0% encontró este documento útil (0 votos)
61 vistas8 páginas

Cap II Vals 0602

El capítulo aborda la historia y evolución del vals venezolano, destacando su conexión con la identidad cultural del país y la escasez de estudios profundos sobre el tema. Se exploran las influencias de compositores europeos y cómo el vals se adaptó en Venezuela, incorporando ritmos autóctonos y convirtiéndose en un elemento musical esencial. A través de ejemplos regionales, se evidencia la diversidad y riqueza cultural que el vals ha adquirido en distintas partes de Venezuela.

Cargado por

Héctor Matheus
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
61 vistas8 páginas

Cap II Vals 0602

El capítulo aborda la historia y evolución del vals venezolano, destacando su conexión con la identidad cultural del país y la escasez de estudios profundos sobre el tema. Se exploran las influencias de compositores europeos y cómo el vals se adaptó en Venezuela, incorporando ritmos autóctonos y convirtiéndose en un elemento musical esencial. A través de ejemplos regionales, se evidencia la diversidad y riqueza cultural que el vals ha adquirido en distintas partes de Venezuela.

Cargado por

Héctor Matheus
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

CAPITULO II

MARCO TEÓRICO

1. Antecedentes de la Investigación

El estudio de cualquier fenómeno cultural requiere una comprensión profunda de su


contexto histórico y las investigaciones previas que lo han abordado.

El vals venezolano es un género musical que, a pesar de su rica tradición y gran conexión
con la identidad cultural del país, ha recibido una atención limitada en la literatura.

A lo largo de los años, se han publicado algunos estudios que abordan este tema, pero el
número de autores que lo analizan con profundidad sigue siendo escaso. Esta falta de
recursos documentales representa un desafío para quienes desean investigar y
comprender la evolución y características de este género musical en la cultura venezolana.

En este contexto, es fundamental destacar que la mayoría de las referencias existentes se


centran en la música popular venezolana en general, relegando el vals a un segundo plano.
Autores como José Antonio Calcaño y otros han hecho contribuciones valiosas, pero sus
enfoques suelen ser más amplios y no profundizan específicamente en las características,
la historia y los exponentes del vals. Esta carencia de estudios específicos subraya la
necesidad de una investigación más exhaustiva que no solo documente el vals venezolano,
sino que también explore su contexto social, cultural y musical.

Por lo tanto, este trabajo se propone llenar ese vacío, ofreciendo un análisis detallado del
vals venezolano, sus raíces históricas y su evolución a lo largo del tiempo. Al hacerlo, se
espera contribuir al reconocimiento de este género como un elemento vital de la herencia
cultural venezolana y fomentar un mayor interés académico en su estudio.

Raíces Históricas

Tomado de la mano de grandes compositores europeos de la música romántica del siglo


XIX el vals llegó a Venezuela para quedarse por siempre. Primero fueron Fran Schubert,
Carlos María von Weber y Johannes Brahms quienes con su música vinieron de visita. A
ellos correspondió el mérito de haber aportado al vals ese aire sentimental tan especial del
que anteriormente carecía. Schubert con sus Valses nobles Op. 77 y Valses sentimentales
Op. 50 dio la nota romántica que aparecerá siempre presente en todos los valses. Weber
a través de la Invitación a la danza escrita en 1819, tendió un puente entre la danza popular
y la música clásica, un camino que recorrerían casi todos los compositores académicos, así
mismo, dio inicio a ese inmenso virtuosismo que será el compañero inseparable todo vals.
Brahms por su parte, pensaba que la música fluía libremente de las fuentes del pueblo, de
esta manera llevó el vals al ámbito popular. El fundió viejas melodías de Alemania y
Hungría, y escribió su suite de Valses Op. 39, una serie de 16 pequeños valses y Las
danzas húngaras.

Fue entonces el turno de los maestros de la música de salón, los grandes virtuosos del
piano, con sus valses refinados y artísticamente trabajados: Franz Liszt (Vals Mephisto n.1)
y Frederick Chopin (Valse n.1 en Mi mayor Op.18). El primero extraía su expresión musical
de la influencia de la naturaleza y el ambiente literario de su entorno. Chopin, por su parte,
afuera no buscaba nada, él recurría a su mundo interior. Su música es el reflejo de una
íntima poesía. Ellos introdujeron el vals de salón y el gran vals brillante de concierto.

A este punto, no podemos dejar de mencionar a dos grandes del romanticismo alemán,
Roberto Schumann prototipo del músico romántico. El utilizaba el vals en sus
composiciones más elaboradas. El más bello ejemplo de este género son las Danzas de
los compañeros de David Op. 6, una colección de 18 piezas en las que el vals que tiene
una presencia constante, a veces de manera apasionada, a ratos con ternura y en otras
capaz de alcanzar el más sublime lirismo. El otro, el hamburgués Felix Mendelssohn-
Bartholdy con su colección de Romanzas sin palabras, piezas de ritmo muy ajustado al vals,
legó una obra de refinada elegancia y exquisita efusividad melódica.

Aparecen entonces, como por encanto, los valses destinados a figurar como piezas de
baile. Viena es el centro de esta nueva moda, en la cual el vals ya no es música para
escuchar sino para bailar. La estrella es un hijo de esa ciudad, de espíritu risueño y alegre
hasta más no poder: Johann Strauss. Con él este género alcanza un auge y un entusiasmo
jamás igualados. Es el autor del más famoso de todos los valses: An der shönen blauen
donau o simplemente El Danubio azul. Él tejía encantadoras melodías, unas tras otras, en
un interminable ritmo de vals.

En torno al año de 1830, la ciudad más brillante y culta de Europa era Viena. Su gente hacía
gala de disfrutar de lo que ellos llamaban el lebenskunst, esto es "el arte de vivir". Y ese
arte precisamente, como manifestación de desbordante alegría de vivir, alimentaba el
orgullo de bailar el vals vienés, en sus dos versiones de moda: Strauss y Lanner. Los valses
del primero eran vivaces y joviales (Vals de los millones), los del segundo muy románticos
(Schönbrunn Waltz).

También la ópera trajo valses para ser interpretados por la voz humana. El famoso "Brindisi"
de La Traviata de Giuseppe Verdi está escrito en este compás. Asimismo, La Bohème de
Giacomo Puccini ofreció al público una de las piezas más encantadoras del teatro lírico, el
"Vals de Musetta".

Los músicos de zarzuela no usaron a menudo el vals en sus composiciones, salvo algunos
como Federico Chueca, un compositor madrileño que en sus comienzos se dio a conocer
en 1865 a través de sus valses: Los lamentos de un preso. Pero en Venezuela, quizás el
vals de ambiente español que gozó de mayor popularidad fue aquel que llegó con el teatro
de variedades: Violetas imperiales, música del compositor francés de origen vasco Francis
López y textos de Jesús María de Arozamena, con un envolvente vals "El amor es un ramo
de violetas", bellamente interpretado en la voz ligera del tenor vasco Luis Mariano, quien
despertó gran admiración en todos los venezolanos.

Hacen entonces su aparición los valses sinfónicos, escritos para ser interpretados por las
grandes orquestas. En especial, están contenidos en los ballets clásicos del ruso Piotr Ilych
Tchaikovsky y del ucraniano Sergei Prokofiev, cuyos ejemplos más notables son el "Vals
de las flores" del Cascanueces y el “Vals de medianoche" de la Cenicienta. Ellos están
concebidos con la mayor espectacularidad riqueza de sonidos.

En los albores del siglo XX, debemos también recordar que Aquiles Debussy posee una
hermosa e insinuante evocación a la música de los cafés de París, en el vals titulado La
plus que lente, compuesto en 1910. Igor Stravinski, por su parte, compuso un vals para la
Histoire du soldat, una pieza con mucho de teatro infantil de marionetas, que se suele
ubicar en sus composiciones para niños. Igualmente, dentro de esta misma tendencia
estética, se encuentran algunas piezas breves como la Valse pour les enfants. Dimitri
Shostakovich en la Colección de preludios y fugas Op. 87, ofrece en el N° 15 un vals
cargado de ironía, que contrasta con la monolítica fuga que lo sigue. Béla Bartók, el
máximo exponente de la música del siglo xx, como profundo investigador de las músicas
tradicionales pletóricas de aires con ritmo de valses, escribió Danzas rumanas.

Así mismo, Maurice Ravel a comienzos de 1911, presentó su serie de siete breves Valses
nobles y sentimentales. Existe también entre sus composiciones más conocidas; La
Valse, una obra de expresión vehemente y ritmo nervioso, ella brota inconfundible
elegancia y refinamiento de la música de Ravel.

Es ahora el turno del más singular de los músicos franceses, a quien le tocó vivir en
tiempos del impresionismo, Erik Satie. Fue un artista genial en su instinto musical,
poseedor de un lenguaje sencillo y de profundidad cautivante. Es autor de las tres
Gymnopédies, páginas escritas a ritmo de vals muy lento. Su nombre viene de las
danzas, que en las ceremonias rituales de la antigua Grecia realizaban los efebos. Son
los valses más interesantes, originales y más distintos a todo lo escuchado.

Para concluir, si existe un vals conocido a escala universal, este es Sobre las olas, del
mexicano Juventino Rosas, nacido en Guanajuato en 1868. Su forma, su ritmo y su línea
melódica tienen tanto apego al vals vienés, que en todas partes piensa la gente al
escucharlo que está en presencia de un auténtico vals procedente de las tierras del
Danubio. A pesar de la aceptación y difusión que tuvo esta pieza por todo el mundo,
Rosas murió en completo estado de miseria en Cuba, a la edad de 26 años.

Todos estos compositores anteriormente mencionados, han influido con su estilo personal
en todas las formas de expresar los sentimientos que se confían en un vals. De esto, por
supuesto, no ha escapado el vals venezolano. Allí mismo están sus orígenes.

El Vals en Venezuela

No sabemos cuándo fue introducido el vals en Venezuela. En algún escrito se lee que el
Libertador bailó valses, pero no sabemos si se trata de alguna ligereza de los autores. En
todo caso, lo que más se bailaba en sus tiempos era la contradanza, nacida en Inglaterra
desde 1600. Su nombre viene de country-dance. Todavía se conserva la titulada La
Libertadora, que fue dedicada a Bolívar cuando su entrada triunfal en Bogotá en 1819. En
Venezuela el vals se fue imponiendo con mucha lentitud. Después de haber aparecido por
los años de la Oligarquía Conservadora, o antes, todavía para la época de los Monagas, a
mediados del siglo, seguía imperando la contradanza. En esa época, se bailaban también,
con menor frecuencia, valses y polkas, y habían aparecido las cuadrillas, que todavía no
gustaban mucho. Durante el Septenio había aparecido la "danza", que se bailaba con
figuras, y ya para entonces se había impuesto definitivamente el vals. Al comenzar el
Quinquenio, el valse impera en Venezuela y apenas le hacen competencia un poco la polka
y una especie de cuadrilla: la danza, cuyas figuras son ingeniosas y variadas. Podemos,
pues, estar seguros de que fue en el tercer cuarto del siglo XIX cuando se impuso el vals
entre nosotros. Hay matices que diferencian el vals de distintos países, como lo es el
francés, más fluido que el vienés, que tiende a alargar el segundo tiempo, lo que da la
impresión de un pequeño salto en este sitio. En Venezuela, como sucedió también en otros
países latinoamericanos, el vals adquirió una riqueza rítmica desconocida en Europa. Fue,
indudablemente, una labor de nuestro pueblo la que dio este resultado. Los ejecutantes
populares, al adoptar el valse, fueron incorporándole diseños rítmicos del joropo, elementos
del seis por ocho de algunos bailes españoles o nativos, del tipo del zapateado y, además,
toda una serie abundante de síncopas de origen tal vez africano, y no sabemos hasta qué
punto de fuentes indígenas. Toda esta amalgama ha debido de producirse al pasar de los
años entre la época de los Monagas y la de Guzmán Blanco, y así llegamos a tener en el
vals criollo una superposición de diferentes ritmos y hasta de diferentes compases, que
hacen en nuestro vals una especie de contrapunto de ritmos.

Una vez lanzados por este camino, nuestros músicos comenzaron a crear innumerables
combinaciones nuevas. La síncopa llegó a aparecer hasta en las melodías, y abundan los
valses cuya melodía comienza por un silencio de corchea. Muy interesante también es el
ritmo de los bajos, siempre cambiante, en contraste con la rigidez rítmica del vals vienés.
Es frecuente en nuestro vals criollo la secuencia de cuatro bajos seguidos, de dos tiempos
de duración cada uno, lo cual produce una sensación momentánea de desconcierto, hasta
que el cuarto bajo coincide con el primer tiempo de un compás.

Esta fecundidad rítmica se manifiesta principalmente en los ejecutantes. El momento de


tocarse un vals, comenzaban a improvisar nuevos ritmos. Así se producía esa
simultaneidad de diferentes "golpes", como a veces los llamaban. Los instrumentos
cantantes, por su parte, como lo eran el violín o la flauta o el clarinete, la dieron de vez en
cuando por tocar, no la melodía compuesta por el autor, sino variaciones también
improvisadas. Todo esto convirtió el vals en un extraordinario cúmulo de elementos
musicales imprevisibles por el compositor, ya que las improvisaciones de los ejecutantes
enriquecían y transformaban la obra del autor.

“escrita ordinariamente en el modo menor, es melancólica y pausada; la melodía, ondula


suavemente, llena de voluptuoso abandono. Mas, al comenzar la segunda, el ritmo se aviva
y enardece, y hace su estallido el entusiasmo, y centellean los rasgados ojos de la morena
que mueve su airoso talle en vertiginosos giros y luce sus gallardos movimientos al compás
de aquella música ardorosa y apasionada. Viene después la tercera parte a atemperar tales
trasportes de alegría, a establecer una especie de diálogo, festivo y galante; aunque de
ordinario consta nuestro valse de sólo dos partes”

Así define las partes de nuestro vals Don Salvador Llamozas. El vals venezolano fue en
aquellos tiempos un accesorio de las conquistas amorosas.

El vals llegó a ser casi una locura durante muchos años. Todo el mundo los componía, ya
que sólo era necesario inventar una melodía. Muchos compositores, hasta de aquellos que
habían hecho estudios musicales, se contentaban con escribir la melodía solamente. Se
llegó a prestar atención únicamente a los valses, dentro del mundo musical. Así se convirtió
en una especie de monomanía entre los compositores y entre el público. No valía la pena
componer ninguna otra clase de piezas. Todo lo absorbía el vals. Tuvo esto consecuencias
funestas, pues si por una parte se produjeron algunos hermosos y hasta de altos méritos
artísticos, hubo también abundancia de composiciones mediocres, y las piezas de otro tipo
fueron siendo cada vez más escasas.

Los Valses Venezolanos

Si bien el vals criollo ha dejado una huella indeleble en la identidad musical de nuestra
nación, es importante destacar que cada región aporta su propio matiz y estilo a este
género. A lo largo y ancho del país, los valses se enriquecen con las tradiciones locales,
los ritmos autóctonos y las influencias culturales que los hacen únicos. A continuación,
exploraremos cómo estas variaciones regionales del vals reflejan la diversidad y la riqueza
cultural de nuestro país.

Si nos trasladamos a uno de los más apartados rincones del territorio, el pueblo de Tucupita
en el estado Delta Amacuro, allá escuchamos un sencillo vals local, Cielo de Sacupana de
Rafael Antonio Bolívar. Luego, al lado opuesto del país, en la ciudad de Táriba en el estado
Táchira, nos sale al encuentro Quejas del alma de Antonio María Briceño Delgado. Más
adelante en el camino, Tardes de San Cristóbal de Marco Antonio Rivera Useche y
Corazones unidos de Francisco Javier Marciales. En el estado Yaracuy, al centro del país,
nos esperan los valses románticos, cargados de acentos nostálgicos, Morir es nacer de
Rafael Andrade, Visión porteña de Pedro Pablo Caldera y Allá en la tierra de Otilio Galíndez.
Al norte en el estado Falcón, Sombra en los médanos de Rafael Sánchez López "Rafuche"
y Por quererte tanto de Benjamín Mora.

De Este a Oeste

Vamos ahora a Yaguaraparo en el estado Sucre, donde encontramos Allá en el


Auyantepuy, un vals de Enrique Quijano, nativo de ese pintoresco pueblito no muy lejos del
Golfo de Paria, quien vivió muchos años en España y allí realizó una encomiable labor en
pro de la difusión de la música tradicional venezolana. En Cumaná escuchamos uno de los
más bellos valses del oriente venezolano Es ella, de Salvador Narciso Llamozas. En la Isla
de Margarita en el estado Nueva Esparta, aparece uno de los valses más famosos a nivel
internacional, Ansiedad de José Enrique Sarabia "Chelique" y de Antonio Narváez, otro vals
no menos hermoso, Guiomar. En el estado Aragua, Esperanza de Fede-rico Villena, El
Palmar de Federico Vollmer, Tu recuerdo de Ángel Briceño y Luna de Margarita de Simón
Díaz.

Caracas y el Centro

En Caracas, disfrutamos de valses para bailar y de valses románticos por excelencia, un


ejemplo del primero es Dama antañona de Francisco de Paula Aguirre, entre los otros
podemos escoger Yo no te olvidaré de Manuel Guadalajara y Cabellera rubia de Rafael M.
Saumell. También escuchamos valses de con-cierto finamente elaborados como La dulzura
de tu rostro de Ramón Delgado Palacios y Mi Teresita de Teresa Carreño. Valses sinfónicos
espléndidamente orquestados como el Vals Nº 1 de Juan Carlos Núñez o valses muy sim-
ples que han tocado el corazón del pueblo, como Las bellas noches de Maiquetía de Pedro
Ramón Arcila Ponte.

Al Occidente

En el estado Lara es difícil escoger una muestra entre tantos valses con evidentes
cualidades musicales. En Barquisimeto, Como llora una estrella de Antonio Carrillo y El
muchachito de Simón Wohnsiedler. En El Tocuyo, María Elena de Juan Bautista Lucena
"Juancho", Tú en mis sueños de Jesús María Yépez Coronado y Gavilán tocuyano de Pablo
Canela. En Quíbor, La Negra de Juan Pablo Ceballos y Un cielo de ilusiones de José Ángel
Rodríguez López; En Duaca, Ecos del alma de Félix Sánchez Durán y en Carora, Mercedes
de Rodrigo Riera, una joya de fina orfebrería. En el estado Carabobo encontramos tres
valses muy bellos del valenciano Aldemaro Romero: De Conde a Principal, Catuche y Dos
golondrinas. Ítalo Pizzolante es autor de Mi Puerto Cabello y Manuel Enrique Pérez Díaz,
también de esa misma ciudad portuaria, escribió Anhelos.

Los Llanos

En los llanos, específicamente en el estado Barinas escuchamos un vals que es como un


segundo himno regional para todos los habitantes de esas tierras: Linda Barinas de Eladio
Ramón Tarife. También hay otro, muy emblemático de esa misma región: Mujer bariniteña
de José Antonio Angulo. En el estado Cojedes nos topamos con un vals canción que ha
sido considerado durante mucho tiempo como uno de los símbolos del llano venezolano,
Garcita blanca de Pedro Emilio Sánchez. En el estado Portuguesa el vals Sublime
evocación de Antonio Heredia Monta ňés, pieza ganadora del máximo galardón en el Primer
Festival de la Canción Venezolana (1971). El estado Guárico deja escuchar Brisas de
Altamira de Pedro Ramón Oropeza Volcán, nativo de Guardatinajas. Ensueño es también
un bello vals de José María Barberi, oriundo de Zaraza. En el estado Apure encontramos
dos valses venezolanos para guitarra clásica, Lheylaní de José Rafael Cisneros, nativo de
Palmarito y Heben de Leopoldo Igarza, oriundo de San Fernando, ambos autores son dos
de los mejores guitarristas de Venezuela a nivel internacional.

En Oriente

En Maturín en el estado Monagas, encontramos la nota íntima de la canción muy propia del
oriente venezolano, en el vals de Josefa Victoria Almenar de Arreaza ¿Y tu pesar cuál es?
El estado Anzoátegui tiene un vals lleno de humor y espontánea hilaridad El carreto de hilo,
de Juan Bautista Rosendo Belisario. En el estado Bolívar escuchamos de Oscar Domingo
Hernández, conocido con el remoquete del "Indio Romántico", Tardes guayanesas y de
Iván Pérez Rossi, En la mano traigo. En el estado Miranda, Adiós a Ocumare de Ángel
María Landaeta y Me ausento, el último vals de Adelo Alemán.

Los Andes

De nuevo en tierras de los Andes venezolanos, en el estado Trujillo encontramos dos bellos
valses de gran inspiración andina, Conticinio de Laudelino Mejías y Entre brumas de Oscar
Berti. En el estado Mérida nos salen al encuentro dos valses de un color local característico
de esos predios, de José Rafael Rivas, nativo de Ejido, Brisas del Mucujún y de Rigoberto
Arellano, oriundo de Tovar, el vals instrumental Apartaderos.

La Región Zuliana

El estado Zulia tiene uno de los más famosos valses, del cual tendremos oportunidad de
hablar muchas veces en este libro, ha sido ejecutado en los más diversos escenarios, aún
en las salas reservadas a los grandes virtuosos, El diablo suelto del marabino Heraclio
Fernández. Son también muy conocidos Maracaibo de antaño de José Luis Paz, el más
renombrado del Zulia, Los licores de Bohorquez de Eduardo Perich, el más fecundo de los
compositores de esa región y, por si fuera poco, valses con unce nombres que sólo pueden
ser concebidos en el Zulia, como son Tubalcaín y Telesila, de Carlos Padrón.

Los Compositores Académicos y sus Valses

Venezuela cuenta con una rica tradición musical que va más allá de sus ritmos populares
y folclóricos. En el ámbito académico, numerosos compositores han contribuido al
desarrollo del vals, elevándolo a nuevas dimensiones artísticas. Estos creadores han
sabido fusionar la esencia del vals venezolano con técnicas y estilos de la música clásica,
dotándolo de una profundidad emocional y una sofisticación técnica que lo distingue.

RAMÓN DELGADO PALACIOS

La música para piano de Ramón Delgado Palacios, en especial sus valses, traduce con
claridad lo que esperábamos saber acerca de su carácter. Sus melodías de gran encanto
y delicadeza están casi siempre escritas en una tonalidad menor, como si él buscara de
este modo crear una atmósfera de melancolía y tristeza, en una superficie de colores
genuinamente venezolanos.

Pero sus valses no son solamente expresión de sentimientos y pura melodía. Son
verdaderas piezas de concierto, con claro sentido de la composición musical. Su creación
es fluida y espontánea. Se trata de hermosos valses criollos que poseen complejidad
rítmica y gran riqueza de armonía, que demandan una alta técnica pianística para su
ejecución. Estos valses son la obra de un virtuoso del piano. En efecto, Ramón Delgado
Palacios fue un niño prodigio en la ejecución del instrumento. Después de iniciar su
formación en Caracas con Felipe Tejera, viajó a Francia para estudiar con los mejores
pianistas de la época. Su talento fue tan sobresaliente, que al suspender sus lecciones
por falta de recursos, el Conservatorio de París lo becó para que concluyera. Durante
mucho tiempo, estas piezas no figuraron en los programas de conciertos de los pianistas
venezolanos. Tal vez, su complejidad y el excesivo virtuosismo, no animaba a los
concertistas. Pero no hay dudas sobre su belleza y sus méritos artísticos, ellos son para el
piano, lo que los valses de Antonio Lauro son para la guitarra.

Ramón Delgado Palacios escribió unos 20 valses, los cuales aparecen publicados
enobras diversas, estos son: 1. "Vals a la señorita y..."; 2. Vals imitativo. Aquí están las
velas que mandó papá; 3. Confidencias del corazón; 4. Copos de espuma, 5. Delicias, 6.
Graziella, 7. La dulzura de tu rostro; 8. La sonrisa; 9. Lucila; 10. Marietta; 11. Mariposas,
12. Mi aplauso, 13. Si tú me amaras; 14. Sublime amor, 15. Gran vals de concierto en La
bemol mayor, 16. Vals de concierto en La mayor 11; 17. En-canto, 18. Eres mi dicha; 19.
Gentileza, y, 20. Vals cajita de música

ANTONIO LAURO

Es uno de los compositores de más fuerte presencia venezolanista en su música. Desde


sus comienzos, tanto el motivo como la forma y el lenguaje musical que escogía para sus
composiciones, muestran esta vocación. Como constructor de valses es tal vez el más hábil
y también uno de los más inspirados. Su melodía surge fluida y espontánea, para seguir su
propia inclinación hasta desbordarse en un romanticismo elegante y muy sentimental.

Todos sus valses están escritos para la guitarra y precisamente Antonio Lauro fue un
virtuoso de este instrumento. A él corresponde el mérito de haber llevado el vals venezolano
a las más importantes salas de concierto de todo el mundo. Las obras de Lauro escritas
para la guitarra y en especial sus valses, forman parte del repertorio de todos los guitarristas
de primera fila del siglo XX, a nivel planetario y gozan de gran aceptación por parte de las
más diversas audiencias.

Entre toda su obra, de centenares de composiciones, Antonio Lauro escribió 16 valses y a


todos los llamó valses venezolanos, a excepción de dos estudios que menciona como
"estudio en forma de valse criollo", ellos son: 1. Petronila. Estudio; 2. Momoti; 3. Valse
venezolano Nº 1; 4. Valse venezolano Nº 2; 5. Valse venezolano Nº 3; 6. Valse venezolano
N° 4 (Yacambú), 7. María Luisa; 8. El marabino; 9. Angostura; 10. Carora; 11. El niño; 12.
María Carolina; 13. La gatica: 14. El negrito. Estudio, 15. La negra; y, 16. Natalia.

También podría gustarte