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Rela Tos

El documento narra una serie de encuentros íntimos entre un hombre, su esposa Ceci y su cuñada Caro, donde se describen situaciones de carácter sexual explícito. A lo largo de la narrativa, se exploran las dinámicas de deseo y lujuria entre los personajes, culminando en una experiencia sexual compartida. Además, se menciona la transición de una relación platónica a una convivencia más cercana y erótica entre el narrador y una mujer de 38 años, quien reflexiona sobre sus sentimientos y deseos hacia él.

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Rela Tos

El documento narra una serie de encuentros íntimos entre un hombre, su esposa Ceci y su cuñada Caro, donde se describen situaciones de carácter sexual explícito. A lo largo de la narrativa, se exploran las dinámicas de deseo y lujuria entre los personajes, culminando en una experiencia sexual compartida. Además, se menciona la transición de una relación platónica a una convivencia más cercana y erótica entre el narrador y una mujer de 38 años, quien reflexiona sobre sus sentimientos y deseos hacia él.

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Mi cuñada Caro y mi esposa Ceci un día que me fueron a visitar a la

oficina ya que habíamos quedado para ir a comer a un restaurante


después del trabajo.

Mientras terminaba mis labores “Caro” se entretenía hojeando una


revista y en eso llegó su hermana, se pusieron a platicar un rato y como
siempre andan alegres, empezaron a hacerse bromas.

–Oye Ceci, que elegante vienes hoy, que van a festejar algo o de que
se trata, a ver dime hermana…

–Nada en especial, solo que como ya tenemos días que nos no visitas,
Miguel y yo queremos invitarte a comer, espero que no tengas algún
compromisillo por ahí, ¿eh?

–A ver, ven… -dijo “Ceci”- ¿qué es lo que traes aquí?… Que bárbara
“Caro”… A quien estas criando hermana… ¡mira nada más hasta a mí se
me antojan…!

–Ay como eres, como si tu no tuvieras nada…

–Bueno, esto es de herencia, acuérdate como está mamá, que aunque


parece que no, también tiene su guardadito muy bien conservado…

Y acercándose a su hermana le dice:

–Oye ¿y por qué estás tan caliente?… ¿que mi cuñado no cena antes
de dormir?… ¿o ni de desayunar le das antes de que se venga a la
oficina?… Porque como que estás desperdiciando todo esto que tengo
en mis manos…

–De que ando caliente, ni duda cabe, pero en cuanto salga no sabe lo
que le espera, este cabrón creo que ya anda remojando la brocha por
otro lado y yo de babosa esperándolo y nada de nada…

–¡Ah!… Con que eso tenemos hermanita, pero no te apures en cuanto


salga yo te ayudo… Ya sabes para cuando son las hermanas… ¡este
cabrón hoy, no se nos va vivo!
Yo sin saber la que me esperaba, salgo muy quitado de la pena y
como ya es costumbre… En cuanto me vieron se me vinieron encima las
dos, y mi esposa empezó el desmadre… Me bajaron el pantalón y “Cecí”
se prendió de mi verga y a mamar como poseída, mientras tanto “Caro”
me ponía sus chichotas en la cara para que yo se las mamara y me
prendí de una, mordisqueándole su pezón que de inmediato se puso
duro.

Después de satisfacerse mamándome la verga mi esposa se recostó


en una mesita, se levantó su falda abrió sus piernas y como no traía
tanga, ni pantaleta ni nada, su deliciosa y caliente vagina quedó ante mi
vista en todo su esplendor, bastante humedecida, esperando ansiosa el
deslizamiento impetuoso de mi sexo, que también lo tenía listo para
quitarle el ardor y la comezón que a mi esposa hacían desesperar…

Para hacer más ansioso el momento por parte de mi esposa, la punta


de mi verga se la puse a la entrada de su vagina, le di sus pasadas y
jugando con la cabecita en sus labios la estuve enardeciendo… Mi
cuñada que también es una lujuriosa, no perdía detalle de lo que hacía,
le desabrochó la blusa acariciándole los pechos a “Ceci” haciéndola
estremecer…

Le seguí jugando la verga en la entrada de su vagina, gozando el


momento de volverlas a tener dispuestas a las dos para cogérmelas a mi
antojo, mi cuñada como si estuviera en una fiesta disfrutaba el suplicio a
la que tenía sometida a su hermana…

–Miguel. Mi amor ya por favor, hazlo cariño… No me tortures mi amor,


que estoy ansiosa de sentir todo mi vida…

Ante esta suplicante petición, que enardeció a mi cuñada y a mí, le


metí suavemente la verga a mi esposa, mi cuñada no aguantando
también su calentura, descubrió uno de sus pechos y se lo dio a mamar a
su hermana, quien al sentir como le iba entrando la verga empezó a
estremecerse y contraer su vagina como queriendo exprimirme la
verga…

La seguí bombeando, mi verga entraba y salía empapada de la vagina


de mi esposa, mi cuñada y su hermana besándose apasionadamente,
mamándose las dos sus enormes y suculentas tetas… Es lujurioso estar
cogiéndose a unas hermanas y que estas se desenfrenen besándose y
mamándose sus chichotas jugosas, llenas de pasión y deseos
ardientes…pero así son mi esposa y mi cuñada…calientes, cachondas,
lujuriosas, golosas y sobre todo insaciables…

–Miguel quiero ensartarme tu verga mi amor… Quiero que me


traspases con todas tus fuerzas para quitarme esta comezón que me
devora y calcina por dentro.

–Si Miguel, clávale toda esa vergota a mi hermana, quiero verla gozar,
quiero ver como te la coges cariño, quítale lo caliente y dale verga hasta
que la llenes.

Me senté en una silla, acomodándome para que mi verga estuviera


completamente libre, mi esposa se fue colocando quedando montada
encima de mi, ayudada por “Caro” que aprovechó y me dio una mamada
antes de que su hermana se ensartara la verga, luego le dio lengua a la
vagina de “Ceci” y fue guiando mi verga en la rajada de mi esposa, hasta
que quedó totalmente ensartada… ahí empezó a cabalgarme y en ese
sube y baja, sentía escurrir un torrente de líquidos de la vagina,
empapándome los guevos.

Mi cuñada al borde de la locura, se tocaba sus jugosas chichotas y su


hermana acariciándole el pezón la cachondeaba enardecida de pasión,
se besaban y al vaivén incesante del sube y baja de mi esposa sobre mi
verga, las dos como lesbianas se entregaban una a otra.

–Ahora me toca a mi cogérmelas como yo quiera, les dije… Quiero


que se pongan las dos agachadas sobre la mesa.

–Si, si… Agachadas y juntas para que nos las metas a las dos.

Y diciendo y haciendo, rápidamente las dos se colocaron


ofreciéndome sus majestuosas nalgas, sedientas de sexo.

Le metí la verga primero a mi cuñada y a mi esposa le empecé a


acariciar, su vagina estaba hecha un diluvio, inundada, con torrentes
escurriendo de sus labios vaginales.
Cambié de vagina y se la metí a mi esposa, la empecé a bombear con
rapidez buscando su orgasmo, a punto de conseguirlo, gritó desesperada

–Ya Miguel, ¡que me estoy viniendo papacitooo! Mi amor que salvaje


eres Miguel… Aaah…

Sentí como se le aflojaron sus piernas y los dos rodamos al piso para
no desaprovechar, le abrí las piernas y se la volví a meter, empecé el
mete y saca, mi cuñada se echó encima de mí restregándome sus
deliciosas tetas en la espalda.

Al sentir el cuerpo de mi cuñada en mi espalda acariciándome con sus


deliciosas tetas y sus manos deslizándose por mi cuerpo estuve a punto
de venirme, pero resistí el candente momento.

En este vaivén de cuerpos, mi esposa ya no aguantó más y con un


sonoro.

–¡¡aaaggh!! Se vació completamente en un rabiante orgasmo.

Para penetrarla más, al momento de estarse viniendo materialmente


me acosté sobre de ella y mi cuñada también viniéndose se encimó en
nosotros… Como pude me incorporé un poco, para controlar mi calentura
y evitar vaciarme, quería seguir disfrutando a mis mujeres insaciables y
ardientes.

Empecé a jugar con la vagina de mi esposa y mi verga, para permitir


que se enfriara un poco, mi cuñada por atrás de mí seguía
acariciándome y llenándome de besos por mi cuello y mi nuca,
enardeciéndome más y más.

–Cuñada colócate encima de tu hermana, quiero ver que se besen y te


mame las tetas.

–Si cariño, lo que tu mandes amor, me contesto.

Se colocó encima de mi esposa y esta le empezó a mamar sus


chichotas, le metí la verga a mi cuñada, se deslizó suavemente en su
vagina por lo empapada que estaba haciéndola estremecer en cada
milímetro que le iba entrando… Su enorme culo es una visión alucinante
y más, si se siente el inmenso y lujurioso placer de ver la verga
desaparecer en las entrañas de mi cuñada, mi esposa abierta de piernas
debajo de nosotros, mamándole desesperadamente las tetas a su
hermana y ésta, delirando de placer como una poseída.

Al borde de la locura y estando los tres al máximo del placer, aceleré


mis embestidas a mi cuñada con la leche en la punta de la verga, se la
clavé desesperadamente sacándosela con rapidez y haciéndola a un
lado, me vine copiosamente en la cara de mi esposa.

Las dos como inseparables hermanas, me chuparon la verga hasta


que me la limpiaron completamente, saboreando sus propios jugos
vaginales mezclados con la leche caliente que de mi verga a chorros
salió… Después mi cuñada empezó a lamer la leche que en la cara tenía
mi esposa… Así terminó la visita de mi esposa y su hermana a la oficina,
los tres exhaustos tendidos en la alfombra.

3333333333333

Habíamos terminado por quedarnos solos. Ninguno de los dos quería


admitir su propia soledad y tratábamos de mentirnos manteniendo cada
uno en su espacio una rutina que pretendía dar a entender que todo
seguía como antes.

Él venía a verme dos veces en la semana. Por propia iniciativa y


cuando pasaba un tiempo sin hacerlo yo provocaba su visita con el
pretexto de resolver, en mi departamento, algún problema doméstico. Él,
a su vez, me invitaba todos los sábados a cenar en un restaurante del
centro de la ciudad, a lo que yo retribuía el domingo siguiente preparando
algún menú especial que disfrutábamos juntos a la hora de almuerzo en
mi departamento frente al parque.

Sin embargo, los dos sabíamos, que este armónica situación no podría
mantenerse por mucho tiempo. No era lógica, ni conveniente, ni
económica y hasta resultaba peligrosa en los tiempos que estábamos
viviendo.
Así, poco a poco, la idea de vivir bajo el mismo techo se fue abriendo
paso, hasta el día en que hablamos por primera vez de ello. Recuerdo
que fue en el restaurante frente al río que tanto nos gustaba.

En una armonía perfecta fuimos ultimando los detalles y cuando nos


fuimos de ahí ya estaba claro que yo me mudaría a su casa el próximo
fin de semana.

Debo confesar que la decisión tomada, si bien era feliz, no me tenía


muy tranquila desde el punto de vista de mi propia conducta.

A mi edad, 38 años, había desarrollado un modelo de vida


independiente, sin grandes preocupaciones, dueña de mi espacio,
segura de no ser observada, a menudo caminaba por mi departamento
ligera de ropas, a veces desnuda, en un ambiente relajado al máximo.

Nunca había compartido mi espacio con nadie y menos con un


hombre, de modo que, conociendo mi carácter, me preparé para superar
todos los inconvenientes que podría derivarse de ocupar ahora espacios
comunes con él.

Ya instalados en la casa, comencé a darme cuenta que no se trataba


solamente de compartir espacios con otra persona, sino que también de
sentir en todo momento la presencia de su personalidad fuerte.

Era un hombre de 55 años, aun plenamente vigoroso, que parecía


marcar los espacios en todo lo que hacía y que sin mostrar en absoluto
ansias de dominio, por su sola presencia, quedaba establecida una
jerárquica indiscutible que yo acepté de buen grado, porque en realidad
no me molestaba y me hacía sentir protegida y segura. En suma, me
gustaba el cambio que habíamos operado.

Sin embargo, las primeras noches me costaba conciliar el sueño.

El solo pensar que él estaba bajo el mismo techo durmiendo o leyendo


en su cuarto allí, a unos cuantos pasos, en el otro lado del pasillo,
ocasionaba en mi una rara inquietud y comencé a preguntarme si a él
habría de sucederle lo mismo. Yo estaba dispuesta a preguntárselo en la
mañana, pero llegado el momento me di cuenta que no sabía que
preguntarle porque yo tampoco tenía claro en mi mente lo que me
pasaba.

Pensé que había que dejar al tiempo la adaptación necesaria a la


nueva situación y casi había olvidado totalmente mis pequeños
insomnios, cuando llego el día, o mas bien dicho la noche, en que me
desperté terriblemente agitada con una avanzada taquicardia, para
darme cuenta, entre dormida y despierta, que estaba sudando
copiosamente, que tenía el cabello revuelto, que mis cobertores habían
caído de mi cama y que yo estaba totalmente desnuda con mi camisón
de noche recogido a la altura del cuello y que mi sexo latía como un reloj
desesperado como si hubiera cobrado vida independiente, sin que yo
pudiese hacer nada por evitarlo.

No soy en absoluto una persona capaz de ocultarse de la realidad, de


modo que una vez despierta, pude darme perfecta cuenta que me había
despertado en medio de una excitación sexual de características
mayores como yo nunca había experimentado.

Si yo comparaba con los momentos de autosatisfacción que a veces


me proporcionaba en mi cama o en la ducha, debía admitir que lo que
había experimentado ahora, tenía una dimensión totalmente distinta,
tanto en sus características placenteras como en su intensidad y sin
mayores análisis admití también que el factor desencadenante de tal
fenómeno no era otro que la presencia suya en la cual me había detenido
a pensar con inquietante frecuencia.

Los días siguientes, en forma cada vez más intensa, se me fue


haciendo presente su imagen en mi mente y mi cuerpo al evocar mi
incendiaria experiencia nocturna, comenzó a evocar situaciones eróticas
cada vez mas audaces, de las cuales él y yo éramos protagonistas.

De estos simples, aunque diabólicos pensamientos, fui pasando luego


a acciones mas reales, como era mirarlo con calma, con otra forma de
percibirlo, rescatando en él, no ya su personalidad ni su presencia
jerárquica en la casa, sino reparando en sus brazos vigorosos, en sus
labios gruesos y sensuales en su forma elástica de caminar, en la forma
como él tomaba los objetos entre sus dedos que me parecían de una
suavidad perturbadora, en las pocas oportunidades que tenía acceso a
tocarlo, y lo que mas me importaba, darme cuenta si el me miraba de
forma particular.

Solamente una vez creí notar algo, fue cuando yo lucía una blusa muy
ajustada la cual hasta yo misma encontré provocativa y percibí su mirada
directa detenida inequívocamente sobre mis pechos monumentales
cuyos pezones parecían querer perforar la delgada tela.

En apariencia todo parecía normal en la casa. Pero esa normalidad


era en la superficie, pues mi vida interior se había alterado
completamente. Esta alteración ya había invadido, como un incendio que
nadie tuviese interés en extinguir, hasta mi trabajo, donde pasaba largos
momentos ensoñada pensando en él y donde barajaba alternativas para
encauzar lo que me pasaba, donde parecía desear que de algún modo el
tomara algún tipo de iniciativa para poderle contar lo que me estaba
pasando. Pero como nada de esto sucedía terminé por envolverme en
una especie de torbellino erótico mental del cual realmente no quería
salir aunque el mismo me llevara hasta el infierno.

Pero el infierno vino a mí sin esperar que yo lo buscara.

Fue la noche del sábado pasado y habíamos acudido al restaurante


frente al río.

Me dejé llevar por la alegría de las copas, me dejé arrebatar por la


mirada picara de sus ojos celestes, me dejé arrebatar por sus palabras
envolventes, sobre un tema que no recuerdo, porque solamente me
interesaba escuchar el sonido de su voz y mirar sus labios semi abiertos
y a veces húmedos. De modo que cuando conducía el automóvil rumbo a
la casa yo ya sabía perfectamente lo que haría y ni mis convicciones, ya
casi olvidadas, me harían retroceder en el camino que ya había iniciado
sin remedio.

Ni siquiera me acosté esa noche. Simplemente me desnudé para


darme un suave masaje perfumado y para mirarme en el espejo y
comprobar que era una mujer excitante. En realidad, no sé si lo soy, pero
lo importante era que así me sentía, ardiente, deseable, insolente,
provocativa, insinuante y no me atrevía a pronunciarme la palabra, pero
ella me llenaba el alma. Me sentía una puta.
Y entonces abandoné mi cuarto y comencé a caminar por el pasillo
hacia el cuarto de mi padre.

En cada paso que daba en silencio, escuchaba crujir bajo mis pies los
fragmentos destrozados de mis tabúes, de mis temores, de mis trancas,
y me parecía avanzar gloriosa hacia un mundo distinto y deseado y con
cada paso me sentí mas mujer mas hembra y más suya aún antes de
entregarme, de modo que cuando aparecí en su puerta debo haberme
visto como una diosa diabólica y pecadora con mi cabellera negra sobre
mis hombros que era lo único que me vestía.

Me detuve solamente unos segundos, para que él me recorriera con


su vista, para que su mirada redibujara mis contornos y abarcara en un
solo instante mi figura pecadora. Luego avancé para meterme bajo sus
sábanas y me di cuenta que estaba desnudo y que su piel emanaba una
calentura tal que me envolvió como una ola atrapadora que no habría de
soltarme en toda esa noche iniciática.

No quería desmayarme y no me desmaye.

Estuve mas despierta que nunca. Despierta cuando su mano hábil


dura y tersa a la vez englobó mis pechos, despierta cuando sus rodillas
fuertes separaron mis muslos con cálida certeza, despierta cuando su
cuerpo comenzó a cubrirme y a yo sentí su peso sobre el mío
aplastándome como yo sabía desde mis sueños que lo haría, despierta
cuando su otra mano acarició mi sexo abierto para él como una regalo
deseado desde años, y despierta cuando el grosor inaudito de su virilidad
quemante pareció partirme en un delirio orgásmico que me estremece
aún en la evocación.

3333

-¿Y vos en serio pensabas que esto iba a quedar así? –me pregunto
mientras con su mano me sujetaba todo el paquete, aún tibio, aun
creciendo por encima del jean.

-No me imagine… es que no es tan común –respondí con una sonrisa


nerviosa mientras su respiración se mezclaba con la mía.
La distancia se iba acortando ella me miraba. Tenía el pelo rubio
tenido, como muchas señoras de más de cincuenta, los pechos operados
y sin corpiño lo cual dejaba a la vista sus dos enormes pezones. Delicias
que, en algún momento, imagino, alimentaron a mi media hermana.

-Quédate tranquilo, Manu –me dijo mientras me acariciaba el pelo con


el temple de un domador de leones- tu padre (que en paz descanse)
sabía y disfrutaba tanto del sexo como yo. Mira si va a tener problemas
en que su sangre vuelva a entrar en mi cuerpo.

Mi cabeza explotaba, no podía creer que tenía a mi madrastra para mí,


después de tanto tiempo de masturbarme con ella, ahí estaba, acercando
mi mano a su entrepierna, solo cubierta por un vestidito floreado de
verano que de a poco lo iba levantando.

-Sos como una madre, para mí –dije como un idiota. Si bien mi verga
quería mi cabeza se bloqueaba en acto de sabotaje, parecía que no
quería alcanzar la erección.

-Tu mama se fue cuando eras muy chiquito, yo te voy a dar la teta
ahora bebote mío.

Así fue como desprendió mi bragueta para tomar con sus dos manos
mi verga peluda. Ella la miro con ternura, se dio cuenta que tenía el vello
de un niñato de 18. La miraba, la masajeaba y me volvía a mirar. Por
dentro sentía un volcán que empezaba a erupcionar.

-No me vayas a dar todavía la lechita que nos falta -me dijo mientras
se ponía de rodillas y se hacía rápido un rodete en el pelo.

Dios, ¿cómo explicarles colegas la sensación que sentí? Una experta


en la materia, que hacía de su boca un círculo perfecto para que mi
verga se hunda en ese oyó de lengua y saliva, a veces solo la cabeza, y
a veces hasta el final del tronco. En un momento comencé a ponerme
rígido y frenó. Supongo que supuso que si seguía la eyaculación era
inminente.

-Ay me olvide –dijo haciéndose la tonta y volviéndose de frente a mí-


no nos dimos ningún besito.
Ahí me agarro la boca y me la comió, mientras nos besábamos tomo
mis dos manos y las llevo a su pecho. ¡Yo como ingenuo las tocaba
despacio! Por supuesto mi profesora y madrastra me obligo a tomarlos
fuertes, a apretar. Al correr su boca me dijo al oído “cuando se garcha un
hombre a una mujer, lo que más nos gusta es sentirnos que somos de
él”.

-Entonces quiero bajarte la bombacha –le dije rápido.

Ella se rio, me tomo de los hombros y me puso de rodillas frente a ella.


Poco a poco fue levantándose el vestido. Vi sus piernas de mujer
madura, pero también de mujer entrenada, de esas que le da lucha a la
vida y no se entrega.

-Acá está para vos ¿la conoces? –me pregunto mientras se la tomaba
por los costados.

Por supuesto –le conteste embobado. Esa bombachita yo siempre la


tomaba de su cesto de ropa sucia cada vez que iba a dormir a lo de mi
padre. Era una tanguita violeta, chiquita, que tenía pequeños orificios en
su frente y en la zona de la vulva. Recuerdo pasándome noches enteras
masturbándome con ella, sintiendo el olor, metiéndomela en la boca.

– ¿Cómo supiste? –pregunte de rodillas.

-Las respuestas al final caballero –siga su trabajo que una dama no


puede esperar.

La tomé y la bajé, allí me esperaba el cielo, mi paraíso. Una vagina


hermosa, con su olor clásico pero esta vez potenciado por el flujo que
salía de su santo grial. Acerqué mi lengua y el tacto pude percibir ínfimos
pelitos. Arranqué despacio, aunque de a poco fui ganando ritmo. Estuve
por más de diez minutos allí abajado, sintiendo su viscosidad y su aroma.
Mi pelo termino siendo un torbellino ya que ella me dirigía desde allí
como si yo fuera su marioneta.

Al pararme me beso, haciendo que nuestros sabores se mezclen en


nuestras bocas. La saliva rebalsaba al tiempo que nuestras manos se
perdían en nuestras partes.
-Ahora te toca a vos, lucite hijito mío –me dijo mientras se ponía de
espaldas, con su mano en cada una de las hornallas apagadas.

Fue ahí que miré el cielo a través de la ventana de la cocina, no


recuerdo si agradecí a una entidad, o simplemente le pedí disculpas a mi
padre. Mientras estaba en ese trance me abría un preservativo que
siempre llevo conmigo en la billetera, aunque esta vez no hizo falta.

-A mí los Perutti (apellido de mi padre) me cogen sin forro –me dijo


mientras me lo quitaba de la mano para arrojarlo por la misma ventana.

Fue entonces que la penetre, no duró mucho, no voy a mentirles, pero


sentí su humedad y el salir de su flujo en cada una de las bombeadas.
Mientras lo hacía como un animal, le abría los cachetes del culo,
haciendo que también de su ano salga un aroma tan tentador como
sabroso. Cuando sentía la leche en la verga me decidí, y me anime: la
tome de las muñecas para que no pueda moverse y la penetre con
fuerza sobre su culo. Ella intentó zafarse, aunque después me pidió que
no la saque. Que por favor no se la quite. Al retirarle, sobre mi pene tenía
parte de mi leche mezclado con su olor y algo de sangre.

Ella ahí me miró y me dijo:

-Tu padre nunca me quiso hacer la cola, hoy me desvirgaste bebe –


mientras con su mano y una sonrisa dibujada, pasaba una servilleta
sobre mi pija y yo otra sobre su cola.

-¿Quién es la beba? le pregunté sobre el final entre risas mientras


desnudos nos limpiábamos.

3333

Desde hacía unos 10 años veraneábamos siempre en Paracas (Perú),


sin embargo teníamos ganas de cambiar y, gracias a un amigo, conseguí
alquilar una casa a muy buen precio y que estaba junto a la playa.

Paracas es un lugar genial, precioso, sus playas son magníficas. Por


cierto, mi nombre es Juan Carlos, mi mujer se llama Ana y nuestra hija
Cecilia, tenemos 49, 45 y 19 años respectivamente.
Solíamos levantarnos bastante tarde, casi a la hora del almuerzo, ya
que por las noches nos acostábamos muy tarde. A los pocos días de
estar allí nuestra hija se echó un novio, bueno, más que un novio era un
rollete de estos de verano. Era un chico de piel negra que también
estaba de vacaciones allí, pero era italiano, se llamaba Marcelo.

Todas las tardes, sobre las 4, íbamos a la playa, aunque Cecilia no


venía con nosotros ya que al terminar de comer iba rápidamente a
buscar a Marcelo y se iba con él, seguramente a algún lugar apartado de
la playa donde podían estar más tranquilos.

Recuerdo que uno de esos días, estábamos mi mujer y yo en las


toallas tomando el sol y ellos, que venían dando un paseo, se acercaron
para saludarnos. La verdad es que el chico tenía un cuerpo
impresionante. Era alto, con bastantes músculos y no podía disimular el
enorme tamaño de su miembro en su pequeño bañador.

Lo que realmente más me impresionó fue el diminuto bikini que lucía


mi hija, nunca se lo había visto y era minúsculo, la parte de abajo era
como un tanga, o sea los cachetes del culo le quedaban prácticamente al
descubierto. La verdad es que me quedé observándola como nunca lo
había hecho. Tenía la mitad de las tetas al descubierto y si el bikini se le
hubiese movido un centímetro se le hubiesen visto los pezones.

Estuvimos un buen rato charlando y a mí se me apeteció bañarme.


Cuando me dirigía a la orilla Cecilia pasó corriendo a mi lado y se tiró de
cabeza al agua. Estaba preciosa, comenzó a nadar y yo hice lo mismo
hasta que me situé a su lado.

Allí, en el agua, nos pusimos a conversar. Le pregunté que qué tal le


iba con Marcelo, y me dijo que era un chico sensacional y que se lo
estaba pasaba muy bien con él. Yo disimuladamente le miraba de vez en
cuando la parte superior del bikini que, al ser de color amarillo y al estar
mojado, se le transparentaba bastante y podía ver a la perfección sus
pezones marcados en él.

Al poco rato salimos del agua dirigiéndonos de nuevo a donde estaban


Ana y Marcelo. Me tumbé en mi toalla y me puse a tomar el sol, mi hija
hizo lo mismo y se puso boca abajo. A mi izquierda estaban mi mujer y
Marcelo hablando entre ellos, y a mi derecha tenía a Cecilia que, por
cierto, se había desabrochado la parte de arriba del bikini para que no se
le quedaran en la espalda las marcas. Hubo un momento en el que ella
se levantó levemente para sacar de su bolso un cigarrillo. No se molestó
en taparse los pechos y pude ver sus tetas colgando y mostrando esos
dos magníficos pezones.

La situación me había puesto muy caliente y les dije que iba a la casa
a coger mi walkman para escuchar la radio, aunque realmente iba a
hacerme una buena paja. Jamás me había pasado esto antes, es decir
nunca había ni siquiera fantaseado con Cecilia, pero el verla en la playa
con ese minúsculo bikini y después verle las tetas me había impactado
de tal manera que cuando llegué a la casa tenía la polla totalmente
empalmada.

Me senté en el wáter y comencé a cascármela. Tenía en mi mente la


esbelta figura de mi hija con esas tetas y esos pezones marcados en el
bikini. Sin embargo, a los pocos segundos, recordé que al entrar había
visto en el sofá un par de conjuntos de ropa de Cecilia. Pensé que quizás
entre esa ropa podría haber también algún sujetador o tanga de mi hija.
Resulta que me da mucho morbo masturbarme con ropa interior
femenina, aunque lógicamente siempre que lo había hecho había sido
con ropa de Ana, mi esposa. No obstante, y debido a mi excitación, me
dirigí a donde estaba la ropa y, por suerte, encontré allí un par de tangas
y un sujetador.

Cogí uno de los tangas, de color negro, y fui de nuevo al servicio y


comencé a pajearme con el tanga en la mano. Como os podéis imaginar
no tardé mucho en correrme. Me hubiese gustado hacerlo sobre el
tanguita, pero no lo hice, no podía ser tan descarado. Al acabar lo
planché un poco y lo dejé en el mismo sitio donde estaba, y me dirigí de
nuevo a la playa.

Curiosamente Cecilia estaba dormida y, junto a ella, Marcelo le


extendía crema bronceadora a Ana por la espalda. Debo deciros que mi
esposa tiene un buen cuerpo, tetas medianas tirando a grandes y un culo
muy bien formado. Me saludaron y Ana me estuvo comentando que
Marcelo era estudiante de medicina y que, para sacarse un dinerillo, se
dedicaba a dar masajes a domicilio. Y por lo visto lo hacía muy bien. Así
que me dijo que después de la playa habían quedado en que le daría un
masaje en la casa. A mí me pareció bien. Fui a darme un baño y luego
me puse a tomar el sol.

Me llamó mucho la atención lo bien que se habían caído mi esposa y


Marcelo, pues no paraban de hablar y ella no paraba de sonreír y de
reírse. Se notaba que el chico sabía tratar a las mujeres. Incluso la pillé
varias veces mirándole a Marcelo el bulto del paquete en el bañador.
También me di cuenta de como él miraba disimuladamente el canalillo de
las tetas de mi esposa cuando hablaban.

Cuando nos fuimos de la playa debían ser sobre las 8, y al llegar a


casa mi mujer trajo unos refrescos y unos canapés mientras Cecilia se
duchaba y los demás esperábamos nuestro turno. He de recordaros que
Marcelo estaba con nosotros y que en breves momentos iba a hacerle un
masaje a Ana. Pero primero teníamos que ducharnos. Él lo había hecho
en las duchas de la playa, lógicamente le daba apuro hacerlo allí en la
casa. Cuando salió mi hija de la ducha entró Ana. Mientras tanto, y para
dejarles un poco de intimidad, me fui a nuestra cama y me tumbé un rato
a ver la tele, y ellos dos se quedaron solos en el salón mientras mi
esposa acababa de ducharse.

Al cabo de unos minutos llegó Ana a la habitación, llevaba puesto un


albornoz, sin nada debajo. Me dijo que entrara yo a ducharme, pero, sin
hacerle caso, le di una palmada en el culo y de golpe le quité el albornoz,
quedándose totalmente en pelotas. Comencé a morrearla mientras le
sobaba el coño, y así, estando los dos de pie, le empecé a pajear,
metiéndole primero un solo dedo y luego dos. Ella estaba bastante
cachonda, y se dejaba hacer sin protestar. Con mi otra mano comencé a
amasarle las tetas, y luego acerqué mi lengua a sus pezones a la vez
que no paraba de pajearla, cada vez más rápido.

Y lo más morboso de todo era que la puerta de la habitación estaba


abierta. Ana no se había dado cuenta porque si no no hubiese permitido
eso, tened en cuenta que si mi hija o Marcelo pasaban por el pasillo nos
verían perfectamente. Pero Ana no se percató, estaba de espaldas a la
puerta y yo procuraba que no se girase, realmente yo deseaba que mi
hija o Marcelo nos viesen.

Noté en mi mano como mi esposa se corría, es una mujer que suelta


bastante flujo y me la dejó empapada. Acto seguido se agachó ante mí y
comenzó a chupármela. En esos momentos, me percaté de unas
sombras que había a la entrada de la puerta. No quise dar sospechas de
que yo me había dado cuenta y seguí como si nada, sin embargo, a los
pocos minutos observé como mi hija y Marcelo estaban espiándonos a la
vez que se metían mano.

No los podía ver bien, pero ellos a nosotros sí, debido al ángulo en el
que estaban situados. Me puse a mil. El hecho de saber de que mi hija
veía a su madre chuparme la polla mientras su novio le metía mano era
algo superior a mis fuerzas. Además, mi esposa es una experta
mamadora, y no solo chupaba mi polla sino que también me comía los
huevos e incluso a veces con sus lengüetazos me rozaba el agujero del
culo.

Marcelo y mi hija estaban a tope, pude ver sin problemas como la


mano de ella comenzó a moverse cada vez más rápido. Le estaba
haciendo una paja y él no paraba de sobarle las tetas y morrearla. Yo no
pude resistir mucho más y comencé a correrme sobre la cara de mi
esposa. Debido a mi calentura solté una cantidad descomunal de
esperma, no recuerdo haber echado tanta leche nunca. Mientras me
corría me dio tiempo a apuntar a sus tetazas y también se las dejé
empapadas.

Pasaron unos minutos y salimos de la habitación. Me dirigí


directamente al cuarto de baño, pero en vez de darme una ducha rápida
decidí llenar la bañera y permanecer allí un rato relajado y fumando un
cigarrillo. Me puse a pensar en lo que había ocurrido y me empalmé de
nuevo. Estaba a tope de saber que mi hija había presenciado la
descomunal mamada que su madre me había hecho. Sinceramente
estaba arrepentido de no habérmela follado, eso hubiera sido la guinda
del pastel.

Salí del baño y no vi a nadie en el salón. Creía que Marcelo le estaría


dando el masaje a Ana. Sin embargo, estaban en la habitación de
Cecilia, en su cama. Resulta que en el salón no había ningún sitio
apropiado para que se tumbase mi esposa así que decidieron hacerlo
allí. Mientras él le daba el masaje mi hija leía una revista, y yo les
comenté que me quedaría en el salón, porque la verdad es que no
pintaba nada allí.
Pasaron unos quince minutos y la primera en aparecer fue mi mujer.
Sin apenas decirme nada fue directamente a la cocina, y desde allí me
preguntó si me apetecía beber algo. Le dije que ok, que una cerveza
estaría bien. Mientras tanto, caí en la cuenta de que Marcelo y mi hija
estaban aún en la habitación. Cuando mi mujer se sentó junto a mí la
noté algo acalorada, y más nerviosa de lo habitual.

-“¿Te ocurre algo, cariño?, es que te noto un poco nerviosa”, le dije.

-“No no, no me ocurre nada. El masaje me ha sentado fenomenal,


Marcelo es todo un experto. Me encuentro mucho más relajada, deberías
probarlo, amor mío”.

-“Otro día quizás. Sin embargo, Ana, yo en vez de relajada te noto más
nerviosa. Te conozco muy bien, y sé que te ocurre algo, y por favor
quiero que me lo digas”.

Acto seguido, mi esposa me tomó de una mano y mirándome a los


ojos me dijo :

-“Juan Carlos, estoy muy excitada, necesito que me vuelvas a follar.


Aunque me da reparo reconocerlo, me he puesto muy cachonda con el
masaje. Te lo cuento porque sé que puedo confiar en ti y que no te
enfadarás”.

No me dio tiempo a decir nada, ya que mi esposa me sacó de repente


la polla del pantalón y comenzó a pajearme. Claramente ese chico la
había puesto a cien, y a mí no solo no me molestaba, sino que lo
comprendía, y además de verla tan cachonda me excité yo también. Ella
me masturbaba lentamente a la vez que mirándome a los ojos me decía:

-“Sí mi amor, me he puesto a tope sintiendo las manos de Marcelo


recorrer mi cuerpo. Está buenísimo el cabrón, vaya suerte tiene nuestra
hija, vaya pedazo de polla negra se mete entre las piernas”.

Mientras hablaba iba acelerando poco a poco el movimiento de su


mano. Menuda paja me estaba haciendo la muy calentona. Yo aproveché
estos momentos de excitación y le conté lo de antes, o sea que tanto
Marcelo como Cecilia habían visto como ella me la chupaba en nuestra
habitación. Esto a mi esposa la calentó aún más y con la otra mano
comenzó a acariciarse el chocho sin dejar de pajearme a mí. Yo no pude
resistir mucho más y me corrí llenándole de abundante esperma toda la
mano.

No nos pillaron Marcelo y Cecilia de milagro, ya que a los pocos


segundos aparecieron en el salón diciendo que iban a comprar unos
helados y a dar un paseo por la playa. Se marcharon y nosotros nos
quedamos tumbados en el sofá viendo la tele hasta la hora de la cena.

Cuando acabamos de cenar le sugerí a mi esposa de ir a tomar unas


copas, así que nos arreglamos un poco y nos dirigimos a un bar cercano.
A la media hora más o menos dio la casualidad de que aparecieron por
allí nuestra hija y Marcelo. Se sentaron con nosotros, al parecer ya
venían bastante alegres y no tenían reparo en darse largos morreos
delante nuestra e incluso se metían mano con descaro. A mí la verdad no
me importaba, es más, me excitaba ver a Cecilia tan desinhibida.

Sin embargo, la noche deparaba una sorpresa que realmente no


hubiese esperado: Resulta que Marcelo se quedaba en nuestra casa a
dormir. ¡Fantástico! (pensé), con la marcha que llevan encima estos dos
seguro que a los pocos minutos de llegar se ponen a follar como
condenados… Y yo procuraré escucharlo todo y, por qué no, verlo si me
es posible.

Eran casi las dos de la madrugada y llegamos a la casa. Lo primero


que hice fue ponerme cómodo y tomarme la última copa antes de
acostarme. Cecilia y Marcelo entraron directamente en la habitación, o
sea la habitación de Cecilia que solo tenía una cama. Me quedé un rato
en el salón y mi mujer me comentó que se iba a la cama, y que por favor
no tardase mucho yo en llegar. Le dije que ok, sin embargo, mis
intenciones eran otras. Deseaba realmente escuchar los gemidos de mi
hija siendo penetrada por Márcelo, así que apuré la copa y me dirigí a la
puerta de la habitación y puse la oreja a ver si podía captar algo.

Sí, ya sé que no era muy normal la situación, un padre intentando


escuchar tras la puerta los actos sexuales de su hija. Pero tampoco creo
que hubiese nada malo en aquello. Bueno, la cuestión es que al cabo de
unos minutos comencé a oír como una especie de… Gemidos. En mi
mente tenía la imagen de mi Cecilia, con sus pechos al aire, me la
imaginaba chupando el miembro de Marcelo y botando encima de él.

No pude resistir la tentación de abrir un poco la puerta (no estaba


cerrada totalmente, así que solo tuve que empujarla un poco). Me quedé
estupefacto, realmente impresionado… Y muy excitado con lo que vi:

Estaban tumbados en la cama, besándose en la boca, y mi hija con su


mano izquierda le sacaba la polla y comenzaba a acariciársela
lentamente. Marcelo le manoseaba con dulzura los pechos, y a los pocos
segundos tenía los pezones en la boca, chupándolos con ansia por lo
que ella se puso más cachonda y aceleró el ritmo de su mano y comenzó
a pajearlo a mayor velocidad. Umm, ver allí a mi hija con esa enorme
polla negra en la mano y aquel chico chupándole las tetas era la escena
más excitante que jamás hubiera imaginado.

Lógicamente yo ya tenía mi polla en la mano, estaba totalmente


empalmado, aquello era muy fuerte. Acto seguido se pusieron en la
posición del 69, y no aparté la vista de la boca de mi hija tragándose
aquella enorme verga.

No daba crédito a lo que veían mis ojos, Cecilia parecía una actriz
porno, devoraba la polla como una auténtica profesional. Además, el tipo
tenía un cipote enorme, y ella se la tragaba toda, mientras con la otra
mano le acariciaba los huevos. Pero no quedaba ahí la cosa, ya que la
muy guarra se la sacó de la boca y le metió la lengua en el culo a la vez
que con la mano le pajeaba la polla.

No sé cómo Marcelo podía aguantar tanto sin correrse, de hecho, yo


estaba casi a punto. Pero lo mejor vino a continuación: Él sacó del bolso
de mi hija una especie de venda y le tapó los ojos. Mi hija se puso a
cuatro patas, como una perrita, y Marcelo empezó a follársela. He de
decir que yo estaba arriesgándome bastante ya que se encontraban
mirando hacia donde yo estaba, aunque por ella no había problema ya
que tenía los ojos tapados.

Yo estaba tan centrado en la imagen de mi hija que no me percaté de


que Marcelo estaba mirándome. Cuando me di cuenta me retiré un
poco… Sin embargo, y sorprendentemente para mí, vi como él me hacia
una especie de gesto para que me quedara, como dándome a entender
de que podía seguir observándolos. Supongo que esto era en
agradecimiento de cuando yo los dejé observar a ellos. Umm, era
fabuloso ver como botaban las tetazas de mi hija en cada embiste que le
daba el negro…

Lo curioso y lo mejor de todo fue que Marcelo y yo descargamos


nuestra leche a la vez, claro que con la diferencia de que él lo hacía
sobre las tetas de mi hija y yo sobre una servilleta de papel. Luego, le
esparció la leche por el cuerpo y mientras lo hacía me miraba a mí, y me
sonreía… El muy cabronazo. Sin embargo, él, mediante gestos, me invitó
a entrar en la habitación. Aunque mi hija tenía los ojos tapados debía
hacerlo con extremo cuidado, ya que me podía oír. Marcelo tuvo la gran
idea de poner un poco de música, y luego ató a Cecilia de manos y
piernas a la cama.

Cuando ya me encontraba dentro de la habitación, Marcelo se acercó


y me dijo al oído:

-“Sé que estás deseando follártela, y lo veo normal, porque Cecilia


está buenísima. Si yo fuera su padre también lo haría, así que aprovecha
la oportunidad que te brindo y métesela en la boca y en el coño”.

No me lo pensé dos veces y acerqué mi rabo al cuerpo de mi hija, y


empecé a frotarlo por sus tetas. Marcelo, mientras tanto, le decía a ella
en el oído:

-“Cariño, es una sorpresa que te tenía reservada, he invitado a un


amigo y vamos a follarte entre los dos, me acuerdo que el otro día
cuando te pregunté sobre tus fantasías eróticas me dijiste que te
encantaría hacerlo con dos chicos, y esta noche esa fantasía se hará
realidad”.

Mi hija, entre que estaba un poco bebida y la calentura, no puso traba


alguna. Me puse encima de ella, y suavemente le pasé la polla por los
labios. Ella sacó su lengua y comenzó a lamer mi capullo lentamente.
Acerqué un poco más el rabo a su boca, dándole a entender que la
abriese y empezara a chuparla. ¡y qué enorme placer contemplar mi
nabo entrando en la boca de mi propia hija!…
La muy guarrilla me hizo una mamada de competición, como la que
antes le había hecho a Marcelo. Yo, loco de excitación, comencé a
magrearle las tetas y me puse a comérselas. Ella cada vez chupaba con
más ansia debido al placer que el negro le proporcionaba en el coño con
la lengua. Pasados unos minutos, Marcelo me cedió su lugar y me puse
a comerle el chocho, a la vez que ella se metía en la boca el enorme
vergajo del negro.

Menuda preciosidad de coñito tenía, totalmente depilado y bastante


cerradito, parecía increíble que por allí pudiera entrar el pene de Marcelo.
Sus jugos me sabían a gloria, y mi excitación había llegado a su punto
más alto así que opté por clavársela sin demora. Sin embargo, ví algo
que me dejó totalmente bloqueado: En la puerta de la habitación se
encontraba Ana, mi esposa, con los pechos al aire y acariciándose el
coño por encima de las bragas. Durante unos minutos no supe que hacer
ni decir, y cuando me estaba incorporando para ir junto a ella y darle
alguna explicación, ella desde lejos me indicó que no me preocupara y
que me follara a nuestra hija.

Esto si que era el colmo, mi propia esposa dándome permiso para


follarme a mi hija mientras se masturba viéndolo. La verdad es que en
esos momentos yo dudaba de si se trataría de un sueño o no. Era una
situación super morbosa, y todo gracias a la complicidad de nuestro
yerno, o sea Marcelo. Total, que le desaté a Cecilia las piernas, se las
separé un poco, acerqué la punta de mi pene a su dulce chocho y
comencé a penetrarla.

Menuda sensación sentir mi polla dentro de ese coñito joven y


caliente, y además verla a ella con la polla del negro en la boca y las
tetas botando. Aceleré el ritmo de mis embestidas y eso a Cecilia debió
gustarle ya que se sacó el pene de Marcelo de la boca para decir que
quería “más fuerte y rápido”, y yo por supuesto puse todo de mi parte
para complacerla. Estuvimos un rato en esa postura y cuando noté que
me faltaba poco para correrme le sugerí a Marcelo de cambiar de
posición.

Tumbó a mi hija en el suelo, de espaldas hacia nosotros. Ella levantó


las piernas hasta que sus rodillas tocaros sus pechos y se abrió el
chocho con las manos. Marcelo se agachó y le metió la lengua, mientras
tanto Cecilia meneaba el culo y nos pedía que por favor la folláramos.
Marcelo, que estaba también super excitado, le hundió el nabo de golpe
echándose sobre sus piernas y levantándola el culo con su peso, podía
ver como sus testículos le golpeaban la raja a cada embestida. El tío le
hundía la polla de una forma salvaje haciendo fuerza, pero aun así
Cecilia pedía más caña.

En esos instantes yo estaba que no podía más, estaba a punto de


correrme. Por cierto, miré a mi esposa y estaba casi como yo, o sea
muerta de gusto, con ojos de vicio y metiéndose dos o tres dedos en el
coño.

Al cabo de unos minutos, Marcelo se la sacó del chocho y comenzó a


pajearse en la cara de Cecilia. Yo me acerqué a sus pechos y comencé a
chupárselos, a la vez que le agarré la mano y la puse en mi polla para
que me masturbara. Marcelo le introdujo la polla en la boca y empezó un
mete-saca que acabó cuando chorreones de leche empezaron a salir por
la comisura de sus labios. Al ver esto no pude resistirlo, puse mi polla
sobre los pechos de mi hija y me corrí sobre ellos.

Cecilia y Marcelo comenzaron a besarse como enamorados, mientras


éste le esparcía nuestra leche por el cuerpo. Salí de la habitación y me
encontré con mi esposa en el pasillo. Ella también había disfrutado con lo
acontecido y me pidió que por favor le echara un polvo, cosa a la que por
supuesto no me negué.

Continuará.

333333

Me llamo Paulina y lo que voy a relataros ocurrió cuando tenía


alrededor de 18 o 19 años. Tengo un primo de mi misma edad que
siempre venía a la playa con mi familia y conmigo. Dormíamos en
dormitorios contiguos y a veces nos quedábamos hablando hasta altas
horas de la madrugada en la habitación de alguno de los dos, pero nunca
había pasado nada entre nosotros. Él era mi mejor amigo y yo igual para
él.

Un día estábamos en mi casa, acabábamos de volver de la playa y


estábamos rendidos de cansancio. Mi primo se dejó caer en su cama
nada más llegar. Debía estar rendido después de pasarse nadando toda
la tarde.

-Estás hecho polvo, primo -le dije al pasar por la puerta de su cuarto-
¿Te apetece que te haga un masaje?

-No sabes cuánto te lo agradecería -me contestó.

Me senté en la cama y empecé a masajearle la espalda, los


hombros… La natación había hecho de mi primo un chico musculoso y
excitante. Su piel bronceada por el sol le confería aún más atractivo a su
ya de por sí cuidado cuerpo.

-Sigue por los abdominales -me pidió dándose la vuelta- Los tengo un
poco agarrotados.

Empecé a masajearle el estómago, duro como una tabla por las


innumerables horas de gimnasio con que mi primo solía mantenerse en
forma todo el año. Seguí bajando inconscientemente y me di cuenta de
que tenía la polla dura bajo el bañador. Aquello me excitó muchísimo. Se
me pasó por la mente la idea de tocársela, pero no podía, era mi primo. A
pesar de eso, no pude evitar que aquella experiencia poseyera mi mente
durante el resto del verano. Desde aquel día, cada noche tuve fantasías
sexuales con mi primo. Decidí que antes de que acabase el verano las
haría realidad.

El final del verano se acercaba y una noche decidí que sería la


definitiva. No tenía ni idea de lo que iba a hacer, pero algo tenía que
hacer. Nos fuimos a la cama como todas las noches, pasadas las 12. Me
desperté a eso de las 4 de la madrugada y tras mucho pensar, me
levanté y entré cuidadosamente en la habitación de mi primo. Caminé en
silencio hacia su cama y me acosté en ella con cuidado para que no se
diese cuenta. Decidí que era el momento de la verdad.

Bajé mis manos hasta sus calzoncillos, pues nunca había utilizado
pijama para dormir, y metí la mano. Enseguida encontré su polla que,
curiosamente, estaba tiesa y dura como una piedra. Posiblemente, mi
primo estaba teniendo un sueño de lo más excitante. La rodeé con mis
dedos y él se despertó sobresaltado. Al verme allí, a su lado, con su polla
en mi mano, sonrió y acercó sus labios a los míos. Mientras nos
besábamos apasionadamente, uniendo nuestras lenguas en un lazo sin
fin, empecé a masturbarle.

-¿Te gusta? -susurré.

-Me encanta -respondió.

-Me gustaría que tú también me lo hicieses -le pedí.

Sin mediar palabra, dirigió su mano a mi entrepierna, entrando por


debajo de mis braguitas. Empezó a acariciarme el suave vello de mi coño
y luego introdujo un dedo en mi húmedo agujero. Aquello me puso a cien.
Quería más y decidí decírselo.

-¿Quieres que lo hagamos? -le pregunté.

-Sí, no hay nada que desee más en este momento -me respondió- ¿Y
tú?

-Yo también quiero que lo hagamos, pero… -me detuve- Aún soy
virgen…

-¿Y eso te preocupa? -me contestó sonriendo- Yo también lo soy y no


se me ocurre nadie mejor para dejar de serlo que tú.

Estábamos a punto. Se puso encima de mí y, tomando su polla con la


mano, la conduje hasta mi estrecha cueva. Empecé a notar cómo iba
entrando, despacito, con cuidado para no hacerme daño. Mi primo gemía
con suavidad, yo aguanté la respiración hasta que por fin sentí que me
había entrado del todo. No pude evitar soltar un fuerte gemido que
hubiera despertado a mis padres si mi primo no me hubiese tapado
rápidamente la boca. Empezamos a movernos rítmicamente, gimiendo
despacito, entre besos y caricias.

-Voy a correrme -me susurró.


Yo también estaba a punto de hacerlo, pero conseguí mantener la
cabeza fría el tiempo suficiente como para hacer algo de lo que siempre
me habían hablado mis amigas y por lo que sentía una inmensa
curiosidad. Saqué su polla de mi coño y le hice ponerse a horcajadas
sobre mi estómago. Me puse su duro y caliente miembro entre mis tetas
y empecé a hacerle una cubana, como decían mis amigas.

Estaba loca de placer, la polla de mi primo cada vez estaba más


hinchada y dura, hasta que, por fin, se corrió con fuerza alcanzando mi
boca con su semen. Yo aún no me había corrido y mi primo lo adivinó,
así que descendió por mi cuerpo con su polla aún rezumante de dulce y
blanca leche y empezó a chuparme el coño.

Era la primera vez que alguien me hacía eso y sentía una sensación
de lo más extraña, aunque eso no evitaba que me sintiese excitadísima.
Siguió chupando y lamiendo el tiempo suficiente para que yo explotase
en un potente y estremecedor orgasmo que me hizo temblar de la
cabeza a los pies. Nos besamos suavemente, me levanté y me fui a mi
cama.

Después de esa noche lo hicimos todas las noches hasta el final del
verano. Tenía la esperanza de que el año siguiente sería igual, pero mi
primo encontró novia y se casó en julio del año siguiente. El día de su
boda, cuando me acerqué a darle la enhorabuena, me dio dos besos y
me sonrió de una forma que solo él y yo entendimos. Aún me queda el
recuerdo de aquel verano y con ese recuerdo me masturbo siempre que
me siento triste.

33333

Después de echar un buen polvo, mi esposa sacó como tema de


conversación, inevitablemente, la escena que había presenciado
momentos antes y que tan cachonda la había puesto. Me pidió detalles
sobre la sensación que había sentido al penetrar a nuestra hija, sobre el
tacto de sus pechos, sobre lo que sentí cuando me la chupaba, etc.
Insinuó que le faltó poco para entrar allí y unirse a la fiesta, cosa lógica,
sin embargo, me sorprendí cuando añadió: “Uy, que delicia comerse ese
coñito y esas tetas”. Me descolocó un poco escuchar esas insinuaciones
por parte de Ana, jamás habíamos fantaseado antes con practicar sexo
con nuestra hija y ahora estaba descubriendo que a mi esposa también
le daba morbo.
Al día siguiente, cuando me levanté, no había nadie en casa. Miré el
reloj, eran cerca de las dos. Decidí dar una vuelta por la playa,
seguramente allí estarían ellos, y efectivamente, no tuve que andar
mucho cuando ví, junto a la orilla, dos maravillosos cuerpos femeninos
que me hacían señas con los brazos. A varios metros, debajo de la
sombrilla, estaba Marcelo, así que me quedé con él mientras ellas se
bañaban. Una duda empezó a rondar por mi mente, no sabía si durante
el tiempo que había estado ausente ellos habían comentado algo.
Confieso que estaba un poco confuso, porque, aunque por una parte
deseaba que mi hija supiese que yo me la había follado, por otra parte,
me avergonzaba.

Manteníamos una típica conversación sobre deportes, cuando de


repente, noté que una mano de Marcelo se acercó excesivamente a mi
entrepierna, rozándome el capullo con sus dedos y posándola en la
arena, casi pegada a mis cojones. Acto seguido, empezó a hacer
comentarios sobre mi mujer y mi hija, sobre la belleza de sus cuerpos,
sobre lo simpáticas que eran. Después, movió de nuevo la mano que
había puesto en la arena y la llevó sin reparo hasta mi paquete,
abarcándolo por completo, y me dijo:

-“Supongo que te gustaría repetir lo de anoche, me consta que


disfrutaste muchísimo, no solo porque fui testigo, sino porque me ha
comentado Ana que de la calentura que llevabas, tuviste fuerzas para
luego echarle un polvo bestial”.

Al escuchar esto, me quedé pensativo por unos momentos. Por lo que


me había dicho, quedaba claro que él y mi mujer habían hablado del
tema. La duda que me quedaba era saber si mi hija Cecilia estaba al
tanto. No me dio tiempo a preguntárselo, ya que en esos momentos ellas
salían del agua y se acercaban hacia nosotros. Ana me dio un beso y se
tumbó a mi derecha. Cecilia se acercó a saludarme y luego sacó de su
mochila un tarro de crema protectora, pidiéndole a Marcelo que por favor
le extendiese un poco de dicha crema por el cuerpo.

Mi hija se tumbó boca abajo sobre la toalla y Marcelo comenzó a


extenderle lentamente la crema por sus piernas, subiendo hacia arriba
poco a poco. Cuando llegó a sus muslos, se mantuvo ahí durante
bastante tiempo, masajeándolos, sin olvidar la parte interior de éstos,
acercándose muchísimo a sus ingles. Cecilia tenía los ojos semicerrados,
manteniendo en su rostro una inequívoca sensación de placer. Marcelo
llegó a su espalda, vertió una gran cantidad de crema y la extendió
cuidadosamente por la suave piel de mi hija, dándole un masaje perfecto
que casi consigue dejarla dormida.

Cuando giró su cuerpo y se puso mirando hacia arriba para que


Marcelo siguiera echándole crema, casi me da un patatús. Sus preciosas
tetas estaban libres. No me percaté en qué momento se había desatado
el bikini, lo que sí os puedo asegurar es que se me debió quedar una
cara de bobo enorme cuando ví esos melones apuntar con sus pezones
hacia el cielo, sin el más mínimo gesto de ocultación por parte de ella. En
esos momentos, me pareció ver en el rostro de Marcelo una malévola
sonrisa.

De pronto, mi mujer, a la cual yo creía dormida, me alcanzó con sus


manos por la cintura y posó una de ellas en mi paquete. Me giré y la
besé. Acto seguido, acercó su boca a mi oreja y me susurró:

-“Te gusta mirarlos… ¿verdad? Pues debes saber que a mí también,


aunque más que mirar, me gustaría poder disfrutar realmente junto a ti
de esos cuerpos jóvenes, macizos, hermosos… Llenos de energía.
Desearía poder mezclarnos entre ellos… Y disfrutar juntos del sexo más
desinhibido y obsceno”.

Si ya estaba excitado, imaginaros como me puse después de escuchar


estas palabras. Cogí a mi esposa por los hombros y comencé a besarla
apasionadamente. Ella volvió a sobarme el paquete, pero esta vez
incluso se atrevió a meter la mano dentro de mi bañador. Luego comenzó
a hacerme una suave y disimulada paja. Yo, por mi parte, le agarré una
teta y empecé a frotarle el pezón con mis dedos. Todo esto lo hacíamos
con la máxima discreción posible para no llamar la atención, ya que en
esos momentos la playa estaba bastante concurrida.

En un momento dado, mi esposa me hizo señas para que mirara hacia


donde estaban Marcelo y nuestra hija. Ahora estaban los dos sentados
sobre la arena, uno junto al otro, muy pegados y con una toalla sobre sus
piernas que les tapaba hasta un poco más arriba de las caderas.
Observé en sus rostros unas expresiones algo “sospechosas”. Era obvio
que algo ocurría debajo de la toalla.
Ana comenzó a pajearme con más fuerza y rapidez. Con sus cada vez
más bruscos movimientos, se me empezó a salir la polla fuera del
bañador, pero a ninguno nos importó. Yo, por mi parte, le magreaba los
pechos y le acariciaba el coño por encima del bikini.

Entre tanta calentura, y en un acto casi incontrolable, le desabroché la


parte superior del bikini y sus dos preciosas tetazas quedaron libres y
desafiantes. Pude fijarme en como este detalle no pasó desapercibido
para Marcelo. El muy cabrón tenía la mirada clavada en sus tetas. Pero
no solo disfrutaba de la visión de las maravillosas tetas de Ana…
También disfrutaba del fenomenal paja que mi hija Cecilia le estaba
haciendo.

Pero, sin duda, el colmo de mi excitación llegó cuando me percaté de


que mi hija miraba las tetas de su madre casi con el mismo entusiasmo
que Marcelo, por no decir que con más. Quise ofrecerles un buen
espectáculo y empecé a magrearle las tetas a mi mujer como un loco.
Pellizcaba sus pezones, abarcaba las tetas por completo con mis manos
y las espachurraba, agarraba una por debajo con una mano y con los
dedos de la otra la acariciaba… Etc.

A Marcelo y a mi hija se les veía excitadísimos. De hecho, él estaba a


punto de correrse. En el rostro de Cecilia podía adivinarse el enorme
placer que le proporcionaban los dos dedos que Marcelo le introducía
cada vez más rápido en su chocho, unido a la visión de las tetas de su
madre siendo acariciadas por su padre. Curiosamente, con tanto meneo,
la toalla se desplazó unos centímetros… Los suficientes como para que
durante unos momentos quedara a la vista la gran polla de Marcelo
siendo pajeada por la bonita mano de mi hija.

Mi inevitable y colosal eyaculación estaba próxima. Avisé a mi mujer


con antelación y ambos nos tumbamos, poniéndonos muy cerca el uno
del otro, adoptando una postura que permitiera que el momento de mi
explosión fuera lo más discreta posible. No puedo asegurar que nadie
nos viera, lo que si os prometo es que la cantidad de leche que expulsé
fue increíble. Toda fue a parar al vientre de mi mujer, y poco a poco fue
resbalando hacia la arena.

Tras un intenso beso, nos dirigimos hacia el agua, donde


permanecimos bañándonos más de diez minutos. Al regresar, Marcelo y
Cecilia estaban recogiendo sus cosas y se disponían a marcharse. Nos
dijeron que les había entrado hambre y que iban a comprar unos
sándwiches… Aunque para mí esto era bastante dudoso, y
probablemente irían a echar un buen polvazo en un sitio más cómodo,
que era justamente lo que teníamos pensado hacer mi mujer y yo al
llegar a casa.

Y efectivamente, nada más llegar, nos metimos en la ducha y Ana


empezó a mamármela de rodillas sobre la bañera. Pero no terminamos
ahí la faena. Preferíamos un lugar cómodo donde poder emprender una
buena sesión de jodienda, así que fuimos sin demora hacia la cama. Allí
prosiguió chupándomela y a los pocos minutos estábamos enzarzados
en un cachondo 69. En fin, que follamos de casi todas las posturas
posibles y quedamos rendidos en la cama hasta casi la hora de cenar.

Hacía una noche fabulosa. Nos arreglamos un poco para ir a cenar a


un restaurante cercano, donde servían un pescado excelente, y que tenía
una amplia terraza con vistas a la playa. Nuestra hija llegó justo cuando
nos disponíamos a abrir la puerta para irnos. Al parecer, Marcelo tenía un
compromiso con un amigo, y como no quería quedarse sola, decidió
venir con nosotros. Así que esperamos a que ella se cambiara de ropa y
nos marchamos.

Madre e hija estaban guapísimas. Mi mujer lucía un vestido de una


sola pieza, color amarillo, con un amplio escote, que le llegaba hasta las
rodillas aproximadamente. Mi hija tenía puesto un conjunto de dos
piezas, formado por un juvenil top ajustadísimo de color blanco, sin
sujetador, y una falda larga de tipo “hippie”, que a veces, y debido a su
fino grosor, permitía divisar el tanguita negro que llevaba puesto. La
verdad es que, aunque ninguna de ellas iba especialmente provocativa,
sí que estaban guapísimas, e irradiaban sensualidad y feminidad por los
cuatro costados.

Fue una velada tranquila, amena, en la que hablamos de diversos


temas. Después del postre, y tras tomar varias copas, mi mujer sacó
como tema de conversación a Marcelo. Le preguntó a Cecilia, entre otras
cosas, que si la relación iba en serio o simplemente se trataba de un rollo
pasajero que acabaría en cuanto abandonáramos paracas. Al parecer, la
cosa iba, según nuestra hija, muy en serio. La verdad es que,
simplemente viendo la cara y mirada que ponía cuando hablaba de él, se
notaba que estaba muy enamorada. Esto, sinceramente, nos alegraba
mucho a mi mujer y a mí. Pocas veces la habíamos oído hablar con tanto
entusiasmo acerca de un chico.

Salimos del restaurante, y como a ninguno de los tres nos apetecía


meternos en casa, Cecilia propuso ir a una sala de fiestas muy famosa
en la ciudad, donde había estado con Marcelo una de las noches
anteriores. Habitualmente tocaban en directo bandas de salsa, merengue
y jazz latino, había muy buen ambiente, gente de todas las edades
aunque mayormente sobre los 35 o 40 años, y que disponía de una gran
pista de baile que, generalmente, estaba hasta los topes, porque hasta
los más tímidos se volvían locos allí agitando sus cuerpos, bailando y
meneándose sin complejos, dejándose llevar por los alegres y sensuales
ritmos.

Tras sentarnos en un cómodo sofá y pedir las consumiciones, mi mujer


y mi hija decidieron marcarse un bailoteo. Yo preferí quedarme allí
bebiéndome tranquilamente mi cuba libre, escuchando la música y
observando a la gente. No tardé en fijar mi mirada en Ana y Cecilia, que
con el baile, movían sus cuerpos de las maneras más sexys y
sugerentes.

Varias veces, algunos hombres que se encontraban bailando en la


pista se unían a ellas y más de uno las cogió de la cintura o se acercó
por atrás hasta casi pegarse a sus cuerpos (el tipo de baile lo exigía).
Hubo un gordo, de unos 50 o 55 años, que durante algunos segundos
mantuvo su paquete pegado al trasero de mi esposa a la vez que la
agarraba de la cintura y ambos se movían al ritmo de la canción. Mi
mujer estaba disfrutando de lo lindo. Bailaba sin parar, su rostro reflejaba
lo bien que se lo estaba pasando y no dudaba en mover el culo hacia
delante y atrás cuando algún hombre, como he dicho antes, se le
acercaba y se pegaba tras ella.

Con mi hija pasaba tres cuartos de lo mismo, aunque a los diez o


quince minutos la perdí de vista, y seguí atento a mi radiante esposa,
cuyas tetas, con el baile, se movían de manera alocada. Cuando vi que
abandonaba la pista y venía hacia mí, me levanté y al llegar, me agarró
de la cintura y unimos nuestras lenguas en un apasionado morreo.
Después nos sentamos y mi mujer rápidamente le pidió otra copa al
camarero, pues venía sudando y bastante acalorada con tanto baile.
Le comenté que había estado fabulosa, que había llamado la atención
de casi todos los hombres y de más de una mujer, y que había disfrutado
muchísimo mirándola. Seguí alabándola hasta que me cogió fuertemente
del cuello y me metió la lengua en la boca a la vez que posó una de sus
manos en mí ya abultado paquete. Yo, paulatinamente, empecé a
meterle mano. Noté, a través de su vestido, la dureza de sus pezones
(no llevaba sujetador), y no pude evitar comprobar el estado de su
chocho introduciendo mi mano por el interior de sus bragas. Lo tenía
caliente y mojadísimo. De mutuo acuerdo, decidimos abandonar el local.
Necesitábamos echar un polvo, o en caso contrario, íbamos a reventar.

Pero claro, no nos podíamos largar de allí sin decirle nada a nuestra
hija. Según mi esposa, la había visto ir hacia el servicio hacía ya un buen
rato. La verdad es que comenzamos a preocuparnos. Afortunadamente,
apareció de pronto acompañada de Marcelo y de otro muchacho al que
nunca habíamos visto. Ella venía en medio de los dos, rodeándolos con
sus brazos por la cintura. Marcelo rápidamente nos saludó, me dió la
mano y dos besos a Ana. Acto seguido, nos presentó a su amigo.

Se trataba de un chico alemán de 27 años, cuyo nombre no recuerdo,


así que lo llamaré, simplemente, “el alemán”. Tenía un físico 100 % de
gimnasio. Era rubio, con el pelo muy corto (casi rapado), ojos azules,
guaperas, con cara de tipo duro. En fin, el típico cachas, pero eso sí, muy
educado y agradable, todo hay que decirlo. Al parecer, Marcelo y él se
conocían desde hacía muchísimo tiempo. Se podía ver a simple vista que
eran grandes amigos. Insistieron en que nos quedáramos a tomar otra
copa con ellos, y por cortesía, aceptamos.

A mi mujer y a mí nos encanta estar entre gente joven. Cecilia estaba


sentada entre ellos dos en un sofá de tres plazas y Ana y yo estábamos
en otro. En un momento dado, mi mujer ocupó el sitio de nuestra hija y
ésta se sentó a mi lado. Todo vino porque mi mujer le comentó a Cecilia
(en plan de coña), sobre lo rápido que se había buscado sus amistades
en paracas y, además, el buen gusto que tenía. Mi mujer, además,
comenzó a piropear sin reparo a los chicos, y le preguntó, entre risas, a
nuestra hija, que qué se sentía al palpar esos músculos que tanto
Marcelo como el alemán (sobre todo el alemán) marcaban en sus
cuerpos. Fue entonces cuando Cecilia invitó a su madre a ocupar su sitio
para que lo pudiera comprobar por ella misma.
Total, que Ana se sentó en medio de aquellos adonis y, tímidamente,
pasó primero la mano suavemente por uno de los brazos del alemán.
Cecilia, al ver que su madre lo hacía con demasiada timidez, la animó a
que sobara el brazo del muchacho sin ningún reparo. Lo hizo, muy
lentamente, pero a conciencia, poniendo mucho interés en ello. Yo
disfrutaba viéndola tocar esos cuerpos jóvenes y vigorosos, y no podía
evitar que un cosquilleo me recorriera la entrepierna.

Y al lado tenía al bombón de mi hija, que debido sobre todo a la gran


cantidad de alcohol que había ingerido, estaba más cariñosa que nunca.
Me cogía del cuello, de los hombros, me daba besitos, y a veces (no sé
si intencionadamente) posaba su mano sobre mi paquete manteniéndola
allí durante breves segundos.

Por unos momentos, estuve más atento a mi hija que a mi esposa, a la


que por cierto Marcelo había echado un brazo por detrás de la espalda
mientras que el alemán hacía diferentes poses con sus brazos,
presumiendo de músculos. A ella se le salían los ojos de las órbitas y
además, no se cortaba un pelo a la hora de tocar. Llegó un momento en
el que se puso a masajearle la espalda con una mano mientras que con
la otra le seguía tocando los músculos de los brazos, a la vez que
Marcelo le susurraba no sé qué cosas al oído (acerca del alemán, creo,
ya que lo señalaba con el dedo).

Nos pusimos a hablar de nuevo entre los cinco, con la peculiaridad de


que nos quedamos sentados tal como estábamos, es decir, mi esposa
siguió junto a ellos y mi hija permaneció a mi lado. Curiosamente,
Marcelo no solo siguió con su brazo tras la espalda de Ana, sino que
además lo fue bajando paulatinamente hasta que lo posó en sus
caderas. También he de comentar, que cuando por ejemplo alguien
decía algo muy gracioso, aprovechando el alboroto generado por las
risas, Marcelo se pegaba aún más a mi mujer y le sobaba el culo. Me dí
cuenta perfectamente y me puse más cachondo de lo que estaba.

El alemán volvió a pedir otra ronda más de copas. A mí, realmente, no


me apetecía beber más, porque aunque no estaba borracho, poco me
faltaba, pues estaba muy mareado. Y las chicas, no digamos.
Sorprendentemente, ellas seguían bebiendo sin poner pega alguna. Al
cabo de unos minutos, mi mujer se volvió a sentar a mi lado y mi hija se
sentó entre ellos. Ana y yo comenzamos a besarnos y a meternos mano.
A esas alturas, totalmente desinhibidos y cachondos, mi mujer me bajó la
cremallera del pantalón y metió su mano, agarrándome la polla e
iniciando una suave y placentera masturbación.

Yo no quise ser menos. Alcancé su ardiente coño con la mano y le


introduje dos dedos, que se deslizaron con total facilidad debido a lo
lubricado que lo tenía. Empecé a pajearla. No sabíamos si ellos nos
miraban, pero pensarlo me ponía a cien. La curiosidad me pudo, así que
abrí mis ojos mientras seguía morreándola para poder comprobarlo. Me
quedé anonadado. No nos miraban. Mi hija y Marcelo se besaban y se
metían mano (por encima de sus ropas), mientras el alemán, cuya mano
estaba detrás de ella, le sobaba el culo.

Al poco tiempo, mi mujer también se fijó en esto, y al igual que yo, se


puso a tope. Empezó a masturbarme con mayor frenesí, me metía la
lengua hasta casi la campanilla (a veces creía que me ahogaba), y
frotaba sobre mi pecho una de sus tetas. Yo, sin pensarlo dos veces, le
introduje la mano por dentro del vestido para trincarle la otra y así
comprobar la extrema dureza de sus pezones. Mi mano derecha, con la
cual la pajeaba, estaba empapada de jugos, pues su coño cada vez
estaba más encharcado. Con los dedos que me quedaban libres,
empecé a masajearle el ano, suavemente al principio, para al cabo de
unos instantes, introducir el dedo al completo, masturbándola por ambos
agujeros a la vez.

Cuando volvimos a mirar hacia el sillón donde estaban ellos, la visión


fue tan escandalosamente excitante que estuvimos a punto de
marcharnos corriendo hacia los servicios o hacia nuestra casa, para así
poder calmar, mediante un buen polvo, la enorme calentura que recorrió
nuestros cuerpos. Resulta que el alemán se encontraba con su pollón
fuera y mi hija lo masturbaba con todo el descaro del mundo, mientras su
novio Marcelo la besaba en la boca y le acariciaba una teta por dentro
del top.

Sin esperar ni un segundo, Ana sacó mi erecta polla del pantalón y


agarrándomela firmemente, empezó a pajearme, a la vez que se sacaba
una de sus tetas por encima del vestido y me la acercaba a la boca para
que se la chupara. Por supuesto que lo hice, procurando, eso sí, ser lo
más disimulado posible, para no llamar mucho la atención.
Aunque había mucha gente en aquel local, creo que, excepto dos o
tres personas que sí que nos vieron con certeza, conseguimos pasar
bastante desapercibidos, pues además de que la gente iba a lo suyo,
todos los focos y luces que había eran de colores, ninguno de luz blanca,
por lo que había que fijarse muy a conciencia para darse cuenta de lo
que hacíamos.

Estaba a punto de decirle a mi mujer que nos fuéramos para casa,


cuando me fijé en que mi hija se encontraba mirando fijamente lo que
hacíamos. Marcelo y el alemán también nos estaban mirando. Durante
algunos momentos, me mantuve observando alternativamente los rostros
de mi mujer y de mi hija. A veces, se miraban entre ellas, se relamían
con cara de vicio y se guiñaban el ojo. Dos o tres minutos más tarde, no
solo masturbaba la polla del alemán, sino que también la de Marcelo. No
sé como no me dio un infarto al verla con esos pollones, uno en cada
mano. Si la negra polla de Marcelo era gorda, la del alemán no se
quedaba corta, pues aunque de longitud era algo menor, de grosor eran
prácticamente iguales.

Sin poder aguantar más (mis cojones iban a reventar), le dije a mi


esposa que por favor nos fuéramos para casa. No me hizo mucho caso
al principio, y siguió pajeándome y moviendo ligeramente las caderas
(para ayudar en la masturbación que yo le hacía). Estaba embobada
mirando las pollas de nuestros amigos, con cara de deseo y de vicio, y
nuestra hija, a la vez, la miraba a ella como queriéndole decir: “uff
mami… Si pudieras disfrutar de estas pollas… Te ibas a enterar”. Por fin,
Ana escuchó mis palabras, cogió su bolso, se puso bien el vestido y le
dijo a Cecilia, con la voz temblorosa por el nerviosismo y la excitación:

-“Bueno hija, tu padre y yo nos vamos a casa… Ya has visto como


estamos, no podemos aguantar más. Que lo paséis bien y andad con
cuidado”.

Abandonamos el local rápidamente y nos dirigimos a casa, ardiendo


de deseo, metiéndonos mano continuamente pero intentando caminar lo
más rápido posible. Cuando quedaban apenas unos 15 metros para
llegar, y mientras hurgaba en uno de mis bolsillos buscando las llaves de
la puerta, mi mujer se sacó las tetas por encima del vestido y caminó así
hasta que entramos en casa. Cierto era que no había nadie en la calle y
que a esas horas, raro era que hubiera algún posible mirón en alguna
ventana, pero para mí verla así, andando con las tetas al aire por la calle,
como una auténtica puta-calentorra-exhibicionista, me puso… Bueno, ya
podéis suponer, más caliente, si cabe, de lo que estaba.

Entramos en casa, y sin poder esperar a entrar en nuestro dormitorio,


Ana se agachó y me la comió en medio del salón, mientras yo soltaba las
llaves encima de la mesa y me quitaba la camiseta. Hice el amago de
moverme, dándole a entender que nos fuéramos a la cama, pero ella
parecía no darse cuenta, y seguía moviendo rítmicamente la cabeza,
engullendo mi durísima polla como una fulana hambrienta de sexo.

Al cabo de varios minutos, Ana me agarró firmemente de las caderas,


se levantó, me besó en la boca y me empujó de manera que caí sentado
en el sofá que había justo detrás de mí. Acto seguido, se sentó sobre mí
y comenzó a cabalgarme. Le agarraba sus magníficos globos mientras
contemplaba su cara, casi desencajada de gusto y calentura. Jadeaba
fuertemente, se pasaba ella misma las manos por los pezones y me
pedía, entre gemido y gemido, que la follara sin parar.

No es extraño que, (y teniendo en cuanta la calentura que yo llevaba


arrastrando desde el inicio de la noche), soltara mi leche al poco rato. No
me dio tiempo casi ni a avisarla, y aunque yo pretendía correrme en su
boca, solo me dio tiempo a sacarla y a correrme sobre su barriga y sus
ingles. Me corrí abundantemente, y ella se esparció la leche por el
cuerpo a la vez que con la otra mano se abría el coñito y me miraba,
dándome a entender que la noche acababa de empezar.

Nos tumbamos en el sofá e hicimos un espléndido 69. Recorrí con mi


lengua cada rincón del coño y culo de mi mujer. El sabor de su flujo
mezclado con mi semen era algo que me encantaba. Así estuvimos un
rato hasta que le dije que no se moviera, que se quedara en esa
posición, a cuatro patas, para que yo se la clavara desde atrás. Y así fue,
se la metí en el coño, a la vez que le metía un dedo por el culo y con la
otra mano le acariciaba los pezones.

Total, que estábamos gozando de lo lindo cuando, de pronto, se


escucharon varias voces y la puerta de la calle (que teníamos justo
delante de nuestros ojos), comenzó a abrirse. Es obvio que esta
posibilidad había sido barajada por nosotros, puesto que al habernos
quedado en el salón nos exponíamos a esto. Debo reconocer que la
situación nos produjo un morbo tremendo, pues no cesamos en nuestra
faena, seguimos follando, sin decir nada, ante la atónita mirada no solo
de nuestra hija, sino también de Marcelo y del alemán, que sin esperar
mucho empezaron a tocarle el culo y las tetas a Cecilia a la vez que los
tres nos miraban con cara de vicio.

Mi mujer giró la cabeza y me dirigió una mirada cómplice. Mantuvimos


el ritmo de la follada, aunque ahora algo más despacio, pues no
queríamos perder detalle de como Marcelo y el alemán desvestían por
completo a nuestra hija y la preparaban para ser follada. Sentaron a
Cecilia en el mismo sofá donde estábamos nosotros, delante de las
narices de mi mujer, y mientras uno le comía el coño desde el suelo, el
otro, de pie, le metía la polla en la boca.

Cecilia lamía la polla del alemán y ella misma abría a tope las piernas
para facilitarle la labor a Marcelo. Éste estuvo unos minutos más
chupándole el coño, y después se incorporó y se dedicó a lamerle las
tetas y a acariciarle todo el cuerpo, a la vez que señalaba hacia nosotros,
indicándole que mirara como follábamos.

Aumenté el ritmo y la fuerza con la que me follaba a mi esposa, de


manera que su cuerpo, cuando se movía hacia adelante, casi se rozaba
con el de nuestra hija, es decir, la cabeza de Ana quedaba a escasos
centímetros de las tetas de Cecilia. Contemplar esto, producía en mí tal
excitación que tenía que hacer enormes esfuerzos por no correrme. La
verdad es que deseaba con toda mi alma que alguno de los chicos, ya
fuera Marcelo o el alemán, hicieran algo para que madre e hija se
enrollaran y pasaran de una vez a la acción sin ningún tipo de inhibición,
ya que, realmente, se veía que ellas lo estaban deseando.

La cuestión es que, tras varias embestidas más, en las que me


concentré al máximo para hincársela a Ana lo más profundo y rápido
posible, acabé eyaculando en su interior, manteniendo la polla dentro
(mientras ella balanceaba su culazo, lo que multiplicaba mi placer), hasta
que solté la última gota de leche, en una abundante corrida que me
pareció durar una eternidad.

Cuando le saqué la polla del coño, caí sentado en el sofá, y me


dispuse a masturbarle su culo mientras miraba a nuestra hija, que seguía
sentada delante de Ana, con la negra polla de Marcelo en la boca y con
el coño siendo chupado por la ágil lengua del alemán, que a su vez, con
su mano izquierda… ¡¡se encontraba magreando una de las tetas de mi
mujer!! No sé desde qué momento concreto estaba haciendo esto, ya
que, debido a mi posición, no me percaté antes de ello, pero la verdad es
que la polla se me empalmó de golpe al contemplar la cachonda escena,
viendo como el chico masajeaba los pechos de Ana sin sacar la lengua
del chochito de Cecilia.

Para poder disfrutar de la escena desde el mejor ángulo, me cambié


de sitio, me senté en una silla que había enfrente y lentamente me puse
a masturbarme. En esos momentos, la polla de Marcelo pasaba
alternativamente de la boca de mi hija a la de su madre, y ambas
chupaban con glotonería y se ayudaban la una a la otra en tal sexy labor.
Cuando una lamía, la otra se dedicaba al agujero del culo, a los huevos o
se pajeaban el coñito mientras sujetaban la cabeza de la que estuviera
mamando en esos momentos.

Al poco rato, Marcelo ocupó el lugar donde estaba sentada Cecilia,


ésta se sentó sobre él y comenzó a cabalgarlo, pero no de cara a él, sino
cara a mí. Mientras pegaba saltos sobre su robusta polla, Marcelo le
agarraba las tetas desde atrás, la besaba en el cuello y le decía cosas al
oído. Mi hija me miraba sin ningún rubor, sin ninguna vergüenza, la muy
putita no apartaba la vista de mi cipote, se acariciaba ella misma el
chochito a la vez que entraba y salía la polla del negro, y de vez en
cuando dirigía su mirada a su madre, que en esos momentos estaba
haciendo un 69 con el alemán.

Me levanté y me puse delante de Cecilia, estuve unos segundos


observándola de cerca, viendo como botaban sus tetas y contemplando
como de su dulce coñito salía y entraba una pollaza negra gorda y larga.
Acerqué mi mano izquierda a su cuerpo y comencé a acariciarle los
pechos, lentamente, con ternura. Marcelo la tenía agarrada de la cintura
y cada vez se la follaba con más fuerza, haciendo que de su boca
empezaran a brotar gemidos incontrolados y gritos de placer.

Giré la cabeza y me deleité durante algunos momentos de la excitante


visión de mi mujer encima del alemán devorándole la polla, mientras él
hacía lo mismo con su coño. Entonces, de repente, mi hija acercó su
boca a mi polla y empezó a chupármela de una manera colosal, ni
siquiera tenía que esforzarse mucho en mover la cabeza, ya que bastaba
con el agitado movimiento que hacía su cuerpo al estar constantemente
botando sobre Marcelo.

Por otra parte, el alemán y mi mujer se disponían a iniciar una buena


follada, pues ella estaba adoptando la misma posición que nuestra hija,
se disponía a introducirse ella misma el vergajo de aquel corpulento
chaval, sentada sobre él y con la cabeza inclinada hacia atrás dándole un
vicioso morreo. Y fue ella quien, literalmente, se lo folló a él, ya que éste
apenas tenía ocasión de hacer amago de moverse, puesto que mi mujer
saltaba y botaba tan enloquecidamente, que hasta tuvo que frenar sus
movimientos ya que le hacía daño en los cojones, al chocar éstos tan
violentamente contra su culo. Me gustaba ver la cara de gusto que ponía
el alemán, con los ojos semicerrados, sudando y sujetando a Ana por los
cachetes del culo.

Mi hija, mientras tanto, seguía chupándomela y recibía en su chocho


las cada vez más violentas embestidas de Marcelo. Mientras pegaba
saltos sobre él, me tenía agarrado por las caderas y solo soltaba las
manos para introducirme algún dedo en el culo o acariciarme los cojones.
Momentos después, Marcelo le indicó que se levantara y le dijo que se
pusiera a cuatro patas en el suelo, con la cabeza apoyada en el sofá, a la
altura de la polla del alemán y del coño de su madre.

Marcelo se puso debajo de ella y se la clavó por el coño, y yo, por


indicación de él, se la metí por el culo. No me lo podía creer, aquello
superaba cualquier fantasía, estábamos mi hija, un negro y yo unidos en
un fabuloso sándwich… Era increíble, pero, afortunadamente, cierto.
Cecilia lamía con devoción el coño de su madre y los cojones del
alemán. Además, a veces, por iniciativa propia, le sacaba la polla del
coño y se ponía a chupársela durante algunos momentos. Después, con
una mano abría los labios del coño de su madre y con la otra introducía
de nuevo la gorda polla para que siguiera follándosela.

No pude resistir más, mis huevos estaban llenos de leche y no podía


seguir haciendo fuerzas para evitar correrme, así que, sacándole la polla
del culo y acercándome a la cara de Cecilia, salió de la punta de mi
capullo un abundante chorro de leche que llenó por completo la cara de
mi hija, así como parte del chocho y muslos de mi mujer. Lancé dos o
tres disparos más con los que intenté cubrir por completo sus labios de
semen. Marcelo le depositó su carga dentro del coño, sin sacársela hasta
que no quedaba ni una gota de esperma en sus cojones. Acto seguido, él
y mi hija comenzaron a besarse apasionadamente, llenando la boca de
Marcelo de mi leche, cosa que a él no parecía desagradarle mucho.

Pocos segundos después, el alemán sacaba la polla del coño de mi


esposa, ésta lo pajeó y el chaval empezó a eyacular. Ana, hábilmente, se
encargó de apuntar hacia la cara de nuestra hija, que estaba preparada
con la lengua fuera como una perrita para recoger la leche. Los últimos
chorreones se los echó por sus propias ingles y por el coño, mientras
besaba en la boca al alemán y acababa de exprimirle la polla.

La verdad es que, a esas alturas, yo estaba agotado. Después de


tantas copas y del agotamiento producido por la tremenda sesión de
sexo que había tenido lugar, necesitaba a toda costa pillar la cama y
descansar. A ellos, sin embargo, aún les quedaba cuerda para rato. Me
fumé un cigarro allí con ellos y luego me acosté. Pero aquí no acaba esta
historia, ni mucho menos. Aquel verano en paracas deparó muchas más
experiencias de esta índole e incluso más excitantes aún.

Fin

3333333

Soy Pedro tengo 28 años y soy de Valencia (España) voy a contarles


algo que me sucedió algún tiempo.

Todas las personas hemos vivido esos momentos en los que nos
invaden las dudas, los miedos, la curiosidad. Ese momento en el que
todavía no te has iniciado en el sexo y tienes una mezcla de ganas,
curiosidad, miedo y dudas.

Ese momento fue el que vivió mi sobrina hace 5 años y yo le ayudé a


superarlo. Todas las personas hemos pasado por esa situación, el
momento en el que sabemos que está a punto de llegar la primera vez
que ves una persona del sexo opuesto desnuda, que tocas un cuerpo y
te lo tocan. Las dudas de cómo hacerlo, de si lo haces bien o mal.
Muchas veces incluso teniendo pareja se duda y se tienen esos miedos.

Lo que los voy a contar sucedió hace 5 años, ella contaba con 18
años, era una chica rellenita, con pecho grande, preciosa cara, con pelo
larga se llama Elena. De esas personas con las que los niños son
crueles. Yo, Pedro, tenía 22 años soy un chico normal, del montón. Ella y
yo nos solíamos ver 3 veces al año, ya que vivíamos en ciudades
lejanas, la relación era buena más de primos que de tío-sobrina. Pero
muy escueta y poco profunda.

Ella vino a vivir con sus padres a mi ciudad, vivíamos a 5 minutos


andando el uno del otro y ella estaba en una ciudad desconocida, sin
amigos. Siendo una persona que le cuesta abrirse. Por lo que decidí
ayudarle, iba a por ella y le decía que se viniera conmigo y con mis
amigos/as éramos un grupo grande de gente, de entre 18 y 24 años. Por
eso pensé que ella con las personas de 18 no se llevaba tanto y podía
encajar en el grupo. Sólo iba a ser un año en esta ciudad antes de volver
a la suya, pero quería ayudarle.

Empezamos a hablar, primero de estudios, de cosas banales y sin


importancia. Poco a poco cogimos más confianza hasta que llegó un día
en el que era una noche de fiesta y yo la vi triste, apagada. Y me
sorprendió… decidí hablar con ella. Esa noche no quiso entrar en la
conversación, me dijo que prefería hablar por el día conmigo, así que al
día siguiente quedamos por la mañana para ir a la playa y tener una
conversación.

Le pregunté que le pasaba y me dijo que estaba triste porque no


ligaba, porque en su anterior ciudad tenía novio y lo echaba de menos y
que desde que estaba en la nueva ciudad no había tenido nada, ni tan
siquiera se había liado con ningún chico, que todos la ignoraban. Ella me
contó que con su novio no había pasado ni de besos, que le daba miedo,
no hacerlo bien.

Me contó que su novio le pedía algo más, empezar en el sexo. Él ya


había tenido novias ligues y había hecho sus cosas, pero Elena no había
hecho nada y le daba miedo que cuando lo hiciese no le gustase a su
novio, y le pidió a su novio un año que le esperase, su intención en esta
nueva ciudad era hacerse mujer. Tener ligues, perder la virginidad y
coger experiencia para cuando volviese que su chico alucinase con ella.

También se había apuntado al gimnasio, estaba poniéndose en forma


y físicamente cada vez estaba mejor. Pero ligar no había ligado nada. Yo
esa conversación intenté animarla, le apoyé y le dije que yo le ayudaría a
encontrar ligues, a que empezara. Esa semana mis padres se fueron de
viaje y estaba yo sólo en casa y esos días ella venía a estar conmigo.

Nos habíamos hecho muy amigos, era pleno invierno y hacía frío, le
comenté de quedar con unos amigos que ella no conocía porque uno de
ellos sería bueno para ella. Pero ese día llovió y se cancelaron los
planes, por lo que decidimos quedarnos en casa viendo una película.

La película tenía varias escenas de sexo y ella y yo estábamos


sentados en el sofá uno al lado del otro, en una de esas escenas el pene
se levantó y ella se dio cuenta y me preguntó que porqué estaba así de
grande… Y le expliqué que cuando los chicos nos excitamos el pene se
agranda… Es algo normal. Entonces las dudas le vinieron a la mente, me
preguntó si me dolía, cuando dejaba de estar grande y mil cosas más.
Ella no dejaba de mirar el bulto.

Hasta que después de tantas preguntas me dijo que se moría de


ganas de ver un pene, de tocar, de tenerlo en su mano de saber como
dar placer y me pidió que se la enseñara, nada más que sólo quería
verla… Estaba nerviosa, casi hasta temblaba. Me di lástima, la vi
nerviosa y pensé que al fin y al cabo éramos familia y yo le podía
enseñar muchas cosas y para que le enseñara otra persona podía
hacerlo yo.

Ella me seguía preguntando, me rogaba que se la enseñara y le dije


que se la iba a enseñar pero que yo mandaba, yo le iría diciendo el
progreso y que hacer. Ella estaba cada vez más nerviosa, con más
ganas, me quité bajé los pantalones y salió a relucir mi pene, mis 18
centímetros quedaron bajo su atenta mirada se quedó sin palabras ella
no reaccionaba, sabía que deseaba tocarla, pero sólo miraba no
reaccionaba, ni se movía ni hablaba.

Le cogí su mano y la acerqué a mi pene y le dije ¿quieres hacer tu


primera paja? Ella me dijo que sí, pero que no sabía como lo tenía que
hacer, yo le dije estate tranquila yo te ayudo y le di un beso en la mejilla.
En ese momento su mano tocó por fin la piel de mi pene, le ayudé a
cerrar la mano, para que la sintiera, para que la rodeara. Entonces ella
dijo esta calentita y nos reímos. Entonces fue ella quién me dio un beso
en la mejilla.
Le empecé a mover la mano, le iba diciendo como tenía que hacerlo y
ella seguía mis indicaciones, estaba absorta, se notaba que le gustaba
que estaba aprendiendo. Al principio los movimientos de su mano eran
de manera muy temblorosa, pero no paraba. Yo le iba a diciendo cuando
tenía que aumentar el ritmo, como lo tenía que hacer. A mitad paja
empezamos a besarnos mi boca se juntaba con la suya, su lengua y la
mía contactaban mientras mi mano ayudaba a su mano a hacer su
primera paja.

El ritmo aumentaba, cada vez más, cada vez me besaba con más
ganas y ella lo hacía mejor. Entonces le pedí que siguiera que no parara
que iba a acabar. Ella lo hizo, subía y bajaba con su mano poco a poco
hasta que llegó el final y mi semen salió expulsado. Nos seguimos
besando.

333333333

Conozco a mi cuñada desde que ella estaba recién entrando a la


universidad, siempre habíamos tenido una relación normal hasta hace un
tiempo.

Ella tiene 36 años, soltera, es delgada, muy guapa, es una profesional


exitosa, pero ha tenido mala suerte en el amor. Como vive sola, pasa
mucho tiempo en mi casa, principalmente para ver a mis hijos a los
cuales consiente en todo.

Por todas estas visitas, fuimos tomando cada vez más confianza,
primero con aspectos de su trabajo y luego ya más personales, con lo
que comencé a mirarla de una manera distinta.

Hace unos meses llegó ella en la noche. Yo estaba solo porque mi


esposa estaba fuera de la ciudad con los niños, venía a dejarme unos
documentos para el trabajo y nos pusimos a conversar, tomando una
copa de vino…

Ella estaba muy guapa, un vestido formal, taco alto, pantys negros y
yo sólo en pijama. Por la confianza que teníamos no había reparado en
ese hecho ni ella tampoco.
Nos tomamos unas copas, hablando de nuestras vidas, hasta que
llegamos a lo sentimental, tema que para ella era complejo. Se puso
triste por su mala suerte con los tíos. Yo le daba ánimos, le hacía ver lo
guapa e inteligente que era y que ya llegaría la persona indicada.

Como seguía triste decidí sentarme a su lado en el sofá, abrazarla


para consolarla. Al cabo de unos minutos de sentirla cerca me di cuenta
como mi cuerpo reaccionaba con una erección, que se notaba
claramente en mi pijama.

Ella al darse cuenta me queda mirando algo sorprendida y yo sin saber


que decir, solo atino a decirle… “es por ti”… luego le doy un beso suave
en sus labios, al cual respondió tímidamente y luego me dice “¿qué
haces, estás loco?”, entonces le digo “¿acaso no te gustó?” y sin más
palabras la besé de nuevo, beso que respondió apasionadamente.

Nos besamos, nos acariciamos, la desnudé, acaricié y besé sus


pechos, pequeños pero firmes, mordiendo suavemente sus pezones,
arrancando suspiros en cada instancia. Bajé por su vientre y llegué a su
vagina, prácticamente depilada por completo, besándola, sintiendo como
se mojaba más y más… Sus gemidos aumentaban de intensidad hasta
que me pide que la penetre.

Sin pensarlo dos veces me puse sobre ella, tomó mi pene duro y lo
llevó a la entrada de su vagina, guiándolo suavemente para luego
comenzar un movimiento cada vez más fuerte. Nuestros gemidos eran
cada vez más fuertes.

Luego ella se puso arriba y puede ver su cara de placer, acariciar sus
pechos, tomarla de las caderas para guiar el movimiento…

Cuando ya sentía que iba a acabar, la avisé, no me había puesto


condón (no tenia en casa), pero ella me dice que acabara dentro, que
ella se cuida, lo que me excitó aún más… acabando muy rico y ambos
prácticamente al mismo tiempo.

Nos quedamos abrazados, en silencio. Sabíamos que lo que


habíamos hecho no solo era una infidelidad, sino que algo prohibido.
Juramos que no volvería a suceder, pero la realidad ha sido otra y
hemos compartido mucho más juntos.

33333

Tuve la suerte, o la desgracia, de embarazar a mi mujer a los pocos


meses de haberme casado. Eso contribuyó para que nuestros problemas
de convivencia y de pareja, pasaran a un segundo plano. Teníamos que
convertirnos en adultos responsables y sólo pensábamos en el “bien de
nuestros hijos”. El plural está bien utilizado en este caso, porque tuvimos
mellizos.

Ana nunca se recuperó de ese doble parto, se dejó estar y al cabo de


un año ya se había puesto gorda como una ballena. Siempre estaba de
mal humor y le molestaba cualquier sugerencia que yo le hiciera. Lo
cierto es que dejó de calentarme y, primero por el tema de la cuarentena
y luego por la atención que requerían nuestros hijos, dejamos de tener
relaciones sexuales.

La probabilidad de que tuviéramos mellizos era alta, porque Ana era


también melliza y dicen que eso es hereditario. Ana y Beatriz, así se
llama su hermana, son prácticamente idénticas. Cuando las conocí en la
facultad de medicina eran un calco: dos rubias de rasgos filosos, buena
cintura y una reputación envidiable según los testimonios de los
estudiantes que aseguraban que juntas eran dinamita. En el bar de la
universidad, las habían catalogado como a dos hembras increíblemente
sensuales cuando estaban solas y absolutamente infernales cuando
estaban juntas.

Según la leyenda universitaria, engañaban a los chicos con los que


salían y los intercambiaban. Y si ambas coincidían en los gustos, no
tenían dramas en entregarse juntas. Se decía que una mamada de las
mellizas, equivalía a un 10 en neuropsiquiatría y que sus escenas
lésbicas, podrían provocarle una erección a los finados de la morgue.
Ana siempre me negó todas esas historias. “Se las imaginan ustedes,
que son todos unos pajeros”, me contestó una tarde en la que le
pregunté si era cierto si ella y Beatriz habían participado en varias
“fiestitas” de futuros egresados.
A pesar de que en un principio, Ana en la cama parecía afirmar las
versiones estudiantiles, los años de convivencia y una escasa variedad
de recursos a la hora del sexo, me inclinaron a aceptar la versión de mi
mujer. De los tres, Ana, Beatriz y yo, el único que se recibió de médico fui
yo. Ana dejó los estudios cuando se confirmó lo del embarazo y Beatriz
un año más tarde, cuando se casó con un empresario y se recluyó en el
gimnasio y la vida familiar.

A pesar de todo lo que se dice acerca de las mellizas, Ana y Beatriz no


parecían tener esa necesidad mutua que caracteriza a los que
compartieron el vientre. Alcanza con decirles que mis hijos ya tienen 14
años y hasta que cumplieron diez sólo nos habíamos visto en escasas
ocasiones con la hermana de mi mujer. Pero todo cambió
imprevistamente el año pasado, gracias a una mano que me dio la
profesión.

Soy médico cirujano y por mis resultados me he convertido casi en una


eminencia cuando se trata de problemas cardíacos. Ese prestigio
profesional derivó en un importante crecimiento económico y pude
comprarme un departamento cerca del consultorio, para atender mis
asuntos particulares. Básicamente, allí llevaba mi vida de soltero, tenía
varias amantes y disfrutaba de los beneficios de hacer lo que se me daba
la gana sin que nadie me lo recriminara. En una operación sólo se puede
saber la hora de inicio, pero nunca la de finalización. En ese contexto y
con esa libertad podía moverme por el mundo sin que nadie advirtiera mi
doble vida.

El año pasado recibí una llamada en mi celular. Era Beatriz que me


pedía que fuera urgente para su casa porque su marido tenía problemas
de corazón. Le aconsejé que llamara a la clínica para que enviaran una
ambulancia de alta complejidad. “Para evitar cualquier inconveniente”, le
dije para tranquilizarla. Cuando llegué, el cuadro me sorprendió: ella
estaba con un conjunto de encaje, medias negras y tacos altos. Tenía
puesto un body de tul casi transparente que me permitió apreciar todos
sus encantos.

Tenía el tul metido entre las nalgas y su cola era redonda y dura, el
opuesto cruel de la de Ana. Mientras me llevaba hasta el dormitorio,
pensé en cómo se había arruinado mi mujer y traté de concentrarme en
mi trabajo para no cometer errores. Beatriz era la imagen de la hembra
de la que yo me había enamorado y eso me excitó mucho.

Su marido estaba sentado en la cama, se tapaba sus genitales con


una sábana, pero no llevaba nada puesto. Le pregunté los síntomas, le
tomé la presión y noté una arritmia que me obligó a ordenarle la
internación. Miré a Beatriz y le dije como para que notara que la había
observado. “Vestite así nos vamos para la clínica”. Llamé a Ana y le
conté lo que había pasado. Le dije que ni se molestara cuando se ofreció
a venir porque lo iba a derivar a una sala de terapia intensiva, donde no
estaban permitidas las visitas. Beatriz estaba muy nerviosa y asustada,
pero se calmó cuando le dije que esto era de rutina y que seguramente
volvería a su casa luego de dos días de observación.

Después de hacer todos los papeles y permitirle que se despidiera de


su marido, le pedí que aguardara en la sala de espera porque debía
hacerle algunas preguntas. Por los años de profesión, puedo asegurar
que los hospitales sensibilizan a la gente. Beatriz se presentó en mi
oficina para hablar a corazón abierto. Le pregunté si su marido había
estado nervioso en estos días o si había pasado algo que pudiera
haberlo presionado más de la cuenta. “Lo único que puedo decirte es que
está tomando Viagra desde hace unos meses. Se la recomendaron en la
empresa, algunos compañeros, pero nunca se hizo ver por un médico”,
me contó sin tapujos.

La excusa me animó para que hiciera un comentario malicioso,


cargado de ironía. “Si fuera que está con Ana entiendo la del Viagra, pero
con vos, que estás como cuando éramos estudiantes. Qué desperdicio,
Beatriz, por favor”. A ella la incomodó un poco, pero en el fondo le gustó.
Porque desde allí su actitud cambió.

Le ofrecí un café y le recomendé que se fuera a su casa a descansar,


que volviera al otro día durante el horario de visita para que le diera el
parte médico. Ella me dijo que prefería quedarse porque se sentía muy
sola, que era una suerte tenerme dentro de la familia y que quedaba en
deuda conmigo por lo de esa noche. La charla se prolongó varias horas,
empezamos con los clásicos recuerdos de la universidad y fuimos
llegando hasta nuestras inquietudes sexuales. Mientras me hablaba noté
como sus pezones se habían puesto duros. Me contaba sus intimidades
con tono cómplice y varias veces apoyó las manos en mis muslos como
gesto de confianza. Quería cogérmela, pero no sabía cómo.

Ella me piropeó diciendo que yo me había mantenido muy bien y que


siempre había envidiado a Ana. Me confesó que su marido tenía
problemas de erección y que desde hacía varios años su vida sexual era
prácticamente nula.

Por supuesto que yo le mentí, evité contar mi parte oscura, y le


aseguré que no tenía sexo desde que los mellizos habían cumplido
cuatro años. Cuando me dijo que se iba me dio un fuerte abrazo. Nos
quedamos así quietos unos segundos, pude sentir todo el calor de su
cuerpo en mi delantal. Tenía la polla tiesa y no dudé en apoyársela para
que la sintiera. Sabía que para la esposa de un impotente, no había nada
más apetecible que una buena polla bien parada.

Afortunadamente, el marido de Beatriz fue dado de alta luego de la


observación de rutina. Efectivamente, la taquicardia había sido producto
del uso irresponsable del Viagra. Le aconsejaron que no tomara nada
raro por el momento, hasta que tuvieran los resultados de todos los
análisis a los que había sido sometido. Beatriz se despidió con un beso
que me dio más cerca de los labios que de las mejillas y prometió un
llamado para que la familia se reuniera. “Te debo una, bebé”, me chuceó
al oído.

Pero lo bueno llegó a la semana siguiente de lo de la internación.


Estaba por salir de la clínica cuando recibí una llamada de Beatriz en mi
celular. Pensé que su marido había tenido una recaída, pero la mano
venía por otro lado. “Necesito verte en tu consultorio. Tengo un dolor en
el pecho y me gustaría que me revisaras”. Intentar algo en la clínica, con
la melliza de mi hermana era una locura porque obviamente el único
retrato que tenía de Ana era de cuando todavía estaba buena. Así que
cité a Beatriz en mi departamento, donde obviamente tengo montado un
consultorio como coartada en caso de inconvenientes con mi esposa.

Beatriz llegó puntual y me saludo fríamente. Por momentos pensé que


era cierto lo del dolor en el pecho y eso me decepcionó. Sin embargo,
bastó que dijera sus primeras palabras para entender de qué se trataba
el asunto. “No le dije nada a mi marido porque tenía miedo de
preocuparlo. Acaba de salir de una, no lo iba a meter e otra”, me
comentó mientras colgaba su sobre todo en el perchero. Estaba vestida
con un vestido floreado, ajustado en la zona de sus senos y suelto en la
espalda. Atrás sólo se sujetaba con dos cintas de tela, por lo que pude
advertir que no llevaba sujetador.

Cuando le pedí que se sentara en la camilla, noté que tenía las piernas
recién depiladas por la irritación que denunciaban algunos de sus poros.
“¿No me vas a pedir que me desvista?”, me alentó con un tono de golfa
que casi que hace mandar al diablo la revisión. Pero el juego me estaba
excitando. “Tranquila, primero quiero escuchar tu corazón”.

Le pedí que inhalara y exhalara el aire y que tratara de prolongar la


letra m para que yo pudiera escuchar con el estetoscopio. Cuando le
apoyé el instrumento, su piel se erizó y lanzó un leve gemido cuando
empezó a pronunciar la letra m. “Mmmm, que bien se siente”, me apuró.
Le advertí que le iba a hacer un tacto en la zona de los pechos, para
comprobar que no fuera algún problema mamario lo que le estaba
provocando el dolor de pecho. Ella se desató el vestido con un leve
movimiento de su mano y sus pechos quedaron flotando frente a mis
narices.

Mientras la tocaba, ella jugaba con su respiración. “Tengo algo raro,


doctor, también siento un dolor cerca de la entrepierna”. Yo seguí
jugando con sus pechos. Y con mi otra mano le acaricié las piernas. Ella
las abrió instintivamente y a mi me aterrorizaba el hecho de estar
cogiéndome a mi mujer pero como hacía 10 años.

Después de sobarle los senos, la besé en la boca y nos prendimos en


un beso que nos puso más cachondos todavía. Bajé hasta sus senos y
recién ahí advertí que se los había operado por una ínfima cicatriz a la
altura de los pezones.. Ahora Beatriz tenía unos pechos perfectos y
mucho más grandes de lo que yo recordaba. “Doctor, le dije que sentía
un dolor en la entrepierna, no podría revisarme también allí”: Obedecí y
me sumergí en su concha. Estaba empapada y sus flujos le habían dado
un brillo especial a su entrepierna. Me gustó su sabor y le di una buena
mamada. Digo buena, porque mientras se la daba acabó por lo menos
dos o tres veces.

Le dije que no tenía nada y me preguntó si aceptaba el pago en


especias. Le dije que sí y se bajó de la camilla. Se sacó hacia abajo el
vestido y se puso en cuclillas para comerse mi polla. Era una maestra,
mientras hacía la desaparecer en su boca, se acariciaba el clítoris. Y
tenía que sacar mi polla de su boca para aullar. “Mmmm, que rica polla.
Y qué dura está. Necesito que me penetres hasta el cansancio”. Apoyó
sus codos en la camilla, levantó la cola y me pidió que se la metiera
desde atrás.

Tenía la concha tan húmeda, que mi polla se deslizó suavemente


hasta que mis huevos golpearon con sus nalgas. “Cogeme fuerte, por
favor, cogeme”, me suplicaba mientras yo la embestía con toda la
violencia posible. Me aclaró que ella se cuidaba y que ni se me ocurriera
sacarla bajo ninguna circunstancia. Yo estaba como loco, cogiéndome a
una hembra en celo, increíblemente parecida a mi mujer. “Enterrámela
hasta los huevos”, y acabamos los dos juntos, fue algo increíble.

Esa noche cogimos hasta el cansancio. Beatriz se fue de mi pseudo


consultorio con una sonrisa que nadie le había visto en años. Desde allí
en más, una vez por semana se da una vuelta por mi departamento de
soltero para hacerse un chequeo a su medida. Desde que atiendo a
Beatriz, ya no tengo problemas con Ana. Directamente nos ignoramos.
Ella no se divorcia por la plata y yo porque disfruto dándole placer a su
adorable hermana.

3333333333

Todo empezó cuando mi primo José llego a vivir con mi


familia, pues quería estudiar en la ciudad, así que mis padres le
ofrecieron el cuarto de visitas. Todo estaba organizado yo iría en
las mañanas a la universidad y el por las tardes, así jamás
estaríamos solos. Mis padres son de las personas que piensan
más vale prevenir que lamentar; pero no contaban con que yo
siempre anhelaba ser penetrada por él.

¿Que como soy? Bueno mido 1.50 m y siempre me ha


encantado bailar así que me inscribí a clases de jazz y ballet por
lo cual tengo buena elasticidad y todo en su lugar, ya saben
pompas marcadas y pechos firmes, aunque por desgracia son
algo pequeños.
Después de dos meses de fantasear como lograría sentir el
pene de mi primo dentro de mí, me arme de valor y puse mi
plan en marcha. Me levante a las seis me bañe, escogí mi tanga
de encaje negro el bra que va de juego, se abre por adelante,
me vestí con jeans y una playera holgada, me puse una
chamarra, me despedí de mis padres y salí “a la escuela”
maneje un rato y llegue a una cafetería lo suficientemente lejos
para que mis padres no vieran mi auto y me quede a
desayunar, espere a que me dieran las ocho y media pues mis
padres entran a trabajar a las nueve.

Llegue a casa sin hacer ruido y me fui a quitar la ropa para


ponerme un baby-doll. Lentamente abrí la puerta del cuarto de
invitados que está a un lado del mío y lo vi allí durmiendo sin
camisa (he de confesar que su color moreno y su barba me
vuelven loca además de tener tan bien definidos sus
abdominales) Así que camine de puntitas hacia su cama y me
metí entre sus sabanas, y fue cuando lo abrace, él se acomodó
para girar y responder el abrazo cuando de repente vi como sus
ojos se abrieron muy rápido. Se volteo a verme y con una voz
medio asustada me dijo

-¿Qué haces aquí

-Dejar correr mi imaginación

-Esto está mal

-El conjunto no te agrada

-Me encanta, pero somos primos esto no puede ser

-Si somos primos, pero quien mejor para probar algo nuevo
que un primo

Así que me acerque a su oído y le dije con voz queda -hazme


tuya- y empecé a jugar con su oreja usando mi lengua. Y qué
bueno que pensé en eso porque sus manos se posaron en mi
trasero y lo masajeo con tanto frenesí que con cada caricia
hacía que sintiera cosquillas en concha.

Puse mis labios en los suyos y me acomode para sentir su


verga cerca de mi vientre y fui bajando lentamente y pasando
mi lengua por su torso hasta llegar a su bóxer, levante mi cara
lo mire pícaramente y le dije -esto me estorba así que te lo
quitare- poco a poco se lo quite usando mis dientes y una vez
que lo baje lo suficiente salto su polla como si tuviera un resorte
y en ese momento dije es mío.

Metí en mi boca esa polla con tantas ganas que sentí que cada
vez me mojaba más, me tomo de la cabeza y me movió mas
rápido, y de repente, me jalo con tanta fuerza que me saco el
dulce de la boca; le pregunte:

¿Por qué me detienes?

-Porque yo te hare los mismo así que trae ese hermoso


trasero a mi cara

Sin pensarlo dos veces lo hice, y de repente sentí como su


legua, tibia, iba entrando en mi concha y fue allí cuando tuve mi
primer orgasmo, no solo por el hecho de que siempre deseé eso
si no por el placer de hacer mío a mi primo

La sensación de hacer algo que casi nadie lo ve normal me


hacía sentir más caliente, y el hecho de tener un orgasmo con
su legua dentro de mí, me hizo pensar que el momento era casi
perfecto.

Así que me levante me quite el baby-doll la tanga que ya


escurría, y solo me quede el bra, José se quedó pensativo así
que le dije, este quiero que me lo quietes tú de la manera que
te plazca, y ese fue el segundo detonador, me jalo a su lado, y
de una manera ansiosa me abrazo y empezó a jalar mi bra; al
oído le dije:
-no seas tontito se desabrocha por adelante

Jadeando me contesto –Sé que es por adelante, pero quiero


causarte dolor, así cuando te lo quite sientas que te libere y
hagamos todo lo que se me apetezca, serás mi esclava y eso es
lo menos por hacerme sentir siempre tan excitado y jamás
haberme dejado tocarte de esta manera.

-Siempre hay una primera vez

Los jalones del bra me empezaban a lastimar pero también


me agradaban, y aun así lo que más quería era sentir su polla
en mí. Así que me adelante abrí mis piernas y me senté en su
miembro, lo tome con mi mano derecha y cuando lo iba a meter
tomo mi mano y me dijo –no primita dije que serás mi esclava y
aun no deseo que seamos uno.

Me quede pensando, que más quería hacer conmigo, para ser


sincera nunca había sido tan atrevida y solo había tenido una
pareja sexual, así que mis ideas eran muy limitadas.

Cuando las dudas empezaban a ser más grandes él empezó a


masajear mi senos, y fue cuando recordé que me ardía la
espalda y debajo de mi nenas, con su boca empezó a
desabrochar mi bra, siempre creí que eso era imposible, pero al
parecer mi Primito sabia más de sexo de lo que yo pensaba. Y
tome la decisión de dejarme llevar por ese grandulón.

Cuando me quito el bra fue como él dijo, sentí que me libero,


y en cierta forma saco lo más sexoso de mí, lo jale del cabello y
lo bese con pasión, y le dije:

–esclava nunca, perra tal vez, pero quiero tu polla adentro de


mi de una vez

Lo seguí besando, con un movimiento rápido tome con mi


mano su pene lo centre y me deje caer, sentí como su verga se
metía con fuerza, que a su paso iba abriendo más mi canal y
cuando sus testículos tocaron mi vagina grite de placer y claro
que él no se quedó atrás, me tomo de la cadera y empezó a
bajarme y subirme, pero de repente se detuvo y yo con todo de
placer y también de desesperación por qué decidió parar le dije:

–ahora que

-estas segura de esto, no habrá vuelta atrás, y si quedas


embarazada, mejor uso un condón

-Estoy segura, no hay cosa que haya deseado más desde mis
quince (ahora tengo 21 el 25), en nuestro caso el condón solo
serviría para prevenir una ets, por que ayer me puse un
implante anticonceptivo, así que párteme en dos porque no
puedo perdonarte que interrumpas mi placer

Empecé a moverme más rápido, él me dijo –si quieres que te


rompa empecemos por ese lindo anito que creo que es virgen,
me quito, se giró y saco del cajón de su cómoda un gel, me
puso en cuatro y yo no aguantaba más así que me deje me
metió su verga por la vagina y tuve mi segundo orgasmo
mientras el dejaba salir su leche dentro de mí. Me abrazo y dijo:

-dame unos minutos, deja me recupero y seguiremos nuestro


juego

Me deje caer en su cama, él cayo a mi lado me abrazo con


una mano y con la otra empezaba a meter su dedo índice en mi
ano (que si era virgen); la sensación era extraña por un lado
sentía placer y por otro me dolía un poco al sentir como su dedo
se movía dentro de mi ano

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Me dejé caer en su cama, él cayó a mi lado, me abrazó con una mano


y con la otra empezaba a meter su dedo índice en mi ano (que si era
virgen), la sensación era extraña, por un lado, sentía placer y por otro me
dolía un poco al sentir como su dedo se movía dentro de mi ano.
Con un poco de miedo le pregunté si realmente me la iba a meter por
allí, pues no sabía qué pasaría si lo hiciera, él me contestó.

–Nena sé que tienes miedo, pero deja te prendo un poco más.

En mi mente pensaba “¿más?”. Pero si ahora no puedo pensar en otra


cosa que cogérmelo y fue así que me dejo de abrazar y con esa mano
empezó a jugar con mi botoncito, eso me volvió loca, sentía calambres
cada vez que lo pellizcaba y lo único que deseaba era que su miembro
volviera a crecer para volverlo a sentir dentro de mí.

Lo que no contaba es que ya había vuelto a crecer y que en cualquier


momento lo iba a meter, y me di cuenta que lo iba a hacer cuando sentí
algo frio, refrescante, en mi ano, además que la habitación olía a menta;
se acercó a mi oído y me susurró:

–Tranquila ya dilato tres dedos, y puedes gritar al fin nadie está en la


casa para que escuche, te advierto una cosa si sangras mucho lo sacaré,
aunque mi pidas que no lo haga, porque no quiero que mis tíos
pregunten por que no te quieres sentar.

Y entonces lo sentí, sentí como su glande estaba por entrar, y como


lentamente estaba entrando, sentía como si me desgarraran, y como
predijo grite desenfrenadamente de dolor, y de repente sentí sus
testículos en mi trasero se abrazó a mí y me dijo:

–No me moveré hasta que sienta que tu cuerpo se haya


acostumbrado, no sabes lo feliz que me siento en ser el primero, y
espero que sientas que no hay nada mejor que experimentar entre
primos.

Esas palabras me hicieron dar cuenta que esto empezó por morbo de
tener sexo con mi primo, pero ahora era algo más, y que haría lo que
fuera por estar con él y en cierta forma ya era de él.

Mientras reflexionaba en esto sentí como se movía algo dentro de mí,


y no me refiero a mariposas en el estómago, si no a su pene metiendo y
sacando, y como era normal me dolía bastante, pero de repente empecé
a sentir placer, el cual aumento cuando con una mano me tocaba un
seno lo pellizcaba, lo manoseaba en pocas palabras lo jugaba y con la
otra metía y sacaba el dedo índice y el dedo medio de mi concha, me
tenía a mil.

–José dame más, más rápido ah, más ah duro ah…

Y cuando estaba a punto de llegar a mi tercer orgasmo me sacó su


pija y me dijo:

–Es suficiente para ser tu primera vez, no quiero lastimarte más.

Y no me dio tiempo de reclamar por que en ese momento saco sus


dedos me dio la vuelta para queda enfrente de él me beso
apasionadamente y me inserto su pene de un solo golpe, me seguía
manoseando, pero ya no con la desesperación de poseerme si no con
amor, yo todavía seguía caliente así que lleve mi mano a mi clítoris, al
darse cuenta me dijo:

–Que traviesa eres primita, deja lo hago yo.

–¡NO! Por favor chúpame los senos quiero saber que se siente ser
cien por ciento tuya sé que te detienes porque somos primos, pero
imagina que no lo somos, que solo soy tu ligue nocturno, no dejes de
follarme, piensa que me odias y lo que quieres es lastimarme, bájame
esta calentura.

Claro no sé si me entendió bien por qué no paraba de gemir, y claro


que chica no lo haría si no deja de tocar su clítoris mientras su primo es
quien la folla con mucha alegría.

–Lo siento no te puedo ver así porque tú no solo me gustas


sexualmente hablando, yo te añoro cada noche…

En eso ambos nos fundimos un grito de placer cuando nos corrimos


juntos.

Me abrazó, me besó en los labios y sin sacar su pene que aún


continuaba sacando un poco de leche, me siguió diciendo:
–Me mudé porque pensé que estaríamos juntos, no pensé que mis tíos
fueran tan controladores, pero no tenía el valor de entrar por las noches a
tu cuarto porque pensé que dirías que no, siempre has sido la prima
decente, que todos quieren tener en la cama, pero tú no eres una chica
fácil.

–Tu siempre me has atraído sexualmente, pero ahora me doy cuenta


que contigo el sexo es diferente, quiero hacerlo contigo siempre, adoro
sentir tu polla sin forro dentro de mí, de cómo se siente tenerte dentro, de
que embonamos bien y que cuando entras y sales solo quiero que dure
siempre.

Y seguimos cogiendo toda la mañana, desde entonces los viernes por


las noches nos vamos a un hotel a seguir divirtiéndonos, mis padres
piensan que estamos en diferentes fiestas, pero la fiesta es de los dos,
hemos hablado mucho y un día nos iremos juntos, donde nadie influya en
nuestra relación.

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No sé qué es lo que me ocurre con mi hermana Raquel, que es lo que


me excita tanto de ella. Es miércoles. Se acerca el fin de semana, y
solamente pensar que la ausencia de mis padres me dará la oportunidad
de disfrutar de ella me pone a cien. La observo mientras se pasea por el
pasillo, intentando memorizar los apuntes, concentrada en sus estudios y
siento un cosquilleo en el estómago, en el vientre, en la columna, en la
próstata y el cipote. Yo creo que ella ya se ha percatado de mis
intenciones.

Ya ha empezado a poner esa cara de mosquita muerta, de víctima que


tanto me gusta de ella. No pone cuidado. Le da igual si con ese camisón
trasparente se notan las bragas, si al coger el salero, la apertura de su
chaleco me permite ver el canal de su pecho, la parte más baja de su
sujetador, y con un poco de suerte, si no piensa salir, sus pechos
deliciosos.

Tengo dieciocho años y estudio económicas. Me llamo Michael. Mi


hermana Raquel es mayor que yo. Tiene veinte años. Yo soy un chico
que acaba de salir de la adolescencia. Aún me salen espinillas y mi
barba aún no se ha cerrado. Mido 1,70 aunque aún puedo crecer unos
centímetros. Soy delgado, de espaldas aún por ensanchar, un
universitario que estudia la semana antes de los exámenes. Mi hermana
es una chica rubia, casi castaña, delgada y alta. Mide 1,73. Tiene un tipo
precioso a pesar de su delgadez. Su culo es deliciosamente elegante,
como sus pechos, ni gordo ni delgado y muy bien puesto.

Es de piernas largas, como sus brazos y manos, como su cuello y sus


pies. Su cara es preciosa, de ojos marrones verdosos, de nariz recta y
alargada, como la cara. Es muy poco velluda. Una muñeca. A cualquier
hombre le gustaría. Cuando más crecía, mayor era la atracción que
Raquel realizaba sobre mí. Yo lo ocultaba, lógicamente, aunque era algo
más que mi prototipo de mujer. Era mi objeto de deseo. Pasaba horas en
vela, con la polla a medio gas imaginándome que su cuerpo era mío y yo
disponía de él utilizándolo para satisfacer mis deseos con mis limitados
conocimientos sobre el sexo

Un día le propuse jugar a un inocente juego. Los dos habíamos visto


una película un poco fuerte. Yo tenía 18 años y ella 21. Mi proposición
era que yo representaría el papel del protagonista y ella el de su
acompañante femenina. Imaginamos las distintas peripecias de la
película. Llegó el momento deseado. Era la hora de la siesta. Nuestros
padres dormían. Le propuse darnos un beso y acostarnos en la cama
como hacían los dos protagonistas. Raquel lo pensó unos instantes. Su
boca se acercó a la mía despacio y nuestros labios se sellaron. Raquel
me enseñó a besar esa tarde.

Fue ella la que me introdujo la lengua dentro de mí. La que se abrazó


mientras nos besábamos. La que me animaba a repetir nuevamente
cada beso. Tengo que decir que aquella situación, de la que ella era más
responsable que yo con mis 18, se prolongó durante años. Aprendí a
acariciar sus pechos cuando nos besábamos mientras mi polla crecía
dentro de mi bragueta.

Desabrochaba los botones de su camisa e introducía mi mano entre su


piel y su sujetador. Aprendí a reconocer el gozo de Raquel ante mis
caricias en sus pechos, en sus nalgas, entre sus muslos, a lo que se
oponía de palabra, diciendo que le producía cosquillas. Un día probé a
besar sus pechos. Pensé que se negaría, pero no me dijo nada.
Permaneció quieta mientras le lamía los pezones y yo sentí por primera
vez cómo se le endurecían y empecé a comprender que yo no era el
único al que se le ponía algo duro.

Mis padres se han ido a pasar fuera el fin de semana.

Es sábado por la mañana. Raquel no podía ir. Les ha dicho que tiene
que estudiar. Es mentira. Quiere quedarse. Conforme ha llegado el
momento de la partida de mis padres mi corazón se me ha acelerado y
ahora está más acelerado que nunca. No sé cuándo abordarla.
¿Después de comer? Sí. Será después de comer.

Antes de comer he abierto la caja que guardo en el lugar más secreto


de mi cuarto. Es una cajita fuerte en la que tengo unas braguitas tanga,
unas cuerdecitas muy suaves, pero bastante corditas para atar unas
manos o unos tobillos. Tengo un bote de pastillas de esas efervescente,
que me lo pongo en el dedo y lo utilizo como consolador, y algunas cosas
más, como un juego de bisutería de plástico, un juego de medias de
mamá llenas de carreras y los condones.

Lo saco todo de la caja y lo guardo debajo de mi almohada. Luego


disimuladamente voy al cuarto de mi hermana y cojo aquella minúscula
falda que se compró para su novio, Esa camiseta de hace tres años que
se le ha quedado estrecha y le marca todo el pecho, esos zapatos de
tacón de aguja. Mi hermana anda por ahí en camisón. Se le ven las
piernas hasta la mitad de los muslos y se le adivinan sus tetitas moverse
libremente. Ahora desayuna. Tiene una miga de pan con un rastro de
mantequilla en los labios, el pelo alborotado. Está riquísima. Después va
a ducharse. Espero a que entre y oigo cerrar la puerta. Yo sé lo que
tengo que hacer. Le doy tiempo hasta que el grifo se abre y entro.

Abro la cortina con decisión. Está desnuda y rápidamente se cruza las


manos delante de los pechos y se da la vuelta. Tiene una espalda muy
bonita, un poquito ancha en los hombros, se va estrechando hasta la
cintura para ancharse en las caderas. Sus nalgas brillan bajo la espuma
de jabón. Cierro la cortina y salgo del baño. Ahora Raquel sabe que la
deseo, Raquel ha ido a su cuarto envuelta en su toalla. Si el camisón le
quedaba corto, la toalla sólo le tapa unos cuatro dedos por debajo de las
nalgas.
La espío desde el otro lado del pasillo y la veo entrar en su cuarto,
donde encima de la cama le he colocado las bragas tanga, la minifalda,
la camiseta estrecha, las medias que recuperé de la basura porque
mamá las tiró, llenas de carreras, y los zapatos de tacón. Sale del cuarto
al rato. Lleva puesta la ropa que le he dado.

Ahora ella sólo espera mi momento, pero yo me haré esperar. He


comprobado que cuanto más tarde, más la desconcierto, y es cuando
más dócil y caliente me la encuentro. Raquel se ha puesto ese perfume
barato que me embriaga y se ha pintado como a mí me gusta,
provocativa, sensual, con pinta de fulana. La miro con descaro y ella se
ruboriza.

Me rozo con ella cuando pasa cerca de mí y le manoseo el culo. La


comida nos la ha dejado mamá preparada. Sólo tenemos que calentarla.
Raquel no duda en poner dos platos sobre la mesa y en servirme. Me
coloco frente a ella y la miro con seriedad mientras ella se esfuerza en
sonreír. Ya me siento su amo y señor. Ya me veo con los dedos
manchados de su humedad mientras ella jadea sobre mi hombro.

La ordeno que haga café y rápidamente me obedece. Es una


costumbre. Siempre tomamos café. Me gusta el sabor que el café deja
en sus labios, ese sabor fuerte y dulce que impregna su aliento. Mientras
me prepara el café me limpio los dientes y ella hará lo propio cuando
acabe de servirme el café. Nos gusta hacer las cosas bien. Me tomo el
café y ella conmigo. Entre los dos hay un silencio tenso.

Ella espera que le ordene cualquier cosa. Finalmente se levanta


decepcionada.

-Bueno, si no quieres nada más me voy a dormir la mona.

Aún va por el pasillo, andando despacio. Le paso la voz:

-¡Espera! -y ella se da la vuelta lentamente. Puedo adivinar una


sonrisita en su boca.- ¿Por qué te has vestido de esta forma? ¿Para
ponerme caliente?

-¿Yo? -es para estar cómoda.


-¿Cómoda? ¡Si vas vestida de putita!

-¡Ay Michael, cómo me dices eso!

-¡Con esas medias! ¡Parece que hubieras salido de echar un polvo de


detrás de unos matorrales! ¡Puta! ¡Más que puta!

-Raquel agacha la cabeza. La sonrisa ha desaparecido de su boca y


me mira con sumisión. Le levanto bruscamente la falda, con esfuerzo,
deslizándola por sus muslos hasta sus caderas.

-¡A ver qué bragas llevas! ¡Eso, bragas de puta! -La cojo de la cintura y
luego de las nalgas, prietas y suaves y la atraigo hacia mí. De nuevo
aparece una sonrisa en la cara de Raquel. Hinco mis dedos en su carne
y me la acerco. Su cara sólo está separada de la mía unos centímetros.
Su olor me embriaga.- ¡Seguro que no llevas sujetador!

Le manoseo los pechos por encima de la camiseta. Son suaves,


menudos, deliciosos. La tela de la camiseta deja que aprecie ya la
dureza de sus pezones. La beso. Aprieto mis labios contra ella. Quisiera
arrancarle con mis labios un trozo de los suyos, que se me ofrecen
entreabiertos, sumisos, pacientes. Quiero pegar mi boca a la suya, en un
contacto de cien por cien, respirar su aire. Ella se entrega a mí. Saco de
los bolsillos de mi pantalón uno de los cordones que guardaba en mi caja
fuerte y le pongo las manos a la espalda. Raquel las deja ahí, paciente,
esperando que se las ate. Yo le doy la vuelta. Ahora me ofrece sus
nalgas mientras le ato las manos.

Observo el excitante efecto que me producen sus minúsculas bragas,


la tersa piel de sus nalgas bajo el borde de la falda que permanece
subida en su cintura. Y debajo, el borde superior de las medias a la altura
del muslo. Con los zapatos de tacón ella me saca cinco dedos. Así tengo
sus nalgas más a la altura de la mano. Quiero llevarla a un lugar de la
casa donde nunca hallamos estado. Es difícil.

La he masturbado ya sobre la mesa de la cocina, sobre el sofá del


salón, en el pasillo, en el baño, en mi dormitorio y en el suyo. ¡Ya está!
Detrás de la cocina hay un pequeño lavadero. Le bajo la falda y le
desabrocho la cremallera. La falda cae ayudada por mi mano. Queda en
mitad del pasillo mientras nos alejamos. Yo la empujo pasillo adelante,
hacia el lavadero, separado del patio de vecinos por sólo una ventana de
cristales traslúcidos.

Miro el gracioso movimiento de su trasero mientras la conduzco al


lugar donde será mía. Su pelo está rizado ligeramente por haberse
duchado. Sus manos permanecen atadas. Estamos en el lavadero. De
nuevo la abrazo y la beso con pasión, mientras hinco una de mis manos
en sus nalgas y le sobo el pecho por encima de la camiseta. Luego mi
mano abandona sus nalgas y comienzo una maniobra de profundización.
Le levanto la camiseta hasta encontrar la caliente y suave piel de sus
senos, que salen como botando de la prenda que le queda demasiado
ajustada. Mi otra mano acaricia su vientre y se desliza hacia abajo.
Busco el borde superior de su tanga, y cuando lo encuentro meto mi
mano dentro de sus bragas.

Atravieso la parte baja de su vientre, suave, totalmente depilada por


exigencias mías y encuentro la piel rugosa de los labios de su sexo, y en
medio, su clítoris excitado que tomo entre mis dedos. Juego con ella.
Muevo mis dedos, los que contienen su clítoris y los que pellizcan
tiernamente sus pezones. Quiero que mi boca los encuentre tersos,
crecidos, deseosos de recibir placer. Mientras la sigo besando, ahora
más despacio, recreándome en sus gestos, en la manera que tiene su
mirada de expresar el placer. Me separo y bajo los tirante de su camiseta
y luego doy un tirón hacia debajo.

Sé que quizás le haya causado alguna molestia por la estrechez de la


prenda, pero a ella le gusta que la traten así. De hecho, su cara ha
pasado de reflejar la sorpresa a reflejar cierto dolor, y cuando sus pechos
han salido de la presión de la camiseta, que se la he dejado a la altura de
la cintura, como dos masas libres, ha puesto esa cara de putita
satisfecha que tantas ganas me dan de comérmela, de hacerla mía sin
mirarle a la cara, sin preocuparme de si le gusta o no.

Oigo a la vecina de al lado abrir la ventana del fregadero mientras le


como los pechos a Raquel. Lo hago despacio, con ternura, aunque de
vez en cuando tomo un pezón entre mis labios y lo estiro, o lo aprieto tal
vez demasiado fuerte. Cada vez que hago una cosa así ella se retuerce
pero en seguida me ofrece sus pechos para que los siga martirizando
dulcemente. Ella también se ha dado cuenta de la vecina y con voz
queda, no deja de suplicarme que pare.

-¡Que nos van a oír! -Al final guarda silencio. Acepta la situación y se
queda callada y quieta mientras le bajo las bragas hasta la altura de los
tobillos. No se las quita. Sabe que me gusta así, con las bragas uniendo
sus piernas. Paso mi lengua por su vientre desnudo de ropa y de pelo.

Me encanta ver su coño depilado. Tiene un peca en su lado derecho


que me lo hace inconfundible. Encontraría el coño de mi hermana entre
mil que me pusieran en fotos. A ella le encanta sentir mi lengua en su
coñito, pero yo le exigí que se depilara totalmente. Ella me obedece. Me
tomo todo el tiempo que hace falta para coger con mis dedos y separarle
los labios y lamer su clítoris, hasta arrancarle las primeras gotitas del
néctar de su sexo.

Lo adivino por que desprende un olorcito que me llega a la zona más


profunda de mi mente. Entonces me disparo. Lo tomo entre los labios y le
doy lametones con la lengua, lo estiro y lo suelto para volver a buscarlo.
Paso la mano por su sexo y me lo encuentro húmedo, excitado y
descubro que Raquel ha comenzado a proporcionarse placer ella misma.
Y la vecina de al lado no deja de tender la ropa. No me gusta que hagas
eso, Raquel. No me gusta que te metas el dedo mientras te hago mía. Yo
soy quien debe darte el placer. Yo soy el chulo que te convierte en una
zorra caliente. Me pongo de pie, tras bajarle las medias llenas de
carreras hasta la altura de los tobillos.

Me percato de que sólo la camiseta arremolinada en su cintura cubre


su cuerpo. la apoyo en el borde duro del lavadero y tiro de su nuca hacia
mí mientras con la otra mano me deslizo por su vientre, buscando entre
sus muslos la humedad de su sexo e introduzco dos dedos con decisión
dentro de ella, que se apresta a retirar el suyo. La oigo gemir de placer.
Quiere apartar la cabeza de mi hombro, pero la obligo a permanecer así.

De nuevo gime suavemente cuando muevo mis dedos dentro de ella.


Oigo el chirrido de las ruedecitas del tendedero de la vecina cada vez
que estira de la cuerda para colgar una nueva prenda de ropa y
aprovecho para introducir mis dedos más profundamente, manchándolos
de su humedad, de la miel que me empalaga. Estoy yo mismo a punto de
reventar.
Me duele la punta del pene de la excitación. Si no se corre ya, me voy
a correr yo mismo. Muevo mis dedos rápidamente a un lado y otro de su
vagina y ella irrumpe en un chillido tras de lo cual parece sufrir un
pequeño desmayo y luego, la siento morderme el cuello, conteniendo sus
gemidos para evitar que la pesada de la vecina oiga nada. La siento
derrumbarse sobre mí. La siento humedecer mis dedos, restregar su cara
en mi hombro, buscar el contacto de mi cuerpo con todo su cuerpo, y
luego quedarse quieta, muy quieta mientras yo mismo la beso en el
hombro y el cuello.

Continuará

3333

Hace ya algunos años, recién había nacido mi segundo hijo. Una tía
me llamó por teléfono desde Oaxaca, me pidió como favor que
hospedara a mi primo Alberto por algunos días mientras realizaba un
examen de diagnóstico para saber si podría ingresar a la universidad. Yo
acepté. Cuando le conversé el tema a mi esposo me dijo si podíamos
hospedarlo en una pequeña casa que habíamos construido cerca de la
nuestra. Una parte ya estaba acondicionada y el resto estaba en obra
negra. Ok, le dije, allí se quedaría, pero acordamos que los días que
estuviera comería con nosotros o bien le llevaría comida para que
estuviera lo más cómodo posible.

El día en que llegó fue de locos, llevé mi hija a la escuela y al bebé a la


guardería y me fui a la terminal de autobuses para esperarlo. Llegué
unos 20 minutos tarde, llegó antes de tiempo y no se movió de su
asiento. Cuando fui hacia él lo reconocí, Alberto era el onceavo hijo de mi
tía Marta, realmente allá en Oaxaca o no hay televisiones o bien a las
mujeres deberían colocarlas lejos del alcance de sus maridos. El chico
apenas había cumplido los 18 años. Era ligeramente alto, ojos cafés, una
mirada triste. Flaco como un spaguetti y para que dijera una palabra casi
tenía que ponerme de rodillas. Levantó su maleta y fuimos hacia el auto.

Se quedaría una o dos semanas así que decidí que por las tardes iría
con una amiga que era maestra de universidad para que lo apoyara
repasando lo que vio en bachillerato y así, tuviera la oportunidad de
ingresar a la universidad. De todos mis primos, éste era el único que
tenía ganas de estudiar.
Lo llevé a casa para que se refrescara y después le serví algo de
comer. Yo había tenido el tino de comprar refrescos, botanas, jamón,
pan, en fin, lo necesario para que estuviera cómodo en nuestra casa de
campo -así le llamo- le expliqué que tendría que dormir en la sala, en un
sofá cama pues allí era donde estaba el aire acondicionado, pero tenía
televisión, un estéreo y un refrigerador. La parte de atrás servía para que
Obdulia, mi sirvienta, tendiera ropa pues allá la llevábamos a que se
secara.

Lo llevé a la casa. Se instaló de inmediato y les juro que en todo el


camino no emitió palabra alguna. Por más que me interesé en que
hablara algo nunca lo hizo. Llegamos, bajó su maleta y entró detrás de
mi cuando abrí. Se acomodó, me despedí de beso en la mejilla y me
marché pues tenía que ir por mi hija a la escuela.

Yo había vivido meses de tensión, pues yo me embaracé de un


hombre que no era mi marido y tuve un hijo al que adoro al igual que mis
hijas. He vivido con eso mucho tiempo, ya algún día les contaré más
sobre esa experiencia y porqué ansío los fines de año, pues es allí donde
veo a un hombre que me hace ver las estrellas cada vez que tengo sexo
con él aunque sea dos o tres veces nada más.

Llegué a casa con mi hija y me marché por mi bebé a la guardería.


Prefería tenerlo allí debido a mi trabajo y porque Obdulia tenía muchas
cosas qué hacer en la casa. Acomodé mi agenda para ir a ver a Alberto
por la tarde. Con mis hijos en casa le pedí a Obdulia que se hiciera cargo
de ellos por un rato y fui a ver a mi primo. Llevé comida que había
preparado y estaba segura que le iba a encantar. Estacioné mi auto y
bajé. Nuestro terreno era el único en el lugar que ya tenía una casa
construida, aunque no la habíamos terminado como era nuestro deseo.

Abrí la puerta y coloqué en una mesa la comida y otras cosas que


llevaba para mi primo. No estaba encendido el aire acondicionado y él no
estaba por lo menos en la sala, supuse que se estaba bañando así que
fui hacia el patio al que bien le hacía falta una buena limpieza. Yo de loca
luego me tomo fotos íntimas allí porque sé que nadie me ve.

Abrí la puerta del patio y mi sorpresa fue mayúscula, Alberto estaba


desnudo masturbándose. ¡Dios mío! dije y me volteé y quise regresar a la
casa. ¡Niño! ¿qué estás haciendo? Cierto, la pregunta era estúpida pues
sabía perfectamente lo que estaba haciendo, lo que ocurre es que nunca
imaginé que en el primer día el jovencito había salido a refrescar su
macana ante el hermoso viento tropical que hay en Veracruz.

El tipo ni se inmutó, no me dirigió la palabra y siguió masturbándose.


Se ve que le urgía. Lo observé y vi que no tenía nada de pena, algo muy
característico en mí. Llevé una toalla para que se cubriera. Tenía un
hermoso pene quizá de unos 18 centímetros, oscurito y con la cabeza
grande y rosada. ¡Tápate, lo bueno es que no hay nadie por aquí! y
decidí que debía entrar a la casa.

Cuál sería mi sorpresa de que Alberto me tomó de la mano y no me


dejó ir. Era más alto que yo, quizá unos quince centímetros y era flaco,
flaco, pero su color moreno era muy sensual o por lo menos yo lo vi así.
Me quedé muda, sin saber qué hacer, aunque era obvio que mi primo el
más chiquito -por así decirlo- estaba muy caliente y eso es peligroso para
mí pues yo me enciendo muy rápido.

Me miró y por primera vez vi sus labios gruesos, virginales, pues el


reporte que tenía es que siempre había sido callado, sumiso y no se le
conocía novia y en su familia se preocupaban de que fuera a ser
homosexual, pero por lo que comprobé en ese instante no tenía nada de
homosexual. Me quedé mirándolo y yo sé que cualquier otra tía, sobre
todo que se condujera con decencia le habría dado una bofetada, pero
yo seguía muda y sin saber qué hacer. En ese momento yo llevaba un
lindo vestido corto de vuelo con rayas verticales en color negro y naranja
y mis clásicas sandalias. Yo me veía linda modestia aparte.

Me atrajo hacia él y llevó mi mano hasta su hermoso pene que si no


era grande, sí estaba macizo y listo para el sexo. Decidí seguir el juego y
le acaricié los testículos. Alberto olía fuertemente a sudor y creo que fue
eso más su cuerpo desnudo y juvenil lo que me hizo calentarme. Tomé
su verga con mi mano derecha y me agaché para comenzar a lamerlo.
Le chupé los testículos y comencé a meter su pito en mi boca. El chico
tenía los ojos en blanco, ignoro si era la primera mamada que le daban
en su vida, pero yo era experta en eso.

Cientos de penes había pasado por mi boca y sabía que eso


enloquecía a los hombres. Le chupé su pito que estaba tan caliente que
en cuestión de dos o tres minutos arrojó su semen en mi boca. ¡Qué
bárbaro, nunca había visto salir tanta leche de una verga! Lo entendí, a
muchas mujeres nos fascina cuando tenemos relación con jóvenes pues
supongo que es cuando más leche producen. Yo estaba encantada. Me
levanté, acaricié su pito y me dispuse a ir hacia la sala, pero mi primo me
volvió a jalar del brazo y esta vez comenzó a toquetearme. No lo hacía
como un experto pues si acaso era un mozuelo tonto que ni siquiera
había visto a una mujer desnuda o por lo menos eso me imaginé.

Claro que sus caricias me enloquecieron. Tenía dos días sin tener
sexo tras haber estado en el sofá de la oficina de mi jefe de personal así
que eso ya era mucho tiempo para mí. Lo llevé hacia la sala y le dije que
se acostara así desnudo como estaba. El cuarto estaba calientísimo, casi
me hacía sofocar del calor que había allí. Se acostó y yo le volví a chupar
su pene. Él quiso meterme los dedos, pero lo hacía muy mal, así que le
pedí que estuviera quieto, me hice a un lado la tanga que llevaba y me
senté en su pito. El lanzó un gemido una vez que penetró mi vagina la
cual ya estaba hirviendo.

Así, sentada como estaba en su macana me quité la ropa y comencé a


menearme muy despacio. El chico estaba fascinado y yo sentía la dureza
de su pito con todo y que ya había eyaculado. Decidí que él me clavara
encima de mí, pues así tendría más campo de acción para moverme, no
sabía si en ese momento estaría en riesgo de quedar embarazada así
que me manejé con cuidado. Metió su pito y yo sentí muy rico pues
estaba completamente duro, parecía un fierro y el olor de su sudor me
excitaba. No era el primer encuentro que tenía allí pues algún le contará
otra historia sobre esa casa que bien podría ser candidata a convertirse
en un nido de amor.

El chico arremetió con fuerza, aunque era obvio que era inexperto. Yo
sentía la dureza y me corría a gusto con ese hermoso pito. Comenzó a
gemir y consideré que ya era tiempo que se saliera de mí. Lo vi, vi
cuando nuevamente expulsó semen de esa hermosa verga y me salpicó
los pechos y la barbilla. Era una carga descomunal y entendí que aún
tenía mucha leche para dar y disfrutar. El chico estuvo apasionado esa
tarde y nuevamente me cogió y esta vez lo conduje expertamente para
que demorara un poco más y lanzó una tercera descarga de leche sobre
mi espalda.
Su semen tan estaba caliente que sentí que me quemaba la espalda.
Mi primo Alberto quiso una cuarta vez, pero yo estaba rendida, ya había
tenido varios orgasmos y también me di cuenta que debía irme.

Alberto estuvo dos semanas, hizo su examen y lamentablemente no


quedó en la universidad y tuvo que trabajar por un tiempo en las parcelas
de su padre. En las dos semanas que estuvo con nosotros me cogió un
sinfín de veces y quiero decirles que era un joven delicioso. Tuve el
honor de iniciarlo en el sexo. Logró estudiar y se marchó a los Estados
Unidos, se casó y logró el año pasado obtener su ciudadanía americana.
Bien por él, aún extraño sus descargas de rica miel que probé en
aquellos días calurosos

33333

Esa noche rondaba algo raro en el ambiente, fue cuando llegó mi


cuñada Sandra desde Buenos Aires a pasar unas vacaciones con
nosotros en Lima, donde yo estaba por cuestiones de trabajo como Ceo
de varias empresas y muy vinculado al cuerpo diplomático; mi mujer
Carina que le había caído muy bien a cierto funcionario de una
delegación diplomática, comenzó a desempeñarse como asistente de
embajada. Pero aquella noche cuando llegó Sandra luego de regresar a
nuestro Dpto. en Miraflores frente al mar sobre el Malecón Cisneros, mi
mujer me pidió que fuera a hacerle unas últimas compras para su viaje,
también de negocios con en ese funcionario de embajada, al que
llamaremos Darío.

Carina, mientras yo tomaba las llaves del auto, le indicó a su hermana


que me acompañara para recorrer brevemente los alrededores del bello
Miraflores, así fue. Sandra bajó conmigo por el ascensor con aquella
cierta tensión que ya habíamos experimentado en varias oportunidades
en Buenos Aires y en algunos viajes que compartimos en un par de
cruceros. Cuando subimos al auto rompí en silencio diciéndole que
estaba más hermosa que nunca, aunque su carita de cansada por el
viaje no dejaba de mostrar ese nerviosismo frente a la tentación que
sentíamos, ella me miró me sonrió mientras llevaba su dedo índice a sus
labios, nos sonreímos y yo arranqué hacia la noche.

Cuando volvimos al departamento mi mujer ya estaba lista para que,


volviendo al aeropuerto ella viajara con Darío en una embajada hacia
Panamá. No llegué a escuchar que murmuraron las hermanas cuando
Carina dejó algo en el cajón de su mesa de luz, en el momento que se
distrajeron curioseando descubrí que eran pastillas anticonceptivas, las
que había escondido debajo de un libro. Me sorprendí, pero no dije nada.

Llevamos a mi mujer al aeropuerto, estaba sensualmente vestida con


un escote que dejaba ver la catarata de pecas que caen entre sus tetas
doradas por el sol y erguidas a sus cincuenta; con su espalda
descubierta mostraba que no llevaba soutien; me calenté de enojo o me
excité cuando apareció Darío, quien tomándola por la cintura la saludo
con un murmullo al oído, Carina me miró, me sonrió y una mirada
cómplice con su hermana se confundieron con la mía. No entendía nada,
pero sentí que esa noche yo iba a ser un cornudo.

Volvíamos a Miraflores en silencio con Sandra, mi BMW era una caja


de silencios que pedía a gritos que cruzáramos la línea hacia la
infidelidad, la que mi mujer seguramente estaba conjugando en ese avión
que pasó sobre nosotros. Pero resistí la tentación, aunque Sandra
acomodando su pronunciado escote buscó la provocación a mis instintos.
Mi pija ya había marcado el bulto cuando vi que sus pezones eran el
relieve en su blusa, estábamos conjugando una silenciosa pasión, ¡Sin
duda!

Llegamos y como pude me zambullí en la ducha, no pasaron cinco


minutos cuando con los ojos cerrados bajo la lluvia y todo enjabonado
sentí que Sandra me espiaba desde la puerta entreabierta del baño,
como invitándola comencé a pajearme con la mano enjabonada hasta
que mi pija se fue poniendo dura en mi mano… No faltó mucho —
mientras yo seguí en la ducha y de espaldas a la puerta— ella se atrevió
apoyando esos pezones en mi espalda. Sandra, casi toda desnuda (en
bikini y con las sandalias las que no se había quitado) me abrazo por
detrás, cuando me ordenó; —Solo quédate quieto y déjame que te
lleve—. Volví a cerrar los ojos y me dejé llevar.

Sentí que comenzó a besar mi espalda mientras iba descendiendo


junto a las aguas que corrían sobre nosotros, sus manos seguían ese
descenso con una caricia; apoyé mis manos en el mármol húmedo
cuando sentí que sus manos separando mis glúteos le abrían paso a su
lengua que comenzaba a puntear mi esfínter.
La sensación fue intensa, sentí que mi pija en una erección era
tomada por su mano para masturbarme; en un segundo Sandra pasó por
debajo de mis piernas —las que separé aún más para que ella de rodillas
comenzara a chuparme la pija agresivamente, —ni se te ocurra acabar—
me ordenó nuevamente— mientras veía que el agua que caía sobre ella,
le iba iluminado esas tetas, las que aún más delataban su calentura en
sus pezones.

—¿Me ibas a dejar caliente toda la noche Richard o pretendías que


me masturbe, puto? —Me quedé en silencio, eché mi cabeza hacia atrás
dejando que se mojara mi rostro y embestí mi pija hasta dejarla en lo
profundo de su garganta provocándole aquella arcada. Sandra se
incorporó, sentí rozar mi glande sobre el satén de esa tanga mojada; nos
comimos la boca con ese fuego de tiempos. —Al fin sos mío— me quedé
mirando sus ojos verdes, envolví mis manos con su cabellera rubia y
agresivamente nos volvimos a besar confirmando el pecado, en esa
imprudente infidelidad de cuñados, mientras yo acaso culpable pensaba
en mi mujer.

Desnudos, sin dejar que se separaran nuestras bocas, chorreando


agua nos tiramos en la cama y comenzamos ese juego de morbosos
besos y groseros chuponeos, cuando quedé boca arriba y mi erección
mojada fue el deseo en los ojos de Sandra, desde la punta de la cama
comenzó a arrastrar sus pezones por mis piernas, hasta que sus labios
volvieron a apretar y chupetear mi glande por largo rato, mientras cada
vez más me pajeaba fuertemente… —Quiero toda tu leche en mi
garganta— No terminó decirlo cuando sentí que a chorros mi pija latía
dentro de su boca, mientras que con sus labios me seguía tragándose y
saboreando mi erección.

Mirándonos a los ojos ella dejó caer sobre mí su saliva mezclada con
mi semen. No se había quitado la tanga que todavía goteaba sobre mis
piernas, provocando una sensación de sorpresas, ahora era yo quien
deseaba desnudarla y comerle esa conchita, la que había deseado tanto
cuando me cogía a su hermana, a mi mujer Carina pensando en ella.

—¿Me vas a coger? —me sedujo con esa pregunta mirándome a los
ojos.

—¿Qué otra alternativa tengo?


—Tu mujer en este momento también se está cogiendo a su potro.

No me dejó decir otra palabra, la miré fijamente a los ojos y en esa


declaración sentí la necesidad de comerle la boca a mordiscones como
queriéndole callar esa verdad; se recostó sobre mí, cuando acariciando
su espalda me excité pensando que mi mujer estaba desnuda también
sobre otro tipo, mi pija se hundió en aquel raso de la tanga, cuando al
quitársela me dejó ver que estaba depilada como Carina, y suavemente y
en silencio —pero mirándonos fijamente— abriéndose los labios se
enterró toda mi calentura y morbo, explotando ella.

Era mi cuñada Sandra quien en un orgasmo a gritos y en ahogos


cabalgaba su clítoris sobre mi vientre; tuve que contener el no acabar, —
quería cogerme profundamente a mi cuñada con esas ganas de tiempos.

—Date vuelta perrita—, le dije. Me ofreció su colita cuando puso un


almohadón bajo su cintura y esa cola escondida todavía por el hilo de
esa tanga me tentó a arrancársela de un tirón, ella giró su cara y
mirándome con esos hermosos ojos verdes, mordiéndose los labios me
ordenó —haceme la colita— apoyé mi pija en su esfínter con un resto de
jabón que quedaba sobre su piel… y la penetré hasta el final de mi tronco
de veintitantos centímetros, ella abrió aún más con sus manos el placer
que yo enterraba, Sandra ahora mi amante gemía a boca abierta y yo
elevaba mi placer al cielo por las infidelidades conjugadas. —Al fin me
estaba cogiendo a mi cuñada, o ella a mí—.

Nos incorporamos sin desprender esa dura penetración, volvimos a


comernos la boca, yo palpando sus deseados senos empecé a sostener
entre mis dedos sus erguidos pezones color caramelo.

Juego de salivas dejábamos ir entre nuestras bocas y sobre nuestra


piel. —Cogeme más—, ¡Potro! Mi pija que no quería salir de esa colita la
bombeaba con más fuerza, siendo esos golpeteos más fuertes y
agresivos, como mis manos que la levantaban desde la cintura para
acabarle bien adentro en sus entrañas, pero no… La dejé caer sobre
esas sábanas húmedas y su concha como una perfecta línea dibujada
estaba tan mojada como el morbo que nos provocábamos. Hundiendo
solo mi glande entre esos labios, apenas fui separándolos para que ella
sintiera también mi deseo. —Cogeme Fran, haceme tuya también—, esa
declaración sonó como compartiéndose con mi mujer.
—Cogeme y dejame tu lechita adentro, te quiero para mí esta noche,
quiero sentir tu calentura en mis entrañas.

—¿Estás segura? Le preguntaba entre murmullos eróticos, mientras


sintiéndome enamorado de mi cuñada la besaba con ternura,
recostándome todo yo sobre ella.

—Siii. —Cerramos los ojos sintiéndonos, y dejando desaparecer las


culpas, nos fundimos en un largo orgasmo después cogernos ya no con
locura, sino con una ternura que se descubría en nuestras miradas
cuando dejé que todo mi semen se contuviera dentro de ella. Sentí que
en esa misma mirada nos estábamos declarando enamorados, ella tomó
con sus sedosas manos mis mejillas, me acarició y me devolvió en un
beso toda la ternura que yo dejaba chorreando dentro y fuera de su
concha rapadita y tersa sobre mí. —Estoy acabando, soy toda tuya. —y
me volvió a besar.

Cuando desperté por la mañana, mi cuñada traía puesto el camisolín


azul eléctrico de mi mujer, el que apenas cubría su hermosa desnudez,
me servía el desayuno,—yo no podía creerlo—, me miró a los ojos, me
volví a enamorar de Sandra.

—Te amo Richard, ¡No puedo esconderlo más!

—¿Y ahora qué haremos? Le pregunté mientras descubriendo las


sábanas le mostré otra vez mi calentura.

—Te pienso compartir con mi hermana, vamos a ser tres en esta


hermosa locura, que deseo, ya está decidido.

Comenzó otra vez con sus besos suaves sobre mi pubis cuando se
comió mi pija lustrada y tiesa pajeándome en su deseo, mientras
acomodándose en un perfecto sesenta y nueve sobre mí, el placer del
sexo oral volvió la tentación en morbo. Sentí que mi pija era una roca y
viendo que mi glande era una bomba a punto de explotar se montó sobre
mí y me cabalgó toda aquella mañana, no sé cuántas veces acabé en su
vientre, ni cuantos orgasmos gritó ella rasguñándome la espalda que me
dejaba marcada…
—Cada rasguño es para que mi hermana vea que fuiste mío en estos
días. — Yo la besé mordiéndoles los labios —ya hinchados de tanta
lujuria— para que mi mujer viera que su hermanita había sangrado sobre
mí y abrazándola sobre su cintura la clavé sobre los últimos orgasmos
que gritó como deseando que Carina los oyera.

Esa semana pasó ligeramente, pero nosotros gozándonos, como si


fuéramos una pareja de novios, de amantes libres, mi cuñada Sandra no
dejó de dormir desnuda y erótica en mi cuarto, compartiendo la cama
matrimonial, durmiéndonos confundidos, entrelazando nuestras piernas,
nuestros abrazos y los conjugados aromas de tanta libido entregada.

Dejando en cada noche de aquellas nuestros húmedos orgasmos


manchados sobre las sábanas, mientras que Sandra tomaba aquellos
anticonceptivos que Carina le había escondido en su mesa de luz, por
ello dejaba correr mi leche en su vientre cada vez. Ello revelaba el juego
cómplice de dos hermanas, que se decidieron a compartir mi semen, en
el mismo morboso deseo de compartirme desde esas noches.

Cuando fuimos al aeropuerto varios días después a buscar a mi mujer


y a su «supuesto amante» claramente me sorprendí cuando sin que nos
vieran ellos vi que Carina se colgó del cuello de Darío, besándose en la
boca a mordiscones y chupones, percibí también —mientras nos
acercábamos con Sandra— que mi mujer le acariciaba el bulto a su
amante y él le acariciaba su pecosa espalda dorada por el sol del Caribe.

Sandra me miró cómplice, la miré, me dio un piquito en los labios


cuando me mostró en su celular unas fotos de mi mujer desnuda en
alguna playa del Caribe, con sus senos rosados y con los pezones en los
labios de Darío, —y aún más y como si fuera poco—, un video cogiendo
en un cuarto de hotel con el que ahora la despedía a besos delante de
mí.

Mi cuñada me dijo al oído —todo está hecho— Mi mujer claramente


también me había metido los cuernos, pero nos sonrió y nos tiró un beso
cuando advirtió que su hermana y yo estábamos tomados de las manos.

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Los que hayan leído mis anteriores relatos saben que tengo relaciones
sexuales con mi hijo mayor con quien comparto las experiencias que
tenemos cada uno, en uno de mis anteriores relatos conté como mi hijo
se lo hacía con su tía, mi cuñada, y en dos de ellos como yo me lo hacía
con el hijo de mi cuñada, mi sobrino y como había notado que en él se
despertaban sentimientos incestuosos hacia su madre. Cuando, poco
antes de follar un día, lo comenté con mi hijo este me dijo:

–Pues estaría muy bien que los dos lo hicieran, de hecho, deberíamos
intentar extender lo que hacemos nosotros a todas las madres y todos
los hijos que conocemos, así haríamos que fueran más felices, ¿Qué te
parece si la próxima vez que va a ver a la tía la comienzo a lanzar
indirectas para irla metiendo poco a poco esta idea en la cabeza?

–Si tú crees que puede hacerlo hazlo, mi amor, dije yo, pero debes de
tener mucho cuidado de que nuestro secreto no salga a la luz y eso nos
perjudique mucho.

Después de esta conversación, como otras veces volvimos a follar con


mucha pasión. Y mi hijo llevó adelante su idea como nos cuenta en este
relato:

Esa tarde había quedado con mi tía porque ella iba a estar sola en
casa, cuando llamé al timbre de la puerta de su chalet, vi que se abrió, mi
tía me estaba esperando detrás de la puerta de manera que no se la
pudiera ver desde fuera, nada más entrar yo cerró la puerta, entonces
me di cuenta de que solamente llevaba una camisa rosita, totalmente
desabotonada, de manera que dejaba ver completamente su ropa
interior, era un conjunto de lencería blanco muy sexy, como para que uno
no se quedará extrañado al saber que mi primo se hacía pajas con esas
prendas.

No me dio tiempo a reaccionar, se echó sobre mí y me acaricio el


pecho mientras me decía:

–Gracias por venir sobrinito, y con voz insinuante añadió, vamos a


pasarlo muy bien.
Rápidamente se puso de rodillas ante mí, y sin perder tiempo me bajo
los pantalones y los shorts, mi polla se quedó al aire, ella al verla dijo:

–No sabes las ganas que tenía yo de volver a contemplar esta


maravilla de la naturaleza.

Y cogiéndola con su mano la empezó a acariciar, hasta tenerla bien


dura, y después se la metió en su boca y comenzó una mamada
sensacional, desde que había estado la última vez con ella me lo había
hecho con varias mujeres maduras, pero sentir la boca de mi tía sobre mi
polla me pareció algo fantástico, recordé la primera vez que lo habíamos
hecho cerca de la piscina, eso hacía que mi tía fuera algo especial para
mí.

Me la estuvo chupando un rato hasta que dijo:

–Cariño no está bien que te atienda en la puerta, ¿No preferirías que


pasáramos al salón?

Hubiera follado con ella en cualquier lugar, pero llevaba razón el salón
era un sitio más apropiado para que una tía y su sobrino se demostraran
su amor jajaja.

Fuimos dela mano hasta allí y una vez que llegamos, primero la besa
apasionadamente y después la empujé hasta el sofá, allí le saqué ese
par de maravillosas tetas que tiene del sujetador y se las deje al aire, tras
ello me fui hacia ella y abriendo mi boca me puse a chupárselas, ella
empezó a gemir, sin dejar de hacérselo, llevé una de mis manos a sus
braguitas y la acaricie el coño por encima de ellas, después deslicé mi
mano por debajo de ellas y volví a acariciar su coño, mi tía gemía en
esos momentos de una manera muy intensa, quería llevarla hasta el
orgasmo. Estuvimos en esta postura hasta que se corrió. Cuando lo hizo
me dijo:

–Gracias sobrino, tienes una polla divina y sabes utilizarla muy bien.

–Es cosa de familia, dije yo.


–No lo dirás por tu tío, él la tiene normalita y bueno no es que folle mal,
si hubiera sido así no me hubiera casado con él, pero tú lo haces mucho
mejor que él.

–Pues no sé cómo lo hará, pero el que tiene una buena tranca es tu


hijo, ¿No te has fijado en ello?

–No la verdad él es aún un niño, respondió ella.

–De niño nada, ya tiene 18 años, y el otro día nos encontramos en el


baño de la discoteca, y cuando bailó pegado con una chica se ve que se
calentó y se le notaba un bulto de un buen tamaño.

Esto era mentira, pero quería despertar la curiosidad de mi tía por su


hijo y que empezara a verle como algo sexual.

–Bueno ya está bien de chachara, dijo ella, nosotros a lo nuestro.

Se arrodilló ante mí, y volvió a meterse mi polla en su boca y continuo


con la mamada que le había hecho interrumpir antes, como ya he dicho
mi tía era una mamadora de primera, su boca hacia maravillas con mi
polla, hasta que vio que me iba a venir se la sacó de su boca, y la cogió
con su mano, y me la meneó hasta que me corrí, procuro que toda mi
leche fuera a parar a su cara, y con voz picarona me dijo:

–Dicen que es bueno para el cutis.

Yo estaba alucinado con la mamada, y sabía que debía de


agradecerle lo que acababa de hacer por mí, la hice sentarse en el sofá y
me arrodillé ante ella, como un devoto ante su diosa, primero besé esas
tetas tan divinas que tiene y después fui bajando por su vientre hasta que
llegué a su coño, mientras mis manos no dejaban de acariciar sus
muslos, introduje mi lengua en su coño, tenía un sabor delicioso, oírla
gemir aumentaba mi excitación, busqué llegar a cada milímetro de su
coño, mientras ella apretaba mi cabeza contra su sexo y decía:

–Cariño me estas volviendo loca de gusto.


La verdad es que era eso lo que pretendía, y oírla aumentaba mi
deseo, tenía una tía adorable, seguí atacando su coño hasta que ella
estalló en un orgasmo muy fuerte, como me demostraron su grito de
placer y la cantidad de líquido que salió de su coño.

Tras ello me pidió que me pusiera a su lado, me beso en la boca con


cariño y pasión y me dijo:

–Muchas gracias, mi amor me has hecho muy feliz.

Luego llevó su mano a mi polla, que se había vuelto a poner dura, me


la acaricio un poco y llevándose sus manos a sus tetas me dijo:

–Deja que tu pajarito se caliente en mi nido.

Se tumbó en el sofá y yo puse mi polla entre sus tetas, ella las apretó
con sus manos y yo comencé a moverla como si fuera un coño, la
sensación que experimenté fue deliciosa, mi tía tenía unas tetas que
además de bellísimas, con su calor mi polla se puso a tope de nuevo.

–Tía quiero follarte de una vez, le dije.

Por mi encantada, cariño.

Al parecer tenía muy medido el sofá, pues se puso en una postura en


que su coño quedó a la altura de mi polla de rodillas, una postura un
poco complicada, pero para una hembra como ella lo que haga falta,
saqué del bolsillo de mi pantalón un paquete de condones, y me puse
uno, después me puse de rodillas y no sé cómo, llevé mi polla a la
entrada de su coño y la penetré, ella se puso a gemir yo también estaba
gozando mucho, pero debía de mezclar el placer con los negocios y la
pregunté:

–Dime tiita, ¿Te lo haces con alguno de los amigos de mi primo?


Seguro que muchos de ellos te desean.

–No cariño, solo follo contigo, además de con tu tío, y los amigos de mi
hijo son aún muy niños.
Yo seguía con mi follada, mi tía seguía gimiendo, pero yo continué
diciéndole:

–De niños nada yo a los 18 ya llevaba años haciéndome pajas


pensando en ti, seguro que a mi primo le encanta el sexo.

Mi tía en ese momento me contó lo de que sospechaba que su hijo la


espiaba cuando follaba con mi tío. Yo le dije que era algo normal, y le dije
que era mucho mejor que un jovencito como él se estrenara con una
mujer madura como ella a que lo hiciera con alguna puta, o con alguna
chica inexperta, y le volvía decir lo de que la polla de su hijo era grande.

Después seguimos follando mi polla se movía dentro de su delicioso


coño, notaba como ella estaba disfrutando de una serie de orgasmos, yo
no quería correrme, prefería que mi polla siguiera disfrutando de ese
maravilloso coño, ella me dijo:

–Cariño cambiemos de postura.

Me hizo sentarme en el sofá, ella se levantó y se colocó delante de mí,


tenía un culo delicioso, buscó una postura apropiada y puso su coño
encima de mi polla y luego lo fue bajando hasta que este esté se tragó mi
miembro, otra vez mi polla volvía a estar en el paraíso, llevé mis manos
hacia delante y acaricié sus tetas, sus gemidos aumentaron, ahora era
ella quien llevaba el control, y lo hacía divinamente, estaba sometiendo a
mi polla a un ritmo divino, ella seguía teniendo orgasmos y a mí me tenía
controlado buscaba mi máximo placer, pero frenaba cuando veía que me
iba a correr, mi tía era una puta maravillosa. De nuevo una idea brotó de
su cabeza y dijo:

–Volvamos a cambiar de postura.

Me pidió que me pusiera en el sofá de lado y ella se puso delante de


mí, de manera de mi polla entro en contacto con su culo, ella se movió un
poco de manera que su coño se colocó al lado de mi polla, y a
continuación, se la metió en el interior de su sexo y siguió moviéndose de
una manera muy placentera, nuestros gemidos de placer se mezclaban
en la habitación, en esos momentos sentí que no podía más, se lo dije y
me corrí dentro de su coño, aunque fuera con un condón de por medio,
creo que la dije algo parecido a:

–Te adoro tiita.

Ella me sonrió, tiene una sonrisa muy sexy. Y luego añadió:

–Yo a ti también sobrino, pero sobre todo adoro a tu polla, levántate.

Siguiendo sus indicaciones yo me puse de pie, ella se sentó en el sofá


llevó sus manos hasta mi polla y dijo:

–Vaya, veo que el soldadito está agotado después de la batalla tan


intensa que ha tenido, debemos reanimarle.

Ella me quitó el condón, cogió mi polla con su mano y se puso a


acariciarla, y ante los mimos de mi tía mi polla reaccionó, y mi tía dijo:

–Veo que el soldadito, tiene ganas de seguir peleando.

Viendo a mi tía así desnuda y sonriendo ¿Qué polla no se iba a poner


dura?, la mía desde luego se puso, ella se levantó del sofá y me hizo una
seña para que me sentara yo, ella se arrodilló ante mí, me besó un poco
la polla y me colocó el condón, después dijo:

–Deja que la tía te cabalgue.

Por su puesto la hice caso, ella se puso se puso de pie en el sofá, se


situó de espaldas a mí y se agachó, encajó su coño con mi polla y en
esta postura comenzó a cabalgarme, la muy zorra sabía cómo llevar el
ritmo, mientras follábamos en esta postura, sin dejar de hacerlo, pensé
que era un buen momento para reanudar el ataqué, y la pregunté por la
sexualidad de su hijo, ella me confesó que algunas veces entraba en su
ordenador y que había visto que visitaba paginas porno, sobre todo de
mujeres maduras.

–Natural dije yo, a los chicos jóvenes nos suelen gustar las mujeres
maduras, soñamos que sean ellas quien nos inicien.
Mi tía me confesó que sospechaba que su hijo la espiaba cuando
follaba con su marido, en este puto tuve la impresión de que a ella lejos
de molestarle esto la excitaba, era algo que debíamos de aprovechar.

Ella seguía moviéndose encima de mí, no pude contenerme y llevé mis


manos hacia sus tetas, ella intensificó su ritmo, me di cuenta de que
estaba teniendo varios orgasmos, la verdad es que mi tío tenía una
inmensa suerte de tener a una hembra como ella en la cama todas las
noches, aunque ello le supusiera llevar cuernos. Ella sabía muy bien
cómo evitar que me corriera, y yo no tenía ganas de hacerlo.

Al cabo de un rato mi tía me volvió a pedir que cambiáramos de


postura, yo me tumbé en el sofá, y ella se puso encima de mi apoyando
sus manos en el sofá, volvió a follarme marcando un ritmo delicioso, yo
en esta postura lo tenía más fácil para acariciar aquellas tetas que tanto
me gustaban.

Pero era inevitable que me corriera y así se lo anuncié mi tía se sacó


mi polla de su coño, y me pidió que me pusiera de pie, ella se volvió a
sentar en el sofá, me acaricio la polla, después me quitó el condón, y se
metió mi polla en su boca, comenzando de nuevo a mamármela, mi polla
no pudo aguantar mucho tiempo este ataqué y me corrí en el interior de
su boca, ella se lo tragó todo y dijo:

–Esto es delicioso, más que una tarta.

Descansamos un momento, y nos besamos apasionadamente, no me


importaba que mi tía tuviera su boca llena de mi leche, al meter mi
lengua dentro de ella sentía un sabor delicioso, alguna vez con mis
dedos había probado mi leche, pero hacerlo dentro de la boca de mi tía
le daba un sabor muy especial, mi polla se recuperó rápidamente y yo le
dije:

–Tiita, echamos otro polvo, me despiertas tantas ganas que estaría


follando contigo hasta que mi polla no pudiera más.

–Cariño mi coño es completamente tuyo.


Después llevó su mano a mi polla y la acarició, ante el contacto de su
mano mi miembro reaccionó, quería estar dentro del coño de mi tía.
Cuando la vi muy dura la hice una nueva petición:

–Túmbate, quiero ser yo ahora quien se ponga encima.

–Si ese es tu deseo mi amor, dijo mi tía.

Ella se tumbó sobre el sofá y abrió sus piernas sin dejar de acariciar mi
polla, yo con mi mano acogí el paquete de condones, y me puse otro,
después me tumbé sobre mi tía en el sofá, y con mi mano coloqué mi
polla en la entrada de su coño y la introduje en su interior, nuevamente
mí tía volvió a gemir, lo que aumentaba su excitación, después de un
primer momento, llevó su mano a mi pecho y comenzó a acariciármelo.

Tener a una mujer como mi tía debajo de mi me hacía sentirme muy


hombre, desde luego había tenido fantasías con muchas mujeres
maduras, entre ellas la mujer con la que estaba en esos momentos, pero
siempre había pensado que se trataría de fantasías que nunca podría
llevar a cabo en la vida real, y allí estaba yo, follándome a una mujer
como ella, procuré marcar un buen ritmo, ella gemía de una manera muy
intensa lo que me llevaba a pensar que estaba consiguiendo hacerla muy
feliz, seguí moviéndome, y entonces una idea brotó de mi cabeza y la
pedí:

–¿Tiita podría llamarte mama?

–Cariño llámame como quieras, pero fóllame, dijo ella.

Y comencé a llamarla mama mientras mi polla seguía jugando con su


coño, hasta que de repente ella dijo:

–Mi niño, ¿No te apetecería follar el culo de tu mami?

Ella había entrado en el juego, no le podía decir que no y de otro lado


follarme ese culo tan divino que tenía hubiera sido un sacrilegio, así que
acepté, ella se puso a cuatro patas y yo poniéndome detrás de ella
introduje mi polla en su interior, ella comenzó a gritar de placer, me
parecía algo increíble, mientras decía:
–Sigue mi niño rómpele el culo a tu mami.

Y yo como un hijo obediente, jajaja se lo rompía me movía en su


interior ella estaba disfrutando mucho hasta que tuvo un orgasmo
impresiónate, poco después era yo quien me corría llenado su culo con
mi leche, ella me beso y me dijo:

–Muchas gracias mi niño, por la tarde que me has hecho pasar.

Cuando salía de su chalet yo tuve la impresión de que había logrado


despertar deseos incestuosos en ella.

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Los que se hayan leído mi primer relato recordaran como mi suegro,


un hombre sesentón pero muy bien conservado, padre de once hijos,
entre ellos mi marido, y hombre con un cierto éxito en el mundo de los
negocios, tras afrontar un intentó de rebelión de sus hijos, motivado por
la decisión de su padre de separarse de su madre y juntarse con otra
mujer llamada Sonia, los dominó y tomo una drástica decisión emputecer
a todas sus nueras, yo fui, creo la primera, después mi suegro me llamó
para que desde una habitación de su casa viera como hacia lo mismo
con una de sus nueras llamada Mirtha, y me ordenó hacérmelo con ella,
cuando terminamos nos felicitó por la sesión de sexo que le habíamos
dado y añadió:

–Ya sois putas y lesbianas, solo os falta ser cornudas y eso lo vais a
hacer una con la otra.

Pocos días después mi suegro me llamó, uno de sus técnicos de


informática iba a ir a mi casa, sin que se enterara mi marido e iba a
instalar una cosa en mi habitación de matrimonio, no necesitaba saber
más.

–Supongo que debo de follarmele, le dije.

–No dijo él, quizá más adelante, mientras que piense que eres una
mujer decente.
Al día siguiente mi suegro me llamó ese día por la tarde yo debía ir a
su casa, lo hice, su criada Violeta me abrió, no estaba sus jefes, le
habían dicho que yo fuera a la habitación de ellos y encendiera la tela,
cuando lo hice en la pantalla apareció la imagen de mi habitación de
matrimonio, esperé un poco y en ese momento entraron mi marido y
Mirtha, la muy zorra, llevaba una falda blanca cortísima y un top negro,
mi marido la miraba bien salido, se sentaron sobre mi cama, Mirtha puso
su sonrisa picarona y pregunto a mi marido:

–¿Así que es aquí donde follas con Lorena?, y luego añadió, tu


hermano y yo llevamos una temporada que no hacemos nada, necesito
hacerlo con alguien o me voy a volver loca, ¿Lo hacemos?

Y mientras decía eso, junto su boca con la de mi marido y se dieron un


morreo de campeonato, entonces Mirtha añadió:

–¿Sabes a tu hermano no le gusta que le chupe la polla, me dejarías


que te la chupara?

El cabrón de mi marido no opuso ninguna resistencia, se levantó un


poco para quitarse la ropa y se quedó desnudo, Mirtha se quitó el top, la
muy zorra no llevaba sujetador, mi marido la subió la falda, dejando al
descubierto un tanga diminuto de color negro, y la acaricio el culo, ella le
pidió que se tumbara y se dejara hacer, mi marido aceptó y Mirtha se
puso a cuatro patas, llevó su boca hasta la polla de mi marido y se puso
a besarla mientras decía:

–Caramba cuñadito, menuda polla tienes, es más grande que la de tu


hermano.

Y tras decir esto se la metió en la boca y se puso a chupársela, el


cabrón de mi marido se dejó hacer y se puso a gemir, se notaba que la
boca de su cuñada le estaba llevando a la Gloria, mientras Mirtha decía:

–No sabes las ganas que tenía yo de chupar una polla como esta.

La muy zorra, si hacia pocos días que se la había chipado a su suegro,


y el cabrón de mi marido se había dejado hacer sin acordarse en ningún
momento de que yo existía, debía estar indignada, pero en realidad
estaba muy caliente, no pude dejar de llevar mis manos hasta mi coño y
comencé a masturbarme.

Mirtha seguía chupándole la polla a mi marido, que el muy guarro le


dijo:

–La chupas mejor que mi mujer.

Menudo morro tenía mi marido, ¿Cómo que ella la chupaba mejor que
yo? Pero me di cuenta de que era de las cosas que dicen los tíos cuando
tienen ganas de follar. Mirtha seguía chupándole la polla, y por los
gemidos de mi marido debía de reconocer que lo hacía muy bien, hasta
que él dijo:

–Cuñada, me muero de ganas de follarte.

–¿No te folla bien Lorena?, dijo ella con mucha sensualidad.

–Si, dijo él, pero seguro que tú lo haces mejor.

Ella se puso de pie, le iba a quitar el tenga, pero ella con esa sonrisa
de puta que tiene le dijo:

–Mejor me lo aparto y me follas con el puesto.

Mi marido aceptó la oferta, él se tumbó en el sofá, ella le pidió que se


pusiera un condón, él le propuso hacerlo a pelo pero ella lo rechazo y mi
maridito tuvo que coger el paquete que tenemos en la mesilla, y
ponérselo, ella puso encima de él, después ella apartó su tanga, y llevó
su coño hasta la polla de mi marido, y fue introduciendo a esta en el
interior de su coño, algunas veces había sospechado que mi marido me
engañaba, pero esta vez todo estaba sucediendo ante mis ojos, supongo
de haberme puesto furiosa, pero en realidad lo que estaba era caliente.

Mientras la zorra de Mirtha seguía sobre la polla de mi marido


subiendo y bajando, quizá fuera algún movimiento, pero lo cierto es que
el tanga se le rompió, Mirtha siguió follando aunque le dijo a mi marido:
–Mira lo que ha pasado con mi tenga, cuando vuelva a mi casa tendré
que tener mucho cuidado para que todo el mundo no me vea el coño.

–Jajaja, rio mi marido, sé que eso te gusta so zorra.

Y siguieron follando como si nada, al poco ella se giró y le hizo


tumbarse del todo, y ella, como la zorra que era, se puso a cuatro patas
apoyando sus manos en la cama, el tuvo los pezones de ella delante de
su boca y elevándose un poco comenzó a chuparlos.

–¿Te gustan?, preguntó Mirtha, no los tengo muy grandes.

–Lorena tampoco dijo mi marido dejando de mamárselos un poco,


pero es que nunca me han gustado las tías con grandes urbes.

Siguieron follando hasta que mi maridito dijo:

–Cuñadita me corro.

Ella siguió meneándose, hasta que mi marido bufó, se había corrido,


Mirtha se salido de encima de él, cogió su tanga roto, y quitándole el
condón se puso a limpiarle la polla, cuando lo hizo una gran cantidad de
leche salió de la polla de mi maridito.

–Que macho que eres, dijo Mirtha, tu hermano no creo que nunca
haya soltado ni la mitad que tú.

Yo no tardaría mucho en saber que una vez más la cuñada de mi


marido mentía, supongo que en el folleteo todo vale para hacer disfrutar
a tu pareja, aunque sea su ego. Mientras seguía acariciándole la polla y
mi marido se puso otra vez en forma.

–Con tu permiso cuñada ahora me toca a mi ponerme encima.

–Como tú quieras mi amor, dijo ella.


Y se tumbó sobre la cama, mi marido se puso otro condón y
acercando su polla al coño de su cuñada la penetró, esta se puso a
gemir mientras decía:

–Que suerte tiene Lorena, que esto la entre todos los días.

Mi marido siguió penetrándola mientras la mirada de su cuñada


demostraba que estaba disfrutando enormemente con la situación, mi
marido se la follaba con rabia como hacia conmigo cuando estaba muy
caliente, se le notaba que ella comenzó a tener varios orgasmos,
mientras mi marido estaba disfrutando a tope de su nuevo chocho, en
estas circunstancias no tardó en correrse de nuevo, cuando se salió se
quitó el condón y dejo que una parte de su semen fuera a parar al vientre
de su cuñada.

Se besaron apasionadamente, entonces Mirtha dijo:

–Si yo sé que lo haces tan bien no hubiera dejado pasar tanto tiempo
para follarme a mi cuñado mayor.

–Cuñada, ¿Y si te la meto por el culo, dijo mi marido?

–Todo lo que tengo es tuyo, dijo mi cuñada y se puso bocabajo en la


cama.

Mi marido acercó su polla al culo de esta para endurecérsela, y


cuando estuvo se puso un nuevo condón y se la metió por el culo, ella al
sentirlo se puso a gemir mientras decía:

–Cuñadito que bien lo haces, el cabrón de tu hermano dice que esto


es una guarrería y nunca quiere hacérmelo.

Mi marido siguió taladrando el culo de su cuñada hasta que esta se


corrió, en ese momento mi marido dijo:

–Lorena ha ido a casa de mi padre, no creo que tarde en volver, será


mejor que lo dejemos, otro día seguiremos.
Tras ello se vistieron y dieron por concluido su encuentro, yo tenía mi
mano en mi coño, estaba excitadísima y no me importó que Violeta
pudiera oírme, me hice una paja salvaje.

Pocos días después mi suegro me llamó Rafael, el marido de Mirtha


iba a estar solo en casa debía de seducirle y follarmele en el salón, en
ese momento comprendí que, igual que yo había visto a la zorra de
Mirtha follar con mi marido, ahora la iba a tocar a ella ver como yo me lo
hacía con su marido. Me puse un vestido de lunares a medio muslo y le
llamé, le dije que su padre me había dado unos papeles para que se los
llevará, él me dijo que, Mirtha no estaba en casa, eso ya me lo imaginaba
yo, jajaja, y que él en esos momentos estaba montando en bici, su afición
favorita, pero que estaría en casa cuando yo llegase.

Emprendí camino de su casa en mi coche y al llegar vi como mi


cuñado Rafael, regresaba a casa en bicicleta, llevaba uno maillot amarillo
y unos pantalones negros, se creería líder del Tour de Francia, jajaja,
apenas le tuve que esperar unos minutos, nos saludamos, pero yo
aproveché para pegarme mucho a él, después mi cuñado me mandó
entrar en su casa y nos sentamos en el sofá, le entregué los papeles que
me había mandado mi suegro, me mando sentar, procure que mi vestido
subiera lo máximo posible, y note como él se fijaba en mis piernas,
entonces le dije:

–Rafa montar en bici te viene muy bien, estas cachas, ojalá tu


hermano estuviera así.

Me abalancé sobre él y nos besamos apasionadamente, yo me


imaginaba a Mirtha viendo la escena desde la casa de mi suegro, pues
me iba a encargar de que tuviera un buen espectáculo, dirigí mi mano
hacia su polla y le dije:

–Cuñadito se nota que tienes una buena herramienta, me encantaría


verla.

Él se puso de pie, yo sentada le baje los shorts y deje su polla al aire,


yo con la voz más sensual que pude dije:

–Hunn, esto es mejor de lo que yo esperaba.


Y arrodillándome en el suelo me metí su polla en la boca y comencé a
hacerle una mamada, el muy cabrón me dijo:

–Cuñada lo haces muy bien, mucho mejor que mi mujer.

Jajaja, lo que hace la gente por un buen polvo, seguí chupándosela un


rato hasta que él me dijo:

–Cuñada lo haces divinamente, pero quiero primero correrme dentro


de tu coño, aunque me gustaría probar contigo una postura muy
especial.

–Estoy a tu disposición amor, le respondí.

Me pidió que me pusiera de pie cara a la pared, él se colocó detrás de


mí, cuando me la iba a meter yo le reclame que se pusiera un condón, él
me dijo:

–Últimamente las mujeres estáis muy pesadas con eso, mi mujer esta
con los mismo.

Jajaja si hubiera sabido que eran parte de las instrucciones que nos
había dado su padre, pero se le veía con ganas de follar, salió un
momento del salón y volvió rápidamente con un condón en la mano, se lo
puso y se volvió a colocar detrás de mí, y desde esta postura me la
metió. Si la zorra de Mirtha estaba contemplando el espectáculo, y
estaba segura de que lo estaba yo iba a hacer que disfrutara hasta
hacerse trozos su coño.

Mi cuñado comenzó a mover su polla dentro de mi coño, y yo a gemir,


nunca me había negado a nada con mi marido, pero desde hacia unos
años nuestra relación había entrado en la rutina, así que la idea me
encantaba, su polla seguía moviéndose dentro de mí, con mi cuñadito
preocupándose de gozar al máximo, el muy cabrón me provocó varios
orgasmos, lo de ser una puta con mis cuñados se estaba revelando
como algo muy interesante, y siguió moviéndose dentro de mi durante un
rato, hasta que por fin dijo:

–Cuñadita, me voy a correr.


Dejé que se corriera en mi interior, aunque fuera dentro de un condón
y noté como soltaba una gran cantidad de leche, en esos momentos le
pregunté:

–Sueltas una gran cantidad de leche, ¿Es que tu mujer no te deja


desahogarte?

–Si lo hacemos una o dos veces por semana, me dijo, pero


normalmente en la cama, y ya tenía ganas de hacer cosas nuevas.

–Te comprendo cuñadito, le respondí, bueno, pues aquí me tienes a


mí.

Sabía que Mirtha me estaría oyendo, pero quería vengarme un poco


de lo que ella me había hecho con mi marido. En esos momentos caí en
la cuenta de que si su polla se aflojaba existía el riesgo de que la leche
cayera al suelo, así que llevé una de mis manos a mi paquete de clines y
otra a su polla, le quité el condón con mucho cuidado de que el semen no
cayera al suelo, y le dejé bien limpia su polla, después él se fue a tirar el
pañuelo de papel al W.C.

Cuando volvió acercó mi mano a su polla y me dijo:

–¿Cuñada corremos una segunda etapa?

–Si tú quieres cuñado, por mi encantada, le dije.

Y comencé a acariciarle la polla que respondió rápidamente a mis


estímulos y se puso durísima, él me dijo:

–La meneas muy bien Lorena, pero creo que me gustan las cosas muy
especiales y ahora querría metértela por el culo.

–Cariño, después del rato que me has hecho pasar no puedo negarte
nada.

El volvió a salir de la habitación y entró con un bote de lubricante.


–No hace falta cariño, le dije, mi culo, aunque últimamente cada vez
menos recibe la visita de la polla de tu hermano.

–Si, pero como yo la tengo más grande no quiero hacerte daño, me


dijo.

La verdad yo no veo que haya gran diferencia de tamaño entre las


pollas de mi suegro y las de sus dos hijos, que en ese momento eran las
que conocía, pero si a él le hacía ilusión pensar que su polla era
extraordinaria, ¿Para qué quitarle la ilusión? Así que siguiendo sus
instrucciones me puse en el suelo, encima de una alfombra, a cuatro
patas.

–Me encanta la idea de hacerlo como lo hacen los perros, dijo él.

Untó mi culo con su lubricante mientras me decía:

–Tienes un culo fantástico Lorenita.

Y después poniéndose en una postura parecida a como lo hacen los


perros introdujo su polla dentro de mi culo, y comenzó a moverse no se si
era el placer de la follada o la idea de estar sodomizando a la mujer de
su hermano mayor, pero el caso es que el mostraba gran excitación y
sus movimientos me proporcionaban un gran placer, me llevaron a tener
varios orgasmos, en un momento dado llevó varios de sus dedos al
interior de mi coño y comenzó a follarme con ellos, era algo divino, y
encima estaba segura de que su mujer nos estaba viendo, lo único que
sentía es que mi marido no lo viera también y se sintiera un cornudo.

Seguimos de esta manera hasta que se corrió, mi culo quedo lleno de


su leche. Él me dijo:

–Cuñadita esto ha sido fantástico.

Yo sentía lo mismo, pero no podíamos emplear mucho más tiempo


aunque seguro que el saldo de mi suegro se ocuparía de que
repitiéramos, así que me lave me vestí y me fui ser la mujer de mis
cuñados parecía que iba a ser muy interesante.
333333333

Me llamo José. Estoy casado desde hace dos años en segundas


nupcias con mi actual pareja.

La historia que os cuento, sucedió este verano. Desde que comencé


mi relación actual, la hermana de mi esposa siempre ha estado muy
allegada a nosotros. A la mínima oportunidad, aprovechaba a venir a ver
a su familia. Asimismo, tenía una relación excelente con mi hijo, de 7
años, fruto de mi anterior matrimonio.

Durante el periodo de vacaciones, mi mujer tuvo que trabajar, debido a


que acababa de cambiar de empleo. Mi hijo y yo, estábamos en un
apartamento que había alquilado en la playa, para pasar unos días de
vacaciones. En realidad, era un piso bastante grande, demasiado para
los dos solos.

Una tarde, recibí una llamada de mi mujer. Me preguntaba si sería


posible que su hermana viniera a pasar unos días con mi hijo y conmigo.
Dado el buen trato que manteníamos, no me importó en absoluto. Le
comenté que tendría su propia habitación, puesto que, si algo sobraba
allí, era sitio. Ella bromeó diciéndome, “no lo dudo, tampoco sería
cuestión de que durmiese contigo, ya sabes que soy muy celosa”, dijo
entre risas.

Mi cuñada es una mujer divorciada. Rubia, con el pelo corto. La podría


definir como muy maciza, a pesar de tener varios años más que yo. La
situación, me hacía cierta gracia, puesto que pasar unos días en
vacaciones con mi cuñada, tenía su morbo, aunque sabía que no pasaría
de eso, de una fantasía sexual.

A los dos días fui a recogerla a la estación de tren. Nos besó


fraternalmente, tanto a mi hijo como a mí. Pasamos todo el día, y gran
parte de la tarde en la playa. Por la tarde dimos un paseo, y dado que el
niño se encontraba cansado, decidimos quedarnos en el apartamento a
cenar.

Había comprado varias delicatessen, así como varias botellas de vino


para los días que estaríamos. Mi hijo se fue a la cama enseguida, y nos
quedamos solos hablando de nuestras cosas.
La conversación, entre risas y motivos serios, iba derivando de un
tema a otro. Estábamos ya en torno a la media noche, cuando le dije que
esta era la hora de las brujas. Nos reíamos, pero comenzamos a hablar
de temas paranormales, fantasmas, apariciones, de casos que habíamos
oído hablar, historias antiguas, y brujas.

Estuvimos casi tres cuartos de hora contando historias sobre lo mismo.


Cuando terminamos la botella de vino, decidimos que era mejor
acostarse ya, era un poco tarde y el niño llevaba ya varias horas
durmiendo.

Al salir del salón, ella me dijo que no me marchase todavía, que la


hiciese compañía un rato más, tenía miedo después de estas historias
tan truculentas que habíamos contado.

Me eché a reír, y le dije:

–Eva, por favor, como te puede dar miedo. Además, sabes que estoy
en la habitación de al lado, me tienes cerca si me necesitas, –dije
riéndome.

Más o menos la convencí y fue a su habitación. Me acosté yo también.


A los pocos minutos, oí mi nombre, y vi la luz encendida del pasillo.

–José, José. Perdóname, pero es que tengo mucho miedo.

Ya no me reía. Me levanté e intenté consolarla. Estaba tiritando.


Llevaba un camisón corto, negro, e iba sin sujetador. Sus pezones se
marcaban sobre la suave tela.

Hasta ese día, jamás me había planteado ver a mi cuñada como una
mujer atractiva, aunque lo era, pero ahora estaba a mi lado, con poquita
ropa, y temblando de miedo.

Al ver que me había levantado, sólo con el bóxer, puesto que hacía
bastante calor, me dijo que me fuese de nuevo a la cama, que ya se
encontraba mejor, más tranquila.
Yo sabía que no era así. Y le propuse que se quedara a dormir
conmigo.

Ella me miró con terror.

–¿Acostarme contigo? Eres mi cuñado, estás casado, y hace mil años


que no me acuesto con un tío.

–Mujer, estoy diciendo que duermas, sólo dormir. Estaré a tu lado,


nada más.

–¿A mi lado? –Respondió–. ¿Y qué dirá mi hermana?, tu mujer, si se


entera.

–Supongo que lo entendería, o quizá no, es muy celosa. Para evitar


problemas, no le diremos nada.

–¿Y el niño?

–El niño duerme, y te aseguro que nos levantaremos nosotros mucho


antes que él, además, si quieres, luego, cuando se te vaya el miedo,
vuelves a tu habitación.

No estaba demasiado convencida, pero su miedo, era mayor que su


vergüenza, por lo cual, accedió a dormir conmigo.

Se metió en la cama, apagué la luz, y la abracé por la cintura para


tranquilizarla. Ella temblaba, por lo que yo me arrimaba más. Le di un par
de besos en la mejilla para tranquilizarla. “Tranquila, bonita. Estoy a tu
lado, no te preocupes”.

Yo la tenía de espaldas, y cogida por detrás. Mis manos brazos


rodeaban su cintura. En esto, comencé a subir la mano lentamente, para
llegar a sus tetas. Eran enormes, igual que las de mi mujer, pero lo más
excitante es que eran otras. Su camisón era muy fino, por lo que al
palparlo, se podían sentir perfectamente. Las tenía muy duras aún para
su edad y para su tamaño.
Al notarlo, ella giró su cara hacia mí.

–¿Qué estás haciendo, José?

–Intento tranquilizarte, te acaricio.

–Me estás tocando los pechos.

En ese momento, temía que montase un escándalo. Le dije que había


subido la mano sin querer, pero también, “debes reconocer que era una
pena que nadie tocase unas tetas como esas”.

Cuando hice esta afirmación, puse directamente la mano sobre sus


mamas, apretando fuertemente una de ellas, y aproveché para darle un
beso en los labios.

–¿Estás loco? Estás casado, y además con mi hermana. El niño está


en la otra habitación…

Me eché a reír.

–Si, y tú en la cama conmigo. El niño estará durmiendo varias horas


más, y en mi cama estás tú porque quieres.

Al oír esto, hizo ademán de levantarse, pero le agarré la mano, y le


pedí que se quedara.

–Vale José, pero pórtate bien.

–Ok, no haré nada que no me dejes que haga.

A esta última frase no contestó, por lo cual empecé a suponer que aún
me quedaba alguna posibilidad.

Al volverse a tumbar, la besé de nuevo. Esta vez intenté meter mi


lengua en su boca. Al principio la tenía cerrada, pero a los pocos
momentos, abrió sus labios, aunque no colaboraba demasiado.
Comencé a meterle mano por debajo del camisón, hasta que terminé
subiendo este a la altura de sus hombros. Sus tetas eran estupendas.

–¿Me encantan tus tetas, te lo he dicho?

–Ya me las has visto antes, –me respondió

En realidad, no era la primera vez que las contemplaba, puesto que a


veces, cuando íbamos a la playa todos, mi mujer y ella, solían quitarse la
parte de arriba del bikini para tomar el sol.

Por supuesto que las había visto, pero no era lo mismo. Ahora las
miraba, estando solos en mi cama.

Ella tenía el camisón subido hasta la altura de los hombros, de esta


forma podía contemplar sus braguitas, también negras.

Volví a besarla, y esta vez, besé también sus pechos.

–Por favor José, piensa en la situación.

Precisamente, la situación era lo mejor. El morbo era increíble, y mi


picha, estaba ya a punto de reventar mi bóxer.

Continué ocupándome de sus tetas, y en ese momento mi mano se


deslizó por encima de su braga. No era un tanga, pero si bastante
pequeña, con lo que apenas le tapaba la mitad de su culito. Le pasaba la
mano, y ella continuaba negándose con palabras, aunque sus actos eran
cada vez más sumisos.

Volví a besarla. Esta vez, su lengua me correspondió. En ese


momento, metí mi mano en el interior de su braguita, y comencé a
tocarla. Tenía una mata de pelo enorme, estaba sin depilar, lo que sin
duda era señal que no pensaba tener próximamente ninguna relación.
Ella separó las piernas lentamente, mientras mi dedos se abrían paso
entre su pelo para llegar a su rajita.
–José, por favor, estás casado, mi hermana… uffff, por favor, para. –
Su voz, se notaba cada vez más excitada.

El pedirme que me detuviera, iba acompañado de unas piernas cada


vez más abiertas, señal de que no lo estaba pasando nada mal.

–¿Sabes cuánto tiempo llevo sin estar con un hombre?

–Supongo que varios meses, –le respondí.

–No, llevo tres años sin acostarme con un tío. –Me dejó helado.

Alguna vez estuve con alguna chica que llevaba tiempo sin tener
relaciones, y me gusta porque están ansiosas. A esta situación, se
añadía el morbo de ser mi cuñada, la hermana de mi mujer.

Mi boca mordía sus pechos, y mi mano se paseaba a sus anchas por


su vagina. Eva comenzaba a estar mojada, y cada vez se sentía más
integrada en el acto, menos culpable, y disfrutaba del momento.

Paré unos segundos, y aproveché a quitarle definitivamente el


camisón.

Ahora ya hasta tenía parte de su colaboración. Levantó las manos


para que pudiera sacarlos. Volví a meter mi mano entre sus piernas, y
para mi sorpresa, fue ella misma quien se bajó las bragas.

Su coñito era totalmente negro, fruto de ser morena natural, y rubia de


peluquería. Ahí comenzó a entrar en acción y bajó mi calzoncillo. Mi pene
salió disparado hacia fuera, como un bastón, totalmente erguido.

Como una leona, saltó hacia él, y se lo metió en la boca. Lo chupaba


con ansia, con tanta fuerza que en determinados momentos me hacía
daño. La acaricié el pelo, y con la cabeza, empecé a guiarla, para que lo
hiciera más suave.

Después me tocó el turno a mí. Le separé las piernas y comencé a


lamer su rajita. Me costaba trabajo, y tenía que separar los pelos para no
tragármelos mientras la chupaba. Cuando los aparté, su chochito, quedó
a mi disposición. Empecé a meter la lengua por su clítoris, mientras que
veía que empezaba a gritar de una forma salvaje. Poco después, quedó
totalmente relajada y me pidió que parase. Se había corrido.

Yo aún seguía empalmado. Momento que aproveché para metérsela.


Ella separó las piernas, y me agarró con sus tobillos por mi cintura. La
besaba con fuerza y pasión, a lo que ella me respondía efusivamente. Mi
polla entraba y salía de una forma ligera, estaba totalmente empapada, lo
que me permitía sacarla y meterla totalmente, porque siempre buscaba
su hueco natural.

Cuando estaba a punto de estallar se lo dije. “¡¡Voy a correrme!!”. Ella,


en lugar de apartarme para que lo hiciera fuera de su vagina, y evitar
cualquier tipo de riesgo de embarazo, me agarró fuertemente, e impidió
que me saliese. Estaba tan caliente, que solté un gran chorro de semen.
Ella me apretaba aún con más fuerza, hasta que me vacié totalmente
dentro de su gruta.

Nos quedamos dormidos. Cuando desperté no estaba en la


habitación.. Oí ruidos en la cocina, me levanté y fui hacia allí. Noté que
había llorado y me comunicó que prefería volverse a su casa.

Le pedí que no lo hiciera. Su hermana se disgustaría, y pensaría que


habíamos discutido. Después de todo, nadie sabía nada. Accedió a
quedarse, pero me advirtió que lo sucedido no se volvería a repetir. Se
sentía muy mal por su hermana.

–¿Y por ti? –Le pregunté.

No obtuve respuesta, sólo me dijo que no habría más veces.

De acuerdo, que no volvería a suceder. En realidad, estaba totalmente


seguro que se repetiría en cuanto volviéramos a tomarnos una botella de
vino.

33333
Decidimos estas vacaciones con mi esposa Adriana y mis hijos tomar
un crucero por el caribe. A nuestra idea se acopló Silvia, la hermana de
mi esposa.

Llegamos al crucero y nos instalamos.

Desde la primera noche tuve sexo con mi esposa, a pesar de


comenzar las noches cansada, sin ganas, yo insistía y luego de tocarla y
chuparla conseguía mi cometido. A la tarde del quinto día, mi esposa me
comenta que su hermana estaba muy necesitada de sexo y que no le
molestaría que yo pase la noche con ella, que sabía que me gustaba su
hermana y como siempre andaba al palo y ella estaba cansada podía
tener una noche más tranquila.

Silvia tiene un cuerpo delgado, huesudo, buenas piernas un tanto


delgadas, tetas pequeñas, un culo no muy redondo, pero bastante
paradito, tiene piel oscura, ojos verdes y una gran boca carnosa.

Adriana, mi esposa tiene ojos azules, buenas tetas, piernas bien


torneadas, de tez blanca, un culo bien parado y carnoso y una boca
también grande y roja.

Las dos me tienen muy caliente y mi mayor fantasía es tenerlas juntas


en la cama

Me sorprendió el comentario de mi esposa, pero trancé.

Entré en el cuarto de Silvia, estaba con ropa interior blanca, que


resaltaba su piel tostada. Ni bien entré al cuarto y la vi, no pude disimular
una erección que levantó mi bóxer.

-Bueno, bueno. Adriana me dijo que siempre estas caliente, y veo que
tenía razón.

Sin contestarle, la tomé de la cintura y le di un beso en la boca, esa


boca con la que tantas veces soñé.

Luego de eso, me dirigí directo a su concha, y luego de correrle la


tanga hacia un costado se la comí por completo con mi boca. Ya estaba
un poco mojada, pero con mis labios apretando su clítoris, se mojó aún
más.

Silvia lanzó un suspiro, me miró a los ojos y me dijo:

-Cogeme, por favor cogeme ya.

Saqué mi pija por el agujero del bóxer y ahí no más se la puse de un


empujón.

-Ayyy, si, metémela, que pija dura tenés.

-Vos me la pones así de dura, por la calentura que tengo con vos.

-Ayyy, siii, dame, damela, damela.

-Estas toda transpiradita, como me calienta que estes mojada

-Vos me haces transpirar, como me calentás.

-Ayyy, siii, ya estoy, ya estoy -dijo

-Siii, siii, yo también, no puedo más -dije

Y así, acabamos juntos.

Nos quedamos un rato sintiendo nuestras respiraciones agitadas, me


dio un beso en la boca y me dijo, anda a dormir con Adriana, yo ya tuve
lo que necesitaba.

Me levanté, me fui a mi cuarto, Adriana ya estaba durmiendo.

Al otro día llegue al desayuno un poco más tarde que ellas dos.
Cuando me vieron comenzaron a reírse.

-Que pasa, -dije


-Nada, Silvia me estaba contando que la pasaron bien.

-Si, muy bien, -agregó.

-Bueno, esta noche me toca a mí, -dijo Adriana-, ayer descansé bien,
esta noche te voy a dar la colita.

Con este comentario, yo estaba al palo otra vez.

-¿La colita?, -dice Silvia-, ¡no estarás hablando en serio!

-Si, -dice Adriana-, cada tanto me encanta que me coja por la cola.

-Pero eso duele mucho, -insistió Silvia-. Yo lo intenté en 2


oportunidades, y no pude avanzar porque me dolía terriblemente.

-Ah mi marido es un maestro haciéndote la cola, no te hace doler


nada, te puedo asegurar que lo disfrutas una barbaridad.

-Es cierto, si uno realiza una buena lubricación y tiene paciencia para
dilatar el ano, no debería doler.

-No les creo, -dijo Silvia.

-Es cierto, -dijo Adriana-, mirá últimamente le estoy pidiendo que me


dilate un poco menos, porque le encontré el gustito a que me duela un
poco, me calienta mucho saber que me va a doler.

-Estás loca, -dijo Siliva

A esta altura de la conversación mi huevos estaban por estallar de la


leche.

-Bueno, Silvia, me ofrezco a demostrarte que el sexo anal no solo no


duele, sino que vas a gozar como nunca.

Silvia se quedó callada, como no creyendo lo que le decía.


-Dale, animate, -dijo Adriana-, si querés yo estoy presente en el
momento para darte mas confianza.

-Así, puede ser que acepte, -dijo Silvia finalmente-, pero dejamelo
pensar un poco mas.

Yo no podía creer la conversación, finalmente las tendría a las dos


juntas en la cama.

Luego del almuerzo, Silvia confirmó que estaba interesada en probar


esa misma noche el sexo anal.

-Bueno, -dije yo-, entonces acompáñenme al sex-shop del barco para


comprar lubricante.

Y ahí fuimos los tres.

Entramos y mientras yo compraba el lubricante Adriana y Silvia


recorrieron el local. Vi como Silvia se quedó como hipnotizada delante de
un traje de cuero negro, con un pene postizo que se ataba a la cintura y
entre las piernas. El pene era realmente enorme, de latex negro, muy
largo y muy grueso.

-¿No es como para debutar con eso en el culo, no?, le dije a Silvia

Ella sonrió y me dijo, que lo que estaba pensando es que le encantaría


tener aunque sea por un día un pene como ese.

-Y bueno, alquilate el traje, le dije

-Nooo, me dijo sonrojada.

El paseo por el sex-shop me puso a mil. Me di cuenta que estaban con


ganas que llegase la noche, entonces pensé que era el momento de
exigir algo mas.

Adriana, ya sabía que mi sueño era que compartamos la cama con


otra mujer, pero ella nunca había accedido.
-Bueno, tengo algo que decirles, comencé. Si quieren que hoy
practiquemos sexo anal, yo les voy a pedir que se den unos besitos y
unas chupaditas entre ustedes.

-Estás loco, dijo Adriana de inmediato

-Bueno, entonces me voy a dormir al cuarto de los chicos.

-No seas hijo de puta, dijo Adriana, ya quedamos con Silvia que la ibas
a coger por detrás.

-Si, pero yo quiero eso a cambio

Silvia la miró a Adriana, y le dijo:

-Dale, Adriana, no es mucho lo que pide, nos damos unos besos y


unas chupaditas y lo dejamos contento.

-Bueno, está bien, pero sos un aprovechador, dijo Adriana

Llegó Silvia a nuestro cuarto y les pedí que se besaran en la boca.


Que caliente me puso ver esas dos bocas carnosas fundidas en una. El
contraste de la piel blanca de una y la otra tostada, también eran
increíbles.

Le bajé la bombacha a Silvia, la puse de costado, yo me coloqué


detrás para comenzar a lubricar su culito, le pedí a Adriana que se la
chupara para calentarla. Parece que le gustó porque se metió toda la
concha dentro de su boca. Silvia comenzó a gemir y Adriana no paraba
de comérsela.

Le pasé gel por el agujerito, luego le metí un dedo, giraba el dedo en


círculos para dilatarla, Silvia se retorcía de placer entre el masaje que yo
le hacía y los lengüetazos que le pasaba Adriana.

Finalmente pude introducir 3 dedos bien lubricados en su culito, y ya


estaba lista para ser penetrada.
Levanté su pierna derecha, coloqué la punta de mi pene en el agujero,
y comencé a presionar suavemente.

Cuando la cabeza de mi pene estaba entrando, Silvia hizo una


pequeña mueca de dolor, por lo tanto me retiré.

-¿Duele?, le dije

-Un poco, pero creo que lo puedo soportar, dijo en un suspiro

-No es necesario que aguantes, te voy a dilatar mas, conteste.

-No, por favor, metémela así, que no aguanto mas.

-Adriana con su lengua me va a hacer acabar.

Consideré su pedido como una orden, levanté un poco mas su pierna


derecha, apoyé la cabeza de mi pene en su culito, y de un solo golpe la
ensarté.

-Ayyy, grito Silvia, Ayyy dios, esta toda adentro.

La agarré de las caderas y la apreté mas contra mi.

-¿Te duele?, le pregunté

-Si, me duele

-¿Te la saco?

-No dejala que ya se me pasa, puedo aguantar.

-Que culito calentito que tenés, me gusta metertela, dije

-Ay, dios mío, movete, cogeme, chupame Adriana, chupame

-Ayyy que caliente me ponen los dos, no puedo mas


-Ayyy, siii, siii, ah, ahhh, gimió Silvia

-Ay, siii, ya estoy, Silvia, ya estoy, grite yo.

Acabamos los dos juntos.

-Como lo disfruté dijo Silvia, dolió un poco, pero porque yo quise, es


que la chupada de Adriana, no me permitía aguantar mas.

Nos quedamos tirados en la cama un rato.

-Estuvo bueno, dijo Adriana, ahora quiero que me cojas por el orto
bien cogida.

Estas palabras me pusieron al palo nuevamente.

-Vení, ponete de costado que te voy a lubricar, dije

Comencé colocando gel en la puerta de su culito. Rápidamente pude


meter un dedo, Adriana ya estaba mas acostumbrada a la dilatación.

-Basta, dijo Adriana, no me dilates mas, metémela ahora.

-Pero mi amor va a dolerte, dije

-No importa quiero que me rompas bien el culo, quiero que me lo dejes
como una flor.

-¿Estas segura?

-Si, y si me quejo, no aflojes, metémelo con todo igual. Silvia,


agarrame las manos bien fuerte, así no me puedo zafar.

Estaba un tanto sorprendido por el pedido, pero a decir verdad me


gustaba ver como sufrían las mujeres cuando les rompía el culo, así que
puse manos a la obra.
Me posicioné en la entrada de su culo, le empujé la punta y luego
hasta el final.

-¡Ay!, gritó Adriana, ¡ayyy, me dueleee, ayyy, me dueleee!

La agarré bien fuerte de las caderas para que no se zafe, Silvia le


apretó las manos para inmovilizarla.

-Ay, mi amor, por favor, sacalaaa, sacalaaa

-Ni loco, le dije, te la voy a meter hasta la huevos, putaaa

-Te voy a romper el orto bien roto, como buena yegua que sos.

-Ahh, nooo, nooo, ahhh, gritaba Adriana

Silvia y yo nos miramos, la apreté fuerte contra mi, ella le sostenía las
manos y poco a poco se fue relajando.

-Ahhhh, ya está pasando, ya está pasando, movete mi amor, cogeme,


cogeme, comenzó a balbucear Adriana. Chupame Silvia, chupame

-Como me gusta que grites, mi amor, me calienta mucho que sufras


putita.

Comencé a bombearla de costado, con fuerza, y Silvia entre sus


piernas chupándosela, hasta que no pudimos mas.

Así nos quedamos los tres dormidos.

Las chicas desayunaron juntas, yo me levanté mas tarde. Estuvieron


hablando toda la mañana y dando vueltas por el barco.

Durante el almuerzo comentaron lo bien que había estado, pero que


había sido un poco violento.

Yo les aclaré que pudo haber sido mas suave, pero que ellas forzaron
que fuera así.
Adriana me miró con picardía y me dijo:

-No te hagas el tonto, a vos te gustó vernos sufrir, tenés instinto


sádico.

-Habría que ver que tal resulta si prueba de su propia medicina,


agregó Silvia con una sonrisa.

Ambas rieron, pero yo no entendí el mensaje.

Cerca de la noche, Adriana me dijo que me preparara para repetir lo


de anoche, que iba a ser un poco distinto, pero que lo íbamos a pasar
genial.

A la noche, Adriana me pidió que me vendara los ojos, ya que


pasaríamos en el cuarto de Silvia, y que había una gran sorpresa.

Así fue que entré al cuarto con los ojos vendados. Adriana me beso en
la boca, mientras Silvia me chupaba el pene, estaba en éxtasis con esas
maravillosas bocas atendiéndome.

Adriana me llevó hacia ella, se tiró en la cama y yo quedé sobre ella.


En eso siento dos manos que llevan las mías hacia arriba y 2 esposas
que se cierran sobre mis muñecas, Adriana sale de abajo mío, me toman
de los tobillos y 2 esposas mas me atrapan.

Quede boca abajo atado de pies y manos, totalmente desnudo.

En eso escucho la voz de Silvia que dice:

-Ahora vas a probar de tu propia medicina.

Adriana me saca la venda de los ojos, y veo a Silvia con el traje negro
de cuero, con el enorme pene atado de su cintura y piernas.

-Gracias cuñado por la idea de alquilar el traje, me encanta tener este


pito, y con él te voy a romper bien el culo.
-No, no sean boludas, como chiste está bien, ahora desátenme

-Ni locas, dijo Adriana, ahora voy a disfrutar verte rogar que Silvia te
saque su pija del culo.

-Y cuanto mas pidas que te la saque, mas adentro te la voy a poner,


cuñado.

No podía creer lo que estaba sucediendo, no sabía que hacer. En el


fondo pensé que se trataba de una broma, y que pronto me iban a
desatar.

Silvia se acercó a mi culo y comenzó a lubricarlo con gel, ¿hasta


donde pensaban llegar?

Luego de lubricado, metió un dedo hasta el fondo, me dolió un poco,


pero también me gustó.

Cuando Silvia se disponía a poner el otro dedo, Adriana le dice:

-Basta, hermanita, con un solo dedo está bien.

-Adriana, no me está causando ninguna gracia lo que estás diciendo,


dije

-Callate, sorete, no tenes derecho a hablar, contestó Adriana,

Y me aplicó un fuerte golpe con una especie de machete.

-Adriana, pelotuda, eso duele, dije

-Si, cuñadito, pero mas te va a doler cuando te meta mi pija hasta la


garganta, terció Silvia.

En eso veo que Silvia se para detrás de mí y me dice:

-Ponete en 4 si no querés que te sigamos dando machetazos


Obedecí al instante, pensé que era mejor no contrariarlas, entonces
Silvia se colocó detrás de mi y apoyó la punta de su pene en el agujero.
Comenzó a empujar, pero no conseguía avanzar.

-Me parece hermanita que vamos a tener que lubricarlo un poco mas,
dijo Silvia

-Bueno, tengamos un poco de piedad de él, dijo Adriana.

Se acercó Adriana, y metió 2 dedos en mi ano totalmente lubricados,


me gustó la sensación, pero intuí que luego vendría lo peor.

Se acercó luego Silvia por detrás y acercó nuevamente su pene a mi


agujero, comenzó a presionar y pudo penetrar con éxito la cabeza.

Fue terrible el dolor que sentí cuando ingresó, cerré los ojos y me
mordí la boca. En ese momento comprendí que seguirían adelante y que
lo mejor era no resistir. Levanté un poco mis caderas e hice fuerza hacia
fuera como si estuviera por ir de cuerpo, eso hizo que el pene de Silvia
comenzara deslizarse dentro de mí.

-Bien, putita, como aprendiste, bien, decía Silvia.

Al ver que se deslizaba con poca dificultad, me agarró de las caderas y


me empujó hacia atrás.

-¡¡Ahhh!!, grité, ¡ayyy, dios mío!

-Te duele, putita, dijo Adriana

-Sufrí, putita, sufrí, decía Silvia

-Por favor, Silvia, sacámela que me duele, es muy grande, por favor,
sacámela

-Ayyyy, Como me aprieta el clítoris cuando te la ensarto, como me


gusta empujarte, cuñado.
Me di cuenta que mis súplicas no tenían sentido, entonces decidí que
no quería darles el gusto que me vieran sufrir, por lo tanto las comencé a
desafiar.

-Vení putaaa, ponemela mas, ponemela bien adentro, que todavía no


la siento.

En eso Silvia da la estocada final. Sentí como todo ese monstruo


ingresaba por mi canal. La sentí hasta la garganta, pero decidí seguir con
mi plan.

-ahhh, si, putita, metemela toda, que me gusta, metemela que me vas
a hacer acabar, dije

-Dámela, démela mas, hija de puta, dámela más

Estas palabras me calentaron a mi mismo, y comencé a sentir un


enorme placer, mientras que el dolor se iba diluyendo.

-ah, si, Silvia, me gusta tu pija, Adriana chupámela que voy a acabar.

En eso Adriana se mete bajo de mi y comienza a hacerme una


mamada monumental, mientras veo que con una mano se toca la
concha.

-ayyy siiii, ay si que caliente que estoy, voy a acabar, no puedo mas,
dice Silvia

-Siii, cogeme mas, cogeme mas, cogeme mas digo yo

Los tres acabamos juntos en un orgasmo increíble.

Luego que Silvia me sacara su enorme instrumento, vi que de la boca


de Adriana chorreaba leche, y así casi extenuados nos dormimos hasta
el día siguiente.

333
Cuando volvimos al depto. después de cenar en un resto de Miraflores
me preparé una copa de ron y me senté en el balcón frente a la noche,
sintiendo el murmullo del mar, mientras mi mujer y su hermana seguían
desarmando la valija de Carina y entre murmullos percibí aquellas risitas
cómplices. Ya tarde, el silencio se hizo en la medianoche, Sandra se
acercó al balcón me abrazó por detrás y murmurándome al oído me
susurró —gracias por el placer de estos días— yo volví a sentir el goce
de sus tetas apoyadas sobre mis hombros cuando suavemente me
mordió la oreja; cerré los ojos mientras sentía mi calentura poniéndose
tan dura bajo mi pantalón…

Me quedé hasta que logré que no se revelara esa erección cuando mi


mujer Carina, se acercó y me besó en los labios, —me voy a la cama, no
tardes—, sentí que era ello una invitación a su deseo.

Me fui desvistiendo en el living quedándome en bóxer, rogando que


desde el oscuro corredor mi cuñada Sandra lograra verme y se excitara
tanto, como me había dejado hacía un rato en el balcón, pero no la
percibí.

Cuando entré en el cuarto Carina estaba con un culotte blanco, el que


resaltaba su piel dorado caribe, ni bien la vi, no dejó de ver mi erección
que marcaba mi bóxer. Me acerqué como siempre, admirando su figura
elegante, sus ojos verdes, sus piernas, su fina cadera y su pubis
delicadamente depilado para sabor de cuantos antojos; fue cuando
percibí que entre las pecas de sus tetas erguidas y cerca de sus pezones
se marcaban un par de moretones, testigos de ricos mordiscos que
revelaron la infidelidad.

Pasé un dedo sobre uno de ellos —El rastro de tus pecados— apenas
le dije; abrió grande sus ojos clavándome la mirada cuando me comió la
boca con un chupón, apoyando toda su piel desnuda sobre mis deseos,
provocando que abrazados cayéramos sobre la cama…

—Me vas a contar todo putita, ¿cómo te cogiste a ese potro? Le dije
mientras mordía sus pezones sobre esas mismas marcas.

Jadeamos entre agresivos besos, besaba toda su piel buscando más


rastros de su adulterio, —si hijo de puta, te metí bien los cuernos y me
dejé llevar cada día por ese macho— yo seguí bajando con mis besos
hasta correr su culotte para que mi legua llegará a su clítoris, mi mujer
rasgaba las sábanas anunciando sus orgasmos que húmedos llegaban a
mi boca; y allí también, cerca de sus labios junto a ese clítoris encendido,
otro mordisco era la marca del amante de mi mujer, enterré mi lengua
sintiendo como sus jugos chorreaban junto a mi saliva.

Hasta que gritó un orgasmo tremendo, sosteniendo mi cabeza


apretada entre sus piernas y más enterré mi boca abrazando entre mis
labios su concha infiel como si fuera una almeja, imaginando como ese
tipo Darío, su macho, había acabado tantas veces dentro de ella.

Cuando Carina sintió que rocé sus piernas con una erección tan dura
como una roca, me rogó jadeando, —enterrame esa pija—, ella giró y
quebrando sus caderas apoyó su cara entre las almohadas, su concha
estaba toda depilada y nacarada de flujos, fui punteando con mi glande
esos labios que se partían, pero no la penetraba provocando que la
deseara aún más, cuando tuve la pija bien mojada le escupí el culito y
comencé a tratar de volver a hacerle la colita como le gusta, —por favor
hoy no me hagas la colita, Darío me la partió toda la semana, todavía me
duele.

Me enterré dentro de su concha y comencé a bombearla con toda la


calentura que me provocaba saber que mi mujer tenía el culo ardido por
otra pija. No quise acabar, cuando ella cayó sobre las sábanas con otro
orgasmo que la dejó dormida, yo acompañé ese descenso sin sacarle la
pija y apoyándome sobre ella.

Cuando giré mi cara me sorprendió mi cuñada apoyada en el marco de


la puerta, estaba desnuda apenas cubierta con una mínima tanga,
llevando puesta una camisa mía desabrochada y anudada a la cintura,
sus tetas, las que me había comido la noche anterior tenían esos
pezones rozados y erectos; Sandra me guiñó un ojo y con un gesto de
silencio me indicó ir a su cuarto, me desprendí de mi mujer y salté a sus
brazos, nos comimos la boca ahí mismo como provocando a Carina, pero
ella no nos sintió.

—Clavame a mí esa pija, cuñado. —Me susurro entre besos.

La levanté entre mis brazos y mi pija dura como una roca y erecta se
fue clavando en su conchita, volvía a ser un placer deseado, Sandra se
estaba mojando cada vez que se iba enterrando suavemente, así como
nuestras salivas se volvían a conjugar en nuestras bocas. Montada en
mis brazos, clavada con mi pija y sin despegar nuestros labios caímos en
su cama, seguimos largo rato cogiendo, revolcándonos cuando a punto
de acabar me pidió; —haceme la colita como a mi hermana.

Me arrodillé detrás de ella y comencé a lubricar su esfínter, le pedí que


quebrara la cintura y dejara caer su carita en la almohada, le enterré mi
lengua en su colita hasta dejar que chorreara toda mi saliva por su ano,
me gustó el sabor y no paré de comérselo hasta que acabó y más se
mojaba también su conchita, fue cuando pasándole mis dedos, dilatando
esos labios fui subiendo hasta que Sandra comenzó a gemir sintiendo
que girando mis dedos comencé a dilatarla mientras mi legua se
conjugaba con el sabor de su esfínter.

—¿Te duele o te gusta cuñada?

—Un poco, pero creo que lo puedo soportar, dijo jadeando a boca
abierta. —Apoyé mi pija y fui dilatando aún más ese culito como no había
podido durante toda la semana que estuvimos cogiendo.

—Por favor, clávamela, que no aguanto más. —Me enterré en mi


cuñada hasta que ella misma empezó a bombearse contra mis pelotas.
—me arde, pero que placer, jamás me hicieron sentir esta sensación.

—Ayyy, la siento toda adentro, por favor Fran… —La agarré de las
caderas y le enterré la pija bombeándola.

—¿Te duele?, le pregunté.

—Si, me duele, pero no la saques, seguí que quiero acabar así. Ahhh,
ya está pasando, ya está pasando, movete mi amor, cogeme, cogeme
más cuñado, —Siguió murmurando.

—Como me gusta que jadees, cuñadita, me calienta mucho que ahora


seas mi hembra.
Cuando sentí que estaba por acabar me detuve y tomándola desde las
tetas la levante hasta apoyar mi pecho contra su espalda y girándole la
cara nos comimos la boca a mordiscones.

—Te voy a acabar en la colita, le dije.

— Nooo, quiero la lechita en mi garganta, —Me dijo, clavándome esos


ojos también verdes en mi mirada.

Nos paramos al lado de la cama, yo me masturbaba con ganas y


Sandra recogiéndose su pelo rubio, se fue arrodillando hasta que sus
labios envolvieron mi pija, comenzó a pajearme con su boca y sus
manos, yo elevaba mis jadeos al cielo, era increíble el placer, ver como
mi cuñada me estaba mamando mientras dejaba caer su saliva sobre sus
pecosas tetas.

—No pares nena que acabo, le dije acariciándole la cabellera y


sosteniéndola. Cuando desde la puerta mi mujer le ordenó, —No pares
hermanita, mamalo bien, pero dejame algo de esa lechita para mi
también…

Yo la miré a Carina, ella me guiñó un ojo y comenzó a masturbarse


pellizcándose también los pezones; yo no pude resistir más y una
catatara de semen sentí que eyaculaba en la boca de mi cuñada, que no
se desprendía abriendo más los ojos y mirando de reojo a su hermana,
comenzó a tragarse mi leche.

Yo pegué ese grito de placer, Sandra saboreó con sus gemidos su


orgasmo y mi mujer desde la puerta de la habitación diciendo —Ahora
quiero yo también mi sachet de leche. Mientras Sandra se metió en la
ducha, Carina y yo nos metimos en nuestra ducha y seguimos
franeleando, mientras nos confesábamos los adulterios y los cuernos de
esos días.

—Mientras trataba de volver a tener una erección, me calentaba


preguntándole; ¿Cuántas veces te acabo en la conchita tu amiguito?

—Me cogió todas las noches cuando volvíamos al hotel, y nunca dejé
que una gota de su leche saliera de mi concha, me llenó todas estas
noches… —Me murmuraba mientras no despegaba sus labios de mi
boca.

—¿Y vos… ¿cuántas veces acabaste en la concha de mi hermanita?

—Tantas veces como las pastillas anticonceptivas que le dejaste…


¡¡¡putita!!!

Salimos de la ducha, nos revolcamos con otro polvo bien misionero y


nos dormimos. A la mañana siguiente mi Cuñada estaba preparando el
desayuno, llevaba puesta mi camisa blanca desprendida y anudada a la
cintura, un culotte negro y sin corpiño…

—Hola cuñado… me dijo, colgándose de mi cuello y dándome un


piquito en los labios.

—Hola cuñadita… acariciando su colita sobre el raso de su culotte;


¿disfrutaste la noche?

—Todavía me arde la colita, ¡pero me encanta el placer que me


dejaste!

Cuando se despertó mi mujer, nos vio todavía abrazados y casi a


punto de volver a besarnos; la miró a su hermana y le dijo: —Hermanita,
queremos que vivas con nosotros.

Sandra me miró, me besó con pasión abriendo su boca devorando mis


labios me susurró: —Gracias cuñado, no te vas a arrepentir. Yo le
devolví ese beso sosteniéndola desde su cola para que así lo viera mi
mujer y murmurándole también: —Te amo cuñada y le comí la boca
delante de Carina.

Una semana después nos fuimos los tres de vacaciones a


Dominicana, dormimos juntos bajo el sol del Caribe y cuando volvimos
también terminamos invitando al macho de mi mujer.

33333
Provengo de una familia donde somos mi madre, mis cinco hermanas
y yo. Mi hermana Carla está casada con un militar de alto rango y vive en
la capital, tiene un hijo de 5 años y sigue estando cada día más bonita
que nunca. Su esposo no sospecha nada de lo que pasó entre nosotros,
muy por el contrario, me la llevo súper bien con él, y a cada rato me invita
a compartir con ellos en su casa, y cuando existe la oportunidad de que
nos deje solos, enseguida Carla y yo aprovechamos el tiempo para estar
juntos haciendo el amor como locos desenfrenados, sin privarnos
absolutamente de nada. Pero esta vez fue todo muy diferente a la de
siempre.

Mi hermana Carla llegó a mi ciudad luego de que su esposo se fuera


en una misión por más 15 días y no quería dejarla sola por nada. Le
sugirió que viajara con su pequeño hijo a donde vivimos mi madre y yo.

La alegría fue inmensa cuando oí su voz por mi celular diciéndome,


“hermanito voy para allá, llegó esta misma tarde y pienso devorarte
todito”. Tenía como tres meses que no la veía y eso me alegró todo el
día. Así fue, ella llegó en avión y fui a recogerla por el aeropuerto.

Cuando llegó nos dimos un beso y fuimos hasta la casa. Mi mamá nos
esperaba con alegría y nos dijo, “mi linda hija ha vuelto a su hogar y
estos días serán inolvidables”. Les relato que vivo con mi madre con
quien mantengo relaciones abiertamente, pero sin que nadie sospeche
nada en la vecindad; además de una prima que tampoco sabe nada aún.
Yo le había dicho a mi madre que a Carla le iba hacer el sexo de todas
las maneras y posiciones posibles, que esta vez iba a ser diferente, y
vaya que fue diferente.

Mi hermana quien tiene unas tetas enormes y culo de modelo de TV,


apenas llegamos a la casa le dije que se fuera a mi cuarto que había dos
camas y porque los otros estaban ocupados, cosa que hizo y mi sobrino
se fue a dormir con mi madre porque él así lo decidió, cosa que hizo que
todo fuera más fácil.

Por la noche decidimos ir a la discoteca para bailar un buen rato, todo


bajo la anuencia de su marido que la había llamado en varias
oportunidades.
Esa noche bebimos hicimos varias mezclas de alcohol, porque
tomamos primero cervezas, whisky, y culminamos con ginebra lo que
hizo que ambos nos pusiéramos a mil. En la disco me encontré con
varios amigos que conocían a mi hermana, pero que por supuesto no
sabían nada porque hemos mantenido todo en absoluto secreto.

A las dos de la mañana estábamos un poco ebrios y mi hermana


mareada. Decidimos irnos a otro lugar y fuimos a parar a la playa que
está en mi ciudad en la parte oriental del país. Hay un lugar donde las
parejas se reúnen abiertamente para hacer miles de locuras. Allí por las
noches sólo se ve sexo en la arena, dentro del agua de la playa, o en los
carros y carpas, bajo la hermosa brisa marina.

Mi hermana y yo nos bajamos a contemplar el mar y bajo una inmensa


luna llena empezamos a besarnos profundamente.

Carla estaba súper excitada a tal punto que se inclinó y me sacó el


miembro apresuradamente porque quería darme una buena mamada
como sólo ella lo sabe hacer, mejor que mi madre y mis otras hermanas.

Mi pija ardiente salió del pantalón y comenzó por acariciarlo y


masajearlo con sus manos. Tenía un buen rato y decidí acostarla sobre
la parte de atrás del carro para cogerla. Apenas le toque su vulva está lo
único que sentía era un humedad increíble, no aguanté más y la penetré
como una fiera que hizo que gritara duro.

Me movía con fuerza dentro de ella y los dos estábamos tan excitados,
que no nos dimos cuenta que dos amigos que estaban en la Disco donde
habíamos estado anteriormente, se habían acercado porque conocían mi
carro y pensaron que mi hermana y yo platicábamos. La sorpresa fue tan
grande que al darnos cuenta dejamos lo que estábamos haciendo para
tratar de vestirnos, pero ya era tarde, ellos habían visto todo. Ya no se
podía esconder más ese gran secreto.

Nos bajamos del carro todo apenados y decidimos hablar con ellos.
Mis amigos estaban impresionados por el espectáculo y yo le pedía que
por favor no dijeran nada.
Uno de ellos, Luis Alfonso, dijo lo que ustedes hacen es arrecho, no
pensé nunca en eso, pero sin duda alguna es excitante. El otro, el más
vago de los dos, José Antonio, quien me había contado algunas
experiencias sexuales con dos de sus primas, se atrevió a decir “esto no
se puede dejar pasar, esto vale real”. Yo como soy un hombre que cargo
algo de efectivo, me ofrecí a darles dinero por sus silencios; pero José
Antonio refutó diciendo, no es dinero lo que realmente quiero, sino a tu
hermana, sino yo hablo. Estábamos en sus manos bajo su vil chantaje.

Mi hermana lloraba y la vez decía que íbamos hacer al respecto. Yo le


propuse que cualquier decisión que ella tuviera yo la iba apoyar. Ella
entonces pensó un rato y dijo con una voz temblorosa, déjame hacerlo
con ellos también, no hay más remedio.

Yo le dije que no, pero ella dijo que no había marcha atrás.

A José Antonio y Luis Alfonso, les di la noticia y alegres se


desvistieron a millón porque querían comerse al manjar que era mi
hermana.

Vi cuando José Antonio agarró a mi hermana por su cabeza y la inclinó


a su miembro para que se lo chupara, mi hermana sin chistar se lo metió
en su boca y empezó a mamárselo, tal como les escribí antes, como sólo
ella sabe hacerlo. José Antonio jadeaba de placer, mientras que Luis
Alfonso se ocupaba de meterle sus dedos por su cuca.

Mi hermana yacía allí bajo esos caníbales desesperados de sexo. Al


rato vi cuando Luis Alfonso puso a mi hermana en cuatro patas, y sin
mediar una palabra le hundió todo su respetable miembro en la cuca a mi
hermana, quien dio un pequeño gemido de placer tal vez.
Simultáneamente José Antonio la tenía ensartada por la boca gritando
desaforadamente. Yo viendo todo tenía mi miembro erecto a punto de
estallar. Luis Alfonso le daba duro y rápido, mi hermana ahora gemía con
más fuerzas que antes.

A los pocos minutos oí Luis Alfonso diciéndole a Carla, prepárate que


estoy acabando… Ah, que rico, ahhh… esas eran sus palabras cuando
acabó dentro de la cuca de mi hermana. Se lo sacó y allí cambió con
José Antonio, quien sin perder un segundo se lo metió por su cuca. Este
si es verdad que hizo gritar a mi hermana por sus movimientos. Yo no
aguanté más y le pedí a Luis Alfonso que me diera un chance, cosa que
hizo y se lo metí a mi hermana en la boca.

José Antonio y al mismo tiempo le metía los dedos en el culo a Carla,


se sacó el miembro de la cuca y de manera lenta se lo fue enterrando en
el culo. Mi hermana estaba loca de placer. Yo me puse un condón y
desde debajo de ella se lo metí por su cuca. Primera vez que mi hermana
tenía tres miembros a su disposición. José Antonio por el culo, Luis
Alfonso por la boca y yo por su cuca. Era algo increíble, pero cierto.

Carla gritaba pidiendo más, ya no era la sumisa miedosa del principio.


Intercambié con José Antonio y se lo metí por el culo también, y al rato
terminó por metérselo Luis Alfonso por su agujero negro.

Descansamos un buen rato y antes del amanecer repetimos la misma


escena, pero esta vez fui yo quien inició todo.

Era fantástico ver a mi hermana ensartada por sus tres huecos al


mismo tiempo. Ella nunca había tenido una experiencia similar. Antes de
irnos les pedí a José Antonio y a Luis Alfonso, que esto nadie debía
saberlo y que era un compromiso, cosa que aceptaron pero que
siguieron sacándole provecho con mi hermana los 15 días que estuvo en
la ciudad donde resido.

Todos los días la buscaban o José Antonio o sino Luis Alfonso, a


veces los dos juntos para repetir la escena, y mi hermana aceptaba. Yo
también en las noches aprovechaba para darle duro y comerme sus
enormes tetas. Un día antes de marcharse fuimos a la casa de José
Antonio y mientras que él le daba por la cuca yo se lo enterraba por su
culo o viceversa.

Mi hermana llegó a su casa y la recibió su marido, y al llegar me llamó


al teléfono para decirme que me extrañaría y que ahora todo era distinto
en su vida, que estaba con los pensamientos vivos, y que no sabía que
iba a pasar con su nueva vida.

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Los hombres y las mujeres somos dos partes complementarias y como


tales, no existe más que la división de la sociedad para separarnos, sin
embargo, la naturaleza nos hizo el uno para el otro y como terrenales,
debemos dar cumplimiento a esa suprema orden celestial.

Julieta es una de esas hembras que causan deterioros mentales y


sexuales, es el tipo de mujer al que todos deseamos comernos
centímetro a centímetro y curva tras curva. Julieta es esa mujer que
desafortunadamente está muy cerca de mí… es mi cuñada y qué cuñada
¡eh!

Resulta que esta historia nace del gusto por las mujeres y de la
sensualidad de las mujeres:

Julieta tiene ahora 23 años y como tal, ha recibido con agrado los
cambios hormonales de la naturaleza ya que su cuerpo, se ha tornado
sumamente curvilíneo y de carnes firmes y sensuales. Sus ojos ya no
son los de aquella niña temerosa, sino los de una mujer que clama ser
acosada. Su boca ya no es más que la de una mujer que se relame los
labios, gritando ser besados.

Cada día que la veía notaba cambios importantes en ella, y


últimamente le he notado ese deseo escondido, el cual derrama al
vestirse más femenina, más mujer, más sensual… incluso más atrevida.
Sus movimientos son más cachondones y su mirada más solicitante.

Se perfectamente que ella ya se dio cuenta de que mi mirada hacia


ella, ya no es de cuñado a cuñada, sino de hombre a mujer, y aunque se
ha visto temerosa, su naturaleza le ha hecho responder como debe
responder, con evasivas, pero gritando que continué viéndola con
comentarios de rechazo, pero pensando, sigue… sigue, con actitudes de
negativa, pero con un caminar más sensual, con muestras de no me
veas, pero vistiéndose más y más rico y atrevida.

Esa es mi cuñada, la que dice que no quiere, pero la que desea que
todo continué.

Todo sucedió cuando fuimos todos a una excursión, de esas familiares


a la playa, donde las vacaciones se disfrutan a todo lo que da la
necesidad biológica.
Ya en el hotel instalados, mi esposa y yo quedamos hospedados
precisamente enfrente de los papás de mi esposa, y ahí con ellos se
quedó Julieta. Todo transcurría normalmente, es decir, todos en familia,
todos en la playa, en la alberca, tomando cervezas y tequila, y yo
admirando a mi cuñadita que se lucía riquísimo con sus bikinis, y etc. etc.

Las noches aunque eran más de nosotros los jóvenes, los papás de mi
esposa, querían estar con nosotros y eso empezaba a incomodar, ya que
deseábamos beber hasta enloquecer, y bailar hasta cansarnos, y
trasnocharnos hasta caer dormidos a altas horas.

Finalmente, una noche los papás de mi esposa cayeron fatigados y


esa noche… esa noche, sería mágica para todos, pero en especial para
Julieta y yo.

Quedamos de ir a una disco del hotel al punto de las 11 de la noche, y


para ello, mi esposa y yo, nos arreglamos como lo ameritaba la situación,
y llamo Julieta que ella ya estaba lista, y que nos esperaba en el lobby
del hotel. Sus papás, al poco rato fueron a la habitación, y sólo nos
dieron instrucciones: – Cuiden a Julieta, no la dejen sola… etc. etc.

Mi esposa gusta de vestirse muy sexy, ya que como les he dicho,


Julieta carga un cuerpazo riquísimo, y como tal mi esposa tiene los
mismos atributos que ella. Pues al bajar, Julieta ya estaba esperándonos
y mis ojos quedaron prendidos de ella y ella lo notó.

Estaba vestida con una minifalda de una pieza completa color rojo, de
un reducido tamaño que la hacía verse… ¡uf! Sin medias y unas
zapatillas tan altas que era increíble que alcanzará el equilibrio y sobre
todo por el tacón estilo aguja. Su espalda totalmente descubierta y su
escote delantero, tan pronunciado que se lucía la comisura de sus senos.

En realidad, no supe cómo me notó, pero lo cierto es que noté algo de


incomodidad de su parte, ya que de inmediato se colocó al otro lado de
mi esposa, y tratando de siempre quedar tras de nuestro paso, como
queriendo que no la viera más. Así nos dirigimos a la discoteca, y por la
hora el ambiente empezaba a calentarse más y más.
Las bebidas iniciaron y el tiempo pasaba. Una botella y tres vasos con
hielo, fue nuestro pedido inicial y ahora siendo las dos de la madrugada,
la botella casi se acababa y ya Julieta y yo nos dedicábamos a bailar y
tomar sin recato alguno. Yo la admiraba sin temor y ella ya no le daba
importancia a que la viera, es más, creo que hasta se lucía a propósito
para darme un gusto. Tratando de no incomodar a mi esposa,
bailábamos y tomábamos como si nada pasara, pero mis ojos estaban
con Julieta y ella lo sabía.

A esas horas, el estado ya era tan inconveniente, que mi esposa ya


estaba con la lengua trabada y Julieta ya se mostraba más abierta, no
sólo conmigo sino con los demás. En más de una ocasión la sacaron a
bailar y ella aceptó gustosa y los celos me empezaron a llegar, ya que le
notaba gusto cuando la bailaban, y cuando se quedaba a platicar con
esos desconocidos, y más aún cuando se intercambiaban números
telefónicos. En más de una ocasión, hasta despedida de beso en mejilla,
prendieron mi enojo, pero no podía hacer no decir nada.

Lo que generó la erupción de mi volcán, fue el hecho de que Julieta,


fue al baño y ese deleite por verla, no me permitía darme cuenta de mis
actitudes, y mi cuñada se daba cuenta de ello, ya que cuando iba rumbo
al baño, volteó y me atrapó comiéndomela con la vista. Me sonrió, pero
se fue directo al baño. No sé cuánto tiempo pasó, pero lo cierto es que se
me hizo demasiado tiempo, y no podía despegarme para ir a ver porque
la tardanza, ya que tampoco podía ser obvio con mi esposa.

Los celos quemaban mi actitud, y no sabía cómo actuar. No pude más


y le dije a mi esposa que Julieta ya había tardado y que la fuera a buscar.
Así lo hizo sin recato, pero su condición no le permitía actuar muy bien,
por lo que me paré y la acompañé, con el pretexto de cuidarla. Llegamos
al baño, y ahí le encargué a la camarera, que le apoyara, para que
entrara bien al baño a buscar a otra gente.

Así lo hizo, y cuando entraron, otro joven que estaba ahí me dijo: -
busca a alguien. -Contesté afirmativamente, y le dije que era a una chica
de un vestidito rojo…, no acabé de decirle cuando me indicó, que la
había visto irse hacia la barra, con un chico.

No pude aguantar y fui hacia la barra, y tampoco la vi, por lo que me


regresé y tratando de preguntarle al joven sobre ella, sólo me dijo “la vi
que iba hacia allá, pero no a la barra, sino por esa puerta, que está al
lado de la barra”. Sentí que el calor me subió a la cabeza, y no sabía qué
hacer, meterme a ese lugar o esperar a mi esposa. El tiempo se hizo
eterno, ya que mi esposa no salía del baño.

Al salir (casi quince minutos más tarde), le indiqué que fuéramos a la


mesa que al parecer ya sabía dónde estaba -sin alarmarla-. Ella
obedeció y cuando la puse en el banquillo, le indiqué me esperara ahí.
Con intranquilidad, pero pensativo, me dirigí al lugar donde me dijeron se
había metido. Al acercarme, noté que era prácticamente imposible entrar,
ya que existía una puerta intermedia que debía abrirse desde adentro, y
mi incomodidad era total.

El mesero al verme ahí cerca, me preguntó qué deseaba a lo que sin


saber qué decir, sólo pregunté:

–no ha visto a una chica de una minifalda roja que estaba por aquí.

El mesero viéndome, preguntó:

–¿Es algo de usted?

–Sí, mi cuñada.

El mesero, pensó mucho tiempo, y acercándose a mí me dijo:

–Si la vimos por aquí… pero estaba con el dueño de la disco… Y ya


no les vimos después.

Me volvía loco nada más de pensar que estuviera cogiendo con otro
que no fuera yo, y que su culo fuera penetrado antes de que lo pudiera
hacer yo. No me imaginaba a mi cuñada dando una soberana mamada a
otra verga que no fuera la mía, y sobre todo, no me imaginaba pidiendo a
gritos la follaran toda la noche, antes de que me lo dijera a mí… a mí que
soy su cuñado.

Daba vueltas y vueltas, desesperándome más y más, sin obtener una


respuesta clara a mis actitudes. En ese momento veo que sale un
hombre de la puerta donde me dijeron que la había visto entrar, y no
supe qué hacer nuevamente. Era un hombre joven, alto, como de 1.90 de
estatura, cejas pobladas, con cuerpo atlético, y su cabello embarrado a
su cabeza con una coleta larga que casi le llegaba a media espalda. Su
camisa abierta hasta medio pecho dejaba ver una cadena gruesa de oro
y en sus muñecas, unas pulseras sumamente ostentosas de oro, anillos
y un puro Cohíba encendido.

Imagine todo lo peor, a mi Julieta comiéndole su verga y engulléndose


todo su semen hasta no dejar nada. Imaginaba ese culito que deseaba
para mí, enculado por ese hombre, y sus tetas, manoseadas hasta el
cansancio por esas manazas. No me imaginaba a mi Julieta, gritando de
placer y gruñendo más y más en cada embestida de ese hombre. Mi
mente se volvía loca y no aclaraba nada.

Vi tan tranquilo a ese hombre que no podía concebir nada más.


Imaginaba todo lo peor y me sentí derrotado… mi cuñada había sido
follada por un cabrón que ni la conocía… no puede ser.

Entonces sucedió algo… salió de esa puerta una mujer en una


minifalda enloquecedoramente pequeña, de color rojo, pero no era
Julieta. Sentí un terremoto encima de mí, a la vez de un gusto merecido.
Sin embargo, dónde estaba Julieta… mi mente comenzó a revolverse
más todavía y empecé a inquietarme otra vez.

Sin más, volteé para buscarle, y no la veía. Me acerqué a mi esposa, y


ahora ella estaba con otro hombre platicando, en realidad no sentí celos
porque mi mente estaba ocupada por Julieta y yo no medía
consecuencias. Sólo me acerqué y pregunté si no la habían visto, y al
recibir una negativa le dije a mi esposa que volvía enseguida. Me retiré
del lugar, y salí a dar una vuelta fuera de la disco. No vi a nadie ni nada.
Volví a meterme, y dentro daba vueltas tratando de encontrarla. Una
energía especial, me hizo voltear mis ojos hacia donde estaba mi
esposa, y lo que vi me impactó sobremanera… estaba besándose con
ese individuo desconocido… Mi mente se volvió loca y mis reacciones no
daban crédito a lo que veía. Estaba por irme contra ellos, cuando otra
cosa pasó: Julieta salía de esa famosa puerta del bar, donde antes había
visto salir a ese hombre y a esa mujer vestida tan similar a mi cuñada.
Pero lo peor fue cuando detrás de ella, venía un cabrón moreno, nada
atractivo, y de estatura más bajo que ella, gordo y sin cabello. No lo
podía creer… qué estaba pasando.
No supe qué hacer… por un lado mi esposa fajando con un
desconocido y por otro lado mi cuñada saliendo de otro sitio con un
insignificante hombre… ¿qué hago? Me preguntaba a mí mismo. El
impulso me llevó a irme directamente con Julieta para reclamarle, y al
acercarme a ella, su sonrisa pícara y coqueta, doblaron mis pies, y en
lugar de regañarle, le pedí que me dijera qué hacía con ese hombre.

–Mira cuñado… no sé qué o cómo decírtelo… sólo te puedo decir que


estuve con él

Mi imaginación, me llevó a ver sus labios carnosos y delicadamente


maquillados, y no podía imaginar que esa ricura de boca estuviera
mamando esa verga del hombre que acababa de salir.

No podía imaginar a ella gozando con ese hombre insignificante y lo


peor… no me imaginaba a Julieta gozando intensamente con ese
individuo…

–¿Qué te pasa cuñado, por qué esa cara? -me interrumpió mi cuñada
al momento que sólo logré contestar.

–Y ¿por qué con él? -Sonrió para sí, y sólo logró decirme- no te
preocupes cuñado, … no pudo hacer nada…

Mi rostro se iluminó , pero volví a preguntar:

–No pudo hacer nada… Pero ¿y tú?

A lo que coquetamente me contestó.

–Bueno… hice mi parte.

Todo eso me volvía loco, pero para entonces mi bulto en medio del
pantalón estaba al máximo.

De mi esposa no sabía nada y en ese momento Julieta absorbía todo


de mí. Vamos a bailar me dijo mi cuñada, y como robot, me dejé llevar
cuando sus manos tomaron las mías y sus dedos se enrollaron a los
míos. En el baile, esa música cachonda y sus brazos rodeando los míos,
su aliento cerca del mío y su piel rozando la mía, me pusieron a mil, y mi
bulto en medio del pantalón, se agitaba como serpiente queriendo
salirse.

Un paso de muy cerca de mí, hizo que su cadera rozara mi miembro y


en otro su mano volvió a rozarme. UHF, sólo vi sus ojos, y sin decirme
nada, vio en medio de mis piernas y volteó hacia otro lado.

No supe qué decir, y en un momento la volví a apretar contra mí,


quedando su vientre pegado al mío, y mi cosota, en medio de sus
piernas. No supe qué decir y ella tampoco, pero nos sentimos ambos, y
ese fue un deleite encabronado para los dos.

Mis manos recorrieron su desnuda espalda, y sus manos simulaban


araños tiernos en mis brazos. Su aliento se agitó, y al preguntarle cómo
conoció a ese hombre, acercó su boca a mi oído y al empezar a decirme,
percibí su aliento con olor a semen…

–Estaba saliendo del baño, y me lo encontré, y es que él es el maestro


de mi escuela… me saludó y ya tenía unas copas encima… yo
también… y un mesero nos vio y nos dijo que podíamos platicar más a
gusto en una salita que tienen en la disco… y yo no suponía nada más
hasta que nos metimos a esas salitas, y ahí dentro empezamos a
platicar, y sin más, sentí unas ganas de besarlo, pero entre besos y
abrazos, sentí su cosa firme y no pude contenerme de abrirle el pantalón
y devorarme ese miembro. No supe de mí hasta que sentí que me
ahogaba por su leche en mi boca y fue entonces cuando me di cuenta lo
que había hecho. Nos arreglamos y salimos y fue cuando te vi.

En ese momento, recordé cuando la vi, y recordé a mi esposa. Volteé


a buscarla y ya no estaba en su lugar, pero sí cuatro copas… la de ella,
la de Julieta, la mía y… ¿la otra?

Intenté razonar, pero sentí en ese momento una fricción de la cuquita


de mi cuñada a mi verga y sentía que me venía. Julieta sólo me dijo:

–¿Quieres ver dónde fuimos?


Y yo viendo la oportunidad de mi vida, me dejé llevar por ella. Salimos
de la pista y nos dirigimos a la barra, donde Julieta llamó a un mesero y
con familiaridad le dijo:

–Oye Hugo, ¿puedes dejarnos pasar a tu sala?

El muchacho me vio y sonriendo sólo dijo. “Claro”.

Nos abrió la puerta y entramos por la parte de atrás, y al abrir la otra


puerta, sentí un escalofrió de deseo enorme… Julieta sería mía como
siempre lo había soñado. Bajamos un piso hacia abajo, y ahí había
varios privados, donde estaba un sofá, una mesa de centro, unos floreros
y bien alfombrado. De pedir de boca.

Entramos a uno, y empezamos a platicar a lo que yo, sin querer perder


el tiempo y viéndole las piernas más decidido. Sólo le comenté “y ¿qué le
hiciste más?”. Eso fue todo para que ella me dijera “¿Quiere mi cuñadito
saber qué hice?”. Yo le dije que me dijera qué había hecho, y ella sólo
me contestó: “¿Quieres saber o quieres sentir?”.

Eso fue todo y de inmediato, nos enrollamos en un beso tan caliente


que no me daba cuenta que estábamos desnudándonos completamente.
Mis manos más que acariciar ese delicioso cuerpo, la arañaban y mis
besos eran más bien mordidas, pero Julieta gemía dulcemente,
pidiéndome más y más.

–Así cuñadito, hazme tuya… ahora es cuando… ahora soy tuya… sólo
tuya… oh… más… así… quiero que esto no lo sepa nadie… nadie oíste
cabrón… guau… qué verga tienes… métemela toda… hasta el fondo…
así… ahhh.

Mis manos recorrían ese delicioso cuerpo, sus manos envolvían mi


verga como si fuera su tesoro. Me dio una mamada tan rica que estuve a
punto de venirme en su boca, pero aguanté, ya que necesitaba
cogérmela bien. En eso escuché un grito de placer enloquecedor en una
sala continua, y me impactó cuando escuché: “Assííí… ohhh…
métanmela todos a la vez…”. Esa voz me dejó paralizado… era la voz de
mi esposa. Se la estaban follando al lado mío en tanto yo me cogía a mi
cuñada.
Otra vez escuché su voz, pero más suplicante… “aquí esta su puta
cabrones, me van a coger como lo que soy o me salgo a buscar otros
más hombres ¡ehhh!”

No supe qué decir, ya que estaba cogiéndome a mi cuñada y su


mirada perdida me indicaba que estaba gozando como pocas veces. Sin
embargo, el escuchar que mi puta esposa estaba al lado cogiendo con
desconocidos, me crispaba, pero ese dolor y celo, se transformaba en
placer y rabia, por lo que embestía más y más a Julieta hasta que logré
hacerla venir dos veces más… y yo no podía venirme ya que la rabia me
tenía obstruido , pero Julieta lo estaba disfrutando más y más.

De pronto se volteó mi cuñada y me indicó:

–Ahora sí cuñado… siempre deseaste este culito verdad… pártemelo


con tu verga… pártemelo en dos como se lo están partiendo a tu esposa
aquí al lado… ándale cabrón, cógeme que esta será la única vez que te
permita hacerme esto… jamás vas a volver a meterme tu verga… jamás.

Eso que me dijo, me aceleró y empecé a darle durísimo por el culo,


hasta que empezó a gritar que la estaba partiendo en dos, pero que le
siguiera. Al lado mi esposa gritaba lo mismo y estaba erotizado por
completo. Estaba enculándome a mi cuñada, pero mi esposa estaba
siendo enculada por varios hombres al lado. Julieta sólo alcanzó a
decirme…

–Cuñado… dame más… dame más… que esta será la única vez que
me cojas, por eso… ahhh… por eso… aprovéchate… como mi hermana
se está aprovechando ahora… cógeme más… más… porque jamás te
permitiré hacerlo.

Le di durísimo hasta que después de media hora logré venirme en su


culito y en su boca en tanto que de mi esposa no hice mucho caso… ya
que sentí un gran deseo y gracias a ella, logré follarme riquísimo a mi
cuñadita y nunca se enteró que yo supe de su aventura.

A nuestro regreso, Julieta se quedó en nuestra casa y antes de


despedirse, me sonrió nuevamente y dijo…
–Lo que fue fue. Y lo que no fue no fue… Y no se volverá a repetir.

Y efectivamente lo ha cumplido… a pesar de que siempre llega en


minifaldas y ropa entallada… ¡Qué cuñada!

Lo destacable seguían siendo sus caderas sobresalientes debido a


que su cuerpo se mantuviera intacto pese a lo dificultoso de su
embarazo, llevado con estoicismo durante meses eternos. Le había
costado tanto quedar encinta que el acumulado de esos kilos en los
muslos y parte de su abdomen no le importó.

-Lo importante es el tesoro de mis ojos.

Hablaba de su hijo.

-Camilo es la felicidad que esperé toda la vida.

Le contestaba a Nancy, su amiga, íntima confidente. Se habían


llamado después de diez largos meses en que ella pareció desaparecida
de la faz de la tierra. ¿Qué hacía? ¿Seguía deprimida por la decisión de
Roberto? ¿Qué había estado haciendo en ese tiempo?

-Si tienes tiempo te lo cuento, amiga.

-Todo el tiempo para ti.

Tendría que empezar desde el inicio. Desde el momento en que


conoció a Roberto en uno de esas fiestas de casamiento en la que
coincidieron de casualidad. ¿Lo habría sospechado? Ni en un millón de
años. Imaginar todo lo que le había sucedido era difícil. Que se iba a
casar y tener un hijo tan rápido no estaba en sus planes. Meses vivió
flotando en una sensación de irrealidad que la privó de tener registro de
las cosas que pasaban, como viviendo en una película, anestesiada por
el entusiasmo que ahora tenía.

-Por eso no aparecía, Nancy.


Tenía cosas que hacer. Su día estaba lleno de actividades ahora.
Cosas que atender que la volvían a hacer sentir importante. Ahora era
una madre de apenas 24 años. Lejos estaban las locas noches en que,
desbocada, besaba a un muchacho y a otro en los bailes a los que iba
junto a Nancy y en los que, inevitablemente, Luana se robaba todas las
miradas. Para empezar, había recuperado después del embarazo la
figura llena en sus formas.

-Luego que Roberto la abandonara cayó en un pozo depresivo -repitió


Nancy a sus amigas tal como se lo había pedido Luana.

El paréntesis en el que la pobre se hundió por la partida de su


compañero y el momento en que salió a la superficie desde había durado
nada menos que ocho meses. Y todo había cambiado y no había
cambiado tanto. Un hijo separaba el intervalo entre aquella última
conversación entre Nancy y Luana y este momento en que las amigas se
reencontraban para contarse todo.

-Las segundas oportunidades están hechas para aprovecharse, amiga.

-No sabes lo que me reconforta que hables de esa manera, Luana


querida.

Primero pensó que serían cosas suyas. Su imaginación. Pensamientos


que le jugaban una mala pasada. No saber qué hacer ante una mirada
dirigida indefectiblemente a su cuerpo. No estaba desacostumbrada:
muchos la miraban como al descuido de esa forma libidinosa en que lo
hacía el señor. Lo desconcertante era todo lo que ese señor
representaba. Lo peligroso era que lo hacía cada vez con mayor descaro
mientras ella aparentaba no darse cuenta.

La primera vez ocurrió en una reunión en la casa familiar; un escenario


poblado por los ecos de las risas de los sobrinos de Roberto coronados
por filosos comentarios y chistes de su parentela nutrida, contante y
sonante. Ella supo que haría el esfuerzo por agradar a todos delante del
chico al que había elegido, sobre todo, agradar a la madre política. Lo de
siempre. “Que le dieran un nieto”. Solo eso pedía. La pobre estaba
ensimismada ante la visión orgullosa de su vástago mayor que la había
colmado de otras gratitudes como la de haber conseguido un título a los
24 años. La mirada de doña Nuria la talló desde el inicio
semblanteándola de punta a punta.

“Decime Robertito… ¿esta preciosura es tu novia?”¿Lo habría dicho


en serio doña Nuria? Claro que sí. Un vestido casual, debidamente
ajustado a los empeines formidables parecía confirmarlo. De cabellos
negros como el carbón, Luana era como un “tanque, en el buen sentido
de la palabra. Un metro sesenta y ocho de adolescente –sin tacones, por
supuesto-, cincuenta y seis kilos milagrosamente distribuidos, una talla
de noventa y seis de busto y unas caderas cercanas a la centena. Una
botella de…esa gaseosa, bromeaban Nancy y sus amigas.

Lo desconcertante fue que la primera vez lo hiciera con descaro


delante de su novio. Cuando el señor le pidió que se presentara ella lo
hizo nerviosa con tibias palabras que él nunca escucharía concentrado
en su rostro de rasgos asiáticos y el tono mestizo de su piel. Se sintió de
pronto desnuda ante los ojos que traspasaron el vestido negro sin
mangas que le caía suave acentuándole el cuerpo lleno de curvas; como
si pudiesen penetrar la tela delgadísima que marcaba su trasero
bombeado y los senos generosos que procuró simular frente al señor
cruzando incómoda los brazos.

-Este es mi papa, Luana -lo presentó Roberto sin rodeos ni mayor


ceremonia; como si cumpliese un forzado y odioso protocolo que no
podía ya evitar. La muchachita de 22 abriles -dulcísima, amorosa,
respetuosa y siempre alegre- no pudo saber que el novio había estirado
a conciencia el acto de presentarlos por inobjetables y valederas razones
que sólo él conocía muy bien.

-Mucho gusto señor.

El la siguió mirando sin responder siquiera la cortesía. Seco y parco


como solía con las personas que no conocía, su gesto produjo una
evidente incomodidad que Roberto por suerte suplió con el argumento de
que fueran a saludar a los tíos que estaban en la mesa y que también
deseaban conocerla. Lo dejaron sentado con su vaso de vino mientras
pasearon por las mesas dispuestas en el fondo a media luz. Una música
dicharachera inundaba los ambientes que se empapaban con el intenso
calor que crecía conforme avanzaba la madrugada. Pocos eran los que
bailaban.
Los más jóvenes lo hicieron de compromiso y en una cadencia cansina
producto de sofoco. Luana y Roberto lo hicieron también hasta que ella le
pidió un descanso para buscar un refresco de la mesa de bebidas. Con el
vestido pegoteándose y marcándole las abundancias naturales, ella pasó
delante del agasajado que cumplía 54 en apariencia sumido en la misma
monotonía de cada año.

-Feliz cumpleaños, señor -le dijo ella por decir.

La frase quedó retumbándole entre la de los aduladores de siempre-


sobrinos mezclados con primos que nunca veía- como si en su
pensamiento rumiara algo secreto.

El agasajado la miró otra vez y no pudo más que escudriñarla a la


distancia, sorprendido con la exótica mestiza de rasgos orientales y una
figura en la que cabían todos los adjetivos sobreabundantes que venían
a la cabeza. En comparación con sus últimas dos novias, Luana estaba
muy por encima. Lo pensó y se sintió mal en considerarlo: desde el
principio, le pareció demasiado para él.

-¿Siempre se reúnen tantos en su cumpleaños señor? -quiso ella


saber.

-Decime Manuel

Luana miro escéptica. No pareció convencida ni cuando ella mezcló


las cartas que acababa de cortar ni cuando las arrojó en el paño. La
mujer -la gitana- lo percibió en el acto en que tomó la baraja e hizo los
cortes. Sintió la energía de desconfianza, pero se mantuvo en silencio un
momento. La convencería con palabras.

-Veo que eres una chica de buen corazón.

Roberto había sido desalojado de la habitación para quedar ella a


solas con la vidente.

-Soy gitana no vidente. Y veo aquí también una oportunidad de


dinero… un trabajo… muy importante.
La mujer advirtió que Luana se interesaba de pronto con lo que
escuchaba. Después de 10 minutos, le prestaba atención por primera vez
arrojada sobre la mesa hacia adelante. La postura le dio la imagen cierta
de su ángel y su carisma.

-Tu nombre es Luana y eres una mujer iluminada. Eres pura, divertida,
inteligente, una bendición, un ángel en la tierra… Tu gente ha de sentirse
afortunada y orgullosa de tenerte… Pero estás a medias feliz… Eres solo
la mitad de mujer que puedes ser…

La joven no comprendió.

-Eres demasiado hembra para un solo cuerpo, y por ende para el


común denominador de varón… Necesitas estar plena y complacida, ser
satisfecha y un hombre normal difícilmente lo consiga. Mucho menos el
que te acompaña…

Sabía que Nancy -afuera en ese momento- no simpatizaba con


Roberto pero esto era demasiado. ¿Para eso la había hecho ella venir?

-¿De qué habla?… Roberto es mi novio.

-Pero el que veo aparecido en la tirada es un hombre verdadero. Uno


de carácter y de una notoriedad que lo hace trascender en el campo que
se desempeña. Puede parecer a priori alguien complicado y cebo para
las que buscan una billetera fácil, pero es el hombre justo para vos.
¿Entendés?

-No… no la entiendo.

-Mirá en la tirada sale el rey de oro. Eso indica que se trata de un


señor mayor que disfruta de una sólida posición económica; es audaz,
imaginativo y muy dominante; con una enorme capacidad y habilidad
para seguir varios negocios a la vez. Alguien carismático, pragmático y
con dotes de mando. Personifica la experiencia, inteligencia y aptitud
típica de un banquero, un agente de bolsa o un millonario. En cambio tu
novio aparece aquí personificado a tu lado como un caballero algo
díscolo, confiado, poco disciplinado y con dificultades por no estar con
los pies en el suelo. Su carácter es más bien voluble, soñador y
romántico. Es defensor de las causas justas, tiene altos ideales por los
que lucha pero sin mayores ambiciones materiales.

-Me gusta más como sale mi novio.

-Pero su carta aparece alejada de ti. No está reflejada en tu futuro.

-¿No puede equivocarse?

-Las cartas no mienten. El hombre para vos es alguien igualmente


completo que te hará su preferida, mientras vos sos la mujer que a su
vez lo completará en todos los sentidos y formas. Pero la tirada también
dice algo más: él tiene un compromiso del cual deberá desembarazarse
a fin de poder alcanzar la plenitud contigo. Solo entonces, ambos serán
felices.

Luana se quedó en silencio.

-Pero ¿acaso es alguien que conozco?

-Lo podés haber conocido, pero aún no se te ha revelado. Eso dicen


las cartas. Tranquila. Todo será a su tiempo. Indefectiblemente ocurrirá

-Pero si yo estoy bien así, soy feliz.

-Crees serlo, pero te sientes incompleta en tu aura de mujer. Creéme


que reconocerás la diferencia apenas tengas intimidad con él.

Luana estaba dubitativa, confundida intentando pensar sobre lo que le


decían. Por más que lo pensara no imaginaba quien podría ser la
persona de la cual la gitana le hablaba.

-Aquel que te acompañe en tu vida será el más dichoso los hombres.


Vas a hacerlo enormemente feliz. Tienes un cuerpo y un espíritu que no
muchos pueden satisfacer por eso el destino te mostrará tu verdadero
amor. El amor es sin condiciones, Luana, si no, no es amor; y una mujer
como tú no debe recibir menos que amor incondicional… Podrás querer
a tu actual noviecito, pero vibrarás con un macho verdadero que te hará
sucumbir y perder la razón. Que te sacudirá desde lo físico y espiritual.
Que te hará consumir en una pasión que hace tiempo pugna por salir.

-¿Hace tiempo? ¿Hace cuánto tiempo?

-Probablemente desde que naciste. Y desde que él nació también -


opinó la gitana- lo dicen las cartas.

-Pero yo amo a mi novio Roberto

-Podrás amarlo ahora… pero este otro te está predestinado. Estás


unida a él en cuerpo y alma, en espíritu y materia, como él está atado a
tu destino. Es el destino… Y el destino no se puede torcer.

Cuando salió Luana estaba más confundida que antes de ingresar. No


había previsto que la gitana le dijera las cosas que acababa de escuchar
en un estado de magna sorpresa. Percatándose de ello, Roberto trató de
descifrar el gesto inquieto de su novia sin sospechar lo que pasaba por la
cabeza. Al contrario de lo que a ella le habían profetizado, a Roberto solo
le habían dicho lo que sabía de sobras: que estaba enamorado de su
novia hasta el caracú.

333333

La tarde se había vuelto más calurosa que nunca y lo sorprendió otra


vez pensando. En ella. En su forma de moverse. En el tamaño de ese
sabroso trasero que disfrutaría el inútil. Procuró despabilarse
encendiendo la televisión y no encontró otra cosa que un programa de
chimentos donde vio a una vedete que se le parecía bastante. La apagó.
Decidió hojear un diario donde cayó de pronto en una página donde
había una hermosa morocha increíblemente dotada como la que le
sacaba el sueño en ese momento.

-Basta -se dijo- voy a salir.

Los domingos eran tan aburridos para él que los padecía. Al contrario
de otros que enloquecían con el fútbol por televisión, Manuel prefería
salir con algún fato que siempre tenía a mano, tirar una canita al aire era
algo usual para él cada fin de semana. Pero había algo ahora que
verdaderamente se lo impedía. Un inconveniente. Un problema que
existía desde hacía dos meses. Desde la noche que Roberto había
elegido para presentarse como el novio de América.

-Caderas generosas y pechos… enormes. Cabello largo renegrido y


labios carnosos… Una bestia -exageró Ricardo.

-Hablás de minas como si fueras un pajero -bromeó él.

-Es que desde que se ve todo lo que pasa en la habitación, estoy


enloquecido. Los pendejos se cogen todo.

Vaya suerte de uno, pensó Manuel. El intentaba despabilarse,


deshacerse de los malos pensamientos y su amigo le convidaba una
sesión de chabacano voyerismo.

-Vamos. No perdés nada con ver. Relajate. Desconectate de una vez.

Manuel ya se había acostumbrado tanto a las mentiras de Ricardo que


creyó que ni siquiera era necesario contradecirlo.

-¿No me crees? Resulta que hay una pendeja tremenda ahora en una
de las habitaciones. ¿Querés comprobarlo?

El sexagenario lo sobró con la mirada. A papá mono no le iban a


vender bananas.

-Está más buena que un lunes feriado. En serio. Te juro que nunca vi
unas carnes iguales. Lejos es la mejor que se clavaron por lo menos en
los últimos dos meses. Vení a comprobarlo. Total ¿qué perdés?

Tenía razón Ricardo, al fin y cabo. Sin ánimo de llamar a sus fatos y
Desganado, el veterano tano que ya lo había visto todo en la vida
esperaba encontrarse con otro patético espectáculo digno del peor de los
pajueranos.

-Vení -decidió finalmente Ricardo conduciéndolo a una habitación.


Dejaron los bolsos que habían tomado para salir y Ricardo cruzó la
sala hasta un vestíbulo atravesado por un pasillito que conducía a las
habitaciones interiores. El señor se detuvo antes de llegar a una puerta
entornada, giró sobre sus talones y miró a su amigo llevando su índice a
los labios, en señal de silencio. Sonrió al comprobar la sorpresa instalada
en el rostro de Manuel escuchando los primeros gemidos. Era una voz
conocida, sin dudas. Sus jadeos suaves, rítmicos pero tranquilos,
rezumaban satisfacción y una paz que no era coherente con las
estridencias orgiásticas que siempre le refería su amigo.

Sin embargo, aunque la calma regía el acto que se consumaba al otro


lado de la puerta, era la primera vez que Manuel comprobaba que
Ricardo no mentía y se sorprendió con lo rápido y fácil que la situación lo
excitó. Ricardo no pudo saber que el muchacho que se deshacía en
caricias era el hijo de Manuel y que la “minita más buena que un feriado“
no era otra que Luana, su novia. Manuel se cuidó de no revelarlo pese al
shock que experimentó. Un calor le subió de repente por la entrepierna y
quedó evidenciado en un rubor que ya no pudo simular. Ahora que los
jadeos se hacían más acompasados e intensos y lo ponían cada vez más
nervioso. Ricardo lo advirtió claramente y se hizo a un lado cediéndole el
lugar a su amigo el lugar para que se asomara a espiar.

Al mirar por el mínimo resquicio que dejaba la abertura dejada adrede


vio a Luana desnuda, desparramada en la cama, boca abajo, y al bueno
de Roberto prendado de sus muslos, con el rostro enterrado en su
entrepierna, haciéndole un cunnilingus. Era una imagen de entrega tal
que procuró no hacer el más mínimo movimiento para evitar que un ruido
interrumpiera lo que pasaba. Las generosas piernas de Luana, abiertas
como si fueran un compás, estaban en una rigidez extrema que hacía
que se marcaran los músculos bien definidos de los muslos y de las
pantorrillas, una particularidad de su físico; un cuerpo de yegua esculpido
en agotadoras sesiones en el gimnasio.

Físicamente, Luana se parecía algo a Mónica, una ex novia de su hijo,


aunque sin dudar ella estaba tremendamente más buena y al
contemplarla una parte de él se vio reflejada en la escena, como si se
transportara a la habitación de repente. Nunca había practicado esa
peculiar posición con ninguna de sus muchas amantes, recordó. Porque
más allá de la excitación nacida por aquello que veía, la imagen de
adoración de su hijo perdido entre las nalgas de su novia le provocó un
genuino sentimiento de ternura, de absoluta pertenencia de su vástago a
su hembrita, que dudas había de eso.

La escena reflejaba con autenticidad irreprochable quien era la dueña


del pequeño gusanillo de su hijo, al punto que nadie -y mucho menos
otra mujer- podría llegar a considerarlo un objeto de deseo.

-Vámonos de aquí -dijo finalmente- no va a pasar nada más.

Ricardo se sorprendió con la actitud de su amigo. Le había parecido


que se había excitado tanto como él aunque luego dejara.

-¿Viste las gambas y el culo de esa bestia? Hija de puta pero ¿que
comen estas pendejas?

-Cerrá el pico boludo. Ni siquiera la conocés. No sabés si puede ser


una buena mina. Lo único que hizo la pobre fue confiar en el boludo que
la trajo a este antro.

-Podrá ser buena mina pero es un bestión. Un camionazo todo terreno.


Primera vez que la veo.

-Y me parece que va a ser la última.

-Hijo de puta el pendejo que se la va a coger.

Manuel estuvo a punto de revelarle la verdad pero otra vez, prefirió


callarse.

-¿Y quién dice si se la va a coger?

-¿Cómo?

-Me jugaría que no. No le veo piné, no le da la nafta para manejar un


mujerón así, ese “camión”, como vos le llamaste.

-¿Pero no estás de acuerdo?


-Estoy… puede ser. Linda piba.

-¿Sabés lo que daría por cogerme una así?

-Yo también… murmuró Manuel.

-Vos ni en tus sueños te cogerías una así. Sos igual que ese inútil.

Cuando se despidió de Ricardo después de la cargada, una incipiente


sonrisa empezaba a dibujarse en el rostro de Manuel. Algo empezaba a
maquinar su cabeza turbia. Una idea disparatada por lo que acababa de
ser testigo. Tal vez, al fin y al cabo, algo le debería en el futuro a su
amigo.

-Debe ser una brava.

-¿Cómo brava? -se intrigó Manuel.

-Apasionada.

Manuel miró a su amigo de toda la vida Ricardo de reojo. Como si lo


sobrara.

-El que debe saberlo bien es Roberto ¿no?

Lo miró otra vez con incredulidad manifiesta.

“No puede saber nada ese”, estuvo a punto Manuel de decirle pero a
último momento se contuvo. Por alguna razón, sentía que a veces debía
mejor callarse delante de Ricardo. Lo conocía de sobra.

-¿Y se puede saber de dónde sacas semejante conclusión? -quiso


saber sin embargo.

-Por los rasgos asiáticos y el color de su piel…


A Manuel le llamó la atención el razonamiento del volado de Ricardo.
Era un hombre leído, culto y poseedor de una pequeña empresa como él
pero también un buen parlanchín.

-Si te lo digo yo, ponele la firma que es así. Raramente me equivoco


en eso-redobló la apuesta.

-No quiero que mi firma quede afectada…

-Dale… no jodas. Tiene una mirada de gitana, su fisonomía no es


simétrica, fijate. La nariz es un poco más grande que lo usual en una
mujer, los ojos rasgados y los labios son más bien gruesos…

-¿Y?

-Son rasgos moros. El color de la piel es aceitunado, no como los


morochos de aquí, el cabello renegrido. Buena mezcla.

-Le hiciste una radiografía. ¿A qué querés llegar?

-Me jugaría que la novia de tu hijo tiene sangre árabe.

-No es necesario jugarse. Su apellido es árabe. Y su nombre también.

-Las turcas son tremendas, amigo. En la cama. ¿No lo sabés?

Manuel sonrió por primera vez. Esperaba que la perogrullada de


Ricardo llegara de momento a otro, sin tantas vueltas.

-Las turcas son una cosa. Las árabes otra. Sabelo.

-Para mí es turquita… y listo.

-Su abuelo vino a la Argentina desde Yabrud, Siria. Lo contó la noche


que vino a casa con Roberto-lo interrumpió Manuel en procura de
finiquitar el disparatado razonamiento de su amigo jugando a ser
Sherlock.
-Eso sin contar el lomo que tiene. Decime, ¿hace ejercicio?

-Todo el tiempo. Taebo y spinning creo. Se entrena duro a diario- dijo.

-Por las chuncas y el durazno que tiene me daba cuenta.

Manuel volvió a sonreír, agitando la cabeza.

-¿Cómo llegamos a esto? -preguntó.

-Por vos, boludo -respondió Ricardo- por haberte hecho el sota y no


confiar en tu amigo.

Manuel lo recordó con desgano. Una sensación de desagrado le cruzó


el rostro.

-Debiste contarme desde el inicio a quien espiábamos.

-Me dio… pavura. Es mi hijo.

Tal vez no había hecho bien en decírselo pero estaba ya hecho. ¿Por
qué lo había hecho? No tenía la más mínima idea. Imaginó que abriría
una caja de pandora. Y así fue: desde entonces las referencias a Luana
de parte de Ricardo se convirtieron en inevitables. La filosa lengua de su
amigo encontraba siempre adjetivos calificativos a los atributos de la
novia de su hijo. Preguntaba todo el tiempo. Se volvía pesado de
repente.

Manuel se preguntó porqué se lo había dicho si él mismo, en una


forma simbólica, hacía todo lo posible para evitar el tema. ¿Solo porque
la chica llamara un poco la atención era motivo suficiente para convertirla
en motivo de bajas especulaciones de dos viejos? Manuel no tenía la
respuesta.

-¿Vos te lo planteás como posibilidad o a mí me parece?- preguntó


Manuel. Ricardo se quedó mudo de repente.
-Digo, de verdad -siguió Manuel curioso- ¿tu podrida cabeza elucubra
algo que te haga pensar que podes tener algo con ella?

-¿Por qué no?

Manuel lo miró con desagrado.

-Primero por ser quien es para Roberto. Segundo, porque tenés casi
sesenta años y ella apenas veintitrés.

-Tengo cincuenta y cuatro, igual que vos…

-No podés estar hablando en serio.

Ricardo lo miró con el orgullo de varón herido.

-¿No viste como me saludó la otra vez?

-Era una reunión. Estaba conociendo a la familia de su novio. Fue


amable como lo sería cualquiera en una situación igual.

-Me saludó bien a mí. Mejor que a vos. Y eso que no sabe que la vi
cogiendo…

-Bue… cogiendo… lo que se dice cogiendo…

-Aunque vos la viste más… ¿no? Desde que te dejé que miraras no
dejaste más el puesto de vigilancia. No me dejaste ver más.

Era verdad. Por alguna razón, se había quedado inmóvil delante de la


escena.

-¿Por qué? -insistió Ricardo- ¿Tenias vergüenza?

-Mucha.
Pero además también tenía un hueco enorme en la imaginación por
donde se filtraban las imágenes de la situación de la que había sido
testigo, recreadas cada día por Ricardo que se encargaba de
comentarlas.

-Mirá si teníamos una cámara -dijo Ricardo.

Manuel volvió a mirarlo como se mira a un degenerado.

-¿Qué me mirás así? -rio Ricardo- tendríamos un registro de ese


momento sublime y nos sacaríamos las dudas que tenemos.

-¿Que dudas?

-Si está tan tremenda como imaginamos que está. ¿Te parece poco?

La cortina y la ventana semi cerrada de su habitación filtraban la luz de


la tarde de verano y dejaba, al cuarto, en una silenciosa y agradable
penumbra. La suave y refrescante brisa del ventilador de techo
acariciaba su cuerpo desnudo tendido justo en medio de su lecho. La
fotografía no mentía. Ella se encontraba boca abajo y totalmente
relajada. Sus ojos cerrados como si su mente vagara entre el sueño y la
conciencia hasta escuchar el pequeño ruido de un click y de la ventana.

-Pensé que se había dado cuenta de que la espiaba

Ricardo lo escuchaba atentamente. Estaba concentrado en los detalles


del relato que sabiamente hacía Manuel de su experiencia. Porque
amigos eran los amigos, Manuel no había podido contenerse a revelarle
la verdad.

-Si hubiéramos llevado la cámara entonces ya estaríamos más


avanzados.

Fue antes de que empezara a aficionarse a espiarla. Cuando venía a


casa, cada vez más seguido. Debía ingeniarse para encontrar el
momento justo. Primero fueron algunas noches en que a propósito
llegaba del trabajo más temprano, para ver si podía sorprenderla en el
baño. Después, provisto con la cámara que le había dado Ricardo.
-¿Has hecho todo como te dije? -quiso saber Ricardo.

Realmente era poco lo que había podido hacer. Fotos de ella en ropa
deportiva mientras hacía ejercicios en la casa; unas cuantas poses
osadas por los movimientos de elongaciones que siempre practicaba con
obsesión: “gimnasia para endurecer la cola”, explicaba ella alegremente.

-Como si le hiciera falta, hija de puta -sarcástico Ricardo comentaba


escuchando atento el “parte” de su amigo.

Había conseguido también fotos de ella con falda y audaces jeans


súper ceñidos que usaba con remeras color flúor que parecían elegidas a
propósito un número menor a la de su talla real. Esa circunstancia,
creaba el efecto que las tetas estiraran al máximo la tela de la prenda. Si
debían atenerse a sus orígenes sirios – Ricardo había leído interesado
en el tema-, las musulmanas estaban obligadas a preocuparse por sus
vestimentas y su apariencia según el Islam, pero jamás podían irse a los
extremos haciendo una exhibición licenciosa.

-A lo mejor Luanita es pecadora.

En cuanto a lo de los ejercicios físicos por los que tanto se


obsesionaba en hacer también tendrían una razón de ser, según Ricardo.
Resultaba que también según había leído, la mujer musulmana tenía una
tendencia a mantener su buena condición física y energía, de acuerdo
con el Islam. Por ello, según siempre Ricardo, no era extraño que Luana
siguiera un plan organizado de ejercicios apropiados para proporcionarle
a su cuerpo agilidad, belleza al solo efecto de satisfacer al quien la ha
tomado por esposa, predisponiéndose en el afán de que sus
necesidades sexuales fueran satisfechas.

-Mirá lo que le espera al paparulo de tu hijo. Dios le da pan al que no


tiene dientes.

Ricardo había conseguido una diminuta cámara con una lente que no
hacía siquiera ruido cada vez que disparaba. Tenía un alcance muy
bueno que permitía que se tomaran buenas fotografías sin importar la
distancia en la que se estuviera.
Las tomas empezaron por lo general desde escondites improvisados
encontrados por el paciente hombre que a veces esperaba un buen
tiempo, para fotografiarla por lo general desde atrás, para conseguir el
premio de un primer plano del trasero que reventaba sus pantalones. En
silencio y de forma automática, había ido paulatinamente volcando las
fotos en una carpeta de archivos que escondió en una infinidad de otros
archivos dentro de su computadora.

Pero tal vez la mejor secuencia de todas la había obtenido una


mañana de sábado en que se vio obligado a regresar desde su oficina
tras descubrir que se había olvidado su portafolio. Entró a la casa a
media mañana y cuando estaba por irse sintió que alguien estaba en la
cocina. Intuitivamente, tomó la cámara escondida en un cajón y se
apresuró a ocultarse detrás de los sillones, arrodillado cuando la vio
aparecer desde la cocina. Luana estaba totalmente desnuda, solo llevaba
unas ojotas como si acabara de levantarse e iba con el cabello sujetado
en cola de caballo y un vaso de jugo en la mano.

Su paso por el living admirado desde el escondrijo por el fisgón quedó


registrado en cerca de 15 fotos; desde que venía casi de frente hasta que
se iba de espaldas hacia el dormitorio. Había trasnochado con su hijo sin
duda y tal vez acababa de levantarse. O mejor aún, existía la posibilidad
de que ella y Roberto hubieran estado haciendo el amor hasta hace unos
minutos aprovechando la soledad de la casa.

Ansioso de repente ante esa posibilidad salió disparado al fondo


trasero que daba a la habitación de su hijo solo para ver si podía captar
algo más desde la ventana. Por desgracia para él, todo estaba cerrado y
no pudo ver nada más. ¿Seguirían acostados? Era jugado ir hasta la
puerta y apoyar su oreja para ver si los escuchaba. También intentar ver
por la mirilla de la puerta, como ya lo había hecho.

-Me dio no sé qué… cosa -admitió Manuel

-La otra vez te quedaste diez minutos mirando no te dio nada -rio
Ricardo-dale… hay que animarse más. Vamos bien.

Tan bien que en los siguientes días, Manuel intensificó las vigilancias
en la casa tal como Ricardo se lo había aconsejado con el objeto de
poder obtener más fotografías. Aprovechaba los momentos de la tarde
en que sabía que Nuria no estaría y ese momento podía eventualmente
ser utilizado por su hijo para estar a solas con su novia. En realidad,
había sido otra sugerencia más de Ricardo, cada vez más entusiasmado
con la posibilidad de que su amigo pudiera tantear más la situación.

De manera que, amparado por el sabio consejo de su amigo, y


cuidándose de no cometer errores, el plan fue avanzando con notables
hasta conseguir verla envuelta en una toalla una mañana en la bañera,
sabiendo muy bien que antes de haberse echado como de costumbre, él
se las había arreglado para treparse a una silla y espiarla por el vidriado
de la puerta. Así, conteniendo la respiración la vio enjabonarse las partes
sumergidas en el agua que hacían pequeñas olas con sus movimientos,
desplegando los brazos y dejando al descubierto sus pechos generosos
por unos segundos.

Y todo habría continuado igual si no fuera por la ocasión en que Luana


se percató de un ruido detrás de la puerta mientras se duchaba y
pensando que podría tratarse del perro, salió en forma intempestiva
sorprendiéndolo parado delante de ella que se cubría apenas con una
toalla. Él se quedó mudo sin reaccionar mientras ella gritaba asustada lo
que hizo que saliera por poco corriendo.

Solo al cabo de unos minutos, él se apareció por el comedor y la


buscó en el dormitorio. Ella le preguntó que hacía. Él se quedó otra vez
callado antes de hablar. Se dio cuenta que hubiese sido fácil mentirle que
todo había sido un lamentable y bochornoso accidente.

-¿Y eso fue lo que hiciste?-le preguntó Ricardo intrigado.

Le dijo que le había sido imposible no concebir la idea cuando una vez
por error se la encontró en el comedor a punto de entrar a la ducha. Ella
no lo había advertido. Le describió como estaba vestida que hacía y
como la siguiente vez sin pensarlo demasiado empezó a hacerle
fotografías a la distancia. Entre fastidiada y avergonzada ella quiso saber
desde cuando había empezado esa costumbre. Desde hace mucho,
confesó en un murmuro, él. Desde hacía un tiempo, ella aparecía en
todas las fotos inimaginables, habidas y por haber en un registro que se
había venido realizando hacía ya varias semanas, tuvo que reconocerle.
Sorprendida, ella le preguntó cómo había conseguido tomar las fotos y
él le respondió que era su secreto. Ella no daba crédito a la cantidad de
fotos que tenía en su poder, más que las que podría haberle tomado
Roberto en los meses que se conocían. Ya llevaban más de media hora
viendo las imágenes cuando ella le interrumpió. Le pidió que solo le
enseñara aquellas donde ella estaba “en una situación comprometida”.

El abrió varias carpetas hasta llegar a una última donde se


acumulaban las imágenes que ella le solicitaba: eran varias docenas que
habían sido acumuladas a lo largo de semanas de espera paciente en
busca de una oportunidad de hacerlo. Ella le preguntó sorprendida
cuando era eso: el respondió que se había memorizado sus rutinas luego
de llegar del gimnasio y luego pasar al baño. Pese a que las fotos la
mostraban, en efecto, sin mucha ropa, no había una sola fotografía que
la hubiera retratado de cuerpo entero como hubiese él querido.

Ella, sin embargo, quiso estar segura y repasó varias veces la fila de
imágenes para estar segura. Estaba enojada y a la vez avergonzada. De
pronto, advirtió que estaba en un brete. Si acudía a Roberto lo más
probable era que se generara un escándalo donde muchas cosas
tendrían que explicarse.

-¿Estás loco? -lo miró Ricardo extrañado- No le dijo nada al Roberto…


¿sabés lo que significa eso?

-No… -respondió él, inocente.

Ricardo suspiró mirándolo incrédulo.

-Que vas bien… vas muy bien – Ricardo se emocionó como un niño al
hablar.

-¿Te parece?

-El paso siguiente -le dijo Ricardo- es hacer que ella no sospeche de lo
que pretendes.

-¿Y qué es lo que se supone que pretendo? -preguntó Manuel.


-Fotografiarla desnuda -se relamió Ricardo- Dejá que piense que lo
que pasó no va a llegar más de eso. Deja pasar un tiempo.

Ricardo parecía más entusiasmado que nunca.

-El panorama es inmejorable si es verdad lo que contás. ¿Quedaste en


algo?

Manuel le contestó que nada más habían hablado.

-Después de un tiempito… tenés que volver a intentarlo. ¿Te animás?


Decime ¿cuándo es el mejor momento?

Pese a que se lo había precisado cuando ella se lo preguntó, en los


siguientes días Luana no había alterado su rutina de llegar a la casa
después del gimnasio.

-Cuando vuelve de spinning. Arroja la ropa y se baña.

-Deberías haberte arriesgado. Valía la pena -dijo Ricardo


lamentándose.

-Ya está. No soy como vos.

-Claro que no lo sos, jaja y nunca lo vas a hacer.

Manuel se mordió en silencio.

-Los dos sabemos que recurriste a mí. Que fuiste vos el que me
buscaste. Es más: esto no te hubiera pasado nunca sin mí, aceptalo -lo
hirió otra vez Ricardo- pero bueno… aprovechá… que hoy estoy
enseñando gratis.

Volvió a mirar a su amigo Ricardo otra vez. Siempre tan buen amigo.
Lástima que arruinara siempre todo con su soberbia.

-A lo mejor en tu situación, yo estaba avanzado varios casilleros.


Roberto estaba imposible. Abroquelado en un hermetismo propio de
su mal genio en determinadas situaciones. Todos la conocían bien.
Incluso su novia que sabía que no debía siquiera dirigirle la palabra en
ocasiones como esa.

-Está insoportable, como siempre.

-Dejalo, ya le va a pasar. Como siempre. Siempre es igual.

El le hablaba procurando distraerla pero Luana seguía sumida en su


propio fastidio contagiada por Roberto. Se había dejado llevar por su
pésimo humor.

-Me tiene harta el fútbol. Me cansan esas cosas-protestó.

Tres a cero. El equipo de Roberto había perdido por tercera vez


consecutiva. Sin atenuantes. Con baile. Y el fanático no quería ni que le
hablaran. ¿Podía ser eso posible?, se preguntó Manuel.

-Te entiendo. ¿Por qué no vamos… a…? -le insistió.

Luana lo miró como para que no siguiera. Pensó que eso podría llegar
a aliviarla. Pero el fastidio de Roberto ya la había contagiado al punto de
ser ya inevitablemente tarde. Cambió de tema haciéndole ver que no
estaba de humor para nada.

-Cuando nos casemos no me va a dar bola-se lamentó en voz alta ella.

Roberto no le había dicho una sola palabra, incapaz de ceder. Ella le


había pedido especialmente varias cosas que él sin embargo había
olvidado. Y todo tenía una sola razón de ser. Su equipo había perdido y
el no estaba de humor. Luana se dio cuenta que hiciera lo que hiciese
esta sería una cosa que no podría ser resuelta en su futuro con Roberto.
Que cada vez que su equipo perdiera, él encontraría una razón para
ignorarla totalmente. Sacar la basura, darle de comer a los perros,
ponerle agua al gato, regar las plantas. Manuel lo supo: eran los detalles
en apariencia insignificantes los más importantes para Luana.
Saberlo le despertó un nuevo morbo especial. Era lunes y Roberto se
iba de viaje a Buenos Aires hasta el jueves, odioso sin dirigirle la palabra.
Su equipo había perdido otra vez y ella sabía muy bien lo que eso
significaba. Que no iba a salir y se iba a acostar sin hablarle. Lo mismo
de siempre. Al traerla de regreso del aeropuerto tras despedirlo Manuel
vio dibujada en el rostro de Luana la misma idiotez de su hijo. Llevaba
unos jeans y una remera escotada ajustada pero su rostro estaba
contagiado con su mal carácter. Volvió a preguntarle si podía ayudarla en
algo.

-Deje nomás. Él no va a cambiar es así.

¿Era posible que el tarambana lo arruinara todo?

-Te llevo a merendar. Si querés…

-No deje… Ya hizo bastante.

Pero tendría que hacer más. Porque aunque lo intentara, se dio cuenta
de que ese día no iba a conseguir mucho. Ni al día siguiente. Ni pese a
que Roberto se quedara tres días en Buenos Aires. Y todo por un
estúpido partido. Ese día, por primera vez, Manuel, que nunca se había
interesado por el fútbol deseó que River hubiera metido al menos dos
goles.

Esa misma tarde de viernes fue a ver a su amigo. Estaba ansioso y sin
saber qué hacer con sus ganas de león enjaulado que Ricardo dilucidó
en el acto.

-Necesito contarte algo, creo que metí las pata hasta el caracú -le dijo
Manuel ya instalado en el living.

Ricardo se alarmó. Venía planeando cuidadosamente a través de las


semanas la forma en que su amigo debía actuar para que nada malo
sucediera. Luego de los últimos avances no estaba en sus cálculos un
retroceso.

-El otro día Luana accedió a que le hiciera más fotos -le comunicó
Manuel.
-Supongo que me estás jodiendo.

-No… no te jodo. Nos quedamos solos en casa. Roberto se fue a


Buenos Aires y ella estaba molesta con él.

-Supongo… que las traés -se entusiasmó nervioso Ricardo.

-No se me ocurrió…

-¿Vos me tomás de boludo? Le hiciste ya decenas fotos y nunca se te


ocurre. Ni siquiera he visto las otras. Tu nuera está más buena que la
cresta. De solo pensar en que me la voy a coger bien pronto me saca de
quicio.

-No hablés así. Recordá que es la novia de Roberto.

-No jodás. Dale seguí contando.

Manuel lo miró con cara de disgusto pero al cabo supo que no podría
razonar con Ricardo.

-El otro día que te cuento, le pregunté si -empezó Manuel ante la


expectante mirada de Gustavo.- me dejaba verla cuando se cambia…

-¿Y? ¿Qué te dijo?

-Que me dejaba.

-¿Viste?!!! Lo sabía, sabía que la muy no podía ser tan decentita con
el lomo que tiene- el entusiasmo de Ricardo solo se contrapesaba con el
desgano de Manuel en ese momento – ¿y? ¿y? dale viejo de mierda
contá todo, no te lo guardes

-Le pedí que me dejara mirar cuando hiciera el amor con mi hijo -
bromeó Manuel.

-¿Qué? -Ricardo no pudo creer que se hubiera animado a tanto- ¿Y te


dejó?
-No, al principio se mostro molesta y yo reaccione disculpándome
como un chico que sabe que lo van a cascar.

-¿Al principio? ¿O sea que luego los viste? ¿Como la otra vez en el
telo?

-Bueno… un poco

-¿Y? Contame

-Igual que la otra vez.

– Jaja… te dije… lo sabía. Confirmadísimo. No la coge. No le toca un


pelo. ¿Viste que lo que digo se cumple?

-Y… puede ser -admitió Manuel resignado.

-¿Estaba en pelotas? -pregunto Ricardo con relamida malicia- Dale…


decime como es en bolas, ¿Cómo tiene esas tetazas?, ¿las tiene tan
firmes y redondas como parece?

-Las tiene exactamente como te lo imaginás. Llevaba el short del gym


pero ya se lo había quitado. Se veía bella con tacos y ese ajustado
shortcito que apenas le cubría el culo que tiene -las palabras salían como
si nada de Manuel de solo recordarla- porque vos ya viste el culo que
tiene-completó sintiéndose un viejo verde baboso. Ella estaba cruzada de
brazos mientras él se deshacía otra vez en disculpas pensando que la
había cagado esta vez en serio.

-Tuve que dibujarla diciéndole las excusas más boludas. Pero no la


convencía. Ni la convencí.

-Extraña tu actitud.

-Vos no la conocés. Es muy terca cuando se enoja.

-Vos sos medio boludo me parece. Que decías que te volteás a esta y
a la otra.
-Pero… es la mujer de mi hijo.

-Ja, si tenés razón… para vos es la mujer de tu hijo. Para mí es una


hembra infernal que me tiene loco desde que la vi.

-No seas enfermo. Si hago esto es por vos, nada más.

-Está bien. Pero… nadie en sus cabales puede darse por vencido.

-¿Vencido de qué?

-¿No lo entendés verdad? Si Luana llegara a coger con alguien que no


sea Roberto, no la para nadie. Te lo firmo donde quieras.

-¿Cómo?

-Es la regla clásica. Si conociera el placer lo hará con quien quiera, te


repito: no la va a parar nadie.

-No sabés lo que decís. Estás loco.

-Me animaría a decir que se acerca ese momento. ¿No crees?

-Ricardo, parala. Me dio la cana haciéndole fotos. Me dejó luego que la


siguiera fotografiando. ¿Y vos querés más?

-Por eso boludo… ¿crees que me voy a contentar mirando unas


fotitos?

-Me parece cualquiera. Una cosa es espiarla y otra pensar algo más.
Somos dos viejos verdes. En serio.

-¿Vos lo viste al boludo de tu hijo? Si se la ganó el…

Manuel no pudo más que guardar silencio. Sabía que Ricardo tenía
razón.
-Incluso vos. Que seas el padre de Roberto no quiere decir que no
seás hombre.

Ricardo siempre tenía razón.

-¿Y? no te quedés callado. ¿Qué pasó? -Lo incitó Ricardo.

-La cagué me parece. Eso. Que la cagué. Yo te lo había adelantado.

-Pero contame boludo que pasó.

-Pues no sé. Quise probar que tan preparada estaba para la propuesta
de hacerle otras más fotos pero cuando le golpeé su puerta me apartó de
un empujó y me mandó a volar de la habitación -el tono de Manuel
denotaba su disgusto- estaba tan cerca… tan cerca.

El silencio de la desilusión se impuso de inmediato. Ricardo no lo pudo


creer sencillamente. ¿En realidad había jorobado el asunto?

-La cosa no termina ahí-siguió Manuel preocupado -Hoy me dijo que


no quería que la fotografiara más. Que nuestro acuerdo se cancelaba.

-¿Qué? -respondió Ricardo con el terror estampado en la cara- ¿Cómo


que se cancela? ¿Justo que estamos a un paso de conseguirlo?

Manuel bajó la cabeza, como si estuviese avergonzado.

-Pero ¿qué hiciste boludo? ¿No te dije que debías ser cuidadoso?
¿Qué debías llevarla tranquilo? ¿No seguiste mis consejos?

-Simplemente pasó-apenas murmuró Manuel -lo lamento.

-Lo que no entiendo es que hiciste mal. Si seguiste cada consejo. La


venías chamuyando bárbaro, se estaba animando y de repente ahora
sale con esto. No se entiende qué carajo pasó.

-Y… no debía pasar. Te dije que era algo malo en lo que nos
metíamos.
Ricardo se quedó en silencio, sin saber que decir, sin poder creerlo. Al
fin y al cabo, todo parecía que estaba perdido. Nada podía hacerse.

-Quiero las fotos de la última sesión -dijo levantando la cabeza hacia


su estúpido amigo- Y no quiero unas cuantas vistas rápidas en tu portátil.
Las quiero todas en CD para poder disfrutarlas en la privacidad de mi
habitación. Quiero verla en bolas, quiero ver clarito esas gomas terribles,
ese culo grande y la impresión que seguramente puso de zorrita de solo
dejarse fotografiar.

La expresión del rostro de Ricardo al hablar era inequívocamente


intransigente. Ya conocía de sobras a su amigo cuando se enojaba de la
forma en que lo hacía. Manuel entendió que si no hacía lo que le pedía,
su amigo era capaz de hasta ir a hablar con su hijo.

.Está bien, te las traigo. Tenés mi palabra.

-Basta de palabras. Quiero las fotos, luego hablamos.

La charla entre los amigos terminó de forma abrupta y solo se


reanudaría al cabo de unos veinte minutos, luego de que Manuel se
sentara frente a su notebook. En su mano tenía el cd virgen y aún no
acababa de tomar una decisión. Vio las fotos de la última sesión en la
carpeta que sabía esconder bien. Recordó la tonicidad de las distintas
partes del cuerpo macizo y el color aceitunado de la piel. Puso el cd e
hizo transportó las copias de algunas fotos a un pen drive que recibió su
amigo.

-¡Dios santo… mirá lo que está!… -Ricardo no cabía dentro de su


sorpresa admirando las fotos- tenía razón… la muy… lo disfruta. Le
gustó. Por eso no lo entiendo.

¿Cómo lo notaba supuestamente? Manuel enmudeció. La rabia que


sentía al enseñar las fotos de Luana lo estaba matando.

-Bueno, ya está. Ya tenés lo que pediste, ya estarás satisfecho.

-¿Que querés decir?


-Que se terminó acá. Listo. No quiero saber más nada.

-Pará boludo. No podés arrugar ahora. Estamos cerca.

-No… esta es una señal. No podemos seguir. Si llega a contarle a


Roberto se arma la gorda.

-No va a contarle nada.

-Nuria me mata. Mi hijo me odiaría de por vida. Me convertiría en un


monstruo. No me lo perdonaría más. Mi conciencia me mataría. No soy
como vos.

-Porque vos sos un boludo. Pero te dije que yo no me equivoco nunca


en esto. Ella lo disfrutaba. Te pidió que le hicieras la sesión de fotos, ¿no
es así? Se nota que lo disfrutaba.

-Si querés decir que es una puta hacelo sin rodeos.

-No digo eso. Lo que creo es que si te dejó una vez lo menos, te
puede dejar hacer lo más.

-No… yo no debí dejar que me convencieras a hacerlo. Fue un error


mío.

Ricardo lo miró incrédulo por unos segundos.

-No… si yo sabía que lo de nabo era de familia. De tal astilla, tal palo.

-Te dije que no estaba seguro de esto. Mi hijo está en el medio. No


entendés.

-Tu hijo tiene cara de tremendo cornudo. De vos pensaba distinto pero
sos igual. Volvé a tus domingos de ajedrez.

-No creo que esto pueda llevar a nada bueno Ricardo, entendé.

-Mandate a mudar de acá. Sos un boludo a cuerda. Me convencí.


¿Su amigo lo corría? ¿Después de tanto tiempo? ¿Estaba escuchando
bien?

-Y de las fotos olvidate. No te las voy a devolver. Y si me volvés a


romper las bolas voy a ir directo a tu nuerita a enseñárselas. Y a que no
sabés que le voy a decir sobre como las conseguí.

¿Chantaje? Que bajo podía llegar a caer la amistad de toda la vida


entre dos hombres solo por chiruza. ¿Chiruza le había dicho? Sí, aunque
se tratara de la novia de su hijo más grande, no creía que durara. La
pescaría él en alguna infidelidad o tal vez ella lo largara aburrida de la de
una relación monógama. “Los pendejos eran así ahora… todo era light”,
razonó.

Pero fuere como fuere, Manuel abandonó la casa de Ricardo con la


certidumbre de que ya lo había convencido. Que no vería por un buen
tiempo a su amigo y que nunca más le hablaría de su nuera. Satisfecho,
recordó la charla mantenida poco antes de que “él lo echara todo a
perder”.

-Siempre fui calentón -le dijo Ricardo hace dos semanas- desde que
tengo memoria. Por eso pocas cosas me angustiaron tanto cuando tuve
que hacer el servicio militar. Me puse loco de solo imaginar que estaría
en cuarentena obligada.

Ricardo hizo una pausa y se sentó antes de seguir.

-Y sin embargo, nada pasó. Por extraño que pareciera estuve meses
sin que tuviera necesidad ni de hacerme una paja.

Manuel se quedó esperando el final de la historia.

-Supe la verdad cuando nos dieron la baja. Lo que nos dejaba mansos
era un desinhibidor que nos mezclaban con la comida. Una droga que
hacía bajar la libido en forma instantánea.

Se quedó callado unos segundos antes de terminar.


-Yo puedo suministrártela. Y a vos, no te va a ser difícil dárselo a la
persona indicada.

Era fácil, nadie se daría cuenta. No había resultados permanentes ni


síntomas secundarios. Qué buena idea había tenido Ricardito. No le
haría daño a Roberto y sería solo hasta obtener lo que quería. Su amigo
ya no lo molestaría más.

Roberto empezó a sentirse extraño un tiempo antes. Unos cuatro


meses habían pasado dos semanas cuando terminó por aceptar que algo
malo le pasaba. Con el tiempo empezó a comprobar que su estado
empeoraba. Somnolencia, depresión, falta de ánimo, palpitaciones y una
fuerte jaqueca eran los síntomas que sufría prácticamente, le dijo al
médico. El médico le recetó pastillas y un complejo vitamínico a efecto
que pudiera recuperar la vitalidad que parecía lo había abandonado. Al
inicio pareció recuperarse un poco pero al cabo de unos días, los
síntomas se repetían otra vez sin mayor explicación.

El deseo sexual se había ido. Dramáticamente. Ya no recordaba el


último día en que Luana y él habían mantenido relaciones y todo sucedía
justo ahora que planificaban casarse. Con lógica preocupación y en
absoluta discreción, Roberto buscó la ayuda de un terapista sexual al
que le transmitió en confianza todos sus pesares.

-No tengo deseos doctor.

-¿No desea a su novia?

-No no es eso. No sabría decirle que me pasa pero desde hace un


tiempo no he podido tener relaciones sexuales.

-¿No ha podido?

-No puedo tener erecciones.

-En las cuestiones sexuales hay que ser lanzados, decididos y a veces
hasta impulsivos. Quizás usted se ha acostumbrado a un esquema
rutinario y por eso no puede salir de él.
-¿Y qué puedo hacer?

-Debe sorprender a su novia. Ni más ni menos. No la lleve a cenar o


en plan de cosas similares. A las mujeres es mejor sorprenderlas todo el
tiempo.

-Yo le regalo flores, estoy pendiente de ella. Busco contenerla.

-Hay que dejar los prolegómenos. Las vueltas. Vaya directo al grano -
le sugirió el terapista.

-¿Que quiere decir?

-Vamos hombre, imaginación. Preséntese de improviso. Sin llamarla.


Sin mandarle mensajes de texto. Usted se presenta y quiere hacerle el
amor. Nada más. ¿Entiende?

-Entiendo.

-Usted se siente artífice de su destino. Se siente que nadie va a


pararlo en sus ganas de ir por su novia. De arrancarle su ropa y de…
bueno usted ya sabe.

-Claro… ya lo entendí.

-Abandone los planes. Deje los piropos. Busque en su interior al


hombre que solo quiere acostarse con la mujer. Nada más.

Al salir de la sesión Roberto parecía otro. Se había convencido en


apenas unos minutos que el consejo del terapista era tan bueno que no
valía ni la pena cuestionarlo. Necesitaba ser por una vez en la vida no
tan previsible y convertirse en alguien impulsivo, decidido. Lo haría. Y lo
haría ahora mismo, decidió. Vio la hora y de inmediato se dio cuenta que
Luana habría salido ya del gimnasio. Probablemente ya estaría en casa
haciendo sus últimos ejercicios para ir a bañarse. Ahora que lo pensaba
ella también era un tanto previsible.
Imaginó a su novia en sus diminutos shorts y musculosa de gimnasio
en sus tontos ejercicios de elongación. El alteraría todo ahora y le daría
resultados. Si se apuraba hasta quizás la alcanzara antes que se quitara
sus ropas de gim y le hiciera el amor ahí nomas, con su transpiración en
el comedor, sin que se duchara. Era una buena idea, sonrió de repente,
sintiendo un estímulo en la entrepierna como hacía mucho tiempo no le
pasaba.

Salió disparado en el coche como un autómata en dirección a su casa.


No se estacionó como siempre abriendo el garaje sino dejando el
vehículo en la calle y corrió casi desesperado a través de la puerta. Llegó
al comedor y miró en la sala: ahí en el piso, estaban las prendas que Lu
acababa de quitarse, el shorcito arremangado y la musculosa
transpirada. Lamentablemente ya estaba duchándose. La buscó en el
baño sin encontrarla y cruzó el pasillo hasta dar con la puerta de su
dormitorio cerrada. Estaría arreglándose, pensó.

Pero al abrir la puerta de la habitación Roberto se estrelló con la


realidad más brutal que hubiese podido llegar jamás a imaginar. La figura
de un hombre iba acomodando detrás de los globos que sobresalían de
la pose arqueada de su novia: el rostro de Luana estaba hundido en una
almohada y sus caderas furibundas estaban levantadas y ofrecidas a su
padre que en medio de bufadas y roncos quejidos inentendibles la
bombeaba sin parar al tiempo que no permitía que se moviera un
milímetro de la posición en que la tenía sometida.

En posición enteramente dominante, su padre la rodeaba con sus


brazos recostándose encima de las enormes ancas de ella; así le daba
furiosos empellones que la movían en seco hacia adelante. Al abrirse la
puerta, Luana había levantado la cabeza asustada y lo miraba con el
rostro desencajado.

-Ay… ay… no te vayas a enojar por favor.

-Tranquilo hijo… respirá profundo. Respirá y exhalá.

Roberto se quedó de piedra incapaz de moverse y de articular una


palabra ante el tremendo espectáculo.
-No es lo que parece, Ro.

Lo primero que vio fue la ancha de su padre de pie que rápidamente


tomó una sábana para cubrirse. Por su forma de moverse se dio cuenta
de que estaba cogiéndose a Luana. Ella de espaldas, estaba apoyada
sobre la cama mientras era sujetada de “sus ancas” como intentando de
que se quedara donde él deseaba que se quedase para poder lograr una
mejor penetración.

-No es lo que vos pensás Ro ¡!!ooooh!!.

-Ah ¿no? ¿Y qué es?

-Es un mal entendido. Luana me pidió verme para conversar sobre un


tema de ustedes.

-¡Sí!… ¡siii!… un mal entendido.

-De eso estuvimos hablando hasta hace apenas un rato.

-Y una cosa llevó a la otra… -completó ella

La inesperada irrupción del novio engañado en la habitación no había


causado la interrupción del acto que en la habitación se ejecutaba. Por el
contrario, a Roberto le había parecido que los movimientos se habían
tornado más rápidos desde su presencia sorpresiva

-Eso hijo- Manuel aprovechó la confusión y pasividad de Roberto para


ensartarla un poco más -una cosa llevó a la otra.

-No te dejés llevar por las apariencias, mi amor.

Ahora su padre había abandonado la magnífica retaguardia de ella y


se acostaba boca arriba en espera de que se le subiera encima. Sin que
fuera necesaria una indicación, la nuera se levantó y se asentó en
cuclillas encima de la verga ofrecida como penacho.

-Pero… ¡!Luana!! ¿Qué hacés? ¡Dejálo!


Inmersa en una especie de trance, Luana no escuchaba o no parecía
querer escuchar. Era como un animal desbocado que pistoneaba sobre
la pija erguida debajo de ella a una velocidad sónica y salvaje, como si
estuviera poseída por un espíritu vudú.

-Ya termina hijo, es un momento más, nada más. Ahhh!!

-¡Vos sos un hijo de puta! ¡Callate!

-Cortala Ro… no seas violento…

-Pero… ¿Cómo querés que sea con el turro que me gorrea?

-Ya hijo, no es para tanto… además ya termina… ¡ooooh!!

-El que va a terminar sos vos… y de la peor manera. ¡Ya ahora mismo!
Dejála ya si no querés que pase algo feo…

-Es un momento nada más… Lu, ¿ya terminás?

-No… Manu… todavía no… ohhh continúe un poquito más… me falta


poco creo… ahhh ¿y usted?

-Yo puedo seguirte el tren dos horas más si es necesario amor…

-Entonces siga y no le dé bolilla…

-¿Qué? -protestó Roberto fuera de sí…

El ritmo se aceleró otra vez en los remolinos de las caderas que


hacían círculos violentos para luego retomar un movimiento acompasado
en una cadencia más serena en señal de una profunda penetración. El
novio conocía perfectamente esa forma particular que Luana tenía de
coger, cuando lo estaba pasando bomba. La forma que ahora estaba
conociendo su padre.

-¡Basta! -volvió el novio engañado a gritar- Para ya… pará de


cogértela, para un poquito… por el amor de Dios… te lo pido por favor.
-No me lo digas a mí… la que me está cogiendo es ella -respondió el
padre en referencia a los frenéticos movimientos de la muchacha.

-Dejalo… un poquito más… no seas egoísta… Ro…

-Vos… ¿vos… me llamas egoísta? ¿Qué carajo te pasa? ¡Sos una


desconocida!

-¡Callate! El desconocido sos vos…! hace más de un tres meses que


no me tocás…!! ¿Como querés que esté? -se descargó ella en un tono
de recriminación mientras no dejaba de moverse en círculos encima del
gozoso viejo que la sujetaba de sus portentosos caderones.

-Preciosa… por favor no te vayas a poner mal -terció Manuel- ahora


permitite disfrutar.

Ella miró a su novio con el desconsuelo más atroz instalado en los ojos
como si se deshiciera en el dolor que sin duda le estaba provocando a
Roberto.

-¿Te sentís bien Lu? ¿Querés que paremos? -se animó él a preguntar
al verla dubitativa.

-No… Manuel… siga un poco más -pidió ella volviendo al acto que
ejecutaba -usted no tiene nada que ver, después de todo.

-Tranquilo hijo, es la primera y la última vez que va a pasar…

Roberto no volvió a hablar más. Vapuleado en su orgullo, estaba


sumido en un mar de sentimientos contradictorios que le causaba el
degrado que experimentaba.

-¡Movete así eso!!… ¡más rapidooo nena! ¡oohhh.!!! ¡Asiii!!

-¿Así? -acuclillada Luana volvió a marcar el ritmo de la cabalgada


bestial con las estocadas certeras de su enorme trasero. Sin dudas
estaba más que entrenada por las clases de spinning y taebo que
practicaba a diario, pensó Manuel.
-Eso… así… así… dale que te hago llegar… ¡daleeee que ahora vas a
ver todas las estrellas juntas del firmamentooo!! ooooh

-Si… uuuh primera y últimaaa vez aaaarh… me viene Manu… ¡me


viene!

Manuel aceleró las ensartadas en un mete-saca, sube y baja tremendo


por la pastilla y media de viagra que se había tomado una hora antes
dispuesto a dar la mejor batalla de su vida. Sabía que tenía una sola bala
en la recámara y no estaba dispuesto a desperdiciarla.

—¡¡Nooo por Diosss…!! ¡¡Acabo!! ¡¡Acabooo…!!

Roberto quedó en un completo shock incapaz de siquiera moverse.


Luana -además de adornarle la frente con unas tremendas guampas-
acababa de exponerlo tangencialmente en el punto que más lo
avergonzaba: su falta de deseo sexual en los últimos meses. Pero al
mismo tiempo, el varón herido supo que su novia no había hecho más
que recordarle lo apático y desconsiderado que había sido con ella
últimamente. Lo extraño que se había sentido sin razón en las últimas
siete semanas.

No podía decir, incluso, que la pobre Luana no hubiera puesto su


parte. Muchas veces, desconcertada, ella lo había buscado cada vez que
regresaba a casa con la secreta ilusión de que él reaccionara y se
lanzara sobre ella. Pero el tiempo pasaba y nada ocurría. La sospecha
de que su novio no la encontrara lo suficientemente atractiva empezó a
tomar fuerza en la cabeza de Luana, que se le había ocurrido recurrir al
consejo del papá de Roberto como última alternativa.

-La carne es débil Ro… -dijo ella mientras se reincorporaba tras el


tremebundo orgasmo conseguido- yo sé que no hay justificación para lo
que te hice… pero en este caso, creéme que no hubo nada premeditado.

-Claro que no -dijo Manuel intentando recuperar la respiración.

-Me sentí completamente sola y tu papá simplemente me escuchó.


Nada más que eso.
Al escucharla, Roberto sintió una repentina vergüenza de que su padre
pudiese ahora conocer detalles de su intimidad con Luana.

-¿Vos la escuchaste? -preguntó en retórica Roberto a su padre.

-Sí, lo hizo -intercedió ella- no seas un atolondrado mal pensado Ro.

Roberto abandonó la habitación acongojado. Ella terminó de


cambiarse y fue tras él. Era el momento de dejarlos a solas, y por ello
Manuel se retiró al baño.

En la sala de estar, ella se acercó con cuidado, sabiendo lo herido que


Roberto podía estar en ese momento.

-Todo va a salir bien, mi amor. Vas a ver que sí.

-¿Si? ¿Eso creés en serio?

-Si tenés un problema… disfuncional digo… podemos hablarlo.

-¿Hubiera sido bueno hacerlo antes no?

-Estoy dispuesta a hacer todo lo posible. A lo mejor es estrés.

-Acabás de cogerte a mi viejo Luana. A ver si nos queda claro eso al


menos.

-Tu papá es el primero dispuesto a ayudarnos.

Roberto recordó la charla con Luana sobre los incipientes


inconvenientes económicos que empezaban a tener. Se imaginó en el
acto que esa podría haber sido la treta usada para confundir a Luana y
aprovecharse de ella. Al fin y al cabo, su padre no era más que un
manipulador y explotador de sus empleados. El mismo era una prueba
fehaciente de ello.

-Imagino cómo quiere ayudarnos -dijo con ironía Roberto.


-Me ha contado que manejás varios clientes. Pero no es suficiente
para que puedas conseguir el ascenso.

El puesto de magnagement general había sido un tortuoso anhelo para


Roberto desde hacía años. En pos de ello había sacrificado jornadas
enteras, horas extras, feriados, vacaciones solo para demostrar que
estaba lo suficientemente calificado ante los ojos de su padre. Quizás
fuera eso, dijo Luana lo que lo estaba afectando. Hacía tiempo que
Roberto sentía que su rol dentro de la firma se había estancado y hasta
se había enfrascado en una estresante competencia con su propio
hermano también obsesionado en caerle en gracia a su padre.

-Ro, no entendés -siguió Luana- tu papá me dijo que tenés una


oportunidad.

-Menos mal que lo dijo… trabajo como un burro para él desde las siete
de la mañana.

-Y lo hacés bien hijo… pero todavía te falta para ser yo.

El incómodo comentario de Manuel en el momento de su irrupción en


la habitación dejó un silencio que solo fue interrumpido al cabo de unos
segundos por Luana.

-¿No entendés Ro? Tu papá ha pensado que podés ocupar su lugar


algún día.

-Te tenés que enfocar más. Es lo que le estuve haciendo ver a Luana.

Roberto miró a Manuel como se mira a un hijo de puta.

-Te tenés que esforzar más -le reclamó Luana- ¡Alguna vez vas a ser
como él!

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Luana no entendía. Esforzarse significaba quedar entrampado en el


plan preconcebido para él y su hermano Carlos. Un ridículo compendio
de reglas que había que cumplir a rajatabla para no disgustarlo. Para
satisfacerlo. En la familia se habían pasado la vida haciendo eso. Lo que
él decía. Solo para que los demás siguieran el juego que él planteaba. Y
Roberto ya lo tenía decidido hace tiempo: no ser como él. Por el
contrario, había hecho hasta ese momento todo lo contrario para
diferenciarse de su padre.

Los demás podían ver eso como un absurdo signo de rebeldía y un


sinsentido, pero para Roberto esa resistencia simbólica significaba un leit
motiv de vida. Para eso Roberto se había presentado esa mañana
temprano de improviso: para mantener una conversación con su padre.
Lo encontró como todas las mañanas, en su despacho que, sin embargo,
parecía transformado. Su saco estaba en el piso y él llevaba la camisa
desabotonada, como si acabara de levantarse de una siesta. Roberto vio
la expresión de fastidio dibujada en su padre y lo asoció de inmediato al
hecho de aparecerse sin previo aviso. Tal vez hasta pensara que se
presentaba para pedirle explicaciones: sintió que debía apresurarse a
hablar.

-No es necesario que me des una disculpa -le dijo

Manuel lo miró desconcertado.

-Ya me he olvidado de lo sucedido, por lo tanto, ahórrate los


sermones. No vine por revancha. Tampoco por reproche. Vos sabrás
porqué necesitás hacer este tipo de cosas.

Su padre lo miraba con interés mientras terminaba de arreglarse la


camisa y se sentaba en el sillón de su escritorio.

-Pero tampoco es necesario que le mientas -agregó Roberto, tras una


pausa ensayada.

-Disculpá… -habló por fin Manuel- son las nueve y treinta de la


mañana y mi día aún no comienza. ¿Puedo preguntar a qué te referís?

-A que no quiero que le crees falsas expectativas.

-¿Acerca de qué?
-Acerca de que puedas promoverme. Ambos sabemos que no será
así.

Manuel no pudo estar más de acuerdo y estaba a punto por darle la


razón cuando la puerta que daba al baño de la oficina se abrió y
apareció, rimbombante Luana, que al encontrarse a su novio en la oficina
se congeló de la sorpresa.

-Mi… mi… amor… que… ¿que… tal…?

-Hola -Roberto había cambiado el adusto gesto por una sonrisa- ¿qué
hacés aquí?

Estaba algo despeinada y casi no llevaba maquillaje pese a ser


siempre tan coqueta, sobre todo por las mañanas.

-Te… eh… te estuve buscando… pensé que estarías aquí.

-Pero quedamos en vernos en casa, ¿No te acordás?

-Eeeeh… ah… si, tenés razón. Me había olvidado. Qué pavota…

-Bueno… ya que estás aquí hijo -retomó Manuel- quiero comunicarte


una cosa importante.

Su padre ya se había arreglado el nudo de la corbata y repasaba sus


cabellos alborotados con los dedos frente a un espejo mientras
empezaba a hablarle.

-Primero… me parece valioso que hayas venido a decirme lo que


recién dijiste, precisamente porque tenés toda la razón.

Luana se abotonaba la blusa clausurando el escote mientras intentaba


bajarse su minifalda apretadísima, en un inconfundible gesto que Roberto
imaginó de pudor por la presencia de su padre.

-Va a ser difícil -siguió Manuel hablando- sino imposible promoverte


por ahora.
Roberto suspiró entre resignado y aliviado al mismo tiempo. Ahora su
novia no se haría rollos respecto a una situación engañosa y lo más
probable fuera que se fastidiara con su padre tal como solía hacerlo
cuando se sentía manipulada. Era la aclaración que precisaba.

-Mucho más -siguió razonando su padre- considerando que otras


personas están haciendo tanto o más méritos que vos para ser también
consideradas.

¿Méritos?, se preguntó Roberto, que se había quedado de una pieza,


confundido.

-El estudio del mercado que te pedí… ¿lo recordás?

-Si… -dijo Roberto expectante.

-Si te parece… -siguió Manuel- voy a seguir tratando el tema con


Luana.

-¿Con Luana?

-Es mi manera de reparar lo que sucedió. Me siento culpable. Estoy


dispuesto a sacar tiempo de donde no tengo.

-Pero he estado trabajando en un gráfico para optimizar las ventas -


argumentó Roberto.

-Vos estás demasiado ocupado con los traslados como comisionista -


le recordó su padre.

-Pero pensaba que mi desempeño serviría para obtener…

-Los temas importantes son otros… ¿entendés? -sentenció Manuel

-¿Y de eso vas a hablar con Luana? Ella no sabe nada de esto…

-Pero puedo aprender -intervino Luana de repente- ¿Por qué me


subestimás?
-Mi amor… no tenés estudios universitarios, ni capacitación.

-No es bueno ser machista -dijo Manuel.

-Gracias por apoyarme Manuel… usted sí que entiende -dijo Luana


mirando resentida a Roberto.

¿Qué estaba pasando? De pronto la escena proyectada por Roberto


en su cabeza era muy diferente a lo que sucedía: el fastidio de Luana lo
tenía otra vez como destinatario.

-¿Mi papá no es machista? -trató de esclarecerle- Ah bueno

-Por favor, Ro, te lo ruego. No seas cerrado y prejuicioso. Tu papá


cree que tengo condiciones… cualidades que podría pulir.

-De eso no hay ninguna duda nena. Ninguna.

-¿Pero que se supone que debo entender? ¿Qué harás un curso


intensivo semanal para entender de venta y marqueting?

-Diario… dice tu papá.

-¿Todos los días?

-Es mucho lo que debe aprender hijo, precisamente, por su falta de


formación.

-¡Pero papá! Con todo respeto… estuve esperando en los últimos 15


meses que me recibieras para hablar de este tema.

-No seas cerrado Ro. Vos no sos así… -le reprendió ella otra vez.

-Es que no se trata de ser cerrado… se trata de…

-¡Bueno basta! -tronó el reto del padre- Luana debe recibir


capacitación y así va a ser. ¿Entendido?
“Ahí está… el capanga de siempre”, pensó Roberto. Desde que tenía
uso de razón solía pasar por ese tipo de situaciones que terminaban de
la misma manera. Su padre no había sido capaz de manejar su mal
genio que lo exasperaba cuando debía ser diplomático tal como solo él lo
concebía como experto en relaciones públicas.

Las “charlas para tratar el tema” empezaron el mismo lunes, tal como
había dejado expreso Manuel. Sin querer entrometerse demasiado a fin
de no enojar a su padre, Roberto supo que estas tenían lugar en su
despacho cada mañana, más o menos entre las 11 y 13 horas, poco
antes del horario del almuerzo.

Roberto lo confirmó al cabo de una semana cuando la secretaria


explicaba pacientemente que el señor no aceptaba que le pasaran
llamadas en ese intervalo, por más urgentes que fueran los mensajes
que debían darle. Claro que no fue él quien llamó, sino que usó de cebo
a un amigo para que hiciera las averiguaciones respectivas a fin
corroborar lo que venía sospechando.

-Mi padre está usando de excusa lo de Luana solo para darle el puesto
a Carlos.

-No creo que sea así -dijo su madre- Carlos y tú no tienen razón para
juzgar el criterio y la ecuanimidad de su padre.

Roberto se preguntó cuánto podría tener de razón su madre. Rara vez


equivocaba una sentencia cada vez que se refería a su marido, al que
decía conocer como la palma de su mano.

-Solo dale tiempo y verás que tengo razón -sentenció Nuria.

Nuria no tomaba por ello partido por su hijo Roberto ni mucho menos.
Naturalmente, ella también quería a Carlos y estimaba a Felicia su otra
nuera, tanto como a Luana. Como la devota compañera que había
acompañado a su marido en la aventura de formar su propia empresa
familiar, las había aconsejado a ambas que hicieran lo propio con sus
respectivos hombres. Nuria incluso, no veía con malos ojos que ambos
hermanos desplegaran una “sana” competencia” en procura de
proveerse sus espacios dentro de la empresa familiar: era una prueba,
estaba convencida, de carácter de ambos como futuros hombres de
negocios.

-Ellos son quienes van a manejar la firma muy pronto -decía en tono
solemne.

Solo faltaba que Manuel se decidiera a ceder el cetro que empuñaba


con pulso firme y riguroso. Los empleados de la firma, todos, sin
excepción, esperaban que eso ocurriera pronto. ¿Quién sería el elegido
para tomar la posta? Ni Roberto ni Carlos parecían ser lo déspota y
obsesivo que era Manuel en el estricto manejo del personal al que le
exigía excelencia pese al magro sueldo que les pagaba. A los 54 años
era feliz sentado en la larga mesa en forma de herradura de la sala de
reuniones rodeado de sus vendedores más fieles a los que sabía utilizar
y seducir. “Exprimía el limón” y sacaba de cada uno lo que quería saber.

Tenía una mente ágil pese a su madurez incipiente, gran imaginación


y mucha autoridad en el tono de su voz. Ningún empleado ni raso ni
jerárquico procuraba llevarle la contra ni parecía estar a salvo de su
mano implacable. Algunos lo evitaban hasta en el ascensor, para estar a
salvo de cualquier reto inesperado.

Nuria guardaba una pequeña luz de esperanza de que más tarde o


más temprano, su marido se cansara y delegara en la prole el timón de la
barcaza que consumía su existencia. Que se dedicara de una vez al ocio
y al disfrute de la vida. Emprender un viaje juntos, disfrutar de las delicias
de la eran apenas una fantasía que la mujer de vez en cuando se
permitía en medio del vertiginoso ritmo de trabajo de su marido.

Después de hablar con su madre, Roberto empezó a ver las cosas de


otra manera. Se decidió a encarar a su padre y en consecuencia de ello
se subió al auto y se dirigió a la oficina del centro. Le daría una sorpresa.
No tenía que comportarse siempre tan previsible, se convenció. Cuando
llegó al edificio se sintió con otro tipo de confianza y decidido a hablar
con su padre irrumpió de pronto y encaró por el pasillo que lo llevaba a la
oficina. Pero cuando estuvo a mitad de camino la puerta se abrió y salió
Luana acomodándose el cabello mientras sujetaba una campera que
llevaba en su mano. Apenas levantó la cabeza se extrañó de verlo: era la
segunda vez que ocurría la misma situación en una semana.
-Mi amor… ¿cómo estás? –Preguntó él entusiasmadísimo
apresurándose a sostenerle el bolso-¿saliendo de la capacitación?
¿Todo bien?

Luana lo miró unos segundos examinándolo. La sonrisa aniñada de su


novio le confirmó que la pregunta no escondía ninguna ironía posible.

-Si… Ro…Todo bien. Más que bien. Cada vez mejor.

-Bueno, mirá ahora no vas a poder volver decir que soy un cerrado. He
estado estudiando como ser flexible. Estoy haciendo el esfuerzo. He
comprendido que para lograr los objetivos uno debe ser frío y solo fiarse
de la estrategia que tiene.

-¿De qué hablás?

-De El Arte de la Guerra de Sun Tzú. Lo estuve leyendo hace un rato.


Memorizando las partes debidas para mantener de una vez una
conversación en serio con mi padre.

La guerra ya había pasado sin que Roberto lo sospechara. Mientras


hablaba, Luana se acomodaba distraída delante de un espejo los bucles
rebeldes, retocaba sus ojos con un delineador mientras el lápiz labial
buscaba el bermellón que había tenido antes.

-A mi me parece -siguió Roberto entusiasmado- que es el momento


para estar más cerca de mi objetivo. De eso venía a hablarle ahora.

-Tu papá necesita descansar ahora. En serio. Luego lo llamás.

-¿Estás segura? ¿No será mejor ahora demostrarle que estoy


decidido? Sería una prueba de carácter.

-No negri… ahora nos vamos y lo dejamos tranquilo…

Luana terminó de peinarse y apretó los labios otra vez asegurándose


de que el rouge la favoreciera antes de dar media vuelta y encarar hacia
la sala donde estaban las secretarias que la miraban cada vez con mayor
desprecio. Roberto la siguió con desgano llevándole el bolso. Estaba
decepcionado de no haber concretado lo que tanto había planificado.

-Pensé que me apoyarías -protestó- Que luego de un tiempo te ibas a


cansar de este capricho.

-¿Capricho?

-Es un sinsentido, Lu -aseveró él- ¿vos capacitándote en marqueting?

-Ufff Ro, creí que ya lo habíamos hablado. Vengo todos los días y ya.
Ahora las cosas son así. ¿Ok?

Roberto calló. Se dio cuenta que no podría hacerla cambiar de opinión.

-Solo te pido una cosa -dijo de pronto ella.

-¿Qué?

-No se lo digas a Nuria. Que estuve hoy en la oficina. ¿De acuerdo?

-¿Mi mamá? ¿Qué tiene que ver ella?

-Por eso… no tiene nada que ver.

Roberto se extrañó por el pedido que le hacía su novia. Se le ocurrió


de pronto que su padre podría estar detrás de ello.

-¿Te lo pidió él?

-No Ro, te lo pido yo. ¿Es mucho pedir?

-Yo por vos hago lo que sea. Mato si es necesario. Pero no te dejes
engañar…

-¿Porque lo decís mi amor? No creo que sea como vos decís…


-¿No crees? ¡Te engañó! Y me engañó a mí.

-¿En qué sentido lo decís amor?

-¡Te cogió Lu! ¿Hace falta que te lo tenga que recordar?

-Eso fue un malentendido Ro. Una cosa del momento. Ya te lo


explicó… un error.

-Sus errores siempre pasan… se acumulan en mi vida.

-¿Por qué lo decís?

¿Había pasado antes? Luana se sintió extraña, como si una intriga


empezara a invadirla de repente.

-Fue hace mucho tiempo…

-¿Qué pasó?

-No…Lu… te lo pido. No preguntés más.

-¿Acaso no confiás en mí?

-Claro que sí mi amor. En vos confío como en mi propia sombra.


Pongo las manos en el fuego por vos.

-Entonces decime que pasó. ¿Tu papá se acostó con otra novia tuya?

Roberto se sonrojó y le vino un ataque de vergüenza. En el rostro de


Luana se había dibujado un rictus de desagrado.

-¡Basta Lu… no quiero hablar de eso! Es tremendamente doloroso


para mí.

-Pero yo sí quiero hablarlo… Decime… ¿fue así?


-Fue hace tres años.

-¿Mónica? Me hablaste de tu ex. Lloraste por ella… me lo dijiste.

-Por favor Lu…

-O sea que se acostó con Mónica.

-Fue una sola vez…

-¿Una sola vez? ¡Igual que conmigo… cretino!

-No te enojés Lu por favor…

-Vos me estás jodiendo…

-¿Qué te pasa?

-¿Cómo sabés que no se la sigue cogiendo?

-¿Cómo? Estoy seguro, mi padre no haría eso. ¡Además me lo


prometió!

-¿Te lo prometió?

-Igual que con vos Lu. Estoy seguro que no va a volver a pasar…

Luana no quiso seguir hablando. Estaba roja de la bronca y parecía


presa de una tensión a punto de estallar. Roberto no quiso importunarla
más. Sabía que su novia era una chica de carácter capaz de defender lo
que era suyo con uñas y dientes, pero nunca la había visto así.

-Si es necesario -probó Roberto- haré algo, lo que me pidas. Hablaré


con él.

-No dejá, cualquier cosa hablo yo. Como dijiste ya pasó.


-¡No te enojés mi amor! ¿El domingo venís a casa?

-Si… ya vamos a ver. ¿Vos esta noche que vas a hacer?

-¿Esta noche? Voy a estar en la comisión de González pero si


querés…

-No… esta noche voy a estar ocupada.

-¿Hasta qué hora?

-Hasta después de las 12, seguro.

Desde las 20, Roberto intentó comunicarse con ella sin éxito. Se había
preocupado demasiado por la reacción inesperada de Luana pero a la
vez se sentía también aliviado. Que ella le hubiera demostrado celos por
lo de Mónica lo había sorprendido gratamente. Era la demostración de
que lo amaba, de que lo seguía queriendo a pesar de todo. De modo que
intentó comunicarse alrededor de la medianoche. Tampoco lo consiguió.
Media hora después, volvió a llamar. Nada. Probó a la 1, a las 2 y hasta
las 3 de la mañana. Exasperado, sacado de sí, Roberto daba vueltas en
su cuarto ansioso preguntándose donde estaría Luana. Solo después de
las 3, con el último llamado logró que ella contestara.

-Hola…

-Luana, ¿qué pasó? Intento comunicarme desde las 8 con vos.


¿Dónde estabas?

-Te dije que me desocuparía a la medianoche.

-Pero te llamé a la medianoche. Y a la 1 y más tarde también. Hasta


recién intenté comunicarme.

-Mucho trabajo. Muchas cosas

-¿Y ahora que vas a hacer?


-Estoy muerta, Ro, lo digo en serio… no doy más… me dejó hecha
bolsa.

-¿Cómo?

-Nada. ¿Vos que hiciste?

-Solo extrañarte. Pensar. Estuve pensando en eso.

-¿En qué pensabas?

-En que hace ya siete meses que no hacemos nada…

-Mejor, así juntás más ganas para cuando lo hagamos…

-No entiendo… antes te ponías muy mal por eso… ahora parece que
no te importara.

-Si me importa. Siempre me importa.

-Puedo entender que estés ocupada con lo de mi padre. Las


explicaciones que debe darte.

-No sabés como me dio… las explicaciones.

-¿Cómo? ¿Le preguntaste lo de Mónica?

-No te preocupés. La verdad que después de lo de hoy no lo creo


capaz. Fueron dos horas demoledoras.

-¿Cómo dos horas? ¿Qué pasó hoy?

-Dos horas desde que quedamos en hablar. A eso me refería. A cómo


te extrañé…

-El que te extrañó fui yo Lu.


-Yo también, mi amor. No sabés como me estuve acordando de vos
hace dos horas atrás.

-Y si me extrañás… ¿por qué no te venís?

-¿A esta hora? No, estoy cansada. Ya te lo dije. Y quiero estar bien
porque mañana tenemos que regresar y me tiene que dar más… este…
más explicaciones.

-¿Vas bien con la capacitación?

-Si… no sabés como estoy aprendiendo.

-No pensé que fuera tan en serio lo de mi padre.

-Yo tampoco lo creí posible. Pero estoy recibiendo y recibiendo


explicaciones todos los días. Un relojito. Increíble.

-Espero que sirva para algo…

-Claro que va a servir. Estoy segura de eso. Se trata de nuestro


futuro… ¿te acordás?

-Si claro que me acuerdo. ¿Nos vamos a ver mañana eh?

-Pasá por la mañana tipo 11.

Antes de las 11, ansioso, Roberto ya estaba tocando el timbre del


departamento de su novia.

-¿A dónde vamos? –preguntó Roberto mientras Luana se subía el


pantalón ceñido a su trasero mientras le daba la espalda.

-Vos no sé. Yo… tengo que volver al despacho de tu papá.

-Pero hoy es sábado. ¿Para qué vas?


-Quedamos en intensificar la capacitación. No puedo interrumpirla
ahora, ¿entendés?

-No sé Lu. No me parece que esté bien. Nos estamos viendo cada vez
menos.

-Además… ¿no habíamos quedado en que hoy ibas a estar conmigo?

-Y voy a estar. En cierta forma voy a estar con vos-Luana se acomodó


la remera mirándose la silueta en el espejo -¿Cómo estoy?

Roberto tenía que reconocer que estaba más radiante que nunca. Que
desde hacía dos meses, al menos, su cuerpo había tenido una
asombrosa transformación. Era extraño. Lo normal hubiera sido que
crecieran sus virtudes intelectuales y no las prominencias de su físico
que parecía más lleno de curvas que nunca. Algo le estaba haciendo
demasiado bien. Roberto pensó que podía ser el gimnasio. Pese a que
no la cogía hacía casi 8 meses su mal humor se había ido mágicamente.
Estaba más coqueta y se arreglaba siempre como para salir. Era un
cambio que coincidía justo con sus tres meses de “capacitación”.

-Tomá el medicamento por favor, Ro.

-Tenés razón. Ya me había olvidado otra vez.

Tal vez se hubiera equivocado después de todo. Quizás su padre


también hubiera cambiado. Se había vuelto de pronto servicial y estaba
pendiente de su salud al punto que se había encargado de comprarle -
por recomendación de un médico amigo- unas pastillas vitamínicas muy
buenas que no debía dejar de tomar bajo ninguna circunstancia. Desde
entonces y por pedido expreso de su padre, era Luana la encargada de
recordarle e incluso de ser necesario, suministrarle una pastilla diaria que
debía tomar indefectiblemente al mediodía.

-No noto casi progresos, pero me pone bien verte mejor a vos -dijo
Roberto luego de engullir la pastilla junto al vaso de agua que su novia le
alcanzaba.
-Vas a estar mejor cuando nos casemos, mi amor. En noviembre.
Faltan dos meses.

Parecía mentira como había pasado el tiempo.

-Yo te extraño todo el tiempo -admitió él.

-Y yo también.

-A ver… ¿Cuántas veces hoy pensaste en mí…? -quiso saber


Roberto.

-Hoy tres veces… pero el viernes fueron cuatro. Increíble.

-¿Como cuatro?

-Cuatro. Cuatro cosas aprendí hoy.

-No te entiendo. ¿Qué tiene que ver eso con que me extrañas?

-Todo tiene que ver con todo, mi amor. Es lo que dice tu papá. Es
impresionante lo que… tiene tu papá. Para transmitir como enseñanza,
digo.

-¿Te sorprendió?

-Nunca me lo hubiese imaginado. Un promedio de entre tres y cuatro


por día. Debe ser récord.

-¿Cómo?

-Ay Ro, no cazás una hoy. Quiero decir que la capacitación hoy por lo
general está en manos de gente más joven ¿entendés? Y tu padre es un
hombre… grande.

-Si… puede ser.


-Muy grande… diría, mirá que hay que aguantarlo ¿eh? No cualquiera.

-¿Es pesado decís como un tipo mayor?

-Y sí. No creo que tu ex se lo haya podido bancar así nomás. Mucho


menos todos los días como lo estoy haciendo yo. Es como mucho.

-Un poco bastante cargoso. Ya sé. Y tiene un carácter de mierda.

-A propósito, tratá de cambiar los preservativos que compraste. O no


comprés más de esos.

-¿Cómo?

-Que no sirven, me parece. ¿Por qué no probas con tipo tres?


Bah…XL creo que se llaman. Son algo más grandes que los que
compraste.

-¿XL? ¿Y cómo sabés vos de eso?

-No sé… no sé nada de eso, por eso te pido que te encargués vos Ro.

-No sabía que venían XL… pero ¿para qué voy a comprar de esos si
yo me arreglo con el tipo uno?

-Y… mejor prevenir que curar. Vos sabés más que yo de eso. Por las
dudas. Por ahí a mayor tamaño del forro hay menos chances de que me
embaraces, ¿entendés?

Roberto la miró con desconcierto. Hacía 8 meses que no tenían


relaciones.

-Es que no quiero tener hijos ahora que nos casamos. Quiero que
pase un tiempito.

-Ok voy a comprar… pensando en que vamos a tener más


oportunidades. ¿Cuántos compro?
-Y serán… a ver… cuatro por seis… ¿cuánto es?

-¿Veinticuatro? ¿Para qué tantos?

-Es que no sé, las dos cajas que tenía se acab… me parece que se
perdieron. Dale Ro… menos preguntas y más acción.

-Solo quiero que nos veamos, vos sabés.

-Te juro que voy a tratar… pero al final del día quedo hecha piltrafa.
Por más que quiera no puedo… ¿entendés? Estoy cansada todo el
tiempo. Más ahora si va a ser también los sábados.

Roberto no la quiso importunar más. Al fin y al cabo, aunque no


quisiera reconocérselo a su prometida, él seguía sin tener el deseo
sexual de antes. Tal vez las pastillas lo hicieran salir de ese estado. Lo
único que sabía era que amaba intensamente a Luana y que haría todo
para complacerla.

-Yo también te amo… -dijo Luana subida a sus rodillas, colgándose de


su cuello para darle amorosa un piquito.

-Y te voy a querer cada vez más- le repitió enigmática mientras le


acariciaba juguetona la cabeza, haciéndole dos circulitos en la frente

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He decidido empezar a compartir mis experiencias pues tengo un


montón, algunas bastante cachondas e inmorales que relataré poco a
poco.

Tuve dos experiencias con mis primas Susana y Diana (ambas


hermanas).

Este relato es sobre la mayor Susana y aviso que fue algo bastante
soft pues fue esporádico, pero con la menor uff esa sí que fue otra la
historia.
Todo empezó hace aproximadamente 10 años con mi prima Susana
que en esa época tenía 18 años, ella mide 160 cm era un poco rellenita
sin llegar a la gordura, cabello lacio oscuro, no era la más bonita de mis
primas (ya que mi tía tuvo 4 hijas más) ni la que tenía mejor cuerpo, tetas
pequeñas y culo algo plano además nunca la vi con otros ojos después
de todo era mi familia y compartimos mucho cuando éramos niños.

Yo tenía 21 años en esa época, soy alto, atlético, cabello oscuro.


Vivíamos bastante alejados casi a 10 horas de distancia así que no nos
veíamos muy a menudo, ella era de un pueblito en una parte rural y yo
vivía en la ciudad.

En una ocasión ella viajó con mi tía a la ciudad pues tenía que hacer
unos trámites para ingresar a la universidad así que se quedaron en mi
casa.

Yo las fui a recibir a la estación de buses. Llegamos a mi casa ya en la


noche.

Mi tía y mi prima se pusieron a charlar con mis papás luego se


pusieron cómodas en el dormitorio de visitas mientras yo me disponía a
ver mi programa de TV favorito.

Después de un rato cuando ya todos estaban en sus dormitorios,


observo que mi prima sale de la habitación, se sienta junto a mí y
empezamos a conversar.

Toda la plática fue casual nada cachondo hasta que tocamos el tema
de los novios.

Susana: ¿y cuéntame primito cuantas novias tienes?

Yo: por ahora ninguna ¿y tu?

Susana: no te creo mentiroso

Yo: ¿por qué no me crees?


Susana: porque pareciera que tuvieras muchas novias

Yo: si tuviera novia estaría sentado junto a ella en lugar de estar junto
a ti

Susana: amm entonces es como si yo fuera tu novia hoy

Mi primera impresión fue tomarlo como una broma así que decidí
seguirle el juego pícaramente.

Yo: no exactamente, aunque es una lástima que seamos primos

Susana: ¿por qué?

Yo: porque de no serlo te diría para ser novios

Le guiñé el ojo y ella rápidamente se sonrojó, en ese momento me di


cuenta que no lo decía en broma, había algo detrás que ella misma inició
y dejó que siguiera avanzando.

Hubo un silencio incómodo y ella continuó:

Susana: pero somos primos no podemos ser novios, además si


fuéramos novios al menos debería gustarte ¿no?

Sinceramente quise desviar la conversación para que no continuara


poniéndose aún más rara, pero en vista que ella cedía me ganó la
curiosidad y el morbo así que continué.

Yo: eres simpática a cualquiera le gustarías incluso a mi, pero es una


lástima que seamos primos

No me gustaba en absoluto pues como les mencioné antes, ella no era


muy atractiva, pero quería ver hasta donde llegábamos esa noche.

Pude notar que ella no sabía qué decir y por un momento me arrepentí
de lo que dije sabiendo que a pocos metros dormían mis papás y mi tía,
pero para mí gran sorpresa ella respondió.
Susana: si, ¡qué lástima! ahora que te he vuelto a ver después de
tanto tiempo me pareces un chico muy guapo

Yo: ¿te gusto?

Susana: si un poco

Yo: ¿aunque seamos primos?

Susana: si

Otro silencio incómodo inundó la sala de estar. No sabía que hacer ni


decir nunca imagine lo fácil y espontáneo que sería tener algo con
alguien de mi familia. Lo que sí sabía era que esta era mi oportunidad
para tener algo con una prima.

No me mal interpreten nunca busqué cometer incesto, pero siempre


tuve algo de curiosidad, en la prepa escuchaba historias de mis amigos
temiendo sexo con sus primos y el hecho de que sea un tabú, algo
prohibido, me empezó a atraer vertiginosamente despertando un deseo
oculto, el deseo de cogerme a mi prima.

Yo: si, que lástima que seamos primos ¿imaginas las cosas que
haríamos si fuéramos novios?

Susana: ¿qué cosas haríamos?

Yo: podríamos pasear, comer, ir al cine, salir de fiesta

Susana: eso lo podemos hacer, aunque no seamos novios tontito

Yo: sí pero no podría besarte, por ejemplo

Ella se quedó en total silencio y giró su rostro al suelo avergonzada.

Susana: yo también quiero besarte, no pienses que soy loquilla solo


me gusta decir lo que pienso
Mire sobre mi hombro para asegurarme de que no estén mis papás o
mi tía y me acerque a mi prima.

Yo: ¿entonces lo hacemos? ¿Te puedo besar?

Ella, en silencio, asintió con la mirada aún fija al suelo a lo que


aproveche le levante el rostro y la bese, fue más un roce de labios pues
no quería que nos descubrieran y ella rápidamente giró de nuevo su
cabeza mirando al suelo.

Yo: ¿te gustó el beso prima?

Susana: si estuvo muy rico

Cambiamos el tema rápidamente y la noche continuó con plática


normal hasta que me dijo que se iba a dormir, le di otro beso esta vez un
poco más largo y ella se fue.

No tuve otra oportunidad de estar con ella a solas pues mi tía y mis
papás siempre estaban junto a nosotros además mi prima era bastante
tímida e inocente no obstante intercambiamos números para seguir
escribiéndonos.

Ella regreso a su pueblo estuvimos mensajeándonos por algún tiempo


pensando en la posibilidad de ser novios, yo obviamente no quería solo
le seguía el juego porque quería cogerla.

Lastimosamente nunca pasó, ella entró a la universidad y yo empecé a


trabajar, teníamos poco tiempo libre y simplemente dejamos de
escribirnos.

Quizás en comparación a otros relatos un beso con una prima parezca


insignificante, pero para mí fue todo lo contrario. Me abrió los ojos a un
mundo de posibilidades pues descubrí que esas cosas que pensaba que
solo pasan en las películas para adultos también pasan en la vida real y
que son más comunes de lo que imaginé, además les recuerdo que
todos mis relatos 100% reales y aunque la realidad a veces no es tan
excitante otras veces puede llegar a supera a la película porno más
cachonda de todas…
Luego de algunos años visitamos a mis tíos, mi prima Susana ya no
vivía ahí, por sus estudios se mudó a un departamento cerca de su
universidad entonces ella iba muy esporádicamente. La que si estaba era
su hermana, Diana, con ella si pasaron muchas otras cosas que les
contaré en el próximo relato.

3333333333

Nadie es perfecto en este mundo, ni siquiera los padres y, si bien de


infantes solemos verlos como figuras de autoridad perfectas, al crecer
nos damos cuenta de que son adultos con defectos y virtudes. Sin
embargo, pese a lo anteriormente dicho, existen padres con menos
falencias que otros y, en esta historia, te hablare de unos padres que, si
bien amaban a su hijo con todo el corazón, tenían un gran defecto, y es
que eran unos pervertidos.

Dicha familia de las que les voy a narrar hoy estaba compuesta por:

Pamela (40 años): es una mujer bisexual de gran altura, de piel


bronceada, pelo marrón, muslos gruesos, tetas inmensas, un culo
gigantesco, con un cuerpo musculoso y lleno de tatuajes, y que parece
más joven de lo que realmente es. Pese a estar casada, ella y su marido
tienen un matrimonio abierto, y se la pasa teniendo sexo salvaje tanto
con hombres como con mujeres.

Raúl (45 años): es el esposo de Pamela. Es un hombre alto,


musculoso, barbudo, bronceado, y con varios tatuajes por todo el cuerpo.
Al igual que su esposa, disfruta al máximo de su matrimonio abierto y se
la pasa teniendo encuentros casuales con tantas mujeres como pueda.

Enzo (18 años): es el único hijo del peculiar matrimonio. A diferencia


de sus padres, Enzo es un joven bajito, delgaducho, pálido, y algo tímido,
el cual tiene una gran pasión por el reportaje y estudia para ser
periodista. Pese a ser muy diferente a sus padres e incomodarle un poco
el estilo de vida que estos llevan, él los ama y ha aprendido a aceptarlos
tal cual son.

Todo comenzó un día en el que Enzo les pidió a sus padres tener una
reunión familiar para poder hablar con ellos acerca de un tema y, al cabo
de unos minutos, los 3 estaban reunidos en la sala de su casa.
“bien, hijo ¿de qué querías hablar?” pregunto Raúl “y, por favor, se
breve, que me están esperando dos putas”

“si, y a mí me están esperando dos policías para que los ayude a


“relajarse”” dice Pamela

“verán: hoy, en la universidad, la profesora nos asignó un trabajo final,


del cual dependerá la aprobación de la materia” explica Enzo “el trabajo
consiste en hacer un documental de nuestra vida familiar, y esperaba
que ustedes me ayudaran a hacerlo”

“¡pero por supuesto que te ayudaremos, hijo!” exclamo Raúl

“¿de verdad?” preguntó el joven, contento

“¡pues claro!” exclamo la milf “a tu padre y a mí nos encanta que nos


graven mientras tenemos sexo ¡nos hace sentir estrellas porno!”

“¡no, nada de eso!”

“¿y por qué no?” preguntó el padre, sintiéndose un poco ofendido “si
se supone que los documentales deben mostrar la verdad, y así es como
tu madre y yo somos realmente”

“si… pero… lo que ustedes hacen… puede incomodar a ciertas


personas” dice Enzo, con incomodidad

“¿es que acaso te avergüenzas de nosotros?” pregunto Pamela, con


cierta tristeza

“¡no, nada de eso! Ya saben que yo los amo con todo y su estilo de
vida, pero este trabajo es muy importante, de él depende si paso al
siguiente año de la carrera o no, y no puedo arriesgarme a poner nada…
que pueda escandalizar. Se los pido por favor, solo finjan ser unos
padres normales frente a la cámara, con eso es más que suficiente”

“¡está bien, hijo!” exclamo Raúl, sin estar del todo convencido “si eso
es lo que quieres, pues eso es lo que tu madre y yo haremos”
“¡son los mejores padres del mundo!” exclamo Enzo, mientras
abrazaba a Pamela y a Raúl

Tras una semana de rodaje, Enzo termina el documental, y se los


muestra a sus padres. En dicho video, a los 3 integrantes de la familia se
los veía haciendo lo que hacia cualquier otra familia (cenar juntos en la
cocina, ir a pasear al parque, mirar la tele en la sala, etc.), y finalizaba
mostrando una foto familiar. En dicha foto, los 3 estaban vestidos de una
forma muy elegante, con Raúl parado a la derecha, Enzo en el medio, y
Pamela a la izquierda.

“¿y?” preguntó el joven, emocionado “¿Qué les pareció?”

“pueees…” dijeron ambos padres al unísono, indecisos sobre que


debían responder

“genial ¿no? Solo debo retocar un poco la edición y se lo enviare a mi


profesora esta noche ¡voy a sacar la calificación más alta!”

Tras la presentación, Enzo se va a su cuarto, y Pamela y Raúl se


quedan discutiendo.

“¡ese fue el video más aburrido que he visto en mi vida!” exclamo Raúl
“honestamente, no creo que la profesora le dé una buena calificación por
eso”

“si, pero Enzo insiste en que es perfecto” dice Pamela, y luego se le


ocurre una idea que la hace sonreír “creo que es hora de que metamos
nuestra “visión artística”… digo… todo por el bien de nuestro hijo”

“¡me encanta como suena eso!” exclamo Raúl, contento, y él y su


esposa empiezan a formular su plan

Más tarde, Pamela ingresa a la habitación de su hijo, vistiendo


únicamente con una bata de baño, y lo ve a este editando el documental.

“¿y cómo va el trabajo, Enzo?” pregunto la milf


“ya está terminado, solo tengo que enviarlo” dice el joven “¿por?”

“es que a tu padre y a mí nos gustaría dedicarle un par de palabras a


tu profesora para cerrar ese magnífico documental con broche de oro”

“¡qué gran idea! Me parece genial”

Al rato, los 3 se reúnen en el dormitorio matrimonial, y se sientan en el


borde de la cama, mientras eran filmados por una cámara con trípode.

“bien, esta es una dedicatoria de mis padres a mi profesora” dice


Enzo, quien estaba sentado en medio de sus padres “díganme ¿Qué es
lo que le querían decir?”

“lo único que queríamos decirle es que ese soso documental que
nuestro hijo grabo no nos refleja en absoluto, ni como pareja ni como
padres” dice Raúl

“¿Cómo?” preguntó el joven, sorprendido

“¡así es, y ahora mismo le vamos a mostrar como mi esposo y yo


hacemos las cosas!” exclamo Pamela, quien agarra a su hijo y lo besa
apasionadamente

El beso entre madre e hijo fue tan intenso que, al momento de separar
sus bocas, varios hilos de baba seguían uniéndolas.

“¿pero qué carajo hacen?” pregunto Enzo, quien estaba en shock

“¡metiéndole un poco de emoción a tu documental!” exclamo Pamela, y


vuelve a besar apasionadamente a su hijo

Tras muchos besos, Pamela se quita su bata de baño, quedándose


completamente desnuda y, con ayuda de su esposo, desviste a Enzo.
Luego, Pamela hace que su hijo se siente en sus piernas, y atrapa la
cabeza de este entre sus inmensas tetas mientras que, al mismo tiempo,
lo masturba con gran fuerza. Enzo trato de librarse del poderoso agarre
de su madre con todas sus fuerzas, pero fue incapaz de hacerlo debido a
la enorme diferencia de tamaño y de fuerza.

Para que el video fuese lo más detallado posible, Raúl decidió agarrar
la cámara y filmar él todo con mucho lujo de detalle.

“vera, señora profesora: a mi esposo y a mí nos encanta buscar todo


tipo de nuevas experiencias en la cama” dice Pamela, mientras se
escupe en la mano con la cual masturbaba a Enzo “por ejemplo: desde
hace mucho yo he querido probar el incesto y, la verdad, me parece algo
muy excitante”

“¡papa… por favor… ayúdame!” exclamo Enzo, mientras luchaba por


no caer en la lujuria

“no puedo, tengo ambas manos ocupadas” dice Raúl, mientras


agarraba la cámara con una mano y se masturbaba con la otra “perdone
si el video se ve medio movido, señora profesora, pero soy incapaz de
contenerme cuando veo a mi dulce esposa dominar a jovencitos
inexpertos”

Luego, Pamela se pone encima de Enzo, y ella le empieza a dar una


mamada, mientras que obliga a su hijo a lamerle el coño.

“¡eso, dale cariño al agujero por el cual naciste!” exclamo Raúl “¡pásale
la lengua por el clítoris, eso le encanta!”

“como podrá ver, nosotros somos padres muy modernos” dice Pamela,
entre gemidos “en nuestra casa, le enseñamos a nuestro hijo como debe
complacer a su pareja sexual solo que, en vez de hacerlo con libritos
inútiles, yo pongo el cuerpo para que mi amado Enzo “practique”,
mientras que su padre lo ve y le da consejos”

Después de un buen rato filmándose dándose placer oral mutuo,


Pamela cambia de posición y aplasta la cara de su hijo con sus enormes
nalgas.

“¡es hora de los besos negros!” ordeno la milf, con una gran sonrisa
“¡no lo hare!” exclamo Enzo “¡es asqueroso!”

“solo al inicio, pero después te encantara el sabor, créeme” dice el


padre

“¡ahora mete tu lengua allí o juro que te castigaremos por una


semana!” ordeno Pamela y, al sentir como su hijo le chupaba el culo,
comenzó a gemir con gran fuerza “¡si, justo allí!”

“¡permíteme ayudarte para que lo disfrutes más!” exclamo Raúl,


mientras estrangulaba a su esposa con su única mano libre “como vera,
señora profesora, a mi esposa le gusta el sexo duro”

“¡porque, si no es duro, no es sexo!” respondió la madre, mientras


disfrutaba de la situación

Un rato después, la milf se preparó para tener sexo anal con su hijo.

“¡mama, detente por favor!” exclamo Enzo, quien sentía una gran
excitación a la par de una gran vergüenza “¡soy virgen!”

“¿de verdad?” pregunto Raúl, con sorpresa y alegría

“¡ay, que emoción!” exclamo Pamela, contenta “¡no solo seré yo la que
le quite la virginidad a mi hijo sino que, además, podre conservar el
recuerdo en video! Presta mucha atención, Raúl ¡no quiero que te
pierdas ni un solo segundo de esto!”

“¡jamás lo haría, querida!” exclamo el padre “¡ahora deja de perder el


tiempo y mete la verga de nuestro hijo en tu coño!”

“¿en mi coño? ¡Claro que no!” exclamo ella, mientras guiaba el


miembro viril de su hijo hacia su culo “¡nuestro amado Enzo merece algo
muy especial!”

“¡no, espera!” exclamo el joven, pero su madre no lo escucho, y ambos


comenzaron a tener sexo anal desenfrenado “¡Jesús Cristo, que
apretado tienes el culo, mama!”
“¡ahora vez porque me case con ella!” exclamo el padre, mientras él y
su esposa se reían

“¡qué buena verga tienes, hijo mío!” exclamo Pamela, entre gemidos,
mientras le daba poderosos sentones a Enzo “es de las mejores que he
probado ¡y vaya que he probado de todo tipo!”

Finalmente, y tras mucho sexo anal desenfrenado, madre e hijo se


vinieron al unísono, y Enzo se terminó desmayando por el brutal esfuerzo
que había hecho.

“¡ahora es mi turno!” exclamo Raúl, quien le puso la verga en la cara a


su esposa, y le eyaculo en la cara, dejándole todo el rostro cubierto por
abundante semen “¡buen provecho, querida!”

“y bueno, señorita profesora, así concluye este documental” dice


Pamela, mientras lamia el semen que le escurría por la cara “espero que
le haya gustado y, por favor, sepa apreciar el inmenso esfuerzo que hizo
nuestro hijo, que el pobre literalmente hizo un esfuerzo sobrehumano
para completar el trabajo que le asigno”

Tras el último comentario de Pamela, Raúl pauso la filmación, y ambos


se fueron al cuarto de su hijo para editar el video.

Al día siguiente, Enzo se levantó mareado y, tras recordar todo lo que


había pasado la noche anterior, fue hasta la cocina y encanto a sus
padres desayunando.

“¡buenos días, hijo!” exclamo Raúl, contento

“¿tan temprano te despertaste?” pregunto Pamela “aprovecha a dormir


un poco más, necesitas recomponerte después de lo de anoche”

“¡olvídense de eso!” exclamo el joven, nervioso “¿Qué paso con el


documental?”

“no te preocupes, se lo enviamos a tu profesora anoche” dice el padre


“¿Cómo?” grito Enzo, asustado “¡no puede ser! No solo voy a reprobar
la materia sino que, además, me van a tachar de degenerado”

“pues siento decírtelo, pero el primer documental que hiciste no solo


era aburrido, sino que no reflejaba lo que realmente es nuestra familia”
dice Raúl

“además, no puedes quejarte, porque no solo te ayudamos sino que,


además, perdiste la virginidad” dice la milf, entre risas, y Enzo se va a
encerrar a su habitación “¡que sensible!”

“déjalo, ya se le pasara” dice el padre

Al día siguiente, Enzo va a su universidad y, al terminar la clase, su


profesora pide hablar con él en privado. Una vez que todos los demás
alumnos se van, la profesora cierra la puerta, y se sienta enfrente de
Enzo.

“bien, Enzo” dice ella, en tono serio “supongo que ya sabes porque
estás aquí”

“lo sé, profesora” dice el joven, avergonzado “mire, sobre mi


documental… pudo explicarlo

“¡no hay nada que explicar!” exclamo la docente, en tono serio “he
visto suficiente, y he decidido que tu trabajo… ¡se merece ser el mejor de
la clase!”

“¿de verdad?” pregunto él, sorprendido

“¡pues claro! Ya estaba aburrida de ver tantos documentales aburridos


sobre padres jugando a las cartas o paseando por el parque y, en
contraste, tu trabajo fue mucho más original, excitante, atrevido, y con un
pequeño toque artístico”

“pero… profe… ¿no le genera nada ver porno incestuoso?”


“Enzo, mis padres son primos, no tengo derecho de juzgar a nadie.
Pero en fin, estas aprobado, y de mas esta decir que no te preocupes por
tu documental, que no se lo mostrare a nadie ¡será nuestro pequeño
secreto!”

Al terminar de hablar con su profesora, Enzo regresa a su casa con


gran alegría, y les cuenta a sus padres lo ocurrido.

“¿vez? Te dije que no había nada de qué preocuparse” dice Raúl

“¡y no hubiera podido hacer esto sin ustedes!” exclamo Enzo, y abrazo
con cariño a sus padres “¡gracias por todo! Les horneare algunas galletas
como agradecimiento”

“¡olvídate de eso!” exclamo Pamela, mientras apoyaba sus enormes


tetas contra el brazo de su hijo “¡si realmente quieres compensarnos,
acompáñanos a tu padre y a mí a la orgia que haremos esta tarde!”

“¿lo dices enserio?” pregunto, sorprendido

“¡hablamos muy enserio!” exclamo el padre “¡las cosas son más


divertidas si la familia entera participa!”

“bueno… supongo que podría intentar” dice Enzo, con una sonrisa

“¡ese es mi muchacho!” exclamo la milf, con orgullo, y beso


apasionadamente a su hijo.

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Suspiré molesto, aún no sé cómo terminé accediendo a venir a esta


estúpida fiesta alternativa tan famosa en redes sociales. La música está
demasiado alta para mi gusto, y realmente por dónde lo mires, un
asalariado panzón y cuarentón como yo no encaja para nada aquí.

Le hice señas al barman, para que me atienda. Cuando se acerca tuve


que hacer un gran esfuerzo para disimular mi confusión, ¿Era un hombre
o una mujer?. En fin, pedí una cerveza bien fría y seguí escaneando el
lugar.
No fue muy difícil para mí notar que solo hay chicos y chicas jóvenes.
Todos vestidos con arneses, ropa de látex y cadenas. Varios se estaban
besando entre ellos e incluso se toqueteaban sin importarles nada.

Sin querer, desvíe mi mirada hacia un hombre que estaba literalmente


chupando la vagina a una mujer sentada en los taburetes más lejanos de
donde yo estaba. Me estremezco y vuelvo a replantearme qué hago
carajos aquí.

Nervioso, tomé un sorbo de cerveza, fue entonces que la vi. Era “Ella”,
pero desgraciadamente no estaba sola.

Mi irritación se incrementó exponencialmente al ver qué estaba


besándose indecentemente con esa otra joven, una rubia gorda y
totalmente insulsa. Muy desagradable para mi gusto.

En medio de su apasionado intercambio de saliva, “Ella” notó por fin mi


presencia y me miró a los ojos con esa intensidad tan característica suya.

Veo el hambre y el deseo crudo en su mirada. Por un momento, me


perdí en mis pensamientos. Estaba absorto en los recuerdos de como
“Ella” siempre dio la imagen de ser un dulce e inocente corderito. Una
niña muy tranquila y ejemplar, quien se suponía que crecería para
casarse con un hombre proveniente de una buena familia y ser una dama
digna. Nada más lejos de la realidad.

Decidí sostenerle la mirada, chocando con esos profundos ojos negros


que parecen hechizarme cada vez mas y más. En una danza ardiente, en
este maldito sin fin de deseo prohibido que tanto nos gusta a ambos. A
veces me pregunto quién fue quien inició con esto, pero es realmente
difícil saber incluso cuándo empezó todo. La única certeza aquí, es que,
en una noche de verano hace aproximadamente cuatro años, el deseo
nos venció y nos entregamos mutuamente al placer de entrelazar
nuestros cuerpos por primera vez.

Con un suspiro prolongado, vuelvo en mí y bebo un poco más de


cerveza. Levantó el rostro y mi mirada se encontró nuevamente con la
suya.
Mi orgullo, mi sentido de superioridad, mi estatus social… todo queda
reducido a cenizas cada que me enfrento con esos perversos ojos
oscuros. Qué mirada tan terrible, seductora y provocativa, aún no doy
crédito a qué exista una mujer así. “Ella” tiene absoluto control sobre mí
y, es algo lamentablemente, el que lo sepa tan bien.

La gorda notó el ardiente intercambio de miradas entre “Ella” y yo, y


estúpidamente se aferra a su brazo buscando llamarle la atención al
restregarle esas asquerosas tetas hechas con silicona barata. Que puta
tan regalada.

Fruncí el ceño ante esa escena y la observé a “Ella” sonreír con


arrogancia. Molesto, decidí desviar mi mirada hacia cualquier otra parte,
para evitar seguir viendo más de esa mierda.

“Ella” sonreía altanera, claramente estaba disfrutando eso. Unos


minutos después, se acercó con la rubia hasta la barra, donde
casualmente me encontraba yo. Ambas se acomodaron a mi lado.

Mierda. En ese momento, deseaba enojarme, putearla, decirle que no


vuelva a mandarme más mensajes, simplemente deseaba odiarla… pero
cuando “Ella” esboza esa maldita sonrisa. Suspiré. Dios… Cómo detesto
no poder decirle nunca que no y sentir que mis mejillas se ruborizan, al
mismo tiempo que mi pene se erecta debajo de mis pantalones,
aprisionado por el aparato de castidad que “Ella” me obligó a usar.

Aún después de tantos años no puedo creer que, con tan solo sentir
su mirada arrogante sobre mi y ver esa estúpida sonrisita suya, hace que
yo me ponga cachondo de esta manera. Incluso le permití ponerme un
puto vibrador en el culo, y puedo sentir como “Ella” está jugando con el
controlador, haciéndome jadear levemente.

Y a pesar de todo esto, no puedo entender cómo es qué la deseo


tanto, qué aún anhelo sentir sus besos hambrientos sobre mi piel y el
tacto de sus suaves dedos en mi verga palpitante. La piel se me erizó al
recordar algunas de nuestras tantas noches de pasión compartida.
Salí de mi ensoñación cuando escuché un jadeo suave a mi lado,
inconscientemente dirigí mi mirada, un tanto curiosa, hacia la fuente de
aquel sonido.

“Hija de puta”. Esa simple frase, llena de veneno, se escapó de mis


labios en un áspero murmullo. Bajé la mirada, con el ceño fruncido,
tratando de ignorar cómo “Ella” está metiendo la mano debajo de la
pollera de la rubia.

Mordí sutilmente mi labio con impotencia. Al ser de aluminio, la barra


reflejaba la mirada petulante de “Ella” sobre mí. Sí, así es la cosa, “Ella”
está gozando con mi miserable molestia y, mientras tanto, sigue
metiéndole los dedos a la gorda puta esa.

Mis propios dedos aprietan con bronca el vaso casi vacío de cerveza,
cuando “Ella” sube la falda de la gorda asegurándose de que yo, desde
mi posición, pudiese ver perfectamente como sus finos y expertos dedos,
le acariciaban el clítoris, robándole varios gemidos a la rubia. Parecía
que a ellas no les importaba el hecho de que yo estaba justo a su lado o
que había muchas personas alrededor. Pero bueno, la música era tan
fuerte que solo yo, que estaba literalmente a su lado, podía escuchar
esos espantosos chillidos de cerdita.

Suspiré nuevamente y tomé un sorbo de mi cerveza fría. “Ella” nunca


perdió su sonrisa, salvó que ahora está lamiendo y mordiendo el cuello
grasoso y sudado de la chica esa. Sus dedos ya están por debajo de la
tanga de la gorda. Puedo ver cómo “Ella” bombea rítmicamente dentro de
esa olorosa vagina, haciendo que le tiemblen las piernas a la «Miss
Piggy».

Quiero irme, ya no aguanto más de esta mierda. Me levanté de mi


asiento, mi molestia ya era evidente y las intenciones de irme, para
ponerle fin a ese juego tan enfermizo que estábamos jugando, también.
Sin embargo, una fuerte vibración en mi ano me hizo gemir
ruidosamente. Frene mi andar y mire conmocionado hacia todos lados,
por suerte, nadie me escuchó. Y si lo hicieron, todos estaban
demasiados borrachos y drogados para entender algo.

“Ella” sonreía mostrándome el pequeño controlador del vibrador que


tengo insertado en el culo. Me hace señas con su mano libre para que
me acerque. Al igual que un perro obediente y fiel a su amo, fui hacia
“Ella”.

Note que la gorda había tenido su tan ansiado orgasmo, en la mano de


“Ella”, quien retiró sus dedos de la vagina ajena. Se veían viscosos y
húmedos, producto del orgasmo de la cerda rubia. “Ella” sonrió
mostrándome los cuatro dedos sucios y no hicieron falta palabras.

Conozco muy bien las intenciones perversas detrás de ese gesto. Me


moví hasta llegar a su lado y guíe mi boca hacia esa mano impura.
Chupando y lamiendo todo, hasta dejar completamente limpia de
aquellos jugos ácidos y salados cada rincón de su mano. “Ella” sonrió y
luego dejó a la rubia sentada en el taburete para acercarse a mí.

—Buen chico, Jorge.

Sonriéndome con una dulzura casi angelical, me acarició la cabeza


cual perro.

—Pagá la cuenta y nos vamos. Te voy a dejar en tú casa antes de que


se despierte tú mujer para ir a trabajar.

Por su tono de voz, me di cuenta de que “Ella” no iba a darme lugar a


responder. Pagué mi cuenta y la de “Ella”, después salí del lugar y me
subí al asiento de acompañante.

“Ella” no dijo ni una palabra en todo el camino, yo tampoco hice un


gran esfuerzo por hablar. Conmigo siempre fue una forra, egoísta,
malcriada. Pero jamás pude recriminarle nada, puesto que, a sus ojos, yo
no soy más que un inmoral hijo de puta. Pero no puedo evitar sentir
placer en esto y, aunque lo niegues, “Ella” también lo siente.

Antes de bajarme del auto, “Ella” me agarra del brazo, atrayéndome


hacia su cuerpo, y ahí nomás, me encajó un tremendo beso.

—Bajate.

La miré confundida, sintiendo una mezcla de deseo, excitación y furia.


Peto finalmente baje del auto, viendo cómo esa pendeja de 23 años me
mira de forma sobradora, sabiendo que me tiene comiendo de la palma
de su mano.

—Nos vemos el domingo para el asadito familiar. Ah, y, papá… Déjale


mis saludos a mamá.

Sonríe de forma cínica, pero con una sensualidad irremplazable.


Luego arrancó el auto y se fue en dirección a su casa, dónde la estaban
esperando mi yerno junto a mi nieto.

Suspiré, mientras me prendía un pucho y miraba a mi hija alejarse. El


sonido de una puerta abriéndose llamó mi atención, haciendo que gire mi
rostro para ver a mi señora asomándose. Tenía una sonrisa maternal y
amorosa, se acercó a recibirme y preguntó cariñosamente por nuestra
hija quien ya se encontraba a una cuadra de distancia. Mire a mi mujer y
le indique que entrara a la casa, mientras yo miraba el coche de mi hija
perdiéndose en el paisaje y jurando, nuevamente, guardar eternamente
el secreto de nuestro amor.

3333333

Mi cuñada insistía permanentemente. Hasta un día que vino a casa y


mi mujer no estaba llegó a mostrarme las tetas para convencerme de que
sería bien recibida en nuestro ambiente de parejas “swingers” al que
habíamos ingresado hacía un par de meses y en el que la estábamos
pasando muy bien.

Lo peor era que mi esposa la incentivaba. Lo único que a ella le daba


un poquito de vergüenza era que en el entrevero en alguna reunión yo
pudiera quedar pegado a su hermana. La apañaba porque le tenía
bronca al marido de ella porque según contaba era un atrasado, un
celoso, que no se la cogía nunca, que prefería ver fútbol a estar con ella
y que ésta ya no lo aguantaba por lo que quería ir sola porque necesitaba
tener sexo.

A mí no me parecía bien que concurriera sin su esposo, pero en


definitiva no era mi problema. Para colmo mi mujer la entusiasmaba
contándole lo bien que la pasábamos y los amigos que habíamos hecho.
Así que un día me decidí y lamentándome por su marido armé una
pequeña reunión en casa con un par de amigos. Era una parejita joven y
muy perversa, El superdotado y ella bisex. Por supuesto que la invitamos
a mi cuñada, quien para no levantar sospechas con su esposo llegó
temprano y como siempre, con un paquete de facturas. Mi cuñado nunca
venía porque iba a la cancha y después se quedaba viendo fútbol por
televisión hasta el último partido.

A la pareja joven también la hicimos venir temprano y en un momento


dado mi cuñada me descolocó. Es que yo para entrar en clima charlaba
para que se fuera conociendo con la otra pareja y de pronto dijo:
¿Cuándo empezamos? No tengo mucho tiempo y quiero disfrutar a pleno
de la fiesta.

Eso desencadenó todo, porque esos jóvenes son muy zarpados y en


un minuto estaban los dos en bolas apretándose a mi cuñada. Ella metía
mano por todos lados y chuponeaba tanto a él como a ella..

Ahí nos dimos cuenta con mi mujer que a su hermana también le iban
las mujeres, sobre todo por la pasión con que le tocaba la concha a la
otra.

Se tiraron sobre un sillón mientras mi mujer sacaba las tacitas de café


y las facturas para que no se aplastaran. La desnudaron y pude
comprobar que mi cuñada tenía un buen lomo. La había visto en malla,
pero en bolas era realmente excitante. Me hizo calentar de inmediato.
Sus pezones son grandes y morados y su concha rapada tiene unos
labios rosados oscuros que parecen una boca abierta. Le nace bien
arriba el tajo y su clítoris sale hacia fuera y al frente como si fuera una
pijita.

Le chuparon la concha entre los dos, primero uno y después el otro.


Luego él se paró en el sillón y le puso la verga en la boca. Ella la agarró
con las dos manos y mientras gemía se la introdujo hasta la mitad, que
era toda su capacidad bucal. El empujaba queriéndole llegar a la
garganta y en un momento mi cuñada se ahogó y tuvo un pequeño
acceso de tos. La chupó un buen rato mientras tenía un orgasmo tras de
otro por la mamadas que la mujer bisexual le propinaba. Descubrimos
con mi mujer que su hermana era una multiorgásmica insaciable.
A esta altura estábamos nosotros también desnudos, pero sin
participar así que me acerqué a ella mientras lamía el miembro del otro
hombre. Me miró de reojo y me hizo señas de que me aproximara más.
Así lo hice y me agarró la pija y lentamente comenzó a masturbarme.
Después giró lentamente y al momento que soltaba las dos vergas que
tenía en sus manos nos pidió que la cogiéramos. Yo cedí mi lugar al otro,
porque estaba mi mujer y no sabía cómo reaccionaría, y éste se la metió
bruscamente por la vagina. Ella gritaba de placer y pedía entre gemidos
que yo le acabara en la boca.

Se la puse, ella la degustó con pasión, pero yo controlé mi orgasmo.

Fue entonces que mi mujer se me acercó y me dijo que llegábamos


hasta ahí, que no la fuera a coger, que recordara que era su hermana.

Mi cuñada mientras tanto se desparramaba en orgasmos. El flaco se


retiró de su vagina y me dejó lugar para que se la pusiera. Dudé un
instante, pero ante los insistentes reclamos volví a mirar a mi esposa
quien me contestó con un “sí” tímido. Mi pija entró sin escollos hasta el
fondo.

La situación era maravillosa, mi mujer se olvidó hasta tal punto que me


besaba mientras yo me cogía a su hermana. Fue tan fuerte que acabé de
inmediato. Mi verga se ablandó, pero ella no me dejaba ir, parecía que
gozaba más con un miembro fláccido dentro de su vagina.

Por fin me soltó y mi lugar lo ocupó el otro hombre que deseaba


terminar lo que había comenzado. Lo hizo acabándole en su cara,
llenando de semen su frente y su cabello. Ella estiraba la lengua para
capturar las gotas que resbalaban por su piel ardiente.

La reunión continuó intercambiándonos las parejas. Mientras mi


esposa le chupaba la pija al joven yo le hacía el culo a la minita y ésta se
zambullía en la concha de mi mujer. Mi cuñada nos acariciaba a todos
por igual, salvo a su hermana y ésta jamás la tocó.

Después la joven me la chupó al unísono con mi cuñada y les acabé


en sus bocas. Resultaba gracioso ver cómo se disputaban mi pija. Se la
pasaban de boca en boca y hasta temí que me la mordieran, cosa que no
sucedió por suerte.

Mi mujer mientras tanto se aguantaba estoicamente el terrible pedazo


del joven quien la había puesto en el suelo con las piernas levantadas e
iba alternando sin parar con la concha y el culo de ella. Culo que estaba
acostumbrando a recibirla porque eran unos de los habituales asistentes
a las reuniones que hacíamos. No todas las mujeres lo podían soportar
pero la mía lo dilataba de tal modo que le entraba como si nada.

Terminamos todos extenuados pero fue complicado convencer a la


hermana de mi mujer de seguir otro día. No se quería ir, quería más y
más. Por fin la llevamos a su casa después de ofrecerle un profundo
baño que le sacara el olor a semen que tenía por todo el cuerpo para que
su marido no se diera cuenta.

Hoy en día mi cuñada coge con nosotros. Ya traspasaron la barrera


con mi esposa y se propinan caricias por todo el cuerpo. El que resulta
más complicado soy yo que tengo que atender a las dos por eso es que
a veces le organizamos fiestitas con la presencia de otros hombres que
colaboran conmigo.

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Hola mi nombre es Itzamara, soy de Paraguay, tengo 55 años, de


complexión soy delgada, con pechos chicos y un culo parado y
respingón, soy una mujer cristiana muy recatada de la vieja escuela, uso
vestidos largos hasta los tobillos, no uso ropa de moda como dirían, ni
ropa enseñona, esto que me paso fue hace dos años después de la
muerte de mi marido.

Mi yerno Raúl y mi esposo siempre tuvieron una relación muy cordial


más que yerno y suegro eran excelentes amigos. Por lo que cuando mi
marido murió todos sufrimos mucho y entre los que más se apenaron
estuvimos yo mi hija y su esposo.

Soy una mujer que considero aún me conservo muy bien por lo que al
quedar viuda a los 53 años me dolió mucho, con mi esposo no hacíamos
el amor con mucha regularidad, nuestros encuentros se reducían a
hacerlo una vez al mes, de la forma mas tradicional y nuestros
encuentros duraban 10 o máximo 15 minutos, por lo cual me encontraba
insatisfecha desde hace años, pero como decía mi madre, no se hablan
de las intimidades de alcoba con el marido, y así después de un mes de
la muerte de mi marido me encontraba anhelando tener sexo de nuevo,
me sentía completamente necesitada de satisfacción. Fue ahí cuando
hice la cosa mas equivocada que pudiera pensar.

El hermano de mi marido, Roberto, un hombre maduro dos años


mayor que yo, vino una tarde para acompañarme y saber como iba
superando mi perdida, ambos nos sentamos en el sofá, empecé a llorar
en su hombro, después de una hora de platicar sobre mi marido .mi
cuñado puso mi cabeza sobre su regazo para que descansara un poco.
Era casi de noche y estábamos solos en la casa, mi hija y su marido
viven a unos pocos minutos de acá.

Me sentía un poco cansada, sin embargo cuando coloque mi cabeza


sobre su regazo pude sentir la erección dentro de sus pantalones, me
sentí un poco nerviosa, entonces empezó a acariciarme, antes de que
pudiera reaccionar de nuevo estaba ya en mi dormitorio y el hermano de
mi difunto marido me estaba poseyendo. Su pene no era tan grande
como lo hubiese deseado pero logro calmar mi creciente ardor.

Estaba haciéndole una caliente mamada cuando escuche un pequeño


ruido que mi cuñado concentrado en su placer no escucho, gire mi vista y
entonces <mire a mi yerno parado en la entrada de la puerta de la
habitación, nuestros ojos se encontraron en el momento exacto en que
mi cuñado disparaba su semen dentro de mi boca.

Mi yerno retrocedió rápidamente y salió de la casa, rápidamente le dije


a mi cuñado que se vistiera y se fuera, me encontraba completamente
avergonzada, el esposo de mi hija me había descubierto teniendo sexo
con mi cuñado.

Pasaron cerca de tres semanas sin que tuviera noticias de mi yerno,


aunque mi hija venía a visitarme, este no la acompañaba, pensé que mi
yerno no le había dicho nada a su esposa pues nunca me dijo nada. Pero
cada vez que recordaba el incidente me sentía completamente
avergonzada.
Cerca de un mes después de que sucedió el incidente, empecé a
tranquilizarme pensando que mi yerno nunca mencionaría nada de lo
sucedido, un sábado mientras acomodaba mi cama escuche un golpe en
la puerta de la habitación cerrándose fuertemente, trate de dar vuelta
para mirar pero fui empujada sobre la cama, una mano sostenía mi cara
contra las sábanas, fui incapaz de ver quien estaba detrás de mi,
entonces oí su voz, rápidamente lo reconocí, ¡era Raúl mi yerno!

Rápidamente se inclinó sobre mi y me susurro en mi oído “¡Me la voy a


coger señora, le daré lo que usted necesita!” Yo no podía hablar pues mi
cabeza estaba siendo empujada fuertemente contra mi cama, sentí como
una mano subía mi vestido hacia mi espalda y como mis nalgas eran
apretadas por su potente mano.

MI yerno soltó un momento mi cabeza permitiéndome hablar “¡Raúl


por favor no haga esto!” suplique

“Cállese puta, sé que usted quiere que se la cojan, tardo solamente un


mes para acostarse con el hermano de su esposo, ahora yo le voy a dar
una verdadera lección” hablo mi yerno.

Sentí como mis medias se rasgaban rápidamente, entonces escuché a


mi yerno desabrochar su cinturón, mientras hacía esto yo podía haberme
levantado sin embargo un gran temor me detenía.

Giré mi cabeza y entonces pude ver como mi yerno bajaba su


pantalón, dejando libre su erecto pene. Era el pene mas grande que
hubiera visto media por lo menos 10 pulgadas y era bastante grueso.

Entonces rápidamente trate de levantarme y escapar pero mi yerno me


tomo por el cabello y me empujo haciendo que cayera de rodillas.
Entonces se puso frente a mí aun sujetando mi cabello.

“¡Abra la boca!” ordeno

“¡Raúl, por favor…!” le suplique ahora con los ojos llenos de lágrimas
que empezaban a caer por mis mejillas.
Pero al tratar de terminar, mi yerno empujo la cabeza de su enorme
pene entre mis labios, “¡Muéstreme como mama verga una vieja caliente
como usted, hágamelo como se lo hizo a su cuñado!”, entonces empezó
a empujar todo su pene pulgada a pulgada dentro de mi boca hasta que
entrara casi hasta mi garganta.

Fui forzada a mamar su pene, empecé a deslizar mi lengua sobre la


cabeza de esta mientras empecé a chuparla con mis labios, la saque un
poco de mi boca y empecé a chuparla recorriendo con mi boca la
longitud entera de su herramienta, mi yerno soltaba suaves gemidos
cada vez que mi lengua descendía y se deslizaba suavemente
acariciando sus gordas pelotas. Sentí como su pene se ponía rígido
como una roca, pensé que estaría cerca de terminar, pero el
presintiéndolo retiro su pene y me arrojo de nuevo sobre la cama, boca
arriba.

Entonces mi yerno rápidamente se colocó sobre mí, cerré los ojos


nerviosa por lo que este iba a hacerme, entonces lo sentí, de un empuje
Raúl enterró su enorme miembro dentro de mi vagina, gemí fuertemente
al sentir como su grueso y largo aparato se abría campo en mi interior,
sin embargo debía reconocer que empecé a sentir un leve hormigueo de
placer.

MI yerno empezó a penetrarme rápida y fuertemente, con gran


esfuerzo trate de ocultar el placer que había empezado a experimentar,
pero mis gemidos empezaron escapar, había pasado un mes sin sexo
otra vez, desde el incidente no había querido hacer anda mi cuñado.

Me sorprendí al darme cuenta de que yo misma había levantado un


poco las caderas emparejando mis movimientos con los de mi yerno, me
sujeto por las caderas mientras continuaba penetrándome ahora mas
duro, su pene se deslizaba profundo dentro de mi mojada vagina, pocos
segundos después sentí como llegaba mi orgasmo, no lo pude ocultar
gemí fuertemente mientras mi cuerpo empezaba a convulsionar
disfrutando de aquel inmenso placer.

“Si suegra, demuéstreme lo puta que es, quería verga pues aquí tiene
la de su yerno que le está dando tanto placer” gemía mi yerno
“Oh si Raúl cójase a su suegra, así ahhh” entre mas sucio me hablaba
mas disfrutaba.

Fue entonces cuando mi yerno empujando su pene fuerte y profundo


dentro de mi vagina empezó a gemir aún mas alto, sentí como su pene
empezaba a disparar potentes cantidades de esperma que iban a
estrellarse en lo profundo de mi ser, mi cuerpo volvió a ser sacudido por
oleadas de placer.

Sentía como mi yerno llenaba toda mi vagina con abundantes


cantidades de semen, adoraba sentir todo esto, nunca había sido
penetrada por un pene tan grande y que me satisficiera tanto.

Después de algunos minutos Raúl se retiró de mi, y permaneció a mi


lado en la cama, jadeaba como recobrando energía durante algún
tiempo. Entonces se volteó hacia mí de nuevo y rasgo totalmente mi
blusa, mis pezones estaban completamente erguidos, entonces tomo mis
senos entre sus manos y los acaricio inclinando su boca los beso, luego
me jalo haciéndome colocar sobre él.

Sabía lo que iba a hacer, su pene estaba completamente erecto otra


vez, tomo este en su mano y lo acerco a mi vagina. Empecé a cabalgar
su pene furiosamente disfrutando de todo el placer que me pudiera dar,
gemía cada vez que su duro miembro desaparecía profundo en mi
interior.

Sentía de nuevo como se acercaba el clímax, sujete mis senos entre


mis manos apretando mis pezones, y me desplome enterrando
completamente su enorme pene en mi interior mientras gemía de placer,
mi yerno acelero los movimientos de su pene dentro de mi vagina, sentía
como su respiración se hacía cada vez mas rápida a medida que también
llegaba al orgasmo, entonces me abrazo contra él, chupando mis
pezones mientras poderosos disparados de su semen llenaban mi
interior.

Era el mejor sexo que había tenido en mucho tiempo y había sido con
el esposo de mi hija, mi yerno, cuando este terminó de eyacular, me
retiré y me acosté a su lado, relajada con todo el placer que había tenido.
Unas horas mas tarde me levanté para ir a la ducha quería
refrescarme un poco, cuando estaba por cerrar la llave de la ducha vi
como mi yerno entraba dentro de la habitación desnudo aun y
acercándose me daba un ardiente beso.

Mi yerno empujo de nuevo su enorme pene dentro de mi vagina otra


vez, tuve tres orgasmos antes de que este terminara. Ahora mi yerno me
coge casi a diario, algunas veces me siento celosa de saber que debo
compartir con mi hija al hombre que me da tanto placer, pero no puedo
decir nada, no quiero que mi yerno me niegue el placer de recibir su
enorme verga dentro de mí

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Alex es el hijo de mi marido fruto de su anterior matrimonio. Tiene


ahora 22 años, es alto, guapete y estudia en la Universidad, ha vivido
siempre con su madre en una capital de provincias y ella ha hecho todo
lo posible por distanciarlo de su padre, así que solo lo conocía de
coincidir escasas veces en alguna celebración familiar, donde habíamos
cruzado simples saludos y frases de cortesía.

Su padre me anunció que su hijo pasaría con nosotros 15 días de sus


vacaciones, lo que me sorprendió, aclarándome que el chico hacía
coincidir su estancia con la de su novia, que tenía a sus abuelos en la
capital y venía a pasar con ellos unos días; así entendí mejor el motivo
de su visita. Llegó a mediodía y después de comer se fue a pasar la
tarde con su novia. Llegó a la hora de la cena y después de un rato de
sobremesa se fue a dormir.

Su padre se fue a las 8 de la mañana al trabajo, como es costumbre y


sobre las nueve escuché ruidos en casa, señal de que Alex se había
levantado. Me levanté apresuradamente para ir a la cocina a prepararle
el desayuno, sin percatarme que inconscientemente llevaba puesto solo
el camisón, sin nada debajo como me gusta dormir, un salto de cama
que escasamente me cubría el culo y el sexo.

Mientras preparaba el desayuno el chico no dejaba de mirarme, me


percaté se fijaba en mis intimidades mostrándose nervioso y excitado,
era evidente que mi desnudez le estaba violentando, pero ya era tarde
para ir a buscar algo con que cubrirme, ya me había visto todo lo que
podía ver, que era todo. Me di cuenta, que al agacharme para sacar del
armario alimentos y utensilios de cocina, cada vez que me inclinaba,
quedaban a su vista mi sexo y trasero de forma ostensible y provocativa.

Le había preparado zumo, huevos con beicon, repostería y solo me


faltaba servirle café. Cuando estaba llenando su taza, con la cafetera
hirviendo, él metió su mano en mi entrepierna hasta llegar a mi sexo, que
pudo tocarme al no poder soltar la cafetera que le hubiera ocasionado
quemaduras. Fueron segundos suficientes para conseguir tocarme el
coño desnudo.

Enfadada le dije qué había hecho, pero él simplemente contestó que le


había puesto mi coño demasiado cerca y a la vista para invitarle a
tocarlo, algo instintivo que no pudo evitar. Además, siguió diciendo, sabía
que todos los hombres podían follarme y no entendía me molestara tanto
con él por solo tocármelo. Le había contado, que antes de casarme con
su padre, follaba con muchos hombres y que a él lo conseguí con mi
coño.

Le pregunté ofendida quien le había contado aquellas cosas tan


horribles de mí, pero se negó a decírmelo. No me di por vencida y opté
por usar mis armas de mujer para que confesara. Me senté en sus
piernas frente a él y llevé sus manos a mis pechos, el chico los tocaba
excitado, me besó con lengua y le correspondí, a la vez que deslizaba los
tirantes del camisón para hacerlo caer y dejar mis tetas al aire a su
disposición. El chico me comía las tetas y chupaba los pezones con
fruición, a la vez que notaba como crecía su bulto debajo de mi trasero.

Entonces volví a preguntarle quien le había hablado tan mal de mí y


confesó que su madre, siempre le contó que su padre se había casado
con una fulana que se entregaba a todos los hombres, incluido su padre,
que se había enamorado de mí solo por mi sexo, rompiendo así su
matrimonio. Ante esta confesión no dudé que a la bruja de su madre le
iba a dar su merecido, y ello utilizando a su propio hijo y con la medicina
que ella misma decía aplicaba tan bien, mi coño.

Seguí dejando que el muchacho se diera el lote conmigo y viendo


como aumentaba el tamaño de su paquete, le pedí se pusiera de pie y
sacara su polla. No estaba mal para tan jovencito y se la mamé
poniéndola en su punto máximo de erección. Antes de que se corriera
me levanté apoyándome en la mesa boca abajo, dejando a su
disposición mi culo y sexo en pompa, puse saliva en mi sexo para
lubricarlo bien y le animé a que me la metiera, la tenía tan dura que me la
clavó de una embestida y después de un corto meteysaca se corrió.

Cuando a la mañana siguiente salió mi marido para ir al trabajo, fui a


su habitación y me metí en su cama desnuda. Nos besamos, acariciamos
y en pocos minutos ya la tenía dura y dispuesto a montarme. Le dije que
se tranquilizara, que le iba a enseñar a hacer sexo y a disfrutar sin prisas.
Le expliqué que debía aprender a satisfacer a una mujer, para eso solo
debía pensar en cómo hacerle disfrutar, pues así recibiría su recompensa
gozando más.

Mientras me comía las tetas su mano acariciaba mi sexo, yo me


dejaba hacer y le iba indicando cómo debía acariciar en cada momento.
Su polla estaba a reventar y deseaba a toda costa penetrarme, pero le
tranquilizaba diciéndole me tenía que preparar antes de follarme, para
así disfrutar los dos de la cogida.

Le expliqué cómo debía bajar rozando con su lengua cada centímetro


de mi piel hasta llegar a mi coño, una vez allí le fui indicando como debía
lamer mi clítoris haciéndolo crecer, ya estaba duro y fuera de su
capuchón para su disfrute, le dije lo apretara suavemente con los dientes
y lo lamiera, entonces se asustó con mis estremecimientos y temblores y
le pedí siguiera chupando y succionando el clítoris.

Ya estaba caliente y mi coño rezumaba abundantes flujos, era el


momento de dedicarle atención y le hice bajar la lengua a mi raja para
que lamiera, abriendo despacio los labios con la presión de su lengua,
que impaciente deseaba entrar en su interior. Pronto estaba entre mis
piernas con la cara empapada de flujo intentando descubrir los secretos
de mi cueva. Me hacía gozar como una perra y tenía su cabeza oprimida
entre mis muslos y con mis manos lo apretaba contra mi sexo. Me hizo
correr y mis temblores, junto con las palpitaciones de mi coño y el manar
de mis fluidos lo volvía loco de excitación.

Le hice tumbarse boca arriba y poniéndome a horcajadas encima de


él, llevé su capullo entre los labios de mi vagina y dejándome caer me
entró de golpe hasta el útero. Le cabalgué haciéndole disfrutar mientras
me sobaba las tetas y me decía lo mucho que estaba disfrutando con
una puta tan rica. Impedía que se corriera alargando su eyaculación,
diciéndole pensara en otra cosa para evitar correrse rápido, quería me
diera un buen orgasmo antes de que se corriera.

Al final no pudo aguantar más y noté como un chorro de leche me


inundaba, sentía sus espasmos y su esperma llenarme el coño, que
empezó a palpitar y tener contracciones con un orgasmo intenso que me
hacía venir y que duró una eternidad. Caí fulminada respirando
entrecortado y profundo para no desmayarme.

Todos los día siguientes iba a su cama y copulábamos sin descanso


hasta la hora que él se iba a ver a su novia, con la que pasaba el resto
del día. Llegó el fin de semana y la presencia de mi marido en casa, nos
obligó a tomarnos un descanso forzoso, que haría que el lunes
retomáramos nuestra actividad sexual con más ganas. Solo pudimos
darnos algún beso o tocarnos de forma furtiva en momentos puntuales,
evitando nos viera su padre.

El martes cuando llegó a última hora de la tarde para la cena, le


anuncié que su padre había salido de viaje de trabajo y no volvería en un
par de días. Se puso muy contento y después de la cena nos dispusimos
a ver un rato la tele. Nos sentamos en el sofá y pronto Alex me pasaba el
brazo por encima de mi hombro y comenzó a meter su mano por el
escote y tocarme las tetas. No conforme me metió mano y empezó a
jugar con mi sexo, lo que hizo que nos calentáramos demasiado y nos
fuimos a la cama. Esta vez pasamos la noche en mi habitación y no
dejamos de follar en toda la noche, el nene se recuperaba rápido
después de cada polvo y eso me encantaba.

Además, había aprendido a controlarse y ya aguantaba la erección sin


correrse, lo que me permitía venirme varias veces seguidas. Lo hicimos
de todas las formas y posturas posibles hasta caer rendidos. Amaneció
con una buena erección que hubo que sofocar volviendo a hacer sexo
hasta media mañana. De la misma forma disfrutamos la noche siguiente.

Cuando marchó, acabadas las vacaciones, seguimos en contacto


telefónico y me decía lo mucho que me echaba en falta y lo que me
deseaba. Siempre que tenía ocasión nos visitaba, con lo que su padre
estaba contento y yo muy bien follada, pues siempre encontrábamos
momentos para disfrutar de buen sexo. El muchacho era muy buen
alumno y había aprobado la asignatura con sobresaliente, demostró ser
digno alumno de su profesora y se había convertido en un excelente
amante del que disfruté durante algún tiempo.

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Han pasado un par de meses desde lo ocurrido con el documental y,


desde entonces, Enzo ha participado en las actividades lujuriosas que
sus padres hacían, ya sea acompañando a su padre en las orgias que
este realizaba o teniendo sexo salvaje con su madre cada vez que
tuviese la oportunidad. Todo parecía ser perfecto para Raúl y para
Pamela, pues les encantaba que su hijo compartiera su gran pasión por
el sexo, y su relación estaba a punto de mejorar aún más.

Todo comenzó una noche de fin de semana, en la que la familia


acababa de regresar a su casa tras haber pasado la tarde en un burdel.

“esas fueron las mejores putas que me he cogido” dice Enzo

“y si crees que las de hoy fueron buenas, espera a ver el lugar al que
te llevare la semana que viene” dice Raúl “nos la van a chupar tanto que
nos van a dejar la verga como una pasa de uva”

“hablando de chupar ¿a quién le toca satisfacerme en la cama ahora?”


pregunta Pamela, mientras toca las nalgas de su esposo y de su hijo “¡no
olviden que, por más putas que cojan, deben guardar algo de su rico
semen para la mujer de la casa!”

“¡esta noche me toca a mí!” exclamo Raúl, con firmeza “¿Por qué no
vas al cuarto a prepararte? Yo iré en unos minutos”

La milf acata la orden de su marido y, en cuanto esta se va, Raúl se va


a la sala para hablar con su hijo.

“escúchame, Enzo” dice el padre, en voz baja “necesito hablar contigo”

“¿sobre qué, papa?” preguntó el joven, con curiosidad


“como sabrás, la semana que viene es el cumpleaños de tu madre. Yo
ya tengo un regalo en mente que le va a encantar, pero necesito que me
ayudes”

“¡Por supuesto! Sabes que haría cualquier cosa con mama” afirma
Enzo, con firmeza “¿Qué quieres que haga?”

Tras explicarle su plan a su hijo, Raúl se va a su cuarto para tener


sexo salvaje con Pamela.

Una semana después, cuando Pamela regresa a su casa después de


haber completado su rutina de entrenamiento en el gimnasio, es
sorprendida por su esposo y por su hijo, quienes la reciben arrojándole
papel picado.

“¡sorpresa!” exclaman los dos hombres, con gran alegría “¡feliz


cumpleaños!”

“¡ay, mis amores!” exclamo Pamela, emocionada “¡no se hubieran


molestado!”

“¡pero por favor, te lo mereces, mi cielo!” exclamo Raúl, contento “no


todos los días cumples 41 años”

“y, aun así, te vez más sexy que varias de mis compañeras de
universidad” dice Enzo

“¡como los amo!” exclamo la milf, mientras abrazaba a su marido y a


su hijo

Luego, Enzo pone la mesa, Raúl sirve la comida que preparo, y los
tres se dan un gran festín mientras que conversas y cuentan chistes. Al
terminar el almuerzo, Raúl le hace una señal a Enzo, indicándole que ya
era la hora de poner en marcha su plan.

“¡es hora de darte tu regalo, querida!” exclamo Raúl, con una sonrisa
lujuriosa
“¿de verdad?” pregunto ella, emocionada “¿Qué es?”

“¡ya lo veras!” exclamo Enzo, quien hizo la misma sonrisa de su padre

La milf se tapó los ojos y, al abrirlos, se llevó una grata sorpresa,


porque vio a su esposo y a su hijo con los pantalones abajo y con cada
uno de ellos teniendo un enorme moño rojo atado en la verga.

“¡que hermoso espectáculo!” exclamo ella, mientras se pasaba la


lengua alrededor de la boca

“¿te gustan? Porque no solo vas a verlos, vas a sentirlos” dijo Raúl

“en cuento papa me dijo que tu gran fantasía era que tuviéramos un
trio en familia, no dude ni un segundo en participar” dijo Enzo “porque
una gran madre como tu merece que la complazcan en todos los
aspectos”

“¡pues dejemos de perder el tiempo!” exclamo Pamela, mientras


agarraba el pene de su marido con una mano y el de su hijo con la otra
“¡vamos ya mismo al cuarto, que me muero por jugar con mi regalo!”

La milf guía a ambos hombres hasta su cuarto y, una vez allí, los tres
se desnudan, y Enzo y Raúl comienzan a besarle y a lamerle el cuello a
Pamela, al mismo tiempo que esta les hacia una paja. Tras mucho
manoseo, la mujer besa apasionadamente a su esposo, y luego hace lo
mismo con su hijo.

“¡tu boca es tan dulce como una torta, mama!” exclamo Enzo, quien
estaba muy excitado

“¿torta?” pregunto Raúl y, tras pensar por unos instantes, se dio una
cachetada en la frente “¡pero que bruto! Olvide comprar una torta de
cumpleaños”

“¡no te preocupes, querido, no hace falta!” exclamo Pamela, mientras


besaba el pene de su marido “¡estas vergas son más sabrosas que
cualquier torta!”
“si pero, aun así, no sería un cumpleaños completo sin una torta” dice
el marido

“¡esperen, creo que tengo una solución!” exclamo Enzo

El joven salió del cuarto y, en unos instantes, regreso con una lata de
crema batida y un frasco de cerezas. Luego, Enzo cubrió su verga con
crema y le puso una cereza encima para decorarla.

“¡no será una torta, pero es un postre que estoy seguro que
disfrutaras, mama!” exclamo el joven, con una lujuriosa sonrisa

“¡que genial idea tuviste, hijo!” exclamo Raúl, quien decoro su pene
igual que el de Enzo

“¡que orgullo me da ver que hayas heredado mi misma creatividad


pervertida!” exclamo Pamela, con gran alegría “ahora prepárate Enzo
porque, por ser al que se le ocurrió esta idea, serás al primero a quien
“devore””

La milf, de un solo movimiento, se mete toda la verga de su hijo dentro


de la boca, y le empieza a dar una poderosa mamada, al mismo tiempo
que Raúl le masturbaba el coño con sus dedos. Luego, Pamela se saca
la verga de su hijo de la boca y se la empieza a mamar a su esposo, al
tiempo que usa sus grandes tetas para hacerle una paja cubana a Enzo.

Tras mucho sexo oral, Pamela agarra la lata de crema batida, se unta
todo el culo con esta, y se acuesta boca arriba abajo sobre la cama.

“no sería justo que solo yo disfrutara de mi “torta de cumpleaños”” dijo


ella, entre risitas, mientras se colocaba un par de cerezas sobre las
nalgas “¡vamos, coman su “porción” del postre ustedes también!”

“¡debe ser la torta más grande que he visto!” exclamo Enzo, y sus
padres se ríen por el comentario

Padre e hijo comenzaron a chupar toda la crema y a comer todas las


cerezas que Pamela tenía sobre las nalgas y ella, al sentir las lenguas de
estos, no pudo evitar gemir por el gran placer y morbo que sentía. Una
vez que los dos hombres terminaron de limpiar las inmensas nalgas de la
milf, esta se para y se prepara para el siguiente acto sexual.

“¡bien, llego la hora de la doble penetración!” exclamo Pamela

“¡yo pido el culo!” exclamo Enzo

“¡no, ese culo es mío!” exclamo Raúl, con firmeza “¡yo me lo cogía
desde antes de que tu nacieras!”

“¡si, pero yo tengo preferencia por ser su hijo!”

“¡tranquilos, muchachos, tranquilos!” exclamo la milf, a quien le


encantaba que ambos hombres se pelearan por ella “¿Por qué no lo
dejamos a la suerte?”

“¿lanzando una moneda?” preguntó el joven

“¡no, nada de eso! ¿Qué crees que somos? ¿Unos infantes?” exclamo
la madre “lo solucionaremos con un concurso de orgasmos: yo les hare
una paja al mismo tiempo a ambos y, el último en acabar, será el
ganador y será el primero en tener sexo anal conmigo”

“¡me parece una gran idea, cariño!” exclamo el padre

La milf se arrodillo y comenzó a masturbar a ambos hombres al mismo


tiempo. Tras varios minutos, el primero en acabar fue Enzo, quien salpico
las tetas de su madre con su semen.

“lo admito, he perdido” dice el joven “¡has ganado en buena ley, papa!”

“si, pero por muy poco” dice Raúl “aun te falta mucho por aprender y,
la próxima vez que vayamos de putas, te enseñare algunos de mis trucos
para durar más”

“queridos, toda su conversación es muy conmovedora y tal pero…


¿podrían hablar del tema en otro momento?” pregunto Pamela “¡tengo
muchas ganas de coger pero, antes de eso, cada quien deberá lubricar el
agujero que les toco!”

Acatando la orden de la madre, ambos hombres se arrodillaron, y Raúl


le empezó a chupar el culo a su esposa, al tiempo que Enzo le lamia el
coño. Una vez que ambos agujeros estuvieron bien ensalivados, Pamela
se subió encima de su hijo y se metió la verga de este dentro de su coño,
al mismo tiempo que su marido usaba su pene para penetrarle el culo.

“¡mierda puta y santísima!” grito Pamela, al sentir aquella doble


penetración tan violenta “no se dan una idea de cuánto los amo a los dos
¡Son lo mejor que me ha pasado en toda mi puta vida!”

“¡nosotros también te amamos, mama!” exclamo Enzo, entre gemidos


“¡tu amor maternal es lo que mantiene unida a esta familia!”

“¡literalmente!” exclamo Raúl, mientras se cogía el culo de su esposa,


y todos se rieron por su comentario

Tras un buen rato siendo penetrada al unísono por sus dos amados
hombres, Pamela le pidió a estos que cambiaran de posición, y ahora era
su esposo quien le cogía el coño mientras que su hijo le penetraba el
culo. Ambos hombres penetraron tan fuerte como pudieron los agujeros
de la señora de la casa hasta que, finalmente, esta tuvo un gran
orgasmo.

“¡que increíble que fue eso!” exclamo Pamela, quien estaba exhausta

“¡pues esto aún no termina!” exclamo Raúl “¡yo estoy a punto de


acabar!”

“¡yo igual!” exclamo Enzo

“¡aguanten, no desperdicien ni una sola gota!” exclamo ella, mientras


sacaba las vergas de sus agujeros y se arrodillaba frente a ambos
hombres con la boca abierta “¡lo quiero todo para mi sola!”

Enzo y Raúl, acatando las órdenes de Pamela, acabaron dentro de la


boca de esta, llenándosela de enormes cantidades de semen. Luego, la
milf hizo gárgaras con el semen de su esposo y se su hijo y, una vez que
ambos orgasmos estuvieron bien mesclados, se los trago.

Tras el intenso encuentro sexual, los tres se acostaron sobre la cama y


se dispusieron para dormir.

“¡el mejor cumpleaños de toda mi maldita vida!” exclamo Pamela,


quien estaba acostada entre Raúl y Enzo

“y, se eso te gusto, espera a ver lo que te tenemos preparado para el


día de la madre” dice Enzo

“si, él ya me dijo lo que tiene en mente, y estoy seguro que te va a


encantar” dice Raúl

“¡adoro mi vida!” exclamo la milf, con una gran alegría y, a los pocos
minutos, ella, su marido y su hijo se quedaron profundamente dormidos.

3333333

Una vez que regresamos del río, nos incorporamos al grupo familiar
como si nada hubiese pasado. Estuvimos compartiendo hasta el
mediodía cuando mi hermana sugirió que regresáramos al pueblo para
pasar el resto de la tarde en la piscina del hotel.

Llegamos al hotel y pedimos algo para almorzar alrededor de la


piscina.

Pasaron aproximadamente como dos horas cuando mi hermana le


pidió a Ana que la acompañara a comprar algunas cosas.

Mi cuñado y yo nos quedamos junto con los niños en la piscina.

Pasaron aproximadamente dos horas más para cuando ellas


regresaron, recogimos las cosas y cada familia subió a su habitación.

Al rato mi cuñado tocó la puerta diciendo que llevaría a los niños al


parque de diversiones que estaba instalado en el pueblo, Ana le dijo que
los acompañaría.
En virtud de eso yo decidí quedarme a descansar en la habitación. Me
recosté y me quedé dormido.

No sé cuánto tiempo había pasado cuando sentí a mi hermana entrar


a la habitación, pero supuse que estaba buscando algo que había
olvidado, pero mayor fue mi sorpresa cuando vino directo a la cama, se
acostó a mi lado, me abrazó y buscó mis labios para darme un beso.

Ante esa situación mi pija reaccionó inmediatamente y se comenzó a


parar, respondí al abrazo y bajé acompasadamente mis manos hasta las
nalgas de mi hermana, que llevaba puesto un short que le quedaba
holgado y una franela sin brassier. Metí mis manos debajo del short y
nuevamente quedé sorprendido, ya que mi hermana no llevaba puesta
bombacha. Eso hizo que mi pija terminara de ponerse a punto.

Me incorporé en la cama y le quité la franela, dejando al aire sus


hermosas tetas y no pude evitar la tentación de dedicarme a chuparle
sus pezones y a lamerle lentamente sus pezones, haciendo que mi
hermana comenzara a retorcerse de placer. Evidentemente ella ya venía
caliente y me fue muy fácil terminar de encenderla. Mientras le chupaba
las tetas bajé mi mano hasta la concha de mi hermana y comencé a
frotar ligeramente su clítoris, ya su concha empezaba a humedecerse y
mis dedos se deslizaban suavemente, permitiéndoles entrar y salir con
facilidad.

Cuando su concha ya estaba totalmente encharcada, bajé mi cara y


me dispuse a beberme sus fluidos vaginales, a lamerle su concha, a
chuparle sus jugos.

Ya estaba demasiado encendida y me pidió que la penetrara, pero


antes decidió ponerse en cuatro patas de cara a la puerta.

Cuando estaba en lo mejor de la cogida que le estaba dando a mi


hermana, sonó el cerrojo de la puerta, yo intenté retraerme, pero mi
hermana no me lo permitió.

Olvidé el asunto y me dediqué a bombearle pija a mi hermana, en esa


posición es realmente excitante ya que puedo ver todo su culo y
agarrarle sus tetas sintiendo que tengo el control de su cuerpo y ella
disfrutando siendo sometida por mi verga encajada en su concha. Mi
hermana gemía y me pedía que la penetrara con mayor intensidad.

Repentinamente se abrió la puerta y sorpresa… era mi esposa que


había decidido regresar, pero contrariamente a lo que me esperaba (una
escena de celos) puso el cerrojo y empezó a desvestirse, sonriendo
pícaramente.

Yo no estaba entendiendo lo que pasaba, pero mi hermana que aún


estaba ensartada en mi pija, le dijo: Ana, apúrate que este hombre está
realmente divino.

-Me dejas algo, no te lo goces todo -Ana respondió.

Esos comentarios me pusieron a millón y me puse darle mas duro a mi


hermana, Ana se acercó y se paró desnuda delante de mi hermana,
quien la agarró por las tetas y comenzó a chupárselas, Ana bajo su cara
y buscó los labios de mi hermana y se fundieron en un beso, un beso tan
erótico como nunca lo había visto, era un beso de pasión, me pareció
hermosamente excitante.

Se despegaron y Ana se acercó a mi para darme un beso también. En


ese momento mi hermana se despegó de mi pija, dejándome con mi
verga a punto de estallar. Ana bajó hasta mi pija y la llevó a su boca para
darme una mamada magistral. Mientras tanto mi hermana buscó su bolso
y sacó un consolador, se colocó detrás de Ana y se lo introdujo. Mi
esposa se meneaba disfrutando la cogida que le estaba dando mi
hermana, mientras me chupaba la pija.

Me tumbaron en la cama y se acostaron junto a mi, dejándome a un


lado. Ellas se dieron a besarse y a tocarse como las diosas, esa situación
me tenía muy excitado y se me ocurrió bajar a chuparles sus conchas,
mientras se la chupaba a mi esposa, mi hermana se metía el consolador
en su concha.

Cuando ya estábamos a punto de acabar, mi hermana se levantó y me


hizo que me montara sobre Ana, mientras ella lubricó el consolador y se
lo puso en el culo de mi esposa y comenzó a perforarle su trasero. Ana
gemía y se retorcía ante la doble penetración.
Yo no aguanté más y acabé en la concha de mi esposa.

Mi hermana me apartó y metió su cara en la concha de Ana, donde yo


acababa de vaciar mi leche, la chupó intensamente sacando los líquidos
que le había derramado, Ana no aguantó y se escuchó un grito de placer,
al momento de tener su orgasmo.

Me acosté a su lado y mi hermana aún a nuestros pies, se dedicó a


lamer suavemente mi pija limpiando todo residuo de semen.

Luego se ubicó al otro lado, dejándome en el medio de mis dos


mujeres.

Cuando iba a hacer un comentario, ambas me taparon la boca y me


pidieron que me quedara callado y que disfrutara el momento.

Allí estaba yo en medio de mis dos excelentes mujeres que amo,


entregados en una difícil, pero fascinante relación.

3333333

Un domingo cualquiera de primavera, una carretera poco transitada,


un coche estacionado en la cuneta, con los cuatro intermitentes
señalando su posición, los triángulos reglamentariamente situados, una
chica haciendo señas, tenía un neumático inutilizado y no podía
destornillar la llanta para reponerlo.

Paré delante para ayudarla, hacia más de media hora que no circulaba
nadie, empezaba a estar preocupada por lo que se puso muy contenta
de verme.

La chica no estaba mal, mejor dicho, estaba bien, un poco más baja
que yo, no sobrada de peso, pero sin estar delgadita, su vestido más
bien era sobrio, su educación refinada.

Repuesto el neumático quiso invitarme tomar un café en un parador de


carretera, a unos cinco Km del lugar, de paso podría asearme.
Lo que en principio parecía que sería tomar un café, en unos diez
minutos o un cuarto de hora se alargó por más de dos horas.
Empezamos hablando de coches, sus averías etc., pasamos a hablar de
música y acabamos contándonos cosas más personales.

Me sentía a gusto hablando con ella y al parecer ella también conmigo.

Se llamaba Mercedes, tenía dieciocho años recién cumplidos, vivía en


una torre, ajardinada en todo su alrededor, con sus padres y un hermano
de 24 años. Salía muy poco y no había tenido ningún novio formal.

Yo le dije llamarme Andrés, veintitrés años, vivo en el centro de la


ciudad también con mis padres.

Quedamos para pasear otro día, acabamos de contarnos nuestras


inquietudes, nos gustábamos, al despedirnos le di un beso en los labios
que ella correspondió.

A los pocos días le pedía relaciones formales, accedió, pero me puso


una condición, ella y su familia eran muy conservadores, se casaría por
la iglesia y llegaría virgen al matrimonio.

La verdad es que me gustaba mucho, acepte todo lo que me pidió y


hubiera aceptado más.

El segundo paso fue presentarme a sus padres y hermano, su madre,


Ana de unos cuarenta y pocos años, muy parecida en sus formas a ella,
morena, cabellera larga que llevaba recogida, sus aficiones, música,
cine, entre otras, su padre de unos cuarenta y cinco años, un poco más
alto que yo, aficionado a todos los deportes de montaña, alpinismo, etc.

Dada la distancia que había entre la ciudad y la urbanización, los fines


de semana me quedaba a dormir en su casa, tenían una habitación libre
casualmente ocupada por una hermana de su padre, separada, que los
visitaba con frecuencia, en estos casos tenía que dormir en la habitación
de su hermano Luís, era una habitación bastante grande con dos camas.

Mercedes tenía un trabajo que la obligaba algunos sábados, con


frecuencia su padre estaba los fines de semana en la montaña con sus
aficiones, el hermano salía con sus amigos, quedando yo algunos
sábados, solo, con mi dulce suegra. La ayudaba en los trabajos del
jardín, al estar ella sin coche, “los tres que tenían estaban fuera”, siempre
la llevaba con el mío de compras.

Sabía que su hija quería llegar virgen al matrimonio y que yo


respetaba esta decisión, cosa que comentábamos con frecuencia, quizás
esto y otras cosas hizo nacer entre nosotros una mayor amistad, me
encontraba a gusto con ella.

En verano trabajábamos en el jardín a primera hora de la mañana para


evitar el sol, se ponía solo una batita para ensuciar menos ropa, me
consideraba ya de la familia y algunas veces como era recién levantada,
no llevaba sujetador, me tomaba de la cintura, o de la espalda, o
simplemente me daba un abrazo sin malicia, esto unido a la continencia
voluntaria que tenía con su hija me calentaba mucho, a veces tenía que
hacer esfuerzos para superarlo, es que mi suegra esta buenísima, poco a
poco me entraban deseos de follarla.

Algún sábado, que mi novia no tenía coche, la llevaba a su trabajo con


el mío, por la tarde la iba a buscar con su mama, aprovechando para
hacer algo en por la ciudad.

Y es aquí donde empezó todo.

Un día de estos llegamos a la ciudad después de comer, mi suegro


como casi siempre en el monte, mi novia terminaba el trabajo sobre las
ocho de la tarde, para hacer tiempo entramos en un cine sin apenas ver
la cartelera, la primera película que vimos era de aventuras, distraída
pero sin mas, la segunda era un tráiler, con algunas escenas eróticas,
que nos hicieron subir la temperatura, note a mi suegra algo intranquila,
gire la cabeza para ver lo que hacía, estaba con los ojos medio cerrados,
medio suspirando y acariciándose los pezones por encima del vestido.

Me la quede mirando, mi excitación hizo que con la mano dentro del


bolsillo del pantalón acariciara mi pene, se dio cuenta que la miraba, vio
también mi mano moviéndose dentro del bolsillo, una sonrisa se le
escapó de los labios, cerro los ojos y continuo dándose placer con
aquellas suaves caricias, supuse que ella deseaba que entrara en
acción, imaginaba a mi mano recorriendo sus delicados muslos, una y
otra vez, parándose en su vulva, recorriendo con los dedos el negro
bello, buscando la entrada del placer, pero no me atreví, era la madre de
mi novia, termine masturbándome en los servicios del cine.

El resto del fin de semana, lo pasamos todos juntos, en la casa,


empezamos a hablar de boda y de sus preparativos.

Durante la semana no me la podía quitar de la cabeza, cuanto mas se


acercaba el sábado mas la deseaba, su provocación, sus pechos, sus
piernas, la dulzura en que me trataba, hicieron que me olvidara por
completo del riesgo de ser su hija mi novia.

Fue en el próximo fin de semana, mi suegra llevaba puesta la bata


para trastear en el jardín, eran sobre las nueve horas de la mañana del
sábado cuando quedamos solos, quiso ver una película que le había
dejado una amiga, otras veces lo habíamos hecho, preparo el DVD nos
acomodamos en el sofá con una buena taza de café y empezamos a
visualizarla.

Presentía en todo este hacer que preparaba alguna provocación, solo


que esta vez me lanzaría sobre ella sin perjuicios.

Efectivamente, la película era de sexo, al sentarse procuro que la bata


le quedara subida a medio muslo, como en el cine empezó a acariciarse
los pezones mirándome a mí, no a la película, le acaricie suavemente los
muslos, acto seguido abrió su bata sacando sus pechos, continuo con su
autosatisfacción, subí la mano, su coño estaba totalmente húmedo, no
llevaba bragas, entre mis dedos en él, dejo escapar un gran suspiro,
estiro sus brazos detrás de la nuca y doblo su cuerpo hacia delante para
exhibir mas sus senos, al instante la abrace abrí toda mi boca entrando
un pecho todo lo que pude, al mismo tiempo que le lamía el pezón, me
abrió la bragueta, saco mi pene bien tieso, agarrándolo con fuerza, tiro
de el, arrastrándome a mi sobre su cuerpo, abriendo sus piernas lo entro
todo en su coño.

Entre suspiro y jadeo, alababa lo buena que era mi polla, no


comprendo, decía, como la tonta de mi hija, quiere esperar tanto para
disfrutarla, yo le decía que espere, que espere, mientras pueda follarte a
ti mi querida suegra, estás muy buena.
No habíamos tenido tiempo a desnudarnos de lo excitados que
estábamos los dos, follábamos medio vestidos, la abrace por el cuello,
quedando mis codos apoyados en el sofá, para erguir un poco mi cuerpo
y así rozar suavemente sus pechos con los míos, ella se aferró a mi culo
con ambas manos, apretando fuerte mi polla dentro de su coño, casi no
podía moverme, casi no podía darle al va y ven a mi cuerpo, nuestros
labios permanecían unidos, las lenguas jugueteando, no la saques decía,
córrete dentro, llénalo de leche, el orgasmo fue inminente y largo.

Subimos a su habitación, la apoye en la pared junto a la ventana,


abrazados empezamos otra vez a besarnos, me excitaba solo de pensar
que su hija seria mi esposa pero ella mi amante, no tarde en tenerla otra
vez a punto, al notarla puso un pie encima de la butaca abriendo su
rodilla y separando la otra todo lo que pudo, se la metí, deslizaba bien,
todavía tenía parte del semen, la tome por las muñecas y le levante los
brazos a la altura de la cabeza, sus pechos erguidos apretaban mi torso,
pasaba su lengua suavemente por mi cuello, yo al suyo, estuvimos un
buen rato follando, cuando parecía que estábamos llegando al final, se
separó de mi, se tumbó en la cama boca arriba, me acerque a su coño
para chuparlo, me indico que no, ya estaba a punto del orgasmo, quería
tenerla dentro cuando esto ocurriera.

Al rato, mas relajados, sentados en la cama y todavía desnudos, le


comenté que no sabía como había podido ocurrir… me tenías loco por
follarte, jamás había sentido tanto placer como hoy, me siento
responsable de ello, creo que debemos dejarlo aquí.

Estuvimos un rato callados, abrazados, llenándonos de caricias, ella


rompió el silencio, para comentarme su situación, decía, hemos llegado a
un punto con mi marido que no me atiende lo suficiente, casi todos los
fines de semana me deja sola, a mi no me gustan sus deportes, follamos
alguna vez entre semana pero yo necesito mas, no te sientes
responsable, desde el día que te conocí he intentado provocarte para
crear esta situación, mi hija creo que con poco sexo tiene bastante, por lo
que veo, tu eres igual que yo, así la cosa no saldrá de la casa.

A partir de este día como yo terminaba el trabajo a media tarde, en la


casa estaba mi suegra sola, teníamos un par de horas de lujuria, hasta
que llegaran los otros.
Pasaron tres semanas, el viernes iba contento a ver mi novia, bueno
primero a mi suegra, excitado como siempre en el corto viaje, al entrar mi
suegra me hizo un gesto, diciéndome, quieto para, está aquí mi cuñada,
la tía que ha venido a pasar unos quince días con la excusa de
ayudarnos en los preparativos de la boda, esto quería decir que irían
juntas a todas partes, como siempre, yo tendría que dormir con mi
cuñado, a mi novia tenía que respetarla, este era el trato, o sea que se
avecinaban quince días de masturbación.

Aquel viernes estando a solas con mi novia, incremente los besos y los
toqueteos, pero esto no hizo mas que agravara mi calentura.

Al retirarnos a descansar, cuando dormía con mi cuñado, siempre


hablábamos o simplemente escuchábamos música, cada uno sentado en
su cama, como hacia calor estábamos solo en calzoncillos, este día
cuando se quitó los pantalones, lucía un hermoso tanga, me lo quede
mirando un poco asombrado, ya que no era costumbre en él.

Luís: Te gusta.

Andrés: Si te queda bien.

Luís: He comprado dos, porque no te pruebas el otro.

Andrés: No gracias, no me vería bien con una prenda de estas.

Luís: Solo probártelo para que yo pueda ver el efecto.

Me lo probé, en broma me puse delante de él, di una vuelta a mi


cuerpo exhibiéndome.

Andrés: Que te parece, ¿cómo me sienta?, ¿cómo lo ves?, te gusta.

Luís se levantó de la cama, se acercó a mí, dándome una palmada en


las nalgas dijo:

Luís: Te sienta muy bien, estas muy sexy así, tienes un cuerpo
precioso.
Después de la palmada vinieron las caricias, yo creía que era de
broma y consentí, levantó el brazo apoyándolo en mi espalda,
deslizándolo hacia mi cuello, giro mi cabeza y me dio un beso en los
labios, fue tan rápido que no reaccione hasta que note la saliva de sus
labios en los mío, lo separe de un empujón.

Andrés: Pero que haces Luís.

Luís: Perdona, pero con este tanga, me he excitado, tuve la impresión


que consentías, y me lance, me gustas Andrés, como me ves a mi, te
gusto

Se acerco con la intención de abrazarme, retrocedí, le di a entender


que él tenía un buen cuerpo, pero que mi amistad era a nivel de familia.

Luís: No sé cómo reaccionaras en lo que voy a decirte, si tú le gustas


a mi madre, también me gustas a mí, y si te follas a mi madre también
me follaras a mí.

Andrés: Pero que dices, follarme yo a tu madre, estás loco, de donde


lo has sacado.

Luís: Yo aviso, o eres de los dos, o no sé cómo reaccionara mi padre y


mi hermana cuando se lo diga, no vengas diciendo que estoy loco porque
tengo fotos, mira.

Andrés: Déjame en paz, tengo sueño, ya hablaremos mañana.

Me costó reconciliar el sueño, mi subconsciente me hizo ver la imagen


de mi cuñado con otro hombre follando, después los dos se acercaban a
mi, uno me sujetaba y el otro me enchulaba, en este momento me
desperté, como un hormigueo recorría mi cuerpo, tenía el pene muy
tieso, empecé a darle vueltas a la cabeza, mi actitud no había sido nada
comprensiva, no le di ni la opción a comentarlo, sabia de amigos que
eran gais o bisexuales, no será tan malo pensé, fui a su cama y lo
desperté.

Luís: Que coño quieres ahora.


Andrés: No puedo dormir, he de pedirte disculpas por mi
comportamiento.

Luís me abrazo, beso mi boca, sentí otra vez el hormigueo en mi


cuerpo, no fui capaz de separarme, lo abracé fuertemente, nuestros
cuerpos se retorcían a un lado y a otro, los dos teníamos las pollas
tiesas, me daba placer entrando su dedo en mi ano.

Luís: Ves como te gusta Andrés, solo es el dedo, veras cuando sea la
polla, te gustara mas, estas muy bueno cariño, túmbate que te voy a
montar.

Yo cabeza arriba, me monto sentándose sobre mi polla, de la mesita


saco preservativos y lubricante, preparo mi polla y su culo en el cual la
fue entrando poco a poco, acariciaba mis pezones mientras se movía
acompasado.

Luís: Primero me follas tu para que le vayas cogiendo el gusto,


mañana lo haré yo.

Efectivamente por la mañana nada mas despertarnos, preparo un


consolador finito, bien lubricado empezó a abrir camino en mi culo,
cambiando de tamaño conforme iban entrando, el último fue su pene, yo
estaba a cuatro patas encima de la cama, el detrás enculándome, al
compás de los movimientos me masturbaba, fue fabuloso, tanto tiempo
perdido, despreciando una buena polla, solo por no haberlo probado
antes.

Así pasaron los días de visita de la tía, mi cuñado substituía a su


madre en lo que respecta a mi sexo, fue muy bonito.

Con la tía fuera, el primer día que pude llame a mi suegra para vernos,
quedamos a una hora determinada, subimos a su habitación, mi sorpresa
fue mayúscula, allí estaba mi cuñado desnudo encima de la cama.

Ana: Andrés, creo que a estas alturas no debe haber secretos entre
nosotros, soy la amante de mi hijo, de hace unos tres años, podemos
pasarlo muy a gusto los tres, que opinas.
Andrés: Creo que no tengo elección, a mas me encanta la propuesta,
pero mi novia o sea tu hija, donde encaja.

Ana: No hablemos ahora de Mercedes, es muy buena chica, todos la


queremos mucho. Acércate Andrés, te vamos a desnudar yo y mi hijo,
después los dos me desnudáis a mí.

Me fueron desnudando con lentitud, besando todas las partes de mi


cuerpo, Luís se agacho para chupármela, Ana me abrazaba por detrás, a
ella hicimos lo mismo, la folle cabalgándome ella, Luís la estaba
enculando, fue una tarde de lujuria que nunca olvidare, había encontrado
una familia en la que no me aburriría nunca.

Volví a preguntar por Mercedes, me preocupaba, la situación, quería


saber si ella estaba al corriente de lo de su madre y hermano.

Luís: Andrés, hay que decírtelo todo ahora que todavía estas a tiempo,
esta situación tenía que darse antes o después, prefiero que haya sido
ahora, mi hermana en virgen, todos colaboramos en que lo sea como es
su deseo, pero, a mi hermana le gusta mucho el sexo, podríamos decir
que es también mi amante y de mi madre, solo la he enculado, el coño lo
tiene intacto, con mi madre, se masturban, se besan y demás.

Andrés: En principio debo aceptarlo por todo lo que ha pasado,


dejadme algo de tiempo para pensar, la quiero mucho, la deseo, la
necesito, al menos dejadme unas horas.

Ana: Tienes todo el tiempo del mundo y si te vas y no vuelves lo


entenderemos.

No sabía que hacer, estaba a punto de abandonar aquella casa y no


volver jamás, en esto llego mi novia, al ver lo bonita que era, la abrace,
me eche a llorar, le jure que nunca la dejaría pasase lo que pasase,
extrañada por mi comportamiento como una inquisidora pregunto lo que
me pasaba.

Andrés: Te quiero a ti Mercedes, quiero también a tu madre, y a tu


hermano, a todos, joder que lío.
Entendió lo que quería decirle, fue ella la que arrancó en lloros
abrazándome y dándome las gracias.

El lector puede preguntar, ¿Y la tía?

Ella podría ser tema para otra historia.

33333333

Mi cuñado estaba de viaje de negocios en Las Vegas y luego volaba a


Miami para encontrarse conmigo un día jueves por la tarde, ya que yo
había llegado a Miami en la mañana. Mi hermana llegaría el sábado por
la mañana para luego dirigirnos los tres a Orlando, por lo tanto, tenía que
estar junto a mi cuñado durante 2 noches y un día.

Como hace 10 años que conozco a mi cuñado tenemos una relación


muy buena y he podido compartir varias veces las vacaciones juntos. En
el hotel reservamos una habitación para los dos y solicitamos camas
separadas, cuando llegué por la mañana me comentaron que tenían
solamente con cama matrimonial, no teniendo otra alternativa accedí a
quedarme. Disfrute durante todo el día de la piscina y el jacuzzi hasta
que a las 18 h llego Claudio. Al llegar a la habitación se sorprendió que
hubiera una cama matrimonial y le comenté que no había otra, tampoco
le dimos demasiada importancia.

Decidimos prepararnos para salir a cenar y disfrutar un poco de la


noche ya que era mi primera vez en USA y el conoce bastante toda esa
zona, restaurantes, cafés, discos, etc.

Ya que era pleno verano y la temperatura rondaba los 34C grados


decidí ponerme una minifalda muy cortita como todas las que uso y una
remerita de lycra sin corpiño, zapatos de taco y así estaba lista para
disfrutar de una hermosa noche. Cenamos, tomamos un café en un lindo
lugar caminamos por South Beach y nos fuimos a dormir, todo muy
normal y super respetándonos el uno al otro, para lo cual yo siempre me
cambiaba en el baño y el hacia lo mismo como siempre, dormimos en la
misma cama, pero manteniendo una distancia prudencial.

A la mañana siguiente habíamos decidido desayunar en el hotel, luego


ir a la playa, luego almorzar en algún Mall y de paso hacer algunas
compras y por la tarde volver a la playa para luego irnos al hotel y
prepararnos para la noche.

Nos fuimos con el auto hasta las playas de South Beach, playa muy
hermosa y llena de gente linda, chicos muy bien formados, hermosas
mujeres y muchas ganas de tomar sol y disfrutar del ambiente.

En esas vacaciones estaba decidida a hacer topless, cosa que había


comentado con mi hermana y no había puesto objeción a hacerlo,
inclusive hasta quizás ella se anime. Llegamos a la playa alquilamos
unas reposeras y decidimos acostarnos a tomar sol, con el correr del
tiempo comenzó a llegar cada vez más gente y a mi alrededor todas las
mujeres hacían topless. Claudio de repente me dice:

–¿Por qué no haces topless? ¿no era que ibas a aprovechar este viaje
para hacerlo?

–Si por supuesto, pero quería esperar a que estuviera Marta, sola no
me animo.

–No seas tímida mira que lindo día de sol, aprovéchalo, además todas
las mujeres lo están haciendo.

Por lo tanto, me convenció y me quite la parte de arriba de la bikini. Al


principio me dio vergüenza estar así en ese lugar y más delante de mi
cuñado, pero a medida que pasaban los minutos me acostumbre,
inclusive nos fuimos al agua a bañarnos y ya me había olvidado que
estaba con mis tetas al aire.

En un momento me comencé a pasar bronceador y me di cuenta que


Claudio me miraba, sentí una sensación extraña ya que realmente me
gusto que me mirara y hasta mis pezones se pararon pensando en esa
situación.

Al mediodía nos fuimos al Aventura Mall a almorzar algo y luego a


pasear y hacer algunas compras. Me encanta la ropa interior por lo tanto
al llegar a Victoria Secret quede fascinada con la ropa, entramos y
comenzamos a mirar las prendas. Claudio es un especialista en comprar
ropa interior y tiene muy buen gusto ya que en cada viaje le compra ropa
a Marta y le lleva de regalo.

Buscando entre los diferentes modelos encontré un hermoso conjunto


de corpiño y bikini cola less y decidir irme al probar a ver cómo me
quedaba.

Me puse el corpiño y comencé a mirármelo en el espejo, de repente


escucho a Claudio que me dice en vos alta: Mostrame como te queda…
y sin pensarlo abrí la puerta y le mostré, él me dice: Hermoso que bien te
queda, estas divina. Probate la bikini así vemos el conjunto completo.
Cierro la puerta y decido probarme la bikini, cuando la abrí nuevamente
vi la cara de Claudio y me di cuenta que estaba casi desnuda ante su
mirada. Estas divina me dijo te queda perfecta, no dudes en comprártela.

Me cambié, salí del probador y fui directamente a la caja a pagar ese


conjunto que también me quedaba.

Después de almorzar y de hacer algunas compras decidimos ir a la


playa ya que el día estaba hermoso, ni una sola nube y la temperatura
era de 33 C.

Volviendo desde el mall hacia South Beach bordeando la costa


decidimos estacionar el auto en un parking para poder acceder a la
playa. Estacionamos y comenzamos a caminar rumbo a la entrada para
poder ingresar a la playa, la misma esta bordeada por unas plantas de
altura considerable lo que no permite mirar absolutamente nada,
llegamos a una escalera de madera e ingresamos a la playa.

Oh sorpresa… era una playa nudista, y ninguno de los dos había leído
ningún cartel o aviso al respecto, nos miramos con Claudio (mi cuñado) y
nos sorprendimos ante el espectáculo. Luego dijimos ¿qué hacemos? ya
estábamos allí, habíamos estacionado el auto y la verdad que no
teníamos ganas de salir de nuevo a buscar otro lugar. Vimos que algunas
personas caminaban por la playa, las mujeres solo con su parte de
debajo de las bikinis y los hombres con trajes de baño diminutos. Ante
esto decidimos ingresar ya que Claudio usa trajes de baño de
competición (o sea muy chicos y ajustados al cuerpo) y yo tenía un bikini
muy diminuto colaless.
Caminamos por la playa aproximadamente 100 metros para buscar un
lugar un poco más alejado, sin tanta gente alrededor, allí nos instalamos
en la playa. Acomodamos unas lonas en la arena y nos sentamos
cómodamente a mirar el espectáculo alrededor.

Mujeres de todas las edades, sin ninguna vergüenza sobre sus


cuerpos, gordas, flacas, etc., algunas eran jóvenes y hermosas con
cuerpos como modelos. Los hombres igual a las mujeres, sin ninguna
vergüenza con cuerpos feos y algunos dignos de mirar.

Comenzamos con Claudio a mirar la gente que pasaba y a comentar lo


que veíamos, como yo no tengo demasiada vergüenza con el hablamos
sin ningún problema. Imagínense que mis miradas se centraban en el
tamaño de los miembros masculinos que pasaban por delante mío, la
verdad es que algunos eran dignos de mirar y hasta me atreví en algún
momento a pensar en más de uno en estado de erección. ¿Se lo
imaginan?

La gente nos miraba con cara rara ya que nosotros estábamos con
nuestros trajes de baño y si mirábamos alrededor solo la gente que se
iba o llegaba estaba vestida, así que decidir como a la mañana hacer
topless y ponerme a tomar sol. Después de media hora le comenté a
Claudio, que loco que era esto de estar en una playa nudista y
compartíamos que quizás sea la última vez en que íbamos a estar allí, a
lo cual Claudio dijo: ¿Por qué no nos quitamos toda la ropa? En principio
dije: ¡Ni loca! y luego de pensar en la situación y de conversar con él de
que esto iba a ser un secreto entre ambos decidimos quitarnos la ropa.

Imagínense la situación, quitándome mi diminuta bikini delante de mi


cuñado para quedarme completamente desnuda…

Al hacerlo me di cuenta que Claudio me miraba con disimulo. Luego


Claudio se quitó su traje de baño y tal como imagine descubrí que estaba
muy bien dotado. El paso siguiente fue ponerse protector solar ya que
hay lugares en los cuales uno nunca se broncea y así fue como nos
quedamos en la playa tomando sol.

Primero nos pusimos boca abajo mientras que conversábamos de


cualquier cosa para tratar de olvidar que estábamos desnudos, cuando
ya nos dimos cuenta de que no soportábamos más el sol de espalda
decidimos darnos vuelta a tomar sol de frente y la verdad que no podía
controlarme para no mirar a mi cuñado acostado al lado mío en la playa
en un día hermoso de sol y todo desnudo, pensaba en lo bien que
gozaría mi hermana cuando cogían en forma descontrolada como suelen
hacerlo. Su pija era increíble, tenía un buen tamaño de largo y de grosor
a pesar de estar en estado de reposo.

Luego de casi 2 horas decidimos ir al mar. Otra nueva experiencia,


pararse y caminar unos 20 metros hacia el agua, juntos y desnudos,
llegar a la orilla y sentir que el agua estaba fría. Instantáneamente mis
pezones se pusieron duros y parados lo que llamo muchísimo la atención
de Claudio. Entramos al mar y la sensación de sentir que las olas y el
mar nos pegaban en todo el cuerpo fue increíble, saltamos las olas,
conversamos nos reímos y en más de una oportunidad debido a la fuerza
de las olas nuestros cuerpos se rozaron con lo cual sentía esa pija y me
comenzaba a molestar, ya que en realidad tenía la sensación de que me
gustaba.

Llegada las 6 pm nos fuimos al hotel, nos bañamos y salimos a cenar,


la pasamos bárbaro, en un restaurant muy lindo, la comida excelente y
nos reímos de nuestra experiencia en la playa nudista a la tarde, de más
está decir que es un secreto entre nosotros dos solamente. Luego nos
fuimos a bailar y nos pedimos unas copas para tomar, primero unas
cervezas y luego unos tequilas.

Bailamos primero algunos temas movidos y separados y luego


bailamos agarrándonos de las manos hasta que llego el momento de que
nuestros cuerpos se juntaron, entre movimiento y movimiento sentía que
Claudio se estaba excitando cada vez más hasta que en un momento
sentí que Claudio tenía su pija que le explotaba en su pantalón,
bailábamos y nos refregábamos, lo agarre por atrás a la altura de la
cintura y lo acercaba cada vez más a mí, sintiendo su miembro pegado a
mi conchita ya no pudiendo soportar más.

Sentía que él me abrazaba por atrás y bajaba sus manos a la altura de


mi cola cosa que me excitaba muchísimo. Al darme cuenta que la
situación se estaba descontrolando decidí irme al tocador. Y cuando baje
mi diminuta tanga descubrí que estaba mojada, ese baile, sus manos, su
cuerpo y demás hizo que me excitara y me mojara toda.
Cuando volví del tocador nos fuimos de regreso al hotel para dormir y
finalizar así un día muy agitado.

La verdad es que nos fuimos riendo en todo el camino pensando todas


las cosas que habíamos hecho en todo el día. Yo estaba cansada y
bastante alegre por las bebidas que había tomado. Al llegar al hotel
entramos en la habitación, Claudio fue hasta el baño y yo me senté en la
cama, me saque mis sandalias de taco alto y espere a que llegara mi
turno para ir al tocador. Cuando volví me encontré a Claudio con su slip y
pasándose crema post solar en el cuerpo, porque realmente el sol había
estado fuerte y nuestra piel estaba colorada e irritada.

Le comenté: Que buena idea, yo también me voy a pasar un poco de


crema porque me está ardiendo todo el cuerpo. Mi cuñado contesto:
¿Queres que te pase yo por la espalda? y la verdad que estaba tan
cansada que decidir acceder a su petición y decirle que sí.

Claudio apago todas las luces y dejo solamente encendida una


lámpara de pie que había en una punta de la habitación, con lo cual todo
estaba casi en penumbras, encendió el equipo de audio y eligió una
música muy suave y romántica.

Me senté en el borde de la cama y bajé los breteles de mi remerita


para que pudiera pasarme la crema por los hombros. El comenzó a
pasarme la crema muy suavemente y yo comencé a disfrutar la frescura
de la crema sobre mis hombros y espalda, me olvide de quien era el que
lo hacía y decidir disfrutar del momento, llevada por la situación sentía
como Claudio me levantaba la remera de la espalda para poder pasarme
crema más abajo, debido a que me sentía incomoda con la remera en el
cuello me la saque dejando todo mi torso desnudo dispuesto a disfrutar
de sus caricias.

Sin darme cuenta Claudio comenzó a pasarme crema por todo el


cuerpo, él estaba sentado en la cama atrás mío, sentía como sus manos
rodeaban mi cintura y comenzaban a subir por delante mío, yo estaba en
un estado de placer total, cerré mis ojos y me entregue a lo que sentía, él
dándose cuenta del momento y llevado por sus sentidos volcó un poco
de crema en sus manos, rodeo mi cuerpo y comenzó a acariciar mis
tetas con una suavidad que nunca había sentido, sus manos giraban
alrededor de mis pechos, los apretaba, sentía sus manos, mis pezones
se pararon y empezaron a gozar como nunca, sentía como su respiración
se incrementaba en mi cuello y me comencé a mojar toda entre mis
piernas.

De pronto sentí sus labios que besaban mi cuello, luego mi mejilla y


más tarde mis labios, sus manos no paraban de acariciar todo mi cuerpo,
buscaban la manera de entrar por debajo de mi minifalda, cosa que no
era difícil ya que era demasiado corta, sentí como sus manos llegaban
por entre mis piernas. Sus dedos recorrían la forma de mi tanga e
intentaban entrar en la zona prohibida.

Sin poder contener el deseo abrí mis piernas lo suficiente y besé a


Claudio metiéndole mi lengua y comenzando a jugar con la suya, sus
manos pudieron hacer lo necesario hasta lograr llegar a mi concha
empapada de flujo y de placer.

Nos acostamos en la cama y comenzamos a desnudarnos, nuestras


manos recorrían nuestros cuerpos, los besos eran descontrolados mis
manos recorrían su torso, sus brazos, sus piernas tratando de llegar a lo
que tanto ansiaba. De pronto encontré lo que buscaba, mis
pensamientos de la tarde mientras estábamos en la playa desnudos se
confirmaron, su pija era increíble, su grosor era increíble y su largo
admirable, con mis dos manos una al lado de la otra todavía se sobre
salía su cabeza que era hermosa.

Decidí bajar a conocer personalmente ese trofeo, comencé a lamer su


cabeza y a sentir su flujo pegajoso y con un gustito que me encanto,
increíble era la cantidad de flujo que salía de esa pija, me la puse en la
boca y la entraba y la sacaba con cierta velocidad, pensaba : no aguanto
más, que ganas de tenerla adentro, en eso Claudio me giro y comenzó a
chuparme, su lengua recorría mi concha y estábamos haciendo un 69
espectacular.

Deseosa de gozar me di vuelta, puse a Claudio boca arriba y me subí


encima de él, abrí mis piernas, lo bese y despacito sentí como esa pija se
metía dentro mío, por un momento pensé: Esto no lo voy a soportar,
luego de un par de movimientos mi concha estaba lista para la batalla
final nos vimos en forma alocada, sus manos recorrían mis tetas y mi
cola, su boca chupaban mis pezones y perdí el control y la cuenta de los
orgasmos que tuve, goce y grite como nunca, ¡que placer!
Sintiendo que podía acabar me decidí a chuparla toda hasta que
ocurrió lo esperado, acabo en mi boca toda su leche fruto de un día
espectacular.

Luego no recuerdo más nada, nos abrazamos y nos dormimos hasta el


día siguiente. Este es un secreto que tengo con mi cuñado y del cual
nunca voy a olvidarme, con el tiempo decidí contárselo a mi hermana y
mi sorpresa fue que a ella no le molestó en absoluto.

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Después de algunas semanas de estar disfrutando con los recuerdos


de las actividades sexuales ya establecidas entre Linda mi esposa y Juan
mi hermano, en complicidad conmigo, tuve que salir de la ciudad por
cuestiones de trabajo.

Advertí a mi Linda que, si había alguna relación con Juan en mi


ausencia, deberían tener un cuidado extraordinario ya que no podrían
contar con mi apoyo para protegerlos en cuanto a la privacidad de
nuestras acciones. (ellos y nuestro matrimonio por supuesto).

Mi estancia en otra ciudad fue de seis meses aproximadamente,


tiempo en que yo viajaba a casa más o menos cada mes. Así que yo allá
pensaba en que mi hermano se estaría acostando con mi esposa cada
vez que se le antojaba, pero no era ese el problema, sino que yo no
participaría para disfrutarlo en la forma acostumbrada. Sin embargo, no
fueron tantas las veces que lo hicieron sin mí, pues solo fueron como dos
o tres, porque cada vez que yo volvía, preparábamos una buena cogida
para mi esposa y mi hermano aprovechando que yo estaba en casa,
como lo habíamos hecho anteriormente

Una ocasión le dije a Linda que lo citara en la casa de nosotros un


viernes en la noche ya que yo llegaría ese día como a la media noche.
Así lo hizo mi Linda y el aceptó, pero la realidad era que yo iba a llegar a
casa como a las diez de la noche según el itinerario de la línea de
autobuses (ya que la ciudad donde yo estaba queda como a nueve horas
de viaje desde donde vivimos) y así fue, llegué a mi casa a las diez y
cuarto de la noche.
Todo estaba quieto, las luces estaban apagadas excepto la de nuestra
recamara, introduje la llave en la cerradura, cuidando no hacer ruido, abrí
la puerta y entré, alcancé a escuchar los ruidos de la recamara y se
acentuó mi excitación, no me atreví a abrir la puerta, sino que acerqué un
banco alto a la puerta para ver a través del vidrio fijo que hay en la parte
superior de la puerta.

¡Oh! Que espectáculo el que me ofrecían mi hermanito y mi esposa, él


estaba hincado en mi cama frente a ella que estaba acostada de
espaldas y la tenía con las piernas levantadas y se las sostenía
tomándola de los tobillos con sus dos manos de tal forma que el podía
ver (y yo también) toda la panocha de mi esposa abierta por su gruesa
verga, ¡que verga!, tal como me la había descrito mi esposa.

Observando desde ese lugar yo podía ver todo, ellos estaban tan
ocupados en su cogida que ni se imaginaron lo que pasaba detrás de la
puerta, saqué mi verga que estaba mojadísima por la excitación y me
masturbé vigorosamente ya que tenía un mes de no estar con mi esposa.
Logré presenciar la descarga de mi hermano en el interior de Linda y vi
como lo disfrutaba ella dando muestras de haber alcanzado su orgasmo
(yo también descargué, pero en mis manos).

Cuando Juan le sacó la verga a mi esposa, pude ver claramente su


tamaño y forma, que tanto me intrigaba y también aprecié la vagina de mi
esposa con sus labios colorados muy separados y lubricados por aquella
cosota que le acababan de sacar.

En cuanto terminaron yo bajé del banquillo y me apresuré a salir hacia


la lavandería porque no habíamos planeado un encuentro entre los tres y
así lo respeté. Esperé a que mi hermano saliera de la casa para salir de
mi escondite. Mi esposa solo traía una bata de dormir cuando salió a
despedir a Juan “para que saliera antes de que yo volviera de mi viaje,”
me le aparecí por detrás de ella y se llevó un gran susto, le expliqué lo
que había presenciado y no podía creerlo, se excitó enormemente y
pasamos a la recamara para el disfrute acostumbrado.

Ella me decía “mama mi panochita, está llena de leche de tu hermano,


me cogió y me la metió en la boca y entre las chiches, ¿te gusta eso?
dime que si te gusta, dímelo. Me encanta le contesté, y de inmediato
comencé a mamar su panocha mientras ella decía “tu hermanito, me
cogió tres veces”.

Como tres semanas después de este acontecimiento yo regresé


definitivamente a residir en mi casa y en poco tiempo planeamos una
reunión entre los tres, que ya para entonces se antojaba necesaria por
varias razones, una era que mucho del trato y comentarios picantes entre
mi hermano y yo solo eran a través de mi esposa, otra que ella insistía en
que le gustaría estar con los dos a la vez. Eso me agradaba porque yo
tenía mucha curiosidad por ver lo que sucedería en un trío entre
nosotros, me provocaba mucha calentura el imaginar a mi esposa entre
mi hermano y yo, y me imaginaba muchas cosas que ella podría hacer
por hacernos disfrutar a nosotros, ya que es buenísima en la cama.

La oportunidad se presentó, mi hermano debía salir de viaje de


trabajo, y me pidió que el lunes siguiente, lo llevara al aeropuerto,
ocasión que aproveché para plantearle nuestra inquietud. El me preguntó
que si lo que estaba pasando entre Linda y él había sido una inquietud
mía y le contesté que era de Linda y mía, que era de los dos.

Nos pusimos de acuerdo, Juan iba a regresar a la ciudad el próximo


jueves a las cuatro de la tarde y yo lo recogería en el aeropuerto para
llevarlo a mi casa (en lugar de su casa) donde asaríamos una carne con
sus respectivas cervezas, una típica reunión familiar, mientras el avisaría
en su casa que regresaba hasta el día siguiente en el primer vuelo y que
yo iría a recogerlo al aeropuerto.

El jueves fuimos Linda y yo al aeropuerto a recibir a Juan, llegó a la


hora señalada y con maleta en mano nos dirigimos a la pick up que
tenemos, colocó su maleta en la caja de la camioneta y subimos, Linda
en medio de nosotros dos. Ya para entonces al menos yo estaba muy
excitado, mi esposa le dio un beso a mi hermano y colocó su mano sobre
su pierna, casi sin pensarlo yo también puse mi mano sobre la pierna de
Linda que estaba vestida con una falda amplia de tablones y sin medias.

Ella comenzó a subir su mano por la pierna de Juan y llegó a su


entrepierna yo había notado que el bulto de mi hermano crecía y el mío
también, subí mi mano por la pierna de Linda y ella abrió sus piernas,
subí su falda y quedó visible su calzoncito de tanga, Juan deslizó su
mano y acarició sus piernas, pero Linda se la acercó hacia su panochita.
Para entonces yo disminuí la velocidad y tomé el carril de baja porque
no quería interrumpir aquellos eventos no planeados. Mi mano se
encontró con la de mi hermano justamente entre las piernas de mi
esposa, con mi dedo medio hice a un lado la tanguita y acaricié su
mojada panochita, retiré un poco mi mano y la de Juan tomó su lugar.

Para entonces mi esposa había liberado la verga de mi hermano y lo


masturbaba. Todo eso casi sin decir palabra ninguno de los tres, solo
expresiones cortas de Linda, como: ¿ya querías regresar? ¿nos
extrañaste? Los quiero mucho a los dos, los dos están muy buenos,
nunca me imaginé con los dos, etc. Todas esas frases me calentaban al
máximo, pero afortunadamente el viaje del aeropuerto a mi casa es como
de cuarenta minutos y ya entrando a la población, Linda guardó el
juguetito de mi hermano y también la compostura.

Llegamos a casa y despedimos a la chica que cuidaba a nuestros


niños para preparar lo necesario para asar la carne que habíamos
planeado, prendí fuego al carbón mientras mi hermano adentro de la
casa, sacó de su maleta algunas cosas que había comprado para regalar
a los niños y a nosotros, a los niños unos juguetes, a linda un juego de
aretes y una camiseta para mí.

Luego salió al patiecito conmigo hizo algunos comentarios sobre el


viaje y me ayudó con la carne, cenamos y después Linda preparó a los
niños para dormir pues ya eran como las ocho y media de la noche. Juan
y yo seguimos en el pequeño patio tomando algunas cervezas y
platicando acerca de la “ocurrencia” y la aventura que estábamos
teniendo, coincidiendo ambos en que mi esposa estaba muy buena y que
era excelente cogiendo, y ya se notaba la excitación de los dos.

Cuando Linda salió a reunirse con nosotros, solo traía una camiseta
larga y suelta a manera de camisón, se le notaban sus pezones y daba la
impresión de que no traía ni calzones. Juan le ofreció una cerveza y ella
la tomó de su mano y le dio un beso, se notaba que ya estaba muy
caliente, Juan dijo dirigiéndose a mí, ¿se puede? Al tiempo que atraía a
mi esposa con un brazo rodeando su cintura, adelante, dije yo mientras
tomaba un sorbo. Juan la abrazó y la besó muy apasionadamente
mientras acariciaba las nalgas de mi esposa, ella se pegaba con todo su
cuerpo y lo abrazaba sobando su verga con una mano.
Se separaron y Linda me dijo, ¿Qué traes ahí? Y se me acercó
echando mano a mi bulto, luego lo sacó y comenzó a masturbarme, le
dijo a Juan que se acercara y sacó su verga para masturbarlo también,
mientras, yo acariciaba sus chiches y Juan sus nalgas, luego
cambiamos. En seguida mi esposa de sentó en cuclillas y comenzó a
mamar la verga de mi hermano mientras me seguía masturbando a mí.

Ya era tarde y seguíamos en el patiecito, como que no queríamos


romper el encanto de aquel lugar. Mientras Linda mamaba a Juan, yo me
comencé a desvestir, linda destrabó el cinturón de Juan y bajó sus ropas
hasta el suelo, él se deshizo de su camisa, ella se levantó y besaba el
vientre y el pecho de mi hermano tal como lo había hecho muchas veces
conmigo, mamó los pezones de Juan mientras él se retorcía de placer,
yo seguí masturbándome muy suavemente mientras levantaba el
camisón de Linda para dejarla totalmente desnuda ya que no traía nada
debajo, ella se volvió hacia mí y me comenzó a mamar la verga mientras
Juan al verla inclinada mostrando su culo hacia él, se acomodó detrás
iniciando una penetración por la panocha de mi esposa.

Yo me incliné para acariciar su clítoris y pude sentir el roce de la verga


de mi hermano al entrar y salir de la peluda panochita de mi esposa y le
descargó su esperma, esos momentos son imborrables de mi mente y
me producen mucha excitación.

Cambiamos posiciones y descargué como mi hermano, ella tuvo varios


orgasmos, Juan y yo habíamos descargado nuestra leche dentro de ella
y cuando estuvimos un poco tranquilos, nos abrazábamos los tres juntos,
nunca me había abrazado con mi hermano estando desnudos, era una
sensación extraña pero muy agradable, nos vimos sin complejos ni
vergüenzas nos acariciamos la espalda y nos tomamos de la cintura con
una mano mientras con la otra los dos acariciábamos a mi esposa.

Luego apagamos las luces del patio y entramos a la recamara donde


ya familiarizados, nos acostamos y nos volvimos a fundir en abrazo con
mi esposa en medio de nosotros, ella de frente a él lo besaba, mientras
con sus manos, acariciaba su verga y el su panochita, yo abrazándolos a
los dos acomodé mi verga entre las nalgas de mi esposa y se la frotaba.

Al fin ella decidió montarme a mí, mientras Juan a nuestro lado


acariciaba sus pechos y se dejaba masturbar, Linda le indicó que se
pusiera de pie junto a mi para mamarle la verga mientras ella me cogía,
desde ahí pude ver la verga de mi hermano entrando y saliendo de la
boca de mi esposa y su grosor parecía excesivo para la boquita que se la
tragaba, estaba tan caliente por aquello que estaba viendo, que no pude
aguantar mucho las ensartadas que se daba mi esposa en mi verga
haciendo movimientos de vaivén y circulares haciéndome tener
sensaciones indescriptibles, como dije, no aguanté mucho y volví a
descargar dentro de su panochita, poco después noté que mi hermano
estaba a punto de llenar aquella boquita hambrienta de mi esposa que lo
mamaba.

Así fue; la verga de Juan, parecía que se hinchaba más y se notaba


como se le ensanchaba el caño que conduce el semen con cada chorro
que mi hermano depositaba en la boca de mi esposa, a Linda se le
escapaba algo por las comisuras de sus labios cayendo en sus pechos
que yo acariciaba y algo sobre mi estómago también.

Linda y Juan se acostaron a mi lado, yo me levanté sobre linda para


mamar sus pechos y luego bajar hasta su vagina, la mamé un poco y
luego comenté a mi hermano que a mí me gustaba mucho mamar la
rajita de Linda aun cuando llegaba de coger con él, Linda dijo “le gusta
sobre todo en esas ocasiones y a mí también me gusta mucho” y
dirigiéndose a Juan le dijo, ¿quieres probar? Juan con una sonrisa como
diciendo “eso es lo que esperaba” se incorporó y se acomodó como yo y
comenzó a mamar la panochita de Linda, quien jalándolo un poco por la
cadera, lo acercó para que la verga de mi hermano quedara en su boca
haciendo un sesenta y nueve.

Linda le decía a Juan mientras él la mamaba, ¿te gusta? Tiene lechita


de los dos, ¿te gusta saborearla como a tu hermano? volviendo a
introducirse la verga de mi hermano en su boca. Como yo estaba fuera
de la acción solo me quedó masturbarme mientras hincado a un lado de
mi esposa acariciaba su cara pasando mis dedos por sus labios que
envolvían la verga de mi hermano aprovechando para palpar su textura,
era suave al tacto, pero tan dura como un tronco, se veía grande y
gruesa entre los labios de Linda, ganas no me faltaban para tomarla
entre mis manos y masturbarlo yo mismo. ¿Qué más me faltaba si ya le
había compartido a mi esposa?
Mi hermano y yo cogimos toda la noche con mi esposa, y ya entrada la
mañana, nos bañamos juntos con ella en un lugarcito que por pequeño,
nos obligaba a estar muy juntos los tres, la acariciamos mucho, la
ayudamos a enjabonarse la panochita y la besamos muchísimo, siempre
tocando su culo, sus chiches y su panocha hasta que mis manos se
encontraban en los mismos lugares de mi esposa con las manos de mi
hermano, nuestras vergas estaban paradas nuevamente y linda dijo,
“quiero ponerlas juntas para ver la diferencia” y nos acomodó uno al lado
del otro tomándonos por la verga, mi hermano me echó su brazo por mi
cintura y yo hice lo mismo.

Sintiendo como me apretaba un poco, yo también lo hacía y volteamos


a vernos mientras mi esposa comparaba las vergas que la habían
penetrado hacía unos minutos. La mía larga (19.0cm) y con una pequeña
curvatura hacia la izquierda, la de mi hermano, algo mas corta, pero mas
gruesa y totalmente recta, de hecho, están lindas las dos, decía Linda
acariciándolas al mismo tiempo.

Esto es algo que hemos vivido por casi cinco años y aunque con
menor frecuencia, pero lo seguimos disfrutand

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Raúl descansaba tumbado en la cama boca arriba, recuperando


lentamente el aliento. Había sido uno de los polvos más intensos de su
vida, y sin duda el más largo. Estaba agotado, pero no podía quedarse
allí a dormir. Haciendo un esfuerzo, se incorporó, y se quedó un
momento admirando el cuerpo de su chica. Ya se estaba quedando
dormida, y no era para menos. Se inclinó y la besó en los labios
dulcemente, y le dio las buenas noches. Entonces cogió su ropa y salió
de la habitación sigilosamente.

Cruzó el pasillo lo más despacio que pudo, sobre todo al pasar al lado
de la puerta de sus padres. Cuando la hubo pasado, respiró aliviado. Le
aterrorizaba la idea de que le oyeran y pudieran sospechar algo. Al fin
entró a su habitación y se metió a la cama, y esperó a que el sueño se
apoderara de él, mientras recordaba el polvo que acababa de echar con
su hermana momentos antes.
Sara y Raúl eran dos hermanos mellizos, de 19 años, que mantenían
una relación en secreto desde hacía algunos meses. Los detalles de
cómo empezó todo no vienen a cuento ahora, simplemente, las
hormonas y la necesidad de sexo y cariño hacen su efecto, y no
entienden de tabúes.

El caso es que desde que habían empezado a tener sexo, se veían


obligados a hacerlo por la noche, con sus padres durmiendo a escasos
metros, debido a que su madre no trabajaba fuera de casa. Eso hacía
que casi nunca estuvieran solos en casa, privándoles de esa intimidad
tan necesaria.

Sin embargo, sabían llevar la situación. Eran muy cuidadosos:


esperaban bastante tiempo para asegurarse de que los padres dormían,
y lo hacían casi en completo silencio. Cuando Raúl salía de la habitación,
abría un poco la ventana para que saliera el olor a sudor y a sexo.

Sin embargo, ocurrió algo que hizo que se torcieran las cosas. No
sabían porqué, pero últimamente sus padres dejaban la puerta de su
habitación abierta por la noche, y esa habitación estaba en medio de las
de ellos dos. Aparte de que podían oír algo, podían verles yendo de una
a otra.

Al principio Sara y Raúl pensaron que quizá sospechaban… pero


descartaron esa opción. Eran demasiado cuidadosos, y además, a
ningún padre se le podía pasar por la cabeza que sus hijos mantuvieran
relaciones sexuales entre ellos. En ese aspecto estaban tranquilos…
pero el caso es que ya no podían verse por las noches.

Los primeros días fueron aguantando, pero al cabo de algunas


semanas estaban ya bastante nerviosos y necesitados de sexo. Y es que
antes de que la situación se torciera, solían follar casi todos los días, o al
menos hacerse sexo oral.

Cierto día se dio la coincidencia de que su madre salió a hacer unas


compras y que ambos estaban en casa. Sara estaba en su habitación,
esperando a oír el sonido de la puerta abriéndose y cerrándose. En
cuanto se cerró, salió apresuradamente hacia la habitación de su
hermano. Al entrar vio que la estaba esperando, de pie. Se abrazaron y
se fundieron en un apasionado beso, húmedo, lascivo, muestra de la
pasión acumulada que tenían dentro.

Raúl abrazaba a su hermana mientras la besaba, notando la forma y la


dureza de sus tetas contra su pecho. Sus lenguas se frotaban una con
otra, ayudadas por la saliva. Las manos de Sara fueron bajando hasta
copar el culo de su hermano, que era la parte de su cuerpo que más le
gustaba.

Ya más calmados, se recostaron en la cama de Raúl, sin dejar de


besarse y de meterse mano. Entre besos y lameteos se susurraban al
oído sus palabras más tiernas.

Sara, que estaba debajo, empezó a desabrochar los pantalones de


Raúl, tras lo cual siguió magreándole el culo por encima del bóxer. Sentía
contra su pubis lo duro que estaba ya el paquete de su adorado
hermano. Finalmente habló Raúl:

“Qué quieres que te haga?”

“Así mismo, cariño… a misionero… lo único que quiero es tenerla


dentro…”

La forma de hablar de Sara dejaba ver claramente la excitación que


había en su interior.

Entonces ocurrió lo inesperado. Oyeron unas llaves en la puerta, y


acto seguido oyeron como se abría. Raúl saltó como un resorte de la
cama, se subió los pantalones y se sentó en su silla. Sara, que
afortunadamente no se había quitado nada de ropa, se levantó y se
atusó un poco el pelo, y se inclinó sobre la mesa de Raúl como si
estuviera mirando el libro que estaba sobre la mesa. En ese momento
oyeron a su madre pasar al lado de la puerta saludando, aunque pasó de
largo. No la miraron ya que tenían la cara sonrojada, aún por la
excitación. Al rato Sara se incorporó y se fue a su habitación.

Estaban contentos de que no les hubieran pillado, pero muy frustrados


por haber tenido que parar en lo mejor. Esta situación se empezaba a
hacer insostenible. Necesitaban intimidad y la necesitaban ya.
Ambos estaban en sus respectivas habitaciones haciendo que
estudiaban, pero no podían dejar de pensar en el otro. Sentían la
frustración sexual acumularse, todavía excitados, pero sin poder
desahogarse.

Raúl encendió el bluetooth de su móvil, y vio que Sara también lo tenía


encendido. Cuando no les apetecía estudiar, solían mandarse mensajes
de esa manera, para pasar el rato y para hablar de sus cosas, sin que
sus padres se enteraran. Raúl envió el primero:

“Todavía estoy caliente, peque”

“Y yo, no te imaginas cuánto”, respondió ella.

“No se me baja la erección”

“Pues yo tengo las bragas empapadas”

“Qué podemos hacer?”

Sara tardó en responder: “Espera, que se me ocurre una idea”

Después de un rato Sara entró en la habitación de su hermano,


llevando unos libros, que dejó allí como si nada. Comprobó que no había
nadie por el pasillo, y metió la mano en el bolsillo de su bata. Sacó sus
bragas arrugadas de ahí y se las dio, tras lo cual volvió a su habitación,
nerviosa.

Eso fue una agradable sorpresa para Raúl. Tenía las bragas húmedas
de su hermana en sus manos. Pero ahí podían verle si hacía cualquier
cosa con ellas. Apresuradamente, se fue al baño y cerró la puerta. Ya en
ese lugar seguro, se llevó la prenda íntima de Sara a la nariz e inspiró
profundamente. Efectivamente, la excitación de su hermana se percibía
claramente. El olor era embriagador y super excitante.

Si ya estaba cachondo de antes, ahora su polla ya pugnaba por salirse


del pantalón. Sin pensárselo dos veces, se bajó los pantalones y se
sentó en la taza, y empezó a masturbarse enérgicamente.
Cuando se hubo saciado del olor sexual de su hermana, se llevó las
bragas al pene, y lo envolvió con ellas. Ahí ya se estaba volviendo loco, y
tenía que esforzarse en no gemir. La suavidad de la tela y el agradable
calor que le producía le llevaron rápidamente al clímax. Los chorros de
semen caían en las bragas uno tras otro, quedando ahí depositadas.

Cuando ya no le quedaba una gota de leche, se preguntó qué iba a


hacer ahora con eso. No podía echarlas así al cesto de la ropa sucia.

Así que decidió devolverle la pelota a Sara. Como ella había sido tan
traviesa, él no lo iba a ser menos. Se subió los pantalones de nuevo y
salió del baño en dirección a la habitación de su hermana. Una vez allí
fue donde ella y le devolvió sus braguitas, con el “regalo” extra. Sonrió
malévolamente y salió de la habitación.

Sara se quedó petrificada, mirando las bragas arrugadas y húmedas


encima de su mesa, sin saber qué hacer. Luchó contra su instinto
durante unos momentos, pero finalmente se rindió, cogió de nuevo la
prenda y se la llevó consigo al cuarto de baño.

Tras cerrar bien el pestillo, se sentó en la taza, y empezó a palpar la


leche aún caliente de su hermano. Se lo llevó a la nariz, percibiendo el
fuerte olor, y no pudo resistir llevárselo a la boca, notando que todavía
estaba caliente. Chupó y sorbió una buena cantidad, y empezó a jugar
con ello en la boca, notando como se quedaba pegado a su lengua y a
su paladar.

No era la primera vez que tenía semen de Raúl en su boca, pero esto
era diferente. Ahora estaba mucho más excitada y encendida que otras
veces que había hecho el amor con él. Finalmente se bajó los pantalones
y directamente empezó a pasarse las braguitas por encima de sus labios
vaginales. La sensación provocada por la tela y la densa leche era
enloquecedora. Sabía que no se podía quedar embarazada solo por
frotarse así por fuera, así que siguió masturbándose como una loca.

A medida que la sensaciones iban aumentando de intensidad, le iba


costando más no gemir. Por suerte, todo acabó rápido, con un orgasmo
impresionante. Aun jadeando, contempló la mezcla de semen y flujo que
había en las braguitas. Cuando unos minutos antes se le ocurrió la
travesura de darle sus bragas usadas a su hermano, no hubiera
imaginado que pudiera acabar así. Pero estaba encantada, su excitación
sexual se había calmado un poco, por el momento.

Después de limpiarse y asearse, se empezó a arrepentir de lo que


habían hecho. ¿Qué iba a hacer ahora con las bragas sucias? Al final
decidió lavarlas como pudo en la bañera, y al volver a su habitación las
colgó de una percha dentro del armario, entre su ropa. Cuando se
secaran las echaría al cesto de la ropa sucia.

Volvió a sentarse en su mesa, intentando aparentar normalidad. Cogió


el móvil y volvió a escribir a Raúl:

“Me vuelves loca…”

“¿Que hacías en el baño tanto rato, guarrilla?”

“Me he corrido como nunca. Joder, me tienes todo el día pensando en


sexo… ¿qué vamos a hacer?”

“Bueno, como has visto hoy, tenemos otras formas de desahogarnos”

“Ya tío, pero yo quiero follar. Eres mi novio, ¿no? Quiero que hagamos
el amor…”

Raúl no contestó, sino que se quedó pensando. Era cierto que la


situación era difícil. No iban a estar solos en casa mucho tiempo, ni
tenían coche para poder irse a algún sitio apartado.

Unos días después, Amador, el padre de Sara y Raúl, les llamó para
comentarles algo.

“A ver chicos, tengo una noticia buena y otra mala. La buena es que
vuestros tíos nos vuelven a dejar este verano el apartamento de la playa,
ya que ellos no van a estar. Pero como comprenderéis, hasta que no
acabéis los exámenes, no vais a poder ir.”

Los hermanos no sabían qué pensar… estaban expectantes,


deseando que su padre continuara hablando.
“De momento, los próximos fines de semana vamos a ir vuestra madre
y yo, y vosotros os quedaréis aquí a estudiar”

Raúl sintió un agradable cosquilleo en el estómago, y dijo, “Sin


problema…”

Amador contestó, “Pero he dicho a estudiar, no quiero que os paséis el


fin de semana de fiesta y el domingo con resaca…”

“Os prometo que no voy a salir de casa”, dijo Raúl.

“Ni yo”, dijo Sara, mordiéndose el labio para no reírse.

Amador estaba sorprendido de la reacción. Se levantó y se marchó


tranquilo, convencido de que sus hijos se estaban haciendo mayores y
responsables.

Raúl comprobó que no había nadie cerca, abrazó a su hermana y le


dijo al oído, “Por fin solos…”

“Se me va a hacer eterno hasta que llegue el finde”, dijo Sara.

“Lo sé”, respondió Raúl. Estando así abrazados, sintió el impulso de


besar a su hermana, y le dio un suave beso en los labios.

Sara se apartó, y dijo, “Ten cuidado, cariño… no vayamos a cagarla,


ahora que lo tenemos tan cerca”

Raúl asintió y se separaron, ambos con una sonrisa de felicidad en sus


caras.

Efectivamente, los dos días transcurridos hasta que llegó el viernes


por la tarde, se les hicieron a los dos muy, muy largos. Cada uno en su
habitación, escuchaban cómo sus padres hacían equipaje, e iban
sacando las cosas.

Finalmente llegó el momento, se despidieron y al rato se oyó la puerta


cerrarse. Raúl se apresuró hacia la habitación de Sara, con una sola
cosa en la mente, hacerle el amor durante horas. Se acercó hacia ella
para abrazarla, pero ésta le rechazó: “Vamos a esperar un momento
Raúl, imagínate si vuelven”

Al ver la expresión de frustración de su hermano, dijo “Se han podido


olvidar cualquier cosa… quiero hacer esto bien, Raúl”

“De acuerdo, pero vamos a hacer una cosa para que te quedes
tranquila” La cogió de la mano y la llevó al salón, desde donde se veía la
carretera por la que se alejaban sus padres. Aun después de perder el
coche de vista, esperaron un rato, hasta que finalmente no pudieron más
y empezaron a besarse.

Las manos de Raúl no daban abasto, acariciaban y palpaban las


curvas del precioso cuerpo de su hermana. Sara llevaba un vestido de
verano, ligero y de una tela muy fina, lo cual enloquecía a Raúl. Le
encantaba como se sentía la piel de su hermana a través de la tela.

Por su parte, Sara tenía sus brazos alrededor del cuello de Raúl. Le
encantaba besarle así, como apoyándose en su cuerpo.

Raúl dirigió sus manos al culo de su hermana, y al hacerlo notó que no


llevaba bragas. Su erección empezaba ya a molestarle. “No llevas
bragas?”, preguntó

Entre besos y lameteos, Sara contestó, “No llevo nada debajo, sólo el
vestido… quería estar lo más accesible posible para ti”

“Me encanta, gracias”, dijo Raúl con una sonrisa. No se hizo esperar y
empezó a subirle el vestido. Cuando el sexo de Sara quedó expuesto
paró, y pasó a acariciarle los muslos. Al hacerlo notó que el flujo de su
chica ya se estaba deslizando desde su coño, manchando la suave piel
de sus pantorrillas.

Subió la mano a la boca de ella para que le chupara los dedos, y


finalmente bajó de nuevo y empezó a acariciarle los labios vaginales. Sin
duda, nunca había visto a su hermana tan caliente y mojada. Era
impresionante la cantidad de flujo que estaba segregando.
Entre estremecimientos de placer, Sara cogió la parte de abajo del
vestido y terminó de quitárselo. Sonriendo, le miró a los ojos para ver qué
cara se le quedaba. Raúl no sabía por donde empezar a tocar. Le faltaba
tiempo para alegrarse la vista y el tacto con cada centímetro de la piel de
la chica.

“Joder… hacía tiempo que no te veía a la luz del día. Siempre


haciéndolo de noche a escondidas…”, dijo Raúl

“No te preocupes, porque no me voy a vestir en todo el fin de semana”,


dijo Sara con una sonrisa pícara.

Raúl fue bajando beso a beso por la piel de su hermana, atravesando


el valle entre sus pechos, y el llano vientre que tantas horas de gimnasio
le costaba mantener. Sara sabía lo que venía ahora, así que se sentó en
el sillón que había al lado de la ventana.

Raúl se arrodilló y elevó las piernas de Sara para ponerlas sobre sus
hombros, para tener un acceso cómodo a su coñito. Sin entretenerse en
preliminares, se inclinó para lamer su vulva, con delicadeza, pero con
fuerza. Sara se convulsionaba sólo de sentir la húmeda lengua de su
hermano en su lugar más íntimo.

La mamada de Raúl se iba intensificando. Su lengua penetraba lo más


profundo que podía mientras sus labios estimulaban los labios vaginales.
Mientras, Sara se acariciaba las tetas, dejando que lentamente el placer
se fuera apoderando de su cuerpo. Raúl no aguantaba más la presión de
su polla contra los vaqueros, así que se fue desnudando de cintura para
abajo. Sara se quedó embobada viendo cómo la polla de su hermano
salía como un resorte, ya totalmente erecta y babeando líquido
preseminal.

Le encantaba sentir que ella solita era capaz de ponerle así. Que sólo
con su cuerpo, y su belleza, era capaz de hacer que una persona llegara
hasta el punto de cometer incesto, de querer follar con su propia
hermana. Entonces vio que Raúl se inclinaba sobre ella, apuntando su
mástil hacia la entrada de su coño.
Abrió un poco más sus piernas y por fin, volvió a sentir cómo esa
verga se abría paso en su interior. Se sintió feliz, colmada. Raúl le agarró
las tetas y empezó a meter y sacar rítmicamente, con fuerza. El placer
era indescriptible. Ambos empezaron a gemir, esta vez sin miedo, sin
tener que ahogar los gemidos en la boca del otro.

Sara abrazaba a su hermano con las piernas, rodeando su cintura.


Éste todavía tenía puesta la camiseta, pero poco importaba. Se dedicó
durante muchos minutos al bombeo constante dentro del coño de su
chica, mientras se robaban húmedos besos el uno al otro. A Sara casi le
dolían las tetas de la presión de las manos de Raúl sobre ellas. Le dijo
que parara un momento, tras lo cual se levantó y se dirigió a su
habitación, llevando a su hermano de la mano.

Ahí estaban más cómodos, y además habían podido recuperar un


poco el aliento. Sara se subió a la cama y se puso a cuatro patas,
exponiéndose totalmente a la voluntad de su hermano. Sin hacerse
esperar, éste se puso detrás y volvió a penetrarla por el coño. Con una
mano se apoyaba en la cama y con la otra acariciaba los senos de Sara,
que colgaban sensualmente hacia abajo y se movían con cada envión de
Raúl.

Sara ya no gemía, sino que chillaba de placer. Quería correrse, pero a


la vez no quería que esto acabara. A Raúl ya se le empezaban a escurrir
gotas de sudor, que caían sobre el pelo y la espalda de su hermanita.
Entonces dijo, no sin esfuerzo:

“Me corro, Sara…”

“Espera… así no, espera un momento”, respondió ella.

Raúl tuvo que poner toda su fuerza de voluntad para sacársela en el


mejor momento. Sara simplemente se dio la vuelta, se tumbó boca arriba
y le invitó de nuevo a metérsela:

“Quiero que nos miremos a los ojos cuando lleguemos al orgasmo,


cariño”
Raúl se la introdujo de nuevo apresuradamente, follándola
salvajemente, buscando vaciarse dentro de ella. Sus bocas se buscaban
ansiosas, chupándose y lamiéndose, más que besándose. Finalmente,
Sara sintió la leche de Raúl en sus entrañas, momentos antes de
conseguir ella su orgasmo. Se miraron a los ojos sonriendo, mientras
disfrutaban de las sensaciones del orgasmo.

Un buen rato después de terminar, aún seguían tumbados


recuperándose del esfuerzo realizado. Finalmente habló Sara:

“Madre mía, ya son las nueve… hemos debido de estar dos horas
follando…”

Raúl se rio, “Bueno, ¿qué te apetece hacer?”

“Podemos ver una peli en mi ordenador, aquí los dos en mi cama”, dijo
Sara.

“Genial”

Sara se fue a la cocina y al rato volvió con unos sándwich y una botella
de Coca Cola.

“Ya sé qué peli vamos a ver… Almas Gemelas, te va a gustar”

Raúl no la conocía, pero sí conocía bien a su hermanita, y sabía que le


iba a gustar lo que le proponía.

Tras ver la película, se quedaron dormidos en la cama de Sara. Por


primera vez en su relación, podían dormir juntos y abrazados, sin miedo.

33333

La última vez que mi esposa Linda y yo estuvimos en la casa de mi


cuñado, él estaba recién divorciado y con algunas penas que todavía le
causaban algo de dolor en lo sentimental. Tomaba mucho y esa fue
(creemos mi esposa y yo) la causa principal de su rompimiento
matrimonial además de que él era algo dado a las mujeres.
Recordarán mis amigos lectores que cuando nosotros estuvimos en su
casa, bebimos juntos una noche, mi esposa y yo aprovechando su
estado avanzado de embriaguez y nos dimos una buena agasajada
desde el momento que le ayudamos a llegar a su recamara para
acostarse, terminando en una masturbada y mamada de verga por parte
de mi esposa a su hermano Alfredo que es mayor que ella en casi siete
años pues actualmente el cumple 38 y Linda 31. Recientemente han
pasado casi 2 años y Alfredo nos comunicó que se había unido
sentimentalmente a una muchacha costeña llamada Flor y que deseaba
venir a visitarnos junto con ella para que la conociéramos.

Llegó el día que mi cuñado Alfredo y su “novia” Flor llegaron a nuestra


casa, mi esposa y yo ardíamos en ganas por conocerla tanto que en
nuestras fantasías mi esposa y yo, nos hacíamos imaginaciones con ella
y con él en el acto sexual. Habíamos preparado un buen recibimiento a la
usanza de la región con una cena de carne asada al carbón, cerveza fría
y música regional que tanto le gusta a mi cuñado y a nosotros. Por fin
llegaron en un coche nuevo, venían desde su ciudad por carretera.

Después de las presentaciones y abrazos de rigor, mi esposa y yo nos


comunicamos con la mirada que la novia de mi cuñado estaba bien, en
realidad ella, Flor, es mucho más joven que Alfredo, tiene como unos 28
años, morena con pelo rizado, delgada con un cuerpo muy hermoso, alta,
mas alta que mi esposa y agradable de carácter. Después del
recibimiento les ofrecimos unas bebidas a lo que aceptaron con gusto, mi
cuñado le presumía la cerveza de la región que en realidad es muy
buena y Flor la degustó con gran placer, es más, ella es buena bebiendo
cerveza, se ve que le encanta y tiene mucho aguante, mas que mi
cuñado, según lo demostró durante el resto de la noche.

Para después de cenar, ya habíamos entrado en confianza, mi cuñado


le agarraba las nalgas abiertamente a su novia y ella ni se ponía nerviosa
por lo que hacía Alfredo, también se lo hacía a mi esposa y Flor
comprendió muy pronto la forma de jugar de ellos, Alfredo estaba
poniéndose un poco mareado como cuando estuvimos en su casa pero
ahora no deseaba ir a la cama quería permanecer en la reunión, Flor y yo
nos tomamos confianza y mi esposa observaba con atención dando su
aprobación.
Alfredo comenzó a besar a su novia y acariciarla abiertamente delante
de nosotros y mi esposa y yo hacíamos lo mismo, yo metía mi mano por
debajo de la falda de Linda y acariciaba su entrepierna y mi cuñado tenía
sentada a su novia sentada de espaldas a él y le acariciaba los pechos y
la entrepierna, aquella reunión se había convertido en una velada
cachonda para los cuatro, Flor nos miraba a mi esposa y a mí muy
insistentemente, mi cuñado estaba cada vez más ebrio pero muy
juguetón y manilargo no solo con Flor sino que también con Linda, ya
que le acariciaba las nalgas y los pechos como jugando, en eso Flor, se
acercó más a nosotros y tomándome de la mano, me invitó a bailar.

Lo hicimos muy pegadito y cambiamos unas palabras donde me di


cuenta de lo que podría pasar.

Cuando Alfredo se levantó de su asiento, se le notaba su verga dura,


mi esposa le dijo que se le notaba el bulto de la entrepierna y él
mostrándolo con sus manos, dijo que no tenía nada que esconder, que la
culpa la tenían las viejas calientes, para entonces yo también tenía la
verga dura y también se me notaba pero yo no hice alarde de eso, solo
abracé a mi esposa por detrás a lo que mi cuñado dijo, que no me la
cogiera delante de el, que lo respetara, mi esposa la dijo que yo era su
esposo y que no tenía nada que ver, entonces dijo mi cuñado que por
que yo estaba cachondeando con Flor, que mejor me cogiera a Flor pero
que a su hermana la respetara delante de él.

Por supuesto que todo este altercado era solo por bromear, ya que
todo lo festejábamos con risas, para entonces ya los tocamientos y
bromas acerca del sexo eran mas frecuentes y abiertas, Flor resultó ser
muy abierta para eso, apenas se acopló con mi cuñado, las visitas al
inodoro era mas frecuentes de los cuatro, mi esposa trataba de
acercarse a su hermano para tener algo de ternura según ella pero él se
aferraba a sus nalgas y chiches con lujuria, le dije que le siguiera el juego
y ella aceptó, le comenzó a sobar la verga y él lo disfrutaba y me
observaba la cara.

Flor no podía creer lo que miraba hasta que mi cuñado le dijo, que tal
como le platicó, eso era lo que nosotros habíamos hecho con él en su
casa.
Entonces supimos que no estaba del todo dormido y borrachote, nos
dimos cuenta que disfrutó la masturbada y mamada y que sabía que yo
estaba observando. En ese momento mi esposa y yo nos miramos y nos
quedamos como tontos, pronto mi cuñado, siguió amasando los pechos y
nalgas de su hermana, mientras Flor y yo los observábamos, alargué mi
mano y acerqué a Flor hacia mí, la senté sobre mí esperando ver su
reacción, con asombro me di cuenta que estaba corriendo el cierre de mi
pantalón para liberar mi verga, yo observé a mi cuñado pero él estaba
muy entretenido con mi esposa, su hermana, quien ya le había sacado la
verga y lo masturbaba.

Flor hacía lo mismo conmigo y yo estaba feliz aunque algo nervioso


esperando la reacción de mi cuñado que nos observaba mientras metía
sus dedos en la rajita de mi esposa. De allí en adelante ya no me
preocupé por mi cuñado, Flor y yo nos quitamos la ropa y ella se me
subió en mi regazo y se clavó en mi verga, se movía como una loca y
hacía sonidos muy evidentes de su calentura, mi esposa nos miraba con
mucha atención y se le notaba su excitación en su cara, comenzó a
mamar la verga de su hermano y yo me deleitaba viendo el enorme trozo
de carne que desaparecía en la boca de mi esposa, quien me miraba y
tomaba pose para que yo lo disfrutara.

Por mi parte yo estaba disfrutando al máximo con la novia de mi


cuñado que resultó ser experta en el sexo, su panochito estaba rasurado
y muy apretadito, sus pechos no son grandes pero son puntiagudos y
firmes, la volteé hacia mi y así sentado en el sofá ella con sus rodillas
dobladas hacia atrás, me dio la cogida mas emocionante que haya tenido
pues mi cuñado y su hermana también cogiendo, no nos quitaban la vista
de encima y lo disfrutaban, yo también lo disfrutaba, pues me
emocionaba ver a mi esposa cogiendo con su hermano y adoptando la
misma posición que yo con Flor.

Lo que me excitaba más era poder ver la verga gruesa de mi cuñado


entrando y saliendo de la panochita de su hermana, mi esposa, que lo
cabalgaba con ansia y ganas de tener totalmente adentro aquella enorme
verga, los cuatro nos mirábamos mutuamente pero creo que ninguno
gozaba tanto como mi esposa y yo que habíamos fantaseado tanto con
aquello.
Después de unos momentos de mete y saca, noté que mi cuñado
estaba vaciando en el interior de su hermana los chorros de semen que
pronto se notaron en la base de su verga ya que algo escurría por los
lados de los labios vaginales, en seguida advertí que mi esposa estaba
teniendo un gran orgasmo a saber por los movimientos y sonidos
guturales que emite cuando lo hace.

Casi en el mismo momento, yo comencé a descargar mi esperma en la


panochita rasurada de Flor, mientras ella se clavaba y permanecía
pegada a mi pelvis como para recibirlo muy adentro.

No noté que ella tuviera un orgasmo, no hizo mucho mas que pegarse
a mi para que yo terminara en su interior, se me acercó y me besó y me
dijo que ella necesitaba algo mas de tiempo, le pedí que cambiáramos de
posición, ella sentada en el sofá con sus piernas abiertas mientras yo le
mamaba su panochita con mi propia leche en su interior, se acomodó en
la posición, mientras yo observaba a mi esposa que todavía estaba
clavada en la verga de su hermano y lo besaba apasionadamente,
entonces me di cuenta, mi cuñado sabía exactamente por que trajo a
esta muchacha con nosotros.

Comencé a pasar la lengua en los labios vaginales, me emocionaba


ver la panochita totalmente rasurada y notaba en sus labios los restos de
mi leche recién eyaculada. Mi esposa sabía lo mucho que me gustaba
hacer eso ya que se lo hago a ella de vez en cuando. Besé los labios de
la panochita y luego metí mi lengua, succioné su clítoris que estaba
durito y erecto, comencé a sentir como bajaba de su interior el semen y
lo comencé a saborear, Flor me tomó por la nuca y me acercó a sus
labios para besarme, sabía que tenía restos de mi propio semen en los
labios, me besó largamente saboreando mi boca y luego me dirigió
nuevamente a su rajita.

Le seguí succionando la leche y su clítoris en unos instantes


respondió, no resistió mas y tuvo un orgasmo muy sonoro, con mucho
ruido de su parte que denotaba que estaba sintiendo lo sabroso de la
mamada, me retiré de su panochita y acomodé la verga dura en la
entrada y comencé a cogérmela de nuevo, estaba yo muy caliente
porque estaba viendo a mi esposa y mi cuñado totalmente desnudos y
ella todavía ensartada felizmente en la verga de su hermano, acariciando
y besando su cara con gran ternura, mi cuñado estaba casi dormido pero
su verga todavía estaba dura en el interior de mi esposa.

Flor estaba todavía sintiendo su orgasmo, yo no tardé mucho y volví a


llenar su interior de semen, tuve una descarga con muchos chorros, cada
contracción de mi verga era un goce tremendo, la panochita de Flor
estaba riquísima.

Aún después de terminar, nos quedamos sentados así como


estábamos, Linda se levantó por mas cervezas y seguimos bebiendo, mi
cuñado se quedó como dormido pero no nos confiamos mucho, ya que
nos dio la sorpresa de haber estado consciente y disfrutado lo que le hizo
mi esposa cuando estuvimos en su casa.

El resto de la noche lo pasamos juntos sin inhibiciones, desnudos


como si siempre lo hubiéramos hecho, no hubo mas sexo, solo buen
compañerismo y pasada la medianoche nos fuimos a dormir cada quien
con su cada cual. Por supuesto que en la recamara nuestra hubo acción,
Linda me invitó a mamarle su panochita repleta de leche de su hermano
y yo, ¿Qué creen que hice? Claro que se la mamé y luego me la cogí,
eso me gusta mucho, cogérmela después de que ha tenido sexo con
algún otro de sus cogedores (mi hermano, mi compadre y ahora su
hermano) la relación de nosotros con ellos está estrictamente regida por
el gusto de Linda, la aprobación mía y el goce de ambos.

Cuando estábamos cogiendo, le pregunté a mi esposa que si había


algo entre ella y su hermano que yo desconociera y me dijo que si, como
a cuatro años que nos casamos ella y yo, cuando yo estuve fuera de la
ciudad por un tiempo y al mismo tiempo que comenzó a tener relaciones
con mi hermano, vino su hermano una ocasión y ella lo atendió, lo llevó a
varias partes y a una reunión de amigos en donde bebió de mas, ella lo
fue a recoger y lo llevó a su hotel para dormir.

Allí, el comenzó como siempre a jugar con ella y a hacerle tocamientos


a lo que ella se resistía pero finalmente ella se calentó y accedió llegando
a tener sexo varias veces aquella noche, mientras su mamá se
encargaba de cuidar los niños de nosotros. En esa ocasión fui carnudo
involuntariamente pero con final feliz.

33333333
Después de mi primera vez con mi cuñado, solo le pedí que nunca
más lo hiciera con mi hermana en mi casa, que me moría de celos, que
solo eso le pedía y exigía, él me juró jamás volver a tener sexo con mi
hermana en mi casa.

El lunes coincidimos él y yo en un centro comercial, él estaba haciendo


una reservación para un fin de semana en Acapulco, me saludo con un
rico y tierno beso en la boca y al salir de la agencia de viajes me invito al
cine ahí mismo en el centro comercial, pensaba rechazarlo, pues mis
celos tontos me hacían imaginar que el fin de semana en Acapulco era
para mi hermana, pero decidí aceptar dispuesta a pasar un buen rato con
él y seguirle poniendo los cuernos a mi hermana.

No recuerdo nada de la película, ya que estuvimos besándonos y


acariciándonos todo el tiempo, a media película él ya tenía mi tanga en la
mano y mi falda estaba poco más arriba de mi rodilla, solo nos tocamos y
no paso a más, al salir me llevo a mi casa y estuvo platicando el resto de
la tarde con mi hermana, yo quería asesinar a mi hermana, pero me
contuve y me fui a mi cuarto, no pude dormir esa noche pensando en lo
bien que la pasarían en Acapulco los dos solos.

Al día siguiente me hablo por teléfono, diciendo que necesitaba verme


urgentemente, acordamos de vernos en una cafetería que ambos
conocíamos, estando ahí vi que tenía en la mano los papeles de la
reservación del hotel y unos boletos de avión, no le dije nada al respecto
y me tragué mi coraje, pero el pronto se encargó de que mi coraje se
volviera alegría y ansiedad, me dijo:

“Tienes que buscar un buen pretexto para este fin de semana, mira lo
que te compre”

Al tiempo de decir esto extendió su mano entregándome los papeles,


al verlos, la reservación decía Sr. y Sra. X (su apellido) y los boletos de
avión tenían su nombre y el mío, me quede como ida, y yo pensando que
se llevaría a mi hermana que tonta que fui, ahora el problema era
encontrar un buen pretexto en solo 4 días para desaparecerme el fin de
semana.

Después de dedicarme al 100% a pensar en el pretexto, la oportunidad


me llego caída el cielo, llego de visita una amiga que tenía tiempo que no
veía, me invito a una fiesta en una cabaña en Cuernavaca el fin de
semana, me dieron permiso sin preguntar nada más, lógicamente le
avise a mi amiga que no podría ir, el otro problema fue que mis padres
insistieron en llevarme a la terminal de los autobuses, mi cuñado me dijo
que no había problema, que les dijera que me iría en el autobús de las 9
de la mañana ya que el avión salía a las 12, después de todo un teatro
por fin estuvimos solos en el aeropuerto.

Llegamos al hotel en Acapulco a las 2 de la tarde, nos acomodamos


en el cuarto, me puse me traje de baño, mismo que el me regalo y nos
fuimos a la playa.

Nos pasamos un día fenomenal y en la noche nos fuimos a bailar, mi


felicidad era enorme, llegamos al hotel casi a las 2 de la mañana, me
metí al baño a darme una ducha mientras el servía unas copas, salí del
baño vistiendo solo una bata de baño, él estaba acostado, me ofreció
una copa la cual bebi casi de golpe y me recosté junto a él nos fundimos
en un beso al tiempo de que el desabrochaba mi bata y dejaba al
descubierto mi cuerpo desnudo, yo no desperdicie ni un momento y lo
desnude, el acariciaba mis piernas muy lentamente subiendo por mis
muslos, mientras besaba mi cuello y mis hombros.

Yo me sentía en el cielo, en esta ocasión no tendríamos prisas de que


alguien nos descubriera, así que me deje llevar por completo por mi
pasión y deseo, el besaba ya mis senos que para este momento estaban
duros como el acero, de momento sentí su mano jugando en mi vagina,
me recorría con sus dedos mis labios vaginales para después empezar a
frotar mi clítoris, yo ya estaba muy mojada y no tarde mucho en tener mi
primer orgasmo, mi cuerpo se estremeció del placer producido por sus
dedos, su boca bajo muy despacio por mi vientre hasta llegar mi vagina,
su lengua lamia lentamente mi intimidad y entraba al máximo en mí.

Me enloquecía sentir esa cálida lengua entrar en mi vagina, pero


sucedió algo inesperado, su legua iba ahora mas allá de mi vagina y
estaba llegando a mi ano, al primer lengüetazo mi cuerpo brinco por la
sensación de experimente, él se dio cuenta y levanto más mis piernas
para poder chuparme el ano, después me levanto y me puso en cuatro
patas como perrito, abrió al máximo mis nalgas y ahora si su lengua
acariciaba y mojaba por completo mi ano, su lengua intentaba entrar y se
ayudaba con los dedos para abrirme más mi virginal orificio, yo sentía
que mi cuerpo explotaba de nuevo en un hermoso y cálido orgasmo.

Siguió chupándome el ano mientras dos de sus dedos entraban y


salían de mi vagina, mis gemidos eran más frecuentes y con palabras
entrecortadas le pedí que terminara con mi suplicio, que me penetrara
ya, que no resistía más, se levantó y se puso detrás de mí, recargo la
punta de su pene en la entrada de mi ano que ya estaba más que
lubricado, yo deje caer mi cabeza sobre la cama para levantar un poco
más mis caderas, al sentir como entraba su pene en mi ano, con mis
propias manos me abrí las nalgas mientras él me tomaba de las caderas
y me jalaba contra él.

El dolor era regular pero el placer de sentir ese miembro dentro de mí


era enorme, así que cuando sentí que tenía aproximadamente la mitad
adentro, yo misma me recargue de un solo golpe en él, sentí que me
partía en dos, creo que mi grito se escuchó por todo el hotel, durante
unos segundos permanecimos inmóviles, poco a poco comenzó a
moverse dentro de mí, el dolor desapareció por completo dejando su
lugar a un placer que aun a la fecha me enloquece, sentía claramente
como todo mi interior se movía al entrar ese enorme pene en mi ano.

No sé qué tiempo estuvo bombeándome el ano, pero tuve 3 orgasmos


antes de sentir como sacaba su pene de mi ano y lo acercaba a mi boca,
abrí la boca para recibir ese dulce caramelo que me ofrecía y después de
algunas chupadas sentí el interior de mi boca llena de su semen, me lo
tome todo su sabor agridulce me gusto, no pude más y me deje caer
sobre la cama, él se recostó junto a mí y me acariciaba el cabello y el
rostro me decía lo bien que se la pasaba conmigo, que era yo fantástica
como amante etc. Me sentí en la obligación de hacer una gran pregunta,
estaba a punto de compararme yo misma con mi hermana, así que le
pregunté:

“Oye amor, sé que no debería, pero quiero saber quién es mejor en la


cama, yo o mi hermana, discúlpame, pero la duda me mata”

Él se levantó sirvió dos copas más, encendió un cigarro, volteo a


verme con una ternura infinita y me respondió:
“Mira bebe, tú eres única, y sin faltarle al respeto a ella puedo decirte
que eres mil veces mejor no solo en la cama sino en tu forma de ser”

Me dejo complacida con la respuesta, pero aun había cosas que no


entendía así que pregunte de nuevo:

Yo: “No te entiendo bien como que en mi forma de ser”

Él: “Si bebe, mira, por ejemplo, ella jamás usaría ropa como la que te
regale, dice que es para locas o callejeras, te has fijado como es su ropa
interior”

Yo: “Si es normal y aburrida, como la que yo usaba antes de que tú


me regalaras la nueva, pero a ella le has regalado”

Él: “Una ocasión entramos en una tienda y no quiso nada, dijo que era
ropa vulgar”

Yo: “Que tonta si se nota que a ti te vuelve loco esa ropa tan pero tan
vulgar, así que, si tú eres vulgar porque te gusta, pues yo será vulgar
para gustarte, pero dime quien te excita más ella o yo”

Él: “También en eso hay mucha diferencia, ella y yo solo lo hacemos


de dos formas, yo encima de ella o ella encima de mi, así como nos viste
y solo es penetración vaginal”

Yo: “¿Entonces a ella no le has dado por atrás, y si se toma tu


semen?”

Él: “Una vez intente penetrar su ano y la cita termino en pleito, que si
la había confundido con callejera etc., y ella no se toma mi semen nunca
y en ocasiones ni siquiera me quiere chupar el pene”

Me quedé pensando en que definitivamente, mi hermana era muy


espantada para eso del sexo, bueno más que espantada era aburrida, si
yo apenas en dos veces de tener sexo con él, ya había probado su pene
en mi ano además del sabor de su semen, mismo que por cierto se
convirtió en una especie de droga para mi día a día aun hasta la fecha
vivo esperando sentir de nuevo mi boca llena de su semen, tome mi copa
y salí al balcón del cuarto.

Estábamos en el último piso así que nadie vería que estaba desnuda,
el me alcanzo y comenzó a besarme de nuevo, me recostó lentamente
sobre la mesa y levanto mis piernas, sin decir nada más me introdujo por
completo su pene en mi vagina, sus movimientos eran fuertes y muy
rápidos, lo abrace con mis piernas al tiempo que el me levantaba para
llevarme al interior del cuarto, me hizo sentir muy rico que caminara el
mientras tenía yo su pene adentro, nos tumbamos en la cama, yo
recostada con las piernas abiertas y a la altura de sus hombros, la
penetración era total, sentía sus testículos chocar en mis nalgas.

Mi vagina estaba escurriendo por el placer y esos jugos se bajaban


hasta mi ano, en un momento en que más fuertemente me lo metía, me
moví un poco de lado para que su pene se saliera de mí, el intento
metérmelo de nuevo, pero le dije que por ahí no, así que en la posición
en que estaba pase mis brazos por frente a mis piernas para que fuera
más fácil ver mi ano, guie ese pene lo mejor que pude hasta la entrada
de mi ano, esta vez fue más fácil que me lo metiera, así en esta posición
mientras el bombeaba de nuevo mi ano yo misma podía acariciar mi
vagina.

Le pregunte si le gustaba verme así, tocándome yo misma, me


respondió que me veía fenomenal en esa posición (es lo bueno de ser
delgada, puedes abrirte mucho de piernas, yo alcanzo a poner mis
talones en mi nuca, ya que desde pequeña practico danza) acomode mis
pies atrás de mi cabeza y ahora si mi abertura sexual era máximo, mis
manos ahora acariciaban mis pechos, su pene me taladraba el ano y sus
dedos entraban en mi vagina, me estaba dando una penetración doble
deliciosa, cuando sentí que el acabaría le pedí que lo hiciera sobre mis
pechos.

Él acepto diciendo que no me moviera, se salió de mí y así como


estaba yo casi hecha bolita, apunto su pene a mi pecho y me regalo un
gran chorro de semen que me lleno y algunos restos llegaron hasta mi
mentón, me sorprendió al voltear a ver su pene y notar que aun seguía
duro, le pregunte que si aún tenía fuerzas, me sonrió y entendí, así que
se lo chupe de nuevo, esta vez recordé la pose cuando lo descubrí y lo
quise hacer así, nos acomodamos y me senté sobre su pene, ahora era
yo quien controlaba los movimientos.

Volví a tener múltiples orgasmos mientras prácticamente brincaba


sobre ese pene que era solo mío, cuando sentí llegar hasta el fondo de
mí su semen me detuve, sentí como poco a poco su pene se hacía
flácido dentro de mí, nuestros cuerpos estaban llenos de sudor, me
recosté sobre su pecho y ahí nos ganó el cansancio y dormimos hasta
cerca del mediodía, salimos a comer y de ahí al aeropuerto

Llegando a mi casa, casi o podía caminar, tenía super adolorido el


ano, pero también estaba muy feliz de la cogida que me dieron toda la
noche.

3333333

Un día estaba en mi casa con mis padres y me llega la fatal noticia,


Ricardo, hay que ir a la boda de tu prima María, que se casa dentro de
dos semanas, así que ya sabes que no debes hacer planes pues es
importante quedar bien con la familia, en fin lo típico de cada una de
ellas.

Llegó el poco deseado sábado y nos fuimos a un pueblo de acá cerca,


que tiene unas excelentes playas, fuimos primero a la Iglesia de ese
mismo lugar para asistir al “si quiero” de mi prima, y como no, por orden
de esta familia siempre llegamos tarde a todos lados, así que nos
quedamos fuera por no caber casi nadie en la pequeña iglesia de color
blanca que allí, cerca de la playa estaba.

Acabo la misa y comenzó a salir todo el mundo para fuera repartiendo


el arroz a quienes querían echarlo a la cabeza de los recién casados, y
en una de esas escuche a mi padre decirme que allí estaba mi prima
Montse y que fuera a saludarla. La última vez que la había visto teníamos
ambos 12 años, esta vez tenía ya 22, al igual que yo que fue cuando me
ocurrió esta historia.

Al verla e ir a saludarla me quede impresionado de semejante cuerpo,


y de lo mucho que había crecido todo en ella, las tetas no eran enormes,
pero bajo la blusa negra que llevaba se le notaban dos bultos lo
suficientemente grandes para desearlos, bajando poco a poco mi mirada
por ella, pude observar las hermosísimas y bien formadas piernas que
poseía gracias a una falda roja que le subía aproximadamente una mano
por encima de la rodilla, ninguna de las prendas era ajustada, pero sin
embargo la imaginación volaba al verla de esa manera. Me acerque poco
a poco y a llegar nos dimos un abrazo enorme.

Tiramos ya todos para el restaurante y ella se vino en mi coche para


que así habláramos de nosotros después de tantos años sin vernos, en
el trayecto que hice que durara casi 30 minutos debido a mi necesidad de
complacer a mis ojos de semejantes piernas que estaban en el asiento
de al lado, cruzadas con el muslo hacia mi lado ¡y que muslo!

Nos contamos por encima casi todo lo importante, aunque lo que más
nos ocupo fue el terreno sentimental, ella tenía un novio que estaba en
Madrid trabajando y que por eso no había venido a la boda, y que
llevaban más de un año juntos y que lo estaban llevando muy bien a
pesar de la distancia. Palabra tras palabra llegamos al restaurante y nos
sentamos juntos en la mesa ya que teníamos la intención de pasar la
velada juntos, ya que a ambos nos aburrían ese tipo de reuniones.

Llegaron los platos, cenamos a gusto mientras hablábamos y luego


llego el champagne y la barra libre para inmediatamente llegara la
orquesta para hacernos bailar a todos los invitados al envite.

Yo que enseño a bailar salsa en un centro de baile pues le comenté el


tema y como no me pidió que la enseñara porque así su novio cuando
viniera iba a sorprenderse de como bailaba, ya que a él también le
encanta bailar en las discos esa música.

Bebimos y bailamos en exceso durante al menos 2 horas, yo la tenía


bien agarrada por la cintura la falda de ella subía de manera exagerada
por los movimientos sexuales que le hacía dar en el baile, yo miraba al
suelo solamente para contemplar semejante espectáculo de su falda
subida prácticamente hasta donde empieza su coño, incluso a veces
aprovechaba y la echaba hacia atrás su cuerpo y le cogía su pierna con
mi mano en el aire para sostenerla pegada a mi cadera y de paso
aprovechaba para ver su braguita negra, al menos un poquito ya que ella
se cortaba y me decía que paráramos y se bajaba entonces la falda de
nuevo para volver a empezar.
Los primos y algunos amigos de estos que por allí estaban no le
quitaban la vista de encima y eso le llamo la atención a ella y me dijo que
mejor paráramos de bailar porque dábamos el espectáculo y que iban a
pensar nuestros padres de esto.

Pero solo duro 10 minutos más o menos porque enseguida me volvió a


sacar a bailar, de nuevo el meneo para arriba y para abajo, pero esta vez
tenía tanta excitación dentro de mí que la gire hacia la orquesta donde
nadie de la familia podría ver como le puse la mano en el culo y lo aprete
con fuerza en mi mano, ella entonces reaccionó diciéndome que parara
quieto, que no tuviera tanto morro, y yo con la calentura no le pude decir
otra cosa que, “es que eres una tentación”, ella paro de bailar, me miro a
la cara y se soltó, entonces me dijo, “creo que nos estamos pasando, ni
mi novio me mete tanta mano como tú, y somos primos, creo que
debemos parar y más aun estando aquí toda la familia”.

Yo ingenuo y tímido como soy le di la razón y le dije que lo sentía, de


nuevo volvimos a sentarnos, y al poco tiempo volví a sacarla a bailar, a la
primera me dijo que no, que estaba cansada, pero al poco rato volví a
insistir y volvimos a bailar.

En la primera canción estuvimos muy distantes, pero en un par de


ellas más volví a ponerme caliente con tanto meneo, así que en uno de
esos momentos le metí la pierna entre las suyas para terminar la canción
echándola hacia atrás, entonces ella dejo su coño pegando con mi
pantalón que era muy fino de verano, enseguida note que lo tenía muy
húmedo, porque hasta me quedo la marca de la humedad en el pantalón,
y estoy seguro que no era del sudor, porque a pesar del baile, apenas
estábamos sudando ninguno de los dos.

En ese momento ella también se había percatado de la mancha al ver


que yo me llevaba la mano a la parte húmeda para saber que era lo que
me daba más frio de lo normal, ella al verlo me miro se puso roja como
un tomate e inmediatamente salió de la sala imaginándome que iba al
servicio, yo lógicamente me quede allí esperando, pero tardaba mucho
en llegar así que me acerque a la puerta y allí estaba ella, en la puerta
apoyada mirando hacia arriba como si estuviera rezando, me acerque y
le dije para calmarla.
-“Tranquila mujer, somos adultos y además yo también estoy húmedo,
supongo que es del baile”

Ella entonces junto en menos de un segundo su mirada con la mía y


me fulmino de tal manera con una mirada de deseo que nunca ninguna
chica me había mostrado, entonces me acerque a ella y la agarre de la
cintura acerque mi boca y junte mis labios con los suyos, aunque al
tocarlos ella me saco de un empujón y volvió a repetirme no es buena
idea…

Yo de nuevo le di la razón, pero lo cierto es que estaba deseando


follármela y ella también a mí, estaba seguro, entonces me empezó a
mirar de nuevo, y de nuevo me acerque a ella y la bese, esta vez metí mi
lengua después de dos besos de probar como reaccionaba y al ver que
respondía, le metí mi lengua hasta el fondo ella también me respondió,
pero de nuevo volvió a sacarme de encima para decirme, “nunca le he
sido infiel a mi novio”… entonces le respondí:

-“Siempre hay una primera vez para todo, además no se va a enterar”

Entonces de nuevo nos fundimos en un deseoso beso, nos metimos


en el servicio de las damas y allí cerramos la puerta sin separar un solo
segundo nuestras bocas ardientes de ser besadas, yo le subí la falda
hasta arriba de todo y le aparte las bragas para tocar su coño húmedo,
muy húmedo, ella gimió fuertemente mientras repetía dos veces “como
me gusta”, entonces con la otra mano le desabroché la blusa para dejarle
la ropa interior a la vista, un sujetador también negro de encaje precioso,
le empecé a manosear las tetas, mientras mi otra mano no paraba de
masturbarla, ella no tuvo reacción ya que estaba demasiado excitada y
casi al instante se corrió, con lo cual me paro la mano y me dijo, “vamos
fuera”.

Nos fuimos a pasear por la playa ya bien vestidos y sacados de


semejante excitación, hablamos durante un rato y después llegamos al
final de la playa donde había unas rocas en las que nos sentamos para
descansar, entonces después de hablar de lo bien que había ido todo y
en parte de lo mal que se sentía por su novio confeso que me deseo
desde el primer momento que me vio y que estaba buenísimo, yo le dije
lo mismo y de nuevo cruzamos la mirada de medio lado, entonces ella se
levantó y se puso enfrente a mí, de pie abriéndome la piernas quedando
su coño a la altura de mi polla.

Nos dimos un impresionante beso mientras pasaba sus manos por


detrás de mi cuello, las mismas se fueron deslizando lentamente hasta
mi cintura, allí dirigió sus manos a mis muslos y comenzó a subir por mi
pecho mientras me desabrochaba cada uno de mis botones, cuando
termina me la saca y comienza a comerme mi pecho ligeramente
musculoso a besos…

Me estaba volviendo loco, ella baja y hace que yo me ponga de pie,


me desabrocha los pantalones y empieza a tocarme la polla por encima
de mis calzones, mientras nuestras lenguas se entrelazaban con
ardoroso deseo, mis manos volvieron a levantar su falda y a comenzar a
sobra su durito y apetecible culito, ella mete su mano por dentro de mis
calzones para comenzar a masturbarme lentamente y yo hago lo propio
pero esta vez bajándole las bragas hasta los muslos, pero ella en un par
de sutiles movimientos se las baja de todo.

Comencé a masturbarla de nuevo y entonces ella comenzó de nuevo a


bajar por mi pecho hasta llegar a mi polla, para así comenzar una
mamada que ha sido la mejor que de hoy en día me han hecho nunca,
ella me la chupaba con delicadeza y la recorría alterándola con su
lengua, era una diosa, cuando estoy terminado le aviso que llegaba al
final, pero ella no saco la boca tragándose todo mi semen, el placer fue
inmenso…

Terminamos y nos vestimos para incorporarnos a la fiesta en la cual ya


nos estaban buscando, esa noche nos despedimos y hasta hoy nos
hemos liado 3 veces más…

3333333

Me llamo Carlos, tengo 53 años y entre varios sobrinos y sobrinas,


tengo una sobrina de 18 casi 19 años que se llama María Victoria, pero
que todos conocemos como Vicky.

Vicky ha de medir 1,65 metros, tez trigueña, cabello castaño, hermosa


sonrisa, buen cuello, tetas generosas y erguidas, buen culo, lindas
piernas en un contexto de una chica que practica deportes desde hace
años.

Vicky, además, es mi ahijada.

Hace un tiempo advertí que en las reuniones familiares me observaba


fijamente mientras yo hablaba con otras personas en la mesa, al
comienzo no le di importancia, pero al repetirse la actitud, me sentí algo
incómodo por temor a que alguien más se diera cuenta.

Así pasó el tiempo, pero ante la persistencia, la empecé a mirar con


otros ojos, descubrí un brillo distinto en su mirada, me maravillé de sus
tetas, de su culo, de sus piernas, de su cuello y de su boca; pero tenía
temor de equivocarme o bien, quedar como un viejo boludo ante el
coqueteo de una pendeja que estuviera histeriqueando.

Transcurrieron los meses, hasta que una tarde la tropecé en la calle,


justo en la entrada del edificio donde tengo mi oficina –trabajo
independiente−, nos saludamos con un beso en la mejilla, cambiamos
unas palabras (sus ojos brillaban), y se escuchó un fuerte trueno al
mismo tiempo que empezaron a caer grandes gotas de lluvia.

—Entremos que nos vamos a mojar, acá tengo mi oficina —dije yo.

—¿Acá? —preguntó.

—Sí, acá —respondí.

Entramos al edificio, llame el ascensor, subimos y mientras


ascendíamos note su respiración algo agitada y no paraba de mirarme a
los ojos.

Llegamos al piso, abrí la puerta de la oficina, entramos, cerré la puerta


con llave, encendí las luces y le dije:

—Pasa, —señalando hacia el fondo donde tengo mi privado.


Caminó delante de mí, y yo seguí admirando su turgente culo, que se
movía debajo de un vestido de verano, de algodón o algo así, y que
dejaba adivinar una diminuta tanguita.

Entramos al privado, por la ventana se veía una copiosa y ruidosa


lluvia, le acerqué una silla, pasé al otro lado de mi escritorio, encendí la
PC y le ofrecí un café, ella aceptó.

Serví ambos cafés y procedí a abrir el correo, deseché mensajes sin


importancia y mientras leía y respondía los demás, Vicky sorbía su café
lentamente y encendió un cigarrillo.

—No sabía que fumabas, —le dije.

—En mi casa no lo hago porque a papá no le gusta.

La miré mientras hablaba y seguía con los ojos brillantes y ahora, con
los labios también brillantes como si se hubiera pasado la lengua.
Terminé con el correo, encendí por mi parte un cigarrillo y mirando hacia
la ventana exclamé:

—¡Qué manera de llover!, parece que no te vas a poder ir.

—Si no te molesta tío, me quedo hasta que pare.

—No hay problemas, pero te vas a aburrir.

Ella me miró y suavemente me dijo:

—No creas tío.

Se levantó de su silla, tomó los pocillos de café, fue a la pequeña


cocina, los lavó y volvió a mi privado, tomó asiento y como al pasar me
dijo:

—¡Las pelis porno que habrás mirado acá solo!

—Para nada, —respondí y pregunté rápido— ¿Vos querés ver?


—Ay tío, me da vergüenza.

—¿Vergüenza? —exclamé— pero si soy tu tío y además tu padrino.

Mientras dialogábamos, abrí el navegador, busqué una peli porno, le di


al play y dije:

—Vicky, vení, sentate en mi sillón así ves mejor, —me levanté ella se
sentó y yo quedé parado detrás del respaldar.

En la pantalla del monitor, una presunta madrastra seducía a su


hijastro sentados en un sofá, le tomaba la mano y se la hacía pasar por
la concha, después le amasaba la pija por sobre el pantalón, abría el
cierre, sacaba la pija y se la empezaba a lamer y chupar.

A esa altura, Vicky respiraba profundo y yo tenía la verga durísima.

Saqué mis manos del respaldar y las apoyé en sus hombros, no dijo
nada, apreté suavemente sus hombros, subí un poco las manos y
acaricié su cuello. Ella quieta y muda, sólo respiraba profundamente y se
veían sus tetas moverse al ritmo de la respiración.

Bajé suavemente las manos, deslicé los breteles de su vestido que


cayeron al costado, Vicky quieta pasaba sus manos por sus piernas. Baje
los breteles de su corpiño y, ahí se arqueó mirándome hacia arriba. Su
rostro reflejaba una tremenda calentura.

Bajé las manos hacia sus tetas, las saqué de las tasas del corpiño y
comencé a acariciárselas, masajeándole los pezones que estaban
totalmente erectos, mientras hacía esto, me incliné y la besé en el cuello.
Deslicé una de mis manos hacia su entrepierna y le acaricié la conchita
por sobre la falda. Ella entreabrió algo sus piernas, subí la falda y metí
mano en la tanguita, estaba muy mojada y su conchita muy caliente. Sin
dejar de acariciarle la concha, con la otra mano me abrí el pantalón y
saqué la pija. Me erguí parado a su lado, Vicky giró la cabeza, me miró la
verga y dijo:

—¡Tío, que pijota!


—¿Te gusta?, está así dura por vos y es toda para vos, —dije en voz
queda.

Me agarró la verga son sus manos, le corrió el cuero, quedando al aire


la cabezota morada, brillante por mis jugos.

Pasó la punta de la lengua por el orificio de la cabezota, luego por toda


la punta mientras me acariciaba los huevos y, finalmente, mirándome a
los ojos, se la metió todo lo que pudo en la boca. Boca llena de saliva y
muy caliente, la tomé con una mano desde atrás de su cabeza para
atraerla hacia mí.

Me chupaba la verga con muchas ganas, como si de verdad se la


quisiera tragar, la saliva le salía por el borde de los labios, lo hacía muy
bien, mi verga entraba y salía de su boca al ritmo de los movimientos de
su cabeza. Saqué la pija de su boca, la besé, lengua con lengua mientras
la volvía a acariciar la concha, la tomé de los brazos y la puse de pie, la
abracé metiendo la pija entre sus piernas, amasándole el culo, besé sus
tetas, las chupé al mismo tiempo que la manoseaba toda: concha y culo.

Vicky jadeaba, respiraba hondo, sus mejillas se colorearon de la


calentura.

Me saqué la camisa, el pantalón, el bóxer, y terminé de desvestirla a


ella, que quieta esperaba que yo tome la iniciativa. La hice sentar en el
sillón, levanté sus piernas para que las ponga arriba del escritorio, me
arrodillé, abrí su concha con mis dedos, y comencé a lamerle el clítoris y
a chuparle sus jugos, mientras con una mano amasaba sus tetas, se
arqueaba y gemía, hasta que dijo balbuceando:

—Tío, no sabía que eras así ¿Qué más me vas a hacer?

—De todo.

Me puse de pie, la tome de las manos, la levanté y le ordene quedo,


que se ponga de rodillas en el sillón, la incliné hacia adelante para que se
tome del respaldar, abrí sus nalgas y empecé a chuparle el ano y meterle
dedos en su concha, ella estiró una mano hacia atrás acariciándome la
cabeza diciendo: “Ay tío, ay tío…”.
Me erguí, pasándole la pija por la zanja del culo, de arriba a abajo,
hasta que la emboqué en la concha, empujando de a poco, fue
penetrando en esa conchita estrecha y jugosa. Vicky entre suspiros decía
“ah… ahhh… tío nunca me habían cogido así, seguí, más, más…”.

Sus palabras me pusieron al máximo, la tenía agarrada de la cintura y


le pegaba terribles cogidas, golpeando sus nalgas que se movían a cada
golpe de pija, así estuvimos un rato, hasta que dijo: “Me acabo, tío, me
acabo…”, se la enterré hasta el fondo y allí me quedé, mientras Vicky
acababa entre espasmos.

Le saqué la pija, ella se sentó, la besé en la boca, largo beso de


lengua, después le ofrecí la verga, ella la tomó la empezó a lamer y me la
chupó, succionando con fuerza, hasta que le dije: “Me acabo…” se metió
la verga todo lo que pudo en la boca, y allí literalmente exploté, cerró sus
labios para tragar mi leche, la tragó toda y me chupó para sacarme hasta
la última gota de la acabada.

Le ofrecí un cigarrillo, encendí uno para mí, me senté en una silla, y


fumamos quedamente, relajándonos.

Terminamos el cigarrillo, ella se puso de pie, dijo:

—Tío, voy al baño.

Fue y yo la miré irse, sin poder creer lo que había pasado, y al mismo
tiempo mirándole el culo, mientras pensaba que algún día iba a ser mío.

Cuando volvió del baño, le ofrecí un whisky.

—¿Tenés tío?, Si, bueno dame uno con hielo.

Fui hasta la heladerita, serví dos whiskies con hielo, volví al privado,
tomamos a pequeños sorbos, de pie, la tomé de la cintura, la atraje hacia
mí, la besé en la boca, en el cuello, y acariciaba sus nalgas, ella se froto
contra mí, la verga empezaba a pararse otra vez, me la acarició, la
agarró, la apretó en su mano, me miró a los ojos, se arrodilló y empezó a
mamármela nuevamente.
Me pegó una terrible mamada, la pija entraba y salía de su boca toda
mojada por su saliva, se la metía hasta la garganta y la sacaba despacio
succionándomela, yo la tenía muy dura otra vez y con ganas de volver a
cogerla.

La puse de pie y la indique que se pusiera de rodillas en una de las


sillas sin apoyabrazos que tengo para mis clientes, se agarró del
respaldo abierta de piernas y con el culo parado, me puse de rodillas
detrás, le abrí la zanja y empecé a chuparle el ano lamiéndoselo y
succionándoselo al mismo tiempo que le metía dedos en la concha y
frotaba su clítoris.

Vicky balbuceaba algo que no se entendía y respiraba roncamente, me


puse de pie y le ensarté la verga por la concha, hasta los huevos, la
agarré de la cintura y le di tremendas cogidas, en cada violento empujón
yo sentía que la cabezota de mi pija llegaba al fondo de su concha
inundada de flujos, y en cada golpe ella largaba un ahhh… parecido a un
gruñido.

—Tío dame más, dame más…

Y más le daba y mi sobrinita empujaba para atrás acompañándome en


los movimientos.

Saqué la pija de esa concha encharcada, se la pase por la zanja del


culo, y le golpeé las nalgas a pijazos.

—Vicky, cambiemos, —le dije.

Se puso de pie, me senté en la silla.

—Vení, subite.

Se montó a horcajadas, enterrándose la pija en su concha ardiente y


jugosa, la agarré del culo y ella empezó a cabalgar mientras yo le besaba
el cuello. Cabalgaba con la verga ensartada, moviéndose circularmente,
jadeaba roncamente: “¡Ay tío!, me volvés loca”.
Suspiró profundamente, cabalgaba más fuerte, casi con violencia, yo
sentía la pija ardiendo por sus jugos calientes.

De repente empezó a temblar respirando como con un ronquido:


“Abrazame fuerte tío”.

La abrace con fuerza, me beso en la boca y dijo quedamente: “Acabo


tío”.

Empezó a acabar, cabalgaba, jadeaba y gemía.

No paraba, se quedaba casi sin respiración, me clavaba las uñas en la


espalda y se seguía moviendo, su respiración era un gruñido continuo.
Eso duro minutos, no sé cuántos, yo estaba sorprendido.

De repente respiró hondo, se aflojó, cayeron sus brazos a los costados


y se le cayó la cabeza hacia atrás, se la sostuve con una de mis manos,
y con el otro brazo la tenía firmemente sujeta.

Respiraba profundo y casi con normalidad, abrió los ojos, sonrió.

—Tío, no sé qué me pasó, no podía terminar de acabar y casi me


desmayo, me faltaba la respiración

—A lo mejor tuviste pequeños orgasmos seguidos.

—No sé, es la primera vez, a lo mejor es porque con tu pija me siento


llena, siento que me llenas la concha y siento que me llegas al fondo.

Me besó en la boca, se puso de pie dirigiéndose al baño.

Serví dos whiskys, que tomamos lentamente, saboreándolos, mientras


fumábamos en silencio

Habrán pasado cinco minutos o diez, no sé, le dio un pequeño sorbo a


su whisky, se arrodilló entre mis piernas, me agarro la pija, le pasaba la
lengua por la cabeza, se la metió en la boca y empezó a mamármela
muy bien. Yo no había acabado antes, así que rápidamente mi verga se
puso como un fierro, ella con movimientos de cabeza rápidos la metía y
sacaba de su boca, ya sentía que iba a acabar, le puse una mano sobre
la cabeza, Vicky adivinó, se metió la verga lo más que pudo en la boca y
exploté.

Se tragó toda la acabada relamiéndose, me limpió la pija con su


lengua, se puso de pie, me beso en la boca.

—Tío, ya dejó de llover, me tengo que ir a la Facultad.

Se vistió, me saludó y se fue.

Así terminó nuestro primer encuentro.

Estos encuentros se repetían una o dos veces por semana, según lo


permitieran nuestras ocupaciones, siendo cada vez más calientes,
lujuriosos, y libidinosos.

Si ella tiene tiempo me manda un mensaje de texto con un “Quiero”, yo


a mi vez respondo con un “OK”, o un “No”, según las circunstancias, y a
veces vamos a un motel, para coger con más comodidad.

333333333

Tengo una hermana que se llama Irene tiene 20 años, es una chica
que siempre ha sido normal, es guapa de cara, rubia pelo largo, carita
muy dulce. Siempre ha sido una chica muy responsable y modosita.

La relación entre nosotros dos siempre ha sido muy buena, siempre


hemos sido muy amigos y nos hemos contado nuestros ligues y algunas
veces algunas experiencias sexuales, nos hemos criado en un ambiente
familiar muy abierto de mente. Desde pequeños íbamos con nuestros
padres a sitios nudistas, hemos estado muchas veces en casa desnudos
e incluso de más mayores en más de una ocasión hemos ido Irene y yo
juntos a playas nudistas.

En este relato voy a narrar lo que sucedió hace dos años. Fue un
domingo de julio, Irene y yo íbamos a ir una vez más a una playa nudista
como solíamos hacer bastantes veces. Cuando llevábamos una hora en
la playa, Irene se fue a saludar a Antonio y Pedro. Antonio era un chico
que había ido a su clase. Pedro había sido su pareja. Alguna vez Pedro
le propuso hacer un trío con Antonio, pero a ella Antonio no le gustaba
nada y no quería y Pedro desde entonces le decía que era una niña que
decía mucho y que luego no se atrevía.

Por esas discusiones lo dejaron y a ella siempre le había dado rabia


que pensara así de ella. Él siempre la menospreciaba, le decía que era
una niñata y que en el sexo no se atrevía a muchas cosas. Ella se
consideraba una chica muy abierta de mente y atrevida. Le dijo a Pedro
que yo era su novio. Y él le dijo que habían quedado ellos dos con Marta,
era una excompañera de clase, que siempre iba de calienta-pollas, y que
aunque Pedro estaba con Irene siempre iba detrás de él. Pedro dijo que
tenían pensado cuando viniera Marta hacer un trío.

Al volver Irene donde yo estaba vino super cabreada y alterada. Me


contó lo que pasaba, no se creía que fuera de verdad lo del trío, pero le
daba mucha rabia que estuviera así. Me dijo ¿te puedo pedir una cosa?
Hoy trátame como si fuera tu novia. Yo no sabía que responder, no sabía
que decir. Ella antes de que le respondiera me dio un beso, se me acerco
y junto los labios con los míos, su lengua se juntó con la mía y me cogió
la mano y la situó en su culito. Lo tenía durito y bien puesto. Cuando
acabó el beso miré y Antonio y Pedro miraban con cara de envidia.

Irene añadió ayúdame hoy, quiero que se arrepienta de lo que pasó,


de no haber conseguido que lo nuestro fuera a más. Quiero que se
arrepienta. Para mi Irene siempre había sido una persona muy
importante y por ayudarle lo que hiciera falta, además que el día
prometía así que le dije que si. Y esta vez fui yo quien se lanzó a por ella.
Se quedo tumbada en la toalla y yo encima de ella comiéndole la boca,
mi mano se situó en su tripita y muy suave mientras mi lengua y la mía
se unían, subiendo mi mano hasta acariciar sus tetas. Fue un momento
porque aunque no estaba muy concurrida la playa había gente.

Ella me dijo vente al agua, vamos a hacer que se piensen que


pegamos un polvo. Yo no sabía que quería hacer, no sabía si quería que
me la follara o que, por lo que no sabía si ir o que hacer, ella me estiro de
la mano y acabe yendo por inercia. Ella se fue lanzada y yo detrás,
Antonio y Pedro no nos quitaban la mirada de encima. Ella se puso en un
sitio que el agua le cubrían hasta casi las tetas me dijo ven y me abrazo,
me dio un beso. Me susurro y me dijo dame un beso de estos con
pasión. Y eso hice.

Yo le dejaba hacer, no sabía hasta donde quería llegar, no sabía que


quería hacer. Entonces ella se puso cara a la arena mirando a Antonio y
Pedro que nos miraban me apretó a ella, mi polla rozaba su culo. Cogió
mi mano y la situó en su coñito. Me dijo hazme tener placer, así pensarán
que estamos follando. Entonces no lo dude, mi mano acariciaba su coño,
le apretaba el clítoris mientras mi otra mano le tocaba las tetas y con mi
boca le daba mordisquitos por el cuello. Ella situó su mano en mi polla y
empezó a moverla. A hacerme una paja.

La situación era brutal, en la playa. Dentro del agua, con Antonio y


Pedro mirando, alucinando. Yo le estaba follando a mi hermana con dos
dedos mientras le sobaba las tetas y le besaba el cuello y los hombros.
Ella movía su mano me hacía una paja. Era una situación brutal, los dos
pese a lo extraño de la situación y ser algo que nunca habíamos
imaginado estábamos muy excitados y no tardamos mucho en acabar.

Volvimos a las toallas y estuvimos una hora con calma, sin hacer
nada, tomando el sol. A la hora ya prácticamente estábamos solos en la
playa Irene y yo, en su sitio Pedro y Antonio de por medio una pareja con
su hijo. Y en esos momentos coincidió la llegada de Marta con la marcha
de la pareja. Marta llegó y no se desnudó se quedó en ropa interior. Irene
dijo si mucho calentar, pero luego es más cobarde que yo. Van a flipar,
se van a morir de envidia.

No sabía que iba a hacer y se arrodilló y me cogió la polla con una


mano, en la arena yo estaba tumbado y me empezó a pajear, la mirada
de Marta, Antonio y Pedro se dirigió a nosotros. Ella se abalanzó sobre
mi polla y se la introdujo en su boca. Lamía la base e iba subiendo en
ese momento paraba un segundo rozando con la punta de mi polla su
lengua y se la introducía y se follaba mi polla con su boca.

Entonces Antonio le cogió la mano a Marta y la dirigió a su polla para


que Marta le hiciera una paja. Movía la mano mientras no dejaba de
mirar como Irene se metía mi polla en su boca era una muy buena
mamadora, me estaba muriendo de placer. Pedro intentaba que Marta le
pajeara a él también a lo que Marta se negaba.
Irene seguía chupándomela, alguna vez lo hacía mientras miraba a
Pedro. Tras ver la negativa de Marta a darle placer y que Marta tan sólo
se centraba en Antonio. Irene se levantó sacando mi polla de su boca. Se
puso de pie para poco a poco ir bajando, de espaldas a mi, cara a ellos.
Se fue introduciendo mi polla en su conejo. Una vez la tenía entera
dentro para un momento.

Marta empezaba a comerle la polla a Antonio. Irene miró a Pedro y le


dijo ¿no quieres que te la coma? Entonces se levantó y se acercó a
nosotros. Él de pie y ella con mi polla dentro suya se la empezó a chupar
al mismo tiempo que me empezaba a cabalgar.

Antonio colocó a Marta a cuatro patas, tenía un muy buen culito ella y
se la follaba en plan salvaje. En cambio, Irene se movía muy suave, con
mucha delicadeza, acompasando sus movimientos en la entrepierna con
los de su boca.

Ella se esmeraba en la mamada mientras me follaba quería que viera


Pedro lo que se había perdido que ella era una chica que la comía muy
bien, se la comía con mucha suavidad, con un movimiento suave de
mano acompasado con el vaivén de su boca follándose su polla.

Él estaba muy caliente, ella acelero el ritmo. Cuando vio que él estaba
cerca paro y le dijo. Es la última vez que te hago algo, esta es mi
venganza no te voy a hacer acabar mira lo que te has perdido. En ese
momento soltó la polla de Pedro se giró y se tumbó encima de mí
follándome muy salvaje mientras me comía la boca.

Lo había dejado a medias, se estaba entregando al placer con mi


cuerpo, se movía muy salvaje. Lo mismo sucedía con Marta y Antonio.
Aunque ellos no paraban de mirarnos. Yo les miraba de reojo pero Irene
es mucha mujer. Nuestras lenguas se unían mientras cada vez
follábamos más duro, cada vez costaba más unir nuestras lenguas.
Aumentamos el ritmo hasta que llegamos los dos al mismo tiempo a un
sabroso orgasmo.

333333333

Las cosas a veces pasan sin que uno las planifique, pero aquellas
cosas por ilógicas que parezcan pueden ser una experiencia inolvidable.
Somos dos hermanos de una familia con un buen pasar económico,
pues nuestros padres tienen un buen trabajo, papá como profesor de la
universidad y mamá como secretaria de una empresa de exportaciones.
Jorge mi único hermano a quien cariñosamente yo le digo Koke, es dos
años mayor que yo, pero cuando sucedió esta historia, él tenía 20 y yo
18, pero eso fue hace algunos años y hoy lo quiero relatar aquella
experiencia.

Como de costumbre mis padres tenían muchos compromisos sociales


y los fines de semana, por lo general se ausentaban de casa
frecuentemente; aquel fin de semana viajaron fuera de la ciudad y mi
hermano y yo nos quedamos solos, era costumbre y nos habíamos
acostumbrado a esta rutina, ese sábado por la tarde como era habitual
concurrí al gimnasio a practicar mis ejercicios, regresé a casa cerca de
las 6 de la tarde, después de darme una buena ducha, me percaté que
estaba sola en casa, ya que Jorge no se encontraba en su dormitorio,
sucedía siempre así, yo sola y él saliendo con sus amigos.

Me tendí sobre la cama solo con una camisa transparente que me


llegaba sobre las rodillas, pero sin bragas debajo, encendí el televisor
para ver un programa entretenido, pero todos los que había en ese
momento eran rutinarios y aburridores. Entonces recordé que Koke
siempre tenía películas en su pieza, de esas eróticas un poco fuertes y
me fui a su dormitorio hasta que encontré una que me parecía excitante.

Volví a mi pieza y comencé a mirarla atentamente, desde el principio


era puro sexo, eso me fue excitando poco a poco pero igual seguí
viéndola. Cuando terminó estaba demasiado caliente y tuve que ir al
baño a darme una ducha fría, luego fui a la nevera saqué un poco de
frutas y volví a mi dormitorio, estaba en baby-dioll y sin bragas debajo,
me tapé con la sábana y seguí mirando la televisión.

Debe haber sido cerca de la medianoche cuando sentó abrir la puerta


de calle, por los pasos pude percibir que era mi hermano Jorge, sentí que
pasó directo al baño, y al rato vino a mi dormitorio

-¿qué haces hermanita?

-nada… sólo miraba televisión


Se acercó lentamente hasta sentarse al borde de mi cama, me di
cuenta que venía con unas copas en la cabeza, lo delataba su forma de
hablar entrecortado.

-¿Koke que deseas?

-hablar contigo hermanita

-y que quieres hablar

– de muchas cosas… como cuando éramos pequeños y jugábamos

-pero que tiene que ver eso

-tiene que ver que ahora ya no eres una niñita, te has convertido en
una mujer

-estás loco… ándate a tu cuarto y déjame tranquila

-¿por qué me tratas de esta forma, si cuando éramos pequeños nos


hacíamos cariño?

-pero eso era antes… ahora es distinto

-¿Por qué es distinto?

-ya déjate y vete a tu cuarto

-¿me estas echando? no seas malvada

-ya, déjate de payasadas y vete

Se acercó a mí bruscamente y hundió su boca en mis senos por sobre


mi baby doll, sentí una sensación extraña de miedo, pero también de
placer; comenzó a morderme los senos desesperadamente, podía
percibir su aliento pasado a licor, esto me excitando, y mi cuerpo se fue
calentando rápidamente; de pronto levantó su cabeza y me dijo:
-ahhh, ahora serás mía

Yo no supe reaccionar a sus palabras y quedé sin habla.

Salió de la pieza y volvió apresuradamente, sin siquiera darme tiempo


a reaccionar, comenzó a atarme las manos al respaldo de la cama,
quede paralizada sin movimiento alguno, fue en esos momentos que
comenzó a besar mis piernas a la altura de mis rodillas, fue deslizando
su boca suavemente hacia mi vagina, yo a esa altura estaba ardiendo de
deseos; ninguno de los dos pronunciaba palabra alguna, solo lance un
grito de placer cuando sentí que su boca chupaba con desenfreno mi
vagina buscando mi clítoris, estaba completamente rendida ante él.

-hermanita querida, te voy a dar todo mi semen caliente en tu vagina.

Yo estaba en silencio, sin decir nada.

Comencé a sentir una excitación difícil de describir, Koke se puso


entre mis piernas y pude sentir su inmensa polla ardiendo a la entrada de
mi vagina, la punta de su pene me quemaba, yo estaba entera mojada y
de pronto sentí que me la introdujo completamente hasta el fondo de mis
entrañas, primero sentí un escozor acompañado de un placer
extraordinario, sentí deseos de abrazarlo, pero no podía pues mis manos
estaban atadas, pero él buscó mis senos con su boca y comenzó a
devorármelos en forma brusca y alocadamente, bombeaba fuertemente y
en forma rápida.

Tenía todo Su pene en mis entrañas, cuando sentí como una


explosión de líquido caliente dentro de mí, fue entonces que lo escuché
jadear

-ohhh… que rico… hermanita querida mira como te poseo

-ahhh… me vengo… me vengo de nuevo… aaaah…

Ya no pude controlarme y comencé a moverme furtivamente.

-dámelo todo dentro de mí… hermanito


-sí… guaguita mía, todo mi semen es tuyo…

-Koke me vengo… aahh… ohhh… más… más. Lo quiero todo dentro


de mí… dámelo entero maricón… querías culearme

-Si hermanita… esta todo dentro de ti… ahhh… maaas… ohhh.

-Koke… Koke… aaaah… que rico… párteme entera…

Sentí un río entero que se desbordaba dentro de mí, él había


eyaculado una gran cantidad de semen, cayó rendido sobre mi cuerpo…
siguió chupando y mordiendo mis senos.

Yo estaba extasiada… se fue saliendo lentamente de entre mis


piernas mojándome con su semen aún caliente y espeso.

Besó mi vientre y con su lengua limpió mis muslos de su líquido


caliente. Yo había tenido varios orgasmos.

Pasado unos minutos, tenía su pene erecto nuevamente, procedió a


desatarme y me dijo que me pusiera boca abajo, yo obedecí sin siquiera
pensar que es lo que haría. Volvió a atarme a la cama y comenzó a
besarme el cuello y la espalda, bajaba con su lengua hasta mis caderas y
luego, introducía su boca entre mis nalgas y con su lengua succionaba
mi potito, era una sensación rica que nunca había experimentado.

-oooh… hermanita querida… tienes un culito exquisito te lo voy a partir


esta noche…

Se puso sobre mí… sentí que me esparcía una crema en mi ano…


entonces fue cuando sentí la punta de su polla a la entrada de mi culito,
era como sentir un fierro caliente y ardiendo, lo puso suavemente y
comenzó a introducirlo de a poco.

-oh hermanito… que rico… aaah no tan fuerte… ayyy.

-cállate puta de mierda… eres mi puta y te lo voy a meter hasta el


fondo…
-oh… nooo… basta que me duele… nooo. aaay… Koke nooo… me
estas partiendo… aaay… me partes… nooo…

Koke no escuchaba mis súplicas, cada bombeada que daba, su pene


se introducía mas y mas en mi culito… fue en ese momento que me
estacó con fuera hasta el fondo…

-nooo… aaaay… uuuf… aaah… oooh…

-hermanita… eres un a puta… si una puta… te estoy partiendo tu


culito… mira…

-Me vengo… me vengo… oooh…

-todo mi semen para ti

-sí… hermanito dámelo todo…

-toma… toma… puta de mierda…

-me gusta que me digas puta…

-si eres una puta

-una puta para ti.

Sentí como si le punta de su pene hubiese llegado por dentro hasta la


boca de mi estómago. Allí estaba yo empalada completamente con toda
la verga de mi hermano dentro de mí. No sé cuántas veces eyaculó en mi
interior, solo sé que tuve varios orgasmos.

Lo fue sacando lentamente y a medida que lo sacaba, iba cayendo


líquido sobre mis nalgas, sentí un gran alivio cuando lo sacó
completamente, pero me sentía toda rota por dentro.

Se subió los pantalones y abandonó mi dormitorio, por varios minutos


permanecí en silencio, tratando de recordar si lo que había sucedido
había sido un sueño o una realidad.
No me di cuenta a la hora que me quedé dormida, cuando desperté al
día siguiente, me sentía completamente descaderada, un dolor intenso
en mi culito y las sábanas de la cama impregnadas de semen y sangre.
Sentí miedo y fui hasta el baño, me puse bajo la ducha y dejé escurrir el
agua fría.

33333

Mi nombre es Manuela. Tengo 44 años. Soy todavía joven, hermosa,


seductora. Llevo el cabello teñido de rubio y mi figura me atrevería a
decir que es muy sexy. Mis pechos están algo caídos, pero son
sensuales. Tengo algo de barriga que yo creo que resulta más
estimulante. Y lo mejor son mis piernas. Robustas. Lo fueron siempre.

Mi marido se llama Ángel y tiene 52 años. No es por presumir, pero


sigue siendo muy viril. He disfrutado mucho con él. Recuerdo
especialmente la cuarta noche después de casados.

Como ustedes estarán intuyendo soy una mujer muy liberal. Es


importante que comente esto para que puedan entender la experiencia
que les voy a contar.

Mi hijo se llama Rafael tiene 20 años. Es alto y atractivo.

Creo que supera a mi marido en casi todo. Es la suerte que tienen


siempre las nuevas generaciones.

Le dejamos a nuestro chico que se traiga las novias a casa y se


acuesta con ellas. Y así podemos escuchar como ellas gozan de placer;
jadean, gritan, gimen, chillan. Mi marido cuando lo oye se ríe. Pero yo no
me río, yo es que me hago pajas por las noches pensando en lo que les
hará. Con mi marido yo he llegado a hacer hasta sexo anal. Pero se me
mete en la cabeza que Rafael debe hacerles más cosas. No sé el qué.

Así es que la idea de acostarme con mi hijo rondaba sin cesar por mi
cabeza.

Una tarde me decidí y le pasé un mensaje por debajo de la puerta. Y él


aceptó.
Mi marido tomaba un avión para marcharse al extranjero de
vacaciones (En esta casa lo hacemos así cada uno se va por su lado,
pero esto no tiene que ver ahora con lo que estoy contando).

Le vi marcharse con el coche desde el balcón. Me desnudé por


completo y entré en la habitación de mi hijo. Allí me esperaba tumbado,
toqueteándosela. Su pene era muy largo. Me lancé a por él y cogí el
miembro con la mano. En seguida se me puso pegajosa.

Me la metí en la boca casi llegando hasta lo más profundo, pero me


atragantaba. Entonces ocurrió algo inesperado. Se corrió, tragándome
todo su esperma. Esto he decir que lo había hecho alguna vez con mi
marido.

Siendo así me disponía a masturbarme sentada en la cama y


mirándole fijamente, pero con una cierta desilusión. Entonces él
acompañándome me metió un dedo en mi culo. Y tuve un espasmo
tremendo que me hizo gritar. Justo en ese instante sonó el teléfono. Era
mi marido que estaba en el aeropuerto y que había decidido cancelar su
viaje. Estaría en casa en unos 15 minutos.

Le dije a mi hijo que aquello había terminado y que su padre volvía a


casa. Cuando ya me disponía a vestirme mi hijo me agarró con fuerza y
me llevó de nuevo a su habitación. Yo me agité intentando soltarme con
mi corazón acelerado.

Nos tumbamos en la cama en la posición del 69 y él me comía el coño.


Yo veía que su pene que acababa de eyacular hace unos instantes se
volvía a poner todo recto. Quería librarme, pero no podía. Me dominaba.
Iba venir mi marido y nos iba a pillar. Pero no pude resistir y me puse a
chupársela como loca. Rafael me volvió a meter un dedo en mi culo y yo
se lo metí a él. Esto no se lo había hecho jamás a mi marido. ¡Como
gritaba yo!

Oímos como se abría la puerta de la calle. Mi hijo se levantó y puso el


pestillo. Luego con un pañuelo me amordazó. Y me sentó sobre él.
Follándome. Nos mirábamos a los ojos. Se puso a follarme a una
velocidad de vértigo. La mordaza amortiguaba los gritos que pese a todo
se tenían que oír como gemidos desgarradores.
Se detuvo un momento. Y entonces así sin más y en esa misma
postura me la metió por el culo. Muy lentamente, no rápido. Poníamos
perdida la cama. Muy despacio. Me hizo tener un orgasmo estremecedor.

Me la sacó de dentro. Me quitó el pañuelo de la boca y meneándosela


se corrió obligándome a que me tragase todo su semen de nuevo.

Pero ahí no acabo todo.

Rafael abrió la puerta de su habitación. Miró a un lado y a otro por si


Ángel se encontraba en alguna parte. Me cogió y los dos andando de
puntillas fuimos hasta el servicio.

Me metió en la ducha y allí se orinó sobre mi cara. Yo me bebí


enfebrecida su pis. Y luego bese sus muslos; las palmas de las manos,
su boca…

Días después mi marido me confesó que en realidad sus vacaciones


no eran otra cosa más que visitas a una amante. Como el marido no se
había marchado tuvo que cancelar ese viaje y por eso regresó a casa.
Cuando volvió escuchó mis gemidos y los de mi amante, pero no dijo
nada puesto que quería jugarme limpio. Me dijo que se comprometía a
no serme infiel más. Yo la verdad es que no me he comprometido a
nada.

333333

Llegó desde Oaxaca, de un poblado hacia la sierra. No llegó de


huaraches como andan los indígenas en aquella zona. El tipo era muy
listo y había sabido ganarse la confianza de los habitantes de ese
pueblito. Tenía un auto compacto con el que transportaba a indígenas
hasta los hospitales más cercanos que en realidad no estaban tan
cercanos. Uno podía ir a tocar a su puerta a cualquier hora del día y de la
noche para solicitar sus servicios. Hacía un gran negocio con ello.

Vino de visita al puerto de Veracruz para acudir al hospital para ver a


un tío suyo que pocos meses después moriría. Era un tipo de 1.70,
trigueño y le gustaba vestirse bien, aunque en el lugar donde vivía no
había ocasión de lucir esas ropas, pues la pobreza allí era tremenda.
Había logrado amasar una pequeña fortuna pues no sólo le pagaban sus
servicios con dinero, sino que también le regalaban pollos, gallinas,
cerdos, guajolotes, cualquier animal que valiera el precio de sus
servicios.

Yo tenía 20 años y estaba en la flor de la edad, aunque para ese


entonces ya era una experta en las artes sexuales. Fue quizá por
aquellos años, entre los 18 y los 24 cuando más deseaba tener sexo y lo
tuve. En ocasiones me cogían a diario, a veces era un novio o en
ocasiones vecinos, ex novios, amigos y hasta amigos de mis novios, yo
me consideraba un bocado que todos debían probar y vaya que eso lo
supo percibir mi tío Bernardo.

Desde que me vio me miró con mucho deseo. Jamás se había casado.
El tío rebasaba los 40 años, pero se veía interesante, sobre todo porque
para la familia era novedad que estuviera allí cuando casi no había
convivido con ellos, por lo menos no con mi mamá y vaya que era su
prima hermana.

Esa noche conversó hasta muy tarde y se marchó cerca de la


medianoche al hospital para cuidar a su tío. Sólo se quedaría tres días
así que mi madre decidió prestarle el sofá de la casa para que allí
descansara.

Al otro día desperté y me arreglé para ir a la uni y salí a toda prisa


pues se me había hecho tarde. Volví al mediodía. Mi madre aún no
estaba en casa pues llegaba sobre las dos de la tarde de trabajar y de
mis hermanas Karen trabajaba en una unidad deportiva y Laura cuidaba
a un bebé en una casa que quedaba lejos de la nuestra. Abrí la puerta y
vi que el tío dormía. Sólo estaba en calzoncillos pues a lo mejor pensó
que estaría todo el día solo. Lo miré, dejé mi mochila y fui a mi cuarto
para cambiarme. Me puse una playera larga que me cubría el culo y
anduve descalza. Fui a la cocina para prepararme algo de comer.

Preparé agua de limón y pensé ofrecerle a mi tío pues el calor era


tremendo y aunque dormía con el ventilador encendido no se soportaba
el calor a esa hora. Volví a la sala y lo vi nuevamente. Esta vez no pude
dejar de mirar que tenía una tremenda erección. Seguía dormido pero su
pene se veía muy bien debajo de su ropa interior. No puedo negar que
sentí ganas de tocarlo pues en esos días había andado muy caliente
debido a que un chico quería cogerme y yo no lo permitía, pero sí me
había metido mano y me había dejado con muchas ganas.

Mi tío se medio despertó y me saludó y trató de cubrirse el pito erecto.


Sin embargo, no pudo evitar mirarme pues sólo llevaba mi playera que
hacía ver mis bellos muslos. Le di un vaso con agua de limón y volví a la
cocina para seguir preparando algo de comida. Él se levantó al baño y
volvió más tarde pero lo curioso es que no se cambió de ropa, sino que
se quedó en playera y calzoncillos. Conversó conmigo y me hizo reír
mucho con sus chistes.

La conversación fue cambiando de color pues hubo un momento en


que comenzó a alabar mi belleza y sobre todo mis piernas. No era algo
raro para mí, yo estaba encariñada con mi familia y a lo largo de mi vida
he tenido estupendos encuentros sexuales con primos, primas,
hermanos y tíos, he quedado muy satisfecha. Sólo que en aquella
ocasión no sabía si estaba preparada para tener una relación con un tío
al que había conocido unas horas antes.

Sin embargo, me gustó que me estaba haciendo saber que para él yo


estaba preciosa. “El hombre que te posea será muy afortunado” me dijo.

No me di cuenta en qué momento se levantó, sólo vi de reojo que


estaba junto a mí y me arrimó su enorme pito en mi culo. No supe qué
hacer. Podía haber gritado, pero a la vez pregunto ¿quién puede
resistirse al toque, al arrimón de una macana erecta en un mediodía de
intenso calor? No pude hacerlo y sólo sentí como mi tío comenzaba a
sobar su pene sobre mi culo. Lo hacía lento y luego muy rápido, con
mucha fuerza. Yo me resistía en mi interior a ceder ante la acometida de
mi tío precisamente porque era mi tío, sin embargo, colocó sus manos
sobre mis caderas y me acarició. Sopló en mi nuca y eso comenzó a
encenderme.

Vaya, el tío Bernardo era un hombre muy caliente y estaba logrando


hacer mella en mí, pues estaba venciendo mi resistencia. Me hizo que
me volteara y me repegó su pito en mi vientre y un poco más abajo.
¡Estás muy hermosa nena, desde ayer que te vi tuve ganas de estar
contigo! ¡Dáme tu culito, dáme tu culito! jadeó…
No podía evitar ver su macana completamente erecta. Para ser un
hombre de más de 40 años tenía bastante vigor y eso me excitó.

El tío Bernardo se olvidó de su tío enfermo, de que estaba hospedado


en casa de su prima y de que yo era una chica casi inocente -esto es
broma-, yo estaba atrapada entre sus brazos y la única forma de librarme
de ello era abriendo las piernas.

Para sorpresa de mi tío me dejé que besara mi cuello y tocara mis


tetas y yo comencé a besarlo en su boca. Eso le encendió pues yo era
apenas una chiquilla que si bien ya había sido cogida muchas veces por
mis novios y jóvenes que fueron amantes ocasionales me mostraba
como lo que era, una mujer caliente que amaba el sexo por encima de
cualquier otra cosa.

¡Nena, sigue así, sigue así, vas a hacer feliz a muchos hombres!
profetizó. Yo estaba encantada pues ya había comenzado a apretarme
mis duras y redondas nalgas. También rozaba con su dedo mi vulva. Eso
me hacía enloquecer.

Irremediablemente metí mi mano en su calzoncillo y pude sentir ese


enorme pito duro que se había puesto así desde que estaba dormido.
Siempre he amado el sexo matinal pues los pitos están especialmente
duros. Mi tío estaba hirviendo y yo quise complacerlo. Sacudí su verga y
comencé a masturbarlo. Estaba realmente caliente y me pidió que se lo
chupara. Yo fui lentamente, no me avoracé sobre esa verga de unos 20
centímetros para no verme muy zorra, pero ya quería que estuviera
dentro de mí.

Me dijo que me deseó desde el primer momento y que se había hecho


el propósito de cogerme mientras estuviera allí. ¡Chúpamelo más, anda
niña, chúpamelo! me dijo mientras me metía el pene hasta la garganta.
Yo aprisionaba su falo con mis labios y chupaba vigorosamente ese
hermoso pene. Era una auténtica macana que haría muy feliz a mi
vagina, no tenía duda de ello.

Mi tío me cargó hacia mi recámara y allí me depositó mientras se


desnudaba por completo. No era atlético, era flaco pero lo que le
destacaba era ese enorme pito estaba completamente parado. Se lo lamí
y eso le encantó. Entonces me pidió que me acostara y alzó mis piernas
separándolas y utilizó otro instrumento que me volvió loca: Su lengua.

Con la punta de su lengua acariciaba los labios de mi vulva y mi


clítoris, inclusive con su nariz simulaba que la metía. Me volvió loca con
sus caricias y yo me veía literalmente clavada por esa fenomenal verga,
pero seguía lamiéndome y mordisqueando mi vagina. ¡Tío, por favor,
méteme tu verga, méteme tu verga, por favor! supliqué casi al borde del
llanto. Estaba completamente excitada y muy mojada esperando la
acometida.

Alcé mi cabeza y vi que su falo venía hacia mi vagina y entonces


comenzó a acariciar mi clítoris y lo pasaba sobre mi vulva sin meterlo y
eso me hizo desearlo más. Yo quería la clavada e inclusive me arqueaba
para tratar de atrapar ese enorme pito. Mi tío sonreía, parecía que le
complacía tenerme allí, deseosa y suplicante.

Me siguió rozando con su pene hasta que lo metió, yo lancé un fuerte


gemido pues me lastimó un poco, pero a la vez no quería que lo sacara,
ya que estaba allí comencé a apretarlo para que él también sintiera la
misma pasión, me arqueé nuevamente y moví mi culo de tal manera que
comenzó a jadear: ¡No imaginé que te movieras tan bien hija de la
chingada, anda, mueve el culo, aprieta mi pito! dijo, visiblemente
apasionado.

Comenzó a meter y sacar su verga con tremenda rapidez que me hizo


gemir de placer e inclusive gritar.

Me pidió que me pusiera boca abajo y puso una almohada debajo de


mi vientre. Me quedó el culo parado y él me volvió a clavar en mi vagina.
Arremetió con fuerza y nuevamente hizo que gimiera fuertemente.
Estaba tan caliente y disfrutaba tanto que casi le gritaba que lo amaba,
aunque no fuera cierto, pero es algo común que ocurre cuando tenemos
un orgasmo.

Me puso en posición de perrito y lamió mi culo que estaba humedecido


ya tras haber escurrido varias veces. Me clavó en la vagina y ahora
arremetió contra mi culo.
Nuevamente le pedí que me diera más, que me siguiera cogiendo,
mientras esperaba una descarga de su semen. ¡Tío, arrójame la leche en
la cara, por favor!, sin embargo, no veía trazas de que fuera a terminar
rápido.

Siguió culeándome hasta el cansancio, el tipo era un prodigio pues


siguió cogiéndome quizá por espacio de 20 minutos, yo estaba
cansadísima, llena de verga, pero quería más y seguí moviendo el culo.
Ya me había clavado por todos lados y esperaba aún más, pero él
también comenzó a cansarse y por fin, me dijo: ¡ya me vengo,
acomódate! y yo me hinqué para recibir su descarga. Su leche cayó en
mi cara y restregó mi pene en mis mejillas, párpados y en mis labios.
Jadeó y me dijo que le había complacido.

Fue una rica sesión de sexo y mi tío realmente me sorprendió.

Se marchó unos días después y prometió volver

3333333

Los que sigan mi historia recordaran como mi suegro, un hombre


sesentón pero muy bien conservado, padre de once hijos, entre ellos mi
marido, y hombre con un cierto éxito en el mundo de los negocios, tras
afrontar un intentó de rebelión de sus hijos, motivado por la decisión de
su padre de separarse de su madre y juntarse con otra mujer, los dominó
y tomo una drástica decisión emputecer a todas sus nueras, yo fui la
primera y me encomendó la misión de ayudarle a hacerlo con el resto de
sus nueras, la tercera de ellas se llamaba Tina.

Varios días después de que esto sucediera, recibí la orden de


conectarme al sistema que mi suegro, con la colaboración de sus nueras
emputecidas, había instalado en nuestras casas, cuando me conecte
apareció el salón de la casa de Tina. Al poco apareció ella con mi marido
y Fernando, el esposo de Mirtha, que era a la vez su cuñada y su prima,
Ella les preguntó, con una voz muy sensual:

-¿Qué os trae por aquí cuñaditos?

Y mientras lo hacía acariciaba los pechos de sus cuñados, en esto


Fernando, viendo la actitud de su cuñada-prima, dijo:
-Nuestro padre nos ha ordenado traerte estos papeles para nuestro
hermano, y dirigiéndose a mi marido, añadió, ¿No te parece hermanito
que nuestra cuñada, además de estar muy buena, parece estar muy
caliente y ser muy puta, por suerte nuestras mujeres no son así, y para
que se la folle otro mejor nos la follamos nosotros? Que ella elija.

Cuando Fernando decía esto demostraba ser un hipócrita, no hacía


mucho. siguiendo las ordenes de mi suegro, yo había follado con él, y lo
que no sabía era que su mujer, por el mismo motivo, había follado con mi
marido. Tina dijo:

-Nunca he hecho un trio, y si vosotros os animáis, seréis los primeros.

Y rápidamente despojaron a Tina de su vestido, para descubrir que no


llevaba anda debajo.

-Que buena esta nuestra cuñada, hermano, dijo mi marido.

Tina se inclinó hacia Fernando, le bajo los pantalones y el short y se


puso a lamerle la polla, y después se la metió en la boca dando
comienzo a una intensa mamada que hizo que su primo-cuñado
comenzara a lanzar fuertes gemidos.

Pero mi marido no se quedó quieto, sino que, al ver la postura de Tina,


de noventa grados, y como su coño había quedado a su alcance, se bajó
los pantalones y el short y se disponía a metérsela cuando Tina, dejando
un momento la mamada le indicó:

-Cuñadito, ponte primero un condón, están en el cajón, y con su mano


señaló un mueble.

Mi marido abrió el cajón del mueble, sacó el preservativo, se lo puso y


de un golpe metió su polla dentro del coño de su cuñada, esta acusó el
golpe, pero siguió chupando la polla de Fernando que dijo:

-Cuñada la chupas divinamente, mucho mejor que tu prima.

-Y tienes el coño más caliente que mi mujer, dijo mi marido.


Ver esta escena me puso caliente, no estaba celosa de mi marido,
aunque me molestó que fuera tan hipócrita, estaba segura de que mi
coño era bien caliente y placentero y en esos momentos no pude evitar
llevar mis dedos hacia mi sexo e introducir dos de ellos en mi interior.

Mientras el trio que había formado continuaba su actividad, hasta que


Tina, sacándose la polla de Fernando de su boca dijo, mirando a mi
marido:

Cuñados me estoy cansando de estar así, túmbate, Jorge, se refería a


mi marido, en el sofá. Mi marido, siguió la indicación de Tina y se tumbó
bocarriba, su cuñada se puso encima de él, formando un ángulo de
noventa grados y se puso a cabalgarle, mientras con su mano agarró la
polla de Fernando, que permanecía de pie, y se puso a chupársela.

-Ya me imaginaba yo, que nuestra cuñada era putisima, pero no creí
que lo fuera tanto, dijo mi marido.

Estuvieron en esta postura hasta que mi marido se corrió, Tina al


sentirlo le hizo una señal a su otro acompañante y se sacó la polla de
Fernando de su boca, limpió con su vestido la polla de mi marido.

-Así cuando lo lavé me acordaré de ti cuñadito.

Se sentó en el sofá, Fernando llevó una de sus manos hasta su coño y


se lo acarició y después dijo a mi marido:

-¿Sabes que desde que comenzó a salir con Manuel, Manuel era el
marido de Tina y hermano de los que se la estaban follando en ese
momento, notaba que le gustaba enseñarme las bragas, y desde que
comencé a salir con su prima aún más?

-Y tú te morías de gas por follarme primito, dijo Tina refiriéndose a su


primo cuñado.

Después le pidió al aludido que se tumbara ahora el en el sofá, cuando


lo hizo Tina le colocó un condón en la polla, y ella dirigió el miembro de
su cuñado hasta el interior de su coño mientras ordenaba a mi marido
sentarse en el respaldo del sillón, cerca de su boca y agachándose llevó
la polla de este al interior de su boca, mientras Fernando, viendo la
cercanía de las tetas de su cuñada a sus manos se puso a
acariciárselas.

-Menos mal que nuestras mujeres no son así, dijo mi marido, mientras
gemía disfrutando de las acometidas de la boca de Tina sobre su polla.

Me dieron ganas de reír, sabiendo como sabía que, si éramos unas


putas, pero nuestros mariditos no imaginaban o cornudos que eran, pero
más que ganas de reír lo que tenía ganas era de masturbarme. Ver como
mi cuñada daba gusto y exprimía a sus dos machos me resultaba muy
excitante.

Los tres parecían funcionar como una máquina muy bien ensamblada,
mi marido parecía no poder guardar bien el equilibrio, así que se puso de
pie, esto hizo que también su cuñada hiciera lo mismo, volviendo a
formar con el cuerpo de Fernando un ángulo de noventa grados, en ese
momento Tina llevó una de sus manos a su coño y comenzó a
acariciárselo, en la expresión de su cara se la notaba que estaba
gozando a tope y tuvo varios orgasmos, pero en ese momento Fernando
dijo:

-Prima siempre me ha encantado tu culo y apenas te lo he acariciado.

Ella se rio y dijo:

-¿Acaso crees que no lo había notado?, más de una discusión he


tenido con mi prima por eso, tenía que convencerla de que eran puras
fantasías suyas, pero sabía que no era así.

Fernando se puso a acariciarla el culo de manera intensa, Mi marido


preguntó:

-¿Entonces ahora no te lo toca?

-Hace mucho que no, seguro que esta liado con alguna zorra de
vuestra oficina, dijo Tina, y vosotros lo sabéis, pero los tíos, os lo tapáis
todo.
-Ahora primita de lo que se traba de es taparte a ti tus agujeros, dijo
Fernando, de nuevo.

Tina agarró las pollas de sus cuñados y se puso a acariciarlas, y pese


a la actividad que estaban desarrollando, estas se volvieron a poner en
forma enseguida, después Tina ordenó a mi marido tumbarse en el
suelo, ella se arrodilló sobre él y comenzó a cabalgarle de nuevo, en ese
momento dijo a su cuñado:

-Venga primo tráeme mi chorizo.

El aludido se acercó a ella y le puso su polla cerca de la boca, Tina la


abrió y se introdujo el miembro de su cuñado en su interior, en ese
momento Fernando, dirigiéndose a mi marido dijo:

-La zorra de nuestra cuñada hace unas mamadas divinas, no em


extraña que nuestro hermanito este siempre en las nubes.

Mientras decía esto apretaba la cabeza de Tina contra su cuerpo, lo


que hacía que las mamadas de esta fueran más intensas, mientras mi
marido añadió:

-Y hace unas folladas increíbles.

Mientras Tina seguía con unos movimientos, en su boca y en su coño,


que dejaban alucinados a sus cuñados, dejando por un momento la polla
de Fernando dijo:

-Y vosotros cuñaditos tenéis unas pollas increíbles, vuestras mujeres


tienen que estar muertas de ganas de que las folléis.

Acto seguido volvió a meter la polla de Fernando dentro de su boca y


continuó con la mamada, yo viendo la escena estaba calentísima, tenía
los dedos cansados de tanto masturbarme, menos mal que con la paliza
que les estaba dando su cuñada mi maridito esa noche no quería nada.

Los tres seguían llevando a cabo su folleteo con mucha pasión, hasta
que mi Fernando dijo:
-Mi polla ya no aguanta más me voy a correr.

Y soltó un fuerte gemido que demostraba que se estaba corriendo en


la boca de su cuñada prima, cuando terminó, ella, sin dejar de cabalgar a
mi marido, se dedicó a limpiar con su boca la polla de Fernando, cuando
terminó dijo:

-¿Sabes primito? Alguna vez os espiaba a mi prima y a ti mientras


follabais y veía como ella te chupaba la polla, la verdad es que me daba
envidia.

-Y yo tenía la fantasía de que tu ocuparas su lugar, dijo él

En ese momento fue mi marido quien llamó la atención y dijo:

-No puedo más.

Y se corrió, tras esto descansaron un momento, pero rápidamente


Fernando se recuperó y dijo:

-Prima estamos hablando mucho, pero yo lo que tengo es ganas de


metértela por el culo, seguro que el cabrón de nuestro hermano te lo
hace a menudo.

-No creas, dijo ella, seguro que se lo hace a otra, y vosotros lo sabéis,
pero me da igual quiero dejaros muy satisfechos, mi culo es vuestro.

Tina cogió la polla de mi marido, que aún no se había recuperado del


último polvo y la acaricio un poco, después dijo:

-Tendremos que trabajarla un poco, ponte de pie.

Mi marido obedeció, Tina se puso a cuatro patas, al lado de la polla de


mi marido y se introdujo la polla de este en su boca, después cogió la
polla de Fernando con una de sus manos, comprobó que estaba en
forma y le dijo:

-Bien primito, si te apetece mi culo es tuyo.


Fernando no se hizo de rogar, y colocándose detrás de ella la introdujo
su polla en el culo, y comenzó a moverse de delante hacia detrás.

-Caramba, primito que bien enculas, dijo Tina dejando, por un


momento de chuparle la polla a mi marido.

-Es que tenía muchas ganas de hacerlo, dijo el aludido.

Tina volvió a chupársela a mi marido, mientras Fernando continuaba


haciendo realidad su fantasía de follar el culo de su prima cuñada, hasta
que mi marido dijo:

-Oye cuñada la chupas estupendamente, pero viendo a mi hermanito


hacértelo por el culo siento celos, quiero hacértelo yo también.

Tina se río y con ironía dijo:

-Me encanta que lo compartáis todo como buenos hermanos.

Pidió a mi marido que se sentara sobre el sofá ella se puso encima y


dirigió la polla de mi marido hacia su culo y poco a poco se la introdujo en
su interior, y fue ella la que se movía de arriba abajo. Después llamó a
Fernando e introdujo su palla en la boca de ella.

-Que guarra eres prima, dijo este, primero te la metes por el culo y sin
lavarla luego te la metes en la boca.

-Si quieres vete a labrártela, dijo ella soltando por un momento su


polla.

-No primita, dijo él, creo que yo también soy un guarro, jajaja

Y siguieron con lo que estaban haciendo.

Desde luego Tina estaba demostrando ser putisima, como le gustaba


a su suegro, y por lo visto a sus cuñados también, jajaja. Y yo viendo
cómo funcionaba su trio me puse cachondisima, no podía sacar mis
dedos de mi vagina, disfrutaba de ser una cornuda.
Tina seguía chupándole la polla a mi marido que no pudo aguantar
más y se corrió, pero Fernando seguía con su polla en el interior de su
cuñada.

-Primo que manera de meterla, se te nota que tenías ganas, jajaja.

-Llevas razón primita tenía muchas ganas de darte por el culo


respondió él

Poco después se corrió. En ese momento Tina les dijo:

-¿Sabéis una de mis fantasías? Tener una polla en ele coño y otra en
el culo a la vez.

-Pues por nosotros que no quedé, dijo Fernando.

Entonces mi marido propuso.

-Pongámonos de pie, yo acopló mi polla con su coño y tu desde atrás


se la metes por el culo.

Y eso hicieron, se pusieron los tres de pie, Tina y mi marido el uno


frente al otro, pero ella estaba emparedada puesto que, si su cuerpo se
juntaba por delante con el de mi marido, por detrás era Fernando quien
restregaba su polla contra su culo.

Mi marido la alzó y no sé como pero el caso es que en esta acrobática


postura consiguió meter su polla en el coño de ella, Fernando por su
parte al tener el culo de ella a su altura se la metió por este agujero, Tina
comenzó a emitir unos gemidos muy intensos, mientras decía:

-Joder, no pensaba que esto fueran tan divino, estoy gozando como
nunca.

Estuvieron un rato en esta postura hasta que tina dijo:

-Lo estoy pasando de maravilla, pero esta postura es un poco


incomoda, mejor tumbémonos en el sofá.
No sé muy bien como lo hicieron, pero lo cierto es que cuando me
quise dar cuenta, mi marido estaba tumbado en el sofá, Tina estaba
encima de él, con su polla dentro del coño de ella, y Fernando que
seguía de pie tenía su polla dentro del culo de su prima cuñada, que
seguía jadeando intensamente mientras decía:

-Nunca pensé que esto fuera tan placentero me estáis matando de


gusto cuñaditos, me estáis follando divinamente.

Ellos continuaron con su labor, Fernando decía:

-Meterla dentro de tu culo es algo maravilloso, cuñadita, parece estar


hecho para recibir pollas.

Y así siguieron otro rato, ver las dos pollas de ellos situadas muy
cerca, aunque penetrando distintos agujeros de Tina resultaba muy
morboso, parecía que las dos pollas estaban a punto de chocarse, la
cosa duro hasta que mi marido dijo:

-Venga Fernando hagamos un cambio de agujeros.

Tina se giró sobre si misma, mi marido no se movió, y ella desde la


postura de sentada introdujo la polla de mi marido en el interior de su
culo, ahora miraba a Fernando que continuaba, de pie y rápidamente se
la metió por el culo, y de esta manera estuvieron follando otro rato,
cuando vieron que se iban a correr Tina les pidió que se corrieran encima
de su cuerpo y así lo hicieron.

33333

Soy María, tengo 21 años, soy una chica bajita, de gran pecho (talla
100) pelo largo, rellenita y con culito bien puesto. Mi vida sexual ha sido
muy activa, he tenido sexo con muchos chicos, en muchos sitios
distintos, he hecho tríos y más variedad de experiencias sexuales, pero
había algo que hasta hace poco no había conseguido, una fantasía que
me faltaba, algo que quería que me sucediera, un sueño: Mi hermano
Jordi, 35 años, casado y con 2 hijos. Siempre ha sido mi fantasía erótica,
empecé a fijarme en él tras mis primeras experiencias y leer algunos
relatos.
Me fijaba en él, en su cuerpo, lo veía y me mojaba, soñaba con algún
día tener su polla en mi boca, en tenerlo dentro de mí y lo mío me ha
costado. Siempre ha sido una fantasía sin acercamiento, lo veía como
algo imposible hasta hace medio año que decidí hacer acoso y derribo,
no podía quedarme con esa espina clavada, prefería conseguir esa
estaca dentro de mí. Empecé de manera suave, cuando lo veía empecé
a ser más cariñosa con él, abrazos, besos cerca de los labios, cuando
iba con él en el coche ponía mi mano en su pierna cerca del paquete.
Pese a notar a veces su excitación, no vislumbraba nada que me diera
esperanzas.

Así que decidí dar un paso más, él es fotógrafo así que le pedí que me
hiciera una sesión. Esa sesión hubo fotos de todo tipo, desde más
sencillas y completamente vestida a más atrevidas y desnuda. Él estaba
excitado, pero me paraba los pies, me recordaba que es mi hermano.

Pese a no pasar nada ese día fue un paso adelante, a partir de ese día
hablábamos más, yo cada vez estaba más caliente hablando con él
incluso empezamos a tener conversaciones sexuales en las que él me
contaba sus experiencias y yo a él las mías, fue esa época en la que me
contó que tenía 22 centímetros de polla. Decidí apretar todo intentarlo
por última vez, así que ideé un plan y salió bien. Primero le pedí una
nueva sesión, esta vez desde el principio le dije que la quería
completamente desnuda.

La semana anterior cada día hablábamos, cada día le recordaba que


iba a verme desnuda, cada día le decía que me moría de ganar de
follármelo, él me decía que no, que era mi hermano, que le ponía, pero
que no se debía hacer. Cada día intentaba ponerlo caliente y crearle
ganas. Hasta que llegó el día, nada más verle le di un abrazo, le besé
muy cerca de los labios, empezó la sesión y yo le hablaba de mis tetas,
de mi culito, para que se fijara. Le daba de vez en cuando abrazos,
besos, algún roce como aquél que no quiere la cosa.

Lo notaba excitado, pero yo no le decía nada ni lo intentaba,


simplemente intentaba alargar su excitación posaba de manera muy
erótica delante antes sus ojos. Así llegamos al final de la sesión, al
acabar le volví a abrazar, esta vez desnuda sobre él abrazándome,
restregando mi cuerpo con el suyo, diciéndole que gracias hermano.
Entonces noté como su paquete abultaba más de lo normal, como eso
estaba duro, fue entonces cuando le tiré mano por encima del paquete, le
tocaba la polla por encima de pantalón y le dije “por fa déjame, aunque
sólo sea una vez hacerte una paja”. Su respuesta fue decir que no
quería, pero yo no dejaba de tocarla, cada vez le notaba menos reticente
le volví a decir que sólo una vez, en ese momento bajé la cremallera de
pantalón y le di un beso en los labios, él me dijo “vale, pero sólo una vez,
una paja sólo”.

Fue entonces cuando por fin se la vi, ante mis ojos la polla de mi
hermano, la que llevaba tanto tiempo soñando con ver. La rodeé con mi
mano, mientras le besaba en la boca, nuestras lenguas jugueteaban,
mientras seguíamos abrazados y empezaba a hacerle una paja. Le daba
ritmo y al mismo tiempo delicadeza quería que lo disfrutara tanto como
yo, cada vez los besos eran más apasionados, cada vez su polla vibraba
más con el contacto con mi mano. Entonces me agachó y engullí su polla
en mi boca, él me decía que no, que eso no era lo acordado, pero yo
seguí aumentando el ritmo, me follaba su polla con mi boca.

Así conseguí acabar con su reparo y seguí lamiendo, ponía mi lengua


en la punta le miraba a los ojos, le recorría todo la polla de arriba abajo y
me la metía en la boca todo lo que me cabía. Él estaba disfrutando
mucho, se le notaba en sus gemidos, en eso estaba cuando me empecé
a tocar, a masturbar, mientras le comía su bonita polla yo me tocaba,
estaba a tope.

Él se dio cuenta, y esta vez fue él quien me dijo de dar un paso más y
por una vez follar. Fue entonces cuando se tumbó en el sofá y yo me
senté encima, muy suave, insertándome su polla dentro de mí,
restregando mis tetas en su cara, me senté y al principio me quedé
quieta para que saboreara mis pechos, mordisqueándome los pezones.

Entonces empecé a mover mis caderas, a mover e iniciar un metesaca


frenético mientras nos comíamos la boca, costaba mantener los besos
por el placer que nos estábamos dando. Pero me encantaba esa
situación. Por fin me estaba follando a mi hermano, no sabía si se iba a
repetir, pero sí que lo tenía que disfrutar, cada vez me movía más sus
manos se apoderaban de mis pechos sin dejar de besarnos, aunque por
momento le besaba el cuello y le daba mordisquitos en la oreja.
Cada vez más fuerte, empezamos a movernos los dos, decidí parar y
levantarme, me apoyé en la pared yo de pie, puse culo en pompa y él por
detrás entraba en mí. Sus manos me apretaban el culo ahora era él
quien llevaba el ritmo, quien marcaba los movimientos, lo estábamos
disfrutando mucho estaba siendo un gran polvo. Cada vez era mayor el
ritmo y la velocidad.

Hasta que llegamos al éxtasis, él se corrió y yo llegué al orgasmo


había sido brutal, espectacular.

33333

Bueno al grano. La familia de mi mujer, es bastante grande (son cinco


hermanas y un hermano), Ya todas casadas y algunas con nietos. Un día
celebrando el cumpleaños de la tercera hermana (la que sigue a mi mujer
en edad) como es habitual nos juntamos todos para cenar en casa de
ella (cuando nos juntamos todos somos más de 30). A mi lado se puso la
hija pequeña de mi cuñada de 26 años.

No es que sea guapa, mide 1;60 y es algo regordeta, pero a mí


siempre me han querido mucho y soy algo así como el consejero de la
familia (varios trabajan para mí en mis empresas, desempeñando
diferentes labores), está en particular no, no quiere trabajar para la
familia y hasta la comprendo (ya se sabe, en ocasiones basta que
trabajes para la familia, eres el que más trabaja, el último en cobrar y a
veces trabajas sin cobrar) aunque en mi caso procuro que esto no sea
así.

Aquella noche la fiesta se alargó más que de costumbre. Eran las dos
de la mañana y lo estábamos pasando tan bien y era sábado, por lo que
no teníamos que madrugar y la noche se metió en conversaciones y
cubatas. Pese a que ya había marchado la mitad de la familia y ya había
suficiente espacio en la mesa mi sobrina en vez de cambiarse se quedó
a mi lado.

No sé si sería la bebida o que, lo cierto es que mi sobrina me puso una


mano en la pierna y sin mirar para mi continuaba en la conversación de
los demás y al poco me tocó la entrepierna, entre risas y conversaciones,
pronto retiró la mano y yo creí que había sido un acto involuntario, asique
decidí probar si había sido así. Al poco fui yo quien le puso la mano en la
pierna y comencé a subirla hacia su entrepierna, ella ni se apartaba ni
hacia nada por evitarlo.

Decidí dar un paso más y refregarle mi mano en su entrepierna, lo cual


ella acepto separándose de piernas y permitiendo que la magreara. Por
supuesto no nos mirábamos y continuábamos nuestras conversaciones
como si nada. Tuvimos que interrumpir nuestra sesión pues su padre (mi
cuñado) se vino a sentar junto a nosotros, pues se habían formado tres
corros diferentes de conversación y a él le interesaba más la que
manteníamos nosotros.

Al poco mi sobrina se levantó y tardo un rato en venir (más tarde me


enteraría que se había ido a masturbar al servicio). Este día quedó la
cosa así. Al día siguiente después de superada la resaca, yo estaba
confundido, no sabía si lo que había sucedido era fruto de lo que
habíamos tomado o había sido buscado (la verdad que habíamos
acabado todos un poco borrachos). Lo dejé pasar, mi sobrina y yo
siempre nos veíamos, pero en familia, yo observaba que me miraba de
forma especial, aunque tampoco me percaté en aquellos momentos pues
tanto ella como sus dos hermanas siempre mi habían querido mucho.

Y llegó la oportunidad de celebrar un nuevo cumpleaños. Tengo que


decir que la familia de mi mujer siempre celebra todos los cumpleaños,
porque es la escusa que tenemos para reunirnos todos y cenar juntos,
unas veces en la casa de unos y otra en la de otros, aunque casi siempre
es en la mía, pues es una gran casa con un comedor en que entran más
de 50 personas. También tengo que aclarar que al ser muchos de familia,
celebramos todos los cumpleaños de los que lo celebren en el mismo
mes.

Por ejemplo, el cumpleaños de mi mujer es en junio y en ese mismo


mes es el de una sobrina de mi cuñada la pequeña, el de un cuñado y un
hijo de otra sobrina, por lo que buscamos un sábado (siempre sábados),
que nos venga bien a todos y celebramos todos juntos.

Ese día se hizo en mi casa pues era el cumpleaños de mi hija, de un


cuñado y de un amigo de toda la familia, que, aunque no era de la familia
es un gran amigo de todos nosotros. La mesa estaba puesta solo faltaba
sentarnos y yo observé que mi sobrina no se sentaba, estaba esperando
a ver dónde me sentaba yo, para ponerse a mi lado, yo lo hice pegando a
mi hijo y ella se sentó a mi derecha.

Al poco me dijo que, si le cambiaba el sitio que de ese lado no le


gustaba. Me lo dijo al oído, yo accedí y ella se sentó a mi izquierda,
aprovechando que yo me levantaba para ir a la cocina, no por nada sino
por disimular, ella se cambió de sitio para comenzar a hablar con mi hijo,
como disimulando, yo regresé y me puse a su lado. apenas habíamos
acabado de cenar y ella me puso la mano en la pierna, al poco me
magreó los huevos ¡eureka, no había sido algo debido a lo que habíamos
bebido, sino que mi sobrina lo buscaba!

Yo por mi parte hice lo propio y comencé a magrearle la entrepierna,


ella se abrió todo lo que pudo y creo que tuvo un orgasmo, eso sí muy
bien disimulado, pues observe como sus músculos se contrajeron y
después se relajaron. Tenía un jersey largo por lo que se lo colocó para
que no se le viese el pantalón mojado y se fue a uno de los servicios. Yo
creo que a hacerse una paja. Yo estaba con mi polla a tope. Al poco
regresó y un poco después vi como con disimulo acercó mi cubata a la
orilla de la mesa, al oído me dijo “tíramelo por encima, porque tengo el
pantalón mojado y se me nota mucho”.

Así lo hice en un momento de la conversación le di un manotazo a mi


cubata y se lo tiré por encima, ella se retiró, pero estaba empapada por el
jersey y los pantalones, con lo cual tenía la justificación apropiada para
que no se le notase la corrida. Mi mujer la llevó a su habitación y le dio
ropa, por supuesto todos se rieron de mi diciendo que era “un manirroto”.

A los pocos días nos vimos en la ciudad (no pongo el sitio, pues no
quiero dejar demasiadas pistas), era mercado y aunque nunca suelo
asistir a estos, ese día tuve que acompañar a mi mujer a la autoescuela
(estaba sacando el Canet de conducir) yo paseaba haciendo tiempo y
entré en un bar a tomar un café, vi a mi sobrina por los ventanales y salí,
la invité a un café y después salimos juntos, como teníamos tiempo
hablamos.

–A ver chica, que me tienes en ascuas. ¿Lo que pasó entre nosotros,
ha sido solo por calentarte o quieres algo conmigo?

–¿A ti que te parece? –Me pregunto ella.


–Yo creo que quieres que te folle, pero…

–Pues eso… cuando tú quieras y donde quieras.

Yo me quedé a cuadros y a la vez excitado.

–Ahora por que no puedo que estoy esperando por tu tía, si no ya


verías los polvazos que te echaba.

–Menos lobos, me conformo con que me heches uno bien echado, que
a los tíos se os va la fuerza por la boca.

–¿Qué te parece si quedamos por la tarde aquí mismo?

–Estupendo ¿A qué hora?

–¿Te viene bien a las 4?

–Estupendo a las 4 estoy aquí como un clavo.

Mi sobrina ya era experta en estas lindes del folleteo, había tenido


cinco novios, pero nadie le había complacido, ahora estaba saliendo con
un tío que le sacaba medio cuerpo, aunque también sabíamos toda la
familia que se había estado beneficiando a un hombre casado, lo que fue
un disgusto para sus padres, pues fue el motivo de una ruptura
matrimonial.

Después de comer, le puse una disculpa a mi mujer, sobre temas de la


empresa y me fui. Llegué media hora antes, pero ya estaba allí mi
sobrina, paré el coche y se subió, nos dimos un par de besos en las
mejillas (siempre lo hacíamos toda la familia).

–¿A dónde vamos? –Le pregunté

–¿Qué te parece un hotel?

–No, los de los hoteles me conocen todos


–¿Que pasa que le sueles poner los cuernos a mi tía?

–Que va mujer, es por cuestiones de empresa, bien sea por reuniones,


por traer clientes, por jornadas de trabajo o comidas.

–Pues tu dirás

–No vamos por ahí y lo hacemos en el coche.

–Puto coche –Dijo ella– Estoy hasta las narices de follar en coches.

–Creo que tengo aquí las llaves de uno de los pisos que aún no he
arrendado –Dije yo. Busqué las llaves y allí estaban en el salpicadero. –
Lo malo es que no está amueblado, tendremos que tumbarnos en el
suelo.

–Es igual, siempre y cuando no sea en el coche cualquier sitio es


estupendo.

Me dirigí a mi ese piso, aparque el coche y nos bajamos, era un


segundo, le dije a mi sobrina que esperase un momento antes de subir
(no quería que ningún vecino me pudiese ver, porque a mí me conocían,
pero a mi sobrina no). Abrí la puerta y la deje abierta, en mitad del salón
había unas mantas de esas que utilizan los de las mudanzas, las extendí
en el suelo, al poco entró mi sobrina y cerró la puerta. Esta, tan pronto
estábamos solos se me abalanzó encima.

Nos quitamos la ropa entre morreos, nos tumbamos y comencé a


chuparle las tetas, las cuales eran de considerable tamaña y unos
pezones hinchados que pedían una buena succión. ella comenzó a
pajearme, mi polla estaba a mil. Le quité la mano para no correrme y me
puse entre sus piernas a pasarle mi lengua por aquellos labios ya
húmedos y un clítoris que se había dilatado más de un centímetro. Mi
sobrina tuvo un fuerte orgasmo que casi me desnuca, pues apretó sus
pantorrillas contra mi cabeza de forma exagerada, tuve que hacer fuerza
con ambas manos para que no me ahogara.

Me incorporé y ahora yo de pie y ella de rodillas comenzó a hacerme


una mamada de campeonato, comenzando a pasarme la lengua por el
glande y bajando hasta los huevos, luego introduciéndose toda mi polla y
mientras succionaba me pasaba la lengua por la parte inferior del nabo.
Le dije que parase, pero no hizo ni caso. me agarró por el culo para que
no pudiese sacar mi polla de su boca y así tuve una fuerte corrida. Me
dejó exhausto. me tumbé a su lado y al poco ella me dijo:

–¿Te gustó?

–Me ha encantado

–Pues espero que no seas tan flojo como los novios que he tenido…
Ninguno ha conseguido dejarme satisfecha

–¿Por eso cambias tan pronto de novio?, porque que yo te conozca


has tenido lo menos cinco

–Esos los que conoces, pero me he tirado lo menos a otros tantos, el


que más aguantó fueron dos seguidos, claro que todos los ligo en los pub
y claro algunos ya están bien puestos de alcohol.

–O sea tú lo que buscas es un tío que te folle bien follada.

–Exacto.

–Pues con el que estás ahora parece que es con el que más has
durado

–Pues si con… ya llevo más de un año. ¡Tenías que ver que cacho
polla tiene!, y como solo nos vemos un par de veces a la semana (él
trabaja fuera a más de 200 km), ese sí que cumple, no hay día que no
me acabe follando tres veces en la noche.

–Con aquel caso que te encoñaste, también debía tener buena polla
porque según me han contado estuviste tirándotelo una buena
temporada.

–Se dicen muchas tonterías, la primera es que con aquel portugués


cuando comencé con él ya estaba separado, yo no rompí su matrimonio,
su mujer lo abandonó y se fue para casa de sus padres en Portugal. Pero
no era con él con el que más follaba, era con él y su amigo, vaya unos
tríos que nos formábamos en aquella casa.

–¡¡No jodas!! –Dije yo todo sorprendido.

Ella se río al ver mi cara,

–Si Charli ¿Que te crees que tu sobrinita es virgen y una estrecha?, yo


tengo bien follado el culo, el coño y la boca.

–Cuéntame que te hacían…

Continuará.

3333333333

Hola a todos, la última vez que escribí por acá, les hablé sobre la
relación que llevo con mi hijastra desde hace 3 años, bueno desde ese
largo tiempo hemos tenido muchos encuentros sexuales y hoy le relataré
uno más.

Ocurrió una vez en temporada de lluvias en mi país, ella estaba


estudiando en una universidad a las afueras de la ciudad donde vivimos
y ese día por el mal tiempo me pidió que la fuera a buscar ya que el
transporte no estaba trabajando. Primero antes de irla a buscar le
comenté a mi esposa el inconveniente que había tenido Alexandra,
bueno y la fui a buscar normalmente.

Al llegar a la universidad se montó en el carro y comenzamos a


conversar de todo un poco, me dijo que se sentía cansada y le propuse
un masaje, me miro y me dijo “yo sé dónde terminan tus masajes” me
sonreí y seguí manejando. El clima se comenzó a poner mucho más
fuerte, el chaparrón de agua era brutal, cuando llegamos a la autopista
unas montañas se habían derrumbado y taparon el paso.

Duramos allí como 2 horas y toda la gente se comenzó a regresar,


llame a mi esposa y le hablé sobre el problema y le dije que nos íbamos
a quedar en la casa de una compañera de Alexandra porque el paso en
la autopista estaba cerrado. La verdad no íbamos para la casa de
ninguna amiga, directamente nos fuimos a un hotel, me dijo que no
íbamos a estar juntos yo le dije “está bien yo solo quiero dormir”.

Entramos a la habitación me dijo “tu duermes en esta cama y yo en


esta”, “como quieras” le digo. Se comenzó a quitar la ropa delante de mí
y le dije “no te da pena que te vea desnuda”, ella me contestó “no me da
pena o es que no recuerdas que varias veces me has cogido” y se siguió
desvistiendo como si nada, solo quedó en hilos y se metió al baño.

Enseguida también me quité la ropa y me metí al baño con ella, al


momento se quiso hacer la dura, pero al final se dejó besar, yo tenía mi
guevo super parado y le dije que me lo mamara y me dijo “No”. Bueno la
seguí besando y cada vez la sentía más excitada poco a poco fue
deslizando su mano por mi cuerpo hasta que llego a mi guevo y me
comenzó a hacer la paja.

Eso me puso a millón y comencé a chuparle las tetas y le metí un dedo


en su cuca, luego se arrodillo y paso su lengua por mi bolas y después
metió mi guevo en su boca, lo comenzó a mamar como toda una experta,
lo que me hacía era divino. Al rato la agarré y la comencé a besar y la
senté en el tanque de la poceta, abrí sus piernas y comencé a mamarle
la cuca, se estremecía cada vez que mi lengua rozaba su clítoris y
empujaba mi cabeza hacia su cuca mojada por tantos fluidos vaginales.

De ahí la agarré y la llevé a la cama y me acosté y le dije “quieres que


te siga mamando la cuca” y me respondió que si, entonces le dije “como
quieres que lo haga me meto entre tus piernas o me pones la cuca en la
cara” y ella sin decir nada puso su divina cuca rubia en mi cara y
comencé a chuparla, le comencé a agarrar las nalgas y le comencé a
rozar el culo con mi dedo, eso la puso caliente y se vino con un orgasmo
sobre mi cara.

Luego que acabó se quedó un rato sobre mí y cuando recobró las


fuerzas se sentó y agarró mi guevo y lo metió en la cuca y se puso como
si fuera a orinar, esa posición me dejaba ver como mi guevo entraba y
salía de ella cada vez que subía y bajaba, mi leche estaba a punto de
salir y le dije “quiero acabar”. Entonces se paró, se metió entre mis
piernas y comenzó a mamarme el guevo y mi leche comenzó a salir a
chorros, me comenzó hacer la paja y jugaba con la leche. Yo estaba muy
excitado y ella se reía con cara de mala y me dijo “mira cómo te pongo”,
le dije “me gustas mucho”.

Esa noche follamos tres veces, cada vez era mucho mejor, esa noche
no teníamos que preocuparnos por si alguien llegara, fue la primera vez
que la cogí en un hotel, sinceramente su piel rubia me pone caliente.

333333

Mi esposa y yo hemos estado juntos ya varias veces teniendo sexo


con mi hermano. Esta relación ha dado lugar a mucha actividad para mi
esposa y para mí y por supuesto de mucha comunicación como pareja,
nos hemos abierto de una forma no imaginada.

Pero volviendo al tema de las relaciones de nosotros dos con mi


hermano Juan, estas se han incrementado en los últimos cuatro meses y
las hemos alternado con las de nuestro compadre Antonio, llegando a
tener casi cada quince días un encuentro con alguno de ellos. La más
reciente con mi hermano, tuvo lugar en nuestra casa una noche que sin
más ni más llegó Juan a visitarnos inesperadamente. Dijo que pasó por
ahí y quiso llegar a saludarnos.

La realidad era que había discutido con su esposa y no quería volver


temprano a su casa. Del saludo pasamos a tomar unos tragos y de ahí,
al cachondeo con mi esposa, en seguida pasamos a la recamara que ya
para entonces habíamos decorado con dos espejos grandes, uno vertical
en la puerta de un guardarropa y otro grande horizontal en la pared a un
lado de la cama, Linda y yo ya los habíamos probado y las vistas eran
fenomenales. Juan se sorprendió por la nueva decoración y lo que dijo
fue “se la bañaron”, sin que eso llegara a ser algo que inhibiera a ninguno
de los tres.

Ya en la recamara y sin más preámbulos, Linda comenzó la labor que


se notaba que le encantaba, mamar la verga de mi hermano primero
para que yo observara mientras me masturbaba para luego unirme a
ellos. Después de mamarlo un rato, mi esposa se acostó de espaldas y
mi hermano se acomodó encima de ella y sin más, comenzó a penetrarla
como si anduviera urgido, yo me acerqué por los pies de la cama para
observar de cerca cuando la gruesa verga de mi hermano desaparecía
entre los labios de la panochita de mi esposa.
Mi excitación era tal que me acerqué para besar lo que se podía de la
panochita. Las bolas de mi hermano me quedaban en mi frente, aquella
fue una sensación jamás experimentada, noté que mi respiración se
aceleró, así como los latidos de mi corazón, coloqué mi mano libre en las
nalgas de mi hermano y las comencé a acariciar notando que después
de un momento, Juan le sacaba a mi esposa, casi por completo la verga
y paraba sus nalgas como dando lugar al toqueteo de mi mano.

Decidí acariciar su ano para ver su reacción y ésta fue de aceptación


ya que él prolongaba el tiempo que sus nalgas estaban paradas y
separadas, luego mojé mi dedo con los jugos de mi verga y lo apliqué en
el culo de mi hermano sin encontrar rechazo alguno, introduje un poco el
dedo medio volviendo a mojarlo con el líquido lubricante de mi verga.
Estaba yo tan caliente observando a mi hermano cogerse a mi esposa y
al mismo tiempo, haciendo algo nuevo, metiendo un dedo en el culo de
mi hermano.

Por algunos momentos pensé que Juan rechazaría mis avances, pero
no fue así, mi esposa comenzó a gemir anunciando su orgasmo y Juan
comenzó a apretarme mi dedo con el ano, como si lo fuera a cercenar, al
fin sentí cuando mi hermano pegaba su pelvis con la de mi esposa
llenando de leche la panochita de mi caliente Linda.

Después de un momento, se retiró mi hermano de encima de Linda y


me sonreía con picardía. Linda me invitó a mamarle su panochita
inundada de semen y así lo hice, acomodándome en posición de sesenta
y nueve, yo encima de ella.

En esa posición, Juan aprovechó para acariciar mis nalgas y hacerme


lo mismo que yo le había hecho, pero también sentí la mano de linda
que, después de acariciar mis bolas, junto con mi hermano me acariciaba
el ano, esa sensación era nueva para mí, pero siempre me había llamado
la atención, ya que yo si había visto películas de muchachos haciéndolo,
tanto que algunas veces yo traté de introducirme una salchicha en mi
culo, logrando hacerlo solo muy poco, calentándome excesivamente ya
que eyaculaba casi de inmediato.

En esta ocasión, me sucedió lo mismo, por un lado, estaba


saboreando la esperma y por otro sentía los dedos de ellos tratando de
entrar en mi culito, desde mi posición, yo también acaricié el culito de
Linda pero ya no aguanté mucho y exploté en la boca de mi esposa con
un dedo de mi hermano metido en mi culo.

Cuando estuvimos algo tranquilos, los comentarios no se hicieron


esperar, Linda nos dijo “que calladito se lo tenían, les gusta que les
acaricien las nalgas, lo pude ver todo por el espejo”. Yo solo sonreí
mientras mi hermano preguntó a linda, ¿no te han cogido por el culito?
Linda contestó que nunca y yo expresé que hacía un tiempo lo
intentamos, pero que a Linda le dolió mucho y ya no seguimos. Juan dijo
que él nos iba a enseñar a hacerlo y que nos iba a gustar mucho.

Pregunté que si a él ya se lo habían cogido y me contestó “Bueno,


pues hubo un año que Tomas -nuestro primo- y yo, estuvimos juntos
estudiando en otra ciudad, Tomas estaba en preparatoria y yo en
profesional, nos rentaron un departamentito y allí vivimos juntos. Luego él
y el resto de su familia se cambió a Chihuahua. Mientras seguimos
platicando y tomando algunos tragos, Juan siguió con su confesión.

En ese año Tomas y yo llegamos a tener relaciones sexuales, él me


cogía y yo a él también, hicimos de todo y aprendí algunas cosillas.
Seguimos platicando al borde de la cama y la excitación se apoderó de
nosotros nuevamente, Linda de pie y nosotros sentados, comenzamos a
besar y acariciar a Linda entre los dos, con marcada inclinación hacia sus
nalgas mientras Linda comentaba que le gustaría conocer al primo
Tomas y preguntó, ¿Qué tal verga tiene?

Juan comenzó a besar sus nalgas poniendo especial cuidado en


ensalivarle su culito abriendo sus nalgas con los pulgares y le pidió que
se acostara de lado doblando sus rodillas para dejar acceso libre a su
ano, diciendo, “no te ilusiones, que no te vamos a compartir con Tomas,
¿verdad que no, Héctor?” yo estaba muy atento a lo que Juan quería
hacerle a mi esposa y no perdía detalle, comenzó a introducir un dedo
luego dos y hasta tres, mi Linda se notaba excitada pero nerviosa.

Mi hermano le pidió que se empinara sobre la cama, y pudimos ver su


hermoso culo expuesto, él siguió metiendo sus dedos y luego yo también
lo hice sin dejar de ensalivarlos, para entonces, las vergas de ambos
estaban expulsando el líquido lubricante cristalino, que utilizamos en
ablandar el ano de mi esposa. Yo nunca imaginé estar junto a mi
hermano, metiéndole los dedos en el culito a mi esposa, y menos estarla
preparando para desflorarle su agujerito, nos estaba entregando su
virginidad del culito, y creo que no le importaba quien la fuera a penetrar
primero, si mi hermano o yo.

Observando la verga de mi hermano y la mía, yo pensaba que sería


mejor la mía primero para no lastimar a mi esposa, ya que la de Juan era
mas gruesa y pensé que ella no se la iba a aguantar, tomé con mi mano
la verga de mi hermano, mojé mis dedos y froté el culito de mi esposa,
luego la mía y se lo lubriqué aún más, mi hermano se masturbaba
lentamente como preparándose para clavar a mi esposa

Finalmente, Juan me indicó que ya era tiempo para coger a mi esposa,


pero me cedió el primer lugar a mí haciéndose a un lado, me acomodé
en posición para penetrar recorriendo con la punta de la verga el canal
entre las nalgas llenando de líquido su culito, me detuve en el ano y
comencé a empujar suave, pero firme, entró la cabeza de mi verga, sentí
el calor y la presión de su culito, “suave”, decía Juan mientras se
masturbaba lentamente, “detente ahí un poco”, agregó mi hermano,
mientras Linda gemía y estaba inmóvil.

Continué avanzando y mi cuerpo todo temblaba, al entrar la primera


parte del cuerpo de mi verga, Linda se quejó de algo de dolor y me
detuve, esperé unos segundos y continué avanzando poco a poco,
retrocedí y avancé cada vez más, mi esposa comenzó a moverse un
poco como pidiendo un poco más, ignorando el dolor, así avancé casi
hasta clavarle la verga por completo, luego el mete y saca cada vez mas
rápido y hasta las bolas, mientras mi hermano acariciaba las nalgas de
mi esposa y las mías al mismo tiempo, aceleré el ritmo mientras mi
hermano comenzó a acariciar el clítoris de mi esposa para provocarle un
orgasmo, me aferré a las caderas de Linda con mi verga hasta el fondo y
así descargué chorros de leche en su interior.

Me sentí feliz viendo a mi esposa con su culito sabroso perforado por


mí y satisfecha por la cogida tal como nos había dicho Juan. Mi hermano
tomó mi lugar y la penetró casi de un golpe, haciendo casi gritar a mi
esposa ya que su verga gruesa había desaparecido por completo en su
culito, se la sacó por completo, dejando ver su ano totalmente abierto con
residuos de la leche de mi descarga, para luego, antes de que se volviera
a cerrar, metérsela toda otra vez repitiéndolo varias veces y diciendo,
“esto es rico, muy rico, mira su culito como se abre”.
Yo me acerqué a la cara de mi esposa y la besé, le indiqué que mirara
por el espejo para que viera como se la cogía mi hermano, le acaricié su
panochita toda mojada y froté su clítoris para provocar su orgasmo sin
conseguirlo de esa manera, luego me metí debajo de ella con mi cara
hacia su panochita y la mamé mientras veía como la verga de mi
hermano desaparecía entre sus nalgas y ella empujaba hacia atrás para
una penetración total. Con mi mamada, ella terminó escandalosamente,
mientras Juan descargaba su leche en su culito desflorado.

Descansamos unos momentos recostados en la cama y Linda nos dijo


que quería acción entre mi hermano y yo, mientras ella nos observaba ya
que nunca había visto nada entre hombres.

Mi hermano y yo nos miramos y como andábamos un poco tomados,


solo pudimos sonreír y encogiendo los hombros nos acercamos uno al
otro. Juan, tal vez por ser el mayor, (seis años más que yo) me tomó de
los hombros y presionó hacia abajo. Ya sabía lo que quería y me sometí,
quería que le mamara la verga y yo me arrodillé delante de él. Tenía
frente a mí la verga que tanto había admirado, que había visto dentro de
mi esposa y ahora la iba a mamar.

Linda nos observaba, yo la miré y ella me dijo “ándale, hazlo, no pasa


nada” y yo, obediente, tomé la verga de mi hermano y la besé, me
introduje la cabeza y al verla desde allí, me pareció mas grande de lo que
la había visto anteriormente, comencé a mamarla con mucha excitación,
cada vez me la introducía más y más, la sentí llegar a mi garganta
mientras mi hermano, me tenía agarrado de mi cabeza, la saqué y la vi
mientras descansaba y respiraba un poco para luego, con ansia, volver a
metérmela hasta las bolas.

Linda se arrodilló a mi lado y me besaba ardientemente y también


aprovechaba para besar las piernas y el vientre de mi hermano, saqué la
verga de mi boca para articular mis mandíbulas y Linda aprovechó para
seguir mamándola momentáneamente, mi hermano nos dirigió las
cabezas de ambos alternando su vergota en nuestras bocas hasta que
con muchos gemidos, nos descargó su leche en los labios, yo mamé un
poco, luego se la pasé a mi esposa y así, alternando, le exprimimos la
verga a mi hermano sin dejarle una gota de semen.
Mi esposa y yo nos besamos intercambiando la leche de mi hermano y
luego nos pusimos de pie para besarnos con mi él. Era la primera vez
que yo besaba a otro hombre en la boca, los tres nos besábamos y
sentíamos el sabor de su leche en nuestros labios, así estuvimos unos
momentos, abrazados, desnudos, besándonos y acariciándonos, mi
verga seguía parada, le indiqué a Juan y a Linda, que a mi me faltaba y
entre los dos, mi esposa y mi hermano, me empezaron a masturbar.

Luego me acosté boca arriba en la cama y ellos cada uno a cada lado
me besaban la verga y las bolas recorriendo con sus labios desde la
base hasta llegar a la punta y ahí, se besaban, así lo hicieron por unos
momentos, mientras con la mano libre mi esposa acariciaba la verga de
mi hermano y el acariciaba su panochita metiéndole los dedos en la
vagina, Juan me mamaba tan sabroso, que casi me hacía terminar, luego
me soltaba y dejaba a mi esposa hasta que al fin, expulsé toda mi leche
en la boca de mi hermano quien se la tragó totalmente.

Esa noche terminamos exhaustos, pero con la promesa a mi esposa


de que la próxima vez, nos vería hacer un sesenta y nueve a nosotros y
tal vez nos cogeríamos, pero con la condición de que ella se prestaría
para el “sándwich” ya que nos gustaría verla con las dos vergas clavadas
al mismo tiempo, lo más difícil, que era penetrarla por primera vez por el
culito, ya lo habíamos hecho, solo faltaba penetrarla los dos al mismo
tiempo.

La espera de la siguiente ocasión fue de mucha excitación para Linda


y yo, me la cogí muchas veces por su culito y comprobé que le gustaba.
Cuando le pregunté que, al pensar en una verga, cual de las que conocía
se le venía a su mente, dijo; “la de Antonio”, al preguntarle el porqué,
contestó; “por morena, gruesa y cabezona, tal vez porque me la ha
metido menos veces”, le dije; “se la aguantarías en el culito”, “después de
estas dos, aguanto cualquiera”, respondió. No cabe duda que hemos
despertado su sexualidad, y en que forma, casi estoy seguro, que yo
solo, no podría complacerla al cien por ciento.

3333333

Al día siguiente de que Tina se montara el número con Fernando y mi


marido mi suegro me falló para que acudiera a su casa, aunque no me
aclaró para que, como no sabía a que iba me decidí a ponerme un
vestido sexy, pero con una cierta discreción, cuando llegué al chalet de
mi suegro y llamé a la puerta, me abrió mi cuñado Manuel, el marido de
Tina, nos saludamos con un beso y me dijo:

-Hola Lorena, ¿Tú también vienes a la piscina?

En ese momento me di cuenta de cómo iba vestido Manuel, llevaba


unas bermudas amarillas, su pecho estaba desnudo, se le veía muy bien,
se notaba que, como todos los hombres de la familia de mi suegro,
cuidaba su físico. En ese momento se oyó la voz de mi suegro, que,
desde el piso de arriba, dijo:

-Chicos esperarme que ahora bajo:

Manuel y yo nos sentamos en el sofá de los folleteos, jajaja, aunque


dudo mucho que Manuel supiera lo que ocurría con frecuencia en él,
estuvimos conversando de cosas normales, no sé si por haberme vuelto
tan puta, contemplándole pensé que me deseaba, y procuré mostrarme
muy amable con él.

Al poco bajó mi suegro nos ofreció un refrescó y nos pusimos los tres
en el sofá, yo entre ellos dos, nuestra conversación era muy normal
hasta que mi suegro me puso la mano en la rodilla y comenzó a subir, al
verlo Manuel, impresionado, preguntó:

-¿Pero qué haces papá?

-Manolito, dijo mi suegro, la mujer de tu hermano mayor está muy


buena, y además es muy puta, jajaja, ¿No te parece que debemos de
disfrutarla?

Y mientras decía eso, seguía subiendo sus manos por mis muslos,
mientras Manuel no podía apartar su mirada de ellos, mi cuñado tardó un
rato en contestar, cuando lo hizo, con voz titubeante, pregunto:

-¿Y qué pasa con mi hermano mayor? Se refería a mi marido.

-Tu hermano mayor está destinado a ser un cornudo, con una mujer
como esta, dijo mi suegro, y para que otros se la follen nos la follamos
nosotros, ¿No te parece Manolito? ¿te crees que no nos dábamos cuenta
de cómo intentabas verla desnuda, cuando empezó a salir con tu
hermano mayor?, Pues ahora tienes la oportunidad de follartela, si la
compartimos.

La verdad es que yo no me había dado cuenta, el argumento de mi


suegro pareció convencer a su hijo, que puso una de sus manos en mi
otro muslo, mi suegro hizo una pausa en la escalada por mis piernas y
Manuel subió hasta alcanzar mis bragas, tras un primer momento me las
agarró y entre los dos me las quitaron, dejándome con el coño al aire, en
ese momento mi suegro dijo a su hijo:

-Pensar en la cantidad de veces que has soñado con acariciar ese


coño, bueno pues ahora puedes hacerlo.

Y Manuel siguiendo las instrucciones de su padre se puso a


acariciarme el coño, mi suegro apartó su mano de mi muslo y se quitó los
pantalones y los calzoncillos, y después, denudo de cintura para abajo se
volvió a sentar en el sofá, llevó una de mis manos hasta su polla, y le dijo
a su hijo:

-Venga Manolín, ¿Cuántas pajas te habrás hecho pensando en tu


cuñada?, pues ahora la paja te la hará ella a ti.

Manuel al oír esto se quitó el short, como creía que venía a bañarse no
llevaba nada debajo, yo comprendiendo los deseos de mi suegro llevé mi
mano a la polla de Manuel y me puse a masturbarles a los dos. Estuve
un rato así, mi mente se hizo una pregunta y yo se la hice a Manuel:

-¿De verdad me deseabas cuando comencé a salir con tu hermano?

-Si, dijo él

La verdad es que nunca lo hubiera pensado, cuando comencé mi


relación con el hermano de Manuel, quizá por el impacto de esta
revelación solté la polla de mi suegro, me incline hacia mi cuñado y,
mientras seguía acariciándole la polla con una de mis manos nos
fundimos en un beso muy intenso, mientras mi suegro había llevado una
de sus manos a mi coño y se puso a acariciármelo, mientras nos decía:
-¿Veis los que os habéis estado perdiendo por un concepto mal
entendido de lealtad?

Cuando terminamos nuestro beso me di cuenta de que la polla de mi


suegro estaba muy dura, y quien mandaba allí era él, así que
poniéndome a cuatro patas sobre el sofá llevé mi lengua hasta la polla de
mi suegro y me puse a chupársela, mi cuñado se quedó un momento
impresionado, y dijo:

-Menudo culo tienes cuñada.

En ese momento mi suegro le dijo:

-Manolito, por si no te habías dado cuenta tienes el coño de tu cuñada,


al que llevas años deseando al alcance de tu polla, ¿vas a desperdiciar la
ocasión?

A mi cuñado las palabras de su padre le estimularon un poco y


poniéndose detrás de mi se dispuso a penetrarme, pero mi suegro dijo:

-Pero primero ponte un condón, no querrás dejarla preñada y que


ninguno de los sepáis quien es el padre, en mi pantalón tengo un
condón.

Mi cuñado siguiendo las instrucciones de su padre fue hacia el


pantalón de este, extrajo un condón y se lo colocó sobre su polla que
continuaba durísima y poniéndose con una pierna doblada en el sofá y
otra de pie, introdujo su polla en el interior de mi coño, al sentirla dentro
deje por un momento de chupársela a mi suegro y di un grito, después
continué con mi tarea, por la forma de metérmela sentí que debía de ser
verdad que mi cuñado me había deseado hacía tiempo, me estaba
follando con ansia, mi suegro dijo:

-¿Verdad Manolito que el coño de tu cuñada es muy acogedor, como


corresponde a su condición de puta? Jajaja

-No sé si es puta, dijo Manuel, pero la verdad me encanta lo que me


hace sentir, estoy haciendo realidad una de mis fantasías.
-Creme que es de las mejores comepollas que he probado, incluidas
las profesionales.

Menuda manera de hablar de mi en mi presencia, pero la verdad era


que no me importaba lo único que deseaba era dejar a ese par de tíos
bien secos, mientras seguía con sus dos pollas dentro de mí, estuvimos
así un rato, entonces mi suegro dijo:

-Cambiemos de agujero, mi polla está muy a gusto con esa boca, pero
prefiere tu coño.

-¿Entonces cambiamos de sitio?, preguntó Manuel.

-De eso nada, dijo mi suegro, yo no me muevo de mi sitio que ella me


monté y tu ponte de pie para que ella te la pueda chupar.

Siguiendo estas instrucciones Manuel me la sacó de mi coño y se


puso de pie sobre el sofá, apoyado contra la pared y apoyada su pierna
encima del respaldo de este mueble, yo me levante de mi postura y fui a
sentarme, con las piernas bien abiertas, encima de la polla de Jacobo, de
manera que mi coño se acoplara a su miembro, y comencé a subir y
bajar, mientras Manuel acercó su polla a mi boca y yo me la introduje en
mi interior, al poco de sentirla mi cuñado comenzó a gemir y dijo a su
padre:

-Papa llevas razón, mi cuñada la chupa divinamente mejor que


cualquiera de las chicas de la oficina.

-Si es una pena, dijo mi suegro, tanto tiempo buscando fuera lo que
tenemos en casa, jajaja.

¿Significaba esto que mi suegro y sus hijos se lo hacían con sus


empleadas?, Posteriormente le daría muchas vueltas a esa idea, pero en
esos momentos solo pensaba en dejar satisfechos a mi par de machos,
estuve con ellos así hasta que mi suegro se corrió, cuando lo hijo, mi
cuñado pareció darse cuenta de una cosa:

-Papa, a mí me has exigido ponerme un condón y tú te la has follado a


pelo.
-Yo soy viejo, dijo mi suegro, y aunque pillara algo no me importa,
además si esta zorra queda embarazada el bebe será de nuestra familia.

Después se levantó y se puso a limpiarse su leche con mi tanga,


mientras yo estaba ocupada con la polla de mi cuñado que estaba
aguantando muy bien mi mamada, pese a que se le notaba que estaba
gozando muchísimo, como demostraban sus gemidos. Y finalmente no
tuvo más remedio que ceder, mi boca recibió una gran cantidad de leche,
en ese momento mi cuñado dijo:

-Cuñadita, por una vez mi padre lleva razón, haces unas mamadas
sensacionales.

-Y tú perdiéndotelo durante tantos años, dijo mi suegro, por una lealtad


mal entendida hacia el cabrón de tu hermano.

Manuel no dijo nada, solo dejó que yo me mamara la polla, hasta que
quedó completamente limpia, y eso hizo que su miembro volviera a
reaccionar, en ese momento fue mi suegro quien protestó:

-¿Qué pasa Lorenita?, ¿Qué te engolosinas con la polla joven de mi


hijo y te olvidas de la de tu pobre y viejo suegro?

-Por supuesto que no querido suegro, dije yo.

Y agachándome, los dos estábamos de pie llevé mi boca hasta la polla


de mi suegro y comencé a chupársela, en ese momento sentí como una
polla entraba dentro de mi coño, estaba claro que se trataba de Manuel,
también que dado lo concentrada que había estado chupándosela a mi
suegro no me había do cuenta de cómo mi cuñado se había puesto un
condón y se había acercado a mí por detrás, Manuel dijo:

-Si nos viera mi hermano.

-Pues tendría que aguantarse dijo mi suegro.

Y mientras yo continuaba con dos pollas dentro de mi cuerpo,


intentando que las dos recibieran el máximo placer. Mi suegro mirando a
su hijo, dijo:
-Bueno Manolín le estas poniendo los cuernos a tu hermano, jajaja, me
alegro de que por fin hayas sido capaz de ir contra él, aunque sea
disimuladamente.

-Es que mi cuñada tiene un coño divino, dijo mi cuñado, apetece tanto
follar con ella.

Así los tuve un buen rato hasta que mi suegro dijo:

-So puta, otra vez has hecho que me corra.

Y sentí como un montón de su leche salía de su polla y se depositaba


en mi garganta, después dijo:

-Creo que necesito algo de tiempo para recuperarme.

Y me hizo una señal para que me levantara de encima de él, y se puso


de pie, pero mi cuñado, desde atrás dijo:

-Lorenita, puede que hayas dejado seco a mi padre, pero a mi no.

Me hizo tumbarme en el suelo de lado, él se colocó detrás de mí, y


desde esta postura me la metió en el coño, los dos nos pusimos a gemir
de una manera intensa y mi suegro al vernos follar en esta posición se
puso a acariciársela, mi cuñado dijo:

-Nunca pensé que iba a ver a mi padre chascándosela, jajaja.

-Si la estrecha de tu madre no hubiera sido tan cerrada, dijo mi suegro,


igual nos hubierais visto follar, pero siempre teníamos que hacerlo con la
luz apagada y dentro de las sábanas, en cambio a mí, cuando follabais
aquí si me gustaba veros. Jajaja, por eso me encanta Sonia, es tan puta.

-Ok la aceptaré como madre, dijo mi cuñado.

En ese momento me di cuenta de que además de pasarlo bien la


estrategia de mi suegro consistía en minar la lealtad de los hermanos
entre sí, todos iban a saber que tenían algo que ocultar a los demás.
Estaba en esos pensamientos cuando mi cuñado dijo:

-Ahora soy yo el que se corre

Sacó su polla de mi coño se levantó y la llevó hasta mi boca, para que


se la chupara en ella todavía había restos de la de su padre, de esta
manera la leche de padre e hijo se mezclaron en mi boca.

Estuvimos descansando un rato, yo tras recuperarme, cogí sus pollas


una con cada mano y comencé a acariciárselas, mi suegro dijo a mi
cuñado:

-Veo que la zorra de tu cuñada tiene ganas de más marcha.

-Como te he dicho antes, no sé si es una zorra o no, pero me encanta


follarmela y en estos momentos lo que me apetece es su culo.

-Por fin tomas la iniciativa, dijo mi suegro. ¿No te parece Lorenita?

-Por mí no hay ningún problema, dije yo.

Me puse a cuatro patas, y noté como mu cuñado se ponía detrás de mi


y me la metía por mi culo, este ya se había acostumbrado a recibir pollas
por lo que no sentí ningún dolor y fue una sensación muy placentera
desde el principio.

-¿Has visto que culo tan caliente y acogedor tiene tu cuñada Manolín?
Jajaja si no estuviera casada con el cornudo de tu hermano te la podrías
follar todos los días por ahí.

Mi cuñado me estaba follando de una manera muy vigorosa, se le


notaba que deseaba mucho mi agujero trasero, y por supuesto yo le
recibía de una manera muy acogedora, sus movimientos eran intensos y
me proporcionaban mucho placer. En ese momento oí la voz de mi
suegro que decía:
-Joder con vuestra manera de hacerlo por el culo habéis logrado que
mi polla se ponga, de nuevo, dura como un hierro.

-Pues querido suegro, tráela aquí y deja que tu nuera le dé el trato que
merece.

Mi suegro se acercó a mí que estaba a cuatro patas, se agacho y dejo


su polla al alcance de mi boca, y yo me la metí y me puse a chupársela,
el comenzó a decir:

-Nunca me cansaría de que me la chuparas, eres adorable zorra.

Sus palabras me calentaron y en ese momento me acordé de lo que


había visto hacer no hacía mucho a Tina, así que les dije:

-Mis amores, ahora soy yo la que quiere algo especial, suegrito


túmbate en el suelo.

Cuando lo hizo, le acaricié la polla hasta ponérsela bien dura, después


me puse encima de él y le dije a mi cuñado, con un poco de ironía, e
imitando a mi suegro:

-Manolito, métesela a la zorra de tu cuñada por el culo.

-Jajaja, ves como ahora es ella la que te lo pide, dijo mi suegro.

-Para mí es un honor mi querida cuñada, dijo Manolo.

Y poniéndose encima de mi me la clavó por el culo, en esos momentos


las pollas de padre e hijo estaban separadas por apenas unos
centímetros y dentro de mí por la piel de algún órgano, yo alucinaba de
placer, y por lo que veía mis macos también, mi suegro le decía a su hijo:

-Ves hijo mío, lo que podemos hacer los dos juntos, así que
definitivamente deja de juntarte con tus hermanos, especialmente con el
esposo cornudo de esta zorra, jajaja, y únete a mí.
-Si eso me ayuda a follarme a mi cuñada, dijo Manuel, te prometo toda
mi lealtad.

-Así me gusta mi niño, contestó mi suegro.

Mientras tenían esta conversación los dos s movían dentro de mí


haciéndome gozar a tope, todas las mujeres deberían experimentar el
placer que se siente en hacerlo con dos hombres a la vez, de vez en
cuando. Mientras tenía este pensamiento mi suegro dijo:

-Zorra has logrado que me corra de nuevo.

En ese instante sentí como un río de leche inundaba mi coño, parecía


increíble que un hombre de su edad aguantara tanto follando de esa
manera. Mientras mi cuñado seguía moviéndose dentro de mi culo hasta
que también se corrió.

Con esto dimos por finalizado nuestro encuentro, nos lavamos y


vestimos y yo regresé a mi casa.

3333333333

Era miércoles por la tarde y después del horario de trabajo fui a


recoger a mi esposa a su oficina para dirigirnos a casa, en el trayecto me
comentó que nuestro compadre Antonio le dijo que pidiera permiso
conmigo para salir con él, el viernes después del trabajo porque quería
llevarla a un motel que se acababa de inaugurar en las afueras de la
ciudad.

Recordarán los lectores de los relatos anteriores, que ya teníamos


algún tiempo de haber iniciado relaciones sexuales de mi esposa con mi
compadre y también con mi hermano Juan. Linda (mi esposa) ya había
salido con ellos por separado y también habíamos hecho trío con ella
alguno de ellos y yo.

Como de costumbre, esto nos propició una excitación muy grande y


nuestro encuentro sexual de esa noche fue de lo más placentero y lleno
de comentarios y expresiones que nos incrementaban la calentura. Al día
siguiente, mejor dicho la noche siguiente fue lo mismo, no podíamos
apartar de nuestras mentes la idea y los comentarios preparativos para
este acontecimiento tan importante en nuestra vida sexual de pareja. La
sola idea de hacer aquello posible, nos ponía tan calientes que dimos
rienda suelta a nuestros pensamientos y expresamos cada idea y deseo
por cumplir en esa cita.

El viernes ella argumentando con sus compañeras de oficina, que yo


estaba fuera de la ciudad, nuestro compadre José la llevaría a casa pues
era sabido de los demás que éramos compadres. Así las cosas iban
caminando muy bien pero el viernes casi al medio día Linda me llamó
para decirme que mi hermano Juan, le llamó para pedirle que saliera con
él el mismo viernes por la tarde, de tal modo que se complicarían las
cosas para poder cumplir con los dos. Excuso decir la emoción y
excitación que esto nos causó a los dos y todo sin podernos ver ella y yo
a la cara al momento de la emoción ya que esto fue por teléfono.

Le pregunté que si ella deseaba salir con los dos y me contestó que
sería casi imposible que se le volvieran a juntar las oportunidades con los
dos la misma tarde, pero por separado, que esa idea la consumía en
calentura, yo le dije que a mí me pasaba lo mismo. Mi hermano y mi
compadre no se conocen, entre ellos nunca ha existido contacto. (solo a
través de la vagina de mi Linda).

Ella arreglaría el asunto diciendo a mi compadre que la dejara después


de la cogida en un centro comercial que está cercano al motel y que yo la
esperaría allí a las siete de la tarde porque teníamos otro compromiso, mi
hermano estaba citado en el mismo lugar, pero a las siete y media. Tal
como lo planeamos así sucedió, dejé a mis hijos al cuidado de la chica
que los atiende todos los días y luego mi suegra se encargaría de ellos
en la noche, en nuestra casa hasta que nosotros regresaríamos “del
cine” lo cual era muy normal algunos viernes del mes.

Antes de las siete estaba yo en el estacionamiento del centro


comercial esperando a que mi compadre me devolviera a mi esposa,
toda cogida, por supuesto, para hacer el cambio de cogedor. Por el
retrovisor de mi camioneta visualicé el coche de Antonio y encendí las
intermitentes para hacerme notar, se acercó, se bajó Linda y dijo adiós.
Linda subió a la camioneta y sonrojada y sonriente, se acercó y me besó
en la boca ardientemente, le dije, “sabes a verga” y ella sonrió y dijo “no
lo puedo negar” y nos dimos otro beso con intercambio de lenguas.
Estuvimos unos momentos en la camioneta mientras esperábamos a
mi hermano, me contó algo de lo sucedido con mi compadre y yo le
preguntaba muchas cosas pero ella me dijo que mejor me las platicaba
“de bulto” cuando estuviéramos desnudos en la casa. Los besos
siguieron y el manoseo por mi parte no se hizo esperar ya que a esa hora
estaba oscuro en el lugar donde estábamos.

Al tocar su entrepierna y retirar el calzón con mis dedos, me di cuenta


de lo mojadita que estaba su panochita, metí uno de mis dedos y lo
saqué para llevármelo a la boca y saborear el semen de Antonio, volví a
meter la mano entre sus piernas pero ahora le bajé el pequeño calzoncito
hasta las rodillas, volví a meter mis dedos y a chuparlos luego, finalmente
le dije que no se subiera los calzones otra vez, sino que ya se los quitara
para darle una emoción extra a mi hermano.

Luego vimos el coche de Juan e hice lo mismo, encendí las


intermitentes mientras Linda se bajó para dirigirse al coche de Juan.

Se fueron puntualmente con la instrucción de volver a las diez y media.


Yo me quedé en mi camioneta con la verga toda dura y chorreando de
precum, con lo caliente que estaba, me dieron ganas de masturbarme al
amparo de la oscuridad de aquel estacionamiento, saqué la verga, le di
unas cuantas jaladas pero luego la guardé para disfrutarlo mas tarde con
mi putísima esposa, me dirigí a un restaurante bar que está en el mismo
centro comercial, y esperé a que pasara el tiempo mientras tomaba unas
tres cervezas y comía una botanita y veía un televisor para distraer mis
pensamientos llenos de lujuria.

Desde las diez estaba yo todavía con la verga dura en la camioneta en


espera de mi hermano y mi cogelona esposa, llegaron antes de la hora
señalada y ella se bajó dándole un beso en los labios para después
subirse a la camioneta y besarme a mí. En el trayecto a casa me contó
muchas cosas y se me acercó y sacó mi verga para acariciarla y darle
algunos besos, yo le acaricié la entrepierna, encontrándola sin calzones y
toda mojada con textura viscosa y pegajosa, eso casi me hace eyacular
en ese momento.

Llegamos a la casa como a las once y cuarto de la noche, mi suegra


se fue después de reportarnos lo bien que se portaron los hijos que ya
estaban dormidos.
Apenas se cerró la puerta y nos comenzamos a besar y a quitarnos la
ropa uno a otro como desesperados, dejamos la ropa tirada en el
trayecto a la recámara y cerrando la puerta, encendidas las luces y
desnudos, comencé a hacer preguntas y recibir respuestas mientras con
mis manos y mis ojos revisaba todos los orificios de mi esposa, que me
dijo, “ninguno se escapó de la verga, me la metieron por todos lados”
aquí está el relato de ella: Juan me acaba de dar la última descarga de
leche en el culito, primero me comenzó a besar y decirme lo mucho que
le gusto, me mamó la vagina hasta hacer que tuviera un orgasmo, luego
me indicó que le mamara la verga mientras me la metía por entre los
pechos.

Se me montó encima con sus bolas entre mis pechos y la verga


metida en mi boca, le di una mamada tan sabrosa que me descargó toda
la leche en la boca y en la cara, se recostó a mi lado y nos besamos
tanto que se le paró de nuevo su vergota y me pidió que me acomodara
de perrito, me la metió por la vagina y la sentí que me llegaba muy
adentro, me estaba cogiendo tan rico mientras me comenzó a acariciar el
ano metiendo uno de sus dedos y mojándolo con los jugos de la verga y
la vagina, como sentía muy rico, hasta me acomodé cuando sentí que
me la sacó para apuntarla al culito, me acordé de la vez que lo hicimos
juntos contigo y ustedes dos me cogieron por primera vez por mi culito.

Tu hermano te fue tan tierno y cuidadoso al hacerlo, que no tuve


mucho dolor y mientras el me cogía, yo me masturbaba como si no me
hubiera venido ya varias veces. Me agarraba con fuerza por las caderas
y me la metía toda hasta el fondo, cuando sentí que estaba eyaculando
dentro de mí, me vino el orgasmo y me estremecí como loca. ¿Y mi
compadre? “ese es un cabrón de primera”:

Desde que salimos de la oficina, me acercó hacia él y metió la mano


libre entre mis piernas, me agarraba la vagina y me masturbaba, luego
me mostró el bulto que se traía en el pantalón, se sacó la verga y
manejando, a plena luz de día, me tomó por la nuca para que se la
mamara, yo solo se la mamé por unos momentos pues me daba miedo
que fuéramos a chocar y yo allí con la verga clavada en la boca, el resto
del camino al motel lo fui masturbando y solo le limpiaba el exceso de
líquido con mi boca, ya en el hotel, como detecté que tenía ganas de que
le mamara la verga, me hinqué frente a él y se la mamé hasta que se
descargó totalmente adentro de mi boca, quiero que sepas que la leche
del compadre es mucho mas espesa que la de mi cuñado, eso si, tu
hermano eyacula más abundante.

Para entonces, yo ya le había mamado la panochita a mi Linda,


encontrando sabor a semen mientras observaba sus labios enrojecidos
de tanta verga, eso a mi me calienta muchísimo y me siento afortunado
de tenerla conmigo, también le metí la verga mientras escuchaba los
comentarios de lo que le había sucedido en el hotel, primero con mi
compadre y luego con mi hermano, y le descargué abundante leche
mientras ella me calentaba más con su narración.

Continuó con su relato: El compadre se acostó de espaldas y yo me


subí encima de él, tú sabes cómo me gusta meterme su vergota gruesa
en esa posición, me gusta irme clavando poco a poco hasta que ya toda
adentro, me muevo y balanceo hacia adelante y hacia atrás para sentir el
roce de la verga gruesa con mi clítoris. Así, en esa posición, lo manejo
yo, ya que él es muy desesperado para cogerme, así solo me acaricia las
nalgas y los pechos con las dos manos libres mientras yo me ensarto en
su vergón, estuve mucho rato clavándome en la verga de tu compadre
hasta que le saqué toda la leche y lo dejé sin nada.

En eso estábamos cuando me acomodé detrás de mi esposa y le


comencé a pasar la verga por entre sus nalgas, deslizándosela ayudado
por los jugos de su panochita cogida, de mi hermano y mi compadre, ella
se me acomodaba para facilitármelo y le comencé a meter los dedos en
el ano, me preguntó que si quería cogérmela por el culo y sin esperar
respuesta, se acomodó en posición empinada sobre sus manos y rodillas
con su culo levantado y expuesto.

Acomodé la verga en el orificio del ano, notando que lo tenía algo


coloradito por la reciente penetrada de mi hermano y comencé a empujar
suavemente, no hubo dolor ni resistencia, ya el camino lo había abierto
mi hermano, estaba lubricado todavía, cada metida y sacada de verga
notaba algo de líquido blanquecino envolviendo mi verga, se lo dije a mi
esposa y me dijo “es la leche de tu hermano”, incrementando así mi
excitación.

Linda empujaba más hacia atrás para facilitar la penetración, le dije:


“Te faltó verga verdad” “si, hubiera aguantado a otro y otro más en este
día, no sé qué me pasa que ando muy caliente”. Por lo pronto después
de esa cogida por el culito, le mamé de nuevo la panochita hasta que
obtuvo otro orgasmo para que pudiera dormir tranquila.

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Un día navegando por el Facebook, me encuentro la invitación de una


mujer como de 40 años, por el apellido pude deducir que era un familiar
mío, acepté y al ver las fotos veo que si, efectivamente pero era mi prima
lejana, hija de una prima de mi papá y no la reconocí porque había
subido de peso (madurita y gordita, como me gustan), pero en eso
momento no pensé en nada sexual, ni nada por el estilo, ni siquiera en
encontrarnos, dado que vivimos en la misma ciudad, pero dado a lo
caótico que es el tráfico, en una ciudad normal me tomaría llegar 20
minutos a 30 como máximo, pero en Lima el tráfico es una locura y un
recorrido así toma casi 2 horas.

Así pues, comenzamos a conversar seguido por Facebook, tanto así


que llegamos a tener un alto grado de confianza a pesar de no vernos
físicamente, ni siquiera por cámara. Hasta me contó de su matrimonio
fallido, de sus hijos que ya son grandes y de sus relaciones con otros
hombres y hasta que era una mujer muy fogosa, tenía hasta 3 parejas al
mismo tiempo, se había puesto la T de cobre así que no tenía problemas
con el embarazo, yo por mi parte le dije que era muy caliente pero no le
comenté nada de mis levantes con mi suegra o con mi amiga del bar u
otra ocasional por allí que ya les contare más adelante.

Siempre nuestras conversaciones terminaban en temas referentes al


sexo, y la verdad a mí ya me calentaba mi prima, y creo que ella también
se calentaba.

Ella es de talla 1.65 más o menos, gordita, de grandes senos y de gran


trasero también, en pocas palabras estaba tal cual me gustan, cabello
negro largo algo rizado, tez canela rosando el blanco.

Hasta que un día hubo una fiesta de una tía abuela de ambos, que
vivía a dos cuadras de la casa de mi prima de ambos y como era el
cumpleaños “90” de la abuela, hicieron una gran fiesta, mi familia, pero
mi esposa no quería ir y me dijo que, si yo quería que igual fuera, ella se
quedaba en casa de su mamá con nuestros hijos, así que bueno, me
dispuse a ir sin expectativas, siempre en la cabeza poder ver las curvas
de mi prima que solo vi por las fotos del Facebook.

Llegamos todos y todo fue muy alegre, nos juntamos todos los primos
y mi prima al verme me saludó efusivamente, lo que pude sentir toda lo
voluminosidad de su cuerpo (delicioso), pasamos la fiesta tomando y
bailando, muchas veces saqué bailar a mi prima y “sin querer” le tocaba
las nalgas tanto con mis manos como con mi miembro, sutilmente, pero
ya me había sentido y no me dijo nada. Así transcurrió la noche hasta
madrugada que la gente iba cayendo, pero yo me cuidé de no beber
demasiado, no me vaya a propasar con la prima y se arme la grande.

Mis hermanos cayeron primero y se durmieron en los cuartos de la


casa de mi tía abuela, y con tanta gente que había llegado, ya todos los
muebles estaban ocupados, así que me acerco donde mi prima y le
pregunto dónde hay un hospedaje cerca para pasar la noche, ella muy
amablemente me dice que me quede en su casa, que ahí me puedo
quedar en el mueble, y yo le digo “no, no quiero incomodar, además ahí
están tus hijos y sobre todo el bebé, además estoy medio mareado, no
vaya a ser que en la madrugada me confunda”.

Ella me dice, “que te confundas con que”, y me hago el loco, “no nada
nada”. E insisto con lo del hospedaje y yo ya había visto llegando uno
cerca, pero ella me dice OK y me lleva a otro un poco más lejos y algo
escondido; llegando ahí le digo, “no te vas a regresar sola, quédate
tomamos unas cervezas y después te vas” (me lance con todo).

Ella lo pensó 3 segundos y me dijo “ya pues me quedo” (ella ya estaba


algo bebida), entramos y le pido las cervezas en recepción, le pedí 2 y
que me subiera 4 más. Estando ya en la habitación, que era pequeña,
una cama mediana, una pequeña mesa, dos sillas y una tv, empezamos
a tomar, y yo le digo “que te parece si jugamos a algo”, “que cosa” me
dice ella.

Yo: el juego es verdad o reto, pero como no tenemos cartas, primero


tú me dices que quieres que te pregunte algo y que me digas la verdad o
reto, que es hacer algo.

Ella: jaja, ya esto se pone interesante.


Yo: quien empieza.

Ella: a ver tu dime verdad o reto.

Yo: verdad.

Ella: mmmm cuando perdiste tu virginidad.

Yo: jajaja fácil… A los 18.

Ella: ¿y con quién?

Yo: ah no solo es una pregunta, ahora me toca a mi verdad o reto.

Ella: reto.

Yo: tomate dos vasos llenos de cerveza.

Ella: eso no vale.

Yo: tu dijiste reto así que aquí es lo que sea (ella se tomó toda la
cerveza y se mareo más)

Yo: ahora quiero reto.

Ella: mmmm ¡tú dijiste lo que sea ah!!

Yo: (ya me estaban dando vueltas las ideas) lo que sea, además no
hay nadie más que tú y yo.

Ella: uhmmm quédate en ropa interior.

Yo: normal, no tengo problemas, como si estuviera en la playa (me


quito todo me quedo solo en bóxer, pero ya se notaba mi pene medio
erecto), ahora te toca a ti.

Ella: verdad.
Yo: uhmmm ¿has tenido sexo con hombres mucho más jóvenes que
tú, no sé de 25 a 30?

Ella: no todavía, de 30 para arriba, ahora tú.

Yo: verdad.

Ella: has estado con mujeres mayores.

Yo: varias veces de 30 y 40, mujeres maduras son las mejores en la


cama, (otra vez lanzándome y su expresión fue de satisfacción y
sorpresa), a ver te toca a ti.

Ella: reto.

Yo: dándome la espalda quítate toda la ropa menos la ropa interior,


para estar iguales jeje.

Ella: bueno hace calor así que va a ser un alivio para mí también. Se
paró, me dio la espalda, se quitó la blusa y al sacarse el pantalón, lo hizo
lentamente, enseñándome su trasero que solo era tapado por un
pequeño calzón, casi casi hilo dental. Al darse la vuelta su calzón estaba
húmedo.

Nos quedamos mirando fijamente sin decir nada por un instante.

Ella: a ver me toca a mí.

Yo: reto.

Ella: quítame el brasier.

Yo: ¡uhm! El brasier nomas.

Ella: lo dejo a tu criterio.

Me acerco, la abrazo y le desabrocho el brasier, posando mi nariz en


su cuello y me separo.
Yo: ahora te toca a ti verdad o reto.

Ella: reto (pero con una cara de lujuria extrema)

Yo: date vuelta e inclínate.

Al darse vuelta e inclinarse, me enseña todo su culote ¡y yo lo


comienzo a lamer! Al quitarle el calzón, me levanto y ella se arrodilla y
me quita el bóxer dejando mi pene erecto hacia su boca, ella empieza a
lamerlo y darme pequeñas mordidas que me hacían dar pequeños
choques eléctricos en todo el cuerpo.

Ella: a ver primo vas a saber lo que es una mujer madura.

Yo: demuéstramelo.

Entonces, me empujó a la cama, me comenzó a lamer los huevos


dándome también pequeñas mordidas, me hacía saltar, me lamia el pene
desde la base hasta la cabeza con una rapidez y una pasión que me
hacía estremecer, era una experta, me comenzó a lamer todo el cuerpo,
las piernas, la barriga, llego a mi pecho, mi cuello, nos besamos por
primera vez de forma lujuriosa, mi lengua se metía por su boca,
saboreando toda su cavidad, mientras con mis manos recorría todo su
cuerpo pero siempre al final amasando esas enormes nalgas gordas,
hasta que se introdujo mi pene en su rica cueva, muy húmeda y muy
caliente, comenzó el brinco, mi prima saltaba de lo lindo, me gritaba:

-que rico oh.

-así primo, me voy a comer todo tu pene con mi vagina.

-me encanta tu pinga.

-eres todo un cachero.

-que rico, ven más seguido por acá corazón ohhh.

A mi prima le encanta hablar cuando está sintiendo placer.


La hice echarse en la cama.

Yo: ahora es mi turno, primita.

Ella: que me vas a hacer (en forma muy cachonda).

Yo: te la voy a meter hasta que grites.

Ella: no me falta nada para gritar.

Yo: pero primero.

Le alcé las piernas y metí mi cabeza en su cueva, mi prima tomo mi


cabeza con sus manos y comenzó a gritar como loca.

-ohhh

-siii

-ohhh que rico, me estas volviendo loca.

-si sigue así.

-me encanta, que rico, que rica lengua.

Me levanté y mi prima tenía una cara de agitada y arrecha.

Yo: ponte de perrito que quiero ver ese culote.

Al ponerse de perrito me iba decir algo, pero ya la había ensartado y


empecé con el bombeo agarrándome fuerte de sus nalgas para darle
más fuerte, la bebida hacía que mi erección no sufriera consecuencias,
así que mi prima ya tenía en su haber dos orgasmos y seguía pidiendo
pene.
Ella: ohhh primo que rico… mmm de saber que esto iba a pasar te
hubiera sacado antes de la fiesta pendejo… que rico me lo metes… tu
pinga esta riquísima.

Yo: te gusta primita.

Ella: si mucho.

Yo: como siempre te dije, eres tremenda.

Ella: si, pero tú me estas metiendo tu pene como un desconocido.

Yo: eres una puta tirándote al primo.

Ella: pero que rico te comes a esta puta.

Yo: eres una cachera también.

Ella: si ¡y ya lo sabias!

Yo: porqué crees que te traje.

Ella: ¡pendejo!

Seguimos así hasta que, cuando más fuerte le estaba dando, se lo


metí de una por el culo.

-ohhh

Pero para mi sorpresa ese culo ya estaba bien dilatado.

Ella: si si sigue, ya te habías demorado.

Yo: eres una calentona, estabas esperando para que te lo meta por
ese culito… Que rico, hoy te lo parto.

Y el mete y saca fue salvaje.


Ella gritaba y yo sentía la presión en mi pene exquisito.

Ella se toca el clítoris y metía el dedo, mientras yo seguía dándole el


otro hueco hasta que tuvo el ultimo orgasmo y al ver eso, aceleré la
embestida para terminar llenándole el culo de mi leche.

Nos dormimos desnudos tumbados en la cama.

A la mañana siguiente mi prima me despertó, eran cerca de las 6,


teníamos que salir para que no se dieran cuenta que nos quedamos los
dos juntos, pero antes de cambiarnos, nos bañamos juntos y en la ducha
se lo metí por el culo otra vez, esta vez llegue rápido y ella me pidió la
leche en sus senos, me dijo que lo quería como recuerdo.

“¡Prima tenemos que repetirlo ah!”, ella me dijo: “claro primo y no te


preocupes full discreción, mira que hasta mi culo te he dado”.

Ella se fue y me dejó solo en el hospedaje…

Que increíble prima he conocido.

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Olimpia, es el nombre de mi cuñada, su familia y la mía se conocen


desde hace mucho tiempo. Cuando mi hermano tenía 6 años nació
Olimpia y sus padres le comentaron a los míos que ya había nacido la
novia para mi hermano, en ese tiempo solo rieron y nunca se imaginaron
que 18 años después este comentario se haría realidad, pues ellos se
hicieron novios y a los 4 meses se casaron pues mi cuñada estaba
embarazada.

Cuando nace mi sobrinita Olimpia tenía 19 años cumplidos y yo en ese


tiempo acababa de cumplir los 18, cursaba el último año de prepa, ellos
vivían en la misma casa que nosotros por lo que mi cuñada y yo al
trabajar mis papas y mi hermano estábamos completamente solos.

Debo decir que durante ese tiempo que pasábamos entre mis tareas
escolares y caseras que me asignaba mi mamá solo nos quedaba un
ratito de una o dos horas para platicar. Ella y yo nos llevábamos bien,
pues a ella la conozco como ya mencioné desde que nací, por lo que de
niños jugábamos juntos, entrada la pubertad íbamos al cine, a comer, en
fin, a todos lados en compañía de sus hermanas que se llevaban un año
y Olimpia es la mayor, por eso al casarse con mi hermano estábamos
todos felices pues todos éramos muy amigos y nos veíamos como
hermanos, pues prácticamente crecimos juntos los cuatro.

Durante un tiempo mi cuñada abogó porque tanto su hermana Claudia


como yo fuéramos novios, situación que nunca sucedió pues, aunque
nos llevábamos muy bien, teníamos intereses muy distintos.

Mi hermano tenía en ese entonces un trabajo muy absorbente de


tiempo y muy mal pagado por lo que ellos tenían problemas económicos
algo serios, si bien nuestra situación no era muy holgada nunca nos faltó
nada, por eso mis padres decidieron tenderles la mano y hospedarlos en
casa el tiempo que fuera necesario.

Olimpia es una mujer de aproximadamente 1.60 de estatura, busto


pequeño, cintura estrecha, caderas anchas y pompas algo pequeñas,
como ven no es una belleza ni mucho menos exuberante.

Por estas razones aunado a que la conocía de toda mi vida y que es la


esposa de mi hermano, realmente nunca me había llamado la atención
como mujer hasta un día en el que tuve que regresar temprano a casa
pues se interrumpieron las clases en la Universidad.

Llegué poco antes de las 11 de la mañana y con unas ganas intensas


de orinar por lo que al entrar me dirigí directamente a baño, pero al entrar
a dicho cuarto, me sorprendí al ver a mi cuñada salir de la ducha
totalmente desnuda y húmeda, en ese momento yo sabía que debía salir
corriendo hacia el otro baño, pero algo me detuvo y no puede dejar de
verla ni ella de verme con mirada de sorpresa, en ese momento ocurrió lo
que quería evitar, me oriné en los pantalones, a ella le dio en ese
instante un ataque de risa y me dijo:

-Déjame te pongo un pañal de mi bebita -y la risa continuo.

Seguido a ese comentario salí del baño orinado y muerto de pena,


esperé a que saliera y enseguida me metí a bañar para posteriormente
cambiarme, una rato después ya calmado de la pena, recordé la imagen
de mi cuñada desnuda, y me empecé a excitar pues realmente se veía
apetecible. Un rato después entró mi cuñada a mi cuarto aun con la bata
de baño, aunque ya pintada y peinada, en ese momento yo estaba ya
haciendo mi tarea y aun con risilla me pregunto qué había sucedido.

-Pues nada que llegué corriendo con ganas de ir al baño y al entrar te


vi ahí parada, desnuda y aun mojada, no puede reaccionar y me oriné.

-Que bárbaro, hubieras hecho ahí mismo ya estabas dentro de baño,


por cierto, ¿por qué no tocaste?

-Discúlpame, pero cuando alguien se baña pone el seguro a la puerta,


al no tener seguro yo entré, y si hubiera estado puesto el seguro me
hubiera ido al otro baño.

-En eso tiene razón, pero bueno ¿qué te pareció?

-Que me pareció ¿Qué?

-Lo que viste

-Mmm ¿sinceramente?

-Si

-Estas muy riiica Pía (así le decimos).

-¿En serio si estoy bien?

-Claro ¿por qué la cuestión?

-Resulta que tu hermano me dice que he subido mucho de peso, que


no me arreglo, e incluso que ya no soy igual de caliente que antes.

-Pues de peso si has subido, pero eso hace que te veas mejor pues se
te ven más grandes las tetas, y el trasero, bueno se antoja darle un
apretón, en cuanto a lo caliente, no se ahora que si quieres mi opinión…
-Que, ¿qué quieres decir?

-Pues…

-Que anda habla

-Tú y yo podríamos…

-¿Hacerlo?

-Quieres saber si eres caliente, ¿o no?

-Bueno si, ¿pero de esta forma?

-¿Conoces alguna mejor?

-No

-¿Entonces?

-No sé, no estaría bien, ¿o sí?

-Pues…

-Mira, Claudia me contó hace unos días lo que ella y tu habían hecho,
con lujo de detalles y realmente al ser no muy buena mi vida sexual pues
me surgió la curiosidad de hacerlo con…

-¿Conmigo?

-Si. Uff, te confieso que no lo había pensado hasta hace un ratito que
te vi desnuda, pero, es difícil por los problemas que se podrían suscitar.

-En eso tienes razón, pero, tu hermano fue el primero, y hoy día me
gustaría saber lo que es hacerlo con alguien más, esta rutina me esta
fulminando, al grado que ya no siento placer, ya lo hago por obligación y
eso tarde o temprano va a afectar mi matrimonio pues tu hermano ya se
dio cuenta de esto.

-Que te puedo yo decir, caliente ya estoy, tú me gustas, pero yo creo


que mejor no.

-¿Seguro?

Acto seguido se quitó la bata de baño y estaba completamente


desnuda, en eso se acercó a mí, se sentó en mis piernas y me empezó a
besar, yo correspondí al beso, pero no la toqué así que ella me empezó a
acariciar todo el cuerpo y de la misma forma a desnudarme mientras
murmuraba…

-Hazme tuya, te quero sentir, quiero sentir tu palo, chuparlo, comerme


toda tu leche.

En ese momento ya no pude más y como desesperado la aventé a la


cama, besé, mordí y chupé cada rincón de su cuerpo que vibraba cada
vez que me sentía, al sentir la chupada en el clítoris no aguantó y se
vino, esto me calentó más pues segregaba de su juguito a mares y sabia
delicioso, ella gritaba, se movía como posesa hasta que después del
segundo orgasmo me gritó:

-¡Métemela ya cabron quiero verga dentro, apúrate que ya no puedo


más quiero palo todo dentro ya!

Pues que podía hacer más que obedecer, le metí la estocada de un


solo golpe y gritó como nunca ante la había escuchado, y mientras
entraba y salía mi palo, ella movía sus caderas acompasadamente
acrecentando el placer al máximo, una y otra vez, probando tantas
posiciones como pudimos hasta que después de 3 orgasmos más
exploté dentro de ella terminando los dos juntos, en eso me da un beso
en los labios y exclamó:

-Wow, jamás había cogido tan rico, prométeme que lo vamos a volver
a hacer.

-Seguro Pía, esto estuvo muy pero muy padre, así que mi pito es tuyo.
Me besó nuevamente, nos bañamos otra vez, nos vestimos y juramos
que este sería nuestro secretito.

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Recibí a mi sobrina como de costumbre, un fin de semana, es una


chica de piel morena, alta, con senos enormes y una vagina que sabe a
gloria, tiene 23 añitos… Sí, se imaginan lo correcto, es mi amante desde
hace poco tiempo cuando descubrí que no era una santa como todos
creían.

Llegó a mi casa un sábado por la tarde, vestida de manera


provocativa, con una blusa que solo cubría su pecho, una falda de cuero
bastante corta y un hilo debajo de toda esa belleza. No perdimos tiempo,
llegó, nos dimos un abrazo, me dijo que me extrañaba y me pidió la
bendición de una manera perversa, con una mirada pícara y enseguida
puso su mano en mi paquete.

La tomé del cuello y le dije: “te voy a preñar, te voy a dar duro”, (la
verdad no habría penetración, pero somos muy vulgares cuando
tenemos nuestros encuentros), a lo que ella sonrió, soltó todo su cuerpo
y dejó que la tirara en la cama.

Me acerqué colocándome encima de ella, sin sentarme


completamente para no lastimarla, bajé el cierre de mi pantalón y saqué
mi pene, estaba duro, velludo y olía muy fuerte, no tenía pensando tener
sexo pero todo llegó de sorpresa (al menos ese día no la esperaba en
casa), luego, ella excitada extendió uno de sus brazos, tomó mi pene y
comenzó a masturbarlo suavemente, rozando sus dedos por mi glande
que estaba babeando, y yo, sin dudarlo me acerqué más, abrí su blusa
rompiendo los botones, y quedaron sus enormes pechos descubiertos,
los apreté y acaricié, ¡estaban tan blandos!…

Luego, empecé a mamarlos uno por uno, ella gemía y yo no podía


detenerme, así que usé una de mis manos para introducir mi dedo en su
vagina que ya estaba mojada y demasiado tibia, pasaba mi dedo por el
borde de su clítoris, y variaba entre eso y meter el dedo en su interior
mientras hacía movimientos circulares, eso la excitaba tanto que sus
piernas comenzaron a temblar y se orinó, no paraba de gemir y de vez
en cuando me decía que no parara, que quería seguir viniéndose mil
veces de esa manera.

Aún, ella sostenía mi pene que estaba a punto de explotar por la


masturbación que desde hace un rato estaba recibiendo por sus tiernas
manos.

Pasaron unos minutos y de tanta estimulación y con ayuda de


palabras obscenas, llegó nuestro momento de orgasmo, comencé yo,
cuando al sacar mi dedo de su vagina me lo llevé a la nariz, y olí sus
fluidos, en ese instante la señal llegó a mi cerebro y mi pene no aguantó
más, me vine sabroso sobre la mano de mi sobrina, y parte del semen
caliente cayó sobre su ombligo, mientras que ella al sentir mis fluidos
aprovechó para masturbarse usando dos de sus dedos, y masajeando su
clítoris logró venirse. Mientras sus fluidos salían de su vagina y ella se
retorcía de placer, yo mamaba sus senos sin pausa.

Cuando ambos terminamos de descargarnos, nos relajamos, nos


arreglamos la ropa como pudimos y nos quedamos acostados uno al
lado del otro, viéndonos sin decir ni una sola palabra, mientras nos
tomábamos de la mano, temerosos y con muchos pensamientos de
arrepentimiento en nuestras cabezas porque sabíamos muy bien que
teníamos ganado el infierno.

3333

Mi mujer tuvo que marcharse al hospital por una urgencia y decidimos


aplazar los planes de irnos al centro comercial a pasar la tarde con
Estíbaliz, la hermana pequeña de Almudena, de 21 años que había
venido a pasar con nosotros una quincena en julio. Entre que estaba
lloviendo y que me dolía la cabeza, Estíbaliz dijo que vería una peli en
vídeo y yo me tomé una aspirina y me fui a mi cuarto a echarme una
siesta.

Cuando me desperté ya eran las seis y cuarto. Me había acostado a


las cuatro y me había quedado completamente dormido. El dolor de
cabeza se me había pasado y fui al salón a ver qué estaba viendo
Estíbaliz. Pero el salón estaba vacío y la cinta de vídeo dentro. La saqué
y vi que era una película porno de nuestra colección. Entre eso y que al
levantarse uno tiene la minga un poco amorcillada, mi mente se puso a
imaginar fantasías.

Al acercarme de nuevo a mi cuarto, oí unos jadeos en el cuarto de


invitados donde Estíbaliz estaba alojada. Pensé que estaría
masturbándose después de la película y mi polla terminó de
desperezarse. Estíbaliz es una chica casi tan guapa como Almudena.
Ahora está teñida de rubio y su cara es bastante aniñada. Tiene un
cuerpo de escándalo y una figura de maniquí. Me di cuenta que era la
primera vez que pensaba en ella como una mujer, no sólo como la
hermana de mi esposa. Veía su vientre liso, sus muslos largos y duros,
su culito apretado y respingón, su pecho firme aunque menor que el de
Almudena…

Me asomé a su cuarto. La puerta estaba entreabierta y esperaba ver


algo a través del espejo. Con mucho cuidado, la abrí un poco más y la
visión me dejó estupefacto: Estíbaliz estaba sobre un hombre
cabalgándolo y gimiendo y acariciándose sus pechos. La visión de su
pezón redondo y puntiagudo como una fresa se me quedó en la retina y
no supe si ella me vio cuando se giró hacia la puerta.

Me metí en una habitación alejada de ellos para no seguir oyéndolos


con una erección de caballo y me puse a ver la tele. Pero no me podía
concentrar, seguía a mil y me quité la ropa para hacerme una paja que
me calmara la calentura. Descapullé mi verga y trataba de estirar cuando
echaba la mano atrás, aunque mi cuerpo me pedía a gritos
machacármela a toda velocidad. Trataba de pensar en mi mujer, en
cuánto la quería y me hacía disfrutar en la cama, de sus halagos
diciéndome lo bueno que era en la cama, pero sólo me venía la imagen
de aquella teta de perfil de su hermana…

Estaba tan concentrado en masturbarme que no oí cuando Estíbaliz se


despidió de su amante ni cuando entraba en donde estaba. Cuando me
puso la mano en el hombro me sobresaltó. Acercó inclinando su cabeza
lentamente a mí por si la rechazaba, pero no pude hacerlo.

Abrí mi boca para recibir sus labios y luego ella la abrió también.
Nuestro beso se fue caldeando y nos abrazamos mientras ladeábamos
nuestras cabezas cerrando y abriendo la boca y entrelazando nuestras
lenguas haciendo que los chasquidos sonaran de modo que parecía que
nos estábamos comiendo desesperadamente.

No sé cómo se me despegó de mis labios para despojarse de su


camiseta larga con la que estaba vestida. Contemplé sus pezones
sonrosados y me abalancé sobre ellos succionándolos con avidez. Ella
me acariciaba el pene y sobre todo el glande con suavidad, llevándose la
mano a la boca lamiéndolo provocativamente y con ganas mientras se
dejaba arrastrar por mis lametones y apretones en sus senos. Bajé la
punta de mi lengua por su esternón, su estómago, su ombligo, su coño
depilado en una sugerente línea de pelos cortos.

El olor a mojado, a sudor, a flujos vaginales desatados hicieron que


enterrara mi boca en su vulva tras comerle los labios. Por suerte con el
otro había usado un preservativo y pude saborear sus jugos y tragarlos
sin asco. No tardó en correrse, según me indicaban sus espasmos.
Aunque me dijo que ya con sólo besarle los pezones ya se había corrido.

Ella quería corresponderme, pero yo necesitaba que mi verga


estuviera dentro de ella, así que reuní fuerzas para levantar su cabeza y
despegar sus labios de mi glande, que lo había dejado brillante y sin
goterones con una maestría insuperable. La tumbé en la cama y puse
sus piernas sobre mis hombros para facilitar una mayor y más placentera
penetración. La niña no paraba de gemir y de sollozar de gusto. Me decía
que era cierto lo que decía su hermana, que me había estado deseando
hace mucho, que era un semental. Yo, aunque muy excitado, no quería
dejar de disfrutar de aquella diosa tan pronto e intentaba aguantar lo más
posible.

Me aparté de ella y me senté en un sillón. Le dije que se sentara


encima de mí. Ella se puso a horcajadas y llevó las riendas del polvo.
Nos besábamos y ella se retorcía de gusto apretándome la verga con el
cuello de su útero o contoneándose en movimientos circulares.
Necesitaba ahora más ritmo y la levanté en volandas y la empotré contra
la pared.

Sus piernas se enroscaron en mi cintura y yo la acomodé en un


pequeño mueble para que sus nalgas reposaran en algo y me permitiera
centrarme en follármela sin estar destrozándome los músculos. Ahora
éramos dos animales en celo intercambiándonos saliva en nuestros
besos y sudor en nuestras manos apretadas recorriendo nuestras pieles.
Para redondear la faena, mi orgasmo coincidió con otro más suyo y hasta
que no derramé la última gota de mi semen dentro de ella, no salí de su
mágica cueva.

Más tarde, ya calmados y duchados y arrepentidos, me dijo que viendo


la peli porno se había calentado y había llamado a un ex, pero que el
polvo con él la había dejado más insatisfecha que antes. Vio que la había
pillado y fue a pedir su silencio, pero que al verme desnudo se le desató
la libido. No hemos vuelto a acostarnos y evitamos quedarnos solos por
si acaso, pero el hijo que espera no es de su novio, sino mío. Me lo dijo
el otro día, para que lo supiera. Es lo malo de no tomar precauciones y
ahora mi conciencia me hace sentirme bastante culpable.

333333

Una tarde como otras muchas, estaba solo en mi casa. Me acosté en


el sofá y me empecé a masturbar, llevaba un rato masturbándome
cuando de repente se abrió la puerta de casa y tras ella apareció el rostro
de una amiga de mi hermana, se llama Alba, tiene aproximadamente 22
años, es morena de estatura media, pelo liso a la altura de los hombros,
tetas no muy grandes, pero tampoco pequeñas, pero muy bien puestas.

Bueno el caso es que entró en casa (me supongo que estaría la puerta
abierta), y me pilló en pleno acto de masturbación, por lo que
rápidamente me subí los pantalones. A mí se me caía la cara de
vergüenza al pensar que una amiga de mi hermana me había pillado
masturbándome. Entonces me apresuré y me puse en pie y de mi salió
un disimulado “hola”, a lo que ella contestó “¿cómo te encuentras?”.

Yo me quedé parado al escuchar esa frase en tono de juego conmigo.


No salió ni una sola palabra de mi hasta que ella dijo:

-Tranquilo, no te preocupes, eso es normal en un chico.

Esas palabras me hicieron relajarme un poco, ya que me encontraba


muy tenso ante esa situación. La miré y me reí un poco ya que no sabía
que decir. Entonces ella se acercó a mí me cogió por el brazo y dijo:
-Venga anda saca esa gran polla que la tienes que parece que va a
estallar.

En ese instante ni me lo pensé y me quité los pantalones, entonces mi


polla quedó liberada y muy grande. Ella me empujó hacia el sofá y me
sentó, entonces me agarró la polla y se la metió en la boca y comenzó a
chupármela. Yo estaba en la gloria y estaba a punto de correrme, Alba se
dio cuenta de la situación y paró, entonces se comenzó a quitar la falda y
las bragas hasta que se quedó totalmente desnuda. Puso su coño
empapadito sobre mi boca y le metí mi lengua, ella emitía gemidos que
hacía que yo aumentara mi velocidad con la lengua hasta que ella dijo:

-¡Venga cabrón fóllame ya! ¡Métemela hasta dentro!

Entonces se subió encima de mí y empezó a cabalgar a gran


velocidad, ella gemía, pero continuaba a gran ritmo, hasta que de
repente se abrió de nuevo la puerta de casa.

Era mi hermana, se llama Yaiza, de pelo castaño claro, liso, grandes


tetas y aunque un poquito gorda estaba muy bien. Alba paró y se puso
de pie y se acercó a mi hermana y comenzó a besarla, esa situación me
daba mucho morbo, entonces mi hermana se arrodilló frente a mí y
comenzó a chupármela mientras Alba le comía todo su coñito.

Al cabo de un rato así se acostó boca arriba en el sofá y comencé a


follarla, primero despacio para que su coñito se adaptara y cada vez más
rápido hasta que estaba a punto de correrme y se lo hice, por lo que se
separó y se colocaron las dos en frente de mí de rodillas y comenzaron a
chupar las dos cambiando de boca en boca a cada rato hasta que no
aguanté más y descargué toda mi leche sobre sus bocas, se tragaron
toda mi leche sin dejar rastro alguno, después me la limpiaron y nos
vestimos.

Nunca pensé que podía follarme a mi hermana y a su amiga.


Repetimos esto casi todos los fines de semana y ya mi hermana se ha
follado a un amigo mío mientras yo me masturbaba.

33333
En una tranquila tarde de domingo, en la ciudad de Buenos Aires, la
señora María Rodríguez, una mujer de 38 años, de piel morena y cabello
negro rizado, estaba en el jardín trasero de su casa, disfrutando del sol.
María era una mujer de curvas generosas y ojos castaños, casada con el
padre de Felipe, un hombre de negocios que viajaba con frecuencia.
Felipe, de 19 años, recién había llegado a la universidad. Era un joven
alto, de piel clara y ojos verdes, con un cuerpo atlético.

Felipe salió al jardín, donde su madre estaba sentada en una silla


leyendo un libro. “Hola, mamá,” dijo, con una sonrisa tímida. “¿Cómo
estás?”

María levantó la vista y sonrió a su hijastro. “Hola, Felipe. Estoy bien,


gracias. ¿Cómo te va en la universidad?”

Felipe se sentó en la silla junto a ella. “Bueno, está bien. Me gusta,


pero es un poco difícil adaptarse.”

María puso su mano en su rodilla y dijo: “Lo entiendo. La universidad


puede ser un cambio grande. ¿Te gustaría un café?”

Felipe asintió. “Sí, gracias.”

María se levantó y fue a la cocina. Al regresar con dos tazas de café,


notó que Felipe la observaba con interés. “¿Qué pasa, Felipe?” preguntó.

“Nada, solo… tú siempre has sido tan amable conmigo. Gracias.”

María sonrió. “Eres mi hijastro. Siempre estaré aquí para ti.”

A lo largo de las siguientes semanas, Felipe y María comenzaron a


pasar más tiempo juntos. María lo invitaba a cenar y a ver películas con
ella. Felipe se sentía más cómodo en su presencia, y María disfrutaba de
su compañía.

Una noche, mientras veían una película, María se inclinó hacia Felipe
y susurró: “¿Te gusta la película?”
Felipe se giró hacia ella. “Sí, es interesante.”

María se acercó más y susurró: “¿Te gustaría ver algo más


interesante?”

Felipe se sorprendió, pero sintió una excitación inmediata. “¿Qué


tienes en mente?”

María sonrió y le acarició el brazo. “Algo que nunca has visto antes.”

Felipe sintió un cosquilleo en el estómago. “¿Qué es?”

María se levantó y extendió la mano. “Ven, te mostraré.”

Felipe la siguió hasta su habitación. María cerró la puerta y se volvió


hacia él. “Felipe, sé que esto es inusual, pero… he sentido una conexión
contigo. ¿Te gustaría explorar eso?”

Felipe tragó saliva. “Sí, quiero.”

María se acercó y comenzó a besarlo suavemente en los labios. Felipe


respondió, abriendo la boca y permitiendo que sus lenguas se
encontraran. María puso sus manos en sus mejillas y profundizó el beso,
explorando su boca con su lengua.

Felipe puso sus manos en la cintura de María y la acercó más a él.


María desabrochó su blusa, revelando un sujetador de encaje negro.
Felipe bajó la vista y se sorprendió por la vista. “Eres hermosa, mamá,”
susurró.

María sonrió y le quitó la camisa. “Y tú eres muy guapo, Felipe.” Se


inclinó y comenzó a besar su cuello, lamiendo y mordisqueando
suavemente. Felipe jadeó y se arqué hacia ella.

María bajó sus manos y desabrochó su pantalón, deslizándolos por


sus caderas. Felipe se quedó en bóxer, su pene ya erecto. María se
arrodilló frente a él y miró hacia arriba con una mirada traviesa. “¿Listo
para algo nuevo, mi amor?”
Felipe asintió, jadeando. “Sí, mamá.”

María tomó su pene entre sus manos y lo besó suavemente en la


punta. Felipe jadeó y se inclinó hacia adelante. María comenzó a lamer la
cabeza de su pene, moviendo su lengua en círculos. Felipe gimió y puso
sus manos en su cabello.

María empujó su pene más profundamente en su boca, tragándolo


lentamente. Felipe jadeó y comenzó a moverse hacia adelante y hacia
atrás. María lo tomó con ambas manos y lo empujó hacia atrás,
permitiéndole controlar el ritmo.

“Oh, mamá, eso se siente increíble”, susurró Felipe.

María lo miró a los ojos mientras lo chupaba, creando una conexión


intensa. Felipe sintió una oleada de placer y sabía que no tardaría en
venirse. “Voy a correrme, mamá,” dijo entre jadeos.

María sacó su pene de su boca y lo tomó con sus manos. “Quiero


sentirlo, mi amor,” susurró.

Felipe jadeó y le disparó su semen sobre el pecho de María. María


sonrió y se lo llevó a la boca, tragándolo todo. “Mmm, delicioso,” dijo.

Felipe se quedó allí, jadeando, mientras María se levantaba y le daba


un beso en los labios. “Eso fue increíble, mamá,” dijo.

María sonrió. “Lo sé, mi amor. Lo hicimos juntos.”

33333333

Mi nombre es Ignacio, pero todo mundo me conoce por Nacho. Soy un


tipo normal, es decir que me gustan mucho las mujeres. Estoy casado,
pero cuando se presenta la ocasión me apunto a lo que se presente,
obviamente con algunos límites estéticos.

Tengo casi 40 años y llevo 12 de casado con Olga, mi esposa. Un


hermano de Olga tiene una hija llamada Florencia que hoy tiene 23 años;
recibida de arquitecta después de una carrera brillante trabaja en un
estudio vecino a mi oficina. Sin ser una mujer físicamente espectacular
podría decirse que tiene sus atributos bien distribuidos. No es bonita de
cara, pero como siempre va sonriente tiene un encanto particular. Tiene
unos lindos senos, normales y nada de exuberancia en ellos, pero sus
piernas largas y estilizadas dan un excelente marco a su cola que es
singularmente atractiva por su tamaño y forma curvilínea.

Con Florencia siempre hemos tenido mucha química. Desde que la


conocí durante mi breve noviazgo hicimos buenas migas. Siempre
tuvimos una relación muy afectiva. En las reuniones familiares buscaba
permanentemente estar cerca mío, porque decía, que yo era su tío
favorito.

Dado que trabajábamos muy cerca, la relación se estrechó porque


más de una vez nos poníamos de acuerdo para viajar juntos en mi auto.
La dejaba en la casa de sus padres, camino a la mía, ocasión que servía
para conversar sobre muchos temas, incluido el sexo.

La situación había cambiado hace algunos días. Florencia en dos años


de duro trabajo, había logrado comprar un departamento para salir de la
esfera paterna. Demás está decir que está orgullosa porque lo considera
su primer logro económico.

El episodio que voy a relatar sucedió hace un par de semanas y aún


hoy no salgo de mi asombro y regocijo. Salía en mi auto pensando donde
cenaría porque era viernes y se avecinaba un fin de semana sin planes
porque mi mujer e hijos estaban pasando unos días de vacaciones fuera
de la ciudad. Al poco de hacer unos metros, veo a Florencia caminando.
Detuve el coche y le pregunté adonde se dirigía y si la podía acercar. Me
respondió que iba a su departamento y de mucho gusto aceptó que yo la
llevara, aunque me desviara de mi camino.

En el trayecto conversamos de varios temas triviales hasta que le


pregunté qué haría ese fin de semana. Me respondió que esa noche la
iba a dedicar al descanso porque había tenido una semana agotadora y
que recién al día siguiente saldría con unos amigos.

Cuando llegamos me preguntó:


—Tío, ¿no quieres bajar a conocer mi departamento? Te advierto que
es pequeño pero muy acogedor.

—Claro que sí, se lo mucho que te costó y lo orgullosa que estás de él.

Aproveché que en el camino hay una tienda de vinos y compré un par


de botellas frías de cava, para brindar por la compra del departamento. Al
llegar, Florencia me invitó a pasar revista de los espacios que no eran
muchos, pero ella los había arreglado con muy buen gusto. Me llamó la
atención que el dormitorio tenía una cama de dos plazas.

Mientras iba al baño por mis necesidades urinarias, Florencia entró al


dormitorio a cambiarse de ropa. En el baño, encontré un canasto para la
ropa sucia y al levantar la tapa para curiosear, vieja costumbre mía,
encontré unas bragas que seguramente mi sobrina había dejado por la
mañana. Me venció el instinto y no resistí la tentación de tomarla para
embriagarme con sus aromas, los que despertaron mi libido. Después de
olerla durante un par de minutos y pasarle la lengua en la parte que
cubre la vagina, la froté en mi verga y abandoné el baño recaliente.

Al salir encontré a Flor luciendo un juego deportivo que le quedaba


muy bien. El buzo le marcaba los senos y el pantalón su lindo culo. Le
pedí unas copas para beber el cava que previamente había descorchado,
y nos sentamos a conversar de temas varios sobre nuestros trabajos y
referencias a la familia.

En una pausa de la charla, Flor puso a funcionar el equipo de sonido


con temas muy suaves y melódicos. Copa va, copa viene, nos
empezamos alegrar. Sorpresivamente Flor me invitó a bailar unos temas
lentos. Como el espacio no era muy grande, bailamos en un sitio
reducido. Muy abrazados y apretados. Casi sin darme cuenta empecé a
empalarme, y mi sobrina al comenzar a sentir el roce de mi verga, en
lugar de separarse, se pegó más a mí, ubicando mi pene en su
entrepierna. Alentado por esa jugada, le di unos besos en el cuello que la
calentaron un poco más.

A partir de allí se desató lo que todos imaginan. Mis manos se


deslizaron para menear sus nalgas, a lo cual Flor respondió dándome un
cálido beso en mis labios. Ese beso inicial dio paso a otros más
apasionados. La tomé de su nuca para besarla más profundamente y su
boca se abrió a mi lengua para jugar ambas entre sí durante un largo
rato. Habíamos llegado al punto en donde la pasión se vuelve
incontrolable.

Dejamos el baile y nos sentamos en un sofá para seguir con nuestro


amoroso, abrazándonos y besarnos durante unos minutos. Del abrazo
pasamos a las caricias. Mis manos se posaron sobre su pecho para
magrear sus tetas y a decirle al oído lo mucho que me gustaba. De Flor
solo se oía una respiración profunda, amén de algunos jadeos y suspiros.

Levanté sus brazos y le quité el buzo para liberar sus senos del
corpiño dejando a la vista un par de tetas blancas hermosas y de una
suavidad exquisita rematadas por aureolas rosadas y unos grandes
pezones, que por su de estado de excitación, estaban duros. Los chupé y
mordí durante un buen rato. Los encontraba deliciosos. Mientras hacía
esto, me preguntaba que designo extraño me había dado esta
oportunidad de hacer el amor con mi sobrina.

Flor, a su vez no se quedó quieta porque una de sus manos se deslizó


por mi pantalón y se adueñó de mi verga para apretarla y acariciarla.
Volvimos a besarnos con pasión durante varios minutos hasta que Flor
me miró con sus hermosos ojos y señalando el dormitorio me invitó a
ponernos de pie. Me tomó de la mano y me dijo, ¿vamos?…

Le pedí permiso, y me fue concedido, para quitarle las prendas


faltantes. Desabroche su sostén y liberé totalmente sus senos, baje
pantalón hasta sus pies y por último sus bragas. Verdaderamente fue
una delicia ver a mi sobrina completamente desnuda. Lucía un cuerpo
maravillosamente juvenil con una piel blanca. Sus tetas, hermosas, eran
firmes y sus pezones apuntaban al techo. Su entrepierna se veía un
pelambre cuidadosamente recortado. En fin, un manjar delicioso listo
para disfrutarlo.

Me desnudé rapidísimo y me acosté junto a ella para retomar la sesión


de besos y caricias. El grado de calentura iba creciendo a medida que las
caricias se hacían en las zonas erógenas. Flor se había adueñado de mi
pene y lo meneaba logrando que éste se pusiera como un garrote. Yo
respondí con más magreos a sus senos, para luego meter mano en su
entrepierna, donde encontré una concha empapada de sus jugos.
Cuando ambos empezamos a sentir los síntomas de la llegada de un
orgasmo, pues los jadeos se hacían más profundos, comencé a besarla
por todo su cuerpo. Comencé desde su frente, para continuar por su
boca, cuello, senos, estómago, ombligo, hasta llegar a su entrepierna
para observar la delicia que el azar había puesto en mi camino. El
pequeño triángulo piloso daba marco a una vagina de labios externos
finos y colgantes como las alas de una mariposa. Adentro, una vulva de
color rosa pálido que enmarcaba su conducto vaginal que esperaba mis
caricias.

Demás está decir que la zona estaba totalmente empapada de sus


jugos. La visión era completamente hermosa y enloquecedora, Florencia
sabedora de lo que se avecinaba abrió sus piernas para facilitar mi
trabajo. De esa cueva fascinante emanaba un perfume de hembra en
celo que me trastornó, de modo que mi boca se posó allí para dar
comienzo a un festín de chupadas, lamidas y hasta suaves mordiscos
que tuvieron su punto culminante cuando liberé su clítoris para darle un
tratamiento especial de besos y chupones.

Florencia que hasta allí me venía acompañando con sus profundos


suspiros y prolongados gemidos, explotó con un tremendo orgasmo que
la hizo vibrar con todo su cuerpo, mientras me decía

—Qué locura que es esto. Cuanto placer, no pares por favor que estoy
en una nube y no me quiero bajar. ¡Es hermoso lo que siento, que locura!
Quiero más, más y más. No termines por favor. Sigue, sigue.

Y yo seguí. Y lo hice porque además de hacerla gozar a mi sobrina, yo


creo que gozaba más viéndola disfrutar de tal forma. Creo que en esa
tarea mi boca y lengua estuvieron más de diez minutos en los cuales Flor
se derramó un par de veces más.

El grado de excitación había llegado a su punto culminante y nos


preparamos para el ritual de la penetración. Su vagina palpitante parecía
que me llamaba a penetrarla. Levanté sus piernas sobre mis hombros y
apoyé la punta de mi verga en su vulva. La penetración fue suave y lenta,
tratando de gozar en cada milímetro de avanzada. Flor parecía estar en
otro mundo, sus ojos cerrados mordiéndose los labios y de su boca solo
se oían suaves quejidos y suspiros de satisfacción.
—Qué cosa tan hermosa, quiero ser tuya siempre. Métemela toda, la
quiero toda dentro de mí. Te amo tío Nacho, te amo. Sigue, sigue que
voy a explotar.

—Yo también te amo querida mía. También yo estoy gozando mucho.

—Quiero que me llenes de tu leche. La quiero toda.

—Ya voy mi amor, todo para ti.

Empujando al máximo de mis posibilidades llegué al momento en que


mi verga disparó una sucesión de chorros de semen que inundaron la
vagina de Florencia, mientras una sensación de alegría y lujuria se
apoderaban de mí. Al recibir mi entrega, Florencia se estremeció con otro
orgasmo total y atrayéndome hacia ella me abrazó fuertemente para
besarme.

Fue un polvo maravilloso que, aún hoy, pasados unos días, recuerdo y
vuelvo a sentir que mi verga se endurece.

Después el relax. De espaldas y tomados de la mano, nos quedamos


unos minutos en silencio, que Flor rompió para decir

—Qué bárbaro, ¿verdad’ Todavía no me cae la ficha, vos y yo acá en


mi cama lo más campantes y contentos. Debo decirte que me hiciste
gozar como nunca antes lo había experimentado. Creo que logramos una
comunión total. Yo te deseaba desde hace tiempo, pero no supuse que
eras tan fogoso. ¿Sabes una cosa? Me gusto ser tuya de esta manera.

—Florencia, querida, lo que acaba de pasar ha sido maravilloso. Me


gustabas mucho pero nunca pensé que yo podía llegar a esto. Fue un
regalo del cielo y una hermosa sorpresa que te agradezco mucho.
Merecemos otra copa de cava, ¿no te parece?

—Por supuesto, brindemos por nosotros dos y nuestro secreto


encuentro.

—Flor ahora que lo pienso, no nos cuidamos y yo me derramé…


—Olvídate de eso, yo tomo la pastilla. Mejor pensemos otra cosa.
¿Por qué no te quedas a cenar y a dormir conmigo esta noche?

—Excelente idea, yo no tengo planes y que mejor que quedarme


contigo toda la noche.

Después de pasar por el baño para asearnos, ordenamos una pizza


que llegó en medio hora, y de la cual no dejamos nada porque el apetito
que teníamos era feroz.

Eran pasadas las 10 de la noche cuando nos acostamos. Como


disponíamos de toda la noche Intentamos mirar una película, pero a la
mitad de la misma, coincidimos que a ninguno le interesaba y que
estábamos perdiendo el tiempo. Volvimos quitarnos la poca ropa que
llevábamos y quedamos desnudos uno al lado del otro. La locura que nos
llevó al primer polvo había cesado, al menos en mi caso, y dio paso a un
ataque de sensualidad que me llevó a pedirle que se pusiera boca abajo.
Fue en ese momento que volví a reconocer el regalo que me había dado
el destino.

Un cuerpo hermoso que empecé a acariciar muy lentamente


comenzando por su cuello. Mis manos, mejor dicho, mis dedos, se
deslizaron por su espalda sintiendo el calor de esa piel suave y tersa.
Pasé de su cintura a sus pies. Mi lujuria se desató y besé sus pies y
piernas hasta llegar a su trasero. Me deleité con su forma y lo llené de
besos, para luego abrir sus piernas y acariciar su entrepierna en la zona
próxima a su vagina. Mi sobrina hizo su parte para ayudarme empinando
su culo. Toqué sus labios externos y Flor se estremeció. Seguí y mis
dedos buscaron el refugio de esa vulva apetitosa.

Miraba sus pliegues y el brillante rosado que se volvía a ofrecer a mi


apetito. No dudé y me dediqué a mamar con loca pasión ese rincón tan
apetecible. Estaba poseído, una y otra vez mi lengua pasaba por esa
superficie que tanto placer me producía. A la vez que mi lengua recorría
toda la vulva y el clítoris, mi boca succionaba y degustaba los líquidos
que Flor me brindaba junto con palabras de amor y pasión. Fue inevitable
que se volviera a derramar en un orgasmo que la enloqueció de placer.

Nos calmamos y vueltos nuevamente cara a cara, nos fundimos en un


beso interminable. Sin embargo, la lujuria y el deseo seguían latentes.
Ambos sabíamos que debía haber más, así que tímidamente primero y
con mayor intensidad después, volvimos con las caricias en las zonas
calientes.

Fue su turno. Se adueñó de mi verga que estaba durísima, la miró


atentamente por un rato para luego empezara besarla suavemente desde
su base hasta la cabeza. Eran besos cálidos que me gustaron mucho,
pero eso no era todo. Se llevó la punta del miembro a su boca y comenzó
a lamer y chupar, siempre en cámara lenta como midiendo mi reacción
que a esas alturas era de éxtasis total. Estaba en un paraíso de donde
no quería irme. Flor siguió su tarea y mientras mantenía la verga en su
boca, con su mano me hacía una paja también lenta. Cuando estaba a
punto de vaciarme en su boca, le rogué que se detuviera.

—¿Por qué, no te gusta?

—Ya lo creo que me gusta y mucho, pero si sigues, voy a acabar en tu


boca y tal vez no te guste.

—Si vos prefieres, paro. ¿Pero tal vez alguna vez pueda?

—Si mi amor, ya habrá ocasión. Ahora quiero volver a sentirme dentro


de ti y entregarte mi leche.

Me puse de espaldas y le pedí que se montara arriba mío. Entendió la


propuesta y rápidamente tomó mi falo y lo llevó a la entrada de su cueva.
Se deslizó muy despacio hasta que sus nalgas se juntaron a mis piernas.
Me miró con cara de complicidad y empezó a hamacarse en un sube y
baja que fue de menor a mayor, y donde poco a poco fuimos llegando al
paroxismo total, que fue el preludio de un orgasmo mutuo de brutal
intensidad.

El goce fue infinito y durante un buen rato permanecimos en esa


posición con mi verga dentro de su vagina hasta que ya perdido el vigor
se deslizó fuera. Flor se dejó caer sobre mí para volver a besarnos con
profunda intensidad. Luego de unos minutos nuevamente nos llamamos
a sosiego, puestos de espaldas y tomados de la mano.
—¿Sabes una cosa Flor? Creo que esta noche ha sido la mejor de mi
vida. Lo que me has hecho vivir excede todo lo anterior.

—Nacho, yo todavía estoy en una nube. Esta es una experiencia que


no creo que se pueda igualar. Sabes una cosa, te amo, te amo mucho.

—Y yo también pequeña. Tú eres un regalo en mi vida que no


esperaba. Me has vuelto loco de placer.

El dialogo siguió por unos cuantos minutos hasta que poco se fue
apagando debido al cansancio. Me puse en posición de cuchara con una
mano sobre sus tetas y así nos dormimos profundamente. El
agotamiento producido por el juego sexual nos había dejado sin fuerzas y
el descanso fue inevitable.

Nos despertamos cuando amanecía, siempre abrazados. Como si nos


hubiésemos puesto de acuerdo, apenas abiertos los ojos, nos
empezamos a acariciar nuevamente. La pasión había descansado y se
despertaba con todas sus fuerzas, razón por la cual casi ni hubo juegos
previos. Mi verga, recobrada su energía, dijo presente y buscó su
entrepierna. Florencia recogió el desafío y se dispuso a recibir al intruso.
Frente a frente la penetré mientras la besaba con pasión.

Estuvimos así largo rato. Mi verga moviéndose dentro de su cueva y


besándonos y cada tanto jurándonos amor. Fue un polvo mañanero lento
pero hermoso, fuimos llegando poco a poco al desenlace. Primero Flor
se descargó mientras me abrazaba fuertemente, y luego me tocó el turno
para volver a llenarla de mi leche.

Era mañana avanzada cuando decidimos levantarnos. Flor marchó al


baño para ducharse, mientras yo preparaba el desayuno. No quise
bañarme, porque como le dije a ella, quería llevarme puesto su olor y sus
jugos por un rato más.

Nos despedimos luego de otra larga sesión de abrazos y besos, con la


promesa de volver a repetir los momentos vividos.
Debo reconocer que me costó mucho retirarme, porque
verdaderamente había pasado una noche espectacular y deseaba
fervorosamente repetirla. Por fortuna, no tendría que esperar mucho.

33333

En la tranquila ciudad de Valencia, España, vivía la familia Rodríguez:


Elena, de 38 años, con su pelo castaño y ojos verdes, de cuerpo
curvilíneo y sensual; su esposo, Carlos, de 40 años, con cabello oscuro y
ojos marrones, de complexión atlética; y sus hijos, la joven Sofía, de 18
años, con cabello rubio y ojos azules, de cuerpo delgado y pechos
pequeños, y su hermano mayor, Diego, de 20 años, con cabello negro y
ojos castaños, de cuerpo musculoso.

Una noche, mientras la familia cenaba, Carlos miró a sus hijos y dijo:
“Sofía, Diego, es hora de que aprendan sobre el sexo. Es una parte
natural y hermosa de la vida.” Elena asintió, “Estoy de acuerdo. Es
importante que sepan cómo disfrutar de su sexualidad de manera segura
y placentera.”

Sofía sonrió tímidamente, “Papá, mamá, ¿de verdad están seguros?”


Diego, más seguro, asintió, “Sí, creo que es hora de que aprendamos.”

Carlos comenzó: “El sexo es una conexión profunda entre dos


personas. Primero, deben aprender a seducirse mutuamente.” Él miró a
Sofía y le dijo: “Sofía, te mostraré cómo seducir a un hombre.” Se acercó
a ella y la besó suavemente en los labios. Sofía cerró los ojos y devolvió
el beso. Carlos continuó, “El contacto visual es crucial. Mira a tu pareja a
los ojos y deja que tus manos exploren su cuerpo.”

Luego, se dirigió a Diego: “Y tú, Diego, te mostraré cómo seducir a una


mujer.” Se acercó a Elena y la besó en el cuello, luego en los labios. “El
beso francés es una forma poderosa de excitar a tu pareja.” Elena sonrió
y se dejó llevar por el beso apasionado.

Después de la cena, Carlos y Elena invitaron a sus hijos a su


habitación. “Ahora, verán cómo funciona todo,” dijo Carlos. Se sentaron
en la cama y Carlos comenzó a desnudar a Elena lentamente, besando
cada parte de su cuerpo que revelaba. “Eso es lo que llamamos
foreplay,” dijo. “Es crucial para excitar a tu pareja y prepararla para el
sexo.”

Luego, Carlos se acostó sobre Elena y comenzó a hacerle el amor en


la posición del misionero. “Mira cómo sus cuerpos se conectan,” dijo
Carlos. “Siente cómo el pene entra en la vagina y cómo ambos disfrutan
de la sensación.” Sofía y Diego miraban, aprendiendo cada movimiento.

Después, Carlos y Elena cambiaron de posición. Elena se subió


encima de Carlos en la posición de vaquera. “Esto es el cowgirl,” dijo
Carlos. “Permite a la mujer controlar el ritmo y la profundidad de la
penetración.” Luego, cambiaron nuevamente a la posición del perrito. “Y
esto es el perrito,” dijo Carlos. “Es una posición más intensa y permite
una penetración más profunda.”

Finalmente, Carlos y Elena se sentaron cara a cara en la posición del


69. “Esto es el 69,” dijo Carlos. “Permite a ambos socios disfrutar de la
estimulación oral simultáneamente.”

Sofía y Diego miraban, absorbiendo cada detalle. “Ahora es tu turno,”


dijo Elena. “Prueben lo que han visto.”

Sofía y Diego se acercaron tímidamente, pero pronto comenzaron a


explorar sus cuerpos con besos y caricias. “Siente cómo su piel
reacciona a tu toque,” dijo Carlos. “Escucha sus gemidos y responde a
ellos.”

Diego desnudó a Sofía lentamente, besando cada parte de su cuerpo.


Sofía gemía de placer. Luego, Diego se acostó sobre Sofía y comenzó a
hacerle el amor en la posición del misionero. Sofía gemía más fuerte, “Sí,
Diego, así, más rápido.” Diego aceleró el ritmo, sintiendo cómo su pene
se deslizaba dentro de Sofía.

Luego, cambiaron de posición. Sofía se subió encima de Diego en la


posición de vaquera. “Mira cómo controla el ritmo,” dijo Elena. Sofía
movía sus caderas, sintiendo cada pulso de placer. Luego, cambiaron a
la posición del perrito. “Más profundo,” dijo Sofía, “siente cómo me
llenas.”
Finalmente, se sentaron cara a cara en la posición del 69. Diego lamía
el clítoris de Sofía mientras ella le hacía una mamada. “Ummm,” gemía
Sofía, disfrutando de cada lamida. Diego gemía también, sintiendo cómo
su pene se hinchaba en la boca de Sofía.

Después de un tiempo, ambos alcanzaron el clímax. Sofía gritó, “¡Sí,


Diego, ahora!” mientras Diego gemía, “¡Sí, Sofía, juntos!”

Carlos y Elena sonrieron, satisfechos. “Bien hecho,” dijo Carlos. “Ahora


saben cómo disfrutar del sexo de manera segura y placentera.”

Sofía y Diego se abrazaron, agradecidos por la lección. “Gracias,


papá, mamá,” dijeron. “Ahora entendemos.”

33

Mi madre se había divorciado hace menos de 2 años y no tardó en


casarse de nuevo con otro hombre, desde que me lo presento sentí un
palpitar en mi coño.

Era alto, musculoso (pero no demasiado), con barba de candado y se


veía que cogía durísimo. Traté de llevar la relación lo más distante
posible y él igual, siempre fue muy indiferente conmigo, pero todo cambió
la noche que vi a mi madre entrar con un hombre y una mujer a la casa,
la curiosidad me comía, así que en silencio espié y mi sorpresa fue
grande cuando supe que ella se enrollaba con hombres y mujeres,
engañando a mi padrastro, esto me dio una luz verde. Si ella podía estar
con más personas, mi padrastro también ¿no?

Estaba harta de fingir que no soñaba con poder probar su rica verga,
mamársela hasta que me ahogara y me comiera toda su lechita, quería
que me la metiera tan duro y rápido, quería verlo comerme mi coñito y
venirme en su cara, no podía reprimir más ese deseo.

Así que a los días siguientes cuando llegaba del trabajo, yo


casualmente aparecía en la sala, sin sostén y playeras diminutas o faldas
que me hacían un culo espectacular, él siempre me veía serio, con su
mirada penetrante qué se perdía en mis pezones o en mi culito.
Una noche mi madre salió como de costumbre a cogerse a alguien
más y mi padrastro llegaría a casa en cualquier momento, así que tome
la oportunidad para poder cumplir mis fantasías.

Al abrir la puerta principal, lo primero que daba era la sala de estar, así
que me senté tranquila a esperar a que llegara. Traía puesto una falda
diminuta con una tanguita blanca qué apenas y tapaba mi ya mojadito
coño y arriba preferí estar sin sostén, así que mis tetas estaban libres y
mis pezones parados.

Cuando escuché el coche en la entrada, sin descaro me abrí de


piernas, moví tantito mi tanguita y me empecé a masturbar. Cuando la
puerta principal se abrió, no deje de masturbarme aun cuando mi
padrastro entraba con una rubia riquísima. Inmediatamente camino hacia
mí y me jalo del brazo hasta el cuarto de lavado, mientras la rubia salía
de nuevo de la casa.

—¿Me podrías explicar qué coño te pasa? —Seguía jalándome muy


fuerte del brazo y eso me excito aún más.

—¿Vas a ir a cogerte a esa puta? —Le dije mirándolo a los ojos, me


apretó un poco más y mi mirada lo recorrió, hasta ver el bulto qué se la
había formado en el pantalón.— Mejor cógeme a mí, yo puedo ser tú
putita. —Me acerque a él y le lamí la boca. Me soltó del brazo y con una
mano me tomó de la cara.

—¿Eso quieres? —Solo solté un gemido como respuesta y después


de eso me volteo bruscamente, haciendo que mis tetas quedaran encima
de la lavadora y mi culito parado. Se puso un cuclillas y empezó a
masajear mi trasero.

—¿Eso quieres, putita? —Me bajo la tanguita de jalón y de Inmediato


sentí su rica lengua en mi culito. Empezó a chuparme tan rico mientras
me nalgueaba.

No podía dejar de gemir, hasta que sentí sus brazos fuertes


cargándome. Me puso arriba de la lavadora y me pidió abrir las piernas
para él, así lo hice y en seguida me estaba comiendo el coño, lo hacía
tan rico…
—Espera, creo que… —Me quede callada porque sentí que me iba a
venir, su lengua tibia lamia mi coño rápido y sentía su barba, lo que me
calentaba aún más y me vine cuando sentí que me metió de jalón 3
dedos, le bañe la boca con mis jugos y él no dejo nada, eso me excito
aún más.

—Ven. —Me jalo del pelo y me arrodillo ante él, se bajó con pantalón y
los bóxers con una mano y sentí la gloria al ver su verga venuda y
parada, me la metí a la boca y empecé a mamársela mientras el me
empujaba más.— Trágate mi verga, putita, así.

Me sentía en el cielo, justo así quería que fuera esto, duro y aumento
más cuando con su mano libre me metió una cachetada qué me calentó
aun más, le escupía en la verga y luego volvía a mamársela como si
estuviera muriendo de hambre.

Antes de que se viniera me levanto y me recargo de nuevo en la


lavadora, abrió mis nalgas y me escupió en el ano, metió un dedo y gemí
durísimo, luego metió otro y de golpe me metió la verga en el coño y otro
dedo al ano y empezó a darme durísimo, me agarre de lo que pude, cada
vez me daba más y más duro mientras me nalgueaba fuerte. Luego me
volteo y me sentó en la lavadora me metió la verga y me empezó a
comer las tetas, me las chupaba, me mordía los pezones y me palmeaba
las tetas con sus grandes manos.

Yo por mi parte movía las caderas hacia adelante, quería que me diera
más duro.

—Más papi —al parecer eso lo excito más porque me empezó a dar
durísimo y también a cachetearme.— Méteme los dedos en el culo. —Le
pedí y de inmediato me volteo me abrió el culo y me penetro, al principio
me dolió, pero en cuanto paso el dolor me empezó a dar rápido y a
nalguearme. Me sentía como una puta y eso me gustaba, estarme
cogiendo a mi padrastro en el cuarto de lavado me mojaba aún más y
mientras me daba por el culo yo solita me empecé a masturbar.

Ni siquiera me contuve a gritar, gemir y pedir qué me diera más fuerte.


Sentía toda su deliciosa verga en mi culo y sus huevos chocaban con
mi coño, que rico sentía. Pare más el culo para sentirla más adentro,
quería que me diera tan duro qué no pudiera caminar al día siguiente.

—¿Te vienes en mi culito papi? —Escuché su gemido y al segundo


sentí como se descargaba dentro de mí y al sacarla como chorreaba
entre mis muslos. Me incorporé y quedé frente a él. Lo bese y me
correspondió mientras me cargaba con una mano y otra la metió por mis
nalgas hasta mi coño qué aun chorreaba de excitación, me metió los
dedos hasta que hizo que me viniera otra vez mientras lo besaba y me
excito más cuando lamio sus dedos saboreándome y luego me los dio
para que yo también los saboreara. Después me bajo, me dio una
nalgada y dijo que había sido una putita muy buena y que pronto tendría
que castigarme de nuevo por haber dejado a la rubia qué se iba a coger
afuera.

Y esa fue una de tantas veces, porque incluso cogí y con él y con la
rubia culona qué traía a casa cada que mamá salía, pero esa ya es otra
historia…

33333

En alguna ocasión, tuve un encuentro sexual con mi cuñado, él es


novio de mi hermana.

Mi hermana tiene unas tetas muy ricas, no grandes, no pequeñas,


pero muy bien formadas, unos pezones rosaditos deliciosos, tiene un par
de nalgas paraditas, amplias, redondas, y muy muy duras.

Siempre hemos dormido juntas mi hermana y yo, en el mismo cuarto,


somos muy discretas acerca de nuestra vida sexual, ella sabe que no soy
virgen, yo sé que ella tampoco, pero nunca habíamos preguntado algo
más acerca de nuestra vida sexual.

Mi hermana se da aires de pureza, pretende sonrojarse cuando


tocamos el tema del sexo, como si no supiera nada, sin embargo, en
ocasiones cuando me levanto (me levanto mucho más temprano que
ella) la veo dormida en su cama, destapada, con las piernas abiertas y
con una clara mancha en sus panties en la entrepierna, (lo caliente es de
familia definitivamente) en muchas ocasiones me ha despertado con sus
gemidos cuando se masturba a medianoche.

Desde que tuve el encuentro con mi cuñado, se me prendió la idea de


ver a mi hermana cogiendo con él, o aún más, cogernos a mi cuñado
entre las dos, pero con su hermetismo era prácticamente imposible.

Hace un par de semanas, nuestros padres salieron de fin de semana


con mis hermanos, solamente nos quedamos en la casa, Laura mi
hermana y yo, el sábado como a las 11 am llego Lalo, mi cuñado, Laura
bajó a la sala a recibirlo en pijama, yo me quedé en el cuarto arriba.

Después de 10 minutos de no escuchar nada de ruido, me asomé por


las escaleras en silencio, y vi a Lalo con la mano dentro de la pijama de
Laura, agarrándole la panocha, y la mano de Laura, sobando la verga de
Lalo sobre el pantalón (la tiene bastante rica)… en ese momento se me
ocurrió un plan, si ellos estaban calientes y yo también (como siempre)
haría lo posible por coger por ellos.

Me metí a bañar rapidísimo, mientras me bañaba imaginaba la


panocha peludísima de Laura (somos de mucho pelo, pero yo me la
rasuro) y me calenté muchísimo más, termine de bañarme, me puse una
blusa ligera, sin brassiere, y una falda corta sin panties, baje las
escaleras, haciendo ruido y alcancé a ver a Lalo que se metía la verga en
el pantalón. (que delicia).

Les dije que iba a un centro comercial y que me tardaría un par de


horas, me subí a mi auto y me fui a dar una vuelta, medio manejaba y
medio me masturbaba, estaba a 1000 % yo sabía que en cuanto saliera
ellos se pondrían a coger, mi idea era llegar en pleno acto…

Y sucedió, regresé a los 15 minutos, sin hacer ruido entré a la casa y


con cuidado me asomé en la sala, ahí estaban Lalo y Laura, los dos
completamente desnudos en un perfecto 69, Laura se comía toda la
verga de Lalo, y Lalo se acababa a lengüetazos la panocha de Laura.

La verdad es que mi hermana tiene una panocha preciosa, y muy


caliente, cuando los vi, comencé a frotarme el clítoris, yo estaba
demasiado caliente… entré en la sala repentinamente… mi hermana se
quedó fría, Lalo se levantó del piso y me dijo:

–Hola cuñada, ¿quieres un trozo de verga?

–Si no les molesta, les ayudo –les dije. Me acerqué a Laura y le dije–
no te preocupes, la calentura es de familia.

La tomé de la mano y la senté en el sofá, le abrí las piernas y procedí


a lamerle la panocha, fue la primera vez que probaba una panocha, me
supo deliciosa, Laura muerta de miedo se retorcía de placer, Lalo
inmediatamente, se subió al sofá y le puso la verga en la boca a Laura,
ella comenzó a mamar, estuvimos así como 3 minutos.

De repente sentí que Laura temblaba y se le contraían todos los


músculos, se estaba viniendo, sentí su panocha contraerse, (ella tiene
ese efecto llamado el perrito que cuando se viene contrae la vagina y
aprieta).

Lalo le sacó la verga de la boca a mi hermana, se bajó del sofá, se


puso frente a mis piernas, y me dijo “Cuñadita te lo voy a enterrar todo
frente a tu hermana”. Laura estaba muy sacada de onda, sin embargo
comenzó a agarrarme las tetas, Lalo me la clavó completa de un solo
golpe, yo agarré a Laura por las piernas y la senté sobre mi cabeza, para
seguirle mamando la panocha.

Ella besaba a Lalo y estaba hirviendo, Lalo me bombeó como 5


minutos y me dijo… “cuñada, ¿no crees que Laura merece atención?”.
“Claro” le dije. Lalo me acostó en el sofá, puso a mi hermana en 4, yo
poco a poco le llevé la cabeza a Laura hacia mi panocha, ella comenzó a
lamerla, riquísimo, mientras tanto Lalo le metió la verga y se la cogía
despacio.

Mi hermana se retorcía de gusto, se vino un par de veces y yo me vine


en su boca, pero mi cuñado, no contento con eso, le metió la verga en el
ano (mi hermana ni se inmutó) me di cuenta que le encanta culear, (yo
casi nunca me animo) mi hermana ya no podía seguir mamando.
Nos pasamos todo el fin de semana cogiendo los tres, pero dos días
después la calentura nos llevó a tener relaciones solas mi hermana y yo,
la verdad es que nos encanta, y casi todas las noches tenemos
relaciones.

Yo ya invité a mi novio a coger con nosotros, él me comentó lo de las


contracciones de Laura, dice que se siente delicioso cuando ella se
viene, que le aprieta la verga con la panocha y que pocas mujeres lo
hacen.

333333

Había una vez en Ciudad Juárez, una ciudad vibrante y llena de


contrastes, donde las fronteras entre lo permitido y lo prohibido a menudo
se difuminaban. Allí vivían Fernando, un apuesto joven de 23 años, de
ojos verdes y cabello castaño, con un cuerpo atlético y una sonrisa que
podía derretir el corazón de cualquiera. Fernando había llegado hace
unos meses para vivir con su padre y su nueva esposa, y su media
hermana, Valentina, que tenía 19 años, con ojos claros y cabello negro
como el ébano, y una figura delgada pero curvilínea.

La primera vez que Fernando y Valentina se encontraron fue en la


cocina de su nueva casa. Valentina estaba de pie frente al refrigerador,
con un vestido corto que dejaba ver sus piernas largas y torneadas.
Fernando, que había entrado sin hacer ruido, se quedó mirando,
hipnotizado por la gracia y la belleza de su nueva hermanastra.

—¡Hola! —dijo Valentina, volviéndose y sonriendo—. ¿Qué buscas en


el refrigerador?

—Oh, sólo estaba buscando algo para comer —respondió Fernando,


tratando de disimular su nerviosismo—. ¿Y tú?

—Solo un poco de agua —dijo ella, tomando una botella y cerrando la


puerta del refrigerador.

Fernando notó el brillo en sus ojos y el tono de su voz, suave y cálido.


Sintió una atracción instantánea hacia ella, algo que nunca había sentido
antes.
—¿Te gusta Ciudad Juárez? —preguntó Valentina, rompiendo el
silencio incómodo.

—Sí, es un lugar fascinante —respondió Fernando—. ¿Y tú? ¿Qué


haces en tus ratos libres?

—Me encanta leer y pasear por el río —dijo ella, con una sonrisa—.
¿Y tú?

—A mí me gusta correr y explorar la ciudad —respondió Fernando.

Así comenzó su coqueteo sutil, con conversaciones casuales que


lentamente se volvieron más personales. Cada vez que se encontraban,
había una chispa en el aire, una tensión que ambos sentían pero que
ninguno se atrevía a mencionar.

Una noche, después de que sus padres se habían ido a una cena,
Fernando y Valentina se encontraron solos en la casa. Fernando,
sentado en el sofá, observaba la televisión con una expresión distraída.
Valentina entró en la sala de estar, con una taza de té en la mano.

—¿Qué estás viendo? —preguntó ella, sentándose a su lado.

—Nada en particular —respondió Fernando, apagando la televisión—.


¿Y tú? ¿Qué estás haciendo?

—Solo disfrutando de una taza de té —dijo ella, tomando un sorbo.

Fernando notó el aroma de su perfume, una mezcla dulce y sexy que


lo envolvió por completo. Se giró hacia ella, sus ojos verdes
encontrándose con los claros de Valentina.

—Valentina —dijo él, con voz baja—. ¿Te has preguntado alguna vez
qué sería de nosotros si no fuéramos hermanastros?

Valentina lo miró, sorprendida por la pregunta. Su corazón latía más


rápido, sintiendo el mismo deseo que él.
—A veces —admitió ella, su voz temblando ligeramente—. Pero no
puedo permitirme pensar en eso.

Fernando se acercó más, su mano tocando suavemente su mejilla.


Valentina cerró los ojos, sintiendo el calor de su piel.

—¿Y si te dijera que no puedo dejar de pensar en ti? —susurró


Fernando, sus labios a centímetros de los de ella.

Valentina abrió los ojos, encontrando los de Fernando llenos de deseo.


Sin decir una palabra, se acercó y lo besó, un beso suave y cálido que
pronto se volvió apasionado. Sus lenguas se encontraron, explorando y
gimiendo de deseo.

Fernando la recostó en el sofá, sus manos recorriendo su cuerpo con


una intensidad creciente. Le quitó el vestido, dejando al descubierto su
piel suave y sus curvas perfectas. Valentina gemía bajo sus caricias,
sintiendo un fuego arder dentro de ella.

—Fernando —susurró ella, su voz llena de deseo—. Por favor, quiero


sentirte.

Él la miró, su deseo palpable. Se quitó la camisa, mostrando su torso


musculoso y sus pechos duros. Valentina tocó su piel, sintiendo su calor
y su dureza.

—Déjame prepararte —susurró Fernando, bajando hacia su


entrepierna—. Quiero que estés lista para mí.

Valentina se estremeció cuando su lengua tocó su clítoris, gemidos de


placer escapándose de sus labios. Fernando saboreaba cada centímetro
de su piel, haciéndola gemir y gritar de placer.

—Fernando —gemía ella—. Por favor, quiero sentirte dentro de mí.

Fernando se colocó entre sus piernas, su pene duro y listo. Con


cuidado, lo introdujo en su vagina, sintiendo cómo se ajustaba
perfectamente a su cuerpo. Valentina gemía de placer, sus manos
agarrando sus hombros.
—Dios, Fernando —susurró ella—. Eres increíble.

Fernando comenzó a moverse, sus caderas chocando contra las de


ella. Los gemidos de placer llenaban la habitación, sus cuerpos sudando
y jadeando. Cambiaron de posición varias veces, probando diferentes
ángulos y ritmos, cada uno más intenso que el anterior.

En el clímax final, Fernando se colocó en la posición del misionero,


mirando a los ojos de Valentina mientras la penetraba con fuerza. Ella
gritaba de placer, sus uñas marcando su espalda.

—Fernando —gritó ella—. ¡Ven dentro de mí!

Fernando sintió su orgasmo, su cuerpo temblando de placer mientras


llenaba a Valentina con su semen. Ella gemía de satisfacción, sus
cuerpos juntos y sudorosos.

Después de recuperar el aliento, se miraron, sonriendo y sintiendo una


conexión más profunda que cualquier otra cosa.

333333

Como en la ciudad donde vivo no se encontraban todas las carreras y


opciones para estudiar, mis padres decidieron mandarme a otra ciudad,
la verdad a mí me dio mucho gusto cambiar de ciudad y creo que lo
necesitaba.

Decidieron que me iría a vivir a casa de uno de mis tíos, que era
hermano de mi papá, entonces hice mis maletas y me fui de casa a
continuar mis estudios.

Donde llegue todo era medio aburrido, no era lo que pensaba, así que
siempre me quedaba en casa, viendo la televisión, era una casa muy
bonita, muy amplia, y con un jardín extenso, que fue donde empezó todo.

A mí me gustaba tomar el sol en el jardín, siempre me disponía a ir,


con un mini bikini, bronceador y un refresco, ahí me di cuenta que
alguien me espiaba, era mi tío que no desaprovechaba cada momento
para verme, primeramente, pensé está loco, ya que su esposa es en
verdad bellísima, pero después con un poca de malicia mía, fui
aceptando que me espiara.

Dejaba entreabierta la puerta del baño cuando me bañaba, y con solo


sentir su presencia, yo empezaba a acariciarme los senos, las nalgas, y
me enjabonaba siempre alzando una pierna para que se viera toda mi
vagina en su esplendor, de reojo veía que casi babeaba por mí, y eso me
gustaba; posteriormente dejé que me viera cuando me cambiaba de ropa
todas las mañanas, y la verdad que nunca me preocupó que lo viera mi
tía.

Después de todas esas exhibiciones, dije voy a darle un regalito,


entonces prepare todo dejando mi puerta entreabierta, me recosté
desnuda en la cama, cuando me percaté que estaba allí, entonces
empezó la función, primeramente me abrí de piernas, déjenme decirles
que tengo todo depilado, no tengo ni un pelo, y empecé a masturbarme
como loca, me introduje un dedo y después dos, estaba súper excitada,
después me puse boca abajo y me levanté en cuatro patas, entonces sin
dejarme de dar dedo, con mi otra mano ensalivé uno de mis dedos y
despacio me lo fui introduciendo en el ano, fui rico, tuve un orgasmo
fantástico, quedé en la cama agotada y súper cansada así que me dormí.

Así seguí, después con unos consoladores que había comprado, pero
esta situación ya me estaba aburriendo, entonces una tarde que se
encontraba espiándome, me levanté de la cama abrí la puerta de un solo
golpe, entonces le dije: “pasa y ayúdame”, le pedí que solo me ayudara y
que no me tocara.

Entonces me puse en cuatro, levantando mi trasero hasta su cara, y le


pasé un consolador y le dije “métemelo”, él lo tomó y de un solo golpe me
lo introdujo, yo sentí súper rico, y le pedí que lo moviera los más posible.

Posteriormente le di otro consolador y le dije que me lo metiera en el


ano, y lo hizo, pero también, pero muy duro que me dolió, entonces me
volteé y le dije que despacio, que me tratara bien y sin rudezas, así que
delicadamente empezó a moverme los dos consoladores, hasta el fondo
de mí; el consolador que se encontraba en mi ano entró tanto que lo
sentía en el estómago, sintiendo que me invadía todos mis intestinos,
después de un rato tuve un orgasmo espectacular, fue delicioso, grité
como una perra en celo; entonces me levanté, lo tomé del brazo y lo llevé
a la puerta de mi recámara, le di un beso en la nariz y le dije adiós y
cerré la puerta.

Dos días más tarde lo dejé entrar en mi habitación para que


hiciéramos lo mismo, la verdad a mí me gustaba verlo, y después lo
sacaba de mi cuarto, por último, opté por seguirlo, y entonces él se iba a
su baño a masturbarse hasta eyacular.

El tercer día lo volvimos a hacer, entonces cuando yo había terminado,


él inmediatamente se dirigió hacia la puerta entonces le dije, “espérame”,
y así como estaba parado, boté a sus pies una almohada y sobre de ella
me hinqué, entonces le abrí el pantalón y le saqué su pene, estaba súper
duro y súper húmedo, tira de su piel hacia atrás y en la punta se veía una
gota cristalina de líquido que salía de él, entonces con la punta de mi
lengua la tomé y me la comí…

Después me introduje esa magnifica tranca hasta el fondo de mi


garganta, sintiendo como latía rico cuando la aproximaba a mis anginas,
después empecé a chupársela como una loca…

Luego lo tomé por la base, lo alcé y me metí sus testículos a la boca,


primeramente, uno después otro, sin dejarlo de masturbar, después me
puse a darle lengua a la cabeza de su tranca, hasta que sentí un
espasmo, sabía lo que iba a suceder, entonces abrí lo más que pude mi
boca y un largo chorro espeso de semen hizo blanco en ella, me estaba
comiendo su semen, pero era tanto que separé su tranca de mi boca y el
resto me los echó en la cara y en mis senos.

Cuando terminó de eyacular le volví a tomar su tranca y con mi boca la


dejé totalmente limpia y seca, me puse de pie y sonreí, le di su beso en
la nariz y le dije que se lo había ganado y lo acompañé a la puerta.

Lamentablemente él salió de viaje por unos días, y me quedé con su


esposa, yo la notaba algo molesta y le pregunté que le pasaba, ella no
me quiso decir, pero me invitó a salir en la noche, salimos con sus
amigas y se nos pasaron las copas, al regresar a casa, le volví a
preguntar y al calor de las copas me respondió: “lo que pasa es que tu tío
es un puerco”; y yo le pregunté “¿Por qué?”. Ella me explicó que siempre
quiere sacarle videos de ella masturbándose y que siempre que tiene
sexo, él le pide que lo hagan con otras personas, de preferencia hombres
que la quiere ver chupando una tranca de un extraño.

Ella me preguntó que como veía la situación, yo un tanto


maliciosamente le contesté que no tenía nada de malo, que son solo
experiencias.

Pues resulta que pasaron los días, y mi tío volvió a casa, y seguimos
con nuestros juegos sexuales; pero resulta que recibí una llamada de mi
novio que venía de mi ciudad, entonces les pedí permiso a mis tíos para
que se quedara en la casa, a él no le pareció la idea, pero ella dijo que si,
que podía usar la habitación de los huéspedes. Llegó mi novio y como
llevamos una relación muy abierta le platiqué lo que estaba haciendo con
mi tío, él en tono de broma me dijo que mi tía estaba buenísima y que le
gustaría estar con ella, yo solo le di un empujón.

Entonces una tarde, mi novio entró en la recámara y empezamos a


desnudarnos, después de un rato de estar con él, me di cuenta que mi tío
se encontraba espiándonos, entonces le dije a mi novio que si lo
invitábamos, él dijo inmediatamente que sí, entonces me levanté de la
cama, fui a la puerta e invité a mi tío a que se uniera con nosotros.

Y así fue, de momento me encontraba acostada en la cama chupando


alternativamente dos trancas, mientras ellos me manoseaban toda,
después recosté a mi tío en la cama y me le monté, le di una cabalgada
bárbara, mientras mi novio estaba de pie enfrente de mí, mientras le
chupaba su tranca, después de un rato me pusieron en cuatro y
primeramente uno y después el otro me penetraban.

Fue delicioso los turnos que se daban conmigo, mi novio se recostó y


yo me le monté, y empecé a cabalgar mientras le chupaba la tranca a mi
tío; después de un rato le dije a mi tío, “por favor métemela por atrás, en
el ano por favor”, él se puso detrás de mí, y empezó a empujar hasta que
me la metió, estaba yo recibiendo una doble penetración, que hizo que
tuviera cinco orgasmos; pero ya no pude más, me dolía mi vagina y mi
ano…

Entonces les pedí que me sacaran sus trancas, lo hicieron y como una
vil prostituta me abalancé sobre los dos penes, dejando que ambos
eyacularan en mi boca, en mi cara y en mis senos, estaba súper
embarrada, toda llena de semen y cansadísima, así que me dormí y no
supe nada de mi hasta la mañana siguiente.

Al día siguiente los tres solo cambiábamos sonrisas durante el


desayuno, era domingo, mi tía dijo que iba a salir a ver a unos de sus
parientes y que regresaría por la tarde, mi novio y mi tío se sentaron en
el sofá de la sala para ver el fútbol, acompañados de varias cervezas; por
mi parte salí a tomar el sol como lo hacía frecuentemente.

Al regresar después de un rato ellos seguían sentados en el sofá, y


cuando entré se me quedaron viendo, puesto que entré en bikini, me
sonrieron los dos, entonces me dirigí hacia donde estaban ellos y me
hinqué, les saqué cuidadosamente a cada uno de ellos sus trancas, y los
empecé a chupar, sin prisa alguna.

Después de un rato estaba hincada en medio de las piernas de mi tío,


cuando mi novio se puso detrás de mí y me la metió, así estábamos
cuando de repente vi que mi tío tenía una cara de espanto, volteé y vi a
mi tía viendo lo que hacíamos, quien sabe cuánto tiempo tenía ahí, yo
me traté de separar, pero ella gritó que nos quedáramos así…

Entonces se quitó la ropa y me dijo “con permiso”, se metió en medio


de las piernas de mi tío, y se agachó y le empezó a chupar la tranca,
después me pidió que se la diera con mi mano, estuvimos largo rato,
entonces mi tía le pidió a mi novio que se pusiera de pie, ella le tomó la
tranca y de un solo bocado se la tragó, y siempre volteando a ver a mi tío
diciéndole que si le gustaba ver que su mujer era una puta chupadora de
trancas.

Como yo estaba adolorida del día anterior me separé y me fui a un


sofá sola, entonces vi que mi tía, como perra en celo se comía ambas
trancas, después se subió al sofá y le dijo a mi novio que se la metiera
por el ano; él se reincorporó y así lo hizo, tenía unos gestos de dolor,
pero después se fue moviendo más y más, de repente se separó de mi
novio y sentándose como si la cargara mi tío, dejando ir todo su peso, se
la incrustó en el ano, y abrió las piernas dejando al descubierto toda su
vagina…

Ella montaba fabuloso, tanto que me empecé a masturbar viendo lo


que hacía, entonces tomó a mi novio de su tranca e hizo que se pusiera
enfrente de ella, y que le hicieran una doble penetración, se veía
formidable, parecía que nunca lo había hecho, entonces les pidió a
ambos que eyacularan en su boca, los dos se desprendieron de ella y
apuntando sus trancas a sus bocas, la llenaron de semen, ella tragaba y
comió semen como desesperada, hasta que todo terminó.

Mi novio regresó a su casa, después de este encuentro mi tía se


dedicó a invitar a amigos suyos a que tuvieran sexo con ella y con mi tío,
una vez invitó a cinco y con mi tío seis, de vez en cuando me invitaban,
pero la verdad a mí ya no me gustó, porque perdí esas placenteras
tardes con mi tío.

333333

Amanece y el sol, descubre con su luz, a Micaela que regresa de una


fiesta en la playa.

Lugares de vacaciones que tantas colas han visto, apretadas en


pequeños pantaloncitos o sugeridas en las telas más finas de los
vestiditos. Tetas blancas en escotes de mujeres recién llegadas, tetas
con la marca del biquini que estuvieron toda la tarde al sol, piernas
jóvenes cruzando por las avenidas, esperando recostadas en autos
lujosos. Pueden olerse los pequeños detalles para seducir, unas uñas
francesas que arañan la piel de un desprevenido, unos aros en forma de
O que alargan un cuello, la pequeña rosa roja en el elástico de una
bombacha. Todos caminos al placer, todos altares al deseo.

A sus 18 años, Micaela atrae a los papás de todas sus amigas, a todos
sus profesores, a los señores que la cruzan en el colectivo. Puede sentir
la mirada de los hombres sobre su cuerpo, puede hacer listas según la
parte que eligen de ella. De alguna manera le gusta sentirse linda, pero
detesta a las personas agresivas y lleva para ellos un broche para
apuñalarlos.

Camina descalza y la calle de arena entibia la planta de sus pies. Los


pájaros festejan con su canto la llegada del día, y siente esa alegría
contagiarse a su cuerpo. Piensa en la brisa que entra por la ventana del
primer piso frente a su cama, papá dejo que eligiera habitación, aunque
sabía que eso enojaría a mama, y se estremece de pensar en el roce
fresco de las sábanas limpias.
Cruza, de costado, la tranquera apenas abierta y decide rodear la casa
para entrar por la cocina y evitar que vean a la hora que llega.

La fila de árboles al costado de la pileta brilla por el reflejo. El agua la


atrae y camina hasta el pequeño borde de cemento que la rodea. Su
papá alquilo esta casa por ellas, y por la pileta, como siempre repite
cuando se quejan de algo. Prueba con un dedo del pie la temperatura del
agua y después gira para meterse en la casa.

Se asusta cuando ve durmiendo a su papá en la hamaca de la galería.


Caído a sus pies hay un atado de cigarrillos y una lata de cerveza. Se
acerca en silencio y comprueba que su papá está en calzoncillos, esos
viejos. Es el único hombre que conoce que los sigue usando. Es una
prenda ridícula –piensa– pero por algún motivo no le entran ganas de
reír. Además la tela verde oscuro apenas llega a tapar lo que su papá
tiene debajo. Se da cuenta que está viendo algo importante y prohibido.
Mira nerviosa a los costados, pero sabe que su mamá duerme todo el
tiempo que pueda en vacaciones.

Abajo de la ropa a su papá se le dibuja la forma de una morcilla, o


esos chorizos que cocina algunos mediodías en la parrilla sin dejar que
nadie se acerque. Algo grueso y redondeado. Grueso. Imagina que con
un pequeño movimiento, apenas su uña agarrando el elástico, ese
monstruo saldría de donde está guardado, por el costado, se derramaría.
Se muerde los labios. Piensa que hace mal, que es asqueroso, un
pecado, una enfermedad psicológica, pero su cuerpo no puede
despegarse del contorno de esa pija.

Levanta un dedo, quiere arrastrarlo a lo largo del bulto que se marca


en la tela pero a mitad de camino lo desvía y se lo mete en la boca. En el
boliche, como estaba con las chicas el tiempo pasaba de otra forma, todo
era moverse entre otros cuerpos y sentir las miradas como si fueran
espejos pero acá, a la sombra de los árboles, vuelve a ser una nena que
descubre que su papá tiene la pija muy grande.

No sabe cuánto tiempo pasa así. El canto de los pájaros y el suave


sonido de su saliva empapando el dedo son los únicos ruidos.

Cuando su papá abre los ojos. Micaela se sorprende como si el mirarlo


hubiera tenido que durar más.
–Me quedé dormido corazón –dice sentándose en la hamaca y
apoyando los pies en el suelo. Ella sigue con la mirada al bulto que a
pesar de todos los movimientos, continua desafiante, como un gran
secreto que el cuerpo no puede esconder.– Llegaste recién… –bosteza–
no te acostaste todavía –pregunta más despierto, subiendo con la vista
desde los pies hasta los ojos de su hija.

–Hace un rato… me parece que me voy a meter en la pile antes de


dormir –y sin esperar gira y camina de nuevo hasta el borde del agua.
Allí, segura de la mirada de su papa, arruga el vestido hasta la cintura y
después se lo saca por la cabeza, estirando los brazos.

Muchos hombres le miraron el culo ayer noche. Muchos lo miraron en


su vida de pendeja, y apenas unos pocos lo acariciaron y jugaron con él.
Está muy excitada. Tiene puesta una tanga negra que eligió justamente
por cómo le marcaba la cola, como resaltaba la marca del sol haciéndola
parecer más blanca, y la tira de un top que uso para no quedar en tetas
con el escote. Se lo saca.

Todavía de espaldas aguarda unos segundos antes de hundirse en la


superficie celeste de la pileta. Quiere preguntarle papá se te puso más
gruesa, me mostras como esta de grande en ese calzoncillito antiguo que
no termina de tapar esa pija, y sacude apenas la cola. Un movimiento
que solo alguien que le esté mirando mucho el culo puede ver. Y espera
que lo vea.

Nada en lo profundo unos momentos, esta tan excitada que no siente


la frescura del agua, así que regresa al borde porque se quiere asomar.
Papá sigue sentado, con las piernas abiertas, y aunque no puede
adivinar su mirada puede asegurar que la mira a ella. Se empuja hasta
quedar con el ombligo apoyado en el borde de cemento. Sus tetas
cuelgan frente a su papa. Micaela espera que pueda ver las gotitas que
caen cuando tiemblan, y el borde marrón claro donde la teta se arruga en
los pezones.

La mamá grita desde la cocina. Micaela se hunde en el agua, se


queda pegada a la pared de la pileta con el corazón bombeando
enloquecido. Cuenta uno, dos, tres… y asoma la cabeza.
El papá ya no está. Ve la espalda alejarse rumbo a la calle. A su
mamá le gustan las medialunas recién hechas. Micaela estira su cuerpo
desnudo y cuando siente el calor quemar sus nalgas vuelve a hundirse.
La mamá sale al jardín con un termo de mate en la mano y la llama. Ella
pide una toalla y una remera, y sonríe satisfecha de la mujer en que se
está convirtiendo.

3333333333

Mi sobrina comenzó a contarme su historia:

«Aquella noche yo ya había hecho la ronda por los pub, la verdad que
ya estaba un poco cargada, entramos en… Estaba abarrotado y casi no
se podía ni dar un paso, en un momento siento una mano que me palpó
el culo, me giro y no veo a nadie que diese muestras de ser quien me
metía mano, sigo con mi baile y al poco siento que de nuevo me vuelven
a tocar el culo, pero esta vez más tiempo y de arriba abajo hasta casi la
entrepierna.

La verdad que me gustaba así que dejé que siguiera un poco más,
luego me doy la vuelta y observo que quien estaba detrás de mí era
Joan, el portugués, al cual conoces de sobra pues trabajó para ti. Me lo
quedo mirando muy seria y él se disculpó, me doy la vuelta y de pronto
me magreó una teta. Las tetas son el punto erógeno que más me excita,
yo le dejé hacer, lo cual creo que le sorprendió.

A mi aquello me estaba excitando y con la media borrachera que ya


tenía pues como que estaba más desinhibida. Pronto comenzó a
magrearme las dos, y eso me puso a mil. Ya no aguantaba más así que
le dije a mis amigas que me iba, lo cual les extrañó, pues aún era muy
pronto y normalmente éramos las últimas en retirarnos. Él me siguió a la
calle a cierta distancia y cuando ya estábamos algo alejados y se
cercioró que nadie nos seguía me abordó.

—Hola encanto

—Hola

—Veo que te gustó el magreo, ¿Quieres que te invite a mi casa?


—¿Para que, para follar?

—No mujer, no necesariamente, nos podemos tomar unas cervezas y


ver una película y charlar.

—¿Y qué diría tu mujer?

—Hace un par de meses que me abandonó, estamos tramitando el


divorcio.

—Vaya, lo siento.

En fin, que así a lo tonto lo fui acompañando hasta llegar a su portal,


abrió la puerta y lo acompañé a su piso. Entramos al salón, trajo un par
de cervezas y nos sentamos en el sillón. Comenzamos una conversación
sin importancia. Él se incorporó y puso una película en el DVD, y
encendió la televisión.

Aquella era una película porno sobre un trío. El comenzó una


conversación un poco subidita de tono, preguntándome si había hecho el
amor de tal o cual postura, la verdad aquella conversación, la película y
el alcohol me empezaban a poner a tono. Al poco se ve una escena en la
cual la chica se pone encima del chico y deja el culo en pompa para el
otro chico y ambos le meten las pollas uno por el culo y otro por el coño.

—Qué suerte tenéis las mujeres, tener tres agujeros por los que os la
puedan meter.

—Solo tenemos uno más que vosotros los hombres.

—Ya (se río él), pero también aguantáis más, sois capaces de tener
varios orgasmos y aun estar dispuestas a recibir más, en cambio los
hombres, echamos uno y tenemos que descansar para poder echar otro.

En fin, que entre conversaciones subiditas de tono me comenzó a


meter mano, cuando me quitó el sujetador y me comenzó a chupar las
tetas ya perdí mi conciencia. Me tumbó en el sillón y con una mano me
magreaba las tetas y con la otra el clítoris.
—¿Alguna vez has tenido dos pollas dentro? —Me preguntó

—No, de ninguna manera, pero si que me han dado por el culo varias
veces

—¿Te gusta?

—Me encanta, no tanto como por el coño, pero si me gusta.

En fin de vez en cuando mirábamos la película y de vez en cuando


seguíamos a lo nuestro. La película terminó y el enseguida puso otra,
pero también de tríos.

—¿Qué pasa que no tienes más películas?

—Si, pero me encanta ver cómo le meten dos pollas a una mujer.

En fin, que allí seguimos yo tumbada en el sillón, siendo magreada por


todo el cuerpo. Cogí su polla y me puse a menearla, me la metió en la
boca y luego se puso el debajo, me pidió que me pusiese yo encima y en
esa postura me metió su polla en mi coño. Me abrazaba muy fuerte
contra él, momento en que sentí en mi espalda otras manos, yo quise
darme la vuelta, pero no me soltaba.

—¿Qué vas a hacer?

—¿No te gustaría sentir otra polla?, este es mi amigo Alberto y entre


los dos te vamos a follar.

Yo conseguí zafarme y me senté, la verdad que no sabía que hacer, si


salir corriendo o continuar allí y más al ver que su amigo estaba muy
bueno y tenía una buena polla.

—He estado escondido, viendo cómo te mueves

Yo no salía de mi asombro, él estaba totalmente desnudo y con su


polla a la altura de mi boca, Juan me cogió la mano y la llevó a su polla.
—Anda no seas tonta, ya verás que bien lo pasas.

Yo de reojo miraba la película y observaba los gritos de placer que


tenía la chica… Juan agarrando mi mano hacía que lo siguiera
masturbando y su amigo seguía de pie con su polla apuntando hacia mí.
Me cogió la otra mano y me vi meneándosela a dos a la vez. Juan
comenzó a magrearme las tetas y su amigo a meterme dos dedos en el
coño, lo cual me puso a mil.

En fin que acabé siendo follada por uno mientras se la chupaba al otro,
al poco se cambiaban y cambiaban las tornas. Juan en el tercer cambio
me la metió poco a poco en el culo y el otro me metió un par de dedos en
el coño… ¡Me estaba encantando! Al rato y después de un par de
orgasmos por mi parte, Juan me puso encima de él introduciendo su
polla en mi coño, en esa postura deje mi culo a disposición de su amigo,
quien poco a poco me la fue insertando en el culo.

Al principio me dolía, pero cuando comenzaron a metérmela y sacarla


de forma rítmica me comenzó a gustar, creo que más por el morbo que
por el éxtasis. Ambos se corrieron sin sacármela. (Menos mal que tomo
medidas anticonceptivas). En fin, que al final se acabaron corriendo un
par de veces cada uno y yo quedé plenamente satisfecha, eso si con el
culo dolorido y escociéndome.

Días después supe por que Juan y su mujer María, se separaron fue
por que intentó hacer con ella lo mismo, y esta era tan recatada y católica
que no se lo consintió, de hecho, me dijo Juan que antes de hacer el
amor con ella se santiguaba y rezaba un padre nuestro y no todos los
días porque eso era lascivia.».

Después que mi sobrina me contó esa historia la verdad que yo ya


estaba de nuevo armado y dispuesto para un nuevo ataque, así que la
puse a cuatro patas y le di por el culo. Luego la tumbé y acabé follándole
el coño… Me corrí encima de ella. Descansamos un rato y ella comenzó
a hacerme una mamada de película, se la metí entre sus tetas y en cada
embestida me daba con su lengua en el prepucio. Mientras ella la
sujetaba entre sus tetas yo le metía un par de dedos en el coño y así
tuvimos una nueva corrida. Yo ya no podía más, nos duchamos, nos
vestimos y nos fuimos.
—¿Que te pareció, doy el aprobado? —Le pregunté.

—Estás por encima de la media —Dijo riéndose— Si mi tía se llegase


a enterar.

—Espero que no

—No te preocupes, soy una tumba, Si te contase quien me ha


follado… Y si mi tía supiese lo que es un trio, no daría crédito, con lo
conservadora y recatada que es.

Yo me sonreí pensando “si, si, si tu supieras quien es tu tía follando”.

Pero claro a ella no le iba a decir nada.

—¿Para cuándo quieres que repitamos?

—Mira tío, casi es mejor que no… Porque igual hasta se acaba
sabiendo. Ya sabes tanto va el cántaro a la fuente…, yo tenía el sueño
de tirarme a mi tío y ya lo he conseguido, no quita que a lo mejor un día
me entre la calentura de nuevo, pero por el momento creo que es mejor
dejarlo así.

—O sea que me has utilizado para poner una muesca más a tu


curriculum sexológico.

Ella se rió.

—Algo así ¿Te ha molestado?

—¡Que va ni mucho menos!

Nos despedimos con un par de besos en las mejillas y ahí se acabó


toda mi aventura con mi sobrina, ni tan siquiera se volvió a sentar a mi
lado en las fiestas familiares, pero para mi mejor, yo también cumplí uno
de mis sueños sexológicos, yo también puedo poner una muesca más, y
se acabó algo que podría convertirse en un peligro.
3333

Ya me había acostumbrado a ver como se cogían a mi esposa sin


consentimiento y con el mismo, no los culpo, tremenda morocha con
hermosos pechos, colita manzana y un tajito peladito parecía para la
ocasión, Noemi mi esposa, ya daba por hecho que fue la puta de varios
tipos.

Pero un día me sorprendí al llegar a mi casa y ver una bici en el


portón, al entrar veo sentado al hijo del portero donde trabajo, y mi
esposa arrodillada enfrente a él haciéndole una mamada, el como si
nada me saluda y dice que lindo que es tener una mujer así, la tendría
mamándome todo el tiempo.

Una vez que le lleno la boca de leche a mi esposa se fue como si


nada, cuando le pregunto a mi esposa, que es lo que pasa, me dice llego
con la escusa de invitarnos a la pileta, agradeciendo lo que hice la otra
vez, y que quería que le chupara o mostraría las fotos de la otra vez que
estuve con ellos a todos los vecinos.

Fue así que organizamos para ir ese sábado a la pileta pero yo por el
trabajo llegaría dos horas más tarde, al llegar veo que estaban en la
pileta para mi sorpresa estaba agarrada del borde de lo más hondo, y le
decían que si no se desnudaba harían qué se suelte, y ella no sabía
nadar.

Como me llamo la atención y me dio morbo no deje que me vean,


observando de cerca, ella termina aceptando, con lo cual se toma del
cuello de uno de ellos que la lleva hasta donde hacía pie, el aprovecha
para meter mano y besarla, a la vez obligando a cumplir la propuesta.

Fue así que sin salir de la pileta se sacó la parte de abajo de la biquini
y luego la parte de arriba, dejando ver sus hermosas tetas, los chicos fue
ahí que la rodeaban, sin dejar de tocarla y besarla como siempre el más
osado, que la tenia de frente vuelve a llevarla un poco a lo hondo
obligaba abrazarlo hasta con las piernas dejando la entradita de su
conchita servida, lo que aprovecha y se la mete de una fue así que se la
coge un rato hasta que ambos tienen un orgasmo.
Luego salen del agua y la llevan a un toallón en el parque donde
aprovechan de a uno pasar por mi esposa, en el momento que estaba
arriba de uno de los muchachos otro le hacía chupar, y el más osado,
vuelve al acecho poniéndose detrás y metiendo su pene en la colita
provocando qué grite poco de dolor y poco de placer fue así que
estuvieron un rato hasta que la llenaron de leche por todos lados, luego
aparecí yo le hacían como que nada pasó.

Al rato ella me dijo lo que pasó, al atardecer ya nos íbamos para mi


casa cuando vemos llegar en un auto al abuelo de uno de los chicos que
nos despidió amablemente sin dejar de ver el culo de ella sin disimulo.

Pero no termino acá la cosa, en el próximo relato cuento que pasó al


otro día.

3333

Empezaré por describirme tengo el pelo negro, ojos marrones-


verdosos, mido 1,91 m y tengo una compleción normal, ni gordo ni flaco y
siempre he tenido bastante éxito con las mujeres y también indicar que
soy del sur de España.

Esto que les voy a contar sucedió haces unos años mientras estaba
estudiando en la universidad, yo tenía 20 años. Tengo una prima que se
llama Marta, la cual es mayor que yo unos 10 años (al igual que sus
amigas), por aquellos entonces estaba casada y tenía un hijo. Ella es
castaña ojos negros, cuerpo atlético por el gym, un par de tetas que
quitan el sentido y un culo perfecto, vamos que es un pibón.

Pues bien, ella vive en una casa en el campo con jardín, piscina, etc.,
y cada vez que tenía un problema en el ordenador me llama para que lo
resolviera. Un día me llama diciéndome que le salía una alerta diciendo
que tenía 5 o 6 virus y no podía acceder a internet, que si podía
arreglárselo, a lo cual yo como es natural le dije que si, que iría el viernes
por la tarde después de comer.

Llego el viernes y estaba con una amiga suya, Mirian (rubia, ojos
verdes, un poco jamoncilla, un par de tetas de infarto, esta buenísima),
con esta amiga de mi prima siempre me he llevado muy bien y tengo
mucha confianza con ella, al igual que con mi prima, les di dos besos a
las dos y me dirigí al ordenador, cuando estaba viendo que ocurría al
ordenador entran las dos en bikini (que me quedé alucinado, cosa que
debieron notar) y me dicen:

Marta: ¿Cómo estamos con nuestros nuevos bikinis?

Yo: Genial, estáis guapísimas

Miriam: son nuevos, estábamos deseando que llegaras para que nos
dijeras como nos quedaban, pero por la cara que pones, veo que te han
gustado bastante.

Yo: (bastante cortado) la verdad es que estáis muy sexys con ellos, y
por el corte me volví para el ordenador.

Marta: Cuando termines vente, para la piscina que hace mucho calor
aquí.

Yo: no he traído bañador

Marta: no te preocupes ponte uno de Juan (su marido) se ha ido con


mi hijo todo el fin de semana a el pueblo con sus padres y n le hará falta.

Yo seguí con el ordenador y con un calentón que no se me quitaba de


la cabeza después de lo que acababa de ver. En 15 minutos estaba todo
resuelto, era muy fácil, cogí el bañador que mi prima me había dejado y
me dirigí a la piscina donde estaban las dos.

Al llegar mi prima Marta estaba tumbada boja abajo en una hamaca y


me fijé que tenía la parte del bikini desabrochada para no dejar marcas,
pero no le di importancia, y Mirian estaba bañándose en la otra parte de
las piscina, apoyada en el borde y solo se le veía la cabeza, por lo que
no podía ver su atractivo cuerpo. Las salude, y me tire a la piscina para
quitarme el calor y la calentura que tenía, hice un par de largos y me
puse en el borde a hablar con mi prima.

Yo: Marta ya tienes el ordenar ok, era sencillo quitar los problemillas
que tenías. En esto Marta con toda naturalidad se incorpora y me dejar
ver sus tetas, con toda naturalidad.
Marta: muchísimas gracias primito, que haría yo sin ti.

Yo me quede con la boca abierta y ella lo noto. Mi prima tenía las tetas
grandes y se veían duras con unos pezones de tamaño medio y que
apuntaban al cielo, Miriam tenía las tetas un poco caídas y con unos
pezones que parecían galletas María, para mi gusto las dos tenían las
tetas perfectas

Miriam llego por detrás y se agarró a mí, poniendo sus brazo en mi


cuello y cruz sus piernas por delante mía, yo estaba que iba a estaba, no
sé cómo el agua no hervía de lo caliente que me estaba poniendo, podía
notar perfectamente las tetazas de Mirian en mi espalda.

Marta: Espero que no te importe que estemos en topless no queremos


que nos queden marcas, y como tenemos confianza contigo hemos
pensado que no te importaría.

Miriam tenía sus pies encima de mi polla, que estaba a punto de


reventar por la situación, y la muy zorra no paraba de moverlos y dijo…

Mirian: Creo que por lo que estoy notando aquí abajo si que le importa
y mucho y las dos empezaron a reírse.

Mirian salió de las piscina y me dijo que me saliera con ellas, pero yo
les dije que no, que todavía quería un poco más de agua.

Miriam: mentirosooo, lo que te da vergüenza es salir del agua porque


estas empalmado (y era la verdad, eso me ocurría) que no nos vamos a
asustaaar, y se volvieron a reír las dos.

Yo todavía cortado por la situación y con una erección brutal me Sali


de la piscina y me tumbe en la hamaca que me habían dejado libre, entre
las dos.

Marta: joder Miriam, si que tenías razón, va a reventar el bañador ,que


bulto tiene.

Miriam: Felipe ¿por qué estas así? ¿Es por qué estamos en topless?
Dio esto tocándose ambas tetas con las manos y moviéndolas.
Yo no respondí, a todo esto Miriam me pide que le ponga bronceador y
claro no iba a negarme, se puse de espaldas y yo empecé a aplicárselo,
a todo esto suena el timbre de las casa y mi prima va abrir la puerta.

Miriam: Con lo que tienes ahí encerrado debes tener a tus amigas muy
contentas, ¿no?

Yo: a ver, hacemos lo que podemos.

Miriam: la verdad es que se podrían hacer muchas cosas (con cara de


perra en celo).

Yo estaba flipando, masajeando las tetas de una de mis musas, no me


lo creía, ella estaba con los ojos cerrados y emitió un pequeño gemido,
creo que lo estaba disfrutando igual que yo.

A todo esto aparece mi prima con otra amiga suya, Sora (morena
delgadita y con unas tetas pequeñitas pero muy bonitas). Nos saludan y
Sora va a cambiarse. Cual es mi sorpresa cuando también viene en
topless y dice:

Sora: Espero que no os importe, como estabais las dos en topless


también me he puesto yo.

Miriam: a nosotras no, pero a Felipe igual si, ¿te importa Felipito?

Yo: No, para nada.

Miriam se vuelve para que siga poniéndole el bronceador y me dice,


por favor ponme mucho bronceador en los pechos, que el año pasado se
me quemaron y me dolían mucho, me coge las manos y me las pone
sobre sus tetazas.

Miriam: Sora mira si le importa que estemos las tres en topless (dice
esto y me coge la polla por encima del bañador).

Sora: Joder Miriam y al pobre muchacho le está obligando a magrearte


las tetas, normal que este así.
Miriam: Perdona Felipe te duelen estos huevos (me los coge).

Yo: La verdad que empiezan a dolerme.

Dicho esto, me baja el bañador de un tirón me coge la polla y me


pregunta: ¿quieres que te ayude? No puede responder, empezó a
masturbarme ahí mismo.

Marta: Joder Miriam que bruta eres, además así vas a tardar mucho,
deja que te ayude.

Aparta a Miriam y empieza a mamarme la polla como una loca.

Marta: Joder primito que polla más rica tienes, ¿te gusta cómo te la
chupo? A mi me está encantando y me estoy poniendo muy cachonda.

Sora: Marta, si esta tan rica déjamela a mí un poco, estoy deseando


probar ese rabo. (empieza a chupármela), Marta sí que es verdad está
muy rica, esto hay que aprovecharlo, esta durísima.

Miriam: yo soy la que tengo que aprovecharlo, yo he empezado y


quiero esa leche en mi boca, así que aparta ya que yo todavía no la he
catado.

Dicho esto Miriam empezó a mamármela como un bebe hambriento,


mientras yo le comía las tetas a Sora, estaba a punto de reventar.

Yo: Miriam no te pares estoy a punto, diooos me estas matando con


esa boca de zorra que tienes . Ella solo me miraba y no dejaba de
chupar.

Miriam: Quiero tu leche, dámela, seré tu zorra, pero dámela ya quiero


saborearla.

Yo: Me corrooo…
Miriam no paraba de chupar y mamar mi leche, no quería dejar una
gota, sora gemía por la mamada de tetas que le estaba haciendo y
refregaba su coño bajo el bikini contra mi pierna.

Miriam estaba saboreando mi leche cuando de repente Sora le dice:

Sora: déjame saborearla a mí también, necesito tener ese sabor en mi


boca. Y empezó a comerle la boca a Miriam.

La verdad es que yo estaba en el paraíso, tres tías buenísimas en


topless delante de mí y peleándose por comerme la polla, yo estaba que
no me lo creía.

Marta: ¿primito te ha gustado?

Yo: joder me ha encantado, nunca me lo habría imaginado, se ha


cumplido el sueño de mi vida.

Marta: Cuéntame tus sueños (tocándome la polla todavía semidura).


¿has soñado alguna vez conmigo?

Yo: si, muchas veces

Marta: ¿te pajeas pensando en mí? Yo me he tocado pensando en


comerte la polla muchas veces.

Yo: sí, he soñado muchas veces en que te follaba hasta reventar, y me


la he cascado mil veces pensando en ti y en lo buena que estas (a mí ya
se me había quitado el corte).

Marta: (se quita el bikini) pues se acabó eso de cascártela pensando


en mí, a partir de ahora me follas y ve empezando por comerme el coño.

Empecé a comerle el coño coger que rico estaba, metía mi lengua, le


lamia el clítoris, le metía los dedos, ella gemía del gusto. Mientras las
otras dos empiezan a tocarme todo el cuerpo, sora empieza otra vez a
comerme la polla y Miriam me dice al oído:
Miriam: te voy a hacer algo que no olvidas.

Se chupa el dedo y empieza a acariciarme el ano, yo ya no podía


parar estaba que no podía recoger tanta información, yo comiendo el
coño a mi prima, sora comiéndome la polla y Mirian me estaba metiendo
el dedo por el ano, parecía un hombre orquesta, pero en plan porno.

Marta: primito como ves somos tres amigas muy diferentes, pero
tenemos cosas en común, las tres somos unas zorras calientes y las tres
llevamos años queriendo que nos folles, porque está buenísimo cabrón,
pero yo he puesto una condición.

Yo: ¿cuál prima?

Marta: Yo voy a ser a la primera de las tres que te folles, cada una de
las tres tiene un deseo y ese es el mío, ellas tienen otro que ya te irán
contando. Así que como ya te he dicho antes fóllame, y fóllame ya que
me tienes chorreando con esa comida de coño que me has hecho.

Pues dicho y hecho, me puse encima de mi prima y empecé a darle


con todo lo duro, joder que placer, mi prima me decía, más fuerte cabrón
que llevo mucho tiempo esperando esto y no quiero que pares dame
duro, yo la penetraba como un loco sin parar. Se puso encima mía y
empezó a cabalgarme, mientras tanto Sora me puso el coño en mi boca
para que se lo comiese y Sora se lo comía a Miriam (a esto lo llamo yo el
trenecito de la muerte). Mi prima saltaba me galopaba y gemía como una
perra.

Marta: Cabrón no te corras todavía que no puedo parar de sentirte


dentro de mi, que dura la tienes, me vas a desgarrar, aaah joder que me
voy a correr ya, no pares, aguanta, aaaah.

Y callo sobre mi exhausta, joder primo que bien follas y que calladito te
lo tenías. Yo no me había corrido todavía y a ver que mi polla estaba
mirando al cielo mientras le comía el coño a Sora, Mirian vino hacia mí y
me dijo:

Miriam: Felipe, ahora quiero yo mi deseo. ¿te has follado alguna vez
alguna mujer por el culo? ¿Te gustaría romperme el culo?
Yo: Miriam, nunca lo he hecho, siempre lo he deseado, pero todas con
las que he estado han sido muy reticentes al sexo anal, pero me
encantaría que tu fueras la primera, quiero partirte el culo hasta ver
sangre.

Esta última frase la puso a 100, me cogió la polla, la unto con aceite
bronceadora, se puso en el culo, y se sentó en mi polla, poco a poco se
la estaba metiendo, costaba bastante que entrara, lo que me producía
muchísimo placer, sentía como que me estaban arrancando la piel de la
polla, pero n me importaba. Por fin entro, ella tenía los ojos cerrados y de
repente se paró como 10 segundos y me dijo:

Miriam: ya la siento toda en mi culo, esta durísima, nunca había tenido


una polla tan buena, gorda y dura aquí dentro, espera un poco a que me
acostumbre para que no me duela.

De repente empezó a subir y bajar de mi polla, y fue aumentando el


ritmo, gemía como loca

Miriam: Felipeee como te siento dentro, me siento llena, aaaah, parece


que me vas a abrir en canal, siii, estoy a punto de correrme cabronazo.

La cogí la puse a 4 patas y empecé a taladrarle el culo con mucha


fuerza, a ella se le saltaban las lágrimas, no sé si por dolor o placer, creo
que por las dos cosas a la vez, empezó a gritar como un cerdo en una
matanza, Marta le comía el coño mientras la taladraba y se corrió como
nunca había visto correrse a nadie, de su coño salió un caño de flujo
viscoso que caía por mis piernas, yo estaba alucinando.

Yo: no puedo más estoy que me corro otra vez, no sé si puedo


aguantar más.

Marta: tienes que cumplir mi deseo, quiero que me folles otra vez el
coño y te corras dentro de mí.

Se colocó a 4 patas delante mía y empecé con un ritmo muy fuerte


para inundarle ese coño tan rico que tenía, hasta que me corrí, tampoco
había visto salir tanto semen de mi polla nunca, y más después de
haberme corrido una vez antes, fue increíble.
Sora: ¿cómo estas cielo? (me decía dándome besos mientras estaba
tumbado en la hamaca relajándome). Cada día que pasa estas más
bueno, nos tienes a las tres locas, ellas ya han tenido lo suyo, pero
todavía no te he dicho mi deseo, ahora descansa que luego te lo dire.

Nos bañamos en la piscina los cuatro y después echamos una siesta


los cuatro desnudos junto a la piscina, como a la hora de dormirnos me
desperté sora me estaba mamando la polla.

Sora: Vamos despertad, que ya habéis descansado bastante, ahora


me toca a mí pedir mi deseo. Quiero hacer algo que seguro le encantara
y no creo que lo haya hecho antes (saco un arnés del bolso, la muy puta
ya venía preparada) quiero follármelo yo por el culo mientras vosotras
dos le coméis la polla, pero cuando se vaya a correr debéis darme el
relevo, para que derrame toda su leche sobre mi lengua.

Miriam: yo te relevare.

Yo estaba a 4 patas, Sora empezó a chuparme el culo, yo le comía las


tetas a Miriam que estaba debajo de mí y mi prima le ponía el arnés a
sora. Sora empezó a meterme su polla de goma por el culo, me dolía
bastante, pero no me queje, me incorpore un poco y empezaron marta y
Miriam a chuparme los huevos y la polla, me estaba empezando a
gustar, aunque todavía me dolía un poco, a los pocos segundos me
encanto, era increíble nunca había sentido nada igual era fascinante, en
menos de 10 minutos estaba a punto de correrme y así lo indique.

Sora empezó a mamarme la polla, Miriam empezó a meter sus dedos


en mi culo y yo mientras le comía las tetas a mi prima. Me corrí, no sé
cómo todavía salía algo de leche, Sora no paraba de mamar me la
estaba dejando reluciente.

Sora: joder niño, esa leche es adictiva, deberías envasarla y venderla,

Jajaja, todos no reímos.

Mi prima de repente desapareció, y volvió a los 5 minutos con unas


copas de champan y una botella.
Marta: vamos a brindar. ¿Sabes por qué Felipin?

Yo: ¿por la follada que no hemos pegado, no?

Marta: No, por eso no, acabo de hablar con tu madre y le he pedido un
favor, como mi marido y el niño se han ido al pueblo, le he dicho que me
daba un poco de miedo quedarme sola aquí en el campo, que si podías
quedarte todo el fin de semana, a lo que ella me a respondido que sí, que
si tu no tenías problema que te quedaras, y le he dicho que te
preguntaría, pero imagino que te querrás quedas, ¿no?

Yo: Madre mía, claro que si, esto es un sueño hecho realidad.

33333

Unos días después de mi encuentro con Oscar recibí la orden de


conectarme al sistema de video que mi suegro había instalado en mi
casa, cuando me conecté apareció la cocina de la casa de Tina, en ese
momento llegaron, esta y nuestro, de las dos, cuñado Oscar, del que ya
he hablado en mi relato anterior. Tina le dijo:

-¿Te apetece un café, cuñado?, y con voz insinuante añadió, ¿O


prefieres otra cosa?

Oscar miraba a Tina con ganas y ante la pregunta respondió, con voz
insinuante:

-Creo que prefiero otra cosa.

Fue hacia donde estaba Tina, aparentemente el vestido que llevaba


esta no era insinuante, era largo y poco ajustado, pero lo cierto es que se
remarcaba el culo de ella, que lo tiene fantástico, Cuando llegó hasta
ella, sus labios se juntaron y se besaron de una manera no acorde con
su condición de cuñados. Él bajo su mano y le acaricio el culo mientras
decía:

-Menudo trasero tienes, cuñada.


Cogió el vestido de su cuñada y lo fue subiendo poco a poco, hasta
que llegó el momento en que el culo de Tina quedo a la vista, él se lo
acaricio mientras decía:

-Decididamente tienes un culo para comérselo, cuñada.

-Tu sí que estas para comerte, cuñado, respondió ella.

Él cambio de lugar para acariciar y sin dejar que el vestido bajara, solo
unas diminutas bragas tapaban el coño de Tina, se lanzó a por sus
pechos, mientras decía:

-Son pequeñitos, pero muy ricos.

Oscar subió a Tina sobre la encimera de la cocina y la sentó en ella,


primero le acaricio los pechos por encima del vestido, después la bajó las
hombreras de este y los pechos de Tina, que no llevaba sujetador, se
quedaron al aire, se les acaricio primero y luego se los comenzó a besar.
Y así estuvo un rato hasta que Tina dijo:

-Tú me estas tocando todo y yo aún no te he tocado nada, dijo Tina.

Y llevó una de sus manos hacia el cuerpo de su cuñado, primero le


subió la camiseta, y dijo:

-Como te cuidas cuñadito, se nota que vas al gimnasio.

Después bajo su mano hacia el pantalón, se lo desabrochó e hizo que


la polla de Oscar saliera de su escondite y añadió:

-Menudo pollón tienes, Genesis debe de estar muy satisfecha.

Y comenzó a acariciársela, así estuvo un rato hasta que Oscar la pidió:

-Cuñada tengo ganas de comerte el coño, quítate las bragas.


Ella lo hizo y Oscar agachándose un poco introdujo su lengua en el
interior del coño de su cuñada, que nada más recibirla comenzó a gemir
de manera muy intensa, mientras decía:

-Que bien lo comes cuñado, que envidia me da Genesis.

La lengua de él jugaba con el coño de ella, como había experimentado


yo pocos días antes, Oscar sabía comer el coño muy bien, su lengua
exploraba cada centímetro del sexo de su cuñada llevando a esta a la
gloria como reflejaba la intensidad de sus gemidos hasta que se corrió.

Tras este orgasmo Tina se bajó de la encimera y se arrodilló ante la


polla de su cuñado y metiéndosela en la boca comenzó a hacerle una
mamada, estuvieron así un rato, hasta que él dijo:

-Quiero follarte ya, y quiero hacerlo en la cocina.

Ella se levantó y terminó de quitarse el vestido, después se apoyó en


la encimera de la cocina y levantando una de sus piernas, su coño quedo
abierto, y ella dijo:

-Estoy a tu disposición cuñado.

Él de un golpe, desde atrás, introdujo su polla en el interior del coño de


su cuñada, que comenzó a gemir de una manera muy intensa, mientras
le preguntaba:

-¿Follas así con tu mujer?

Él le dijo que no que la vida sexual entre ellos era muy monótona, y
que llevaba tiempo queriendo follar con una mujer como estaba follando
con ella en ese momento, y siguió follándola con mucha pasión, los
gemidos de los dos se mezclaban, verlo era alucinante y no pude dejar
de llevar mis dedos hasta mi coño. De pronto ella le pidió:

-Cógeme en brazos.
Él no se hizo de rogar y sin sacársela la cogió entre sus brazos y
siguió follándosela, hacía falta mucha forma física para hacerlo como lo
hacían ellos y se notaba que lo estaban pasando muy bien, pero claro
era una postura muy cansada, y Tina le propuso que la colocará otra vez
encima de la encimera, él lo hizo, y en ese momento ella le propuso que
se sentara a su lado, los dos apoyados en la pared, ella se abrió bien de
piernas, y él, en una postura que me pareció muy acrobática, le volvió a
meter su polla dentro de su coño y siguieron follando, hasta que ella dijo:

-Quiero cabalgarte.

Se levantó de la encimera y en una postura que me impresionó se


colocó encima de él e hizo que la polla de su cuñado volviera a encontrar
refugio dentro de su coño. Y comenzó a moverse de arriba abajo, de una
manera deliciosa, daba gusto ver su culo mientras lo hacía, hasta que
ella dijo:

-Mi amor hacerlo aquí en la cocina es muy salvaje y excitante, pero


creo que los dos estamos un poco cansados, quizá en el sofá del salón lo
podamos hacer de una manera igual de excitante, pero más reposada.

Se levanto y cogiéndole de la mano, le condujo hasta el salón, una vez


que llegaron allí ella le pidió que se sentara, y arrodillándose ante él dio
comienzo a una nueva mamada para volver a poner en forma su polla
que con el traslado se había bajado un poco.

Los efectos de la misma se empezaron a notar pronto y la polla de


nuestro cuñado recuperó todo su vigor, en ese momento ella dijo:

-Bueno cuñado, volvamos a la tarea.

Y poniéndose encima de él volvió a cabalgarle, pero esta vez parecía


sentirse más cómoda, mientras los gemidos de él demostraban su
comodidad con la nueva situación, de esta manera continuaron follando
los gemidos de los dos eran cada vez más intensos, se notaba que ella
estaba teniendo a algunos orgasmos, hasta que Oscar dijo:

-Me viene.
Al oírlo su cuñada se salió y se volvió a arrodillar ante él, y se metió su
polla en la boca, su cuñado, apretó la cabeza de ella con fuerza, en esos
momentos por la expresión de su cara se notaba que estaba eyaculando,
ella aguantó la riada, sin soltar su polla, cuando Oscar terminó, ella se la
sacó de la boca y dijo:

-Menudo rio me has soltado en la boca, he tenido miedo de


atragantarme, tienes una polla divina.

Y volvió a besarla, mientras con la lengua la limpiaba cualquier resto


de semen, pero cuando terminó la operación de limpieza, ella no estaba
dispuesta a renunciar a su tesoro, jajaja, y siguió chupándosela, hasta
que él dijo:

-Cuñadita, eres una folladora excepcional, tu marido, aunque sea un


cornudo, tiene la suerte de tener una mujer como tú, pero ahora tengo un
capricho muy especial, quiero metértela por el culo.

Jajaja, se rio ella, y añadió, caramba, cuñado no te imaginaba de esos


gustos, pero desde luego para mí es un placer complacerte, así que
como lo perra, o lo zorra, que soy, aquí tienes mi culo.

Y tras decir esto se puso a cuatro patas y añadió:

-Soy toda tuya.

Él se puso detrás de ella, y llevando su polla hasta el culo de su


cuñada, Oscar la penetró por su agujero trasero, Tina comenzó a gemir
de nuevo, pero esta vez con más fuerza, se le notaba que estaba
disfrutando de la penetración, y continuaron follando, se notaba que Tina
estaba teniendo varios orgasmos, hasta que él se corrió y dejó su culo
lleno de leche.

En ese momento la imagen se fue, pero yo estaba tan caliente que no


pude dejar de poner mi mano en mi coño.

Unos días después el aviso de nuevas imágenes volvió a llegar y yo


me fui a verlas, y allí en la piscina del chalé de mis suegros estaba Tina,
con un pequeño bikini tomando en sol, en ese momento llegó un hombre,
era Tomas, otro de los contactos comerciales de mi suegro, se
saludaron, él era un hombre cincuentón y tener a mi cuñada con poca
ropa delante de él sin duda le estaba excitando y mucho. Tina le dijo:

-Tomas tú sabes que eres un socio muy importante para nosotros, y


queremos que te sientas muy a gusto, así que, dijo esto poniendo un
tono muy sensual, cualquier cosa que te apetezca, solo tienes que
pedirla por esa boquita,

Él parecía nervioso, entonces Tina dijo:

-Creo que sé lo que te apetece y te lo voy a dar.

Y antes de que él se diera cuenta de lo que sucedía se arrodilló ante él


y abriendo la boca introdujo la polla de su invitado en su interior, Tomás
se puso a gemir mientras decía:

-Que bien la chupas, ni mi secretaria lo hace tan bien.

Tina paró un momento y se rio y después continuó con la ceremonia


de bienvenida, hasta que dijo:

-¿Tu secretaria te la chupa o te hace algo más?

-Me hace de todo, dijo él.

-Pues yo también, dijo Tina.

Tina se levantó y se quitó primero la parte superior del bikini, y luego la


parte inferior, quedándose completamente desnuda, después se tumbó
sobre una de las hamacas que había cerca de la piscina, y se abrió bien
de piernas, y sonriendo, con una voz muy insinuante, le dijo:

-Soy toda tuya.

Tomas, ante la oferta que acababa de recibir no se lo pensó y dejando


que su bañador cayera también se quedó desnudo, la actitud de Tina le
había sorprendido y excitado, su polla estaba durísima, se acercó donde
estaba tumbada Tina, e introdujo su polla dentro del coño de mi cuñada.

Esta comenzó a gemir, mientras decía:

-Que suerte tiene tu secretaria, que disfruta de este pollón y la pagan,


jajaja.

Tomas seguía follando el coño de Tina, los gemidos de la chica


parecían estimularle, y siguió moviéndose dentro del coño de una chica
que por edad podía ser su hija, estuvieron un rato en esta postura, hasta
que ella dijo:

-Mi amor debes de estar cansado, déjame a mi montarte.

Él se la sacó ella se levantó de la hamaca, y él se sentó en su puesto,


Tina se puso encima e introdujo la polla de Tomas en el interior de su
coño, entonces comenzó a cabalgarle mientras el se ocupaba de sus
tetas, unas veces acariciándolas con sus manos y otras chupándoselas.
Se notaba en la cara de Tina como se estaba corriendo, cosa que ocurrió
varias veces, y hasta que Tomas dijo:

-No puedo más.

Al oírlo Tina se salió l se levantó y posteriormente se arrodilló, y por


último le pidió que se pusiera de pie, cuando lo hizo ella le acarició la
polla hasta que un chorro de leche salió de ella y se fue a estampar en la
cara de mi cuñada.

Estuvieron descansando unos minutos, los dos tumbados


compartiendo una de las hamacas, hasta que Tomas volvió a acariciarle
las tetas de Tina, diciéndole:

-Me encantan tus tetas.

-Son pequeñitas, dijo Tina.

-Si, pero preciosas, dijo él, y siguió acariciándoselas


-¿Tienes ganas de seguir follando?, preguntó ella

Él hizo una señal con su cabeza, y Tina llevó sus manos hasta la polla
de su acompañante comenzando a hacerle una paja, después
metiéndose la polla de Tomas en la boca, comenzó a chupárselas, se
notó como enseguida la polla de Tomás se volvió a poner dura, yo
contemplando la escena no pude evitar, como me había sucedido otras
veces, llevar mis dedos hasta el interior de mi coño y masturbarme.

Ellos ajenos a esto continuaban igual, Tomas después, procurando


que su polla no saliera de la boca de Tina, llevó una de sus manos hasta
el coño de ella y primero lo acaricio por fuera y luego introdujo uno de
sus dedos en él, ella acusó el golpe y dijo:

-Sabes como dar gusto a una mujer, tu secretaria tiene mucha suerte.

Luego siguió chupándosela hasta que Tomas dijo:

-Creo que mi polla ya está en forma, creo que ya es hora de que haga
otra visita a tu coño.

Y tumbando a Tina sobre la hamaca, se colocó encima de ella e


introdujo, nuevamente, su polla dentro del coño de mi cuñada, cuando
esta sintió el miembro de Tomas dentro de su sexo se puso a gemir. Él al
sentir los gemidos de mi cuñada redobló el ataque, mientras ella decía:

-Joder que bien lo haces, follas muy bien.

Él sin dejar de moverse dentro de su coño la dijo:

-No creo que Jacobo sepa la clase de nuera tan puta que tiene, si no
te utilizaría para hacer negocios.

Y seguía follándose a Tina, que se volvió a correr, mientras el seguía


moviendo su polla dentro de ella, pero una idea pareció surgir de su
mente y dijo:

-Me encantaría metértela por el culo.


-¿También eso se lo haces a tu secretaria?, preguntó Tina muy
insinuante.

-Por supuesto, dijo Tomas.

-Pues yo no voy a ser menos, dijo Tina, doblándose sobre la hamaca y


poniendo su culo en pompa.

Tomas al verla no lo dudo, y de un golpe metió su polla dentro del culo


de mi cuñada.

Esta no pareció sentir ningún dolor, se notaba que estaba


acostumbrada a recibir pollas por ahí, como la de Oscar hacía unos días,
jajaja, y Tomás al notar que ella disfrutaba se excitó aún más y aceleró el
ritmo, pero el culo de Tina parecía estar preparado para todo y aguanto
su ritmo, al rato ella le preguntó:

-Cariño que te parece si me dejas arriba a mí.

Él accedió y sacándosela se sentó en la hamaca, ella se sentó encima


de él e introdujo la polla de Tomas en el interior de su culo, nunca pensé
que esta postura fuera posible, pero ella lo hizo y comenzó a cabalgar la
polla de Tomas con su culo, como antes había hecho con su coño. Y yo
viéndolos no pude hacer otra cosa más que mover mis dedos dentro de
mi coño con verdadera rabia.

Ella seguía moviéndose mientras él decía:

-Tienes un culo fantástico para follársele

-Gracias, mi amor, será tuyo siempre que te apetezca, si te mantienes


fiel a las empresas de mi familia, por supuesto, dijo ella sonriendo.

Y siguieron follando por el culo de ella, que nuevamente volvió a


correrse, había perdido la cuenta de las veces que Tina se había corrido
esa tarde, hasta que Tomas dijo:

-Estoy a venirme, mi amor.


Lo hizo y el culo de Tina se llenó de su leche, en esos momentos el
sistema dejo de emitir imágenes.

3333

Quedan enfrentados por la única silla que no fue retirada del juego. El
papá mide un metro con noventa centímetros y con inclinarse ocupa la
mitad del espacio, y la amenaza con el cuerpo caminando en círculos.
Ella, vestido de novia desplegado, brazos con guantes al codo puestos
en la cintura formando un ángulo, se mueve y gira, lista para arrojarse
cuando pare la música.

Parecen haberse olvidado de los invitados, de la mamá, de sus


amigas, de su esposa y del marido de ella, de los amigos. Quedaron
solos en medio de la fiesta. Él parece incómodo, apretado en el smoking
alquilado, los músculos queriendo salir fuera. Ella se siente cómoda con
los cierres y broches que la ajustaban al vestido y dibujan su cuerpo en
un relieve sensual.

Cesa la musca, el papá se sienta, pero en un arrebato la arrastra con


él, la sienta en sus faldas, la abraza con fuerza.

-Te amo corazón -dice en el oído de su hija, la levanta, gira y la


deposita con suavidad encima del tapizado oscuro de la silla. Ella se
estira, lo besa cerca de los labios, Nadie lo ve, todos están nerviosos,
excitados, alegres.

Llega la hora de bailar. Sus amigas la agarran -no, no -interrumpen las


tías -la tradición -dicen: -tiene que bailar con el primer hombre de su vida.

Su papá la envuelve y lleva sus pasos. Es un poco torpe pero cubre


todo su cuerpo, sabe dónde apretar, tenerla agarrada, arrastrarla. Eso
siente. Sabe que exagera, que se engaña, que esta alzada desde que se
puso la lencería de bodas, pero la sensación está ahí, las manos que vio
arreglar lavarropas, hundirse en el motor del auto y en cualquier cosa
que se rompiera, la sostienen y bailan con su cuerpo como si la
reclamaran.
-Porque dirán el primer hombre… -pregunta y se siente muy puta, que
se insinúa, que coquetea. Pero su papá mira con los ojos turbios de
lágrimas

-Corazón… siempre fuiste mi nena… vos, la favorita… no se lo digas a


tu madre… -dice y aspira por la nariz como si pudiera tragarse las
lagrimas

-Quiero que sepas que aunque te cases con ese boludo siempre vas a
ser mía… -insiste.

-Siempre pa -se apura en contestar. Tiene miedo que los pezones


hagan un agujero en la tela del vestido, endurecidos en piedra y
agradece en silencio el consejo de su mejor amiga que insistió para que
usara un vestido largo. Siente los muslos pegajosos, traspirados.

Después la fiesta los devora. Bailan y comen. Vuelven a bailar. Hay


fotos, hay torta, hay una ceremonia para cada invitado que se retira de
saludos y deseos que tengan el matrimonio más feliz de la tierra.

Llega la mañana, el día, la implacable luz solar. Sebastián su marido


esta borracho, alegre, sus amigos no dejan de sacudirlo y empujarse o
subirse unos encima de los otros a modo de festejo.

Sus amigas le regalaron una noche en una habitación de lujo, antes de


partir d viaje de luna de miel.

-Picaros -festejan los amigos la partida de los novios

-Ay el amor -suspira la familia.

-Nena… cuidadito con lo que hacen… -sonríen sus amigas cómplices.

Las cortinas, los jabones pequeños formando una fila a lo largo del
borde de la bañera, un sillón veneciano en rojo y la cama, cubierta con
chocolates y pétalos, todo en la habitación pretende sugerir la pasión y el
deseo.
Sebastián se arroja vestido aplastando la figura de un elefante
formado con toallas y grita: -a dormiiir.

-ayúdame con el vestido amor -dice Micaela.

Como si fuera una mariposa, Micaela sale del vestido aunque en lugar
de alas, su piel blanca está cubierta de lencería oscura, un conjunto que
le regalaron sus amigas, simboliza la entrega le explicaron, cada cinta
que cruza su estómago o se ajusta a las piernas, cada elástico que
sostiene sus tetas o ajusta la cintura son los pasos que el marido tiene
que recorrer para acceder a su esposa desnuda. Ella se entrega como un
presente dijeron. Sebastián su esposo parece de esos nenes que se
duermen y abren los regalos al otro día porque después de quitarse el
pantalón y los zapatos se pone de costado y se acomoda para dormir.

Quiere ponerse a llorar. Es lo primero. Los sentimientos la atropellan y


la arrastran. Su cuerpo es la jaula de una gata en celo -una yegua
alzada-pronuncia bajito excitándose. En un impulso agarra el teléfono y
de pie frente a su marido que ronca suavemente, escribe:

-estas despierto pa -El silencio del mensaje la desespera. Apenas


pasaron segundos. Fue una mala idea -piensa- estoy enferma-. El
mensaje se tiñe de azul.

-Siempre corazón, estoy en la puerta de tu cuarto vigilando por si


aparece un dragón -dice y agrega varios emojis como un tonto.

-Entra entonces pa -contesta recostándose en la cama consciente de


estar casi desnuda y que ese casi, ese pequeño pretexto de tela
transparente, lo hace ver peor, más deseable que si lo estuviera del todo.

-Que pasó Micaela…

-veni por favor… -El papá no contesta o quizá, su respuesta sean unos
golpes a la puerta seis minutos después.

Con la mirada entiende todo. Es un hombre acostumbrado a desarmar


cosas, mirar y entender que necesita arreglo Relaciona las botellas sin
abrir, el esposo durmiendo, y las lágrimas que su pequeña estrella contra
su camina mientras la sostiene abrazada.

-Tranquila corazón ya llegué tranquila -dice tratando a su hija como si


todavía fuera una nena. Pero la mujer que tiene entre sus brazos usa una
pequeña tanga que por delante transparenta el pubis y los labios debajo.
Que la parte que cubre los pezones esta tensa y puntiaguda porque
creció, le salieron tetas.

-Llévame a la cama… por favor -susurra apagando las lágrimas y el


papa, la levanta en brazos como si fueran ellos los recién casados y
elige, un sillón amplio que está en la otra punta de la habitación para
recostarla.

-Espera que traigo para taparte -dice y por eso Micaela vuelve a llorar,
desconsolada. El papá se arrodilla y la agarra del tobillo. Son dedos, pero
es un grillete también. Cierran el círculo.

-Ojalá quede la marca, una quemadura -piensa y endurece todo el


cuerpo. Unas gotas de pis mojan la tanga.

-Te espero pa -contesta dominando sus deseos de acariciarse.

Cuando el papá la envuelve en un cubrecama blanco que encontró en


uno de los tanto muebles que hay en la habitación y la abraza contra el
asegurando que no va irse hasta que se duerme algo en su cuerpo
cambia. La tristeza se transforma en algo tibio, algo que parece venir del
pasado, que la tranquiliza.

Con un gesto desprende la parte de arriba del conjunto y sus tetas,


aparecen de pronto llenando toda la habitación. Se las está mostrando.
Sus tetas. No hay una excusa, necesidad, un motivo. Las tetas blancas
cuelgan y los pezones parecen captar todas las miradas de su papa

-Corazón… tapate -dice sin dejar de mirarla y con su mano acaricia el


pelo como si con un gesto tierno pudiera frenar el deseo.

Ella misma agarra la mano y la lleva a sus tetas. Siente que espero
toda la vida por esto. La toca como si la conociera por el olor. Hay algo
bestial. Sus manos sostienen y aprietan sus tetas, y para ambos los
recuerdos de todas sus remeras escotadas, que se ponía para mostrarle,
fingiendo barrer o agachándose para servirle el desayuno, las puertas
que dejaba abiertas para que la sorprendiera cambiándose.

Sebastián, el esposo, grita en sueños y la escena se quiebra. Gana la


culpa. Tenes que dormir corazón -dice- pero ella pide -por favor no te
vayas -y el promete quedarse hasta que eso pase. Ella se acuesta, el
papá la cubre para así dejar de ver el cuerpo sensual de su hija y para
alejar esas ideas ensaya caricias tiernas en las mejillas y el pelo.

Micaela atrapa la mano y durante un rato la mantiene entre las suyas,


amorosa, agradecida. Después la lleva debajo de la tela que la cubre, la
arrastra por sus tetas para llevarla entre sus piernas y atraparla.

El gesto parece casual, tierno, Micaela enrolla las piernas apretando la


mano con los muslos y se abraza al resto del brazo de su papa. Son
tantos los sentimientos que no alcanzan a pensarlos. Desfilan y cruzan
por su mente como antorchas. Los dedos raspan sus muslos y la tibieza
de su cuerpo envuelve la mano áspera. Quiere creer que es su cuerpo el
que empuja, el que busca, se hamaca. Cuando los dedos acarician la
rayita que se forma en la tanga acaba, tiembla, cierra las piernas y atrapa
más fuerte la mano de papá y eso provoca que aumente la fuerza con la
que se mueve encima de los cinco dedos apretados contra su pubis.

Es como si fuera un cuento. Acaba, babosa, acaba, la ropa se


confunde a la piel y el sueño a la realidad, acaba, cierra los ojos y acaba,
cabalga y acaba, muestra las tetas y acaba, la cola empuja buscando la
mano y acaba. Acaba y se duerme. No sabe cuándo pero cuando
despierta su papá todavía está ahí.

3333333333

Hace unas noches salí con mi hermano a tomar unas copas. Era un
martes cualquiera, la noche más calurosa del mes de agosto.
Terminamos de cenar con mis padres y Álex propuso la idea. Estaba
aburrido y yo también.

Tomamos el coche y fuimos a una terraza-bar de moda este verano.


Cuando íbamos a entrar, mi hermano se encontró con unos compañeros
universitarios y se paró a charlar con ellos. Pensé que se enredarían
contando batallitas y no me apetecía escucharlas. Le dije que me
adelantaba, que me buscara en la barra.

El local estaba envuelto en una neblina de luces de neón, un lugar


perdido en las afueras de la ciudad, donde el tiempo parecía detenerse
entre tragos de cerveza tibia y risas roncas. Caminé con el paso firme de
quien sabe que no pertenece del todo, pero que tampoco se siente fuera
de lugar. Mi cabello oscuro caía en ondas sobre los hombros, y el vestido
negro que llevaba, ajustado, pero no demasiado, dejaba entrever la curva
de mis caderas con cada movimiento.

El lugar estaba lleno, pero no abarrotado. Las mesas ocupadas por


grupos de amigos, algunos jugando al billar en la esquina, otros
inclinados sobre sus vasos como si el alcohol pudiera darles respuestas.
Me acerqué a la barra, pedí un gin-tonic y me senté en un taburete alto,
dejando que el murmullo del local me envolviera. Fue entonces cuando le
vi.

Estaba al otro lado de la barra, esperando a ser atendido. Con cabello


castaño revuelto y una barba de dos días, tenía esa clase de sonrisa fácil
que invitaba a mirarlo más de una vez. Llevaba una camiseta gris que se
tensaba ligeramente sobre los hombros, y sus manos, grandes y
ásperas, jugaban con un encendedor que no parecía encender.

No pasó mucho tiempo antes de que nuestras miradas se cruzaran por


primera vez. Luego aparté la mirada, fingiendo interés en mi bebida, pero
el cosquilleo en la nuca me dijo que seguía observándome.

—Disculpa, ¿este taburete está ocupado? —dijo una voz grave, con
un toque juguetón. Era él, ahora de pie junto a mí, con una botella de
cerveza en la mano y esa sonrisa que parecía prometer problemas.

Le miré de reojo, dejando que el silencio se alargara un instante antes


de responder.

—Solo si tú lo quieres —respondí.


Él rio, un sonido cálido que llenó el espacio entre nosotros, y se sentó
sin más preámbulos.

—Soy Lucas y no muerdo, aunque lo parezca —dijo con un brillo en


los ojos que no pasó desapercibido.

—No estoy tan segura de eso —respondí.

Lucas se inclinó un poco más cerca, lo suficiente para que yo captara


el leve aroma a madera y cerveza en su aliento.

—¿Y tú cómo te llamas, desconocida del gin-tonic?

—Laura —respondí, sosteniendo su mirada. No había razón para jugar


a la tímida, no esa noche.

La conversación fluyó con una facilidad que me sorprendió. Lucas era


el tipo de persona que hacía que todo pareciera ligero, con comentarios
rápidos y un humor que rozaba lo sarcástico. Pronto, vi cómo mi
hermano venía hacia nosotros. Le hice gestos disimulados con la mano
para que no se acercara. Él entendió y se colocó en el extremo de la
barra, precisamente donde había estado Lucas.

—¿Qué te trae a un lugar como este? —preguntó Lucas, sus ojos


oscuros clavados en mí. Había algo en su tono, una curiosidad genuina
mezclada con un desafío tácito.

Di un sorbo a mi bebida antes de responder.

—Quería escapar del aburrimiento y ver gente. Este lugar parecía


ideal.

—No lo es —dijo Lucas, apoyando un codo en la barra—. Pero


podemos arreglar eso. Tengo coche y ninguna prisa por volver.

La propuesta colgaba en el aire, tentadora y peligrosa. No era la


primera vez que alguien me proponía algo así, pero sí la primera vez que
sentía esa mezcla de adrenalina y deseo tirando de mí. Había algo en él,
en la forma en que me miraba, con una intensidad que aceleraba el
pulso, que me hacía querer decir que sí.

No obstante, dos cuestiones acudieron a mi mente, ahogándome en


un mar de dudas. La primera era si podía fiarme de un desconocido, por
mucho que lo deseaba. La segunda, si debía dejar plantado a mi
hermano. Desde que mantenía relaciones incestuosas con él, no había
estado con otro. Luego, cuando conocí al que ahora es mi novio, la
noche que participé con él y mi hermano en un trío, venía manteniendo
relaciones con los dos un día tras otro. Esta noche mi novio estaba fuera
de la ciudad en un viaje de negocios. Iba por el tercer día sin él, follando
solo con mi hermano, y esto me tenía subida por las paredes.

—Entiendo que quieres algo más que charlar —dije entre susurros.

Lucas soltó una carcajada, luego esbozó una sonrisa que apenas
curvó sus labios.

—Entiendo que tú también lo quieres —respondió él.

Sonreí maliciosamente y miré a mi hermano.

—¿Ves aquel tipo que hay al otro lado de la barra? —pregunté y


señalé tímidamente con el dedo. Lucas asintió con la cabeza—. Él me ha
propuesto lo mismo hace un rato. Me gusta, pero le he rechazado porque
está solo, hoy tengo ganas de jaleo y no me ha parecido suficiente.

Lucas soltó varias carcajadas, antes de responder.

—He venido con unos amigos. Alguno de ellos te gustaría, pero


imagino que prefieres a ese tipo.

—A los dos —respondí tajantemente.

Lucas aceptó de buena gana la propuesta. Luego fui a comunicársela


a mi hermano. Al principio se mostró reticente, pero terminó cediendo
ante mi insistencia. Quedamos en hacernos pasar por desconocidos
antes de presentarle a Lucas.
Minutos después, tras comprar una cajita de preservativos en una
máquina expendedora, salíamos del lugar, el aire fresco de la noche
golpeándonos la piel, mientras cruzábamos el estacionamiento hacia un
viejo Mustang negro que parecía haber conocido tiempos mejores. Lucas
se puso al volante, mi hermano en el asiento trasero y yo en el delantero.
Pronto el motor rugió a la vida, llevándonos lejos de las luces del bar y
hacia la oscuridad de las carreteras secundarias.

El interior del coche olía a cuero viejo y a algo vagamente dulce, como
si alguien hubiera fumado un cigarrillo aromatizado horas antes. Conecté
mi teléfono al equipo de sonido y elegí una lista de reproducción. La
ciudad quedó atrás, reemplazada por campos abiertos y el resplandor
ocasional de alguna casa lejana. El silencio entre nosotros no era
incómodo, sino cargado, como si cada uno estuviera midiendo al otro,
esperando el próximo movimiento. Había algo liberador en estar allí, en
ese coche con mi hermano y un desconocido que no lo era del todo.

Después de un rato, Lucas giró hacia un camino de tierra que se


adentraba en una pequeña arboleda. Los faros cortaban la oscuridad,
iluminando troncos desnudos y hojas secas que crujían bajo las llantas.
Finalmente, detuvo el coche en un claro donde la luna se filtraba entre
las ramas, bañándolo todo en un brillo plateado. Apagó el motor, y el
silencio nos envolvió, roto solo por el crujir del metal enfriándose.

—Esto es lo bastante lejos de miradas curiosas. —dijo Lucas,


girándose hacia mí con esa sonrisa suya.

Yo asentí, sintiendo el peso de sus miradas sobre mí. El aire dentro


del coche se volvió más denso, más cálido, como si el espacio entre los
tres se hubiera reducido sin que nadie se moviera.

—¿Y ahora qué? —pregunté, mi voz más baja de lo que pretendía.

Lucas y mi hermano intercambiaron una mirada, una conversación


muda que yo no pude descifrar. Luego, Lucas se acercó, su mano
rozando mi brazo con una ligereza que era más pregunta que afirmación.

—¿Qué te gustaría que pase?


Giré la cabeza hacia Lucas, dejando que mis labios se curvaran en
una sonrisa que era mitad desafío, mitad invitación.

—¿Preguntas qué me gustaría? —repetí, mi voz suave pero cargada


de intención—. Depende de lo que estéis dispuestos a ofrecer.

Lucas soltó una risa baja, un sonido que reverberó en mi pecho y que
hizo que el ambiente se sintiera aún más íntimo.

Álex finalmente habló, su voz cortando el aire como una navaja afilada.

—Ella no parece de las que se apresuran —dijo, y había un matiz en


su tono, algo entre admiración y provocación.

—¿Y tú qué sabes de mí? —respondí, arqueando una ceja. No era


una pregunta defensiva, sino un juego, una forma de probar sus dotes de
actor.

—Solo lo que veo —dijo Álex, sosteniendo su mirada sin parpadear—.


Y veo a alguien que no está aquí por casualidad, veo a una zorrita que
busca jaleo.

Su comentario me sorprendió gratamente, pero no respondí de


inmediato. En lugar de eso, me recosté en el asiento, dejando que el
cuero crujiera bajo mi peso, y crucé las piernas con un movimiento lento
que sabía que atraería la mirada de Lucas. Estaba disfrutando esto: el
control, la tensión, la forma en que los dos parecían orbitar a mi
alrededor. Había algo embriagador en ser el centro de su atención, en
sentir que el rumbo de la noche dependía de mí. Podía sentir el pulso
latiendo en mis muñecas, en la garganta, un ritmo que se aceleraba con
cada segundo que pasaba.

Lucas rompió el hielo, deslizando su mano por mi muslo, un


movimiento casual que no lo era en absoluto.

—Este coche tiene historia —dijo Lucas, sin romper la atmósfera—. Lo


encontré en un desguace hace un par de años. Estaba hecho un
desastre, pero yo mismo lo arreglé. Cada tornillo, cada pieza.
—Eres un manitas, pero, ¿qué otras cosas sabes hacer con ellas? —
pregunté consciente de que la conversación era solo una excusa para
prolongar el momento.

Lucas no respondió, siguió el recorrido de su mano por mi muslo hasta


la ingle, separé las piernas instintivamente, apartó la braguita a un lado, y
palpó con los dedos hasta encontrar el clítoris.

—Eso no son tornillos, aunque sí una pieza de mí —dije entre


gemidos—. Veo que tu mano también es experta con mi carrocería.

Giré el torso ligeramente, enfrentándome a ambos ahora: Lucas a mi


lado, con esa sonrisa que prometía caos, y mi hermano detrás,
sobándome los pechos con esa intensidad que parecía envolverme como
una sombra. El contacto fue suave, pero suficiente para enviar una
corriente de calor a través de mí.

—El espacio no es muy amplio que digamos —dije mirando el asiento


trasero—. Fuera no me parece buena idea. El suelo no tiene pinta de ser
muy cómodo.

Lucas miró a mi hermano por el retrovisor, una comunicación


silenciosa entre machos que yo empezaba a reconocer. Luego volvió sus
ojos hacia mí, más oscuros ahora bajo la luz de la luna.

—Podemos hacerlo uno primero y luego el otro —propuso Lucas, y


había algo en su tono, una mezcla de certeza y deseo, que me hizo
estremecer, tanto como sus dedos en el interior de mi entrepierna.

Gemí varias veces, al tiempo que me retorcía de gusto en el asiento.


Respondí entre susurros y jadeos.

—Me parece bien, pero prefiero turnos cortos, quiero que dure cuanto
más mejor, sin obviar los condones, sin ellos no hay nada que hacer.

Ambos aceptaron las condiciones, aunque me daba rabia que mi


hermano lo utilizara, pero había que guardar las apariencias.
Lentamente me quité la braguita, contorneando las caderas en el
asiento, luego el vestido y finalmente el sujetador.

—Si ya estaba buena vestida, no veas lo rica que está desnuda, Álex
—dijo Lucas devorándome con los ojos en la penumbra.

Incliné la cabeza hacia un lado, dejando que mi cabello cayera como


una cortina sobre un hombro. Luego repté entre los asientos igual que
una serpiente y esperé sentada en el asiento trasero a que Álex se
desnudara. Yo misma le puse un preservativo tras dedicarle una breve
mamada. No estaba para juegos previos.

—Clávasela hasta los cojones. Esta zorra debe tener buenas


tragaderas —alentó Lucas a mi hermano cuando se disponía a
penetrarme el coño, tumbada como pude en el asiento, con las piernas
en alto y bien separadas.

Así lo hizo mi hermano, lentamente arrodillado entre mis muslos.

—Sí que tiene buen fondo. Se la he clavado entera y presiento que


admitiría más —dijo Álex siguiendo el juego al otro-. La voy a follar hasta
que grite como una marrana la muy puta —añadió, excediéndose un
tanto, mientras me follaba intensamente.

—Yo se lo voy a llenar del todo —presumió Lucas—. El ojete también,


porque fijo que también lo admite por ahí, ¿verdad, zorra?

—Es lo que más me gusta —musité entre gemidos dichosos, sintiendo


la tensión de mis músculos, sin romper el contacto visual con él. Era un
gesto calculado, una invitación tácita, como si estuviera probando los
límites.

Entorné los ojos; podía sentir la intensidad de mi hermano, su


respiración acelerándose, más motivado de lo habitual, y temí que se
corriera llevado por la situación.

Le pedí que se apartara, apenas un instante después, y dirigí la mirada


a Lucas. Él no esperó una señal más clara: ya estaba desnudo, ordenó a
mi hermano que ocupara el asiento donde estuve yo minutos antes, y
ocupó su lugar tras enfundarse el preservativo.

Apenas me penetró y comenzó a entrar y salir, me sorprendió la rabia


con que me follaba, con una intensidad que contrastaba con la de mi
hermano. Había algo crudo en su manera de hacerlo, algo que hablaba
de contención liberada, y me perdí en este pensamiento, en la dualidad
de los dos, en cómo cada uno me hacía sentir cosas distintas, pero
complementarias.

El coche se convirtió en un mundo propio, un espacio donde las reglas


habituales no aplicaban. Las manos de Álex exploraban mis pechos
mientras Lucas me destrozaba el coño. Así no tardé en correrme como
una puta, gimiendo de gusto, gritando gracias repetidamente con cada
estocada de Lucas, suplicando entre sollozos que me llevara al éxtasis.
La música seguía sonando en el fondo, un eco distante que marcaba el
ritmo de mis latidos, el sonido de respiraciones, entrecortadas y
sincronizadas.

—Me temo que esta zorra tiene aguante para rato —dijo Lucas
recobrando el ritmo de la respiración—. Estoy sudando como un pollo.
Ahora no lo veo claro, es demasiado esfuerzo aquí dentro.

—No he querido comentarlo por no cortarte el rollo, amigo Lucas —dijo


mi hermano con cierta familiaridad—. Creo que sería mejor seguir afuera.

Lucas aplaudió la propuesta y yo también: encerrada con uno y otro


encima de mí, las fuerzas me abandonarían antes de lo razonablemente
deseable. Además, el aire dentro del Mustang se había vuelto espeso,
cargado de una mezcla de tensión y deseo que parecía envolvernos a los
tres como una niebla invisible.

Lucas abrió la puerta, me tendió la mano, tiró de mí para ayudarme a


salir y simplemente pidió que le siguiera. Había una autoridad suave en
su voz que no cuestioné.

Fuera, por el contrario, el bosque parecía contener el aliento, como si


el mundo entero se hubiera detenido para darnos ese momento. Me dejé
llevar, y acepté hacerlo de pie, introduciendo la mitad de mi cuerpo por el
hueco de la ventanilla abierta, sabiendo que esa noche no sería algo que
olvidara fácilmente.

Lucas se situó detrás de mí, tanteó la zona anal con la verga y la fue
clavando muy despacio. Entonces, como si tuviera vida propia, mi
cabeza se giró hacia él y le miré a los ojos, dos cuencas sombrías y
fantasmales, la expresión de su rostro una mezcla de diversión y algo
más profundo, algo que no decía en voz alta, pero que estaba escrito en
la forma en que sus labios se curvaban.

—¿Estás segura de que lo soportarás? —preguntó, su voz baja, casi


un murmullo, como si no quisiera que lo escuchase.

Confirmé y fui rotunda. No había duda en mí, solo una certeza, mi tono
tenía un filo juguetón que hizo que Lucas comenzara a encularme. Cada
movimiento era como una chispa que alimentaba un fuego lento, pero
inevitable.

Con medio cuerpo desnudo fuera del coche, el aire fresco de la noche
me golpeaba la piel, un contraste delicioso con el calor producido por las
acometidas anales. No tardé demasiado, y el suelo bajo mis pies crujió
con hojas secas, mientras Lucas me llevaba nuevamente al éxtasis con
un segundo orgasmo.

Mi hermano estaba apoyado contra el capó, observándonos con esa


sonrisa que nunca parece desvanecerse del todo cuando recibo una
buena sodomía.

Mientras Lucas cedía el turno a mi hermano y le animaba a partirme el


culo, salí por completo del coche y respiré profundamente. El suelo
estaba bañado en rayos de luz plateada, y los árboles alrededor
guardaban una formación perfecta, como guardianes silenciosos de lo
que estaba pasando. Entonces me sentí más segura y busqué mayor
comodidad.

—No me hagas esperar, Álex —dije al tiempo que me recostaba en el


capó, con los pies en el suelo ligeramente separados y los pechos
besando el frío metal.
—No hagas esperar a la dama —dijo Lucas—. Esta tía es más zorra
de lo que había imaginado. Nunca he conocido a una tan dispuesta y
desesperada porque le den por el culo.

—Yo he pensado lo mismo desde que salimos del bar -Afirmó mi


hermano—. Tiene el culo perfecto para admirarlo y joderlo —añadió
acariciándome las nalgas al tiempo que me enculaba en dos fases.

Mientras Álex me sodomizaba con cierta calma, como si recrearse


frente a su compañero de aventuras sexuales fuera una hazaña, me
sentí como una figura en un cuadro, atrapada bajo sus miradas, pero no
vulnerable, sino poderosa. Con este ánimo comencé a mover el culo
adelante y atrás, procurando penetraciones más profundas y ágiles,
jadeando, emitiendo gemidos, alaridos de placer que inundaban el
entorno como ecos, sonidos que rompían la quietud del bosque.

Lucas no decía nada, sus ojos clavados en mi culo, en la polla de mi


hermano que entraba y salía una y otra vez. Era una mirada que no
ocultaba nada, que decía más de lo que las palabras podrían, y sentí un
calor recorrerme la espalda, instalándose en las mejillas.

En un momento dado, caí en la cuenta de algo que había pasado por


alto. Ninguno de los dos puso el menor empeño en que le comiera la
polla mientras el otro me follaba. Me separé del capó, pedí a Lucas que
se sentara delante de mí, apoyé las manos una a cada lado de él y la fui
tragando hasta que desapareció dentro de mi boca. Luego simplemente
comencé a mamarla aprovechando los empujones de mi hermano al
sodomizarme.

—Creo que no puedo más —dijo Álex entre bramidos—. El culo de


esta puta te ordeña sin que puedas remediarlo.

—Atragántala con la leche, amigo mío —animó Lucas—. Quiero ver


como traga mientras le doy la enculada final.

Álex ocupó el lugar de Lucas, y este comenzó a darme por el culo


mientras yo mamaba la verga de mi hermano.
—Limpia la polla de Álex cuando se corra y no dejes ni una gota, zorra
—dijo Lucas mientras me enculaba, apoyando su pecho en mi espalda.
Notaba su aliento en la nuca, cálido y pausado, y luego sus labios
rozaron la piel sensible justo debajo de mi oreja, un contacto tan leve que
aceleró mis quejidos de dicha. Era una sensación abrumadora, estar
atrapada entre los dos: Lucas detrás, con su energía vibrante y sus
manos estrujándome las nalgas, y Álex delante, con su calma intensa y
sus movimientos precisos entre mis labios.

—¿Esto es lo que querías cuando decidiste venir con nosotros? —


preguntó Álex, justo en el momento en que me inundaba la boca de
semen. Su voz era ronca ahora, sus ojos fijos en los míos.

—¿Es esto lo que vosotros queríais? —pregunté mientras me relamía.

Álex no respondió con palabras, solo gemidos. En cambio, Lucas salió


del culo, me giró bruscamente para enfrentarlo, esta vez con rostro
enfurecido, como si quisiera borrar la sonrisa de mi rostro, y ordenó que
me arrodillara delante de él. Obedecí al instante, abrí la boca cuanto
pude y recibí en ella la verga de Lucas tras quitarse el condón.

—Cómeme la polla, jodida guarra —repetía mientras me follaba la


boca, las manos sujetándome la nuca, las mías aferradas a sus muslos.

El mundo se redujo a esta parte del bosque. Era un flujo constante de


sensaciones, de gestos que decían más que las palabras. Ni siquiera me
importaban sus calificativos, al contrario, los asimilaba como parte del
juego y reconozco que me gustaban incluso.

Cuando Lucas se vino, derramando varios chorros que me golpearon


la garganta, el sonido de sus gemidos se mezcló con el susurro del
viento entre los árboles. El aire olía a tierra húmeda y a pino, al aroma
más cálido y terroso que emanaba de Lucas. Era una combinación
embriagadora, tan real y tangible como el pulso que latía en mi corazón.

Lucas se apartó para ver cómo me relamía, sus ojos brillantes bajo la
luz de la luna.
—Eres una putilla peligrosa, ¿lo sabías? —dijo Lucas, y había una risa
en su voz, pero también algo serio, algo que sugería que no estaba del
todo bromeando.

—¿Peligrosa? —repetí arqueando una ceja mientras repasaba la


comisura de los labios con la lengua—. Habéis sido vosotros. Vosotros
habéis venido a mí, no al contrario. Solo quería tomarme un Gin-tonic y
mira como he terminado: bebiendo leche, con el coño y el culo bien
calientes.

Álex rio entonces, un sonido raro y profundo que vibró contra mi piel
mientras sus labios rozaban mi hombro.

—No creo que te hayamos metido en nada que no quisieras —dijo, y


su mano se deslizó por mi espalda, deteniéndose donde termina.

No respondí con palabras. En cambio, me giré hacia mi hermano,


capturando sus labios en un beso que era puro fuego, una respuesta a
su desafío tácito. Él respondió con la misma intensidad, sus manos
subiendo ahora por mi espalda, atrayéndome más cerca.

El bosque alrededor parecía desvanecerse, reducido a un telón de


fondo borroso. El aire fresco se mezclaba con el calor de las
respiraciones, y el sonido de nuestros movimientos —el crujir de ramas y
hojas, el roce de la tela al vestirnos, los suspiros entrecortados— llenaba
el silencio de la noche.

El cielo sobre nosotros estaba despejado, salpicado de estrellas que


brillaban con una claridad que solo se veía lejos de las luces de la
ciudad. Nadie dijo nada por un rato, y el silencio era cómodo, lleno de
una intimidad que no necesitaba palabras. Cerré los ojos, sabiendo que
esta noche, este instante, era algo que llevaría conmigo mucho después
de que el Mustang volviera a rugir hacia la carretera.

La moraleja del cuento es que me acordé varias veces de mi novio, y


en ningún momento pensé que le estuviera poniendo los cuernos.
Nuestra relación es abierta y aquella misma noche, aunque era tarde, le
llamé por teléfono para narrarle lo acontecido. Su reacción fue la
esperada, gratitud por no guardarlo para mí y felicidad porque lo disfruté
hasta extremos insospechados.

3333333

Mi prima Vanesa recién había llegado a la ciudad para pasar las


vacaciones con nosotros. Sus padres se estaban divorciando, así que
con todo el ajetreo burocrático, las discusiones y demás, ella decidió
marcharse y alejarse de todo aquello, recurriendo a la casa de sus tíos,
por encontrarse a cien metros de la costa y poder así disfrutar de la
playa, del verano, etc.

Hacia verdaderamente mucho tiempo que no la veía, supongo que es


lo que suele pasar con los familiares que viven en distintas ciudades,
pero ella había crecido y ¡ufff de qué forma! Sus 19 años había dibujados
unas caderotas de infarto, un culo prieto y unas tetas verdaderamente
bonitas, no demasiado grandes, pero lo suficientemente atractiva como
para no dejar de besarlas y mamarlas.

Hacía ya mucho tiempo desde mi última follada con la chica del


piercing, ella no había dado señales, así que no sé si fue por la carencia
de sexo en mi vida o por la presencia de mi prima en la casa, que no
podía evitar el mirarla con deseo, con ganas de cogerla, me la pasaba
con la verga en asta a diario.

Como soy tímido, no tuve iniciativa alguna, para mí era un verdadero


castigo el ver como cada tarde llegaba junto a mi hermana de la playa,
como traía un short cortísimo que casi se le metía entre la línea de sus
nalgas, el aroma a arena y sus pies descalzos, esta mujer me estaba
volviendo loco.

Ella pareció darse cuenta, o al menos eso hubiera querido yo, el solo
pensar en ella era suficiente motivación como para que mi mano pajease
mi verga y correrme, entre las ganas de deseo y las ganas de tenerla
montándome.

Finalmente o soy muy afortunado o alguien escuchó mis ganas,


porque un día mientras me pajeaba ella entró en mi habitación, sin
apenas avisar, entró descalza y desnuda, recién duchada, con el pelo
mojado y sin haberse secado el cuerpo, yo en seguida como un niño al
que su madre descubre ojeando revistas, hice ademán de ocultar mi pija,
pero eso fue secundario, cuando vi su desnudez, brillante por el efecto
del agua sobre ella. Era preciosa, tenía unas tetas bien paradas, de
pequeños pezones, pero bien firmes.

Ella me sonrió y comenzó a pasar sus dedos por los labios de su


concha, ferozmente, mientras jadeaba, yo me apresuré a cerrar la puerta,
porque mis padres y mi hermana estaban en la casa, cosas que a ella
parecían importarle poco.

Cuando hube cerrado la puerta, me dirigí a la cama, para sentarme y


contemplar tan magnífico espectáculo, pero ella me detuvo, me tomó del
brazo y llevó mi mano a su vagina, pudiendo sentir lo mojada que estaba.
Comencé a besarla, a besarle el cuello e introducir mi lengua,
mordisqueando el lóbulo de su oreja, mientras mi mano se sacudía duro
entre sus piernas.

Ella comenzó a restregar la palma de su mano en mi entrepierna,


atormentando la pija que creo que nunca llegó a bajar, que había estado
dura todo este tiempo. Ella contoneaba su cuerpo al ritmo de las
embestidas de mis dedos, ya húmedos y pegajosos, mientras soltaba
entrecortados gemidos. Yo hacía por calmarlos, por taparle la boca, pero
no podía parar de hacerla disfrutar.

Con mi mano libre, solté la correa de mi pantalón y liberé la polla,


incitándola a que me la menease, y ella lo hizo, deteniéndose en
ocasiones para pasar la yema de su dedo pulgar por mi glande,
erizándome de placer.

Ella comenzó a besarme duro, a morderme los labios, empujándome


hacia la cama y arrodillándose ante mí, metiéndose toda mi verga en su
boca, dándole embestidas de arriba abajo, deteniéndose y lanzado
lametones a la punta, lamiendo mis huevos, estrujándomelos al tiempo
que me la mamaba, era delicioso como hacía sexo oral. Me miraba,
mostrándome sus dientes y mordisqueando levemente el glande, para
arremeter de nuevo metérselo en la boca, hacía esfuerzos por lograr
metérselo todo en la boca, pero pese a no conseguirlo, era delicioso
sentirme perdido en su boca.
Estaba a punto para correrme, pero ella se detuvo, sentándose encima
de mí y frotando la punta de mi pija entre sus labios, para dejarse caer y
arremeter dentro de ella, no pude aguantar y me vino un orgasmo
tremendo, que me hizo incorporarme y abrazarla, mientras la sujetaba
casi inmóvil, ella sacudía su cola, haciéndome estremecer de placer.
Tuve que hacer verdadero esfuerzo de no soltar tremendo gemido, por
miedo a que mis padres se dieran cuenta.

Exhausto me derrumbé, aún dentro de ella, con lo que comenzó a


cabalgarme, gimiendo como loca, yo hacía por taparle la boca, pero ella
se zafaba, me clavaba las uñas en mi pecho, mientras yo estrujaba sus
tetas al tiempo que ella gemía y gemía más fuerte, síntoma de que
pronto le llegaría un orgasmos, intenté taparle la boca, para que nadie se
diera cuenta, pero era tarde, me di cuenta de que la puerta de mi
habitación estaba abierta y mi hermana nos miraba, al tiempo que se
toqueteaba sus tetas, y pasaba su mano por encima del short que tenía
puesto, me miró y con su dedo índice en su boca, me hizo un signo de
silencio…

Me hizo entender que sería nuestro secreto, seguidamente se metió


ese dedo índice en la boca y jugueteó con él mirándome lascivamente,
mientras mi prima me iba a llevar al borde de otro orgasmo, pero esta
vez junto a ella. Ambas se miraron y sonrieron, parecía que estuviera
todo preparado, pero ya bastante tenía yo con la gozada que me estaba
dando Vanesa y no me pude contener, era la segunda vez que me corría
dentro de ella.

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Hola, me llamo Martha, lo que le voy a contar me pasó exactamente


hace dos años, pero actualmente sigo viéndome con esa persona.

Yo estoy casada y estoy trabajando solo medio tiempo porque sigo


estudiando, sin embargo, mi esposo trabaja el tiempo completo, él tiene
un cargo alto donde es responsable de varias personas, por ese motivo
creo paso lo que les voy a contar

Era un día de invierno, cuando mi esposo se fue de viaje por dos días
(viernes y sábado), donde teníamos planes ese día sábado, al final tuve
que ir yo sola, a dicha fiesta porque era la fiesta de uno de sus mejores
amigos de él y la mía.

Ya el día de la fiesta me voy acompañada de una amiga, (ese día yo


me fui muy provocativa con un vestido azul corto, tacos y un escote), en
la fiesta con unas copas me di cuenta que el tío de mi esposo estaba
invitado, (les cuento un poco de él, es un chico de 37 años separado
hace unos meses y con sus dos hijas que se quedaron a su custodia; es
una persona alta de tez blanca medio robusto), aquel día nos saludamos,
compartimos unos tragos y le conté que por motivos de trabajo mi
esposo no asistió y que me acompañaba mi amiga.

Pasaron unas horas donde sequiamos compartiendo con mi tío, mi


amiga y unos amigos de él, al poco rato mi tío me confiesa que le gusta
mi amiga y creo que a mi amiga también de gustaba porque preguntaba
por mi tío.

Acabando la fiesta mi tío nos invitó a mi amiga y a mí y unos amigos a


su casa; compramos unos tragos y nos fuimos al lugar, antes de irme de
la fiesta yo estaba en conversaciones con mi esposo contándole lo que
ocurría, (mi esposo no es celoso ni nada de eso). Ya en la casa del tío,
compartiendo como a eso de la medianoche mi amiga se entera de una
llamada que su mamá se puso enferma; así que tuvo que irse de
inmediato, quise acompañarla, pero al final me quede, yo seguía
hablando con mi esposo por mensajes, donde me aviso que iba a llegar
de madrugada tipo 6 de la mañana del día domingo.

Nosotros seguimos compartiendo copas, hasta que uno de sus amigos


nos dijo que juguemos a “reto o verdad”, ya mareados todos aceptamos,
entre las preguntas y respuestas me toco uno que me calentó un poco,
donde me preguntaron si me gusta con “pelo o sin pelo” a la primera
entendí, pero lo único que dije es sin pelo, ósea calvos, nos matamos de
risa.

Al final tipo las 2 de la madrugada, se fueron sus amigos de mi tío yo


me quedé dormida tipo en el sofá y mi tío también se fue a dormir, a eso
me despertó el frio, me levanté tipo 4 de la madrugada, fui al baño a
mojarme un rato, al llegar al baño observe la puerta entre abierta donde
vi a mi tío en el baño saliendo de la ducha y observe su pene, la verdad
la tenía más grande que mi esposo, me puse nerviosa, sin imaginar lo
que ocurriría más adelante. Me quedé viéndolo por un rato, la verdad no
sentía atracción por mi tío ni nada de eso, pero al ver su miembro todo
cambio; mi marido en unas horas llegaba y tenía que irle a recoger de la
terminal aérea.

Toque la puerta y sin dudarlo el tío se tapó con la toalla, y me dijo que
pensaba que estaba dormida, entre y lo primero que hice fue decirle,
“gracias tío por taparme pero no tendrás una cama de más, es que me
hace frio”, respondiendo, si hija ahora te lo traigo, ya en la sala donde
estaba instalado, en el sofá y con el trago de más no me atreví a decirle
nada, sin embargo, el tío me dijo si había visto desnudo en el baño, le
contesté que sí, no sé qué paso por mi mente pero le dije que tenía un
gran pene, sonrió y dijo: eso que no lo viste completamente erecta,
sonreímos los dos.

Me atreví a decirle que si me puede mostrar su pene, sin decir nada


me agarró de las manos y poco después se bajó el pantalón me agache
sin pensarlo vi ese pene frente a mí, crecía poco a poco, él se sentó en el
sofá y vi que ese miembro crecía más y más, media alrededor de los 20
centímetros y un grosor mediando, era más grande que el de mi esposo,
lo toqué el no dijo nada ni se movió se quedó ahí sentado sin mirarme a
los ojos solo miraba el techo lo agarré con mis dos manos, que cubría
mis dos manos empecé a tocarlo, después a masturbarlo y sentía que
crecía más, tenía unas venas que sobresalían, yo estaba con mi vestido
azul y unas chinelas que me prestó y con mi saco.

Lo único que me dijo aquella madrugada fue, puedes usar tus tacos y
solo tu vestido; lo hice, no sabía lo que estaba haciendo solo lo hice,
volví a la misma posición me olvidé que me hacía frío, mi respiración se
agitaba más y más, le salió un poco de líquido de su pene seguro estaba
excitada igual que yo lo estaba, le mire de reojo pero el solo miraba el
techo, me atreví le di un beso en su pene y poco a poco lo bese hasta
llegar a sus bolas mi tío las tenía bien depiladas, cómo si se lo hubiese
rasurado ese momento, y de apoco empecé a chupárselo, en esa
posición estamos como 15 minutos saboree sus jugos me éxito más y
más y sentía como mi vagina empezaba a ponerse húmeda.

Me levanté mire a mi tío frente a frente nos acercamos y nos dimos un


gran beso, no le importo que mi boca tenía el sabor de su pene, esos
besos no fueron tiernos fueron tan calientes sentía como su lengua
recorría por mi boca y viceversa la mía en su boca, me senté en su
miembro mientras él seguía sentado al rato sentí como su miembro
rosaba mi vagina encima de mi vestido, si no fuese mi vestido ese gran
pene iba a introducirse en mi vagina, nos besamos apasionadamente por
unos minutos mientras él me tocaba mi culo, su pene rosaba mi vagina
aun así yo gemía de placer, imaginando que ese pene entrara en mí.

Mi tío me sacó mi vestido y me quedé con mi ropa interior y mis tacos


él se quitó toda su ropa, me apretó mis pechos los lamió, mientras su
mano tocaba mi culo y su otra mano tocaba mis pechos y veía que
recorría todo mi cuerpo con su boca, en ese momento no era mi tío era
mi hombre y yo su mujer caliente, (conectamos enseguida no estábamos
teniendo sexo, si no haciendo el amor) me agarró me tumbó en el sofá
más grande y yo enseguida abrí mis piernas, me miró y su boca se me
vino directo a mi vagina hizo a un lado mi tanga chupo mi vagina que
estaba completamente húmeda y mojada yo me retorcía de placer…

Mi mano estrujaba el sofá y gritando de placer mi tío seguía chupando


toda mi vagina (yo esa ves no me había depilado mucho, no sabía que
iba tener relaciones, yo y mi esposo somos activos sexualmente pero por
el tema de su trabajo no lo hacíamos seguido, pero me gustaba tenerlo
depilado como a mí y al le gusta).

Mi tío recorrió todo mi cuerpo hasta llegar a mi ombligo, mis tetas mi


cuello hasta llegar a mi boca me comió con sus besos me agarró las
manos, se levantó y saco de su pantalón unos condones y vi como se le
cayó unas pastillas que alguna vez mi esposo usaba esas azules, no dije
nada, pero imaginé que ese día iba a durar mucho más.

Yo aún echada en el sofá completamente desnuda le dije: papi, papi,


ya métemela se puso el condón le entró casi la mitad le agarre y entro
ese gran pene de golpe yo le apreté el trasero para que entrara todo de
golpe, solté un gran gemido y creo que sus vecinos hasta escucharon
empezó la arremetida la saca y mete como locos fue tan intenso que yo
gritaba de placer, veía como mi tío lo disfrutaba me metía y sacaba
comiéndome cuando podía mi boca mi cuello y mis tetas.

Creo que pasaron como 1 hora un poco más entre lo que cogíamos, al
final me quedé encima de él cabalgando ese enorme pene mi tío me
agarraba las tetas y yo lo único que hacía era disfrutar y gemir de placer,
no sé en qué momento se perdió o se sacó el condón me di cuenta que
ya no era lo mismo disfrutaba más su pene dentro de mí en verdad
estamos bien mojados uno del otro oliendo a sexo un poco traspirados,
de la nada me agarra y me pone sobre el sofá y empieza a agarrar su
pene frente de mi cara (queriendo acabar) antes que termine yo le
empuje al sofá y puse mi vagina en su pene hasta que acabe.

Estaba a punto de volver a acabar, ya lo había hecho, cómo dos veces


esa sería la tercera; seguía cabalgando el sentado y yo cogiendo de
espaldas mostrando mi culo a mi tío, al poco raro sentí como su leche
llenaba mi vagina, me lleno toda, veía y sentía como salía semen blanco
de mi vagina, mis piernas temblaban me acosté al lado de mi tío y
dándole un beso le dije “tío gracias te amo, gracias por tanto placer”,
aquel día me dormí dándole la espalda y el me abrazó.

Al poco rato me hizo despertar mi tío a esa de las 7 de la mañana


diciéndome que su mi esposo estaba tocando la puerta, me asusté y
agarré mi celular y vi varias llamadas perdidas de él, tenía que ir a
recogerle y me dijo que estaba en la puerta de la casa del tío, me levanté
al instante me puse mi vestido y todo lo demás me fui al baño a asearme
por qué, olía a sexo, mi tío puso un ambientador.

Y yo por el celular le dije a mi esposo que el tío le iba a abrir la puerta


y que le disculpe, que me había quedado dormida, en unos minutos mi
esposo entra yo estaba como que me estaba despertando del sofá mi tío
había cambiado el mantel que cubría los sofás ya que los otros estabas
mojados, me saludo mi esposo, me entendió y me dio un beso en la
boca, nos quedamos un rato más mi tío hizo café y le contamos lo
ocurrido que me había quedado dormida en el sofá, nos creyó todo.

Al final nos fuimos los dos mi esposo entro un rato al baño y yo me


quedé por un momento con mi tío y me devolvió mi tanga que había
encontrado en el baño, si no fuese por él, mi esposo lo hubiese
descubierto, le dije que se lo guarde y que se lo devolviera en otra
ocasión.

Así acabó mi día de aventura con mi tío, cómo les dije a un principio
no fue la primera vez que lo hacemos a la fecha sigo hablando con él y
mi esposo no se dio cuenta de nada. En otra ocasión les cuento otra
aventura saludos.
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