9.1. La proclamación de la Segunda República, el Gobierno provisional y la Constitución de 1931.
El
sufragio femenino.
1. LA PROCLAMACIÓN DE LA REPÚBLICA
La creciente oposición a Primo de Rivera y la falta de apoyó del rey llevó a su dimisión el 30 de enero de 1930. Berenguer
propuso volver a la normalidad constitucional y gobernó a base de decretos (dictablanda), pero su gestión fracasó y dimitió en
febrero de 1931. Fue sustituido por Aznar, quien convocó elecciones municipales el 12 de abril. Estas elecciones, percibidas
como un plebiscito contra la monarquía, encontraron a la derecha y los partidos tradicionales desorganizados, de manera que las
candidaturas republicano-socialistas triunfaron en 41 de las 50 capitales de provincia. Así, se consideraron vencedores y
proclamaron la II República el 14 de abril de 1931, mientras que Alfonso XIII partió al exilio.
2. EL GOBIERNO PROVISIONAL (1931).
En Madrid, los firmantes del Pacto de San Sebastián formaron un gobierno provisional caracterizado por su
heterogeneidad (republicanos, socialistas y nacionalistas gallegos y catalanes) y que estaba presidido por el conservador Alcalá-
Zamora.
Este gobierno contó con el apoyo de intelectuales, clases medias y obreros, pero no de la oligarquía, la Iglesia, un sector
del ejército y los pequeños propietarios campesinos. Sus prioridades fueron convocar elecciones a Cortes Constituyentes y
emprender reformas urgentes. Así, solo habría una única cámara y solo podrían votar los hombres, aunque las mujeres
podían ser elegidas diputadas, y se crearía un sistema electoral que eliminaba el caciquismo y favorecía a los grandes
partidos y coaliciones, además de conceder libertades políticas y una amnistía general.
Las elecciones de junio tuvieron una participación del 78%, con una victoria aplastante de la conjunción republicano-
socialista. La campaña electoral cogió a la derecha desorganizada, por lo que muchos sectores sociales de gran poder económico,
social y cultural no estaban presentes en la elaboración de la constitución y, por primera vez, fueron elegidas mujeres. Con
mayoría republicano-socialista, el Parlamento dio su confianza al gobierno presidido por Alcalá-Zamora.
Las reformas más importantes del gobierno republicano incluyeron medidas en educación, militares y laborales.
Marcelino Domingo (ministro de educación) aumentó el presupuesto educativo, creó nuevas escuelas, aumentó el número de
profesores y suspendió la religión en los centros escolares. También destacó la creación de las Misiones Pedagógicas y el
Teatro ambulante "La Barraca" de Lorca.
Las reformas militares las acometió Manuel Azaña (ministro de la guerra), que reformó el ejército con la Ley del Retiro
Voluntario (que daba a los oficiales a elegir entre jurar adhesión a la República o retirarse con sueldo íntegro), sometió al ejército
al poder civil con la eliminación de los Tribunales de Honor y suprimió las Capitanías Generales y la Academia Militar de
Zaragoza, dirigida por Franco.
Largo Caballero (ministro de trabajo) implementó reformas laborales agrícolas, como el Decreto de Términos
Municipales (que obligaba a los patronos agrícolas a emplear trabajadores del mismo municipio ), y el Decreto de Laboreo
Forzoso. También creó los Jurados Mixtos para resolver conflictos laborales entre patronos y trabajadores.
El gobierno enfrentó varios problemas como la oposición anarquista o la proclamación de una república federal catalana
por Macià, que fue depuesta con la promesa de elaboración de un estatuto de autonomía amplio. Además, hubo enfrentamientos
con los sectores tradicionales de la Iglesia, encabezados por el Cardenal Segura, lo que llevó a la quema de iglesias y al deterioro
de las relaciones con los católicos.
3. CONSTITUCIÓN DE 1931. EL SUFRAGIO FEMENINO.
La Constitución, aprobada en diciembre de 1931 tras intensos debates, incluyó artículos sobre la cuestión religiosa que
reflejaban la intención de republicanos y socialistas de reducir la influencia de la Iglesia. Esto causó fricción dentro del gobierno,
especialmente entre los conservadores Alcalá Zamora (presidente) y Maura (ministro), quienes dimitieron por considerar que
se atentaba contra la libertad religiosa. Manuel Azaña asumió la jefatura del Estado y la Constitución no contó con el apoyo de
los católicos, quienes pidieron su revisión.
La Constitución definió a España como una "república democrática y de trabajadores", con un Estado centralizado, pero
con la posibilidad de autonomía de municipios y regiones (con aprobación previa de sus estatutos por las Cortes); aprobó la
soberanía nacional y estableció la división de poderes: el poder ejecutivo recayó en el gobierno, nombrado por el presidente de
la República; el poder legislativo lo ejercían las Cortes unicamerales, elegidas por sufragio universal (con voto femenino),
directo y secreto, cada cuatro años; el poder judicial residía en los jueces y magistrados; y se creó el Tribunal de Garantías
Constitucionales para resolver los posibles conflictos entre poderes.
Se instituía la figura del presidente de la República, elegido indirectamente por las Cortes cada 6 años y que actuaba
como jefe del Estado con un poder moderador, con capacidad de veto limitada y promulgando las leyes. Además, podía disolver
las Cortes dos veces.
La Constitución incluía una amplia declaración de derechos y libertades, como la no discriminación por origen, sexo, o
religión, y establecía la separación entre Iglesia y Estado, el laicismo y la supresión del presupuesto para el clero, al cual se le
prohibió ejercer en el comercio, la industria y la enseñanza, además de aprobar el matrimonio civil y el divorcio.
El voto femenino se debatía en España desde principios de siglo sin éxito. Primo de Rivera lo concedió a las mujeres
solteras para la Asamblea Nacional en 1927, pero fue con la Segunda República cuando se avanzó esencialmente en igualdad
entre sexos. La nueva Constitución contempló el matrimonio en igualdad, el divorcio o la protección laboral femenina.
En 1931 las mujeres no pudieron votar, pero sí ser elegidas, logrando escaños Clara Campoamor, Victoria Kent y
Margarita Nelken. Campoamor defendió el sufragio femenino, mientras que Kent se opuso por temor a que beneficiara a la
derecha. Finalmente, se aprobó con 161 votos a favor y 121 en contra. 188 diputados se ausentaron de la Cámara en el
momento de la votación.