Accionar democrático parte 2: La Teoría ética aristotélica
Las virtudes éticas
A lo largo de nuestra vida nos vamos forjando una forma de ser, un carácter (éthos), a través de
nuestras acciones, en relación con la parte apetitiva y volitiva de nuestra naturaleza. Para
determinar cuáles son las virtudes propias de ella, Aristóteles procederá al análisis de la acción
humana, determinando que hay tres aspectos fundamentales que intervienen en ella: la volición, la
deliberación y la decisión. Es decir, queremos algo, deliberamos sobre la mejor manera de
conseguirlo y tomamos una decisión acerca de la acción de debemos emprender para alcanzar el fin
propuesto. Dado que Aristóteles entiende que la voluntad está naturalmente orientada hacia el
bien, la deliberación no versa sobre lo que queremos, sobre la volición, sino solamente sobre los
medios para conseguirlo; la naturaleza de cada sustancia tiende hacia determinados fines que le son
propios, por lo que también en el hombre los fines o bienes a los que puede aspirar están ya
determinados por la propia naturaleza humana. Sobre la primera fase de la acción humana, por lo
tanto, sobre la volición, poco hay que decir. No así sobre la segunda, la deliberación sobre los medios
para conseguir lo que por naturaleza deseamos, y sobre la tercera, la decisión acerca de la conducta
que hemos de adoptar para conseguirlo. Estas dos fases establecen una clara subordinación al
pensamiento de la determinación de nuestra conducta, y exigen el recurso a la experiencia para
poder determinar lo acertado o no de nuestras decisiones. La deliberación sobre los medios supone
una reflexión sobre las distintas opciones que se me presentan para conseguir un fin; una vez elegida
una de las opciones, y ejecutada, sabré si me ha permitido conseguir el fin propuesto o me ha
alejado de él. Si la decisión ha sido correcta, la repetiré en futuras ocasiones, llegando a
"automatizarse", es decir, a convertirse en una forma habitual de conducta en similares ocasiones.
Es la repetición de las buenas decisiones, por lo tanto, lo que genera en el hombre el hábito de
comportarse adecuadamente; y en éste hábito consiste la virtud para Aristóteles. (No me porto bien
porque soy bueno, sino que soy bueno porque me porto bien). Por el contrario, si la decisión
adoptada no es correcta, y persisto en ella, generaré un hábito contrario al anterior basado en la
repetición de malas decisiones, es decir, un vicio. Virtudes y vicios hacen referencia por lo tanto a la
forma habitual de comportamiento, por lo que Aristóteles define la virtud ética como un hábito, el
hábito de decidir bien y conforme a una regla, la de la elección del término medio óptimo entre dos
extremos.
La virtud es, por tanto, un hábito selectivo, consistente en una posición intermedia para nosotros,
determinada por la razón y tal como la determinaría el hombre prudente. Posición intermedia entre
dos vicios, el uno por exceso y el otro por defecto. Y así, unos vicios pecan por defecto y otros por
exceso de lo debido en las pasiones y en las acciones, mientras que la virtud encuentra y elige el
término medio. Por lo cual, según su sustancia y la definición que expresa su esencia, la virtud es
medio, pero desde el punto de vista de la perfección y del bien, es extremo. (Aristóteles, Ética a
Nicómaco, libro 2, 6)
Este término medio, nos dice Aristóteles, no consiste en la media aritmética entre dos cantidades,
de modo que si consideramos poco 2 y mucho 10 el término medio sería 6. ("Si para alguien es
mucho comer por valor de diez minas, y poco por valor de 2, no por esto el maestro de gimnasia
prescribirá una comida de seis minas, pues también esto podría ser mucho o poco para quien
hubiera de tomarla: poco para Milón, y mucho para quien empiece los ejercicios gimnásticos. Y lo
mismo en la carrera y en la lucha. Así, todo conocedor rehúye el exceso y el defecto, buscando y
prefiriendo el término medio, pero el término medio no de la cosa, sino para nosotros"). No hay una
forma de comportamiento universal en la que pueda decirse que consiste la virtud. Es a través de la
experiencia, de nuestra experiencia, como podemos ir forjando ese hábito, mediante la persistencia
en la adopción de decisiones correctas, en que consiste la virtud. Nuestras características
personales, las condiciones en las que se desarrolla nuestra existencia, las diferencias individuales,
son elementos a considerar en la toma de una decisión, en la elección de nuestra conducta. Lo que
para uno puede ser excesivo, para otro puede convertirse en el justo término medio; la virtud
mantendrá su nombre en ambos casos, aunque actuando de dos formas distintas. No hay una forma
universal de comportamiento y sin embargo tampoco se afirma la relatividad de la virtud.
Las virtudes dianoéticas
Si para determinar las virtudes éticas partía Aristóteles del análisis de la acción humana, para
determinar las virtudes dianoéticas partirá del análisis de las funciones de la parte racional o
cognitiva del alma, de la diánoia. Ya nos hemos referido estas funciones al hablar del tema del
conocimiento: la función productiva, la función práctica y la función contemplativa o teórica. A cada
una de ellas le corresponderá una virtud propia que vendrá representada por la realización del saber
correspondiente.
El conocimiento o dominio de un arte significa la realización de la función productiva. A la función
práctica, la actividad del pensamiento que reflexiona sobre la vida ética y política del hombre
tratando de dirigirla, le corresponde la virtud de la prudencia (phrónesis) o racionalidad práctica.
Mediante ella estamos en condiciones de elegir las reglas correctas de comportamiento por las que
regular nuestra conducta. No es el resultado, pues, de la adquisición de una ciencia, sino más bien
el fruto de la experiencia. La prudencia es una virtud fundamental de la vida ética del hombre, sin
la cual difícilmente podremos adquirir las virtudes éticas. Aplicada a las distintas facetas de la vida,
privada y pública, del hombre tenemos distintos tipos de prudencia (individual, familiar, política).
Por lo que respecta a las funciones contemplativas o teóricas, propias del conocimiento científico,
(Matemáticas, Física, Metafísica,) la virtud que les corresponde es la sabiduría (sophía). La sabiduría
representa el grado más elevado de virtud, ya que tiene por objeto la determinación de lo verdadero
y lo falso, del bien y del mal. El hábito de captar la verdad a través de la demostración, la sabiduría,
representa el nivel más elevado de virtud al que puede aspirar el hombre, y Aristóteles la identifica
con la verdadera felicidad.
En efecto, el saber teórico no "sirve" para nada ulterior, no es un medio para ningún otro fin, sino
que es un fin en sí mismo que tiene su placer propio; sin embargo, como hemos visto al analizar las
virtudes éticas, el hombre debe atender a todas las facetas de su naturaleza, por lo que
necesariamente ha de gozar de un determinado grado de bienestar material si quiere estar en
condiciones de poder acceder a la sabiduría. Será un deber del Estado, por lo tanto, garantizar que
la mayoría de los ciudadanos libres estén en condiciones de acceder a los bienes intelectuales.
1. Resalte el vocabulario que no comprende, busque su significado y escriba en el cuaderno e
término y su definición.
2. Investigue sobre la eudaimonia en el Aristóteles y explíquela.
3. Según el texto ¿Cuál es la relación entre virtud y felicidad?, ¿Qué significa el término justo
medio? Haga 5 ejemplos
4. Explique a diferencia entre virtudes éticas y virtudes dianoéticas dando 5 ejemplos de cada
una.