0% encontró este documento útil (0 votos)
76 vistas55 páginas

Cuadernillo 2025 Final Todos

El rey envía a sus servidores a buscar a un hombre feliz para pedirle su camisa, pero tras recorrer el reino, solo encuentran a un pobre arrocero que afirma ser feliz, aunque no tiene camisa. En otra historia, Longobardo asiste a un baile disfrazado de corsario y se enamora de una cortesana con un moño negro, pero al intentar desatarlo, descubre un oscuro secreto. Ambas narrativas exploran la búsqueda de la felicidad y las consecuencias de desear conocer lo prohibido.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
76 vistas55 páginas

Cuadernillo 2025 Final Todos

El rey envía a sus servidores a buscar a un hombre feliz para pedirle su camisa, pero tras recorrer el reino, solo encuentran a un pobre arrocero que afirma ser feliz, aunque no tiene camisa. En otra historia, Longobardo asiste a un baile disfrazado de corsario y se enamora de una cortesana con un moño negro, pero al intentar desatarlo, descubre un oscuro secreto. Ambas narrativas exploran la búsqueda de la felicidad y las consecuencias de desear conocer lo prohibido.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

El rey, más sorprendido aún, mandó a llamar a todos sus servidores y les

ordenó que recorrieran el reino de parte a parte.


De Norte a Sur.
De Este a Oeste.
Hasta encontrar a un hombre que fuera feliz y pedirle la camisa. Los
servidores recorrieron reino de parte a parte.
Buscaron entre los tai más honorables. Pero no había entre los tai más
honorables, hombres felices. Buscaron entre los escribas, cultos y sensibles.
Pero no había entre los escribas, hombres felices. Entonces buscaron entre los
trabajadores de seda. Entre los trenzadores de bambú. Entre los sembradores
de adormideras. Entre los fabricantes de barcazas. Entre los pescadores de
ostras. Entre los campesinos sencillos. Pero entre todos ellos no había un solo
hombre que fuera feliz.
Hasta que llegaron al último pantano del reino y le preguntaron al más pobre
de los arroceros:
-En nombre del Rey Nuestro Señor, dinos si en verdad eres feliz.
El más pobre de los arroceros contestó que sí, y los servidores de Ananda le
pidieron la camisa.
Pero él no tenía camisa.

Actividades
[Link]á una breve biografía de la autora y copiá en tu carpeta 5 datos que nos permitan
conocerla
2. Buscá la definición de las siguientes palabras: arrozal, languidecer,
3. ¿Qué significa que la princesa languidecía de aburrimiento?
4. ¿Cómo dijeron los sabios sobre la cura de la princesa?
[Link]é una lista de los lugares que recorrieron los servidores del reino para intentar salvarla
6. ¿Logran conseguir lo que necesitan? ¿Qué consecuencias tiene para la princesa esa situación?
7. Propuesta de escritura: Contá en un texto breve (entre 8 y 10 renglones) un momento de tu
vida en el que te sentiste feliz. Las siguientes preguntas pueden ayudarte a construir tu
respuesta: ¿dónde pasó? ¿con quién estabas? ¿cuándo sucedió? ¿de qué forma expresaste tu
felicidad?
La mujer del moñito
por María Teresa Andruetto
Hacía poco tiempo que Longobardo había ganado la batalla de Silecia, cuando los príncipes de
Isabela decidieron organizar un baile de disfraces en su honor.
El baile se haría la noche de Pentecostés, en las terrazas del Palacio Púrpura, y a él serían
invitadas todas las mujeres del reino.
Longobardo decidió disfrazarse de corsario para no verse obligado a ocultar su voluntad
intrépida y salvaje.
Con unas calzas verdes y una camisa de seda blanca que dejaba ver en parte el pecho
victorioso, atravesó las colinas. Iba montando en una potra negra de corazón palpitante como el
suyo.
Fue uno de los primeros en llegar. Como corresponde a un pirata, llevaba el ojo izquierdo
cubierto por un parche. Con el ojo que le quedaba libre de tapujos, se dispuso a mirar a las
jóvenes que llegaban ocultas tras los disfraces.
Entró una ninfa envuelta en gasas.
Entró una gitana morena.
Entró una mendiga cubierta de harapos.
Entró una campesina.

Entró una cortesana que tenía un vestido de terciopelo rojo apretado hasta la cintura y una
falda levantada con enaguas de almidón.
Al pasar junto a Longobardo, le hizo una leve inclinación a manera de saludo. Eso fue suficiente
para que él se decidiera a invitarla a bailar.
La cortesana era joven y hermosa. Y a diferencia de las otras mujeres, no llevaba joyas sino
apenas una cinta negra que remataba en un moño en mitad del cuello.
Risas.
Confidencias.
Mazurcas.
Ella giraba en los brazos de Longobardo. Y cuando cesaba la música, extendía la mano para que
él la besara. Hasta que se dejó arrastrar, en el torbellino del baile, hacía un rincón de la terraza,
junto a las escalinatas. Y se entregó a ese abrazo poderoso.
Él le acarició el escote, el nacimiento de los hombros, el cuello pálido, el moñito negro.
-¡No! –dijo ella-. ¡No lo toques!
-¿Por qué?
-Si me amas, debes jurarme que jamás desatarás este moño.
-Lo juro –respondió él.
Y siguió acariciándola.
Hasta que le deseo de saber qué secreto había allí le quitó el sosiego.
Le besaba la frente.
Las mejillas.
Los labios con gusto a fruta.
Obsesionado siempre por el moñito negro.
Y cuando estuvo seguro de que ella desfallecía de amor, tiró de la cinta.
Tiró de la cinta.
El nudo se deshizo.
Y la cabeza de la joven cayó rodando por las escalinatas

También podría gustarte