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Capítulo II PDF

El documento explora la evolución del vals en la música centroamericana y venezolana, destacando su importancia cultural y su adaptación en el ámbito de la música de concierto. Se analizan obras de compositores como Ricardo Ulloa Barrenechea y Manuel Guadalajara, así como la influencia de grandes maestros europeos en el desarrollo del vals. Además, se enfatiza la necesidad de preservar las tradiciones musicales orales y performativas que han moldeado la identidad cultural de la región.

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El documento explora la evolución del vals en la música centroamericana y venezolana, destacando su importancia cultural y su adaptación en el ámbito de la música de concierto. Se analizan obras de compositores como Ricardo Ulloa Barrenechea y Manuel Guadalajara, así como la influencia de grandes maestros europeos en el desarrollo del vals. Además, se enfatiza la necesidad de preservar las tradiciones musicales orales y performativas que han moldeado la identidad cultural de la región.

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CAPITULO II

MARCO TEÓRICO

1. Antecedentes de la Investigación

Meza Sandoval, G. (2013) en su estudio, El vals centroamericano en la música de concierto,


resalta la trascendencia del vals como un elemento central en la sociedad centroamericana, al
punto de constituirse en un denominador común dentro de los ritmos tradicionales de la región.
El autor señala que esta relevancia no se limita a un grupo en particular, sino que se extiende
a todos los estratos sociales, consolidando al vals como una expresión cultural profundamente
arraigada en la identidad de los países del istmo.

La investigación se centra en cómo el vals trasciende su origen tradicional para integrarse en


el ámbito de la música de concierto, específicamente en la música de cámara y en obras para
instrumento solista. Para ello, el autor analiza composiciones de destacados músicos de la
segunda mitad del siglo XX e inicios del siglo XXI, como Ricardo Ulloa Barrenechea y Mario
Alfagüell, de Costa Rica, además de William Orbaugh y Enrique Solares, de Guatemala. Estas
obras reflejan cómo el vals ha evolucionado y se ha adaptado a nuevos contextos, conservando
su esencia, pero incorporando elementos innovadores.

Un aspecto destacado del estudio es la atención que se presta a las observaciones realizadas en
diferentes países de la región en cuanto a la tipología instrumental utilizada para interpretar
valses tradicionales. Además, se citan producciones de valses concebidas específicamente para
este formato, como las obras de Joaquín Orellana, la "Pieza para flauta y piano" de Ricardo
Ulloa Barrenechea y el "Divertimento para guitarra" de William Orbaugh, en el que uno de los
movimientos está dedicado al vals.
Meza Sandoval concluye que el vals ha desempeñado un papel fundamental en la música
centroamericana, inspirando a cada generación de compositores a aportar nuevas
características a este género. Estas reelaboraciones incluyen la introducción de métricas
diferentes, elementos sonoros innovadores e incluso transformaciones en el tejido musical, lo
que demuestra la capacidad del vals para renovarse y permanecer vigente en el tiempo.

Mendoza, G. (2011) en su trabajo, Edición crítica de dos valses venezolanos para flauta y
piano de Manuel Guadalajara, siglo XIX, intenta explicar un tema tan fascinante como
complejo: la interpretación histórica de la flauta en Venezuela. Es imposible, debido a la
escasez de fuentes y testimonios, saber con exactitud cómo sonaba esta música en su tiempo.
Las partituras existentes, como los valses de Manuel Guadalajara, representan versiones
"primarias" que no capturan el dinamismo y la improvisación que caracterizaban las
ejecuciones en vivo. Ante esta ausencia de registros concretos, el autor aboga por una
especulación fundamentada en evidencias documentales y contextuales, lo que permite
reconstruir parcialmente una práctica musical que, aunque originada en el pasado, sigue
presente en el entorno musical actual.

Así, esta reconstrucción especulativa no solo enriquece nuestra comprensión del pasado
musical del país, sino que también nos invita a reflexionar sobre la importancia de preservar,
estudiar y valorar las tradiciones orales y performativas que han sido fundamentales para
nuestra identidad cultural.
La Historia del Vals

Tomado de la mano de grandes compositores europeos de la música romántica del siglo XIX el
vals llegó a Venezuela para quedarse por siempre. Primero fueron Fran Schubert, Carlos María
von Weber y Johannes Brahms quienes con su música vinieron de visita. A ellos correspondió el
mérito de haber aportado al vals ese aire sentimental tan especial del que anteriormente carecía.
Schubert con sus Valses nobles Op. 77 y Valses sentimentales Op. 50 dio la nota romántica que
aparecerá siempre presente en todos los valses. Weber a través de la Invitación a la danza escrita
en 1819, tendió un puente entre la danza popular y la música clásica, un camino que recorrerían
casi todos los compositores académicos, así mismo, dio inicio a ese inmenso virtuosismo que será
el compañero inseparable todo vals. Brahms por su parte, pensaba que la música fluía libremente
de las fuentes del pueblo, de esta manera llevó el vals al ámbito popular. El fundió viejas melodías
de Alemania y Hungría, y escribió su suite de Valses Op. 39, una serie de 16 pequeños valses y
Las danzas húngaras.

Fue entonces el turno de los maestros de la música de salón, los grandes virtuosos del piano, con
sus valses refinados y artísticamente trabajados: Franz Liszt y Frederick Chopin. El primero extraía
su expresión musical de la influencia de la naturaleza y el ambiente literario de su entorno. Chopin,
por su parte, recurría a su mundo interior. Su música es el reflejo de una poesía íntima. Ellos
introdujeron el vals de salón y el gran vals brillante de concierto.

A este punto, no podemos dejar de mencionar a dos grandes del romanticismo alemán, Robert
Schumann, prototipo del músico romántico. Él utilizaba el vals en sus composiciones más
elaboradas. El más bello ejemplo son las Danzas de los compañeros de David Op. 6, una colección
de 18 piezas en las que el vals que tiene una presencia constante, a veces de manera apasionada, a
ratos con ternura y en otras capaz de alcanzar el más sublime lirismo. El otro, el hamburgués Felix
Mendelssohn Bartholdy con su colección de Romanzas sin palabras, piezas de ritmo muy ajustado
al vals, legó una obra de refinada elegancia y exquisita efusividad melódica.
Aparecen entonces, como por encanto, los valses destinados a figurar como piezas de baile. Viena
es el centro de esta nueva moda, en la cual el vals ya no es música para escuchar sino para bailar.
La estrella es un hijo de esa ciudad, de espíritu risueño y alegre: Johann Strauss. Con él este género
alcanza un auge y un entusiasmo jamás igualados. Es el autor del más famoso de todos los valses:
An der shönen blauen donau o simplemente El Danubio Azul.

En torno al año de 1830, la ciudad más brillante y culta de Europa era Viena. Su gente hacía gala
de disfrutar de lo que ellos llamaban el lebenskunst, esto es "el arte de vivir". Y ese arte
precisamente, como manifestación de desbordante alegría de vivir, alimentaba el orgullo de bailar
el vals vienés, en sus dos versiones de moda: Strauss y Lanner. Los valses del primero eran vivaces
y joviales, los del segundo muy románticos.

Inclusive, también la ópera trajo valses para ser interpretados por la voz humana. El famoso
Brindisi de La Traviata de Giuseppe Verdi está escrito en este compás. Asimismo, La Bohème de
Giacomo Puccini ofreció al público, el Vals de Musetta, una de las piezas más encantadoras del
teatro lírico.

Los músicos de zarzuela no usaron a menudo el vals en sus composiciones, salvo algunos como
Federico Chueca, un compositor madrileño que en sus comienzos se dio a conocer en 1865 a través
de sus valses: Los lamentos de un preso. Pero en Venezuela, quizás el vals español que gozó de
mayor popularidad fue aquel que llegó con el teatro de variedades: Violetas imperiales, música del
compositor francés de origen vasco Francis López.

Por otra parte, hacen entonces su aparición los valses sinfónicos, escritos para ser interpretados
por las grandes orquestas. Están contenidos en los ballets clásicos del ruso Piotr Ilych Tchaikovsky
y del ucraniano Sergei Prokofiev, cuyos ejemplos más notables son el Vals de las flores del
Cascanueces y el Vals de medianoche de la Cenicienta.
En los albores del siglo XX, Aquiles Debussy en el vals titulado La plus que lente, compuesto en
1910, demuestra una hermosa e insinuante evocación a la música de los cafés de París. Igor
Stravinski, por su parte, compuso un vals para la Histoire du soldat, una pieza con mucho de teatro
infantil de marionetas, que se suele ubicar en sus composiciones para niños. Igualmente, dentro de
esta misma tendencia estética, se encuentran algunas piezas breves como la Valse pour les enfants.
Dimitri Shostakovich en la Colección de preludios y fugas Op. 87, ofrece en el N° 15 un vals
cargado de ironía, que contrasta con la fuga que lo sigue. Béla Bartók, el máximo exponente de la
música del siglo XX, como profundo investigador de las músicas tradicionales pletóricas de aires
con ritmo de valses, escribió Danzas rumanas.

Así mismo, Maurice Ravel a comienzos de 1911, presentó su serie de siete breves Valses nobles y
sentimentales. Existe también entre sus composiciones más conocidas; La Valse, una obra de
expresión intensa y ritmo nervioso, ella brota inconfundible elegancia y refinamiento de la música
de Ravel.

Ahora bien, es el turno del más singular de los músicos franceses, a quien le tocó vivir en tiempos
del impresionismo, Erik Satie. Fue un artista genial en su instinto musical. Es autor de las tres
Gymnopédies, estas son una serie de tres variantes de valses lentos impresionistas para piano solo.
Su nombre viene de las danzas, que en las ceremonias rituales de la antigua Grecia realizaban los
efebos. Son los valses más interesantes, originales y más distintos a todo lo escuchado.

Para concluir, si existe un vals conocido a escala universal es, Sobre las olas, del mexicano
Juventino Rosas, nacido en Guanajuato en 1868. Su forma, su ritmo y su línea melódica tienen
tanto apego al vals vienés, que en todas partes piensa la gente al escucharlo que está en presencia
de un auténtico vals procedente de Europa. A pesar de la aceptación y difusión que tuvo esta pieza
por todo el mundo, Rosas murió en completo estado de miseria en Cuba, a la edad de 26 años.
Todos estos compositores anteriormente mencionados, han influido con su estilo personal en todas
las formas de expresar los sentimientos que se confían en un vals. De esto, por supuesto, no ha
escapado el vals venezolano. Allí mismo están sus orígenes.

La Llegada del Vals a Venezuela

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