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La Obsolescencia Programada

La obsolescencia programada es una táctica industrial que limita la duración de los productos para fomentar el consumo, generando efectos negativos en el medio ambiente, la economía de los consumidores y la ética corporativa. Este fenómeno, que se originó en el siglo XX, ha llevado a un aumento en la generación de desechos electrónicos y a la explotación de recursos naturales, mientras que movimientos como la economía circular y el derecho a reparar buscan contrarrestar sus efectos. La transición hacia modelos de producción más sostenibles es esencial para abordar la crisis ambiental y lograr una economía más justa.

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Temas abordados

  • Crisis medioambiental,
  • Impacto social,
  • Crecimiento sostenible,
  • Desechos electrónicos,
  • Condiciones de reparación,
  • Desarrollo sostenible,
  • Programada,
  • Economía circular,
  • Innovación responsable,
  • Durabilidad
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La Obsolescencia Programada

La obsolescencia programada es una táctica industrial que limita la duración de los productos para fomentar el consumo, generando efectos negativos en el medio ambiente, la economía de los consumidores y la ética corporativa. Este fenómeno, que se originó en el siglo XX, ha llevado a un aumento en la generación de desechos electrónicos y a la explotación de recursos naturales, mientras que movimientos como la economía circular y el derecho a reparar buscan contrarrestar sus efectos. La transición hacia modelos de producción más sostenibles es esencial para abordar la crisis ambiental y lograr una economía más justa.

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  • Impacto social,
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  • Desechos electrónicos,
  • Condiciones de reparación,
  • Desarrollo sostenible,
  • Programada,
  • Economía circular,
  • Innovación responsable,
  • Durabilidad

La Obsolescencia Programada: Implicaciones

Tecnológicas, Ambientales y Éticas

Resumen
La obsolescencia programada es una táctica industrial que consiste en crear
productos con una duración restringida con el objetivo de fomentar el consumo
constante. A pesar de que esta práctica ha sido positiva para el desarrollo
económico en ciertos sectores, produce efectos perjudiciales considerables en
el medio ambiente, en la economía de los consumidores y en la ética
corporativa. Este texto examina las diferentes formas de obsolescencia
(técnica, funcional y psicológica), su trayectoria, y las repercusiones sociales y
ambientales que resultan de su uso en gran escala.
En términos históricos, la obsolescencia programada se originó en el siglo XX
con el cartel Phoebus, que restringía la duración de las lámparas eléctricas.
Desde aquel momento, ha abarcado áreas como la electrónica, la moda y los
aparatos electrodomésticos. Esta conducta genera enormes volúmenes de
desechos, en particular electrónicos, y agrava el agotamiento de los recursos
naturales no renovables. Además, impacta a los consumidores, quienes se ven
forzados a sustituir productos caros con mayor regularidad, incrementando de
esta manera sus costos personales.
En respuesta a esta situación, emergen movimientos y políticas que fomentan
la economía circular, el "derecho a reparar" y el diseño sustentable. Los países
miembros de la Unión Europea ya han establecido normativas para extender la
durabilidad de los productos. El artículo finaliza afirmando que una transición
hacia modelos de producción más sostenibles, conscientes y asequibles es
esencial para abordar la crisis medioambiental y alcanzar una economía más
justa. La sensibilización de los ciudadanos, la normativa gubernamental y la
innovación empresarial sostenible son elementos esenciales en este proceso
de transformación.

Planned obsolescence is an industrial tactic that involves creating products with


a limited lifespan in order to encourage continued consumption. Although this
practice has been positive for economic development in certain sectors, it
produces considerable detrimental effects on the environment, consumer
finances, and corporate ethics. This text examines the different forms of
obsolescence (technical, functional, and psychological), its trajectory, and the
social and environmental repercussions resulting from its widespread use.
Historically, planned obsolescence originated in the 20th century with the
Phoebus cartel, which restricted the lifespan of light bulbs. Since then, it has
encompassed areas such as electronics, fashion, and household appliances.
This behavior generates enormous volumes of waste, particularly electronic
waste, and exacerbates the depletion of nonrenewable natural resources. It
also impacts consumers, who are forced to replace expensive products more
regularly, thus increasing their personal costs.
In response to this situation, movements and policies are emerging that
promote the circular economy, the "right to repair," and sustainable design.
European Union member states have already established regulations to extend
product durability. The article concludes by stating that a transition toward more
sustainable, conscious, and affordable production models is essential to
addressing the environmental crisis and achieving a fairer economy. Citizen
awareness, government regulations, and sustainable business innovation are
essential elements in this transformation process.

Palabras clave
1.Obsolescencia
2.Programada
3.Tecnología
4.Sostenibilidad
5.Consumidor
6.Economía circular
7.Reciclaje
8.Reparabilidad
9.Residuos electrónicos
10.Durabilidad
Introduccion
En las recientes décadas, el incremento del consumo y la innovación
tecnológica han cambiado radicalmente la forma en que los individuos generan,
emplean y descartan productos. En este escenario, la obsolescencia
programada se ha establecido como una práctica industrial habitual,
particularmente en industrias como la electrónica, los electrodomésticos, la
moda y los automóviles. Esta táctica implica crear productos con una
durabilidad deliberadamente restringida, ya sea mediante componentes que se
deterioran después de un periodo, la ausencia de actualizaciones compatibles
o modificaciones estéticas que fomentan la necesidad de sustitución. Pese a
que esta práctica ha resultado efectiva en términos económicos, sus
repercusiones sociales, éticas y medioambientales han suscitado un debate
cada vez más abierto. La obsolescencia programada puede remontarse hasta
el siglo XX, cuando compañías como General Electric y el cartel Phoebus
firmaron convenios para restringir la vida útil de productos como las lámparas
eléctricas. Con el transcurso del tiempo, esta lógica de reducir la vida útil de
los objetos se propagó a diversas industrias, integrándose en un modelo
económico fundamentado en el consumo continuo y la renovación artificial de
productos. No obstante, este método contradice los principios de
sostenibilidad, dado que fomenta la extracción desmedida de recursos
naturales, eleva los índices de desechos sólidos y restringe la oportunidad de
reparar o reutilizar productos.
Además de sus efectos ecológicos, la obsolescencia programada presenta un
conflicto ético y financiero. A menudo, los consumidores no son conscientes de
esta táctica, se ven forzados a sustituir productos que aún podrían ser útiles,
incurriendo en costos superfluos y provocando frustración. En términos éticos,
se pone en duda la responsabilidad de las compañías que, en la búsqueda de
mayores ganancias, anteponen la venta constante al bienestar del consumidor
y del planeta. Esta premisa también impacta de manera negativa en las
economías más vulnerables, donde el acceso a productos de larga duración y
reparables es restringido.
Frente a esta problemática, en los últimos años han surgido iniciativas y
movimientos que buscan contrarrestar los efectos de la obsolescencia
programada. La economía circular, por ejemplo, propone un modelo alternativo
basado en el diseño de productos duraderos, la reutilización de materiales y la
reparación como práctica habitual. Asimismo, el llamado “derecho a reparar” ha
ganado fuerza en regiones como la Unión Europea y Estados Unidos,
exigiendo leyes que garanticen el acceso a repuestos, manuales y soporte
técnico para extender la vida útil de los productos. En paralelo, también han
surgido empresas que adoptan principios de sostenibilidad y transparencia en
sus procesos de diseño y fabricación.
En este artículo se abordará el fenómeno de la obsolescencia programada
desde una perspectiva multidisciplinaria, analizando sus orígenes, sus distintas
manifestaciones y sus efectos en la sociedad y el medio ambiente. Asimismo,
se explorarán propuestas y alternativas viables que permiten transitar hacia un
modelo de producción y consumo más justo, duradero y responsable.
Reconocer la existencia y los impactos de esta práctica es un paso esencial
para transformar el sistema económico actual en uno más ético y sostenible.

Desarrollo
1. Tipos y mecanismos de obsolescencia programada
La obsolescencia programada se manifiesta principalmente de tres formas:
técnica, funcional y psicológica. La obsolescencia técnica consiste en el diseño
deliberado de productos que fallan tras cierto uso o tiempo. Un ejemplo común
es el de las impresoras que contienen chips que bloquean el funcionamiento
una vez se ha alcanzado un número predeterminado de impresiones (Slade,
2006, p. 115). En el caso de la obsolescencia funcional, los productos pierden
compatibilidad con nuevos sistemas operativos o accesorios, lo que ocurre
frecuentemente con teléfonos inteligentes, laptops y software propietario. Por
su parte, la obsolescencia psicológica apela a percepciones culturales: un
producto todavía funcional se considera obsoleto debido a cambios estéticos
mínimos o por estrategias de marketing que inducen al consumidor a desear el
modelo más nuevo (Packard, 1960, p. 45).
Estas estrategias tienen como objetivo maximizar las ganancias de las
empresas mediante ciclos de reemplazo acelerados. No obstante, tienen
impactos negativos a largo plazo. La producción constante de nuevos
dispositivos aumenta la demanda de materias primas como litio, cobalto o
coltán, cuya extracción muchas veces está ligada a violaciones de derechos
humanos y degradación ambiental. Según The Global E-waste Monitor (2020),
en 2019 se generaron 53.6 millones de toneladas de residuos electrónicos, y
solo el 17.4 % fue reciclado adecuadamente. La obsolescencia programada es
una de las principales causas de este tipo de contaminación.

2. Impactos ambientales y sociales


Los efectos medioambientales de la obsolescencia programada son múltiples y
alarmantes. La fabricación de productos electrónicos implica procesos
intensivos en recursos naturales, energía y agua, además del uso de
sustancias tóxicas. Al diseñar productos de corta duración, se incrementa el
ritmo con que se desechan, y la mayoría termina en vertederos o es exportada
a países del sur global sin medidas de seguridad adecuadas. Como advierte
Martínez-Alier (2009), “el crecimiento sin límites de la producción implica
también un aumento constante de residuos, muchos de ellos peligrosos” (p.
57).
Desde el punto de vista social, este modelo impone cargas económicas a los
consumidores, quienes deben reemplazar productos en ciclos cada vez más
cortos. Esto afecta especialmente a sectores de bajos ingresos, donde muchas
veces se adquieren productos de menor calidad que fallan rápidamente, sin
posibilidad de reparación. Además, las empresas dificultan el acceso a
repuestos, manuales o herramientas, haciendo que el costo de reparación
supere al de compra (European Commission, 2020). En este contexto, se
vulnera el derecho de las personas a acceder a bienes duraderos, y se
reproduce una lógica de dependencia económica.

González y Morales (2021) señalan que “la cultura del descarte promueve una
relación pasiva del consumidor frente a la tecnología, impidiéndole intervenir en
su funcionamiento o reparación” (p. 128). Esta lógica debilita la soberanía del
consumidor y refuerza el poder de las grandes corporaciones tecnológicas.
Además, impacta negativamente en empleos tradicionales relacionados con la
reparación y el mantenimiento, que han sido desplazados por servicios técnicos
costosos o exclusivos.

3. Respuestas legales y alternativas sostenibles


Ante esta problemática, han surgido iniciativas institucionales y sociales que
buscan frenar la obsolescencia programada y promover modelos sostenibles.
En el marco de la economía circular, la Unión Europea ha impulsado el
“derecho a reparar”, exigiendo que los fabricantes proporcionen repuestos por
al menos 10 años y faciliten el acceso a herramientas de reparación (European
Parliament, 2021). Estas medidas buscan reducir los residuos y prolongar la
vida útil de los productos. Además, se han propuesto etiquetas que indiquen el
nivel de reparabilidad de un producto, brindando más información al
consumidor en el momento de la compra.
El movimiento global por el derecho a reparar también ha cobrado fuerza. En
países como Francia y Estados Unidos se han presentado leyes que obligan a
las empresas a liberar manuales técnicos y ofrecer piezas de repuesto a
precios razonables. González y Morales (2021) afirman que “garantizar el
derecho a reparar es un paso fundamental para democratizar la tecnología y
recuperar el control sobre los objetos que usamos a diario” (p. 134).
Otro enfoque prometedor es el ecodiseño, que plantea fabricar productos
modulares, duraderos y fácilmente desmontables. Empresas como Fairphone
han desarrollado teléfonos inteligentes cuyos componentes pueden
reemplazarse por separado, sin necesidad de desechar el dispositivo completo.
Kirchherr, Reike y Hekkert (2018) sostienen que “la economía circular ofrece un
marco más holístico que la mera eficiencia ecológica, al repensar todo el ciclo
de vida del producto” (p. 224).

4. Perspectiva ética y responsabilidad empresarial


La obsolescencia programada no solo es un problema técnico o ambiental, sino
también un desafío ético. Su aplicación intencional plantea preguntas
profundas sobre la responsabilidad de las empresas frente al bienestar de los
consumidores y al cuidado del planeta. Diseñar productos para que fallen
prematuramente, o dificultar su reparación, puede considerarse una forma de
manipulación económica que prioriza el beneficio a corto plazo sobre la
sostenibilidad y la justicia intergeneracional.

Desde una perspectiva ética, los principios de la responsabilidad social


empresarial (RSE) deberían guiar el diseño, producción y comercialización de
bienes duraderos. Slade (2006) argumenta que “el acto de fabricar para el
descarte contradice los ideales fundamentales de innovación y servicio al
cliente” (p. 98). Sin embargo, muchas compañías han optado por ocultar estas
prácticas tras la fachada de avances tecnológicos o de marketing, evitando
asumir su impacto.
Además, la obsolescencia programada contradice los Objetivos de Desarrollo
Sostenible (ODS), en particular el ODS 12, que promueve la producción y el
consumo responsables. Si bien algunas empresas han comenzado a incorporar
políticas de sostenibilidad, como el uso de materiales reciclables o programas
de reciclaje voluntarios, muchas de estas acciones son insuficientes frente a la
magnitud del problema. Es necesario que las empresas adopten un
compromiso genuino con la durabilidad, la transparencia y la participación
ciudadana la ética del diseño industrial debería orientarse hacia la utilidad a
largo plazo, el acceso equitativo y la reducción de residuos. Solo con un
cambio de mentalidad en la industria será posible avanzar hacia un modelo que
respete tanto a los consumidores como al medio ambiente
Resultados
Varios estudios han desvelado el impacto mundial de la obsolescencia
programada, particularmente en lo que respecta a la generación de desechos,
repercusión económica y percepción del consumidor. En 2019, la producción
global de desechos electrónicos alcanzó los 53.6 millones de toneladas
métricas, lo que significó un aumento del 21% en comparación con el año
2014. Según el reporte The Global E-waste Monitor (2020), solo 9.3 millones
de toneladas (el 17.4%) se reciclaron de manera correcta. Este incremento
constante de residuos tecnológicos está vinculado directamente con la
disminución de la vida útil de los dispositivos electrónicos, muchos de los
cuales son eliminados antes de desmoronarse totalmente debido a la ausencia
de asistencia técnica, software o piezas de recambio compatibles.
En una investigación llevada a cabo por el Eurobarómetro (European
Commission, 2020), el 77% de los habitantes europeos expresó su preferencia
por reparar sus productos en vez de sustituirlos, si las condiciones de
reparación fueran factibles. No obstante, el mismo reporte indica que el 64%
de los consumidores ha abandonado al menos un aparato en los últimos dos
años debido a que la reparación resultaba excesivamente cara o inviable. Esta
información muestra una discrepancia evidente entre las aspiraciones de los
consumidores y las condiciones establecidas por el mercado.
El estudio de estos hallazgos revela que la obsolescencia programada no solo
es una táctica corporativa, sino también un elemento estructural en los
sistemas de consumo contemporáneos. La ausencia de claridad en los ciclos
de vida de los productos, unida a una regulación limitada en numerosos países,
ha facilitado que esta práctica perdure con impactos directos en la economía, el
entorno y la conducta del consumidor. Además, los datos muestran una clara
necesidad social de un cambio de modelo, donde la durabilidad, la
reparabilidad y la sostenibilidad sean principios esenciales y no privilegios.
Conclusión
La obsolescencia programada constituye uno de los retos éticos,
medioambientales y económicos más significativos del actual modelo de
consumo. Durante este estudio, se ha evidenciado que esta práctica, en lugar
de ser una consecuencia involuntaria del avance tecnológico, obedece a una
lógica corporativa dirigida a incrementar las ganancias a través de la
disminución intencionada de la vida útil de los productos. Esta táctica ha
provocado efectos relevantes: el incremento en la acumulación de desechos
electrónicos, la explotación excesiva de recursos naturales, el incremento de
las emisiones contaminantes y una gradual pérdida de autonomía por parte del
usuario.
Los datos estudiados muestran que la mayoría de las personas preferiría
mantener sus aparatos por un periodo más largo y tener acceso a reparaciones
asequibles. No obstante, la industria tecnológica ha limitado este derecho, al
desarrollar productos complicados de reparar o al obstaculizar el acceso a
piezas de recambio. Esta discrepancia entre los gustos de los usuarios y la
configuración del mercado señala una imperiosa necesidad de intervención
legislativa y de transformación cultural. En respuesta a esta circunstancia,
proyectos como el "derecho a reparar", el ecodiseño y la economía circular
emergen como opciones factibles y requeridas. Estas sugerencias no solo
facilitan la disminución de la producción de residuos, sino que también
promueven modelos de producción más equitativos y sostenibles. Para lograr
un verdadero cambio, es esencial que los gobiernos, las corporaciones y la
sociedad civil colaboren en equipo, promoviendo políticas públicas,
incentivando la innovación responsable y fomentando la educación en medio
ambiente.
En conclusión, vencer la obsolescencia programada no es meramente un
asunto técnico, sino un deber moral. Es necesario reconsiderar la conexión
entre la tecnología, el consumo y la sostenibilidad, y desarrollar un modelo
económico que honre tanto a los individuos como al planeta.
Bibliografia
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3 González, L., & Morales, J. (2021). Tecnología, consumo y sostenibilidad:
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8 Slade, G. (2006). Fabricado para romperse: Tecnología y obsolescencia en
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