TEMA 2. PREVENCIÓN Y CONDUCTAS DE SALUD.
1. PREVENCIÓN DE LA SALUD.
Mrazek y Haggerty (1994) establecen tres tipos de prevención basadas en el alcance de las medidas según el
tipo de población a la que se dirige la actividad preventivas:
• Universal: se dirige a toda una población, que no se ha seleccionado basándose en el riesgo (p. ej., un
programa para prevenir el bullying en centros escolares).
• Selectiva: se dirige a individuos que presentan un riesgo moderadamente elevado de desarrollar un
trastorno a corto plazo o a lo largo de la vida y se evidencia por factores de riesgo biopsicosociales (p.
ej., un programa para niños con padres con alcoholismo).
• Indicada: se dirige a personas con alto riesgo que presentan ya síntomas leves pero detectables o
predisposición biológica a tener una enfermedad, pero que aún no cumplen los criterios de diagnóstico
(p. ej., detección e intervención temprana ante los primeros síntomas de una enfermedad).
Existe solapamiento entre promoción de salud y prevención de la enfermedad:
• Promoción de la salud: se dirige a la adquisición y mantenimiento de hábitos saludables, es decir, a
promover lo que Matarazzo (1984) ha denominado inmunógenos conductuales, que son todos aquellos
comportamientos que reducen el riesgo de enfermar.
• Prevención de la enfermedad: busca la reducción o eliminación de comportamientos de riesgo para
enfermar, es decir, reducir lo que Matarazzo (1984) ha denominado patógenos conductuales.
Modelo de Competencia de Albee.
Pretende capacitar a una persona, grupo o población para el control y mejora de su salud (acrecentar su
potencial de salud). Para ello, se trabaja desde programas de promoción de la salud que tienen en cuenta
determinantes personales y ambientales. Estos programas deben atender a los siguientes componentes:
• Variables generadoras del problema y su evolución: Averiguar las necesidades, los marcadores y
factores de riesgo, y los factores contribuyentes (predisponentes, facilitadores y reforzadores).
• Nuevas conductas de salud a desarrollar.
• Procedimientos de cambio: Técnicas de modificación de conducta dirigidas a:
− Promocionar una información veraz, concreta y comprensible.
− Modificar las actitudes, creencias y valores relacionados con la salud y, específicamente,
la percepción de riesgo.
− Mejorar la accesibilidad de los medios necesarios para la promoción de salud.
− Provocar el cambio comportamental y llegar a la implantación de hábitos saludables.
− Fomentar el aprovechamiento de los propios recursos comunitarios.
− Facilitar el apoyo social a las nuevas conductas con el fin de aumentar la probabilidad
de que éstas se mantengan en el tiempo.
• Procedimientos metodológicos que hagan posible valorar los efectos de nuestra intervención.
La eficacia de los programas de prevención del uso de sustancias.
1. Estos programas logran una mejora en el nivel de información, pero no logran cambio en el
comportamiento en relación con las drogas y el alcohol.
2. Los más recientes añaden Habilidades de asertividad, pero los más eficaces, además de componentes
centrados en la persona incluyen otros dirigidos al contexto, como intentar cambiar los valores
normativos de la familia o de los grupos de iguales. En general, los más efectivos son estos últimos, en
los que la intervención se realiza en múltiples contextos (colegio, familia, etc.) logrando así una
coherencia en el mensaje.
2. MODELOS TEÓRICOS SOBRE LA CONDUCTA SALUDABLE.
• Teoría de la autoeficacia (autorregulación) (Bandura,1977).
Las expectativas de eficacia como determinante fundamental en la elección de actividades y, por tanto,
de la adhesión.
• Modelo de creencias de salud (Becker y Maiman, 1975).
Según este modelo, la vulnerabilidad percibida que sienta la persona sobre lo amenazada que está su
salud, determinará las conductas de salud que realice. La disposición del sujeto para adherirse a una
conducta de salud depende de las siguientes variables:
− La susceptibilidad a la enfermedad
− La severidad de la enfermedad
− El coste de llevar a cabo la conducta preventiva
− Los beneficios de llevar a cabo la conducta preventiva.
Señala como otros factores a tener en cuenta en la disposición de la persona a adoptar conductas de
salud la presencia de claves para actuar, ya sean internas.
Otros conceptos vinculados a este modelo son la motivación para la salud, que refleja la preocupación
que la persona tiene por su salud en general, y el control percibido por la persona para implicarse en las
conductas de salud propuestas.
• Teoría de la acción razonada (Fishbein y Ajzen, 1975).
La intención que la persona tiene de realizar una conducta (intención conductual) es el determinante
inmediato de la adhesión. La intención conductual, a su vez, está deteminada por nuestras actitudes
hacia la conducta y nuestras normas subjetivas.
• Teoría de la acción o comportamiento planificado.
Es una extensión del modelo de la acción razonada que incluye en el mismo nivel que la actitud hacia la
conducta y la norma subjetiva, el control conductual percibido, que, además, puede tener una influencia
directa sobre la conducta sin mediar la intención conductual.
El control conductual percibido se basa en la creencia que tiene una persona sobre si puede llevar a
cabo una conducta concreta, para lo que influyen según su conducta pasada, factores de control interno
(p. ej., habilidades personales) y factores de control externo (p. ej., dificultades del contexto).
• Teoría de la motivación de protección (Rogers, 1985).
Esta teoría amplía la teoría de las creencias de salud de Becker y Maiman, enfatizando el papel de las
variables emocionales, especialmente del miedo, sobre la adopción de conductas de salud. La
motivación para la protección, según esta teoría, depende de:
− La severidad de la enfermedad.
− La percepción de susceptibilidad ante la enfermedad.
− La capacidad del sujeto para llevar a cabo la acción recomendada para el cuidado de la salud
(autoeficacia).
− La efectividad de dicha acción para eliminar la amenaza.
− La variable emocional del miedo.
Rogers considera en esta teoría que la severidad de la amenaza, la susceptibilidad percibida y el miedo
son variables que se emplean en la evaluación de la amenaza. Mientras que la efectividad de la conducta
y autoeficacia permiten la evaluación del afrontamiento a poner en marcha.
• Teoría de la acción social (Ewart).
La adhesión debe analizarse simultáneamente como hábito deseable, proceso de cambio a través del
que se modifican hábitos y como resultado de unos contextos. La clave en el mantenimiento de un
hábito saludable es la autorregulación entre las actividades autoprotectoras y sus consecuencias.
La creación de hábitos implica el establecimiento de cadenas conductuales rutinizadas, las cuales
tienen que estar interconectadas con las de otros miembros significativos del entorno de la persona.
• Modelo de la adhesión a la medicación de Johnston.
Se aplica a la hipertensión y sostiene que el seguimiento de la medicación depende de una decisión
deliberada conforme a las expectativas y a su propia capacidad de actuación.
3. PREDICTORES DE ADHERENCIA.
La OMS (2003) definió la adherencia como «el grado en el que la conducta de un paciente (toma de medicación,
seguimiento de una dieta o cambio de hábitos de vida) se corresponde con las recomendaciones acordadas
con el profesional sanitario», por tanto, requiere el consentimiento del paciente y expresa una colaboración
activa en la toma de decisiones.
Actualmente, las cifras que se manejan muestran que el 30% de los pacientes no sigue los tratamientos
curativos, el 70% incumple los programas preventivos y un 50% de los enfermos crónicos no se adhiere.
La medida más frecuente de la adhesión es el autoinforme. También se usa autoobservación y registro de las
condiciones de tratamiento.
4. ESTRATEGIAS PARA LA MEJORA DE LA ADHERENCIA.
4.1 Métodos para mejorar la comunicación.
• Categorización explícita. El recuerdo de la información se ve facilitado cuando el clínico anuncia el
contenido de lo que va a decir.
• Efecto de primacía. Es más eficaz proporcionar la información importante al principio, en contra de lo
usual, aunque si la actuación sobre la que se informa ha de ser inmediata (solicitar una cita), es más
efectivo decirlo al final.
• Simplificación. Indicaciones específicas y operativas, repetición, hacer repetir al paciente las
instrucciones, usar ilustraciones y material grabado y escrito.
4.2 Estrategias conductuales para mejorar el cumplimiento.
• Saber qué hacer no implica actuar correctamente.
Averiguar los intereses puntuales de los pacientes (expectativas).
Negociar los cambios procurando que el paciente realice la menor cantidad de conductas en las
mínimas ocasiones posibles y fijando secuencialmente las metas o tareas.
• Negociar los cambios solicitando el compromiso público del paciente.
Reforzar el seguimiento de las prescripciones del paciente.
• Una reducción rápida de los síntomas se relaciona con el abandono de las prescripciones.
Mantener una atención personalizada, continua, accesible y supervisada.