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El Paisaje; del origen al contra-paisaje

Se exhibe hasta el 13 de Septiembre de 2015 en el Museo Carrillo Gil de Ciudad de México


la 1ra. Bienal Nacional de Paisaje convocada desde el Instituto Sonorense de Cultura.
Una reveladora exposición que amplifica y reafirma desde diversas vertientes plásticas la
aproximación al paisaje como género dentro de las artes visuales contemporáneas. El
interés en el paisaje como dispositivo artístico de reflexión social e ideológico decayó en
las prácticas contemporáneas menospreciado al ser desplazado por el despliegue creativo
del arte de acción, las expresiones espectaculares de instalación, la interacción creativa con
el público, o la potenciación de lo audiovisual de la imagen en movimiento junto a la
pintura neoexpresionista o el arte objeto enfocadas a la reconsideración de las estrategias de
representación en la situación de la imagen en una sociedad dominada por la cultura visual
de entretenimiento y la expansión tecnológica.

¿Se vuelve a considerar con atención el paisaje como tema y como género de
producción visual de la imagen? Por lo menos, esta iniciativa denota el interés actual de la
reflexión de los artistas abordando el paisaje como determinante de la mirada. En el año
2013, con varios artistas en la exposición “Ciclorama”, el Museo Tamayo apuntaba el
interés por el tema del paisaje como mitología e imaginario construido por la estructura
cultural con la musealización de la mirada y el paisaje: “Ciclorama y Juan Downey en
Museo Tamayo” ([Link]/Page/file/art2013/[Link]). Y
recientemente se trazaba el desarrollo de la contribución del paisajismo ingles en el
MUNAL de Ciudad México, y ahora esta recopilación contemporánea con la Bienal de
Paisaje. Estas exposiciones revelan el incremento de atención al género paisajista en el
siglo XXI.

Aunque el paisaje se afirma como género destacable en Francia desde la corriente


impresionista en el siglo XIX, puede desentrañarse su evolución y autonomía como
objetivo selecto de representación desde las obras del siglo XVII en Europa, que en los
motivos de la pintura inglesa tendrá un desarrollo y atención destacada.

Por otro lado, el paisajismo mexicano adquiere relevancia a partir de las escuelas al
aire libre en los años de la huelga en la Academia de San Carlos durante la generación de
Siqueiros y Dr. Atl, quienes usaron Xochimilco, Coyoacán o Churubusco como escenarios
pictóricos que brindaban una riqueza colorida con el sol y la naturaleza. Pero, con la
evolución de los planteamientos artísticos la atención a la producción y enseñanza del
paisaje fue desapareciendo. El paisaje como tema nuclear de la obra de arte visual quedó
relegado a ser medio auxiliar de conceptualización de la pintura o la fotografía; ahora, el
uso del género del paisaje se incrementa y se desborda hacia las artes visuales en general.

1
Es significativa la elección de las obras premiadas en esta Bienal por el jurado
compuesto por Gerardo Mosquera, Itzel Vargas y Carlos Palacios como constatación de la
inclinación de los artistas a abordar el territorio como espacio de reflexión con la fotografía
aérea de Pablo López (“Desierto de Cohauila III. Proyecto Frontera”), y la crítica al
sistema de representación con el video de Oscar Hernaín Bravo (“Nueva cartografía”) En
su conjunto, la muestra ofrece un acercamiento al fenómeno del paisaje como inventario de
posibilidades en formas y aproximación estratégico conceptual coinciden, a menudo, en la
evocación y metáfora como recurso de representación.

Creo que con esta Bienal lo que resulta interesante, más allá de las obras
particulares seleccionadas, sería la cuestión de si esta renovada atención al paisaje es un
síntoma del cambio que atraviesa el pensamiento cultural actual. La disolución del sujeto en
la ideología posmoderna potenció la visión del cuerpo humano como enfoque de la
representación haciéndolo vértice de las reflexiones de lo social y lo histórico. En esta etapa
actual, donde se reconsidera el pensamiento posmoderno, pugnando por una recuperación
de la Modernidad donde reaparece la mirada y el ser del “sujeto” que contempla. El paisaje
se erige como un medio de comprensión estética de la realidad; una renovación de la
imagen del mundo ante el momento que atravesamos donde la imagen es la forma de la
experiencia contemporánea. El paisaje transciende sus parámetros como género artístico
expandiéndose a ser referente ideológico del momento cultural y conduce la mirada
cognoscitiva a la comprensión de las razones de la práctica artística. Gabriel Boils,
coordinador de la 1ra. Bienal Nacional del Paisaje, enfatizaría la mirada como elemento
primordial al definir así el paisaje: “…es la mirada desde un punto de vista sobre la
naturaleza, sobre el entorno, mediada por una cultura”; aunque creo se queda escaso en
una definición actual del paisaje.

En 2011, la exposición “Roma, Naturaleza e Ideal. Paisajes 1600-1650”, del Museo


del Prado, recogió el origen del paisaje como género autónomo desde el paisaje clasicista
del italiano Annibale Carraci que los pintores franceses Nicolas Poussin y Claudio de
Lorena encumbrarían con la solemnidad de la arquitectura clásica y que, con Velázquez se
inauguraría una distinta mirada a la naturaleza, hasta llegar al paisaje barroco naturalista y
lumínico en los Países Bajos con Rembrandt, y en Italia con Canaleto quienes establecerían
la afirmación del espacio y la perspectiva.

Una exposición en México “Landscape of the Mind” de la colección Tate expuesta


en el MUNAL de la Ciudad de México se adentró en la evolución del paisaje en Gran
Bretaña que debido a la escisión de la Iglesia anglicana con la Iglesia de Roma y su
prohibición de la representación de imágenes de santidad, se volcó a ensalzar el entorno
natural y mitológico. La muestra abarcaba la obra del paisajismo inglés de 1690 a 2007,
apareciendo cómo el paisaje romántico británico fue usado como dispositivo en la
conformación del imaginario nacional para legitimar el discurso imperialista británico
fundado en la recuperación de los valores del pasado grecorromano. Así se revelaba al
paisaje como medio de afirmación del pensamiento nacionalista a través del canon de la
pintura romántica y las ruinas romanas.

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El género del paisaje instaura en Europa la experiencia de lo sublime en la
interacción con la naturaleza. En el siglo XVII se instituyó una forma de turismo ilustrado
entre los nobles ingleses al concluir sus estudios recorriendo Europa con la intención de
conocer colecciones de arte, ruinas y paisajes selectos. Muchos de los artistas iban
buscando paisajes que se divulgaron en esa época bajo las categorías de lo sublime y lo
pintoresco. De ahí procede la forma cultural turística actual, y la difusión del género del
paisaje que extendió la mirada común sobre la idea del paisaje, al que los museos
contribuyeron en buena medida por su atención sobre este género.

El nacimiento de la abstracción pictórica se vincula con el espíritu del paisaje


romántico a través de la categoría estética de lo sublime. La disolución de la forma que
propicia la obra de Turner abre paso a la abstracción del paisaje con la obra de Mondrian,
Van Gogh o Kandinsky hasta configurar la expresión abstracta de Rothko, o Pollock. La
exposición del MUNAL conduce al espectador a través de los estilos que alberga, hasta
señalar la actualidad del mismo en sus variantes posibles como la obra de inmenso tamaño
de David Hockney “Grandes árboles cerca de Warner” compuesta de 50 paneles
agrupados a lo largo de más de 12 metros, o la pieza de instalación de Richard Long de
círculos concéntricos representando el estilo “Land Art”.

Esa convención representativa del paisaje romántico-histórico de corte sublime


enfocado a la presentación escénica de espacios naturales se quebró iniciando con el
Cubismo y el Futurismo el paisaje urbano a comienzos del siglo XX, que el pintor André
Lhote en su “Tratado del paisaje” alentaba a distanciarse del paisaje constituido por la
sucesión de árboles, terrenos y casas: “… existen verdaderos paisajes metálicos creados por
el hombre: las torres, los gasómetros, los depósitos de agua…”

Desde que el paisaje se instala como género autónomo renueva la mirada en


relación a la naturaleza, que es exaltada al considerarla digna de ser representada en pintura
o fotografía como algo “pintoresco”. Hay que señalar que la operación de mirar un paisaje
no es una acción ineludible aunque los componentes de la naturaleza estén en el campo de
la visión, pues el régimen escópico, ese conjunto de impulsos culturales internos que
determinan nuestra manera de ver, convoca la mirada en dimensiones distintas. Apreciar la
naturaleza se ha transformado ya en una reflexión innata en el hombre de la ciudad, aunque
no se presentaba así anteriormente en la percepción del ser humano; los museos y la
ideología cultural construyen la mirada sobre lo que es valorable representar.

El paisaje desde su representación posibilita la valoración y reflexión a través del


panorama del entorno que circunda al ser humano. Sus influencias y evolución señalan el
desarrollo del pensamiento social y político. Es en esta coyuntura plástica actual por lo que
es significativa la 1 Bienal Nacional del Paisaje con un total de 51 artistas y 52 obras
seleccionados entre 637 participantes con 1406 obras.

El paisaje es la apreciación visual individual o colectiva mediatizada por la


construcción cultural, volcada en la materia, bidimensional o tridimensional, fílmica o en
sonido, desde la que se presenta un territorio, espacio real o imaginario, que edifica una
visión o pensamiento en el receptor. El paisaje es tierra, montañas, aire, humo, vegetación,

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edificaciones, firmamento, espacios interiores, ruinas,… Y se adentra más allá del motivo
temático donde la representación del paisaje como acción cartográfica se vuelve simbólica
y dinámica albergando tensiones, bellezas y denuncias.

La pintura mostrada en esta Bienal aparece como ficción narrativa concibiendo el


color como dispositivo retórico de idealizaciones, o se centra con las obras presentadas en
la forma como desvelamiento del objeto de la mirada abarcando desde la figurada montaña
en la azotea, a la concreción del cubo de cemento incrustado en el espacio pictórico
romántico, pasando por pura abstracción de manchas que originan nuevos espacios
reflexivos en la significación de lo celeste o lo terrenal. La pintura y el dibujo se adentran
por áreas de sentido desde lo romántico de la visión del entorno natural desentrañando los
recursos matéricos o potenciando metáforas haciendo converger ideas y panoramas
gráficos, hasta la fotografía que revela el deterioro urbano y el caos de la periferia de las
ciudades donde lo cotidiano se transforma en espacios transitorios desprovistos de
identidad.

Una de las obras premiadas es “Nueva cartografía”, un video-registro de la acción


del artista poblano Hernaín Bravo que va marcando en el cristal de la ventana contornos
de lo que observa, circulando por la ciudad de Puebla, en un viaje en autobús de transporte
público. La imagen en movimiento de los videos presentados en la Bienal compone vías de
reconsideración teórica del paisaje o la utópica presentación de lugares que cuestionan el
entorno social y sus conceptos reconsiderando límites tras lo que llega el contra-paisaje: el
registro simbólico de mirada introspectiva, claustrofóbica, adentrándose en los intersticios
de la separación entre dos edificios.

La fotografía otorga visiones fragmentadas y totales que, deslocalizadas, se mueven


entre el archivo y la percepción directa. La reconsideración del desierto como espacio
simbólico fronterizo deja el sentido de lo sublime paisajista depositado en lo singular del
cruce fronterizo por un espacio inhabitable como muestra la fotografía premiada “Desierto
de Coahuila III” de Pablo López. Otras fotografías señaladas con mención honorífica
fueron las de Fernando Brito que descienden a la constatación de la aterradora realidad:
“El campo (Suicidio en Balbuelna)” y “Tus pasos se perdieron en el paisaje”.

La fotografía plantea también el recuerdo del mismo modo como el dibujo actúa
rememorando tiempo y espacio pasados, que las imágenes fijas en soporte o las mentales
convocan. Unas veces son la apropiación y nostalgia de la mirada costumbrista recuperando
el pasado desde sus fantasmas, hasta lo concreto y real que protagoniza la obra como la
desplegada en vertientes técnicas inusuales (Fotograbado, impresión electrográfica,
intervención en polímero…) que resultan en texturas y significaciones diversas de la
imagen a través del paisaje. En ocasiones, los artistas intervienen la imagen fotográfica
reforzando metáforas en la construcción plástica del sentimiento y de la emoción humana
acercándose a un panorama de lo íntimo desde el dilatado paisaje, y en otras la misma
captura fotográfica registra imágenes ensoñadas de vastos territorios o sueños anhelados.

El tecno-romanticismo se filtra en el género del paisaje donde la tecnología se


inserta como alegoría del espacio natural, territorios virtuales, cartografías de la

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imaginación donde los sistemas digitales de búsqueda en la red de internet como “google”
establecen nuevos parámetros de visión intangible que se contraponen a la percepción
asumida de los territorios. Las nuevas aproximaciones satelitales expanden y concretan
paisajes desde la renovada visión de las panorámicas de punto de vista elevado hasta
replanteamientos en la astronomía.

El paisaje se adentra también en la realidad revelando la situación socio-política en


la que México se haya inserto. Numerosas obras, exaltando la ecología, denuncian en sus
ácidas imágenes los espacios del poder del capital manipulando el ser humano y saqueando
la naturaleza.

La escultura se ha imbuido en el paisaje con las prácticas artísticas contemporáneas


desde el Land Art, Earth Art, Minimal Art o intervenciones esculturales, hasta concebir el
paisaje y la vegetación como componente escultural… pero apenas se contempla el género
del paisaje como escultura. En esta Bienal se aportan varias aproximaciones que hacen de
la silueta, el volumen o la reflexión situacional la formalización estructural de la obra como
paisaje. Del mismo modo, la obra sonora no es canal habitual para la creación paisajista,
pero en esta Bienal, el sonido se presenta como una técnica más que convoca espacios que
la imaginación reconstruye en evocación de los territorios.

Avelina Lesper arremete en una crítica ([Link]/2015/07/primera-


[Link]) contra esta 1 Bienal Nacional por ese planteamiento formal que
denomino “contra-paisaje” que se deslinda de la concepción formal tradicional del paisaje;
vincula la selección general realizada en la Bienal bajo el acrónimo despectivo de “arte
VIP” (Video, Instalación, Performance) desdeñando toda la creación contemporánea,
halagando tan sólo una obra de estilo figurativo pictórico. Ciertamente habría que señalar
determinados aspectos en varias piezas expuestas y su relativa apreciación al ser elegidas
para la Bienal. No obstante, lo que interesa es el conjunto de la exposición que replantea la
idea del paisaje generando cuestiones en la realización de este género tradicional. Avelina
Lesper no entiende lo que el artista plantea en una imagen que se sale de su paradigma
estético: valora solo la convencional representación romántica del paisaje reduciendo su
descripción a una dudosa definición meramente expreso-vitalista “…el paisaje es
invención, transformación y creación, es producto de las emociones y sensaciones del
artista.” y hasta es visualmente incapaz de emparejar el punto de vista con las paralelas del
formato de la obra que fotografía y que publica en su blog. Si Avelina Lesper se permite
esa aberración editorial de la imagen… ¿qué no será capaz intelectualmente de escribir?

Comentarios: “arte@[Link]”. Este artículo, con imágenes, así como los


anteriormente publicados, puede encontrarse en la dirección de critic@rte en
internet: [Link] Sígueme en facebook: criticarte, twitter: @arte_criticarte

Ramón Almela
Doctor en Artes Visuales
Agosto de 2015

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