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JMM 2025

El Papa Francisco, en su mensaje para la JMM 2025, invita a los cristianos a ser mensajeros y constructores de esperanza, siguiendo el ejemplo de Cristo. Resalta la importancia de la misión y la evangelización, especialmente hacia los más necesitados, y llama a renovar la espiritualidad pascual para vivir con esperanza. Enfatiza que la evangelización debe ser un esfuerzo comunitario, involucrando a todas las generaciones en la misión de compartir el amor de Dios.

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JMM 2025

El Papa Francisco, en su mensaje para la JMM 2025, invita a los cristianos a ser mensajeros y constructores de esperanza, siguiendo el ejemplo de Cristo. Resalta la importancia de la misión y la evangelización, especialmente hacia los más necesitados, y llama a renovar la espiritualidad pascual para vivir con esperanza. Enfatiza que la evangelización debe ser un esfuerzo comunitario, involucrando a todas las generaciones en la misión de compartir el amor de Dios.

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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA JMM 2025

MISIONEROS DE LA ESPERANZA
ENTRE LOS PUEBLOS
19 de octubre de 2025
Introducción
El Papa Francisco “recuerda a cada cristiano y a la Iglesia,
comunidad de bautizados, la vocación fundamental a ser
mensajeros y constructores de la esperanza, siguiendo las
huellas de Cristo”.
Reflexiona sobre algunos aspectos de la identidad
misionera cristiana: el seguimiento a Cristo “nuestra
esperanza”, para ser “portadores y constructores de
esperanza”, y “renovar la misión de la esperanza”
Tras las huellas de Cristo nuestra esperanza

Mantengamos la mirada orientada hacia Cristo, el centro de la historia,


que «es el mismo ayer y hoy, y lo será para siempre» (Hb 13,8).
Cristo es el cumplimiento de la salvación para todos, particularmente
para aquellos cuya esperanza es Dios.

Él, en su vida terrena, «pasó haciendo el bien y curando a todos» del


mal y del Maligno (cf. Hch 10,38), devolviendo la esperanza en Dios a los
necesitados y al pueblo. Además, experimentó todas las fragilidades
humanas, excepto la del pecado, pasando también momentos críticos (...)
Pero Jesús encomendaba todo a Dios Padre, obedeciendo con plena
confianza a su plan salvífico (...) De esa manera, se convirtió en el divino
Misionero de la esperanza.

El Señor Jesús continúa su ministerio de esperanza para la humanidad


por medio de sus discípulos, enviados a todos los pueblos y
acompañados místicamente por Él; también hoy sigue inclinándose ante
cada persona pobre, afligida, desesperada y oprimida por el mal, para
derramar sobre sus heridas «el aceite del consuelo y el vino de la
esperanza» (Prefacio “Jesús, buen samaritano”).
Los cristianos, portadores y constructores de
esperanza entre los pueblos
Siguiendo a Cristo el Señor, los cristianos están llamados a transmitir la Buena
Noticia compartiendo las condiciones de vida concretas de las personas que
encuentran, siendo así portadores y constructores de esperanza.

Pienso particularmente en ustedes, misioneros y misioneras ad gentes, que,


siguiendo la llamada divina, han ido a otras naciones para dar a conocer el amor
de Dios en Cristo. ¡Gracias de corazón! Sus vidas son una respuesta concreta al
mandato de Cristo resucitado, que ha enviado a sus discípulos a evangelizar a
todos los pueblos (cf. Mt 28,18-20).
Las comunidades cristianas pueden ser signos de una nueva humanidad en un
mundo que, en las zonas más “desarrolladas”, muestra síntomas graves de crisis
de lo humano (...)

Renuevo la invitación a realizar las obras indicadas en la Bula de


convocación del Jubileo (nn. 7-15), con particular atención a los más pobres y
débiles, a los enfermos, a los ancianos, a los excluidos de la sociedad materialista
y consumista. Y a hacerlo con el estilo de Dios: con cercanía, compasión y
ternura, cuidando la relación personal con los hermanos y las hermanas en
su situación concreta (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 127-128). Muchas
veces, serán ellos quienes nos enseñarán a vivir con esperanza. Y a través del
contacto personal podremos transmitir el amor del Corazón compasivo del Señor.
Renovar la misión de la esperanza
Los discípulos de Cristo están llamados en primer lugar a formarse, para ser “artesanos” de esperanza y restauradores
de una humanidad con frecuencia distraída e infeliz.

Es necesario renovar en nosotros la espiritualidad pascual. Hemos sido bautizados en la muerte y resurrección
redentora de Cristo, en la Pascua del Señor, que marca la eterna primavera de la historia. Somos entonces “gente de
primavera”, con una mirada siempre llena de esperanza para compartir con todos, porque en Cristo «creemos y
sabemos que la muerte y el odio no son las últimas palabras» sobre la existencia humana (cf. Catequesis, 23 agosto
2017).

Por eso, renovemos la misión de la esperanza empezando por la oración, sobre todo la que se hace con la Palabra de
Dios y particularmente con los Salmos, que son una gran sinfonía de oración cuyo compositor es el Espíritu Santo
(cf. Catequesis, 19 junio 2024).

Finalmente, la evangelización es siempre un proceso comunitario, como el carácter de la esperanza cristiana (cf.
Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi, 14). Y los exhorto a todos ustedes —niños, jóvenes, adultos, ancianos—, a participar
activamente en la común misión evangelizadora.

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