La Transición a la democracia en España, tras la muerte de Franco, se describe como un cambio gradual y pacífico de
la dictadura a la democracia. Este proceso culminó con el triunfo del PSOE en 1982. El objetivo era establecer una
monarquía parlamentaria basada en una Constitución democrática que garantizara un catálogo de derechos y
libertades. La Transición fue compleja, marcada por conflictos, obstáculos previstos y problemas inesperados. Se
desarrolló en un contexto de crisis económica e incertidumbre política.
La evolución política fue controlada, impulsada "desde dentro del sistema" por figuras como el Rey y Adolfo Suárez,
sin una ruptura total con el régimen anterior. Fue posible gracias al consenso entre algunos dirigentes franquistas y la
oposición, aunque esto supuso la supresión de aspectos más radicales como el independentismo, el republicanismo
o la revolución social. Factores adicionales incluyeron la habilidad de personalidades políticas, la presión de las masas
que demandaban cambios sustanciales, y un contexto internacional favorable por el fin de otras dictaduras.
Inicialmente, se identificaban tres alternativas: el Búnker (continuistas), la Democratización desde las instituciones
del régimen, y los rupturistas (Junta Democrática).
Tras la muerte de Franco, Don Juan Carlos de Borbón fue proclamado Rey. Nombró presidente a Arias Navarro, cuyo
gobierno fue percibido como continuista. La oposición antifranquista, coordinada en la Junta y Plataforma de
Coordinación Democrática, propuso un procedimiento constituyente, un gobierno provisional y elecciones generales.
Hubo movilizaciones populares reclamando libertades democráticas y amnistía política, aumentando los conflictos
laborales. Sucesos como los de Vitoria y Montejurra afectaron la imagen del gobierno de Arias Navarro, llevando al
Rey a forzar su dimisión en junio de 1976.
El Rey designó a Adolfo Suárez como presidente. Suárez, ex Ministro Secretario General del Movimiento, buscó
anular la resistencia inmovilista y atraer a la oposición democrática. Inició contactos con las fuerzas democráticas e
impulsó un indulto para presos políticos. Su medida clave fue la Ley de Reforma Política, que reconocía derechos
fundamentales, otorgaba potestad legislativa a una representación popular y preveía un sistema electoral
democrático. Esta ley fue aprobada por las Cortes y en referéndum el 15 de diciembre de 1976, desmantelando la
estructura franquista y estableciendo una nueva Asamblea bicameral elegida por sufragio universal. Se aprobaron
decretos importantes como la libertad sindical, la legalización de los partidos políticos y una amplia amnistía. Se
disolvieron instituciones franquistas como el sindicato vertical, el tribunal de orden público y el movimiento nacional.
El año 1977 fue difícil por el terrorismo, tanto de extrema derecha (matanza de Atocha) como de ETA y GRAPO
(secuestro presidente Consejo de Estado). La legalización del PCE en abril de 1977 provocó una crisis de gobierno por
el rechazo de inmovilistas y militares. Empezaron a definirse los principales partidos: AP (Fraga), UCD (Suárez), PSOE
(Felipe González) y PCE (Carrillo), además de partidos nacionalistas y otros. El 15 de junio de 1977 se celebraron las
primeras elecciones democráticas, con victoria de la UCD (mayoría relativa) y el PSOE en segundo lugar.
El gobierno de la UCD buscó el consenso para elaborar la Constitución y gestionar la grave crisis económica (inflación,
paro, déficit). Así, el 25 de octubre de 1977 se firmaron los Pactos de la Moncloa entre gobierno, empresarios,
partidos y sindicatos para buscar la paz social a cambio de limitar salarios. Paralelamente, se inició la Reforma
territorial con el restablecimiento de la Generalitat de Cataluña en septiembre de 1977. En noviembre de 1978 se
descubrió la Operación Galaxia, un plan golpista militar.
Tras la aprobación de la Constitución de 1978, se convocaron elecciones en marzo de 1979, donde de nuevo triunfó
la UCD (mayoría simple). Esta legislatura estuvo marcada por la crisis política y económica y el desarrollo de las
autonomías. El liderazgo de Suárez fue cuestionado por divergencias internas en UCD, la segunda crisis del petróleo,
el terrorismo y el acoso del PSOE. Los años 1979 y 1980 fueron los más sangrientos para ETA. Ante esta situación,
Suárez dimitió en enero de 1981.
Durante la investidura de su sucesor, Leopoldo Calvo Sotelo, ocurrió la intentona golpista del 23F. El 23 de febrero de
1981, Tejero asaltó el Congreso. Los conspiradores principales fueron Tejero, Milans del Bosch y el general Armada. El
intento de golpe de estado fracasó por la desautorización del Rey y la falta de apoyos militares. Durante el Gobierno
de Calvo Sotelo (1981-1982) se aprobaron la Ley del Divorcio (rechazada por la Iglesia), la LOAPA (para regular y
limitar el poder autonómico) y el ingreso en la OTAN (rechazado por la izquierda). La descomposición interna de la
UCD llevó a Calvo Sotelo a adelantar las elecciones a octubre de 1982. Estas elecciones de octubre de 1982 fueron
ganadas por el PSOE de Felipe González por mayoría absoluta. El acceso de la izquierda al poder cerró el proceso de
Transición y supuso la normalización democrática en España.
La represión franquista se inició al término de la guerra. Se basó en leyes como la Ley de Represión de la Masonería y
el Comunismo (1940), la que regulaba el delito de rebelión militar (1943), aplicada a actividades relacionadas con el
orden público, la disidencia política y la seguridad del Estado. También la Ley de Represión del Bandidaje y Terrorismo
(1947). Se instigó a la población a delatar a los considerados "enemigos de España" y se depuró la administración del
Estado (maestros, jueces, policías). El estado de guerra continuó. Cientos de miles pasaron por campos de
concentración y hubo ejecuciones. La pena de muerte se aplicó en casos como Grimau y Antich. Se crearon fuerzas
policiales militarizadas como la Guardia Civil y el Cuerpo General de Policía. Destacó la Brigada Político-Social, cuyo
objetivo era la defensa del Estado y actuaba contra la disidencia política. La tortura fue una práctica habitual para
desarticular la oposición política.
Tras la Guerra Civil, los partidos y sindicatos opositores (PSOE, PCE, UGT, CNT) fueron prohibidos y desmantelados. La
clandestinidad y el exilio fueron fundamentales. Surgieron los maquis, con el objetivo de mantener la lucha de la
República a través de la guerrilla a la espera de una intervención militar de los aliados en España. Un intento de
entrada desde Francia por el valle de Arán en 1944 con 4.000 guerrilleros fue rechazado. Este fracaso y la represión
llevaron al PCE a renunciar a la lucha armada en 1948 y disolver la guerrilla.
En el exilio, sectores republicanos, socialistas y libertarios confiaban en la presión de los aliados sobre Franco. Los
monárquicos, con Don Juan de Borbón, publicaron el manifiesto de Lausana en 1945. La represión puso fin a estas
perspectivas. En los años 50, los comunistas, encabezados por Santiago Carrillo, se convirtieron en el grupo
antifranquista más activo. Una huelga general pacífica en 1959 fracasó.
Surgió oposición interna. Para hacerle frente se creó el Tribunal de Orden Público (TOP). El movimiento obrero creció
en centros industriales. Las huelgas de 1962 impulsaron la creación de Comisiones Obreras (CCOO), que obtuvo
buenos resultados en las elecciones sindicales. También surgió Unión Sindical Obrera (USO). La protesta estudiantil
fue constante. Un momento de tensión fue 1969, cuando los estudiantes barceloneses asaltaron el rectorado y poco
después se produjo la muerte de Ruano. El movimiento ciudadano canalizó el descontento vecinal.
El distanciamiento de la Iglesia creció tras el Concilio Vaticano II (1962-1965). Este Concilio, que buscaba la
modernización, dividió a la Iglesia y a los católicos en España entre los que apoyaban al franquismo y los que querían
la separación. El movimiento de curas obreros y las JOC ganaron apoyo. En 1971, el cardenal Vicente Enrique
Tarancón, presidente de la Conferencia Episcopal, se convirtió en figura de talante reformista. La máxima tensión
ocurrió en 1974 con la amenaza de expulsión al obispo de Bilbao, Antonio Añoveros.
La oposición política renovó sus líderes. El Partido Comunista de España (PCE), dirigido por Santiago Carrillo, era el de
mayor implantación social, con unos 15.000 militantes en 1975. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se
debatía entre la línea de los exiliados y las nuevas generaciones residentes en España. En 1974, Felipe González
emergió en el congreso de Suresnes. La Democracia Cristiana incluyó a figuras como José María Gil Robles. El
régimen acuñó el término Contubernio de Munich en 1962 para ridiculizar la reunión de políticos opositores de
diversas tendencias. En Cataluña, la Asamblea de Cataluña defendió la lengua y cultura. En el Ejército, surgió la Unión
Militar Democrática (UMD).
La aparición del terrorismo incluyó a ETA. Fundada en 1959, con origen en las juventudes del PNV, buscaba la
independencia de Euskal Herria y un Estado socialista. A partir de junio de 1968, adoptó una estrategia violenta con
asesinatos, secuestros y extorsión económica. El franquismo respondió imponiendo el estado de excepción en el País
Vasco. Esto tendió a aumentar el apoyo social a ETA. El proceso de Burgos (1970) incrementó este apoyo y la
solidaridad.
Durante el franquismo, la cultura estuvo bajo un estricto control del régimen, con censura y adoctrinamiento en el
sistema educativo e intelectual. Mientras intelectuales como Eugeni d'Ors apoyaban al régimen, otros, como Dámaso
Alonso y Camilo José Cela, mantuvieron una postura crítica. En la literatura, surgieron voces críticas como las de
Miguel Delibes y Rafael Sánchez Ferlosio, y en la poesía, autores como Gabriel Celaya y Blas de Otero. El cine pasó de
ser una herramienta de propaganda a una crítica social con directores como Luis García Berlanga. En las artes
plásticas, el estilo clasicista dio paso al informalismo, con artistas como Antoni Tápies.