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El Niño y La Rosa

El poema narra la historia de un niño que cuida una rosa blanca en un rosal de rosas rojas, simbolizando la belleza y la pureza. A medida que el niño se sacrifica por la rosa, ella comienza a cambiar y perder su singularidad, reflejando el dolor y la pérdida de la infancia. Al final, el niño se queda con cicatrices y recuerdos, lamentando la transformación de su amada flor en una más del jardín.
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El Niño y La Rosa

El poema narra la historia de un niño que cuida una rosa blanca en un rosal de rosas rojas, simbolizando la belleza y la pureza. A medida que el niño se sacrifica por la rosa, ella comienza a cambiar y perder su singularidad, reflejando el dolor y la pérdida de la infancia. Al final, el niño se queda con cicatrices y recuerdos, lamentando la transformación de su amada flor en una más del jardín.
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EL NIÑO Y LA ROSA

¿Será que todo en este mundo se parece?


¿O será que nosotros actuamos según el mundo?
En esta vida hasta en los cuentos fallece
Quien entrega toda su alma a un sentimiento.

¿Y qué dirán de aquel pobre niño y la rosa


Cuando todo no es más que una simple fantasía?
¿Y qué sentirá aquel niño de la hermosa
Cuando todo acaba en un dolor de infancia?

¿Y de que niño hablan? ¿Por cuál niño lloran las nubes?


Si dicen que no hay cuento sin un final feliz,
Es por que no han conocido al niño
Que perdió el recuerdo entre un mundo de cuentos
Y este cuento empieza así:

Una vez nació un niño en un rosal de rosas rojas.


Entre ellas supo vivir sin herirse de sus espinas.
Entre ellas aprendió a valorar en quien reflejaba el sol
Y entre ellas supo alcanzar la aurora de un amanecer rojo.

Y en un día de tantos que cuidando a sus rosas estaba


Encontró a un capullo de una rosa a quien no dejaban crecer.
Por simple envidia o despecho las terribles rosas no querían
Que este capullo terminara de nacer.

Y dijo el niño entonces a cuidar a aquel pobre capullo


Para que así pudiera con el mundo compartir su belleza,
Mas el niño no sabía que la Madre Naturaleza
Había depositado en ella una cualidad que llenaría de orgullo
A todo aquel que llegara a verla a los ojos
Y encontrar en ella el reflejo de algo perfecto.

Cuando la rosa pudo extender sus pétalos al aire


Se dio cuenta que no eran del mismo color de fuego
Como las demás rosas; ella tenía en sus pétalos el color blanco
Que solo se puede comparar a la blanca espuma del mar.

Y cuando el niño notó en ella su belleza interior,


Que entre todas la hacía especial y superior
Se dio cuenta que en su rosal tenía a aquella flor
En la que siempre había soñado para el jardín eterno del Edén.

Aquella rosa blanca entre todas las rosas rojas


Se convirtió para aquel corazón de niño la única razón de vida.
Y hoy más que nunca quisieron opacar su belleza natural
Todas aquellas rosas que más que envidia tenían.

El niño arranco con sus manos puras, pero débiles


A todas las rosas que rodeaban a aquel regalo de Dios.
Sus manos casi destrozadas marcaban aquel sufrimiento
Que sentía en el alma al incrustarse tantas espinas de rosas.
Todas las mañanas, el niño regaba a su flor con Agua del Señor
Y quedaba ciego cada vez que reflejaba el sol en ella.
Pero el niño era feliz con el recuerdo de la hermosa flor
Y no le importaban las heridas que manaban sangre de su cuerpo.

La blanca rosa creció más que todas las demás rosas


Por aquel amor de niño que le ofrecían.
Pero el niño su mirada perdió y su sangre derramó
Solo por tener en su mente aquel lindo recuerdo.

El sol de la mañana, el rocío de la noche


Alimentaron a aquella rosa haciéndola cambiar.
Su belleza quiso presumir ante aquel rosal
Sin importarle el dolor de niño que crecía.
Pero el niño en su ceguera no vio aquel cambio
Y cuido de su flor hasta que cayó enfermo.
La rosa quiso seguir creciendo, pero le era imposible
Al no tener los cuidados que últimamente había menospreciado.

En su desesperación por crecer, sus raíces tragaron la sangre


Que el niño derramaba estando enfermo.
Pero entre más se alimentaba de dolor del pobre
Mas su color blanco iba cambiando
Hasta teñir sus pétalos de rojo.

Cuando de su sueño el niño despertó


Ya no estaba enfermo,
Ni sangraban las heridas
Y su vista recuperó.
Busco a su flor sin poderla encontrar,
Sin comprender que ahora su flor era igual que las demás.

El alma triste de infante lloro mil y un veces a su rosa


Pero de ella solo le quedaban dos cosas:
El recuerdo inolvidable en su mente
Y las cicatrices que aquel amor dejo en él.

Aunque el niño veía a su rosa todavía,


No podía distinguir en ella aquella cualidad especial.
Y de un recuerdo quedo enamorado
Hasta el día en que su mente dejo de ser de niño
En un amargo despertar de sueños de la vida...

¿Será que todo en este mundo se parece?


¿O será que nosotros actuamos según el cuento?
Quisiera decirte que tú eras la flor de mi rosal
Y que yo fui el niño que sin flor se quedó...

Luis Rodrigo Quintanilla Monedero


Abril 5 de 1993.-

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