utilizarse teniendo en cuenta los
recursos disponibles.
En nuestro país, la Procuraduría General de la República (2005)
elaboró una adecuación para la implementación del Protocolo de
Estambul en el sistema de procuración de justicia federal y en el ámbito
nacional, con el fin de reforzar la actuación de las autoridades en el
combate a la tortura, teniendo como objetivo fundamental mejorar el
desempeño profesional de sus peritos, para el efecto de que su
actuación sea con apego a la Ley, por lo que con base en los
lineamientos nacionales e internacionales se crea el nuevo modelo de
procuración de justicia, en el cual se contempla la documentación
efectiva de la evidencia médica y psicológica en casos de tortura y otros
tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes.
Por lo anterior, y sustentados en las máximas jurídicas de
protección de os derechos fundamentales, se emitió el Acuerdo
A/057/2003, por el que se vuelve obligatoria la aplicación del Dictamen
Médico/Psicológico Especializados para Casos de Posible Tortura y/o
Maltrato, como parte de los procedimientos para la investigación,
preservación de las pruebas, exámenes médicos, desarrollo de
entrevistas y evaluación de pruebas en los casos en que se presuma
tortura; además, este dictamen cuenta con los protocolos necesarios
para detectar lesiones y/o posibles indicios de tortura o malos tratos,
para determinar el estado clínico integral de salud de las personas, que
se ubiquen en esos supuestos. Actualmente ha sido sustituido con el
acuerdo A/085/2015, con el objetivo de instruir a los agentes del
Ministerio Público de la Federación, peritos médicos, psicólogos y demás
personal de la Procuraduría General de la República, en el ámbito de su
competencia, respecto de las diligencias mínimas que deben llevar a
cabo ante la probable comisión del delito de tortura, así como establecer
las directrices que rigen la aplicación del Dictamen Médico/Psicológico
Especializado para Casos de Posible Tortura.
El Protocolo de Estambul jurídicamente no es ningún documento
vinculatorio; solamente se trata de una guía médica para documentar la
tortura física, psicológica y otros tratos degradantes. México fue el
primer país en el mundo en llevar a cabo el proceso de contextualización
del Protocolo de Estambul, mediante su adopción desde agosto de 2003,
a través de los acuerdos antes mencionados, volviendo obligatoria la
aplicación del Dictamen Médico/Psicológico en las investigaciones
federales a cargo de la Procuraduría General de la República.
El objetivo general del Dictamen Médico/Psicológico Especializado
para Casos de Posible Tortura y/o Maltrato es proporcionar las
herramientas necesarias para que mediante un proceso formativo
continuo, cimentado en nociones elementales de derechos humanos en
el ámbito nacional e internacional, para el personal sustantivo, así como
administrativo de las Procuradurías Generales de Justicia de que se
trate, se tengan las herramientas necesarias, conocimientos
especializados en la prevención, sanción y erradicación de la tortura, así
como también en la implementación de los mecanismos prácticos
actuales para la detección de esta práctica, dentro del marco del
derecho internacional de los derechos humanos, con la finalidad de
erradicarla.
Con respecto a esta situación, Martínez Rodarte, en 2016, destacó
que “el nuevo Sistema Penal Acusatorio será una oportunidad para
identificar la práctica de la tortura, puntualizando que el Estado
mexicano debe de permitir la participación de los peritos internacionales
en estos casos, reconociendo el papel de la comisión Nacional de
Derechos Humanos al utilizar el Protocolo de Estambul como un
elemento sólido en sus recomendaciones”; por su parte, José Quiroga,
vicepresidente del consejo Internacional de Rehabilitación de Víctimas
de Tortura, en el misma año indicó en el panel Procedimientos
Aplicables a la Investigación, que el primer entrenamiento en el mundo
del Protocolo de Estambul se llevó a cabo en la Ciudad de México, en el
2000, fortaleciendo así las bases para su aplicación (CNDH, comunicado
de prensa, 2016).
En el curso de los dos últimos decenios se ha aprendido mucho
sobre la tortura y sus consecuencias, pero antes del manual no se
contaba con directrices internacionales para su documentación, por lo
cual, el Manual para la investigación y documentación eficaces de la
tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes
(Protocolo de Estambul) constituye las directrices internacionales para
examinar a las personas que aleguen haber sufrido tortura y malos
tratos, para investigar los casos de presunta tortura y para comunicar
los resultados obtenidos a los órganos judiciales y otros órganos
investigadores.
Actividad. Caso práctico de una persona detenida e investigada
por el de lito de estafa.
Hasta el momento usted ha revisado la diferencia entre tortura y
otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes, así como los
tipos de tortura física y psicológica. Su identificación es muy importante,
ya que conocerlos implica acudir a la autoridad competente para
prevenir y evitar dichos actos.
A continuación, se presenta el caso de una persona detenida e
investigada por un delito de estafa. Léalo detenidamente y determine si
las aseveraciones que se le presentan son verdaderas o falsas. Esta
actividad guarda calificación.
María José Perales es detenida de forma legítima para ser
investigada por la comisión de un delito de estafa, que efectivamente
cometió. Se le detiene por orden de un juez competente y es
interrogada por la policía judicial. Aun cuando la detención fue legítima,
comenzaron a ocurrir hechos como los siguientes:
Se modificó la bitácora de ingreso al recinto policial, con lo cual
pareciera que María José fue detenida después de la hora real. Con ello,
los investigadores lograron ganar más tiempo para “entrevistarla”.
Mientras estaba siendo entrevistada, llegó otra investigadora con una
certificación de delincuencia en donde se indicaba que María José estaba
siendo procesada –todavía no condenada– por el delito de tenencia de
drogas. A raíz de esa situación, los investigadores consideraron oportuno
hacerle un registro general, incluso vaginal. Para esos efectos, llamaron
a una mujer policía, la cual utilizó guantes y efectuó el registro delante
del resto del personal de policía. Luego, María José fue ultrajada
sexualmente por otras reclusas, con conocimiento de las autoridades,
mientras se le mantenía detenida administrativamente.