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Monografía Julio Berríos

La monografía de Julio Berríos explora la relación entre ética y periodismo en Chile, destacando la importancia de la ética en la práctica periodística y su impacto en la democracia. Se analiza cómo la desinformación y el sensacionalismo han afectado la credibilidad de los medios, especialmente en el contexto del plebiscito constitucional. El trabajo concluye que es esencial establecer estándares éticos que regulen la labor periodística para asegurar la veracidad y legitimidad de la información.

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Monografía Julio Berríos

La monografía de Julio Berríos explora la relación entre ética y periodismo en Chile, destacando la importancia de la ética en la práctica periodística y su impacto en la democracia. Se analiza cómo la desinformación y el sensacionalismo han afectado la credibilidad de los medios, especialmente en el contexto del plebiscito constitucional. El trabajo concluye que es esencial establecer estándares éticos que regulen la labor periodística para asegurar la veracidad y legitimidad de la información.

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Universidad de Chile

Vicerrectoría de asuntos académicos


Programa académico de Bachillerato

El secuestro de la ética en el
periodismo en Chile

Monografía para la obtención de Grado Académico de


Bachiller en Ciencias Naturales y Exactas

Julio Berríos

Profesora Guía: Betzabeth Guzmán


Santiago, Chile
Noviembre 2024
Índice
Resumen
Introducción
Capítulo 1: Conceptos relevantes
a) Ética y moral
b) Génesis del Periodismo
c) Periodismo y su relación con la democracia
d) Estado de derecho
e) Deontología, teoría ética del utilitarismo y su vinculación con el quehacer periodístico.
Capítulo 2: Antecedentes sobre el plebiscito constitucional en Chile
a) No fueron treinta pesos: Antecedente del estallido social
b) Estallido social
c) Una nueva constitución
Capítulo 3: El poder de los medios
a) Fake news
b) Instauración de una narrativa
c) Contraste de fuentes
d) Resultados de la votación

Conclusión
Bibliografía

Resumen

2
La ética es una rama de la filosofía que juega un rol fundamental en la conformación y
constitución de la vida en sociedad. Fija los pisos mínimos en los que se van a desarrollar las
personas a nivel humano y también profesional, y es la principal razón de que podamos
coexistir como individuos de manera ordenada. Es “la ciencia que trata de la moral, su origen,
desarrollo, reglas y normas de conducta de los hombres, de sus deberes hacia la sociedad, la
patria y el estado” (Romel, Batista, Ortiz, 2015, p. 14).
Tan importante es para la convivencia social, que incluso en las cámaras del congreso
nacional existen comisiones de ética encargadas de que se cumpla este principio en el operar
de diputados y senadores. Es por lo tanto esperable que la ética actúe como un manto que
cubre todas las interacciones sociales, aún más si se trata de profesiones que pueden impactar
en la opinión pública, como el periodismo. La relación entre este último y la ética data desde su
origen, y están intrínsecamente relacionados. Vale la pena plantearse la pregunta, ¿realmente
existe
El siguiente trabajo tiene como objetivo

Palabras claves: Ética, periodismo, estado de derecho, democracia, legitimidad.

Introducción

3
El periodismo como profesión ha ido mutando considerablemente con el paso del
tiempo; desde épocas remotas, la humanidad ha necesitado de la comunicación para compartir
con un otro lo que pasa por su mente. A medida que las sociedades se iban constituyendo,
evolucionando y creciendo, se tornaba cada vez más difícil comunicar ideas y novedades. Ante
esta necesidad, nace lo que hoy, modernamente, conocemos como periodismo; esta disciplina,
previo a su constitución formal, tenía como objetivo informar a las personas de sucesos
principalmente relacionados con la guerra o la política. Además, el formato en el que la
información era entregada solía ser muy compacto, siendo la portada un spoiler de lo que
contenía la gaceta, la cual por lo general no sobrepasaba las cuatro páginas (Díaz, 2017, p. 20 -
22). Con el paso del tiempo, el objetivo primordial de este oficio se ha ido difuminando, junto
con la manera en la que se presentan las noticias a la población. Para Berry (2016) “Less and
less of the content of newspapers is actually news in the traditional sense -information of
importance to readers as citizens and members of communities-” (p. 3), y es que el concepto
que plantea el autor de “lo importante para los lectores y ciudadanos” gana mucho
protagonismo en una era moderna donde lo que se prioriza es la viralización, por sobre la
entrega de información verídica y relevante para el lector y su comunidad, comprometiendo la
calidad y precisión en la entrega de la misma.

Al respecto, Wahl-Jorgensen y Hanitzsch (2009) mencionaron: “news shapes the way


we see the world, ourselves and each other. It is the stories of journalists that construct and
maintain our shared realities” (p. 3). Lo mencionado por ambos autores nos entrega una idea
clara del impacto que puede llegar a tener el oficio periodístico en la sociedad como un todo. Si
las historias de los periodistas son las que construyen nuestras prioridades y le dan forma a
nuestra realidad, queda clara la necesidad de que exista un ente externo que abogue por la
veracidad de la información que recibe la población. Es aquí donde entra en juego la ética, que
posee un rol fundamental en el funcionamiento de la sociedad, puesto que actúa como una
guía de conducta que permite que convivamos como seres humanos de manera civilizada.
Específicamente en el caso del periodismo, gana superlativa relevancia dado el impacto de esta
profesión en la construcción de realidad de las personas. Es por lo anterior, que la relación
entre ética y periodismo es evidente, indispensable e indivisible.

Este tema es abordado por Belsey y Chadwick (2002), quienes mencionan: “ethics is
inseparable from journalism, because the practice of journalism is centred on a set of essentially
ethical concepts: freedom, democracy, truth, objectivity, honesty, privacy” (p. 2). En efecto, si la

4
labor del periodista es entregar información verdadera, objetiva y relevante, le debería ser
imposible desligarse de la ética al momento de practicar su profesión. Sin embargo, hoy en día
es muy común ver y leer noticias con información sin corroborar, poco precisa, e incluso falsa,
que tienen como objetivo construir relatos para que luego sean viralizados por otros medios,
insertándolos en la opinión pública aunque sean desmentidos posteriormente.

Un ejemplo claro es lo que ocurrió en Chile, durante la redacción de la primera


propuesta constitucional, cuando se acusó a sus redactores de ser partícipes de una
“desenfrenada” fiesta en un hotel en Concepción, hecho que fue primeramente expuesto por la
radio Bíobio (Suazo, Parra y Leal, 2021), y posteriormente difundido por otros medios. A pesar
de que esta información fue dispuesta al público sin ser confirmada para luego ser desmentida;
la duda y el repudio hacia la ética de trabajo de los constituyentes ya se había instaurado,
dañando la legitimidad del proceso de redacción, y también al sistema político como un todo.
Además, las palabras que los periodistas eligieron para el titular impactarían directamente en la
recepción de la noticia. El adjetivo “desenfrenado” da a entender que las y los redactores de la
propuesta no estaban siendo responsables, sino todo lo contrario, incurriendo en
sensacionalismo innecesario y premeditado. Al respecto, el Colegio de Periodistas de Chile
(2021), a través de su cuenta oficial de twitter, declaró “repudiamos la difusión de información
no comprobada a través de medios nacionales masivos que solo buscan desinformar a las
audiencias y perjudicar abiertamente el proceso constituyente.” Es por esta razón que se torna
menester la existencia de un código ético que vele por la calidad, veracidad y legitimidad de la
información que entregan los medios de comunicación en Chile, amén de evitar confusiones y
daños al sistema político y democrático del cual somos parte.

A pesar de las necesidades éticas en la labor periodística, en la actualidad muchas


plataformas “informativas” optan por instalar narrativas artificiales o exacerbadas y utilizando su
visibilidad e influencia para promover agendas políticas que reflejan no sólo su línea editorial,
sino también los intereses políticos y económicos de sus propietarios, quienes son, en su
mayoría, empresarios con gran capital y poder. Este hecho ha sido ampliamente estudiado por
expertos en la materia, que han identificado la expansión corporacional a los medios de
comunicación, para tener la libertad de manipular la realidad y controlar la información
circulante: “It is in this context that transnational corporations and regional formations of capital
seek to “colonize communications space” (Boyd-Barrett, 1998; Wahl-Jorgensen y Hanitzsch,
2009, p. 344).

5
Esto es preocupante, dado que la acumulación de poder en pequeños grupos
económicos puede impactar negativamente en el aparato democrático, sobre todo en un país
como Chile, donde el oligopolio mediático está en manos de unos pocos. Al respecto, Gómez
(2016), analiza la teoría hegemónica de Gramsci, y concluye que “la clase dominante ejerce su
poder no sólo por la coacción, sino porque logra imponer su visión del mundo a través de la
escuela, medios de comunicación etc., lo que favorece el reconocimiento de su dominación por
las clases dominadas” (p. 155). Esto es justamente algo que ha ocurrido en nuestro país de
forma recurrente. El ejemplo más evidente es el caso del diario El Mercurio, el cual tuvo un rol
fundamental en el golpe de estado de 1973, al recibir financiamiento directo por parte del
gobierno estadounidense, con el objetivo de potenciar diversos discursos que pusieran en jaque
al gobierno de Allende, para luego justificar el golpe de estado que pusiera fin al mismo (Hersh,
1974). Otro ejemplo es lo expuesto previamente, durante la redacción de la primera propuesta
constitucional, evento crucial en la historia reciente del país y que estuvo marcado por una
intensa campaña mediática y polarización política, donde los medios desempeñaron un papel
clave al amplificar narrativas sin sustento ni comprobación, luego conocidas como “fake news”,
que afectaron enormemente la credibilidad del pueblo en el proceso. Aquí es donde recae la
importancia de que existan de estándares éticos que regulen la labor periodística, puesto que la
forma en la que se comunica un suceso tiene la capacidad de influir directamente en nuestro
modelo de representación democrática; por tanto, la prioridad para los medios de comunicación
debe ser la facilitación de información verídica, objetiva y relevante para la población, que
permita a los ciudadanos sacar sus propias conclusiones al momento de expresar sus
preferencias políticas en las urnas.

Este contexto suscita múltiples interrogantes sobre el actuar ético del periodismo en
Chile: ¿Se nos oculta o tergiversa la información en los periódicos o la televisión? ¿Qué sucede
con las radios y las redes sociales? ¿Cuánta información de la que consumimos diariamente es
veraz? ¿Se puede confiar en los medios de comunicación? ¿Respetan los periodistas chilenos
los cánones éticos mínimos exigidos por una profesión destinada a informar? Estas preguntas
son fundamentales para generar una reflexión en torno al estado actual del periodismo en Chile
y su capacidad para contribuir efectivamente a la democracia y al estado de derecho. Estas
interrogantes constituyen la principal motivación para la redacción de este trabajo , el cual tiene
por propósito general esclarecer el verdadero impacto que tuvieron los medios de comunicación
en los resultados del Plebiscito por una Nueva Constitución.

6
Para lograr el objetivo principal, el trabajo se dividirá en cuatro capítulos: en el primero
se abordarán los conceptos relevantes para el marco teórico en el que se inscribe la presente
investigación. En segundo lugar, se establecerán los antecedentes que dieron pie a la redacción
de la primera Propuesta Constitucional. En el tercer capítulo se abordará la influencia que
tuvieron los medios de comunicación en el resultado de la votación, y cómo este hecho moldeó
la sociedad que habitamos actualmente, visto desde una perspectiva filosófica y sociológica.
Para lograrlo, se analizarán noticias, reportajes y entrevistas realizadas durante el período de
campaña, y se revisará lo que estaba escrito en el borrador con las versiones que exponían y
amplificaban los diversos medios de comunicación en el país. Para finalizar, en el último
capítulo se expondrán las repercusiones reales que tuvo en la sociedad chilena el Rechazo del
4 de Septiembre de 2022, y cómo la propuesta de producir una nueva constitución fue
insuficiente ante las demandas del pueblo chileno, previo al comienzo de su redacción.

Capítulo 1: Conceptos Relevantes

7
En el siguiente capítulo, serán referidos los conceptos ética y moral, periodismo, poder,
estado de derecho, Deontología y Teoría Ética del Utilitarismo. Todos estos son claves y
permiten establecer con claridad el marco teórico en el cual se inscribe la presente
investigación.

a) Ética y Moral

Partiendo desde la base, moral y ética son dos conceptos fundamentales en el estudio
de las humanidades. En primer lugar, la moral “se trata de un hecho universal y humano; así
pues, la primera función de la moral es dar razón de los actos: explicarlos, proyectarlos y
enjuiciarlos” (Fernández, 2005, p. 274). Aquello implica que la moral se encuentra supeditada a
factores externos al ser, pues ésta varía según la cultura, la religión y las tradiciones. A raíz de
lo anterior, entenderemos entonces que la morālis es el conjunto de normas que, como
sociedad y de forma implícita, establecemos para categorizar lo correcto e incorrecto.

Por otro lado, si nos remontamos a la etimología de la palabra ética, ésta deriva del
griego ethos, el cual hace referencia al estudio sistemático de los principios que deben guiar la
conducta humana (Ricoeur, 2002, p. 1-2). Por tanto, la ética no se limita a establecer normas o
reglas sobre cómo debemos comportarnos (como sí lo hace la moral), sino que va más allá, al
buscar examinar las razones y principios subyacentes que justifican esas normas. Al respecto,
filósofos de todas las épocas han planteado diversas corrientes que tienen relación con la ética
como el utilitarismo de Stuart Mill, o la ética deontológica de Immanuel Kant.

Si bien ética y moral son conceptos distintos, ambos están intrínsecamente


relacionados. Por un lado, la moral establece las bases para la vida en sociedad siendo un
conjunto de normas y valores que guían nuestras interacciones y comportamientos. A su vez, la
ética cobra valor como una herramienta que permite cuestionar estas normas, con el fin de
evaluar su validez y relevancia, brindándonos la capacidad para reflexionar sobre el actuar
individual y de terceros, además de las consecuencias que estos actos pueden desencadenar.
Esta interdependencia entre ambos conceptos genera una relación simbiótica. Sin un marco
moral, la ética carece de contenido sobre el cual reflexionar; a la inversa, sin reflexión ética,
nuestras normas morales podrían volverse rígidas, dogmáticas y estigmatizantes. Así, la ética y
la moral se nutren y complementan, fomentando y enriqueciendo la comprensión de la conducta
humana, finalmente permitiéndonos vivir en sociedad.

8
b) Génesis del Periodismo

Aquello que diferencia a la humanidad del resto de seres que habitan el planeta, es su
capacidad de comunicación, que le ha permitido establecer complejas estructuras sociales, las
cuales se desarrollaron y nutrieron hasta formar la sociedad como la conocemos. El hecho más
importante del proceso, ocurre cuando se deja de lado la vida nómade, y en su lugar se crean
asentamientos permanentes, que permitieron un desarrollo mucho más profundo en términos
políticos y comunicacionales en sus habitantes. Sin embargo, a medida que los pueblos,
ciudades y países se fueron consolidando y expandiendo, la comunicación entre sus
ciudadanos se complejizó, debido a la creciente cantidad de habitantes. Esto generó la
necesidad de crear un mecanismo que permitiera mantener a la población al tanto de los
sucesos más relevantes de su día a día, aunque en un comienzo, el porcentaje de la población
que sabía leer y escribir era muy reducido. Este hecho limitaba la calidad de los periódicos,
puesto que al estar enfocados únicamente en hombres jóvenes, ricos y capaces de leer,
generalmente su contenido trataba de materias económicas o religiosas (Wahl-Jorgensen y
Hanitzsch, 2009, p. 18). Sin embargo, esta dinámica mutaría considerablemente con las caídas
de las monarquías en Europa, pues la revolución francesa jugó un importante rol en cambiar las
prioridades del público no sólo en Francia sino en todo el continente. Con la posterior revolución
industrial e invención de la imprenta, el periódico se transformó en el principal instrumento de
información y discusión política, que sumado a la creciente alfabetización de la población, le
terminó por consolidar como el principal recurso de la revolución.

Debido al cambio en la estructura de poder en las sociedades, se crearon nuevos


periódicos impulsados y financiados por burgueses, cuya función pasó a ser la representación
del vox populi, dado que la estabilidad de los gobiernos emergentes (sobre todo en Francia)
dependía del apoyo de la opinión pública, constituyéndose así el reconocido “cuarto poder”,
término acuñado por primera vez por Edmund Burke en 1771. Con el paso del tiempo y la
acumulación de experiencia, las democracias se fueron consolidando como el principal sistema
de gobierno en el mundo, y comenzó a surgir en sus líderes la necesidad de informar a su
población a través de canales institucionales. Lo anterior centralizó la difusión de información en
los gobiernos, los cuales consideraron esencial mantener el control sobre la opinión pública
para mantener su legitimidad e integridad, desarrollando herramientas de control como la venta
de licencias de prensa y la censura (Wahl-Jorgensen y Hanitzsch, 2009, p. 19).

9
Es aquí donde nace el concepto de libertad de prensa, el cual se convertiría en una de
las principales narrativas en el surgimiento de lo que hoy en día se conoce como periodismo.
Este concepto nace en Francia,

Es aquí donde nace el concepto de ética periodística, el cual hace referencia a los
principios que orientan el ejercicio del periodismo, tales como la búsqueda de la verdad, la
imparcialidad y la responsabilidad social (AGREGAR CITA). Estos pilares éticos son esenciales
para… sobre todo en un contexto como el actual en en donde la desinformación puede
viralizarse rápidamente.

En este contexto, más allá de incentivar al lector a cuestionar la información que lee, se
debe comprender que todo acto periodístico debería estar regulado por la ética pues las bases
del periodismo son…

c) Periodismo y su relación con la Democracia

En la actualidad, no existe uno sino varios medios (redes sociales, televisión, internet,
radio, entre otros) por los cuales la población puede informarse, sin embargo, no todo puede ser
considerado noticia, y por lo tanto, fruto del periodismo. Debido a la globalización, el acceso a la
información es mucho más rápido y expedito comparado con épocas anteriores pues el internet
y “el ciberespacio ponen al servicio de los ciudadanos un cátering de fuentes de información.
Una época de abundancia en la que las redes sociales son también un canal más al que
recurren los ciudadanos para informarse, especialmente los jóvenes” (Rodríguez, 2019. p.
66). Lo anterior, puede resultar en un arma de doble filo, puesto que lo que antes se
consideraba noticia debía cumplir con un estándar mínimo de calidad, mientras que ahora es
mucho más complejo regular qué y cómo se informa debido a la cantidad de medios
disponibles.

La ética periodística se sitúa como una de las piedras angulares de las sociedades
democráticas, actuando como un fiscalizador del poder y ofreciendo un espacio para el debate y
la deliberación. Esta función es fundamental, ya que “modern political democracy is a system of
governance in which rulers are held accountable for their actions in the public realm by citizens,

10
acting indirectly through the competition and cooperation of their elected representatives”
(Schmitter y Karl, 1991, p. 76).

La rendición de cuentas de quienes nos gobiernan es esencial para el funcionamiento de


una democracia saludable, y los medios de comunicación juegan un papel crucial en este
proceso. La falta de un periodismo ético y responsable puede amenazar y debilitar la
democracia, ya que se difumina la línea entre dichos y hechos. En este contexto, se espera que
los medios de comunicación aseguren que “la expresión del conjunto de las opiniones políticas
no sea solo aquella afín a los intereses de los propietarios” (Becerra y Mastrini, 2006, p. 10). Sin
embargo, la realidad es que la propiedad de los medios a menudo determina qué voces son
escuchadas y cuáles son silenciadas, lo que tiene un impacto directo en la pluralidad
informativa y, por ende, en la calidad del debate democrático.

Es aquí donde nace la necesidad de que existan pisos/estándares éticos mínimos que
rijan a las profesiones que pueden impactar mayormente en la opinión pública, haciendo
imprescindible que la educación que se le brinde a dichos profesionales involucre mayor
profundidad en los aspectos éticos de la misma. Como menciona Lavados (1993), rector de la
Universidad de Chile entre 1990 y 1998: “es fundamental que todos los periodistas que salen de
las universidades del país puedan tener claridad acerca de su creciente misión cultural. Pero
eso no se puede desarrollar si primero, como ya lo indiqué, no somos capaces de transformar la
información en conocimiento y luego, si a ese conocimiento no le agregamos una gran dosis de
ética” (p. 15). Esta declaración destaca la importancia del rol periodístico, el cual no debe
únicamente informar, sino también educar al público, transformando los datos y hechos en
conocimiento crítico. Sin una formación ética adecuada, los periodistas pueden convertirse en
simples instrumentos serviles a los intereses de los propietarios de los medios donde trabajan,
en lugar de ser representantes del interés público, como lo fue durante la era del “cuarto poder”.

En Chile, la concentración de la propiedad de los medios ha generado preocupaciones


significativas en la cúpula académica, en particular sobre la pluralidad informativa y la calidad
del periodismo. El Mercurio, por ejemplo, es uno de los diarios más influyentes en el país y está
bajo la propiedad del Grupo Edwards. Históricamente, este diario ha mantenido una línea
editorial ultraconservadora, lo que ha llevado a cuestionar su imparcialidad, y por lo tanto su
influencia, especialmente durante períodos críticos como la dictadura de Pinochet (BBC, 2017)
y el estallido social de 2019. Su cobertura de temas sociales ha sido criticada por minimizar o

11
deslegitimar las demandas populares, lo que refleja claramente cómo la propiedad privada los
medios puede influir en la representación popular de las realidades sociales y políticas. Otro
ejemplo relevante es La Tercera, que pertenece al grupo Copesa y que ha sido acusada de
favorecer ciertos intereses políticos y económicos. Al igual que El Mercurio, su cobertura en
relación con reformas sociales y económicas también ha levantado preocupaciones sobre la
imparcialidad de la información que le brindan a sus lectores.

La influencia que estos medios tienen en la opinión pública se ve reforzada por su


amplia circulación en prácticamente todas las regiones del país, además de su extensa
presencia en redes sociales, lo que agrava la situación. La conexión entre financiamiento y línea
editorial hace aún más importante la necesidad de transparencia y probidad en los medios de
comunicación, y por tanto, en el ejercicio de las y los periodistas que trabajan en ellos. Conocer
quiénes son los dueños de los medios y cuáles son sus intereses políticos puede ayudar al
público a analizar la objetividad de la información que consumen; ya que, “los medios de
comunicación no solo influyen en nuestra percepción del mundo, sino que también pueden
construir realidades” (Califano, 2015, párr. 17), pudiendo representar la realidad que más les
favorezca, que por tanto debe ser cuestionada constantemente por sus lectores. La falta de
estándares éticos mínimos en el oficio periodístico, en un contexto de creciente desconfianza
hacia los medios, se convierte en un factor crítico que afecta duramente su credibilidad. La
probidad es un valor fundamental, y aplicarlo a este oficio puede contribuir a la recuperación de
la confianza en los medios, permitiendo una ciudadanía más informada, crítica y por ende,
democrática.

En los últimos años, la discusión sobre la transparencia en la propiedad de los medios


ha cobrado mayor fuerza en Chile. Iniciativas como el proyecto de ley para la regulación de la
propiedad de medios, conocida como “ley de medios”, buscan fomentar una mayor pluralidad
informativa, asegurando que no solo unos pocos grupos controlen la mayoría de la información
accesible a los ciudadanos. No obstante, la implementación de estas políticas enfrenta desafíos
significativos, incluyendo la resistencia de los grupos de poder, que ven amenazados sus
intereses económicos y políticos, y su dominante hegemonía. Este concepto fue abordado
originalmente por Gramsci, y posteriormente analizado por Montali (2019), quien afirma:

El concepto de hegemonía en Gramsci se refiere a la estrategia desplegada por


un determinado grupo social para generar la aceptación de sus propias

12
posiciones ideológicas entre los otros grupos sociales por medio de la persuasión
y el consenso, a través de lo cual esa clase social logra establecer su dirección o
liderazgo ideológico sobre las otras clases sociales. El ámbito en el que se
desarrolla la lucha entre las clases para establecer su hegemonía es el de la
sociedad civil (p. 230).

El concepto de hegemonía de Gramsci da sentido sobre cómo los medios actúan como
instrumentos de poder y control ideológico en la sociedad. Este concepto implica que un grupo
social dominante logre establecer su visión del mundo como la norma o la verdad. En este
contexto, los medios de comunicación juegan un papel crucial pues estos tienen el poder de
moldear la opinión pública y, por ende, construir realidades sociales. Así, los medios pueden
reforzar las ideologías del grupo dominante al presentar información en pos de sus intereses
económicos o políticos.

d) Estado de Derecho

¿Qué es el estado de derecho, y por qué es tan importante para esta investigación?
Para responder estas interrogantes, se comenzará citando a Ríos, Enríquez, Espejel, y Galindo
(2015), quienes definieron al estado de derecho como “una condición en donde todos los
ciudadanos, incluidos los gobernantes y las instituciones, deben seguir la ley. Esto requiere la
separación de poderes, la igualdad ante la ley, un sistema equitativo de justicia y la seguridad
general de los ciudadanos” (p. 2). Es decir, una definición moderna de lo que cotidianamente se
conoce como democracia. Esta condición fue abordada y definida en primera instancia por Lon
Fuller en su obra The Morality of Law (1965), y ha servido como referencia para aplicar este
sistema al resto de democracias en el mundo. Explicado con palabras simples, el estado de
derecho es aquello que permite la separación de poderes del estado, la igualdad ante la ley,
igualdad de trato ante la justicia, la protección y cuidado de la propiedad pública y privada en un
país determinado.

En el caso de Chile, ya hay expertos que han abordado el debilitamiento de esta


condición, como Miquel Agosin, docente en la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la
Universidad de Chile, quien el 26 de Mayo de 2021 mencionó que: “En líneas generales,
podemos decir que en Chile impera el estado de derecho: contamos con elecciones periódicas
y normadas, tanto para Presidente como para el parlamento; los tribunales de justicia funcionan;

13
la mayoría de las veces, los individuos e instituciones actúan con apego a la ley vigente. Pero la
evidencia de los últimos años nos señala que el estado de derecho se ha visto gravemente
debilitado” (párr. 1). Sus principales argumentos para plantear esta idea son los hechos de
violencia que ocurrían periódicamente en la región de la Araucanía, la quema del Metro y la
inexistencia de condenados ante un atentado de tal magnitud, y por último la difuminación de la
línea que divide las atribuciones de los tres poderes del estado, al ser el congreso nacional el
órgano que planteó la idea de los retiros de fondos de pensiones, atribución exclusiva del
presidente de la república. Por último, Agosin (2021) advierte que es “de suma importancia que
no sigamos descendiendo por esta peligrosa pendiente (...) Sin estado de derecho y sin que
cada poder del estado cumpla con lo que dispone la Constitución, no tendremos ni desarrollo,
ni, lo que es más grave, democracia.” (párr. 5). Este último párrafo enlaza al estado de derecho
con la democracia, siendo una especie de sostén de la misma; es decir, sería imposible
conciliar una democracia sin un estado derecho robusto que la sustente.

A la vez, la relación entre periodismo y estado de derecho es evidente en tanto la labor


periodística, como fue mencionado previamente, constituye la construcción de nuestra realidad.
Según Alsina (1993):

Concibo la construcción de la noticia como un tipo especial de realidad: es la realidad


pública. Desde este punto de vista habría que hablar de la construcción de la realidad
social. Los periodistas son, como todas las personas, constructores de la realidad de su
entorno. Pero además dan forma de narración a esta realidad y, difundiéndola, la
convierten en una realidad pública (pp. 10 - 11).

Esta realidad pública se basa en la capacidad de construcción social que tienen los
medios de comunicación masivos, y su potente penetración en las opiniones de las personas.
Siguiendo esta misma línea, no es descabellado pensar en la potestad que guardan los medios
para alterar las percepciones de la gente, y por ende, la legitimidad del estado de derecho del
país que habitan. Sin ir más lejos, este tema fue abordado por Valdebenito (2006), quien
menciona: “cuando el pueblo alemán se enteró de los horrores de los campos de concentración
nazi, a una parte importante de ellos le costó creer en lo que se informaba porque durante los
ocho o diez últimos años toda la prensa estaba controlada por el Reich y el contexto informativo
de la época era totalmente contradictorio con lo que posteriormente se informó” (p. 23). En
efecto, la concentración de los medios de comunicación en un pequeño grupo de personas

14
(sean o no afines al gobierno de turno) puede llevar a una total alteración de la percepción
pública, y por tanto, la desarticulación o debilitación del estado de derecho.

e) Deontología, Teoría Ética del Utilitarismo y su Vinculación con el Quehacer


Periodístico.

Antes de comenzar con el siguiente capítulo, es importante explorar y definir los


parámetros filosóficos en los cuales se desarrollará este trabajo y su vinculación con la
temática. En primera instancia, éste sentará sus bases en la teoría deontológica Kantiana, en la
cual el autor (Immanuel Kant) plantea dos conceptos que permiten categorizar el actuar ético de
las personas: imperativo hipotético e imperativo categórico. El primero, según Yarce (2009) se
define como “la obligatoriedad que tiene el sujeto de realizar una acción, pero en cuyo trasfondo
se oculta una intención, es decir, que el sujeto quiere obtener un fin determinado” es decir, el
sujeto actúa con un propósito en mente, buscando un resultado en específico. Por otro lado, el
imperativo categórico “expresa la necesidad de una acción por sí misma, sin necesidad alguna
de considerar el fin que se obtiene con ella” (p. 116) es decir, corresponde a un mandato moral
que debe cumplirse sin importar los fines o consecuencias que ésta tenga. Esta perspectiva
implica que los periodistas deben actuar con base en normas morales que respeten la dignidad
humana, la verdad y la imparcialidad, sin importar el impacto o la conveniencia de sus
decisiones. Es decir, un periodista tiene el deber de informar con objetividad y honestidad, sin
tomar atajos ni distorsionar los hechos para lograr un fin, ya sea económico, político o de
cualquier otra índole.

A la vez, Stuart Mill en su teoría ética del Utilitarismo sostiene que una acción es buena
si produce la mayor cantidad de felicidad para la mayor cantidad de personas. Según Anderson,
(2004), éste consiste en que: “Para determinar si una acción es moral uno debe simplemente
calcular las consecuencias buenas y malas que resultarán de una acción específica” (p. 3). En
el contexto periodístico, el utilitarismo implica que los periodistas deben tomar decisiones
basadas en cómo sus reportes afectarán al bienestar de la sociedad. Si bien estos
profesionales tienen la obligación de informar con la mayor objetividad posible, el enfoque
utilitarista podría llevarlos a considerar también las consecuencias sobre la forma con la que se
presentan los hechos. Sin embargo, esto no debe implicar la distorsión deliberada de los
mismos, sino un análisis ético de las repercusiones en la forma; es decir, un periodista ético

15
debe buscar equilibrar la necesidad de reportar con precisión los hechos con la responsabilidad
de no causar daño innecesario al bienestar social.

Capítulo 2: Antecedentes del plebiscito constitucional en Chile

a) “No fueron treinta pesos”: Antecedente del estallido social

La sintomática frase “no fueron treinta pesos” fue ganando vasto protagonismo a medida
que se desarrollaba el estallido social, con especial énfasis en su génesis. Este fenómeno, que
despertó el interés de la comunidad internacional, no puede explicarse tan sólo con el alza del
precio del transporte público, ya que existen muchos otros factores que fueron generando
lentamente una sensación de malestar e injusticia en la población chilena. Estos hechos fueron
abordados por Jiménez (2020), quien realizó una profunda contextualización a la situación que
experimenta un ciudadano promedio en nuestro país: Chile es el país más caro para vivir en
latinoamérica en cuanto a servicios públicos, nuestro servicio de transporte es uno de los diez
más caros del mundo, nuestra educación superior es una de las más costosas del planeta, los
medicamentos tienen el valor más alto en latinoamérica, nuestro sistema de pensiones apenas
puede garantizar un 50% del sueldo al momento de acceder a una jubilación, y el monto final
suele ser mucho menor, acceder a una buena salud también suele ser tremendamente costoso,
y finalmente, el nivel de deuda de un hogar chileno promedio alcanza un 73% del ingreso total,
es decir, que el ciudadano promedio se debe endeudar para poder subsistir.

Estos altos costos de vida sin duda tienen una repercusión en la salud mental del
pueblo. Este tema fue abordado por CIPER, quienes concluyeron: “pocos días antes del
estallido social, el Banco Central informó que el endeudamiento de los hogares alcanzó un
máximo histórico en el 2018, representando el 73% de sus ingresos disponibles anuales.
Actualmente 11 millones de chilenos mantienen deudas financieras y el 34% de los mayores de
18 años (4,6 millones de personas) registra deuda morosa. En otras palabras, uno de cada tres
chilenos no ha podido cumplir con sus compromisos financieros” (Jiménez, Jiménez, Rojas,
2019, párr. 3). Además,

Dos estudios realizados por Hojman, Miranda y Ruiz-Tagle han mostrado una mayor
presencia de síntomas depresivos en personas con estados persistentes de
sobreendeudamiento (...) Por otro lado, a partir de datos recolectados durante el 2011,

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un estudio de Orchard y Jiménez muestra la existencia de una asociación significativa
entre endeudamiento y síntomas depresivos, particularmente con la percepción de no
poder pagar las deudas (Jiménez, et. al., 2019)

Otro factor relevante es la cantidad exacerbada de casos de corrupción que han sido
noticia en Chile en los últimos diez años, por ejemplo: caso Penta (financiamiento irregular de la
política), la colusión del papel higiénico, el caso SQM, la colusión de las farmacias, los pollos y
los pañales, entre otros, sin duda han dinamitado la confianza del público en las instituciones,
sobretodo cuando las condenas han estado lejos de ser ejemplares, como en el caso penta,
donde se sancionó a los infractores con clases de ética, constituyendo una burla para la opinión
pública.

Finalmente, la gota que rebalsó el vaso fue la inoportuna declaración del entonces
ministro de economía, quien ante el alza del pasaje, respondió a la inquietud de la ciudadanía
con evidente falta de empatía. Este suceso, fue planteado nuevamente por Jiménez (2020) de
la siguiente manera: “La gente perdió la confianza en una clase política tradicional,
conservadora, liberal y totalmente alejada de las sensaciones del pueblo, situación que se vio
plasmada en la famosa frase del secretario de Economía, Juan Andrés Fontaine, quien, ante el
alza del valor del Metro y de forma nada empática, dijo: “[...] quien madrugue puede ser
ayudado a través de una tarifa más baja [...]”.

b) Estallido Social

El estallido social comienza el 19 de Octubre del 2019, con estudiantes del Instituto
Nacional quienes rápidamente fueron acompañados de estudiantes de otros centros
educacionales y universidades en su misión de saltar los torniquetes del metro Bellas Artes,
como medida de protesta ante el alza del precio del pasaje, pero también en contra de las
declaraciones del ministro Fontaine (DW). Ese mismo día se produjeron diversos hechos de
violencia en todas las regiones del país, el más llamativo y relevante fue la quema de siete
estaciones de metro, hecho que tiene implicaciones mucho mayores que constituir un simple
acto terrorista. Dado que el Metro de Santiago cumple la función de unificar a la ciudad a través

c) Una nueva Constitución

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A raíz del estallido social, se fortaleció la idea de crear una nueva constitución. Lo que
empezó siendo un sueño utópico terminó transformándose en una realidad gracias a
Algo que llama mucho la atención, es la resolución a la que llegaron las autoridades del
momento. El sistema político en Chile está caracterizado por su polarización, y desde el retorno
a la democracia, siempre han estado bien definidos los partidos de oficialismo y oposición.
Dado que el estallido social fue una manifestación del malestar generalizado en la población,
nunca existió una figura política que lo representara de manera directa, por más que se hayan
querido apropiar del mismo. El pueblo chileno salió en representación propia, con exigencias
demarcadas y que ya habían foco del debate antes: no más afp, no más tag, no más isapres, no
más mercantilización de la educación, entre otras. Es entonces que cabe plantear la
interrogante: ¿por qué se resolvió realizar un plebiscito que planteara la creación de una nueva
constitución? ¿era realmente la constitución vigente, el origen de todos los problemas que
aquejaban a la sociedad que salió a manifestarse? ¿qué pasó con las demandas concretas que
exigía la gente?

Capítulo 3: El poder de los medios

a) Instauración de una narrativa

La inversión en la campaña del rechazo superó en doscientas veces el monto recaudado


por la campaña del apruebo, monto que no considera el bombardeo mediático que recibió el
proceso por parte de diarios, radios, entregas presenciales de propuestas falsas, y lo más
grave: un sueldo millonario en la universidad San Sebastián por sabotear el proceso, ofrecido a
todos los constituyentes que quisieran recibir una remuneración por mentir, desinformar, aterrar,
sabotear.

Porque queda en absoluta evidencia el control mediático que tienen los grupos
económicos sobre la población de nuestro país. El sistema de entrega de información en Chile
es esclavo del mejor postor. La noticia sobre delincuencia que aparece en televisión, el
comercial que se escucha en la radio a favor de las AFP, la portada del diario con el escándalo
del día constituyente del día, fueron y son minutas políticas, generalmente redactadas y
supervisadas por profesionales que accedieron a la educación superior, y que abandonaron
toda ética profesional al decidir, por dinero, tergiversar información, causar pánico en la
población, y desviar la atención de los escándalos de corrupción.

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b) Contraste de fuentes

c) Fake news

d) Resultados de la votación

Conclusión

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