Ser un embajador del Reino de Dios es representarlo en este
mundo. Más aún, significa que fuimos llamados a cumplir
la misión más noble: llevar las buenas nuevas
del evangelio a todas las naciones.
Esta obra valiosa nos muestra que una de las
maneras de actuar como embajadores del Cielo es a
través de las finanzas. Ser equilibrados en esta área
fundamental de la vida nos permite colaborar con
el avance de la obra de Dios, al proporcionar alivio
a los que sufren y llevar esperanza a las personas
en todo el mundo.
Embajadores del Reino saca a la luz principios
bíblicos sobre la administración de nuestros
recursos. Presenta una reflexión sencilla y profunda
sobre las finanzas, en la que se involucran los
principios, los objetivos y la organización necesarios
para tener una nueva experiencia financiera más
gratificante. Esta obra proporciona una introducción
indispensable al tema de las finanzas. Si la lees y la pones en
práctica, transformará tu vida.
Camila Russo se graduó en Administración de Empresas,
tiene un MBA y una maestría en Finanzas, y cuenta con trece
años de experiencia laboral en el sector bancario. Parte de ese
tiempo lo dedicó al área de estructuración de ofertas públicas
de acciones, evaluación de empresas, y consultoría en fusiones
y adquisiciones.
Desde 2015 trabaja como planificadora financiera independiente, ofreciendo
orientación a particulares y familias, impartiendo charlas y desarrollando
contenidos sobre finanzas personales desde una perspectiva bíblica.
CAMILA MORAES RUSSO
EMBAJADORES DEL
REINO CÓMO GLORIFICAR A DIOS
A TRAVÉS DE LAS FINANZAS
Embajadores del Reino
Cómo glorificar a Dios a través de las finanzas
Camila Moraes Russo
Título del original: Embaixadores do Reino
Dirección: Germán Correa
Traducción: Gisell Erfurth
Diseño del interior: Agostina Torreblanca
IMPRESO EN LA ARGENTINA
Printed in Argentina
Primera edición
MMXXIV – 146.705M
© División Sudamericana, 2024. © Asociación Casa Editora Sudamericana, 2024.
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.
ISBN 978-631-305-156-4
Moraes Russo, Camila
Embajadores del Reino: cómo glorificar a Dios a través de las finanzas / Camila Moraes
Russo / Director Germán Correa. - 1ª ed - Florida: Asociación Casa Editora Sudamericana,
2024.
112 p. ; 20 x 13 cm.
Traducción de: Gisell Erfurth de Juez.
ISBN 978-631-305-156-4
1. Vida Cristiana. I. Correa, Germán, dir. II. Erfurth de Juez, Gisell, trad. III. Título.
CDD 230
Se terminó de imprimir el 23 de diciembre de 2024 en talleres propios (Gral. José de San
Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires).
Prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación (texto, imágenes y diseño), su mani-
pulación informática y transmisión ya sea electrónica, mecánica, por fotocopia u otros medios,
sin permiso previo del editor.
—115525—
Todas las citas bíblicas cuya referencia no tenga aclaración han sido extraídas de la versión Nueva traducción viviente
(NTV). © Tyndale House Foundation, 2010. Usado con permiso de Tyndale House Publishers, Inc., Carol Stream, IL 60188,
Estados Unidos de América. Todos los derechos reservados. Además, en esta obra se citan las siguientes versiones de la Biblia:
Dios habla hoy® (DHH), 3ª ed. © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996.
La Biblia de las Américas® (LBLA®). © The Lockman Foundation, 1986, 1995, 1997. Usada con permiso. www.lbla.com
Nueva versión internacional (NVI). © Sociedad Bíblica Internacional, 1999.
Reina-Valera revisada® (RVR 77). © HarperCollins Christian Publishing®, 2017. Usado con permiso. Reservados todos los
derechos en todo el mundo.
Reina-Valera 95® (RVR 95). © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995.
ÍNDICE
Presentación ............................................................................................... 4
1. Embajadores en la pobreza o en la riqueza.................................... 6
2. Buscar y trabajar................................................................................ 11
3. Recibir y honrar................................................................................. 14
4. Donar, ahorrar y disfrutar...............................................................20
5. Dios, el prójimo y yo ......................................................................... 24
6. La importancia de ser equilibrados...............................................28
7. Primeros pasos para la organización financiera.........................32
8. Cómo hacer un presupuesto...........................................................38
9. Vivir dentro del presupuesto..........................................................45
10. Ajustando el estándar de vida ........................................................50
11. Reservas y protecciones..................................................................55
12. El problema de las deudas...............................................................59
13. Cómo librarse de las deudas...........................................................65
14. Independencia, libertad y tranquilidad......................................... 71
15. Invertir para multiplicar...................................................................78
16. Evita las trampas................................................................................84
17. Si no es bueno, no lo compres........................................................87
18. Planifica............................................................................................... 91
19. Desafíos de la sucesión ...................................................................99
20. Embajadores cueste lo que cueste...............................................104
21. Con los pies en la Tierra y los ojos en el Cielo...........................109
3
PRESENTACIÓN
U
no de los textos más conocidos y amados del Nuevo Testamen-
to está registrado en Filipenses 4:11: “No es que haya pasado
necesidad alguna vez, porque he aprendido a estar contento
con lo que tengo”.
Este texto nos enseña lecciones preciosas sobre la administración
financiera. Lo que Pablo estaba diciendo no es que prefería vivir en
la escasez, sino que aprendió a vivir satisfecho, ya sea en momentos
de necesidad o de abundancia. Su consejo no es que disfrutemos de
las aflicciones, sino que, a lo largo de la vida, si nos enfrentamos a
situaciones de necesidad, no nos desesperemos. Las adversidades
nos llegan a todos, de tal manera que seguir el ejemplo de Pablo nos
ayudará a sentir paz en medio a los momentos más sombríos. Pocos
versículos más adelante, el apóstol nos incentiva con la siguiente
declaración: “Todo lo puedo hacer por medio de Cristo, quien me da
las fuerzas” (vers. 13).
Necesitamos aprender a gestionar sabiamente nuestras posesiones.
En medio de una sociedad endeudada y sobrecargada con intereses
y cobranzas, es vital comprender las orientaciones que la Biblia nos
ofrece sobre las finanzas. La falta de conocimiento acerca del tema
generalmente nos lleva a la insatisfacción con lo que ya tenemos.
Algunos pueden estar satisfechos con el auto que tienen, hasta que
ven la vidriera de un concesionario. De la misma manera, la satis-
facción con un placard puede no sobrevivir a una visita al shopping.
Somos tentados a pensar que si tuviéramos “un poco más” todo
estaría mejor. Sin embargo, la felicidad no se alcanza por la acumula-
ción de bienes materiales. No es que necesites abandonar tus sueños
y tus metas, sino que debes buscar una vida financiera equilibrada,
que honre y glorifique el nombre de Dios. En ese libro, aprenderás de
manera práctica y objetiva los siguientes principios bíblicos sobre
las finanzas:
4
Presentación
Organización financiera. ¿Adónde se va tu dinero? ¿Cómo contro-
lar los gastos? ¿Cómo hacer un presupuesto? ¿Por qué es importante
tener una reserva de emergencias?
Objetivos financieros. ¿Cómo gestionar las deudas? ¿Cómo tener
un plan financiero a corto, mediano y largo plazo? ¿Cómo invertir
con sabiduría?
Principios financieros. ¿Cuál es el propósito de Dios para mis
finanzas? ¿Cómo vivir como un siervo de Dios, y no del dinero?
Estas dos últimas cuestiones diferencian a este libro de otras obras
del área. Te sorprenderás con textos bíblicos que conoces hace años y
que contienen preciosas lecciones sobre finanzas que probablemente
aún no habías percibido.
La autora, Camila Russo, tiene una amplia experiencia como
consultora financiera. Sin embargo, lo que se destaca en la lectura
es su visión bíblica del tema. Esto emerge con claridad a lo largo del
libro. Durante la lectura fui bendecido con esa visión; espero que lo
mismo te suceda a ti.
Este libro forma parte de un proyecto muy especial que invo-
lucra un lindo movimiento de visitación y una semana de oración
sobre los temas de la obra. ¡Que Dios bendiga su lectura y todo este
movimiento! Que, al final de esta experiencia, estemos dispuestos
a vivir los principios bíblicos de las finanzas, ¡listos para llegar a ser
Embajadores del Reino!
¡Que Dios te bendiga poderosamente!
Pr. Josanan Alves
Mayordomía Cristiana
División Sudamericana
Advertencia: Esta obra tiene la intención de ayudar a enseñar y aplicar los
principios bíblicos de mayordomía en nuestra vida diaria. Sin embargo, los da-
tos y la información proporcionados en este libro no deben interpretarse como
asesoramiento de inversiones general ni personalizado. La valoración de algunas
inversiones refleja la perspectiva personal de la autora. También es necesario
aclarar que la autora escribe desde su realidad social, económica y jurídica en
Brasil, y que varios de los ejemplos utilizados pueden no aplicarse a la realidad
económico-financiera de otros países en Sudamérica.
5
1
EMBAJADORES EN LA
POBREZA O EN LA
RIQUEZA
H
ace algunos años, al finalizar una charla sobre finanzas desde
una perspectiva bíblica, una joven madre pidió la palabra y dijo
ante todos que se sentía mal por guardar dinero. Ella creía que
juntar recursos era una demostración de egoísmo, codicia y falta de fe
en Dios. Más tarde, constaté que ese pensamiento no es poco común
entre los cristianos. Mientras que algunos simpatizan con la idea de
enriquecerse y prosperar (incluso haciendo uso de promesas bíblicas),
otros valoran la abnegación y el desprendimiento, dando poca impor-
tancia a las cuestiones materiales.
Pero, al final, ¿quién está en lo correcto?
El profeta Isaías describe al Mesías como una persona sufrida,
despreciada y rechazada (Isa. 53:3). Jesús se describe a sí mismo como
alguien que no tenía ni siquiera un lugar donde recostar su cabeza
(Mat. 8:20); él no poseía una morada fija. Totalmente dedicado a la misión
de “buscar y salvar a los que están perdidos” (Luc. 19:10), el Hijo del Hom-
bre dependía enteramente de la providencia divina (Mat. 4:1-4). El Padre
del Cielo le daba el pan de cada día –a él y a sus discípulos– por medio
de las manos de personas piadosas, como “Juana, la esposa de Chuza,
administrador de Herodes; Susana; y muchas otras que contribuían
con sus propios recursos al sostén de Jesús y sus discípulos” (Luc. 8:3).
Aquí vemos dos instrumentos distintos que obran en sintonía: los
que donan servicios y los que donan recursos. Ambos son importantes.
A propósito, al hablar de la diversidad de dones dentro de la iglesia,
el apóstol Pablo eligió destacar la relevancia de los que contribuyen
(Rom. 12:8). Dirigiéndose particularmente a los ricos, los llamó a desarro-
llar la bondad, la generosidad y la prontitud en compartir (1 Tim. 6:18).
6
Embajadores en la pobreza o en la riqueza
El cristianismo, por lo tanto, no consiste en preferir ser rico o pobre.
Se trata de dedicar fielmente los talentos y recursos que disponemos,
pocos o muchos, al propósito de glorificar a Dios (1 Cor. 10:31).
John Piper ilustra esto de manera muy didáctica. Imagínate un
planeta cualquiera orbitando alrededor del Sol. Gigante o pequeño, da
lo mismo: su trayectoria será correcta, segura y adecuada solo mientras
el Sol sea el centro. De igual manera sucede con el dinero: ya sea mucho
o poco, nuestra relación con él será correcta, segura y adecuada solo
mientras Dios esté en el centro. De lo contrario, zigzagueando fuera de
órbita, el dinero despierta en nosotros sentimientos como la “codicia
y la ganancia, y llega a ser la moneda del orgullo, de los bienes y de la
deshonestidad, ansiedad, robo, soborno y fraude”.1
Cabe recordar que todo recurso obtenido por medios dignos y ho-
nestos es una bendición de Dios, porque es él quien nos da las fuerzas
para adquirir riquezas (Deut. 8:18), hace prosperar nuestros emprendi-
mientos y nos da abundancia de bienes (Deut. 28:11, 12). “Esta habilidad
[para adquirir riqueza]” –afirma Elena de White– “es un talento precioso
si se lo consagra a Dios y se lo emplea para promover su causa”.2 La
misma autora, incluso, afirma que “el deseo de acumular riquezas es
una propensión original de nuestra naturaleza que fue implantada
allí por nuestro Padre celestial”.3
Fines nobles. Necesitamos entender que acumular, en el sentido
de juntar y almacenar, no es necesariamente algo malo o negativo.
Depende de la finalidad.
Recordemos el ejemplo de José. Él aprovechó los años de abundan-
cia para prevenir contra los años de escasez. Juntó en los almacenes
del faraón “grandes cantidades de grano, tanto como si fuera arena a
la orilla del mar. Al final, dejó de registrar las cantidades porque había
tanto que resultaba imposible medirlo” (Gén. 41:49). ¿Fue malo lo que hizo
José o estaba tan solo obedeciendo la instrucción que recibió del Señor?
¿Qué decir de quien planifica jubilarse un día y no tiene a su dispo-
sición un sistema de seguridad social ni puede depender de la ayuda
1
John Piper, Vivendo na Luz: Dinheiro, Sexo e Poder: Fazendo Bom Uso de Três Oportuni-
dades Perigosas (São Paulo: Vida Nova, 2019), p. 85.
2
Elena de White, Consejos sobre mayordomía cristiana (Florida: ACES, 2013), p. 140.
3
Elena de White, Consejos sobre mayordomía cristiana., p. 148.
7
EMBAJADORES DEL REINO
de familiares? Esa persona, necesariamente, tendrá que reunir medios
para hacer frente a los gastos de los años en que ya no trabaje. Si no lo
hace, no tendrá de dónde sacar. ¡Eso sí que es muy malo!
“Pero ¿dónde queda la providencia divina?”, alguien puede cuestio-
nar. “¿Debería acumular dinero en lugar de confiar en Dios?”
No confundas: una cosa es acumular dinero y otra cosa es confiar
en el dinero. El rey David conquistó y acumuló muchas riquezas a
lo largo de su vida y, sin embargo, no depositó su confianza en ellas
(Sal. 62:10). A su vez, Ananías y Safira, que no eran tan ricos, se dejaron
gobernar por la avaricia y la codicia (Hech. 5:1-11).
Aunque el dinero nunca debe ser el centro de nuestra vida, se es-
pera que trabajemos con diligencia para obtenerlo y poder vivir con
dignidad, sin depender de los demás, y sustentar a nuestra familia e,
incluso, ayudar a los padres y las madres ancianos que eventualmente
necesiten amparo (1 Tes. 4:11, 12; 1 Tim. 5:4, 8).
Además, necesitamos ser precavidos en relación con el futuro,
de acuerdo con el laborioso ejemplo de la hormiga, que “prepara en
el verano su alimento, y recoge en la cosecha su sustento” (Prov. 6:8,
LBLA). Entonces, la hormiga sabe que en el invierno será mucho más
difícil encontrar comida fuera del hormiguero. Si hay una época fa-
vorable para almacenar, un período en el que el esfuerzo de salir en
búsqueda de comida será abundantemente recompensado, esa es la
época de la “cosecha”. Y así, en su humilde simplicidad, ese pequeñito
ser nos enseña que, de hecho, hay “un tiempo para cada actividad bajo
el cielo”, incluso un “tiempo para guardar” (Ecl. 3:1, 6).
¿Qué estamos haciendo con las épocas de “cosecha”? ¿Estamos
consumiendo todo y ahorrando nada? Si es así, entonces somos necios,
porque “los sabios tienen riquezas y lujos, pero los necios gastan todo
lo que consiguen” (Prov. 21:20).
La Biblia nos mostró que es correcto y sabio ahorrar y juntar. Pero
¿hasta qué punto?
En cierta oportunidad, una persona, con sincero deseo de servir a
Dios, preguntó a su pastor si debía vender sus propiedades y donar el
dinero para costear proyectos evangelizadores y misioneros. El pastor,
muy juicioso, pensó un poco y respondió: “Querido hermano, si tú ha-
ces eso ahora, será de gran ayuda; pero también agotará tu capacidad
8
Embajadores en la pobreza o en la riqueza
de seguir ayudando en los próximos cuarenta años. Entonces, sigue
creciendo, produciendo y siendo fiel. Por medio de tu trabajo, Dios te
dará la oportunidad de ayudar más y más.”
Al llegar el tiempo determinado, José abrió los almacenes. A su vez,
el granjero de la parábola derribó sus propios graneros y construyó
otros, mayores, a fin de retener aún más para sí (Luc. 12:16-19). Final-
mente, “Dios le dijo: ‘¡Necio! Vas a morir esta misma noche. ¿Y quién se
quedará con todo aquello por lo que has trabajado?’ ” (vers. 20).
No seamos necios, al volcarnos del lado de la irresponsabilidad, ni
locos, al inclinarnos del lado de la avaricia: Dios desea que seamos sabios.
La Biblia dice que “el temor del Señor es la base de la sabiduría”
(Prov. 9:10). Así, si deseamos ser sabios, necesitamos primero compren-
der lo que significa temer a Dios. “Todos los que temen al Señor odiarán
la maldad [...] el orgullo y la arrogancia, la corrupción y el lenguaje
perverso” (Prov. 8:13). El que teme al Señor se deleita en su Ley y en ella
“día y noche medita”, y llega a ser “como el árbol plantado a la orilla
de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se
marchitan. Todo cuanto hace prospera” (Sal. 1:2, 3, NVI).
¿Te has parado alguna vez bajo la sombra de un árbol de mangos,
de una higuera o de una guayaba? ¿Qué sucede con el fruto cuando
está maduro y no se cosecha? Simplemente, se marchita y cae… no
se queda en el árbol. El fruto es donado, ya sea para los pájaros y los
animales que se alimentan de él, o para las personas que lo cosechan,
o para la tierra, que es abonada por el fruto descompuesto.
¿Muere el árbol después de dar todos sus frutos? ¡No! ¿Deja de
fructificar nuevamente por no haber retenido siquiera un fruto de
la temporada anterior? Tampoco. ¿Cómo es eso posible? Simple: La
abundancia del árbol no está en retener; ¡su abundancia está en pro-
ducir! Sin embargo, no produce de sí mismo. Su vigor es consecuencia
de estar “plantado a la orilla de un río”. Del mismo modo, nosotros
solo seremos extraordinariamente abundantes si permanecemos en
Cristo y recibimos su poder para producir y fructificar, porque sin él
no podemos hacer absolutamente nada (Juan 15:5).
Cuando Jesús dijo que no nos preocupáramos en cuanto a qué
comer, o qué beber o qué vestir, él no nos estaba incentivando a adop-
tar un estilo de vida indigente, negligente ni irresponsable. Estaba,
9
EMBAJADORES DEL REINO
sí, orientándonos a reordenar los esfuerzos y las prioridades hacia el
blanco correcto: el Reino de Dios y su justicia (Mat. 6:31-33). Cuando
dijo que no juntáramos tesoros en la Tierra, no nos estaba alentando
a la imprudencia ni a la falta de juicio, sino haciéndonos reconocer
que todo lo que podemos acumular aquí es frágil, puede estropearse,
perderse o ser robado. Nuestra única inversión segura está en el Cielo
y es allí donde debemos depositar nuestro corazón (Mat. 6:19, 20).
Elena de White afirma: “La riqueza es una posesión peligrosa
únicamente cuando se la hace competir con el tesoro inmortal. [...]
La Palabra de Dios denuncia el amor al dinero como la raíz de todos
los males. El dinero en sí mismo es el don de Dios al hombre, para que
este lo utilice con fidelidad en su servicio”.4
Siendo así, ¿qué hay de malo hay en enriquecerse? Nada, siempre
que el Señor siga siendo el Único y Soberano de nuestro corazón. Esta
elección diaria, sin embargo, es más difícil para el rico, que está constan-
temente tentado a confiar en sus riquezas en lugar de confiar en Dios.
“¿Sería entonces más seguro elegir la pobreza?” Me pregunto si
alguien podría tener este tipo de duda. En respuesta, usaré otra cita
de Elena de White: “No podemos hacer que el corazón sea más puro o
más santo cubriendo el cuerpo de cilicio o privando el hogar de todo
lo que proporciona comodidad, gusto o conveniencia”.5
Cabe recordar que entre los héroes de la fe conviven ricos y pobres.
El punto en común entre ellos no tiene que ver con el nivel económico,
sino con reconocer “que eran extranjeros y nómadas aquí en este mun-
do” a la espera de “un lugar mejor, una patria celestial” (Heb. 11:13, 16).
Este no es nuestro hogar. Dios nos llama para que seamos embaja-
dores del Reino, representantes fieles de la patria celestial, cuyos prin-
cipios y valores deben impregnar todas las áreas de nuestra vida, incluso
la financiera. A fin de cuentas, como ciudadanos comunes de este mundo,
al final moriremos con él, ya sea que tengamos mucho o poco dinero.
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4
Elena de White, Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 140.
5
Elena de White, Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 140.
10
2
BUSCAR Y
TRABAJAR
S
e atribuye al megainversor Warren Buffett la siguiente frase: “No
ahorres lo que te sobra después de gastarlo; en cambio, gasta lo
que te sobra después de ahorrarlo”.
Llena de sabiduría, esa frase dice mucho sobre prioridades. Final-
mente, ¿qué hacer primero? ¿Gastar o ahorrar? De acuerdo con Buffett,
ahorrar. Pero ¿eso es todo? Finalmente, ¿qué prioridades deberían regir
nuestra vida financiera?
Bien, consideremos esto: en ocasión del Sermón del Monte, Jesús
se vio rodeado de una multitud de espectadores ansiosos y preocu-
pados. Entre ellos había personas muy pobres, inseguras respecto de
las necesidades más esenciales, como la alimentación y la vestimenta
(Mat. 6:25, 31). Otros eran más ricos, aunque también bastante apre-
hensivos con respecto al futuro (vers. 27). A todos ellos, sin excepción,
Cristo les advirtió sobre el peligro de idolatrar el dinero (vers. 24) y,
finalmente, les hizo un llamado para que pusieran sus prioridades en
el orden correcto.
Y ¿qué debe venir primero? ¿Trabajar? ¿Obtener dinero? ¿Ahorrar?
Nada de eso.
PRIORIDAD Nº 1: BUSCAR
Jesús indicó cuál debe ser nuestra prioridad número uno al decir:
“Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, entonces
todas estas cosas les serán añadidas” (Mat. 6:33, NVI).
Muchos quieren resolver la vida financiera a costa del tiempo que
debería utilizarse para la oración, para la lectura de la Biblia y para el
culto familiar. El Reino de Dios y su justicia quedan en último plano.
En nuestra agenda llena de compromisos, para él queda tan solo el
resto... cuando sobra.
11
EMBAJADORES DEL REINO
Debemos, sí, esforzarnos, o sea, estudiar, trabajar y desarrollarnos
(Ecl. 9:10). Sin embargo, con humildad, necesitamos reconocer que, “si
el Señor no construye la casa, el trabajo de los constructores es una
pérdida de tiempo” (Sal. 127:1). Por mejor que sea, ningún esfuerzo será
capaz de sustituir la bendición del Eterno (Sant. 4:13-15). ¿Qué nos hace
pensar que podemos comenzar el día lejos de su presencia?
Nada debe suprimir ni sustituir el momento reservado a la comu-
nión con Dios. Antes de preocuparnos por poner el alimento sobre
la mesa, necesitamos ocuparnos en estar abastecidos de la Palabra
de Dios (Deut. 8:3). Solo entonces, fortalecidos en el Señor, podemos
dedicarnos a otras prioridades.
Y ¿cuáles son ellas? Trabajar, recibir, honrar, donar, ahorrar y dis-
frutar. Vamos a estudiarlas, una a una, en el transcurso de este y de
los próximos dos capítulos.
PRIORIDAD Nº 2: TRABAJAR
En Proverbios 12:11, leemos: “El que se esfuerza en su trabajo tiene
comida en abundancia, pero el que persigue fantasías no tiene sentido
común”.
La fantasía es una obra de la imaginación, un “hacer de cuenta”. La
Palabra de Dios nos orienta a vivir en el mundo real. Y, en el mundo
real, los resultados duraderos tienen que ver con el trabajo dedicado y
bien realizado. “La riqueza […] que es fruto del arduo trabajo aumenta
con el tiempo” (Prov. 13:11).
El consejo bíblico es claro: “Antes de construir tu casa, haz tus
planes y prepara los campos” (Prov. 24:27). Observa cómo existe una
lógica fundamental, en la que el trabajo precede a la ganancia. Por
lo tanto, es ilusión, fantasía, imaginar que podemos disfrutar sin
antes trabajar.
Eso vale incluso para quien ya juzga tener la vida comprada por
tener muchos bienes. Observa lo que dice la Palabra de Dios: “Mantente
al tanto del estado de tus rebaños y entrégate de lleno al cuidado de
tus ganados, porque las riquezas no duran para siempre, y tal vez la
corona no pase a la próxima generación” (Prov. 27:23, 24). Es decir, la
Biblia no solo nos orienta para que estemos bien informados, sino
también para que seamos productivos. Ese es un excelente consejo
12
Buscar y trabajar
para los inversores. Observa cómo los siguientes versículos (25-27)
hablan sobre cosechar el heno y recoger la hierba. De esa manera,
se puede asegurar una buena oferta de alimento para el rebaño. Los
animales, una vez bien nutridos y tratados, proporcionarán al dueño
una satisfactoria producción de lana, carne y leche. Lo que no se con-
suma podrá ser vendido, y la ganancia generada podrá ser reinvertida.
En otra de sus frases famosas, Warren Buffett advierte: “Si no
encuentras una manera de hacer dinero mientras estés durmiendo,
entonces tendrás que trabajar hasta morir”. Tiene sentido. Pero hay un
problema aquí, y es que nos induce a menospreciar el trabajo y confiar
en el dinero, y confiar en el dinero es un peligro (Prov. 11:28). Además,
causa mucho insomnio, ya que “los ricos rara vez tienen una buena
noche de descanso” (Ecl. 5:12). A su vez, dice el mismo versículo bíblico:
“La gente trabajadora siempre duerme bien, coma mucho o coma poco”.
Observa que ese “mucho” evidencia que el trabajador puede, sí,
tener abundancia de alimento; muestra que Dios no nos está llamando
a vivir una vida llena de privaciones y dificultades. Lo que realmente
importa es saber dónde estamos depositando nuestra confianza. Ya sea
que tenga mucho o poco, el trabajador que en paz se acuesta y luego
se duerme es aquel que reconoce que solo el Señor es quien lo hace
reposar en seguridad (Sal. 4:8), no el dinero (ni el trabajo).
Apreciado lector, podríamos avanzar a la siguiente prioridad, pero
vamos a dejar eso para el próximo capítulo. Antes quiero pedirte que
hagas una pausa para reflexionar sobre cómo anda tu relación con
Dios y con el trabajo. Usa el siguiente espacio para anotar puntos en
los que reconoces que necesitas mejorar. Enseguida, ora al Señor y
pídele que te ayude a realizar cambios.
13
3
RECIBIR
Y HONRAR
E
n la Biblia leemos que “¡los que trabajan merecen recibir su sala-
rio!” (1 Tim. 5:18). Infelizmente, no todo se da satisfactoriamente
en relación con el salario. Puede haber un retraso, un imprevisto,
una dificultad o incluso mala fe por parte de quien se comprometió a
pagar. Y, aunque nada de eso suceda, no es prudente gastar lo que aún
no recibimos. Por ese motivo, recibir es una prioridad.
PRIORIDAD Nº 3: RECIBIR
Imagina un bidón lleno de agua con una canilla en la base. Si abres
la canilla, el agua saldrá mientras haya agua en el bidón. Sin embargo,
cuando se acabe el agua, ya no saldrá nada por la canilla, a menos que
rellenes el bidón. Entonces, el bidón representa tu cuenta corriente; el
agua representa tus ingresos; y la canilla, tus gastos.
¿Qué son los ingresos? Son las entradas; es decir, el dinero que
recibimos a cambio de las horas que trabajamos; servicios que presta-
mos; productos que vendemos; o bienes que alquilamos, prestamos o
empleamos. Los gastos, por su lado, son las salidas de dinero, necesa-
rias para pagar por bienes y servicios, ya sean esenciales o superfluos.
Volvamos a la ilustración del bidón: Si para que salga agua es ne-
cesario primero poner agua, de igual manera, para que salga dinero es
necesario que primero entre dinero. Cuando el dinero no entra (o se
demora en entrar) y aun así gastamos, significa que llenamos nuestro
bidón con el agua que alguien nos prestó.
En el campo de las finanzas, ese alguien generalmente es el banco,
que nos ofrece formatos rápidos (y caros) de crédito, tales como los
descubiertos y las cuentas de las tarjetas de crédito; puede también
ser un familiar, un usurero, un comerciante o incluso un proveedor
al que le debemos dinero.
14
Recibir y honrar
Sí, cada vez que tenemos que pagar una cuenta, ya sea por agua,
alquiler, mensualidad escolar, seguro médico, supermercado, psicólogo,
lo que sea, significa que alguien nos prestó un servicio o nos vendió un
producto esperando recibir dinero a cambio. Si no pagamos, estaremos
en deuda con ese proveedor.
Debes saber que existe una manera mucho más común de “gastar
el agua de los demás”, una forma que, incluso, la practica gente que no
se considera endeudada. Me refiero al financiamiento.
Si vas al diccionario, verás que financiar significa sostener los
gastos de alguien, o proveer el dinero necesario para que ese alguien
pueda adquirir algo. Por lo tanto, cada vez que compramos y llevamos
a casa un producto por el cual no pagamos de inmediato significa que
el vendedor nos financió; es decir, permitió que sacáramos de su stock
uno o más ítems que le costaron dinero, con la confianza de que le
pagaremos después, en cuotas y con intereses.
Profundizaremos el asunto de las deudas más adelante. Por ahora
quiero que comprendas lo siguiente: Cada vez que gastamos lo que aún
no recibimos, en la práctica estamos usando el dinero de otro y no el
nuestro, salvo cuando tenemos una reserva.
Supongamos que falta agua en el bidón. Para tu tranquilidad,
tienes un bidón de reserva, el cual llenaste a lo largo del tiempo a fin
de precaverte contra la posibilidad de que falte agua.
En finanzas, eso se llama reserva para emergencias: cantidad ahorra-
da con el propósito de usarla en circunstancias críticas, como es el caso,
por ejemplo, de una interrupción o retraso en los ingresos, o también
un gasto imprevisto que no puede ser pospuesto. Esa reserva debe ser
lo suficientemente grande como para pagar las cuentas y honrar los
compromisos durante un tiempo determinado, hasta que la situación
se normalice. Volveremos a este punto en un capítulo más adelante.
Otra manera de precaución consiste en diversificar los ingresos; es
decir, no depender de una única fuente de ingreso. Nuestro trabajo es
tan solo una fuente de ingreso. Podemos, con celo y disciplina, emplear
recursos y esfuerzos para crear y mantener otras fuentes de ingreso
además del trabajo.
La mujer virtuosa descrita en Proverbios 31, por ejemplo, “va a ins-
peccionar un campo y lo compra; con sus ganancias planta un viñedo”
15
EMBAJADORES DEL REINO
(Prov. 31:16, énfasis agregado). Esa viña, una vez productiva, podría
arrendarse (Cant. 8:11), lo que reportaría ingresos extra.
Este consejo de emplear una parte de los ingresos para aumentar el
patrimonio y crear nuevas fuentes de ingreso se puede ver claramente
en Proverbios: “Tus cabras servirán para comprar un campo” (27:26).
Un inversor sabio seguramente no desperdiciaría ese dinero, ni dejaría
ese campo abandonado para que crezca la maleza.
De este modo –y recordando los riesgos de confiar en el dinero,
tal como se expuso anteriormente–, es bíblicamente válido expandir
el patrimonio y multiplicar nuestras fuentes de ingreso mientras
tengamos la oportunidad de hacerlo.
El rey David, por ejemplo, sin duda estaba muy ocupado al frente
de los intereses de la nación israelita. Y no por eso dejó de desarrollar
negocios particulares. En el transcurso de los años, en la medida en
que Dios lo ayudaba a prosperar (2 Sam. 22:36), David fue adquiriendo
y multiplicando riquezas. De hecho, la Biblia describe que él, al final
de su vida, poseía un extenso patrimonio, constituido por cultivos de
cereales, plantaciones de uvas, aceitunas e higos, rebaños de ganado
y de ovejas, así como camellos y burros. Es decir, David tenía al menos
ocho emprendimientos distintos. Sin embargo, no era él quien conducía
esos negocios. Hombres competentes y de confianza los administraban
(1 Crón. 27:25-31).
A propósito, el administrador (o mayordomo) es un profesional
muy presente en el relato bíblico. El mayordomo fiel es aquel que hace
que su señor esté más feliz, es aquel que multiplica los bienes que este
le confía (Mat. 25:21).
Haciendo exactamente así, multiplicando los bienes que el Señor le
confió (sin, no obstante, apegarse a esos bienes), David, de buen grado,
pudo destinar para la construcción del templo en Jerusalén una ofrenda
absolutamente extraordinaria: “más de ciento dos toneladas de oro
de Ofir y doscientas treinta y ocho toneladas de plata refinada”. Y
eso, además de todo lo que ya había consagrado para ese propósito
a lo largo de los años (1 Crón. 29:3, 4).
Independientemente de tener varias fuentes de ingreso o tan solo
un único trabajo, debemos esforzarnos para ser ejemplares, como “un
buen obrero, alguien que no tiene de qué avergonzarse” (2 Tim. 2:15),
16
Recibir y honrar
al entregar siempre un trabajo bien hecho, “como si lo hicieran para
el Señor y no para la gente” (Efe. 6:7).
Cualquier profesional negligente y descuidado no irá muy lejos. El
que es “hábil en su trabajo”, a su vez, “servirá a los reyes en lugar de
trabajar para la gente común” (Prov. 22:29). Por lo tanto, no importa
nuestra área de actuación, al hacer nuestro trabajo con excelencia
y esmero, podemos esperar una amplia recompensa.
PRIORIDAD Nº 4: HONRAR
En la Biblia leemos: “Honra al Señor con tus riquezas y con los
primeros frutos de tus cosechas” (Prov. 3:9, NVI).
Observa que la expresión “primeros frutos” enfatiza un orden
importante: Cuando recibimos algo, no debemos satisfacer nues-
tras necesidades personales ni nuestros intereses particulares o
los de quien dependa de nosotros. Antes debemos honrar al Señor
entregándole la parte que nos pide en forma de diezmos y ofrendas.
De este modo, reconocemos que todo proviene del Señor y que no
podemos hacer nada más allá de devolverle de lo que proviene de
sus manos (1 Crón. 29:14).
La Palabra de Dios es clara: “Deberás separar el diezmo de tus
cosechas, es decir, la décima parte de todo lo que coseches cada año”
(Deut. 14:22). De este texto podemos extraer tres lecciones importantes.
Primera, debemos comprender que la parte correspondiente al diezmo
debe ser separada, es decir, consagrada. No nos pertenece. Segunda,
la base del cálculo del diezmo es la producción, la cosecha, el ingreso.
Eso significa que primero gano para después diezmar. Es decir, antes
del diezmo viene la bendición, no lo contrario. Tercera, el diezmo debe
acompañar la misma periodicidad del ingreso. Si el ingreso es anual,
el diezmo debe ser anual. Si el ingreso es mensual, el diezmo debe ser
mensual, y así sucesivamente. Todo lo que sea consagrado al Señor,
ya sea diezmo u ofrenda, debe ser traído a él sin demora (Éxo. 22:29).
Por otro lado, hay que recordar que el diezmo corresponde al
10 %, “la décima parte de los productos de la tierra” (Lev. 27:30). Las
ofrendas, en cambio, son un porcentaje definido por el adorador: “Cada
uno presentará su ofrenda conforme a la bendición que Jehová, tu
Dios, te haya dado” (Deut. 16:17, RVR 95).
17
EMBAJADORES DEL REINO
¿Dado sobre qué? Sobre “ya sea grano de los campos o fruto de
los árboles” (Lev. 27:30). Nota que esta diferenciación entre la pro-
ducción de los campos y la producción de los árboles no se menciona
por casualidad.
El cultivo de granos tiene un ciclo que exige dedicación de inicio
al fin: arar y preparar el suelo, plantar, abonar, regar y controlar las
hierbas dañinas. Y, una vez cosechada, la planta no producirá nue-
vamente, a menos que se vuelva a plantar su semilla, con lo que se
inicia un nuevo ciclo.
Los árboles frutales, en cambio, requieren una gran inversión al
principio, seguida de un largo período de crecimiento y maduración,
hasta que pueden alcanzar su fase productiva. A partir de ahí, siempre
que reciban unos cuidados básicos de mantenimiento y se encuentren
en condiciones climáticas favorables, producirán durante muchos,
muchos años, quizá décadas.
Haciendo una analogía con la realidad moderna, podemos decir
que el “grano de los campos” corresponde a la remuneración que ob-
tenemos por el trabajo que realizamos, el servicio que prestamos, el
producto que vendemos. Al final de un ciclo (generalmente un mes),
para producir nuevos ingresos, hay que salir a sembrar de nuevo, es
decir, trabajar, conquistar, producir, vender, alcanzar objetivos. Si no
se hace así, se pondrán en peligro los ingresos futuros (la cosecha).
Los “frutos de los árboles”, por su parte, corresponden al rendi-
miento que obtenemos de las inversiones que realizamos. Siempre que
estén bien fundamentadas y se realicen en condiciones de mercado
favorables, estas inversiones producirán por sí solas, sin ninguna
intervención por nuestra parte. La renta y los dividendos1 son ejemplos
de “frutos” de este grupo. Cuantos más “árboles frutales” tengamos,
menos dependerán nuestros ingresos directamente de nuestro trabajo.
Aquí estamos de acuerdo con el consejo de Warren Buffett, citado
en el capítulo anterior, sobre ganar dinero mientras dormimos. Sin
embargo, debemos reconocer humildemente que esto también viene
de la mano del Señor (Sal. 127:2).
1
Dividendo tiene que ver con la distribución de ganancias para los socios de una empresa,
y consiste en el resultado que remunera el capital de cada uno de ellos, proporcionalmente
a su participación.
18
Recibir y honrar
El salario, las comisiones, los premios, las primas, las rentas, los
ingresos, los dividendos y los beneficios son, por lo tanto, ejemplos de
distintas formas de ganar dinero. Todas ellas son fruto de la bendi-
ción de Dios sobre nosotros y, por eso, prevalece sobre todas ellas la
máxima: “Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos
de tus cosechas” (Prov. 3:9, NVI).
Muy bien, después de honrar a Dios, debemos también dar “al Cé-
sar lo que pertenece al César” (Mat. 22:21); así Jesús nos instruyó con
respecto al pago de impuestos. Es nuestro deber pagar “los impuestos
y demás aranceles a quien corresponda, y den respeto y honra a los
que están en autoridad” (Rom. 13:7). Hacemos así “no solo para evitar
el castigo, sino para mantener tu conciencia limpia” (vers. 5).
Una conciencia limpia. Esto tiene que ver con la honradez. Conviene
recordar que nadie puede ocultar u omitir ingresos y beneficios sin
recurrir antes a la mentira, y “el Señor detesta los labios mentirosos”
(Prov. 12:22). Además, cuando no pagamos lo que debemos, ya sea al
Estado o a cualquier otra persona, estamos tomando el dinero de otras
personas. Esto es un robo, una clara transgresión del octavo Manda-
miento. Te pregunto: ¿Cómo podemos esperar que Dios bendiga nuestras
finanzas si las gestionamos de un modo que va en contra de su Ley?
En el próximo capítulo continuaremos con nuestra lista de priori-
dades que debemos seguir al gestionar nuestros recursos.
19
4
DONAR, AHORRAR Y
DISFRUTAR
E
n las campañas solidarias, es común encontrar personas bien
intencionadas donando ropas, frazadas y otros ítems usados.
Siempre y cuando esté en buen estado, aquello que no sirve o no
interesa más puede recibir un destino noble, que sirva a las necesidades
de alguna familia carente.
Aunque esos gestos sean bonitos, necesitamos saber que el están-
dar que Dios nos llama a seguir es mucho más elevado.
PRIORIDAD Nº 5: DONAR
En la Biblia, leemos:
Cuando recojas las cosechas de tu tierra, no siegues el
grano en las orillas de tus campos ni levantes lo que caiga
de los segadores. Harás lo mismo con la cosecha de la uva,
no cortes hasta el último racimo de las vides ni recojas las
uvas que caigan al suelo. Déjalas para los pobres y para los
extranjeros que viven entre ustedes. Yo soy el Señor tu Dios
(Lev. 19:9, 10).
La orientación divina para mí y para ti es la siguiente: a la hora de
cosechar, no coseches todo; deja una parte para las personas necesitadas.
Es decir, no debemos dejar tan solo los restos para los necesitados, aquello
que sobró después de usar y usar hasta que no lo queremos más, sino
lo que usaríamos por primera vez y, sin embargo, decidimos compartir.
¡Atención! No hagamos caridad con el dinero de los demás. Si tene-
mos deudas atrasadas, primero debemos regularizar nuestra situación.
Solo entonces estaremos en condiciones de ayudar al semejante en
necesidad sin sustraer del otro que nos prestó el dinero. La orden bíblica
es clara: “No deban nada a nadie” (Rom. 13:8). No es que se nos prohíba
20
Donar, ahorrar y disfrutar
contraer deudas. Una vez que las tenemos, debemos estar al día; es
decir, debemos ser correctos y puntuales con nuestros compromisos.
PRIORIDAD Nº 6: AHORRAR
En Proverbios 21:20, leemos: “Los sabios tienen riquezas y lujos, pero
los necios gastan todo lo que consiguen”. Gastar todo es lo mismo que
ahorrar nada. Y la Biblia dice, con todas las letras, que eso es insensatez;
es decir, desatino, cosa de gente sin juicio.
Para comenzar, necesitamos ajustar el orden de las cosas. Recuerda:
antes de gastar es necesario ahorrar. ¿Cómo? Ajustando el gasto a lo
que sobra después de ahorrar. Vamos a estudiar un ejemplo hipotético:
Benicio es contador, soltero, no tiene hijos y vive con sus padres.
Hace dos años, después de graduarse, recibió la bendición de ser con-
tratado por un estudio de contabilidad. Actualmente su sueldo bruto
es de 620 dólares. Sin embargo, en su cuenta se acreditan 544 dólares,
una vez descontados el impuesto a las ganancias y la contribución
para el seguro social.
Sueldo bruto US$ 620
Impuesto a las ganancias US$ 19
Seguro social US$ 57
Sueldo neto US$ 544
Desde que comenzó a trabajar y administrar sus finanzas, Benicio
se propuso ser un mayordomo fiel de todos los bienes que el Señor le
confiara. Después de orar mucho y estudiar sobre el tema, comprendió
que, además de separar el santo diezmo, debería también establecer
un porcentaje para sus ofrendas y donaciones, de manera que fueran
planificadas (1 Cor. 16:1, 2), proporcionales (Deut. 16:17) y voluntarias
(2 Cor. 9:7). Después de una cuidadosa reflexión, Benicio finalmente
decidió destinar un 5 % de sus ingresos a ofrendas regulares y un 5 %
para acciones solidarias de la iglesia,1 tal como aparece a continuación:
1
Este es un ejemplo hipotético. Cada adorador debe, en oración, comprensión y consa-
gración, establecer los porcentajes de ofrendas y donaciones que se siente cómodo en
practicar. El único porcentaje que Dios fijó fue el correspondiente al diezmo (10 %). En
cuanto a las ofrendas y las donaciones, no hay porcentaje indicado en la Biblia.
21
EMBAJADORES DEL REINO
Sueldo bruto US$ 620
Diezmo (10 %) US$ 62
Ofrenda regular/Pacto (5 %) US$ 31
Ofrenda para acción solidaria (5 %) US$ 31
Total consagrado (20 %) US$ 124
De este modo, ni bien recibe el sueldo, Benicio primero separa los 124
dólares correspondientes a diezmos, ofrendas y donaciones. Una vez apar-
tado ese valor, le quedan 420 dólares para utilizar como mejor le parezca.
¿Qué debe hacer ahora? En primer lugar, ahorrar. ¿Cuánto? Depen-
de. En su caso, que se graduó, no tiene hijos y vive con sus padres, mi
consejo sería: “Ahorra todo lo que puedas. Aprovecha esta etapa en la
que tienes pocos gastos”.
Supongamos que Benicio es responsable de algunos de los gastos
de la casa; al fin y al cabo, aunque aún vive con sus padres, ya es un
hombre adulto y se ha dado cuenta de que tiene que pagar algunas
cuentas. Imaginemos que este gasto representa 176 dólares por mes.
Eso le deja 244 dólares para gastar por su cuenta, lo que equivale a casi
56 dólares por semana, unos 8 dólares por día. Pregunto: ¿Qué tan fácil
sería para un joven soltero gastar 8 dólares por día?
Ahora supongamos que, antes de cualquier gasto, Benicio reserva el
20 % de sus ingresos para ahorrar e invertir. Tendríamos lo siguiente:
Sueldo Bruto US$ 620
Total Consagrado (20 %) US$ 124
Impuestos y seguridad social US$ 76
Ahorros (20 %) US$ 124
Colaboración en el hogar US$ 176
Saldo US$ 120
Después de devolver lo que ha consagrado al Señor, pagar sus
obligaciones civiles, ahorrar y colaborar en la casa, a Benicio le que-
dan 120 dólares para uso personal (el equivalente a unos 27 dólares
por semana, o casi 4 dólares por día). Nota que se puso “más difícil”
que gaste dinero ahora. Por otro lado, siempre y cuando mantenga la
22
Donar, ahorrar y disfrutar
disciplina de ahorrar mes a mes, estará gestionando sabiamente sus
finanzas y construyendo una buena reserva para el futuro.
Recuerda: Para mantener las finanzas equilibradas, es fundamental
nunca gastar todo lo que se recibe y siempre ahorrar antes de gastar.
PRIORIDAD Nº 7: DISFRUTAR
Finalmente llegó la hora de disfrutar. Al fin y al cabo, todos “de-
bería[n] comer, beber y aprovechar el fruto de su trabajo, porque son
regalos de Dios” (Ecl. 3:13).
¡Regalo de Dios! Por lo tanto, no es pecado disfrutar de los in-
gresos que el Señor nos concedió, siempre y cuando lo hagamos con
responsabilidad, conscientes de que lo que resta en nuestras manos
aún pertenece al Señor, no es nuestro. Cumplir las etapas anteriores
no nos pone ahora en el derecho de disfrutar como si no tuviéramos
que rendir cuentas.
La orientación bíblica es absolutamente clara: “Así que, sea que
coman o beban o cualquier otra cosa que hagan, háganlo todo para
la gloria de Dios” (1 Cor. 10:31).
Nuestro deber de glorificar al Señor no concluye al devolver los
diezmos y las ofrendas, ni al donar o ahorrar dinero. Como embajadores
del Reino, debemos también disfrutar para la gloria de Dios.
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2, 3 y 4.
23
5
DIOS, EL PRÓJIMO
Y YO
E
n cierta oportunidad, un fariseo mal intencionado dirigió a
Jesús la siguiente pregunta: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento
más importante en la ley de Moisés?” Jesús respondió: “ ‘Ama
al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda
tu mente’. Este es el primer mandamiento y el más importante. Hay
un segundo mandamiento que es igualmente importante: ‘Ama a tu
prójimo como a ti mismo’. Toda la ley y las exigencias de los profetas
se basan en estos dos mandamientos” (Mat. 22:36-40).
“Toda la ley y […] los profetas” corresponde a toda la instrucción
bíblica en la que debemos basar nuestras opciones, incluso las financie-
ras. Por lo tanto, en nuestro trato con las finanzas, desde las pequeñas
acciones cotidianas hasta las decisiones de inversión más complejas,
en todas las situaciones se espera que demostremos que amamos a
Dios, al prójimo y a nosotros mismos.
En línea con este propósito, en los capítulos anteriores aprendi-
mos sobre siete prioridades que deben regir nuestra vida financiera.
Recordemos:
1. Buscar 3. Recibir 5. Donar 7. Disfrutar
2. Trabajar 4. Honrar 6. Ahorrar
No seguir este orden es el primer paso para desordenar las finanzas
personales. Los ejemplos más comunes de esto son querer disfrutar de
lo que aún no se ha cosechado o cosechar lo que aún no se ha plantado.
También es una pésima decisión disfrutar antes de ahorrar y dejar para
el ahorro solo lo que sobra. Peor aún es saltarse etapas y apropiarse
de lo que pertenece al Señor, al Estado y al semejante. Además, las
personas así movidas por la ganancia piensan que están haciendo
algún bien a sus finanzas cuando, en verdad, están causando un gran
perjuicio a su vida, especialmente en su relación con Dios.
24
Dios, el prójimo y yo
TRABAJA CON LOS NÚMEROS CORRECTOS
El segundo paso para desordenar las finanzas consiste en trabajar
con los números equivocados. Regresemos al ejemplo de Benicio:
Sueldo bruto US$ 620
Sueldo neto US$ 544
Diezmo (10 %) US$ 62
Ofrenda (5 %) US$ 31
Donación – acciones solidarias (5 %) US$ 31
Ahorro / inversión (20 %) US$ 124
Sueldo disponible US$ 296
Después de haber honrado sus compromisos con Dios (adoración),
con el semejante (donación) y consigo mismo (ahorro), el saldo que
queda para que Benicio use representa poco más de la mitad del sueldo
acreditado en su cuenta (54 %).
Es aquí donde muchos se confunden: piensan que pueden gastar
lo que entra, no lo que queda.
En el caso de Benicio, entran 544 dólares y quedan 296 dólares,
por lo que, si tiene unos gastos que, sumados, superan los 290 dólares,
obligatoriamente tendrá que recortar de algún lugar para reequilibrar
sus entradas y salidas. Si no fuera posible disminuir los gastos ni au-
mentar los ingresos, entonces tendrá que reconsiderar las cantidades
que antes había planificado destinar a ahorros, donaciones y ofrendas.
Para una mejor comprensión, dividiremos su sueldo en cuatro
partes, tal como sigue:
300 US$296
250
200
150
US$124
100 $93
50 US$31
Dios Prójimo Yo del Yo del
futuro presente
25
EMBAJADORES DEL REINO
Si Benicio tiene un aumento del 25 % en sus gastos y pasa de 296
dólares a 370 dólares, ¿cómo quedará esa distribución, si su ingreso
es el mismo, es decir, 544 dólares?
En este escenario, supongamos que no quiera disminuir el porcentaje
que consagró como ofrenda. De esta manera, el diezmo y la ofrenda
no variarán; seguirán representando 93 dólares, por lo que quedarán
81 dólares para distribuir entre donaciones y ahorro.
Si opta por mantener sus donaciones en 31 dólares, podrá ahorrar
tan solo 50 dólares:
400
US$370
350
300
250
200
150
100 $93
50 US$50
US$31
Dios Prójimo Yo del Yo del
futuro presente
Ahora, si él opta por ahorrar los 81 dólares, entonces no quedará
nada para donaciones:
400
US$370
350
300
250
200
150
100 $93
US$81
50
US$0
Dios Prójimo Yo del Yo del
futuro presente
26
Dios, el prójimo y yo
De ese breve ejercicio podemos extraer dos lecciones importantes:
• Primera: Aunque disfrutar sea el último ítem de la lista de
prioridades financieras, se trata de la base que da sustento a
todas las anteriores. Nuestras mejores intenciones serán pues-
tas en riesgo si no mantenemos el control a la hora de gastar.
• Segunda: Cuanto más se satisfaga el “yo del presente”, más se
perjudicará al “yo del futuro”, a menos que la compensación
se dé a costa de disminuir la parte del prójimo o, peor aún, la
parte de Dios. En resumen, cuando el gasto es desenfrenado,
alguien sale perjudicado.
“Pero Benicio puede tratar de ganar más”, alguien podría sugerir. Es
verdad, puede, lo que no quiere decir que lo conseguirá de inmediato.
Ciertamente habrá un camino que recorrer en ese sentido, que exigirá
inversión y dedicación por su parte. Por lo tanto, se trata de una solu-
ción que lleva tiempo madurar. Hasta que eso suceda, es importante
que Benicio se adecue y reduzca sus gastos (el “yo del presente”) hasta
alcanzar un nivel equilibrado con sus demás prioridades (el “yo del
futuro”, el prójimo y Dios).
Llegamos a la conclusión de que la gestión financiera va mucho
más allá de hacer cuentas, cumplir compromisos y ahorrar algo de
dinero, porque también repercute en nuestra vida espiritual. Tanto es
así que Cristo identificó claramente a los creyentes de fachada como
aquellos en los que la Palabra está ahogada por las espinas, es decir,
“las preocupaciones de esta vida, el atractivo de la riqueza y el deseo
por otras cosas” (Mar. 4:19).
En resumen, es necesario que haya tres personas presentes en un
presupuesto saludable: Dios, el prójimo y yo, tanto el del presente como
el del futuro. Como embajadores del Reino, ¡que nuestras finanzas
sean un testimonio práctico de la obediencia a la ley del amor!
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27
6
LA IMPORTANCIA DE
SER EQUILIBRADOS
P
odría hablar de muchos otros pasos para desordenar las finan-
zas. Me voy a detener solo en uno: vivir el hoy sin pensar en el
mañana. Eso no tiene que ver necesariamente con un estilo de
vida despilfarrador; puede ser la realidad de un cristiano modesto y
lleno de buenas intenciones. Explico con un ejemplo real.
En cierta oportunidad, un amigo me dijo que estaba pasando por
una etapa de mucha dificultad. Todo su ingreso estaba comprometido
con gastos esenciales y ni siquiera sobraba lo necesario para un sim-
ple helado con la familia. Sin ahorros, se justificaba recordando las
innumerables veces en las que había ayudado a amigos y familiares.
Si nunca había ahorrado a lo largo de la vida, fue porque, según él,
siempre había estado dispuesto a ayudar a quien le pidiera.
Del tipo de persona que vivía una vida sencilla, sin ostentación alguna,
este amigo se entregó tanto por el prójimo que se olvidó de cuidar de sí
mismo. En el balance de su presupuesto a lo largo de su vida podemos
notar un fuerte desequilibrio, en el que su prójimo adquirió gran rele-
vancia, al paso que su “yo del futuro” quedó completamente descuidado.
“Muy cristiano su comportamiento”, quizás estés pensando. De
hecho, se trata de un ejemplo de persona generosa y altruista, pero
también imprudente. Todos tenemos un “yo del presente” y un “yo
del futuro”. Ambos necesitan atención, no deben ser menospreciados.
AHORRA PARA DONAR
En cierta oportunidad, al aconsejar a un hermano sobre sus finanzas,
Elena de White señaló que no debía ser avaro, sino honesto “consigo
mismo y con sus hermanos”.1 Conviene subrayar que este consejo
1
Elena de White, Consejos para la iglesia (Florida: ACES, 2013), p. 223.
28
La importancia de ser equilibrados
se enmarca en un contexto de aliento a la economía, una economía
equilibrada que se preocupa no solo por las necesidades de los demás
o de uno mismo, sino de ambas.
La misma autora destaca que “muchos desprecian la economía,
confundiéndola con la tacañería y la mezquindad. Pero la economía
se aviene perfectamente con la más amplia liberalidad. Efectivamente,
sin economía no puede haber verdadera liberalidad. Hemos de ahorrar
para poder dar”.2 El mismo acto de dar, por lo tanto, depende de que
primero cuidemos del equilibrio de nuestras finanzas. Comprendido
esto, necesitamos definir una planificación financiera responsable,
con criterios para ahorrar, gastar, donar, ayudar, regalar y, necesito
decir, ofrendar también.
OFRENDA PROPORCIONALMENTE
Sí, ofrendar. El Señor espera que sus adoradores le presten un culto
racional (Rom. 12:1). En relación con las ofrendas, “cada uno debe de-
cidir en su corazón cuánto dar”, jamás “de mala gana ni bajo presión,
‘porque Dios ama a la persona que da con alegría’ ” (2 Cor. 9:7). Cuando
ofrenden, que sea siempre “en proporción a lo que tienen. Todo lo que
den es bien recibido si lo dan con entusiasmo. Y den según lo que tienen,
no según lo que no tienen” (2 Cor. 8:11, 12).
Esto significa que, antes de ir a la iglesia, tenemos que reflexionar
en casa y fijar una cantidad de ofrenda que esté en consonancia con la
bendición que hemos recibido del Señor y, al mismo tiempo, sea cohe-
rente con lo que podemos dar. Esta cantidad depende de nuestras otras
prioridades y compromisos, porque “aquellos que se niegan a cuidar
de sus familiares, especialmente los de su propia casa, han negado la
fe verdadera y son peores que los incrédulos” (1 Tim. 5:8).
Ya vimos que el diezmo no se toca; es el 10 %, punto final. A su vez,
los porcentajes de ofrendas, donaciones y ahorros son de libre elección.
Por ejemplo, alguien puede plantearse ahorrar el 50 % de todo lo
que gana. Eso queda a su criterio. Sin embargo, el plan debe ajustarse
a los gastos de la persona. De lo contrario, tarde o temprano se dará
cuenta de que se ha precipitado, tendrá que revisar su plan y, tal vez,
2
Elena de White, El ministerio de curación (Florida: ACES, 2014) p. 157.
29
EMBAJADORES DEL REINO
reducir su porcentaje de ahorro al 20 %, el 15 % o menos, hasta encon-
trar una solución mejor.
Con la ofrenda no es justamente así como funciona. La ofrenda
planificada generalmente involucra un pacto, un voto.
Cuando hagas un voto al Señor tu Dios, no tardes en
cumplir lo que le prometiste. Pues el Señor tu Dios te exige
que cumplas todos tus votos sin demora, o serás culpable
de pecado. Sin embargo, no es pecado abstenerse de hacer
un voto. Pero una vez que voluntariamente hagas un voto,
asegúrate de cumplir lo que prometiste al Señor tu Dios
(Deut. 23:21-23; énfasis agregado).
Mira, el Señor es Dios de palabra, y él espera que seamos también
hombres y mujeres de palabra. Él no exige que le hagamos promesas,
pero si las hacemos, debemos cumplirlas. Por eso, a la hora de definir
un porcentaje de ofrenda y hacer un voto al Señor, necesitamos ser
muy criteriosos. Cada uno debe calcular su presupuesto, reflexionar
sobre los compromisos que tiene y entonces hacer su plan particular.
Es preferible comenzar con un porcentaje bajo, que sea factible y pueda
ser elevado a lo largo del tiempo, que partir de un blanco elevado que
después sea impracticable.
Eso no significa que debamos ser mezquinos con Dios. ¡Claro que
no! No se trata de mezquindad ni de falta de fe, sino de racionalidad
y planificación.
Querido lector, por favor debes comprender que este es un asunto
delicado y de extrema seriedad. Recuerda la ocasión en la que Jesús
señaló la hipocresía de los escribas y los fariseos, su negligencia a la
hora de atender las necesidades de sus propios padres y madres ancia-
nos, aunque dispusieran de los medios para hacerlo. ¿Qué justificativo
daban? Se declaraban impedidos de ayudar, ya que “ ‘cualquier ayuda
que pudiera haberte dado es corbán’ (es decir, ofrenda dedicada a Dios)”
(Mar. 7:10-13, NVI).
Nota que aquellos escribas y fariseos habían hecho un pacto con
Dios. En su presupuesto, consagraban un determinado porcentaje en
forma de ofrenda al Señor. Al hacerlo, quedaban eximidos del deber
de cuidar de los propios de la casa. De este modo, aunque ofrendaran
30
La importancia de ser equilibrados
de manera celosa, se transformaban, a los ojos de Dios, en peores que
los ateos (1 Tim. 5:8).
¡Atención! No es honesto de nuestra parte definir una cantidad
de ofrenda ínfima en comparación con las bendiciones que Dios nos
ha concedido (Mal. 3:8). En cierta oportunidad, el Señor le preguntó a
su pueblo: “¿Por qué viven ustedes en casas lujosas mientras mi casa
permanece en ruinas?” (Hag. 1:4). Este cuestionamiento nos confronta
con una verdad embarazosa: nuestras ofrendas dicen mucho acerca
de nuestras prioridades.
Tanto es así que, en comparación con la entrega de la viuda pobre,
las ofrendas de los ricos, a los ojos de Cristo, no eran más que un cambio
porque todos ellos “dieron una mínima parte de lo que les sobraba”
(Mar. 12:44). Lo que devolvieron al Señor representaba poquísimo en
comparación con su capacidad financiera real. En esencia, la causa de
Dios no era una prioridad para ellos. Todo lo contrario a lo que hizo
aquella viuda, que entregó la mayor ofrenda de la que se tiene registro
en la historia.
Querido lector, este capítulo habla acerca de la importancia de ser
equilibrados, es verdad, pero que ese equilibrio jamás sea al costo de
tentarnos a servir a dos señores: Dios y el dinero (Mat. 6:24).
Solo puede haber un señor en nuestro corazón. Que sea el Dios
Creador y Redentor, aquel que, por amarnos tanto, dio su bien más
precioso, “su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda,
sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).
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31
7
PRIMEROS
PASOS PARA LA
ORGANIZACIÓN
FINANCIERA
L
a cama sin hacer, cosas fuera de lugar, armarios abarrotados
de cosas, documentos, libros y papeles apilados en cualquier
lugar de la casa, comida descompuesta en la heladera, malezas
creciendo en el patio. Estos son tan solo algunos ejemplos de cómo
la desorganización puede ir más allá de las circunstancias y llegar a
transformarse en un estilo de vida.
La Biblia dice que “Dios no es Dios de desorden sino de paz”
(1 Cor. 14:33). Más claro, imposible: el desorden no debería formar
parte de la realidad del cristiano, ya sea en la iglesia, en la casa, en el
trabajo o, incluso, al gestionar sus finanzas.
HÁBITOS PARA LA DESORGANIZACIÓN FINANCIERA
A pesar de saberlo, muchos de nosotros, cristianos, infelizmente
no practicamos el plan recomendado por Dios en su Palabra. Permi-
timos que el desorden se instale y, sin darnos cuenta, las disfuncio-
nes presentadas a continuación pasan a describir nuestros hábitos
financieros:
Falta de Gastar lo que todavía
Desperdicio planificación no se ha obtenido
Deudas
Desorden Gastar más de lo
que se gana
32
Primeros pasos para la organización financiera
Desperdicio no tiene solo que ver con una canilla que gotea, luces
encendidas sin necesidad y comida tirada a la basura. El desperdicio
también sucede cuando pagamos para ir al gimnasio y no vamos,
compramos libros y no los leemos, pagamos en cuotas en lugar de
pagar al contado con descuento. Sucede cuando somos multados por
infringir una ley de tránsito o cuando, por descuido, dejamos que una
cuenta se venza y pagamos intereses. Intereses y multas, de hecho, son
maneras muy comunes y caras de desperdiciar dinero.
Desorden es una característica bastante presente en la vida de
quien tiene las finanzas desaliñadas. No es que la persona sea irres-
ponsable con los gastos, pero sí descuidada, desatenta. En general,
incluso se hace una idea de cuánto representan sus cuentas más
relevantes (como alquiler, agua, energía, mensualidad escolar), pero
no se preocupa por mantener una anotación básica de las entradas y
las salidas de cada mes, ni por corroborar extractos, boletas y factu-
ras. Pequeños gastos pasan desapercibidos, mientras se incorporan
nuevos gastos sin mucho criterio. Al final, el dinero se termina sin
que se sepa adónde se fue.
Falta de planificación es vivir el hoy como si no hubiera un mañana.
Esa es una práctica muy peligrosa para las finanzas (tanto del individuo
como de las personas que dependen de él).
Gastar más de lo que se gana es romper el límite de lo que los in-
gresos pueden cubrir. Esto ocurre cada vez que una persona mantiene
un nivel de vida incompatible con sus ingresos. ¿De dónde saldrá el
dinero para cubrir la diferencia entre lo poco que entró y lo mucho
que salió? De pedir prestado a un acreedor (deudas), de dejar de pagar
a un proveedor (facturas vencidas) o de evadir impuestos (fraude). En
algunos casos, cuando es posible, también puede provenir de la ayuda
de familiares. No es raro ver a hijos adultos, maduros, con carreras
a sus espaldas y familias formadas, que siguen dependiendo de sus
padres para su sustento económico.
Gastar lo que todavía no se ha obtenido es endeudarse en cuotas,
esperando mantener a lo largo de los meses la misma condición de
ingreso y estabilidad actuales. Esa práctica es común, especialmente
en la compra de bienes de valor más elevado, ya que muchos se con-
sideran incapaces de adquirir bienes sin contraer deudas. Lo que no
33
EMBAJADORES DEL REINO
saben es que, con paciencia, planificación y disciplina para ahorrar e
invertir mes a mes, podrían juntar lo suficiente para adquirir bienes
y realizar sueños sin deudas (como veremos en este libro).
En resumen, observa cómo existe una progresión entre los primeros
y los últimos hábitos de desorden financiero, que en última instancia
conducen al endeudamiento. De ello se deduce que un esfuerzo por
organizar las finanzas difícilmente tendrá un efecto duradero si no
se aborda en su origen, lo que incluye impregnar otros ámbitos con
los que las finanzas se comunican.
HÁBITOS PARA LA ORGANIZACIÓN FINANCIERA
Por simple que parezca, la organización financiera no viene de los
números, sino de los hábitos. Por lo tanto, todo lo que te compete debe
estar en orden. Vale la pena subrayarlo: además de ser contrario a la
voluntad de Dios, el desorden es como un desagüe por el que fluye una
enorme cantidad de dinero. Por eso hay que combatirlo urgentemente.
En este sentido, por lo que respecta a las finanzas, he aquí diez buenas
prácticas sencillas y útiles:
Ten un plan de compras. Revisa la despensa (y la heladera) antes
de ir de compras. Evalúa lo que está almacenado desde hace mucho
tiempo. Si aún no fue consumido, prográmate para consumirlo. Si
está vencido, descártalo y reflexiona si lo debes comprar nuevamente.
Finalmente, formula un listado de lo que es necesario.
Ten una agenda de compras. Evita ir al supermercado, la feria y la
verdulería en días aleatorios. Transitar por las góndolas favorecerá que
compres cosas que no estaban planificadas. Elige un día a la semana
y de la quincena para ir de compras (preferentemente, aquel en el que
suele haber promociones).
Mantente atento a lo que compras. No todo lo que es barato es
bueno. Evalúa con cautela tanto la calidad como la cantidad de lo que
pretendes comprar. En caso contrario, los centavos ahorrados con
promociones ventajosas terminarán yendo a la basura con el producto
que se rompió o se arruinó.
Ten un calendario de pagos mensuales. Dibuja una tabla en formato
calendario, con 30 espacios que representen los días del mes (utiliza el
último espacio para los días 30 y 31). Si lo prefieres, utiliza una hoja de
34
Primeros pasos para la organización financiera
cálculo o una aplicación de agenda. Lo importante es que puedas ver
un calendario de todas las facturas y los compromisos financieros que
tienes que cumplir cada mes, con sus respectivos importes. Los días
de mayor (o más) vencimiento son los más críticos. Mantente alerta.
Restringe las fechas de pagos. Preferentemente, que coincidan con
los días en que recibes tu sueldo o algún otro ingreso. Procura reunir los
vencimientos de tus compromisos alrededor de uno o, como máximo,
tres días al mes. Evita tener compromisos por vencer en varios días
del mes, porque puedes olvidarte de pagar alguna cuenta.
Crea un calendario anual de pagos. Al igual que con el calendario
mensual, haz un relevamiento de las facturas anuales, como impuestos,
matrícula escolar, vacaciones y revisión del coche. Suma los importes
de estos compromisos basándote en el historial de años anteriores e
intenta ahorrar, mes a mes, la cantidad correspondiente a 1/12 del total.
De este modo, irás constituyendo poco a poco una reserva para hacer
frente a estos gastos estacionales sin desequilibrar tu presupuesto.
Comprueba los cobros que recibes. Comprueba cuidadosamente
todas las facturas que tengas que pagar (especialmente las de las
tarjetas de crédito). Si detectas incoherencias, pregunta a tiempo. Si
todo es correcto, confirma el pago y guarda los recibos en una carpeta
específica, según sea necesario, sin mezclarlos con otros papeles.
Utiliza la tecnología a tu favor. Los bancos suelen ofrecer herramien-
tas que facilitan el proceso de organización de las cuentas por pagar,
como la programación de pagos y el débito automático. Familiarízate con
estas herramientas y aprovéchalas al máximo, asegurándote siempre
de que tienes suficiente saldo en tu cuenta corriente (o caja de ahorro,
según el caso) para hacer frente a cada pago el día de su vencimiento.
Acompaña tu extracto bancario. Corrobora tu extracto regular-
mente (al menos una vez a la semana) para asegurarte de que todos
los pagos previstos fueron procesados correctamente. En el caso que
identifiques algún error, toma las medidas necesarias.
Reduce la cantidad de cuentas corrientes y tarjetas de crédito. Además
de ser costoso, tener varias cuentas y tarjetas dificulta el proceso de
corroborar hacia dónde se está yendo el dinero. Limítate a tener una
o dos cuentas, y opta siempre por la institución que entrega la mejor
relación costo-beneficio. Haz de igual modo con la tarjeta de crédito.
35
EMBAJADORES DEL REINO
Este conjunto de estrategias sirve para organizar compras, cuentas
y pagos. Ayudan bastante en el proceso de acompañar y controlar
gastos para saber con exactitud cuáles son, cuándo suceden y cuánto
representan. Este es tan solo el primer paso. El siguiente consiste en
reflexionar sobre cada uno de esos gastos.
REFLEXIONA SOBRE TUS GASTOS
Generalmente lo hacemos recién cuando no caben en el presupuesto
(asunto sobre el que hablaremos en el siguiente capítulo). Quiero in-
vitarte a anticiparte, a cuestionar el sentido por detrás de cada gasto,
independientemente de si tienes la capacidad de pagarlo o no.
Veamos algunos ejemplos:
Roberto tiene un hijo que usa el celular y juega videojuegos la ma-
yor parte del tiempo. Casi no colabora en las tareas de la casa y tiene
un desempeño mediocre en la escuela. Además, casi no se interesa
por los libros. A pesar de eso, Roberto sigue proporcionándole todo
lo que necesita para alimentar su adicción a las pantallas: Internet
de alta velocidad y suscripción a juegos y streaming, sin hablar de su
ausencia como padre, ya que está sobrecargado con tantas cuentas
que pagar. ¿Tiene sentido?
Al analizar sus gastos, Adolfo descubre que en los últimos meses
ni siquiera una vez había salido a cenar solo con su esposa. En con-
trapartida, había tenido momentos especiales de celebración con
parientes y amigos. Pregunta: ¿Estará feliz la esposa de Adolfo con ese
desequilibrio? ¿No sería bueno que dialoguen y se pongan de acuerdo
para valorar y priorizar algunos momentos a solas, a fin de fortalecer
el vínculo de la pareja?
María tiene un gasto absurdo en remedios. La cuenta de la farmacia
siempre es elevada, todos los meses. Elevados niveles de colesterol,
azúcar en la sangre, presión alta, estreñimiento, acidez estomacal e
insomnio son algunos de los males que suele combatir con los medica-
mentos. En contrapartida, María se alimenta muy mal, con una dieta
rica en grasas y pobre en vitaminas y fibras; además es sedentaria,
bebe gaseosas en lugar de agua, no dejar de usar café y se acuesta
tarde a dormir. Ciertamente su cuenta en la farmacia se reduciría
significativamente si comenzara a adoptar hábitos saludables, sin
36
Primeros pasos para la organización financiera
hablar del buen impacto que esto tendría en su calidad de vida. ¿No
será tiempo de hacer cambios?
Giovanna y Mauro se esmeraron con los regalos y las celebraciones
del último fin de año. La casa adornada, toda la familia con ropa nue-
va, el árbol de Navidad rodeado de regalos delicadamente envueltos,
comida en abundancia y sabrosa sobre la mesa, año nuevo en la playa.
¡Todo perfecto! En contrapartida, los primeros meses del año que se
inicia ya están sobrecargados de deudas; utilizaron todo el aguinaldo
de ambos y el resto de las compras lo hicieron en cuotas con la tarjeta
de crédito, ya que ellos no tenían dinero para pagar al contado. Pre-
gunto: ¿Valió la pena haber pasado algunos días disfrutando de un
estándar de vida incompatible con sus ingresos, a costa de sabotear
la tranquilidad financiera de varios meses por delante?
Aunque estos nombres sean todos ficticios, situaciones como estas
reflejan la realidad; quizá te hayas identificado con alguna de ellas.
Necesitamos comprender que nuestras finanzas son una exten-
sión de nuestras elecciones. Siendo así, organizar las finanzas implica
repensar las elecciones que hacemos.
Dejo el siguiente espacio para que te detengas y reflexiones. Utiliza
las siguientes líneas y responde: ¿Qué elecciones han sido acertadas?
¿Cuáles necesitas revertir? ¿Cuáles necesitan pasar de los planes a
la práctica?
Antes que nada, ora: “Padre Eterno, aprendí hoy que mis finanzas
tan solo reproducen el estilo de vida que he llevado. Querido Dios,
ayúdame a eliminar el desorden de mi vida y a vivir conforme a tu
santa y buena voluntad. Te lo pido en el nombre de Jesús. ¡Amén!”
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37
8
CÓMO HACER UN
PRESUPUESTO
M
ariana es una entusiasta maestra de nivel primario. Soltera, ella
gana 443 dólares por mes y vive con sus padres jubilados en un
departamento de 65m2 en el Gran San Pablo. Desea regalarle a su
mamá una heladera nueva, y hace algunas semanas está investigando
precios y comparando modelos en Internet. Recientemente encontró
una promoción en la que se ofrecía su modelo preferido por 531 dólares
al contado, o en diez cuotas fijas de 62 dólares. Sin dinero para apro-
vechar el descuento al contado, Mariana evalúa comprar en cuotas.
Este es un caso hipotético que ilustra una situación común de
nuestra vida cotidiana. La pregunta que hago es: Mariana ¿puede
hacerse cargo de las cuotas?
A juzgar por su sueldo, sí. Pero la vida financiera de Mariana no
está hecha solo de ingresos. También tiene gastos. Antes de concluir si
puede o no asumir este compromiso, es necesario responder algunas
preguntas. Por ejemplo: ¿Cuál es su costo de vida? ¿Sobran 62 dólares
al final de cada mes? ¿Cuánto sobró en los últimos meses? Al com-
prometerse con este nuevo gasto, ¿será necesario disminuir el valor
destinado a otros ítems importantes, como alimentación y recreación?
Cuando evaluamos una compra en cuotas, o una compra cualquie-
ra, generalmente tenemos el cuidado de calcular si se ajusta a lo que
ganamos y, también, a los compromisos que ya asumimos. Para que
esta cuenta sea correcta, es esencial trabajar con números correctos, y
esto solo es posible a partir de un presupuesto bien elaborado.
LECCIONES SOBRE EL PRESUPUESTO
¿Qué es un presupuesto? Una definición simple indica que el pre-
supuesto es una previsión de entradas y salidas de dinero es decir, de
los ingresos y los gastos de un determinado período.
38
Cómo hacer un presupuesto
Ese período puede ser anual, dividido en recortes mensuales, de
acuerdo con el siguiente ejemplo:
Ene Feb Mar Abr … Oct Nov Dic Total
Ingresos
Gastos
Sobrante
Con este simple cuadro, ya podemos extraer algunas lecciones.
Primera lección: Si la suma de los gastos es igual a la suma de los
ingresos, no habrá un sobrante. ¡Obvio! Infelizmente, muchos igno-
ran esta matemática básica. Viven al límite (o más allá) de lo que sus
ingresos son capaces de suplir. Lo correcto sería vivir por debajo de la
suma de ingresos. De paso, uno de los mayores beneficios de adoptar
un presupuesto es justamente ese: identificar qué correcciones son
necesarias para que haya un sobrante.
Segunda lección: Si el presupuesto en sí es tan solo una previsión, si
no es debidamente corroborado y controlado a partir de los ingresos y
los gastos que efectivamente suceden mes a mes, poco efecto producirá.
Siendo así, prioriza tener un presupuesto simple, fácil de entender y
de acompañar, en lugar de tener un presupuesto complejo y difícil de
manejar, que finalmente dejarás de lado.
Tercera lección: Al ser una previsión, es normal que el presupuesto
contenga errores, los cuales serán identificados en el transcurso de
los meses, a medida que los ingresos y los gastos se materialicen. Es
común, por ejemplo, subestimar valores, olvidar de incluir algún ítem
o que haya ajustes de precios en función de la inflación. Por lo tanto, es
necesario corroborar y actualizar el presupuesto periódicamente para
que se mantenga lo más cercano posible a la realidad.
Cuarta lección: Lo que al principio puede parecer poco bajo una
perspectiva mensual, multiplicado por 12 se transforma en mucho. Por
ejemplo, un “pequeño” gasto de 9 dólares al mes será de 108 dólares al
final de 12 meses. Esta cantidad podría ser suficiente para costear una
buena celebración de fin de año. Un buen presupuesto, por lo tanto, debe
tener en cuenta tanto los grandes como los pequeños gastos. Incluso
los gastos de valor reducido, aparentemente sin relevancia, no deben
39
EMBAJADORES DEL REINO
jamás ser menospreciados. “Cuide los centavos, y los pesos se cuidarán
solos”, dice Elena de White. “Son los centavos aquí y los centavos allá
gastados para esto, aquello, y lo de más allá, que pronto suman pesos”.1
ESPECIFICA INGRESOS Y GASTOS
Una vez comprendido esto, el siguiente paso es prever y detallar
los ingresos y, después, los gastos.
Para algunos puede resultar fácil prever los ingresos, pero para
otros no tanto. Esto puede variar en función de si la persona tiene o
no un trabajo remunerado, si este es formal o informal, si recibe algún
plus por desempeño o si el ingreso varía de acuerdo con factores como
picos de producción, cambio de estación, comportamiento del clima,
fechas conmemorativas, vacaciones o el regreso a clases.
A pesar de haber tantas realidades distintas, un consejo es bastante
útil en todas ellas: Al prever los ingresos, sé cauteloso. Mejor es equi-
vocarse para menos que para más. Piensa el ingreso como una valla
en forma de círculo. A medida que amplíes el área de la valla, estarás
expandiendo también la frontera segura que sirve para delimitar hasta
dónde pueden ir tus gastos. Por eso, es más prudente contar con una
previsión de ingreso moderado, conservador.
Otro aspecto importante por considerar es que, en general, los
ingresos son una contrapartida que recibimos al agregar valor para
alguien, ya sea con mano de obra, prestando un servicio o entregando un
producto. Existe, por lo tanto, un trabajo involucrado, y la expectativa
de un ingreso futuro depende de que seamos capaces de realizarlo.
Esa capacidad es una bendición de Dios (Deut. 8:17, 18). Por otra
parte, aunque nuestro ingreso no dependa directamente de nuestro
trabajo, sino que sea el resultado de las inversiones, sabemos que eso
también proviene de la mano de Dios. Por ese motivo, todos somos
llamados a honrar al Señor con nuestros bienes y con los primeros
frutos de nuestros ingresos (Prov. 3:9).
Por lo tanto, la primera parte del presupuesto consiste en separar
la parte que le pertenece a Dios, es decir, diezmos y ofrendas. Una vez
hecho esto, y una vez sustraídos los impuestos, lo que reste en nuestro
1
Elena de White, Consejos sobre mayordomía cristiana (Florida: ACES, 2013), p. 252.
40
Cómo hacer un presupuesto
poder será finalmente el ingreso neto, aquel que nos sobra después de
dar “al César lo que pertenece al César y […] a Dios lo que pertenece
a Dios” (Mat. 22:21). Antes de considerar estos ingresos para fines de
gastos, debemos reservar la parte que donaremos, así como la que
ahorraremos, como aprendimos en el capítulo 4.
Una vez completada esta primera etapa, llega el turno de prever
y hacer un listado de cada uno de los gastos, cuidando de no crear un
listado excesivo (al punto de sobrecargar el presupuesto con pormeno-
res que harán de su mantenimiento una tarea compleja y cansadora),
ni generalizar demasiado, dejando de detallar cuentas importantes.
Por ejemplo, no necesitas detallar específicamente cuánto gastaste
en jabones en el transcurso del mes, pero tampoco debes simplemente
tener una cuenta titulada “compras del mes” donde no se describa ni
mínimamente lo que incluye ese gasto.
Otro error que debemos evitar consiste en efectuar varios pagos
en dinero sin registrarlos para revisarlos después. Salen así 20, 40 o
más dólares en gastos que, sin registro, quedan sin control.
Es importante crear el hábito de anotar cada gasto que realizamos,
ya sea en un papel que guardamos en la billetera o en un cuadernito
fácil de llevar en la cartera. Podemos hacerlo también en una aplicación
del celular o en una hoja de cálculo; da lo mismo. Escoge la herramienta
que te resulte más fácil utilizar. Lo que importa es anotar cada entrada
y salida de dinero. En caso contrario, ¿cómo podrás después corroborar
si estás viviendo o no de acuerdo con tu presupuesto?
La manera más común de organizar esas anotaciones consiste en
usar una tabla. En las líneas horizontales se describen primero los
ingresos, después las prioridades y, por último, los gastos, agrupados
en orden de importancia. Luego, en las columnas se rellenan los res-
pectivos valores, de acuerdo con el mes correspondiente.
La siguiente tabla contiene un modelo simplificado de presupuesto
personal, con algunas cuentas principales que podrán servirte de
guía. Todas las categorías de gastos enumerados allí son tan solo su-
gerencias. Puedes excluir e incluir líneas de acuerdo con tu realidad.
Por ejemplo, si no tienes una mascota, no hay motivo para mantener
la línea “cuidados con la mascota”. Si tienes que pagar alguna cuota,
debes detallar ese gasto.
41
EMBAJADORES DEL REINO
PRESUPUESTO PERSONAL (MODELO SUGERIDO)
Ene Feb … Nov Dic TOTAL
INGRESOS BRUTOS
Diezmo 10 %
Ofrendas__ %
Impuestos
INGRESO NETO
Donación__ %
Ahorro __ %
INGRESO DISPONIBLE
Vivienda
Alquiler
Impuesto inmobiliario
Energía/agua/gas
Alimentación
Supermercado
Panadería
Salud
Consultas y exámenes
Medicamentos
Educación
Mensualidad
Útiles/uniforme
Comunicación
Internet/teléfono
Suscripciones
Transporte
Combustible
Seguro
Impuesto vehicular
Mantenimiento
Taxi/transporte público
Recreación y celebraciones
Restaurantes/paseos/viajes
Regalos
Cuidados personales
Peluquero/vestimenta
Gimnasio/deportes
Cuidados de la mascota
42
Cómo hacer un presupuesto
Veterinario/comida
Tarifas y anualidades
Ayudas y mesadas
Otros
SOBRANTE
Vale comentar que la clasificación “Otros”, aunque esté prevista, debe
evitarse. Esfuérzate para ubicar cada gasto en una categoría específica.
Cuanto más diligente seas en esto, más consciente serás sobre el perfil
de tus gastos; eso será de gran ayuda al hacer ajustes o al planificar.
Hablando de planes, es importante saber que el presupuesto es tan
solo una herramienta. Aunque sea muy útil y necesario, el presupuesto
solo no soluciona la vida financiera de nadie.
EVALÚA CONSTANTEMENTE TU PRESUPUESTO
Puede ocurrir, incluso, que tu presupuesto en un principio sea muy
malo, muy ajustado o, incluso, negativo, con gastos que superan los in-
gresos. ¿Eso significa que debes desistir de tener un presupuesto? ¡Claro
que no! Al contrario, incluso un presupuesto malo sirve como un punto
de partida para el plan que deberás trazar a fin de mejorar tu situación.
A propósito, una vez que finalices el presupuesto, recuerda que
necesitas visitarlo constantemente. Aparta una jornada para el control
de las finanzas, al menos una vez al mes, para acompañar, corroborar
y alimentar el presupuesto. En caso contrario, no servirá de nada.
A fin de facilitar este trabajo (tal como vimos en el capítulo anterior),
prioriza usar una única cuenta corriente2 para recibir tus ingresos y
pagar tus cuentas. Al centralizar tus finanzas en un único banco (o
dos, si es necesario), tendrás un registro automático de todo tu historial
de transacciones. Después, esto facilitará el trabajo de corroborarlas,
una a una, a partir del extracto bancario.
En fin, mantener un registro de todas las entradas y las salidas, y
confrontarlas siempre con el presupuesto es una tarea esencial, pero
2
La cuenta corriente es una herramienta que los bancos ofrecen a sus clientes para las
transacciones financieras del día a día, tales como ingresos y pagos, extracciones y
depósitos. Es importante, sin embargo, estar atentos a las tarifas relacionadas con este
tipo de cuenta, ya que pueden variar bastante en función de los servicios ofrecidos.
43
EMBAJADORES DEL REINO
no necesita ser complicada. En verdad, es bastante simple, tan simple
como sumar y restar. Muchos no lo hacen porque les parece que es
aburrido, o por mera pereza, pero la Palabra de Dios advierte: “Por la
pereza se hunde el techo; por el ocio gotea la casa” (Ecl. 10:18).
Como embajadores del Reino, somos llamados a revelar al mundo
el elevado estándar de excelencia que rige la Patria celestial. Jamás
deberíamos descuidarnos al punto de que el techo de nuestras finanzas
se encorve y amenace con venirse abajo. Abracemos, la responsabilidad
de hacer lo que debe ser hecho y dejemos la pereza de lado.
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44
9
VIVIR DENTRO DEL
PRESUPUESTO
H
ay un proverbio estadounidense que afirma más o menos así:
“Es mejor decirle a tu dinero adónde tiene que ir que preguntarte
adónde se fue”.1
De hecho, si no establecemos destinos y límites para nuestros
gastos, ni definimos una cantidad regular para ahorrar mes a mes,
en la práctica estaremos descontrolados en relación con el rumbo de
nuestras finanzas. Por eso, el presupuesto es una herramienta tan
esencial al planificar y coordinar el uso del dinero.
Tal como vimos en el capítulo anterior, al concluir el presupuesto
obtenemos un saldo que puede ser positivo (cuando entra más dinero
del que sale); cero (cuando las entradas y las salidas empatan); o nega-
tivo (cuando sale más dinero del que entra).
A partir de esta conclusión básica, puede ser que te veas en una
realidad financiera que dista de la que consideras ideal y supongas que
la solución para tus problemas sea entonces ganar más. La Biblia, sin
embargo, dice lo siguiente: “Los sabios tienen riquezas y lujos, pero los
necios gastan todo lo que consiguen” (Prov. 21:20).
Nota que, de acuerdo con el texto que acabamos de leer, las finanzas
equilibradas no tienen que ver con cuánto ganamos sino con cuánto
gastamos. Ya sea que ganemos mucho o poco, siempre tenemos la op-
ción de vivir dentro de los límites de nuestro ingreso, y eso depende
de ser sensatos.
La Biblia no dice “el hombre adinerado tiene riquezas y lujos”; “el
hombre sabio” alcanza esa proeza. Para lograr el equilibrio en las
finanzas, por lo tanto, tener sabiduría tiene mucho más valor que
tener dinero.
1
En el original en inglés: It’s better to tell your money where to go than to ask where it went.
45
EMBAJADORES DEL REINO
Claro que existen, infelizmente, situaciones de pobreza severa, en
la que el ingreso no es suficiente ni siquiera para suplir las necesidades
más esenciales. En esos casos extremos, obviamente, no tiene sentido
hablar de vivir por debajo del ingreso. Esa persona necesita ser socorrida
y amparada financieramente, de acuerdo con su necesidad (Deut. 15:8).
Señalada esta excepción, en todos los demás casos necesitamos
gastar menos de lo que recibimos, como aconseja, implícitamente,
Proverbios 21:20. Esto es esencial, tanto en el proceso de equilibrar
las finanzas como en la construcción de la riqueza y la abundancia. A
fin de cuentas, quien consume todo el ingreso no tiene ninguna sobra
para invertir y multiplicar.
ADOPTA UN ESTÁNDAR DE VIDA CUIDADOSO
Solo existe una manera de gastar menos de lo que ganamos: adop-
tando un estándar de vida cuidadoso, en un nivel de gastos por debajo
de nuestro nivel de ingresos.
El estándar de vida de una persona o de una familia es una com-
posición de elecciones que tiene que ver con el estilo de vivienda, la
vestimenta, la alimentación, el entretenimiento y el ocio, entre otros
aspectos. Cada elección trae consigo un costo correspondiente.
Por ejemplo, imagina a alguien que trabaja afuera y no consigue
salir y volver a tiempo para almorzar en su casa. Le quedan entonces
las siguientes alternativas: (a) llevar una vianda; o (b) comer en un
restaurante cercano a su lugar de trabajo. Ambas opciones tienen
un costo, siendo la vianda en general la alternativa más económica.
Ahora, supongamos que esa misma persona vive en un barrio
de la periferia y está muy insatisfecha con el tiempo que tarda para
trasladarse desde su casa hasta el trabajo y viceversa. Por eso evalúa
mudarse con la familia a una región más céntrica, para estar más cerca
del trabajo. Una mudanza de ese porte, sin embargo, haría aumentar
una serie de gastos que van más allá del costo de vivienda en sí: super-
mercado, panadería, farmacia, salón de belleza, escuela, ocio, servicios
de mantenimiento y limpieza son tan solo algunos ejemplos de cosas
que tienden a encarecerse en la medida en que nos distanciamos de
la periferia en dirección al centro. Nota que una simple elección como
“¿dónde vivir?” trae consigo diversos impactos en el presupuesto.
46
Vivir dentro del presupuesto
En resumen, el estándar de vida es un conjunto de elecciones que
hacemos. Los costos correspondientes se reflejarán en nuestro presu-
puesto, ya sea en una cuenta específica (como en el ejemplo de la comida)
o en varias cuentas interconectadas (como en el ejemplo de la vivienda).
PROCURA SER ECONÓMICO
De este modo, para gastar menos de lo que ganamos, debemos,
antes que nada, hacer elecciones económicas.
Ser económico, de acuerdo con la Biblia, no es ser mezquino o
“codito”, como se dice popularmente. Observa el texto que dice: “Los
perezosos ni siquiera cocinan la presa que han atrapado, pero los
diligentes aprovechan todo lo que encuentran” (Prov. 12:27). En otras
palabras, aunque la caza sea abundante, si aquel que la conquistó es
perezoso, al punto de dejar que se descomponga, irá toda a la basura.
La primera lección que aprendemos de este texto, por lo tanto, es que
ser económico es lo contrario a ser perezoso.
Ser económico es también darles valor a los bienes, no en el sen-
tido de apegarse a ellos, sino en el de sacarles el mayor provecho,
cuidando cada centavo ganado. Nada, absolutamente nada debe ser
desperdiciado.
Traducido a nuestra realidad de hoy (después de todo, no creo que
estés con una caza encima de la pileta en este momento), esto significa
adoptar actitudes de consumo inteligente.
Cinco sugerencias de cómo llevarlo a la práctica al consumir los
siguientes ítems:
• Ropas, calzados y accesorios. Comprar piezas que sean de
buena calidad y que sigan una línea atemporal (que no se
salgan de la moda). Consérvalas siempre limpias y en buen
estado para que duren mucho tiempo.
• Muebles, electrodomésticos y electrónicos. Velar para que sean
utilizados, limpiados y mantenidos de manera adecuada. Así
serán útiles por varios años. Enseñar a los hijos a hacer lo
mismo con sus juguetes y sus pertenencias.
• Automóviles. Usarlos correctamente y mantenerlos limpios.
Efectuar las revisiones periódicas para favorecer el buen
desempeño durante muchos años.
47
EMBAJADORES DEL REINO
• Vivienda. No importa si es propia o alquilada, mantenerla
siempre en orden, limpia y bien conservada para evitar, así,
arreglos caros.
• Alimentos. Comprar buenos ingredientes y preparar comidas
simples, sabrosas y sanas, en cantidades suficientes como para
que no falte ni sobre. Si sobra, inventar recetas que permitan
aprovechar las sobras, a fin de que nada se desperdicie.
Resumiendo, estándar de vida cuidadoso, elecciones económicas,
consumo inteligente (nota que gastar menos de lo que se gana va mucho
más allá de hacer que sobre dinero a fin de mes). Finalmente, podrás dis-
frutar de uno de los resultados más palpables de una gestión financiera
sensata, que es, sin lugar a duda, la satisfacción de ver dinero que sobra.
Y ese dinero, que antes se perdía en desperdicios y usos sin sentido,
ahora puede (y debe) ser empleado para fines más elevados, ya sea para
promover la causa de Dios, o para ayudar al semejante en necesidad
o, incluso, para cuidar nuestro “yo del futuro”.
INVIERTE EN EL “YO DEL FUTURO”
Hablando del “yo del futuro”, imagina que, con unos pocos y
pequeños ajustes en tus elecciones, consigues un ahorro de tan solo
10 dólares por mes. “No es mucho”, podrías pensar. Observa cuánto
valdría eso si tuvieras la disciplina de invertir 10 dólares todos los
meses, suponiendo una tasa de interés del 7 % anual (0,57 % por mes).
Depósitos de US$ 10 por mes
En 10 años US$ 1.710,52
En 20 años US$ 5.075,36
En 30 años US$ 11.694,53
En 40 años US$ 24.715,42
En 50 años US$ 50.329,49
* Tasa de intereses del 7 % anual (0,57 % por mes)
En este ejemplo, al final de los 10 años, después de 120 depósitos de
10 dólares (1.200 dólares en total), habrás acumulado 1.710,52 dólares.
La diferencia (510,52 dólares) corresponde a los intereses que fueron
48
Vivir dentro del presupuesto
incorporados a tu inversión a lo largo del tiempo. Si aún no caes en la
tentación de rescatar ese valor y, por el contrario, sigues depositando los
mismos 10 dólares cada mes, con el transcurso del tiempo verás que tu
inversión crece aún más. Y, mejor aún, si consigues multiplicar tu esfuerzo
mensual de 10 dólares de ahorro por 5, 10 o 20, el resultado aumentará
en la misma proporción, tal como podemos corroborar a continuación:
US$ 50 por mes US$ 100 por mes US$ 200 por mes
En 10 años US$ 8.552,59 US$ 17.105,17 US$ 34.210,35
En 20 años US$ 25.376,82 US$ 50.753,64 US$ 101.507,28
En 30 años US$ 58.472,63 US$ 116.945,26 US$ 233.890,52
En 40 años US$ 123.577,1 US$ 247.154,2 US$ 494.308,4
En 50 años US$ 251.647,45 US$ 503.294,89 US$ 1.006.589,79
* Tasa de intereses del 7 % anual (0,57 % por mes)
Vivir dentro del presupuesto, por lo tanto, no es una práctica con
efectos que se limitan al presente, dado que se refleja en nuestra
capacidad de ahorrar e invertir. Esto afecta directamente a nuestro
bienestar financiero a largo plazo.
Recuerda: “La riqueza lograda de la noche a la mañana pronto
desaparece; pero la que es fruto del arduo trabajo aumenta con el
tiempo” (Prov. 13:11).
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49
10
AJUSTANDO
EL ESTÁNDAR DE
VIDA
V
ale la pena recordar lo siguiente: simplemente esperar que el di-
nero sobre no es la postura correcta. Tal como ya vimos, es mejor
ahorrar primero, diciéndole al dinero adónde debe ir, y entonces
ajustar el gasto (estándar de vida) a lo que sobra después de ahorrar.
EL EJEMPLO DE JUSTINA
Justina tiene treinta años y dos hijos: Jonatán, de trece años, y Jes-
sica, de diez. Viven en un barrio de la periferia de una gran metrópoli.
Esta familia ejemplifica la realidad de muchos hogares en los que una
madre soltera se desdobla para dar una condición digna a sus hijos.
En su rutina semanal, los niños pasan gran parte del tiempo en
la escuela. Allí reciben el desayuno de la mañana, el almuerzo y la
merienda de la tarde. Al regresar a la casa, al final del día, hacen las
tareas y esperan a que su mamá regrese del trabajo. El fin de semana,
las actividades de la familia giran alrededor de la programación de la
iglesia. Justina es diaconisa y sus hijos son Conquistadores.
Actualmente trabaja por jornal, sirviendo a familias de los barrios
de lujo de la ciudad. Se traslada en transporte público y tarda, apro-
ximadamente, una hora y media para ir, y lo mismo para regresar.
Justina gana aproximadamente 23 dólares por día, más el costo del
transporte. Esto le deja una ganancia total que suele variar entre 368 y
460 dólares por mes, según cuántos días por semana consiga trabajar.
De ese valor, Justina se hace cargo de los siguientes gastos mensuales:
• Alquiler: US$ 140
• Panadería: US$ 25
• Supermercado: US$ 110
50
Ajustando el estándar de vida
• Agua/electricidad/gas: US$ 22
• Internet/Celular: US$ 26
• Salón de belleza: US$ 21
• Dentista: US$ 13
• Baño de la mascota: US$ 18
• Compras en cuotas: US$ 53
Considerando esos números, el gasto mensual promedio de Jus-
tina es de 428 dólares. Ese es el costo de su estándar de vida actual.
Pregunto: Ese estándar de vida ¿cabe en su presupuesto?
Bien, regresemos a las prioridades financieras: Justina buscó,
trabajó y recibió. Ahora, como una fiel embajadora del Reino, ¿qué
debería hacer antes de disfrutar? De acuerdo con lo que aprendimos
en los capítulos 3 y 4, antes debería honrar, donar y ahorrar.
Los ingresos de Justina no son fijos, sino que varían mes a mes, en
función de los días que trabaja. Por lo tanto, como precaución, debe basar
su presupuesto en estimaciones más modestas de ingresos mensuales:
en este caso, 368 dólares y no 460 dólares. Las tres sustracciones en
secuencia –diezmo, ofrenda y donación– son porcentajes, es decir, pro-
porcionales a las bendiciones recibidas (Deut. 16:17). Así, cuando entre
más, Justina diezmará, ofrendará y donará más; cuando entre menos,
diezmará, ofrendará y donará menos, siempre con la proporcionalidad.
Supongamos que Justina, además de consagrar la décima parte de
sus entradas para el diezmo, decide separar también un 2 % como ofren-
da y un 1 % como donación para familias necesitadas. Así, trabajando
con el escenario de la menor franja de ingresos (US$ 368), restamos 36,8
dólares de diezmo, 7,36 dólares de ofrenda y 3,68 dólares de donaciones.
Le quedan 320,16 dólares (considerando que Justina no paga impuestos
sobre sus ingresos, por estar dentro de la franja de exención).
Pregunto: ¿Es posible sostener el estándar de vida de Justina con
320 dólares mensuales? La respuesta es no, a menos que decida ahorrar
cero, lo cual no es una elección sensata.
¿Cuánto debería ahorrar?
Hablaremos de este asunto más adelante. Por ahora, al observar
que Justina tiene un gasto elevado con relación a su ingreso, el ideal
sería comenzar con un blanco bajo de ahorro e ir aumentándolo a lo
largo del tiempo, a medida que consiga readecuar su estándar de vida.
51
EMBAJADORES DEL REINO
Vamos a suponer que ese blanco comience con un 3 %; es decir, con
11,04 dólares. Quedan entonces 309,12 dólares para que Justina pase
el mes con sus hijos. El problema es que ella ya gasta más que eso.
Incluso si consideráramos su mayor nivel de ingresos, no conseguiría
salir del negativo. Observa:
Ingreso bruto US$ 368 US$ 460
Diezmo (10 %) US$ 36,8 US$ 46
Ofrenda (2 %) US$ 7,36 US$ 9,2
Donación (1 %) US$ 3,68 US$ 4,6
Ahorro (3 %) US$ 11,04 US$ 13,8
Ingreso neto US$ 309,12 US$ 386,4
Promedio de gasto mensual US$ 428 US$ 428
Saldo -US$ 118,88 -US$ 41,6
Vamos a abrir un paréntesis aquí: Supongamos que Justina siempre
consiga 460 dólares de ingreso bruto mensual y consideremos solo
su gasto promedio (US$ 428), ¿podríamos decir que vive dentro de un
estándar de vida adecuado, ya que todavía sobrarían 32 dólares para
ahorrar? Bien, si ella fuera solo una ciudadana de esta Tierra, sí. A
fin de cuentas, un genuino ciudadano de la Tierra, cuyo corazón está
direccionado únicamente a las cosas materiales y terrenales, no se
preocupa por donar ni por ofrendar, mucho menos por diezmar.
Si Justina es una embajadora del Reino, como tú y yo intentamos
ser –ciudadanos de la Patria celestial que están aquí solo de paso–,
ella primeramente honrará a Dios. Nuestro estándar de vida no debe
configurarse a partir del ingreso bruto, sino de lo que sobra después
de satisfacer todas las prioridades financieras que la Biblia, la Palabra
de Dios, indica que sigamos.
Entonces, ¿cómo resolver el problema de Justina, puesto que su
costo de vida está por encima del ideal?
Observa que solo con reducir o acortar gastos no esenciales, como
los baños de la mascota y el salón de belleza, ya conseguiría ahorrar 39
dólares por mes. Después, buscando un plan de Internet más barato (o
incluso cortando ese servicio durante algún tiempo, ya que ella y sus
52
Ajustando el estándar de vida
hijos pasan poco tiempo en la casa), podría sumar un ahorro de hasta
16 dólares. Solo con esas dos estrategias lograría restarle 55 dólares a
su costo de vida mensual, lo cual ya sería suficiente para equilibrar
sus finanzas en el caso de ganar 460 dólares al mes. En el escenario en
el que la ganancia promedio sea de 368 dólares al mes, Justina necesi-
taría hacer un sacrificio aún mayor, al menos mientras sus compras
en cuotas no estén plenamente canceladas.
Algunas alternativas serían posponer el tratamiento dental hasta
que pudiera ahorrar lo suficiente para pagarlo en efectivo. También
podría asegurarse de que ella y sus hijos se duchen menos tiempo para
reducir el consumo de agua y energía. Por último, necesitará revisar
la lista del supermercado y eliminar todas las compras superfluas.
Supongamos que estas estrategias le permitan ahorrar 27 dólares más.
Esta cantidad, sumada a los 55 dólares ahorrados en gastos menos
esenciales, reduciría el coste de su nivel de vida a 346 dólares. Pero
aún no sería suficiente. Faltarían 36,88 dólares para cerrar la cuenta.
El principal gasto que, de no existir, le quitaría mucho peso de encima
a Justina es el relacionado con las compras en cuotas. Sin embargo,
hasta que las pague, Justina tendrá que buscar formas de ganar más.
Sí, ganar más puede (y, en este caso, debe) ser una estrategia para
equilibrar las finanzas, pero siempre después de agotar las posibili-
dades de reducir gastos.
Solo dos días más de trabajo por mes (objetivo posible para ella)
serían suficientes para que Justina alcanzara el punto de equilibrio
entre sus ingresos, prioridades y gastos. Observa:
Ingreso bruto US$ 414
Diezmo (10 %) US$ 41,4
Ofrenda (2 %) US$ 8,28
Donación (1 %) US$ 4,14
Ahorro (3 %) US$ 12,42
Ingreso neto US$ 347,76
Promedio de gasto mensual US$ 346
Saldo US$ 1,76
53
EMBAJADORES DEL REINO
Ahora hazlo tú. Ahora que ya ayudamos a Justina a resolver sus
finanzas sin perjuicio de las prioridades financieras indicadas por la
Biblia, te invito a hacer el mismo ejercicio con tu presupuesto personal
y familiar. El siguiente paso a paso puede servir de guía:
1. Calcula tu ingreso bruto promedio (procura ser conservador).
2. Resta (a partir de porcentajes) el valor de cada prioridad finan-
ciera (diezmo, ofrenda, donación y ahorro) y, entonces, calcula
el valor de tu ingreso neto.
3. Calcula el costo promedio mensual de tu estándar de vida.
4. Clasifica los gastos de tu estándar de vida en alguna de las
siguientes categorías: esencial, superfluo, postergable y deudas.
5. Si tu estándar de vida actual no cabe en el monto del ingreso
neto disponible, reduce primeramente los gastos clasificados
como superfluos y, después, los gastos que pueden ser pospuestos;
entonces, calcula el costo de un estándar de vida más ajustado.
6. Si aun ese estándar de vida más ajustado no cabe en lo que tu
ingreso neto es capaz de costear, adopta estrategias adicionales
para equilibrar tu presupuesto, tales como: reducir gastos esen-
ciales, renegociar cuotas y deudas, y obtener un ingreso extra.
7. Si eso aún no es suficiente, disminuye provisoriamente los
porcentajes destinados a donaciones y ahorro.
8. Finalmente, si después de todo eso el costo del estándar de vida
resultante sigue por encima de lo que tu ingreso neto es capaz
de cubrir, considera fuertemente adoptar estrategias más duras,
tales como mudarte a una opción de vivienda más económica o
vender algún bien de valor a fin de cancelar deudas (hablaremos
más acerca de esto en un próximo capítulo).
Recuerda: Las finanzas equilibradas no tienen que ver con cuánto
ganamos, sino con cuánto gastamos. “Los sabios tienen riquezas y lujos,
pero los necios gastan todo lo que consiguen” (Prov. 21:20).
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54
11
RESERVAS Y
PROTECCIONES
E
l novio se demoró, y no poco. La demora hizo que las diez vírgenes
quedaran dormidas. Hasta que, de repente, a medianoche, alguien
gritó: “¡Ahí viene el novio!” Todas se despertaron, unas para seguir
al cortejo; otras para comprar aceite, ya que no tenían reserva. Conoces
el final de esta historia (Mat. 25:1-13).
Imaginemos ahora el siguiente día: Esas cinco jóvenes, de quienes
Jesús dijo que eran insensatas (vers. 2, NVI), regresaron al pueblo adonde
vivían. Allí se encontraron con algunos de los que sabían que ellas habían
sido invitadas a un banquete nupcial. Todos quedaron sorprendidos por
el hecho de que regresaran a casa tan pronto, dado que las fiestas de
casamiento en aquel tiempo duraban días. Entonces ellas se justificaron
diciendo que el novio se había demorado. Un curioso, sin embargo, notó
que el grupo estaba incompleto y lanzó la pregunta embarazosa: “Si es
así, ¿dónde están las otras cinco que fueron con ustedes?”
El novio se había demorado, sí. En definitiva, ¿quién había sido el
culpable de que ellas tuvieran que regresar temprano a sus casas? Bien,
si la culpa hubiera sido del novio, las diez se habrían perdido la fiesta.
Sin embargo, cinco entraron y cinco quedaron afuera. Eso deja en claro
que la demora del novio no fue lo que distinguió a un grupo del otro.
Permíteme trasladar esta lección al ámbito financiero: Es un he-
cho que los eventos no siempre transcurren como imaginamos o
planificamos. Los imprevistos suceden. Lo que interfiere en nuestra
tranquilidad financiera no son necesariamente los imprevistos, sino
nuestra manera de prepararnos (o no) para ellos. Las cinco vírgenes
que pudieron participar del banquete fueron justamente aquellas que
llevaron consigo el aceite de reserva. Por lo tanto, lo que distinguió a
un grupo del otro fue la precaución que tuvieron unas y otras.
Al elaborar nuestro presupuesto, necesitamos tener en claro que los
55
EMBAJADORES DEL REINO
días, meses y años sucesivos no serán exactamente como calculamos
que serán. Por eso, necesitamos trabajar con un margen de error, un
sobrante suficiente para acomodar algunos pares de dólares de más o
de menos sin desordenar nuestras finanzas. Es como si, en la parábola,
estuviéramos hablando de algunos pocos minutos de retraso del novio.
Por otro lado, cuando esa demora se transforma en un puñado de horas
–por analogía, algunas decenas de dólares–, no hay margen en el pre-
supuesto que aguante. Necesitamos tener una reserva de donde sacar.
Muy bien, ya vimos que separar una parte del presupuesto para
ahorrar debe ser una prioridad. ¿Qué hacer con ese dinero ahorrado?
CREA UNA RESERVA PARA EMERGENCIAS
Mira, antes de invertir en “X”, “Y” o “Z”, lo primero que debemos
hacer, lo más básico de todo, es crear una reserva financiera, una pre-
visión que nos permita tener de dónde sacar si, por cualquier motivo,
las cosas se salen de sus ejes y nuestro presupuesto se ve amenazado.
A esa previsión la llamamos reserva para emergencias.
Y ¿qué características debe tener esa reserva?
Bien, así como en la parábola, también en la vida financiera una
emergencia difícilmente sucede en un momento conveniente. Puede
ser un fin de semana, a medianoche o lejos de casa. Cualquiera que
sea la situación, la reserva para emergencias debe tener liquidez, es
decir, debe estar aplicada en algo que podamos tener a mano o con-
vertir rápidamente en dinero, sin importar el día ni la hora. Jamás
debe estar inaccesible o estar aplicada a algo cuyo rescate exija días
de procesamiento antes de ser acreditado a nuestra cuenta.
Otro aspecto importante es que esa reserva debe ser constituida antes
de la emergencia. El cuerpo debe estar sujetado al cinturón de seguridad
antes de que el auto choque. Aunque eso sea obvio, muchos parecen no
darse cuenta de que los imprevistos le pueden suceder a cualquiera y
en cualquier momento. No se anticipan, y recién cuando la emergencia
se instala se dan cuenta de cuán completamente vulnerables están.
Esto no debe ser así. La reserva para emergencias es una protección
necesaria, y necesitamos incrementarla poco a poco, mes a mes, con
una inversión segura, hasta que tengamos lo suficiente para costear
nuestros gastos esenciales y honrar nuestros compromisos durante
56
Reservas y protecciones
algún tiempo en el caso de que las cosas se salgan de lo normal.
Observa que las vírgenes prudentes tenían suficiente aceite para
mantener sus lámparas encendidas durante algunas horas, no unos
pocos minutos, ni varios días. Esto nos enseña también que la reserva
para emergencias no debe ser escasa ni exagerada, sino suficiente.
SÉ PRUDENTE, NO AVARO
En general, los profesionales de finanzas aconsejan acumular una
reserva para emergencias capaz de costear seis meses de gastos. Algu-
nos, más cautelosos, hablan de doce meses. Independientemente del
parámetro elegido, cabe aquí abrir un paréntesis: debemos cuidar de
no transformar la reserva para emergencias en un ídolo, apegándonos
a ella como si, de hecho, fuera nuestra salvaguardia suprema.
Supongamos, por ejemplo, que una comunidad sufre una inundación
y varias familias pierden sus pertenencias, incluida la comida que tenían
en sus despensas. Supongamos también que tú te has visto afectado por
la misma calamidad, pero, a diferencia de la mayoría de la gente, tienes
reservas suficientes para reponerte y mantener el hogar durante unos
meses. En cambio, los vecinos y las personas cercanas a ti carecen de
lo básico. ¿Qué hacer? ¿Actuar como las cinco vírgenes prudentes que
se negaron a compartir su aceite con las insensatas (Mat. 25:9)? ¡No!
Recordemos que la parábola de las diez vírgenes no habla de dinero.
Estamos aquí haciendo tan solo una analogía. Mientras que es posible
compartir el dinero, la preparación espiritual (el verdadero enfoque
de la parábola) es exclusivo de cada uno y no puede ser compartida.
La Palabra del Señor nos ordena: “No niegues el bien a quienes lo
necesitan, si en tu mano está hacerlo” (Prov. 3:27, NVI).
Esa orden, naturalmente, exige una aclaración a la luz de otros
textos bíblicos. No podemos perder de vista, por ejemplo, la adver-
tencia contenida en 1 Timoteo 5:8: “Aquellos que se niegan a cuidar de
sus familiares, especialmente los de su propia casa, han negado la fe
verdadera y son peores que los incrédulos”. Por lo tanto, retener para
sí una parte a fin de resguardar el sustento de la familia no puede
interpretarse como demostración de egoísmo o incredulidad. De la
misma manera, esforzarse para vivir una vida tranquila, financiera-
mente equilibrada y sin depender de otros es la realidad que se espera
57
EMBAJADORES DEL REINO
ver en la vida de un cristiano (1 Tes. 4:11, 12).
Ser prudente, por lo tanto, es diferente de ser avaro. “El prudente
se anticipa al peligro y toma precauciones” (Prov. 22:3). El avaro, en
cambio, rompe la frontera de la precaución y clava su bandera en el
terreno de la idolatría (Col. 3:5). Jesús nos dice, “¡Tengan cuidado con
toda clase de avaricia! La vida no se mide por cuánto tienen” (Luc. 12:15).
También necesitamos admitir que lo suficiente no siempre basta. Hay
imprevistos cuyo impacto supera por mucho lo que una reserva para
emergencias puede cubrir, especialmente incidentes graves, con gran
potencial de perjudicar significativamente un patrimonio o, incluso,
llevarlo a la pérdida total. Recordemos que un patrimonio (por ejemplo,
una casa propia o un equipo de trabajo) es el resultado de varios años de
ahorros. Dejar de proteger esos bienes es ponerse bajo el riesgo de perder
el dinero empleado en ellos. Por eso es importante tomar precauciones
a fin de reducir las posibilidades de que tales perjuicios sucedan.
Hay dos formas de precaución: la preventiva, que evita el problema;
y la correctiva, que lo soluciona. Un ejemplo de precaución preventiva:
asegurarse de que esté al día el mantenimiento del auto. Un ejemplo
de precaución correctiva: contratar un seguro de auto. El incendio, la
colisión, el robo y el hurto son incidentes poco frecuentes. Sin embargo,
en caso de ocurrir, la cobertura del seguro mitigará los daños sufridos
con la indemnización. Por ello, es una buena idea adoptar métodos tanto
preventivos como correctivos, respetando un conjunto adecuado de
coberturas y dentro de un flujo financiero que se ajuste al presupuesto.
En fin, para cerrar este capítulo, no puedo dejar de citar las palabras
del querido Maestro: “Así que no se preocupen por el mañana, porque
el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas
del día de hoy son suficientes por hoy” (Mat. 6:34). Como embajadores
del Reino debemos, sí, tener una reserva para emergencias y rodearnos
de protecciones adecuadas, pero jamás debemos permitir que esas
precauciones se transformen en preocupaciones. Por sobre todo,
confiemos en Dios, que “suplirá todo lo que necesiten, de las gloriosas
riquezas que nos ha dado por medio de Cristo Jesús” (Fil. 4:19).
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58
12
EL PROBLEMA DE
LAS DEUDAS
L
as deudas, sin dudas, no son la voluntad de Dios para sus hijos.
En Deuteronomio 28:1 al 14, leemos que el Señor tiene un plan
elevado para sus fieles, aquellos que lo escuchan atentamente
y tienen el cuidado de guardar todos sus mandamientos. Ese plan
consiste en bendecirlos y prosperarlos en varios aspectos, incluso al
punto de que puedan prestar a muchas personas en lugar de tener
que pedir prestado (vers. 12).
Transportando esta verdad al campo financiero, podemos decir
que, en el elevado propósito divino, cada embajador del Reino debería
pertenecer únicamente al grupo de los que tienen superávit (aquellos
que tienen dinero de sobra, al punto de poder prestar), no de los defici-
tarios (aquellos que necesitan tomar prestado porque les falta dinero).
Infelizmente, no es tan así como sucede hoy en día. Las deudas
forman parte de la realidad de muchos cristianos y la iglesia como un
todo ha sido perjudicada por eso. Varios de sus miembros están ator-
mentados por los cuidados del mundo, los cuales sofocan la Palabra,
haciéndola infructífera (Mat. 13:22).
Por lo tanto, podemos concluir que las deudas no están en los pla-
nes de Dios, pero sí en los planes del Diablo. En la Biblia leemos que
“el que pide prestado es sirviente del que presta” (Prov. 22:7). Cuanto
más endeudada esté una persona, menos libertad tendrá. El dinero,
que debería ser únicamente un siervo que trabaja para multiplicar el
patrimonio que el Señor nos confió, se convierte ahora en un emperador
tirano que exige todo lo que tenemos. Tiempo, salud, talentos y recursos
que podrían ser útiles para la causa de Dios terminan consumiéndose
para pagar intereses crecientes y deudas interminables.
Por todo esto, deberíamos detestar toda especie de deuda, dada
la limitación que produce. Contraer una deuda jamás debería formar
59
EMBAJADORES DEL REINO
parte de nuestros planes; o, si es inevitable, deberíamos empeñarnos
en librarnos de ella cuanto antes.
MOTIVOS POR LOS CUALES SUCEDEN LAS DEUDAS
Por desgracia, hay personas que creen que la deuda es el único
camino para adquirir bienes y formar un patrimonio. Eso sucede por
diversos factores, entre los que se destacan la falta de planificación,
la inmediatez y el autosabotaje.
La falta de planificación consiste en delegar a otro la conducción
de las finanzas. Debes entender una cosa: Si el acreedor tiene que
decidir por ti, él no favorecerá tus intereses, sino los de él. Y ¿cuáles
son sus intereses? Que tomes dinero prestado. A fin de cuentas, es así
como él gana dinero. Si quieres, de hecho, administrar tus finanzas
con el propósito de poner el dinero en tu bolsillo en lugar de ponerlo
en el bolsillo de otros, entonces planifica tus compras y adquisiciones
a fin de poder pagarlos al contado, sin necesidad de financiamiento.
El inmediatismo tiene que ver con no saber esperar. Por naturaleza,
no nos gusta esperar. Queremos satisfacer nuestros deseos inmedia-
tamente. Sin embargo, cuando se trata de deseos que cuestan dinero,
cuando no tenemos dinero para satisfacerlos, somos automáticamente
tentados a tomar prestado el dinero de otros.
El autosabotaje es perjudicarse a sí mismo. Piensa un poco qué
es peor para las finanzas: ¿pagar más caro o más barato? ¡Obvio que
es peor pagar más caro! Pero, parece que no nos importa eso cuando
decidimos comprar algo por lo cual no queremos esperar. Ignoramos
el simple argumento de que la compra al contado es más económica
que la compra financiada.
¿FINANCIAR O AHORRAR?
Por ejemplo, supongamos que Benicio, el mismo personaje del
capítulo 4, quiere comprarse una moto. Después de evaluar varias
opciones, encuentra una oferta adecuada a su necesidad: una moto
con poco kilometraje y bien conservada, que cuesta 2.125 dólares al
contado o con un pago inicial del 10 % y el resto financiado en hasta
60 meses a un tipo de interés del 2 % mensual.
60
El problema de las deudas
Si opta por el pago al contado, su desembolso total será de 2.125
dólares. Pero, si opta por el financiamiento en 60 cuotas, ¿cuánto habrá
pagado al finalizar ese período?
La tabla a continuación nos ayuda a responder esta pregunta:
Al contado En 60 meses
En el acto US$ 2.125 US$ 212,5
Saldo por financiar -- US$ 1.912,5
Valor de la cuota -- US$ 55
Costo total US$ 2.125 US$ 3.512,5
Mirando a corto plazo, ¿qué es más fácil? ¿Desembolsar 2.125 dólares
al contado o desembolsar 212,5 dólares de entrada más una cuota de 55
dólares? Nota cómo la opción de financiamiento es seductora, aunque
solo si nos enfocamos en el desembolso inmediato. Pero necesitamos
considerar también los costos totales. El costo total de un financiamiento
es muy superior al de un pago al contado, salvo rarísimas excepciones.
Pregunto: Si Benicio, en lugar de financiar, decide ahorrar lo sufi-
ciente como para poder comprar la moto al contado, ¿cuánto tiempo
tardaría en juntar el dinero?
Para comenzar, sabemos que cuenta con 220 dólares para realizar un
primer pago. Entonces puede, desde ya, invertir ese valor. Como se trata
de un sueño con un horizonte corto (al fin y al cabo, quiere comprar la
moto en cuanto pueda reunir la cantidad necesaria), vamos a trabajar
con una inversión conservadora que paga, supongamos, un 0,50 % al mes,
ya descontados los impuestos y tasas correspondientes. Supongamos
también que la cantidad que podría depositar en esta inversión es la
misma que la que estaría dispuesto a depositar para pagar las cuotas;
es decir, 55 dólares. Resultado: En estas condiciones, Benicio necesitaría
32 meses para alcanzar su objetivo, algo menos de tres años.
¿Esperar casi tres años para concretar el sueño de comprar la moto
te parece mucho? Pero ¿qué decir de pagar casi 1.400 dólares de más
por un bien que hoy vale 2.125 dólares? ¿Qué decir acerca de trabajar
cinco años para pagar una deuda que podría haber sido evitada con
tres años de ahorros?
61
EMBAJADORES DEL REINO
Conclusión: Pagar al contado cuesta menos dinero y menos tiempo
que pagar financiado.
Claro que los valores de este ejemplo pueden cambiar. Puede ser
que en la época en la que estés leyendo este libro una inversión con-
servadora esté rindiendo mucho menos que 0,50 % al mes. Si es así,
es muy probable que una tasa de financiación esté también mucho
más baja, haciendo aún más atractiva la idea de endeudarse para
dar lugar al deseo de consumo inmediato. Sin embargo, ¡cuidado!
¡No te dejes engañar! El que toma prestado es esclavo. No te pongas
en esa condición limitante por propia elección. Evita el autosabotaje.
¿Y si Benicio hace el sacrificio de asumir una cuota mayor y financia
la moto en menos cuotas? Finalmente, él “necesita” la moto para moverse
(he puesto “necesita” entre comillas porque ese es un argumento muy
común cuando la gente quiere justificar el plan de contraer deudas).
En ese momento debemos hacernos la siguiente pregunta: El producto
que quiero comprar ¿es realmente tan indispensable? El beneficio de
poseerlo ¿compensa el costo de la deuda que vendrá con él?
Hecha esta reflexión, volvamos al caso de Benicio. Él tiene a su
disposición las siguientes opciones de financiamiento:
12 meses 24 meses 36 meses 48 meses
En el acto US$ 220 US$ 220 US$ 220 US$ 220
Saldo por financiar US$ 1980 US$ 1980 US$ 1980 US$ 1980
Valor de la cuota US$ 182 US$ 101 US$ 75 US$ 62
Costo total US$ 2.404 US$ 2.644 US$ 2920 US$ 3.196
Nota que la extensión del plazo del financiamiento hace caer el
valor de la cuota mensual, pero, en contrapartida, aumenta el costo
total de la moto. Tiene sentido, porque cuanto más tiempo tarda Be-
nicio en pagar, más tiempo tendrá que esperar la tienda para cobrar.
Aunque la tasa siga siendo fija (2 % al mes), el tiempo que ese capital
tarda en ser totalmente devuelto es también tiempo en el que los
intereses del financiamiento permanecen “rindiendo” contra quien
debe y a favor de quien presta.
Aprende esto: Cada vez que sales de una tienda con un producto
por el cual aún no pagaste, significa que alguien lo ha pagado por
62
El problema de las deudas
ti, y no lo hará de manera gratuita. En algún momento, ya sea en
unos pocos meses o en plazos interminables, tendrás que devolver
el dinero, con intereses. Cuanto más largo sea el plazo, más pesarán
los intereses en el importe total que pagarás al final.
Dicho esto, supongamos que aun así Benicio quiera salir de la tienda ya
sobre su moto. ¿Qué alternativa de financiamiento sería la más indicada?
Bien, si regresas al capítulo 4, verás que Benicio, después de diez-
mar, ofrendar, donar y cumplir con sus impuestos y su seguro social,
tiene a disposición 420 dólares. De ese valor, él separa 124 dólares para
ahorrar y 176 dólares para colaborar con los gastos de la casa donde
vive con sus padres. Quedan entonces 120 dólares para afrontar sus
gastos particulares a lo largo del mes.
Al mirar las alternativas de financiamiento, Benicio podría estar
tentado a optar por el pago en 24 cuotas (US$ 101). Es importante ad-
vertir que, en este caso, sobrarían tan solo 19 dólares para sus gastos
personales, incluyendo el combustible para la moto. En este caso,
Benicio estaría viviendo dos años con un presupuesto muy apretado
y varias renuncias (no salir con los amigos, no viajar, no comprar ropa
nuevas ni regalos), a menos que decida compensar el aumento de su
gasto a costa de ahorrar menos que 124 dólares por mes, perjudicando
directamente su “yo del futuro” (tal como aprendimos en el capítulo 5).
A propósito, si Benicio desea la moto aun a costa de deshacerse por
completo de su blanco de ahorrar, podría incluso pagarla en 12 cuotas,
y le sobrarían 62 dólares para usarlos como desee. Su presupuesto
quedaría así:
Sueldo disponible US$ 420
Ahorro/Inversión US$ 0
Ayuda con los gastos de la casa US$ 176
Financiación de la moto US$ 182
Saldo para usar libremente US$ 62
Pregunto: ¿valdría la pena? Si realmente estuviera dispuesto a hacer
semejante sacrificio para comprar la moto, pero en lugar de financiar,
Benicio decidiera ahorrar 182 dólares por mes, en 11 meses ya tendría la
cantidad necesaria para el pago al contado, considerando que ya tiene
63
EMBAJADORES DEL REINO
220 dólares ahorrados. Es posible que en el transcurso de ese tiempo
encuentre alguna oferta aún mejor y pueda hacer un buen negocio,
ya que tendrá dinero para ese fin.
De paso, esa es otra ventaja de quien se esfuerza por ahorrar a fin
de poder pagar al contado: tener la capacidad de negociar la compra de
acuerdo con sus intereses. El que tiene el dinero en la mano disfruta
de la posibilidad de regatear un buen descuento o ventaja para sí, al
contrario de aquel que, por no tener el dinero, se ve forzado a aceptar
la condición que venga.
Por último, planteo la siguiente pregunta: Entre optar por juntar
el dinero para comprar al contado o financiar, ¿qué diferencia produce
si Benicio pierde su empleo a mitad de camino?
“En este caso, podrá vender la moto para cancelar la deuda”, alguien
podría sugerir. Sí, es verdad. Puede ser también que la propia moto
haya sido dada en garantía y Benicio se vea forzado a devolverla. En
ambos escenarios, quedará sin moto y sin dinero.
Es necesario que entiendas, por favor, que la deuda no es una opción
ventajosa. “El que pide prestado es sirviente del que presta”. Repite este
proverbio cada vez que surja en tu mente la posibilidad de endeudarte.
Y, cuando venga esa tentación de comprar sin planificación, sigue
el consejo del Maestro Jesús: primero, siéntate para calcular y evaluar
el costo (Luc. 14:28). Pregúntate:
• ¿Realmente necesito esto?
• ¿Es necesario ahora o puede esperar?
• ¿Cuánto tendré que ahorrar para comprar al contado?
• ¿Ya investigué y negocié lo suficiente? ¿Tengo la mejor oferta?
• Para usar este producto ¿será necesario agregar otros costos a
mi presupuesto? ¿Cuáles son y cuánto afectarán al equilibrio
de mis finanzas?
Por último, pero no menos importante:
• Al adquirir este bien, ¿estaré haciendo un buen uso del dinero
que el Señor me confió?
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64
13
CÓMO LIBRARSE DE
LAS DEUDAS
D
e acuerdo con una investigación reciente, 78 de cada 100 familias
brasileñas están endeudadas, comprometiendo, en promedio, cerca
del 30 % de sus ingresos familiares al pago de las deudas.1 Eso
significa que, si una familia endeudada gana, por ejemplo, poco más
de tres salarios mínimos por mes, tendrá que arreglárselas para vivir
con dos, ya que uno estará enteramente destinado al pago de deudas.
Podríamos pensar que a muchos querrían salir de las deudas, pero la
investigación además señala que, incluso entre las familias que ganan
hasta tres sueldos mínimos, solo el 22 % se considera muy endeudada. Las
demás se consideran más o menos (28 %) o poco endeudadas (28 %), dando
a entender que la deuda se ha vuelto un mal aceptable, especialmente en
la población de bajos ingresos, que parece no ver otraforma de adquirir
bienes. Parece que la deuda ya forma parte del estilo de vida brasileño.
Según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo, un están-
dar similar se observarse en los países latinoamericanos en general.2 La
diferencia es que, en contextos de mercados financieros menos desarro-
llados, con una mayor dificultad de acceso al crédito formal, las personas
toman prestado directamente de parientes y comerciantes, comprando
fiado ítems de necesidad básica, como alimentos y medicamentos.3
1
CNC. 2023. Pesquisa de Endividamento e Inadimplência do Consumidor. <https://static.
poder360.com.br/2024/01/inadimplencia-peic-cnc-2023.pdf>, accedido el 15 de julio de 2023.
2
Andrew Powell y Oscar Maurício Valencia (eds.), Lidar com a Dívida: Menos Riscos Para
Mais Crescimento na América Latina e Caribe (Washington: Banco Interamericano de
Desenvolvimento, 2023), disponible en <https://publications.iadb.org/en/publications/
portuguese/viewer/Lidar-com-a-divida-menos-riscos-para-mais-crescimento-na-Ame-
ricaLatina-e-Caribe.pdf>, accedido el 15 de julio de 2024.
3
Nazarena Lomagno. “El 54 % de los hogares está endeudado: ¿cómo impactarán los
nuevos créditos subsidiados?”, Ámbito Financiero, 29 de agosto de 2023, disponible en
<https://www.ambito.com/economia/el-54-los-hogares-esta-endeudado-como-impac-
taran-los-nuevos-creditos-subsidiados-n5807398>, accedido el 15 de julio de 2024.
65
EMBAJADORES DEL REINO
El hecho es que, incluso en países ricos como los Estados Unidos,
el grado de endeudamiento de la población es bastante elevado.4
A su vez, la Biblia dice que “el que pide prestado es sirviente del que
presta” (Prov. 22:7). Como embajadores del Reino, independientemente
de cuál sea nuestro nivel de renta, no deberíamos pensar que es normal
la idea de convivir con deudas.
Ahora, si ya las tenemos, ¿cómo salir de ellas?
PRIMERO, LLEVAR EL ASUNTO AL SEÑOR
En general, las deudas resultan de las malas elecciones que hacemos,
ya sea por desobedecer una orientación divina, o por apuro para poseer
algo que no podíamos pagar al contado, o por la testarudez de entrar
en un mal negocio –una canoa agujereada–, o incluso por la insensatez
de querer pasarse por rico, pero sin serlo. En cualquier caso, debemos
primero reconocer nuestra culpa y pedir perdón al Padre.
Con humildad, debemos también pedir su ayuda. Al fin y al cabo,
ninguna estrategia propia, por mejor que sea, podrá prosperar, a menos
que tenga la bendición del Omnipotente. Nunca debemos olvidarnos
de que “podemos hacer nuestros planes, pero el Señor determina
nuestros pasos” (Prov. 16:9; ver también Sant. 4:13-16).
SEGUNDO, ACTUAR EN EL ORIGEN DEL PROBLEMA
Querer salir de las deudas sin antes dejar de cometer los errores
que nos llevaron a ellas sería como querer combatir una gotera en el
techo solo secando el piso en lugar de subir y tapar el hueco. Con mu-
cho trabajo, el piso podría quedar seco durante algún tiempo, hasta
que llegue la siguiente gota.
Desorganización, falta de planificación, inmediatez, imprudencia,
negligencia y descontrol son ejemplos de comportamientos que fatal-
mente nos empujan a las deudas. Por eso, debemos atacar las deudas y
también esos comportamientos que las originaron. Sino, viviremos solo
“secando el piso”, es decir, saliendo de una deuda para entrar en otra.
4
Fernando de Querol Cumbrera, “Personal debt in the U.S. – statistics & facts”. Statista, 25
de junio de 2024, disponible en < https://www.statista.com/topics/1203/ personal-debt/>,
accedido el 15 de julio de 2024.
66
Cómo librarse de las deudas
TERCERO, CONOCER LA SITUACIÓN DE CADA UNA DE LAS
DEUDAS
No es posible trazar un plan eficiente para salir de las deudas sin
antes entender nuestra situación financiera real. Y en ese requisito
importa que seamos detallistas. La siguiente tabla puede servir de guía.
Deuda A Deuda B …
¿Quién es el acreedor?
¿Cuánto fue el total prestado?
¿Cuánto es el valor de cada cuota?
¿Cuántas cuotas ya fueron pagadas?
¿Cuántas cuotas faltan pagar?
La deuda ¿está al día o en mora?
¿Cuál es la tasa de interés de este préstamo?
¿Cuál es la garantía vinculada a esa deuda?
CUARTO, LEVANTAR EL SALDO DEUDOR DE CADA DÉBITO
Básicamente, el saldo deudor es el monto necesario para cancelar una
deuda. En una financiación, por ejemplo, el saldo deudor corresponde
a la suma que se pagaría, con descuento, si todas las cuotas por vencer
fueran anticipadas.
Veamos el ejemplo de Karina. Ella compró una heladera (US$ 407),
una cocina (US$ 266) y un lavarropas (US$ 213), todo a crédito, asumiendo
el compromiso de pagar 36 cuotas de 35 dólares cada una.
Aunque pensó que había hecho una inversión, en realidad había
contraído una deuda: los electrodomésticos que compró le costarán
1.260 dólares, 374 dólares más de lo que habría pagado si hubiera com-
prado al contado. Para ella, que gana un salario mínimo, esa diferencia
representa casi dos meses de trabajo solo para pagar intereses. Quizá,
si hiciera esa cuenta, no usaría la deuda para concretar sus sueños. Sin
embargo, como los intereses de una deuda raramente se cobran de una
única vez, sino en “suaves” cuotas, a Karina no parece importarle la carga.
Un día, tras haber pagado ya 12 de las 36 cuotas (un total de 420 dólares),
Karina se dio cuenta de que, para adelantar todas las cuotas vencidas
67
EMBAJADORES DEL REINO
y saldar la cuenta en su totalidad, aún tendría que pagar 657 dólares.
Ese era su saldo deudor.
Nota que, a pesar de haber pagado 1/3 de las cuotas del financiamiento,
Karina solo se había librado de aproximadamente 1/5 de la deuda. ¿A qué
se debe esa desproporción? A los intereses que están embutidos dentro
del valor de cada cuota, principalmente en las iniciales. De hecho, de los
420 dólares que ella pagó a lo largo de 12 meses, 191 dólares fueron para
pagar intereses y 229 dólares para cancelar la deuda.
Ahora, si en vez de cancelar el saldo deudor pagando 657 dólares de
una vez, Karina decidiera pagar las 24 cuotas restantes en su respectivo
vencimiento, sin anticipar ninguna, ¿qué sucedería? Ella desembolsaría
otros 840 dólares en total, además de los 420 dólares que ya pagó.
De este ejemplo podemos aprender una lección muy importante:
vale la pena anticipar las cuotas que están por vencer. Si no es posible
anticiparlas todas, anticipa lo máximo que puedas, siempre negociando
con el acreedor un descuento por el hecho de entregarle un dinero que
no esperaba recibir ahora. Eso tiene valor.
QUINTO, ELEGIR QUÉ DEUDA PAGAR PRIMERO
Es muy raro reunir las condiciones para cancelar todas las deudas a
la vez. Por lo tanto, tras analizar cada deuda, necesitamos elegir cuáles
eliminar primero. Para ello, necesitamos adoptar algunos criterios.
El principal está relacionado con el costo de la deuda. Las deudas caras,
las que tienen las tasas de intereses más elevadas, deben ser reducidas
y anuladas lo más rápido posible, porque los intereses elevados hacen
que la deuda crezca de manera alarmante con el tiempo. Si no se hace
nada para eliminar ese tipo de deuda (o al menos sustituirla por otra,
con una tasa inferior), se abrirá la puerta a un superendeudamiento,
etapa en la que la deuda llega a ser enorme e impagable.
Conviene recordar que el término “deuda”, por definición, significa la
obligación de pagar algo a alguien, independientemente de si ese pago
está al día o atrasado. Lógicamente, cualquier deuda en mora debe ser
prioritaria en la lista de compromisos por pagar, ya que su coste suele
ser aún mayor (dada la incidencia de las multas y la morosidad), además
de que pueden aplicarse penalizaciones extra (como, por ejemplo, un
nombre negativo, la desconexión del suministro y el desalojo).
68
Cómo librarse de las deudas
SEXTO, EMPEÑARNOS EN PAGAR LAS DEUDAS
Una vez que conozcamos el volumen y la situación de cada una de
las deudas existentes y las hayamos priorizado, el siguiente paso es
ajustar el presupuesto, recortando lo necesario para destinar la mayor
cantidad de dinero posible al pago de las deudas. Además, cuando el
presupuesto no permite mucho margen, hay que buscar formas de ganar
más dinero, ya sea vendiendo bienes valiosos o artículos de segunda
mano, o trabajando horas extra. En resumen, hay que esforzarse tanto
en reducir los gastos como en aumentar los ingresos.
Acerca de este punto, Elena de White dice lo siguiente:
Levántese por la mañana, aun mientras las estrellas bri-
llan, si es necesario. Propóngase hacer algo, y luego hágalo.
Redima toda promesa, a menos que la enfermedad lo postre.
Mejor es negarse el alimento y el sueño que ser culpable de
defraudar a otros de lo que se les debe con justicia.1
SÉPTIMO, HUMILLARNOS
La viuda, antes de ser bendecida con el milagro de la multiplicación
del aceite, necesitó pedir muchas vasijas prestadas (2 Rey. 4:1-7). Me
imagino lo humillante que fue para ella. Pero dejó el orgullo de lado y
simplemente hizo lo que debía hacer.
El deudor es esclavo, dice la Biblia. Pero muchos endeudados quieren
pasarse por señores de la situación, diciendo, con arrogancia: “¡Debo, no
lo niego, y pago cuando pueda!” Otros, cínicos, simplemente no pagan y
esperan a que la deuda caduque, como si eso no fuera una transgresión
directa del octavo Mandamiento, que dice: “No robes” (Éxo. 20:15).
Una postura así no conviene a un embajador del Reino. La orden
bíblica para nosotros es muy clara: “No deban nada a nadie, excepto el
deber de amarse unos a otros. Si aman a su prójimo, cumplen con las
exigencias de la ley de Dios” (Rom. 13:8).
Pagar lo que debemos, por lo tanto, no debe ser una cuestión de
conveniencia, sino de urgencia, porque el amor al prójimo está en juego.
Y si la deuda que poseemos es mayor que nuestra capacidad para pagar,
1
Elena de White, Consejos sobre mayordomía cristiana (Florida: Asociación Casa Editora
Sudamericana, 2013), pp. 248, 249.
69
EMBAJADORES DEL REINO
como era el caso de aquella viuda, necesitamos entonces pedir ayuda
para solucionar la situación, aunque eso sea humillante para nosotros.
Tomar la iniciativa de buscar al acreedor (en lugar de escondernos de
él); demostrar nuestro firme propósito de solucionar la cuestión; since-
rarnos en cuanto a la situación de nuestras finanzas y concientizarlo de
todo el esfuerzo que hemos hecho a fin de cancelar la deuda que tenemos
con él; solicitar, si es posible, un reembolso o un nuevo cronograma de
pago de la deuda, con cuotas que podamos pagar sin dar lugar a nuevas
moras: he aquí, esto es lo que debemos hacer.
OCTAVO, PAGAR LAS DEUDAS ES TAN SOLO EL COMIENZO
Volvamos al ejemplo de la viuda. Con la casa abarrotada de vasijas
llenas de aceite, ahora regresa al profeta Eliseo, que le dice: “Ahora vende
el aceite de oliva y paga tus deudas; tú y tus hijos pueden vivir de lo que
sobre” (2 Rey. 4:7).
Si Eliseo sólo hubiera dicho “paga tus deudas”, esa mujer podría haber
pensado en usar las sobras a su antojo, quizá permitiéndose alguna ex-
travagancia, especialmente después de haber pasado por un momento
tan difícil en su vida. El hecho es que, por providencia divina, en muy
poco tiempo pasó de la pobreza total a la abundancia. Sería natural
querer derrochar un poco.
Pero la continuación de la orientación “tú y tus hijos pueden vivir
de lo que sobre” la llevó a la solemne responsabilidad de administrar
sus finanzas con prudencia y sabiduría.
Salir de las deudas no es el final del viaje, sino el principio. No hay
que abandonar el esfuerzo, la disciplina y la dedicación que invertimos
en conseguir este objetivo.
Claro que podemos –y debemos– celebrar la victoria sobre las deudas,
aunque de manera comedida, sin dar lugar a la imprudencia. Finalmente,
lo más importante después de librarnos de esas obligaciones es apro-
vechar el nuevo presupuesto que tenemos, sin deudas, y construir, a
partir de él, una trayectoria de libertad en lugar de esclavitud.
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70
14
INDEPENDENCIA,
LIBERTAD Y
TRANQUILIDAD
E
n el capítulo 3 vimos la diferencia entre “el grano de los campos” y
“el fruto de los árboles” (Lev. 27:30). Como recordatorio, el “grano”
representa los ingresos directamente relacionados con nuestro
trabajo, mientras que el “fruto” representa los beneficios generados
por nuestras inversiones.
INGRESO ACTIVO E INGRESO PASIVO
Aunque un campo cuente con condiciones favorables, sea fértil y
esté bien regado, no producirá grano de forma ordenada, previsible
y abundante si antes no se ara, prepara y cultiva, y después no se
cuida y protege contra las plagas y las malas hierbas. Este cuidado
debe llevarse a cabo desde la siembra hasta la cosecha. La producción
de cereales en el campo requiere un esfuerzo considerable. Por lo
tanto, no sería una exageración compararlo con lo que en el ámbito
financiero llamamos ingresos activos, aquellos que dependen direc-
tamente de nuestro trabajo.
Los frutos de los árboles, en cambio, son la contrapartida de
quien invierte en plantar árboles frutales y espera pacientemente a
que crezcan, se desarrollen y empiecen a producir, sin caer nunca en
la tentación de cortarlos justo después de las primeras cosechas; al
fin y al cabo, si están bien cuidados y en las condiciones climáticas
adecuadas, seguirán produciendo durante muchísimos años. Por lo
tanto, podemos decir que los frutos de los árboles son algo parecido
a lo que en finanzas llamamos ingresos pasivos, aquellos que no
dependen directamente de nuestro trabajo, salvo al principio, en la
fase de inversión.
71
EMBAJADORES DEL REINO
Sí, para llegar a disfrutar de unos ingresos pasivos, primero hay
que tener medios para invertir. Y, salvo que recibas una herencia o
alguien decida regalarte una pequeña fortuna para iniciar tu vida
inversora, el camino honesto y digno que todos tenemos por delante
es el mismo: trabajar y ahorrar. Vemos esto claramente en el ejemplo
de la mujer virtuosa, que “va a inspeccionar un campo y lo compra;
con sus ganancias planta un viñedo” (Prov. 31:16, énfasis agregado).
Con esto espero disipar una ilusión que aqueja a mucha gente hoy
en día, sobre todo a los jóvenes: pensar que es posible vivir de rentas
sin antes trabajar y ahorrar.
Por cierto, otra ilusión común tiene que ver con el concepto mismo
de vivir de las rentas. Para aclarar este punto, sustituyamos “árboles
frutales” por acciones, participaciones en fondos de inversión, títulos
de crédito privados y bonos del Tesoro nacional, por ejemplo (podrás
conocer más acerca de estos términos accediendo al código QR al
final de este capítulo).
Supongamos que no tienes ninguna experiencia en saborear los
frutos de cualquiera de esos “árboles”, o ni siquiera sepas cuál es su
aspecto, pero, aun así, quieres formar tu propio “huerto”. Al estudiar
acerca del asunto, terminas encontrándote con una variedad enorme
de especies y, entonces, dudas sobre cuáles elegir.
Al sentir que necesitas ayuda, decides recurrir a la orientación de
un especialista. Este profesional –que puede ser un asesor de inver-
siones o un asesor bursátil, por ejemplo–, entre otras cosas, evaluará
tu perfil inversor, tu capacidad financiera, y tus objetivos a corto,
mediano y largo plazo. Una vez hecho esto, propondrá las especies
de “árboles fructíferos” que deben componer tu “huerto”. Traducido al
lenguaje financiero, esos árboles son los activos; y el huerto, la cartera
de inversiones que pretendes armar. Recuerda que cuanto más acti-
vos añadas a tu patrimonio mayor será la porción de rendimientos
pasivos en la composición de tus ingresos.
Observa el siguiente gráfico. Nota que no tiene que ver con la
línea del tiempo, sino con la situación. En la columna A, el 100 % del
rendimiento del individuo tiene origen en su trabajo, mientras que en
la columna K todo el ingreso es obtenido de manera pasiva, es decir,
por medio de tus inversiones.
72
Independencia, libertad y tranquilidad
100 %
80 %
Ingreso pasivo
60 %
Ingreso activo
40 %
20 %
0%
A B C D E F G H I J K
El gran objetivo de muchos inversores es pasar de la situación A
a la situación K para alcanzar su sueño de independencia financiera,
es decir, la capacidad de vivir de los rendimientos después de haber
constituido una sólida cartera de inversiones capaz de producir ingre-
sos suficientes para cubrir sus cuentas. A partir de ese momento, los
ingresos activos (los derivados del trabajo) pasan a ser prescindibles.
LOS DESAFÍOS DE LA INDEPENDENCIA FINANCIERA
¿Hay algún problema con querer vivir de la renta? Ninguno, en
principio. A fin de cuentas, se trata de un medio honesto, cosechado
después de muchos años de trabajo, ahorros y buenas inversiones.
Pero necesito advertirte sobre un fundamento importante de este
modelo: la estabilidad.
Supongamos que tienes un “huerto”, es decir, una cartera de
inversiones por el valor de 53.000 dólares, totalmente aplicada a ár-
boles frutales, es decir, en activos que te pagan, en promedio, 10 % al
año en rendimientos netos, libres de impuestos y tasas. Por lo tanto,
mientras tu gasto no pase de los 5.300 dólares por año (en promedio,
441 dólares por mes), todas tus cuentas estarán totalmente cubiertas
por los frutos, es decir, los rendimientos producidos por tu cartera.
Como no reinviertes estos ingresos, sino que los consumes ínte-
gramente para cubrir tus gastos, tu capital invertido queda fijado en
53.000 dólares. Hasta aquí, todo bien, siempre y cuando tu cartera siga
generándote un 10 % y tus gastos nunca superen los 5.300 dólares al
año. Nota aquí la necesidad de que estos tres parámetros permanezcan
estables: valor del capital, rendimiento neto y gastos.
73
EMBAJADORES DEL REINO
Valor de los activos de la cartera US$ 53.000
% rentabilidad neta anual 10 %
Rendimiento anual US$ 5.300
Gasto anual US$ 5.300
Ahora imagina qué sucedería si algún evento inesperado hiciera
que los activos que componen tu cartera perdieran valor. Suponga-
mos, por ejemplo, que tu cartera cayera un 10 % en valor de mercado,
pasando de 53.000 dólares a 47.700 dólares.
Ante esta nueva realidad, te verás forzado a elegir entre dos
alternativas:
a) Buscar una rentabilidad superior (en este caso, cercana a 11,11 %)
para producir los mismos 5.300 dólares de rendimiento anual;
b) Reducir tus gastos a 4.770 dólares al año (397 dólares por mes),
confiando en que tu rentabilidad neta seguirá inalterada en
el 10 % anual.
Escenario 1 Escenario 2
Capital US$ 47.700 Capital US$ 47.700
Rentabilidad 11,11 % Rentabilidad 10 %
Rendimiento US$ 5.300 US$ 4.770
Vamos a agregar un desafío más al problema: la inflación.
Seguramente ya escuchaste hablar de la inflación y sabes que, en
la práctica, hace que todo se ponga más caro, lo que reduce nuestro
poder adquisitivo. En el ejemplo que presentamos aquí, una inflación
del 5 % anual supondrá un aumento de 266 dólares en los gastos anuales
en el escenario 1, y de 239 dólares en el escenario 2, es decir, de 23 a 20
dólares de gasto adicional por mes, respectivamente.
Supongamos además que el Gobierno decide aumentar los impues-
tos sobre los rendimientos de inversiones financieras. Por esta causa,
la rentabilidad neta de tu cartera, que antes giraba alrededor del 10 %
anual, cae a un nivel por debajo de tu punto de equilibrio.
El punto de equilibrio es aquel en el que los ingresos y los gastos
se igualan. De ese punto hacia arriba el saldo es positivo, porque los
74
Independencia, libertad y tranquilidad
ingresos son mayores que los gastos. Por el contrario, desde ese punto
para abajo el saldo es negativo, porque los ingresos son menores que
los gastos.
Ingresos
Gastos
Punto de equilibrio
Hablando de vivir de los rendimientos, estar por debajo del punto
de equilibrio provoca la necesidad de retirar recursos a fin de suplir lo
que falta. En otras palabras, si no consigues reducir el gasto ni aumen-
tar el ingreso, te verás forzado a utilizar una parte de tu capital para
pagar tus cuentas, lo que dificulta aún más el desafío de reequilibrar
las finanzas.
Volvamos a la ilustración de los árboles. Supongamos que tú y
otras tres personas viven de los frutos que produce tu huerto. Pero
este año, la producción ha sido menor de lo esperado, suficiente para
alimentar solo a dos personas. ¿Qué puedes hacer? Bueno, puedes ra-
cionar los gastos hasta cierto punto, pero no puedes reducir el tamaño
de tu familia. Tienes la alternativa de volver a trabajar (recuerda que
hasta ahora has estado viviendo de tus rentas), pero es posible que no
encuentres trabajo a corto plazo. Así que, como las cuentas no esperan,
decides vender algunos árboles a un vecino, con lo que ganas dinero,
aunque reduces el tamaño de tu huerto.
Si este ciclo no se interrumpe, tu huerto, es decir, tu cartera de
inversiones, irá disminuyendo y disminuyendo, hasta que al final no
quedará nada.
Concluimos que la independencia financiera es una conquista
que depende de muchos factores para sostenerse. Los mercados, el
Gobierno, la inflación. Citamos aquí tan solo tres de tantas otras
variables que pueden afectar el punto de equilibrio en el presupues-
to de quien se propone vivir de los rendimientos. Y, por más que
75
EMBAJADORES DEL REINO
un inversor busque rodear de protecciones su cartera, prevalece la
máxima bíblica de que “las riquezas no duran para siempre, y tal vez
la corona no pase a la próxima generación” (Prov. 27:24), y no sabemos
“qué riesgos podría haber más adelante” (Ecl. 11:2). En otras palabras,
no existe estabilidad perenne.
Por lo demás, plantearse la independencia financiera como objetivo
de vida puede ser una puerta de entrada a la tentación de confiar en
el dinero. Seamos realistas: Vivir de rendimientos se basa en la acu-
mulación de una gran suma de capital. En el caso de una disminución
sustancial de ese capital, ¿cómo garantizar que nuestra estructura
no tambalee?
Voy a ir más allá: Si, así como lo hizo con el joven rico, Jesús nos
propusiera deshacernos de todo nuestro patrimonio para socorrer a
los pobres (Mar. 10:21), ¿responderíamos afirmativamente si dependié-
ramos de ese patrimonio para nuestro sustento? Nuestra disposición
a confiar en Dios ¿sería mayor que la tentación de confiar en el dinero?
Considera esto: La independencia financiera es un blanco elevado,
lo que no significa que sea el mejor. Ante esto, hay quienes defienden
que lo que debemos buscar es la libertad financiera.
LA LIBERTAD Y LA TRANQUILIDAD FINANCIERAS
A diferencia del concepto de independencia, la libertad financiera
tiene más que ver con el equilibrio en las finanzas, las cuentas pagas,
ingresos suficientes para vivir con confort y cero privaciones. Quienes
han alcanzado la libertad financiera tienen una cantidad satisfactoria
de dinero invertido. No lo suficiente para dejar de trabajar perma-
nentemente, pero sí para, por ejemplo, hacer una pausa en su carrera,
reducir el ritmo de trabajo para pasar más tiempo con sus hijos, rea-
lizar un curso en el exterior, hacer un viaje más largo, ofrecerse como
voluntario en una frontera misionera, empezar de nuevo la vida en
una ciudad diferente o emprender un nuevo negocio.
La libertad financiera, por lo tanto, tiene que ver con libertad de
elección. Esto es muy bueno, siempre y cuando no se pierda de vista
la advertencia que está escrita en la carta de Santiago: “¿Cómo saben
qué será de su vida el día de mañana? La vida de ustedes es como la
neblina del amanecer: aparece un rato y luego se esfuma” (Sant. 4:14).
76
Independencia, libertad y tranquilidad
Más que independencia o libertad, la Palabra de Dios nos reco-
mienda buscar la tranquilidad: “Pónganse como objetivo vivir una
vida tranquila, ocúpense de sus propios asuntos y trabajen con sus
manos, tal como los instruimos anteriormente. Entonces aquellos que
no son creyentes respetarán la manera en que ustedes viven, y ustedes
no tendrán que depender de otros” (1 Tes. 4:11, 12, énfasis agregado).
La tranquilidad financiera va mucho más allá del plano material y
tiene que ver con abundancia en el sentido pleno de la palabra, con una
vida regida por la “piedad acompañada de contentamiento” (1 Tim. 6:6,
RVR 77). No se basa en el dinero. Su parámetro es el temor del Señor,
“base de la sabiduría” (Prov. 9:10). Sus prioridades no están pautadas
por los objetivos de retener y acumular, sino de buscar el Reino de
Dios y su justicia (Mat. 6:33) y ser rico en buenas obras (1 Tim. 6:18).
Su estabilidad no tiene que ver con mercados, economías y políticas,
sino con la certeza de que el Señor “suplirá todo lo que necesiten, de las
gloriosas riquezas que nos ha dado por medio de Cristo Jesús” (Fil. 4:19).
Recuerda, como embajadores del Reino se nos aconseja: “No imiten
las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que
Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de
pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para us-
tedes, la cual es buena, agradable y perfecta” (Rom. 12:2).
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77
15
INVERTIR PARA
MULTIPLICAR
P
odemos extraer varias lecciones de la parábola de los talentos
(Mat. 25:14-30). Me gustaría destacar la siguiente: El Señor nos
ha confiado recursos, ya sean dones, fuerza física o bienes ma-
teriales,1 y espera que los multipliquemos, tanto si hemos comenzado
con poco como con mucho.
Hablando específicamente de los bienes materiales, ¿cómo hacer
para multiplicarlos?
Observa, en la misma parábola encontramos algunas respuestas:
“El que había recibido los cinco talentos, enseguida fue y negoció con
ellos y ganó otros cinco talentos. 17 Asimismo el que había recibido
los dos talentos ganó otros dos” (Mat. 25:16, 17, LBLA).
Nota que, además del resultado alcanzado, algo caracterizaba a
esos dos siervos exitosos: ambos fueron inmediatamente a negociar
los talentos recibidos.
Ir implica dejar la zona de confort. Eso, de por sí, no produce ningún
resultado. Es necesario salir para trabajar. A fin de cuentas, invertir
bien da trabajo. Nota que el siervo negligente también salió, pero no
con el objetivo de trabajar. Su máximo esfuerzo fue hacer un pozo
para enterrar el dinero de su señor (Mat. 25:18).
Enseguida significa no perder tiempo, no posponer. Tanto el
primero como el segundo siervo actuaron sin demora y sacaron el
máximo provecho del tiempo que disponían para multiplicar los
bienes confiados. A propósito, el factor tiempo cuenta mucho en la
multiplicación del dinero invertido.
Negociar, finalmente, tiene que ver con invertir. El señor de la pará-
bola esperaba que sus mayordomos emplearan su dinero, invirtiéndolo
1
Elena de White, Consejos sobre mayordomía cristiana (Florida: Asociación Casa Editora
Sudamericana, 2013), pp. 116, 117.
78
Invertir para multiplicar
en buenos negocios o, por lo menos, entregándolos a los banqueros, de
manera que al fin pudiera rescatarlo con intereses (Mat. 25:27).
Nota una condición importante aquí: para multiplicar el talento
(léase, el dinero) es necesario hacerlo rendir. El dinero empleado rinde;
el dinero enterrado, no.
TIPOS DE ACTIVOS
En el capítulo anterior aprendimos que cuanto más activos jun-
tamos en nuestro patrimonio, mayor será la porción de renta pasiva
en la composición de nuestros ingresos. Para esto, sin embargo, es
necesario elegir activos que de hecho generen una renta.
Mira, así como no todos los árboles dan frutos, no todos los activos
generan ingresos.
Por definición, los activos son bienes y derechos. En el conjunto de
bienes se pueden encuadrar los inmuebles (casa, departamento, lote,
galpón o terreno), así como los vehículos (auto, moto, camión y tractor,
por ejemplo); además de las plantaciones, ganado, equipos de valor,
metales preciosos y el propio dinero guardado en casa. Por su lado, en
el conjunto de derechos están, por ejemplo, las inversiones financieras
y las participaciones en negocios empresariales.
Una vez comprendido esto, ¿podemos decir que el dinero es un acti-
vo? ¡Sin lugar a dudas! Aunque no necesariamente del tipo que genera
una renta. Dependerá de dónde esté. Si se esconde debajo del colchón
o se lo olvida en la cuenta corriente, no generará ninguna renta. Para
ser un activo fructífero, que crece y se multiplica, hay que invertirlo.
¿Qué decir de la casa propia? ¿Es también un activo? Sí, pero del
tipo que se usa. Es como el árbol que no da frutos, pero ofrece una
buena sombra: aunque sea deseable, no produce rendimiento. Lo
mismo ocurre con el auto de paseo, la casa en la playa y el rancho, por
ejemplo. Son bienes de uso, no sirven a la función de producir renta (al
contrario, mantenerlos puede costar un buen dinero). ¿Cuál es el error
que muchas personas cometen? Emplean recursos en la compra de
esos activos, que servirán tan solo para disfrutar y no para enriquecer.
El rey David siguió el camino contrario. Ya que el Señor lo ha-
cía prosperar, David poco se preocupó por emplear su dinero en la
79
EMBAJADORES DEL REINO
ampliación y decoración de su palacio, o en la construcción de una
casa de verano, por ejemplo. En lugar de eso, eligió invertir a fin de
multiplicar la riqueza que el Señor le permitió adquirir. Tanto es así
que, al describir el trabajo de los oficiales que administraban las pro-
piedades de David, la Biblia no menciona casas, carruajes ni caballos,
cosas que los ricos ostentaban en aquella época. Al contrario, lo que se
destaca son los varios emprendimientos del rey, entre los cuales había
cultivos, viñedos, plantaciones y rebaños (1 Crón. 27:25-31), activos que
generan rendimientos.
El consejo bíblico para nosotros es: “Arregla tus negocios en la ca-
lle y realiza tus tareas en el campo, y luego podrás construir tu casa”
(Prov. 24:27, DHH, énfasis agregado). En este texto podemos observar
claramente que, antes de buscar poseer activos de uso (como una casa,
por ejemplo), necesitamos dedicarnos a aquello que de hecho nos hará
ganar dinero, los “negocios en la calle” (inversiones) y las “tareas en
el “campo” (trabajo).
Repito: Un patrimonio de uso, por más deseable que sea, es como un
árbol que hace sombra, pero no produce frutos. Activos de esa especie
proporcionan confort y estatus. Ninguno de ellos, sin embargo, ayuda
a pagar las cuentas.
No hay ningún problema con tener una casa, que quede claro.
El problema es querer tener una casa antes de tener un ingreso o,
igualmente malo, querer tener una casa antes de haber preparado un
ambiente de mantenimiento y multiplicación de la riqueza.
PASOS PARA MULTIPLICAR EL PATRIMONIO
En fin, ¿cómo hacer para multiplicar?
El primer paso es ahorrar. Tal y como ya vimos, ahorrar significa
separar una parte de los ingresos que no será consumida ni gastada. No
tendremos nada para invertir si primero no ahorramos. Por lo tanto,
antes de preocuparnos por llegar a ser buenos inversores, necesitamos
preocuparnos por llegar a ser buenos ahorradores, es decir, personas
que viven dentro del presupuesto y priorizan el ahorro.
El segundo paso es estudiar. Benjamín Graham (1894-1976), reco-
nocido inversor, profesor y emprendedor estadounidense, decía que
“una operación de inversión es aquella que, después de un análisis
80
Invertir para multiplicar
profundo, promete la seguridad del principal [el monto invertido] y un
retorno adecuado. Las operaciones que no atienden a esas condiciones
son especulativas”.2
Nota, en la definición de Graham, la existencia de un orden fun-
damental: antes de invertir es necesario evaluar. El que desprecia ese
orden termina tomando decisiones precipitadas y, en general, equi-
vocadas. ¿Cómo evaluar sin saber? ¿Cómo decir que algo es bueno y
viable sin antes conocer lo mínimo al respecto?
Concluimos que no basta con estar dispuestos a analizar una opor-
tunidad de inversión. Primero debemos capacitarnos para hacerlo. Si
invertir consiste básicamente en elegir, no saber elegir aumenta mucho
las posibilidades de equivocarse. Por eso debemos dedicarnos a adqui-
rir conocimientos. Solo así seremos capaces de tomar las decisiones
correctas. El tiempo y el dinero invertidos en ello nos reportarán sin
duda beneficios duraderos, a menos que los pongamos en manos de
maestros presuntuosos e interesados que se dejan gobernar por el
amor al dinero.
Estemos alertas. “¡Solo los simplones creen todo lo que se les dice!
Los prudentes examinan cuidadosamente sus pasos” (Prov. 14:15). Ja-
más deberíamos dar un paso en una inversión sin antes comprender
claramente dónde estamos pisando, es decir, dónde estamos emplean-
do el dinero que, vale la pena recordar, no es nuestro, sino del Señor.
El tercer paso es diversificar, es decir, distribuir el dinero entre
varias inversiones. Aunque nos capacitemos para evaluar antes de
invertir, debemos siempre tener en mente que nuestro juicio puede
fallar, puesto que nuestro corazón es “engañoso […] y extremadamente
perverso” (Jer. 17:9). Y, en cuanto al futuro, ni siquiera sabemos qué
sucederá mañana (Prov. 27:1). Así, por más que estemos seguros en
cuanto a la calidad de una inversión, jamás deberíamos confiar úni-
camente a ella todos nuestros ahorros. El consejo bíblico es: “Coloca
tus inversiones en varios lugares, porque no sabes qué riesgos podría
haber más adelante” (Ecl. 11:2).
El inversor que sigue la receta bíblica, por lo tanto, no solo evalúa
bien antes de invertir, sino también, en lo posible, divide su capital
2
Benjamín Graham, O Investidor Inteligente: O Guia Clássico Para Ganhar Dinheiro na
Bolsa (Rio de Janeiro, RJ: Harper Collins, 2016), p. 37.
81
EMBAJADORES DEL REINO
entre varios activos, teniendo cuidado de no diversificar en exceso
hasta el punto de poner en peligro la tarea crucial de prestar cuidadosa
“atención” a la situación de cada activo en particular (Prov. 27:23, LBLA).
El cuarto paso es esperar. Cuando se trata de inversiones, la multi-
plicación lleva tiempo. Por ejemplo, la siguiente tabla presenta cuánto
valdrían 177 dólares a una tasa de 0,50 % al mes:
Al final de 10 años US$ 322
Al final de 20 años US$ 586
Al final de 30 años US$ 1.067
Al final de 40 años US$ 1.941
Al final de 50 años US$ 3.532
Nota cómo el dinero aplicado se multiplica a lo largo del tiempo.
En diez años, en este ejemplo, casi se duplica. En 30 años, sextuplica.
De 1.067 dólares de saldo acumulado, 177 dólares son capital y 890 dó-
lares son intereses. Es decir, para cada dólar invertido al principio, se
produjeron otros casi 5 dólares de ganancia en un espacio de 30 años.
Ese es el efecto de los intereses compuestos, es decir, los intereses
sobre intereses. Cuando inviertes una cantidad y no rescatas los ren-
dimientos, la remuneración del mes siguiente se sumará con el saldo
del mes anterior, y así sucesivamente, siempre aumentando la base
sobre la que se acumularán nuevos intereses.
Espero con esto convencerte a actuar inmediatamente, como lo
hicieron los siervos eficientes de la parábola, porque cada día que pasa
sin invertir es un precioso tiempo perdido.
Es necesario aclarar que el ejemplo anterior solamente tiene fines
didácticos. Lejos de mí está sugerir que te conformes con invertir 177
dólares y nada más.
Es más, supongamos que no tengas 177 dólares para invertir al
principio, pero puedas hacer el esfuerzo de destinar 18 dólares todos
los meses para esa misma inversión que rinde 0,50 % al mes. Con estos
parámetros, ¿qué efecto produciría? La siguiente tabla responde esta
pregunta y también nos ayuda a ver qué parte del resultado final se
debe a la suma de los depósitos realizados y qué parte corresponde a
los intereses acumulados.
82
Invertir para multiplicar
Valor invertido Intereses Resultado final
En 10 años US$ 2.126 US$ 777 US$ 2.903
En 20 años US$ 4.252 US$ 3.933 US$ 8.185
En 30 años US$ 6.378 US$ 11.417 US$ 17.795
En 40 años US$ 8.502 US$ 26.775 US$ 35.177
En 50 años US$ 10.628 US$ 56.459 US$ 67.087
Nota cómo, con el transcurso del tiempo, los intereses suman más que
los propios depósitos acumulados. Es como si, a partir de un cierto
punto, el dinero comenzara a trabajar para ti.
Me gustaría llamar tu atención a la diferencia entre el resultado
de la primera tabla y esta. Mientras que el que invirtió tan solo 177
dólares una única vez obtuvo 322 dólares al final de los diez años, el
que tuvo la disciplina de invertir 18 dólares todos los meses a lo largo
de ese mismo tiempo juntó la cantidad de 2.903 dólares, nueve veces
más que el primero, que tenía capital, pero no tenía disciplina. Y esa
diferencia es aún mayor a medida que pasa el tiempo. Esto demuestra
que, cuando se trata de invertir para multiplicar, la frecuencia de los
aportes tiene una gran relevancia.
El quinto paso, por lo tanto, es ser frecuente. Nuestros resultados
serán mucho más significativos si tenemos la disciplina de invertir
mes a mes, aunque sea solo un poco. La Biblia dice que “quien ahorra,
poco a poco se enriquece” (Prov. 13:11, NVI).
Como embajadores del Reino, debemos recordar que, al igual que
en la parábola de los talentos, el Señor volverá para ajustar cuentas
con sus siervos. Estemos entre los siervos buenos y fieles, nunca entre
los malos y negligentes.
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83
16
EVITA
LAS TRAMPAS
N
o todos los árboles frutales producen frutos. Podemos estar
hablando de una frágil plantita o de un árbol muy joven que
necesita crecer y desarrollarse para producir. Esto lleva tiempo
y no hay certeza de que el árbol vaya a producir lo esperado.
Del mismo modo, mientras que hay activos maduros y bien ci-
mentados, otros, aunque tienen potencial para llegar a ser grandes y
rentables en el futuro, están todavía en fase de desarrollo. Comprar
activos en esta fase es creer en su revalorización con el tiempo, a riesgo
de que nunca llegue a producirse.
A mediados de 1905, mientras participaba en una reunión campes-
tre en California, Elena de White se encontró con varios cristianos
adventistas fascinados con la idea de invertir en la compra de acciones
de empresas mineras. Esperaban obtener grandes dividendos en el fu-
turo a medida que se descubrieran y exploraran las minas escondidas
bajo la tierra. Sin embargo, había un problema: las minas aún no eran
productivas. Toda la ganancia que se esperaba de ellas no pasaba de
la mera especulación.
Algunos de los que estaban allí presentes se mostraron interesados
en escuchar la opinión de Elena de White sobre el asunto. Al notar que
se trataba de un negocio dudoso, ella les advirtió sobre el hecho de que
“no podían tener la seguridad del éxito de esas empresas”.1
Más tarde, al recibir la orientación especial de Dios sobre ese
tema, le escribió a uno de esos hermanos: “Se me ha ordenado que les
diga que esto es un artificio del Enemigo destinado a consumir o a
insumir recursos que se necesitan urgentemente para llevar a cabo
la obra de Dios. Esto constituye una trampa de los últimos días con
1
Elena de White, Consejos sobre mayordomía cristiana (Florida: Asociación Casa Editora
Sudamericana, 2013) p. 239.
84
Evita las trampas
el propósito de implicar al pueblo de Dios en la pérdida del capital
que su Señor les ha confiado, el que debería emplearse sabiamente
en la obra de ganar almas”.2
Como embajadores del Reino, debemos estar alerta. Vivimos en el
fin del tiempo del fin. No ignoremos que Satanás está profundamente
interesado en hacernos caer en lazos, en trampas tales que perdamos
o paralicemos los recursos que el Señor nos ha confiado para llevar
adelante la predicación del evangelio.
En la parábola de los talentos, el siervo malo y negligente devolvió
nada más y nada menos que el 100 % del dinero que había recibido
de su señor. No multiplicó, pero tampoco perdió, y supuso que así
estaba bien. Pero no estaba bien, al punto de que su señor se puso
furioso. ¿Qué reacción podríamos esperar entonces si, en lugar de
enterrar, hubiera perdido el talento?
Bien, infelizmente hay muchos siervos hoy en día que, si fueran
llamados al ajuste de cuentas, presentarían menos de lo que recibie-
ron. Se consideran mayordomos de los bienes que Dios les confió,
pero no piensan que sea grave el hecho de invertir esos bienes con
el riesgo de perderlos.
Recapitulemos la definición de Benjamín Graham: “Una operación
de inversión es aquella que, después de un análisis profundo, promete
la seguridad del principal y un retorno adecuado. Las operaciones que
no atienden a esas condiciones son especulativas”.3
Si, después de un análisis profundo, la inversión que se considera
hacer no contempla esos dos requisitos –seguridad del principal y retorno
adecuado–, entonces no pasa de una especulación.
¿Qué significa la expresión “seguridad del principal”? Habla de no
invertir con el riesgo de perder el dinero invertido. Aunque el retorno
pueda ser mayor o menor, el principal, es decir, el capital invertido,
estará preservado.
Así como en los días de Elena de White, hoy se habla mucho sobre
los negocios de la minería, pero no de la que extrae minerales de la tie-
rra. Me refiero a la minería de criptomonedas, actividad básica para el
2
Elena de White, Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 240 (énfasis agregado).
3
Benjamin Graham, O Investidor Inteligente: O Guia Clássico Para Ganhar Dinheiro na
Bolsa (Rio de Janeiro, RJ: Harper Collins, 2016), p. 37.
85
EMBAJADORES DEL REINO
funcionamiento de las llamadas monedas digitales, una de las ramas
del vasto mercado de criptoactivos.
Ese mercado, que existe a partir de un ecosistema totalmente digi-
tal y descentralizado, despunta día a día con soluciones innovadoras y
aparentemente promisorias, atrayendo el interés (y el dinero) de muchos
que desean ganar con él, aunque no lo comprendan plenamente.
Puede ser que esa ganancia de hecho suceda, es verdad; como también
puede ser que no. Así –basados en la definición de Graham–, podemos
decir que el que compra criptomonedas en verdad no está invirtiendo,
sino especulando. Y, dada la incertidumbre que rodea a esta especula-
ción, cualquier asesor financiero que se precie no recomendaría tener
más de un 10 %, como mucho un 20 %, de estos activos en las carteras
de sus clientes.
¿Y un embajador del Reino? ¿Le conviene formar un huerto con
arbolitos cuyo desarrollo es incierto? Hablando en lenguaje financiero,
¿debe dar espacio a la especulación, aunque represente una ínfima parte
de su cartera de inversiones?
El que invierte con riesgo de perder es el especulador, no el inversor.
Como embajadores del Reino, somos llamados a invertir, no a especular,
aunque sea solo un poquito.
No estoy diciendo que un embajador del Reino deba limitarse a al-
ternativas de inversión tímidas, como el ahorro, por ejemplo. No es eso.
Un embajador del Reino también puede invertir en bonos del tesoro
nacional, bonos de crédito privado, acciones y cualquier alternativa de
renta fija o variable, así como comprar y vender propiedades, emprender
negocios. Todo ello solamente después de hacer un análisis minucioso
para ver dónde pisa (Prov. 14:15) y concluir entonces que el capital in-
vertido se conservará y remunerará a su satisfacción. Al fin y al cabo,
no está tratando con su propio dinero, sino con el de Dios.
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86
17
SI NO ES BUENO, NO
LO COMPRES
I
magina que quieres plantar un árbol frutal y acudes a una tienda es-
pecializada donde hay expuestos montones de plantones de distintos
tamaños y tipos, algunos de los cuales incluso están produciendo.
Mientras miras las opciones disponibles, el vendedor se acerca y te
ofrece un plantón seco, marchito y enfermo. ¿Lo comprarías? Enton-
ces el vendedor saca una promoción y te hace un superdescuento que
rebaja el precio de ese plantón. Ahora que es una ganga, ¿cambiarías
de opinión? Espero que no. Al fin y al cabo, aunque el precio sea bajo,
eso no cambia el estado de la planta. Es muy probable que se marchite
y acabes perdiendo todo el dinero que pagaste, aunque sea poco.
El vendedor, insistente, se acerca y te ofrece el plantón de una
especie exótica de árbol, de esas que nunca has visto. Sinceramente,
reconoces que no sabes nada del árbol. El vendedor tampoco parece
capaz de explicarte mucho sobre él, pero argumenta que está a muy buen
precio, teniendo en cuenta todo el potencial que tiene. ¿Lo comprarías?
Bromas aparte, a veces parece que somos más exigentes al comprar
plantas frutales que al comprar activos. Ya sea en la tienda de planto-
nes o en el mostrador del broker, el consejo es el mismo: incorpora a
tu cartera solo activos de calidad incuestionable. Desconfía de frases
como “Está barato” o “El resultado a largo plazo es seguro”. No te dejes
engañar. Invertir bien requiere trabajo y cosechar recompensas lleva
tiempo. Evita las promesas de ganancias fáciles y muy superiores a
la media.
DESCONFÍA DE LA GANANCIA FÁCIL
La expectativa de ganancia es un parámetro importante en la
toma de decisiones, pero, por mayor que sea, no alivia el peso de la
87
EMBAJADORES DEL REINO
responsabilidad de analizar con criterio la calidad y la seguridad de
una inversión. De paso, una buena inversión no siempre es aquella
que ofrece el mayor retorno. Mejor es que ese retorno sea coherente
con la realidad.
Considera el ejemplo de Karina.
Una vez libre de deudas, Karina prospera en su organización finan-
ciera y, aunque solo gana un salario mínimo, logra ahorrar 18 dólares
por mes. Con esa disciplina, tiene planes de juntar 32.000 dólares para
comprarse su casa propia.
¿Lo logrará?
Bien, supongamos que Karina tenga a disposición una inversión
conservadora que le proporciona un rendimiento promedio del 10 %
al año, equivalente a 0,80 % por mes. Con esos parámetros, tardaría
unos 29 años para alcanzar su objetivo.
A pesar de sentirse un poco decepcionada con esa perspectiva
tan distante para la realización de su sueño, Karina no se desanima y
sigue invirtiendo mes a mes. Mientras tanto, busca una alternativa de
inversión que le remunere un poco mejor, sin renunciar a la seguridad.
En esa búsqueda, un buen día se encuentra con la publicidad de
una “oportunidad increíble” de inversión que, además de seguridad,
promete una remuneración sorprendente de un 4 % mensual. Al hacer
las cuentas, Karina descubre que, si invirtiera los mismos 18 dólares
mensuales en esa alternativa, juntaría 32.000 dólares en unos diez años.
Si miramos la rentabilidad, la segunda inversión parece mucho
mejor que la primera, ¿no? Pero ¿y si te digo que la segunda “inversión”
es, en verdad, una estafa?
Apreciado lector, desconfía de todo lo que promete ganancias
extraordinarias, fuera de la realidad. Recuerda la advertencia bíblica:
“¡Solo los simplones creen todo lo que se les dice!” y “el que persigue
fantasías no tiene sentido común” (Prov. 14:15; 12:11).
Presta atención: Aunque no hubiere promesa alguna de seguridad y
la persona que hace la oferta dejara en claro que se trata de una inver-
sión arriesgada, pero con grandes probabilidades de alcanzar retornos
extraordinarios, pregunto si estamos autorizados, tú y yo, mayordomos
del Señor, a arriesgarnos a perder el dinero que él nos confió?
88
Si no es bueno, no lo compres
NO INVIERTAS EN BABILONIA
Quiero traer una reflexión del apóstol Pablo: “Ustedes dicen ‘Se me
permite hacer cualquier cosa’, pero no todo les conviene” (1 Cor. 6:12).
Si trasladamos esta verdad al ámbito de las finanzas, debemos ser
conscientes de que no todas las inversiones son apropiadas para un
embajador del Reino, por muy viables que parezcan.
En cierta oportunidad, un joven cristiano me preguntó si había
algún problema en comprar acciones de empresas que elaboran be-
bidas alcohólicas.
–¿Tú bebes? –pregunté.
–¡Claro que no! –respondió un tanto sorprendido por mi pregunta.
Entonces respondí:
–Observa, cuando eres accionista de una empresa, no importa su
ramo de actuación, tu ganancia dependerá básicamente de que sea
capaz de administrar bien su negocio, facturar y ganar. En el caso de
la fabricante de bebidas alcohólicas, ya que no bebes, otros tendrán
que beber por ti. Es decir, el producto que no consideras bueno para
tu salud tendrá que ser consumido por muchas otras personas, en
perjuicio de su salud. ¿Te parece bien?
La pregunta que todos debemos hacernos es: “¿De dónde viene la
ganancia de la inversión que estoy considerando hacer?” Si es de algo
que el Señor no aprobaría, aunque sea lícito, no conviene invertir allí
nuestro dinero.
Y si no es lícito, ¡peor aún! ¿Cómo esperar que Dios bendiga los
recursos invertidos en negocios cuyo retorno dependa de prácticas
pecaminosas como la adulteración, el contrabando, el tráfico, el hur-
to, el robo, la falsificación, la burla, la explotación, la evasión fiscal y
el soborno? “Como una jaula llena de pájaros sus casas están llenas
de planes siniestros. [...] ¿No habría de castigarlos por esto? –dice el
Señor” (Jer. 5:27, 29).
Finalmente, no podemos ignorar el hecho de que el libro de Apoca-
lipsis prevé una tragedia sin precedentes en el mundo de los negocios.
Me refiero a la caída de Babilonia, que es
“una casa para los demonios. Es una guarida para todo
espíritu inmundo, un nido para todo buitre repugnante y
89
EMBAJADORES DEL REINO
una cueva para todo animal sucio y espantoso. […] Debido
a su deseo por lujos excesivos, los comerciantes del mundo
se han enriquecido […] [y estos] llorarán y se lamentarán por
ella, porque ya no queda nadie que le compre sus mercade-
rías […]. “De las delicias que tanto amabas, ya no queda nada
–claman los comerciantes–. Todos tus lujos y el esplendor
se han ido para siempre y ya nunca volverán a ser tuyos”. […]
“¡En un solo instante, toda la riqueza de la ciudad se esfumó!”
(Apoc. 18:2, 3, 11, 14, 17).
Si hay una manera segura de perder todo el capital que el Señor
nos ha confiado es invertirlo en los emprendimientos de Babilonia.
Sería muy ingenuo de nuestra parte pensar que el Enemigo de Dios
no estaría interesado en atraernos a estas inversiones.
¡Ojalá que ningún centavo nuestro esté invertido en activos conec-
tados a las prácticas impuras y detestables de Babilonia! Si ya está, vale
para nosotros el llamado: “Pueblo mío, salgan de ella. No participen en
sus pecados o serán castigados junto con ella” (Apoc. 18:4).
Como embajadores del Reino, esforcémonos para que nuestras
inversiones aquí en esta Tierra no solo sean seguras y rentables, sino
también evidencien que no queremos permanecer aquí. Aspiremos a
vivir en “un lugar mejor, una patria celestial” (Heb. 11:16).
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90
18
PLANIFICA
E
n el capítulo 11 aprendimos sobre la importancia de tener una
reserva para imprevistos (o para emergencias, como más se la
conoce). Faltó hablar de un detalle: No podemos llamar imprevisto
a lo que no es imprevisto.
Gastos recurrentes, tales como el impuesto inmobiliario, el impuesto
vehicular, los materiales escolares, los regalos de cumpleaños, los viajes
de vacaciones y las celebraciones de fin de año no son imprevistos. El
envejecimiento y la jubilación tampoco son imprevistos, así como el
crecimiento de los hijos y toda inversión material que eso conlleva,
especialmente con relación a los estudios. En fin, para ninguno de esos
eventos predecibles deberíamos tomar de la reserva para imprevistos.
Lo correcto es incluir estas cuestiones en nuestra planificación, juntar
y formar una provisión específica, puesto que sabemos exactamente
(o tenemos una idea de) cuándo sucederán.
Por lo tanto, por todo lo expuesto hasta aquí, ya reunimos los co-
nocimientos necesarios para poner nuestras prioridades financieras
en el orden correcto, definir un presupuesto equilibrado, adoptar un
estándar de vida compatible con nuestros ingresos y reservar una parte
de los ingresos para ahorrar e invertir. También comprendimos que,
con paciencia y disciplina, podemos ahorrar para concretar nuestros
sueños, sin contraer deudas. Llegó el momento de trazar planes.
Para esto, necesitamos seguir algunos pasos: definir cuáles son
nuestros objetivos, clasificarlos por plazos, cuantificar el costo de
cada uno, calcular el tamaño del esfuerzo mensual de ahorro que
tendremos que hacer a fin de realizarlo dentro del tiempo pretendido
y, si es necesario, priorizar algunos objetivos en detrimento de otros
que tendrán que esperar.
91
EMBAJADORES DEL REINO
1º DEFINE LOS OBJETIVOS
Si eres soltero(a) y vives solo(a), esta etapa depende exclusivamente
de tu preferencia y tu deseo individual. Si compartes tus finanzas con tu
cónyuge, hijos, familia en general, es importante que, en este momento,
todos dialoguen y se pongan de acuerdo sobre cuáles serán los objetivos
más importantes para el bien de la familia en su conjunto, clarificando
los beneficios y las contribuciones de cada miembro.
Sí, todos pueden contribuir, manteniendo las debidas proporciones,
naturalmente. Me gusta una frase del pastor Antonio Tostes, que dice:
“El que no puede ayudar a ganar, debe entonces ayudar a ahorrar”. Ese
sentimiento de participación es muy importante. Charlar sobre los pla-
nes puede ser una experiencia muy agradable que fortalecerá la unidad
de los miembros de la familia, incluso cuando se hable sobre cuidar las
finanzas. Eso se debe hacer dentro de un diálogo respetuoso, en el que
todos tengan la oportunidad de expresarse con la seguridad de que cada
opinión está siendo tenida en cuenta. En ese contexto, nadie debe tratar
de imponer su voluntad individual por sobre la de los demás.
2º DEFINE PLAZOS PARA CONCRETAR CADA OBJETIVO
Los objetivos deben tener plazos concretos. De lo contrario, se con-
vertirán en meras aspiraciones.
Aunque no podamos prever la fecha exacta en que sucederán, para
planificar podemos clasificar cada objetivo dentro de un espacio de
tiempo, a saber: corto, mediano y largo plazo.
En el corto plazo se reúnen todos los objetivos que se pretenden
alcanzar en un período de hasta dos años. La matriculación escolar, la
celebración de cumpleaños, la revisión periódica del auto y las vacaciones
son ejemplos de objetivos que se materializan dentro de ese intervalo y,
por ese motivo, deben preverse en el presupuesto anual.
En el mediano plazo quedan los objetivos que apuntamos a concretar
en un intervalo de tiempo mayor, de entre dos y cinco años. Ejemplos
son la reforma de la casa, el cambio del auto, o incluso un viaje más
oneroso, del tipo que no se hace todos los años.
En el largo plazo están los objetivos cuya realización está prevista
para más allá de cinco años. Ejemplo de esto son la universidad de los
92
Planifica
hijos que aún son pequeños, la compra de la casa propia y el blanco de
jubilarse algún día.
En el transcurso del tiempo, lo que hoy es largo plazo pasará a ser
mediano plazo, lo que es mediano pasará a ser corto, y así sucesivamente.
Es importante monitorear cómo progresan nuestros planes en función
de los plazos que van disminuyendo. También, cuanto más cerca estemos
de la fecha de realización de un objetivo, más conservadora y líquida debe
ser la inversión donde estén los recursos que servirán para concretarlo.
3º CUANTIFICA LOS OBJETIVOS
En cierta oportunidad, Jesús preguntó: “¿Quién comenzaría a cons-
truir un edificio sin primero calcular el costo para ver si hay suficiente
dinero para terminarlo?” (Luc. 14:28). De hecho, cada objetivo tiene
un precio. Cuanto más próximo a realizarse, más fácil es saber ese
precio. Y lo contrario también es verdadero: Cuanto más distante está
el horizonte de realización, más difícil es definir cuánto costará. Solo
podemos estimar.
Por ejemplo, ¿cuánto costará abrir un pequeño negocio dentro
de cinco años? Bien, esa respuesta depende de una serie de factores,
comenzando por el tipo de negocio y su viabilidad. Eso, sin embargo,
no nos impide investigar y trabajar con cifras promedio aproximadas.
Además, sabemos que a lo largo de los años el propio dinero pierde
poder de compra a causa de la inflación. No podemos ignorar ese hecho
a la hora de estimar cuánto debemos juntar a fin de concretar cada
objetivo trazado.
Para simplificar, supongamos una tasa de inflación histórica promedio
del 5 % anual. Si tenemos en mente un objetivo que hoy costaría 1.800
dólares, pero llevará, por ejemplo, tres años para concretarse, necesi-
tamos agregar 270 dólares a nuestro objetivo de ahorro, es decir, 15 %
más con relación al costo de hoy, de tal manera que, al final, juntemos
2.070 dólares para absorber, así, el impacto que la inflación traerá a
lo largo del tiempo.1
1
Por simplicidad didáctica, aquí practicamos el concepto de intereses simples. La cuenta
exacta sería aplicar intereses sobre intereses, es decir, inflación sobre inflación en este
caso. El resultado correcto sería una inflación acumulada del 15,76 % en tres años, lo
que equivale a 2.083,68 dólares como objetivo de ahorro.
93
EMBAJADORES DEL REINO
Es decir, cuanto más distante esté la realización de un objetivo,
más cautelosos debemos ser al cuantificar su valor, siempre tomando
en cuenta la inflación.
4º CALCULA EL TAMAÑO DEL ESFUERZO MENSUAL DE
AHORRO
Ninguna de las etapas anteriores tendrá efecto si no nos esforza-
mos para juntar la cantidad de dinero necesaria para la realización de
cada objetivo. Observemos el ejemplo de Luciana y su novio, Felipe,
que trazaron los siguientes planes:
Objetivo Costo Plazo
Viaje de luna de miel US$ 1.770 18 meses
Fiesta de casamiento US$ 4.430 18 meses
Cambio del auto de la pareja US$ 5.315 36 meses
Apertura de un negocio propio US$ 8.855 48 meses
Compra de la casa propia US$ 53.145 72 meses
¿Cuánto deberían ahorrar, desde ahora? Eso depende de la renta-
bilidad de las inversiones en las que se invertirán tus ahorros, de los
impuestos y las tasas que se cobren, así como de la inflación prevista.
Para simplificar, supongamos que los precios se mantienen constantes
y que consiguen obtener una rentabilidad media del 0,50 % mensual
en las inversiones a corto plazo, del 0,60 % en las inversiones a medio
plazo y del 0,85 % en las inversiones a largo plazo, menos los impuestos
y tasas. Así que, tenemos:
Objetivo Esfuerzo mensual de ahorro
Viaje de luna de miel US$ 94
Fiesta de casamiento US$ 236
Cambio del auto de la pareja US$ 133
Apertura de un negocio propio US$ 160
Compra de la casa propia US$ 538
Suma US$ 1.161
94
Planifica
Este es solo un ejemplo. Puede ser que tú, en el momento en el
que estés leyendo este libro, tengas acceso a tasas de rentabilidad
menores o mayores que estas. El punto que quiero destacar aquí no
es la rentabilidad en sí, sino la decisión que Luciana y Felipe tendrán
que tomar, ya que su capacidad de ahorro actual no llega ni a cerca
de 1.161 dólares mensuales ¿Y entonces?
5º ELIGE QUÉ OBJETIVOS PRIORIZAR
Como la mayoría de nosotros, Luciana y Felipe tampoco tienen
medios para costear todo lo que desean, incluso con planificación.
Por eso necesitan ponerse de acuerdo sobre sus prioridades.
Cada cual tiene su propio concepto de prioridad. Una fiesta de boda,
por ejemplo, puede ser considerada prescindible en opinión de una
persona, pero esencial en la de otra. Independientemente del criterio
de cada uno, lo cierto es que estos jóvenes novios tendrán que hablar,
negociar y quizá incluso aplazar algunos de los objetivos que se han
marcado, haciendo planes más modestos para poder alcanzarlos. A
una cosa no renunciarán: a celebrar su boda.
Determinados, estos novios saben que, uniendo esfuerzos, juntos
logran ahorrar 354 dólares por mes. Después de casados, al dejar de
vivir cada uno con sus padres, creen que será un poco más desafian-
te ahorrar esa cantidad, pero se propusieron mantener el objetivo
haciendo algunas sustituciones. Por ejemplo, saldrán menos los
domingos por la tarde y se quedarán más en la casa ya que, después
de tanta espera, finalmente podrán disfrutar de la vida conyugal.
Aun así, para todo lo que les gustaría hacer, 354 dólares por mes no
es suficiente.
En el caso de ellos, ya tienen una fecha para el casamiento. A juzgar
solo por el costo de la fiesta y de la luna de miel, con 354 dólares por mes
podrían afrontar esos gastos sin dificultad, y aún les sobraría algo de
dinero. Sin embargo, si optan por esa solución tendrán que posponer
18 meses el inicio de los ahorros para sus otras metas, y eso podría ser
muy frustrante para ellos más adelante.
Lo mejor sería que optaran por una ceremonia de casamiento más
modesta (con una decoración discreta y una cena solo para los padres,
hermanos y abuelos de la pareja, por ejemplo). Podrían también elegir
95
EMBAJADORES DEL REINO
un destino más económico para la luna de miel. Aunque se sientan
tentados a seguir el estándar dictado por los amigos que se casaron
antes que ellos, es preferible asegurar que iniciarán su matrimonio
con todas las cuentas pagas y algún dinero guardado.
Entre cambiar de auto y abrir un negocio propio, la primera opción
no es una prioridad. Si hacen periódicamente el mantenimiento del
auto, que actualmente funciona y sirve, podrán seguir con él durante
varios años.
Con solo estos ajustes, el cuadro quedaría así:
Objetivo Nuevo costo Nuevo plazo Esfuerzo
Luna de miel US$ 1.330 18 meses US$ 71
Cena del casa- US$ 1.330 18 meses US$ 71
miento
Cambio del auto --- --- ---
Negocio propio US$ 8.855 48 meses US$ 160
Suma US$ 302
Nota que, al priorizar y ajustar sus objetivos, Luciana y Felipe están
ahora mucho más cerca de alcanzar sus metas a corto y mediano plazo.
Todavía tienen que considerar el objetivo que ellos tienen a largo plazo,
la casa propia. Para este objetivo específico, solo pueden destinar 53
dólares al mes, porque es todo lo que les queda después de abordar las
prioridades más urgentes. Con 53 dólares al mes, al cabo de seis años
solo dispondrán de 5.248 dólares, menos que la décima parte de lo que
calculan que necesitan para hacer realidad su sueño de la casa propia.
Sin embargo, cabe recordar que, una vez liquidados los gastos del
casamiento, a partir del 19º mes en adelante sobrarán 142 dólares de
ahorros mensuales, que podrán sumar al proyecto de la vivienda.2
Por otro lado, después de completar la inversión en el negocio propio,
podrán agregar otros 160 dólares para este objetivo.
Al mirar de este modo el objetivo de la casa propia, en la medida
en que las prioridades anteriores vayan siendo atendidas, Luciana y
Felipe podrán juntar en 6 años unos 19.120 dólares. Observa.
2
Depósitos que antes destinaban a pagar los gastos del casamiento y de la luna de miel.
96
Planifica
Aplicación mensual Saldo en el 72º mes
Del 1º al 18º mes (18 meses) US$ 53 US$ 1.625
Del 19º al 48º mes (30 meses) US$ 142 US$ 8.105
Del 49º al 72º mes (24 meses) US$ 355 US$ 9.388
Total acumulado hasta el 72º US$ 19.118
mes (a 0,85 % por mes)
Este valor representa cerca de 1/3 de lo que desearían. Parece desalen-
tador, pero ya es un comienzo, especialmente porque podrán alcanzar
los 2/3 que faltan en un espacio de tiempo mucho menor, gracias al
efecto de los intereses compuestos: Si Luciana y Felipe siguen firmes
en el plan de ahorrar para adquirir la casa propia, preservando lo que
ya juntaron e invirtiendo regularmente 355 dólares por mes, bastarán
otros 4 años y 4 meses para alcanzar el blanco de los 53.000 dólares.
Es posible que no quieran posponer los planes. En ese caso, con
los 19.000 dólares que hayan juntado en seis años, podrán comprar
un lote y construir una pequeña casa, que les servirá en un principio;
luego podrán ampliarla cuando la familia aumente. Por otro lado, si
mantienen su esfuerzo de ahorro, pero reducen el objetivo a 35.430
dólares, serán suficientes 2 años y 4 meses para juntar esa cantidad, o
incluso menos tiempo si están dispuestos a ahorrar e invertir un poco
más de 355 dólares al mes.
En fin, este es un caso hipotético, tú sabes. Con él, espero haberte
demostrado que los objetivos, grandes o pequeños, pueden, sí, hacerse
realidad, y sin deudas. Solo hace falta planificación, disciplina, mode-
ración y paciencia.
CONSAGRA TUS PLANES A DIOS
Por lo demás, no podemos olvidarnos de que “puedes hacer to-
dos los planes que quieras, pero el propósito del Señor prevalecerá”
(Prov. 19:21). Por sobre cualquier plan que tracemos está la soberanía de
Dios. Podemos y debemos pensar en el futuro y fijarnos metas nobles
y elevadas, pero siempre con la humildad de reconocer que “si el Señor
quiere, viviremos y haremos esto o aquello” (Sant. 4:15, énfasis agregado).
Dependemos enteramente de la providencia divina, y podemos estar
97
EMBAJADORES DEL REINO
absolutamente seguros de ello, porque Dios es especialista en hacer
grandes planes para nosotros (Isa. 55:9; Jer. 29:11), mucho más allá de
lo que podemos siquiera imaginar (1 Cor. 2:9).
Proverbios 16:3 nos invita a poner “todo lo que hagas en manos del
Señor, y tus planes tendrán éxito”, y esto es más importante que los
cinco pasos de este capítulo. Ninguno de nuestros planes avanzará si
lo hacemos de espaldas al Padre. Por eso el salmista subraya: “Deléi-
tate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón” (Sal 37:4).
Embajadores del Reino, consagremos nuestra vida al Señor de los
planes, aceptando día a día su voluntad soberana. De este modo, po-
dremos estar en paz incluso cuando el desenlace de los eventos no se
produzca como estaba previsto, porque “sabemos que Dios hace que
todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados
según el propósito que él tiene para ellos” (Rom. 8:28).
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98
19
DESAFÍOS DE LA
SUCESIÓN
¿Q
ué harías si supieras que pronto vas a morir? ¿Cómo usa-
rías los pocos días de vida que te quedan? ¿Renunciarías a
tu trabajo y partirías hacia el último viaje de tus sueños?
¿Sacarías muchas fotos con tus hijos y tu familia para que puedan
guardar recuerdos de ti? ¿O escribirías un libro en el que contarías
tu experiencia de vida?
El rey Ezequías, de Judá, en el año 14 de su reinado, cuando tenía
unos 39 años, enfermó de una úlcera mortal. La Biblia cuenta que el
profeta Isaías fue a visitarlo y le dijo: “Así dice el Señor: ‘Pon tu casa
en orden, porque vas a morir; no te recuperarás’ ” (2 Rey. 20:1, NVI).
“Pon tu casa en orden” fue la orientación divina para su siervo al
borde de la muerte. A diferencia de lo que sucedió con Ezequías, la ma-
yoría de nosotros no sabe cuándo morirá, aunque no por eso debemos
posponer la tarea de poner en orden nuestra casa.
En relación con este asunto, Elena de White nos dejó la siguiente
advertencia:
Los cristianos que creen la verdad presente debieran
manifestar sabiduría y previsión. No debieran descuidar
el arreglo para la distribución de sus medios […]. Tendrían
que tener sus negocios ordenados en una forma tal que, si
en cualquier momento fueran llamados a abandonarlos y
no tuvieran oportunidad de opinar en cuanto a su arreglo,
pudieran definirse como ellos lo habrían hecho si hubieran
estado vivos. Muchas familias han sido despojadas desho-
nestamente de todos sus bienes y se han visto sometidas a
la pobreza porque se descuidó el trabajo que podría haberse
hecho bien en una hora. Aquellos que hacen su testamento
no deberían escatimar esfuerzos o gastos para obtener
99
EMBAJADORES DEL REINO
consejo legal y hacer que sea redactado en un modo que
resista la prueba.1
Nota que este es un asunto que debemos tratar con seriedad y
responsabilidad.
Pregunto: Si por cualquier motivo murieras hoy, ¿cómo quedarían
los que dependen de tu sustento? ¿Quién le daría continuidad a tus
negocios? ¿Para quién irían los bienes que posees? A propósito, ¿cómo
está la documentación de esos bienes? Tus herederos potenciales ¿saben
de la existencia de esos documentos? ¿Hay alguien más a quien te gus-
taría dejar alguna herencia, pero que está fuera de tu línea de sucesión?
BUENAS PRÁCTICAS PARA DEJAR LOS “ASUNTOS” EN ORDEN
Sucesión, definida de un modo simple, es el proceso en el que una
persona ocupa el lugar de otra. Piensa en un terreno, por ejemplo.
Ese terreno probablemente tiene un documento oficial de registro
con información sobre su propietario. En ocasión de la muerte del
propietario, sus herederos deben presentarse a fin de transferir para
sí la propiedad y asumir los derechos y las obligaciones referentes al
inmueble en lugar del fallecido.
Supongamos que ese terreno no tenga su documentación regu-
larizada, o que los herederos no estén de acuerdo en su división y
quieren quedarse con una parte mayor que la del otro. En ese caso, el
inmueble quedaría “parado”, esperando a que la situación se solucione.
Dependiendo de la complejidad y la discusión en torno a la herencia,
es posible que nunca se resuelva.
Si, hipotéticamente, el fallecido deseaba donar ese terreno a la igle-
sia, pero no lo hizo en vida, ¿quién puede asegurar que los herederos
lo donarán, especialmente si no comparten la misma fe?
Estos son solo algunos ejemplos de las muchas preguntas que surgen
cuando alguien muere. Por eso el Señor nos advierte que pongamos
nuestra casa en orden antes de morir.
No pretendo aquí profundizar en el tema del derecho sucesorio.
Pero puedo sugerir algunas buenas prácticas que seguramente con-
tribuirán para dejar “la casa” organizada.
1
Elena de White, Testimonios para la iglesia (APIa, 2004), t. 3, p. 132.
100
Desafíos de la sucesión
1. Conversen sobre la muerte. Por más extraño que resulte este
consejo, es sumamente importante que la familia sepa cómo
debería actuar ante la falta de algún miembro, especialmente
si este es el proveedor o la proveedora principal de las finanzas
del hogar.
2. Certifícate de que todos tus bienes estén correctamente docu-
mentados a tu nombre y oficialmente registrados en la escribanía.
3. En el caso de que identifiques algo pendiente o alguna necesi-
dad de actualización, hazlo y formaliza el arreglo cuanto antes.
No dejes eso para que tus herederos o tu cónyuge lo resuelvan
después de que mueras. Eso podrá ser para ellos un trastorno
adicional, además de la falta que les harás.
4. Ten una carpeta específica para esos documentos y asegúrate
de que todos en la familia sepan dónde encontrarla.
5. Evalúa la conveniencia de contratar un seguro de vida cuyo
monto sea suficiente como para costear la sucesión de tus bienes.2
6. Si fuera necesario, agrega a ese monto una reserva extra que
sirva para el sustento de la familia hasta que el proceso de
sucesión concluya.
7. Busca la asistencia de un abogado competente en el asunto y,
si es apropiado, anticipa la transmisión de bienes en vida, por
medio de donaciones.
Es importante tener en mente que los bienes que una persona deja
en ocasión de su muerte no son traspasados a los herederos de manera
automática. Es necesario efectuar una sucesión.
La sucesión es un proceso que formaliza la transmisión del patrimo-
nio del fallecido a sus herederos, garantizando que cada uno reciba la
parte a la que tiene derecho, con una distribución justa y transparente.
En la sucesión se establece el balance patrimonial del fallecido, por
2
Llegados a este punto, merece la pena consultar a un planificador financiero con expe-
riencia en planificación sucesoria. Ellos estimarán a cuánto ascendería este importe en
función del valor de los bienes que poseas. Es importante saber que los costos de una
sucesión no son bajos e implican diversos gastos, desde la preparación de los documen-
tos hasta la finalización del proceso. Antes de recibir cualquier bien como herencia, los
herederos tendrán que pagar emolumentos y honorarios, tasas legales y el impuesto
correspondiente. En función de los costos implicados, muchos se ven en la imposibilidad
de concluir el proceso, poniendo en peligro el uso que podrían hacer de esos bienes, lo
que es especialmente grave en el caso de hijos menores.
101
EMBAJADORES DEL REINO
medio del relevamiento de los bienes, derechos, obligaciones y deudas
que poseía. Una vez concluida esta etapa y corroborados los herederos
existentes, se procede a la partición, es decir, a la distribución de la
herencia entre los herederos, siguiendo normas establecidas por la ley.
Concluimos que, si un individuo tiene planes de que una parte de
sus bienes sea transmitida a alguien o a alguna institución que no esté
entre sus herederos previstos por la ley, debe necesariamente poner
en marcha este plan antes de morir, ya sea por medio de una donación
o por medio de un testamento.
EL TESTAMENTO Y LA DONACIÓN
Conviene recordar que el testamento es un instrumento que solo se
activa tras el fallecimiento de la persona, lo que requiere todo un proceso
judicial para que finalmente surta efecto para los beneficiarios. Una
donación, en cambio, puede formalizarse mediante escritura pública
(para bienes inmuebles) o privada (para otros bienes) y surte efecto
inmediatamente. Así, si una persona desea contribuir a la construcción
de una escuela o una iglesia, por ejemplo, y quiere dedicar un terreno
a este fin, es mejor hacerlo por donación que por testamento. De este
modo, las necesidades del beneficiario pueden satisfacerse y el donante
puede tener la alegría de ver los resultados de su gesto de generosidad.
Las donaciones y los testamentos son formas de garantizar que
los bienes y los recursos de una persona tengan el destino deseado.
Esto es especialmente importante cuando somos conscientes de la
mayordomía cristiana y nuestros herederos, en cambio, son personas
infieles y derrochadoras que arruinarían fácilmente los recursos que el
Señor nos ha confiado. Transferir nuestra mayordomía a infieles sería
como poner “esos medios en forma efectiva en las filas del Enemigo”,3
un acto de negligencia e infidelidad por nuestra parte.
David entendió esto tan claramente que decidió donar en vida
una enorme cantidad de oro y plata para la construcción del templo
del Señor (1 Crón. 29:3, 4). ¿Quedaron desamparados los herederos
del rey tras semejante acto de consagración? No. Los campos, las
cosechas, los rebaños y demás empresas que David poseía permane-
3
White, Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 133.
102
Desafíos de la sucesión
cieron para ellos. La diferencia fue que, en lugar de recibir tesoros,
los herederos recibieron los negocios del rey. Mientras trabajaran
duro y dirigieran estos negocios con sabiduría, podrían construir
con ellos su propia riqueza.
“La gente buena deja una herencia a sus nietos”, dice la Biblia
(Prov. 13:22). Este texto sacude nuestra estructura, porque no habla
de dinero, sino de un legado que deja alguien que “teme a Jehová y
en sus mandamientos se deleita en gran manera. Su descendencia
será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita”
(Sal. 112:1, 2, RVR 95).
Me gustaría llamar tu atención sobre un detalle fundamental: En los
registros de la Tierra podemos llegar a ser propietarios de uno o varios
bienes, pero en los registros del universo solo somos administradores.
Darte cuenta de ello debería cambiar por completo tu perspectiva sobre
la sucesión de los bienes que el Señor te ha confiado.
En primer lugar, mientras vivamos, debemos administrar con fi-
delidad todo el patrimonio que el Señor nos permita juntar. En segundo
lugar, más que sucesores, debemos preocuparnos por formar mayor-
domos que cumplan fielmente el papel de cuidar todo aquello que el
Señor nos ha confiado en primer lugar y que, en ocasión de nuestra
muerte, pasará a sus manos. En tercer lugar, mucho más que asignar
tesoros a los herederos, como embajadores del Reino, como David,
debemos preocuparnos por consagrar tesoros para la causa de Dios.
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103
20
EMBAJADORES
CUESTE LO QUE
CUESTE
L
os panes eran de cebada. Sin lugar a dudas, lo que allí tenían era
comida de gente pobre. Las personas con al menos unas mínimas
condiciones usaban harina de trigo y no de cebada para el pan.
Como sea, alguien le dijo que el Maestro estaba necesitando sus hu-
mildes provisiones y, sin dudarlo, el muchacho prontamente ofreció
todo lo que había traído.
No era mucha cosa. A decir verdad, era algo insignificante, al punto
de que Andrés dice frente a él: “Aquí hay un muchachito que tiene
cinco panes de cebada y dos pescados. ¿Pero de qué sirven ante esta
enorme multitud?” (Juan 6:9).
Quizás –quién sabe–, intimidado por el comentario sincero del
discípulo, un pensamiento pudo haber invadido la mente del pobre
muchacho: “Es verdad… qué tontería la mía pensar que Jesús podría
hacer algo grandioso a partir de tan poco”.
Pero la incomodidad causada por su irrelevancia no duró mucho
tiempo. Su mente juvenil imaginaba con interés lo que sucedería a
continuación. Además, al mirar rápidamente a su alrededor, enseguida
notó que, en medio a aquella muchedumbre, solo él se había presenta-
do. ¡Y había mucha gente! Después llegó a sus oídos la información del
conteo: cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños. ¡Qué
sorprendente! Entre todas estas personas ¿él era el único precavido?
¿O… el único dispuesto a donar?
“Da lo mismo”, razonó mientras el pensamiento sobre lo que los
otros hacían o dejaban de hacer pronto se disipaba. Lo que realmente
importaba era saber qué haría Jesús. Pocos minutos antes, aquellos
panes y peces estaban guardados para cuando golpeara el hambre;
y ahora, Jesús los sostenía en sus manos mientras daba gracias. Un
sentimiento cálido invadió entonces el corazón de ese jovencito: la
104
Embajadores cueste lo que cueste
alegría de ver que su pequeña ofrenda podría al menos ser útil para
saciar el hambre del querido Maestro. ¡Qué momento!
En una escena diferente del ministerio de Cristo, apareció otro
joven. Ni Andrés ni otro discípulo lo habían traído ante el Maestro; él
había venido por cuenta propia. Se arrodilló humildemente ante Jesús
(Mar. 10:17), aun cuando era el dueño de “muchas posesiones” (vers. 22),
“muy rico” (Luc. 18:23), muy diferente de la aplastante mayoría de los
que venían a encontrarse con Jesús. Qué raro que Jesús dejara pasar
la oportunidad de hacer de él un seguidor.
Nadie entendió nada. ¡Todo parecía marchar tan bien! En una
rápida entrevista, el joven dijo que guardaba todos los mandamientos
y hacía todo correctamente desde su infancia. ¿Qué más se le podría
exigir? El Hijo del Hombre, que “no ve las cosas de la manera en que
tú las ves” (1 Sam. 16:7), mirando con amor en lo más profundo de sus
ojos, dijo: “Hay una cosa que todavía no has hecho […]. Anda y vende
todas tus posesiones y entrega el dinero a los pobres, y tendrás tesoro
en el cielo. Después ven y sígueme” (Mar. 10:21).
¡Qué sorpresa fue esa condición para él! Si Jesús le hubiera pedido
solo el 1 % de toda su fortuna, ya habría sido suficiente para hacer
mucho más de lo que se había hecho antes con los escasos cinco pa-
nes y dos peces. Pero Jesús no quería un 1 %, ni un 20 % ni un 50 %.
¡Él quería todo! Y entre donar y retener, ese rico prefirió lo segundo.
Y se fue, triste.
Dos jóvenes: uno pobre, otro rico. Uno salió del encuentro con
Cristo con el corazón lleno de alegría; el otro, con el corazón lleno de
tristeza. Ambos estaban dispuestos a escuchar al Maestro, pero solo
uno tomó en serio el propósito de darse completamente por su causa:
irónicamente, el que disponía de muy pocos recursos.
Quiero llamar tu atención a un detalle: el joven rico era totalmente
obediente a los mandamientos (Mar. 10:19, 20). Podríamos concluir
que, probablemente, devolvía el diezmo con regularidad, guardaba el
sábado desde la puesta del sol y hasta la puesta del sol, administraba
sus negocios con absoluta honestidad, era bondadoso y justo con sus
empleados, respetaba las leyes civiles y a las autoridades constituidas,
se portaba con honra y dignidad, trataba a todos con gentileza. ¡Qué
ejemplo! A pesar de todo eso, persistía dentro de él una incomodidad,
105
EMBAJADORES DEL REINO
una duda en cuanto a qué más debería hacer a fin de heredar la vida
eterna. Sentía como si le faltara algo. No sabía qué era, hasta que Jesús
se lo reveló: lo que le faltaba era la firme disposición de seguir a Cristo,
independientemente de lo que tuviera que dejar atrás.
Abraham dejó su tierra y su parentela (Gén. 12:1). Moisés dejó el
confort del palacio (Éxo. 2:15). Rut dejó a su pueblo y su cultura (Rut 1:16).
David dejó la vida pacífica del pastoreo (1 Sam. 17:14, 15). Eliseo dejó
a sus padres, a quienes era tan apegado (1 Rey. 19:20). Daniel dejó la
comida sabrosa que estaba servida en la mesa (Dan. 1:8). Nehemías
dejó la exuberancia de la capital del imperio (Neh. 2:5). Zaqueo dejó
su estilo ganancioso y deshonesto de construir fortuna (Luc. 19:8).
Todos estos son ejemplos de hombres y mujeres que renunciaron
a algo a fin de servir a Dios por completo. Esa elección, reafirmada día
a día, ciertamente marcó la diferencia en la vida de cada uno de ellos.
Ninguna de esas bellas historias de desprendimiento, sin embargo, se
compara con lo que Cristo renunció para venir a salvarnos (Fil. 2:5-8).
Y él nos incentiva, diciendo:
Les aseguro que todo el que haya dejado casa o hermanos
o hermanas o madre o padre o hijos o bienes por mi causa
y por la Buena Noticia recibirá ahora a cambio cien veces
más el número de casas, hermanos, hermanas, madres,
hijos y bienes, junto con persecución; y en el mundo que
vendrá, esa persona tendrá la vida eterna (Mar. 10:29, 30,
énfasis agregado).
¿Te haces una idea de lo que significa “cien veces más”?
Solo para situarnos, en la parábola de los talentos (Mat. 25:14-30),
los siervos buenos y fieles le devolvieron a su señor solo una vez más:
el que recibió dos trajo otros dos –una vez más –, cuatro talentos en
total; el que recibió cinco presentó otros cinco –una vez más–, diez
talentos en total. Si ellos hubieran conseguido un mejor desempeño,
supongamos, dos veces más, el que recibió dos traería otros cuatro,
seis en total; y el que recibió cinco traería otros diez, quince en total.
Al decir “cien veces más”, Jesús estaba usando un parámetro de
rentabilidad que iba mucho más allá de la capacidad de los mejores
negociantes de aquel tiempo, y también de hoy. Después de todo, in-
106
Embajadores cueste lo que cueste
cluso con una tasa de interés constante del 25 % al año, se necesitarían
21 años para multiplicar el patrimonio de esa manera.
Un detalle: Si miramos el índice S&P 500, que refleja la rentabilidad
de una cartera compuesta por las acciones de las 500 mayores empresas
que cotizan en la bolsa de valores estadounidense, veremos que, en un
histórico razonablemente reciente (de 1995 a 2023), ese índice superó la
marca de los 25 % de retorno anual solo siete veces.1 Es decir, aunque
reuniéramos a los directivos de las empresas más valoradas del mundo,
no conseguiríamos alcanzar el resultado que Cristo asegura a sus fieles
“ahora” (Mar. 10:30). Pero, todo eso “con persecución”, resalta Jesús, porque
él sabe que el Enemigo no quiere que seamos enteramente de Cristo.
El joven rico parecía ser enteramente de Cristo, pero no lo era. Y
lo que lo impedía no era la persecución. ¡No! Lo que lo detuvo fue la
idolatría.
Sí, idolatría. Entre “servir a Dios y […] al dinero” (Mat. 6:24), ese joven
prefirió servir al dinero. Infelizmente, “muchos que profesan guardar
todos los mandamientos de Dios están haciendo la misma cosa”, afirma
Elena de White.2 Necesitamos urgentemente comprender que jamás
seremos enteramente de Cristo si nuestros corazones están divididos.
Terminando de describir la generosa recompensa reservada para
aquellos que dejan las cosas atrás por amor a su causa y por amor al evan-
gelio, Jesús concluyó: “Pero muchos que ahora son los más importantes
en ese día serán los menos importantes, y aquellos que ahora parecen
menos importantes en ese día serán los más importantes” (Mar. 10:31).
En una comparación entre el joven pobre y el joven rico, el rico sería
el primero en la visión del mundo; sin embargo, en la visión del Cielo, el
pobre es el primero, pero no por su condición, sino por su disposición;
no por sus humildes aspiraciones, sino por estar totalmente convencido
de que ninguna conquista aquí, por mejor que sea, se equipara con la
alegría de servir a la causa de Cristo y entregarse por completo ella.
1
J. B. Maverick, “S&P 500 Average Return and Historical Performance”, Investopedia, 3
de enero de 2024, disponible en <https://www.investopedia.com/ask/answers/042415/
what-average-annual-return-sp-500.asp>, accedido el 17 de julio de 2024; ver también
“S&P 500 Historical Annual Returns”, Macrotrends, disponible en <https://www.macro-
trends.net/2526/sp-500-historical-annual-returns>, accedido el 17 de julio de 2024.
2
Elena de White, Consejos sobre mayordomía cristiana (Florida: Asociación Casa Editora
Sudamericana, 2013), p. 211.
107
EMBAJADORES DEL REINO
A todos nosotros, el Señor nos confía recursos; a unos más, a otros
menos. El hecho es que, independientemente de la cantidad confiada, el
propósito es igual para todos: servir a los intereses de la Patria celestial.
Hacemos esto cuando ponemos a Dios en primer lugar. En el campo
de las finanzas, eso significa:
1. Trabajar con dedicación y esmero;
2. Obtener nuestra ganancia de manera justa y honesta;
3. Consagrar fielmente la parte que Dios reclama como suya en
la forma de diezmos y ofrendas;
4. Contribuir generosamente para aliviar el sufrimiento del próji-
mo en necesidad y llevar adelante la predicación del evangelio;
5. Pagar los compromisos a tiempo, para no deber nada a nadie;
6. Ahorrar e invertir con sabiduría para multiplicar;
7. Disfrutar alegremente de lo que reste en nuestro poder, siempre
con responsabilidad; y
8. Estar dispuestos a hacer aún más por la causa de Dios, si fuera
necesario.
Me arriesgo a decir que el joven rico resbaló en el octavo ítem.
Pregunto: ¿Cuánto más de lo que hacemos estamos tú y yo verda-
deramente dispuestos a hacer por la causa de Dios?
Cuidado: Si la respuesta es algo como “¡Ya hago mucho!” o “¡Nada
más de lo que ya hago!”, puede ser un indicio de que somos, de alguna
manera, parecidos al joven rico, apegados a las cosas terrenales. Nuestra
vida se resumirá a unos pocos años y, quizá, algún éxito financiero,
nada más. Todo eso al costo de perder la vida eterna.
¡No permitamos que eso suceda! Dejo el siguiente espacio para que
reflexiones en oración. ¿Qué te impide hacer más por la causa de Dios?
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108
21
CON LOS PIES EN LA
TIERRA Y LOS OJOS
EN EL CIELO
Q
uizá te genere curiosidad esa historia de las cien veces más
(Mar. 10:30). ¿Podemos interpretar ese texto al pie de la letra?
Aun sufriendo persecuciones, ¿podríamos esperar semejante
recompensa material en este mundo si estamos dispuestos a renunciar
a todo para seguir a Cristo?
Observa, Jesús dirigió esta promesa primeramente a Pedro
(Mar. 10:28-30). Que yo recuerde, Pedro no murió rico ni dejó un patri-
monio de cien veces más barcos de pesca para sus herederos. Dice la
tradición que Pedro murió como mártir, víctima de la persecución del
implacable Nerón. ¡Imagínate cuánto sufrió hasta llegar a las últimas
consecuencias de seguir a Cristo!
¿Le mintió Jesús a Pedro y, por extensión, a todos aquellos que
creen en su Palabra? ¡Claro que no!
El problema es que nos gusta medir la riqueza y el éxito a partir de
una perspectiva terrenal y materialista. Y eso no es de ahora.
En Éfeso, por ejemplo, había supuestos cristianos que, llenos de
confianza, enseñaban cosas contrarias a la verdad. Ellos defendían
que servir a Dios es “un medio para enriquecerse” (1 Tim. 1:3, 7; 6:5).
Al darse cuenta del daño que ese pensamiento podría causar a la
salud espiritual de la iglesia, Pablo rebatió:
“Ahora bien, la verdadera sumisión a Dios es una gran
riqueza en sí misma cuando uno está contento con lo que
tiene. Después de todo, no trajimos nada cuando vinimos a
este mundo ni tampoco podremos llevarnos nada cuando
lo dejemos. Así que, si tenemos suficiente alimento y ropa,
estemos contentos” (1 Tim. 6:6-8, énfasis agregado).
109
EMBAJADORES DEL REINO
Nota que Pablo no minimizó la recompensa de servir a Cristo. Al
contrario, la puso en evidencia, pero combatiendo nuestra manera
materialista de ver las cosas. Y dijo más: Si hemos recibido del Señor el
sustento diario, con lo suficiente para alimentarnos y para vestirnos,
eso ya es suficiente para que vivamos contentos. Si, además, el Señor
nos concede riquezas y bienes materiales, podemos saber que lo que
juntemos aquí, aquí quedará. Conscientes de ello, debemos hacer el
mejor uso de esos recursos. Finalmente, el consejo para quienes poseen
riquezas es que “deberían ser ricos en buenas acciones, generosos con
los que pasan necesidad y estar siempre dispuestos a compartir con
otros” (1 Tim. 6:18).
Volviendo a la historia de Pedro, podemos concluir que, efectiva-
mente, tuvo éxito, como lo tuvieron Juan el Bautista, Esteban, Pablo,
Lutero, Calvino, la Madre Teresa y tantos otros fieles que se entregaron
por completo a la causa de Cristo. No podemos cuantificar este éxito
en gramos de oro, ni en dólares, pesos o cualquier otra moneda.
Es más, alentando a los “elegidos por Dios que viven como ex-
tranjeros” en este mundo, Pedro se empeña en recordarnos sobre la
“herencia que no tiene precio, una herencia que está reservada en
el cielo para ustedes, pura y sin mancha, que no puede cambiar ni
deteriorarse”, herencia cuyo valor no se puede medir en dinero. Esto
debería ser motivo de alegría para nosotros, aunque aquí tengamos
momentos de tristeza por tener que “soportar muchas pruebas” que
nos afligen (1 Ped. 1:1, 4, 6).
Nota que, procurando animar y fortalecer la fe de los hermanos,
Pedro no reclamó ninguna promesa de bendición y prosperidad ma-
terial; ni siquiera mencionó bienes característicos de la gente rica de
su tiempo, como joyas, vestiduras finas, con muchos colores y borda-
dos, mansiones, rebaños, campos, cultivos. Nada de eso. Lo máximo
que hizo fue decir que la fe probada es mucho más valiosa que el oro
perecedero (vers. 7).
En resumen, para Pedro, nada de lo que pudiera tener aquí habría
podido aliviar la ardiente expectativa del reencuentro con su Amigo
y Salvador. El hecho es que, en toda la trayectoria de este hombre de
fe y coraje, hubo tan solo un momento en el que lo vemos como un
verdadero miserable: después de negar a Cristo tres veces (Mat. 26:75).
110
Con los pies en la Tierra y los ojos en el Cielo
Apreciado lector, no existe éxito material capaz de compensar la
tragedia de negar a Cristo.
Si es para nuestro bien mayor, para nuestra salvación y para
beneficio de otras personas que puedan ser alcanzadas a través de
nuestra generosidad, Dios tiene poder para recompensarnos con cien,
doscientas, mil veces más, si así lo desea. Si eso no está en sus planes
para nosotros, está todo bien. Así como Pedro, podemos descansar en
la seguridad de que, al final, en el Cielo la multiplicación será infinita.
Una canción del compositor Jader Santos inspiró el título de este
capítulo y, de cierta manera, resume la esencia del mensaje que quiero
dejar en estas últimas páginas. Dice así:
Todos queremos otro hogar,
un nuevo Edén para morar,
Nos quedaremos por aquí
solo un poco más.
Esta promesa quiero alcanzar
no quiero esperar.
Pero mientras espero, sigo confiando
en el poder que me va a salvar.
Con los pies en la Tierra y los ojos en el Cielo
yo voy, yo voy.
Con los pies en la Tierra y los ojos en el Cielo
voy caminando hasta encontrar a Jesús.1
Sabes, como financista, podría cerrar este libro reforzando la im-
portancia de que controles tu presupuesto, ahorres, pagues tus deudas,
planifiques tus compras, formes una reserva, inviertas, emprendas,
multipliques tu patrimonio, veles por el bienestar futuro de tu familia.
Espero que haya conseguido tratar mínimamente todos estos temas
en los capítulos anteriores para que, a partir de esas enseñanzas, es-
tés en condiciones de transformar tu realidad financiera para mejor.
Quiero destacar un consejo que es más importante y esencial.
Para eso, no puedo dejar de hablarte como adventista: Administra tus
finanzas con los pies en la Tierra y los ojos en el Cielo.
1
Jader D. Santos (letra y música), “Pés na Terra, Olhos no Céu”, Hinário Adventista do
Sétimo Dia (Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileira, 2022), N° 406.
111
EMBAJADORES DEL REINO
Si, además de los pies, nuestros ojos también están en la Tierra, ¡qué
tragedia será! Podremos incluso alcanzar un futuro rico y exitoso, pero
que jamás durará por la eternidad. Toda nuestra búsqueda habrá sido
en vano, tan inútil como “perseguir el viento” (Ecl. 2:11).
Si somos embajadores del Reino, extranjeros en este mundo, po-
demos estar seguros de que nuestro verdadero éxito no tiene que ver
con lo que juntamos aquí, sino hacia dónde iremos después.
Recuerda: Enriquecerse puede ser el resultado, pero no debe ser
el blanco; puede ser la consecuencia, pero no debe ser la intención.
¿Entiendes la diferencia? Trazar la riqueza como blanco y objeto de
deseo hace que concentremos nuestros esfuerzos y pensamientos en las
cosas terrenales y pasajeras, en lugar de las cosas celestiales y eternas.
“Pero tú, Timoteo, eres un hombre de Dios; así que huye de todas
esas maldades”, dice Pablo. En lugar de codiciar las riquezas terrenales,
que nuestro objetivo sea buscar la justicia, la piedad, la fe, el amor, la
perseverancia y la mansedumbre, y combatiendo día a día el buen
combate de la fe, hasta que un día, por la gracia de Cristo, nuestro
Salvador y Señor, podamos poseer la vida eterna (1 Tim. 6:11, 12).
Allá sí que seremos todos jóvenes y ricos, pero lo más importante
es que no seremos más embajadores. ¡Seremos herederos!
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